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  • Alexander no va a casa (II)

    Alexander no va a casa (II)

    Alexander, aprovechando que todo el mundo partía para sus casas, pensó no ir de vacaciones para aprovechar las instalaciones de la Universidad, sobre todo el gimnasio. Después de ver que todos se iban, estaba solo, pero hete aquí que… el gimnasio universitario estaba muerto.

    *****

    “Tal vez deberías ir a casa hoy”, pensó mientras yacía en la cama el sábado por la mañana totalmente desnudo y otra carga de semen refrescándole lsu torso y su mano de una sesión lenta, profunda e intensamente placentera. Miró el semen en su puño, brillando en los lados de su pulgar y su índice, y lentamente los levantó para lamerlo, el sabor mineral salado y blanquecino de su carga lo hizo sonreír. Otro pequeño lujo que era difícil permitirse con su compañero de habitación a unos metros de distancia, o a punto para entrar por la puerta en cualquier momento.

    Alexander pensó en el viaje. No sería tan largo, unas pocas horas si el clima se calmaba. Tenía que volver serenarse después de haberse masturbado y tomar la disposición de tolerar los sonidos de la gente que hacía ruido y se movía cerca, sentirse encerrado en la habitación que nunca había sentido como la suya ni se había encontrado jamás plácidamente a gusto. Su habitación, la que tenía cuando vivía solo con su madre, se había ido con la casa vieja, años atrás, cuando sus padres se habían separado. Regresar significaba simplemente pasar el rato. Él y su padrastro, él y hermanastras se toleraban mutuamente mientras su madre se ocupaba de todos, todos se obligaban a estar alegres y cagados de mierda mientras duraba la situación. Esperaba el momento oportuno hasta que por fin llegó, empacó su auto nuevamente y regresó aquí a principios de enero. ¿Marcharse ahora otra vez a lo mismo de siempre…? Joder…

    Alexander decidió que no iría a casa hoy. En cambio, se limpió el semen de su estómago con el viejo calcetín que había dedicado a esa tarea, se puso su sudadera y zapatillas de deporte, y se dirigió al gimnasio.

    El gimnasio universitario estaba muerto, y Alexander tenía el funcionamiento del equipo, haciendo un buen uso de él mientras empujaba a través de su entrenamiento de la parte inferior del cuerpo. Recién comenzaba su enfriamiento cuando un tipo que reconoció llegó desde la pista de atletismo cubierta, en forma y más delgado que él, rubio, más como una pista construida para el armazón del ex jugador de base de Alexander. Alexander trató de pensar de dónde lo conocía, chasqueando los dedos mentalmente, hasta que lo reconoció como el compañero de habitación de Joseph, desde el pasillo. No podía pensar en su nombre, pero tenían una especie de conocido asintiendo, levantando sus barbillas cuando se vieron en el Quad o en los pasillos. El hombre miró en dirección a Alexander, sorprendido de ver a alguien además del empleado de recepción allí, le dio un gesto con la barbilla hacia arriba y una sonrisa de reconocimiento. Cambió de rumbo, yéndose en dirección a Alexander, quitándose los auriculares, cuando Alexander repentinamente puso sus ojos bien abiertos y sus oídos muy atentos.

    “Es el maldito chico de la ducha” —pensó, poniendo sus tripas retorcidas de repente.

    “¡Mierda!, ¿cómo se llama…?” —pensaba.

    —Oye, —dijo el tipo— Eres el compañero de Benoît, ¿verdad?

    —Sí, —dijo Alexander, esperando que su sonrojo pudiera juzgarse como un color después del entrenamiento.

    —Alexander, me llamo… Y tú…, tú eres el compañero de cuarto de Joseph, ¿sí?

    —Sí, Froilán, —dijo el tipo, sacando su mano, y por supuesto, lo primero que Alexander hizo fue pensar en lo que Froilán había estado haciendo con esa mano en la ducha ayer. Pero él no quería ser una ducha, por lo que puso su propia mano, y los dos temblaron.

    — También eres un rezagado, ¿eh?

    Alexander asintió, sonriendo a pesar de sus pensamientos turbulentos.

    — Sí. Iba a ir a casa hoy, pero podría quedarme otro día, a ver qué pasa. Es agradable y tranquilo, ¿sabes?

    —Escuché eso, sí, señor, —dijo Froilán.

    De momento un breve silencio muy espeso hasta que Froylán rompió el hielo:

    —Me iba a almorzar. ¿Quieres venir, si ya terminaste?

    —Claro, —dijo Alexander antes de siquiera pensarlo.

    El comedor estaba cerrado, al igual que el patio de comidas en el Centro de Estudiantes, por lo que se dirigieron a College Street, donde los lugares de comida rápida y las casas de sandwiches todavía estaban abiertos. El campus estaba casi en silencio, casi inquietante, como si hubieran despertado en un mundo post apocalíptico donde todos los demás habían muerto o desaparecido o habían sido secuestrados por extraterrestres en la noche. La ilusión duró hasta que llegaron al final, justo a la entrada del Campus, donde estaba la Galería de Arte y Decoración, como la última fortificación contra el mundo real, y Alexander se sintió un poco decepcionado cuando salieron a la Avenida Universitaria y vieron pasar unos pocos coches y las luces del Centro Comercial y los Multicines Marte.

    Pidieron una de esas pizzas gigantescas americanas que tienen de todo, unos acompañamientos que ya estaban rejuntando y una bebida cada uno. Tenían todo el lugar para ellos solos, más o menos, sentados allí mordiendo su pizza, y Alexander estaba pensando en el tiempo que podría aguantar con este régimen y dieta y acampando en su dormitorio hasta enero, vivir en su propio mundo por un par de años, omitiendo la Navidad por completo.

    Llegaron a conversar amenamente los dos, unos tipos que se conocían de pasada, pero que habían sido confundidos por las circunstancias, que no tenían prisa por estar en ningún lado, solo un par de chicos que se podrían conocer mejor. Dos tíos que habían acariciado una polla mientras disparaba sus jugos en las duchas comunitarias a la misma hora esta mañana, y los dos lo sabían, pero parecía que Alexander era el único que se estaba aferrando a ese pensamiento. Froilán no parecía en absoluto aturdido por lo de ayer, cuando los dos acariciaban sus pollas juntos en las duchas.

    “No juntos, eso era…”, Alexander se encontraba pensando. “Eso era… ¿qué, exactamente?” Y ¡mierda!, incluso mientras pensaba eso, podía sentir su polla hormigueando dentro de sus jeans otra vez.

    Froilán era tranquilo, divertido, y Alexander se sintió un poco arrepentido de no haber hecho el esfuerzo de conocerlo mejor el semestre pasado. Parecía el tipo de persona que podría ser un buen amigo, y esa había sido una de las grandes cosas con las que Alexander había luchado, su primer semestre como un hombre de la universidad: cómo hacer nuevos amigos con los que realmente pudieras estar.

    No era la primera vez que Alexander se encontraba preguntándose sobre otro tipo. Claro, a veces se preguntaba por los chicos en las otras duchas, especialmente cuando tenía una mano llena de su polla jabonosa, imaginando que estaban haciendo lo todos lo mismo que él al mismo tiempo. Pero él nunca había estado realmente en una situación como esta, sentado frente a otro tío cara a cara, con el conocimiento de que los dos habían estado jodiéndose en el mismo espacio no hace mucho tiempo, sentado allí sin hablar, espesando el aire entre ellos. El hecho de que Froilán no fuera astuto o cursi al respecto lo hizo más confuso para Alexander. En un nivel, eran solo un par de tipos en circunstancias similares, dos muchachos que se quedaban atrás al final del semestre, sin prisa por volver a casa. Un par de conocidos comiendo pizza en una pequeña ciudad universitaria. Pero joder si no se sentía como… no una cita, exactamente, pero definitivamente existía ese tipo de intimidad compartida e implícita entre ellos, incluso si ninguno de ellos parecía querer reconocerlo.

    — Entonces no tienes prisa para ir a casa, ¿eh?», —dijo Alexander.

    — Nah, —Froilán se encogió de hombros— Mi familia está en Europa hasta el miércoles, así que estaría dando vueltas por el apartamento yo solo de todos modos. Es gracioso: a mi mamá le encantan los mercados navideños de allí, pero no somos súper navideños en general. No hacemos gran cosa con eso ni nada.

    — Suerte, —dijo Alexander— creo que crecí en eso hace años. Es genial volver y ver a mis amigos, supongo…

    — Pero a veces preferirías tener el tiempo a solas, ¿no? —dijo Froilán, entendiendo perfectamente la línea de pensamiento de Alexander, y se encontró devolviendo la sonrisa de Froilán, y sintiendo un cosquilleo extraño en la boca del estómago que no era seguro como alguna vez se había sentido antes.

    — Exactamente, —dijo Alexander, mientras Froilán lo fijaba con esa sonrisa fácil y una especie de mirada evaluadora.

    — Sí, es increíble, qué silencioso es todo. Puedes ver lo que quieras sin auriculares. Puedes quedarte hasta tarde y no te preocupas por molestar o no a tu compañero de cuarto. Es como un «Haz lo que quieras».

    Froilán se inclinó un poco, bajando la voz, todo confidencial, como un tú a tú exclusivo.

    — Toma duchas largas, y no te preocupes por nadie más entrando, ¿verdad?, —dijo con esa sonrisa jodida de su conocimiento repentino, su mirada en el tipo directo y profundo de Alexander, haciendo que su piel se llenara de rubor que sabía que estaba empezando a arrastrarse hasta su cuello. Y ahí estaba, su secreto compartido, a la vista.

    — Sí, ciertamente, —dijo Alexander.

    Su voz sonaba tranquila, se sentía repentinamente tímido, no se sentía en absoluto como el hombre que técnicamente era, o se suponía que era, de todos modos. Preguntándose cómo Froilán parecía tener esa calidad, pero no lo hizo. No todavía, de todos modos.

    — Pero luego, a veces alguien más entra… — dijo Froilán, todavía sonriendo, todavía mirando a Alexander.

    — No siempre puedes tener todo para ti solo, —dijo finalmente Alexander, cuando esas las palabras provenían de algún lugar dentro de él.

    — Eso es correcto, —dijo Froilán— Así que tienes que hacer todo lo mejor posible, ¿verdad?

    Alexander asintió, mientras Froilán se sentaba de nuevo, su mirada sonriente todavía sobre él. Nunca había experimentado este tipo de confianza de cerca, no dirigido a él. Al principio, no sabía cómo tomarlo o responderle. Pero para él ya no era un extraño ni un raro.

    — Podría hacerlo con una ducha justo ahora, —dijo Froilán después de un largo minuto— supongo que podría haber tenido uno en el Gimnasio universitario… pero no es lo mismo, ¿verdad?

    Alexander sacudió la cabeza en señal de acuerdo antes de darse cuenta de que lo estaba haciendo, sintiendo ese cosquilleo que se abría paso desde su vientre hasta su ingle, haciendo que su polla se despertara nuevamente dentro de su sudor.

    — Podría regresar y tomar una ducha de esas, —dijo Froilán.

    Alexander se le quedó mirando unos segundos con perplejidad y Frylan continuó:

    — Amigo, ¿quieres regresar conmigo?

    —Sí, sí, eso suena bien, amigo, —dijo Alexander con una voz que sonaba extraña y distante a sus oídos.

    Estaban a un corto paseo de regreso a los dormitorios, pero cuando Froilán aceleró el ritmo y miró por encima del hombro a Alexander con su sonrisa, Alexander se encontró estirando el paso para ponerse al orden, cayendo al mismo ritmo que él, sintiendo la emoción creciendo en su vientre. No estaba seguro de qué esperar, qué iba a pasar después, solo que estaba listo para lo que iba a hacer.

    Ambos se quedaron callados mientras Froilán pasaba su tarjeta para acceder a la puerta del quinto piso, y avanzaban por el pasillo.

    —Solo agarraré mis cosas, ¿te veo allí?», —dijo Froilán cuando llegaron a su puerta.

    —Perfecto, —dijo Alexander.

    El calor en su vientre se mezclaba ahora con sus nervios, en un gran paquete mental de incertidumbres mientras se dirigía a su propia puerta. Froilán le sonrió y se deslizó dentro de su habitación.

    Cuando entró, Alexander se quedó en el medio de la habitación, sus nervios empezaron a ponerse realmente orientados hacia Froilán. Sintió que se había personalizado su habitación, porque sus cosas de ducha estaban al alcance de la mano, pero de repente le parecía una tarea imposible. Un par de minutos más tarde, oyó el sonido de las chanclas de Froilán pasando por afuera, luego el ruido de la puerta del baño abriéndose, y todavía parecía no poder moverse.

    “Joder, ¿qué cabrón de hombre soy?” —pensó— “¿Vas a hacer esto o qué?”.

  • Como apareció en nuestras vidas Andrés

    Como apareció en nuestras vidas Andrés

    Como conté ya anteriormente en mis otros relatos, nuestra vida sexual era de trio, en la cual participaba mi mujer, Luís y yo.

    He de decir que durante este largo tiempo no he escrito por motivos laborales y por dejadez.

    Os pondré al corriente: Luís después de tres años en que lo tuvimos en nuestras relaciones sexuales, conoció a una hermosa mujer 13 años más joven que él. Según me contó Luis «no sabría decir si está más enamorada de mi o de mi polla», lo cierto es que a raíz que se casaron en un enlace verdaderamente espectacular, en el que yo fui el padrino y no escatimamos en gastos, Luis dio por finalizada nuestra relación sexual que ya duraba tres años haciendo trio con mi mujer, la verdad que en cierto sentido, la relación ya se estaba volviendo monótona, con lo cual ni mi mujer ni yo, le dimos mayor importancia, excepto como decía mi mujer por su buena polla la cual echaría de menos. Lo cierto es que a partir de entonces las visitas a nuestro rincón secreto los fines de semana dejaron de tener sentido, es más NOS ABURRÍAMOS. Así que mi mujer y yo optamos por viajar un poco más, acompañándome a todas las reuniones de trabajo que tenía tanto en España como fuera.

    Mi mujer, cuando hacíamos el amor, varias veces me dijo que echaba de menos una segunda polla que le cubriese los agujeros libres, y aunque tenía varios consoladores y dildos, estos no le satisfacían lo mismo que una polla de verdad y el contacto de piel con piel.

    Un día que me acompañó a una de nuestras fábricas se fijó en un chico que allí trabajaba, se llamaba Andrés y la verdad que era un buen macho. Media más de 1:70. Musculoso, ojos azules y una cara de niño bueno que lo hacía muy atractivo. Lo cierto es que me dijo que le gustaba ese chico y que no le importaría follárselo.

