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  • La perla del Caribe

    La perla del Caribe

    Es bien sabido que la perla del Caribe es Cuba o Isla Margarita de Venezuela o Puerto Viejo en Costa Rica, también es un juego y, sobre todo, una bebida refrescante con base de ron como la piña colada, el mojito de melocotón y otras. Pero no es a esto a lo que me voy a referir, sino a lo que me pasó, siendo la primera vez en mi corta vida y sin buscarlo.

    Mi novio me quiere mucho, eso lo sé porque me lo demuestra y yo le quiero como nunca he querido a nadie e igualmente busco mil ocasiones para demostrárselo, pero sé que tiene una inclinación, aunque ha optado por estar conmigo. No sé si es bisexual, él dice que sí, pero nunca me pide compartir con una chica. No estoy seguro que sea bisexual porque si le doy un aro, enseguida se lo pone en su pene, si ve un agujero, el que sea, mide allí su pene. Pienso más que es una obsesión que una orientación. Ahora bien, a veces le he dicho: “vete un rato por ahí mientras yo acabo esto y busca una chica con quien echarte un polvo, a mí me tienes siempre”, pero es demasiado fuerte el respeto que me tiene.

    Hace ocho días estuvimos en la playa, como siempre nosotros vamos a la nudista porque odio la línea del sol en mi cuerpo. A Corny —mi novio se llama Cornelio, pero yo le digo siempre Corny— le costó eso de venir a la nudista, sentía vergüenza de quitarse el bañador. Me acuerdo que hace dos años que comenzamos a estar juntos, que es cuando nos conocimos, le dije de irnos a la playa y como sabía de mis gustos no quería venir, le convencí que se quedara con su speedos que yo no le iba a obligar y así lo hizo, aguantó cuatro veces porque se puso morenazo y tenía toda la parte del culo y su delantera con un triángulo bien marcado, mientras que me veía a mí que no tenía ni la mínima señal y comenzó a gustarle.

    Hace pues ocho días que, estando tumbados al sol yo de frente y él de espaldas, pasó una muchacha que no conocía de nada y me dijo:

    — Eh, perla, ¿qué haces?

    Abrí los ojos, me encontré una muchacha muy bonita delante, entre el mar y nosotros, mirando. Ella iba desnuda lógicamente, con unas gafas enormes de sol sobre la cresta de cabello, y dije:

    — ¿Yo?, ¿perla yo?, ¿no te equivocas?

    — Sí, tú, guapo, tú eres la perla del Caribe.

    — Yo no, será este, —dije, señalando a mi novio y tocándole el culo para que se volviera.

    — Dos perlas del Caribe, ¿me puedo sentar con vosotros?

    — ¿Por qué no? La playa es de todos, —dije sin pensar lo que iba a ocurrir.

    Ya era tarde, todavía había sol pero ya no calentaba. Justo yo estaba pensando que sería ya la hora de irnos, pero no dije nada porque Corny se encontraba a gusto. Justo se había pasado toda la tarde mirando chicas y me decía cosas como esta: “mira qué bombón pasa por ahí”. Cuando voy con él a la playa siempre es igual, me señala a todas las mujeres jóvenes que pasan y me indica sus defectos. A mí las mujeres todas me parecen bellas, las flacas, las gordas, todas, pero menos en el sexo, que no me atraen. No entiendo que tener sexo con una chica hay que ponerse necesariamente el condón para no dejarlas embarazadas.

    La chica se llama Mónica, digo que se llama porque desde entonces es nuestra amiga ya y nos juntamos muchas veces. Pero a lo que vamos. Se puso en medio encima de nuestro gigante pareo que es como un mantel, sirve para envolverse los dos, para sentarse para poner nuestra comida cuando queremos ir a la playa o al campo, es decir, un mil usos. Ahí estaba Mónica, todavía sin conocernos de nada, en medio de nosotros dos, toqueteándonos. A corno se le puso dura enseguida y tuvo que levantarse para meterse en el agua. Durante ese breve tiempo me toqueteaba mi polla, mi culo, mis tetas, incluso me dio un beso prolongado y con lengua y mi polla seguía morcillona y quieta, y me dijo:

    — ¿A ti no se te levanta como a tu amigo?

    — A mí solo me la puede levantar un hombre, mi amigo lo consigue rápido, —contesté sonriendo.

    — Ah, ¿es tu novio y se le ha levantado casi apenas verme?, —preguntó Mónica.

    — Es que él es bi, pero es mi novio —dije.

    — ¿Y no le dejas follar con una chica siendo bisexual, —preguntó.

    — A mí me da lo mismo, a veces le digo que busque una chica, pero me quiere demasiado —dije.

    — ¿No te molesta si yo lo consigo? —preguntó

    — Nada, pero quiero verlo…, —respondí.

    Corny salía del agua, parecía haberse masturbado dentro del agua, pues yo se lo reconozco, la tenía morcillona, bien morcillona, blanducha y me dijo:

    — Julio, ponte tú en medio tú.

    — Ve a tu sitio —le dije sin más.

    Ya casi no quedaba gente en la playa, algunas parejas diseminadas y ya comenzaban a hacerse arrumacos, aunque aún no veía a nadie follar en serio, se montaban uno sobre el otro como jugando para calentarse. Poco a poco disminuyó la luz y aunque todos nos veíamos, era como pura sombras, ya no se distinguían las caras y Corny estaba de nuevo empalmado.

    Mónica tomó la iniciativa. Se sentó, se inclinó y puso su cara sobre mi polla, la olió, la lamió y finalmente abrió la boca y la metió dentro, me la chupaba que era un primero. Yo estaba deleitando de placer con esa mamada que le llegaba hasta la garganta, de vez en cuando metía el dedo en la boca para sujetar la piel de mi polla, esto es el prepucio, y que el cipote estuviera descubierto para que le entrara hasta la campanilla de su garganta.

    Corny miraba mi placer, teniendo el culo de Mónica a su disposición porque ella disimuladamente se posó de rodillas y le dio con todo el culo a su frente. Yo lo miraba y con muecas y guiño de ojos le indicaba que se animara. Por fin se decidió y metió abundante saliva en el culo de Mónica y ¡zas!, lo atravesó de una vez y comenzó a follarlo. Ella ni se inmutó, luego supe que la han follado muchos por el culo, pero que buscaba a dos y ahí los tenía. Corny inició un mete y saca y Mónica comenzó a lamerme toda la cara y el pecho mientras ella misma me masturbaba. Ora me comía los labios ora me mordía las tetillas, cada vez con mayor velocidad conforme Corny le iba follando el culo a mayor velocidad.

    Se había hecho casi de noche y yo gemí fuerte porque me derramé sobre la mano de Mónica y su s tetas, algo cayó sobre mí, dependía de la dirección descontrolada de la mano de Mónica pues en el orgasmo de Corny ella se descontroló y dejo sus chorros sobre el mantel, caímos los tres extasiados y exhaustos. Me puse a lamer los pechos de Mónica para recoger mi lefa, y ella me dio un beso para compartirla, pero también recogió de la que había sobre mí y dándose la vuelta exigir un beso a Corny con quien compartió mi lefa.

    A partir de este momento conversamos, hablamos de nosotros tres, nos dio su dirección, le dimos la nuestra. Nos contó que le gustaba follar con dos chicos a la vez, pero que de los que lo intentaba ninguno había querido, que era la primera vez que lo conseguía, pero que esperaba que le folláramos por delante, por «su almeja», evidentemente se refería a su vagina, que tiene tantos nombres como estos “vulva”, “conejo”, “chocho”, etc. Me gustó la salida de Corny porque le dijo:

    — Los maricones fijos no necesitamos condón y no los tenemos, no podía atravesar tu chocho para no dejarte embarazada.

    — Pero en mi bolso tengo —dijo Mónica.

    A Corny le entraron las ganas y paró la mano para que le diera uno, pero ella le dijo:

    — Os lo pongo yo, tú me follas el chocho, y tú, perla del Caribe, me follas el culo.

    — Y tú nos comes como puedas a los dos —dijo Corny.

    — Aunque sea a besos, dijo ella.

    Sacó la tira de condones, tenía para toda la noche. Abrió uno a lo macho, como hacemos los hombres, con la boca y me lo fue poniendo y con el toque, se me iba lentamente levantando la polla sin estar dura. Corny comenzó a comerle el chocho, vi cómo le gustaba, tanto como comerme el culo a mí. Pero ella le levantó la cara con el condón en la mano y él le dio su polla para que le ensartara el profiláctico, Corny ya tenía su polla a tope. Mónica se sentó sobre mí, dándome la espalda y se tumbó encima de mí con la cabeza medio vuelta para besarnos, mi pene comenzaba a entrar en su culo. De pronto Corny inició la penetración del chocho y sin espera a comenzar de inmediato a follarla con todas las de la ley, se inclinó para besarnos a los dos, pero puso mucho interés en hacerla gozar y Mónica comenzó a gemir como una loca. Estoy seguro que nos escucharon pero cada uno iba a lo suyo y nosotros a lo nuestro. Llegó el orgasmo de Corny y de ella y se abrazaron para besarse, Yo tardé un poco más en acabar con mi orgasmo y me besaron los dos. Me daba pena salir de aquel culo, pensando que era el de mi macho, pero no había más remedio.

    Decidimos, tras descansar con una amena y descarada conversación sobre las cosas que nos gustaba hacer con nuestro sexo, irnos a casa, porque Mónica nos pidió ver cómo nos follábamos. La invitamos a cenar. Nos pusimos cada uno un short y le dijimos que podía venir con el pecho descubierto como nosotros porque iríamos a nuestro aparcamiento y subiríamos directos a nuestra vivienda. Le pareció bien. Le presté una camiseta de las mías de manga corta y, tras ponernos las nuestras de tirantes, salimos a la calle para cenar. Le daba gusto cogerse de nuestra cintura estando con nosotros. Cenamos, nos tomamos dos botellas de cava en la cena. Fuimos a casa, mesuré tres vasos de whisky y…

    Lo demás lo cuento en otra oportunidad, si me da tiempo; pero Mónica, que se hizo nuestra amiga, se quedó dos días con nosotros, además, que nos vimos en otras muchas oportunidades, como aquella en la que… ¡Chist…, silencio, shit!, que es para otro relato.

  • Gianella, secuestro y violación

    Gianella, secuestro y violación

    Gianella caminaba apurada las tres cuadras que la separaban de la parada del colectivo. Venia del gimnasio, ya anochecia y esas cuadras desoladas y mal iluminadas le producian cierta aprension. Vestia unos cortos shorts de jean, zapatillas deportivas y una remera, llevaba en su mano el bolso con el cambio de ropa que habia usado luego de ducharse en el gimnasio. Cuando cruzaba una calle tuvo que detenerse porque una camioneta tipo Van paso por su lado, vio que medio detenia el andar y del lado de la ventanilla del acompañante un hombre mal entrazado la miro fijamente, dijo algo que la chica no entendio y luego la camioneta siguio su camino. Gianella, aliviada siguio su camino, no habia andado ni media cuadra cuando percibio que tras de ella venia un vehiculo, al volverse vio que era la camioneta Van y se sintio un poco atemorizada. Su temor se confirmo cuando la camioneta se detuvo frente a ella, se abrio una puerta lateral y un hombre enorme, moreno se abalanzo sobre ella. No tuvo ni tiempo de gritar, el fornido sujeto la tomo de un brazo y la empujo con violencia al interior de la camioneta. Otro hombre dentro del vehiculo la tomo del otro brazo y con un brusco tiron la metieron dentro del asiento trasero del Van. Cuando la chica quiso reaccionar y gritar el moreno le tapo la boca con una mano y el otro sujeto la amordazo con un trapo impidiendole decir palabra. La camioneta raudamente se alejo del lugar, donde como unica señal de lo ocurrido quedaba el bolso deportivo de Gianella.

    Dentro de la camioneta, los dos hombres ataron fuertemente de brazos a la chica que aterrorizada solo gemia, tras atarla comenzaron a manosearla. le tocaban las piernas y la chica se removia intentando evitar los manoseos. Desde adelante, un hombre se habia vuelto a mirar y dijo «Esta muy buena la pendeja, a la Mariona le va a gustar» y miraba con lujuria como la chica era manoseada sin cesar, estiro sus brazos y le apreto los pechos a la chica diciendo «que buenas tetas nenita» y sigui tocandole los pechos un buen rato. La joven sollozaba en voz baja, estaba en poder de cuatro depravados y quien sabia que iba a pasarle. El que conducia se dio vuelta un instante para mirar y dijo «Que buena que esta, es la mejor pendeja que le llevamnos a la vieja». Gianella no entendia que decian, pero si la llevaban donde habia una mujer, quizas se apiadara de ella y la liberara de esos sujetos.

    La camioneta anduvo un largo rato y la aterrorizada chica no sabia por donde andaban ni adonde la llevaban. En su casa sus padres estaban esperandola para cenar y pronto se darian cuenta que algo le habia ocurrido y la buscarian. Pero como iban a saber donde estaba si ni ella lo sabia?

