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  • Mi familia colombiana y su secreto (18)

    Mi familia colombiana y su secreto (18)

    Este relato es 100% ficticio solo fruto de una fantasía personal

    Al día siguiente me levante a las 10 de la mañana no me dejaron hacer mis ejercicios y nada más que estuve preparado la Yaya me envió con Adelita a casa de su ma para que me hiciera una limpia esa señora era una especie de hechicera o curandera de llama Clara o Clarita para la Yaya.

    Después de dos horas de viaje llegamos a una casita muy humilde de campo con algunas gallinas y marinos… Adelita me dijo que dejara las armas a su mama no le gustan las armas lo hice mientras Adelita hablaba con su mama.

    Me mandaron pasar a la parte posterior de la casa aparición una mujer bajita delgadita de pelo canoso con una coleta en la que había recogido su pelo tez morena y curtida por los años y por el sol con numerosas arugas ojos color café vestida con una falda larga negras un delantal de cuadros azules y blancos una camisa blanca de manga larga y una especie de alpargatas negras… Tomo mis manos y mira las palma de las mismas me miro a los ojos pe dio unos fuertes manotazos por todo el cuerpo le trajo Adelita un cuenco del que salía un denso humo blanco que olía muy raro y una plumas atadas juntas me envolvió en aquel humo, se quedó quieta y petrificada.

    CL: Niña debemos ir a ver a la patrona ya corriendo…

    Adelita la ayudo a subirse a la camioneta volvimos a la hacienda con mucha premura

    Llegamos a la hacienda y allí estaba Diana que se alegró mucho de verme pero cuando vio a Clarita y Adelita le dijo que debían ver ya la Yaya se puso súper nerviosa y las tres pasaron a el despacho de la Yaya yo fui a mi lugar preferido de escucha para enterarme qué demonios había pasado.

    Allí situado pude escuchar:

    1- Mi corazón y mi alma estaban perfectamente bien.

    2- Tenía dos ángeles de la guarda que eran mi abuelo y el padre de la Yaya Don Lito del que yo no sabía nada.

    3- Estaban muy enojados por que la Yaya tenia abandondona la hacienda no se hacía respetar lo suficiente en los necios etc.

    4- La Yaya y Diana debían darme algunas cosas, y que yo era un príncipe que si las cosas iban por buen camino seria EL REY del valle con la ayuda de Yaya de Jacobo y de la familia…

    5- Que ya era hora de ajustarle las cuentas a ciertas personas y familias.

    6- Lo bueno es que a mis ángeles guardianes yo les caía de puta madre y había superado sus expectativas…

    7- Y debíamos ir al cementerio las coas no estaban bien el sus moradas para el descanso eterno y eso los tenia especialmente descontentos…

    ETC.

    Diana y la Yaya estaban muy alarmadas y diría que por su tono de voz que acojonas

    En esto llego El Búfalo uno de los empleado había tenido un accidente con mi moto se lo habían llevado a la clínica porque parecía que tenía una pierna rota y había destrozado mi moto.

    La yaya despertó a Jacobo a gritos para que fue a averiguar a la clínica y El Bisonte y yo debías ir a ver que quedaba de moto, Diana debía irse tenía una cita con una clienta muy importante… Cada quien cumplió con sus órdenes…

    La moto está muy dañada recogimos lo que quedaba y volvimos la hacienda…

    Después de comer me fui a Cali a ver a Papa y llevarle su regalo que era la colección de relojes que tenía Franco Mesta

    Ver a tía Minerva y pedirle unos libros de mates de como pilotar un avión o avienta y darle un rosario de cristal de muran en color Rosa

    Mis hermanas y Wendy estaban juntas y de compras un peligro en mayúsculas les di a todas sus diamantes y joyas y estaban como locas…Llego Diana y vio los regalos y que había merendado con y también dado regalos a tía Minerva un regalito que por lo visto estaba muy contentas con mío y mi obsequio, pero Diana estaba como tristona no sé si por lo que les dijo madres de Adelita así que tenía un reloj Cartier con diamantes que le di a ella delante de Papa.

    P: Hay pocos hijos que mimen tanto a su madre

    Le subió la moral a las nubes y se puso como loca jajajaja

    Wendy aprovecho para recordarme que le debía un paseo y unas clases con el Jeep “WENDY I”.

    En el taller de papa mi Jeep personalizado Goliat iba muy bien además papa tenía dos motos de motocrós que me dejo a buen precio y las compre con piezas para modificarlas y arreglarle un enfado con Diana

    Me volví a la hacienda quería volver a salir a ver si esta vez me folla a Elisa por el culo tal y como describía mi abuelo en sus diarios.

    Llegue me cambie de ropa y le dije al tío que hoy invitaba yo a cenar y mi tío se apuntó en milésimas de segundos

    A la Yaya sé que no le sentó bien pero no dijo nada, nos dijo a Jacobo y a mí que al día siguiente debíamos ir a cementerio a ver a Don Lito y mi abuelo Julio

    Salimos de la hacienda sabiendo que debimos volver a una hora más o menos aceptable para no enojar mucho a la Yaya

    Fuimos a cenar al mismo lugar que el día anterior y prácticamente lo mis solo que esta vez pagaba yo después 4 botellas de aguardiente con mi tío y sus amigos contentos me fui a casa de Elisa con la firme intención de que las cosas fuesen totalmente distintas a la noche pasada si quería ser MI AMANTE MI ZORRA MI PERRA O MI PUTA OK pero debía ganárselo y sacar matrícula de honor.

    Llegue a casa de Elisa me esperaba con un camisón son amplio muy escotado totalmente trasparente me días y ligas con puntillas y una zapatos de tacón tipo stileto de 6 o 7 cm no sé cómo esa mujer se sostenía sobre ellos arreglada maquillada con la manicura echa estaba muy hermosa la verdad, me beso en la boca con dulzura y cariño me sirvió una copa de Whisky y me pregunto si había cenado que era una muy buena cocinera y me podía preparar lo que se me antojase…

    Moje los labios en el Whisky y piropee a mi anfitriona que se notó clara mente que se sintió muy alagada y complacida con mis palabras un breves palabras más sin importancia y ya estábamos en besos y caricias camino de la cama de Elisa.

    Elisa lo mismos que la el día anterior me desarma y desnudo con mucha facilidad y una gran maestría y como el día anterior pretendía llevar ella a su terreno la situación y se lo impedí…

    H: Hoy me toca a mí consentirte nena

    LC: Pero es mi obligación…

    H: Tu obligación es consentirme y que los dos lo pasemos muy rico déjame hacer…

    LC: Pero aquí (interrumpí).

    H: Soy español soy muy diferente a lo que estas acostumbrada túmbate boca arriba relájate y disfruta

    De mala gana obedeció, pero siguió mis instrucciones al pie de la letra…

    Comencé besándolo en la boca en el cuello y acariciando suavemente sus enormes tetas con mis manos dando un sube masaje a sus montes de venus, mi maje y caricias debían gustarle ya que en pocos segundos está emitiendo leves gemidos de aprobación y sus pezones se pusieron duros bien duros…

    LC: Siii bebe siii que rico muñeco siii

    Con la aprobación de Elisa seguí camino bajando por su escote y llegando a sus enormes flanes de gelatina un poco caídos por su enorme tamaño pero muy apetecible y deseable…

    Comencé a besar lamer y chupar los pezones sobre la fina tela que cubría sus pechos y dos duros y erectos pezones

    LC Muñeco espera amor espera bebe que maní te ayuda

    Se bajó la parte inferior de su camisón hasta su barriga, la volví a besar en la boda y el cuello pero esta vez con más pasión más brusquedad bajando a sus pezones que mame como un desesperado metiendo como en la boca y chupando fuerte violentamente como queriendo sacarles leche de sus tetas

    LC: aaaahhh bebe siii miii niiiñooo siii me vengo me vengo que rico no pares no pares muñeco

    Seguí mis descenso a la llegue a su ombligo de su panza la masajee besa las lamí y cupe diciéndole que me volvió loco su cuerpo que está muy rica

    LC: muuuñecooo!!! Me matas soy toda tuya aaahhh

    Comencé a besar chupar y lamer con la punta de mi lengua con su ombligo, la mato y se volvió a venir

    LC: muuuñeeevooo me vengo me vengo amooor no pares miii amor!!!

    Recordé que mi abuelo se refería como a ella como LA GORDA ya que desdés siempre fui rellenita mi abuelo la conoció porque un tío de ella le debía un dinero y ella lo pago haciéndole una mamada y se follo a mi abuelo como una profesional pesar de su edad, después de ese día la deuda de aquel tipo quedo saldada y ella paso a sr la amante querida o furcia de mi abuelo que la quería solo para el, pero ella anda con algunos tipos y hay la dejo mi abuelo pero guardo un buen recuerdo del tiempo que se la follo…

    La llame MI GORDITA SABROSONA

    LC: Si amor tu GORDA TODA PARA TI

    Baje con beso y caricias hasta situar mi cabeza entre sus piernas que dejo bien abiertas y con sus dedos índice y corazón separo los labios vaginales facilitando mi labor entre los mogotes de carne de las muslos de MI GORDA…Olía a sudar y sabia salado y como amargo pero me pude con ganas a mi trabajo, mi legua deba buenos lengüetazos en su tremenda cucota metía y sacaba de su interior empapado hirviente chocho los momentos que saca mi boca de su sofocante sexo le introducía hasta 3 dedos dentro masajeado eficientemente y enérgicamente aquella fuente termal en la que se había convertido su chocho…Mientas MI GORDA se retorcía y grita como una loca por el placer que le estaban proporcionando mis malévolas y estimulantes caricias.

    LC: demonio me matas me matas aaahhh me vengo me vengo muñeco!!!

    Estallo en mi rostro un gran chorro de jugos cálidos espesos expulsado furibundamente por mi entregada PERRA, mi gorda pedía suplicaba verga como una yonki desesperada por su dosis.

    Mi polla para aquel entonces estaba ya en su máximo esplendor y a pleno endiento derecha como un mástil de un velero gorda y bien abultada marcando toda mis venas y roja como un pimiento morrón deseosa de entrar en acción.

    M e situé entre sus piernas mientas MI GORDA se encontraba medio muerta aliento y buscando aire jadeando como como una PERRA en un día de calor y sudada como una yegua después de una buen galopada sin compasión mi darle tiempo a reaccionar le clave mi estoque hasta los huevos de un solo y certero golpe de mis caderas mi polla penetro sin higuana resistencia en su interior en el que fue cálidamente recibida…

    LC: aaahhh!!! dame duro dame duro muñeco!!!

    Coloque los pies de Elisa sobre mis hombros ella los cruzo sobre mi cuello y comencé a follar el chocho fuerte con estocadas profundas con cada envestida mis huevos sonaban clon clon clon

    LC: ooohhh siii dame duro bien duro no pares bebe.

    Solté la piernas de MI GORDA coloque mis manos en sus tobillos flexiones sus rodillas me coloque sobre sus piernas arqueando mi espalda comiences un dentro fuera dentro fuera fuerte vigoroso rápido y preciso sin dar tregua a MI GORDA

    LC: aaahhh siii me vengo bebe me vengo que rico coges mi amor que ricooo me cogesss me vengo me vengo me vengo me vengo diosss.

    Elisa se corrió de una manera salvaje y brutal con un volcán en erección y sin previo aviso empapando asta mis huevos, lo que hizo que explotara como un Geiser descontrolado y salvaje.

    Me desplome sobre Elisa que esta bañada en sudor resoplando y jadeando en busca de una bocana de aire, me acogió entre sus brazos comiendo a besos…

    LC: Que rico coges muñeco que rico…

    H: Quiero tu culo ponte a 4 patas, Ya ordene.

    Con los ojos como por mi orden pero sin decir palabra Elisa obediente y sumisa se puso a 4 patas apoyo su cabeza en la almenada coloco sus dos manas en sus inmensas nalgas que separo mostrando al igual que su chocho un agujero de color té oscuro que también se extendía por la raja de aquel culazo no era sucio o eso esperaba solo un color más oscuro de piel lo miso que su chocho y el interior de sus muslos.

    Coloque la punta de mi polla que aun esta e resta y lista para el combate a la entrada de su ano del que salía una especie de espuma blanca del primer golpe le introduje mi la cabeza de mi rabo y una buena parte de mi verga entre gruñidos y jadeos que le hicieron soltar las manos de sus nalgas con la segunda estocada de mi robo entro todo hasta los huevos

    LC: aaahhh cógeme cógeme como una perra hazme tuya bebe

    H: Yo no monto a perras sucias yo me follo a yeguas pura sangre y las hago relinchar de placer.

    Elisa coloco sus manos a los lados del cabecero sujetándose con firmeza a él y apoyando su cabeza sobre el mismo mirándome pícaramente y retándome como diciéndome

    LC: a ver que eres capaz de hacer cabron rómpeme el culazo que tengo si puedes vamos cabron, móntame como una yegua dale cabron haz que mañana no me pueda sentar dale dale duro cabron.

    Si eso quería aquella maldita a ver si podía con que iba a recibir se acabó los buenos modales y los mimos…

    Embestí como un arete con todas mis fuerzas y toda la velocidad que fuesen capaces de imprimir mis caderas y piernas apoyé mis manos sobre los hombreas de aquella zorra su culo no oponía ninguna resistencia a mis envestidas en aquel hoyo generosamente amplio cálido como los rallos del sol en la mañana y generosamente lubricado embestí sin piedad ante los gritos y suplicas de Elisa que goza de mi trabaja como PUTA consumada que resulto ser

    LC: aaaahhh cabron siii no pares perro dale cabron dale que rico cabron

    Dentro fuera dentro fuera dentro fuera dentro fuera rápidos fuerte firme sin piedad.

    Lc: siii aaaahhh siiii que rico dios no pares cabron vamos dale bien duro!!!

    Parando de repente clavándole mi rabo hasta los hueves pero despacio lentamente como a relanti haciendo enloquecer a de placer a la ZORRA de Elisa

    Elisa se desplomo sobre la cama con mi rabo clavado hasta el fondo en su enorme culazo yo se seguí envistiendo poniendo mis mano sobre su espalda para embestir con más fuerza y vigor ella agarro fuertemente con sus manos a las sabanas mientras bufaba gemía y gritaba

    Lc: siiii cabronnn meee cabrooonnn diooosss no pares no pares no pares no pares cabron vamos daaaleee biiieen duuurooo!!!

    Me volví a correr con todas mis ganas en el culazo de Elisa y me derrumbe sobre ella estuvimos los 2 un buen rato en esa posición sudados como su hubiéramos caído en un estanque y resoplando en busca de aire y fuerzas.

    Cuando saque mi polla de entre las nalgas de Elisa de su culo broto un líquido denso viscoso de color como un batido de fresa que también recubría toda mi polla…

    Elisa me beso en la boca y se fue tapando su culo con la mano, yo me quede boca arriba sobre la cama recuperando fuerzas…

    Llego Elisa envuelta en una bata color oro con una toalla con la que limpio mi miembro viril

    Elisa se tumbó a mi lado con un vaso de aguardiente y un mini puro apoladlo su cabeza en mi pecho conversamos un rato y le dije que me había revisado Sofía e hizo los mismo que la Yaya y mama que debía hacer todo lo que Sofía mandase etc. etc. etc…

    Después de rato me duche y arregle yéndome a buscar a Jacobo casa de putas de cabecera al llegar me paro la Madame por llamarla de alguna manera queriendo saber quién era y que pintaba allí al nombrar a Jacobo se le ilumino la cara con un amplia sonrisa y me ofreció una o varias de sus niñas a cuenta de la casa y por el tiempo que quisiera, lo más educadamente que pude rechazo tan generoso ofrecimiento, y saque de allí a Jacobo que esta vez estaba encamado con 4 furcias y borracho como una cuba.

    Al llegar a la hacienda lo deje en su cama quitándole las armas y las botas tumbado en su cama

    Yo me fui a la mi habitación a dormir estaba frito y quería dormí.

    CONTINUARA…

  • Un baile especial

    Un baile especial

    Llegue a la casa de Tania después de almuerzo, estaba con su maquilladora a punto de empezar con su sesión de make up, yo había ido a dejarle unas revistas y una casaca que había dejado en mi casa pero quiso que me fuera antes que empiecen a maquillarla, así que eso hice y me fui a mi casa a descansar y luego a cambiarme para el matrimonio de Roberto, uno de mis mejores amigos de la universidad.

    Descansé un par de horas y le escribí a Tania a ver cómo le estaba yendo, pero aún no terminaba y no faltaba mucho para que empiece la ceremonia, por lo que decidí simplemente ir a recogerla, cuando llegue a su casa tuve que esperarla media hora más, pero valió la pena la espera. Estaba con un peinado muy bonito y elaborado, el maquillaje era muy profesional y el vestido sumamente elegante, al ser el matrimonio de noche el vestido que había elegido era uno color negro y largo, pero tenía ciertos detalles como una sutil transparencia en la parte del pecho, el escote en la espalda muy sensual y la parte de la falda era una transparencia pero no se notaba tanto así debido que llevaba un hilo que se escondía entre sus hermosas nalgas las cuales se contorneaban suavemente por la caída del vestido, además llevaba tacos, altos como siempre.

    Salimos rumbo a la iglesia donde presenciamos la ceremonia (o lo que quedaba de ella) y luego una pequeña recepción donde brindamos con los ahora esposos y nos tomamos algunas fotos, habían bastantes invitados, era un salón muy grande, había mucha champaña para el brindis, pero esta vez tuve que controlarme ya que estaba conduciendo.

