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  • El profesor y mi relato erótico

    El profesor y mi relato erótico

    Cuando salí de mi casa a las 8 de la mañana a la parada del autobús para dirigirme a la Universidad, jamás pensé que el día acabaría de esa manera. La mañana comenzaba como cualquier otra mañana de febrero en época de exámenes. Me levantaba con mucho sueño por las horas intempestivas a las que me retiraba a descansar, me dirigía a la parada del autobús, tomaba el autobús y, finalmente, llegaba al campus. Una vez allí, me llevaba horas y horas encerrada en aquella pequeña sala de lectura de mi facultad estudiando la asignatura que tocara. Siempre me sentaba en el mismo lugar: al fondo de la sala, en la esquina izquierda mirando hacia la puerta.

    Pasadas algunas horas, siempre acababa extasiada de tanto derecho, ¡maldita idea mía de matricularme de esta carrera! Si no fuera porque me encanta. No obstante, he de reconocer que transcurridas unas dos o tres horas necesitas un descanso mental y como nunca iba con ninguna otra compañera con la que compartir mi ánimo, acababa siempre escribiendo relatos. Uno de esos relatos que escribí fue «el examen». Sin embargo, se trataba de plasmar una fantasía que, realmente, no podía tener nada de malo y, ni siquiera nadie se enteraría o eso pensaba yo.

    Como siempre estaba rodeada de montañas de papeles, libros y legislación, nunca me preocupé de guardar y esconder adecuadamente la historia. No obstante, mis apuntes eran míos y nadie los miraba, ¿no?

    Así transcurrió toda la mañana sin ningún problema. Estudio, estudio y más estudio. A la hora de almorzar, como siempre me llevaba mi equipo de estudio en una mochila, abandoné los apuntes en mi mesa y me dirigí a la salida de la facultad para almorzar tranquilamente.

    Todo parecía un día normal como cualquier otro hasta que volví a la sala de lectura.

    16.30 horas.

    -¡¡Hola Sofía!! -me saludó un compañero de clase antes de entrar en la sala.

    -¡¡Hola Miguel!! ¿Qué tal? ¿Cómo te va con los exámenes? -le respondí con énfasis y con alegría de verle.

    -Pues bien, la verdad. Un poco harto de tanto examen pero bueno. ¡Ah! ¡Se me olvidaba! Te he cogido tus apuntes de administrativo para que el de administrativo me explique una cosa como me coincidía el examen de administrativo con el de mercantil II. Tómalos.

    En ese momento, me tendió su mano con los apuntes y yo le sonreí con gesto de aprobación. Miguel era un compañero de clase muy simpático que estaba en quinto curso pero que había suspendido algunas asignaturas de mi curso, cuarto, y acudía a algunas clases con nosotros. Realmente el chico se me antojaba atractivo, guapo y gentil. He de reconocer que bebía los vientos por él y era capaz de ceder a cualquiera de sus pretensiones si así me lo pidiera. Sin embargo, él era un chico alto, con unos enormes ojos azules, unos labios finos apetecibles, un cuerpo cuidado por el gimnasio, con el pelo corto y de un negro azabache, etc. Era un chico con gran éxito con las chicas con el que, sin duda, no tenía ninguna posibilidad.

    Absorta en mis pensamientos, en mi alegría por haber visto y hablado con mi querido amigo Miguel me dirigí, apuntes en mano, a mi lugar en la sala de lectura. En ese momento estaba estudiando otra asignatura y ni siquiera recordé que entre los apuntes de administrativo tenía el relato erótico. Seguí con mi estudio pues.

    Unos días después, cuando las clases ya se habían reanudado, los exámenes habían quedado atrás y la vida volvía a transcurrir por sus cauces normales, en una clase con mi profesor Diego, el de administrativo, la mirada de mi profesor era penetrante y fija hacia mí. Parecía escudriñarme con la mirada, examinarme exhaustivamente por medio de ella. ¿Qué le pasaba? Realmente, el relato de «El examen» era una fantasía que había plasmado en un papel mientras estudiaba. Una fantasía erótica que solo compartía con mis folios y mi bolígrafo azul.

    En el descanso de las dos horas que le correspondía a la asignatura, el profesor se acercó a mi mesa con una mirada desafiante y una sonrisa nerviosa con pretensiones de ser pícara.

    -Sofía, cuando termine la clase, ¿puede acercarse a mi despacho? -me pidió el profesor con cordialidad.

    -Sí, claro -afirmé extrañada mientras mis compañeras a medida que se alejaba el profesor me preguntaban la razón por la que me había citado para una tutoría particular. Yo, tan confundida como ellas, no cesaba de preguntarme la razón por la cual mi atractivo profesor Diego me habría citado.

    Inmediatamente después, mi mente añoraba la fantasía escrita, mi profesor cerca de mí, mirando aquel examen suspenso por algunas décimas con el único fin de conseguir mis favores, de dominarme por mucho que la figura del acoso sexual estuviera presente en la fantasía. Sin embargo, en el fondo, no lo era. Necesitaba que me acariciara, que me besara, que me dominara con el fin de hacerme suya. En realidad mi imaginación volaba, viajaba a miles de kilómetros de aquella clase de administrativo mientras mi cuerpo reaccionaba a mi sugestión mental. Cada vez me excitaba más y más…

    12.00 horas. Segundo cuatrimestre.

    La clase de administrativo había terminado y por fin descubriría cuál era la razón. Conforme salía de mi clase, tras mi profesor, mi excitación subía y cada vez sentía más húmedo el tanga que llevaba debajo de mis pantalones vaqueros. Sin embargo, intentaba pensar en alguna razón lógica por la que me había citado: el examen, que no estaría atendiendo en la clase, aunque eso no podía ser, ya no era una cría y, con respecto al examen, ya había pasado la revisión y ni siquiera acudí porque en la realidad había aprobado. ¿Entonces? ¿Qué ocurría?

    Una vez que salimos de maxiaulario donde impartían las clases, bajamos las escaleras hacia la acera, cruzamos la carretera inundada de coches aparcados a ambos lados de las aceras y formando una línea en medio de ambas, pasamos un pequeño «parque» de cemento con un par de bancos debajo de las ventanas de la sala de lectura, entramos en la facultad y nos dirigimos a las escaleras para llegar a su despacho.

    Una vez en su despacho, me rogó que me sentara y me explicó que el motivo de la cita no era con nada relacionado con las clases de administrativo ni el examen. En ese instante quedé totalmente confundida y preguntándome qué desearía ese bombón de mí, pero pronto lo sabría.

    -Sofía, verás, hace unos días, un compañero vino a consultarme unas dudas del examen y se olvidó unos apuntes tuyos en mi despacho. Por esa razón te he llamado. Para devolverte los apuntes.

    Aún perpleja por la petición de mi profesor y preguntándome el motivo por el cual no me había dado los apuntes en clase delante de mis compañeros, en breves instantes lo comprendí.

    -A ver dónde los dejé. A ver -dijo mi profesor buscando entre las pilas de papeles que rodeaban su mesa de trabajo. Por fin pareció encontrarlos y me los facilitó.

    -¡Ah! ¡Muchas gracias, Diego! -agradecí cordialmente el gesto de devolverme los apuntes de manera nerviosa por estar con ese hombre en su despacho. No podía evitarlo, el simple hecho de verle me excitaba y estar los dos solos en su despacho como en mi fantasía me deleitaba.

    A continuación, recogí mis cosas e hice el amago de levantarme de la cómoda silla. Sin embargo, en el intento de levantarme de la silla me percaté que el semblante serio de mi profesor se había transformado y en su cara se dibujaba la picardía y la excitación en su máximo grado. No obstante, no presté atención.

    -Espera, Sofía. No he terminado

    -¡Uy! Perdón, creí…

    -No creíste nada, ¿entiendes? -me cortó la frase sin permitirme terminar mis disculpas- Entre los apuntes también encontré otros apuntes

    -¿Cómo dice? ¿Otros apuntes?

    -Sí, eso he dicho. Pero no son apuntes de mi asignatura.

    -¡No me diga que he mezclado apuntes! ¡Qué desastre soy a veces! -exclamé divertida y tranquila al ver que la situación no tenía mayor importancia que el devolverme mis propios apuntes.

    -Tampoco son de otra asignatura. Parece ser un relato… mmm -dijo fingiendo que buscaba un adjetivo para clasificar mi relato- erótico.

    La palabra «erótico» la pronunció de forma pausada y lenta, saboreando cada una de sus letras. Se sentía fuerte. Sentía que la situación era dominada por él. Él era el amo.

    -Yo, yo, yo -tartamudeé muy nerviosa mientras sentía que mis músculos se contraían y mi corazón palpitaba cada vez con más y más fuerza. Poco a poco, me ruborizaba y sentía que aquello era un mal sueño, una pesadilla que deseaba terminar, ¿o no?

    -Tú, ¿qué? -me preguntó divertido mientras se levantaba de su asiento y se acercaba a mí. Yo lo miraba nerviosa y, rápidamente, bajaba la mirada. Apenas me había dado cuenta que portaba el relato consigo.- Querías decir que este relato no lo has escrito tú, que yo no soy el profesor de administrativo, que no insinúas que presiono a mis alumnas para que aprueben los exámenes ¿Eso es lo que querías decir Sofía? -afirmó con autoridad mientras parecía leer unas líneas del relato.

    -Yo, yo, yo… No quería decir que fueras de ese tipo de persona…

    -¡Ah no! A ver. Leamos: «No me llames Diego, zorra. En este momento soy tu profesor y si quieres aprobar el examen vas a tener que demostrarme que eres una buena putita -afirmó con aire triunfal y autoritario mientras me penetraba con los dedos y me tocaba el clítoris con el pulgar. Yo estaba absorta en mis pensamientos y no digería toda aquella situación. Sin embargo eso pronto cambiaría.» -recitó el relato que yo había escrito apoyado en la esquina de la mesa y a escasos centímetros de mí.

    Yo

    «Yo quería mi aprobado por méritos propios y no así. ¡Qué ruin! Eso pensaba mi cabeza. Pero mi cuerpo temblaba de placer y terror a la vez. Había sido una de mis fantasías durante meses y meses. Desde que el año anterior, Diego nos había dado parte del temario de Administrativo I había soñado con él. Con aquel hombre alto, fornido e increíblemente seductor con sus pantalones vaqueros y su blusa de cuello vuelto ambas de color negro. Y estaba en esa posición junto a él.» -siguió recitando concentrado en la lectura.

    En un arrebato de una mezcla de orgullo y vergüenza porque el protagonista de mi relato erótico lo estuviera leyendo delante de mí y en el mismo escenario donde se desarrolla la historia, me levanté velozmente y le despojé de los folios escritos de mi puño y letra de manera violenta, después de lo cual rompí los folios en mil pedazos encima de la mesa del profesor. Mi cara estaba ruborizada no sólo por la vergüenza sino también por la ira.

    -¡Ja, ja, ja! -rio ampliamente mi profesor mientras volvía a su asiento y con los codos apoyados en la mesa ponía una pose autoritaria a la par que divertida.

    Aquella situación le había insultado cuando comenzó a leer el relato pero, a medida que leyó el relato, se excitó y observar cómo la autora de esa fantástica historia se avergonzaba le resultaba divertido. Entonces, modificó su posición unos instantes para revisar a Sofía de arriba abajo, sonrió y le advirtió:

    -El relato que has roto es una copia. El original lo tengo a buen recaudo. No te preocupes. No voy a avisar a la Junta de Facultad o al Decano o cualquier otra persona. Voy a dejarlo correr, pero pórtate bien, ¿de acuerdo zorrita? -le dijo a una Sofía perpleja que apenas pestañeaba. Sin poder reaccionar se levantó de su silla, se encaminó hacia la puerta y se fue con su cara pálida.

    Unas semanas después…

    -¡Buenos días! -saludó Sofía a los compañeros que estaban en clase cuando llegó a primera hora de la mañana.

    -Buenos días, Sofía. Cuando hemos llegado había un sobre en tu sitio con tu nombre -le dijo su compañera Micaela.

    Sofía, extrañada por encontrarse un sobre en su mesa con su nombre, se lo guardó en su mochila de cuero marrón y, en el primer descanso de la clase, se fue al servicio con la carta para leerla a solas. No quería abrirla delante de su compañera porque era muy cotilla y, quién sabe, podría ser una carta de amor.

    A las 10.30 horas deberás dirigirte a la biblioteca central y buscar la taquilla número 10. Dentro te encontrarás con una bolsa con algunas cosas que necesitarás. En el sobre tienes la llave de la taquilla. Ve sola y no lo comentes con nadie, zorrita.

    Tu amo

    A la hora prevista Sofía se dirigió a la biblioteca y abrió la taquilla indicada. Ya sabía que detrás de esa nota se encontraba su profesor. Aquel relato erótico se estaba comenzando a convertir en una pesadilla, ¿por qué me tenía que ocurrir esto a mí? Era la chica más desgraciada del mundo.

    Cuando cogí la bolsa, me dirigí a los servicios que se encontraban a final del pasillo y, sentada en la taza del wáter, nerviosa y excitada como nunca lo había estado abrí aquella bolsa. En su interior me encontré un vestido blanco con vuelo que apenas rozaban mis muslos acompañado de una carta que me imponía dos deberes: ponerme ese vestido con amplio escote sin ropa interior y dirigirme al hotel AC que estaba cerca del campus, aunque al otro lado del mismo y antes de llegar al cual habría que cruzar una gran avenida. ¿Estaba loco? ¿Cómo iba a recorrerme todo el campus y esa avenida vestida de esa manera? Entonces decidí pedir un taxi para que me llevara. Me coloqué mi abrigo y, cuando llegó el taxi, le indiqué al lugar que debía llevarme.

    Cuando llegué al hotel, pregunté por el número de habitación que estaba en la tarjeta magnética que se encontraba en el sobre. Para que nadie se fijara en mí y para terminar cuanto antes con aquel suplicio, decidí montarme en el ascensor que se encontraba solitario en aquel momento. Subí a la segunda planta y busqué la habitación 354, como indicaba la tarjeta.

    Mientras buscaba la habitación, me cruzaba con muchos hombres que se quedaban mirándome, los cuales parecían devorarme con la mirada. La verdad es que a pesar de llevar puesto mi chaquetón iba realmente atractiva, un vestido corto blanco que denotaba mis pezones duros con unas medias de rejilla que llegaban a los muslos con unos tacones.

