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  • En el barco atracado al muelle me rompen el culo (Parte 2)

    En el barco atracado al muelle me rompen el culo (Parte 2)

    Cuando llegamos al comedor, ya venía de la ducha Fidel, toma Pedro, le dijo entregándole la toalla. Déjala ahí en el banco, que voy a buscar algo para beber. ¿Tú te vas o te quedas a beber algo? Le preguntó Pedro el chabolista a Fidel. Bueno ya que invitas, tomaré algo.

    El chabolista entró en la cocina, y al momento apareció con 3 vasos y una botella de vino. Joder Pedro, ¿no tienes otra cosa que no sea vino? Anda se bueno y saca esa botella de Whisky que tienes apalancada, y nos hacemos unos cubatas.

    El chabolista volvió a entrar en la cocina, y después de unos minutos, apareció con una botella de Whisky y unos botes de coca cola. Venga dijo el chabolista, ahora mientras yo preparo los cubatas, tú, le dijo a Fidel, saca ese hachís que tienes, y prepara unos porrillos para fumar mientras nos bebemos los cubatillas.

    El tal Fidel, fue a su camarote a donde había dejado el petate, y cuando el chabolista y yo ya estábamos bebiendo aquel Whisky con coca cola, apareció con un huevo de hachís, un paquete de tabaco, mechero y papel para liar.

    Mientras íbamos bebiendo de aquellos cubalibres, el tal Fidel, había liado 3 porros, pasándonos uno al chabolista, y otro a mí; yo no solía fumar incluso tampoco lo hago ahora, por lo que sabía que aquel día iba terminar con un buen colocón.

    Después de haberme fumado aquel porro, y ya haber bebido 2 cubatas de aquel Whisky, le pedí al chabolista, que me dejara pasar, que iba buscar mi tabaco, que, si seguía fumando de aquello, iba terminar por quedarme grogui. Y es que ya estaba que sudaba, a causa del efecto del Whisky y sobre todo aquel porro que me había fumado.

    Pedro el chabolista, se encogió las piernas, y pasándome su brazo por la cintura, me dejó pasar, pero cuando estaba terminando de pasar, me caí sentado sobre su regazo, abrazándome él con sus brazos, y decirme, uy mariconcito, si me provocas así, voy a tener que volverte a follar.

    Pedro se encontraba totalmente desnudo, y al yo caer sentado sobre su regazo, quedé sentado sobre su enorme polla. El chabolista me abrazó, empezando a meterme mano y a sobarme la polla y huevos.

    ¡Uy que calentito estás! Me decía subiéndome la camiseta y acariciándome con sus manos. Quédate así, que me das calorcito con tu cuerpo, me susurraba al oído, mientras me mordisqueaba la nuca y pellizcaba mis pezones con sus dedos.

    Que a gustito se siente tenerte así en mi regazo. Tienes el culito muy calentito, mariconcito. Le das calorcito a mi verga y huevos, y se siente muy rico.

    Empezó a menearme y sobarme los huevos con su mano, mientras seguía mordisqueándome la nuca.

    ¿Quieres que te vuelva dar por el culo, mariconcito? Mira cómo está ya tu pollita, ya se está levantando con las caricias que te doy.

    La verdad es que yo me encontraba muy a gusto con lo que me estaba haciendo el chabolista, y entre el colocón que cada vez era mayor, y aquellas tiernas caricias que me daba, yo movía mi culo restregándome sobre la enorme polla del chabolista. Notaba cómo palpitaba la enorme polla y esta se empezaba a poner dura de nuevo.

    Ay maricón, que vicioso y calentito me saliste, me decía el chabolista sacándome la camiseta y sin dejar de acariciarme. Fue con su mano buscando la entrada a mi culo, y al encontrar el esfínter de mi ano, me fue metiendo uno de sus dedos en él.

    ¡Ohhh! Suspiré al notar cómo entraba su dedo en mi ano. Este había entrado con suma facilidad, por lo que me introdujo otro de sus dedos, haciendo que yo gimiera más fuerte, y abriera más mis piernas, ¡ohhh! ¡ooohhh! Suspiré al tener dentro mía los 2 dedos del chabolista.

    No te preocupes mi mariconcito, me decía mientras metía y sacaba sus dedos en mi ano. No dejaré que te quedes con ganas de polla. Ya sé que te gusta la polla y que te abran este culito que tienes con ella.

    Alcánzame la mantequilla, le dijo el chabolista al tal Fidel, vamos a lubricarle el culito a este viciosillo, que le vamos a dar más ración de polla, que se está muriendo por que le den por el culo de nuevo.

    El tal Fidel, con una sonrisa en su cara, le pasó la mantequilla al chabolista, quedándose en sus manos la enorme zanahoria que todavía estaba allí.

    El chabolista se untó los dedos con la mantequilla, llevándolos luego a mi culo, empezando a pasarlos por todo mi ano, y luego meterme de nuevo los 2 dedos en él.