    Yo, he de reconocer, que veía aquella posibilidad, un tanto inalcanzable, porque viendo lo guapo que era ese chico, sin duda alguna tendría muchas amigas dispuestas a follar con él. El encargado me dijo que tenía 18 años y que hacía 4 meses que había comenzado a trabajar, al parecer era buen trabajador y en ese tiempo nunca había faltado al trabajo y siempre estaba dispuesto a trabajar más horas (eso si en mis empresas siempre se pagan las horas extras). Así que le dije al encargado que si lo podíamos hacer fijo, a lo que él me dijo muy extrañado que eso no era lo habitual, pues siempre se esperaba un mínimo de seis meses si no como mínimo cumplir dos contratos.

    Ese día después de su turno lo cité al despacho del encargado (yo en esa fábrica nunca estaba de forma permanente, solo de visita por lo que no tenía despacho propio), así que después del relevo le dije al encargado que lo llamara a su despacho y que nos dejara solos.

    Al poco entró Andrés, no nos conocíamos personalmente, por lo que el pobre chaval entró creyendo que lo iba a despedir. Me presenté lo invité a sentarse y observé que no se atrevía a mirarme a los ojos.

    -No te preocupes -Le dije- No te he llamado para despedirte, más bien todo lo contrario, háblame un poco de ti.

    Eso le dio un poco de confianza y de una seriedad total pasó a una leve sonrisa. Levantó la cabeza y me preguntó

    -Que desea saber?

    -Bueno, no sé, cosas como si estás casado, si tienes novia, donde vives… Eso sí, si no te importa, no tienes por qué hablarme de tu vida privada.

    -No me supone ningún problema, la verdad que mi vida es muy monótona y no tengo nada que ocultar… Vivo en la calle… con mi madre. Tuve que dejar de estudiar porque mi padre nos abandonó hace ya dos años y nos dejó con lo puesto… por lo que he tenido que ponerme a currar así como mi madre, que se dedica a limpiar portales y cuidar a un anciano… No tengo novia ni por el momento ganas que tengo. De todas formas no me atraen las mujeres de mi edad, son muy creídas aunque sean las hijas de un currela. No me gustan sus conversaciones sin fundamento de niñas que su única preocupación es la moda, el maquillaje y hablar sobre las telenovelas de la tele.

    Eso de pronto me dio un cierto aire de esperanza, la cosa iba bien.

    -Bueno el motivo por el que te he llamado es porque tengo muy buenas referencias de ti, y si te parece te voy a hacer un contrato indefinido.

    La cara de aquél chico se iluminó como pocas veces había visto, no sabía cómo agradecerme esa confianza, pero lo que más me emocionó fue que lo primero que me dijo fue

    -No sabe usted el favor que me acaba de hacer, por fin mi madre podrá dejar de trabajar, porque con el sueldo que gano aquí tendremos para los dos.

    -No deberías hacerlo, tu madre tiene su vida y tú no puedes hipotecar tu vida en ese menester, cuando te cases ¿Que hará tu madre?… En fin no debería meterme es una decisión que no me corresponde a mí… perdona que me metiese donde no me llaman… Si te parece te cambias, te espero fuera y nos vamos a tomar algo, yo invito…

    -Lo que usted diga, pero es la primera vez que voy a tomar algo con mi jefe, me parece algo irregular.

    -No te preocupes, no estás obligado…

    -No si no me importa

    Así lo hicimos, lo esperé en la puerta, le dije que me siguiese en su coche hasta el bar… me dijo que no había ganado todavía para tener coche que siempre iba en el bus urbano el cual tiene la parada fuera del polígono industrial. Así que lo invité a subir en mi coche.

    Nos sentamos en una mesa discreta lejos de oídos interesados, que siempre los hay, más preocupados por la vida de los demás que por la suya propia.

    Después de un par de cubatas Andrés comenzó a desinhibirse y ya nuestra charla se comenzaba a acercar a la de amigos, eso sí sin dejar de tratarme de usted, supe así más de sus intimidades de su vida, el como un chico que estudiaba bachillerato con muy buenas notas tuvo que dejar de estudiar para ayudar a la economía de su casa, de cómo en su primer trabajo mintió sobre su fecha de nacimiento para poder trabajar… de lo muy unido que estaba a su madre y de lo mucho que la quería… El cómo se fijaba más en las mujeres mayores que le atraían más que las de su edad… ¡EUREKA!… esto iba viento en popa.

    Pasadas un par de horas comenzó a sentirse un poco preocupado por que no había llamado a su madre para comunicarle que se retrasaría… No tenía teléfono móvil… no se lo podía permitir. Asique le presté el mío

    -Hola mamá, voy a retrasarme, no te preocupes estoy bien, ha por cierto tengo una muy buena noticia… me van a hacer fijo en el trabajo…

    Pude sentir a través del teléfono los gritos de alegría de su madre, lo cual casi me emocionó… No dijo más y colgó devolviéndome el teléfono y dándome las gracias.

    -¿por qué no le dijiste que estabas con tu jefe tomándote unas copas?

    -No, eso no es relevante, no suelo contarle a mi madre todo lo que hago en mi tiempo libre.

    -Me gusta la gente discreta.

    El tiempo fue pasando, yo le hablé un poco de mi familia, de mi negocio… Tampoco demasiado pues no quería parecer prepotente ante un chico que no tenía prácticamente nada. En un momento dado le enseñé una fotografía de mi mujer.

    -Tiene usted una mujer muy guapa y muy jovencita.

    -Guapa sí que es… ¿pero cuánto años crees que tiene?

    -Hombre yo… no creo que tenga más de 40 y eso tirando por lo alto.

    Tengo que admitir que esto me halagó sobremanera, la verdad que mi mujer (ya lo dije anteriormente en mis relatos), se conserva muy bien y se cuida mucho.

    -jajaja… gracias por la parte que me toca, pero tiene 54

    -Nooo… no me lo creo ¿Me deja ver de nuevo la foto?

    Le extendí la foto y se recreó un ratito viéndola

    -Esta foto no puede ser actual -Me dijo

    -Pues sí, es actual se la saqué hace unos quince días, me gusta llevar en mi cartera las fotos de mi familia aunque la de ella siempre la llevo sola.

    La conversación duró un poco más y aunque yo le hablé de las dotes de mi mujer, lo buena que era en la cama el buscaba la forma de cambiar de conversación asique por ese día dimos por finalizada la fiesta. Yo regresé a mi casa distante 125 kilómetros.

    Esa noche, ya en la cama, le hablé a mi mujer de como contacté con Andrés, enseñándole un par de fotografías que le había hecho con el teléfono de forma discreta y sin que se diese cuenta.

    -¿Sabes que solo tiene 18 años? y por lo que me confesó le gustan las mujeres maduras, de hecho le enseñé tu fotografía y por su cara no me cabe duda que le gustabas.

    Comenzamos a magrearnos, a excitarnos y cuando mi mujer ya estaba bien lubricada se levantó, cogió uno de sus dildos más grandes y me pidió que le enseñara la fotografía de Andrés, lubricó muy bien el dildo y mientras se lo metía poco a poco en el coño comenzó a decir.

    -Fóllame Andrés, méteme toda tu polla… Soy tu puta… Así cabrón follame bien.

    Comenzó a introducirse cada vez más aquel gran consolador hasta que ya no daba más de sí y con un rápido vaivén comenzó a masturbarse mientras me chupaba la polla.

    En poco tiempo me corrí dentro de su boca, se relamió, tuvo un fuerte orgasmo y nos dormimos.

  • Infiel con el marido de mi prima

    Infiel con el marido de mi prima

    Desde ya hace un tiempo que le comencé a ser infiel con otro hombre a mi marido, después de una relación de 3 años de casados, que por alguna razón que sospecho que fue mi antigua vida de soltera (algo alocada), que en lugar de hacerme sentir culpa me dan más ganas de seguir cruzando los limites. Tal es así que la siguiente oportunidad que se me presento para ser infiel fui mucho más accesible y osada.

    El marido de mi prima es un deportista muy reconocido en la ciudad en la que vivo, pero el con mi prima viven en una ciudad vecina, no solíamos vernos muy seguido, solo en las típicas reuniones familiares, cumpleaños, casamientos, etc. Pero en las breves charlas que tuve con él en estos eventos, siempre me hacia algún halago o cumplido como por ejemplo “que lindos ojos que tenés” o “que bien que te queda ese vestido”, etc. Que para mí no pasaban para nada desapercibidos, pero siempre fueron interrumpidos con la llegada de mi prima o mi marido.

    En una de estas reuniones por distintos motivos tanto mi prima como mi marido no asistieron, con lo cual, charlamos de forma distendida toda la velada, con halagos, risas, miradas, etc.

    Cuando termina el evento él se ofrece a llevarme a mi casa muy caballerosamente, a lo que accedo sin objeción.

    Él tenía una fama de picaflor muy bien merecida ya que era muy atractivo, alto y con un cuerpo muy atlético, así que ninguna mujer se resistía a sus encantos y yo esa noche no iba a ser la excepción a la regla.

    En el camino me dice que debía hacer una parada para controlar los neumáticos, nos detenemos en la parte trasera de una estación de servicio, apaga el motor, las luces del vehículo y me dice “puedo revisar las gomas?”, a lo que le respondo, “revisa lo que quieras”.

    Entonces mete su mano en mi escotada blusa y comienza a tocarme los senos, como no encuentra ninguna oposición de mi parte, me desabotonó un poco la blusa, además de bajar el corpiño, dejando mis senos expuestos, inmediatamente me mordisquea los pezones, le pasa su lengua, desde ya que esa actividad me excito muchísimo y automáticamente dirigí ambas manos a su pantalón, para bajarle el cierre y quitarle el cinto, cuando toco su miembro noto que el también estaba excitado y tenía una buena erección, fue la primera vez en mis 32 años que ponía mis manos en algo tan duro, con lo que le propongo que nos pasemos al asiento trasero. Él se desabrocha la camisa, se quita el pantalón y se baja un poco la ropa interior para dejar salir su duro pene, por mi parte me quite toda la ropa excepto las medias.

    Ya en el asiento trasero comienzo haciendo sexo oral y después de un breve momento cambiamos de posición, donde me hace sentar encima de él mientras me la introduce por mi vagina lentamente pero sin pausa y con gran facilidad, ya que me encontraba muy excitada y húmeda y él por su parte con su pene tan duro llego a metérmelo todo en poco tiempo.

    Después de eso el sexo fue más y más fuerte, con lo que debo reconocer que es un deportista de alto rendimiento, ya que estuvimos así por casi 2 horas, sin parar, pero cambiando de posiciones, inclusive fuera del vehículo, debo agregar que es muy cumplidor.

    Ahora estoy juntado energías para volver a estar con ese duro deportista que me hizo vivir nuevas experiencias.

    Espero que les guste mi relato y cuando vuelva a encontrarme con un hombre así se los estaré contando, besitos.

  • Nuestra amiga argentina, Máximo y una amiga

    Nuestra amiga argentina, Máximo y una amiga

    Iba a ser un sábado tranquilo, salida con mi novio y lo de siempre, coger. La verdad que no me quejo, me coge bien, me hace gozar, pero tenía ganas de algo distinto.

    Hace unos días, lo cague a mi novio, (le dije que me iba a estudiar a la casa de una compañera de la facultad, y que me quedaba a dormir ahí) pera la verdad es llamé a uno de “mis amiguitos” (Máximo) que lo conozco desde hace mucho, para ver como andaba; obvio excusa para que me terminara diciendo de ir a su casa”, cosa que fue así, y terminamos pasando la noche juntos. Máximo tiene una pija que sale de lo normal, cosa que me pone loca, por eso a veces lo llamo, aunque quede como una regalada.

    Fue una noche a puro sexo y hablando de sexo, la conversación en algún momento Máximo la llevo para el lado del lesbianismo, y le termine contando que alguna vez me acosté con alguna amiga y me gustó.

    Máximo, no desaprovecho la oportunidad para decirme que tiene una “amiga” con la que también tiene intimidad (una buena manera de decirme que es otra trolita como yo), que siempre tuvo la fantasía de estar con una mujer, pero que nunca se le dio.

    Como ya me veía lo que venía, antes que siga le digo, que se olvide, que no me cuente para eso, la verdad es que se lo dije en serio, mucho no me interesaba, si me proponía algo, yo ya tengo con quien satisfacer mi parte lésbica.

    Pero como si nada, me siguió hablando de ella, dijo que tiene 25 años, rubia, pelo largo, flaquita como yo, pero con más tetas jeje, y yo como si nada, hasta me mostró una foto de ella, pero la cosa quedó ahí.

    Ayer a la noche, todavía no había arreglado nada firme con mi novio y Máximo me manda un whatsapp, que fue así:

    Maxi: Hola caro, estoy con Maru.

    Yo; quien es Maru?

    Maxi: mi amiga de la que te hable el otro día.

    Yo: y???

    Maxi: te acordás lo que te conté de ella??? la fantasía que quería cumplir y nunca se animó, y tampoco se le dio.

    Yo: si, me acuerdo nene, pero ¿y?

    Maxi, nada, ya estuvimos cogiendo a la tarde, le hable de vos, y nos parece copada la idea que te vengas, y si da para algo, vemos.

    (Hago un paréntesis; mi primera reacción, fue putearlo, porque no le dije que le hablara de mi a alguien con quien estuvo cogiendo a la tarde y me lo diga como si nada, pero sería muy largo escribir todo, hasta que empezamos hablar bien de nuevo, a mi me manejan, lo sé, pero bueno soy así, y seguimos hablando.)

    Maxi: no seas boluda, venite!!!! Está todo bien, Maru, quiere conocerte, pero si no hay onda, no pasa nada!!!

    Yo: pero ella quiere que yo vaya???

    (¿Ven?, siempre empiezo a aflojar.)

    Maxi; si, boluda, dale, tomamos algo y vemos, no perdes nada.

    Yo: si, le tengo que mentir a mi novio.

    Maxi: no me jodas Caro, lo cagaste mil veces!!!

    (La verdad tenía razón, y ya empezaba a sentir esa adrenalina, que me da cuando no sé qué va a pasar, ¡y me calienta mucho!, pensaba, a lo mejor voy al pedo porque es una boluda y no pasa nada, y por otro lado también pensaba, que podía pasar algo, y las dos íbamos a ser las putitas de él, pero yo a ella no la conocía y eso me daba cosa, en definitiva, no sabía que hacer, pero como siempre la adrenalina y la curiosidad me gano.)

    Yo: Ok, dame un rato y voy.

