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  • Le llevaba casi 20 años y me la cogí

    Le llevaba casi 20 años y me la cogí

    Nunca me han gustado las aplicaciones de citas, algunos compañeros y amigos me habían comentado que había mujeres que solo buscaban sexo así que me decidí a probar.

    Deslicé sobre algunos perfiles y realmente había mujeres muy sexys, muchos de esos perfiles hicieron que se me parara la verga, mujeres con tetas deliciosas y muy sugerentes, muchas de mi edad o mayores las cuales realmente me evitaban. Me llamó la atención un perfil, ella era realmente bella, unos labios carnosos que moría por besar, delgada, un culito muy rico que alcanzaba a percibir en sus fotos.

    “Match” me dijo la app en cuanto deslicé, señal que ella ya me había elegido para comernos. Debo decir que ella tenía apenas 18 años cumplidos, yo le llevaba casi 20 años de edad, comenzamos a platicar y realmente me dio la impresión de ser una chica de valores y de familia. Le pregunté qué le llamó la atención de mí y me dijo que no le gustaban los hombres de su edad, me pidió conocernos y yo realmente no creía mucho que eso fuera posible.

    Anteriormente había escuchado sobre perfiles falsos que te piden dinero antes de conocerse así que me mantuve algo reservado. Acordamos vernos para desayunar juntos y me pidió pasar por ella a su casa antes de yo proponérselo, me mandó su ubicación y llegué a la hora que me indicó. Cuando se sube al auto me dio un beso en los labios y me dijo que moría por conocerme, era muy joven y realmente bella. Cuando llegamos al restaurante las personas me veían como si estuviera haciendo algo mal, la diferencia de edad se notaba bastante.

    Desayunamos, realmente ya nos conocíamos bastante por nuestras pláticas anteriores y en ese momento ella me dijo que yo realmente le gustaba y quería que nos siguiéramos viendo y si todo iba bien formalizar una relación, algo que no he comentado antes es que yo no creo en las relaciones, para mí es solo coger sin mezclar sentimientos. Yo accedí a su propuesta ya que lo que quería era llevarla a la cama.

    Cuando íbamos de regreso a su casa me dice que quiere ver una película en un servicio de streaming y le propuse ir a mi casa a verla, ella lanzó una sonrisa muy sexy, me dio un beso y me dijo que la llevara a mi casa.

    Cuando entramos nos hundimos en un beso apasionado y me dijo que moría de ganas de estar conmigo. Comencé a quitarle la ropa, su piel era suave, era delgada pero sus nalgas estaban riquísimas. Comencé a besar sus tetas, eran pequeñas pero noté que la excitaba mucho, gemía riquísimo, bajé mi mano para sentir su panocha, estaba mojada, muy mojada y cuando le metí los dedos soltó un grito de placer, me dijo que ya estaba muy caliente y quería que le metiera la verga, yo lo hice y comencé suavemente a bombearla mientras le besaba el cuello y los labios, sus labios hacían que me evitara más y más.

    Tenía una cara hermosa y ver como ponía sus ojos en blanco tras cada embestida me excitaba más. “Cógeme como quieras” me dijo, comencé a picarle el culo con mis dedos mientras la penetraba por la panocha, me decía que le encantaba que hiciera eso. Yo seguía penetrándola y cuando menos esperé me vine adentro de ella.

    Platicamos un poco y ella era realmente caliente, no dejaba de acariciar mi verga, “me encanta” me dijo, “quiero que sea solo mía y a cambio te daré todo lo que me pidas, me vas a poder coger como quieras y las veces que quieras” eso me éxito mucho y cuando menos esperé ya estaba montada nuevamente, yo le apretaba las tetas y ella gemía, no dejaba de decir lo rica que le parecía mi verga y que le encantaba.

    La acosté nuevamente y comencé a bombear con mucha fuerza, no podía dejar de besarla, estaba hipnotizado por esos labios y esa cara tan hermosa, se la saqué y la puse en 4, ella me dijo que quería probar por el culo y yo siendo tan caliente le dije que si, saque un libro cante que tenía para esas ocasiones en las que una mujer quiere experimentar por primera vez el sexo anal, le puse un poco y comencé a penetrarla, realmente no aguanto mucho y me pido parar, yo no podía así que seguí cogiéndomela por la panocha ya que estaba muy caliente.

    Ella estaba muy excitada y me pidió terminar en su boca, no podía negarme así que la saqué y aventé todo mi semen en su preciosa carita, veía como le escurría y ella se lo comía con sus dedos.

    Nos vestimos para llevarla a su casa, en el camino me seguía acariciando la verga y me decía que estaba enamorada de ella, me pidió vernos más seguido y tuvimos varios encuentros que ya les contaré a detalle.

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  • El papá de mi mejor amiga

    El papá de mi mejor amiga

    Cuando tenía 18 años, aproximadamente, mi mejor amiga, a quien llamaremos Regina, hizo una fiesta en su casa. Ella era la amiga que toda chica quiere tener, es divertida, amable, confiable y al ser la única hija del segundo matrimonio de su papá, era consentida.

    El señor, Alberto, tenía unos 40 años quizás un par de años más. Alto, tez blanca, pero algo bronceado, pues disfrutaba de salir a correr y hacer ejercicio. No era musculoso, pero tenía unos pectorales firmes y brazos algo marcados por hacer gimnasio. Como buen señor, siempre estaba al pendiente de su princesa.

    Yo siempre fui muy bajita, tez aperlada, cabello largo negro, en ese entonces con fleco, mi cuerpo era muy delgado, aunque ya tenía buenas curvas, pues ya tenía sexo con mi ahora esposo Fernando.

    Regina quera igual de delgada que yo, solo que un poco más alta, siempre compartíamos suéteres y cosas así por ser muy similares en gustos y talla, ambas escuálidas, pero siempre muy “putillas”. Ella es blanca como su papá y cabello a los hombros color castaño, lo que más llama la atención de mi amiga es su pecho que contrasta con el resto de su cuerpo delgado, ella si tenía un desarrollo, pues sus tetas eran motivo de atención con los compañeros de escuela.

    Regina celebraría su cumpleaños en su casa, la idea era irnos de antro el sábado con otras 3 amigas, y después quedarnos a dormir en su casa, y así celebrar todo el sábado con su familia y más amigos en su jardín, pues el lugar era amplio y tenía puesta una alberca. Además, a mí me dijo que me podía quedar desde el viernes para planear nuestros atuendos y cosas de chicas.

    Mi entonces novio, Fernando, me dijo que no podría alcanzarnos el sábado pues saldría con su familia, así que yo quería tomar mucho sin miedo a que se enojara. El viernes llegué a casa de Regina con mi maleta para el fin de semana, le dejé en su cuarto junto al colchón inflable que ya tenía a manera de cama improvisada.

    El viernes por la tarde nos pusimos traje de baño y fuimos a usar la alberca que estaba llena en el jardín, los papás de Regina estaban junto a la alberca tomando unas cervezas para el calor, Alberto nos dio una cerveza a ambas, mientras su esposa decía que no era buena idea, como toda buena mamá, sin embargo, tampoco se opuso tanto tiempo. Nosotras nos la tomamos; pude notar que a Alberto le gustaba mirarnos miradas en la alberca, y eso, honestamente, me calentó, sentía los ojos de Alberto un señor que nos llevaba más de 20 años, mirando a su hija y a mí.

    Si bien, mi cuerpo no era tan voluptuoso, si aprovechaba para medir el interés de Alberto, mi culito parado y mis tetas pequeñas se marcaban en el bikini azul marino que llevaba puesto, adrede, metía el calzón entre mis nalgas, como si fuera tanga y salía y entraba de la alberca, y así noté que la atención de Alberto estaba en mí.

    Regina le dijo a sus papás que entrarán pero su mamá no aceptó; su papá por otro lado, subió a ponerse su traje de baño, un short que dejaba ver sus piernas delgadas, pero un torso que claramente estaba bien trabajado, no como un modelo, pero si de un hombre maduro que sabía lo bien que se veía.

    Cuando Alberto se metió a la alberca, sus pocas canas blancas en su cabellera oscura brillaban un poco, los tres platicábamos en la alberca circular hasta que Regina lanzó una pelota, los tres jugábamos de forma improvisada, Regina abrazaba a cada rato a su papá y yo los miraba, me prendía ver como el con sus brazos abrazaba el escuálido cuerpo de mi amiga, cuando me levante y me acerqué a ellos, Alberto extendió su brazo y me abrazó también, sentí su piel mojada, y aún olía a su loción muy varonil que tenía.

    Al salir de la alberca, nos fuimos a cambiar, el cuarto de Regina estaba frente al de sus papás, ahí noté que Alberto observaba un poco, yo fingí demencia y cuando tenía puesta mi tanga y mi sostén, me recosté en la cama fingiendo no saber lo que pasada, pero de reojo, miré a Alberto moviéndose en su cuarto y mirando de vez en cuando.

    La cena y el rato que pasamos seleccionado la ropa del siguiente día pasó rápido. En la noche me levanté para ir a la cocina por agua, pues Regina no se despertó a pesar de estarle hablando. Al pasar por el cuarto de sus papás noté que aún había luz, aunque deseaba mirar esperando ver a Alberto, pasé de largo.

    En la cocina no prendí la luz para no llamar la atención, justo terminaba mi vaso de agua noté que alguien se acercaba, pregunté si era Regina, pero mi sorpresa fue ver a Alberto solo en bóxer de tela, se notaba que tenía buen paquete, yo lo saludé y platicamos un rato, mismo tiempo que el me desnudaba con sus ojos, podía ver como observaba mi cuerpo y eso me prendía, le di las buenas noches, él me abrazó y sentí su aroma a hombre, además me acerqué a su cuerpo y sentí su pene en mi estómago.

    Toda la noche pensé en Alberto, imaginaba verlo desnudo, pensaba en su aroma, en su piel y en su torso; me sentía mal porque mi novio no estaba conmigo.

    Al día siguiente, nos arreglamos para la fiesta, la familia y las demás amigas llegaron, algunos estuvimos en la alberca y nuevamente aproveché para pasear con mi calzón entre las nalgas, Alberto me observaba. En un momento le comenté a Regina que subiría a recostarme un poco pues me sentía cansada y más tarde iríamos de antro.

    En el cuarto de Regina me tumbé en su cama, me quede dormida unos minutos hasta que sentí que alguien había pasado, así es, era Alberto, al parecer iba a su cuarto pero se detuvo al verme, me preguntó su estaba bien, le dije que sí, el se acercó y se sentó en la cama, noté que había cerrado la puerta.

    Yo seguía en traje de baño, el estiró su brazo y alcanzó mi pie izquierdo, fingiendo que platicaba conmigo, comenzó a sobar mi plata, luego con sus manos sobaba mi pie; sentía rico, verlo ahí con su camisa y traje de baño me prendía, mi conchita empezó a mojarse, el me dijo que le gustaba que fuera amiga de su hija y después me invitó a bajar a la fiesta, yo me acerqué a la orilla, pero como el sujetaba mis pies, quede con mis piernas en las suyas, el me estiró y me jaló hacia él, yo quede en sus piernas, el pasó su mano por mis nalgas de forma rápida y discreta.

    Me levante y el hizo lo mismo, yo sentía su aroma. Cuando nos dirigíamos a la puerta, me giré para regresar por mi teléfono y el al estar detrás de mi hizo que chocáramos, al ser más alto que yo, levantó sus manos y quedaron en mis pechos pequeños, él no se movió, pero apretó mis pequeños senos. Yo me reí nerviosa y no sé si por lo nerviosa y la posición, me paré de puntitas y lo besé, Alberto respondió con el beso y sonrió, me dijo al verme toda roja que no había problemas, yo me sonrojé y corrí por mi celular.

    La tarde pasó y el grupo de amigas nos fuimos al antro, yo no dejaba de pensar en Alberto. Tomamos mucho y ya a las 2 de la mañana, Alberto y su esposa pasaron por nosotras al antro. En la casa, estábamos las 5 chicas en el cuarto de Regina, yo era la más borracha junto con Regina, las otras 3 se fueron a cambiar y a dormir, nosotras seguimos platicando en la sala. La mamá de Regina se fue a dormir porque estaba muy cansada, pero su papá se quedó platicando con nosotras. En el sillón se sentó Alberto y Regina a un lado de él, ella llevaba un mini vestido de lentejuelas plateado y al quitarse sus tacones, subió sus piernas al regazo de su papá, lo abrazó y le pidió un masaje, Alberto sobaba las piernas de su hija.

