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  • Nuestra amiga argentina y Belu haciendo de las suyas

    Nuestra amiga argentina y Belu haciendo de las suyas

    El lunes, después del fin de semana largo (con mucho sexo) y una semana de la que no me podía quejar, iba a quedarme en casa, pero me empieza a llamar mi amiga Belu, para salir con ella, una amiga de ella y tres chicos, como siempre termine diciéndole que sí. Me conto que más que con esos chicos que unos besos y caricias fuertes, no había pasado, y que con su amiga se habían puesto de acuerdo en ir con polleritas bien, bien cortitas, y que me pasaba a buscar con su amiga y después nos encontramos con los chicos en un bar.

    Obvio que no iba a ir como una monja, me puse una súper mini, y aprovechando que no hacía frio sin medias, si, estaba casi en bolas jeje

    Me avisa que llegó y cuando bajo, ¡qué hija de puta! Estaba ella sola con los tres chicos y me dice que la amiga ¡no pudo venir!, y encima estaban con una auto chico (no sé qué marca) ¡y de dos puertas!

    Me acomodo atrás entre los dos chicos, claro cuando me senté la pollerita, por más que me quisiera acomodar ¡ya la tenía de cinturón! Y aparte íbamos pegados, los chicos eran grandotes, así que aprovechaban al menos distraídamente para rozarme las piernas jeje, ¿qué iba a hacer?, nada. Salí en bolas y me la tenía que bancar jeje.

    Fuimos a tomar algo, nos sentamos en un lugar donde había sillones, le digo a Belu que me acompañe al baño, y le digo que era una hija de puta, que siempre supo ¡que su amiga no venía!, y me dice que lo vamos a pasar bien, me mete un beso, esos besos que me da ella en los que jugamos con nuestras lenguas, pero se interrumpió cuando entra una chica al baño, ¡nos ve! Nos dice ¡perdón! Jaja, y nos fuimos con los chicos a sentarnos en los sillones.

    Obvio al estar sentadas, ni nos podíamos mover, estábamos con las polleritas súper arriba, bueno paso la noche, uno de los chicos se va hablar con un amigo en la barra y si, empieza la acción, ya habíamos tomado bastante y yo como casi no tomo, un poquito en pedo estaba, pero, nada me importaba.

    Belu se empieza a besar con su chico, yo me miro con el que estaba al lado mío y también nos empezamos a besar, me pasaba las manos por la espalada, yo le tocaba la pierna hasta el límite de su pija, que no se la toque pero ya no era una pijita, me empieza a acariciar las piernas y en esos movimientos que hago sin saber porque, las separo, y él también subió la mano casi hasta tocarme (no daba para hacer más en ese lugar), así, estuvimos un largo rato, ya estábamos muy calentitos, y no daba más seguir ahí.

    Viene el otro chico, se sienta al lado de Belu, le empieza a tocar la pierna y se besan, ¡ya estaba todo dicho! Belu propone de ir a su casa. Nos subimos al auto yo atrás con los dos chicos, me empiezo a besar con el que me había besado, el que estaba del otro lado me mete mano en la pierna y esta vez si llega a mi conchita, me la toco nada más, yo lo deje y le apoye mi mano en su pija, estaba para que me cogieran ahí en el auto.

    Llegamos a lo de Belu, y ella, delante de los chicos, me abraza y me empieza a besar, como lo hace siempre, (ya les dije estaba media en pedo, hacia cualquier cosa), me pone la mano debajo de la pollerita, yo a ella, y nos empezamos a sacar la ropa mientras nos seguíamos acariciando. Ya desnudas y besándonos, siento una pija bien parada queriendo entrar en mi cola y veo que Belu también tenía un chico atrás, nos damos vuelta, nos arrodillamos y se las empezamos a chupar, si a chupar a los tres juntos, las besábamos, y nos besábamos mientras se las seguíamos chupando.

    Nos vamos a la cama de Belu, yo en cuatro, ella recostada, nos empiezan a coger (la verdad es que no sabía quién me cogía, tampoco me importaba), con Belu nos besamos, su boca me enloquece, y aparece la tercer pija entre nuestras bocas, Me estaban cogiendo, la besaba a Belu y chupaba una pija, como les decía no me importaba quien me cogía, pero sentía esa enorme pija (porque era grande) como me taladraba en mi conchita y me agarraba de la cintura para que la sintiera cada vez más adentro, para que gimiera cada vez más, para hacerme sentir bien puta, seguimos así hasta que acabamos Belu y yo a los gritos, un placer, acabar mirándonos la cara de placer, ese placer donde nada nos importa solo lo que sentimos.

    Me pongo arriba del chico que se la estaba cogiendo a Belu, me clavo su pija en mi conchita y empiezo a saltar sobre ella (es lo que más me gusta) mientras sentía como sus manos acariciaban mis tetas apretaban mis pezones, que demostraban la calentura que tenía, Belu hace lo mismo que yo, con otro de los chicos, volamos de la calentura cuando nos están cogiendo ¡juntas! Belu se inclina sobre su chico y el tercer le empieza a chupar ese culito hermosos que tiene, y se la terminan cogiendo entre los dos, busco salir de mi chico y busco que me la ponga en la cola (quería hacer lo mismo que ella), me pone la puntita, pero estaba tan caliente que ni la sentía LA QUERÍA TENER TODA ADENTRO, me dolió, pero se la agarre y me la metí toda, gemidos, gritos placer, no sé cómo explicarlo, nos estaban haciendo la colita ¡a las dos juntas! Belu decía ¡ROMPEME EL CULO! Yo le decía ¡HACEME MIERDA! QUIERO ESA PIJA BIEN ADENTRO, hasta que acabamos de nuevo, los chicos todavía no habían acabado.

    Me pongo arriba de mi chico de nuevo, pero dándole la espada y me la pone de nuevo en la colita, Belu estaba en cuatro, mientras se la cogían por atrás, y me chupaba la conchita, así un rato, Belu acaba, yo no, y se viene a mí, mientras me seguían haciendo la colita, ella me chupaba la conchita, uno de los chicos se encargaba de ponerme cuando podía su pija en mi boca y se la chupaba y el otro se encargaba de besarla a Belu y no sé qué más le hacía, pero ella gemía, gozaba, éramos como dos perras que no parábamos de gozar, bien putas como nos gusta.

    La cosa es que yo estallaba de placer, Belu me metía los dedos en mi conchi, como ella sabe, los sacaba, los metía, me la recorría con sus dedos y logró ¡lo que ella sola me sabe hacer!, en un momento ya no podía más, mi cuerpo transpiraba, mis piernas temblaban, ya no me podía controlar más, empiezo a grita de placer, hasta que Belu logra que eyacule, si hacía mucho que no me pasaba, le moje toda la cara, así habrán sido tres veces, acabé ¡como hacía mucho que no lo hacía!, mientras me pasaba esto, el que me estaba poniendo la pija en la boca acaba, me llena de leche toda la cara, la boca, a Belu le acaban sobre su cola, y el que me estaba haciendo la colita, le saco la lengüita y me la llenó de esa leche calentita.

  • Mi esposa madurita

    Mi esposa madurita

    Mi esposa es una mujer de 50 años, muy bien conservada, pues a pesar de su edad todavía hay hombres que voltean a verla a su paso por la calle, ella al principio se molestaba por este hecho, pero yo la convencí de que era natural que siendo una mujer aun bella y con un cuerpo esplendido provocara que voltearan a verla a su paso, ella por su parte fue acostumbrándose a esta situación y ahora disfruta los piropos que a su paso escucha, aun de hombres mucho más jóvenes que ella.

    Fue precisamente un joven que le hacía comentarios respecto a su bien conservado físico el que le llamo la atención y pensó en lo que sentiría estando con una persona que bien podría ser su hijo y decidió darle entrada, él al notar que mi esposa no se molestaba por los comentarios que hacia fue avanzando más, invitándola primero a tomar un café, mi esposa acepto y quedaron de verse, el llego puntual a la cita y la invito a un café donde el ambiente era muy romántico, mi esposa le pregunto qué porque había escogido ese lugar, pues el lugar era propio para ir con la novia y no con ella que solo era una amiga, él le respondió que la invito a ese lugar porque era muy tranquilo y se podía platicar a gusto, ya que en otros lugares el ruido era excesivo y tal vez a ella no le agradaría un lugar así.

    Durante la plática con mi esposa le confesó que ella le gustaba mucho y mi esposa le pregunto que si no se daba cuenta de que ella era una mujer mucho mayor que no podían pensar en tener alguna relación que no fuera solo de amistad, él le dijo que sabía que ella era mayor que él, pero que eso no le importaba que solo quería conocerla mejor y ver que podía pasar entre ellos, mi esposa le respondió que entre ellos solo podía pasar que fueran amigos ya que no tenía intenciones de terminar de criar a un jovencito, él le respondió que no era necesario que terminara de enseñarle nada, ya que había aprendido bastante a pesar de su edad y que respecto a terminar de criarlo eso si podía ser posible, ya que con los pechos que tiene mi esposa, podía criar a quien quisiera. Mi esposa se asombró un poco por el comentario respecto al volumen de sus senos, pero al mismo tiempo se sintió alagada y decidió seguir con el juego para que el chico terminara pidiéndole tener relaciones.

    La siguiente ocasión que se vieron fueron al cine en donde el chico comenzó a tomarla de la mano primero y después intento abrazarla, cosa que mi esposa no le permitió en principio, diciéndole que se vería mal que un joven como el abrazara a una mujer mayor, entonces él le sugirió que fueran a otro lugar en donde la pudiera abrazar y mi esposa le pregunto a qué lugar pensaba llevarla en donde la pudiera abrazar, pues en cualquier lugar público se notaría que la estaba abrazando, él le respondió que podían ir a otro cine donde asistían parejas de todo tipo y ahí nadie pondría atención en lo que ellos hacían, pues incluso asistían parejas de homosexuales, mi esposa le dijo que eso era ir a un cine para adultos y que no le parecía bien que la invitara a esos lugares, aun cuando ella deseaba que fueran a ese cine para ver hasta dónde estaba dispuesto a llegar el chico, él le dijo que entonces le permitiera abrazarla ahí pues deseaba poder abrazarla y besarla ya que pensaba que al aceptar salir con él, ella sabía que quería poder tocarla y después tener relaciones, mi esposa le dijo fingiendo molestia que no era precisamente que ella quisiera tener relaciones con él, que para tener relaciones con un hombre ella deseaba primero conocerlo pues no sabía cómo reaccionaría después de tener relaciones, ya que ella no deseaba que después comentara con todos sus amigos lo que habían hecho, él le respondió que no tenía intenciones de platicarle a nadie lo que harían pues sabía que si lo hacía, ella no querría volver a verlo y deseaba seguirla viendo, ante la respuesta del chico mi esposa le dijo que entonces aceptaba ir con al cine que sugería.

    Se fueron al cine en cuestión y al llegar se sentaron en la sección para parejas, pero no era el cine al que nosotros acostumbramos ir, y en este la sección para parejas solo está delimitada por un cordón, por lo que mi esposa pensó que solo le permitiría algunas caricias y mostrarle lo senos en el mejor de los casos, en seguida su joven acompañante la abrazo y busco su boca, mi esposa accedió a besar al chico y el trato de tocar de inmediato sus senos por sobre la blusa, mi esposa le dijo que no fuera tan de prisa que primero la excitara un poco y después ya verían si ella deseaba que la tocara, el acepto y se limitó a besarla de la manera más apasionada posible, mi esposa mientras tanto pensaba en que a pesar de ser muy joven él podría brindarle momentos llenos de pasión y comenzó a pensar cómo y en donde le permitiría a su joven compañero tener relaciones con ella, mientras tanto él seguía besándola y de nuevo comenzó a tocar los senos de mi esposa por sobre la blusa, ella ya no retiro la mano y dejo que el sobara libremente sus senos comenzando a excitarla, mi esposa discretamente desabrocho dos botones de su blusa y él de inmediato metió su mano dentro de la blusa para poder tocar los senos sobre la delgada tela del sostén que llevaba mi esposa, después comenzó a meter la mano bajo la tela del sostén para tocar directamente la piel, mi esposa que se sentía ya bastante excitada hizo a un lado la tela del sostén y le permitió de esa manera que él pudiera tocarle libremente el seno que tenía en la mano, después se desabrocho el sostén y le dijo que si deseaba podía besar sus senos, él de inmediato lo hizo calentando inmediatamente a mi esposa quien le pidió que pasara su lengua alrededor del pezón pues esa es una caricia que le gusta mucho, él obedeció inmediatamente y comenzó a besar y a pasar su lengua por todo el seno de mi esposa, ella por su parte comenzó a tocarle la verga, que ya estaba bastante dura, por sobre el pantalón y después le pidió que se la sacara para que ella también le brindara el mismo placer que él le estaba dando, el chico se sacó la verga de inmediato y mi esposa procedió a masturbarlo suavemente hasta que sintió que él estaba próximo a eyacular y entonces detuvo las caricias, pues no deseaba que se viniera tan pronto.

    Mientras esperaba a que al chico se le pasaran las ganas de eyacular, mi esposa se concentró en recibir las caricias que le proporcionaba en sus senos, y cuando calculo que ya no había riesgo de que su compañero se viniera volvió a tomar la verga entre sus manos y volvió a masajearla suavemente, después le pidió a su compañero que dejara un momento de tocar sus senos y le pregunto que si le gustaría que ella le chupara la verga, él respondió de inmediato que sí y mi esposa se acomodó para poder introducirse aquella verga en la boca, cuando se agacho para comenzar a mamarle la verga pudo ver que estaba de muy buen tamaño y se imaginó los momentos de placer que le podría proporcionar, mientras ella le mamaba la verga él comenzó a tocarle las nalgas, mi esposa le sugirió que subiera un poco la falda para que pudiera acariciarla más libremente, él le subió la falda dejando las nalgas de mi esposa al descubierto y pudo contemplar aquel par de magnificas nalgas solo cubiertas por una breve tanga de hilo dental, mi esposa se introdujo la verga en la boca y comenzó a succionarla suavemente mientras recibía las caricias del chico que recorría con su mano sus nalgas, después de un rato de estar mamándole la verga él le dijo que estaba a punto de venirse y mi esposa se separó y volvió a masajear la verga para permitir que se viniera, después de eso se incorporó y se colocó el sostén bajándose también la falda para indicarle su compañero que era hora de retirarse, él le dijo que deseaba poder tener relaciones con ella, pero mi esposa le dijo que no, que por ese día era más que suficiente y el tener relaciones lo dejarían para una próxima ocasión, salieron del cine y mi esposa ya no permitió que la abrazara, solo caminaron juntos hasta el estacionamiento donde había dejado el coche mi esposa y se despidieron.

    Cuando llego a la casa mi esposa me platico como le había ido con el chico y me dijo que estaba pensando cómo ir con él a un hotel de una manera discreta, yo le dije que ir a un hotel no era muy discreto, pero que el día que decidiera tener relaciones con él se llevara mi coche que tiene los vidrios polarizados y de esa manera no sería tan notorio quienes iban dentro, le pareció buena la idea y después de asearse nos fuimos a la cama en donde me toco calmar la calentura de mi mujercita.

    La siguiente semana me comento mi esposa que saldría nuevamente con el chico y que pensaba que desearía ir a un hotel, por lo que me dijo que se llevaría mi auto, yo le sugerí que fueran a algún hotel en donde pudieran llegar con el coche hasta la habitación, ya que de esa manera si el chico manejaba, ella no tendría que bajarse del coche hasta que se cerrara la puerta de la cochera, ella acepto la recomendación y se acordó de un hotel al cual habíamos ido nosotros en alguna ocasión.

    El chico paso por mi esposa a su trabajo y la invito a comer, durante la comida él le recordó que ella había dicho que la siguiente ocasión en que se vieran tendrían relaciones, mi esposa reconoció que había dicho que tendrían relaciones, pero le dijo también que a ella le daba pena entrar a un hotel con alguien tan joven como él, pues pensarían que era una asalta cunas, él le dijo que podrían ir a un hotel en el cual ella no se tuviera que bajar del coche hasta llegar a la habitación, mi esposa le respondió que le parecía buena idea y le pregunto que si sabía manejar, él le respondió que sí, entonces mi esposa le dijo que él manejaría e irían al hotel que ella le indicara, pagaron la cuenta y se retiraron del restaurant para dirigirse al hotel que mi esposa había elegido.

    Cuando llegaron al hotel el encargado les señalo una cochera abierta en la cual metieron el coche y el chico se bajó a pagar y a cerrar la puerta de la cochera, una vez cerrada la puerta mi esposa se bajó del coche para dirigirse al interior de la habitación seguida por su joven compañero, el cual una vez dentro de la habitación de inmediato abrazo a mi esposa y comenzó a besarla con fuerza, mi esposa se separó un poco de él y le dijo que no se apresurara ya que tenían el resto de la tarde para disfrutar y le pregunto qué era lo que más le gustaba de ella, él le respondió que todo su cuerpo pero en especial los senos y las nalgas, ante la respuesta mi esposa le pregunto que si le gustaría verle los senos, él respondió que sí, pues aun cuando ya se los había visto en el cine la penumbra del lugar no le permitió verlos bien, mi esposa entonces le dijo que se quedara en donde estaba y ella se sentó en la cama bajando totalmente el cierre del vestido que llevaba puesto para permitirle verla por primera vez semidesnuda, ella noto como de inmediato la verga del chico crecía debajo del pantalón y se imaginó el placer que le proporcionaría durante aquella tarde.

    Una vez que él chico se recreó mirando los senos de mi mujer, se acercó a ella y comenzó a tocarlos suavemente como lo había hecho en el cine, provocando que mi mujer comenzara a gemir placenteramente, después procedió a mamarlos succionando cada pezón como diría él para terminarse de criar, mi esposa se recostó en la cama para permitir que su compañero se colocara a su lado y pudiera tocarla más cómodamente y aprovecho para comenzar a tocarle la verga por sobre el pantalón, notando que al contacto con su mano esta crecía aún más, después le desabrocho el pantalón y saco la verga para comenzar a mamarla suavemente, el chico dejo de acariciar a mi esposa y se concentró en disfrutar de la mamada que le estaban dando, luego de unos minutos de mamar la verga mi esposa le pidió a su compañero que le tocara la vagina y el clítoris en especial para que ella se lubricara bien y estuviera lista para que se la cogiera, él de inmediato se concentró en tocar suavemente el clítoris de mi esposa hasta que logro que tuviera un primer orgasmo que la hizo desear tener la verga dentro de su mojada vagina.

    Después del orgasmo alcanzado mi esposa le dijo a su compañero que estaba lista para recibir su verga, él se acomodó entre las piernas abiertas de mi esposa y le coloco la verga en la entrada de la vagina para comenzar a introducirla lentamente hasta llegar al fondo, contrario a lo que mi esposa esperaba, pues al ver la ansiedad del joven pensó que le metería la verga de un solo golpe, una vez que llego al fondo comenzó a entrar y salir de una manera lenta acomodándose de manera que al mismo tiempo que le metía la verga le mamaba los pezones dándole así un gran placer a mi esposa quien empezó a gemir pidiéndole que no parara de cogérsela, después de unos minutos mi esposa alcanzo un nuevo orgasmo pero su compañero no altero el ritmo de sus penetraciones haciendo que mi esposa gritara por el placer que sentía y le pedía que le diera más fuerte y que no dejara de mamarle los pechos, el incremento el ritmo de sus embestidas y continuo mamándole los senos hasta que mi esposa alcanzo un nuevo orgasmo tan intenso que parecía que estaba orinando en lugar de estarse viniendo, fue tan intenso el orgasmo que mi esposa le pidió que le sacara la verga y la dejara descansar un rato, el saco la verga y se recostó a un lado de mi esposa preguntándole si había gozado, ella le respondió que tenía mucho tiempo de no gozar tanto, después de unos minutos de descanso el chico comenzó a tocarle nuevamente el clítoris a mi esposa para excitarla nuevamente, ella al sentir las caricias volvió a desear la verga dentro y se levantó para montarse sobre la erecta verga de su compañero y de esa manera ser ella la que controlara el ritmo de la penetración.

    En la nueva posición en que se encontraba sus pechos colgaban frente a la boca de su compañero y el volvió a besarlos para darle más placer a mi esposa quien comenzó a moverse rápidamente para gozar de la verga de su joven compañero, después de unos minutos de estar cogiendo de manera muy intensa el chico le aviso que estaba por venirse y mi esposa le dijo que lo hiciera pues deseaba sentir la tibieza de su semen dentro de ella, el comenzó a derramar su semen abundantemente dándole así un gran placer a mi esposa, pues ella disfruta mucho al sentir la tibieza del semen en su interior, cuando el acabo de arrojar su semen mi esposa creyó que sería todo por esa tarde, pero estaba equivocada.

    Pasados unos minutos el chico comenzó a tocar nuevamente los senos de mi esposa para después mamarlos suavemente pasando su lengua por los erectos pezones, mi esposa se incorporó un poco al sentir las caricias en sus senos y se dio cuenta que su compañero tenía la verga nuevamente parada y lista para seguir dándole placer, le pregunto que si aún tenía ganas de seguir cogiendo y la respuesta fue que tenía ganas de seguir cogiéndosela el resto de la tarde, mi esposa pensó en que debía darle gracias a la juventud de su compañero que le permitiría seguir gozando de una buena cogida por un buen rato más.

