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  • Las amistades ¿peligrosas? (2)

    Las amistades ¿peligrosas? (2)

    Afortunadamente, o no, para nosotros, si alguien de la otra lancha había visto algo, lo disfrutaron en silencio, porque no vimos a nadie en ella, ni mirando. Estaba lo suficientemente alejada como para no haber visto, pero tampoco tanto como para poder estar seguros de que no lo habían hecho. Pablo comentó que iba acercarse a mirar. Cuando nos aproximamos, a mercede de las olas y la corriente, que nos acerco silenciosamente, vimos en la popa de la lancha, una pareja tumbada, comiéndose a besos. Nos reímos de la situación, arrancamos y pusimos rumbo a la costa.

    Pasaron un par de semanas, y quedamos con Pablo y Belén varias veces, planeando nuestras primeras vacaciones juntos. En esos días no hubo sexo con ellos, y nunca se hablo nada de lo que había pasado el fin de semana, pero yo no podía quitármelo de la cabeza, había sido sin duda, mi mejor fantasía hecha realidad. Acordamos al fin destino y fecha. Nos iríamos a mediados de Julio al sur de Portugal a disfrutar del sol, la playa, la pesca, y quien sabe, si de algo más, yo al menos lo ansiaba, y en la última quedada, saque el tema, dado que nadie lo hacía

    -¿Vamos a hablar en algún momento de lo que hicimos en tu lancha, o qué? Dije

    -Menos mal, ya pensábamos que no lo dirías nunca, dijo Pablo riendo

    -Lo hemos hablado, y como no sacabas el tema, pensamos que no te había gustado después de todo, dijo Belén

    -Exacto, comento Lara, que venía de la cocina, lo hable con ellos y como ni a mí me comentaste nada, creí que no querías hablar ni saber nada del tema

    -Joder, yo pensé que, como en las pelis, ¡lo que pasa en el barco se queda en el barco! Dije

    Nos miramos los cuatro y rompimos a reír a carcajadas.

    Llegó la fecha de marchar, cargamos todo en la furgoneta Mercedes Vito que habíamos alquilado para marchar todos juntos, y partimos hacia el destino. El viaje fue muy ameno, entre conversaciones triviales, risas, y varias paradas para comer, beber y estirar las piernas, y casi 9 horas después, llegamos a Tavira, a una preciosa casa de vacaciones que teníamos reservada. Las vistas, a pie de costa, y la piscina en medio del jardín, intimo y cerrado, lejos de miradas indiscretas, presagiaban unas vacaciones difíciles de olvidar.

    Nos instalamos rápidamente para disfrutar a tope desde el primer momento. La casa la había reservado Belén, sin darnos ningún tipo de dato sobre ella. La primera sorpresa no tardó en llegar. Era tipo loft, sin ninguna división interior, salvo el baño, que era lo único aislado del resto del edificio. Salón, cocina y habitación, si, digo habitación, compartían un espacio único. La cama, de generosas dimensiones, por no decir enorme, debía tener unos 2,50 x 2,50, y la íbamos a compartir los 4 durante más de una semana.

    -¿Os gusta la sorpresa? Dijo Belén mientras comenzaba a desnudarse

    -Es una gran sorpresa, dijo Lara

    -No puedo estar mas de acuerdo, respondí

    -¡Esto promete! Afirmó Pablo, ya completamente desnudo y con su miembro bastante “despierto” ya

    Fuimos directos a la piscina. El sol apretaba bastante, y Pablo tomó la iniciativa, cogiendo el protector solar y echando un chorro sobre las tetas de mi mujer, completamente desnuda. Comenzó a extendérsela, sobándole descaradamente las mismas, sin ningún tipo de pudor ya, mientras decía:

    Vamos a proteger estas dulzuras, no vayan a quemarse el primer día, y a la vez dándome una indicación con la cabeza, para que yo hiciera lo propio con Belén.

    Tome el otro bote, y me dirigí a la hamaca en la que ya me esperaba, boca arriba, invitándome a ponerle la crema. Se la eché ávidamente por todo el cuerpo. Comencé por su vientre, subiendo a sus turgentes pechos, donde me entretuve un buen rato, jugueteando con sus pezones, después baje por sus piernas, hasta los pies, era bronceador en aceite, por lo que su piel brillaba al sol, muy sensual. Volví a subir, con las dos manos por la cara interna de sus muslos, y Belén, instintivamente, separo las piernas, dejando su húmedo sexo expuesto delante de mí. Iba a acercar mi cara a él, para comenzar a comérmelo, llevaba semanas deseándolo.

    Pude ver, antes de enterrarme entre sus piernas, como mi mujer, de rodillas, le hacía una mamada profunda a Pablo, que le sostenía la cabeza por el pelo, con fuerza. Acerque mi boca mas y con la lengua separé los labios de Belén. Jugueteé un poco con su clítoris, lamiendo y succionando, y dos dedos se perdieron dentro de ella mientras mi otra mano atrapaba una de aquellas esplendidas tetas, retorciendo y pellizcando el pezón. Belén me rodeó la cabeza con las piernas, y comenzó a jadear fuerte

    -Joder, joder, joder, si, si sigue, sigue ahh aaah me corro, me corro

    Y entre convulsiones, estalló en mi boca y cara, empapándome. Le había provocado un squirt, se ve que estaba a 100, porque no duró ni 5 minutos. Cuando me liberó, Pablo tenía a Lara a 4 patas sobre la hamaca, y se la estaba follando por el culo. La visión de mi mujer, con el culo en pompa, empalada por el mástil de mi amigo, ella, con la cara aplastada contra la tela de la hamaca, el cuerpo brillante por la crema y el sudor, Buuf, que visión.

    Pablo se aferraba a sus caderas, y la penetraba hasta el fondo, la sacaba lentamente hasta casi asomar su glande fuera, y otra vez hasta el fondo, la estaba volviendo loca de placer. Belén mientras, se arrodillo a chuparme la polla. Se la tragaba entera, sentía en mi punta, el roce con su garganta. Me aferré a su cabeza, con fuerza, y le follé la boca, muy profundo, dejándola dentro impidiéndole respirar con normalidad, lo que le provocaba ganas de toser y movimientos involuntarios de la garganta, que acentuaban mas mi excitación.

    La sacaba para que tomara aire, y otra vez hasta dentro, viendo como le follaban a la vez el culo a Lara. Quise metérsela a Belén también. Quería correrme dentro de ella. La coloqué y mi polla se deslizó en su coño, sola, sin apenas resistencia, estaba empapada. No me gustaba, yo también quería su culo. Le di la vuelta y con un poco de aceite solar, dilaté su esfínter, con un par de dedos, que se perdieron dentro sin mayor problema. Acerque mi polla a su entrada, y poco a poco se la fui metiendo sin resistencia. Mientras, Lara gritaba, fuera de si, embriagada de placer, mientras estrenaba su primer orgasmo en Portugal

    -¡Joder! Pablo, aaah, aaaah, Joder, si, si, cabron, me vas a romper el culo, siii, me corro, ¡me corro aaaaah!

    -¡¡Yo también, yo también!! ¡Aaahh!! ¡Toma mi leche en tu culo! ¡Aahhh!

    Comencé a bombear dentro del culo de Belén, con aquella escena delante de mí y no tarde ni dos minutos en correrme también, clavando mis dedos en aquellas deliciosas nalgas

    -¡Siii! ¡Siii! Humm ¡Siii! ¡Toma, toma, Aaaaag!

    Pablo y yo, descabalgamos casi al mismo tiempo, con las pollas aun soltando hilos de leche. Ayudé a Belén a incorporarse y fuimos donde ellos. Pablo ayudaba también a Lara, y las dos chicas se fundieron en un beso profundo, antes de arrodillarse frente a nosotros a chuparnos las pollas, medio flácidas ya, para acabar de limpiarlas. Mi mujer con la mía, y Belén con la de Pablo. Cuando consideraron que habían terminado, dejándonos a los 2 ya medio listos de nuevo, nos tomaron de la mano y nos fuimos a la piscina. El chapuzón fue agradecido por los 4.

    Después del reconfortante baño, y un poco de sol, entre tonteos y toqueteos entre todos, decidimos vestirnos e ir a dar una vuelta por los alrededores y cenar algo. El pueblo era precioso y encontramos una terraza que nos ofreció una preciosa puesta de sol, entre copas de Vinho Verde bien frio, y tapas varias de manjares de la zona.

    Durante la cena, hablamos de la relación que se había forjado, de cómo jamás hubiéramos pensado, al menos Lara y yo, terminar en una a cuatro bandas, y que sería bonito, plasmarlo de alguna manera permanente, como un Tattoo o algo similar, para que nunca nos olvidáramos, pasara lo que pasara en nuestras vidas. Brindamos por la ocurrencia de Lara, que me sorprendió que saliera de ella, y decidimos hablarlo al día siguiente con calma y decidir qué hacer. Pagamos y nos dirigimos a la casa. El día había sido largo, y estábamos cansados, y ahora, un poco “alegres” también, todo sea dicho

    Llegamos y comenzamos a desnudarnos para acostarnos, después de pasar por el baño, en este punto, habíamos perdido ya todo resquicio de pudor entre nosotros y estábamos muy cómodos desnudos. El aire acondicionado, hizo su efecto en los pezones de las mujeres, que se erguían desafiantes e insinuantes. Nos acostamos, ellas en el medio, juntas, y nosotros a los lados. Mientras yo jugueteaba con un pezón de Lara, viendo los e Belén, comenté cuanto me ponían los pezones atravesados por piercing, pero Lara jamás quiso hacerlo, por miedo al dolor.

    -Yo lo pensé alguna vez, dijo Belén, pero nunca me decidí. Si Lara me acompaña, nos los ponemos las dos

    -Buuf, me dan miedo las agujas, no llevo ni tattoos, ya ves, dijo Lara

    -Tampoco nunca pensaste en abrir la relación, y aquí estamos, dije yo

    -Eso es cierto, es tiempo de cambios, dijo Pablo, y pasando un poco por encima de Belén, le dio un morreo a mi mujer, mientras yo seguía aferrado a sus tetas, pellizcándole los pezones.

    Pablo se retiró y Belén ocupo su lugar, fundiéndose en un profundo beso con Lara, que no dejaba de contonearse de la excitación, rozando su culo contra mi polla, que ya estaba dura como una piedra. Una mano, creo que de Belén, me la atrapó y después de jugar con ella un poco me la dirigió hacia la húmeda rajita de mi mujer que me recibió cálidamente en su interior. Pablo ya había penetrado a Belén y pude ver como Lara, que seguía enganchada por la boca a ella, también le acariciaba el clítoris con una mano. Yo solté una de las tetas de Lara para coger la de Belén y Pablo hizo exactamente lo mismo.

    Aún con el alcohol, o gracias a él, nos movíamos con una coordinación excelente, como si lleváramos media vida haciendo estos juegos. Las mujeres empezaron a jadear al unísono fundidas boca con boca, y yo sentí mi orgasmo crecer dentro de mí. Mi polla latía dentro de mi mujer, y sin tiempo de avisar, me corrí en un orgasmo largo, intenso y placentero, como hacía mucho que no sentía.

    Desperté sobre las 7 de la mañana con las primeras luces del día. La cama olía a sudor, sexo, pasión. Lara estaba girada hacía mí. Su cara presentaba los signos de la batalla, con el maquillaje corrido y el pelo alborotado. Detrás Belén, abrazada a ella, con sus tetas pegadas a su espalda, y una mano en la cadera. Y detrás, Pablo, pegado a su mujer, y abrazando a las dos.

    La escena era perturbadora y excitante.

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  • Nosotras cuatro contigo (2): La estación terrible

    Nosotras cuatro contigo (2): La estación terrible

    Dos años antes del viaje, Dinora y Nina habían tomado clase con una maestra anciana y pelirroja, de pechos puntiagudos, que les había dejado la tarea de investigar el significado de sus nombres. Dinora llegó con una inocencia casi infantil al día siguiente y se los señaló a Nina, escritos en su cuaderno con una caligrafía garigoleada:

    —Dein-óora —leyó con lentitud y satisfacción. —”La estación terrible”.

    Pasando los años, Nina no podía dejar de pensar en esas palabras. Pensaba en los chicos a los que cazaban las cuatro amigas… en los chicos que atrapaban en un medio círculo, con la idea de que Dinora los excitara con su belleza y su cercanía para luego arrojárselos a Arteaga. Para esos chicos, la vergüenza quedaría para siempre unida al deseo, y viceversa; Dinora estaría por años en sus fantasías y en sus pesadillas. Además, se sabían feos precisamente por haber sido elegidos por Arteaga como sus presas. Su deseo siempre les recordaría lo vulnerables que eran.

    La misma Nina había sido siempre utilizada por los hombres. Ella sabía algo de todo esto… ¡Qué frágil es la juventud! Para esos chicos la primavera sería una estación terrible.

    En el hotel de la playa, Nina se había sentado en una de las dos camas y veía la escena que seguía desarrollándose. Elías tenía la cabeza apoyada contra la pared y miraba al techo. Dinora, a su lado, le respiraba en la mejilla, apoyando sus pechos contra el hombro de él. Arteaga le había bajado el pantalón hasta las rodillas, y lo masturbaba de pie, mientras le besaba el cuello. Nina intentaba no mirar el pene de Elías, que estaba completamente erecto en la mano derecha de Arteaga… pero no podía no mirar. Cada tanto el glande salía por arriba del pulgar de su amiga, con un electrizante color púrpura, coronado por una bandita de color rojo.

    Fer había ido a asaltar el minibar del cuarto y le trajo a Nina una cerveza. Nina tomó a Fer del brazo y le susurró:

    —¿Esto te parece bien?

    —¿Que Arteaga vaya a coger?

    —Que vaya a coger… así.

    —Es un hombre, Nina —dijo Fer, como si estuviera diciendo la cosa más natural del mundo.

    —¿Eso qué se supone que significa?

    —¿Cómo que qué significa? ¿Ya te olvidaste de cómo te trató el Rodrigo? Todos los hombres son así. Míralo: ni dice nada. Se está así, quieto, dejando que le hagan. Ve que hasta mira al techo. No le voltea la cara a Dinora. ¿Sabes por qué? Porque Dinora lo excita. Porque Dinora me excita, te excita… Dinora es excitante, pues.

    Nina torció la boca; por un momento sintió que empezaría a llorar. Fer le sonrió con un poco de condescendencia. Luego le frotó las mejillas con el dorso de los dedos y puso su frente en la de Nina.

    —Te he visto verme. Sabes que soy feliz. Aquí, lejos de todo, puedo ser feliz. ¡Soy libre, Nina! Y me sentí especial con una persona especial. ¿No quieres eso para Fani?

    A Nina toda la argumentación de Fer le parecía muy insuficiente… hasta que llamó a Arteaga por su nombre. La ternura entre amigas le podía mucho al corazón de Nina.

    —A lo mejor Dinora necesita un relevo en algún momento. Bebe —concluyó Fer y Nina bebió la cerveza hasta el fondo.

    Dinora se le acercó más a Elías y le mordió delicadamente una oreja, pasándole después los labios. Arteaga tomó eso como una indicación, se puso de rodillas y empezó a chuparle el pene a Elías… Nina se dio cuenta de que cuando Arteaga escuchaba “chupar”, pensaba que era justo así. No tenía mucha idea de lo que estaba haciendo. Daba lengüetazos erráticos a miembro de Elías, y se metía un costado del tronco a la boca, para succionarlo, como si así se comiera también las paletas heladas.

    Mientras Nina veía esto, Dinora se fue al minibar y tomó una cerveza para ella misma.

    —Parece que esto va bien —dijo. —Hay que dejarlos un rato.

    Pasado ese rato, Elías no terminaba. Aún veía al techo y su erección, aún considerable, había empezado a disminuir. Arteaga no quería molestarse, porque la estaba pasando bien, pero en lo profundo de su corazón se sentía ofendida. Se irguió, se quitó la ropa interior y comenzó a besar a Elías.

