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  • La infidelidad de Érica

    La infidelidad de Érica

    Pocas veces me meto a estos sitios en la red donde se puede encontrar pareja u ofrecer algo más que una simple amistad. Me he subscrito a algunos, pero honestamente con el tiempo me olvido de ellos y considero que tengo más suerte yendo a un bar, cantina o antro. Un día por casualidad entré y tenía varios mensajes, pero me llamó la nota de esta linda rubia que decía lo siguiente:

    – Mi nombre es Érica, tengo 30 años y estoy casada por los últimos 5. Por tanto busco a alguien que sea muy discreto y que tenga la edad entre 35 y 45 años. La raza no importa, pero admito me atraen mucho los hombres latinos. De preferencia de aspecto atlético y que por lo menos mida un metro ochenta centímetros, pues mis medidas son de un metro y 68 centímetros y prefiero que mi pareja sea más alta que yo. Peso 135 libras bien distribuidas y mis medidas son 90-60-94. Me considero de mente abierta pero no me interesa el sadomasoquismo. Si te intereso, envíame tu foto actual y después de algunas pláticas por video, podemos llegar a tener un encuentro.

    Pensé que era una de esas notas para que la gente responda y se mantenga pendiente de este sitio, que te bombardea con todo tipo de comerciales. Regularmente cuando las respuestas son computarizadas, la respuesta le llega a uno en minutos, pero en este caso la chica que decía llamarse Érica, me contestó hasta las 72 horas.

    En la foto Érica muestra un rostro distorsionado para mantener su privacidad, pero cuando acordamos la primera entrevista por video, corroboré que era la misma linda chica rubia de la foto que ella ya me había enviado por correo electrónico. Al igual que ella, la llené de cumplidos al hablar por video chat y le propuse invitarla a comer a un lugar local, para que ella se sintiera segura y darnos la oportunidad de conocernos mejor y lograr tener más confianza.

    Llegó en unos pantalones vaqueros, con una camiseta azul claro y zapatos altos, que le dan una presencia que no pasa desapercibida. Para ponerla simple, Érica es de esas chicas que al verlas, uno se las quiere llevar a la cama. Nos dimos un beso en la mejía y después de unos minutos y mientras disfrutábamos una hamburguesa iniciamos una entrevista mutua y donde pusimos en claro nuestras verdaderas intenciones:

    – ¿Por qué un encuentro con un extraño? ¿Por qué buscar sexo con un extraño?

    – ¡Por curiosidad! Por esa adrenalina que encontramos en lo prohibido. –me dijo.

    – ¿Algo que desees encontrar que no encuentres en la cama con tu marido?

    – La verdad Tony, me da pena decirlo, pero casi todo.

    – Dime, explícame.

    – Mi esposo tiene una condición que muchos hombres padecen. Su condición de eyaculador precoz, no me permiten a mi alcanzar mi clímax sexual la mayoría del tiempo. Eso es parte del problema… la otra parte es su trabajo. Siempre cansado y si mi intuición no me engaña, creo que puede tener una amante, pues por los últimos meses si hemos tenido relaciones dos veces al mes… eso es mucho.

    Creo que es la misma nota o excusa que he escuchado de la mayoría de mujeres casadas con las que me he involucrado. La eyaculación precoz, que créanme que aunque su pareja no lo demuestre, si es un tipo de conciencia, se dará cuenta que debe tratarlo y buscar soluciones en pareja. El problema que muchos tenemos pena admitirlo y cuando no le prestamos atención a las necesidades de nuestra pareja, suele ocurrir lo que Érica debe conllevar para satisfacerse sexualmente. Aunque creo que la mayoría que busca otra pareja, es mas por esa curiosidad a lo prohibido.

    Esa tarde que por primera vez hablábamos en persona, le hice una pregunta a Érica que ella contestó y lo que me pareció fue una respuesta honesta, que para mujeres como ella, pasando esa situación, les parece hasta fantasía.

    – ¿Cuál sería la mejor escena sexual que tu esperas y que debe de llenar y complacer todas tus expectativas?

    – Sabes, lo mío creo que es muy simple: solo deseo un pene que me llene de placer, que tenga la resistencia de llevarme a un orgasmo y que cuando tenga un orgasmo, por lo menos dure un minuto o dos aplicándome presión a mi vagina, antes que eyacule. Eso sería para mí una escena sexual satisfactoria.

    Pensó que yo era psicólogo o sexólogo por la forma de preguntar, que hasta me dijo en broma que no la sorprendiera con una enorme cuenta por la consulta, pero en realidad para satisfacer a una mujer, uno tiene que conocerla, que es lo que espera, que le gusta y que le disgusta. ¿Qué quieren experimentar?

    – ¿Algún inconveniente con el sexo oral?

    – ¡No, no tengo ninguno! Me gusta dar al igual que recibir.

    – ¿Alcanzas orgasmo con el sexo oral que recibes de tu esposo?

    – Algunas veces, pero este es el problema; quizá sea solo mío o el de muchas mujeres. Me gustaría sentir su pene adentro de mi cuando eso sucede y que por lo menos este erecto dos minutos. Él, en 30 segundo ya ha eyaculado.

    – ¿Qué tal el sexo anal?

    – Lo practicamos, pero aunque creo que me gusta y le encuentro algo de placer, él en dos minutos termino la faena y me quiere complacer con una masturbación. ¡Eso me frustra!

    Nos comunicamos de esta manera por medio del chat del sitio por un par de veces más y en una semana de hacer confianza le pregunto:

    – ¿Quieres hacerlo, quieres tomar ese paso?

    – ¡Pensé que no le interesaba, pensé que no me lo pediría?

    – ¿Por qué lo dices?

    – ¡No se! ¡Creo que no soy tan bella para un hombre como usted!

    – ¡Nunca digas eso! No quería mostrarme desesperado, pero honestamente, hubiese querido llevarte a algún hotel desde el primer encuentro.

    – ¡Yo también lo deseaba!

    – ¿Dime, cual es el mejor tiempo para ti?

    – Mañana sábado. Él debe trabajar todo el día… es el día mas ocupado que tiene.

    De esta manera quedamos de acuerdo en el hotel y la hora. Y de esta manera me preparo para lograr satisfacer a esta linda mujer necesitada de buen sexo y antes de ir al hotel a nuestro encuentro, llamé a mi vecina Johan, una chica rusa que al igual a Érica es casada y con quien tenemos una buena relación. Le pedí que me diera una mamada, pero terminamos teniendo sexo por media hora y terminó con un par de orgasmos en la privacidad de mi cama. No quería llegar con esa presión sexual al encuentro con Érica y de esta manera impresionarla con mi resistencia en estos menesteres.

    Nos encontramos en el estacionamiento del hotel y pasamos a la habitación que había reservado una noche antes. Venía con su pantalón vaquero de mezclilla, su blusa negra y zapatos tenis color blanco. Érica tiene buena figura, de cara bonita y cuerpo esbelto, pero tiene ese trasero que con sus pantalones se mira espectacular y realmente no culpo a nadie que eyacule a las primeras o de solo mirarla, pues es muy atractiva. En esa edad de 46 años que tenía en ese entonces, pues uno tiene la experiencia para manejar la situación y poder complacer las expectativas de cualquier mujer.

    Acordamos no besos en la boca y me dirigí a su cuello, donde Érica solo gimió al sentir mi lengua rozándole y su piel se erizó. Nos desvestimos como si llevásemos prisa, pero creo que era esa curiosidad de vernos desnudos cada quien. Ella me da sus cumplidos y yo hago lo mismo. Dejé que Érica se concentrara en mi verga, que disfrutara viéndola. Ella misma me lo dice cuando me asiste a quitarme el bóxer: ¡Que hermosa verga tienes Tony, me encanta! ¿Seguro que toda es mía? – Le di un ademán como concordando con ella y dejé que me la besara y que comenzara a mamar.

    El sexo oral de Érica habrá durado unos siete a ocho minutos y luego yo me comí sus ricas tetas de una medida de copa C, y pasé por su abdomen hasta final corresponderle con un oral delicado, nada agresivo… solo pasándole por sobre los labios mi lengua y algún masaje mas atrevido a su clítoris. Érica mostraba sus jugos vaginales por su entrepierna y solo gemía mientras me acariciaba mi cabello. Quizá habrá durado otros siete minutos y paso a mostrarle mi pene erecto, el cual está listo para penetrar su conchita, que a pesar de su altura, luce pequeña. Gime al sentir mi glande abriendo su hueco en posición del misionero. Siento el calor de su vagina y sus contracciones y mis 26 centímetros se han hundió en ese hueco caliente y mis testículos ahora pegan con ímpetu contra la zona de su perineo. Ella se limita a decir una corta frase: ¡Que rico Tony!

    Quería mostrarle que lo que deseaba no era una fantasía, era simplemente una preparación a conciencia para poder satisfacer a una mujer. Mis embestidas fueron subiendo de nivel en una armonía constante donde Érica me recibía gustosa con el movimiento de su pelvis. La cama crujía con nuestra danza horizontal y donde Érica se tomaba de los pechos, pechos cuyos pezones mamaba de vez en cuando, pero me había puesto como cuando uno hace lagartijas, o flexiones de pecho, para que Érica sintiera más profunda la embestida y solo se oía el chasquido, ese ruido erótico de una verga friccionando una húmeda vagina. Calculo pasamos así unos doce minutos de un taladrar incesante, que a pesar del aire acondicionado, unas gotas de sudor bajaron por mi frente y mi espalda, y Érica comienza a jadear diciendo: Así Tony, dame así… no pare, no pares que me vengo.

    Gritó de enorme placer y sentí como su vagina se contraía atrapando mi verga que no cesaba de penetrarla. Así como ella un día me lo dijo, después de su orgasmo la seguí penetrando por otros cinco minutos más hasta que lo interrumpimos, pues Érica se quejaba de un calambre en una de sus piernas.

    Me sonrió cuando se recuperó y sin decirle mucho, le di vuelta para masajear su pierna, y veo esas ricas nalgas y sin pedir permiso, me poso por sobre ella, con mi mano le embarro de saliva todo la rajadura de sus nalgas y con mi verga lubricada de sus espesos jugos vaginales, comienzo masajeando su ano, sin intentar penetrarlo. Me tomo el tiempo, ella acostada siempre plana sobre su abdomen y gime cuando mi glande apunta a su ano queriendo abrir ese hueco. Abro más sus piernas y me pongo de rodillas ante sus nalgas, para poder apuntar mi verga a ese rico culo y ver como cada centímetro de mi verga desaparecía en él. Gime con algo que más parece dolor que placer y es cuando le pregunto:

    – ¿Continuo? ¿Quieres que pare?

    – No, me duele algo, pero siento rico tu verga en mí. No la saques, mantenla ahí sin hacer movimientos.

    Así pasé unos cinco minutos con mi verga trabada en el culo de Érica… en eso aproveché para besar su espalda y su cuello, lo cual le provocaba espasmos, que hasta podía sentir como su esfínter presionaba el tronco de mi verga. Yo la contraía para que sintiera el palpitar de mi verga adentro de ella y es de esta manera ella comienza a pedírmelo:

    – ¡Hazle así! Se siente rico como se te inflama tu verga… ¡Que delicia Tony! ¡No sé cómo puedes aguantar tanto!

    Es cuando comienzo con mis embestidas semi lentas, pero que van tomando más velocidad y ritmo a medida que también Érica jadea de placer. A ese culo le he dado un taladrar agresivo y constante que en los minutos mi frente y espalda suda después de diez minutos sodomizando a esta linda mujer. Sé que se va venir, pues oigo su gemir diciendo mi nombre: Tony, Tony, que rico… dame, dame, no pares, me vengo, me corro cariño… pégame, así, así… dame… ¡Dios mí, me vengo!

    El cuerpo de Érica temblaba, su intestino vibraba en su interior, pero en esa posición no tenía otra opción que aguantar el taladrar de mi verga. Parecía que lloraba de la emoción y un par de minutos de haber logrado un orgasmo totalmente anal, ella me lo pide: Córrete en mi culo, te lo pido, córrete en mi culo. – No aguanté más su petición, y le dejo ir la descarga. Solo suspira y me dice: ¡Dios mío! ¿Que fue eso?

    Recuerdo que para las doce del mediodía, yo me había corrido tres veces, Érica alcanzó 6 orgasmos, y la única queja era que de tanto coger y montar, ella llevaba doloridas las caderas y bien rojo el culo. Ese día Érica me mencionó ese título que otras chicas me han dado y del cual siento mucho orgullo: ¡Usted es el maestro del sexo! –me dijo.

    Realmente no soy especial, no tengo el miembro más grande del mundo y solo soy un hombre como cualquier otro, pero a diferencia de muchos, intento investigar, a conocer las necesidades de las mujeres y lo que he aprendido, es que no solo es tener una enorme verga, sino, que toda la personalidad de un hombre debe ir con ella: esa conquista, esa seducción, la comunicación no solo verbal, pero también física y saber medir los tiempos. La eyaculación precoz es tratable. Muchas veces es psicológica o fisiológica. Para hacer honesto con mis lectores, yo también tuve ese problema cuando joven, pero entendí a tiempo, que al igual que yo, la mujer quiere sentir ese placer, se merecen vivirlo también.

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  • No lo pienses demasiado (Parte 5)

    No lo pienses demasiado (Parte 5)

    Después de unos 10 minutos eternos la vi con el móvil en la mano y entonces sonó el mio.

    Carla: Y si nos perdemos un ratito?

    Irene: Como piensas hacerlo?

    Carla: Sígueme y ya improvisaremos.

    Carla se fue y esperé a que se alejara un poco antes de ir detrás sin perder ojo de a dónde iba. Al levantarme de la mesa apareció Luis con una copa en la mano.

    Luis: Irene me debes un baile. -Dijo con su sonrisa de anuncio de pasta de dientes.

    Joder que pesado y que oportuno él, pensé.

    Irene: Sí Luis ahora enseguida te busco, espérame por allí, cuando vuelva del baño te busco. Lo mandé en la dirección opuesta a la que se había ido Carla.

    Luis: Ok ahora nos vemos. -Me guiñó un ojo.

    Me fui en busca de Carla, me pareció ver que se iba por un pasillo así que avancé sin tener ni idea de a dónde iba hasta que su cabeza asomó por una puerta que ponía «despacho 1», miré que no venía nadie y entré. Era una habitación pequeña con un escritorio y una silla de despacho, debía de ser utilizado cuando se organizaban congresos en el hotel, ya que había dos puertas más en las que ponía despacho 2 y 3 y al fondo había otra ponía salón de actos.

    Irene: Cada vez estás más loca. -Mi corazón iba acelerado y sólo podía mirar sus labios.

    Carla: Bueno ahora me toca jugar a mí.

