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  • Una tarde caliente de sexo anal

    Una tarde caliente de sexo anal

    Como era costumbre cada verano, el sol ha estado brillando desde un cielo azul todo el día. Brillante, intenso y caliente. Pero este año las cosas iban peor. Estábamos casi a 50 grados y según los pronósticos en los próximos días se esperaba más aumento en la temperatura. Había terminado el turno en mi trabajo y me dirigía a casa. Manejaba mi coche por las avenidas, era la hora de salida de la mayoría de los trabajadores y las calles estaban atestadas de tráfico vehicular.

    A pesar de llevar el aire acondicionado de mi auto al máximo nivel, pareciera que lo llevara apagado. Mi frente me sudaba, bajando hasta mis ojos y cegándome momentáneamente, obligándome a limpiar el sudor con mi mano y por consecuencia embarrando el rímel de mis ojos por todo mi rostro. Miré el reflejo de mi cara en el espejo retrovisor y realmente me veía horrible. Por un momento pasó por mi mente esas escenas en las películas porno donde la chica realiza sexo oral profundo y termina con lágrimas negras de maquillaje por todo su rostro. No me importaba verme así, pero mil veces hubiera preferido que fuera a consecuencia de mamar una buena verga y no por los efectos de este maldito calor.

    De igual manera el sudor corría por toda mi espalda hasta llegar a la raja que separaba mis nalgas. Sentía los pelos de mi panocha pegajosos por el sudor, y no sé si era mi imaginación pero me daba la impresión que el interior del auto apestaba a panocha remojada. Y aún me faltaban varias millas para llegar a casa. Mi humor era el de una autentica perra rabiosa. Si de por si mis compañeros de trabajo me consideraban como antisocial, bitch y con una cara de pocos amigos, si me vieran en ese momento estarían completamente convencidos de todo eso.

    -”BEEEEP BEEEPP!!!!” -hice sonar el claxon varias veces, tratando de apurar el paso de los demás autos, de manera inútil.

    -”Porque chingados no avanzan, putas tortugas inútiles??” -pensé para mis adentros mientras maldecía una y mil veces el infernal calor que estaba haciendo. Quería llegar a casa y desnudarme, tomar una cerveza fría y una ducha con agua helada. Y hacerlo todo al mismo tiempo si fuera posible.

    Finalmente llegué a mi casa, Estacioné mi auto y me bajé lo más rápido que pude. Me urgía entrar y deshacerme de mi estorbosa ropa. La curva de mis senos se notaba a la perfección a causa de la humedad de mi blusa, y la mancha de sudor en mi culo a través de pantalón era muy visible. Los pantalones vaqueros no deberían permitirse en un día como este. Un vestido de verano sería una mejor solución. Correas sobre hombros desnudos, muslos desnudos. La posibilidad de una suave brisa levantando ligeramente el vestido y llegando a mi entrepierna. En ocasiones como esta me arrepentía de vestir tan goth y de tapar mis tatuajes con mangas largas.

    Al cruzar hacia mi casa, miré a la casa contigua y vi a un adolescente de unos 18 o 19 años aproximadamente llegando a la casa vecina. Me imagino que venía de la escuela y, al igual que yo, muriéndose de calor. El chaval me dedico una sonrisa y levantando su mano derecha, hizo el ademan de saludarme. Le dediqué una de mis peores miradas, e ignorándolo seguí mi camino a casa. No estaba yo de humor para saludar a vecinos encajosos. Entré a la casa y siento una oleada de aire fresco en mi rostro. Tommy, mi esposo, ya está ahí. Recién acaba de llegar también y ha encendido el aire acondicionado. Solo estaba en pantalones, sin camisa. Me tomo un segundo para mirar su delgado cuerpo y el incipiente six pack en su abdomen. El gym está surtiendo efectos, pienso para mí y a pesar de mis bochornos, sonreí.

    Así que camino despreocupadamente hacia el baño, dejando tiradas mis ropas por el suelo. Primero la blusa, a lo que le sigue mi sostén, dejando libres mis pechos. Mis pezones se ponen erectos al sentir la frescura del aire acondicionado. Me deshago de mis zapatos con un par de patadas, lanzándolos lejos de mí. Bajo mi pantalón con cierta dificultad. Le sigue mi pequeña pantaleta, la cual al quitarla jala los pelos de mi pegajosa y húmeda panocha. Me provoca un ligero dolor el cual ignoro para luego encender el agua de la regadera.

    Entro a la ducha y siento inmediatamente el agua fría aliviar mis molestias. Dejo que caiga por mi cabello y levanto el rostro para sentir como revivo al contacto del agua. El refrescante líquido resbala por mis pechos, poniendo erectos mis rozados pezones nuevamente, para luego seguir su camino hasta mi espeso vello púbico. Paso mi mano por mi vello, lavándolo y metiendo un par de dedos dentro de mí, como lo hago cada vez que tomo un baño. Repito la operación en mi vagina para luego pasar mi mano a mi trasero y lavar cualquier suciedad que pueda tener entre mis nalgas.

    El sonido de los pies descalzos en el suelo de baldosas es inconfundible. La transparente puerta del shower se abre y veo a mi esposo desnudo sosteniendo una botella de cerveza, ofreciéndomela. Me conoce bastante bien. Por eso lo amo.

    Tomo la botella y le doy un trago, mientras lo veo entrar al shower con su pene semi erecto.

    -«Thank you, daddy. Ha sido un día horrible. No sé qué odio más, si el calor o a todos los de mi trabajo” -le digo sonriendo. Entra en la ducha y desliza sus brazos alrededor de mi cintura, acercándome su ya ahora si erecta verga.

    -”Eso se siente como una rica verga dura» -le digo mientras nos besamos. El agua corre por mi cara, y en nuestras bocas cuando rompo el beso y empiezo a lamer y besar sus mejillas. Me da vuelta, de repente, empujando su verga hacia mí culo.

    -”Cógeme. Cógeme rico”- Le digo, mientras con una mano me agarra un poco las tetas, y con la otra toma su pene y trata de apuntarlo a mi coño. Pero su verga rebota y empuja contra mi agujero trasero.

    -«Ooh daddy, puedes follarme en el culo más tarde, pero es mejor que me hagas venir primero por delante» -le digo parando mis labios, poniendo cara de trompudita.

    -”Trato hecho” -me dice deslizando su cuerpo hacia abajo, con mi espalda contra el vidrio. El agua cae sobre mi cuerpo y sobre mi coño mientras empujo sus caderas hacia su cara. Abre con sus dedos mi vagina, metiendo su lengua entre mi vello púbico, recortado en forma de triángulo

    Empuja su lengua entre mis labios vaginales, probándome. Su lengua es deliciosa, picante y caliente. Con las manos en mis nalgas, me acerca más, empujando su lengua hasta donde puede estirar. Intenta mover la lengua dentro y fuera.

    -«Oh Dios… más… más…» -le digo, animándolo a darme más lengua, disfrutando el delicioso sexo oral.

    Empieza a trabajar en mi vagina con tanta energía como puede. Siento como sus manos pasan a tomar mis nalgas, abriéndolas exageradamente. Siento uno de sus dedos picando mi ano, haciendo fuerza hasta que logra entrar. Suelto un leve quejido, indicándole que su dedo intruso ha entrado en mí. Su solitario dedo en mi trasero es ahora acompañado por otro más. Ahora tengo dos, empujando en mi oscuro agujero secreto, y su cara corriendo con mis jugos y agua de la ducha mientras su lengua entra y sale de mi abierta vagina. Comienzo a temblar.

    Me encanta por ambos lados, su lengua en el coño y los dedos en el culo. Está empujando sus dedos con el mismo vigor que empuja su cara hacia delante, hacia mi vagina. Con cada movimiento, conduce sus dedos más profundo en mi intestino y respiro más fuerte. Mi respiración se convierte en jadeos, y luego grito al sentir como me llega el orgasmo.

    -«Sí!… Mierda!… Más!»… más duro, maas!!

    -”Agghhh!!… si… si… yes… yeees!!

    -Dame maaas hijo de puta!… Quiero maaas!!

    Entre jadeos, recupero la respiración nuevamente. Saca sus dedos de mi ano, ofreciéndomelos. Los tomo en mi boca, hambrienta. Chupándolos, lambiéndolos como si fueran la más rica paleta de dulce. Limpiándoselos.

    -”Dios… Eres un… Maldito, sucio… bastardo!» -le increpo mirando hacia abajo con mi cabello mojado y despeinado.

    -”Apuesto a que tu lengua está cansada” -le digo.

    -«Uh-huh» -me dice, sentándose en el piso de la ducha y mirándome con sus labios brillantes y su cara sonriente.

    -«Bueno, cariño, es hora de tu pequeña recompensa, levántate bebé» -le digo con mi horrible y grotesca sonrisa. Esa misma sonrisa que perturba a la poca gente que me ha visto sonreír. Esa misma sonrisa que escondo a todo el mundo, pero que a mi esposo le regalo cada vez que lo veo. Solo él es digno de ver mi horrible sonrisa.

    Llegamos a la parte que amo de nuestras sesiones de sexo. Me doy la vuelta, extiendo mis largas y esbeltas piernas y separo mis nalgas con mis manos, dejando al descubierto mi culo. Siento sus labios en mi agujero trasero, mientras estoy parada, pasándome su lengua por mi ano.

    -«Mmmm… eso está bien, cariño. Ahora ponme jabón y cógeme por el culo»

    Así que me reclino contra el vidrio de nuevo, y con jabón en la mano, comenzó a lubricar mi agujero, haciéndome gemir al empujar su dedo dentro de mi otra vez.

    -«Urghhh… eso es, papi. Tu dedo se siente bien. Pero no es suficiente, dame tu verga» -mi voz es una orden. Sé lo que quiero y lo quiero ya.

    Y entonces deja caer el jabón y tira de mis caderas hacia él. Se detiene cuando su verga toca mi culo y me dice: «Empuja hacia atrás». Lo intento, empujando con fuerza, y la cabeza de su pene se desliza lentamente dentro de mi ano

    -«Oow… oow… maldición… mierda!…» -jadeo al sentir la primera estocada. Sostengo su verga, allí, solo la cabeza dentro de mi culo, y se inclina hacia adelante y besando mi cuello. Mi cabeza está girada hacia un lado, y está presionada contra el vidrio. Siento una mano a mi alrededor y comienza a jugar suavemente con mi clítoris.

    -”Diooss… eso está bien» -mis palabras son casi un suspiro ahora, entre respiraciones. Con cuidado, y deliberadamente, comienza a moverse. Primero se aleja de mi, la cabeza de su pene se desliza fuera de mi, pero mi agujero oscuro permanece ligeramente abierto. Me empujó hacia atrás para empalarme yo sola en su miembro, y siento como entra de nuevo, más fácilmente esta vez. Empujo un poco más, y lo siento un poco más profundo. Su pene se mantiene un poco más fuerte, un poco más caliente que antes. Sigue acariciando mi clítoris con un ritmo suave y constante, pero con más presión.

    Me muevo hacia adelante una y otra vez. Más duro y más rápido esta vez. Las paredes apretadas de mi culo agarran su pene, exprimiéndolo, sosteniéndolo. Ahora esta con medio pene dentro de mí y me acaricia más rápido.

    -«Fóllame» -le ordeno. Y así lo hace. Empuja en mí, más profundo, y luego retrocede. Ahora está listo, y se mueve lentamente dentro y fuera de mí. Estirando, abriendo y follandome el culo. Está en silencio, pero respira profundamente y gruñe cuando su polla se desliza dentro de mí. Muevo y empujo mis nalgas, mostrándole mi agujero fruncido, estirado, apretado, rodando, y abriéndome mientras me coge. El calor y la presión son intensos, pero es un calor rico, no como el de antes.

    -«Maldita sea, más profundo! Mas! He querido tanto esto, tu verga dentro de mi, tanto. Es precioso, tan grande, me encanta. Fóllame más fuerte, puedo soportarlo! -le grito, animándolo a que me dé más fuerte y más profundo en mi adolorido culo.

    -”Cógeme duro, hijo de puta! Dame más verga, más fuerte! -le ordeno, arriesgándome a que me reviente el culo o que me saque algún desecho de mi intestino.

    Así que sale, paro, moviendo sus manos a cada lado de mis delgadas caderas, y tira de mi culo aún abierto hacia él, con todas mis fuerzas, empalándome completamente en su erecta y dura verga.

    -”Dios! Aggghhh, joder! Es demasiado…!! -grito al sentir como su gorda verga ha llegado a lo más profundo de mi recto, empujando mis adentros. Instintivamente se detiene al escuchar mi grito, temiendo haberme hecho algún daño.

    -”Dios mío, no te detengas! Hazlo de nuevo! Rómpeme! Reviéntame como solo tú sabes hacerlo! -le vuelvo a ordenar.

    Se sale de nuevo, y otra vez antes de que mi culo se cierre, me golpea contra él, tan fuerte como puede, tirando de mi hacia el con ambas manos, agarrando mis caderas con fuerza.

    -«Aaahhh!!” -grito. «Dios sí!… sí… quiero que me folles y te metas en mi culo! Folla mi culo duro y vente en mí…» -le vuelvo a gritar, sabiendo que al día siguiente no poder sentarme normal en mi trabajo. Pero no me importa, en ese momento quiero gozar y entregarme a mi hombre.

    Así que me coge con más fuerza, con sus movimientos más fuertes y más violentos entrando y saliendo de mi adolorido recto. La presión se acumula en su pene y da un grito fuerte, liberando su carga de semen dentro de mí, llenando mis intestinos. Siento como una luz brillante detrás de mis ojos cerrados, haciéndome ver luces y llegando yo también al orgasmo. Siento su verga soltando chorros de leche dentro de mí. Uno, dos, tres chorros. Llenándome, provocándome una sensación parecida a la de querer cagar. Siento como poco a poco su pene va perdiendo dureza hasta al final escapar de mi ano. Con las pocas fuerzas que me quedan, me inclino para limpiarle su verga en un delicioso ATM como siempre solemos hacerlo, sacándole las últimas gotas de semen.

    Finalmente terminado, quedamos en silencio por algunos momentos, tratando de recuperar el aliento. Su pene se suaviza dentro de mi trasero.

    -«Mmmm, encantador» -murmura. «¿Te gustó eso? No quería hacerte daño» -me dice tiernamente.

    Me escapo de él. “Tú sabes mi secreto, cariño. Me encanta tu verga en mi culo” -le digo regalándole de nueva cuenta mi diabólica sonrisa.

    -“Te amo” – sonríe.

    -”Yo más!” -le contesto.

    Terminé de bañarme, y le doy espacio para que el termine también y se lave su miembro. Me seco con una toalla y me voy desnuda a la cocina, disfrutando el aire fresco en todo mi cuerpo. Tomo otra cerveza de la heladera y me dirijo a la sala de la casa. El trabajo me dejo agotada, pero no tanto como la cogida que me acababa de dar mi esposo. Me paro en la sala, tomando mi cerveza y disfrutando el aire fresco con los ojos cerrados, y aun adolorida de mi culo.

    Sentí como si alguien me mirara, y repentinamente abrí los ojos y volteé a la ventana, alcanzando a sorprender a mi adolescente vecino mirándome por la ventana, pero del lado de su patio por encima de la barda divisoria. Se quedó congelado al verse descubierto, al igual que yo quedé sorprendida y ni siquiera me pasó por la cabeza cubrir mi desnudo cuerpo. Nos quedamos viendo a los ojos por una fracción de segundo, para luego el salir corriendo al interior de su casa. Rápidamente bajé la persiana de la ventana y aunque por un momento pensé en decirle a mi esposo o ir a reclamar a la casa de mi vecino, decidí que lo mejor era quedarme calla por ahora. No sabía quién me había tomado las fotos a escondidas (que comenté en mi anterior relato) pero definitivamente ya tenía al sospechoso.

    El pequeño cabroncito me la tenía que pagar, y tenía que ser de la peor manera.

    Fin del relato por ahora. Espero les haya gustado y si pueden háganmelo saber para continuar escribiendo. Gracias por leerlo.

  • Mi cuñada se masturba por mi

    Mi cuñada se masturba por mi

    Tuve la suerte de encontrar una buena mujer, guapa, buen cuerpo y rica para coger. Tenemos sexo casi a diario y experimentamos todo cuanto se nos viene en mente.

    Recuerdo que recién casados se llegó a vivir a la casa de su madre una hermana, una linda jovencita de escasos 18 que había estado internada como novicia o «aspirante» a monja, me dijeron.

    La chiquita visitaba nuestra casa con frecuencia y no es de extrañar que en más de alguna vez nos encontrara cogiendo. Entraba a nuestra habitación, y aunque tocaba primero en algunas ocasiones apenas podíamos ocultarnos bajo las sábanas para esconder nuestra desnudez. A mi mujer y a mí nos causaba gracia la actitud de Rudy, esperábamos que se marchara y continuábamos con nuestro trabajito. Cogíamos hasta no poder.

    Siempre he sido amigo de los libros, lo cual me ha permitido tener algunas respuestas cuando alguien las necesita. Ruby entró a ese círculo, me preguntaba cosas, a veces triviales y hasta sin sentido. Hablábamos de historia, ciencia, cine, comic y hasta de telenovelas. Nuestras pláticas se alargaban por horas.

    Miriam mi mujer, con ese instinto de hembra empezó a cuestionar sobre el motivo de tanta charla, pero se auto frenó a sí misma ante la inocencia de su hermanita, cosa de chicas pensó.

    Pasaron los meses y todo seguía su ritmo, fue un día después de un polvo de mediodía que mi esposa me puso al corriente de algo que había hecho mi cuñada. Según supe, mi mujer había encontrado a su hermana en nuestra cama tocándose. La había hallado acostada boca arriba, la falda levantada y sus calzoncitos sólo en una pierna. La chiquilla se masturbaba con sus dedos, mientras pronunciaba mi nombre. Escuché el relato y le reste importancia para calmar a mi esposa, aunque mis pensamientos daban vida a las más lujuriosas pasiones.

    Pude darme cuenta que mi cuñada se ausentó de nuestra casa, y aunque vivíamos enfrente pocas veces podía verla. Mi mujer pareció olvidar lo que pasó y todo empezó volver a la normalidad. Ruby empezó a frecuentarnos.