    —¡Len-gua, len-gua! —volvieron a corear las amigas, incluso Nina.

    Esta vez Arteaga consiguió que Elías abriera la boca. Le succionaba los labios y buscaba su lengua para que la correspondiera. Elías, quizá porque aún quería no ser grosero, le correspondió un poco, lo que animó a las amigas y las hizo acercarse.

    Mientras pasaba todo esto, Arteaga se había empezado a restregar, sin ropa interior, contra Elías. Le había metido el muslo entre las piernas, y frotaba desde abajo su miembro, que se había erguido nuevamente, hasta rozarle a ella la panza, sobre la camisa.

    Fer entonces tomó una de las nalgas de Arteaga y le dijo:

    —¡Esa Arteaga! Nos has estado escondiendo este culito, que no está nada mal.

    Mientras manoseaba a Arteaga, Fer llevaba el mismo ritmo con el que Arteaga frotaba a Elías. La empujaba un poco y hacía que su pierna lo estimulara más a él. Pero no era sólo eso. Fer se sentía feliz de manosearla y Arteaga lo consideraba parte normal de la seducción.

    Dinora también comenzó a tocarla. Tomaba una nalga entera y la hacía batirse en el aire. Nina se sintió feliz de que Arteaga recibiera algo de cariño de sus amigas, y empezó a tocarle el pecho, sobre la ropa.

    Al sentirse rodeada de sus amigas, Arteaga quitó la pierna del miembro de Elías. Este, discretamente, fue a sentarse en una de las camas, viendo a las amigas. Fer besó a Dinora, con una intensidad inusitada. Dinora desató el traje de baño de su amiga y cayeron en su manos dos pechos grandes y redondos, con un pezón muy compacto, muy oscuro y muy erecto. Dinora se agachó a besarle una vez cada pecho. Luego se puso detrás de Fer, la hizo voltearse hacia Elías y le tomó los pechos desde la espalda, haciéndoselos botar, lanzando un pecho contra el otro, pellizcando el pezón entre las falanges de dos dedos.

    —¿Te gustan los pechos de nuestra amiga Fer? Tienes que admitir que está muy buena.

    Fer se empezó a reír de la situación, de la vergüenza que se pintó en la cara de Elías cuando les desvió la mirada. Cuando Elías volteó a verla, ella misma se tocó los pechos y le lanzó un beso al aire. Mientras Fer excitaba a Elías con ese espectáculo, Dinora le bajó la parte inferior del traje de baño, dejándola completamente desnuda.

    Fer, realmente enojada, pero también entre risas y muy excitada, comenzó a insultarla y a forcejear con ella, para dejarla también desnuda (para ese momento Dinora aún usaba su falda azul claro y tenía su traje de baño completo). Llegaron a la cama; Fer tiró en la cama a Dinora y le quitó la falda. Elías las veía con más estupefacción que excitación.

    Mientras todo esto pasaba, Nina se había quedado con Arteaga,

    Nina no podía decir si le atraían las mujeres (más adelante concluiría que, en general, no), pero sí sabía que la situación la excitaba mucho. Le gustaba tocar los pechos de su amiga y encontrarlos lindos. Le desabotonó la blusa y le besó las clavículas. Arteaga se dejaba hacer y daba suspiros cada tanto. Sólo le quedaba puesto un brasier, que Nina no quería hacer grande metiendo la mano, así que, cuando acariciaba sus pechos, sólo acariciaba los márgenes.

    Arteaga notó esto, y se sacó los pezones del brasier aún puesto, para que Nina pudiera lengüetearlos de arriba a abajo, besarlos y mordérselos con cariño. Nina se sentía muy orgullosa de darle placer a Arteaga, aun cuando no tenía experiencia con mujeres. Se limitaba a hacerle las cosas que a ella misma le gustaban en el sexo, y parecía que eso le estaba funcionando bastante bien.

    Pero ocurre que Nina también había tomado los pechos de Arteaga con la intención secreta de separarla de Elías. Sentía pena por él. El chico estaba rentando ese cuarto con su hermano, no podía sencillamente dejárselo a unas casi desconocidas. No podía irse y ya. La esperanza de Nina era que Arteaga se aburriera de él, y prefiriera el contacto de sus amigas. El problema es que Arteaga veía la situación exactamente igual que Nina: su orientación sexual podía hacer una concesión para fajar con sus amigas, pero su principal objeto de interés seguía siendo Elías.

    En el momento en el que Fer tiró a la cama a Dinora, Arteaga quitó la vista de Nina y la llevó a las camas: en una estaba sentado Elías, en la otra, sus dos amigas se debatían entre el forcejeo y el faje. Caminó a la cama de Elías, con Nina detrás de ella. Se sentó junto a Elías; Nina había intentado quedar en medio de ambos, pero tuvo que resignarse a sentarse del otro lado de Elías, dejándolo a él en medio. Los tres veían a Fer intentando desvestir a Dinora, mientras ésta le hacía cosquillas para tratar de imponerse.

    —¿Te gusta todo esto? —le preguntó Arteaga.

    Nina se preocupó al ver que Elías no respondía, y le preguntó:

    —¿No es esto lo que querrían ver todos los hombres?

    Su pregunta no era retórica, iba en serio, pero se escuchó como si ella misma lo creyera. Leías solamente se encogió de hombros.

    —Esto es lo que muchos hombres querrían ver —Nina intentaba disculparse por lo que había dicho, pero cada vez sonaba peor.

    Arteaga tomó el miembro de Elías y empezó a masturbarlo muy lentamente. Ella misma, de pronto, se estaba masturbando con la mano que le quedaba libre. Al notar esto, Nina desvió la mirada. Prefirió mirar a Dinora. Fer no había conseguido quitarle la parte de arriba del traje de baño, que Dinora había protegido celosamente, pero sí consiguió quitarle la parte de abajo. Mientras seguían forcejeando, una pierna de Dinora quedó entre las piernas de Fer que, finalmente, dejó de forcejear con ella para besarla. Dinora la besó también. Fer llevó su mano al sexo de Dinora y empezó a masturbarla. En ese momento, Nina no pudo más: abrió el botón metálico de sus bermudas, metió la mano, hizo a un lado su ropa interior y comenzó a masturbarse también

    Dinora gimió muy profundamente, cuando vio por el rabillo del ojo a sus dos amigas y a Elías. Detuvo un momento a Fer y puso una almohadas contra la pared. Después, le indicó a Fer que siguiera. Con este cambio, una Dinora más erguida podía verlos a todos. Ahora, mientras Fer le besaba los pechos y terminaba por dejarla completamente desnuda, Dinora dijo:

    —Tú hazme lo que quieras, Fernanda. Ahorita que Arteaga suelte la verga del Elías, vas a ver.

    —Yo no voy a dejar que me la meta —gruñó Fer, de forma tajante. —No me gusta la verga… de pendejitos como este.

    Nina no pudo dejar de notar que Fer aún no podía nombrar su deseo. ¿Estaba pensando en ese momento que era bisexual? ¿No había pensado nada aún? Nina estaba pensando todo esto cuando sintió que algo se hundía en la cama y escuchó que Elías dio un quejido. No quiso voltear en ese momento. Cerró los ojos. Luego dio un suspiro y los abrió. Arteaga se había subido en Elías, se había metido el pene de un solo golpe y se lo estaba cogiendo. Lo último que Nina pudo ver fue que Elías, con los brazos tensos y extendidos, se aferraba al borde de la cama.

    Nina se levantó. Se preguntó si sería bueno que saliera. Si a Elías le serviría más que en el cuarto hubiera tres invasoras y no cuatro. Igual ella no había podido hacer nada por él.

    —No te vayas a correr, puto, que te las estás cogiendo a pelo. Te sales antes —escuchó que le gritó Fer a Elías, con los oídos zumbándole y como si su voz viniera de muy lejos.

    Cuando Nina tomó su segundo aire y pudo ver lo que estaba pasando, vio que Fer y Dinora, completamente desnudas, estaban a cada lado de Arteaga. Cada una le sostenía un pecho y ambas le empujaban las caderas, para hacer que la penetración fuera más profunda. Fer incluso había empezado a masturbarla mientras tanto.

    Nina se acercó. Era natural. Estaban en medio círculo. Ella tenía un lugar allí. Dinora noto lo afectada que estaba Nina y le dio un beso en la frente, seguido de un abrazo. Elías ahora se tapaba la cara con ambas manos y gemía sordamente.

    —¡Va a acabar, salte! —le dijo Dinora a Arteaga y entre ella y Fer la hicieron quitarse.

    La misma Dinora se arrodilló y empezó a masturbarlo, intensísimamente.

    —Ahora, te vamos a dar un premio especial. ¿En qué tetas quieres acabar? Pueden ser las mías o las de Fer… o hasta las de Nina.

    Fer entonces tomó por encima de la ropa de Nina sus pechos, breves y cálidos, como si quisiera decir “puedo desvestirla en dos segundos”. Pero Elías seguía gimiendo, con la cara tapada por las manos, sin decir nada.

    —¡Pues no acabes si no quieres! —le espetó Dinora, y lo dejó, allí, erecto, al borde del orgasmo y gimiendo.

    Fer quitó las manos de los pechos de Nina. Las chicas se pusieron sus calzones y camisas, se terminaron sus cervezas y sacaron más del minibar.

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  • Enamorándome de Dianita (16)

    Enamorándome de Dianita (16)

    Quiero que cada vez que te sientes a comer en esta mesa, te acuerdes de mí y de la cogida que te di en ella, que cada alimento que te lleves a la boca te haga mojar tu ropa interior y tengas que cambiarla. -le dije

    -Uf, uf, si lo haces bien podrás partirme el culo como a ti te gusta. -me contesto.

    Empecé hacerle sexo oral como un poseído, chupaba cada centímetro de sus labios vaginales, metí dos dedos en forma de gancho hacia arriba metiendo y sacando rápidamente, mientras con mi lengua le daba masajes al clítoris, la profesora Violeta se agarraba los pechos, los estrujaba y pellizcaba sus pezones ella misma.

    -Ah, ah, no aguanto más me voy a venir, que me estás haciendo. -Me decía

    En eso arquea su espalda y empiezan a salir chorros del tremendo orgasmo que estaba teniendo, Violeta gritaba del placer, si los vecinos escucharan pensarían que le está pasando algo y llamarían a la policía, por lo que me toco meter mis dedos en su boca mojados de sus propios líquidos, los cuales ella empezó a chupar.

    Ambos estábamos ansiosos el uno del otro, la baje de la mesa y la puse de espaldas, mientras la tomada de sus grandes nalgas se la metí entera hasta chocar pubis contra su coño, luego la levanté un poco hasta casi sacarla y la deslicé suave y lentamente, repetí el movimiento de levantarla para volverla a deslizarla ya no tan suave, la profe Violeta comenzó a gemir y pedirme que siguiera así, que la follara.

    -Sí Thiago, así, ¡métemela hasta el fondo!, ay que grande la tienes, dale. -me decía

    -¿Te gusta cómo te lo estoy haciendo?

    -Mm, sí eres maravilloso sigue, dame más. -decía mientras gemía.

    Cada vez que se la metía, un gemido de placer se escapaba de su boca, sentía como su vagina se abría aceptando toda mi verga, ajustándose como un guante, mi lujuria solo sentía cada roce del húmedo coño de mi profe Violeta, todo como si fuera la acción más extraordinaria del mundo, mis piernas chocaban contra el culo de Violeta, haciendo un ruido similar a aplausos que encontraba de lo más erótico, seguí clavándola fuertemente mientras me afirmaba de sus caderas, ella en un momento se agarró de las orillas de la mesa para no caerse y gemía bajito tratando de no gritar.

    Yo notaba que mi ritmo en el mete saca la tenía al borde del orgasmo, por lo que traté de prolongar al máximo el goce de los dos, de pronto la profe Violeta comenzó a moverse de tal forma que podía profundizar mis estocadas, y ya no podía parar de gemir fuerte.

    -¡Oh, ah, mm, ah!, que bueno eres, dame más.

    -¿Cómo te gusta?

    -De todas las formas si eres tú, dame ah, ah.

    La profe Violeta y yo estábamos muy cerca de llegar al orgasmo, por lo que aceleré el mete y saca, le daba con todo a su mojado coño, el cual me apretaba la verga como queriendo exprimirme, por sus gemidos y profundos suspiros, tenía la certeza de que me estaba cogiendo a la profesora Violeta como a ella le gustaba.

    -¡Oh, Ah! Sí Thiago, sí párteme el coño, ¡ah, ah!

    Esos eróticos gemidos hicieron que yo también convulsionara en un tremendo orgasmo, por lo que saqué mi verga dejándola apoyada en su perfecto ano, en esa posición continué descargando mi leche en su hermoso y apetitoso agujero.

    -Eres fantástico Thiago, ¿Te gustó?

    -Sí, me encantó. -le conteste

    -Mm, desde hoy seré tu eterna amante.

    -Sí así lo deseas yo encantado, pero quiero más. -le dije

    -Uf, uf, divina juventud. -me contesto.

    Le abrí las nalgas, le rose el ano varias veces y ella gemía por lo que empuje mi pene en su ano y eso la hizo gemir aún más, la penetre sin mucha dificultad, le bese la espalda y recorriendo con mis manos su culo mi verga, entraba y salía para volverla a clavar una y otra vez, al tiempo que la embestía con tanta fuerza, sentía que mis huevos golpeaban contra sus nalgas, produciendo un sonido como si estuviera alguien aplaudiendo, mientras ella gemía del placer.

    ¿Te gusta? La embestía analmente con mucha energía y la profe Violeta paraba más las nalgas, pero no podía contestarme de tanto placer, le agarre del cabello y con mi verga todavía clavada en sus nalgas empecé a sacarla y a meterla tanto analmente como vaginalmente, le empezaron a temblar las piernas y no pudo contenerse y llego al orgasmo, me baño de sus jugos vaginales y anales de tantas veces que la penetre, ya no pudo aguantar más.

    -Ya no tengo fuerzas en las piernas vamos al sofá, quiero cabalgarte y hacerte acabar. -me dijo

    Me senté el sofá y Violeta se fue sentando de a poco en mi verga, -Nunca me había comido una verga tan grande, así que estoy adolorida, -me dijo, poco a poco se metía mi verga cabalgando suave y fuertemente en ella, mientras que sus enormes tetas me rebotaban en la cara, pude apreciar el lunar en su seno izquierdo arriba de la areola, lo bese y mordí sus pezones, después de un rato, se cambió de lado, colocándose de espaldas y me ofreció sus nalgas pidiéndome más verga por el culo, no lo pensé dos veces, me mojé los dedos y metí primero el dedo en el oscuro ano jugué un poco con mi dedo dentro y después la cabeza de mi rígida verga de una sola embestida se la clavó hasta el fondo.

    Subía y bajaba haciendo sentadillas clavándose mi verga y dándome tremendos sentones en ella. A ratos notaba que se cansaba y era yo quien se la sacaba y se la metía con mucha fuerza, tanto que mis huevos golpeaban contra los labios de su vagina, la profe Violeta me acariciaba los huevos con una de sus manos.

    Se volteo nuevamente y con la cara hacia mí, seguía encima de mi vientre y se clavó nuevamente por el culo mi duro pene, penetrándose a profundidad y con mucha fuerza, le decía me encantan los sentones que me das, -me dijo te voy a hacer acabar dentro de mi adolorido culo, le daba duras nalgadas en su duro culo, cada vez se bajaba y se clavaba mi verga una, otra y otra más hasta que se provocó un squirt vaginal mojándome todo el abdomen, y por primera vez terminamos al mismo tiempo, llenándole el ano de mi leche caliente.

