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  • Estrenando a la novia de mi amigo

    Estrenando a la novia de mi amigo

    Este relato está basado en hechos reales, cambiare los nombres y otros datos, para evitar que me reconozcan.

    Todo ocurrió, cuando yo tenía 19 años, ahora tengo 23 y lo guardo como un grato recuerdo, mi mejor amigo Juan, llevaba largo tiempo saliendo con una chica, Noelia, ella es de estas chicas que no llaman mucho la atención, pero que cuando las conoces no puedes de dejar de mirar lo hermoso de su cuerpo, la alegría de su personalidad y lo maravillosa que es completamente.

    Yo soy un tipo normal, no soy muy guapo ni soy un maestro en la cama, pero en general las chicas no tienen quejas de mí, y la mayor parte de las mujeres que conozco han pasado por mi cama.

    Volviendo a la historia… mi amigo vino a mi casa, como muchas otras veces, estuvimos hablando y riendo como siempre hacíamos, y de repente me conto algo que jamás me creería que podía llegar a pasar:

    Me explico que durante las últimas semanas había intentado acostarse con su novia, y que jamás había podido penetrarla sin que ella tuviera dolores y no lo disfrutara nada, yo lo observaba con la boca abierta, mientras él me decía que estaba desesperado, que ya no sabía qué hacer, no había estado jamás con una mujer antes y no sabía si lo estaba haciendo bien, me estaba pidiendo consejo. Por aquel entonces yo estaba recién estrenado en esto del amor carnal, aunque reconozco que mi maestra me enseñó muy bien, tuvo paciencia conmigo y me enseñó lo básico para hacer que una noche acabe de una manera muy placentera.

    La cuestión es que yo le expliqué lo poco que sabía, como excitarla, como desnudarla, como hacer para que no tuviera dolores con la penetración. Él se fue de lo más contento y me dijo que me tendría informado.

    A los pocos días, me llamó muy alterado, me volvió a contar más de lo mismo que estaba desesperado y que no había podido acabar de hacer el amor con ella, con la calentura que tenía no podía ni estudiar, ni hacer nada, yo volví a explicarle y le dije paso por paso lo que debía hacer, pero él no estaba muy convencido de lo que le decía, así que volví a quedarme esperando noticias suyas.

    Al rato se presenta en mi casa y este es el punto fuerte de mi historia, mi amigo, mi colega de toda la vida, mi compañero del baloncesto, me dijo que quería que yo desvirgara a su novia, que por mi experiencia no debía tener tantos problemas como él y que como yo era de su total confianza nada nos tenía que resultar extraño. También me dijo que ella estaba totalmente de acuerdo, que confiaba en mí y le parecía atractivo… yo no sabía si reírme, llorar, o mandarlo a tomar por saco.

    Las primeras dudas que me surgieron fueron que como le podía mirar a la cara al día siguiente, como podría estar luego con ellos y con alguna de mis futuras novias sabiendo los tres lo que había pasado. Pero pudo más mi instinto que nada y finalmente acepté.

    A los dos días me llamó ella, estaba tranquila y hablaba con naturalidad, quedamos que ella vendría a mi casa el domingo por la mañana, que pasaríamos el día juntos, y que agradecía mucho lo que estaba haciendo por ellos… además me lo agradece.

    Efectivamente apareció el domingo en mi casa, vivo solo en un pequeño apartamento de estudiantes, que costeo diseñando páginas web, y alguna chapucilla con la vecindad.

    Entró y la invité a tomar algo, no aceptó y la revisé de arriba abajo, llevaba una preciosa blusa blanca que marcaba sus curvas, junto con una reducidísima minifalda, estaba preciosa, hablamos un rato sobre cómo se sentía, sobre cómo lo íbamos a hacer, sobre como actuaríamos al volver a vernos. Ella estaba encantada, con la idea de hacer el amor conmigo, por lo visto siempre le he gustado, pero seguía enamorada de Juan y no iba a dejarlo por nadie, ella intentaba marcar algo la distancia, pero con la misma simpatía de siempre.

    Entonces empezó el movimiento, me senté mas cerca de ella, le sujeté la cara con la mano, y la besé, con dulzura al principio, y con lujuria después mientras pasaba mi mano por su pierna, que piel tan suave era un muslo terso y firme endurecido del ejercicio y parecía inacabable, cuando llegué al fin a la tela de la minifalda introduje mi lengua en su boca, era increíble que ella me siguiera el juego, jamás lo habría imaginado.

    Enseguida encontré la tela de sus braguitas y… ups! sorpresa, estaban empapadas, rezumaba flujo como solo hace una hembra en celo, viendo como estaba la cuestión, nos levantamos del sofá, y empecé a desnudarla sin prisa, mientras la acariciaba y besaba, uf, que suave su piel, creo que nunca había sentido eso al tocar a una mujer, no se apreciaba ni un pelo ni un solo vello en toda su piel, blanca y suave.

    Cuando ya nos abrazábamos desnudos ella acarició mi pene, se sorprendió al principio, y se acabó sentando, fue una parada en seco. Dijo que no merecía la pena intentarlo, que era imposible que mi polla entrara en ella, dado que era del estilo de la de su novio, me reí un buen rato mientras le explicaba, que eso no importaba, que ya vería de lo que era capaz su cuerpo, que buen rato aquel.

    Me volvía a acerca a ella, la besé con ternura y la cogí en brazos, la puse sobre mi cama, y le dije con una sonrisa que ya no tenía escapatoria.

    Empecé a jugar con sus pequeñas tetas, apenas perceptibles cuando se tumba, las besaba y la acariciaba, me divertí un buen rato con sus pezones, hasta que se pusieron morados y duros, seguí bajando por su abdomen, sin un solo gramo de grasa, jugué otro rato por su costado y por su ombligo, daba largas pasadas con mi lengua hasta volver a los pezones. Por fin empezó a suspirar, se estaba relajando mucho y era el momento de utilizar mi lengua en otros sitios más placenteros.

    Bajé hasta su rajita, recién depilada, con un poco de vello, negro como su cabello, muy corto y cuidado, le di un pequeño beso en su chochito y se arqueó un poco, pidiendo más, empecé a pasar mi lengua despacio por su abertura hasta que se abrió un poco, entonces vi su clítoris grande y duro, lo aprisioné con mi boca y lo chupé un largo rato, sabia agridulce, tenía un sabor muy agradable, lo sorbí entero, mientras pude pasaba mi lengua, chupaba besaba, olía y degustaba ese chochito que tenía delante de mí, era maravilloso, ella estaba pasándolo estupendamente, imaginé que con la cantidad de líquidos que había, que se estaba corriendo, de repente un cálido chorro de un olor penetrante, que me dio en plena cara, lo recibí encantado mientras ella se retorcía sobre mi cama, empapada en sudor, con las piernas abiertas, la espalda arqueada, y su coñito abierto como una flor.

    Mientras ella se recomponía, me puse el preservativo (lo que me faltaba era preñar a la novia de mi amigo), me tumbé encima de ella, y la pillé por sorpresa, empecé a restregar la cabeza de mi polla en la entrada de su vagina, y mientras la besaba lentamente empecé a meterla, muy despacio… que calor tan rico, ella lamia mi cara degustando sus propios jugos, lo que me pareció muy excitante, seguí empujando mientras ella se quejaba. Le pregunté si estaba bien, y me dijo que sí, pero que parara, que esperara un minuto.

    Aproveché para besarla otra vez, acariciar sus pezones, su clítoris, que suave era su piel, jamás he tocado otra piel así, sin previo aviso, empuje otro poco, ella se movió debajo de mí como con espasmos, me dijo que le dolía, que mejor que lo dejáramos… con lo cerca que estábamos ya, no podíamos dejarlo, encima yo todavía no me había corrido.

    La volví a besar, y a la vez a empujar, cuando me topé con el deseo de muchos hombres, su himen, notaba como se desgarraba, ella gritó un poco y con toda la mala leche que pude la metí hasta el fondo, ella se quedó con los ojos en blanco, me decía al oído que no parara, que siguiera, y así lo hice, me puse frenético y la bombeé hasta que gritó de placer, se corrió por segunda vez, y mientras yo bombeaba ella se mordía el labio, se corría en mis manos la novia de mi mejor amigo… ¡increíble!

    A los pocos momentos me corrí con gran placer y empuje tanto que la empuje a ella contra el cabecero de la cama, y con un pequeño PUM me quité de encima, y disfrute el momento.

    Que cojonudo era tenerla a mi lado, acariciándome el pecho mientras me quitaba el condón, y uf, todavía estaba en pie de guerra. Ella estaba sudorosa, y con los ojos brillantes… justo como a mí me gustan.

    Le pregunté si quería probar ella a hacerme el amor, y me dijo que si, así que saqué otro condón, mientras ella se lavaba un poco, pues tenía muchos restos de flujo y sangre, incluso manchó mis sabanas, que hasta ahora no he podido sacar las manchas de ese día.

    Cuando volvió se subió encima de mí, me puso ella el condón, agarrando mi polla se subió a cabalgar, se la estaba clavando poco a poco, no se me olvidará su cara de placer, ya no le dolía nada, al contrario, parecía que lo había hecho toda su vida, y se la metió hasta el fondo, empezó a dar saltitos, se volvió sobre mí y la besé mientras ella se movía, estaba como una fiera, así que no tardamos en corrernos al poco rato, de nuevo nos abrazamos y nos quedamos dormidos, ya no me preocupaba mi amigo, ya no pensaba en lo que pasaría después, ahora solamente aprovechaba el momento.

    Nos despertamos para la hora de comer, casi no podía ni levantarse, estaba agotada, así que la dejé dormir, le preparé un rico almuerzo y se lo llevé a la cama, se lo comió en 2 minutos, luego decidimos bañarnos juntos, nos metimos los dos en la bañera. Estuvimos así largo rato, mientras nos acariciábamos y tocábamos, ahí fue donde me di cuenta de que se estaba enamorando de mí, eso sí que podría traernos problemas, pero a mí no me importaba, había descubierto a una mujer increíble donde solo veía a una niña más.

    Después de eso nos despedimos hasta el día siguiente seguimos como si tal cosa y más adelante volvimos a acostarnos, actualmente está viviendo conmigo, le llevo el desayuno a la cama todos los días, y ella me da el sexo que todo hombre desea.

    Que pasó con mi amigo, pues después de eso, seguimos siendo amigos por un tiempo, consiguió hacerle el amor a su novia, y luego se enamoró de otra chica de la universidad, el muy carajote, no puso impedimentos para que Noelia y yo saliéramos, ni siquiera sabe que durante un tiempo le estuvo engañando conmigo. En definitiva, todas las cosas se ordenaron por si solas, todos felices, todos amigos y el recuerdo de la experiencia.

  • Mis vecinas me enseñaron

    Mis vecinas me enseñaron

    Hola a todos, yo tengo 29 años y hace 3 estoy de novio con una chica que obviamente ya piensa en matrimonio, pero a mí la idea de casarme solo me parece que sería negarme a poder tener sexo con otras mujeres y por eso no puedo ni pensar en ello.

    Igualmente nunca había engañado a mi novia, yo siempre fui muy tímido y las mujeres que se fijan en mi (algo que, modestamente, me pasa bastante seguido) siempre me han intimidado mucho y lo único que logro, cuando alguna se insinúa conmigo, es excitarme y desquitarme con mi novia.

    Lo que me paso ha cambiado mi vida completamente desde hace 15 días: Al lado de mi casa viven dos hermanas hace ya muchos años, Fabi de 23 años y Lore de 31. Si bien estas mujeres están muy buenas yo nunca las miraba con ojos de hombre porque nos habíamos criado juntos y eran como si fueran mis primas o algo por el estilo. La madre de ambas vivió con ellas hasta hace 2 años atrás, cuando Lore (la mayor) se casó y junto con su marido ocuparon esa casa. Pero el matrimonio duró solo 3 meses y como la mamá de las chicas se había juntado con un tipo, Fabi se vino a vivir nuevamente con su hermana.

    Un día, me disponía a arreglar el techo del quincho del fondo de mi casa, por lo que tuve que subirme al mismo para ver cuál era el problema. Al hacerlo observaba todo el patio de la casa de las chicas ya que hace unos años hemos construido un muro que nos separa y obviamente obstaculiza la visión. Al mirar vi que Fabi, la menor de las hermanas, estaba tomando sol con una tanguita infartante, ella no podía verme ya que me tapaba un árbol, por lo que decidí observarla más detalladamente. Esta situación, aunque tonta, no dejaba de excitarme, era algo raro poder mirarla con ese cuerpo impresionante toda transpirada sin que ella supiera de mí.

    Lentamente comencé a recorrer su figura y me di cuenta de lo espléndida que estaba, era increíble como esa chica que jugaba conmigo de niños, ya era una mujer, y que mujer! Empecé a tocarme mientras miraba esos pechos que parecían tener el tamaño ideal, bien redondeados y esa tanguita súper pequeña que llegaba a perderse entre sus piernas, y su cuerpo mojado por la transpiración dejaba caer gotitas que le recorrían todo el cuerpo hasta perderse en su ombligo. De repente y sin querer produje un ruido que hizo que Fabi desviara la mirada hacia donde yo estaba. No sabía qué hacer entonces fingí que trabajaba y ella me saludó con una sonrisa muy picarona en su rostro, como si se hubiera dado cuenta de todo. Mi inexperiencia me hizo pensar mil cosas y me preocupaba que ella pensara que ya haya subido al techo solo para espiarla, cosa que en un primer momento no era cierta.

    Pero para mi asombro, me empecé a dar cuenta que Fabi se desprendía el corpiño de su malla, como para hacer topless, por lo que no dude en girar la cabeza para volver a verla. Ella sin siquiera inmutarse por mi presencia, recorrió sus pechos, que ya dejaba ver unos pezones pequeñitos y como para comérselos, se pasó bronceador apretando esas tetas con mucha fuerza como para que yo lo notara (estoy seguro de ello), se paró y casi como si se hubiera aburrido de mí, se puso boca abajo y tomó sol de espaldas. Aunque su culo era espectacular, todo mojadito y con la tanguita metida hasta el fondo, yo no podía dejar de pensar en que esta mujer estaba esperando que yo cruce el muro y le haga el amor allí mismo. Sin embargo yo era tan tonto que baje del techo, fui a casa y me masturbe como loco pensando en ella. Yo creía que esto era todo, que de aquí en más, de vez en cuando yo subiría al techo, la vería, me masturbaría y quien sabe algún día vería sus pechos otra vez.

    Sin embargo, esa misma noche, yo estaba solo en casa cuando Lore, la hermana mayor, vino a pedirme si podía cambiarle la rueda al auto porque estaba pinchada. Obviamente no dudé, pero mi miedo de ver a Fabi después de lo que había pasado a la tarde era terrible, no sabía si me diría algo o si simplemente lo dejaríamos así, lo cual iba a hacer yo. Cambié la rueda, algo muy común para mí, porque me encanta la mecánica, (cosa que las chicas sabían) sin ver en ningún momento a Fabi, por lo que deduje había salido y cuando volvía a casa Lore me dijo que no me dejaría ir sin pagarme el favor. Sin dudas en mi mente la idea de cobrarme (como todos piensan) pasaba una y otra vez, pero lógicamente nunca diría una cosa así, por lo que le hice un chiste sobre que me lo cobraría pidiéndole algún día un poco de azúcar (ven lo ingenuo que era).

    Lore se acercó a mí, apretó sus pechos contra mi cuerpo mirándome fijamente a los ojos y me dijo que tenía una cervecita bien fría en la heladera para por lo menos sacarme la sed por mi trabajo. Acepté, volvimos a entrar a la casa, trajo una cerveza helada, como si la tuviera preparada, y la tomamos en segundos. Allí trajo otra y otra y otra, y al darme cuenta ya estábamos hablando de nuestras experiencias sexuales, materia que tenía muy presente aparentemente porque tenía miles de historias. Yo relataba las noches y noches que cogía con mi novia solamente.

    En un momento empezó a acariciarme la entrepierna como si nada, seguía hablando de otra cosa y me pasaba la mano una y otra vez. Yo estaba que explotaba, ella seguía relatándome como se la chupaba a su ex novio mientras me desabrochaba el pantalón, me bajaba el cierre y empezaba a masturbarme. No sabía qué hacer, ella lo tomaba como si no estuviera haciendo eso, seguía con sus historias y me hacía una paja que me moría.

    De pronto se paró y mientras me preguntaba si traía otra cerveza, se levantó la pollerita, bajó su bombachita, tenía un culo espectacular, era grande pero firme y su conchita estaba toda depilada, yo no decía una palabra, ella agarró mi pene, que estaba que reventaba de erecto, se sentó encima mío y lo metió en su conchita húmeda pero muy calentita e increíblemente estrecha, era como si fuera la concha de una niñita, tal vez era porque mi pene estaba tan duro como nunca creí que pudiera estar.

    Mirándome a los ojos me decía “cogeme, cogeme!!!”, mientras saltaba encima de mí yo no podía más, me dijo “pedime lo que quieras, te voy a dar todo”, yo estaba tan a gusto que no me animaba a echar a perder ese momento haciendo alguna petición estúpida, por lo que no dije nada. Ella insistió, “dale que querés?” y añadió “mi culo, una chupada, mi hermana”, EHH?, no podía creerlo, me estaba ofreciendo a su hermana, yo la mire sorprendido, mientras ella seguía saltando arriba mío, y me volvió a decir: “si, mi hermana, la que espías desde tu casa, la querés acá?”.