    Terminada la ceremonia salimos hacia el local donde iba a ser la fiesta, jalamos en mi carro a una pareja más de amigos y llegamos luego de conducir aproximadamente por media hora hacia las afueras de la ciudad, en la zona campestre, la casa era muy bonita, muy grande, iluminada, una piscina muy bonita al fondo del patio principal, en la entrada habían algunos caballos y un valet parking que recibía los autos que iban llegando. Luego de dejar el auto cruzamos el jardín de la entrada y llegamos hasta la casa propiamente, avanzamos por el costado de la casa y llegamos al jardín posterior donde sería la recepción y donde nos recibieron con más champaña para otro brindis.

    Nos ubicaron en una mesa justo frente a la pista de baile, fue interesante ver la ceremonia de cerca y luego llegó la cena, que por cierto estuvo muy buena y finalmente empezó el momento del baile, hemos bailado por un buen rato en realidad hasta que terminamos agotados, un poco sudados y con mucha sed, así que nos fuimos a la barra con algunos amigos a tomar.

    Hemos estado bebiendo un buen rato hasta que se apagaron las luces y solo se prendió un cañón de luz que apuntaba hacia una puerta de dentro de la casa y empezó a sonar música afro, entonces salieron dos chicas, morenas, muy guapas, salieron bailando con unos vestidos negros con puntos blancos, unos pañuelos rojos en la cabeza y sin zapatos, continuaron hacia la pista de baile, luego de unos segundos aparecieron en la puerta, también bailando, dos morenos altos y fornidos, que alcanzaron a las chicas en el centro de la pista de baile, ellos llevaban camisas blancas entreabiertas, un pantalón negro y alrededor de la cintura llevaban una especie de cintas rojas, continuaron con su danza. Hicieron un par de números más, y yo no pude evitar naturalmente dejar volar mi imaginación pero tampoco pude evitar notar que, ya que estábamos aún en la barra, estábamos bastante cerca de la pista de baile por lo que los bailarines estaban a tan sólo a unos pasos de nosotros y uno de los morenos no le quitaba los ojos de encima a Tania, ella estaba de costado apoyada en la barra de tal forma que se podía ver la espectacular curva de su figura y en particular su cola que resaltaba de sobremanera y llamaba la atención de propios y extraños, eso me puso aún más.

    -Ya te diste cuenta cómo te mira el moreno de ahí? -le susurré en el oído.

    Tania se sonrojó y volteó a mirarme.

    -No digas tonterías Jose, solo está bailando. -dijo Tania mientras sonreía y lo miraba.

    Le encantaba saberse deseada, la excitaba.

    El baile afro llegaba a su fin pero aún faltaba el último número, invitaron a gente del público a bailar, pero ellos mismos iban y los jalaban a la pista de baile.

    Una pareja de bailarines sacaron a bailar a la pareja de esposos, la otra bailarina sacó a un tío de Roberto, mi amigo que se acababa de casar. Y adivinen que, si, el otro bailarín se fue directo donde Tania. Le extendió la mano pero Tania avergonzada hizo un gesto de negativa, yo la anime a que salga a bailar y entonces el moreno se le acercó más, le cogió una mano y su otra mano se fue a la cintura de Tania y la jaló hacia la pista de baile, yo estaba excitado y solo me puse a grabar el baile, no pude hacer más. En la pista de baile los bailarines que llevaban estas cintas de tela se la sacaron y se la pusieron a sus respectivas parejas de baile, amarrando las telas por detrás, Tania movía las caderas como nadie y el moreno le daba vueltas, se ponía detrás suyo, la sentía, la disfrutaba, hasta que terminó el baile y Tania se acercó bastante sonrojada y avergonzada nuevamente a la barra, todos le dijimos que lo había hecho muy bien.

    -Lo hiciste muy bien. -le dije en el oído.

    -Estoy excitada. -me respondió también en el oído.

    Yo me excité aún más y miré hacia abajo y noté que aún seguía con la cinta roja en la cintura.

    -Búscalo y devuélvele su cinta roja. -le dije.

    Ella me miró, se agitó un poco, me dio un beso y se fue, yo me quedé tomando en la barra, esperando que me crezcan los cachos.

    -A donde se va Tania? -preguntó una de las chicas con las que estaba conversando.

    -Se quedó con la cinta roja y fue a devolverla y de paso iría al baño. -le explique a la chica.

    ——————

    Tania cruzó el patio y fue por un costado de la casa hasta que encontró una puerta e ingresó, pasó por la cocina donde los cocineros estaban limpiando las ollas del buffet que había preparado, siguió avanzando hasta una sala donde encontró a una de las bailarinas con un abrigo y hablando por teléfono, estaba llamando a un taxi. Tania siguió avanzando y llegó a un cuarto con la puerta cerrada, tocó e inmediatamente entró en la habitación.

    Se encontró con el otro bailarín quien se estaba cambiando, pero solo estaba con el torso descubierto, Tania se puso roja como un tomate.

    -Ay! Discúlpame, no sabía… -dijo Tania avergonzada.

    -No se preocupe señorita, la puedo ayudar en algo? -preguntó amablemente el bailarín.

    -Bueno, estaba buscando a tu compañero para devolverle esto. -dijo Tania señalando la cinta roja que aún llevaba en la cintura.

    -Él está en uno de los cuartos de arriba, pero si gusta yo se lo doy.

    -No, está bien, no te preocupes, yo se lo alcanzo. -dijo Tania agradeciendo y retirándose.

    Tania volvió a la sala donde estaba la escalera, la muchacha que estaba ahí ya no estaba, subió las escaleras, había un pequeño pasadizo que desembocaba a un pasadizo más largo, caminó hacia él, la luz era bastante tenue y notó que habían varias puertas, entonces decidió empezar con la puerta más próxima, tocó y entró, pero no había nada, pasó a la siguiente y justo cuando estaba por tocar sintió algo que le rozaba el culo e inmediatamente unas manos grandes y fuertes se posaban suavemente en su cintura.

    Tania se volvió asustada y ahí estaba, el moreno con el que había bailado, estaba con un pantalón de buzo, el torso descubierto y una toalla alrededor del cuello, parece que acababa de salir de la ducha.

    -Ay! -Tania se sobresaltó-disculpe señor yo…

    -Tranquila, no te preocupes, pero no me digas señor, soy Esteban, para servirte… -dijo Esteban.

    -Soy Tania, mucho gusto. -dijo Tania.

    -Hola Tania, discúlpame no sabía que esta fuera tu habitación, la tomé para poderme cambiar. -dijo Esteban, quien estaba bastante cerca de Tania.

    -Ah, no te preocupes, en realidad no es mi habitación, solo te estaba buscando. -dijo Tania completamente pegada a la puerta.

    -Ah sí? -preguntó Esteban apoyando un brazo en la pared justo al costado de Tania y acercándose un poco más.- cuéntame en qué te puedo ayudar.

    -Bueno quería devolverte tu cinta roja, se me olvidó dártela allá abajo. -dijo Tania, roja de lo excitada.

    -Ah ok, pues muchas gracias. -dijo Esteban, esperando recibir la cinta.

    -Pero quisiera saber si me podías ayudar a sacármela, me la pusiste muy fuerte… o sea me la amarraste muy fuerte quiero decir -Tania avergonzada y completamente roja- y no me la puedo sacar…

    -Como no Tania, encantado, yo te ayudo. -dijo Esteban sonriendo mientras abría la puerta.

    El cuarto era de tamaño mediano, tenía una cama de un estilo clásico con dos tocadores a los costados, un armario, una TV y un baño, nada de otro mundo, en el suelo había un maletín, con las cosas de Esteban.

    Tania entró y detrás suyo Esteban, dejando la puerta entreabierta.

    Esteban se acercó a Tania, quien no dejaba de mirarlo y apreciar esa piel oscura, que la hizo sentir muy excitada.

    -Bueno, Tania, voy a necesitar que te voltees… -dijo Esteban.

    -Perdón? -dijo Tania sorprendida.

    -Para poder quitarte la cinta… -respondió pícaro Esteban

    -Ah cierto. -dijo Tania volteando y riéndose bastante nerviosa.

    Esteban intentaba desatar la cinta, pero efectivamente, el nudo estaba bastante fuerte.

    -Tania, tenías razón, el nudo está bastante fuerte… -dijo Esteban.- te podrías inclinar un poco para poder hacerlo bien por favor?

    Tania avanzó hacia la cama y apoyó sus manos en ella inclinándose, dejando así más fácil que Esteban pueda desatar el nudo, y también que le pueda sentir la cola.

    Esteban se acercó bastante, Tania podía sentir fácilmente la verga a través del buzo de Esteban, además el vestido de Tania era bastante delgado y solo llevaba por debajo un hilo negro.

    Esteban forcejeaba con el nudo hasta que por fin de un tirón pudo desatarlo, entonces Tania se pegó a él completamente y se empezó a sobar suavemente. Esteban entendió.

    Termino de sacarle la cinta y la tiro a un costado. Tania se levantó y se volvió mirado a Esteban y se empezaron a besar mientras él le levantaba el vestido y sentía sus duras y deliciosas nalgas.

    -Dios! Que rico culo tienes, ya lo había sentido un poco cuando bailábamos, pero es espectacular. -dijo Esteban excitado entre besos.

    -De verdad te gusta? -preguntó Tania súper excitada.

    -Me encanta. -dijo Esteban mientras lo apretaba y lo abría fuertemente.

    -Pues aprovecha, porque por hoy es solo tuyo. -dijo Tania metiendo la mano dentro del buzo de Esteban y cogiéndole la gigante verga con la que estaba armado.

    Esteban se quitó el buzo y tiró la toalla a un costado, quedó completamente desnudo.

    -Cierra la puerta. -dijo Tania.

    Esteban la cerró rápidamente empujándola con el pie y mientas tanto Tania se quitó rápidamente el vestido y quedó solo con el hilo negro y sus tacos. Esteban miró a Tania y la verga se le puso súper dura.

    Tania se recostó en la cama con las piernas abiertas y ligeramente erguida, hizo una seña con su mano señalándole a Esteban el hilo.

    Esteban se acercó y se arrodilló frente a Tania, el hilo tenía un detalle, había un nudo, Esteban lo desató con la boca y se liberó la vulva completamente mojada, abierta y latiendo. Esteban metió su cara y la devoró. Tania gozaba de placer, le cogió la cabeza a Esteban y la presionaba contra la vagina. Esteban metía toda su lengua en la concha de Tania y se tomaba todos sus fluidos, sentía con sus manos sus piernas, subía suavemente y llegaba hasta sus caderas, seguía subiendo lentamente por su cinturita hasta llegar a sentir sus suaves y firmes pechos.

    Entonces Esteban se puso de pie, tenía la verga completamente erecta y endurecida, Tania lo miró, se le hizo agua la boca y se pasó la lengua por los labios, mientras le pasaba la mano por el cuerpo, Esteban bordeó la cama hasta ponerse detrás de Tania, que lo miraba con la cabeza volteada. Esteban subió a la cama por detrás de Tania y la besó, luego siguió avanzando chupándole las tetitas, luego pasándole la lengua por el estómago hasta llegar al clítoris, la lengua de Esteban no paraba de jugar con la concha de Tania, quien ya tenía la verga de Esteban en la cara.

    Tania no uso las manos, atrajo la verga a su boca usando sólo su lengua y poco a poco se empezó a comer la verga de Esteban, quien también disfrutaba plenamente de la experiencia de Tania.

    Luego de un buen rato Esteban se puso de pie y jaló a Tania hacia él. Tania dio un salto y se colgó de Esteban, mientras se besaban profundamente Esteban aprovechó para coger su verga, arrimar el hilo e ir acomodándola suavemente en la entrada de la chocha de Tania, ella la sintió y pidió tenerla adentro, Esteban la complació.

    La verga entró de golpe, Tania dio un fuerte chillido como una perra y empezó a cabalgar la verga de Esteban. Tania colgada del cuello de Esteban, mientras que él la tenía sujetada del culo, la subía y la bajada mientras ella resbalaba por toda la verga de Esteban.

    Esteban estrelló a Tania contra la pared quien seguía bien abrazada a su cuello y se la clavaba de una forma extrema, Tania solo pedía más y más.

    De pronto la puerta se abrió y apareció el compañero de Esteban quien asomó la cabeza y miró asombrado la excitante escena, Tania y Esteban se detuvieron asustados. Tania se bajó y se acercó al compañero de Esteban, lo cogió del cuello de la camisa y suavemente lo hizo pasar, el no se resistió e ingresó a la habitación, Tania cerró la puerta esta vez con seguro y se acercó al moreno que acababa de entrar.

    -Cómo te llamas? -preguntó Tania mientras avanzaba hacia él y lo hacía retroceder a la cama.

    -Martín. -respondió el moreno mientras caía sentado en la cama.

    Tania se paró frente a Martin y se quitó el hilo negro, quedándose solo con los tacos.

    -Martín… nos quieres acompañar? -dijo Tania súper sexy.

    -Por supuesto que si. -dijo Martín reclinándose hacia atrás y sonriendo.

    Tania se inclinó hacia adelante, dejando la cola paradita y le desabrochó la correa a Martín, abriéndole el pantalón, metió la mano dentro y sacó la verga negra y venosa que ya estaba bien erecta y dura. Tania volteó y miró a Esteban, le guiñó el ojo y luego se volvió a Martín para empezar a comerse la verga, se la metía hasta atorarse, luego se la sacaba, la lamía y la chupaba un poco y luego repetía. Mientras tanto Esteban aprovechaba la cola parada y abierta de Tania, se arrodilló detrás suyo y cogiéndose de sus nalgas redondas y hermosas metió su cara en el culo devorándose el ano de Tania.

    Luego Esteban se la metía a Tania desde atrás, luego Tania se montó en Martín mientras se la chupaba por un lado a Esteban, estuvieron probando diferentes poses por un rato hasta que entre chillidos, gemidos y arañones Tania llegó al clímax y tuvo un orgasmo como hacía mucho tiempo no tenía.

    -Ayyy que ricooo. -gemía Tania- ahora les toca a ustedes… tienen para elegir.

    -Yo quiero que te tomes mi leche… -dijo Martín.

    Tania lo miró y sonrió. Martín se sentó al borde de la cama y se recostó ligeramente. Tania se arrodilló en el suelo justo frente a él y empezó a chuparle la verga ayudándose con la mano, se atragantaba, lo disfrutaba y no faltó mucho para que Martín llegara.

    -Ya viene, no escupas nada perrita. -decía Martín mientras la cogía del cabello y seguía su movimiento mientras seguía chupando.

    Tania continuaba cada vez más rápido, y justo cuando tenía la verga en lo más profundo de la garganta, un chorro de leche caliente la atoró, Tania tosió, tuvo arcadas, pero no se detuvo, el semen entró en su boca y en su garganta violentamente, pero ella, obediente, no dejó rastro alguno, se tomó todo, hasta la última gota.

    Tania siguió chupando hasta que haya salido todo, Martín la miraba complacido, ella lo miró también sonriendo aún con la verga en la boca.

    Tania terminó su trabajo y se volteó hacia Esteban.

    -Ahora es tu turno mi amor. -le dijo Tania a Esteban mientras se chupaba los dedos con los que se acababa de limpiar la boca.

    Esteban, quien había estado esperando a un costado de la cama mientras se masturbaba lentamente, se acercó a Tania y sin mediar palabra le dio la vuelta lentamente, la cogió de la cintura y la empezó a besar en el cuello. Tania sentía la verga por entre sus piernas. De pronto Esteban, de un empujón, tiró a Tania a la cama, ella cayó boca abajo con las piernas ligeramente abiertas, luego Esteban saltó encima de ella, puso sus piernas encima de las de Tania de tal forma que no las podía mover, luego le aprisionó las manos por la espalda y las mantuvo con una mano, con la otra mano Esteban cogió su verga y la acomodó justo en el ano de Tania, y de pronto se la metió toda. Tania soltó un alarido y Esteban con su mano libre la cogió del cabello y le empujó la cabeza violentamente contra la cama, Tania en principio no le quedó más que morder la cama, luego le empezó a faltar el aire y se quiso liberar, empezó a retorcerse y a tratar de gritar, pero eso solo excitó muchísimo más a Esteban que cabalgaba el culo de Tania salvajemente, no le tardó mucho llegar, le inyectó toda la leche hasta el fondo del culo, en ese momento le jaló el cabello a Tania quien pudo tomar una bocanada de aire, Esteban, mientras se seguía moviendo lentamente sacando las ultimas gotas de semen, besaba a Tania por el cuello y la espalda.

    Una vez terminado, Esteban se levantó y le dio una nalgada a Tania, quien seguía tendida en la cama recobrando el aliento y con el culo embarrado de leche. Esteban y Martín se vistieron y se acercaron a Tania.

    -Que rico culo tienes perrita, se tragó toda la leche que me sacaste. -le dijo Esteban mientras le cogía el culo a Tania.

    -Toma, para que nos llames cuando te toque tu leche. -le dijo Martín tirando su tarjeta de presentación al costado de Tania.

    -Gracias, me han dejado más abierta… y con un litro de leche dentro, de todas maneras los volveré a llamar. -dijo Tania ligeramente inclinada a un lado mientras cogía la tarjeta.

    Martín y Esteban se fueron del cuarto, Tania se paró y se fue al baño para limpiarse el semen que le bajaba por las piernas, sentía el culo más abierto que nunca y no podía caminar bien. Se arregló como pudo el peinado que tenía y se volvió a poner el vestido, el labial ya lo había perdido pero aún le quedaba un poco de maquillaje en la cara para disimular, en el cuarto Tania notó que la cinta roja por la que había subido se había quedado tirada en el piso, la cogió y se la volvió a amarrar a la cintura. Entonces Tania salió de la habitación y se dirigió nuevamente a la fiesta. Tania caminaba incómoda, tenía el culo abierto y sentía que aún tenía leche adentro.

