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  • De amiga a esclava (5): El castigo

    De amiga a esclava (5): El castigo

    El precio del retraso: una deuda consensuada.

    Era la hora exacta. El reloj de pared marcaba las 21:43, y la cita había sido a las 20 h. Estaba sentado en mi estudio, leyendo un poco. La luz indirecta contrastaba con la calidez del cuarto junto a mí. La puntualidad es la base de la estructura; un fallo en ella no es un accidente, es una provocación calculada.

    El sonido de mi teléfono vibrando sobre el escritorio me sacó de mi lectura. Un mensaje de Laura: “Llego tarde. Tráfico. 22:15.” Leí el mensaje sin una respuesta inmediata. El tráfico era una excusa superficial; esto era, como siempre, una prueba de límites. Su deseo de corrección siempre venía precedido por un acto de insubordinación menor. Sonreí. El inconveniente del retraso, lejos de enojarme, era la justificación perfecta para activar el protocolo.

    Me levanté con una deliberación que ella habría envidiado. Dejé el libro en la mesa. El juego no se inicia en el estudio; se inicia en el espacio diseñado para ello. Me dirigí a mi habitación. Al cruzar el umbral, el aire cambió, volviéndose más denso, cargado con el olor de las velas encendidas y el cuero de los accesorios.

    Acababa de revisar las cuerdas y los amarres asegurados a la cama cuando escuché el timbre. Momento perfecto. Ella estaba aquí, y yo estaba listo. Me dirigí a la puerta interior. El primer paso del castigo era siempre el mismo: la espera silenciosa. La vi al otro lado, en el umbral. Ya no era la ejecutiva que se excusaba por el tráfico; era mi amiga, mi esclava, expectante. No había disculpa en sus ojos, solo hambre.

    La iluminación de mi habitación era tenue, resaltando las formas casi ambiguas que había allí, un tono suave que garantizaba intimidad y propósito. Cada elemento en este espacio estaba dispuesto con precisión: la pesada alfombra de lana que absorbía el sonido, las cuerdas sobre la mesa auxiliar al lado de mi cama, y el silencio, ese silencio denso. Solo se oía el crepitar de las llamas de las velas. Laura estaba allí, de pie en el centro. Su postura era de timidez y expectación al mismo tiempo, pero había una tensión que yo conocía y me complacía. Había llegado tarde, una hora y cuarenta y tres minutos para ser exactos. Un simple retraso, pero una falta a la base de nuestro acuerdo, un desliz de su voluntad que exigía ser rectificado.

    —Acércate —ordené. Mi voz era baja y resonó con autoridad. Ella obedeció, y vi el reflejo de su anticipación en sus ojos, la forma en que sus pestañas se agitaban. Sabía que esta “deuda” sería cobrada con una justicia precisa y calmada, la única que ella deseaba.

    —Una hora y cuarenta y tres minutos de tu tiempo, Laura. Tiempo robado a nuestro pacto. Conoces mi molestia ante la falta de puntualidad en nuestro juego.

    —Sí, amo —contestó, y las palabras salieron con la sumisión perfecta que esperaba.

    Tomé la fusta de cuero trenzado, deslizando la mano sobre su tacto frío. No era el instrumento que usaría de inmediato, pero su presencia en mi mano era un recordatorio físico de la jerarquía inalterable.

    —Esta noche no hay emoción, mi querida amiga, solo control metódico —expliqué, moviéndome lentamente a su alrededor. Mi sombra se proyectaba sobre ella, un símbolo de mi dominio. Hablaba como un instructor que detalla un procedimiento. Me detuve frente a ella. El aire estaba cargado de una expectativa tan intensa que se sentía tangible.

    —Tu castigo será una lección de silencio y rendición, una reintroducción a la obligación completa de tu cuerpo hacia mí. ¿Comprendes?

    —Lo comprendo.

    —Bien. Las reglas inmutables: La palabra segura será “Réquiem”. La usarás, y solo la usarás, si el dolor es intolerable. ¿Claro?

    —Sí, amo.

    —Perfecto. Ahora, las reglas del sometimiento. Esta noche eres una pieza muda. No emitirás sonido. No articularás palabra alguna. No te moverás, a menos que yo lo ordene. Y no me hablarás a menos que te dirija la palabra. ¿Podrás mantener esa quietud, esclava?

    Había un desafío, una chispa de rebeldía controlada en la forma en que su cuerpo se puso rígido. Le gustaba la prueba de resistencia.

    —Lo haré, amo.

    —Eso espero. Por cada infracción, por cada suspiro audible, por cada movimiento, el castigo se intensificará.

    La vi asentir, y la entrega verdadera —la rendición de su cuerpo—brilló en sus ojos y en la sonrisa de sus labios. El ritual de la inmovilización es la parte esencial del sometimiento. Es el acto de anular la autonomía. La dirigí a la cama, previamente alistada para nuestro juego. Le ordené arrodillarse, y luego acostarse sobre el vientre. Su obediencia fue inmediata.

    Comencé con sus tobillos. Usé las correas de cuero fino, fuertes e irrompibles. Las ajusté a las cuerdas amarradas a la cama. Sentí la piel cálida bajo el cuero mientras verificaba la tensión. Sus músculos estaban tensos bajo la tela; su cuerpo se había puesto firme y expectante.

    —No te muevas —ordené.

    Pasé a sus muñecas. Utilicé cuerdas de seda negra, más gruesas. No buscaban causar daño, sino garantizar la inmovilidad. Me tomé mi tiempo en asegurar el nudo, garantizando que fuera estético y funcional; los meses anteriores practicando shibari daban sus frutos. La sensación de su pulso, acelerado bajo la suavidad de la seda, era un recordatorio de que su vida estaba, completamente, en mis manos. Una vez atada, levanté su barbilla para encontrar sus ojos. No había temor, solo una expectación febril.

    —El último paso —dije, mostrando la bola mordaza de silicona negra. Le ordené abrir la boca.

    La besé apasionadamente, mezclando mi lengua con la suya, ávida de deseo. Retiré mi boca para imponer el último silencio. El sabor del látex y la pérdida de su voz la hicieron temblar. Al ajustar la correa de cuero alrededor de su cabeza, el silencio se instaló, total. Su respiración se volvió sonora, un jadeo contenido y rápido contra la mordaza.

    Estaba inmovilizada, amordazada y silenciada. El control era absoluto. Me senté al borde de la cama. El poder sobre su cuerpo era un placer que me hizo sonreír. Deslicé mis dedos a lo largo de su columna vertebral, desde el cuello hasta la base, y sentí un temblor recorrerla, una reacción inevitable a la inminencia del castigo.

    —La corrección se enfocará en las zonas de mayor receptividad, Laura —le expliqué al silencio, sabiendo que cada sílaba la penetraba. Me levanté y tomé la vara de abedul pulida. Era ligera, pero su impacto era definitivo.

    El primer contacto fue un roce helado en la parte superior de sus muslos. El segundo, un golpe seco y exacto. Vi cómo su cuerpo se contraía, un temblor mudo que no pudo suprimir. Sus ojos, únicos portales de expresión, se abrieron de golpe, inundados por el shock de la intensidad.

    —Una pequeña corrección por tu falta —susurré, y apliqué otro impacto en el mismo punto.

    El sonido era limpio y agudo. Ella apretó la mandíbula contra la mordaza, el esfuerzo por no emitir un sonido era tenso. Una nueva capa de color, un carmesí brillante, comenzó a extenderse sobre su piel bajo la vara. Me moví con precisión. Diez impactos en la nalga derecha, manteniendo un ritmo lento y deliberado. Mi enfoque estaba en la ejecución perfecta. Por cada golpe, ella arqueaba la espalda, tensando sus extremidades. El cuerpo reaccionaba a pesar de la orden de quietud, y ese conflicto era la verdadera recompensa. Cambié a la nalga izquierda. Cinco golpes rápidos, concentrando el dolor en la zona ya sensibilizada. El calor que irradiaba de su piel me resultaba adictivo.

    Hice una pausa. La inmovilidad era impresionante. Estaba quieta, excepto por el temblor que recorría sus hombros. Su respiración era entrecortada. Me incliné, acercando mi boca a su oído, disfrutando del silencio.

    —Tu sumisión es perfecta, pequeña. Pero tu cuerpo aún se debe a mi dominio, y yo debo disciplinarlo con esta sensación.

    Pasé a la segunda fase. Dejé la vara y tomé la fusta larga. Este instrumento proporciona una sensación distinta, más punzante y localizada. Comencé con roces invertidos, acariciando su piel con la punta. Un toque que era una promesa, una tortura de anticipación. Su cuerpo se retorcía bajo el roce, luchando contra las ataduras.

    De repente, el latigazo impactó en la parte posterior del muslo, una zona inesperada, pero altamente sensible. Su reacción fue un movimiento involuntario de sus caderas. Su voluntad de quietud había fallado. Me puse de pie con frialdad. Me acerqué al soporte y tomé una segunda mordaza, más gruesa, con un arnés de ajuste más firme.

    —Has roto las reglas —dije. La corrección debía continuar.

    Retiré la mordaza anterior. Ella abrió la boca, no para hablar, sino para jadear. El aliento que soltó fue un lamento sordo, puro y desesperado.

    —No has hablado. Has sido obediente en el sonido. Pero tu cuerpo ha protestado. Es momento de atar no solo tu voz, sino tu aliento.

    Le puse la segunda mordaza, y el silencio que siguió fue más opresivo que el anterior.

    Reanudé su castigo. La fusta se movía con más ligereza ahora, trazando líneas ardientes en su espalda baja, golpeando puntos de máxima sensibilidad. El olor a cuero y su propia excitación en el aire me envolvían. Yo observaba la piel, el arte de mi dominio en pleno desarrollo. La sensación la estaba empujando hacia el umbral del placer, hacia el punto exacto donde el castigo se convierte en necesidad. Sus caderas empezaron a hacer un ligero movimiento rítmico, un ruego corporal involuntario.

    Me detuve. La observé fijamente. Ella sabía que había violado la quietud, pero esta vez, el movimiento no era de protesta, sino de súplica. Sus ojos, que ahora me miraban con intensidad a través del reflejo, estaban llenos. Las lágrimas habían dado paso a una humedad vítrea y una intensidad que no necesitaba palabras. Su mirada no pedía perdón; exigía más.

    —¿Me estás pidiendo que continúe el castigo, puta? —pregunté, acercando mi rostro al suyo, mi voz grave y burlona.

    Ella no podía responder con palabras. Pero cerró los ojos con fuerza, y el gesto fue un asentimiento total, la pérdida de control más deliciosa que podía ofrecerme.

    —Puedes responder —le indiqué, soltando la mordaza.

    —¡Sí, amo, por favor! Quiero más —fue su indiscutible respuesta. Volví a ponerle la mordaza.

    Dejé la fusta. Había servido a su propósito. Ahora, el único objetivo era el éxtasis. Me centré en las zonas menos castigadas, pero altamente sensibles. El hueco detrás de sus rodillas, la suavidad interior de sus muslos, la curva de su cintura. Mis manos ya no corregían; exploraban y acosaban. Mi toque, que empezó ligero, se hizo posesivo. La fricción, el roce de mi palma contra el calor de su cuerpo, el apretar sus pezones y morderlos, cada vez que halaba su cabello hacia mí. Ella respiraba con una violencia silenciada, y su abdomen se contraía en espasmos. Su cuerpo, atado, se arqueaba, buscando presión, buscando el punto de colapso.

    Aumenté el ritmo, la presión. El calor de su piel era casi insoportable. Su cuerpo se había convertido en un motor de deseo puro, temblando bajo mis caricias, cada fibra vibrando en la tensión entre el castigo y el placer. Y entonces, llegó el primer estallido. Su cuerpo se puso totalmente rígido, una tabla arqueada, temblando convulsivamente contra las cuerdas. Su boca se ahogó alrededor de la mordaza, un gemido silenciado y frustrado. Una oleada de calor recorrió su espalda.

    Pero no la liberé.

    —No tienes permiso para terminar —susurré. Ella temblaba, silenciada. Pero el castigo debía continuar. Agregué lo que sé que Laura anhelaba: el plug anal y un vibrador a control remoto.

    Ella luchó, su cuerpo implorando el final que yo le negaba. Disfruté del control, de la negación calculada. Alargué su agonía hasta que la piel se sintió eléctrica. Y entonces…

    —Puedes tener tu orgasmo.

    Y lo tuvo, más profundo y prolongado que nunca antes. Esta vez, la rendición fue absoluta. Sentí cómo su cuerpo se liberaba en oleadas incontenibles, un placer que la superó y la hundió en un silencio de rendición total. La tensión se liberó en un temblor fino y exhausto.

    Esperé en silencio a que su respiración se normalizara. La desaté, retirando primero la mordaza. Sus labios estaban hinchados y su rostro, enrojecido. Sus ojos estaban cerrados y húmedos, pero la sonrisa que se dibujó en su rostro era la de la total satisfacción.

    La ayudé a sentarse, abrazándola por detrás. Ella se dejó caer contra mi pecho, su cuerpo aún se estremecía con pequeños espasmos residuales de placer.

    —Tu deuda está saldada, Laura —dije, depositando un beso ligero sobre la marca roja en su hombro—. Y la has pagado con excelencia. Has demostrado una disciplina y una capacidad de súplica que valoro.

    Ella suspiró profundamente, la primera respiración sin contención en mucho tiempo. Se giró ligeramente para mirarme, sus ojos aún brillantes y dilatados.

    —Gracias, amo.

    Sonreí con suficiencia. —No me agradezcas aún.

    La ayudé a levantarse y la envolví en una manta de lana. Su cuerpo se sintió ligero, agotado, pero visiblemente satisfecho.

    —La próxima vez, Laura, espero que tu puntualidad sea perfecta. No solo por el rigor de nuestro pacto, sino porque me temo que una corrección de esta magnitud exige testigos.

    Hice una pausa, sosteniendo su mirada. Su respiración se detuvo.

    —Tal vez luego… te castigaremos entre dos.