    En ese momento paro de saltarme mientras sentí como acababa, me clavó las uñas en la espalda y me puso un pezón en la boca para que se lo chupe. Yo no acabé pensando en lo que me dijo, ella saco mi pene aún erecto de su vagina, se paró y tomó una mano detrás de una puerta, era Fabi, que estuvo todo el tiempo en su pieza con una camarita filmando todo. Lore le dio un beso en la boca a su hermana, metiéndole la lengua hasta el fondo y me dijo: “ahora le toca a ella”, yo seguía tirado en ese sofá con mi pija durísima. Fabi me dijo “así que te gusta espiar, vas a tener que cobrarme el favorcito del topless”, se levantó la remerita que tenía puesto (lo único que tenía puesto), me tiró al piso y con sus rodillas sostenía mis brazos mientras me puso la concha en mi boca sosteniendo mis cabellos con sus manos y me decía “chupame, chupame que no aguanto!”.

    Comencé a meterle la lengua hasta el fondo, ya estaba todo mojadita por lo que deduje que se estuvo masturbando desde su pieza. De repente soltó mis cabellos y puso sus manos en sus pechos mientras yo se la chupaba, los apretaba más fuerte que esa tarde cuando tomaba sol, metió un dedo en su boca y lo llevó hacia su culito, metiéndolo y sacándolo. De golpe sentí que me la chupaban, era Lore que ya estaba lista para seguir, y empezó a divertirse con mi pene, pasaba su lengua como si fuera un helado que se disfruta un día de mucho calor. Yo no aguantaba más, y ya jugado con esta situación por fin di un paso adelante yo. Saque a Fabi de arriba mío, agarré la cabeza de Lore que aún la chupaba, y las puse a ambas de espaldas. Les dije que apoyaran sus manos en el sofá en posición perrito, ellas se miraron, sonrieron y lo hicieron inmediatamente, de repente tenía estos dos culitos espectaculares enfrente mío, pidiendo ser el primero sentir mi pija adentro, las dos me decían “a mí, dale, a mí”, yo los observé un rato y apoyé mi pija un rato en cada cola como probando con cual me quedaría, cuando se la apoyé a Fabi era como si un deseo oculto de toda mi vida apareciera, en ese momento era mágico, quería metérsela más que nada en el mundo, ella sintió mi pija y gimió de manera que parecía que le hubiera pasado lo mismo que a mí, agarré mi pene que ya estaba con algunas gotas porque había eyaculado un poco en la boca de Lore sin llegar al orgasmo, metí un dedo en su culo para ir agrandando el agujero y de golpe le metí la cabeza lentamente mientras con una mano le metía un dedo en el culo a Lore que tenía un agujero mucho más grande que el de Fabi, por un momento mantuve la puntita adentro y cuando Fabi me dijo “dale, dale” de un golpe se la metí hasta el fondo, sentí como su culito apretaba mi pija y Fabi pegó un grito mezcla de placer con dolor que me excitó aún más, empecé a metérsela hasta el fondo ella gritaba y clavaba sus uñas en el sofá, pero se notaba que lo disfrutaba, yo seguía con todo hasta sentir sus nalgas golpear con mi huevos, saqué mis dedos que ya eran dos del culo de Lore y me dedique exclusivamente a Fabi, apretaba sus tetas y ella gritaba hasta que no aguante más y me vine como nunca en mi vida, sentí como mi leche le entraba en su culito cuando rápidamente ella me empujó para que esto no pase, sentí como si me estiraran el pene porque salió rápidamente de su culo pero como yo estaba en lo mejor no me dolió mucho, sin embargo quería acabarle en ese culo pero ahí me di cuenta de lo que ella quería, en un segundo dejó de estar su culo en mi pija para sentir su boca chupando todo mi semen, se arrodilló chupo lo último de mi acabada con un placer con el que jamás nadie me la había chupado, y se metió los dedos en la concha mientras su suspiro dejó muestras de la acabada que había tenido ella también.

    Dejé un rato mi pija acabada en su boca, ella cerró los ojos, Lore nos acariciaba a ambos y nos quedamos así unos segundos que parecieron horas. Era el mejor sexo que jamás había tenido en mi vida y recién allí me di cuenta lo que era realmente el sexo, sin preguntas, excusas, ni amor, solo sexo… Al irme ese día las chicas me dijeron que esto lo habían planeado hacía mucho tiempo porque veían mi timidez y las excitaba el poder enseñarme cosas (y como lo hicieron). Esa orgía con las hermanas no la volví a repetir pero desde hace 15 días a la fecha, cuando tengo ganas de echarme un buen polvo, solo cruzo el muro y alguna de mis vecinas siempre está dispuesta. Eso sí, nunca menos de 2 horas porque siempre quieren sexo súper completo.

    Así que debo ir bastante pasado en copas y bien descansado. Bueno, esta es mi historia, un poco larga lo sé pero era necesario detallar algunas cosas.

  • Madura casada e insatisfecha

    Madura casada e insatisfecha

    Era una noche de verano y me encontraba tomando una copa, solo, en un bar donde el levante era habitual y las edades oscilaban de 20 a 50 años. En esa época vivía con 2 amigos en una vieja casa, donde todas las habitaciones daban a un patio en común.

    Esa noche estaba sentado en la barra tomando un gancia y una mujer de unos 45 años se sentó a mi lado. Sus ojos estaban llorosos y no se la veía bien. Con ropa un tanto suelta, la blusa dejaba ver sus pechos, que eran grandes y tostados por el sol. Su pelo era dorado y tenía una boca muy sensual.

    Al rato de estar sentados juntos, le pregunté si se sentía bien, a lo que contesto que estaba aburrida y harta de estar sola. Tal confesión me dejo atónito y le pregunte si me quería contar lo que le sucedía con más lujo de detalles, a lo cual accedió. Me dijo: «Estoy cansada de que mi marido salga por las noches con sus amigos y me deje sola en casa como un trapo viejo. Por eso estoy acá tratando de distraerme un poco. Creo que estoy bastante bien como para que me estén cambiando por mujeres más jóvenes que no saben nada de la vida».

    Ahora si quede paralizado sin saber que decir, pero al instante se me ocurrió algo y le dije que era una mujer muy hermosa y que no merecía eso, que yo le proponía una noche mejor y que si quería nos podíamos ir de allí para charlar más tranquilos. Ella accedió.

    Como se pueden imaginar, con mis 22 años no tenía auto, pero ella sí. Salimos del bar y nos dirigimos a un Mercedes de película. Cuando llegamos me dio las llaves y me dijo «Manejas vos». «¿Dónde querés que te lleve?», le pregunte. “Adonde quieras», dijo. Y encare para mi casa.

    En el camino podía ver sus piernas perfectas a través de una pollera muy corta que dejaba ver el final de unas medias caladas de color negro que solo se sostenían por un portaligas. Para ese momento estaba al palo y ella lo noto. Comenzó a acariciarme la cabeza con sus finas manos, que terminaban en unas uñas de color violeta, y en un momento se acercó a mi oreja y la comenzó a lamer con una pasión descontrolada. Eso me puso doblemente al palo. Con la otra mano comenzó a tocarme el bulto, masajeándolo con la palma de arriba hacia abajo. Yo ya estaba enloquecido y trataba de manejar y no perderme nada al mismo tiempo.

    Mi mano llego hasta sus faldas. Acariciando las piernas llegue hasta la concha, que estaba jugosa y caliente. Mientras me violaba la oreja con su lengua, su mano abrió el cierre de mi pantalón y extrajo mi verga, acariciándola con una suavidad que a punto estuvo de hacerme eyacular. De repente bajo su cabeza y comenzó a chuparme la pija lentamente, acariciándola con su lengua, hasta que no pude más y la acabe en la boca llenándola de leche. Ella, en ese momento, saboreo mis jugos y se los trago sin decir nada más que gemidos de placer.

    Mientras acababa y ella me limpiaba con su lengua, apretó mi mano, que estaba en su entrepierna, con tal fuerza que pensé que me la rompía al mismo tiempo que frotaba sus piernas descontroladamente. Guardo mi pija, se incorporó, saco de la cartera un pañuelo y se limpió. Luego se acercó y me beso, dejándome el mismo gusto a leche que ella tenía en su boca.

    Me pregunto cuando llegábamos porque tenía ganas de cogerme toda la noche y no aguantaba más. Dijo que esto solo era una muestra gratis de lo que su marido se perdía por no estar con ella. Me pregunto si vivía solo, a lo cual respondí que éramos tres y que los otros estaban de joda. Momentos después llegamos a mi casa. Me fije que estuviéramos solos y entramos.

    Ya adentro, ella paso al baño y yo me puse a preparar un ron con hielo para entonar aún más la noche. Cuando salió, tenía la blusa desprendida y se confirmaba lo que había visto: dos pechos enormes que rebasaban el corpiño de lo apretado que estaba. Se acercó y me beso, metiendo su lengua hasta la garganta. Tomamos el ron de un trago y nos fuimos a mi habitación, que era la primera de las tres, llevándonos la bebida espirituosa.

    Puse música suave y bailamos lentamente, manoseándonos sin dejar ni un lugar por explorar. Comenzamos a desvestirnos y la puse de cara a la pared dejando su espalda al descubierto, la cual terminaba en una bombacha de encaje muy pequeña que dejaba ver sus muslos firmes y su piel tostada.

    Mi lengua hizo todo el trabajo, desde la nuca hasta su culo la chupe por todos lados. Cada vez que cambiaba de dirección la lengua, ella gemía y se estremecía mostrando lo excitada que estaba. El espasmo mayor llego cuando baje su diminuta bombacha de encaje y le comencé a chupar la raya del culo alternando con mordiscones y pequeños golpeteos en sus muslos. Estaba entregada y en su máximo relajo. Cualquier cosa que hiciera se dejaría, y eso era una ventaja.

    Me pare detrás de ella y comencé a frotar la raya de su culo con mi pija y a decirle cosas como «tu marido ahora esta con otra pendeja que le chupa la pija y se deja coger por todos lados, le chupa las tetas y…». Eso la puso más loca, se dio la vuelta y comenzó a chuparme la pija enloquecida, apretando mis nalgas y gimiendo hasta que se paró y me pidió por favor que la cogiera porque no podía mas, que quería ser como esa pendeja que se estaba cogiendo a su marido y que no le importaba lo que le pudiera hacer esa noche.

    En ese momento la puse en cuatro patas sobre la cama y la penetre con toda mi fuerza, cabalgándola descontroladamente. Ella me pedía más y en cada embestida la metía hasta el fondo, chocando contra el final de la vagina, a lo cual ella respondía con gritos de dolor y gemidos de placer.

    Cuando estaba a punto de llenarla de leche se la saque, le chupe la concha, que estaba toda mojada, y la puse boca arriba pidiéndole que me mirara a los ojos. Cuando la penetre vi su cara de placer, y su boca me susurraba «mas, mas». La cara de puta que ponía me llevo a lo máximo y le llene la concha de leche al mismo tiempo que gritábamos y ella tenía otro de los tantos orgasmos.

    Después de ese momento cumbre nos tiramos en la cama y nos manoseamos mutuamente. Sus tetas eran perfectas. Se notaba que hacia topless porque estaban tostadas por igual. Sus pezones eran enormes y duros.

    Prepare otro ron y continuamos bebiendo y hablando de boludeces. Por el cuarto ron ella ya estaba bastante mareada y comenzamos el acto sexual nuevamente, pero… ya no estábamos solos. Mis dos colegas habían llegado y ella no lo había notado. Se fue para el baño y tuve la oportunidad de hablar con mis amigos y contarles lo ocurrido.

    Cuando regreso en estado de ebriedad le propuse un juego: hacerlo con la luz apagada. Y ella accedió. Nos tiramos sobre la cama y comenzamos a manosearnos. Nuestros cuerpos comenzaron a transpirar y eso hacía que el placer aumentara. De repente, sin que los viera, mis amigos entraron y apoyaron lentamente sus manos sobre su cuerpo, estremeciéndolo, y ella, en su borrachera, solo se excito más y no dijo nada.

    Después de varios segundos de franeleo susurró «me gusta cuando somos más de dos» y esa fue la gota de leche que rebosó nuestra calentura. Los tres sobre ella la toqueteábamos y solo decía «más, más» gemidos. En ese momento, uno de mis amigos, Juan, le ofreció la pija y ella se la comenzó a chupar de una forma brutal, con largos movimientos de cabeza que recorrían toda su erección.

    Martin, por su parte, la giro, la puso a cuatro patas y comenzó a chuparle el culo y la concha, empapando toda la zona con su saliva. Yo me dedique a mirar como mis amigos la tenían en jaque por todos lados y así pude descansar un poco para poder continuar esta noche de sexo.

    Después de ensalivarle bien el culo, Martin la puerteó con sus dedos y ella se quejó y le pidió que lo hiciera despacio, que era estrecha, a lo cual el replico con dos dedos que entraban apretados y taladraban su oscuro agujero. Habiendo abierto camino, la tomo por las ancas, le afirmo la pija en el agujero y, de un solo empujón, la penetro sin piedad. Ella grito de dolor y de placer a la vez y pedía más mientras chupaba la pija de Juan con una habilidad inusual.

    Embestida tras embestida, estaba siendo ensartada como brocheta por todos lados, hasta que Juan, en su punto máximo, grito de placer y acabo en su boca, como hacia un rato había hecho yo. Sin dejar caer una gota, ella se tragó toda la leche y le lamio la pija hasta dejarla seca. Exhausto, Juan cayó sobre la cama. Ella me miro y me dijo «quiero que me cojas por el culo», y no tuve más remedio que aceptar.

    Martin saco la pija y se puso de espaldas en la cama. Ella se montó sobre él y se metió la pija en la concha a la vez que, con la mano, me llamaba para que la penetrara. Esta era una sensación nueva para todos ya que nunca nos había pasado esto de coger por el culo y la concha a la vez. Pero parece que para ella no era la primera vez.

    Me monte como un perro y la comenzamos a coger. Estábamos como locos. Ella gritaba y nosotros también, hasta el punto de que nos descontrolamos y ella pedía más fuerte. Yo la tenía metida hasta el fondo y no la tengo muy chica que digamos, y Martin la metió hasta el fondo y no se la sacaba. Juan, que miraba, comenzó a chuparle las tetas y a morderle los pezones. Era toda una maraña de cueros hasta que, entre gritos y espasmos, acabamos casi todos juntos llenándola de leche por todos lados.

    Exhaustos y tirados en la cama, los tres nos quedamos quietos mientras ella se chupaba la leche que tenía por todo el cuerpo, hasta que nos quedamos dormidos en la cama. Cuando me desperté, casi de día, solo éramos tres y ella ya no estaba. Digo ella porque nunca supe su nombre y jamás la volví a ver.

  • Despedida para el trabajo

    Despedida para el trabajo

    Mi nombres es Cristian y mi esposa se llama Adriana, tenemos 4 años de casados, tenemos 28 y 26 años respectiva mente. Nuestra vida de casados es muy buena en todos los aspectos, como el sexual, el amoroso, en lo comprensivo, etc. En fin una vida de matrimonio normal. Les voy a contar un día antes de ir al trabajo, me desperté como a las 7 y media de la mañana, me giro al lado de mi esposa, la beso en la mejilla dándole los buenos días y luego la cubro su cuerpo con el edredón. Me levanto hacia al baño, me desnudo en la pieza y me dirijo hacia al baño para darse una ducha antes de ir al trabajo.

    Apenas había abierto la ducha cuando sintió la mano de mi esposa en mi espalda Un escalofrío recorrió en mi espina dorsal y bajo la intensidad del agua de la regadera antes de darme la media vuelta para verla.

    -¿Pensabas irte sin que te de mi beso de la buena suerte? -me pregunta Adriana pasando sus manos por mi pecho. Ella estaba desnuda frente a mí.

    -Pensaba robarte uno ahorita –le dije yo.

    -Ha sí mi rey -me contesto ella deslizando su dedo más abajo- Anoche no pudimos hacer una previa como se debe hacer.

    Ella me dice mi rey y lo digo mi esclava cuanto estamos teniendo relaciones.

    Era verdad. Porque los últimos días mi esposa y yo tenemos trabajos de gran responsabilidad y por ende podemos darnos los lujos que queremos. Y había llegado con un montón de trabajo que terminar y no habían pasado de los besos fogosos en el desayuno y antes de dormir.

    -Todo es culpa de los pendientes trabajo -digo yo mirando el hermoso cuerpo de mi mujer.

    -mmm -tarareo Adriana agachándose sin apartar su mirada de sus ojos- Tal vez debería usar mi boca y así te relajas completamente. -De inmediato mi esposa cogió mi miembro que está parado y se lo metió a la boca y empezó a saborearlo como si fuera el mejor aperitivo del mundo. Desde abajo podía me podía ver como yo me sujetaba de la pared de baldosas mientras mi rostro era un poema lleno excitación.

    -Mierda amor -maldije sin ser capaz de abrir los ojos.

    Mi esposa aplico más succión e intento abarcar toda la longitud de mi miembro, apretó la garganta e hizo su mayor esfuerzo por darle placer. Por su parte yo disfrutaba de las caricias mi esposa como cada vez lo hacíamos y amanecían juntas. Cuando siento que ya va a venir y estallaría empujo la cabeza mi esposa, porque no deseaba acabar en su boca la levanto del suelo para estrellar su espalda contra las baldosas.

    -¿Te gusto cariño? -Me pregunto mi esposa orgullosa de ser capaz de darme tanto placer.

    -Más de lo que imaginas -por eso mismo respondí dejando besos esparcidos por sus pechos, mordiendo sus pezones, bajando poco a poco por su abdomen hasta llegar a su centro- me gustaría devolverte el favor.

    Antes de que ella se diera cuenta, yo levanto su pierna derecha y la pongo sobre mi hombro izquierdo mientras dejaba besos húmedos en la cara interna de sus muslos. Adriana soltó un jadeo ahogado mordiéndose los labios al sentir como mi lengua entraba en contacto con su parte más íntima.

    -¡Oh! ¡Oh! ¡Oh amor! -Jadeo ella cuando sintió mis dedos retorcían su pequeña protuberancia sin misericordia. Instintivamente sus manos se enredaron en mi cabello pelirrojo, por mi parte se sorprendía de aun no quedar calvo con todas las veces que Adriana jalado su cabello con fuerza- Eres… ahí magnifico.