    Un día regrese a mi casa antes de lo esperado, pues mi señora tendría que hacer algunas diligencias. Fue ella quién me pidió que lo hiciera, pues vivíamos en un barrio peligroso lleno de rateros y era necesario que uno de los dos estuviera a fin salvaguardar nuestras escasas pertenencias. Al llegar vi la puerta del dormitorio semiabierta, caminé despacio presintiendo lo que hallaría. Pude ver a mi cuñadita en nuestra cama semidesnuda, se frotaba el chocho y gemía. Se magreaba las tetas y se contorsionaba, parecía estar al límite de un eminente orgasmo. Decidí observar la escena, disfrutar cada toqueteo, el movimiento de sus caderas y oír sus susurros, esos gestos de deseo y placer. Ella parecía haber perdido la noción de las cosas, pude percibir cuando mencionó mi nombre. Se masturbaba pensando en alguien a quién tenía a escasos metros, eso me decidió y me acerqué dándome cuenta que tenía sus ojos cerrados. Estaba frente a ella, me sintió, pudo verme y sonrió. No hubo tiempo de explicaciones, me senté a su lado y dirigí mis labios a su clítoris, ella abrió sus piernas y toda su cosa quedó a mi disposición. Tenía una vulva pequeña, labios delgados y un clítoris mediano de un color rosado claro.

    Estaba húmeda y enrojecida por la fricción de sus dedos, su aroma a hembra era delicioso. Mi lengua trabajó su raya de extremo a extremo, intenté meter un dedo pero no entro, Ruby era virgen. Mis pensamientos lascivos se enorgullecieron, estaba a punto de romper el chochito de mi cuñada. A todo esto, mi ropa yacía sobre el suelo, y había colocado mi verga al alcance de la boca de Ruby, esta había entendido la indirecta y mamaba, torpe pero mamaba. Estábamos en un 69 perfecto, ella arriba yo abajo, podía chupar su rajita y ver su culo. Esa flaquita parecía poseída, pasaba su lengua desde pegue de mis huevos hasta la cabeza, se introducía todo mi pene y gemía. Pasamos minutos de infarto, habíamos realizado el preámbulo, era tiempo de la verdad. La levante en mis brazos y la coloque sobre una mesita alta, su cabeza quedó apoyada sobre unas almohadas. Sus piernas ligeramente sobre mis hombros, sus nalgas al borde, la posición era perfecta para que pudiera ver mi verga cuando se aproximara a su cueva. Puse mi tranca a su entrada y empuje, pude observar cuando entro la punta, su cuerpo se estremeció y pujó. No me detuve y seguí haciendo presión, podría decir que escuché el sonido de algo roto en su interior. La penetré y pude sentir esa estrechez de mujer recién estrenada, lo de demás fue simple: comencé un mete saca rítmico, la embestía tratando de no lastimarla. El acoplamiento era perfecto, mi verga rozaba sus paredes vaginales y cuando llegamos al orgasmo sólo pude pensar que esto tenía que repetirse.

    Terminamos, los dos satisfechos. Nos besamos y sin prometernos nada supimos que volveríamos a darnos placer. Ruby fue y será mi bello recuerdo, hoy separado de mi esposa, sé que Ruby me ama pero pesan los prejuicios.

  • Ahora su macho soy yo

    Ahora su macho soy yo

    Mi mamá es una mujer de 55 años y bastante gorda, pero un enorme culazo tan grande y muy lindo pesara unos 130kg., tiene una cara hermosa y unos pechos súper extra grandes, yo tengo 18 años y mi papá 60 años y una muy buena relación conmigo, desde casi siempre me masturbé pensando en esas hermosas tetas, pero nunca pasó de ahí, por lo menos hasta hace casi un mes.

    Todas las mañanas antes de ir a la prepa me despierto bien erecto y tengo que hacerme una paja y de vez en cuando mancho el calzoncillo, cuando esto pasa lo hago un bollo y lo dejo para lavar. Una de esas mañanas al llegar al cole me entero que estaba cerrado por no haber agua, sin hacerme problema vuelvo a mi casa.

    Entro apresurado para ir al baño y al abrir rápido la puerta veo a mi mamá completamente en calzón sentada en el inodoro y masturbándose con un cepillo metido hasta el fondo de su concha mientras pasaba su lengua sobre el semen de mi calzoncillo, nos quedamos tiesos los dos mirándonos a los ojos por unos segundos, yo con la boca abierta y ella con su lengua llena de mi leche, cuando siento la voz de mi papá que me pregunta que hacía de vuelta tan temprano.

    Rápido cierro la puerta y le explico lo del corte de agua, él se despidió de mí, de mi mamá con un grito y se fue a trabajar. Me senté en el living y estuve casi 20 minutos tratando de acomodar mis ideas, mientras en todo ese tiempo mi pija no dejó de estar dura, no comprendía lo que pasaba, pero me excitaba y mucho. Fue entonces cuando escucho por fin la puerta del baño y mi madre ya con su camisón puesto se sienta frente a mí y pide aclararme lo que pasó, sin decirle una palabra la miré a los ojos y me hice todo oído.

    Casi al borde del llanto comenzó diciéndome que papá casi nunca la tocaba y que ella estaba segura que él tenía una amante, pero que no podía culparlo ya que ella era gorda y fea y que su tremenda calentura la llevó a excitarse con su propio hijo. Ahí la interrumpí y le pregunté qué otra cosa hacía pensando en mí, me contó que mientras yo dormía boca arriba ella se masturbaba al lado de mi cama.

    Después me pidió disculpas y juró que jamás volveríamos a pasar por esta situación, fue ahí cuando la interrumpí y le dije que yo también era culpable ya que me había masturbado pensado en ella mil veces y que jamás la había visto como a una gorda fea, que al contrario la veía hermosa y muy mujer, ella no me creyó y decía que yo solo lo hacía para hacerla sentir un poco mejor.

    Me paré, me puse frente a ella, tome su mano y la apoyé en mi pija que estaba como una piedra y le dije, esto te parece mentira, después me bajé los pantalones y acerqué su cara a mi pija y ella la chupó gustosa, lo hacía perfecto, se notaba que sabía lo que hacía, solo la interrumpí para tomarla de la mano y llevarla a su cuarto.

    Al llegar le quité el calzón color amarillo la recosté en la cama y le dije: “ahora te voy a demostrar que no te miento”, y hundí mi cara en su concha, ¡que hermoso gusto!, que labios carnosos, chupé esos labios como un loco, trataba de meter la lengua lo más adentro posible, estuve así como 28 minutos en los cuales ella no dejó de gemir y le conté por lo menos cuatro orgasmos que llenaron mi boca de su hermoso néctar, después separé sus redondas piernas, corrí un poco su gran abdomen y le introduje hasta el fondo la pija.

    Gritaba como loca y cuanto más gritaba más fuerte la cogía, veía su cara y estaba feliz, se pellizcaba los pezones, mordía las almohadas y gritaba que me amaba que quería mi leche y que siempre había soñado con este día.

    A los 10 minutos la inundé de mi leche, pero no saqué la pija, chupé esas tetas gigantes con las que tantas pajas me hice, mordí esos pezones redondos como un cenicero y enseguida estaba erecto de nuevo, bombeaba como un potro y ella seguía gritando, casi disfónica, pero seguía, acabé de nuevo, pero ahora había tardado bastante más y volví a lamerle los pechos sin salir de ella.

    La miré a los ojos y de muy cerca le dije que saque la lengua y la deje fuera de su boca, ella obedeció enseguida y aproveché para lamer su lengua, la metí en mi boca y la saboreé toda, esto me puso al palo de otra vez y volví a embestirla, pero esta vez estaba dispuesto a matarla a pijazos, de a ratos la miraba y veía que lloraba de alegría, después se reía y al rato volvía a llorar.

    Sin exagerar la cogí más de 40 minutos sin parar, estaba cansado, pero orgulloso de regalarle tal cogida a mi mamá, cuando acabé me temblaban las piernas, los brazos y todo el cuerpo, ella estaba casi desmayada de placer, la besé en la boca, lamí todos sus dientes, chupé el sudor de su gordo cuello y le dije al oído: prepara algo de comer que de postre te cojo igual que ahora, pero por el culo. Ella se sorprendió y con las pocas fuerzas que le quedaban me contó que nunca lo había usado para eso, pero que para mí desde ahora no existía el no.

    Desde esa vez y al día de hoy me la cogí todos los santos días, como es obesa no puede ponerse sobre mí ni cambiar tan fácil de posición, pero compensa todo con la calentura que tiene, con el morbo de saber que es mi mamá y con la hermosa sensación de hacer cornudo a papá, porque ahora su macho soy yo.

  • Nuestra propia película en el cine

    Nuestra propia película en el cine

    Ha pasado ya unas cuantas semanas desde mi última vez que estuve íntimamente con mi bella vecina Mayra, por cuestiones laborales y por sus ocupaciones de ama de casa hemos estados un poco distantes en cuanto a ese aspecto aunque confieso, que he anhelado volver a tener otro encuentro con ella nuevamente.

    Mi trabajo me ha estado atrapando de tal modo que ni para una salida de libertinaje he tenido incluso, para satisfacer parte de mis necesidades como hombre.

    El fin de semana se llega, termino mis labores durante el día y lo único que quiero es irme a descansar a casa. Por fin había terminado tanto papeleo que me ajetreaba durante la misma semana. Me despido de mis colegas y voy a mi auto partiendo a mi casa. Al llegar a casa noto que Mayra está afuera de su casa, al parecer su esposo sale de viaje por las maletas que lleva consigo. Como buen vecino amable les saludo a ambos, él responde de la misma manera deseándome buen fin de semana ya que partiría con sus familiares por cosas de la misma. Él toma su auto y toma rumbo a su destino. De inmediato Mayra se acerca a mí con su bella sonrisa preguntando:

    – ¿Por qué has estado tan desaparecido? ¿Acaso ya no te es linda tu vecina?

    “Nada que ver con eso, lo que pasa es que mi trabajo me ha tenido prisionero y he estado muy ocupado, pero por fin estoy libre para divertirme por lo menos este fin de semana”

    – ¡Mira qué coincidencia!

    “¿Por qué?

    – Pues yo tampoco me he divertido del todo, y justo mi marido se acaba de ir así que planeare alguna diversión en este fin de semana (Guiñándome su ojo mientras muerde uno de sus labios)

    “Pues ¿Cómo qué tienes en mente?”

    – Por el día de hoy tengo una cita con uno de mis amores

    “¡Vaya! ¿Pues cuantos somos? (Sonriendo tontamente)

    – ¡Jajá! Tonto, me refiero a mi hijo. Le prometí llevarlo al cine hoy día así que, él será mi cita esta tarde.

    “¡Mira qué bien! Pues entonces que se diviertan y disfruten su película

    – Si eso espero, mira que estaba entusiasmado.

    “Bueno, entonces nos vemos pronto, iré a prepararme algo de comer”

    – Hasta luego cariño (Guiñándome el ojo)

    Después de esa pequeña charla me fui a mi casa, me di una buena ducha y me dispuse a prepararme algo para comer, ya que por tanto trabajo, hasta en eso me descuidaba ya. A la hora de haber terminado de cocinar y comer, salí a recoger mi correo a mi buzón y noté que estaba Mayra con su hijo listo para marcharse al cine, ya que estaban esperando taxi me imagino. Los salude de lejos y le pregunté si ya habían pedido taxi, ella me contesto que ya pero que había tardado y la función estaba pronto a terminar. Me acomedí a preguntar si querían que los llevara, su hijo de forma inmediata respondió que sí, puesto que ansiaba ir no le importaba la forma en cómo llegar. Ella de forma casi penosa aceptó, así que les pedí un minuto en lo que me cambiaba la camisa y buscaba las llaves de mi auto.

    Ya listo para partir, se subieron al auto para irnos. Él se sentó en la parte trasera del auto y ella adelante. Se veía tan hermosa, ya hacía muchos días que no le había visto tan de cerca. Lucía una falda negra corta, en la cual pude apreciar sus blancas piernas, y una blusa beige con un escote espectacular. Puesto a que tiene buena proporción en sus pechos, se le miraba increíblemente. Por obvias razones, de forma disimulada mi mirada la recorría, pues no quería que su hijo me viera cometiendo acciones con su madre y le vaya a contar a su padre y eso nos provoque problemas. Tras conducir una media hora llegamos al cine. Él fue el primero en bajarse pues estaba muy entusiasmado, ella se esperó un poco y de forma amable, me dijo que si no quería quedarme. Le dije que no, que dejaba que se divirtiera y pasara tiempo con su hijo, que no había problema alguno. Ella insistió que les acompañara y su hijo de igual forma me dijo que si, que le dijera que si pero que ya nos fuéramos a formar para comprar los boletos. Total, entre la insistencia de ambos pues me permití acceder, pues un rato de romper la rutina encerrado en mi casa no me caería mal.

    Ambos se acercaron a la cartelera y noté que estaban en desacuerdo en qué mirar exactamente. Él por su edad quería una película algo infantil y ella por obvias razones, no era muy de su agrado. Me acerqué y le dije que lo dejara mirar su película, incluso que podría entrar solo y mirarla, mientras lo esperamos afuera. Su niño dijo que si, que no había problema puesto que él quería ver esa película. Total, ella accedió y le compro su boleto con sus palomitas y le permitió entrar solo a la función. Que nosotros le esperaríamos afuera, hasta que termine su película. Él se fue a la sala de cine y nos quedamos afuera en una banca. Miraba la cartelera y había un par de películas buenas, le comenté que si quería mirar alguna en lo que la función de su hijo terminaba para no aburrirnos estando aquí sentados dos horas.

    – Si tienes razón, y ¿Cuál te gustaría ver?

    “Pues escoge una, la que tú quieras mirar”

    – La que yo quiero mirar no está en película aún ¡Jajá!

    “¡Jajá! Me refiero a la película tonta”

    – Ahh bueno especifica entonces, está bien deja compro los boletos.

    “Yo mientras voy por las palomitas”

    Al termino de unos 5 minutos nos volvimos a encontrar y ya trajo los boletos consigo, así que nos fuimos a la sala de la función, puesto que ya tenía unos 15 minutos comenzada la función, al entrar a la sala pensamos estaría llena de gente pero no, su cupo estaba casi por la mitad. Mirábamos donde sentarnos y ella me dijo que a los que están por la puerta, por cualquier cosa con respecto a su hijo no tenga que caminar tanto. Nos sentamos en la primera fila rumbo a la esquina.

    Ya comenzamos a mirar la película y comíamos las respectivas palomitas. Yo de reojo le miraba las piernas, pues ya había días que no tenía acción sexual, ya imaginaran lo que provocaba con sólo mirarle un poco. Entre tanto mirar según yo con algo de disimulo, ella dijo:

    -No te vayas a quedar ciego…

    “¿Por qué?

    -Si desde que me subí a tu auto ya he notado como me devoras con la mirada no te hagas

    “¡Jajá! Lo siento, la falta de acción y de poca inteligencia para no ser visto me ha delatado.

    -¿No has tenido sexo en este tiempo?

    “Pues la verdad no, de tanto trabajo ni eso he podido”

    -Pobrecito, con razón no me despegas la mirada ¡Jajá!

    “¡Jajá! Lo siento pero no soy de piedra, además vienes preciosa. ¡Pero ya! Miremos la película

    -¡jajá! Está bien, está bien.

    Trate de controlarme, puesto que estábamos en una sala con gente, pero no me quitaba de la mente poder poseerla una vez más. Pero me dispuse a tranquilizarme y ver la película, ella traía el bote de palomitas y vi que las comía y me preguntó que si quería, obvio le dije que si, y las llevaba de su mano a mi boca. Mirábamos la película mientras seguía dándome palomitas de su mano. Al minuto yo tome del bote y dijo:

    – ¡Oye, no te las acabes! Dame…

    Tomé una y la lleve a su boca con mis dedos, ella alcanzó a tomar la punta de mis dedos con sus labios y apenas lo lamió un poco, algo que al instante me estremeció. En mi mente trate de seguirle el juego, cuando le tocaba su turno de darme, hice lo mismo con su dedo y lo chupe un poco. Ella se mordió los labios, pero ninguno avanzó, el juego había iniciado. Ella en su turno, tomó la iniciativa. Llevo una palomita a su boca, teniéndola entre sus dientes, me levanto la ceja insinuando a que se la quitara, al irme acercando la dejó caer con tanto ingenio que quedó sobre su escote.

    – ¡Ups, lo siento!

    “Ah yo no sé, yo a como sea quiero palomitas”

    -Pues tendrás que sacarla porque mi turno se terminó.

    No lo pensé ni dos veces, antes de acercarme a ella, mire de reojo la sala hacia las demás personas, que alguna no estuviera mirando lo que hacíamos. Poco a poco me acerqué hasta su escote, y comencé a fingir que no la encontraba. Quería sentir su piel sobre mis labios, recorrerle y provocarla una vez más. Mis labios recorrían su escote lentamente mientras sentí como sus dedos acariciaban mi pelo, mi lengua apenas pudo deslizarse sobre el escote de su blusa intentando buscar un poco de uno de sus pezones pero apenas y pude sentir un poco de su areola sobre la punta de mi lengua. Ella me tiro del pelo, haciéndome seña de que alguien miro de reojo lo que estaba haciendo. No dijo nada solo se reía y yo ya estaba algo excitado.

    – Es tu turno ahora, yo quiero seguir comiendo palomitas.

    Tome una palomita e hice lo mismo con mi boca, pero esta vez yo la dejé sobre mis labios. Quería sentir su boca sobre la mía, ella de inmediato fue sobre mis labios y comenzamos a besarnos. Sentí nuevamente esas ganas en sus besos, su respiración que me fascinaba y sus pequeños quejidos mientras le mordía su boca. Después de un instante dejé su boca, y retomamos nuevamente el juego.

    – ¡Me toca a mí!

    Tomó una y la llevo a su boca, pensé nos besaríamos de nuevo pero justo al llegar, la soltó y la dejo caer sobre su falda. Entendí el mensaje y a como estaba, no haría caso omiso a su petición. Miré de reojo que nadie mirara y me fui deslizando, quedando de rodillas frente a sus piernas. Ella echo hacia adelante un poco su cadera, dejándome un perfecto espacio para poder indagar un rato entre su falda. Comencé a besar sus piernas mientras ella las separaba para mí, ella tomó mi mano y la guiaba justo por el medio, accedí a adentrarme y me llevé una increíble sorpresa.

    ¡No llevaba panty! Solamente llevaba su falda puesta, pude sentir entre mis dedos su sexo ya húmedo, mis dedos la recorrían de arriba abajo, haciéndola estremecer con cada caricia de mis dedos. Se tomaba del asiento de adelante y me miraba de reojo haciendo apenas pequeños gemidos aguantándose para que no nos descubrieran. Yo seguía por supuesto, mis dedos se inundaban de sus fluidos y mis ansias por sentirlos sobre mi boca eran inaguantables.

    Le di la señal de lo que pretendía y ella echo su cadera un poco más adelante, sus nalgas apenas sobre la orilla de la misma silla. Recorrí su falda hacia atrás mientras separaba sus piernas, mi lengua se preparaba y me acerqué a su sexo. Mi lengua de forma inmediata le dio una lamida por completo, ella echo un suave gemido mientras yo disfrutaba de su sabor sobre mi boca. Repetí el juego con mi lengua, recorría cada uno de sus labios, y su cadera comenzaba a moverse poco a poco, de reojo veía que nadie se percatara y agachaba su cabeza para dejarme oír en sus pequeños gemidos lo que estaba sintiendo al sentir como mi lengua le recorría.

