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  • Ladislao, un vecino muy osado

    Ladislao, un vecino muy osado

    La casa en la que vivimos mi novio y yo es de 8 plantas y en cada planta hay cuatro puertas correspondientes a cuatro viviendas, excepto la mía que compró mi padre para nosotros en la sexta planta que es donde vivo; mi padre la quiso amplia para poderse quedar allí cuando mis padres vinieran a visitarnos. A mi padre no le gusta incomodar, pero sí le gusta la comodidad, así que compró las dos viviendas del centro y las comunicó por dentro, de modo que si necesito las dos puedo usarlas, pero siempre respeto la habitación destinada para mis padres.

    La vivienda de la derecha está ocupada por dos personas mayores tirando ya para ancianos, algunas veces me he encontrado entrando y en el ascensor, muchachos de varias edades que me dicen que van a visitar a sus abuelos. En general yo hablo poco en los ascensores y no sé exactamente quienes son o qué hacen, pero en cierta ocasión uno de los supuestos nietos me hacía preguntas y contesté. Entre tales preguntas, me hizo una para saber mi estado, le dije que no me había casado, pero que vivía con mi novio. Me miró con los ojos de pescado y se metió a su casa sin cerrar la puerta, pero escuché que le decía a uno de dentro: “Ahí al lado viven unos maricones”. Bueno, ya sabían ellos de mí más que yo de ellos.

    La vivienda de la izquierda está ocupada por una familia que si no he contado mal las voces que escucho desde mi casa, además del matrimonio, debe de haber dos chicos y una chica, ya mayores de 19 y 23 años. También me los he encontrado en el ascensor y dos de ellos, un chico y la chica son iguales, les pregunté si eran mellizos y me dijeron que eran gemelos. Yo no distingo la diferencia. Al chico de 23 años me lo encontré en el ascensor, con un pie afuera y morreándose con una chica que supuse que era su novia. Como iba a entrar, me dijo:

    — Disculpa, pasa, es que nosotros…

    No le dejé hablar porque le dije:

    — Vuestra vida es vuestra, por mí como si quisierais seguir besándoos, ¿qué me importa a mí juzgaros?

    El chico, mirando a la chica, dijo:

    — ¿Ves?, ¿has oído?

    Y siguió besándola, mientras yo me entretenía en mi móvil. Llegué a planta baja y ellos se quedaron, al momento el ascensor subía de nuevo y me fui a la calle.

    Menudo panorama el que tengo en mi planta, a saber cómo será el resto. Como no voy a las reuniones de comunidad, un día el presidente se presentó para decirnos que había que pagar no sé qué gastos y que alguno debía venir a las reuniones. Le pagué y encargué a Corny que fuera él a las reuniones, si tenía tiempo. A Corny le gustan esas cosas y seguro que un día se hace votar presidente. Cuando viene de una reunión siempre me cuenta que en la finca todos son muy raros. Yo pensaba que ellos dirían lo mismo de nosotros, pero me da lo mismo. Desde la primera vez que pagué al presidente y siempre lo tenía a punto lo que se indicaba en portería, me hacía más caso y me veía como normal, incluso me saludaba aunque tuviera que forzarlo.

    Un día escuché una larga conversación a gritos. No sabía exactamente de qué se trataba, pero me llamó la atención que discutieran y algunos insultos sí distinguía con toda claridad, pero no sabía quien lo decía a quien. No me dejaron estudiar nada en más de una hora. Hasta que por fin escuché un portazo que hizo temblar hasta las ventanas de mi casa y me estremecí, pero todo fue silencio durante unos minutos.

    Sonó el timbre de mi puerta y me levanté para ver de quién se trataba. Ahí estaba el gemelo, lo vi por la mirilla y abrí la puerta, le invité a pasar y me dijo si tenía un poco de agua. Le saqué un vaso con agua, se lo bebió de una tirada y me miró fijamente sin decir nada. Yo lo miré fijamente sin preguntar nada. Así estuvimos un rato que se hizo eterno, aunque no debió durar mas que un par de minutos. Por fin explotó:

    — ¿Por qué mi padre no me deja ser lo que soy?

    Guardé un rato de silencio esperando que continuara y en vistas de que no decía nada, le pregunté:

    — ¿Y qué eres tú que tu padre no te deja?

    — Yo soy gay, y me he enamorado de ti —me contestó a bocajarro e intentó besarme.

    — Alto, alto, alto ahí…, explícame tu portazo y la discusión en tu casa —dije con firmeza.

    — Yo tengo 19 años, soy mayor, y tengo que hacer mi vida y mi padre no decide por mí, y… —decía a gritos.

    Levanté las manos para apaciguarle y le dije:

    — Punto uno, en esta casa no se grita, se habla o se calla, pero aquí somos educados y hablamos como las personas en voz baja; punto dos, eres mayor, pero ¿en qué trabajas o estudias? Si estudias, ¿qué estudias y qué notas obtienes? Punto tres, ¿qué piensa tu madre de todo esto y qué piensan tus hermanos?, —le dije muy lentamente esto y como pensando para que se calmara.

    — No trabajo, no he podido sacar el año entero en la Universidad y mi madre…

    Le interrumpí:

    — No hace falta que sigas, si no trabajas y no estudias no eres gay, eres una mierda —noté que se molestó por una mueca que hizo, y continué— ¿Te crees que por ser gay estás liberado de todo y puedes hacer lo que te dé la gana?

    — ¿Tú trabajas o estudias? —preguntó.

    — Yo trabajo y estudio, intento sacar buenas notas, el año pasado cinco sobresalientes y trabajo de traductor y escribiendo legajos en una oficina notarial, —contesté.

    — ¡Ah!

    — Sí, ¡ah!, así que vete a tu padre y primero, antes de entrar en tu casa, decide estudiar en serio, entras luego y te disculpas con él y a continuación aquí tendrás dos amigos, que si no sabes ser gay, te enseñaremos…

    — ¿El otro chico es hermano tuyo? preguntó.

    — El otro chico se llama Corny, es mi novio y está ahora trabajando de camarero en un restaurante, y a la tarde de hoy tiene dos clases.

    — ¿Es tu noviooo?

    — Sí, lo es, sí, ¿qué pasa?

    — Yo me he enamorado de ti.

    — Que mala puntería tienes, cabronazo de mierda… anda, anda a tu casa y cuando hayas hecho lo que te dije, vienes y me cuentas.

    Le acompañé, le hice apoyarse en la pared para que pensara en tomarse la vida en serio, luego llamé al timbre de su casa y salió su hermana, y le dije:

    — Tu hermano quiere hablar con tu pare y disculparse, ayúdale.

    Entraron y me regresé a casa. En toda la tarde no escuché ni un solo grito, solo me pareció escuchar gemir a una mujer, pensé que sería su madre, pero me olvidé del asunto.

    Como una hora más tarde, llamaron de nuevo al timbre, por la mirilla vi la muchacho, abrí la puerta y, en efecto, era el muchacho de antes y su padre. Los hice pasar, entramos a la sala, nos sentamos. Saqué la botella de whisky y tres vasos, mesuré en los mismos, le di uno a cada uno y les dije que con paz íbamos a hablar.

    En definitiva todo quedó bien entendido. El chico es hoy un buen estudiante que pronto concluirá su carrera. El padre está contento con su hijo. Y en la casa reina la paz, aunque algunas veces se escuchan todavía algunos gritos al parecer inevitables. Cuando cuento esto, el chico y la chica del ascensor ya no son novios porque la chica se quedó embarazada y abortó y entre ellos todo acabó, aunque siguen otras historias, pero Ladislao se hizo asiduo a mi casa. Salíamos muchas veces juntos y ocurrió lo que tenía que ocurrir cuando la confianza es extrema.

    Un día que Ladislao vino a casa, no sé cómo fue pero todos teníamos muchas ganas. Diría ahora que fue una de esas cosas que suelen ocurrir. Salimos a correr los tres, Ladislao, Corny y yo. Hicimos la carrera de siempre y llegamos al río, lugar donde solíamos bañarlos Corny y yo, en el río, agua cristalina, lugar recogido de la visión ajena y nos bañamos desnudos. Nos desnudamos Corny y yo y entramos, luego fue Ladislao el que se nos unió. El lugar no era tan amplio como para hacer competición de natación pero sí para divertirnos jugando lo que hizo que no solo nos vimos, sino que nos tocamos involuntariamente, pero ser nos metió el gusanillo de algo más entre los tres. Cuando salimos para secarnos antes de vestirnos, Ladislao comentó que teníamos Corny y yo buenas pollas, lo que nos había parecido siempre normal, pero en verdad que a la vista de Ladislao, las nuestras eran grandes, aunque la suya no era muy pequeña, era dentro de lo normal.

    Este comentario hizo que, tras vestirnos y mientras regresábamos, Ladislao comentó que tenía ganas de follar, pues nunca lo había hecho. Con esta conversación y algunos chistes más llegamos al portal y nos saludó la gemela de Ladislao, Macarena. Nosotros ya íbamos calientes y en el ascensor se nos calentó la muchacha. La invitamos a tomar algo y entramos los cuatro a casa. Corny sirvió cuatro whiskys e hice un gesto a Corny para que se liara a conversar con Macarena, mientras yo me dejé manipular por Ladislao.

    Al rato vi que Corny y Macarena se estaban besando y que Ladislao metió mano por la cinturilla de mi pantaloneta, con lo que me dejé llevar y nos fuimos a la cama para desnudarnos del todo y dejar a la otra pareja que actuaran en paz. Ladislao me dijo que solo quería que mamarme la polla y se la metiera en el culo, así que me senté al borde de la cama, se puso de rodillas frente a mí y comenzó a comerse mi polla como si lo hubiera hecho toda su vida.

    Al momento entraron Corny y Magdalena con la excusa de ver qué hacíamos y ella se echó en la cama y comenzó a abrazar mi espalda, Corny me dio un beso y se metió encima de Magdalena para besarla y la fue besando desde la boca a las tetas y por el centro de la barriga pasó a comerse el chocho, lo que hizo que no tardase de gemir Magdalena por el gusto que le daba Corny, yo me tumbé al lado de Macarena y nos comenzamos a besar, pero mi polla se había levantado del todo y Macarena la acariciaba, entonces Ladislao se puso en cuclillas sobre mí y de inmediato Corny me ensartó un condón cubriendo mi polla y Ladislao comenzó a sentarse encima mientras Macarena cuidaba de mantener mi polla para que entrara en el culo de Ladislao cuando se sentara sobe mí.

    Yo sujetaba a Ladislao la cintura mirándole a la cara y de ven en cuando me besaba con su hermana Macarena, así fue que vi a Corny que se había enfundado un profiláctico y metió su palla al interior del chocho de Macarena y comenzamos nuestros movimientos. Ladislao jugaba conmigo en un mismo baile y Macarena gritaba como una descosida, parecía que la estaban partiendo por la mitad, pero no tardó nada Ladislao a comenzar a gemir gritando y Corny se acomodó para, al tiempo de follar a Macarena, comerse la polla de Ladislao. Le resultaba difícil por los movimientos de Ladislao y míos, pero Corny fue capaz de hacerle explotar el primero y pudo contener algo de su esperma en su boca, el restó se diseminó.

    Macarena probó el semen de su hermano de la boca de Corny mientras yo descargaba toda mi lefa en el culo de Ladislao. Estábamos los cuatro empapados de sudor y cuando saqué mi polla tras levantar a Ladislao con mis manos en su cintura, lo puse sentado sobre mi abdomen para que no se desperdiciara mi semen, lo probé, estaba limpio y los cuatro participamos de este manjar ya directamente, ya cruzándolo de nuestras bocas.

    Nos fuimos a duchar dos en mi baño y dos en otro. Lo bueno fue que seguíamos con hambre de carne y de semen, por eso nos volvimos a enzarzar, pero esta vez ocurrió que yo tenía ganas de que me cogiera Corny y me atravesara el culo y lo hicimos, pero frente a nosotros estaba Ladislao follando el culo de su hermana, lo que me pareció una gloriosa visión de una chica muy caliente con tres hombres para ella. Por eso, al acabar Corny y yo, nos dirigimos a la pareja y nos unimos en un beso Macarena conmigo y Corny con Ladislao, mientras este acababa dentro de su hermana. Al final mientras descansábamos y coleaba del culo de Macarena y del mío el semen de nuestros amantes, todavía Ladislao dijo:

    — Esto se debiera de repetir.

    Nos reímos y ahora sí, nos lavamos y nos vestimos para salir los cuatro a cenar. Macarena se encargó de asomarse a su casa para cambiarse de ropa y avisar a su madre. A Ladislao le prestamos una camiseta y Macarena trajo un short para su hermano.

  • Andrei el rumano

    Andrei el rumano

    Después de llevar 6 meses fuera de mi ciudad (La Coruña), por fin volvía a estar de nuevo en mi querida Coruña. Llevaba 5 días de vacaciones ya que había desembarcado el martes a las 9 de la noche, y no volvería a embarcar hasta al menos finales de mayo o primeros de junio; más o menos teníamos 45 días de vacaciones; ese día Era domingo y después de haber estado paseando, haber ido al cine, ahora tenía intención de ir a tomar algo, y luego tratar de buscar algún ligue que me follara y aplacara la calentura que mi culito ya empezaba a tener. Pero la verdad es que ese día de abril, no estaba el día para muchos paseos; por momentos caían unas trombas de agua y granizo, que hacían del día infernal; vamos que era un día para estar en casa y no salir.

    Después de tomar unos tragos y ver el poco ambiente que había, decidí por irme para casa. De camino a ella, cambié de opinión, encaminándome hacia el bingo de 4 caminos, de paso que jugaba unos cartones, comería algo; me estaba apeteciendo unos champiñones al ajillo, sabía que allí los preparaban cómo a mí me gustaban.

    Con las bromas ya me habían dado las 3 de la madrugada, y cómo ese día no tenía suerte en el juego, decidí marcharme. Cuando iba saliendo del bingo, iba pensando que desafortunado en el juego, afortunado en amores. Así que haber si ahora al menos no llovía, y podría dar una vuelta por los jardines del centro de la ciudad, donde suele haber hombres para ligar. Pero mi gozo en un pozo, al salir por la puerta del bingo, estaba volviendo a empezar a llover, y la pinta que tenía, era que en cualquier momento iba caer una buena tormenta de agua.

    Parado a la puerta del bingo, me subí la cremallera de la cazadora que llevaba, y subiéndome el cuello de esta, cogí dirección a mi casa. Solo tenía que cruzar los jardines que hay en la plaza, cruzar por debajo del viaducto, subir pegado al costado de la iglesia de San Pedro de Mezonzo, y a unos 400 metros llegaría a casa. Y si no iba por el costado de la iglesia, subiría hacia los nuevos juzgados, e iría por allí, ya que más o menos la distancia era la misma; todo iba depender de si empezaba a llover con más fuerza, o aguantaba un poco y me daba tiempo a llegar.

    Cuando estaba llegando al viaducto, empezó a caer agua a mares, así que justo debajo del viaducto me paré disponiéndome a esperar a ver si paraba un poco. Pero aquello más que amainar y dar una tregua para poder seguir, estaba aumentando la virulencia con la que caía la lluvia.

    Me sacudí el agua que me había caído, disponiéndome a esperar allí debajo del viaducto resguardado del diluvio que estaba cayendo, a ver si aquella tormenta daba una tregua, o al menos aflojaba algo.

    Debajo del viaducto, había vehículos aparcados, ya que la gente aprovechaba ese espacio cómo parquin. Se notaba también que había coches abandonados y que en algunos los usaban los vagabundos para dormir en ellos. Yo me encontraba justo enfrente a la calle que iba por el lateral izquierdo de la iglesia, y justo a mi lado estaba una de las enormes columnas que soportan el viaducto. Allí pegado había un monovolumen, no parecía estar abandonado, ni estaba en mal estado, lo que sí me fijé es que los cristales de las ventanillas y parabrisas estaban tapados por cartones.