    Las miradas de aquellos hombres suscitaban en mí un aluvión de emociones y sensaciones. Me sentía libre mientras caminaba por el hotel, el aire rozaba mi sexo y eso me provocaba oleadas de placer. Era imposible. No debía de estar excitada siquiera. Sabía que era Diego quien me había citado en el hotel y que no tenía otra opción que ceder a sus deseos, pero el dilema moral seguía ahí: quería ceder a sus deseos o, por el contrario, me veía obligado a ello.

    Inmersa en mis cavilaciones llegué a la puerta de la habitación indicada. Saqué la tarjeta de la habitación de mi mochila y la introduje en la banda magnética. Inmediatamente, la puerta se abrió. Detrás de aquella puerta encontré una amplia habitación bastante lujosa. En el primer detalle que reparé fue en la amplitud de la cama que poseía barrotes de hierro de una belleza indescriptible y una colcha de color rojo pasión. Después reparé en la presencia de un amplio armario frente a la cama y, a su lado izquierdo, se podía observar un buró en madera de cerezo alumbrado por la luz cegadora proveniente del balcón.

    Pocos segundos después de entrar en la habitación, oí una puerta abrirse y de ella salir mi profesor vistiendo únicamente con una toalla de baño. El servicio se encontraba al lado de la cama.

    Buenos días, Sofía -la saludó su profesor.

    Buenos días, Diego -lo saludó bajando la cabeza ante él. La vergüenza que le embargaba era máxima. Estaba en una situación con el profesor objeto de todas sus fantasías mientras ella solo llevaba un fino vestido blanco que se transparentaba.

    Ya veo que me has hecho caso, zorrita -afirmó satisfecho mientras la revisaba de arriba abajo- dame tu chaquetón, tendrás calor, ¿no?

    Preguntó retóricamente Diego a su alumna, su alumna favorita desde el momento en que leyó aquella historia. Entonces, se acercó a ella y le facilitó que se quitara el chaquetón dejándolo en el suelo.

    Te sienta el vestido mejor de lo que creía. Me encanta mi zorrita -le dijo mientras la cogía por el mentón.

    Gra… gra… cias -agradecí Sofía a su profesor. Se sentía orgullosa por gustarle al objeto de sus fantasías.

    ¿Gracias? -dijo enfadado dándole una bofetada- arrodíllate, zorra. A partir de ahora me llamarás amo. Nada de Diego ni profesor como en tu blando relatito.

    Sí, mi amo -dije en un hilillo de voz mientras me arrodillaba

    Bien así me gusta.

    A continuación, Diego se acercó al armario, abrió la puerta y sonrió. Yo estaba de rodillas y cabizbaja. No veía qué sacaba de aquel ropero, pero tampoco me interesaba. Estaba tan excitada ante aquella situación que apenas me importaba lo que ocurriera. Luego, se aproximó a mí y se colocó detrás de mí. Me retiró el pelo que tapaba mi cuello en una coleta con su mano mientras colocaba algo en mi cuello.

    A las putitas como tú tan cobardes como para suplicar que las follen un hombre de verdad se merecen esto -me susurró al oído mientras me amarraba un collar en el cuello.

    Seguidamente, se levantó y tiró del collar para que anduviese, provocando que mi cuerpo se fuera hacia delante. Continuó tirando y consiguió que gateara durante unos minutos mientras me decía:

    Yo domino muy bien a las perritas como tú, perritas calientes que no saben pedir lo que quieren.

    Luego, se sentó en la cama y estuvo unos minutos observando mi figura. Seguidamente, amarró la correa a uno de los barrotes de la cama y me ordenó que no se me ocurriera moverme. Así, se puso detrás de mí y pasó su mano por mi coño.

    Mmmm ¡Qué cachonda está mi perrita hoy! ¿Qué pasa? ¿Te pone que te traten como lo que eres, una zorra? -me decía con autoridad mientras me acariciaba el clítoris y veía como apenas me podía sostener a cuatro patas- te he dicho que no se te ocurra moverte, putita.

    El hecho de que temblara y no me pudiera sostener de pie era algo que a Diego no le gustaba. Cada vez que intuía que me podría caer me daba un golpe en el culo con la palma de su mano. Yo gemía y gemía sin poder remediarlo.

    Mmmm… Eres una buena zorra, ¿lo sabías? Te está encantado que te trate como una puta, ¿verdad? ¡Contesta! -me ordenaba mientras me acariciaba más fuerte el clítoris.

    Mmmm… Sí, mi amo. Me encanta amo. Sigue.

    No voy a seguir, zorra -negó Diego mientras retiraba su mano y la desplazaba hacia el consolador que tenía al lado. Lo cogió y, sin previo aviso, me lo metió en el interior de mi vagina.

    ¡¡¡Ahhhh!!! Señor…

    ¿Qué zorra? ¿Qué te pasa? ¿Sabes que en la planta que estamos los vecinos del otro edificio pueden verte desde su ventana? Así sabrán lo zorra que eres.

    En aquel momento mi cara palideció por unos instantes. Recobré algo del sentido perdido. Mi excitación disminuyó. Sin embargo, las manos de aquel hombre, un hombre que rozaba la treintena, de fuertes brazos y con un olor penetrante que me enloquecía me dominaba con sus malas artes. Aquel consolador que me penetraba era demasiado ancho y, sin embargo, pobre de mí, me penetraba con facilidad. Además, mi coño no dejaba de estar mojado. En cualquier otra relación en aquel momento hubiese parado. Me hubiese levantado, le habría cruzado la cara a bofetadas y me habría marchado rápidamente. Por el contrario allí estaba.

    Diego se percató que algo había cambiado en mí y paró en la penetración de aquel consolador. Comenzó a acariciarme el clítoris con una gran entrega y veía cómo a los pocos segundos me entregaba a él de nuevo y sin reticencias. Cuando me oyó gemir de nuevo hasta el punto de querer gritar, dejó su labor y se levantó. El muy cabrón quería tenerme caliente, excitada en el máximo grado.

    Apenas podía asimilarlo. Mi fantasía haciéndose realidad. Sin pensarlo, al verlo de pie delante de mí, abrí la boca. Me sorprendía aquella situación. El hombre que tanto admiraba y deseaba me estaba poseyendo lentamente.

    Cuando se percató de la apertura de mi boca me sonrió y se dirigió a aquel ropero donde parecía esconder algunas cosas. Nunca recordaré bien cómo era posible que todo lo que sacara de aquel armario jamás fuera percibido por mis ojos. Era realmente impresionante.

    Así, con el consolador en la mano y el otro u otros objetos en su mano que apenas podía visualizar, se colocó detrás de mí. Notaba que en su cara se dibujaba una sonrisa maléfica. Entonces lo sentí. Sentí como introducía un consolador en mi vagina y otro en el culo con suma delicadeza.

    Zorra, no quiero que se te caigan los consoladores, ¿me oyes? -me ordenó con autoridad- recuerda que te estoy haciendo un favor. Estás disfrutando como lo que eres, Sofía. Me debes una gran disculpa por tu relato.

    Sí -afirmé en un susurro

    ¿Cómo dijiste, putita? -me preguntó en voz alta y clara tirándome del pelo violentamente

    Sí, mi amo

    Así me gusta. Recuerdas que me debes una gran disculpa y estás expiándolas por ser una alumna demasiado traviesa.

    Entonces, Diego rio a carcajadas sintiéndose con un gran poder sobre mí. De repente, noté que mi vagina estaba tan lubricada que el consolador que se alojaba en mi interior se caería sin remedio. Inconscientemente, me llevé mi mano derecha a mi vagina y me lo introduje de nuevo.

    ¡Maldita zorra! -exclamó enfadado mientras recogía algo del suelo, me tomaba las muñecas hacia mi espalda y me las esposaba.

    ¡¿Qué es esto!? -espeté malhumorada, olvidándome que allí ya no mandaba yo

    ¿Qué le ocurre a la zorra de mi alumna? ¿No te gusta que te espose? Pues en tu relato, creo recordar que te esposaba y te penetraba encima de mi mesa -se burló de mí.

    Enfadada, humillada y superada por aquella situación solo pude permanecer en silencio. Era cierto. Lo había escrito en mi relato y cuando me sentí esposada, privada de mi libertad de movimiento, a su merced, mi excitación ascendió rápidamente por todos los rincones de mi piel.

    Abre la boca, zorra -ordenó Diego.

    No -me negué.

    Estás desobediente hoy, ¿eh? -dijo despojándose de su toalla de baño donde su pene erecto se notaba a través de ella.

    Yo quedé sorprendida y anonadada por el tamaño y la erección de aquel falo. Entonces, lo acercó a mis labios cerrados y que no pensaba abrir por mucho que me dijera. No quería degradarme más. Sin embargo…

    Zorra, abre la boca -ordenó sonriéndome. No sé porqué lo hacía, pero pronto me descubrí con la boca abierta, con mi lengua fuera chorreante de babas por mi irrefrenable deseo de cumplir sus órdenes.

    Entonces, él divertido se separó de mí y me hizo ir de rodillas hacia él tirándome del collar. Apenas podía moverme con mis manos atadas y penetrada por dos consoladores. Luego se paró y comí aquella polla como si hubiese estado siglos sin hacerlos. La engullí sin apenas pensar en nada provocándole una oleada de placer. Mi amo gemía sin cesar y yo me sentía tan viva y tan complacida por mi comportamiento que continuaba con mi labor.

    De repente, me detuvo y me ordenó que me levantara. Así lo hice. En ese momento me despojó de los consoladores, pero con mis manos esposadas.

    Pídemelo -me ordenó.

    No -me negué.

    ¡Te he dicho que así no se me habla, zorra! -me espetó dándome una bofetada y arrancándome el vestido blanco del que brotaron mis pechos botando con su forma redondeada y apenas caídos- tus pezones, tus pechos y tu vagina no dicen lo mismo.

    Sí, amo.

    Pídemelo. Pídeme que te folle, ¡vamos! -me ordenaba mientras se dedicaba a comerme uno de los pezones y a magrearme la otra teta. Yo apenas podía sostenerme en pie. Estaba a punto del orgasmo cuando su mano bajó hacia mi clítoris y me lo acarició con maestría.

    Por favor.

    Por favor, ¿qué? -preguntó sonriendo

    Fóllame, amo. Folla a tu puta. Te lo suplico. Fóllame.

    Entonces, me llevó a la cama tirándome del collar, se tumbó mirando al techo de la habitación y me dijo con sorna:

    ¿No quieres que te folle? Pues métetela tú solita.

    Rauda y veloz me dirigí hacia él, me puse de rodillas en la cama y me metí su polla en mi chorreante coño de una sola vez. Comencé un acelerado mete y saca, entre gemidos y gritos de placer.

    Mmmm. Zorra. Sigue, sigue. Follas como una profesional -decía con su voz entrecortada fruto de la excitación.

    Mmmm. Sí amo. Soy tu puta -admití mientras le cabalgaba sin cesar.

    Entonces, sin dudarlo, Diego cogió el consolador que tenía a su lado derecho y me dijo:

    Pero a una zorra como tú no le basta con cabalgarme, ¿verdad? Necesita un rabo por detrás -dijo clavándome el consolador en el culo entre sus jadeos y los míos.

    Pronto se cansó de que lo cabalgara, me quitó las esposas y me ordenó que me pusiera a cuatro patas mirando a un espejo:

    Ahora te verás mientras te follo en el espejo y verás la cara de zorra y puta que tienes.

    Seguidamente, me penetró con fuerza una y otra vez. Sentía que me iba a correr viendo mi cara y la suya en aquel espejo. La excitación era demasiada.

    Amo, me voy a correr.

    ¡Ah, no! -se negó- te correrás cuando te penetre el culo que es lo que se merece una zorra como tú.

    Rápidamente, sacó su polla de mi vagina, sacó el consolador y me la metió en el culo sin más dilación. Con grandes embestidas mientras me acariciaba el clítoris pronto sentí un deseo irrefrenable de correrme.

    A… mo amo ¿me permite correrme?

    No, hasta que no me pidas perdón y me supliques correrte.

    Amo perdóname. Soy una zorra desesperada que escribió un relato porque sólo deseaba ser follada por ti, déjame correrme por favor.

    Sí, córrete zorra… ¡Córrete para mí!

    En ese momento, mi cuerpo reaccionó, noté esa excitación que se siente en el momento cumbre. En el clímax y tuve un enorme orgasmo que produjo de mi boca unos enormes alaridos. Sin embargo, Diego aún no se había corrido. Me ordenó que le comiera la polla para al cabo de unos segundos acabar corriéndose en mi cara.

    Así pareces más una zorra. ¡Límpiamela! Espero que hayas aprendido la lección. Si quieres follar conmigo, me lo suplicas como una zorra y no lo escribas.

  • Las carnosas tetazas de mi suegra

    Las carnosas tetazas de mi suegra

    No sabría decirles en qué momento comenzó todo, pero lo que sí tengo muy presente, es cómo comenzó.

    Siempre me destaqué por la habilidad de darle a mi suegra masajes para mitigar el dolor que -desde años atrás- sufre a causa de problemas óseos y circulatorios. El diagnóstico de la enfermedad es algo en lo que los médicos no se ponen de acuerdo y para nuestro objetivo tiene poca o ninguna importancia.

    El dolor y la ineficacia de los calmantes obligaban a mi suegra a solicitar con frecuencia los mencionados masajes, sesiones que exigen un considerable desgaste de energías con el agravante de ser nada entretenidos; todos tratábamos de evadirlos al máximo de lo posible.

    Era frecuente encontrarla postrada en la cama, con lágrimas bañando sus ojos y entonces era imposible escaparse; con desgano me oía decir:

    -¿No quiere que le dé un masaje?

    La adolorida mujer se incorporaba, se sentaba en la orilla de la cama o en un pequeño taburete, bajaba su blusa hasta la mitad de los hombros y se disponía a recibir el ansiado masaje -todo como una autómata. Las palmas de mis manos recorrían las zonas afectadas -refriega y refriega- durante diez o quince minutos, hasta que se perdía el lubricante utilizado para el efecto o hasta que mis manos se adormecían por la actividad, era una dulce melodía escuchar a mi suegra decir:

    -Creo que es suficiente, ya debes estar cansado…

    Sí, ya estaba cansado aún antes de comenzar. Un pequeño aliciente durante los masajes era ver una pequeña porción de ese par de enormes y voluminosos pechos que mi suegra ostenta.

    Las fotos que he visto de cuando ella era joven me han hecho fantasear varias noches. Mujer de baja estatura, pelo corto de color negro, ojos marrón, labios algo gruesos formando una boca pequeñita, falda hasta las rodillas que deja apreciar unas pantorrillas gruesas -algo que me fascina-, pero lo más atractivo de ella son un par de voluminosos senos que -a pesar de una blusa muy conservadora- se muestran apetitosos.