    Después de seguir con mi trabajo chupe con cuidado su clítoris en la cantidad suficiente para hacerla retorcer de placer, mientras dos de sus dedos la penetraban sin parar. Escucho a mi mujer murmurar cosas sin sentido y como todo se contraía dentro de ella cuando grito mi nombre.

    Yo satisfecho con su obra después de ver el rostro de mi esposa se levantó del suelo pegando mi cuerpo con el de ella, no hubo tiempo de decir nada, ya que inmediatamente Adriana coloco sus piernas alrededor de mi cintura y yo reacciono penetrándola en el acto al mismo tiempo que estampaba un beso ardiente en sus labios.

    -Eres -empuje- mía -empuje- solo -empuje- mía.

    -Solo… tuya Cristian.

    -Te amo Adriana -dije yo mordisqueando el lóbulo de la oreja haciéndola gritar.

    Adriana escondió su rostro en mi hombro, sintiéndose maravillosa cada vez yo la envestía con fuerza, jadeando sin vergüenza después de cada estocada.

    Yo decido sacar su mano derecha de la cadera de mi mujer y la traslado hasta su seno para masajearlo. Sabía que a ella le gustaba que la tocara ahí mientras hacían el amor.

    -¿Te gusta? -le pregunte en el oído mientras empujaba más fuerte.

    Ella asintió con la cabeza, incapaz de decir algo. Las penetraciones continuaron y ella rasguñaba mi espalda liberando el fuego que sentía en su interior.

    -Mírame bebé -me pidió cuando sintió que ya le faltaba poco para terminar, sin dejar de jugar con su pezón.

    Adriana se levantó su cara para mirar directamente a mis ojos azul profundo que tanto le gustaban, yo estaba allí mirándola casi sin pestañear intentando grabar el rostro de Ella. Era sexo, era pasión, era amor y confianza lo que yo le transmitía en ese momento y abrumada por las sensaciones cerro los ojos al sentir como su interior se contraía apretando mi miembro.

    -Cristiannnn.

    Yo sonrió al verla en ese estado y continuo con su vaivén de caderas hasta encontrar mi propia liberación.

    -Adriana, Adriana, Adrianaaa -grito llenando con su semen el cuerpo mi esposa.

    Después de llegar al orgasmo yo la sujeto con fuerza a Adriana que se sentía como una muñeca de trapo, plantando dulces besos por su rostro mientras la sostenía con ímpetu de la cintura. Poco a poco ella bajo las piernas que mantenía aferrada mi trasero y las deslizo hasta tocar el suelo de la ducha.

    -Gracias amor -dije yo abriendo más la ducha mientras la sujetaba de la cintura.

    Ella aferró mis brazos al cuello con una sonrisa tonta en los labios para no separarse. Se sentía llena de felicidad en ese minuto y no tenía ganas ni fuerza suficiente para mantenerse de pie sola después de llegar al orgasmo dos veces.

    Nos báñanos los dos juntos, nos jabonamos mutuamente y nos enjuagamos para quitarnos el jabón de encima de nuestro cuerpo. Salimos del baño y me puse a vestirme ya que tenía que ir al trabajo. Mi esposa provocándome solo se puso una bata corta que le llegaba hasta los glúteos, sin ropa interior que ese día no tenía que a trabajar. Bajamos a la cocina Adriana, hizo un rico desayuno y desayunamos los dos. Al terminar de desayunar yo le digo “nos vemos más tarde bruja traviesa” al pasar por su lado, acariciando uno de sus muslos, “deséame suerte”. Adriana se giró y me planto un gran beso en los labios transmitiéndole toda la seguridad que sentía. Y así yo salí de la casa al trabajo y ella quedo mirando mientras yo me iba.

  • La solución en mi casa por mi suegra (Parte 5)

    La solución en mi casa por mi suegra (Parte 5)

    Cuando supimos quiénes eran los que estaban en el otro lado de la puerta nos miramos ambos había que pensar rápido así que Margot recogió sus ropas lo más rápido que pudo y corriendo fue a la cocina a esconderse, ahí recién fui abrir la puerta.

    -¿Tanto demoras en abrir la puerta Vicente? Estoy que me orino… ¿dónde queda el baño?

    Me entregó mi celular y le indique a Joaquín donde quedaba el baño de visita pero siempre viéndolo a donde iba porque cerca estaba la cocina donde estaba mi suegra desnuda, ahí Jesús mi otro amigo que también había llegado me preguntó si tenía unos vasos.

    -Vamos Vicente no lo veas tanto que no se va a perder… ¿Y dime donde tienes unos vasos? qué acá tengo una botella de pisco.

    Ellos son mis mejores amigos que estuvieron siempre conmigo cuando los necesite y se los agradezco pero ahora no los necesito y es un peligro tenerlos en mi casa así cuando regresó Joaquín.

    -Gracias amigos por su tiempo conmigo y por venir a mi casa para darme mi celular pero no puedo mi esposa está mal como ustedes ya saben espero que me entiendan porque ella ya están durmiendo.

    -Está bien amigo no hay problema al contrario tenemos una gran admiración por ti por seguir adelante con tu esposa, cualquiera en tu lugar ya hubiera sacado los pies del plato pero tú no, debe ser muy difícil tanto tiempo en abstinencia sexual y eso que los dos te dijimos que tengas una aventura… Bueno nos vemos el lunes en la oficina. Chao.

    Si supieran que al final ya no pude más y ahora mismo tenía a mi suegra desnuda bien caliente en la cocina para cogerla y ellos nos habían interrumpido, los acompañe hasta puerta fui a buscar a Margot.

    Habíamos perdido 25 minutos así que ella me recibió con los brazos abiertos o mejor dicho con las piernas abiertas, ahora ella fue quién me abrazó fuerte y nos besamos luego se acomodó sobre la mesa de la cocina y se abrió con ambas manos las nalgas estaba lista para la penetración no quería esperar más.

    -Quiero que me metas tu rica verga en el culo quiero sentirte todo porque ahora tu eres mi macho y yo tu hembra y no tienes nada que buscar afuera.

    -Qué rico culo tienes suegrita te voy hacer gozar como nunca antes lo has hecho…

    -No me llames suegra Vicente porque ahora soy tu mujer y estoy dispuesta a complacerte en todo… mañana volveré a ser tu suegra…

    Ese culazo de Margot seria al final mío y puse en la entrada de su ano mi verga y empiezo hacer presión su esfínter se resistía por ser su primera vez por ahí, la estimación que le había realizado antes con los dedos ya había pasado entonces empuje un poco más y entró un poco.

    -Ayyy… despacio con cariño me arde un poco pero no te detengas… ufff ufff…

    Era tanto su temor que yo busque una mujer fuera de la casa que ella estaba dispuesta a soportar el dolor que sentía cuando mi verga iba entrando y rompiendo la resistencia de las paredes de su ano, qué rico se sentía como apretaba su esfínter ya tenía la mitad de la pinga dentro de ella…

    -Así que ricooo… espera un poco y vas a sentir como te va a gustar… qué delicioso culo tienes Margot…

    -Ahh dueleee un poco… ayyy pero no te pares… metelo todo…

    Así me dijera que ya no quisiera no me iba a detener por nada del mundo y ahora con su pedido con más ganas empuje más fuerte y entró todito ella empezó a temblar como si estuviera recibiendo una descarga eléctrica.

    Y empezó el mete y saca mi suegra se sujetaba fuerte en la mesa y recibía mis embestidas sobre ella heroicamente solo resoplaba como si estuviera dando a luz y ajustaba los dientes.

    -Agggg…

    Su culo se iba acostumbrando al falo que había entrado por primera vez, ya parecía que no sentía tanto dolor porque empezó a gemir y a pedir que siga penetrándola.

    -Ohhh… Vicenteee qué rico, nunca sentí algo asiii…

    La señora Margot estaba cumpliendo muy bien el papel de su hija, sus gemidos se hacían más fuertes estaba muy excitada teniendo sexo anal por primera vez yo había sido el afortunado de romperle el culo, ya no pude más y llené su esfínter de leche caliente.

    -Ah qué rico Margot muchas gracias por todo…

    Cuando saqué la verga salió manchada con sangre y residuos de semen quedando un hueco ancho y negro su ano con cuidado la lleve al sofá de la sala aún estaba adolorida pero también lo había disfrutado.

    Esa noche lo volvimos a repetir otra vez más ahora su culo ya estaba preparado para recibir una pinga dura, ahora tenía dos mujeres en casa una a quién cuidar y otra por complacer ya no había abstinencia en el sexo ahora todos los días cuando regresaba del trabajo hacíamos lo mismo de siempre ella me esperaba para cenar luego veía a su hija y la alimentaba cuando tomaba sus pastillas después venía a mi cuarto y se quedaba a dormir junto a mi de día y para todos era mi suegra pero de noche se convertía en mi mujer.

  • La mujer de mi primo Andrés

    La mujer de mi primo Andrés

    Los mirlos, en tiempo de cerezas, si los dejas, no dejan una. Yo, con mi escopeta de balines, pájaros pequeños no mataba, pero mirlos, urracas, palomas torcazas y otras aves que hacían un buen asado, daba buena cuenta de ellas.

    Una tarde estaba bien agachado entre unos arbustos que había cerca del cerezo que tenía mi tía Asunción en una huerta amurallada, (había saltado el muro) esperando a que llegasen mis presas, e iba a llegar quien menos esperaba, Úrsula.

    Úrsula tenía 22 años. Llevaba año y medio casada con mi primo Andrés, (era hijo de Asunción) y trabajaba de costurera. Era de estatura mediana, tirando a alta, rubia, de ojos azules. Siempre llevaba el cabello recogido en una larga trenza. Tenía tetas pequeñas y cuerpo delgadito. La apodaban Marisol, por su parecido con la que fuera niña prodigio.

    Úrsula se puso detrás del cerezo, justo enfrente de mí. Cuando levantó la falda, se bajó las bragas y vi sus esbeltas piernas y su campo de trigo, pensé que iba a orinar, pero iba a hacer otra cosa, masturbarse.

    Con su mano izquierda mantenía la falda levantada y con la derecha frotaba su coño peludo. Cerró los ojos, apoyó la espalda al cerezo y se siguió frotando. Al rato, bajó la cremallera que tenía a un lado la falda y esta le hizo compañía a sus bragas. Se levantó la camiseta y se acarició las tetas, eran redonditas como naranjas. Con la mano izquierda se magreó las tetas y con la derecha se frotó el coño… Poco después comenzó a gemir. Con un pie separó la falda y las bragas de su lado… Sentí el chapoteo de sus dedos dentro del coño.

    -¡Clash clash…! -de su coño comenzó a salir flujo como cuando empieza a llover- ¡¡Clash clash…!! -salió mucho más flujo- ¡¡¡Clash clash…!!! -aquello ya era el diluvio. Se encogió, y dijo, en bajo:

    -Me mueeero.

    En mi vida había visto un orgasmo tan espectacular. Úrsula, con los ojos cerrados, se fue encogiendo hasta quedar sentada. Se retorcía de placer y no paraba de gemir. Yo tenía una erección brutal. Mi verga estaba más dura que el cañón de mi escopeta, pero esperé a que acabase, se vistiese y se fuese, después sí, después me hice una paja que al venirme el gusto la leche salió con más fuerza de mi polla de lo que salían los balines de mi escopeta.

    Desde aquel día me propuse enredarla. Tenía un método que hasta aquel momento no me fallara. Escribía una carta con unos versos, le daba un duro a un niño pequeño para que se la diese a la mujer que quería camelar y le decía que se la diese sin revelar mi nombre. Sabía que después de leerla, la supuesta amada, le iba a dar otro duro para que le dijese quien le diera la carta, y como los niños son unos aprovechados, cantaban.

    Os parecerá una memez, pero a mi me funcionó con solteras y con casadas. Del poema que le escribí no me acuerdo, pero todos iban más o menos así:

    Perdona que sueñe contigo, hermosa.

    yo, que no valgo ni para ver,

    sí, sueño contigo, inalcanzable diosa,

    sueño con poseer lo que no puedo tener.

    Sueño con pintar en tu talle escultural

    un paisaje con mi boca ávida de querer,

    y beber de tu embrujador manantial.

    cuando tu talle comience a desfallecer.

    Perdona que sueñe, flor de las flores,

    perdona que sueñe el gorrión como colibrí.

    con tus labios dulces, acaramelados,

    perdona por mojar mi mano pensando en tí.

    Úrsula, había recibido la carta y sabía que se la escribiera yo. Estando sentado en el banco de piedra que había delante de mi casa, llegó ella, se sentó a mi lado, y en bajito me preguntó:

    -¿Desde cuándo te haces pajas pensando en mí, Quique?

    -¿Te dijo Toñito que escribí yo la carta?

    -Dijo.

    Aparenté estar enfadado.

    -¡La madre qué lo parió!

    -No me contestaste.

    -Estoy enamorado de ti, Úrsula.

    -Lo que estás es en la edad del pavo.

    -Si amarte es estar en la edad del pavo, lo estoy.

    -¿Qué sabrás tú que es el amor?

    -Yo sólo sé que eres mi último pensamiento antes de quedarme a dormir y el primero al despertar.

    -¿Pero qué te atrae tanto de mí, calavera?

    -En este momento tus labios me atraen como el imán atrae al hierro.

    Se alarmó.

    -¡Ni se te ocurra besarme!

    -No estoy tan loco como para querer robarte un beso. Me podrían ver y te quiero demasiado para arruinar tu vida.

    -Esta te la voy a pasar, pero no se te ocurra mandarme otra carta. Si lo haces se lo diré a mi marido.

    -No te la mandaré, pero lo que no podré hacer es dejar de pensar en ti.

    -Y pajearte, claro.

    -Sí, por la noche, por la mañana y alguna vez por las tardes. Es que si no lo hago me explotarían los huevos con tanta leche acumulada. Ahora mismo solo de hablar contigo ya estoy empalmado. Cuando te vayas me voy a hacer una paja como un mundo.

    Úrsula, me miró para la entrepierna y no vio el bulto.

    -¿Tan pequeñita la tienes?

    -Si quieres verla no tienes más que levantarme la camiseta.

    La curiosidad hizo presa en ella. Úrsula, miró para la entrada de corral, como no venía nadie, levantó mi camiseta, que la llevaba por fuera del pantalón, y vio la mitad de mi gorda y larga verga que salía del pantalón y que pegada al cuerpo me llegaba al ombligo. Sus ojos se abrieron como platos.

    -¡Mi madriña, perro bicho!

    Me volvió a bajar la camiseta. Le pregunté:

    -¿Te gusta?

    No me respondió a la pregunta.

    -Me voy, me voy que tengo cosas que hacer.

    Úrsula, se levantó y se fue, probablemente a hacerse un dedo que le dejaría los ojos al revés.

    Una semana después, Úrsula, me abrió la puerta de su casa. Llevaba puesta una blusa blanca con los tres botones de arriba desabrochados, una falda negra que le daba por encima de las rodillas y calzaba unos zapatos negros de charol. Por primera vez la veía con el cabello suelto. ¡Estaba preciosa! Le dije:

    -Vengo a que me tomes las medidas para el pantalón.

    -Pasa.

    Entré y cerró la puerta. Fuimos a la cocina. Encima de la mesa tenía un papel, un lápiz y la cinta métrica. Cogió la cinta y acercándose a mí, me dijo:

    -La verdad es que sabiendo lo que sé de ti no me gusta que estemos a solas en mi casa, pero no me podía negar sin descubrirte.

    -Gracias por no hacerlo. ¿Andrés sigue trabajando hasta las diez?

    -Si, está trabajando a destajo.

    -Sí…

    Me calló. Sabía lo que le iba a decir.

    -¡No!

    Me midió la cintura y las caderas y anotó las medidas en el papel. Se agachó para medir de la entrepierna abajo. Su mano toco mi verga colgando y a media asta. Al ir bajando la cinta por ella, exclamó:

    -¡19 centímetros!

    -¿Son pocos para ti?

    -Ni pocos ni muchos, para mí no son.

    Siguió midiendo mi entrepierna… anotó y después midió la altura por fuera. Al levantarse la besé sin lengua. Reculó y se puso muy seria.

    -No vuelvas a hacer eso o te cruzo la cara.

    Me dio la espalda. La cogí por la cintura y acerqué mi polla a su culo.

    -¿Echamos un polvo, Úrsula?

    Se cabreó, pero comenzó a hablar muy bajito, como si tuviese miedo que la oyesen.

    -A tu puta madre le vas a echar un polvo. Suéltame.

    La besé en el cuello y le metí mano en las tetas.

    -Estás como un tren.

    -Cómo no me sueltes te vas a arrepentir de haber venido a mi casa.

    Le di la vuelta, la besé y le metí la lengua en la boca, puso sus manos en mi pecho y me empujó. Me dio una hostia con la mano abierta que me puso la cara del revés. Colorada, desafiante, y casi susurrando me preguntó:

    -¿Quieres más?

    -¿Por qué hablas tan bajito?

    -Sólo faltaba que nos oyese alguien al pasar por el camino.

    La volví a  besar y le volví a meter la lengua en la boca, me volvió a empujar. Me cayó otra hostia del otro lado que casi me deja tonto. Mi verga se puso aún más dura. Me preguntó:

    -¿Voy a tener que arañarte?

    La volví a besar, -ninguna de las veces me hizo la cobra- Esta vez, al acabar de besarla, estando pegada a ella y sintiendo mi verga latir en su vientre, me dijo:

    -Si me besas otra vez te doy un rodillazo en los huevos.

    Si me lo quisiera dar ya me lo hubiera dado. Me arrodillé. Le levanté la falda.

    -Bájame la falda o te cae un rodillazo en la boca.

    Le bajé las bragas.