    El vehiculo salio de la ciudad y tomo por un camino de tierra hasta que por fin llego a un caseron grande aislado de otras viviendas donde se estaciono. Los hombres que no habian dejado de manosear a la chica la hicieron descender y luego todos juntos entraron al interior de la casa.

    En el amplio salon a la entrada estaba esperandolos una mujer, mayor como de 60 años o mas penso Gianella y se sintio desesperar cuando la muner dijo «A ver que me trajeron esta vez» y se acerco mirandola fijamente. Gianella sintio como la mujer le recorrio el cuerpo de arriba abajo mientras se pasaba la lengua por los labios, «que rica que estas pendejita la vamos a pasar muy bien». Con una mano en la cintura la acerco hacia ella y con la otra mano empezo a acariciarla en el muslo, la joven trataba de resistirse, pero la mujer era fuerte y la agarraba fuerte. La mano que se paseaba por el muslo se dirigio hacia atras y tanteo una nalga apretandola, la mujer suspiro diciendo que colita tenes preciosa» y a continuacion les dijo a los cuatro sujetos que miraban excitados como la vieja manoseaba a esa ricura, «Me llevo a la pendeja al cuarto, tenemos que hablar, ustedes esperen aqui».

    Gianella fue llevada a un dormitorio, la vieja la llevo hasta el extremo del cuarto donde la hizo parar frente a la pared. «Queres que te desate y te saque esa mordaza’?» a lo que la chica asintio. La mujer la desato de los brazos y antes de quitarle la mordaza le dijo «Ahi afuera hay cuatro tipos que tienen ganas de cogerte, si te portas bien conmigo no los voy a dejar, vos elegis» Gianella asintio, cualquier cosa antes que la violaran, aunque no sabia que queria esa mujer, aunque lo sospechaba

    La mujer le quito la mordaza, la chica dijo «Por favor, dejeme ir» casi llorando. La vieja le dijo «Portate bien y te dejo ir » y le puso las dos manos en la cintura acercandola. «Que quiere que haga?» «Vos no hagas nada, dejeme a mi que te haga todo pendejita» y empezo a besarle el cuello. Gianella sintio con asco como esa desagradable mujer le pasaba la lengua por el cuello, penso en resistirse pero luego supo que los degenerados estaban esperando afuera y acepto los chupetazos de la vieja.

    La caliente vieja se dio cuenta que la chica se rendia, paso sus manos por debajo de la remera y tomo los dos pechos de la joven y los amaso saboreando la tibieza y dureza de esas tetas, su boca se lleno de saliva, continuo sobando sin cesar los jovenes senos, insistiendo con sus dedos en los pezones para que se empezaran a endurecer. La calentura de la mujer crecia y le quito la remera a la chica y ahora acerco su boca a un pecho y lo chupo con energia. La chica pego un respingo ante el ataque a sus senos, le parecia mentira que estaba dejando a una desconocida, a una vieja degenerada, que la tocara y chupara como lo estaba haciendo esa mujer.

    Un buen rato le chupo las tetas, asi paradas las dos, las manos de la vieja la tocaban toda, su cintura, sus caderas y sus muslos volviendo por atras para aprisionar sus nalgas y apretarlas fuertemente. Solo se sentian los ruidos de los chupeteos y los suspiros de la mujer disfrutando de su joven victima, Gianella se mordia los labios y soportaba estoicamente los manoseos y lamidos.

    La mujer tomo a la chica por la cintura y la acerco a la cama, la miro a la cara mientras desabotonaba el shorcito de la chica, esa carita con ojos enrojecidos la volvia loca, la beso en los labios con pasion y le metio la lengiua dentro de la boca sin resistencia alguna, la saboreaba a sus anchas.

    Hizo descender el short por las piernas de la chica, acaricio la tersura y suavidad de esas piernas, le quito la prenda, la hizo sentar en la cama y le tomo un pie para sacarle la zapatilla. La chica se sometia sin decir nada. La mujer tomo el pie desnudo de Gianella y empezo a lamerlo, le paso la lengua por los dedos y la planta y luego hizo lo mismo con el otro pie. Su calentura era extrema. La hizo acostar boca arriba y se puso sobre ella acariciandola por todas partes, llego a la cadera y con sus manos tomo los costados de la pequeña tanga y la deslizo por las piernas hasta quitarselas. Se puso a lamerle las tetas y fue bajando hasta llegar a su abdomen, con sus manos presiono para separar lo mas posible los muslos y luego hundio su cabeza entre las piernas de la chica.

    El olor del sexo de la joven, fresco y excitante la llevo al extremo de calentura y como enloquecida empezo a chuparle la concha.

    Gianella pego un respingo ante el furibundo ataque de la mujer, sintio los lamidos y chupeteos y comenzo a sentir una extraña sensacion, como algo placentero que le ocurria alla abajo, a pesar de provenir de una vieja degenerada abusadora esos continuos lamidos la estaban excitando y notaba que empezaba a mojarse. La mujer continuaba sin cesar chupando esa exquisita conchita, que ya notaba se ponia mojada y ayudo a calentar a la pendejita metiendole un dedo y moviendolo mientras continuaba su lameteo, paso su lengua por el clitoris y la chica arqueo la espalda exhalando un suspiro de placer. La mujer insistio lamiendo los labios ya empapados y el clitoris hasta que sintio claramente como la chica tenia un orgasmo evidente al suspirar de placer.

    La mujer subio por el cuerpo de la chica y la beso ardientemente en la entreabierta boca de la chica que ahora respondia con su lengua a los chuponeos de la vieja. Mientras la besaba le amasaba nuevamente las tetas, enloqueciendo de placer a la joven.

    Dejo de besarla, la chica tenia los ojos entrecerrados y suspiraba quedamente, la vieja miraba la preciosura que tenia la lado, con las piernas despatarradas y la conchita empapada por sus lameteos y los jugos de la chica.

    Se levanto de la cama y dirigiendose a la puerta dijo «Ahora viene lo mejor nenita» y abrio la puerta.

    Gianella salio de su sopor al entender las palabras y sintio terror al ver que los cuatro sujetos que la habian raptado entraban al cuarto, mirando con lujuria lo que habia en la cama, una chica desnuda y totalmente a su disposicion.

    CONTINUARA

  • Sexo en el Olímpico de Sevilla

    Sexo en el Olímpico de Sevilla

    Hola! Tras algún tiempo sin escribir, lo hago de nuevo. Os dejo este relato donde os cuento algo que me sucedió realmente. Es una historia totalmente real. Saludos!

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    Que me hubieran puesto el horario de noche no me gustó mucho. Yo no vivía, precisamente, cerca del sitio de trabajo y salir a las 0,30 hacía que me tirara a la cama casi a las 1,30. Y el niño, el muy cabrón, se levantaba siempre a las 8. Mis horas de sueño se reducían. Y además a mi mujer esa semana ni la vería despierta.

    Pero ya se sabe que la nómina hace falta así que…

    Era la noche del martes. Salí del trabajo, me despedí de los pocos compañeros que quedaban y del seguridad, me monté en el coche y tiré para casa.

    Lo bueno de salir a esa hora, eso sí, era que te encontrabas la S30 casi vacía.

    Decidí tirar por la supernorte, así que me desvié por la Cartuja.

    Cuando pasé por el Estadio Olímpico, mis faros iluminaron un coche aparcado junto a un inmenso cartel al borde de la carretera. Con sorpresa creí ver que sobre la parte delantera del coche había una chica y que un chico estaba agachado entre sus piernas. Fue solo un momento, pero es como si hubiera sido a cámara lenta.

    No sé qué me empujó a ello. Pero en la rotonda siguiente puse el intermitente y volví atrás, internándome también en el aparcamiento del estadio. Aparqué relativamente cerca, temiendo que mi llegada los espantara. Pero ellos estaban bastante entretenidos y mi llegada no pareció molestarles.

    La escena me produjo una erección instantánea.

    Desde donde estaba había un par de farolas que los iluminaban y se veía todo lo que hacían.

    Ella sería una chica de unos treinta años. Alta, con el cabello largo recogido en una cola, piel bastante bronceada que brillaba en la noche. Llevaba una camiseta que parecía amarilla o naranja, que estaba recogida, en aquel momento, por encima de sus pechos. Estos iban recogidos en un sujetador negro. Luego llevaba lo que parecían unos pantalones cortos también amarillos que tenía en las rodillas.

    El chico parecía algo mayor. Sobre los cuarenta. Era canoso y delgado. Si ella estaba de cara al capó del coche, él estaba agachado con las manos en el culo de ella y comiéndole el coño.

    Casi con temblores me desabroché el cinturón y mi polla asomó erecta. Empecé a masturbarme viendo la escena. Por el dichoso horario hacía tiempo que no lo hacía con mi mujer, y mi erección era enorme. Deslicé mis pantalones hasta mis rodillas y empecé a frotarme la polla.

    Bajé algo la ventanilla y me empezaron a llegar, de forma tenue, los gemidos de ella.

    Ellos estaban algo iluminados, pero yo estaba más a oscuras, así que pensé que ellos imaginaban que mi coche sería el de alguna pareja haciendo lo mismo que ellos.

    El chico se incorporó y se bajó los pantalones. Ella también se giró, se agachó y empezó a mamársela. Lo hacía con fuerza y con grandes movimientos que me hacían pensar que se la metía entera en la boca. Intercalaba esos movimientos con miradas al tío.

    Estuvo así poco tiempo antes de que él la levantara, la pusiera contra el capó y se la metiera. Cuando lo hizo escuché perfectamente el gemido de ella.

    Empezó a follarla así, sujetándola del pelo. Los movimientos eran rápidos y contundentes. Los gemidos iban a más y me llegaban claros, junto con algún “dame fuerte” o “no pares”

    Me tenían a mil, tanto por lo que estaba viendo como por la situación, allí al aire libre, iluminados por aquellas farolas y por los focos de los pocos coches que pasaban. Mi polla no aguantaría mucho más.

    El tío le dio un cachetazo en el culo que se escuchó perfectamente. A continuación la apretó con fuerza, haciendo que todo el cuerpo de ella se fuera contra el capó.

    En ese momento mi leche salió de mi polla, manchando mi mano, mi estómago y muslos.

    Mientras mi respiración se apaciguaba, vi como el chico retomaba la posición y se la seguía follando con fuerza. Fue un minuto más o menos de movimientos duros, de gemidos casi a gritos, hasta que él se separó, ella se agachó rápidamente y se metió la polla en la boca para recibir la corrida.

    Yo seguía mirando con ojos como platos.

    Luego ella se separó y se incorporó. Se acercó a él y lo besó. Y luego se alejó algo para limpiarse.

    Yo hice lo mismo con unos pañuelos de mi guantera. Cuando terminé, ella casi había terminado también. La vi acercarse de nuevo al tío y besarlo, intercambiar algunas palabras y, para mi sorpresa, la vi encaminarse a otro coche que hasta aquel momento no había visto yo y que estaba allí cerca parado también. Así que no habían venido juntos… no sé porqué pero aquello me sonó a cuernos.

    Cuando él y ella se habían montado en sus coches, yo arranqué el mío y me incorporé de nuevo a la carretera.

    Seguí con el camino a casa, escuchando la radio y con una sensación placentera tras la corrida.

    Iba pensando en la tía y en el polvazo que había visto.

    El semáforo que hay en la supernorte para entrar en Pino Montano me detuvo.

    Otro coche se detuvo a mi izquierda.

    Cuando miré vi con sorpresa que era la tía del polvo. Era un C4 gris. Ella era guapa, morena y de la edad que ya había imaginado antes. Se cruzó la mirada un segundo conmigo. Me produjo otra semierección ver esa cara y esa boca que, hacía solo unos minutos, había recibido la leche del tío.

    También con sorpresa vi que en la parte trasera del coche había un par de sillitas de niño. Mi mente empezó a imaginar de nuevo lo de los cuernos que había pensado antes. Y mi erección fue ya completa de nuevo.

    El verde del semáforo interrumpió mis pensamientos.

    Ambos coches arrancamos y seguimos el camino. Yo me coloqué tras ella, aunque al rato ella giró en la última salida antes del aeropuerto y yo seguí adelante.

    Estaba claro que en los próximos días cuando pasara por el estadio olímpico miraría con cuidado a ver si los veía de nuevo.

    Aquella noche, tras la ducha me acosté. Aunque fue algo más tarde, claro.

  • Violado por cuatro vecinos

    Violado por cuatro vecinos

    Mi novio y yo vivimos hace casi dos años juntos en la casa que me compró mi padre para que tenga cierta seguridad. Mi casa actual está en el centro y gozamos de una excelente tranquilidad. Mis padres viven en un pueblo donde tienen su negocio que les va bien y yo vivía en la ciudad para poder estudiar en la Universidad. Me había alquilado una pequeña vivienda con dos habitaciones, una para dormir que tenía un baño completo y otra para estudiar, en un edificio medio destartalado que estaba a las afueras de la ciudad, en un barrio muy oscuro y, según decían, muy peligroso pero nunca hice caso de eso, hasta que me ocurrió lo que voy a narrar.

