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  • Nuestra amiga argentina y el jardinero

    Nuestra amiga argentina y el jardinero

    Yo ya sé que tengo una debilidad con la gente que trabaja en casa o en el edificio donde vivía antes, no sé, debe ser porque es algo prohibido, y eso me excita mucho.

    Hace poco nos mudamos a una casa grande con pileta y jardín, tanto la pileta como el jardín estaban muy mal, entonces mama contrato a un jardinero para que venga a arreglarlos, por lo que venía bastante seguido.

    El primer día que lo vi, ¡me quería morir! Tendría 27 o 30 años, muy alto, pero lo que más me impresiono fue el lomo y los brazos que tenía, cada brazo era como una piernita mía, y el lomo, ¡por favor!, estaba con una remera ajustada que se le notaba todo, cuerpo ¡muy trabajado!

    Empecé, con lo que yo llamo “a jugar con él”, los primeros días, le llevaba siempre un vaso de coca y yo siempre estaba con shortcitos o polleritas cortitas, cómoda como para estar en casa, a veces cuando se iba yo estaba con la tablet en el living sentada en el sillón y con las piernas sobre la mesa ratona, cosa de dejar todas mis piernas, casi hasta la tanga a su vista. Así pasaron los primeros días, hasta que fuimos tomando más confianza, siempre le llevaba el vaso de coca, a veces después de que lo tomara lo iba a buscar (siempre lo dejaba en el borde de la pileta), agachándome de tal forma que me viera hasta la bombacha.

    Siempre que hacía eso, me aseguraba que María (la chica que limpia en casa) estuviera en la cocina, cosa que no se animara a decirme ni hacerme nada.

    Un día subí más la apuesta (como hago siempre) y empecé a jugar, pero con fuego, ¿qué hice? Les cuento: uno de los dormitorios que está arriba tiene un balcón francés (es decir con un ventanal desde el piso hasta casi el techo), desde ese dormitorio no hay ningún vecino que me pueda ver. Yo no sabía qué días iba y que días no, entonces ese día, me levanto, no bajo a saludarlo, como haciendo de cuenta que yo no sabía que él estaba, me voy al dormitorio que les dije (que no tiene ni persiana ni cortinas todavía), cuando me asegure que él estaba al fondo del jardín de tal forma que me pudiera ver me empiezo a cambiar, me saque el pijamita, me quede desnuda, di unas vueltas por el cuarto hasta que me asegure que me vio desnuda y me vestí.

    Cuando bajé lo saludé haciéndome la sorprendida, como que no sabía que estaba, y hago lo de todos los días, le llevo el vaso de coca y cuando se va me quedo sentada, como les conté en el living, con una re mini que se me veía hasta la bombacha (porque tenía las piernitas arriba de la mesa ratona).

    La próxima vez que vuele hago lo mismo, me desnudo cerca del ventanal, pero me quede un rato dando vueltas por la habitación, me pongo una pollerita de jean re cortita, una remerita también cortita, de esas que dejan la pancita al aire sin corpiño, y bajo.

    Le llevo un vaso de coca (como hacía siempre), me dice el vasito de todas las mañanas jaja, le digo que sí, me voy, aunque estaba de espaldas sentía que me cogía con la mirada (las chicas me van a entender). Salí para boludear un par de veces más la jardín durante esa mañana, hasta que le digo, “¿no tienes calor?” (Hacía mucho calor ese día) me dice que si, y le digo “si quieres sácate la remera” se la saca, y ¡POR FAVOR!, que lomo el HIJO DE PUTA, así, bien marcado como me gusta a mí, ya me imaginaba arriba de él, besándoselo todo, mimándoselo todo, me sentía tan chiquita e indefensa al lado de él, que eso solo ya me excitaba ¡y mucho!

    En un momento María (la chica que trabaja en casa) se había ido al súper, voy al jardín a buscar el vaso de coca, y como siempre me agacho para que me vea hasta la bombachita y me mete una mano de lleno ¡en la cola!, le digo “¿qué haces? ¿Estás loco?”, no esperaba eso, sabía que jugaba con fuego, pero nunca pensé que me iba a ¡quemar!, me puse ¡re nerviosa!, en esas situaciones me pongo muy boluda, lo sé, son cosas que no se, o no quiero manejar.

    Entonces me dice “nena, me estás buscando, ¿o pensas que no me di cuenta que te desnudas para que te vea?, la chetita quiere pija, te la voy a dar” nooo, me trato como una puta, no sabía que hacer, pero miraba ese lomo ¡y me podía!, sin darme tiempo a nada, me partió la boca, pero me la partió, me metió un beso que su lengua llegaba hasta mi garganta, no me pude resistir cuando me levanta, me cuelgo de su cuello, el me sostenía con sus manos de mi cola, ahí yo le empecé a meter la lengua, me pone loca ¡que me levanten en el aire!

    Así, me llevo a unos sillones a la salida del jardín, me saco la remerita, me empezó a comer las tetas, yo me dejaba y me empezó a meter los dedos en la conchita, ya estaba toda mojada, yo solita me saque la bombachita, ya estaba desnuda, le bese ese lomo hermoso que tiene, hasta que me empujo la cabeza para que se la chupe, me la metí toda en la boca mientras me decía “chetita puta ¿te gusta la pija?” con la cabeza le decía que si, me cogió por la boca, pero no acabó, me pone arriba de él , y me empieza a coger, me sentía indefensa ante semejante tipo, empiezo a saltar sobre su pija, me dice “ te gusta putita como te cojo” le digo que si, COGEME, COGEME ¡MAS!, me levanta en el aire (es lo que más me gusta), y me lleva hasta la cocina y me sigue cogiendo, hacia lo que quería conmigo, en esa posición, no puedo hacer nada, solo gozar hasta que acabe como una HIJA DE PUTA, y él me quiso acabar en la boca, lo dejé.

    Me fui a mi cuarto, no estaba bien, no se… obvio me gusto que me cogiera así, pero, otra vez lo mismo, no… Durante la tarde estuve hablando con un par de chicos de una web de internet hot, les conté lo que hice y me dijeron “mañana te coge de nuevo”, se me fue pasando eso de que no estaba bien y jeje, como siempre empecé a planificar lo que iba hacer al día siguiente que él iba a venir, y ese día fue el último y en el que “más me quemé”.

    Ese día pensé en dejarlo bien caliente, bajo, le pregunto María si iba a tener que salir (porque si ella esta no me puede hacer nada), y me dice que no, que el día anterior había ido al súper, jeje, me quedé tranquila para llevar mi plan a cabo.

    Le lleve el vaso de coca como siempre y me dice algo así “chetita ¿te gusto como te cogí ayer?” y yo lo único que le digo es que hoy se iba a quedar calentito porque María no salía.

    Voy al cuarto de arriba, cuando veo que mira para arriba, me empiezo a sacar la ropa, pero esta vez mirándolo, me quedo desnuda, él no paraba de mirarme, así desnuda y mirándolo me toco las tetas y la concha, y él me miraba

    Lograba, mi plan, que se fuera esta vez bien caliente, bajo, paso por la cocina, escucho que María estaba hablando con mama, y voy al jardín a buscar el vaso de coca y me dice “sos re puta chetita, ¿cómo me vas hacer eso?” yo pensaba, jodete hoy te toca pajita jeje, y me sigue diciendo (porque habla como una animal, pero eso me calienta mucho) “el día que te agarre te rompo el culo ¡sin vaselina!” Yo no le digo nada y lo miro con mi mejor cara de puta, pero respaldada porque estaba María.

    Pero en ese momento sale María al jardín y me dice que la llamó mi mamá para que vaya a comprar una especie de galletas de chocolate que le gustan a papa, pero la venden en una confitería que queda a 15 cuadras. Le digo a María que vaya a la tarde, y me dice que no que tenía que ir ahora ¡y se va!

    ME QUERÍA MORIR, no iba a salir corriendo como una boluda, otra vez me queme, lo había dejado caliente ¡y me iba a coger!, no sé, me quede paralizada, no estaba preparada para que me cogiera, y el jardinero me dice CAGASTE, PREPARA TU CULO, ¡TE LO VOY A ROMPER!, me quede quieta y me la banqué, ¡caí en mi trampa de nuevo!

    Me alzo como el día anterior, pero ya con sus manos me metía un dedo en la cola, me lleva a la mesa de la cocina (donde desayuno todos los días), me saca la pollerita, la bombacha, me empieza a chupar la conchita, yo me saco la remera, me quedo desnuda, me empieza a meter los dedos en la cola, me la empieza a dilatar, ME ESCUPE LA COLA, y me la sigue dilatando, ME LA VUELVE A ESCUPIR, y me empieza a meter esa pija hermosa en la cola, y me apretaba las tetas, me tocaba la concha, hasta que acabé como una trola de nuevo, a los gritos. Como me hizo gozar ese cabrón, me cogió ¡como a una puta!

    Después me quede en mi cuarto hasta que se fue, pensando en cómo iba a seguir esto, ¿me va a coger cada vez que venga?, la verdad es que me gusto como me cogió, pero no quería ser ¡su puta! Eso no.

    Por suerte al día siguiente, mama ve como estaba quedando el jardín y no le gusta, y encima le estaba pidiendo más plata, la cosa es que le paga todo lo que él quería y quedaron en que no venía más a trabajar.

    Cuando se va lo acompaño hasta la puerta y me dice “a tu vieja no le habrá gustado como quedo el jardín pero a vos seguro que te gusto como te rompí el culo chetita puta”.

  • Deliciosa equivocación

    Deliciosa equivocación

    Esta historia es de buena o mala suerte, incomoda o placentera; dependiendo el ángulo del que se mire.

    La familia de mi esposo nos invitó a Huichapan Hidalgo a celebrar el cumpleaños de una de sus tías, la festividad la hicieron en grande y trataron de reunir a la mayoría de la familia pues la señora tenía una enfermedad crónica degenerativa, no fue precisamente para despedirse de ella, sino para festejarla y convivir y como era la única hermana de mi suegra no podíamos dejar de ir. Además mi esposo me dijo que nos quedaríamos un par de días por allá pues hay en los alrededores una zona de balnearios de aguas termales, entonces la idea ya no me pareció tan mal.

    En el festejo hubo un grupo de música versátil, mariachis, un trío y hasta un grupo norteño, o sea que no pare de bailar ya fuera con mi esposo, alguno de mis cuñados o sus primos. Comida para todos los gustos pero sobre todo barbacoa y carnitas

    De beber también gran variedad; cervezas, whisky, ron, pulque curado y tequila, en fin todo lo necesario para una gran bacanal.

    Yo al principio y durante la comida tome refresco y agua para después comenzar a beber cerveza, ya entrada la noche comencé a tomar tequila, en fin de a poco me fui poniendo una gran borrachera, ya entrada la noche me empezó a dar sueño y me quede dormida en el hombro de mi esposo, es lo último que recuerdo. No sabía la hora que era ni como llegué, tal vez mi esposo me llevó ahí, pero estaba recostada sobre una cama, la cabeza me daba vueltas y para evitar el efecto de la cama loca baje un pie para tocar el piso y dormí de nuevo, No sé cuánto tiempo pasó pero me desperté con unas ganas intensas de hacer pipí, me levante como pude y en la obscuridad salí para buscar un baño, abrí un par de puertas y ninguna era, en el patio y la planta baja de la casa se oía música y las pláticas de los que aún estaban festejando, al fondo del pasillo por fin encontré un baño entre y por las ganas que tenía y la borrachera que me cargaba no pude bajar pronto mi pantalón y junto con mi tanga los moje de pipi, al terminar salí y me dirigí a la habitación, estando adentró vi que mi esposo (eso pensé) ya se había acostado por lo que puse seguro a la puerta, me quite la ropa para ponerla a secar y me metí a la cama, baje un pie para evitar nuevamente el efecto de la cama loca. Después de un rato comencé a sentir su mano palpar mi cuerpo, me comenzó a sobar las tetas, en otro momento me tocaba el vientre y bajaba lentamente hacía mi pierna, fue en ese momento que se percató que estaba desnuda de la cintura hacía abajo, en otro lapso acariciaba mi pierna hacía la parte interna, como las tenía abiertas él tenía a su disposición mi vulva la cual sentí que tocaba con cierto miedo, así estuvo tocando mi cuerpo inerte por la borrachera y el cansancio, de a poco fui excitándome y mojándome con su toqueteo, cuándo sentí que el efecto de la cama loca disminuyó subí mi pierna y le di la espalda a mi marido arrimándole las nalgas a su cuerpo, después de un rato sentí como comenzó a restregarme su verga en las nalgas buscando meterla entre ellas, mientras acariciaba mis piernas y buscaba meter un dedo en mi vagina, así estuvo como explorando mi cuerpo, poco a poco con su masaje y el meter yo creo que hasta dos dedos en mi vagina esta se fue empapando, después sentí su verga firme y dura golpeando mis nalgas y resbalar poco a poco entre ellas para irse acomodando entre mis piernas como buscando algún lugar por donde entrar a mi cuerpo que ya estaba deseoso de ser penetrado, yo busque acomodar las nalgas parándolas un poco más para facilitarle la labor de cucharear, el me levantó un poco la pierna y así tuvo a su disposición una mejor manera de meterme su verga la cuál sentí resbalar poco a poco hasta el fondo de mi ser. Me besaba los hombros y el cuello, sentía y escuchaba su respiración demasiado agitada, con su mano acariciaba algunas partes de mi cuerpo, yo sentí cierto miedo o nerviosismo en sus caricias e imaginé que sería por estar en una casa y una cama que no es la nuestra. Mientras empujaba sin ritmo su verga dentro de mí, yo pare más las nalgas para ver si se acomodaba mejor, cosa que no resultó, en un movimiento se salió de mí, yo busqué acomodarme en cuatro y él se puso detrás, resbale sobre la cama y me acomode, abrí las piernas y levante las caderas para permitirle la penetración, el detrás de mí intento varias veces metérmela sin éxito, seria por la obscuridad o la borrachera pero no atinaba, por fin lo colocó en mi conchita y metió de un solo empujón toda su virilidad en mí, ahhh que rico fue sentir su verga entrar y salir de mí, lo sentí un poco torpe pues su bombeo era sin ritmo lo jale hacía mí y me deje caer completamente en la cama para comenzar a apretar su verga con mis paredes vaginales y hacer movimientos circulares con la cadera, no tardo en venirse pues sentí su verga vibrar dentro de mí y su caliente esperma inundar mi interior, su cuerpo se estremeció sobre el mío, yo seguí moviendo las caderas para ver si podía llegar al orgasmo, el cual se escapó de mi ser al escuchar sus gemidos y su voz diciendo:

    —Detente, detente por favor es demasiado rico ya no aguantó!!

    No era la voz de mi marido, sentí un frío recorrer por todo mi cuerpo, mi reacción fue saltar de la cama, con la borrachera y la excitación que traía caí al piso, él se acercó a ayudarme para ponerme de pie.

    —Quién eres? que haces en mi cama?

    —Marco. Sshhh no grites o alguien podría oír y venir soy Marco y no estoy en tu cama tu eres la que se metió aquí y me puso las nalgas en la cara.

    —No puede ser!! Estás loco o que te pasa?? Soy tu tía

    —No, no estoy loco y tampoco soy de palo, pues el que una mujer como tú se meta desnuda a mi cama…

    —Calla por favor no digas más nada, mira fue un error creí que era la habitación que me habían dado para dormir y también pensé que eras tu tío, por favor no digas nada porque entonces tendríamos problemas muy serios tu tío y yo.

    —Está bien no diré nada pero si me prometes que me dejarás estar alguna otra vez contigo.

    —Estás loco!!! Te dije que fue un error, además tu tío es capaz de matarnos a los dos o tendrían problemas muy serios tus padres con él y por ende conmigo mejor ayúdame a llegar a mi habitación y por favor olvida todo esto y nunca, nunca lo comentes con nadie.

    —Tienes razón tía discúlpame no le diré a nadie y solo me quedaré con el recuerdo de haber cogido con una gran mujer.

    —Cállate por favor, ya no digas nada olvida lo que paso y por favor ayúdame a buscar mi ropa.

    Tome una sábana de la cama cubrí mi cuerpo, el busco en el piso mi ropa, abrió la puerta y dijo no hay nadie puedes salir, la música y el bullicio seguían en la parte baja de la casa, distinguí entre varias la risa de mi esposo que estaba aún con sus familiares, al llegar a la otra habitación Marco abrió la puerta, me dio mi ropa, le regresé su sábana el miro hacia abajo y yo cubrí mis partes y piernas con la ropa.

    —Gracias y recuerda por favor no le digas a nadie y olvida lo que pasó.

    —Gracias a ti y a ese error que me permitió sentir lo que es estar con una mujer que sabe hacer el amor como diosa.

    Le di un beso en la mejilla, cerré la puerta y caminé hacía la cama. Al tiempo que escurría su esperma por mis piernas yo pensaba en el orgasmo que estuve a punto de tener con el sobrino de mi esposo, me dije Ely eres una asaltacunas.

    Me acosté me quite la blusa y limpie mis piernas por la mañana desperté y mi esposo estaba dormido sobre las cobijas vi nuestra maleta y busque unos pants y ropa interior para cambiarme, que bueno que mi esposo se durmió porque no hubiese sabido que hacer si se le antojaba hacerme el amor y yo empapada del esperma de su sobrino, quien después de esa noche no sé si sea mi imaginación pero siento que no deja de mirar mis nalgas y sobre todo cuando vamos de visita y nos acompaña a algún balneario de la zona, como se lleva muy bien con mi esposo y conmigo es muy atento, no sé porqué ji ji ji. Hasta hoy no ha dicho nada y se lo agradezco tanto que cuando mi esposo ha tenido que salir del balneario a buscar algo que se nos ha olvidado le pido que me ponga bloqueador en la espalda y en alguna ocasión lo deje que lo pusiera en mis pompas y piernas.

  • El que la sigue, la consigue

    El que la sigue, la consigue

    Cuando mi suegra me tendió la toalla través de las cortinas inicié una conversación lo más natural que pude sobre la necesidad que teníamos todos los hombres de obtener un continuo alivio sexual, que ella me gustaba y que deseaba hacerle el amor. «Estás loco!» me contestó.

    La historia que empiezo ahora a escribir se remonta a bastantes años atrás, cuando una noche de amor con Cristina, mi esposa, me atreví a decirle que me encantaría hacerle el amor a Elvira, su propia madre, viuda desde hacía ya muchos años. Se quedó estupefacta. Jamás hubiera esperado de mí tal confesión. Me contestó algo así como:

    —Estás loco!… Es una broma, ¿no? Pero, bueno, tú verás: decide por ti mismo…

    Fue un bombazo. Auténtico: tanto para ella como para mí. No volvimos a hablar de ello hasta pasado mucho, mucho tiempo. Y en unas circunstancias en extremo duras, muy difíciles que ya os contaré.

    He de decir, para encuadrar las siguientes vivencias, que mi mujer no era demasiado ardiente en materia sexual. Todo lo contrario a mí que soy un hombre muy dado a toda clase de juegos en ese aspecto de la vida humana. Pero… -siempre hay un pero- esa afición lúdica mía era por aquel entonces simple amalgama de meras fantasías y vagos deseos sin desahogo en la realidad. Envueltos en la bruma de la nada. Y es que yo carecía de experiencia más allá del sota, caballo y rey de algunos casquetes sabatinos o las pajas de las jornadas laborales.

    Pero, en fin, creo que, si deseamos a cualquier mujer merece la pena intentarlo. No importa su condición, si acaso que nunca tenga menos de dieciséis o dieciocho años. Personalmente lo he hecho luego con unas cuantas solteras, casadas o separadas, viudas; jóvenes y maduras; con y sin hijos; simples conocidas o amigas íntimas de toda la vida a las que tenía y sigo teniendo cariño (a ellas y a sus maridos): tardaremos más o menos tiempo pero las probabilidades que tenemos de conseguirlas son muy altas si nos ponemos a ello sin desánimo. Las mujeres nos desean tanto como nosotros a ellas pero han sido educadas en el recato y la pasividad. Empecemos por las más cercanas: compañeras de trabajo, vecinas, conocidas; y las mujeres de nuestras propias familias: primas, tías, hermanas, suegras. La convivencia familiar, a mi entender, incluye a veces el sexo y no sólo entre los dos miembros de una pareja casada.

    Pienso, si no estoy confundido, que existe la única limitación de no hacer daño moral o violentar a nadie de forma extrema; todo es válido para disfrutar lúdicamente de nuestros cuerpos sin admitir otra cortapisa que la que acabo de citar. Existe un tipo de violación «menor», por decirlo de alguna forma, en que la otra persona siempre queda libre para aceptar o rechazar el juego, porque eso es precisamente lo que se realiza -un juego-cuando se «fuerza» una situación, cuando alguien se insinúa, seduce, intenta conquistar, provoca, tienta, se exhibe o hace comentarios eróticos para invitar a otra persona a participar en algún juego sexual. Porque las cosas no caen gratis del cielo, hay que buscarlas.

    El primer paso lo di en una ocasión en que estábamos Elvira y yo solos en mi casa. Me fui a duchar. Lo hice con la puerta del baño abierta y la llamé para que, por favor, me acercara una toalla pues no había ninguna en el cuarto de baño (claro que no: las había retirado yo mismo previamente). Cuando mi suegra me tendió la toalla través de las cortinas inicié una conversación lo más natural que pude sobre la necesidad que teníamos todos los hombres de obtener un continuo alivio sexual, que ella me gustaba y que deseaba hacerle el amor. «Estás loco!» me contestó. Yo le dije que quizá tuviera razón pero en mi fuero interno decidí seguir con mi plan de caza. Cuando salí me pidió que le sirviera un coñac: ella, ¡que casi no probaba el alcohol! El impacto de la frase «me gustaría hacerte el amor» debió de ser tan brutal que no se le ocurrió nada mejor que beberse una copazo para poder soportarlo!

    Así que continué mi plan como un juego, sin saber hasta dónde llegaría, dejándome ver por ella, por Elvira, la madre de mi mujer, en ropa interior. Desde el principio noté cómo se alteraba cuando, aprovechando que Cristina, mi mujer, estaba al otro extremo de la casa o mejor ausente, yo irrumpía de pronto donde ella estaba, llevando encima tan solo un slip mínimo, de tela muy delgada, casi transparente. Antes yo me había mirado bien en un espejo de cuerpo entero para diseñar el efecto que quería producirle y lo que ella iba a ver, quisiera o no; corrigiendo el slip de posición, dejando ver bastante vello púbico por arriba o dejando excesivamente holgado el slip por abajo para que ella pudiera verme bien la pelambrera por los costados de mi prenda íntima. Cada ocasión escogida hacía que pareciera bastante espontánea y natural: lo «normal» era no ir vestido así -mejor dicho, desvestido así- pero tampoco era como para llevarse las manos a la cabeza y montar un escándalo. Ni mucho menos. Se le mudaba el rostro, se congestionaba, se ponía encendida, colorada como una amapola y hacía como que miraba a otro lado. Y si yo notaba su turbación, ella, mujer y por tanto mucho más intuitiva que los varones, tenía que saber que su yerno había comenzado un juego cuyas siguientes partidas eran una incógnita total: ¿qué pretendía su querido yerno?

    Desde luego que ella no era tan débil como para no poder detener a tiempo ese juego si estaba realmente convencida de que no quería que continuara o pasara a mayores. Por tanto, si no decía o hacía nada para impedirlo era porque aquello le resultaba agradable, tanto como para permitir que ocurrieran ante ella o a su lado hechos que vulneraban sus convicciones más profundas. Desde las primeras veces que me exhibí, mi suegra podía haber hablado discretamente conmigo. O con su hija explicándole cómo andaba a veces por la casa y que no veía con buenos ojos mi conducta, pidiéndole que me hiciera la observación de que me abstuviera de andar así por respeto hacia ella. Pero no lo hizo! No, no lo hizo; o, al menos, a mí nunca me llegó comentario alguno de mi esposa.

    Por entonces yo no me atrevía más que a eso y apenas tenía ideadas las siguientes acciones. Todo eso me excitaba mucho: decidir el momento, elegir un slip (los tenía de dos clases: color beige muy transparentes que humedecía un poco antes de colocármelos para que transparentaran aún más mi muy negro y superabundante bosque, y otros de color blanco, realmente pequeñísimos). Colocármelo muy ajustadito, espiar que mi mujer no se enterara y ponerme delante de mi suegra con cualquier pretexto banal pero con la intención de exhibir mi cuerpo casi desnudo ante ella. Por supuesto que cuando me acercaba me había sobado bien la verga previamente para presentársela descaradamente voluminosa, ostentando mi paquete a través de la fina tela de mi prenda más íntima. En ocasiones, estando cerca de ella me metía la mano, como distraídamente, con espontaneidad, por dentro del slip y me la tocaba o me la cambiaba de posición –de izquierda a derecha, o viceversa -de forma ostentosa, exhibicionista, mientras le comentaba cualquier cosa sin importancia. Si era invierno, me abría la abertura anterior del pantalón del pijama para que se me viera bien la mata de pelo negro o dejaba mis huevos fuera del pantalón, colgando distraídamente.

    Por entonces me había comprado un par de calzones abiertos por delante y con botón en medio para cerrar la abertura. En verano dormía solamente con esa prenda. Yo siempre me levantaba media hora antes que mi mujer y nada más hacerlo hacía una visita –ya rutinaria—a la cocina, donde encontraba a Elvira de forma infalible. Cuando me dirigía hacia allí me desabrochaba el botón del calzoncillo y me separaba bien los lados de la tela para mostrar obscenamente la abundante pelambrera púbica de mi intimidad. Había que ver la cara que ponía, cómo le cambiaba el rostro y se alteraba cada vez que esto ocurría…!!! Pero yo no me cortaba y aguantaba mi propio pudor y mi vergüenza: nadie nace sabiendo, nadie nace atreviéndose. Saludos y banalidades de rigor y al poco cada uno a lo suyo, que aquí no ha pasado nada.

    Al poco se me ocurrió descoser los botones de ambos calzones para evitar la tentación de abrochármelos y comprometerme más a mí mismo si cabe a continuar con mis exhibiciones. Todos somos mirones y exhibicionistas, unos más otros menos. Yo no entiendo a los exhibicionistas callejeros pero sí a los caseros, jejeje… Pues bien, a los pocos días me encuentro con que mi suegra -que era quien lavaba nuestra ropa, la planchaba, guardaba, etc.- ha cosido los botones de nuevo. Bien, me dije, si quieres guerra la vas a tener. Cogí unas tijeras y volví a descoserlos para enviarle un mensaje sin palabras pero muy definido: quiero las aberturas de esos calzoncillos sin botones para poderte enseñar más cómodamente todo lo que el día que yo juzgue conveniente va a ser tuyo, muchacha!!! Nunca más volvió a coser esos botones. No sé si empezaba a aceptar pero estoy seguro de que empezaba a comprender que mis insinuaciones, descaros sexuales y provocaciones eróticas no iban a cesar ni un ápice.

    Un día me senté a desayunar en pijama a la misma mesa en que ella estaba sentada cosiendo no sé qué prenda, metí la mano por debajo y me saqué la polla para hacer como que me daba la masturbación muy despacito: ella no podía vérmela lógicamente pero sí los movimientos lentos, definidísimos y muy ostentosos de mi brazo por el lateral de la mesa pues estaba sentada a menos de un metro de mí. Enseguida se percató -hasta un ciego lo hubiera percibido ¿cómo no?- y se fue para la cocina. Luego fui yo hasta allí y le pregunté por qué se había marchado tan de repente. Me contestó que había ido a buscar una receta de cocina. Pero ella y yo sabíamos que lo había hecho a causa de mi provocación tan descarada.

    Recuerdo también que ella un día estaba midiendo sobre el suelo de una habitación ciertas telas para unas cortinas y me pidió que le ayudara. Ella, que llevaba unas faldas muy holgadas, estaba de pie pero se agachaba continuamente para colocar, hacer dobleces y mediciones. Fui a buscar un pequeño espejo de mano y, procurando que no se apercibiera, se lo iba poniendo por detrás y por debajo para verle bien los muslos y las bragas. Nunca he sabido si ella se percató de tal maniobra que a mí me estuvo ofreciendo unas preciosas vistas de las interioridades de sus muslos, el divino paquetito que insinuaba los labios abultados de su coño y las curvas de sus bragas blancas ajustadas.

    Cómo gozaba con el azoramiento de prepararlo todo, elegir el momento y el lugar de modo que a ella no le quedara otro remedio que ser totalmente consciente de mis exhibiciones lascivas, aunque intentara a toda costa que yo no me diera cuenta de que cómo miraba mis zonas erógenas. Me cuidaba además de cubrir con mi presencia la puerta de la habitación, con lo que no le quedaba más remedio que aguantar la conversación que me inventaba y durante el tiempo que me apeteciera porque si intentaba escapar de allí tendría que rozar su cuerpo con el mío, lo que sería para ella aún más embarazoso. Qué situación: ella arreglando nerviosa las cosas por la habitación mientras hablaba con su yerno prácticamente desnudo! Os podéis imaginar lo tenso de la escasa charla y lo que nos costaba a ambos llegar a articular cualquier frase. Se mascaba la excitación y el nerviosismo mutuo. Y, desde luego, cuando yo decidía poner fin a cada una de mis apariciones siempre salía corriendo a darme una masturbación para aliviar mi excitación y quedarme vacío. A veces pienso que era tanto o más gustoso imaginar y preparar la acción que el placer desbordante y brutal que inundaba toda mi carne al correrme luego. Desde luego eran satisfacciones fantásticas ambas, pero casi imposibles de comparar.