    Se que pareceré enferma, pero me empecé a mojar al ver a Alberto acariciando a su hija, Regina se quedaba dormida en momentos, por lo cansada y borracha, en una de esas, me dijo, deja que papá te dé un masaje, es el mejor, Alberto asintió, yo me acerqué y me puse del otro lado, igualmente, me retiré mis tacones y estiré mis piernas en su regazo, el con su mano izquierda sobaba a su hija y con la derecha a mí.

    Las caricias me relajaron, pero recuerdo haber visto como las manos de Alberto subían por nuestras entre piernas y con sus dedos meñiques estirados rozaba nuestra ropa interior, Alberto cambió su cara, había esa lujuria en sus ojos, sus manos de calentaban y mi corazón se aceleraba.

    Regina estaba dormida, Alberto subía su mano desde la pantorrilla, hasta su entrepierna, tocaba y apretaba, yo me recargué en Alberto y este pasó su brazo derecho por detrás de mí, bajó su mano hasta mis nalgas y con cuidado empezó a subir mi vestido negro, que no era tan largo, hasta que se subió y comenzó a acariciar mis nalgas; yo fingía estar algo dormida.

    Con la otra mano, abrió despacio las piernas de Regina, podía ver su tanga color blanco, el metió la mano en las piernas de su hija y despacio acariciaba su conchita sobre la tanga. Regina entre dormida emitía quejidos, Alberto volvió a levantar su brazo sobre mi hombro derecho y despacio bajó mi vestido, dejando mis pequeñas tetas y mis pezones pequeños muy duros, al aire.

    Regina se movió y el paró, solo me abrazó para ocultar que estaba topless, y así yo quede recargada sobre él. Mi amiga se levantó y dijo que se iría a su cuarto, me hice la dormida y le dijo a su papá que cuando despertara me dijera que me fuera a su cuarto, su papá asintió.

    Yo me quede en el sillón, Alberto acompañó a Regina a su cuarto para comprobar que no regresara y que su mujer estaba dormida, después bajo y me vio ahí recostada en el sillón.

    Apagó las luces y se acercó a mí. Mi corazón latía muy rápido pero seguí fingiendo, solo noté que en la oscuridad, aquel hombre y su silueta grande se acercó, despacio metió sus manos bajo mi vestido, me acarició mi conchita que estaba completamente depilada y si, mojada por la situación, él pasaba sus dedos por mi clítoris, y sentía como embarraba mis fluidos en mis piernas, me retiró la tanga y se la guardó en su pantalón.

    Pensé que sería todo, pero después, abrió mis piernas y levantándolas, me dejó como en visita a ginecólogo, se acercó y sentí su respiración caliente en mi zona, el comenzó a pasar su lengua por mi inglés, mis muslos, hasta llegar y plantarse en mi conchita. Su lengua entraba a placer, yo no pude evitarlo y emití un pequeño orgasmo, algo de fluido salió de mí, el me jaló de mis manos y me levantó.

    Nos comenzamos a besar, el bajo a besar mis pezones, los chupaba fuerte, sus manos grandes apretaban todo mi cuerpo, mi conchita estaba muy, muy mojada entre mis fluidos y la saliva de Alberto. Él paró en seco y me tomó de la mano, me llevó a la cocina y abrió la puerta de la lavandería, ahí nos metimos.

    Ya dentro de la lavandería, Alberto bajó mi vestido hasta el suelo, él se quitó su ropa y comenzamos a fajar, el me cargó y me frotaba contra él; podía sentir su pene grueso y algo largo pasar por mi conchita que estaba mojada. Después de un rato de besos intensos y faje, me puso de rodillas y me metió su verga gruesa en la boca, su sabor era salado por mis fluidos cuando se frotaba.

    Después me levantó y me comenzó a besar en la boca y el cuello, su dedo medio de la mano me acaricia mi colita, quería entrar en mi pequeño agujero, yo le dije que parara, pero el solo ensalivó su dedo y lo clavo sin dudar, yo tuve que ahogar el grito, él estaba muy prendido.

    Alberto me levantó y me colocó como en película porno, me recostó en la parte superior de una mesa pequeña de madera y abrió mis piernas, comió un poco, apretaba mis pezones muy fuerte mientras su lengua recorría cada pedacito de mi conchita, se levantó y me miró.

    Aún en la oscuridad sus ojos brillaban de lujuria, se acercó a mí y me dijo “tengo que entrar, me tienes muy caliente”, yo lo miré y le pedí que lo hiciera con cuidado, ni siquiera pensamos en condones, el escupió en mi conchita y golpeó un poco con su pene, hizo la piel del prepucio hacía atrás y su cabeza rosa claro brilló con la escaza luz, así entró despacio.

    “Estas muy caliente y apretada” me decía, yo solo apretaba sus brazos que estaban duros y sentía lo fuerte que era, él se inclinó cobre mi quedando encorvado, yo lo abracé y empezó a darme fuerte y seguro, mientras me clavaba yo sentía que tocaba el cielo, recuerdo que me vine 3 veces y él me dijo que lo dejé empapado, su pene estaba resbaloso, así que me sujetó de las axilas y me levantó.

    En un subir y bajar, como si él rebotara, me daba muy rico, su lengua entraba en mi boca y jugaba con mi lengua, yo sentía su aroma impregnado en mí, nuestro sudor comenzaba a hacer ese sonido de dos cuerpos chocando.

    Cuando sentí que sus piernas temblaban me bajó, me bajó del hombro y me pidió abrir la boca, así lo hice y de pronto sentí su leche caer en mis labios, en mi cara, su sabor fuerte llegando a mi lengua.

    Alberto estiró su mano y prendió una linterna que estaba en una repisa, aproveché y con mi mano quité el exceso de semen que escurría en mi cara, estaba llena, el semen que quedó lo embarré en mi estómago. Alberto me miró, “un no acabamos”, de la ropa sucia que estaba en un bote, tomó una camiseta del gimnasio, era de él, olía muy fuerte a sudor seco; paso la camiseta por su pene, lo limpio haciendo muecas y luego me limpió mi abdomen.

    Me dio la vuelta y me volvió a meter su pene algo flácido, pero con cada embestida recuperaba su firmeza, tomaba mi cintura, luego apretaba mis pequeños pechos, me apoyó sobre la mesa y estuvo dándome más rápido.

    Yo estaba extasiada, me volví a correr dos veces más, el lo sintió y su pene grueso salía por lo resbaloso, luego lo sacó y lo puso sobre mi conchita que estaba muy mojada y algo abierta por tanta fricción, ahí sentí como aventó su leche, la cual se quedó sobre mi conchita escurriendo hasta el suelo, me miró por unos segundos y solo me dijo “ya eres mía”, metió su pene de golpe y con eso un poco de su semen, yo me apoyé en mis codos para ver ese momento.

    Nos limpiamos de nuevo, pasé al baño de abajo y fingiendo ir algo adormilada, entré al cuarto con las demás, todas dormían.

    A la mañana siguiente Alberto se portó como un caballero y ambos fingimos demencia, aunque sabíamos todo lo que había pasado y cada mirada me hacía saber que quería repetir, sin embargo, ya no se pudo pues me fueron a dejar a mi casa.

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  • Corina, yo y un asunto de negocios

    Corina, yo y un asunto de negocios

    Ese día mi suegro me llamó para que me presentara en su casa, para la ocasión me puse un vestido blanco a media pierna, y unas medias negras, llegue Violeta, la criada me abrió y me condujo hasta la puerta del salón, a abrirla me encontré con que allí no estaba mi suegro sino Corina.

    -Hola ¿Cómo estas cuñada?, me dijo.

    Me senté en el sofá, donde tantas aventuras sexuales había tenido, y había visto tener, Corina se puso de pie y mirándome a la cara me dijo:

    -Me parece que el cabron de mi padre quiere que tú y yo follemos.

    Se acercó a mí, me puso una mano en el mentón y me dijo:

    -Tranquila cuñadita, tengo experiencia en el asunto.

    Y antes de que pudiera reaccionar me tumbó sobre el sofá, me subió el vestido hasta dejar al descubierto el tanga azul marino, que me había puesto por su tenía que follar con mi suegro. Y se puso a acariciarme el coño por encima de esta prenda, luego me metió la mano por debajo de esta prenda, y mientras lo hacía me dijo:

    -¿Sabes una cosa cuñada? Mientras en el internado me lo hacia con algunas compañeras y algunas profesoras había veces que pensaba en ti.

    Y tras ello junto sus labios con los míos y nos dimos un beso muy apasionado, hasta ese momento parecía que Corina me estaba violando, y la idea me ponía muy caliente, en ese momento ella me dijo:

    -Creo que es mejor que las dos estemos de pie para que podamos desnudarnos mejor.

    Lo hice y antes de que me diera cuanta la muy zorra me había quitado el vestido, dejándome únicamente con el tanga. Ese día no me había puesto sujetador, ella seguía completamente vestida, y sin dejar de besarme tiro de mi tanga hacia el suelo. En ese momento tomé yo la iniciativa y casi sin darme cuenta, comencé a quitarle la ropa, dejándola, ella tampoco se había puesto sujetador con un tanga de color amarillo, pensé que ella ya había llevado la iniciativa durante mucho tiempo, la hice apoyarse contra una de las paredes de la casa, y teniéndola de culo, me arrodillé, y vi de manera real, ese culo tan maravilloso que anteriormente solo había visto por cámara.

    Después me levanté, ella se dio la vuelta y las dos nos quedamos pegadas la una a la otra, ella me dijo:

    -Cuñada entiendo que el imbécil de mi hermano mayor esté colado por ti, estas buenísima.

    -Tu sí que eres una mujer bellísima Corina, y además joven, y muy deseable.

    Buenamente nos volvimos a besar ella me dijo:

    -La verdad es que te deseo mucho, y te lo voy a demostrar.

    Me empujó hasta una de las columnas del salón y allí se arrodilló ante mi y sacando su lengua de la boca la introdujo dentro de mi coño, yo no sé si Corina habría aprovechado sus años de internado para aprender otras cosas, pero desde luego en lo de aprender a comer coños era para darle matrícula de honor, su lengua jugaba con mi coño de una manera magistral, desde luego esa cría sabía lo que se hacía no tardó en provocarme un gran orgasmo, Me levanté y atrayéndola hacia mí la acaricié y la dije:

    -Mi niña eres fabulosa, ahora me toca a mi demostrarte lo que se hacer.

    Me puse de rodillas ante ella y, en ese momento fui yo quien introdujo su lengua en el interior del coño de mi cuñada esta al sentir mi lengua dentro de ella comenzó a gemir mientras me decía:

    -No me imaginaba yo tener una cuñada tan puta y tortillera, se nota que n soy ni mucho menos el primer coño que comes.

    Desde luego no lo era, pero tampoco era el momento de contarnos nuestras vidas, así que continue comiéndome el delicioso coño de Corina, que de otro lado no tardó en correrse, desde luego mi cuñadita no era de esas mujeres a las que le cuesta llegar al orgasmo, a la que me levanté ella me tenía preparada una nueva sorpresa me hizo girarme y ponerme mirando a la columna y de espaldas a ella, y cuando lo hice noté como se arrodillaba, e introducía su lengua dentro de mi culo.

    Desde que me había vuelto puta para mi suegro, había intentado combinar mi higiene personal con la práctica de todas las guarrerias que se me ocurrieran en materia de sexo, sin embargo, la lengua de Corina dentro de mi culo me pareció lo más guarro, y excitante que me había ocurrido en mi vida.

    No podía dejar de sentir que sentir que me estaba excitando muchísimo hasta correrme, nuevamente, en ese momento me decidí a proponerle a Corina una idea que se me estaba ocurriendo:

    -¿Qué te parece cuñadita, su hacemos un sesentainueve en el suelo?

    No esperé su respuesta, me tumbé en el suelo con las piernas bien abiertas ofreciendo a mi cuñada mi coño, ella al verme me dijo:

    -No me imaginaba que fueras tan puta, cuñada

    Se puso encima de mí, en posesión invertida, y volvió a meter su lengua dentro de mi coño, cosa que en ese rato se había convertido en una costumbre muy agradable, yo me decidí a no ser menos e introduje la mía dentro de su sexo, las dos comenzamos a lamernos nuestros coños como si fuera una competición, aunque, como ya he dicho antes, mi cuñada sabía comerlo muy bien, llevaba más tiempo sin correrse que yo, así que trabajándola con mi lengua me fue relativamente sencillo hacerla correrse, cuando lo logré, ella me dijo:

    -Joder cuñada hacer maravillas, con tu lengua, su le haces lo mismo a mi hermano este debe estar alucinando contigo.