    Queda ya muy poco de los atractivos de antaño, pero ellos siguen allí; voluminosos, grandes y deliciosos, y habrá que reconocer que con sesenta y pico de años se mantiene bien conservada la condenada de mi suegra, la protagonista principal de este relato que comienzo a escribir después de varias sesiones de masajes y que aún no sé en qué van a parar.

    Cierta noche -después de incontables rutinarias y aburridas sesiones de masaje- nos encontrábamos festejando el cumpleaños de un amigo y -con unas cuantas copas encima- me aparecí donde mi suegra y como de costumbre la encontré agobiada por el dolor. Las copitas y el deseo de ver más de esos enormes pechos, me infundieron valor adicional y atrevidamente sugerí:

    -Usted lo que necesita es un masaje completo, hay que ablandar todos los músculos de la espalda para que los tendones estén menos tensos, sáquese la blusa y tiéndase en la cama que ahora mismo la dejamos nuevecita.

    -¡No! Sólo el cuello refriégame, con eso se me va a pasar el dolor.

    -¡Nada de eso! Desvístase ya y apúrese que la música esta buena y yo acá perdiendo el tiempo.

    Sus hijas -mi cuñada y mi esposa- estaban presentes y apoyaban mi sugerencia, pues, a decir verdad era algo lógico pensar que su sistema nervioso había logrado poner tensos los tendones, considerando además que es una mujer tendiente a poca o ninguna actividad física.

    -Rogelio tiene razón, mamá, además no entiendo por qué tienes vergüenza de él si es casi como tu propio hijo -decía mi esposa.

    -¡Cierto! Quién sabe y te sienta bien el masaje y ya no necesitas más de tanto medicamento que tomas cada día y te tiene todo el tiempo aturdida -decía mi cuñada.

    -¡Pero, claro! Además, las veces que la he visto en el patio con las tetas colgando -complementaba yo.

    Lo cierto es que después de un largo tira y afloja, terminamos por convencer a la suegra y me fui al baño para que se sintiera cómoda mientras se preparaba para el masaje. Al volver la encontré echada sobre la cama con la espalda descubierta y la blusa debajo de su cuerpo, con ayuda de las manos cubría los senos que yo deseaba descubrir, sus dos hijas franqueándole los costados y yo con unas manos temblorosas por el ansia de dar comienzo a lo que tantas veces rehuí con poco éxito.

    Las copitas habían aumentado mi grado de valentía y argumentando mayor comodidad, procedí a desabrochar totalmente el corpiño negro y sorpresivamente -para todos, incluyéndome- le levanté uno de los brazos para eliminar por completo la molestosa prenda, proceso que continué con el otro brazo, lo que me permitió por fin descubrir los costados de la voluminosa carnosidad de ambos senos; un pequeño triunfo.

    Procedí a esparcir lubricante por toda la espalda y disimuladamente buscaba con la vista el objeto de mi obsesión, todo bajo la atenta supervisión de mi esposa y cuñada, de esa manera comencé el masaje de los músculos de la espina dorsal, los costados, las aletas, los brazos, apretujando bíceps, tríceps y cada parte donde encontraba un músculo tenso.

    La sesión de masaje finalizó sin cosas interesantes para rescatar, las hijas de la suegra -esposa y cuñada- estaban presentes y no podía ser más atrevido como hubiera querido, pero ya había dado el paso principal, mi suegra semidesnuda y yo estrujando lo que se me antojara, lo mejor estaba por venir.

    El efecto no se dejó esperar; al día siguiente mi suegra estaba con una sonrisa de oreja a oreja y sin dolor que la aquejara, el masaje dio el resultado esperado y el avance hacia mi obsesión era sólo cuestión de tiempo.

    -¡Ay yernito! No sabes lo bien que me sentó tu masaje, me siento como nueva.

    -Y usted que no quería, tengo mano santa y no la aprovecha.

    -Es que me da no sé qué estar desnuda delante de vos, estoy tan vieja…

    -¡Bah! Ya le he dicho que no es la primera vez que le veo las tetas colgando, además no está tan vieja como dice, es tan vieja como usted misma se sienta.

    -De todas formas, me siento algo rara…

    Así comenzó todo, no fue muy interesante pero se constituyó en el inicio de lo que hasta ahora estoy disfrutando al máximo, un erotismo que deja palpitando mi mástil y me brinda unas satisfacciones difíciles de describir, posiblemente no tenga la capacidad de narrar todo lo que disfruto, pero trataré de que quien lea este relato sienta un poco de lo que yo estoy viviendo con mi suegrita.

    La sesión de masaje se constituyó en toda una novedad y siempre se encontraba alguien presenciándola, de tal manera me era imposible avanzar hacia mi objetivo y se sucedieron sesiones sin mayores consecuencias, una tras otra sesión me dedicaba exclusivamente a distender la musculatura de la espalda y poco o casi nada podía disfrutar de los carnosos senos de la suegra, hasta que llegó la época cuando los masajes se convirtieron en cosa rutinaria y sin mayor atractivo para los curiosos, era el momento, solos mi suegra y yo.

    Había aumentado considerablemente el grado de confianza entre nosotros, no tanto como me hubiera gustado, pero algo es algo. Para sacarse la blusa en mi delante, primero metía uno de los brazos dentro de ella, luego metía el otro para dejar las mangas colgando, sacaba una de sus manos para sujetar con ella la blusa contra sus pechos y con la otra se despojaba de la prenda, culminada la tarea se sentaba en el pequeño taburete y yo procedía a desabrochar el corpiño, quedando totalmente desnuda la espalda y los costados de los senos eran toda una belleza disponible para mi vista. Restaba solamente hacer acopio de ingenio para obligar a mi suegra a ocupar sus manos en otra cosa que no fueran sus tetazas.

    Mis manos frotaban la espalda y mi mente trabajaba a toda máquina, traicioneramente los ojos no me permitían plena concentración, pues, a escasos centímetros se bamboleaba un par de carnosos senos a un rítmico vaivén originado por el masaje con las palmas de las manos. No era suficiente, yo necesitaba más.

    Bien dicen que el diablo anda suelto o lo que es lo mismo; nunca duerme. En ese momento mi suegra me comentó que a pesar de que sentía mejoría por efecto de los masajes, los brazos continuaban con movilidad restringida y que al moverlos sentía molestias, mejor pretexto para mis necesidades no podía pedirse.

    -¡Ah! Entonces vamos a trabajar los brazos.

    Tomé su brazo derecho por el antebrazo con la mano izquierda y lo elevé por encima de su cabeza con el codo doblado, mientras que con la derecha estrujaba bíceps y tríceps. ¡Qué momento! Por unos instantes se descuidó y la blusa cayó parcialmente dejando por escasos segundos al descubierto su pecho derecho -exuberante y carnoso, una delicia. Sin descuidar los masajes, mi vista no se desprendía del delicioso espectáculo que se me brindaba a pocos centímetros de distancia, mantenía elevado su brazo derecho y estrujaba los músculos imprimiéndole un rítmico bamboleo.

    Me percaté de que la suegra buscaba con su mano izquierda su pecho derecho para cubrirlo y rápidamente presioné el brazo que estaba en mi poder y tomé su quijada para llevar la cabeza hacia atrás con firmeza -nuevo elemento del masaje- y triunfalmente su mano izquierda pareció olvidarse de lo que buscaba, la blusa descubrió más porción de su seno derecho y ya alcanzaba a ver el pezón, con el movimiento impreso parecía un seno bamboleándose a causa de una acalorada culeada, mi picha parecía reventar de lo dura que estaba y en ese momento aproveché para apoyarla en la espalda de la suegra, era imposible que no se percatara de mi estado febril.

    ¡Toda esa carnosa tetaza a disposición de mi vista! Mi picha queriendo perforar la espalda de la suegra y la complicidad de ella eran dos cosas deliciosamente excitantes, lo prohibido, la carnosidad, su bamboleo, el hecho de que ambos nos comportábamos como si nada estuviera sucediendo, todo me pareció sumamente delicioso, hasta que el maldito timbre sonó estruendosamente; era la hermana menor de mi suegra que venía a visitarla, vaya momento que escogió.

    Llegó la tía y se sentó enfrente de nosotros a presenciar el masaje, comenzaron a charlar de sus cosas y no me quedó más remedio que finalizar la sesión con el ablandamiento muscular necesario, mi picha seguía pegada a la espalda de la suegra y se resistía a perder consistencia, en ese estado no podía dar por finalizado el masaje y presentarme ante la tía, aleje mi mástil de la espalda hasta que poco a poco el miembro se perdió entre mi ropa interior; pude sentir cierta humedad en la prenda y en mi órgano, era líquido preseminal.

    -¡Listo! Ya tiene para tres o cuatro días.

    -Gracias, ahora te voy a preparar un rico té.

    -No; me voy, tengo cosas que hacer.

    Me dirigí al baño para verificar el estado en que había quedado; la picha no estaba flácida por completo y unas gotitas asomaban, dura tarea tratar de orinar a causa de la excitación experimentada y el recuerdo en mi memoria de ese monumental seno derecho, una delicia que esperaba volver a disfrutar en unos días más.

    Las siguientes sesiones fueron una réplica de la última descrita, fueron convirtiéndose en tediosas y yo ya necesitaba algo nuevo, necesitaba ingeniármelas para posar mis manos en esas tetazas y si ella se encontraba sentada me parecía imposible, así fue como convencí a la suegra que los masajes debía dárselos estando ella echada en la cama, después ya vería cómo hacerle para conseguir mi objetivo.

    A regañadientes aceptó mi sugerencia y se tendió en la cama con la espalda desnuda, esparcí lubricante y comencé el rutinario masaje. Por más que daba vueltas en la cabeza, no lograba un pretexto válido para tocar esas voluptuosas tetazas, comencé a refregar el trapecio derecho con mi mano derecha y tímidamente -dizque con descuido- posé la mano izquierda en su aleta dorsal izquierda, continuaba el masaje y lentamente descendía la mano hacia la teta izquierda, ya sentía su costado, seguía el masaje y continuaba avanzando con la mano izquierda hacia mi objetivo, ahora era clara la redondez y carnosidad en mi mano izquierda -la suegra no decía nada- pasé a refregar el trapecio izquierdo con la misma mano derecha y disimulando el movimiento de mi mano izquierda con un cambio de posición de todo mi cuerpo, hice una ligera presión para introducir la mano entre su seno y el lecho, apreté suavemente la tetaza que había alcanzado y ya era imposible no darse cuenta que la estaba manoseando a mi antojo -la suegra continuaba sin decir nada-, los dos estábamos sudando y mi mano izquierda mucho más que todo el resto de mi cuerpo, la teta aprisionada también sudaba, todo aumentado por el calor reinante de la época del verano, aun así los dos nos comportábamos como si nada pasaba, ya éramos cómplices.

    Estaba embelesado con la teta conquistada, su tamaño, su carnosidad, su tibieza, el sudor que escurría entre las superficies en contacto de la teta con mi mano, toda una delicia que no quería que terminara, pero podía echarlo a perder si me mostraba demasiado atrevido, de esa manera tuve que soltarla -con todo el dolor de mi alma- y cambiando de posición, me senté en el costado contrario de la cama con la firme intención de repetir el avance logrado cambiando de manos y de teta, la mano izquierda refregaría los trapecios y la mano derecha conquistaría la teta derecha, esta vez fui menos tímido y rápidamente alcancé mi objetivo, todo el proceso lo repetí con el cómplice silencio de mi suegra, apreté con más ansiedad la carnosidad voluminosa y mi picha estaba dura a más no poder, no sé cuánto tiempo permanecí en ese estado aletargado y excitante, una eternidad, deliciosa eternidad.

    Tanto tiempo dilaté el proceso que prácticamente obligué a la suegra a solicitar el fin del masaje, no me quedó más remedio y poco a poco fui liberando mi presa, pasé a refregar el resto de la espalda y esta vez no tenía pretexto para restregar la picha contra el cuerpo de la suegra, continuaba con una erección tremenda y al dar por terminado el masaje salí disparado hacia el baño para evitar que la suegra viera mi endurecido mástil y además descargar la furia acumulada durante el manoseo de las tan ansiadas tetazas.

    Me pareció ver una maligna sonrisita en los labios de mi suegra al momento de cerrar la puerta del baño y sin dar importancia a nada, saqué mi verga y con poco esfuerzo comencé a esparcir el quemante esperma en las paredes del baño, nunca antes imaginé que me podía excitar de semejante manera, y nada menos que con mi propia suegra.

    Al salir del baño mi suegra ya se había ido a la cocina, estaba más fresca que una lechuga y con una pícara sonrisa, me acerqué cariñosamente y la abracé fuertemente, mi mirada fue directamente a buscar el par de melones que minutos antes disfrutaron mis manos; estaban ahí, coquetos, carnosos, voluminosos, enormes y deliciosos.

    -¿Le sentó bien la refriega?

    -¡Claro! Más que otras veces.

    No supe qué responder, la respuesta de la suegra era arma de doble filo, era claro que aludía al descarado manoseo de sus tetazas pero no me atreví a hacer comentarios directos sobre el tema, ganas de disparar directamente no me faltaron, pero tuve miedo de que lo avanzado hasta ese día se echara a perder, tal vez algún día me arrepienta, no lo sé, en ese momento me pareció lo más prudente.

    Durante el té comenzamos una charla sin sentido, cosas sin importancia y el manoseo de las tetazas pareció no haber sucedido nunca, yo aún sentía la carne en mis dedos y ella como si tal cosa ni la advirtió, para bien o para mal se establecían de esa forma las reglas, yo manoseo y ella no se da cuenta, quizás por el momento sea mejor así, espero que cuando llegue el momento pueda revertir esa situación en mi provecho y el de ella también, o ¿creen ustedes que ella no desea una verga dentro de su vagina después de casi 37 años de no probar carne maciza dentro de ese agujero?, yo creo que sí.

  • Vuelvo a los pies de mi ex (Parte 2)

    Vuelvo a los pies de mi ex (Parte 2)

    Me sequé la cara de mi propia saliva mientras Brunela la secaba de sus pies. Usaba unos pañuelos que sacó de su bolso. De calzó y volvió a la parte trasera del taxi.

    —Disculpa por las uñas, no esperaba que hoy mis pies tuvieran visita.

    Notaba su ironía, su risa, sus ganas de humillarme, así que no respondí. Me quedé sentado en silencio, reflexionando sobre lo que acababa de hacer, pero otra vez a humillarme:

    —Te recuerdo que ya no te debo dinero, así te he pagado eh. Y has mejorado… ¡Muy bien! Has dejado las zonas sucias para el final. Me pregunto si vas a querer más… aunque claro, ya no te tengo que dar dinero del taxi, así que deberías pagarme.