    Mis provocaciones eran deliberadamente imprevisibles para mi suegra con el fin de que siempre mantuviera la inquietud de no saber en qué momento iban a ocurrir. Por aquella época íbamos con frecuencia los tres a una casa de campo de su propiedad en un pueblo de Asturias. Cuántas veces allí, al levantarme inmediatamente después que ella, me habré acercado donde estaba con la bragueta del pijama bien abierta para que viera mi abundante masa de vello púbico: no podía dejar de verlo aunque tratara de disimular lo más posible porque yo lo hacía como por descuido pero de forma brutalmente patente! Había practicado además en la puerta del baño un pequeño agujero por el que miraba a Elvira ducharse (y también a otras amigas que venían a pasar unos días con nosotros) siempre que podía y me apetecía: ella tenía todavía un cuerpo atractivo aunque no era ya una mujer joven.

    Conservaba buena parte del encanto de su juventud en que fue una chica preciosa. Un cuerpo de auténtica hembra. Tetas de tamaño medio, suficientemente firmes para su edad. El vello que cubría el triángulo de su chumino estaba muy poco poblado: había perdido parte de la pelambrera con los años y algunos de sus rizos griseaban. Por ello mostraba muy desnudo el canal de su tajo. Exhibía una amplia abertura en medio de los labios de su chocho. Labios carnosos, abultados y muy entreabiertos como un par de gajos de naranja separados. Habían abandonado ya hace tiempo esa firmeza y cerrazón de las adolescentes, que aún los tienen tan firmemente pegados y apretados el uno contra el otro que su raja parece trazada por el leve corte de un bisturí. En fin, la visión de su entrepierna me ponía a mil…! pero me decía a mí mismo que aún no había llegado el momento.

    Cierto día, como quien no quiere la cosa, le comenté que masturbarse era muy sano, que ayudaba para la circulación de la sangre según había leído en una revista médica. Que yo mismo me daba una masturbación cada día nada más levantarme -aprovechando que amanecía empalmado y duro como una piedra- para sacarme la espesa y abundantísima lefa que producen diariamente mis testículos, para quedarme bien relajado y tranquilo por el resto del día.

    -Es la mejor forma -le conté- de bajarme la erección porque me levanto casi todos los días con este cañón apuntando al cielo. Está tan dura, tengo tan llenos de crema caliente los testículos, que necesito agarrármela y darle unos poquitos manotazos para que se me abra enseguida y me vacíe. Para no salpicarlo todo llevo conmigo un kleenex y cuando noto que me van a llegar los espasmos, me rodeo el capullo del cipote con el papel para que disparar todo el engrudo de la lefa en él. Tú misma debieras darte una o dos masturbaciones diarias a la pepita de tu chumino como hago yo con mi verga… (tuve buen cuidado de elegir palabras muy obscenas siguiendo mi plan de perversión progresiva).

    Al oír todo eso ni sé cómo no se cayó de culo, pero aguantó el tipo como pudo e hizo como que no lo había escuchado… Así, más o menos, sin prisas pero sin pausas, siguieron las cosas durante uno o dos años. Por otra parte nuestro trato era tan cordial y agradable como siempre. Un trato exquisito. Solo que yo sabía que ella sabía, y ella sabía que yo sabía…! Los dos sabíamos… Era una complicidad mutua sin mediar apenas palabra.

    Fue entonces cuando mi esposa cayó gravemente enferma. Al tercer año de su enfermedad y conociendo que su final estaba anunciado me volqué en ella, pero eso no impedía que yo siguiera teniendo necesidades sexuales. Elvira se vino a vivir con nosotros para poder atender mejor a su hija gravemente enferma.

    En un momento dado, Cristina me sorprendió diciéndome: «puesto que a mí el sexo ya no me atrae nada, he pensado que la mujer que está más cerca de ti es mi madre. En una ocasión me comentaste que te gustaría hacerlo con ella. Bien, pues ha llegado el momento de que empieces a desahogarte con ella. No es justo que porque a mí no me apetezca, tú te quedes sin poder satisfacerte con una mujer. He pensado también en Cachuli pero con ella sería complicado quedar. Sin embargo, a mi madre la tienes a mano y no se opondrá porque también ella lo necesita. Quizá no tanto como tú, pero también lo desea. De eso estoy segura». No supe qué responderle. Creo que dije algo así como que se lo agradecía muchísimo y que, en fin, no sé lo que haría. Esa conversación fue el empujón final y a los pocos días me decidí a dar los últimos y definitivos pasos, pero sin precipitar las cosas porque a mí ese «juego del gato y el ratón» me encantaba y enardecía al máximo.

    Lo siguiente que se me ocurrió resultó muy excitante. El baño de nuestra casa de Madrid tiene un gran tragaluz o ventana abatible en lo alto de la pared que se mantiene siempre medio abierta y da a la terraza de la cocina, de tal forma que permite que entre la luz y que, lógicamente, los sonidos de ambas estancias se intercambien si no se encuentra cerrada. Decidí, pues, aprovechar esas circunstancias. Los fines de semana siguientes, cuando me levantaba por la mañana, lo primero que hacía era entrar al cuarto de baño desde donde no podía ver a mi suegra pero sí escuchar cómo trasteaba en la cocina adyacente preparando la comida de ese día. Entonces, me quitaba el slip para quedarme completamente desnudo y, justo al lado del vantanal, empezaba a cascarme una larga y sobre todo escandalosa paja. Porque al hacer el imprescindible y habitual sube y baja con la piel de mi polla en la mano, me daba a la vez un fuerte golpe con el antebrazo sobre mi vientre para producir un sospechoso ruido: plaf! plaf! plaf! Muy despacio al principio pero con fuerza para que mi suegra pudiera escucharlo. Imprimiendo progresivamente a tan lujurioso ritmo una cadencia tal que pudiera ser interpretada de forma inequívoca al otro lado del ventanal como una nueva obscenidad osada del querido yerno.

    Las veces que lo hice, noté cómo enseguida los ruidos de la actividad desarrollada por mi suegra en la cocina se iban disipando hasta desaparecer por completo. Ese silencio me resultaba muy revelador y a la vez permitía que los golpes del brazo sobre mi tripa sonaran realmente estruendosos. Entonces aumentaba el ritmo y la fuerza con que pegaba en el estómago con mi brazo. Sonaba a golpe de carne contra carne. El ruido era escandaloso y no cabía otra explicación plausible para explicar su origen que la de un tío masturbando su polla para deslefársela: …. Plaff!!! plaff!!! plaff!!! Y ya finalmente, cuando me venía el gustazo y empezaba a tirar lefazos, jadeaba bien fuerte para que ella lo oyera: aaaahhh!!!… aaaahhh!…

    Al instante escuchaba invariablemente cómo poco a poco se reanudaba el trasiego de platos, sartenes, etc. Eso demostraba que mi suegra había interrumpido su trasiego durante mi actuación. Había parado para escuchar! Y quizá… solo quizá, para realizar… «algo más íntimo»… Muy bien, mi plan estaba funcionando tal como lo estaba planeando. Yo me corría sobre la parte delantera y externa de mi slip, dejándolo chorreando pues mi lefa es muy abundante. Me lo ponía de inmediato y sin perder ni un segundo dejando al descubierto mi vello púbico por encima, salía corriendo hacia la cocina para darle los buenos días. Mi rostro aún no había recuperado ni de lejos la mínima normalidad, ni mi ritmo respiratorio estaba aún acompasado después de haber jadeado de placer: una indecencia, vamos. Quería que ella me notara muy alterado, que percibiera de forma obscena todo el rescoldo físico de mi agitación orgásmica, que viera mi prenda íntima empapada y transparentando la pelambrear que apenas alcanzaba a cubrir. Observar su propia agitación, su nerviosismo, su mal disimulada sensación de normalidad: como si no hubiera pasado nada! Eso sí que era muy sensual. Ella hacía esfuerzos para mirar a cualquier sitio… menos al sitio que estaba loca por mirar. Su azoramiento me excitaba. Saber que ella sabía. Vaya si sabía. Saber que los dos sabíamos pero que íbamos a comportarnos como si no supiéramos. Jajaja…

    —Hola…

    —Hola.

    —Buenos días, ¿qué tal…?

    —¿Qué haces?…

    —Ya ves, preparando…

    —¿Qué habrá hoy de comida?

    —Pues… hoy, puding de pescado…

    —Ah, ya… ya veo… qué rico!… Bueno, voy a ver si me ducho, ¿está encendido el calentador?

    —Sí, sí, claro…

    Con frecuencia viajábamos a una casa que mi suegra tenía en cierta aldea asturiana. Uno de esos viajes lo aproveché para hacer un nuevo y ya casi definitivo avance.

    Un día por la mañana me armé de valor y me levanté el primero de los tres. Cuando oí ruido en el dormitorio de mi suegra supe que ya empezaba a levantarse. Fui al salón, me quité rápidamente el pijama quedándome desnudo por completo, de costado, y con mi verga dura como un poste me arrimé a una esquina de la mesa, formé una «O» con los dedos anular e índice de mi mano derecha y pasando por ella el tronco de mi cipote empecé a bambolear mi cuerpo en un movimiento de vaivén como si me estuviera follando y culeando un chocho.

    Se me saltaba el corazón cuando Elvira salió en bata de su dormitorio como todas las mañanas y se encontró de cara con el espectáculo gratuito que había montado para ella. Yo miraba por el rabillo del ojo, pero no hacia ella directamente, para controlar su reacción. Anduvo unos pasos, noté cómo se detuvo indecisa unos instantes al verme así, sin saber qué hacer, dio media vuelta y regresó a su habitación donde estuvo un buen rato hasta que se atrevió a salir de nuevo. Para entonces yo había regresado a mi cama junto a mi mujer. Como yo miraba en otra dirección mientras culeaba con mi miembro entre los dedos de mi mano, no cruzamos nuestras miradas, pero ella se había comido la visión de su yerno culeando completamente desnudo dándose su masturbación… y ella lo había presenciado a un metro y medio escaso!!!

    Al regresar a nuestro domicilio habitual en la capital me decidí a dar el asalto final sobre aquel cuerpo que tanto venía deseando y preparando. Una mañana temprano cuando percibí que ya estaba levantada y en la cocina con sus preparativos me levanté de la cama, fui donde ella estaba y sin decirle ni siquiera «buenos días» me acerqué muy despacio, metí mi mano con decisión por debajo de su falda. Tocándole la cara interna de sus muslos llegué hasta alcanzar sus bragas. Por fin sentía el calor de su carne en las yemas de mis dedos! Introduje la mano a través de la abertura de su muslo derecho y empecé a acariciar directamente los rizos de su mata de pelo y enseguida la raja de su chumino.

    —Ay, chico, por Dios, déjame… Que Cristina se va a enterar…! (En ese mismo instante tomé nota de que el principal problema para ella -seguramente el único- era que no se enterara su hija).

    —No te preocupes. Está dormida. Tú y yo necesitamos mucho esto, le contesté.

    —No, no. Suéltame. Házselo a Cachuli (una de las más íntimas amigas de mi familia y casada con mi mejor amigo). A ella le gustará y seguro que se deja hacer de todo.

    —Sí, ya sé que le gustaría. Y mucho. No tardaré en follármela a ella también (como así fue realmente más adelante) pero ahora no la tengo aquí a mano y tú sí estás. Además también lo necesitas y sé que te encanta.

    —No, no, yo no quiero esto. De ninguna manera, déjame!

    Con la boca decía «no, no quiero esto», pero para entonces yo me había sacado ya la verga tiesa y los huevos por fuera del pijama y le había hecho agarrármelos a Elvira con su mano. Decía una cosa pero hacía otra, porque parecía que le hubieran pegado la mano con cola y no la apartaba del poste de mi verga por nada, a la vez que protestaba contra mi acción y se negaba pudorosamente a continuar. Yo sabía de su lucha interna: por un lado deseaba sexo a rabiar. En concreto me deseaba a mí. Por otra parte, yo era el marido de su hija… con el que ella fantaseaba sin atreverse a confesárselo a sí misma.

    Ahí quedó la cosa y dejé pasar unos días. Nuestra relación era como si no hubiera pasado nada pero había pasado casi todo. Yo empecé a repetir lo de levantarme pronto los fines de semana, ir directamente a la cocina al encuentro de mi suegra, desnudarme a su lado en silencio y colocarme detrás de ella. Ella seguía trasteando como si no estuviera ocurriendo nada pero sintiendo la dureza de mi miembro apoyado contra sus nalgas, golpeándolas con fuerza mientras la mantenía bien sujeta por las caderas.

    Qué divino juego! Un hombre maduro, desnudo, pegado como una lapa a la espalda de una mujer más mayor, vestida del todo y que hace como que no se entera del asalto sexual que está padeciendo. Cualquiera que lo viera… ¿Qué pensaría? ¿Qué diría si además supiera que eran yerno y suegra? ¿No le resultaría excitante si además tuviera conocimiento de que una hija de esa señora y esposa del asaltante, se hallaba a solo unos pasos descansando en el lecho matrimonial?

    —Deja de cocinar: tienes que atenderme a mí en esto de aquí… abajo, le decía.

    —Ay, no, chico, por Dios…!

    —Venga, quieta. No te pongas nerviosa. Tranquila, ya verás qué bien te lo voy a hacer: te va a gustar mucho que te toque. Voy a deslefármela…

    —No, no. Suéltame!

    —Súbete la falda!

    —¿Qué me vas a hacer…?

    —Nada que no te guste: venga, súbetela bien arriba.

    Por fin, después de un titubeo, se sube la falda mostrándome sus apetecibles muslos y sus dos rotundas nalgas cubiertas por unas bragas blancas. Había conseguido, por fin, una meta anhelada: su cooperación. Tímida aún pero real y desde luego en los antípodas de un rechazo radical. Quedaba pues, patente una vez más, que la mayor parte de las veces el deseo sexual se impone sobre cualquier otra consideración familiar, moral o psicológica. Tantos años de preparación empezaban a dar sus frutos.

    —Ahora, bájate las bragas…

    —… Pero…

    —Vamos, bájatelas! Se llevó las manos a las caderas y lentamente empezó a deslizar su prenda más íntima a lo largo de sus muslazos hasta la altura de sus rodillas.

    —Así me gusta. ¿Ves qué fácil? Ahora te voy a poner la polla pegadita a la raja de tu culazo para que la sientas. Yo sé que la estás deseando. Que estás loca por mi cipote, ¿a que sí…?

    —Contesta! Te estoy hablando!

    —No sé… esto no está bien.

    —Pero ¿te gusta?

    —Sí, claro, gustarme… ¿cómo no me va a gustar? Mucho…!

    —¿La estás sintiendo bien?

    —Sí, sí… está bien… ooohhh!…

    —Te voy a separar más las nalgas para pegarte la verga bien dentro… Así… así… ¿ves, qué rico?

    —Ufff!…

    —Goza sin miedo. Disfruta, que yo sé que lo has deseado mucho ¿a que sí? Llevas años y años sin catarlo…

    —… no sé… sí…

    —Tía buenaaa, estás cojonuda!… toma!, toma polla…! decía yo mientras empezaba a culearla. Y le tocaba las tetas y pegaba mi miembro contra su culo manteniéndola bien agarrada por la cintura con mis brazos. Toma! … toma!… toma!… Sácame toda la lefa!… Ya… yaaa… ahhh!… me vieneee!!!… aaaahhhh! Qué buenooo, qué rico! Qué gustazooo! Qué vacío me sientooo!… Uuuuufff! Qué bieeen! Es divinooo…! ¿Ves como no era para tanto…?… Anda… ya puedes subirte las bragas: déjate la lefa ahí, donde te la he echado para que te notes mojadita un buen rato… Ah… ya verás cómo hoy la comida te sale más rica, ja, ja, ja! Y no olvides que habrá muchas más de estas sesiones de ahora en adelante. A los dos nos gusta y lo necesitamos muchísimo!

    Poco a poco, en las veces siguientes, le fui enseñando a ponerse detrás de mí después de desnudarme completamente. Yo separaba mucho las piernas y le decía que me agarrara los cojones desde atrás por debajo de mi culo. Ella lo hacía entre ciertas protestas de inocencia pero se veía que le encantaba. Finalmente le metía la mano izquierda por detrás de mí y por delante de ella, entre las bragas, y le acariciaba la pepita de su coño, que por cierto, la tenía muy, muy abultada y gruesa. Le desbordaba por fuera de los labios del chocho cuando se excitaba. Como todas las mujeres maduras. Y mientras tanto yo me masturbaba la polla con la derecha. Ella esperaba muy dócilmente a que me viniera y vertiera mis lefazos para desahogar tanta excitación.

    Otras veces llegaba y me quitaba el slip o el pijama muy despacio, como si fuera una ceremonia o un rito pero con absoluta decisión, los colocaba sin prisa alguna y apoyaba el culo contra una mesa, me abría bien de piernas y luego le decía «ven, ponte aquí delante de mí». Ella dejaba todo y se ponía frente a mi cuerpo desnudo. «Ya sabes lo que necesito hacer: voy a vaciarme», a continuación me descapullaba el cipote echando lo más atrás que podía la piel de mi nabo y le agarraba su mano para metérmela bien dentro por debajo de los cojones hasta que me llegaba con sus dedos al agujero del culo.

    —Quiero que mantengas ahí la mano hasta que yo te diga y que sientas en ella todos los golpes de mis cojones mientras me pajeo la verga; acaríciamelos y no apartes la mirada de mi polla ni un instante; cuando veas que ya me corro, entonces tienes que mirarme a los ojos, entendido?

    —Bueno, pero acaba pronto.

    Por supuesto que ella no se atrevía a decirme que no porque yo le causaba mucho respeto y porque, en el fondo, ¿a quién le amarga un dulce servido en bandeja? Toda aquella estrategia le ponía muy cachonda aunque lo disimulaba por temor, y luego se hacía muchos «dedos» sobre el botón de su clítoris reviviéndolo en su intimidad como me confirmó más adelante. Podéis imaginaros lo excitados que estábamos los dos durante el rato en que yo me hacía el sube y baja de la polla mientras ella me sostenía las pelotas acariciándome con suavidad el ano con la yema de su índice. Cuando yo alcanzaba el clímax la miraba con ojos inyectados de lascivia y lujuria, mientras ella disfrutaba con una sonrisita, viendo, escuchando y sintiendo el aliento de mis jadeos a un palmo de su cara, recibiendo todos los espasmos de ese placer divino, insoportable de mi cuerpo que se agitaba sin control, convulsionado con mi corrida. Cuando ya me había desahogado y serenado siempre le preguntaba si ella deseaba que yo le diera el gusto pero se negaba muy dignamente mientras se limpiaba los chorros de semen que habían salido disparados del ojal de mi verga sobre el brazo o el vestido.

    Estas y parecidas situaciones se repitieron unas veinte o treinta veces.

    Después del doloroso fallecimiento de mi esposa pasaron un par de meses hasta que volví a la carga esta vez de modo definitivo.

    Una tarde, al levantarme de una siesta, me aparecí desnudo del todo en el salón donde ella estaba y le dije sin más preámbulo: «Elvira, voy a follarte ya». Me acerqué a ella, empecé a quitarle la ropa y comprendí que iba a ser definitivamente mía cuando no opuso la más mínima resistencia. La senté en el sofá y le separé las piernas lo más posible. Al fin pude mirarla a mis anchas, largo y tendido, recostada ahí con los atributos de su feminidad mostrados en su plenitud y observados por mis ojos con descaro. «Levántate, quiero mirarte a placer», le dije. Ella obedecía dócilmente con una cierta sonrisa, no sé si de éxtasis o de timidez. Le cogí las manos y se las puse en la nuca echándole los codos bien atrás para que sus pechos quedaran bien expuestos. «Separa las piernas lo más que puedas», añadí. Mientras la mantenía largo rato en esa postura me agaché también y, arrodillado o sentado en el suelo, le estuve inspeccionando detenidamente el ojal de su culo abriendo bien sus nalgas por detrás, luego le hice poner un pie en una silla para que se abriera bien ante mis ojos y comencé a ordenar su escasa pelambrera y a manosear la raja de su coño mientras hacía comentarios obscenos de lo que iba viendo y tocando. La senté otra vez en el sofá y me dirigí al vídeo para poner una película porno sentándome a su lado. A las primeras escenas tomé su cabeza y le obligué a mamármela: lo hacía con verdadero frenesí!

    —¿Te gusta cómo usan a esas hermosas putas de la película?

    —Sí… sí… mucho.

    —¿Verdad que están cojonudas?

    —Sí, están riquísimas. Ya lo creo.

    —¿Con cuál de ellas te gustaría hacértelo?

    —Ay, hombre, qué cosas dices!

    —Sé sincera y déjate de hipocresías, anda.

    —No sé, bueno, pues con esa rubita.

    —¿Te gustaría tocarla y que te mamara la raja, eh?

    —Sí, sí…

    —Así me gusta, que seas una guarra. Anda, Elvira, saca más fuera el culo para ofrecerme mejor tu chocho, que te lo voy a masturbar.

    Seguí haciendo comentarios acerca de la longitud de aquellos nabos que se ensartaban en los orificios de aquellas espléndidas y sumisas hembras: «mira cómo la tiene ése, está para comérsela… ya me gustaría a mí también que me agarrara un tío así y que hiciera conmigo lo que le apeteciera… Y mamársela bien para tragarme toda su lefa blanca y espesa…».

    Nos gustaba especialmente mirar cómo ellos se sacaban la verga de los chochos en el momento de correrse y se vaciaban en las bocas y rostros de las chicas, haciendo comentarios totalmente lujuriosos. Ella obedecía en todo. Era, por fin, mía. Y yo me volvía loco mirando cómo crecía su excitación mientras yo le acariciaba su clítoris inflamado arriba y abajo por medio de su mata de pelo; la masajeaba observando su rostro, hasta que le hacía estallar, jadear de placer incontenible… le faltaba la respiración y no sabía dónde mirar mientras sus pulmones buscaban aire ansiosamente para poder soportar las oleadas del gusto que se adueñaba de cada célula de su cuerpo que se agitaba golpeando y apretándose contra el mío a cada espasmo. No era de las que gritan cuando jadean, no, pertenecía al género de las se ahogan y todo aire que aspiran es poco para ir atravesando el dulcísimo trago del placer que les devora las entrañas.

    Me gustaba mucho -y me sigue gustando- escribir relatos eróticos. Muchos son autobiográficos, otros inventados. Siempre que acababa alguno se lo daba a Elvira para que me lo leyera ella y, a la vez que se enteraba de lo que había escrito, me excitaba oír de su boca todas aquellas procacidades e intimidades sexuales que yo narraba. Por supuesto que ella se excitaba muchísimo y cuando acababa la lectura procedíamos a desfogar nuestra excitación y quedarnos satisfechos. Le encantaba leer esos relatos aunque a veces se escandalizara con sus contenidos tan obscenos y procaces.

    Algunas veces le anunciaba de un día para otro nuestra actividad sexual: «Mañana por la tarde quiero que estés preparada porque voy a usarte». Se lo decía así para provocar en ella la expectación durante 24 horas de que iba a tener sexo, y también para inculcarle que era yo quien mandaba en esa relación que tanto había trabajado. Al día siguiente por la tarde me acercaba a ella y le decía «Venga, prepárate que voy a empezar…». Entonces ella se reía, hacía como desobedecía pero iba de inmediato dócilmente al baño a lavarse bien sus rajas y por fin a su habitación a ponerse un vestido de falda holgada, braguitas negras diminutas que yo le había dicho que se comprara a juego con un sujetador. Regresaba ya preparada, ofreciéndose a mí como cualquier prostituta. Toda mujer, cualquier chica, lleva una fantástica puta dentro: sólo hay que dominarlas para ir sacándosela fuera. Yo la tomaba por los brazos y la colocaba contra una mesa que pegaba a una pared, mientras le explicaba lo que iba a hacerle:

    —Así me gusta, que hayas aprendido a ofrecerte.

    —Sí, sí, úsame como a una puta, decía ya ella completamente salida.

    —Ahora apoya el culo contra el borde de la mesa para que no puedas recular mientras te sobo. Y el resto de explicaciones se lo daba a cierta distancia porque yo me sentaba en el sofá a unos tres metros de ella.

    —Vas a aprender a ofrecer bien tu carne: mejor que una puta profesional. Separa mucho las piernas y flexiónalas un poco para abrir más hueco en tu entrepierna. Así, muy bien. Pon las manos a la espalda para que tus tetas queden más erguidas, los codos hacia atrás y mientras te hurgo en la raja del chocho no puedes agarrarte a mí, permanece así incluso cuando te corras de gusto, ¿me oyes?

    Era genial y excitante observar cómo esa mujer a la que durante años había ido preparando estaba delante de mí, sumisa y ansiosa de que le diera placer, de la que la tomara a mi gusto e hiciera con ella lo que me viniera en gana. Yo la miraba unos minutos mientras me fumaba un cigarrillo, así, de pie, vestida, con las piernas abiertas, un poco en cuclillas y las brazos hacia atrás ofreciéndose entera y esperando cualquier cosa que yo quisiera hacer con su cuerpo. Después de un buen rato de gozar esa presencia sumisa me acercaba y sin el menor preámbulo ni miramiento alguno me ponía a su lado, metía una mano por debajo de la falda y de la braga y empezaba a sobarle el chocho, el culo y las tetas con el mayor descaro de que era capaz, poniéndola de guarra y de puta para arriba. Obedeciendo mis estrictas órdenes ella no movía un ápice su postura: sólo los meneos que yo imprimía a su cuerpo con los bruscos hurgamientos de mi mano, principalmente en su chumino. Yo disfrutaba sobándola bien todo el triángulo de su ya poco poblada pelambrera, su húmeda raja, hasta que ya me dedicaba a frotar la inmensa pepita de su clítoris con movimientos de arriba abajo o en círculo, observando cómo se iba excitando cada vez más hasta que no pudiendo aguantar más se corría explotando de placer; pero ni aun entonces variaba su postura: gozaba del orgasmo jadeando como una loca sin alterar lo más mínimo la posición de su cuerpo. Una vez que la había hecho gozar así, la mantenía aún unos minutos más en esa postura, expectante hasta que yo mismo me volvía a acercar para desnudarla ya, usarla a mi antojo cebándome de lujuria y corrernos ambos más veces y más libremente.

    Normalmente a mí me gustaba y me gusta prolongar durante horas y horas las sesiones de sexo. Siempre me invento infinidad de cosas para ello. Y una de las más sabrosas es hablar con lo otra persona para que te revele sus fantasías, sus deseos más ocultos, sus experiencias sexuales o su iniciación al mundo del sexo. Es un arte bonito ir pervirtiendo a la otra parte para que use las palabras más procaces y desvergonzadas que todos tenemos buen cuidado de evitar en las conversaciones ordinarias pero que conocemos de sobra y pronunciamos en nuestro interior cuando estamos excitados.

    —Cuéntame cómo te usaba tu marido.

    —Ay, pues no sé. Lo normal… no?

    —Supongo que además de joderte a veces te pedía que lo masturbaras, ¿verdad?

    —Sí, claro.

    —¿Cómo lo hacías? Pues me llevaba al salón cuando no estaban los niños en casa, se sentaba desnudo en una butaca con las piernas abiertas y yo tenía que cogérsela con una mano y se la movía arriba y abajo hasta que él ya no podía más y le salía toda la leche a borbotones. Por cierto, una pregunta: ¿para qué os corráis hay que haceros siempre mucho sube y baja con la mano?

    —Depende. Si ya estamos muy excitados con fantasías, imágenes o frotamientos previos, a veces basta con dos o tres golpes para sacarnos el engrudo. Si no, se requieren veinte, treinta; incluso cien o doscientos meneos arriba abajo. En eso estamos igual que vosotras: en ocasiones os dais dos tres friegas a vuestra pepita y os venís si ya estáis muy calientes; si no, pues hay que daros dedo o mano un buen rato. Depende del grado de excitación pero, en general, sí necesitamos movimientos, bien sea con la mano, o dentro de un chocho, de la boca o del culo. Al movimiento que hace uno mismo dentro de alguno de esos agujeros se le llama «culear». O genéricamente, joder, follar, etc. Pero «culear» a una chica se entiende que es mover el culo dentro… fuera… dentro… de alguno de sus agujeros para que nuestra polla se estimule bien en su interior, nos excitemos y se nos produzca la paja, la masturbación. Y como para todo hay una forma de hacer bien las cosas, o sea un estilo más práctico, mejor que mover el cuerpo sin ton ni son o dar golpes de cadera, es culear. Consiste en dejar muy quieto el cuerpo y mover sólo el culo para incrustar y sacar, volver a incrustar, volver a sacar, etc. Así es como entra y sale más la polla y se frota mejor contra las paredes del agujero elegido. Se puede efectuar a distintas velocidades según cada circunstancia. Eso es «culear»: hay quienes lo saben hacer bien y quienes, bueno, digamos que se apañan. No todo el mundo culea bien. En las películas porno, si te fijas, apreciarás bien las diferencias. Algunos tíos son geniales de lo bien que se culean a las putas. Bueno, también las tías podéis culear. Por ejemplo, si os colocamos de pie, con un dedo o con la mano en vuestro coño y os decimos que os mováis para para pajearos vosotras mismas. O si nos montáis encima cuando nos tumbamos de espalda, podéis empotraros la polla y culearnos para darse mutuo placer… ¿Ves?

    —Oye, y tú, ¿tienes fantasías sexuales?