    Cerró el pestillo de la puerta y mientras me besaba me iba llevando a la mesa, hasta que choqué con ella. Me tumbó en la mesa, sujetó mis brazos y empezó a besarme en la boca con la peculiaridad de que cuando estaba cogiendo ritmo se alejaba lo justo para que aunque yo levantara mi cabeza, no pudiera besarla y me quedaba a unos centímetros de su boca. Se acercaba, me daba un pequeño mordisco en el labio y antes de que pudiera reaccionar se alejaba, y otras veces se acercaba a mi boca y justo cuando nuestros labios se rozaban, ella se apartaba. Era excitante al mismo tiempo frustrante.

    Irene: Estás siendo cruel.

    Carla: Tú has jugado antes, ahora me toca a mí, así que prepárate porque acaba de empezar.

    Otra vez besaba mi cuello y mi oreja y en cuanto en acercaba más de la cuenta se alejaba de mí.

    Carla: Ahora voy a soltarte las manos, pero tienes que prometerme que vas a dejarlas donde están y no vas a tocarme.

    Irene: Te lo prometo, pero dame una tregua de un par de minutos para besarte, por favor…

    Carla: Está bien, tienes dos minutos.

    Me incorporé rápidamente y sujetando su cara para que no pudiera retirarse empecé a comerle la boca con rabia, hasta que sin cumplir los dos minutos me separó.

    Irene: Eso no han sido dos minutos. -Me quejé.

    Carla: De verdad te pensabas que te iba a dejar? Ahora cumple con lo que te dicho, manos quietas.

    Irene: De acuerdo. -Gruñí.

    Carla subió mi vestido hasta mi ombligo y empezó a besarme en la cadera, bajó mi tanga y continuó besando mis ingles y mis labios. Subió a besarme en la boca mientras con sus dedos acariciaba mi clítoris y me introducía dos dedos y volvió a hacer lo mismo, pero esta vez era más cruel, cuando notaba que me excitaba demasiado y estaba cerca del orgasmo, alejaba su mano y paraba por unos minutos, al menos ahora sí me dejaba besarla.

    Carla: Tranquila ya queda poco. -Debí de darle pena o algo por la forma en que me lo dijo. Me dio un beso en los labios y bajó.

    Empezó a lamerme el clítoris y a introducirme la lengua y volvió a repetir la misma tortura, cada vez me daba menos tiempo de placer y más de pausa debido a mi nivel de excitación, mi cuerpo se retorcía, tanto cuando me hacía algo, como cuando me daba pausa, era increíble cómo leía mis reacciones y sabía cuándo detenerse.

    Carla: Te has portado como una campeona mi niña, ahora ya prometo dejarte.

    Empezó a lamer mi clítoris mientras introducía dos dedos y en cuestión de un minuto tuve un orgasmo brutal. Me sentía agotada y eso que yo no había hecho nada, simplemente me había dejado hacer. Mi cuerpo temblaba por la intensidad del orgasmo como no lo había hecho nunca. Carla limpió todos mis jugos, se limpió un poco la boca y subió a besarme de forma muy tierna.

    Carla: Lo siento si te he torturado mucho, pero te lo habías ganado a pulso y lo sabes.

    Irene: Ha sido increíble, creo que nunca había tenido un orgasmo tan intenso.

    Carla: Me alegro mi niña, ahora tenemos que salir antes de que se note mucho más que faltamos.

    Irene: Puff dame 5 minutos que me recupere y vamos.

    Salimos con discreción del despacho y volvimos separadas a la barra libre para que no se notara mucho, yo antes de volver pase por el baño y al abrir mi bolso para retocarme un poco el maquillaje, vi que el tanga de Carla seguía ahí, se me había olvidado por completo y con razón. Le envié un mensaje.

    Irene: Vas por la vida sin ropa interior? Sigo teniendo tu tanga.

    Carla: Bueno la noche es joven, luego me acompañarás al coche no? Y así te acerco a casa.

    Irene: Ah pues no sé, déjame pensarlo… tal vez me lo quede de recuerdo.

    Carla: Ya veremos qué pasa…

    Salí del baño y me fui para el grupito en el que estaban todos.

    Juan: Irene, dónde andabas? Tienes cara de cansada, ya te has bebido el bar?!?! Me habrás dejado algo de ron no?! Jajajaja.

    Carla: Eso Irene, dónde estabas? Luis te está buscando para bailar. Tiene razón Juan, pareces cansada Irene.

    Irene: Ah pues, he salido a fumar.

    Juan: Pero si tú no fumas loca!!

    Irene: Tampoco bailo y parece ser que me andan buscando. Me has echado de menos Juan?

    Juan: Yo siempre, la duda ofende. -Se hizo el ofendido.

    Estuvimos un rato riéndonos hasta que se acercó Luis con dos copas en la mano.

    Luis: Irene ya no te me escapas, topa una copita y vamos a por el baile que me has prometido.

    Irene: Venga vamos, lo prometido es deuda. -Me bebí media copa de un trago y se la di a Carla- Me la sujetas Carlita?

    Carla: Claro cómo no… -Y ahí volvía a estar su sonrisa falsa.

    Luis se esforzó en enseñarme algunos pasitos para bailar juntos y gracias al alcohol, me daba un poco igual hacer el ridículo. Me miraba a los ojos con su sonrisa perfecta, y yo igual lo miraba a él, que miraba la carita de perro de Carla al otro lado de la sala que nos miraba mientras bailábamos. La mano Luis que estaba en mi cintura parecía que se empezaba a descolgar y iba buscando el camino a mi culo, y su cara parecía que cada vez estaba más cerca de la mía, me estaba empezando a incomodar pero tampoco quería ser desagradable con él, pues descaradamente tampoco estaba haciendo nada y podía ser una imaginación mía.

    Luis: Puedo? -Me dijo al oído.

    Irene: Que si puedes qué? -Contesté extrañada al oído, puesto que con la música era imposible hablar de otra forma.

    Entonces noté como Luis empezó a recorrer el camino de mi oreja a mi boca con la intención de besarme, le puse la mano en el pecho y eché rápidamente mi cabeza para atras (una cobra en toda regla), quité su mano de mi cintura y me separé de él.

    Irene: Luis me parece que te estás equivocando.

    Luis: Lo siento, no ha estado bien. -Dijo avergonzado.

    Irene: Ha estado totalmente fuera de lugar, sabes de sobra que estoy casada.

    Luis: Tienes razón, lo siento, no volverá a pasar.

    Irene: Desde luego que no volverá a pasar.

    Iba a girarme para irme cuando noté que alguien me cogía por el brazo y tiraba de mí hacia atrás.

    Carla: Muy bonito Luis! Lo siento pero Irene es mía.

    Me fui con Carla entre risas en dirección al grupo donde estaban el resto de compañeros, dejando a Luis en mitad de pista muy avergonzado.

    Juan: Bonita cobra Irene, le has puesto nombre ya?

    Laura: Sí, creo que vas a tener que enseñarme a hacerla para mis encuentros con Juan.

    Juan: Laurita pero si tú te derrites en cuanto me acerco.

    Laura: Yo no me derrito, yo uso otras técnicas de huida, aunque esta me parece mucho más eficaz.

    Irene: No te preocupes Laura que yo te enseñaré.

    Estuvimos un buen rato los cuatro juntos bebiendo y charlando entre risas, hasta que decidimos que iba siendo hora de volver a nuestras casas y juntos salimos del hotel. Nos despedimos en la puerta del hotel, Juan y Laura se fueron en una dirección y Carla y yo en otra.

    Carla tenía el coche aparcado en un parking cercano al hotel, por el camino íbamos parándonos a besarnos en portales y en calles en las que no se nos viera mucho, ya que era sábado por la noche y había mucha gente por la calle de fiesta que nos podía conocer. Era un incordio el tener que andar a escondidas, pero merecía la pena. En cada rincón o portal que parábamos, mis manos iban debajo del vestido de Carla, la agarraba fuerte por el culo y acariciaba sus labios que estaban empapados.

    Irene: Todavía no hemos acabado la noche, así no puedes conducir, tienes que bajar un poco el alcohol.

    Carla: Tienes razón, la seguridad ante todo.

    Llegamos a su coche y directamente nos metimos en los asientos traseros, Carla se sentó encima mío, abrí la cremallera de su vestido, bajé el vestido hasta la cintura y le quité el sujetador y ella hizo lo mismo conmigo. Era la primera vez que teníamos ese contacto piel con piel y apretábamos con fuerza nuestros pechos. Me encantaba poder recorrer toda su espalda con las manos, mientras metía mi cabeza entre sus pechos y mordisqueaba sus pezones. Tenía una piel super suave que junto a su olor corporal y su perfume, me hacía perder la cabeza. Al no llevar la ropa interior puesta subí su vestido y la agarré por el culo, el vestido me molestaba, pues quería agarrar su culo y subir con mis manos recorriendo toda su espalda sin tener que encontrarme con él, pero era lo que había y tampoco me iba a quejar. Empecé a acariciar su coño, que seguía empapado y eso hacía que mis dedos se deslizaran con más facilidad. Nuestros corazones y respiraciones estaban a mil y los cristales del coche se empezaron a empañar. Carla sujetaba mi cara, me besaba con la pasión que sus gemidos le dejaban y apoyaba su frente con la mía mientras que clavaba sus ojos en los míos, su mirada y su cara era puro morbo cuando se ponía así. Empecé a introducirle los dedos y ella empezó a mover las caderas al ritmo en que yo la masturbaba, hasta que se paró en seco, soltó un gran gemido en mi oído, se tensó por unos segundos para después dejar caer el peso de su cuerpo sobre mí como agotada, mientras yo la abrazaba, la apretaba junto a mi cuerpo y besaba su cuello.

    Irene: Me gustan estos encuentros, pero algún día me gustaría que las dos pudiéramos estar totalmente desnudas en una cama.

    Carla: Lo sé mi niña, a mi también me gustaría y algún día llegará.

    Seguimos unos minutos más besándonos en esa postura, después Carla se sentó a mi lado, apoyó su cuerpo sobre el mío y estuvimos hablando en esa postura mientras yo deslizaba los dedos por sus pechos, jugaba con sus pezones y acariciaba su barriga.

    Veíamos un coche de color rojo cerca del nuestro en el que parecía que alguien se lo estaba pasando muy bien, ya que la amortiguación del coche subía y bajaba, los cristales estaban empañados y se podía ver una silueta en los asientos de atrás.

    Carla: No somos las únicas que se lo están pasando bien.

    Irene: Seguro que no se lo están pasando tan bien como nosotras esta noche.

    Carla: Eso seguro. Bueno ya va siendo hora de que nos vayamos no?

    Irene: Sí, se está haciendo tarde y luego tendremos que dar explicaciones… Prométeme que algún día pasaremos una noche entera.

    Carla: Es difícil pero de alguna forma podremos hacerlo, a mi también me apetece mucho.

    Nos vestimos, bajamos del coche y apoyadas en la puerta del coche nos estuvimos besando un ratito a modo despedida, eran los últimos besos hasta la próxima vez que pudiéramos tener nuestro momento y tenía pinta de que iba a pasar algo de tiempo ya que llegaban las vacaciones de Navidad. Mientras estábamos en lo nuestro oímos una voz, que nos resultaba familiar y venía de enfrente de nuestra posición.

    Juan: Joooder!!!

    Irene: Mierda!! -Miré hacía donde estaba Juan y apoye la cabeza en el hombro de Carla.

    Carla: No me digas qué… -No se quiso girar para mirar.

    Irene: Sí… es Juan…

    Carla: No será el del coche rojo? -Ahora sí se giró corriendo para mirar.

    Juan: Vale yo no he visto nada si vosotras… -No pudo terminar la frase cuando una voz se oyó detrás de él.

    Laura: Qué pasa? -Todavía no se había dado cuenta de la situación.

    Carla: Qué fuerte lo tuyo!!

    Laura: Ostras! Lo mío? Qué fuerte lo vuestro!!

    Irene: Eeeh vale! Sí! Muy fuerte lo de todos, vamos a calmarnos y a dejar de pegar voces.

    Nos acercamos los 4 visiblemente avergonzados, los 4 estábamos haciendo algo que no debíamos, los 4 estábamos casados y estaba claro lo que estábamos haciendo.

    Juan: Bueno pues parece que se ha quedado buena noche! -Bromeaba mientras se rascaba la cabeza y se hacía el despistado.

    Carla: Todos somos adultos y no tenemos que dar explicaciones, además yo personalmente me alegro por vosotros.

    Laura: No, si nosotros no estábamos haciendo nada…

    Irene: Laura os hemos visto, llevamos en el coche de Carla cerca de una hora…

    Juan: En realidad esto es bueno no? No tenemos que ocultarnos entre nosotros, ni disimular, es agotador… -Laura le pegó un codazo- A ver Laura es tontería, no han pillado, y ellas estaban haciendo lo mismo!!!

    Carla: Vamos a hacer una cosa, es tarde y estamos cansados, cada uno a su casita y ya hablaremos otro día de esto, vale?

    Irene: Me parece bien

    Laura: Si está bien.

    Juan: Perfecto pues.

    Volvimos a nuestros coches, y al llegar al nuestro, Carla y volvimos a besarnos antes de subirnos al coche.

    Juan: Jooder!!! Yo es que flipo!

    Irene y Carla: JUAN!!!

    Juan: Vale, vale!! Perdón chicas!! Ya os dejo.

    Laura ya se había subido al coche, era la que peor se había tomado la situación, Juan se subió al coche y salieron del parking.

    Irene: Alucinante lo de estos eh?

    Carla: Eeeh… es un poco fuerte que digas eso mientras me estás agarrando por el culo y me besas no?

    Irene: Jajajaja visto así…

    Nos estuvimos riendo, terminamos de despedirnos, nos subimos al coche y salimos del parking dirección a mi casa. Cuando llegamos nos dimos dos besos cerca de la boca y cuando me iba a bajar Carla me agarró del brazo.

    Carla: No se te olvida algo?

    Irene: Pues… No sé, creo que no?

    Carla: Hay algo en tu bolso que me pertenece.

    Irene: Aaahh!!! Eso!!! No, no, de eso nada, lo que hay en mi bolso me pertenece… Es mi trofeo, puede que algún día te lo devuelva.

    Carla: Vale… me lo apunto… Que descanses!

    Irene: Adiós guapa, que descanses.

  • Algunas confesiones sobre mi

    Algunas confesiones sobre mi

    1. Perdí la virginidad con un chico mayor (mucho mayor)

    2. Me he comprado un Lush

    3. He tenido sexo estando embarazada

    4. He cobrado por ello

    5. He ensayado para hacer buen sexo oral

    6. He participado en un Bukkake

    7. He practicado Omorashi delante de un cliente

    8. Una vez practiqué Glory-Hole

    9. He tenido sexo con personas de raza negra

    10. He dominado a un hombre gay

    11. Me ha dominado una señora lesbiana

    12. Durante una época dormía con pañal porque me orinaba encima por las noches

    13. He lamido pies

    14. Después de follar se han ido sin pagarme

    15. He sido follada con los ojos vendados sin saber quién era

    16. Me masturbo a diario

    17. He bebido café con semen

    18. Todos los coños que he lamido estaban sin depilar

    19. He besado a una persona transexual

    20. Me han escupido en la cara mientras me follaban

    21. Mi hijo ha visto mi cara con maquillaje corrido después de una mamada

    Recuerden, pueden escribirme a [email protected]

  • La historia de Ana (Capítulo 2)

    La historia de Ana (Capítulo 2)

    1

    “Yo amo a mi novio” fue lo último que me dijo esa noche. Minutos antes había festejado mi miembro grande, y mientras la penetraba, se burlaba de su novio, Andrés, que estaba en una juntada con amigos mientras yo la poseía.