    Dejé un poco su sexo, subí mi cara en busca de un poco más, de forma cautelosa lleve mi boca al escote de sus pechos. Eché de lado su tela para descubrir su seno izquierdo, apenas entre la poca luz que había podía notar ese bello botón café totalmente erecto, mi boca de forma inmediata se fue sobre él. Mientras mis dedos buscaban su sexo otra vez, pero en esta ocasión se hundirían dentro de ella. Mi boca chupaba su pezón y daba de lamidas sobre el mismo sin soltarlo. Sus gemidos aumentaban un poco pero era cuidadosa por no hacerse escuchar ante los demás dentro de la sala. Mis dedos bañados en sus fluidos se hundían fácilmente, sentía ese calor y palpitar de su sexo entre mis dedos que le recorrían una y otra vez por dentro. Mi boca tiraba, chupaba y lamia repetidas veces haciéndolo repetitivo. Mis dedos continuaban moviéndose dentro de su vagina sin detenerse. De forma rápida dejé su pecho y eche su cuerpo hacia atrás, dejando su cadera algo elevada para mí. Mis dedos continuaban dentro de su vagina pero ahora se moverían conjunto a mi lengua. Mis dedos resbalaban una y otra vez, mientras mi lengua comenzaba a hacer lo mismo sobre sus labios, subiendo hasta su clítoris ya hinchado para lamerlo incontables veces. Sentí como su sexo latía y su humedad continuaba sintiéndose sobre mis dedos y boca. Sostuvo mi cabeza sobre su mano, me guiaba y me mantenía pegado a ella mientras su cadera se elevaba y se movía sobre mi boca. Mi lengua continuó de forma hábil sobre su clítoris y sin pensarlo más, pude sentir como su orgasmo se hizo presente al escuchar un gemido un poco fuerte.

    Escuchamos como de la parte del frente sonó un:

    ¡Shhhh! Dejen oír la película.

    Me levante de inmediato para sentarme sonriendo por lo chistoso que había sonado, pensando que de igual manera ni cuenta se dieron de lo que había ocurrido detrás de ellos.

    Ella apenas se acomodó y se lanzó sobre mí, su boca comenzaba a devorar la mía, había encendido eso que tanto anhelaba en ella desde hace unos días. Su lengua se hundía sobre mi boca, mientras su mano sentí como comenzaba a acariciar mi erección sobre mi pantalón, lo apretaba con tanta fuerza que lo único que provocaba era que jadeara en su boca. Su mano quitaba ansiosamente mi cinturón, logro hacerlo y de inmediato quitó mi botón y bajo el cierre. Sentí como tomo mi miembro con su mano, lo sostuvo firme y de inmediato comenzó a masturbarme mientras seguía besándome la boca. Disfrutaba como movía entre lento y a prisa mi miembro sobre su mano, lo apretaba con tal fuerza que no podía contener que mis gotas pre seminales comenzaran a brotar de la punta de mi miembro. De reojo dejaba su boca y miraba que los demás no se captaran de lo que estábamos haciendo. Volvía a su boca y gemía a bajo volumen disfrutando de su mano. Ella sin pensarlo se recostó sobre mí, llevando de inmediato mi miembro a su boca.

    Gemí al sentir como sus labios ahora eran los que presionaban mi miembro, su lengua era una maravilla como se deslizaba de un lado a otro por debajo de la punta. Mis manos fueron sobre su cabeza para no dejarla salir, la presionaba para que lo hundiera más en su boca y ella entendía el mensaje. Su boca me devoraba totalmente, sentía sus labios pegar a mi cadera, retrocedía succionando tan deliciosamente que me sentía en el mismo paraíso. Subía y bajaba por mi miembro como una desesperada y yo no quería que parara. El sonido de su saliva era apreciable aún con el volumen de la película, ya me había olvidado que estábamos en el cine, y aún sin importarme nada la dejaba continuar.

    Seguía devorándome a su antojo, y yo no le ponía límite alguno, mi miembro comenzaba a vibrar y más de mis gotas emanaban cada vez más y más.

    De forma inmediata ella se levantó, pensé que se había arrepentido de lo que estábamos haciendo porque se levantó. Pero se puso frente a mí de espalda, se percataba de que nadie observara mientras se levantaba la falda a la altura de sus nalgas. Eso me calentó en su totalidad.

    Llevé mis manos a sus nalgas para separárselas, y la jalé contra mí. Mi miembro ahora estaba entre medio de sus nalgas buscando donde hundirse, su mano tomo firme por delante mi miembro y lo acomodo en la entrada de su sexo. De forma exquisita se dejó caer sobre mí, en un solo golpe de su cadera me hundió por completo dentro de ella. Gemí apretando mis labios para no ser escuchado, ella se tapaba su boca con sus propias manos. Su cadera comenzó a moverse de arriba abajo deliciosamente. Miraba en la poca luz sus nalgas como se movían para mí, estábamos creando nuestra propia película en una sala de cine.

    Sus nalgas comenzaban a hacer esos sonidos tan exquisitos cuando chocaban contra mí, yo simplemente las apretaba con tantas ganas, mi miembro se estimulaba de forma tan increíble dentro de su sexo. Su humedad ya había empapado hasta mi propia ropa. Mi boca se acercó a su espalda, intentaba besarla pero con ese placer que me estaba provocando, lo único que podía hacer es morderla. Mis manos fueron por delante de su cuerpo, buscaba sus pechos, esos que tanto me fascinan. Los tomaba y me apoyaba de ellos para mover mi cadera junto con la suya. Nuestros cuerpos chocaban tan rico, los gemidos apenas y los hacíamos emitir para que no nos descubrieran. Mi mano derecha bajo al medio de sus piernas en busca de su sexo, mis piernas las separe por completo y su cadera se sacudía sobre mí. Movía mi miembro a su antojo y yo la dejaba hacerlo, simplemente no quería que se detuviera. Mis dedos iban en busca de su clítoris y eso activo esos movimientos desesperantes de su cadera. Se movía frenéticamente y yo sentía como ese placer en mi cuerpo llegaba al límite. Le dije apenas entre mis bajos gemidos que iba a terminar, eso simplemente hizo que se moviera frenéticamente a más no poder, me eche hacia atrás disfrutando de sus movimientos, ella me regresaba a ver sin detenerse. Apenas pasaron unos segundos y sentí como me bañaba en sus fluidos tibios, su segundo orgasmo estaba haciéndose presente, yo no pude esperar ni mucho menos contenerme con tan delicioso sentir de sus contracciones. Comencé a estallar y a llenarla con mi exquisito orgasmo, mis dedos se encajaron en su espalda mientras nos quedábamos inmóviles.

    Ella se levantó, acomodó su falda y me dijo que iría al baño. Yo por mi parte me acomode mi pantalón y me relaje sobre mi asiento en lo que llegaba ella. A los 10 minutos regresó sonriendo, se sentó y se recostó sobre mi hombro. Terminamos de ver lo que restaba a la película. Como a la hora entre uno que otro beso entre ambos, uno de los trabajadores nos vino a decir que su hijo nos estaba buscando afuera, a lo cual nos salimos ya que la película en sí ni nos importaba en lo más mínimo.

    Pasamos por un helado ya para irnos a casa, en el camino su hijo iba contando toda la película que él había mirado. Nosotros riéndonos simplemente, no por lo que decía sino, por la locura que habíamos hecho esa tarde.

    Al llegar a casa, se bajaron y me dijo que si quisiera, podría acompañarlos en la cena.

    Le dije que me agradaba la idea, pero primero tenía que ir a ducharme porque tuve una tarde muy agitada y no quería andar con los pantalones oliendo a sexo.

    Ella soltó una carcajada y solo respondió:

    – Pues trae unos extra, puede que con el postre también esos se te ensucien…

  • Nuestra amiga argentina se lo monta con Pau y Matías

    Nuestra amiga argentina se lo monta con Pau y Matías

    Voy a tratar de resumirlo, porque fueron no más de tres horas pero en las que pasaron cosas que jamás pensé que iban a pasar, y eso que me pasaron cosas en mi vida.

    Antes que nada los culpables de lo que paso hoy son mis amigos de internet, todos los que me decían: ¿para cuándo un trío con tu novio y Pau? (hace tres años), obvio que a mi novio lo descarte pero la idea me empezó a gustar.

    La cosa me empezó a dar vueltas en la cabeza porque Pau siempre me dice que le gusta la cara de rubia puta (así me dice ella) cuando me está cogiendo, que le gusta verme así.

    Pau, es lesbiana en serio, según me contó en su vida solo se acostó con dos chicos, pero goza más con las chicas, hasta un par de veces estuvo en pareja con chicas.

    La cosa, es que no sé cómo, pero, obvio todo por mensajes, porque no me animaba a decírselo de frente, hablamos esto ayer a la tarde (lo voy a copiar resumiéndolo):

    Yo: Pau, a vos te gusta verme la cara cuando me coges?

    Pau: Obvio rubia hermosa, si gozas como una guacha

    Yo: no me querés ver coger en serio?

    Pau: ehh??? No te entiendo

    Yo: si, no me querés ver coger en serio con un chico

    Pau: Obvio, pero no te entiendo

    Yo: boluda, si no querés que vaya con un amigo a tu casa y cogemos los tres

    Pau: nena, estás re loca!!! Sos re trola, en serio te dejarías coger por un chico delante de mí.

    Yo: si, mientras vos me besas y me tocas, quiero que me cojan entre los dos

    Pau: pero forra, sabes que a mí un pibe en bolas no me calienta

    Yo: pero a mi si jajaja, aparte no te va a coger a vos, solo quiero que me coja y vos me calientes

    Pau: pero a mí no me va a coger

    Yo: no nena, a vos no a mi sola

    Pau: no se… estas re loca jaja

    Seguimos así un rato hasta que me dice esto:

    Pau: ok, pero te pongo una condición

    Yo. Dale, a ver cual

    Pau: yo tengo una amiga con la que a veces nos juntamos a coger, ella no es lesbiana como yo es más parecida a vos, pero siempre fantaseamos con la idea de un trio

    Yo: y, cual es la condición (ya me la veía venir)

    Pau: que acepto, pero después hacemos un trio con mi amiga

    Yo: como es tu amiga, que edad tiene?

    Pau: tiene 22, es morocha, de ojos verdes, flaquita como vos, te va a gustar, y también es digamos, pasiva como vos

    Yo: Ok, acepto

    Le dije que si, después veré lo de su amiga, la cosa es que se lo tenía que decir a Matías, y me daba cosa, si me daba cosa, hay cosas que me dan vergüenza, pero ya estaba todo listo, le mando un mensaje, le cuento que me estaba acostando con una compañera de la facultad que es lesbiana y yo quería que él me cogiera delante de ella, que a ella esas cosas la iba a calentar y mucho (obvio que no le conté que me cogió con un cinturonga).

    Matías obvio que me dijo que sí. Habíamos quedado para juntarnos a la tarde (Matías está de novio, yo también estoy de novia, y me resulta difícil hacerlo un sábado a la noche), después se complicó, y al final de golpe Matías me llama y me dice que podía, le pregunto a Pau, y me dice que también y así en menos de 20 minutos lo arreglamos (vivimos todos cerca).

    Bueno y acá empieza la historia, que voy a tratar de resumir porque fue mucho lo que hicimos en el poco tiempo que estuvimos.

    Obvio llegamos y la situación era medio tensa, yo reconozco que estaba nerviosa, era la que había preparado esto, para que me cojan los dos, Matías, sabia a medias las cosas que hacíamos, bah, él ni en pedo pensaba lo del cinturonga, y la cosa era romper el hielo.

    Hasta que en un momento, porque algo había que hacer, me costó mucho, porque en general no soy yo la que empiezo, a mi me gusta que me busquen y el que empiece se el otro o la otra, pero esta vez lo tenía que hacer yo.

    Bueno le digo a Pau: “este es mi amigo, viste lo lindo que es” y le doy un beso a Matías, nos besamos lindo, no mucho pero un beso fuerte, y después le digo a Matías: y Pau es mi amiga (me costó hacer lo que les voy a contar porque todavía no estaba caliente, es como que lo hice sin sentirlo, pero lo tenía que hacer) y le doy un beso a Pau, y ese beso fue al principio suave, pero Pau se prendió como una hija de puta, y me metía la lengua hasta la garganta, y nos matamos con ese beso en que nos cruzábamos las lenguas y nos empezamos a acariciar.

    Matías, entro en acción, mientras me besaba con Pau, empieza a acariciarme la panza, trata de hacer un beso de a tres pero Pau lo corre, Matías me seguía tocando, yo besándome con Pau, y Matías ya me estaba tocando (por debajo de la remera) mis tetas, me desabrocha el corpiño, y ya me las tocaba, yo me seguía besando y acariciando con Pau, Matías me saca la remera y ya me estaba dejando media en bolas.

    Bueno ahí Pau se desespera y me empieza a chupar las tetas de una manera enferman te, me las comía me las mordía, hasta me hizo doler, estaba re loca, y Matías, me saca el jean y la bombacha, yo ya si, estaba caliente, mojadita y entregada. Matías me empieza a chupar la conchita y Pau seguía con mis tetas, mis piernas ya estaba sobre los hombros de Matías y él me mordía. Me metía la lengua, me cogía con su lengua y Pau me comía las tetas, un placer total, hasta que no di más y termine acabando. Pau y Matías estaban medio en bolas, la única que estaba totalmente desnuda era yo. Ah todo esto fue yo sentada en una silla.

    De ahí, Pau me agarra de la mano y me dice: “rubia, la cosa era que yo iba a estar con vos”, se saca la ropa, Matías también, y nos vamos a la cama, Pau medio que lo dejaba de lado a Matías, ella me hace poner en la posición del 69, yo arriba de ella, y nos empezamos a besar la conchitas a comerlas, y siento que Matías, empieza a jugar con mis jugos que ya eran muchos, con mi cola, yo ya volaba de la calentura, es muy difícil de explicar, hasta que siento que Maíasi me empieza a meter un dedo dos, me los ponía me los sacaba, eso más ganas me daba de comerle la concha a Pau le metía la lengua entera en su concha, hasta que siento que Matías me empieza a poner la pija en el culito, no, ya no daba más del placer y me empieza a coger por la cola, con Pau acabamos juntas .

    Después de eso, Pau me dice: “rubia a ver como coges”, me pongo arriba de Matías, que es una de las posiciones que más me gusta, me pongo primero de cuclillas y me clavo su pija mientras me beso con Pau y ella me empieza a besar las tetas, así un rato yo saltando sobre su pija, hasta que paso algo que a Matías ¡lo sorprendió!

    Pau se pone el cinturonga, (ahí vi la cara de sorprendido de Matías, aunque no dijo nada) me inclina sobre Matías y me empieza a chupar la cola, me la escupe, me pone los dedos , y me empieza a coger, por la cola (que ya la tenía dilatada porque ante me la había hecho Matías), yo no me podía mover, me estaban cogiendo ¡entre los dos!, y Matías se puso loco me empezó a bombear como nunca y Pau también, hasta que obvio mis gemidos se transformaron en otro orgasmo increíble.

    No sé cómo, pero Matías, se la había aguantado y todavía no había acabado, la tenía que tener durita jeje, ¡no teníamos todo el día!

    Después de eso, se la empiezo a chupar a Matías, mientras miraba a Pau (en realidad yo quería que Pau chupara una pija), la agarro, la beso, y entre beso y beso la llevo a la pija de Matías, nos seguimos besando pero también se la empezó a chupar, estábamos las dos chupándosela, entre beso y beso, hasta que Matías nos llenó la cara y la boca de leche, y ahí me sorprendió porque a Pau tan feo no le pareció, ¡se la comía la pija de Matías!, sé qué hacía mucho no tenía una pija en la boca porque decía que no le gustaba, pero por lo que hizo le gusto y bastante.

    Bueno nos quedamos los tres en la cama, no mucho, enseguida se la empiezo a tocar y a Matías ya se le empezó a parar de nuevo, me voy hacia a él y se la empiezo a chupar de nuevo, la traigo a Pau y se prendió como una zorra también a chuparla, así un rato, hasta que la hago acostar a Pau y se la empiezo a chupar, se estaba re calentando, se muere cuando se la chupo.

    Matías también se sumó. Se la chupamos entre los dos, yo veía que se retorcía de placer, me di cuenta en la forma que ella se tocaba sus tetas y como se movía hasta que Matías, le apoya la punta en su conchita y dice: “NOOO, eso NOOO, ya te lo había dicho caro NOOO”, yo me voy a ella, le parto la boca, le acaricio bien sus tetas (cosa que sé que le encanta), y se las empiezo a besar, y Matías se la empieza a poner, era tanta la calentura de Pau, que no decía nada, pero empezó a gemir como una zorra y Matías ya se la estaba cogiendo y yo la seguía besando y acariciando hasta que sí, acabó, jeje, acabó como una puta, gozando, temblando de placer, hacía años que no se la cogía una chico, después que acabara, me acerco a Matías, le ofrezco mi boca, saco la lengua y me la vuelve a llenar de esa lechita calentita hermosa que tiene.

    Al rato nos fuimos, todavía no hablé con Pau, pero Matías cuando me llevaba a casa me dijo que yo no dejaba de sorprenderlo, que jamás pensó que me iban a coger con un cinturonga, que eso nunca lo había visto.

    Bueno y aquí esto, lo quise contar antes de olvidarme de algo de lo que sentí, fue unas de las cosas que nunca había hecho.

  • Mi familia paterna

    Mi familia paterna

    Este relato continúa a «De viaje con mi padre». Es más largo de lo habitual que he escrito aquí hasta ahora.

    I

    Al día siguiente de llegar, me levanté tarde, eran las diez de la mañana cuando desperté. Estaba cansado del viaje, las presentaciones, el recorrido por el pueblo, y todo eso que se hace y que mi padre aguantaba muy bien, que incluso parecía gustarle. Pero a mí me dejó exhausto tanto ir y venir y pasear por calles diciendo que si aquí vivía tal persona, que si esto fue de tu padre y lo vendió, que si el tal y el cual, historias que a mí solo me cansaban y que me decían poco, pero complacían a mi padre y eso, de momento, era suficiente para mí; pero tenía verdadero deseo de irme a acostar. Por fin llegó el momento, no pude mirar ni cómo estaba la habitación; recuerdo que me acompañó mi padre, que me dijo las buenas noches y que durmiera bien; también recuerdo que me desnudé. Ya no sé qué más pasó, pero esta mañana estaba metido dentro de la cama desnudo, como tengo costumbre, y con una sábana cubriéndome. No me acuerdo ni cómo me metí dentro de la sábana, ni siquiera si entré a meterme en las sábanas por mí mismo. ¡Misterio!