    Quedamos agotados en el sofá, nos dimos un apasionado beso, donde nuestras lenguas se entrelazaban, sentía su respiración agitada y su corazón acelerado, -Uf, uf, tienes razón cada vez que me siente a comer me voy acordar de ti, gracias por hacer que este día fuera especial, ya no lo recordare con tristeza sino con alegría y me dio un tierno beso, después de varios minutos abrasados en el sofá, decidimos ponernos de pie y meternos a la ducha, antes de eso Violeta puso nuevamente mi ropa en la secadora, nos bañamos juntos pero Violeta estaba destrozada, solo me di el placer de enjabonar ese escultural cuerpo que sabia era el deseo de todo los hombres de la universidad, especialmente de Cristian.

    Salimos de la ducha y ambos nos pusimos la bata de baño, salimos a la sala nuevamente y a la profe Violeta se le dio la gran idea de hacer comida, realmente teníamos mucha hambre, el maratón sexual nos había dejado muertos de hambre, como seguía lloviendo no podíamos pedir domicilio, mientras Violeta preparaba la comida, recibí una llamada de Sofia.

    -Hola Thiago, tú y yo tenemos un trato y no me has cumplido, voy a tener que hablar con Tony y decirle que puede hacer con Dianita lo que quiera. -me dice

    -Gracias por ese saludo tan cariñoso. -le conteste

    -Quiero ser tierna contigo, pero tú no dejas.

    -Escúchame bien, hicimos un trato y siempre cumplo con mi palabra, es mas hoy no he hablado ni con Dianita ni con Paula.

    -Eso está muy bien, pero a mí no me has cumplido, y esa es la parte más importante de nuestro trato.

    -Entonces quieres decir que, si me acuesto contigo, puedo seguir con mi vida igual con Paula y con Dianita

    -Eso quiere decir que, puedo pensarlo más adelante por ahora solo serás para mí, te envió por mensaje de texto la dirección de donde nos vamos a encontrar esta noche, no quiero sorpresas, y no hagas planes porque pasaremos toda la noche juntos, bye.

    La profesora violeta trae la comida a la mesa, me mira a los ojos y me dice; -te dije que ese triángulo amoroso te traería problemas, -no hay problema, pero solo tengo que ponerle fin a una situación que no me deja tranquilo, no se preocupe buscare la forma de resolverlo, -le dije.

    Terminamos de comer, mi ropa ya estaba seca así que me vestí, la profe Violeta se quedó con la bata de seda, que le marcaba todo su escultural cuerpo y mostraba sus torneadas piernas, afortunadamente dejo de llover, mire mi teléfono y vi varios mensajes, uno de Amanda, otro de Dianita, otro de Paula y otro de Cristian, todos preocupados por mí ya que en el chat grupal no había participado de la conversación que tenían, recibí una videollamada grupal, por lo que me toco meterme en el baño de la profe, no quería exponerla de esa manera, y tener que dar explicaciones de quien era la casa donde estaba.

    Ya en el baño abrí la videollamada, todos hablaban a la vez que no le entendía a ninguno, por lo que tuve que decirles que se callaran, -escuchen todos, estoy bien es solo que mi teléfono no está funcionando bien debido a que la lluvia me cogió en el camino, me toco meterme en un restaurante y esperar a que dejara de llover, ya voy rumbo a mi casa.

    -Pero bro, porque no me llamaste te hubiese ido a buscar en mi auto. -me dijo Cristian

    -Y donde metía la motocicleta. -le dije

    -Pero amor con un mensaje se arreglaba todo, estábamos muy preocupados por ti. -me dijo Paula

    -Lo sé y les pido disculpas, pero como les dije mi teléfono está fallando debido a que le cayó agua.

    -Lo importante es que estas bien, estamos planeando una pijamada en el apartamento de Cristian, ¿nos encontramos en la noche? -me dijo Dianita

    -El plan es muy tentador, pero hoy no podría acompañarlos, ya tengo un compromiso con mi madre, le prometí que la acompañaría a uno de sus reuniones de beneficencia. -les dije.

    Cristian, inmediatamente se dio cuenta que estaba mintiendo, pero no dijo nada, las chicas se pusieron tristes y dijeron que entonces tendrían que posponer la pijamada, por lo que me toco decirles. -pero si tantas ganas tienen de hacer la pijamada podemos hacerla mañana, que es esperar un día más. -les dije

    Todas estuvieron de acuerdo, pero mi preocupación era Sofia no sabía si ella y su capricho conmigo le diera por pasar dos días seguidos conmigo encerrados, en eso recibe un mensaje de Cristian.

    -Pasa algo bro, sé que mientes tú madre no te pide que la acompañes a esas reuniones. -me decía.

    -Después te cuento, se trata de Sofia tengo que solucionar algo.

    -Está bien ten mucho cuidado.

    Llego la noche y me dirigí a la dirección del hotel que Sofia me había enviado, llegue primero que Sofia, a los diez minutos llego ella y me saludo con un efusivo beso, entramos al hotel, cuando estábamos en la habitación, Sofia empieza a besarme de manera desenfrenada, la separe y le dije; -tranquila tenemos toda la noche, por lo que se calmó, se quitó la chaqueta que traía y pude apreciar el vestido negro ceñido al cuerpo le quedaba perfecto, todas sus formas resaltaban con ese espectacular vestido.

    En la habitación había una botella de champan y dos copas, Sofia las lleno y tomamos, mi intención era convencer a Sofia que olvidara nuestro trato, pero Sofia jugo sus cartas y dejo caer su vestido quedando en lencera sexy, se veía hermosa era imposible no sentir deseo por esa mujer, su belleza era impresionante.

    -Te gusta lo que ves. -me dijo

    -Eres una mujer muy hermosa Sofia, si te digo que no estaría mintiendo. -le dije

    -Esa era la idea, que no le puedas decir que no a mi belleza, pero con el placer que te voy a dar voy hacer que olvides a la zorra de Diana y a la simple de tu noviecita.

    Yo no me muevo solo por la belleza de una mujer, no soy tan simple como tú dices, nuestra conversación y las copas de champan estaba haciendo su efecto, Sofia estaba logrando excitarme, me abrazaba y me besaba apasionadamente.

    A Dianita le llego un mensaje con una fotografía, donde estábamos Sofia y yo, en la entrada del hotel y Sofia dándome un beso, el cual decía, al final no se pudo resistir, se nota que la van a pasar genial, -¡pero que mierda es esto!, no puede ser posible que Thiago se vaya a coger a esa perra, será que le cuento a Paula, al final le mando la foto a Paula, debemos evitar eso, nos encontramos en la entrada del hotel ya te envió la dirección. -le escribió

    Continuará.

    Espero les haya gustado este capítulo, dejen sus comentarios, para que me ayuden a mejorar y para motivarme para seguir con la historia. Saludos.

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  • Una historia nueva (5)

    Una historia nueva (5)

    Nuevamente nos encontramos en la Ciudad de Guadalajara en el Estado de Jalisco.

    Está la familia tomando el acostumbrado baño dominical en la gran bañera muy al estilo de la Roma Antigua. Enrique está hablando con Cristina, ya todos están desnudos, ninguno lleva ropa puesta., incluyendo a Cristina y a su hermano Marcelo.

    –No te pongas nerviosa, Cristina –le dijo Enrique tomándola de la mano y poniéndola sobre su miembro para hacer que lo sostuviera entre sus dedos, para luego decirle suavemente al oído- bésame al igual que como besas a tu hermano Marcelo. Mi hermana Consuelo me dijo que besas igual que nuestra hija Beatriz, así que me complacería mucho probar la miel de tus labios.

    Cristina se voltea para poner al alcance de la boca de él labios. Enrique se acerca y besa la boca a carnosa boca de Cristina que se deja llevar movida por la excitación que le produce sentir la verga de él en su mano, que la mantiene impresionada, en tanto la atrae hacía él tomándola de las nalgas y acariciándolas, ella instintivamente se voltea para restregar sus pezones sobre su pecho velludo al igual que el de su hermano Marcelo lo cual es su perdición el sentir como se mueven sus pezones sobre sus vellos, a un lado de ellos Soledad.

    La hermana de él toma entre sus dedos los pezones de Cristina ante la complaciente mirada de su hermano Enrique que también besa a ambas mujeres intercambiando entre ellos tres su saliva con sus lenguas, a un lado de ellos se encuentran las novias de Cristina, Consuelo y Beatriz junto con Andrea y Araceli que también demuestran todo el amor que se sienten besando indistintamente sus labios vaginales lubricados con la saliva de sus bocas provocada por las dulces paletas de caramelo que las hacen salivar abundantemente y cuya saliva también se desparrama sobre la verga de Marcelo disfrutando las bocas y lenguas de sus mujeres que cubren el glande y del tronco de su verga.

    Por su parte Sandra junto con sus hijas Graciela y Mónica también participan acariciando los cuerpos de las cuatro mujeres que están dándose el placer supremo y reservado del incesto al que solo los dioses de la antigüedad podían acceder. Enrique invita a Marcelo a besar los pechos de su hermana, mientras que por otro lado está Soledad mamando uno de sus pezones juntándolo con el glande de la verga de su hermano Enrique.

    Marcelo chupa el otro pezón conjuntamente con el glande de Enrique y la boca de Soledad, subiendo con su lengua por el pecho de él para encontrarse con su boca, ambas bocas se trenzan en un beso compartido con la boca de Cristina que se encuentra sorprendida y sin habla ante el hecho de ver como su hermano también está presto devorando los labios de Enrique en tanto él está llamando a su hija Andrea. Enrique les pide a Cristina y a Marcelo que hagan lo que él les dice.

    Andrea quien también les tiene reservada otra sorpresa que más adelante les dará, sale del agua y se acerca para escuchar lo que le está diciendo su padre al oído, es entonces cuando Enrique toma a Marcelo y lo voltea para abrir sus nalgas encontrándose con el pequeño esfínter al cual va acercando su lustroso glande, aplicando una buena cantidad de mantequilla que le alcanza Andrea de una de las mesas para untárselo y con lentitud, irle introduciendo poco a poco su verga haciendo que Marcelo sienta con un poco de dolor.

    Que por cierto no es esa la primera vez que ha probado la verga de Enrique en su culo así como la de Andrea que por mucho es la más hermosa de las hijas de su suegro y cuya verga también ha podido tener dentro de su culo, al igual que Andrea la de él, pero esta vez va a ser un poco diferente ya que Marcelo también tiene su propia verga excitada por el dolor y el placer que le está haciendo sentir él. Las mujeres dentro de la gran bañera no dejan de observar lo que está haciendo Enrique con el prometido de Beatriz y su adorable hija Andrea.

    Es entonces que Andrea siguiendo las instrucciones de su padre se pone delante de Marcelo para abrirse de nalgas y mostrarle su adorable culo presto para recibir del mismo modo la hermosa verga de él que sin pensarlo dos veces empieza a introducir dentro del pequeño culo de ella que se va abriendo con elasticidad absorbiendo toda su verga en pocos segundos, Marcelo la trata con mucho amor y cuidado ya que también se trata de su adorable cuñada.

    En tanto Enrique le pide a Cristina que se ponga delante de su hija Andrea para que a su vez pueda introducir dentro de su hermoso culo la traviesa verga de buen tamaño de la linda travesti. Luego de haberla besado y disfrutar de sus bocas, Cristina se puso delante de ella para ir sintiendo como la iba penetrando su linda cuñada. Era un cuadro tan hermoso y perturbador que Sandra lo estaba grabando con su celular a petición de Consuelo, pues se trataba de algo digno de ser recordado.

    Ni en sus mejores sueños pudo Cristina imaginarse algo mejor que eso, es cuando recapacitó en todo el significado real del incesto en familia, ya que se trataba del disfrute de todos con todos, sin distinción de sexo ni parentesco y eso es lo que precisamente ella estaba buscando para hacer su novela, algo que enalteciera el amor en familia, basado en un incesto lleno de la más morbosa lascivia sin ningún tipo de barreras.

    Cristina que está siendo cogida por el culo por su cuñada Andrea se queda sorprendida al ver a otra mujer que tomada del brazo de la señora Sandra, la encargada de la cocina llega en compañía de dos atractivos hombres, mismos que le presenta su novia Beatriz a Cristina sin siquiera dejar de estar cogiendo con Andrea, como María una de las secretarías de su padre, que llega junto con su hermano Antonio y Mario el novio de ambos hermanos, otro atractivo espécimen de hombre para ella.

    Los tres ya han llegado sin vestimenta alguna por lo que puede observar sus miembros ya con buena dureza y excitación ante todo lo que están observando, los pechos de Cristina se están balanceando ante la vista de ellos con sus pezones escurriendo algo de la saliva de Soledad. Beatriz participa con la pequeña orgía incestuosa besándola y poniéndose sobre una de las mesas a solicitud de su novia y cuñada, para sentir la lengua de ella lamiendo su vagina.

    “Resulta que cuando Marcelo conoce a María y la lleva a la cama, la prueba como hace con algunas las chicas con las que se acostaba, a través de sus pláticas se entera sí estarían de acuerdo con ciertas prácticas relacionadas con el incesto. Para lo cual les hace saber que uno de sus mejores amigos está sufriendo porque está perdidamente enamorado de su propia hermana y no sabe cómo llegarle, por lo que él trata de consolarlo sin resultado.

    María, que según él cayó en la trampa le contesta –Pero eso es algo que sucede en muchas familias, inclusive a mi hermano y a mí nos pasa lo mismo, eso es algo muy normal. –¿Y tú lo consuelas? –Pues no lo iba a dejar así sin consolarlo, sino que clase de hermana sería, ¿no crees? –¿Aunque se trate de incesto? –Pues de todas maneras es hacer el amor, y nuestra madre siempre nos educó a mi hermana y a mí que era nuestra obligación satisfacer a los hombres de la casa, para eso es que teníamos vagina, eso no tiene nada de extraordinario.

    Luego de esa plática entre ellos, le hace saber que él tiene una relación de incesto con su hermana Cristina a lo que ella le contesta que eso se trataba algo muy bonito que sucede continuamente con mujeres que tienen hermanos y padres varones.

    Posteriormente María como secretaría del señor Enrique con quien también ha tenido relaciones y que conoce a la señora Consuelo con quien también se ha acostado, en una ocasión le hace el comentario a ella respecto de Marcelo y de su hermana Cristina que escribe novelas de incesto y él le ha dado una memoria usb con una copia de algunas novelas que ella también ha leído y que Marcelo le proporcionó. De ahí nació el plan para ir con él a un bar y que las hijas de Consuelo les invitaran unas bebidas y pudiera “iniciarse” una bonita amistad.”

    Marcelo que se da cuenta de que es María la que está viendo como su suegro Enrique es el que se lo está cogiendo, se sorprende y mientras Enrique está con el mete y saca de su verga en el culo de él, haciéndolo gozar como pocas veces, él la mira y atina a preguntarle:

    –María ¿Qué haces aquí?

    –Vine a verlos a ti y a tu hermana Cristina de la que me platicaste, pero veo que estás muy entretenido con mi jefe.

    –Me está cogiendo bien rico, María.

    –Sí, ya los vi y vaya que tiene buen verga mi jefe, pero no te preocupes también me ha cogido a mí y a mi hermano, le faltaría cogerse a nuestro novio.

    –¡María!, qué bueno que llegaste veo que vienes acompañada, de tu hermano, me imagino que es el novio de los dos al que te refieres.

    –¡Mucho gusto!, no tenía el placer señor Enrique, le estrechó la mano Mario sin dejar de observar el espectáculo.

    –Eres bienvenido, acomódate y tomate una cerveza mientras miras y te animas a participar.

    –Gracias, pero estoy viendo a ese chico que está con esas muchachas.

    –Ah, él es Alberto y las chicas que lo acompañan son sus hermanas.

    –Me gustaría estar con él y con ellas, ya que yo soy bisexual.

    –Magnífico, luego te presentó a mi hija Andrea que ella es transexual, de seguro te va a encantar coger con ella, además mi hermana Consuelo tiene buenas referencias tuyas cómo para que puedas integrarte a nuestra familia, ¿no tienes otras parejas?