    Luego de esa noche de locura supe que nada volvería a ser lo mismo. La imagen que tenia de Ana fluctuaba violentamente entre la chica frágil de rostro angelical, que en silencio parecía pedir protección y cariño, y la mujer lujuriosa que no se sonrojaba al aprovechar que su pareja estaba en otro lugar para encamarse con otro.

    Los días siguientes fueron raros y estresantes. Yo, que trabajaba de vigilante nocturno en el edificio donde ella vivía, estaba todo el tiempo expectante, esperando encontrarla a solas. Sin embargo, como si se burlara de mí, durante muchos días seguidos, fue de la mano de su novio, y parecían más enamorados que nunca.

    Yo intentaba decirme que no debía molestarme por eso. Después de todo, ella fue muy clara: no quería que la recrimine cosas, ni que exija su atención, ni que le envié mensajes a cualquier hora.

    Durante un tiempo respeté su decisión, y me mantuve a cierta distancia. La saludaba cordialmente sin demostrar confianza, y sólo le escribía por las tardes, pensando que Andrés quizá no estaba con ella en esos momentos. Eran mensajes simples y cortos “como estás”, y esas cosas. Ella a veces me contestaba escuetamente, y la conversación se cortaba luego de dos o tres mensajes. Yo toleraba su distanciamiento, porque esperaba que, inesperadamente, al igual que la primera noche que estuvimos juntos, tuviésemos unas horas de sexo traicionero y delicioso. Sin embargo, aquel día no llegaba, y mientras el tiempo pasaba, nuestra noche de lujuria iba pareciendo tan borrosa y confusa como un sueño.

    Andrés era agradable, y a veces, mientras esperaba a que Ana termine de arreglarse para salir juntos, se quedaba un rato a charlar conmigo. Hablábamos de libros, ya que ambos éramos grandes lectores, de política, de economía, y a veces hasta filosofábamos un poco. No me cabía duda de que si lo hubiese conocido en otras circunstancias hubiésemos sido grandes amigos. Pero el caso es que era el novio de Ana, y cada vez que hablábamos sentía una mezcla de envidia y culpa. Envidia por ser el hombre al que Ana amaba. Y culpa, porque mientras nuestra relación de pseudo amistad avanzaba, despacio, pero sin pausa, recordaba las palabras diabólicas de Ana: “Mi novio no me coge” “aprovechá a que está en una cena con sus amigos, aprovechá a cogerme”.

    Un sábado durante el día, Andrés me confesó que no se llevaba bien con Ana.

    — ¿Te puedo preguntar algo? — Dijo después. — Pero si no querés no respondas.

    — Decime. — Dije, intentando aparentar calma, aunque estaba ansioso por saber qué me iba a decir.

    — Viste que durante un tiempo con Ana nos peleamos, y varias noches no vine a dormir acá.

    — Puede ser. Pero la verdad no sabía que estaban peleados. — Dije. Andrés pareció percibir mi mentira, pero siguió hablando.

    — Una de esas noches que no vino conmigo ¿la viste salir a algún lado?

    — Que yo recuerde, no. — Mentí, cauteloso.

    — Pero si la vieras ¿Me lo dirías? — Agachó la cabeza, apesadumbrado. — hoy nos peleamos de nuevo. Pero mal. ¿Me dirías si la ves salir de noche?

    — Bueno, vos sabés que no debería hacer eso. Yo estoy trabajando acá, viste… pero bueno, yo te informo de sus movimientos — Le guiñé el ojo, cómplice. — Pero ni se te ocurra decirle que fui yo el que te lo dijo eh.

    — No, quedate tranquilo — Dijo él, abatido. Estaba a punto de salir a la calle, pero se dio vuelta hacia mí, y preguntó — ¿Y vino alguien a verla de noche?

    A escuchar su pregunta recordé al pelado con el que la había descubierto cogiendo una noche, y luego rememoré otra noche, mi noche. Yo había acabado, todavía adentro suyo, mientras sonaba el celular. Era un llamado de Andrés.

    — La verdad, que yo recuerde, no. — Dije, siendo sincero por una vez, ya que la noche anterior no la había visto entrar ni salir.

    — Está bien. cuento con vos entonces. Gracias, sos un amigo.

    Mientras cruzaba la puerta, yo imaginé que debería agacharse un poco, porque con esos cuernos gigantes que salían de su cabeza, no podría salir de otra manera.

    2

    Estaba seguro de que ese era mi día, no podía ser de otra manera. Ana se había peleado con su novio, y seguramente caería ante su impulso sexual. Sólo me tenía que asegurar de que desahogue conmigo. La idea de que otro tipo me gane de mano me aterrorizaba. A pesar de la creciente excitación, todavía albergaba sentimientos románticos hacía ella. Si no contara su actitud en el sexo, era una mujer tierna y dulce.

    La vi salir del ascensor, al rato de que Andrés salió.

    — ¿Se fue? — Me preguntó. A pesar de su aspecto triste se la veía hermosa. Su cara estaba un poco más pálida que de costumbre, parecía cansada. Vestía un pantalón de jean bastante ajustado. De a poco, iba adquiriendo un aspecto más sensual.

    — hace un rato. — Contesté. Devorándola con la mirada. En ese cuerpo chiquito había todo lo que un hombre podía apetecer, y mucho más. Su rostro, ensombrecido, no dejaba de ser bello y sensual a la vez. Los labios finos, la nariz pequeña, y los pómulos grandes invitaban a darle muchos besos. Su piel era blanca y tersa, y yo recordé la vez que la ensucié con mi semen. Toda su pulcritud manchada con mi virilidad.

    — Nos peleamos de nuevo.

    — ¿ah, sí? Pensé que ya se estaban llevando bien. — Dije. ella pereció notar cierta ironía en mi manera de hablar. Sonrió.

    — Te aviso que hoy no quiero hacer nada. — advirtió — estoy muy cansada.

    — No te preocupes. No te pensaba presionar. — Mentí. — Yo te quiero mucho Anita, y sabés que podés contar conmigo… en todo.

    — Gracias. — dijo. — voy a hacer unas compras. Enseguida vuelvo.

    Volvió después de dos horas, con un montón de bolsas cargadas en los brazos.

    — Te ayudo princesa. — le dije, luego de abrirle la puerta. Sin esperar respuesta agarré varias bolsas.

    — Desde cuándo me decís princesa.

    — Desde hoy. —dije. abriendo la puerta del ascensor. Ella entró, y yo la seguí.

    — No, esperá no hace falta que subas, además te van a retar.

    No le respondí. Me limité a marcar su piso.

    — Bueno, hasta acá llegamos, muchas gracias. — me dijo, una vez que llegamos, mientras abría la puerta del ascensor.

    — No seas tonta ¿Me tenés miedo? — Dije, bromeando.

    — Un poco. — rió ella también.

    Llegamos a la puerta, ella puso la llave en la cerradura, pero antes de girarla, cautelosa, dijo:

    — Dámelas Gaby, y muchas gracias.

    Le di sólo algunas bolsas, dejando una mano libre, con la cual giré la llave, y abrí la puerta.

    — En serio Gaby, no quiero que entres. — Dijo, seria. Pero ya la tome de la cintura, y empujándola hacia adentro, con determinación, la hice entrar, conmigo a sus espaldas.

    Cerré la puerta. Tiré las bolsas al piso.

    — En serio, no quiero nada.

    Le pellizqué el culo. Ana me dio un cachetazo. Se alejó un poco. Pero sólo fue cuestión de dar unos pasos para agarrarla de la cintura y apretarla contra mi cuerpo. Mi sexo se estaba despertando, y ella, involuntariamente frotaba su cadera en él, haciendo que se endurezca lentamente.

    — No me vas a tener cuando vos quieras. — Me dijo. pero seguía atrapada con mi brazo, que era muy fuerte para una chica de cuarenta y cinco kilos. —¡Basta Gabriel, en serio! — dijo, dándome empujones débiles.

    Si lo pienso racionalmente, ese era momento de dejarla en paz. Pero en ese momento mi cuerpo no era dominado por mi mente, sino por mi pene. Su rechazo me excitó. Mientras forcejeábamos, la tenía abrazada a mí. Sentía su olor, magreaba sus tetas, y tanteaba el culo con la mano libre. Ella retrocedió unos centímetros, pisó una de las bolsas de supermercado, pareció haber roto algo, porque su rostro se tornó preocupado. En ese momento bajó la guardia. Tomándola de los hombros, con un fuerte empujón en los hombros, la hice poner de rodillas. Su carita reflejó indignación, mientras miraba como me bajaba el cierre del pantalón. ya había esperado mucho, ya no tenía paciencia para conquistarla en el poco tiempo que estuviese peleada con Andrés, y de ninguna manera me arriesgaría a que escoja a otro para sacarse la calentura.

    — No quiero, no quie… — su segunda negativa quedó acallada cuando le tapé la nariz. Saqué mi verga de su escondite. Ana se rehusaba a complacerme, pero ya había dejado de resistirse. Fue cuestión de segundos, hasta que se vio obligada a respirar por la nariz. — Hijo de puta. — Dijo, con la voz gangosa debido a la nariz tapada. Acto seguido abrió la boca de nuevo, y ahí le enterré mi verga, la cual pasó por unos labios necios, apretados, hasta mojarse con la lengua viciosa. Y a partir de ahí ya no fue necesario forzarla más.

    Me la chupó con vehemencia, concentrándose en el glande, dándole lengüetadas babosas en el prepucio y en toda la cabeza. la agarré del pelo, para que no le cayera a los costados mientras mamaba. Se los tironeé sin querer. Ella chilló.

    — No pares princesa. — le ordené. Y la princesa no paró.

    Las bolsas llenas de mercaderías nos rodeaban, como únicos testigos de la sumisión de Ana. Ese fue el día en que conocí su oscuro secreto, ella cedía fácilmente. Podría negarse en principio, pero una vez que se encontraba acorralada por una pija no había manera de que se negara.

    La constante estimulación en el glande hizo que acabara enseguida. Embriagado por mi poder recién adquirido, la obligué a que abriera la boca, y tiré dos chorros de semen, que fueron a parar a su lengua.

    Se fue al baño, a escupir el semen, y a lavarse la boca.

    — Ya está. Andáte por favor. — Dijo, suplicante. — No tenía ganas de estar con nadie hoy.

    — Ponete en bolas. — fue mi única respuesta.

    — No, por favor, no quiero. En unas horas vuelve Andrés.

    — Si no te ponés en bolas, te desnudo yo. — Dije, implacable.

    Ana me miró con resignación. Por lo visto no pasaba por su cabeza pedir a gritos ayuda, lo que reafirmó mi convicción de que en realidad sí quería hacerlo.

    Me acerqué a ella, la agarré de la muñeca, y la llevé hasta su cuarto.

    Le arranqué las ropas una a una. Ella estaba muda. Cuando estuvo totalmente desnuda la tumbé boca arriba sobre el colchón. Me quité los pantalones. No me molesté en ponerme preservativos, quería sentir la humedad de su sexo en mi propia carne. Me puse encima de ella. Ana tenía la cabeza apoyada de costado sobre la almohada, mirando la pared. Su expresión era de una apatía desesperante. La penetré. Había cierta humedad en ella que negaba su actitud. La penetré de nuevo, ya enterrando la mitad del tronco. Su cara seguía fingiendo desinterés, pero su cuerpo se convulsionó. Hice otro movimiento pélvico, y se la enterré entera, de una sola vez. Sentí la presión de su sexo, mientras mi instrumento la perforaba hasta las profundidades. Ana gimió, sus ojos se abrieron, desorbitados, y miraron los míos.

    — Despacito por favor. Mas despacio. — rogó entre susurros.

    Como castigo por su actitud reacia, y por haberme hecho esperar tanto tiempo hasta el próximo polvo, se la metí con más fuerza, haciendo temblar la cama, al tiempo que Ana se hundía en el colchón al recibir semejante pijazo.

    — Por favor, despacio. — suplicó.

    — Me encanta que supliques. — le dije, dándole otro pijazo. — Dale, suplicame.

    — Por favor, no. — dijo Ana, y yo disminuí la intensidad sólo un poco. — Por favor, mas despacio. — repitió, una y otra vez. Entonces fui disminuyendo la potencia.

    Cuando le daba las últimas embestidas vi que sus ojos brillaban, y una lágrima se escapaba, deslizándose por el pómulo. Me dio mucha ternura. La abracé, besé su lágrima, y acabé adentro suyo.

    3

    Me pregunté reiteradas veces si me estaba volviendo loco. Y siempre la respuesta era un rotundo sí. Ana me enloquecía, me hacía hacer cosas que nunca haría con otra mujer. Y para contribuir más a mi locura, luego de aquella tarde de sexo, lejos de estar distanciados por tiempo indeterminado, comenzamos a vernos con mas frecuencia.

    Solo hubo una semana (o menos) de distanciamiento. En esos días llovieron los reproches de Ana debido a mi actitud violenta, y a no respetar su negativa. Pero ese discurso fue fácilmente contrarrestado, con una simple pregunta, “pero yo no te obligue a nada ¿o si?” Estaba seguro de que Ana no podría rebatir eso, cierto que fui muy insistente, pero si realmente no hubiese querido hacerlo, habría encontrado la manera de rechazarme. “No, a mi nadie me obliga a hacer nada”. Admitió finalmente. Luego me contó, también con aires de reproche, que tuvo que tomar la pastilla del día después. Sin embargo. coincidimos en que coger sin preservativos fue responsabilidad de ambos, y ya no se habló más del tema.

    Una vez que los rencores fueron quedando atrás, y sumado a que continuaba en un ida y vuelta con Andrés, empezamos a vernos más seguido.

    Normalmente esperábamos hasta las dos de la mañana, para asegurarnos de que ya no entrase o saliese gente del edificio, y así no comprometer mi trabajo. Durante dos semanas fui mas feliz de lo que puedo recordar. Hicimos el amor en cada rincón de su departamento. Ana era sumisa en la cama, era mi juguete sexual, podía hacer lo que quisiera con ella. Pero un día todo se fue a la mierda.

    Una noche como cualquiera. Sólo bastaba con que no haya vuelto con Andrés para saber que a la madrugada sería mía. Sin embargo, la vi llegar, y no estaba sola. Dos hombres la acompañaban. Uno era alto y canoso, el otro tenía una barriga inmensa. Ambos hombres más que maduros. Me puse de pie, por inercia. Sentí el calor que subía hasta mi cabeza. Ana me miró, pero no dijo nada. Los hombres que la seguían se deleitaban mirándole el culo. No necesitaba que nadie me explique a qué venían esos tipos.