    Nadie pasó a molestarme y nadie me despertó. Me levanté y salí al pasillo; no vi a nadie y, al darme cuenta que estaba desnudo, me metí rápidamente otra vez en la habitación. La costumbre en mi casa es que cuando queremos vamos desnudos, aunque no es lo habitual. Roxana nunca sale desnuda más que cuando vamos al mar. Por eso es que, sin darme cuenta de dónde estaba, salí desnudo al pasillo, y menos mal que no encontré a nadie.

    Al volver a entrar me di cuenta de cómo era la habitación. Era una perfecta suite. Del pasillo a la habitación lógicamente había una puerta, pero no daba acceso directo a la cama sino a un estudio, había una mesa con silla para leer; sobre una alfombra, dos sillones, un sofá de dos plazas y un centro con florero y flores de plástico. Tenía una ventana con cortina y persiana. La ventana daba a un tejado, que luego supe que era el tejado de la cochera; y unos cuadros. Todos los muebles del mismo estilo, recios, castellanos y muy nuevos. A uno de los lados había un sitio para entrar sin puerta y dentro estaba la cama, una cama grande de matrimonio, un armario ropero, dos sillas y una puerta de cristal que pasaba al cuarto de baño. El baño era completo, bañera con ducha, bidé, lavatorio y taza.

    No me había dado cuenta de nada, por eso había salido al pasillo para buscar un baño. Como me estaba meando, tenía mi polla dura y erecta. En lugar de ir a la taza me metí en la ducha, solté el agua que estaba muy fresca y dejé escapar toda la orina bajo la lluvia de la ducha. Orina de fuerte color ambarino, parecía whisky mi orina y con estos pensamientos noté que mi polla bajaba su dureza y me puse triste, así que comencé a masturbarme duro hasta eyacular. Se ve que estaba cansado, pues me costó llegar al orgasmo. Insatisfecho, me tumbé en la bañera, tapé el desaguador y dejé que la lluvia de agua me cayera sobre el abdomen y los genitales. Esto me excitó y acompañé la excitación masturbándome de nuevo. Quedé muy aliviado. Esta vez ya no costó tanto y estaba más despierto y con ganas de comer. Salí de la ducha y me sequé con una toalla limpia que estaba colgando del toallero. Entonces vi que había cuatro toallas de diversos tamaños, todas de la misma línea. Pensé si estaría en un hotel de cinco estrellas.

    Había hecho mi primer trabajo del día. Las cosas iban bien, pero tenía hambre.

    II

    Me puse el short y bajé las escaleras hacia la planta baja, porque la casa tenía tres pisos; yo dormía en el segundo que es donde estaban las habitaciones y en la planta baja estaba el comedor, la cocina, la sala de recibir, la sala de estar, el patio, la cochera, un baño y un lugar destinado para guardar los aperos del campo.

    Sentí hambre y me dirigí a la cocina. Escuché una voz desde el comedor:

    —”Aquí tienes tu desayuno, tardón”.

    Era mi primo Gaspar que estaba esperando que me despertara. Había comenzado a cumplir su encargo. Iba con un short salmón de tela de algodón con mezcla y una camiseta de tirantes azul pastel, calzaba zapatillas azules. Estaba sentado en un pequeño sillón con una revista en la mano y medio tumbado. Entré al comedor y se puso de pie, me abrazó y me besó. Yo no sabía que hacer y me dijo:

    —”Anda, Jess, dame un beso que somos primos, joder”.

    Lo besé. Además, como me pareció muy guapo, porque lo es de verdad, quise darle confianza y lo volví a besar.

    —”Ya vamos bien; creo que vas entendiendo”, dijo así de simple y sin inmutarse. Y continuó:

    —”Pero no te quedes ahí parado, come algo, ahí tienes preparado el desayuno; lo que no quieras lo devolvemos todo a la cocina”.

    Desayuné escuchando todo el tiempo el plan para la mañana y creo que también me dio el plan de la tarde, pero como no paraba de hablar, no me acordé de tantas cosas que decía. Además, me pareció que hablaba de lugares, sitios donde teníamos que ir, personas que tendría que conocer, jerga que tendría que aprender y no sé cuántas cosas más, porque no paraba de hablar todo entusiasmado como estaba. Su voz era muy agradable y la simpatía diciendo las cosas con multitud de gestos con sus manos hacían amena la escucha. Pero yo había acabado de tomar mi desayuno y no sabía si levantarme o seguir escuchando y me puse a mirar en silencio su expresiva cara mientras él seguía hablando. Al cabo de un rato, se dio cuenta que yo ya había desayunado y dijo:

    —”No paro de hablar nunca, todo el mundo me lo dice, pero nadie se ha puesto a escucharme nunca como tú ahora. ¡Eres un tipo cojonudamente genial! ¡De puta madre, joder!”.

    —”Cojonudo, no lo sé; pero de puta madre, seguro”, dije por continuar con su jerga, porque de cada dos palabras suyas, una era pura grosería y la otra de la “new slang sexuality”

    Escuchar a Gaspar se hacía grato en demasía y era, además, cautivador, pero, al darse cuenta que yo me había acodado sobre la mesa para escucharle, se levantó para retirar las cosas y lo seguí. Entre los dos, solo de una vez, pusimos todo en orden. Guardó las cosas. En la cocina, al pisar el frío mármol del suelo, me di cuenta que no me había calzado los pies. Quise pedir disculpas y me hizo un ademán de darle poca importancia. Es verdad que tampoco me había puesto camisa, pero luego me di cuenta que con el clima que hacía, nadie se preocupaba de llevar camisa ni camiseta para comer, incluso antes de sentarse a comer se la quitaban y la dejaban en el pequeño sillón, a no ser que llevaran camiseta de tirantes. Yo aprendí a ir todos los días a pecho descubierto o con una camiseta de tirantes bien sesgada por los costados. Solo en las noches Lorena me hacía colocar una camisa de manga corta abierta por delante, ella quería que mostrara mi pecho, según decía, para dar envidia a sus amigas a causa de mis pectorales y mi vientre plano.

    Quise ir a mi habitación para ponerme camisa y Gaspar me dijo que no, que me pusiera zapatillas o sandalias porque íbamos a visitar un castillo o algo así.

    Salimos de casa y allí estaba esperando un coche, era de Gaspar y estaba, al igual que Gaspar, a mi disposición. Así que tenía chofer y coche para toda la semana. Un coche no muy grande, un Opel Adam Jam 1.2 70 cv, tal como decía un papel que había en la guantera. Jamás había estado en un Adam, pero me pareció simpático y agradable, muy adecuado para Gaspar, que se sentía orgulloso de su coche. Nos montamos y por el camino me dijo que iríamos a ver un castillo y unas vistas desde lo alto y luego al río a bañarnos. Entonces me sobresalté, porque le dije que no llevaba bañador.

    —”¿Te hace falta?”, fue su respuesta.

    —”Es que tampoco llevo ropa interior”, dije sorprendido.

    —”¿Te hace falta?”, repitió su respuesta.

    —”¿Y con el short mojado voy a entrar en el coche?”, dije con cara de lástima, porque me daba pena mojar los asientos.

    —”Cuando le dije a tu padre esta mañana que iríamos a bañarnos al río, me dijo que tú no tenías costumbre de usar bañador, ¿qué problemas tienes ahora?, explicó.

    —”Este padre mío… ¿Delante de todos? ¡No! Si yo te lo decía por ti, no por mí”, le dije chuleando.

    —”Allí puede que haya alguien o nadie, pero vamos a un lugar que mola mucho donde no necesitamos un puto bañador, ¿entendido?”, dijo dándome un suave pellizco en la mejilla.

    —”¡Entendido! ¡A sus órdenes, mi capitán!”, respondí, poniendo los dedos de la mano derecha junto a la sien.

    Luego me fue explicando la historia del pueblo y del castillo. Al llegar, me di cuenta que ya había concertado la visita y me llevó a lo más alto para ver el panorama. Hizo muchas fotos, sobre todo me hizo a mí en todas las poses y en todos los lugares. Al acabar la visita, saludamos al joven que nos había abierto las puertas, le dio las gracias bromeando con él, le prometió no sé qué, se besaron y nos despedimos. Entonces comencé a pensar que Gaspar podría ser gay y ese chico del castillo también o podría ser su novio, pero no dije nada por no equivocarme y dejé pasar la curiosidad. Nos fuimos al río, dejamos el coche en un lugar espacioso y nos encaminamos cerca, a su zona preferida. Mientras íbamos encontramos a un tipo que se estaba bañando desnudo, nos saludamos y me alivió saber que no era raro en el lugar la desnudez.

    Llegamos al sitio y Gaspar se quitó la ropa y las zapatillas. Yo me quité el short y las sandalias. Me miró de arriba abajo, detenidamente. Yo lo miré de abajo hacia arriba como se hace en las películas. Vi su pene arqueado hacia abajo rodeando su escroto y abundante pelo púbico muy oscuro. Él me observó detenidamente, muy detenidamente, sin ningún recato. Dio la vuelta entera a mi alrededor y sonrió.

    —”Estás mejor de lo que me habían dicho, cabronazo. Afeitado, buen culo, y una polla que se deja ver, bien recta. No entiendo cómo te la guardas dentro de este short tan pequeño y estrecho que te marca bien, pero lo disimulas mejor”, dijo descaradamente.

    —”Magia o sabiduría…”, dije bromeando y moviendo las manos como los magos del circo.

    —”O experiencia de…; en serio, ¿eres gay?, preguntó directamente.

    —”Sí, soy gay, ¿tú también?, respondí esperando no haberme equivocado en la pregunta.

    —”¿Lo has notado o lo imaginaste cuando besé a mi novio en el castillo?, lo dijo y me dejó clavado sin saber qué responder, y añadió:

    —”Nos hemos besado así descaradamente para ver tu reacción, pero tú ni te inmutas”.

    Pero no hacía falta responder. Me empezó a hablar de su novio cosas simpáticas; luego me dijo:

    —”En un momento vendrá mi novio en moto a bañarse y luego a comer con nosotros, porque hoy vamos a comer a mi casa.

    —”¿Y mi padre?”, pregunté.

    —”Tu padre está todo el día ocupado con el abuelo, ya lo verás a la noche, ¡no te preocupes, joder!”, puso énfasis en la última frase.

    Me avergoncé un poco por si yo había parecido ser como un niño faldero, pendiente de mi padre y corrí para meterme en el agua, transparente, clara, suelo limpio, y ¡zas!, ¡¡¡fría!!! muy fría, pero muy agradable a los pocos segundos de la zambullida. Gaspar me siguió detrás y se echó tan cerca de mí que con su pie me tocó el hombro para hundirme en el agua. Me sorprendió y me hundí y se vino a auxiliarme. Luego con la cabeza fuera del agua todo eran risas. Nadamos un rato y me gustaba ver a Gaspar extendido, nadando y dando brazadas, parecía un escuálido en el océano, y la visión era muy grata. Su culo no era tan redondeado como el mío, pero estaba pronunciado y bien marcados sus músculos al hacer la fuerza de la natación. Fue entonces cuando me fijé en sus brazos, que hasta ese momento no me había percatado de su musculatura y me dio ganas de tocarlo. Me detuve, nadando en el agua sin moverme del sitio y regresó hasta donde yo estaba.

    —”Me gustaría tocarte, tocar tus brazos, tu pecho, tu culo y, si me dejas, hasta tu polla”, le dije medio tímido.

    —”¿Aquí dentro o fuera?, preguntó.

    —”Aquí y ahora; luego viene tu novio y no quisiera que…”, dije dubitativo.

    —”Ah, por eso no te preocupes; tócame ahora lo que quieras, yo también a ti, ¿no somos unos putos maricones de mierda?, pues…; luego me tocas fuera y cuando venga Luis, si quieres, también lo puedes tocar, y sé que te gustará… ah, mi novio se llama Luis, y te digo que con nosotros dos…, mucha libertad, mucha libertad… y mucha confianza… ¿vale?”, acabó en seco.

    Me abrazó y yo a él. Toqué sus brazos que estaban duros como las ramas de un árbol y sus piernas igual. Me entusiasmé con sus pectorales y estaba ya manoseando su polla y él la mía cuando nos gritó Luis desde la orilla que se echaba al agua justo a nuestro lado. No nos habíamos enterado de su presencia en la orilla del río ni que nos estuvo observando. Me entró un no sé qué, pero se metió de una estrepitosa zambullida dentro del agua y besó a Gaspar y me besó también a mí. Me abrazó y rozaba con su rodilla mi polla y mis huevos, mientras Gaspar cabalgó en su espalda, yo aproveché para agarrar su polla que no me había dado tiempo de ver y, ¡joder!, ¡qué polla!, grande y dura al tacto, muy dura, ni con el agua se ablandó. El tío venía caliente y dijo:

    —”Deseo salir a masturbarme fuera, a ver quién echa la leche más lejos”.

    Yo que tenía más ganas que ninguno de los dos, dije:

    —”Eso, eso, a ver quién puede más…”

    Nadamos hasta la orilla y de cara al río comenzamos los tres a darnos con la mano cada uno en su propio pene. Se me ocurrió que quizá le gustaría a Luis que le cepillara con mis manos su polla y comencé a hacer un masaje sobre su enorme falo que no podía quitarme de los ojos; luego me puse de rodillas delante de él y metí su polla en mi boca para que me follara hasta la garganta y con la otra mano masturbaba la polla de Gaspar. Así estuve hasta que Luis dijo que se iba a venir en mi boca y yo no aparté su polla de dentro de mí porque deseaba ya saborear un esperma nuevo. Se vino, se vino abundante y soltó todo su esperma en mi boca, tanto que no pude contenerlo y se me salía por la comisura de los labios y eso que iba tragando semen, pero era incapaz de asumirlo todo. De repente, Gaspar comenzó a suspirar y dirigí mi cara hacia su polla, sin soltar de mi boca el falo de Luis; levanté los ojos para mirar el rostro de Gaspar que se estaba besando boca a boca con Luis, lo que parecía una mezcla de salivas y un come lenguas sin parar. Entonces, Gaspar fue soltando un chorro y otro de esperma, y otro y otro sobre mi cara, parte cayó en mi cabello, parte en mi frente y en mi rostro y algo sobre la polla de Luis que yo recogía con mi boca haciendo una mezcla de crema de merengue de lo más delicioso que había probado nunca jamás. Cuando hube limpiado bien el falo de Luis, me puse el pene de Gaspar en la boca para hacer la limpieza metiendo la lengua por dentro del prepucio y saboreando el glande dando grande gusto a mi primo Gaspar, que miraba al cielo azul y veía las estrellas de día. Hecha la faena de limpieza me levanté y me dejé comer mi lengua por los dos, mientras Luis masturbaba mi polla hasta que eyaculé contra el abdomen de los dos y dejé sus muslos hechos una mierda con regatas de semen.

    Decidimos meternos en el agua para hacer la limpieza de nuestros cuerpos. Jugamos un rato como niños echándonos agua uno al otro y nos fundimos en un abrazo. Salimos del agua porque el reloj de Luis marcaba ya las dos y teníamos que ir a comer. Nos secamos un momento al sol y nos vestimos. Yo fui el primero en estar a punto porque solo tenía que ponerme mi short; Gaspar, que llevaba slip, short y camiseta de tirantes, tardó más; pero Luis, aunque solo tenía una tenue tanga cuerda, llevaba vaqueros, zapatillas de caña alta y camisa, se vistió rápido. Caminamos hasta donde estaba el coche y allí vi la moto de Luis. La puta moto era nada más y nada menos que una Yamaha YZF R1 en rojo y gris. Al ver cómo abrí mis ojos ante la Yamaha, me explicó que era una moto de ocasión que había sacado muy económica; le pregunté cuánto le había costado y me dijo que 6.200€, lo que me pareció un precio interesante. Cuando ya nos habíamos subido al coche, Luis, sobre su moto, se puso al lado de la ventanilla de Gaspar y le dijo:

    —”Id vosotros delante, yo os sigo por detrás; mientras, habla con el «primito» y prepáralo, creo que a este «putito», igual que la come bien, le va a gustar también que lo divirtamos por abajo”.

    III

    Me gustó Luis. Me cayó muy bien. Estaba muy dispuesto a hacerme verdaderamente agradable la estancia en el pueblo. Se lo dije a Gaspar cuando arrancamos y no podía oírme Luis. No me gusta soltar alabanzas a la gente en su cara, me parecen falsas o interesadas. Pero, cuando alguien me gusta porque es desinteresado para sí mismo y generoso con los demás, tampoco quiero callar sus bondades. Me parece que todos debiéramos saber apreciar lo bueno que tienen los demás.

    Luis pudo haberse desinteresado, pero ya había hecho un cuerpo y un alma con Gaspar para que yo lo pasara bien. Nadie tenía nada que agradecerme; nada había hecho yo por ellos; pero estos ya habían tomado la decisión de hacerme grata la vida. Era como tentarme a quedarme allí. No había para mí porvenir en el pueblo, pero yo haría algo para que estos chicos quedaran bien pagados.

    A todo eso, todo el mundo me hablaba de los negocios de mi padre, pero nadie me decía en qué consistían tales negocios. Tampoco mi padre me decía nada. No tenía intención de preguntar, ya me dirá lo que sea oportuno, si lo considera conveniente e interesante para mí. Tampoco mostré interés por saber de esos negocios, aunque había notado interés en mi padre para que yo viniera al pueblo. ¿Tendría algo que ver el deseo de mi padre por hacerme venir al pueblo con él estos días con sus negocios? ¿Hay alguna relación de los negocios conmigo? No obstante, si hay relación de los negocios conmigo ya me lo dirá. De momento yo tengo mis propios negocios con estos nuevos amigos que van apareciendo en mi camino.

    Pronto llegamos a la casa de Gaspar. Luis nos seguía, pero adelantó para entrar primero a la cochera y nos esperaba riéndose por la cabriola que había hecho con su moto. Bajamos del coche y solo cruzando una puerta llegamos al interior de la casa. Allí estaban esperándonos, los padres de Gaspar, es decir, tío Andrés y tía Fina, y el primo Fernando, mellizo de Gaspar, como ya dije. No pregunté por el primo Andrés, pero me dijeron que suelen pasar a la hora del café los dos esposos, Andrés y Sara, pero que esos días no vendrían por razones de trabajo.

    Luis dio la mano a tío Andrés y tía Fina pero yo los besé como devoto sobrino; luego dio la mano a Fernando y me quedé sin saber cómo hacer yo, pero él me saludó con un abrazo y correspondí. Gaspar saludó a su mellizo con dos cachetadas cariñosas y fue correspondido con un puñetazo leve en el abdomen. Ya noté que se quieren mucho, pero sus encuentros no están exentos de cierta violencia deseada y consentida. Fernando me dijo:

    —”No te fíes de estos; son unos cabrones de la peor raza y si te descuidas te dan por el culo”.