    —So… solo tengo… 50 soles.

    —Mmm… déjalo, no me vale la pena.

    —100.

    — No, tranquilo, otro día se…

    —200 y es lo que conseguí hoy… por favor —le dije cortando la frase, desesperado.

    —Eso ya suena mejor. Así que vamos a mi casa.

    Cuando entramos a su casa yo estaba asombrado, era una mansión. Me ordenó pasar, llenar un cubo con agua tibia, traer toalla y jabón e ir al salón. Yo me sentía humillado por todo: acaba de lamer los pies a mi ex, me estaba usando de esclavo en su casa de lujo y yo lo estaba deseando. Había tocado fondo.

    Ella estaba en su sofá y yo llegué con todo. Me arrodillé y empecé mi faena. Ella puso su otro pie sobre mí cabeza mientras yo frotaba sus dedos con los míos. Cuando quedaron limpios, me quedé en mi sitio y ella seguía en su móvil, ignorándome.

    Hasta que por fin…

    —Recuerdo cómo terminamos. Me dijiste de todo— dijo mientras acercaba su pie derecho a mi mano—masajea.

    —Sí.

    —Recuerdo lo mal que me hiciste sentir. Fuiste mala persona conmigo. Lo que pase hoy es justicia—y su talón izquierdo fue a mi boca. Su suavidad hacia que lamiera más rápido y cuando puso sus dedos metió el pulgar en mi boca y lo movió dentro— la verdad es que verte así me hace sentir bien.

    Yo seguía con la boca ocupada y veo que se acerca y con una puntería endiablada me escupe en la frente.

    Por fin sacó su dedo y pude hablar.

    — Yo no quise acabar mal solo que…

    —Cállate y sigue lamiendo.

    La humillación era extrema. Me centré en sus dedos que se movían disfrutando mi lengua. Iba de ahí a la planta y ahí ella aprovechaba para pegarme suave, con superioridad.

    Estuve cerca de media hora y cuando notó mi lengua seca me volvió a hablar.

    —Bebe agua del cubo.

    Estaba sucia por sus pies y al verme dudar me metió la cara al agua y me dejó ahí un buen rato. Tuve control, bebí agua sumisamente, y me sacó con su pie.

    —Vas a ser mi juguete esta noche —se quitó pantalón y bragas y se acomodó para que lamiera su culo.

    Yo me acerqué y acomodé mi cara entre sus nalgas, de tal forma que mi nariz masajeaba su ano y mi boca llegaba a su vagina.

    —Poco a poco. Da besos suaves, como se los dabas a aquella perra por la que me dejaste —su tono era de placer por verme así— sin saliva, no uses saliva todavía. Y haz que suenen esos besos.

    Hice casi y daba besos donde alcanzaba mi boca, hacía que sonaran mucho. Cuando sentí su movimiento y una bofetada.

    —Mueve la nariz, quiero que sea completo.

  • Trío con unas universitarias muy atrevidas

    Trío con unas universitarias muy atrevidas

    Hola, lo primero quiero presentarme, todo el mundo me llama Manuel y soy un chico nigeriano de 25 años aunque llevo viviendo en Barcelona desde los 6.

    Soy alto mido 1.96 y tengo el cuerpo definido de ir a diario al gimnasio y bastante bien dotado (22cm) reales.

    Pues bien desde los 18 años he trabajado en el mundo de la noche, al principio de camarero y gogo en diferentes pubs y carpas de Barcelona y con el tiempo para sacarme un dinero extra empecé como stripper.

    De este relato hace como dos meses. Un viernes por la tarde se puso en contacto conmigo una chica para preguntar por mi tarifa y que ofrecía. Le dije que yo los striptease los hacia integrales y que luego hacia lo que me pidieran. Una vez informada le pareció bien y quedamos para esa noche a las 12 en la dirección que me dio. Después de cenar me prepare en la bolsa todo lo que necesitaba para el show (no sé cómo llamarlo) y llame un taxi para que me llevase a la dirección acordada.

    Era una calle todo de chalets y unifamiliares, llame al timbre y cuando pregunto una voz femenina quien era les dije que era el stripper y enseguida abrieron. Subí las escaleras y en el salón me encontré a 3 chicas de 18-19 años ya entonadas (se veían botellas por la mesa) y vestidas muy sexys. Les pregunte donde me podía cambiar y me dijeron dónde estaba el baño.

    Me puse un uniforme de policía y volví a salir al salón y les di un pen con música para que lo pusieran. Las 3 se sentaron en el sofá y empecé a bailar y a quitarme la ropa poco a poco y con cada prenda que me quitaba ellas se iban animando y excitando, hasta que me quite el tanga rojo frente a ellas y bien arrimado y les movía el miembro frente a sus caras. No pasaron más de 5 minutos que la que estaba sentada en el medio se inclinó hacia mí y me agarró el pene y empezó a deslizar su mano de arriba hacia abajo. Las otras dos al ver a su amiga dieron varios gritos para animarla y empezaron a tocarse. Después de unos minutos de masturbarme con la mano abrió la boca y empezó a lamerme el pene como si le fuera la vida en ello mientras con su mano izquierda se tocaba las tetas y la iba bajando hasta su entrepierna.

    Con esa situación las otras dos ya se habían quitado los tanguitas y bajado la parte de arriba mostrando unas tetas muy deliciosas. Yo estaba ya excitadísimo así que cogí a la que me la estaba chupando y llevándola en brazos la tumbe boca arriba en la mesa y le baje hasta quitárselo un mini tanguita de hilo blanco para poder hundir mi cara entre sus piernas y lamerle esa rajita tan deliciosa que asomaba. La chica empezaba a gemir y me apretaba lacara contra su vagina por la excitación. Después unos minutos chupándole la vagina y meterle varios dedos me puse de pie y acerque la cabeza de mi pene a su rajita y empecé a empujar hasta que introduje todo el glande, la chica aumento el volumen de sus gemidos y sus dos amigas ya estaban al lado nuestro desnudas del todo masturbándose. Empecé con unos lentos y suaves movimientos metiéndosela hasta la mitad y ella no paraba de gemir y acariciarse las tetas con mis delicadas embestidas hasta que se la enterré por completo de un solo golpe y no pude evitar soltar un grito mezcla de dolor y excitación, y ya seguí penetrándola con fuertes y rápidos movimientos producto también de lo excitado que estaba y cuando note que estaba a punto de irme se la saque y las tres se pusieron en el suelo agachadas delante de mi esperando mi eyaculación que no tardó en llegar y salpicarles por sus caras y pechos.

    Espero que os guste, y prometo seguir subiendo relatos.

  • La filosofía del látigo (Parte 1)

    La filosofía del látigo (Parte 1)

    Era sábado noche y eso para Nacho significaba salir de caza. Toda la semana trabajando de conserje en un portal y por fin tocaba un poco de diversión. Con su pelo engominado, su perfume Axe y su mejor vestuario, se fue flechado a la discoteca Splash, a ver qué chochito caía hoy. La experiencia era un grado y más después de sus seis presas este mes: todas violadas, abofeteadas y bien folladas para urgencias. Realmente no era un trabajo, era diversión pura y dura. Ver sus caritas asustadas y entregándose a lo inevitable con sumisión era una satisfacción masculina que todo hombre sentía, fuese cura, policía o esposo con familia. Así de cabrón era el hombre. Un fallo genético en el ADN que la naturaleza seguía sin arreglar, y que mientras llegaba ese momento Nacho aprovecharía con creces. Además, dos compis policías le cubrían las espaldas por si acaso.

    Y ahí estaba él otra vez, divisando en la discoteca con disimulo y a la espera de una gacela que cazar. En verdad es lo que hacían los de su edad cada semana. Él, sus amigos, sus vecinos, su padre, sus hermanos, así es el mundo de la testosterona. Una vez que la polla se pone dura el cerebro se nubla y entra en colapso como un ordenador hackeado.

    -Vaya, vaya, vaya…

    Nacho ya eligió casi babeando.

    Una rubia platino despampanante se tomaba una copa en la barra del bar con un cruce de piernas espectacular y un porte de playmate. Nacho pestañeó varias veces creyendo ver visiones. ¿Era real lo que tenía delante? Madre mía con la madre naturaleza. Hacía milagros y aquella jovencita de 22 años era una. Olía a gel de baño y aliento mentolado al acercarse. Tanta belleza imponía e incluso Nacho sintió ciertos nervios, algo incongruente a estas alturas. Aquella chica iba a tener un trato especial. No sería violación y desgarro. Esta vez iba a ser algo diferente y gozoso.

    -Hola, ¿estás sola? –se colocó Nacho a su lado. De cerca imponía mucho más que de lejos.

    -Eso parece –susurró con una vocecita de película erótica.

    -¿Y ese capullo tiene nombre?

    La carcajada de la chica repicó como una música melodiosa.

    -No, no hay ningún capullo. Mis amigas. Se han ido a zorrear por ahí y me han dejado tirada. Además, si acaso capulla.

    -Oh, entiendo. ¿Te invito a otra copa? Tu vaso está seco.

    -Gracias, pero no. Es la tercera que me tomo y por esta noche ya va.

    -Pero si es temprano. La noche es joven.

    -Hoy está la cosa floja. El aire está muy cargado y hay mucho guiri diciendo hello.

    -Sí, ya los he visto. Podemos ir a otro sitio. Tú elijes dónde y te llevo. Tengo un cochazo en el parking que alcanza los 100 kilómetros por hora en 6 segundos.

    -¿Eres millonario?

    -¿Te gustaría que lo fuera?

    Los ojos de la chica estudió las facciones de Nacho un instante, como buscando un rasgo de confianza.

    -¿Tienes hambre? Te invito a un Burguer King o a un McDonald´s.

    -No me va la comida basura. Yo prefiero algo más selecto. Un restaurante francés o comida hindú.

    -Di el lugar y tiramos para allá.

    -Tengo una mejor idea.

    -Dime cuál.

    -Hartarnos de helado en mi casa. Ayer compré un kilo de frambuesa y le tengo unas ganas locas.

    -Yo me adapto a lo que sea.

    -Me llamo Sara. ¿Y tú?

    -Nacho.

    -Creo que me has salvado la noche. Anda, vamos.

    -Genial.

    Durante el trayecto hasta su BMW, Nacho no perdió ojo del contoneo de caderas de Sara y su movimiento hipnótico de glúteos. La noche no podía ir mejor. En casa de Sara la ataría a su propia cama, la sometería y así toda la madrugada. La suerte siempre favorece al más cabrón. ¡Yeah!

    Nacho aceleró hasta la autovía y Sara le fue indicando.

    -¿Sabes? Creía que conocía a todas las chicas de Splash. Nunca te he visto rondar por allí –reconoció Nacho.

    -Lo sé. Simplemente me gusta ir de aquí allá y vivir nuevos lugares.

    -¿Eres de la ciudad? No tienes acento madrileño.

    -Sólo estoy de paso. Vengo desde Sevilla.

    -Vaya, eso está lejos. ¿De vacaciones?

    -Más bien un asunto de trabajo.

    -Ah, ¿y qué clase de trabajo?

    -No te gustaría saberlo.

    -Prueba.

    -Ya te enterarás. Mañana vuelvo a Sevilla y me toca madrugar.

    -¿Sabes lo que pienso?

    -Wow, un tío que piensa –rio Sara armoniosa.

    -No, en serio. Detrás de esa carita angelical y simétrica se esconde algo… no sé, algo muy tenebroso.

    -¿Quieres ver algo tenebroso? Sólo tienes que mirarme a las 7 de la madrugada recién despierta.

    -Te hablo en serio.

    -Y yo también, joder. Llevo toda la puta conversación hablando en serio, incluso en eso de que los tíos no pensáis una mierda –endureció el tono de voz Sara.

    -Vale, lo siento. No quería enfadarte con…

    Pero Sara empezó a carcajear y a reír.

    -Hija de… Me has pillado.

    -¿A que sí? Te lo has creído. Todos sois unos pringados.

    -Bueno, todos no. Hay excepciones.

    -Como tú, ¿no?

    -No quería decir yo, pero…

    -Coge esa salida. Ya andamos cerca.

    -Veo que te pilla tu casa lejos del Splash. ¿Te trajeron tus amigas?

    -No.

    -¿Has dejado tu coche aparcado por Splash?

    -No.

    -¿Entonces cómo…?

    Pero en ese momento sonó el móvil de Sara. Un Galaxy último modelo. Nacho se quedó anonadado. Los 1500 euros no se los quitaba nadie al móvil. Y el bolsito de Sara un Loewe de 900 euros. Y los tacones de Zara de 500 euros. Nacho se quedó pensativo.

    Sara contestó a la llamada hablando en un perfecto alemán.

    Nacho arqueó las cejas en señal de sorpresa. No entendió una palabra de lo que decía Sara pero su voz volvió a endurecerse como antes. Así durante 5 minutos hasta que colgó.

    -¿Qué era eso? ¿Rumano?

    -No, alemán.

    -Pues lo hablas a la perfección.

    -¿Qué pasa? ¿Que una chica no puede estudiar y tener cultura? También sé hablar otras 5 lenguas, entre ellas el griego.

    -¿Qué carrera estudias?

    -Ahí, gira ahí. Casi hemos llegado.

    Sara se sacó un J´dore de 150 euros y se perfumó sin exceso el cuello y el busto.

    Nacho empezó a escamarse, pero se le quitó todo cuando Sara retozó en el asiento como una niña mala y lasciva.

    -¿Estás bien, Sara?

    -Es este puto calor. Me revoluciona las hormonas. ¿A ti no te pasa?

    -Claro que sí.

    -Hemos llegado. Es ese apartamento de ahí.

    -Joder, ¿ahí vives tú? Parecen tres apartamentos en uno.

    -No es mío, joder. Te he dicho que estoy de paso. Me lo presta una amiga por un día.

    -Wowww…

    -Puedes entrar con el coche. Hay garaje interior.

    Con un mando a distancia, Sara abrió una verja automática y accedieron al interior.

    -Aparca ahí.

    -¿Eso es una piscina? ¿Cuántos metros tiene?

    -No lo sé. Nunca lo he medido con un metro.

    -Y mira, pista de tenis. ¿Tu amiga es millonaria?

    -Tan millonaria como presumes tú.

    -Ya veo.

    Una vez el BMW aparcado, se apearon del coche y Sara abrió un portón que daba acceso a un pasillo largo y con el suelo marmolizado hasta un pedazo de salón que recordaba a un palacio.

    -Ponte cómodo. Ahí hay un bar. Si quieres una copa échatela.

