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  • No lo pienses demasiado (Parte 2)

    No lo pienses demasiado (Parte 2)

    A la mañana siguiente tenía una resaca terrible, mi cabeza era un lío tremendo, había una mezcla de culpabilidad, alegría, confusión… de todo un poco. A mi no me gustaban las mujeres o eso pensaba yo y las dos estábamos casadas, qué estábamos haciendo? El alcohol se nos había ido un poco de las manos, no podía mirar a mi marido sin sentirme fatal, pero cuando me paraba a pensar y recordaba el momento del baño mi cuerpo quería más.

    Qué coño se supone que tengo que hacer ahora?!? Después de un par de días sin hacer caso de los mensajes de Carla y de pensar todo con calma volví a hablar con ella.

    Irene: Buenas guapa, perdón por no contestar a los mensajes, estos días he estado un poco liada. Cómo estás?- Sonaba a excusa mala y no sabía por dónde iba a salir.

    Carla: Hombre por fin te dignas a contestar… Yo bien y tú? Obviamente estaba molesta conmigo.

    Irene: De verdad que lo siento, he estado unos días un poco confusa y quería aclarar mis ideas bien antes de nada (mentira no tenía nada claro).

    Carla: Bueno tranquila, te entiendo, puede que se nos fuera un poco de las manos, pero tranquila que no volverá a pasar. Somos amigas no? Podemos hacer como que no ha pasado y seguir como estábamos?

    Mierda… pensé.

    Irene: Lo pasé genial la otra noche y tienes razón somos amigas.

    Estuvimos un rato hablando de los planes que teníamos para el verano, hasta que me recordó algo que había olvidado.

    Carla: Por cierto! Recuerdas que me prometiste algo la otra noche?

    Irene: Pues…ahora que lo dices… no, no me acuerdo jajaja no me mates.

    Carla: Jajaja parece que tienes memoria selectiva y te acuerdas de lo que quieres… me prometiste que estudiarías un año más conmigo, bueno conmigo con Laura y con Juan.

    Irene: Vale! Ya recuerdo! Sí cumpliré mi palabra, no te creas que te vas a librar de mi tan fácilmente jajaja.

    No me acordaba para nada de eso pero me alegré mucho de que me lo recordara, eso significaba que íbamos a coincidir un año más en clase, ya que no vivíamos cerca y tendríamos una excusa para seguir viéndonos.

    Pasó el verano, y yo estaba deseando que empezara el curso para volver a ver a Carla, aunque habíamos estado en contacto todo el tiempo por el móvil, no nos habíamos visto desde la noche la cena.

    Llegó el día de la reunión de principio de curso y antes de la reunión quedamos para desayunar. Esta vez fue Carla la que llegó tarde.

    Juan: Hombre Carlita, te has dormido o qué? Jajaja Uy! pero si todavía llevas las sábanas marcadas en la cara!!

    Carla: Mira quién habla de llegar tarde! Y no llevo las sábanas marcadas pavo, hace ya mucho que me levanté.

    Juan: Va Carlita no te piques que sabes que es broma, dame dos besos anda, qué tal el verano?

    Carla: No sé yo si te los mereces… Jajaja. -Se acercó y le dio dos besos a él y al resto de la mesa.

    Laura: Hola guapa! Cómo se nota que has chupado playa este verano, menudo morenito llevas.

    Carla: Sí! Me he dedicado a hacer la croqueta en la playa. Jajaja

    Irene: Hola petarda ya pensaba que te habías rajado y nos ibas a dejar a Laura y a mi solas con Juan.

    Carla: Cómo voy a dejar yo a mi chica!! Si yo no te llevo por el buen camino a ver quién lo hace.- Se rio y me sacó la lengua a lo que yo le respondí con cara de burla.

    Juan: Tranquilas chicas que hay Juanito para todas!!

    Desayunamos, nos pusimos al día después del verano y nos fuimos tranquilamente a la reunión. Este año la cosa cambiaba, íbamos a tener clases de asistencia obligatoria, lo que para mí aunque me suponía un jaleo para cuadrar los horarios me venía muy bien para ver a Carla más a menudo.

    Laura: Jo qué coñazo voy a tener que verle la cara a Juan todas las semanas…

    Juan: Ehh!! Qué pasa Laura?! Pero si te encanta verme y lo sabes, no te hagas la dura.- le dijo mientras le daba golpecitos con el codo y le movía las cejas.

    Laura: Señor!! Qué castigo!! Qué he hecho yo para merecer esto!! -ambos empezaron a reírse y Juan le pasó el brazo por encima del hombro a Laura.

    Irene: A mi me parece bien, ya veremos cómo me arreglo para venir, pero pinta bien el año.

    Carla: Bueno ya veremos qué tal el año… -dijo mirando al suelo y con cara algo sería.

    Juan: Di que sí Irene! Carla de verdad hija que aguafiestas eres.- y le dio un pequeño empujoncito.

    Ese día nos despedimos y quedamos en vernos en 2 semanas cuando empezaran las clases. Me extrañó mucho la reacción de Carla pues pensaba que se alegraría de vernos más a menudo, aunque más me extrañó su forma de despedirse, se limitó a decirnos adiós sin los dos besos a los que estábamos acostumbrados. Por la noche decidí escribirle para ver si le pasaba algo.

    Irene: Hola guapa, estás bien? Esta mañana te pusiste muy seria después de la reunión y me faltaron dos besos de despedida…

    Carla: No pasa nada, es sólo que no pensaba que tendría que ir tanto a clase, además no sabía que siempre me tenía que despedir de ti con dos besos.

    Si ya estaba extrañada con su reacción de la tarde, esto ya me dejaba fría.

    Irene: No no quería decir eso, simplemente me pareció rara tu despedida y pensaba que te pasaba algo.

    Carla: No te preocupes, por cierto te recuerdo que entre tú y yo no hay nada, lo de aquella noche fue sólo un encuentro y nada más.

    Irene: Perfecto Carla, que descanses.

    Estaba claro que Carla estaba molesta por algo o molesta conmigo, y al mismo tiempo yo estaba dolida y enfadada con ella y conmigo también. Las dos hablamos en su momento y acordamos que no pasaría nada más, pero eso no quería decir que no pudiéramos seguir como siempre.

  • Nuestra amiga argentina va a un telo con una chica

    Nuestra amiga argentina va a un telo con una chica

    Hace unos días fui al cumpleaños de una compañera de la facultad, no éramos muchas chicas, la mayoría compañeras de la facultad y algunas amigas de ella, la verdad es que fue bastante embolante, pero trate de pasarlo bien con un par de compañeras mías y una amiga de ella, llamémosla Vale que la conocí ahí y pegamos buena onda.

    Vale es más chica que yo, tiene 20 años, cara de nena, por lo que aparenta menos, bajita, cuerpito formado, nada del otro mundo y lindas piernas, las vi de entrada porque estaba con una súper mini.

    La cosa es que, de acuerdo a lo que decía mi compañera (la que cumplía años) Vale, estaba media en pedo, porque hablaba mucho, había tomado bastante y se reía de todo.

    Cuando llega el momento de irnos, como yo había ido con mi auto, llevo a un par de compañeras y le digo a Vale de llevarla, porque me había dicho que vivía cerca de mi casa.

    La cosa es que dejo a mis compañeras, y Vale (que estaba medio en pedo) empieza hablar temas medio calientes, empezó preguntándome si estaba de novia, después a qué edad fue mi primera vez (me dio vergüenza decirle que fue a los 18) ella me dijo que cuando lo hizo por primera vez era mucho más chica, hasta que la pendeja de una me dice algo así “si te cuento que un par de veces me acosté con alguna amiga mía, a vos eso te molesta”, me quede helada, ¡que pendeja más puta!, le digo que no, que está bien y me pregunta “¿vos estuviste alguna vez con una mujer?” y como a mí me enseñaron que no hay que mentir le dije “si” en realidad se lo dije sin pensar, o mejor dicho pensándolo muy bien.

    Pare un semáforo, nos miramos, y sin decirnos nada, nos fuimos acercando, muy de a poco, hasta que se juntaron nuestras lenguas en un suave pero excitante beso, que siguió en un beso más fuerte y otro más fuerte, siento bocinas de atrás (que mal) arranco y paro a media cuadra, nos seguimos besando y no falto mucho para que sintiera la mano de ella sobre mi pierna como avanzaba hasta mi conchita y yo hice lo mismo, y cuando se la toco la noto ¡re mojada!

    Nos miramos, y le parto la boca de nuevo, ella se deja, le meto la lengua y la mano bien en su conchita, me mira y me dice “¿cómo seguimos?” no sé, le digo, ¡a mi casa no podemos ir!, ella me dice “a la mía tampoco, ¿y si vamos a un telo?” no sabía que hacer nunca había ido al telo con una amiga, pero la calentura era suprema.

    Le digo que si, y nos vamos, porque estábamos cerca que sé que tiene cocheras privadas, al que está por Juan B. Justo y Córdoba, nos cagamos de risa con el pibe que nos atendió, obvio para el éramos dos lesbianitas.