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  • Un chamán me embrujó

    Un chamán me embrujó

    Aquí de nuevo después de mucho tiempo y esta vez quiero contarte una historia personal que me ocurrió hace algunos años cuando todavía estudiaba en la universidad. Resulta que mi mamá me pidió que le vaya a comprar a Gamarra varios paquetes de inciensos aromáticos. Ya antes le había acompañado a comprar a ese sitio así que sabía cómo llegar.

    Con desgano emprendí el viajecito. Tomé el bus que me dejó cerca del Parque Cánepa y de allí caminé a la zona donde venden productos naturistas. Ubiqué el puesto de la casera de mi señora madre, le pedí la cantidad encargada, pagué y metí a la mochila todo el paquetón.

    Me estaba dirigiendo nuevamente al parque Cánepa para tomar mi bus de regreso cuando una jaladora me intercepta para ofrecerme una lectura de tarot con un chamán norteño. El costo era de s/ 20 soles.

    Antes varias veces me habían ofrecido leerme el tarot y yo nunca aceptaba pasando de largo pero ese día como que me entró curiosidad por saber qué me dirían acerca de mi futuro.

    Le jaladora me hizo entrar a un edificio en la misma avenida por donde transitaba. Subí las escalares a un segundo piso y me hizo pasar a un cuarto con puerta metálica. Allí dentro se encontraba el chamán. La muchacha se fue y cerró la puerta.

    Confieso que me dio algo de miedo estar a solas con ese hombre. En la mesa donde realizaba la lectura de tarot tenía un cráneo aunque lo bueno fue que el lugar estaba iluminado.

    El chamán era un hombre bien trigueño, llenito, de calculo a lo mucho 1.70 de estatura porque era solo un poquito más alto que yo, y uno de sus dientes delanteros estaba forrado con una plancha de oro.

    Yo en aquella época tenía ya mi pareja hombre y él estaba un ciclo arriba del mío. Yo lo que quería mucho y hasta pensaba que nos haríamos viejos juntos (iluso yo). Y bueno, la razón de entrar a que me leyeran las cartas era para preguntar si mi pareja me estaba siendo fiel y es que él tenía un amigo en la universidad con el que se llevaba muy bien y prácticamente iban a todos lados juntos y yo sabía que ese amigo era gay.

    Lo conocía y la verdad es que la relación de amistad entre ellos no me ponía para nada celoso, aunque yo sabía que ese chico quería con mi pareja, también sabía que mi enamorado nunca le haría caso pues el pobre tenía una nariz de cóndor enorme que lo hacía lucir muy feo.

    Pero resulta que luego de las vacaciones. Ese amigo regresó a la universidad con nariz nueva. El maldito se operó la ñata. Y estoy muy seguro que lo hizo con el firme propósito de quitarme a mi novio.

    Así que le pedí al chamán que me dijera si mi pareja me estaba siendo infiel o si me sería infiel en el futuro con ese amigo.

    El hombre me respondió que mi novio estaba muy enamorado de mí y que no veía infidelidad de su parte. Que no me preocupara por el amigo pero que sí quería fortalecer el vínculo entre nosotros podría hacer un pequeño ritual de atracción.

    Yo: ¿Cómo es eso?

    Chamán: Mira yo te hago un pequeño rezo ahora y te doy este polvito para que te lo pongas en tu ano antes de tener intimidad con tu novio.

    Yo: ¿Y cuánto cuesta eso?

    Chamán: No te preocupes. Es gratis. Me has caído bien.

    Yo: Gracias.

    El chamán me pidió que me ponga de pie de espaldas a él y que cierre los ojos.

    Comenzó a recitar un rezo que ya ni recuerdo. Solo recuerdo que lo decía muy rápido al mismo tiempo que frotaba mi cabeza y espalda con una piedra. Luego de unos segundos comencé a sentirme muy excitado. No sé qué me pasó pero de pronto tenía ganas de sentir una verga dentro mío. No, no es del todo correcto, en realidad quería sentir la verga del chamán dentro mío. No me sentía mareado ni nada parecido solo muy excitado. Me dieron unas ganas tremendas de tener sexo ahí mismo con ese hombre (creo que me lanzó algún hechizo ya que analizando luego la situación no tenía síntomas de haber sido drogado).

    Me di la vuelta y le agarré el pene por encima de su pantalón que se notaba empezaba a ponerse duro.

    Yo: ¿No quieres que te la chupe?

    Chamán: Sí, chiquito.

    Me desconocí en ese momento. El chamán se sentó, desabrochó la correa y yo ansioso le bajé la bragueta. Le vi el calzoncillo rojo de la marca Stripper (lo recuerdo perfectamente) que estaba mojadito por la zona de su glande. Le bajé el calzoncillo y comencé a succionar con locura ese pene cobrizo. No era grande pero tampoco pequeño aunque en ese momento me parecía la cosa más rica del mundo.

    Nos desvestimos y me sometió de pie contra la puerta metálica y también en ese suelo sucio pero no me importó. Solo deseaba sentir su hombría con fuerza dentro de mí y que me llenara con su leche. ¿Por qué saben qué? Lo estábamos haciendo sin condón y es que en ese tiempo aún no tomaba PrEP.

    Lo rememoro y el Tadeo de esa época nunca hubiese permitido que lo bese alguien con ese forro de oro en el diente pero en ese momento disfrutaba a mil con sus apasionados besos.

    Me besó todito. Y la forma como me frotaba su verga mientras me mordía la nuca es algo que no olvidaré.

    Luego de una media hora el chamán se vino harto dentro de mí y yo pude sentir como sus fluidos escurrían. Me dejé caer sobre su cuerpo y él me abrazó. Ambos estábamos empapados de sudor. Nos quedamos tumbados por unos minutos más.

    Al rato comencé a sentir culpa y es que se me pasó toda la arrechura que tenía. Me vestí, me despedí y quise pagarle al chamán pero no aceptó el dinero. Le agradecí y me fui.

    Afuera estaba la jaladora y por su cara me di cuenta que sabía lo que había pasado.

    Ya en la calle comencé a sentirme preocupado de que el chamán me hubiera contagiado de algo pero lo único que me quedaba era mantenerme tranquilo y esperar el tiempo necesario para hacerme una prueba de descarte que afortunadamente meses después salió negativo.

    Nunca más volví por esa zona y tampoco volví a ver al Chamán en persona, pero sí confieso que lo veo en mis recuerdos a veces cuando me pajeo.

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  • Sin querer cumplí mi fantasía

    Sin querer cumplí mi fantasía

    Soy un hombre que me considero heterosexual, no siento una atracción hacia los hombres como tal, pero siempre tuve la curiosidad de experimentar, al menos desde los 18 años yo ya tenía cierta curiosidad.

    Creo que en parte la culpa la tiene mi timidez y mi dificultad para relacionarme con mujeres en aquel entonces. Tenía cero experiencias sexuales, pero mi cuerpo ya se moría por tenerlas, así que mi mente empezó a crear fantasías.

    Desde esa edad empecé a experimentar con mi ano y hasta a vestirme con la ropa interior de mi mamá, no con la intención de sentirme mujer, sino con la intención de imaginar que veía una mujer en ropa interior. Así experimenté mi sexualidad en soledad por mucho tiempo, más que la mayoría de mis amigos, sin embargo, siempre han sido las mujeres las que me atraen física y sentimentalmente.

    En fin, muchos años después, ya habiendo perdido mi virginidad con mujeres y habiendo tenido bastantes experiencias, esas viejas fantasías no se habían ido, y de hecho se volvieron más intensos mis deseos.

    Esto que les voy a contar sucedió en una playa conocida de México, yo iba de viaje con varios amigos, pero planee mis vuelos para quedarme unos días más, yo solo para relajarme y descansar.

    En uno de esos días, fui a la playa y renté un paddle board en el cual remé hasta llegar a una famosa roca donde las personas iban a echarse clavados en el mar. Al llegar me di un par de clavados y después me fui a descansar en una parte de la roca, antes de emprender mi remada de regreso.

    Ahí conocí a Carlos, otro chico que se veía más o menos de mi edad, y que también iba solo. Platicamos un poco, nos presentamos, y en la plática él me dijo que estaba ahí con su familia pero que quería salir a tomar unas cervezas, pero no tenía con quien hacerlo. Yo le platiqué que estaba solo por unos días, que yo podría acompañarlo. Y así quedamos, nos veríamos esa tarde en el bar de mi hotel y de ahí iríamos de fiesta a algún lado. Hasta aquí todo fue en plan amistoso, sin ninguna intención más allá.

    En la tarde nos vimos en el bar de mi hotel, nos tomamos un par de cervezas y decidimos salir a probar suerte con las mujeres de los bares locales. La noche transcurrió normal, platicamos con mujeres, bailamos, pero al final no concretamos nada. Lo que sí logramos fue una buena borrachera. Andábamos ambientados y le pregunté si quería seguirla en mi hotel, yo había comprado unas cervezas por si nos llevábamos algunas mujeres al cuarto, cosa que no sucedió jaja.

    El pueblo era pequeño así que caminamos, y mientras caminábamos y en la borrachera platicábamos de lo sucedido durante la noche. En eso él me contaba cómo había bailado con una gringa y como le re pegaba el cuerpo, e hizo como si yo fuera la gringa y se me re pegó. En ese momento me pareció un juego cualquiera entre hombres, pero también se prendió un pequeño pensamiento cachondo, aunque no le di importancia, no intentaría nada. Subimos a mi habitación y abrimos unas cervezas y seguimos tomando y platicando de nuestras vidas, de nuestros trabajos, de las novias, y finalmente del sexo. Y ahí fue cuando todo empezó.

    Platicábamos cosas cada vez más cachondas al punto que ninguno de los dos podía ocultar que estábamos bien calientes. Nos quedamos serios por unos segundos. Entonces el con su mano se acomoda el “paquete” visiblemente engrandecido. Después yo hice lo mismo con el mío. Nos reímos nerviosamente. Y no se me ocurrió decir otra cosa más que: “¿ya nos dormimos o qué?”.

    A lo que él solo contestó “ok”.

    Mi habitación solo tenía una cama, y sin decir nada yo me lavé los dientes y me quité la ropa normalmente para irme a dormir en calzones. Al final de cuenta éramos dos hombres heteros, no había nada de que avergonzarse. El hizo lo mismo.

    Aún así, creo que los dos sabíamos lo que estaba por pasar porque en cuanto nos metimos a la cama lo primero que hicimos fue rozarnos las vergas con la mano y fundirnos en un abrazo. La noche estaba fresca así que disfrutamos de calor mutuo y nos tocábamos el cuerpo sin decir nada, sin besos, solo tocándonos.

    Paramos un segundo, nos vemos a la cara y le digo:

    Yo: ¿Qué pedo?

    Carlos: No sé.

    Yo: yo tampoco.

    Otro silencio.

    Y acercamos las bocas como dudando. Hasta que se tocaron. Y ahí empezó un faje apasionado, una sensación surreal, de sentir que no eres tú el que está haciendo eso, que no sabes lo que estás haciendo ni por qué, pero lo deseas. De no saber si deberías parar o dejar que fluya.

    Pero aun así me dejé llevar.

    Entre besos y manoseo nos decíamos cosas:

    -¡Que rico!

    -¡Nunca había hecho esto!

    -Yo tampoco

    -¿Te gusta?

    -Mucho

    Estuvimos así como 15 minutos. Hasta que de pronto paramos en un último beso, no sé si fue por un golpe de realidad, o cruda moral. Nos quedamos un rato acostados platicando de lo que pasó. Y los dos coincidimos que queríamos intentarlo. Ver qué se sentía.

    Ya con conocimiento de lo que queríamos hacer y conscientes de que no sabíamos que íbamos a sentir o si de repente no nos iba gustar, volvimos a trenzarnos en besos y manoseo, ahora más intenso. Nos quitamos lo que nos quedaba de ropa, tocando nuestras vergas y jugando con nuestros anos. Nos dejamos llevar por completo, hasta algunos gemidos se escuchaban.

    Ya no había vergüenza, sabíamos que estábamos dispuestos los dos.

    Entonces yo fui el primero en decirle:

    Yo: Quiero probarla.

    Carlos: yo también

    Nos agarramos las vergas primero con la mano, y casi por instinto nos pusimos en posición de 69. No podía creer lo que estaba a punto de hacer. Tenía esa verga en mi mano y enfrente de mi cara. El olor era tan característico, olía como yo, olía a hombre. Una mezcla sutil de fluidos corporales, que me excito aún más y no pude esperar más. La tomé de los huevos y la base de la verga y la introduje en mi boca soltando un gemido.

    En ese momento me di cuenta de que no tenía idea como chupar una verga, pero solo me dejé llevar. Acariciaba sus huevos mientras trataba de meterla en mi boca lo más adentro posible sin lastimarlo con mis dientes. Si verga era algo más pequeña que la mía; a mí me mide unos 18 cm, a él debe haberle medido unos 15 cm, aun así era más de lo que podía meter en mi inexperta boca. Estaba tan concentrado que tardé un momento en darme cuenta de que él también me la estaba mamando. Por unos minutos en esa habitación solo se escuchaban chupadas y gemidos.

    Dos hombres experimentando por primera vez, disfrutándose sin miedo. Por momentos parábamos y soltábamos palabras entre gemidos diciendo “que rico”, o diciendo “sigue así” o en ocasiones dando una señal de que algo dolía. Estuvimos haciéndolo por un buen rato, pero estábamos tan borrachos que ninguno de los dos logró venirse. Me quedé con las ganas de probar sus mecos, por ahora.

    Poco a poco me daba cuenta de que estábamos llegando al punto donde tendríamos que decidir qué sigue. Algo extraño era cómo había cambiado la manera en que nos hablábamos, ahora con cierto cariño, como si le estuviéramos hablando a una mujer, nos tratábamos con “amor”, estábamos entregados a nuestro papel los dos. Nos dimos cuenta de que ninguno de los dos nos habíamos venido aún, y fue en ese momento que hablándole al oído le pedí que me diera el culito. Su respuesta no fue inmediata, y antes de que me dijera que si yo ya estaba manoseándole el ano y lubricándolo con mi precum. En ese momento dijo entre gemidos:

    -¡Si cógeme!