    Después de sacudirme el agua que me había caído hasta llegar allí, saqué el paquete de tabaco del bolsillo, saqué un cigarrillo llevándolo a la boca, busqué el encendedor en el bolsillo encendiendo el cigarro que había sacado. Nada más terminar de encender el cigarro y soltar una bocanada de humo, se abrió la puerta del monovolumen, saliendo un hombre joven del mismo; poco más mayor que yo era aquel joven; me dio las buenas noches, y me dijo si le podía dar fuego. Busqué el mechero en el bolsillo y se lo di en la mano. Se giró hacia el vehículo y echando la mano dentro sacó un paquete de tabaco, cogió un cigarro encendiéndolo con el mechero que le había dado.

    Estiró la mano para devolverme el mechero, dándome las gracias.

    Me dijo que no podía fumar, porque, aunque tenía tabaco, se había quedado sin fuego, y tal y cómo estaba la noche, no pasaba nadie a quien pedirle fuego. Gracias a que yo me había parado allí, y él al escuchar el ruido de la tormenta, miró hacia fuera y me vio a mi encender el cigarrillo.

    Volví a coger el mechero, y le dije que podía quedárselo, ya que yo tenía otro, y no me hacía falta.

    Alargó su mano cogiendo el mechero que le daba, dándome las gracias de nuevo.

    ¿Cómo te llamas? Me preguntó.

    Dani, le contesté.

    ¿Eres de aquí, Dani?

    Sí, le dije.

    Es que estás muy moreno, y no me lo parecía. Claro que el que no soy de aquí soy yo, por cierto, que yo te pregunté cómo te llamabas, pero yo no me presenté. Me llamo Andrei y soy rumano, me dijo extendiéndome la mano.

    Vaya manera de llover, dijo él. ¿Aquí siempre llueve así, Dani?

    Hombre siempre siempre, no, le contesté, pero sí es normal que por estas fechas caigan estos chaparrones.

    Claro que solo llevo 5 días, pues llevo 6 meses fuera de casa, pero sí es normal que caigan estos chaparrones.

    ¿Trabajas fuera? Me pregunto.

    Si, ando embarcado en buques congeladores, y solemos echar 6 meses fuera de casa, le contesté.

    Pues cómo te dije, yo soy rumano, y he venido a ver si tengo suerte y encuentro algún trabajo. Pero de momento no he tenido suerte, gracias a que el sacerdote de esa iglesia que hay ahí; me dijo señalando a la iglesia; que me está ayudando. Me da unos tiques con los que puedo ir a comer a un sitio que le dicen cocina económica, y además de darme de comer, me puedo duchar, asear y lavar la ropa.

    También me ayuda dándome algo para que compre de comer, y algunas cosas que me hacen falta. Dormir lo hago en el vehículo, ya que fui una noche a un refugio que me dijo el cura, pero no me gustó el ambiente que había, así que prefiero dormir en el vehículo.

    ¡Bufff! Mira cómo llueve ahora, parece un diluvio, decía Andrei.

    Si, parece que voy a tener para rato, lloviendo así mejor quedarse aquí a resguardo. Está lloviendo a mares.

    Andrei, abrió la puerta del monovolumen, a la vez que me decía que esperara un momento. Entró en él, y al momento salía con 2 botes de cerveza.

    Toma, es lo que te puedo ofrecer, me dijo. Tú me regalaste el mechero, yo te invito a una cerveza.

    Vamos para dentro del vehículo, dijo Andrei, así podemos estar sentados, y no pasaremos tanto frio.

    Abrió la puerta entrando primero Andrei, dejando la puerta abierta para que yo entrara. Retiró unas cosas que tenía en el asiento, echándolas para el asiento delantero. En la parte de atrás, había cómo una especie de cama; seguro que era donde dormía Andrei.

    Nos sentamos y mientras bebíamos la cerveza y fumábamos el cigarrillo, estuvimos hablando, a la espera de que parara de llover, o al menos amainara un poco, y me pudiera marchar. Me preguntaba cómo era la vida en el mar; a él se le hacía muy duro estar durante 6 meses dentro de un barco sin tocar tierra.

    Después de un buen rato hablando, y por efecto de la cerveza, yo tenía que salir a mear, así que le dije a Andrei, que me perdonara, pero que me estaba meando, y que tenía que salir a mear.

    Salí y fui a mear pegado a la enorme columna que soportaba aquel viaducto. Bajé la cremallera y saqué la polla poniéndome a mear. Cuando estaba empezando a mear, salió Andrei, diciendo que él también tenía que hacerlo.

    Se puso a mi izquierda, y después de abrir su pantalón, sacó una tremenda polla, la cual empezó a mear.

    Yo había quedado mirando para aquella verga que había sacado el rumano Andrei. Se había sacado hasta los huevos, y en aquel momento me vino al recuerdo la polla que había visto a un hombre cuando contaba yo 14 años, y había entrado a unos aseos públicos a mear. Había quedado tan estupefacto al ver aquella verga que tuve que meterme en el retrete que había, y encerrarme para poder mear. Y es que el viejo aquel me estaba enseñando aquel vergón y huevos que a mí se me hicieron enormes, comparados a mi polla que al lado de aquel monstruo parecía una miniatura. Aquella visión, me quedó grabada en el cerebro.

    Pues en ese momento, al verle la polla al rumano, me vino al recuerdo aquella anécdota. Andrei se dio de cuenta cómo me quedaba mirando para su herramienta, y cómo poco a poco mi polla se iba poniendo dura.

    Noté cómo me cogía la mano izquierda, y sin dejar de mear se arrimó más a mí, diciéndome si me gustaba, a la vez que llevaba mi mano hacia su verga. Cógela si quieres me dijo, poniendo mi mano sobre su polla.

    Yo como si estuviera en trance, cogí la polla de Andrei, empezando a acariciarla. Le acariciaba los tremendos huevos que tenía. Cuando me di cuenta, Andrei ya había dejado de mear, se había pegado más a mí, me había rodeado con su brazo derecho, llevando su mano izquierda a mi polla, empezando a acariciármela.

    Te gusta, me susurro al oído, mientras con su mano derecha me sobaba el culo y con su mano izquierda me iba descapullando suavemente mi polla.

    Mordió mi nuca y luego el lóbulo de la oreja, mientras me susurraba, estás muy bueno, me gustas mucho Dani. Ven, me dijo tirando por mí, hacia el monovolumen.

    Nos subimos de nuevo al vehículo, y así cómo estábamos nos sentamos. Yo acariciando su polla y tremendos huevos, sin poder despegar los ojos de aquella verga que me tenía hipnotizado, y él acariciando a la vez que descapullaba suavemente mi polla.

    Me sacó la cazadora mientras yo seguía en trance, luego fue desabrochándome el cinturón, siguió con mi camisa. Después de sacarme la camisa, me hizo levantar, tirando por mis pantalones y slip para abajo. Luego me sacó los zapatos y terminó por sacarme el pantalón y slip.

    Se puso de pie y mientras mordía mis pezones, se fue bajando su pantalón y bóxer hasta quitárselos por completo, luego se quitó la sudadera y camiseta que llevaba, y una vez desnudos por completo ambos, me abrazó empezando a morderme el cuello hasta que fue llegando a mi boca, morderme los labios, lamerlos y poco a poco ir pasando su lengua por ellos, hasta que la introdujo en mi boca.

    Yo jadeaba y suspiraba mientras seguía agarrado a su polla acariciándola, como si fuese un sonámbulo que no quiere despertar de aquel sueño. Seguía con mi vista en aquella polla, la veía hinchada y enrojecida, con unos huevos enormes.

    Andrei, después de ponerme caliente a más no poder y hacerme temblar de placer y dejarme los labios hinchados y rojos por la excitación, y morreo que me había dado, me fue bajando hasta llevar mi boca a su polla, para poco a poco irla introduciendo en ella.

    Abrí la boca, y después de lamer el precumen que se le asomaba, empecé a saborear su glande, meter la lengua por la piel del prepucio, hasta hacerlo jadear de gusto.

    ¡Ohhh! Dani, que gusto, ¡ohhh ohhh ohhh! Dani, gemía mientras sujetaba mi cabeza y enredaba sus dedos en mi pelo.

    Yo seguía chupando la polla de Andrei, y a la vez acariciaba aquellos huevos con mi mano. Seguía cómo en trance, admirando aquellos huevos y polla.

    Andrei, me pidió que parara, ya que si no se iba venir en mi boca; cosa que en aquellos momentos no me importaba nada; pero poco a poco me fue apartando, para colocarme sentado en el asiento, levantarme las piernas, y llevar su boca a mi polla.

    ¡Ohhh! Suspiré al notar su húmeda boca en mi polla, ¡ohhh ohhh ohhh! Volví a gemir cuando pasó su lengua por el escroto y perineo, haciéndome que cogiera con mis manos su pelo, y no dejara de gemir por tanto placer que estaba sintiendo cómo lamía aquella parte de mi cuerpo. ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh que gusto! Gritaba y gemía mientras me iba retorciendo de placer al notar su lengua lamerme aquella parte de mi cuerpo.

    Siguió lamiendo luego mi esfínter, hasta que lo dejó tan sensible, que le pedía que parara y metiera su polla en mi culo.

    ¡ohhh! Andrei, dame polla por favor, ¡ohhh ohhh ohhh! Dame por el culo que no aguanto más.

    Andrei cogiéndome por la mano, me llevó a la parte de atrás, y haciéndome tumbar boca arriba sobre la cama que allí tenía, me levantó las piernas hasta que mis rodillas las puso sobre mi pecho, quedando mi hoyito a su entera disposición. Pasó sus manos por debajo de las corvas de mis rodillas, y sujetándose en mis hombros, arrimó la cabeza de su polla a mi esfínter, presionó un poco, y cuando mi esfínter empezaba a ceder, dio un empujón con su pelvis, clavándome toda su virilidad en mis entrañas, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ohhh ohhh ohhh! Gemí al notar su polla dentro de mí.

    ¡Ahhh! ¡ahhh ahhh ahhh! Que gusto, ay que gusto Dani. Que culo calentito y suave tienes, me decía mientras empezaba a taladrarme el culo con su gran verga.

    Andrei sudaba y no paraba de culearme mientras yo no paraba de gemir y me aferraba con mis manos a su espalda, mordía su hombro y intentaba alcanzar su boca para morder sus labios.

    Solo se escuchaba la lluvia caer, nuestros gemidos, y el plof, plof plof plof de su polla entrando en mi culo.

    Notaba cómo sus huevos y pelvis pegaban en mi culo al entrar su polla, llegar a lo más profundo de mi ano rozándome la próstata, haciéndome gemir y llorar por el placer que me estaba dando.

    Mi polla no paraba de soltar gotas de semen, y aquel plof plof, que a veces parecía cambiar a chof chof chof, me estaba volviendo loco de placer, no pudiendo parar de gemir y llorar en un continuo lamento de tanto gusto que estaba sintiendo.

    ¡Ohhh! Dani, me corro, me corro, empezó a jadear Andrei, y meterme su polla más a fondo, ¡ohhh! ¡ohhh ohhh ohhh! Gritó Andrei, soltando su semen dentro de mi culo.

    Mientras terminaba de eyacular dentro de mí llevó su boca a la mía, mordiéndome los labios.

    Cuando terminó de derramar todo su semen dentro de mí, fue poniéndose de rodillas dejando que mis piernas volviesen a su posición normal. Luego se tumbó a mi lado, y agarrando mi polla con su mano, fue pajeándome hasta que empecé a correrme abrazándome a él, mientras gemía y me retorcía de placer.

    Seguimos así abrazados un buen rato, dándonos besos y mordiscos en los labios y cuello, hasta que volvimos a empalmarnos.

    Le pedí que me dejara montarlo a horcajadas, pero me hizo levantar y se sentó en el asiento, y allí me subí a horcajadas volviendo a ser empalado por la verga del rumano Andrei.

    Mientras cabalgaba sobre la polla de Andrei, no dejaba de gritar y gemir, mordiendo su boca, cuello y hombro, hasta que, a causa del roce de mi polla con su cuerpo, empecé a correrme sobre su vientre y pecho.

    ¡Ohhh! ¡ohhh ohhh ohhh! Me corro, me, me corro, gemía mientras eyaculaba y era follado por la polla de Andrei.

    No tardó mucho en volverme a llenar el culo de leche la hermosa tranca del rumano Andrei que tan rica follada me estaba dando aquella noche.

    ¡Ohhh! Dani, ¡ohhh ohhh ohhh! Me corro, me corro, gritaba mientras me volvía llenar el culo con su semen.

    Quedamos unos minutos así abrazados hasta que nos fuimos recuperando y recuperamos el aliento.

    Una vez repuestos, nos limpiamos con una toalla que tenía Andrei, luego nos vestimos, y después de fumar y beber otras cervezas, salimos del vehículo, y cómo apenas llovía, me despedí de él. Ya casi empezaba a amanecer, y además de estar agotado, llevaba el culo bien abierto y repleto de leche.

    Al final el refrán de desafortunado en el juego afortunado en amores, aquel día se había cumplido, e iba para mi casa muy satisfecho y feliz. Llevaba el culito bien abierto, bien follado y preñadito de semen por aquella polla que me había hipnotizado nada más verla.

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  • No lo pienses demasiado (Parte 10)

    No lo pienses demasiado (Parte 10)

    Con tanta faena acumulada el tiempo se me pasó rápido y de que me quise da cuenta estábamos en mayo, llegaban los exámenes finales, con ellos el final de curso y mi preocupación de qué pasaría con Carla, ya que no nos veríamos como en los últimos años y aparte venía el verano que también eran fechas complicadas. Estudiaba en el trabajo entre servicio y servicio, cuando podía me escapaba unas horas a la biblioteca y los días que podía ir a clase me quedaba un rato después con Carla que me echaba una mano con las clases que perdía. Uno de estos días que nos quedamos en la cafetería Carla se esforzaba por explicarme pero yo no era capaz de seguirle ni dos palabras.

    – Carla: Madre mía Irene no te enteras de nada, estás aquí?

    – Irene: Claro que me estoy enterando, sigue.- Mentira, no había oído nada de lo que me había dicho.

    – Carla:  Qué siga? Pero si ya te lo he explicado todo, qué es lo que te queda claro? Dime y te lo repito.

    Me quedé en silencio, mirándola a los ojos y puse mi mano sobre la suya.

    – Carla: Te ha dado un aire o qué?- Se reía de mí- Qué pasa?

    – Irene: Carla…se acaba el curso.

    – Carla: El curso se acaba pero con la empanada que llevas no sé si tú lo acabarás.

    – Irene: No Carla, se acaba de verdad y con él las clases y verte…

    – Carla: Irene no vas a dejar de verme porque se acabe el curso.

    – Irene: Ya eso lo dices ahora, pero luego ya no tendrás que venir por aquí, estos 3 años has venido porque no tenías más remedio si querías estudiar.- Agache la cabeza.

    – Carla: Igual no vengo tanto como ahora pero sí vendré a verte y tú también puedes venir a verme a mí, hay la misma distancia.

    – Irene: Ya…pero ya no será lo mismo, esto se acabará.

    – Carla: Si las dos ponemos de nuestra parte no cambiará mucho, de todas formas todavía queda algo más de un mes para eso, no lo pienses aún.

    – Irene: Lo siento tengo el día tonto, vamos a dejar los estudios por hoy, tienes razón y no me estoy enterando de nada.

    – Carla: Tengo el coche donde siempre vente y te llevo a casa.

    Recogimos nuestras cosas y salimos del instituto en dirección al coche de Carla, yo estaba totalmente de bajón, entre triste y enfadada y no tenía ganas de nada. Llegamos al coche, nos metimos en la parte trasera del coche y como siempre Carla se sentó encima mío. Empezamos a besarnos y algo no coordinaba, Carla estaba como siempre y su cuerpo me reclamaba, pero yo no podía seguir.

    – Carla: Estas bien?- seguía besándome por el cuello y la oreja mientras me hablaba.

    – Irene: Sí tranquila no pasa nada.

    Mis manos solo sujetaban a Carla por el culo, no recorrían su cuerpo como solía pasar, algo me bloqueaba. Ella me devoraba,  apretaba mis pechos y su respiración iba a mil, hasta que no pude más con la situación y la paré.

    – Irene: Espera, para.- Puse mi mano en su pecho y la separé.

    – Carla: Qué pasa Irene?.- Estaba muy extrañada.