    –No, nada más estoy con María y con su hermano Antonio de quienes soy el novio.

    –¿Y de Martha la hermana de María y la madre de ellas, no lo eres?

    –No, aún no pero por el momento estoy bien así con mis novios.

    –Bien, pues acomódate y siéntete como en tu casa.

    –Gracias, señor, y permítame decirle que tiene una verga muy bonita.

    –Luego que me desocupe te la doy a probar para que la mames un buen rato.

    –¡Me encantaría muchísimo!, Gracias –dijo con su varonil voz.

    Luego de que Enrique se viniera dentro del culo de Marcelo y él a su vez dentro del culo de su cuñada Andrea y Andrea a su vez en el culo de su cuñada Cristina y ella y Beatriz hicieran su parte, se sintieron un poco desguanzados por la gran excitación que habían sentido.

    Enrique luego de esa hermosa forma de copular le guiñó un ojo a su hermana Consuelo ha quien ha hecho saber que quiere que Marcelo entre a la compañía que el maneja para hacerlo su socio en cuanto se realice el matrimonio de él con su hija Beatriz. Esa misma noche él le dará la noticia. En ese momento, Andrea toma una cuchara para golpear sobre un vaso y llamar su atención, luego de la excitante manera de haberse compenetrado los nuevos miembros con la familia.

    –Querida familia, es un gusto como siempre lo ha sido el que nos encontremos reunidos todos disfrutando de esta bonita reunión familiar, tenemos con nosotros un invitado nuevo, él es Mario y es el novio de nuestros amigos María y Antonio que siempre nos han acompañado. En esta ocasión tengo una noticia importante que darles.

    Como ustedes saben mi hermana y yo somos novias desde hace un par de años, nos hemos enamorado y deseamos ahora participarles que vamos a casarnos, nuestros padres ya lo saben solo faltaba hacerlos partícipes tanto de nuestra próxima boda, como también participarles que mi hermana Araceli está embarazada, así que pronto seremos madres las dos. Al parecer quienes vienen serán dos peques, quienes exaltaran nuestra unión.

    Se escucharon aplausos por todas partes, e inclusive algunas lágrimas se derramaron entre las mujeres que prestaban atención a las palabras de Andrea. Araceli al lado de ella aún con vestigios de los jugos que Cristina desparramó y que cayeron sobre las piernas de ambas mientras se estaban viniendo, Andrea dentro del culo de su cuñada Cristina y Beatriz y Cristina habían hecho squirting sobre sus cuerpos y el de Andrea.

    Aparentemente se había dado una gran confusión con las actas de nacimiento de las cuatro hijas y un varón que son cuatro hijas y un hijo de Enrique mismos que tuvo con sus hermanas Consuelo y Soledad.

    Él es el padre biológico de sus cuatro hijas de las cuales la travesti es tal vez la más linda de todas y un varón que se encuentra en Canadá viviendo al lado de su hermana gemela, pero Alberto el amigo de Enrique se hizo aparecer a petición de él como el padre biológico, sin serlo por razones de conveniencia ante la sociedad fueron registrados con el apellido de Alberto, sin embargo para que Andrea se pudiera casar con su hermana Araceli, lo cual harían en Ciudad de México, era necesario cambiar los apellidos, para lo cual Enrique pudo conseguir el cambio de los mismos mediante un arreglo importante que logró hacer.

    Esa noche luego de cenar tranquilamente ya sin presiones de ninguna índole Cristina y Marcelo se comunicaron con sus padres, dormirían solos en la recámara de Consuelo y de Beatriz debido a que tuvieron que salir a cumplir un compromiso con uno de los socios de Enrique. Se disponían a meterse en la cama donde dormían con Consuelo y Beatriz, la hija de ella, cuando entró en ese momento Soledad con un babydoll blanco cuya transparencia les permitía ver a ambos hermanos sus deliciosas formas.

    –¡Perdón!, no quisiera interrumpir, pero no me gusta dormir sola, mis sobrinas también salieron y me han dejado. ¿creen que pueda acomodarme en medio de ustedes?

    –Por supuesto, cuñada –dijo Cristina sin dejar de verla imaginándose todo lo que harían ella y Marcelo con Soledad metida en medio del agasajo entre ellos dos- y me gustaría pedirte tu aprobación porque también he pensado en pedirle a Consuelo sí quiere ser mi esposa, aunque me gustaría también que Beatriz también lo fuera, pero ella se va a casar con mi hermano.

    –¡No me digas!, claro que me encantaría ser tu cuñada si te casas con mi hermana, es una magnífica noticia, pero no sé si haya matrimonios de tres, porque Beatriz estaría encantada de que ella y su mamá también fueran tus esposas y tú de ellas y las tres de tu hermano, pero podemos pedírselo a un sacerdote amigo mío, con quien también hemos cogido mi hermana y yo.

    –Además mi hermano ha estado pensando ahora que estuvimos todos cogiendo en la tina romana que en realidad ya formamos parte de una maravillosa familia que es la de ustedes. Nuestros padres están muy contentos que los hayamos encontrado.

    –Ni lo menciones –dijo Soledad en tanto se quitaba la bata mostrando su desnudez al igual que Cristina y Marcelo estaban de la misma forma para acomodarse en medio de ellos. Cristina se levantó y Marcelo alzó las sábanas que los cubrían para que Soledad se acomodara y Cristina se arrimara a su cuerpo al igual que lo hacía Marcelo

    –También quiero hablar con mis padres con quienes nos referimos como nuestros suegros y ellos están encantados con eso, para notificarles que espero un bebe de mi hermano.

    –¡Eso es fabuloso!, ¡Felicidades!, seguramente también se van a poner muy contentas tus novias Consuelo y Beatriz.

    –Sí porque ya tengo dos meses y por el tiempo, debo haberme embarazado desde la casa de nuestros padres donde tenemos nuestra propia recámara.

    –¿Con sus padres también participan ustedes?

    –No porque ellos tienen una relación bonita con sus hermanos, Laura mi mamá con su hermano Pedro Alberto y nuestro padre José Manuel con su hermana Maricarmen y casi siempre se juntan los cuatro. Existe mucho respeto entre ellos y nosotros, aunque saben que yo y mi hermano también guardamos una relación de incesto de hace varios años.

    Decía Cristina en tanto su boca lamía y chupaba uno de los pezones de Soledad y acariciaba los labios de su vagina en tanto del otro lado Marcelo la besaba en la boca y hacía que ella tomara la verga de él entre los dedos de su mano. Estaban tratando de iniciar un trío perfecto donde ninguno de ellos se quedara carente de caricias.

    Cristina cambió de posición metiéndose entre las sábanas para lamer los labios mayores de la vagina de Soledad, permitiendo que su lengua se introdujera para alcanzar el abultado clítoris que se mostraba deseoso de ser acariciado y mordisqueado con la suavidad que caracterizaba tener la boca de Cristina para esos menesteres propios de una mujer que sabe hacer disfrutar a otra, ambas totalmente experimentadas en los placeres del incesto con sus hermanos.

    Más aún Soledad y Consuelo que gustaban los placeres prohibidos que les daba hacer el incesto con sus propias hijas así como el placer de sus hijas hacerlo con su madre y su tía, ya que hija e hijo de Soledad se habían casado entre ellos, viviendo en Canadá y se encontraban muy lejos para darle el tan merecido placer del incesto a su propia madre, la cual iba periódicamente a visitarlos.

    –¡Waw! Con razón mi hermana y mi sobrina están felices de coger contigo y con tu hermano, tu boca me hace llegar al paraíso, ¿sientes como mis flujos van a parar a tu boca? –comentó Soledad.

    –Siento que están riquísimos me gusta que te vengas dentro de mi boca, me saben iguales a los fluidos de tu hermana y a los de tu sobrina, realmente sabrosos, no cabe duda que son fluidos de familia. Espero que así me sepan los de Araceli, porque el semen que me dio Andrea por el culo aunque me hizo ver estrellitas, todavía no lo saboreo

    –¿Qué te pareció lo que se le ocurrió a mi hermano Enrique? El se cogió a tu hermano Marcelo por el culo, luego tu hermano Marcelo se cogió a mi sobrina Andrea por el culo, y mi sobrina Andrea te cogió a ti Cristina por el culo. Fue una gran enculada, me hubiera gustado participar también.

    –A propósito ahora que me lo recuerdas, no sabía que te gustaba también a ti hermano que te metieran la verga por el culo ¿Desde cuándo?

    –Desde que estuve con Andrea mientras mi amiga María se cogía con Beatriz. Fue algo muy hermoso el poder besar a Andrea en la boca y al tratar de meter mi mano en su vagina, me calentó mucho el sentir que tenía una verga grande y muy hermosa. Ni siquiera lo pensé para hacer el 69 con ella. Primero abrazó mi glande con el prepucio de su verga y sentí increíble cuando mi semen se disparo dentro de su prepucio, luego hicimos al revés y ella aventó su esperma dentro de mi prepucio. Luego de eso me la metió por el culo y después yo a ella. Terminamos exhaustos. Ahora me da gusto que ella se case con su hermana Araceli y que ya estén esperando un bebe.

    En ese momento sonó el celular de Cristina eran sus padres quienes al no saber noticia de ellos Laura fue quien marcó para saber cómo se encontraban sus hijos.

    –Hola hijita, ¿quería saber cómo estaban? Espero no ser inoportuna, todavía es temprano.

    –Bien mamá, mi hermano y yo estamos muy contentos de estar aquí con Consuelo y con sus hijas y su hermana Soledad y que nos han brindado acomodo aquí en su casa. Son formidables todas ellas y el señor Enrique el hermano de ellas.

    –Pues es bueno saberlo. ¿Pero no estás ocupada?

    –Bueno ya estaba metida en la cama con mi hermano, pero Soledad se sentía solita y se vino a acomodar entre nosotros.

    –Ya me imagino, hijita

    –Madre, te quería dar una gran noticia.

    –¿Qué hijita?

    –Vas a ser abuela, mi hermano y yo estamos embarazados.

    –¡No me digas! ¡Qué maravilla!, espera a que se lo diga a tu padre, está conmigo en la cama, también está mi hermano Pedro y tu tía Maricarmen que te mandan saludos, estamos viendo una película muy buena, pero con el calor que está haciendo, ya sabes que las ropas sobran, te paso a tu papá.

    –¡Hola bomboncito!, ¿Qué estás embarazada? ¡Guau!, que buena noticia, así que vamos a ser abuelos tu madre y yo… ¿y qué dice tu hermano?

    –Está muy contento porque va a ser el papá de nuestro hijo.

    –Y cuánto tiempo tienes de embarazo.

    –Ya llevo dos meses, papá.

    –Recuerdo cuando pensé que había embarazado a mi hermana, yo me puse muy contento, pero preocupado a la vez porque se fuera a molestar tu madre, pero no todo fue una falsa alarma.

    –Creo que también algo así le paso a mamá con su hermano Pedro.

    –Sí también, pero tampoco. Fue solo un retraso con su regla.

    –Las hijas de consuelo se van a casar, Andrea que es travesti y Araceli su hermana que ya está embarazada de Andrea y yo me quiero casar con Consuelo que es mi novia al igual que Beatriz, pero ella es la prometida de mi hermano.

    –Pues por lo visto te la pasas muy bien con tu hermano y con la familia con la que conviven.

    –Te paso a tu mamá que quiere decirte algo.

    –Sí mamá, dime

    –¿Te acuerdas de Graciela la que fue mi compañera en la Secundaria?

    –Sí, ¿por qué?

    –Porque ya somos novias.

    –Oye, que bien, madre, ¿ya lo sabe papá?

    –¡Mmmh! Perdón se me escurrió un poco en la boca –espérate Pedro…

    –Has de tener semen de tu hermano en la boca, no te preocupes.

    –¡Ay, hijita!, que delicioso es el semen de mi hermano.

    –Y me imagino que papá ha de estar cogiendo con mi tía Maricarmen, su hermana.

    –Ella y yo estamos intercambiando saliva con semen y néctar de nuestras vaginas mientras nos venimos y nos besándonos, hijita, ya sabes cómo es de placentero esto del incesto.

    –Me gusta que les guste, mamá y te felicito por ser la novia de Graciela

    –Ella se fue de vacaciones con sus hermanos, Estela y Francisco.

    –¿También ellos gustan de los placeres del incesto?

    –¡Mmmh!, perdón, sí hijita, claro, hasta me escribió una carta que puedo enseñarte cuando vengas con tu hermano a vernos.

    –Mamá, te paso a Soledad, ella es la hermana de mi novia Consuelo.

    –Buenas noches, señora. Me da mucho gusto saludarla, permítame decirle que tiene unos hijos excelentes, ya me dijo Cristina que ella y su hermano están embarazados y me dio mucho gusto saberlo.

    –También a mi esposo y a mí nos da gusto pensar que nuestros hijos nos van a hacer abuelos.

    –Pues están invitados para celebrar la boda de Andrea y Araceli que se van a casar, no sé si ya le platicó su hija.

    –Sí que Andrea es travesti y que adora a su hermana Araceli, por eso es que está embarazada y me da mucho gusto por ellas.

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  • Las amistades ¿peligrosas? (3)

    Las amistades ¿peligrosas? (3)

    Después de asearnos, desayunar y recoger un poco la casa, salimos al jardín a planear el día. Había amanecido un poco nublado, aunque la temperatura ya rondaba los 25 grados a pesar de no ser ni las 11 de la mañana. Decidimos buscar un estudio de tattoos para llevar a cabo la idea de la noche anterior. Mientras Pablo y Lara buscaban en internet estudios por la zona, con buenas referencias, yo, con la ayuda de Belén diseñé lo que nos haríamos. Media hora después, teníamos un boceto que gusto a todos y cita en un estudio para hacerlo.

    Llegamos sobre las dos de la tarde al estudio. Fátima, la dueña, una chavala de poco mas de 25 años, tatuada y perforada por todos los rincones que su escueto uniforme, shorts vaqueros y mini top de tirantes, dejaban ver. Bajo el top se apreciaban muy bien los pezones inhiestos sujetados por piercings, que la fina tela no podía disimular. Tras presentarnos le enseñe mi boceto, y en unos minutos lo tenía mejorado y listo para hacer. Se trataba de una combinación, en letras estilo gótica, de nuestras iníciales entrelazadas, incluía 2 L para dar forma y homogeneidad al conjunto.

    Algo discreto y elegante, pero con simbolismo para nosotros. Fui el primero, aproveche una zona de mi brazo derecho sonde había hecho un cover estilo blackout, y me lo hizo en blanco, quedo muy top. Pablo se lo hizo en un gemelo. Llegó el turno de las chicas, y pidieron quedarse solas, que ya nos llamarían cuando hubieran terminado. Pablo y yo lo agradecimos, y nos fuimos al pueblo a tomar unas cervezas y charlar un poco a solas de cómo iba la cosa.

    -Tu mujer me tiene loco, y está cambiando a la mía, en el buen sentido, dije

    -Si, la verdad que Belén es un portento en la cama, y rara vez no consigue lo que quiere, afirmó Pablo. La verdad que está transformando a Lara en otra mujer, más receptiva a todo, o casi todo, ¿no?

    -Si,si, a eso me refiero. Esta totalmente desinhibida, esto me lo cuentas hace un año, y me rio de ti, jejeje

    -La verdad, tenemos dos bombones en casa, brindemos por ellas

    Habían pasado un par de horas cuando recibimos el mensaje de Lara, decía que estaban listas. Pagamos la cuenta y fuimos a buscarlas, expectantes.

    Pasamos a la parte trasera de la tienda, Belén se giró, desnuda de cintra para arriba, se lo había tatuado en su teta derecha, sobre el pezón, que además ahora, estaba atravesado, al igual que el izquierdo, por piercing de barra terminado en dos tuercas con forma de diamante. Era un espectáculo verla, pablo y yo quedamos embobados mirándola, cuando oí la cisterna del baño, mientras recordaba la conversación de Belén que decía que se lo pondría si Lara lo hacía. Lara salió del baño solo tapada por un minúsculo tanga verde. Sus dos pezones, erguidos e insinuantes, desafiantes, estaban también atravesados por la misma joya.