    -Te voy a dar un rodillazo que vas a sangrar por la nariz como un cerdo.

    Amenazaba pero no daba ni reculaba. La cogí por las nalgas y le lamí el coño mojado.

    -¿Qué haces, marrano?

    -Visitar el paraíso.

    Me tiró de los pelos con las dos manos, pero sin fuerza.

    -Déjame o te arranco la cabellera.

    Le lamí y le chupé el clítoris y le acaricié el ojete con un dedo.

    -La puta que te parió. Eres un pervertido.

    Úrsula, me dejó que le lamiera el coño y que acariciara su ojete unos diez segundos, después me dio un rodillazo sin fuerza en el pecho y me separó de ella. Mirándome desde las alturas, con las bragas en los tobillos, me dijo:

    -Súbeme las bragas y bájame la falda o te pateo.

    Cuando no lo había hecho ya no lo iba a hacer.

    La cogí por la cintura y le volví a lamer el coño, esta vez unos quince segundos. Con otro rodillazo, aún con menos fuerza que antes, me volvió a separar de ella.

    -¿Qué te dije, cochino?

    -Es que está tan rica…

    -Tienes suerte de que no te quiero hacer daño.

    -Déjame comértela.

    -Levántate y vete de mi casa.

    Le metí la punta de la lengua dentro de la vagina. Abrió un poquitín las piernas.

    -Pesado… -moví la lengua alrededor- Ooooh -gimió- Vas a hacer que me corra, cabrón.

    Sus manos acariciaron mi cabello. Lamí su clítoris de abajo arriba.

    -Joooder, que gusto.

    Quise lamer su culo, pero no le llegaba. Úrsula, se dio la vuelta y me dijo:

    -Nos corremos y te vas, ¿vale?

    -Vale, si después de corrernos quieres que me vaya, me voy.

    -De esto no se puede enterar nadie.

    -Será nuestro secreto.

    -Júralo.

    -Yo no juro. Te lo prometo.

    Úrsula, abrió las más piernas. Al lamerle y follarle el ojo del culo comenzó a gemir… Al rato le volví a comer el coño… Cuando sintió que se iba a correr, me dijo:

    -Métemela.

    Me levanté. La cogí en alto en peso, y la arrimé a la pared. Úrsula rodeó mi cuello con sus brazos y mi cuerpo con sus piernas. Se la clavé en el coño. Le entró muy apretada a pesar de estar chorreando… No tardé en oír el: ¡»Clash clash clash…!»

    Sentí sus gemidos al lado de mi oreja, su cuerpo temblar pegado al mío, y el torrente de flujo bajar por mi polla, mojar mis huevos y caer al piso. Ahogué sus gemidos metiendo mi lengua e su boca y chupándole la suya.

    Al acabar de gozar, se la quité, se puso en pie, me besó, y me dijo:

    -¡Qué corrida, Quique, qué corrida!

    -¿Quieres que me vaya?

    -Aún no te corriste. Mereces una recompensa por matarme de gusto.

    Me quitó la camisa. Yo a ella le quité la blusa. No llevaba sujetador. Vi sus tetas pequeñas y redondas, con grandes areolas y pezones diminutos como granos de arroz. Se las besé, se las acaricié, se las chupé y se las mamé. Le quité la falda, ella me quitó el pantalón y el calzoncillo. Mi verga quedó mirando hacia el techo.

    -Ahora sé porque no me corro con Andrés.

    También yo supe porque la pobre se tenía que dar placer a si misma.

    -¿Tampoco te la come?

    -Es muy tradicional.

    -¿Ni te la mete por el culo?

    -No.

    -¿Entonces qué te hace?

    -Se sube encima de mí, se corre y me deja con las ganas.

    -Eso debe ser jodido.

    -Lo es. A lo mejor por eso soy yo tan puta y tan fantasiosa.

    -Tú no eres puta.

    -Lo soy. Me acabo de correr por primera vez con un hombre y que yo sepa tú no eres mi marido.

    -Por eso no eres una puta

    -Sí que lo soy, y además tengo un lado oscuro.

    -No me lo creo.

    -Pues debías.

    -En fin, si tú lo dices…

    Me señaló una silla.

    -Siéntate.

    -Sí, cariño.

    -Palabras dulces, no, no me digas palabras dulces que ya estoy media enamorada de ti y podría acabar coladita.

    -¿Y qué tiene eso de malo?

    -Que estoy casada y mi vida podría acabar siendo un infierno.

    La besé y después, le dije:

    -Vale, bonita, vale.

    -¡Qué te acabo de decir!

    -Pillado.

    Me señaló otra vez la silla.

    -Siéntate.

    Me senté en una silla que había al lado de la pared, Úrsula, se arrodilló delante de mí, sacó mi verga, la cogió y le pasó la lengua, muy, muy despacito, desde la base hasta el glande, pasó la lengua por el meato y por la corona, después la metió en la boca, la chupó y la meneó, luego cogió la polla por la mitad y me lamió y chupó las pelotas, la soltó y fue lamiendo hasta el glande y lo volvió a chupar… Me masturbó a dos manos… Me la chupó sin manos metiendo casi toda la verga en la boca… Me la volvió a mamar acariciándome las pelotas, después volvió a chupar sólo el glande. Luego bajó lamiendo hasta tas pelotas y las chupó. Todo me lo hacía a cámara lenta… Llegó un momento en que no aguanté más. Gimiendo, me puse tenso, Úrsula, cambiando otra vez de opinión, me dijo:

    -Dime que me quieres.

    Me la meneó aprisa.

    -Te quiero, cielo, te quiero.

    -Dime que me adoras.

    Apuró aún más y la metió en la boca.

    -Te adoro, vida mía, te adoro.

    -Dime que soy tu diosa.

    La volvió a menear con rapidez y la mamó.

    -Eres mi diosa, eres mi religión, eres la más bella de las mujeres.

    Con los ojos cerrados, sin avisar, solté mi primer chorro de leche en su boca. Después de tragar, me dijo:

    -Dámela mirándome a los ojos. Quiero ver tu cara mientras te corres.

    La miré a los ojos mientras chupó mi verga y se tragó hasta la última gota.

    Al acabar de correrme con aquella espectacular mamada, me dijo:

    -Me gustó ver cómo te corrías y beber tu leche. Fue algo delicioso.

    -¡Tú sí que eres deliciosa, preciosa! ¡Eres increíble! ¡Eres la mujer más sensual con la que me he encontrado y que probablemente encontraré!

    Estaba orgullosa de lo bien que lo había hecho.

    -¿Fue mejor que en tus fantasías?

    -Mucho mejor, no hay comparación.

    -¿Nos corremos otra vez?

    -Corremos.

    Me la volvió a chupar, despacito, hasta ponerla dura, después se sentó sobre mi verga. Me besó en los labios con lengua mientras me follaba moviendo el culo hacia delante y hacia atrás. Yo le acariciaba la espalda… le mamaba las tetas y le apretaba las nalgas… Cachonda a más no poder, sacó la verga del coño, la puso en el ojete, y me dijo:

    -Dame cachetes fuertes en el culo.

    La azoté mientras iba metiendo mi puntiaguda verga en su culo centímetro a centímetro.

    -¡¡¡Plas plas, plas…!!!

    Al tenerla toda dentro, gimiendo, me folló con su culo, lentamente al principio, y cada vez más aprisa después. Yo, azotándole las nalgas, le ayudaba a follarme empujando con mi verga. Repentinamente, se puso tensa, chupó mi lengua con fuerza. Su culo apretó mi verga. Sentí como un diluvio empapaba mi polla y mis pelotas… Úrsula, dejó de comerme la lengua y, temblando, quedó como muerta, con sus brazos alrededor de mi cuello y su cabeza sobre mi hombro derecho. Quise aguantar pero no pude. Me corrí dentro de su culo. Al acabar de correrme, como no despertaba, me levanté, le saqué la verga del culo, la llevé a su habitación y le acosté en la cama. Salí de la habitación y vi que en el suelo había una mancha hecha con la leche que saliera al quitarle la verga del culo, un charco de jugo junto a la pared y otro en la silla. Cogí un paño en la cocina, los limpié y después eché el trapo en el fogón de la cocina de hierro. Empezaba a vestirme cuando sentí la voz de Úrsula.

    -¿Sigues ahí, campeón?

    -Si.

    -Ven.

    Fui a la habitación. Estiró los brazos hacia mí, y me dijo:

    -Ven, amor mío.

    Fui a su lado y me dio un beso con lengua, largo, muy largo. Al separar sus labios de los míos mi verga estaba otra vez dura como una piedra.

    -Me gustaría subir encima de ti y sentir como me llenas el coño de leche una, y otra, y otra, y otra vez.

    -¿Y si quedas preñada?

    -Es lo que quiero. Un hijo del amor. A mi marido no lo quiero.

    Ya me lo habían pedido, pero la que me lo pidió estaba a punto de correrse y con el calentón no sabía lo que decía. Úrsula se enamorara de mí y aquello se complicaba. Me sentí como un perfecto hijo de puta, pero no era el momento de romperle la ilusión.

    -Siete veces me voy a correr dentro de ti si eso es lo que quieres.

    -Quiero.

    Úrsula subió encima de mí y me cabalgó con la misma lentitud que me la había mamado. Con esa misma lentitud le chupé las tetas cada vez que me las puso en la boca. Su coño ya empapaba mis pelotas, cuando me dijo:

    -Méteme un dedo en el culo.

    Le follé el culo con el dedo medio de mi mano derecha. Úrsula, era de orgasmo fácil, y antes de cinco minutos me dijo:

    -Me voy a correr, córrete conmigo, corazón.

    Cuando empezó a correrse su coño chorreaba. Como me apretaba las nalgas contra ella no pude sacarla. Me corrí dentro. Úrsula, al sentir mi leche dentro de ella me clavó las uñas en el culo y me comió a besos. Esta vez no perdió el conocimiento. Acabó de correrse y volvió a follarme, pero esta vez a toda pastilla. Su culo iba de atrás hacia delante a toda mecha. En unos tres o cuatro minutos se volvió a correr torrencialmente y le volví a llenar el coño de leche.

    Con la cama hecha un desastre y el colchón para tirar. Descansando boca arriba y después de limpiarnos, Úrsula, me preguntó:

    -¿Dejarás de quererme algún día?

    -Esas cosas no se saben.

    -Si conocieses mi lado más oscuro probablemente dejarías de quererme.

    -No creo. Quiero conocerlo.

    -Nunca se lo mostré a nadie. Sólo en mis fantasías me doy placer con él.

    -Quiero conocer tus fantasías y…

    -Mira que mis fantasías son muy guarras…

    -Mejor.

    -Cierra la puerta.

    Cerré la puerta de la habitación. Como estaba al final de la casa, aunque hiciéramos ruido no se oiría fuera. Volví a la cama. Úrsula se puso de lado, cogió mi polla y empezó a menearla.

    -Te voy a pegar y te voy a poner a parir…

    Me chupó la polla.

    -¿Y qué más?

    -¿Estás dispuesto a ser mi esclavo?

    La verga se me puso dura en su mano.

    -Lo estoy deseando.

    Volvió a subir encima de mi, me puso el culo en la boca y se transformó.

    -¡Clávame la lengua en el culo, perro!

    Le metí la punta de la lengua en el ano. Úrsula me la folló con su culo.

    -¡Muévela alrededor, inútil!

    Me dio dos cachetes en la cara e hice lo que me mandó.

    -¡¿A qué esperas para magrear mis tetas y darle cachetes, vago?!

    Con mi lengua follando su culo, magreando sus tetas y dándole cachetes en ellas, me dijo:

    -¡Aprieta mis pezones, cabrón!

    Estaba desatada. Me volvió a abofetear, ahora con más fuerza.

    Le apreté los pezones con mis dedos. Le tenía que doler pero lo que hacía era gemir de placer. Me puso el coño en la boca, y me dijo:

    -¡Echa la lengua fuera, siervo!

    Eché la lengua fuera y la metió dentro de su vagina, después movió el culo alrededor, hacia los lados y de delante hacía atrás. Sus gemidos me estaban poniendo como una moto. Mi polla dura como el acero estaba más sola que la una. Quise menearla y me dio otros dos bofetones.

    -¡Tus manos son sólo para mí, pajillero!

    -Es que…

    -¡Calla o te meo en la boca, cabrito!

    -Mea…

    Me amenazó.

    -¡No me tientes que lo hago!

    La reté.

    -Cobarde.

    Se rajó, y se rajó porque en aquel momento no tenía ganas de orinar. ¡Si lo sabré yo!

    Me volvió a callar poniéndome el coño en la boca.

    -¡Lame, desgraciado!

    No me dejaba ni lamer, enterraba mi lengua en su ano y en su coño, que ya chorreaba.

    -¿Te gustaría darme por culo, maricón?

    Me puso el culo en la cara y no me dejó hablar, ni hablar ni respirar, menos mal que lo quitó enseguida y lo llevó a la altura de la verga. La puso en la entrada del ojete, y me dijo:

    -¡Métela de un golpe, mamón!

    El ano ya lo tenía engrasado con mi saliva. El ojete se abría y se cerraba sintiendo la cabeza de mi polla sobre él. Se la clavé de un golpe de riñón. Úrsula, exclamó:

    -¡Me has roto el culo, animal!

    Le había entrado con tanta facilidad que lo de la rotura era comedia. Le comencé a follar el culo con suavidad.

    -¡¿Disfrutas, mariconazo?!

    -¿Y tú?

    Me volvió a abofetear y después me puso la teta derecha en la boca.

    -¡Come y calla, cagarruta!

    Le comí las dos tetas.

    -¡Muérdeme los pezones, hijo puta!

    Se los mordí con ganas. ¡Le encantaba sentir dolor!

    -¡Hooostias! ¡Qué bien lo haces, lobo!! ¡Me voy a correr como una perra!

    Su coño ya hacía tiempo que echaba por fuera. Comenzó a follarme a toda hostia. Poco después, se le acabaron las dotes de actriz, al decir:

    -¡Me cooorro!

    Otra vez desbordó en cascada, encharcándolo todo, y otra vez se desmayó. No sé qué le pasaba que al tener un orgasmo anal se me iba.

    Le quité la polla del culo, se la metí en el coño, le di la vuelta y la desperté a vergazo limpio. Al abrir los ojos, le pregunté:

    -¿Quieres que te vuelva a llenar el coño?

    -Llena, y mírame a los ojos cuando te corras.

    Le di caña fina. Unos minutos más tarde se corrió otra vez desbordando como un río. Se estaba corriendo cuando me empecé a correr yo. Le dije:

    -Mira como me corro.

    Úrsula, no me miró. Estaba volando por su mundo de fantasía.

    Vivimos una aventura que duró tres meses. Cuando su marido acertó una quiniela de fútbol de catorce, cortó conmigo. No me quería tanto como decía. Suerte tuvo de no quedar preñada.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

    Quique.

  • Nuestra amiga argentina le pone los cuernos al novio

    Nuestra amiga argentina le pone los cuernos al novio

    Bueno les sigo contando algunas cosas más que me pasaron en estas vacaciones. Voy a tratar de resumir para que no se haga largo y entre todo en un solo relato.

    Para que entiendan les cuento algo: siempre vamos al mismo lugar, y con el grupo que salgo son hijos de amigos de mis viejos y amigos de ellos, todo un círculo muy chico, por lo que siempre me porté bien, nos conocemos desde hace mucho y en general solo compartimos los veraneos, y generalmente nos vamos turnando para juntarnos a la noche en la casa de uno u otro, o vamos a tomar algo.

    Este año, en serio, fui con la idea de portarme bien, pero no pude jeje, fue más fuerte que yo, es más, pensaba que iba a ser un embole.

    Un par de días después de llegar, nos juntamos en una de las casas, yo la verdad, mucho no tomo, pero esa noche había tomado, cuando nos vamos, uno de los chicos, Tommy, me dice de llevarme a casa, yo estaba con una pollerita cortita de jean y una remera (en el verano, yo al menos, ando más con polleras re cortas, total en la playa estamos casi todo el día en bolas, y eso me calienta mucho).

    En el camino, me empieza a chamullar, que estaba cambiada, que estaba más linda, que no era la misma de otros años, y todas esas boludeces, de la nada, para la camioneta, y me dice “permiso” y me mete un beso, yo medio en pedo le respondí y nos pusimos a apretar mal en la camioneta, hasta que me dice vamos a un lugar más tranquilo.

    Me lleva a los médanos, y ahí se fue todo a la mierda, nos sentamos en el asiento de atrás y terminamos cogiendo, pero no me quiero detener mucho en esto porque cogimos como cualquier de ustedes lo hacen en una camioneta, pero la verdad es que me cogió bien.

    La cosa es que no podía quedar como una trola, al día siguiente nos vemos en la carpa, él me dice que siempre había sentido algo especial por mi (se refería a otros veranos anteriores) yo le digo que también que él siempre me había gustado (mentira jaja, pero no le podía decir que me regale porque estaba en pedo y soy un poquito trola), también le dije que lo de la noche anterior nunca lo había hecho, eso que de la nada termine cogiendo (mentira jaja) pero lo hice porque la situación nos llevó a eso.

    Bueno la cosa, es que para no quedar mal, empezamos a salir “como de novios”, es decir ante todos estábamos “de novios”. Para Tommy era en serio, estaba re loco, me quería coger todos los días, y para mí era una pija segura.

    Una noche nos juntamos en la casa de Tommy, y el boludo tomo más de lo que podía se puso en pedo y se quedó dormido. Uno de los chicos del grupo, me dice de llevarme a casa en el cuatri. A este chico (llamémoslo Juanchi) lo conocí este verano, siempre tuvimos re buena onda, y aparte me gustaba, no tenía nada en particular, pero me gustaba, tenía muy buen lomo (juega al Rugby), pelo oscuro, alto grandote (como me gustan a mi). Bueno la cosa es que le digo que sí, que me lleve.