    —No muchas, la verdad. La más habitual es que estoy paseando sola por el Parque del Oeste y se me va acercando un hombre. Yo trato de alejarme por distintos paseos pero él siempre me sigue. A veces se me cruza por otro paseo y noto que está tocándose ahí abajo de forma descarada para que yo lo vea… Eso me excita mucho. Me da miedo porque es atardecido y no veo a casi nadie. Por fin se me acerca por detrás y empieza a decirme obscenidades: «que si eres una puta, que si te deseo, que si tienes el chocho lleno de pelos y bien húmedo, que a ti ya te ha follado más de uno, so guarra!, que mira que te gusta hacerte pajas cuando no te ve nadie, ¿a que sí? zorra!». Eso me pone a cien. Se me acerca y ya oigo su respiración. Me toma del brazo y me ordena: «quieta aquí ya, joder. Bésame, puta!». Yo al principio y por miedo le doy un beso en la mejilla pero enseguida él me lleva tras unos arbustos y me abre la boca con su lengua, morreándome a sus anchas. Me resisto pero empieza a gustarme. Me mete una mano por debajo de la falda. Le digo «no, no, por favor…», pero él me obliga, me pone de rodillas, se la saca y me dice que se la chupe. Lo hago con miedo, con desgana. «¡Así no! ¡¡Con más ganas, zorra!!», me chilla y tengo que poner una pasión que empiezo a hacer mía poco a poco. Cuando ya se calienta… acaba violándome. A veces me pega alguna bofetada. Luego me pone a cuatro patas, me quita las bragas bruscamente, me sube la falda a la cintura y separando bien mis piernas se coloca por detrás de mí, arrodillado, y me la clava toda entera sin ningún respeto. Se agarra fuerte a mis caderas y me culea para masturbarse la verga dentro de mi coño hasta que siento dentro los chorros de su leche ardiendo. Luego, cuando se ha satisfecho, me la saca y me obliga a chupársela otra vez hasta que se la dejo bien limpia.

    —Y ¿te masturbas con esas fantasías?

    —Sí, claro: lo hago para eso precisamente, para excitarme y mojarme más porque mientras pienso en esas violaciones me estoy acariciando el clítoris en la cama o a veces en un sofá.

    —¿Cuántas veces crees que te habrás hecho la paja en tu vida?

    —Ni idea. Nunca me he parado a pensarlo. Quizá cientos, miles, no sé.

    —Y ¿te has masturbado pensando en mí?

    —Por supuesto que sí, muchas… muchísimas veces!

    —…imaginando que yo…

    —Claro, claro, que me hacías de todo…

    —Eres una puta, una zorra! ¿Lo sabías? (cuando empecé a llamarle «puta» se extrañó y protestaba para que no la llamara así pero se fue acostumbrando pronto y no solo admitía que yo me dirigiera a ella así siempre que estábamos follando sino que acabó encantándole que yo le dijera «puta, ponte así», «puta, mañana voy a usarte …», etc.)

    —Pues sí, reconozco que me siento como una puta pero no más que cualquier mujer. Todas sin excepción somos unas putas y estamos loquitas porque nos jodáis vivas. La que diga lo contrario, miente.

    —Si es que lo malo de las putas es que la mayoría son pobres y lo hacen para tener ingresos. Eso y la explotación que sufren muchas veces. O para el vicio de la droga en que se meten. Pero hay otras putas, minoría bien es cierto, que de alguna forma lo eligen ellas.

    —¿Tú crees?

    —Sí, pero ya digo que pocas. En eso somos una sociedad hipócrita. Pagamos a gusto a quienes nos divierten o a quienes nos hacen cuidados estéticos, etc., pero aún no vemos con naturalidad el hecho de pagar a quienes nos dan placer sexual.

    —Desde luego que no.

    —Ya. Pero yo pregunto: un soltero o soltera, al que quizá no le resulta fácil, por timidez o por lo que sea, conseguir una chica o un hombre con quien satisfacerse, ¿qué hace?… ¿aguantarse?… y, ¿las viudas como tú… o los viudos? O incluso los casados que tiene que pasar fuera temporadas trabajando, marinos por ejemplo.

    —Sí, claro, llevas razón.

    —Ten en cuenta además que muchas mujeres sin ser oficialmente putas, de hecho se prostituyen. Muchas universitarias se sacan así dinero para matrículas, libros, ropa, caprichos. Mujeres a las que no les llega el dinero a final de mes; a algunas incluso se lo sugieren sus maridos, que les proporcionan los contactos entre los propios compañeros de trabajo. Mujeres de pescadores que están fuera de casa varios meses seguidos consiguen así satisfacerse y ayudarse económicamente. Alumnas que se entregan a su profesor a cambio de un aprobado. Empleadas o secretarias que aceptan entregarse a clientes de la empresa o a sus propios jefes para medrar. Chicas del servicio doméstico que no rechazan el uso de su cuerpo por parte de sus empleadores domésticos. Un sinfín de situaciones. Yo no lo veo mal. No me parece que por ello pierda ninguna su propia dignidad, ni su honradez o decoro, ni son inmorales. Son personas realistas simplemente y están abiertas a disfrutar de la vida sin prejuicios.

    —La verdad es que yo tampoco lo veo mal.

    —Pues eso… Fíjate, sólo en Madrid he leído que existen más de 10.000 putas «oficiales», y 500.000 en toda España. O sea, el 3 % de las mujeres que están en edad de poder ejercer de putas. Y según una encuesta sociológica sobre Hábitos y Costumbres, calculan que unas ciento ochenta mil madrileñas intercambian con cierta frecuencia favores sexuales por beneficios materiales. La diferencia es que éstas no tienen dedicación exclusiva como las putas de profesión. Pero, fíjate, en esta ciudad, una de cada diez mujeres!: si se lo propones en el momento adecuado, a cambio de lo que necesita, se deja desnudar y se te abre de piernas. Y son nuestras vecinas, nuestras compañeras de trabajo, la chica de al lado en el autobús…

    —Y tú, dime, ¿has estado alguna vez con putas?

    —Sí. Cuatro o cinco veces. Cuando ya no podía más.

    —Tengo mucha curiosidad. ¿Cómo lo hacías?

    —Bueno, yo no iba por la calle buscando… Leía las ofertas en un periódico y llamaba a la que me parecía.

    —Y ¿qué ocurría luego?

    —A la hora o así de la llamada de teléfono se presenta en casa.

    —¿Aquí?!!!

    —Claro ¿dónde va a ser? Entra, te da un par de besitos y te pide hacer una llamada a su central para decir que ha llegado y que todo es correcto. A continuación te pide el importe de su servicio, en metálico o con tarjeta, como quieras. Luego ya nos sentamos, le ofreces alguna bebida y, como tampoco se dispone más que de una hora de tiempo normalmente, yo lo que hacía era colocarla aquí en medio del salón de pie. Empiezo a mirarla con descaro a su alrededor y a decirle lo cojonuda que está, le levanto las faldas o le digo que se siente con las piernas separadas para asomarme a verle su tanga. Luego le meto las manos por dentro del sujetador para acariciarle las tetas o por dentro del tanga para sentirle el chocho, el culo. La coloco de pie aquí en medio, como me apetece, para sobarle a conciencia sus intimidades. Es curioso, pero esa forma de relación con otro cuerpo humano es bien distinta de la que suele darse en una pareja, donde las cosas son menos descarnadas, como mucho más inhibidas. Y a veces más rutinarias, no sé, te sientes menos libre aunque entiendo que no debería ser así. Pero es así.

    —Y ¿luego…?

    —Yo solía decirles bastantes obscenidades y besarlas con lengua por dentro de la boca. Y cuando estaba ya bien caliente, pues nada, la colocas en la posición que más te apetezca en ese momento, te desnudas, la desnudas, te pones el condón y le metes la verga de un empujón. Quizá algo que tú no sabes es que las putas no suelen quitarse los zapatos: ellas siempre se los dejan puestos, no sé porqué. Es ya una tradición, un distintivo, y se las folla con los zapatos puestos. Antes llevaban también una cadenita en el tobillo para mostrar discretamente su condición y facilitar que las solicitaran sin tener que hacer poses obscenas. Por eso yo no permito que te quites los zapatos, lo habrás notado. Ni a ti, ni a Pilar, ni a Cachuli, ni a ninguna que no sea mi pareja le permito que se quite los zapatos: quiero que os sintáis putas. Me gusta mucho el juego de trataros como a putas. Pero yo he sido siempre muy educado y cariñoso con ellas, sin olvidar que son profesionales que se han colocado desnudas y abiertas de piernas frente a ti para que las jodas, para darte ese servicio precisamente. Así que las he usado sin rodeos ni miramientos y ellas han salido siempre encantadas del trato recibido. A alguna le pregunté qué tal éramos los clientes a los que atendía. Y me contestó que, en general, muy educados y muy agradables, que ese era su trabajo y estaba contenta con él.

    —¿Sí…?

    —Es más, me decía que a ellas les gustaba entregarse desnudas a sus clientes. Que les gustaba ganarse su sueldo. Ja, ja, ja… Que era su profesión y que se ponían delante de los hombres para que nos satisficiéramos con su cuerpo. Que les hiciéramos lo que quisiéramos –tratándolas bien, claro—pero que no nos quedáramos con ganas por no habernos atrevido a hacerles lo que fuera. Una vez vi en una película a un militar inglés, de la época clásica, que entra en la mansión de un patriota enemigo, coge a la casta esposa de éste, le retuerce el brazo por la espalda y colocándola contra una mesa le obliga a apoyarse sobre ella y levantarse las faldas. A las putas no se les habla, se las folla!, exclama. Y diciéndole eso, se la clava y la viola para degradarla. Ya ves. Aunque aquella mujer de la película no fuera puta, llevaba razón: por eso yo apenas hablaba con las putas que me tiré, las follaba!

    —Pero, según tú, entonces ser puta no es degradante…

    —No. Para nada. ¿Por qué va a serlo? Cada cual nos ganamos la vida con nuestras propias habilidades, siempre damos algo a cambio: una prestación, un servicio, ¿no? Pues hay hombres y mujeres que prestan ese servicio con su cuerpo y su capacidad para dar placer con él a otras personas. Ésa es su moneda de cambio. ¿Dónde está escrito que es más digno, más limpio hacer una aportación intelectual a un proyecto, por ejemplo, que satisfacer las necesidades sexuales de otros con la belleza y seducción del propio cuerpo? Sí que hay prejuicios sociales estúpidos, hipócritas, vale; pero no razones lógicas ni éticas. Me parece a mí.

    —Y ellas… ¿gozarán? ¿Tú crees?

    —La mayor parte de las veces, imagino que no. Alguna, mientras la estás culeando, se excita y se ayuda con masturbación. Ahora he leído que se está poniendo de moda lo que llaman un «polvo en seco»…

    —¿Sí?… Y eso… ¿cómo es?…

    —Consiste en clavaros la verga sin daros tiempo a que os excitéis y os mojéis. Se suele hacer con prostitutas. El usuario la descubre de cintura para abajo nada más empezar con ella, la recuesta o la tumba y, sin perder ni un instante, la penetra cuando aún no le ha dado tiempo a la chica a segregar ni una sola gota de flujo. Su vagina ofrece mucha más resistencia al ingreso del pene invasor. Así su propietario disfruta más la clavada y el posterior culeo. Cuando disponéis de tiempo previo, con caricias, etc., se os «encharca» la raja y la polla nota mucho menos el túnel del chocho. La chica se duele más con este sistema pero ¿qué le va a hacer?, está allí para dar gusto, no para gozarse ella.

    —Y eso ¿lo utilizan también las parejas?

    —Pues la verdad es que no lo sé. Es un método bastante agresivo, así que imagino que se usa con putas preferentemente, que les es más difícil negarse.

    —No, te lo digo porque a mí me resulta familiar la cosa…

    —¿A ti…?!

    —Sí, a mí…

    —No te entiendo. ¿Cómo eran tus relaciones sexuales con mi suegro?

    —Pues no sé, normales ¿qué quieres que te cuente?

    —Quiero que me cuentes cómo te lo hacía, cuándo, dónde, cuántas veces… todo eso. Tengo mucha curiosidad!

    —Ja, ja, ja… nunca lo he comentado con nadie: me da mucha vergüenza!

    —Pues esta es la ocasión. ¿No te resulta excitante comentarlo? Conmigo puedes tener confianza. Además, después de lo que estamos haciendo no creo que hablarlo te cueste más que dejarte usar desnuda por mí. A mi antojo. ¿No crees?

    —Sí, es verdad. Hablar no va a ser peor que hacer.

    —Pues venga, quiero que me lo cuentes todo con pelos y señales. Además quiero que uses esas palabras que… tú ya me entiendes: que no te andes por las ramas y utilices las palabras más obscenas que conozcas.

    —Uf! Peor aún. No sé si me atreveré. Bueno, era un poco especial. Supongo…

    —¿Especial?

    —Sí. Me habló antes de casarnos.

    —Hasta ahí no hay mucho de especial.

    —Él me dijo que quería una puta en casa.

    —Muy sincero! Creo que eso es lo que queremos todos!

    —Y que antes de casarnos me lo pensara bien porque no admitiría la menor negativa nunca.

    —Perdona, una pregunta ¿te había follado ya algún hombre?

    —No, no. Qué va.

    —O sea que te arreglabas haciéndote las masturbaciones normales ¿no?

    —Claro, claro. Lo normal, me daba muchas porque me encantaba…

    —Bien, sigue.

    —Me explicó que eso de hacer el amor en la cama en plan enamorados de película no le satisfacía. De vez en cuando también lo hacíamos, no creas. Toda la vida. Pero él deseaba tenerme siempre a mano y lista para cuando le entraran ganas. Me dijo que no querría andar tanteando, a ver si esta noche sí, ésta no sé qué… bueno, ya sabes, eso que pasa en los matrimonios.

    —Vaya si lo sé. Lo sabemos todos. Qué astuto el tío! Bien, y, entonces?

    —Bueno pues que se acercaba de pronto, me agarraba del brazo o del hombro y me decía «quítate las bragas». O me metía las manos por debajo de la falda y me las bajaba él mismo sin previo aviso.

    —Pero ¿cuándo? ¿Dónde?

    —Ah, en cualquier sitio de la casa, y a cualquier hora, no vayas a creer. Claro que se aseguraba antes de que no estuvieran las criadas ni lo niños.

    —Así que si estabais solos los dos, tú ya te mosqueabas.

    —Bueno, no siempre pero muchas veces sí.

    —Y luego ¿qué más te hacía? Sigue, sigue que esto me está poniendo de un caliente!

    —Generalmente me llevaba al salón o a la cocina. Depende. Me colocaba él en la posición que le apetecía y yo me tenía que levantar las faldas.

    —Y ¿en qué…?

    —Casi siempre era en el salón, de espaldas a él, de pie, bien agachada con los brazos apoyados en un sofá y las piernas muy separadas para facilitarle… Si era en la cocina, pues entonces me colocaba de frente con el trasero recostado contra una mesa para hacérmelo de pie; a veces me tumbaba sobre mi espalda al borde de esa mesa.

    —Y tenías que sacar bien el culo para…

    —Claro, claro. Él me había enseñado cómo le gustaba y yo me ponía así sin decir palabra. Era como tú, que decía así y sin rechistar.

    —O sea, muy posesivo y agresivo ¿no?

    —Sí, sí, sí, pero es que a mí me encanta así. De veras. A mí me gusta que el hombre me domine y me mande. De siempre, pero es que con él además me acostumbré a eso. Las mujeres tenemos menos imaginación que vosotros y somos más retraídas, más tímidas. La peor parte la lleváis vosotros porque se os tiene que poner dura, tenéis que ensartarnos y luego culear para haceros la paja dentro de nosotras. Mucho más trabajo que el nuestro, que lo único que tenemos que hacer es abrirnos de piernas. Con eso hemos cumplido. Como para encima andar una mujer con remilgos de igualdades y bobadas…

    —Me gusta que lo veas así: yo estoy plenamente de acuerdo.

    —Además a vosotros os urge más: cuando estáis salidos os joderíais a una vaca!

    —Hombre, precisamente a una vaca… no! Pero también nos gusta que seáis activas y…

    —Vale. Si lo queréis pues nos lo decís y os hacemos las cositas que nos encarguéis, pero…

    —sí, si llevas razón: yo prefiero a las tías que se someten a mis caprichos.

    —Si es que es mucho más cómodo para nosotras y para vosotros. Todos contentos ¿no? A las mujeres nos gusta que nos digáis cosas bonitas y cosas guarrísimas, que nos metáis mano, nos sobéis hasta hartaros, que nos coloquéis como queráis para daros los gustazos, que nos espiéis mientras nos desnudamos, que nos jodáis vivas y que nos hagáis la masturbación. Todo, pero todo, eh? Y la que no lo reconozca miente, porque por dentro somos todas unas putas aunque por fuera nos hagamos las finas y las educaditas. Si fuéramos a ver lo que pensamos y deseamos… yo creo que os caías de culo…

    —Bueno, sígueme contando que está muy interesante. Porque supongo que hay más.

    —No, si ya hay poco más.

    —¿Cómo le gustaba ensartarte?

    —Ay, pues a lo bestia: se ponía detrás de mí y zás!, de un solo golpe hasta dentro. No creas que andaba con preparaciones, tanteaba con la punta de la polla el agujero y una vez enfilado, de un solo empujón porque decía que prefería que estuviera «seca» para hacer más fuerza y que no le resbalara al entrar. Le gustaba vencer esa resistencia. No quería encontrarse el chocho encharcado y por eso no me daba tiempo a lubricar, a humedecerme.

    —Y te gustaba…

    —Me volvía loca sentirme medio atacada. Mis fantasías tratan casi siempre de que soy violada. Y luego me bombeaba, me culeaba agarrándome por la cintura hasta que se venía y se vaciaba dentro de mí. Yo creo que antes de conocerme a mí, él se había acostado con profesionales. Juergas con los primos, los amigos, ya sabes. Bueno, no es que lo crea: estoy segura de ello! Entonces el sexo matrimonial se le hacía insípido. Además a mí siempre me ha atraído mucho sentirme dominada. No digo que no sea muy bonito acariciarse y besarse antes de hacer el amor, pero por variar… Además si él me lo pedía no se lo iba a negar.

    —Te gusta que te ordenen ¿eh? Ser una sumisa… una esclava…

    —Sí, me gusta que el hombre lleve la voz cantante. Me da mucho placer y mucho morbo que me obliguen…

    —Vaya… vaya…! Por eso tu principal fantasía es que te violen ¿no? Dicen que todas las mujeres tienen fantasías en que son violadas. No sé si será cierto.

    —Yo creo que sí. Yo soy romántica en el amor pero en cuanto al sexo, prefiero ser sumisa y obedecer. Me resulta muy excitante!

    —Pero, y tú, ¿tú no contabas o qué?

    —A veces sí, pero después de él. Y si no, pues ya me daba yo masturbación si me había quedado caliente.

    —Por eso decías que te resultaba familiar lo del «polvo en seco» ¿no?

    —Claro. Él no me daba tiempo a mojarme…

    —¿Y duele más?

    —Ya lo creo…! Además te sientes muy utilizada para el placer de otro.

    —Eso ¿te gustaba?

    —Pues sí, mucho. Me tenía mandado que cuando yo le viera así, tenía que dejar a la velocidad del rayo lo que estuviera haciendo y desnudarme. Aprendí a hacerlo en tres segundos. Me quitaba todo menos los zapatos. Como tú decías antes lo de los zapatos puestos de las putas, ahora entiendo porqué el no me permitía quitármelos casi nunca: quería tirarse a su mujer como a una puta! Aunque a veces, después de correrse, me hacía la paja a mí.

    —Vaya, qué detalle! Por lo que cuentas, hablabais poco.

    —Nada. Cuando me lo hacía, sólo las órdenes que me daba. Ponte así, o haz esto, o lo otro…

    —Y eso… te gustaba… quiero decir, que no te sentías…

    —No, no. No sólo no me molestaba sino que parecía natural: para eso me tenía a mí, para darse gusto. Y a mí me encantaba que se lo diera conmigo.

    —Qué bien. Me encanta. A mí me gusta que la mujer durante el sexo sea sumisa y no rechace nada. Lo que pasa es que… bueno, y ahora más con eso de la igualdad de sexos, pues las mujeres estáis cogiendo el rábano por las hojas: que si esto sí, que si aquello no, que tú qué te has creído, que así no me gusta, que si yo prefiero… Una lata. Con lo bonito que es sentirse dominado por otra persona. Yo entiendo y admito que si alguien no quiere sexo, diga no, no me apetece. Vale. Es su opción. No le atrae, o tiene miedo, o no se atreve. Vale. Lo que sea, se acabó. De acuerdo. Pero si dice sí, es sí. Con todas sus consecuencias. Y no puede negarle nada al otro. Nada. Creo que debe dejarle usar de cualquier iniciativa y satisfacerle cualquier deseo. Aun a costa de un dolor siempre que sea llevadero y soportable. Por ejemplo: dejarse encular, ser dado por el culo; o dejarse azotar, dar fustazos: pues claro que duelen, joder, pero si se dan con moderación, en cualquier sitio, pues hay que dejarse. El sadismo y el masoquismo son fuentes de placer. Lo mismo que el exhibicionismo, el voyerismo, etc. Yo creo que en esto, como en casi todo en la vida, hay que manejar la sensatez y el equilibrio. Y tener un verdadero cariño siempre hacia la otra persona. Un respeto aun dentro del juego. Por eso yo nunca he forzado a nadie pero prefiero, con mucho, que se fíen de mí, que no me rechacen nada de lo que deseo, que no es malo. Para nada. A lo mejor no es habitual. Vale. Pero yo no quiero que mi pareja pase un mal rato, quiero que se excite, que pruebe cosas con valentía porque ahí muchas veces hay un placer por descubrir, una novedad. Joder, es que la rutina es tan coñazo!… Además hay mucha gente con menos imaginación que un mosquito y con más miedo que vergüenza ante cualquier cosita nueva… Rechazo todo ataque profundo a la libertad. Tomar lo ajeno por la fuerza, robarle su tiempo, su dignidad, sus posesiones… tomar la carne de alguien para usarla como placer de la propia… por ejemplo, las violaciones cuando son claras, definidas, brutales; cuando no hay vuelta de hoja: mire usted, lo mire por donde lo mire, eso es violación. Pues no, ni hablar. Es un crimen. O el abuso sexual con niñas o adolescentes. No están preparados, no entienden nada, es un trauma, es un crimen! y punto. Aparte de que luego ¿a ver cómo se recuperan, cómo se «curan» de esa agresión? Qué horror…! Los ataques a la libertad me parecen condenables y dignos de cárcel, así sin más: que aparten al agresor de la sociedad por el tiempo que se juzgue.

    —Oye, y ¿a qué edad crees tú que es mejor perder la virginidad…?

    —Hombre, quizá la mejor… pues no sé… entre los 16 y los 18. Me parece. Pero depende de cada chica, de su madurez, de su precocidad, de su impaciencia por catar la verga… Yo creo que en la mayoría de los casos a las chicas las desvirgan hoy en día sus propios compañeros de clase, de acampada… pero como ellos están igual de nerviosos, pues se dejan desvirgar regular o mal. Muchas veces en los servicios de las discotecas, de pie… con un medio pedo o un pedo entero… si no es colocados además con pastillas… Pero, bueno, en general todo se supera… Sí, creo que ninguna deberíais llegar a cumplir los 19 sin que alguno os hubiera inaugurado el coño. Y en teoría, mejor que os abriera algún adulto, que siempre tendrá más experiencia: algún primo, vecino, cuñado, algún amigo del hermano mayor… O… el propio hermano mayor! o el tío carnal!, ¿por qué no…? Qué coño! Ningún problema… Pero, bueno, en fin, por lo demás… pues bueno, qué bien… ¿no?… Qué bonito ser libre y jugar con nuestros cuerpos ¿verdad?… Por ejemplo… tú… ¿eh, zorrona…? Que bien que te gusta todo lo que te hago… ¿a que sí…? A lo mejor, hasta podía haberme lanzado antes a…

    —Sí, sí, ya sabes que me gusta. Lo reconozco. Y no, no creas, tampoco antes. Ha estado muy bien todo el jueguecito anterior. Es que me ponías… cómo me ponías…! Por cierto, una pregunta…

    —Dime…

    —Tú no has sido muy practicante, muy creyente, vamos. Pero ahora llevas una temporada que… bueno, no sé, has cambiado…

    —Ya. Y te preguntas que cómo hablo así, ¿no? ¿Que cómo es compatible con…?

    —Sí, sí, eso…

    —Esto sería para hablar largo y tendido. Ya hablaremos más despacio. Pero, bueno, te diré que, a raíz de la muerte de Cristina he pensado mucho como sabes. Creo que Dios nos hizo así, con capacidad para sufrir y para gozar, y que prefiere el gozo al sufrimiento: a veces éste es inevitable aunque tenemos que luchar contra él para suprimirlo. ¿Podía haber hecho otro mundo distinto, sin dolor? No sé, seguro que sí, pero lo que sé es que estamos en éste, que es el que hay. Y nos ha dado un cuerpo para que lo desarrollemos, para que lo vivamos y lo disfrutemos. La iglesia católica, el cristianismo -al que he vuelto de otra forma- fue perdiendo ciertos nortes desde hace siglos. Dramáticamente. A mi entender, su razón de ser es la de dar testimonio de amor y de justicia. En especial con los más débiles, con los más pobres. Con la propia vida si es preciso. Y eso no tiene nada que ver con la moral y menos con la sexualidad.

    —Entonces… Todo lo que nos contaban…

    —Patrañas! Rollos macabeos de eclesiásticos incultos. No tiene nada que ver con…

    —Pues, anda que…

    —Ya, ya. Pero perfectamente compatible con disfrutar del sexo. Y, de momento, vamos a dejarlo. Volvamos a lo nuestro ahora… ¿quieres?… Venga, vale. Por cierto, tú decías que… te pajeabas, ¿cuándo empezaste a llevarte la mano sobre tu raja para darte gustos…?

    —Pues de niña, desde que tengo recuerdos. No sé. Una vez, algo más mayor ya, con el movimiento del tranvía me excité y me corrí allí mismo.

    —Verías muchas veces desnuda a tu hermana ¿no?

    —Muchas.

    —¿Nunca te atrajo?

    —La verdad es que no.

    —¿Te gusta cómo te uso yo sexualmente?

    —Sí, mucho. Mucho! Me vuelves loca. Anda, úsame, bésame! Y hazme lo que te venga en gana para darte gusto, que así me lo das a mí también.

    Y ella abría su boca de par en par para que yo le metiera la lengua y me la comiera entera. Y su coño. Y sus tetas y el agujero de su culo. Y toda ella hasta que volvía a explotar de gusto. Un día le pregunté a mi suegra:

    —¿Hace años que tú, Elvira, me deseas a mí, verdad?

    —Pues… sí, claro…! La verdad es que sí!

    —Y tú ¿sabías que yo iba a por ti cuando me aparecía en slip o en pijama delante de ti dejándome ver los pelos de mi vello púbico o mis cojones?

    —Cómo no iba a darme cuenta: de todo! ¿Cómo no iba a saber que me tenías ganas? No soy tonta. Notaba perfectamente todo lo que hacías. Todo! Anda que cuando te pusiste a hacerte la paja en medio del salón…!!!

    —Y luego tú te dabas masturbación a tu chocho recordándolo, ¿no?

    —Por supuesto! Cada vez que te mostrabas así… sin ropa. O cuando te lo hacías ahí detrás en el baño… para que te oyera. Y en aquella ocasión, cuando volví a mi cuarto asustada por haberte visto en el salón, desnudo y cascándote la paja en la verga, me tumbé en la cama muy abierta de piernas, me subí el camisón y me puse a darme masturbaciones: varias veces. Como una loca. Desde que me dijiste que te gustaría hacerme el amor… al salir de la ducha, ¿te acuerdas? Y la primera vez que te vi en slip me gustaste con locura y empecé a desearte mucho. Esperaba ansiosamente volver a verte provocándome así, medio desnudo o sobándote: si algún día en que yo observaba que tenías oportunidad y no lo hacías, me sentía muy frustrada y temía que dejaras de mostrarte así, de provocarme, pero yo tenía que hacerme la ignorante y la estrecha porque nos han educado en que eso es malo; mirarte sin que te dieras cuenta de que yo te miraba ahí abajo y de que a mí me chiflaba. Lo que nunca llegué a pensar es que acabarías atreviéndote a joderme tan sabroso.

    —¿Qué hacías mientras escuchabas los ruidos de mis pajas desde el baño?

    —Bueno, lo dejaba todo porque me excitaba mucho. Me colocaba al lado de la ventana, me apoyaba en la lavadora y me subía la falda. Mientras escuchaba los golpes de tu mano sobre tu vientre al pajearte yo me metía la mano por dentro de las bragas y me tocaba…

    —Y… ¿te acababas?…

    —Sí, sí, claro. Cuando sentía que tú ya te estabas yendo y escuchaba cómo empezabas a quejarte fuerte, también yo me terminaba lo mío…

    —Cómo me alegro de que te gozaras: de haberlo sabido hubiera salido corriendo hacia la cocina para follarte allí mismo, pero como no lo sabía pues tenía que ir más despacio. A ver, Elvira, me voy a rasurar toda esta molesta pelambrera de la polla y de los cojones, ven y no pierdas detalle, le dije.

    Yo siempre he alternado temporadas afeitado con otras en que me dejaba crecer el pelo natural de toda esa zona; porque pronto caí en la cuenta de que casi la mitad de mis 16 centímetros de polla tiesa permanecía oculta por un muy tupido y larguísimo vello y las formas redondeadas de mis huevos casi ni se adivinaban. Ahora dedico cinco minutos de mi ducha matinal a afeitarme totalmente por delante, por debajo y por detrás. Tanto el hacerlo como acariciarme esa zona perfectamente rasurada a lo largo del día me produce un efecto muy erótico y me gusta empezar cada día dedicando ese rato a las zonas más erógenas de mi cuerpo.

    El caso es que fui al baño y volví con todo lo necesario. La puse bien cerca de mí para que contemplara cómo iba cortándome primero con unas tijeras la larga y espesa mata de pelo que recubría mis genitales y luego le mandé que ella misma fuera sujetando cada zona a medida que iba lentamente afeitándomelo desde algo más arriba del ombligo hasta bien empezada la espalda por detrás, como un niño impúber pero completamente limpio (y me ha gustado tanto ir afeitado que ya no soporto desde entonces tener mi sexo en medio de tan espesa pelambre), tan limpio como mi cara y ya sólo puedo usar tangas pequeños que me sujeten el paquete por delante y una cintita muy ceñida a la raja de mi culo: de hilo dental. Cuando te acostumbras ya no puedes prescindir de ellos y cualquier otra prenda te parece una manta. Resulta muy erotizante sentir esa presión y ese toque del hilo elástico en el ojal del ano, y con los cojones muy ceñidos y levantados.