    -Se os va a caer la baba, dijo Fátima riendo mientras nos miraba, podéis cerrar la boca, jaja

    -¿Y tu tattoo? Pregunte curioso

    -Eso, eso, dijo Pablo, no lo veo

    Lara sonrió pícaramente, mientras deslizaba el tanga un poco hacia el centro, dejando ver su marca, al lado izquierdo de su pubis, muy cerca de su deliciosa rajita

    -¿Os gusta? Preguntó

    -Por supuesto, dijimos casi al unísono los tres, Belén incluida

    -Que ganas tengo de ponerte la cremita en el para curarlo, dije

    -Cura mejor con besos y saliva, jejeje dijo Pablo, y todos reímos

    Mientras las chicas terminaban de vestirse acompañamos a Fátima a la parte delantera para pagarle, y nos invitó a unas cervezas. Nos comentó que habían estado hablando las 3 de nuestra relación, y dijo que era una pasada como nos habíamos relacionado y la relación que teníamos. Nos contó que ella era lesbiana, y que su última pareja no llevaba bien lo de compartir, y lo habían dejado. Ahora era una picaflor, porque se consideraba muy promiscua.

    -Mientras Lara y Belén me contaban con pelos y señales vuestros encuentros, me puse muy cachonda, dijo. La verdad que están cañón las dos, no me importaría hacérmelo con ellas, jajaja

    -No te prometo nada, dijo Belén, saliendo de atrás con Lara de la mano, pero si quieres pasa a cenar esta noche, nos curas, y si surge algo, pues bien, si no, toamos unas copas en casa, ¿te parece Lara?

    -Si, claro, me parece apasionante tu vida, Fátima, quiero saber mas, dijo Lara

    -Pues no se hable más, respondí, cuando cierres, tienes la dirección, te esperamos. Reconozco que la respuesta de Lara, me había terminado de descolocar, ¿quien era esa que estaba en el cuerpo de mi mujer? No lo se, jejeje pero me encantaba

    Dicho esto, nos despedimos entre besos y abrazos, y nos fuimos dirección a la casa, y cerca de ella paramos a tomar algo en una pequeña cafetería que habíamos visto el día anterior, pero estaba cerrada. Queríamos probar los famosos “pasteles de Belém”, y no, no eran las tetas de nuestra amiga, jeje

    Pedimos y charlamos sobre el día que estábamos teniendo y la grata sorpresa que las chicas nos habían dado. Con aquellas camisetas ajustadas, los pezones erguidos por los piercing, se les marcaban de forma insinuante. El camarero, un chaval de unos 20 años, después de pedir, volvió como unas 10 veces por la mesa a ver si necesitábamos algo mas, embobado mirándoles las tetas. Tropezaba y se distraía, pero la verdad, no era para menos. Lara se incomodó un poco al principio, pues no estaba acostumbrada a ser el centro de atención, y Pablo, que se dio cuenta, le dijo:

    -Cielo, no te cortes. Estas buena a romper, más que muchas crías de 20. Disfruta de tu cuerpo, y lúcete, que babeen todos, todas, los que no te puedan tener. Déjalos que te deseen, alguna paja caerá esta noche a vuestra salud, jajaja

    -La verdad, nunca me gustó ser el foco de atención, pero reconozco que la situación me pone perra, jaja, dijo Lara

    -Verdad? Yo no se, si son los pezones tan tiesos todo el tiempo, o el qué, pero yo también estoy muy cachonda, dijo Belén

    Pablo y yo nos miramos y dijimos casi al unísono:

    ¡Eso tiene arreglo! ¡Camarero, La cuenta!

    El chaval se acerco con la nota, y Belén aprovecho para colocarse la camiseta descaradamente, dejando ver todo el tattoo y parte de la aureola del pezón. El pobre chaval, tiró la bandeja con las tazas, rojo como un tomate. Belén se levantó, y le rozó con la mano el paquete, que denotaba una buena erección, y le susurro:

    -Dedícanos una paja hoy cielo, y le dio un beso en la mejilla. El pobre no sabía dónde meterse, y para rematar, Lara se a cercó a Belén y le plantó un morreo a escasos centímetros de la cara del chaval, que dejó todo en la mesa y se fue corriendo a la trastienda. Nos miramos los 4 y echamos a reír.

    -Menudo par de zorras estáis echas, dije entre risas.

    -Vuestras zorras, respondieron las 2

    Preparamos las viandas para la cena, esperando a Fátima, entre cervezas y vino. Eran mas o menos las 10, cuando picó a la puerta. Tras saludarnos de nuevo fuimos al jardín, a sentarnos en la mesa. Hablamos de muchas cosas triviales, trabajo, aficiones, y el alcohol iba cayendo y los temas subiendo de interés.

    En un momento determinado, hablando Fátima de cuanto trabajo tenía, la moda creciente de tatuajes y piercings, etc. y de los tatuajes mas raros, mas sexys, y demás, Lara comentó:

    -Oye, te puedes creer, que desde que nos pusiste los piercing, ¿estamos más calientes?

    -Por supuesto, el pezón tiene muchas terminaciones nerviosas, casi como el clítoris, la barra que os puse, a medida de cada una y ajustada, os los mantiene todo el tiempo erectos, y el solo roce, es una delicia. Veras cuando os los besen, chupen y laman, jeje respondió Fátima

    -¿Y siempre va a ser así? Preguntó Belén

    -No cielo, por desgracia no, en cuanto cicatricen y el cuerpo los acepte, se acostumbra a ellos y el día a día ya no afecta tanto. Eso sí, el llevarlos todo el tiempo desafiando, y ver que los demás se fijan en ellos, es muy placentero. Y por supuesto, jugar con ellos. Pero si estos os ponen así, no tenéis ni idea de lo que os perdéis no llevando este. Y diciendo esto se bajo un poco el pequeño short junto al tanga, dejando a la vista un depilado pubis, con tatuaje sobre el principio de su rajita que ponía “bitch” en letra gótica muy elaborada.

    Separó un poco los labios con sus dedos, para dejar a la vista un piercing que atravesaba su clítoris de arriba abajo, con dos especies de rubies rojos en los extremos. De sus labios pendían dos aros, uno en cada uno. Todos quedamos perplejos con la imagen.

    -Este, bien ajustado, buf, cuesta no estar en orgasmo continuo, añadió, tocándose con dedo la piel del clítoris, y moviendo la joya arriba y abajo. Cerró un poco los ojos y mordió sensualmente el labio. Es indescriptible, paro o no respondo, dijo riendo

    -Por nosotros no pares, dijo Pablo

    -¿Me ayudáis chicas?

    Lara y Belén se miraron, y se levantaron, acercándose a Fátima. Belén le bajo de todo el short junto al tanga, sacándoselo por los tobillos, mientras Lara se recogía el pelo. Se arrodillaron una a cada lado de Fátima y comenzaron a acariciarles las piernas, el vientre, y le subieron el top hasta quitárselo. La chavala tenia un cuerpazo. Sus pechos un poco mayores que los de Lara, firmes, coronados por dos majestuosos pezones, oscuros, erguidos y presos por dos piercing, con forma de sol que los rodeaban por completo, atravesados por una barra. La piel, morena y totalmente tatuados los brazos, el cuello, otro que partía de debajo de sus tetas, hasta unirse en el centro para terminar sobre su ombligo, que también lucia un piercing.

    Depilada totalmente con el tattoo que nos había mostrado, y que ahora mi mujer besaba, suavemente, mientras Belén jugueteaba con sus pezones, atrapándolos con los dientes y estirándolos. Lara se hundió entre las piernas de Fátima, y esta retorció de gusto. Le atrapó la cabeza con las manos, y se restregaba lujuriosamente contra su cara, jadeando con los ojos cerrados. Lara movió un brazo y le introdujo varios dedos, mientras seguía su cunnilingus.

    -¡Aaah! ¡jodeeer, siii! ¡Zorra, que bien lo comes sii!

    -¡Sigue! ¡Sigue! ¡No te pares ahora!

    Terminó de correrse entre espasmos y jadeos, hasta que soltó a mi mujer, la atrajo hacia su cara, y se fundió con ella en un beso, profundo, húmedo, lascivo. Después hizo lo mismo con Belén, y luego les juntó las bocas a nuestras mujeres, para que se besaran entre ellas.

    Pablo y yo contemplamos toda la escena con nuestras pollas, duras como piedras, en la mano ya. Fátima se sentó en el suelo, y Belén y Lara se pusieron de rodillas una frente a la otra, con la cara de Fátima en el medio. Nos indicaron que nos acercáramos. Me coloque detrás de mi mujer, le baje el pantalón y la penetré sin ninguna dificultad, estaba empapada. Pablo hizo lo mismo con su mujer. Mientras las follabamos ellas se alternaban para besarse las tres.

    Yo juguetee un poco con los pezones de Lara, cuantas ganas tenía de verlos perforados, y por los tenía en mi mano tal y como yo los deseaba e imaginaba. No tardamos ni tres minutos en corrernos casi a la vez, estábamos muy calientes con la escena anterior. Las chicas al sentir que lo hacíamos se quitaron para que toda nuestra descarga terminara sobre Fátima. Después las tres se afanaron en chupárnosla para dejarlas casi listas de nuevo, Y Lara y Belén, retiraron toda la leche derramada sobre Fátima. Cuando terminaron, se fueron a la ducha juntas.

    Pablo y yo quedamos fuera, recomponiéndonos y asimilando lo que había pasado, mientras nos fumábamos un porro y apuramos unos tragos de Whiskey. Estaban siendo las vacaciones de mi vida.

    Habían pasado un par de días desde la sesión de “marcaje y perforado”. Los tattoos empezaban a curar, así como los piercing de las chicas. Hablamos durante una comida, de lo increíble que debía ser que se pusieran el del clítoris, pero nos cortaron rápido, diciendo que de no llevar nada a perforar los dos pezones ya había sido avance suficiente para la primera vez; Lara añadió que además ella también era su primer tatuaje, que esperásemos a que curaran del todo y ya se vería. Lo cierto es que Lara, estaba irreconocible, tanto en actitud, como en todo lo demás.

    El moreno que estaba cogiendo, resaltaba sobre la marca minúscula de la minibraguita del bikini, que lo usaba más que nada por proteger el tatuaje. Sus tetas, sus gloriosas tetas, morenas, perforadas, con los pezones siempre erguidos me dejaban mirándola embobado sin darme cuenta del tiempo. Y cuando la desnudaba del todo, ver nuestras iníciales tan cerca de su delicioso coñito, buf, era algo brutal. Luego estaba Belén, que siempre que tomaba el sol en casa, lo hacía completamente desnuda, salvo el apósito que protegía su tatuaje.

    Le estaba dejando una graciosa marca en la piel, un círculo sin broncear muy cerca de su pezón, que contrastaba con su tono de piel y la oscuridad de su areola. Y luego estuvo la escena lésbica a trió que se montaron con Fátima, que calentón cada vez que lo recordaba, madre mía. Belén y Pablo nos habían contado que de vez en cuando frecuentaban, antes de conocernos, bares de ambiente liberal, pero nosotros, éramos uno del otro, y Lara jamás se habría propuesto hacer nada de lo que estaba haciendo desde que los tenemos en nuestra vida. Y me gustaba, y me preguntaba hasta donde sería capaz de llegar.

    En este día, habíamos reservado una lancha con la intención de ver calas cercanas, pescar, tomar el sol, bañarnos, vamos, pasar un día de vacaciones “normal”. Preparamos todo, cargamos el coche y fuimos al puerto a recoger la embarcación. Yo aún no me había sacado el título, por lo que estaba todo a nombre de Pablo. Era una Bayliner de 7,50, con motor intraborda y camarote. Un modelo que Pablo tenía en mente adquirir si conseguía vender la suya a buen precio. La verdad, que era una maravilla de embarcación.

    Pasamos la mañana de cala en cala, fondeando de vez en cuando para darnos un baño. Sobre las 3 de la tarde, nos dirigimos a una muy pequeña, con un frondoso monte bajo detrás, que daba la apariencia de no tener acceso más que desde el mar. Fondeamos muy cerca de la orilla. Comimos en el barco, y un poco más tarde nos tiramos al agua para nadar hasta la arena, con el fin de tomar el sol. Decidimos hacerlo todos desnudos, al no ver a nadie por los alrededores, ni opción de que nadie llegara. Nos aplicamos generosa cantidad de protector, sobre todo en las zonas mas blancas y los tatuajes.

    Lara comenzó a ponérmelo en la polla y esta no se hizo de rogar. Despertó con una flamante erección. Belén hacía lo mismo con Pablo, obteniendo la misma respuesta. Estando de esa guisa, se tumbaron a tomar el sol.

    -¿Nos vais a dejar así? Preguntamos casi a la vez

    -Si, si queréis haceros unas pajas, o liaros vosotros, nosotras vamos a broncearnos, Dijo Lara riendo

    -Eso, eso, que bien que nos jaleáis cuando os damos el espectáculo nosotras, podíais deleitarnos con algo, añadió Belén

    -Vamos a bañarnos, añadió Pablo, no verán eso vuestro ojos, ¿verdad Miguel?

    -¡Nooo! Respondí, al menos no en pleno uso de mis facultades, jajaja

    Tras refrescarnos y bajar el calentón, Pablo nadó hacia el barco, pues quería mirar varias cosas en previsión de la compra de uno igual, o eso dijo, y yo me fui a la playa con las chicas. Me tire en la arena en medio de ellas, mojándolas enteras, y sorprendiéndolas, pues se habían dormido. Belén reaccionó y se tumbó de lado, mordiéndome un pezón, bastante fuerte, mientras me agarraba el miembro con la mano. Lara hizo lo mismo desde el otro lado.

    El juego fue subiendo de tono. Lara tomó mi polla en la boca y comenzó a hacerme una mamada de lujo, mientras Belén se sentaba a horcajadas sobre mi cara de frente a Lara. Mi lengua buscó ávidamente su rajita, que ya estaba lubricando a tope. Lara se sentó sobre mi polla, metiéndola entera de un golpe y comenzó a cabalgarme, mientras se morreaba y sobaba con Belén. Me estaban dando un polvazo tremendo entre las dos.

    -Cabrón, como mueves esa lengua. ¡Que rico! Dijo Belén, Sigue, sigue no pares ahora o te mato, ¡aaaah siii me corro! ¡aaaah!

    Casi me ahoga al hacerlo. Entre los flujos que emanaban de su interior, y la presión de su culo sobre mi cara, por un momento me costó respirar. Sin tiempo a tomar una bocanada de aire, Lara, comenzó también a gemir y cabalgarme más fuerte aún

    -¡Bufff siii siiiii yo también me corro! ¡Siii vamos siii Aaaah!

    Unos instantes después, las dos se arrodillaron a ambos lados y comenzaron a chupármela. Lara me la sostenía con la mano, me masturbaba lentamente, mientras pasaba su lengua por todo el tronco hasta llegar al glande, y entonces se la metía entera en la boca, mientras succionaba con fuerza. La sacaba y entonces la boca de Belén tomaba el relevo. Así estuvieron un par de minutos, yo no aguantaba más y sin tiempo de avisar, un potente chorro salió de mi cuando la tenía dentro de la boca Belén.