    Después de recibir una buena mamada en sus senos mi esposa deseo nuevamente tener la verga dentro de su mojada vagina y le pidió a su compañero que se la volviera a coger, él le pregunto de qué manera quería que se la cogiera y mi esposa se acomodó apoyada en sus rodillas y flexionando los brazos para apoyarse en sus codos y ofrecer así sus ricas nalgas para que las contemplara su compañero mientras se la cogía, el chico se situó inmediatamente detrás de mi esposa y le metió la verga para comenzar a cogérsela nuevamente, luego de estar gozando de la verga un rato mi esposa comenzó a tocarse el clítoris para darse más placer y alcanzar un nuevo orgasmo después del cual se tendió sobre la cama y colocándose boca arriba le dijo a su compañero que colocara su verga entre sus senos y la pasara simulando cogérsela, él se montó sobre el torso de mi esposa y coloco su verga la cual fue rodeada por los senos de mi esposa quien le pidió que comenzara a moverla suavemente, ella cuando la punta de la verga salía de entre sus senos le daba unas ligeras chupadas a la punta dándole así más placer a su compañero, después de estar un rato gozando con la verga entre sus senos mi esposa le pidió a su compañero que volviera a metérsela, él se acomodó entre las piernas de mi esposa y volvió a clavarle la verga hasta llegar al fondo de la vagina y luego comenzó a moverse rápidamente para que mi esposa gozara con la cogida hasta que alcanzo un par de orgasmos más y después su compañero se volvió a vaciar dentro de su vagina inundándola con su semen, después descansaron un rato mientras pidieron que les llevaran una bebida ya que ambos estaban sudando por el esfuerzo hecho.

    Mientras tomaban su bebida mi esposa le pregunto a su compañero que si aún deseaba volver a cogérsela respondiéndole el que todavía le faltaba probar su orificio trasero, mi esposa le dijo que en ese caso no dejara de acariciarle el clítoris para que ella continuara excitada y así consintiera que se la cogiera por el ano, el de inmediato volvió a tocar suavemente el clítoris de mi esposa y luego de unos minutos le provoco un nuevo orgasmo, mi esposa le pidió que le volviera a meter la verga en su vagina para lubricarla y después de unas cuantas bombeadas se acomodó apoyada en su manos y sus rodillas para que su compañero se situara detrás de ella y le colocara la verga en la entrada de su orificio anal el cual lubrico con los propios jugos de mi esposa y después procedió a metérsela lentamente para que mi esposa se adaptara al tamaño de su verga y luego de unos instantes mi esposa comenzó a mover sus nalgas para indicarle que estaba lista para que le metiera y le sacara la verga, ella por su parte comenzó a tocarse el clítoris para darse mayor placer, el chico comenzó a moverse lentamente al principio incrementando poco a poco el ritmo de sus embestidas hasta que logro que mi esposa gozara con la cogida que le estaba dando y para demostrárselo comenzó a darle unos suaves apretones a la verga cada vez que le llegaba al fondo de su ano, el chico no resistió mucho al tratamiento que mi mujer le daba y termino por venirse en el interior del ano de mi esposa arrojándole todo el esperma que le quedaba en los huevos, después de que se vino se dejó caer a un lado de mi esposa quien se tendió boca abajo en la cama para recibir las caricias de su compañero en las nalgas, después de descansar un rato mi esposa se levantó y se fue a bañar invitando a su compañero a bañarse junto con ella, él la acompaño y después de enjabonarse mutuamente mi esposa fue penetrada nuevamente en la regadera para después vestirse y salir del hotel para dirigirse a la casa.

    Una vez que llego a la casa me dijo que venía muy cansada que si no me importaba quería dormir y al día siguiente me contaría como le había ido en el hotel, le dije que no había problema que se durmiera y después me contaría como le había ido, aun cuando por el estado en que llego me imagine de inmediato que había cogido toda la tarde.

    Al día siguiente cuando regrese del trabajo mi esposa me platico como había disfrutado la tarde anterior en el hotel y como el chico la había penetrado en varias ocasiones incluyendo la penetración anal y por último en la regadera, por lo que había terminado muy cansada, al recordar y contarme como la había pasado la tarde anterior nos calentamos los dos y terminamos cogiendo muy rico, también me comento que el chico le había pedido que se vieran la siguiente semana para ir nuevamente al hotel, y que estaba pensando que repetiría la sesión pero esta vez pensaba regalarle a su amante un exhibición en ropa interior, le dije que seguramente lo excitaría mucho y la haría disfrutar aún más que la primera vez.

  • Madre e hijos calientes

    Madre e hijos calientes

    Todo empezó una noche de borrachera que llegué a mi casa tarde en la madrugada. Entré en la casa sin encender las luces para no despertar a mis hijos, Iván (20 años) y Roberto (18 años). Al caminar mis pasos eran torpes y caí debido a mis tacones y al alcohol que había tomado, recuerdo también que tenía aliento a semen ya que en la fiesta que fue en casa de una amiga conocí un hombre que estaba buenísimo y se la mamé en el baño tragándome todo su semen ¡delicioso!

    Iván se despertó y camino en el pasillo tropezando conmigo y tocando con sus manos mis pechos por accidente en la oscuridad.

    —disculpa mamá.

    Quitando las manos de mis tetas, y sin pensarlo, yo las tomé y las volví a colocar sobre mis tetas apretándolas. Iván se asustó un poco, con mis manos busqué dentro de su pijama su pene erecto y lo empecé a acariciar, luego me arrodillé y lo mamé. En ese momento mi jadeo debió despertar a Roberto quien encendió la luz de su mesita de noche, la luz salía al pasillo y creaba una iluminación tenue donde yo devoraba el pene de Iván. Roberto nos miró medio dormido y no salía del asombro, pero sacó su pene y colocándolo al lado de su hermano me presento su pene para que se lo mamara también. Los tomé con ambas manos y los introduje a ambos en mi boca… mi saliva se derramaba de mis labios y caía en mis pechos descubiertos.

    Luego Iván me subió la minifalda y me bajó mi tanga, se agachó para mamar mi concha, pero no fue necesario yo estaba tan mojada que corría por mis muslos… me penetró como a una perra sin piedad y como un loco, Roberto suspiraba mientras yo continuaba mamándolo. Los embates de Iván eran fuertes y me lastimaban, pero eran un dolor delicioso, Iván se derramó dentro de mi concha inúndame de semen, luego Roberto metió su pene en mi concha inundada por el semen de su hermano y no demoró mucho para derramarse también. Luego tomé a ambos y limpié sus penes con mi lengua provocándoles una segunda erección.

    Me fui a mi cuarto y cuando me acosté me di cuenta que ambos me seguían, los miré y le dije:

    —ahora que pretenden, abusar de su madre borracha…

    Mis hijos se miraron y me empezaron a manosear, me sentí sucia, me sentí como una perra, si una perra pero en celo, quería que me dieran y me partieran toda.

    Roberto me penetraba mi concha mientras Iván había colocado su pene entre mis tetas y se masturbaba con ellas cuando ambos eyacularon se descargaron sobre mi vientre, yo froté mi cuerpo con su semen quedando pegajosa y con olor al semen de mis hijos. Ingenuamente pensé que ya terminábamos cuando Iván me pidió que me volteara boca abajo y pensé que quería penetrar a lo perrito pero cuando sentí la punta de su pene en mi ano, empuje deseando sentirlo todo dentro, era rico sentir como se deslizaba dentro de mi culo. Roberto se colocó delante de mi cara con su pene en la mano y yo le pregunte:

    —y tú que quieres? que te lo mame nuevamente?

    Y mi hijo contestó:

    —es que mi novia nunca me lo chupa y tú lo chupas delicioso mamá!

    Primero le chupé los huevos y luego su pene. Iván estaba por terminar de hacerme venir cuando eyaculó dentro de mi culo, sentí una pequeña descarga de su tibio semen en mis intestinos, así que tomé el pene de Iván y lo coloqué dentro de mi ano, Iván dijo que no le gustaba el sexo anal y yo le conteste:

    —acaso no eres capaz de darle gusto a tu madre, que te ha complacido?

    Iván bombeó mi culo por media hora durante la cual tuve cerca de 3 orgasmos, mordía las almohadas de placer. Cuando terminó, sacó su pene y descargó su semen en mi espalda, sentí su tibia leche fluir desde mi nalgas hasta mi cintura, caí rendida en la cama y mi cabeza daba vueltas de la borrachera y tanto placer.

    Los días siguientes a esa noche han sido una depravación, cogemos en cualquier momento y mis hijos me alternan como si fuera un objeto que solo debe proporcionarles placer, yo por mi parte me visto sexy y provocativa para tenerlos siempre con las polla duras. Ayer en la mañana lo hicimos encima de la lavadora funcionando, fue delicioso.

    Roberto terminó con su novia y a Iván le gusta depilarme mi concha para dejarme como una niñita sin ningún vello, además ambos me han pedido que me coloque un piercing en la concha o en el ombligo no sé por cual decidirme.

    Me siento plena y satisfecha hasta no más, pero cuanto más me dan más necesito, me siento insaciable.

  • Prueba a meterme la polla en el culo, papi

    Prueba a meterme la polla en el culo, papi

    Electra, a la que su padrastro apodaba Mimitos, acababa de cumplir los 19 años, medía 1 metro 75 centímetros. Era morena, delgada, de ojos grandes color avellana, piel blanca y sedosa, labios gruesos y sensuales, tetas grandes, buen culo y generosas caderas.

    Bob, su padrastro, era un cuarentón, play boy hasta que se casó con la madre de Electra, Sophie, una cuarentona, rubia de ojos verdes, muy alta, aún de buen ver y viuda de un millonario. Vivian los tres en una mansión de la campiña inglesa de Surrey.

    Aquel fin de semana, Sophie, se había ido a París a ver un desfile en una famosa pasarela. Eran las diez de la noche del sábado. Bob estaba sentado en un sillón del salón escuchando música clásica con los auriculares puestos y tomando un whisky con hielo en el living room de la mansión, que estaba amueblado con dos sofás redondos de cinco plazas, dos más de una plaza en las esquinas y una mesita con la parte superior de cristal entre los sofás grandes, en la que se posaba un jarrón con flores. Debajo de estos muebles había una alfombra persa. En las paredes había cuatro copias de pinturas de Sorolla: Paseo a la orilla del mar. La llegada de los barcos. Comida en el barco y Niños en la playa. El piso era de parqué y el techo de madera blanca. Tenía una chimenea con un ventilador encima, un mueble bar, tres grandes ventanales con sus respectivas cortinas, y unas escaleras de madera blanca que llevaban al piso de arriba.

    Electra, con coletas y vistiendo una minifalda cortita, un top blanco y calzando zapatillas de deporte y calcetines blancos, paseaba por delante de su padrastro. Bob, se quitó los auriculares. Electra, le dijo:

    -He ido de compras, ¿Te gusta este modelito?

    Bob miraba para su hijastra, que se giró dándole el culo. Si su esposa no lo tuviera amenazado le diría que le gustaría arrancárselo a mordiscos. En vez de eso, le dijo:

    -Un poco corta la falda, para mi gusto.

    Electra, se dio la vuelta y se agachó para apretar los cordones de una zapatilla. -obviamente lo estaba provocando- Bob, vio las bragas blancas. Mirándola con lujuria y con ganas de arrancarle las bragas y comerle el chocho, soltó:

    -Lo dicho, demasiado corta.

    Se incorporó, y le dijo:

    -A ver si te gusta lo demás que me compré.

    Electra, se fue y volvió con un pantalón de deporte rojo, las mismas zapatillas de deporte y una camisa blanca, atada a lo gitano, totalmente desabotonada en la que se veía un pequeño sujetador blanco al que parecía que lo querían reventar sus grandes y redondas tetas.

    Paseando de nuevo, le preguntó:

    -¿Te gusta este?

    Bob, pensó para sí mismo «¡Qué polvazo tienes, jodida!», y después le dijo:

    -Demasiado atrevido. Irás por la calle pidiendo guerra.

    Se marchó y al ratito volvió vestida de colegiala, con chichos, camisa blanca y una minifalda de cuadros más cortita que la otra y con las mismas zapatillas de deporte.

    -¿Qué te parece, papí?

    ¡Qué que le parecía, si supiese como le latía la verga, sabría lo que le parecía!, pero Bob, le iba a decir:

    -Para jugar con tu novio, bien, para ir por la calle, un escándalo.

    Electra, sonriente, se fue y volvió descalza, llevaba una bata de seda, abierta, un sujetador blanco, liguero y medias blancas. Paseó por delante de su padrastro contoneando las caderas. y le preguntó:

    -¿Y este caprichito que me di?

    A Bob se le empezó a desbocar algo debajo del pantalón. ¡Su hijastra estaba para echarle siete polvos sin quitarla de dentro!

    -Te estás pasando veinte pueblos, Mimitos.

    -¿No te gusta?

    -Gusta, Mimitos, gusta… Vas lista para matar. Afortunado el que te pille, pero a mí no me debías enseñar esas prendas.

    -No voy a salir.

    -¡Oh, oh!

    Electra fue junto a su padrastro, y le preguntó:

    -¿Estoy más cachonda que mi madre?

    -No me gusta el rumbo que toma esto, Mimitos.

    Se alejó de él y se sentó en el sillón de enfrente con las piernas abiertas, se soltó la melena, y le preguntó:

    -¿Te acuerdas que pasó el año pasado en tu cumpleaños cuando me senté en tus rodillas?

    Bob, mirándole para la rajita que se marcaba en las diminutas y apretadas bragas blancas, le dijo:

    -Acuerdo. Aquello no estuvo bien. Si se llega a enterar tu madre me da puerta.

    -Eso no impidió que te empalmaras y me hicieras cosquillas para que frotase mi chochito con tu polla.

    -Todos cometemos errores.

    -A mí me gustó. ¿Te traigo otro whisky?

    -¿Quieres emborracharme?

    -Hace falta mucho whisky para emborracharte a ti. ¿Jugamos?

    -¿A qué quieres jugar, Mimitos?

    -¿Recuerdas lo que me hiciste en la piscina estando boca abajo sobre la toalla?

    -Te hice cosquillas en las axilas y en las costillas.

    Electra, sonriendo, le dijo:

    -Tienes buena memoria.

    Bob, no sabía cómo salir de aquel embrollo, y le dijo:

    -¿Recuerdas tú cómo se puso tu madre?

    -¿Por eso no me follaste?

    -Entre otras cosas.

    Electra pasó un dedo por la rajita, y le preguntó a su padrastro:

    -¿En los últimos años nunca te pajeaste pensando que me la comías? Yo me hice cientos de deditos pensando en ti.

    Bob, trató de escabullirse de nuevo.

    -Aún no me has dicho a qué quieres jugar, Mimitos.

    -A los mimitos. Yo te doy mimitos a ti y tú me das mimitos a mí.

    Bob echó un trago de wisky.

    -Peligroso camino el que estás tomando esta noche.

    -Tomo la píldora, peligro ninguno. ¿Te traigo el whisky?

    -Trae.

    Electra, se inclinó para coger el vaso y Bob le miró para las grandiosas tetas. Al darse la vuelta e ir hacia el mueble bar, Bob, vio cómo su culazo iba de un lado al otro y su verga, su verga latió al mismo compás. Poco después volvió con el whisky. Encarándolo, se sentó en el regazo de su padrastro y le llevó el vaso a la boca. Bob, tomó un sorbo. Electra sintió la verga dura bajo su coño. Se hizo la ingenua.

    -¿Qué es eso tan duro que siento, papi?

    -Es algo que me acabas de romper.

    Se levantó, posó el vaso sobre la mesa, y le dijo a su padrastro:

    -Pobrecita. Sácala que le quiero dar mimitos.

    -Déjala estar que está bien donde está.

    Electra, puso morritos.

    -Un besito, deja que le dé un besito, papi.

    Bob quiso decirle: Un besito te lo daba yo en todo el coño, pero le dijo:

    -Ni harto de whisky.

    -Si estas deseando que se lo dé, papi.

    -Una cosa es lo que se desea y otra lo que se puede tener.

    Electra se volvió a sentar en las rodillas de su padrastro, le desabotonó los botones de la camisa, mientras le decía:

    -Llevo años pensando en ti. Una parte de mi me decía que no estaba bien y la otra que tenía que follar contigo. -movía su culo alrededor haciendo que su coño rozase la verga- Follando con el profe de química pensaba en ti, follando con Linda, pensaba en ti, follando con Jaime pensaba en ti. Masturbándome pensaba en ti…

    -¿Tan obsesionada estás conmigo, Mimitos?

    -Sí. ¿Me vas a quitar la obsesión, papi?

    Bob, echó un trago de whisky, y después le dijo:

    -Si se entera tu madre me capa.

    -No se va a enterar. Dame mimitos.

    Bob, ya se lanzó.

    -Primero tengo que castigarte. Fuiste una chica mala.

    -Castígame.

    -Échate sobre mis rodillas.

    Electra se volvió a levantar, quitó la bata de seda, el sujetador, las bragas, el liguero y las medias y se echó boca abajo sobre las rodillas de su padrastro. Bob le azotó las nalgas con la palma ahuecada de su mano derecha.

    -¡Plas, pas, plas…!

    -¿Te vas a volver a portar mal, Mimitos?

    -No, papi, de ahora en adelante sólo voy a follar contigo.

    Después de una buena azotaina, el chochito de Electra ya estaba mojado, Bob le pasó un dedo por la rajita, le salió pringado de jugo, se lo metió en la boca y Electra lo chupó. Se puso en pie para arrodillarse de inmediato. Le abrió la hebilla del cinturón a su padrastro, le desabotonó el botón del pantalón, le bajó la cremallera. Bob, se quitó la camisa y los zapatos y levantó el culo del sillón. Electra le quitó el pantalón. ¡Tremenda verga tenía Bob! No es que fuera muy larga, ya que no llegaba a los 18 centímetros, pero era gorda como una pitón.

    -Ahora sé porque te ganabas tan bien la vida siendo gigoló. Con esta maravilla las volvías locas.

    Electra le cogió la verga y movió su mano de arriba abajo y de abajo arriba mientras le lamía y le chupaba las pelotas, después lamió de abajo arriba. Al llegar a la cabeza se la lamió repetidas veces. Luego se la mamó largo rato, más tarde se levantó un poquito y le lamió y chupó los pezones, para acto seguido meter la lengua en su boca y besarlo con pasión. Poco después, Bob, echó a Electra sobre el sofá, le besó y le lamió el cuello, lamió, besó y mordió los lóbulos de sus orejas, le volvió a comer la boca, le besó, lamió y chupó tetas y pezones, luego lamió sus labios empapados de jugo. Electra no paraba de gemir. Besó y lamió su clítoris, metió su lengua en su vagina. Se detuvo, la miró a los ojos, y le dijo:

    -El profe de química, la chica, el chico… Todo era mentira, aún eres virgen.

    Electra, echando por fuera, le dijo:

    -Mentirijillas. Estaba esperando por ti. Te quiero desde el primer día que te vi. Quiero que seas el primero.

    -La cosa se complica. Una mujer enamorada puede hacer cualquier cosa por el hombre que ama.

    -Menos hacerle daño. No me importará compartirte.

    Bob, enterrando la cabeza entre las piernas de su hijastra, le dijo:

    -Que sea lo que el diablo quiera.

    Bob, sabía bien como, donde, y cuando besar, lamer y chupar. A los ocho o diez minutos, Electra, le dijo:

    -Me voy a correr, papi.

    -Lo sé, Mimitos, lo sé.

    Electra, echó la pelvis hacia arriba y se corrió, diciendo:

    -¡¡Te aaaamo!!

    Bob, sintió como su hijastra, se meaba por ella con el gusto que sentía, no le importó, bebió todo lo que pudo de lo que salió de su coño.

    Al acabar, el sillón estaba perdido. Electra, le dijo a su padrastro:

    -Vamos a tener que seguir sobre la alfombra, papi.

    -Sí, e ir a buscar lubricante dilatador.

    Parecía sorprendida.

    -¡¿Tienes?!

    -En la mesita de noche de la habitación de tu madre…

    -Ya voy yo.

    Un par de minutos más tarde volvía Electra con el lubricante dilatador. Se volvieron a besar y se masturbaron mutuamente. Cuando ya estaba otra vez cachonda, de dijo Electra a su padrastro:

    -¿Cómo me pongo, papi?

    -A cuatro patas.

    Electra se puso a cuatro patas sobre la alfombra persa. Bob se arrodilló detrás de ella. Le pasó la lengua del periné al clítoris varias veces mientras le magreaba las tetas. Cuando le metió la punta de la lengua en el ojete, Electra, le dijo:

    -¡Qué sensación más placentera!

    Al poco le ponía la punta con rosca del tubo de lubricante en el ojete, se la metía, apretaba y le lubricaba el recto. Al ratito le metía un dedo, dos, y después tres. Le folló el culo hasta que Electra le dijo:

    -Prueba a meterme la polla en el culo, papi.

    Bob, puso el cabezón de su verga en el ojete, empujó y metió la puntita, Electra, empujó con el culo y se metió el resto de la cabeza.