    Todo el mundo se rio como lo más normal del mundo; me sentí obligado a reírme sin gracia y a poner rostro y gestos de no entender. Gaspar lo arregló agarrándome por el culo y me arrastró a la mesa para servirme un «bourbon whiskey». Tampoco sé cómo había adivinado que prefería el whisky a la cerveza y el bourbon al escocés. Seguro que compraron la botella sabiendo que me gustaba, porque la abrió nueva para servirme. Mi tío Andrés quiso acompañarme con lo mismo para probar cómo era eso del bourbon. La que me abordó fue tía Fina, mientras los otros comenzaron a hablar de sus cosas y gritaban y se reían, ella me llevó con mucho tacto a una esquina y se interesó por todos mis asuntos. Me preguntó por mi madre, por Roxana, por el estado de salud y temperamento de mi padre, por mis estudios. Nada se parecía a escudriñar sino a verdadero interés de conocer detalles y asegurarse de nuestra felicidad. Tal confianza me dio que le dije de mi preocupación por mis padres, sus relaciones distantes y el carácter de mi madre; ella exclamó:

    —”Esa familia, esa familia…; aquí son lo mismo…, una pena, pero las cosas son como son y nadie puede cambiarlas”.

    Yo escuchaba y me relató que las hermanas de mi madre se fueron del pueblo porque con todo el mundo tenían problemas y no sé cuántas cosas más. De pronto, salió una señora que no recuerdo cómo se llama para ver al sobrino de los señores; la mujer ayudaba en la casa y, después de darme dos húmedos besos, uno en cada mejilla, dijo a tía Fina:

    —”Finita, cuando quieras…”.

    Me acomodaron en un lugar de la mesa; con disimulo pasé mis manos por las mejillas e hice como que me secaba con la servilleta, pues me notaba húmedo. Gaspar y los demás, todavía de pie, se rieron y dijo Gaspar, mientras se quitaba su camiseta:

    —”Esos besos valen una fortuna”.

    Fernando se quitó también la camisa, la verdad es que estábamos sudando. Tía Fina dijo:

    —”Hala, hala, todos desnudos en lugar de ofrecer una camisa a Jess, fijaros qué pensará de nosotros…”

    —”Tía Fina, no pienso nada, hace calor”.

    —¡Bien dicho! ¿Ves, mamá, como el primo entiende?, dijo Gaspar.

    Luis, sin embargo, no se quitó su camisa, aunque la llevaba abierta, ni hubo un alma que le invitara a sacársela. Tío Andrés ya iba con una camiseta sport de tirantes blanca desde el principio y tía Fina mostraba los pechos casi al completo y su espalda no estaba exenta de respiración. A raíz de esto comenzó una conversación sobre el nudismo y decían que había casas en las que no tenían pudor ni preocupación por quitarse la ropa, etc. Cada uno daba su opinión y yo no decía nada, solo escuchaba, hasta que Fernando dijo:

    —”Jess, tú que eres universitario, ¿qué dices de eso del naturismo y el nudismo? Tú vives en la costa e irás al mar con frecuencia, ¿hay mucho nudismo por esos lares? —y sin frenarse añadía muchas preguntas— ¿Eres nudista? ¿Vas desnudo por casa? ¿Tienes amigos nudistas? ¿La playa que frecuentas, porque frecuentarás mucho la playa, al menos por tu color… —mientras yo inclinaba la cabeza afirmativamente, continuaba— ¿es nudista la playa a la que vas? ¿Hay escándalos en esas playas?, ¿van muchos solo por mirar?, como se dice eso…, caray… no me sale…”

    —”Voyeur”, dije taxativo.

    —”Eso, eso. ¿Hay mirones?, dijo Fernando.

    Yo incliné la cabeza como afirmando y para comenzar a hablar, entonces Fernando, con la botella de bourbon en las manos dijo:

    —”Refréscate la boca y come, que mi hermano te llena de preguntas y, si le haces caso, no comerás nada”.

    Mesuró buen trago y todo concluyó por el momento en risas a carcajada abierta. Se comenzó otro tema y luego otro. No buscaban soluciones, sino tener conversación de todo. De cualquier palabra salía algo que comentar y conversar, pero nada profundamente y nada daba pie a la discusión. Los que más hablaban eran los mellizos. Luis no dijo nada y tío Andrés muy poco. A mí se me permitía que dijera a todo que sí, que bien, y que atendiera y de vez en cuando me decían que comiera, pero como tenía a mi izquierda a tía Fina, ella iba poniendo cosas a mi plato y me pellizcaba la cintura por debajo de la mesa para que no hiciera caso a los mellizos y comiera.

    Nada ficticio había en tía Fina, nada para agradar o por mero trámite. Se notaba que sabía querer. Noté cómo quería a los mellizos, les escuchaba complacida, les miraba continuamente. Si en algún momento se hizo el grave silencio donde nadie habla, preguntaba a Fernando o a Gaspar algo para que arrancaran. No dejaba que la conversación decayera.

    Luis se comportó muy educadamente silencioso y respetuoso para no destacar, estaba sentado a mi derecha y, sin decir palabras, me indicaba si alguno de los mellizos o tío Andrés me hablaban a mí para que les atendiera. Otra prenda muy valiosa me pareció Luis. Sabía callar y hablar oportunamente. También pude apreciar cuánto se le quería en la casa.

    Acabamos de comer y nos sentamos en una terraza junto a la cocina. Al pasar por la cocina vi la cantidad de cosas que había cocinadas y no las vimos en la mesa y me quedé muy sorprendido. Tía Fina lo notó y me dijo que en la noche cenaríamos todos en casa, mi padre, Tío Paco y Lorena, que hoy tenía un compromiso y por eso no estaba, pero que viene a cenar y “tiene no sé qué asunto preparado para presentarte a sus amigas, irás con Gaspar; me ha dicho que te lo anuncie”.

    Respondí con una sonrisa, pero añadí:

    —”Tía, pero yo necesito ir a mi habitación para mi aseo y cambiarme de pantalón, ponerme algo para salir con Lorena”.

    —”De todo eso se encargará Gaspar. Ahora tomamos el café, ¿lo quieres helado o caliente? y luego vas con Gaspar a su habitación. Allí hay de todo…; y si no, que te acompañe a ¡tu casa!”, esta última expresión tenía un sentido inequívoco en boca de tía Fina, pero no entendí nada en ese momento.

    Apenas tomamos café en la terraza, tío Andrés se disculpó, tenía que hacer la siesta porque no había dormido mucho la noche anterior, luego supe que era por razón del trabajo en la cooperativa vitivinícola, de la que es el gerente. Tía Fina tenía cosas que hacer y los mellizos desaparecieron dejándome a solas con Luis. Parece que estaban de acuerdo los mellizos con Luis para dejarnos solos.

    Comenzó Luis enseguida que desaparecieron:

    —”Hoy es lunes, esta noche y mañana día y noche tengo cosas que hacer y no nos veremos. Los amos del castillo se van el miércoles de viaje para varios días y tengo que preparar sus cosas. Yo trabajo en la custodia y cuidado del castillo, sobre todo cuando no hay nadie. El miércoles en la noche, cenaremos Luis, tú y yo en el castillo y prepárate para dormir allí”.

    —”¿No dirán nada los amos?”, pregunté.

    —”Cada cosa que hago lo saben y, si no tienen nada previsto, siempre me dejan, porque prefieren que haya gente en el edificio antes que vacío…”, explicó.

    —”Ah, muy bien, ¡qué divertido! ¿Nos vestiremos de caballeros?”, dije bromeando como si desenvainara una espada.

    —”Mejor nos preparamos para la película «Adán y Eva en el castillo de la Espadaña», ¿te parece?”, y se rio esperando respuesta.

    —”Por mí, vale, pero es interesante una cena en un castillo…”, dije lleno de entusiasmo.

    —”Ojo, yo no voy a salir en dos días del castillo, ni martes, ni miércoles, hasta que vengáis en la noche; probablemente no podré salir en toda la semana por la tarde y noche; te dejo a Gaspar, cuídamelo, pero cuídamelo de verdad”, dijo, poniéndose muy serio.

    —”Quieres decir que no…” me cortó enseguida.

    —”No, no me refiero a nada de eso. Él sabe qué hacer y con quien, no somos celosos; te considero como muy amigo mío, porque ya eres mi primo; quiero que lo cuides cuando os acompañe con Lorena…”, —respiró profundo mientras yo atendía casi sin respirar—. “Gaspar es tan atento que no se niega a nada. Las chicas le darán licores mezclados para que beba y se ponga alegre. Su hermana no se da cuenta. Tú estate atento y se lo vas quitando de las manos. No le sienta bien y luego es un problema. Como él no te lo va a decir, me ha pedido que te lo diga yo. Por lo que más quieras, que no tome más de una copa y mejor ninguna, ¿ok?”

    —”¡OK!”, no tomará una, los dos tomaremos coca-cola y no habrá problemas”, dije muy en serio y chocamos nuestras manos como un juramento.

    —”Ah, y por lo demás —añadió sonriente— no te preocupes: follaréis; lo sé; no te olvides que yo estaré ahí ausente, pero de alguna manera estaré, llamaré al móvil de Gaspar; que sin mi permiso nadie se folla a Gaspar, y tú lo tienes, si te comprometes en contármelo para que yo te supere”, dijo mirándome el paquete que ya mostraba una buena erección.

    Seguimos hablando, pero como mi erección seguía, me envió al baño indicándome dónde estaba; pero una vez en la puerta entró él también y quitándome el short, se puso toda mi erección en su boca y me masturbaba la polla con sus dientes de una manera deliciosa, dando dentadas tangibles al frenillo, hasta que después de un rato me vine en su boca y me desahogué del todo. Le abrí la cremallera de sus vaqueros y saqué la polla encerrada en la tanga y me la comí. De modo concreto, lo que más hice fue pasar la lengua por dentro del prepucio para excitar el glande y al mirar hacia arriba veía cómo «sufría el Adán del castillo de la Espadaña» y aceleré los movimientos bucales y la estimulación lingual para que se viniera en cuanto antes y obtuve el resultado perseguido. Se vino abundante y mientras expulsaba el semen me lo pasaba por la cara para llenarme de semen del novio de mi primo. La gozamos los dos porque me levantó y nos dimos un beso largo. Luego nos lavamos la cara, la boca, y limpiamos con papel higiénico todo el suelo. Dejamos el baño como nuevo. Salió él antes y al poco tiempo, después de una magistral meada que pude hacer, salí con la última gota de orina prendida en el pene que no tardó en traspasar el pantalón. Me senté en la terraza para disimular la impresión húmeda y esperamos a que llegaran los mellizos. Luis se despidió con dos besos a cada uno, incluso a Fernando y salió corriendo porque se le hacía tarde.

    Fernando también se despidió porque tenía que hacer sus asuntos, que no debían ser muchos, pero quería dejarnos solos. Fue entonces cuando le hablé ponderativamente a Gaspar de la suerte que tenía con Luis y de lo bueno que era, y me dijo:

    —”Por segunda vez me dices cosas buenas de la persona que más quiero; te lo agradezco, y sabe que no te equivocas”.

    Entonces le dije:

    —”Bueno, en algún momento tendré que arreglarme, lavarme y vestirme, bañarme, asearme y cambiarme de ropa”.

    —”Ya. Todo está bajo control. No te apresures; por tu puta madre, que no te faltará nada. En mi habitación tienes, sobre la cama, la ropa que has de ponerte esta noche para cenar y para que salgamos. Y si Luis te ha dicho algo relacionado conmigo, hazle caso y ayúdame”, dijo con sequedad.

    —”Esta noche, en la cena con tu hermana agua o coca-cola…, eso es todo…”, dije autoritario.

    —”OK, y cuando vengamos a casa nos zampamos el whisky, para poder follar sin tapujos, ¿o no?”, dijo sonriendo.

    —”Hecho; ni discutamos más”, dije aseverativamente.

    Las risas llenaron la habitación y sentí necesidad de quitarme el short y las sandalias y de tumbarme en la cama. Gaspar se tumbó a mi lado, acariciando las tetillas, luego se incorporó, se quitó su ropa, cerró el pestillo de la puerta y se puso a mi lado. Comenzamos a tocarnos y a estimularnos mientras nos contábamos cosas de nuestra vida, del colegio y decidimos ir al baño, mientras uno defecaba el otro se limpiaba los dientes y luego los dos a la ducha para ir limpios a dar un paseo antes de cenar. Así lo hicimos y ya nos apetecía la ducha. Allí nos dejamos empapar por el agua y el gel y quitamos la lluvia de la piña de agua; mojados, nos masturbamos uno al otro hasta llegar simultáneamente al orgasmo, mientras nos besábamos; casi al mismo tiempo nos venimos los dos. Aunque a Gaspar le habían llegado las ganas antes que a mí, me esperó para soltar toda la leche de cada uno sobre el otro y nos abrazamos mientras nuestros penes se iban relajando. Abrimos la ducha y nos lavamos uno al otro, estimulando de nuevo nuestras pollas que al rato emergieron sus jugos con potencia hacia la pared. El agua se encargó de limpiar todo. Pero con gran maestría Gaspar limpió mi glande separando el prepucio y rascando con su uña toda posibilidad de restos. Hice lo mismo, sin tanta maestría, pero igualmente placentero, por lo que vi en el rostro de Gaspar.

    —”Y ahora, nada más hasta la noche”, dijo Gaspar.

    Había en mi montón de ropa un pantalón vaquero corto, dos camisetas y un tanga cuerda.

    —”El tanga está por estrenar y te lo regalo. Conviene que lo uses, no sea que te calientes ante las chicas y se te note mancha en el pantalón. No uso los shorts tan cortos como los tuyos, ese te llegará por encima de la rodilla. Te pones la camiseta que quieras y Lorena ya te dará la camisa que te ha comprado hoy. Hoy eres su chico, yo solo seré tu sombra”, dijo cada cosa con gestos como si se lo estuviera poniendo el mismo, pero con movimientos muy afectados y afeminadamente exagerados.

    Nos vestimos; Gaspar me peinó a su gusto y no le fue fácil, pero con gomina dominó mi cabello. Y a presumir de primo. A cada conocido que encontramos les iba explicando quién era yo, lo que era y lo que no era, se inventaba sobre la marcha lo que podía llamar más la atención de los otros, extrañarles e incluso escandalizarles. Yo, con mucho gusto, asentía a todo. Además, el primo Gaspar contaba cosas de mí que yo desconocía, tampoco él sabía nada, pero, como se inventaba todo de un modo tan natural, parecía verdad y me divertía hasta descojonarse.

  • No lo pienses demasiado (Parte 11)

    No lo pienses demasiado (Parte 11)

    En la semana de exámenes quedábamos unas horas antes para estudiar o para tomar un café Carla y yo y a veces también venían Laura y Juan. Uno de los días quedamos solo Carla y yo, hacía un día con mucho sol ya que estábamos a finales de mayo y en la calle se estaba genial, fuimos a una terraza a tomar algo y a repasar y al terminar se me ocurrió la idea de ir a un parque que teníamos cerca a tirarnos al césped hasta la hora del examen.

    – Irene: Qué te parece si vamos al parque este de atrás y hacemos tiempo allí en lugar de ir a la biblioteca? Es una lástima meterse hoy en la biblioteca con el tiempo que hace, además no tenemos que repasar mucho más.

    – Carla: Claro, al césped, como dos adolescentes, tú te crees que tengo 20 años o qué? No tengo edad para estas cosas.

    – Irene: Cuando estás conmigo sí, pava! Me lo vas a negar? va no me seas rancia.- Le di en el hombro con un pequeño empujón.

    – Carla: Claro que te lo niego! Venga vamos al parque a que juegue la nena en los columpios.

    Consiguió picarme con ese comentario, estábamos pasando por una calle por la que no pasaba gente en en ese momento así que la empujé a un portal para que no se nos viera mucho, la puse contra la pared, con una mano en la cara y otra en la cadera, la besé con rabia y mientras pasaba mis labios por su cuello le susurraba al oído.

    – Irene: Acaso esto no te hace sentirte en los 20? Esto te lo hacen en casa? Igual que yo? Te aceleran la respiración así?

    Antes de que me pudiera decir nada volví a comerle la boca con rabia y su contestación fue un gruñido y morderme el labio con fuerza.

    – Carla: Te odio…

    – Irene: Jajaja sabes que no es verdad.- Le sonreí y me aparté de ella.- Te vienes al parque?

    – Carla: Cabrona…bueno me has convencido.- Estaba acalorada por la situación.

    Llegamos al parque, no había mucha gente y nos sentamos en el césped, apoyadas en un pequeño muro a la sombra de un árbol. Estuvimos hablando de tonterías al mismo tiempo que mirábamos los apuntes, una al lado de la otra y entre tontería y tontería Carla decidió ponerse más cómoda y se tumbó en el suelo apoyando su cabeza en mis piernas. Ese día Carla llevaba unos pantalones vaqueros ajustados y una camisa blanca sin mangas que se transparentaba un poco dejando ver su sujetador blanco.

    – Irene: No te he dicho nada pero me gusta mucho esa camisa, desde aquí arriba tengo muy buenas vistas.- Le saqué la lengua.

    – Carla: Eres una pervertida a ver dónde miras!!

    – Irene: La verdad es que no hay nada mejor que mirar.

    Seguimos haciendo el tonto un rato entre risas, al estar tumbada su camisa se subió un poco y pude ver cómo asomaba una pequeña línea del tatuaje de la cadera por el borde de su vaquero, no pude evitarlo y mi mano fue directa ahí, a bajar un poquito su pantalón para poder verlo un poco más.

    – Irene: Puuff!! Me vuelve loca ese tatuaje.

    – Carla: Ese tatuaje en su día fue un «regalo» para mí marido.

    – Irene: Vaya hombre…Pues siento decirte que ahora es mío.

    Mi mano se metió más en el pantalón tocando el tatuaje y poco a poco se iba buscando su ropa interior, hasta que Carla cogió mi mano y la sacó.

    – Carla: Estás loca? No vamos a montar un espectáculo aquí.

    – Irene: Vale tienes razón, pero es que es difícil, entre esa camisa, ahí tumbadita, ese tatuaje asomando, tú en general…

    Carla se incorporó y se sentó al lado mío.

    – Carla: Te lo pongo más fácil.- Dijo al sentarse.

    – Irene: Te quería preguntar… Habías estado antes con otra mujer?

    – Carla: Y a qué viene esa pregunta ahora?

    – Irene: No, a nada, ha sido que he pensado en tus 20 años y se me ha ocurrido.