    – Irene: Vamos a dejarlo por hoy.

    – Carla: Va irene.- Volvió a besar mi cuello, ella sabía que era mi punto débil.- No me vas a dejar así no?

    Por uno segundos cerré los ojos y disfruté de sus besos, pero realmente no estaba de humor y la volví a separar.

    – Irene: Me voy.

    Bajé a Carla de encima mío, abrí la puerta del coche y me bajé, Carla me miraba desde dentro sin entender nada de lo que estaba pasando.

    – Carla: Espera no te vayas Irene, te acerco a casa. Cuéntame qué te pasa.

    Seguí andando sin mirar atrás hasta que Carla me agarró del brazo.

    – Carla: Para!! No entiendo nada.- Se le veía enfadada.

    – Irene: Carla déjame que me vaya, ahora mismo no estoy de humor y no quiero decir nada de lo que me pueda arrepentir.

    – Carla: Está bien pero que sepas que esto no son formas.- Definitivamente estaba muy enfadada.

    Me soltó del brazo y yo seguí andando sin mirarla ni decirle nada más. De camino a casa me llegaron varios mensajes de ella al móvil.

    – Carla (móvil): Irene que coño ha pasado? Te parece normal irte de esa forma y dejarme tirada sin una explicación?

    – Carla (móvil): También me vas a ignorar? Muy bonito Irene te estás coronando.

    – Carla (móvil): Lo siento si he hecho algo que te haya molestado, cuéntame qué ha pasado anda.

    Según iban llegando los mensajes, se podía ver cómo su enfado pasaba a preocupación y después a tristeza. No le contesté a ninguno, mi enfado no tenía una justificación concreta, tal vez simplemente mi pensamiento de que la historia llegaba a su fin me hizo comportarme de esa manera.

    A la mañana siguiente contesté a sus mensajes y esperé su contestación para ver hasta dónde la había cagado.

    – Irene (móvil): Lo siento mucho Carla, no sé qué me pasó, se me metió en la cabeza la idea que se acababa, me dió bajón y no supe llevarlo, perdóname.

    – Irene (móvil): Sé que no tiene excusa lo que he hecho, vamos a hablar.

    No recibí ningún tipo de respuesta por su parte. Ese día empezaba mi ronda de noches y llegué a trabajar con cara de poco amigos.

    – Hugo: Y esa cara chiquilla? Vienes de un entierro o qué?

    – Irene: Nada Hugo que soy gilipollas y me he dado cuenta tarde.

    Me senté en una silla y me quedé sentada con la mirada perdida intentado ordenar los pensamientos de mi cabeza.

    – Hugo: Quieres hablar?

    – Irene: Mejor no, gracias, eres un amor.

    – Hugo: Como quieras, aquí me tienes si me necesitas.- Se acercó y me dió un beso en la cabeza.

    Hugo me dejó en la habitación común y estuvo dando vueltas por allí arreglando su habitación para cuando llegara Elena y saliendo a la puerta para ver si venía.

    – Hugo: Ireneeee!!.- Gritó desde la puerta.

    – Irene: Quéééé??!.- Grite desde la sala.

    – Hugo: Ven un momento anda!!.- Seguía gritando desde la puerta.

    – Irene: Se muere alguien? Si no se muere nadie paso!!

    – Hugo: O sales o voy a por ti!! Tú decides!!

    – Irene: Voyyy!! Qué pesado eres!!

    Fui con poca gana, con la cabeza agachada y cara de perro.

    – Irene: Más te vale que no sea una tontería, no estoy de humor Hugo.

    Hugo estaba apoyado en una pared, sonriendo mientras me miraba, se apartó y detrás de él estaba Carla.

    – Carla: Hola

    Al oír su voz levanté rápidamente la cabeza, el estómago se me encogió de los nervios y en mi cara apareció una sonrisa.

    – Irene: Carla! Qué haces aquí?

    – Carla: He venido a verte, pero si quieres me voy.

    – Irene: Nooo!! Ni de coña! Vente vamos dentro.

    Pasamos a mi habitación, Carla se sentó en la cama y yo en una silla.

    – Carla: Bueno me vas a contar que pasó el otro día?

    – Irene: Me dió por pensar que esto se acababa, me dió el bajón y supongo que no supe controlar la situación, lo siento.- Estaba avergonzada.

    – Carla: Irene hace tiempo que esto no es sólo sexo, pero tampoco podemos dejar atrás la vida que tenemos. No eres un entretenimiento para mí y que se acaben los estudios no quiere decir que vaya a desaparecer.

    – Irene: Ya…no sé…tenía el día tonto, me agobié y necesitaba salir de allí. Te quiero mucho Carla, eres muy importante para mí y me agobia el pensar que te pueda perder, contigo siento cosas que antes no había sentido.- Estaba con la cabeza agachada no podía mirarla a los ojos.

    – Carla: Si algún día acabará no lo sé Irene, pero te puedo asegurar que por mí, ahora no será. Vamos a dejarnos llevar y ya veremos qué pasa. Te quiero mucho mi niña.

    Yo estaba en la silla con la cabeza agachada, Carla se puso delante mío, con una mano levantó mi barbilla y me besó.

    – Irene: De verdad que lo siento Carla.

    – Carla: Lo sé, no pasa nada.

    Se sentó encima mío en la silla, de frente, con sus manos en mi cara me besaba con mucha suavidad, mis manos la sujetaban por el culo, mis ojos estaban cerrados, disfrutando de sus besos en mis labios y mi cuello.

    – Carla: Me encanta tu perfume.

    – Irene: Sabes? Este perfume sólo me lo pongo cuando voy a verte, hoy no sabía que te vería pero era como una forma de tenerte cerca.

    – Carla: Me encanta.

    Le quité la camiseta, la abracé y pegué mi oreja en su pecho para escuchar sus latidos mientras acariciaba toda su espalda. Su corazón chocaba con fuerza y su respiración ya se notaba acelerada, le quité el sujetador, empecé a chupar y a morder sus pezones. Se puso de pie, me cogió de las manos para que me levantara y empezó a desabrochar mi cinturón.

    – Irene: No, déjame que te compense por lo del otro día.

    Le quité el pantalón y el tanga dejándola totalmente desnuda, me tumbé con ella en la cama y empecé a masturbarla, metiendo mis dedos y acariciando su clítoris y antes de que llegara paré. Me tumbé boca arriba.

    – Irene: Ven sube.

    Carla se puso sobre mis caderas.

    – Irene: No, ahí no, más arriba.

    Subió algo más, entonces la agarré por el culo, la guié hasta que mi cabeza quedó entre sus piernas y empecé a lamerle y a meterle la lengua. Ella no podía parar de mover las caderas sobre mi boca, se mordía el labio y la mano para silenciar sus gemidos. Yo desde abajo no perdía detalle de nada, era otra perspectiva alucinante,  sus pechos y su cara de placer me estaban poniendo cachondísima y mientras con una mano abrazaba una de las piernas con la otra empecé a frotar mi clítoris. Me corrí enseguida y a los pocos minutos lo hizo ella, la sujeté por las piernas para que no se quitara y poder limpiar todos los jugos que salían de ella después del orgasmo. Se quitó de encima mío y se tumbó a mi lado.

    – Irene: Compensa lo del otro día?

    – Carla: Bueno…no se…puede ser.

    – Irene: Cómo que no lo sabes?!?! Eso no puede quedar así!!.- Me levanté rápidamente, me puse encima de ella y empecé a besarla.

    – Carla: Es broma tonta, ha sido una pasada, además he visto también como te masturbabas y me ha encantado.

    – Irene: Uy! no sé de qué me hablas.

    – Carla: Sí, que te he visto.

    – Irene: Vale, confieso, no he podido aguantar.

    Carla se vistió y estuvimos un rato tumbadas en la cama hablando, hasta que sonó la emisora y entró un aviso.

    – Irene: Me esperas?

    – Carla: No puedo mi niña, tengo que irme se supone que estoy cenando en casa de mi hermana. Nos vemos en clase?

    – Irene: Jooo… Vale, vamos hablando.

    – Carla: Salgo contigo, os acompaño hasta la ambulancia va.

    Salimos de base y cuando llegamos a la ambulancia, me despedí de Carla con un pequeño beso en los labios.

    – Hugo: Bueno ya parece que tienes mejor cara no?

    – Irene: Mucho mejor sí.- Sonreí.

    – Hugo: Al lío pues!!

  • La curiosidad de Martín que terminó en deseo

    La curiosidad de Martín que terminó en deseo

    Un joven de 18 años se ve envuelto en una tormenta de emociones que él jamás había sentido en su vida.

    Todo comienza con Martín, un chico de 18 años, moreno, ojos claros, un cuerpo algo tonificado ya que hacía deporte, se mantenía en forma, era un joven que atraía tanto a las chicas como a los chicos.

    Martín era virgen, había tenido unas novias pero nada que ver, él sentía que faltaba algo, le faltaba esa chispa con alguien pero no lograba encontrarla.

    Un día en el parque, Martín andaba trotando (rutina diaria) a las 7 de la noche mientras escuchaba música, de pronto al pasar por uno de los banquillos ve como dos chicos, (uno parecía que tuviera unos 20 años y el otro ya tenía una edad más alta, como de 30 años) se estaban besando pero de una manera como si el mundo se acabara mañana, ellos ni pendiente de la presencia de Martín, Martín los vio y siguió de largo pero esa escena se mantuvo en su mente por un buen rato y él no sabía porque, el se consideraba heterosexual pero de alguna manera le llamó la atención esa situación, tal vez porque era algo nuevo que él jamás en persona había visto, pero dejó de darle vuelta al asunto y siguió con su rutina, al volver a pasar por los banquillos ya no estaban.

    Al día siguiente, Martín al despertar tenía una erección de campeonato, quería masturbarse pero no tenía ganas, pero justamente se le vino a la mente esa escena y de una o de otra manera se excitó, él no sabía el porqué, estaba muy confundido, pero como tenía semanas sin hacerse una paja, se masturbo en su cama, acostado con las piernas abiertas, y con los ojos cerrados mientras imaginaba esa escena, hasta que acabó, quedó exhausto.

    Luego su día fue normal, ir a la universidad, estudiar, preparar comida, bañarse y todo el día le dio vuelta lo que hizo al masturbarse en la mañana, el pensaba que eso no estaba mal, ya que él tenía amigos gays y no pasaba nada, los respetaba, lo que lo confunde es haberse excitado y masturbado con una escena homosexual, pero tenía mucha curiosidad en este mundo nuevo para el a pesar de la confusión que tenía.

    Ese mismo día en la noche, Martín quería dormir, y no podía, daba vueltas y vueltas y no conseguía el sueño, hasta que se le ocurrió una idea, crearse una cuenta en una red social para gays, él lo pensó mucho, ya que no quería mostrar su identidad y que su círculo social se diera cuenta, pero de tanto pensarlo, lo hizo, no le importaba nada, así que procedió a crearse la cuenta, puso una foto normal de él de perfil, en su descripción puso: «soy un chico con curiosidad en este nuevo mundo» y enseguida les llegaron 5 mensajes de hombres que querían contactarlo, todos enseñando su pene y diciendo lo típico: «qué bonita cara nene» «si esa es la cara me imagino el culo que tienes» y un sinfín de piropos se puede decir de alguna manera.

    Martín estaba sorprendido por todo este nuevo mundo pero aún más por la reacción de su cuerpo y sobre todo de su pene, que estaba erecto a millón, y estaba muy excitado, sacó su polla, y se comenzó a masturbar mientras leía todos esos mensajes que le enviaban y con fotos de sus pollas que también le enviaban. Fue la mejor masturbada de su vida.

    Martín descubrió su lado pasivo, ya que hubo veces que le mandaban fotos de culos, pero no le causaba nada, a cambio, si le mandaban fotos de pollas, se ponía a millón.

    Martín dejó la confusión un poco al lado, el se consideraba hetero-curioso y pensaba que eso no tiene nada de malo, todos el mundo tiene derecho a experimentar su sexualidad.

    Pasaron los días y seguía hablando con puros hombres pero exactamente hombres mayores que él, a partir de los 30 años en adelante, ya que le causaba mucho morbo que un hombre de esa edad se fijara en un chico muy joven, se imaginaba estar a solas con un hombre maduro, verse a los ojos, y el hombre maduro lo manoseara por todos lados, sobre todo las nalgas, que lo pusiera de espalda contra la pared mientras Martín levanta un poco su culo para que su macho le quitara su pantalón, su bóxer y que quedara ese culo a toda su disposición, que le diera nalgadas mientras le decía cosas sucias al oído: «mmm cómo te gusta que te nalgueen ah sumiso» «mira como me tienes» «estás tan rico nene» «te quiero reventar ese culo» «te cogeré todo el puto día».

    En fin, Martín no tenía mucha imaginación para idearse una escena de ese tipo en su mente, ya que era nuevo, pero pronto eso cambiaría gracias a que en la red social consiguió a un maduro que lo atrajo de una manera que era muy diferente a los otros hombres con quienes había hablado anteriormente.

    Muchas gracias si llegaron a este punto del relato, de verdad, soy nuevo en esto de escribir relatos, si tienen alguna crítica constructiva me lo pueden dejar en los comentarios, si les gustó el relato les agradecería un montón que valorarán el relato, eso me animaría a seguir escribiendo. Un abrazo para todos.

  • Mi sobrino Zalo cambió mi vida

    Mi sobrino Zalo cambió mi vida

    Gonzalo tiene 20 años, yo soy mayor que mi sobrino en 9 años porque tengo 29, mi hermana Amelia, la madre de “Gonzalito”, como ella le llama, tiene 40 años, ella es la menor de las chicas, yo el menor de los chicos; antes están, Antonio (2+1), Francis (2+), Guadalupe (4+1), Fernando (1+2), Luisa (1+1), Marcos (2+1), Fernando (3+), Amelia (1) y yo, Julián; entre paréntesis van el número de hijos, antes de la cruz los varones y detrás de la cruz las mujeres. En total nueve hijos les sobrevivieron a mis padres; entre Amelia y yo había un chico que murió a las pocas semanas de nacer por eso yo nací muy tarde mi madre tenía temor de embarazarse, pero llegué y aquí estoy. Amelia fue la última en casarse con Ambrosio, el más rico de mis cuñados, y se casó en los primeros meses de embarazo, luego ya no han querido tener más hijos porque Gonzalo les costó de sacar adelante. Yo permanezco soltero, soy el solterón de la familia y me gustan los hombres, eso que ahora llaman tan elegantemente gay y que cuando era jovencito me decían maricón.

    Todos mis hermanos y hermanas tienen hijos, en total 22 sobrinos, 16 varones y 6 mujeres. De todas las edades y para que todos los meses compre algún regalo para celebrar el cumpleaños.

    Todos vienen a casa a visitarme, les doy plata me dan dos besos y se van enseguida, mis sobrinos me visitan por dinero, pero Gonzalo que es un primor me visita para hacerme pasar mejor mi vida. Gonzalo viene de vez en cuando, eso significa que casi todas las semanas lo veo mínimo dos veces, pero últimamente suele venir también los sábados en la tarde, se queda en casa y el domingo cocina lo que le apetece para los dos. Yo ya sé lo que tengo que encargar al súper para que me traigan lo que necesito y lo que necesita Gonzalo. Casi todos en la familia le llaman Gonzalito como su madre, pero yo pronto comencé a llamarle Gonzalo hasta que él me dijo:

    — Tío, no me llames Gonzalo que es muy vulgar, para ti quiero ser Zalo solamente.

    — Pues todo tiene un precio —le dije— no me trates como a tu tío que ya eres mayor, llámame Yul, como mis amigos.

    Entonces le expliqué que había cambiado algunas costumbres los sábados que venía a casa, porque yo salía con amigos en sábado noche para cenar y distraernos un rato. Si quería podía venir con nosotros, siempre que no se extrañara de nada de lo que dicen o hacen mis amigos. le pareció estupendo y, aprovechando el cumpleaños de Gonzalo que lo tenía que celebrar en domingo con toda la familia, lo adelanté a ese sábado para presentarlo a mis amigos. Así que les llamé para decirles dónde íbamos a ir a cenar y que les invitaba con motivo del cumpleaños de mi sobrino Zalo al que quería presentarles. Todos me contestaron que les parecía muy bien, son en total cuatro amigos. Así que reservé mesa para 6 en el Observatorio, un restaurante de lujo que hay junto al observatorio, centro de observación del cielo.