    -Parece que me entró un camión, pero me gusta.

    Cinco minutos más tarde, ya le follaba el culo como si fuese un coño apretadito. Se la sacó. Metió la punta del tubo en su coño y después le hizo con los dedos lo mismo que le hiciera en el culo, hasta que, como antes, le dijo:

    -Prueba a meterla en mi chochito, papi.

    Le metió la puntita, y como entró sin dificultad le metió la cabeza y después la verga entera. Al tenerla dentro, le dijo Electra:

    -Fóllame despacito, papi.

    Bob, la folló así: Agarrándola por las tetas la metía hasta e fondo en el coño:»Zaaaas». La quitaba y se la metía en el culo hasta el fondo: «Zaaaas». A Electra le encantaba. Gemía y jadeaba moviendo el culo hacia atrás y alrededor.

    Pasado un tiempo, Bob, a punto de correrse, le ametralló el coño a Electra: «¡Zas zas zas!». Electra comenzó a correrse. Salió por los lados del coño el meo a presión. Otra vez se meaba de gusto. Esta vez, sintiendo la leche de Bob dentro de su coño, dijo:

    -¡¡¡Diooos!!!

    Acabó de correrse, hizo que su padrastro se echase boca arriba en la alfombra, lo montó, se metió la verga, aún dura en el coño, y lo folló hasta que esta vez sí, entre gemidos, jadeos, temblores, sacudidas y estremecimientos, le bañó las pelotas con el jugo de su corrida, y no sólo una vez, se las bañó tres veces, ya que Electra era multiorgasmica.

    Tomándose un respiro, le dijo Electra a su padrastro:

    -¿Y si nos vamos a vivir juntos? ¿Sabías que a los 21 años heredo de mi padre tres millones de libras?

    -Sí, lo sé, Electra, lo sé desde hace años.

    Cada una y cada uno que saque sus propias conclusiones.

  • Fantasía porno: Mi familia

    Fantasía porno: Mi familia

    Al cumplir 18 años mis padres mantuvieron conmigo una seria conversación.

    – Hijo, creo que ya eres sexualmente activo, así que queremos pedirte una cosa – dice papa.

    – Si, cariño. Es muy simple. ¿A ti te importaría si tus hermanas y nosotros dos fuéramos por casa desnudos, si nos apeteciera? – dice mama.

    – ¿Desnudos? – les digo desconcertado.

    – Si – responden al unísono.

    Los miro sin saber que decir.

    – Si te supone un problema, no hay más que hablar – dice mama.

    – Si… Solo es… Bueno nos gusta estar en casa a gusto, relajados – dice papa.

    – ¿Y mis hermanas están de acuerdo? – les digo sorprendido.

    – ¡Oh si! – dice papa sonriendo con picardia.

    Lo pienso un rato y asiento.

    – Bueno, vale. No me importa – les digo.

    – ¡Magnífico! – dice papa.

    – ¡Oh genial! – dice mama relamiéndose los sensuales labios con una extraña cara de excitación.

    Al día siguiente llego del instituto con mama. Aparca el coche y entramos en casa. Es verano y solo viste una ligera camisa y una falda a juego.

    Nada más entrar oímos unos gemidos y jadeos.

    – ¿Que es ese ruido? – le pregunto a mama.

    – ¡Nada! No te preocupes. ¡Karl, chicas, ya estamos en casa! – dice mama en voz alta.

    Los ruidos cesan en el acto y entonces me quedo flipado. Me lo habían dicho pero…

    Mama se quita la camisa y la cuelga de un perchero en la entrada. ¡Por favooor! ¡Que pechos más enormeees! No puedo apartar la vista de esas dos enormes cosas contenidas apenas por un precioso sujetador de encaje. Rebosan por arriba, por abajo, por los lados y… ¡Oh! ¡Se lo ha quitado! Mi realidad cambia a slowmotion. Al quitar el sujetador las dos enormes tetas se pasan una eternidad botando. Abajo, arriba, a un lado, al otro… Gordas, pesadas, erguidas, ¡gloriosas! Dos pezones puntiagudos dejan la comparación con cualquier biberón pequeña.

    Mi reacción es quedarme con la boca abierta.

    Luego se quita la falda… ¡Oooh! ¡Pero qué caderas! ¡Qué voluptuosidad! ¡Qué nalgas! ¡Gordísimas! ¡Durísimas!

    Unas deliciosas braguitas negras semitransparentes mejoraban el conjunto realzando la excelencia de una cintura mínima y un vientre plano y musculado. Se podía ver a través de la tela un pubis depilado y unos gordos labios vaginales.

    ¡Había entrado en shock! ¡Madre mía! ¡Que hembra!

    Mama me mira, sonríe y se adentra en la casa con un andar de una femineidad y sensualidad descomunal. ¡Parece pedir a gritos…!

    Salgo de mi estupor y entro en el salón.

    Veo de reojo a mama subiendo las escaleras al piso de arriba camino de las habitaciones. Yo sigo el mismo camino para ir a mi habitación a dejar la mochila y ponerme el pijama.

    Papa está sentado en un sofá y al pasar veo que está desnudo… ¡Está empalmado! ¡Coño, vaya polla enorme que tiene el viejo! Además… ¡La tiene como mojada de algo…! ¡Es como pegajoso…!

    – Hola papa – le digo al pasar procurando no mirar a su enorme polla viscosa.

    – Hola Joe. ¿Qué tal las uni? – me pregunta sonriendo.

    – Bien, bien – le digo pasando rápido, azorado.

    – ¡Y a mi no me saludas hermanito! – dice una voz desde una esquina del salón.

    Miro en esa dirección y veo a mi hermana Jenny. Es la mediana, un año mayor que yo, aunque aparente menor edad.

    ¡Está desnuda!

    En la esquina hay una silla y hay está sentada, directamente enfrente de papa. Alterna su mirada entre la viscosa polla de papa y mi alucinado rostro. Se relame sin parar los gordos labios con una mirada que yo no sé interpretar. Si se puede decir algo es que es… ¡intensa!

    Está sentada con las nalgas en el borde de la silla y… ¡muy abierta de piernas! Menuda como es y sin apenas pecho, los pezones le resaltan una barbaridad. ¡Igual que los biberones de mama!

    No puedo evitar mirar a su sexo.

    ¡Ooooh! ¡Que coño más grande! Contrasta tanto con su pequeño cuerpecito que se ve descomunal. Los labios están entreabiertos y rezuman un líquido blanquecino que resbala y gotea al borde de la silla. De hecho a rebosado dicho borde y está goteando al suelo. ¡Hay un charquito en el suelo! ¡Plof! ¡Plof! ¡Plof!

    – Hola Jenny – le digo cortado acelerando el paso.

    Ella se ríe juguetona mientras desaparezco escaleras arriba.

    ¡Ufff! ¡Que pasada! Tengo que acomodar mi polla en la bragueta. Me he excitado y estoy incómodo. No ayuda el hecho de que abajo vuelven a oírse gemidos y jadeos. Giro para entrar en el pasillo del piso de arriba con la mano en la bragueta y la retiro de golpe.

    Mama y mi hermana mayor están en mitad del pasillo bloqueando el paso a mi habitación.

    A los pocos segundos vuelvo a acomodar mi polla y además la masajeo un poco por encima del pantalón. Ellas no me ven.

    Mama sigue solo con su braguita y mi hermana mayor tiene un camisón completamente transparente, bajo el cual su desnudez es total y… ¡Están besándose! No. O sea. ¡Eso no es un beso! ¿O sí?

    Las dos tienen la lengua fuera y se rozan ambas lenguas como si fueran serpientes. Lo hacen mirándose a los ojos con una intensidad… ¡Eso es! ¡Es la misma mirada de Jenny en el piso de abajo!

    Están abrazadas y veo como uno de los enormes pechos de mama cuelga por encima del brazo de mi hermana Kathy. Los de Kathy casi tan grandes como los de mama rebosan por encima de la descomunal teta expuesta de mama. La tela es tan transparente que se ven perfectamente las aureolas, enormes, morenas, sexys… ¡Ufff!

    – ¡Ejem! – digo tras dejar de tocarme.

    Se separan al oírme y me sonríen.

    – Hola cariño, pasa. No te habíamos oído llegar – dice mama mientras no puedo evitar mirar a sus gigantescos pechos.

    – Si. Pasa enano. Por cierto, ¿te ha gustado el beso que me daba mama? – dice mirando a mi paquete, el cual debía abultar el pantalón.

    – ¿Eh? Bueno… Pues sí. Era raro… ¡Excitante! – les digo cortado.

    – ¿Quieres probar cariño? – me dice mama otra vez con esa extraña e intensa mirada.

    – Pues la verdad es que… No me importaría… – digo vacilante.

    Mama se mueve un poco pero Kathy la para con la mano.

    – No mama. ¡Yo primero! – dice mientras se acerca y me abraza.

    Me mira a los ojos con esa rara e intensa mirada.

    – ¡Saca la lengua! – me dice casi con un jadeo.

    Saco la lengua e inmediatamente ella saca la suya y empieza a moverla contra la mía. ¡Qué sensación! ¡Es excitante! ¡Y esa mirada intensa de…! ¡Zorra! La palabra viene a mi mente y le va como un guante. Al pensar así, al decir en mi mente ¡zorra! la polla se me puso tan dura que dolía al estar atrapada en el pantalón.

    Miro de reojo y una palpitación recorre mi pene ante lo que veo.

    Mama se esta estrujando una de las enormes tetas con una mano y tiene la otra dentro de la braguita. Nos mira con la lengua fuera, muy afuera. ¡Que lengua más larga! Y esa mirada superintensa de… de… ¡Zorra!

    – ¡Aparta! ¡Me toca! – dice mama apartando a mi hermana.

    De inmediato me abraza y empieza a mover su lengua con la mía. Siento los gigantescos pechos rebosar desde mi barbilla hasta mi ombligo. Todo mi torso rebosa de duras y enormes tetas desnudas. ¡Uffff! Me mira a los ojos mientras mueve su lengua con la mía. ¡Que cara de…! ¡Uffff! Como me aprieta la polla en el pantalón…

    – ¡Disculpad, pero debo…! – les digo a las dos escabulléndome a mi habitación.

    Entro rápidamente dejando detrás un coro de alegres risas femeninas – ¡Que puta eres mami! – oigo que dice Kathy a mama. Es la gota que colma el vaso. Como un rayo entro en el baño de mi habitación y me hago la paja del siglo. ¡Ufffff!

    Organizo mis tareas para hacerlas despues y me pongo un pijama. Me quedo parado mirando a mi entrepierna. No se que me voy a encontrar cuando salga de mi cuarto. ¿Y si me vuelvo a empalmar? Con el pijama se va a notar un montón. ¿Me pongo la bata? Lo que pasa es que hace un calor… Nada, intentaré controlarlo.

    Salgo hacia el salón para comer. Hace un rato que sonó el timbre del repartidor que trae la comida. Siempre la encargamos, mis padres o no saben o no quieren cocinar.

    En el dintel me quedo con la boca abierta y a los pocos segundos me doy la vuelta a mi cuarto. A medio camino tengo la polla empalmádisima empujando el pijama de manera evidentísima. ¡Joder! ¿Qué me pongo para que no se me note esto? – pienso agarrando mi barra por encima del fino pantalón de pijama.

    Decido el camino del medio. Me pongo la bata sin nada debajo. La holgura disimula la erección perfectamente, así que vuelvo al salón para constatar que todo sigue como lo dejé.

    Mama lleva un sujetador de encaje varias tallas por debajo de la necesaria para sus enormidades. La copa apenas cubre las tetas por debajo, así que las levanta y el impacto visual es que sus pechos han pasado de gigantescos a directamente descomunales. Los gordos pezones apuntan al frente enhiestos como pitones. ¡Que barbaridad!

    Está de pie repartiendo la comida en los platos y ¡no lleva bragas! Su pubis depilado está a la vista. Solo tiene un poco de vello perfectamente rasurado en forma de corazón, justo encima de los labios vaginales. Las caderas atléticas, anchísimas, de gordos glúteos, se prolongan en unas esbeltas piernas enfundadas en unas medias de encaje hasta casi la cadera, que casi provocan mi total obnubilación. ¡Que perfección lujuriosa!

    La melena recogida en una coleta, lo que deja su esbelto cuello a la vista. Lleva un collar… ¡Bueno…! Si es un collar, pero muy ancho… Parece el collar de una mascota o algo así. Lleva una argolla al frente, como si fuera el collar de un perro y la argolla fuera para enganchar la correa. Además lleva escrito en los laterales con letras blancas muy visibles, la leyenda «PERRA». El conjunto es tan… ¡Madre mía! ¡Creo que no había visto una mujer tan excitante en mi vida!

    Mi padre a su lado solo lleva unos ajustados boxers que marcan su pene delineándolo de tal manera que la imaginación no debía trabajar. ¡Joder con papa! ¡Está en forma! Sin caderas y el abdomen plano como una tabla… ¡de chocolate! La espalda subía en una «v» pronunciadísima a unos anchísimos y tremendamente musculados hombros. Barba canosa de dos dias y pelo ensortijado también con canas peinado hacia atrás. Debe ser muy atractivo. Mi hermana Jenny no le quitaba ojo.

    ¡Jenny! ¡Por favor! ¡Que sexy! ¡Si no lo veo…!

    Está poniendo los vasos y se pasea del armario donde están a la mesa.

    Zapatos blancos sin tacón adornados por una media blanca hasta medio muslo. La media tenía escrito muchas veces en letras negras la palabra «PUTILLA».

    Tampoco lleva bragas. Su enorme sexo se enmarca en unas deliciosas y anchísimas caderas, con glúteos duros y respingones, que en su pequeño cuerpecito resultan superturbadores. Una camiseta recortada justo por debajo de las diminutas tetitas, la cual tiene dos agujeritos por los que asoman sus puntiagudos pezones. El pelo recogido en dos coletas en lo alto de la cabeza completan su imagen de chica… ¡Ah! Y al moverse me fijo en algo. De su sexo cuelgan largos labios vaginales que se bambolean al andar y… ¡De ellos penden balanceándose una especie de…! ¡Parecen mocos! Blanquecinos y espesos cuelgan del sexo y de vez en cuando resbala alguno y cae al suelo. Es evidente como gotea su sexo de vez en cuando dejando espesos goterones en el suelo, pero a nadie parece importarle. ¡Bueno, a alguien si! ¡A mi polla! ¡Se me ha empalmado como no creo recordar!

    Y por último Kathy.

    Está sentada al otro lado de la mesa enfrente de mama. Tiene la mirada fija en los descomunales pechos de mama. Se relame los sensuales labios con esa mirada de… intensísima.

    Su vestimenta es muy rara. Es como una malla transparente superajustada desde los tobillos hasta los hombros. Le cubre todo el cuerpo como una segunda piel pero le sienta maravillosamente. Supervoluptuosa y atlética al tiempo, hace que la ajustada malla realce la maravilla de sus anchas caderas, gordos glúteos, largas y turgentes piernas y… ¡No! Lo único que no tapa la sexy malla son los descomunales pechos. Cuelgan desnudos y enormes por fuera. Sendas aberturas al efecto en el «vestido» permiten su impúdica exhibición.

    Mira fijamente a mama y tras relamerse lentamente los labios, de manera inconsciente se abre de piernas asomando una pierna por el lateral. ¡Ooooh! Veo que el «vestido» tiene otra abertura estratégica. Su sexo se exhibe enmarcado y obsceno. ¡También está goteando esa sustancia blanquecina!

    – ¡Mami! Estas goteando la comida – dice Kathy hablando muy ronca con esa intensa mirada de…

    ¿De que habla? ¿A que se refiere?

    ¡Aaaah…!

    Mama se mira las tetas y entonces lo veo. De ambos pezones cuelga bamboleándose una gota de leche.

    ¡Las tetas de mama dan leche!

    Mama sonríe.

    – ¿A alguien le molesta? – dice socarrona.

    Todos se ríen.

    – ¿Y a ti cariño? ¿Te molesta? – me dice mirándome con esa escalofriante mirada de…

    – Pues… La verdad es que no. No me molesta – le digo con mi polla palpitando debajo del pijama.

    – Eso pensaba… – dice recogiendo en las palmas de las manos sus monstruosidades – ¡Saca la lengua pequeña traviesa! – le dice a Kathy jadeando al hablar.

    Kathy saca la lengua mirando a los ojos a mama y esta aprieta de golpe los descomunales globos. Un aspersor se dispara desde los pezones salpicando de leche toda la cara de mi hermana. Algo cae en la ofrecida lengua, pero la mayoría se reparte por su cara y su pelo. Gotitas blancas le resbalan por todos lados.

    Ambas gimen de manera superobscena durante la operación y mi mano si darme cuenta pajea mi polla.

    – Antes estabas guapa cariño, pero ahora estás perfecta – dice mama jadeando de excitación mirando a Kathy.

    – ¡Me encanta tu leche mami! – dice Kathy mientras una de sus manos frotaba rápidamente su sexo.

    – ¡Kathy! ¡Tu hermano! – dice papa con voz severa. Pero su expresión no era para nada de enfado. Todo lo contrario.

    – ¡Ah! ¡Si! ¿Te molesta que me toque hermanito? – me dice sin dejar de frotar su sexo.

    – ¿Eh…? Pues… – realmente no me importaba claro, pero estaba algo sobrecargado de información.

    Kathy malinterpretó mi vacilación y dejo de tocarse. Puso la mano con la que se masturbaba sobre la mesa y creo que casi me corro de excitación. ¡Tenía todos los dedos cubiertos por una espesísima patina de mocos blanquecinos! ¡Se enlazaban unos dedos con otros como si fuera una membrana elástica! ¡QUE GUARRA! – grito mi mente.

    – ¡Realmente creo que no le molesta que te masturbes Kathy! – dice Jenny a mi lado.

    Miro a Jenny y veo que tiene la mirada fija en mi entrepierna.

    ¡Oh! ¡Me estoy masturbando con mi pene fuera de la bata! ¡No me había dado cuenta!

    En un movimiento felino Jenny agarra mi empalmádisima polla y empieza a pelármela lentamente.

    – Mama me ha dicho que te gusta el beso con la lengua. ¿Es cierto? – dice acercando su bella cara a la mía, mientras su mano me pajea deliciosamente.

    – ¡Pues si! – le digo.

    – ¡Pues a ver esa lengua cerdo! – dice sacando la suya con una expresión intensísima de…

    Saco la lengua y ella arrecia en su masturbación. ¡Uuuuuf! ¡Estoy en el cielo! Su lengua se enlaza con la mía en un frenético baile de placer.

    – ¡Tu mano está mejor aquí hermanito! – dice poniendo mi mano izquierda sobre una de sus desnudas y durísimas nalgas.

    ¡Que sensación! ¡Que turgencia! ¡Que placer!

    Miro al resto de mi familia y todos tienen una mano en su sexo. ¡Mama abiertísima de piernas frotándose a toda velocidad! ¡Kathy abiertísima de piernas frotándose a toda velocidad! ¡Papa con la polla fuera dándole duro a su enorme palo!

    – Hermanita, voy a preguntar algunas cosas. Cada vez que haga una pregunta me masturbas más duro, ¿vale? – le digo a Jenny al oído.

    Ella asiente sonriente.

    – ¡Familia! ¿Os puedo hacer unas preguntas? – les digo mirándolos alternativamente, mientras dos de mis dedos empiezan a pringarse al resbalar de la nalga al empapadísimo coño.

    Jenny acelera la paja al oír mi pregunta, tal como le pedí.

    Todos asienten.

    – ¡Papa! ¿Te follas a tus hijas? – pregunto mientras Jenny vuelve a acelerar la paja.

    Un coro de gemidos femeninos rubrican mi pregunta y veo como todos se masturban aún con más fuerza.

    – ¡Si! – dice papa ronco de excitación.

    – ¡Mama! ¿Te follas a tus hijas? – pregunto mientras oigo gemir a todas a lo bestia y Jenny me machaca la polla in crescendo.

    Mama apoya los talones sobre la mesa ya completamente despatarrada en la silla y abiertísima de piernas. Veo consternado como cuatro dedos y toda la palma de la mano es enterrada con vigorosos golpes en un coño tan encharcado, que restalla una lluvia de jugos con cada empujón.

    – ¡Si cabrón, ME LAS FOLLO! – responde mama, diciendo las últimas palabras muy despacio y rubricando cada sílaba enterrándose la mano entera con sendos y rotundos golpes.

    Jenny a mi lado jadea muchísimo y se restriega contra mi mano buscando su placer.

    ¡Que tetas gigantes tiene mama! ¡Son tan enormes, que recostada como está, sobrepasan la línea de las abiertísimas piernas y rebosan por encima!

    – Mama… Esto… ¡Tus pechos son… increíbles! ¿Puedo tocártelos? – le pregunto a mama mirando fijamente a sus descomunales montañas.

    – ¡No! ¡No puedes tocármelos! – dice mama enterrando la mano en su enorme coño con golpes aún más fuertes.

    Ante la respuesta todos nos quedamos parados excepto ella, que se metía la mano con tanta fuerza en el coño, que llenaba la habitación con un sonido parecido a alguien golpeando un charco. Nos mira a todos con calma sacando la lengua y poniendo los ojos en blanco cada poco, con un rictus de placer espectacular.