    Entramos en la habitación y sacamos la perra bien de adentro, enseguida ya estábamos desnudas. Vale es chiquita pero con un lindo cuerpito, me la quería comer a besos, nos tiramos en la cama, ella iba muy rápido, le digo que no, despacio, siénteme, déjame que te sienta, nos quedamos un rato acariciándonos, dándonos besitos y calentándonos de esa manera.

    Ella empieza a bajar, a besarme la pancita, llega a mi conchita, me la muerde, me la empieza a besar, yo estaba ya muy caliente, me mete los dedos y acabo por primera vez, me voy con ella, nos damos vuelta hacemos un 69 poniéndonos los dedos y chupándonos como desesperadas, nos cogimos con la lengua, hasta que acabamos las dos, seguimos frotándonos nuestras conchitas como locas, la cara de goce y de puta que tenía esa pendejita me ponía re loca, obviamente acabamos de nuevo.

    Le propongo ir a la ducha, nos enjabonamos juntitas, yo me agacho y se la empiezo a chupar, ella levanta una pierna y la apoya no sé dónde, pero me regalo esa conchita para mí, que se la empecé a chupar, mientras yo me masturbaba, y tuvimos el mejor orgasmo de toda la noche.

    Termino el turno, la deje en su casa, nos despedimos con un beso, y ni siquiera nos pasamos números de teléfono, son esas cosas que a veces es mejor quedarse con la fantasía de saber cómo sería una segunda vez.

  • Mis experiencias con el sexo manual (handjob)

    Mis experiencias con el sexo manual (handjob)

    Como ya he contado en alguna oportunidad lo que más he hecho con hombres es sexo oral, pero también hubo varios a los que se los hice con la mano…

    La primera vez que tuve una experiencia de este tipo ocurrió después de ya haber practicado el oral a mi primer novio y también después de haber perdido mi virginidad (aunque él no lo sabía)

    El chico en cuestión Alberto era amigo mío por aquel entonces…

    Un día de la nada me manosea las tetas y me dice que me quiere coger (Nota: en argentina tener sexo, en España sería follar, joder etc.)

    -salí pajero – le dije yo pensando que era una joda y sorprendida

    – no hago eso – respondió él

    -qué cosa? – pregunte

    -pajearme, nunca lo hice… cuando estoy mucho sin coger me pongo un poco loco y me empiezan a doler los huevos de tanta leche

    -me vas a querer hacer creer que no te pajeas y peor que nunca lo hiciste, no seas estúpido ni hipócrita – le dije yo entre incrédula y enojada

    Como ya han leído (y si no se enteran ahora) el masturbarme es algo que hago seguido y que disfruto y conozco muy pocos o ninguno que no lo hayan hecho al menos en alguna ocasión, aun las chicas lo hacen (aunque rara vez lo admitan) y para los chicos es bastante normal que lo hagan por lo que supuse que era simplemente que no quería admitirlo.

    -es verdad, si sé que es difícil de creer pero nunca lo hice, debute sexualmente temprano y pocas veces me ha pasado de estar mucho tiempo sin tener sexo – contesto él

    Difícil de creer como era su afirmación, parecía ser sincero

    -y alguna vez te pajearon? – pregunte yo

    -no… sexo normal o con la boca un par de veces – respondió

    Él llevaba un pantalón algo ajustado y obviamente estaba excitado dado que se podía notar que la tenía dura y parecía tener un buen tamaño y forma

    -hasta ahí llego… si querés – le digo

    -a hacértelo con la mano – aclaro, dado que él parecía no saber bien de que estaba hablando…

    Él sonríe, y eso es todo lo que yo necesitaba… le desprendo el pantalón y se lo bajo, luego también bajo su slip y le agarro el pene y empiezo con el vaivén tratando de recorrer toda su extensión… ya estaba duro así que al poco tiempo ya empieza a convulsionarse, listo para estallar en cualquier momento, él parece intentar aguantarse pero aunque bajé un poco el ritmo ya estaba demasiado excitado y no tarda en largar grandes chorros de leche con gran fuerza (se ve que era verdad que se estaba aguantando).

    Cuando estaba largando las ultimas gotas de semen, me agacho para lamerlo y probarlo, él me toma por la cabeza con algo de fuerza, intentando que se la chupe pero no lo hago, llego a probar un poco y fue de los que peor gusto a tenido… le dije que eso quizás más adelante si me daban ganas pero que ahora no.

    Estuvimos un tiempo como amigos con beneficios en el que yo cada tanto lo pajeaba pero nunca pasó a más y se ve que después consiguió otra chica para hacer cosas más fuertes porque dejó de llamarme.

    Otra experiencia ocurrió con uno de mis novios, nos estábamos besando y toqueteando mutuamente.

    La cosa se estaba poniendo mas caliente de lo que yo deseaba así que le digo que ya basta.

    El afloja un poco con el manoseo, aunque sigue besándome. Seguimos así por un tiempo, luego él lleva mi mano a su pene…

    -mirá como me tenés- dice él

    Se puede sentir fácilmente que estaba totalmente duro, su pantalón estaba desprendido y yo lo tocaba a través de su slip, sin soltar mi mano que estaba sobre su pene con la otra me acaricia la vagina a través de mi bombacha.

    -vos también querés, vamos a hacerlo- dice él

    Yo también estaba muy excitada y mojada y eso podía notarse aun con la bombacha puesta, yo sabía que si él continuaba tocándome no me iba a poder seguir resistiendo por mucho tiempo pero aún no deseaba dar ese paso a pesar de la calentura que tenía.

    Entonces le digo que si quería lo iba a seguir tocando para que pudiera acabar pero el ya no podía tocarme mas, el accede y yo le bajo los pantalones y su slip dejando ahora su pene totalmente al descubierto, además le digo que una vez que acabara iba a probar su leche y que si me gustaba otro día se la iba a chupar… empiezo a tocarlo y al poco tiempo acaba y tal como había dicho luego lamo un poco el resto de semen para probarlo

    Luego en otra ocasión con el mismo chico pasa algo similar pero esta vez lo dejo seguir tocándome mientras lo masturbo, su pene esta duro y a punto de reventar, yo me encuentro mojada y con la bombacha totalmente húmeda de mis jugos, él la corre a un costado y comienza a penetrarme con sus dedos, yo acelero el movimiento y el finalmente acaba mientras mete sus dedos bien adentro mío y hace que yo también tenga un orgasmo…

    En la tercera oportunidad yo no creía ser capaz de resistirme a sus manoseos, así que esta vez se la chupo tragándome su leche, esa fue la última vez que hice algo sexual con este chico.

    Tiempo después vuelvo a tener un amigo con derecho a roce con el cual solo nos manoseábamos de tanto en tanto, tenía una pija de un gran tamaño sobre todo cuando se le ponía dura y era lindo verla ponerse dura y largar semen en cantidad, aun cuando se lo hacía seguido él siempre largaba grandes cantidades de leche, desafortunadamente la vez que se la probé no me gustó.

    Él Cuando me tocaba, lograba en mi justo el nivel de excitación que a mi me gustaba, la suficiente como para gustarme pero no tanta como para que me hiciera desear ir mas allá, la vez que lo intentó fue la última que le permití manosearme dado que ya no podía confiar en él.

    Otra experiencia ocurrió con un chico con el que había empezado a salir, no sé si se podía decir que éramos novios dado que solo lo había besado un par de veces y nada mas y no lo conocía demasiado.

    Esta era la tercera vez que nos veíamos y luego de un rato besándonos el empieza por primera vez a manosearme las tetas, cosa que yo le permito, de repente corta y se baja el pantalón mostrándome su pene.

    -te gusta – me pregunta él

    -si- le contesto

    Su pene en realidad no era nada en especial, tamaño intermedio tirando mas a chico que a grande una forma normal y no se encontraba aún duro del todo.

    -tocá- me dice él

    Yo le hago caso y lo toco aunque sin muchas ganas, no tarda en terminar de ponerse duro y mientras tanto vuelve a tocarme las tetas esta vez ya en forma directa y no a través de la ropa…

    Su forma de tocarme no me resulta ni agradable ni excitante, de repente me sorprendo de ver que estaba acabando a pesar de que yo no había hecho un gran esfuerzo, como no fue interesante ni divertido para mi esa fue la última vez que nos vimos.

  • Visitas a mi vecino (El tío Lucas)

    Visitas a mi vecino (El tío Lucas)

    Ni que decir, que Quique lo pasó genial. Ese chico es insaciable. Lucas, se retiró a las 03:00, porque quería estar en el hospital antes de las 09:00; y necesitaba descansar un rato. Y yo tenía que estar en el almacén a las 08:00, como todos los días. Así que, a las 03:30, él y Vicente, decidieron continuar con la jodienda en la portería.

    Apenas, si pude dormir; pensando en él. Me gusta mucho… ¡y lo tengo tan cerca!