    Había conocido a un chico que me gustaba, Corny es su nombre, guapo, bien hecho, muy similar a mí en estatura e ilusiones. Me cayó bien apenas lo conocí los primeros días de clase. Deportista como yo, solía correr en las mañanas muy temprano, sin embargo yo corría por las tardes porque tenía mi primera clase temprano y no deseaba ni llegar tarde ni estar cansado, porque cuando me pongo a correr pierdo la noción del tiempo.

    El día que conocí a Corny y hablamos nos intercambiamos nuestros deseos, costumbres, hábitos de vida e ilusiones y lo mas importante, nos gustábamos. Me enamoraron primero sus labios gruesos, todavía recuerdo que ese día nos despedimos con un beso y no me lavé los dientes en tres días.

    Corny tenías costumbre de correr en la mañana y por mí lo dejó para las tardes, así que, cuando era la hora, nos juntábamos en una esquina que venía de paso a los dos y ahí comenzábamos nuestra carrera. Nunca hicimos competición entre nosotros, íbamos hablando y cuando queríamos apretar la marcha nos dábamos el aviso y solíamos ir acompasados, cada veinte minutos solíamos detenernos para hacer ejercicios gimnásticos o estiramientos.

    Una de las cosas que noté en Corny es que para correr se vestía con ropa muy vulgar y que él miraba mi ropa y parecía como si la deseara. Aproveché un cumpleaños suyo muy cercano para comprarle de regalo ropa como la mía, pantaloncillos ajustados que marcaban bien el trasero y el paquete, las correas para el pene y tres camisetas de tirantes con espalda de nadador, todo de una marca australiana muy sexy. Al día siguiente me llamó para preguntarme qué me iba a poner y le dije que pantaloneta negra con raya roja y camiseta gris. Cuando llegué a la esquina me lo encontré vestido como yo. No me desagradó, pero le dije que no era necesario y solo me contestó que era por tratarse del primer día. Así nos pasamos unos cuatro meses haciendo deporte todos los días corriendo, excepto uno en que nos íbamos al mismo gym. Estas correrías nos ayudaron mucho a comprendernos.

    Un día sus padres le dijeron que me invitara a comer a casa, se trataba de un domingo muy importante para ellos, pues era el aniversario de boda de sus padres. La cosa es que querían conocerme. Fue un momento muy grato, aunque a decir verdad yo iba con un poco de temor, sobre todo porque yo le dije a mi amigo que era gay y pensé que ese era el motivo, pues Corny no me había dicho todavía su orientación sexual ni sus opciones, hasta el extremo de que yo pensaba que era heterosexual.

    Un día mientras corríamos junto a un río, ya a las afueras de la ciudad, me invitó a bañarme en el propio río, la verdad es que hacía calor y el agua estaba limpia y transparente. Le dije que yo no solía bañarme con bañador y que por eso no lo traía, tampoco me hacía ilusión ir a casa de vuelta con la ropa mojada, lo que comprendió. Seguimos corriendo y se paró en seco para decirme:

    — Oye, Julio, qué más da, pues te bañas en pelotas, si ahora no pasa nadie por aquí…

    — ¿Y tú qué…? —pregunté con pesar.

    — Yo llevo mi speedo debajo, no hay problema, además, tú me gustas, yo te veo y luego te enseño lo mío… jejeje… —contestó.

    — Claro, como en el gimnasio, allí siempre me ves, pero tú te vuelves de espaldas y con la toalla tapándote… —dije medio burlonamente.

    Me hizo ademán de bajarnos y el lugar era apetecible y resguardado. Me quité las zapatillas, las medias invisibles, la camiseta, la pantaloneta, el jockstraps y la anilla. Me eché al agua, nadé. Él hizo lo mismo, pero se quedó con su speedo puesto, se le marcaba muy bien su paquete, destacando su polla por encima de las bolas. Nadamos y jugamos un rato en el agua. Salimos para secarnos, pasó un tío con muy mala cara, nos miró y siguió adelante. Luego me preguntó porqué llevaba la correa que me ponía al pene y que él no sabía para qué era. Entonces le hablé de los muchos usos, uno es retener la eyaculación, pero que yo la usaba para separar los huevos de las piernas y evitar rozaduras. Eso le convenció y me dijo que se la pondría. Nos vestimos y regresamos. Varios días hicimos eso mientras duró el tiempo cálido en el mes de mayo y comienzos de junio. Cuando llegamos a la esquina me preguntó:

    — ¿Te puedo besar?

    — ¿Por qué no? —respondí repreguntando.

    — ¿Sabes? me gustas…

    — Y tú a mí, además te quiero y me atraes, pero no sé tú qué piensas… —dije con cierto temor.

    — Yo no soy gay… —me miró fijamente a los ojos—, soy bisexual, mi madre lo sabe y mis hermanos también, creo que mi padre piensa que soy gay… —me contó.

    Nos besamos y quedamos como cada vez hasta el día siguiente. Pero la costumbre de besarnos al encontrarnos y al despedirnos en la esquina ya se hizo firme. Incluso cuando a veces venía uno de sus hermanos o los dos, también nos besábamos nosotros dos y ellos no se extrañaban, a ellos yo les daba la mano.

    El asunto que nos ocupa es el siguiente:

    Un día tras despedirnos en la esquina con un beso, como ya era costumbre, nos íbamos trotando cada uno por su parte. Pero a mí me interceptaron el paso cuatro tíos muy mal encarados. Uno de ellos me pareció el que nos había visto en el río pero no lo sabía seguro. Me pegaron, me dieron algunas patadas y me rompieron dos costillas. Ya tenía las narices sangrando. Me cogieron entre tres bien amarrado, uno por el cuello y los otros dos por una pierna cada uno y, aunque yo daba patadas, no podía defenderme contra los cuatro. Me arrancaron mi pantaloneta y me resistí fuerte cuando iban a sacarme el jockstraps, entonces el que estaba frente a mí me dio una patada en los huevos y me dolía enormemente y con desesperación. Rompieron las cintas del jockstraps y lo dejaron colgando, rompieron mi camiseta de tirantes y comenzó el que estaba libre, se bajó sus pantalones y calzoncillos a sus tobillos y sin más me clavo su polla en mi culo, me violó y dejó dentro de mí su lefa, sin compasión ni miramientos, ni para noda contó que yo no lo disfrutara; luego sustituyó a otro amarrando mi pierna para que me follara lo mismo, y, aunque intentaba resistirme, me hacían más daño. El tercero en violarme, el tío que nos vio en el río, no solo tenía la polla más gorda, sino que sentí un dolor fortísimo como que me desgarraba y partía el culo y después de soltar su lefa, con la mano apretó fuertemente mis bolas y ya me dejó desarmado, creía morir. El cuarto, porque yo me retorcía de dolor, me dio un puñetazo en mi vientre muy fuerte, tanto que él se quejaba de haberse dañado la mano, pero yo creía que me remataba. Cuando acabaron me soltaron al suelo de golpe y con mi cabeza di en la acera. Como que me faltaba la respiración y no sabía qué estaba pasando pero sentía como si me dieran bofetadas muy fuertes. Se fueron y quedé totalmente aturdido y sin poder moverme.

    No sé cómo fue, pero, cuando desperté, me vi rodeado de enfermeras y médicos sin poder hablar, luego me explicaron que habían hecho radiografías de todo, que tenía dos costillas rotas, un corte sangrando en la cabeza, sangre en el ano y muy hinchado el escroto, y varios golpes por la cara; me habían hecho análisis de sangre, pero yo no necesité hablar, ellos vieron que había sido violado. Cuando pude, después de varias horas, pedí que llamaran a Corny. Al rato llegó con sus dos hermanos. Me preguntaron y antes que les pudiera contestar ya estaba la policía, pues los médicos habían dado parte. Respondí a sus preguntas y entendí que sabían de quienes se trataba.

    Me repuse, aunque me costó como dos semanas hospitalizado. Los padres de Corny me llevaron a su casa para cuidarme durante la convalecencia. A ellos dos a solas les dije todo, que era gay, que me había enamorado de Corny, que su familia como gustaba. No me dijeron nada, ni me recriminaron ni me insultaron, solo su padre dijo:

    — No pienses en nada más que en ponerte bien; si tú y mi hijo os queréis son cosas vuestras, no nos opondremos, el asunto son tus padres.

    — Ellos ya lo saben, pero estarán preocupados porque, desde lo que me pasó como me hospitalizaron, no les he llamado.

    Al día siguiente estaban mis padres en casa de Corny y fue cuando ayudados por el señor Gustavo, el padre de Corny, buscaron una vivienda amplia y la compraron. Allí vivimos ahora Corny y yo en buena armonía, pero tenemos que ir en domingos alternos a casa de nuestras respectivas familias, porque de lo contrario se quejan de no saber cómo nos encontramos. No sé qué hizo la policía con lo que les dije, pero ya no he vuelto a ver a mis agresores. No obstante, no me rindo, este tipo de violencia debe acabar y no voy a acobardarme.

    Mi suerte, que nos es poca, se llama Corny, me adora y le adoro, nos queremos como si no hubiera nadie más a quien querer. Pero tiene mucho cuidado de no hacerme daño ni físico ni sentimental. Corny es un amor. Su madre me dijo un día que me llevaba lo mejor que ella tenía. Yo así lo creo, pero los demás hermanos son dulces, candorosos, los dos tienen novia y nos juntamos las tres parejas con mucha frecuencia como amigos. Gracias a Corny y a sus hermanos he podido superar el trauma. Sus padres han ayudado mucho con su cariño y acogida. Me he ganado o, mejor, me han ganado para la familia.

  • El prestamista y la señora Claudia

    El prestamista y la señora Claudia

    Como prestamista estaba acostumbrado a los coqueteos e insinuaciones que algunas mujeres viéndome tan joven usaban como armas y buscaban pagar menos intereses pero siempre digo «negocios son negocios» pero esto era diferente el sueño de todos los hombres del barrio la mujer más bella y exuberante se me estaba ofreciendo toda sumisa y ponía su culazo a mi disposición.

    Tenía que tomarlo con calma y como siempre lo hacía y buscar lo mejor para mi aunque de sólo ver esas nalgotas grandes ya habían logrado que tuviera una buena erección.

    -¿Señora Claudia está Ud. segura de lo que va hacer? Porque luego no quiero tener ningún problema y si es así, esto no es suficiente para pagar la totalidad de su deuda sólo alcanza para el pago de los intereses.

    Ella trató de negociar conmigo cuando vio el bulto que tenía en el pantalón a causa de sus nalgotas que al menos sea él pago de la mitad de la deuda pero yo haciendo un gran esfuerzo para no tirarme encima de ella y hacer realidad todo lo que mucho tiempo había fantaseado con su cuerpo me negaba al final de tanto insistir no pudo y no le quedó más remedio y tuvo que aceptar mis condiciones.

    Le dije para empezar quiero saber cómo sabía usar esa boca tan rica y me diera una buena chupada de verga, Claudia se arrodilló y muy lentamente aflojó la correa del pantalón y lo hizo caer a mis pies y también hizo lo mismo con el bóxer que tenía, ahí saltó mi verga apuntando hacia su cara sus dedos jugaban con el glande y fue bajando por todo el cuerpo del pene hasta llegar a la base.

    Veía en sus ojos algo de tristeza por lo que iba a empezar a hacer, ella acostumbrada a recibir todo lo que quería ahora estaba obligada por las circunstancias a complacer a un joven que muchas veces vio con desdén cuando veía en sus ojos el deseo hacia ella.

    Su boca la puso sobre el glande y tímidamente le paso la lengua varias veces mientras sus dedos masajeaban los huevos tuve que sujetar sus cabellos y acercar su cara hacia mi verga para que empezará a chupar..

    Su boca se abrió y se lo fue tragando de a pocos teniendo algunas arcadas al inicio pero continuó hasta que logré tuvo todo adentro de su cavidad bucal y comenzó a chuparlo como si fuera un helado.

    Le dije que no dejé de chupar y más vea mientras lo hacía sus ojos verdes me miraron eso era muy excitante para mí, ahí a mis pies tenía a la señora Claudia la más presumida del barrio chupando y chupando mi pinga como una puta cualquiera y empezando a pagar solo el interés de su deuda.

    -Ahh que ricooo… Sigueee… ahhhh…

    Ella se dio cuenta que estaba llegando al clímax y apuró la velocidad de la mamada su cara estaba roja creo por la desesperación de ella también para terminar de una vez lo que estaba haciendo conmigo por obligación y no se detuvo hasta que cuando sintió que ya estaba por eyacular quiso retirar su boca cosa que no permití y sujete fuerte su cabeza y no le quedó más remedio que tragarse toda mi leche.