    Bajó con cuidado las escaleras, cruzó la sala, pasó por la cocina y salió al patio donde la fiesta ya se venía dando, entonces la vi, la vi caminando con dificultad por entre la gente y noté que aún tenía la cinta roja alrededor de la cintura, habían pasado casi 45 minutos desde que Tania se había ido! y ya todos se preguntaban dónde estaba.

    Tania se acercaba y yo me excitaba cada vez más al ver como caminaba.

    -Que pasó Tania? Pensé que ibas a dejarle al señor su cinta? -preguntó una de las chicas preocupada.

    -Ahhh… ehhh si… pero… no lo encontré, lo que pasa es que lo busqué y ya no lo encontré, al parecer ya se había ido. -mintió Tania dudosa.

    -Ahhh ok, pero te demoraste un montón, estas bien? -preguntó nuevamente la chica.

    -Si si estoy bien, no te preocupes, fui al baño y luego descansé un poco porque estaba mareada, pero ya estoy bien. -dijo Tania.

    Tania y yo nos miramos y sonreímos, yo estaba muy excitado y no podía esperar a llenarla de leche yo también.

    -Dónde fue? -le dije de pronto.

    -Donde fue qué? -respondió Tania riendo.

    -…dónde fue? -insistí.

    -Arriba, en los cuartos… por qué?

    -Vamos. -le dije.

    -Para qué?

    -Vamos. -insistí.

    Me levanté y le extendí la mano, ella me miró un segundo y la tomó, se levantó despacio, cogió su cartera y me guio, cruzamos el patio y entramos por la puerta lateral, cruzamos la cocina, pasamos por la pequeña sala y subimos la escalera, avanzamos por el corredor y llegamos a un cuarto, Tania abrió la puerta, era el mismo cuarto, la cama aún estaba en desorden y se sentía un olor a sexo, me excité de sobremanera, pasamos y cerré la puerta.

    -Aquí te cogió? -le pregunté suavemente pero muy excitado.

    Tania me miró y se quedó callada unos segundos.

    -Aquí me cogieron. -respondió.

    Yo estaba volando, no lo podía creer, hace tan solo unos minutos, en esa habitación, en esa misma cama, se habían devorado a Tania. No pude más, me tire sobre ella y caímos en la cama, la empecé a besar desesperadamente mientras trataba de levantarle el vestido y al mismo tiempo abrir mi pantalón.

    -Fueron los dos? Te llenaron de leche? -le pregunté súper excitado.

    -Mjmm… -asintió mientras la besaba.

    -Y por donde te llenaron. -le susurré.

    -Uno de ellos, por esta misma boca que estas besando… y me tomé cada gota. -dijo Tania ya muy excitada.

    Yo seguía forcejeando con mi pantalón pero también podía sentir las suaves piernas de Tania.

    -Y el otro? Dónde fue? -le pregunté intrigado.

    -El otro fue con el que baile, el me llenó por el culo.

    Yo ya no podía más, me levanté y rápidamente me desvestí. Mientras lo hacía, Tania también se quitaba la cinta roja, el vestido y se quedó nuevamente solo con el hilo negro y sus tacos, se dio la vuelta y se puso en cuatro en la cama.

    -Ven, prueba un poco. -me dijo.

    Tania con una mano se arrimó el hilo y dejó al descubierto un ano húmedo y dilatado, me acerqué lentamente, le cogí las nalgas, se lo abrí y me zambullí en él, mi lengua recorría su delicioso culo, se podía sentir que alguien más estuvo ahí y yo disfrutaba muchísimo, Tania estaba súper excitada y me pedía que le dé por el culo, la complací.

    Definitivamente mi verga comparada con la del moreno que se acababa de clavar a Tania era un juguete de niños. Ella tenía el culo súper húmedo, mi verga resbaló dentro inmediatamente y empecé a cabalgar el culo de Tania, ella gemía de placer mientras yo chocaba contra sus redondas nalgas, no tardé mucho hasta llegar, tenía mucha leche aguantada y también le llene el culo.

    Tania había gozado cada momento de la noche, nuevamente entró al baño a limpiarse el culo, aún tenía el ano abierto. Mientras tanto yo aproveché a volverme a poner el terno, cuando Tania terminó de limpiarse y maquillarse se volvió a poner el vestido y su cinta roja.

    Salimos de la habitación, bajamos y esta vez caminamos a la cochera, cogimos el carro y nos fuimos.

    Una excelente y deliciosa velada.

  • Mi amigo Clever

    Mi amigo Clever

    Clever Iniesta es hijo de un Comandante de la Guardia Civil, muy amigo de mi padre, don Próspero Iniesta, originario de Ávila, pero residentes en Madrid desde hacía ya algunos años, después de un periplo por distintos lugares mientras don Próspero iba ascendiendo y cambiando de ciudad. Clever Iniesta nació en Zaragoza, justo la semana que tenía que trasladarse su padre a Toledo. Cuando su madre se repuso del parto, madre e hijo viajaron a Toledo a juntarse con su padre que ya había acudido a su nuevo destino. Como fervientes católicos, bautizaron a Clever en la Catedral de Toledo, porque tenían ciertas amistades con algún clérigo. El padrino de su bautismo fue un señor muy rico de Argentina, amigo de su padre, y eligió el nombre para su ahijado. Siete años más tarde el padre de Clever fue trasladado a Madrid, y recibió su primera comunión en la Catedral de san Isidro de Madrid, un templo al que su padre le tenía una cierta estima y al que acudía casi todos los domingos mientras el servicio no se lo impedía.

    Su madre, Constancia Ferraz, de muy buena familia, tradicional, adinerada y muy noble, era de constitución débil. Solo tuvo un hijo, Clever, al que educaron con todo los cuidados, mimos y cariños hasta la exageración, si es que en familia se puede decir que el cariño alguna vez es exagerado. Por mi experiencia personal, como tengo tanto déficit de cariño materno, todo lo que hagan las madres por sus hijos nunca me parece exagerado. Digo que Clever fue hijo único porque, tras su nacimiento, a su madre hubo que extirparle ovarios y no sé qué cosas más, porque estuvo al borde de la muerte. Ya no pudo tener más hijos, aunque el matrimonio los deseaba, por eso quizá se volcaron en Clever de un modo total y absoluto. Tanto don Próspero como la señora Constancia amaron a su hijo hasta que ambos murieron. Sé que los tres se amaron mucho. Yo conocí a don Próspero, pero no a doña Constancia.

    Doña Constancia Ferraz, la misma semana que su hijo recibió la primera comunión enfermó. Primero que si alguna comida le había sentado mal, luego que si el hígado. Después de todas las pruebas le detectaron un tumor en el cerebro que había que extirpar. La operación, difícil en principio por el lugar donde estaba, resultó un éxito. Se le dio el alta, pero ya le impidieron realizar cualquier trabajo por pequeño que fuera. Don Próspero, que amaba a su mujer como nadie ama a la suya, la rodeó de todos los cuidados y servicios hasta tal punto que casi pierde toda su fortuna en cuidados médicos, y había puesto en riesgo sus negocios que administraba mi padre. Fueron años difíciles, pero mi padre nunca dejó de enviarle el dinero que necesitaba. En las Navidades en que cumplía Clever diecisiete años, su madre, doña Constancia Ferraz, murió tras nueve años de penosa enfermedad y dejó el mayor de los vacíos en el corazón de don Próspero y en el corazón y el alma de Clever.

    Yo conocí a Clever en el mes de mayo siguiente a la muerte de su madre; Clever tenía 17 años y unos meses y yo había cumplido 18 en enero. Clever, al igual que yo, estaba acabando el bachillerato. Nos habíamos conocido en un barco. Y nos hicimos amigos. Con Clever se me quedó una especial y particular amistad que perduró más allá del barco y hasta nuestros días.

    Su padre y el mío se pusieron de acuerdo para enviar a su hijo a mi casa todo el verano. Los años anteriores habíamos hecho una invitación al respecto, pero muchas veces todo se queda en palabras y no se realizaba. En esta ocasión, fueron los padres los que hicieron posible que sus dos hijos de juntaran todo un verano.

    En efecto, era la víspera de san Juan. Lo recuerdo por muchas razones, una porque al día siguiente era fiesta nacional entonces, otra porque esa noche tenía que ir a la playa con otro amigo mío llamado Conrado que también estuvo en el barco invitado por mi padre. Ya lo teníamos todo preparado para ir a las hogueras de la playa y regresar tarde a casa, pero nos iríamos a mi casa de la ciudad. De repente me avisa mi padre que a las cinco pasará por mi porque cerca de las seis de la tarde llegaría en AVE desde Madrid el amigo Clever.

    —”¿Por qué no me avisaste antes?, pero vale, está bien, te espero”, le dije a mi padre.

    Entonces se me ocurrió pensar que si para mí había concluido el curso y por tanto el Colegio, para Clever igualmente había concluido. Tenía en mí una confusión y una alegría. La confusión era que no sabía cómo acertar para decirle a Conrado que no íbamos a estar solos y decirle, además, de quién se trataba; la alegría me entró porque Clever había escuchado por fin mi invitación. Me senté al borde de la cama, pensando lo que tenía que hacer, me levanté, saqué el móvil de mi bolsillo, volví a sentarme, dejé el móvil, paseé por la habitación, me fui a la cocina, me ofrecieron de todo, cogí una manzana, la devoré sin darme cuenta, marqué el número de Conrado, no le di conexión y esperé con el teléfono junto al oído escuchando el silencio. Eché el móvil sobre la cama, me metí al baño, oriné y me la pelé. Eyaculé bastante y, tras limpiarme, me senté al borde de la cama, cogí el móvil y sonaba a comunicando o esos ruidos. Lo apagué y volví a marcar a Conrado:

    —”Sí, dime”.

    —”¿Conrado?”.

    —”No seas gilipollas, ¡quién va a ser si no?”.

    —”Mira, que quería decirte que a las seis llega en el AVE Clever, ¿te acuerdas de él?

    —”Sí, claro; lo invitaste tú cuando se iba…, fíjate si ha tardado tiempo para aceptar tu invitación, pero…, ¡qué bueno! Entonces nos vamos los tres a las hogueras”.

    —”¿No te parece mal?”.

    —”¡Que va; todo lo contrario; ese chaval es de puta madre, joder, que majo y…, está bueno, ¿eh?”.

    —”A qué hora vendrás?

    —”Un poco antes de las seis estoy en la estación”.

    —”Vale, no faltes”.

    —”El AVE, ¿no?, porque viene de Madrid…”.

    —”Oye, no me seas jodido, ¿de dónde va a venir si no?”.

    —”No sé como los guardias civiles se recorren España entera…”.

    —”Te espero, estará mi padre, nos llevará a cenar pronto y luego nos deja sueltos a los tres”.

    —”Fabuloso, hasta luego”.

    —”Hasta luego”.

    Verdadera sorpresa para mí. Pensé que le sentaría mal y para Conrado era un tío que estaba bueno. Jamás lo podía imaginar, pero me alegró tanto, que me fui a la cocina a comer lo que me habían ofrecido las mujeres. Besé a Rosario, besé a Mercedes y les dije:

    —”Aquí estoy dispuesto a comerme todo lo que me pongan”.

    Se pusieron de contentas como nunca; contentas, mimosas y charlatanas. La única cosa que me sorprendió de ellas fue la siguiente:

    —”No sé cómo se van a arreglar dos chicos solos en la casa de la playa”, dijo Rosario.

    —”Y ¿qué comerán estos benditos niños?”, decía Mercedes.

    —”Prometo llamar cada día o cada dos días y si tengo hambre, vengo a recoger algo que me preparáis para los dos o… para los tres”, les dije con sorpresa.

    —”¿Qué tres?, ¿quién es el otro?, preguntaron.

    —”El chico más guapo de su barrio…”, dije con suspense.

    —”¡Conrado!”, dijo Rosario.

    —”Pero quiero una promesa ahora: un día ha de presentarnos a ese chico que viene de Madrid”, dijo Rosario.

    —”Por supuesto, Rosario, vuestros deseos son órdenes para mí”, dije complaciente.

    —”Este chico es un cielo”, decía Mercedes.

    Me fui a la ducha y, aunque me apetecía, no me masturbé para guardar reservas para la noche, porque pensaba que la noche, víspera de fiesta, es larga, calurosa y erótica. Además, pensé que los tres ya estábamos soñando de la misma manera: cómo pasar un verano muy erótico. No me equivoqué; ya estaba a punto de salir al garaje para no hacer esperar a mi padre, cuando me llamó Conrado:

    —”¿Viene de visita o para todo el verano?”.

    —”Creo que para todo el verano”.

    —”¡Qué bueno!”.

    —”Sí”.

    —”¿Vais a estar aquí o en la playa?”.

    —”Cómo que vais?, ¿es que no vas a venir”.

    —”Yo quisiera, pero…”.

    —”Pero qué, a ver dime, cabrón, ¿qué te pasa ahora?, ¡no seas marica, dime!”

    —”Es que tendré que buscarme trabajo para estos dos meses…”.

    —”Ya; habrá que arreglar eso”.

    —”Hasta luego”.

    —”Hasta luego”.

    Llegó mi padre. En el camino le pregunté dónde íbamos a vivir si en casa o en la playa. Me dijo que donde quisiéramos, pero que el chico venía con la idea de que estaríamos en la playa. Y continuó:

    —”Mamá me ha dicho que este año ella no va a la playa. Si vosotros queréis os busco alguien para que os limpie la casa y os cocine y os quedáis los dos allí. Yo iré alguna vez…”

    —”Conrado”.

    —”¿Conrado?, ¿qué le pasa a Conrado?”, preguntó mi padre.

    —”He invitado a Conrado y me ha dicho que este verano tendrá que buscarse trabajo…, si quieres…,” le insinué.

    —”¿Cuando veo a Conrado?, preguntó.

    —”Ahora en la estación”, respondí.

    En la estación del AVE no tuvimos que esperar mucho para que apareciera Conrado, saludó a mi padre, me dio un abrazo y mi padre me dijo que esperara. Le dijo a Conrado que lo siguiera y habló con él aparte. Antes de que llegara el AVE regresaron y Conrado venía con una sonrisa de oreja a oreja y mi padre me dijo:

    —”Conrado limpiará la casa y preparará la comida para los tres y para cuando yo vaya. Si Roxana quiere ir, no le hagas un feo; reservad su habitación limpia y siempre a punto por si va; que nadie la ocupe. Vosotros os encargaréis de la compra. Hacédselo pasar bien al chico de Próspero, que no me acuerdo cómo se llama”, dijo mi padre.

    —”Clever, papá; se llama Clever y te aseguro que lo pasará muy bien, porque estamos decididos a eso”.

    —”Su padre va a salir al extranjero en una misión especial, tardará algo más de dos meses. Todo el tiempo que se alargue la ausencia de su padre es vuestro, que sea feliz; ah, y no arriesguéis vuestra vida en el mar”, sentenció mi padre.

    El AVE llegó. Clever llegó con una gran maleta. Yo pensaba para qué se lleva tanta cosa si total vamos a ir todo el día y toda la noche sin nada, sin vestido, solo gorra, gafas y zapatillas, como decía Conrado de que nosotros usamos “triquini“, es decir, gorra, gafas y chanclas. También era comprensible que cuando uno sale de su casa para dos meses o más, quisiera llevarse su mundo consigo, por eso me explicaba también lo de la maleta tan grande. Nos abrazamos, nos besamos. En un momento estuvimos los tres abrazados muy apretados hasta que mi padre nos dijo que nos íbamos a cenar. Fuimos a cenar. En el coche y en la cena no paramos de hablar los tres y de hacer proyectos e irnos donde Eugenio y viajar en su barco y lo bien que lo pasamos y nos acordamos de Antoine. Mi padre nos dijo que era una gran idea y por eso hablaría con El Capitán para organizar otra pesca en el barco. Jamás entendí porque llamaban pesca si nadie echaba ni el más mínimo anzuelo, pero seguro que era un lenguaje de los mayores. Pero sí, justo del 25 al 28 de junio estuvimos en el barco en una travesía que nos llevó hasta Cartagena. El cocinero del barco fue Conrado, aunque le ayudábamos todos los jóvenes. Estuvo también Antoine con un amigo suyo que se llamaba Tasio.

    Cinco días a principio de julio estuvo Roxana con nosotros, solo salía de su habitación para comer. No supo pasarlo bien y no vino más.

    Decidimos ocupar una habitación, la mía, porque cabíamos los tres. Cuando hablábamos de esto Clever dijo:

    —”Uno dentro de otro cabemos en el pasillo”.

    Clever resultó ser muy divertido sobre todo por sus frases fuera de lugar o imposibles de realizar, pero llenas de contenido erótico. Nos dedicamos a comer, dormir poco, nadar, correr por la arena. Conrado, sin embargo mantenía la casa muy limpia y los viernes se propuso no salir con nosotros a ninguna parte para hacer una limpieza a fondo de la casa.

    Yo había aprendido de un taxista del que me hice amigo a follar en toda regla y me vi en la obligación de enseñarlo a Clever y a Conrado. Para Conrado no fue una novedad, pero para Clever fue un total y verdadero descubrimiento. Sí, fueron muchos días, tres muchachos juntos, desnudos todo el día y no pasar a mayores no era factible. En la farmacia que había al lado del supermercado, mientras dos hacíamos la compra, otro pasaba a la farmacia para adquirir bastantes preservativos, cada vez que entrábamos en una farmacia y los obteníamos nadie nos puso inconvenientes ni nos hicieron preguntas perspicaces o molestas; la verdad es que nos conocían de vernos tantas veces.