    Al día siguiente, mientras colocábamos el género en los estantes, le dije a Félix que había quedado en ir a casa de mi hermana, a comer. Pero, que seguramente, le llamaría para quedar por la tarde. Y, después de comer con mi hermana, a las 16:47, entraba en mi portal y me encontraba con Vicente, que me puso al corriente del trajín que había tenido toda la mañana.

    – ¡Coño!, que poco han tardado esta vez, le dije; viendo que el ascensor ya funcionaba

    – ¡Si! Además, esta empresa trabaja mucho mejor, ¿no crees? Dijo, señalando la nueva botonadura.

    – ¡Ya lo creo! Muchísimo mejor…

    Me acerqué a su oído, y bajando la voz

    – ¿Ha llegado Lucas?

    – ¡Si! Hace ya rato. Seguro que esta a punto de echarse un ratito. ¿Vas a ir a verle?

    – ¿Tu crees?

    – ¡Claro!, seguro que le encanta tu visita.

    Y me miró como si fuera una golosina.

    Sonreí, mirándole fijamente, y entré en el ascensor.

    . ¡Ciao, Vicen!…

    – ¡Nos vemos, Pepe!

    Subí al tercero. Y sin pensarlo demasiado; en lugar de entrar en mi casa, llamé a la puerta de al lado.

    – ¿Eres tú, Vicen?…

    – ¡No! Soy Pepe, tu vecino. ¿Te pillo bien?

    Lucas abrió la puerta en calzoncillos

    – ¡Pasa!, Pepe. Estaba a punto de echarme la siesta, pero acabo de hacer café, ¿quieres uno?…

    Le miré de arriba abajo sin ningún disimulo; y me relamí, mirándole con descaro

    – ¡Que rico estás!, cabrón. ¡Como me gustas!

    Y le eché mano al culo.

    – ¡Ay!, que rico…

    … ¡me vendría bien uno!, si…

    Y se me echó encima, para besarme…

    – ¡Mmmmm!, ¡como me gustas, cabronazo!

    Pero, mi movil empezó a sonar.

    Era Félix.

    Lucas, también tuvo que salir a abrir; alguien llamaba con insistencia.

    ¡Que andares!, ¡coño!… ¡como me pone!

    – ¡Hombre, Diego!, ¡ya era hora! ¡Benditos los ojos!

    – ¡Hola!, tío…

    Félix me dijo, que iba a cercarse, un ratito; pero, le dije que en ese momento no podía hablar.

    Y Dieguito entró, un pelín cabizbajo

    ¿Que tal lo llevas?…

    – ¡Vaya!…

    – He visto a la tía Sara…

    … he estado un ratito con ella. Después de comer, la tía Lola me ha puesto al corriente. Me ha dicho que la operan en dos días.

    – ¡Si!, eso me han dicho, esta mañana…

    … y ¿cuando has visto tú, a la tía Lola?

    – ¡Hace un rato!. En la cafetería del hospital.

    – Y, ¿que hacías tú, en el hospital?

    – El “abu”. Que últimamente estaba meando sangre, y anoche tuve que llevarlo a urgencias. Le han tenido que operar esta mañana, a las 9:00.

    – Y ¿eso?

    – Porque, según el médico, aunque no es nada bueno, se puede ir operando cuando le haga falta.

    – Y ¿que tal? ¡No sabíamos nada!

    – ¡De momento!, de esta operación, ha salido bien. Y creo que en un par de días, le darán el alta.

    – ¿Y por qué no nos has avisado?

    – Cosas del abuelo, ¡ya sabes! No quiere molestar a nadie. Pero, ¡no te preocupes, tío! Me han dicho que a su edad, eso tarda en reproducirse.

    Lucas le cogió de los hombros, y entraron en el salón.

    – Íbamos a tomar café. ¿Quieres uno?

    – ¡No suelo! Pero, hoy va a ser que si.

    – ¡Este es, Pepe!, mi vecino.

    – ¡Encantado!

    – ¡Hola!

    Entró en la cocina, y yo me he quedé sentado en el sofá mirando al chico, embobado.

    No sé porqué, pero me gusta mucho.

    Y cuando Lucas apareció con los cafés, ¡todavía!, seguía en calzoncillos. Pero, claro, a mi eso no me molestaba, en absoluto; mas bien, todo lo contrario.

    También, observé, que su sobrino le miraba el culo, con mucho interés; mientras, los dejaba sobre la mesita. Por lo visto, al chico tampoco se le escapa lo rico que está su tío.

    – ¿Os apetece un chupito de licor de manzana?

    – ¡Por mi! si… dije yo.

    – ¡Vale!, tío. Otro para mi…

    Y mientras nos servía los chupitos, empezó a hablar de lo que quería a su mujer. Por lo visto, se sentía un poco desconcertado, desde que la ingresaron.

    – ¡Espero, que pronto esté en casa!…

    Realmente, parecía muy enamorado de ella.

    Y Diego le escuchaba, atentamente…

    … aunque, no tardó mucho en quedarse dormido.

    – Le he puesto una cosita en el café…

    Dijo Lucas, mirándome con media sonrisa

    – Así, no nos chafa la siesta… ¿no te parece?

    Luego, se levantó del sillón y me dio la mano para ayudarme a levantarme del sofá.

    – ¡Vamos a mi habitación!…

    … en cuanto te he visto, me he puesto cachondo…

    … ¡como me gustas!, condenáo

    Se dejó caer en la cama, sin soltarme de la mano; y ¡claro!, me caí encima de él.

    – Que rico estás, ¡cabrón!…

    Y empecé a morderle en las tetillas…

    … mientras, sentía sus manos, dentro de mis pantalones, agarrándome las nalgas.

    – ¡Eres precioso!, me decía. ¡Me tienes loco!

    Me cogió de la cara y empezó a mordisquearme los labios…

    … el olor a café, que todavía tenía su aliento, y esa ternura con la que me mordía, me estaba poniendo a tono. Así que, le entregué mi lengua para que la disfrutara, mientras le echaba mano al zupo.

    ¡Que buen zupo tiene!, el cabrón.

    Se la cogí un ratito para sentir su volumen. Y después, estuve meneándosela.

    Pero, terminé metiéndole una mano entre las piernas e introduciéndole un par de dedos en el ojete; hasta el fondo…

    – ¡Ay!, cabrón…

    Y se abrazó a mi con fuerza… o, mejor dicho, se enganchó a mi fuertemente, mientras le daba un masaje en la próstata.

    – ¡Ay!, cabrón… ¿que me haces?… ¡me estás matando, de gusto!…

    Me revolví; y le forcé a colocarse boca abajo, le quité los calzoncillos y empecé a darle mordisquitos en las nalgas mientras jugaba a meterle los dedos por el culo.

    Y lleno de excitación, empezó a moverlo; elevándolo…

    … para facilitarme la visión de su agujerito.

    Entonces, le separé las piernas y me lancé, en picado, a comérselo…

    – ¡Que rico!… ¡mmmm!, ¡que rico!…

    Y cuando me harté de saborear esa golosina, volví a meterle los dedos cargados de saliva y a darle mas lengua…

    … hasta tenerlo chorreando. Y entonces, se la endiñé con fuerza, y sin ningún miramiento.

    – ¡Aghhh!, que rico… si, asiii… ¡más fuerte!, ¡más fuerte!…

    ¡Menudo culazo! ¡No veas, como pone!, este cabrón…

    – ¡Te voy a follar, a saco!, Lucas… ¡te la voy a meter hasta que te salga por la boca!, cabronazo…

    Ese culo, me sacaba de mis casillas. Me ponía fuera de control.

    Pero, volvió a sonar el móvil…

    – ¡Joder!, ¡cago en lá!…

    Aflojé las embestidas, para poder sacármelo del bolsillo, y me despegué de Lucas, de muy mala gana.

    Me bajé de la cama…

    – ¡Dime!, Felix…

    – ¡Joder!, que llevamos ya un buen rato llamando a la puerta. ¿Donde coño estás?

    – ¡Perdona! Estoy en casa de mi vecino…

    … ¡ya voy!

    Miré a Lucas, que me miraba, esperándome para seguir con la jodienda. Y con cara de -¡joder que putada! -dije…

    – ¡Lo siento!, Lucas. Ya sé que es una putada, pero tengo que irme. ¡Lo siento!, ¡de verdad!

    Y sentí que acababa de cagarla con Lucas.

    – ¿Me dejas, ahora?…

    … ¿así?

    – No tengo mas remedio, Lucas. ¡Lo siento!… ¡de verdad!. Y salí de la habitación…

    Vi que Diego había subido una de las piernas sobre el brazo del sillón en el que estaba; y me pareció la criatura mas linda de este mundo.

    Con esa postura se le veía super sexy.

    ¡Que lindo es! pensé…

    Y no pude evitar, acercarme a él para darle un besito en la boca; aprovechando que estaba dormido.