    Me quedé en mi puesto, dando vueltas, desquiciado. Sabía que mientras yo estaba ahí, esos dos viejos se estaban cogiendo a mi Ana. Pero ¿por qué estaba pasando esto? Si todo iba tan bien. Mi odio era casi tan grande como mi amor por ella. no podía tolerarlo. Pensé en subir a asegurarme de que no eran imaginaciones mías, pero por esta vez no necesité hacerlo. Me pareció que estaba todo claro. A las dos horas bajaron los tipos con expresión satisfecha. Les abrí la puerta, sintiendo repulsión por ambos. Luego le toqué el timbre a Ana. Eran las dos de la madrugada, pero no me importaba si algún vecino escuchaba. Esperé unos minutos más y toqué el timbre de nuevo. Le mandé algunos mensajes que no fueron contestados. Entonces subí hasta su piso, y llamé a la puerta. Salió a atenderme. Estaba recién bañada. Se había puesto un vestido a las apuradas. Estaba recién bañada. Di un empujón a la puerta, y entré.

    La agarré del cuello, y la puse contra la pared.

    — ¿Quiénes son esos? ¿Por qué vinieron a verte tan tarde? ¿Qué hicieron? — pregunté, rabioso.

    — Vos sabés lo que hicimos. — dijo Ana. A pesar de que mi mano rodeaba su cuello, sólo oprimía con la fuerza necesaria para que se sienta amenazada.

    — ¿Y porqué no me llamaste a mí? Si yo estoy acá abajo ¿Por qué tuviste que traerlos a ellos? ¡Me querías humillar! — apreté con más fuerza. Sentía las lágrimas chorrear por mi cara. — ¡Contestame!

    Ana llevaba un vestido azul. Su pelo castaño, húmedo, suelto. Su rostro precioso, indefenso, con una sombra de miedo.

    — No te quería humillar. Y yo no los traje, ellos me trajeron a mi. Vos mejor que nadie sabés cómo soy. Yo no quería estar con ellos.

    — y entonces ¡¿por qué te los cogiste?! — grité. Ya no daba más. Me estaba muriendo de rabia y de amor.

    — Estuve con ellos, porque ellos quisieron. Nada más. Yo no quería. Pero ellos quisieron, y eran dos. Así que dejé que hagan lo que quieran. Es lo que hago siempre. No tengo explicación.

    — Quiero saber quienes son. Y quiero saber todo lo que hicieron en tu departamento, mientras yo estaba acá abajo como un idiota.

    — Hicimos lo que ya imaginás, no tiene sentido que te lo cuente.

    — Contame todo. — dije, soltando su cuello. La abracé, le di un beso en la frente. Contame todo mi amor. — susurré. — contame todo. — repetí, acariciando su pierna, mientras, despacio, levantaba su vestido.

    Y entonces Ana me contó todo:

    «Al tipo canoso lo conozco hace años, de un teatro donde nos juntamos a bailar tango. Al otro no lo conocía, lo conocí hoy. ¿Qué te asombras? Vos ya sabés como soy. ¡ay despacio, no me muerdas así las tetas! Si, si, ya te cuento, si tanto morbo te da, ya te cuento. A veces voy a tomar algo al barcito ese de Parque Chas, el que está frente al teatro, viste. Y ahí me lo encontré a Juan Alberto. Yo sabía que le gustaba, pero desde que estoy mal con Andrés vos me tenés bastante satisfecha así que nunca le di bola. ¿Por qué decís que miento? Es la verdad. Aunque a veces sos muy bruto, te preocupas más por mi que el boludo de Andrés. ¡Ay Gabriel! Me dan cosquillas los besos en el culo. Bueno, ya te cuento. Estuvimos charlando un rato, tomamos algo. Al rato aparece su amigo. Son grandes los dos. Mas de cincuenta. Sí, me gustan los grandes. En realidad, me gustan todos jaja. Bueno, no pongas esa cara, vos preguntaste. No sé qué pasa por mi cabeza Gabriel. Vos no podrías entenderlo. A mi no me gusta acostarme con cualquiera. Pero a veces tengo miedo, y también tengo ganas. Se mezcla todo, y no puedo decir que no. Eso me pasó con Juan Alberto y su amigo. Se ofrecieron a acercarme. Me insinuaron varias veces que estaría bien tomar una taza de té. Yo no sabía cómo decirles que no. Ahora se me ocurren mil excusas, pero en ese momento no pude decir que no. En el fondo sabía que si los hacía pasar a mi departamento ellos iban a querer algo. pero ya estábamos en la puerta del edificio, estacionando el auto, y ellos se habían tomado la molestia de traerme, y además me pagaron los tragos. No pude inventar una excusa sin quedar como una mal agradecida. Sabía cómo iba a terminar eso. Cuando entramos, y vi tu cara, totalmente enojado, pensé que ibas a hacer una locura, y se iban a terminar agarrando a piñas. Por un lado quería eso, porque así, quizá me los sacabas de encima. Pero sólo te quedaste mirando con cara de loco. Y yo iba con los dos tipos a tomar una taza de té, pero sabía que ninguno iba a tomar té. Apenas llegamos fui a la cocina mientras el amigo de Juan Alberto pasó al baño.

    Juan Alberto se puso detrás de mí, y me acarició el culo mientras yo ponía el agua. ¿viste que alto que es Juan Alberto? No, no la tiene tan grande como vos jaja. Besame primero las piernas Gaby, y después subí, despacito. Yo no hice nada cuando me tocó así. Nunca supe qué hacer en esas situaciones. Desde que el tío Luis me metió mano, cuando pasan esas cosas me quedo petrificada. Sí, Gabriel, mi tío abusó de mí. Seguí chupando si querés que te cuente. Como no dije ni hice nada, Juan Alberto siguió manoseando. Me tocaba como si fuese una cosa. Entonces salió del baño su amigo. Yo me aparté de Juan, pero parece que el otro había visto algo. “Que linda gatita tu amiguita eh” dijo el tarado. Y el hijo de puta de Juan Alberto me agarró de la muñeca, y de un tirón me acercó a él. “si, viste lo que es” dijo y me pellizco el culo de nuevo, y me abrazó por atrás a me manoseó las tetas, como mostrándole al otro lo buena que estaba. No sé cómo se tomó tanta confianza, si nunca estuvimos juntos, pero metía mano como un loco, y con los dedos escarbaba la raya. Un pajero de aquellos. “Ya está el agua” les dije, haciéndome la tonta. Y cuando me fui para el lado de la cocina, el amigo, el gordo ese se me fue al humo. De repente estaba rodeado por los dos. Me apretaron con sus cuerpos, uno por detrás y otro por delante. Yo sentía sus erecciones en mis nalgas y en las caderas “Yo no quiero hacer nada” les dije “¿ah no?” dijo el gordo, burlándose, y me agarró del culo, apretándome fuerte, abarcando con la palma todo el cachete, mientras sus dedos frotaban la raya del culo. “Yo no puedo hacer nada contra ustedes dos” les dije “yo apenas peso cuarenta y cinco quilos” les dije. esperaba que se den cuenta que si no forcejeaba era sólo porque no quería que me lastimen. Pero ellos no me hicieron caso Gaby, me bajaron la calza, me sacaron la zapatilla, el agua hervía, nadie iba a tomar té esa noche. Me quitaron la remera. Quedé en bombacha y corpiño. Ya no podía hacer nada Gaby, ¿Qué iba a hacer? igual que esa vez que subiste como loco y me cogiste aunque te decía que no ¿te acordás? Sí, vos sos igual Gaby, pero no pares de chuparme. Si, ahí, apretarme el clítoris con los labios. Los tipos tenían las manos frías. Se frotaban por todas partes, principalmente por el culo. Les encantaba mi culo. Después me pusieron contra la pared, y se turnaron para cogerme. Ni siquiera me llevaron a un lugar cómodo. Estábamos en la cocina, yo con el pie descalzo, apoyada los brazos en la mesada, mientras el agua empezaba a evaporarse, y los tipos me cogían sin asco. Cada tanto largaba un gemido, y ellos se volvían locos. Juan Alberto me agarraba las tetas mientras me la ponía ¿esos detalles querías saber Gaby? Eso hacía, me agarraba fuerte las tetas. “Menos mal que no querías, putona” me decía al oído. Yo realmente no quería, pero no sé decir que no Gaby, además, mi cuerpo, en algún momento empieza a traicionarme. Me sentí lubricada. La adrenalina que me daba el miedo y la pija de Juan Alberto terminaron por calentarme ¿Qué querés que te diga Gaby? Es la verdad. Seguí chupando, por favor, chúpame la concha, después te la chupo yo sé que te gusta. El gordito me dio mordiscos en el culo. Me chupó toda, y me dejó baba por todas partes el asqueroso. Y después me cogió. Igual que su amigo, pero con movimientos menos ágiles. ¿Para qué querés saber eso? Tenía la pija petisa, pero gruesa. Y me hizo gemir también. Alberto me había acabado en el culo, y a este chancho no le importó mancharse con el semen del amigo. Y si, también me acabó en las nalgas. Les pedí que por favor se fueran. Se rieron. Juan Alberto ya estaba al palo de nuevo. El otro se puso al lado suyo y se empezó a pajear. “chupalas puta” dijeron. ¿Y qué podía hacer? ya me habían hecho lo que quisieron. Fui, y agarré las dos pijas, y se las chupé, por turnos cortos, masajeando una pija mientras chupaba la otra. Fue lo que menos me gustó hacer en la vida, pero a los hombres les encanta eso. Si Gabriel, me tragué todo. No me gusta, pero ya no quería perder energías en negarme. Eso es todo Gaby, ya voy a acabar. ¡Ay si!»

    Cuando acabó sus piernas apretaron mi cabeza, como tenazas, y yo sentí la fuerza de todos sus músculos contraídos, mientras sus jugos vaginales impregnaban mi lengua, que todavía masajeaba el clítoris. Fue delicioso.

    Con mi cara empapada, quedé envuelto en sus piernas, con la cabeza en su ombligo, sintiendo su respiración agitada.

    — Contame más.

    — Qué querés que te cuente.

    — ¿Desde hace cuando que sos así?

    — Así ¿cómo? — me dijo, mientras me acariciaba la cabeza.

    — Vos sabés a qué me refiero.

    — Así de puta. A eso te referís.

    — Yo no dije eso.

    — Pero es lo que pensás ¿o no? te cuesta decir la palabra, pero en el fondo pensás que soy una puta.

    — No pienso eso.

    — Si supieras más cosas de mí, pensarías que soy una puta.

    — Quiero saber.

    — Vos tampoco estás muy bien de la cabeza ¿sabías?

    — Me imagino que si estoy con vos no debo estarlo. — con la yema del dedo índice, dibujé círculos alrededor de su ombligo. — Pero te amo.

    — No me digas esas cosas.

    — Contame más historias. Quiero saber quién te coge. Eso sí, la próxima vez que vea a alguien entrar con vos lo voy a sacar a patadas y te voy a coger yo.

    — ¿Y si me los cojo en otro lugar?

    — Más vale que no me entere. Y no me contaste desde hace cuánto sos así.

    — Así de puta… desde que Andrés no me coge.

    — ¿Por qué estás con él?

    — Porque lo amo.

    — Aparte de mí ¿con quien más estás? Decime la verdad.

    — con tres pendejos.

    — ¿Tres pendejos?

    — Sí. Eran alumnos míos de violín. Todavía no sé cómo tuvieron las bolas de encararme.

    — ¿Y ellos te obligan también?

    — Sí.

    — ¡Cómo!

    — Una vez estuve con uno de ellos. El mas grande, veinte años. Me agarró con la guardia baja. Uno de esos días en que me peleé con Andrés. Estaba convencida de que me estaba cagando con otra mina. — agarró un mechón de mi pelo y lo apretó mientras recordaba la supuesta infidelidad del pobre de Andrés. — El pibe se había quedado hasta última hora a ayudarme a ordenar el salón. Yo notaba que me tenía hambre. En un momento me comió la boca, y de ahí a garchar, sólo hubo un paso.

    — ¿Y los otros? — pregunté. La excitación por saber los detalles de cómo tres pendejos se culeaban a Ana opacaban los celos enfermizos que intentaban adueñarse de mí.

    — Los otros dos… — Dijo Ana con un suspiro. — Federico, el que estuvo conmigo, era un hijo de puta. Me sacó fotos en bolas. Y usan eso para obligarme.

    — contame, contame todo mi amor. Pero esperá, primero…

    Me liberé de sus piernas y me recosté a su lado. Mi sexo estaba hinchado y colorado.

    — ¿Primero qué? — dijo ella, traviesa.

    — Vos sabés. — dije. puse la mano en su nuca, y la ayudé a dirigirse al camino correcto. Mi verga la esperaba, olorosa, babeante de presemen. Ana abrió la boca y se la tragó casi en su totalidad. Realmente la amaba.

    Continuará.

  • Mi vecino morboso (Parte 2)

    Mi vecino morboso (Parte 2)

    Después de la rica cogida que me había dado Gabriel, había queda muy satisfecha por su deliciosa verga gorda, creo que la enorme sonrisa que tenía al ir por mis hijos delataba lo gozosa que estaba por Gabriel.

    Mientras regresaba a mi casa con mis hijos me volví a encontrar a Gabriel en compañía de su madre y mientras saludaba a norma con un beso en la mejilla, nuestras miradas se encontraron y ambos soltamos una sonrisa de complicidad por lo que había pasado hace solo unas horas en mi cama.

    Me despedí de ella y mientras me dirigía a mi casa nuevamente la mirada de Gabriel estaba fija en mis nalgas, lo que hizo que caminara más lento modelando mis nalgas mientras me alejaba. Llegue a mi casa y mientras preparaba la comida no dejaba de pensar en la rica cogida que me había dado.

    En todo ese día no dejaba de pensar en él y al caer la noche mientras estaba acostada en mi cama, me termine masturbándome recordando lo que habíamos hecho, y con mi marido trabajando fuera de la ciudad tenía una semana completa para disfrutar.

    A la mañana siguiente la espera por volver a estar sola con Gabriel se me hizo eterna, estaba muy ansiosa de volver a saborear su verga y por supuesto no era la única con ganas de repetirlo, cuando pase de nuevo enfrente a Gabriel llevando a mis hijos a la escuela con solo vernos y sin cruzar palabra alguna me daba cuenta de lo ganoso que estaba y es que no necesitaba hablar sus ojos llenos de lujuria lo decían todo.

    Apenas regresaba de la universidad y de inmediato lo metía a mi casa, me desnudaba por completa y me montaba en su gorda verga, cogíamos sin parar en cada rincón de mi casa hasta que era hora de ir por mis hijos a la escuela. Esto se repitió toda la semana y faltando 2 días para que mi marido regresara tenía que disfrutarlo lo más que pudiera.