    No era tiempo de contarle que en realidad todos sus hermanos habían probado mi boca, y que, al parecer habían quedado bien satisfechos. Tras decir esto ella siguió ocupándose de mi coño, una vez más tuve que admitir, que cosas de estudios no se si había aprendido mucho, pero en lo de comer coños había sido una alumna muy aplicada, jajaja, no tardó en lograr que me corriera, en ese momento dijo:

    -Que zorras somos las dos. Y después me propuso, ¿Qué te parece si seguimos en el sofá? Cuñis.

    Me pareció una gran idea, la pedí que se sentara en el sofá, con las piernas bien abiertas, ella al hacerlo dijo:

    -Me da que este sofá no va a ser la primera follada que vea.

    Me dieron ganas de reír y de decirle la verdad, que ese sofá estaba contemplando desde hacía un tiempo mucho sexo, pero una vez más no me pareció el momento, tenía ganas de comerme nuevamente el coño de mi cuñada, parecía que me había vuelto adicta a eso. Así que me puse a cuatro patas, y como si fuera una perra, saqué nuevamente mi lengua y me puse a comerle el coño a Corina, ella al sentirlo dijo:

    -Parece cuñadita que le has cogido el gusto a mi coño, y ¿Sabes? Me estas haciendo gozar como nunca, en el internado ninguna tía me había hecho correrme tantas veces.

    Y efectivamente se lo estuve comiendo hasta que se corrió, En ese momento Corina dijo:

    -Ahora me toca a mí, venga cuñis, ven aquí y ponte sobre el respaldo del sofá,

    Por supuesto accedí a lo que me pedía, ella se puso de rodillas sobre este, t desde esta postura llevó sus manos hasta mi coño y con una de ellas me lo abrió todo lo que pudo, con la otta introdujo tres de sus dedos dentro de mi coño y dijo:

    -Esta es la especialidad de la casa.

    Y comenzó a moverlos en su interior, pero para mi sorpresa noté como acercaba su cabeza a la entrada de mi culo, y sacando su lengua, comenzó a pasarla por los alrededores de mi agujero, me hizo sentir algo nuevo, que me llevó a la gloria, mis gemidos se hicieron más intensos, y ella me preguntaba:

    -¿Te gusta cuñadita?

    No hacía falta ser muy observador para darse cuanta que mi cuñada me estaba volviendo loca del gusto, mis intensos gemidos eran mi mejor respuesta a su pregunta y ella lo sabía, así que comenzó a aplicarme el mismo tratamiento hasta provocarme un orgasmo descomunal.

    -¿Has quedado satisfecha cuñada me preguntó?

    Pero la verdad era que no, después de lo que la cerda de mi cuñada je acababa de hacer, yo sentía que tenía que devolvérselo, así que le pedí que se pusiera a cuatro patas encima del sofá, yo lo estaba en el suelo, cuando me hizo caso, introduje mi lengua dentro del culo de mi cuñada que, al sentirla, entre gemidos dijo:

    -Que copiona eres cuñada, que pena que no fueras al internado. Allí hubieras disfrutado mucho.

    Era la primera vez que hacía esto y, pese a comprender que no debía de ser mu higiénico, debía de admitir que era muy agradable, y sentir gemir a mi cuñada lo hacia cada día más, la verdad es que esta situación hacía que me sintiera hambrienta de su culo, hasta que sentí como se corría, tras ello le saqué la lengua, ella dijo:

    -Menuda tarde me has hecho pasar so zorra, una de las mejores de mi vida, tenemos que vivir juntas nuevas aventuras y hacer cosas.

    Después me besó en la lengua nuevamente, las dos nos vestimos, y me marché de casa de mi suegro.

    Pocos días después reviví, nuevamente la orden de conectarme, y cuando lo hice en la pantalla apareció la biblioteca del chalet de mi suegro y sentada en un sillón estaba Karina, ella era la mujer de otro de los principales hombres de negocios de la zona, con quien mi suegro hacia sus buenos negocios, llevaba puesto un vestido blanco muy normalito, al poco entró Corina llevaba un vestido rosado corto y tipo palabra de honor, se sentó a su lado y las dos comenzaron una conversación muy normalita, tras ella mi cuñada le explicó que su padre le había puesto a trabajar en los negocios familiares a la vez que se sacaba la carrera, y le explicó que uno de los negocios que su padre le había encargado involucraba a ambas familias, en ese momento Corina con voz insinuante dijo:

    -Me he dado cuenta con como me miras, desde hace tiempo y seré muy amiga tuya si tu me ayudas en este negocio.

    La otra comprendió bien la propuesta, las dos se pusieron de pie, Y Karina rodeo a mi cuñada con sus brazos y luego llevó sus manos hacia el culo de mi cuñada, esta llevó las suyas hasta la cabeza de su socia y las dos se enlazaron en un beso largo y apasionado, después, antes de que su compañera pudiera reaccionar Corina le quito el vestido dejándola con un conjunto formado por unas bragas y un sujetador blanco.

    Después la hizo sentarse en el sofá, una vez que esto se produjo mi cuñada se puso de pie mirando a su compañera de frente, y se quitó el vestido, quedándose solo con un tanga diminuto, se notaba que, a diferencia de Karina, ella si había preparado este encuentro.

    Acto seguido Corina se agachó y quitó el sujetador a su socia, dejándola con las tetas al aire, y lanzando su boca sobre sus pezones, mientras con sus manos le amasaba sus tetas, la socia se puso a gemir, mi cuñada le preguntó:

    -¿Tu marido no te hace esto?

    -No cariño, respondió esta, hace mucho que no me toca. Sospecho que se lo hace con alguna de sus empleadas.

    -Los tíos son unos cerdos, dijo mi cuñada, pero yo te prometo ocuparme de que goces, si tu me ayudas en los negocios.

    Como una especie de anticipo, Corina se agachó y con sus manos le quitó las bragas a Karina, llevó su boca hasta el coño de su socia y sacando su lengua se puso a lamerla el coño, Karina se puso a gemir de una manera intensa y dijo:

    -Nunca hubiera imaginado que con una mujer se gozara tanto, es la primera vez que lo hago.

    -Cariño, reconoce que desde hace tiempo miras a las mujeres con ganas, dijo Corina sacando por un momento su lengua del coño de la vieja, aunque no te hayas atrevido a admitirlo.

    -Si, dijo esta mientras gemía, llevó una temporada mirando a las chicas jóvenes, pero nunca hubiera pensado en llegar a esto.

    Corina seguía comiendo el coño de su compañera que no podía evitar gemir de una manera exagerada, mientras le decía a esta:

    -Cariño, no pares me estas volviendo loca de placer.

    Mi cuñada que no hacia mucho me había demostrado su capacidad de volver loca a una mujer seguía comiéndola el coño, mientras Karina intensificaba sus gemidos de una manera bestial, hasta que dijo:

    -Mi amor no puedo más me corro.

    Corina siguió comiéndola el coño y cuando su socia hizo un gesto que demostraba que estaba tendiendo un orgasmo se lo siguió comiendo hasta que la vio relajada, en ese momento dejó el coño de su socia y alzándose hasta que sus dos bocas entraron en contacto, se enzarzaron en un nuevo beso, tras ello Karina dijo a mi cuñada:

    -Eres bellísima, te adoro.

    -Tu también eres muy bella, muchos chicos de mi edad estarán encantados de follar contigo y si tu quieres yo te ayudare a que lo consigas, le respondió mi cuñada

    -Gracias, mi amor, dijo Karina, pero ahora me gustaría ser yo quien te diera gusto a ti, pero no lo he hecho nunca, dijo Karina

    -No te preocupes, respondió mi cuñada, yo te enseñaré.

    Corina se sentó en el sofá, donde anteriormente había estado sentada su socia, esta acercó su boca a sus pechos y se puso a besárselos diciéndola:

    -Eres tan bella.

    -Muchas gracias, amor, respondió mi cuñada.

    Karina continuó ocupándose de las tetas de mi cuñada y luego fue bajando poco a poco, después fue bajando, con su lengua por el vientre, en ese momento se dio cuenta de que mi cuñada aún llevaba puesto el tanga, ella se lo quitó dejando el coño de Corina al aire, y llevó su lengua hasta él, se la notaba algo nerviosa, pero tenía ganas y poco a poco fue mejorando su técnica, la cara de mi cuñada demostraba que estaba disfrutando hasta que se corrió, y dijo:

    -Cariño has aprendido rápido lo vas a hacer muy bien, pero quiero que aprendas nuevas cosas, túmbate sobre el sofá.

    La alumna obedeció y mi cuñada, la pidió que levantara una de sus piernas y ella se sentó encima haciendo que los coños de ambas se rozaran. Después la pidió que continuará en el sofá, pero a cuatro patas. Corina se puso de nuevo en el suelo también a cuatro patas y desde esta postura acercó su boca al culo de su socia, y se lo comenzó a besar, después, nuevamente introdujo su lengua en el coño de Karina que al sentirlo dijo:

    -Mi amor, nunca pensé que esto se pudiera hacer, y que fuera tan placentero.

    Y sus gemidos demostraban que decía la verdad, mi cuñada siguió aplicándole el mismo tratamiento hasta que se corrió:

    -Cariño debo reconocer que esta esta siendo la mejor tarde de mi vida, dijo.

    Y nuevamente la discípula insistió en imitar a la profe esta vez fue mi cuñada la que se puso a cuatro patas encima del sofá y fue la vieja la que se puso de rodillas en el suelo, e introdujo su lengua en el coño de mi cuñada, anteriormente había aprendido como hacerlo y ahora lo hacía mejor, mi cuñada le dijo:

    -Cariño, lo haces divinamente, yo me ocuparé de que tengas coños que comerte.

    Ella se lo seguía comiendo hasta que hizo que mi cuñada se corriera. Fue en ese momento cuando Karina miró el reloj y dijo:

    -La tarde se me ha pasado volando, pero debo irme.

    Después se vistió y cuando se iba a ir dijo a mi cuñada:

    -Da por hecho el negocio, y todos los que tu quieras mi amor.

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  • Sin paraguas mi marido sumiso

    Sin paraguas mi marido sumiso

    Sin paraguas mi marido sumiso de etérea hermosura y ojos de canción de Dylan. Se balanceaba en una catarata de pis casi naranja. Despedía olor de amoníaco con vapor que dañaba los ojos. Uno de los tantos pedidos de el era recibir todos los líquidos que yo quisiera largar, en cualquier lugar incluyendo boca, ojos y oídos.

    Organize no orinar por 8 horas. Si quería ser meado por una hermosa mujer tenía que recibir lo peor.

    Me encargué en nuestros 8 años de matrimonio decirle de todas las maneras que era muy feo de rostro y que su blancura extrema se relacionaba por la inducida impotencia que le vendí de perra vengativa. Otros hombres habían matado mi integridad.

    Nada más fácil que desempoderar a un tipo de belleza “blancanievenesca”.

    No fuimos al baño a el acto macabro de ardor servido en copa.

    En la cama puse nylon sobre el colchón. Arriba tendí todo como un día cualquiera.

    Agregué al plan que luego de su bañó de mostaza acuosa el mismo Magister en física cuántica recogiera sábanas y acolchados.

    Derechito al lavarropas desnudo, pegoteado, con los ojos ardiendo como si la cebolla se le puso de emplaste tortursnte. El se sentía bien haciendo caso. Así era como se ganaba mi orden de erectar su pene y su derecho a penetrarme. El se sentía que se lo había ganado. El Físico de los neutrones acelerados ahora tenía permiso de coger a su domina después de un buen bañó .

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  • Aventuras de una hotwife (3)

    Aventuras de una hotwife (3)

    Solo una mujer.

    Luego de salir de esa habitación mi corazón parecía un carro de carreras y no encontraban como pararlo.

    Mi cerebro alterado y mis pensamientos llenos de ira y de dolor. No comprendía cómo esa persona que yo tanto amaba el idolatraba me pedía una interacción sexual con otra mujer. Si así como lo estás leyendo “otra mujer”.