    – ¡Mmmm! ¡que labios mas dulces!…

    – Te gusta, ¡eh!… le oí que decir Lucas, desde el quicio de la puerta.

    – ¡Ciao, Lucas! ¡Ya nos vemos! Y salí de la casa.

    Estaban esperándome en el descansillo.

    – ¡Lo siento! chicos. Es que he entrado a preguntarle a mi vecino por su mujer y se me ha ido la olla.

    – ¡Ya!, dijo Quique…

    Y se metió el dedo en la boca.

    – Espero no ser inoportuno, Pepe. Pero, es que mi mujer, está de limpieza general; y tiene la casa un pelín… ¡ya sabes!

    Quique se reía, por lo bajini; y nos miraba muy divertido.

    – ¡Bueno! ¿que? Entramos, o sacamos unas sillas, al descansillo…

    – ¿Has visto que descaro?, Pepe… ¡vaya una juventud! ¡Cuanta prisa, pa tó!, ¡coño!…

    Y me miró con cara de cachondeo.

    Por fin abrí la puerta; y le dió un azote en el culo a su hijo…

    – ¡Venga!, ¡pasa, ya!… o, es que ya se te han acabáo las prisas.

    Sin embargo, en casa de Lucas, Dieguito estaba empezando a despertarse. Pero, le pesaban demasiado los párpados; y Lucas, que estaba mirándole como hipnotizado, se dio cuenta y se acercó a él. Le dio con la palma de la mano dos, o tres veces, en la cara…

    – ¡Despierta!, Diego… ¡despierta!, hijo…

    – ¡Eh!… ¿que?…

    – Parece, que estás muy cansado ¿no? Ya llevas casi dos horas durmiendo. Y con esa postura, puedes hacerte daño, ¿no crees?

    – Lo siento, tío. Pero, no me he dado ni cuenta. ¿Que hora es?

    – Las 19:30.

    – Diego, se dio cuenta, de que su tío le había metido la mano por la pernera del pantalón corto que llevaba y, prácticamente, le estaba tocando los huevos.

    Eso le excitó muchísimo.

    Su tío, todavía, continuaba en calzoncillos; y no dejaba de mirarle a los ojos, mientras le acariciaba la pierna, desde la rodilla hasta la ingle; y como se sentía muy pesado, le dejó hacer.

    Era la primera vez que Lucas se fijaba en Dieguito; pero, claro, es que el chico había crecido…

    … y se había puesto ¡tremendo!

    Y como vio, que no se quejaba, ni daba muestras de estar molesto con sus caricias, decidió ser un poco más explícito.

    – ¡Vamos, Diego!, ven conmigo…

    … ¡anda!, échate un poco en la cama y descansa…

    … ¿a que hora tienes que estar en casa?

    – ¡Pues!… había pensado ir a pasar la noche con al abuelo…

    … D. Tomás me dijo que se quedarían hasta después de la cena.

    – ¿Quiénes?

    – El y D. Carlos, el vecino de abajo…

    … el “abu”, prefiere que me quede en casa estudiando. Según él, no es necesario que le acompañe por las noches; porque, las enfermeras estan muy pendientes de él y son muy simpáticas. Y, claro, como me han quedado dos asignaturas. Prefiere que me quede en casa, para aprovechar el tiempo…

    … así que, seguramente vaya a verle mañana, por la mañana. No quiero que me ponga mala cara.

    Ya en la habitación.

    – Espera que cambie las sábanas, que cuando se fue Pepillo tuve que echarme la siesta, lo necesitaba; y como te vi durmiendo tan plácidamente, no me atreví a despertarte. Imaginé que estarías muy cansado.

    – ¡Pues no lo estaba!…

    …pero, ha debido ser, que como he estado toda la noche pendiente del abuelo, he acumulado el cansancio; aunque no lo sintiera.

    – ¡Anda!, desnúdate y métete en la cama, que aunque sea un par de horas. Te vendrá bien. Luego, ya haces lo que quieras…

    Diego, se quitó la camiseta y los pantalones; y los dejó encima de la única silla que había en la habitación, mientras Lucas le miraba, fijamente, disfrutando del espectáculo.

    Pero, el móvil de Diego empezó a vibrar, dentro de uno de los bolsillos laterales del pantalón…

    – ¡Joder!, tío. ¡Ya está bien! ¿Donde te metes?, ¡Coño!…

    … ¡he estado preocupadísimo toda la semana, tío!

    – ¡Bueno!, joder. No exageres. ¡Lo siento!…

    … debí haberte llamado, ¡si! Pero, es que no te puedes imaginar, tío…

    … ¡que semana, mas alucinante, tío!… lo he pasado de puta medre. De vicio total, ¡joder!…

    … he conocido a unos tíos que te van a dejar flipaó, cuando los conozcas. ¡De verdad!

    – ¡Vale!, ¡vale!…

    … que te lo has pasáo de puta madre ¡vale! Pero, yo ahora estoy muy cansado, Chencho. ¡Mañana, hablamos!, ¿vale?

    – ¡Vale!, Diegui. ¡Como quieras! Pero, no te enfades conmigo, tronco ¿va?

    – ¡Va!

    – ¡Caio!

    – ¡Ciao!

    Diego respiró profundamente, mientras Lucas se preguntaba que había sido eso. Pero, se dio la vuelta; y dejó a la vista de Lucas, ese soberbio culo, tan solo cubierto con unos calzoncillos blancos, super clásicos y semitransparentes.

    – ¡Guauuuu!, dijo Lucas, mentalmente.

  • Fantasías en el bar

    Fantasías en el bar

    Nuevamente mi amo cooperó conmigo para cumplir una de mis fantasías, que solo podía ser real en el sitio donde desaté hasta la última pizca de lujuria hacia solo unas semanas. Entramos al bar y yo, como siempre caliente desde la entrada, dispuesta a dejarme coger desde la puerta incluso, él intentaba frenarme y hacerme esperar… la espera me excita y me moja, y él lo sabe.

    La noche empieza bien, después de tocar su pene y mamarlo y alcanzar un orgasmo con su mano completa dentro de mí, llega el striptease, una mujer bastante voluptuosa empieza a bailar frente a él de una manera bastante insinuante, a mí me excita y lo animo a tocarla y besarla, mientras espero mi turno, nos habíamos encontrado antes en el mismo bar y ella recordaba mis ganas, me para y hacemos un show lésbico, nos hacemos sexo oral una a otra, beso sus tetas grandes y mientras me pongo en cuatro para lamer su sexo, él, mi amo, anima a uno de los asistentes a que me penetre, yo acepto, siempre sumisa y dispuesta a complacer, el susodicho tenía un miembro grande y duro como me gusta, me penetra con fuerza y hala mi cabello, yo gimo y no paro hasta que ella tiene su orgasmo con mi lengua dentro de su vagina húmeda, caliente y palpitante.

    Llegamos a la pista, como siempre, toco tantas tetas como puedo y disfruto de que él lo haga, me prende verlo tocando a mujeres ricas y calientes y lo animo a que le de placer a alguna, quiero ver su verga dentro de una chica rubia y tetona, pero primero les pido una rusa, su pene en esas tetas me calientan más y con un minuto masturbándome a mí misma alcanzo mi segundo orgasmo, le pido que la coja parada mientras yo la beso y mientras otro chico me penetra en la misma posición, al tiempo beso a mi amo y toco el clítoris de ella… El comenta que aunque es grande, el mío es gigante, y tiene razón.

    Finalmente subimos a una cama grande, me pongo sobre él y por fin tengo esa verga que me encanta dentro, y decidimos que seré el centro de 4 hombres que se turnarán para darse placer de mi cuerpo, el primer me pone en cuatro, moja mi vagina aunque sin necesidad y me penetra fuerte, tomo a uno más para poder lamer sus testículos y acto seguido meto toda su verga en mi boca, luego otro más, él me pone de rodillas y viola mi boca con una verga descomunal mientras un cuarto me para el culo, lo abre y me penetra con fuerza, gimo de dolor pero me gusta, intercala entre mis agujeros mientras me repite que soy una puta, eso hace que me dilate más y más, hasta que al ver a mi amo masturbándose al verme así, cogida y abierta, yo hago lo mismo y tengo mi tercer orgasmo…

  • El hijo de la patrona

    El hijo de la patrona

    Trabajo en una casa con los quehaceres domésticos desde hace 10 años, mi patrona, profesional médica, igual que su esposo, es una persona muy amable y que me brinda toda la confianza que por supuesto merezco. Vivo en la casa toda la semana y sábado y domingo, voy y me quedo en mi domicilio con mi marido. Tenemos al frente de la vivienda una despensa que atiende mi esposo. No tenemos hijos, pues mi esposo nunca quiso y pareciera que mi organismo tampoco lo permite.

    Tengo 46 años, mi esposo es más grande que yo, tiene 62 años, pero con una salud delicada, que no le permite tener manifestaciones amorosas y eso hace que nuestro sexo sea espaciado y casi nulo.