    -Ahhhh ohhh siii qué ricoo…

    Ella ahora tenía que pasar la lengua y dejar todo limpio la pinga de los residuos de semen cuando terminó se levantó y se fue al baño para enjuagar su boca, quería seguir con ella pero nunca hubiera imaginado que esto suceda y demorar mucho porque tenía asuntos personales pendientes.

    Fui donde estaba ella y la abracé por detrás y le dije que volvería en otra oportunidad y le di un beso y viendo que nadie me vea salir de su casa me fui pero esto recién empezaba con la señora Claudia y había que disfrutar de a pocos

    (Continuará)

  • Transparencia pública

    Transparencia pública

    A mi esposa y a mí, nos encanta y excita mucho tener juegos sexuales y entre todos esos juegos, nos gusta exhibirnos. Nada realmente extremo que nos pueda llegar a exponer demasiado, pero si lo suficiente para poder jugar entre nosotros y calentarnos. Así es que decidimos ir a una fiesta electrónica, tomar unas pastillas y ver que surgía durante la noche. A mí me gusta mucho la lencería y a ella le gusta mucho vestir la para mí, así que elegí su ropa interior para esta noche.

    Para la parte de abajo le di una micro tanga blanca de encaje, que apenas cubre su concha y al estar totalmente depilada puedo vérsela a través de la tanga, lo cual me vuelve loco. Para la parte de arriba le di un corpiño negro de encaje con unas tiras que sube en diagonal, que apenas dejaba ver sus hermosos y grandes pezones. Aprovechando que ya veníamos fantaseando y calentándonos hace unos días, le pedí que se ponga una remera que es semi transparente por delante y que deja entrever su corpiño. Ella lo dudo, pero como además de eso iba a tener un abrigo liviano por encima para estar por la calle termino aceptando.

    Yo de solo verla como se peonia la ropa que le había elegido me puse a mil y no me aguante, la agarre por detrás y le empecé a manosear las tetas por arriba de la ropa, le apoye mi pija dura en la cola y sin más le corrí la tanga al tiempo que la empezaba a masturbar con la mano. Ella hizo un intento para sacarme pero yo me baje el calzoncillo y le apoye la cabeza de mi pija dura en la entrada de su mojada concha, su resistencia disminuyo y aproveche para meterle la pija lentamente hasta el fondo. La empecé a coger con embestidas bien duras, mientras le comía el cuello y le manoseaba las tetas como si nunca lo hubiese hecho, ella gemía mientras me pedía que pare.

    Solo necesitaba sentir su concha mojada en mi pija, así que después de darle un largo beso en la boca y unas embestidas para el camino, se la saque y le volví a acomodar la tanga. Nos terminamos de vestir y salimos para la fiesta.

    El lugar estaba bueno, si bien había mucha gente, no era asfixiante, además el ambiente estaba muy tranquilo, la gente bailaba y disfrutaba sin molestar a nadie y eso nos permitía estar relajados. Fuimos a la barra, compramos unas aguas, nos tomamos media pastilla de éxtasis cada uno y nos pusimos a bailar. La cosa fue subiendo de a poco, empezamos tranquilos esperando que la pastilla suba, mirando a la gente y al ambiente, las luces estaban bajas lo cual era excelente para poder mirar a mi mujer descaradamente. Bailábamos muy cerca y yo no perdía de vista su corpiño que se dejaba ver a través de la remera, verla y pensar que otros la podían ver también, me gustaba mucho, aunque ella a veces estaba medio incomoda. Pero eso no duro mucho, cuando la pastilla empezó a subir, nuestro morbo y calentura también.

    De a poco en nuestro baile empezó a haber más contacto, yo la agarraba de la cintura y la acercaba para besarla y bailar pegados, o mismo ella se pegaba a mí de espaldas para restregar tu cola contra mi pija, que se ponía dura al instante al sentir sus intenciones. Así poco a poco nuestros roces se hicieron más intensos, y yo empecé a rozarle las tetas en algunos movimientos o la agarraba de la cola para bailar pegados. Sus ojos se empezaban a transformar, y yo sabía que la lujuria se estaba apoderando de ella, momento en el cual perdía la cordura y quedaba totalmente entregada a mí y mis perversas fantasías. Así que con esa primera mirada, la agarre con una mano de la cola, la traje hacia mí y le empecé a comer la boca con mucha pasión mientras que con mi otra mano le empecé a tocar las tetas descaradamente por sobre la remera. A ella le encanta ver la cara de lujuria que me provocaba y se dejaba hacer como si no hubiese nadie y yo lo hacía.

    Ella se puso de espaldas a mí y bailando restregaba su cola contra mi pija dura, y con su mirada picara paso sus manos entre medio de los dos y empezó a manosear mi pija por sobre el pantalón. Yo no daba más y la abrace por la cintura y cuando nadie nos miraba subía mis manos a tus tetas por debajo de la remera. Nos separamos, mire al rededor y todos estaban en la suya, igual que nosotros, entonces aproveche nuestro estado de lujuria compartido y le pedí que se saque el corpiño. Ella me miro con su mirada picara y me dijo que no, yo sin aguantarme la empecé a besar en la boca, después su cuello hasta llegar a sus orejas y apoyándole mi bulto contra su panza, le pedí por favor al oído. Ella me volvió a mirar con mirada de reproche y lujuria, volvió a miro a nuestro rededor y me dijo al oído que la ayude. Se puso de espaldas a mí y yo con mis manos temblorosas logre desabrocharle el corpiño, se volvió a dar vuelta y mirándome a los ojos se los fue sacando bajo mi atenta mirada que no lo podía creer. Ahora estaba bailando con las tetas libres, totalmente extasiada ante mi atenta mirada que no perdía detalle de como rebotaban y se movían. La remera era ideal porque me dejaba ver sus pezones perfectamente de cerca, pero de más lejos se tendría que quedar quieta para notar que estaba desnuda. A mí se me caía la baba de verla bailar con esa transparencia y no perdía oportunidad para manosearla por arriba o por debajo de la remera.

    Ella al parecer disfrutaba de tener tus tetas libres y bailaba muy alegremente, sabiendo que más de uno se habrá dado cuenta de su desnudes parecía no importarte, y hasta los disfrutaba. La situación estaba muy caliente entre nosotros, así que no duramos mucho ahí adentro, ella se puso su abrigo y salimos para el coche yo con su corpiño en el bolsillo. Ya en el auto le pedí que se saque lo que la tapada así podía seguir disfrutando de su trasparencia un rato más antes de sacarnos toda la ropa y coger hasta quedar rendidos.

  • En el centro de masajes

    En el centro de masajes

    El día había sido bueno y bien aprovechado, por la mañana las clases no tuvieron mayor complicación y pude conversar con dos profesores con los que tenía un cierto interés en orden a mi mejor expediente y de cara a la tesis. Comí en casa tras haberme comprado la comida hecha en un takeaway, estaba bastante buena. Al acabar mi novio sus dos clases por la tarde vino a casa para cambiarse y nos fuimos juntos a hacer un par de horas de footing. Nos habíamos bañado en el río aunque estaba nublado, no hacía calor, pero la carrera nos había agotado y el agua limpia y fresca nos fue bien.

    Regresando a casa, ya muy cerca de las casas de las afueras, di un traspié queriendo evitar unos ladrillos y me caí, como estaba al borde del camino y había un ribazo, me fui rodando hacia abajo como unos 20 metros, mis piernas tropezaron en algunos árboles y fui a parar con toda la espalda contra un árbol grande y de considerable grosor. Intenté levantarme y no pude, pero me quedé tranquilo al ver a mi novio que bajaba por el ribazo para auxiliarme.

    Cuando llegó ya me estaba enfriando y noté los fuertes dolores en la espalda, en las nalgas, en los muslos y en las piernas. Corny, mi novio, me ayudó a incorporarme y quería sentarme, pero la cintura y las nalgas no me lo permitían por el fuerte dolor. Corny me levantó la camiseta y me dijo que tenía la espalda roja de los golpes, tocó y no noté ningún dolor interno, era muscular; luego me quitó la pantaloneta y miró las nalgas y otro tanto, en las piernas tenía muchas rayas como flageladas por las ramas, pero no había sangre. Salimos de allí, siguiendo una senda, yo apoyado en los hombros de Corny. Lo que más me dolía era la cintura. Se lo dije a Corny y volvió a mirar, le parecía que tenía una contracción muscular y me dijo que me llevaría al masajista para que me aliviara.

    Subimos por el sendero que llevaba al camino y Corny, viendo que me sostenía y podía caminar aunque muy despacio por el dolor al final de la espalda, llamó al masajista para saber si me podía atender, le contestó que me esperaba y allí que nos fuimos directamente.

    Corny le explicó y se disculpó para irse a comprar algo de comer y que regresaría aproximadamente en una hora. Ya no tenía ningún paciente y me hizo pasar a la sala:

    — Entra ahí, desnúdate todo, súbete a la camilla boca abajo, traigo un aceite especial, para examinarte.

    A los pocos minutos apareció Eduardo, así se llama el masajista, me puso una toalla sobre las nalgas, puso música ambiental como japonesa y comenzó a examinar:

    — Pasaré mis manos por todo tu cuerpo, dime cuando te duele, no aguantes, quéjate si quieres, pero dímelo.

    — Ok.

    Tumbado como estaba no lo veía, mi cabeza ajustaba a un hueco ovalado de la camilla. Pasó sus manos por la cabeza y todo bien, ya yo me había cuidado de no tocar la cabeza al suelo. Cuando llegó al centro de la espalda di el primer chillido al apretar, luego siguió por la cintura y yo iba diciendo: «sí, sí, ahí». Levantó la toalla, tocó las nalgas apretando y le dije:

    — Algo de dolor, pero nada como arriba.

    Volvió a poner la toalla y siguió así hasta que llegó a los pies. Me dijo:

    — Para lo que me ha contado Cornelio, te has hecho poco, no hay esguinces, solo contusiones por los tropiezos que has dado contra los árboles o arbustos y el golpe de la espalda. Te voy a hacer daño, pero saldrás de aquí con muy poco dolor y mañana no tendrás nada.

    Su untó las manos y roció aceite sobre mi espalda, lo que hizo varias veces durante el masaje, y comenzó a trabajar, un masaje tedioso, doloroso y desesperante, porque pasaba una y otra vez por las partes más doloridas de la espalda. Fueron unos 20 minutos que me parecieron larguísimos. Levantó la toalla, la dejó en una mesita y comenzó la misma operación, subía a media espalda y bajaba por las nalgas. Luego iba de la mitad de las nalgas hasta casi las rodillas por la parte de atrás. Se puso mi pierna doblada sobre su pecho y comenzó a tocar fuerte por allí, solo sentía su presión, pero ningún dolor propio de los músculos.

    Volvió a la cintura y masajeó las nalgas totalmente. De pronto sentí que pasaba su mano por el surco longitudinal que separa los glúteos como si fuera una tarjeta visa y metió un dedo con aceite en la puerta del ano e iba masajeando hasta que poco a poco entró sin dolor, luego otro y fue masajeando hasta meter tres que abría en forma de trípode y yo ya concentré mi pensamiento en este masaje y me olvidaba del dolor que había sentido antes en la cintura. Cuando consideró que estaba suficiente masajeado mi hoyo anal, me dijo que no hiciera fuerza ni violencia que él me iba a dar la vuelta y con gran maestría me dio la vuelta, sólo tuve que acomodarme. Pero mientras estaba de espaldas mi polla no se notaba que se ponía dura, sino solo yo que lo sentía, pero atendía al ano y lo que hacía el masajista. Pero le miré la cara a Eduardo y vi que no llevaba bata ni camisa, iba con el pecho desnudo, me pareció bello el chico y eso que lo había visto muchas veces. Miré por el lateral de la camilla y llevaba solo un tanga, porque le vi sus nalgas, pero iba cubierto por delante. Él iba haciendo masaje a mi pecho, a las tetillas de modo muy suave y al resto apretando, se puso a masajear el abdomen y se inclinó para mordisquear las tetillas. Esos mordiscos suaves atenuaron el progreso de mi polla, pero se incorporó y comenzó a masajear las ingles y los genitales, acabando por darle mano a mi polla, levantando el prepucio y bajándolo, para volver a subirlo, puso su boca sobre mi polla y la mamó con maestría y suave candor, luego dio unos golpes de timón en dirección vertical que notaba el estiramiento y el tope de mi prepucio que hacía con una mano y con la otra tocaba el frenillo de mi glande, sentí espasmos como que me iba, pero me callé para ver qué pasaba, aunque estaba yo ya borracho de placer, pero el masajista también sabía que me iba y con unos cleenex recogió toda mi lefa mientras salía, cuando acabó tiró los cleenex a su cubo y me limpió todo el pubis y las ingles.

    Tomándome de mis axilas arrastró mi cuerpo dejando que mi cabeza colgara hacia abajo, se quitó la tanga y me paseó su polla por la cara hasta orientarla a mi boca. Al pasar por mi nariz olía a macho y estaba húmeda por el líquido pre seminal. Me la metió en la boca y sentí el sabor suave de su pre semen y como no tenía vellos en su pubis me la metí y la tragué hasta hacer varias arcadas, me dijo en voz queda:

    — Suave, suave, no te atragantes, solo mójala bien con tu saliva.