    —Ve a la cama, puta! —le dije cuando hube acabado de afeitarme— y espérame allí boca arriba, con las piernas bien abiertas y separándote los labios del chumino con las manos. Ah, y no olvides ponerte una almohada debajo del culo para que te quede el chocho bien alto y ofrecido. Ella obedecía ya sin rechistar todas mis órdenes. Después de lavarme y secarme bien, con calma para hacerle esperar y que fuera tomando conciencia de que estaba a mi disposición, me dirigí a donde ella me esperaba tal y como yo le había mandado y la monté sin miramientos. Ábrete bien esa raja de puta que tienes, que te voy a clavar la polla en ella, golfa!

    —Sí, sí, húndela en mi coño… La penetré de un solo empujón y comencé el vaivén, dentro y fuera, dentro y fuera, para masturbarme la verga con el interior de su chocho mientras ella me acariciaba la espalda y el culo.

    —Así es como hay que follarse a las furcias como tú, guarra…! A las putas no se les habla, se las folla! ¿Recuerdas…?

    Y la culeaba hasta encharcarle el coño con mis chorros de lefa espesa, ardiente, dándome con ello ese placer indescriptible que tú tan bien conoces porque lo experimentas a menudo ¿verdad?…

    De ésta o parecidas formas fui utilizando a mi suegra Elvira para mi placer durante cinco o seis años hasta que por circunstancias de la vida ella ha se ha ido a vivir a una ciudad muy distante.

    Creo que, si deseamos a cualquier mujer, merece la pena intentarlo. No importa su condición: ¿no crees?

  • Cuidando a mi sobrina huérfana

    Cuidando a mi sobrina huérfana

    1

    Cuando me enteré de que mi hermano había fallecido, no supe cómo reaccionar. Teníamos el mismo padre, pero él fue producto de una relación anterior, cuando todavía no se conocía con mi madre.

    Por celos y desconfianza, mamá nunca había permitido que José forme parte de nuestra familia. Yo, si bien estaba consciente de que teníamos la misma sangre, no albergaba los sentimientos que deberían tener los hermanos. Para mí, era más bien, un primo, o un tío más, al que veía un par de veces al año.

    No es que me llevara mal con él. Al contrario, tengo gratos recuerdos suyos. Como me llevaba diez años, solía contarme cosas que siendo chico no conocía. Fue el primero en mostrarme una mujer desnuda en una revista porno. Recuerdo que al ver el sexo femenino, totalmente expuesto, me causó una sensación desagradable, aunque, claro, con el tiempo fui comprendiendo las bondades de la vagina.

    Pero luego nos fuimos distanciando. Él, ya adulto, se había mudado lejos, y había formado una familia. Estaba casado con una mujer muy linda, y cuando yo rondaba los quince conocí a su hija, una nena de dos años que le encantaba que le alce upa.

    Pero la noticia de su fallecimiento me llegó a mis treinta y un años, hecho un profesional, con varias separaciones en mi haber, por lo que, en lugar de abatirme por saberlo, sólo me limité a caer en recuerdos nostálgicos que no llegaban a entristecerme del todo.

    Sin embargo, todo tiene sus consecuencias, y cuando mi hermano dejó de existir, sin saberlo, fue el responsable de hacerme experimentar una de las experiencias más pasionales y morbosas que haya vivido.

    2

    — Es que no tiene a nadie Gabriel, la tenemos que cuidar nosotros. — dijo mamá.

    — No sabía que su mamá también se había muerto. — comenté yo.

    Estábamos con mamá y papá, tomando mates, mientras conversábamos sobre el reciente fallecimiento de José.

    — Nosotros tampoco. — dijo papá. — pero nos enteramos de que hace dos años tuvo un accidente.

    — ¿Y sus parientes del lado materno?

    — Su familia es una mierda Gabriel. — se indignó mi madre. — no la van a ayudar. Es la nieta de tu papá. — dijo, apretando la mano de papá, en el gesto más tierno que vi en mucho tiempo. — Yo le negué que se relacione con su hijo, por estupideces de la juventud. Pero ahora me siento arrepentida, saben. — se puso a llorar. Me dio mucha pena.

    — Tranquila Mechita, eso ya está. — dijo papá, consolándola. — lo importante es que ahora cuidemos de la nena.

    — ¿Pero por qué se tiene que quedar en mi casa? ¿No es mejor que se quede con ustedes? — inquirí.

    — Vos tenés más espacio Gaby. Ya sé que hiciste esa pieza para cuando tengas una familia. Te prometemos que cuando podamos, le vamos a hacer un cuarto acá adelante a la nena, pero mientras, dejala que duerma ahí. — explicó papá. — la vamos a cuidar nosotros. Vos no tenés que hacer nada, sólo deja que duerma en la habitación de más que tenés en la casa del fondo.

    — Bueno, por lo visto no me queda otra…

    3

    Nunca terminé de independizarme de mis viejos. Cuando pude juntar un buen montón de plata, me di cuenta de que no me alcanzaba para comprar una casa, y como no me gustaba ponerme en deudas, para ahorrar, utilicé el mismo terreno donde viven mis viejos, y levanté una linda casilla, ahorrándome unos buenos mangos.

    Pero era un poco incómodo, porque ellos vivían adelante, y teníamos un solo portón para entrar y salir, por lo que ellos conocían todos mis movimientos.

    Mi sobrina llegó una tarde calurosa de marzo. “La nena” como le decía mamá, se llamaba Micaela y tenía dieciocho años.

    Cuando mis padres me avisaron de que había llegado fui a recibirla junto a ellos.

    — Hola Mica, bienvenida. — la saludé, mostrándome lo más simpático posible. A pesar de que, de alguna manera, venía a irrumpir en mi apacible vida, debía hacerla sentirse cómoda, puesto que acababa de perder a su padre, y no hace mucho había perdido a su madre.

    — Gracias. — dijo ella. Estábamos en el living de la casa de mis viejos. Papá cargaba los bolsos que ella había traído.

    — ¿Qué querés tomar nena? — preguntó mamá, desde la cocina.

    La nena tenía la boca grande y los labios gruesos, pelo castaño ondulado, y ojos verdes grisáceos.

    — Un vaso de agua nomás. — dijo.

    — sentate querida, sentate. — dijo papá, y luego se dirigió a mí. — Gaby, andá llevando los bolsos a tu casa. Después te ayudo.

    — No te preocupes viejo, yo puedo solo. — dije, y fui llevando los bolsos mientras mis viejos, le hacían un sutil interrogatorio a la pobre Micaela.

    — Después Gaby te va a mostrar tu dormitorio. Vas a dormir en la casa del fondo, donde vive él, pero hacé de cuenta que esta es tu casa. — le dijo mamá, cuando me sumé a la reunión. — podés venir a ver la tele, o a hacerme compañía.

    Micaela me escrutó con sus ojos, yo le sonreí, tratando de ocultar la incomodidad que todavía me causaba su intempestiva irrupción en mi vida.

    — Cuando quieras vamos y te muestro.

    — Dejala descansar que recién llegó, pobrecita. — dijo mamá.

    —Pero si no la estoy apurando. — me defendí.

    — Está bien, no estoy cansada, vamos ahora si querés.

    Fuimos a mi casa, mientras mis viejos se quedaban cuchicheando.

    — Acá está bueno para sentarte a leer o a hacer la tarea. — le dije, mostrándole el banco y la mesa de cemento que estaban bajo un árbol, en medio del terreno que compartía con mis viejos. — Me dijeron que vas a la escuela todavía ¿no?

    — Si, tuve que repetir un año. — dijo, algo avergonzada. — pero tendría que anotarme en una escuela de acá, y no sé si será muy tarde ya.

    — Mamá se estaba ocupando de eso, no te preocupes. Vení, pasá.

    Entramos a mi casa. Era una construcción humilde, pero acogedora. El living y el comedor compartían el mismo espacio abierto, al igual que la cocina.

    — Acá está tu cuarto. — abrí la puerta y entramos. — ahora te ayudo a ordenar todo.

    — Gracias. — dijo Micaela. — Gracias por todo. — sus ojitos verdes se tornaron acuosos.

    Pensé si era oportuno abrazarla, pero no estaba seguro de si sentiría cómoda con ese gesto.

    — De nada, para eso es la familia. — le dije.

    4

    Una vez que terminamos de ordenar todo, en la nueva pieza de Micaela, fuimos a cenar con papá y mamá.

    Ese día yo tenía franco, pero trabajaba cinco días a la semana, así que no vería mucho a mi sobrina. Solía llegar del trabajo rayando la medianoche, y por la mañana ella empezaría a ir al colegio, así que no debería preocuparme mucho por sentirme invadido en mi privacidad. Más adelante mi viejo levantaría una nueva habitación en su casa, y ya volvería a disfrutar de mi intimidad.

    Micaela se mantuvo bastante silenciosa, y ninguno de los tres (ni siquiera mamá) quiso incordiarla con preguntas.

    Fui a mi casa, y le dije que cuando quiera se vaya a dormir. Se quedó con mamá, mirando una película de adolescentes, y probablemente charlando. Se fue a dormir a las once de la noche. Se la notaba un tanto perdida, desplazándose por mi casa, la cual, seguramente le parecía totalmente ajena.

    — Sentite como en tu casa. — le dije. — duchate si querés. Ah, y si querés mirar tele, quedate todo el tiempo que quieras, aprovecha ahora que dentro de poco empezás las clases.

    — Gracias, voy a dormir enseguida.

    Me desperté a la madrugada con ganas de hacer pis. Estaba más dormido que despierto. En ese momento no recordaba nada, mucho menos que tenía a mi sobrina durmiendo en la otra habitación.

    Me sobresalté cuando la vi salir del baño.

    — Perdón tío, no sabía que te ibas a levantar justo ahora.

    Micaela llevaba un short muy corto, casi parecía un culote. Sus piernas eran largas y estaban muy ejercitadas. Sus pechos grandes, parecían querer escaparse de la remera musculosa que usaba como pijama. Noté que no llevaba corpiño. Sus ojos brillaban en la oscuridad.

    Ella pareció creer que la miraba lascivamente, porque se cruzó de brazos, y se cubrió los pechos. Además, bajó la mirada, como no queriendo mirarme. Entonces me di cuenta de que yo sólo vestía un slip negro, que se ajustaba a mi sexo generando un ostentoso bulto.

    — Perdón. — repitió ella. — ya me voy a dormir.

    5

    Como esperaba, no la vi mucho en los días siguientes. Yo llegaba muy tarde a casa, cuando ella dormía, y por las mañanas Micaela se quedaba con mamá, con quien cada día se llevaba mejor.

    Luego empezó a ir a la escuela.

    — ¿No te parezco ridícula con este uniforme? — me preguntó, mientras desayunábamos. Me había levantado temprano para prepararle el café con leche con tostadas, porque la noche anterior mamá me había dicho que no se sentía muy bien y quería descansar. — además me parece que me queda chico. — Agregó Micaela. Se puso de pie, y se apartó un poco de la mesa, para que la vea bien. — ¿A vos qué te parece tío?

    La pollera escocesa le quedaba bastante corta. Sus piernas atléticas quedaban a la vista. La camisa, muy ceñida, con la corbata en medio de las tetas que parecían a punto de explotar. Tenía un cuerpo demasiado voluptuoso para esa uniforme, aunque yo dudaba de que comprarle uno de un talle más solucionaría el problema. En realidad, sus formas generosas se acentuaban con cualquier tipo de ropa.

    — No, si te queda bien. — dije, no sin sentir cierta aprensión al imaginármela caminando por La calle, sola, teniendo que tolerar las miradas depravadas y los piropos subidos de tono de un montón de idiotas. — Te llevo yo. — le dije.

    — ¡Pero no tío! — rio ella. — No soy una nena, puedo ir sola. Pero igual gracias, me gusta que te preocupes por mí.

    Me dio un beso ruidoso en la mejilla y se fue. La vi salir de espaldas, su pollera se agitaba levemente cada vez que daba un paso. Muchos de sus compañeros estarían contentos de que la chica nueva sea una bomba sexy. Con ese uniforme parecía un personaje de un animé hentai, parecía salida de mis fantasías de adolescentes.

    Cuando recordé que aquella chica con la que me estaba excitando era mi sobrina, ya era demasiado tarde, mi sexo estaba hinchado. Fui al baño a desahogarme.

    6

    Me preguntaba hasta qué punto mis fantasías me convertían en un pervertido. Después de todo, no eran más que eso: fantasías. En el trato cotidiano con Micaela, yo actuaba normalmente. Como un tío, como un adulto que cuidaba de la hija de su hermano fallecido. Al menos eso me gustaba creer.

    Solía llegar muy tarde, cuando ella ya estaba durmiendo. Y por la mañana la escuchaba levantarse y ducharse, para luego prepararse el desayuno, o ir a la casa de adelante a desayunar con mi mamá. Realmente no representaba ninguna molestia, salvo por el hecho de que a veces dejaba las cosas un poco desordenadas. Solía dejar una tanga blanca, mojada, colgando en el baño, después de bañarse, y también dejaba desprolijos los almohadones de los sillones, pero más allá de eso, era casi como si estuviese viviendo sólo, salvo los fines de semana, y los días en que yo tenía franco, donde nos veíamos más seguido.

    Una vez llegó al mediodía, con el uniforme y la mochila colgada del hombro. Se la veía abatida.

    — ¿Sabés matemáticas tío? — me preguntó.

    — Algo me acuerdo. — le contesté. — ¿con qué tenés problemas?

    — Estamos viendo funciones, y no entiendo nada.

    — Bueno, si querés después de que comas te explico.

    — Ya le dije a la abuela que no tengo hambre. ¿Me explicás ahora?

    Abrió la carpeta con hojas cuadriculadas. Estuve mirando un rato los ejercicios y observé algunos errores.

    — Ves acá está mal. El cuatro es la ordenada al origen. Vos tomaste otro valor.

    — A ver. — dijo Micaela. — se levantó y se fue hasta el otro lado de la mesa, donde yo estaba. Se sentó en mi regazo. — Mostrame cómo se hace. — me dijo.

    — Mirá esta es la ordenada al origen. — le dije. Sentía las nalgas duras en mis piernas. — Después es cuestión de hacer una tabla de valores.

    — ¿sólo eso tenía que hacer? — se removió, frotándose conmigo. Sus nalgas se acercaban peligrosamente a mi sexo, que ya se estaba hinchando,

    Me pregunté si no era correcto pedirle que se siente en la silla. Ya estaba bastante grandecita como para sentarse en el regazo del tío. Pero si no lo hice desde un principio, no tenía sentido hacerlo ahora.

    — ¿Así está bien Gaby? — preguntó, mientras se inclinaba para escribir, hundiendo más sus nalgas en mi rodilla.

    — Si, Mica, así está perfecto. — dije. — me voy a comprar unas cosas y después vuelvo. Vos terminá los ejercicios.

    Me fui, huyendo como un cobarde. Confundido. ¿Mi sobrina estaba intentando seducirme, o sólo me tenía la suficiente confianza como para hacer esas cosas sin malas intenciones? Y, en todo caso, si pudiese responder a la primera pregunta, luego debería decidir qué actitud tomaría al respecto. ¿Estaba bien acostarse con una sobrina?

    Llegué a la conclusión de que cualquier dilema ético, carecía de importancia. La carne era débil, y la atracción no discriminaba. Nunca me había sentido atraído por una chica de dieciocho años, pero había que reconocer que tenía un cuerpo increíble, y tenerla tan cerca, me hacía imposible refrenar la calentura que sentía por esa pendeja. Pero no, no podía aprovecharme de ella. Debía recordar que todavía estaba muy frágil por la muerte de su padre, y lo último que necesitaba era que un tío en quien confiaba se aproveche de ella.

    Me perdí toda la tarde, yendo de acá para allá. No quería cruzármela de nuevo, no sabía qué actitud tomaría si se sentaba de nuevo encima de mí, apoyando ese culo escultural sobre mis piernas.

    Visité a un amigo, que se mostró sorprendido por mi repentina aparición. Le conté todo sobre mi sobrina, y le pedí que me aconseje, necesitaba saber cuál era la actitud correcta para evitarme un enorme problema en el futuro.

    — Cogela. — me contestó mi amigo.

    — ¡Pero es mi sobrina!

    — Gaby, no seas boludo, cogela.

    Volví a casa a la noche. Cenamos con mis padres. Micaela ya estaba más verborrágica, cosa que me alegró. A pesar de que su rostro se ensombrecía cada vez que recordaba a su papá, de a poco lo iba superando.

    Fui a dormir temprano. La escuché llegar a la medianoche. Seguramente se había quedado a ver una película con mamá. Me golpeó la puerta.

    — ¿Estás despierto tío?

    — Sí. — respondí extrañado.

    — Sólo quería darte el beso de las buenas noches. — me estampo un beso tierno en la frente. — que duermas lindo. — me dijo.

    — Vos también, princesa. — le dije.

    — Me gusta que me digas así. Chau.

    Ahí me di cuenta que no iba a poder reprimir mis deseos por ella.

    7

    A la mañana siguiente me levanté a eso de las nueve. Faltaban un par de horas para ir al trabajo, así que hice un poco de limpieza en la casa. Entré a la habitación de Micaela, para abrir las ventanas y que se ventile un poco. No me había dado cuenta de que ese día faltó a clases. Ella estaba acostada, boca abajo, todavía durmiendo. El ventilador soplaba sobre su cuerpo, y le movía el pelo. Las sábanas estaban corridas a un costado, sólo le tapaban parte de las piernas. Una de ellas estaba flexionada, y los labios vaginales se marcaban en la ropa interior. Tenía una bombacha blanca, con el elástico un poco corrido para abajo. Parecía invitarme a terminar el trabajo, y librar a su precioso trasero de esa prenda.

    Pero no podía hacer nada. Debía bancarme la calentura, al menos, hasta estar seguro de que ella también sentía algo por mí.

    — Tío Gaby. — dijo, abriendo los ojos, y girando levemente el cuello. — ¿qué pasa?

    — Nada, Mica, perdón, pensé que no estabas.

    — Hoy falté a clases tío. — miró las sábanas que no la tapaban, pero en lugar de cubrirse con ellas, se limitó a girar su cuerpo. La espectacular vista de su trasero fue reemplazada por la imagen de sus tetas, grandes y movedizas. — No te vayas tío — dijo, cuando notó que me daba vuelta.

    — Qué necesitás. — inquirí.

    — Acercate. — susurró.

    Lo hice. Me senté sobre el borde del colchón. Me abrazó. Sentí sus tetas apretadas sobre mi pecho.

    — Gracias por ser tan bueno tío. — me dijo.

    — De nad… — me besó con esos labios gruesos. Su boca era enorme, y su lengua hábil. M tomó de la mano, y la llevó a su seno. Lo acaricié, lo apreté, y con el pulgar froté el pezón. Me manoteó el sexo, y los estimuló hasta ponerlo duro, mientras seguíamos fundidos en un beso apasionado.

    Me quité las zapatillas y me subí a la cama. De repente, descubrí, desesperado, que no tenía preservativo encima. Ella pareció leer mi mente, y de la mesa de luz sacó un paquete. Le quité la ropa interior, al tiempo que mordía el paquete para sacar el profiláctico. Acaricié su panza plana, y bajé, despacio, mientras besaba su cuello, hasta llegar a sus bellos púbicos, y luego sentir los labios vaginales húmedos.

    Me puse el forro, sin sacarme ninguna prenda. Sólo mi verga estaba al descubierto. Le desabroché el corpiño, la abracé, enterré mi rostro en sus tetas, y mientras las saboreaba, me acomodaba, y apuntaba, para hacer el primer movimiento pélvico.

    Me enterré en ella, gimió como una hembra, no había rastros de la adolescente que era en realidad. Su cuerpo voluptuoso, ya acostumbrado a la atención de hombres maduros, me recibió gozoso. Me acariciaba el pelo mientras la penetraba, y me susurraba que por favor no pare de hacerlo.

    Sus tetas eran deliciosas, tenían un sabor salado por la transpiración de una noche extremadamente calurosa. Estrujaba sus senos mientras succionaba como un bebé sus pezones, a los cuales, cada tanto mordía, haciéndola gemir con intensidad.

    Resigné esa deliciosa mamada para ponerme en una posición más adecuada para intensificar el ritmo de mis embestidas. Le agarré ambas tetas y comencé a sacudirla con violencia. La cama se movía y los resortes del colchón se estremecían.

    — ¡Ahí voy tío, no pares, por favor no pares! — dijo, con lo ojos verdes que parecían saltar, y con la cara roja.

    No paré de cogerla hasta que acabó. Sentí su cuerpo cada vez más caliente, parecía afiebrado. Luego todo su cuerpo se tensó. Enterró sus uñas en mi espalda, y largó el grito orgásmico mientras mi sexo se empapaba con sus fluidos.

    Quedamos exhaustos, abrazados. Yo con la cabeza en sus tetas, que usaba como almohadas.

    8

    Tuve que irme al trabajo, muy a mi pesar. Llegué a la medianoche, como siempre. Supuse que ella ya estaba durmiendo. No me había escrito ningún mensaje en todo el día, por lo que pensé que quizá se había arrepentido de lo sucedido.

    Me desvestí y me fui a dar una ducha. El día se había hecho largo, y para colmo, tuve que viajar parado en el colectivo por lo que el agua caliente que caía sobre mi cuerpo me resultaba extremadamente relajante.

    De repente se abrió la puerta del baño, y se corrió la cortina.

    — Mica. — dije yo, feliz por su atrevimiento.

    — Hola tío, ¿Te ayudo a bañarte? — estaba completamente desnuda. Su cuerpo, curvo y terso era delicioso para mi vista.

    — Vení princesa, bañémonos juntos.

    Micaela se metió en la ducha. Agarró el jabón, y lo frotó sobre mi pecho.

    — Cuánto pelo tenés acá tío. — dijo, mordiéndose los labios. Siguió frotando, y de apoco fue para abajo. — Acá hay que limpiarte bien. — comentó, cuando llegó a mi sexo, que ya estaba a media asta. — para que sea rico saborearlo.

    Enjabonó mi verga y mis bolas. Me hice para atrás para que el agua cayera en mis genitales y comience a enjuagarme. Mica lo hizo, con masajes deliciosos que intensificaban el placer debido a la humedad.

    — A ver, ya está bien enjuagada me parece. — dijo, se arrodilló y con la lengua probó si era cierto. — sí, está perfecta, ningún poco de gusto a jabón, y está impecable. — Me miró, traviesa. — ¿te la chupo tío?

    — Chupamela princesa.

    — Sos un tío muy degenerado. — dijo, y luego se llevó la verga a la boca.

    El agua caía sobre su cabello, mientras me practicaba un sexo oral digno de una puta profesional. No podía creer que con dieciocho años tuviera tanta experiencia en mamadas. Era una nena mala, pero ya la enderezaría, y sólo cogería conmigo.

    Me pajeaba el tronco mientras devoraba el glande con su lengua experta. Me acariciaba las bolas con las yemas de los dedos. Cuando sintió el juguito viscozo, lo saboreó con deleite, y la chupó con más vehemencia.

    — Dame la leche tío. — dijo, levantando su rostro mojado. — quiero tu leche.

    — Acá tenés la leche princesa. — dije, eyaculando en su cara. — tomatela toda, o no repetís.

    Luego fuimos a mi cuarto. Me tomé el tiempo de explorar cada parte de su cuerpo, y no nos dormimos hasta las tres de la mañana.

    9

    Al otro día me tocó franco, y me quedé en casa a esperar a que venga de la escuela.

    De repente apareció mi mamá.

    — Te estás llevando bien con la nena ¿no? — no sé porqué, pero creo que en su pregunta había cierta ironía.

    — Sí, la verdad que sí, es una buena piba.

    — Le dije a tu papá que la semana que viene empiece a hacer la pieza para ella. Así vos, el día de mañana, cuando te juntes, ya tengas un cuarto libre para tu hijo.

    — La verdad que ahora no estoy pensando en hijos.

    — No, ya se que no Gabriel. Bueno, te dejo. Enseguida viene Mica, y le voy a pedir que me ayude con unas cosas, así, de paso, tenés la casa para vos solo un buen rato.

    — Está todo bien ma. Mica no me molesta para nada.

    — Ya sé que no, hijo.

    Recién a las cinco Mica apareció en mi casa.

    — La estuve ayudando a la abu.

    —Ya sé, me contó.

    — necesito que me ayudes con la tarea tío.

    Sacó la carpeta de la mochila y apuso sobre la mesa.

    —Si, dale. — le dije, extrañado de que no me salude con un beso en la boca.

    Me senté, y ella enseguida se sentó en mis rodillas.

    — Mirá, ¿qué te parece este resumen?

    Fingí leer el resumen, pero me dediqué a hacer lo que debí hacer la primera vez que se sentó encima de mí.

    — Te faltan corregir algunas faltas de ortografías. — le dije, apoyando la mano en su rodilla. — Y nunca tenés que empezar una oración con la palabra pero. — agregué, rozándole la piel con las yemas de los dedos, mientras subía, despacio.

    — ¿ah si? — dijo ella, casi gimiendo.

    Llegué hasta su pollerita escocesas, y metí la mano por debajo, estimulando sus muslos.

    — Que rico se siente. — dijo mi sobrina.

    Con la otra mano le levanté la pollera. Tenía una tanga rosa. Los labios vaginales estaban muy marcados debido a que la prenda estaba empapada.

    — Que rápido te mojás zorrita.

    — Es que vos me ponés así tío.

    Corrí la tela de la tanga a un lado y enterré un dedo, el cual se llenó de sus ricos jugos. Luego lo retiré, y me lo chupé.

    — Me encanta tu gustito a concha. — le susurré, para luego darle un beso, compartiendo el sabor prohibido que tenía en el paladar.

    Después la puse sobre la mesa. Ella se acomodó y abrió las piernas. Arrastré la silla para adelante, para estar bien cerca de su sexo. Besé sus muslos, dejando huellas de saliva cada vez que me acercaba a su sexo. Olí los jugos vaginales, y luego empecé a chuparle la concha. Mi cara se empapó de sus fluidos. La agarré de las caderas, apretándolas con fuerza, mientras me comía la conchita de mi sobrina. Debí ser más precavido, puesto que mamá podría aparecer en cualquier momento, tal como lo había hecho al mediodía. Pero en ese momento solo me importaba saborear el sexo de Micaela. Comencé haciendo masajes circulares con la lengua, en el clítoris, y no tardó en acabar.

    Era encantador verla sobre la mesa, con el uniforme de colegiala desprolijo, agitada, con la pollerita escocesa levantada, y su sexo expuesto y empapado.

    Enterré mi rostro de nuevo entre sus piernas, tomé de su jugo prohibido. Luego hice que se siente sobre mí. Introduje mi pija moricilloza en ella, y con sus poderosas piernas Mica se encargó de todo. Yo solo me quedé sentado, con la verga al palo, mientras ella flexionaba las piernas para clavarse mi sexo, y las enderezaba, una y otra vez, generando una sensación deliciosa. La abracé, acaricié su culo, duro como una escultura y terso como un bebé. Sentí el aroma de su pelo, que se mezclaba con el olor a sexo, y pensé, mientras explotaba en un orgasmo, que en la vida no había nada que me importara más que ella y que quería estar así toda la vida.

    Fin

  • Mi primo Jeriaan, el perverso

    Mi primo Jeriaan, el perverso

    No soy ni preocupón ni nervioso, pero ese día había perdido la billetera con mis documentos y un poco de dinero, lo que significó ir a dar parte a la policía. Solo di parte de pérdida porque, si me la robaron, ni me enteré. Tal cual se lo dije al policía que estaba anotando todos los datos. Tras la firma me fui a casa a echarme en la cama y llorar por la cantidad de cosas que tenía que hacer para obtener de nuevo todos los documentos. Mientras iba de camino en el móvil desactivé mi cuenta bancaria y llamé a un amigo que tengo en el banco para que me asegurase que estaba inoperativa. Esto me tranquilizó bastante, pero la rabia la tenía metida en las entrañas.

    Entré a mi casa, fui a la cocina, al comedor a la sala de estar y al dormitorio de mis padres, no estaban, no me pude desahogar con ellos y me metí en mi habitación. Extrañamente estaba oscura porque alguien había bajado la persiana y me fui a prender la luz. Algo se movió sobre la cama, prendí la linterna del móvil, enfoqué y lo que tenía sobre mi cama era un tío desnudo, tumbado boca abajo, las piernas extendidas y bien abiertas, dos nalgas como melones, redondeadas y sin pelos, una coyuntura muy estrecha y la espalda en V; la cabeza metida debajo de la almohada, asomando un cogote con cabellos rubios tirando a rojos; los brazos doblados por el codo en ángulo recto y las manos, como la cabeza, debajo de la almohada.

    Me senté, pensé: «justo esto es lo que me falta ahora, un tío en mi cama, para eso estoy ahora». Lo miré, y apartaba la vista. «Pero, ¿qué estoy haciendo?». Salí de mi habitación para cerciorarme que era en verdad mi habitación. «Pero, si no tengo otra habitación en mi casa…, soy hijo único, ¿qué es esto?» Volví a entrar, me senté en mi rotatoria, sin encender la luz, prendí el ordenador, giré la silla y me puse a ver aquella espalda y aquel trasero. «¡Madre mía, qué culo! No es posible que yo esté viendo esto, en mi casa, en mi cama, a tres metros de mis narices». Y tomé la decisión de no hacer nada, mientras contemplaba cada pulgada de aquel maravilloso cuerpo se me pasaba el tiempo. Por un momento se movió, pero todo siguió igual. El ordenador se había abierto todo, hice un chat a mi novia: ˝Me han robado la billetera, ya te explico”. Me contesta: “¿En qué te ayudo?”. Le replico: “Nada, ahora estoy con problemas, ya te cuento”.