    Ahora, que le decía a mi novio, ¡porque boludo no es!, ¡y ya me va a mandar a la mierda!, nada, le dije que me avisaron que era el cumpleaños de una chica de la facultad y salíamos chicas solas a tomar algo, la verdad no me creyó mucho, pero no viene al caso contarlo ahora, hasta que me sirva sigo usando mi misma estrategia con él, ¡y hasta ahora me dio buen resultado!, nosotras sabemos como calmar a un novio, ¿o no?

    Llego a lo de Máximo, la verdad, nerviosa, pero con esos nervios que me gustan, que me excitan de no saber qué es lo que va a pasar. Me la presenta a Maru, un momento medio raro, hasta incómodo, porque pensaba “terminaremos cogiendo hoy” y más que no me había mentido era tal cual me dijo y muy linda.

    Máximo, que no es ningún boludo, me conoce y por lo que vi también a ella, manejo bien la situación, estuvimos tomando shampu por más de una hora, mientras nos conocíamos y hablamos boludeces y cosas en doble sentido, y sentí que Maru estaba ”demasiado cómoda” y media jugada (me doy cuenta de esas cosas) y yo con ganas de que Máximo nos cogiera a las dos, mientras estábamos juntas, pero sabía, que como me dijo que nunca había estado con una mujer, no iba a tomar la iniciativa.

    Me anime hacer algo, y por el efecto de lo que había tomado, en un momento, Máximo, se va a la cocina, la agarro a Maru, sin decirle nada, le pongo mis manos sobre su cara y le doy un pico, dos tres, le meto la lengua, me responde poniéndome la lengua a mí, y solo nos empezamos a besar con nuestras lenguas ya a acariciarnos, nos empezamos a tocar las piernas (obvio sobre los jeans porque hacía frio) pero lo suficiente para empezar a sentirnos y saber hasta dónde queríamos llegar, y me gusto besarla y ella a mí, lo sentí, no se resistía a nada y me acariciaba, tanto como yo a ella.

    Llega Máximo, y nos empezamos a besar los tres juntos, la calentura, hizo que el frío se pasara, Máximo, le empieza a desabrochar el jean a Maru, hasta que se lo saca, junto con la bombacha, entre los dos le empezamos, casi sin que pudiera decir nada a chupar la conchita y ella a gemir, y sola se sacó el resto de la ropa, ya estaba desnudita, y así seguimos y yo, a pesar de que me gusta que me saquen la ropa esta vez, me la tuve que sacar solita, mientras Máximo, se bajaba los pantalones y dejo esa hermosa pija a la vista de las dos, que nos abalanzamos a chupársela y ahí, si se la chupábamos y nos besábamos, yo le tocaba esas tetas que tenía, ella no, estaba quieta, así seguimos un rato.

    Después le agarre las manos a Maru y se las hice poner sobre mis tetas (era la primera vez que ella tocaba una), y no solo me las toco, me las beso, me las acarició, me las comió, y Máximo, le acariciaba bien su conchita, era cierto, se moría de ganas ¡por estar con una mujer! Gozaba como una guacha, hasta que Máximo, la acomoda y se la empieza a coger y ahí cambiamos, mientras se la cogía yo la acariciaba, y de esto me acuerdo bien, le pasaba mis manos, por todo su cuerpo, sus piernas, su panza, sus tetas y como podíamos nos besábamos, pero sus gemidos ya eran muy fuertes (me calienta hacer bi a las mujeres, porque yo lo soy, y quiero que también lo disfruten), así que me encargue de que se volviera re loca, hasta que empezó a acabar, pero lo hizo como una perra, no paraba de gritar, mientras yo no paraba de hacerle sentir mis manos, mi boca en su cuerpo y Máximo su pija en su concha, no se… pero tuvo un orgasmo que no terminaba, ¡diría que fueron dos juntos!

    Yo estaba re caliente, con ganas de pija, Máximo termina con ella y viene conmigo, se sienta en el sillón, me pongo arriba de él, me calvo su pija y empiezo a saltar sobre ella, le digo a Maru que venga, me da unos besos, le pido que me toque siii, que me toque, no hay cosa que me guste más que cuando me cogen una mujer me toque, y así lo hizo, me empezó a besar las tetas, me tocaba por todos lados, sentía sus manos en mi cuerpo mientras saltaba sobre la pija de Máximo, hasta que me toco acabar a mi, y también acabé como una puta, ¡a los gritos!

    Máximo, se para delante nuestro (él no había acabado) y solitas se la empezamos a chupar entre las dos, yo se la chupaba, Maru le comía los huevos, hasta que nos llenó a las dos la boca y la cara de leche, la quise besar a Maru con la boca llena de leche, pero no quiso, ya va a querer…

    Yo hubiera seguido, pero Maru se empezó a vestir y a mí no me quedo otra, habrán sido dos horas de sexo a morir, no estuvo mal, pero me hubiera gustado más, ¡ya se va a dar!

  • Mi hija me sedujo y no me resistí

    Mi hija me sedujo y no me resistí

    Después del divorcio el contacto con mis hijos se fue enfriando al punto de que nuestras conversaciones telefónicas se limitaban a cortas palabras de saludo y en forma esporádica. Así que cuando Karina me puso al tanto de sus planes de que pasaría el fin de semana en mi casa, quede en estado de shock, del cual tarde varios minutos en recuperarme. Karina llego acompañada de dos hermosas hijas, Vicky (de Victoria) de 6 y Laura de 4 años, las cuales solo conocía por fotos. Las niñas se adaptaron rápidamente al ambiente, más sabiendo de antemano que la playa estaba a solo 50 metros de la casa.

    Karina se cambió de ropa, poniéndose un despampanante bikini amarillo que contrastaba con su piel morena, mostrando en todo su esplendor su voluptuosa figura, había aumentado unos kilitos desde la última vez que nos vimos, los cuales le sentaban de maravilla. Debido a que era temporada alta o de vacaciones, la afluencia de personas para ser un día viernes en la tarde era masiva, sobre todo de mujeres luciendo sus diminutos trajes de baño, dejando todo o casi todo a la vista y muy poco a la imaginación.

    Yo caminaba llevando de la mano a Vicky, entre ambos había surgido una sorprendente y rápida identificación, algo que dejo más que admirada a mi hija, ya que la niña era poco dada a demostrar sus simpatías por alguien, detrás venían Karina y Laura. La verdad es que después de casi 10 años viviendo solo, había adquirido ciertas costumbres y una de ellas era el ir catalogando los culos femeninos, mofletudos, caídos, manzanitas, etc., cosa que no pasó desapercibida para mi hija, quien espero el momento adecuado para reclamármelo.

    Ya instalados bajo la protección de un toldo alquilado, Karina se recostó boca abajo, dejando su espalda, sus muslos y por supuesto sus ampulosas nalgas para que recibieran la caricia de la luz del sol, yo por mi parte jugaba con las niñas a la orilla de la playa, sin dejar de observar las distintas y variadas presentaciones de nalgas femeninas, aunque había más de un par, más dignas de lástima que de admiración, bueno nadie es perfecto, cuando volvimos mi hija charlaba animadamente con un par de damas, serian cerca de las 6 cuando comenzamos a recoger nuestras cosas.

    -Papá te voy a decir una cosa y espero no lo tomes a mal

    -Tú dirás.

    -Si quieres ver un culo… tienes mi permiso para morbosear el mío… sin poner esa cara de yo no fui, que desde que llegamos no has dejado ni un segundo… y yo pasando pena por partida doble, si doble… por un lado las mujeres, mirándome con lastima ya que piensan y con razón que tu no me respetas eso sin contar con las niñas… por otro lado los hombres que no entienden que estando con una hembra como yo estés mirando otras mujeres.

    -Está bien… tienes toda la razón para estar molesta, disculpa no era mi intención… cálmate ahora hablo yo y tu oyes… es verdad, la discreción no es una de mis virtudes y tratare en lo posible de ser más discreto, pero en lo referente a que te vea a ti, ahí te pelaste, tu culo no cuenta, así que ubícate… aquí hay bastantes hombres que pueden admirar tu hermoso culo sin necesidad de que me incluyas.

    De camino a casa me cuide de seguir admirando los atributos de otras féminas, por dos motivos primero le había dado mi palabra a mi hija y el segundo porque ella prácticamente se guindó de mi único brazo libre, la continua fricción de sus redondas y duras tetas contra mi antebrazo, amén del roce de nuestros muslos al caminar. El que nos viera, se llevarían la falsa impresión de que éramos cualquier cosa menos padre-hija. En un momento Karina paso su mano por mi cintura, mientras que con la otra guío mi brazo izquierdo posándolo sobre sus hombros.

    Al llegar a casa me encontré con la ingrata sorpresa que nos esperaban sentados en el pequeño jardín, mi querida y nunca bien olvidada “ex” y Juan mi yerno. Mire seriamente a Karina mientras rompía el fuerte abrazo, que aún mantenía unidos nuestros cuerpos. Karina me miraba muy sorprendida por la brusquedad de mi acción.

    -Tranquilo papá, Juan no se va a quedar…

    -Si mi molestia no es él, por mí que se quede todo el tiempo que quiera… quien invito a tu mamá.

    -Yo solo le comente que vendría con las niñas…

    -Karina, por favor, que yo no chupo el dedo… tu siempre andas manipulando, así que como tú la invitaste… le dices que se vaya o lo hago yo, tu escoges pero de que se va, se va, entendiste…

    -Ya va… dame unos segundos… déjame primero hablar con ella.

    Luego de los saludos, pasamos al interior de la casa, la situación era bastante incomoda, ya que la frialdad al responder el saludo no pasó desapercibido por Juan, quien rápidamente trato de explicarme la situación. Su familia estaba alojada en una pensión situada a varias calles, pero por motivos ajenos a su voluntad, la familia que estaba alojada y que tenía que desocupar las habitaciones habían sufrido un accidente, así que las cosas se habían complicado, Karina se acordó que yo vivía cerca y se vino con las niñas, solucionando así parte del problema, pero la llegada de Olga complicó más el panorama. Entre Juan y Karina rogaron para que dejara a Olga dormir en casa ese fin de semana, que para el lunes ellos confiaban que todo estaría solucionado, yo les sugerí un cambio, otro familiar por mi ex, mi hija con algo de vergüenza me confeso que la familia de su esposo no las tenía todas con ella por su forma de ser, a regañadientes acepte, poniendo mis condiciones, las cuales fueron aceptadas por ambos.

    Juan a los pocos minutos se despidió dándome las gracias, prometiendo venir al día siguiente para llevarse a su familia, yo le dije que Karina y las niñas se podían quedar todo el tiempo que quisieran pero a la bestia la quería fuera bien temprano. Después de cenar nos sentamos en la sala, Olga para variar comenzó con sus mordaces comentarios sobre cómo estaba decorada la casa, yo trate en lo posible en ignorar sus ironías sobre mi buen gusto. Karina estaba sentada como era su costumbre desde pequeña con una pierna sobre el apoya-brazo, por supuesto que debido a la negligente postura de sus piernas, gran parte de sus muslos quedaban a la vista y quizás haciendo un pequeño esfuerzo podía ver sus pantaletas.

    -Karina acomódate que estas enseñando las pantaletas –dijo Olga

    -Ni que fuera la primera vez… total bastante que me las vio antes del divorcio –respondió Karina sin variar de posición.

    -Si pero en esa época eras una chiquilla malcriada –intervine, ya que por experiencia ya sabía el final de su discusión y lo que menos quería era pelea madre-hija.

    Karina volteo a verme y tal vez comprendiendo mi intención se acomodó en el asiento, pero Olga no se dio por vencida, así que volvió a enfilar sus bacterias contra el decorado, ella es un ser de pocas ideas pero fijas y la que tenía en mente era verme disgustado, nuevamente mire a mi hija señalándola con el dedo índice en forma acusadora. Karina se paró como un rayo, casi arrastro a su madre fuera de la estancia, quien sorprendida casi no opuso resistencia, pasaron varios minutos hasta que volvieron a entrar, que le dijo, no sé y tampoco viene al caso, pero de que la tranquilizo, la tranquilizo. Karina se volvió a sentar displicentemente, mostrándome descaramente las pantaletas, en sus labios se dibujaba una sonrisa, Olga alterno su mirada de las piernas de su hija a mi rostro, quedándose callada.

    Ya las niñas se habían quedado dormidas en el cuarto de huéspedes, cuando Olga insinúo donde dormiría ella, por toda respuesta le señale el sofá donde estaba sentada.

    -Karina tu sabes que yo tengo problemas en la espalda…

    -Bueno, duerme con las niñas… la cama es bastante grande…

    -Y tú donde vas a dormir –dijo Olga

    -En la cama del dueño de la casa –dijo Karina mientras soltaba una alegre carcajada

    -Yo que tu no estaría tan segura de ello -dije mientras me ponía en pie

    -Y porque no puedo dormir contigo, dame una buena razón… total eres mi papá

    -Karina… por mi puedes dormir donde tú quieras eso sí… a la primera patada te saco del cuarto -dije mientras le tendía la mano en clara señal de invitación.

    Olga se levantó como un rayo para protestar, pero la severa mirada de Karina la paro en seco, dio media vuelta saliendo con paso rápido de la sala. Siguiendo mi ancestral costumbre me di una rápida ducha, me cambie de ropa, acostándome casi enseguida, a los pocos minutos entro Karina, vestía un pijama de algodón bastante conservador.

    -Papá tú sigues durmiendo en interiores

    -Por supuesto y más viviendo aquí, donde el calor a veces es insoportable, porque preguntas.

    -Es que… bueno a mí también me gusta dormir así… tu no tendrías problema si duermo solamente en pantaletas…

    -Problemas, lo que se llama problemas no, pero no sería correcto… además conociendo a tu mamá es capaz de despertar a Vicky… y si la niña te ve… Olga tendría para formar un escándalo… mejor déjate de vainas…

    Karina por toda respuesta se levantó, cerrando la puerta con seguro, luego con la mayor tranquilidad se despojó de la blusa, quedando en brassiere, después se quitó las pantalonetas. Karina quedo solamente en sostén y pantaletas un sugestivo conjunto azul, semitransparente, la sugerente panty era de un atractivo muy sexy, sobre todo por los lacitos a los costados, ya que si uno los soltaba, la pequeña prenda caería irremediablemente a sus pies. Karina sin mucha ceremonia se despojó del pequeño sostén, dejando sus turgentes tetas al aire, los hermosos pezones oscuros cubrían una buena superficie.

    -Viste que no hay problemas… total no estoy enseñando más de lo que viste esta tarde en la playa.