    -Esto es para cagarse.

    -A eso voy, a cagar. Ahora vuelvo.

    -Vale.

    Sara puso chillout por un hilo musical y luego abandonó el salón un instante.

    -Ostia puta, qué pasote… -Nacho no salía de su perplejidad. Cristal de bohemia. Jarrones egipcios. Cuadros renacentistas. Todo el decorado era un derroche de dinero donde pusieras la mirada.

    Fue cuando lo vio. Un increíble equipo HP con su ordenador táctil, su impresora a color y toda la fibra óptica enchufada a una batería para evitar los picos de luz. Aquello no salía barato. La luz parpadeante del ordenador indicaba que se lo dejaron encendido. Nacho dio un meneo con el ratón inalámbrico y la pantalla se iluminó al segundo.

    -Pero, ¿qué coño…?

    Parecía la imagen congelada de un vídeo casero. Nacho pinchó en play y su sonrisa se fue borrando poco a poco. Y más cuando reconoció un sótano y a dos hombres desnudos y encadenados al techo como jamones. Gritaban de dolor mientras Sara les desgarraba la piel con fustazos violentos. La sangre corría por sus cuerpos hasta los pies y de aquí a cubiteras colocadas debajo.

    -Pero qué mierda es esta…

    Sara, desnuda y tan solo enjutada en botas de cuero negras, los fustigaba con una virulencia extrema. Mientras más lloraban ellos, más reía ella.

    -Puta loca…

    -No sientas lástima de esos dos perros sucios. Se lo merecían –habló Sara por detrás. Nacho pegó un repullo del sobresalto-. El de la derecha se llama Cooper, un inglés degenerado que hacía dos o tres viajes al mes a Bangladesh. Su predilección eran las niñas de no más de 10 años. Y el de la izquierda se llama Kike, un hijoputa que violó a siete adolescentes y las siete veces los jueces le absolvieron. No pongas esa cara, coño. Es un modo de justicia. Si tienes cojones sigue mirando. En dos minutos cojo unas tenazas y les realizo una castración doble. Muerto el perro se acabó la rabia.

    -¿Quién coño eres?

    Sara cambió de vestuario y ahora vestía con un traje de látex ceñido, unos guantes negros de terciopelo y unas botas altas de tacón.

    -Los hombres sois muy predecibles. Y tu más. Ves a una rubia impresionante sola en la barra y es como atraer la miel al oso.

    -Un momento, ¿todo esto lo tenías preparado?

    -¡Chicas! –pegó Sara una silbada y seis chicas aparecieron desnudas, otras en bragas y el resto en medias calcedonia-. ¿No las reconoces? Son los seis chochitos que te pasaste por le piedra este mes. Es así como lo decís vosotros, ¿no?

    -Espera, espera, espera…

    -Siéntate en esa silla.

    -Sara, por favor, lo podemos hablar.

    -O te sientas tú o te sientan ellas. Tú decides.

    -Un momento… Sólo pido un minuto…

    Una chica se aproximó con un puño americano y le atizó con dureza en la cara. Desde el suelo aturdido, otra chica lo arrastró del pelo hasta sentarlo en la silla.

    -Esperad… Por favor… Lo siento…

    Sara lo esposó al respaldo de la silla para que no se moviera.

    -Preparadlo –pidió dulce Sara.

    Lo desnudaron de cintura para abajo y una de ellas se la chupó un momento para ponérsela dura. Mientras tanto, otra colocaba una cámara con trípode enfrente de Nacho y conectada al ordenador por puerto USB.

    -Ya, Sara –se limpió la boca la mamadora.

    -Buen trabajo. ¡Choca!

    Se dieron una palmada de colegas.

    La mamadora se colocó a la derecha de Nacho desnuda y a la izquierda otra chica con una caja alargada en las manos.

    -Dale –ordenó Sara y la cámara empezó a grabar en directo online con Internet.

    -Bienvenidas a todas las que estáis al otro lado de la línea –puso Sara su mejor sonrisa-. ¿Veis al mierda que tengo detrás? Es otro puto violador fichado por la policía pero con su historial sexual delictivo borrado, gracias a sus amigotes con placa. ¿Le veis? ¿A que es patético? Ahí está llorando como una nenaza.

    A Nacho se le aflojaba la polla del miedo, pero la mamadora se encargaba de erectarlo con la mano cada equis tiempo.

    -Se trata de la supremacía femenina. La mujer manda y ordena, y el hombre obedece y calla como un puto esclavo. Nosotras tenemos el poder y lo tenemos entre los muslos. Y si un hombre se resiste a la dominación, hay que torturarlo hasta que entre en razón a través de la humillación y el dolor corporal. La castración es la solución patriarcal y vamos a realizarla con un corte rápido y contundente.

    -Sara, este cabrón se corre. Si le doy más con la mano se va –avisó la mamadora.

    -Vale. Vamos allá.

    La cámara hizo un zoom genital.

    La chica de la izquierda abrió la caja y Sara sacó unas tenazas de grandes dimensiones.

    -Atentas a la sección del tronco viril. Ejecutada la castración, guisaremos su polla en una barbacoa, la trocearemos y nos la comeremos con orégano y sal.

    Nacho, viendo lo que se avecinaba, se puso a berrear de pavor y miedo. Pero la mamadora lo callaba con reiterados puñetazos.

    -Se le afloja rápido –avisó Sara.

    Otra chica lo pajeó con maestría consiguiendo una nueva erección.

    -Un poco más –ordenó Sara.

    Una segunda chica ayudó con la mano hasta lograr que el glande saliese duro al aire.

    -Vamos allá.

    Sara abrió las tenazas, colocó ambos filos a cada extremo de la verga y ejecutó un corte limpio y de cirujano. La polla seccionada rodó por el suelo entre restos de sangre.

    Hubo aplausos y risas, mientras Nacho perdía el conocimiento.

    -Uhhhhh…

    -Yeahhhhh…

    -Bravoooo… -aullaron todas.

    A causa de la casquería, tres de ellas se excitaron y se besaron con la primera que pillaron.

    -He aquí la castración número 324, realizada en vídeo el 17 de junio de 2018 a las 11,23 horas de la noche. Nombre del castrado. Nacho Garrido Ojeda. Edad 24 años. Nacionalidad español. Próximo vídeo este lunes a un violador en serie en México D.F. Os habla mistress Laila. Y ya sabéis, cazad como hacen ellos y mientras más hombres torturéis más enaltecéis la feminidad y a todas esas miles de mujeres muertas al mes en todo el planeta. Y si dudáis de vuestro poder, cogeros el coño y ahí estará tú respuesta. ¡Corta! –puso Sara la señal de la victoria alzando las tenazas ensangrentadas y con trocitos de carne pegadas.

  • En la oficina con mi prima

    En la oficina con mi prima

    Empezaré diciendo que soy casado con una bella mujer y que a pesar que en mi época de soltero fui bastante mujeriego, las responsabilidades del matrimonio y sobre todo el amor que le tengo a mi pareja aunado a mi trabajo, me había digamos “curado” de aquellas costumbres, hasta que me sucedió lo que a continuación les contaré…

    Trabajo en un empresa y estoy a cargo de una área de sistemas, un día recibí la llamada de mi prima Erika (a quien llamaré así por obvias razones) quien estaba por terminar su carrera de administración, y me preguntaba si habría oportunidad de que realizara un internado en la empresa para poder realizar su tesis, cosa que en años atrás yo mismo le había ofrecido, sin dudarlo le dije que en unos días le tendría la respuesta y así fue, no hubo ningún problema para que ella pudiera ingresar al departamento de administración como auxiliar contable. Pero antes de continuar déjenme hablarles un poco de Erika, ella tiene 22 años aunque parece de 19 o menos y sinceramente tiene un cuerpazo además de ser muy linda, cosa que si bien ya lo había notado, no lo hacía con la morbosidad clásica de nosotros los hombres pues cuando la veía era en reuniones familiares y acostumbraba vestirse digamos de manera normal y no provocativa, pero ahora al conseguir su primer empleo, sacó quien sabe de dónde ropa sumamente provocativa, minifaldas, pantalones ajustados, blusas escotadas, en fin ustedes saben…

    Los días transcurrieron de forma normal, los compañeros de trabajo notaban que esa chica era sumamente sexy y no faltó quien hasta me llamara primo, lo galanes le sobraban, pero la verdad a mí ni me inmutaba la situación aunque debo admitir que empezó a nacer en mi una atracción hacia esa mujer olvidando totalmente el parentesco familiar que existía.

    Se llegó el tiempo en que se aproximaba una auditoria a la empresa y muchos datos administrativos tenían que ser capturados y Erika fue la encargada de hacerlo, y tuvo que ser en mi oficina, en donde tengo 2 equipos destinados precisamente para estos casos urgentes. A principios de la semana, las 4 de la tarde llegó, aún había compañeros que se empezaban a retirar a eso de las 5 dejándonos solos, pues tenía que capacitarla en la captura de la información, al estar solos entramos en confianza familiar, platicábamos trivialidades mientras realizábamos nuestro trabajo, no podía dejar de admirar sin que ella se diera cuenta esas piernas que eran perfectas, esa cintura y esas tetas rebosantes y grandes, poco a poco empezamos a relajarnos más conforme los días pasaban. Al terminar la semana cerca de las 6 y media de la tarde el trabajo estaba terminado, le dije que si quería que la llevara a casa a lo que dijo inmediatamente que sí, al subir al auto no parábamos de hablar y esa charla fue subiendo de tono pues hablamos de los chismes clásicos de cualquier empresa en cuanto a parejas, los jefes y sus amantes etc., etc., eso sinceramente empezó a calentarme y le pregunté (y no sé cómo lo hice) si ella aún era virgen, volteó a verme con una mirada que no se me va a olvidar, tal parecía que esperaba que le hiciera esa pregunta, dijo que no y que para ella el sexo era lo máximo y le encantaba y sin quitarme los ojos de encima cruzó la pierna… ya se podrán imaginar cómo se me puso la verga… nos quedamos callados por unos segundos yo sin saber qué decir aunque sí sabía qué hacer, tenía que cogerme a mi prima, pues sé que ella me lo estaba insinuando ¿pero cómo?

    En ese momento me dijo:

    -¡espera, se me olvidó mi celular en tu oficina! Tenemos que regresar pues mañana sábado lo voy a ocupar…

    Sin más di la vuelta, estábamos a más de la mitad del camino… en ese momento pensé que esa era mi oportunidad de por lo menos darle un buen faje y vaya que después me sorprendería pues esta putita ya lo tenía planeado todo, llegamos a la oficina cerca de las 7 los últimos empleados iban de salida así que nos fue fácil entrar desapercibidos. Al ir delante mí por las escaleras sus nalgas casi en mi cara dieron cuenta de mi palo que empezaba de nuevo a ponerse firme, al llegar cerré la puerta, prendí la luz, ella se recargó en una mesa y me vio fijamente y dijo:

    -bueno primo, es hora de que te agradezca lo bien que me has tratado y lo mucho que me has ayudado.

    -En ese momento no había más que decir, la tenía para mí nada más. Me acerqué a ella, la tomé de la cintura y empecé a besarla, al tomarla entre mis brazos pude sentir la exquisitez de su cuerpo, su aroma, que mujer estaba a punto de cogerme, me quitó el saco y la corbata, mientas yo ella le desabotonaba la pequeña blusa que llevaba, tuve frente a mí sus tetas puestas en un corto sostén que dejaba ver casi en su totalidad sus rosados pezones, su respiración se hacía cada vez más rápida, y no decía ni una sola palabra, sólo pequeños gemiditos de excitación, en ese momento no soporté más y yo mismo me quité el cinturón desabroché mi pantalón, enseguida saltó mi palo en toda su magnitud, ella al sentirlo lo tomó en su mano y empezó a jugar con él, se separó un poco de mí para verlo y después verme a los ojos con esa mirada retadora muy de ella, a unos pasos de donde estábamos había una silla, en donde ella me sentó, me miró, aún sin decir nada, se quitó la minifalda que traía puesta que cayó hasta el piso, donde se la quitó totalmente levantando sus pies, estaba frente a mí con su tanguita blanca, se arrodilló delante de mí y empezó a mamarme la verga… era toda una experta su lengua recorría todo mi palo de arriba abajo mientras su manos apretaban mis huevos con una delicadeza magistral, después empezó a chaparme la punta de mi verga y con la punta de su lengua me daba lamidas que parecían toques eléctricos, volvió a bajar a mis huevos en donde empezó a chuparlos sin compasión, mis manos sobre su cabeza levantaban los cabellos de su frente lo que me permitía tener una perspectiva espectacular del trabajo que me estaba realizando, cuando terminó se levantó y se quitó su tanguita, la muy cabrona estaba rasurada con solamente un poco de vello púbico en la parte de arriba de su concha, se sentó en la mesa, justo al lado del monitor de la computadora donde recargó su uno de sus brazos y me dijo: “te toca”; al momento di vuelta con mi silla donde estaba y aún sentado empecé a lamer su panocha, ella colocó sus pies sobre mis rodilla y sus piernas totalmente abiertas daban toda la libertad que pudiera desear, era increíble ese sabor, sus jugos eran riquísimos empezó a gemir cada vez más mientras mi lengua entraba en su vagina… “¡¡¡mmmm ahhh, ahhh!!!”, decía mientras su espalda y su cabeza se hacían para atrás dándose espacio para respirar y menear su cintura, sus muslos de repente presionaban mi cabeza, a lo que por tercera vez que sucedió esto dijo: ¡cógeme ya, ya mételo! Ella no se movió de su lugar y así sentada sobre la mesa yo me puse de pie, tomé mi verga y la apunté sobre su clítoris en donde la coloqué para rozarla aún más, a lo que ella me ordenó: “¡¡¡ya, ya mételo cabrón!!!”. Y así sin más, y de una sola embestida se la clavé hasta el fondo, sus ojos se cerraron fuertemente mientras gemía: “¡¡¡así, así!!! ¡¡¡Qué rico, qué rico me coges, más, más!!!”.

    Yo estaba como loco cogiéndola agarrado de sus nalgas que las empujaba hacia mí, el brazo que estaba sobre el monitor lo quitó y colocó esa mano en mi cuello de donde se agarró para poder tener más apoyo… yo sabía en cualquier momento iba a venirme, era cuestión de segundos, por lo que pasó en mi mente rápidamente el temor de embarazar a mi propia prima, a lo que solamente se me ocurrió preguntarle:

    -¿quieres de que me venga dentro de ti?