    – ¡No cabrón! ¡No quiero que me las toques! ¡Quiero que me las estrujes! ¡Que me las agarres con todas tus fuerzas! Úsalas como si fueran dos globos en manos de un niño! ¡Ponte cachondo con las tetazas de mama, cabrooon!… – dice salpicando jugos a lo bestia con cada golpe en su coño.

    Kathy y Jenny gritaron en un gemido cuasi orgásmico. Papa se pelaba el enorme nabo a toda potencia y yo era recompensado por mi hermanita con un incremento en su fenomenal paja.

    Me levanté y me acerqué a mama. Jenny me acompaño sin soltar mi rabo y manteniendo la perfecta paja. Me puse detrás de mama y sin más agarré las más enormes tetas.

    ¡Uffff!… ¡Que turgencia! ¡Blandísimas al principio, permitiendo enterrar los dedos en ellas, para luego descubrir la más sublime de las resistencias! ¡Era increíble! ¡Apretaba, estiraba, estrujaba y mama se corría sin cesar, mirando intensamente los gestos de profundísimo placer que mi cara expresaba!

    Jenny me pajeaba y me lamia el lóbulo de la oreja a la vez, gimiendo en mi oído de una manera que sumaba y aumentaba mi placer.

    Kathy me miraba con los ojos desorbitados y un rictus intensísimo en su rostro, que acompañaba el velocísimo frotamiento que le estaba dando a su sexo. Y papa se estaba dando la paja del siglo.

    – ¡Mama!… ¿Puedo pedirte otra cosa? – le pregunto mientras pinzo un pezón y de un violento tirón estiro la teta más de un metro.

    – ¡Arrrrg!… ¡Siii!… ¡Pregúntame…! ¡Lo que…! ¡Quieraaas!… ¡Cerdooo! – dice mama escupiendo las palabras entre cada golpe, en el que ya la mano entera y parte de la muñeca entraba en el enorme coño.

    – ¡Mama me gustaría!… ¡Me gustaría!… ¡CORRERME EN TU CARA! – le digo mientras mantengo las tetas estrujadas por debajo, justo junto al sujetador y sujetas de esta guisa, las muevo a los lados disfrutando del desparrame de las dos enormísimas ubres.

    El gemido de mama es larguísimo. Le causa tanta excitación, que empuja la mano con todas sus fuerzas en el coño y poco a poco el antebrazo es devorado por su encharcadísimo sexo. El codo la frena y mantiene todo el brazo enterrado sin moverse con los ojos en blanco. Entonces empieza a convulsionarse y alrededor del codo empiezan a salir chorros de jugos, provocando una aspersión igual a la de una fuga en la junta de una cañeria. El berrido que soltó de placer fue espeluznante.

    – ¡Arrrg!… ¡Siii!… ¡Cabrooon!… ¡Cerdooo!… ¡Putooo!… ¡Criooo!… ¡Siiiii!… ¡CÓRRETE EN MI CARAAA!… – dice mama orgasmando convulsivamente con los ojos en blanco.

    – ¿Papa, te pones a mi lado y se lo hechas en la cara también? – le digo a papa mientras las tetonas de mama y mis manos, son duchadas por los chorritos de jugos que son salpicados alrededor del codo insertado en el enorme coño.

    Papa no dice nada, se acerca y pone su nabo al lado de la cara de mama sin dejar de meneárselo.

    – Y para rematar… ¿Qué os parece chicas, si sois vosotras las que nos sacáis la leche y llenáis la cara de mami con ella? – les pregunto a mis hermanas, provocando con ello otro estremecimiento en mama y un sonorísimo gemido de las tres.

    No dicen nada. Jenny deja mi pene, agarra el de papa e inmediatamente lo pajea justo sobre el ojo izquierdo de mama. Kathy agarra el mío, me arrastra hasta situar mi falo sobre el ojo derecho de mama y me pajea con fuerza.

    Las dos pollas son masturbadas con mucha fuerza tan cerca de los ojos de mama que muchas ocasiones los golpean. Mama sin embargo, está tan desquiciadamente cachonda, que cada golpe y roce de nuestros gruesos glandes con sus ojos, es recompensado con un gemido y un chorrito de jugos. Las muy… de mis hermanas parece que buscan rozar los ojos de mama con nuestras pollas a propósito, ya que las dos gimen con cada golpe de polla contra los preciosos ojos de mami.

    Papa es el primero. El primer chorro de semen sale disparado contra las pestañas, rebota en las cejas y se dispersa sobre la frente y el pelo. El segundo cubre la mejilla y la oreja. El resto va saliendo lentamente llenando todo el ojo de mama de blanquecino y espeso semen.

    – ¡Aaaah! ¡Puta cerdaaa! – dice mirando como su hija busca dar con el semen en el ojo de su madre.

    – ¡Arrrrg! – grita mama corriéndose de nuevo alrededor del enterrado codo.

    – ¡Arrrrg! – gritan mis dos hermanas salpicando también jugos entre sus dedos.

    Yo no aguanto más.

    – ¡Toma mamiiii!… – grito al correrme con uno de los enormes globos de mi hermana estrujado al máximo entre mis dedos.

    Kathy al notar que me corro, dirige la polla directamente contra el ojo de mama. El chorro sale potentísimo y rebota dentro de la pura expresión de placer extremo que es el ojo de mami y se dispersa por el pómulo. Un espeso cuajo queda colgando de la nariz. El siguiente chorro se va a la frente y el pelo, ya que mi espasmo de placer hace que Kathy no pueda dirigir el chorro. El siguiente si da de lleno en el ojo y lo rebosa hasta las pestañas. Los demás alternan el ojo y las cejas, provocando que de ellas cuelgue el semen, como si de una hilera de estalactitas se tratara.

    El grito de mama al sentir mi semen fue de tal intensidad que la modulación de voz transmitía agonía. Las convulsiones de todo su cuerpo alrededor del brazo enterrado hasta el codo en su sexo fueron tan violentas, que parecía tener un ataque. Su pelvis subía y bajaba. Sus descomunales pechos se desparramaban, otrora a un lado otrora al otro. La lengua fuera larguísima con la boca abierta al máximo. Los ojos fijos en mi a través del semen, poniéndose en blanco con cada espasmo.

    – ¡Que cerda eres mami! – se corría Jenny con la lengua fuera, salpicando las últimas gotas de semen de papa, en el agonizante rostro de placer extremo que tenía su madre.

    – ¡Puta vieja! ¡Tu hijo se ha corrido en tu cara!… ¡PUTAAA! – se corre Kathy regando el suelo como un grifo abierto, mientras su hermano estruja sus enormes tetas enterrando los dedos en ellas sin ningún miramiento.

    Los gemidos de todos duran un buen rato y de pronto la calma. Mama se desinfla extenuada en la silla. El brazo ante el relax que regala el placer cuando este pasa, va resbalando poco a poco, hasta que por fin el descomunal agujero queda desocupado. La mano y los dedos rebosan de espesísimos jugos, como prueba evidente de que el placer ha sido brutal.

    Papa y yo nos derrumbamos en los sofás más que satisfechos.

    Kathy y Jenny se sientan a nuestro lado y miran a su madre sonrientes, mientras acarician nuestros penes con tenues caricias.

    ¡Que pasada! – pienso disfrutando del momento.

    De pronto Jenny y Kathy me miran, se miran entre ellas y dicen al unísono.

    – ¿Hermanito, por que llevas esa bata con el calor que hace? – dicen, para luego reírse a carcajadas.

    Las carcajadas de todos llenan la casa de manera maravillosa.

  • Nuestra amiga argentina cumpliendo fantasías

    Nuestra amiga argentina cumpliendo fantasías

    Un amigo de internet me vuelve loca desde hace mucho (ojo son historias de hace tres años) con la idea de follarme atada y con los ojos vendados, al principio lo saqué cagando diciéndole que jamás había hecho eso, ni lo iba a hacer. Pero me empezó a mandar todo el tiempo gifts y videos de chicas que lo hacían así, atadas, veía como gozaban, y la idea me empezó a calentar, a interesar a excitar, me daban ganas de experimentarlo. Al amigo siempre le decía lo mismo, que la idea con el tiempo me fue gustando, pero que jamás lo haría con él, porque en esa web no busco encuentros.

    La semana pasada, me decidí, lo llamé a Matías, el amorcito de mi vida, y con el único que me animaría hacer algo así, le dije que me avise cuando esté solo en la casa, (se preguntarán porque en la casa de él, jeje, porque el respaldo de su cama es con barrotes de madera) me dice que al día siguiente, le digo que voy para allá, que vamos hacer algo nuevo, obvio que me preguntaba qué, ¡y yo no le decía nada!

    Llego el día, estaba ansiosa, me pongo esas mini que le gustan a Matías y en la cartera tres pañuelos grandes (esos que son para el cuello), llego a la casa, vamos a su cuarto, le digo que traiga unos hielos, (no entendía nada jeje), hago lo que más me gusta, empiezo muy despacio a desnudarme frente a él, siento que es como le estoy regalando mi cuerpo y eso me calienta mucho, ya desnuda, su pija había dejado de ser chiquita, se me acerca y le digo que no… no… todavía no me toques,

    Me acuesto en la cama, saco los pañuelos de la cartera y le digo “átame y tápame los ojos, quiero que me cojas así”, ya con solo hacer eso estaba totalmente excitada y él también, jamás pensó que le iba a decir eso, me dice “no lo puedo creer, siempre lo quise hacer pero pensé que no te ibas a dejar” “átame pendejo”, le decía, átame y cógeme como una puta, pásame el hielo y lo que se te ocurra por mi cuerpo…

    Me ata las manos en los barrotes de la cama, antes de ponerme el pañuelo en los ojos, me pregunta si estoy segura (mi amor, es re dulce, como lo quiero), le digo que sí, me venda los ojos, me dice que lo espere un minuto, llega y me empieza a pasar una pluma muy suave, empieza por las tetas, me acariciaba con esa pluma, mis pezones ya estaba re duros, sigue por la panza, apenas me roza mi conchita, cosa que me dejó más caliente todavía, me la empieza a pasar por las piernas, la sensación de no ver, no saber que me iba hacer es inexplicable, mi calentura era infernal, trataba de no moverme y concentrarme solo en sentir, ¡pero no podía!

    Toma un cubo de hielo y me lo pasa por las tetas, ufffff, como me calentó, no lo esperaba (ya ni me acordaba de los hielos), y me las empieza a chupar, ya mis piernas se movían para todos lados, baja y me empieza a chupar la conchita, a chupar no, me la empieza a comer, era un lago de jugos mi pobre conchita, inconscientemente, empujaba mis manos para desatarme y no podía, le gritaba “hijo de puta ¡desátame!” y me decía que no, me la seguía chupando hasta que estalle en un orgasmo impresionante.

    Siento su pija que quiere entrar en mi conchita, abro bien las piernas y lo abrazo por la espalda con mis piernas, quería desatarme ¡y no podía!, la situación la manejaba toda él, no veía lo que hacía solo sentía, y sentía mucho, mucho, le volví a pedir que me desatara, me dice “no hija de puta te voy a coger así, como querías”, más caliente me ponía eso, cógeme como una puta, le decía, rómpeme la concha, métemela con todo tu fuerza, no se pero me la metía con tanta fuerza que la sentía casi en el estómago, hasta que acabamos los dos juntos, como nunca habíamos acabado.

    Terminado eso, me desató, me quede encima de él, los dos desnudos, como me gusta estar así con él, pero ya no teníamos más tiempo, me vestí y me fui.

  • Trío en la radio

    Trío en la radio

    Luego de intercambiar un par de mails en los que me felicita por mis relatos, intercambiar algunos detalles privados y algunas fotos sexys, Juan me hace una propuesta…

    Él es periodista y trabaja en una radio como locutor donde conduce un programa, además de pasar música se suele hablar y discutir temas de todo tipo, política, fútbol, literatura, filosofía en fin un poco de todo, su propuesta es una entrevista donde yo hablaría de mis relatos y además hablaríamos sobre la sexualidad de hoy…

    Yo al principio me niego, primero porque dudo que sea real y segundo porque me interesa mantener el anonimato que me permite compartir sin miedo ni tapujos mis aventuras y desventuras sexuales… luego de un par de mails no sé porque pero termino aceptando, me pide que de ser posible lleve a alguna de mis amigas y obviamente pienso en Cami para acompañarme

    De esa forma me siento más segura y a la vez daba para que pudiesen pasar más cosas, si surgía

    Luego de aclarar algunas reglas para esa entrevista es que finalmente le acepto su propuesta y al día siguiente nos vemos en la radio

    Llegamos Cami y yo y Juan nos recibe…

    —hoy estimado publico tenemos para entrevistar a dos chicas muy lindas, una de ellas me ha deleitado con sus relatos eróticos y además he tenido la suerte que me confíe algunos detalles más que no se encuentran publicados, por lo que hoy como tema estará la sexualidad moderna y la literatura erótica como temas… bienvenida Lorena, nos presentas a tu bella acompañante por favor… —dice Juan.

    —bueno gracias Juan, ella es Camila, es una gran amiga… —contesto yo

    —¿amiga nada más? —Interrumpe.

    —ji ji… eh… algo de eso hay… ji ji —contesto riéndome un poco y además sin querer encasillar la relación que tengo con Cami.

    —bueno es que en tus relatos… —dice él.

    —nos besamos y algunas veces nos tocamos íntimamente —esta vez soy yo la que interrumpo.

    Cami se pone colorada, no esperaba que yo dijera algo así.

    —vamos no tiene nada de malo, además me es muy difícil resistirme a una boquita tan linda como la tuya —le digo mientras le doy un sonoro beso en la boca.

    —bueno empezando entonces con la entrevista, decime que opinan sobre la sexualidad de hoy —dice él.

    —que por suerte cada vez es menos taboo, antes nosotros las chicas se suponía que teníamos que llegar hasta el matrimonio vírgenes… hoy si bien para la mujer sigue habiendo muchos prejuicios al respecto una puede disfrutar del sexo si así lo desea…

    Por ejemplo yo y mis amigas nos prometimos mutuamente que antes de que pasara un cierto tiempo, que vence en el verano que viene, ya todas habríamos perdido la virginidad; es decir haber tenido relaciones sexuales en al menos una ocasión… yo obviamente fui la primera en perderla y otra de mis amigas a la que le decimos Lucy la que me siguió, es la única de nosotras que tuvo la suerte de tener un novio por bastante tiempo y también la única que lo hizo más de una vez, yo en cambio fui y soy al menos hasta ahora la única que también tuvo relaciones analmente… —me explayo contestando.

    —yo aún no tuve relaciones sexuales, ojala encuentre a alguien adecuado porque… quiero mantener mi promesa y quiero cumplir mis promesas… —dice Cami, aun colorada.

    —ya que lo mencionas decime que opinan sobre las relaciones anales —pregunta Juan.

    —que si surge háganlo, no se lo pierdan… pruébenlo chicas… duele… no les voy a mentir, mucho más que vaginal, pero también es mucho más excitante, yo lo hice y no me arrepiento —contesto.

    —bueno yo obviamente no lo probé así que no puedo opinar mucho, primero quiero hacerlo por la vagina… lo otro si no lo hago por las dos partes en primera vez… bueno digamos que será en la segunda… —contesta poniéndose cada vez más roja.

    Claro yo sabía que esta respuesta y el ponerse aún más roja de lo que ya estaba se debía a que ella me había prometido que luego de tener relaciones por primera vez me iba a permitir penetrarla con mis dedos y también se iba a dejar analmente aun si eso no lo hacía en su primera vez con un chico…

    —¿qué es lo más atrevido que hicieron sexualmente hasta ahora? —pregunta Juan continuando la entrevista.

    —eso es algo más difícil de contestar todo lo que hice en alguna manera puede ser tomado como atrevido, pero supongo que exhibirme y hasta masturbarme en lugares públicos o con posibilidad de que alguien me vea hacerlo –contesto.

    (Hay un silencio)

    —¿me toca a mí? Bueno lo que hice… eh… hago… con ella —dice Cami.

    —Ya que nuevamente me das el pie mencionándolo ¿qué opinan de la masturbación? —pregunta él.

    —es algo hermoso, nada mejor que darse a una misma placer, yo lo hago desde muy chiquita, ojala que deje de ser tan taboo como lo es hasta ahora, todo el mundo lo hace… pero hablar de ello… huy ni que fuera el diablo —contesto.

    —eh… bueno yo también disfruto tocarme, por ahora no me penetro… eso quiero que pase en mi primera vez —dice Cami.

    —y vos… no me vas a decir que nunca te masturbaste porque no te creo… le pregunto a Juan.

    —este… y para ser sincero como vos bien dijiste antes quien no lo hizo alguna vez… —me contesta.

    —¿te gusta desnudarte o hacer cosas en las que alguien pueda verte?

    No sé si es que me guste, lo hice obviamente como ya lo dije… me gusta más ver a otras personas desnudas, pero no me importa desnudarme o aun ir más lejos a una exhibición pública, ella también aunque es más tímida que yo… —contesto.

    Él pone música, y pregunta te atreverías a desnudarte aquí mismo…

    —Puede ser… —le digo.

    —Y que tendría que pasar para que vos… y si puede ser las dos se quiten la ropa… hay alguna oportunidad de que pase algo así —me pregunta él.

    —Bueno que te parece si el resto de la entrevista la hacemos estado los dos al desnudo, pero vos tenés que sacarte tu ropa primero —le contesto.

    —yo primero… no se… ¿cómo sé que lo vas a hacer?… ¿Y ella vestida? (por Cami) —dice.

    —mmm… está bien nosotras dos nos sacamos primero la parte de arriba empezando yo, vos después te sacas todo y yo me saco lo de abajo… Cami si se anima se saca algo más.

    Me saco la remera…

    — perdón no espere a que contestaras… sigo o no querés —le digo.

    —Si… por favor —dice Juan mientras también se quita su remera.

    Yo me quito entonces mi corpiño que era de color rosado y dejo al descubierto mis grandes senos, le pido a Cami que también lo haga y ella me obedece, primero su remera y luego su corpiño color blanco, luego me adelanto quitándome las zapatillas las medias y también el pantalón de jean que traía quedándome solo con la bombacha puesta… amago a bajármela…

    —Vamos te toca a vos… —le digo

    El torpemente se quita los zapatos y se saca el pantalón… yo miro a Cami y ella me entiende con solo la mirada… también se quita las zapatillas y su pantalón… traía puesta una bombacha color blanco con un estampado… esa que tanto me gusta, supongo que por lo infantil y por ser fanática también del personaje, cuando logro empaparla de los jugos de Cami cuando la toco…

    Es la que más me gusta que se enchastre… pienso.

    —Bueno… ¿qué hacemos… nos sacamos o no? —Le pregunto mientras nuevamente amago a quitarme mi bombacha.

    El finalmente se quita su slip y deja al descubierto su sexo, este tiene un buen tamaño y forma… para la edad que tiene Juan estaba bastante bien físicamente…

    Ni bien puedo ver su miembro, que ya estaba bastante duro, yo finalmente me quito mi bombacha y justo a tiempo porque se terminaba la tanda comercial y había que continuar con la entrevista, esta continúa ahora enfocándose en la parte de la literatura erótica, mis influencias y mis propias experiencias como escritora de relatos, hablo de la saga de “Jugando” en la que Cami es participe… ella cuenta su experiencia… su timidez natural ahora se incrementa después de todo esta era la primera vez que estaba semi desnuda delante de un hombre y también la primera vez que ella podía ver a un hombre desnudo a tan poca distancia, le hablo de mi primera vez, aquella en la que pierdo la virginidad no solo vaginal sino también anal, continuo con mis experiencias en el sexo oral… todas esas veces en la que probé semen, le conté también algunas veces en la que solo los masturbe con mi mano y como me gustaba ver salir la leche…

    Lo mucho que disfrutaba masturbarme yo y como desde tan chiquita incluso sin saber bien lo que hacía ya había empezado a tocarme y como había incitado a mis amigas a hacer lo propio, como en más de una ocasión lo había hecho delante de ellas y como incluso lo había hecho en lugares públicos o con posibilidad de ser vista.

    Por supuesto eso no quita lo divertido y placentero que es también tocar y ser tocada por otro… u otra.

    Mientras digo esto último acaricio a Cami en su vagina por arriba de su bombacha, su primer reflejo es evitarlo pero me mira y abre bien sus piernas, la acaricio unos segundos más… con la otra mano me toco mis lolas y luego jugueteo por un segundo con mi clítoris…

    Le hago señas a Juan que corte, el obedece se despide e la entrevista como si ya eso fuera todo y anuncia una tanda de música.

    —¿te gustaría ver? —le pregunto.

    Él contesta afirmativamente…

    —entonces vas a tener que tocarte vos también y hasta terminar, queremos ver leche —le digo.

    —Claro —contesta él.

    Yo nuevamente empiezo a tocarme la miro a Cami y a Juan y ellos también comienzan a tocarse…

    Luego de un rato veo que Cami si bien se está tocando no lo hace con muchas ganas, lo mismo Juan.

    Entonces decido ser yo quien la toque y le pido a ella que me toque también, estamos un rato así hasta que Cami empieza a mojarse, ya puedo sentir su humedad a través de su bombacha aunque todavía es leve.