    Eso hice. Solo deseaba tener esa polla que, sin ser excesivamente larga aunque estaba bien, era gorda, pues deseaba, digo, tenerla dentro de mi culo, así que atenué el masaje oral, solo descargaba saliva, para que no se viniera. De pronto me dice:

    — No hagas fuerza, solo dirige tu cuerpo hacia donde yo te lleve sin poner resistencia.

    Me tomó de los pies y me arrastró hacia abajo de modo que me quedé con las piernas hacia el suelo fuera de la camilla, me dio media vuelta y dobló mi cabeza para que mirara la pared lateral pisando la oreja izquierda. Mis piernas quedaron ligeramente inclinadas hacia el suelo. Abrió un poco mis muslos para meterse en medio, puso una pequeña almohada envuelta el papel absorbente a la altura de las inglés para levantar mi culo y sentí cómo ponía aceite o algo sobre mi hoyito y el glande de su polla gorda iba haciendo un masaje por todo el perineo desde el escroto hasta el ano que me producía mucho placer y me distendió. En ese momento en que él notaba mi cuerpo deseoso, metió su cipote frente al agujero de mi culo y fue empujando, sin poner yo resistencia, como anestesiado, parecía abrir los esfínteres para tragarme toda la polla por mi culo. Notaba la suavidad de su zona púbica limpiamente afeitada sobre mis nalgas y sus huevos tocando mi perineo. Tras guardar unos segundos que me parecían una eternidad inició un suave mete y saca, con movimientos casi circulares, noté que su polla como que tocaba la pared de mi próstata y tras varios movimientos hacia dentro y hacia fuera, empujó del todo y hacia mí y sentí los movimientos de su pubis y polla que parecía más engordarse que moverse, noté hasta sus venas o lo imaginé, sentí sus espasmos y los míos o estos los imaginé, lo que no imaginé sino que lo sentí muy cierto fueron los chorros que salían de su polla y entraban por mi recto y me llenaron como si tuviera un tapón agradable y placentero. Me dio poco a poco la vuelta y nos besamos, pero entonces descargue la leche recién creada y ordeñada sobre el abdomen y el pecho de Eduardo. Entones me dio un beso con todas las de la ley. Sacó su polla y me dio unos cleenex, enviándome al baño. Allí me limpié y salí hacia la sala de masaje para vestirme. Él se había puesto su pantalón de trabajo verde y su chaquetilla blanca. Me preguntó:

    — ¿Ahora que te duele?

    — Solo un poco el culo, pero a eso ya estoy acostumbrado y se pasa.

    Me besó mientras me daba una palmada en las nalgas antes de ponerme la pantaloneta y sonó el timbre.

    — Ese debe ser tu novio Cornelio, —dijo Eduardo.

    — Pienso que sí, — afirmé.

    En efecto era Corny, le pagó el masaje y me notó muy recuperado, le dije al masajista que nos anotara a los dos para el jueves y nos fuimos a casa por nuestro propio pie y caminando normal.

  • Compañera de trabajo

    Compañera de trabajo

    Tiene los ojos cubiertos por un pañuelo.

    Le desato las manos. Breves caricias tímidas al principio, pero pronto se embarca en una paja frenética. Contemplo sus maniobras a pocos centímetros. Vuelve a correrse, entre gritos y estertores. Le aparto las manos bruscamente, agarro los labios y tiro de ellos abriendo la vulva exponiendo el clítoris. El clítoris hinchado, latiente y rojo, froto con la lengua la protuberancia. Se retuerce como si le aplicaran descargas eléctricas. Está a punto de volcar la silla. Tengo una vela preparada, vierto cera caliente en los senos, el vientre, en los muslos. Grita; la voz sale ronca.

    Fóllame, suplica.

    Era sábado tarde, conocedora de antemano que era el peor día de la semana, por descontado, había salido de compras, pero al final entre en una sala de cine de unas galerías comerciales. Saliendo de ella decidí que pasaría un sábado noche sola en casa. Tenía lecturas atrasadas y un excelente vino que saborear, encargaría comida a domicilio y velada tranquila. Cuando vi una figura que me resultaba familiar. Salía también de la sala, caminaba despacio, con la cabeza baja, el pelo recogido en una coleta, el bolso en bandolera y con un vestido aparentemente más grande de talla. Ausencia total de estilo. No obstante, ése debía ser el menor de sus males, pues vi que se limpiaba los ojos, síntoma inequívoco de que, o bien había pillado una conjuntivitis, o había llorado y la verdad la película no era para tanto.

    Era una señal de que no debía meterme en la vida ajena; sin embargo, me entró una especie de súbita responsabilidad, por lo que acabé acercándome a ella. La primera intención era limitarme a saludarla, comprobar que estaba bien y volver al plan inicial de pasar una noche de sábado tranquila.

    -¡Hola Elsa! -exclamé cuando me puse a su altura. Ella se pasó la mano por la cara, para acomodarse los mechones rebeldes.

    -¿Estás bien? -asintió moviendo solo la cabeza y tragando saliva.

    -¿Seguro? -desde luego no estaba en su mejor momento.

    -De acuerdo, he discutido con mi novio, he entrado en el cine y ahora de camino hacia una tasca para tomar algo y ahogar mis penas comiendo -me respondió medio sollozando.

    -Venga, que te parece si juntas ahogamos penas.

    -¿Perdón?

    -Ven a mi casa, encargaremos comida, beberemos tranquilamente y escucharé las pestes sobre tu novio.

    -¡No quiero criticarlo! -respondió con media sonrisa.

    -Oye, ¿quizás te molesto?

    -¿Cómo?

    -Que si te molesto.

    -¡No, por favor! -se mantuvo pensativa unos momentos para finalmente aceptar mi oferta.

    La agarré del brazo y nos acercamos hasta el parking donde tenía la moto. Le entregué un casco extra que saqué del portaequipajes y como ella parecía estar en otro planeta, se lo coloqué. Elsa fue incapaz de articular palabra, se vio subida de paquete y agarrada a mi cintura. Trabajábamos en la misma empresa pero en distintos departamentos, coincidíamos en las reuniones diarias de planificación y en más de una ocasión habíamos entablado conversación al finalizar pero lejos de intimar.

    -¿Pizza entonces? -inquirí moviendo el teléfono antes de marcar.

    Ella asintió. Mientras esperábamos la cena, tuve la cortesía de no interrogarla. En vista de que aún no tenía la confianza suficiente como para hablarle libremente, decidí comportarme como una buena anfitriona. Para ello, escogí temas de conversación, inocuos y sin atosigarla, pero que me permitiera conocerla un poco más, pues apenas sabía de su vida más allá del trabajo. Comimos, charlando de esto y de aquello pero sin más complicaciones hasta que la pizza se terminó.

    -Gracias por la cena -dijo Elsa levantándose quizás con intención de regresar a su casa.

    -Te conformas con muy poco, termínate la copa por lo menos -le sugerí levantándome para acercársela.

    -De acuerdo -se bebió de un trago todo el contenido.

    -¡Joder, qué ímpetu! -exclamé riéndome. Parece que tengas prisa porque alguien te espera.

    -¡No!, no me espera nadie.

    -Anda, pues sentémonos en el sofá y charlamos. Al igual te gustará contarme algo, ¿me equivoco?

    -Vale -admitió sin estar muy convencida de ello.

    -Te escucho.

    Terminó sentándose con otra copa de vino en las manos. Suspiró, dio otro trago de vino y volvió a suspirar.

    -Él me ha pedido que nos vayamos a vivir juntos.

    -¿Qué hay de malo?

    -Depende -dijo en voz baja.

    -Cuéntamelo, piensa que puede ser una buena terapia contar con otro punto de vista.

    -Ir a vivir juntos es algo que siempre he deseado -continuó

    -Pero hay algo que te lo hace repensar, ¿verdad?

    -Sí, la verdad que hubiera aceptado de no ser por…

    -¡No entiendo… Elsa! tú dirás.

    -Cada uno tenemos nuestras ilusiones y una de ellas es quizás formar una familia…

    -De acuerdo… algún problema.

    -A pesar de todo, creo que… hay algo que no pienso aceptar, por mucho que me lo pida, no voy a renunciar a mi trabajo -se detuvo, se le notaba nerviosa.

    -Bueno, seguro que lo solucionaras. Hablemos de otra cosa…

    -Llevamos tres años juntos -lo defendió- No puedo dejarlo así como así. Al final entenderá que mi trabajo es importante y lo respetará.

    -Lo que hará será ceder en apariencia y luego, poco a poco, irte convenciendo.

    Mirna frunció el ceño, quizás reflexionando mis palabras.

    -No lo creo… -musitó sin sonar convincente.

    -Los tipos así no cambian de la noche a la mañana. Te chantajeará sin que te des cuenta. Y si un día quedas embarazada, será el final de tu vida laboral.

    -Menudo plan que me estás pintando -refunfuñó bebiendo vino.

    -Ya sé que no te va a gustar lo que te voy a decir, ¡déjalo, joder! Por el simple hecho de habértelo pedido ya es motivo suficiente para mandarle a paseo.

    -Entiendo -daba la sensación que no haberle gustado mis últimas palabras.

    -El vino está riquísimo, te ha gustado -tome un sorbo e intente cambiar de tema, no quería incomodarla.

    -Sí, me gusta el vino. Ummm… qué bien huele -comento acercándose la copa a la nariz e inspirando con notable sensación de placer.

    -¿Vives sola?

    -Si -respondí a su pregunta.

    -¿Hace mucho?

    -Tres años.

    -¿Y qué tal?

    -Podría ir mejor, pero no me quejo, muchas veces pienso que es mejor así.

    -¿Malas experiencias? ¿Y tú qué les pides a los hombres?

    -Algo que no suelen dar: sinceridad, aunque es un problema tanto de ellos como de ellas.

    -¿Te gusta la sinceridad?

    -¿Quieres que me muestre sincera, que me muestre tal cual soy?

    -Sí.

    -¿Quieres saber lo que estoy pensando?

    -Sí.

    Dejé la copa sobre la mesita de centro y la miré fijamente.

    -Suéltate el pelo -ella se echó hacia atrás todo cuanto le permitió el respaldo del sofá.

    -¿Perdón? -farfulló atónita.

    -Suéltate el pelo, quiero verte con el pelo suelto -insistí con un tono de firmeza.

    Como ella parecía incapaz de reaccionar, fui yo quien alargué el brazo y le quité la goma elástica con la que se sujetaba el cabello. Después, enredé los dedos entre sus cabellos. Ella continuaba como en un estado de trance, pues no era capaz de reaccionar y se mantuvo quieta, me fui inclinando hacia ella y me incliné aún más, y más…

    -No, sé. A penas nos conocemos y… bueno, no irás a…

    La besé y ella abrió los ojos como platos pero no separó los labios, aquello podría ser producto de la ingesta de alcohol o de algún sueño febril. Cuando me aparté ligueramente respiró aliviada durante unos segundos, con el dedo índice le acaricié los labios. Inmóvil, tensa de arriba abajo, con los brazos pegados al cuerpo, le sostuve la mirada, ella seguramente intentando entender el motivo porque había acabado besándola. Me acerqué de nuevo y, en esta ocasión, no pensaba permitir que ella se quedara inmóvil, lamí primero sus labios, desde la comisura hacia el centro, invitándola a separarlos… porque todo era cuestión de insistencia, ya que en un momento u otro estaba segura que ella daría el paso y, en cuanto eso ocurrió, le metí la lengua sin contemplaciones. Se apartó y gimió. Coloqué la mano tras su nuca para tenerla más sujeta y recolocándola recostada sobre el sofá.

    -Me encanta como hueles y te voy a besar de nuevo.

    -Gracias, pero… -bajo la vista, pero no movió ni un milímetro, parecía que la había intimidado.

    Incliné mi cabeza y fundí mis labios en los suyos cerrados… pero instintivamente me entreabrió su boca y le di paso a su lengua, que se adentra en la mía. Su beso húmedo y sabroso, hace que una sensación de placer y bienestar me cubra todo el cuerpo, y sin saber por qué, cierro los ojos. Pasan unos segundos y al abrirlos, se encuentran con los suyos, dándome cuenta de que me tiene abrazada con una mano en la cintura, le sujeto la cara suavemente.

    -Lo siento, lo siento mucho… ¡qué vergüenza!

    -¿Has oído hablar del sexo sin compromiso?

    -Sí, pero no nos conocemos tanto como para… -murmuró como tímida.

    -Me interesas mucho, créeme -Le digo apartando un poco mis labios de los suyos.

    Cerró los ojos y sin atender a sus tímidos e inconsistentes ruegos, deslicé una mano por su costado hasta llegar al borde del vestido y meterla por debajo y así ir ascendiendo por su muslo. Se removió como acomodándose en el sofá para incluso favorecer el avance de la mano que tiraba del elástico de las bragas, mientras metía la mano entre sus piernas.