    Aunque realmente no sabía lo que decía ni cómo lo íbamos a hacer. Mi primera idea, porque así lo había fantaseado antes, fue ponerlo en cuatro, para metérsela de perrito, pero no logramos hacer que entrara mi verga, intentamos varias veces, después el acostado boca abajo y tampoco. Cuando parecía que iba entrar, el gritaba de dolor y parábamos. Hasta que nos dimos por vencidos.

    Entonces quedamos acostados en la cama medio abrazados, ya con las vergas medio flácidas. En eso, Carlos empezó a masturbarse hasta que se le puso dura de nuevo y yo con una sonrisa le dije:

    Yo: ¿Quieres intentarlo conmigo?

    Carlos: Si

    Yo: ven acuéstate boca arriba

    Y así lo hizo, se acostó en la cama boca arriba con la verga de nuevo bien parada, se la jale un poco para hacer que saliera más de su pre-cum y lo use para ponerlo en mi culo, y agregue además saliva. No es que yo supiera cómo hacerlo, pero ya había visto bastantes porno gay, además que ya antes había metido objetos en mi culo. Afortunadamente, sin saberlo, yo había vaciado mis intestinos poco antes de salir al bar, y no habíamos comido nada.

    Me subí arriba de él, puse mis manos en su pecho y sentí como su verga dura rozaba en mi ano, se escuchaba lo mojado que estaba. Me agaché, lo bese, y le pedí que me la metiera. La tomé con mi mano y dirigí su cabeza a mi ano, empecé a acariciarlo con ella y casi instintivamente relajé los músculos y de repente ¡Pop! Ya estaba adentro. Los ojos se me salían de la cara, era una sensación de placer y dolor, algo parecido a lo que sentía cuando me metía objetos, pero mil veces mejor. El calor de su verga y la sensación de la piel rozando las paredes de mi ano, lo hacía algo delicioso. Solté un gemido fuerte y empecé a moverme lentamente hacia arriba y hacia abajo. Veía su cara de éxtasis, los dos gemíamos con cada movimiento.

    Poco a poco subí la intensidad del movimiento, hasta llegar al punto de que mis nalgas aplaudían sobre su pelvis. Mi mente aún no creía que esto fuera realidad, de repente me preguntaba que hacía ahí, pero el placer me ganaba. Llegó un momento en que mis dudas me ganaron y quería parar, estaba muy rico, pero me sentía extraños cuando como una mujer con otro hombre. Entonces paré, me saqué su verga con la excusa de que me dolía, que ya no podía más.

    Su verga punzaba al máximo, se veía que estaba a punto de venirse, no podía dejarlo así. Entonces me acosté junto a él y la tomé con mi mano, muy cerca de mi cara. El olor era diferente, podía ver que se había manchado un poco pero no era desagradable, empecé a jalársela. El hizo lo mismo, tomó mi verga con su mano y empezó a masturbarme. Los dos estábamos a punto de venirnos y gemíamos al máximo.

    En eso, explotó, la leche empezó a fluir de su verga a chorros con una potencia y cantidad que pocas veces había visto, se esparció por todas partes incluida mi cara y mis manos. No podía desaprovechar la oportunidad, puse mi boca en la punta de su verga y saboreé los últimos chorros que aventó. Su leche caliente entró en mi boca, una sensación viscosa extraña, pero en ese momento me supo deliciosa y no pude contenerme más, mi propia verga estallo con la misma intensidad, bañándolo a él. No supe si el la probó también.

    Quedamos los dos tirados extasiados, creo que los dos con el mismo cargo de conciencia, ese golpe de realidad que viene después de eyacular, con una sensación de placer extremo, cansancio y sentimientos encontrados. Estábamos en el limbo.

    Nos levantamos los dos con nuestras caras y manos llenas de mecos, con una sonrisa nerviosa y casi podría decir que, con poquito asco, pero no podíamos negar que lo habíamos disfrutado. Ya no nos besamos, el éxtasis había pasado y ahora volvimos a ser dos heterosexuales, o al menos eso queríamos creer.

    Yo me metí a bañar mientras él se limpiaba con agua y jabón en el lavabo. Eran casi las 5 de la mañana, abrimos una cerveza más, como para volver a la normalidad y tal vez marear un poco más al cuerpo y evitar la realidad. Ya no platicamos mucho.

    Le pregunté si se quería quedar a dormir y él me dijo que debía regresar con su familia, al día siguiente tomaría vuelo de regreso a casa.

    Intercambiamos contactos, y nos despedimos con un abrazo que la verdad se sintió muy rico, pero nadie lo dijo.

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  • Placer desconocido

    Placer desconocido

    Me llamo Felipe, en esos tiempos tenía 29 años, y llevaba un año de relación con Paula, a quien conocí en la universidad, desde el primer momento que la vi me gustó, era bajita de 1.49 metros, piel blanca y tersa, en ese tiempo tenía su pelo castaño teñido rubio, tenía un lindo y delicado cuerpo, con un trasero armonioso pero que era opacado por su gran peculiaridad: un par de tetas enormes y firmes, lo que más amaba de ella.

    Con Paula teníamos una vida sexual muy activa, diría que nuestra relación se basaba mayoritariamente en eso, y pasarla bien, íbamos a fiestas, y acampábamos constantemente en playas apartadas. Un día le sugerí a Paula ir a un playa que había descubierto hace poco, que tenía la peculiaridad de estar apartada de la ciudad, a los pies de unos farellones inmensos, lo que hacía que fuera un lugar tranquilo y bonito para pasar el día sin molestias externas.

    Fue así que un par de días después la fui a buscar a su casa a las 9:00 am de un miércoles, con la idea de ir a comprar a una tienda para comer durante el día. Al llegar quedé impactado con lo hermosa que se veía, vestía un ajustado vestido corto blanco, que permitía translucir su colaless negro que hacía lucir su bello culo, y al no llevar sostén dejaba poco a la imaginación con sus enormes tetas que eran coronadas con pequeños pezones a medio erectar por el frío de la mañana.

    Al llegar a la tienda por los alimentos, ella entró a comprar mientras yo hablaba por celular unos metros afuera, mientras conversaba me di cuenta de que el hombre ya mayor del negocio la veía descaradamente, diciéndole piropos, lejos de molestarme, esto me generó cierta excitación, ya que era innegable lo bella que Paula se veía. Al salir de la tienda mi novia solo sonrío porque había notado que yo miraba la situación con cara de pocos amigos, pero la calme diciendo que el señor tenía razón que era hermosa.

    Al llegar a la playa dejamos el vehículo por encima del farellon y bajamos por un cerro hasta la playa, mientras caminábamos no podía dejar de pensar en que era afortunado de estar con una mujer que provocará tanto deseos en cualquier hombre, lo cual me excitaba bastante, por lo que al llegar a la pequeña playa e instalar nuestro quitasol, le dije a Paula que no se pusiera traje de baño que simplemente estuviera solo con su colaless y sus tetas al aire, ya que en esa zona era poco probable que hubiera alguien en día de semana, y yo quería contemplarla así todo el día.

    Pese a que me dijo que no tajantemente ya que le daba vergüenza, y miedo de que alguien pasara, accedió a mi petición visiblemente avergonzada se quito su vestido, quedando solo en colaless mientras se tapaba los pezones con sus brazos, yo la animaba a que actuara con normalidad diciéndole que era hermosa y me gustaba verla desnuda, y que no se preocupara ya que por ahí no pasaba nadie y menos un día de semana, fue así como empezamos a beber un mango colado bien helado que ella había preparado la noche anterior, por lo que bebimos hasta quedar ligeramente bajo los efectos del alcohol, lo cual hizo que estuviéramos más confiados conversando y riendo bajo el sol radiante.

    El verla así segura de si misma y desnuda al aire libre me hizo calentarme demasiado, por lo que de un momento a otro la comencé a besar apasionadamente, manoseando sus bellos atributos, aunque en un principio se opuso, pronto se dejo llevar y permitió que la dedeara aunque siempre atenta a su alrededor, a mi la verdad no me importaba nada más, por lo que empecé a bajar lentamente hasta devorarle esa rica vagina que rápidamente pasó de color rosita a un rojizo que hacía evidente su excitación, en un principio veía a Paula de reojo preocupada de su alrededor pero al rato ya solo la veía disfrutando mientras presionaba mi cabeza contra su vagina.

    Cuando ya la sentí bastante húmeda le dije que se pusiera en cuatro, ante lo cual ella dudo, diciéndome que mejor fuéramos al auto, a lo cual simplemente la agaché y comencé a penetrarla mientras la nalgueaba, al levantar la mirada y contemplar la bella escena del culo de mi mujer al aire libre con el mar de fondo mientras gemía, pude divisar a unos 30 metros a un hombre con caña de pescar, que caminaba a nuestra zona, no estaba seguro si nos había visto ya que habían rocas enormes por el sector que tapaban en parte el lugar en donde estábamos teniendo sexo, sin embargo la mezcla entre el alcohol y la tremenda excitación de la adrenalina de la situación hizo que yo simplemente siguiera en lo mío mientras Paula ignoraba todo.

    De repente veo asomarse por una roca cercana al hombre que ya a menos distancia pude divisar que era de unos 40 y tantos años, alto y de contextura media, claramente estaba observándonos mientras intentaba ocultarse, pude divisar de reojo que el tipo estaba masturbandose, mientras intentaba sin éxito escabullirse entre las rocas para ver más de cerca, todo esto pasaba mientras yo fingía que no lo había visto, al tenerlo a unos 7 metros de distancia asomado detrás de una gran roca, lo vi directamente a la cara, quedando este estupefacto con su pene en la mano, en ese momento empecé a nalguear a Paula mientras la penetraba, lo que hizo que el hombre siguiera masturbandose en el mismo lugar.

    Para ese momento Paula levanto la vista y se percató de la presencia del hombre, por lo que se asustó soltando un quejido de susto. Esto hizo asustar al hombre, quien se detuvo. Inmediatamente agarre firmemente de las caderas a mi novia diciéndole, que no se veía peligroso y que le regalará la vista de su bello cuerpo ser follado para que tuviera la paja de su vida, ante esto Paula reaccionó incrédula y dudosa, pero al ver que el hombre solo se masturbaba en ese lugar lo permitió, sin dejar de quitarle la mirada con nerviosismo por lo que estábamos haciendo.

    Ante esta situación al parecer el hombre se envalentonó, por lo que poco a poco comenzó a acercarse hacia nosotros, Paula me dijo que venía que nos fuéramos, pero yo le dije que estaba demasiado caliente, que no me importaba que nos vieran, de un momento a otro el hombre estaba masturbandose al lado de nosotros, ya sin shorts mientras veía con una cara de desquiciado las tetas colgando y rebotando de mi mujer mientras era embestida por mi, en un punto llego a tener su pene cerca de la cara de Paula, quien solo atinaba a a decir monosílabos, pero evidentemente excitada por la situación ya que a esas alturas su vagina estaba mucho más mojada de lo habitual ya que sentía sus chorritos en mi pene.

    Al sentir esto la agarre del pelo y le dirigí su cara contra el pene del desconocido hombre que quedo sorprendido, mientras veía que mi mujer con dudas pero sumamente excitada comenzaba a lamerle de a poco la cabeza del pene hasta su base, ante eso el hombre ya tenía los ojos desorbitados de placer, y parecía no dar crédito a la situación, mi mujer ya se había soltado, y ya hasta daba arcadas por chupar el pene que si bien era de tamaño promedio, era bastante grueso.

    Luego le dije a Paula que me la chupara a mi también quedando de espalda al hombre, quien nervioso solo atinó a quedarse mirando las nalgas de mi mujer que en cuatro dejaba ver su húmeda vagina mientras me chupaba el pene como nunca antes, y parecía mover instintivamente el culo al hombre quien parecía hipnotizado con aquella vista.

    Mientras me la chupaba Paula que miraba a ratos al hombre verle su vagina, me dijo con tono de decepción que no habíamos traído condones, en ese momento le dije al hombre que entonces le frotara la vagina con su pene mientras me la chupaba a mi, ante lo cual el hombre de un salto empezó a frotar con la punta de su pene todo alrededor de la vagina de Paula, quien a esas alturas ya movía las caderas de manera desenfrenada, hasta que de un momento a otro simplemente agarró el pene del hombre guiándolo a su interior al mismo tiempo que soltó un exquisito gemido diciéndome que la disculpara pero que ya no aguantaba.

    El hombre pareció entrar en un trance, ya que solo miraba hacia cielo mientras manoseaba frenéticamente las nalgas de mi novia, quien movía sus caderas lujuriosamente contra aquel hombre, un rato después, Paula se paró tumbando boca arriba sobre la arena al hombre, quien obedeció sin chistar, mientras miraba como Paula se montaba en su pene dejando a su disposición sus dos enormes tetas que empezó manosear frenéticamente, yo simplemente me quede mirando como mi novia se había convertido en una perra gimiendo sobre aquel hombre, viendo en primer plano como rebotaban sus nalgas y era penetrada su mojada vagina…

    El hombre al poco rato, empezó a jadear intensamente hasta que pude ver como empezó a escurrir una cantidad enorme de semen mientras Paula no dejaba de montarlo, produciendo espasmos en el hombre, al ver esto me calenté a tal punto que aproveche la situación para penetrar por la vagina a Paula cuando aún se encontraba dentro el pene de aquel hombre, produciendo en Paula un gemido descontrolado lleno de placer, era su primera vez siendo penetrada por dos penes al mismo tiempo, y la primera vez que yo estaba en una situación así, podía sentir el semen caliente en el interior de su vagina el cual iba saliendo poco a poco mientras la embestía.

    También podía sentir el pene del otro hombre como poco a poco recuperaba nuevamente la erección, lo cual hizo gemir aún más a Paula mientras el desconocido devoraba sus enormes tetas, a tal punto que ni siquiera sabía que hacer con ellas las chupaba, tiraba sus pezones y ponía su cara entre ellas, fue en ese momento en que sentí a Paula dar espasmos de placer sin poder controlar su cuerpo, lo cual me hizo eyacular como nunca antes dentro de ella lubricando aun mas ambos penes en el interior.