    —No te gustaría ver su conchita virgen toda mojada —le digo a Juan.

    —Por supuesto –contesta.

    —Si es así tócate de verdad te quiero ver acabar, como premio la vas a poder ver a ella también —le digo.

    El asiente y de inmediato aumenta la velocidad con la que se masturba, yo mientras tanto hago lo mismo con Cami…

    Después de un tiempo Cami ya está realmente muy húmeda…

    —ji, ji ya querés sacártela no es verdad —le digo a Cami refiriéndome a su bombacha.

    —Vamos Juan, que ella ya está lista para mostrarte su conchita… —le digo.

    Él ahora se masturba frenéticamente y en poco tiempo acaba larga un chorro de semen que cae mayormente sobre su propio pene.

    —Bien… y ahora lo prometido es deuda —le digo mientras tomo la bombacha de Cami y se la saco…

    Le muestro a Juan la humedad en la bombacha de Cami, le pido a ella que abra las piernas y se acomode para que Juan pueda verla bien.

    Noto el pene rebosante de leche de Juan, le pido que se acerque y juego un poco con el… pruebo su semen, era muy rico para mi gusto, ya estaba con ganas de lamerlo todo cuando recordé que Cami nunca había probado leche…

    Le pido entonces a ella que lo pruebe, Juan se le acerca ofreciéndole su pene, ella lo lame un par de veces…

    Le pregunto a Cami si le gusta y ella contesta afirmativamente. Claro luego de que las dos juguemos y lo chupemos no tarda.

    En ponerse duro otra vez, mientras Cami lo sigue limpiando yo la manoseo…

    —Creo que él ya está listo para más y por lo mojada vos también —le digo a Cami.

    Ella asiente y se recuesta en el suelo con las piernas abiertas, él se pone en posición listo para hacérselo.

    —¿Segura? —le pregunto a Cami

    Ella asiente nuevamente el entonces comienza a penetrarla mientras yo la beso y juego con sus pechos y ella hace lo propio

    Después de un rato ella alcanza el orgasmo pero Juan aún puede continuar ahora yo le chupo su pene mientras Cami y yo nos tocamos mutuamente en la vagina y así logro tocarla penetrándola con mis dedos por primera vez, le digo a el que también puede hacérmelo, me pongo en cuatro y el me lo hace mientras yo pruebo la vagina de Cami con mi boca.

    Después de un rato le digo que acabe en mi cola y el juguetea con mi orificio anal hasta que logra penetrarme.

    Seguimos así con el penetrándome en la cola y manos dándole en la vagina y yo comiéndole la conchita a ella.

    Yo tengo mi orgasmo, mientras a la vez siento que Cami alcanza su segundo y mientras eso pasa con su última embestida Juan suelta su leche en el interior de mi ano y yo saboreo los jugos de ella que ahora eran más ricos debido al orgasmo que había tenido.

    Luego ambas lo besamos en la boca y nos vestimos y nos despedimos luego de haberla pasado tan bien…

    El presente relato es ficticio pero podría haber sido real… y tal vez pronto lo sea.

    Besos y hasta el próximo relato.

    Lorena

  • Mariana, David y Santiago follan en discoteca

    Mariana, David y Santiago follan en discoteca

    Como casi todos los fines de semana Mariana se disponía a salir con David y Santiago; amigos con los que compartía el apartamento. Mariana hacía pocos meses que había llegado a la ciudad y no contaba con muchos amigos aparte de los amigos que tenía en común con Santiago y David.

    Ellos se conocieron gracias a una amiga de la familia que le informó a Mariana que tenía unos conocidos que estaban alquilando una habitación. En poco tiempo Santiago, Mariana y David se hicieron buenos amigos y tomaron por costumbre salir los tres junto con sus amigos. Ese fin de semana, por una razón u otra, el resto de sus amigos no pudieron salir con ellos, pero los tres decidieron ir a una nueva discoteca.

    Después de unos tragos y unos cuantos bailes Santiago desapareció por unos momentos y regresó con una “sorpresa”, lo que trajo fue éxtasis, David lo recibió encantado porque a pesar de que la discoteca estaba hasta reventar, el ambiente era, más bien, aburrido, Mariana, por su parte, al principio se negó pero, después de las insistencias de sus amigos, decidió probar.

    Pronto se sintieron con más ánimos y desinhibidos, por lo que Mariana los tomó de la mano y los llevó hasta la pista de baile, ella movía su cuerpo dejándose llevar por la música, mientras que cada vez era más consciente de las manos de sus amigos sobre ella, de cómo recorrían su espada, sus muslos, su vientre… Aprovechando el ritmo de la música, le restregó el culo en la entrepierna de Santiago, apretándose más a él al darse cuenta lo dura que tenía la verga, ella empezó a excitarse más imaginando como la tendría David, sin aguantarse más puso su mano en la entrepierna de David y se excitó mucho al ver que su verga también estaba muy dura. Mientras ella pegaba más su culo a un amigo y apretaba más fuerte la mano alrededor de la polla del otro, ellos también hacían lo suyo, Santiago fue subiendo sus manos por el vientre, debajo de la blusa de Mariana hasta llegar a sus tetas encontrando sus pezones duros para empezar a apretarlos y pellizcarlos a su antojo. David aprovechando la minifalda, agarró su culo, lo apretó, masajeo y abrió todo lo que podía, recorrió toda su raja, varias veces, con un dedo hasta que se entretuvo con el ano de Mariana, lo fue dilatando y metiendo su dedo una y otra vez. Entre tanto, Santiago con una mano aún en sus tetas, bajo la mano libre y metiéndola en la minifalda de Mariana, ahora en la parte de adelante, se encontró con un coño muy húmedo, tan húmedo que metió sin problemas tres dedos haciéndola gemir audiblemente.

    A estas alturas Mariana solo quería estar empalada por esas dos vergas, ni siquiera le importaba que alguien se hubiera dado cuenta de lo que sus amigos le estaban haciendo en la pista de baile. Como si le hubieran leído la mente, David y Santiago, sacaron los dedos del coño y el culo, la llevaron hacia el baño de los hombres aprovechando que en el momento no había nadie, entraron al cubículo más grande y al apenas cerrar la puerta desnudaron a Mariana, enseguida empezaron a agarrar, chupar, morder y lamer todo lo que quisieron por un rato, los compañeros de departamento se bajaron los pantalones dejando ver dos grandes, gruesas y duras vergas a las que Mariana se abalanzó con hambre, primero empezó lamiendo la punta de ambas pollas, luego metiéndose una hasta la garganta para luego meterse la otra, también lamia y chupaba los testículos de uno mientras con la mano masturbaba al otro y viceversa, después de un rato Santiago, poniendo a Mariana de espaldas en el piso, la penetro duro y hasta el fondo, Mariana no pudo hacer mucho ruido porque David le estaba follando la boca, metiéndole la polla hasta la garganta casi sin poder respirar, cambiaron de posición, ahora le tocaba a David abrirle el coño, pero también quería su culo para él, así que lo fue dilatando entre penetración, fue metiendo un dedo, luego dos, después tres y después la cabeza de su verga, Mariana solo pudo gritar sin importar que alguien la escuchara, la verga de David fue entrando poco a poco, hasta que la tuvo toda dentro para luego sacarla toda y meterla entera de una sola vez. Santiago solo veía y se tocaba, veía como le rompía el culo a su amiga, veía como sus tetas brincaban de un lado al otro y, también veía, el culo de David, por lo que decidió ubicarse detrás de él y abrirles las nalgas, cuando empezó a lamer su culo cerrado David se sorprendió, pero permitió que siguiera porque no podía negar que le gustaba, Santiago dándose cuenta de eso fue metiendo un dedo mientras lo lamía, pero no pudo esperar mucho más y le metió la cabeza de su verga de un empujón que hizo dar a David un grito de dolor y placer, Santiago siguió metiendo la verga poco a poco, abriéndolo más y más, David marco el ritmo penetrando y penetrándose hasta que se vino en el culo de Mariana haciendo que ella también tuviera un orgasmo, en este punto Santiago tomo las riendas, haciendo las embestidas más profundas, solo se escuchaban los golpes de las bolas de Santiago en el culo de David, el sonido de una verga llena de leche mientras entraba y salía y, por supuesto, los gemidos de los amigos, después de unos minutos el culo de David quedó abierto y lleno de semen caliente, Mariana al ver como chorreaba ese líquido blancuzco se dispuso a lamerlo todo y Santiago tomando su ejemplo también empezó a limpiar el culo de Mariana, después de que ya no quedara ni una gota de leche los amigos se vistieron y salieron de la discoteca con una amistad más estrecha.

  • El papá de Chema

    El papá de Chema

    Hola y gracias por seguir leyendo mis relatos, les recuerdo que mi nombre es Paulina, soy una mujer Tv a casi tiempo completo y actualmente estoy en tratamiento hormonal para acentuar mis de por si ya muy femeninos rasgos físicos, en esta oportunidad voy a contarles sobre una mas de mis vivencias, digamos que este relato es continuación de la saga de relatos anteriores en los que les he platicado sobre Chema, quien fue mi novio en los años en los que curse la secundaria, sin embargo, por azares del destino él se fue vivir a Australia debido a que es militar asignado a la embajada mexicana en aquel país, durante los años que Chema fue mi novio yo entraba a su casa como su amigo, sin embargo su hermana Mariana llego a cacharnos muchas veces en pleno cachondeo, y a pesar de que jamás le hice daño a ella, nunca fui santo de su devoción, por tal motivo me sorprendió cuando hace un par de meses, ella me contacto por medio de Facebook para invitarme a su fiesta de graduación, cortésmente la rechace, hasta que me hizo el comentario que lo cambio todo, pues me dijo:

    M- Que lastima que no puedas venir, mi hermano Chema vendrá desde Australia.

    P- Chema? En verdad? Déjame acomodar mis compromisos, me encantaría ir a tu fiesta de graduación.

    Mariana es una chavita 5 o 6 años menor que yo, hermana de Chema, muy guapa por cierto y con cuerpo digamos… Promedio. Así que llego el día de su fiesta, tenía poco más de 2 años que no sabía nada de Chema, desde aquella deliciosa noche que pasamos juntos cuando una de nuestras compañeras precisamente de la secundaria decidió hacer una reunión de exalumnos en el día de su boda, por lo que quería darle a Chema una muy grata imagen de la mujer treintañera y en tratamiento hormonal que soy en este momento. Por tal motivo aquel día me arregle lo más linda que pude, escogí una falda en corte lápiz, color azul marino semi larga que me llegaba por debajo de las rodillas, entalladísima y lo que le sigue, apenas me permitía el movimiento de mis piernas para caminar, también una blusa blanca de tirantitos, como era de noche escogí ponerme encima un bonito blazer en color negro, para la aparte de abajo seleccione un sensual por no decir putisimo conjunto de lencería, el bra es sin tirantes debido al estilo de la blusa que había seleccionado, además gracias a su efecto push up, podía lucir un muy decente escote con mis pequeñas bubis, las cuales se miraban más voluminosas de lo que en verdad son gracias también a las esponjas de relleno del propio bra, la mini tanguita esconde penes de un famoso diseñador de ropa para travestis a juego con el bra, en tela de satín con hermosísimos detalles de encaje, el diminuto triángulo trasero de dicha prenda parecía desaparecer por completo entre mis gordas carnosidades femeninas, acompañe este sensual atuendo con un femenino par de medias a mitad de muslo con una sexi banda de encaje y este acompañado a juego con un también muy bonito liguero que parecía ser del mismo conjunto, pues también era de tela satinada con encaje, obvio todo era color negro, para rematar mi atuendo de infarto me monte sobre unos stilettos de tacón de aguja preciosos, negros mate de 13 cm, provocaban que mi ya de por si respingón y llamativo culo se parara aún mas, de seguro Chema se quedaría boquiabierto.

    Mi maquillaje para esa noche lo seleccione en tonos obscuros, únicamente puse especial énfasis en mis ojos y mis pestañas, pues cuando se la estuviera mamando a Chema quería mirarlo a los ojos y hacerle saber que esta puta ERA sólo de él, pinte mis uñas y mis labios en un lindo tono rojo pasión, peine mi cabello con una femenina coleta que estilizaba mis femeninos rasgos faciales y me daba el look sofisticado y formal que buscaba para esa noche, casi parecía una sexy secretaria que iba saliendo de la oficina para putear. Ya solo seleccione los accesorios perfectos para la ocasión, de los cuales solo resaltaban mis gigantes arracadas en forma circular que colgué de mis orejitas, perfume París Hilton tradicional, pues a pesar del look sofisticado quería oler de una manera cachonda, además sabía que este olor le fascinaba a Chema. Guarde todo lo que mi puta interior me dijo que podía utilizar para esta noche en mi bolso (maquillaje, perfume, condones, lubricante, cleanex, etc.) y con todo listo me dirigí a la casa de Mariana, más tarde supe que era la casa del papá de Mariana y Chema.

    Ya en la fiesta, baile un poco con unos chavitos que me sacaron a la improvisada pista, pero no paraba de mirar la hora en mi delgado reloj que traía en mi muñeca izquierda, recuerdo que miraba por ratos a Mariana la anfitriona y cuando nuestras miradas se cruzaban ella levantaba su vaso, un tanto a tono burlón, para decirme salud!

    Yo no conocía al papá de Chema y Mariana hasta ese día, su nombre es Refugio, pero los amigos le dicen Don Cuco y vaya que me dio muchísimo gusto conocerlo. Él es un hombre de aproximadamente 55 años, mide alrededor de 190, es calvo totalmente, usa únicamente un masculino y tupido bigote que siempre está bien arreglado, tiene muchísimo vello en los brazos y en el pecho, (obviamente también descubrí posteriormente que tiene la misma cantidad de vello en le piernas y en sus nalgas), y estéticamente lo que más me fascinó de él desde el primer momento en que lo mire… un cuerpesote grande y ancho, muuuy masculino, en el que resalta su gran espaldotota, sus hombros y sus brazotototes… Don Cuco me dejó completamente boquiabierta, pues parecía luchador o algo así.

    Fue entonces cuando caí en la cuenta de que Mariana me había mentido, Chema no vendría, y me lo corroboro cuando tuvo la oportunidad perfecta al ver mi cara triste, me dijo:

    M- Una disculpa bonita, mi hermano acaba de avisarnos que siempre no vendrá, pero puedes pasarla bien con cualquiera de los de la fiesta, aquí hay muchísimos hombres solterones.

    Le Sonreí falsamente y pensé para mi (maldita seas Mariana, pero esta me la vas a pagar, ya buscare en donde darte…)

    Por vergüenza de quedar como una tonta no me retire antes, sin embargo ganas no me faltaban, así que me quedé el resto de la fiesta y la noche continuó normal, sin embargo no pude evitar que se me apagaran todos mis ánimos, pues yo tenía unas ganas enormes de tener sexo esa noche. Por ese motivo empecé a tomar bastante vodka, llegó un punto en el que ya me sentía mareada y empezaba a coquetear con algunos chicos. Por aquello de las 9 de la noche la gente empezó a retirarse, unos iban alguna disco y otros a su casa por estar tomados o simplemente porque ya se tenían que ir. Yo por mi parte me quedé con un chavo con quien me acople bastante bien para bailar, dos amigas de él y otro grupo de chicos y chicas. Seguimos tomando y al poco rato se retiró el otro grupo diciendo que alcanzarían a los demás en un bar. Al final nos quedamos la anfitriona, una amiga de ella y yo con mi pareja de baile, mas algunos familiares de la anfitriona, y en la sala estaba el papa Mariana y dos amigos de él. Nos dijeron que si no nos queríamos unir a su plática y pues decidimos que si, ya que ellos estaban tomando whisky Buchannan’s. Estuvimos platicando con ellos de cosas de la fiesta, la escuela y esas cosas, yo casi no hablaba ya que casi no conocía a los señores y conocía muy poco a Mariana, básicamente me quede porque mi pareja de baile ya estaba un tanto tomado y preferí quedarme al menos hasta que se le bajara un poco el estado etílico en el que estaba. Al final resulto que era hijo de uno de los amigos del papa de Mariana y Chema, por lo que cuando el señor se retiró se lo llevo con él, llevándose lo que yo pensaba había sido mi última oportunidad de coger esa noche. Sin embargo me percate como Don Cuco no paraba de mirarme de reojo las piernas.

    Yo que ya estaba algo tomada empecé a coquetearle sin querer, entonces la plática se tornó amena entre Don Cuco y yo, por lo que decidí quedarme un rato más, entonces, Don Cuco preguntó si teníamos frío a lo que las personas que quedábamos enseguida contestamos que si a pesar de que traíamos puestas nuestras chamarras y abrigos. Acto seguido prendió la chimenea, seguimos platicando y tomando un poco más, yo ya casi no tomaba porque sé que si cruzo vodka y whisky termino tirada en el piso, y definitivamente no quería hacer más el ridículo frente a la familia de Chema. Alrededor de las 10:30 la amiga de la anfitriona ya estaba muy tomada por lo que su papá se disculpó y se la llevo con ella, ofreciendo también dar aventón a los que no trajeran vehículo, debido a que me sentía a gusto platicando con Don Cuco yo decidí quedarme, de esta manera la concurrida fiesta termino solo con Mariana, que por cierto también ya estaba muy tomada y se había quedado dormida en el sillón, su papá y yo. Con la chimenea puesta y con el efecto de los whiskys me dio calor por lo que me quité mi blazer, no saben la cara que puso Don Cuco al verme con esa blusa de tirantitos, yo me sonroje un poco aunque por dentro me gustaba su lasciva mirada. Seguimos tomando alrededor de media hora más hasta que Don Cuco dijo que se retiraría a acostar. Supongo que pensó que yo era amiga de su hija, y la verdad es que si me hubiera gustado poder platicar con ella, pero Mariana estaba pedisima y ni siquiera estaba despierta, por lo que lo único que se me ocurrió fue intentar despertarla una y otra vez, pero no lo logré, por lo que decidí subirla a su cuarto para acostarla. Me costó muchísimo trabajo ya que ella es algo llenita. Al llegar a su cuarto la acosté en su cama pero comenzó a gritar que estaba borracha y otras cosas, por lo que Don cuco salió alarmado de su habitación solo ataviado en una playera de tirantes y una pequeña trusa típica de un hombre de su edad ( y que le regalaban a mis cachondos ojitos la visión de un inmenso Pa- que- to- to- to- te!!!) para ver que sucedía. Al verla se acercó y empezó a platicar con ella para decirle que se calmara y pronto se quedó dormida, a mi me costaba en verdad mucho trabajo concentrarme y dejar de mirar ese gran bulto que se miraba sobre la delgada tela de su prenda interior masculina. Me agradeció por ayudarla y al mismo tiempo me dijo:

    DC- Porque no me hablaste para que te ayudara a subirla?

    P- Discúlpeme, no quería molestarlo, pues pensé que ya estaría Ud. dormido y no quería molestarlo.

    DC- De hecho no tengo sueño todavía, simplemente me metí a mi cuarto para dejarlas platicar libremente.

    P- Gracias, pero de hecho su hija y yo ni siquiera somos tan amigas.

    DC- Disculpa, no lo sabía.

    P- Bueno, pues soy la última en la fiesta, creo que paso a retirarme.

    DC- Si gustas podemos tomarnos unas cuantas copas más y platicamos otro poco, aún es muy temprano.

    P- Claro Don Cuco, me encantaría.

    Se colocó una bata de baño, y nos fuimos a la sala y estuvimos platicando un buen rato de todo tipo de cosas, empezamos a tomar cada vez más rápido, aunque nunca llegue a perder el conocimiento ni nada por el estilo. Fue entonces cuando Don Cuco me preguntó:

    DC- Bueno chiquilla linda, tengo la duda, si no eres amiga de Mariana, que haces aquí?

    P- Creí que Chema estaría aquí.

    DC- Ese cabrón? Tiene años que no visita a su padre… A mis nietos, solo los conozco en fotos, te imaginas?

    P- Sus nietos?

    DC- Si, los hijos de Chema, ese cabrón se enredó con una australiana y ahora tiene 3 hijos con ella, dos galancitos de 9 y 6 añitos, y una princesa de 4 años, y ni una visita al abuelo.