    Yo me recostaba sobre el pecho del chabolista, y abriéndome de piernas, no paraba de gemir cómo si fuera una gatita en celo, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh!

    Joder, sí que le gusta la polla al cabrón este, decía el tal Fidel. Mira que cara de satisfacción y deseo pone el muy maricón.

    Vamos a meterle esa zanahoria de nuevo en el culo para dilatárselo un poco, dijo el chabolista, mientras se arrimaba al borde del banco, llevándome a mí en su regazo.

    Y así cómo estaba, recostado sobre su pecho, me agarró las piernas por los muslos, y le dijo al tal Fidel, levántale las piernas sobre tus hombros, y ve metiéndole la zanahoria en el culo, mientras yo lo sujeto en mi regazo.

    Fidel no se hizo esperar, y poniendo mis piernas sobre sus hombros, llevó la enorme zanahoria ha el esfínter de mi ano, el cual se mostraba delante de él, empezando a meterla en el culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gritaba yo al notar cómo me metía aquella enorme zanahoria en mi culo.

    Así, así mariconcito, goza y disfruta cómo te entra esa zanahoria en este culito caliente que tienes, me decía el chabolista, a la vez que me mordía el cuello y lamía las orejas, mmm, ay que bueno y calentito que estás, mariconcito. Cómo vamos a disfrutar hoy de este culito, te vamos a preñar bien preñado y te vamos a dejar bien abierto el culito.

    El tal Fidel seguía metiendo y sacando la enorme zanahoria en mi culo, mientras que con la otra mano acariciaba mi polla y huevos. Tenía una sonrisa de pervertido he hijo de puta, que daba morbo verlo cómo disfrutaba haciendo aquello.

    Mientras tanto el chabolista, seguía mordiéndome el cuello y lamiéndome las orejas, a la vez que me tenía abrazado sobre su regazo y con sus manos me iba pellizcando y retorciendo los pezones.

    Vamos a probar ahora cómo te abre el culo este otro extremo de la zanahoria dijo el tal Fidel, sacándome la enorme zanahoria del culo, y dándole la vuelta a la misma, metiéndome ahora en el culo la parte más gruesa de aquella enorme zanahoria.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! Grité y suspiré a la vez que aquella enorme zanahoria se incrustaba dentro de mi culo, abriendo mi esfínter de manera brutal.

    Joder, mira cómo se abre el culo del maricón, menudo boquete tiene, hasta estoy seguro de que le cabría mi mano entera, joder. Menudo culo que tiene el cabrón es la hostia ver cómo se abre y se traga la enorme zanahoria.

    Yo no paraba de gemir y llorar de gusto, con lo que aquellos 2 cabrones me estaban haciendo. Mi pobre polla ya no paraba de gotear semen, y el sudor empapaba todo mi cuerpo.

    Bueno dijo el chabolista, vamos a darte polla maricón, que ya estoy que me revientan los huevos, y vamos a preñarte este culito.

    El tal Fidel sacó la enorme zanahoria de mi culo y al salir esta exclamó, ¡la hostia que boquete le quedó! Mira, dijo metiendo sus dedos en mi ano, si fuerzo un poco, le entra mi mano entera en el culo. Joder, vaya abertura que tiene en el culo el muy maricón.

    El chabolista, sujetándome con sus brazos me levantó de su regazo, y colocando su enorme pollón en la entrada a mi ano, fue metiendo su enorme foronga dentro de mí.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ufff! Gemí y suspiré cuando terminó de entrarme la enorme foronga del chabolista.

    Ya mariconcito, ya te has comido toda la polla, ya te la he metido hasta los huevos. Ahora se bueno y mueve ese culito para que te preñe bien preñado.

    Apoyándome en Fidel, que estaba frente a mí viendo cómo Pedro el chabolista me tenía empalado en su enorme verga, empecé a mover mi culo, subiendo y bajando sobre aquel enorme falo que me estaba dando por el culo.

    Fidel, no perdió la oportunidad, y mientras yo me apoyaba en él, y el chabolista me tenía empalado en su enorme tranca, este empezó a retorcerme los pezones y morderme el labio. Cómo disfrutas maricón, me decía, te gusta que te den por el culo y te dejen bien preñado.

    Yo gritando y temblando de gusto, agarré con una de mis manos la polla de Fidel, empezando a menearle la polla, mientras él seguía retorciéndome los pezones y mordiéndome el labio inferior, y el chabolista dándome por el culo con su enorme pija.

    Llevábamos ya un buen rato, cuando el tal Fidel, empezó a gemir y mordiéndome más fuerte el labio y apretándome los pezones, arrimó su polla más a mí, empezando a correrse sobre mi pecho, ¡ooohhh! Me corro, me corro, gritaba mientras expulsaba su semen sobre mí.