    Finalmente nos repusimos los tres, quedando Paula tirada sobre una toalla mientras su vagina escurría abundante semen, exhausta pero con una cara de placer que nunca había visto en su rostro, el desconocido pareció salir del trance en el que estaba, vistiéndose nerviosamente y viendo a todos lados, solo dijo debo irme muchas gracias mientras se alejaba hacía el mismo lugar desde donde vino, yo solo me recoste al lado de Paula tapándonos con una manta y nos dormimos hasta la hora de almuerzo, no hablamos nada al respecto después de eso, pero entre nosotros creo que existe una complicidad que antes no había.

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  • Pagando la deuda (1)

    Pagando la deuda (1)

    Ya se venía la fiesta de 15 años de mi hija, soy madre soltera y no tenía ni un peso porque mi salario solo me da para andar al día y el papá de mi hija rara vez me da la pensión, yo sabia que mi hija anhelaba mucho su fiesta, por lo que vendiendo cosas que ya no nos servían y recolectando junté algo pero no lo suficiente, fue cuando decidí acudir a Héctor para pedirle prestado dinero.

    Héctor es mi primo, a él le va bastante bien en su trabajo, aparte tiene una casa en Cuerna que renta y no tiene hijos, por lo que es muy estable económicamente, hablé con el y me presto lo que son 50 mil pesos mx ($2500 USD) con lo que complete para la fiesta.

    Todo salió muy bien, mi hija fue muy feliz pero ahora había que pagar, pasó poco más de un año y mi primo no me había cobrado la deuda pero llegó el momento, me pregunto que qué había pasado con el dinero o qué si ya tenía algo.

    La verdad yo no había podido juntar nada aún, por lo que decidí poner manos a la obra.

    Héctor es solo tres años mayor que yo y de la edad de mi hermana, por lo que en las fiestas familiares siempre nos juntabamos a platicar, nos llevamos muy bien, yo soy siempre de vestir formal pero coqueta, blusas pegaditas, faldas ajustadas, leggings, pero nunca puede faltar mi tanguita, me es muy comoda. Yo ya había descubierto a Héctor mirandome la cola algunas veces, sabía que aunque fueramos primos le llamaba la atención y no solo yo, ya que de adolescentes, atraparon a mi hermana y a Héctor dandose unos besos y se hizo un relajo.

    Fue en el cumple de mi mamá que empezó todo, yo traía puesto una falda ajustada, una blusa corta muy escotada aunque no tengo mucho pecho, pero se compensa con mi gran culo, me pinte los labios de rojo, cabello recogido y mis lentes.

    La fiesta era en el patio, ya era de madrugada y mucha gente ya se había ido y muchos se habían quedado dormidos, mi primo y yo seguiamos de pie y ya teníamos muchas cervezas encima, fue lo que me ayudo para agarrar valor y decirle que me acompañara a la parte de arriba de la casa, que queria enseñarle algo.

    Lo guie hasta el baño de arriba y ahí nos encerramos, me subí la falda a la cadera para poder abrir las piernas mientras me sentaba en el escusado, me subí la blusa para que viera mis pequeñas tetas y lo jalé dejandolo frente a mi, Héctor se quedó atónito, no decía nada pero tampoco puso resistencia cuando le desabroché el pantalón, se lo baje junto con su trusa y ahí pude apreciar su pequeño pene flacido, sin pensarlo me lo metí todo a la boca y comencé a juguetear con el y mi lengua, al poco tiempo aquel pequeñín se había convertido en un titán que no cabia en mi boca, me lo saque y comencé a chupar sus huevos mientras se la jalaba, regresaba a chupar palo y así una y otra vez.

    De pronto se escucha que tocan e intentan abrir la puerta que tenía seguro, le hice la señal a Héctor de que guardara silencio, al poco rato la persona desistió y se fue. Ese susto puso flacido a Héctor, pero a mi el hecho de ser casi atrapados me calento mucho, así que comencé de nuevo a mamar como loca mientras me frotaba mi panochita y lo miraba a los ojos, el no hacía nada, solo me veía actuar, el efecto de las cervezas no dejaba que hiciera venir a Héctor, yo me vine y por más que mamaba y mamaba el no se venía, use el as bajo la manga, con la punta de la lengua empecé el frotar su hoyito da la punta del pene y empezó a retorcerse, en poco me dijo que se iba a venir.

    Le dije que se viniera donde quisiera, en mis tetitas? En mi carita? O en mi boquita? Me dijo que me levantara y me mantuviera la falda arriba, el miraba mi panochita a través mi tanguita humeda mientras se la jalaba lo más duro que podía, cuando se iba a venir se acercó, jaló mi tanga por arriba y puso la punta de su pene en dirección a mi panocha y salieron los chorros de esperma mientras ahogaba sus gemidos, sentí su lechita calientita en mi panocha y escurrír en mis piernas.

    Mientras nos limpiabamos un poco le dije que lo tomara como un adelanto a la deuda, se rio y me dijo:

    —Vas a necesitar darme 100 mamadas como esa para terminar de pagar, jaja.

    —No te preocupes primito, me sobra mucha saliva.

    —O ser mi putita un tiempo para que pagues más rápido jajaja

    —jajaja ¿cómo crees primo?

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  • Me lo has propuesto

    Me lo has propuesto

    Me lo has propuesto, a mis 40 años, haciendo: que me sienta una mujer joven, libre. Fue el lunes, estaba donde siempre, en mi puesto laboral, atendiendo las llamadas. Llegaste, con unos papeles y cualquier excusa. Me miraste de arriba abajo, sonreíste y me lo soltaste:

    —Voy a hacerte una proposición indecente. ¿Quieres follar conmigo?

    —¡Estás loco! ¡Qué cosas tienes! —no debí sonar muy indignada, porque seguiste con tu propuesta.

    —Sería solo una vez, pero quiero tenerte, te he deseado desde que te conocí.

    —¡Qué cosas dices!

    —Y lo sabes y te gusta que te desee, que te tenga ganas, juegas a ser como eres.

    —¿Qué soy?

    —Una gata callejera.

    Ahí me ganaste, debí mandarte a la mierda, indignarme, pero no lo hice, porque verme como gata callejera me dio un subidón de calentura que hizo que se me erizaran los pezones y te diste cuenta.

    —Atrévete.

    Me dejaste asombrada, eso es como tratarme de puta joven, de ser ligera de cascos. Me quedé de piedra, como si me hubiera caído un rayo, te miré y lo estabas diciendo en serio.

    Debí darte un bofetón, pero estaba mojada, lo notaste, mis pezones se habían puesto duros, y entonces se marcó tu sonrisa, la de un tigre que va a comerse a una gatita.

    Y me salió juguetona la respuesta.

    —¿Por qué no? ¿Dónde y cuándo?

    —Hecho pues, en mi hotel, esta tarde, a las cuatro, habitación 109. Ya sabes donde es. Tú haces la reserva cada semana.

    Y acá estoy, salgo del ascensor, la puerta 109 está enfrente. Me doy cuenta que quiero ser tu juguete. Llamo con los nudillos, abres inmediatamente. Entro deprisa, cierras y te giras. Me miras como un feroz lobo hambriento, y me excita. Te quedas inmóvil.

    Me quito el vestido, quedo en ropa interior, tanga tipo hilo dental, sujetador blanco, de media copa, tela fina, lo que hace que se marquen y trasparenten las areolas y los pezones oscuros. Sé lo que quieres, no soy una niña, a mis 40 años soy una hembra madura, eso que llaman una mujer en sazón y que eso te pone más y más.

    Estoy parada, tus ojos me devoran, mis dedos buscan el cierre del sujetador. Mis senos quedan liberados. Cuelga la tela del cuello, mis tetas se ofrecen a tus ojos. Estoy muy excitada, los pezones están enhiestos. De joven mis pechos eran más duros, más pequeños. Los años, los hijos a los que di de mamar han aumentado su volumen, no han caído, pero se han hecho más elásticos. Cimbrean al andar, vibran y creo que eso los hace más sexuales.

    Quieres que me los acaricie mientras vas diciendo con tu voz que me incita y calienta:

    —Tienes tetas de amaranto, tetas de corza, de madrugada, de terciopelo…

    Mis manos soban mis senos, los amasan, juegan con ellos, mis dedos pellizcan, mis uñas arañan, arden, los pezones tiesos, tetinas de biberón casi me duelen de placer.

    —Tetas emplumadas, tetas erectas, tetas trémulas, como arenas movedizas…

    Me quito el top y voy hacia ti, lenta, sabiendo lo que deseo. Me paro y tu boca busca mis tetas. Necesito que las beses, que las lamas, que las chupes, que las muerdas. Y lo haces sin prisa, te deleitas en la comida, porque me las comes. Yo ardo, estoy empapada.

    Me sueltas el nudo de la tanga que cae al suelo. Estoy desnuda ante ti. Buscas el camino de mi sexo, apenas apoyas los dedos en entrada hambrienta, mojada de mis flujos más íntimos, cuando me empieza a llegar la ola. Me dejo ir. Tu índice acaricia apenas mi botón rosado cuando me abrazo desesperada a ti para venirme en un delicioso orgasmo.

    —Tetas de gata caliente —me murmuras mientras me besas por primera vez.

    —¿Qué quieres que haga? —te pregunto jadeante al acabar el largo beso en que me he entregado y me has hecho tuya con los labios, la lengua, los dientes.

    —Quiero ver como deslizas tu cuerpo desnudo mientras te masturbas.

    —Estoy muy caliente, ¿quieres que sea rápida y luego me follas y me coges como tu yegua?

    —Tenemos tiempo, sé que has visto mucho cine. Piensa en cómo tantas veces has imaginado hacerlo en tus pensamientos más íntimos. Cuando has cerrado los ojos imaginando que era yo a quien cabalgabas.

    —Dio mío —intento hacerme la inocente— eres muy vicioso. Las películas porno me han puesto siempre.

    —Un reloj de arena te marca el ritmo de como buscas el placer, siéntelo dentro de ti… gata viciosa.

    Lo hago, me acaricio la piel como la arena que cae lenta pero continua entre los dos conos de cristal. El vientre, los muslos, las nalgas, las tetas, el monte de venus. Me quedo ahí, una mano en los senos, otra acariciando mi coño. No tengo prisa, disfruto de mí. Te vas desnudando, surges como un caballo en celo. Tu verga en alto, con un cipote desnudo, gordo como una ciruela. Te tocas la polla despacio, mientras me saboreas con los ojos ardientes.

    Me doy cuenta que estoy volviendo a ir al punto de no retorno, esos instantes en que la arena del reloj parece correr más rápido.

    —No aguanto más —susurro en celo.

    —Quiero ver cómo te corres …gata.

    Acelero los dedos del clítoris, me pellizco los pezones y me derramo en la cascada del orgasmo ante ti, mirándote porque tu lujuria me excita y me vuelve loca.

    Me dejas temblando. Recorres mi cuerpo con tus ojos de fiera hambrienta.

    —Extiende la toalla y túmbate en el sofá.

    Te obedezco, me ofrezco como lo que soy, tu putita, una gatita caliente, una mujer que quiere experimentar algo distinto a la tediosa monotonía de una relación marital. Vienes con la polla en alto, la colocas frente a mi cara, abro la boca para recibirla, pero en vez de meterla buscando mi garganta, me golpeas con tu verga en la cara. Me restriegas tu cipote mojado por tus flujos seminales por toda la cara, y es entonces cuando sí dejas que tome posesión con mis labios ansiosos de tu miembro.

    —Tus manos abajo, en tu coño, tócate mientras la chupas.

    Te obedezco. Me acaricio despacio, soy de orgasmo fácil, pero no quiero acabar desmayada de placer, aunque vuelvo a subir hacia la montaña del orgasmo que quiero tarde en llegar. Con la lengua te lamo el ciruelo, lo succiono con mis labios carnosos, apenas uso los dientes cuando entra más en mí y busco el tronco de tu arma para aprisionarlo. Una de tus manos acaricia mis tetas. Soy tu juguete, lo que tú quieres. La sacas y me golpeas los labios que dejo flácidos para recibir en ellos tus sacudidas. Me pellizcas los pezones.

    —Levanta y abre las piernas.

    Te obedezco. Me coloco para que mi chochito quede listo ante cualquier ataque. Está empapado, rezuma mi feminidad excitada de hembra caliente que goza del macho, de ese macho que eres ahora mismo dueño de mí.

    Te pones cómodo para comerme el coño. Lo harás con la lengua. Abriendo mis labios íntimos, me sorbes, me lames, te deleitas con mi placer de mujer entregada. Y usas tu mano derecha para tirar de mi monte de venus y dejar mi clítoris duro, excitado, libre para ti. Y pasas tu lengua una y otra vez y lo chupas con labios golosos. Yo aguanto el orgasmo, no quiero venirme, quiero que el placer se haga eterno, que la cumbre esté cada vez más alta. Y metes dos dedos en mi más íntima cueva. Y avanzas reptando por mi vagina, buscas y encuentras mi punto G. Lo empiezas a acariciar. Y entiendo lo que quieres. Sé que te lo voy a dar, aunque me quedé desmadejada de placer.

    Y subo, y subo, y voy llegando, y entonces cuando me voy a desbordar, jadeo y susurro:

    —Yaaaa

    Y tu boca deja mi botón rosado para beber mi squirt salvaje de hembra que ha sucumbido ante su macho.

    Te levantas, te paras ante mí, tu verga está dura, fuerte, con su prepucio al aire, hermosa. Es tu arma para poseerme, para hacerme tuya.

    Sé lo que quieres, no debes decirme nada, me pongo en cuatro sobe el sofá, mi pompa queda para tus ataques, me has hecho gozar y ahora quieres follarme, cogerme, joderme. Y yo deseo que lo hagas.

    Te colocas tras de mí, siento tu ciruelo recorrer mi valle encharcado. Lo pones en la puerta y entras deleitándote con mis gemidos, maullidos de gata en celo. La metes hasta el final, te siento dentro, llenándome, aprieto mis músculos vaginales para darte la bienvenida. Me agarras por las caderas y empiezas el mete y saca. Casi hasta fuera y luego hasta la empuñadura, haciendo que tus huevos me golpeen. Lo haces despacio, controlándote y controlándome. Aumentas el ritmo, yo sé que así me usas, me sometes, me haces ver que juegas con mi lujuria porque vuelvo a ponerme en marcha hacia el orgasmo.