    Me sentí humillada, sin sentido en pocas palabras la palabra fea quedaba chiquita en mi boca.

    Me miraba al espejo y sentía rabia y una impotencia descomunal decía para mí “porque después de 15 años de darle mi vida entera y construir un hermoso hogar” no lo entendía y mis ojos parecían cascadas (derramando lágrimas sin parar no recuerdo haber llorado tanto en mi vida).

    Si hubiese sabido que era una ventana a refrescar una relación que por los años, el trabajo, la monotonía estaba estancada…

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  • Mi “bautizo” y mi vida después

    Mi “bautizo” y mi vida después

    Era la segunda vez que iba a quedar con una ama. La primera vez no fue muy bien había quedado con una chica en su habitación pero se notaba que lo hacía sin ganas solo por el dinero, que no tenía ninguna vocación de ama.

    Esto sí tenía un cuerpo muy bonito. Esta vez había alquilado yo una habitación de las que se alquilan por horas en el centro de la ciudad, la había alquilado por dos horas así que nadie nos iba a meter prisa. Llegamos los dos casi a la vez y me gustó mucho lo que vi. Era una mujer latina de México una cara bonita y un cuerpo más bonito con la piel color chocolate y perfecta.

    Entramos en el edificio yo detrás de ella como tenía que ser y cuando entremos en la habitación nada más cerrar la puerta me preguntó: “¿cómo te atreves estar todavía de pie delante de mí?” Enseguida me arrodillé pero ella me ordenó a ponerme a cuatro patas. Pensé que iba a ser lo típico, que ahora me va a decir que le bese los pies pero no fue así.

    Ella se montó a mi espalda levantó sus pies del suelo para que yo llevara todo su peso y me ordenó que le diera unas vueltas por la habitación, menos mal que no pesaba mucho. Me había cogido de los pelos con una mano y así me indicaba hacia qué dirección tenía que ir, estuvimos así dando vueltas por la habitación unos dos minutos. Durante el trayecto me gané una bofetada por haber cogido la dirección equivocada.

    Cuando paramos, todavía sentada en mi espalda, se inclinó hacia adelante y me dijo al oído: “todavía no eres mi esclavo, no te he aceptado. Tienes que pasar primero por una prueba, un ritual, tengo que ver que de verdad deseas ser mi esclavo.” Qué ritual señora le pregunté sorprendido. “Te voy a bautizar” me dijo y se levantó de mi espalda, me ordenó quitarme toda la ropa y quedarme solo con los boxers.

    Me cabalgó de nuevo y me condujo al cuarto de baño. Se levantó y me ordenó poner mi cara pegada al suelo y ella se quitó las bragas y se colocó casi justo por encima de mi cabeza. Me pisó la cabeza para asegurarse que mi cara estaba totalmente pegada al suelo y unos segundos después empezó a mear encima de mí. Entonces me di cuenta que esto era mi “bautizo”.

    Su orina empapó todo mi pelo muy rápido y empezó a irse por el suelo. Entonces dejó de mear y me ordenó ponerme de nuevo de rodillas. Se colocó justo delante mía con su coño unos centímetros de mí y empezó a echarme su lluvia en la cara, algo que también duró unos pocos segundos. Cuando al final pude abrir los ojos la vi delante de mí mirándome.

    Sus ojos tenían un placer salvaje. Le gustaba verme delante de ella, arrodillado y humillado, empapado de su orina. Entonces me dijo con una voz muy autoritaria: “Ahora voy a mear en tu boca y tu tendrás que tragar toda la orina, solo así te voy a aceptar como esclavo. ¿Entendido?” Si mi ama, respondí. Entonces ella se acercó, puso su coño casi pegado en mi boca para que no saliese ni una gota y empezó a mear. Esta vez no duró unos pocos segundos sino muchos, no sé cuántos, quizás unos veinte. Lo tenía bien planeado, guardó la mayor parte de su orina para mi boca.

    Tragaba todo el rápido que podía, el choro era bastante fuerte, cada vez tragaba con más dificultad y el sabor se hacía cada vez más intenso en mi boca pero de ninguna manera quería no conseguir ser su esclavo. Cuando por fin terminó vaciando toda su orina en mi boca yo me quedé atontado, aturdido. Bien perrito, me dijo, lo has conseguido. Ahora eres mi esclavo, me perteneces. Lo has hecho muy bien, has tenido que tragar bastante más orina que los otros dos. Quizás te hago mi orinal personal. Y esto fue mi “bautizo”.

    Después de darme una buena ducha me dijo lo que tenía que esperar a partir de ahora. Me dijo que no era una ama sádica, sus sumisos los quería para su comodidad, su placer y para humillarles. Y la manera que más le gustaba para humillarles era lloverles encima, ¡mear en la boca de sus esclavos le provocaba una éxtasis que era casi como un orgasmo!

    Y cada encuentro con ella acabaría siempre con una meada en mi boca, lo mismo hacia con sus otros dos esclavos. Para ejercer su autoridad no usaba el dolor sino el cansancio físico hasta el agotamiento. También exigía disponibilidad horaria total, podría llamarme en cualquier hora, exceptuando las horas laborables para pedir lo que sea. Por eso buscó hombres que vivían solos y sin obligaciones familiares. Lo más habitual era llamar a uno de nosotros ir a su casa para comerle el coño.

    Desde aquel día han pasado tres meses. He tenido varios encuentros con ella en su casa la mayoría de los veces estaba solo con ella, 2 o 3 veces estuvimos 2 esclavos y una sola vez estuvimos los tres esclavos. En este encuentro a uno de nosotros le puso a cuatro patas y se sentó encima y los otros dos estuvimos arrodillados al suelo delante de ella adorando sus pies. Tenía unos pies preciosos eran como unos caramelitos que te invitaban lamerlos. Pasando el tiempo el esclavo que hacía de silla empezó a cansarse como es normal pero ella ni se inmuto.

    Cuando su esclavo empezó a llegar a sus límites le cogió de los pelos y empezó a tirarle muy fuerte gritándole que ni se le ocurriese caer al suelo, él llevaba a su ama y tenía prohibido caerse. Pero la gravedad siempre gana. En cuando se percató que su caída era inminente se levantó, le puso de rodillas y le dio unas buenas bofetadas. Enseguida ordenó al “compañero” que estaba a mi lado a hacer de silla. Entonces entendí su plan. Le encantaba vernos arrodillados adorando en sus pies y a la vez quería llevarnos al agotamiento.

    Estaba claro que disfrutaba viéndonos sufrir y llevándole en nuestras espaldas y sobre todo cuando estábamos agonizando de no caernos al suelo del agotamiento. Y la sesión se acabó como más le gustaba a ella, con los tres arrodillados delante de ella esperando a que nos diera de beber un chorro de su orina a cada uno. Otra costumbre que tenía con nosotros era cabalgarnos para moverse por su casa. Una vez me dijo que no tenía por qué andar mientras había un esclavo en casa. Y si, me hizo su orinal personal.

    Eso consistía en llamarme para ir a su casa solo para mear en mi boca y echarme. La primera vez que me llamó para eso nada mas entrar en su casa me puso de rodillas, colocó mi cabeza entre sus piernas, me esperaba sin bragas, se meo en mi boca y me dijo “ahora márchate y ya no te necesito más.” Cuando vio mi sorpresa y mis ojos que se habían abierto como platos me dio una bofetada muy fuerte y me dijo “deberías estar agradecido a tu ama parece que no estás consciente de la suerte que tienes de haberte elegido como su orinal.” Menos mal que no vivo lejos de su casa.

    Estas son algunas de mis experiencias con ella hasta ahora, he salido de la monotonía y estoy viviendo algo que hace muchos años quería vivir. No sé a dónde me va a conducir este camino pero por el momento estoy disfrutando.

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  • Venganza: El renacer de un nerd

    Venganza: El renacer de un nerd

    Cuanto daño te tienen que haber hecho, cuantas humillaciones tienes que haber pasado, cuando sufrimiento debes haber padecido, para que en tu corazón haya tanta oscuridad, para corromper a alguien bueno. Que ante la posibilidad de cambiar tu vida y dar un giro de 180 grados, el solo hecho de recibir poder y riquezas de una forma vasta tu primer pensamiento sea la venganza.

    Permítanme contarles y explicarles la situación, esta es la historia de Mariano, un joven de veinticinco años, de cara normal, un poco gordito y desaliñado, que ha tenido una vida sacrificada. Desde chico tuvo que salir a trabajar para ayudar a su madre, así que desde niño estudiaba y trabajaba, su madre su único familiar vivo era una mujer que había sido una chica que vino del campo a ciudad en busca de mejor vida, quedo embarazada de un mujeriego, que no quiso hacerse cargo del bebé, ella decidió criarlo sola, trabajando de sol a sol, pero una enfermedad la limito mucho por eso Mariano desde chico tuvo que trabajar y ayudar a su madre.

    El hizo de todo, desde limpieza, mozo, lava platos, hasta vendedor callejero, así y todo nunca abandono sus estudios y hasta consiguió una beca para la Universidad. Claro que algunos compañeros no vieron con buenos ojos que un chico de la limpieza estudiara con ellos y ensuciara su ambiente.

    Entre todos estos jóvenes de clase alta y pocos valores estaban dos chicas Vanesa y Carolina, dos primas, una tenia la edad de Mariano y la otra era dos años menor, estas era las principales promotoras del acoso a Mariano, iba desde arrebatarle la tarea hasta darle una golpiza, o tirarlo de la bicicleta empujándolo desde un auto. Con todo esto Mariano seguía adelante y con buenas notas, como extra ayudaba en el comedor de la Universidad con la limpieza y podía comer gratis, la mala alimentación, la falta de ejercicio y un adecuado descanso hicieron que ganara peso rápido.

    Así y todo Mariano agachaba la cabeza y seguía adelante, le faltaba poco para recibirse cuando lo llamaron como mozo para un cumpleaños, este pobre iluso pensó que era una buena oportunidad de hacer un dinero extra, pero era una trampa de sus compañeros, era el cumpleaños de Vanesa, y como bufón iba a estar Mariano, no solo fue humillado tirándole la bandeja con comida, sino que los amigos de las chicas lo obligaron a comer la comida del piso, pisándole la cabeza para que lo hiciera. Una vez terminado lo sacaron afuera al patio entre seis grandes muchachos y procedieron a golpearlo y después orinarlo, Andrés el novio de Carolina defeco y se limpio el culo con billetes que después lo tiraron sobre Mariano en forma de paga.

    Así y todo el logro recibirse, no así los otros que estaban más interesados en las fiestas que estudiar. Después de mucho esfuerzo y gracias a sus notas consiguió trabajo de administrativo, en el sector de ventas de una empresa local. En realidad lo explotaban le pagaban poco, trabajaba mucho, incluso le hacía todo el papeleo a los vendedores. Pero no se quejaba y seguía, cobraba un poco más y el trabajo era mejor visto que en la limpieza. Su madre volvió a recaer en la enfermedad, esto lo obligo a pedir un préstamo en la empresa, para afrontar los gastos médicos, por lo tanto más agarrado de los huevos lo tenían.

    En cuanto al sexo, solamente había tenido relaciones a los 18 años con una chica en una fiesta, la única vez que fue a una fiesta, sus compañeros lo obligaron a tomar y termino teniendo sexo con una desconocida, que no vio más en su vida, tampoco podria reconocerla. Pero tenia relaciones sexuales, era el juguete sexual de su casera, como Mariano se atrasaba con el alquiler su casera le dijo que lo usaría, y a su vez se lo alquilaba a sus amigas, todas mujeres de mas de cuarenta años y hasta sesenta que querían pasar la noche con un jovencito.

    En su trabajo había pedido varias veces un ascenso, ya que era quien prácticamente hacia todo el trabajo pesado, él quería que lo pasaran a vendedor, ahí podría cobrar un poco más y tener las comisiones por ventas, pero siempre su solicitud fue ignorada, hasta que pidió una cita con el Director de Ventas, su jefe.

    Director: Mira, te lo diré de forma frontal, nos sirves en donde estas ahora, eres nuestro burro de carga. Como vendedor no tienes la presencia, los contactos, ni la clase. Mientras yo este aquí tú harás siempre ese trabajo, sino te gusta paga lo que debes y lárgate, que mano de obra barata hay por montones. Ahora déjame en paz, y vuelve a trabajar.- Otra vez el clasismo.