    Cuando terminó de eyacular, llevé su polla a mi boca, metiéndola en ella y empecé a chupársela hasta dejársela limpia de todo rastro de semen.

    Mientras tanto, yo seguía cabalgando sobre la enorme tranca que me estaba dando por el culo, y que no era otra que la gran verga del chabolista. Yo sudaba cómo si estuviera en una sauna, y aquello aún no tenía trazas de acabar, solo se escuchaba mis gemidos, el jadear del chabolista, y el sonido de su enorme polla entrar en mi culo, chof, chof, chof, chof.

    De repente el chabolista se levantó llevándome en sus brazos, haciendo que su polla me empalara más a fondo, y colocando mi pecho sobre la mesa, empezó a darme por el culo allí recostado.

    Dios, su enorme pija me llegaba a lo más hondo de mis entrañas, y sus huevos pegaban en mi ano, cada vez que metía su polla en mi culo. Ahora el sonido que se escuchaba era un continuo plof plof plof plof, hasta que el chabolista empezó a gritar que se corría, ¡ahhh! Maricón, me corro, me corro, ¡aaahhh! Gritaba mientras me inundaba el culo con su semen.

    Una vez terminó de soltar todo su esperma dentro de mi culo, sin sacar su enorme pollón de él, llevó su mano a mi pobre polla, y dándome unos meneos a ella, empecé a correrme sobre el suelo de aquel comedor.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemía mientras expulsaba mi leche sobre el suelo del comedor, me corro, me corro, gritaba mientras eyaculaba estando empalado por la enorme verga del chabolista, y tenía el pecho recostado sobre la mesa.

    Una vez terminé de eyacular, y fuimos recuperando el aliento el chabolista y yo, este me fue sacando la polla del culo, y una vez la hubo sacado y me puse de pie, las piernas me empezaron a temblar de tal manera que me tuve que abrazar al chabolista para no caerme.

    Oh mariconcito, me decía abrazándome contra su pecho y así sujetarme para que no me callera, has estado maravilloso, tienes un culito genial, me iba diciendo mientras me abrazaba y besaba la cara.

    Se sentó sobre el banco, y sentándome a horcajadas sobre su regazo, fue besando y mordiéndome los labios, hasta dejármelos hinchados y enrojecidos.

    ¿Tú que vas a hacer, Fidel? Le preguntó el chabolista, te vas a quedar o te marchas.

    Voy a quedarme hasta que amanezca, luego me tengo que ir, que tengo que pasarme por casa, pero a estas horas cómo no hay autobús, espero a que amanezca, luego me voy para la estación de autobuses y cojo el coche de línea.

    Bueno, dijo el chabolista, pues nosotros nos vamos para mi camarote, le dijo el chabolista a Fidel, Y levantándose y llevándome abrazado a él, me llevó para su camarote, donde me metió en su camastro acostándonos ambos juntitos.

    Yo dejé que me llevara y acostara, ya que tenía un cansancio y colocón encima, que no era capaz de mantenerme casi de pie.

    El camastro no era muy grande, y apenas cabíamos los 2, pero el chabolista, me pegó a su pecho, y abrazado a él, me quedé dormido. Cuando desperté estaba siendo acariciado y besado por el chabolista, y tenía un empalme de campeonato, no sé cuántas horas había dormido, pero por el ojo de buey, entraba una claridad, que me hacía presagiar que ya era bien avanzado el día siguiente.

    ¿¿Qué hora es? Le pregunté al chabolista, que no paraba de besarme y mordisquearme el cuello y pezones.

    Son las 12 del medio día, me contestó. Has dormido cómo una marmota, mariconcito. Te he hecho de todo, y no había nada que te despertara. Pero ahora que ya te has despertado, me voy a aprovechar de ti, y te voy a dar por el culo para desearte los buenos días, y dejarte bien preñadito de leche.

    Fue destapándome a la vez que con su boca me iba lamiendo y mordisqueándome por todo el cuerpo, hasta llegar a mi polla, la cual lamió el glande, luego siguió por mis huevos, empezando a morderme el perineo, lamerme el esfínter y morderme los muslos internos de las piernas, haciéndome gemir y retorcerme de gusto.

    Yo chillaba y me retorcía de gusto, mientras le agarraba la cabeza, y le pedía que parara. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Para, para por favor, le decía.

    Quiero calentarte bien y que estés bien excitado, y me pidas que te vuelva a dar por el culo, mi mariconcito. Quiero dejarte preñadito con mi lechita esta mañana.

    Sí, le decía, sí, méteme la polla en el culo, pero para por favor, que no aguanto esta tortura y me voy a correr, le decía mientras le apretaba la cabeza con mis manos y piernas.