    Pero eso es algo que ha dejado de interesarte, ahora solo buscas tu placer de macho que fornica a la hembra.

    Y la sacas… me quedo en puertas… y espero… y comprendo cómo me vas a usar… y con tus dedos embadurnas mi esfínter con mis propios flujos. Respiro hondo para recibirte por mi puerta oscura. Noto como apoyas tu polla en mi agujero estrecho. La vas metiendo sin titubeos, dándote igual mi placer o mi dolor. Es tomar posesión de mí. Hacer que sepa que soy toda tuya.

    Y me sodomizas, posesivo, gozando de mi sumisión ante tu deseo perverso. No tienes prisa, te mueves dentro de mí, el trayecto es corto, no como cuando has usado mi vagina, la tienes bien hincada. Y sé que va a durar poco, necesitas soltar tu carga de macho. Yo jadeo mimosa, felina viciosa.

    Y la sacas de un tirón y me ordenas:

    —Date la vuelta y arrodíllate… gata.

    Y te obedezco y lo hago, me quedo ante ti, con tu polla enorme, dura, que acaricias en tu mano, ante mi rostro. Aceleras el pajeo y me lanzas el chorro de tu semen a la cara y a las tetas.

    —Límpiala —me ordenas.

    Y lo hago con la boca, lamiendo los restos de tu leche y de mis jugos. Me siento tu bella de día, tu puta que has pagado para que te obedezca, para tu satisfacción de macho.

    —Párate delante mía. —me ordenas cuando he acabado dejando la verga limpia y dura.

    Y me pongo ante ti, mojada con tu semen que siento en el rostro y los senos.

    —Ven —tiras de mi muñeca hasta quedar pegada a tu cuerpo.

    Y empiezas a lamerme, chupando tu lava de sexo. He aguantado sin venirme la cogida y la enculada, pero me has puesto en la cumbre de la montaña, al sentir tu lengua, tus labios, tu boca sobre mi piel, me pongo como yegua preparada para la carrera. Lo sabes y tus dedos van hacia mi clítoris, lo comienzas a acariciar y es el disparo de la catarata de mi orgasmo. Me vengo entre jadeos, gemidos, ronroneos, maullidos.

    —Sé que te ha gustado… estás colorada de lujuria y placer… gatita. Abracémonos en silencio. No digas nada. Deja pasar el tiempo hasta que tengas que irte.

    Me visto, salgo camino de mi casa, y pienso si tanta gata y acabar con eso de colorada no será que me lees y has descubierto quien soy.

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  • Mi hijo y su futura cuñada

    Mi hijo y su futura cuñada

    Mis hijos continuaban con sus aventuras, un día comiendo en casa mi hijo pequeño le dijo a su hermano:

    -Oye ya que tienes novia, y estamos compartiendo coños, yo te he ayudado con los de la familia de Pedro, tu debería de dejarme hacerlo con mi cuñada, tráela un día a casa.

    A mi hijo mayor la idea le pareció bien y un día la trajo a casa para que la conociéramos, el día que vino a casa me impresionó favorablemente, además de una chica muy simpática y despierta físicamente me encantó, desde luego no iba a dejar pasar mucho tiempo para estrechar las relaciones nuera-suegra, pero ese día lo que tocaba era que los cuñados estrecharan relaciones, así que le dije a mi hijo mayor que tenía que comprar algunas cosas, y le pedí que me acompañara, lo que mi futura nuera no sospechaba es que teníamos una cámara en casa para gravar lo que sucediera en el salón.

    Cuando salimos de la casa nos dirigimos al trastero que tenemos en el bajo del bloque de apartamentos donde vivimos, enchufamos en móvil y nos dispusimos a ver o que sucedía.

    En ese momento mi hijo y su futura cuñada se encontraban sentados en el sofá, la chica miró a mi hijo pequeño con una sonrisa picarona y le dijo:

    -Cuñadito, me encanta que tengamos una oportunidad de conocernos a fondo.

    Fue a donde estaba mi hijo y se apoyó en su pecho, brazados los dos, pero mi hijo pequeño le dijo:

    -Llevas razón, esta es una ocasión de que nos conozcamos muy a fondo.

    Y rápidamente llevó sus manos hasta los pantalones de la chuca y se los desabrochó y de un golpe se los quitó, junto con el tanga, que no debía de ser muy grande, después le desabrochó la blusa y sus dos tetas, que eran deliciosas quedaron al aire, no llevaba sujetador, mi hijo al verla así le dijo:

    -Cuñada, estas divina, ni me extraña que mi hermano al verte así se le ponga la polla durísima.

    Mi hijo llevó su lengua hasta el coño de su cuñada, que al parecer se había depilado para la ocasión y sacando su lengua la introdujo en el sexo de su cuñada, esta al sentirlo dijo:

    -Debe ser algo genético, pero los dos hermanos coméis el coño de una manera bestial, me estas volviendo loca de gusto cuñadito.

    Mi hijo le siguió comiendo el coño, hasta que su futura cuñada le dijo:

    -Cuañadito, tú me estás viendo todo, y yo no veo nada y siento curiosidad por comparar como es tu polla en comparación con la de tu hermano.

    Ella se terminó de desnudar y se fue hasta la polla de mi hijo pequeño, primero se la acaricio por encima del pantalón, y después le bajo este, mi hijo llevaba un chándal por lo que no necesitó desabrochar nada solo bajárselo, la polla de mi hijo, que estaba durísima, quedó al aire, al verla ella dijo:

    -Debe de ser algo de familia, los dos hermanos tenéis unas pollas increíbles.

    Abriendo su boca hizo que parte de su saliva cayera sobre la polla de mi hijo, después sacando su lengua comenzó a pasarla por la polla de su futuro cuñado, que al sentirla comenzó a gemir y dijo:

    -Si le haces esto a mi hermano, le debes de volver loquito.

    Ella se rio y siguió chupándosela. Hasta que la tuvo bien dura y en ese momento pregunto a mi hijo:

    -¿Tienes condones, no es cuestión de que seas el papa de tus sobrinos?

    Los dos rieron, mi hijo sacó el paquete ella cogió uno de los condones y utilizando sus manos y su boca lo puso sobre la polla de su futuro cuñado, después pese a su pequeña estatura mostró una gran habilidad y se subió encima de su futuro cuñado y comenzó a moverse de arriba abajo, mi hijo se puso a gemir como un cerdo, mientras decía:

    -Cuñada lo haces muy, comprendo que mi hermano este loquito por ti,

    Ella siguió cabalgándole, la verdad era que la muy zorra lo hacía de maravilla, desde luego me parecía una persona muy indicada para nuera, mi hijo le dijo:

    -Cuñada, tengo ganas de chuparte las tetas.

    Mi futura nuera se giró, sin dejar de cabalgar a mi pequeño al tener sus tetitas al lado de su boca se puso a chupárselas, mientras le decía:

    -So zorra, no sabes la envidia que me da mi hermano.

    Y siguió chupándole las tetas, los dos se pusieron a gemir, y así estuvieron hasta que mi hijo le dijo:

    -Cuñada, me gustaría ponerte a cuatro patas.

    -Como tú quieras, mi amor, dijo ella.

    Quitándose de encima de mi hijo se puso a cuatro patas, este se puso detrás de ella, y la introdujo, nuevamente su polla dentro del coño de la chica y comenzó a moverse con muchas ganas, ella gimiendo le decía:

    -Cuñado te adoro, me da que los dos nos vamos a levar muy bien, follas divinamente, te adoro.

    Mi hijo seguía atacando ese coño que sin duda le estaba resultando delicioso, los dos se pusieron a gemir de una manea cada vez más intensa, hasta que mi hijo dijo:

    -Me voy a correr.

    -La primera vez me gustaría que fuera en la cara, le pidió ella.

    Mi hijo al escuchar su petición se salió de su coño, en ese momento ella se puso en el suelo de rodillas, mi hijo se puso de pie a su lado y ella agarró su polla y la masturbó hasta que un montón de leche salió despedida de esta, una parte su a parar a la boca de mi futura nuera y otra se desparramó por su cara.

    Pero no eran los únicos que estaban follando en ese momento, mi hijo mayor y yo no habíamos podido resistir la enorme calentura que nos entró al ver a los dos cuñados estrechando relaciones, mi hijo me pidió que me pusiera a cuatro patas, como mi futura nuera, mientras veíamos como su hermano se follaba a su novia el metió su polla en el interior de mi coño y empezó a moverse dentro de mí, se le notaba que estaba especialmente excitado y se movía en el interior de mi coño de una manera casi salvaje, yo temía que me rompiera en dos, aguanto más que su hermano, pero yo que me conocía su forma de follar me di cuenta de que estaba a punto de correrse y como mi nuera le pedí que se pusiera de pie y yo me arrodillé y le chupé la polla hasta que se corrió en mi boca.

    Pero mi hijo y mi futura nuera no se iban a quedar así después de descansar un momento, ella comenzó a chuparle la polla a él nuevamente y, como yo me imaginaba, la polla de mi hijo comenzó a reaccionar, se fue poniendo cada vez más dura, mi hijo le dijo a ella:

    -Vámonos a mi habitación.

    Y completamente desnudos y cogidos de la mano se encaminaron a su habitación, allí mi futura nuera se tumbó sobre la cama, mi hijo se puso cerca de ella, de medio lado, le pidió que separara bien las piernas y la alzó una de ellas, el coño de la chica quedó bien abierto y mi hijo se la metió de golpe, mientras le decía:

    -Cuñada eres maravillosa, mi hermano tiene mucha suerte contigo

    -Gracias cuñado, me da que voy a tener una pareja y un cuñado divinos.

    La postura en la que estaban follando me pareció muy acrobática, hasta que ella dijo:

    -Cuñadito, me encantaría ser yo quien se pusiera encima.

    -Tus deseos son órdenes para mí, dijo mi hijo.

    Se giró quedándose en la cama tumbado boca arriba, ella se puso de rodillas, y poniéndose encima de su polla, que continuaba durísima, se la introdujo poco a poco en el coño, mientras con sus manos le acariciaba el pecho y le decía:

    -Estas buenorro.

    Estuvo cabalgándole en esta postura, hasta que se decidió a darse la vuelva y siguió montándole, los dos se pusieron a gemir, ella se movía con gran agilidad, mi hijo me había hablado de lo bien que follaba su novia, pero verlo en directo era otra cosa. Se la notaba que tenía experiencia y cabalgaba muy bien, mi hijo gema de una manera muy intensa, , hasta que le apeteció hacer algo más activo, la cogió con sus manos del trasero y comenzó a moverla de arriba abajo, ella se puso a gemir con desesperación mientras decía:

    -Cuñado, esto es increíble, los dos hermanos sois unos folladores extraordinarios.

    Siguieron en esta postura hasta que mi hijo dijo:

    -Cuñada déjame a mí.

    Ella se tumbó sobre la cama y mi hijo se levantó de esta, la hizo poner su coño sobre el borde de esta, y en esta postura la volvió a meter la polla dentro de su coño, ella volvió a gemir de una manera descontrolada y dijo:

    -Cuñadito, me estas llevando al paraíso, eres divino.

    Este siguió follandola en la misma postura hasta que sintió que se iba a venir y se salió,

    -No me parece bien meter mi leche dentro del coño de la novia de mi hermano, dijo mi hijo.

    -Como quieras, respondió ella. Túmbate y yo te hare acabar.

    Mi hijo lo hizo y ella comenzó a moverle la polla, se puso a gemir como un loco hasta que un montón de leche salió de su polla, ella riéndose dijo:

    -Cuñado menuda polla tienes.

    Mi hijo mayor y yo no nos habíamos perdido ningún detalle del espectáculo, y nos habíamos vuelto a poner calientes, muy calientes, yo de pedí:

    -Mi amor túmbate en el suelo.

    Cuando él lo hizo yo me puse encima de él y comencé a cabalgarle, mientras le preguntaba:

    -¿No sientes celos de ver a tu hermano haciendo esto con tu novia?

    -Para nada mama, me respondió él, estoy contigo, y además me encanta ver como folla mi novia.

    Seguí cabalgándole un rato, pero el me pidió:

    -Mama, ponte a cuatro patas sobre esa silla.

    Lo hice, puse mis rodillas encima de la silla, mientras apoyaba mis manos sobre su respaldo, mi hijo, se puso de pie, detrás de mí y me metió su polla, era un gran placer para mi disfrutar de las pollas de mis hijos, cuando sentí que mi hijo se iba a correr, quizá emulando a mi futura nuera le pedí:

    -Mi amor, quiero que te corras en mi cara.

    Él se puso delante de mí, al lado de mi cara, yo le acaricié la polla polla, hasta que vi que se iba a correr, y cuando lo hizo su semen llenó mi cara.

    Tras tomarse u pequeño descanso mi hijo pequeño se arrodilló ante su cuñada y le dijo:

    -Cuñadita, me voy a comer ese coño.

    Ella muy complaciente se abrió bien de piernas y mi hijo sacando su lengua la introdujo en el sexo de la chuc, no sin antes decir:

    -Tengo muchas ganas de comerme ese chochete,

    Al sentir su lengua mi futura nuera comenzó a gemir mientras decía:

    -Que bien coméis el coño los dos hermanos, parece que habéis tenido la misma maestra y que os ha enseñado muy bien.

    Mi hijo siguió comiéndole el coño hasta que ella se corrió, en ese momento ella le pidió:

    -Cuñadito métemela a cuatro patas.

    Se puso en esta postura sobre la cama y mi hijo detrás de ella, se puso de rodillas y se la metió, nuevamente los dos estaban gimiendo, y continuaron así un rato hasta uw mi hijo le preguntó:

    -Cuñadita, tu prefieres estar encima, ¿verdad?

    Me parece que me vas conociendo, dijo ella riéndose

    Mi hijo se puso sentado encima de la cama, apoyándose, sobre el respaldo ella se puso encima de él y volvió a meterse su polla en el coño, mientras decía:

    -Cuñado, hoy nos estamos conociendo muy bien.

    Se dieron un beso y ella siguió cabalgándole, él le dijo a ella:

    -MI hermano ha elegido por novia a una chica maravillosa.