    A Gonzalo le hacía ilusión conducir mi coche Porsche Macan, pero le dije que no esta noche, porque iríamos en taxi a fin de volver en taxi en razón de poder tomar algunos whiskys, pero al día siguiente para ir a celebrar su cumpleaños iríamos con el Porsche y él lo conduciría y más veces también. En mi interior estaba pensando en mi sobrino preferido, aún no pensaba en mis deseos de llagar a comerme a mi sobrino pero ya intuía que él sí lo deseaba. Era mejor esperar a ver el comportamiento de la noche.

    Llegada la hora nos enfilamos en un taxi y esperamos a la puerta del Observatorio hasta que llegaran todos y en la misma puerta les presente a Augusto, Sebas, Indalecio y Francesco a mi sobrino Zalo, como vio que todos nos saludamos con besos, él hizo lo mismo con naturalidad como si los conociera de siempre. Pasamos adentro y Zalo se quedó rezagado con Francesco que solo tenía un año más que él e incluso tenía la cara más aniñada. Así que nos sentamos en una mesa para 6 más o menos por afinidad, como ocurre casi siempre. Solo que Augusto dijo:

    — Buen, esto va bien, ya somos 6, ya nadie se queda para el postre; bien, Yul, por traer al chico.

    Todos entendimos, sonreímos y seguimos conversando mientras iban sirviendo los aperitivos. Una hora comiendo y hablando da para mucho y ahí salió qué íbamos a hacer en toda la noche, porque mis amigos son de una vez a la semana y toda la noche, además hacía como tres semanas que no nos estábamos reuniendo, por lo que entre esto y el cumpleaños todos deseaban una buena velada. Esto los llevó a El Loix.

    El Loix es una discoteca de ambiente, había que mover el esqueleto para estar en forma el resto de la noche. Mis amigos son como yo, bailarines y divertidos, a mí como a ellos nos gusta, si acompaña el ambiente hacer de todo, no tenemos problemas en eso. A primera vista y el primer deseo que teníamos todos era estar en una sala los seis desnudos y hacernos unas cuantas pajas, así que después de bailar, Sebas nos consiguió en la misma discoteca una sala con dos botellas de whisky y 6 vasos, nos desnudamos los seis y comenzamos a masturbarnos cada uno a si mismo mientras conversamos, luego comenzó Sebas a masturbar a su vecino y nos masturbamos uno a uno, como tres parejas, yo miraba a mi sobrino y a Francesco que ya no solo se masturbaban uno al otro sino que comenzaron a besarse, lo que imitamos los demás también, finalmente dejamos correr nuestra lefa al suelo, sobre una alfombra plástica. Brindamos con whisky y mientras hablábamos de pie, nos íbamos tocando uno al otro. Se vinieron de cara a mí mi sobrino y Francesco y se puso Zalo a mamarme la polla, mientras Francesco se la mamaba a él, la verdad es que a la vista de eso, los otros tres, Augusto, Indalecio y Sebas estaban haciendo lo mismo con la idea de penetrarse en cadena. No tardaron mucho Indalecio estaba follando a Sebas y este a Augusto. No distaban de nosotros más de una brazada, pero nos ignoraban porque estaban en lo suyo. Mi sobrino Zalo esperaba que yo lo follara, pero me agarré a Francesco que también lo deseaba y Zalo me pasó su polla por la raja de mi culo y me penetró de un solo golpe. Era necesario que lo hiciera conmigo para que aprendiera a no meterla a los demás para hacerles daño, de eso me encargaría yo de comentárselo. A la media hora aproximadamente ya estábamos verdaderamente cansados. Sebas había pagado este servicio para recibir a Zalo con honores, al poco rato, cuando ya estábamos muy charlatanes por el whisky y cansados de follar, nos metimos sobre los divanes para hacer una mamada en cadena los seis y descansar.

    Eran las cinco de la mañana y ya la hora en que cerraban, así que pasaron dos señoritas con agua tibia para lavarnos y ayudarnos a vestirnos. Estábamos medio mareados y teníamos dos taxis a la puerta esperando. Pregunté a Francesco qué tenía que hacer y me dijo que nada hasta el lunes, lo invité a venir a casa y Sebas, Augusto e Indalecio se fueron en otro taxi después que nos despedimos hasta el siguiente sábado.

    Llegamos nosotros tres a casa y Zalo me preguntó:

    — Y ¿ahora qué? ¿Dónde duermo?

    — Francesco conmigo y tú con Francesco, ¿te parece?, —le respondí

    Se sonrieron los dos y nos desnudamos en mi habitación de ancha cama y comenzamos a realizar un trío. Cómo besa Francesco siempre me ha apasionado, lo que ignoraba es cómo besa Zalo, que mete la lengua hasta lo más profundo, así alternamos con los besos a tres y dos a dos, mientras dábamos placer a nuestras manos y a nuestras pollas con el rozamiento. Al rato ya nos sentíamos fuertes y Francesco se puso a comerse la polla de Zalo, mientras yo me comía la de Francesco. Cuando estábamos a punto de descargar paramos las mamadas de polla y nos mamamos los tres culos. Zalo metía la lengua en el mío, yo en la de Francesco, y notaba cómo Zalo empujaba y profundizaba, pero también noté que Zalo no iba a aguantar mas y le dije:

    — Elige a uno y fóllatelo a tope.

    Me eligió, era lo que deseaba y Francesco se puso a mirar cómo el sobrino penetraba al tío, pues yo me había puesto de rodillas y en perrito, se me puso Francesco delante y le comí su polla hasta hacerle descargar sus siete chorros grandes de lefa. Mi boca estaba repleta y pastosa, se me escapaba por la comisura de mis labios. Zalo se estaba besando con Francesco, pero a mi me entraron los espasmos del orgasmo y Francesco se tumbó de espaldas por debajo de mí y recogía mis eyaculaciones con todo su cuerpo y bastantes en la boca, pero yo aproveché para volver a mamarle la polla de Francesco mientras notaba la polla dura de Zalo en mi culo que ya estaba vaciándose para llenar mi interior. Zalo, al acabar, sacó su polla y quiso compartir conmigo la polla de Francesco, que con dos bocas alternando se puso a cien y llegó de nuevo a su orgasmo. Ahí nos quedamos los tres exhaustos sobre la cama, recogiendo restos de lefa de mi culo y del cuerpo de Francesco.

    Descansamos con besos de sabor y nos fuimos a la ducha para lavarnos. No pudimos dejar la tentación de lado y una vez refrescados, volvimos bajo la ducha a follarnos el culo, me tocó enseñar a mi sobrino Zalo el cuidado que hay que tener metiendo poco a poco y parar para que se acostumbrara a la polla dentro. Esta lección es necesario hacerla para que la entienda toda la vida y nadie rehuya de follar con él. Francesco deseaba follarme y lo hizo como siempre, con la mayor de las delicadezas. Nos secamos con las toallas y nos metimos en la cama. Nos dormimos con la luz encendida. Despertamos hacia el mediodía, le dijimos a Francesco que se venía con nosotros. Nos volvimos a lavar y nos fuimos con el Porsche conducido por Zalo hasta su casa donde ya nos esperaba la mitad de la familia. Esa noche la volvimos a pasar los tres en mi cama.

    Zalo dijo a sus padres que la Universidad la tenía más cerca de mi casa que de la suya que estaba en la otra parte de la ciudad, si tenían algún inconveniente en que se cambiara a vivir conmigo. Le dijeron que no había problema, solo una condición:

    — El tío y tú, todos los domingos aquí en casa, de lo contrario al final ni nos conoceremos.

    Mi hermana me lo comentó y le dije que era una gran idea. Desde ese día, mi sobrino Zalo me llevaba en el Porsche al trabajo, se iba a la Universidad y luego me recogía. Como él comía en el comedor universitario y yo en el restaurante frente a la empresa, solo teníamos que preparar la cena en casa. No necesitamos ya nunca más dos camas, la mía era muy amplia: «sobra cama para los dos, pues hemos dormido tres», decía Zalo. Y es que Francesco venía con cierta frecuencia a casa, porque día que se había enamorado de los dos, no de uno y nosotros dos nos habíamos enamorado de Francesco. Comenzó viniendo dos veces a la semana, en ocasiones hasta tres veces. Ahora, dado que tiene su familia muy lejos prácticamente vive con nosotros, y no hace falta instalar otra cama.

  • Soy muy cachonda

    Soy muy cachonda

    Mi nombre es Victoria y tengo 26 años, y hace poco pasaron dos cosas que cambiaron mi vida drásticamente. Primero la muerte de mi papá y eso no es algo muy grave pues casi no lo veíamos, pero a causa de eso descubrimos que tenemos medios hermanos, En mi familia somos siete hijos dos mujeres y cinco hombres, todos los hombres son mayores, y las más pequeñas somos la mujeres. Bueno cuando se leyó el testamento de mi papá, tuvimos que conocer a la familia secreta, y todos nos sentimos muy molestos por ello, todos excepto mi hermano Mauricio, que es el que va antes de mí y tiene 28 años, que de inmediato les habló como si no le molestara en absoluto. Creo que los estoy haciendo bolas les explico.

    Nosotros somos siete; Héctor de 43, Rogelio de 39, Gerardo de 36, José de 32, Mauricio de 28, yo de 26 y Elena de 23. En la otra familia son dos hijas, Ángeles de 18 y Alicia de 15. En el testamento se repartió para todos, y a mi hermano Mauricio y a mí nos dejó la casa donde todos crecimos, tal vez porque éramos los únicos que estábamos ahí viviendo. Mi hermano propuso conservar la casa, pero yo que trabajaba bastante lejos y tenía unas cuantas deudas, le dije que la vendiéramos; a él como le va demasiado bien económicamente no puso reparos, y en un par de semanas ya había comprado un departamento muy bonito, cerca de su negocio. Yo no me podía mudar hasta que se vendiera la casa y tuviera dinero para comprar un departamento.

    Mi hermano se empezó a mudar, pero tuvo que hacer un viaje a china por cuestiones de trabajo, así que me encargó la mudanza a su nuevo departamento, y en eso se centra la historia que les relato hoy de las muchas que me han pasado últimamente.

    Me describo. Mi estatura es de 1. 68, mi cabello es negro y lacio, mi piel morena clara, mi nariz es recta, mis ojos cafés, mi boca pequeña y de labios sensuales (creo), mis pechos soy prominentes, uso copa C, en fin mis medidas son 92, 60, 87, mis piernas me encantan pues hago ejercicio para mantenerlas torneadas, sin que se marquen los músculos, no me gusta. Bueno esa soy yo. También diré que siempre he sido una chica no muy difícil de convencer, pues me encanta el sexo, desde pequeña, bueno eso se los contaré en otra ocasión si quieren.

    El día de la mudanza de las cosas de mi hermano, la mudanza debía llegar a la una de la tarde, pero eran más de las tres y no llegaban, pensé que todo se pospondría hasta el día siguiente, y como iba a ir a cenar con una amiga, me metí al baño, tenía tiempo de sobra así que preparé la tina y me di un rico baño, ya calientita con el agua decidí que sería rico masturbarme, y es eso estaba, sintiendo de lo lindo, cuando suena el timbre. Me levanté y conteste el intercomunicador. ¿Ya se imaginan? Era la mudanza, me sequé muy molesta, pues apenas estaba empezando con lo mío, y ahora tal vez ni tiempo me daría de ir a cenar. Me puse un vestido, me vestí rápido y salí a recibir a la mudanza. Eran cuatro chico con una gran camión, uno de ellos era extremadamente guapo, otro más o menos y los dos restantes ni bien ni mal, pero los cuatro eran delgados y musculosos, tal como me gustan los hombres. En ese momento no le di importancia, le indiqué que era lo que se tenían que llevar y pensando que tal vez aun podía me daba tiempo de llegar a mi compromiso, me metí a mi cuarto a cambiarme.

    Sería de noche la salida y tal vez después ir a un bar, así que me puse un conjunto de ropa interior negro de encaje con unos lindos listones lilas, y media con ligero, una falda casi a las rodillas y una blusa pegada de botones, me maquillé y salí cuando casi había terminado de subir todo, cuando me vieron, los dos muchachos que estaban dentro de la casa, se quedaron sin respirar, nada que ver con la muchacha fodonga que les abrió la puerta. La forma en la que me veían pronto me empezó a calentar.

    Terminaron de subir las cosas y yo me subí a mi carro para que me siguieran al departamento. El departamento de mi hermano está en un quinto piso, y tiene una vista muy bonita. Muchas cosas las subieron por el ascensor, pero muchas otras las tuvieron que subir por las escaleras. Yo no tenía nada que hacer, más que seguir fantaseando con esos hombres, que ya sudados y con sus camisetas de tirantes me llevaban a unas ideas loquísimas. Lo que se me ocurrió fue pararme junto a las escaleras, segura de que al ir subiendo podían ver mis muslos, mis ligas y hasta mis bragas. Eran casi las ocho de la noche cuando terminaron.

    Yo estaba sentada en un sillón con las piernas bien cruzadas y la falda bien arriba, tres de ellos bajaron por las ultimas cosas y el muchacho guapo, Ernesto, se acercó a mí.

    —Ya terminamos señorita.

    —¿Y cuánto les debo?

    —Son tres mil quinientos pesos. —Dijo.

    —¡Que caro! —Respondí.

    —Es lo que cobramos normalmente.

    —Debería de hacerme un descuento.

    —¿Yeso por qué?

    —Pues por lo menos por todas las miradas que me echaron cuando subían las escaleras. —Dije sonriendo.

    —Usted fue la que se paró ahí. —Dijo algo apenado y sonrojado. Era inevitable.

    —Supongo que sí, pero aun así merece un descuento.

    —Por esa poquita vista apenas y unos cien pesos.

    —Me está ofendiendo, tan mal me veo.

    —No señorita. —Dijo más rojo aun.— Usted está hermosa, pero casi no vimos nada, y menos con todo lo que traíamos cargando.

    —¿Usted quería que me desvistiera?

    —¿Usted lo habría hecho? —Dijo con nerviosismo.

    —Eso depende.

    —¿De?

    —Del descuento.

    —Pues si se desviste completamente serían unos mil pesos.

    —¿Tan poquito? —Justo en esos momentos llegaban los otros tres muchachos, y ya muy caliente yo, les pregunté.— ¿Ustedes creen que soy bonita o fea?

    —Muy bonita. —Contestaron sorprendidos.

    —Ya ves, creo que no me estás valorando.

    —Bueno… —Dijo tomando valor.— Ahora que si nos deja que no la jalemos viéndola, serían mil quinientos. —Los otros se quedaron helados.

    —Siéntense. —Dije y me puse de pie. Tres se sentaron en el sofá donde yo estaba y uno más en el sillón.

    Me fui a la recamara de mi hermano donde vi una grabadora, pues lo aparatos estaban empacados, tomé un disco de música bailable y regresé con ellos. Mi vagina ya estaba súper húmeda, pero cuando empecé a bailar me empapé. Después de unos cinco minutos de baile, comencé a desabotonarme la blusa de arriba hacia abajo sin dejarla que se abriera mucho, pero como era ajustada y mis senos son grandes, pronto parte de ellos y mi lindo sostén de encaje se empezaron a mostrar ante ellos. Cuando terminé de desabotonarla, les di la espalda y me la quité poco a poco, y la aventé a la mesa, luego giré y quedé de frente a ellos, su expresión me excito demasiado, estaban cachondisimos. El chico del sillón, que era el menos guapo de todos, fue el primero en bajarse los pantalones y mostrar frente a mí su rica y excitante verga, me sentí tan excitada, no podía creer que era lo que estaba haciendo, yo nunca había tenido relaciones con más de dos chicos a la vez, aquí estaba con cuatro desconocidos desnudándome frente a ellos, como una puta. Luego todos siguieron su ejemplo, y pronto cuatro deliciosas vergas estuvieron erectas frente a mí. El más guapo tenía una verga grande y riquísima, pero otro de los muchachos, el otro no guapo, tenía una verga para dar miedo, era un pene enorme y precioso; mi suerte estaba escrita.