    Cerró los ojos y tragó todo. Lara apretó fuertemente mientras cambiaba su boca por la de su amiga, y al hacerlo, aflojó y otro potente chorro de semen fue a parar esta vez a su boca. Cuando des pues de un rato se dieron por satisfechas, dejándome seco, se fundieron en otro beso, recogiendo una a la otra con la lengua los pocos restos de semen que no habían entrado dentro de ellas. La voz de Pablo me sobresaltó

    -Menuda fiesta tenéis aquí montada, cabrones jajaja, dijo mientras sostenía el móvil en la mano, en posición de grabar

    -¿Que haces? Pregunte

    -Grabar un recuerdo hombre, para cuando tengamos añoranza, jajaja. Chicas habéis dejado secos a tres tíos a la vez, dijo señalando a la arboleda.

    Dirigimos la mirada hacía allí, y dos tíos, con aspecto de pescadores, aún sostenían las pollas en sus manos, goteando, a escasos metros de donde estábamos. Al verse descubiertos, saludaron con la mano, se subieron los pantalones y se fueron

    -Por dios, que vergüenza, dijo mi mujer, vámonos de aquí

    -No, primero me tenéis que vaciar esto, dijo Pablo, con su miembro en la mano, me lo debéis

    Lara se arrodillo la primera y comenzó a chupar, como había hecho conmigo, en seguida Belén la acompañó. Pablo me pasó el móvil para que los grabara. Después de unos minutos, Belén dejo a Lara chupándole la polla a Pablo, mientras este le sostenía la cabeza con fuerza. Belén se puso detrás de el y comenzó a lamerle el culo, mientras le separaba las nalgas con las manos.

    Poco a poco su lengua fue entrando dentro de Pablo, hasta que la sustituyó por un dedo. Pablo empezó a jadear con fuerza y embestir con más fuerza aun dentro de la boca de Lara, que hacía milagros para poder respirar y no atragantarse con el mástil de mi amigo.

    Aferrado a la cabeza de Lara, con su polla hundida hasta los huevos en su boca, y dos o tres dedos ya metidos en su culo, empezó a gruñir y jadear, entre espasmos.

    -¡Toma zorra! ¡Tragatelo todo!

    Cuando Lara se pudo retirar, tenía la cara desencajada, tomaba bocanadas de aire, entre las arcadas y la tos. Sus ojos llorando, y hasta moco le salía de la nariz, pero aun así, sonreía. Belén se apresuró a besarla y acariciarla para reconfortarla.

    -¿Estas bien cielo? Preguntó Pablo, ¿te he hecho daño?, lo siento, me he dejado llevar

    -No te preocupes, estoy bien, atinó a decir. Nunca me habían follado la boca tan fuerte, me ha gustado, dijo mirándome, la próxima vez te toca a ti

    -Sin duda, si quieres, lo que tu quieras

    Unas voces atrajeron nuestra mirada de nuevo a la arboleda. Hablaban en portugués pero era fácilmente entendible que no traían intenciones amigables:

    -Olha, tá vendo? Elas ainda estão aí, vamos foder essas duas putas até elas explodirem.

    -Sera mejor que nos vayamos rápido al barco, esto no me gusta, Dije

    -Si, dijo Pablo, vamos chicas, rápido

    Nadamos tan rápido como pudimos. Ya abordo, con el motor arrancado, y el miedo en el cuerpo, miramos a la playa, eran como media docena de rudos pescadores, sucios, que vociferaban agarrándose el paquete, mirándonos marchar. Alguno incluso intento nadar, pero era tarde para ellos. El viaje de vuelta al puerto lo hicimos en silencio.

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  • El frutero me folló en mi casa

    El frutero me folló en mi casa

    Hola mis queridos lectores, en el relato anterior les cuento cómo don David el frutero me dio tremenda follada en su local, me pidieron que les contara las otras veces cuando me cogio como un salvaje y aquí estoy para complacerlos.

    Como saben estoy muy bien proporcionada de mis nalgas y de mis tetas, piel blanca y muy cerradita de mi concha ya que no tengo hijos.

    Está segunda historia con don David ocurrió una semana después de que me follo en su local, después de ese rico y delicioso día no paraba de pensar en la manera en la que me cogio, me chupo y me masturbo con el pepino, nunca creí que fuera hacer algo así, sin embargo me sentía muy excitada todos esos días, mi esposo me cogia pero ya no sentía el mismo placer por culpa de don David, ahora mi concha pedía más y más. No podía dejar de pensar en la enorme verga, gruesa y venosa que me volvió loca. Tenía mucha pena de volver a ir a comprar mi recaudo a su frutería, todos esos días no puse un pie en su local, sin embargo no sabía que mi calentura la fuera a olfatear.

    Por la mañana me levanté a servir el desayuno a mi marido, desayunamos juntos y se marcho a su trabajo, como estaba sola en mi casa no traía ropa más que mi sostén y mi tanga de encaje color negra me veía muy rica vestida con ese conjunto así que me puse hacer mi quehacer, puse a lavar la ropa en la lavadora y regresé a la cocina, en ese momento escuché el timbre sonar y pensé que se le olvidó algo a mi marido, muy emocionada porque me viera semidesnuda fui abrir.

    Cuál fue mi sorpresa que el que estaba tocando no era nadie más que Don David aquel hombre que me hizo su puta ese día, sentí que se me bajó la sangre hasta los pies y quise cerrar la puerta en ese momento, cosa que él no permitió y me dijo “Hola Andy, ¿asi recibes a todos?

    Y le dije “claro que no, pensé que era mi marido” a lo que me respondió “pues ya ves que no, solo vine a dejarte un pequeño obsequio, creí que te hacía falta” y me dio un plátano macho con un condon y le dije que no me molestara más, que fue un error y que no me volviera a hablar ni mucho menos a buscar, en ese momento cerró la puerta y me agarró las nalgas y me dijo “una putita como tú jamás va a querer que la dejen de coger como yo a ti” y me dio un beso, sentí que me moría de lo caliente y le dije aqui no, vamos a mi habitación, con una sonrisa en la boca se fue atrás de mí dándome nalgadas y diciéndome que su verga ya no aguantaba y quería salir.

    Llegando a mi habitación me tumbo en la cama y empezó a besarme con mucha pasión, nuestras respiraciones se volvieron más fuertes y me quitó el sostén se metió las tetas en la boca y me las chupó mientras con sus dedos me hacía la tanga para un lado y me palpitaba mi concha diciéndome “mira lo mojada que estás, se nota que ya necesitas unas buenas metidas de pito” y le dije “necesito que me la metas como tú sabes”

    Me quitó la tanga y metió su cara en mi concha la chupaba con fuerza y con su lengua juzgaba con mi clitoris haciéndome gemir de una manera tan rica, le dije siéntate en la cama y así lo hizo, me puse de rodillas le desabroche el pantalón y le saqué la verga, salio de golpe, hinchada, venosa y mojada no dude un segundo y me la metí en la boca y la comencé a chupar mientras con mi mano le tocaba los huevos, me la saqué de la boca y le chupe los huevos y así dure varios minutos hasta que me dijo que sentía que se iba a venir pero no quería acabar, quería sentir mi concha y terminar adentro de mí como la putita que soy.

    Me recostó en la cama me abrió una pierna y con la cabeza rosita y mojada de su verga me la froto en mi clitoris haciéndome circulitos hasta que tuve un orgasmo y empezó a palpitar mi concha, justo ahí me la metió de un solo golpe, ahhh sentía que me rompía y me bombeaba con fuerza sacaba y metía mientras yo gemia sin piedad me agarraba las tetas y la volvía a meter, me la saco y me puso en cuatro, me dio unas nalgadas, me abrió las nalgas y me besó mi ano mientas sus dedos los metía en mi concha, sentía un placer inexplicable, me dijo que si quería que me metiera el plátano como la vez pasada del pepino, caliente le dije que sí y le puso el condon al plátano.

    Y en esa misma posición me lo metió, lo sacaba y lo metía con fuerza, me volvía loca mientras me besaba mi ano, así estuvo bombeándome por un buen rato, finalmente lo saco y se acostó en la cama, me subió arriba de él apunté su verga en la entrada de mi vagina y me senté le di unas buenas montadas, don David venía del placer y me dijo que ya se iba a venir empecé a montarlo más fuerte hasta que dio un gemido fuerte lleno de placer, en ese momento sentí su lechita adentro de mi caliente y su verga hinchada palpitando, fue una experiencia riquísima que cuando la estoy contando me vuelco a poner caliente y me tengo que masturbar.

    Finalmente nos cambiamos, lo acompañé a la puerta dándole un apasionado beso y me puse a recoger el condon y limpiar, el plátano me lo comí con chocolate mientras veía una serie porno.

    Coméntame algo caliente y dime que te pareció este rico relato.

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  • La madre de mi amigo Miguel

    La madre de mi amigo Miguel

    Mi nombre es Ricardo, y esta historia paso de verdad, hace un par de años cuando apenas había cumplido 18 años. Yo en ese entonces me calentaba facil como cualquier muchacho, y no perdía oportunidad.

    Era una tarde de verano, y mi amigo de toda la infancia, Miguel, me había invitado a su casa para celebrar su cumpleaños con un asado. Mi amigo vivía solo con su madre Cecilia, su padre habia fallecido hace algunos años y su hermana se encontraba viviendo en otra ciudad. Ella siempre fue un amor con los mas cercanos a Miguel, atenta y muy maternal con cada uno de los muchachos.

    Cecilia era una mujer maciza de 45 años, de buen tamaño, de 1,78 de estatura, con curvas bien marcadas, piernas gruesas y torneadas, con una cintura que solo su genetica podia bendecir. Nunca me pase alguna idea, ni fantaseé con ella hasta ese día.

    El asado iba bien, ya teniamos la carne en la parrilla, unas cervezas en la mesa del patio. Su madre picaba tomates con un vestido muy corto y suelto que dejaba ver casi el culo, mientras mas cerveza tomabamos, más podia sentir como miraba y coqueteaba sin disimulo. Era extraño pero divertido al mismo tiempo.

    Ya para ese momento del cumpleaños habian llegado otros dos amigos de Miguel, con quienes eramos muy cercanos, José y Michael.

    -¡Anda Miguel! Se acabo la cerveza, que tal si vas a comprar más mientras te preparamos esta deliciosa carne, ¡amigo!- le deciamos.

    -como voy a ir si soy el cumpleañero cabrones! Ya va… son unos gilipollas..

    Su madre miraba el show desde la cocina, mientras sonreía y mostraba intencionalmente un escote muy pronunciado. Para ese momento, los tres estabamos mirandole las jugosas tetas a la mamá de nuestro amigo, el cumpleañero.

    – Uno de ellos comentó que al ir a buscar el abridor para la cerveza, le roso el culo con su miembro erecto dentro del pantalón, y sin más ella solo le sonrio.

    -Venga tio, ¿que si es cierto? Iré a ver que tal, vigilen mientras llega Miguel – dice José. El muy desgraciado partió mientras Cecilia miraba por la ventana hacia el patio, donde estabamos haciendo el asado.

    No dejo pasar mucho tiempo y con toda la calentura me dirijo y entro a la cocina, sorprendiendo a José manoseando desesperado las groseras tetas de nuestra querida y hasta ese entonces respetada tía Cecilia, como le deciamos.

    Mientras me calentaba más y más, podía notar como José frotaba su miembro por encima de la pierna de la señora Cecilia, mientras ella sonrojada y con la respiración entrecortada se sujetaba de la mesa con unas verduras a medio picar.

    Sin darme cuenta, me vi magreandole ese culo y metiendole mis dedos manchados con algo de carbón y carne en la vagina, mientras José le exprimía y chupaba esas tetas.

    Estabamos de lo mejor hasta que escuchamos la puerta… era Miguel las cervezas. – ya llegue chicos! Exclamó. Nos separamos rapidamente de su madre, tratando de ocultar nuestras erecciones. Nos reincorporamos al patio: ¡¿Que trajiste gilipollas?! ¿Tan poca cerveza?

    En la fiesta teniamos de todo, en ese tiempo nos gustaba la locura, teniamos yerba, cocaina y pastillas.

    Le dimos unas cuantas pastillas a Miguel, todos sabiamos que la fiesta estaba en la cocina y no en el asado. El desgraciado duró unos cuantos minutos y cayó tumbado al suelo. No perdimos ni un minuto y abordamos a su madre.

    Ella se encontraba lavando trastes, como si hubiera estado esperando que fueramos a abusarla. Solo miró para atrás y sonrió. Al manosearla le descubrimos una zanahoria casi perdida en su ano, mientras le corría secrección desde su vagina hacia sus piernas.

    Michael tiro una linea gruesa de cocaína en la mesa mientras José acercaba a Cecilia, sometiendola a consumir. Era un espectaculo increible… ella agachada, con su vestido tan arriba que dejaba a entrever un culo dilatado y una vagina hermosa. Podía escuchar como inhalaba todo en la mesa, podía escuchar como chupaba las pollas de mis amigos.

    Hundí mi rostro en esas nalgas, sintiendo un olor fuerte a culo y a vagina, era exquisito, tenía una piel suave y era tan grande que podía perder mi cabeza en ella.

    Mmm… que rico chicos, rellenenme de leche.. – repetía eufórica mientras gemia.

    Nos turnos una y otra vez su vagina, mientras alguno de nosotros le ahogaba con su pene el rostro. Ya no habia que forzarle a inhalar, ahora lo hacía compulsivamente. Jamás imaginé verla así de caliente y degradada. Parecía encantarle como le humillaban los jovenes amigos de su desgraciado hijo.

    El ambiente se torno tan depravado que luego de follarla como a una puta en la cocina, la llevamos al patio del pelo, le rompimos el vestido y tirandola al suelo, al lado de su hijo inconsciente, le eyaculamos una y otra vez la cara, mientras ella se frotaba compulsivamente el clitoris riendose. No tardo en convulsionar de un orgasmo, retorciendose en el suelo.

    Aay que delicia mis pequeños machos, me han hecho sentir como toda una perra en celo… gracias mis amores… – nos alababa una y otra vez, trabandose por el efecto de la droga y el cansancio del encuentro..

    Desde ese día siempre nos juntamos en la casa de nuestro buen amigo Miguel, que si bien prestaba su patio para festejar, también nos prestaba a la belleza de su madre.

    Desde ese día no hubo momento que la señora Cecilia no tuviera semen de alguno de nosotros en su vagina.

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  • Quiero que me des pito

    Quiero que me des pito

    Tú que me estás leyendo buscando un relato excitante para estimular tu pene y masturbarte, te propongo que imagines esto que me pasó una vez siendo una TV joven que aún creía que el travestismo era solo una fase y que podía tener una vida pública hetero normal.

    Imagínate a tus 55 años, maduro, menos impulsivo, pero con mucha vitalidad, sabiduría y potencia. Imagínate que tienes una esposa elegante, alta, esbelta y muy bella y una sobrina recién egresada de la universidad, hija de tu difunto hermano, que es tu adoración.

    Tu sobrina es lista, simpática y tranquila, jamás te la imaginarías en un bar de mala reputación o explorando las calles de la ciudad de México a altas horas de la madrugada buscando dónde echar un trago; pero ella tiene un novio que “ni fu ni fa”, nada especial, medio pazguato el tipo… sin embargo, una noche decides tomarte un tequila con viejos amigos de tu infancia, en alguna cantina céntrica, y reconoces el rostro de ese novio de tu sobrina en la cara de una trasvesti al otro lado de la barra, siendo manoseada por un señor de casi 70 años.

    La imagen te indigna, porque ese pervertido desviado es el novio de tu princesa… pero algo en esa escena aberrante te empieza a excitar… piensas en lo fácil que sería poseer ese culo para ti, porque tienes mucho poder en esta situación: puedes forzar a ese marica a que te entregue el chiquito o le cuentas a tu sobrina el terrible secreto… o simplemente puedes pedirle que se deje coger y ya, porque, si está con ese vejestorio voluntariamente, seguro querrá también estar contigo… contigo, que eres más joven, más fuerte, más viril.