    -Solo que esta tarde… tenías puesto el sujetador del bikini…

    -Que bolas… papá tu amiguito se paró… desde cuando no ves un buen par de tetas

    -No… lo que pasa… como te explico… déjalo así… mejor apaga la luz y vamos a dormir

    -Si ya se, lo que vas a decir… que una cosa es tu mente y otra tu cuerpo… que son cosas involuntarias y bla bla

    -Algo parecido, pero mejor vamos a dormir…

    Karina continuaba allí a mi lado solamente en pantaletas, negándose a apagar la luz, mostrándome su cuerpo, como si fuera algo natural, el ajustado slip comprimía mi erecto pene, causándome una enorme molestia, sin pensarlo mucho me levante entre al baño que estaba dentro de la alcoba, rápidamente me quite los interiores, me puse nuevamente los pantalones, espere unos minutos a que mi erección se bajara un poco. Karina continuaba en la misma posición, tratando de no verla mucho me acosté dándole la espalda. Karina era terca como su madre y cuando se empecinaba en algo, no se quedaba tranquila hasta lograr su objetivo.

    Karina comenzó a pasarme su mano por mi espalda en lentas y arrulladoras caricias, el sutil roce de sus dedos sobre mi piel, estaba enervando mis sentidos, casi inconscientemente fui virando mi cuerpo hasta quedar boca arriba, la carpa que se formaba en el pantalón era la prueba más que evidente del estado de excitación en el cual estaba inmerso. La mano de Karina ahora acariciaba mi vientre, sus ampulosos pechos estaban en pleno contacto con mi antebrazo, estaba siendo seducido por mi propia hija. A mi mente volvieron como por encanto aquellos adormecidos recuerdos, cuando comenzó a mostrarme sus pantaletas al sentarse, sus provocativos abrazos, sus preguntas de doble sentido, sus continuos e incitantes restregones con sus duras nalgas, toda una odisea de la que logre salir ileso.

    Lentamente gire hasta quedar los dos frente a frente, ahora era yo quien acariciaba suavemente su angulosa cintura, deteniendo mis dedos sobre el pequeño lazo que sujetaba sus delicadas pantaletas, ella me miraba fijamente mientras su mano derecha se movía algo inquieta muy cerca de mi pene.

    -Karina que pasa si suelto este lacito

    -Pues… lo más seguro es que te pida que sueltes el otro.

    -Tú no te cansas de provocarme… a veces pienso que tu mamá tiene razón, que estas medio loquita.

    -Tu, dándole la razón a mamá…

    -Pues sí… aunque a veces a ti te gusta provocarme…

    -Y quien dice que es solo provocación… hay que ver… a tus 50 y pico de años y todavía no conoces a las mujeres… tú crees que nosotras andamos de regalía y nos insinuamos ante el primer hombre que se nos para al frente, no, no señor.

    -Bueno, en lo referente a las mujeres… no sé, pero en donde no voy a discutir es que de verdad no conozco a mi hija

    -Tu acaso creías, que yo te abrazaba, que te mostraba mis pechitos, te hacia preguntas sobre el amor, te enseñaba las pantaletas de una y mil forma diferentes por tan solo provocarte… si no lo único que falto fue quitármelas y ponerte en la cara mi pochonguita, para ver si te fijabas en mi… la verdad es que eras bien… distraído por decir lo menos.

    Sin pensar en las consecuencias de mis incestuosas acciones, tire de una de las trencillas deshaciendo el pequeño lazo, simultáneamente a que la pequeña prenda dejaba ver claramente los fraternales labios vaginales, Karina tomo entre sus dedos el glande acariciándolo suavemente, nuestros labios se unieron en suave y lascivo beso. A mis manos les faltaba tiempo para recorrer el cuerpo desnudo de mi hija, ella no se quedaba atrás en corresponder mis caricias, los labios permanecían unidos mientras las lenguas eternizaban su impúdica guerra.

    En un momento determinado quede de espaldas sobre la cama con Karina sentada a horcajadas sobre mí, el glande rozaba los abiertos labios vaginales, con un suave pero enérgico movimiento de cintura, la fraternal vagina engullo lentamente la erecta verga. Era y fue indescriptible la divina sensación de penetración, sentir como mi pene se abría paso entre las sensibles entrañas, experimentar como las flexibles y húmedas mucosas cedían ante presencia del erecto invitado, para seguidamente cobijarlo brindándole una cálida envoltura, el desplazamiento de su cintura con rítmicos y lentos movimientos, la candencia de subí-baja, de lado, hacia delante, hacia atrás, rayaban en la perfección. Sus grandiosas tetas se desplazaban al son impuesto por la cimbreante cadera, el cuerpo de Karina tenía tres puntos de apoyo para mantener el equilibrio, sus manos sobre mi pecho y mi estaca incrustada al máximo en la pringada y complaciente vagina.

    Karina tomo entre sus dedos uno de sus pechos, guiándolo con extremada lentitud hacia mi cara, colocando el epicúreo y erecto pezón entre mis labios, al cual chupe con verdaderas ganas, luego realizo la misma operación con la otra teta, mis manos se habían apoderado de aquellas magnificas bolas de carne que conformaban el trasero de mi hija ayudándola en su movimiento de subí-baja, a la vez que trataban explorar el arrugado y oscuro agujero anal. Los músculos de todo mi cuerpo comenzaban a tensarse en clara señal de que el orgasmo se acercaba, la rigidez de mi abdomen casi me impedía el continuo martilleo de pene en su vagina, los dedos de mi mano se aferraban con fuerzas a nalgas de mi hija, tratando en vano que detuviera su lascivo movimiento de cintura. Por el orificio de la uretra, el glande expelía gruesas gotas de semen que bañaban las agradecidas interioridades de la cuca de mi hija. Karina al sentir la abundante eyaculación, abrió sus sensuales párpados, mirándome fijamente a los ojos, sonrío, mientras recostaba suavemente su cabeza sobre mi pecho.

    Karina sin variar de posición, permanecía quieta, el único movimiento lo ejecutaba internamente, sus músculos vaginales trabajaban afanosamente, una delicada actividad masajeadora asediaba mi perceptivo glande, era la primera vez que una mujer me obsequiaba una fricción post-coital, mi hija ponía a prueba toda su sapiencia en aquellos amasamientos, logrando que en pocos minutos mi verga comenzará a erectarse nuevamente, su desplazamiento sobre mi estaca era más enérgico, sus rodillas ahora apretaban mi cintura, sus largos dedos se aferraban con furia sobre mis adoloridos hombros, su cabeza semienterrada en mi cuello, su respiración agitada, la piel brillante por la acción del sudor eran claros indicios que era su turno, que estaba a punto de explotar en un grandioso y placentero orgasmo.

    Ahora fui yo quien continué bombeando de manera inmisericorde, Karina cual muñeca de trapo se dejaba hacer, limitándose a gemir por lo bajo, hasta que alcance a eyacular mi carga seminal por segunda vez esa noche, era la primera vez en mi vida que echaba dos sin sacarlo, realmente una proeza, de donde saque fuerzas no lo sé, o si lo sé, tal vez el morbo de coger con mi hija me dio la resistencia necesaria, continuábamos abrazados, Karina parecía cómoda sobre mi cuerpo y horcajadas, a mí su peso no me molestaba para nada.

    -Papá te voy a confesar algo y no me vayas a poner pretencioso… realmente valió la pena esperar estos 11 años por este polvo.

    -El que debe dar las gracias soy yo, no todos los días se consigue uno con una mujer como tú en la cama… lástima que seas mi hija, porque de lo contrario…

    -Ya que estamos en una de confidencias te diré algo si no te hubieras ido de la casa sin avisar… serias tú y no Juan el padre de esas hermosas niñas.

    -Olvídate de eso… total nunca iba a suceder.

    -No estés tan seguro… ahora de lo si puedes estar súper seguro es que no habrá fuerza en el mundo que me saque de esta cama durante el fin de semana.

    -Estás loca… que piensas hacer con las niñas…

    -Mañana las mando con Juan para que pasen el día y nosotros nos quedamos en la cama, ya que no pienso pasar otros 11 años sin hacer el amor contigo.

    -Cielito estas loquita, ok te reconozco que eres única en la cama, como amante eres perfecta, pero no te olvides que eres mi hija, lo que acaba de pasar bueno… paso, de ahí a otra cosa… la verdad es imposible…

    -En la vida no hay nada imposible… si ya dimos un paso, pues demos el otro y listo… además Juan está allí, es gracias a las circunstancias…

    -Cariño vamos a dormir… mañana cuando estemos solos… hablamos con calma.

    Karina no quedo muy conforme, pero aun así se quedó callada, conociendo lo tozuda que es mi hija, sabía que estaba planeando algo, la abrace cuando me dio la espalda, mi pecho contra su dorso, mis manos jugaban con sus pomposas tetas, mi pene rozaba provocativamente sus amplias nalgas, la lujuria se apoderaba de mis pensamientos, cuando tuve una buena erección, busque colocar mi verga entre sus esplendorosas posaderas.

    -Papá, cuidado con lo que haces… si vas a dejar entre las nalgas vale, pero…

    -Tranquila… una pregunta nada más, tu nunca…

    -Jamás… a ningún hombre le he permitido que me toque el hueco del culo… bueno esta noche a ti… claro tu eres distinto… bueno una vez a una compañera de clases, por una apuesta la cual yo gane

    -Aja… mira pues a la carajita…

    -No vayas pensar cosas que no son… paso lo siguiente, ella era buena estudiante y me caía súper pesada, entonces una tarde hicimos una apuesta que si yo sacaba mejor nota que ella en el próximo examen me tenía que lamer el culo un buen rato… llego el día, Laura se sentaba dos puestos por delante en la fila, a medio examen me levante a preguntar sobre una duda, me fije en su hoja y la tenía a medio contestar, la muy perra quería reprobar, en el fondo sentí unos sentimientos muy confusos, por un lado me alegraba, la tendría lamiendo mi culo y por otro lado estaría yo cayendo en mi propia trampa, a la final María me dio la única y mejor lamida de culo en toda mi vida, con decirte que me hizo acabar como 3 veces.

    El relato de Karina me termino de excitar, inconscientemente trataba de empujar mi pene entre las frondosas nalgas, Karina aguantaba los suaves embates sin protestar pero tampoco colaboraba impidiendo mi avance, luego tomando entre sus dedos el glande, abre sus muslos, guiando el pene hacia la abierta vagina.

    -Papá si te portas bien, a lo mejor… quien sabe y te conviertes en el primero…

    Como toda respuesta mi embestidas aumentaron la velocidad y la profundidad, Karina en respuesta a mi ataque levanto un poco la grupa ofreciéndome un mejor ángulo de penetración, con la única mano libre que tenía acariciaba levemente su hinchado clítoris, masturbándola mientras ella se pellizcaba los erectos pezones, fue un coito brusco, pleno y rápido, nos quedamos dormidos así, desnudos y abrazados.

    El lunes cuando Karina se marchó junto con su mama y sus hijas, quede desolado, vacío por dentro, mi vida se iba en ese auto, ella por el contrario iba feliz, radiante como la luz del sol, pasaron cerca de 6 meses sin tener noticias de Karina, la resignación se había adueñado de mi vida, una tarde mientras preparaba algo de comer, los continuos timbrazos me sacaron de la modorra que da la rutina, con ganas de decirle cuatro cosas a la persona que tocaba de manera insistente el timbre, cuando abrí la puerta me encontré con la agradable sorpresa de Karina con Laura en sus brazos y Vicky parada a su lado, todas sonreían, no paso ni un segundo y ya estábamos todos confundidos en un solo abrazo, desde el carro nos veía Juan con cara de tristeza, luego nos hizo un gesto de despedida, alejándose poco a poco.

    -Papá aquí estoy de nuevo…

    -Cuantos días, fue lo único que atine a preguntar…

    -Te informo dos cosas, primero no deje que pasaran 11 años, segundo aquí vamos a estar hasta que salga el divorcio y si es tu deseo viviremos toda la vida…

    Sin importarme que nos vieran las niñas la abrace besándola en los labios, ella correspondió apasionadamente la caricia, luego la ayude con el equipaje, han pasado 3 años, somos una familia feliz, la niñas ven con naturalidad que su madre duerma conmigo y lo mejor es que han entendido que lo que pase en casa… en casa se debe quedar.

  • Como apareció en nuestras vidas Andrés (2)

    Como apareció en nuestras vidas Andrés (2)

    Mi mujer quería conocer a Andrés personalmente, asique a los pocos días vino conmigo. Hablé con Andrés diciéndole que tanto mi mujer como yo queríamos hacerle una proposición, por lo que lo invitaríamos a cenar después del trabajo, quedamos en un restaurante a las 9 de la noche.

    Nosotros ya estábamos sentados en una discreta mesa al fondo del restaurante, cuando vimos entrar a aquel joven.

    Observé como mi mujer lo miraba relamiéndose los labios, no quedaba duda que aquél chico le gustaba y creo que a medida que se acercaba a nuestra mesa, ella lo desnudaba con la vista.

    Tras las presentaciones de rigor, Andrés se sentó y pedimos la carta. La verdad que observamos tanto mi mujer como yo, lo cortado y tímido que se mostró durante toda la cena, en la cual la conversación fue por derroteros sin ninguna trascendencia y menos cuando en la mesa de la lado se sentaron dos parejas a cenar, estando lo suficientemente cerca como para no hablar de ningún tema íntimo.

    Ya en los postres Andrés no pudiendo más con la curiosidad, nos preguntó el motivo de la cena a lo cual yo le pregunté si conocía algún bar o algún sitio discreto en que pudiésemos hablar con total discreción. Decir que en la cena nos habíamos tomado dos botellas de vino, lo cual hizo que Andrés se desinhibiera en parte, mostrándose más confiado y hablador.

    Nos llevó a un bar que tenía en la parte de atrás un pequeño comedor apenas con dos mesas en el cual la propietaria nos llevó unos cubalibres que habíamos pedido en la barra, yo le pedí que si podíamos utilizar el pequeño salón para mantener una pequeña reunión y no ser molestados, para lo cual le da una buena propina. Nos condujo a aquella pequeña sala y cerró la puerta tras ella.

    Estuvimos un rato ensimismados en cosas y conversaciones sin importancia, ya estábamos con la segunda ronda y a Andrés se le veía más abierto, incluso chistoso provocando risas y conversaciones simpáticas, era muy agradable en el trato y en la cercanía.

    -Bueno la verdad es que la curiosidad me puede y yo creo que ya es hora de hablar de lo que me tengan que decir. -Dijo Andrés.

    -La verdad que lo que te tenemos que proponer es un tema bastante delicado. -Dije.

    -No sé hasta qué punto eres discreto, porque lo que hablemos aquí, independientemente de la respuesta que nos des tiene que ser un secreto. -Añadió mi mujer.