    Enseñamos a Clever a colocarse y usar los profilácticos. Ese fue un verano en el que los tres nos follamos uno al otro, nunca lo hicimos a escondidas del tercero. Los viernes que Conrado no venía con nosotros, lo más que hicimos fue alguna masturbación, pero en la noche follábamos los tres. Consumimos varias cajas de preservativos. A Clever le gustaba mucho que lo follaran, no quería ser activo nunca, y las veces que casi le obligábamos no lo disfrutaba. Entonces decidimos no molestarle y que follara cuando quisiera. Se encargó de ser nuestra puta buena. Gritaba como un desesperado adrede y se hacía el afeminado.

    Un día entró en la habitación de Roxana y salió vestido de niña. Se había pintado horrendamente mal. Los dos machos que estábamos allí, le arrancamos los vestidos con violencia, diciéndole de todo, “puta romana” fue lo más leve. Luego lo follamos por la boca y por el culo a la vez, lo hicimos Conrado y yo a la vez, primero Conrado lo folló por el culo mientras yo le hacía mamar mi polla hasta el orgasmo. Luego cambiamos. Lo que no le quitamos en todo el rato fueron las medias y la falda rota. Se quedó en su cuerpo.

    Después de follarlo, seguíamos tratándolo de igual forma y se encendió de pasión y comenzó a mamarnos nuestras pollas, así que nos levantamos; Conrado y yo nos pusimos juntos y nos mamó las dos pollas a la vez. Conrado y yo nos besábamos. Pero el tío nos calentó y lo tiramos al suelo para mamarle su polla y Conrado, en cuclillas, puso el agujero de su culo sobre la cara de Clever y éste se lo comía con avidez. Acabamos por fin los tres desnudos y abrazados camino al mar para echarnos al agua. De mi casa al mar solo hay una duna, eso nos permitía salir desnudos de casa sin problemas. Tanto se amariconó y se afeminó Clever que le gustó llevar bolsa en bandolera. Se cogió una bolsa de esparto de mi madre para llevar las cosas de la playa. Movía bien el culo. Sin embargo, le recomendamos que con nosotros, pase, pero cuando venga su padre, que tuviera cuidado. Su padre no vino en todo el verano, ni el día del barco.

    En septiembre se fue Clever para preparar el inicio de sus clases. Su padre no había llegado. Mi padre estuvo atento de lo que necesitaba Clever en Madrid y recomendó a sus abuelos paternos que fueran a vivir con él hasta que llegara su padre. Su padre regresó en diciembre, se jubiló por una enfermedad que había contraído en la misión del extranjero. Cada vez empeoraba más y falleció dos años más tarde. Acompañé a mi padre al funeral de don Próspero. Pasé cinco días en Madrid consolando a mi amigo Clever como él deseaba ser consolado.

    Clever no se casó nunca, no tuvo pareja firme nunca, quiero decir que ni la tiene ni idea de tenerla lleva. Conrado lo mismo. Hice de todo para que se juntaran, pero no había modo. Nos hemos visto los tres con cierta frecuencia, pero ni así hubo modo de juntarlos. Ellos querían lo que les estaba prohibido y les era inalcanzable. Seguimos siendo amigos los tres hasta hoy. Seguimos visitándonos, pero como hermanos; tanto Clever como Conrado no necesitan avisar para venir a mi casa cuando quieran, y lo hacen con cierta frecuencia, es decir, todo el trato y afecto es de auténticos hermanos que se quieren, pero nada más.

    Por más que les he insistido que ellos formarían una buena pareja no picaron. Sé que cuando vienen a casa, ellos tienen sus cosas que las guardan muy entre ellos, pero formalizar su vida, ni a ruegos ni de coña. Por amor a mi pareja, con ellos no quiero nada relacionado con el sexo. Medio en broma le digo a mi pareja que los consuele alguna vez, a sabiendas que ellos no quieren. Tanto uno como el otro le han dicho a mi pareja lo que querían y se les ha vedado, porque mi pareja ya se lo había arrebatado.

  • Chus y Cholo

    Chus y Cholo

    Recuerdo que era un sábado lluvioso del mes de diciembre de 1971, y sé que era el 1971 porque yo tenía 18 años. Estaba tomando un kas de naranja, de pie, delante del mostrador de la tienda del Barrigas, cuando llegó mi amigo Cholo. Al ponerse a mi lado vi que tenía unas ojeras que le llegaban a los pies. Le pregunté:

    -¿Pasaste una mala noche?

    -Con la lluvia machacando los cristales, los truenos, los rayos, los perros aullando y el mochuelo ululando en el saliente de la ventana no pegué ojo. -habló con en tendero- Ponme una tónica, Miguel.

    Cholo tenía mi edad y era un chavalote moreno, de estatura mediana muy guapo y algo mariconcete. Vivía en una casa al lado del monte con sus padres y su hermana Chus, y no me extrañó que no pegara ojo, ya que en Galicia los mochuelos son considerados aves de mal agüero, y cuando ululan en una aldea se tiene la creencia de que se va a morir alguien y si además se oyen a los perros aullando, acojona de verdad. Cambié de tema y le pregunté:

    -¿Va un tute para ver quien paga las consumiciones?

    -Mejor un chinchón.

    -Como quieras. Vas a perder igual.

    Sin pedírselas, el Barrigas, nos dio un mazo de cartas. Las cogí y nos fuimos a un apartado donde había media docena de mesas y un futbolín. Eran las doce del mediodía y estábamos solos. Ya sentados y después de repartir Cholo las cartas, le dije:

    -Debió acojonarte una cosa mala sentir al mochuelo ulular en el saliente de tu ventana.

    -No lo hizo en el saliente de mi ventana, lo hizo en el de mi hermana Chus.

    Chus era una pelirroja pecosa, con carita y sonrisa de ángel. Tímida. Tenía buenas tetas y buen culo. Llevaba siempre las faldas y los vestidos por debajo de las rodillas y su largo cabello recogido en dos trenzas.

    -¿Estaban tus padres en casa?

    -Estaban. Follaban en su habitación, que está entre la mía y la de mi hermana.

    -¡¿Sintiendo al mochuelo y a los perros?!

    -Pues sí. Follaban en silencio, pero de cuando en vez a mi madre se le escapaban gemidos de placer.

    -Si tu los oías, tu hermana también lo hacía.

    -Es obvio que sí, pero a eso ya está acostumbrada. Lo que la ponía negra, en el otro sentido, era el mochuelo.

    -¿Fuiste a su habitación a ver como estaba?

    -No, mi hermana, asustada, vino para mi cama.

    -Un caramelito en la cama de un marica…

    -Eso pensaba ella.

    -¿Vas a negar que eres marica?

    -Todos somos un poco maricas. y las mujeres un poco tortilleras.

    -Yo, no.

    -No, ya sé que no eres tortillera.

    -Vete a la mierda. ¿Qué pasó en esa cama?

    -Que Chus se metió en ella. Se tapó la cabeza con las sábanas y las mantas y se puso en posición fetal. Yo también me tapé la cabeza. Mi hermana olía a jabón de la Toja y polvos de talco. Le pregunté:

    -¿Tienes miedo?

    Me respondió:

    -«Miedo y frío».

    Me di la vuelta, le di la espalda, y la invité a abrazarse a mí para entrar en calor. Se abrazó. Al sentir sus tetas en mi espalda mi polla se puso dura como una piedra. Estuvimos así un par de minutos. Cuando dejó de temblar le cogí una mano y se la llevé a mi polla. La acarició como si estuviese acariciando a un perro o a un gato. Le cogí la mano, hice que apretase con ella mi polla y que la moviese de arriba abajo y de abajo arriba… Poco después giré la cabeza y busqué su boca, pero lo único que sentí fue su aliento. Le llevé la polla a los labios. Abrió la boca y me la mamó y me la meneó hasta que se la llené de leche.

    Imaginé a Chus tragando leche y mi polla se puso dura.

    -¿Qué pasó después?

    -Nos destapamos. Quité los calzoncillos y limpié mi leche a ellos. Me puse enfrente de mi hermana. Le cogí las tetas y se las magreé por encima del camisón. Comenzó a gemir muy en bajito. Busqué sus labios y los encontré deseosos de besar. Chus se quitó el camisón y las bragas y pude chuparle las tetas. Eran grandes, duras y suaves como la seda. Sus pezones eran pequeñitos. Al rato bajé mi mano derecha. La metí dentro de sus bragas. Su chochito peludo parecía una pequeña charca. Le metí un dedo y sentí como mi hermana comenzaba a temblar. Esta vez no era con el frío ni con el miedo. Me habló por segunda vez, y me dijo:

    -«Me corro, Cholo».

    -Sentí como un chorro de jugo empapaba la palma de mi mano…

    -Ver como se corre tu hermana debe ser el no va más.

    -No la vi, estábamos a oscuras, eso sí, la sentí, y al sentirla se me puso la polla tiesa, tiesa, tiesa, y hice lo que nos explicó Celso que se le debe hacer a una mujer con la boca y con la lengua para que se corra.

    -¿Le comiste el coño después de correrse?

    -Sí. Con la luz de un relámpago, cuando se le iba a lamer los labios, vi que tenía el chochito cremoso, era como leche condensada, pero me supo a ostra. Después de lamer varias veces los labios, le follé la cuca con la punta de la lengua, luego, cuando le lamí de abajo arriba la perla, ya no me dio tiempo a lamerle el ojete, mi hermana, sin avisar, sin un sólo gemido, pero retorciéndose, se volvió a correr en mi boca. Sentí de nuevo su flujo calentito y lo tragué con tanto placer como ella había tragado mi leche.

    -¿La follaste cuando acabó de gozar?

    -Casi.

    -¿Cómo que casi?

    -Sí, casi. De lado, metí mi polla entre sus piernas cerradas. La polla se frotaba con los labios de su chochito, que se fue mojando más, mas y más. Sus tetas se apretujaban contra mi pecho. Aprendimos a darnos besos con lengua, ya que sólo oyéramos hablar de ellos… Llegó un momento en que mi hermana estaba tan caliente que abrió las piernas para que se la metiese. Le metí la puntita de la polla, y comiéndome la boca, comenzó a correrse de nuevo. La quité y me corrí fuera.

    Conocía bien a Cholo, y sabía que si me estaba contando esto era porque algo tramaba. Debía ser algo muy fuerte, así que dejé que siguiese. Lo bueno, cuanto más se espere, mejor. Así, que le dije:

    -A mi no me engañas. No la desvirgaste porque eres maricón.

    -No, no la desvirgué yo porque me desvirgó ella a mí, claro que al desvirgarme también se desvirgó ella, se desvirgó el chochito y el culo.

    Aquello me sobrepasaba. Sabía que había mujeres que les encantaba que las follasen analmente, pero Chus, si Chus parecía un ángel, una santa… Impaciente por saber, le dije:

    -Cuenta, cuenta.

    -Después de corrernos, mi hermana, me puso una teta en la boca y más tarde la otra mientras ella las magreaba. Luego subió encima de mi y me puso el chochito en la boca. Se ve que le encanta que se la coman. Saqué la lengua y dejé que disfrutase. Movió el culo de atrás hacia delante. Los pelos de su chochito me hacían cosquillas en la nariz. Su vagina soltaba tanto jugo que me embadurnaba la cara.

    Minutos más tarde, mi madre, que debía estar de cachonda para arriba, alzó la voz, y le dijo a mi padre:

    -«Me voy a correr otra vez, Faustino».

    Las palabras de mi madre debieron excitar sobremanera a mi hermana, ya que después de sentirlas, me susurró al oído:

    -«Y yo, yo también me corro, Cholo».

    Una pequeña cascada de jugo calentito bajó por mi lengua y cayó en mi boca. Mi hermana volvía a temblar y a gemir muy bajito. Su corrida fue inmensa. Me harté de tragar aquel delicioso jugo de textura cremosa. Al acabar de correrse, me besó y luego me volvió a dar las tetas a chupar, esta vez sin magrearlas. Después llevó su chochito hasta mi polla empalmada. Moviendo el culo alrededor, la fue metiendo, despacito. Le entró justa, muy justa, justísima, pero le encantaba. Me comió a besos mientras la metió. Al tenerla toda dentro me folló con tanta ternura que creí que me estaba follando un ángel, pero no era un ángel, no, un ángel no se corre como se corrió ella, ni su chochito atenaza la polla y la baña de jugo como me la bañó ella, ni besa con tanta pasión. No, no era un ángel, era una diablesa. diablesa que después de correrse quitó la polla del chochito y jugó con ella en la entrada de su ojete. Hacía círculos sobre él. Yo empujaba tratando de meterla. En una de las veces que se quedó quieta con la polla en la entrada le metí la mitad del glande. La sacó y volvió a moverla alrededor de la entrada. Se volvió a parar y le metí el glande entero. La volvió a sacar y volvió a acariciar el ojete. Luego la metió en el chochito. Creí que me iba a follar otra vez con él, pero no, la sacó y puso la polla engrasada en la entrada del ojete. Le metí la cabeza. Empujó con su culo y la metió hasta el fondo. Al llegar al fondo me corrí dentro de su culo. Mientras me corrí no paró de besarme y de acariciar mi cabello. Tardó mucho en correrse, pero cuando lo hizo se corrió sacudiéndose como si estuviera sufriendo un ataque epiléptico.

    Empalmado como un toro, y deseando llegar a casa para pelármela, le dije:

    -La corrida debió ser épica.

    -Lo fue.

    -¿Y qué más hicisteis?

    -Nada, cuando se recuperó de la brutal corrida se puso las bragas y el camisón, y sin decir una palabra, volvió a su habitación.

    Tenía que preguntárselo.

    -¿Por qué me contaste esta historia?

    -Porque esta noche mis padres van a Portugal a por tabaco y café de contrabando.

    -¿Y?

    -Y mi hermana me dijo esta mañana que le gustaría verme jugar con otro chico y después follar con los dos?

    -No me jodas. ¿En una noche de pura pasó a puta?

    Lo le gustó mi comentario.

    -De puta, nada.

    -Vale, de pura pasó a calentorra. ¿Y qué quiere ver? ¿Quiere ver cómo dos tipos se dan por culo?

    -Supongo que sí.

    -Búscate otro.

    -Te quiere a ti. Siempre le gustaste.

    -Por follar a tu hermana no voy a permitir que me des por culo.

    -Escalera de color.

    Me había pillado yendo a por uvas.

    -¡¿Escalera de qué?!

    Sonriendo, me respondió:

    -Escalera de color. Paga las consumiciones.

    Encima de la mesa puso la escalera de color, era de oros e iba del as al siete.

    Me mosqueé.

    -¡¿No me contarías esa historia para despistarme?!

    -No me hacen falta artimañas para ganarte a las cartas.

    Tuve que pagar las consumiciones.

    Esa tarde, cuando vi a Chus, tenía unas ojeras como las de su hermano. Iba al río a lavar la ropa y llevaba una bañera en la cabeza. En el momento que me sonrió, me acerqué a ella y pensando en mi culo, le pregunté:

    -¿Cómo tiene la polla el badulaque de tu hermano?

    Me respondió:

    -Pequeñita y delgadita

    Quique.

    P.D.- No os molestéis en comentar. Ya sé que da mucho trabajo.

  • En la piscina

    En la piscina

    Siempre hablábamos de las fantasías eróticas que cada uno tenía, yo por ejemplo pensaba cómo sería el sexo en un ascensor, en las escalas, en un bar swinger, en el baño de un bar, pero lo que más me hacía fantasear era imaginar sexo en la piscina.

    Me puse a curiosear en internet y vi imágenes que realmente me atraparon, podía ver cómo él me penetraría si lo hiciéramos en la piscina, yo apoyando mis codos en el borde, y el detrás mío penetrándome por detrás, o frente a frente metiendo sus dedos en mi vagina.

    También me imaginaba sentada en el borde de aquella piscina con mis piernas abiertas justo en frente suyo mientras él levemente sumergido está justo en frente de mi vagina lamiéndola y haciéndome el sexo oral que tanto me gusta.

    Podría imaginar también, estar sentada encima suyo en el borde de aquella piscina metiendo su pene en mí, o quizás yo practicándole sexo oral y tragando su semen.

    No podía faltar aquella posición en cuatro en las escalas de la piscina…

    Ay ay ay… que magnífico placer, sólo imaginando, porque en la realidad el fuego del volcán se extinguió…

  • Soñando con su hijo

    Soñando con su hijo

    Mayte leía un libro en la cama, tratando de coger el sueño. A su lado su marido parece que ya lo había conseguido, y dormía recostado hacia el lado contrario. Cuando terminó el capítulo decidió dejarlo, ya continuaría al día siguiente. Antes de apagar la luz, se inclinó hacia su marido para darle un beso de buenas noches, aunque él ya estuviera dormido. Cuando vio su cara, le dio un vuelco el corazón… el hombre que estaba con ella en la cama era Fernando, su hijo.

    En ese momento Mayte despertó con el corazón latiendo a mil pulsaciones. Había estado soñando. Efectivamente, a su lado no había nadie, tal y como ocurría cada noche desde que se separó de su marido hace más de diez años. Mientras su ritmo cardiaco recuperaba la normalidad, pensó en lo que acababa de ocurrir. Había tenido sueños raros en su vida pero esto era demasiado… ¿por qué había soñado eso?