    Nos subimos al cuatri, y no sé porque es como que pierdo el equilibrio, él se dio cuenta, me dice agárrate de mi, y bueno, aproveche, y me recontra pegué a él y lo abrace por la cintura y puse mis piernas bien pegaditas a las de él pero traté de pegarme tanto que sintiera mis tetas (lo cual me dio trabajo porque no son muy grandes jeje). Obviamente que se dio cuenta que lo estaba buscando (por eso mi amigo de internet me dice que soy “buscona”).

    En un momento empieza a manejar el cuatri con una mano y la otra la apoya en mi pierna, no le digo nada, pero ya me estaba acariciando y eso me gustaba, pero no solo no podía demostrárselo, si no que le tenía que decir ¡BASTA!

    Hasta que en un momento hablamos algo así:

    Yo: Juanchi ¿Qué haces?

    Juanchi: nada hermosa, sabes que tenés unas gambas irresistibles.

    Yo: pero ahora salgo con Tommy está mal esto.

    Juanchi: pero Tommy está en pedo y durmiendo y vos acá conmigo.

    Todo esto, mientras en el cuatri íbamos despacito y no dejaba de acariciar mis piernas

    Juanchi: aparte Tommy, no se tiene que enterar de nada.

    Yo: ¿de que no se tiene que enterar?

    Juanchi: de esto, que te estoy acariciando, que me doy cuenta que te gusta sentir mis manos como te acarician tu piel, lo siento, me doy cuenta.

    Hijo de puta, me mato con eso, no sé porque pero casi inconscientemente, separo un poco las piernas de él dejándole lugar y aprovecha para empezar a tocar mi entrepierna (uno de mis lugares más sensibles).

    Yo: Juanchi, no sigas.

    Juachi: ¿Por qué?, hermosa, ¿no te gusta?

    Yo: porque estoy saliendo con Tommy y esto está mal.

    Jamás, trate tanto de resistirme, pero ya les conté, el grupo del verano es muy cerrado y no me quería mandar cagadas.

    Juanchi: pero te gusta.

    La verdad, es que no podía disimularlo, Juanchi me gustaba y me estaba matando con la suavidad y la ternura que me acariciaba. Para el cuatri, se da vuelta y me mete un beso, no pude resistirme, y nos matamos con uno, dos tres besos, el empezó a ponerme la mano por debajo del Top que yo tenía puesto, la verdad es que ya estaba caliente, quería que me cogiera, pero no podía decirle nada.

    Juanchi me dice; vamos a un lugar más tranquilo, y le digo: ¿dónde me vas a llevar?, confía en mi, nadie se va a enterar de esto.

    No dije nada, deje que me llevara donde quisiera para que me haga lo que quisiera. Obviamente me llevó a los médanos, a un lugar medio apartado, donde a la noche no va nadie, y si va alguien es para hacer lo mismo que nosotros.

    La cosa es que llegamos, él se baja de cuatri, me empieza a besar, yo me cuelgo de sus brazos, aceptando lo que me hacía, me empieza a poner las manos por la espalda, por debajo del top, me lo empieza a subir, y obvio que no tenía corpiño hasta que me lo saca y empieza a besarme suavemente las tetas, mis suspiros hablaban por mí, me las empieza a chupar, mis pezones ya estaban duros, no podía disimular mi calentura, me saca el top, ya me estaba dejando en bolas, eso me calentaba, nunca lo había hecho, así en la arena de noche, al aire libre.

    Yo le pongo la mano en su pija, sobre la bermuda y la tenía reparada, se la desabrocho y encuentro mi hermoso premio UNA LINDA PIJA, me bajo del cuatri, me arrodillo sobre la arena fría de la noche y se la empiezo a chupar, como lo hago siempre de a poco, y me di cuenta que él se volvía cada vez ¡más loco!

    Saca un forro de las bermudas se sienta en el cuatri y me dice “vení Caro” eso me puso más caliente, yo sola, me saco la mini, la tanga y así los dos en bolas arriba del cuatri, desnudos en la arena, nos pusimos a coger. Yo me clave su pija y empecé a saltar sobre ella, como me calentó coger así, nunca lo había hecho en un lugar así, no sé cómo explicarlo, pero estar cogiendo al aire libre, que el viento que nos acaricie, me puso re loca, no tardamos mucho en acabar, acabamos los dos juntos. Obvio no daba para coger así toda la noche, nos vestimos y quedamos en no contar nada a nadie.

    Obvio cada vez que nos veíamos eran miradas cómplices, cruzadas, pero no hubo, ni se dio la oportunidad de volver a estar juntos.

    Se termina el veraneo, y a principio de febrero Tommy, con quien sigo “de novia” un sábado me dice de salir con Juanchi su novia y otra pareja más. Ahhh, no, el hijo de la gran puta estaba de novio y no me había dicho nada, eso me embolo mucho. Tommy me dijo que íbamos a tomar algo a San Isidro (yo conocía ya el lugar), medio oscuro con mesas.

    Empecé a pensar que podía hacer para cagarle la noche a Juanchi, hasta que se me ocurrió algo que es lo que por suerte me salió. Me fui vestida con unos shortcitos y unos zuecos, busque sentarme frente a él, ¿y qué hice? Jeje, en un momento de la noche me saque los zuecos y con mis pies le empecé a acariciar la pija, primero apenas se la roce, jaja casi pega un sato de la silla, se lo hice otra vez, otra, hasta lograr sentir que la tenía re parada y me di cuenta que estaba súper incómodo.

    Cuando terminamos de tomar algo, nos despedimos y al oído le digo ahora cógete a tu novia, y me dice que estaba indispuesta y así a ella no le gusta coger.

    Yo después de ahí me fui con mi Tommy y me saque la calentura de sentir esa pija parada en mis pies, con él. Pero la cosa no termina ahí. Juanchi se había quedado muy caliente y yo también con su pija parada.

    Al día siguiente yo estaba en casa, vestida como cuando no espero a nadie, con una remera, bombachita, sin corpiño, estaba sola porque mis viejos se habían ido a los de mis tíos a almorzar. Serían las dos de la tarde y suena el timbre, era Juanchi, apenas le abro la puerta, así como estaba vestida y me dice “Hija de puta, no me podés hacer lo de anoche” y le digo, “jódete, porque nunca me dijiste que estabas de novio”.

    Casi como empujándome, entra en casa me pregunta si estaba sola, le digo que sí, me parte la boca, le respondo otra vez aceptando su beso, yo también estaba caliente, no sé pero en nada ya estaba en bolas, le pego una chupada de pija que estoy segura que no se la va a olvidar nunca, porque, no es por nada, pero sé cómo hacerlo, se la estuve chupando un rato largo despacio como me gusta, hasta que me la meto toda en la boca, y ahí sí, se la chupo y me la como, y me dejo casi coger por la boca.

    Bueno la cosa es que terminamos en el sillón, yo clavándome su pija en mi concha (es la posición que más me gusta), yo pidiéndole que me coja más fuerte, él diciéndome que soy una putita hermosa, y así terminamos acabando, otra vez los dos juntos, como en la playa.

    Le digo que no sé a qué hora volvían mis viejos, jaja no tardo más de dos segundos en vestirse y se fue, por suerte porque a los 20 minutos llegaron mis viejos, y si me veían cogiendo en el living, no sé, creo que me echan a la mierda de casa.

    Cuando llegaron mi viejo me pregunta “Hola caro todo bien “si pa estuve viendo una peli” jaja.

    Bueno hay otra cosa más que paso en las vacaciones que ya se las voy a contar.

  • Andrea, una asalta cunas a quien le asalté el culo

    Andrea, una asalta cunas a quien le asalté el culo

    Perdí la virginidad a los 14 y para cuando llegaba a los 18 ya había tenido sexo con más de una veintena de mujeres. La mayoría con chicas alrededor de mi edad, aunque en ocasiones cuando era un chaval, algunas me llevaban por unos 3 a 4 años, y a esa edad de los años mozos las mujeres tienen una enorme ventaja psicológica que los hombres.

    Comprendí a esa edad que tenía mucha suerte con las mujeres y mi primera experiencia con una mujer mucho mayor llegó precisamente a esa edad. Recuerdo que en esas vacaciones de verano tuve la experiencia de experimentar el sexo con tres mujeres adultas, quienes eran amigas entre si y, una era amiga y colega de mi madre, pero menor que mi madre. La Dra. Olga, de quien os he relatado en lo que titulé Historia de la frontera: Olga. Con ella tuve mi primera experiencia y según mi cálculo, ella tenía unos 36 años, así que me doblaba la edad. Tuvimos tres encuentros en unas dos semanas, pues era difícil concertar vernos, pues ella es una mujer muy ocupada y vivía a 600 kilómetros de donde yo vivía.

    Un día recibí una llamada telefónica de esta linda señora y me pide por favor si le puedo ayudar a una de sus amigas, que se está relocalizando cerca de la ciudad donde yo vivía en ese entonces. Me habla de cierto pago por ayudar a su amiga con el movimiento de cajas, pero lo que me llamó la atención y me puso con un radar súper sexual, fue la insinuación de esta mujer con quien habíamos tenido ya dos experiencias sexuales: Andrea se acaba de divorciar, así que te la encargo mucho, tiene mucha necesidad de afectos.

    La Dra. Olga nunca me dio detalles de su amiga, solo me dio un teléfono y el domicilio. El día que llegué para ayudarle, entro al estacionamiento de su casa en mi motocicleta y veo a dos lindas mujeres en el patio platicando. La que parece mayor y de quien calculé tenía unos 44 años se me acerca y me saluda diciendo:

    – ¡Tú debes ser Tony! Yo soy Andrea y ella es mi amiga Yaneth… mucho gusto en conocerte.

    – ¡El gusto es mío Sra. Andrea!

    – ¡Por favor, olvida eso de señora! Llámame simplemente Andrea.

    Quizá hicimos plática por unos minutos y luego Yaneth se comienza a despedir y quedamos Andrea y yo a solas. Mientras ella me explica el plan que tiene para distribuir el trabajo de reacomodar las cajas de la mudanza, observo a esta hermosa mujer que viste una falda, que aunque no es minifalda, es bastante corta y donde se le aprecian unos sedosos muslos y uno delicados pies, pues viste sandalias abierta. Lleva una blusa blanca y aunque no usa mucho maquillaje, se mira que es una mujer que se cuida. Luego descubro que es dueña de varios salones de belleza que le dan lo suficiente para poder vivir en esta zona exclusiva, que aunque las casas no son las más grandes, esta pequeña casa de solamente 3 recamaras, dos baños y una pequeña piscina fácilmente costaba unos 600 mil dólares por esa época.

    Las cajas están marcadas y eso hace que el trabajo de ubicarlas y distribuirlas sea más fácil. Al principio, como ella me lo pidió, quería por lo menos terminar con las cosas de su habitación y la cocina, lo demás podría esperar. En cuatro horas la nueva casa iba tomando forma y me pide que descansemos, pues ella ha ordenado pizza para almorzar y es cuando tengo la oportunidad de disfrutar de ver esas lindas piernas con disimulo y aunque no me parecía adrede o con una intención de muy lanzada, la Sra. Andrea en ese de cruzar la pierna de un lado a otro, me permitió de vez en cuando que le mirara los calzones, y para un chico como yo de 18 años y con la testosterona encendida, eso me hizo conllevar una erección que no pude disimular, pues vestía de esos pantalones deportivos. Creo que ella me lo notó y creo que le gustó la idea que ella podía a su edad excitar a un chico como yo.

    – ¿Listo para la universidad?

    – Si… dos meses más y comienzo esa aventura.

    – ¿Tienes novia?

    – ¡No!

    – Eres un chico muy guapo… regularmente chicos como tú no solamente tienen una novia, tienen varias… -lo decía riéndose.

    Mientras comía mi pizza con soda, ella se levantó a tomar no sé qué cosa y se agachó a recoger algo y pude observar que llevaba un calzón blanco diminuto y que se le metía entre las nalgas: una vez más mi erección se hace más potente y no sé realmente si esta linda señora de nombre Andrea lo hace adrede o no sé si se da cuenta lo que me está causando. En esa época yo tenía el cabello largo con unos 20 centímetros por debajo de mis hombros y es cuando ella me dice:

    – Sabes, me gusta tu cabello, pero tienes que darle un recorte para que crezca parejo… si encuentro las tijeras te lo puedo recortar. Soy profesional del cabello, no te preocupes… estas en buenas manos. –Me dijo con otra sonrisa.

    Cuando me dijo eso, se me había acercado y sentí sus pechos por sobre el hombro y olí ese perfume, ese olor que me atrajo y pues creo que ambos segregábamos feromonas que en mi caso estimulaban mi hambre sexual de 18 años. Continuamos el trabajo y en dos horas más todo estaba distribuido, su habitación ya tenía un ambiente habitable, la cocina se miraba todo en orden y ella destapó una cerveza y le da unos tragos y me la pone en la mano, y con la agitación del trabajo, pues esos tragos de cerveza me cayeron muy bien. Y es cuando me dice: ¡Tony, encontré las tijeras!

    Me hace pasar al baño del pasillo, pone una silla y antes de ponerme una toalla por los hombros, me pide que me quite la camisa. Lo hago y ella le da cumplidos a mis pectorales y en broma amenaza con quitarme la melena. Se toma unos 7 minutos haciendo un pequeño corte y donde me doy gusto de volver a sentir su aroma, sus pechos siento que me rozan de vez en cuando y es cuando le digo que me siento incomodo, que estoy muy sudado. Y es cuando ella me dice: Sabes Tony, a muchas mujeres nos gusta el olor de un hombre sudado. No te incomodes, tú hueles rico. –me dijo.

    Sentía su aliento tan cerca con esa frescura de esos tragos de cerveza, pues ella había tomado otra y nuevamente me la acercó para que le diera unos cuantos tragos. Me muestra con otro espejo como luce mi cabello y le doy las gracias y le pregunto cuánto le debo, a lo que contesta:

    – ¡Nada mi amor! Cuando gustes, aquí tienes a tu estilista privada. No lo digo en broma, de veras, cuando gustes… ah sí gustas puedes bañarte. A mucha gente le incomoda ese cabello que nos cae en la piel.

    Andrea es una mujer de cabello oscuro, ojos café, rostro alargado; quizá mida un metro y 60 centímetros y su peso quizá este por las 135 libras. Su mayor peso está en su busto de copa c y sus nalgas de unos 94 centímetros. No ocupa mucho maquillaje, una línea oscura a sus ojos y un brillo claro a sus labios. Tiene bonitas piernas, y me gusta mucho su bonita sonrisa… de esas sonrisas coquetas. Me tomo el baño rápidamente y cuando salgo escucho que la regadera de su baño cae y asumo que ella también se está bañando. Espero en la sala, pues aunque creo que ya hemos terminado, por lo menos quiero despedirme. En segundos de espera escucho mi nombre: Tony, ¿puedes venir?

    Me acerqué a su habitación y la puerta está abierta. Le hago saber que estoy afuera y me dice que entre, que le acerque las toallas para secarse. Debo admitir que me incomodaba. Cuando uno tiene 18 años y una mujer lo invita a su habitación, y que está en el baño, lo más probable desnuda, uno no sabe cómo medir la situación. Por el morbo, por la excitación que me había creado minutos antes, entro con cierta desconfianza y puedo ver que el baño también está abierto y que la regadera ya no suena cayendo. Me dice donde están las toallas y ella agrega lo siguiente:

    – ¿No creo que te asuste ver una mujer desnuda? Ya me ha contado Olga de esa rica noche en el hotel de San Ysidro… Ven, ven a sécame… ¿quieres?

    Obviamente quería, pues de solo verle esos lindos muslos, me había excitado minutos atrás. Ahora me invitaba a pasar y me decía que estaba desnuda y que le secara el cuerpo. Tomé las toallas y pasé y veo a esta mujer a través de esos vidrios corrugados que no te deja ver plenamente, sino una silueta. Me pide que abra la puerta corrediza y que le seque el cuerpo. Abro y ella me queda viendo con unos ojos de lujuria y me ofrece ese cuerpo así como minutos antes me ofreció unos tragos de cerveza.

    Para su edad tenía un cuerpo que muchas mujeres jóvenes desearían. Sus pechos aunque ya no duros por las consecuencias del tiempo, tampoco estaban maltratados. Una areola oscura y pezones bastante pronunciados. Sus nalgas eran espectaculares, pues comencé a secarle por la espalda. Lo hice pausadamente, pasmado nuevamente que aquí me encontraba con una mujer tan solo un par de años menor que mi madre. Ella me tomo de las manos y las puso en sus pechos y comencé a masajearlos con mis manos, mientras instintivamente le besaba el cuello. Mi verga comenzó a crecer y Andrea la sintió e instintivamente me la tomó por sobre el pantalón deportivo. Me dijo algo que tuvo que repetir, pues no le entendí la primera vez: ¡Tienes una pija enorme! –me dijo.

    La tomé y la cargué llevándola a su cama, donde después de mamarle con enorme ganas esos pechos cuyos pezones quedaban erectos, me he bajado a su abdomen y le beso el monte Venus, el cual no tiene un tan solo vello, para luego bajar en esa línea de su rajadura, donde descubro un clítoris ya inflamado de excitación y quizá Andrea se una de esas mujeres con clítoris grande y por esa falta de acción sexual producto de su proceso de divorcio, su sexo era un caudal de excitación, que en termino de tres minutos gimió tímidamente y me decía que se venía: Tony, me vengo, Tony, me vengo… -Sonríe cuando se recupera, pues su excitación es tan grande como la mía y ha acabado en tiempo record según Andrea. Ella me lo dice de esta manera:

    – ¡Nunca me había venido tan rápido!

    – ¿Estaba muy caliente!

    – ¿Caliente? ¡Calientísima! Sabes Tony, tú eres uno de esos chicos, que con solo ver tu cara bonita, haces acabar a una mujer. Eres un chico muy lindo y así como volviste loca a Olga, me estas volviendo loca a mí.