    El hijo de mis patrones es un muchacho de 18 años, que está por ingresar a la universidad. Está en plena adolescencia, de ahí que he notado más de una vez, espiando por la ventana de mi dormitorio (con baño interno) en la azotea. Consideré normal esa actitud. Me sé una mujer atractiva con un cuerpo armonioso y que gusto a los hombres.

    Pero ayer sucedió algo que alteró las costumbres. Lejos de molestarme, el que Pablo me espiara no me molestaba. Casi diría que me excitaba el pensar que a un hermoso muchacho le atraía, me ponía muy cachonda y dejaba que siguieran las cosas así. Pero ayer noté que no estaba solo en la ventana. Había venido con un amigo de su edad. No dije nada y me mantuve cubierta sin mostrarme como lo hacía en otras ocasiones.

    Los padres de Pablo, se marchaban aproximadamente a las 9 horas y regresaban después de las 20 horas, A la mañana siguiente, le miré severamente a Pablo y le dije:

    —Necesito hablar contigo.

    —Dígame Daniela. Qué pasa?

    —En más de una ocasión, he notado que me miras cuando estoy en mi dormitorio —le dije, notando que se ponía pálido— No me molesta que lo hagas. Es casi normal a tu edad, esa curiosidad, pero no voy a aceptar que vengas con terceros a espiarme.

    Se quedó mudo, sin saber que decir. Bajó la vista y ruborizado y avergonzado quedó con la cabeza gacha.

    —Espero que tomes nota de lo que te digo —y agregué— No quiero verte con nadie, espiándome.

    Es un joven alto, tiene un cuerpo apolíneo de tanto deporte que hace, muy buen mozo y me dio pena verlo tan humillado por la situación. Pasé la mano por su cabello y murmuré:

    —¿qué pretendías cuando me espiabas?

    —Nada. Solo quería verla. -musitó por lo bajo.

    —¿Verme desnuda? —pregunté— ¿Nunca viste una chica desnuda?

    —Nunca vi a ninguna. Y usted es hermosa. —me contestó.

    Me sentí alagada por sus palabras inocentes. Y la ausencia de afectos en mis días me dejaba vulnerable.

    Lo tomé de la mano y emprendí camino a mi habitación.

    -¿Nunca tuviste sexo? —pregunté.

    —No, nunca. Solo he visto películas porno y vi todo lo que ellas muestran. Se todo. Pero nunca lo hice. —contestó.

    Llegamos a mi habitación y lo hice sentar en el borde del lecho, Cerré la puerta con llave. Estaba entusiasmada con tener un muchacho viril y virgen conmigo.

    —ahora verás en vivo a una mujer. —y sonriendo le dije— sin espiar por las rendijas de una ventana.

    Él asombrado, miraba con ojos enormes. Estaba con short y remera liviana y en la entrepierna empezaba a crecer un bulto prometedor. Yo también me estaba excitando con los hechos. La ausencia de mi marido en nuestras relaciones me dejaba presa de mis más bajas intenciones.

    Lentamente, fui desabrochando mi blusa. Él no perdía detalle. Una vez abierta mi blusa, me deshice de ella lentamente y abrí el cierra de mi corta pollera. Estaba descalza y en ropa interior.

    —¿Es así como te gustaba verme?

    —Si. Me encanta. —es usted muy bella Daniela.

    -¿Quieres que me saque el corpiño? —pregunté.

    —Por favor, hágalo, por favor me gustaría mucho.

    Lo hice y mis pechos en plenitud quedaron frente a sus ojos embelesados.

    —Es tan bella —decía arrobado plenamente— ¿Me dejaría tocarla?

    Asentí sin decir palabra. Sentía húmeda mi vagina. La situación me ponía caliente. Sentí sus manos acariciando mis pechos y le dije:

    —¿Te gustaría besarlos?

    —Si. Déjeme que lo haga. Dígame si lo hago bien —pidió.

    El maldito los hizo tan bien que mis jugos inundaban mi vagina. Cerré mis ojos mientras el muchacho me bajaba la trusa y dejaba mi panocha al descubierto.

    —Bésame ahí, —le pedí— pásame la lengua que me estoy calentando y me gusta lo que haces.

    Las películas porno habían hecho buena escuela en él. Me estaba enloqueciendo con sus caricias. Tendida en la cama mis sentidos ya no podía controlarlos. Nuestras bocas se buscaron ansiosas y fundimos nuestras lenguas en besos salvajes. Mis gemidos por la calentura me sacaban de toda cordura.

    Su miembro parecía de hierro. Lo sentía apretado junto a mi vientre, Mordía mis pezones y mi enajenación me hacía murmurar cosas incongruentes.

    —Así. Guacho. No te detengas. —Casi gritaba yo— Quiero que me la metas. Dame tu leche. Quiero que me llenes con ese trozo enorme que tienes ahí.

    —La quiero con locura Daniela —me decía en el oído— La amo. La quiero sentir dentro suyo. Quiero llenar su vagina.

    Los labios mojados de mi pubis, dejaron entrar el miembro de Pablo en mi matriz hasta el fondo. Su mete y saca fue más lento que el que tenía cuando mi esposo me hacía el amor. Me enloquecía de placer, parecía un maestro del sexo. O sería que mi falta de uso me dejaba encantada con este acto.

    Mi pelvis golpeaba su vientre con violencia pasional y descontrolada. Estaba fuera de mí. Él con ambas manos en mis caderas empujaba su miembro en mi vagina y mis quejidos al llegar al orgasmo hicieron que su eyaculación inundara mi sexo. Jamás había imaginado a este muchacho capaz de darme tanto placer y tanta lujuria.

    —Dios mío. Me has dejado satisfecha hasta el máximo —le dije— Te agradezco el placer que me diste.

    —¿Podremos hacerlo otro día nuevamente? —Pidió Pablo— Me gustó mucho, Daniela.

    —A mi también, Pablo —contesté— Lo haremos más veces. Pero no debes mencionarlo a nadie ni contar a tus amigos.

    Tendidos en la cama, agotados de placer, quedamos abrazados y desnudos. Colmados de sexo.

    Danino

  • No lo pienses demasiado (Parte 3)

    No lo pienses demasiado (Parte 3)

    El curso iba pasando y me resultaba difícil no tener una relación más íntima con Carla, me había dejado tocada, algunas veces no podía evitar hacerle comentarios subidos de tono y ella normalmente los ignoraba, aunque algunas veces se reía y parecía que le gustaban. Me encantaba verla todas las semanas en clase y una parte de mí quería algo más de ella, cuanto más difícil me lo ponía, más quería.

    Una noche salí a cenar con unas amigas y después de varias copas acabé escribiéndole a ella.

    Irene: Ya siempre vamos a estar así?

    Carla: Así? Cómo?

    Irene: Ya lo sabes… Antes eras de otra forma conmigo, más cercana, más cariñosa…

    Carla: Irene… Sabes tan bien como yo que es mejor que sea así.

    Irene: No! Echo de menos a la Carla de antes…

    Carla: Emmm sigo siendo la misma Carla, es solo que me parece más correcto tener algo de distancia entre nosotras.

    Irene: Y yo no puedo opinar?

    Carla: Puedes opinar pero no creo que eso vaya a cambiar la situación.

    Irene: Así no puedo estar… Me vuelves loca y aunque solo sea amistad, necesito tenerte más cerca.

    Carla: Por la hora que es y lo que estás diciendo creo que has bebido y lo mejor será dejar esta conversación. -Eran las 2 de noche.

    Irene: Ok ya hablaremos, pero ya sabes que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.

    A la mañana siguiente fue ella la que me escribió directamente.

    Carla: Buenos días mi niña! Qué tal la resaca? Parece que a alguien se le fue de las manos anoche…

    Irene: Buenos días por decir algo, la resaca mal, gracias, y puede que se me fuera un poco de las manos pero no me arrepiento de nada jajaja.

    Carla: Pobrecita que se bebe hasta el agua de los floreros y luego le duele la cabeza jajaja. Bueno Irene puede que tengas razón y que últimamente haya sido un poco fría contigo, me da mucha rabia estar así, te prometo que volveremos a estar como siempre. Ya me contarás qué es eso de que te vuelvo loca.

    Irene: A ver si es verdad que vuelve mi rubia favorita. Sabes de sobra a que me refiero pero si quieres un día te lo explico.

    Carla: Muy bien, a ver si te atreves… Nos vemos mañana guapa.

    Irene: Cuidado con lo que pides jajaja. Hasta mañana rubia!!

    Al parecer Carla se estaba animando y volvería a ser la de siempre y yo me había decidido a tirarle los trastos descaradamente dentro de la discreción que teníamos que mantener, ya que la dos continuábamos con nuestras parejas.

    Al día siguiente yo estaba en la biblioteca antes de clase, sacando algo de tiempo para estudiar con tranquilidad, ya que a la semana siguiente empezábamos los exámenes. Carla apareció detrás de mí y sin yo darme cuenta de que ella estaba detrás de mí, se acercó y olió mí cuello, me dió un beso en la mejilla y me susurró al oído.