    Me senté tranquilo a contemplar esas nalgas y esas piernas extendidas y abiertas; lo de menos era la espalda, que cada vez que admiraba me entretenía y me gustaba, pero las nalgas se llevaban mi visión como si nunca hubiera visto otras: “¿he visto otras nalgas desnudas?, ¿eran como estas?, ¿por qué estas me apasionan tanto?”.

    Estaba en estos pensamientos y comenzó a moverse ese cuerpo que parecía inerte, se dio la vuelta y me mostró… ¡Ay, madre mía, jamás había visto en mi puta vida semejante cosas! ¿Qué vientre!, ¡qué pechos!, ¡qué cara!, ¡qué polla y qué huevos! Esto no podía ser realidad, mis ojos me estaban engañando.

    Respiré profundo, suspiré, me restregué los ojos, no cambiaba la imagen, extendido con la cabeza fuera de las almohadas, vuelto del revés o del envés, ¡qué sé yo! ahí estaba el intruso mostrándome su pecho tan bien formado, sus tetillas puntiagudas, el ombligo al centro, y el frente abdominal de cuidado, con cuadros bien marcados y ¡ay Dios mío, por qué me haces pasar por esto, qué polla más gruesa, larga y tan golosa a mi paladar, qué huevos, qué… ¡ay qué todo!

    — ¿Qué quieres?, ¿eres Philips?

    — Sí, soy Felipe y esta es mi habitación…

    Se levanta, se me acerca, me da dos besos, no reacciono y me dice:

    — Seg yo tu primo Jegiaan, que venig de Amstegdam.

    — A mí como si hubieras venido de Matalapuerca del Pinar de Abajo, —le digo.

    — Mi venig a conoceg familia y decigme tíos de descansag aquí.

    — Te digo que esta es mi habitación.

    — Ah, Philips, Philips, mi pgrimo espagnolo…

    — No, Felipe.

    — Ah, sí, he decido a ti, Felipe, seg yo tu pgimo Jegiaan de Amstegdam, mi venig a conocegte.

    — Pues ya me conoces, Jeriaan, ya puedes irte.

    — ¿Así son los espagnolos?

    — No; así soy yo.

    — ¿Poggg qué?

    — Porque esta es mi cama y tú, desnudo, estás en ella y quieres conversar conmigo y no te has puesto ni un mínimo trapo para cubrirte…

    — Tenemos lo mismo, Philips, ou non?

    — No.

    — ¿No?

    — Yo soy Felipe, esa porquería de nombre que has dicho no vale.

    — Ah, pagdon, Philips, ah, ah, Felipe, ok, ok.

    — ¿No sabes al menos cubrirte para que yo no te vea así?

    — Pego a ti gustag…, ou non?

    — Bueno sí, pero no, ¡ay qué lío, madre mía!, pues claro que me gusta…s, pero así de buenas a primeras…

    Se tumbó en la cama, o mejor se acomodó y entonces me dijo:

    — Tú desnudag y acostag conmigo ahoga y yo cuentag todo.

    «Pero ¿qué atrevimiento es este? ¿Por qué he de acostarme con este intruso?» Pero lo hice, me quedé con mi slip puesto y me tumbé en la cama, ¡ojo!, en mi cama. Pero ese tal tipo sin problemas ni complejos me quita el slip y me dice:

    — Dos, tú y mi, igual, de tú a tú… Ah, qué buena polla teneg tú, pgimo Philips.

    — A ver, qué quieres o qué te pasa, joder.

    — Jodeg, jodeg, esa es la pgimega palabga que yo apgendeg en espagnolo… Hoe oud ben je?

    — ¿Qué?

    — Hoe oud ben je, jouw leeftijd

    — I do not understand anything

    — Ah, pergdón, cuántos años tú teneg.

    — Ah, 18, am eighteen years old…

    Ni sabía si lo había dicho bien.

    — A ti gustag mi polla.

    — No está mal, pero la mía es más grande.

    «¿Qué burrada había dicho. El tío, o mejor dicho, el primo, me la cogió con las manos comenzó a masturbarme y el imbécil de mí se queda quieto, disfrutando del momento. Como consecuencia de todo, me corrí encima de mi abdomen y mi pecho y mi primo comenzó a comerse mi lefa como si nada, es decir, como si fuera un manjar. Me calenté y al poco tiempo estaba otra vez a cien y con ganas, le di media vuelta y le empitoné mi verga a su culo que no sé cómo se llama en holandés, pero maldita la puta lengua para qué sirve si al final yo estaba jodiendo a mi primo intruso sin más y dándome un gusto de padre y señor mío.

    — Tú follag mi con vegdadega profesionalidad.

    Pensé: «la profesionalidad vendrá ahora después, porque no voy a dejarte de follar hasta morir», y volví a comenzar y el tipo deliraba de gusto.

    — Ah, cabrón, tú sí eres un verdadero puto maricón, te gusta, ¿eh?

    — Mi gustag que mi mucho follag, aquí decig que seg de pasivos, mi decir que seg activos los que pgestag culo paga seg follados.

    — Por mí puedes ser activo toda tu puta vida, maldito, pero mientras estés en mi casa, duermas en mi cama, te follaré tantas veces cuantas yo quiera.

    —Tú seg mi hombge, Felipe, yes?

    Esta será mi mandioca cada día, si piensa irse a su casa lo violo hasta que quede preñado. Joder, qué culo más útil. Tuve que dejar mi novia y llorando se fue a casa, «pego mi vida ha mejogado con mi pgimo Jegiaan a mi lado».

    Encontré, llegada la noche, mi billetera bajo el portátil. Fue un día de suerte. Ya no quiero novias, mientras esté mi primo Jeriaan conmigo no las necesito, y luego ya sé dónde está el verdadero placer.

    Este primo mío no sabía cuando irse, y se quedó todo un año y no hubo día sin que yo lo follara. Se quedó más por mi polla que por cariño familiar. Lo “malo” es que el siguiente año me tocaba a mí ir a su casa, porque él tenía que defender tesus en su universidad, pero no sabía si iba ser tan “malo” o mejor. Ahora ya lo sé, quizá un día lo contaré.

  • Mi familia colombiana y su secreto (16)

    Mi familia colombiana y su secreto (16)

    Este relato es 100% ficticio solo fruto de una fantasía personal

    A la mañana siguiente cuando me levantaba para mi rutina y ejercicios de todos los días mi tía me enredo con sus argucias femeninas, fue un polvo sin más pero mi ti aseguraba y perjuraba que se convertiría en mi favorita y que me daría un hijo y que desde ya odiaba con todas sus fuerzas a la que fuese a ser mi futura esposa…

    De la que iba a mis prácticas de tiro matutinas escuche a mi abuela y a Jacobo en una conversación

    Y: Los hombres se ocupan de los negocios y Hernán debe aprender el negocio tú debes enseñarle todo del negocio y todo lo que te enseño Klein (Yair Klein. Mercenario israelí conocido por entrenar a grupos paramilitares colombianos y sicarios), ese hijo de puta te enseño cosas que el niño necesita y tranquilo no estoy pensando en que dejes el negocio…

    J: Es muy listo y muy fuerte y aprende rápido pero no se puede enseñar a él ni a nadie en medio de un trabajo…

    Y: Pues a las malas deberá aprender así y es tu responsabilidad más te vale que al niño no le pase nada y que a la vuelta del trabajo…Y a la vuelta sabré que nuevas habilidades tiene en niño…

    Me fui al campo de tiro sabiendo que mis deberes se acababan de ampliar.

    Después de los ejercicios de puntería, pase por el cobertizo donde estaba el Jeep de Wendy se me ocurrió termine las 4 pijadas que quedaban e ir a entregárselo… Cuando ya había acabado llego Jacobo y me dijo que mi abuela quería ver y que me preparase que nos íbamos a México a hacer un trabajito, le dije que quería entregar el coche a Wendy me dijo que iría conmigo en su camioneta y de la y la hacienda de los Contreras a la pista de despegue…

    Me dirigí a el despacho de la Yaya en la puesta entre abierta del despacho de la Yaya la puesta estaba levemente abierta y pude escuchara tía Betsa como le daba el informe de lo sucedido a noche y entre las dos planeaban los pasos a seguir en los próximos días… cuando sentí que mi tía salía del despacho me escondí y pasados unos minutos me presente en el despacho.

    H: Bendiciones Yaya.

    Y:

    Dios me lo bendiga

    y el manto de la virgen

    Me lo proteja

    Cierra la puerta mi niño

    Cerré la puerta

    Y: ¿Qué paso a noche?

    H: Llegue muy tarde y estaba enfadado…

    Y: Sabes lo que tienes que hacer a la noche y sea la hora que sea debes ir a mí acuarto a darme las buenas noches y más después de tantos días fuera de esta casa… Ven y dame un beso…

    Bese a mi abuela en los labios y ella situó mis manos sobre sus tetas que manosee a voluntad ante la cara de felicidad y satisfacción de mi abuela

    Y: No somos una familia común por eso nuestras costumbres son las que son y tú no debes resistirte a ellas tú debes acogerlas…

    H: Pero es complicado Yaya…

    Y: Nada es complicado si lo crees de corazón y tienes fe en ellos mi amor…Te vas a ir a México con Jacobo…

    Después de las instrucciones de la Yaya y de volver a besar y magrearle las tetas…

    Me fui a mi cuarto deje las joyas que y se las entregue a Adelita que las bajo a la Yaya y después me ayudo con mi bolsa de viaje Jacobo me dijo que nada de armas y que llevase una buena cantidad de dinero…

    Baje la mi bolsa y la de mi tío las deje en su camioneta y me fui a por el Jepp y pusimos rumbo a la hacienda de los Conteras, al llegar solo estaba Doña Ximena, Le di las llaves del Jepp y unas cuantas instrucciones tomo su celular llamo a Wendy y me la paso y en tono mucho más cariñoso y mimoso del habitual y tras mucho insistir Wendy y Doña Ximena, me vi obligado a prometer unas clases de uso del Jepp y me fui en la camioneta rumbo a la pista de aterrizaje.

    Tomamos una Cessna F406 Caravan II reconvertida para el transporte de envíos y ya que íbamos porque no aprovechar el viaje para un envió durante el viaje, durante el viaje mi tío me explico lo que se suponía que teníamos que hacer y que me enseñaría forzar cerraduras y nociones básicas de bombas incendiarias y de explosivos etc. Y que hiciera todo lo que él me dijera cuando lo dijera y como me lo dijera sin dudar si un segundo…

    Que jamás les mientas ni dudase ni tuviese miedo pero si respeto y educación ni ante La Reina ni su hija La Pantera

    Y que cuanto menos hablase mejor y solo si me preguntaba etc.

    Después de unas cuantas horas más de viaje y charlas de coches armas mujeres etc., que son los temas favoritos de Jacobo le confesé a Jacobo mis dudas sobre si podría apretar el gatillo, una cosas es matar casi por impulso y sin pensar a una cucaracha que violo a una niña y se lo tenía más que merecido y otra disparar sin pensar a quien te ordenen, curiosamente Jacobo no albergaba ninguna duda con eso estaba más que seguro que cumpliría con mi deber hacia la familia… llegamos descargamos y nos dirigimos a la hacienda…

    Ni La Reina ni su hija La Pantera estaban en esos momentos en la hacienda así que nos recibió El Apache con el que Jacobo hacia buenas migas nos llevó a nuestras habitaciones como lo acomodaron nuestro reducido equipaje y nos anticiparon que para aquella noche tendríamos uno o dos trabajos.

    Me cambie y ase y baje a ver una señora de unos 70 años pelo canoso grandotota y mal encarada me tomo por un pelado peón chismoso y me quiso correr a patadas de la casa y tuve que recurrir a mi tío pero allí no le conocen por el nombre sino por el apodo El Muro.

    Con la risas y las bromas de El Apache y El Muro.

    Llego La Reina que no venís de buenas sino más bien de muy malas se alegró de vernos y nos explicó que en esa noche había que quebrara a 3 desgraciados si o si y que ya que estábamos allí pues nos tocaba jugar…

    Así las cosas me recordé un consejo del abuelo: “Nunca dejes que te vean la cara cuando vas a borrar a alguien, se es posible cúbrete la cara”

    El Muro estaba con los tequila pregunte si había algún lugar donde poder conseguir ciertas cositas que necesitaba insistieron que hiciera una lista y se me conseguirían y yo insistí ir yo a por mis cosas…

    Me mandaron con El Pollito un esmirriado y pobre infeliz que estaba básicamente en la hacienda por caridad para hacer mandados y las tareas ingratas que nadie quería hacer creo que tenía algún retraso mental aunque muy leve.

    El Pollito me llevo al mercado, le pregunte donde se comparaba la ropa me llevo unos puestos callejeros nada de tiendas y mucho menos boutiques compre ropa y calzado una gorras y gafas y dos grandes bandanas y máscaras del día de muertos con las que cubrirnos el rostro. Y El Pollito se hincho a dulces que con gusto le compre…

    Cuando llegue Jacobo esta alegre ya había tomado demasiado tragos así que me toco a mi tomar las riendas por así decir, llevaron a Jacobo a su recamara a que durmiera la borrachera en una pocas horas debíamos trabajar y estar frescos…

    LR: Buenas tardes gusto en verlo de nuevo joven

    H: Lo mismo digo señora…

    Saludos y halagos mutuos y puesta a al día en cuestiones de familia…

    LR: Hay ropa mejor que esa en casa de mis hijos y nietos…

    H: La ropa es la idónea para camuflarnos con el ambiente

    LR: Comprendo, ¿Necesitas algo más?

    H: Un buen chaleco antibalas y armas munición etc…Y algo de información de los objetivos…

    LR: Uno es un piche periodista que a mancillado la memoria de mi esposo y ese quiero que me lo traigan vivo le tengo reservado un trato especial.

    Otro es un ex socio que es una molestia le conoce muy bien Jerónimo (El Apache).

    Y el otro es un político que me salió del corral y ahora que se cree que es dios.

    En esto llego El Apache y le pido explicaciones de los objetivos

    APA: Al periodista lo agarraremos a salir de su trabajo.

    LR: Vivo recuérdalo

    APA: Si patrona.

    APA: A el 440 (ex socio) en su carro a la salida de su discoteca cuando va a su muñeca.

    H: ¿Lleva escolta? ¿Y su coche es blindado?

    Apa: 4 hombres en una Chevrolet Suburban blindada pero él tiene un nuevo Corvette del año sin blindar y siempre les deja atrás…

    H: Vamos a necesitar un coche rápido.

    Apa: Tenemos dos modificado…

    H: ¿El político tiene escolta?

    Ape: Dos Federales; pero no está a la noche en su domicilio

    H: ¿En su domicilio quienes están?

    Apa: Mujer tres chavitos y el servicio

    H: Mucha gente a controlar.

    LR: No, quiero que se haga en su casa, ¿No tiene amante o puta?

    Apa: Se ve con su secretaria en el “Motel El Conquistador” (Nombre ficticio) o en departamento de ella todos los miércoles

    H: ¿A ese asunto va solo?

    Apa: Si

    H: Lo podemos pillar a la salida. ¿Va armado?

    Apa: Buena idea no es cristiano interrumpir a un hombre… No sé si tiene armas…

    Con algo de idea de cómo iban las cosas La Reina ordena a El Pollito que llevara Emilio el armero.

    Llame a la Yaya en el trayecto le dije que habíamos llegado bien y que esa misma noche ye teníamos trabajo…Pido hablar con Jacobo lógicamente no se lo pude poner al Tlf y eso la molesto porque conoce muy bien a Jacobo y sabía lo que había pasado sin que yo se lo dijera

    Emilio es un hombre alto fuerte de unos 70 años moreno piel curtida por el sol pelo canoso lo mismo que su poblado bigote serio seco en el trato y rudo en su proceder pero muy bueno en lo suyo…

    Llegamos a un ranchito modesto muy humilde y El Pollito hablo con una señora que mando una niña de unos 8 años que fue a llamar a Emilio.

    Emilio llego y Pollito converso con el dos se subieron a la camioneta y yo con ellos y tomamos el rumbo que Emilio nos fue marcando llegamos a otro rancho donde había 4 hombres y una mujer que eran los guardianes de las armas…

    Pasamos al donde se encontraban las armas y le expuse mis peticiones pero en mitad de mi espacio apareció El Peluche hijo y nieto de unos socios de La Reina no mucho mayor yo con un pésimos gusto para vestir y con mala educación y pésimos modales exigiendo su cuerno de chivo y su escuadra las dos modificadas, tomado o colocado después de sus exigencias tomo un revolver tipo Cowboy se puso a juagar con él y sin saber que estaba cargado y se pegó un tiro en el pie tontos hay en todos lados y se montó la de dios es cristo sangre amenazas de los acompañantes de El Peluche que lo llevaron al doctor y a nosotros a 3 a la hacienda de La Reina.

    Llegamos llegaron familiares del El Peluche que creían que le habíamos disparado.

    De vuelta a hacienda de La Reina nos amenazaron y algún golpe nos cayó.

    Llegamos a la hacienda y había una bronca monumental estaban allí el abuelo el padre la hermana y uno de los hermanos de El Peluche pidiendo explicaciones

    J: Hernán ¿Qué paso?, ¿Sé que dirás la verdad?

    Con el tremendo follón que había allí no entendí los nombres de aquellas personas, pero el mayor de aquellos hombres los hizo callar a todos La Reina se le acercó y le dijo es el nieto de La Madrina y Don Julio el hijo de Rodrigo y creo que conoces a El Muro el joven se llama Hernán.

    Rx: Conocí a tu abuelo un hombree de honor al que aprecio mucho y conozco a tu abuela un gran dama con mano de hierro pero a la que aprecio y respeto… Conozco la reputación de Jacobo (El Muro), mi familia y yo queremos una explicación y sobretodo la verdad de lo sucedido-

    LR: Hernán te presento a Don Rogelio Torres (El Rolex) socio y amigo ahora cuéntanos lo que paso.

    H: Una placer Don Rogelio

    Él no lo sabía pero mi abuelo me había escrito sobre él y básicamente lo definía como un escorpión mentiroso nada de fiar…

    H: El Peluche llego exigiendo sus armas y si me permiten siendo grosero y mal educado. Mientras Emilio iba a por sus armas El Peluche tomo un revolver tipo Cowboy no comprobó si estaba cargado se puso a jugar con el parecía borracho no sabía lo que hacía y se disparó en el pie

    Po: Patrona fue así fue como él dice lo juro por dios por mi virgen de Guadalupe…

    Rx: Porque dios mío porque me cargaste con esta cruz, tu hijo es un imbécil.

    Uno de los nietos de El Rolex se puso como loco…Mi hermano no es un retrasado como ese sabe disparar desde los 12 años…

    Rx: CAAALLAAATEEE!!! Y ME RESPETAS PENDEJO MAL CRIADO. Tú hermano lleva de fiesta y de putas 3 días y es un imbécil… Sé que dicen la verdad porque ese pobre infeliz es incapaz de mentir y menos mentando a la virgen.

    H: Los revolver tipo Cowboy son armas preciosas fabulosas y que van muy bien y disparan de lujo pero hay que saber sus trucos los Cowboys metían solo 5 balas dejaban una recamara vacía ya que no tienen las medidas de seguridad de la armas más modernas de echo lo recomendable no es dejar la recamara vacía si no con casquillo usado para que la aguja percutora del martillo no golpe en vacío y uno siempre debe revisar que el arma que está usando esta descargada…

    Rx: Todo eso es cierto, te han instruido bien.

    J: Lo intentamos, pero es joven y aún está aprendiendo…

    Rx: jajaja, pero escucha y aprende y aprende bien por lo que a dicho…

    Se creyeron mis explicaciones y todo se calmó más o menos y retomamos el asunto por el que habíamos ido La Reina ordeno a Emilio que me facilitara las armas del arsenal del Rancho…Mientras llego La Pantera (Hija de la Reina), Una hembra de romper y rasga un monumento de mujer. Que traía a Jacobo y todos los demás de cabeza clarísimamente…

    Yo tenía trabajo que hacer así que me fui con Emilio a la armería, mi madre aquello estaba mejor surtido que muchas comisarias.

    Además de dos chalecos antibalas militares muy buenos y dos sistemas de comunicaciones

    Yo me quede con de aquella tienda de chuches con un puño americano de bronce de color plata muy decorado con un hermoso grabado.

    Y una daga de doble filo para la bota y afilada como una navaja de barbero

    Pistola Beretta 92FS con silenciador cargador y ampliado calibre 9mm

    Revolver S & W Modelo 66 calibre 357 Magnum cañón de 4,»

    Revolver Colt Cobra calibre 38 Special cañón de 2,» para portar oculto o en el tobillo

    Y un Subfusil Uzi Cargador ampliado: de 20 balas Calibre 45 ACP.

    Para mi tío un gran cuchillo tipo Bowie de grandes dimensiones.

    Pistola colt 1911 38 super calibre 38 super con capacidad para 10 proyectiles en color negro chapadas en oro algunas piezas y con grabados en oro.

    Revolver Colt Pacificador Calibre 45 5.5”cachas de hueso niquelado con grabados en oro lo mismo que el martillo el gatillo

    Revolver Manurhin MR-73 Defense calibre 357Magnum cañón de 4,»tambor de 6 balas cromado con grabados estilo Mexicano y cachas de nácar para portar oculto o en el tobillo

    Escopeta Remington 870 Niquelada calibre 12 Cargador depósito tubular, con capacidad de 8 cartuchos con cartuchos en la correa y en porta cartuchos colocados en el lateral de la escopeta

    En una mochila como reserva

    Un revolver S&W 29 Modelo. Calibre .44 Magnum 6″ tambor de 6 balas. De color negro y cachas de madera

    Munición en abundancia y dos granadas tipo piña y dos granadas de humo

    Además Emilio me explico que ellos intercalan en los cargadores y tambores de las armas munición estándar con munición de punta hueca y en el casos de las escopetas cartuchos de perdigones con cartuchos de tipo bala…

    Le lleve a mí a tío las armas así como la ropa y la gorra y la bandana.

    El Apache El Muro un conductor yo en una camioneta y 4 hombres más del El Apache en otra

    El primero fue el periodista que los hombres de El Apache secuestraron maniataron amordazaron y metieron el maletero de su propio auto y se lo llevaron donde había ordenado La Reina.

    A el ex socio de La Reina lo seguimos hasta una casa donde se reunía con una de sus 3 esposas solo había dos guarda espaldas y su mujer las borramos a los guardas espaldas de manera sigilosa fue muy útil mi Berreta silenciada… Aquel tipo muy tomado y la mujer muerta de miedo suplicaron ofrecieron el contenido de dos caletas y 4 cajas fuertes que había en la casa nos quedamos el contenido de todo joyas de muy diverso tipo y dinero en pesos en oro y en moneda de curso legal así como dólares en efectivo casi 2.500.000$ y armas y dos coches yo mate aquel tipo desconozco que paso con la señora… Borras el contenido del sistema de seguridad, Pasamos lo requisado a las camionetas Yo tome un auto y el

    El Apache el otro los íbamos a usar para entrar al bloque de apartamentos del político con una tarjetas que nos daban acceso al garaje del edificio

    Entramos El Muro y yo tuvimos que esperar un buen rato y parecieron El Apache y su hombre nosotros pasamos a la parte posterior del auto y ellos delante por indicación El Muro tome el revolver de Calibre .44 Magnum y e la escopeta EL Apache inmovilizo al guardaespaldas y chofer

    Yo encañone a el político aquel que estaba acojonado El Muro lo registro y dejo pelado los llevamos a los dos al ascensor y Jacobo los elimino con la escopeta y yo lo remate con el tres tiros de revolver uno en la cabeza dos en el corazón bloqueamos el ascensor y la puerta del garaje y nos llevamos también el coche del político ya que eran la comisión extra del trabajo para el conductor de El Apache

    Nosotros nos quedamos con pesos en oro moneda en dólares y el resto para El Apache…

    De ahí de vuelta al rancho y a la plaza de toros que había en el rancho, las nuevas generaciones debíamos darle una paliza repartieron bates barras de acero etc., yo me quede con porra policial nos pasaron el ruedo y le dieron una paliza moral yo solo le di dos buenos porrazos

    Uno de los nietos del El Rolex Lupito se emocionó ye le metió dos balazos en contra de lo indicado por La Reina que se pillo un buen enfado nos volvimos todos a la casa y Lupito borracho como una cuba y colocado seguía dando por el culo metiéndose con todos yo se me separe un poco de todos para respirar y pensar en mis cosas pero por accidente escuche a La Reina pedirle a Él Apache un informe del trabajo poniendo especial énfasis en mi desempeño en el trabajo gracias a dios el informe de EL Apache fue exageradamente bueno y me dejo ante La Reina y La Pantera y mi abuela que estaba al teléfono muy bien …

    Cuando volví a donde estaban los demás Lupito y Jacobo tenían una grandísima bronca Lupito había insultado a Colombia y los Colombianos y se estaban apuntando con ambas pistolas el uno al otro y encendidos como dos gallos de pelea, Me interpuse entre ellos y propuse arreglar aquello como caballeros con una pelea mano a mano sin arnas…

    Lupito contra mí él estaba muy seguro de que me daría la paliza de mi vida, pero en el estado en el que estaba y con mis conocimientos de artes marciales no sabía dónde se había metido.

    De vuelta a plaza de toros se aproximó a mí y a Jacabo La Pantera estaba preciosa que pedazo de hembra dios mío estaba muy enojada porque Lupito matase al periodista y quería que yo le diera una buena paliza

    Jacobo le dijo que sería un placer complacerla y enseñarle modales a aquel pendejo, pero es que además nos había faltado al respeto y eso también lo iba a pagar…

    Yo me había cambiado quemado la ropa y calzado usada en el trabajo y dejado mis armas en mi cuarto chaleco y sistema de comunicaciones a excepción de mi arma de tobillo que discretamente le pase a Jacobo, me quite la camisa y Jacobo me coloco unos guantes de boxeo Jacobo me dijo que no íbamos a mostrar todas nuestras cartas que nada de artes marciales que solo boxeara y que le dirá la paliza de su vida…

    La pantera se vino donde nosotros a desearnos suerte y pareció muy complacida con mi físico y se quedó al lado de Jacobo.

    El árbitro de la pelea El Apache pero básicamente la única regla que había era no matar al otro lo demás estaba todo permitido…

    Entre el estado lamentable de Lupito y que ni de lejos tenía mi nivel de boxeo le di una paliza y él ni me toco y una vez a 4 patas y sangrando por la cara como un cerdo le patee los huevos y se rindió llorando y gimoteando como una niña…

    Después del combate por llamado de La Reina nos hizo llamar aseado y vestido, Jacobo y yo nos presentamos en su despacho y allí estaban La Reina y La Pantera

    Nos dijeron que al día siguiente pasaríamos a USA y que allí debíamos borrar a 5 objetivos sin error y sin preguntas

    Nos preguntaron que necesitábamos y Jacobo pidió cosas obvias armas alojamiento autos etc. y yo refine un poco más las peticiones

    H: Prefiero una casa a un hotel y si los inquilinos de la casa conocen la ciudad y tienen cenicientos médicos que mejor y si son mujeres seria la bomba

    LR: Estas pensando en coger joven

    H: No señora estaba pensando en comer bien en una casa y ropa limpia etc.

    LR: Jajaja comprendo eso solo una mujer lo hace como dios manda…

    H: Informes lo más detallados posibles de los objetivos, vehículos variados legales y en buen estado… Un teléfono móvil de prepago y otro vía satélite y solo podían contestar o llamarnos una de ellas dos y estar activo las 24h del día… Un scanner para escuchar las emisoras de la policía… y 100.000 dólares en efectivo por si había que comprar información o voluntades y el cómo se llevase a cabo el trabajo era cosa nuestra

    Accedieron a todas nuestras peticiones advirtiéndonos que no podemos fallar o habría severas consecuencias…

    Me moría de hambre cene unos tacos buenísimos y agua de Tamarindo.

    Como ya era muy tarde me fui a mi cuarto y cuando llegue a él había dos bellas señoritas casi desnudas esperándome eran un presente de La Reina para mí y estaban allí para cumplir todos mis deseos… Siempre había querido hacer un trio y quién no.

    Las dos se acercaron a mi comenzaron a besarme mimarme y sacarme la camisa…

    En esto y si llamar a la puerta como un huracán fuera de control entro por la puerta Pamela (La Pantera)

    Pan: DÉJENLO ES MÍO PERRAS, VÁYANSE CON EL VIEJO ESE BEBE ES MÍO!!!

    Las chicas salieron como voladores a la carrera y sin mirar atrás

    Pamela es bellísima guapísima le calculo unos 38 años cabello largo ondulado color negro como el carbón ojazos color café perfecta mente maquillada con la unas de manos pintadas con los colores de la bandera Mexicana y los labios de un rojo macana de caramelo

    Una bata de seda negra con unos adornos en dorado al igual que las zapatillas con un poco de tacón y dos caballitos (Vasos de tequila) en la mano izquierda y una botella de tequila en la derecha.

    Pam: ¿Un trago?

    H: No, bebo señora

    Pan: Señora nooo suena a abuela, Mami o Mamita y tus vas a ser mi Bebe y Bebezote, lo supe desde que te vi, no sé porque mi madre te entrego a esas SUCIAS y MALDITAS PERRAS MAL PARIDAS ESTANDO yo aquí…

    Me quede embobado mirándola había perdido una mis fantasías de siempre pero joder que pedazo de hembra tenía en frente mío y por lo visto más que dispuesta a ser mía era un sueño de mujer…

    Pam: Bebe los hombres deben tomar, tequila es la bebida de los dioses (Mientras caminaba hacia mi despacio lentamente como a cara lenta), seguro no has probado el Tequila de la forma apropiada él Tequila debe tomarse sobe la piel de una hembra de pura raza mexica como yo (Cuando me tubo al alcance de su mano me empujo sobre la cama haciendo que cállese sentado), ¿Tu eres, español?