    Yo ya llevaba tiempo observando como Andrés miraba de reojo a mi mujer, sobre todo a sus tetas, que por cierto mi mujer vestía un conjunto algo provocativo.

    -Yo confío en la discreción de Andrés, por eso sé que no dirá nada. -Apostillé.

    -No se preocupen, se guardar un secreto y ser muy discreto… Pero esta situación me comienza a preocupar.

    -No te preocupes -le dijo mi mujer poniéndole una mano en la rodilla

    -Bueno, pues independientemente del resultado de esta entrevista, no queda otra que hablar de ello, llegados a este punto… Dime sinceramente ¿Qué te parece mi mujer?

    La pregunta cogió a Andrés de sorpresa quien quedó unos instantes sin saber que decir, mirándonos a ambos como confuso.

    -Pues… pues… no sé qué decir.

    -¿Te gusta? –pregunté.

    -Yo es que… es que…

    -Contesta sin tapujos Te gusto o no te gusto? -interrumpió mi mujer.

    -Hombre pues… La verdad… es que es usted muy guapa y sí, sí que me gusta.

    -Veras, nosotros somos una pareja muy liberal, a mi mujer le gusta hacer el amor con otro hombre a parte de mí ¿Comprendes por dónde van los tiros?

    -¿Me están proponiendo hacer un trio?

    -Efectivamente. -Sentencié yo.

    -¡UAU!… nunca hubiese imaginado que nadie me hiciese tal propuesta.

    -Bueno, no hace falta que nos contestes ahora puedes pensarlo y eso si, confió en que sea cual sea tu propuesta cumplas tu palabra de total discreción.

    -¿Puedo contestarles ahora mismo? -Mi mujer y yo nos miramos como extrañados.

    -Claro -dijo mi mujer.

    Andrés se levantó de su silla, se acercó a mi mujer le inclinó la cabeza hacia atrás y le dio un morreo de lo menos medio minuto que nos dejó a ambos sin palabras.

    Andrés se sentó de nuevo en su sitio y mirando a mi mujer nos preguntó.

    -¿Contesta eso a su pregunta?

    -Joder que si contesta.

    Ni que decir tiene que el resto de la velada transcurrió más ameno, conseguimos después de insistir a Andrés varias veces que nos tuteara, y como en el hotel que nos alojamos esa noche es un hotel muy pequeño, no consideramos oportuno el iniciarnos ya en nuestros amoríos. Concertamos una cita para el sábado, donde llevaríamos a Andrés a nuestra casa de retiro en el campo. Yo lo recogería en la estación de autobuses y después el domingo lo acercaría a su casa. El diría a su madre que se iba a una casa rural con un par de amigos el fin de semana. En fin que en los dos días que separaban aquella reunión con la cita ultimamos todos los detalles.

    Y llegó el sábado, a las 12 de la mañana hacia entrada por la puerta con mi coche y al lado sentado Andrés, mi mujer nos vio llegar y salió a la puerta a recibirnos. Estaba preciosa, vestida de forma muy picaresca dejando ver todo el canalillo de sus tetas y una minifalda que lucía todos sus muslos tan bien pincelados por la madre naturaleza y aquello no pasó desapercibido a Andrés quien le hizo una fotografía de arriba a abajo.

    -Esta preciosa. -Dijo Andrés dando un par de besos a mi mujer en las mejillas.

    -Muchas gracias, me he puesto así de guapa para los dos.

    Comimos y después nos tomamos unos cafés y unas copas, la sobremesa fue muy animada y desde luego que Andrés sabía animar el ambiente, era muy simpático y tenía buenas ocurrencias que hacia descojonarnos de risa.

    La tarde iba pasando y Andrés no hacía mención ninguna a lo que nos esperaba. Y llegó la hora de cenar, y cenamos, pero Andrés no mostraba la más mínima disponibilidad. Hasta que por fin viendo que se acercaba la hora.

    -Tengo que haceros una confesión… Soy virgen.

    -…

    -Nunca he hecho el amor con ninguna mujer, no sé si daré la talla y no sé si estaré a la altura de lo que esperáis.

    -No te preocupes, yo estoy aquí para lo que necesites.

    .-Esta situación me pone muy nervioso.

    -¿Y no has pensado en estos dos días en mi mujer?

    -¿Que si he pensado?, si me he matado a pajas.

    Aquella respuesta nos hizo lanzar una gran carcajada. Mi mujer se acercó a Andrés y comenzó a pasarle la mano por la pierna.

    -No te preocupes, tú déjate llevar y lo demás vendrá rodado. -Le decía mi mujer mientras lo besaba y le había puesto ya la mano en la entrepierna-Por el momento tu polla ya comienza a reaccionar… ¡Qué suerte tengo, me voy a follar a un yogurín!

    Andrés respondía a sus insinuaciones besándola y pasándole la mano por las tetas por encima de la ropa.

    -No me gusta que me toquen las tetas con filtro. -Mi mujer se incorporó quitándose la ropa y el sujetador. Andrés admiraba aquellas tetas con la boca abierta. Poco a poco mi mujer fue desnudando a Andrés hasta que su polla quedó al descubierto. Estaba claro que no era como la de Luis, pero tampoco estaba mal. Mi mujer comenzó a hacerle una paja muy lentamente mientras se morreaban y Andrés le magreaba las tetas.

    De vez en cuando miraba hacia mí como pidiéndome permiso, yo solo asentía como aprobando su conducta.

    Mi mujer se agacho y se metió la polla en la boca. Andrés dio un gemido de placer, pero mi mujer no quería que se corriese tan pronto asique notando una gran excitación se la sacó de la boca.

    -No quiero que te corras tan pronto… paremos un momento y tomémonos un cubata.

    Al rato nos fuimos a la cama, decidimos que Andrés miraría mientras yo me follaba a mi mujer, esto lo tenía muy excitado y al intentar hacerse una paja mi mujer le decía que no se masturbase, así que me quite yo de encima y mi lugar lo ocupó Andrés, quien comenzó a follarsela y casi sin darnos tiempo a reaccionar se corrió en todas las tetas de mi mujer, dando un alarido de placer provocado por el orgasmo que acababa de tener.

    Se tumbó boca abajo sobre la cama casi sin respiración y al poco se quedó dormido. Mi mujer y yo nos quedamos contemplándolo sin saber muy bien que hacer. Ante aquella situación a mí se me quitó la excitación, me acosté del otro lado y me quedé dormido.

    Pasadas unas horas mi mujer se incorporó y se fue para la salita, me iba a levantar cuando sentí que Andrés se levantaba y también fue hacia la salita. Yo me levanté y observé desde la puerta entreabierta.

    -Siento lo que ha pasada, la verdad es que no estuve a la altura de lo que seguro esperabais.

    -No te preocupes, no pasa nada. -Le decía mi mujer.

    Mientras hablaban allí desnudos los dos, mi mujer le tocaba las piernas y como el que no quiere la cosa le pasaba de refilón la mano por la polla, la cual comenzó a ponerse en erección. Se daban largos morreos. Mi mujer se tumbó y cogiéndole la mano a Andrés se la pasaba por el coño.

    -Méteme un par de dedos en el coño

    Y Andrés hacia lo hacía.

    Comenzó a hacerle una paja a mi mujer la cual mostraba signos de comenzar un orgasmo.

    En una de esas que mi mujer medio se incorporó, me vio observando desde la puerta y con una señal me pidió que no saliese. Aquello me comenzaba a excitar, parecía la misma escena que la primera vez que Luis se folló a mi mujer.

    -Cómeme el coño.

    Andrés se perdió entre las piernas de mi mujer y observaba por la cara de mi mujer que no sabía hacerlo, pero ella poco a poco le fue poniendo en situación, se colocaba adrede y así acomodándose se ve que Andrés acertó a introducirle la lengua y a pasársela por el clítoris. Mi mujer tuvo un orgasmo sujetando la cabeza de nuestro anfitrión observé como le temblaban las piernas. Yo por mi parte me estaba haciendo una paja lentamente. Por fin mi mujer le retiró la cabeza de entre sus piernas y arrodillándose se la comenzó a mamar lentamente, no quería que se corriese. Así estuvo unos minutos y cuando estuvo a punto mi mujer se retiró y le sujetó fuertemente la polla para interrumpir el orgasmo. Pasado un minuto comenzaron un fuerte magreo y a comerse los labios.

    Mi mujer se puso a cuatro patas sobre la alfombra y Andrés comenzó a follarla de perrito. Al principio le decía que despacio poco a poco y así cuando veía que Andrés quería acelerar lo frenaba.

    Cambiaron de postura, ahora era Andrés quien se puso debajo y me mujer comenzó a cabalgarlo, mientras Andrés le magreaba a la vez ambas tetas, cuando mi mujer se agachaba Andrés se metía las tetas en la boca alternativamente, lo cual excitaba sobremanera a mi mujer.

    Pero tampoco así consintió mi mujer que llegase al orgasmo y al notar que estaba a punto de correrse se quitó de encima. Pasando a ponerse encima del tresillo con las piernas bien abiertas para que Andrés la follase. Andrés no lo pensó, se puso encima y de una embestida le introdujo toda la polla comenzando un vaivén. Llevaban un minuto cuando mi mujer le dijo que no se corriese dentro que lo hiciese en su boca. Andrés se incorporó y le metió la polla a mi mujer en el boca, la cual disfrutaba de aquella follada que le estaba dando haciendo que en sus vaivenes la polla se perdiese completamente en su boca y por fin Andrés se retorcía y le pego tal corrida a mi mujer en la boca que esta fue incapaz de tragarse tanta leche.

    Yo por mi parte también me corrí y así termino aquella primera noche.

  • Néstor

    Néstor

    Continuación de “La infausta cena”.

    ******

    Dos pensamientos corrían por mi mente esta tarde del martes. Habíamos acabado de comer; hoy todo ha sido más normal. Habíamos regresado después del baño en la piscina a casa y me tumbé en la cama para poner unos correos y unos whatsapp a mis amigos más “guasaperos”. Gaspar me había dejado en casa y siguió el camino hacia la suya en el coche y solo me dijo “te llamo o vengo”. Hemos comido temprano en casa del tío Paco, a quien hemos acompañado mi papá y yo. Tío Paco se fue a su habitual siesta, mi padre tenía que hacer unos asuntos, pero antes se interesó por mí.

    —”¿Qué tal os fue ayer?, dijo con los ojos muy abiertos.

    —”Bien, fue divertido, pocos chicos, muchas chicas y bastante tontas”, contesté.

    —”¿Cómo es eso?”, preguntó.

    —”Ya, tú sabes; son pasivas, hacen jueguitos y esperan que los chicos las distraigamos haciendo lo que ellas quieran…”

    —”Pero…, me parece que tú eres difícil de domar y… de Gaspar… creo que lo mismo”, interrumpió acertadamente mi padre.

    Luego me dijo que ya estaba todo casi acabado y en notaría para hacer escrituras, pero previamente a las firmas tenía que explicarme todo muy detenidamente, para que le diera mi parecer. Y por más que le dije que yo no sabía nada de todo lo que estaba haciendo, me dijo que hablaríamos juntos y luego con tío Paco y, según eso, él ya dispondría ante notario los retoques finales. La verdad es que me dejó por un momento intrigado y solo pregunté:

    —”Pero…, ¿va todo bien?

    —”Nunca ha ido mal, pero quiero que vaya mejor, me contestó y se fue a su habitación diciendo que tenía que revisar unas cosas antes de que se levantara de la siesta tío Paco, porque luego iban a ultimar unos detalles.

    —”¿Tienes algo que hacer esta tarde?”, preguntó.

    —”Esperar a Gaspar”, respondí.

    —”Bien, no te pregunto cómo lo estás pasando, porque se te ve en la cara; me parece que te diviertes bastante… ¿sí o sí?”, dijo sonriendo.

    Nos reímos un momento para despedirnos hasta la noche. Yo me senté en un sillón esperando que llamara o viniera Gaspar. Lo que me estaba apeteciendo es ir otra vez al río. Hacía calor y no se podía pasear por ninguna parte, lo único que valía la pena era estar en casa a la sombra o irse a bañar porque se notaba menos el calor. De momento abrí la novela que me traje para leer algo. La había dejado en el comedor para entretenerme con ella si había que esperar para algo. Pues en eso estaba. Abrí la señal y me encontré en la página 96. Le di la vuelta al libro pensando que el número se convertiría en un 69. ¡Mierda! ¿Cómo había sido tan torpe? Pero así y todo lo hice varias veces y siempre me daba 96. ¡Joder con los números! Es por eso que no le toca a todo el mundo la lotería, porque los números son juguetones. Luego me entretuve en la siguiente página y peor, porque el 97 con la página vuelta al revés no es ningún número, tanto es así que mi ordenador es incapaz de poner el 97 al revés si no es con un dibujo. Entonces me dediqué a recorrer las páginas fijándome en los números, sumando números, multiplicándolos, restando y haciendo todo tipo de combinaciones matemáticas. Con todo esto me quedé transportado a un onírico pensamiento, donde medio dormido estaba pensando en el 96, pensando que estaba muy lejos de Néstor. No podría tener nada con él porque nuestro número era el 96, es decir, estábamos de espalda uno con el otro. ¿Quién podría encararnos?, ¿quién nos juntaría?, ¿quién facilitaría un encuentro cara a cara? No podrá haber nada entre nosotros, porque yo estaba muy amarrado a los planes de mis primos que no me dejarían suelto y Néstor no se atrevería a pasar olímpicamente por la frontera que marcaban mis primos. Además vi que Néstor y Gaspar no estaban el uno por el otro ni para hacerse favores de vida o muerte. Estos pensamientos me llevaron a una modorra y caí en los brazos de Morpheus. Debió ser poco tiempo porque al rato escuché los gritos de Gaspar y desperté, me sequé con el brazo las babas que ya me habían salido y con la otra mano acomodé la erección que en el sueño y las ganas de orinar habían provocado. Aparecieron por el comedor, cuando me estaba levantando para ir al baño, Gaspar y Fernando. Me extrañó la presencia de Fernando, pero me puso contento verle. Les dije que iba un momento a orinar y que me esperaran. Me lavé la cara y atusé con un poco de agua mis cabellos. Acomodada bien mi polla en el fuelle del short tras la erección bajada, regresé al comedor, me puse delante de mis primos que se habían sentado en otros dos sillones. Me miraban.

    —”Te has dormido”, dijo de repente Fernando.

    —”¿Lo dices porque me he lavado la cara?”, pregunté.

    —”No; porque se te ha caído tu novela al suelo”, me dijo agitándola con la mano.

    Le tomé la novela, la cerré y la puse en el lugar donde la dejo siempre, bajo el televisor; en mi casa hago lo mismo con los libros que leo.