    En ese momento mi corazón se detuvo, no estaba preparada para semejante noticia, todo lo que pensaba sobre Chema se volvió negro, significaba que desde la primera vez que volví a ver a Chema, por allá del 2009 él ya era papá, y solo me cogió y me endulzó el oído, para después regresar a su casa con su familia, mas peor, la última vez que lo vi, en la boda de nuestra compañera de la secundaria, el tenía una bebita recién nacida, y aun así volvió a cogerme y a endulzarme la cabeza con palabras bonitas, en ese momento odie a Chema. Sin embargo, trate de sonreír y seguí platicando con Don Cuco, yo seguía sin mi chamarra y notaba que Don Cuco me miraba cada vez más descaradamente. Yo no decía nada y me hacía como la que no lo notaba, pero en el fondo me estaba calentando demasiado, supongo que el sentimiento de despecho que traía mas el whisky ayudaban y mucho a actuar de forma más desinhibida. En una de esas me paré al baño y en el reflejo de uno de los muebles de su sala vi como me comía con la mirada desde mis pies hasta mis nalgas y eso me excito aún más. En el baño comencé a pensar cosas sucias y me decidí a calentarlo para ver hasta donde llegaría este delicioso macho madurito, con esta intención regresé a la sala, Don Cuco y yo seguimos platicando de cosas triviales, sin embargo yo le sonreía cada vez más por todo y cruzaba las piernas una y otra vez, que a pesar de que traía la falda semi larga, lucían espléndidas y exquisitas, noté como su bulto comenzaba a inquietarse pero fingí una vez más no notarlo. Hasta que en una ocasión solicite permiso para ir al baño nuevamente y el se fue a la cocina a traer mas hielos, a mi regreso aproveche su ausencia y me acomode mi pequeño busto, me senté en el sillón doble para ver si se animaba a sentarse junto a mi, me quite mis altísimos tacones y subí los pies colocándolos detrás de mí y subí intencionalmente mi falda un poco más. Cuando Don Cuco regresó de la cocina, si se sentó a mi lado y así estuvimos platicando otro rato, estuvimos riendo y de pronto el coloco una de sus manos en mi pierna y yo sin decir nada seguía tomando y platicando con el. Me comenzó a acariciar la pierna y al no oponer yo resistencia alguna fue una clara invitación para el a seguir adelante, yo estaba ya demasiado caliente y no sabia que hacer, así que para tomar valor, decidí tomarme todo el vaso de un solo golpe pero al intentarlo moje mi blusa, sin embargo vi la oportunidad perfecta, me levante de inmediato y me fui al baño para limpiarme pero el whisky había caído en uno de mis senos por lo que se me transparentaba mi enorme pezón, al verme al espejo me excite y decidí no hacer nada sino que simplemente regresar así. Al verme Don Cuco se quedo con la boca abierta, pues si bien tengo unas bubis pequeñas, mis pezones son casi del tamaño de mi puño, Don Cuco ya no podía hacer nada para evitar que se le notara su enorme bulto completamente duro, entonces sin mas que esconder y definitivamente nada que perder, me dijo:

    DC- Que estúpido es mi hijo por tener semejante portento de mujer aquí y no venir a aprovecharla.

    P- Ud. Cree eso don Cuco?

    DC- Claro que si, si fuera por mi tu estarías con mi verga adentro de ti a cada rato…

    P- Don Cuco!! Ud. Podría ser mi padre!!

    DC- No te hagas la mojigata niña! Llevas ya un rato viendo la tremenda erección que me provocas… solo tengo 2 cosas que decirte: una- soy el papa de Chema, así que si te gustan las dimensiones de la dotación de mi hijo… Bueno, imagínate de donde la saco… y número dos, tengo mas de 25 años de diferencia con mi hijo, mucha experiencia tratando a mujercitas como tu, y definitivamente yo solo necesito darte una sola cogida para que salgas sonriente de mi cama, aunque… Como no siempre tengo oportunidad de tener a una putita deliciosa como tu en mi cama, entenderás que traigo mucha tensión sexual atrasada… así que niña guapa, si me lo permites te daré riquísimo toda la noche… que dices?

    P- No le importa lo que pueda pensar Mariana?

    DC- No dirá nada, pues vive de mi dinero… así que si no le parece puede irse muchos metros a la chingada a la casa de su madre…

    Al no tener yo mas argumentos para negarme, y a sabiendas de que era lo que mas deseaba yo en ese momento, me hinque y felinamente me acerque gateando hacia el. Sin articular palabra alguna ni el ni yo, solamente mirándonos fijamente a los ojos, se supo vencedor, y esto me lo recalcó cuando se acomodo en el sillón a su antojo, recargándose totalmente en el respaldo del fino sillón de cuero, retirando a los lados la bata de baño para evitar que me estorbara y abriendo sus velludisimas y masculinas piernas, simplemente para esperar lo que a continuación ambos sabíamos y deseábamos que iba a suceder. Comencé a acariciar su bulto sobre la delgada tela de su bóxer, se sentía caliente, grueso, duro y largo, se me estaba antojando cada vez más. Puse la mejor cara de puta que la cachondez del momento me permitio y colocando ambas manos a la misma altura, deslice hacia abajo la fina tela de su trusa con la intensión de eliminar lo único que interfería entre lo que se adivinaba ser una verga gigante y yo, entonces pude deleitar mi mirada con lo que yo considero un monumento a la verga, es la segunda verga mas grande que yo he disfrutado a lo largo de mi vida, 24 x 6.5 cm, ( mas adelante tuve la oportunidad de medirsela ), una verga mas morena que el dueño, con una cabezota del tamaño de un jitomate, la circunferencia de esta verga me es imposible abarcarla cuando cierro la mano, los dos detalles que me enloquecen de esta verga son todas las venas que se le marcan de una manera deliciosa, las cuales memorice, pues me encanta mamar la vergota de este hombre, y dibujar esas venas con mi lengua, y el segundo detalle de esta verga que la tiene en el segundo lugar de una larga lista de vergas que en mis 30 añitos, he disfrutado con verdadera delicia: los enormeees huevotes que al pie de su base le cuelgan, los cuales me han obsequiado una y otra vez después de tratarla bien, el delicioso néctar al que me hice viciosa desde la primera vez que conocí lo que era mamar una verga. Sin pensarlo dos veces abri grande mi boca e intente tragar lo mas que pude, para mi deleite visual me percate que este manjar era tan grueso, (mucho mas grueso y largo que la de Chema de hecho, y si leen los relatos que dedique a platicar sobre Chema se darán cuenta como idolatraba esa verga), era obvio que la genética de ese monstruo de verga había salido de este que ahora trataba de engullir, sin embargo, me propuse intentar por todos los medios regalarle a este macho que ya me había confesado el hambre que traía de hembra, mamarle la verga como nunca se lo había hecho nadie más, así que haciendo gala de mi reputación de mamadora de vergas pro, comencé a masturbar su dura barra de carne masculina a dos manos, al no poder introducir mas que la cabeza a mi boca, la lengüeteaba completa, como si se tratara de una paleta, por momentos descansaba del castigo que recibía mi mandíbula al intentar abrir de más mi boca y descansaba besando sus gigantes huevotes, los cuales parecen los de un toro, sin exagerarles, esos huevotes pesan, su sabor es delicioso, Don Cuco solo gemía y cerraba los ojos hasta que él me dijo:

    DC- Vámonos a mi habitación putita, una hembra como tu merece ser cogida en una cama, como dios manda.

    Me incorpore con ayuda de Don Cuco, pues la rigidez de mi falda no me permitía moverme con libertad, una vez de pie, me puso por delante y tomándome por mis pequeñas bubis me dirigió a su habitación, una habitación grande, la habitación principal de la casa supongo yo, con una enorme cama al centro y mucho espacio libre para el resto de los muebles que allí la adornan, resaltaba claro la también enorme puerta corrediza con sus por supuesto dos grandísimos espejos, pedí permiso para pasar a su baño, pues quería ponerme cómoda, tras de mi y gracias a los espejos que ya describí pude observar como Don Cuco también se despojaba de sus pocas prendas mientras me devoraba con su mirada clavada en mi culo. Dentro del baño aproveche para despojarme de la entalladísima falda, mis nalgotas agradecieron la acción y parecía que se reportaban listas para la tarea de satisfacer a este macho como tantas veces lo habíamos hecho, me despoje también de la blusa, pues además de comodidad deseaba lucir deseable para Don Cuco con mi exquisito conjunto de lencería, un conjunto que previamente había escogido para seducir y complacer a Chema, sin embargo, los hilos del destino desearon que esta puta complaciera esta noche no a Chema si no a su papá… que cosas no? Me deje mis zapatillas puestas, pues quería que Don Cuco admirara las formas que el puente de las zapatillas dibujaban en mi respingón culo. También aproveche para realizarme un baño intimo express en el lavabo del baño, (sinceramente chicas, yo no recomiendo este tipo de limpiezas “express”, no hay nada mejor que realizarse un lavado intimo como debe ser, en la regadera con la manguerita y el bote que te lavan por completo, sin embargo, la calentura me llevo ese día a escoger solo un lavado intimo de ese tipo), en fin, con todo listo, salí a la recamara de vuelta y la visión que tuve fue deliciosa. Allí estaba don Cuco sentado en el centro de su cama, entre sus dos almohadas y meneando con su mano su inmensa vergota de un lado a otro, su otra mano estimulaba sus gigantescos huevotes. Cuando me miro me dijo:

    DC- Hoy me cenare una verdadera exquisitez de hembra…

    P- Y por lo visto yo me cenaré una verdadera y monumental vergota!!

    Entonces, Don Cuco me invito a subirme a la cama, yo gatee hacia el, como si hubiera hecho aquello mil veces, eso si, despacio, me abri de piernas y me acomode sobre las suyas, como la mas zorra de las zorras, mis movimientos restregaban mi verguita aún envuelta en mi diminuta tanga sobre su inmensa y grande verga, el roce de los vellos de su zona genital sobre mis nalgas empezaba a vislumbrarme lo que se me venia. Sus manos no tardaron en posarse sobre mis caderas y me apretaba hacia él. Su pecho es muy velludo también además de que Don Cuco como ya lo describí antes, es muy fuerte, incluso para su edad, yo me apoyé sobre sus pectorales, aunque en poco tiempo me di la vuelta y de espaldas a el, seguí restregandome abierta de piernas sobre su durísimo sexo, inclinándome sobre sus pies alcanzaba a colocar mi ansioso culo casi en la cara de Don Cuco, sin embargo, me percate como mi hombre me apartaba sin ser grosero, entonces lo entendí, Don Cuco quería ir despacio. Pero mi excitación iba en aumento y mi pequeña verguita empezaba a ponerse tambien para la ocasion, senti su lengua sobre mi cuello y enseguida Don Cuco comenzó a lamermelo de forma deliciosa y con suma maestría, mi cuerpo sentia escalofrios de placer, eche mi cabeza para atras para así facilitar el trabajo de su lengua por mi cuello y las pequeñas mordidas que con habilidad Don Cuco me repartía por mis zonas erógenas. Sus manos sobre mis caderas me aprisionaban con mucha fuerza, haciendome sentir completamente suya en ese momento, era yo su premio, su cena como el mismo me llamo, su hembra, el marcaba el movimiento de mi cuerpo y entonces comenzó a acariciar mis redondas y gordas nalgotas, Don Cuco gemía como si ya me estuviera cogiendo, me decía:

    DC- Que buena estas putita! Tienes mucho mejor culo que la madre de mis hijos! Voy a cogerte delicioso, como nunca te han cogido puta!

    A Don Cuco le encantaba acariciarme mis formas femeninas y a mi que me lo hiciera, sin embargo también note que con frecuencia su mano izquierda se deslizaba hacia delante y sin vergüenza la metía por debajo de mi tanga para tomar con ella mi diminuta verguita y sobármela con avidez y maestría. Me encantó que me hiciera aquello, pues me daba a entender que aceptaba totalmente mi situación de mujer travesti. En aquel momento Don Cuco me hacia sentir totalmente suya, yo era todo para el y por eso se lo iba a dar todo. Se lo hacía entender retorciendo mi cuerpo, contorneándome de espaldas a él, y jadeando como una gatita en celo, de pronto se detuvo completamente en sus movimientos que para ese momento me tenían ya en un punto de cachondez del cual ya no existe retorno, ante mi sorpresa intente mover mi culo yo misma para seguir restregándome sobre su dura vergota, sin embargo me apretó aun mas por mis caderas para congelar cualquier movimiento que quisiera yo hacer, entonces no pude evitar voltear a mirarlo con cierta desesperación, Don Cuco me dijo:

    DC- Suplícame lo que quieres que te haga y te soltaré.

    P- Deseo que me cojas, necesito que me cojas.

    Aquello le hizo sonreir y seguidamente me dijo:

    DC- Ven aquí putita.

    Yo me reincorporé como pude y ante mi cachonda mirada estaba aquel macho sonriente, acomodándose a la orilla de la cama, no podía dejar de admirar su varonilidad pectoral, pues he conocido hombres muy peludos, sin embargo, este hombre literalmente parecía que traía una playera de vellos, no se que opinen uds. Chicas, pero a mi eso de este hombre me parece súper sexy, tiene un excelente físico, sin embargo por la edad tiene la típica barriga que se le hace a un hombre, coronada por un ombligo negro y peludo, y baja un camino de vellos mas marcados que el resto hacia su zona pelvica, la cual también esta inundada de vellos, Don Cuco me extendió la mano y cuando se la di me guió con un pequeño jalón para que me acomodara de rodillas sobre una almohada que había puesto en el suelo y mi cara quedara a la altura justa de su dura barra de carne masculina, una vez posicionada me fui acercando con movimientos felinos, arañe suavemente sus huevotes de toro que le colgaban y entonces me abalance entre sus piernas para besar su fuerte muslo derecho, y poco a poco alcanzar su ingle y donde enseguida me tope con su gigantesca vergota, la cual volví a admirar, recreandome con su hermosa anatomía:

    Su cabezota era grande y prominente, rosada y humedecida de líquido preseminal, muy regordeta superando claramente el tallo del resto de su verga, enseguida admire la dureza de su tronco erguido en dirección hacia mi, como una flecha amenazante que apunta a su presa, se marcaban con mucha claridad sus lilas y gordas venas, una verga gorda y larga, claramente esta seria una de las vergas mas grandes que yo había degustado, imaginaba ya aquella verga abriéndose el camino por mi estrecho ano a mi interior, en donde sería cálidamente recibido y tratado como el rey de las vergas, por lo que dificilmente querría salirse, o seguido querrá estarme visitando, jijiji. La punta de su vergota alcanzaba palpitando, con facilidad su ombligo, y en esta posición me dejaba bien a la vista su hermoso par de huevotes muy peludos, vi como se retorcian, se movian fabricando una buena dosis de esperma como premio para mí por el trato que previamente mis labios ya le habían dado y que anunciaba seguir recibiendo. En un movimiento dominante que en lo particular a mi me excitó, Don Cuco me agarro de mi cabello y dirigió mi cara para que nuevamente quedara mi húmeda boquita a la altura de su vergota, y claro que yo también quería seguir degustando esa enorme y dura barra de carne de hombre, pero antes quise jugar un poco con él, le aparte sus fuertes manos de mi cabeza y las coloque sobre mis hombros para que en medio de su excitación, Don Cuco pudiera presionar lo necesario para rogarme que se la mamara, con suma calma me dirigí mordisqueando suavemente su ingle hasta llegar a sus peludos huevotes. Su gran vergota no me molestaba ya que su erección la mantenía tan erguida hacia el frente que era imposible que se postrara sobre mi cara, lo que me facilitó muchisimo el poder degustar libremente de sus gigantescas pelotas. Comencé con su testículo izquierdo, lo lamí y relamí con mucho énfasis, como si fuera una deliciosa bola de helado, y seguidamente me pase a su compañero y los dejé bien baboseados, también les propinaba un delicioso masaje con mis suaves manos, en ocasiones los arañaba suavemente con mis uñas, e intercalaba movimientos con mi boca y con mis manos. Volví a succionar aquellas gigantes pelotas intentando llenarme la boca con ellas y miré a la cara de Don Cuco para ver qué le parecía, me miraba fijamente a los ojos y no ponía cara de que no le gustara, mas bien lo contrario, y continué un poco más con mi juego hasta que alcancé su cetro de poder masculino con mi mano derecha y la cabeza a una altura para poder mamársela de una vez, pero primero fui lamiendo su tronco muy despacio y para arriba para memorizar y saborear sus venas, su olor masculino era fuerte, y estaba impregnado por toda la zona, aunque lejos de molestarme era un olor afrodisíaco para mi, llegué escalando hasta el recorte de su glande y sin más lo hundí en mi boca, abriéndola todo lo que podía, con duras penas me metí solo la cabezota de ese instrumento viril, sabiendo que mi garganta no podría albergar mas que eso, comencé la ardua tarea de succionar como un bebe que ansia acabarse el contenido de su mamila, Don Cuco bufaba gozandolo de lo lindo, y me decía:

    DC- Mirame a los ojos cuando te estés comiendo mi verga zorrita!!

    Así que para complacerlo, mientras me esmeraba en mostrarle a este hombre mis mejores habilidades como mamadora, le miraba a los ojos con mi mejor cara de puta viciosa que puedo interpretar, mientras de mi llena boquita se escapaban pequeños gemidos que ayudaban a confirmar en ese momento lo putisima que yo soy, mis movimientos de succión de aquella gorda verga desembocaban en el sonido seco de descorche de una botella de champagne, una y otra vez insistia en aquel sonido y el placer que desbordaba la mirada atónita de su poseedor lo valia, yo seguía totalmente aferrada a aquella gigante vergota. Lo acepto, en ese momento no tenía muy bien definido a donde quería llegar, si al escenario en donde Don Cuco me inundaba mi boquita con su corrida, o al otro escenario en donde este macho me pidiera detenerme en el fenomenal trabajo oral que estaba yo propinándole, pues no quería perder la oportunidad de cogerme. Mientras pensaba esto yo le masturbaba suavemente su verga con una mano y con la otra le masajeaba hábilmente sus gigantescos huevotes, para enseguida volver a meterme todo cuanto podía de ese inmenso manjar de carne masculina a mi boca y volver a realizar el hermoso movimiento de sube y baja que tanto placer le da a los hombres. De repente, Don Cuco me tomo bruscamente de los cabellos, me separó de su sexo y me dijo:

    DC– Detente hermosa puta, que haces maravillas con esos lindos labios y no quiero terminar aun, levántate y déjame ver esas ricas nalgotas que me voy a comer.

    Obedecí a este macho de inmediato, me levanté y me puse de espaldas a él, flexione un poco mi espalda y me pare de puntitas para que mi culo resaltara ante su atenta mirada, mi sensual conjunto de lencería aun permanecía en su lugar, y desde el punto de vista que tenia este macho seguro que debía mirarse sumamente apetitoso, un joven y bien formado cuerpo de 30 años, del cual resaltaban mis muy bien trabajadas piernotas, enfundadas en el hermoso par de medias a medio muslo, sostenidas por el lindo liguero, y la visión de la diminuta tanguita que parecía ser tragada por mis regordetas nalgas, entonces, Don Cuco me guío tomándome de mis femeninas protuberancias como su prisionera, una en cada mano, para recostarme boca abajo ahora a mi en su cama, todo el trayecto sujetándome de mis carnosidades posteriores, una vez recostada las masajeo un poco, las beso con verdadera pasión, y las separo, dejando a su vista la pequeña tanga de tela satinada, con uno de sus dedos la separo y entonces comenzó a darme uno de los que a mis 30 años a sido de los más deliciosos besos negros que me han dado. Sus caricias bruscas pero a la vez sensuales, sumado a la habilidad que demostraba con su lengua y su pinchosa barba que me hacia cosquillas en la piel de mis nalgas cada vez que Don Cuco hundía su cara y penetraba mi ano con su lengua, como si hurgara buscando algo en mi interior, yo con semejante trato casi tocaba el cielo. También notaba como me escupía de vez en vez, no me cabía ninguna duda que Don Cuco estaba dilatandome y lubricandome bien para poder penetrarme con facilidad, aunque para meterme su gran verga no iba a ser nada fácil. El me decía:

    DC– Que hermosa hembra eres Paulina, hoy vas a conocer lo que un hombre de verdad con muy buena verga puede hacerte… Voy a hacer que olvides a cualquier escuincle pendejo y te vas a ir tan bien cogida de mi cama que vas a querer regresar… ya veras!!

    Me encanto la seguridad con la que Don Cuco hablaba, pero sinceramente no se me ocurrió nada que decirle, así que por mayor respuesta de mi parte, yo le movía mis hambrientas nalgotas, restregandoselas sobre su cara, intentando con esto hacerle saber a este macho que yo aceptaba totalmente todo lo que el me estaba diciendo, con mi culo en pompa me percate que mi anfitrión se había levantado de la cama por fin para una sola causa, la cual llevaba rato ya deseando que llegara: el profanar mi ansioso y para aun ese momento mal atendido agujerito con su grande y gorda verga. Entonces le dije con voz de suplica:

    P-Mi amor, por favor ponte un condón y un poco de lubricante, están en mi bolso, es que la tienes enorme y muy gorda, y el lubricante ayudara a que entre mejor y sea más placentero para ambos.

    Supongo que Don Cuco estaba acostumbrado a hacerlo sin lubricante, al fin y al cabo educado a la vieja escuela, pues lo hizo a regañadientes, sin embargo me dijo:

    DC- Así me gusta, que seas una niña precavida.

    Después de colocarse el preservativo, yo me sentí mas tranquila y entonces si, me entregue por completo a los deseos de este gran macho. Sentí como deslizaba su vergota ahora enfundada en el látex del condón por toda la raja de mi culo, sentí como su gorda cabezota se abría paso entre mis nalgas hasta que se posó sobre mi ansioso hoyito anal. Madre santa! como deseaba sentirlo dentro de mi!! y se lo hacia saber regalándole suaves gemidos como respuesta a cada movimiento suyo, entonces Don Cuco intento metérmela con un suave empujón sin demasiado éxito, no pueden imaginarse lo cachonda que yo estaba!! me encantaba sentir aquella cabezota sobre mi agujerito, sentía la calentura de ese trozo de carne a través del látex del condón. Mi macho insistió una vez más, yo intentaba relajarme como podía, pues sabia que lograr introducir semejante víbora gorda en mi estrecha cuevita anal seria un proceso un tanto doloroso al principio, sin embargo nuevamente Don Cuco no tuvo éxito, entonces me dijo:

    DC- Vaya que estas estrecha puta! Te faltaba a ti también quien te atendieran verdad?