    Con mis hijos en casa el sábado no pudimos estar juntos, y quedando solo un día tenía que aprovecharlo, el domingo me levante muy temprano con toda la intención de volverme a comer a Gabriel. Lleve a mis hijos con mi suegra para que me los cuidara unas horas inventándole que mi hermana estaba enferma, mi suegra siempre es mi mejor cómplice sin saberlo.

    Estando sola nuevamente lo único que faltaba era traer a Gabriel, de camino a mi casa le envié un mensaje a su teléfono donde le dije que lo espera dentro de una hora. Antes de que llegara Gabriel me metí a bañar, me vestí con una blusa top azul celeste y una falda negra corta acompañada de unas bragas rojas y unos tacones negros, me mire en el espejo y mis tetas se veían enormes casi escapando del top. Termine de arreglarme y me fui a mi sala a esperar ansiosa a Gabriel.

    Mientras lo esperaba mi rajita comenzó a cosquillar de lo emocionada que estaba, pasaron 10 minutos y Gabriel apareció afuera de mi casa, rápidamente lo deje entrar para que mis vecinos no lo vieran. Me pregunto por mi marido y le dije que no regresaba hasta mañana, cerramos la puerta Gabriel se abalanzo a besarme, me comía a besos mientras me decía lo rica que me veía y que le daba lastima mi pobre cornudo.

    Me seguía besando mientras recorría todo mi cuerpo con sus manos, apretando y masajeando, mi faldita corta que apenas cubre mi cola y mi escote con mis pronunciadas tetas lo estaban volviendo loco, sin aguantar más, Gabriel me bajo el top hasta mi cintura dejan libre mis grandes tetas.

    Empezó a acaricias mis suaves tetas con sus inquietas manos hasta llegar a mis duros pezones, comencé a gemir levemente sintiendo como masajeaba con desesperación mis tetas, acerco su boca a ellos y con sus húmedos labios comenzó a chuparlas, la forma en que Gabriel me comía las tetas eran tan placentero.

    Mientras me chupaba las tetas bajo sus manos a culo y me comenzó a frotar mis nalgas, con mi rajita mojándose y mis pezones duros no aguantaban más, pequeños gemidos escapan de mi boca mientras me devoraba las tetas, sin esperar más tiempo nos fuimos a mi dormitorio.

    Llegando a mi recamara Gabriel se quitó su camisa y su pantalón quedando solo en bóxer, su gorda verga no cabía en su bóxer, me siento en la cama y con su enorme bulto frente a mí no pude resistirme más y le arranque el bóxer soltando su verga hacia mi rostro.

    Le comencé a chupar la cabeza, dándole pequeños besos mientras lo pajeaba con mi mano, Gabriel solo se retorcía de placer a casa lamida que le daba a su verga, seguí chupando su cabeza hasta que Gabriel me toma de mi cabello guiándome lentamente hasta meterme toda su verga en mi boca quedándome sin aire.

    Se la estaba comiendo entera, su enorme verga me tenía ahogada pero estaba tan gustosa de estar chupándoselo, seguí mamándosela saboreando toda su falo y huevos, literalmente se la estaba puliendo con mi boca.

    Con su miembro palpitando en mi lengua Gabriel estaba a punto de correrse, me volvió a sujetar de nuevo de mi cabello y exclamando que me la trague toda se corrió llenándome la boca de leche, como becerrita hambrienta me trague hasta la última gota de leche.

    Gabriel estaba agitado pero con su verga aun dura, Gabriel me dijo que pusiera en cuatro sobre la cama, lo obedecí y de inmediato me quito mis bragas rojas mientras se colocaba atrás de mí, estaba ansiosa en cuatro sobre la cama con mi rajita toda hinchada y mojada por lo caliente que estaba, guio su gorda verga a la entrada de mi rajita y me la hundo con un solo movimiento de cadera, me quede muda siéndome atrapada por esa joven verga.

    Sin darme tiempo a reaccionar, Gabriel empezó a embestirme con furia sujetándome por mis cintura, sin poder contenerme comencé a gemir sintiendo como me taladraba de nuevo esa vigorosa verga, Gabriel estaba como desesperado clavándome una y otra vez en su verga mientras repetía que me cogía mejor que mi cornudo.

    Me estaba destrozando con cada arremetida de su verga y comencé a gemir como loca por lo rico que me estaba cogiendo, me hacía grita y gemir como si estuviera en celo mientras Gabriel estaba frenético bombeándome con todas sus fuerzas sin tener piedad de mí preguntándome si él me cogía mejor que mi esposo, con mi rajita siendo ultrajada completamente por esa vigorosa verga le respondí gritándole que sí, que él me cogía mucho mejor que mi marido.

    Decirle eso no hizo otra cosa que excitarlo más y echándose sobre mí apretándome fuertemente las tetas se comenzó a correr llenándome por completo mi rajita de leche en medio de un poderoso grito, caímos sin fuerzas sobre la cama sin aliento.

    Mientras descansábamos en la cama Gabriel no paraba de besarme y de acariciarme mis tetas hasta que su verga se puso dura nuevamente, y como era nuestro último día me volvió a taladrar sin parar hasta que ya no pudo más del cansancio, lo deje seco al pobre.

    Nos vestimos y nos despedimos con un largo beso, Gabriel me dejo muy satisfecha y bien cogida y ansiosa por nuestro siguiente encuentro.

    ******************************

    Mis amores espero que les haya gustado el relato y también quiero darles las gracias por los mensajes que me envían a mi correo y a mi Facebook, les envió un beso a todos.

  • Violación motivada

    Violación motivada

    Teníamos que cambiar una ventana de nuestro dormitorio y mi esposo me dijo que vendrían a tomar las medidas por la mañana y la harían en la semana. Se marchó a su trabajo en la agencia y yo me preparé a llevar a mi hija al jardín infante, antes de que vengan.

    Aproximado a las 9 hs., vino un señor que tomó las medidas y me prometió que la terminaría e instalaría en la semana. Mi hija de 4 años (fui madre a los 30) concurre al jardín a las 9 y sale de él a las 5 de la tarde. Siempre la llevo yo pues el colegio está cerca de nuestra casa, tanto que a veces no la llevo en el coche, sino que vamos caminando.

    Los martes y jueves, después de dejarla en el colegio, voy al gimnasio pues me gusta mantenerme en forma. Mi esposo, bastante mayor que yo, no le interesa mantenerse activo, pero no le molesta que me ocupe de mi físico.

    Él es muy introvertido y su mayor ocupación es el trabajo, tanto que luego de que fuimos padres si no soy la que lo busca sexualmente, él no inicia acción alguna. Me estoy cansando de ser siempre la iniciante.

    El jueves combinaron con mi esposo para instalar la ventana que reemplazaría la de madera por aluminio y vendría a las 9.30 hs. por lo tanto no pude ir al gimnasio y esperé a los colocadores, porque el dueño estaba enfermo y vendrían un par de empleados a hacer la tarea. Llegaron puntualmente 2 muchachones de unos 25 a 30 años. Uno tenía la cabeza rasurada y el otro en cambio tenía una larga cabellera. José y Luis respectivamente.

    Se pusieron manos a la obra y como no quería perder mi rutina de ejercicios me cambié en mi baño en suite, poniéndome un pantaloncito de gimnasia y una remera en la parte superior y pasando frente a los muchachos que estaban en su tarea, les avisé:

    -Estaré en el jardín haciendo ejercicio. Si precisan algo me llaman.

    -Vaya tranquila, señora -dijo el pelado- nosotros la vemos desde la ventana.

    Me dediqué a mi rutina habitual y cuando terminé, cansada y traspirada, fui al dormitorio a ver como estaba la tarea. Les llevé una par de refrescos y me senté en una poltrona mientras también me tomaba un jugo y observaba el trabajo.

    Noté que José (el pelado) me miraba el trasero, descaradamente. Lejos de molestarme; me hizo sentir bien. A una mujer siempre le gusta gustar. Caminé buscando algo de ropa para cambiarme, por el dormitorio y los 2 muchachos se dieron el gusto de mirarme la cola paradita y apretada en el pantaloncito de gimnasia.

    Sé que tengo un cuerpo deseable para muchos hombres (no para mi esposo). Mi busto se mantiene firme, como mi cola y mis carnes. Mi cabello lacio castaño a pesar de estar húmedo, se ve atractivo.

    -Chicos -les dije- voy a darme un baño y cambiarme mientras ustedes terminan.

    -Tranquila, señora. -dijo el melenudo- todavía falta para irnos.

    Sentí sus miradas en mis nalgas entrando al baño. Me divertía sus actitudes.

    Me bañé y me puse un vestidito liviano de falda corta abotonado al frente. Hacía calor intenso y no me puse el molesto corpiño. Descalza aún, salí del baño y ya estaban terminando la instalación.

    Los muchachos estaban con bermudas (era una mañana de un calor elevado) y con camisas de mangas cortas sin abotonar.

    -¿Qué tal quedó esto? -dije mirando su trabajo.

    -Pruebe el cierre de las ventanas -contestó Luis.

    Comprobé el buen funcionamiento y la terminación. El trabajo estaba perfecto. Estando frente al ventanal, Juan se paró detrás de mí y pasando el brazo por mi costado dijo:

    -Fíjese que bien se desliza la persiana -dijo accionando la cinta. Subiendo y bajándola.

    Se había puesto a mi espalda y para accionar la cinta, usó ambas manos, pasando los brazos por mis costados. Sentí su cuerpo pegado al mío y el bulto de su bermuda dejaba notar una considerable erección. Sentía en mi cola el miembro tieso de José.

    -me parece que te estás equivocando conmigo -le dije seriamente, apartándolo de un empellón.

    -No me estoy equivocando -dijo, mirándome a la cara a pesar de la penumbra del cuarto con la persiana cerrada.

    -Los reportaré con el dueño de la empresa -los amenacé.

    Tomándome por los hombros, me dijo amenazante:

    -Nosotros diremos entonces de sus provocaciones. Nadie le creería.

    -¿Qué provocaciones? -me defendí.

    -La de pasearse con ese pantaloncito cortito, ofrecernos bebida y ahora ponerse este vestidito que muestra sus piernas tentándonos a acariciarlas -dijo afirmando con la cabeza y metiendo su mano bajo mi faldita corta.

    Tomé su mano bajo mi falda y apartándole, les grité a ambos;

    -¿Están locos? -y continué- ¿Qué pretenden?

    -Usted sabe bien que queremos. Por eso nos estaba excitando -afirmó, poniendo nuevamente la mano en mi pierna y acariciándome.

    Debía mantener mi dignidad y decoro, pero también me gustaba sentir que era capaz de hacer esta locura a dos hombres incontrolados.

    De un empujón, me tiró sobre la cama y se abalanzó encima de mí. Me resistí, revolviéndome como una culebra. Pero sentí que Luis me sujetaba las manos, mientras José levantaba mi falda y bajaba mi tanga. Literalmente me arrancó las bragas. Conseguí soltar una de mis manos y con mis uñas rasgué la espalda de José que se había quitado la camisa y se bajaba la bermuda. En tanto frenesí y tanta violencia, me estaba excitando inexplicablemente.

    -Por favor -pedí- deténganse. Esto es una locura. Está por llegar mi marido. ¡Basta!

    -Mentiras -dijo José -Sabemos que llega por la tarde. Y además no querrá decirle lo que gozará ahora.

    -Vamos a pasarlo bien todos -murmuró Luis, mientras manoseaba mis pechos con una mano y con la otra sujetaba mis brazos.

    Podría haber gritado, pero sabía que sería inútil, estaban descontrolados. Algo de cierto había en lo que decían. Este abuso me estaba poniendo muy cachonda. Me sentía deseada y eso me excitaba. Dos fornidos muchachos me deseaban sin medir las consecuencias de sus actos.

    José terminó de arrancar los botones de mi vestido que quedaban y dejándome descubierta y desnuda, metió su cabeza en mi pelvis y buscó con su boca mi panocha. Sentí su lengua penetrando los labios de mi vagina, buscando mi clítoris.

    -Está mojándose por la calentura. Le gusta lo que le hacemos -observó el pelado violador salvaje.

    El de los largos caballos, Luis, me besaba apasionado metiendo su lengua en mi boca, buscando la mía. Con sus manos, ya sin sujetarme, pues no me resistía más, apretaba mis pechos. Mordía mis pezones de a ratos, en tanto José se quitó de los tobillos donde había quedado su bermuda.

    -Me están violando -dije por lo bajo- Son unos malditos hijos de puta.

    -Pero le gusta -dijo Luis mientras también él se desnudaba completamente.

    José ayudado por mis jugos, comenzó a penetrarme de a poco. A pesar de la penumbra del dormitorio, vi su miembro erecto. Enorme. Grueso y de un largo casi el doble del de mi marido. Comenzó a empujar dentro de mi vagina esa enormidad.

    -Me estas matando -rogué- Ahhh. No la saques. Sigue, sigue. ¡Dios mío! Sigue.

    Mientras José me penetraba a lo bestia, sentí que Luis metía en mi boca su miembro también nada despreciable. Casi no podía caber entre mis labios. Se lo lamí ávidamente para satisfacerlo.

    -Así. Así. Sigaaa. -gritaba- Siga señora. Siga chupándomela. Quiero acabarle. Pero también quiero metérsela señora. No me haga acabar ahora.

    En tanto, José eyaculaba dentro mío, yo tenía un orgasmo que me hacía temblar frenéticamente y tenía unos espasmos de gozo maravillosos como hace años no tenía.

    Estos muchachos habían despertado la hembra dormida que hay en mí.

    Extenuado y tendido a mi lado, José dejó su lugar a Luis, que me penetró bruscamente y comenzó un mete y saca, llevándome a un hermoso clímax.

    -Hazme acabar de nuevo -le pedí- Asíiii. Me vengo, Me vengooo. Dame esa poronga, Dameee.

    Acabé nuevamente. Fue un orgasmo sereno pero eterno. ¡Cómo me hicieron gozar estos malditos!

    Se fueron, dejándome agotada en el lecho donde mi marido está casi siempre ausente.

    Por la tarde luego de buscar a mi hija en el jardín. Ya bañada y aseada como una buena esposa y madre, esperé la llegada de mi marido para contarle y mostrarle lo bien que había quedado el trabajo de los muchachos.

    -Me alegro que estés conforme con la tarea que han hecho -dijo mi media naranja.

    -Muy conforme, querido -le contesté.

    -Debiéramos llamarles nuevamente, para reparar también la ventana del living -sugirió inocentemente.

    -Estoy de acuerdo -dije- pero asegúrate que vengan los mismos que vinieron hoy.

    Danino

  • La solución en mi casa por mi suegra (Parte 3)

    La solución en mi casa por mi suegra (Parte 3)

    La señora Margot desde que llegó siempre estuvo muy pendiente de nosotros en todo los sentidos y por eso estaba muy agradecido con ella y ahora más después de lo que hacía en mi cuarto por segunda vez. Así que aproveche que la tenía cerca para también devolverle todo lo que hacía en la casa dándole un buen sexo oral y logré que disfrute un orgasmo que tiempo no disfrutaba.