    Eso nos trae a la actualidad, nuestro joven protagonista endeudado, con su madre enferma, en un trabajo de mierda, en un ambiente laboral de mierda, pero como dice la ley de Murphy, “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Un compañero le aviso que habían entrado dos bellezas a la empresa, que eran las hija del dueño y la otra la hija del director de Ventas, dos hermosas jóvenes que eran una bomba, una rubia con ojos celestes y un cuerpo de infarto y la otra morocha con la cara de niña y ojos color miel, un poco más delgada pero igual de hermosa.

    Se llaman Vanesa y Carolina, no podía ser una coincidencia, no podían ser las mismas, si bien el trabajo era malo no tenia los malos tratos de la Universidad, nadie lo golpeaba o humillaba, el tuvo miedo de volver al pasado, para él estaba mejor que hace un par de años, o menos peor, iba avanzando.

    El cruce con las primas fue inevitable, eran ellas, y no se habían olvidado de Mariano, una sonrisa burlona se asomo en su cara, parecía que disfrutaban de las cosas que le hacían al pobre. Por supuesto que ocuparon cargos jerárquicos, eran unas inútiles pero sus papas no iban a dejar que fueran sus retoños fueran simples empleadas, así que una fue al área de Marketing y la otra a Recursos Humanos. El primer crece no iba a tardar en suceder, fue cuando Mariano hacia trabajo extra cargando los datos de los vendedores, ósea haciendo el trabajo de otros, el estaba apurado para ir a ver a su madre al hospital, quería terminar cuanto antes, pero aparecieron las primas.

    Carolina: Mira este ya se ha olvidado de nosotras, se ha olvidado que es nuestro perro.- dijo esto mientras derramaba agua sobre el teclado de la computadora.

    Vanesa: Mira lo que has hecho inútil, has roto algo de la empresa, ahora te tendrás que quedar a terminar el trabajo y te descontaremos la computadora.

    El odio crecía en Mariano, quería asesinarlas, y que sufrieran, quería lastimarlas, era un volcán a punto de hacer erupción, sentía el fuego por dentro, los años de maltrato, pero se contuvo, necesitaba el trabajo, necesitaba salvar a su madre que era lo único que tenia en este mundo.

    Mariano: Por favor, no pueden hacerme esto, necesito el dinero, mi madre esta enferma.

    Las mujeres se rieron de él, y lo miraban con desprecio.

    Vanesa: Somos tus dueñas, así que te tenemos en nuestras manos, tal vez te pidamos unos favores, perrito.

    Las mujeres se fueron, pero Mariano sentía una presión en el pecho y una angustia que lo embargaba. Tardo dos horas más en terminar el trabajo por culta de estas arpías. No pudo ir a ver a su madre por la hora, cuando llego a su casa, la casera Mónica pidió que la viera en su casa. No le quedaba otra. Se baño y se arreglo lo mejor que pudo con lo que tenia.

    Su casera era un ser despreciable, una gorda que tenia serios problemas con su limpieza intima, de grandes tetas que le llegaban hasta el ombligo de lo caídas que las tenia, se aprovechaba de que Mariano no podía pagar el alquiler y se lo cobraba con sexo, para ella como para sus amigas, en verdad Mónica había encontrado un negocio en esto y sacaba mucho más que el alquiler cobrándole a sus conocidas por Mariano.

    Mónica: Como andas bebote, tienes trabajo que hacer, tengo una amiga que tienes que visitar, es Elvira, parece que le caes bien.

    Desde que Mariano era un gigoló, porque es lo que era aunque solo lo hacia por el alquiler, había aprendido mucho de sexo y de escuchar a las mujeres, pero no a conquistar a una, para eso todavía estaba muy verde, y es que no tenía la oportunidad, ni el tiempo para salir con una chica, a parte su autoestima estaba por el piso.

    Dentro de todo Elvira era una mujer agradable y limpia, era la mejor de todas con las que se acostaba, y era la más linda, era viuda, madre de dos hijos que estaban en la facultad, y tenia una pequeña tienda de ropa, su pelo era castaño oscuro y sus ojo color almendra, tenia dos grandes tetas redondas, un poco de panza, casi imperceptible y un culo grande y redondo, tenia cuarenta y cinco años.

    Cuando llego a casa de Elvira esta ya había preparado la cena, como si fuera una cita, muchas mujeres necesitaban compartir un momento, era más que sexo, necesitaban alguien que las escuchará, y no las juzgará. Y después si, en confianza daban rienda suelta a sus bajos instintos, y estás mujeres maduras no le decían no a nada, eso era lo bueno, y una escuela para aprender.

    Elvira trajo dos copas con vino blanco, no le gustaba tomar al chico, pero en estas ocasiones complacía a las señoras, mientras estaban sentados en el sillón ella como quien no quiere la cosa con su dedo delineada su escote, se acomodaba los pechos, y cada vez que se reía apoyaba la mano en el muslo de él, muy cerca de su miembro. Se puede decir que ella era la única que despertaba excitación en Mariano, con alguna otra era tanta la repulsión qué debía tomar una pastilla de Viagra que le había dado Mónica para tal fin, pero Elvira era una mujer deseable, que en cada encuentro buscaba seducirlo, por eso él cuando el vino se acabó se abalanzo sobre la cuarentona, sus bocas se unieron en un beso fogoso, apretaba sus hermosas tetas.

    Elvira: toma, todas tuyas, que se lo que te gustan.

    Se bajo el vestido y una gran teta quedo descubierta, con una aureola marrón y un pezón de dos centímetros durísimo, ella evidentemente estaba caliente. Mariano no se hizo esperar, se abalanzo como recién nacido sobre esa ubre, pasando la lengua por todos las y deteniéndose en el pezón chupándolo, mientras la otra mano del joven ya se había metido bajo el vestido y frotaba el sexo por sobre las bragas, aunque estaba separado por una tela él podía sentir el calor y humedad que despedía ese sexo.

    Ya en la habitación ella lo sentó en la cama y bajo sus pantalones, le encantaba sentir ese pene grueso y venoso, le hacían olvidar los años de frustración sexual, la hacia sentir mujer, intentaba metérselo lo más posible en la boca, mientras que el se iba sacando la camisa, el la levanto y acostó en la cama, abrió sus piernas y retiro sus bragas, y empezó a comer su sexo.

    Era el único hombre que le había hecho sexo oral, su marido era el típico mete y saca y a dormir, dejándola la mayoría de las veces insatisfecha. Pero este joven tenia una víbora en la lengua, que iba de un lado para otro de su vulva, lamia de arriba a abajo, luego la penetraba con la lengua mientas abría al máximo sus piernas, para terminar atacando su clítoris, succionado hasta que le venia un orgasmo devastador.

    Elvira intentaba reponerse mientras veía como Mariano se colocaba un preservativo, tenia que recuperarse y aprovecharlo, era un lujo que se daba cada quince días, pagar por la compañía de este joven.

    Mariano se acercaba amenazando, con el pene como si fuera una estaca, ella miraba esa salchicha gorda, era perfecta, lástima que él tiene unos kilos demás, sino seria un buen partido para cualquier chica, pensó ella.

    Mariano tomo su pene y empezó a frotarlo sobre los labios mayores de Elvira, mientras apretaba una de sus tetas, cuando noto la suficiente humedad la penetro de una, ella siento lo gorda que era y como la llenaba dejando escapar un largo gemido. El también sintió un enorme placer, de todas las mujeres que atendía esa era la vagina más estrecha que conocía.

    El comenzó con el mete y saca que ya era fuerte, mientras una mano acariciaba el clítoris y la otra le abría a el ano, ella ya estaba camino al orgasmo, esa combinación era fatal para ella, y no tardo mucho y se dejo ir acabo fuertemente, mordiendo una almohadón para no gritar.

    El subió sus pies hasta sus hombros y puso un almohadón bajo su cola, ella sabia lo que venia, era algo desagradable cada vez que su marido se lo practico, sin embargo cuando este chico le pidió la cola no se la negó, y lo bien que hizo, por que a pesar de tener un miembro mucho más grande nunca le hizo daño, incluso lo disfrutaba mucho.

    Mariano puso la cabeza en la entrada de su ano y fue penetrándola de a poco, hasta que entró toda, y empezó a bombear él sabia como le gustaba a ella, duro y así lo hizo, ella tiraba la cabeza para atrás y gemía, mientras él seguía rompiendo su culo, los dos sentían una sensación muy placentera hasta que ambos explotaron casi al mismo tiempo en un gran orgasmo.

    Lo hicieron otra vez más, aunque más tranquilo.

    Ha quinientos kilometro de la ciudad de Mariano se desarrollaba otra escena. Un anciano caminaba por los pasillos de un hospital, el silencio del mismo era cortado por los pasos de este y golpe del bastón en él piso, la gente se apartaba al verlo. Ese hombre despedía una aura que helaba la sangre, alto sobre el metro ochenta y cinco, canoso, con una barba perfectamente delineada, unos ojos celestes que transmitían una frialdad única, vestido de negro con un traje a medida, zapatos relucientes y un bastón con empuñadura de oro, en su muñeca se vislumbraba un reloj Patek Philippe, atrás de él venia su sequito, dos guardaespaldas, su asistente personal, y una mujer que era su empleada de mayor confianza.

    Entro a la Unidad de terapia intensiva y en una sala VIP había una persona sobre una cama, conectada a un respirador, la enfermera y el medico que estaban ahí en el momento que entro se acercaron al hombre, y le dieron la terrible noticia, la persona internada estaba condenada. El anciano pidió que lo dejaran solo con su hijo, todos salieron menos la mujer que lo acompañaba. El único hijo del anciano estaba tendido en la cama, su único heredero, tenia cincuenta y dos años, y había tenido un accidente grave en su moto, el anciano renegaba de su hijo siempre había tenido el síndrome de Peter Pan o sea se negaba a envejecer, tomar responsabilidades y asumir su rol en la empresa de su padre.

    La persona convaleciente en la cama se saco su mascara de oxigeno y su padre se acerco.

    Eugenio: Papá tienes un nieto, se llama Mariano Días, todos los datos están en mi agenda.

    Eugenio falleció esa misma tarde, Roberto Gómez Acuña su padre visto la casa de su hijo muerto, tomo la agenda que le habían mencionado, en ella estaba la dirección y el nombre de Marino, también había una cárpete, en ellas estaban los pagos de la Universidad, Eugenio había pagado la Universidad de su hijo y lo había hecho pasar por una beca. Roberto miro detalladamente todo, extendió la información que tenia a Carmen su mano derecha. No había que decir nada ella sabia todo lo que tenia que hacer.

    El funeral fue multitudinario, cientos de personas se acercaron a darle el pésame a Roberto, no había más familiares que él. Políticos, policías, funcionarios, empresarios importantes, incluso se podía ver a varios miembros del crimen organizado, todos convivían en armonía y respeto, todo por una figura tan importante como Roberto que estaba en un momento difícil, la cola de gente ante el ataúd se movía lentamente, parado al lado velando a su hijo el anciano recibía las condolencias. Cientos de coronas de flores habían llegado, de todos los lugares del país, incluso desde el extranjero. El entierro fue más intimo, solamente diez personas estaban en él.

    Una vez pasado todo esto del funeral, Roberto se encontraba en una gran biblioteca de su mansión, Carmen se acerco al él con una carpeta en la mano, el anciano parecía mirar a la nada, con su vista perdida y un vaso de whisky Macallan.

    Carmen: Señor tenemos toda la información de su nieto, hace dos días dono sangre y sacamos una muestra para una prueba de ADN, la compatibilidad es de un 100%.- ella se quedo callada Roberto hizo seña con la mano para que siguiera hablando.- la verdad que esta mal, en una situación bastante compleja, y ha pasado muchas penurias.

    Roberto: Que irresponsabilidad la de mi hijo, pero también es mi culpa, debí educarlo mejor, lo quiero aquí, conmigo lo antes posible. – su voz rasposa sonó como una orden de cumplimiento inmediato.

    Mariano estaba en la cafetería del hospital, viendo la factura del mismo. Ya no sabía a quien pedirle más plata, su tarjeta estaba en rojo, ya tenía un préstamo de su trabajo. Hasta había contactado a un conocido para hacer tareas de limpieza en la noche, esto le dejaría solo tres horas para dormir, y así y todo no podría cubrir los cinco mil dólares mensuales del tratamiento de su madre. Había fantaseado con hacer algo ilegal para conseguir dinero, lo más recurrente tenían que ver con las primas, tal vez si las secuestraba y pedía rescate, o si las vendía a algún traficante de mujeres, total nada bueno se perdería si pasara algo. El seguía en su mundo con una tonta sonrisa, sin percatarse que era observado, desde hacia dos días un hombre lo seguía.