    Gire mi cabeza así en 4 patas como estaba para responderle con la mirada mas putona que pude, entonces le dije:

    P- A esta puta le falta atención, pero contigo y tu vergota me saque la lotería esta noche!! Cogeme ya por favor!!! Meteme de una vez esa gordisima verga que tienes!!

    DC- Tus deseos son órdenes hermosa puta!!

    Pareciera que estás palabras eran lo que le hacia falta, Don Cuco me propino una sonora nalgada en mi carnosidad derecha, mientras con su mano izquierda guiaba nuevamente su inmensa barra de carne, empujando esta vez con más fuerza, noté como su glande se deslizaba con presión y suavidad a la vez hacia mi interior, agache mi cara al colchón para hundirla y poder morder un poco la sabana, sin embargo a pesar del dolor que sentía le anunciaba a mi hombre que no detuviera su tarea con mis movimientos de cadera, por lo que con suma avidez y maestría Don Cuco prosiguió a penetrarme, topándose contra mi esfínter que se rindió sin mayor resistencia, haciéndole saber a aquella vergota que estábamos de acuerdo y felices de conocerla, y que siguiera su camino hacia adentro hasta conseguir el tope máximo, y justo fue así, con un leve empujón de pelvis de aquel macho que resulto ser Don Cuco, consiguio penetrarme hasta el fondo y hacerme suya. Entonces me dijo:

    DC- No te muevas puta, deja que tu estrecho hoyito se acostumbre a mi.

    Don Cuco me dejó su gorda verga clavada hasta el fondo durante unos instantes y poco a poco sentí como la sacaba levemente para volver a clavármela hasta el fondo, era increíble, pues Don Cuco tocaba mi próstata con la cabeza de su dura barra de carne a cada arremetida que me daba, provocando espasmos de placer en todo mi cuerpo, cuando este macho se percato que mis gemidos eran ya de placer puro sin dolor, me abrazó por detrás como un caballo a su yegua y empezó a cogerme a su placer, sentía completamente su sexo dentro de mi, y se sentia delicioso, además con sus grandes manos me agarraba de mis caderas y marcaba el ritmo para cogerme a su gusto. Me separaba mis nalgotas para adentrarme todo lo que mi fisionomía le permitía recibir de su vergota, prácticamente hasta que sus peludos huevotes chocaban contra mis pequeñas bolitas, ciertamente no sabía que mas esperar de este macho, si bien no es un adolescente el estaba demostrando poseer una vitalidad envidiable para muchos jovencitos con los que por una u otra causa en algún momento me enrolle, (cosas de una noche), pero en este momento y esperando que fuera solo el principio, la postura de perrito o cuatro patas era la mejor para sentirme totalmente la mujer de Don Cuco, me sentía plenamente a su merced, y en ese momento ya no me importaba nada mas, todo lo que yo quería era satisfacer a este hombre, de pronto, Don Cuco me soltó las caderas y se inclinó sobre mi para alcanzar mis pequeños huevitos y los estrujó contra los suyos, escupió sobre su mano, y volvió a abarcármelas sintiendo la humedad fresca de su saliva untándola por mi diminuta bolsa escrotal y sentirme plenamente suya, y es que el sentir su inmensa vergota tapándome completamente mi agujerito anal, y al tenerme sostenida de mis pelotitas a su gusto dándome aquellos apretones y restregándolos contra los suyos, era una sensación muy difícil de describir, pocos hombres han tenido la habilidad de satisfacerme sexualmente y sorprenderme al mismo tiempo, aquella noche me sentía mujer plenamente al lado de Don Cuco. Entonces, este ejemplar delicioso del sexo masculino me sostuvo de nuevo por las caderas y otra vez comenzó con el mete saca de su gorda verga para hacerme disfrutar de lo lindo, me percate que mis gemidos que ya no cabían en aquella habitación, que junto a los que el comenzó a dar, daban una fiesta de lujuria y pasión descontroladas, sentí un poco de pena al pensar en Mariana, así que le dije:

    P- Oye papi, creo que estoy haciendo demasiado escándalo… De por si soy bien gritona, y luego con tu vergota!!! Lo que me preocupa es que tu hija se incomode…

    DC- Por esa cabrona no te fijes, esta es mi casa, por lo tanto yo puedo meter a quien se me pare la verga meter… mejor cambiemos de postura, quiero que saltes encima de mi verga.

    Fue respuesta, y sacando su duro y delicioso instrumento de placer de dentro de mi culo repentinamente, se sentó boca arriba a lo largo de la cama, y mientras con una de sus varoniles manos se masturbaba su gran vergota, con la otra me indico como ponerme, debo aceptar que me choca el carácter dominante de Don Cuco, sin embargo, mis emociones se pelean entre ellas, pues a la vez me encanta y me excita ser sumisa ante un macho dominante, mas aun cuando este macho tiene entre sus piernas una enooorme virilidad y coge riquisimo, como es el caso de Don Cuco, mi instinto femenino me ordeno complacerlo, por lo que me gire para quedar de frente a él, sintiendo cómo mi bien cogido orificio anal quedaba libre por unos instantes, deseando volver a ser tapado por la vergota de mi anfitrión, que allí, tumbado ante mí, se masturbaba esperándome ansiosamente. Me acerqué a gatas hacia él, despacito, como una felina que se acerca a su plato de leche caliente, y mirándole a los ojos con deseo y lujuria, comencé a besarle sus gordos huevotes, Don Cuco dejó de masturbarse para permitirme a mi retomar el mando, le retire el condón usado, que aunque no tenia rastros de excremento mios gracias al intenso lavado intimo que me di previamente, es algo que prefiero no llevarme a la boca, además, mamar una verga con condón no es lo mismo, o contéstenme ustedes, acaso les sabe a lo mismo cualquier dulce que sea de su elección si se lo comen con la envoltura? Claro que no!! Así que allí estaba Don Cuco, disfrutando de una deliciosa mamada de mi experta boquita por tercera vez en esa noche, y mientras yo estaba como becerrita con su mamila, el posaba sus dos manos sobre mi nuca, para obligarme a comerme su sexo, y yo movía mi cabeza en movimientos ascendentes y descendentes, poco a poco por aquel fascinante y duro tronco, que se erguía orgulloso hacia arriba posándose sobre su pubis. Nuevamente decidí complacer a este macho, por lo que haciendo mi máximo esfuerzo abrí todo lo que pude mi mandíbula, saque mi lengua y en un intento épico para mi propio asombro logre engullir apenas una tercera parte de esta gordisima verga, sin embargo al sentir las arcadas mi garganta la expulsó en automático, por lo que decidí solo dedicarme a dar placer a la cabezota de esta gigante anaconda, la cual lamí con fuerza para tratar de darle todo el placer posible a su dueño. Mientras, mi culo en pompa, y mi agujerito palpitante, medio abierto, y deseoso de aquella deliciosa vergota, de la cual pedía una nueva ración de duro sexo. Durante algunos minutos más se la chupe con devoción, hasta que de nuevo Don Cuco me detuvo, impidiendo por segunda ocasión consecutiva que lograra hacerlo terminar en mi boca, entonces me dijo:

    DC- Móntame putita, quiero sabrosearte mientras te cojo rico de nuevo.

    Como niña obediente que soy, me incorporé y me abrí de piernas sobre él, Don Cuco escupió sobre sus dedos y enseguida los introdujo un poco en mi agujerito para lubricarlo. Entonces, mientras con su mano derecha sostenía su vergota y al mismo tiempo la guiaba a mi abierto agujerito, con la izquierda me presiono para abajo por mis caderas, despacio pero con la fuerza necesaria para que con destreza su glande desapareciera adentrándose en mí, Don Cuco término de aplicar fuerza prácticamente hasta que quede totalmente sentada sobre su pubis, su rostro de placer era digno de una pintura, la cual solo yo tenia permitido mirar en ese momento, de pronto, mi macho me tomo por los cabellos y jalo levemente sin lastimarme, provocando que mi cabeza se colgara para atrás, entonces me cuestiono:

    DC- Quien es mi puta??

    P- Ahhhh… Yo soy tu puta!!

    DC- Y que soy yo de ti??

    P– Ahhh… Ahhhh eres mi macho!!

    Al escuchar esto, Don Cuco me soltó de los cabellos y volvió a cogerme de mis nalgas separándomelas, para permitirse penetrarme hasta el fondo, cogiendome de una manera deliciosa, de esta forma no podría separarme de él ni aunque quisiera. Me quedé sentado sobre él, retorciendo mis caderas durante unos instantes sintiendo hasta adentro su gran vergota, hasta que sus manotas me levantaron un poco mi culo para seguir cogiéndome a su ritmo, sin embargo, Don Cuco pareció cansarse por lo que bajo drásticamente su ritmo, así que tomando la batuta seguí moviéndome, a un ritmo mas lento que el de este macho, despacio movía todo mi cuerpo arriba y abajo, una y otra vez, devorando con mi ano aquella durísima vergota, dándole todo el placer que podía a mi macho, de vez en cuando miraba el gran espejo que tenia Don Cuco en un tocador frente a la cama, y contemplaba nuestra escena y me quedaba atónita de lo que estabamos haciendo. Pero mi disfrute de aquel momento de sexo puro sin complejos me llenaba plenamente y me hacía gozar como la puta que soy. Don Cuco volvió a pedirme un cambio de posición, me incliné hacia él y su virilidad salió de mi interior como un misil disparada hacia su estomago, entonces me dijo:

    DC- Ahora ponte boca arriba, quiero cogerte de frente, me encanta ver como te retuerces y la hermosa carita de puta que haces cuando te meto la verga.

    Yo obedecí sumisamente y me acomode mirando al techo, él se levantó para plantarse de rodillas y se acomodo frente a mi, me levantó las piernas desde los tobillos y las colocó sobre sus fuertes hombros, esta posición provocó que mi culito se levantara y ahora Don Cuco lo tenía completamente a su merced y a tiro, por lo que en unos segundos la gorda cabezota de aquella deliciosa vergota ya se encontraba apoyada sobre mi orificio anal, que goloso y sin oponer resistencia permitió con demasiada facilidad la entrada de este gordo invasor el cual ya era conocido y ansiado por “nosotras”, Don Cuco empujo muy despacito para que fuera resbalándose hacia mi interior, hasta que el tope hizo que lograra sentir su vello púbico en mis gordas nalgas, mi pequeña verguita contemplaba la acción con asombro, admirando una verdadera verga trabajando, mi macho fue subiendo la intensidad de sus arremetidas, haciendolas poco a poco más frenéticas, entonces, en este punto llego mi tercer orgasmo anal de la noche, casi me desmayo por el placer obtenido, pues la curvatura natural de la vergota de Don Cuco ayudaba a estimular mi próstata por lo que era fácil que don Cuco tocara mi punto G, y en esta posición el estimulo era muchísimo mas, pues a cada embestida sentía hasta adentro todo el grosor y la longitud de la virilidad de este hombre. De pronto Don Cuco grito:

    DC– Voy a terminar putita!! Ahhg Paulina!!! Ahhh!! Ahhhh!!!

    Su preciado y delicioso semen inundó por completo el condón, incluso a través del látex del preservativo logre sentir las cantidades desorbitantes de líquido que los huevotes de Don Cuco acababan de expulsar, sus ultimas embestidas, y sus gritos de placer se combinaron con los míos, Don Cuco soltó mis piernas, permitiéndome abrirlas, por lo que también el pudo descansar postrándose sobre mi, fatigado por el gran esfuerzo físico que acababa de realizar, yo también a modo de agradecimiento, atine a abrazarlo con ternura y agradecimiento por la deliciosa noche que este macho acababa de regalarme. Durante unos minutos, descanso sobre mi, después se recosto boca arriba. Entonces volví a sentir la necesidad de premiar a este increíble ejemplar delicioso del sexo masculino, le retire el condón de su gordo miembro que aún conservaba su dureza, lo hice con maña y sin ningún cuidado de que su vergota se embarrara de los restos de su semen, (mientras mas, mejor… Pensé para mi misma), y entonces, comencé a lamerla nuevamente con la intención de dejarla limpiecita, limpie su cabeza, todo el tronco, para terminar lamiendo sus gigantes y peludos huevotes. Como era de esperarse la inmensa vergota de Don Cuco perdió la dureza poco a poco, sin embargo no tenía nada que reclamarle, pues después de la deliciosa noche que me había dado, era justo que pidiera su descanso, me despedí de ella con un piquito en su cabeza, y entonces busque refugio y lo encontré en el fuerte y peludo pecho de Don Cuco, quien dejo que me acurrucara sobre el y enseguida me dijo:

    DC- No me acuerdo haber sentido tanto placer en mi vida…

    P- Seguro que se lo dices a todas tus novias…

    DC- Me acuesto con mujeres, pero no se entregan nunca como lo has hecho tu, tu explotas al máximo tu feminidad, además, no te da pena comportarte como una puta en la cama, y en verdad eres muy bonita físicamente… quiero que sigamos viéndonos, te gustaría?

    P- Claro, seguiremos viéndonos, con esa forma de cogerme y esta formidable vergota… seré tu puta siempre que lo desees.

    Esa noche me quede a dormir con el, durante el transcurso de la noche aun me cogió deliciosamente otras 2 veces. En la mañana nos metimos a bañar y por supuesto que se la mame en la regadera, quería dejar la mejor impresión de esta puta en aquel macho, por lo que esta vez no me detuve cuando me lo pidió, con toda la intensión de hacerlo terminar en mi boca, cuando lo logre, ante la lujuriosa mirada de Don Cuco me trague su deliciosa crema masculina, la saboree delante de el, por lo que me dijo:

    DC- Eres en verdad mi sueño hecho realidad, te quiero conmigo.

    P- Papi, tu puedes tenerme siempre que quieras.

    Sentía un poco de vergüenza de salir de la habitación, pues no sabia con que cara me vería Mariana, sin embargo, cuando decidí hacerlo ella no estaba, no supimos desde que hora faltaba ella en la casa, sin embargo ambos reímos cuando supusimos que había preferido irse antes de seguir escuchando el concierto de gemidos que provenían del cuarto de su padre. Don Cuco se ofreció caballerosamente a llevarme a mi casa, no sin antes invitarme a desayunar a un Sanborns que esta cerquita de mis rumbos, durante el desayuno volvió a insistirme:

    DC– Paulina, en verdad quiero seguir viéndote, me darías la oportunidad?

    P- Y yo ya te respondí que si papi… no tienes que preocuparte, en verdad disfrute esta noche, además, con tu enooorme atributo masculino, como negarme!!

    DC– Pero quiero algo mas estable, me entiendes?

    P- Si, pero no estoy lista para ese paso, en este momento disfruto mi soledad, sin embargo, si lo que quieres escuchar es que solo cogeré contigo, claro que así sera.

    Obviamente mentí en esto último, pues en verdad soy una puta, y me fascina la verga, pero esto era lo que Don Cuco quería escuchar. Y esta fue la forma en que termine siendo la amante del padre de mi amor platónico de la juventud, no me arrepiento, pues el papá coge mas rico que el hijo… Jijijiji!!!

    FIN

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  • La bibliotecaria ninfómana

    La bibliotecaria ninfómana

    Capítulo 1

    Entré a la Facultad de Economía a eso de las diez menos quince de la mañana. En medio del barullo de la gente me dirigí directo al elevador, pues, el aula donde asistía a clases estaba en el quinto piso, pero entonces, divisé a cinco amigos que alegremente conversaban en medio de aquel amplio corredor.

    — Y qué más, qué hay de nuevo. — Les dije, como una forma de integrarme a la tertulia que venían desarrollando, mientras les extendía la mano a cada uno de ellos, para saludarlos.

    —Nada, aquí nuestro amigo que nos estaba contando como se había ayuntado a su última conquista. —Me dijo Gabriel, un chico de unos dieciocho años que se caracterizaba por su buen sentido del humor, mientras hacía un gesto con su cabeza en dirección de Juan.

    Miré a Juan, que hizo un gesto de suficiencia, como diciendo, “que le vamos a hacer así de bueno soy”, y no pude evitar reírme. Juan era nuestro mentor, nuestro guía en materia de cómo enamorar a una mujer. Debía llevarnos cinco o seis años a todos quienes estábamos en esos momentos reunidos casi que en torno a él, la mayoría muchachos de entre dieciocho y diecinueve años; y es que cuando Juan nos relataba sus hazañas enamorando mujeres todos escuchábamos intentando aprender sus técnicas de seducción.

    — ¿Estuvo difícil la doma de la potranca, o más bien fácil? — Le pregunté con tono campechano.

    — De la yegua, dirás, y no, no estuvo difícil, de hecho ha sido la hembra más fácil a la que he montado, eso sí, una de las más fogosas y rendidoras. —Me dijo con una soltura y complacencia que invitaban a la curiosidad. — Hasta uno de ustedes se la podría culear. — Dijo seguidamente, como burlándose de nosotros.

    — A ver, a ver, explícame cómo es eso. —Intervino Gabriel, con actitud afectada mostrando mucho interés. —Algunos estamos muy necesitados, y no nos molestaría conocer a esa dama, de hecho lo ansiamos.

    —Qué quieres que te diga, a la doña le gusta que la monten. Es así de simple. Solo tienes que calentarla un poco y abre las piernas al segundo. —Dijo Juan con tranquilidad.

    — ¿Cuánto le pagaste?, porque le pagaste, ¿cierto? —Le dije con incredulidad.

    Juan sonrió, y guardó silencio por unos segundos, mientras nosotros lo mirábamos con atención.

    — Les voy a hacer un favor, aunque no se lo merecen, —nos dijo mientras nos miraba con aire de suficiencia —, ¿conocen la biblioteca que queda en el barrio de “La América”?

    Todos nos miramos buscando un rostro que denote certidumbre, pero no, nadie conocía la mentada biblioteca.

    —No saben nada ustedes, —nos dijo fingiendo seriedad—, llegan al redondel Indoamérica, cogen por la Avenida América, caminan — se quedó pensativo por un momento—, tres cuadras, sí tres cuadras y luego agarran por la esquina a la derecha, después dos cuadras, ahí se van a encontrar con una casa de tipo colonial, no se pueden perder hay un pequeño cartel que dice “biblioteca”, es ahí, pero no vayan a ir en la mañana, ella solo trabaja en las tardes.

    Todos nos quedamos viéndolo con algo de desconfianza e incredulidad.

    — ¿Y cuántas veces fuiste hasta que te aflojó las nalgas? — Le dije intrigado.

    — Solo una vez, entré buscando una copiadora para sacar unas copias de mi cédula, vi que la hembra estaba buena, le dije algunas cosas y ahí mismo culeamos.

    — ¡En la biblioteca! —Estalló Gabriel, mientras se carcajeaba.

    —Un poco difícil de creerte. —Le dije.

    —Ah pero para qué les cuento, pérdida de tiempo, mejor vamos a clases que ya dieron las diez. —Nos dijo con gesto de fastidio y se encaminó a las escaleras. Nos reímos de su actitud y nos limitamos a seguir su ejemplo, pues la cola del elevador estaba larguísima.

    Capítulo 2.

    La tarde estaba calurosa, el sol golpeaba con fuerza desde occidente, afortunadamente la última clase del día se había terminado y me encaminé hacia la parada de buses que se hallaba justamente en frente de la facultad. Me coloqué debajo de una visera de cemento y esperé a la llegada del bus que me dejaba a escasas dos cuadras del pequeño departamento donde vivía, sin embargo, transcurrieron quince minutos y el “dichoso” transporte no aparecía. Aburrido me dejé llevar por mis pensamientos, recordé a mi ex enamorada, una chica bastante complicada, acostumbrada a imponerme sus caprichos; en principio la toleraba por el sexo, pero pronto empezó a caerme mal y terminé deshaciendo esa relación, obviamente extrañaba el sexo, pero no la extrañaba a ella. Me pregunté a mí mismo, ¿cuánto tiempo había pasado desde que no había estado con una mujer?, ¿cuatro?, ¿cinco?, ¡no, seis meses! No sé exactamente por qué pero la imagen de Juan contando sus conquistas sexuales se coló en mi mente, “¡qué tipo!”, me dije mentalmente, y entonces, recordé el relato que nos había contado apenas una semana atrás. ¿Habría sido cierta? Todos quienes lo conocíamos sabíamos que aquel sinvergüenza en verdad tenía suerte con las mujeres, en realidad no era suerte, el tipo sabía cómo engatusarlas; solía decirnos que: “las mujeres son básicamente una gran oreja, solo se trata de saber qué decirles”. “Sí claro”, me dije mentalmente con ironía.

    Finalmente luego de cinco minutos el bus que esperaba llegó y un par de personas subieron, y casi enseguida arrancó, desde donde me encontraba observé con indiferencia como se alejaba. Empecé a caminar, y en menos de dos minutos me encontraba justamente en la Plaza Indoamérica. Seguí caminando por la Avenida América, al tiempo que contaba cada que vez que llegaba al final de una cuadra.