    Me dice que me la quiere mamar y es ella quien me desviste. Yo me quito la camisa y ella me desprende de mi pantalón deportivo, me quita poco a poco el bóxer que ya está más que mojado y ella toma mi verga entre sus manos pequeñas y me dice con exagerado asombro: Tony, que hermosa pija tienes, y no es solo su tamaño y su grosor, tienes una pija apetecible desde la óptica de cualquier mujer: No dudo que por ahí hay algunas mujeres peleándose por tan exquisito manjar o deseando conocerla. –me decía.

    Andrea al igual que Olga, son mujeres muy abiertas y creo que su edad les ayudaba a ser más directas conmigo. Una mujer a esta edad sabe lo que quiere, lo que espera. Realmente no sé si exageraba en sus cumplidos, pero la verdad que yo no exagero al decir que Andrea al igual que Olga, eran lindas mujeres a la edad que las conocí. Estas mujeres a la edad de 18 años me enseñaron otras facetas del sexo que hasta esa edad no conocía y me parecía que con esta experiencia con Andrea de 44 años, era algo rutinario experimentar el sexo un tanto más atrevido de cómo lo concebía con la chicas de mi edad.

    Me tomó la verga y mi glande desapareció en su pequeña boca, donde todavía podía ver cierto brío en sus rojos labios. Una mujer a esta edad tiene esa experiencia sexual, que el sexo oral siempre será una delicia recibirlo. Parecía no cansarse de mamar y succionar mis huevos. Me elevó las piernas para tener acceso a mi perineo y su lengua llegó al orificio de mi culo. Lo chupaba como si de un dulce se tratara. Me dio un masaje de próstata en esa posición de cómo cuando se hace esa posición del 69, ella sobre mí. Me invadía el ano con sus dedos, mientras me chupaba la verga o me daba masaje en los huevos. Me produjo una eyaculación descomunal, que me he ido en su boca y su boca explota con todo ese semen que un muchacho de 18 años puede producir. La mayoría se lo traga y escucho de sus labios cuando se limpiaba mi corrida: Sabe muy rica tú corrida… ¡tiene un sabor dulce!

    En diez minutos estaba ya disponible de nuevo, y se pone de perrito que es como me ha dicho que le gusta. Ella es muy comunicativa en la cama, intenta excitarme y hacerme sentir rico: Tony, quiero sentir esa preciosa verga… méteme cada centímetro de esa verga, que delicia de pija tienes… – decía cosas así, mientras mi taladrar era incesante y con embestidas violentas. Me pide que le nalguee, que le gusta sentir esos golpes en las nalgas mientras me la cojo… pienso que le hago daño, pero ella quiera más fuerte. Llega el punto que sus nalgas se vuelven rojizas y hasta puedo ver las huellas de mi palma en ese precioso trasero. Me lo anuncia, y entre jadeos y gemidos y un vibrar de sus caderas me dice lo siguiente: Pégame, me rompes, me rompes, pégame… me vengo Tony, me vengo. Le taladré su concha hasta que quedó satisfecha, y no sé si fue más de un orgasmo, pues al pasar de cinco minutos, ella seguía jadeando y gimiendo de placer. Me dice:

    – Si esta es la forma que haces el amor, volverás a todas esas chicas locas. Tienes una enorme resistencia. Pensé que Olga exageraba, pero veo que se quedó corta al decir que coges de maravillas.

    Obviamente me elevaba el ego, pero desde que una chica de nombre Tamara me reprochó por haber eyaculado en su boca de una forma precoz, desde entonces aprendí que antes de que yo me vaya, mi pareja tiene que llegar al orgasmo primero. Desde entonces intento lograrlo y creo que una de las mejores satisfacciones en este deporte de la cama, no es uno llegar primero, por primera vez creo que en este deporte, el segundo, es el que se lleva el primer lugar.

    Con una mujer como Andrea, no es cuestión de convencerla a que me dé su culo. En este caso con esta linda mujer, ella me lo ofrece sin decírmelo. Me monta de frente y luego a la inversa en un proceso de uno 10 minutos. Luego me pide que se lo haga estando parada y se pone en contra de la pared subiendo sus ricas nalgas y yo me debo de agachar para poder estar en su nivel y comienzo con esas embestidas que Andrea parece tanto gozar. Llega un momento que ella es quien para y me pide a mí que no pare, que le dé y se la suma con todas mi ganas… y sin decir nada, siento su vibrar interno, sus piernas tiemblan y parece que se quiere despegar. Yo la tomo de la cintura y la sostengo y a la vez no para el ritmo… queda solo gimiendo y sus nalgas tiemblan sin control alguno… aquello me hace venir y me voy en su culo.

    No sé cuánto duró todo aquello, pero Andrea parecía que nunca le iba a pasar aquella reacción. Tuvo tremendo orgasmo anal, que media hora después lo tuvimos que repetir. Debido a que solo vivía a unos cuantos kilómetros de mi casa, cuando podía y nos poníamos de acuerdo, esas cogidas se dieron en varias ocasiones por esos tres meses que duran las vacaciones de verano.

    Recuerdo estas experiencias hoy, pues hace poco me encontró Olga a través de estos medios populares que hoy tenemos. Ahora ella es una mujer de 68 y yo tengo 50. Andrea murió el año pasado de 76 años. Me cuenta que de vez en cuando se recordaban de esas experiencias con el muchacho guapito de solo 18 años. La otra mujer adulta que era cómplice de este secreto de mujeres adultas de nombre Yaneth y quien estaba casada cuando por curiosidad sugerida de sus amigas hicieron que tuviéramos contacto sexual, con ella solo lo hicimos una vez, pues según me decían las demás, tenía un enorme sentimiento de culpa, aunque idealiza esos cuatro orgasmos que un día gozo con un chico de solo 18 años.

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  • Una para todos (Cuarta parte)

    Una para todos (Cuarta parte)

    Fernanda, después de un sábado agitado y muy sexual. Aguardaba detrás de la puerta del baño. Podía escuchar claramente porque tanto su padre, como sus dos hermanos estaban al borde de los gritos. 

    —¡Pero yo te vi saliendo del hotel!

    —¡Solo fue una vez, ¿pero tu papá?

     —¿Yo que? Yo no subí nada a internet. Este tarado!

    ¡BASTA!

    Desde el fondo se escuchó el grito de Fernanda que avanzaba lentamente hacia ellos. Los tres quedaron en silencio mientras ella se acercaba, y las miradas se cruzaban entre ellos. Pero la seguían también a ella, solo traía un pequeño cachetero. Sus tetas estaban al aire. Y sus nalgas temblaban a cada paso que daba. 

    —¡Hija ponte algo!

    —¡por favor pa’ no hables!

    —¡SI NO MAMES!

    —Tú también cierra la boca. Miren, a mí me gusta tener sexo. Desde niña soñaba con sentirte dentro pa’ y tú, siempre perfumado y de traje, pues si, me gustas. Tu Dany pues la verdad es que nunca me paso por la mente pero ya está. Si quieren aquí le paramos y ya. Antes de que tu vieja y mamá se den cuenta. Parecen niños, ni mi novio se pone tan pendejo.

    ¡DING DONG!

    —¿Tu novio?

    —Si, se supone que desayunamos con sus padres.

    —Entonces dejamos esto para luego.

    Dijo don Antonio casi dando por concluida la discusión.

    —¡No! Ábrele Dany.

    —Pero hija ponte algo.

    —¡No mames pa’ ni te queda ese rollo mojigato!

    —Carlos, tú te callas. Sigo siendo tu padre. 

    Daniel ya había abierto y Ricardo, con una playera nueva de los Rolling Stones estaba como piedra, con los ojos bien abiertos y la boca abierta. 

    —Pasa, creo que todos me han visto desnuda. Y ahora más. ¿Cómo que el internet pa’?

    —Este pendejo subió un video aventándote semen en la cara.

    —Ya lo borre.

    Dijo Daniel con la cabeza abajo.

    —¡Eres un pendejo Dany! 

    —¿Y tú muy cuidadoso no? El mismo hotel, al mismo horario…

    —Tus… hermanos… también…

    —Si nene, acá mi hija resultó una tremenda puta!

    —No le hable así…

    —Ok ya basta, sin celos, sin fotos, sin videos, ¿quieren o hasta aquí y como si nada hubiera pasado?

    —¡Eres mi novia!

    —Y voy a seguir siendo tu novia, ¿o no te gusta que nos vean tomados de la mano por todos lados?

    —Si!

    —¿Y meterme la verga?

    —También, pero…

    —¡Yo quiero más de eso!

    Dijo Daniel señalando el culo redondo de su hermana.

    —¿Y tu pa’?

    —Anoche estabas chingue y chingue en su cuarto, seguro quieres más!

    —¿En serio pa’? —Pregunto Carlos tomándose la cabeza. 

    —¡Hagámosle un gangs bangs!

    —Es gang bang idiota.

    —Esperen, esperen…

    —Nunca he tenido a más de uno, Uso juguetes y así pero… si aceptan mis términos claro. Y no me importa que me graben. Solo no lo suban.

    En cuanto termino de decir esto, Daniel lato o de las nalgas e hizo a un lado el cachetero para meterle mano en su culo. Y Carlos tomó partida con sus tetas. Pero Don Antonio los freno y jalo a Fernanda. 

    —Primero quítale los nervios a este mugroso, no vaya a ir de chismoso.

    Arrodilló a Fernanda frente a Ricardo y ella de inmediato sacó su verga, estaba flácida.

    —Te digo que está que se caga de miedo.

    —¡Relájate amor!

    La boca de Fernanda poco a poco logró que aquel pene blando fuera cobrando fuerza y se erigiera hasta llenar su boca. Daniel seguía obsesivamente buscando la panocha de Fernanda por detrás mientras a la distancia Don Antonio y Juan Carlos analizaban la situación. 

    —¡Pues que mierda, nos vamos a ir al infierno en familia! ¡Abre esa pinche boca puta de cagada!

    Todos miraron a Don Antonio con extrañeza, ¿por qué le hablaba así a Fernanda?

    —¿que? Fue lo primero que supe, le gusta que la traten como puta. ¿O no pendeja?

    —¿Quieres que te la mame papito y que me meta tu verga hasta la garganta papi?

    —¡Con todo y guevos hija de la chingada!

    Los cuatro estaban con los pantalones abajó y el miembro al aire, esperando turno por esa boca. 

    —Me toca chamaco, te voy a enseñar. 

    Tomó de la nuca a Fernanda y metió su verga hasta el fondo. La respiración de su hija se cortaba y babeaba cada que su padre sacaba la verga, solo para hundirla con más fuerza. Luego le cedió el turno a Carlos, el no fue tan brusco. Pero igual metía lo más que podía su verga. 

    —¡Me toca, quedó que también se trague la mía!

    —¡HAAAG! SI, QUIERO MÁS VERGA!

    —¡les dije! ¡Puta hija de la chingada!

    —¡A mamar perra!

    Daniel si fue brutalmente agresivo, entraba y salía de su boca sin parar. Y no fue hasta que Don Antonio lo detuvo qué Fernanda logró jalar un poco de aire, con los ojos llorosos volteó 6 tomó la primera verga que encontró y así fue turnándose una a una sin parar. 

    —¿Te gusta verdad?

    —Me fascina haaagg! 

    —Maldita puta!

    El comentario de Ricardo fue más de celos y coraje, pero igual a Fernanda le gustó por fin escucharlo.

    —¡Bueno, bueno ya! ¡Vamos al sillón mijita!

    —¿me van a meter la verga papi?

    —¡Te vamos a dar hasta para llevar cabrona!

    —Siiii denme verga!

    —Hermanita, te vamos a hacer la más puta!

    Daniel se sentó de un costado y jalo la cabeza de su hermana hasta que siguió mamándole la verga, de la misma manera bruta. Sin dar opción a un respiro. Mientras ella quedaba empinada con su cuerpo hermoso. El cachetero seguía adornando sus nalgas. Y Carlos se turnaba la boca con su hermano Daniel. El único inmóvil era Ricardo. 

    —Primero yo.

    Dijo Don Antonio y se colocó detrás de ella y empezó a penetrarla, despacio. Abriendo sus nalgas para poder ver su verga penetrando el culo de su hija. Disfrutaba mucho esa imagen. Durante años fantaseó mientras la miraba pasearse en vestidos cortos por la casa. Era un cuerpo celestial el de su hija.

    —Ven acá pendejo, eres el novio. Metete ahí abajo. 

    —¿como?

    —Por el amor de Dios, ¿este chamaco es idiota?

    —Ven. 

    Fernanda se levantó un poco y le indicó a su novio el espacio que debía ocupar, cuando estuvo debajo, ella colocó su verga dentro. Al mismo tiempo su padre buscaba penetrarla por la cola. Y aunque se resistía. Poco a poco se fue abriendo camino.

    —Eso, esa es mi hijita puta! Ya le entraron. Ahora muévete Niño!

    —Y tu sigue mamando pendeja!

    —Yo digo que si le entran las dos en la boca. 

    Dijo Carlos y metieron poco a poco sus vergas. Aunque era incómodo. La imagen de Fernanda con la boca totalmente llena era excitante. Y Daniel ya estaba con el teléfono en la mano. 

    Por su parte, en cuanto empezó la fricción de las vergas de su novio y su padre dentro de Fernanda los gemidos no se hicieron esperar, pero con la boca totalmente ocupada. Lo que emitía eran más bien ruidos guturales. Cada que abría los ojos comprobaba que el teléfono de su hermano seguía grabando. Y sentía la baba escurrirle por los costados. 

    —¡HAAAG! ¡HAAAG! ¡GAAAGH!

    —Eso perra, trágatelas! 

    Cada que Fernanda intentaba frenar un poco, alguno de sus hermanos le tomaba la mano y se lo impedía. Las lágrimas y la mucosa de la nariz le cubrían la cara. Sentía que se ahogaba. Por otro lado, su novio por fin había tomado ritmo y meneaba sus caderas para poder penetrarla. Además los hermosos pechos de Fernanda le quedaban Justo frente a su boca y el aprovechaba para chuparlos, saboreando la piel de su novia. Y poco a poco se le borraba de la mente que la estaba compartiéndola con sus cuñados y si suegro. 

    —Mira su cara!

    —La puta madre, estás hecha una mierda!

    Por fin le dieron un respiro, y como pudo trató de limpiar un poco su rostro, aunque el movimiento de la doble penetración le dificultaba la maniobra.

    —Oye pa’ ya me toca, no seas goloso!

    Entre Carlos y su padre le dieron vuelta y se sentó sobre Ricardo.

    —Métesela en el culo!

    —Voy yo he!

    —Calma cabrón, hay para todos!

    En cuanto entro por completo la verga de su novio, Daniel brincó sobre ella y le metió la verga en su panochita.

    —Siiii que rico!

    —¿Le cabrán dos a esta puta de mierda?

    —Probemos.

    —Pues hazme cancha hermano.

    La verga de Carlos chocó con la de Daniel y juntas buscaban espacio en la panochita de Fernanda, los cinco sentidos no le alcanzaban para todas las sensaciones que estaba experimentando. El ardor de sus entrañas era indescriptible, pero lo estaba gozando. Mientras su padre se trepó de pie sobre ella y le acomodo la verga para que siguiera chupando. Sentía su saliva escurriendo nuevamente y Don Antonio le tapaba la nariz para que abriera la boca buscando oxígeno y así meter más y más su verga.

    —Tenemos una puta en la familia.

    —La más pinche puta, ojalá y lo hubiera sabido antes. Pinches secretarias salen bien pinches caras. 

    —¿Te cogiste a…?

    —A todas, pero ninguna tan puta perra como tu hermanita.

    —Abre los ojos pendeja.

    —¡HAAAG!

    Jalaban su cabeza y los ojos parecían de una chica asiática, las lágrimas le escurrían y las tres vergas que tenía dentro le provocaron el primer orgasmo.

    —¡Espera! Se está viniendo. 

    —Haaaa! Haaag! 

    Los ojos de Fernanda estaban en blanco y su cuerpo aflojó. Se balanceaba al ritmo de cada penetración y el movimiento de papá usando su boca. Además, tenía el sabor a su culo y le encantaba. 

    —Despacio pa’ la vas a ahogar.

    —Ella Aguanta hijo, Yo sé lo que te digo

    —¿verdad que le gusta lo brusco tu… rollingstone?

    —No sea pendejo.

    Los tres soltaron una carcajada, les parecía gracioso que a estas alturas el novio buscara defender el honor de su dama.

    —¿Te encanta verdad hija de tu putísima madre?

    —¡Papá! No exageres.

    —¡le encanta a la reputísima cabrona!

    Volvieron a girarla y ahora sus hermanos entraban al mismo tiempo en su cola, y su novio volvía a disfrutar de sus tetas. 

    —Puja perra!

    Al tiempo que decía eso Daniel, le daba una nalgada tremenda. Que sonó en toda la casa y Fernanda se aferró más a la verga de papá.

    —¿Ya viste como si?

    Ahora fue Carlos quien hizo soñar sus nalgas de una nalgada tremenda. 

    Don Antonio sobaba la mejilla de Fernanda donde sobresalía el bulto de su verga, luego fue subiendo hasta que las caricias se convirtieron en leves bofetadas. Mientras tanto el segundo orgasmo de Fernanda llegó y se retorcía sin control 

    —¡haaaag! HAAAG!

    —Se vino la cabrona.

    —¿otra vez?

    —¡¿Tan puta eres hermanita?!

    —Les dije, esta cabrona nos salió bien puta!

    La dejaron mientras se reorganizaba y Don Antonio se sentó junto a ella y la jalo para acomodarla sobre él, Fernanda resbaló por su verga hasta el fondo. Sus nalgas rebotaban en él, y ella se agachaba para seguir llenando su boca de verga. Fue su novio quien se acercó y le metió su miembro.