    H: Si

    Pan: Nunca he sentido el poder calor y hombría de un macho de la madre patria dentro de mi muuuu y te toco a ti mi Bebe…

    Ya la tenía casi encima de mí con un embriagador aroma flores delicado aroma de mujer, destapo la botella lanzo el tapón por los aires, se sirvió un caballito del que derramo un poco se lo tomo de un trago.

    Se abrió de piernas se sentón sobre las mías su bata se abrió mostrando su escote del que pude ver un generoso y hermoso escote que ofrecían sus increíbles montes de venus, sonrió complacida puse mis manos en se cintura, me dio un beso en la boca metiéndome la lengua hasta el fondo sus labios y su boca sabia a Tequila un sabor fuerte y no muy agradable para quien no está acostumbrado a beber, pero no me importo aquella Diosa me podía volver del revés como un calcetín si quería.

    Se sirvió otro caballito se lo tomo me volvió a besar y le inyecto el Tequila en mi boca como un grifo a presión Me quemo por la garganta y me dio como una patada en el estómago, Pamela me volvió a besar. Y termino de sacarme la camisa.

    Pan: Que fuerte muuu y sabes muy rico mi Bebe…

    Se bajó la parte superior de la bata hasta la cintura quedando ante mi dos perfectas tetas como esculpidas por el mismo Dios firmes duras bien paradas con una piel color canela suave como la seda y como guinda del pastel dos aureolas color chocolate de tamaño medio y un grueso y corto pezón duro y erecto como los pitones de un toro, las divinas tetas de una salvaje y caprichosa Diosa azteca juguetona caliente y fogosa.

    Tome las tetas entre mis manos y las apreté firme y duro y enérgicamente apretarla dos divinos globos de agua talla 85 o 90 calculo yo Pamela cerro los ojos y comencé a comer chupar lamer que hizo que Pamela ronronease como una gatita mimosa.

    Saque mi lengua y recorrí el contorno de la aureola derecha finalizando con un suave y tierno chupetón a su tieso y duro pezón el cuerpo de Pam se estremeció y sus gemidos y gritos aumentaron en volumen y la intensidad de los mismos repetí mi maniobra en su pecho izquierdo con idénticos resultados y fui intercalando seno derecho y seno izquierdo como una docenas de veces, de repente Pam abrió los ojos, me beso en la boca se sacó la bata y la lanzo al suelo quedando solo con un mini tanga negro y dorado.

    Me tumbo boca arriba sobre la cama vertió un buen chorro de Tequila en mi pecho que de inmediato sorbió lamio y chupo sin desperdiciar una gota de un salto se colocó a mis pies sacándome las botas y los pantalones con gran destreza y rapidez como si nada me quede solo con mis slips blancos y un gran bulto que sobresalía de ellos y en el que Pam clavo los ojos como poseída.

    Pam: Que machos da la madre patria y después de una noche con tu Mamita no vas a querer a otra hembra nunca más…

    Pam además de un poco bebida se lo tenía muy creído pero íbamos a ver de si era tan buena en la cama como presumía

    Me arranco literalmente los slips

    Mi polla salió disparada como por un resorte y se quedó tiesa dura y apunando al techo como un cohete, dándome un beso en la punta de la polla, lo que hizo que mi polla saltara sola.

    Pam: Es una pitón fabulosa y maravillosa y sabe deliciosa.

    La agarró con la mano, y comenzó a cascármela arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo (Con un suave masaje que me hizo delirar y que mi polla se pusiera gordísima, dura como el acero se hincharon todas las venas resaltando lo largo de mi polla que remataba con la cabeza de polla gordísima y roja).Era una maestra y me estaba volviendo loco

    No contenta con cascármela con una mano con la otra agarró mis huevos dándoles un suave y delicioso masaje que me hizo delirar de placer.

    H: Eres una diosa que bien lo haces!!!

    Pam: La noche es joven aun mi amor deja que Mami se ocupe de ti…

    Después de unos minutos se bajó a mi polla abriendo mis piernas empezó a introducir mi polla dentro si y cuando la tuvo toda dentro bajo sus caderas siguió besándome mi pecho mi torso…mientras sentía como su coño caliente empapado bañaba mi polla y mis huevos y su coño comenzaba a tener pequeñas pero enloquecedoras contracciones aaaaahhh coloco sus dos manos sobre mi pecho moviendo rítmicamente sus caderas sobre mi polla y aumento el ritmo de su meneo su coño se empapado caliente se puso a palpitar como un loco y ella a gritar  siiii siiii mi amooor

    Pam: Jálame las nalgas jálamelas duro duro duro macho mío duro duro

    Agarre dos maravillosa nalgas que parecían esculpidas en mármol por mismo Miguel Ángel firmes duras definidas y perfectas

    Pam: siii macho mío duro duro

    Acompase mi ritmo al son sus caderas sube baja sube baja Pam delicioso que moverse adelante y atrás y hacer círculos con mis caderas sobre mi polla, mi polla cobro vida propia y tubo un espasmo y aumento de tamaño de golpe.

    Pam: siiii que rico mi amor.

    Pam se tubo sobre mi pecho besando en la boca pero sin dejar de mover de forma fabulosa sus caderas arriba abajo adelante atrás arriba abajo adelante atrás arriba abajo adelante atrás como una perfecta coreografía perfectamente ensayada que era la mejor cabalgada de mi vida…

    No sé cómo paso, pero entre besos caricias y mimos Pam termino a 4 patas y yo justo detrás suyo, mi polla se comenzó a introducir poco a poco en el coño de Pam que estaba empeñadísimo chorreaba jugos vaginales calentito y con fuertes espasmos vaginales cuando estuvo totalmente dentro ella tuvo un fenomenal orgasmo seguido de un gran corrida a lo que respondo con fuerte aaaahhh

    Rendida a mí aproxime a su oído y le dije:

    H: Ya se lo que vinieron a buscar los conquistadores españoles a México, no fue el oro fue el coño de las PUTAS de tus antepasada.

    Pam giro la cabeza sonriendo y me dijo:

    Pam: ¿Y tú cabron que viniste buscando?.

    No dije nada solo envestí como un toro dentro fuera dentro fuera con toda la fuerza que tenían mis caderas dentro fuera dentro fuera recorte el recorrido de mis envestirás haciendo las más cortas pero más rápidas, Pam cambio su postura agarrándose con fuerza con sus 2 manos al cabecero de forja negro y dorado de la cama

    Pam: siiiii duro duro hijo de perra caaabrrooon

    Cambie el ritmo de mis envestidas con todas fuerzas con un fuerte empujón final como a cámara lenta fuera dentro fuerte fuera dentro fuerte fuera dentro fuerte…

    Pam: siiiii que rico papi, dale dale dale siiii jálame jálame duro jalale jalale cabrooon!!!

    Volví a cambiar el ritmo taladrando aquel coño como enloquecido dándole con todo y haciendo temblar el cuerpo de Pam que sin previo aviso se corrió con tal cantidad y fuerza que su coño se transformó en una hirviente catarata de jugos que envolvieron toda de mi polla con un cálido y delicioso calor asta empapar mis huevos Pam se desplomada sobre la cama empapada en sudor en sus propios jugos que hicieron charquito en las sabanas de la cama.

    Pam: siii que rico rico me cogiste cabron

    La visión de Pam derrumbada jadeando buscando aire los dos empapada en sudor su piel brillaba como si le hubieran echado aceite, era embrujadora y aun no habiendo corrido sentía un orgullo tan grande a haber rendido aquella pedazo de hembra de aquella forma tan absoluta que jamás había sentido en mi vida.

    Pam se quedó mirando a polla dura aun bien tiesa gorda con todas las venas bien marcadas empapada de sus jugos y brillante.

    Pam: ¿no te viniste?

    Negué con la cabeza

    Pam se rio sus ojos se iluminaron de forma diabólica. Se colocó boca arriba se abrió totalmente de piernas formando una “V” con sus piernas sus torneadas fuertes y perfectamente esculpidas finalizando en sus pies con sus dedos fuerte mente doblados adornados con los colores de la bandera Mexicana y su empeine arqueado para dentro en medio de aquellas divinas columnas su coño rosadito ligeramente abierto y expulsando unos hilitos de sus jugos.

    Pam: jalame bien duro mi rey dale dale jale

    Se tomó un largo trago de Tequia directo de la botella que dejo seca de un solo trago, la tiro sobre la cama rodo y se cayó al suelo.

    Coloque mi polla en el entrada de coño y entro como cuchillo caliente en mantequilla ya era como una piscina a la vez comencé besarle el abdomen y a jugar con mi lengua en su ombligo a besarlo y a chuparlo sabia deliciosamente salado y empecé a cabalgar a la vez de nuevo a Pam

    Pam: uuuffff mi rey sigue caaabrooon

    Seguí mi ascensión a los montes de venus que parecían a exculpados por el mío Dios firmes duras bien pardas con los pezones apuntando al techo dos delicioso granos de café que bese comí chupe mordí como poseído y enloquecido asta logra grandes y sonoros gritos de mi Diosa Azteca

    Pam: siiii que rico que rico come come papi papi paaapiii si siiii no pareees caaabrooon

    También le besaba el cuello mi posicione eta casi la de una plancha sobres Pam yo subía y baja subía y baja subía y baja firme y duro acompasado como pistón al ritmo de las caderas y el coño de Pam que se retorcía como una anguila con los ojos cerrados y gimiendo y gritando como una perra en celo, el cuerpo se convulsiono entrando en ese instante mágico e irrepetible explotamos los 2 a la ves como 2 volcanes que entran en erupción simultáneamente.

    Caímos los dos desplomados sobre la cama buscando fuerzas y el aliento debo dar gracias a dios y al entrenamiento y grandes lecciones con mis tías y familia que me llevo al mejor polvo de mi vida con aquella Diosa.

    Después de unos minutos recuperamos la compostura y nos acurrucamos en empapadas sabanas de mi cuarto nada cómodas lo que hizo que Pam me invitara a pasar a su recamara me envolví en la sabana y Pam se puso su bata y como 2 tontos enamorados entre besos y caricias pasamos al cuarto de mi Diosa Azteca ella paso al WC de su cuarto me ordeno que de una pequeña nevera y mueble bar le sirviera un tequila una botella helada de 1800 color ámbar el único baso que había era uno el mueble bar que acompañaba una pequeña botella de cristal de agua fue el que use y le serví un buen trago de Tequila.

    Pam salió del WC tomo el vaso de mi mano y se tomó el trago de un golpe dios mío aquella mujer bebía más que una esponja.

    Me invito a pasar a la cama se prendió un cigarro echo como del material de un puro y con boquilla blanca al que le dio una larga calda es pulsando el humo haciendo aritos

    Pam: Cumpliste mejor de lo esperado cabrón y pasaste mi prueba estoy muy complacida.

    H: Un placer complacerla, pero ¿A que prueba se refiere?

    Pam: Jajaja, está bien te ganaste saberlo, cuando me puse en 4 la mayoría de los hombres que se cree muy machos me rompen el culo sin más ni piden permiso los muy pendejos, pero el auténtico macho sigue dándome verga en mi cuca ya que busca dejarme en cinta con un macho de verdad debe hacer con su hembra…

    H: No los culpo tiene un culo que debió firmar el mismo Dios.

    Pam: Jajaja ¿De veras?

    H: Si tu piel de seda nalgas de granito tetas… Una Diosa toda una Diosa Azteca

    Pam: Se dice que las hembras de pura raza Mexicanas somos las mejores y más perras en la cama porque por nuestras venas corre lava como la de los volcanes de mi bello México…

    H: Para mi tu eres toda una Diosa…

    Pam parecía muy complacida por mis piropos y comentaros se enrosco en mi cuerpo como una pitón en su presa y nos venció el sueño durmiendo acurrucados has la mañana siguiente.

    CONTINUARA…

  • No lo pienses demasiado (Parte 8)

    No lo pienses demasiado (Parte 8)

    Sonó el despertador y cuando abrí mis ojos Carla ya estaba despierta, mirándome, con la cabeza apoyada en su mano y a su vez el codo apoyado en la almohada.

    – Carla: Buenos días mi niña.

    – Irene: Buenos días rubia.- Me estiré y me acerqué a ella para darle un beso.

    Parecía que Carla quería evitar algo y rápidamente se levantó de la cama.

    – Carla: Hay que levantarse, tenemos que ducharnos y dejar las maletas preparadas antes de bajar a desayunar. Me adelanto a la ducha.

    – Irene: Ok…- Estaba todavía medio dormida y solo pude contestar eso.

    Me quedé unos minutos en la cama, recordando la conversación de la noche anterior y como iba a afrontarla esta mañana, mientras oía como Carla se metía en la ducha.

    No quería pensar que esto se pudiera acabar así que de un salto me levanté de la cama, me dirigí al baño y me metí en la ducha con ella.

    – Irene: Parece que tienes mucha prisa.

    – Carla: Es que hay muchas cosas que hacer, es tarde.- Me hablaba sin mirarme.

    – Irene: Me estás evitando? Esta es tu estrategia? Porque no te va a servir la dos estamos metidas en la ducha y hacer como que no estoy no te va a servir.

    – Carla: No te estoy evitando, es sólo que tenemos que darnos prisa.- Seguía duchandose sin mirarme.

    – Irene: Carla, para un momento por favor, mírame.- Con una mano sujeté la suya y con la otra levanté su barbilla para que me mirara.

    – Carla: Qué pasa Irene?- Sus ojos parecían llorosos.

    – Irene: Eso digo yo, qué pasa? Estoy aquí y no me voy a ir. Cuéntame qué te pasa por la cabeza, porqué este cambio, déjame entenderte.

    Ahora ya estaba claro que estaba llorando, se acercó más a mí, apoyó su cabeza con la mía y me acariciaba la cara.

    – Carla: Irene…no sé cómo voy a poder llevar esto ahora. Este fin de semana ha sido espectacular y tengo miedo de la vuelta.

    – Irene: Lo llevaremos como siempre, no cambia nada.

    – Carla: Sí cambia Irene, provocas sentimientos en mí que hacía años que no sentía, ya se me ha ido de las manos y no quiero que se me vaya más.

    – Irene: A mi me pasa igual, por eso necesito saber que vas a estar ahí. Te necesito cerca Carla…entre las dos podemos controlarlo, no tiene que acabar aquí, lo pasamos bien juntas.- Me acerqué más y la besé.- Prometo dejarte algo de distancia.

    – Carla: No puedo acabarlo, aunque quiera…- sonaba triste.

    – Irene: Bueno pues no lo acabes.

    La abracé con suavidad mientras recorría son cuerpo con toda la delicadeza que me era posible, besaba su cuerpo mientras nos caía el agua caliente y ella se quedó inmóvil. Su respiración se aceleraba y en sus ojos ya no habían lágrimas.

    Besaba sus labios, sus pechos, su clavícula, su cuello…con suavidad y sin prisa. Acariciaba su espalda, sus caderas, su culo…y acabé acariciando su clítoris.

    Ella seguí inmóvil, parecía derrotada, triste…pero no sé alejaba, no me retiraba, no me paraba.

    Yo seguí hasta que rompió su silencio con un gemido, sus piernas se debilitaron y la sujeté por la cintura y la pegué a mi cuerpo para sujetarla.

    – Irene: Estoy aquí contigo y no me pienso ir. Eres demasiado importante para mí como para dejarte ir.

    – Carla: Irene…no me dejes ir, pero ayúdame a llevarlo.

    – Irene: Te lo prometo, haré todo lo que esté en mi mano para hacerlo más fácil. No pienses que te vas a librar de mi tan fácilmente- Bromeé y la besé .

    – Carla: Gracias mi niña.- Por fin había una sonrisa en su cara.

    – Irene: Me encanta esa sonrisa. Ahora sí tenemos que irnos, vamos tarde.

    Terminamos de ducharnos, nos vestimos, arreglamos las maletas y la habitación y nos fuimos a desayunar con Laura y Juan.

    En resto del día Carla volvía a ser la misma, me provocaba y me besaba. Yo seguía igual, pero sabía que no iba a ser fácil llevarlo.

    El día fue tan duro como se esperaba, pero mereció la pena ya que lo que aprendimos era realmente útil. Por la tarde volvimos a Málaga, en el coche se notaba el bajón de la vuelta por parte de las dos parejas, ya que volvíamos a la realidad, a pocos kilómetros de la ciudad paramos y las dos parejas nos tomamos unos minutos para acabar con la escapada. No era una despedida pero lo parecía. Llegamos a nuestros coches y quedamos en vernos esa misma semana que entraba, en clase.

    – Juan: Bueno chicas, nos vemos en clase, muchas gracias por avisar para hacer el curso. Deberíamos buscar otro de más tiempo y más lejos jajaja.

    – Laura: Sí chicas gracias por animarnos a ir.

    – Carla: Tienes razón Juan, algo tendremos que buscar jajaja.

    – Irene: Nos vemos esta semana en clase. Os quiero petardos.

    Juan y Laura se tomaron un tiempo para despedirse y Carla y yo hicimos lo mismo.

    – Carla: Nos vemos mi niña, que descanses. Lo he pasado genial.

    – Irene: Lo mismo digo rubia. Eres perfecta.

    Nos besamos y cada una subió a su coche en dirección a su casa.

    A la mañana siguiente mi marido se interesó por el fin de semana, le enseñé fotos que hice en momentos concretos para cubrirme las espaldas y justificar el tiempo libre que tuvimos, los cuatro amigos juntos de turismo por la ciudad, comiendo o tomando algo. Y cómo era de esperar no pasó por alto los arañazos de mi espalda.

    – Iván: Madre mía Irene! Y esos arañazos?

    Había tenido tiempo para pensar una mentira y prepararla para que sonara convincente.

    – Irene: Puff has visto? Haciendo uno de los ejercicios con Carla, hubo un problema con las cuerdas, resbalé y pegué un buen golpe, pero vamos nada grave, fue más el susto que otra cosa. Carla la pobre se sentía fatal pero ya le dije que no había sido culpa de ella, son cosas que pasan.

    Hice un teatro con los movimientos de cómo había pasado para apoyar la historia y salió perfecto, Iván quedó conforme y no hizo más preguntas.

    – Irene: Anda que… si cuando yo te digo que eres torpe no es sólo para meterme contigo, que también jajaja.

    Nos reímos un rato y seguimos contándonos el fin de semana que habíamos tenido los dos. Ese día Iván se cogió el día libre para poder pasarlo juntos, llevamos a las niñas al cole, volvimos a casa y pasamos todo el rato en la cama hasta la hora de volver a recoger a las niñas. Disfrutaba con él y lo pasábamos bien, pero había algo que me faltaba, algo que no llegaba a excitarme como lo hacía con Carla.

    El día que teníamos clase, antes de tomar el café con Laura y Juan, Carla y yo quedamos en la parte de atrás de su coche.

    – Carla: Se han hecho largos estos días.

    – Irene: Bueno ya estamos aquí, aprovechemos el tiempo que tenemos.- Sonreí.

    Carla se sentó encima mío y nos estuvimos besando, mi manos entraban por debajo de su ropa y acariciaban su cuerpo y para cuando llegaron a su pantalón, Carla me paró.

    – Carla: Vamos a dejarlo así vale? Tenemos poco tiempo y no quiero llegar a más hoy.

    – Irene: Está bien, como prefieras.- Acepté ya que le prometí que se lo haría fácil.

    Seguimos besándonos un rato más, aunque prometí no hacerle nada más, con la excitación no podía evitar mover mis caderas y mover a Carla con mis movimientos. Mi corazón golpeaba con fuerza, ella lo notó y paró su mano en mi pecho.

    – Carla: Se te va a salir el corazón del pecho!- Dijo asombrada.

    – Irene: Sí…bueno…es lo que provocas en mí, es difícil contenerme y no poder tenerte.

    – Carla: Me gusta esto, pero deberíamos parar, tampoco quiero torturarte.- Sonreía.

    – Irene: Venga un ratito más y nos vamos.- Le devolví la sonrisa.

    Era difícil aguantar la situación así, pero se me hacía más difícil aún tener que bajarme del coche y no poder tocarla. Estuvimos un ratito más y nos fuimos a la cafetería donde habíamos quedado con Laura y Juan.

    Las siguiente semanas nuestros encuentros fueron iguales. Me encantaba poder sentirla y tocarla, pero volvía a casa con un calentón increíble y siempre acababa o con mi marido en la cama o yo sola en la ducha, sin poder sacarla de mi cabeza. Estaba siendo frustrante, pero si era lo que ella quería, así sería.

    A principios de marzo me llamaron para trabajar,en una empresa que se dedicaba a lo que habíamos estudiado en nuestro primer fp, era una gran oportunidad y acepté. El problema estaba en que serían turnos de 12 horas y no siempre ibamos a poder vernos. En la próxima clase que tuvimos se lo expliqué a Carla cuando estábamos en la parte de atrás de su coche.

    Cómo siempre se sentó encima mío y empezó a besarme.

    – Irene: Carla tengo que contarte algo.

    – Carla: Cuéntame.- Seguía besándome sin parar.

    – Irene: Me han llamado para trabajar, lo malo es que no siempre podré venir a clase ya que los turnos son de 12 horas.

    – Carla: Ya… entiendo…Bueno enhorabuena, me alegro mucho por ti.

    – Irene: Nos veremos menos, pero nuestra relación no cambiará. También era lo que tú querías algo de distancia, nos vendrá bien.

    – Carla: Se me hará difícil, venir y no verte, pero sí creo que nos vendrá bien.

    Realmente no me esperaba la reacción de Carla, pensaba que se lo tomaría peor, ya que yo lo llevaba mal. Ella parecía indiferente y en cierto modo me sentó hasta mal. Nuestra relación se había enfriado y al decirle que nos veríamos menos ella reaccionó casi con indiferencia o eso parecía. Seguimos con nuestro encuentro en su coche como era últimamente, nos fuimos a tomar café y después a clase. Yo andaba algo molesta pero trataba de ocultarlo.

    Salimos de clase, ella desapareció y llego un mensaje suyo a mi móvil.

    – Carla (móvil): Ven al baño de la primera planta.

    Entre al baño y la llamé, se abrió una puerta y entré.

    Carla me chocó contra la puerta nada más entrar y empezó a besarme, con la agresividad que normalmente utilizaba yo. Me mordía y casi no me dejaba moverme. Me quitó la camiseta, apretaba mis pechos y mordía mis pezones. Tenía rabia en sus besos y en sus movimientos, no estaba acostumbrada a esta reacción en ella pero me tenía loca, le dejé hacer y me limité a disfrutar.

    Desabrochó mi pantalón, empezó a masturbarme de forma brusca, esta vez no me miraba a los ojos y seguía mordiendome con rabia. No pude aguantar mucho más, llegue al orgasmo y ella tapó mi boca con su mano para silenciarme, ahora sí me miraba a los ojos, con sus ojos llorosos.

    – Carla: Te voy a echar de menos.- Apoyó su cabeza en la mía.

    Ahora ya entendía su comportamiento.

    – Irene: Yo también te voy a echar menos, pero entiende que no voy a dejarte, seguiré contigo aunque nos veamos menos.

    – Carla: Ya…es sólo que me ha pillado por sorpresa, con la guardia baja. Realmente me alegro mucho por tí, de hecho me da hasta un poco de envidia.- Sonrió

    – Irene: Bueno vendrás algún día a verme a la base? creo que tenemos una habitación propia, ya te contaré según vaya sabiendo.

    – Carla: Eso estaría bien.

    – Irene: Qué tal si ahora vamos a tu coche y me dejas disfrutarte un ratito.

    – Carla: Sí vamos, estoy deseando.

    Metí mi mano en su pantalón y su ropa interior estaba empapada.

    – Irene: Uy sí, esto hay que arreglarlo.

    Subimos en su coche, nos fuimos a unos caminos apartados y pasamos a la parte trasera. Hacía tiempo que no había podido pasar de su pantalón, así que tenía pensado tomarme mi tiempo y disfrutarla.

    Se sentó encima mío y mientras que la besaba, desabroché su pantalón, metí mi mano y la masturbé hasta que se corrió. Le quité los pantalones y la ropa interior, se recostó en el poco espacio que había, separé sus piernas y metí mi cabeza, el coche se llenó de gemidos y sus caderas se movían al ritmo de mi lengua. La miraba, miraba su cara de placer, como se mordía el labio y como gemía. Al mismo tiempo yo frotaba mi clítoris y disfrutaba de su sabor. Se volvió a correr pero esta vez no paré hasta que yo también llegué, lo que hizo que siguiera gimiendo, me tirara del pelo y su cuerpo se tensara y se retorciera del placer.

    Para cuando terminé, Carla estaba agotada.

    Nos besamos y me llevó va casa.

    – Irene: La semana que viene no nos veremos, pero estamos en contacto por móvil vale?

    – Carla: Sí ya me irás contando qué tal. Te quiero mi niña.

    – Irene: Yo también rubia, estamos en contacto.

    Antes de bajarme del coche, le di un pequeño beso en los labios y me fui.

  • Lo que pudo haber sido (Cuarta y última parte)

    Lo que pudo haber sido (Cuarta y última parte)

    – Ésta es tu sorpresa – me susurró ante mi atónita cara – bueno, la mayor parte

    – No… no sé qué… – balbuceé, pues estaba demasiado impactado de toda aquella situación. Elena me plantó un beso y me metió la lengua hasta la garganta

    – No tienes que decir nada mi amor – me dijo después de romper el beso – quiero que disfrutes

    La mujer que me estaba dando un más que decente tratamiento oral, se irguió para mostrarme un cuerpo espectacular. Unos pechos redondos, generosos y firmes, una cintura pequeña, piernas largas y muy bien torneadas, acompañadas de un rostro digno de revista. Pelirroja, ojos cafés y con pecas en gran parte del cuerpo. No alcancé a verle el culo de un primer vistazo, pero poco después comprobé que era culo y medio. No más de 35 años, evidentemente mayor de edad, según mis cálculos. En esencia, una inverosímil belleza completamente pornográfica.

    Es importante mencionar que, a mí, NUNCA, nunca me ha importado el físico. Nunca he sido fiel seguidor del canon occidental o mundial de lo que se refiere al ideal de la belleza femenina. Eso me viene dando igual. Soy un firme creyente de que existen cosas mucho más importantes que el aspecto físico o los atributos que uno posea. No me malinterpreten, claro que influyen en muchos sentidos, pero, creo que es una banalidad. En mi país hay una frase muy buena: “el cuero es el que se arruga, pero el corazón nunca envejece”. El físico es algo transitorio y en algún momento va a caducar; sin embargo, la perversidad, la mentalidad, los secretos y fantasías, los modos, las formas, los movimientos, las disposiciones y muchas otras cosas más, así como la inteligencia, la cultura y percepciones de la vida, creo yo, son mucho más importantes que otras cosas. Para un servidor, el cerebro y la lengua, son las zonas más erógenas. Aunque, si he de decantarme por algún físico, prefiero a las gordibuenas, pero como dije, eso da igual. Eso sí, deben de tener una sonrisa bonita o por lo menos decente.

    Creo que también influye mucho el amor, los sentimientos o la familiaridad que se tenga con determinada persona. Es por eso que siempre preferiría a mi esposa sobre cualquier mujer, independientemente de si ésta es “más bonita”. En primer lugar, mi esposa es y será la mujer más bella de todo el mundo, sin importar que… al menos para mí. Que aquella mujer fuera, en teoría, muy hermosa y prácticamente una diosa… bueno, no le llegaba ni a los talones a la insuperable belleza del amor de mi vida. Si me dieran a escoger, me quedo con mi morena de fuego. Siempre. Pese a que, la mujer que estaba frente a mí era… bueno, de esas mujeres por las que todo el mundo se derrite y tira baba por la boca.

    – Mucho gusto en conocerte – soltó con evidente sensualidad la pelirroja. Tomó mi pene con una de sus manos y lo meneó con delicadeza para después plantarme un beso que casi puedo asegurar que le provocó celos a mi hermosa Elena. Casi

    – No me puedo creer esto – dije sin saber cómo reaccionar; además me encontraba completamente, hasta cierto punto, inmovilizado y a merced de lo que quisieran hacerme esas dos mujeres.

    La mujer volteó a ver a mi esposa un tanto confusa. Elena solo sonrió y se acercó a ella y le susurró algo al oído que no pude escuchar. Tras asentir un par de veces, la mujer sonrió y soltó una pequeña risa. Aquello, me intrigó y me molestó. Saber que hablan de mí y que, probablemente se estén burlando de mí, me molesta muchísimo. Por desgracia no estaba en posición de remilgar mucho. Mi esposa me estaba regalando un trío y con una mujer de película porno. A saber de dónde la habría sacado.

    – Ok, muy bien – comenzó la mujer – primero que nada…

    – Primero que nada, ¿cuál es tu nombre? – interrumpí

    – ¿Importa? – respondió y le restó importancia con un ademán – Para lo que estamos a punto de hacer, sirve de poco.

    – Eso sí – convine

    – ¿Siempre habla tanto? – le preguntó a mi mujer

    – Casi siempre – respondió un tanto burlona Elena

    – Eso no me gusta mucho – comentó la pelirroja

    Tomó de la mano a mi esposa y se dirigieron hacia una cama matrimonial que había en una parte del sótano. La sentó y le plantó un beso que, de no haber tenido la verga completamente parada, me habría hecho perforar un muro. En mi opinión hay algo profundamente sensual y erótico cuando dos mujeres se besan. Elena aprovechó para manosear un asquerosamente perfecto par de nalgas mientras seguían con el morreo. La pelirroja fue bajando lentamente, pasando por sus pechos, en los que se recreó un poco, pero siguió su camino hasta un coño rebosante de flujo.