    Carla: Puff hueles tan bien como siempre.

    Me puse roja y empezaron a subirme los calores, estaba concentrada en los estudios y no me esperaba una cosa así. Era increíble lo que Carla podía provocar en mí con tan poco, hacía años que no me sentía así.

    Irene: Hola rubia, que sorpresa no te esperaba por aquí a esta horas.

    Intenté disimular un poco la reacción de mi cuerpo pero no sirvió de nada.

    Carla: Oooh qué mona! Se ha puesto roja! -Me dijo en tono de burla.

    Irene: Es que hace mucho calor y estaba concentrada y me has asustado. -Menuda excusa de mierda se me había ocurrido.

    Carla: Ya, ya… claro, claro… El calor y tal… jajaja. -Se reía y me daba con el dedo índice en la barriga a modo burla.

    Irene: Bueno va deja de reírte, que haces por aquí?

    Carla: He venido a verte a ti y a tomar un café antes de entrar a clase. Sabía que estarías por aquí.

    Irene: Vale! Total ya no me puedo concentrar… -Le guiñe un ojo y las dos nos reímos mientras recogía mis cosas.

    Ese día nuestra relación volvió a ser como era normalmente, volvía a ser su niña y volvíamos a tener la confianza de siempre, con la pequeña diferencia de que había veces que entre las dos surgían situaciones algo subidas de tono, se había convertido en una especie de juego al que no le dábamos mayor importancia pero en el que la tensión sexual estaba presente.

    En la semana de exámenes nos vimos todos los días, algún día incluso nos tocaba comer juntas, solas o con Laura y Juan. Después del último quedamos para tomarnos una cerveza todos juntos para quitar un poco de estrés. Fuimos al mismo bar de siempre cerca del instituto y estuvimos cerca de hora y media hasta que decidimos recoger.

    Laura: Bueno pesados me voy para mi casa que al final me vais a liar y estoy muerta, esta semana no he podido dormir nada.

    Juan: Sí va a ser lo mejor, yo también estoy muerto, te acerco a casa Laura? Intentaré no morderte…

    Laura: Normalmente te mandaría a la mierda directamente pero hoy estoy tan cansada que no me apetece ni picarme contigo.

    Juan: Entonces hoy serás víctima jajaja, vamos anda. Vosotras os quedáis de lío aún?

    Carla: No sé, Irene me lías o nos vamos a casa?

    Irene: Vámonos que ya va siendo hora, dónde tienes el coche?

    Carla: Delante del instituto.

    Irene: Te acompaño hasta el coche. Bueno chicos vamos hablando a ver qué tal se han dado los exámenes. Laura no seas muy dura con Juan jajaja.

    Juan: Puede ser todo lo dura que quiera jajaja.

    Laura: Madre mía! Juan que ya tenemos una edad! Qué viajecito me espera.

    Laura y Juan se despidieron y se fueron, y Carla y yo terminamos de bebernos la cerveza y nos fuimos también.

    Carla: Pensaba que te apetecería quedarte un rato más, que sosa… es temprano para ir a casa.

    Irene: Quién ha dicho que me voy a casa?

    Carla: Uy te vas sin mí?

    Irene: Voy contigo, te acompaño al coche, no te me pongas celosa jajaja.

    Eran las 9 de la noche, estábamos en Noviembre y esa hora ya había poca gente por la calle y más un día de diario.

    De camino al coche de Carla salió el tema de los tatuajes que teníamos cada una y dónde. Yo le enseñé los míos, que con ropa no se ven, uno en la espalda a todo lo largo de la columna y otro en las costillas, recorrió los dos tatuajes con los dedos mientras se los enseñaba. Ella me enseñó el que tenía también en la espalda debajo del cuello y uno en la cadera que llegaba hasta la ingle, y al igual que ella los recorrí con los dedos.

    Carla: Vaya no sé cómo no había salido antes el tema de los tatuajes.

    Irene: Si hubiera sabido que tenías unos tatuajes tan morbosos lo habría sacado antes jajaja.

    Carla: Ya ves tú, me los hice hace muchos años, algún día te contaré la historia de cada uno.

    Irene: No sé la historia pero me parecen que están muy bien colocados.

    Llegamos al coche de Clara y ella de apoyó en la puerta del copiloto, el coche estaba aparcado en una calle en la que sólo había un bloque de pisos en el que no parecía que viviera mucha gente y un terreno en el que no habían edificado todavía. El tatuaje de la cadera de Carla y el recorrerlo con los dedos, me habían sacado de mis casillas. Me puse delante de ella mirándonos a los ojos, con mis piernas separadas y las suyas entre las mías con nuestras caderas en contacto.

    Carla: Vaya… estás segura de lo que haces?

    Irene: Bueno… no lo pienses demasiado.

    Las dos nos empezamos a reír, pues eso fue lo que ella me dijo a mí la primera vez en el baño. Me acerqué despacio y empecé a besar a Carla despacio, con una mano sujetaba suavemente su cara mientras la otra la ponía en la cadera en la zona del tatuaje. Poco a poco la cosa se fue animando, besaba el cuello de Carla y le daba pequeños mordiscos con cuidado para no dejarle marcas. Abrí la chaqueta de Carla y desabroché unos cuantos botones de la camisa para poder besar su pecho.

    Irene: Mierda… -Susurré mientras besaba su pecho y tocaba su cuerpo con ansia.

    Clara: Que pasá? -Dijo Carla con la respiración entrecortada por la excitación al mismo tiempo que mordía mi oreja.

    Irene: Quiero morderte. -Estaba desbocada, quería devorar a Carla, una mezcla de cierta dureza y delicadeza en conflicto rondaban mi cabeza.

    Carla: Y cuál es el problema?

    Irene: Sabes que no puedo, no puedes llegar a casa con marcas.

    Una de mis manos desabrochó el botón de su pantalón y en este momento cambié la posición de nuestras piernas, con mis piernas separé las suyas y yo me quedé en medio. Ella quiso desabrochar el mío, cogí su mano y la sujeté con fuerza contra el coche.

    Carla: Qué pasa?

    Irene: Déjame centrarme en ti, a mí ya me tocará en otra ocasión. -Le susurré al oído sin dejar de besarla en el cuello.

    Carla: Está bien. -Dijo con la voz suave y entrecortada.

    Irene: Ya sabes, no puedes tocar.

    Metí mi mano por dentro del pantalón y empecé a pasar mi mano por encima de su tanga, que estaba empapado, su respiración era todo lo que quería oír en ese momento. Metí mi mano dentro del tanga y mis dedos se deslizaban con mucha facilidad, era la primera vez que hacía algo así pero su cara de placer y su respiración me decían que iba por buen camino, acariciaba su clítoris y su cuerpo de arqueaba, nuestras cabezas estaban apoyadas de frente mientras nos mirábamos a los ojos, justo cuando parecía que iba a explotar pare por unos segundos para que bajara pulsaciones.

    Carla: Joder Irene, no puedo más… -Susurró

    Irene: Imagínate cómo estoy yo jajaja. -Nos reímos las dos.

    Introduje uno de mis dedos y Carla empezó a morderse el labio y a gemir, viendo la facilidad con la que entraba uno, decidí introducir los dos, a lo que empezó a gemir más fuerte. Intenté silenciarla un poco besándola en la boca pero Carla estaba muy excitada. Estaba tan empapada que mis dedos se estaban arrugando, y seguí hasta que la cadera de Carla se empezó a mover, mordió mi hombro por encima de la ropa para no dejarme marca y silenciar un poco su orgasmo, su cuerpo que estaba en tensión se quedó totalmente relajado y se quedó con los ojos cerrados mientras yo sacaba mi mano de su pantalón. La besé en los labios con mucha suavidad, me separé de ella y me apoyé en el coche para bajar mis pulsaciones.

    Carla: Creo que no seré capaz de conducir a casa. -Dijo aún con los ojos cerrados y la respiración acelerada.

    Irene: Todavía no te vas…

    Carla: Es cierto, ahora te toca a ti.

    Irene: Para nada, todavía no he acabado contigo.

    Carla: Todavía hay más? No sé si podré aguantar más acuérdate que ya tengo una edad.

    Las dos nos estuvimos riendo un rato mientras le daba un tiempo a Carla para recuperarse. La edad de diferencia entre las dos era una de las cosas que me ponían mucho, yo tenía 27, ella 41 y la tenía en mi mano volviéndose loca.