    Pero no vienes solo, así que te haces el tonto y dejas que ese puto se vaya con ese viejo…

    La noche es joven, así que cuando te despides de los amigos, lo primero que haces es buscar el número del novio. Le llamas, con algo de nerviosismo; él responde y cuando lo escuchas, todo el nervio se va y te domina una seguridad producto de la calentura: “Te acabo de ver en la cantina Dolores con un hombre mayor. Si no quieres que le diga a Sandra, ven a verme en la esquina de Tal y Tal ahora mismo” y cuelgas.

    Mientras esperas el efecto de tu amenaza, te preguntas si no te habrías equivocado, tal vez te confundiste… pero pronto descubres que estabas en lo correcto: es él… o ella, pinche mayate vestido de vieja, quien llega a la cita. Se ve con miedo, pero sus medias de red y su falda entablonada con algo de vuelo la hacen ver sexy.

    Dices:

    -Qué guapa amiga, ¿cómo te llamas?

    -Isis

    -Mucho gusto, Isis. Vi que te fuiste con un viejito hace rato, ¿qué pasó con él?

    -Es mi jefe.

    -No te pregunté quién era. Dime, ¿es tu novio?

    -No, solo cogemos.

    -¿Vienes de coger con él?

    -Sí

    -Y luego, ¿ya te vas a tu casa?

    -Sí

    -¿Y si mejor te vienes conmigo a un hotel?

    -S- Si qu- quiere…

    -Sí, sí quiero. Te voy a coger.

    Entonces me tomas del brazo con fuerza y me guías al hotel más cercano… no sabes que de ahí vengo hasta que, cuando nos ven llegar, el de la recepción pregunta si se me olvidó algo.

    Ya en el cuarto me dices:

    -Entonces aquí te trajo el ruco… Relájate, no te voy a hacer nada malo… solo quiero conocer a Isis…

    Te sientes dueño de la situación y te me acercas para besarme, lo haces con pasión como no has besado a tu esposa en años. Con cada beso me derrites, me haces desearte y me muestras lo mucho que deseas este encuentro. No aguanto más y te susurro al oído:

    -Quiero que me des pito.

    Eso te activa, te prende… me besas con más pasión y te desnudas y me desnudas… me acuesto de cara a ti, pongo mis piernas en tus hombros y empiezas a explorar mi culo con tu glande…

    -Qué rico culo tienes, Isis. (Ya entraste en mí y comienzas a bombearme mientras me sujetas fuerte los tobillos).

    -Ah, sí… dame pito

    -¿Quieres pito? Aquí hay pito, pero uno grande, no como el del viejito con el que estabas.

    -Sí, el tuyo está grande, está rico, lo mueves muy rico.

    -y tú lo muerdes sabroso. Qué nalgotas, qué culazo, te sientes riquísima.

    -¿Sí? ¿Te gusta cómo me lo como? ¿Te gusta cómo soy tu funda?

    -Sí, eres mi funda, mi puta, quiero estas nalgas diario rebotándome en los muslos.

    -Son tuyas, mi amor, son tuyas. Son para que las goces. Son de cabrones como tú, solo me las tienes que pedir para poseerlas.

    -Eso, putona, solo te tuve que pedir que vinieras para poder disfrutarte. Eres mía, eres mi puta.

    -¿Estás muy excitado? ¿Quieres venirte dentro de mí? Anda, tíramelos adentro. Préñame, preña a tu puta.

    Entonces te vienes entre gemidos y resoplidos. No cambiamos una sola posición y, sin embargo, es el sexo más morboso y satisfactorio que has tenido en meses.

    Ya descansando en la cama me pides lo que cabe hacer: debo dejar a Sandra.

    Luego de ese encuentro me seguiste llamando para vernos varias veces. Le bajaste el novio a tu sobrina a base de enamorarme con tu verga, la sabes mover y me gusta tenerte dentro. Quiero que me des pito, que me preñes y que me hagas tu puta.

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  • Cariño, estoy en casa

    Cariño, estoy en casa

    Hace un par de años me case con mi esposo, somos un matrimonio bastante activo, en todas las áreas. Sin embargo, de vez en cuando sueño despierta y fantaseo con escenarios que no me atrevo a decir en voz alta.

    Sentada en el balcón de nuestro apartamento con vista a la ciudad, imaginé la siguiente situación.

    “Después de haberme duchado, ponerme la pijama —un set de top y pantalones cortos de seda negros— miro el reloj y sé que falta poco para que llegue mi esposo.

    Me dirijo a la cocina, me preparo un té y al mirar por la ventana el cielo está teñido de colores entre naranja y rosa que vale la pena contemplar, por lo que, salgo a la terraza para admirar la vista.

    No han pasado ni 20 minutos cuando mi móvil avisandome que he recibido un mensaje y al ver el remitente veo que es mi esposo.

    Abro la conversación y me encuentro con una video en la que aparezco de espaldas como hace unos segundos solo que se enfoca mi culo y el mensaje dice “Que rico”.

    No puedo evitar soltar una carcajada, me giro y encuentro a mi esposo sonriéndome al otro lado de la sala de estar. Está en uniforme pero a ese hombre nada le queda mal.

    Saber que él me desea, siempre ha producido cierta excitación en mi, por lo que, la humedad ya se ha hecho presente entre mis piernas.

    —¿Muy rico?

    Asiente. —Muy rico.

    Dejé la taza de té sobre la mesa del comedor junto al celular.

    —Ven a saludar a tu esposa.

    —Me encanta cuando te pones mandona, esposa. —dijo mientras caminaba hacia a mi.

    Sonrío. No lo dudo y le rodeo el cuellos con mis brazos, él lleva las manos a mi cintura y damos inicio al beso. Sus manos buscan mi culo y lo aprietan, para después deslizarlas por mis muslos, me impulso y le rodeo las caderas con mi piernas.

    Nos llevó al sofá y se sentó en él. Metió las manos por debajo del short y lo sentí gruñir en mi garganta al notar que no llevaba ropa interior.

    Le saqué con su ayuda la camisa del uniforme, besé su cuello mientras me frotaba contra su erección cogiendomelo en seco. Me quitó el top y se llevo uno de mis pezones a la boca.

    Estaba tan mojada que estoy segura que ya había traspasado a su pantalón, metí mi mano entre los dos hacia su polla, estaba dura caliente, puse mi dedo en el prepucio y el gimió un poco.

    —Alza las caderas. Te la tengo que meter ya.

    Hice lo que me pidió, bajo un poco su pantalón, hizo a un lado mis pantaloncitos y la guíe hacia me entrada.

    Descendí lento, tiene una buena verga, fui cuidadosa, apretaba de vez en cuando para deleitarme en la expresión de placer de su rostro. Una vez que la tuve toda adentro, empecé a cabalgarlo, subía y bajaba, repetidamente, él volvió a chuparme las tetas. Así estuvimos por un rato.

    Luego lleve mi mano a su cuello, lo atraje a mi y lo bese, reduje el ritmo pero él inmediato me rodeo con sus dos brazos y empezó a embestirme desde abajo, la fricción de nuestros pechos era deliciosa gemía en su boca

    —Mi amor, voy a…

    No pude terminar la frase el orgasmo me arrasó y a los pocos segundos él también se corrió llenándome de su semen.”

    Un par de días después monté a mi esposo, en el sofá de nuestra casa, luego de que él llego del trabajo.

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  • Marycarmen y el desafío de Liliana

    Marycarmen y el desafío de Liliana

    Hola, mi nombre es MaryCarmen, y si están leyendo esto, es porque desean adentrarse un poco más en los recovecos de mi vida. Para aquellos que llegan nuevos, les recomiendo leer mis relatos anteriores; ahí encontrarán el contexto de los derroteros por los que me ha llevado la existencia.

    Habían pasado un par de meses desde aquella madrugada en que Brenda y yo exploramos los límites de nuestra amistad. Cada una siguió con su vida. Brenda, como siempre, era un torbellino de proyectos del conse estudiantil y conquistas fugaces. Yo, dividida entre los estudios, el vóley. Pero en aquel entonces, quien parecía llevar la corona era Liliana. O tal vez era la más fácil. La verdad, no sabría qué término usar, y esa duda siempre me causó una curiosidad morbosa

    Liliana era… imparable. Su belleza no era pasiva; era un arma que esgrimía con precisión. Los hombres caían a sus pies con una facilidad que rayaba en lo absurdo. Una tarde, en el departamento de Brenda, decidimos tener una de esas reuniones dedicadas exclusivamente a nosotras. Solo las tres. Brenda y yo, armadas por nuestra nueva complicidad, bromeábamos con un lenguaje cifrado, con miradas que decían más que las palabras. Liliana, que estaba particularmente quieta esa noche, observándonos desde el sillón con su copa en la mano, de repente soltó el vaso sobre la mesa con un golpe seco que nos hizo callar a ambas.

    —¿Saben qué? —dijo, su voz era un hilo de seda cargado de algo más fuerte—. Se me hace que se están hablando entre ustedes puras pendejadas.

    El silencio se hizo pesado. Brenda y yo nos miramos, sorprendidas por la crudeza de su tono.

    —¿A qué te refieres, Lili? —preguntó Brenda, tratando de sonar despreocupada.

    Liliana se inclinó hacia adelante, sus ojos azules, aquellos que parecían sacados de un cuento de hadas, nos perforaron con una intensidad que no habíamos visto antes.

    —A qué se la pasan con sus miraditas y sus risitas de colegialas. Se creen muy sofisticadas con su secretito. ¿Creen que no me doy cuenta? —Nos miró a cada una, desafiante—. Así que dense el tiro y díganme al pedo. ¿Qué chingados pasó entre ustedes dos?

    Brenda enrojeció. Yo sentí un nudo en el estómago, una mezcla de nervios y una excitación rara, peligrosa. Era la pregunta que habíamos estado evitando.

    Brenda tomó aire y, con una valentía que siempre admiré, soltó la verdad.

    —Tuvimos sexo, Lili. Mary y yo. Aquí, hace dos meses.

    Liliana no pareció sorprenderse. Una sonrisa lenta, casi de satisfacción, se dibujó en sus labios perfectos. Era la sonrisa de quien ha confirmado una sospecha que siempre tuvo.

    —Ah, con razón —dijo, recostándose de nuevo en el sillón y tomando su copa—. Se me hacía. Se les nota. Se volvieron uña y mugre de la noche a la mañana.

    —¿Y te molesta? —pregunté yo, encontrando por fin mi voz.

    —Molestarme? —rio, un sonido bajo y melodioso—. Para nada. Solo me da coraje que no me hayan dicho.

    —Lili…—logró decir Brenda.

    —Oye, no se hagan. Ustedes dos, solitas, jugando a las novias —Liliana bebió un trago largo—. Yo que pensé que éramos un trío de verdad. De los que comparten todo.

    Sus palabras flotaron en la habitación, ninguna de las dos fuimos capaces de responder eso, pero fue Liliana, quien rompió la tensión cambiando ella misma el tema.

    Las semanas pasaron, tal vez tres o cuatro, y la dinámica entre nosotras tres se había asentado en una nueva normalidad. No se hablaba abiertamente del desafío que Liliana había lanzado aquella noche, pero flotaba en el aire entre miradas sostenidas y sonrisas que escondían más de lo que mostraban.

    Una de esas noches, estábamos en un bar de moda, pero sin la energía de cacería de otras veces. Era una salida de complicidad, de esas donde solo importa la compañía y el tequila que cae con suavidad, calentando la garganta y soltando la lengua. Brenda, Liliana y yo éramos un pequeño universo en nuestra mesa, ajeno al murmullo a nuestro alrededor.

    Liliana, llevaba varias semanas saliendo con un galancete de buena pinta llamado Ricardo. Era atractivo, sin duda, con esa sonrisa de dientes perfectos que prometía diversión, pero a mí siempre me pareció que tenía una cara de morboso que no lograba disimular del todo. Nosotras, por supuesto, le habíamos bromeado a Liliana sobre eso.

    —Se te queda viendo como si fueras un plato gourmet y él un comensal con hambre —le dijo Brenda en un tono juguetón, haciendo que Liliana soltara una carcajada.

    —Pues que mire, mientras pague la cena —respondió Lili con una sonrisa pícara, encogiéndose de hombros.

    En una de esas, Brenda se levantó para ir al baño, dejándome a solas con Liliana. El silencio no fue incómodo, pero sí cargado. Liliana jugueteaba con el borde de su vaso, sus dedos largos y cuidados trazando círculos en el sudor que cubría el cristal.

    De pronto, se inclinó hacia mí, su perfume envolviéndome de repente. Su gesto era de top secret, de esos que usaba cuando tenía un chisme jugoso o una idea traviesa.

    —Oye, Mary —comenzó, su voz un susurro que solo yo podía escuchar—, tengo que contarte algo, pero no te vayas a espantar.

    Sentí un pequeño vuelco en el estómago. Sabía que nada bueno —o quizá todo lo bueno— venía después de una advertencia así.

    —Dime —respondí, tratando de sonar más calmada de lo que estaba.

    Ella miró hacia el pasillo que llevaba a los baños, asegurándose de que Brenda no regresara, y luego clavó sus ojos azules en los míos.

    —Es Ricardo —susurró, acercándose aún más, hasta que su aliento, con un dejo de limón y tequila, me rozó la oreja—. Le gustas.

    Un escalofrío me recorrió la espalda. No era la primera vez que un hombre me deseaba, pero venir de la boca de Liliana, en ese contexto, le daba un peso completamente distinto.

    —¿Yo? —pregunté, con genuina sorpresa—. Pero si sale contigo.

    —Sí, sale conmigo —confirmó ella, sin apartarse—. Pero cuando te ve, se le va el rollo. No para de preguntar por ti.

    —Y ahí no termina la cosa —agregó, bajando aún más la voz—. Se le antoja un trío. Contigo y conmigo.

    El aire se me atoró en el pecho. La bomba había sido soltada. Miré a Liliana, buscando en su rostro algún signo de que era una broma pesada, pero no lo había. Sus ojos eran serios, aunque esa mueca de picardía no desaparecía de sus labios.

    —¿Y… y tú qué piensas? —logré preguntar, mi voz un hilo apenas audible.

    Liliana se recostó en su silla, estudiándome. Tomó un sorbo lento de su bebida, como si estuviera saboreando el momento.

    —Yo… —dijo, alargando la palabra— no digo que no.

    Sus palabras cayeron entre nosotras con el peso de una verdad largamente sospechada. No era un rechazo. Era una puerta abierta de par en par. Un “sí” disfrazado de indiferencia.

    Mi mente era un torbellino. Imágenes de Ricardo, de Liliana, de los tres juntos, se mezclaban en mi cabeza de una manera que me resultaba tan perturbadora como excitante. Quería preguntar más, quería saber qué imaginaba ella, qué límites tenía, pero en ese preciso instante, Brenda regresó a la mesa con su energía característica.

    —¿De qué hablan tan calladitas? —preguntó, dejándose caer en su silla con una sonrisa.

    Liliana y yo intercambiamos una mirada rápida, cargada de un secreto nuevo y peligroso.

    —De hombres y sus tonterías —respondió Liliana con una naturalidad pasmosa, como si no hubiera estado proponiendo la transgresión más audaz de la noche.

    Pero Liliana, como siempre, no era de dejar las cosas a medias.

    Me encontró en la universidad, entre clase y clase. Me abordó con su sonrisa amistosa de siempre.

    —Oye, Mary —me dijo, tomándome del brazo con suavidad, pero con firmeza—, no te hagas pendeja. Lo de la otra noche fue neta.

    Me quedé mirándola, sin saber qué decir. Mi búsqueda de palabras fue tan evidente que ella no pudo evitar soltar una risa breve.

    —No es eso, Lili —logré responder, buscando una excusa que no llegaba—. Es que… nunca lo he hecho.

    Era la verdad. Había explorado mi sexualidad con hombres y con mujeres, pero siempre en dinámicas de a dos. La idea de un trío, de ser observada y de observar, de compartir y ser compartida… era un territorio completamente nuevo.

    Liliana se acercó un poco más, y su voz bajó a un tono conspirativo, casi un susurro.