    —Cogjjgemeeeg paghpito!

    —Como a la puta que eres, ya verás. Ven y métele aquí tu verga cabrón. 

    Aunque al principio no le agrado la idea de que su verga chocara con la de su suegro mientras entraban en el ano de Fernanda, en cuanto vio la cara de placer de ella, hundió por completo su verga. Y vio cómo su cuñado, el mamón de Carlos se trepaba para meterle la verga en la panocha. Apretados contra ella.

    —Dany, ven y ocupa esa boca que se ve muy vacía, ahoga a esta puta callejera!

    —¿No mames pa’?

    —Venga, obedece chingada madre!

    Al oír eso la boca de Fernanda se aferró a la verga de Daniel. Nunca había experimentado algo así pero, le encantaba sentirse una puta callejera!

    —No mamen me duele haaay!

    —Daniel! Métele la verga en la boca, quiero oírla gemir no gritar!

    —Me duegggleee!

    —¡Cállate puta perra!

    La verga de Juan Carlos se abría paso en la panochita de su hermana, y la escuchó gritar de dolor. Pero su padre lo jalaba y le hacía señas para que siguiera. Los guevos de Daniel le rebotaban en el mentón, su vagina parecía reventar pero ni loca quería parar. Cuando la verga de su hermano menor abandonó su boca, por fin pudo gemir a todo pulmón. 

    —¡No las saqueeen! ¡No laaas haaaa… que pinche rico!

    —¿No que te dolía cabrona?

    —¡CÓGEME PAPITO! ¡CÓGEME CARLOS! ¡RICARDO, TE AMO! HAAAG! HAAAAG! HAAAAAAAAAGHG!

    La verga de Dany la hizo callar y casi toser o vomitar o algo, pero solo siguió lagrimando sin parar y escurriendo baba como espuma.

    Daniel de momentos la dejaba respirar, pero solo para embarrar sobre su cara, la saliva mezclada con lágrimas y volver a meterle la verga hasta la garganta. Cuando se marcaba en sus mejillas, aprovechaba para darle una bofetada.

    —¡SIIII PÉGAME! 

    —¡Eres bien pinche puta!

    —¡Soy la más puta! Soy su puta! Siiii! Haaay me duele mucho! 

    —Sigue mamando puta de mierda! 

    Con el rostro lleno de baba las bofetadas eran más estruendosas y más fuertes cada vez. Así que papá tenía que animarla un poco.

    —¡MUÉVETE PERRA!

    —Muévase putita… órale!

     Como pudo, logro generar movimiento en sus caderas sin que la verga de su hermano saliera de su boca. Ricardo estaba a punto de venirse dentro, pero Don Antonio lo freno.

    —¡PARA! ¡VAMOS EMPEZANDO!

    —Ya no aguantó.

    —¡Pues aguante cabrón!

    Ricardo se sentó en el suelo y miraba impaciente como sus cuñados y su suegro seguían usando a su novia. Fernanda sintió como escurría entre sus piernas otro orgasmo. Y Don Antonio fue más intenso. Sentía que le hervía la sangre y ahora fue Juan Carlos quien gritó.

    —No mames pa’ yo también estoy que exploto!

    —¿Les gustaría acabar en su cara? 

    —Si no mames!

    —Acaba en su puta cara. Venga para acá cabrona.

    La acomodo en el centro de la sala y levantó su cara. Al mismo tiempo Daniel acercaba su teléfono para grabarlo todo. 

    —¡LEVANTA LA CARA CULERA!

    —Órale puta!

    —Siiii, me van a dar mi lechita!

    Don Antonio la hizo enderezarse y apartar su pelo del rostro con un jalón en el pelo. Y Ricardo se acercó desesperado. 

    —Haynomames! nomames! Haaa!

    —¡Que rica lechita!

    —¿Quieres más lechita hermanita?

    —Siii dame tu lechita, échamela en la cara…

    En cuanto terminó la frase Daniel le aventó un chorro que atravesó la cara de Fernanda, seguido de varios más pequeños. Luego se acercó y embarró los restos de semen aún en su verga sobre los labios de su hermana. 

    —Ahí está puta su leche cabrona.

    Juan Carlos se acercó y soltó varios chorros que cerraron los ojos de Fernanda. Sentía el calor del semen en su cara, pero esperaba con ansia el semen de papá. Y un tirón en su pelo le aviso que se acercaba. Como si fuera un jovencito, Don Antonio soltó mucho semen, tanto que cubrió el semen de sus hijos y el de su yerno sobre la cara de su Fernanda. Ella no podía abrir los ojos ni la boca y aun así la verga de Don Antonio entró hasta su garganta. Y Fernanda saboreaba una mezcla de semen que estaba siendo empujado hasta su garganta e inevitablemente tragaba. 

    —Repetición instantánea.

    En cuanto pulsó play en su teléfono, el televisor de 80” se prendió y todos atentos miraron como le iban llenando la cara de semen. 

    —Cuidado y lo subes cabrón!

    —No pa’ cómo crees…?

    Fernanda se fue a dar un nuevo baño y diez minutos después salió radiante con un vestido floreado arriba de las rodillas. Tan hermosa como siempre.

    —¿Todavía me vas a llevar a desayunar?

    —… si, claro.

    —Quiero ver la cara de tus amigotes cuando llegues con tremendo culo cabrón!

    Ricardo estuvo muy serio, y Fernanda lamentaba la situación. Pero también sabía que por ningún motivo se privaría del placer que le daban en casa. Así que ambos, mientras desayunaban. Pensaban que sería el fin de su relación. Además, el semestre estaba por terminar y los distanciaría aún más. 

    Aunque para Fernanda apenas comenzaban las aventuras. Pero ese es otro gangbang… mmmm mmmm… quise decir. Otra historia.

    @MmamaceandoO

  • (10) La misteriosa CB

    (10) La misteriosa CB

    El viernes siguiente me planteé el ir al pub, pero mi otro yo me dijo que fuera, siempre cruzábamos e-mails y en toda la semana que llegaba a su fin, no había ninguno, algo le pasaba como a mí.

    Me salto la semana con CB, que fue pocha debido a la serie de banderillas que me fue clavando en la espalda, su bandera fue el despecho, ira y muy mala leche, mi jefe con cierto sarcasmo me dijo en voz baja, que debía de tirármela cuanto antes, me hizo una serie de putadas que repercutían en mi trabajo, aunque mi jefe las fue controlando, es otra historia que tuve que preparar previamente un guion, un plan escrito y meditado.

    Me salvó un insulto, bueno, eso es lo que ella pensaba, que me iba a molestar, ya que ese lunes, el posterior al polvo fallido, llamó a mi jefe pidiéndole que el chico de los recados pasara por su despacho, soy el gestor administrativo-comercial de la empresa, hay mucho trabajo de campo, y mi experiencia en centros oficiales y grandes empresas servía para mucho.

    Y me quedé con ese apodo, todos se rieron…, de mí, como no me molestaba, procuré dar la sensación contraria, le regalé una pírrica victoria, mi jefe y el director adjunto me preguntaron si intervenían, pero les dije que no pensando en sus tetas.

    No me hablaba, me mordía y lo que más le molestaba era mi impasibilidad, era una pared donde ella rebotaba y lo sabía, mi rostro no mostraba gesto alguno ante su maltrato, ya que empezó a perder los papeles, me di cuenta que le había dado demasiado cuerda, era mejor coger al toro por los cuernos, mejor dicho, a la tía por las tetas.

    Llegó el viernes y camino de la puerta de la calle pasé por su despacho, estaba de espaldas a la mesa y desde la puerta la deseé buen finde, se volvió de mala hostia, su rostro enrojecido y me mandó muy lejos, yo rematé la obra sin mover un solo músculo de mi rostro, le dije que era muy sugestivo el sujetador que llevaba y escapé, como respuesta estaba buscando encima de su mesa algo que tirarme.

    Sabía que los viernes se quedaba sola, cerraba la delegación, por tanto cambié de planes, volví sobre mis pasos y de nuevo entré en su despacho, su mirada era de una demente, pero no me inmuté, y me senté en la misma silla desde donde contemplé sus tetas.

    Pudimos escuchar como cerraban la puerta de la central, por tanto estábamos solos, y eso hizo que reprimiera sus instintos criminales, puso las manos encima de la mesa separando los dedos, luego me miró preguntándome por qué jugaba con ella, porqué la cabreaba a diario, que me había hecho para que le diera ese trato, sin olvidar la forma de echarme del pub, más vileza era imposible de tragar.

    No dije nada, y procuré que se diera cuenta que miraba sus tetas, ella se dio cuenta, y me dijo que si quería repetir jugada como la semana anterior, antes debía de darle una satisfacción, debía explicarla la causa de tanta infamia. Respondí que primero sus tetas y luego me explicaría. Su furia no disminuyó, pero se quitó la blusa y el sujetador, sus pechos quedaron a la vista, y cruzándose de brazos se apoyó en la mesa.

    Y hablé despacio, le expliqué que mi plan de aquel viernes tuvo más consecuencias de las calculadas, no esperaba que tantas entraran por el aro, y por otro lado su presencia alteró totalmente el fin que tenía previsto, y para complicar más las cosas, hubo una que si había comprendido todo, y yo necesitaba tenerla de mi lado, pero que de nada sirvió debido a la conspiración de la que iba a ser objeto.

    El silencio fue su respuesta, aunque su rostro se había relajado levemente, miró sus manos y de nuevo me miró, preguntó en qué punto nos encontrábamos en esos momentos y cual era mi plan con ella o sin ella. Sin mover un solo músculo de mi rostro, dije que seguir la incursión del viernes pasado.

    Parpadeó varias veces y con gesto enojado preguntó qué incursión, respondí en el mismo tono, la misma que empezaba ahora, todo empezó con sus pechos desnudos, me cortó diciendo y la estatua que miraba sin parpadear sus pezones endurecidos por la mirada.

    Era el momento de mover picha, quise decir ficha. Pregunté por estado de humedad de su vagina. Se mordió los labios antes de responder y siseando me dijo que no necesitaba respuesta alguna, ya que sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo en su cuerpo y que no iba a regalarme respuestas.

    Y solo quedaba una salida, acerté, ya que me levanté y poniéndome detrás de ella, puse mis manos en sus hombros desnudos y la oído le pregunté qué movimiento era el siguiente, que más deseaba en esos instantes, y soltando aire muy despacio, parecía un largo suspiro, aunque traduje que utilizaba ese tiempo para pensar y saber que quería.

    Y hablando en un tono bajo, dijo que primero ver mi estado de excitación debido a la visión de sus pechos, y nada más sencillo que ponerme a tiro, y deprisa me quitó la ropa tomando entre sus manos el penetrador, que lentamente iba creciendo entre sus dedos. Dijo que eso no podía falsearlo, se sentía deseada, lo más importante para ella, y que no comprendió lo ocurrido el pasado viernes.

    Se puso en pie sin soltar el penetrador, y me sentó en una silla, y despacio se quitó la falda, después las bragas que me entregó, dijo que se sumaba a las del viernes pasado, que era un regalo de sumisión, y despacio pasó una pierna por encima de las mías, con su mano aseguró la posición de su vulva con el penetrador y mantuvo la postura sin sentarse, me dijo que intentara metérsela, quería que solo entrara el glande, quería ser penetrada por ella misma, sin tenerme encima, que no quería que la poseyera yo, esa vez, la primera, y en el orificio vaginal me detuve, solo el glande estaba dentro.

    Suspiró despacio, y manteniendo la postura dijo que sentía como el orgasmo le llegaba, que se derretía por dentro, y era verdad, sentí como la humedad se convertía en líquido ardiente, no era un orgasmo no, eyaculaba despacio y no lo sabía, aunque si sentí una especie de temblor, si podía ser la réplica del primer orgasmo, aunque no había hecho nada en ese sentido.

    Y lentamente se fue sentando, y el penetrador fue profundizando en su resbaladiza vagina, y más adentro sentí su abrazo, fue cuando se sentó del todo, y se mantuvo quieta. Mi oído valoraba las réplicas de su movimiento inicial, la penetración.

    Con voz entrecortada me reconoció que estaba creando un orgasmo, y que la mantenía en un agradable estado de inquietud sexual, y esperaba, esperaba que yo no me moviera, y que cumpliera todos sus deseos, y que aún me odiaba, ya que estaba preparada para recibirme, pensaba en aquella la madrugada malograda, tenía planes para mí, y vio truncados sus deseos sexuales, que lentamente fue edificando en la oficina, al escuchar mi voz aunque fuera de lejos, sus pezones respondían sin querer y eso escapaba a su control.

    Sabía por otras compañeras de mi atención hacia ellas, cuando iba hacer fotocopias a administración, tenía palabras para todas en lo que ese día se habían puesto, y se dio cuenta que muchas se vestían para mí, mejor dicho, medio vestían. Aunque no estaba en lo cierto, muchas de ellas servían a su señor, el director administrativo tenía prohibido que se pusieran pantalones, y para archivar tenían que subirse a una escalera, él siempre estaba presente en el archivo, y ordenaba donde iba cada archivador, y de paso miraba por debajo de sus faldas o vestidos, y ellas eran conscientes de todo, por tanto peligroso ponerlas la mano encima.

    Y fue cuando decidió mover ficha, llamó a mi jefe solicitando mi presencia en su despacho, me llamó chico de los recados, a mi jefe le hizo gracia y se lo guardó, pero eso no la sirvió de nada, yo me di por eludido, lo cierto que hubo mofa en toda la empresa, pero tampoco me molestó, lo cierto es que lo era, incluso la STAFF me preguntó si lo cortaba de raíz, dije que no, que me hacía gracia y que no me molestaba, ellos no compartían lo mismo.

    Y lo que ella pretendía con el trato no consiguió, me recordó en cierto modo a la jefa de caja, la que me pegaba en la cara para que no me corriera pronto. Es una tía callada, no sonreía jamás, algo borde y además esquiva, precisamente todo lo contrario para ligar y guardaba secretos inconfesables propios de las mujeres solitarias, he conocido algunas y he de reconocer que se lo montan con mucha clase.

    Sin ánimo de tomar otro desvío, aclararé que esta clase de mujer es como un sueño, mezclado con una pequeña dosis de pesadilla y regado con la humedad femenina previa a la penetración, y anhelante ya que ellas lo prolongan, aseguran que el placer es más intenso y sostenido, aunque eso de sostenido tiene que ver con la formación psíquica.

    Parece que son capaces de retener esa descarga que producen los orgasmos, en el preciso instante que esa chispa (placer) se produce, de la que hablo, me susurró al oído, que era capaz de mantener esa chispa, como yo la definí y me corrigió, dijo que no tenía parecido alguno con el de los hombres y me hizo una prueba concluyente, dijo que procurarme una eyaculación diferente, y esta se basaba en que mis ojos no podían colaborar con el orgasmo, y en cierto modo tiene razón, lo que vemos puede acelerarlo, nunca lo contrario ya que en cuanto se alcanza un punto, queremos terminar y ahí empieza el error.

    Esa mujer me quitó dos sentidos, vista y oído. Y me ató las muñecas a los fríos barrotes del cabecero, el tacto debía de estar enfriado y solo me permitió el olfato. Me explicó que ella gozaba con lo que me iba provocar y escucharía sus jadeos, ya que ella se iba a producir cierto deleite por lo que me estaría produciendo a mí, al margen de que tener el penetrador entre sus manos, y que eso no era cierto del todo, pero sí consiguió despistarme ya que por más que lo intenté, no conseguí estar seguro, carecía de bases para armonizar con los elementos de juicio habituales.

    Solo me dejó una puerta abierta, datos que me enviaría el penetrador, solo ese y de nuevo me equivoqué, ya que si empezó a despertarle, aunque con todo lo que me había susurrado él solito empezó a crecer, y ella con cierto tono socarrón dijo que me ponía en marcha sin querer, otro detalle en mi contra, dijo que ella si controlaba la excitación de su clítoris.

    Y fue una sorpresa cuando ella derramó un frío líquido en el penetrador, y a la vez retiró el prepucio, esa sensación fría me desconcertó y fue cuando sentí sus afiladas uñas en la parte alta de la espalda, en el lado izquierdo, algo parecido a un pinzamiento pero sin dolor, sentí una especie de hormigueo eléctrico y mi piel se erizó en ese lugar, solo en ese lugar, me dijo que era capaz de descubrir mis terminaciones nerviosas positivas.

    Aseguró que tendríamos otra sesión, pensaba demostrarme que podía hacer que me corriera sin rozar el penetrador, solo con agua caliente a una temperatura y en la ingle. No lo dudé, ella parecía estar en poder del conocimiento del cuerpo masculino.

    Ese punto de la espalda empezó a ser reflejado en más partes de la espalda y mi mente lo relacionó con el calor de su mano, el penetrador había llegado a su máxima erección, y fue cuando me di cuenta de algo extraño, jamás lo había sentido. Una especie de molestia en el glande, quería alargarse más, aumentar su grosor y eso empezó a producir un reflejo en mis recuerdos, esa sensación dentro la vagina, cuando tocas fondo y ella te dice que no embistas más que puedes atravesarla.

    Aunque su mano solo le agarraba, sin movimiento alguno, algo empezó a cambiar, empezó de forma imperceptible, leves impulsos que se fueron transformando en pulsaciones, y eso tuvo como réplica que empezara a pensar en correrme y esas sensaciones fueron anuladas, ella movió su mano de abajo arriba, el glande fue cubierto por el prepucio.