    -¡Oh, Dios! -exclamó. Cuando sus bragas ya estaban a la altura de las rodillas. Le subí el vestido, enredándoselo en la cintura, y sin quitarle las botas terminé de hacerlo con sus bragas, que cayeron al suelo. Entonces la miré un instante a la cara y me sonrió de manera seductora antes de separarle las piernas y bajar la mano para acariciar un abundante pubis y entrar dos dedos directamente en su coño.

    -¡Joder! sigue -chilló tragando saliva.

    Me mantuve entre sus piernas, pero agachándome y lamiéndole la delicada piel de sus muslos, mientras oía todo tipo de gemidos. Unos más contenidos que otros, pero todos con una intensidad palpable que de ninguna manera podían limitarse a un ámbito tan reducido como el sofá.

    -Vamos a mi cama -exigí incorporándome y tirando de ella.

    Nada más ponerla en pie la rodeé con los brazos y pegué mis labios a los suyos y, con el cuidado necesario para no tropezar, la arrastré hasta la alcoba. Una vez dentro empecé a desnudarla sin miramientos, a lo que ella accedió sin moverse, completamente sumisa.

    -Ahora me toca a mí -pasándole el testigo.

    Tímida y aún insegura, se acercó y empezó a desnudarme.

    -Ahora olvídate de él… -consiguiendo otro de esos jadeos por los que merece la pena el esfuerzo. Y a partir de ese instante ella se dejó llevar.

    -Llévame a la cama, soy tuya…

    La besé en la boca, busqué su lengua, estrujé sus pechos. Le di la vuelta y le empuje sobre la cama. En su espalda arañe tímidamente su piel, quedaron marcadas unas rayas, hasta llegar a unas tersas y generosas nalgas que acariciaron mis manos al igual que sus muslos, descendí hasta las pantorrillas, ahora por la parte interna ascendí las caricias, ella separó las piernas supongo para facilitármelo, llegado al surco glúteo mis dedos pulgares acariciaron el perineo, movida como un resorte levanto la cintura, quedándome expuesta tanto la vagina como el ano rodeados por un denso vello púbico. Giró la cabeza mordisqueándose el labio inferior, entonces me sobrevino la convicción de que era una hembra de verdad haciéndose pasar por muñeca. Me detuve observando aquellas nalgas, mis deseos eran de golpearlas, pero algo hacía detenerme, cuando de pronto ella giró la cabeza y mirándome adivino mis pensamientos.

    -No te detengas, hazlo, soy toda tuya.

    Colocó de nuevo su cara contra la almohada, encogió las piernas separándolas y el culo en pompa, la visión era excitante, entre las nalgas, por la espesura de la mata de pelo sobresalía un rosado coño abierto y brillante por la humedad y las terminaciones tensas del anillo del ano. Con la mano abierta golpeé su trasero.

    -¿Te gusta? -los glúteos tiemblan.

    -¡Sí! ¡Aaaah! Cae otro azote, ya irracional ante cualquier respuesta.

    -¡Pues entonces pide más! ¡Pídelo!

    -¡Azótame! ¡Dame fuerte! ¡Ponme el culo rojo! ¡Ah! ¡Ah! ¡Aaaahh!

    Me aparto y observo como una baba cae por entre sus muslos. Acerco la lengua a su sexo y le lamo a conciencia. Esta deliciosa… succiono sus labios una y otra vez, introduzco mi lengua por el canal de las nalgas y humedezco el anillo del culo. Le hago dar la vuelta observándola.

    -¿Te gusta?

    -Si -sonríe y se muerde el labio.

    De repente movió uno de los lánguidos brazos y llevó las manos acariciándose los pechos donde posó las yemas de los dedos pellizcándose los pezones, mientras su sonrisa se hacía más picara, así que le acaricié los muslos con la mano, acerqué la cara para lamerlos y mordisquearlos, y ella, con un gemidito, me obligó a seguir un poco hacia arriba, las manos ya buscando bajo su espalda para encontrar las nalgas. Mi cara bajó a su coño sin que las manos dejaran de apretarle los glúteos, y su coño húmedo olía delicioso y juvenil, sus gemidos se multiplicaron, entre uno y otro gemido intercalaba -sí sí -y, no sé si por probar su resistencia, mordí la vulva. Y se quejó, soltó un ay tan humano que me asusté y pedí perdón y la obedecí cuando, girada su cabeza hacia la mía entre sus muslos, dictó: sigue. Así que seguí practicando la lengua y vi que ella giraba de nuevo su cabeza hacia el techo, los brazos extendidos hacia atrás ahora como si fueran alas, entonces bajo la piel de los labios mayores apareció un excitado clítoris del tamaño de un pequeño pene. Me incorporé. Un beso en la frente. Sujeté sus mejillas y la miré a los ojos.

    -¿Quién eres? -le pregunté

    -Sigue por favor, déjate de preámbulos -en un tono suplicante.

    Jadeaba sin control, la fricción, la estimulación que recibía por la lengua y dedos introducidos en la vagina, los niveles de excitación se iban incrementando preparando la llegada del orgasmo.

    -Córrete, Elsa.

    -Desde luego -gruñó con un giro perverso de cadera.

  • Lorena y Gerardo. Más que hermana y hermano

    Lorena y Gerardo. Más que hermana y hermano

    Gerardo había salido del curso de FP y recogiera a su hermana Lorena en la puerta del colegio de las Franciscanas. De camino a casa el cielo se encapotó y comenzó a llover. Se abrigaron debajo de un árbol. Les caían goterones encima. Lorena llevaba un traje gris puesto y al mojarse su blusa blanca y no llevar sostén, los pezones y las aureolas de sus generosas tetas se marcaban en la tela de seda, más que marcarse se veían como si no llevase nada puesto. Lorena, mirando para la entrepierna de su hermano, le dijo:

    -¡Se te ha empinado!

    -Con esas tetas se le empina a cualquiera.

    -¡Soy tu hermana, Gerardo!

    -Mi picha no lo sabe.

    Lorena, se abrochó la chaqueta.

    -¡Vaya sinvergüenza estas hecho!

    Gerardo era un joven de 18 años, moreno, alto, delgado, agraciado físicamente, pero hasta ese día, muy tímido con las mujeres. Estudiaba fontanería en FP. Lorena era maestra en el colegio de monjas. Tenía 24 años y parecía una muñequita, era delgada, morena, de ojos negros, cabello largo y rizado y lo tenía todo muy, muy, pero que muy bien puesto.

    Al llegar al piso donde vivían, Lorena, en la sala, se quitó la chaqueta y su hermano vio otra vez los pezones y las aureolas bajo la blusa. Gerardo, se volvió a empalmar. Lorena, que le había vuelto a mirar para la entrepierna, exclamó:

    -¡¡Vaya muelle tienes ahí!!

    -Es que tus tetas son preciosas.

    -¡Que cara dura tienes!

    -Cara dura la tuya. ¿Por qué me miraste para el paquete?

    Lorena, se ofendió.

    -Serás… ¡Aún voy a tener yo la culpa de tu erección!

    -Las tetas no son mías.

    Lorena, puso cara de pocos amigos.

    -¡Tira para la habitación y quítate esa mojadura de encima!

    Gerardo se fue a cambiar, Lorena hizo otro tanto. Después se prepararon la merienda, merendaron hablando de cosas de FP y del colegio de monjas y más tarde, con la calefacción a todo meter, se pusieron a mirar la televisión en bata de casa sentados en el mismo sofá, un sofá de tres plazas.

    Gerardo, iba a intentar seducir a su hermana.

    -¿Llevas braguitas puestas, Lorena?

    Le respondió sin quitar la vista de la televisión.

    -Mira la tele y no preguntes tonterías.

    -Es que me pondría saber que no las llevas.

    -Ver lo que has visto te ha cambiado. Nunca antes me habías mirado como mujer.

    -Eso es lo que tú te crees.

    -Prefiero no saber que quieres decir con eso.

    -Sí, mejor será que no lo sepas.

    -¡Y yo que llegué a pensar qué eras mariquita!

    -¿Llevas?

    -¿Lo que?

    -Bragas. ¿Las llevas puestas?

    -¡Qué pesado!

    -¿Llevas?

    -El que va a llevar eres un tú. ¡Vas llevar una bofetada que te va a quedar la cara a arder!

    Gerardo, siguió a lo suyo.

    -¿Y sujetador?

    -¡Y dale! Te dije que no preguntases tonterías.

    -No es una tontería. ¿Sabías que tus tetas son las más bonitas que he visto?

    -¡Si tú no has visto unas tetas en tu vida! Le tienes pánico a las chicas.

    -Que sea virgen no quiere decir que no mire tetas en internet.

    -Seguro que miras algo más que tetas.

    -Como muchos hombres y muchas mujeres. A mí me ilustra. ¿Puedo hacerte una pregunta muy íntima?

    -No.

    -¿Fantaseas, Lore?

    -Te dije que no la hicieras.

    -¿Lo haces?

    -Tengo a mi marido para que me satisfaga.

    -Luis lleva seis meses trabajando en Sevilla. Y seis meses…

    -Déjalo ya.

    -¿Fantaseas?

    -¡O te callas o te quedas un mes sin postre!

    Gerardo, se calló, pero dedujo que sí, que su hermana se masturbaba, de otra manera no le costaría trabajo ninguno decirle que no lo hacía.

    Mientras miraban una película en el Paramount Chanel, Gerardo, no le quitaba el ojo de encima a su hermana, Lorena, lo sabía, pero despistada, cruzó las piernas y enseñó más de lo que debería. Al ver por el rabillo del ojo que su hermano estaba empalmado y que su picha se movía debajo de la bata, sin poder evitarlo, sintió un morbo como nunca antes había sentido, y su panocha se comenzó a mojar.

    -¿En qué piensas, Gerardo?

    -En meterme entre tus piernas.

    Lorena, miró para sus piernas y vio que enseñaba demasiado, las descruzó, se tapó, y le dijo:

    -Ya me estás cansando, Gerardo. Entre las piernas de una mujer te perderías.

    -Sé cómo y cuándo lamer los labios de la vagina, cuando meter la lengua en ella y en el ojete, cuándo y cómo lamer y chupar el clítoris, y cuando y como follarle a una mujer el culo y el coño.

    Las palabras de Gerardo hicieron que Lorena sintiera como la panocha le latía y se le mojaba más de lo que ya estaba. Nunca se la habían comido y el morbo iba aumentando. Lo disimuló.

    -¿Eso lo aprendiste viendo porno?

    -Sí, porno educativo.

    -No me creo que esté hablando de estas cosas contigo.

    -¿Por qué?

    -¡Por qué soy tu hermana, cochinote!

    -Si desear beber el jugo de la corrida de una hermana que está como un queso es ser un cochinote, lo soy.

    -¡Lo que eres en un salido!

    -Yo diría que soy un curioso. Me gustaría conocer el sabor de ese jugo espeso, ese jugo que parece moco y que echa la mujer cuando está caliente y cuando se corre.

    -¡Lo tuyo ya es de psiquiátrico!

    -¿Tu jugo es como moco, como baba, acuoso, o es más como leche?

    -¡De atar, estás loco de atar!

    -Eso también. Es otra de mis fantasías, que una mujer me ate y que abuse de mí.

    -¡Qué estás loco, carajo, muy loco!

    -Un loco que te comería enterita.

    Lorena, le mandó un aviso.

    -Mira, Gerardo, mientras no te levantes y te acerques a mí no va a pasar nada, pero como te acerques, esta misma noche coges tus cosas y te vas a vivir con papá y con Petra.

    La amenaza surgió efecto. Gerardo no tragaba a su padre.

    -No me acercaré…

    Lorena, se levantó.

    -¿A dónde vas, hermanita?

    -¡A rascarla!

    -Que lo disfrutes

    -¡Payaso!

    Gerardo vio que su hermana se dirigía al baño, y le dijo:

    -Hasta sentada en la taza debes estar arrebatadora.

    -¡Qué te den morcilla, pesado!

    Lorena entró en el baño, cerró la puerta y le puso el cerrojo. Delante de un espejo en el que se reflejaba de cuerpo entero, se abrió la bata y se acarició las tetas con las dos manos. Tenía que masturbarse para quitarse el calentón y no sucumbir a la tentación de cometer un incesto con su hermano. Se quitó las bragas y con tres dedos de su mano derecha empezó a tocar la guitarra con el clítoris… Se miraba al espejo. Se acariciaba las tetas con la mano izquierda y de vez en cuando dejaba de tocar la guitarra de una sola cuerda y metía dos dedos dentro de su vagina para humedecerlos.