    Seguí bailando y esta vez le tocaba el turno a mi falda, cosa fácil, pues sólo bajé el cierre y mientras bailaba resbalo por mis piernas, así que estos chicos, cuyas vergas estaba paradísimas, me tenían frente a ellos en liguero y ropa interior. Pronto comenzaron animarme y a decirme piropos de lo más vulgares, lo cual fuera de molestarme, me encantó.

    Me acerqué al muchacho más guapo, y sin dejar de bailar le dije que me tenía que ayudar con el sostén y le di la espalda. Él se levantó y me lo desabrocho muy lentamente, y mientras lo hacía me pego su pene en las nalgas, y con mi baile aproveché para restregarme bien a él; riquísimo. Luego me alejé sosteniendo las copas del brasiere con las manos para que aun no se mostraran mis pechos, me puse de frente a ellos y poco a poco baje las manos.

    —¡Que tremendas tetas tiene putita! —Dijo el que estaba sentado sólo, lo cual me calentó. Los demás siguieron con sus halagos.

    Me puse de espaldas a ellos una vez más, abrí las piernas y me incliné hacia enfrente, con mi cara entre mis piernas, si quería que no se vinieran tenía que tomar la iniciativa. Ya había tomado la decisión de que esas cuatro vergas me penetraran esa tarde. Me acerqué al segundo muchacho más guapo y le empecé a bailar, y después de un minuto en el que no hizo nada, me fui con el siguiente, el otro que no estaba guapo, pero que tenía la verga más grande y hermosa de todas. Me seguí contoneando frente a él, y después de un rato, levantó las manos y me tomó por las nalgas, me acarició las piernas y luego subió una de sus manos a mis pechos, y los frotó riquísimo, mostrando una gran experiencia. Luego sentí un segundo par de manos en mis nalgas, era chico que estaba sentado sólo, pero ahora esta arrodillado de tras de mí, pronto me empezó a besar las nalgas sobre mis bragas. Luego los dos restantes se acercaron a mí, el más guapo, ya sin los pantalones.

    —Quién diría que una señorita como usted resultaría toda una putona. —Me dijo mientras me tomaba por la cintura y me daba un beso en la boca, el cual fue bien correspondido. Fue increíble, besaba tremendamente, y el sentir todas esas manos por mi cuerpo.

    —Tírala en el sillón. —Dijo uno de ellos.

    —Bueno señorita zorra, le llegó la hora. —Dijo y me recostó en el sillón.

    —Creo que ya es tiempo de que te quites esto. —Dijo el otro guapo y me sacó las bragas.— ¿Me quieres mamar la verga?

    —Por favor. —Respondí.

    Esa tremenda verga se acercó a mi cara, y después de recorrerme un par de veces el rostro fue invadiendo mi boca poco a poco. Era una verga tremenda, pero aun así la introduje toda en mi boca, la humedecí muy bien, y comencé el delicioso mete y saca que tantas veces he hecho. Uno de los tres chicos me lamía la raja, no era el más feo, porque él estaba a mi lado chupándome las tetas. Era una lengua hábil y rápida, luego un dedo, luego dos y al final se detuvo, justo cuando me llevaba al orgasmo; pero valió la pena, pues empecé a sentir como una verga se presionaba contra mi vagina, está claro, no puso ninguna resistencia, ahora lo veía, era el chico guapísimo. Abrí más las piernas para recibirlo, se arrodilló sobre el sillón y la penetración fue completa, deliciosa, agresiva y pasional. Pero faltaba uno de mis amantes, el otro guapo. Me saqué por un momento la tremenda verga de mi boca y lo busqué, estaba frente a nosotros observando y jalándose la verga, estiré mi mano libre hacia él, que de inmediato se acercó, y comencé a jalarla, con la otra mano me introduje de nuevo la verga en mi boca, ahora si estuve como toda una perra cachonda, con cuatro hombres gozando de mí. Mi hombre guapo cada vez me penetraba más agresivamente y en un par de minutos me llevó a mi primer y sensacional orgasmo, justo después sacó su pene de mí y eyaculo sobre mis tetas, fue una cantidad impresionante, me mojó toda. El chico que antes me chupaba los senos, se preparó para penetrarme, pero su amigo tenía otros planes.

    —Espera, esta zorra tiene más que dar. —Dijo y sacó su verga de mi boca.— Levántate putita. —Yo aproveché para pasar mis dedos por mis pechos y luego chuparlos para probar el semen de mi hombre apuesto. Para esos momentos ellos me movían como querían, yo estaba tan caliente, que aceptaría lo que fuera.

    —Acuéstate en el sillón. —Le dijo el chico guapo al muchacho que me quería penetrar.— La zorrita te va a montar.

    Luego me acosté sobre él y me introduje su pene en mi vagina chorreante. Empecé a gemir de inmediato pidiendo más, y no tardaron en dármelo. El muchacho de la enorme verga se puso detrás de mí.

    —Por favor chúpame el ano antes de meterme esa barbaridad de verga. —Dije.

    —No tengas miedo putita seguro no es la primera.

    —No es ni la segunda, ni la tercera, pero es la más grande. —respondí.

    —Esta es toda una prostituta. —Dijo uno de ellos.

    Pero me consintieron, pues de inmediato se arrodilló y empezó a pasar la lengua por mi ano, y me saco un gemido enorme, el cual otro chico aprovechó para introducir si verga en mi boca, yo por supuesto no me hice del rogar y comencé a mamar con gran placer, se la mamaba y se la jalaba, exprimiéndola y girándola un poco, le besaba los huevos, y luego me la tragaba de nuevo. El chico guapo nos veía desde el sillón, al parecer tomaba un descanso, pero con el espectáculo que se le ofrecía, no tardó en recuperar su erección. Ahí estaba yo, toda una puta con mis tres agujeros dándole placer a unos machos sensacionales. Me fascinó que me insultaran, que me cogieran, que me nalguearan, pero todo fue mucho más placentero cuando esa tremenda verga se abrió paso por mi ano. Sentí como sus manos me abrieron las nalgas para que esa cosa entrara por fin por completo, solté un tremendo grito que se ahogó por la verga que me estaba penetrando en la boca. Así me tuvieron varios maravillosos minutos, en los que mi hombre guapo recuperó por completo su erección. Fue increíble lo que pasó después, un tremendo orgasmo, que más que nacer en mi vagina nació en mi ano, me inundo, justo en ese momento el otro chico se acercó a mí y se la empecé a jalar, ahora sí, las cuatro vergas eran mías. Luego el que me daba tanto placer por el ano, me la sacó.

    —¡Quítate! —Le dijo al que estaba recibiendo sexo oral.— Me quiero chorrear en la boca de esta golfa.

    —Yo también estoy a punto de bañar a la puta.

    Yo aprovechando que ya nadie me cogía mi ano, me levanté y empecé a cabalgar al que me penetraba por la vagina, que tenía un tremendo aguante, pues llevaba varios minutos dándome con todo. Lo único que se les ocurrió a los otros dos fue clavarme sus vergas en la boca al mismo tiempo, y por lo mismo casi sólo pude tragar sus glandes. Los dos explotaron en mi boca casi al mismo tiempo, me tragué su primer chorro con avidez, pero no pude hacerlo con los que siguieron, pues de inmediato me inundaron, chorros de semen me escurrieron por la boca y me cayeron en los pechos, la verga enorme de uno de ellos salió de mi boca y termino de correrse en mi cara, me metí totalmente la otra verga en la boca y la chupe hasta tragarme todo el demás semen y no me la saqué hasta que estuvo totalmente limpia. Cuando las dos vergas estuvieron fuera me mi boca, me chupe las tetas para limpiarme todo el semen que pude. Pero no sirvió de mucho, pues el chico que me cogía, me tomo en brazos y sin sacarme la verga me levantó y nos cambió de posición, ahora yo quedé abajo, y él arriba, me dio unos fuertes empujones de su verga, y pronto la sacó para eyacular sobre mis tetas, y mi abdomen, aunque algunas ricas gotas llegaron a mi carita.

    —¡Que rico! —Grité.— Cójanme más, no quiero parar.

    —Esta no se va a llenar. —Dijo el vergón.

    —No importa, ya estoy listo. —Dijo el guapo.

    Me tomó de la mano y me levantó del sillón, luego se acostó sobre la alfombra, y me dijo que me la quería meter por el ano, yo por supuesto accedí, me senté sobre él, dándole la espalda, pero la penetración fue difícil, mi ano ya estaba cerrado de nuevo. Me levanté y me incliné sobre su verga, se la lamí un par de veces y me la llevé a la boca, la humedecí lo más que pude y hasta la escupí, el mientras tanto me metía su dedo ensalivado entre las nalgas, luego lo intentamos de nuevo y esta vez su verga me penetro el ano por completo, la segunda verga en mi ano, ese día, esa posición no la conocía muy bien, lo estaba cabalgando pero dándole la espalda, y además siendo cogida por el ano y no por la vagina, tal vez por eso, el orgasmo me llego inmediatamente. Los otros tres se acercaron a mí, y a base de jalárselas, besárselas, chupárselas y sobarles los huevos, los dejé listos para la segunda ronda en un par de minutos.

    Uno de los muchachos se arrodilló frente a mí, que estaba sentada sobre mi hombre guapo y con las piernas totalmente abiertas, se acercó y me apunto a la raja con su verga, iba a ser penetrada doblemente una vez más, me tomo de las piernas, me las levantó y me invadió con su verga dura y calientísima, aun húmeda de mi propia saliva. Me daban por mis dos orificios, y las otras dos vergas se turnaban en mi boca, una la jalaba, la otra mamaba y luego cambiaba, fue tan hermoso, tan increíble…

    Así me estuvieron cogiendo hasta que todos pasaron por todos mis orificios, pero cuando llegó el final el vergón una vez más estaba en mi vagina, y el muchacho medio guapo en mi ano, yo se las chupaba al guapísimo y al feíto. De pronto el que me cogía por la vagina, me la sacó y me dijo que me preparara, saqué la verga de mi boca y la abrí lo más que pude, su primer chorro fue certero y me lo trague, luego unos más se fueron por mi cara, para esas altura el guapo, ya me estaba cogiendo por la vagina y no tardo es explotar sobre mi cara y mis pechos, luego llegó el turno del feíto, que exploto en mi boca, tan duro que se escurrió gran parte, al final el que me daba por atrás me levantó y también me eyaculó es rostro, luego arrodillada se las mame a todos hasta dejárselas limpias y al final me lamí las tetas para limpiar el semen que pudiera. Todos sin importar que se hubiesen venido en mi boca, me besaron para despedirse, y claro, no me cobraron un centavo. Yo me quedé tirada en la alfombra para recuperarme de los, creo, cinco orgasmos que tuve. Si mi hermano supiera lo que estaba haciendo en su depa.

    Cuando me sentí un poco descansada, decidí meterme a dar un baño, aún no había gas, pero una ducha fría me caería bien, luego me vestí, afortunadamente mis bragas, no estaban manchadas, cuando estuve lista vi que había algunas gotas de semen secándose en el sillón, tome una con un dedo y la llevé a mi boca; no es tan rico como beberlo del envase, pero era semen.

  • Mi tía es una adicta al sexo

    Mi tía es una adicta al sexo

    Sucedió que eran vacaciones de semana santa para ser preciso, cuando decidí ir con mi tía a cortarme el cabello, digamos que mi tía rondaba entre los 35 y 40 y al ser estilista se cuidaba, no era muy exuberante pero tenía lo suyo muy bien acomodado y la experiencia que tenía. Siempre se me hizo sexy su forma de vestir, sus uñas y su forma de arreglarse, siempre me llevé muy bien con ella ya que me la pasaba en su casa con mis primos bromeando y todo normal. Ella es muy liberal con mis primos así que igual cosas de novios(as), borracheras, las podíamos compartir con ellas, hasta problemas con mis padres, así que también me servía como una terapia de relajación.

    Antes de comenzar a cortarme el cabello llegó mi tío y comenzaron a discutir un poco, se fue mi tío enojado y por razones de trabajo se iba a ir de la ciudad, pues cosa que tomé normal, siempre lo hace y mi tía empezó a llorar por la discusión. Sirvió unos vasos de soda y ya no lo tomamos, ella seguía llorando, la abracé y ya le dije que todo estaría bien y se tranquilizó. Me senté y comenzó a cortarme el cabello, al tener uñas postizas pues se me erizaba la piel, después en un momento mi pene se erectó, pero no se dio cuenta debido a que tenía el protector para que no cayeran los cabellos a mi ropa. Siguió cortándome el cabello y bromeando, todo muy bien, hasta que se le cayó el peine en mi parte, solo vio como rebotó, lo agarró rozando mi pene sin querer (pienso yo) y solo se rio, y me dijo:

    -En quién piensas?

    No contesté, solo me quedé quieto y ella siguió diciendo…

    -Pues debe de ser alguien muy bonita para que te tenga tan feliz -y se puso a reír y le dije…

    -si si es bonita, y tiene muy buen cuerpo -y sonreí.

    -no esperaba menos de un sobrino mío.

    Reímos otro rato, terminó de cortarme el cabello y me llevó hacia el lavabo para quitarme los restos y lavarme el pelo, comenzó a tallarme la cabeza y a bromear diciendo “tranquilo no te vayas a emocionar de más”. Yo solo reí y ella siguió, la verdad que si me estaba excitando, pero por las caricias aunque con ella nunca me pasó por la mente, solo tenía el plan de salir de ahí e ir con una de mis «compañeras» que frecuentaba. Cuando estaba imaginándome eso se me levantó el protector y se pudo ver mi pene erecto a través del pantalón. Mi tía solo rio y me dijo “hombre creo que ya dejaré de lavarte el cabello –comentó- no necesitas otro corte por allá” y solo rio al notar que yo me lanzaba cuando se estaba secando las manos chorreo sin querer mi pantalón. Rápido con un trapo comenzó a secarlo como pretexto, sintió mi pene más duro y se levantó y me dijo “a caray creo que dejare ese lugar”.

    Y se levantó se dio la media vuelta y cerró la puerta y las cortinas, algo muy raro. Cuando volvió se sentó sobre mí y me dijo “ahora si tenemos el espacio para ver que tienes ahí abajo”. Me quede pasmado y me dijo “o que tienes miedo o no era por mí?”. Al escuchar eso le dije “claro si tiene un muy buen cuerpo”, y me dijo “pues es hora de ver que tanto te gusta”. Me quito el pantalón y con sus manos tomo mis testículos, con sus uñas me rascaba algo que me súper excitaba, se dio cuenta y se lo metió a la boca, le dio un par de lamidas. Cuando se desnudó por completo se metió dos dedos, luego saco un peine y se lo metió y dijo “perfecto”. Cabe mencionar que mi pene es normal, no tengo que exagerar, mide unos 17 cm, más o menos nunca lo he medido, y se lo ensarto todo lentamente, mientras yo tomaba sus senos y chupaba sus pezones erectos, y ella subía y bajaba y me dice “no lo haces tan mal”.

    La lleve al sillón donde esperan los clientes, la acosté y me puse a darle rápido, empecé a escuchar unos pequeños gemidos y respiración entrecortada, puse un dedo en su boca y ella lo chupaba, con la otra mano sobaba su clítoris y regresaba a sus senos, comenzó a decir “que rico que rico!”, y todo normal. Cuando me iba a venir le dije “rápido”, se puso abajo de mí y se lo trago todo. Me dijo “esto es lo que más me encanta”. Yo sorprendido le pregunte que si quería más y dijo que con gusto. Me volví a sentar y le dije “siéntese”, a lo que no hizo caso y con su boca, comenzó a hacerme una mamada de las mejores que he recibido. De pronto le dije que ya me venía y volvió a metérselo todo en la boca y se lo tomo, me dijo “que rico”, se vistió abrió las cortinas se arregló, pasó sus uñas por mi nuca y me dijo:

    -Espero y vengas a cortarte el pelo más seguido…

    -Claro -le dije- cuanto le debo del corte?

    -Por darme tu leche nada –me contesta- quédate el dinero.