    —”¿Qué tal de interesante ha sido lo que leíste?”, preguntó Fernando.

    —”Nada interesante, porque no he leído nada; se ve que apenas comenzar a leer me dormí”, respondí medio avergonzado.

    —”Ya; pero…, la erección que tenías…, ¿indica que no has leído nada?”, añadió inquisitorialmente Fernando.

    —”Lo juro por la vida de mi madre que no he leído nada”, dije taxativo.

    —”¡Ea!…, ¡vámonos al río!”, soltó Gaspar para bajar mi tensión, y añadió de cara a Fernando: “Y tú, ojo, no molestes al primo”.

    Salimos de casa y estaba el coche de Fernando esperando para que nos subiéramos y nos fuéramos al río. Fue la mejor idea. De eso hablamos en el coche, de que yo lo estaba pensando y que parecía que habíamos coincidido. Fernando, que hablaba más que Gaspar y yo juntos, decía que a estas horas o haces la siesta o te bañas en el río o en una piscina, pero que mejor era el río, refrescaba más, que el agua de la piscina, por muy depuradora que tuviera, era agua estancada, y en el río había vida. La verdad es que hay árboles a la vera del río, matorrales, plantas con flores, abejas, avispas, algún perro, y en ciertos lugares del río incluso hay peces, barbos, dicen que truchas más arriba, y otros que desconozco. Pero la verdad es que el río es vida, mucha vida.

    Llegamos al lugar de costumbre de Gaspar y, al parecer, de Fernando y aquello parecía solitario. No se escuchaba nada más que el rumor del agua que en ese sitio, por hacer un ancho, era más silencioso. Pero, de repente, emergió del agua casi en la otra orilla un nadador, que nadaba a brazadas lentas, con la cabeza metida dentro del agua y un nadar acompasado y rítmico. Nos quedamos observando y yo descubrí que nadaba desnudo, porque veía asomar intermitentemente en el ritmo de la natación sus nalgas por encima del agua. Fernando dijo que creía saber quién era, que le parecía el hijo de Ambrosía, la viuda de la plaza de la iglesia. Gaspar, mirándome fijamente a la cara, me dijo que era Néstor, el que había venido a la fiesta. Imaginé que a aquel sitio iban los chicos del pueblo con frecuencia y serían los más atrevidos porque se desnudaban, lo que no harían si fuera excesivamente concurrido. Todo esto lo averigüé días después. En efecto, había otro lugar más cerca del pueblo y con menos profundidad donde iba la gente habitualmente. Por eso este paraje era más discreto y privado y todos decían que ahí iban los nudistas, algunos decían que era lugar para maricones. Mis primos decían que era su piscina pero que permitían que otros fueran, ya que no eran muchos. Lo que me extrañó es que no acababan de creer que allí estuviera Néstor, porque él no iba con frecuencia. Fernando decía que no lo había visto nunca allí y Gaspar que lo había visto muy pocas veces, pero que no le extrañaba, porque sabía que nosotros íbamos a ir, pues había hablado con Lorena por teléfono y ella le había dicho que iríamos al río. Saber donde iban Gaspar y Fernando no era necesario leerlo en algún libro, era sabido por todos los amigos y conocidos. Además los mellizos en el pueblo tenían buena fama porque eran alegres y serviciales y siempre ayudaban satisfactoriamente a quien les pedía algo; pero también decían que eran un poco “rarillos”. Ese modo de hablar, típico de un pueblo pequeño no era de extrañar y a mis primos les pasaba por el culo lo que pudieran decir porque eran muy liberales. Lo único que les ponía molesto es que no distinguieran entre ellos a Gaspar de Fernando, ambos eran maricones para el común de los mortales del pueblo, cosa que a la mayor parte de la gente les parecía mal y a otros les parecía normal. Pero a ellos les parecía injusto. Gaspar decía que su hermano no tenía su categoría, que los honores de ser gay eran suyos y Fernando era un perfecto heterosexual como cualquier puto hijo de vecino. Estas cosas las decía Gaspar con tal convencimiento que Fernando asentía con total confirmación con el mismo convencimiento. Es que los dos mellizos se conocían pelo por pelo uno al otro, y se habían defendido siempre uno al otro. Tanto es así que a Gaspar le parecía que los desprecios que él recibía por ser gay por parte de algunos homófobos no tenían por qué repercutir en Fernando, ya que no era gay, y Fernando decía que no era justo que una persona fuese despreciada por algunos descerebrados (usaba ese término con frecuencia) por ser gay, porque para nada les afecta a ellos. Y me decía con energía:

    —”El único que podría quejarse de todo eso soy yo, porque yo lo he vivido con él y lo he visto sufrir y lo he defendido desde que tenemos uso de razón. Ni mis padres sabían ni preveían nada y yo ya lo supe, incluso antes que Gaspar. Cada uno es como es, y te puedo asegurar que Gaspar no se ha hecho así, porque ha trabajado mucho y yo le he ayudado en ello para no ser gay. Al final hemos tenido que sucumbir. Somos lo que somos y como somos hemos de estar contentos. Hemos vivido siempre juntos, nos hemos entendido, hemos peleado por muchas cosas, hemos discutido, pero nuestro género no ha sido nunca un freno para nada. Pero casi nadie quiere entender esto, porque no han vivido nunca cerca de un gay, de sus pensamientos, de sus deseos, de sus sufrimientos y de su innecesaria vergüenza sufrida; no es justo.”

    Durante todo este discurso Gaspar guardaba silencio, pero se sentía con fuerza porque había sentido siempre el apoyo de su hermano. Además, su hermano le había enseñado, respetando su diversidad, a no hacer ascos de salir, jugar o divertirse e incluso de bailar con chicas. Según Gaspar, Fernando le decía: “tú has de ser un gay completo y perfecto, sentirte como los demás o mejor y tratar a los demás como personas sin distinguir sus diferencias”. Escuchaba yo a los hermanos muy gustoso, pero en eso llegaba Néstor y se paró dentro del agua cuando le cubría hasta la cintura. No se atrevía a salir por lo que pudiéramos decir. Con señas le dijo Fernando que saliera del agua. Y Néstor avanzó a la orilla. Nos saludó a los tres y preguntó si nos íbamos a bañar y si él molestaba. Me sorprendí de la respuesta de Gaspar:

    —”Tú no molestas, ni puedes molestar por estar aquí. Este es un lugar de todos. Estabas solo y ahora somos cuatro; si viene alguien más, seremos cinco o seis, ¿qué más da? A divertirnos se dice…”

    Gaspar se quitó el short y las zapatillas, me quité el short solamente porque había venido descalzo. Fernando se dispuso a desnudar más lentamente porque llevaba pantalones largos, slip, teléfono, llaves del coche, toalla… etc., pero no le esperamos, nos metimos al agua y detrás nuestro se lanzó Néstor. Pude ver cómo no había absolutamente nada serio entre Gaspar y Néstor y después de nadar hasta la otra orilla, esperamos allí a Fernando, sentados al borde del río, con las nalgas y piernas dentro del agua, dejando al aire nuestras pollas para que les diera el sol. Venía muy deprisa nadando Fernando. Parecía un verdadero atleta, menudas brazadas daba, le hacían adelantar el doble que a nosotros tres y sin sacar la cabeza del agua durante toda la travesía. Tenía buena capacidad pulmonar. Llegó fatigado y se sentó al lado nuestro. Estábamos, según la corriente del agua, Gaspar, yo, Néstor y Fernando. Aquello era un cuadro, nunca mejor dicho, bastante raro y simpático: dos chicos homosexuales convencidos, uno heterosexual convencido y uno que no sabía qué era ni estaba convencido de nada. Pero esto le hacía sufrir.

    Comenzamos a hablar de nuestras cosas y lógicamente salió el caso de Néstor. Sobre todo lo que salió era su sufrimiento por no saber qué era, ni si sabía o sabría ser cómo se es. Él decía que algunas veces había dicho que era gay, otras veces que no lo era. Pero nunca era por esconder sino por no saber, por no poder distinguir. No sabía distinguir si los sentimientos eran un gusto personal por la transgresión y un efecto de su ser. Pero a veces se sentía gay, otras le parecía que eso era un error en él. No encontraba a nadie que le orientara, le escuchara, porque, según decía, todo el mundo habla, pero nadie escucha. Yo necesito hablar y me falta alguien que me escuche. Fernando propuso cenar esta noche los cuatro en “La Victoria”, un pequeño bar y restaurante a las afueras del pueblo y luego con la confianza de haber estado cenando juntos podríamos hablar con tranquilidad y propuso:

    —”Jess, que tiene más mundo, porque es de ciudad, llevará personalmente la mano en la conversación y todos aprenderemos”.

    —”Sí, personalmente, creo que es cometido de Jess”, dijo Gaspar.

    —”A mí me parece que eso es lo adecuado”, añadió Néstor.

    Cuando dije que eso era una tiranía en la democracia porque ellos determinaron sin decir yo mi parecer, me callaron los tres siseando con el dedo sobre los labios, no quisieron escuchar y querían dar todos la razón de la decisión.

    —”Es justo que sea así, yo no soy gay dijo Fernando y podría decirle muchas cosas, pero en caso de practicar algo, yo no podría. No he podido nunca con mi hermano y a él le hubiera gustado, pues menos en estas circunstancias. Jess es el indicado”.

    —”Eso que dice Fernando es lógico; yo tampoco soy el indicado, porque le podría dar mucha teórica, menos que tú se volvió Gaspar de cara mí porque tu horizonte de ciudad es más amplio, nuestra experiencia acaba en el pueblo, y si hubiera que practicar algo, ya sabéis quién es mi novio, tendría que preguntarle y no me lo permitiría, para qué, pues”, concluyó Gaspar.

    —”Yo estoy en lo mismo; creo que has de ser tú, Jess, quien me diga algo, me escuche y me aconseje. Tú tienes más anchas las fronteras, además como no eres del pueblo voy a tener más confianza, y creo que ellos y abrió los brazos señalando a los mellizos lo comprenden. Estamos los tres de acuerdo.

    —”Pues yo ya qué voy a decir…; esto ya se impone por su propio peso. Estoy dispuesto a lo que sea necesario”.

    Entonces dijo Fernando, el organizador de todo:

    —”Cenamos los cuatro y conversamos con toda normalidad; luego, si queremos pasear, vamos por el campo, o, mejor aún, Gaspar y yo jugamos al billar que allí tienen, que hace una eternidad que no he jugado, y vosotros vais a donde queráis y habláis. La noche es buena, hace menos calor, pero conviene venir con camiseta, porque refresca un poco”.

    —”Si, papá”, dijimos todos a coro y nos reímos todos juntos.

    Entonces se me ocurrió pensar que Néstor no había venido con nosotros y le pregunté en que había venido, y dijo:

    —”Corriendo campo a través para hacer ejercicio; sabía que ibais a venir, me lo dijo un pajarito…”

    —”Que se llama Lorena…”, dijo Fernando.

    —”Eso, sí…; lo sabía porque me lo dijo Lorena y quería ver si podíais aceptarme, y os lo agradezco de verdad”, dijo Néstor.

    —”Ahora te vendrás con nosotros; no vas a empezar a correr otra vez, que luego tendrás hambre y no nos dejarás cena”, dijo Gaspar con mucha gracia.

    De las últimas palabras de Gaspar me alegré mucho, porque eran muy sinceras y quería la amistad de Néstor. Cruzamos a nado el río los cuatro juntos. Nos secamos, nos vestimos y nos fuimos a donde habíamos dejado el coche, no muy lejos.

    Tarde espléndida. Los rayos crepusculares del sol debilitados pero, abiertos como abanico a través del horizonte montañoso, daban un tinte rojizo a todo el paisaje. Unas pocas nubes, pequeños cúmulos estriados, iban apoderándose del horizonte como deseando cubrir como una sábana al sol para que duerma arropado toda la noche. Los árboles comenzaron a ponerse de un marrón chocolate llenos de tristeza por tener que pasar la noche a la intemperie y una bandada de pájaros cruzó por encima de nosotros para desaparecer de inmediato, como si nuestra decisión de irnos hubiera sido para ellos un aviso a retirarse. Cerca de donde estaba el coche dos liebres corrían asustadas por nuestro paso y nosotros, habiéndonos bañado de este bienestar de la tarde, subíamos al coche felices de ser cuatro amigos muy diferentes uno a los otros pero sabedores de que el entendimiento entre las personas pasa por aceptar al otro tal como él es, incluso tal como no sabe ni siquiera como el otro es. Me senté en el asiento trasero junto con Néstor y noté que estaba feliz. Delante estaban los dos mellizos y noté igualmente que estaban felices de haberse granjeado un amigo en el marco de la sinceridad y la intimidad. Yo me encontraba como quien vuela a dos palmos del suelo, me envolvía la responsabilidad de orientar a Néstor y no hacerle daño con mis errores, pero muy feliz por tener la oportunidad de escuchar a una persona que había sufrido mucho en silencio sin saber a qué atenerse. Esa persona era Néstor, un nuevo amigo en mi vida. Ya era evidente que este viaje valía la pena y me iba a hacer gozar como nunca en la vida.

    *****

    Cenamos los cuatro juntos en “La Victoria”. Modesta cena, aunque de rica cocina tradicional de pueblo: unas carnes asadas y del mismo modo unas verduras. La jarra de cerveza se llenó tres veces. No apetecía ninguno de los postres ofrecidos y decidimos tomar los cuatro una grapa cada uno para “fortalecer el ánimo”, como decía Fernando. Se hizo el grande Fernando por querer pagar aquello y se lo agradecimos. Luego me dijo que su padre le había dado dinero para que fuéramos a cenar a algún sitio, de modo que todo estaba previsto, a excepción de la agradable presencia de Néstor. La grapa hizo su efecto rápido y comenzamos a hablar y hablar y a decir de todo hasta que nos quedamos solos en el restaurante, y comenzaron a limpiar. Antes de irnos Fernando nos invitó a otra grapa y él tomó un largo vaso de agua, porque tenía que conducir.

    Salimos a pasear y de inmediato nos quedamos emparejados. Los dos mellizos por una parte y Néstor conmigo. La conversación fue larga. Néstor en realidad no sabía si era gay o no y pretendía que yo se lo resolviera. En realidad, a mí me parecía que era gay, enseguida intuí que quería ser gay, que tenía unas amigas y una de ellas muy peculiar, que tenía cierto reparo a creerse de verdad homosexual y más que lo creyeran en serio y formalmente los demás y le planteé una posible solución, después de un montón de preguntas sobre asuntos de su vida, familia, amigos, luego concluí con estas:

    —”¿Lo has pasado bien con nosotros?”