    – Carla: Sí, un par de veces, con 25 años. Fue con la misma chica, un par de encuentros, nada serio. Y tú?

    – Irene: Que calladito te lo tenías! Yo no, tú eres la que me ha metido en este lío, eres una mala influencia.

    – Carla: Lío? Mala influencia? Uy uy uy mira que me ofendo, no es algo malo el sexo entre dos mujeres.

    – Irene: Nooo, no lo digo porque sea algo malo el sexo entre dos mujeres. Yo antes solo conocía un tipo de sexo por decirlo de alguna forma, tú me has descubierto otra cosa y a día de hoy aunque sigo disfrutando mucho del sexo con Iván, creo que disfruto más contigo. No sé si es por ser tú, pero la conexión es distinta, el sexo es distinto, es una pasada.

    – Carla: Vale entiendo a lo que te refieres, sí se siente de otra forma, para mí también es más excitante, tu y yo conectamos bien.- Me cogió la mano y me dió un beso rápido en los labios.

    – Irene: Esta es la putada.

    – Carla: A qué te refieres?

    – Irene: El tener que escondernos, ahora mismo mataría por tenerte encima mío besándote, igual que esa pareja de ahí.

    – Carla: Sí, pero tiene que ser así por la condición que tenemos no por ser dos mujeres.

    – Irene: Es una tortura… Pero bueno es cuestión de discreción. Seguimos repasando?

    – Carla: Mejor que se nos va el tema jajaja.

    No era mi intención para nada el ponerme a estudiar, solo quería una especie de tapadera, estaba excitada y quería sentir a Carla de alguna forma. Cogí mi mochila, la puse entre Carla y yo y su mochila se la puse encima de sus piernas.

    – Carla: Qué haces loca?

    – Irene: Nada, tu calla y estudia jajaja.

    Carla estaba a mi derecha con sus apuntes, yo tenia las piernas flexionadas con los apuntes apoyados en ellas, mi mano izquierda pasaba las páginas de los apuntes en los que mi mirada estaba clavada y mi mano derecha se había colado debajo de su pantalón y de su ropa interior.

    – Carla: No tienes solución.- Dijo con la respiración alterada.

    – Irene: Estoy estudiando, no molestes.- Me reí sin quitar la vista de los apuntes.

    Carla apoyó su cabeza en mi hombro sin dejar de mirar sus apuntes y tapando algo su cara con ellos, respiraba y gemía de forma que yo pudiera oírlo sin montar un espectáculo. Al poco tiempo Carla apretó con fuerza mi pierna con la mano, pegó los folios a sus cara, soltó un gran suspiro y su cuerpo se movió con pequeños espasmos, yo saqué mi mano de su pantalón, ella se repuso rápidamente, apoyó la cabeza en el muro que teníamos detrás, estiró sus brazos con los apuntes encima de sus piernas y reguló la respiración. Yo seguía en la misma posición del principio, «estudiando», aguantando la situación, con un fuego que me estaba quemando por dentro.

    Quiero pensar que desde fuera no se veía nada excesivamente extraño, ya que parecía que nadie nos miraba en exceso y tampoco había mucha gente.

    – Carla: Te odio, pero es verdad que estas cosas solo me las haces tú y me encanta.

    – Irene: Disfruta porque en una de estas me dará un infarto y te quedarás sin mí. Estoy perdiendo años de vida pero merece la pena.

    – Carla: A ti te dará el infarto? En todo caso será a mí.

    – Irene: Tú has tenido un desahogo al final, yo ahora mismo puedo explotar, pero quiero hacerte mil cosas más, creo que soy un poco masoca.

    – Carla: Algo tendremos que hacer, así no puedes ir al examen.

    – Irene: Tranquila enseguida se me pasa.- La mire y sonreí.

    Nos levantamos y nos fuimos de camino al instituto, faltaba poco menos de una hora para el examen y nos encontraríamos con Laura y Juan, que ya estaban allí en la biblioteca.

    – Juan: Hola chicas! Cómo lo lleváis? Este examen es fácil, lo tenemos ya hecho.

    – Irene: Uy si hasta para tí es fácil ya hemos aprobado todas, paso de repasar.- Me reí.

    – Laura: Zasca! Muy buena Irene!.- Se reía también.

    – Juan: Que graciosita ella!

    – Carla: Es que se lo has puesto a huevo fatiguitas.

    – Juan: Cómo os gusta meteros conmigo!

    – Irene: Sabes que te queremos tonto!

    – Laura: Claro Juan eres como una mascota simpática.

    – Juan: Yo también te quiero simpática.

    Nos estábamos riendo los 4 hasta que la persona que estaba a cargo de la biblioteca nos llamó la atención por el ruido que hacíamos, le pedimos disculpas y cada uno se puso a estudiar con lo suyo en silencio. Yo seguía con la cabeza en el parque y con los nervios no podía para de morderme el labio (normalmente tengo dos manías cuando estoy nerviosa, o me muerdo las uñas o me muerdo el labio hasta que me acabo haciendo sangre), Carla estaba e frente mío, me miraba por encima de sus apuntes y cogió su móvil.

    – Carla (móvil): Para con el labio tonta, te estás haciendo herida. Estas nerviosa?

    – Irene (móvil): No puedo lo hago de forma inconsciente, estoy un poco alterada todavía.

    – Carla (móvil): Puedo hacer algo para que te relajes?

    – Irene (móvil): No te preocupes enseguida se me pasa.

    Carla se levantó sin decir nada, dejó sus cosas encima de la mesa, colocó su silla con cuidado para no hacer ruido y se fue de la biblioteca. Al minuto llegó un mensaje a mi móvil.

    – Carla (móvil): Estoy donde siempre, ven y te ayudo a relajarte.

    Eso me encendió más de lo que ya estaba, me levanté y me fui a baño a buscar a Carla. Al llegar, abrió la puerta, entré y empecé a besarla con algo de desesperación con mis manos dentro su camisa acariciando su espalda.

    – Carla: Relaja, quiero esas manos quietas, estamos aquí por tí. Cierra los ojos.

    Estaba tan excitada que no repliqué y me dejé hacer. Cerré los ojos, me apoyé en la puerta, pegó sus caderas a las mías y puse mis manos en su cintura sin moverlas. Recorría mi cuello con sus labios, jugando con la lengua mientras metía una mano dentro de mi ropa interior y me masturbaba. Me besó en los labios con suavidad, volvió a mi cuello y esta vez empezó a susurrar en mi oído.

    – Carla: Mis mejores orgasmos son contigo… Contigo me siento con 20, me siento más viva…Me tocas como nadie…

    Me estaba poniendo a mil que me dijera cosas al oído mientras mordía mi cuello como solo ella sabía hacer.

    – Carla: Me gusta torturarte…me gusta que me muerdas…que pierdas los papeles…que me cojas del pelo…del cuello…Me gustaría poder follar contigo todos los días…

    No pude aguantar más y me corrí, aguanté mis gemidos como pude, me recuperé en unos segundos, Carla tenía su frente apoyada en la mía mientras me miraba a los ojos.

    – Carla: Estás mejor?

    – Irene: Sí y no.

    – Carla: Sí y no? Cómo es eso?

    – Irene: Estoy mejor, pero quiero más.

    – Carla: Ahora no podrá ser, quedan 15 minutos para el examen.

    – Irene: Me sobran 10 y consigo que te corras.

    – Carla: Jajaja que sobrada no?

    – Irene: Sé lo que te gusta.

    Mientras hablábamos había desabrochado el pantalón de Carla, le bajé el pantalón, le saqué una de las piernas del pantalón, la senté en la tapa del wc, me puse de cuclillas, aparté su ropa interior y empecé a lamerle el clítoris mientras la masturbaba con dos dedos. Ella enredaba sus dedos en mi pelo y arqueaba su espalda y yo me centraba en hacer las cosas como a ella le gustaban. A los pocos minutos Carla se corrió y yo sonreía.

    – Irene: Ves como me sobraba tiempo?

    – Carla: Joder Irene…

    Suspiraba mientras se subía los pantalones y se ponía la zapatilla que le había quitado. Yo estaba apoyada en la puerta del baño, mirándola mientras bajaba pulsaciones por la excitación. Cuando terminó se acercó y me dió un pequeño beso en los labios.

    – Irene: Por cierto, solo te han sobrado 5 minutos. Vamos corriendo que todavía tenemos que coger las cosas de la biblioteca.

    – Irene: Ya claro, ahora te me vas a poner tiquismiquis con el tiempo jajaja.- Le di una palmada en el culo.- Tira anda.

    Sonó el timbre y salimos corriendo a la biblioteca para coger las cosas y dirigirnos al aula del examen, Laura y Juan ya habían entrado cuando llegamos.

    – Juan: Dónde os habéis metido locas? Habéis llegado por los pelos.

    – Irene: Te pones nerviosito cuando no me ves eh?

    – Juan: Contigo me pongo nerviosito siempre Irene, parece mentira que todavía no lo sepas.

    – Irene: Jajaja que tontaco eres. Suerte a todos!

    Terminamos el examen y como siempre nos fuimos a tomarnos una caña antes de volver a casa.

    – Juan: Bueno chicas, os recuerdo que solo quedan dos exámenes.

    – Carla y Laura: Ya, y?

    – Juan: Cómo que y? Tendremos que organizar una cena o algo no?

    – Irene: Menos mal que tenemos a Juan para hacernos el lío.

    – Carla: Hombre claro hay que hacer una cena de «despedida».

    – Juan: No digas de despedida que me rompes el corazón!!.

    – Laura: Que ponga la fecha Irene que es la que lo tiene más complicado.

    – Irene: Vale, yo os digo fecha, vamos solo nosotros 4 no?

    – Carla: Mejor no? Total con el resto tampoco tenemos mucha confianza.

    – Laura: Por mi bien.

    – Juan: Yo solo con 3 mujeres? Dónde hay que firmar?

    Miré mi cuadrante y les dije de quedar un sábado dos semanas después. Pasaron los exámenes, todos estábamos contentos pues habíamos aprobado y ahora tocaba celebrar. La misma semana de la cena, Carla me llamó el lunes.

    – Carla: Irene!! Me acaban de llamar para una entrevista, de técnico para el verano.

    – Irene: Que bien!! Cuanto me alegro!! Cuando la tienes?

    – Carla: Mañana! Ya te contaré que me dicen, serás la primera en saber cuando salga.

    – Irene: Me alegro rubia!! Ya me contarás y el sábado lo celebraremos como se merece.

    A la mañana siguiente cuando me levanté para ir a trabajar lo primero que hice fue mandarle un mensaje a Carla para desearle suerte.

    – Irene: Buenos días rubia, sé que no te hace falta, pero mucha suerte con la entrevista, ya verás que te eligen a ti, no hay nadie mejor. Qué tengas buen día, te quiero rubia.

    – Carla: Gracias mi niña, cruza los dedos. Te quiero.

    En el trabajo estaba pendiente del teléfono todo el rato esperando una llamada o un mensaje de Carla.

    – Hugo: Que vicio con el teléfono chiquilla!

    – Irene: Estoy esperando un mensaje o una llamada de Carla, está mañana tiene una entrevista para currar de tes.

    – Hugo: Anda que bien! Ya me contarás qué tal!

    Sonó la emisora y aunque yo en los servicios no uso el teléfono, está vez estaba algo más pendiente y cuando llegamos al hospital sonó mi teléfono.

    – Hugo: Contesta anda! Ya me encargo yo.

    Me disculpé con el paciente y salí a hablar.

    – Irene (móvil): Cuéntame rubia!

    – Carla (móvil): Estoy dentro! En principio es solo para cubrir el verano pero luego igual hará falta más gente.

    – Irene (móvil): Qué bien!! Enhorabuena!! Me alegro muchísimo! El sábado lo celebraremos como se merece. Te dejo que estoy en un servicio y he dejado a Hugo solo con el paciente.

    – Carla (móvil): Me vas a tener que dar un repaso antes de empezar a currar que ya no me acuerdo.

    – Irene (móvil): Claro! Tú pásate por base que yo te doy los repasos que quieras jajaja.

    – Clara (móvil): Qué pava eres! Luego hablamos, buen servicio.

    – Irene (móvil): Jajaja gracias guapa luego hablamos.

    Entré, me volví a disculpar con el paciente y Hugo estaba esperando a que le contara.

    – Hugo: Bueno qué?

    – Irene: La han cogido tío, ya te contaré cuando me cuente ella jajaja.

    Para el sábado quería darle una sorpresa a Carla y poder tener tiempo en condiciones las dos solas, ya que después estando las dos trabajando se iba a volver complicado vernos. Reservé una habitación en un hotel que había cerca de la zona donde íbamos a cenar y a tomar algo después, ella no sabía nada y la idea era que no lo supiera hasta el mismo momento.

    El mismo sábado por la mañana Carla y yo hablamos en quedar un poco antes de la hora de la cena para tener un ratito a solas.

    – Carla (móvil): Te parece si quedamos un rato antes de la cena y nos perdemos por ahí con el coche?

    – Irene (móvil): Te iba a decir lo mismo jeje.

    – Carla (móvil): Paso a recogerte por casa?

    – Irene (móvil): No, mejor nos vemos donde sueles aparcar siempre.

    – Carla (móvil): Bueno como quieras, era para que no tuvieras que ir andando hasta allí.

    – Irene (móvil): Para no perder la costumbre y el paseo siempre me viene bien.

    Habíamos quedado a las 21:30 para cenar con Laura y Juan y Carla y yo quedamos a las 19:30, en el mismo sitio de siempre, solo que esta vez no me iba a presentar. A las 19:25 Carla me escribió un mensaje como solía hacer cuando llegaba.

    – Carla (móvil): Ya estoy por aquí.

    A lo que yo le contesté solo con la ubicación de un hotel de la zona.

    – Carla (móvil): Y eso?

    – Irene (móvil): Habitación 215, aquí te espero.

    – Carla (móvil): Estás fatal, voy.

    A los 15 minutos aproximadamente Carla tocó a la puerta de la habitación y le abrí.

    – Carla: Qué haces loca?

    – Irene: Enhorabuena rubia! Hay que celebrar lo de tu curro no?

    – Carla: Desde luego eres de lo que no hay.

    – Irene: Te gusta y lo sabes.- Le puse cara de tontita.

    Íbamos besándonos y riéndonos mientras íbamos andando de camino a la cama.

    – Carla: Jooooder que pedazo de cama! No quieres verme en toda la noche o qué?

    – Irene: Bueno ya se sabe, mejor que sobre y no que falte, aunque tienes razón me sobra tres cuartos de cama jajaja.- Era una cama de dos metros de ancho.

    – Carla: Wooo es súper cómoda.- Dió un salto y se tiró.

    – Irene: Sí? Pues eso no es lo mejor…- le señalé con la cabeza el baño.

    Se levantó rápidamente de la cama y entró al baño para ver qué había.

    – Carla: Tú flipas! Madre mía Irene!!

    Había una bañera de hidromasaje en la que cabían dos personas y una botella de vino con dos copas.

    – Irene: Si no te gusta nos podemos ir a tu coche…

    – Carla: Jajaja que tonta eres! Claro que me gusta!

    Se acercó, me puso contra la pared del baño y empezamos a besarnos.

    – Irene: Te hace un vino y un bañito antes de cenar?

    – Carla: Antes de cenar? No será mejor luego?

    – Irene: Lo mejor será antes y después jajaja, no te preocupes tenemos tiempo y he traído maquillaje para después antes de salir.

    Volvimos a la cama abrí la botella de vino después de pelearme con ella y de que Carla se metiera conmigo y nos tomamos una copa mientras nos besábamos.

    Cuando ya nos habíamos tomado la copa de vino y se estaba calentando el ambiente, cogí a Carla de las manos y me la llevé al baño, nos besábamos mientras la sentaba en el mueble del lavabo, le quité la camiseta y el sujetador, empecé a lamer y a morder sus pechos, me quitó la camiseta y el sujetador, me quite los pantalones y el tanga y le hice lo mismo a ella. Abrí el grifo del agua para llenar la bañera y volví para seguir devorándola mientras se llenaba, me rodeó con sus piernas, nuestros pechos se apretaban mientras nos besábamos, mis manos recorrían toda su espalda y nuestra respiración acelerada interfería en nuestros besos. Cuando el agua ya había tomado un nivel decente, cerramos el grifo y nos metimos dentro, el agua no estaba excesivamente caliente pero con los besos y el roce del cuerpo de Carla parecía hervir.

    El espejo y la puerta del baño de cristal se empañaron y nuestros gemidos se oían entre mordiscos, besos y caricias. Era espectacular como nuestros cuerpos se enredaban bajo el agua, la suavidad de su piel y la conexión entre las dos.

    – Carla: Córrete conmigo…- susurró a mi oído casi suplicando.

    Empezamos a besarnos y a tocarnos con más intensidad, explotando a los pocos minutos en un intenso orgasmo. Nuestros cuerpos quedaron juntos, agotados después del orgasmo, con nuestros ojos cerrados y nuestras cabezas apoyadas de frente, recuperando la respiración y besándonos.

    – Irene: Ha sido increíble…- Susurré.

    – Carla: Sí…increíble creo que se queda corto.- Susurró y sonrió.

    Salimos del agua, nos secamos y empezamos a vestirnos para irnos a cenar, ya eran las 21:00.

    Acabé de vestirme antes que Carla que estaba terminando de arreglase delante del espejo, me puse detrás de ella, la abracé por la cintura, besé su cuello, metí mi mano dentro de su vaquero acariciándola por encima de la ropa interior mientras miraba su cara de placer en el espejo, ella cerró los ojos y se dejó hacer.

    – Irene: Lo siento pero no puedo dejarte, todavía queda un ratito hasta la hora.

    – Carla: No quiero que me dejes…

    Metí mi mano por dentro de la ropa interior, seguí frotando su clitoris mientras me restregaba con su culo y miraba su cara en el espejo. Se mordía el labio como si estuviera intentando esconder sus gemidos.

    – Irene: No te contengas, quiero oírte.

    Dejó de morderse el labio y empezó a gemir sin controlarse.

    – Irene: Me encanta oírte, me pone muchísimo.

    Cada vez gemía más fuerte y movía con fuerza su culo contra mí. Le di la vuelta, la sujeté por el pelo sin hacerle daño, nos mirábamos a los ojos mientras le metía dos dedos hasta que gritó y se corrió. Nos quedamos quietas por un momento, con su cabeza apoyada en mi hombro y con mis dedos todavía dentro de ella, pudiendo notar las contracciones de su vagina. Saqué la mano de su pantalón y seguí besándola con ganas, ahora me tocaba a mí…o eso pensaba yo.

    – Carla: Tenemos que irnos, ya casi es la hora.

    – Irene: No…no puedes dejarme así.

    Cogí su mano, la metí dentro de tanga y recorrí mi coño con sus dedos y con los míos, frotando mi clítoris.