    Genial pensé. Yo de ahí en adelante comencé a frecuentarla más, alguna vez cogimos en su cama, es una adicta al sexo, desafortunadamente estoy en otra ciudad, pero recordé esto porque mañana regreso a la ciudad con ella a ver que se puede hacer.

  • Mi hijastra me pidió que la volviera mi mujer

    Mi hijastra me pidió que la volviera mi mujer

    Soy Juan Esteban, de 36 años. Nunca había escrito, pero lo que me sucede actualmente justifica la acción.

    Soy abogado y notario, divorciado de mi primer matrimonio, me casé a los 18 años y me divorcié a los 24, de allí nació mi única hija. No soy feo, dicen mis amigas más honestas, y lo mejor es que la madre naturaleza fue muy gentil conmigo y me regaló un miembro viril de 7.5 pulgadas de largo. Cuando era infante y orinábamos con mis amigos me daba vergüenza enseñar mi pene, ya que era el doble del tamaño de los demás, en ese entonces fui objeto de bromas pesadas por parte de ellos, pero ahora veo que es una ventaja en el campo sexual, muchas mujeres prefieren hombres con penes grandes, el solo verlo las excita y la prepara psicológicamente, aunque probablemente un pene menor las haría gozar, pero así es nuestro mundo.

    Debo confesar que me casé la segunda vez no estando enamorado, sino que yo quería una compañera, estaba hastiado de estar solo. Ella es Mary, ella es mayor que yo, tiene 42 años, a pesar de su edad es muy bonita y tiene un cuerpo de buenas formas, además es muy liberal en su forma de pensar y actuar, lo cual me convenció para comprometerme con ella. Fuimos casi tres años novios. Para ella también es su segundo matrimonio, de su primer matrimonio tiene dos hijas, Claudia de 19 y Anabella de 18, al igual de su madre son bellas, con bonitos cuerpos y liberales también.

    Aunque el relato parezca inventado, no lo es. Con las hijas de mi ahora esposa siempre hubo una especial relación, es decir que iban a nuestros viajes y fiestas, a veces yo salía con ellas al cine sin su madre, o a alguna fiesta de vez en cuando. La pequeña, es decir Anabella tuvo una “pegazón” conmigo, y ahora siendo su padrastro, siempre quería andar conmigo a todos lados e inclusive solía dormirse en mis piernas, o en mis brazos y yo la llevaba cargada a su habitación en las noches.

    El día crucial fue un sábado por la noche, su hermana Claudia se había ido con sus amigos de juerga, mi esposa visitó a su madre, mi ahora suegra que estaba bastante enferma y mis cuñados (hermanos de mi esposa), decidieron hacer turnos para estar con ella sobre todo en las noches. Mi esposa le tocó su turno de siete días y siete noches, por lo tanto no iba a estar con nosotros esos días.

    Con Claudia estuvimos viendo tv hasta altas horas de la noche, pasando canales vimos una película que pareció interesante, pero tenía escenas muy eróticas. Con ella había mucha confianza, así que no fue difícil ni embarazoso ver una peli erótica a su par. De allí salió la charla en el tema sexual. Ella me preguntaba si había sido el primer hombre de alguna chica en mi juventud, yo le dije que sí, que al menos había desflorado a dos novias. Ella que estaba sobre mis piernas, se sentó y me siguió preguntando acerca de eso.

    –Oye y les dolió?

    Aunque era una pregunta comprometedora, le dije que había usado lubricante con una de ellas y con la otra pues el condón traía lubricante también.

    Me pidió que le contara con detalle una de esas desfloraciones, yo no lo hice con detalle, pero si le hice algún relato de eso. Ella estaba con la boca abierta, más cuando le dije lo que ella había gozado en esa ocasión, luego que cesó el dolor de su himen roto.

    -hey Juan, sabías que yo soy virgen? -me preguntó.

    -No, no sabía eso, pero eso te hace más codiciada por los chicos! -le dije para tratar de caerle bien.

    -Yo no quiero que me haga mujer un chico, quisiera que fuera una persona mayor -me respondió.

    -Por qué? -insistí en la pregunta.

    -Porque tienen más experiencia y he tenido amigas que se han sentido mal después de eso, ha sido doloroso y no han sentido placer, fue terrible Juan!

    Hubo un silencio.

    -Oye Juan, yo quisiera pedirte algo! -me dijo Anabella. Tragué un poco de saliva, casi intuí lo que me diría- Quiero que seas mi primer hombre, que tú me hagas el amor por primera vez.

    La vi a ojos incrédulo.

    -Estas segura Anabella? -pregunté.

    -Si Juan, estoy segura -me dijo muy seriamente.- A menos… -me dijo.

    -A menos que, qué? -le dije yo.

    -Que no me consideres bonita o atractiva! -me dijo

    -Qué cosa más tonta -le respondí.- Si para mis eres la más hermosa chica que he visto en mi vida!

    Apenas respondí, ella me dio un beso directo en la boca, dejó sus labios unos segundos y yo respondí al beso chupando sus labios.

    -Te puedo enseñar mi cuerpo? -me dijo. Yo me quedé helado sin saber que decir o hacer.

    Ella se puso enfrente de mí y se quitó los pantalones jeans que tenía puesto, se quedó en un pequeño bikini, sus formas eran exquisitas, su vientre plano y sus caderas recién formadas. Luego se quitó la blusa y se quedó con su top, dos lindas carnes medianas y con forma de volcanes se asomaban en su prenda de vestir. Tuve una erección casi instantánea, que no se podía ocultar fácilmente en mis pantalones. Ella me vio y me dijo:

    -Ahora si quieres hacerme el amor y ser mi primer hombre?

    La jale, la senté en mis piernas y la empecé a besar con pasión, nuestras bocas se chupaban una a otra, luego emergieron nuestras lenguas dándose mojados besos, como si quisiéramos tragarnos el uno al otro. Para ser una adolescente de 18 besaba muy, pero muy bien. No pude dejar de aprovechar que estaba en ropa interior, así que instintivamente una de mis manos se deslizó entre su calzón tipo bikini y toqué su rajita semidepilada, podía sentir en mis dedos sus cortados vellos púbicos y luego la tersura de sus labios mayores vaginales, los cuales jugueteé un rato para después meter un dedo entre sus labios y seguir la raya que lleva desde su clítoris a su vagina. Cuando toqué su clítoris y los masajee, ella soltó mi boca y se puso casi a chillar, me dio miedo, pero seguí haciéndolo y ella comenzó a gemir.

    -Ayy Juan, aay Juan, así, asíi!! -decía Anabella.

    Yo le fui zafando su calzoncito hasta que salió por sus tiernos tobillos, luego una de mis manos zafó su pequeño sujetador por atrás y yo lo quité por el frente. La pequeña Anabella estaba sentada en mis brazos totalmente desnuda, mi mano volvió a las andadas entre sus piernas, ella ahora abrió un poco más sus muslos para yo tuviera más facilidad de alcanzar su panochita.

    La besé de nuevo en sus labios que me recibieron rápidamente, pero en un instante puse mis labios en sus tiernos senos, lamí toda la circunferencia y poco a poco fui cerrando el círculo hasta llegar lamiendo sus pezones que se erectaron al contacto de mi húmeda lengua. Anabella seguía gimiendo como una gatita en celo. Yo además le besaba el cuello, los hombros, las manos cuando me tomaba el rostro. No recordaba la última vez que había estado tan excitado, solo quería hacerla mía en ese momento, no me importaba el hecho de ser la hija de mi esposa.

    Mi mano siguió explorando su panochita, utilicé sus propios jugos vaginales para lubricar mis dedos y acariciar toda su parte íntima. La yema de uno de mis dedos jugó con la entrada de su vagina, lo deslicé un poco y Anabella se quejó, yo había llegado a la piel de su himen. Era cierto, es virgen pensé dentro de mí.

    La puse a un lado acostada en el sillón grande de la sala. Me quité la camisa, más no los pantalones, le abrí delicadamente las piernas y se las doblé hacia adentro, su rajita abrió los pliegues como una mariposa abre sus alas, su panochita era coloradita, bella, con labios delicados, pequeña, jugosa. Empecé a besar sus muslos primero, los chupé y lamí cada centímetro cuadrado de ellos. Anabella gemía cada vez más fuerte y movía su carita de lado a lado con los ojos cerrados. Mi lengua hizo un recorrido hasta llegar a su pequeño nido, chupé y atrapé sus pliegues vaginales con mis labios, sentí el sabor de su eyaculación, era agria pero sabrosa. Usando delicadamente mi dedos, aperturé sus labios vaginales para ver todo su íntimo panorama, vi la entrada de su panochita y su pulsante clítoris, la punta de mi lengua comenzó a pasar sobre la piel que recubre su clítoris, ella lanzó un gemido fuerte, luego lo atrapé entre mis labios y con la punta de la lengua dentro de mi boca comencé a darle pequeños toques a su clítoris.

    Anabella quiso huir de eso y puso una manita entre su rajita y mi boca, pero delicadamente retiré su mano y seguí comiéndole su coñito.

    -Así Juan así!! allí allí -decía sin control la pequeña Anabella. Toda la lubricación que emanaba del interior de ella, era suficiente para intentar desflorarla.

    Así que me separé de su coñito y la tomé cargada entre mis brazos, la llevé a mi habitación, allí estaríamos más cómodos, ella se relajó y me abrazó sabiendo que sus horas de ser virgen acabarían en pocos minutos.

    La acosté en mi cama, luego me quité toda mi ropa, hasta quedar en cueros, mi verga estaba súper erecta, ella la vio y sé que pasó por su mente la idea de que era muy grande y que podría dolerle. Me puse entre sus piernas y reclinándome sobre ella froté mi glande en toda su vulva, es decir la froté entre sus labios vaginales, su clítoris y el orificio de su vagina. Ella maullaba cada vez que mi pene se frotaba en su rajita. Por fin me decidí hacerla mía. Me recliné con el pene en mi mano dirigiéndolo hacia su vagina, pronto encontré la oposición de su himen, empujé otro poco más fuerte y zas! Sentí como se rompía su telita, mi gordo glande penetró su cavidad y por la lubricación interna se metió hasta casi la mitad de mi verga. Ella me arañó los brazos y luego comenzó como a chillar, eso me dio temor, pero era la sensación de dolor con placer que la embargaba.

    Luego le dije que se relajara, le besé la boca y los labios, ella reaccionó igual, nos fundimos en un rico beso de lenguas y de ese modo volví a sacar y empujar mi verga en su interior, se la deslicé a las tres cuartas partes de mi falo, ella soltó mis labios para gemir y decirme, “Así, asii, ohh ohh” y se tapaba la boca con una mano. Seguí bombeándosela lentamente, para que se acostumbrara a tenerla adentro. La nenita ponía en ocasiones sus ojos en blanco, señal de que estaba casi en su clímax. Como estaba gimiendo y no atendía mi boca, le lamí el cuello y fui bajando con dificultad hasta sus senos, los besé, los lamí y luego envolví sus pezones con mis labios húmedos, los apreté por turnos, en esos momentos Anabella se quejaba como si estuviera sufriendo un martirio, mis movimientos pélvicos fueron aumentando, el mete-saca era ahora con mayor velocidad. De pronto siento sus uñas de nuevo incrustarse en mis costados y espalda, luego una pequeña corriente de líquidos vaginales comenzó a bajar de su panochita.

    –ayy no, ya no, ya no! -me decía envuelta en su orgasmo.

    Se la saqué y le comencé a besar el sudor de la frente, luego ella misma me jaló a sus labios, nos besamos con pasión. No puedo negar que yo estaba también súper excitado y que solo la experiencia me contenía en seguirla cogiendo sin cesar. Ahora me puse boca arriba en la cama, me la jale para ponerla nuevamente durísima, pero pude ver un poco de sangre mezclada con sus jugos vaginales y mi semen alrededor de mi verga, no le dije nada por no asustarla, además eso me impidió pedirle que me la mamara previo a cogerla de nuevo. Anabella se subió sobre mi miembro viril y ayudada por mi, se la volví a meter en su rajita.

    –Muévete lento y rápido por turnos! -le dije, esperando que comprendiera.

    Anabella se movió sobre mi incrustándosela toda, sus movimientos fueron demasiados lentos, pero comprendí que estaba experimentando y debía dejarla que lo hiciera. Ella misma fue acelerando y moviendo su pelvis para acomodarse mi verga en su rajita de varias formas. Poco a poco ella fue manipulando la follada para llegar a un seguro orgasmo, el cual fue largo, Anabella se derrumbó sobre mi pecho aún con mi falo duro en su coñito.

    Anabella se notaba cansada de la cabalgada que me había dado. Me quité de abajo y ella se quedó sobre la cama en posición boca abajo, contemplé su lindo trasero, se veía delicioso, paradito, terso y con la rajita abierta. Me subí sobre ella y así ambos quedamos en posición horizontal, yo sobre ella, froté mi erecta verga en su ano y luego en su panochita, y lentamente la fui penetrando, ella solo pujó cuando se la dejé ir toda, ella ya no se movía, yo era quien le martillaba mi miembro en su mojado y dilatado orificio, lo hice hasta que conseguí llegar y me corrí, saqué mi pene y me chorreé sobre sus nalgas y espalda, dejando un camino de semen.

    Me hice a un lado y me quedé descansando, Anabella también lo hacía con los ojos cerrados. Luego se acurrucó a mi lado y me dio un beso en la boca

    -gracias Juan, estuvo hermoso, ahora soy tu mujer!

    Allí quedamos extenuados y cansados sobre la cama, el sueño nos ganó y quedamos dormidos.

    Al otro, día e inicio del fin de semana, nos duchamos juntos, con tocaditas y besitos prohibidos, ella me lavó el pene y yo le hice lo mismo con sus tetitas y su coñito. Su hermana había venido tarde en la madrugada y aún dormía en su habitación.

    Luego de ducharnos juntos hicimos sexo oral en la cama, no hubo penetración esta vez debido a que Anabella me confesó que le dolía su panochita un poco, así que nos abstuvimos esa mañana de hacer el amor. En la noche le dimos rienda de nuevo a nuestras pasiones, la volví a coger en distintas posiciones, terminamos exhaustos. A la fecha Anabella tiene novio (como pantalla), pero no impide que de vez en cuando, cuando su mamá o sea mi esposa no está, la lleve a un motelito y me la coja por todas partes. Hemos sido muy discretos hasta el momento, pero yo creo que ella está enamorada de mí y eso puede ser peligroso.

  • La curiosidad de Martín que terminó en deseo (II)

    La curiosidad de Martín que terminó en deseo (II)

    Un hombre maduro consiguió atraer de una manera muy fuerte al joven Martín

    Al día siguiente, hizo la rutina de irse al parque a trotar pero esta vez la hizo en la mañana para que en la noche quedara libre para hablar con algunos hombres a través de la red social. Su día pasó normal, sin tanta novedad, Martín ya había aceptado ese deseo que tenía de acostarse con un maduro y no reprimía dicho deseo.

    Al llegar la noche, se quitó la ropa y entró a la ducha, él había leído por internet que el ano de un hombre pasivo antes de tener sexo debe estar limpio, que sus intestinos no tengan heces fecales, entonces él sabía que tarde o temprano pasaría ese momento de necesitar la limpieza, entró a la ducha, abrió la regadera y luego él pensó que con un dedo metido en el ano mientras que con la otra se abría el culo, las heces fecales iban a salir por si solas, y por supuesto que no sucedió, lo que sucedió fue que Martín se pusiera cachondo al meterse un poco el dedo, él estaba nervioso y excitado a la vez, porque recuerden que esto es un mundo nuevo para él, entonces sacaba y metida el dedo mientras se agarraba la nalga con la otra mano, Martín sentía rico al hacerlo, y por supuesto que su herramienta de 17cm estaba a tope, se daba nalgadas mientras saca y metía el dedo rápidamente hasta que a los 10min acabó de manera monumental, terminó exhausto, termino de bañarse, se secó, salió del baño, se vistió, se acostó en su cama y quedó rendido.