    —”Si, verdaderamente bien, de puta madre”, respondió.

    —”¿No te has sentido raro o fuera de lugar?”

    —”De ninguna manera; ahora estoy contigo como si hubiera estado siempre”.

    —”¿Has sentido deseos de tener sexo con un chico alguna vez?”

    —”Si, pero imposible”.

    —”¿Has sentido deseo de tener sexo con alguno de nosotros tres?”

    —”¿Quieres que te diga la verdad?”, preguntó.

    —”Quiero que me respondas a todas las preguntas, ¿has sentido deseo de tener sexo con alguno de nosotros tres?

    —”Sí, toda la tarde…, waw…, como te digo esto…, he venido casi para eso…; sí, sí lo he sentido; quisiera tener algún tipo de sexo contigo para descubrir si de verdad es eso lo que siento o quiero o me va, o todo es cosa de una chiquillada…”.

    —”Hombre, me lo pones fácil, estás a tiro; cualquier homosexual está más difícil que tú ahora”, le dije.

    Miré atrás, por la carretera y vi muy lejos la silueta de los mellizos y un poco del resplandor de la luz del pueblo llegaba a donde nosotros; además, la noche era buena y nos veíamos muy bien uno al otro. Metí mis manos por detrás de su short y me agarré a las nalgas, acerqué mi boca a su boca y lo besé. Entreabrió los labios para que pudiera meter entre sus labios uno de los míos, luego saqué un poco la lengua para tocar sus labios y me respondió del mismo modo de manera que se tocaron las lenguas y le metí la mía dentro de su boca jugando con la suya. Noté que se había apasionado ya, porque se le había puesto una erección de espanto que yo, al apretar con mis manos sus nalgas y echarme su cuerpo más próximo al mío, notaba sobre mi ingle. Me agarró por la espalda y aproveché para sacarle la camiseta y él hizo lo mismo con la mía. Volví a meter mis manos en sus nalgas y me siguió haciendo lo mismo. Entonces comencé a calentarme y me vino igualmente la erección. Con mis manos y muy suavemente le bajé el short a la altura del muslo y levantando yo un pie, primero con la rodilla y después con el pie le bajé el short hasta los tobillos y le dije al oído:

    —”Mi querido Néstor, sácate de los tobillos el short, y no seas maricón que puedes tropezar y caerte”.

    Se agachó para sacárselo y yo me bajé los míos, hasta las pantorrillas, nos dimos un golpe no muy fuerte con la cabeza y se nos escapó una risotada. Eso nos calmó un poco para no ir tan rápido y para hacer todo lo que teníamos que hacer con más ilusión y ganas.

    Totalmente desnudos, le propuse que nos masturbáramos, y se agarró a su polla y comenzó de inmediato a cascársela. Le tomé de la mano y se la puse en mi polla:

    —”Tú a mí y yo a ti, ¿entendido?”.

    —”Entendido”.

    Néstor, me estaba sacudiendo con dificultad la polla, ya se veía que no había masturbado nunca a nadie. Entonces me dispuse a masturbarlo suave y delicadamente. Eché saliva sobre la palma de mi mano en cantidad generosa y rodeé con mi mano su polla para que sintiera la humedad de la saliva como yo sentía el calor de su falo. Estaba palpitando como lo hace el corazón, lo que pensé que estaba acudiendo a las venas de su pene toda la cantidad de sangre requerida para tener la polla muy dura y conseguir una fuerte erección, por eso notaba por momentos que iba agrandándose considerablemente su polla y el capullo seguro que se le iba amoratando, aunque la penumbra de la noche no dejaba ver claro. Néstor pretendió hacer lo mismo y le dije que no.

    —”Si vas haciendo lo mismo estarás más pendiente de mí que de ti y no lo vas a disfrutar. Luego me la cascas tú a mí y lo gozamos los dos. Cuando ya lo hayas hecho una vez, lo harás cada vez mejor”, le dije al oído muy despacio e íntimamente como si no quisiera que nos escuchara alguien, lo que, por demás, era imposible; todo era cuestión de poner un marco de profunda intimidad.

    Como no había nadie, supo a tanta intimidad que empezó a abrazarme, acariciar mis nalgas, arrimarse para que su polla, mi mano y mi pubis se unieran. Había llegado al deseo. Entonces comencé a dar suaves apretones a su polla al compás de sus palpitaciones para que sintiera su erección en el interior de su vientre y con la otra mano le acariciaba el perineo donde sé que hay multitud de terminales nerviosas que le estaban excitando. Néstor ya tenía la boca llena de saliva que no podía contener y lo besé para probar el sabor de su boca con la saliva fresca y tan líquida. Más sabrosa que el agua era la saliva de Néstor. Le gustó y hacía lo mismo conmigo de modo que los dos probamos nuestras salivas mezcladas. Abrazados y con los suaves apretones que le daba a su pene, comenzó a delirar, estiraba su cuerpo como quien se despereza y echaba su cabeza hacia atrás como queriendo que su polla se quedara enhiesta en su delantera. Entonces haciendo un anillo con los dedos de mi mano comencé a frotarle el pene haciendo que su prepucio se desplazara con mi mano. Mis dedos hacían todo el recorrido desde la base del pene hasta el capullo, al bajar me llevaba el prepucio hasta donde podía para que le doliera algo y al subir apretaba la parte más sensible del capullo en el anillo. Muy útil fue su líquido preseminal que ayudaba a deslizar mis dedos más fácilmente y comenzaron los espasmos. Néstor ya no se podía aguantar y no podía articular palabras; estaba ya sintiendo un placer extremo y, después de henchir el pecho como para llenarse de aire, sopló fuertemente y comenzó a brotar su semen como un auténtico surtidor. Los chorrones de lefa, debido a la proximidad de nuestros cuerpos se vinieron a mi abdomen, al pecho e incluso un poco se me vino a la barbilla. Me dejó el cuerpo hecho una lástima y cayó todo el Néstor completo en mis brazos, inclinando su cabeza sobre mi hombro mientras nos besábamos. Con un dedo recogí el esperma que había en mi barbilla y lo coloqué en los labios de Néstor. Lamió su propio esperma y se lo tragó sin más protocolo. Recogí una buena cantidad de mi pecho, ya se había puesto pegajosa pues era muy espesa, y volví a hacer la misma operación. Néstor, como un perfecto goloso, se lo iba a tragar y, dándole un pequeño apretón en la nuez del cuello, le dije al oído:

    —”Déjame probar”.

    Abrió su boca, sobre la lengua tenía algo de su esperma, y tomé parte que saboreé mientras lo besaba. Néstor hizo lo mismo. Luego, cuando se hubo calmado y con el deseo que yo sentía porque me estaba picando la punta de mi polla, le invité a que tratara de hacer lo mismo conmigo. Me masturbó, ahora sí, con verdadera maestría. Su satisfacción le ayudó a hacerlo tan bien que me estaba haciendo delirar. Noté que se había vuelto a empalmar y me puse a masturbarlo yo también. Los dos nos vinimos al mismo tiempo. Nuestros cuerpos estaban pringados de lefa y, como quiso mezclar las dos lefas, se me abrazó restregando su abdomen contra el mío. Las dos pollas estaban húmedas y unidas. Entonces se agachó para mamarme la polla haciendo un recorrido con su lengua desde mi tetilla derecha hasta la polla y recogía cuanto semen había en todo el recorrido. Me hizo una mamada espectacular y volví a ponerme de manera que sentía como si mi esperma fuera de nuevo a brotar.

    —”Oye, nene, que me voy, que me voy”, dije y ya no pude hablar.

    Él solo hizo un ademán de saber que yo iba a eyacular y no quiso sacar su boca de mi polla. No sé si es que con los cinco chorros que le obsequié había poco caldo o que el tío tiene buenas tragaderas. Me parece más esto último por lo que ya contaré más adelante. Lo incorporé tras succionar y limpiar mi polla y nos dimos un fuerte abrazo con picos sin cesar, saboreando nuestras lenguas que tenían impregnadas las papilas del semen de ambos. Lo disfruté. Néstor me lo hizo disfrutar. Néstor lo gozó y estaba radiante. Con unas servilletas de papel que había recogido yo del restaurante, lo limpié y luego me limpió él a mí. Nos vestimos y fuimos a juntarnos con los mellizos, mientras le dije:

    —”¿Qué? ¿Te ha gustado?”

    —”Ha estado super genial; jamás me imaginaba que se podía disfrutar tanto”, respondió.

    —”Mañana no puedo, —le dije— pero el jueves quedamos, creo que en mi casa podemos merendar los dos y luego pasamos a la segunda lección, ¿te parece?”

    —”Genial”.

    Los mellizos no parecían desesperados, se habían entretenido entre ellos, pues tienen muchas habilidades. Habían entrado en un bar de la gasolinera y se habían refrescado con unas coca-colas. No hicieron ni el más mínimo comentario a lo nuestro, ni cosa alguna preguntaron.

    Subimos jugueteando al coche con amena charla, dejamos a Néstor en la puerta de su casa que no dudó en darme un beso de despedida:

    —”¡Hasta el jueves!”, dijo secamente.

    —”Hasta el jueves, guapo”, respondí.

    Luego, mientras me llevaban a casa, les comenté lo del jueves y solo Gaspar dijo:

    —”¿Va en serio?”

    —”Solo para enseñar y ayudar a descubrir; mi objetivo está en otra parte, pero es un absoluto secreto, que de momento no declararé ni por todo el oro del mundo.”, dije tan tranquilo y firme que no hubo más preguntas.

    Frente a mi casa bajamos los tres del coche. Me abracé a los mellizos, a los dos a la vez y les di un beso a cada uno. Fui correspondido de la misma manera. Me esperé a que se fueran. Antes de entrar en casa, me brotaron unas lágrimas en los ojos. Mucho ha sufrido Néstor y necesitaba mi ayuda.

    Entré a la casa y no había nadie, pero la luz de una lampara de pie estaba prendida, así que busqué a ver si había alguien, no vi a nadie y me fui a mi habitación. Sonó mi móvil. Era Gaspar:

    —”Dúchate, Jess, que hueles a semen podrido”, me dijo y escuché un golpe de risa que, sin lugar a dudas, debía ser de Fernando.

    Me fui a duchar. Pensaba hacerlo. Como siempre en la ducha me la casqué y me lavé bien mi polla. Al salir de la ducha, escuché un ruido en la casa. Estaba desnudo pero me asomé:

    —”¿Pasa algo?”, pregunté.

    —”Nada, soy yo; voy a cerrar la puerta”, era tío Paco.

    —”Gracias, abuelo”, dije lo de “abuelo” intencionadamente y muy agradecido.

    —”Buenas noches muchacho, y no tengas prisa en levantarte”.

    —”De acuerdo; buenas noches”.

    Me dormí pronto, sobre la cama, desnudo. No tuve tiempo a meterme dentro de las sábanas. En mi sueño estaba Néstor y en la sombra…, en el sombra estaba él, pero… no sabía…, no sabía…, no sabía…

    Continuará con: El Castillo.

  • Nuestra amiga argentina sigue tan fácil como acostumbra

    Nuestra amiga argentina sigue tan fácil como acostumbra

    Y sigo contando las cosas que me gusta contar por acá. Para los que me siguen, se acordarán que tengo una compa de la facultad, Paula, que es lesbiana, pero lesbiana en serio, algunas cosas que hice con ella las conté, pero la realidad es seguimos acostándonos, más en estas últimas dos semanas que teníamos que estudiar.

    Es más tres noches me quede a dormir con ella, después de estudiar, a la noche me cogía, porque es ella la que me coge a mí, y me gusta, me dejo, me entrego a ella, y veo como goza cada vez que acabo, obvio, después dormimos desnudas ¡y yo la hago acabar a ella!

    Pero no es esto en realidad lo que quiero contar. La semana pasada, durante la tarde, cuando estábamos estudiando, pasó el primo de ella, por su casa a buscar unas cosas que necesitaba, y nos quedamos los tres hablando un rato.

    El primo, llamémoslo Mateo, es de los chicos que me gustan, alto, cuerpo bien formado, se mata en el gimnasio, juega al rugby, brazos bien fuertes, por lo que me di cuenta, pocos pelitos, rubiecito, nada, me volvió loquita, y mientras hablábamos yo me di cuenta que estaba demasiado buena onda o regalada, como lo quieran ver.

    La cosa es que Paula, me dice que Mateo le pidió mi celular, y ella no sabía si dárselo o no, antes me quería preguntar a mi, ah, porque yo le había contado a Mateo que yo estaba de novia.

    A Paula le dije que se lo diera, y veía que onda, como se iba dando la cosa. La cosa es que Mateo me manda un whatsapp, guau, ¡me quería morir!, y siguieron mil más, y entablamos una re buena onda, hasta que se animó y me dice de salir. Me moje con solo su propuesta, porque él sabiendo que yo estaba de novia si le decía que si, me estaba mostrando bastante trolita, pero esas cosas me dan una adrenalina que me calientan.

    Obvio de entrada no le dije que si, le dije que estaba de novia (quería ver hasta donde insistía), hasta que al final, tanto me dijo de salir que le dije que si, (se lo ganó jeje) y yo me moría porque me insistiera, ¡yo quería salir con él!

    Como no daba que me pasara a buscar por casa (yo vivo con mis viejos) quedamos en que me pase a buscar por lo de Paula, y quedamos así, aparte me quería vestir ¡bien perra!

    En casa y a mi novio le dije que me iba a estudiar a lo de Paula, y me quedaba a dormir ahí. Llego a lo de Paula y me cambio, me pongo una mini, bastante corta, de esa que cuando nos sentamos quedamos media en bolas, jeje, con medias (porque hacia frio) un abrigo, también corto, ¡no me quería tapar!, quería estar bien perra ¡y volverlo loco!

    La cosa es que tipo 11 de la noche me pasa a buscar, ya cuando me vio, me di cuenta lo que le causaba, y eso me gusta, que cuando salgo con alguien por primera vez, ni bien me vea ¡que me coja con la mirada!

    Me subo a su auto, obvio, al sentarme quede ¡media en bolas!, me daba cuenta las ganas que tenía Mateo de empezar a tocarme, pero no daba, así de una. Obligadamente, como para entrar más en confianza fuimos a tomar algo. Habremos estado hora, hora y media tomando algo, lo pasamos bien, pero yo sabía que lo que quería era cogerme y yo que me coja, me calentaba mucho este pibe, pero quería ¡que el me avanzara!, pero no se porque, me di cuenta que le costaba animarse, hasta que en un momento me dice: “¿vamos a otro lado más tranquilo?”, y yo le digo, “dale, lo que vos quieras” más no me iba a regalar.