    Se sentía aliviada de «volver» a la normalidad. Estaba desvelada, así que se levantó y fue a la cocina a beber un vaso de agua. Al volver a su habitación, se acercó a la habitación de su hijo. No veía nada en la oscuridad, pero podía oír su respiración, y eso la reconfortaba, era como reafirmar que todo seguía como siempre.

    Fernando era su único hijo. Le tuvo muy joven, a los 20 años. Ahora ya era un auténtico hombre, con 19 años. Era un chico muy maduro para su edad. Probablemente cuando su matrimonio se rompió, Fernando fue desarrollando una madurez y una autosuficiencia inusuales debido a que le faltaba la figura paterna. Mayte por su parte, tras el divorcio no tardó mucho en intentar llenar el vacío que dejó su marido. El principal problema era que necesitaba más ingresos. Ella tenía un trabajo bastante mal pagado, pero no quería cambiar de trabajo ya que tenía un contrato indefinido y necesitaba esa seguridad. Así que tenía algunos problemas para sacar la casa adelante, sobre todo antes de que Fernando cumpliera los 16 años, que fue cuando éste dejó el instituto y empezó a trabajar.

    Antes de eso, tuvo tres relaciones más o menos serias con otros hombres. En todas ellas todo había ido bien al principio, pero cuando Mayte quería pasar a algo más serio, ellos siempre se echaban atrás. Solían decirle que era mucha mujer para ellos. Mayte era una mujer alta, atractiva, con un físico que se puede decir que «imponía» a los hombres. No tenía problema en atraer la atención del sexo opuesto, pero por otro lado todos los tíos se acojonaban antes o después, no daban la talla. Así que seguía soltera, conviviendo solamente con su hijo.

    A la mañana siguiente Mayte desayunaba en la cocina, sin dejar de pensar en el sueño de la noche anterior. Fernando entró y le dio los buenos días, y se acercó para darla un beso en la mejilla como hacía todas las mañanas. Sin embargo, ese día era diferente. Notó la aspereza de la barba de Fernando al besarla, y una extraña sensación recorrió su cuerpo. Se sentía incomodada. Llevaba solo un camisón, sin nada debajo, y decidió ponerse una bata, necesitaba esa especie de capa de protección.

    Ese día no ocurrió nada más fuera de lo normal; transcurrieron varios días normalmente, en los que Mayte prácticamente se había olvidado ya de su extraño sueño.

    Unos días después, en una tarde normal de entresemana, Mayte se encontraba en casa haciendo limpieza. Trabajaba por la mañana así que le quedaba toda la tarde libre. Una vez terminadas las tareas de la casa, se fue al salón a relajarse. Encendió la televisión, y al poco rato le fue entrando sueño, en parte por el cansancio acumulado del día, y también por lo soporífero de la programación que había en la tele.

    Después de echar un sueñecito, miró la hora y vio que se tenía que poner a preparar la cena. Fernando llegaría en una media hora, y así ya casi lo tendría preparado para cuando llegara.

    Mientras cocinaba, oyó las llaves en la puerta. Al rato Fernando entró en la cocina:

    «Hola cariño, me has echado de menos?»

    «Hola cielo, sí, tenía ganas ya de que llegaras», respondió Mayte.

    Fernando se acercó a ella por detrás, la abrazó por la cintura y la dio un beso en la mejilla. Mayte percibió su olor, el típico de cuando volvía del trabajo, principalmente un olor a sudor.

    «Qué me has preparado?», dijo Fernando, sin despegarse de su madre.

    «Una tortilla de patata, todavía queda un rato para que se termine de hacer».

    «Mmmm… entonces que podemos hacer mientras?», dijo Fernando, al tiempo que besaba el cuello de Mayte.

    Mayte sonrió y dijo melosamente, «No sé… qué te apetece?»

    Las manos de Fernando subieron desde la cintura hasta los pechos de Mayte, los cuales empezó a acariciar. Ella puso sus manos sobre las de él, apretándolas levemente contra su pecho. Se dio la vuelta y pasó las manos alrededor del cuello de su hijo, se acercó y le besó en los labios suavemente, pero con firmeza. Ahora las manos de su hijo estaban sobre su culo, apretándolo y magreándolo. Siguieron besándose cada vez más apasionadamente. La lengua de Mayte entró en la boca de Fernando, siendo cálidamente y húmedamente recibida. Sus cuerpos se apretaban y se frotaban cada vez más, mientras sus lenguas jugaban dentro de sus bocas.

    Fernando rompió el beso, pero su boca continuó estimulando el cuello y la parte superior del pecho de Mayte. Entre beso y beso decía:

    «Que ganas tenía de salir del curro, cariño… he estado todo el día pensando en ti. Llevo todo el día cachondo esperando este momento…»

    «Y yo de entregarme a ti, Fernando… vamos… hazle el amor a tu mujer…»

    Fernando fue desabotonando apresuradamente la blusa de su madre, y según la piel de ésta se iba mostrando, la iba besando y lamiendo. Su perfume de mujer le iba invadiendo y poniendo cada vez más cachondo. Mayte notaba en su pubis la dureza del paquete de su hijo; empezaba a jadear y a gemir, exteriorizando la excitación que su hijo le estaba produciendo. Sus tetas ya estaban fuera del sujetador, y sus pezones alternativamente eran chupados y magreados por su hijo. Mayte con una mano se agarraba a él y con la otra le sobaba el paquete por encima de los pantalones.

    Fernando se separó de ella y se quitó el cinto, y luego los pantalones. Su polla ya totalmente dura se mostraba ante Mayte, presagiando lo que estaba a punto de pasar. Fernando subió la falda de su madre hasta la cintura y la bajó las braguitas hasta los tobillos, de forma que pudiera abrir las piernas. El sexo de Mayte mostraba claramente su excitación en forma de lubricación. No parecía que hicieran falta demasiados preliminares. Fernando la agarró y la subió a la encimera, y sin pensárselo penetró el sexo de su madre, directamente hasta el fondo. Mayte echó la cabeza hacia atrás, tratando de olvidarse de todo y de centrar sus sentidos en la penetración que le hacía su hijo. Éste empezó a moverse instintivamente adentro y afuera, con violencia. Tenía un miembro realmente grande, pero los fluidos de Mayte permitían que entrara y saliera con facilidad de su vagina, a pesar del grosor.

    Madre e hijo continuaron dándose placer, gimiendo, dando todo de sí mismos para maximizar el placer propio y el del otro. No pasaron muchos minutos hasta que Fernando se corrió abundantemente en la vagina de su madre. Sus gemidos se ahogaron en la boca de ella, ya que no paraban de comerse sus respectivas bocas. Cuando Mayte sintió la semilla caliente de su hijo en sus entrañas, no pudo resistir más y llegó también al orgasmo, sin dejar de moverse arriba y abajo. Desgraciadamente, según iban pasando los segundos el placer se iba poco a poco, pero estaba totalmente satisfecha. Hacía tiempo que no se corría así.

    En ese momento Mayte despertó de la siesta. Tardó unos segundos en percibir dónde estaba, y en darse cuenta que de nuevo había soñado con su hijo. Su corazón todavía latía fuerte. Recordó lo que había vivido momentos antes, y un temor la invadió. Esperaba que su tremendo orgasmo hubiera sido solo en su sueño. Su mano derecha se dirigió temblorosa hacia su entrepierna. La metió por dentro de sus braguitas y encontró aquello que no quería encontrar: su vulva estaba empapada de sus flujos. Se acababa de correr pensando en su hijo, es cierto que lo había hecho inconscientemente, pero el caso es que era así.

    Por si eso fuera poco, acababa de oír un ruido en la casa. Miró la hora, y es que ya llevaba un buen rato durmiendo, y Fernando ya había llegado. Solo faltaría que él se hubiera dado cuenta de algo. Se dirigió hacia la cocina; parecía que él se había puesto a preparar algo para los dos. Pasó por su habitación primero para cambiarse la ropa interior.

    Finalmente, con bastante miedo fue a saludar a su hijo. La conversación fue bastante natural, no parecía que Fernando se hubiera dado cuenta de nada. Cenaron tranquilamente, aunque Mayte no quería ni mirar a la encimera, donde, aunque sólo fuera en sueños, esa tarde había follado con su propio hijo.

    Esa noche tardó en concebir el sueño. No paraba de preguntarse por qué pasaba todo esto. Trató de reflexionar sobre ello fríamente y cayó en la cuenta de algo:

    Fernando era su hijo, pero durante estos años, y sobre todo desde que se empezó a convertir en un adulto, casi parecía más su marido, salvando las distancias. Traía dinero a casa, cuidaba de ella, la hacía compañía, la consolaba cuando hacía falta. Pensó que en cierto modo, por esta vida que llevaban, quizá su subconsciente le veía más como una figura de marido que de hijo, y por eso le estaba jugando esas malas pasadas.

    Por otro lado, Fernando físicamente tenía lo que ella buscaba en un hombre. Era bastante alto y fuerte, y de aspecto muy viril, velludo, con una voz grave… Cuando ella estaba con hombres que no eran así, no le ponían demasiado. Prefería que fueran más altos y fuertes que ella. Quizá esto también tenía algo que ver con lo que la estaba pasando.

    Pasó gran parte de la noche llorando. Principalmente por temor, por inseguridad. Tenía mucho miedo de que estuviera surgiendo en ella el deseo carnal por su hijo, y eso era terrible.

    En los días siguientes, Fernando notaba a su madre distante. Él trataba de hacer como si no notaba nada, para no hacer el ambiente más enrarecido aún. Mayte se estaba pensando si acudir a un psicólogo. Eso probablemente «corregiría» su problema, pero en el fondo no estaba segura de querer que la situación cambiara. Y es que a veces llegaba a pensar que todo eso no era algo malo. Al fin y al cabo, no dejaban de ser hombre y mujer, que vivían juntos y que se cuidaban y se querían.

    Por un lado estaba claro que una relación incestuosa era algo totalmente prohibido, pero por otro tenía la sensación de que todo esto podría ser una señal del destino. Quizá Fernando era el hombre de su vida, y no se había dado cuenta hasta ahora.

    Mayte pasaba el día comiéndose la cabeza con todas estas dudas, y seguía estando rara y distante con su hijo.

    Quizá por casualidad, o quizá no, el domingo de esa semana era el día de la madre. Este año Mayte se iba poniendo muy nerviosa a medida que llegaba el día. No era como otros años en los que era un bonito día que pasaba tranquilamente en compañía de su hijo. Esta vez podía pasar cualquier cosa.

    Cuando llegó el domingo, la sorpresa que Fernando tenía preparada era un viaje en globo. A Mayte le encantó el regalo. Por ser el día que era, se mostró un poco más cálida, y no reparó en besos y abrazos para su hijo.

    La tarde la pasaron juntos en casa, viendo una película. Cuando terminó, Fernando apagó la tele y se sentó al lado de Mayte.

    «Una cosa mamá… que lo de esta mañana no era realmente tu regalo del día de la madre»

    Mayte se extrañó mucho, pero le hizo un gesto para que continuara.

    «Pues no es nada del otro mundo, simplemente es que hay una cosa que no te digo con mucha frecuencia, y es que te quiero. Te quiero mucho mamá».

    Mayte se inclinó y le abrazó. Se sentía halagada, pero las palabras de su hijo, en la situación actual, la confundían más aún. Sin romper el abrazo dijo:

    «Por qué me dices esto?»

    «Es que últimamente no sé qué te pasa… estás muy rara y me preocupas. Por eso ante todo quería que supieras lo que siento.»

    Mayte se separó y le miró a los ojos. «Tranquilo cariño, no es nada que no se pueda arreglar. Yo también te quiero.»

    Estuvieron un rato mirándose y sonriendo, hasta que Fernando volvió a interesarse, «Bueno, entonces me vas a decir lo que te pasa?»

    «Lo siento cariño, pero no te lo puedo decir»

    Fernando insistía, «Pero dame alguna pista… tiene que ver conmigo?»

    Ante el acoso de Fernando, Mayte prefirió escapar de la situación, diciendo que tenía cosas que hacer. Se levantó para salir del salón, cuando Fernando dijo:

    «El otro día te oí en sueños».

    Mayte paró en seco. No se podía creer lo que acababa de oír. Con el corazón a mil pulsaciones, se dio la vuelta de nuevo y dijo «Que?»

    Fernando respondió: «No me parece justo que no lo sepas… el otro día cuando llegué a casa te oí, y sé qué tipo de sueño estabas teniendo.»

    «No era contigo», la voz de Mayte era débil y temblorosa.

    «Mamá, tu no conoces a otro Fernando… y además es que no puedes engañarme… Llevo muchos años viviendo contigo y te conozco»

    Mayte renunció a su intento de escapada, y volvió a sentarse con su hijo, esta vez un poco más lejos, y dijo: «De acuerdo, eras tú quien aparecía en mi sueño. Pero no le doy demasiada importancia. No se controla lo que uno sueña»

    Fernando respondió: «Hay algo que me tengas que decir? Tienes que reconocer alguna cosa en especial? Ya sabes a lo que me refiero.»

    La situación era casi surrealista pero Mayte no aguantaba más con ese secreto en su interior, necesitaba librarse de esa carga. «De acuerdo», dijo, «pero luego quiero que respondas tu a la misma pregunta. Ahí va… «, tragó saliva y bajando la mirada continuó: «Reconozco que… que me siento atraída por ti, hijo.» Después de un rato levantó la mirada y habló de nuevo: «Y ahora tú… dime qué es lo que piensas de mí. Y sé sincero.»

    «Bueno… a ver por donde empiezo… en principio, por supuesto, te veo como madre, pero para ser sincero, la verdad es que uno no es de piedra, y muchas veces pienso que eres una mujer impresionante. Eres muy guapa y muy atractiva, mamá, eso es así seamos madre e hijo o no… a veces me jode pensar que otros hombres puedan tenerte y yo no, por ser tu hijo…»

    «Bien, vamos por partes. Por un lado te agradezco tu sinceridad, hijo, es cierto que es mejor hablar las cosas. Y por otro, tenemos que poner distancia entre nosotros. Creo que deberías buscarte un piso de alquiler. Por qué no compartes piso con algún amigo o alguien del trabajo?»

    «Lo que nos faltaba mamá, otro gasto… y además yo estoy genial aquí contigo. Nadie me va a cuidar como lo haces tú. Además, por qué tenemos que luchar contra los instintos? Aquí estamos tú y yo solos, nadie sabe lo que hacemos. Creo que deberíamos intentarlo, mamá»

    Mayte trató de fingir una expresión de rechazo, pero no era muy convincente. Se levantó y con la voz temblorosa dijo «Esto no puede ser, Fernando. Y no quiero que vuelvas a hablar a tu madre como acabas de hacerlo ahora».

    Seguidamente salió del salón y se metió en su habitación con la puerta cerrada, y no salió de allí para cenar. Fernando cenó solo, esperando que ella al final saliera de su refugio y volvieran a hablar del tema, ya que no habían sacado ninguna conclusión en claro. Pero no fue así. Cuando se empezó a hacer tarde se acostó, sin conseguir quedarse dormido. Era una noche bastante calurosa, lo que acentuaba su insomnio.

    Mayte estaba en su habitación volviéndose loca de las dudas.

    Cuando le dijo a Fernando que no podía ser, no lo pensaba realmente, y era consciente de ello. Precisamente después de un día como este, con los dos regalos que su hijo le había hecho, no podía estar más convencida de que Fernando podría ser su pareja, su novio, su marido. Le había demostrado cuanto la quería, aunque día tras día también lo hacía. Pero tras ese día, Mayte pensó que iba a ser difícil encontrar a alguien más apropiado para ella, y más a medida que iba cumpliendo años. Fernando era su hombre, solo que… era su hijo.

    Tenía que tomar una decisión, y tenía dos opciones muy claras. Hasta ahora apartaba de su cabeza la idea de darle el sí a su hijo, pero eso solo le había valido para reprimir instintos, comerse la cabeza y pasar noches en vela. Y así iba a seguir si no hacía nada para remediarlo.

    Se levantó de la cama, y se acercó a la puerta, sopesando las posibilidades. Su cabeza le decía que no, pero su corazón y su cuerpo parecían controlar su voluntad, dirigiéndola hacia su hijo. Miró hacia su cama vacía, pensando en volver a ella y olvidarse de todo esto. Y en ese momento recordó todas esas noches sola, durante diez largos años, donde no había tenido un hombre para poder recostarse en su pecho. Y tenía un hombre en la puerta de al lado, y que además la había confesado que sentía algo por ella.

    El que no arriesga no gana.

    Mayte salió de su habitación y entró en la de Fernando, sin creerse realmente lo que estaba haciendo. No oía la respiración de su hijo así que no sabía si estaba despierto. Se quitó el camisón, quedando desnuda del todo, y se metió en la cama con su hijo.

    «Estas despierto?», dijo nerviosa.

    «Creo que estoy soñando…», respondió él.

    Las palabras sobraban en ese momento, así que Mayte tomó la iniciativa. Se puso encima de Fernando, notando como sus pechos rozaban con el pecho de él, y le besó en los labios, tanteando el terreno. Fernando devolvió el beso, cogiendo la cara de su madre con delicadeza.

    Bien por lo placentero de la situación, o porque no sabían cómo dar el siguiente paso, siguieron besándose durante unos minutos, diciéndose sin palabras lo mucho que se querían. Después, Mayte cogió con sus manos las de Fernando y las puso sobre sus pechos, invitándole a que los magreara, cosa que él hizo con gusto. Fernando amasaba con fuerza los pechos de su madre, los besaba y chupaba su suave superficie.