    Le aplicó unos breves lametones para después dejarla ahí, sobre la cama, con las piernas abiertas y excitada a raudales. Se dirigió hacia mí con un andar descomunalmente sexual, dejándonos con la boca completamente abierta a mi esposa y a mí. Me plantó un beso cachondísimo que me hizo probar los deliciosos flujos de mi mujer. Después, se volvió a hincar para succionar mi pene con una maestría que sólo una mujer podría igualar. Yo, estaba en la gloria y apunto de correrme, pero no quería terminar tan pronto.

    Levanté la mirada y vi a Elena masturbándose observando como otra mujer me la mamaba. Honestamente no cabía en mi de felicidad y excitación. Mi esposa me sonrió y me sorprendí de que además de todo, también tenía una pequeña vena voyeur. La mujer se detuvo justo antes de que eyaculara, lo cual agradecí, pues no quería terminar aún. Se irguió y me volvió a besar, aunque brevemente.

    – Quiero establecer algunas reglas – comenzó e hizo una pausa posando sus ojos sobre mí, dándome a entender que esperaba que no la interrumpiese – Primero, los golpes y cualquier agresión física no pueden dejar ninguna marca permanente o no pueda causar alguna lesión grave. Segundo, nada de eyaculaciones dentro de la vagina a menos que uses condón. Culo y boca sin problema. Por lo demás, estoy a su disposición. No tengo palabra de seguridad, pero si digo alto, es alto. ¿Entendido? – nos miró a los dos alternativamente. Elena asintió.

    – ¿Cuál es tu rol? – le pregunté

    – El que ustedes me asignen – respondió con soltura mientras daba vueltas a mi alrededor – puedo ser dominante, sumisa o simplemente asistir

    – ¿Elena? – me dirigí a mi esposa

    – Tú decide, es tu sorpresa – respondió aun con la mano sobando su clítoris

    – ¿Qué es lo que te excita a ti? – le pregunté a la pelirroja

    – ¿No te cansas verdad? – me recriminó la pelirroja – ¿Es absolutamente necesario? ¿No puedes simplemente decir lo que quieres y ya? – suspiré y ella me miró un tanto turbada o quizá lo mejor sería decir con prisa

    – Muy bien, este es el asunto y probablemente tarde en explicarme. De primera instancia, me disculpo si en algún momento sueno grosero. No lo soy. Simplemente quiero ser honesto – comencé y noté el hastío en ambas mujeres, pero poco me importó – Creo que soy un tipo peculiar y una paradoja viviente. Yo disfruto siempre siendo el que manda; sin embargo, también me gusta complacer. Si te gusta que te pegue, te pego. Yo disfruto con el dolor ajeno, pero si no te gusta que te lastimen, no lo hago. ¿Me explico? – la pelirroja me miró con curiosidad, aunque no puedo decir si su sonrisa era de burla o de simpatía – A mi esposa le gusta que la maltraten y yo disfruto enormemente con su dolor, pero sólo porque su mismo dolor le causa placer. Si eso no sucediera, pese a que mí me produce placer, ese disfrute estaría vacío y no me gusta esa sensación. Hay cosas que me gustan y me excitan, pero todo siempre debe de ser consensual.

    ” Creo que a mi esposa la conozco bien y entiendo sus gustos, los cuales empatan perfectamente con los míos, pero a ti no te conozco y no sé lo que te gusta. De lo que estoy seguro es que no quiero una actuación. Si soy malo, me lo dices y punto. Si mi esposa no es buena, también. Si te gusta o no, lo expresas. Punto. Si sólo estas aquí por el dinero, puedes largarte después de que me desates y termines la mamada que me estabas haciendo. No te preocupes por el dinero…”

    – Ya me pagó tu esposa – me interrumpió en un tono neutral, con un deje de negatividad implícito

    – Más a mi favor – dije con un orgullo que desconocía – Te repito, si estás aquí sólo por el dinero, puedes retirarte. Si te quedas, tienes que ser honesta. ¿Qué quieres hacer? Ambos tenemos límites también y cosas que no hacemos. ¿Te gusta dominar o el sadismo? Aquí te ofrezco a mi esposa o a mí mismo – de lo último no estaba muy seguro, pero se me salió antes de poder pensarlo bien – ¿Te gusta ser dominada? Elena o yo podemos hacerlo, pese a que no somos expertos ni nada de eso. ¿Simplemente eres normal? También eso lo puedo hacer yo o mi esposa. ¿Prefieres a las mujeres o a los hombres? Puedes hacerlo con los dos o sólo con uno. Reitero, mi petición principal es que seas honesta. Lo demás sobre la marcha.

    – Vaya que los tienes bien puestos, ¿eh? – dijo después de unos instantes de mirarme a los ojos. Elena se había detenido y me miraba con honesta curiosidad, pero seguía con las piernas abiertas obsequiándome uno de los más deliciosos “tacos de ojo” que pueda haber contemplado. – ¿Todo o nada? ¿Es en serio? – Asentí

    – Tú dices si te quedas o te vas – sentencié – pero, antes que nada, desátame ya – ordené

    La pelirroja se quedó parada unos momentos. Su cara no expresaba nada y continuaba con su mirada fija en la mía. Un tanto retadora, puedo decir. Me costó infinitamente tratar de descifrarla, pero quiero pensar que se encontraba decidiendo. Me la estaba jugando y no quería perder, pues de verdad ansiaba coger con aquél monumento a la belleza. Tras unos angustiantes momentos de indecisión, se acercó y me soltó de mis amarres. Agradecí el gesto y moví mis brazos un tanto doloridos. Elena se enderezó, expectante.

    La pelirroja, contrario a lo que anticipaba, volvió a hincarse y continuó con la mamada. Posó sus ojos en los míos y puedo asegurar que aquella mirada significaba un: “me quedo”. Solté un suspiro de alivio y placer al sentir la experta boca de la mujer que se encontraba a mis pies cuando engulló mi endurecido pito. Le ordené a Elena acercarse para que acompañase a la mujer que me estaba llevando al quinto cielo.

    El hecho de ver cómo mi hermosa esposa alternaba la mamada con una exuberante belleza y que, además, alternara la felación con besos y lengüetazos juguetones me hicieron llegar a un morbo que creía inconcebible. Les avisé que en cualquier minuto terminaría, por lo que Elena se apartó un poco y dejó que la pelirroja se tragara todo mi semen. ¡Vaya placer! Tenía muchísimo tiempo que no estallaba de manera tan brutal con una mamada. La corrida fue normal, pero la tipa se la tragó entera sin compartir nada con mi esposa.

    Debido a la gloriosa pastilla azul, yo seguía completamente erecto y en pie de guerra. Elena se enderezó y me besó. “Te amo” le susurré y ella me sonrió. La pelirroja se quedó hincada y nos miraba con expectación.

    – Hagan lo que quieran – soltó con urgencia – yo obedezco.

    – ¿Segura? – insistí no muy convencido de su resolución ella asintió – Muy bien, a cuatro patas en la cama y con las nalgas levantadas, le comes el culo y la concha a mi mujer. Ya – ordené

    Ambas se colocaron con prontitud como les había ordenado. Ante mí, un cuadro de lo más voluptuoso: un soberbio (aunque el adjetivo se quede corto) par de nalgas bajo el cual asomaba un coño rosadito y sin un pelo, y más adelante, una deliciosa piel morena que se retorcía ante la hábil lengua de una pelirroja. Escupí y palpé un coño caliente y húmedo y sin más, la penetré lentamente. ¡Uf! Estaba apretadísimo. En verdad que parecía virgen. ¡Qué placer! Comencé a moverme lentamente para tratar de disfrutar al máximo ese coño mientras escuchaba los gemidos de placer de mi esposa gracias a las caricias que recibía.

    – ¡Más rápido! – me suplicó la pelirroja en un suspiro mientras sentía cómo es que me lo pedía su cuerpo.

    Le solté una nalgada y aumenté el ritmo. Ni siquiera lo notó. El cambio fue abrupto, pero fue recibido con un grato gemir. Había pasado de un ritmo lento a un frenético mete y saca. Yo amasaba ese perfecto par de nalgas y de vez en cuando soltaba una nalgada. Mi mujer disfrutaba bastante del oral que la pelirroja le hacía. Estuvimos así cerca de 10 minutos hasta que mi esposa estalló en un profundo orgasmo, se separó de ella y se hizo un ovillo, disfrutando. La pelirroja seguía gimiendo bajo mis envites, pese a que mi orgasmo se encontraba muy lejos. Aun así, disfrutaba inmensamente de todo aquello.

    Mientras mi esposa se recuperaba, aproveché para voltear a la pelirroja y disfrutar de la vista de sus bamboleantes ubres. Las apreté con destreza y reconocí de inmediato que eran naturales. ¡Dios mío con aquella mujer! Era un sueño. Seguí penetrándola cuando mi esposa se me acercó y me dio un delicioso beso. “¿Disfrutando de ponerme el cuerno cabrón?” me soltó con una sonrisa cómplice observando como taladraba sin piedad a otra mujer. Eso me calentó más si cabe, pero no se quedó quieta. Se acercó a la pelirroja y comenzó a besarse con ella mientras le amasaba las bamboleantes tetas; la pelirroja correspondía con las mismas caricias e ímpetu en los besos, entre los cuales gemía.

    Poco después, mi mujer se colocó atrás de mí y me soltó una tremenda nalgada, para después dirigirse a un pequeño closet que había al fondo de la habitación de donde extrajo una pequeña fusta. Se acercó a nosotros, que seguíamos en plena faena y me soltó un fustazo en las nalgas, algo fuerte. Lejos de incomodarme, me agradó, pese a que el dolor era intenso. Como no di muestras de haberlo notado, volvió a azotarme, ésta vez, un poco más fuerte.

    No pude evitar soltar un gemido ronco de dolor que me hizo disminuir un poco el ritmo con el que me cogía a la pelirroja. Volteé la mirada hacia Elena e intenté hacerle saber con los ojos que estaba pisando terreno peligroso. Me sonrió como si nada hubiera sucedido y comenzó a darle leves azotes a las tetas de la mujer que se encontraba pintándole la cornamenta. Feliz ante el gesto, disminuí el ritmo e instantes después salí de la pelirroja. Alcancé a vislumbrar que la pelirroja tenía una pequeña vena masoca, así que decidí explotarla. Se me había ocurrido un pequeño juego.

    Recorrí con la mirada rápidamente el sótano y sonreí ante la destreza de mi esposa. Había todo tipo de cosas que me llamaron la atención y moría por utilizar. La iluminación era tenue y descubrí cerca de las escaleras un pequeño panel en el que, intuí, se podía adecuar la intensidad. En esos momentos, había una luz tenue, pero suficiente. En diferentes lados del techo, había empotrados (o soldados, no lo sé decir) argollas de las que pendían cadenas o simplemente se encontraban ahí para colocar cualquier tipo de artilugio. Había un potro parecido a los de gimnasia, una silla de ginecólogo y una “X” de tortura lo suficientemente grande para inmovilizar a un hombre más alto que yo. También estaba la cama matrimonial, con dosel y cuatro postes pegada a una pared cerca de las escaleras. Había también una mesa normal, con 4 sillas acojinadas, un mueble para guardar algunas con dos cajones y un pequeño refrigerador. Enseguida estaba el closet de donde mi esposa había extraído la fusta y me dirigí ahí, dejando a las dos mujeres, confusas.

    Tomé dos esposas y varias pinzas de metal unidas a cadenitas que encontré. Sonreí al ver que mi esposa había surtido muy bien el sótano y me imaginé torturándola posteriormente con diferentes cosas que alcancé a reconocer. Volví a su lado y las esposé con los brazos a la espalda. Después les ordené colocarse una frente a la otra muy cerca, pero sin tocarse. Procedí a adornar aquellos maravillosos cuerpos con las pinzas de metal que había traído, intentando que cada una estuviera casi exactamente en el mismo lugar, tanto en una como en la otra formando algo así como un espejo. Fue difícil porque tuve que compensar la diferencia de altura y otros aspectos, pero me agradó el resultado.

    Cuando terminé, cada una tenía 6 pinzas en cada pecho incluyendo el pezón, una que otra distribuida en el abdomen, para continuar con dos en cada labio y coronar con la última en el clítoris de cada una. Finalmente, coloqué una cadena que unía las pinzas del cuerpo de la otra con las suyas propias. También había traído dos consoladores que tenían vibrador. Desgraciadamente no eran iguales. Uno de color rojo era un poco más grueso que el otro, de color verde. Extraje de mi pantalón una moneda y la lancé al aire. La pelirroja, muy avivada, gritó “sol”. Cuando la moneda dejó de girar en el suelo, comprobamos que ella había ganado.

    – ¿Cuál consolador eliges? – le pregunté mostrándole ambos

    – El verde – respondió sonriente. Mi esposa puso cara de cierta preocupación.

    – Lo siento amor – sonreí con malicia. Le introduje el consolador verde a la pelirroja y, con algo de dificultad, debido al tamaño, el rojo a mi esposa. Encendí a ambos en la máxima velocidad. Ambas gimieron

    Me separé de ellas y esperé un par de minutos. Ambas se retorcían un poco de placer. Cogí la fusta y azoté con fuerza normal el culo de mi mujer. Ella gimió de placer y dolor. Sonreí y me coloqué detrás de la pelirroja (Dios mío, que culo…) y lo azoté de igual manera. Gimió, pero lo soportó un poco mejor.

    – El asunto es simple – comencé y ambas centraron su atención en mí. – La primera que suelte el vibrador dos veces, pierde. La ganadora podrá deshacerse de sus pinzas y tendrá que ponérselas a la perdedora en donde mejor crea conveniente. La perdedora deberá mantener las pinzas por media hora más y recibirá un castigo de diez duras nalgadas en cada glúteo. ¿Entendido?

    Ambas asintieron. Noté la determinación en sus semblantes y alcancé a percibir un poco de temor en el rostro de mi esposa. Aticé la cara externa del muslo de mi esposa y gimió de dolor, retorciéndose un poco, lo cual generó que las pinzas se estiraran, tanto en su piel, como en la de la pelirroja. Esperé unos instantes para azotar ahora, la espalda de la pelirroja, quien también se retorció, generando el mismo efecto. El sonido de los vibradores se mantenía constante.

    – Ahora, deben tener en cuenta a su compañera en este pequeño castigo, porque no sólo sus propios movimientos les van a causar dolor, sino también los de ella – les expliqué con malevolencia.

    Me alejé un poco y procedí a vendarles los ojos a ambas. Les ordené dar medio paso hacia atrás para mantener cierta tensión en las cadenas y les prohibí caminar hacia adelante. Azoté nuevamente ese hermoso par de nalgas blancas con un poco más de fuerza y la pelirroja se inclinó un poco hacia adelante haciendo gemir de dolor a mi esposa. Azoté de nueva cuenta su espalda para verla retorcerse ahora hacia arriba, infringiendo nuevamente dolor a mi mujer. Azoté ahora la espalda de Elena, la cual se retorció y le causó dolor a la pelirroja.

    Después de cinco minutos de azotes intermitentes en diferentes partes de su cuerpo, ambas temblaban, pues no sabían de dónde vendría el siguiente azote. Los golpes no eran duros, pero sí firmes. Una observación detallada me llevó a notar que la pelirroja estaba haciendo un esfuerzo tremendo por mantener el consolador en su vagina, pero sonreí al notal un pequeño charco de flujos bajo las piernas de ambas. Un par de minutos después, la pelirroja no pudo más y el consolador que se alojaba en su coño, resbaló y cayó al suelo.

    – Bueno, llevamos las de perder – le susurré al oído y me agaché para recoger el consolador. Con lentitud, se lo volví a insertar en la encharcada concha. Miré hacia mi esposa y noté que su consolador también estaba resbalando, pero aún le faltaba para caer.

    Continué con el juego e instantes después, Elena fue la que soltó el consolador. Jadeaba por el esfuerzo y la pequeña azotaina que estaba recibiendo.

    – No sé por qué pienso que quieres perder mi amor – le dije al oído a mi esposa, la cual sonrió tímidamente y exclamó de placer cuando sintió cómo le insertaba nuevamente el consolador, pero ahora con más facilidad. Continué cerca de tres minutos más, cuando nuevamente mi esposa soltó el consolador. – Al parecer, tenemos a una ganadora.

    Le quité la venda de los ojos a la pelirroja y le quité las esposas. Le ordené quitarse las pinzas con cuidado y adornar como mejor le pareciera a mi hermosa esposa. Ella se fue quitando las pinzas una a una y cruelmente las fue colocando en la bella piel morena de Elena. Agregó unas cuantas a los labios y colocó otras en las axilas y chamorros. Deberían de doler bastante.

    Llegados a este punto, yo estaba con la verga a reventar. Me acerqué a besar a la pelirroja y sobar nuevamente ese par de nalgas tan gloriosamente perfectas. Los besos aumentaron de intensidad hasta que nos vimos inmersos en un delicioso faje en toda regla. Era agradable sentir ese cuerpo tan perfecto y la pelirroja sabía perfectamente como corresponder a mis caricias. Sin embargo, no se comparaba a la delicia de mi esposa. Pero me abandoné al disfrute, viendo como mi esposa permanecía obedientemente quieta, soportando el dolor de las pinzas.

    Debido a nuestro repentino furor, la pelirroja me fue llevando hacia la cama y la volví a penetrar. Fue delicioso volver a meterme en su concha. Ella comenzó a gemir y noté como mi esposa se retorcía un poco. Mientras tanto, yo acaricié cada centímetro de la piel que tenía a mi disposición, mientras ambos gozábamos del adulterio que cometíamos.

    Minutos más tarde, le avisé que estaba por terminar y me dijo que la sacara. Me aproximé a mi esposa, la hice hincarse y se la clavé en la boca para, un par de minutos después, terminar en su garganta. Para mi sorpresa, imaginé que ahora si bajaría la dureza de mi miembro, pero no fue así. Seguía tan duro como hace unos instantes. Sonreí nuevamente. La pelirroja me observaba con cierta indecisión.

    – Ahora quiero que lubriques bien ese ojete mi amor – le susurré al oído mientras retorcía una de las pinzas de sus pezones. Gimió de dolor y placer. – Quiero que veas como me cojo a otra

    – Cabrón – respondió sonriendo – ¿Te está gustando esto verdad?

    Le ordené a la pelirroja colocarse a cuatro y guie a Helena para que le diera un buen beso negro. Ambas féminas estaban disfrutando hasta que consideré pertinente y aparté a mi esposa de un empujón que la tumbó al suelo. Procedí a introducir mi inhiesto miembro en el ojete de la pelirroja. ¡Uffff! Si su concha estaba apretada, su culo lo era aún más. Tardé un poco en enterrar por completo mi cipote en aquel glorioso par de nalgas, momentos en los cuales, mi esposa se retorcía de dolor, pues con la caída, varias pinzas se le cayeron. Mientras dejaba que el orto de la pelirroja se acostumbrara a mi verga, tomé por el cabello a mi esposa y la levanté con fuerza (a lo que ella gritó por el dolor y el maltrato), para besarla. Ella correspondió a mis besos y poco a poco le fui quitando las pinzas. Aquello debía dolerle, puesto que había empezado a llorar.

    Una vez terminé de quitarle todas las pinzas a Helena, comencé un lento mete y saca en el culo de la pelirroja. Helena aún tenía la venda y las esposas, pero me buscaba con el rostro para que siguiéramos besando. ¡Vaya situación! Cogiéndome a otra mujer mientras besaba a mi esposa. ¡Qué idílico! Gradualmente iba aumentando el ritmo de mis envites y, al poco rato de besar y manosear a mi esposa, la despojé de la venda, pero la mantuve con las manos a la espalda aun sujetas. Yo estaba en la gloria. El culo de la pelirroja era deliciosamente apretado y me sentía acabar en cualquier instante. Helena me sonrió mientras observaba como era que penetraba a otra mujer y gozaba. De vez en cuando le soltaba una buena nalgada; sin embargo, la pelirroja no decía nada, al contrario, gemía como una loca.

    Alargué mi mano para dedear a mi esposa y ella lo agradeció abriéndome las piernas con obscenidad. Estuvimos así cerca de cinco minutos e instantes después, la pelirroja estalló en un orgasmo que la tumbó en el suelo. Yo estaba casi a punto y mi esposa igual. Seguí dedeandola mientras observaba como la pelirroja se recuperaba retorciéndose en la cama. Aproveché para besar y amasar cada parte del cuerpo de mi esposa mientras seguía dándole placer con mi mano, hasta que, Helena terminó, desplomándose también en la cama.

    De pronto, sonó un teléfono en algún lugar del sótano. La pelirroja se levantó, un poco tambaleante y se dirigió a un pequeño montón de ropa en el cual no había reparado. Sacó su teléfono y contestó agitada. Yo no podía apartar mis ojos de mi esposa. Era lo más hermoso que hubiera en este mundo.

    – Lo siento, pero tengo que retirarme – nos dijo la pelirroja comenzando a vestirse – Era una llamada un tanto urgente

    – ¿Todo bien? – pregunté un tanto decepcionado. Aún tenía varias cosas en mente, pero se esfumaron.

    – Eso espero – respondió un tanto turbada – porque, de verdad, me la estaba pasando bien

    – El trato era por más tiempo – le reclamó Helena

    – Lo siento corazón – respondió sonriente la pelirroja – De verdad tengo que irme, pero tienes mis datos. La próxima no te cobro nada si me prometen que la fiesta será igual

    – ¿Cómo sé que vas a cumplir eso? – preguntó mi esposa. En respuesta, la pelirroja se acercó a mi esposa y la besó de manera muy sensual

    – Porque me ha gustado muchísimo coger con ustedes – dijo con una sonrisa muy sensual – Y eso, en mi profesión, está muy cabrón.

    – ¿Necesitas que te lleve a algún lado? – le pregunté

    – ¿En el estado en el que te encuentras? – preguntó con obviedad mirando mi erecta verga – es mejor que te quedes y te desquites con tu esposa – Se acercó a mí y me plantó un beso con mucha, mucha lengua que me hizo hervir la sangre.

    Sin más, terminó de vestirse y se marchó. Por otro lado, Helena y yo, lo hicimos como conejos ese día.

  • Historia del chip (043): Dos aviones (Daphne 013)

    Historia del chip (043): Dos aviones (Daphne 013)

    Mientras Daphne estaba retozando en la hierba con Vasile, Gwen seguía trabajando. Habían encontrado el cadáver de Renoir, al parecer había forzado el organismo al tratar de llegar al barco. Era algo que no podía hacer en su situación de metamorfosis. Gwen no terminaba de entender al personaje. Tenía casi cincuenta años y esperaba que Jennifer viniese a verle. Si una futura top model, que tiene un cuerpo de película, acude a ti, y no calculas los tiempos de transformación, puedes forzar tu organismo más allá de necesario. La nueva biología tenía sus límites. La estupidez, no.

    Llegó a la conclusión de que había sido la transformación corporal unida al cansancio de nadar al barco lo que le llevó al colapso físico. Revisó algunas de las escenas amorosas que las imágenes de satélite revelaban. Renoir parecía manejarse bien con las dos chicas, aunque no lo suficiente. Gwen era consciente de que Jennifer era mucho más cercana al sex-symbol que sueñan los hombres. Nada parecía encajar en esta película. Se había alejado demasiado del barco con una chica que no tenía un cuerpo mejorado artificialmente.

    Calculó la hora y decidió coger ya el avión para poder desayunar con los padres de Daphne. Había contactado con ellos anteriormente -en cuanto Daphne los llamó- y habló brevemente, pero les dijo que quería verlos en persona. Quería agradecerles que Daphne hubiera salvado a su hija.

    Mientras estaba en el avión, investigó un poco la vida de Roman y Linda Hamilton. Pronto descubrió que el padre era un experto montañero y la madre sexóloga. O terapeuta sexual como se llamaban ahora. Eso podía ayudar muchísimo con la prensa. Pero no se hacía ilusiones. Parecían unos padres que dejarían los focos para su hija. Sus finanzas eran normales y pagar la escuela de su hija era un dispendio que no podían permitirse realmente.

    Sobre eso, ya podían olvidarse. Encontraría la manera de pagarlo todo y además que Daphne no tocase un centavo de su nuevo fondo. De todas maneras, pasarían años antes de que llegase dinero a ella. Los seguros eran algunas de las instituciones más lentas del planeta ¿Cómo abordar el tema con los padres? Le parecía que no eran gente muy preocupada por el dinero. Tontos no eran, no se puedo criar una hija así si lo eres. Tenían un hijo, siendo, al parecer, sólo de Linda, que se había casado antes. Su anterior marido había muerto.

    Gwen encontró la llave que necesitaba. El hijo quería ser analista del ejército. Una profesión incierta y a la vez de cierto prestigio en algunos círculos. A Gwen y a su marido les resultaría sencillo dar un pequeño empujón a su carrera. Aunque estaba en el avión y la conexión era a veces intermitente porque había una tormenta no demasiado lejos, despertó a su experto en supervivencia. Este le respondió malhumorado. Cuando Gwen le preguntó si conocía a Roman Hamilton, le contestó: “¡Pues claro! He coincidido con él varias veces. Pero probablemente no me recuerde. Él es una celebridad en este campo.”

    A Gwen empezó a gustarle el hombre. Sabía que también era una celebridad. Pero no parecía una humildad forzada.

    —¿Quizás aprendió la técnica de su padre? — le preguntó. Su interlocutor negó con la cabeza.

    —Él hubiera divulgado la técnica para salvar vidas. ¿Sabe? Sus charlas y sus exposiciones siempre tratan de mantener la cabeza fría y recoger del inconsciente la solución. No creo que le guste que su hija se beneficie de la patente de procedimiento— le señaló con algo de preocupación.

    —¿Por qué? Se la merece como dijo usted. Estuvo a punto de perder la vida y además salvó la de mi hija. ¿No creerá que no es dinero honrado? — le preguntó Gwen, muy interesada en la respuesta.

    —Es una persona muy especial. Y su mujer un encanto. Está claro que la hija ha salido a ambos.

    —He quedado con ellos para desayunar. ¿Qué haría usted? — volvió a preguntarle.

    —Ante todo, no hablaría de su hija. Para ellos, lo que hizo Daphne era su deber. No les insulte creyendo que tenía elección. Seguramente estarán orgullosos de lo que ha hecho. Lléveles el video. Puede enseñarles todo. Ahora me alegro todavía más de no haberla cobrado. ¿Sabe que Hamilton salvó a mi hijo de la muerte? Estoy empatado con usted.

    Al experto en supervivencia le brillaban los ojos.

    —Agradecería que llegado el momento me contase un poco más al respecto. Sobre el cobro, ya le he enviado fondos para cubrir sus servicios durante un tiempo, a pesar de sus reticencias. El dinero es lo único que me sobra y aunque no sirva como reconocimiento a su labor o a la de su compañero Hamilton, todo el mundo tiene que pagar facturas. De hecho, la información que me ha dado me resulta tan útil que no puedo dejar de estar muy agradecida. La próxima vez intentaré llamarle a una hora menos intempestiva.

    La propia Gwen empezaba a creer que sus propias peroratas eran interminables.

    —Puede llamar cuando quiera. Buenas noches, necesito volver a dormirme.

    Gwen también desconectó y estuvo unos minutos mirando por la ventanilla el espectáculo de los relámpagos lejanos. La azafata vino a preguntarle si quería comer o beber algo. Había esperado a que estuviese desocupada. Entonces se le ocurrió algo.

    —Juanita, ¿sabe usted qué tripulación estuvo en el vuelo que realizó mi hija hace dos días?

    —La mía. Como el avión se iba a quedar hasta el lunes allí, volví a casa en vuelo regular hasta que me avisaron de que lo iba a utilizar. ¿Seguro que no quiere tomar nada? — volvió a preguntar la azafata.

    —Tráigame un café o dos si le apetece. Y unos bollos. Me gustaría que se sentase junto a mí y me contase todo lo que recuerde de ese viaje. Y no se preocupe por las indiscreciones. Soy la madre de Jennifer y en este caso sería importante saber todos los detalles que recuerde. Le prometo que nada de lo que diga saldrá de aquí.

    Juanita negó con la cabeza y con las manos.

    —No puedo decirle nada, Señora. ¿Y si fuera su marido el que preguntara por usted?

    Gwen pareció comprender el punto de vista de Juanita.

    —Su lealtad me conmueve. Le pido disculpas si me he excedido. Le voy a enseñar unos minutos de un video y luego -si le parece bien- reflexiona sobre si considera que puede decirme algo sobre el viaje.

    Gwen encendió la tabla y buscó el fichero. Había puesto, previsoramente, un marcador de la escena sexual entre los tres amantes. Juanita enrojeció un poco.

    —Eso es un poco atrevido. ¿Cómo puede enseñarme algo así de su hija?? — le preguntó Juanita, molesta.

    —Va a salir en las noticias. Quizás mañana o pasado. Además, unos seres humanos desnudos y copulando no deberían resultar tan morbosos. Todo está en nuestras cabezas.

    Gwen prefirió no seguir presionando a Juanita.

    —Bueno, en el viaje todo fue algo más chic. Prefiero decirle más de la otra chica— refirió Juanita. Paró para tomar un sorbo.

    —Daphne— confirmó Gwen.

    —Sí, su hija también la llamaba H4. Quiero darle mi impresión y la de los pilotos de ese día pues luego hablé con ellas. Creo que su hija está enamorada de Daphne. Y que tiene una especie de control sobre ella. De todas formas, lo más llamativo eran los tacones que llevaba. Ya sabe que las mujeres nos fijamos en esas cosas. Eran muy eróticos. Y la chica los llevaba con enorme estilo. Es difícil llevar unos tacones así sin mucha práctica y dedicación. O eso creo, aunque algunas chicas se operan las piernas para poder facilitar la tarea.

    —Le puedo asegurar que esta chica no tiene nada operado. Me gustaría que prosiguiese. ¿Cree que hay algún video de ellas en la cabina? — preguntó Gwen intrigada.