    Salimos del lugar, y me pasa la mano por la cintura, yo hago lo mismo (más no me iba a regalar), cuando me abre la puerta del auto, me agarra de la cintura, me apoya sobre el auto y me mira, yo a él, nos clavamos la mirada, y me da un tímido beso, no le digo nada (POR FIN SE AVIVO JAJA) me da otro un poco más profundo, yo le respondo igual hasta que me parte la boca, nos seguimos besando un rato así, ya desesperadamente, me mete una pierna entre las mías, lo dejo y con su pierna me empieza a rozar ¡mi conchita!, lo dejo y le respondo con besos cada vez mas fuertes ¡e intensos!

    Nos subimos al auto, y me dice: “Quiero estar con vos en un lugar tranquilo, donde pueda sentirte” y le respondo con otro beso (a mi esas cosas, me re calientan, portarme como una pendeja que se la van a coger por primera vez). Y de nuevo nos empezamos a matar en el auto, me empieza a tocar las piernas, quería llegar a mi conchita pero no lo dejo (quería tenerlo bien caliente jeje).

    Llegamos al telo, entramos, nos seguíamos besando y ahí si, lo deje que hiciera ¡lo que quisiera!, parados, me empieza a meter sus manos por toda la espalda, me desabrocha el corpiño, me saca la blusa, me empieza a comer las tetas, pero con una suavidad y a la vez con una desesperación que yo ya estaba re mojada. Mientras me hacía eso, yo le empiezo a acariciar su pija sobre el jean, mientras gozaba y gemía con la chupada de tetas que me hacía.

    Le desabrocho el jean y se la empiezo a acariciar sobre el bóxer, ya estaba re parada, hasta que le meto la mano dentro del bóxer ¡y se la acaricio! Que linda pija que tenia, blanquita, poco pelos, como me gusta a mí. Él se saca todo, y me dejo esa pija ¡toda para mí!

    Me siento en la cama, me saco las medias (lo único que me quedaba era la bombacha). Se la empiezo a acariciar, eran solo caricias, la empiezo a besar, pero muy despacio, ya me daba cuenta que esa pija ¡no daba más!, con mi lengua empiezo a jugar con su puntita, nada más, hasta que de a poco se la empiezo a chupar, y termino metiéndomela toda en la boca y él me empujaba mi cabeza para que me entre toda.

    Me atragantaba, pero se la seguía chupando igual, así se la chupé un rato, hasta que Mateo me acuesta en la cama, yo dejaba que hiciera lo que quisiera, me saca la bombacha y me empieza a besar la pancita hasta llegar a mi conchita, al principio, fue suave, hasta que se volvió loco y me empezó a meter la lengua y mis gemidos y placer hablaban por mí, me agarraba de las sabanas, abría lo que podía las piernas, le agarraba su cabeza para que se metiera en mi concha hasta que me saco ¡mi primer orgasmo!

    Su dulzura se le acabó y me empezó a tratar como me calienta que me traten, me decía: “¿te gusto putita?” y yo le decía que si, que era su putita, y el turro me pregunta: “¿queres que te coja?” siii, le decía yo: “fóllame forro, haceme mierda, ¡cojeme!”

    Se me tiró arriba, me puso las piernas sobre sus hombros y me la empezó a poner, me la ponía me la sacaba, me bombeaba, y yo gemía, y seguía diciendo: “¿te gusta así putita?” siii, yo le seguía diciendo que si, hasta que a los gritos me hizo acabar ¡y él también acabó!

    Nos quedamos abrazados, y me descoloco, el guacho me pregunta: “¿con tu novio coges asi?” que puta y tramposa me hizo sentir, le digo que si, se la empiezo a acariciar de nuevo, y nooo, al toque se le empieza a parar, y ahí es cuando pongo en práctica mis conocimientos jeje, me tiro encima de su pija y se la chupo desesperadamente logrando que se le pare bien ¡de nuevo!

    Cuando la tenía bien parada, me pongo arriba de él, son de las posiciones que más me gustan, me pongo de cuclillas con mis manos sobre su lomo y me la clavo y empiezo a saltar ¡sobre su pija! Después deje de saltar y siempre con la pija adentro, me pongo sobre él (¿me explico?) y él me empieza a bombear, como loco, hasta que acabo, pero esta vez como una zorra, a los gritos.

    Sin perder tiempo, Mateo me pone en cuatro y me empieza a besar la cola, yo no le digo nada, solo lo dejaba, con mis jugos me empieza a probar (porque se ustedes hacen eso, a ver qué es lo que nosotras hacemos), me empieza a meter un dedo en la cola, no le dije nada, solo gemía, hasta que me lo mete todo, y después me mete otro, YA TENIA DOS DEDOS EN EL CULITO Y YO GEMIA, GOZABA ¡APROBANDO LO QUE HACÍA!, deja los dedos, y me empieza a poner la puntita, y el turro me pregunta: “¿te gusta putita?” siii, otra vez le digo, que siii, haceme la cola, me encanta, quiero ser tu putita hoy, y me la empieza a poner despacito, la verdad que me la hizo bien hasta que me la mete toda y me bombeaba bien bombeada por el culo, que ya lo tenía ¡bien dilatado! Y me seguía diciendo: “putita te gusta” eso me calentaba mas, yo le decía SIII FORRO ROMPEME BIEN EL CULO, ¡HACEME MIERDA! Estaba re caliente, y eso al forro lo calentaba, porque terminamos acabando los dos juntos, con la calentura que yo tenía, cuando pensé en que me estaba cogiendo sin forro ¡ya era tarde! Ni en pedo le iba a decir que la sacara para ponerse uno. Y me lleno la cola con esa leche calentita.

    Después de eso me agarra de la mano y me dice: “ven hermosa”, jaja un poquito de dulzura ¡también nos gusta!, ¿o no? Y me lleva a la ducha, pero no al hidromasajes, ¡a la ducha!, nos lavamos, me hace agachar (suavemente) y se la empiezo a chupar de nuevo, y les digo la verdad, ¡no lo podía creer!, se le empieza a parar de nuevo (obvio después de un rato de tener esa hermosa pija acariciándola con mi boca), me paro, me hace poner de espadas, él se agacha, y me empieza a besar la cola, me abre bien los cachetes y me mete la lengua los dedos ¡ENJABONADOS, QUE ENTRARON MUY FACIL!, yo en puntas de pie con las piernas los más abiertas que podía agarrada de los azulejos y gimiendo de nuevo.

    Se levanta y me la empieza a poner de nuevo por la cola, me empuja la espalda para que me incline y siii, otra vez me cogió por la cola bajo el agua, y me seguía diciendo: “putita como te gusta que te rompan ¡el culo!” y yo le decía: “siii, forro, cógeme bien por el culo, soy tuya ¡soy tu puta!” me calienta mucho hablar así mientras me cogen, me siento dominada ¡y eso me gusta!

    Obviamente volví a acabar, ¡pero mal!, no se como explicarlo, me re calentó toda esa situación, era su puta y me gustaba serlo, porque él sabía que yo estoy de novia y me deje ¡re coger! Y estaba ¡re caliente!

    Bueno después, nos acostamos, yo no daba más, en serio no daba más, y me quede dormida (ni se qué hora era porque en esos momentos apago el celular).

    La cosa es que me quede re dormida, como les dije, no sé cuantas horas, no creo que hayan sido muchas hasta que siento que me Mateo me despierta besándome la cola, que lindo despertar, estar dormida ¡y que me despierten así! (estaba loco con mi cola, pero ya no daba más), me doy vuelta, se la chupo de nuevo, así media dormida y despierta, se pone arriba mí y me empieza a coger otra vez, lo que logro que me despertara bien (me encanta coger ni bien me despierto), me cogió con todas sus ganas, otra vez sin forro, me lleno la conchita de leche, y yo a los gritos, gemidos, con el cuerpo temblando.

    Nos volvimos a duchar juntitos, y como él no había acabado, le hice en la ducha, yo de rodillas, mientras me mojaba con el agua, uno de esos buenos petes hasta que me llenó la boca de leche.

    Me dijo que me quería seguir viendo, le dije que no, que estaba de novia y fue una sola noche, sin que me ofendiera, porque así me lo dijo, me dice, que fui una de las trolitas que más lo sorprendió (porque nunca penso que me iba a coger tanto) y que con una de las que mejor cogió en su vida.

    Pero ya esta, fue una sola noche, después vinieron las explicaciones a mi novio, que fueron ¡las de siempre! Porque cuando prendí el celular encontré varias llamadas de él, y le dije que me había quedado sin batería y no me di cuenta de cargarlo, y cuando se puso denso le dije: “está bien estuve cogiendo ¡toda la noche! ¿Eso queres que te diga?, ¿que pensas de mi? ¡no seas tan denso!, jeje un día ¡no me va a creer más!

  • Amaestrando a mi puta

    Amaestrando a mi puta

    Necesitabas aprender a hacerme caso, así que te ordene que llegaras a mi casa, te sorprendiste que te abriera totalmente desnudo, pasaste saliva inmediatamente, tu mirada se quedó en mi pene y no reaccionaste durante un momento.

    Te ordene que solo quedaras en ropa interior y así lo hiciste, tus manos en la espalda. te susurro que no las vayas a mover sin mi permiso, que eres mía, que tu cuerpo me pertenece, te doy un beso en el cuello y tu cuerpo se estremece, te muerdo la oreja y pegas un pequeño brinco, tu respiración me excita, se nota que el placer te está consumiendo, sueltas calor por todas partes. Acerco mi boca a tu boca y buscas con rapidez un beso, me gusta dejarte con las ganas y me doy la vuelta.

    Caminó un rato, me gusta tu cara de expectación, no te has movido desde que te lo ordene, te quito tu brazier y tus senos salen al aire, te delatan tienes los pezones duros, los succiono intercaladamente y gimes, cada vez gimes más duro, ya estás en un punto donde solo eres mía. Me detengo y no me miras con agrado. Voy a tu espalda y acarició tu cola, estiró la tanga hacia arriba y vuelves a gemir, no necesito comprobar lo mojada que estás porque una gota recorre tu muslo. Te doy un azote en la nalga derecha. No me vas a volver a tratar de igual Si, dices Sí que, y te doy otra azote que se empieza a marcar en tu piel Sí amo.

    Detengo los azotes y jalo tu cabeza hacia atrás, te doy un beso que correspondes con gran pasión. Meto mi mano por tu tanga y froto tu vagina, estas mojadisima, caliente, te masturbo un poco y tus piernas te quieren fallar, saco mi mano y la llevo a tu cara, la seco en tus labios, en tu frente, en tus mejillas, en tu nariz, ahora todos tus fluidos están en ti. Te pregunto al oído que eres. Tu amante, no acabas de responder eso cuando dos azotes caen en tus nalgas. Eres mi puta te digo y te doy otros 3 azotes en la nalga derecha. Quítate la tanga te digo, haces caso sin pensar y te digo que te masturbes, tu cara suelta una sonrisa y pronto empiezas a gemir, cojo tu tanga mojadisima, la escupo y te la doy en tu boca, ahí la vas a cargar.

    Doy dos azotes en cada seno y te llevo a la pared, levantó una de tus piernas y te penetro totalmente, gimes cada vez más y yo cada vez te doy más duro, tu boca esta entre abierta y tus ojos empiezan a mirar hacia arriba, tu cuerpo se estremece y tienes un orgasmo que inunda todo mi pene, me molesta que te vengas sin mi permiso pero me excita mucho tu placer, lleno tu vagina de mi semen y escupo en tus senos, caes sentada del agotamiento, te levanto la cara, retiró la tanga de tu boca y te digo que descanses, que ahora se viene el castigo por no pedirme permiso para correrte.

    Busco mujer bogotana para que sea mi perra.

    [email protected].

  • El espejo de mi habitación

    El espejo de mi habitación

    Era un día como cualquier otro en mi habitación, esta vez me encontraba acostada en mi cama, de un momento a otro me llego el recuerdo del conjunto de ropa interior que compre hace unos meses para el que ahora es mi exnovio, pues como regalo de cumpleaños le iba a regalar un baile que siempre (según él) anhelaba que yo le hiciera.

    Me quede pensando en que hacer, pues me había quedado con la intriga de cómo me vería teniendo ese conjunto encima de mí, de pronto, mi mirada se fue hacia el espejo de cuerpo completo que adorna mi habitación y con eso me había llegado la idea más excitante que jamás se me pudo haber ocurrido.

    Me levante de un salto y en segundos ya tenía en mis manos las piezas de ropa, consistían en un sostén y bragas negras de encaje, mas unas medias, sin pensarlo, me quite toda la ropa y en un abrir y cerrar los ojos ya lo tenía puesto todo, agregando también unos tacones para combinar.

    Caminé lentamente hacia el espejo, con un poco de nervios comencé a acercarme hasta ver finalmente como me veía, recorrí mi cuerpo de pies a cabeza, aquellos tacones elegantes, las medias cubriendo mis piernas, las bragas de encaje y por último el sostén que cubría de manera sexy mis pechos.

    La idea de verme bailar con esa ropa sonaba excitante, así que sin más lo hice.

    Comencé con un movimiento de caderas, un lado a otro, mis manos comenzaban a rozar mi cuerpo empezando desde mis pechos, juntándolos, apretándolos, pero sin perder ese toque lento y sensual, mis ojos se cerraban, mis manos bajaban ahora por mi abdomen acariciándolo, sin más, bajaron hacia mis bragas, jugando con la tela de ellas, mientras acariciaba un poco mi vagina por encima de las bragas, abrí los ojos y solté mi cabello, deje que este acariciara mi espalda, con otra mano, el movimiento de mis dedos rosaba mi clítoris, mis pezones ya estaban duros, dolía cuando rosaban con la tela del sostén, me lo quite y finalmente pude jugar con mis pechos, pellizcándolos, moviéndolos de un lado a otro, moje mis dedos y los pase por mis pezones, imaginando como si alguien estuviera chupándomelos.

    Me senté en el suelo, abrí mis piernas y volví a acariciar mi vagina sobre la tela, mientras seguía jugando con mis pechos, podía sentir lo mojada que estaban ya las bragas, me las quité y mis dedos se fueron hacia mi clítoris, moviéndolo tan rápido, mientras me metía unos dedos, ambas acciones eran rápidas, la imagen que reflejaba ese espejo era tan erótico, me encantaba verme a mí misma acariciándome de forma tan intensa.

    Llego el momento de mi orgasmo, mi vagina palpitaba y apretaba mis dedos, mis pezones dolían, hasta que, después de unos movimientos profundos, tuve el orgasmo más intenso que jamás había tenido y todo gracias al espejo.

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