    «Me encantan tus tetas, mamá. No sabes cuánto había deseado este momento»

    Mayte se sintió halagada y deseada. «Pues son todas tuyas, cariño. Solo tuyas…»

    Al poco rato Mayte empezó a notar la reacción de su hijo a su sobeteo de pechos. Notaba como su polla se estaba levantando, y rozaba su ano y su sexo.

    Las manos de Mayte jugaban con el pelo de Fernando, mientras le besaba la cara y la boca. Sus lenguas se encontraron y empezaron el lúbrico juego que ambos llevaban tiempo deseando, llenando la habitación de sonidos de chasquidos y chupeteos. La incestuosa mezcla de saliva bañaba sus bocas antes de ser tragada por los dos amantes.

    El sexo de Mayte también reaccionaba, y un denso flujo empezaba a cubrir las paredes de su vagina y los labios vaginales. Frotaba su cuerpo contra el de su hijo, arriba y abajo, estimulando la piel de ambos, hasta que en uno de esos movimientos, el glande de Fernando entró en su vagina. Mayte movió sus caderas hacia atrás hasta ensartarse completamente en ella, ayudada por la abundante lubricación que estaban produciendo los dos. Se le puso la carne de gallina, y sus pezones se endurecieron aún más, hasta casi dolerle. Tras unos segundos acostumbrándose a la nueva sensación, empezó a moverse rítmicamente, follándose contra la polla de Fernando. Éste volvió a copar los pechos de su madre con las manos, apretándolos y rozando la áspera piel de sus palmas contra los pezones.

    A pesar de que Mayte al principio estaba muy nerviosa, cada vez estaba más tranquila y cómoda. Sentía que estaban hechos para esto, que se complementaban y encajaban perfectamente. Lo había sospechado ya antes, pero ahora, formando un solo ser con Fernando, lo tuvo claro.

    Madre e hijo seguían follando con suavidad pero apasionadamente, saboreando el momento. Contenían los jadeos, aunque cada vez era más difícil hacerlo. Mayte se estimulaba el clítoris con dos dedos. Las manos de Fernando estaban apoyadas en las caderas de ella, guiándola contra su mástil una y otra vez, apretando hacia abajo, haciendo que en cada embestida su polla entrara completamente en el coño de su madre, a pesar de su tamaño. Fernando aumentó el ritmo guiando a Mayte más rápidamente arriba y abajo, señal de que estaba llegando al orgasmo. Mayte se dio cuenta; a ella todavía le faltaba para llegar, pero por otra parte la encantaba dar placer a su hijo, y estaba deseosa de sentir su semen en su interior.

    En efecto, Fernando empezó a emitir gemidos guturales y a correrse abundantemente dentro de su madre. Ésta contraía los músculos de su vagina, intentando «ordeñar» hasta la última gota de leche, y de darle todo el placer posible. Siguió moviéndose suavemente hasta que la polla de Fernando empezó a perder su erección, y finalmente se la sacó y se recostó al lado de él.

    Fernando, todavía con la voz entrecortada, dijo «Lo siento, mamá. Me gustaría haber durado un poco más.»

    Mayte le beso en la mejilla y dijo «No te preocupes, cielo. Me has hecho sentir muy bien. Y no me llames mamá, llámame Mayte.»

    Mayte estaba realmente cansada. Por hoy, el día había sido bastante movidito, así que decidió dormir. Además, mañana tenían que ir a trabajar.

    «Aquí como que no cabemos los dos, no?», dijo Mayte

    «Uno encima del otro sí, jejeje», bromeó Fernando.

    «Creo que deberíamos dormir en mi cama, no te parece?»

    Fernando no decía nada. Ante la indecisión, Mayte se levantó de la cama y le cogió de la mano, invitándole a levantarse. Así lo hizo, y de la mano fueron hasta la cama de matrimonio, en la que dormirían juntos a partir de ahora.

    Mayte se durmió rápidamente, recostada en el pecho de su hijo. Por primera vez desde que tuvo su primer sueño con Fernando, durmió del tirón, como un bebé.

    A la mañana siguiente se despertó con la luz que entraba por las rendijas de la persiana. Cuando recordó lo que había ocurrido, temió por un segundo que hubiera sido otro sueño. Se dio la vuelta y allí estaba Fernando, ya despierto y mirándola.

    «Qué tal has dormido?», preguntó él.

    «Genial.»

    Fernando empezó a jugar con el pelo de Mayte con una mano, y dijo: «Estás segura de esto?»

    La sonrisa de Mayte se tornó en una expresión algo más seria, «Sí, totalmente. Quiero que seamos una pareja, como cualquier otra.»

    Fernando acercó su cara a la de Mayte y la besó dulcemente en los labios. «Me alegro de verte así. Llevabas unas semanas con una carucha…»

    Mayte devolvió el beso con intensidad. Su cuerpo todavía tenía ganas de marcha. La noche anterior no se había corrido, y además ahora estaba descansada. Su mano acariciaba el abdomen de Fernando, y fue bajando hacia su paquete.

    «Mmmm… te has levantado juguetona, eh?»

    Mayte no respondió, sino que se pegó más a su hijo, y siguió metiéndole mano en sus partes, notando como su polla estaba ya aumentando de tamaño. Fernando intento interrumpirla:

    «Cariño, me encantaría seguir con esto, pero tienes que ir a trabajar…»

    Mayte interrumpió su manoseo, y con una sonrisa malvada, se dio la vuelta en la cama y cogió el teléfono inalámbrico de su mesilla. Cuando al otro lado cogieron el teléfono, dijo, «Natalia?…. Oye verás, es que no me encuentro nada bien esta mañana… creo que no voy a poder ir a trabajar. Avisa por allí, vale? Gracias…»

    Mayte colgó el teléfono mirando a su hijo sin dejar de sonreír, al tiempo que soltaba la sabana que la cubría, mostrándole su torso desnudo, y le dijo:

    «Fóllame».

  • Soñando con su hijo (Final)

    Soñando con su hijo (Final)

    La relación de Mayte y Fernando iba saliendo adelante. Llevaban dos meses como pareja, manteniendo el secreto de su incesto dentro de las puertas de casa. Era una relación principalmente sexual. Fernando tenía una libido muy alta y necesitaba «tema» constantemente, y por otro lado su madre llevaba muchos años sin sentirse sexualmente satisfecha. Así que pasaban más tiempo en la cama que fuera de ella.

    Pero eso no quiere decir que no hubiera sentimientos. Estaban como dos quinceañeros, enamorados y encaprichados uno del otro.

    Mayte estaba cada día más guapa. Desde que empezaron la relación se sentía realmente feliz, y se le notaba mucho exteriormente. Estaba siempre sonriente y radiante. Además, todo el «ejercicio» que hacían en la cama se notaba, y había perdido un par de kilos, lo que le hacía estar estupenda.

    Una noche, después de hacer el amor, descansaban desnudos en la cama.

    «Fernando…»

    «Dime, cariño», contestó él.

    «Verás, yo estoy muy bien así contigo, pero es que necesitamos salir por ahí… ya sabes. Ya salimos de vez en cuando pero no podemos hacer ciertas cosas, besarnos, ir de la mano…»

    «Yo también echo eso en falta, mamá. Pero no podemos arriesgarnos a que alguien conocido nos vea.»

    «Ya lo sé… por eso, lo que deberíamos hacer es un viaje»

    Fernando no lo pensó mucho, «Estaría muy bien. Me gustaría mucho hacer un viaje romántico contigo… has pensado en algo en concreto?»

    «Pues es que he estado mirando últimamente por internet, y parece que hay vuelos muy baratos a Italia. He pensado en Florencia», dijo mientras se le dibujaba una sonrisa.

    «Donde tú digas… no entiendo mucho de destinos turísticos, así que me fío de ti. Seguro que nos gustará»

    La ilusión se apoderaba de Mayte, «De acuerdo, pues a partir de mañana empezamos a hacer preparativos!»

    Las semanas hasta que llegó el gran día se hicieron muy largas. Habían reservado para cuatro noches en un hotel del centro de Florencia, aprovechando unos días de puente que ambos tenían libres.

    Mayte decidió que tenía que comprar ropa nueva para el viaje, y también porque se acercaba la primavera y tenía que renovar un poco el vestuario. Se llevó a Fernando para que la aconsejara. ¿Quién mejor que un hombre para ello?

    Llegaron al centro comercial. En vez de ir a las tiendas de siempre, decidieron que Mayte debería ahora vestir de forma más juvenil, para que se notara menos la diferencia de edad. Finalmente entraron en una tienda y Mayte empezó a escoger varias prendas. Fernando también elegía algunas que le gustaría ver puestas a su madre.

    Mayte se metió al probador mientras él la esperaba fuera. Tras unos minutos, abrió la cortinilla y se mostró a su hijo con una camiseta de tirantes de color azul claro, y unos vaqueros. La camiseta le marcaba bastante el pecho, y dejaba ver los tirantes blancos del sujetador. Los pantalones le sentaban perfectamente. Estaba muy juvenil y favorecida.

    «Que tal me ves?», preguntó ella.

    Fernando se acercó y le dijo: «No es que estés guapa, es que voy a ser la envidia de todos cuando me vean contigo.»

    Mayte sonrió ampliamente y respondió, «Yo solo te pertenezco a ti, cariño. Para eso eres mi novio, no?»

    Fernando le dio un pico en los labios, «Qué raro se me hace lo de ‘novio’… tantos años siendo sólo tu hijo»

    Mayte dijo, «Por eso quiero que me llames por mi nombre de pila, en vez de mamá»

    En ese momento, una mujer salió del probador contiguo, mirándoles con una cara mezcla de asco y de sorpresa. No habían reparado en que había alguien ahí. Cuando pasó de largo, Mayte se tapó la boca con las manos. Ambos se miraron ruborizados, aunque a Fernando casi le había hecho gracia. Sonrió y dijo, «Joder, qué pillada»

    Mayte se puso una mano en el pecho, notando como su corazón latía aceleradamente, «Nos habrá oído?», dijo.

    «Pues claro… estaba justo al lado», dijo Fernando sin dejar de sonreír.

    «Qué corte, dios mío»

    «Pues a mí me da morbo…», dijo él, acercándose un poco más a su madre y poniéndola una mano en la cintura.

    Mayte sonrió un poco, «Tío, tu siempre pensando en lo mismo…», le miró al paquete y preguntó, «Qué pasa, te han entrado ganas?»

    Fernando miraba nervioso al centro de la tienda, donde solo había dos chicas mirando ropa y la dependienta en el mostrador, leyendo una revista. La expresión de Fernando era ahora más seria. Su mano había pasado a acariciar el culo y el muslo de Mayte. Entonces hizo el gesto de entrar al probador, empujándola ligeramente. Ésta, para no caerse, dio unos pasos hacia atrás, quedando los dos dentro del probador.

    Fernando corrió la cortinilla, se dio la vuelta y empezó a besar a Mayte, agarrándola y magreándole las nalgas. Ella, que no tenía claro si quería hacer esto, no podía resistirse realmente, ya que estaba acorralada en el rincón. Así que simplemente se dejó llevar y siguió dándose el lote con su hijo, dejando que éste le metiera mano por todas partes.

    Fernando cogió la camiseta de ella y se la quitó hacia arriba, dejándola en sujetador. Mayte le suplicaba que parara con la mirada, ya que prefería no hablar para que no les oyeran. Fernando no atendía a razones. Pasó las manos por detrás de ella y le desabrochó el sujetador. Las tetas desnudas de Mayte subían y bajaban al ritmo de su respiración agitada. Fernando se agachó y empezó a comérselas hambrientamente, juntándolas con las manos y metiéndose todo lo que podía en la boca. Parecía haberle puesto muy cachondo la situación que acababa de ocurrir.

    Cuando se quedó a gusto, se desabrochó los pantalones, enseñándole a su madre su polla totalmente erecta. Le indicó con un gesto que se la chupara, cosa que ella entendió a la primera. Se arrodilló sumisamente y con decisión se metió la verga en la boca, chupando con intensidad.

    Fernando tenía agarrada su cabeza, y la guiaba con fuerza atrás y adelante. Según la excitación de ambos iba en aumento, cada vez apretaba la cabeza de Mayte con más fuerza, y a la vez movía sus caderas adelante y atrás, de forma que más que una mamada, lo que hacía era follarse la boca de su madre.

    Mayte por su parte, aunque le estaba gustando, quería terminar con esto cuanto antes, por lo que trataba de apretarle la polla con el interior de la boca lo más posible, intentando que se corriera ya. Sin embargo Fernando estaba aguantando hoy más que nunca.

    Al rato él la hizo apartarse. Al hacerlo, un hilo de saliva quedó entre los labios de Mayte y la punta de la polla de Fernando. La ayudó a incorporarse y la desabrochó los vaqueros y metió la mano entre sus piernas, masturbándola por encima de las bragas.

    Mayte ni siquiera se planteaba resistirse, dada la agresividad que mostraba su hijo, así que ella misma se terminó de quitar los pantalones.

    La polla de Fernando estaba tremendamente dura y enhiesta. Mayte le pajeaba suavemente mientras se dejaba sobar el coño por él.

    Estaba claro que Fernando necesitaba descargarse. Hizo girarse a Mayte y la puso contra el espejo del probador. Le bajó las bragas hasta las rodillas, y sin pensárselo se la introdujo en su vagina, casi entera en la primera embestida. La lubricación de Mayte ayudaba, y es que a pesar de que no la gustaba hacerlo aquí, la situación la tenía realmente excitada. Fernando la agarró de la cintura y empezó el vaivén, rápido y fuerte. Los pechos de Mayte se bamboleaban atrás y adelante según su hijo bombeaba en su sexo por detrás.

    Ambos estaban ya haciendo auténticos esfuerzos por no gemir. Solo querían correrse por fin y terminar de desahogar la pasión que había surgido entre ellos en aquel lugar.

    Fernando agarraba las tetas de Mayte, copándolas casi enteras con sus grandes manos. Mayte se sentía sometida, entregada. Su hijo la follaba sin piedad, sin cuidado, preocupándose sólo de su propio placer. Notaba la rugosidad de esas manos que sólo buscaban un par de buenas tetas que manosear.

    Finalmente, notó que Fernando le agarraba las tetas realmente fuerte, y que había dejado de bombear; poco después pudo sentir el chorro de semen en su interior. Ella no se había corrido, pero no le importaba, simplemente se limpió con unos pañuelos de papel y se vistió de nuevo.

    Al salir de la tienda pagaron la ropa apresuradamente y salieron de allí. Desde luego, no podrían volver a comprar en esa tienda.

    No intercambiaron palabra en el camino de regreso a casa. Mayte estaba enfadada, pero no dijo nada, porque podría ser peor. Tenía algo de miedo. Esperaba que todo esto hubiera sido sólo un desliz de su hijo.

    Para cuando llegó el día de la partida, el incidente estaba prácticamente olvidado. Ahora solo tenían en mente la emoción y los nervios del viaje. El vuelo salía desde Madrid, así que condujeron hasta allí y dejaron el coche en un aparcamiento de larga estancia. Afortunadamente no hubo retrasos en el aeropuerto, y despegaron con normalidad.

    A medida que se alejaban de España, se iban sintiendo más anónimos y libres, más alejados de toda persona conocida. La sensación se acentuó en cuanto pisaron suelo italiano. Desde ese momento eran una pareja más, dos turistas cualquiera entre la multitud de gente.

    Llegaron al hotel ya de noche. Les hubiera gustado de dar un primer paseo de reconocimiento, pero por las horas que eran, y debido al cansancio, decidieron que se irían a dormir y ya al día siguiente estarían todo el día viendo la ciudad.

    Sin embargo en la recepción, cuando mostraron su documentación, el recepcionista se quedó un buen rato analizando los carnets de identidad. Al rato les dio la llave de la habitación, pero había algo en la expresión de ese hombre que no les gustó nada.

    Finalmente olvidaron el asunto y subieron. La habitación era encantadora y tenía unas vistas muy buenas al río y a sus magníficos puentes. Esa noche no hicieron el amor, ya que prácticamente cayeron rendidos en la cama.

    Durante el día se dedicaban a visitar los museos y monumentos más importantes de la ciudad, así como a recorrer algunos otros pueblos de la Toscana, en un coche que habían alquilado y que Fernando conducía.

    La vida nocturna era de lo mejor del viaje. En la ciudad se podía salir todas las noches y había mucho ambiente. Uno de esos días, estaban en un pub tomando algo, y vieron que tenían cerca un grupo de españoles, chicos y chicas, de la edad de Fernando o algo mayores.

    Entablaron conversación con ellos, y al poco rato habían congeniado bastante. Les dijeron a sus nuevos amigos que eran pareja, y no pareció extrañarles demasiado a pesar de la evidente diferencia de edad.

    Estuvieron tomando copas y bailando todos juntos, cosa que afortunadamente, rompía un poco la rutina de estar los dos juntos todo el día.

    A Mayte le molestaba mucho el humo de los bares, así que salieron un rato a pasear y tomar algo de aire fresco. Caminaban de la mano tranquilamente, al igual que muchas otras parejitas que había por allí.

    «Que sepas, que Marcos me ha dicho, medio en broma, que eres una MQMF», dijo Fernando.

    «Y qué coño es eso?»

    «No lo has oído nunca? Significa… una madre que me follaría»

    Mayte rio… «Pues nadie me va a poner un dedo encima, más que mi novio…», tras lo cual se paró y le plantó un húmedo beso en los labios. Se notaba que Mayte estaba excitada, tenía un rubor en sus mejillas muy característico.