    —La comisión de incidentes obliga a grabarlo todo, pero sólo lo referido a las circunstancias que acontecen en un accidente. Pero me parece que se podría intentar buscar algún disco duro con imágenes. El avión sigue en el Caribe, según creo. No se habrán borrado las imágenes. Pero quizás no le gusten.

    Juanita parecía seguir queriendo proteger a Jennifer.

    —Hágame un favor, dígale a uno de los pilotos que venga cuando pueda. Y traiga más café y chucherías para comer. Ofrézcales algo también. Estoy siendo desconsiderada. Voy a usar la tableta unos minutos y cuando acabe con ellas me gustaría seguir hablando con usted, si no le resulta molesto.

    Juanita se levantó con toda rapidez a cumplir con su deber. Gwen solicitó a la piloto que hablase con sus colegas, aunque tuviera que despertarlos y que enviase el avión del Caribe a reunirse con el suyo. Y que cambiasen las cintas de video antes de preparar el vuelo. Bajo ningún concepto debían de borrarse. También quería que estuviesen los pilotos que habían volado ese día. Habló un rato más con Juanita, pero ya no estuvo tan interesada en lo que le dijo salvo un detalle sobre el menú compartido entre su hija y su… entre sus dos hijas. Decidió que debía acostumbrarse a pensar en ella como su hija.

    El otro avión todavía no había llegado cuando aterrizaron. La limusina que estaba esperando le pareció demasiado ostentosa y tres manzanas antes de llegar al chalet de los Hamilton salió del vehículo y fue andando. Era una zona residencial bien conservada, sin demasiados lujos. Le extrañó que los Hamilton vivieran allí, pero pensándolo bien para el trabajo de ella debía de ser lo más cómodo posible. Él debía viajar bastante y dejarla sola. Supuso que ninguno de los dos tenía amantes. Desechó el pensamiento como una tontería. Seguía teniendo la creencia de que del amor de unos padres salen unos hijos responsables. La estaban esperando en el porche. Le resultaron tan encantadores que se alegró de haber dejado la limusina lejos.

    —Soy Gwen. La madre de Jennifer.

    Fue a dar la mano a Linda. Ésta prefirió un abrazo y un buen beso en la mejilla. Roman hizo lo propio. Linda sintió un escalofrío cuando él la tocó. No le gustaba nada tener ese tipo de sensaciones. Quizás estaba nerviosa.

    Esperó a que el café se acabase de todas las tazas, sacó la tableta y les dijo: “Quiero que sepan que mi hija está viva por la actuación de su hija. Y -espero que no les importe que se lo diga- les felicito. Por saber educarla como lo han hecho. Van a salir con toda seguridad unas imágenes suyas en los grandes medios. Y consideraba mi deber devolver un poco de lo que me han dado tratando de ayudar, si es que puedo hacerlo. Las imágenes son lo suficientemente fuertes como para que mucha gente las vaya a considerar censurables. Para mí, son lo más bonito que he visto a un ser humano hacer por otro. Antes hay una especie de juego sexual entre mi hija y la suya con un hombre llamado Renoir. Nada espectacular, al menos por la parte de él. Lo de nuestras hijas es otro cantar. Por suerte, sólo se ve el plano vertical del satélite.”

    Ninguno dijo nada y Gwen comenzó a reproducir el video. Los padres de Daphne estaban absortos y cuando vieron como Daphne refrigeraba, acunaba, limpiaba y refrescaba a Jennifer se dieron la mano y se miraron por un momento. No comentaron nada hasta que terminó toda la grabación. Linda no había hecho una selección de las imágenes. Quería que vieran todas las imágenes que había. La televisión seguro que pronto se haría con una copia completa. Roman fue el primero en hablar.

    —No entiendo muy bien por qué se ha molestado en venir en persona. Aquí no hay nada que pueda molestar a ninguno de nosotros. Y espero que menos a nuestra hija. Por cierto, no nos ha dicho como se encuentra su hija.

    —Mi hija se está recuperando y Daphne la acompaña en la habitación del hospital, no sea que muerda a alguien. He conseguido una tableta para ella así no pierde demasiadas clases, las recibe por vid, aunque se pueden imaginar lo extraño que resulta eso en el colegio. Son bastante inflexibles, pero por no aguantarme han optado por dejarlo correr— resumió Gwen.

    No le gustó como sonó. Era ella la que estaba agradecida, pero parecía sugerir lo contrario.

    —Le agradecemos sus molestias. Gwen. Creo que ha sido realmente amable mostrándonos las imágenes y ayudando a nuestra hija. Se lo digo de corazón. Mejor que saberlo de repente asaltada por un periodista. ¿Más café o tostadas?

    Linda parecía más afectada que Roman, algo que sorprendió a Gwen un poco.

    —Pues no me iría mal. Quisiera decirles que todo se acaba ahí, en un pequeño escándalo mediático salvo que las cosas no van a resultar tan sencillas. El señor Renoir ha sido encontrado muerto debido al esfuerzo que realizó nadando para llegar al barco. Fue el principal responsable de la situación de su hija, pero no el único: mi hija también.

    Roman y Linda se miraron y se quedaron pensativos. A Linda le gustó que no se precipitaran o que necesitaran romper el silencio. Si en algún recoveco tenía dudas sobre Daphne, se desvaneció. se prometió que la ayudaría tanto como a su propia hija. Su otra hija.

    Fue entonces cuando salió Charles, el hermano. Gwen tardó en reconocerlo. O en recordar que era hijo sólo de Linda. También la besó. Cogió un croissant de la mesa y mirándola espetó: “Yo la conozco.”

    Linda le cogió por el brazo.

    —No es momento, Charles. Perdónele, Gwen. Quiere ser analista. Es capaz de memorizar miles de datos absurdos, recabar patrones y quién sabe qué más. Pero los ordenadores hacen lo mismo a un coste inferior. Así que es un trabajo sin futuro.

    —Nunca se sabe, Linda, nunca se sabe. Charles, si tus padres están de acuerdo, me gustaría que vieras estas imágenes. Puede que tu capacidad nos sirva de ayuda… de mucha ayuda— reiteró, mirando a Roman más que a Linda. No pensaba que una terapeuta sexual tuviera demasiados problemas con las imágenes de la hermanastra de su hijo en bolas. El padre de la chica… no estaba tan claro. Roman accedió de inmediato.

    —Sí, Charles. Es buena idea. Y no te embales cuando vuelva tu hermana de vacaciones ni se te ocurra mofarte de ella.

    Linda y Gwen cruzaron una mirada y una media sonrisa. Hombres. Grandes y pequeños. Son todos iguales. Pero entendieron perfectamente lo que Roman estaba haciendo. Era mucho mejor que Charles viese las imágenes allí, con ellos, que con algún colega en la pantalla gigante de un bar.

    —Vale. Por cierto, esta tableta es cojonuda. La mejor del mercado.

    Charles estaba cogiéndola cuando Gwen se le adelantó.

    —Quédatela, pero antes quitaré mis códigos. Siendo analista igual me robas hasta las enaguas… si tuviera. Antes mira el video.

    Los cuatro se rieron con el chiste. Reprodujeron el video por segunda vez tratando de mirar a Charles, dejándole contemplar el espectáculo sin juzgarlo. Una vez acabado el circo, Gwen tecleó y ordenó transferencia de datos a la nube, algo innecesario. Buscó el vid completo y le dijo la clave a Charles.

    —J2K1.

    Luego ordenó vocalmente a la tableta que se reiniciara a modo fábrica con destrucción de datos. La tableta solicitó código escrito de confirmación. Gwen lo introdujo.

    —Cuando se reinicie teclea dos veces el código que desees. Luego una vez otro código de usuario y es tuya. Una cosa, tu hermana tiene una igual. Con acceso vidnet mundial. Puedes hablar con ella cuando quieras. Espero que se la dejes a tus padres al menos para que puedan saber de ella. Ajusta el horario suplementario a la costa oeste. Está libre desde la seis de la tarde, ya que, aunque ahora esté en el hospital con mi hija, tiene que seguir con las clases.

    Charles no necesitó ni una sola aclaración. Gwen supo al instante que llegaría a ser analista. Se fue corriendo.

    —¿Qué edad tiene? — preguntó, aunque la sabía perfectamente.

    —Diecisiete cumplió hace seis meses. Es hijo mío, no de Roman— contestó Linda. Gwen cabeceó dando a entender que comprendía. Roman intervino.

    —No sé si podemos aceptar unas tabletas tan caras, si son las mejores del mercado.

    Linda abrió los brazos.

    —Usted mismo puede ir a quitársela. Su hija la está usando para recibir clases. No aceptó dejar a Jennifer sola. Dijo que prefería que la expulsasen del colegio. Yo sólo le di la tableta por eso. Y sobre la de Charles, me parece que no voy a encontrar a alguien que le vaya a sacar más provecho. Tiene cuota de acceso ilimitada y pagada a perpetuidad con reemplazo automático. Si no me permiten regalarles unos meros cachivaches a sus hijos, no debería haber venido. No creo que el dinero compre almas y no me gusta darle el valor que no tiene. Su hija me lo ha enseñado hace poco.

    Gwen siguió pensando igual. Sus peroratas cada vez eran peores. Roman y Linda se cogieron de la mano. Nuevamente no dijeron nada. Gwen estaba fascinada con el proceso silencioso de la pareja. Habló Linda.

    —Gwen, te agradezco el detalle. Creo que voy a tutearte si no te importa.

    Gwen confirmó con un cabeceo. Linda prosiguió.

    —Debes llevar todo el día de ayer trabajando en esto. Y me parece que por cada fuego que apagas, aparecen dos más.

    Gwen escuchó atenta. Era la descripción más adecuada que había oído hasta ahora. Linda prosiguió.

    —Dejemos que Charles haga su trabajo, y que, por una vez, haga que tenga que rectificar mis palabras. Ese video debe ser interpretado por un humano y no por una máquina. Sabiendo que tu hija es una supermodelo espero que no te escandalices por lo que vaya a hacer Charles, porque creo que va a tardar un poco en salir, sobre todo porque ver a tu hija desnuda le va a resultar mucho más agradable que su hermana. Ya la tiene muy vista.

    Los tres se rieron imaginando la escena de Charles masturbándose. Fue Gwen la que continuó.

    —Bueno, así es la naturaleza. Es el resto lo que enciende los fuegos.

    Roman asintió y siguió pensativo. Se levantó y trajo más café y bocadillos de salmón con queso cremoso. Tardó en decir algo.

    —Gwen, me alegra que hayas venido, porque estoy de acuerdo contigo. Tenemos un problema.

  • Nuestra amiga argentina y el tatuado

    Nuestra amiga argentina y el tatuado

    En los veranos, me voy a un lugar en la costa con mis viejos, siempre salgo con el mismo grupo de chicos que son hijos de los amigos de mis viejos y amigos de estos chicos.

    Siempre me porté bien, porque antes me portaba bien, pero este verano sabia que me iba a costar no mandarme cagadas (porque se enterarían todos, inclusive mi hermana), pero no pude jeje

    Al segundo día de llegar, y después de juntarnos con todos los chicos, uno de ellos Tomy, me lleva a casa con la camioneta. Con Tomy nos conocemos desde hace años, pero nunca había pasado nada, pero esa noche ayudada por lo que había tomado, el calorcito del verano, la poca ropa que yo tenía, él que se metió con la camioneta entre los médanos, ayudo a que me mostrara tal cual soy ahora.

    En los médanos detuvo la camioneta, nos empezamos a besar, descubrió una de mi partes más sensibles, que es mi entrepierna, me empezó a acariciar, lo dejé, dejé que avanzara, llegó hasta mi conchita y vio que estaba totalmente mojada, se volvió re loco, me saco la bombacha, junto con la mini, y nos pasamos a la parte de atrás.

    Si bien no era muy cómodo alcanzó para que me pudiera coger en varias posiciones, primero yo arriba de él clavándome su pija y saltando y después lo mismo pero de espalda a él, fue una nueva y hermosa experiencia para mi hacerlo en los médanos, después me bajé, así medio en bolas, me arrodille sobre la arena fría, esperando, mi premio, la lechita que me llenara la boca.

    Obvio para arreglar esta situación y no quedar como una trolita y tener una pija segura todo el verano me puse “de novia” con él, y por ahora nos seguimos viendo. La verdad es que me decía que no podía creer lo cambiada que yo estaba, por no decirme lo putita, y me cogía todos los días.

    Pero esto no es lo más importante que quiero contar, porque coger en una camioneta es algo que creo que todos lo han hecho.

    Voy el primer día a la playa, lo vi y me sorprendió.

    La barra en donde vendían licuados, gaseosas, jugos, la atendía un chico con el pelo largo, con rastras, lleno de tatuajes y aros, y otro chico más. No se pero el tatuado me llamo la atención, porque tenía muy buen lomo y no era feo, y nada que ver con los chicos con los que yo estuve.

    Obviamente empecé a tomar licuados todos los días, a veces sola, a veces con “mi novio”. Cuando iba sola, solamente iba con la bikini, lo tomaba en la barra, mirándolo y me ponía en la boca la pajita como si fuera una pija, ¿me explico?

    Poco a poco empezamos hablar y me tiraba onda, yo siempre pedía uno de frutilla, hasta que un día me dice que cuando quiera tomar el de banana él lo hacía muy bien, y lo podía tomar en el depósito (era una casucha de madera al lado de la barra donde guardaban la mercadería) Esa tarde voy con “mi novio”, él me pide uno de frutilla, lo miro al tatuado y le digo “ hoy quiero el de banana con lechita”, jaja, creo que ya tenía la pija parada detrás de la barra, me miro como diciendo “sos una hija de puta”.

    Así, fueron pasando los días, yo sentía que me cogía con la mirada, y yo, para ser sincera me portaba como una trolita calentona, que es lo que más me gusta hacer jaja.

    Hasta que llegó un día en que me pasa lo de siempre, ya era tarde, me había quedado sola en la carpa, porque mi viejo ya se había ido, cosa rara, porque siempre se queda hasta tarde, pero el día estaba feo, y ya había muy poca gente.

    Me empezó a pasar lo de siempre, esa adrenalina que me hace mojar de solo pensar que en ese día me podía dejar coger por él, pero no estaba segura, fui a caminar volví, hasta que me animé, fui a la barra y le dije “ vengo por mi licuado de banana con lechita”.

    No sé si el tatuado lo esperaba o no, pero me lo preparó y me dijo si lo quería tomar con el (y me señala el depósito), yo no le contesté nada, solo fui solita caminando al depósito.

    Ni bien entre vi que era un lugar lleno de cajones de cervezas gaseosas, me parte la boca de un beso, yo también lo beso como desesperada, me acaricia, yo tenía solo la bikini, y no fue nada lo que tardó en sacarme la parte de arriba y comerme, mis tetas, me las comió literalmente, y yo me tiraba sobre los cajones mientras sentía el placer de lo que me hacía, ya estaba entregada.

    Mientras me besaba las tetas me empezaba a meter la mano por la conchita, a esta altura ya estaba en bolas, me metía los dedos, y yo seguía apoyada solo atinaba a abrir mis piernas cada vez más, ya las tenía en el aire dejándole mi conchita a su disposición. Y así, me robo el primer orgasmo. No sé si sería la situación, el lugar, saber que afuera estaba su amigo sabiendo lo que me estaba haciendo, que yo solita fui a que me cogiera, pero todo me calentaba mucho.

    Me incorpore, me puse de rodillas, le baje su traje de baño, y muy despacito como siempre empecé a gozar esa pija hermosa que tenía, primero acariciándola, besándola toda, poniéndome solo la puntita en la boca hasta que me la trague toda y se la chupe, como hay que hacerlo, él me empujaba la cabeza hacia su pija y me decía “putita chúpamela, sigue así” eso me calentaba, lo miraba y se la seguía chupando.

    Me siento en los cajones abro bien mis piernas y empiezo a sentir esa pija dentro mía, que con lo caliente y lubricada que estaba entro muy fácil, no estaba muy firme así que me colgué de sus brazos mientras me seguía cogiendo, me bombeaba desesperadamente, me temblaban las piernas y me saco mi segundo orgasmo.

    Después el se sentó en los cajones, yo de espalda a él, agarrándome de donde podía, me clave la pija y empecé a saltar sobre ella, yo estaba media de cuclillas, sentía que explotaba, así seguimos hasta que acabe de nuevo.

    No teníamos mucho tiempo, me pone su pija en la boca, se la empiezo a chupar, me empieza a coger por la boca, hasta que siento esa hermosa leche calentita que casi me ahogaba.

    Me limpié con lo que encontré, y salimos, obvio su amigo me clavo la mirada, me sentí muy puta, pero me gusto, me gusto haberlo hecho ahí, en el balneario.

    Pero lo que más me gusto con el tatuado no fue eso, lo que más me gusto lo contare más adelante.

    Los días siguieron pasando y yo con mi novio o sola, lo seguía histeriqueando al tatuado, como sabemos hacer nosotras, iba solo con bikini a tomar licuados, apoyaba mis tetitas sobre la barra, chupaba la pajita como si fuera una pija mirándolo y todo eso, y sabía que a él le calientan esas cosas.

    Hasta que llego el día, en que me dice que a la noche había una joda en su casa, y me pregunta si yo quería ir, que iba a estar muy buena. El ya me había contado que vivía con unos amigos en una casa en un balneario pegado al que estaba yo, me dice que iba a ver chicas y chicos, que se iba a poner muy bueno, me da la dirección y me dice “te espero a eso de las 12”.

    La verdad es que me quede helada, me apuro el turro, y yo no sabía qué hacer, ¿ir a una casa donde solo lo conocía a él?, me daba cagazo, por otro lado como él trabaja en el Balneario donde yo voy, me pasaba algo y seguro mi viejo lo hacía mierda, pero igual era riesgoso.

    Llega la noche y como siempre me empezó a dar esa adrenalina de hacer o no lo prohibido, pero paso lo de siempre, lo termino haciendo.

    Le digo a mi vieja que unas compañeras de la facultad habían alquilado una casa en ese balneario, me prestó la camioneta y fui.

    Llegué, con un cagazo de puta madre, lo llamo al celular porque no ubicaba la casa, sale, lo veo y entramos.

    Bueno y ahí empezó la cosa, poca luz, todo un quilombo, desordenado, botellas de cerveza por todos lados y ese olor raro que yo lo conocía. Había dos chicas más (que eran amigas), yo y cinco chicos.

    Bueno al rato a las dos chicas, las empiezan a toquetear, besar, meter mano los cuatro chicos, el tatuado, ya me estaba besando y también metiéndome mano por debajo de la blusa, sentía como me tocaba mis tetas, mi panza, eso ya me calentaba, intento desabrocharme el shortcito que llevaba, y lo frene, le dije que no, pero su mano ya estaba sobre el short acariciándome mi conchita y mis piernas solas se abrían.

    Hasta que llegó, lo que obvio iba a llegar, a que a las otras dos chicas las empiezan a dejar en bolas, en ese momento no me pude negar, lo deje, si lo deje que me fuera sacando la blusa, el corpiño, me besara, me comiera mis tetas, yo ya estaba totalmente entregada, se baja el pantalón y me dejo a mi vista esa pija ¡totalmente parada!, que no hizo falta que me dijera nada para que me la empezara ¡a comer!

    Dándome cuenta de lo que me hacían, pero sin importarme, uno de los otros chicos me saca el shorcito y me deja en bolas, mientras sentía como me acariciaba la conchita y me comía la cola, metiendo su lengua todo lo que podía.

    Ya estaba entregada, caliente excitada, con ganas que me hicieran sentir bien puta, que me hagan gozar y me sacaran la calentura que me habían provocado.

    Le sigo chupando la pija al tatuado y siento como el otro chico me empieza a meter la pija en la concha, yo estaba en el sofá en cuatro, abro mas mis piernas, para que me coja mejor, mientras se la seguía chupando, y a las otras dos chicas también ya se las estaban cogiendo, a una un solo chico y a la otra entre dos.

    Obviamente termine acabando como una perra, mientras el tatuado me llenaba con esa hermosa leche calentita la boca, y yo me encargue después de lamérsela hasta que le quede bien limpita y el chico que me estaba cogiendo también me acabo en mi conchita.

    Después una de las otras chicas se acerca a mí, me da un pico en la boca, me agarra de la mano y me lleva que le chupemos entre las dos la pija a otro chico, es una de las cosas que más me gusta (chupar entre dos una pija), creo que fue la mejor chupada que le hicieron en su vida, porque mientras se la chupábamos nos besamos, ella me empezó a tocar (como para probarme si me iba la onda con mujeres) y me puse más loca todavía, le chupábamos la pija, nos besábamos y nos tocábamos.

    Mientras hacíamos eso, los dos chicos que todavía no habían acabado, nos acomodan para empezarnos a coger de atrás (por la concha) y así nos cogieron, nos cogían y me besaba con esa chica y esa pija en el medio, ¡nada!, no les puedo contar como acabamos, porque acabamos las dos juntas, a los gritos.

    El chico al que se la estábamos chupando se levanto, y a nosotras dos nos seguían cogiendo los mismos chicos, pero empezaron a intentar ponerla en nuestras colitas, a mí, al menos, y con lo lubricada que estaba y los dedos que ya me había puesto para dilatarme, y que tanto me gustó no me dolió tanto y entro con facilidad, hasta que me empezó literalmente a taladrar la cola, yo ya no podía hacer nada, solo gemir, gritar gozar, ya era de él, podía hacer conmigo lo que quisiera, acabe de nuevo como una zorra, el también.

    Ahí la cosa se calmo, nos quedamos todos en bolas, en los sillones, les cuento algo, después que se me pasa la calentura me da un poco de cosita estar así en bolas, medio me tape con unos almohadones.

    Hasta que al rato, una de las chicas, le empieza a toca la pija al tatuado obvio que se le re paro, yo la acompañe y se la chupamos entre los dos, después me subí arriba del tatuado y lo empecé a montar, me re clave esa pija en mi concha, mientras que la chica con la que antes nos habíamos acariciado, me empieza a besar y a tocar las tetas, ufff, para mí eso es lo más, tener a una pendeja que me caliente y una pija en la concha, creo que fue la vez que más acabé, ¡me retorcía de los gritos y los gemidos!

    Cuando terminamos, esta chica, que por lo que vi es re lesbiana, se tiro encima mío, si ¡encima mío!, se sentó arriba mí y me empezó a besar, a tocar, terminamos en un 69 mientras nos cogían.

    Ya había pasado demasiado tiempo, eran como las 7,30 de la mañana y me tenía que volver.

    No sé, fue una noche re loca, con gente que no conocía, pero todo tiene una explicación jeje, pero no me arrepiento, me gusto todo lo que me hicieron sentir.

    Sigo contando.

    Como mi viejo la casa de vacaciones la había alquilado por enero y febrero, y en febrero estaba medio al pedo me fui unos días, en la casa estaba sola mi hermana con unas amigas. En realidad no fui por mi hermana, ya que no me llevo bien con ella, la verdad es que fui a ver qué onda daba con el tatuado.

    El primer día que llegue a la playa, obvio que se sorprendió, porque pensaba que no iba a volver, ya que de mis amigos no había nadie, pasé el día tranquila, lo fui a histeriquear y cuando ya casi no quedaba nadie en la playa me dice de pasar al depósito (en donde me cogió la primer vez), no sé como hice, me moría de ganas pero le dije que no, y me fui dejando a su vista mi culo, ¡para que se quedara bien caliente!

    Al día siguiente, paso lo mismo, lo fui a ver varias veces, porque si no me embolaba (ya les dije que no había ningún conocido), empezó a irse todo el mundo y me voy a verlo y le pido un licuado y me dice algo que fue más o menos así:

    Tatuado: chetita, si queres un licuado a esta hora, solo tengo el de banana, que viene con mucha leche, ¿lo queres?

    Yo: obvio nene, sabes que me gusta con mucha lechita.

    Tatuado: pero a esta hora ya no vendo licuados (yo sabía que eso era mentira), pero por vos haría uno, pero lo tendrías que tomar ahí (y me muestra el depósito). El depósito es un cuartucho de madera donde guarda la mercadería.

    Yo: bueno, lo tomo ahí.

    Ya me empezaba a mojar sabiendo que me iba a dejar coger de nuevo, que me estaba regalando como una trolita, pero ese tatuado me podía, con estas rastras rubias, algo muy loco, pero me podía.

    Me prepara el licuado y me lleva al depósito, obvio que lo primero que hace es partirme la boca, lo abrazo y nos matamos con un beso, mientras me cuelgo de su cuello y mis piernas las cruzo en su cintura quedando yo en el aire, y él metiéndome toda su mano en mi culo, debajo de la biquini, que ya me la estaba sacando, me siguió besando, me saca la parte de arriba de la bikini, me deja desnuda, eso me calienta mucho…

    Con solo tocarme la cabeza, yo ya sabía lo que tenía que hacer, me agacho, le bajo su shorcito, y me encuentro con esa hermosa pija que de a poco se la empiezo a chupar, a besar, a comer, estaba desenfrenada, desde el día anterior que la quería tener ¡en mi boca!

    Se la sigo chupando hasta que siento que va a explotar, le pido que no acabe, me la mete de nuevo en la boca, no me pude resistir, y empiezo a sentir esos chorros de leche calentita que casi me ahogan, me la trague toda, se la limpie con la lengua.

    El: “Hija de puta, ayer me dejaste caliente a mí, hoy te dejo caliente a vos” NO ME PENSABA COGER EL PUTO, ME ACABO EN LA BOCA ¡Y SE SACO LA CALENTURA! Me dice que me esperaba a la noche en su casa, le digo que no, que está con sus amigos, pero me insiste y me dice que lo más seguro que iba a estar solo, o al menos con uno de los chicos, pero que iba a estar con su novia.

    Llega la noche, yo no sabía que hacer (aunque se siempre lo que termino haciendo), y me decido a ir, no perdía nada. Estaba sola en casa así que me vestí bien perra, con una re mini y un top, nada más.

    Llego, me dice que está un amigo en uno de los cuartos con la novia, que no pasaba nada, y me lleva a otro cuarto. Estábamos los dos muy calientes, mientras me besa, me saca el top, me come las tetas, me las besa, yo sola me saco la mini y ya estábamos los dos en bolas, me tira en la cama y me dice “ahora te toca disfrutar a vos”, me empieza a chupar la conchita, muy despacio, apenas me la rozaba con su lengua, y eso me ponía más caliente, yo abría cada vez más mis piernas, le empujaba la cabeza para que me la comiera, pero no, el guacho me quería tener bien calentita, hasta que sí, me empieza a meter la lengua y los dedos en la concha, yo estaba más que mojada, me come la conchita y me seguía metiendo los dedos y me preguntaba “ putita ¿te gusta esto?” y le digo que sí, que soy su putita, que siga, y más me calentaba porque me seguía diciendo que era su puta hasta que acabe a los gritos, mis piernas ya no respondían y quería que me siguiera cogiendo.

    Me acuesto se tira arriba mío, me pone las piernas sobre sus hombros y me empieza a dar embestidas como una burro, me dolía, me gustaba, gemía, gritaba, me hizo acabar otra vez y el también.

    Nos quedamos en la cama, el se prende un cigarro (me entienden, ¿no?) un cigarro de los que yo nunca había fumado, y me da una pitada, después otra y otra, ya no me importaba nada, se la empiezo a tocar y se le empieza a parar, y me la pongo toda en la boca y no sé el tiempo que se la estuve besando, chupando, perdí la noción del tiempo, me pongo arriba de él y empiezo a saltar sobre su pija, pocas veces tuve tantas ganas de coger, saltaba como loca, estaba como loca.

    Me inclino hacia a él, escucho que entra alguien en la habitación, era uno de sus amigos que vive con él, pregunta si se puede quedar, le digo que si que se quede, y empiezo a sentir como su lengua empieza a meterse en mi culo, mientras el tatuado ¡me seguía cogiendo!, y le pedía que me siguiera chupando la cola, “putita ¿te gusta?” si, le dije: “soy la puta de los dos segui, segui”

    Yo ya ni sabía lo que hacía, todo me gustaba, tanto me movía que el tatuado termino acabando, me salgo de arriba de él, se prende otro cigarro, me da un par de pitadas y me empieza a coger su amigo, él se tira arriba mío, y otra vez ¡las embestidas!

    En un momento, ya no me acuerdo como fue, me empezó a coger de parado, es una de las cosas que más me gustan, yo colgada de su cuello, y él me sostenía de la cola mientras me cogía, pero se empezó a mover a caminar, a mi nada me importaba, me lleva así, cogiéndome hasta el comedor, donde había otro chico más, yo nunca lo había visto.

    Me acomoda en el sofá, me recuesto sobre él y mientras me seguía cogiendo el otro chico otra vez me empieza a lamer la colita, pero me empezó después a poner los dedos, y de a poco la pija, me dolía, gritaba, gozaba, pero no podía decir que no, me estaban cogiendo los dos y el tatuado me ponía su pija en la boca, ME ESTABAN COGIENDO ¡DE A TRES!, y yo quería más, y más.

    Termino acabando a los gritos, mucho no me podía mover pero tuve un orgasmo infernalmente largo, no paraba de gemir, de gozar, de acabar. Todo esto mientras todos me decían que era una puta, que me iban a coger toda la noche, no sé, yo no les decía nada, solo quería pijas ¡y mas pijas!

    Después me cogió el tatuado otra vez, delante de los chicos, yo los miraba mientras me cogía, y ellos me iban poniendo sus pijas en la boca, hasta que me acabaron los dos juntos, me llenaron la boca de leche, el tatuado me lleno la conchita de leche y yo volví a explotar en otro orgasmo.

    No sé cuando me quede dormida en bolas en el sillón, me desperté y era de día, me habían tapado con una sabana. Me levanto tapándome con la sabana, lo veo al tatuado, me da un beso, le pido mi ropa y me fui.

    Noche rara, no sé si me arrepiento, nunca había sentido los orgasmos de esa manera, una cosa loca, pero para hacerlo una sola vez, me volvía Buenos Aires y no creo que lo vuelva a ver.