    —Mira, por eso te digo. Allí voy a estar yo. No vas a estar sola. Yo te cuido, yo te guío. Todo va a estar bien —su mano apretó mi brazo con suavidad—. Si en algún momento no quieres, paramos. Pero no le des tantas vueltas. A veces hay que dejar que las cosas pasen.

    Sus palabras tenían una lógica peligrosamente seductora. “Allí voy a estar yo”. Era una promesa de complicidad, de seguridad en medio de lo desconocido. Y entonces, viendo mi resistencia a punto de quebrarse, Liliana sacó su arma secreta: el ruego juguetón.

    Hizo un mohín con su boca perfecta, esos labios que sabían cómo formar cada palabra para volverla irresistible.

    —Vamos, Mary —dijo, arrastrando las palabras—. ¿No confías en mí? Va a estar divertido. Te lo prometo.

    Esa última frase, cargada de todas las insinuaciones posibles, fue la que terminó de quebrar mis defensas. La espinita que llevaba clavada en la libido desde aquella noche en el bar se convirtió en una punzada aguda, imposible de ignorar.

    Suspiré, derrotada, pero con una sonrisa que empezaba a asomarse en mis labios.

    —Está bien, Lili —dije, finalmente—. Está bien. Hagámoslo.

    El brillo de triunfo en sus ojos fue instantáneo. Apretó mi brazo una vez más, ahora en señal de victoria.

    —Perfecto. Yo le hablo a Ricardo. Tú solo preocúpate por estar tan irresistible como siempre.

    Me quedé allí, en medio del pasillo, con el corazón latiendo a mil por hora. No sabía si lo que sentía era pánico, excitación o una mezcla explosiva de ambas.

    El encuentro se arregló para ese mismo viernes. Liliana me avisó que pasarían por mí cerca de las 8.

    Las 8:05… las 8:20… las 8:45. Cada minuto que pasaba era una agonía. Estuve tentada en al menos dos ocasiones de agarrar el teléfono y cancelar. La espera no me estaba poniendo nerviosa, me estaba quemando por dentro. La incertidumbre avivaba ese fuego entre mis piernas y a la vez me hacía querer huir.

    Finalmente, casi a las 9, escuché el motor de un auto afuera. El timbre sonó y salí, tratando de aparentar una calma que estaba a años luz de mí. Abrí la puerta y ahí estaban. Liliana, con una sonrisa que era pura malicia envuelta en belleza. Y detrás del volante, Ricardo.

    —¡Mary! ¿Lista para la aventura?

    —Claro —mentí, devolviéndole el abrazo con una fuerza que delataba mis nervios.

    Luego, mis ojos se dirigieron al auto. Los ojos de Ricardo. No me saludaron, no sonrieron. Me desnudaron. Fue instantáneo, brutal. Su mirada recorrió mi cuerpo con una intensidad depravada que casi pude sentir como un tacto físico. Sentí un escalofrío y, para mi horror, una humedad instantánea que me traicionó. Respiré hondo, evité su mirada lo mejor que pude y me subí al asiento trasero con la agilidad de una gata, como si no hubiera notado nada.

    —Hola, Ricardo —dije con una voz que esperaba sonara casual,

    —Mary —respondió él, y en esa sola palabra, en ese tono grave, había una promesa de todo lo que venía.

    La idea original, la que Liliana me había vendido, era ir a cenar o por unos drinks antes. Un preámbulo civilizado. Pero apenas arrancaron, alcance a escuchar en voz bajita la conversación al frente.

    —No aguanto, Lili —susurró Ricardo, con una urgencia animal.

    Ella soltó una risa baja, cargada de lujuria y poder.

    —¿Tanto se te antoja, mi amor? —murmuró, y en el reflejo del espejo retrovisor pude ver cómo su mano se deslizaba sobre el pantalón de él.

    Cualquier esperanza de una transición suave se esfumó en ese instante. No hubo cena, no hubo drinks. El ambiente dentro del auto era tan espeso y caliente que podía saborearlo. Ricardo manejó directo, sin disimulos, hacia un motel de esos buenos, discretos, que conocen el valor del anonimato.

    Cuando nos detuvimos frente a la habitación, me bajé del carro. No estaba nerviosa por el sexo. Estaba nerviosa por la situación. Por el territorio desconocido. Por ser el objeto de deseo compartido entre dos personas. Por el pacto que estaba a punto de sellarse en esa habitación.

    Liliana salió del auto y me tomó de la mano. Sus dedos se entrelazaron con los míos, firmes.

    —Tranquila, preciosa —me susurró al oído, su voz un bálsamo y un veneno al mismo tiempo—. Esto va a estar mejor de lo que te imaginas.

    Llegó el momento de la verdad, el instante en que las palabras y las miradas se convirtieron en carne, sudor y un deseo que electrizaba el aire. Si creían que conocían todos los límites del placer, les aseguro que lo que vivimos esa noche redefinió todo para mí.

    Primero fueron ellos los que se besaron. Fue un espectáculo deliberado, sensual. Liliana, con esa seguridad que la caracteriza, se encargó de la camisa de Ricardo, desabrochando cada botón con la lentitud de una ritual, mientras él, con manos ansiosas, buscaba el cierre de su pantalón. Yo los miraba desde el borde de la cama, sintiéndome como una espectadora en mi propia película, con el corazón latiendo tan fuerte que creía que podían oírlo.

    Cuando la blusa de seda de Liliana cayó al suelo, revelando la piel de porcelana de su espalda, ella no miró a Ricardo. Buscó mi mirada. Sus ojos, cargados de un fuego azul, me atravesaron. Y entonces, extendió su mano hacia mí.

    Me puse de pie temblando. Era la descarga de la anticipación, de la rendición final. Tomé su mano, y ella me guio al centro de la habitación. Inmediatamente, sentí las manos de Ricardo en mi cintura. Eran grandes, cálidas, y se movieron con una rapidez sorprendente, subiendo directamente hacia mis pechos,. Mientras, Liliana, frente a mí, se encargaba del broche de mi falda. Sus dedos, hábiles y seguros, la desabrocharon y la dejaron caer a mis pies.

    Ricardo no pensaba en desabotonar mi blusa. Con un movimiento brusco y práctico, la agarró por la nuca y la sacó por mi cabeza, Pero entonces, decidí actuar Para no sentirme inútil, mis manos buscaron el botón y el cierre del pantalón de Liliana. Mientras Ricardo masajeaba mis pechos y enterraba su rostro en mi cuello, yo liberaba a Liliana de su ropa, hasta que su pantalón se unió a mi falda en el suelo.

    Pronto, ambas estábamos en ropa interior, igual que él. O eso creía yo. En el torbellino de sensaciones, de labios y manos, nunca me di cuenta de cuándo él se deshizo de sus boxers. Fue Liliana quien me lo reveló. Ella, que ya besaba y mordisqueaba mis hombros empezó a voltearme con sus besos, poco a poco, guiándome suavemente. Giré sobre mis talones, alejándome un poco de las manos de él, y mi mirada, que buscaba los ojos de Liliana, bajó por instinto.

    Un verdadero monstruo.

    No por su forma, sino por su tamaño y su imponente erección. Palpitante, grueso, curvado ligeramente hacia arriba. Un silencio se apoderó de mí por un segundo. Liliana, leyéndome como un libro abierto, sonrió contra mi piel.

    —Impresionante, ¿verdad? —susurró, y su mano bajó a tomar mi muñeca, guiando mis dedos temblorosos hacia aquella calidez firme

    Su otra mano ya acariciaba la entrepierna de mi tanga, encontrando el núcleo húmedo y palpitante que confirmaba que, a pesar de los nervios, mi cuerpo estaba más que listo para lo que viniera.

    Con el “monstruo” de Ricardo palpitando en mi mano, instintivamente empecé a menearlo, a acariciar su longitud con un ritmo que él, evidentemente, disfrutó al instante. Un gruñido gutural salió de su garganta, y sus caderas respondieron con pequeños empujones. Pero no estuve sola por mucho tiempo.

    Pronto, la mano de Liliana se unió a la mía. Sus dedos, más delicados, pero igual de diestros, se deslizaron por debajo, acariciando y masajeando sus huevos con una presión que hizo que Ricardo cerrara los ojos y arqueara la espalda.

    Sin decir una palabra, un impulso me llevó a ponerme de rodillas frente a él. Y Liliana, como mi reflejo en un espejo perverso, me imitó al instante, arrodillándose a mi lado. Nuestras miradas se encontraron, y fue un entendimiento total. No hicieron falta las palabras.

    Nos turnamos. Yo tomaba aquella verga en mi boca, sintiendo cómo llenaba cada espacio, deslizándome hasta la base, ahogándome un poco en su tamaño, pero disfrutando del poder que tenía sobre su placer. Luego, me separaba, jadeante, y era Liliana quien, con una sonrisa desafiante, se lo metía por completo, demostrando una habilidad que me hizo sentir, por un segundo, una novata.

    Fue él quien pidió clemencia. Con las manos temblorosas, nos tomó de los brazos y nos levantó.

    —Alto… o si no esto se acaba aquí mismo —jadeó, con una voz ronca que delataba lo cerca que estaba del límite.

    Nos guio hacia la cama. Su intención era clara, y la urgencia en sus ojos era un fuego que nos consumía a las tres. Entonces, sus manos se posaron en mis caderas y me acomodó en cuatro sobre la cama. Escuché el crujido del envoltorio del preservativo. Mientras Ricardo se lo ponía —lo supuse por el sonido y el movimiento—, sentí las manos de Liliana en mi cintura. Sus dedos se engancharon en el elástico de mi tanga y, con un solo movimiento hábil, me la bajó hasta mis rodillas. No hubo preámbulos, ni caricias de preparación. No hizo falta.

    La penetración no fue suave. Fue un embate profundo, que me hizo gritar en lugar de gemir. Un grito que era mitad sorpresa, mitad absoluta satisfacción. Se lo agradecí. En ese momento, no quería ternura; quería sentirme usada, llena, partida en dos por ese “monstruo” que tanto me había impresionado. No hubo tiempo para disfrutar el ritmo, porque casi de inmediato, Liliana se acomodó frente a mí.

    Se arrodilló, abriendo sus piernas, y con sus manos guio mi cabeza hacia su sexo. Su aroma, intenso y dulce, invadió mis sentidos. Allí estaba yo, empalada por Ricardo que comenzaba a encontrar un ritmo brutal detrás de mí, y al mismo tiempo, con la boca y la lengua buscando darle placer a Liliana, que se arqueaba frente a mí, con sus manos enredadas en mi cabello.

    Resulta ser que Ricardo era bastante bueno en eso. O quizás era la sensación del momento, la electricidad de tener a Liliana tan cerca, de sentirme observada y deseada al mismo tiempo. Pero la verdad es que no tardé mucho en correrme, y lo hice escandalosamente. Un grito ahogado contra el sexo de Liliana, seguido de una serie de espasmos incontrolables que hicieron que mi espalda se arqueara y que mis uñas se clavaran en las sábanas. Ricardo lo sintió, porque un gruñido de satisfacción salió de él, y sus embestidas se volvieron más profundas, más posesivas, como si mi orgasmo hubiera avivado su fuego.

    Liliana, siempre práctica y hambrienta, no perdió el tiempo. En cuanto mis convulsiones empezaron a ceder, con una fuerza suave pero firme, me apartó del camino. Fue un movimiento fluido, casi coreografiado. Mientras yo me dejaba caer de costado en la cama, jadeante y cubierta de un sudor pegajoso, ella se colocó en mi lugar, de rodillas, ofreciéndose a su hombre.

    Pero no fue solo un cambio de posición. Fue un ritual. Con una destreza que hablaba de una intimidad profunda, Liliana despojó a Ricardo del preservativo usado. Lo vi en sus manos por un segundo, un testigo mudo del orgasmo que acababa de sacarme, antes de que cayera al suelo. Luego, sin pérdida de tiempo, guio su miembro, aun increíblemente erecto y brillante, hacia su entrada.

    Él entró con fuerza. Un gemido gutural, de pura animalidad, escapó de los labios de Liliana. Sus ojos se cerraron por un segundo, y entonces se abrieron para buscarme a mí. Se inclinó hacia adelante, sus labios encontrando los míos en un beso salado, que sabía a su sexo, a su sudor y a un deseo que no conocía límites. Mientras Ricardo la poseía desde atrás con una intensidad que hacía temblar la cama, nosotras nos devorábamos con la boca, nuestras lenguas jugando un juego paralelo al de sus caderas.

    No pasó mucho tiempo antes de que Ricardo alcanzara su clímax. Un quejido ronco, un último empujón profundo, y luego el silencio tenso de la liberación. Lo vi sobre el cuerpo de Liliana, temblando, mientras vaciaba su leche en una serie de chorros cálidos que pintaron la espalda y el redondo culo de ella.

    Pero Liliana no había terminado. Mientras Ricardo aún palpitaba sobre ella, sus propios dedos volaron hacia su clítoris. Los vi, hábiles y urgentes, frotando ese pequeño punto con una precisión milimétrica. Sus caderas seguían moviéndose en pequeños círculos, buscando la fricción final. Sus gemidos, que se habían mezclado con los de él, ahora se elevaron en un crescendo propio, hasta que un estremecimiento igual de violento que el mío la recorrió. Su cuerpo se tensó y luego se derrumbó, completando el ciclo, siguiendo a Ricardo en el clímax con una sincronía perfecta.

    Quedamos los tres quietos por un momento, solo el sonido de nuestra respiración agitada llenando la habitación. Ricardo se desplomó a un lado, exhausto. Liliana y yo, separadas por unos centímetros, nos miramos. En sus ojos no había triunfo, ni vergüenza. Solo un cansancio satisfecho y esa complicidad que ahora estaba sellada a fuego, o mejor dicho, a fuego y semen.

    Resulta que nada es perfecto. Y a pesar de la… impresionante dotación de Ricardo, y del fuego con el que empezó todo, la verdad es que al pobre galán solo le alcanzó el vigor para una sola batalla. Fue intensa, sí, inolvidable, pero única. Y, seamos sinceros, para un trío —e incluso para una pareja si uno es un poco exigente—, eso no es algo precisamente ideal.

    Así que, después de ese primer y furioso asalto, la noche terminó ahí. No hubo reencuentro, ni segunda ronda, ni el despertar enredados entre las sábanas. Todo bien. No había decepción, solo la comprensión tácita de que el espectáculo había concluido. Liliana y yo tuvimos nuestro momento, lo compartimos con un hombre, y hasta ahí.

    No hubo una segunda parte. Y, para serles completamente honesta, ninguna de las dos lo volvió a mencionar jamás. No hizo falta. Se había vivido, se había disfrutado con una intensidad que saturó los sentidos, y simplemente no había más que dar. El deseo se había consumido por completo en ese único y feroz incendio.

    Pocos días después —ni siquiera una semana—, Liliana y Ricardo terminaron. Sentí la curiosidad, esa punzada de preguntarme si yo había sido, de alguna manera, el catalizador. Así que se lo pregunté.

    Liliana, con su franqueza característica, lo negó con un gesto de la mano, como espantando un mosquito.

    —Para nada, Mary. Tú no tuviste nada que ver —dijo, y le creí. Pero en mi interior, ya había formado mi propia teoría: Aunque bien dotado, el hombre era poca cosa para una mujer como Liliana. Demasiado exigente para lo que en realidad podía ofrecer a largo plazo. Demasiado fuego fatuo. Y me quedé con esa certeza.

    Con el tiempo, como suele pasar, Liliana y yo también nos distanciamos. Al igual que con Brenda, no fue por un pleito, un reproche o una herida. Fue la vida, simple y llanamente. Los caminos se bifurcaron. Las responsabilidades, las carreras, los nuevos amores… el mundo nos fue llevando por rumbos distintos.

    La vida sigue, y con ella, nuevas historias que contar. Gracias por acompañarme en este recuerdo. Besos, MaryCarmen.

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