    Echó su mano al suelo agarrando un pedazo de mantequilla que ya tenía allí, y después de untarme el culo, se untó su enorme verga, y levantándome las piernas las colocó sobre sus hombros, y tirando de mi cintura hacia él, hizo que mi esfínter anal quedara a su entera disposición. Lo fue abriendo primero con un dedo, cómo este entró fácilmente, metió otro, y después de abrirme bien el ano, y que mi esfínter fuese perdiendo resistencia, sacó sus dedos, y haciendo que mi culo se empinara hacia arriba, colocó su polla en la entrada a mi ano, y empujando poco a poco, fue metiéndome el glande, hasta que mi esfínter cedió dejando que entrara la cabeza de aquella enorme polla.

    Esperó unos segundos, y dando un golpe de pelvis, me enterró toda su enorme verga, ¡ooohhh! Temblé y gemí de placer al notar entrar toda su enorme verga en mi culito.

    Ya está, ya está mi mariconcito, ya la tienes toda dentro, me decía mientras se quedaba parado con toda la polla dentro de mí. Los huevos los tenía pegados en mi culo, y con sus manos me acariciaba los pezones y polla.

    Poco a poco fue empezando a mover su pelvis, haciendo que su enorme polla entrara y saliera de mi culo. Se escuchaba el clásico chof, chof, chof, chof, de su polla entrando en mi culo y los huevos golpeando la entrada de mi ano, y el gemido y jadeo de ambos mientras me iba dando por el culo.

    ¡Ohhh maricón! ¡ohhh que gusto!

    ¡ohhh que gusto! Decía el chabolista mientras jadeaba y movía su pelvis dándome por el culo con aquella enorme polla.

    Yo gemía y lloraba de placer, notando cómo aquella enorme tranca entraba y salía de mi culo, rozaba y machacaba mi próstata, haciendo que mi polla tuviera un goteo constante de semen. ¡Ohhh ohhh ooohhh! Lloraba más que gemía, mientras era follado por la enorme verga del chabolista. El cuerpo me temblaba y si aquello seguía, no tardaría en correrme.

    Y aquello sucedió, dando fuertes alaridos por el placer que estaba sintiendo, empecé a soltar chorros de semen. Los 2 primeros que salieron, uno me dio en la cara, y el otro calló sobre mi cuello, los demás fueron quedando sobre mi pecho y vientre.

    ¡ohhh! Me corro, me corro, ¡ooohhh! Había gritado mientras soltaba el semen sobre mí.

    Ay que gusto, ay que gusto gritaba el chabolista, mientras mi culo le apretaba su enorme polla, al estar eyaculando yo.

    El cabrón aún estuvo unos minutos dándome por el culo, hasta que terminó por eyacular.

    Ay maricón, me corro, me corro, gritaba mientras soltaba todo su esperma dentro de mi culo.

    Una vez terminó por soltar toda su leche, dejando que su enorme polla fuese saliendo ella sola de mi culo, se echó sobre mí, llevando su boca a la mía, empezando a morderme los labios, luego pasar su lengua por ellos, terminando por introducirla en mi boca y saborear con su lengua toda ella.

    Después de haber salido su enorme pollón de mi culo, haberme dejado los labios super hinchados y enrojecidos, y habernos repuesto un poco, nos levantamos yendo al aseo donde los2 nos duchamos juntos.

    Luego de habernos lavado, nos vestimos y él me acompañó hasta la puerta del puerto donde allí nos despedimos hasta otro día.

    Yo me iba para mi casa, después de haberme dado por el culo una enorme verga toda la tarde y noche del sábado y esa mañana del domingo. Iba con el culito reventado, bien preñado de leche, pero iba contento y feliz, pero eso sí, iba cansadísimo y con ganas de almorzar algo y reponer fuerzas.

    Podéis escribirme a:

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  • Anciano follándome con lengua larga

    Anciano follándome con lengua larga

    Hola queridos ya algunos me conocen pues la siguiente historia me paso hace 1 semana cada que la recuerdo me pongo húmeda.

    Hace una semana cuide a un anciano de 71 años por parte de una amiga de la infancia me quedé con él porque su nieta saldría de viaje y no estaría nadie quien lo cuidara así que mi amiga me pidió favor y yo lo consulté con mi marido (cornudo) y mis 2 hijas y me autorizaron a quedarme con el 1 semana para cuidarlo así que ese día era sábado fui con mi amiga para que me llevara y empezará a cuidarlo.

    El camino estaba a 3 kilómetros de distancia suficiente para aguantar esa semana cuando llegamos me presentó y en ese momento hicimos clic dios una corriente paso por mi cuerpo y mis nalgas temblaron esa mirada y su saludo de mano hicieron que casi se bajará solita mi tanga antes de despedirse me advirtió que era un anciano pervertido y lujurioso que tuviera cuidado más se mojó mi tanga al escuchar esas palabras.

    Así que cuando se fue mi amiga fui con él para ver si necesitara algo cual fue mi sorpresa viéndolo oler mis tangas y diciendo lindo culo aguantaras los orgasmos de mi lengua en ese momento abrió su boca y dios vi una lengua larga moviéndose rápido me asuste pero una parte de mí se éxito al verlo.