    Abrí la puerta de los asientos de atrás y nos metimos dentro aprovechando que los cristales estaban tintados. Esta vez todo sería más calmado, puse las dos manos en la cara de Carla, empecé a besarla suavemente, saboreando sus labios, abrí completamente su camisa, desabroché su sujetador y bajé lentamente por su cuello hasta llegar a sus pechos. Su respiración volvía a acelerarse y su cuerpo volvía a arquearse con los besos y caricias. Jugué cariñosamente con sus pezones, empecé a bajar por su vientre, desabroché y le quité el pantalón. Me entretuve un poco con el tatuaje, recorriéndolo con la lengua mientras acariciaba su cuerpo, fui bajando poco a poco besando sus piernas. Le retiré el tanga y puse sus piernas sobre mis hombros. Besaba sus ingles y jugaba con mi aliento por toda la zona, volvía a estar empapada, empecé a recorrer sus labios y su clítoris con la lengua, a hacerle pequeñas succiones, y a introducirle mi lengua. Mientras yo le daba placer con la lengua ella movía sus caderas y arqueaba su cuerpo, al estar dentro del coche nadie podía oírnos y podía gemir si reprimirse, me encantaba ver sus reacciones y oírla gemir. Cuando ya parecía que le faltaba poco para llegar al orgasmo, introduje mis dos dedos mientras con la lengua me centraba en su clítoris con delicadeza, lo que hizo que enseguida explotara de placer. Limpié todo sus jugos con la lengua, subí y nos besamos durante un rato.

    Irene: Me encantas.

    Carla: Eres alucinante.

    Se vistió y estuvimos unos minutos en la parte de atrás del coche besándonos en plan adolescente.

    Irene: Creo que ahora sí va siendo hora de irme.

    Carla: No sé si seré capaz pero te llevo a casa jajaja.

    Irene: Me quedaría toda la noche aquí contigo.

    Carla: Y yo… bueno habrán más días.

    Me acercó a casa y antes de irse nos dimos dos besos como dos amigas que se despiden.

    Subí a casa y me fui directamente a la ducha, tenía que revisar mi cuerpo por si había alguna marca de dientes o algún chupetón, pero Carla se había portado bien y no había nada. Me metí en la ducha y con el calentón que todavía me duraba, acabé masturbándome pensando en todo lo que había pasado esa noche.

  • Mi vecina doña Luisa (Parte 1)

    Mi vecina doña Luisa (Parte 1)

    Me llamo Hugo, cuanto esto sucedió yo tenía 18 años, mido sobre 1.85, peso unos 78 k, de complexión normal, pelo negro corto, ojos color café, piel morena y con las aficiones y preocupaciones de un chico de mi edad nada excepcional.

    Mi madre que sabe estar callada les cuenta a todas las vecinas que soy lo que dicen un manitas que en casa todas las cosas que rompen estropean yo las arreglo y vez en cuando me llaman para pequeñas chapuzas no viene mal ya que casi siempre te cae alguna propina etc.

    Doña Luisa una vecina de toda la vida del bloque donde siempre hemos vivido le dijo a mi madre que tenía algunos enchufes sueltos de tirar con el cable de la aspiradora un grifo que iba mal y alguna cosilla más. Como era verano no había forma de liberase y mi madre a 16:00h justo cuando comienza la tele novela, me mando a su casa dos pisos por de debajo del mío en la letra C…

    Baje y me abrió la puerta Doña Luisa tan cariñosa y simpática como siempre vestía una bata de esas de estar por cas de con flores en y tono azul clarito una chanclas blancas y un café en la mano, mi visita era un poco inoportuna ya que es muy aficiona a la telenovela y yo se la estaba impidiendo ver.

    Me dijo que enchufes estaban fuera y el grifo del bidé el cuarto de baño que perdía agua y unos cuadros para colgar…

    Después de poner verde a su esposo por no hacer el estas cosas que yo creo que el pobre hombre se marchaba a la finca y a su huerta por no aguantar y escuchar a Doña Luisa todo el día, además aquel hombre había sido administrativo en ayuntamiento toda la vida e imagino que lo de las chapuzas no era lo suyo.

    Por si se lo preguntan Doña Luisa es la vecina que muchos tendréis en la vecindad unos 60 años, 1.60 de estatura, rellenita, súper amable, atenta, cariñosa que habla hasta por los codos, maquillada, arreglada con joyas, que te la encuentras en el ascensor y cruzas con ella 4 palabras que si por algo destaca de su físico son sus enorme tetas y un culo XXL, pero que jamás te imaginas ni por lo más remoto tener nada con ella.

    En fin me puse con la tarea sin más problemas hasta que llegue al baño y vi colgados en un tendal de estos interiores dentro de la ducha una bragas inmensas de lencería es de señora mayor color arena y para nada sexy, mi perdición son los culos y tetas grandes cuanto más grandes mejor y la tentación pudo conmigo y me puse a verlas y tocarlas y dos cuerdas detrás un sujetador enorme del mismo tejido y color que las bragas pero que en caso de necesidad podía servir de paracaídas también lo observe y lo toque sin malicia simple curiosidad me asombre del tamaño de aquellas prendas que no eran nada sexys.

    Deje las prendas en su sitio y me fui diciendo que necesitaba unas arandelas, pero en realidad había quedado para juagar al futbol.

    Doña Luisa me dio 20€ era mucho por solo colocar unos enchufes…

    Al día siguiente a la 11 de la mañana me presente en casa de Doña Luisa me recibió en bata de las de dormir y zapatillas a juego nada del otro mundo

    Pase al cuarto de baño y esta vez en el tendal había unas bragas y sujetador blancos normales y corrientes pero creo que incluso mayores que los del día anterior y no me pude resistir pero esta vez cuando tenía las bragas en la mano entro sin llamar Doña Luisa y me pillo con las bragas en la mano.

    L: ¿Qué haces? Deja eso.

    Me arranco las bragas de la mano.

    L: Eres un pervertido, con lo buen chico que parecías…

    H: No, señora no soy un pervertido, permítame que explique por favor…

    L: ¿Que explicación tiene esto?

    H: Déjeme que se lo explique por favor.

    Más me valía que me déjame explicarme y le convenciese mi explicación por sino no solo le diría a mi madre que era un pervertido sino que lo sabrían hasta en Marte… Decidí decir la verdad y adular un poco creía que era una mujer coqueta y a todas las mujeres les gustan los halagos si son bonitos

    L: Esta bien explícate ¿Qué hacías ayer y hoy con mi ropa interior en la mano?

    H: Nunca había visto unas prendas femeninas tan grandes, y la verdad es que me encanta las mujeres con tetas grandes y culos inmensos cuanto más grandes mejor y si me permite que se lo diga usted tiene unas campanas fddduuu que son la bomba y un culo fenomenal increíble y no sabe la vergüenza que me decirle esto pero esta buenísima tiene un polvazo tremendo. Y le juro por mi madre que lo que le acabo de decir es la pura verdad señora Luisa.

    L: Te creo tranquilo me las he visto con mucho mentirosos y sé que dices la verdad además mis curvas siempre han llamado mucho la atención a los hombres y siendo tan joven es normal que yo llame tu atención…

    Gracias a Dios Doña Luisa se creyó mi explicación y parecía que ella se creía una especie de Mata Hari o una Top Model, pero creo que se sintió alagada que un chico joven como yo se fijase en ella, tuve que jurar no tocar más de ropa íntima y que me portaría bien que por supuesto que prometí.

    Seguí con mi trabajo y cuando acabe me fui a comer con la palabra de Doña Luisa que lo sucedido seria nuestro secreto eso si ese no vi ni un céntimo pero quien iba a reclamar nada y me fui a mi casa a comer…

    A eso de las 19:00 h llamaron al puerta justo cuando yo iba a salir, era Doña Luisa que quería hablar con mi madre yo me puse a rezar y a sudar en seco como un cerdo porque pensé que se chivaría…

    Doña Luisa quería pedir permiso a mi madre para usarme de mula de carga moviendo unas cosas y ayudándola a llevar cosas a otra casa y aun trastero

    Mi madre se transformó en mi representante laboral y como si yo fuese un fantasma y sin preguntarme nada a mi le dijo que si estaba mejor ayudándola que haraganeando en la calle y que además me pagues lo que ella quisiera…

    Al día siguiente a la 10 de la mañana debía estar en casa de Doña Luisa a sus órdenes no era lo que había planeado para pasar el verano pero no podía protestar se puede decir que Doña Luisa me tenía cogido por huevos.

    La mañana y la tarde siguiente menos dos horas para comer me las pase moviendo cajas y cosas a la ordenes de Doña Luisa… Llegaron las 7 de la tarde y la hora de volverme a mi casa y de cobrar por mi trabajo.

    L: Veras Hugo no he podido ir al banco y no tengo dinero en casa…

    Pensé ya está otra vez que no cobro…

    L: Pero te propongo un trato, ayer me dijiste que tengo una tetas estupendas serán tuyas me quitare la blusa y el sostén y podrás tocarlas besarlas chuparlas y comerlas pero cuando te diga que pares deberás parar de inmediato y esto no lo puede saber nadie…

    No podía negarme

    Doña Luisa se sacó la blusa y aparecieron ante mis ojos dos enormes montañas de carne blancas como la nieve en las que se nota la marca del escote de era de color canela aquellas dos masas inmensas de carne estaban embutidas en un sujetador negro muy sencillo del rebosaban como rebosa la masa de las madalenas del papel que las contiene.