    — ¡Tres!— Dije cuando llegue a la esquina donde supuestamente debía girar.

    Tomé por la derecha y empecé a caminar. El sendero era ligeramente empinado, no especialmente molesto y cansado, pero sí notorio. Mientras caminaba observaba con atención las diferentes casas que iban apareciendo en la medida en que me movía hacia adelante. No recordaba exactamente si Juan había dicho que la Biblioteca se hallaba a una o dos cuadras desde la avenida. Crucé una calle y continué con el mismo ritmo lento pero continuo, siempre observando las casas a mi derecha e izquierda. “¿Y si todo era mentira?”, me cuestioné mentalmente.

    En tanto seguía caminando, noté que solo veinte metros me faltaban para llegar a la esquina, entonces comencé a sentirme entre engañado y decepcionado; pero de repente, mi mirada se fijó en un cartel rectangular adosado a una pared, estaba pintado de blanco, debía medir como medio metro de largo por treinta centímetros de ancho, a lo largo de éste, se hallaba impresa con grandes letras mayúsculas de color marrón la palabra: BIBLIOTECA.

    Capítulo 3.

    Entre por la puerta que se hallaba justamente al lado del cartel. La casa tenía un clásico estilo colonial, probablemente debía ser de finales del siglo XIX, o principios del XX. No, no soy un experto en arquitectura histórica pero, en ocasiones las apariencias no engañan. Seguí por un pequeño sendero adoquinado que limitaba un pequeño jardín, hasta que finalmente me hallé justo ante la entrada principal de aquella casa.

    Un reloj empotrado encima del dintel me dijo que eran las cuatro de la tarde menos quince minutos. “Veamos pues”, me dije mentalmente e ingresé a la casa.

    La biblioteca no era diferente a cualquier otra pequeña biblioteca que hubiese visto; viejas mesas alargadas levemente abrillantadas; sillas de madera, toscas, incómodas y descoloridas por el tiempo y el uso. Lo único agradable hasta el momento era el ambiente templado que dominaba en aquel salón.

    Mientras me dirigía hacía una larga barra de madera de metro de alto que corría a lo largo de la sala y que impedía el libre acceso a los estantes de libros, sector exclusivo en donde supuse solamente podían moverse los empleados y empleadas de la biblioteca, pude observar que apenas habían dos usuarios en ese momento, un hombre joven de más o menos mi edad y una mujer adulta que apenas me llamó la atención por sus grandes espejuelos, uno y otra, me miraron cuando pasé junto a ellos pero enseguida volvieron a sus respectivas ocupaciones.

    Llegué hasta la barra y coloqué mis manos en esa superficie. El espacio estaba solitario y silencioso, solo libros y más libros acurrucados sobre largas, vetustas y oscuras estanterías.

    —Buenas tardes. —Dije; mi voz se escuchó en todo el salón pero nadie respondió.

    Regresé a mirar a las dos personas que se hallaban en la biblioteca, buscando una respuesta en una mirada o en un gesto, pero, solo vi a dos personas interesadas en sus lecturas.

    —Sí, dígame. —Dijo una voz de mujer desde los estantes de libros, al tiempo que el sonido característico del calzado femenino con tacos se volvía cada vez más notorio.

    Volví mi rostro hacía el lugar de donde provenía esa voz. Dirigiéndose hacia mi con paso seguro estaba una mujer. En lo primero que me fije fue en su cabello, lacio y de un castaño oscuro que le caía libremente sobre sus hombros; su piel era de un canela claro, frente amplia pero proporcional a los demás rasgos de su rostro, nariz recta de tamaño mediano, ojos marrones claros, cejas naturales cuidadosamente delimitadas, pómulos notorios y ligeramente rosados, labios gruesos apenas matizados de un rojo evidentemente artificial que los resaltaba lujuriosamente. Vestía un saco abierto de color rojo, y debajo de éste, una blusa blanca con botones, cuyo relieve mostraba un corpiño abultado señal inequívoca de grandes senos, usaba jeans azules que se ceñían amorosamente a generosas nalgas, muslos y piernas, y finalmente un par de sandalias con tacones que no dejaban de sonar cada vez que la mujer daba un paso.

    Me quedé mirándola fijamente, sorprendido, gratamente sorprendido e interesado. Ciertamente era una mujer muy atractiva. Calculé que debía tener entre 40 y 50 años.

    — ¿Qué necesita? — Me dijo, colocándose detrás del mostrador justamente frente a mí.

    Nuestros rostros estaban a la misma altura de manera que calculé que debía medir 1. 70 m, considerando que usaba tacones.

    Su voz me sacó del ligero arrobamiento en el que había caído. Por un momento no supe qué decir; es decir, hasta hace unos momentos pensaba que la historia de mi amigo, solo había sido un cuento dirigido a tomarnos el pelo, pero no, la mujer estaba ahí, ¡y qué mujer!, una encantadora hembra madura.

    — Buenas tardes. —Le dije, al tiempo que le sonreía. No me respondió solo asintió con la cabeza. — Si, — le dije e hice una pausa —, verá —otra pausa—, necesito un libro —. He hice una nueva pausa, mientras pensaba qué decir.

    — Y qué libro será. —Me preguntó, moviendo su cabeza y haciendo un gesto, que interpreté como de curiosidad.

    —Aaah… pues verá. —Le dije, y de repente se me ocurrió algo. — Necesito un libro sobre sexualidad femenina.

    — ¿Sexualidad femenina?— Me cuestionó asombrada, levantando sus cejas.

    — Sí, —Le dije con seguridad, mirándola fijamente a los ojos— sexualidad femenina; específicamente algo sobre orgasmos femeninos, excitación del clítoris, un libro que indague sobre las zonas más erógenas en la mujer.

    Se quedó mirándome boquiabierta por unos segundos, y entonces dijo:

    —No creo que tenga ese tipo de libros aquí, tal vez en la Biblioteca de la Universidad.

    —No, no encontré, acabo de venir de ahí y no tienen nada sobre eso. —Le dije inmediatamente. —Sabe, es increíble, como un asunto tan importante como la sexualidad femenina sigue siendo un tema prohibido en esta sociedad.

    — ¿Le parece? —Me dijo con tono de ingenuidad.

    —Definitivamente; por ejemplo son muy pocas las mujeres que se atreven a hablar de sexualidad o de sus experiencias sexuales con un hombre, ora porque tienen vergüenza, ora porque son santurronas, ora porque tienen miedo de ser catalogadas negativamente. Son muy pocas las mujeres valientes e inteligentes que se atreven a tocar este tema que debería ser tratado con total naturalidad. Se lo digo porque he intentado entrevistar a varias mujeres y de 100 apenas 5 se han atrevido a aceptar el cuestionario y eso a pesar de que les he garantizado absoluta confidencialidad.

    — ¿Solo cinco? —Me preguntó con gesto de curiosidad y candor.

    —Solo cinco.

    — ¿Y qué les pregunta? —Me dijo mirándome a los ojos, con notorio interés, mientras se arreglaba el pelo y lo acariciaba cariñosa y lentamente.

    —Varias cosas. ¿Le gustaría responder el cuestionario?

    — En este momento no puedo, estoy trabajando. —Me dijo como disculpándose.

    La miré, apenas sonriendo, por un par de segundos, y enseguida regresé a ver hacia las mesas. Una de las dos únicas personas que estaban en la biblioteca, el muchacho, estaba mirándonos, pero volvió a lo suyo cuando vio que lo observaba.

    —Solo están dos personas, y no creo que les importe si usted se ocupa de mí por unos momentos. Además, desde que la vi me di cuenta que usted a más de ser muy guapa es una mujer inteligente y atrevida, algo no muy común en esta sociedad oscurantista.

    —No, no puedo. —Me dijo sonriendo mientras miraba hacia el suelo.

    — Sus opiniones me ayudarían muchísimo para terminar la investigación que estoy haciendo, además con su colaboración ayudaría a muchas mujeres que no son tan valientes como usted a entender mejor su propia sexualidad. Usted sería una pionera, una mujer solidaria con las demás mujeres, en especial con aquellas que han sido sometidas por la anticultura represiva de esta sociedad hipócrita. ¿Qué dice, me ayuda?

    La mujer me miró fijamente mientras se mordía suavemente su labio inferior. Había duda en su rostro pero también interés.

    — ¿Y cuánto cree que nos demoremos? —Me dijo con candidez.

    — El tiempo que usted decida.

    Volvió a jugar con su cabello, miró hacia las mesas, y luego giró su rostro hacia el fondo donde se encontraba un pequeño escritorio.

    —Supongo que podría ayudarlo. —Me dijo sin mirarme, e inmediatamente caminó un par de metros hacia su derecha, levantó, una pequeña tabla, y abrió una puerta empotrada en la barra. Entonces se volvió hacia mí. — Entre —. Me dijo.

    Capítulo 4

    Entre por el pequeño espacio, y ella, inmediatamente cerró la pequeña puerta, y volvió a colocar la tabla en su lugar. Se dio la vuelta y se dirigió hacia el pequeño escritorio, seguida por mí.

    Mientras la seguía no puede evitar concentrarme en sus generosas nalgas, sus bien formadas piernas, así como en los rosados talones que se remontaban sobre sus erguidos tacones. Automáticamente sentí un empellón de mi verga dentro mi pantalón. “Tómalo con calma”, me dije mentalmente.

    Colocó una silla frente al viejo y pequeño escritorio y luego se situó detrás de este.

    —Siéntese. — Me dijo mientras ella hacía lo propio.

    —Gracias. —Le dije mientras colocaba mi carpeta encima del escritorio. Entonces, me di cuenta que ni siquiera sabía su nombre, y como es obvio, ella tampoco el mío. Me incorporé y le extendí mi mano. —Por cierto, me llamo Pablo. —Le dije inmediatamente.

    —Yo Gloria. —Me dijo aceptando mi mano, mientras me miraba con atención.

    Volví a sentarme y empecé a divagar imaginando qué preguntarle. “¿Y si solo voy hacia ella y empiezo a besarla?”, me planteé mentalmente. La opción parecía ser muy práctica pero al mismo tiempo un tanto abrupta.

    —Usted dirá. —Me dijo sacándome de mis desvaríos.

    —Sí, claro, por supuesto. —Le dije y tomé mi carpeta y la abrí. Agarré uno de mis dos cuadernos espirales, y empecé a ojear hasta llegar a una página en blanco. —Bien—, le dije, mientras sacaba del bolsillo de mi carpeta un pequeño lápiz. —Comencemos entonces, dígame Gloria, ¿usted se masturba?

    La mujer madura me quedó viéndome estupefacta, mientras yo la miraba con curiosidad, aunque adoptando una actitud tranquila y serena, a pesar de lo excitado que empezaba a ponerme.

    —Pues…. — Dijo Gloria y se quedó en silencio, visiblemente nerviosa e insegura.

    — Por favor Gloria. Siéntase libre de expresarse, no se autocensure, recuerde, usted es una mujer sin prejuicios y complejos y está charlando con un hombre con criterio amplio que no la va a juzgar en lo absoluto, además siéntase segura que sus confidencias serán absolutamente reservadas. Su nombre nunca será mencionado en el ensayo, salvo que usted expresamente me lo pida.

    — ¡No, no, para nada, me gustaría quedar en el anonimato! —Me espetó con énfasis.

    —Pues, entonces así será. —Le dije con seriedad. —Pero antes que me conteste déjeme decirle que la masturbación, bueno yo prefiero decirle autoerotismo, es una práctica sana y natural. No tiene motivos para avergonzarse si la práctica.

    —De acuerdo, sí tiene razón, —Me dijo sonriendo nerviosamente. — Yo ya sabía que la masturbación no es algo malo, pero como usted ya lo dijo, el sexo es a veces satanizado, y una no termina de vencer esos prejuicios.

    — Pero se los puede vencer. —Le dije sonriendo, ella también sonrió. —Recuerde que son prejuicios, podemos y debemos superarlos, y que mejor que enfrentándolos y venciéndolos o simplemente ignorándolos.

    — De acuerdo. Sí, a veces lo hago.

    — ¿Y con qué frecuencia se masturba? —Le pregunté, e inmediatamente me puse a garabatear en la hoja del cuaderno.

    —Cuando tengo ganas. —Me dijo dándole una entonación coqueta a la frase.

    — ¿Y siente ganas muy seguido?

    — A veces. —Me dijo con el mismo dejo coqueto.

    — ¿Y cómo se masturba, qué es lo que más le gusta hacerse?

    Gloria se detuvo, volvió a sonreír nerviosamente, y seguidamente se lamió sus labios con la lengua.

    — No sé por dónde empezar —Me dijo mirándome sensualmente.

    —Empecemos imaginando que está en su cama totalmente desnuda.

    Se sonrió y miró al suelo.

    —Bueno. —Me dijo levantando la mirada y fijándola en mí. —Me gusta tocar mi… —se detuvo por unos segundos, y volvió a mirar al suelo —, me gusta tocar mi clítoris, — dijo por fin y volvió a levantar su mirada dirigiéndola hacia mí.

    — ¿Y qué siente cuando toca su clítoris? —Le dije mirándola con atención.

    Desde mi posición noté que se acomodaba en su silla, casi enseguida cruzó su pierna derecha sobre su izquierda. Suspiró profundamente e hizo un ademán como si el ambiente estuviera muy caliente.

    —Si no lo recuerda podría tocárselo en este momento, no se niegue ese placer debido a mi presencia, además sería más objetiva, y por lo tanto más fidedigna.

    No me dijo nada solo se quedó mirándome fijamente mientras su respiración se aceleraba en algo. De repente sus manos bajaron hacia su entrepierna. No podía ver qué sucedía allá abajo porque el escritorio me impedía la visión pero, escuché el sonido de un cierre abrirse. Unos segundos después su brazo derecho se movía repetitiva y rítmicamente. Poco a poco la velocidad con que movía su brazo se iba incrementado, y leves sonidos, gemidos apenas perceptibles, empezaron a salir de sus labios.

    — Señorita. — Dijo alguien a mis espaldas. Ninguno de los dos le hicimos caso. — ¡Señorita! —Dijo esta vez con más fuerza.

    —Tú no te detengas, ¿entendiste?, no te detengas, sigue haciéndolo. Ahora vuelvo. —Le dije mientras me levantaba, giraba y raudamente me encaminaba hacia el lugar de donde surgía la voz.

    Ni siquiera me había dado cuenta que la había tuteando. Una de las personas que se encontraba en la biblioteca con libro en mano me esperaba en la barra de madera.

    —La señora está ocupada, en este momento, ¿qué desea? —Le dije con apremio.

    —Entregar el libro. —Me dijo sin preámbulos, el muchacho.

    —O.K. —Le dije, y tomé el libro de sus manos, pero el tipo se me quedó mirando, entonces recordé que seguramente esperaba que le devolviera el documento que generalmente se deja como prenda por el libro.

    Pensé en volver donde estaba Gloria, y preguntarle donde los guardaba, giré y la vi, seguía sentada en el escritorio. No alcanzaba a ver los detalles de su rostro que debía estar visiblemente excitado, pero, estaba seguro que seguía friccionando su sensible, encantador y eréctil botoncito.

    —Me parece que coloca los carnés en esa mesa que está allá. —Me dijo el muchacho señalando un lugar a mi derecha.

    En una pequeña mesa, justo junto a una estantería de libros se hallaba una especie de casilleros. Me lancé hacia allá con la celeridad de la luz, o eso me imaginé. Rápidamente revisé las pequeñas casillas, tomé las ocho cédulas y carnés que había y fui donde estaba el muchacho esperándome.

    — ¿Este es suyo? —Le pregunté. El tipo lo miró y asintió.

    —Gracias. —Me dijo y se fue hacia la salida.

    Me encontraba ansioso por volver donde estaba Gloria. Pero antes tenía algo que hacer. Miré a la otra persona que estaba sentada. La reconocí en uno de los documentos. Levanté la tabla y luego abrí la pequeña puerta y me dirigí hacia donde estaba aquella mujer con anteojos.

    —Disculpe señora, —la mujer levantó su mirada hacia mí, — vamos a tener que cerrar la biblioteca por órdenes de la administración. —Le dije enseguida.

    —Pero, estoy usando el libro, lo necesito de urgencia. —Me dijo contrariada.

    —Le diré lo que haremos. Usted me deja su documento, se lleva su libro a casa y mañana viene a dejarlo. ¿Le parece bien?

    —Pues, sí, está bien.

    —Genial, ahora por favor, — le dije mostrándole la salida.

    La mujer metió el libro en su bolsa y se dirigió a la puerta mientras yo la seguía de cerca.

    —Gracias, —me dijo, mientras cruzaba el dintel—, yo mañana le traigo el libro.

    Solo le sonreí, e inmediatamente cerré la puerta, coloqué una aldaba manual y furibundamente me dirigí hacia donde estaba Gloria.

    Capítulo 5.

    En cinco o seis segundos estaba nuevamente frente al escritorio. Gloria me miraba de manera ansiosa con su boca acezando lascivamente; su brazo no dejaba de moverse armónicamente, sabía muy bien lo que hacían sus dedos aunque no los tuviese a mi vista.

    Sin pensarlo dos veces tomé con mis manos de los filos del escritorio y con fuerza los halé hacia mí retrocediendo al mismo tiempo como un metro; luego, furibundamente lo empujé hacia mi derecha.

    Ahí estaba, la hermosa hembra con su piernas tan abiertas como sus adheridos jeans se los permitían. Sus dedos se perdían debajo de unas bragas de color negro que apenas se podían ver entre los pliegues del cierre del pantalón: Incómoda y todo, Gloria no cesaba de friccionar de manera vehemente su clítoris. Instintivamente me acerqué y mientras lo hacía me saqué la camiseta, dejando mi torso desnudo. Noté entonces que su mirada se dirigía hacia mis pectorales, y luego hacia mi entrepierna, el relieve de mi verga debajo de mis pantalones era imposible de ocultar. Levantó su mirada dirigiéndola a mi rostro, estaba cargada de deseo, de lujuria, mientras sus labios entreabiertos jadeaban levemente.

    No lo pensé dos veces, y me acerqué a treinta centímetros de donde se encontraba sentada, me aflojé la correa, retiré el botón de mi pantalón, y lentamente bajé el cierre ante la mirada ansiosa de Gloria. Mi pene apareció cobijado por mis interiores azules. De un solo empujón, bajé mis interiores y pantalón dejando a mi verga finalmente libre. Gloria se quedó boquiabierta mirándola, pero no cesó de masturbarse. Lentamente me fui acercándome hasta que mi pene quedó justo frente a su boca, en toda su extensión.

    La mujer madura miró el rosado glande que tenía frente a sí, levantó su mirada y se topó con mi rostro que la miraba con deseo. Volvió a mirar mi verga, y entonces, la tomó con su mano izquierda, y la acercó a su nariz, la olfateó varias veces alternando sus fosas nasales, y luego la arrimó hasta sus labios e inmediatamente empezó a besarla y a lamerla cariñosamente.

    No bien ella tomó con su mano mi verga, empecé a disfrutar de las suaves caricias que recibía de sus labios y lengua. Me fue imposible no emitir un leve gemido de placer. Era la primera vez que una mujer me iba a practicar una felación. De repente sentí que su boca empezaba a mamarme la verga. Mis gemidos se hicieron más notorios. Sentí que mi glande era literalmente masajeado por sus labios y lengua, mientras chocaba alternativa y suavemente contra su paladar y el interior de sus mejillas, aunque en ocasiones el miembro entraba cuan largo y ancho era hasta el comienzo de su mismísima garganta.

    Evidentemente Gloria sabía lo que hacía, de manera que me dejé conducir por la maestra, limitándome únicamente a tomarla del cabello y a acompañarla con mi pelvis en el armónico movimiento de su cuello y espalda. No recuerdo cuando tiempo estuvo chupando mi verga, quizá diez, veinte o treinta minutos, no lo sé, me sentía abstraído del mundo simplemente disfrutando del placer que me brindaba esa boca sensual. De vez en cuando Gloria levantaba su mirada, sin dejar de mamar para mirar mi rostro dominado por la lujuria. De repente, sentí un momento intenso de excitación en todo mi cuerpo, mis gemidos se transformaron en fuertes exclamaciones de placer y eyaculé vehemente en el interior de la boca de Gloria. Solo entonces, mis caderas empujaron con fuerza, mientras mis manos sujetaban enérgicamente su cabeza. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete emisiones intensas de semen se regaron en la boca de la hembra madura; sin que una sola gota se le escapara por sus radiantes y excitados labios.

    Mientras la hermosa hembra degustaba y tragaba mi semen, levantó su mirada una vez más hacia mí; su rostro lujurioso y descarado me excitaron tremendamente haciendo que mi verga intentará eyacular nuevo semen sin éxito, pues me lo había chupado todo, por varios segundos se mantuvo mirando mi éxtasis carnal y luego, volvió a dirigir su vista a mi verga, concentrándose en la felación, solo que esta vez se limitó a besar y lamer mi excitado y lustroso glande, en tanto su mano derecha continuaba frotando su entrepierna voluptuosamente.

    Capítulo 6. (Próximamente)