    – Carla: Sí, sí que puedo…- Me besaba por el cuello y susurraba en mi oído, aún tocándome.- De hecho es lo que pienso hacer.- Sonrió.

    Sacó la mano de mi pantalón y se fue del baño dejándome allí con el calentón.

    – Irene: No serás capaz de hacerme esto!!.- Salí detrás de ella con cara de pena.

    – Carla: Ya te dije que me gustaba torturarte.

    Me plantó un pequeño beso en los labios y se fue en dirección a la puerta de la habitación.

    – Irene: Va Carla no me hagas suplicar.

    – Carla: Te puedo asegurar que hoy suplicarás.

    Salió por la puerta de la habitación sin mirarme y yo salí detrás de ella.

  • Llegó mi prima Roxana

    Llegó mi prima Roxana

    Dedicado a Juan M.

    Cuando yo era un niño, mi tía Francisca se fue para Argentina. Se casara por poderes con un hombre de una aldea vecina que había emigrado. Recuerdo la despedida en el puerto de Vigo antes de entrar en aquel inmenso barco. Mis abuelos sabían que no la iban a volver a ver. Fue algo muy triste.

    Mi tía tardó en tener hijos pero al final tuvo la parejita. Fidel y Rosana.

    Roxana, hace unos meses vino a conocer a su familia materna y paterna.

    Estábamos dando cuenta de un churrasco con criollos. Llamaron a la puerta y fui a abrir. Allí estaba mi prima, 36 años, rubia, de ojos marrones, estatura mediana. Vestía una minifalda negra, una camiseta blanca en la que se veía el canalillo de sus enormes tetas, una cazadora negra y un gorrito, y calzaba unas botas negras con tacón de aguja, de esas que suben de las rodillas. Me preguntó:

    -¿Sos vos Enrique?

    -¿Quién eres?

    Sonrió, enseñando sus blancos dientes, y me respondió:

    Roxana, la hija de Francisca, la de Argentina.

    Le di dos besos en las mejillas.

    -Pasa, pasa, prima.

    Entró en casa y comió con nosotros…

    A mi esposa no le gustó nada por la manera que tenía de vestir y de hablar, y menos después de preguntarle si tenía novio y responderle Roxana que sólo necesitaba un dedo. Mi esposa le llamó mal educada… En fin, que amigas no quedaron. A regañadientes dejó mi mujer que fuese yo quien la llevase a conocer el resto de la familia.

    Al día siguiente, a las diez de la mañana, fui a buscarla al hotel en el que se hospedaba para llevarla a ver a los familiares de su padre. Me recibió en la puerta de la habitación de su hotel con una lencería blanca, compuesta por un camisón-picardías de seda, transparente, bajo el que se veía un sostén que apenas sujetaba sus enormes tetas, unas bragas con lazos, el liguero y las medias. Estaba vestida para matar. Aún sin entrar, me dijo:

    -Vení temprano.

    -Quedamos a las diez.

    -¡Ya es tan tarde! ¡Cómo vuela el tiempo! -con un gesto me invitó a entrar en la habitación- ¿Querés chupar algo?

    Entré en la habitación y cerró la puerta. Olía de maravilla.

    -No, no quiero beber nada. ¿Qué perfume llevas?

    -Amor, amor. ¿Seguro que no querés chupar nada?

    Quise decirle que quería chuparle el coño, pero me entendió igual, al decirle:

    -Veneno. Dame veneno que quiero morir. ¡Quiero morir por vos, mina.

    Se sentó en un sofá, cruzó las piernas, sonrió, y me dijo:

    -Hablás argentino, pibe.

    -Unas palabras. Las aprendí con una argentina.

    -¿La segundona?

    -Una amiga íntima.

    -La otra. ¿Qué palabras sabés?

    -Vos, tú. Sos, sois. Con vos, contigo. Pibe, muchacho. Mina, chica. Morfar, comer. Chupar, beber. Busarda, panza. Pucho, cigarrillo…

    -¿Tenés uno? Se me acabaron.

    Le di un paquete Winston sin abrir y un encendedor.

    -Quédatelos.

    Se echó a lo largo del sillón. Parecía Jessica Rabbit, pero de carne y hueso.

    -¿Qué más palabras argentinas sabés?

    -Boludo, tonto. Un cachito, un poquito. Me las pico, me largo. Bondi, autobús. Re bien, muy bien. Plomo, aburrido. Grasa, ordinario. Cabezón, necio. Chorro, ladrón. Cana, policía. Piña, trompada. Guita, plata. Gambas, piernas…

    -¿Y no sabés palabras más fuertes?

    Era la mía.

    -Sé… Coger, follar. Concha, coño. Pija, polla. Acabar, correrse…

    -¿Acá le decís correrse a acabar?

    -Sí.

    No se andaba con medias tintas.

    -¿Tenés ganas de coger?

    -Tengo. Lo que no tienes tú son pelos en la lengua.

    -Dicen mis amigas que me faltan un par de jugadores.

    -¿Y estás loca?

    -Re loca. Vení.

    Fui a su lado. Apagó el cigarrillo en un cenicero, se levantó del sillón, rodeó mi cuello con sus brazos y me metió un morreo que acabé empalmado.

    Apretando su coño contra una de mis piernas y estrujando ella sus enormes tetas contra mi pecho, me preguntó:

    -¿Tenés tabús al coger?

    -¿A qué le llamas tabús?

    -A mamar la concha, a meter en el ojete…

    -Al contrario, me encantará comer tu culo y tu coño y beber de él cuando acabes.

    Empezó a sonsacarme.

    -Tu mina debe estar contenta. ¿Sha probó concha?

    Le seguí el juego.

    -Que yo sepa sólo probó la suya. ¿Te gusta mi mujer?

    Me dio un beso largo.

    -Cogería con vos y con esha.

    Me agarró la verga por encima del pantalón.

    -Para ella sería el primer trío.

    Me lamió una oreja y susurró:

    -Conversa con esha. Estaré acá una semana.

    Acabé la conversación.

    -Si le hablo de hacer un trío contigo me mata. Olvídala.

    Me fue desnudando, al tiempo que me besó todo el cuerpo. Al estar desnudo, se arrodilló y me hizo una mamada espectacular. En mi vida me habían mamado tan bien la verga, ni lamido con tanta dulzura el frenillo y la corona, ni comido con tanta lujuria los cojones y el culo. Tres veces me tuvo a punto y las tres se detuvo para seguir dándome más placer. Tenía experiencia. ¡Follando debía ser una loba!

    Era mi turno. La besé y le quité el camisón-picardías. Cando fui a por las enormes tetas, las quitó ella de las copas y dejó el sujetador puesto. Tenía grandes aureolas marrones y gruesos y largos pezones. Se las magreé, se las chupé, se las lamí y se las mamé mientras ella me masturbaba la polla. Le quité las bragas, el liguero y las medias, y vi su gran mata de pelo negro. Ahí supe que mi prima era rubia de bote. ¡Cómo si fuera a cuadros! Estaba para hacer sopas. Me puse en cuclillas y se la comí… Cuando estaba caliente como una perra en celo y se moría por echar por fuera. Le pregunté:

    -¿Vamos para tu habitación?

    Paso a escribir todo en castellano, para no liarme.

    -No, quiero correrme aquí y de pie.

    Le metí la lengua dentro del coño y a los pocos segundos, con sus manos en mi cabeza, moviendo la pelvis, con temblor de piernas y gimiendo, se corrió como una fuente. Bebí de ella con sumo placer.

    Al acabar, me dijo:

    -Toca visita.

    Pensé que me iba a dejar con las ganas.

    -¿Me vas a dejar con el as de bastos en alto?

    Me había vacilado. Sonriendo, me dijo:

    -La visita de tu pija a mi culo y a mi concha, primo.

    Fui detrás de ella a la habitación Tenía un culo grande y era ancha de espaldas. Su cintura era normalita. Veía sus nalgas ir de un lado al otro: » Pin, pan, pin, pan…» Y mi verga, latía: «Tic, tac, tic, tac…»

    En la habitación, frente a una coqueta con espejo, me dijo:

    -Vamos a jugar a policías y ladrones. Yo soy la ladrona, tú eres el policía. -se apoyó con las dos manos el la coqueta y abrió las piernas- Cachéame y busca la droga.

    Le eché las manos a las tetas y le apreté los pezones.

    -¿Dónde escondes la droga?

    -Usa tu imaginación.

    Le azoté las nalgas.

    -¿En el culo o en el coño? ¡No me hagas coger la porra!

    -¡Qué miedo!

    -¡¡Plas plas plas!!

    -¡¿En el culo o en el coño, perra?!

    -Huele y come, perro.

    -¡Plas, plas, plas!

    -¡Aquí la perra eres tú!

    -¡Dale más fuerte a la perra!

    Después de darle fuerte con las palmas de mis manos en sus nalgas, le lamí en coño. Subí por el periné y le follé el ojete con la punta de mi lengua.

    -¡Ahí, ahí, ahí me gusta, sigue, sigue! ¡¡Drógate!!

    Le follé el culo con mi lengua hasta que ella acarició su clítoris con tres dedos de la mano derecha. En ese momento acerqué mi verga a su ojete y se la clavé hasta el fondo. Entrara sin dificultad. Le encantaba que le diera por culo. No paraba de gemir. La volví a nalguear casi sin fuerza.

    Al rato, cuando le llené el culo de leche, se frotó con más rapidez y sentí caer en el piso de la habitación el jugo de una corrida que hacía que temblase y jadease como una posesa.

    Al acabar y quitársela del culo, se dio la vuelta, me besó y me dijo:

    -Tus manos estuvieron bien, pero eché de menos el cinto.

    -¿No te entiendo?

    -Ya lo entenderás. Tenemos unas visitas que hacer.

    -Tenemos.

    La aldea a la que íbamos quedaba a unos quince minutos en mi Mercedes. Nada más enfilar el camino me sacó la polla y la comenzó a menear y a chupar. Cuando íbamos por una pista forestal, me dijo:

    -Sal de la pista y métete en algún ramal.

    Cogí un ramal a la izquierda y paré entre unos pinos. Roxana se levantó la minifalda. No llevaba bragas. La metió en el coño y me folló suavemente, después, puso mi polla lubricada con sus jugos en la entrada de su ojete y besándome la clavó hasta el fondo.

    Le encantaba el sexo anal. Al rato, me decía:

    -No te corras aún.

    Me folló con su culo y rozó su clítoris contra mi pantalón… De repente se detuvo, me miró. Cerró los ojos de golpe y exclamó:

    -¡¡¡Me corro!!!

    Estaba acabando conmigo. Sentí como se estremecía. Su lengua y sus labios apretaron mi lengua, su culo mi polla y su coño puso perdido mi pantalón. La corrida fue increíblemente larga, ya que tuvo un orgasmo anal y tras él otro clitoriano.

    Al acabar y ver el estado de mis pantalones, no nos quedó más remedio que volver al hotel. Allí me dijo Roxana:

    -Quítate los pantalones que te los voy a lavar. Los ponemos encima de la calefacción y nadie se entera de lo que pasó.

    Me quité los pantalones y los calzoncillos, que también estaban empapados. Al rato volvió Roxana a la sala.

    -¿Dónde quieres llenarme la concha de leche, en el sillón o en la habitación?

    -Donde tú quieras.

    -Aquí mismo. Quítate la camisa, el jersey y los zapatos.

    Me desnudé totalmente. Roxana también se desnudó, pero se dejó puestos el gorrito y las botas. Vino. Le dio unas chupadas a mi polla, la puso dura y después, besándome la metió en el coño. Me llevó las tetas a la boca. Primero una y después la otra. Me harté de magrear y de comer tetas. Me harté de chupar, lamer y morder pezones. Mientras esto hacía, Roxana, me follaba moviendo el culo alrededor, hacia los lados hacía atrás y hacía delante, una veces lentamente y otras más aprisa. ¡Cómo follaba mi primita!

    Más tarde, me estaba besando con una dulzura exquisita, y de repente me dio una bofetada:

    Se quedó quieta, y me dijo:

    -¡Ataca mi coño con tu verga! ¡¡Dale duro!!

    Le di caña de la buena, pero cuanto más le daba más me abofeteaba. A aquel juego también sabía jugar yo. Le largué en el culo con las palmas de mis manos.

    Me cogió una mano y se dio con ella en la cara.

    -¡Dame!

    Sentí que el coño se le abría y se le cerraba apretando mi polla. No iba a tardar en correrse. Le di dos bofetadas en las dos mejillas.

    Mi prima, tenía mucho vicio. Jadeando, me dijo:

    -¡Más fuerte, dame más fuerte en la cara y en las tetas!

    No le hice caso. Le metí un dedo en el culo y la follé al estilo ametralladora.

    A punto de desbordar, me dijo:

    -¡No te cooorras! No te cooorras, que quiero beber deee. ¡¡¡Aaaa!!!

    Tremenda corrida volvió a echar. Su coño apretaba mi polla, su jugo empapaba mis cojones, su cuerpo se sacudía y su boca chupaba mi lengua como si quisiera arrancármela.

    Al acabar de correrse y después de recuperar el aliento, se arrodilló delante de mí y me la mamó. Al ratito le llené la boca de leche, leche que se tragó saboreándola como si fuese su bebida favorita.

    Los maduros, sin viagra, una vez que nos corremos, debemos esperar un porrón de tiempo para que la polla se vuelva a recuperar, y si nos corremos dos veces, ya no te digo, Así que al secar mi ropa, fui a casa a comer. Iríamos de visita por la tarde.

    Me quedara la boca dulce, y a ella el coño deseoso de recibir mi leche dentro, pero esa ya es otra historia en la que hay viagra, cinto, hierba, harina, cachetes y lesbianismo.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

    Quique.

  • Emiliano y sus sustitutos para su polla flácida

    Emiliano y sus sustitutos para su polla flácida

    Hola, soy Sofía, una morena de 25 años de edad, enfermera, mido 1.65, delgada con grandes tetas y un culo que aunque no grande esta duro y mis nalgas están bien formadas, mi cintura es muy delgada, lo que lo hace ver más grande de lo que en realidad es, trabajo en el hospital de la ciudad donde vivo, mi familia vive en provincia y yo me vine a la capital para estudiar, al graduarme conseguí empleo y me quede a vivir aquí, pero los gastos son muy fuertes y me vi obligada a trabajar a domicilio en mi tiempo libre para poder vivir un poco más holgada, un domingo revisando la prensa vi un anuncio donde solicitaban una enfermera para cuidar a un paciente durante 3 noches a la semana, llamé y la paga era buena, así que a pesar de lo forzado que podía resultar fui a la entrevista, al llegar me recibió una mujer de unos 40 años, me hizo pasar y una vez en el sofá inició la entrevista.

    – ¿tienes experiencia?

    – Sí, soy enfermera en un hospital y ya he hecho este tipo de trabajos otras veces –respondí.

    – Necesitamos alguien para que acompañe a mi papá por tres noches a la semana, cuide que tome sus medicinas y esté al pendiente por si llegase a tener algún malestar, mi hermana y yo nos repartimos ese trabajo, pero por 2 meses yo debo salir de viaje y necesito que alguien me reemplace mientras no esté.

    – No hay problema, yo puedo hacer eso perfectamente.

    – Mi papá es un hombre de 65 años, aparentemente no tiene ningún mal, pero es diabético y hay que estar muy pendiente de él, de lo que come y de que se le administren sus medicinas, si eso se hace correctamente, no hay problema.

    Llegamos a todos los acuerdos, trabajaría lunes, miércoles y viernes de cada semana de 7pm a 6am y el trabajo era relativamente sencillo, en ese momento me pareció que la paga era muy buena para lo sencillo del trabajo, la semana siguiente comencé a trabajar, al llegar me recibió la otra hija, me indicó donde estaban todas las cosas y por último me llevo a la habitación donde estaba el paciente, era un viejo más bajo que yo, con una barriga que le colgaba y casi calvo, al entrar me miró y se dirigió a su hija.

    – me gusta, es más agradable que la última que vino.

    La mujer se despidió y me dejó con el viejo, ese día lo acompañe hasta que se durmió y luego me dirigí a mi habitación a descansar, el miércoles al quedarnos solos me dijo que fuéramos a la sala a ver la tv, ya acomodados en el sofá me pidió un vaso de agua y cuando regrese con él, me miró fijo detallándome sin tomar el vaso de mi mano.

    – eres muy bonita -me dijo, mientras estiraba la mano y tomaba el vaso agarrando la mía.

    – gracias -le dije algo incomoda y retirando mi mano, él sonrió como disfrutando mi incomodidad.

    – y tienes un cuerpo muy bonito.

    – gracias -volví a decir más incómoda aun.

    – ¿qué talla son? -pregunto sin borrar su sonrisa maliciosa.

    – ¿Que?

    – Las tienes grandotas.

    – No sé a qué se refiere -le dije ya molesta, puesto que si entendía a qué se refería.

    – Las tetas, las tienes bien grandes, ¿qué talla son?

    – Sr. Emiliano, me incomoda el tema, no creo que venga al caso.

    – Está bien, no te enfades, solo quería saber la talla de esas tetotas, pero no importa, olvida lo que dije -se acomodó en el sofá y no volvió a dirigirme la palabra en toda la noche, sentí alivio porque también dejó de mirarme.

    Así pasaron dos semanas en las que apenas se dirigía a mí, solo para lo necesario, pero yo notaba como me miraba, supongo que hacía mucho tiempo que no veía a una mujer tan joven y con la carne dura tan cerca de él. Un miércoles comencé a colocarle un medicamento intravenoso y mientras el líquido pasaba sentí que sus dedos rozaban mis piernas, pensé que era la posición del brazo, pero al retirar la aguja sentí que su mano subía un poco más hacia mis muslos, sin decir nada me retiré e intenté no volver a acercarme durante la noche más de lo necesario, el día siguiente no tenía que ir a su casa, terminé en el hospital y me fui a casa, ya en mi cama me vino la imagen de aquel viejo tocando mis piernas, y pensé como sería un viejo como aquel teniendo sexo, sonreí y me acomodé para dormir, el viernes salí tarde del hospital y tomé un taxi, durante el trayecto volví a pensar en el episodio de las piernas preguntándome que habría hecho el viejo si yo no me hubiese apartado, llegué a su casa y él se estaba bañando, entre a su habitación y comencé a arreglar un poco ya que estaba muy desordenado todo, oí unos pasos y al voltear ahí estaba aquel viejo completamente desnudo entrando a la habitación.

    -ah, ¿llegaste?, creía que estaba solo -dijo sin inmutarse y caminando hacia su cama.

    – sí, llegue hace un momento -dije intentando no mirar, pero mis ojos curiosos buscaron su polla sin mi consentimiento pudiendo ver que aun sin estar parada era bastante gruesa, él se recostó en su cama sin cubrirse- la sabana está bajo la almohada -le dije como indicándole que se tapara.