    Ya estaba bien excitada y al igual que yo ella deseaba ser penetrada por mi, su cuerpo estaba reaccionando como mujer después de muchos años todos sus prejuicios sé habían esfumado en ese momento pero el llamado de Eva nos hizo volver a la realidad y salió en su búsqueda y me dejó bien arrecho y con una erección tremenda esa noche.

    Cuando me levante en la mañana estaba otra vez con la verga bien dura necesitaba urgente a una mujer ya no podía más, sabía que Eva en las mañanas tomaba sus pastillas para dormir así que ahora no nos podía interrumpir decidí que era el momento adecuado llamé al trabajo y pedí permiso diciendo que mi esposa se había puesto mal y lo aceptaron.

    No bajé como era costumbre al comedor para tomar el desayuno esperaba que ella subiera pasaron unos 20 minutos cuando tocan la puerta preguntando si estaba bien le dije que pasará.

    -¿Vicente qué pasó porque no bajaste a tomar desayuno… Te encuentras mal?

    -¡Si me encuentro mal desde hace mucho tiempo y tú lo sabes y ahora estoy peor a causa tuya Margot!

    Y tiré a un lado la colcha y le enseñe mi verga que apuntaba al techo era la erección de todas las mañanas la luz del día mejoraba su visión a diferencia de la oscuridad de la noche, ella se quedó muda no sabiendo que decir y hacer como dije anteriormente la noche pareciera que le daba el valor.

    Me levanto y fui donde ella estaba parada y la abracé por detrás besando su cuello mientras mis manos tocaban sus senos sobre la bata y pegué mi pene en su enorme trasero sobando y empujando no le di tiempo a nada cuando ella reaccionó ya había metido mis manos debajo de la bata y tocaba sus tetas y también sus duros pezones.

    -Nooo… Vicenteee… no se vaya a despertar mi hija por favooor…

    Margot tiraba la cabeza para atrás mientras mis labios besaban su cuello y orejas ya su bata había caído a sus pies, su cuerpo ya desnudo temblaba cuando mis manos lo recorrían por todo lado.

    -Ohhh Nooo Vicente no debo hacer esto sólo lo hacía por mi hija…

    -No es justo Margot ahora lo haremos por ti y por mí, sé que también tú lo quieres y deseas sólo déjate llevar.

    Mis manos masajeaban sus tetas y mi suegra ahora tímidamente bajó su mano buscó mi verga que empezó acariciar unos segundos y luego se dio la vuelta y se arrodilló y se lo metió a su cavidad bucal empezando a chuparlo con desesperación.

    -Ohhh suegritaaa… así así…

    -Siii me alegra mucho qué te guste

    Ya conocía de su habilidad bucal de ella y lo había disfrutado mucho pero yo necesitaba ya cogerla, la levanto y la cargué llevándola a la cama donde nos echamos y nuestras bocas se unieron en un beso largo y apasionado.

    Desde que su hija se desconectó de la realidad ella ocupó su lugar atendiendo a la casa y a mí, pero ahora ya era mi mujer por completo nos abrazamos muy fuerte.

    Ella abrió las piernas ofreciéndome su chucha que por muchos años lo había guardado sin imaginar que sería para mí, subí sobre Margot y coloqué mi verga a la entrada de su vagina y fui metiendo muy despacio al agujero caliente que lo fue recibiendo con muchas ganas.

    Las paredes vaginales se iban abriendo para recibir después de mucho tiempo a una pinga dura y se sentía tan rico como apretaba, cuando lo tuvo todo adentro de ella soltó un gemido como si le faltará el aire.

    Nuestros cuerpos ahora estaban al fin unidos y sentía como se estremecía toda ella y empecé a cogerla con cuidado al inicio y aumentando la fuerza y velocidad de la penetración.

    Sus piernas se cerraron sobre mi dorso parecía un candado humano a cada embestida Margot ajustaba más fuerte y pedía más y más verga esa señora tranquila y decente que había sido mi suegra había desaparecido por completo.

    -Ahhh… así… así dameee todoo…

    -Sii toditooo… para ti… qué rico…

    Luego ella me dijo para cambiar de posición y ahora yo estaba en la cama y Margot se sentó sobre mi estaba totalmente irreconocible todo ese tiempo sin sexo ahora lo quería recuperar y yo era el afortunado que gozaba de esa mujer madura y caliente.

    Sus movimientos de caderas eran fuertes y ricos sobre mi verga que estaba en su máxima erección, mi suegrita Margot no dejaba de sorprenderme era toda una caja de sorpresas en el sexo toda una reyna amazona cabalgando sobre mi, sus gemidos eran fuertes ya se había olvidado que su hija estaba durmiendo a poca distancia mientras ella se tiraba a su esposo.

    -Ahhh me vengo Vicente… Ohhh… Por dios que rico…

    Su cuerpo cayó sobre mi su respiración agitada y cuerpo aun temblando eran señales que había tenido un orgasmo yo seguía empujando dentro de ella y también descargue mi leche caliente al fin dentro de una chucha caliente.

    -Aggg… qué rico… gracias ohhh…

    Nos quedamos abrazados y nos besamos otra vez como marido y mujer, mi suegra había empezado según ella para evitar que deje a su hija y salvar su matrimonio y no busque afecto afuera de la casa. Nos bañamos juntos jugando y volviendo a coger otra vez ahora el segundo paso era conocer ese rico culazo que mi suegra se maneja.

    (Continuará…)

  • Me vio, me siguió y terminó dándome por el culo

    Me vio, me siguió y terminó dándome por el culo

    Andaba caliente y salido cómo una perra en celo. Ya había ido a varios aseos públicos, sin encontrar quien me metiera una polla en el culo; nada de lo que había encontrado me había terminado de convencer; así que esa noche antes de bajar al centro de la ciudad, se me ocurrió pasar primero por los aseos de la estación de ferrocarril, a ver que ambiente había.

    No solía ir por dichos baños; no me gustaban mucho; por la cantidad de gente que solía haber, y yo era bastante tímido.

    Serían sobre las 9 de la noche cuando entré en la estación de ferrocarril. Primero fui a los paneles donde anuncian las llegadas y salidas, miré la información que había, para luego ir a los baños.

    Cuando entré había 3 personas, una lavándose las manos, y los otros 2 en los urinarios, por lo que fui directamente a meterme en uno de los aseos. Había entrado en el aseo del medio, que era el que estaba con la puerta totalmente abierta de los 3 aseos que había.

    Cerré la puerta, quedándome leyendo los escritos que tenía esta, y viendo que había varios agujeros por donde espiar a los que se encontraban en los urinarios, y por donde también te podían espiar a ti. Miré por uno de ellos, viendo que el que se lavaba las manos se iba, lo mismo que hizo uno que estaba en los urinarios.

    La otra persona que quedaba, al ver que entraba otro, terminó por marcharse. El que terminaba de entrar se colocó en el último urinario, giró la cabeza mientras sacaba la polla mirando para las puertas de los aseos. Miró hacia la puerta del aseo en que yo estaba, y sin guardarse la polla, fue a meterse en el aseo que estaba a la izquierda del que yo me encontraba.

    Quedé escuchando y mirando hacia la pared que daba a ese aseo, cuando vi que caía una bolita de papel. Fue cuando me percaté de que, entre los azulejos de la pared, había un agujero, y que dicha bolita de papel que acababa de caer era lo que lo tenía tapado. Había que ponerse de cuclillas, para mirar por allí, por eso no me había dado cuenta hasta ese momento.

    Me agaché a mirar, notando que el que terminaba de entrar, estaba mirando por dicho agujero. Al ver que yo también miraba, se apartó y se puso de pie, empezando a bajarse los pantalones y slip. Sabía que yo estaba mirando, por lo que prácticamente se puso a hacer un estriptis. Me enseñaba su polla, la meneaba, se sobaba los huevos, movía las caderas; hijo de puta, el muy cabrón me estaba calentando aún más de lo que ya estaba. No era muy guapo de cara, pero tenía una bonita polla. Lo conocía de verlo trabajar en una empresa que hacía cajas de madera para los exportadores del puerto, la cual estaba pegada a la jamonería Munín y casa Cuba. Al menos ahí era donde lo había visto, además de verlo por el puerto llevando dichas cajas.

    Yo cómo no tenía mucha experiencia y era bastante tímido, esperaba que él se decidiera, y diera el primer paso. Al igual que hizo él, yo también me bajé el pantalón y slip, enseñándole la polla y huevos. Pero nada, ninguno de los 2 nos decidíamos, así que después de un buen rato, y con mayor empalme y calentura, abrí la puerta del aseo para ir a los urinarios, a ver si él abría la puerta y me llamaba.

    Nada más abrir la puerta del aseo para salir, entraba un señor de unos 65 años; más o menos fue lo que le calculé; por lo que, en lugar de ir a los urinarios, me fui a lavar las manos, terminando por salir de los baños públicos.

    El que había entrado no dejó de mirarme todo el rato, por lo que terminé saliendo de allí. Fui de vuelta a los paneles de información, y estando allí leyendo los paneles, volvió a aparecer aquel señor. Se quedó parado detrás de mí, y al yo ir hacia la puerta de salida, él vino siguiéndome.

    Decidí salir de la estación de ferrocarril, y cruzar hacia los edificios que había enfrente a la estación, a ver si es que me seguía, o que era lo que pasaba.

    Miré varias veces para atrás, viendo que él venía tras de mí.

    Venía despacio y haciéndose el disimulado, pero sin perderme de vista.

    Fui andando hacia un edificio que tiene en un costado unas escaleras que dan a una zona donde aparcan los coches, y donde hay unos soportales de dicho edificio, los cuales son totalmente abiertos; para lo que sirven es para que jueguen los niños y no se mojen cuando llueve. Era ya noche cerrada ya que estábamos en pleno invierno, y en aquella zona no había ninguna luz, por lo que era bastante oscuro.

    Allí me metí esperando ver si aquel hombre me seguía. Y allí apareció. Se paró antes de entrar en aquellos soportales, esperando a ver que era lo que yo hacía.

    Fui hasta la esquina más alejada, y allí saqué la polla haciendo que meaba.

    Yo tenía un empalme de campeonato, y una calentura descomunal. Me meneaba muy despacio la polla, mirando de reojo si aquel hombre se acercaba.

    Lo vi acercarse poco a poco, hasta que se colocó justo detrás mía. Miré cómo sacaba su polla totalmente empalmada, se pegaba a mi culo, me rodeaba con sus manos, haciendo que dejara de menearme la polla, y agarrármela él.

    Empezó a subirme y bajarme la piel del prepucio, mientras me acariciaba los huevos con la otra mano, y con su boca pegada a mi nuca, me mordisqueaba la misma.

    Mientras yo echaba mis manos hacia atrás, agarraba su polla acariciándosela, y dejaba que él empezara a soltarme el cinturón, desabrochara totalmente el pantalón, y me fuera bajando este junto al slip, dejando que fueran cayendo hasta que los tuve a la altura de los tobillos.

    Luego fue subiendo sus manos por mi vientre y pecho hasta llevarlas a mis tetillas, allí se apoderó de los pezones, pellizcándolos mientras seguía mordisqueando mi nuca.

    Notaba su polla caliente y dura pegada a mi culo, mientras me mordisqueaba la nuca y pellizcaba los pezones, de tal manera, que me hacía gemir y temblar de placer, ¡ooohhh! Gemía al notar cómo me mordisqueaba la nuca y pellizcaba los pezones.

    Notaba su aliento en mi nuca y cómo sus manos me acariciaban todo el cuerpo, deseando que su polla me empezara a dar por el culo, ¡ooohhh! Méteme la polla, ¡ooohhh! Métemela, le pedía yo.

    Estás calentita putita, ¿eh?

    Tienes ganas de polla, ¿eh?

    No te apures que ahora te voy a dar por el culo, maricón.

    Estás muy bueno, tienes un culito muy rico y apetecible. Putitas cómo tu hay que disfrutarlas que hay muy poquitas.

    Después de un buen rato magreándome y hacerme gemir desesperadamente, me subió la camisa y cazadora hasta la cabeza, haciendo que pasaran por ella y se quedaran delante de mi cara y brazos. De esta manera me tenía toda la espalda y culo al aire, y a su entera disposición; si llega a venir alguien, me hubiera visto prácticamente en pelotas.

    Me hizo colocar los brazos sobre la pared, me sujetó por las caderas tirando de ellas para pegar mi culo a su polla. Colocó la punta de su polla en la entrada a mi ano, y poco a poco fue abriendo mi esfínter.

    ¡Ohhh! Suspiré al notar cómo entraba el glande.

    Dio un meneo a su cadera, terminando de meterme toda la polla, ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemí al notar entrar toda la polla en mi culo.

    Con su mano derecha agarró mi polla, y dando pequeños meneos a su cadera iba dándome por el culo, a la vez que me iba pajeando.

    Yo suspiraba de placer y gemía al notar como aquella verga, iba entrando y saliendo lentamente, rozándome la próstata, a la vez que la mano del viejo aquel me iba pajeando y sobando los huevos, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemía mientras estaba con las manos apoyadas en la pared, prácticamente desnudo en los bajos de aquel edificio, echando el culo hacia atrás, dejando que el viejo aquel me diera por el culo. ¡Ohhh ohhhh! ¡ohhh ooohhh ohhh! Gemía y suspiraba entrecortadamente, a la vez que temblaba por el gusto y excitación que estaba sintiendo.

    Me besaba y lamía la espalda mientras me follaba muy despacito, y me iba diciendo lo bueno que estaba, ¡ay maricón que bueno estás! Que gusto da follarte este culo, ¡ay que gusto!

    ¡Ohhh, ooohhh que culo! Joder que culito tienes, Ay que culo, ay que culo maricón, me decía mientras metía y sacaba lentamente su polla en mi culo, y seguía meneándome la polla con su mano.

    Mi polla ya no paraba de gotear semen, y si no dejaba de menearme la polla, me iba correr enseguida.

    ¡Dios! Que bien me estaba follando aquel hijo de puta. Iba despacito, metía su polla a fondo para luego casi sacarla, y vuelta a meterla a fondo, escuchándose un chof, chof, chof, cada vez que me entraba su polla, mientras su mano meneaba mi polla, ¡ooohhh! ¡ohhh! Mordía los labios por el gusto que me estaba dando aquella polla en mi culo.

    Empecé a gemir más fuerte al notar como mi polla empezaba a escupir semen, ¡ooohhh! Me corro, me corro, gritaba a la vez que movía más mi culo para que me entrara más la polla de aquel hijo de puta, ¡ooohhh! Las piernas me temblaban, pero el cabrón seguía metiendo y sacando su polla en mi culo.

    Así putita, así, mueve el culito. Mira cómo te has corrido, ¡aaahhh! Que culito de puta tienes. Te lo voy a preñar bien preñado, pedazo de puta.

    Empezaba a follarme más rápido y fuerte, escuchándose su pelvis y huevos golpear mi culo, plof plof plof, y su polla entrar hasta lo más hondo de mí culo.