    Estaba tan cachonda que no tardó en sentir que se iba a correr. Cogió las bragas, las olió, y las metió en la boca. Llevó el dedo medio de la mano izquierda a su panocha, lo humedeció y después se lo metió en el ano. Se metió dos dedos en la vagina, y se folló culo y panocha al tiempo que acariciaba el clítoris con la palma de la mano… Al ratito se corrió pensando que el dedo que tenía metido en el culo era la picha de su marido y los dos dedos que tenía metidos en la panocha eran la picha de su hermano… En el espejo se reflejó su cara extasiada con los ojos entornados. Temblando, se fue encogiendo con el placer que la sacudía. Las bragas dentro de su boca ahogaban sus gemidos. Al acabar de correrse, se sentó en el piso de baldosas. Sacó las bragas de la boca, y con la mano del dedo que tenía en el culo acariciando sus tetas y lamiendo como una perra el pequeño charco de jugo de su corrida que tenía en la palma de su mano, susurró:

    -¡Dios mío, qué pedazo de corrida!

    Se lavó la cara, las manos, el culo y la panocha. Se puso las bragas y la bata y volvió a la sala. Al verla, le dijo Gerardo:

    -¡Qué cara de felicidad traes!

    Volvía con la idea de cortarlo.

    -Es la que se me queda después de cagar.

    -¡Ahí va, qué bruta!

    -¡A ver si así te callas de una vez por todas!

    -¡Si supieras cuan hermosa te veo!

    -Calla de una puñetera vez, cansino, que eres un cansino…

    Más tarde, cenando en la mesa de la cocina, le preguntaba Gerardo a Lorena:

    -¿Quieres mucho a Luis?

    -Claro, es mi marido.

    Gerardo, volvió a las andadas.

    -¿Te comía el coño?

    -¡Cómo te atreves a preguntarme semejante obscenidad!

    -¿Si no fuera tu hermano dejarías que te lo comiese?

    -No, ni me lo pensaría. A ver, Gerardo, has visto el contorno de unas tetas y unas piernas y te has vuelto loco. ¿No te das cuenta de que eres un inmaduro?

    -Madúrame.

    -Vas a piñón fijo.

    -Voy. ¿Me dejas que te mire las piernas y las bragas por debajo de la mesa?

    -¡Tú no estás bien de la cabeza! ¿Para qué quieres ver mis piernas y mis bragas?

    -Para imaginar cosas cuando esté a solas en mi habitación.

    -¡¿Y tienes cara a decirme que te vas a masturbar imaginando que me haces cosas?!

    -Que te hago cosas y que me las haces.

    -¿No te dará reparo fantasear con tu hermana?

    -Lo que me dará es morbo.

    -Hay millones de chicas más guapas que yo.

    -A ninguna la quiero como a ti.

    -Yo a ti también te quiero, pero es otra clase de cariño. ¿No te masturbarías ya pensando en mí?

    -Mujer, mi habitación está al lado de la tuya, y cuando te corrías con Luis hacías mucho ruido. ¿Que, me dejas?

    Lorena, se apiadó de su hermano, al fin y al cabo acababa de masturbarse pensando que la follaba.

    -No sé qué hacer contigo. En el fondo me das pena. Mira, pero dos segundos.

    Gerardo, se agachó y miro para las piernas.

    Lorena, que tenía las piernas juntas, las abrió y apartó la bata para que su hermano viese sus piernas y sus bragas.

    -¿Contento?

    Mirando para el paraíso prohibido, Gerardo, le preguntó a su hermana:

    -¿Me dejas darle un besito a tu panochita?

    -¡Te doy un dedo y quieres comerme la panocha!

    -Sólo besarla.

    -Ni hablar.

    -Verla.

    -Menos.

    -¿Y masajear tus pies?

    Cerró las piernas.

    -Se acabó. Ya te enseñé más de lo prudente.

    -Abre otra vez las piernas que me toco y ya me corro.

    Lorena, se levantó.

    -Sal de ahí. ¡Recoge la mesa y lava los platos!

    Gerardo, no rechistó, hizo lo que le dijo. Al acabar de fregar los platos fue a la sala, pero su hermana ya se había ido para cama. Miró un ratito la tele. Lorena no le salía de la cabeza.

    Gerardo pasó por delante de la habitación de su hermana. La puerta estaba entreabierta y la luz encendida. Asomó la cabeza y vio que Lorena tenía un libro en la mano izquierda y la derecha la tenía tapada con las sábanas y la colcha. Le pareció que esa mano se movía a la altura de la panocha.

    -¿Puedo pasar, Lore?

    Lorena, se sobresaltó.

    -¡No! Vete para tu habitación.

    Gerardo, no le hizo caso, entró en la habitación y le preguntó:

    -¿Qué lees?

    -¡A ti que te importa! ¡¡Vete de mi habitación!!

    Gerardo, se acercó a la cama. Lorena agachó el libro entre las sábanas. El joven, buscando el libro, le quitó la colcha y las sábanas de encima y vio que su hermana estaba desnuda.

    -¡Hooostias! ¡¡Qué polvazo tienes!!

    Lorena, se volvió a tapar, no sin que antes su hermano cogiese el libro y mirase su título.

    -50 sombras de Grey. ¿Te estabas masturbando?

    -¡Qué dices, chalado!

    -Ese libro invita a que nos toquemos. Yo lo leí y…

    -Ya me imagino lo que hiciste. Yo lo estoy leyendo porque me hablaron muy bien de él…

    -Leyendo desnuda.

    -Siempre duermo así. ¡Dame el libro y vete de mi habitación de una puñetera vez!

    Gerardo la volvió a destapar. Le cogió la mano que tenía debajo de las sábanas -Lorena se volvió a tapar- y vio que tenía dos dedos mojados.

    -¿Y esto qué es? -se los chupó- ¡Que rico! Tu jugo es como moco y sabe dulce. Nunca imaginé que el jugo de una mujer fuese tan delicioso.

    Lorena, se puso cómo una fiera.

    -¡¡Fuera de mi habitación, cerdo!!

    -Cuando vuelva Luis y se lo cuente…

    -¿Qué le vas a contar a mi marido?

    -Que te pillé masturbándote y que probé tu jugo.

    Lorena, se alarmó.

    -¡¿Serías capaz?!

    -¿Tú que crees?

    -Yo ya no sé qué creer.

    -Si te destapas y dejas que me haga una paja mirando para tus tetas y para tu panocha, seré como una tumba.

    -¡Eres un chantajista!

    -Yo diría que soy un oportunista.

    Gerardo, puso el libro sobre la mesita de noche. Se abrió la bata, se quitó los calzoncillos, y la picha, tiesa como un palo, quedó mirando para Lorena con su único ojo. Al verla quedó asombrada, no por lo larga que era, que andaría en los 14 centímetros, se asombró por el grosor que tenía. Lorena, se destapó y le enseñó su cuerpo desnudo, Gerardo, le dijo:

    -Eres la mujer más linda de este planeta.

    La verdad es que estaba de vicio. Sus tetas eran grandes, redondas, firmes, con grandes aureolas rosadas y preciosos pezones. Sus piernas eran largas y moldeadas, y su panocha con su matita de pelo rizado, con sus labios mayores hinchados y los menores entreabiertos y mojados, era precioso.

    Lorena, le dijo a su hermano:

    -Cuando acabes limpia el piso y vete, farsante.

    Gerardo estaba a un metro de su hermana, que veía los huevos colgando y como la mano derecha de su hermano hacía que la piel del glande se deslizase hacia delante y hacia atrás.

    Pasado un rato, cuando ya el ojo de la polla lloraba, y Lorena había cerrado los ojos para no ver lo que hacía, Gerardo, le acarició el pezón y la aureola de la teta derecha con él, Lorena, le dijo:

    -Me estás mojando la teta y eso no entraba en el trato.

    -¿Te gusta?

    -Me guste o no, no entraba en el trato.

    Tocó el pezón y la aureola de la otra teta, -Lorena se quedó quieta- después de dejársela mojada con la aguadilla que echara la picha, le preguntó:

    -¿Me la chupas un poquito?

    -¡No! Acaba y vete.

    -¿Me dejas que te coma yo a ti la panochita?

    -¡No!

    -¿Y las tetas? ¿Me dejas que te las coma un poquito?

    -¡No!

    -Unas chupaditas nada más.

    -¡Qué no! ¡¿Cómo tengo que decírtelo?!

    -Un par de besos, le doy un beso a cada teta y ya me corro.

    -¡Si pudiera cogía una zapatilla y te ponía el culo negro!

    Gerardo cogió una zapatilla debajo de la cama, y le dijo:

    -¿Quieres que te dé como te daba Petra?

    Petra era la madrastra de Lorena y de Gerardo.

    -¡¿Cómo sabes tú eso?!

    -Vivíamos en la misma casa y sé que os corrías juntas antes de casarte.

    -Me imagino que querrás sacar rédito de lo que sabes.

    Gerardo se quitó la bata, en pelotas, se sentó en el borde de la cama, y le dijo:

    -Siéntate en mis rodillas.

    -¡No!

    -¿Quieres que le cuente lo de Petra a tu marido?

    -¿No te da reparo ser tan cabrón?

    -No, ninguno. El fin justifica los medios.

    -Cínico.

    Lorena, salió de cama y se echó sobre las rodillas de su hermano. Lo primero que sintió fue la polla mojada en su vientre. Después los golpes de las zapatillas en sus nalgas.

    -¿Vas a dejar que te folle hasta que te corras cómo una perra?

    -¡No!

    -Dejarás.

    -¡Loco!

    Le volvió a dar con menos fuerza.

    -¿Me dejarás que te coma la panochita?

    -¡No!

    -Cambiarás de opinión, es más, me pedirás por favor que te lo coma.

    -¡Estás para que te encierren en un manicomio!

    La azotó casi como si acariciara su culo.

    -¿Me la vas a chupar?

    -¡No!

    -La chuparás y la saborearás.

    -¡¿Pero tú quién te crees que eres, Casanova?!

    Le volvió a dar con fuerza.

    -Dime que me quieres y que tienes ganas de correrte

    -¡Te odio, chalado!

    -¿Tienes ganas de correrte?

    -Sí, pero no contigo.

    Le volvió a dar.

    -¡Cabrón!

    Le pasó dos dedos por el coño mojado, se los puso en los labios y le dijo:

    -Saborea tu jugo.

    -¡Sádico!

    Al abrir la boca para hablar le metió los dedos en la boca. Lorena, hizo como si le dieran arcadas, y le dijo:

    -¡Qué asco!

    -Tramposa. Te gusta tanto como a mí.

    Le metió dos dedos en el coño y después los chupó.

    -¡Ummm! Me voy a hartar cuando te corras en mi boca.

    -¡Eres un enfermo!

    Volvió a darle con suavidad.

    -¿Te gusta cómo te azoto?

    -Siii. -se arrepintió al momento de lo que había dicho- ¡No! ¡¡Déjame volver para cama!!

    La dejó ir.

    -Vale, vuelve a cama, cariño.

    Al estar en pie, le dijo:

    -¡No soy tu cariño!

    -Lo serás.

    -¡Sueña!

    Lorena, se volvió a echar sobre la cama. Gerardo, empalmado como un animal, se levantó y le dijo:

    -Déjame darte un par de besitos en las tetas. Con dos besos ya me corro.

    -Ni uno ni medio. Menéala.

    -Tócate un poquito el chochito.

    -¡Ni loca! Menéala.

    Gerardo volvió a masturbarse.

    -¡Qué pena que mi leche se vaya a derramar en el piso! Podría correrme entre tus tetas.

    -¿Y dónde más, depravado?

    -En tu boca, o en tu culo, o en tu coño.

    -¡Asqueroso!

    -No me llames asqueroso. Todos tenemos derecho a soñar, y ahora mismo tú eres mi sueño. Un sueño de mujer a la que ni siquiera puedo besar las tetas.

    -Un sueño al que serías capaz de sacar a la luz sus vergüenzas, falso.

    Gerardo, se quitó la careta.

    -Debías saber que antes de descubrir tus secretos me pegaría un tiro. Te quiero demasiado. No te podría hacer daño.

    Lorena, no se quitó la suya.

    -Ya me lo has hecho, desvergonzado.

    Gerardo, bajó la cabeza.

    -Lo siento. ¡Es que te deseaba tanto!

    -¡Cabronazo! Así que un sueño de mujer.

    -Al que ni siquiera le pude besar las tetas.

    Gerardo se estaba dando por vencido. Lorena no iba a dejar que lo hiciera. Ya estaba demasiado cachonda.

    -¿Cuántos besos habías dicho que me querías dar?

    -¿Dos besitos en cada teta?

    -¿No era uno?

    -Los que tú quieras.

    -Vale, por dos, tres o cuatro besos en las tetas que no sea.

    Gerardo le dio seis besos con lengua en cada teta.

    -Esos no fueron besos. Me mamaste las tetas.

    Gerardo, meneándola, le respondió:

    -No, te las besé, mamar las mamo de otra manera.

    Lorena, ya tenía la cara tan roja como el culo.

    -¿Qué más necesitas para correrte?

    -Comerte la panochita.

    -Olvidado. Mi panocha es para mi marido.