    Así que me dijo a lo que viniste a follar no a cuidarme inmediatamente se paró y se me abalanzó me manoseada por todo mi cuerpo yo por supuesto no me resistí inmediatamente me quitó la ropa sólo me dejo en lencería abrió mis piernas y ladeo mi tanga abrió su boca y vi cómo me penetraba su lengua larga dios era delicioso una y otra vez la metía y la sacaba yo pidiendo más y más en eso se detuvo me miro y dijo no puedo follarte ya que mi polla jamás volverá a tener erecciones a mi edad le contesté no me importa sólo follame con tu lengua larga y follame como si fuera tu polla.

    Inmediatamente seguimos así por horas no veía como terminar orgasmos tras orgasmos y me besaba con esa lengua larga me follada mi boca una y otra vez dios deseaba nunca terminar así que la semana paso rápidamente y antes de irme y despedirme de él me falló con esa lengua larga por todo mi cuerpo mi vagina lo disfruto mi culo fue follado más de 7 veces mi boca llena de mi miel jamás olvidaré esa follada deliciosa con esa lengua por cierto era grande como la de una jirafa no tanto pero algo así.

    Mi amiga fue por mi me despedí de él le regale mi tanga húmeda y me fui a mi casa aun lo recuerdo y deseo correr a sus brazos para seguir follando con el dios ese hombre es maravilloso mi familia jamás sabrá lo que hice pero no me arrepiento lo disfruté.

    Los amo espero le haya gustado manden un sms prometo contestarlo inmediatamente los amo cariños.

  • Un secreto confesado

    Un secreto confesado

    Amigos míos la razón de escribir este relato es divulgar que descubrir el sexo en la familia y con la familia es lo más excitante que he vivido me ha ayudado para madurar sexualmente y definir mis gustos eróticos.

    Les relatare algo que llevo en secreto por años, el cómo descubrí a la mujer que hay en mi madre. Todo comenzó por culpa de la inasistencia del profesor de gimnasia, a ese tiempo contaba con 18 años, así que la clase la tomo la profesora Isabel, hasta ese momento no tenía idea que las diosas existían, a pesar de no ser alta, su cuerpo era muy bien formado, bueno ella empezó la clase pero sin buzo, al ser una emergencia ella estaba con falda corta, al rato solicito un voluntario, llamado al que respondí, me hizo colocarme adelante y realizar una serie de ejercicios en suelo a la clase, y lo asombroso llegó que al pasar a mi lado pude observar sus piernas enfundadas en medias de color piel sujetas a un portaligas de color negro, realmente quede hipnotizado, mirando ese magno espectáculo más aun cuando ella realizó unos ejercicios de flexiones parada y yo parado justo detrás de ella pude observar su culo cubierto con una pequeña braguita y sus ligeros, lo que llamo mucho la atención fue la forma y color de sus medias en su terminación una banda ancha que cambiaba de tonalidad al terminar atada a su liguero.

    Desde ese momento en mi mente no existía otra prioridad más que el sexo y las medias y mejor aún con portaligas.

    Mi familia estaba constituida por mi madre Carolina, de mediana estatura con poco busto pero firme y con un par de piernas hermosas muy contorneadas y un culito muy respingón, mi hermana Sofía y mi abuela Magdalena.

    Mi padre nos había abandonado hace mucho tiempo, razón por la cual yo asumí el rol de hombre de la casa el cual trate de cumplir a cabalidad pues estudiaba y trabajaba pues la situación económica no era buena. Esta situación luego me trajo gratas sensaciones pues cuando llegaba en la tarde con dinero las tres me recibían muy bien y me llenaban de cariños, caricias besos y abrazos. Así en mi mente se fue posicionando la firme idea de aprovechar esta situación para obtener sensaciones sexuales las que necesitaba con urgencia y que mejor al lado de las tres mujeres que yo más quería y estaban a mi lado para mi solo, pues mi madre trabajaba en un taller de tejidos en casa y mi hermana y abuela salían solo ida y vuelta al colegio.

    Mi objetivo se centró en mi madre, al llegar de mis labores lo primero que hacía era saludarla a ella le gustaba mucho que yo la abrazara siempre fue así, lo que aproveche para acercarme a su lado y refregarme por su cuerpo apoyando mi pene erectado por sus muslos y luego por su trasero, mi intención era quedarme pegado a su trasero, pero temía a que ella se diera cuenta de mis intenciones y para ello usaba un slip ajustado para ocultar el bulto del pene, aunque ella se deba cuenta y me seguía el juego sin decir nada, cuando no lo hacia ella me reclamaba por que dejaba de hacerle sus cariños y yo por supuesto corría a dárselo a veces con el problema de que mi pene estaba muy notorio por la excitación que me provocaba su llamado así que trataba de hacerlo no tan cargado a su cuerpo pero ella se las arreglaba para voltearse y quedar enculada a mi pene o se movía lentamente hacia mi pene como tratando de encajárselo entre sus nalgas las cuales las podía sentir firmes y cálidas, nos quedábamos así un buen rato mientras ella realizaba sus quehaceres, pero todo terminaba bruscamente al sentir la llegada de mi hermana o abuela, mi madre se cambiaba de posición y se ponía algo nerviosa yo me iba rápidamente al baño a pajearme pensando en ella.