    Aún estuvo un buen rato dándome por el culo desde que yo me había corrido, cuando empezó a gritar, ¡ahhh aaahhh! Me corro, me corro, ay maricón me corro, ¡ahhh! ¡aaahhh!

    Soltó varios trallazos de semen, dejándolos en lo más hondo de mi culo, mientras me mordía el hombro.

    ¡Ay que gusto! ¡ay que culo tienes maricón! ¡Que gusto me has dado pedazo de puta!

    Terminó de correrse y aún dejó un ratito su polla en mi culo, mientras me besaba la espalda, y con su mano derecha, me acariciaba los huevos y polla.

    ¡Estás muy bueno, pedazo de cabrón!

    Tienes un culito muy rico. Calentito y suave que da gusto follarlo.

    Cuando recuperamos el aliento, terminó de sacar su polla de mi culo, me acariciaba el culo y daba palmaditas con sus manos y me decía, que culito más rico tienes, cuando quieras te digo donde vivo y follamos en la cama.

    Nos terminamos de vestir, me llevó a un bar donde me invitó a beber unas cervezas, Luego me dijo que se llamaba Antonio, donde vivía, que ya me conocía de verme por el barrio, y que cuando quisiera fuera a su casa que me follaría en la cama, que estaríamos solos y me haría disfrutar mucho más. Y sí, volví a verlo, me llevó a su casa, allí me volvió a follar y hacer de todo, pero eso ya lo contaré en otro relato.

    Marché para casa con el culito abierto, bien preñado de semen, contento y muy feliz de encontrar quien me diera por el culo.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • Vanesa, madura, sexy y provocadora

    Vanesa, madura, sexy y provocadora

    Estaba en verano, mediados del mes de enero, había vuelto de mis vacaciones, aun me quedaban 20 días de vacaciones antes de que comenzaran mis trabajos en el colegio. Estaba saliendo de casa cuando me encontré con don Roberto, un señor a quien conocía y al que le había hecho algunos trabajos de electricidad cuando estaba cursando la escuela secundaria.

    No quería hacer el trabajo que me estaba proponiendo, pero me convenció diciéndome que me tenía mucha confianza que era un trabajo de 2 días, era conectar una ampliación que había hecho modificando el comedor.

    Fui con él hasta la casa, le pase el presupuesto y los materiales que se necesitaban, él no puso ningún reparo al mismo y me dio el dinero necesario para adquirir los materiales. Me llamó la atención no ver a su esposa Cristina y pregunte por ella, respondiéndome que ella había fallecido de un cáncer terminal que se le había declarado hacia 2 años y que cuando lo detectaron no se pudo hacer nada. Pero me comentó que se había vuelto a casar hacía un año con su secretaria

    Compré el material para el trabajo, y lo llame por teléfono para decirle que iría el jueves por la tarde para hacer el trabajo, me atendió su esposa antes de pasarme a don Roberto, su voz era muy dulce y por momentos sonaba seductora.

    Al día siguiente a eso de las 9 de la mañana fui a casa de don Roberto, él era un hombre de 54 años abogado, de un buen pasar económico, sin hijos, al rato sonó el teléfono de la casa, él charlaba con su actual mujer, quien había ido al supermercado y lo llamaba para que fuese a buscarla para traer en el auto las compras.

    Don Roberto se fue y yo me quedé en la casa realizando el trabajo, tardaron una hora en volver, cuando llegaron el me tajo un café, al rato entró ella y quede impactado, su nombre Vanesa, pelirroja, cabello largo hasta la altura de sus senos formando bucles, flequillo en su frente, bonita de cara, ojos negros, nariz mediana, pómulos marcados, labios gruesos color carmín brillante, sonrisa atrapante y seductora, gargantilla en su cuello, un vestido entallado de fondo blanco con estampado floral en marrón verde claro y ocre-amarillo con breteles finos detrás del cuello, el escote dejaba asomar sus impresionantes senos, marcaban su pequeña cintura, su seductor trasero, su falda unos 5 o 6 cm por debajo de sus rodillas que mostraban unas muy bonitas piernas, y zapatos de taco alto de color beige claro con detalles en marrón. Por lo que después pude averiguar las medidas de Vanesa eran 1,69 m de altura, 40 años de edad y 96-65-90 y un hijo de 15 años, producto de su relación con don Roberto, en forma paralela a su matrimonio con Cristina.

    La otra habitante femenina de la casa era Laura, la chica de los quehaceres domésticos que si bien no se comparaba con Vanesa ella también tenía un cuerpo bien dotado físicamente

    Ese día don Roberto se quedó en la casa todo el día, a Vanesa, no la vi mucho porque había salido con su hijo, a comprarle algunas cosas, pero lo poco que la vi no hizo más que excitarme, Vanesa era imponente y por momentos hacia lo que estuviese a su alcance para mostrarse.

    Ese día había sido muy productivo, me quedaba poco para terminar, a pesar de que tenía que cambiar en un ala del comedor que ambos usaban para hacer algunos trabajos de su estudio de abogado. La cambie apenas llegué porque Vanesa trabajaba allí escribiendo a máquina y necesitaba más luz

    Sabía que don Roberto viajaba a media mañana a la provincia de Corrientes a pescar dorados, que iba con dos amigos y los hijos, por lo tanto Vanesa estaría sola en la casa, moría por volver a verla, pero no la vi hasta media mañana una media hora después de que don Roberto salió a su excursión de pesca , pero esa espera recontra valió la pena, ella vino trayéndome una taza de café, lo que mostraba Vanesa de su adorable cuerpo era como ver a una de las maravillas del mundo.

    Su cabello pelirrojo suelto, camisa de mangas largas color blanco con botones de presión, ajustada al cuerpo que insinuaba en todo su esplendor sus esplendorosos senos, como tenia desabotonados los 3 primeros botones, permitía ver un poco las nacientes de sus senos y una pollera negra muy ajustada tipo tubo que mostraba las curvas de su cuerpo , en especial su cola paradita y redonda, falda corta de unos 5 a 7 cm por encima de las rodillas, mostrando sus hermosas y torneadas piernas y zapatos de taco alto color negro, sus piernas con medias de nylon.

    Me sirvió el café y dos medialunas y dijo:

    V- Gracias por haberme cambiado la lámpara, estoy trabajando en ese lugar y es la primera vez que veo tan bien.

    Se quedó un rato como para que degustase su torneado cuerpo, cruzamos un par de palabras y dijo:

    V- Me voy a seguir trabando en la compu, cualquier cosa que necesites sabes dónde encontrarme.

    La vi y disfruté en ondular de ese cuerpo torneado. Una hora después, había terminado mi trabajo, entre en la casa, ella estaba sentada frente a la computadora, al verla quede extasiado, embelesado, asombrado, admirado, por lo que estaba viendo, ella estaba sentada en su mesa de trabajo, ajena a mi presencia, con anteojos rectangulares con armazón azul/celeste su camisa permitía ver más de sus extraordinarios senos y sus piernas cruzadas mostraban sus esbeltas y torneadas piernas que apenas su pollera podía cubrir ya que quedaban visibles unos 20 cm por encima de sus rodillas. Vanesa no noto mi presencia pero se la veía con cara de preocupación por lo que carraspee, ella tomo su lente y me miró y dijo:

    V- Ay… perdóname, no me di cuenta que estabas ahí, estoy desesperada, creo que perdí o borré el trabajo que estaba haciendo

    G- Me puedo sentar a tu lado?

    V- Si, espero poder encontrarlo, si lo borré me muero

    G- Vamos a encontrarlo

    Estuve un minuto hasta que lo encontré, estaba grabado en el disco duro y no en el pendrive, se lo grabe en ambos discos y le explique lo necesario para que esto no le volviese a ocurrir.

    Ella se sentó sobre el escritorio, se cruzó de piernas su pollera casi no podía ocultarlas

    G- Bueno ya está si tenés algún problema me llamas.

    V- Debería tomar clases particulares… ¿no querés ser mi profesor? (su voz sonó muy seductora)

    G- No soy profesor, pero si querés te puedo dar algunas lecciones

    Me acarició la mano, y sentí mi cuerpo estremecerse

    V-Si creo que las necesito

    Se paró delante de mí, me tomo las manos y las llevó a su cola, puso sus manos en mis hombros y dijo: “empecemos”, se sentó en mis piernas, y mis manos las llevó a sus tetas, mi cuerpo se estremeció, el tamaño de sus senos y su dureza, me miró sensualmente, acarició mi cara y dijo:

    V- Este es mi pago por la primera lección

    Y comenzó a besar mi boca, mi pene endureció y ella siguió besando mi boca, luego desabroché su camisa hasta retirarla de su cuerpo, su corpiño era negro, semitransparente una parte labrado la otra, volvimos a besarnos, luego se incorporó me miró tomo mi mano y dijo:

    V- Vamos a mi habitación ahí vamos a estar más cómodos

    Se acostó en la cama pero antes se quitó la pollera tenía una tanguita tipo colaless que era del mismo diseño que su corpiño su cola era espectacular, me desnudé quedándome solo en slip mientras admiraba su espectacular cuerpo. Me acosté a su lado y quité su bombacha

    Su concha depilada estaba completamente mojada. Hundí mi boca en ella, sus líquidos vaginales eran agradables. Mi lengua entró en su vagina. Su habitación se llenó de gemidos. Sus manos tomaban mi cabeza acariciando mi cabello. Los dos estábamos muy calientes al rato su vagina comenzaba una cadena de orgasmos. Sus flujos se incrementaron y yo gozaba. No quería que eso terminase. Seguí chupando, lamiendo y besando su vagina, Vanesa no podía detener sus gemidos y gritos que intentaba acallar.

    Yo sabía que si quería seguir poseyendo a esa mujer infernal debería cogerla como nunca, llevándola a su placer máximo, a un placer extremo, debía hacer que sus orgasmos fueran interminables, debía satisfacer ese cuerpo de puta… de hembra en celo

    Durante varios minutos lamí su concha, la deseaba tanto que no podía dejar de hacerlo, cuando detuve mmi incursión en su vagina, quedé mirando su carita de gozo, mientras ella se estabilizaba emocionalmente y recuperaba su respiración, yo chupé y lamí y mordisquee los muslos de sus adorables piernas

    Segundos después ella quedó sobre mí, bajó mi slip, sentí sus senos sobre mi pecho y dije:

    G- Estoy loco por vos

    V- Así es como te quiero, que siempre pienses en mí, que me desees a cada instante porque quiero que me poseas totalmente, quiero que siempre me quieras coger, quiero ser tu puta»

    Se incorporó un tanto deslizo sus pezones duros y erguidos por mi pecho comenzó a bajar hasta llegar a mi pene estaba completamente parado, entonces lo sostuvo contra mi vientre con una de sus manos, y su legua ardiente fue recorriendo mis testículos y subió por el tronco de mi pene erecto lentamente, llegó con su lengua hasta tomar contacto con mi glande, su ardiente boca lo besó con sus labios carnosos, mientras mis manos se hundían en su abundante cabellera para luego introducirlo en su boca y comenzó a lamerlo, a succionarlo, yo me sentí en el paraíso, jamás había sentido tanto placer acariciaba lo que podía de su cuerpo, mientras ella se adueñaba por completo de mi pene que su boca deglutía luego de unos segundos dijo:

    V-No te contengas más, no me voy a detener hasta que acabes en mi boca, quiero que seas mío por completo, desde ayer no hago otra cosa que pensar en vos

    Volvió a introducirlo en su boca y no detuvo su succión hasta que mi pene explotó en un interminable orgasmo lanzando en su garganta el semen tan deseado, luego de deglutir hasta la última gota fue a enjuagarse la boca.

    Salió del baño y vino hacia mi seductora, moviendo su generoso y deseado cuerpo, se acurrucó a mi lado, y comenzó a besarme se recostó en la cama seguimos besándonos y mis manos tomaron contacto con sus pechos, firmes, duros, redondos de piel aterciopelada mis labios besaron y lamieron sus tetas hasta adueñarse de sus pezones, los introduje en mi boca y sentí como empezaban a erguirse más, los chuponee, succioné y saboree mientras Vanesa gemía y se revolcaba sobre la cama.

    Luego mi pene erecto comenzó a jugar en las puertas de su vagina, ella gemía, gritaba, se sacudía en la cama suplicando que la penetrase.

    V- Me vas a volver loca… estoy recaliente… cógeme… no puedo más… quiero sentir tu pija dentro de mí…

    G- Ya te lo voy a dar todo, te deseo, me vuelve loco esa carita de puta que tenés ahora

    Luego de jugar así con ella un rato más mi pene excitado por demás empezó a avanzar dentro de su vagina, al hacerlo un profundo grito placentero partió de su boca, y continué avanzado dentro de ella hasta dárselo todo y su cuerpo comenzó a agitarse, a convulsionarse entregando su primer orgasmo, yo por suerte pude detener mi orgasmo, mientras Vanesa gemía y se sacudía en una cadena de interminables e intensos orgasmos.

    Cuando su cuerpo se calmó continué entrando y saliendo de su vagina, recorriéndola con mi pene, sintiendo su lubricación y vibrando ambos, aceleré el ritmo, por momentos me detenía dentro de su vagina intentando prolongar ese momento crucial, disfrutando su calentura hasta sentir que no podía más, se lo hice saber, segundos después mi pene explotó con furia lanzando en su interior la calidez de esa eyaculación tan deseada, llené su concha de leche y su cuerpo volvió a agitarse y convulsionarse con un nuevo orgasmo, mientras nuestras bocas se unieron con desesperación acallando en parte los gemidos y gritos, luego tomo mi pene lo introdujo en su boca y saboreó el resto de semen que quedaba en mi pene.

    Luego fuimos a ducharnos, fue hermoso hacerlo juntos, disfrutar las caricias, los besos, saborear cada centímetro de su escultural cuerpo. Salimos del toilette desnudos yo la tomé por la cintura me estremeció su aterciopelada piel, ella giró poniéndose frente a mí, pasó sus manos por mi cuello y dijo:

    V- Te amo mi amor… te deseo tanto… nunca me sentí así… quiero que me cojas todo el tiempo… quiero ser tu mujer… tu puta… quiero ser tuya por completo.

    Nos besamos, ella se colgó de mi llevando sus piernas a mi cintura, y yo tomándola con mis brazos y manos de su apetecible cola y así volvimos a su habitación, la deposité sobre su cama y me acosté sobre ella, con mi pene endurecido y súper excitado, me extendí sobre su cuerpo colocando mi pene sobre su concha y nuestras bocas con desesperación se besaron, enloquecidamente en un beso apasionado de lenguas que duró varios minutos. Nuestras bocas se separaron, y yo con la respiración entrecortada dije frases cortas a las que ella respondía:

    G-Te gusta que te coja

    V- Siiii, me encanta

    G- Sos una calentona

    V- Siiii, vos me pones así

    G- Sos una putita divina

    V- Siiii, por vos soy tu puta todo el tiempo que quieras

    G- Y ahora deseas con desesperación que te haga la cola

    V- Si mi amor, es lo que más deseo en este momento, me encanta el sexo anal y a mi marido no, él solo lo hizo una vez, así que te vas a adueñar de algo casi virginal.