    Carmen: Puedo sentarme.

    Mariano alzo la vista y vio a Carmen, una mujer hermosa de veintiocho años, cabellos castaños, ojos verdes, y un cuerpo de escándalo que su traje muy elegante no podía disimular. Lo primero que pensó Mariano fue que era la abogada del hospital queriendo cobrarle.

    Mariano: SI, como no señorita.

    Carmen: Mariano Días, no es verdad.- este asintió con la cabeza, ella vio todas las facturas sobre la mesa.- Mariano yo soy Carmen Sesma, estoy aquí por orden de Roberto Gómez Acuña, tengo que llevarte ante él para hablar.

    Mariano: Si es por las facturas impagas del Hospital, no tengo la plata ahora, pero le juro que la conseguiré.- ella levanto la mano para cortar su discurso.

    Carmen: Tranquilo solamente te vengo a buscar para una reunión.

    Mariano: Pero yo no puedo ahora, tengo que ir a trabajar dentro de una hora.

    Carmen: Si pago la factura de tu madre tendrás tiempo para reunirte con mi jefe.

    Mariano: ¿Como? No entiendo.

    Carmen: Vamos, vamos a pagarlas.- tomo las facturas y se fueron al área administrativa del hospital.

    Mariano la siguió hasta el Área Administrativa, esta bella dama pidió la cuenta del tratamiento completo más el adicional para trasladarla al área VIP, la suma ascendía a cuarenta y dos mil dólares, esta paso una tarjeta gris grafito, y él pago se realizo ante la mirada de estupor del joven.

    Carmen: Bueno, solucionado este problema, ahora tengo tu atención, debes acompañarme, llama a tu trabajo y diles que no iras, por que esto te llevara todo el día.

    Mariano: Mire no tengo dinero para devolverle ahora, pero le juro que trabajare y le daré hasta el ultimo centavo.

    Carmen: No te preocupes no tienes que devolver nada. Vamos que nos esperan.

    Mariano llamo a su trabajo, por supuesto que no les gusto ni media que faltara, él solo podía faltar si estaba a punto de morir, cada vez más pensaba que eran unos esclavistas modernos, se dirigieron a la parking donde había un hombre que le resultaba familiar, lo había visto varias veces en el hospital en estos días. Subieron a un Mercedes Benz Clase G negro, este los llevo hasta el aeropuerto, Mariano no hablaba nada.

    Carmen: Tranquilo todo estará bien, se que piensas que es raro, pero no es nada ilegal y yo protegeré tu vida.

    Mariano: Es que venia pensando que no es normal que alguien se gaste el doble de mi sueldo anual solo para verme. Y esta la prueba de sangre del otro día, si mi madre no necesita sangre. No será que quieren uno de mis órganos, un viejo millonario necesita mi hígado.- Ambos rieron, su risa fue muy franca.

    Carmen: No, nadie te hará daño. Solamente vas a ver a un familiar tuyo, él te explicara todo.

    En el aeropuerto un Helicóptero H-160 los estaba esperando, al subirse Mariano vio el lujo del aparato, y se hundió en el asiento, era la primera vez que volaba, y lo iba a hacer con estilo. Iba cagado de las patas, pasada la media hora se relajo, solo un poco. Para que se le pasara más rápido empezó a hacerle charla a Carmen, esta respondía bien, sobre volar, a donde irían, o que es lo que hacia para este sujeto misterioso.

    Carmen: Este hombre esta retirado de los negocios y yo lo represento en todas sus empresas, digamos que soy su apoderada legal.

    Mariano: Vaya responsabilidad, debe confiar mucho en ti.

    Carmen: Cuando tenia doce años mi padre murió, Roberto me acogió como si fuera una hija, fue mi padrino, pago por mi techo, mi comida y mis estudios. Somos familia.

    Las palabras de Carmen reflejaban profunda admiración y respeto. Ella señalo con la cabeza hacia la ventanilla, al mirar Mariano vio una enorme mansión de estilo gótico, se veía bien mantenida, pero su color grisáceo daba un aspecto sombrío a todo aquello, el helicóptero se dirigió al jardín trasero donde había un Helipuerto, Mariano estaba asombrado con todo lo que veía, un hangar para el helicóptero, una cochera subterránea, los jardines perfectamente mantenidos.

    Entraron y adentro era más sorprendente que en el exterior, lo dirigieron a una gran biblioteca, había sillones muy cómodos y una gran mesa de nogal negro, un anciano al verlos se paro y dirigió hacia el joven, empezó tocando su cara, su pelo, hasta que lo abrazo. Unas lágrimas recorrían las mejillas del anciano en ver a su hijo en aquel joven.

    Roberto: Mariano déjame presentarme, soy Roberto, tu abuelo.

    Mariano se quedo sorprendido el anciano lo abrazo, se sentaron, Carmen trajo tres cafés y los sirvió y sentó con ellos. Roberto le explico todo lo pasado con su padre, incluso que se entero el día de su muerte de su existencia, estuvieron por más de dos horas hablando de todo. Mariano ahí delante de su abuelo y Carmen sintió algo que no sentía en mucho tiempo, tranquilidad y paz.

    Mariano: Abuelo, a que te dedicas, porque veo que te va bien.

    Roberto: Cuando era más chico que tú funde un pandilla, que con el paso de los años se convirtió en la organización criminal más grande del país, por treinta años fui el rey indiscutido del bajo mundo, hace veinte años hice un pacto de caballeros entre el gobierno y el resto de las familias, yo me alejaría de todo y mis negocios se volverían legales, esto evitaría una guerra inminente y me libraría de la cárcel, de paso cumpliría una promesa que hice a tu abuela antes de morir. Así que tú eres el heredero de una persona muy importante, con un poder vasto. ¿Que quieres hacer nieto?

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  • Juguete de ella, juguete de él (2): La orden

    Juguete de ella, juguete de él (2): La orden

    Erin creció en una casa donde el eco de las peleas nunca cesaba. Su padre acusaba a su madre de serle infiel, lanzando insultos y reproches que llenaban las paredes de resentimiento. Nunca hubo pruebas, pero la duda quedó grabada como una cicatriz en la memoria de Erin: ¿había sido verdad o solo celos enfermizos?

    Esa incertidumbre marcó su infancia. Veía a su madre guardar silencio, nunca confirmar ni negar, y a su padre marcharse para no volver, dejando a la familia dividida y sin sustento. Sin embargo, a pesar de su ausencia, en casa nunca faltó nada. La nevera siempre estaba llena, las cuentas se pagaban puntuales y su madre, impecable cada mañana, salía a “trabajar”. Erin nunca supo con certeza en qué. Algunos vecinos murmuraban que tenía un “amigo” que la ayudaba. Su madre lo negaba con una sonrisa cansada, pidiéndole que no escuchara chismes, que la gente hablaba por envidia. Pero aquella explicación no borraba las dudas: solo las disfrazaba de normalidad.

    Cuando llegó a la capital, Erin no era la mujer segura y desafiante que ahora se reflejaba en el espejo. Traía consigo la incertidumbre de su infancia y el miedo de repetir la historia de su madre. Buscaba estabilidad, alguien que le ofreciera la tranquilidad que siempre había deseado.

    Entonces apareció Zandro. Tenía una pequeña empresa que él mismo lideraba, y Erin vio en ese empuje la promesa de un gran futuro. Se sentía protegida a su lado, convencida de que ese hombre ambicioso podía darle todo lo que necesitaba. Con él creyó que su destino cambiaría.

    Se casaron en menos de dos años, y Erin dejó de trabajar, confiada en que su marido sostendría lo que habían construido. Pero pronto la ilusión se derrumbó: las deudas de la casa, la caída del negocio de Zandro y su nuevo empleo mal pagado les arrebataron la estabilidad.

    La situación la obligó a volver a trabajar, aunque no lo hizo pensando en rescatar las cuentas del hogar, sino para complacerse a sí misma. Erin quería sus propios lujos, sus caprichos, su espacio de libertad. Y poco a poco, el brillo que había visto en Zandro comenzó a apagarse en sus ojos.

    El regreso de Erin al mundo laboral no fue como lo había imaginado. Al principio lo vivió como una carga, una muestra del fracaso de Zandro. Pero pronto descubrió algo distinto: ese espacio la alejaba de las preocupaciones de la casa y la acercaba a nuevas tentaciones.

    Allí apareció Salvador, el hijo del dueño. Arrogante, seguro de sí mismo, acostumbrado a conseguir lo que quería sin esfuerzo. Cada nueva trabajadora era un juguete, un pasatiempo para alimentar su ego. Pero con Erin fue distinto: ella no solo aceptaba sus insinuaciones, sino que las seguía, provocando, empujando los límites.

    Al enterarse de que estaba casada, la atracción creció aún más. Nada le divertía tanto como corromper lo prohibido, y en Erin encontró no solo belleza, sino disposición.

    Zandro aún la amaba, eso Erin lo sabía, pero su afecto no bastaba. Ella quería más: complacer caprichos, vivir la intensidad que Salvador ofrecía, sentir el riesgo y la pasión que Zandro ya no podía darle.

    Al principio fueron miradas que fingía no notar, luego mensajes directos, imposibles de malinterpretar. Y pronto, de esas conversaciones furtivas, pasó sin retorno a convertirse en su amante.

    Ahora, convertida ella misma en “amante”, Erin podía comprender mejor a su madre. Pero lejos de sentir culpa, lo vivía con orgullo. Estaba consiguiendo lo que quería: placer, atención, la sensación de poder. Aunque, en el fondo, intuía que “amante” no era la palabra justa. Lo suyo con Salvador no era un simple romance secreto: era un juego de poder, de dominio y entrega. Él la tomaba, sí, pero también la moldeaba, la empujaba a descubrir una parte suya que había estado dormida.

    Y esa noche, frente al espejo del baño, Erin comprendió hasta dónde podía llegar esa entrega.

    El reflejo mostraba cada gesto, cada respiración contenida. Erin se miraba a sí misma, con el corazón latiendo rápido, mientras Salvador se acercaba por detrás. Sus manos grandes rozaban con firmeza sus caderas, subiendo lentamente hasta sus senos por encima del vestido. La piel de Erin se estremecía con cada contacto; un calor ardiente la recorría, anticipando lo que estaba por venir.

    Sus labios rozaban el cuello de Erin, dejando un rastro húmedo que la hacía inclinar la cabeza hacia atrás, incapaz de apartarse. El reflejo duplicaba la tensión: sus cuerpos se rozaban, sus miradas internas se encontraban a través del cristal, y el aire se llenaba de su respiración entrecortada.

    Con un movimiento firme, Salvador levantó la tela del vestido y apartó la delgada tanga de Erin. Hundió su polla en su húmeda concha sin previo aviso. Un jadeo ahogado escapó de sus labios; cada embestida la recorría de pies a cabeza, un vértigo de placer intenso que la hacía retorcerse y arqueársele el cuerpo contra él.

    El chapoteo de su polla dentro de su concha llenaba el baño, marcando un ritmo salvaje que combinaba con sus gemidos y el eco de los cuerpos contra el lavabo. La sensación la consumía por completo, mientras su respiración se aceleraba, cada movimiento de Salvador intensificando su placer.

    Un estremecimiento intenso la recorrió: su orgasmo la sacudió, piernas temblando y cuerpo arqueado, cada fibra de su ser vibrando al compás del contacto y del deseo. Salvador no disminuyó la fuerza; cada embestida hacía que su polla la llenara completamente, asegurando que sintiera cada ápice de su calor.

    Con voz grave y dominante, le susurró al oído:

    —Dímelo ahora. ¿A quién le perteneces?

    —T… tuya… —balbuceó Erin, la voz rota por los espasmos.

    —¡Fuerte, Erin!

    Respiró hondo, reuniendo fuerzas, y con un grito desgarrado respondió:

    —¡Soy tuya!

    El eco rebotó en las paredes, amplificando su confesión. Salvador gruñó, intenso, marcando su clímax mientras se vaciaba dentro de su concha, asegurando que ella sintiera hasta la última gota.