    Tarde en la noche se despierta por un sonido de su celular, Martín agarra el celular, y revisa las notificaciones, el mensaje proviene de la red social, que decía: «que tal joven, quiere hablar?», concretamente de una persona que tenía de usuario como: «maduritocachondo», el al ver eso, se emocionó y le respondió rápidamente, le dijo: «hola qué tal, por supuesto que sí», Martín se metió en el perfil del maduro, tenía 45 años, cuerpo corpulento, con mucho vellos en el pecho, barba poblada, piel blanca y lo importante es que era activo, eso Martín lo volvió loco y despertó nuevamente el morbo en él.

    El hombre maduro le responde a los 10 minutos: «hola muchacho, quiero decirte que lindo eres»

    Martín le responde: «oye, muchas gracias lo mismo digo de ti, cómo te llamas?»

    Cabe recalcar que Martín no se lanzaba a por todas por su inexperiencia y con el miedo de asustar a su hombre.

    Hombre Maduro: «gracias nene, me llamo Julio, por cierto, me agrada tu nombre y también me agradas tú, te parece si nos vemos?”.

    El nombre de Martín salía en su perfil

    Martín: «gracias, que lindo eres, pero ahora mismo?»

    Julio: «ahora mismo nene, si quieres te paso buscando y te llevo a mi casa, vivo solo, así charlamos mejor, te parece?».

    Martín estaba súper cachondo y nervioso, iba a ser su primera vez probablemente, no se sentía preparado aún, pero su calentura era muy grande, su pene tenía vida propia, sabía que tenía que aprovechar esta oportunidad.

    Martín: «me parece buena idea, ya te paso mi dirección»

    Julio:» está bien nene, espero»

    Martín le pasó su dirección y Julio responde:

    «Uy nene, llego en 10 minutos, casualmente vives cerca, que bien»

    Martín se puso nervioso, si, aún más nervioso, no tanto por la situación, sino porque Martín era un chico algo inseguro, y pensaba demasiado, le daba mucha vuelta al asunto, cosa que arruinaba varias cosas, se trató de calmar lo máximo posible, no quería parecer un niñato, se vistió y esperó como por 15min, hasta que le llegó un mensaje…

    Julio: «niño lindo, llegué»

    Martín: «está bien, voy saliendo»

    Martín respiraba con normalidad, se mentalizaba que todo iba a salir bien.

    Sale, llega al carro, se monta, se saludan con un abrazo y Julio comienza a conducir, hablaron de varias cosas, Martín estaba tenso y eso Julio lo nota, y le pregunta: «no estés tenso, tranquilízate, no te haré daño, no soy mala persona, entiendo que es tu primera vez pero tranquilo» mientras le tocaba la nuca a Martín, paró el auto en una avenida, y Julio le dice: «ven, toca un poco esto» señalando su paquete, Martín con el corazón a millón lo toca y lo agarra, Julio le dice: «eso nene, masajéalo» mientras le acariciaba la nuca a Martín, Martín siguió el mismo movimiento y noto que su polla comenzaba a ponerse dura y al parecer tenía buen tamaño, eso a Martín lo volvió loco, se le hacía agua la boca, Julio se dio cuenta de eso, se acercó a Martín y comenzaron a besarse, de una manera que querían comerse los dos, Julio comenzó a manosearlo, a tocarle de todo, Julio paró y dijo: «tenemos muchas ganas nene verdad que sí?, Pero mejor terminemos de llegar a mi casa y allí si haremos lo que queremos», Martín asintió y Julio se puso en marcha.

    Llegaron a la casa, era una casa un poco lujosa, de dos pisos, bastante ordenado y agradable, entraron y Julio le ofreció algo de beber a Martín, le dio una cerveza, se sentaron y comenzaron a platicar, surgió una pregunta por parte de Julio.

    «¿Por qué tienes esa curiosidad?».

    Martín intentaba ocultar su excitación…

    Martín le responde: «supongo que las hormonas las tengo revolucionada, me excita ver polla, me imagino escenas eróticas donde yo soy el pasivo sumiso que le encanta que lo nalgueen, que lo manoseen, que le digan cosas sucias al oído, que lo cojan».

    Julio al escuchar eso era como música para su oído y música también para su polla que comenzaba de nuevamente a despertarse, eso Martín lo notó y le dijo: «tú polla se comienza a levantar, tal vez le gustó lo que dije».

    Julio le hace señas a Martín que se acerque y que se arrodille frente a él, Julio se desabrocha el pantalón, se lo baja y queda un pene exquisito de unos 18cm, un poco gruesa, con bolas enormes, en el tronco con bastante venas y una cabeza rosada, Martín arrodillado al ver semejante polla, se fue a por él, con sus dos manos agarro la polla y comenzó a mamarla y chuparla como si no hubiera un mañana, le agarraba las bolas.

    Martín a pesar de no tener experiencia, hacía su mayor esfuerzo.

    Hubo veces que Martín le pegaba los dientes sin querer al pene de Julio, Julio se limitaba decir: «cuidado nene», a pesar de los errores, Julio lo estaba disfrutando mucho, le puso las manos en la nuca de Martín y empezó a mover las caderas, prácticamente le estaba follando la boca al muchacho, en la casa sonaba el sonido de Martín ahogándose y tosiendo por la polla, eso al muchacho le encantaba, mientras Julio violaba la boca de Martín, Martín se masturbaba, al cabo de un rato, Martín eyaculaba de una manera exorbitante, eso era una escena monumental.

    Luego Julio dejó de mover sus caderas para que Martín descansara, le había encantado y quería más, Julio le dijo: «ufff nene, me encanta esa boquita que tienes, perfecta para mi polla, estuve a punto de acabar pero ahora quiero probar tu culito».

    Martín ni corto ni perezoso lo hizo, se levantó, se dio vuelta y levantó su culito, Julio se acercó, le comenzó a dar besos en la espalda, bajando por su cintura hasta llegar a sus nalgas, no era muy grandes pero tampoco pequeñas, estaban a su tamaño normal y perfecto, le dio algunos mordiscos un poco duros a las nalgas dejándole marcas, eso a Martín lo tenía volando, su pene se había recuperado y volvió a erectarse, Julio comenzó a chuparle el huequito, pasándole lengua y dedos, le entró hasta tres dedos al mismo tiempo:

    Martín: «aahh, que ricoo, sigue sigue por favor, no paresss».

    Julio: «uy qué rico nene, mira como tienes ese culo tan hermoso y tan para mí solo, quién es tu macho?».

    Martín: «tú papi tuu»

    Julio: «así me gusta»

    Julio se detuvo y se llevó cargado a Martín hasta su cuarto, lo tiró a la cama, mientras Martín se ponía en cuatro diciéndole: «anda papi, métemela ya, quiero tú polla aquí dentroo».

    Martín estaba irreconocible, no era ya el chico inseguro, estaba vuelta una fiera.

    Julio por supuesto que accedió, pero antes busco vaselina, le untó un poco en el ano y le dijo: «al principio te dolerá, tienes que resistir porque luego vendrá lo mejor», Martín asintió.

    Julio puso sus dos manos en la cadera de Martín, y comenzó a meter su polla poco a poco, Martín gruñía por el dolor, y decía «me duele me duele un montón», Julio le decía: «aguanta nene», así fue hasta que ya la tuvo toda dentro y le dijo: «listo mi niño, ya lo tienes toda adentro», Martín estaba casi que le salían las lágrimas pero tenía que resistir para luego sentir el placer, él lo tenía muy en claro.

    Al cabo de un rato, Martín no sentía dolor, así que como Julio no se movía, Martín movía su culo de atrás para adelante, como señal de estar preparado, Julio lo captó y comenzó a sacar y meter su polla suavemente, hasta que Martín le dijo: «por favor papi más duro», Julio accedió a sus órdenes y comenzó a bombardearlo, se escuchaba en todo el cuarto y en toda la casa los gemidos de Martín y el sonido de las bolas chocando con el culo de Martín (plas plas plas), Julio le decía: «te voy a reventar ese culo tragón que tienes», «que culo tan bonito tienes» seguía sacando y metiendo más y más fuerte, le daba nalgadas bien fuerte, Martín estaba en las nubes, no podía creerlo, sentía que se desmayaba por placer que sentía, estaba a millón. Julio sé la sacó cambió de posición, puso a Martín boca arriba, quedando las piernas del muchacho entre el pecho y el hombro de Julio, comenzó a insertarla de nuevo y comenzó la faena de nuevo, Martín ponía los ojos en blanco por el placer tan inmenso que experimentaba, eso era lo que le faltaba, lo que tanto buscó, el placer máximo, Julio no tenía piedad con Martín, le daba con toda sus fuerzas, le mordía la pierna a Martín cómo dejando marca en su territorio, y eso a Martín lo ponía cachondo por supuesto y decía «mmm papii que ricooo, me encanta estoo» y julio le responde: «viste, te lo dije nene, sabía que te iba a encantar», los gemidos de Martín volvía loco a Julio que ya estaba a punto de venirse, entonces lo que hizo fue acelerar la follada y comenzar a masturbar a Martín de manera frenética hasta que Julio dice: «ohhh me vengooo, me vengooo neneee, toma tu leche tomaaa» y Martín dice: «yo también me vengo papiii, échamelo dentro de mi papi por favorrrr aaahhh».

    Y Pum, los dos terminaron casi simultáneamente y quedaron echados uno encima de otro, todos sudados y oliendo a sexo, Martín pensó: «esto era lo que realmente buscaba, esto lo puedo hacer todos los días, me encanta»…

    Continuará…

    Hola chicos y chicas, acá tienen la segunda parte, espero le haya gustado y me lo dejen saber en la caja de comentarios o darle valoración y así animarme a escribir más relatos, les agradezco mucho, un abrazo a todos.

  • Historia del chip (044): Las reglas principales (Daphne 014)

    Historia del chip (044): Las reglas principales (Daphne 014)

    Roman empezó explicándole a Gwen qué pensaba que mostraba el video.

    —Creo que el tal Renoir fue un completo imbécil, pero Daphne y Jennifer también. La sensación que me da es que ellas también estaban jugando con él. No acierto a entender por qué. Quizás una especie de prueba, una entrada a un club… puede que una iniciación. En todo caso, Daphne no tiene ninguna posibilidad de salir adelante en la escuela si buscan un chivo expiatorio.

    Gwen pareció pensarlo un rato. La única víctima era Daphne. ¿Por qué decía eso Roman? Entonces lo entendió. En la escuela buscarían algún subterfugio para mantener a Jennifer dentro y el dinero en caja… Daphne era prescindible.

    —Lo impediremos. ¿Podemos tutearnos? ¿Por qué no viajáis conmigo al Caribe? Podemos charlar en el avión y os ruego que os alojéis en mi casa. No está lejos del hospital. Nuestras hijas necesitan apoyo y aunque ya sé que lo que menos desean es unos padres quisquillosos cerca, trataremos de buscar alguna solución a todo esto. Si es que algún día me entero de lo que pasa.

    Linda pareció acoger la idea mejor que Roman. Gwen empezaba a desesperarse. Desde que había llegado a la casa sólo había estado dando vueltas, sin llegar a ninguna parte. Debería haber usado el vidnet.

    —Bueno, en todo caso yo voy a ir. No pensaba hacerlo, pero después de oíros todavía me parece más importante aparecer por allí y desviar el foco —prosiguió Gwen desesperanzada.

    —¿Hasta qué punto estás segura de que el tema va a resultar mediático? — preguntó Roman.

    Gwen le sonrió. Por fin podría dar unos golpes en la mesa. Empezó por el principio. Les contó sus conversaciones, lo que había y lo que había dejado de hacer. Cuando terminó una hora después tenía la boca seca. Linda se dio cuenta y le trajo agua.

    —Roman, ahora ya sé que puede estar molesto por haber solicitado la patente de procedimiento para su hija, pero le aseguro que en ese momento me pareció lo mejor. Unas horas o unos días después puede ser tarde.

    No podía hacer más. No quería que sonase a disculpa.

    —¿Cómo se llama ese experto? — preguntó Roman intrigado. Su actitud hacia Gwen parecía haber cambiado.

    —Markus. Markus Wildberg— respondió Gwen sonriendo. Decidió que debía empezar a usar más sus armas.

    —Me extraña que Markus le haya asesorado. No es su costumbre aceptar ese tipo de trabajos— insinuó Roman esperando que Gwen prosiguiese.

    —Quizás necesitaba dinero— supuso Gwen, aún a sabiendas de que no era así.

    —Puede, pero es poco probable. Es el asesor más reputado en su sector— le corrigió Roman, todavía con reparos.

    —Pues él cree que el mejor es usted…— volvió a atacar Gwen. Linda hizo el gesto de corte con las manos, pero Gwen prosiguió. —… y yo también lo creo. Me basta ver como ha entrenado a su hija. Ya me he sincerado con ustedes. Vengan o no vengan, deseo que me digan si les parece bien que adopte a su hija, no una adopción familiar, pero sí una persona con pleno derecho en mi familia. Honestamente, ella se merece mucho más que Jennifer la oportunidad de hacer lo que desee en la vida.

    Roman se adelantó.

    —Nos sentimos honrados de que haga partícipe a nuestra hija de su familia, siempre que ella lo acepte. Ahora entiendo por qué quiso venir en persona. Sobre el fondo que ha abierto… también es decisión de Daphne qué hacer con ese dinero cuando llegue y si llega. No siempre es así.

    —¿No confía en lo que dice Markus? — preguntó divertida Gwen. Bastaba con nombrarle. Roman sonrió, apreciando la broma.

    —Al contrario, más bien creo que Markus quiere devolver un favor que le hice, nada importante. Pero si según dice no sabía que era mi hija consideraré su criterio válido. Admito que debe tener razón. Yo he visto el vid como padre, no como experto en salvamento. Pero mi hija recibirá dinero dentro de unos años como muy pronto.

    —Yo puedo adelantarle los fondos que necesite— afirmó Gwen.

    Linda ya se cansó.

    —Estamos dando vueltas a un tema accesorio. Gwen, ya que por lo que veo vamos a ser familia… me siento honrada no sólo por mi hija, también por mi marido. Es tan reservado que no siempre sé las cosas que piensa o hace. Si mantiene la invitación, yo la acompañaré al Caribe y deberíamos incluir a Charles, aunque sólo sea para que conozca a Jennifer o no me lo perdonará nunca. Va a ser la comidilla en la universidad. Daphne no le presentaría a ninguna de sus compañeras.

    —Me hice a la idea de que se llevaban bien— dijo Gwen sorprendida.

    Linda le rectificó.

    —Se llevan estupendamente. Lo ha entendido mal. Mi hija no traería a nadie para protegerlas de mi hijo. Y para su hija, mejor en una cama de hospital a la pata tiesa. Será difícil para Charles arrancarle una cita.

    —Pues a lo mejor no hay que juntarles, porque mi hija con sus modificaciones es una especie de circo ambulante.

    Se sintió aliviada de tener al menos a uno de ellos de su parte. Linda se volvió a su marido y Gwen notó que iba a decir algo.

    —Estamos siendo descorteses. Has volado toda la noche. Sube a una habitación, pégate un baño y descansa un poco. Esperemos a ver que nos puede decir Charles— le ofreció Roman.

    —Debería seguir camino. Volar aquí era importante, pero queda mucho por hacer— objetó Gwen, con poca fuerza. Realmente estaba cansada. Linda no pensaba dejarla ir.

    — Debatías mejor hace unos minutos. Ven.

    Gwen siguió a Linda que le indicó una puerta y le preguntó: “¿Quieres algo de ropa? Tenemos tallas parecidas.”

    Aceptó sin necesidad. En cuanto llegó a la cama, se tumbó y se quedó dormida.

    *__*__*

    Llamó a Vasile, que respondió aliviado cuando escuchó su voz. Llevaba horas planeando llamarla, pero no se atrevía. Todavía tenía resaca de la noche de sexo y no podía imaginarse por qué una hembra así deseaba salir con él. Parecía tan alegre que su corazón sólo pudo entusiasmarse también. Le explicó lo que podían hacer, salvo un pequeño detalle. Le faltaba un vestido.

    —No quiero repetir el de ayer. Y no pienso llevar el de la escuela. Además, quiero comprobar si podemos entrar en la casa de mi her… amiga. Y estoy hambrienta. De comida y de tu esperma. Espero que no te moleste el orden. Podemos intercambiarlo.