    -hace mucho calor -dijo bajando su mano y restregando sus huevos, yo salí de la habitación dejándolo solo, cuando se hizo la hora de aplicarle el medicamento toque la puerta.

    -pasa -me dijo, entré y ahí estaba aún desnudo sobre la cama, mirando la tv.

    -vístase para colocarle el medicamento -dije como restando importancia.

    – te dije que hace calor, ¿no me digas que nunca has visto una verga en tu vida? -no respondí, comencé a preparar la jeringa de espaldas a él y cuando ya estuvo preparada tome su brazo, puse el torniquete y busque su vena fingiendo no importarme su desnudez, tuve que pinchar un par de veces, la situación me tenía nerviosa y me costó conseguir su vena, mientras pasaba el medicamento el empezó a tocar su polla como masturbándose, yo sabía que buscaba molestarme y había decidido no darle el gusto, pero me fue imposible no fijarme en como engordaba su verga a medida que la sobaba y sin siquiera estar erecta del todo, no sé porque me recorrió un corrientazo por la espalda e instintivamente apreté mis piernas como si evitara tener esa polla dentro, de pronto sentí las dedos del viejo de nuevo en mis piernas, pensé en retirarme, pero me dio curiosidad saber que pretendía y me quede haciendo mi trabajo, al retirar la aguja el subió un poco más su mano apretando mi muslo, yo me quede inmóvil dejándolo hacer, su mano seguía subiendo por dentro de mi vestido hasta llegar a mis nalgas, que apretó fuerte, la situación me estaba calentando, era algo muy morboso sentir la mano de aquel viejo espantoso apretando mis nalgas y sobando con fuerza, en un momento intento bajar mi biquini.

    Pero reaccioné tomando su mano para evitarlo, sin embargo el insistió volviendo a halar hacia abajo, no sé porque, solté su mano y me quede quieta, el soltó su verga que no había parado de tocar y metiendo sus dos manos bajo mi vestido bajo mi biquini hasta mis muslos, se sentó en la cama frente a mí y subió mi vestido quedando su cara frente a mi coñito completamente depilado, empezó a besarlo, el pubis, los labios.

    -ábretela -me dijo excitado, yo dude, pero luego asentí, ya tenía el viejo metido entre mis piernas, terminaría de matar mi curiosidad y de darle una felicidad a ese hombre que quizás nunca había cogido con una mujer como yo, baje mi mano y con mis dedos separe mis labios dejando ver mi clítoris que ya empezaba a hincharse, el viejo lo tomo entre sus labios y comenzó a succionarlo suave subiendo su intensidad hasta que chupaba con fuerza, yo intentaba despegarme, pero el con sus manos empujaba mi cadera hacia su cara sin dejar de chupar, a ratos mordisqueaba mi botoncito haciéndome soltar quejidos de dolor y placer, sentía que las piernas me flaqueaban, el como que se dio cuenta porque metió dos dedos en mi concha sin dejar de chupar e inició un mete y saca girando sus dedos de vez en cuando que me hizo acabar, lamió mi coñito hasta tragar todos mis jugos y luego volvió a tenderse en la cama como si nada, dejándome parada frente a él con el coño desnudo. Subí mi biquini, arreglé mi vestido y salí de la habitación algo extrañada, desconcertada con el comportamiento de aquel hombre.

    Durante el resto de la noche no volvió a hablarme, luego de sentir que se durmió me fui a mi habitación me puse una batita corta de tiritos delgados y me acosté, no sé cuánto tiempo tenia dormida cuando sentí que algo puyaba en la zona baja de mi espalda, abrí los ojos e intente moverme, pero no pude, el viejo estaba asido a mí con una mano sobre mi teta y su verga puyando mis nalgas intentando meterse entre ellas, había bajado mis tirantes sacando mis tetas, subió mi batita y me había quitado el biquini por completo, supongo que aprovechando lo profunda que quede dormida con el trajín del hospital todo el día, atenderlo a él y el orgasmo que me había proporcionado con su mamada.

    – ¿qué pasa? -pregunté.

    – estás rica, abre las piernas mamita -me dijo apenas pudiendo hablar con lo agitado de su respiración.

    – Sr. Emiliano, ¡basta! -le dije intentando zafarme.

    – quédate tranquilita, no tienes que hacer nada, solo déjame hacer -la idea no me desagradó, el viejo me estaba tocando muy rico las tetas y si no tenía que hacer nada solo me haría gozar un rato y se iría, sin tener yo que meterme su verga en la boca, ni tocarlo, cosa que no me nacía hacer, me puse de frente y me quede quieta, como indicándole que aceptaba su propuesta, bajó y separó mis piernas.

    – que rico coño tienes ¿con cuántos has cogido?

    – no voy a responderle eso.

    -anda. Me excita saber que tan putas son ¿cuántos? -creo que no quería responder más por vergüenza a reconocer mi poca trayectoria que por molestia a la pregunta.

    – dos

    – ¿solo dos? Que rico, está casi nueva -dijo lamiendo como si fuese un chupete- ¿y te han mamado como hace un rato?

    – no así, nadie había chupado mi clítoris con tanta fuerza.

    – ¿no?, te voy a enseñar lo que es bueno, voltéate -me voltee dejando mis nalgas en pompas- separa tus nalgas, déjame ver tu huequito -me dio un poco de pena, nunca había abierto mi culo de esa manera, para mostrar mi huequito a nadie, pero me excitaba la situación y lo hice, separé mis nalgas lo más posible y deje mi ano a su vista, empezó a chuparlo, lamerlo y a meter su lengua dentro de él, nunca me habían mamado el culo y sentí que perdía el conocimiento, era algo muy rico, mi coñito se mojaba, y yo movía mi culo como queriendo comerme la cara del viejo que mamaba mi culo y metía sus dedos en mi coño de uno en uno hasta tener 4 dentro de mí.

    – ponte a cuatro patas -no dude en hacerlo me puse como indicó y volví a separar mis nalgas ya sin ninguna vergüenza, seguía mamando mi culo por un rato más, haciéndome acabar dos veces y sin detenerse a pesar de mis suplicas por lo sensible que quedaba en cada orgasmo, luego se levantó colocándose detrás de mí y empujando su verga contra mi conchita, no entraba y el hacía mucha fuerza intentando, sentía como su punta lograba entrar pero volvía a salir sin lograr penetrar, ya para ese momento yo estaba muy excitada y quería esa verga dentro de mí, la tomé con mi mano e intente empujármela pero me di cuenta que no lograba pararse por completo y solo lograba lastimarme, me senté en la orilla de la cama y sin pensarlo la metí en mi boca comenzando a chuparla para hacer que endureciera, pero no lo logre, el viejo gemía y movía su polla dentro de mi boca pero no lograba pararla, él la sacó de mi boca y con gesto de frustración se alejó.

    – no te vayas, quiero que me penetres, estoy muy excitada -le dije.

    – ¿quieres que vuelva a mamarte el culo? -me preguntó.

    – si hazlo -dije volviendo a colocarme a 4 patas, el acarició mis nalgas.

    – si dejas que haga algo que deseo hacer hace mucho, te daré una mamada muy rica.

    – haz lo que quieras -dije ya con muchas ganas de que me hiciera acabar, salió de la habitación y al regresar traía en su mano un pepino muy grueso- ¿para qué es eso? -pregunte algo alarmada.

    – quiero ver cómo te lo tragas.

    – ¡es muy grande! –reproché.

    – ok, entonces olvídalo -dijo haciendo ademán de salir de la habitación.

    – ¡espera!, ¡está bien!

    – solo abre bien tus piernas y deja que entre poco a poco -me acosté y abrí mis piernas, él se arrodilló entre ellas y coloco el vegetal en la entrada de mi coñito empezando a empujar poco a poco, al principio no fue tan difícil, pero al empezar a introducir el centro sentía como si me rasgaban la concha.

    – ¡me duele! -me quejé.

    – aguanta, cuando lo hayas tragado todo te mamo el culo y dejará de doler -dijo y siguió empujando sin oír mis quejas, sentía el coño muy abierto pero a medida que iba humedeciendo entraba más fácil y dolía menos, lo dejo casi todo dentro de mí, esperando acostumbrar mi concha a su tamaño y luego empezó a coger con el metiendo y sacándolo como si fuese su verga e intentando meter su dedo en mi culo a la vez, metió uno pero al intentar meter el segundo di un ligero salto en la cama que lo hizo darse cuenta que me dolía- ¿ tienes el culo virgen? -me preguntó extrañado.

    -si -le dije sin dejar de moverme para seguir sintiendo el pepino en mi coñito, el sacó sus dedos y dejó de jugar con mi culo, se levantó y se sentó sobre mi dándome la espalda y de frente a mi coño, moviendo el pepino cada vez más rápido hasta sentir mis gemidos y ver cómo me mojaba y me contorsionaba en la cama al llegarme un nuevo orgasmo, sacó el pepino y con sus manos empezó a regar mis fluidos por mi culito, mojándolo y metiendo su dedo, en un momento separo más mis nalgas y sin decir nada puso la punta del pepino en mi huequito.

    – ¡no, no, por ahí no! -grite desesperada, pero al tenerlo encima no podía casi moverme, solo golpear su espalda intentando que se bajara, pero no lo hizo, no se bajó, siguió empujando aquel monstruoso vegetal dentro de mi culo haciéndome gritar y llorar, el dolor era inmenso, me desgarró el culo haciéndolo sangrar, lo dejó dentro de mi sin moverlo, mi culo palpitaba, me dolía pero al rato el dolor era menos, hizo como en mi concha a meterlo y sacarlo hasta que empezó a gustarme y comencé a moverme haciendo que me entrara cada vez más, me dio hasta que volví a acabar, lo saco y metió sus dedos dentro del gran orificio que ahora tenía mi culo, jugó un rato más con mi huequito y sus dedos y luego me dijo:

    – ve a bañarte, ponte hielo para que deje de doler y vamos a dormir -me dirigí al baño y cuando salí el ya no estaba en mi habitación, el resto del tiempo que pase en ese trabajo fue una delicia para mi culito, cada día le introducía algo nuevo y yo lo dejaba a cambio de que mamara mi culo como la primera vez, lástima que su hija volvió y yo tuve que buscar otros pacientes no tan divertidos como Emiliano y sus sustitutos para su polla flácida.

  • Mi tía me volvió loco

    Mi tía me volvió loco

    Yo tengo 23 años, trabajo como promotor para una marca de ropa por lo que mi exigencia estética es bastante. Hago mucho gimnasio y para complementarlo un día fui a casa de mi tía para pedirle prestada su bicicleta a mi primo.

    Ellos viven en una casa muy grande, como toda la vida me lleve de 10 con mis primos estoy muy acostumbrado a entrar sin pedir permiso. El día en cuestión el calor era insoportable. Yo recién salía del gimnasio por lo que mis músculos estaban pasando la factura y me dolían todos y cada uno de ellos. Al entrar en la casa en primera instancia pensé que no había nadie. Me extrañó ya que en época de exámenes mis primos estudian para la facultad y mi tía no trabaja. Pero en fin decidí esperarlos y para ello no encontré mejor pasatiempo que la pileta.

    Me saque los pantalones en la pieza de mi primo y me propuse a buscar una malla. Como no encontré ninguna y tenía unos bóxers que aunque muy ajustados lo suficientemente largos como para disimular fui derecho al agua. Cuando llegue al patio veo boca abajo a mi tía en una reposera. Ella se cuida mucho y es realmente muy hermosa. Me disponía a saludarla cuando note que estaba dormida y sin la parte superior del bikini. En ese momento no pude evitar ver como la tanga que cubría apenas su parte inferior se introducía entre sus nalgas. Me quede un rato observando y muchas cosas se me pasaron por la mente. Cuando de repente empezó a sonar un reloj y mi tía se volteó dejando al descubierto sus enormes pechos. Nunca me sentí más avergonzado mis palabras no salían y ella durante unos instantes me miro en silencio.

    Tía: Cuando llegaste?… No te escuche

    Yo: Recién -respondí casi automáticamente. Pensé que tal vez no se daba cuenta de su estado. Me volteé y dándole la espalda continúe- Pensé que no había nadie y me quise meter a la pile perdona… -estaba seguro que eso marcaria la sentencia de un momento muy incómodo pero para mi sorpresa…

    Tía: Bueno metete. Tu primo llega a la noche porque está en un cumpleaños y tu prima se fue a pasar la semana a la casa de su novio. Para colmo tu tío está de viaje me dejaron abandonada.

    Dude muchísimo que decir o que hacer siempre fui cara dura pero esta situación me dejaba helado.

    Tía: No tengas vergüenza. Estoy segura que no es nada que no has visto antes. Además vos estas en bóxer y a mí no me molesta. Es más te quedan muy sexis jajaja

    Yo: Jeje -intente tranquilizarme- Es que lo lindo lo llevamos en los genes. Y me metí rápido a la pileta para que no se notara que empezaba a tener una erección.

    Nade un rato y me puse en el hidromasaje. Mi tía me miraba desde la silla. Se había cubierto los pechos con un diminuto bikini sin amarrar. Yo intentaba pensar en otra cosa.

    De repente se paró y se metió en el hidro directamente frente a mí. Una vez en el agua dejo de sujetar la parte superior de la malla y la dejo fuera del agua.

    Tía:Te molesta?

    Yo: No -que va me gustaba pero no me animaba a decirlo y menos a admitírmelo a mí mismo.

    Tía: cómo van los estudios? -pregunto mientras con su pie empujaba el mío a manera de juego.

    Yo: Bien -respondí sin devolver el jugueteo… Realmente estaba muy nervioso y excitado.

    Tía: el trabajo?

    Yo: bien, bien.

    Tía: que pasa te molesto? Te noto raro nunca sosa si conmigo? Tanto te inhibe una mujer?

    Yo: No es eso… Estoy cansado -mentí- el gimnasio me está matando y la facu me aprieta cada vez más.

    Tía: Mi sobrinito… ya sos todo un hombre -se levantó y se sentó directamente al lado mío. Mi pene me dolía de la excitación y en ese momento no pude disimular mirarle los pechos- Te has puesto grande. Mírate los abdominales los tenés una tabla… Pensar que de chico todos pensábamos que ibas a ser gordito.

    No pude responderle simplemente mire para otro lado y me rasque la espalda intentando hacerme el indiferente.

    Tía: te duele la espalda? -puso sus manos en mis hombros- Relájate que te hago unos masajes. Estas muy tenso.

    Empezó a masajearme los hombros y yo en ese momento hacia fuerza para no darme vuelta. Los nervios me hacían tiritar y tenía el pene tan erecto que la cabeza se me asomaba por el borde del bóxer lo que me generaba más excitación aun.

    Cuando de repente sentí que sus manos bajaban. Y me acariciaban la parte inferior de los pectorales y descendían hasta mis abdominales.

    Tía: que músculos que tenés. Me encanta que estés tan bien.

    Entonces me abrazo y pude sentir sus pechos en mi espalda. Estaba tan excitado y confundido. Y ella no me soltaba. En ese momento mi excitación llego al límite.

    Yo: Tía vos también sos muy hermosa… No temes nada que envidiarle a nadie.

    Me soltó y me hizo fuerza para darme vuelta. Accedí al movimiento y quedamos enfrentados.

    Tía: que te gusta de mí –Pregunto.

    La mire fijamente a sus ojos azules y luego descendí a sus pechos después baje la vista hacia el agua que me impedía ver más.

    Yo: Todo, sos hermosa

    Tía: Te gustan mi pechos? -Tomo mi mano y la puso sobre uno de ello.s

    En ese momento no pude contenerme y la bese en los labios. Ella me tomo de los pelos de la nuca y me dio vuelta dejándome sentado contra la pared del hidro. Rápidamente y antes de que siquiera pudiese reaccionar se sentó sobre mi pene y empezó a moverse hacia atrás y hacia delante. El bóxer me molestaba y quise sacarlo pero ella no corrió mis manos.

    Tía: Chhh no vamos a ir tan lejos… no hoy.

    Siguió moviéndose hacia delante y atrás, podía sentir como me masturbaba con los labios de su vagina. Y con sus manos detenía las mías a ambos lados. Cuando estaba a punto de acabar ella se detuvo y me miro.

    Tía: Te gusto?

    Yo quería seguir pero cuando empecé a moverme ella se levanto

    Tía: No quiero que te vengas… No así.

    Me beso en la boca. Se salió de la alberca y empezó a ir hacia el interior de su casa.

    Tarde un rato en reaccionar y me dirigirme nuevamente a el interior de la casa. Cuando ente estaba terminando de ponerse un jean. Y me miro sonriente.

    Tía: Te querés quedar a comer.

    Yo no aguantaba más. Me acerque a ella, la tome de la cintura y la bese. Puse una mano en su pecho y continúe besándola.

    Ella bajo por mi cuello besándolo y termino en mi estómago. Miro hacia arriba con dos faroles que parecían de estrellas. Bajo mi bóxer y comenzó a chupármela. Tras tanta excitación estuve a punto de acabar en su boca pero le retire la cara.

    Tía: Quería estar segura de que me deseabas.

    Simplemente la tome de la cintura y la senté en la mesada. Le baje los pantalones y comencé a frotar con la cabeza de mi pene. Su vagina de arriba abajo. Me detuve un segundo para buscar un preservativo que siempre llevo en mi billetera y cuando me disponía a ponérmelo ella me lo quito y me lo puso. Me la mamo un poco antes de darse vuelta y frotármela con sus nalgas.

    Tía: Me encanta tu pene… Métemelo no aguanto mas

    Tome mi pene y se lo metí suavemente. Empezó a hacer movimientos y ella empezó a gemir lo que me incentivo más y más fuerza tomaban mis movimientos… Estaba extasiado mis manos no se desprendían de sus pechos. Entonces acabe…

    Tía: Siii! Siii! Lléname de tu leche, cógeme cógeme!!!

    Mi excitación no se detuvo con mi primer orgasmo… Quería seguir y nada me detendría. Ella repetía que no pare y no pensaba hacerlo la tome nuevamente y la di vuelta de tal forma que quedamos enfrentados ella sentada en mis piernas y empecé a hacer fuerza con los gemelos de tal forma de subir y bajar por lo que ella parecía rebotar en mí.

    De repente sentí como sus fluidos empezaban a salir más y más y a gotear desde la base de mi pene al suelo. Efectivamente ella estaba acabando lo cual origino un nuevo orgasmo en mí y con lo cual sentí que eventualmente mis energías fueron menguando.

    Esto fue la semana pasada. Después de esa vez solo fui una vez más a casa de mi tía y estaban mis primos por lo que no pudimos hablar mucho… Pero en un instante de soledad me beso y acaricio mi pene. Diciéndome que moría de ganas de volver a estar conmigo.