    En las tardes nos sentábamos a ver películas todos menos mi abuela que se acostaba temprano y nuevamente comenzaba otro juego con ella el cual consistía en acariciar sus piernas, yo me sentaba en el suelo ella en un sillón tejiendo, la idea era que mi hermana no nos observara, así que introducía mi mano bajo su falda y acariciaba sus rodillas ella tapaba con su tejido y poco a poco subía mi mano hasta sus muslos, me encantaba sentir el roce de mis manos por sus piernas con medias, este ritual lo repetíamos todos los días sé que nos gustaba a ambos porque al mirarla sus ojos los cerraba. Cierto día observe que sus medias estaban rotas por lo que le dije que yo le regalaría unas nuevas, al día siguiente llegue con las medias le compre unas muy caras, suaves de color más oscuro al que ella usaba habitualmente, al verlas se alegró y me dijo que se las pondría de inmediato al decir esto yo me di la vuelta para salir de la habitación pero mi madre me dijo quédate quiero que veas tu regalo puesto te lo mereces te lo has ganado, gire de inmediato para no perderme nada, pude observar como se sacaba sus medias sentada en su cama con mucha lentitud me pidió que cerrara la puerta y de las puso muy latamente acariciando sus piernas al subirlas, quedo con su falda arriba y me dijo lo suave que eran y me invito a tocarlas las que acaricie desde los tobillos hasta su entrepierna la cual estaba muy húmeda estuve acariciándola por largo rato, estaba con sus ojos cerrados por lo que aproveche de llevar su mano a mi pene al cual ella acaricio suavemente como esperando que pasara y me dijo que desde que comencé a encularla con mis abrazos ella se empezó a calentar de sobre manera y más aún empezó a sentir que tenía un verdadero hombre a su lado. Desde ese día más nos unimos y buscábamos ocasiones y partes de la casa para estar solos y acariciarnos pues lo único que me permitía era manosearla y encularla acariciando sus ricas tetas terminadas en punta.

    En nuestras búsquedas de ocasiones íbamos al taller de tejidos muy reducido en espacio y angosto ideal para nuestro propósito nos ubicábamos tras la puerta y un pilar quedando nuestros cuerpos muy juntos le subía su falda y le acomodaba mi pene sobre su vagina la que la refregaba hasta que llegaba al orgasmo y yo siempre terminaba chorreado en leche

    En las mañanas lo primero que hacía era ir a mi cuarto y acostarse a mi lado para manosearla por completo, pero no quería que la penetrara creo que por la memoria de mi padre o algo parecido, lo que me tenía como loco pues solo me permitía chupar sus tetas, besar su cuello y puntear su culo. Cierto día al llegar en la tarde me abrazaba de una manera diferente y me dio el primer beso con lengua apego su sexo con el mío y se frotaba como una puta lo que me encantaba y por su puesto mis manos se perdieron en su culo y entre sus piernas y me dijo hoy te tengo un regalito, bajo mi falda lo hice de inmediato y pude ver unas medias negras muy sensuales que estaban sujetas a un portaligas de color negro de satín lo que me llevo a desearla más aun, ella estaba muy caliente con lo que aproveche para meter mis dedos en su vagina y lentamente abrir sus labios y tocar su clítoris con lo que se estremeció murmurando a mi oído penétrame acto seguido la puse a la orilla de la cama y comencé a pasar la punta del pene por sus labios hasta desesperarla y luego introducir mi pene lentamente ,que estaba durísimo, quería sentir todo empecé sintiendo un calor y una estrechez la que cedió lentamente luego una succión tan fuerte que me resistí de no acabar enseguida ella solo suspiraba y daba pequeños gemidos por temor a que nos escucharan, me hablaba diciéndome al oído que esto lo estaba esperando hace mucho y que no sentía así tan bien culeada desde hace más de cuatro años lo que me calentó más aun, abrí su blusa y deje a descubierto sus duros pezones los que mame como un loco, ella comenzó a decirme cosas que nunca imagine: “papito comete tus tetas, muérdelas, no no pares, dame más duro, no pares por favor, no lo saques sigue bombeando a tu puta si soy tu puta solo tuya, papito que ricooo”, luego de un silencio se arqueo completamente su piel de mojo completamente, sus ojos se desorbitaron su lengua salía de su boca y acabo en un gigantesco orgasmo, luego se quedó recostada un buen rato estaba muy agitada pero antes de irme que hizo prometerle dos cosas que nunca dejara de culearla y que este sería nuestro gran secreto.