    Mayte continuó, «Llevo toda la noche cachonda… no sé, creo que es por cómo me miran los chicos del grupo, parece que se fijan más en mí que en las de su edad.»

    «Pues claro… no hay comparación entre ellas y tú… eres una mujer hecha y derecha»

    «De verdad?»

    Fernando no contestó y, tras una pausa, preguntó directamente «Nos vamos al hotel?»

    Por suerte, justo en ese momento pasaba un taxi libre. No hizo falta decir nada, lo pararon y se subieron apresuradamente.

    Le dieron la dirección al taxista, y empezaron a darse el lote en el asiento trasero. No podían esperar. No se cortaban, sino que se besaban con sus bocas abiertas, dándose lengua… las manos de Fernando amasaban con descaro las grandes tetas de su madre.

    Al taxista no parecía importarle, y de hecho no les quitaba ojo de encima. En cuanto llegaron le dieron un billete sin esperar las vueltas, y fueron a su habitación medio corriendo.

    Por fin llegaron a su alcoba. La ropa de Mayte no le duró mucho tiempo encima. Primero se quitó la blusa y el sujetador, exponiendo sus pechos deseosos de ser estimulados. Fernando se inclinó y hundió su cara en ellos, recibiendo su olor de mujer, y desfrutando de su suavidad con su cara y su lengua.

    Mayte se echó en la cama de espaldas y se desabrochó los pantalones. Él se los bajó, y después fue subiendo de nuevo por las piernas de su madre, besando y chupando su piel con lujuria. Cuando llegó a su pubis, pegó su nariz a su coño por encima de las braguitas, inhalando con fuerza. Después se dedicó a lamerle el sexo sin quitárselas, lo cual estaba matándola de placer.

    Sin embargo, el coño de Mayte necesitaba ser penetrado. Le miró y dijo:

    «Déjate de tonterías y métemela, por favor…»

    Fernando también lo estaba deseando, así que se desabrochó los pantalones y se la sacó, sin desvestirse. Apartó la parte frontal de las braguitas y presionó su glande sobre la entrada de su madre. Estaba tremendamente lubricada, y la tranca de Fernando entró fácilmente.

    Empezaron a follar intensamente. Fernando se inclinó más, buscando de nuevo esa lengua que tanto le gustaba. Mayte echó los brazos hacia atrás, a lo largo de la cama. Fernando hizo lo mismo y agarró las manos de ella, mientras seguía dándole embestidas.

    Mayte sentía que su hijo la estaba aplastando con su cuerpo, pero poco importaba. El gusto que sentía lo compensaba todo. Los gemidos de uno se ahogaban en la boca del otro mientras se ayudaban mutuamente a llegar al orgasmo.

    Estuvieron en esa postura hasta que Fernando se corrió abundantemente, entre gemidos de los dos. Al notar la leche en su interior, Mayte se sintió un poco frustrada, ya que todavía le faltaba bastante para llegar al clímax. Fernando dijo:

    «Tranquila cariño, en un rato estoy a punto otra vez»

    «No pasa nada», respondió ella.

    Mayte se dedicó a desvestirle por fin, cosa que llevaba deseando hacer toda la noche. Besó y magreó su cuerpo sin prisas – tenían todo el tiempo del mundo. Fernando alcanzó con una mano la entrepierna de Mayte mientras se dejaba magrear, para poder estimular su sexo.

    Ella todavía tenía las bragas puestas, y el semen su hijo se había ido escurriendo viscosamente fuera de su vagina, por lo que se había formado un charquito ahí abajo. Fernando lo notó pero hizo como si nada, y empezó a masturbar a su madre así, presionando las bragas encharcadas contra los labios de su sexo.

    Cuando Mayte lo notó le miró a los ojos lascivamente, dejándose hacer. Se sentía indecente, sucia. Era impropio de una mujer de su edad… pero no podía evitar que le gustara. Era la putita de su hijo, y debía dejarle hacer lo que él quisiera.

    La polla de Fernando reaccionó pronto, debido tanto a las caricias que recibía, como a los tocamientos que él le hacía a ella en sus zonas más impúdicas. No hacía falta que cruzaran palabras, Mayte ya sabía lo que tenía que hacer, así que volvió a tumbarse en la cama, esta vez boca abajo. Fernando por fin le quitó las bragas, quedando a su disposición los dos agujeros de su pareja, abiertos y deseando ser llenados. Se dedicó a acariciar el sexo de ella, pringándose de flujo, el cual extendió por toda la zona.

    Mayte no estaba como para indecisiones, y movía sus caderas hacia atrás buscando la polla de su hijo, ansiosa. Fernando introdujo la punta de su mástil entre los labios vaginales de ella, empujando generosamente. Mayte dejó escapar un largo gemido de satisfacción, y empezó el movimiento de vaivén. Los movimientos de ambos se acompasaban, buscando el placer del otro y el propio.

    Esta vez Mayte ya no podía aguantar mucho tiempo – demasiada tensión sexual acumulada durante toda la noche. Empezó a notar que se formaba el orgasmo dentro de ella. Sus gemidos aumentaban, y ya no se preocupaba de aguantarlos. Agarró las sábanas con fuerza, y se corrió salvajemente, sintiendo como el placer se apoderaba de todo su cuerpo.

    A pesar del orgasmo de su madre, Fernando siguió bombeando con fuerza, acelerando aún más el ritmo. Se había corrido minutos antes por lo que le costaba alcanzar un nuevo orgasmo. Mayte, consciente de ello, se dejaba follar hasta que su hijo acabara por fin, a pesar de que empezaba a sentirse un poco irritada ahí abajo.

    Después de un rato no aguantaba más en esa posición, y se incorporó para hacerle una felación. Agarró la enorme polla de Fernando y empezó a chupar con ganas, rítmicamente. Por fin, y cuando ya empezaba a sentirse agotada, Fernando se corrió dentro de su boca. En lugar de sacársela, continuó recibiendo la leche en su boca, hasta que sintió que ya no salía más. Entonces se apartó y tragó el espeso líquido, mirando a su hijo a los ojos para ver su reacción. Él la miraba encantado, se notaba que eso le había gustado.

    Tras unos minutos de descanso, Mayte prefirió darse una ducha antes de dormir. Cuando volvió y se metió en la cama, Fernando estaba ya medio dormido, pero ella le despertó de nuevo. A Mayte encantaba conversar después del sexo.

    «Estás dormido, cielo?», preguntó ella.

    «No mamá, dime…», dijo él desperezándose.

    «Me estoy acordando de ese sueño que tuve… con aquello empezó todo»

    Fernando sonrió, «Me alegro de que lo tuvieras, si no, no estaríamos juntos ahora»

    Sonrieron y se besaron dulcemente en la boca. Fernando reinició la conversación:

    «Sobre ese tema, tengo que confesarte una cosa»

    Mayte le miró preocupada, «El qué?»

    «El día que volví a casa y estabas teniendo un sueño erótico… recuerdas que te dije que pronunciabas mi nombre en sueños… realmente no era cierto»

    «Qué me estás diciendo?». Mayte pensó un rato antes de seguir hablando, «entonces, cómo sabías que me sentía atraída por ti?»

    «No lo sabía. Fue un farol, necesitaba saber lo que pensabas de mí, necesitaba saber cómo me veías.», respondió Fernando.

    «Pero, por qué?»

    «Mira mamá, yo hace mucho tiempo que sabía que tú y yo teníamos que acabar juntos. Me gustabas muchísimo, y aparte tú estabas sola, y ninguno de los hombres con los que lo habías intentado te había llenado… no sé, tenía que intentarlo»

    Se hizo el silencio durante unos minutos. Mayte estaba totalmente sorprendida. Finalmente habló:

    «Mira, no te voy a decir que me parezca bien eso que hiciste. Pero si ahora estamos tan bien juntos, es gracias a eso. No puedo reprochártelo». Sonrió y acarició la cara de Fernando, lo cual relajó bastante la tensión que se había creado.

    Una vez perdonado, Fernando besó a su madre en los labios. Mayte le correspondió y estuvieron besándose calmadamente hasta que les venció el sueño.

  • Expuesta con la familia (Parte 3)

    Expuesta con la familia (Parte 3)

    … el lunes siguiente ya en casa, al despertar, me dijo mi amiga:

    -que, te animas a ir vestida a la oficina como el sábado pasado en casa de tus papás?

    Mmmm… la propuesta era muy tentadora, varias veces mi marido me había retado a ir a la oficina vistiendo algo verdaderamente revelador pero no me había atrevido todavía porque mi jefa era algo tradicionalista y no quería llamar la atención más de lo que los hombres que ya sabían cómo abordarme para coger con ellos, he ido vestida con minifaldas y vestidos cortos, pero lo que me proponía la pareja de Tony pasaba el límite de cualquier código empresarial…

    Armándome de valor y sabiendo que ir así me provocaría estar en boca de absolutamente todos en la oficina le dije:

    -ok, lo haré!

    -lo sabía! -Dijo ella feliz y emocionada, solo que tengo un regalito más para ti Mariela… mira!

    Era un atuendo idéntico al del sábado pasado pero blanco, estaba precioso!

    Al irme vistiendo me di cuenta de que este era aún más revelador, el material del que estaba hecho era el mismo que el de color salmón, pero el color hacia que mi cuerpo se transparentara aún más debajo de la tela…

    Al ver la cara de ella de completa aprobación me di valor y terminé de calzarme las zapatillas de tacón de alfiler blancas que torneaban mis piernas de manera genial, el efecto era muy cachondo!

    Tomé mi bolsa y salimos rumbo a mi trabajo, ella me dijo:

    -déjame a la entrada de tu trabajo, tengo algunas cosas que hacer en el centro comercial y nos vemos a la salida para que me platiques como te fue; ok nena?

    -ok -le contesté empezando a sentir como un calorcito se generaba entre mis piernas, mi raja, que de nuevo estaba totalmente descubierta solamente enmarcada por una tanga en forma de triángulo que solamente acentuaba mi desnudez ahí abajo ansiaba ser descubierta en su esplendor al caminar entre mis compañeros de trabajo…

    La única diferencia entre los atuendos del sábado y el de hoy era que no traía sweater, de tal forma que todo mi cuerpo era perfectamente visible desde el principio, me estacioné y baje del auto caminando de manera cachonda hacia el elevador de empleados me di cuenta que el vestido llegaba apenas al inicio de mis muslos dejando el borde del vestido llegar justo a mi raja, lo que seguramente por detrás permitiría a quién me viera verme las nalgas sin ningún trabajo, y saludando a los polis de la entrada empecé a darme cuenta del efecto de mi atuendo: se quedaron sin habla, entré al elevador seguida de dos hombres… me desnudaron con la mirada, al darse cuenta que yo los veía sonriéndoles cachondamente, se pusieron un poco más serios pero no por eso dejaron de verme los pezones visibles perfectamente a través de mi vestido…

    Salí del elevador meneando las nalgas segura de que ellos no dejarían de verlas hasta que cerrara sus puertas el elevador… decidí dar una vuelta en la oficina antes de entrar a mi lugar para saludar a mis compañeros y dejarles ver mi atuendo a todos…

    Entré a la oficina de unos amigos y al verme dejaron de hablar inmediatamente hasta que llegué junto a uno de ellos y me acerqué a saludarlo de beso sabiendo que al hacerlo mis nalgas y mejor aún, los labios de mi raja velluda quedaban a la vista de quién estaba enfrente de él…

    -ay pero que grosera! -Dije coquetamente, déjame saludarte a ti también dije girando y agachándome a saludarlo sabiendo que ahora mis nalgas quedaban a la vista de mi otro amigo…

    -Bueno pues… que tengan un buen día amiguitos! -les dije coquetamente meneando un poco mis nalgas y cuando iba a salir uno de ellos se paró rápidamente para detenerme y decirme:

    -Mariela!, no sé qué traes entre manos hoy pero queremos ser parte de ello!

    -Jajajaja! -Riendo abiertamente les pregunté:- Pero porque dicen eso?

    -siempre te ves muy bien nena, pero hoy estás regia! te ves simplemente cachondísima!!! (Con todo respeto) -dijo él admirándome con lujuria de nuevo de pies a cabeza y volteando a ver a su amigo le preguntó:

    -Es o no es cierto que hoy se ve espectacular nuestra Marielita?!

    -si Mariela, hoy estás para tenerte toda la tarde encerrada aquí con nosotros! -dijo riendo sin dejarme de verme la raja velluda que se transparentaba claramente bajo mi vestido…

    -Jajajaja… pues muchas gracias, les parecería que me viniera al trabajo vestida de esta forma más seguido? -no me contesten! que ya vi que no dejan de desnudarme con la mirada! -Dije riendo alegremente con ellos…

    … y cuidado con lo que dicen eh!? porque en una de esas se los cumplo y me vengo a encerrar con Uds. en la tarde.

    Salí caminando alegremente de su oficina y saludé a cuanto hombre se me cruzo en el camino a mi oficina…

    Entré y me llevé la sorpresa de mi vida!

    Ahí estaba mi macho sentado en mi lugar esperándome…

    -Mi vidaaa! -Grité corriendo hacia él…- no te esperaba, que rica sorpresa!!!

    Dije abrazándolo con efusividad genuina y felicidad de encontrarlo sentadito en mi escritorio…

    Israel se paró para abrazarme también y darme un beso francés tan intenso que me hizo empezar a calentarme inmediatamente!

    -hola corazón! veo que vienes vestida para un poco de acción…

    -te gusta? quieres que me vista así más seguido? -Le pregunté ansiosa…

    -Mmmm… a ver, muéstrame más -dijo sentándose de nuevo en mi lugar mientras yo me ponía en el centro de mi oficina modelándole de manera cachonda, girando lentamente con las manos en mi cintura dejándole ver perfectamente mis piernas, el vello de mi raja se transparentaba de manera grosera en mi vestido y él dándome una mirada de aprobación me dijo: eres realmente una hembra caliente Marie, no he visto muchas mujeres por aquí que se atrevan a vestirse de esta manera…

    -Awww…te parece muy atrevido? -pregunté dando una vuelta de 360 grados para dejarle ver todo debajo de mi vestido al tiempo que le sonreía feliz de tenerlo ahí conmigo…

    Justo cuando estaba dándole esa exhibición apareció en la puerta de mi oficina una compañera del área donde estamos y me dijo sin dejar de ver el espectáculo que le estaba dando a mi macho:

    -que dice la jefa que si puedes ayudarnos con la recepción de los invitados al evento”… -dijo ella viéndonos a ambos con un gesto de sorpresa al verme tan desinhibida con él modelándome mi cuerpo… acercándose a mí me preguntó en voz baja:

    -quién es él?

    -es mi macho! -Dije en voz alta volteando a verlo más que satisfecha, él asintió con una mirada lujuriosa viéndome las piernas de nuevo y yo giré de nuevo hacia mi compañera diciéndole:- es mi dueño! Con una sonrisa de satisfacción que la dejó más confundida…

    -pero Marie, eres casada, no sé…

    -casada pero con libertad de escoger mis placeres… y él, es mi más grande proveedor de placer, en seguida voy -le dije guiñándole un ojo y volteando de nuevo a modelarme a mi macho.

    Me acerqué de nuevo a él moviéndole las caderas en señal de ofrecimiento y le dije:

    -y bien, que vamos a hacer corazón?

    -Pues eso vendrá luego, ahora quiero que vayas a donde te requieren y les des un buen show a los invitados al evento de lencería que está por empezar… ofrécete a ellos y quiero que te agendes citas con algunos de ellos para coger el fin de semana, sábado y domingo, uno cada hora y media, ok?

    -Quieres que me ofrezca como una puta? -Dije sonriendo satisfecha por esa petición de mi macho, pero… y si me quieren coger varios? puedo? (empezando a excitarme por la situación que se venía)…

    -pues a ver cómo le haces Mariela! yo quiero verte ofrecerte con todos como toda una puta ok!?

    -si mi amor, lo haré, por ti todo lo que me pidas! -se puso de pie y salimos rumbo al salón de eventos de la compañía…

    El evento era para la presentación de la nueva línea de lencería que se iba a promover en las tiendas de departamentos de la compañía y era muy solicitado por todos los asociados de la compañía y la asistencia estaba garantizada ya que nadie quería perderse el desfile de modelos que se organizaba cada temporada en la compañía…

    Llegamos al salón y mi macho Israel se pasó a tomar asiento rápidamente mientras mi jefa me daba instrucciones de como recibir a los invitados y llevarlos a sus lugares sin dejar de verme entre sorprendida y celosa de cómo me veía con el vestido que traía puesto…

    -Ok -le dije al terminar de darme las indicaciones, me dio la lista de los invitados y me fui a parar a la entrada del salón junto con otras dos compañeras que estaban ya en la labor de indicarles los lugares, sabía que mi macho me estaba observando así que me pare con las piernas ligeramente separadas para que se pudiera transparentar la silueta de mis piernas y esperé a que me abordaran los ejecutivos que llegaban a el evento…

    …se abrieron las puertas del elevador y los grupos de ejecutivos aparecieron, me acerqué a dos de ellos moviendo las caderas exageradamente y saludándoles les dije con tono cachondo:

    -vas? (como es común entre las prostitutas callejeras en México que digan cuando se ofrecen a posibles clientes).