    Ella entre palabras cortadas y con la mirada clavada en mí dijo que sí… por lo que solamente cerré los ojos y dejé venir todo mi semen dentro de ella… vaya cogida… sentí que arrojaba litros de semen en su interior, al terminar sólo caí sobre sus pechos mientras ella me acaricia la espalda era fantástico, esa cogida había estado de fantasía nunca me imaginé que mi prima fuera tan puta, aún mi palo estaba dentro de ella me retiré y pude ver como sus jugos y los míos mezclados escurrían al borde de la mesa, tomé mi pene todo batido en semen sin saber qué hacer así que sólo me senté de nuevo en la silla, ella se levantó de la mesa y me dio un delicado beso en la mejilla como si nada hubiera pasado, en el ambiente aún se percibía el inconfundible olor del sexo, miré mi reloj 7:35 pensé que era hora de limpiar e irnos a casa, pues el “agradecimiento” estaba dado.

    Qué equivocado estaba, mi prima permanecía inmóvil aún a lado mío sonriendo, al mirarnos nos dio por reírnos al ver el estado en que estábamos, yo con la camisa arriba del ombligo y los pantalones en los tobillos y ella con la entrepierna aun escurriendo de mi semen y una teta de fuera, hubo unos segundos en los que nos quedamos mirando como dos tontos enamorados a lo que solamente le dije:

    -Qué bárbara eres Erika estas riquísima… ella contestó:

    -¿Sabes desde hace cuánto tiempo deseaba hacer esto contigo?

    Su pregunta me dejó perplejo, jamás me imagine que esa niña con la que crecí en mi infancia y ahora toda una mujer me deseara aun sabiendo que yo ya era casado, me quedé mudo, en mi cabeza rodaban un montón de pensamientos. Continuó diciendo…

    -desde hace mucho tiempo y no sé cuándo vaya a ver otra oportunidad así que de aquí no nos movemos hasta que me dejes completamente.

    Vaya que era una perra mi prima pensé y al mismo tiempo que me esperaba una buena faena por hacer pero no iba a desaprovechar ese monumento que tenía enfrente, además ya entrado con ella qué más daba darnos gusto los dos….

    -Ok. Pero aquí no porque no tarda en pasar el guardia hacer su rondín y sería peligroso, además aquí está muy incómodo ¿no crees?

    -¿Me vas a llevar a un hotel?

    -Sí.

    Lanzó un grito de emoción cómo si una adolescente hubiera visto a su artista favorito, lo que me provocó risa, nos empezamos a vestir, al ponerse su tanga pude admirar por primera vez en su totalidad su culo ¡vaya culazo que tenía mi prima! mucho mejor de lo que me había imaginado al tocarlo un momento antes pues nunca me dio la espalda, estaba firme paradito y con una piel de porcelana con un pequeño lunar en la nalga derecha lo que lo hacía más apetecible… una vez vestidos me preguntó que con qué limpiaba la mesa y lo que había escurrido al suelo, le dije que en mi cajón había un trapo para hacerlo, mientras tanto, llamaba a casa para decirle a mi esposa que llegaría más tarde pues estaba tomando una copa con unos amigos, y debo de confesar que era la primera vez después de 4 años de casados que engañaba a mi esposa, y saben qué, por alguna extraña razón no me sentí mal, ni el más mínimo sentimiento de culpa me invadía, quiero pensar que por el hecho de que era mi prima no lo tomaba tan grave después de todo era de la familia.

    Ella se me quedó mirando mientras hablaba por teléfono, no dijo absolutamente nada al respecto tomó su bolso y claro el susodicho celular… después de revisar por último que no hubiera ningún rastro de lo realizado ahí , emprendimos el camino al hotel en donde sé que se pondría esto mejor… mucho mejor…

  • Embrujado por la pasión de mi madre

    Embrujado por la pasión de mi madre

    Todo comenzó aquel día que después de cinco años de no ver a mi madre. Yo me había ido de mi país, en busca de un futuro mejor. Por suerte mis proyectos se cumplieron mejor de lo había pensado. Casi los cinco años en el extranjero, fueron suficientes para conseguir un muy buen trabajo y una excelente vida, con bastantes lujos.

    Siempre que hablábamos por teléfono con mi madre ella lloraba, diciéndome lo mucho que me extrañaba, y lo que me necesitaba, a mí eso me partía el alma. En este tiempo mi madre se había separado de mi padre, cosa que no me extrañó mucho, porque hacía mucho tiempo que las cosas no andaban bien con ellos. Sabiendo que mi madre no estaba muy bien, no dudé en invitarla. Sin pensarlo, al ofrecerle mi invitación ella dijo que sí. Pero no quería viajar sola, así que lo hizo con una de mis tías. Ella, mi madre, tiene 42 años, mi tía tenía en 35 años, eran y son, unas mujeres muy hermosas. Mi madre siempre fue muy linda. Aunque nunca la había mirado como una mujer sexy. Sabía que lo era, por la forma de ser ella, atrevida y provocativa. Mis amigos siempre me lo decían, cosa que siempre me molestaba. Pero muy dentro de mí sabía lo atractiva y apasionada que ella era. Llego el día. Las fui esperar a aeropuerto. Fue reencuentro muy emotivo. Las dos estaban hermosas, muy sexy, mi tía con pantalón de cuero, ajustado, marcando todas sus curvas, y una remera muy ajustada, delineando muy bien sus pechos, lo cual no pasó nada desapercibida entre toda la muchedumbre. Mi madre, siempre fue más clásica, pero aun así, mucho más sexy. Una pollera muy corta, hasta las rodillas, unos tacos muy altos, una camisa, transparente, que dejaba ver sus hermosos pechos, debajo de su corpiño de encaje.

    Después de un mes de estar en casa, la estábamos pasando muy bien. Yo me sentía muy a gusto con ellas y al parecer ellas también. Cada uno tenía su habitación. Yo siempre llegaba tarde de mi trabajo y ellas me esperaban, junto a mi novia, para cenar.

    Tendría que hacer un capítulo aparte, sólo para hablar de ella. Mujer físicamente perfecta. Es y será hermosa, medidas espléndidas. Y lo que más me gustó de ella es su devoción al sexo.

    Esa noche, salimos con mi novia, los dos solos. Una noche normal de una pareja. Y al regreso, sexo y más sexo en mi habitación. Ese día los dos estábamos muy excitados, lo pasamos realmente bien. Ella gemía como nunca, que seguramente esos gemidos los había escuchado mi madre o mi tía. Estábamos los dos agotados, mi novia se durmió profundamente. Y fui a buscar desnudo algo de tomar.

    Voy hasta la cocina y al regreso, siento unos ruidos. Me paralizo. Y no sabía qué era. O por lo menos no quería imaginar que era. Efectivamente eran susurros de excitación, provenían de la habitación de mi madre. No lo podía creer. Era mi madre, masturbándose me pregunté. Seguía sin querer creerlo. Sigilosamente abrí la puerta de la habitación y vi, a través del espejo, a mi madre masturbándose delicadamente. Mi erección fue instantánea. Se masturbaba entre las sabanas, mi morbo quería ver más. Casi como escuchándome se destapa del todo y veo su mano entre sus piernas, recorriendo dulcemente cada rincón de su vagina, penetrándose tiernamente. Con la otra mano entre su camisón de seda, se acariciaba sus pechos, se los pellizcaba, era grandioso. Era mi madre masturbándose. Mordió el camisón, para no gritar, porque obviamente estaba por llegar a un majestuoso orgasmo. Sentía el perfume de mujer ardiente en la habitación, me estaba volviendo loco. Y vi cómo llegaba a un orgasmo, sus gemidos entre cortados, su repicaron agitada… y con un final que me dejó total paralizado. Entre su cuerpo deseoso y el silencio de la noche, dijo… mi nombre. Paralizado por aquella situación, encendió en mi conciencia los pensamientos más morbosos, quería buscar junto a ella la suma nuestro placer, estaba listo para hacer amado por mi madre.

    Lentamente me fui a mi habitación. Mi novia me preguntó qué me pasaba, al verme tan excitado. Me miró, sonrió y me dijo:

    -Mi amor, cómo estas hoy.

    Hice el amor con mi novia, como nunca, pero pensando únicamente en mi madre.

    Pasé toda la noche recordando lo ocurrido. Aunque, traté de olvidar todo pero me fue imposible. Al otro día como todas las mañanas anteriores mi madre se levantó a prepararme el desayuno antes de irme a trabajar. Mi novia seguía durmiendo, había tenido una noche muy apasionada.

    Al verla a mi madre, aquella vez, no fue como todas las mañanas. Tenía puesto un vestido largo, con un gran escote en sus pechos. Estaba preciosa. Observé sus pechos, no estaba utilizando nada más que un vestido, y seguramente y diminuta tanga. Sus pezones se marcaban en el vestido. Ella se dio cuenta que algo me pasaba. Y me lo preguntó.

    -Qué te pasa mi amor.

    -Nada, tan sólo te aprecio. Te dije alguna vez que sos hermosa. -Le contesté.

    -Sí muchas veces -me contestó y me volvió a preguntar- ¿Qué te pasa?

    La miré a los ojos y obviamente no le pude decir que quería gozar con ella. Después de unos segundos de silencio. Mientras hacía que miraba el diario. Ella se acercó y me dice:

    -Amor, no quiero entrometerme en tu vida, pero anoche, veo que la pasaron muy bien con tu novia.

    No dije nada tan sólo la miraba.

    -No es por mí, mi amor, pero recordá que está también tu tía.

    -¿Se escuchó? -Pregunté.

    -Sí y cómo -Me contestó.

    Sonrío, y le pido perdón, diciéndole que no fue nuestra intención. Ella me acarició muy tiernamente mi cara, diciendo:

    -Me encantó escucharlos hacer el amor.

    Mi sonrisa se borró de mi cara. Y ella se paró y se fue a su habitación. No podía creer lo que estaba pasando. Me dirigí hacia la habitación donde estaba ella, golpeo y pregunto si podía entrar. A lo que contestó que sí. Entré, y sentí otra vez, ese aroma a mujer excitada, de la noche anterior.

    -Me estaba por cambiar -me comenta.

    -Por qué dijiste que te gustó -pregunté.

    -¿Qué cosa? -me responde.

    La miré seriamente.

    -Mi amor, no pensé que te había molestado, tan sólo dije que me gusta sentir como los demás disfrutan del buen sexo, y especialmente mi hijo.

    Para eso momento yo llenos de deseos hacia ella. Le pregunté:

    -Cómo podés decir eso mamá, soy tu hijo.

    Se sentó a mi lado. Y no pude evitar mirarle el escote. Ella me dice:

    -Soy tu madre, y tú me miras los pechos, ¿qué diferencia hay?

    Cerré los ojos, me tomé la cara con mis manos. Diciendo:

    -¿Qué pasa mamá?

    Ella me sorprende con otra pregunta:

    -¿Te parezco atractiva?

    Sin pensarlo le digo que es hermosa, siempre me pareció hermosa. Y me sorprende otra vez.

    -Anoche te vi amor, cómo hacían el amor con tu novia, y me encantó.

    Mientras tanto me seguía acariciando pero ahora la pierna. Y le contesto:

    -Anoche te vi cómo te masturbabas.

    Se detuvo.

    -¡¡¡Me viste!!! -Sorprendida aclamó. Y después de unos segundos me preguntó-¿Qué te pareció?

    -No lo podía creer mama, estaba muy excitado, me encantó.

    Ella sin pensarlo dirigió su mano a mi bulto. El cual era bastante visible. Al tocarme ella, mi madre, me recorrió tu terrible escalofrío. Pero yo no dudé, en dirigir mis manos a sus pechos. Ella me masturbaba sobre el pantalón. Yo acariciaba sus pechos, sobre su vestido. Lentamente corrí los breteles de su vestido. Y vi sus hermosos pechos, sus pezones erectos… era todo un sueño. Sin pensarlo dirigí mi boca a ellos. Antes de rozarlos con mi boca, ella ya estaba gimiendo. Al tocarlos con mis labios, me abrazó, y se dejó caer sobre la cama. Ahí comenzaría todo. Me acomodé sobre ella. No dejaba de besar sus pechos, morderlos, pellizcarlos… ella ya había buscado mi pene por debajo de mi pantalón. Sus palabras eran: “no pares mi amor, seguí, soy toda tuya… como tu novia”. Me volvía loco. Me paré. Y me desnudé quedando a la vista con mi pene erecto. De un solo empujón le saqué el vestido. Y sentí una oleada de perfume de mujer excitada. Fui directamente a su boca. Nos besamos como nunca lo había hecho con alguien. Mientras frotaba mi pene, sobre su vagina húmeda, ella movía sus caderas. La miré a los ojos, y dirigí mis manos a su centro de placer. Lentamente le saqué su tanguita. Y llegué a sentir su calor con mis dedos, la penetré con mi dedo.

    -¿Así lo hacías anoche? O mejor…

    Ella no dejaba de gemir. La masturbé por unos minutos. Hasta que le saqué mis dedos y los coloqué en su boca. Me los limpió con una buena perra. Y lentamente fui con mi boca, a su centro de pasión. El aroma era penetrante. Pero sin pensarlo, comencé a lamer su vagina. Mi lengua la estaba violando. Y no dejaba de gemir, hasta que llegó a un orgasmo, sentí todos sus jugos en mi boca. Casi rogándome me dice que la penetre. Sin pensarlo, me pongo sobre ella, y tomo mi pene, y le rozo intencionalmente sobre su vagina, hasta que ella misma me lo agarra, y se lo mete brutalmente. Sentí que estaba en las nubes. Ese calor era increíble. Comenzó un movimiento majestuoso, era una princesa mi madre en la cama. Yo la acompañaba. Me rodeó con sus piernas, y brazos. Yo seguía con mis movimientos, hechizado por la pasión de mi madre, abraza muy fuerte y llego a un hermoso orgasmo, el cual me provoca que acelere mis movimientos de penetración, ya son con locura… se siente el golpe de nuestra piel, y nuestros jugos. Me abraza otra vez con mucha fuerza, y yo siento que estoy a punto de estallar… y con fuertes movimientos derramo todo mi néctar dentro de ella, gozo… Dios mío… ¡Qué hermoso! Caigo rendido sobre su cuerpo desnudo, me suelta y se relaja. Me mira a los ojos. Y me dice:

    -Sos hermoso mi amor.

    Antes que yo diga algo, me tapa la boca con sus dedos tiernamente. Me pide que no salga, que me quede, que me quiere sentir. Yo podía creer lo que había pasado. Pero realmente fue estupendo. Nos habíamos olvidado de todo, y de todos, en esos minutos. Hasta que yo comienzo levantarme y me siento al costado de la cama. Y ella se tapa con la sabana. Nos dijimos nada, tan sólo nos sonreímos con complicidad, y mis únicas palabras fueron;

    -No me arrepiento, sos hermosa.