    -Que me la chupes.

    -Baja el nivel.

    -Con unos besitos más en las tetas…

    -Dáselos.

    Le mamó las tetas durante más de cinco minutos. Al acabar de mamarlas. Gerardo, le puso la polla en los labios a su hermana.

    -Quita, cochino. -al abrir la boca se la metió dentro- Quiiiiza.

    Lorena, dejó de hacerse la estrecha. Cogió la polla con una mano, y en vez de quitarla de la boca se la meneó, se la mamó y le acarició, lamió y chupó los huevos.

    Unas mamadas más tarde…

    Gerardo, destapó a su hermana y vio su panocha rodeada de una mata de vello negro y rizado. Se metió entre sus piernas. Sus labios mayores estaban hinchados. Pasó la lengua, plana, por los labios de la encharcada panocha.

    -¡Uuuuy!

    -¿Te va?

    -Sí, sigue.

    Gerardo, le lamió el periné y el ojete…

    -¡Qué gusto!

    Le folló la vagina con la punta de la lengua…

    -¡Joder, joder, joder, joder!

    -¿Quieres que te joda?

    -Después, ahora cómemela. Quiero correrme en tu boca.

    Le lamió el clítoris de abajo arriba, muy lentamente…

    -¡Ah, ah, ah, aaay que me corro, cariño!

    Gerardo, aceleró los movimientos de lengua.

    -¡Aaaah! ¡¡¡Me corro!!!

    Lorena, agarrando con las dos manos la cabeza de su hermano, comenzó a sacudirse. De su coño salió un pequeño torrente de jugo que Gerardo fue tragando mientras a ella se deshacía en gemidos.

    Al acabar de correrse, Gerardo, le siguió lamiendo el coño hasta que Lorena soltó su último gemido de placer.

    Con una sonrisa en los labios, le dijo Lorena a su hermano:

    -¡En mi vida había tenido una corrida tan inmensa! ¿Te gustó beber de mí?

    -Sí. Fue algo sublime.

    Gerardo se puso encima de su hermana, la besó sin lengua. Lorena, le dijo:

    -Quiero correrme otra vez.

    Gerardo se quitó de encima.

    -Date la vuelta, Lore.

    Lorena, se dio la vuelta, Gerardo le separó las nalgas y le pasó la lengua por la panocha y el ojete.

    -¡Oooh! ¡Qué guarrillo eres!

    Le pasó la lengua desde el periné al ojete, le metió la punta de la lengua en el agujero y la movió alrededor.

    -¡Oooh!

    -¿Te gusta?

    -Mucho, cariño, mucho.

    Unos minutos después jugó con la punta de la polla en su ojete.

    -¡Qué rico!

    Le metió el glande.

    -¡Puuuf!

    -¿Te gusta?

    -¡Me encanta! Métemela toda poquito a poco.

    Gerardo se la metió a tope, y después le folló el culo suavemente, hasta que le dijo Lorena:

    -Quítala un momentito. Quiero buscar yo el orgasmo.

    Lorena, se puso a cuatro patas, metió dos dedos en el coño empapado y comenzó a masturbarse.

    Gerardo, la cogió por las tetas, le metió el glande en el ano y se quedó quieto para que su hermana la metiese y la sacase como quisiera, suave, fuerte, lento, más aprisa…

    Lorena llevaba mucho tiempo sin follar y unos minutos más tarde, le decía:

    -¡Me voy a correr otra vez!

    Gerardo vio como la panocha de su hermana empezó a soltar jugo y sintió como el ojete apretaba su picha. Cuando el placer la inundó, Lorena, se derrumbó sobre la cama, y entre dulces gemidos disfrutó de aquel largo y delicioso orgasmo. Nada más cesarle el placer, le dijo a su hermano:

    -Quiero correrme de nuevo. Sácala del culo y métemela en el coño.

    Gerardo había despertado un monstruo sexual. Quitó la polla del culo de su hermana. Lorena, se dio la vuelta. Le comió las maravillosas tetas un ratito, luego le puso su gorda picha en la entrada de la vagina y la fue metiendo lentamente, ya que a pesar de tener la panocha empapada, entraba casi tan justa como le había entrado en el culo…

    Lorena, entre nuevos gemidos, le dijo:

    -Tu polla es la octava maravilla del mundo. ¡Qué gustazo da sentirla dentro!

    -La octava maravilla del mundo eres tú, Lore.

    -Adulador.

    Se dieron un largo beso con lengua. Fue el primero de una cadena durante el mete saca, cadena que se rompió, cuando dijo Gerardo:

    -Me voy a correr.

    Lorena también estaba a punto.

    -Quiero que te corras dentro de mí.

    -¿Seguro que puedo llenarte de leche?

    Lorena, tomaba la píldora.

    -Seguro.

    Segundos más tarde, Gerardo, sintió como su hermana, levantando la pelvis y rugiendo como una pantera, le clavaba las uñas en la espalda y como la panocha apretaba su picha y la bañaba en jugo. Soltó una descarga que anegó el sexo de su hermana, Lorena, retorciéndose debajo de él, gemía como una loca de atar.

    Al acabar, Lorena, le dijo a su hermano.

    -Eres el amante perfecto.

    -¿Te apetece correrte otra vez?

    -¿Otra? Quiero correrme una docena de veces.

    -Sube, cabálgame, y córrete las veces que quieras.

    Una docena de veces no se corrió, pero cinco veces más, sí.

    Quique.

  • El prestamista y la señora Claudia (Parte 2)

    El prestamista y la señora Claudia (Parte 2)

    Mi tiempo lo tenía casi completo durante el día entre ir a la universidad y luego ayudar a mis padres con la atención en la bodega en las tardes y tampoco sin descuidar mi negocio de los préstamos ahora había que hacer un tiempo para poder cobrar la deuda a la señora Claudia y al mismo tiempo teniendo cuidado que nadie me vea entrando a su casa y ese día era el sábado así que la llamé.

    -Aló señora Claudia voy a ir a visitarla está noche a la 2 de la mañana así no habrá ningún problema de que alguien me vea tocar su puerta así que tiene que estar atenta a mi llegada nos vemos luego Chao.

    Quiso decirme algo pero no le permití y colgué antes, entendía que no quería que nadie en el barrio empiece con los chismes si me veían entrar a su casa y tampoco yo quería problemas con mi mamá por aprovecharme de una señora abandonada por su esposo tal vez mi padre me entienda como hombre así que esa era la mejor hora de ir ya que todos estaban ya durmiendo en el barrio.

    Después de cenar y luego cerrar la bodega me despedí de mis padres dándoles las buenas noches me fui supuestamente a dormir la ansiedad de verla de nuevo y tocar su cuerpo me tenía impaciente y con una tremenda erección.

    Cuando iba caminando hacia su casa de todas maneras veía que no hubiese alguien cerca y la llame a su celular y no contestó y tuve que otra vez volverla a llamar ya estaba algo preocupado y molesto cuando al fin contestó con una voz de haber estado dormida y abrió la puerta.

    -Pablo no me dejaste decirte que podías venir más temprano porque mi hijo se ha ido a dormir a la casa de un amigo del colegio y regresa ya mañana en la tarde…

    Estaba con una bata de seda que resaltaba sus formas de mujer sus pechos se veían grandes y apetitosos con sus pezones que se notaban muy bien bajo la tela cuando iba detrás de ella sus nalgotas se movían a cada paso que daba no entendía como su esposo la pudo dejar era un monumento de mujer, sabía que teníamos un trato con la señora Claudia pero ahora yo quería quebrar ese hielo entre los dos y había traído una botella de vino que sabía que le gustaba tomar cuando su empleada alguna vez lo compró en la bodega.

    -Pablo no es necesario que me des licor para que puedas cogerme tenemos un trato y lo voy a cumplir lo más rápido posible y haré todo lo que me pidas sólo quiero que entiendas que lo hago por la deuda que tengo contigo y no te hagas más ilusiones…

    Sabía que no era de su agrado que yo la tocará y lo hacía forzada por las circunstancias pero tampoco me gustaba poseer a una mujer como si fuera de hielo y tenía en mente que ahora ella también lo disfrute e insistí y trajo dos vasos.

    Se veía sexy hasta cuando tomaba el vino ahora que sabía que estaba sola en casa tenía tiempo para platicar empecé yo hablando de mi para entrar en confianza de que estaba a la mitad de Economía en la universidad y etc., luego ella me contó lo que había pasado con su esposo y porque la había abandonado y como de vivir en una zona residencial terminó viviendo en nuestro barrio que sus padres eran de mucho dinero y siempre se opusieron a que ella se casé con él pero ella no los escuchó porque estaba muy enamorada y ellos ahora están muertos.

    Unas lágrimas cayeron por sus mejillas y la abracé fuerte estaba totalmente vulnerable luego les cambié de tema tampoco era para que lloré toda la noche y le dije para darle masajes que era bueno entonces eso me dijo que no era necesario que de una vez hagamos a los que había venido, esta yegua se hacía la difícil de domar.

    Claudia se levantó del sofá y dejó caer su bata dejando ver toda su belleza estaba totalmente desnuda sus tetas grandes y con los pezones apuntando para arriba y su chucha bien cuidada depilada se acercó hacia a mi y empezó a quitarme la ropa con desesperación y cogió la verga y empezó a chupar y pasarle la lengua por todos lados hasta llegar a mis huevos tuve que detenerla para evitar eyacular en su boca como la otra vez y mis labios buscaron su boca pero no quiso que la besara y volteó la cara.

    Entonces mis labios se fueron a sus tetas y pezones y disfrutaba como un bebé chupando y lamiendo logrando que se pusieran duras ella se resistía a disfrutar pero yo no me iba a dar por vencido y seguía devorando sus senos ganas no se faltaban de tirármela ya pero no me iba a detener hasta que ella misma me suplique que le meta pinga.

    Luego fui bajando por su abdomen dándole de besos y caricias hasta llegar a su vagina que estaba bien húmeda por lo excitada que ya se encontraba abrí sus labios y mi lengua recorrió todo su sexo chupe su clítoris hinchado sus gemidos empezaron a oírse en toda la sala y también su negación al placer que estaba experimentando a causa de un joven de 26 años.

    -Ohhh… nooo… Pablooo ohhh nooo…

    Yo seguía devorando su chucha que había empezado ya a soltar sus fluidos cuando ella estaba llegando al tener un orgasmo parecía como si estuviera orinando por la cantidad de jugos que salían de su chucha nunca vi a una mujer hasta ahora hacerlo y eso que había tenido algunas experiencias

    -Ahh… Ohhh por dios Pablooo ahhh me vengoo…

    Sus latidos del corazón y respiración estaban a mil en ella y yo seguía chupando y metiendo dos dedos en su vagina y volvió a temblar su cuerpo y sus caderas cuando otra vez vino su segundo orgasmo ahora ella suplicó lo que tanto deseaba.

    -Pablooo… ohhh ya quiero tu pene dentro de mi ohh métemelo toditooo… ohhh ya noo aguantoo ohhh…

    Yo tampoco aguantaba más quería sentir como su jugosa chucha se tragaba a mi pinga y se lo metí de una vez todo hasta el fondo ella soltó un gemido seco y fuerte al tenerlo dentro de ella y sus piernas se cerraron como si fuera un candado sobre mi.

    Y al final me estaba tirando a la señora más deseada por todos los hombres del barrio incluyendo a mi padre que varias veces lo sorprendí mirándola al pasar, todo ese tiempo que su esposo la había abandonado no había sido tocada por ningún hombre y sus ganas se habían acumulado en ella ahora entendí porque no quería dejarse acariciar.

    Cuando busqué su boca nuevamente ahora ella abrió sus labios y nos besamos con mucha pasión mi verga entraba y salía de su chucha y luego Claudia se montó sobre mi y se metió la verga en su sexo y cabalgo como toda una amazona, sus movimientos de caderas eran con fuerza y con rapidez estaba disfrutando como mi pinga se movía dentro de ella sus tetas con los pezones apuntando hacia arriba se balanceaban al ritmo de su cuerpo…

    -Ahhh… así así que ricooo ¿Te gusta cómo me muevo Pablo? ohhh lo siento toditooo dentro ohhh gracias ohhh.

    -Siii me encanta como te mueves no te detengas ohhh desde ahora esta pinga es toda tuya ohhh

    Sus movimientos de caderas se hicieron más rápido cuando sentimos ambos que estábamos cerca de llegar al clímax me abrazó fuerte y yo también lo hice el choque de nuestros sexos terminó cuando llegamos a tener un orgasmo casi al mismo tiempo.

    -Aggg siii ohhh mee vengooo mi amooor

    -Siii queee ricooo Claudia ahhh

    Volvimos a besarnos y nos quedamos abrazados unos minutos, ella miraba el techo como divagando en sus pensamientos por lo que había pasado cuando pregunté qué pasaba no me quiso decir y vi unas lágrimas otra vez caer por sus mejillas y sólo se me ocurrió abrazarla.

    (Continuará…)