    Doña Luisa se sacó el sostén sus dos enormes melones cayeron a plomo sobre su amen e igual de blancas que el resto que ya había podido percibir con una marca entre rosa y rojiza de la marca que había dejado el sujetador, coronados por una gran aureola rosada coronada por un gruesos y cortos pezones en forma de botón de timbre como con los que se llama a las puertas de las casas.

    Aunque algo caídas eran un sueño hecho realidad de lolas

    Doña Luisa me hizo una indicación con la mano de que me aproximara a ella y así lo hice

    L: ¿Te gustan?

    H: SIIIIII, tiene los mejores melones que he visto en mi vida.

    Doña Luisa esbozo una leve sonrisa de satisfacción

    L: Recuerda cuando te diga que pares te paras.

    H: Si, señora.

    Doña Luisa tomo mis manos en las suyas y las coloco sobre sus tetas y cerró los ojos.

    Le sobe delicadamente las tetas y se las apreté como cuando aprietas dos enormes globos de agua, los bese, su piel era suave y delicada y olía muy bien, pase a lamerlos y chuparlos como un bebe toma una teta y Doña Luisa seguía con los ojos cerrados pero comenzó a emitir unos casi imperceptibles gemidos lolas se pusieron mucho más duras y su pezones duros y erectos parecían dos M&M, para mí era delicioso más si tenemos en cuenta que aún era virgen y que era las primeras tetas de las que disfrutaba plenamente estaba en el puto paraíso, pero Doña Luisa se giró de repente dándome la espalda y ordenándome que me fuera y que me mañana las 10 de la mañana me espera para seguir con mi trabajo…

    Me fui a mi casa feliz y más contento que unas castañuelas emparamado como un burro lo que hizo que entrase encasa y fuese directamente a el cuarto de baño a cascarme una buen paja en honor de Doña Luisa.

    Aquella noche no dormí apenas nada espera la vuelta a casa de Doña Luisa.

    CONTINUARA…

  • Encuentro con el ex

    Encuentro con el ex

    Recuerdo aquel 13 de diciembre de 2013, fiesta de cumpleaños de un amigo, sin muchos deseos de ir pero terminó siendo una buena noche.

    Recuerdo que comenzamos la fiesta con cóctel de bienvenida, pasada la noche comenzamos a beber algo más fuerte y entramos en ánimos en la fiesta que se prolongó hasta las 3am.

    Me sentí algo ebria y no me sentía segura de ir a casa sola, así que mi amiga Manuela debió tomar mi teléfono y llamar a aquel ex que seguía siendo una sombra en mi vida. Coincidentemente él también estaba en una reunión con amigos cerca al lugar donde yo me encontraba.

    Y si, pasadas las 3am llegó por mí al lugar, con el claro propósito de llevarme a casa, pero a casa de él no a la mía.

    —Quiero que me lleves, a mí casa —le dije.

    —A dónde quieras —me respondió.

    Yo vestía de blanco, estaba radiante según él que parecía estar maravillado de verme a esa hora y ebria. Sabía que era débil porque el sexo siempre nos deleitaba.

    En efecto, llegamos a su apartamento, me quité los tacones en el ascensor para no perder el equilibrio, ya en su casa estaba a merced de aquel hombre que llevaba presente en mi vida 11 años.

    Comenzó a besarme, a despojarme poco a poco de la ropa, me tendió en su cama y comenzó a besar mi cuerpo, a hacerme disfrutar con el sexo oral que él mismo me enseñó a practicar. Recuerdo vagamente que me hacía el amor y se deleitaba penetrándome, lo que no recuerdo es que llegó dentro de mí, de eso me enteré recientemente, me quedé dormida y desperté horas después desnuda a su lado, entre sus sábanas, y obviamente comenzamos el día haciendo el amor de nuevo ya un poco más lúcida.

    No sé cuántas veces en tantos años de atracción y cercanía tuvimos sexo, pero esa, sin duda, fue una de las mejores noches juntos.

  • Córrete para mi

    Córrete para mi

    Era una tarde de verano, había salido con la moto de campo, cuando empezó a llover. De repente la moto se quedó frenada.

    Hacía mucho calor, llevaba rodilleras, casco y botas, y un mini pantalón de deporte con una camiseta blanca de tirantes, que dejaba ver el sujetador de encaje blanco. Era pequeña y delgada y me costaba un poco llegar a la moto pero me encantaba perderme y olvidarme del mundo.

    Estaba empapada y llena de barro, mirando la moto cuando escuché una moto pararse detrás de mí. Se bajó un chico, atlético, con una camiseta también pegada a su cuerpo por la lluvia y con unos bermudas.

    —Nena, ¿Te has quedado tirada?

    —Sí, no entiendo que ha ocurrido.

    Sonrió con picardía mientras se acercaba para mirar la moto, su olor mezclado con el de la gasolina me hizo enloquecer.

    —No parece que vaya a dejar de llover y esto no te lo puedo mirar aquí, ¿Vives lejos de aquí?

    —A unos 40 km.

    —Te puedo llevar a mi casa y allí te secas y esperamos a que deje de llover.

    —Me encantaría.

    Me puse el casco mientras él me esperaba con la moto sujeta entre las piernas. Durante el camino los baches me hacían botar y pegar mi pecho contra él. Notaba la firmeza de su cuerpo y me sentía segura a pesar de que no le conocía.

    Cuando llegamos a su casa, bajé de la moto mientras la aparcó en el garaje y entramos juntos a su casa.

    Me quedé en la entrada un poco cortada mientras el desapareció y empecé a curiosear. Era una casa muy sencilla con muebles de madera y decoración en blanco.

    Se acercó a mí con una toalla en la mano y una camiseta.

    —Quítate la ropa para que se pueda secar y ponte esto.

    Él se había quitado la camiseta y solo llevaba los bermudas. Empecé a notar como mojaba el tanga sin control ninguno.

    Me metí en el baño y me cambié, aunque la camiseta era grande me tapaba justo el culo. Estaba muy mojada, hacía tiempo que no tenía sexo y que me rescatase de esa manera, sus miradas, sus manos… No podía controlarme.

    Salí del baño y me estaba esperando.

    Me miró de abajo a arriba con lujuria mientras me cogía la ropa de las manos.

    —La camiseta te queda mejor que a mí… —Dijo mientras se acercaba a mí desafiante.

    Un trueno me asustó, y me pegué a él. Noté su pene duro debajo del pantalón y nos miramos.

    Al darse cuenta de que lo había notado me pegó contra la pared, dada la vuelta con mi culo rozando su polla me besaba por la nuca mientras bajaba muy despacito mi tanga, sus dedos acariciaban mi culo por encima de la camiseta hasta que traviesos se metieron hasta mi rajita empapada.

    Notar sus dedos jugando con mi clítoris me hacían gemir incontroladamente.

    —Joder nena, que mojada estás para mí.

    —Por favor, no sigas, no nos conocemos.

    —Dime que pare, dímelo y no sigo…

    Mis gemidos me traicionaban mientras él sonreía.

    Me puse de rodillas con el tanga por los tobillos y los muslos empapados, le bajé los bermudas y saqué su pene durísimo y venoso.

    —Ufff

    Empecé a lamer, no me entraba toda en la boca y me daban arcadas pero no podía dejar de chupar.

    Su capullo se movía por mis labios para luego adentrarse en mi boca hasta donde entrase.

    Él ponía los ojos en blanco mientras me agarraba del pelo guiando el movimiento sin dejar de gemir.

    Noté como le engordaba y me puso de pie.

    Me besó contra la pared pegando todo su cuerpo al mío, sujetando mis manos. Me subió la camiseta hasta quitarla.

    Me cogió en brazos y me llevó al salón, allí me tumbó en la mesa boca abajo con las piernas abiertas apoyadas en el suelo y el culo en pompa.

    Se fue agachando y notaba su aliento en mi rajita que estaba caliente y húmeda. Se quedó parado mientras me quejaba, tenía el clítoris hinchado, él sonreía orgulloso de lo que estaba provocando.

    Me sujetó las manos junto a las piernas.

    Cuando noté su boca, mis piernas temblaron, estaba empapada y no podía más, su boca caliente y su lengua me provocaron un orgasmo increíble, mientras no dejaba de correrme en su boca, con intensos espasmos, él me sujetaba las piernas que temblaban sin control…

    —puedo…

    —Córrete para mí…

    Notó como me corría en su polla, como mi corrida chorreaba por mis piernas.

    Se sentó en una silla y empecé a cabalgar, sus manos recorrían mi espalda torpes y llenas de pasión, mientras su boca buscaba mis pezones de manera salvaje, no pudo aguantar más y la sacó, me puso de rodillas y me la metió en la boca, su capullo expulsó su leche caliente que chorreaba por mi boca mientras ahogaba sus gruñidos.

    Me cogió en brazos para llevarme al baño.

    Nos duchamos juntos y merendamos junto a la ventana viendo llover en la caótica tarde de verano.