    Y me dirijo buscar un beso que nos lleve al infinito. Pero en ese momento sentimos un ruido. Obviamente nos habían visto. Era mi tía, o mi novia, o las dos…

  • Conocí a una chica por Internet

    Conocí a una chica por Internet

    Para Lara, mi más fiel lectora.

    La conocí en un chat de internet. Se llama Lara, y aunque todavía no la he visto, me ha contado cosas de su vida. Es joven, alta, morena, ojos marrones y pelo largo rizado. Está un poco rellenita según me dijo y sus pechos se caen un poco. A mí no me importa. Tampoco sé si es verdad, pero me basta para ponerme cachondo cada vez que hablamos.

    Después de chatear, me voy al baño con la polla bien tiesa y allí me la casco. Me masturbo hasta que me corro y gimo su nombre al irme. ¡Lara! ¡Lara! ¡Laraaa! ¡Aaaah!

    Suelto todo mi semen en el váter y me imagino que mi semen va a parar a sus tetas y a su cara, en vez de al valer y que luego se lo restriega todo.

    Pero esto no es más que una fantasía y por el momento me conformo con chatear con ella.

    Llevamos varios días hablando, cuando me cuenta un secreto. Me dice que es sumisa. No entiendo bien que significa eso. Y menos cuando me habla de su amo. Entonces, me recuerda a un perrito que pudiera hablar y que habla sobre su amo y eso.

    Me pongo a buscar por internet y me empapo de todo lo que significa ser amo y sumisa. No lo comprendo, pero lo acepto. Eso sí, me da un poco de pena de que la usen como un objeto. Bueno, yo también la uso como objeto porque me la casco pensando en ella.

    Pero a lo que vamos, que en realidad quiero acostarme con ella, tenga amo o no. Por una vez quiero ser yo su amo. Quiero taladrarla con mi verga y que deje de pensar en él. Que sea yo quien se la folle y porqué no, que sea su amo quien nos mire, mientras me lo monto con ella.

    Hablamos a cualquier hora, y me cuenta como alguna vez se ha tenido que follar a algún amigo de su amo. Si él lo ordena, ella tiene que hacerlo con quien le diga.

    Yo me describo a mí mismo y sueño con que algún día nos conozcamos en persona. En el fondo, me gustaría acostarme con ella.

    Ha pasado un mes desde la última vez que hablamos y por fin hemos decidido darnos nuestro Skype y vernos por primera vez.

    Estoy un poco nervioso cuando se enciende la conexión y puedo verla por fin. Es guapa y es físicamente como me dijo.

    Se nos van las horas hablando y ya muy tarde, le digo que debo acostarme, que mañana tengo que madrugar mucho. Me manda un beso por la cámara y me dice algo en voz baja:

    -Esta noche follaré con mi amo y pensaré en ti cuando me corra.

    Imagino que su amo está pendiente, pero no estará escuchando la conversación. Le mando otro beso y nos despedimos.

    Me voy a la cama empalmado y me imagino como su amo se la folla, pero pienso que en realidad soy yo y así me la casco con fuerza, muy rápido y termino corriéndome en las sabanas.

    Me quedo dormido al poco rato y al día siguiente, me levanto y me pongo a lavar las sabanas de mi corrida.

    En eso estoy, cuando oigo un sonido en el ordenador que se había quedado encendido. Es Lara que vuelve a saludarme. Me cuenta que anoche se corrió pensando en mí y yo le digo que también y que estoy deseando que nos conozcamos en persona y poder follármela.

    Ella tiene una idea y me la cuenta. Quiere que me haga pasar por su amigo, y que conozca a su amo y así me la pueda follar.

    Pero ¿y cómo hago para que me convierta en amigo de su amo?

    Lara tenía la solución.

    Dos días más tarde, quiso que su amo y yo nos conociéramos vía Skype.

    Yo no quise darle mi nombre real y le di uno falso. Lara si sabía mi nombre real. Hablamos un buen rato y quedamos en volver a hablar al día siguiente.

    Después de 3 semanas, Ricardo, que así se llamaba el amo de Lara, me invitó a su casa. Por fin iba a conocerla y conociendo su modo de vida, amo-sumisa, me la tiraría.

    Lara me decía todo el rato que era buena persona y eso, pero yo solo pensaba en comerle el coño y follármela como uno de sus amigos. En el fondo, tal vez no era tan buena persona, ¿no?

    Me desperté pronto, aunque hablamos quedado a las dos. Me di una buena ducha, me afeité bien y me depilé para ella. Me perfumé bien y salí para su casa.

    Llevaba una botella de vino para acompañar la comida.

    Llegué allí sobre las 13:45. Estaba algo nervioso, lo reconozco. Tras las presentaciones, di dos besos a Lara y pude comprobar lo guapa que era y lo suave que era su piel, ayudé a la pareja a preparar la mesa.

    Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer. Hablamos de todo, pero yo, algo tímido, no quise hablar de su relación amo-sumisa.

    Después de la comida, claro, llegó el momento que tanto temía, pero a la vez deseaba.

    Ricardo me habló sinceramente de su relación con Lara y que con lo que hablamos hablado, sabía que era buena persona y que me consideraba un amigo, y que por lo tanto, podía acostarme con su pareja.

    Por supuesto, Lara no rechistó. Se levantó del sofá donde nos habíamos sentado tras la comida y me llevó a su cuarto. Esa primera vez Ricardo estaría presente, viendo como lo hacíamos.

    Aunque tiempo atrás había fantaseado con que su amo nos mirara mientras follábamos, ahora me incomodaba un poco su presencia.

    Intenté olvidarme de que él se había sentado frente a nosotros en su habitación, mientras desnudaba a Lara.

    Lara no estaba para nada nerviosa, ya me había dicho que se había acostado con amigos de su amo, solo porque este se lo ordenaba.

    Me desnudé yo también y tumbé a Lara boca arriba. La besé en la boca y luego bajé a su cuello. Su amo me animaba y me decía que siguiera, que a ella le encantaban los besos en el cuello.

    Después bajé a su tripa y antes de llegar a su coño, me desvié a sus muslos, como ya le había dicho alguna vez, cuando nuestras conversaciones eran solo fantasías.

    Besé cada parte de sus muslos antes de dirigirme a su órgano más preciado. Para entonces ella estaba húmeda, muy húmeda.

    Ricardo se levantó empalmado y me pasó un preservativo. Mientras yo me lo ponía, él se masturbaba mirándonos.

    Penetré a Lara sin muchos preámbulos y comencé a deslizarme en ella. Mi polla rozaba su coño con fuerza y Lara empezó a disfrutar enseguida.

    Sus gemidos acompañaban a los míos mientras su amo se le meneaba.

    Yo estaba cerca del orgasmo. Acababa de penetrarla, pero me daba cuenta de que no iba a durar mucho. Me sabia mal irme tan pronto, pero me concentré en la penetración y me olvidé por unos minutos de todo.

    Un poco más, pensé, debo aguantar un poco más. Pero di unas embestidas más y me corrí agarrando fuerte el cuerpo de Lara.

    Noté como el preservativo se llenó de mi semen porque al salir de ella, hizo como un bluff.

    Su amo se levantó sin haberse corrido y se acercó a Lara. La masturbó un poco y luego la penetró sin goma, y terminó de follársela hasta que se corrió con un grito, agarrada a la espalda de su amo.

    Yo me di una ducha, Ricardo me invitó a ello y me fui de allí. Tenía una sensación agridulce al salir de allí, pero había podido follar con ella.

    Las semanas fueron pasando y seguimos hablando. No había vuelto a ir a su casa desde aquella vez. Lara me contaba como su amo seguía compartiéndola con otros hombres y yo me ponía celoso. No sé porqué porque no estaba enamorado de ella, era algo sexual, pero la deseaba. La deseaba mucho y quería tenerla para mí solo.

    En mis pajas solo había sitio para Lara. Había dejado de masturbarme viendo películas porno o con revistas de mujeres hermosas y solo lo hacía pensando en ella.

    Una noche me desperté de madrugada y tuve una idea. Me fui al ordenador y conecté Skype. Aunque era tarde, contestó enseguida. Me dijo que su amo estaba dormido y le propuse un plan. Aceptó enseguida y quedamos para el sábado siguiente.

    Sábado por la tarde. Un cine pequeño, algo antiguo. La película, un mini-clásico del terror de los 80. “Demons” de Lamberto Bava.

    Antes de entrar en la sala Ricardo, como no, le dice a Lara que vaya a comprar palomitas y refrescos. Una Coca-Cola grande para él y para nosotros lo que queramos. Afortunadamente paga su amo.

    Compramos todo y antes de volver a sala, nos detenemos en un pequeño mostrador. Quito la tapa del vaso de Coca-Cola y saco un sobre con somnífero que echo en el que va a ser su vaso. Agito bien con la pajita y vuelvo a poner la tapa. Lara coge las cosas de su amo para no confundirnos.

    Se apagan las luces, un pequeño tráiler de otra película de los 80 “Critters”. Veo de reojo como Ricardo empieza a beber su refresco.

    Empieza la película. Para cuando el desconocido de la máscara reparte las entradas, Ricardo está dando cabezadas.

    Cuando los jóvenes bajan a la tumba de Nostradamus, el amo está completamente dormido.

    Lara y yo salimos de la sala abandonando a los pocos espectadores que hay en el cine.

    Nos vamos a los baños y sin que nadie nos vea, entramos en el de caballeros. Echamos el pestillo y Lara me sienta en la taza. Nos comemos la boca y nos desnudamos mutuamente.

    Ella se pone sobre mí y chupa mi polla, cuando ya estoy erecto, se la clava sin más. Hemos quedado en hacerlo sin protección. Quiere sentir mi leche inundando su coño.

    Me cabalga como solo una mujer sabe hacerlo. Esta vez duro más. Acaricio y chupo sus tetas y sus pezones.

    Le tapo la boca, porque alguna vez se le escapa un gemido, aunque dudo que nadie pueda escucharnos.

    Sigue follándome y yo estoy en el cielo. Agarro su cuello, su cabeza, sabe follar con una experta.

    Entonces, quiero verla de espaldas y la giro para que me folle así.

    Finalmente me corro y Lara conmigo. Termina de botar sobre mí y se sale.

    Nos limpiamos nuestras partes. Lara quiere salir, pero el verla así, desnuda ante mí, me vuelve a poner cachondo.

    La pongo apoyada contra el váter y se la meto flácida desde atrás. Quiero tener la visión de su culo en pompa.

    Comienzo a bombearla de nuevo, pero mi rabo no reacciona.

    -Date prisa, me dice, el amo podría despertarse.

    -Le he echado suficiente somnífero para toda la película. Le digo gimiendo.

    Mi polla no se endereza, aunque Lara está disfrutando porqué estoy estimulando su punto G.

    Sigo dándole un rato más y cuando ya estoy medio empalmado me corro.

    -¡Aaah, aaah! Lara, que gusto.

    -No te pares ahora. No te pares, joder. Fóllame, fóllame.

    Unos pequeños chorros de semen salen de mi pene, pero Lara no tiene bastante y sigo dándole hasta que vuelve a correrse

    -Joder, Lara, no puedo más. Eres una fiera. No me queda una gota de semen en el cuerpo.

    Me salgo de ella y se gira y nos besamos apasionadamente.

    Nos volvemos a limpiar y tras vestirnos, ella mira antes de salir del baño. No hay nadie por allí.

    Volvemos a la sala y Ricardo sigue durmiendo.

    Hacemos como que hemos estado todo el rato en la sala y comemos las palomitas y bebemos los refrescos.

    Cuando salen los créditos, Lara le da un codazo a su amo. Este se despierta.

    -Te has dormido toda la película, le recrimina.

    -Bueno, no pasa nada, le contesta. Estará toda la semana, podemos volver el próximo viernes.

    Lara y yo nos miramos picaros, estoy encantado de que volvamos a quedar, pienso. Con tal de follar con ella, estoy dispuesto a lo que sea.

  • Nunca lo pensé con mi sobrino

    Nunca lo pensé con mi sobrino

    Soy una mujer casada y como cualquiera tengo los problemas normales: no hay pasión, ya no hay casi relaciones y no son nada originales cosas de ese tipo. Aun así pienso que la infidelidad no se da de la noche a la mañana sino a través del tiempo. Bueno pues yo no lo había pensado ni saliendo con mis amigas que comúnmente mirábamos algunos chicos o señores y bromeábamos acerca de si nos iríamos con ellos o sobre su tamaño, cosas de mujeres en fin, sabemos que no todo es romanticismo.

    Bueno pues empezare diciendo que tenemos (mi esposo y yo, o mejor dicho es sobrino de mi esposo) al cual conocemos desde pequeño ya que llevo varios años con mi esposo, desde la universidad así que siempre lo veía como un hijo más y lo estimábamos mucho , incluso a veces salíamos con él cuando era pequeño. Con el tiempo tuvimos una hija y dejamos de verlo salvo en reuniones familiares y bueno pues no había ninguna atracción.

    Él empezó a trabajar cerca de nuestra casa y se metió a un gimnasio eso lo sabía cuándo me platico mi esposo y él me comento que vendría a la casa para comer que si lo podíamos ayudar con eso, yo por todo lo anterior que les cuento le dije que no habría problema. Para esto mi esposo trabaja hasta la noche y mi hija va a la escuela en la tarde así que ambos llegan noche.

    Total mi sobrino empezó a ir, retomamos lo que había pasado aunque a mí no me había pasado mucho, mi sobrino tiene veinticinco años y es bien parecido, se mantiene en forma pero nada exagerado de hecho solo va al gimnasio a correr o hacer cardio.

    Le dije que si le quedaba cerca el gimnasio podía bañarse en la casa, y lo dije sin ningún morbo, lo comente porque los baños de los gimnasios no suelen ser muy higiénicos o quizá mi subconsciente me engañaba. Él acepto y venía a la casa a bañarse y así pasaron varias semanas hasta que me empezó a llamar la atención de otra forma y empecé a notar su bulto en sus pantalones, lo hacía muy discreta y tuve miedo al principio pues sabia eso.

    Un día llego una amiga pues la había invitado para ver unas cosas de una excursión que haríamos así que llego y estaba mi sobrino bañándose, todo era tan natural que se me olvido comentarle que estaba mi sobrino así que se metió al baño sin avisar y escuche un pequeño grito y salió como corriendo.

    -Amiga no me dijiste que tenías alguien en la casa y vaya que tiene…

    -Qué pena Cristina! Se me olvido comentarte que estaba mi sobrino

    -Ya ya veo perdón… bueno veremos el presupuesto?