    -…como? -Sonrieron ellos desnudándome con la mirada y fijando su vista en mis pezones erectos ya por la situación…

    Riendo alegremente con ellos les dije:

    -que si vamos a sus lugares por favor, síganme! -Caminé hacia ellos moviendo las nalgas segura de que estos dos ya estaban más que interesados en mi propuesta, llegamos a sus lugares y ofreciéndoles sus lugares les repetí:- estoy a sus órdenes, para todooo lo que quieran! (agachándome un poco haciéndoles una reverencia) -inmediatamente uno de ellos me preguntó:

    -oye, lo que dijiste al principio, cuando nos encontramos, me interesa!

    Mojándome los labios coquetamente y sonriéndole le dije:

    -se puede arreglar!… y tú? -Le dije al otro mientras dejaba que me vieran la raja visible debajo de mi vestido- quieres conmigo también?

    -Ssí… -dijo un poco nervioso…

    -Ok -les dije sonriendo- sábado o domingo? Mañana o tarde? -Pregunté curiosa y excitada…

    -Sábado! -dijeron ambos, en la mañana!

    -ok -dije feliz de saberme deseada y segura de mi misma me alejé de ambos meneando las nalgas dejándole ver a todos mis piernas y el inicio de mis nalgas…

    Así pasó toda la mañana, cuando terminé de recibir invitados tenía viernes en la tarde, sábado y domingo completamente agendado para recibir a mis ejecutivos y dejarme coger por ellos, ya les mandaría un email para confirmarles los detalles y el hotl donde los recibiría…

    Feliz me acerqué a mi macho a darle la lista y al momento de recibirla me dijo divertido:

    -En tu casa! Quiero que los recibas en tu casa a todos!

    Abrí los ojos como plato y alcancé a decir: pero, pero…

    -Nada Mariela! Recíbelos en tu casa y no quiero discutirlo!

    -… ok mi amor así será (todos ellos se darían cuenta de que soy una mujer casada y putisima que trabaja en el lugar que ellos visitan frecuentemente por cuestiones de trabajo…

    Continuará.

  • Nuestra amiga argentina no se resiste a Pau

    Nuestra amiga argentina no se resiste a Pau

    Esto para muchos puede ser una boludez, es cortito, me paso hoy y son, como digo siempre las cosas que solo puedo contar por acá, por eso lo hago.

    Hoy el día estaba re lindo, me llama Pau (para quienes no saben es mi compañera de la facultad que es lesbiana, pero lesbiana en serio), para hacer algo y quedamos en ir a boludear al Rosedal para andar un rato en rollers, cosa que hacía mucho que yo no hacía, y no me pareció mala idea, porque no tenía un carajo que hacer.

    Nos encontramos en el lugar que habíamos quedado, nos ponemos los rollers, empezamos a andar, pero la guacha, me empieza a agarrar de la mano, y así andábamos, agarradas de las manos. No sé cómo nos veía la gente, pero yo me imaginaba que nos veían como dos lesbianitas.

    Después de andar un rato, y porque ya estábamos cansadas, buscamos un lugar con poca gente, y nos tiramos en el pasto, la turra, se me empieza a acercar, me empieza a poner sus manos en mis piernas (que obvio yo estaba con un shortcito de jean) ¡y me empecé a calentar!, así delante de la poca gente que había, y si… me mete un beso y me dejo rara, porque jamás pensé hacer eso delante de gente, ¡pero me gusto!, ya éramos dos lesbianas, y eso me calentó mucho, y nos comimos la boca, ¡nada más que eso!, pero lo suficiente para que me dejara bien caliente.

    De andar en roller ya estábamos cansadas, Pau me dice de ir a su casa, le digo que si, llegamos, me apoya sobre una pared y me parte de nuevo la boca, mientras con su otra mano, me la mete sobre el pantaloncito sobre la conchita, y yo me dejaba, ¡me gustaba lo que me hacía sentir!

    Sigue, me desabrocha el pantalón y me pone directamente la mano en la conchita y yo como puedo me bajo el pantaloncito, me doy vuelta, me empieza a besar la cola, yo con mis piernas ya totalmente abiertas para poderla sentir mejor.

    Me empieza a chupar mi conchita y como me pasa siempre mis piernas temblando de placer me roba mi primer orgasmo, el que yo ya estaba esperando enloquecidamente, la quería sentir, ¡quería que me hiciera acabar!

    Ella también se había sacado casi toda la ropa, estábamos casi las dos desnuditas, me agarra de la mano, me lleva al baño y me lleva ¡a la ducha!

    Por favor, yo no puedo explicar el placer que me da cuando nos enjabonamos juntas, como digo siempre si la piel de una mujer me gusta por lo suave que es enjabonada, ¡no les puedo explicar lo que es!

    Ella se agacha y así, enjabonadas, mojadas, me empieza a meter un dedo, dos, me los ponía y me los sacaba, yo ya tenía uno de mis pies sobre el costado de la bañera, para tener mis piernas más abiertas y mi conchita regalada a ella (¿me explico?), después me la empieza a chupar hasta que me hace acabar ¡de nuevo!

    Nos seguimos besando, yo le empiezo a tocar su conchita, ella se sienta en la bañera, yo me tiro en el piso, y le hago lo mismo, hasta que me agarra la cabeza para que le coma la concha hasta que la hago acabar, pero acabó ¡como una perra!

    Nos seguimos acariciando besando, pero ya no acabamos, más, nos secamos, nos vestimos, juntitas, me quede un rato más y me fui, porque ya quería ir a casa para hacer un descanso entre haber estado con ella y salir con mi novio, que es lo que voy hacer a la noche.

    Es lo que llamo día completo conchita que ya tuve y una buena cogida que seguro es lo que me espera.

    Después de la tarde que pasé ayer, a la noche salí con mi novio, nada, fuimos a tomar algo y nos quedamos en un telo a pasar la noche, llegue como a las 9 de la mañana, me acosté un rato y me levante, y la verdad lo pase muy bien, me encanta como me coge, como es grandote, me coge en el aire, yo colgada solo de su cuello y eso me calienta ¡mucho!

    Pero eso no quita, lo bien que también lo pase a la tarde con Pau, aunque son dos cosas distintas, ¡me gustan las dos!, pero hasta hoy a la tarde… si hasta hoy a la tarde, lo mío con las mujeres era solo sexo, pero hoy es como que ¡algo cambió!

    A eso de las 14 hs, Pau me manda un whatsapp, que les copio lo más importante:

    Pau: linda, me encanto estar ayer con vos.

    Yo: yo también lo pase bien, hacía mucho que no andaba en roller.

    Pau: nena, no te hagas la boluda, digo cuando nos duchamos ¡juntas!, ya sé que lo habíamos hecho, pero ayer te sentí distinta, ¿vos??

    Yo: no sé qué decirte, obvio, no hace falta que te diga que ¡me hiciste acabar!, y me hiciste calentar mucho, pero siempre te aclare que no soy lesbiana, lo mío con mujeres es solo sexo y pasarla bien.

    Pau: ya se nena, no te quiero presionar, pero te cuento algo…

    Yo: ¿qué?

    Pau: soñé con vos.

    (Me quede helada, porque si bien, ya me había acostado con algunas amigas mías, nunca me paso hacerlo tan seguido como lo estoy haciendo con Pau, y hace tiempo que vengo pensando que ¡por algo debe ser! pero no encuentro la respuesta).

    Pau: nena, venite a casa y hablamos…

    Yo: no se Pau, ya te aclaré, no quiero que te confundas en nada.

    Pau: no nena, no seas forra, solo quiero ¡hablar con vos!, ¿o no podemos hablar y tomar el té como dos amigas?

    (La verdad es que no le quería decir que no, no se… tenía ganas de ir y ver si era cierto que no iba a pasar nada.)

    Yo: Ok, en un rato estoy ahí.

    Como siempre cuento detalles que algunos les puede interesar y a otros no, pero como siempre digo, para nosotras la ropa es lo más importante que hay, pero esta vez no le di mucha bola, fui como estaba vestida, con una pollerita de jean, zapatillas, una remerita y un saquito.

    Llego a su casa, y como el que hace vigilancia ya me conoce (es más piensa que soy una lesbiana como ella, pero ya no me importa, es más me excita eso).

    Subí, en el fondo creyendo en lo que me había dicho Pau, que solo era para hablar como amigas sobre lo que paso ayer, como me había dicho Pau, pero ni bien entro en su depto. Me apoya contra una pared y me parte la boca, cosa que no me pude resistir a esos labios suaves a sus manos que mientras me besaba ya me estaban acariciando mis piernas debajo de la pollerita que tenía puesta.

    Me gustaba lo que me hacía, no se… pero me gustaba y me dejaba, nos seguimos besando, mientras nos sacábamos la ropa, quedamos en tetas, ella, aprovecho para comérmelas, así, yo apoyada sobre la pared y sintiéndola, porque ya era más que sexo, me gustaba que fuera ella, la que me hacía ¡eso!

    Con su otra mano ya me estaba tocando la conchita y bajándome la bombacha, yo me desabrocho la pollerita y quede en bolas, desnudita para que ella me bese ¡toda!

    En todo eso pensaba “Pau me había dicho que íbamos hablar y tomar el té nada más” y yo ya estaba desnuda en su cama sintiendo sus besos, sus caricias, que me calentaban ¡cada vez más!, hasta que me empieza a besar la pancita, y baja hasta llegar a mi conchita, y yo como siempre, casi como un movimiento sin pensarlo, abro bien las piernas y dejo que me la chupe y otra vez como siempre me mete los dedos hasta que me hace acabar, pero esta vez desde que empezamos a besarnos hasta que me hizo acabar paso bastante tiempo, así que por mi calentura acabé ¡como una perra!

    Pero ahora viene la parte que más me confundió, y no solo por la calentura que yo tenía, si no por las ganas de sentirla, es como que me ¡sentía suya! Nos quedamos acostadas en la cama acariciándonos mientras me dice algo así: ”ya sé que no sos lesbiana, pero me pasan cosas fuertes con vos, no quiero cogerte quiero amarte” yo estaba re sensible, le dije que no soy lesbiana pero me gustaba estar con ella, que nunca me había pasado algo así (cosa que es cierto, yo me acosté con amigas, pero nunca tan seguido como con ella).

    Se levanta (yo ya conté que como ella es más bien activa y tiene un cinturonga) entonces se pone el cinturonga, me pide que lo chupe como si fuera una pija, le hago caso, lo chupo, después me pide que me ponga en cuatro, le hago caso, me empieza a coger por la concha, me lo mete todo adentro, mientras me acariciaba la cola, me metía los dedos en la cola, me acariciaba las tetas, hasta que no tarde mucho en acabar de nuevo.

    Sin darme tiempo a nada, y aprovechando que ya tenía mi cola dilatada, me lo empieza a poner en la cola, y de algo me acuerdo, me decía de nuevo: “puta ¡me tenés enamorada! ¿Querés que te coja bien por el culo?” y yo le dije: “siii, amor (jamás le había dicho así) cógeme bien por la cola”, y me empieza a bombear por la cola, hasta que ya mi cuerpo no respondió más, deje de estar en cuatro, no tenía fuerza, me acosté y ella arriba mío me lo siguió metiendo hasta que me hizo acabar ¡de nuevo!

    Se saca el cinturonga, nos quedamos acostadas, nos empezamos a tocar de nuevo y yo le empiezo a acariciar su conchita, estaba muy mojada, se la empiezo a chupar, mejor dicho a comer, a morderla suavecita, a meterle también los dedos hasta que la hago ¡acabar!

    Nos volvimos a quedar en la cama, y ahí otra vez me quemó la cabeza, me dice que ya sabe que no soy lesbiana, pero que estaba loca conmigo, que me quería tener para ella y me propuso irnos un fin de semana afuera (los viejos de ella tienen un departamento en la costa) para estar dos días ¡las dos juntitas!

    Le dije que me lo dejara pensar, me quede un rato más, me vestí y me acompaño hasta abajo, y otra vez me quise morir, cuando llegamos a la calle yo le voy a dar un beso en la mejilla, ella da vuelta la cara y me da un pico que se terminó transformando un ¡beso de boca!, y no era de noche, había gente que pasaba y ¡nos vio!

    Mi novio está ahora en el country de unos amigos, le dije que cuando vuelva, me pase a buscar, quiero sentir una pija que ¡me coja bien!, y saber lo que ya se, y es que una pija me gusta más, pero hoy lo necesito más que otros días.

  • Cartas homoeróticas (I): De Mikel a Janpaul

    Cartas homoeróticas (I): De Mikel a Janpaul

    Queridísimo Janpaul:

    No pongo fecha a mi carta para que nadie, aun cayendo en sus manos, pueda montar una historia de mi vida contigo. Si tienes a bien contestarme, lo que dudo ahora, tampoco pongas fecha, por favor.

    Lo que tú me pides en tu última carta -pues son 28 cartas tuyas que guardo- te lo concedo como un placer añadido por lo mucho que te quiero, aunque últimamente no te lo haya demostrado. Me pides que te escriba porque estás desesperado y si no «me escribes, igual un día te enteras que me he suicidado», dices tú.

    Desde que te fuiste que mi vida se ha convertido en una mierda tras otra. Los dos años que estuviste en los Estados Unidos fueron los peores. Me pasé varios meses sin tocar bola, lo único que podía hacer es una paja tras otra y derramar lágrimas en solitario. No quise contestar ninguna carta tuya, eso no quiere decir que no las leía, of corse que las leía, pero para sufrir, me las guardaba en el bolsillo para leerlas y releerlas, mi ánimo se apaciguaba al tenerlas en mis manos y mirar tu letra y tu firma, pero yo estaba muy enfadado porque tú te fuiste. No lo podía comprender. Todo lo que me preguntaba era por qué, si me lo habías prometido “te juro por mis muertos que yo no te dejaré nunca, antes el harakiri”, me dejaste sin contemplaciones y conociéndote como te conozco, te he imaginado desnudo prostituyéndote y traicionándome para obtenerte el placer que solo yo podía, debía y sé darte, pero estando de espaldas cualquier polla, por indigna que fuera, iba a ser suficiente para llenar tu culo.

    En tus cartas me decías que no estabas con nadie, pero tú nunca has podido estar sin nadie, ¿quién podría creer que me decías la verdad? Claro, sí, me invitaste a viajar a los Estados Unidos, pero algo en mi interior me impedía ir, si tenías alguien con quien salieras me lo podrías ocultar, ¿quién podría creer que no me engañabas? Ni te contesté ni dije nada en casa, pues no hubiera resistido verte con otro o descubrir tus engaños y mentiras. Tenía tal lío en mi cabeza que todos y sobre todo tú, mi mejor amigo, el dueño de mi vida, el amor de mi corazón, me estuviera engañando.

    Hasta mi madre notaba mi desesperación y desengaño. No había día que no me dijera mi madre: “Vete a dar una vuelta por ahí”, porque no salía para nada; otras veces me decía que te escribiera porque yo le dije que no me escribías y desde entonces vaciaba ella misma el buzón y me daba tus cartas en mano, había descubierto mi mentira.

    Como consecuencia de mi depresión sentimental ese año que tenía que hacer 3° de Económicas, no hice nada, perdí el año y me sentía mal, muy mal porque tú y yo hemos hecho burradas como aquella vez en la que nos hicimos follar por ocho tíos bien peludos mientras tú y yo nos mirábamos a los ojos y nos besábamos agarrándonos de los hombros, ¿te acuerdas que ellos presumían de dos folladas cada uno, pero tú y yo presumíamos de once porque tres de ellos nos follaron dos veces? Fue buena aquella vez porque no solo nos penetraron sino que todos se corrieron en nuestro interior; ¡suerte que todos usaron condón nuevo cada vez! Recuerdo que íbamos a casa con el culo bien abierto y las piernas arqueadas. Fue una pena no poder repetirlo de nuevo. Sí hemos hecho muchas cosas gordas, pero no hemos perdido el tiempo, el tiempo de estudiar era para estudiar y acabado eso a menearse la poronga y a tocarse los huevos.

    Tus cartas me levantaron el ánimo. No entendía que pudieras escribir una carta al mes durante casi tres años; pensé que te cansarías al no recibir respuesta de mí. Al final del primer año no entendía tu empeño por seguir escribiéndome, pero tus cartas produjeron un cambio en mí. En aquella carta en la que me preguntabas por los resultados, asegurabas que habría triunfado y que mis notas serían excelentes como siempre. Sentí vergüenza pero me propuse por amor a ti recuperar las ganas. Hasta mi madre se extrañó, me preguntó y le dije que era por ti. Se alegró. Luego supe que tú le habías escrito y ella a ti. Entre los dos me habéis arreglado.

    Ahora solo siento ganas de que un día volvamos a estar juntos para follarte mientras duermes como en aquella ocasión en Huacho, tiene mucho morbo hacerlo a traición, es como una violación. Te despertaste al sentirte mojado de mi semen. Te puse el culo hecho una mierda de semen. Muchas veces lo he pasado muy bien contigo y nunca hemos fallado a la hora de estudiar nuestros cursos, reconozco que sabíamos aprovechar el tiempo, más gracias a ti, porque yo…

    Te pido mil perdones por mi torpeza y mi enfado, tú has hecho lo que tenías que hacer: seguir a tus padres donde sea que fueren, también habrás sufrido lo tuyo.

    Janpaul querido, ya has suplicado demasiado en tus cartas. Ahora quiero que me escribas esos momentos de sexo que hemos pasado juntos, comenzando por los más eróticos o como quieras, así recordaré nuestros momentos más célebres a la espera de tu regreso y reavivaré intensamente el amor que te tengo.

    Recibe ese beso que llevas tanto tiempo esperando y un abrazo muy fuerte; hazme sentir tu polla junto a la mía, cabroncito de mi amoroso corazoncito.

    Espero tu carta con ansiedad.

    Tuyo siempre,

    Mikel