    Y siguieron follando hasta que mi hijo pequeño le dijo a su cuñada:

    -Me encantaría metértela por el culo.

    -Veo que los dos hermanos tenéis unos gustos parecidos, dijo ella riendo.

    Se bajó de él y se puso a cuatro patas, mi hijo, se puso detrás de ella y se detuvo un insta te, pero ella le dijo:

    -Venga cuñado, no tengas miedo tu hermano y otros han puesto mi culo en condiciones de recibir cualquier cosa son sentir dolor, todo lo contrario, estoy segura de que me vas a hacer gozar mucho.

    Mi hijo al oír estas palabras perdió cualquier miedo y de un golpe introdujo su polla dentro del culo de la chica, esta se puso a gemir, mientras decía:

    -Cuñado tienes una polla maravillosa y la sabes maneras muy bien, me estás haciendo alucinar

    Mi hijo, reaccionó ante estas palabras atacando con furia el trasero de ella, los dos gemían de una manera muy intensa. Y el le dijo a su cuñada:

    -Cuñada tienes un culo delicioso, cualquier hombre se moriría de ganas por follartelo.

    Los dos seguían gimiendo a tope, mi hijo mayor y yo en el trastero, pese a lo que habíamos follado también estábamos calientes, así que mi hijo me hizo ponerme en el suelo a cuatro patas e imitando a su hermano, y me la metió por detrás, de esta manera mientras veíamos a su hermano y su novia nosotros, les imitábamos, la situación me parecía extremadamente morbosa.

    Sin que ellos lo supieran entre ambas parejas comenzó a darse una especie de carrera, a ver cual llegaba antes al final, mi hijo pequeño atacaba el culo se su cuñada con verdadera saña, pero su hermano no iba a la zaga con él mío, así los gemidos de ellos se confundían con los nuestros, igual algún día no muy lejano quizá los cuatro podríamos compartir la experiencia juntos, en ese momento pensaba en lo alucinante que sería, pero la verdad es que estaba disfrutando a tope de la polla de mi hijo que no paraba de moverse dentro de mi culo.

    Mientras nuestros rivales no paraban de follar, hasta que mi hijo pequeño grito:

    -Me corro

    Y su leche lleno el culo de mi futura nuera, después quizá agotados se pusieron a vestirse, tanto mi hijo mayor como yo comprendimos que debíamos imitarles, así que el aumento el ritmo de la follada, hasta que él también se corrió, y como le había pasado a mi tura nuera mi culo se llenó de leche, después nos vestimos y volvimos a casa donde los dos futuros cuñados conversaban con normalidad, nos unimos a la conversación y le preguntamos que habían estado haciendo todo el rato, ella respondió:

    -Nos hemos estado conociendo muy a fondo

    -Pues espero que nosotras dos nos conozcamos de la misma manera, le dije.

    Ella se mostró de acuerdo, sin que yo estuviera segura de si estábamos hablando de la misma cosa.

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  • Orgía incestuosa

    Orgía incestuosa

    Las madres cumplen un labor fundamental para la sociedad, pues ellas cargan con los pesos y las complicaciones del embarazo, y son las que más se involucrar en la crianza de los niños. Dicho trabajo debe ser recompensado, y de eso tratara está historia: el día de hoy, veremos con una familia “recompensó” los grandes sacrificios de su madre, cumpliéndole uno de sus anhelos más grandes.

    Está familia de la que les voy a contar está conformada por:

    Megan (40 años): es una milf de pelo marrón y corto, piel blanca, y ojos verdes. Posee una gran altura, un cuerpo muy voluptuoso, unos muslos muy gruesos unas tetas enormes, y un culo grande, gordo, y redondo. Ella siente un gran cariño por su esposo y por sus dos hijos, a los cuales siempre intenta ayudar, y les brinda todo su amor y dulzura siempre que puede. Además, pese a tener cuatro décadas de vida, parece mucho más joven de lo que realmente es.

    Frank (42 años): es el marido de Megan. Es un hombre alto, delgado, poco musculoso, y carente de barba y de cualquier bello corporal. Al igual que su esposa, parece más joven de lo que realmente es.

    Camí (20 años): es la hija mayor del matrimonio. Es una joven con el pelo teñido de risa oscuro, con un cuerpo muy parecido al de su madre (aunque no tan voluptuoso) y tiene varios tatuajes en el cuerpo (descanso una serpiente de cascabel que tiene tatuada en la nalga izquierda).

    Charlie (18 años): es el hijo menor del matrimonio. Es un joven delgado, escuálido, y bajito.

    Nuestra historia comienza una tarde, en la que la familia acababa de almorzar.

    “Bien, creo que es hora de que lave los platos” dijo Megan

    “¡Espera!” exclamó Frank “¡Antes de que te vayas, tus hijos y yo tenemos una sorpresa qué darte!”

    “¿De verdad?” exclamó la milf, emocionada.

    “¡Si, es algo que siempre has querido!” exclamó Camí.

    “¡Ahora cierra los ojos y espera!” dijo Charlie.

    Megan, con gran emoción y alegría, acato la ordenes de su familia y, cuando abrió los ojos, vio que sus hijos sostenían frente a ella una cartera de cuero.

    “¡Sorpresa!” exclamo el padre y los hijos al mismo tiempo.

    “¡Has sido la mejor madre y esposa que cualquiera podría pedir y, entre los tres, hemos decido darte este regalo como muestra del enorme cariño que te tenemos!” exclamó Frank, contentó.

    “¿Qué te parece?” preguntó el joven.

    “¿Te gusta?” pregunto la hija.

    “¡Si… está muy lindo!” respondió Megan, tratando de esconder su decepción “¡Se los agradezco de corazón!”

    “Te noto desilusionada ¿Paso algo?” pregunto Charlie, preocupado “¡Si no te gusta ese modelo, podemos cambiarlo por otro!”

    “¡No, no es la cartera, realmente me encanta!… Es solo que… cuando dijeron que mi regalo era “algo que siempre he había querido”, me imaginaba otra cosa, porque lo que yo siempre he deseado es… ¡Mejor olvídenlo!”

    “¡Vamos, mamá!” exclamó Camí “¡Nosotros queremos darte un regalo que genuinamente represente cuánto te queremos!”

    “¡Es que lo que realmente deseo es… algo poco ortodoxo!”

    “¡Insistimos en qué no importa lo que nos pidas, nosotros lo haremos porque te amamos!” exclamo Charlie, con gran determinación.

    “¡Pero ya basta de tanto misterio!” exclamó Frank “¿Qué es lo que realmente deseas? ¿Un vestido? ¿Unos zapatos de marca? ¿Un viaje a algún paraíso tropical?”

    “¡No, nada de eso!” exclamó la milf, y luego se armó de valor para confesar lo que realmente quería “¡Lo que yo más deseo es coger con todos ustedes!”

    “¿Qué?” preguntaron sorprendidos el esposo y los hijos al mismo tiempo.

    “¡Ya me escucharon!” exclamó Megan, mientras acariciaba el rostro de su hijos de forma sensual “Lo que yo más deseo es cumplir mi mórbida fantasía de fortalecer mis lazos con esta familia, a través del sexo con cada uno de sus integrantes ¿Que dicen? ¿Se animan?”

    “¡De ninguna manera!” exclamó Charlie “¡Yo te amo, mamá, pero no voy a cometer incesto!”

    “¡Yo tampoco!” exclamó Camí “¡La verdad, no pensé que fueses tan pervertida!”

    “¡No olviden que, antes que una madre, soy una mujer, y yo también tengo mis fantasías sexuales!” exclamó la milf, y luego fingió tristeza “¡Pero bueno… parece ser que no he sido una buena mujer y, por ende, no merezco qué se me cumpla mi fantasía!”

    “¡Vamos, no digas eso!” exclamó el joven “¡Nosotros realmente te parecíamos pero…!”

    “¡Pero nada!” exclamó Megan, con firmeza “Si realmente apreciarán mi labor como madre, no dudarían en cumplir con mi más íntimo deseo. Pero está bien, lo entiendo, supongo que pedir un Gang Bang incestuoso es demasiado pedir para una mujer como yo”

    “¡No, pues tú te mereces eso y más!” exclamó Frank, mientras abrazaba con gran cariño a su esposa “¡Vengan, chicos, vamos al cuarto y cumplamos la fantasía de su madre!”

    “¡No puedes estar hablando enserio, papá!” exclamó Camí.

    “¿Acaso haz olvidado quien siempre te ayudaba con tus tareas de matemáticas en la secundaria, Camí? ¿Y quién siempre ha cuidado de ti cuando estabas enfermo, Charlie?” preguntó el hombre “Está mujer ha dejado la vida por ustedes y, ahora, como sus hijos, tienen el deber de cumplir con su fantasía ¡Háganlo por ella!”

    Al analizar los argumentos de su padre, y recordar todo lo que su madre hizo por ellos, Charlie y Camí, con ciertas dudas, decidieron aceptar la propuesta indecente, y Megan hizo una sonrisa pervertida.

    Luego, los cuatro miembros de la familia fueron al cuarto matrimonial, se quitaron la ropa, y tanto Charlie como Camí se quedaron estupefactos al ver el voluptuoso y sensual cuerpo de su madre completamente desnudo.

    “¡Vengan aquí, hijos míos!” exclamó la milf, mientras abrazaba a los dos jóvenes “¡Les voy a dar aún más amor materno del que ya de por si les he dado!”

    Tras acariciar y manosear los cuerpos de sus hijos, Megan le dio un fuerte e intenso beso a Camí, en la que sus lenguas se entrelazaron tan fuertes que, al momento de separar sus bocas, estás siguieron unidas por varios hilos de baba, y luego le dio un beso igual de apasionado a su hijo.

    “¡Que alegría me da ver que los dos amen tanto a su mami!” exclamó Frank, quien se masturbaba al ver la escena incestuosa.

    Luego, ambos hijos comenzaron a chupar las tetas de su madre, al tiempo que está gemía y masturbaba la verga de Charlie con su mano derecha, y el coño de Camí con su mano izquierda. De pronto, Frank no pudo soportar más la lujuria, y beso apasionadamente a su esposa.

    “¡No te metas todavía, papá!” se quejó Charlie “¡Es nuestro turno primero!”

    “¡No sean insolentes!” respondió el hombre “¡Ella es mi esposa y, por ende, tengo prioridades!”

    “¡Tranquilos, no peleen!” exclamó Megan, de forma sensual “¡Ustedes bien saben que soy una mujer que puede lidiar con muchas cosas al mismo tiempo!”

    La milf se paró en medio de su familia, y comenzó a bailar de forma sensual. Luego, Charlie y Camí comenzaron a tocar y a besar las nalgas de su madre, mientras que Frank le chupaba las tetas.

    “¡Ahora así me siento realmente querida!” exclamó Megan, ente risas, mientras besaba a su esposo.

    Tras muchos besos y manoseos, Camí se acostó boca arriba sobre la cama, Megan comenzó a chuparle el coño, al tiempo que la milf utilizaba sus manos para masturbar a su hijo, y su inmensas tetas para masturbar a su marido.

    Al cabo de un rato, Camí se dio vuelta, y su madre comenzó a chuparle el culo, al tiempo que masturbaba a su hijo con sus pechos, y le hacía una paja a su esposo.

    “¡Amo este tatuaje tuyo, hija!” exclamó Megan, mientras salía la nalga de su hija “¡Realmente te queda muy bien!”

    “¡Sí realmente te gusta, no dejes de chupar!” exclamó Camí, mientras se retorcía de placer al sentir la lengua de su madre entrando y saliendo de su culo.

    Luego, Megan se puso en cuatro, y Charlie y Camí le comenzaron a chupar el culo y el coño respectivamente, al tiempo que la milf le hacía sexo oral a su esposo.

    “¡Que hermosa vista!” exclamó Frank, entre risas, mientras disfrutaba de la mamada que le propinaba su mujer.

    Al cabo de un rato, la familia intercambio lugares, y ahora está Frank quien le chupaba el coño a Megan, al tiempo que la milf le hacía sexo oral a su hijo, mientras que su hija le daba un beso negro.

    Tras mucho sexo oral, madre e hija se besaron intensamente, y entrelazaron sus piernas para frotar sus coños el uno contra el otro.

    “¡Oh, mierda!” exclamó Megan, entre gemidos “¡Realmente te mueves muy bien, mi hija querida!”

    “¡Gracias, mamá, pues yo también disfruto de esto!” exclamó Camí, y beso apasionadamente a su madre “¡Pare ser que yo salí igual de pervertida que tú!”

    “¡Menos charla y más acción!” exclamó Frank, mientras él y su hijo se masturbaban al ver a las dos mujeres teniendo sexo

    Un rato después, madre e hija se separaron, y Megan se paró entre su esposo y su hijo.

    “¡Ahora es momento de atender a los dos hombres de la casa!” exclamó Megan, mientras golpeaba con sus nalgas las vergas erectas de Frank y de Charlie.

    Luego, el padre se acostó sobre la cama, la madre se subió sobre él, metiendo su verga dentro de su coño, y los dos empezaron a tener sexo.

    “¿Cuándo será mi turno de coger tu coño, mamá?” preguntó el joven, mientras veía a sus padres tener relaciones.

    “¡Jamás, pues solo yo pudo coger el coño de mi esposa!” exclamó Frank, con firmeza.

    “¡Eso es verdad, hijito, pero no te preocupes!” exclamó Megan, mientras abría sus nalgas, y le enseñaba su ano a Charlie “¡Mami tiene otro agujero exclusivo para ti!”

    El joven, con cierta timidez, metió su verga dentro del culo de su madre, y él y su padre la comenzaron a penetrar al unísono, haciendo que la milf gritara de placer.

    “¡Eso, no le tengan piedad a esa puta!” exclamo Camí, mientras se masturbaba viendo la doble penetraba incestuosa “¡Rellénenla como si fuese un fuese un globo!”

    “¡Dame más fuertes, Charlie!” exclamó Megan, entre gemidos “¡Soy una mujer, lo puedo aguantar!”

    “¡No es por eso, es que, hasta hace unos instantes, era virgen!” confesó Charlie, lo que sorprendió a toda su familia “¡Pero yo amo tanto a mi querida madre que estoy dispuesto a regalarte mi primera vez!”