    -Si vamos estaba calentando café. Oye Cris que me iba a decir.

    -No nada disculpa no sabía que era tu sobrino

    -Vamos dime Cristina no pasada llevamos mucho tiempo conociéndonos

    -Hummm bueno es que cuando abrí la puerta estaba tu sobrino secándose y pues le vi ya sabes el pene

    -Y eso qué no es el primer pene que vez Cristina hahaha

    -Si eso si hahaha pero si el primero que veo así y vaya que (hizo una seña con las manos sobre su pene)

    -Hahaha te lo presto si quieres Cristina

    -Pues yo si me meto a bañar con él hahaha

    Seguimos bromeando un poco más hasta que salió mi sobrino, le presente a Cristina y ella se restregó con él, que vi se sintió incomodado y mire su bulto, parecía que me corroboraba lo que decía Cristina. Se disculpó y se fue diciendo que no quería interrumpir.

    Seguí con mi amiga lo de la excursión y se fue al cabo de una hora. Yo seguía cachonda pensando en mi sobrino que ya lo veía de otra forma como un hombre, como un pedazo de carne entre sus piernas y me imaginaba.

    Esa tarde noche tuve uno de los orgasmos más deliciosos masturbándome hasta que no podía más pensando en un pene moreno, gordo, venudo que me imaginaba. Estaba extasiada pero insatisfecha aún. Así que aún con miedo por ser mi sobrino quería verlo.

    Yo siempre vestía casual usando pants, ropa algo deportiva a pesar de que estaba subida algo de peso. Mis senos son normales no muy grandes 34B y mis caderas son mi fuerte son algo anchas y puestas en su lugar. Bueno pues ese día no me puse ropa interior, me puse un pants y una blusa. Me sentía extraña y sentía mi senos frotarse con la ropa lo que provocaba que se pusieran duros y eso me excitaba mucho que me viera.

    Cuando llego pude notar como se quedó paralizado al verme y yo seguía con mi teatro, todo normal pero exagerando un poco varias cosas. Al poco rato note como su pene ya estaba emocionado y se le notaba algo más de lo normal. Me puso muy mojada y tenía ganas de lanzarme a él y arrodillarme para comerle ese cacho de polla.

    Cuando se metió a bañar no pude evitar tocarme de inmediato estaba muy mojada me metía los dedos y empecé a meterlos y sacarlos, a sobarme, sentía mis labios y mis fluidos subir y bajar dentro de mí, en eso vi la pequeña ventanilla que había hacia el baño y estaba abierta sí que me asome y lo ve ahí sentado en la taza masturbándose lentamente y después más rápido, su pene duro como piedra, brillando, moreno, algo venido y depilado, su mano apenas cerraba y apenas alcanzaba a subir y bajar y bajar, debería medir como 20 cm, después comprobé que 22cm pero es otra historia. Yo quería sentir todo ese trozo dentro de mí y como no quería que malgastara su leche decidí correr e interrumpirlo así que fui al baño y le toque la puerta.

    -Estás ocupado? Quería pasar por unas toallas.

    -Un momento tía. (Escuche como movían algunas cosas y abrió, yo creo que por la prisa y los nervios solo se puso la toalla)

    Entre y lo vi ahí con su pene marcado en la toalla y me agache y cogí unas toallas de debajo del lavamanos.

    -Todo bien?

    -Si… si tía me estaba desvistiendo.

    -Bueno cualquier cosa me avisas. Espera me bajas ese desodorante.

    Lo pregunte casi instintivamente sabía que tendría que estirarse y cuando lo hizo su toalla se cayó y yo pude ver ese trozo delicioso moviéndose, colgando de un lado a otro, él se intentó cubrir rápido y yo me agache y recogí la toalla e intente dársela y cubrirlo y le toque la polla encima de la toalla casi siento un orgasmo pues casi se la aprieto, él tomo la toalla y se la puso como pudo y yo pedí disculpas y me salí.

    Cuando termino de bañarse, se despidió de mi rápido, nos abrazamos, sentí mis pezones restregarse en él y se fue apenado. Yo me quede muy caliente y me masturbe recodando su pene, abre mis piernas lo más que pude y me pregunte si me entraría toda me metía los dedos frenéticamente, debí de correrme unas tres veces y no sentía las piernas, mi clítoris estaba ya muy mojado y me ardía un poco por todo lo que me tocaba, debí pasar así como un par de horas, no me detenía, me tocaba los senos, los apretaba, me imaginaba como si me los comiera, me abría los labios los tocaba, frotaba todos mis dedos en ellos y después los metía y hacia círculos dentro de mí, mis jugos escurrían entre mis piernas. Las moje mucho y olía a mis líquidos, a sexo, tuve que lavar las sabanas, seguía tan exilada que si no me cogia a mi sobrino sentía que moría de las ansias.

    Si les gusto déjenme un comentario. Les contaré la segunda parte. Y si tienen alguna pregunta en los comentarios las responderé.

  • De nuevo con la profesora Mariella

    De nuevo con la profesora Mariella

    Mi hermano menor al igual que yo era muy bueno en matemáticas pero de pronto había bajado sus calificaciones y su profesora había llamado a mi mamá para conversar sobre eso cuando ella regresó del colegio me busco.

    -Hijo por favor ayúdame con tu hermano su profesora me dice que ella recuerda que tú eres muy bueno en esa materia, pero que mañana la busques a la salida colegio y coordinen para que mejore sus calificaciones y me dio su número de celular.

    Mariella había jugado muy bien sus cartas para obligarme a conversar con ella usando a mi hermano, sabía que estos días no estaba nada tranquila y me gustaba tenerla así a ella bajo mi dominio por la preocupación sobre su futuro en su trabajo.

    Cuando la llame ella me reclama porque no la busqué para cumplir con lo que prometí que se vio obligada a usar a mi hermano pero si no cumplía él reprobada su curso, era hora de saber quién tomaría el control de la situación.

    -Mira Mariella tu amenaza no me asusta para nada porque si te atreves hacer eso te irá muy mal te lo aseguro, si lo repruebas él volverá a dar sus exámenes con otro profesor y tú sabes que demostrará que lo haz calificado mal y te denunciare ante las autoridades muy aparte del video que también llegará a sus manos y jamás volverás a trabajar en un colegio…

    Su silencio en el celular un buen rato me indicó que ella estaba pensando lo que le había dicho su amenaza lo único que consiguió en mi fue que volviera a recordar que a Mariella no le importaba cometer una injusticia con tal de salirse con la suya y por eso sería castigada.

    -Si no te busque antes fue porque estaba muy ocupado con la universidad te iba a buscar y cumplir lo que te prometí pero veo que sigues igual que antes así que ahora te va a costar más que se borré ese vídeo…

    Volvió a pedirme disculpas diciendo que estaba muy asustada que sólo era una amenaza que jamás lo haría realmente que me ponga en su lugar, su manera de manipular no resultó.

    -Nos veremos pero en tu casa llámame cuando estés sola y poder cerrar bien el trato.

    -Nooo… en mi casa no, es muy peligroso para mí, recuerda la última vez casi nos sorprendió mi madre… por favor busca otro lugar…

    Lo podía hacer ir a otro lugar pero tenía que demostrarle quién mandaba ahora, así que le recordé que cumpla todo lo que yo ordenaba sin discutir y si decía que es en su casa en su casa entonces sería y colgué.

    Pasó una semana más cuando llamó varias veces no le respondo su desesperación iba en aumento recién en la noche contestó y me cuenta que su mamá el fin de semana se iría con él club de jubilados de paseo y recién iba a regresar el lunes y preguntó sobre su hijita, una amiga la iba a cuidar porque le dijo que daría clases particulares a domicilio y la recogerá el domingo en la noche.

    Al llegar y tocar la puerta ya no era el mismo muchacho que llegó a su casa la primera vez ahora sabía que la tenía en mis manos y debía cumplir todos mis deseos, cuando abrió la vi tenía un vestido rojo de tela delgada que resaltaba su belleza de mujer madura tetas grandes y anchas caderas y lo mejor su culo bien puesto…

    -Adelante pasa…

    Nos sentamos y me ofrece algo de beber era vino ella también tenía su copa luego dijo que me invitaba a cenar y fuéramos a comer comida china que conocía un lugar muy bueno, buscaba salir de su casa donde se sabía en peligro junto a mí pero dije que no.

    -¿Pero no tienes hambre?… yo me muero de hambre ahí podemos comer mientras conversamos tranquilos…

    Cuando le entregue la copa luego de beber el vino fue a la cocina a dejar las copas, que bien se le veía con ese vestido como se movían las nalgas cuando daba cada paso con sus tacos esas nalgotas que tantas veces imagine tocar cuando pasaba por mi lado en el colegio y fui detrás de ella.

    Mariella estaba ligeramente inclinada sobre el lavadero con las copas lavándolas y me acercó y la abracé por detrás fuerte juntando nuestros cuerpos sobando el bulto que formaba mi verga en el pantalón en medio de sus nalgas ella no me dijo nada, eso me ánimo a besar su cuello y se estremeció cuando mis labios tocaron su piel.

    -Ohh… por favor déjame, vamos a cenar yo tengo hambre ¿Acaso tú no tienes hambre?

    -Sii tengo hambre, pero de ti Mariella cada vez que te veo aumenta más mi apetito…

    Mis manos acarician sus caderas mientras seguía besando su cuello y orejas y luego subí recorriendo lentamente su cintura después su vientre hasta llegar finalmente a sus senos que tocaba con delicadeza para no asustarla sabía que tocándole bien dejaría salir a la mujer que guardaba bajo una coraza para protegerse de los varios hombres que la deseaban.

    -Vamos Mariella… eres una mujer muy especial y admirable por sacar adelante a tu familia y me gustas mucho…

    Su cuerpo temblaba y apenas lograba escuchar débiles gemidos que empezaron a nacer en su boca sus manos habían dejado las copas en el lavadero y se sujetaba firmemente sus ojos cerrados con la cabeza tirada atrás ahora se dejaba llevar la bella maestra.

    -Ohh ohhh ohhh…

    El vestido rojo fue resbalando de su cuerpo hasta caer al suelo junto a sus pies y quedar sólo en lencería del mismo color, me costó un poco quitar el broche del brasier mis dedos tocaron sus pezones grandes y duros la volteó para verlos eran hermosos y mi boca se apoderó de sus tetas la punta de la lengua jugaba con sus hinchados pezones marrones.

    -Ahhh… nooo… quierooo después me voy arrepentir…

    La cargué y la llevo a la sala y con mucho cuidado la deposito en el sofá beso su vientre y voy retirando su tanga roja de seda que estaba mojada ya de lo caliente lo que vi era su sexo maravilloso bien depilado los labios estaban hinchados y mojados mi boca se apoderó de ellos y chupe desesperado logrando que ahora sus gemidos fueran más fuertes y largos.

    No me detuve hasta que su cuerpo se tensó y ahora mi lengua se había ocupado del clítoris que hizo enloquecer a Mariella y finalmente llegó a un orgasmo como tiempo no recibía y sentía su cuerpo y dejó salir sus jugos en gran cantidad.

    Su cuerpo se estremeció como si recibiera una descarga eléctrica la abracé y busqué su boca siendo correspondido y nos besamos y luego pregunté si le había gustado, algunas lágrimas cayeron en sus mejillas estaba muy sensible.

    -Sii me gustó tiempo que no me sentía así y no sé qué más decirle ahora…

    Me fui quitando la ropa para estar igual que ella desnudo, ella sentía mi verga dura tocando su muslo y bajó la mano y la cogió finalmente y luego jugaba con mis testículos unos minutos hasta que preguntó si quería penetrarla porque ella lo deseaba mucho.

    -Siii… Mariella siempre lo soñé y ahora que te tengo acá a mi lado me gustaría mucho…

    Me reincorpore y luego me senté en el sofá ella se fue acomodando sobre mí y con su mano cogió el falo duro y lo acomodó en la entrada de su vagina y luego fue bajando muy lentamente y empezó a entrar a su chucha bien lubricada hasta que lo tuvo todo adentro…

    -Aggg… qué ricoo está bien caliente y ajustado tu coño mi amor… Aggg…

    Mariella volteó la cara para atrás y nos volvimos a besamos mientras ella movía sus enormes caderas a un ritmo salvaje sobre mi verga.

    -Sii mi amor está ajustado mi cosita porque nadie después de mi marido lo ha disfrutado tu eres el elegido… ahhh…

    Que rico estaba cumpliendo lo que tanto tiempo había imaginado mientras me masturbaba en mi dormitorio, nunca ni en mis mejores sueños hubiera pensado que se hiciera realidad, mi ex-profesora saltaba sobre mi verga con muchas ganas, para ella también la falta de sexo hacia que lo disfrute mucho.

    -Ahhh… como me encanta tu verga bien rica y dura dentro de mi… ahhh…

    Fueron 36 minutos donde sus nalgotas saltaban entre mis muslos hasta que por más que quise que durará más no pude su chucha bien lubricada y apretaba como si fuera un guante en el falo que entraba y salía de sus entrañas y solté un grito y empuje fuerte mis caderas y llené su matriz de abundancia semen.

    -Aggg… Ohhh  qué ricoo mi amor…

    Nos besamos ella ya era mi mujer luego también su cuerpo se estremeció y gozó de otro orgasmo. Descansamos unos minutos para luego bañarnos juntos donde volvimos a coger. Hacer el mejor ejercicio de la vida que es tirar nos había dado hambre y ahora si fuimos a cenar comida china.

    Pregunte como si era muy bella no había tenido pretendientes en serio que quisiera tenerla como pareja oficial ahí me dijo que si pero no la aceptaban con sus madre y eso no lo iba a permitir nunca luego muchos que sólo querían tirársela.

    Delante de ella borre el video y le dije que si sabía cumplir mi palabra y seguimos comiendo cuando salimos del chifa ahora Mariella ya no tenía motivo para que regrese a su casa y le di un beso en la mejía y me fui cuando ella me llamaba.

    -¿A dónde te vas me vas a dejar que regresé sola a mi casa?

    Volteó sus ojos me veían de una manera dulce y me cogió de la mano, Mariella quería que pasé él fin de semana con ella por voluntad propia ya dentro de su carro nos besamos y regresamos al sur casa llame a mi casa y le digo a mi mamá que no se preocupe por mí porque me iba a quedar en la casa de un amigo y regreso el lunes.

    Pasamos un maravilloso fin de semana haciendo el amor en todos lados de la casa y después volví varias veces cuando su madre preguntaba por mí se le dijo que era su nuevo alumno que le iba ayudar dando también clases de matemáticas.