    Respiré profundamente, y de nuevo sorpresa, su mano fue de arriba abajo, dejando al descubierto una pequeña parte debajo del glande y allí introdujo uno de sus dedos, pensé en sus uñas, pero no, no sentí molestia alguna, todo lo contrario, y la terminación nerviosa de la espalda me envió otra señal, de nuevo la piel mostró al pelo de punta, y cierta sensación de querer terminar…

    Esto me hizo recordar las dos mejores pajas que me habían hecho en la vida, la primera con 19 años, en el ejército y la otra con 37. La primera paja aun la recuerdo, no hablo de las mejores, fue mi prima, ella tenía 19 y fue en mi habitación, yo estaba algo asustado, ya que mi madre, la suya y dos vecinas estaban en la cocina cocinando dulces, eran casi las ocho de la noche y me dijo que estaban a lo suyo.

    Yo ignoraba todo de las mujeres, y ella humedecía mi miembro con saliva, que además me gustaba el movimiento de su mano, y mientras yo manoseaba su vulva llena de pelo oscuro, me dijo que imitara con los dedos a unas tijeras, es decir, separar y cerrar los dedos como si fuera una tijera y pocos años después comprendí el secreto de ese movimiento, ya que mano abierta estaba en su monte de venus, otro detalle que tampoco sabía, la excitaba la presencia de la mano en ese lugar y cuando juntaba los dedos, estos rozaban levemente el clítoris.

    Y mientras ella movía su mano cerrada, empezó a llegar un momento que no podía aguantar ese gustillo que me proporcionaba, ya que aún no producía semen.

    Aquella tarde en el campamento militar temporal fue la primera mejor paja. Estaba en un regimiento de AA móvil, pero yo no estaba en piezas, no, estaba en una compañía de infantería que protegía a los servidores de las piezas, tanto a los misiles y demás sistemas, así como a los sistemas de rastreo de objetivos, incluso había una compañía anticarro.

    Nuestro movimiento era en todo terrenos, y en el remolque llevábamos de todo para pernoctar en cualquier época del año, y yo cogí media tienda de protección del vehículo, piquetas, tubos, cuerdas y el suelo, era tela oscura, impermeable y con todo monté una extraña tienda, en realidad era media. Y en nuestro entorno había cosas parecidas.

    Aquella paja sigue intacta en mi recuerdo, ya que ella era novata, pero se dejó guiar por lo que veía en mi rostro, y sin que yo la dijera nada, de vez en cuando humedecía el glande con su boca, y eso me producía una fuerte arrancada, pero me equivocaba, ya que no iba a terminar, fueron segundos al roce con mi seco glande y como mi mano estaba en su vulva, mis dedos se movían en su clítoris, eso producía lo mismo, ella se descontrolaba con la mano o la boca, no fuimos capaces de coordinarnos, ya que no íbamos a follar.

    El caso es que ella de vez en cuando detenía su mano, no me daba cuenta de que tenía un orgasmo, yo solo pensaba en su mano y boca, y llegó un momento que retiró mi mano de su vulva, y fue cuando se centró, fue una experiencia increíble, sentí una sensación muy placentera que iba a más, era muy intensa y me movía mucho, el movimiento de embestir entre sus piernas, pero ella consciente de lo que me ocurría, fue haciendo los movimientos más lentos y no lo supe hasta que me lo contó, me dijo que una de las veces que metía el glande su boca para humedecerle le llené la boca de semen, coincidió la primera salida de semen, luego le utilizó para mojar todo el penetrador.

    Dijo que casi la atraganta ya que salió con fuerza, llegándola a la garganta, y lentamente y muy despacio dejó de mover la mano. Pero no dejó de sorprenderme, yo estaba en estado de extasiada extenuación, con un gustillo que no remitía. Ella pasó su lengua por el glande y mi reacción fue un fuerte estremecimiento, me dijo que era para me durara, estábamos de maniobras y pasarían algunos meses, ya que mi regimiento no tenía base, estrategia pura y dura, éramos difícil de detectar.

    Y el segundo fue con una mujer casada, con dos hijos pequeños y un marido bebedor, siempre en el límite de la embriaguez. Vecina, y una mañana de viernes santo tocó mi puerta, me necesitaba, era profesora de lengua, tenía que presentar un ejemplo, un trabajo de texto para su certamen de humanidades y sabía de mis relatos de todo tipo y me senté frente a su ordenador, ella se sentó a lado y los críos correteando detrás de nosotros, 2 y 4 añitos.

    El tema escogido fue el rapto, no dijo nada, y dejé en libertad a mi imaginación. Yo raptor, la había capturado a ella, lo había hecho mientras dormía, necesitaba sus sueños ya que de ellos me alimentaba, yo no comía sólido como todo el mundo, nada de comida, mi alimento eran los sueños de mujer. Y sin mediar palabra, me soltó el cinturón, bajó la cremallera y atrapó al penetrador, me dijo que este era uno de sus sueños y empezó a mover su mano.

    Ella me miraba muy seria, apenas la vi ya que me hizo cerrar los ojos, la sensación que me estaba produciendo fue parecida al del campamento volante, y lo sorprendente fue con la boca me humedecía el glande, otra vez pegaba sus labios y dejaba escapar saliva y cuando exploté nos manchamos mucho.

    Ella me limpió sin mediar palabra y cuando volvimos a la posición frente al ordenador, le hablé del placer que me había proporcionado ya que flotaba, le dije de cambiar las tornas, me dijo que no en ese momento, ya me avisaría. Terminé el texto describiendo la sensación de placer que había recibido de ella, coloreado por la escala de placer y comparado con el arco iris en una tarde de tormenta. Como el primero, nunca más me han llevado a ese nivel de placer. Mi pago no fue el artículo, fue un corto fin de semana de invierno, en una antigua abadía, rodeados de silencio y misterio al norte de Las Verdulias.

    Hice que probara acostarse en una lápida, y yo a su lado. Viejas lápidas expuestas, debajo bloques de granito que las sujetaban, le dije que éramos las estatuas de reyes muertos. Reconoció que mis palabras y el frío del mármol la estaba excitando, y semanas después me pidió que escribiera todo lo que había ocurrido en ese corto fin de semana, viernes tarde-noche, sábado completo y domingo hasta media tarde.

    La devolví a casa de su madre cerca de las nueve de la noche, ella fuera del coche y yo dentro, con el cristal bajado, me cogió del pelo echándome la cabeza hacia atrás, me hizo prometer que repetiríamos finde, yo asentí sorprendió, dijo que ya se encargaría del borracho y así fue.

    Era una mujer seria, como a mí me gustan, y no se ocultó, le contó todo a su marido, la larga paja con la que disfrutó, recalcó que cumplía su cometido como hembra, proporcionar placer al macho y el finde en la abadía, con todo lujo de detalles. También le habló de mi obsesión por la vulva femenina, de cómo la hice correrse varias veces y me bebía todo lo que salía de su vagina, de cómo la ataba para que no me impidiera nada y sobre todo para una fantasía que tuvo, un sueño, me lo contó en el desayuno.

    Dijo que le gustaría que la follara en las celdas, el dormitorio de las novicias, vestida a la antigua usanza, como yo, el abad renegado y perdido por la lujuria, y que adornara la historia con el raptor, ya que se había dado cuenta de algo impensable, la realidad a la que llegó, es que aquella tarde yo la estaba raptando a la cara y no se había dado cuenta hasta ahora.

    Y su historia anticipada se cumplió al pie de la letra… Pero tuvo réplica. Ya la mostraré con todo lujo de detalles, pero lo que me impactó fue la réplica, su marido, la reacción de su marido.

    Una noche coincidimos en el garaje, volvíamos del trabajo, bueno, supongo que él, aunque lo mío estaba relacionado con el trabajo, pero no, después de picotear en tascas antiguas quiso un par de fotografías, pero yo le hice un extenso reportaje, traspasó los límites de la realidad, de su realidad ya que una de sus fotografías no dejé que viera el fondo, y casi me muero de risa al ver el rostro como le quedó, encima de su cabeza había algo desconocido y aterrador.

    No pensé en defensa, salto adelante (No se espera), con patada frontal a la rodilla, fijé objetivo en la rótula, en la articulación, es un punto débil, y en que pierna se apoyaba más, nos ocurre a todos, se puede ver comparando las suelas y tacones de nuestros zapatos, pero no hubo necesidad de patada, se detuvo fuera de alcance.

    Me puso al corriente de todo lo que le había contado, y bajando la cabeza dijo que él lo había buscado, que ni la miraba y que el alcohol le perdía, la había tratado muy mal durante mucho tiempo y lo comprendía.

    Reconoció que había notado algo, ella había cambiado en algo y que no supo que podía haber sido y como la comunicación con ella estaba cortada, preguntó a su suegra. Esta le había tirado de los cojones hablándole claro y que se divorciara de una puta vez borracho de mierda. Tampoco había omitido detalles íntimos, y que ahora miraba al futuro debido a algo que ella daba mucha importancia, en mi presencia mojaba las bragas sabiendo que algo turbio pasaba por mi mente, sexo, sexo y sexo, sabía que no tenía cerebro, que solo pensaba con el rabo y que el trauma que él la había ocasionado parecía que lentamente empezaba a alejarse, y remachó diciendo que empujado por mi rabo.

    ****************************

    Reconocí que me estaba sorprendiendo gratamente, CB tenía la iniciativa en todo, yo era un muñeco mecánico, pero si debía de tener en cuenta algo que ella pasaba por alto, mis gustos, no solo la mujer tiene dos lugares donde detenerse, tiene muchos más, y el más simple son los hombros, a muchas les gusta que dejara huella de mi paso, y en otros lugares que ellas se miraban días después ya que la señal continuaba.

    Pero ellas no la llamaban señal, la llamaban marca, mi marca en ellas, se de dos que afilaban sus uñas y me dejaban finos cortes como si hubieran utilizado cuchillas y luego me curaban con su lengua, y esos los finos cortes estaban en lugares delicados ¡una pasada!

    Se mantenía quieta, sus brazos rodeaban mi cuello y apretaban mi cabeza entre sus pechos, podía sentir sus pezones erectos, parecía saborear la penetración, ya que se movía de forma imperceptible como sí quisiera asimilarlo más o duda de haberlo conseguido.

    Se removió un poco, y se elevó despacio, fue poniéndose en pie asentando sus pies en el suelo, y gimiendo de forma escondida detuvo el movimiento, y de nuevo se fue sentando, lentamente y murmuraba palabras inteligibles, gimió de forma prolongada hasta que se sentó del todo, y se removió mordiéndome la oreja izquierda, dijo que le gustaba secarse y el roce del pene al ella retroceder.

    Y al oído me dijo que el ensayo había sido mejor de lo que esperaba, ahora quería que prestara atención a su clítoris, quería placer con mi boca y se puso en pie yendo en dirección a la mesa de juntas, amontonó todas las carpetas subiéndose a ella, se sentó en el borde y apoyándose en los codos me llamó.

    Cuando llegué a su lado, separó las rodillas ordenándome que hiciera méritos para poder follarla, que me lo tenía que ganar, ya que hasta ahora no había hecho nada, y que dejarse follar era una forma de premio. Y acerqué una silla, separé sus piernas y miré su vulva, vi finas y largas pelusas doradas, era rubia y no me había dado cuenta. Ella apoyada en sus codos me observaba, vi cierta sonrisa en las comisuras de sus ojos, le gustaba mi atención a su vulva.

    Puse ambas manos en las ingles, y con los dedos separé ambos labios, se movió levemente. Miré su abultado clítoris, y pasé un dedo por encima, se removió y mis dedos se juntaron recorriéndole de fuera a adentro, y el cordón se fue endureciendo a mi paso, tenía un buen clítoris, fue cuando echó su cabeza hacia atrás, y de su boca escapó un largo gemido.

    Fui pasando dos dedos juntos, de dentro afuera, despacio y su cuerpo se removía a la vez, y cuando llegué al prepucio del clítoris, elevó la pelvis gimiendo, exclamó que la mordiera. No obedecí, y mi lengua removió el glande del clítoris despacio, muy despacio.

    Solo escuchaba lejanos murmullos ya que sus muslos cubrieron mis oídos, pero el movimiento de su cuerpo era suficiente para darme cuenta que iba bien, y probé un cambio, dejé al endurecido clítoris unos instantes y con la lengua rocé el orificio vaginal, la réplica fue acertada, de nuevo elevó la pelvis gimiendo e introduje la lengua en la vagina, quise probar su sabor, y empujó, era evidente que reclamaba algo más duro que la lengua.

    Aparté mi cabeza de entre sus piernas y pregunté por otro lugar donde follarla, dijo que en la mesa, quería tener ese recuerdo vivo, quería verse cuando ella quisiera y quedó encima de la mesa con las piernas separadas, pude ver como fino hilo húmedo escapaba de la vulva.

    De rodillas me aproximé a la vulva, la cogí por los glúteos apoyándoles en mis rodillas, el penetrador quedó frente a los labios, de los que escapaba un fino fluido, la miré, ella me miraba con los labios levemente separados, y anhelante balbuceo que a que estaba esperando para entrar en su cuerpo.

    Con los dedos separé los labios y el glande del penetrador quedó en la posición adecuada, el glande estaba apoyado en el orificio vaginal y ella empujó levemente al sentirle, gimió exclamando que se la metiera ya.

    Empujé lentamente a la vez que mis dedos apresaron el endurecido clítoris, de nuevo elevó la pelvis gimiendo, y llegué al fondo donde me detuve. Ella empujaba gimiendo, dijo que me moviera, que quería sentir el roce, quería que la secara por dentro, pero eso no era posible, el penetrador patinaba en su interior, su fluido era importante y el clítoris le envió la primera señal, arqueó el cuerpo gritando.

    Fue el primer orgasmo y detuve mi movimiento así como mis dedos, y ella volvió quedar sobre la mesa, se apoyó en los codos mirándome, respiraba muy deprisa y con voz entrecortada me dijo que no me corriera dentro, que quería conseguirlo ella de otra forma, que lo tenía planeado desde que escuchó algunas cosas de mí y de mi forma de proceder, ya que no las tiraba encima de la cama, que parecía seguir un rito y que nunca tenía prisa por metérsela pero ella sí y que no me daba cuenta.

    Me habló de M, de Obras Importantes, de cómo me pagó una serie de fotografías de obra de Ávila y de cómo ella amplió la deuda, inicialmente dijo que dos polvos era insuficiente por el trabajo realizado, fueron algunos más de propina, y que me atrapó para que cubriera los errores de su departamento y que su vagina estaría siempre dispuesta a recibirme cada vez que quisiera sin importar hora, ni día ni mes ni año.

    Más calmada me dijo que cambiáramos, ella encima y yo debajo, ya había probado lo que quería, y lo hicimos, pero le dije que así no, quería su vulva a tiro, me miró pensando mientras cogía el penetrador con la mano izquierda, y sin soltarle acercó su cabeza a la mía y me dijo que antes quería besarme en la boca, quería sentir lo que otras decían, y dejé que su lengua apartara mis labios y sus labios quedaran dentro, me hizo abrir la boca del todo y estuvo un rato, secó mi boca y despacio salió de ella, y muy cerca me dijo que no la habían mentido y pasando una de sus piernas por encima de cabeza, dejó su vulva a tiro de mi boca.

    Y en el interior de su boca algo empezó a cambiar, parecía tener prisa y sabía dónde rozar con su lengua, así como del movimiento de sacarle de la boca y metérselo, y una vez se atragantó debido a que sus gemidos eran guturales, supuse que otro orgasmo la descolocaba, y su temblor era inconfundible, además quiso escapar de mi boca mientras ella aceleraba el suyo, y fue cuando intenté que apartarla, y como respuesta, ella apoyó su cuerpo encima del mío y me dijo que iba a terminar eyaculando encima de la mesa.

    Y nos bajamos de la mesa de juntas, ella me llevaba sujeto por el penetrador y me situó en la cabecera, donde ella tenía su puesto y empezó a mover la mano, de vez en cuando pasaba la lengua por el glande, una y otra vez, me dijo que avisara cuando llegara el momento, y esta vez se le metió en la boca, mi mano derecha agarraba su hombro, y sus dientes rozaron levemente, mi mano apretó su hombro, ella le sacó de la boca y le rozó por detrás, y exploté, y poco a poco se fue formando una mancha blanca, ella le apretó y nuevas gotas cayeron, me empujó haciendo que me sentara en su silla, puso su mano recogiendo las últimas gotas, y probó con la punta de la lengua, no dijo nada y me advirtió sujetándome por el glande.

    Mañana dejaré que te corras dentro mi vagina, te lo has ganado, pero torcí el gesto, adivinó mi pensamiento. El tono empleado era desdeñoso, me dijo que tenía 39 años, no quería hijos y que puso los medios cuando tuvo 20 años, que todos los hombres éramos unos gilipollas, crecidos y muy creídos de sí mismos, y que somos unos ignorantes del pensamiento de las mujeres en general, desde la más inteligente a la más tonta.

    Que meter era muy sencillo, pero que saberla meter era otra historia. Que el aporrear el clítoris también era fácil, pero producir el nacimiento del placer en él y dentro de él no estaba al alcance de muchos cerebros, como el resto del cuerpo y ella lo tenía muy claro, su cuerpo no era el descanso del guerrero, no servía para separar las piernas y que un descer+ebrado metiera su minga, no encontraba palabra con más desmerecimiento del pene que esa.

    Dijo que su despacho le limpiaba ella, nadie podía entrar sin su autorización, había habido casos de espionaje y nada mejor que las limpiadoras, ya que lo hacía una empresa de limpiezas, cantera de espías y la señal del semen cuando se secara es donde ella se sienta en las reuniones, nadie puede acercase a esa carpeta, y ella cada vez que mire a la mesa revivirá este extraño entrante, aperitivo de conocimiento, y una vez pensado y meditado, decidirá si puede dejarme la iniciativa.

    Miré sus pechos muy cerca de mi boca, sonrió desde su postura, su rostro estaba por encima del mío, me dijo que le había gustado esa estatua, inmóvil, pétrea, que miraba sus pechos desnudos sin parpadear, y estaba intrigada, quería saber más. Unió sus labios a los míos, separé sus labios con mi lengua y absorbí su saliva, algo que la sorprendió pero no opuso resistencia.