    Erin temblaba, con las piernas flojas, pero la sonrisa apenas contenida en su rostro mostraba satisfacción absoluta.

    Salvador se apartó despacio, respirando hondo, y soltó la orden seca que cerraba el encuentro:

    —Arréglate. Y no quiero que derrames ni una gota.

    Erin obedeció sin vacilar. La certeza de lo vivido, la intensidad compartida, la dejaba embriagada y segura de lo que acababa de suceder.

    Minutos después, Erin estaba sentada en el asiento del copiloto, todavía con la respiración alterada. Se acomodaba la falda con disimulo, como si el orden de su ropa pudiera borrar lo que acababa de suceder en el baño. Pero no podía ocultar la sensación que la acompañaba: su interior aún palpitaba con el calor espeso de Salvador, recordándole que lo llevaba dentro.

    Él conducía con una mano, relajado, como si no hubieran dejado atrás un encuentro frenético. Con la otra le acariciaba la pierna, subiendo lentamente hasta rozar la base de su muslo. Erin lo miró de reojo, sabiendo lo que venía.

    —Inclínate. —La orden sonó tranquila, pero irrefutable.

    Ella obedeció sin protestar, deslizándose hacia él, bajando el cierre de su pantalón con manos rápidas. Su boca lo envolvió de inmediato, saboreando la dureza que aún mantenía. Salvador soltó un suspiro satisfecho, manteniendo la vista al frente mientras ella se movía sobre él con un ritmo constante, profundo.

    —Trágatelo, y que no quede nada —dijo cuando estuvo cerca del final.

    Erin lo sintió estremecerse, y en segundos la llenó otra vez. Tragó con cuidado, mostrando la lengua húmeda para que él lo comprobara.

    —Buena chica. —Le acarició la mejilla sin apartar la mano del volante.

    Ella sonrió, orgullosa. No había culpa, no había duda: solo la sensación de estar exactamente donde quería estar.

    —Ahora ve a casa —añadió Salvador con calma, volviendo a subir el cierre de su pantalón—. Quiero que tu marido lo pruebe. Si cumples la tarea… tendrás tu recompensa.

    Erin se acomodó en el asiento, relamiéndose los labios. Su pecho subía y bajaba con una mezcla de excitación y triunfo. La orden no le pesaba: al contrario, le hacía sentir especial.

    Salvador detuvo el auto frente a la casa de Erin y esperó a que ella bajara. Erin lo hizo con pasos firmes, consciente de que él la observaba.

    Salvador no se marchó de inmediato. Se quedó estacionado en la esquina, observando cómo Erin caminaba con calma hasta la puerta de su casa. La vio entrar, cerrar detrás de sí, y solo entonces arrancó el auto, seguro de que Erin se encargaría de cumplir su “tarea”.

    Horas más tarde, ya en su departamento, el silencio fue interrumpido por la vibración del teléfono sobre la mesa. Salvador tomó el celular con calma, como quien espera un regalo.

    Era un video. Lo reprodujo brevemente, lo suficiente para confirmar lo que quería ver: Zandro, arrodillado entre las piernas de Erin, lamiéndola con entrega. El rostro confundido del marido, su boca brillando húmeda, el sexo de ella palpitando… todo estaba ahí, registrado para él.

    Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro. Tecleó despacio, disfrutando cada letra antes de enviar el mensaje:

    Salvador: “Bien hecho, Erin. Te has ganado un premio.”

    Se recostó en el sillón, whisky en mano, dejando que el calor del alcohol recorriera su garganta. La certeza lo invadía: ella había seguido sus órdenes, y con ello abría la puerta a algo más grande.

    Porque aquello no era el final. Apenas era el principio.

    El whisky se agitaba despacio en el vaso bajo, reflejando las luces tenues del departamento. Salvador bebió un sorbo largo, disfrutando el ardor en su garganta mientras en su mente repasaba la escena que acababa de ver.

    Zandro, el marido engañado, arrodillado entre las piernas de su esposa, saboreando lo que él había dejado dentro de ella. No había mejor símbolo de dominio que ese: otro hombre cumpliendo, sin saberlo, la orden de su rival.

    Salvador sonrió satisfecho. Erin había demostrado obediencia absoluta y, más aún, había abierto la puerta a un juego más interesante. No se conformaría con usarla como su juguete personal en baños o autos; aquello era apenas el inicio de lo que planeaba. Su mente ya imaginaba juegos más intensos, llevándolos a ambos mucho más allá de lo conocido.

    La idea lo excitaba: tomar lo que era de otro, convertirlo en parte de su diversión, moldearlo hasta hacerlo cómplice de su humillación. Y sabía que Erin estaba lista para dar ese paso; de hecho, ya lo había dado con ese video.

    Apoyó el vaso en la mesa y dejó que el silencio llenara la habitación.

    —Esto apenas comienza… —murmuró para sí, saboreando cada palabra.

    En su mente ya no se trataba solo de tener a Erin como amante. Ahora el premio sería mayor: hacer de esa pareja suya, bajo sus reglas, a su antojo.

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  • El sueño de un cambio en mi relación

    El sueño de un cambio en mi relación

    Hola a mis lectores.

    Quien ha leído mi relato anterior sabe mi relación con mi esposa y las ansias de un cambio en nuestras vidas amorosas, el tan anhelado trío, a pesar de la pasión candente de nuestras relaciones.

    En el día de ayer luego de estar ya acostado en cama como a las 11:39 de la noche, me puse a buscar y de la nada, me salió un sitio nopor, a lo que accedí a xxx y ahí me salieron algunos que otros videos y de una me puse a ver un video de una chica que le hacían masajes y todo terminaba en sexo y sexo y más sexo. Y sin darme cuenta ya mi esposa estaba a mi lado en cama y al darme cuenta ya ella no atendía el televisor de nuestra habitación.

    Con palabras claras y contundentes, le dije:

    Yo: Ya estás necesitada de un masaje así. A lo que me responde.

    Yar: Con un masaje así regreso a casa nueva y sin discutir un mes seguido.

    Yo: Pues vete y dale a ese cuerpo un masaje bien merecido.

    Yar: Malo que me acostumbre y dejé el sueldo cada mes en el masaje, jajaja.

    Y sin mediar palabras seguí viendo mis videos.

    Y de ahí uno otro y otro, todos muy sexys y locos, unos masajes deseos es de cualquiera con o sin estrés…

    Y al estar ya viendo varios videos hasta el final, ella me dice:

    Y no te pones bravo o molesto que yo vaya y me haga un masaje, porque yo realmente no quiero, quien desea tríos y esas cosas eres tú.

    Yo: La verdad que te amo y para nada me molestaría.

    Y terminando mis palabras casi sin poder terminar ella agarra mi mano la mete en su zona íntima y la desgraciada me dice mira como estoy, y la verdad estaba que era un río de fluidos con esos vídeos.

    Me agarró y me dio una mamada de digno de una diosa, seguidamente me puso su panocha en mi boca y me hizo mamarle un buen rato hasta que desenfrenadamente se vino en mi cara en mi boca con lujuria me decía así es como me van a dejar luego del masaje, pero nunca te voy a dejar porque eres mi primer hombre en mi vida y nadie me amara como tú.

    Seguimos cogiendo y dándole una penetración profunda como locos y ahí le decía, quieres otra en tu vida, me decía nooo, quiero la tuya y quiero probar otro rabo en mi vida que no sea el tuyo aunque tú seas el hombre que me gusta.

    Y aquello se tornó una locura de sexo corridas y fluidos en nuestra cama que terminó en una explosión de semen y sus jugos terminando con un grito de deseo de su parte.

    Nos besamos apasionadamente con ricos besos de lengua y deseos lujuriosos.

    Ya recobrando el aliento, me dice, la verdad me calenté mucho, pero que todo sea así una fiel y loca fantasía, pero acá en nuestras cuatro paredes y solo nosotros.

    Y ahí mismo luego de haber tenido un sexo de locos con gritos fluidos y dos squirt, que creo no mencioné… Se desvanecía mis más locas fantasías de hacer realidad un trío que después de esto pensé que había avanzado un gran paso en mi deseo, que también es de ella, pero no lo hace realidad.

    Saludos.

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  • Destinado a los cuernos (8)

    Destinado a los cuernos (8)

    La reacción de Cami era entendible, durante el sexo que le propusiera volverse a ver con él, le provocaba una gran excitación, pero tras pasar el calor del sexo, le cambiaba la cara, se ponía muy nerviosa, era evidente que le afectaba, por lo que procuraba no insistirle. Aun así, considero que fui excesivo en mis intentos, pues una de tantas noches me dijo que ya no quería tocar el tema, que por favor lo dejara.

    Debido a la experiencia y a los anteriores fracasos, decidí que quizás era lo mejor, continuar insistiendo solo me traería más problemas y al menos, me parecía que ya era momento de sentar cabeza juntos. Así pasamos a otras cosas, nos tomamos en serio la relación y comenzamos a hablar de boda, a nuestros conocidos no les daba buena espina la idea, pues nuestra relación a veces era muy turbulenta, pero aun así nos apoyaron, algunos planes se cerraban y como en toda ciudad pequeña, la noticia llegó a ciertas personas.

    Lau lo supo, me lo recrimino, insistió en que yo no estaba pensando las cosas, me decía que merecía algo mejor, que esa niña hoy podía estar bien y mañana podría desaparecer de repente, aún debido a la estima me tomaba la consideración de escucharla, pero la verdad no me importaba lo que pensara ella o cualquier otra persona, yo consideraba que el amor de mi vida era Cami y tan cerca de concretar nuestra relación en un matrimonio, no me iba a echar para atrás. Del lado de Cami, Javier también se enteró, por un amigo en común conmigo, pero mostró la madurez que le caracterizaba, no le guardaba rencor, pero tampoco le importaba si ella ya tenía una decisión tomada, lo mejor era hacerse a un lado y dejarla hacer su vida.

    Así la decisión parecía ya tomada, continuamos nuestra vida normal, bajamos la intensidad de las actividades, ella dejó de ir al gimnasio aunque me insistió al principio en ir juntos me era muy complicado por el tiempo, el trabajo nos ocupaba y a veces no nos veíamos por ratos, ella cambió de empleo y con ello, era el fin de verse con Javier, sin embargo, a ella no le parecía que yo siguiera trabajando ahí con Lau, pero ya estaba bien establecido y cambiarme me parecía impensable, le asegure que no pasaría nada más, ya estaba todo enterrado y nuestra relación era solo laboral. Esto último era la razón más común de nuestras discusiones, aunque tampoco es que fueran muy intensas, solo le incomodaba y me lo hacía saber, por lo demás nuestra relación parecía perfecta de nuevo.

    Lo único que no era perfecto8 era el sexo, ya no fantaseábamos ni jugábamos a nada, era solo sexo normal, aburrido y simple sexo normal, esto estaba complicando las cosas, había tensiones y los reclamos por lo de Lau poco a poco comenzaron a ser mas constantes, sabia que hacia falta algo más, al menos para sacar las tensiones de la relación. Así, un día hice trampa otra vez, puse la típica play list, pero me había encargado de meter aquella canción que le recordaba a Javier, fui lento, poco a poco la bese, la desnude y recorrí, la tocaba con cuidado, procurando disfrutar de cada parte de su cuerpo, aunque había dejado el gimnasio su cuerpo seguía tan perfecto, más aún de lo que ya era, ella estaba desesperada, quería sentir, pero yo sabía que debía retrasarlo, aún no llegaba el momento.

    Cuando lo sentí adecuado, la penetre, sobre el sillón de siempre, ella me cabalgaba, aceleraba su ritmo, yo sentía que terminaba, así que tome el control y lo lleve de nuevo a la lentitud, la besaba por el cuello, besaba sus pechos, chupaba sus pezones, la tenía a mil, hasta que por fin llegó. Esa canción comenzó a sonar, sentí su reacción a través del cuerpo, así que lo aposté todo, la continúe estimulando, el orgasmo estaba a punto, pero hice que lo contuviera, quería que explotara, y en ese verso que habla de esa relación entre un hombre mayor y una mujer menor, ella exploto, todo lo que tenía contenido, lo que le provocaba esa canción, sus espasmos se hicieron presentes y su orgasmo fue intenso, quizás aún más que antes, ella se vino con un grito increíble, a la vez que de su boca salía un “Siii, Javier”.