    Daphne había perdido la costumbre de cómo tratar con un hombre. Él no sabía qué decir e improvisó.

    —Veamos, te recojo en el hospital. Buscamos un lugar donde tomar algo rápido. Puedes llevar el uniforme del colegio. Buscamos una tienda donde comprarte un vestido. Comprobamos que podemos entrar en la casa de tu amiga o vamos a la mía. Y nos planteamos una cena más formal.

    Al final resultó más fácil de lo que había pensado.

    —Casi me convences. Pero empezaremos por un vaciado de tuberías en cuánto tengamos un vestido nuevo. Sé que no es importante para ti, pero yo quiero llevar algo que te guste, que realmente te guste. Y si podemos cenar en casa, cenaré desnuda. Bueno, casi desnuda. Llevaré los tacones que viste… si te parece bien. Dormiré con ellos puestos.

    —Me parece perfecto.

    Mejor no decir nada más. Lo bueno si breve.

    —Ah, no quiero que olvides las reglas principales. Tu semen a mi boca en cuánto lo produces. Quiero saber a ciencia cierta que te gusto. Y sólo rápidos de menos de un minuto para mí, si realmente quieres dármelos porque crees que me lo merezco. ¿Será necesario volver a recordarte esto en la siguiente cita? — preguntó Daphne, divertida por dentro y por fuera. La situación tenía su encanto particular.

    —Intentaré acordarme, pero resulta difícil adaptarse a tus exigencias.

    Mentir a una mujer no siempre es fácil, pero hay que intentarlo con todas las fuerzas.

    —No creo que pueda aguantar hasta que compremos el vestido. He producido un montón de semen y más después de esta conversación.

    Vasile pensó que camuflar una mentira dentro de una verdad era una buena distracción.

    —Exactamente lo que quiero oír. Sinceridad plena sobre tus necesidades. En otro momento, te ofrecería mi boca antes. En realidad, siempre deberías vaciarte en mi en la primera media hora de nuestros encuentros, pero hoy quiero que sea algo especial y quiero recordar el momento del vestido. ¿Podrás aguantar un rato? — preguntó Daphne. Era una pregunta retórica.

    —Voy a buscarte, si mi primer cerebro me deja — contestó Vasile. Daphne se alegró de que por fin se relajase un poco y saliese algo de su interior.

    —Te espero. A los dos cerebros— añadió Daphne con alegría.

    Daphne se situó a la entrada del hospital. Todo el que entraba o salía le echaba un repaso. Estaba acostumbrada a que la mirasen, pero cayó en la cuente de que era por lo de las imágenes que habían aparecido en vidnet.

    Vasile le dio un casto beso en la mejilla cuando llegó. Daphne lo dejó estar. Le llevó a un bar a cinco minutos y allí en cuanto les sirvieron las cervezas y Daphne ingirió ávidamente las almendras y el salmón ahumado, quiso sonsacarlo

    —¿Has visto las imágenes?

    Vasile negó con firmeza.

    —Ya sé que es lo que aparece. Sois la comidilla del hospital y por lo que se ve del país.

    —Quizás deberías verlas. A lo mejor te lo piensas mejor y no vamos a comprar el vestido— sugirió Daphne. Las mejores preguntas son aquellas en las que conoces la respuesta de antemano.

    —Seguro. Estoy cansado de mujeres recatadas— confesó Vasile.

    Le ofreció un beso menos casto. Daphne suspiró.

    —Tú sí que eres demasiado formal. No me has besado de verdad hasta ahora. Ni has tratado de sobarme o comprobar que llevo debajo del vestido. Sospecho que no te atraigo lo suficiente.

    Como respuesta, Vasile introdujo su mano por debajo y comprobó si el interior de los muslos había mutado. Disfrutó adivinando dónde estaba la piel húmeda de los labios vaginales y se acercó al clítoris. Se quedó allí mientras Daphne cogió más almendras.

    —¿Y los pezones? ¿No los vas a saludar? — le indicó Daphne.

    —Nos verá la camarera. Esperaré a mejor ocasión— respondió Vasile sin dejar de estar abajo entre las piernas semiabiertas.

    —Es por el vestido. Por eso no quería repetir. Si estuvieras con mi amiga Jennifer…

    —Estás aburriéndome con tanta cháchara. Te tocaré los pezones o cualquier parte de tu cuerpo cuando lo considere conveniente. Sin restricciones. ¿No habíamos quedado en eso o algo parecido? No quiero oírte quejarte. ¡Ah, y lo que quiero es pellizcarlos con toda la fuerza de mis dedos! Querías sinceridad.

    Vasile supuso que ahí se acabaría la noche.

    —Así quiero que seas. Fuerte y rudo. Seguro. La próxima vez busca un bar más íntimo y podrás hacer lo que quieras. ¿Cómo quieres que sea el vestido?

    Vasile se lo pensó.

    —Algo que tendrías para cenar pensando en seducirme. Que trasluzcan tus ganas de tener sexo conmigo. Bueno, con el que llevas, ya es suficiente.

    —Ni hablar. Quiero un vestido que cuando me lo ponga me recuerde a ti. A tus ojos mirándome, mejor, comiéndome con los ojos. ¿Sabes de alguna tienda exclusiva por aquí cerca? — preguntó, divertida. No conocía ni un sólo hombre que tuviera idea alguna de esas cosas, aunque sólo había estado con adolescentes.

    Vasile se levantó y preguntó a la camarera. Cuando volvió le dijo: “Sabe de un sitio por aquí cerca. La chica compra allí. Ropa barata. Busquemos algo que te sienta un poco mejor. No me apetece que te gastes mucho dinero en un vestido chic. Y, cualquier cosa, te va a sentar bien.”

    Daphne iba a objetar. Vasile se lo impidió poniéndole un dedo en los labios.

    La tienda era una especie de bazar con múltiples mesas llenas de diversos ropajes. No había demasiado orden. Como Daphne no sabía que buscar, simplemente se quedó de pie en sus tacones, esperando que a Vasile optase por algo. Nada de lo que había ahí podía remotamente mejorar lo que llevaba puesto.

    Ya llevaban quince minutos mirando trapos y Daphne supuso que Vasile debía estar harto, perteneciendo a la mitad de la humanidad incapaz de estar más de cinco minutos en una tienda de ropa de mujer. Pero no cejó.

    —Necesitamos algo a juego con tus increíbles zapatos.

    Daphne no supo si se estaba de acuerdo. Casi no se veían, sólo el pie desnudo. Incluso ella no terminaba de entender como no se deslizaban. Le cansaba no poder apoyar el pie entero, aunque le excitaba sentir el frescor. Después de los H4, era la gloria. Jennifer debía haberse quedado bien dormida. Nada de masturbaciones.

    Vasile se cansó y salieron a buscar por otra parte. La cogió por el talle y vagabundearon un rato. Daphne se sentía extraña buscando un atuendo que no iba a durar más que una cena en su cuerpo. Algo le encantaba, la dedicación de él por los detalles. Teniendo la posibilidad de llevarla a un rincón oscuro, obsesionarse por los trapitos indecorosos parecía absurdo. Recordó alguna de las interminables clases. La obligatoriedad de estar siempre impecables. Haría un trabajo sobre ello. No era sólo el vestido lo importante, sino buscarlo. Ir con alguien. Dedicar tiempo. ¿Cuántas mujeres obligaban a sus maridos o novios a centrarse en una labor así?

    Entraron en una tienda pequeña, que también tenía disfraces. Los dos lo vieron a la vez. Estaba colocado sobre una maniquí y era muy erótico sin llegar a mostrar nada. Un vestido blanco sinuoso. Más bien la mitad de un vestido. Desde el hombro izquierdo atravesaba en diagonal hasta la cadera izquierda. Por detrás era exactamente igual. Seguía por la pierna derecha cada vez estrechándose hasta cerca del tobillo, donde una simple eslabón dorado y pesado colgaba inerte. Vasile se adelantó.

    —Nos gusta este vestido— dirigiéndose a la dependienta.

    —Está reservado. Para la fiesta de la semana que viene. También es muy caro. En realidad, es de una diseñadora de aquí. Pero no le gusta mucho trabajar. Así que sólo hace un diseño al mes. Se los quitan de las manos. A ella le gusta dejar que su trabajo se quede expuesto un tiempo. Y siempre quiere que un vestido lo lleven dos chicas distintas. Dice que la primera mujer impregna el vestido de sensualidad, para que la segunda lo disfrute con sexualidad. Sé que parece una tontería, pero …

    —Yo lo compraría para mí y para una amiga. Dos mujeres compartiendo vestido— propuso Daphne, con poca fuerza.

    —De verdad que me gustaría, pero no puedo reemplazarlo por ningún otro. Y ya está encargado. Y está pensando para una mujer un poco más baja que usted. A la diseñadora no le gustaría que se exhibiese de manera errónea. Ya les digo que es muy puntillosa.

    Vasile intervino.

    —Es perfeccionismo. Pero debe ser una mujer fascinante.

    Daphne se lo quedó mirando. No sabía si besarlo o fastidiarlo. Se echó a reír. Miró a la dependienta.

    –Le gustan todas. Pero tiene razón. Parece tener una sensibilidad extraordinaria.

    —Quizás puedan conocerla. Le encanta comentar sus diseños, pero yo no tendría muchas esperanzas de conseguir uno exclusivo y con rapidez. La chica que ha comprado éste llevaba dos años esperando. Y ni siquiera se le va a permitir estrenarlo. Yo me considero afortunada porque expone en mi tienda. Hay gente que viene aquí sólo por esto— explicó con orgullo.

    Había devoción en sus palabras. Vasile quiso corregir sus palabras.

    —La modestia no siempre es una virtud. Algo me dice que si el vestido se expone en esta tienda y, -por lo que nos ha dicho de la autora-, ella debe creer que realmente aprecia lo que hace. También hace falta sensibilidad para eso.

    —Lo que yo digo: le gustan todas— dijo Daphne riéndose de nuevo y guiñándole el ojo a la chica.

    —¿Puedes ayudarnos a buscar algo para mí? Vasile, dale alguna pista.

    —Está bien, está bien. Algo sencillo entonces. Una simple falda de animadora y un top algo incitante. Daphne, si llevas la espalda y las piernas desnudas me sentiré contento— dijo Vasile.

    Parecía sincero, pero Daphne le obligó a continuar.

    —Sigue. ¿Con ropa interior? ¿Algo ajustado? ¿Incómodo para caminar? ¿Fácil de quitar? O a lo mejor, que puedas meter la mano con facilidad. Ya sabes lo que mucho que me gusta visualizar.

    Daphne se sentía mal con lo que le estaba haciendo a Vasile, pero necesitaba sentirse poderosa. Debía de resultarle difícil hablar de esa manera con la chica del mostrador delante. Optó por besarle. Cuando lo dejaron, volvió a mirar a la chica.

    —Perdónanos. Es que quiero que me diga lo que quieres sin adivinanzas o chanzas. Quiero que lo lleve puesto, le guste.

    —Pues, lo que lleves no le puede disgustar— dijo la dependienta. —En fin, así no venderé nada. Creo que podré sugeriros algo. ¿Os importa si es un pantaloncito en vez de una falda?

    A Daphne sí le importaba, pero Vasile, envalentonado, dijo: “Lo del pantaloncito me encanta, si queda bien ajustado y le resulta incómodo. ¿Cómo te llamas?”

    —Cris. Sé que tú eres Vasile, aunque tú no te acuerdes de mí. Alguna vez fui a la consulta acompañando a mi padre— le dijo.

    —¿No te acuerdas de las chicas guapas? ¿Ves porque te digo que son tan importantes los detalles? Cris ¿tu padre está bien? Yo me llamo Daphne o H4.

    —Sí, está muy bien. Gracias por preguntar. Y gran parte del mérito es de Vasile. Recomendó hacer una prueba no estándar. Y se detectó a tiempo la dolencia. Lleva viviendo cinco años de prestado. Seguro que le gustaría invitarte a comer algún día— explicó Cris. Se percibía la angustia que había pasado. El tema no había debido ser tan sencillo.

    —No fue para tanto. Ahora recuerdo mejor el caso. Me sonaba tu cara, pero eras bastante joven— balbuceó Vasile. Daphne tiró de su brazo.

    —Las chicas crecen y se convierten en mujeres, Vasile, y les gusta que se lo digan. Nunca te inhibas a la hora de adular una chica. Parece mentira que sepas tanto de corazones enfermos. Tienes que rodearte de corazones sanos.

    —Debería, Daphne. Tienes toda la razón. Parece que lo conocieras de toda la vida. Yo soy muy amiga de una de las enfermeras del hospital, de tanto ir por allí. Sé que está muy solo. Y no le hagas caso. Pidió la prueba en contra del director del hospital y de otros médicos. Ya sabes, ahorros y procedimientos. Vasile obligó a hacer el test y tenía razón. Hoy en día no se entiende lo importante que es complementar el diagnóstico con un humano y no usar exclusivamente un ordenador.

    Cris parecía tan agradecida que Vasile no tuvo más remedio que cogerle la mano.

    —No fue para tanto. Hubiera sido mejor fallar en la prueba y que tu padre no hubiera tenido la dolencia. Los pacientes tienden a considerar este tipo de hechos con más trascendencia de la debida. Iré a visitar a tu padre. Y a ti. Ahora debemos pensar en irnos, Daphne debe estar muy hambrienta, según me dijo por teléfono.

    Cris no había dejado de buscar entre los estantes y sacó un pantaloncito rojo y un top blanco, que no eran más que dos tiras de tela. Daphne pensó que no cabría en ese minúsculo pantalón, pero Vasile no le dio pie a objetar. Sin preguntar, le levantó el vestido. Daphne, automáticamente levantó los brazos y dejó que se lo quitase. Jennifer lo hacía continuamente. Cris se quedó sorprendida. Estaban en mitad de la tienda. Había un probador en la parte de atrás. Nunca le había pasado nada así. Salió del mostrador y quiso ayudar a Daphne a ponerse los pantaloncitos, sabedora de los ajustados que eran. Cuando vio los zapatos de Daphne, los pies elevados y desnudos, se quedó admirada. Daphne introdujo su pie derecho y luego el izquierdo. A punto estuvo de engancharse. Cris le ayudó a pasar la pernera de cada lado.

    —¿Cómo se aguantan? Son los zapatos más impresionantes que he visto nunca— preguntó maravillada, sin dejar de contemplar el efecto en las piernas de Daphne, que trató de contestó mientras a duras penas conseguía que el pantalón traspasase su culo.

    —Nanotecnología. Son un regalo de mi amante. La chica que está en el hospital.

    —Los pantaloncitos quedarán bien con ellos, porque tienden a hacer las piernas más largas.

    Cogió el top del mostrador y se lo pasó por el cuello. Tenía dos enganches al pantaloncito. Daphne notó como todo el conjunto tiraba hacia arriba, pero mucho menos que su atrevido bañador del colegio. La mayor diferencia era que el culo quedaba encerrado, apretado por la tela. Echó un vistazo al espejo de enfrente. No estaba mal. Algo de las nalgas aparecían desnudas por la parte inferior y el resto se discernía con facilidad. Sobresalían. De ahí hasta los pies la silueta inconfundible gritaba sexo. El top tapaba los pechos completamente, pero nada más. La tela que pasaba por la nuca se dividía cada lado. El escote central era profundo e inequívoco. No era translucido pero los pezones puntiagudos quedaban marcados. Los engarces no eran más que dos pinzas metálicas simple. Vasile sólo tenía que soltarlas para jugar con los senos. Los pantaloncitos iban a ser otra historia. Por ahí, estaba inaccesible. No mostraba el pubis ni los labios verticales por la rigidez del pantalón. Todo quedaba comprimido y ya tenía calor. Se los hubiera quitado. Vasile no pensaba igual.

    —Te queda perfecto. Como te dije, cualquier cosa que te pongas te sienta bien.

    La besó sin importarle que estuviera Cris delante, sin recordar que ya lo había hecho antes.

    —Pagaré yo, Daphne. Me hace ilusión— le dijo Vasile. Y sacó la tarjeta. A Daphne no le pareció mal porque era asequible, si no ya se hubiera inventado algo.