    Así pasaron dos años teníamos relaciones sexuales casi todos los días, ella comenzó a arreglarse más se tiño el pelo sus faldas eran más cortas por supuesto solo usaba medias con portaligas solo para mi pues cuando salía se las sacaba, era una relación de maravilla, cierto día como de costumbre mi madre me saludo con un beso en la boca y me toco el pene sobre el pantalón lo cual sabia su reacción acto seguido salió jugueteando corriendo a su habitación la que comparte con mi hermana Sofía y yo persiguiéndola se tiró a la cama y yo por detrás subiendo su vestido y enculándola fuertemente con vaivenes de penetración no pararon ni cinco minutos cuando sentimos la puerta ella se incorporó y fue abrir era mi abuela que venía de compras…

  • La princesa y el dragón

    La princesa y el dragón

    El castillo es húmedo y oscuro. Tenebroso. El más tenebroso que existe en el reino. Los altos murallones protegen celosamente las paredes sombrías del calabozo donde yace cautiva la princesa. Mi dulce princesa.

    Seguramente está exhausta, rendida ante la lúgubre inmensidad de su encierro, ante el frío metálico de las cadenas que la sujetan, ante el dolor, el miedo y la soledad abrumadora. Ya lo sé, dulce princesa, debo derrotar al horripilante monstruo; sólo así podremos yacer juntos nuevamente.

    ¡Oh, princesa!, cómo atesoro nuestra última noche: tus ojos de miel, sanguíneos, desvelados; los míos recorriéndote enardecidos. Tu pelo rubio deliciosamente revuelto. Mi entera virilidad profanando tu pureza. Tu inocencia revelada en encarnado rastro, bajando lenta como en rígido semblante de milagrero ídolo de astilla. Mi feraz esencia invadiendo tus entrañas, inundándolas; su tibieza blanquecina cayendo por tu pálido rostro como pesadas lágrimas, decorando las cumbres sonrosadas de tus tiernos montes. El persuasivo abismo en tu vientre. ¡Oh, princesa!, esta noche volveremos a estar juntos.

    Las inexpugnables murallas serán capaces de detener al guerrero más bravío, pero jamás a un hombre enamorado. Ya está aquí tu valiente caballero, princesa. Ha llegado el hombre que procura rescatarte; el que ha atravesado el pantanoso manto de la selva impenetrable; el que luchará hasta la muerte; el que no le teme a su propia sangre matizando el gris empedrado. ¡Ah!, cómo he esperado este momento.

    Estoy dentro; el encuentro con la bestia es inevitable; ya estamos frente a frente; puedo ver la furia en sus horribles ojos; quiere destruirme; no será fácil; debo atacar primero si quiero salir victorioso. En este preciso momento comienza la batalla: un mar de fuego sale de mi boca.

  • Mi amiga Rebeca

    Mi amiga Rebeca

    Ella era de piel blanca, ojos claros, cabello castaño claro, lacio, poco más debajo de los hombros, con una bella cara, senos de pezones sonrosados y redonditos, con cintura y grandes caderas, hermosas piernas.

    Era un bombón, alegre, bailadora, sexy y muy caliente.

    Nos contábamos todas nuestras aventuras sexuales, no había secretos entre nosotras, ni nuestros cuerpos.

    Me quedaba a dormir en su casa y ella en la mía, nos bañábamos juntas, dormíamos juntas, al hablar de nuestras fantasías, nos masturbábamos una frente a la otra.

    Yo me llamo Laura.

    Soy una chica delgada, con el cabello ondulado un poco debajo de los hombros.

    Mis nalgas empezaban a ser redondas dando a mi cuerpo, forma de violín, de piel morena, alegre al igual que Rebeca.

    Pero debo admitirlo, ella tenía mucho más éxito con los hombres que yo.

    Un sábado estaba en la habitación de Rebe y hablábamos de varios temas del instituto, y como a eso de las diez de la noche, nos fuimos a bañar juntas.

    Al terminar salimos del baño envueltas en unas toallas mullidas y dulces, de esas que huelen a suavizante al ponértelas.

    Entramos en su habitación…

    Dejando las huellas de nuestros pies mojados sobre el parquet del suelo y continuamos con nuestra charla de chicos.

    Rebeca se quitó la toalla y se acostó en la cama.

    Yo me quede sentada en la orilla, empezamos a fantasear, ya calientes, y nos empezamos a masturbar.

    Las dos teníamos un par de dedos en nuestros respectivos clítoris, dándonos círculos con fuerza.

    Yo llegué enseguida, y ella seguía frotando como loca sus labios, empezó a desesperarse, no podía llegar, no se corría.