    “¡Eres el mejor hijo que cualquier mujer pueda pedir!” exclamó Megan, con gran alegría.

    Luego de mucho sexo, Megan se arrodilló ante su esposo y ante sus dos hijos, y estos tuvieron un orgasmo al mismo tiempo, bañando la cara de la madre con su semen y con sus jugos vaginales.

    “¡Cómo amo esta familia!” pensó Megan, con gran alegría, mientras se pasaba la lengua por la cara.

    Al finalizar la intensa sesión de sexo, la familia entera se acostó sobre la cama, y Charlie y Camí se quedaron dormidos por el agotamiento.

    “¿Te gustó?” pregunto Frank “¿Te sientes querida?”

    “¡Eso fue mejor de lo que esperaba!” exclamó Megan, quien se sentía muy satisfecha “¡Y todo te lo debo a ti, querido! De no ser porque tú convenciste a nuestros hijos de hacer está orgía, mi fantasía no se hubiera hecho realidad”

    “¡No hay de que, cariño, pues tú te lo mereces! Por cierto, el otro día vino una nueva compañera de trabajo a la oficina, y quería saber si podía cogérmela”

    “¡Por supuesto que sí, mi amor! Puedes cogerte a cuantas mujeres quieras, siempre y cuando me dejes divertirme con nuestros hijos, y tengamos una orgía familiar como está mínimo una vez a la semana”

    “¡Trato hecho!”

    “¡Con una familia como está, ser buena madre es un verdadero placer!” exclamó Megan, y beso a su esposo.

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  • Mi vecino del fin de semana (7)

    Mi vecino del fin de semana (7)

    El Justi envió el video de nuestro último polvo a su mujer, que seguía en el boliche y me pregunta:

    -¿Cómo es que pocas veces te sentiste así?

    -¿Así cómo? le susurro al oído.

    Me mira a los ojos y con esa mirada pícara que me derrite, me dice:

    -Así, tan puto.

    -No lo sé. Ya me comí varias porongas, desde que me desvirgó mi compañero de clase. Pero es como tener necesidad permanente de pija, de que me cojas, de chupártela.

    -¿Varias porongas como cuántas?

    -No llevo el registro, pero me gustaron todas las pijas que me cogieron. Y los culos también.

    -Quiero saber. ¿Me contás?

    -¡Uff! Con mi compañero, el que me desvirgó, se la chupé en clase, en un banco del aula, en la biblioteca, en el asiento del bus, contra un árbol en mi barrio, cogimos y nos chupamos en la ducha de mi casa, en la cama de mis viejos, en el río compartiendo con un amigo mío, en un micro de línea…

    Me mira a los ojos y me besa en la boca abriendo bien los labios, me trago su lengua: Es como si me lo quisiera comer entero recordando a mis primeros amantes.

    -¡Cómo me hacés calentar!, me dice jadeando al oído.

    Lo abrazo, le acaricio la espalda, me aferro a sus glúteos, pienso en lo fuerte que está el Justi. Respirando agitado le digo que me gusta mucho acariciar y abrazar su cuerpo, nos besamos desenfrenadamente, le agarro la pija, me inclino y se la chupo toda, como si no hubiera un mañana. Me coge por la boca, lo tomo por las nalgas y acompaño el meneo de su pelvis para comerme entera su verga. ¡Por dios cómo me gusta! no dejo de pensar, me mete una mano por detrás de la espalda y hurga en mi ano con un dedo y me pajea con la otra mano.

    Este flaco es de goma, pienso sin dejar de chupar y chupar. Me sigue cogiendo oralmente, me atraganto, le agarro la pija con las manos y se la masajeo bien, girando y subiendo las manos, me deleito sorbiendo su pre cum y saboreo su glande rosado como una frutilla madura, me vuelvo a tragar el tronco entero hasta su pubis, acelera sus embestidas y me acaba en la boca con varios espasmos de leche aguada. Me la chupo toda, lo dejo húmedo pero no chorreante, me toma de la barbilla y me besa la boca metiéndome la lengua para deleitarse con su propìo semen, varios minutos, con frenesí. Me mira a los ojos:

    -Seguime contando.

    -¡Uff! Ese verano cogí con varios. El primo de mi primo, un potro hermoso al que le chupé la pija y me cogí en el baño de mi tía, me llevó a pasear en moto aferrado a su pija como media hora por las calles del pueblo, me chupó el culo en la pileta y le pedí que me cogiera. El chico del almacén de campo que nos trajo la comida y con el que cogimos varias veces en un trío inolvidable.

    Estoy a tope de nuevo recordando aquel verano y nos comemos la boca desesperadamente con el Justi, le beso los pezones, lamo sus abdominales y me trago su poronga húmeda por enésima vez, chupando su glande, el tronco, los huevos, levanto su pelvis y hundo mi lengua en su rosado agujero, haciéndolo gemir y berrear de placer, chupo y chupo sin prisa pero sin pausa su pija, el culo, los huevos, me coge oralmente, me quiero montar sobre su falo, me coloco encima de él, de espaldas, preparo mi culo, me pongo su poronga con la mano hasta el fondo y me bombea apoyándose hacia atrás con las manos en el borde de la pileta.

    Pienso en qué bien se siente cómo me está cogiendo, se lo digo. No para de darme, me estremezco, me tiemblan las piernas, son oleadas y oleadas de cosquilleos en el ano, como electricidad que recorre mi cuerpo:

    -¡Dame más! ¡Cogeme con todo! ¡Cómo me gustaaa! ¡Te quiero ver!

    Lo desmonto, me volteo, me siento a horcajadas sobre sus muslos, me entierro su verga en el culo con pasmosa facilidad, me agarra de las nalgas, me inclino sobre él, nuestras frentes pegadas, nos besamos con furia, me bombea, estoy perdido y mientras me coge le digo que me quiero coger a su mujer, que me gusta y que es muy puta.

    -¡Seee! Estoy caliente con la tuya. ¡La quiero coger por el culo!

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  • Putas y ladronas

    Putas y ladronas

    Qué difícil es ser una persona decente, ¿verdad?  Respetar las leyes, a las personas, cumplir con las reglas sociales… Esas cosas no se nos daban nada bien a Ana y a mi. Las dos eramos unas chicas “inocentes” que se ganaban la vida robando pero no de la forma convencional. No nos colábamos a casas deshabitadas rompiendo ventanas o escalando muros, robamos follando. No era nada dificil atrapar la mirada de los hombres ya que ambas estábamos buenísimas y teniamos experiencia de sobra en el sexo, solo teníamos que ir a lugares que recentaban los ricos, como eventos privados o fiestas de lujo, exponernos con vestidos caros, cortos y muy ajustados, lanzar miradas sexys y besos al aire a hombres hambrientos de sexo y el resto es historia. Hoy contaré la vez que mejor follamos y más robamos.

    Ana y yo, que me llamo Candela, nos preparábamos para ir a una fiesta privada en un hotel en el centro de Madrid, ¿que cómo habíamos conseguido el pase? Bueno, digamos que tenemos contactos que piden parte de lo robado. Ambas somos igual de altas y prácticamente la misma complexión aunque yo soy un poco más delgada. Ambas somos de tez blanca, con un cabello castaño largo y liso, las dos tenemos ojos marrones aunque los de Ana son más claros que los míos, tenemos labios gruesos y carnosos, como les gusta a los hombres.

    En cuanto a las tetas, ambas tenemos pechos grandes de talla F, mis pezones eran rosados y el de ella más beige. Nuestras cinturas son un poco estrechas y nuestras caderas bastante anchas, las dos tenemos un culazo que rebota con cada paso que damos. Mi coño era más pequeño y no tan gordito como el de Ana, el color de mis labios y mi ano, al igual que mis pezones, eran rosaditos y los de Ana también eran beige. En resumen, tenemos cuerpazos de actrices porno con tan solo veintidos años.

    Ana y yo somos prácticamente como hermanas con derecho, nos conocimos en secundaria y nos volvimos inseparables por nuestra misma forma de ser, aunque yo soy más habladora he de decir. Hacíamos todo juntas, vivíamos juntas, entrenábamos juntas, nos cuidábamos, nos apoyábamos, follábamos… Vivíamos bien de lo que eramos, putas y ladronas.

    Nos estábamos preparando para ir a dicha fiesta, tras ducharnos, maquillarnos, plancharnos y echarnos perfume de Carolina Herrera decidimos ponernos un body transparente que cubría todo nuestros voluptuosos cuerpos, el mío de color negro y el de ella de color rojo. Nuestros bodys eran divinos, se ajustaban a la forma de nuestros cuerpos y el diseño iba cambiando según la parte del cuerpo, dejando más al descubierto las piernas, los brazos, la espalda y el abdomen y transparentando ligeramente nuestros pezones, el culo y el coño.

    Solo nos pusimos unos tangas del mismo color que los bodys, dejando que los pezones se viesen levemente a través las mallas de nuestras sensuales prendas. Nos pusimos unos tacones, preparamos nuestros bolsos y salimos de nuestro apartamento para pillar el uber e ir a la fiesta. Nos sentamos en la parte de atrás del coche y durante el camino notamos que el conductor no paraba de mirarnos por el retrovisor y era normal ya que prácticamente se notaban los pezones de nuestras tetas, Ana y yo empezamos a hacer movimientos sensuales, a echarle miradas sexys y a mordernos los labios. Cuando llegamos el conductor nos dijo el precio.

    -Son 175€ por favor.

    -¿175€?  -Dije sensualmente- ¿Y si nos lo rebajas a 100€ a cambio de besarnos?

    El conductor se quedó atónito y Ana dejó escapar una risa. Desde atrás Ana pasó por el centro del coche para sentarse en el asiento del copiloto, rozando el cuerpo del hombre con su culo.

    -Yo…

    -Nos besamos los tres a la vez y nos lo rebajas a 100€ venga. -Dijo Ana mientras yo le acariciaba la mejilla por detrás- No volverás a tener esta oportunidad.

    -Vale vale…

    El conductor se recolocó y nos besamos los tres, le apestaba el aliento y por lo nervioso que estaba sus besos fueron pobres e inseguros, duramos casi diez segundos con nuestros labios pegados, sin parar de intercambiar saliva. Al terminar propuse algo más.

    -Si nos lo rebajas a 50 te dejamos chupar de nuestras tetas.

    -No, no… yo estoy… tengo mujer y…

    -Y qué. -Interrumpió Ana- Sabemos que te gustan nuestras tetas. -Ana se bajó el body y dejó al descubierto sus pechos y empezó a menearlos mientras se acercaba lentamente a él- Venga, tu mujer no se va a enterar.

    -No puedes rechazar esta oportunidad, ¿en serio te vas a quedar con las ganas?  -Dije mientras también me bajaba el body-.

    -Vale vale vale…

    Primero comenzó a chuparmelas a mi, mientras fui acariciándole la cabeza estaba mirando a Ana intentando no reirme, solté unos gemidos falsos para encandilarlo más. Tras acabar con mis pechos fue directo a los de Ana, quien reaccionó igual, con caricias y risas escondidas entre gemidos simulados. Cuando acabó Ana fue a pagarle los 50€ con un billete pero…

    -Si me haceis una mamada no os cobro. -Dijo el hombre mientras se desabrochaba el pantalón.-

    Ana y yo nos quedamos mirando intentando no reirnos.

    -¿Es usted imbécil?  -Dijo Ana falseando su enfado.-

    -¿Así es como trata usted a las mujeres?  -Contesté yo en tono alto.- Pero qué se cree, ¿que somos putas?

    -Es usted un sinvergüenza, no merece que le paguemos una mierda.

    Ana y yo nos bajamos rápidamente y fuimos directas a la puerta del hotel mientras nos volvíamos a subir el body en plena calle para volver a cubrir nuestras tetas. Entramos y tras hablar con la recepcionista, quien disimuló muy bien su asombro por nuestros outfits, nos dirigimos al ascensor. Una familia estaba esperando, el padre trató de no mirarnos y la madre apartó la mirada de su niño. Al llegar el ascensor les dijimos que nos montaríamos en el siguiente, ellos sonrieron y subieron.

    Llegó el siguiente, entramos solo las dos. Al cerrarse la puerta nos bajamos de nuevo el body por la parte de las tetas y comenzamos a limpiarnoslas con papel húmedo para no dejar rastro de babas del conductor. Había una cámara, las dos reimos e hicimos gestos sexuales por si alguien no estaba mirando. Nos recolocamos el body, echamos más perfume en nuestros cuerpos, repintamos levemente nuestros labios y entramos directamente al ático donde nos dejó el ascensor.

    El ático tenía un estilo minimalista, estaba lleno de gente sobre todo joven cercana a nuestra edad. Los hombres iban en traje y las mujeres en vestidos normales o en putivestidos. Nosotras dos éramos de las pocas que íbamos tan atrevidas. Con cada paso que dábamos tratábamos que nos rebotasen las tetas y el culo lo más que pudiesen a la vez que exagerábamos nuestros movimientos de cadera. Nuestro plan era sencillo: bailar, tratar de intercambiar miradas con hombres, ir a la barra para pedir algo y dejar que las presas cayesen. Y así fue, tras perrear en el centro, bailar pegadas y sensualmente conseguimos llamar la atención de mucha gente. Fuimos a la barra a pedir una de las copas más caras y no pasaron ni cinco minutos hasta que llegase alguien.

    -Bailais muy bien.

    Ana y yo nos dimos la vuelta, quien nos habló era un hombre acompañado de otro, ambos iban en traje, tenían perfiles faciales marcados y características muy varoniles, también parecían estar muy en forma y con una ojeada rápida de arriba a abajo traté de ver no solo si tenían un buen paquete sino si llevaban joyas encima. Y así era, ambos llevaban relojes y el que nos habló, que era de pelo negro, tenía un anillo de compromiso.

    -Muchas gracias. -Dije mientras bebía de mi copa.-

    -¿Cómo os llamais?  -Dijo el otro hombre de pelo rubio.-

    -Yo soy África -Dijo Ana-. Y ella es Sofía. ¿Vosotros cómo os llamais?

    -Nosotros somos Ángel -Dijo el rubio-. Y él Pablo. Os hemos visto bailar y… nos gustaría que nos conociésemos más.