    Era mi oportunidad, no le di tregua, apenas terminó la recosté en la cama, la continué besando, recorrí su cuerpo con mis dedos e invadí su interior, ahí comenzó el juego:

    K: ¿en quién piensas?

    C: en ti

    K: no digas mentiras, ¿Cómo me llamaste antes?

    C: … (silencio)

    K: dímelo, quiero escuchar su nombre

    Ella seguía en silencio, pero comenzaba a respirar con mayor intensidad, proseguí con la estimulación y al verla casi llegar, me detuve. Me volví a colocar sobre ella, la penetré así sin condón, ella me intentó detener.

    C: ¿qué haces? sabes que aún no debemos hacerlo sin protección

    K: ¿que, acaso no puedo hacérselo así a mi futura esposa?

    C: no, hasta que estemos casados

    K: ósea que yo no puedo, pero él sí

    Sentí el espasmo de su interior.

    C: no eres como él, tú eres diferente Karin

    K: entonces, hoy no quiero ser Karin, hoy quiero ser él

    C: estás loco

    K: dímelo, llámame por su nombre

    De nuevo no dijo palabra alguna, pero continue estimulándola, le hable al oído, sobre lo que había hecho con él, lo mucho que había disfrutado del sexo, y que era algo que probablemente solo viviría con él, de nuevo sentí su orgasmo cerca.

    C: ¡que ricooo Karin!

    K: no soy Karin, ¿Cómo me llamo)

    C: …

    Aceleré el ritmo y ella en el punto de su orgasmo, insistí.

    K: ¿cómo me llamo?

    C: ¡Javieeer!

    De nuevo tuvo un orgasmo intenso, su cara era un poema, su cuerpo estaba hirviendo, la calentura había sido tal que estaba temblando, la deje que se calmara un poco, ella me miró con una cara de preocupación, casi de enojo.

    C: te dije que no quería volver a hablar de él

    K: no lo sé, parecías disfrutarlo

    C: no es que no lo disfrute, pero debe ser molesto para ti

    K: Claro que no, no me molesta

    C: eso dices, pero creo que en el fondo si te molesta, debe ser difícil decirme esas cosas solo para excitarme

    K: si lo disfrutas, yo no tengo problema en decírtelo

    C: pero es mejor que ya no me metas esas ideas en la cabeza

    K: ¿por qué?, tienes miedo de lo que siente tu cuerpo

    C: tengo miedo de no controlarlo

    K: ¿de no controlar tu deseo por Javier?

    C: cállate, no sabes lo que puedes provocar

    K: ¿y qué crees que quiero provocar?

    C: no sabes lo que quieres

    K: claro que se lo que quiero, quiere verte, deseo que tengas sexo con Javier

    C: no creo que quieras verlo, deja de jugar

    En ese momento, la volví a recostar y besar, le confesé todo tal cual, quería verla con él, deseaba que ella se volviera a acostar con Javier, le dije que todo era en serio, que no me importaban las consecuencias, que ella podía hacerlo cuándo y cómo quisiera, que podríamos casarnos y le permitiría que él fuera su amante si así lo deseaba. Ella al principio estuvo incrédula, pero conforme le confesaba todo, vio en mi mirada que estaba siendo sincero, se dio cuenta que podía tener las dos cosas, un esposo amoroso, que siempre estuviera con ella, saliera e hiciera las cosas que le gustaban, y, por otro lado, un hombre con el que disfrutaría del sexo sin compromiso, cuando tuviera esa necesidad.

    Se incorporó en la cama y me comenzó a masturbar para volver a ponerme duro,

    C: está bien, aceptó acostarme con Javier, pero solo por que me has insistido mucho, pero no debes arrepentirte

    K: no mi amor, es lo que más deseo

    C: pero no creo que Javier acepte que vengas conmigo, no creo que te quiera ahí mirándonos, no es tan abierto

    K: ¿entonces, cómo lo haríamos?

    C: le diré que nos veamos para platicar, no sabrá que estás enterado

    K: está bien, puedes ir sola con él

    Cami aceleró su ritmo y consiguió ponerme erguido nuevamente, entre cada cosa que nos decíamos nos dábamos besos, pero de esos besos dulces, de recién enamorados, era como si ponernos de acuerdo en cómo se acostaría con Javier fuera el plan más romántico que podíamos hacer.

    C: lo vere el viernes en la noche y te veré el sábado, en al mañana

    1. no te preocupes, quiero que lo disfrutes, tómalo con calma, es mejor que vayas el viernes y te quedes todo el sábado con él

    C: entonces, volvería el sábado en la noche a mi casa y te vería temprano el domingo, así me puedo balar antes

    K: no, ven el sábado en la noche a mi departamento, sin bañarte, quiero que vengas con su sudor, oliendo al sexo con él

    C: no puedo faltar a mi casa tanto, mis padres no me dejarían

    K: yo hablo con ellos, les diré que vamos a casa de mis padres el fin de semana

    C: ¿les vas a mentir? es verdad, ellos confían en ti, jaja

    K: ¿de qué te ríes?

    C: me da gracia, cualquier hombre les mentiría a los padres de su novia para pasar el fin de semana a solas con ella y tú lo vas a pedir que yo pase todo un fin de semana con Javier

    K: si lo pones así se oye mal

    C: la verdad si, pero me dice que en verdad quieres que me acueste con él, eso me gusta

    K: solo quiero que en verdad lo disfrutes

    C: tenlo por seguro, voy a disfrutar meterte los cuernos con Javier

    K: Te amooo

    C: yo también cornudooo

    Con esas palabas me vine, solo con su mano tuve una de las mejores corridas de mi vida, todo estaba planeado, en la semana le dijo que quería verlo para conversar algunas cosas, el acepto, aunque con algo de dificultad, durante la semana nos vimos y no tuvimos sexo, solo se dedicaba a masturbarme mientras me platicaba que habían hablado y como avanzaba su plan.

    Llegó el viernes, yo fui a su casa por ella, le dije a sus padres que iríamos a casa de los míos a visitarlos, les costó decirme que sí, pues si bien había confianza, pero se les hacía mucho tiempo, prácticamente hasta el domingo, me dijeron que porque no vernos el sábado temprano, les comenté que el viernes iríamos por unas cosas a una localidad cercana y se nos hacía más directo irnos desde ahí.

    Como curiosidad debo decirles que su familia ya conocía a Javier y no les gustaba nada que hubiera salido con su hija, les había visitado en alguna ocasión en su casa, pero solo la hermana mayor de Cami lo había visto afuera durante un evento donde acompañó a Cami, justamente este evento fue en esa localidad y ahí era donde vivía Javier. Su madre me preguntó, yo le dije que era una feria de pan artesanal.

    Madre de Cami: y que puede haber ahí que no consigan en otro lugar.

    1. es una feria de pan artesanal

    Hermana de Cami: es verdad, Cami y yo ya hemos ido.

    Madre: ¿¡así!? ¿Y en verdad son muy buenos?

    K: no lo sé, es la primera vez que iré

    Hermana: pues te los recomiendo, ¿verdad Cami?

    C: si, hay muchos panaderos, pero vamos en especial por uno

    Hermana: ah si y es muy bueno

    C: si, hace muy buenos cuernos ¿verdad Karin?

    K: no lo sé, justo voy a probarlos

    Nos reímos juntos, con total picardía habíamos pedido permiso para ir por unos cuernos, aunque admito que a su hermana no pareció darle gracia, como que algo no le gusto de nuestro comentario. Finalmente nos dejaron ir, tal cual acordamos la acompañé hasta cerca de la casa de Javier, nos dimos un beso muy apasionado y le pedí que lo disfrutara.

    Las horas pasaron y se reportó unas cuantas veces, el sábado por la mañana no llegó ningún mensaje, fue hasta casi la noche, me decía que estaba bien, que no me preocupara, continúe esperando a que llegara el mensaje de que venía a mi departamento, pero nunca llego, paso todo el fin de semana y no vino, me aviso hasta el domingo en casa de sus padres que ya estaba con ellos y todo estaba bien. Me moleste y le recrimine que no había hecho lo pactado, pero no me contestó, así fue toda la semana, hasta que el sábado temprano me envió un mensaje para vernos, dude mucho en aceptar ir, pero la incertidumbre me comía, estaba enojado, pero quería saber qué había ocurrido.

    Fui a verla, la encontré y me dijo que fuéramos a un lugar más privado, ya en mi departamento, se desnudó rápidamente y me hizo lo mismo, me comió a besos, tenía unas ganas incontenibles, mientras teníamos sexo comenzó su relato, me platico lo ocurrido, había hablado con Javier, todo iba desacuerdo a su plan, pero al momento de dar el paso con él, Javier no correspondió, le dijo que él no era una persona con la que podía tener sexo casual, si quería algo con él debía ser formal, ella termino confesando que no podía ser porque aún salía conmigo, ¿él le dijo que era peor aun, debía elegir a uno u otro, no podía lastimar a alguno de los dos.

    Debido a la presión soltó todo, le dijo que teníamos un acuerdo y que yo sabía que ella pasaría la noche con él, él se decepcionó, dijo que éramos libres de vivir nuestra sexualidad, pero que él no era un juguete, le dijo:

    J: tu novio es un “pendejo” por compartirte, yo nunca podría verte con otro

    Cuando me dijo esto se vino intensamente, había saciado sus ganas, ahora venía el momento de la verdad, me dijo que necesitaba tiempo, una vez más me ponía este tema en la mesa, yo no acepté, de nuevo sabía porque lo hacía, tenía todo de mi parte, sabía que podía tener ambas cosas, solo debía mentirle a él. Pero ella no quería, me dijo que ni siquiera tuvieron sexo, solo paso el fin de semana con él platicando de muchas cosas, separarnos no era por sexo, sino que necesitaba replantearse lo que estaba haciendo.

    No discutí más, de nuevo fui firme, le di un ultimátum:

    K: Puedes hacer lo que quieras, tómate el tiempo que necesites, pero si dejas esta relación otra vez, lo más seguro es que cuando quieras volver, yo ya no voy a estar aquí

    Ella no contestó, agacha la cabeza apenada, pensativa, yo por otro lado, le pedí que saliera de mi departamento, así lo hizo, sin decirme nada más. Pasó la semana y no hubo mensajes, así pasaron otras semanas y al mes, envió un mensaje, yo ya no conteste, no la busque, dije que era el fin y así lo cumplí. Así terminó mi relación con Cami, de manera abrupta, sin preguntas y sin respuestas.

    Esa etapa de mi vida me dejó grandes experiencias, aunque tuve otras relaciones, las que tuve con Cami y Lau me marcaron de muchas maneras, el tiempo compartido, las experiencias, los lugares; Cami despertaba en mí una pasión desmedida; por otro lado, Lau me evocaba una gran calma.

    Tuve mucho tiempo para meditar lo sucedido, sin que hubiera una confesión de parte de ellas, le di muchas vueltas al asunto, repase cada uno de los momentos, las veces que estuvieron y aquellas donde desaparecieron, los pretextos que pusieron, las cosas que yo descubrí por mí mismo, me imaginaba los escenarios y llegaba a conclusiones, tras no tener ninguna duda lo asumí; Cami me había sido infiel con Fernando cuando estábamos saliendo; Lau se había escapado aquella noche con don Pedro y tuvieron sexo mientras sus padres creían que estaba conmigo; Cami no había podido superar su relación con Javier, nunca supe hasta donde llegaron y si aun en el tiempo en que salimos se siguieron viendo.

    Tras recrear esto en mi mente una y otra vez, me estimulaba, se me hizo un vicio y acepte que me gustaban los cuernos, me gustaba que mis parejas me fueran infieles, yo mismo se los había pedido y les di la oportunidad de hacerlo, supe que los hombres mayores tenían algo (yo lo llamo testosterona) que era muy atrayente en las mujeres, las dos parejas que mayor tiempo pase con ellas, habían estado con hombres así y no lo pudieron superar, no les agradaban, pero el sexo era algo que simplemente ellos hacían mejor.

    Pese a que era mi fantasía, hasta este punto no había sido espectador, todas las veces que ellas pudieron tener sexo con otro, fueron a mis espaldas, no estaba molesto con ellas por tener sexo con ellos, de hecho, me había gustado, estaba molesto por que no pude verlas haciéndolo. Así fue como esa obsesión se clavó en mi mente, el deseo de ver a mi pareja teniendo sexo con alguien mayor, la frustración por no haber podido llevar a cabo ese deseo, fue determinante para lo que pasaría años después.

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