    G- A partir de hoy deja de ser casi virginal.

    Volví a besar su boca, su cuello a acariciar sus senos, y a lamer sus pezones hinchados, volví a deslizar mi lengua por su vagina, su boca era un concierto de gritos y gemidos, mientras su cuerpo se revolcaba en la cama, el momento del sexo anal estaba llegando, me incorporé un tanto de su cuerpo, ella hizo lo mismo nuestros cuerpos estaban arrodillados sobre la cama, mi pene erguido sobre su cola, mis manos tomaron sus senos, ella gimió y empecé a besar su cuello a apretar su cuerpazo contra el mío, a besarnos en la boca, el momento era ardiente, ella se movía haciendo aún más deseable su cola y poseerla ya era mi obsesión.

    Vanesa se colocó en 4, mis manos sujetaron su cadera acariciaba su cuello, y ambos nos acomodados para esa tan ansiada penetración, antes mi lengua jugueteo con su ano ella gimió larga y profundamente. Cuando sintió mi pene en las puertas de su ano, ella giró su cabeza y me miró dulce y seductoramente entrecerró los ojos y gimió profundamente llenando de pasión y ardor la habitación.

    Entonces poco a poco fui entrando en su cuerpo gozando cada avance de mi pene en su cola, Vanesa gimiendo a cada instante hasta entregárselo por completo y lentamente fui recorriendo su ano acelerando mis movimientos, retrocediendo y avanzando en ella sintiendo que mi pene estaba a punto de estallar entonces lo introduje lo más que pude en ella, mis manos tomaron con fuerza sus caderas ya no podía contenerme más. Sentí mi pene eyacular, y mi cálido semen llenando sus entrañas, ella gimió profundamente, su cuerpo comenzó a convulsionarse violentamente, mis manos podían sentir su vagina agitada los labios de esta humedecidos durante varios instantes, nuestros cuerpos permanecieron así unidos, hasta que mi pene perdió su rigidez saliendo de la cola de Vanesa. Luego nuestros cuerpos cayeron en la cama ahora con ella boca arriba y nuestras bocas se unieron en un prolongado y apasionado beso, luego de varios minutos así ella dijo:

    V- Quiero que pases conmigo todo el fin de semana, estoy loca por vos… más me coges y más te deseo.

    Ella se acurrucó en mi cuerpo, nos acariciamos, nos besamos y yo sentía que esa hembra era pura pasión y que eso deseaba ella de mí.

    Nos levantamos yo me puse solo el pantalón y ella se vistió provocativamente solo con una tanguita verde agua y al verla así deje el almuerzo de lado y empecé por el postre ella que me miraba tentadora y provocativamente, tome su cuerpo entre mis manos y dije:

    G- Soy muy goloso… quiero el postre

    Un apasionado y violento beso empezó a sellar ese encuentro, mientras esto sucedía, sus manos con esfuerzo fueron bajando mi pantalón, mientras las mías incursionaban bajo su bombacha acariciando sus hermosas nalgas y bajándola haciendo librar parte de su cuerpo.

    V- Así mi amor… cómeme toda

    Luego yo comencé a besar su cara, su cuello y ella mi pecho, sentir sus besos apasionados en mi pecho aumentó mi excitación si aún esto era posible.

    Luego me senté en una silla la acerque hacia mi tomando con ambas manos sus nalgas, entonces bajé un tanto mi cabeza y un suave y apasionado beso se depositó sobre su deseada vagina; un profundo gemido nació de su boca y alcé mis ojos y vi sus ojos llenos de pasión y deseo.

    Ella se arrodilló delante mío, beso y deslizó su lengua por mi pene antes de sentarse sobre mi colocando sus piernas entre mi cuerpo, mi pene erguido y deseoso quedó apoyado sobre su vagina y su vientre, ella me tomó del cuello, yo aferré su cuerpo por la espalda y un enloquecedor beso apasionado y violento se prolongó por más de cinco minutos sellando el comienzo de otra nueva unión, luego cuando nuestras bocas se separaron, ella se reclinó sobre mis brazos, acomodó un tanto su cabellera y yo comencé a besar sus tórax en dirección a sus hermosos senos, al llegar a ellos mi boca los besó, los succionó apasionadamente, besé y lamí sus pezones erguidos e hinchados, llevando a mi boca la agradable sensación de ellos dentro mío, ella gemía, emitía pequeños gritos mientras su cuerpo era saboreado por mí.

    Pasamos varios minutos así hasta que Vanesa se incorporó un tanto colocó su vagina en posición para esa dulce y deseada penetración, colocó sus manos en mis hombros, separó un tanto sus piernas y comenzó a deslizar su cuerpo lentamente hacia abajo comencé a sentir como mi pene iba penetrándola, y como su vagina se apoderaba de él, y un concierto de gemidos de placer nació de nuestras bocas.

    Poco a poco su vagina se apoderó de mi erecto pene hasta adueñarse de él completamente, cuando lo hizo un beso de lengua prolongado se apoderó de nosotros, luego del cual ella comenzó a moverse haciendo que mi pene recorriese su vagina, ese deslizamiento de ella en mi pene al comienzo fue lento, luego imprimió mayor velocidad a sus movimientos, y el final aunque intentamos demorarlo estaba ya anunciado ninguno de los dos podía ya detenerlo, la pasión que vivimos fue infernal, ella gimió profundamente sentí su vagina contraerse y mi pene deseoso explotó dentro de su cuerpo, ella sentía mi semen lanzado en el interior de su cuerpo, yo vivía sus impresionantes convulsiones producto de su orgasmo y con ella sentada sobre mi entrelazados nuestros brazos y un profundo beso nos unió haciendo que los gritos y gemidos de ese momento fueran ahogados, permanecimos besándonos largos minutos.

    Luego estabilizados nuestros cuerpos y nuestras emociones ella dijo:

    V- mi amor, me volves loca, fue hermoso…

    G- Te deseo, sos increíble

    No mediaron palabras me tomó en sus brazos y me besó con su boca apasionada; durante más de media hora ella permaneció sentada sobre mí y nos besamos y acariciamos vibrando a más no poder; sintiendo que nuestros cuerpos eran uno solo y gozando la satisfacción de tenernos mutuamente, la pasión y el deseo volvía a apoderarse de nosotros, sentía mi cuerpo vibrar, ella sabía cómo enloquecerme y yo quería que lo hiciese, adoré su cuerpo y su pasión abrasadora, mi pene endureció por completo, ella deslizó su cuerpo hacia abajo mientras lo hacia sus manos suavemente acariciaron mis piernas, se arrodilló frente a mí, acomodó su cabellera y fue acercando su cara hacia mi pene, lo tomó entre sus manos y le dio un pequeño beso y dijo:

    V- Ahora quiero mi postre

    Apenas segundos después sentí su ardiente lengua recorriendo mi tronco desde la base, luego su lengua con mucha suavidad recorrió mi glande y fue succionándolo con sus labios mi cuerpo vibraba gozando ese momento, luego sentí su lengua juguetear en mi glande, segundos después su boca comenzó a devorar mi pene, hasta absorberlo por completo y fue succionándolo recorriéndolo en toda su extensión yo gemía y jugaba con su cabello.

    Luego de un par de minutos enloquecedores sentí que el momento final estaba llegando y mi pene explotó sin control lanzando en su boca el semen contenido, ella gimió y lo introdujo totalmente en su boca saboreando la calidez de mi amor por ella no parando de eyacular en su boca.

    Vanesa deglutió totalmente mi semen hasta la última gota y mantuvo mi pene en su boca hasta que desapareció totalmente mi erección absorbiendo todo vestigio de semen, luego volvió a sentarse sobre mí ahora lo hizo de costado a mi cuerpo haciendo que mi pene sintiese sus nalgas y dijo antes de besarme:

    V- No me puedo contener, sos mi adicción, cuanto más te tengo más te deseo, mi amor no puedo vivir sin tus besos, tus caricias y tus penetraciones

    G- Yo siento lo mismo, empiezo a adorar cada segundo que pasamos juntos…

    V- Mi cuerpo arde de deseos por vos

    G- De eso no tengas dudas, y pienso satisfacer cada uno de ellos

    Su respuesta fue un enloquecedor beso de lengua. Luego seguimos con caricias y besos. Pasé todo el fin de semana en su casa, tuvimos sexo infinidad de veces pero paso un mes y todo terminó entre ambos no había amor solo pasión ye deseo.

  • Génesis de mi experiencia sexual

    Génesis de mi experiencia sexual

    Mi primera y segunda relación sexuales, fueron sorprendentemente relaciones anales. Bueno, debo rectificar, la primera relación sexual fue oral, pero mi primera gran y rica eyaculación que queda en ese recuerdo idealizado, terminó en el rico culo de Sonia. Mientras mis amigos me hablaban de la masturbación, la cual por sus relatos nunca me llamó la atención, en ese mismo tiempo la gata Sonia (Así le llamábamos por sus ojos verdes), me convertía fisiológicamente en un hombre, aunque en el fondo seguía con la psicología de un jovenzuelo.

    Nunca hubo con ella penetración vaginal, y es que a nuestra edad nos daba pena comprar condones en las tiendas, especialmente cuando en todas nos conocían y con Sonia que era mayor que yo, pues ella ya iba a la universidad, con ella fue ese gran descubrimiento del placer sexual. No éramos novios oficiales, pues creo que le incomodaba mi edad, y por un buen tiempo teníamos esos encuentros en su casa, donde pasábamos por horas besándonos y poco a poco ella me dirigió a sus pechos, para luego encaminarme a su panochita, la cual tenía unos cuantos vellos amarillos y que aprendí a chupar y encontrarle gusto a ese sabor y olor extraño, pero que instintivamente me atraía, como una abeja hacia una flor.

    Se la chupaba casi todos los días, pero nunca había visto esa explosión y mirada en Sonia, que cuando tuvo su primer orgasmo. Realmente nos perdíamos en el tiempo y solo nos cerciorábamos que nadie nos mirara cuando yo iba por las tardes y entraba por la parte trasera del solar. Aquella vez Sonia se compadeció de mí y esta vez no solo me permitió que deslizara mi virginal pene entre sus nalgas por unos segundos, esta vez ella me asistió, para que la pudiese penetrar. Por falta de experiencia y con la adrenalina del momento recuerdo nuestro tonto dialogo en esa posición que luego conocería como de perrito o en cuatro patas:

    – ¡No Tony, ahí no, adelante no… me puedes dejar embarazada!

    – Te la quiero meter atrás, pero siempre se desliza hacia adelante.

    Creo que muchos se han de recordar de momentos así, que por esa falta de experiencia y tacto en el sexo, no sabemos cómo es esa sensación de sentir el pene en una vulva o en la presión que hace un esfínter en el glande cuando este lo quiere invadir. Y no olvido esa sensación de ese primer apretón y la confirmación de la gata Sonia al decirme: ¡Si Tony, ya la tienes adentro!

    No creo que la habré pompeado más de dos minutos cuando el cielo se abrió, los colores brillaron en su naturaleza y por primera vez en mi vida, siento ese placer que no se logra entender y que a pesar de su breve duración, mi cerebro todavía no procesaba cuando iba a terminar. Veo por primera vez ese líquido blancuzco brotando del ano de Sonia, sin entender a plenitud, que era ese líquido que yo le había inyectado producto de esa liberación, donde el pequeño da pasos de hombre, en una sensación poderosa, como cuando el hombre por primera vez pisa a la luna.

    No sé si la sensación fue igual para todos, pero en esos momentos me llegó una aflicción, de ver que aquel río blanco que brotaba de las nalgas de la gata Sonia, no parecía terminar de caer en las sabanas de la cama. Sonia y yo nunca fuimos novios, nunca nos presentamos o nos conocieron así. Lo nuestro era una curiosidad por el sexo y ella siendo mayor que yo, tenía el control absoluto de hacer conmigo lo que quisiera. No recuerdo cuantas semanas o meses, pero todas las tardes entre semana, repetíamos aquel acto, hasta que un día la bella y sensual Sonia, la enviaron al extranjero a estudiar.

    Por esos días me volví a encontrar con Ana, una morena muy linda que por lo que me decía sus amigas, se había enamorado de mí. Yo por estar enculado literalmente de la gata Sonia, nunca le preste atención. Pero recordando a Ana, era una chica muy linda y muy inteligente. Gracias a esa inteligencia evitó lo que tuvo que evitar para lograr sus metas. Y al igual que Sonia, esta chica de un rostro angelical solo me ofreció el básico sexo oral, y para evitar problemas, un día me dio también su rico culo.

    Recuerdo ese día en el guarda coches. Ella deja que le quite los calzones y le mamo esa conchita donde saboreo sus vellos púbicos. Logra un orgasmo y es cuando ella decide complacerme. Por desconocimiento del sexo oral hasta el momento para ella y quizá por instinto de proteger la reputación que arriesgue la pureza de la familia, evita darme la conchita, pero me da lo apretado de su colita. Al igual con Sonia, no sé si mi verga está adentro o solo se desliza por esa rajadura… luego siento el apretón de su esfínter y Ana me dice que estoy dentro de ella. Igual, esa fuerza pueril me envía a ver el horizonte del paraíso. Lo veo ahora en plenitud, cuando siento que le he dejado caer mi descarga.

    Solo recuerdo me subí el calzoncillo y los pantalones y me alejé del lugar. No la volví a ver hasta más de casi dos décadas después. Ana, sin yo saberlo, era la pediatra de mi hijo. Me reconoció fácilmente y mi apellido no es de los más comunes y tuve que inventarle la excusa menos dolorosa que me permitiera salir con ese mal recuerdo.

    Después de Ana, llega Tamara. Una linda chica con los genes de todos los mundos. Tenía esa facción de los asiáticos, pero rubia y con ojos azules. Su padre un anglo, su madre una mujer sencilla de Vietnam. Una chica muy bella e inteligente; ahora al igual que su padre es doctora anestesiólogo. Con ella solo fue sexo oral… esta es la reina del sexo oral, la cual me enseñó a dejar de ser un eyaculador precoz.

    La primera vez que me dio sexo oral me hizo acabar en dos minutos. Ella fue la que por primera vez me dijo: Tony, eres un chico muy lindo y sé que las mujeres te tiraran sus calzones cuando te vean pasar, pero si no aprendes a darles placer, serás siempre una decepción y el olvido para todas. Eso me dolió y me sometí a su juego de no acabar mientras ella no me lo pidiera. No fue fácil al principio, pero logré a recibir mamadas por largos minutos sin eyacular en su boca. Obviamente ella recibía placer oral de mi también y una vez perdimos el conocimiento del lugar y del tiempo, y su madre nos ha encontrado en pleno acto. Me tuve que alejar de ella, pero estas primeras tres mujeres en mi vida, son las que de alguna manera han delineado mi trascender en esta aventura sexual, que es como el universo… siempre en expansión.

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