    -Podemos tomar unas copas si quereis -Dije sensualmente-.

    -A mi me parece perfecto -Dijo Pablo mientras levantaba la mano para llamar al camarero-.

    Los cuatro nos fuimos al balcón donde había una mesilla donde poner las copas y hablar. La conversación era muy superficial con preguntas como “De donde sois”, “a qué os dedicáis”, “de qué conoceis al dueño” etc. Todo lo que nosotras decíamos era falso para luego no tener problemas. La superficialidad de la conversación fue desvaneciendose para acalorarse mediante indirectas, bromas tontas y miradas seductoras. Estuvimos casi una hora hablando hasta que Pablo nos propuso ir a su chalet, nosotras obviamente accedimos, “bingo” pensé yo. Bajamos al garaje, nos montamos en un mercedes de los nuevos que están llenos de pantallas y luces ambientales y fuimos directos a su piso.

    Yo me senté de copiloto con Pablo de conductor mientras que Ana, ahora África, se sentó con Ángel. Los tonteos siguieron entre nosotros, Ana y Ángel empezaron a besarse atrás mientras que yo empecé a manosear la polla de Pablo por encima del pantalón, no tardé en desabrochárselo, bajar su boxer y sacar su erecta polla para empezar a mamarsela. Comencé con besos sobre la punta de su glande y me fui metiendo poco a poco su polla hasta el fondo de mi garganta para comenzar a chupársela mientras él conducía. El pitido del coche no paraba de sonar por haberme desabrochado el cinturon pero no tenía pensado parar.

    Su punta me llegaba hasta más allá de la campanilla, yo dejaba caer babas y escupía sobre su polla para dejársela lo más húmeda posible. Por los ruidos de la parte de atrás supuse que Ana también se la estaba chupando a Ángel. Durante todo el trayecto estuvimos mamándosela a los dos hombres.

    Llegamos al chalet, aparcó el coche dentro de los muros de la casa, fuimos a la puerta principal y al entrar no tardamos en empezar a besarnos entre nosotros, yo con Pablo y Ana con Ángel. Parecía que ya nos habíamos emparejado pero también intercambiábamos de hombre e incluso Ana y yo nos besábamos. Los besos eran profundos, intensos, húmedos, con jugueteos de lengua y suspiros ahogados. Estuvimos varios minutos besándonos en la recepción de la casa.

    -Vamos a mi dormitorio -Dijo Pablo-.

    Los cuatro fuimos. Al llegar Ana y yo dejamos los bolsos sobre un sofá que había ahí. Ambos hombres comenzaron a desnudarse mientras Ana y yo nos besábamos muy románticamente. Los dos se acercaron a nosotras totalmente desnudos, tras besarlos de nuevo nos arrodillamos frente a ellos y comenzamos a chuparselas de nuevo, los dos nos pusieron la mano sobre la cabeza y nos empujaban para meternos sus pollas hasta el fondo. Nosotras nos ahogábamos y babeábamos por tener sus dos miembros dentro de nuestras bocas y hasta el fondo de nuestras gargantas. Ángel y Ana se fueron a la cama, Ana se desnudó por completo y siguió chupándosela a Ángel mientras este estaba sentado al borde de la cama. Yo seguía chupándosela a Pablo mientras estaba de pie como una puta hambrienta.

    Ángel se tumbó sobre la cama y Ana se puso encima de su polla para comenzar a saltar sobre ella. No tardó en empezar a gemir y a oirse los golpes del choque del culo de Ana contra los muslos de Ángel. Pablo me levantó, me puso en cuatro en el borde de la cama, me rompió el body por la parte de mi vagina y mi ano e inmediatamente me metió la polla para comenzar a empotrarme violentamente. Su polla se deslizaba dentro de mi caliente vagina metiéndose lo más profundo que podía, sus empujes eran tan fuertes que me era dificil mantenerme estable.

    Ana y yo gritábamos como putas locas por la satisfacción, la miré y su rostro de placer era bellísimo, sus tetas y su culo no paraban de rebotar y sus ojos se desviaban hacia arriba. Pablo me rompió aún más el body dejando mis nalgas por completo al aire y comenzó a azotarme mientras me tiraba del pelo, yo me dejaba llevar disfrutando de la sensación de su polla penetrándome en lo más profundo de mi vagina mientras gemía alto sin vergüenza alguna.

    Ana fue la primera en llegar al orgasmo, su cuerpo empezó a temblar y a retorcerse de placer. Mientras Ana descansaba Ángel me metió la polla en la boca y comenzó a follarme usando mi cara como su fuese un juguete. Tenía tanto la vagina como mi boca ocupadas por la polla de ambos hombres, me estaban usando como un juguete y yo lo estaba disfrutando como una buena puta. Tras un rato dejándome dar por ambos orificios llegué al orgasmo. Estaba completamente sudada y con mis agujeritos mojadísimos.

    Miré a Ana y fui a besarme con ella. Juntamos nuestros cuerpos, nuestros pezones se tocaban y nos azotábamos el culo mientras soltábamos suspiros profundos. Ambas nos pusimos en sesenta y nueve para empezar a comernos el coño mutuamente, Ángel me metió la polla en la vagina y Pablo se la metió a Ana y empezaron a follarnos de nuevo mientras. Desde mi perspectiva veía la esponjosa vulva de Ana siendo penetrada por el pene de Pablo, sus labios se abrían y cerraban cada vez que su miembro salía y entraba. Yo comencé a masturbar el clítoris de Ana con mi lengua mientras Ángel me estaba follando el coño y Ana chupándome también el clítoris con su juguetona lengua.

    Los gemidos no paraban, no nos conteníamos los gritos por los orales que nos estábamos dando mientras Ángel y Pablo nos reventaban las vaginas sin piedad alguna. El aire se me iba de los pulmones y mi garganta empezaba a picar por gritar tanto y tan alto. Tras un buen rato siendo folladas las dos llegamos al orgasmo, primero Ana y al rato exploté de placer.

    Les dijimos que ahora nos la metiesen por el culo, cosa a lo que los dos aceptaron sin pensarlo. Ana y yo nos tumbamos juntas boca arriba, una al lado de la otra, abrimos nuestras piernas y dejamos que ambos nos metiesen la polla por nuestros anos mientras nosotras nos besábamos y nos acariciábamos las tetas y el vientre. Pablo puso su punta en mi ano, me fue metiendo poco a poco su polla después de escupir hasta el fondo mi recto y la sacó para volver a metérmela de nuevo. La sensación era fantástica, sentir su pene penetrar el fondo de mi recto me hacía sentir espectacular.

    Miré a Ana, su pelo estaba deshecho, su maquillaje corrido y su cuerpo entero estaba sudado. Al igual que yo ella estaba gimiendo a gritos, las dos nos ahogábamos besándonos, las dos disfrutábamos del sexo anal que nos estaban dando y las dos nos queríamos que terminase. Ángel y Pablo se intercambiaron, ahora Ángel me estaba follando el culo mientras que Ana estaba siendo follada por Pablo. Ángel me rompió aún más el body dejando mi torso entero al descubierto. Mientras me estaba dando por culo empezó a chuparme agresivamente las tetas, ahora no solo me dolía el culo sino también mis pechos pero el placer lo compensaba. Tras un largo rato de sexo anal Ana y yo, después de gritar, rogar y sentir placer y dolor, llegamos al orgasmo.

    Me quité lo poco de lo que quedaba de mi body, me puse encima de Ana, quien seguía tumbada y empecé a besarla apasionadamente dejando que mis tetas cayesen sobre ella. De mientras Ángel se puso detrás de mi y me metió su polla en mi vagina y Pablo me levantó la cabeza y me metió la suya por la boca. Volvieron a follarme por ambos orificios mientras que Ana, quien estaba debajo de mi, comenzó a besarme las tetas y acariciar todo mi cuerpo sudoroso.

    La polla de Pablo me penetraba hasta el fondo de mi garganta haciendome soltar muchas babas que caían sobre el rostro de Ana y la de Ángel me follaba brutalmente la vagina haciendo que flujos vaginales se deslizasen por mis muslos mientras me azotaba el culo. Ambos me hacían gritar como loca, sudaba sin parar y dejaba escapar lágrimas por la satisfacción que estaba sintiendo. Cuando se cansaron de mi Pablo me la sacó de la boca y se la metió a Ana a la vez que Ángel sacó su polla de mi coño y comenzó a follarse el de Ana.

    Yo mientras comencé a besar el cuello de Ana y a agarrar sus tetas. Ella gritaba como loca y pedía más y más fuerte aún con la boca ocupada, los hombres no tenían piedad con ella, la usaron y la penetraron tan duramente como pudieron pero ella estaba disfrutando muchísimo y a mi me encantaba verla follar de esa forma.

    Les sugerí a ambos hombres que me la metiesen los dos a la vez en mi culo y en mi coño. Ángel se tumbó, yo me metí su polla en mi vagina y Pablo se puso detrás de mi metiéndomela por el culo, Ana se quedó a un lado de la cama para masturbarse y verme siendo follada por los dos a la vez. Ambos hombres comenzaron a follar mis dos orificios, no tardé en empezar a gemir, sentir la polla de ambos dentro de mi era increible. Las dos pollas se arrastraban dentro de mis entrañas al unísono, mi ano estaba dilatadísimo y mi coño muy húmedo.

    Ángel me estaba chupando las tetas y Pablo me estaba azotando el culo, los empujes de ambos me estaban dejando aturdida, tal fue el placer que sentí que no tardé en llegar al orgasmo. Ana se ofreció, yo me aparté a un lado y los dos comenzaron a follarla con la misma intensidad y forma como me lo hicieron a mi. Ana comenzó a gritar mientras me miraba a los ojos, yo me estaba masturbando metiéndome los dedos, verla así me hacía sentir extremadamente caliente. Las nalgas de ella no paraban de rebotar cada vez que chocaban y sus tetas se movían de forma muy exagerada. Después de tantos gritos ella llegó al orgasmo.

    “Correos dentro de nosotras” Dijo Ana. Ambas nos pusimos en cuatro, una frente a la otra, Pablo comenzó a follarme y Ángel a Ana. Las dos estábamos siendo empotradas por el coño mientras nos besábamos, nuestras tetas y las nalgas no paraban de moverse, nuestros cuerpos se movían con cada empujon que nos propinaban, nuestras vaginas no paraban de sacar fluidos y nuestras gargantas dejaban escapar gemidos ensordecedores. Tras un rato siendo folladas agresivamente Pablo se corrió dentro de mí, sentí su ardiente semen ser expulsado a propulsión dentro de mi vagina. Después Ángel también se corrió dentro de Ana. Los cuatro terminamos besándonos y durmiéndonos del tirón después de tanto sexo.

    A la mañana siguiente Ana y yo fuimos las primeras en despertarnos, nos dolía todo el cuerpo, pero sobre todo la vagina y el ano. Mientras los hombres seguían durmiendo agarramos nuestros bolsos y nos fuimos a la cocina aún desnudas y descalzas intentando guiarnos por los pasillos de la dichosa casa. Durante el trayecto me fijé en los cuadros y al parecer Pablo tenía esposa e hijos, con más razón se merecía ser robado. Agarramos unos vasos, los llenamos de agua y echamos “polvitos mágicos” para que los hombres se durmiesen.

    Volvimos al dormitorio, los dos seguían durmiendo, nos acercamos a ellos y empezamos a besarlos pegando nuestros hermosos cuerpos al suyo para despertarlos. Se fueron despertando poco a poco y fueron siguiendi nuestros besos, yo me estaba besando con Pablo y Ana con Ángel. Cuando se despertaron les ofrecimos agua cariñosamente y comenzamos a chuparles la polla, las cuales empezaron a erectarse poco a poco. Los dos se bebieron el agua, nosotras seguimos chupándoles la polla intensamente, yo babeaba sobre el caliente miembro de Pablo.

    Después de un buen rato chupándosela a Pablo me puse en vaquerita sobé su polla y comencé a saltar sobre ella mientras apoyaba mis manos sobre sus pectorales. Ana comenzó a hacer lo mismo, las dos estábamos saltando como locas sobre sus miembros esperando a que la droga hiciese efecto en ellos. Nuestros pechos no paraban de rebotar, nuestras nalgas chocaban violentamente contra ellos, sus pollas se deslizaban en el interior de nuestras vaginas y ambas gritábamos como locas. Seguimos cabalgando tan apasionadamente hasta que los dos hombres fueron durmiéndose poco a poco.

    Cuando sus penes ya no estaban tan erectos decidimos parar, los dos estaban totalmente dormidos y era imposible que se levantasen durante horas. Ambas aprovechamos para revisar todas las habitaciones en busca de objetos de valor, dinero, tarjetas de crédito, etc. Les robamos los móviles, un IPad, un MacBook, joyas de Pablo y de su esposa, unos Rolex que había en una vitrina… En la cartera de ambos había varios cientos de euros y las tarjetas de crédito, buscamos más y conseguimos encontrar más dinero en efectivo. Cuando terminamos de revisar todo nos volvimos a vestir, Ana se puso de nuevo su body transparente rojo y sus tacones pero al revisar el mío estaba completamente roto, no me podía poner nada.

    -Ponte la ropa de su esposa -Dijo Ana-.

    -Da igual, iré así mismo.

    -¿Desnuda? ¿En público?

    -Claro que no cariño, en su coche.

    -Te verá mucha gente.

    -Pues que me vean que seguro se alegran de verme así. Venga vamonos rápido de aquí.

    Me puse los tacones y tras llenar nuestros bolsos y recoger mi body roto nos fuimos directamente a por las llaves del mercedes. Salimos de la casa y nos montamos en el coche, Ana de conductora y yo en los asientos de atrás que estaban vinilados. Tras abrir el portón del muro con el mando que también robamos salimos de ese barrio de pijos. Conducimos varias horas hasta llegar al lugar donde se encontraba nuestro contacto, le dimos parte de su dinero, las joyas, los aparatos y las llaves del coche y nos prometió el pago en unas semanas. Una amiga del negocio vino a recogernos y a dejarnos en nuestro apartamento, también me dejó ropa para cubrirme. Por fin, tras una dura jornada, Ana y yo llegamos al piso victoriosas.

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