    Sus piernas abiertas me dejaban ver su vagina rosadita bien húmeda, la desesperación de Rebe por no llegar me ponía nerviosa.

    Sin pensarlo, me abalance sobre su vagina para lamérsela

    Por un segundo sentí su rechazo, pero mi lengua sobre su clítoris la convenció, mis brazos pasaron por debajo del arco de sus piernas.

    Con la derecha le separaba los labios de su vagina y mi lengua jugaba con su clítoris, con la otra acariciaba sus pechos.

    Pronto llego, la mataba el placer, ella arqueó su cuerpo levantando sus caderas. Me apresure a succionar sus jugos, bajó su cadera y aflojó su cuerpo, su respiración agitada iba disminuyendo…

    Cuando tomó aliento me dijo.

    – ¿Qué me hiciste cochina?

    – Yo… solo te ayude a llegar…

    -Me angustié ver que no lo lograbas…

    – Le dije nerviosa temiendo su rechazo.

    – ¡Fue un orgasmo divino! – dijo sonriendo.

    Nos reímos y me recosté al lado de ella, volteo a verme sonriendo me dijo.

    – Tienes toda la cara mojada.

    – De tus jugos… – dije sonriendo – te corriste a chorros.

    – ¿Y cómo saben mi vagina?

    – ¡Rica!, me gustó su sabor.

    Acercó su cara a la mía.

    Me lamió la mejilla, para probar su propio sabor.

    Yo no me moví, su lengua recorría mi cara, hasta que llegó a mis labios, rozando su lengua por mi boca. Mis labios se abrieron y su lengua entro a buscar la mía, fundiéndonos en un beso extraño para ambas.

    Ya que nunca nos habíamos besado

    Así, ni a ninguna otra mujer, era nuestra primera experiencia lésbica para ambas, su mano me acarició mi seno, el beso continuaba, tierno, dulce, rico, apasionado, caliente.

    Ella continuó besándome el cuello.

    Hasta llegar a mis pechos, que lamió, chupo, besó, succionó de forma maravillosa, yo gemía de placer, pues también su mano ya acariciaba mi clítoris.

    Siguió bajando con sus besos y se detuvo en mi ombligo, el cual fue un preámbulo de lo que me iba a hacer.

    Su lengua hacia movimientos circulares alrededor de él, mordía con sus labios y metía su lengua como si tratara de hacerlo más profundo.

    Su lengua recorrió sin separarse de mi cuerpo hasta llegar a mi clítoris y comenzar a comérmelo de una forma maravillosa.

    Mis gemidos eran casi gritos de placer que iban en aumento. Ella, más centrada en la realidad, me puso su vagina en mi boca para ahogar mis gritos de placer.

    Mi primer 69 fue con una mujer, nunca lo había pensado así pero fue fantástico.

    Mi cuerpo se empezó a convulsionar con un orgasmo intenso, rico, que me dejo sin fuerzas, sobre la cama, ella se recostó junto a mí, nuestra respiración era agitada.

    Me miro y nos dimos un beso tierno en los labios, nos abrazamos y nos quedamos dormidas.

    Así fue nuestra primera experiencia lésbica

    Lo fue para ambas y así nuestra amistad se unió más aún, fueron muchas noches más de pasión y amor entre nosotras, esto fue solo el inicio.

  • Despedida íntima

    Despedida íntima

    Continúa a «La primera despedida».

    *****

    “Tres en una cama y sobraba cama y no era por frío, porque calor era lo que había de más”, así pensaba yo mientras soportaba el chupamocos de poniente que soplaba como una patada en los huevos, porque hacía sudorizar la piel del camello, que ya es decir. La noche fue larga; después de una sencilla cena para los mayores y un frugal banquete para nosotros, nos fuimos Néstor, Tono y yo a sufrir calor por el pueblo. Mi intención era acercarnos a la casa de Néstor y saludar a su madre, porque me parecía que iba a irme sin saludarla, mejor dicho, sin conocerla. Salimos de casa en short, ni camisa ni nada. Ellos, Néstor y Tono llevaban zapatillas, pero yo me puse unas chancletas por aquello de no ir descalzo. Me gusta ir descalzo, en casa lo hago, pero cuando salimos a la calle siempre que voy descalzo no para de decirme alguien que “si hay vidrios y me cortaré”, que “si un clavo y me entrará el tétanos”, que “si el pie se raspa con el suelo y crecen durezas”, etc., entonces lo mejor es calzarse con lo más simple.

    Néstor había llamado a su madre para decirle que la íbamos a visitar. Pero ella le respondió que no estaba en casa y que, si acababa pronto, ya le avisaría para que fuéramos. En la conversación Néstor le había dicho que eso no tenía sentido porque para ir a verla teníamos que vestirnos adecuadamente, lo que no se improvisa. Entonces ella le había dicho que mejor que no fuéramos, ya nos conoceríamos en otra ocasión. Nestor se quedó disgustado y tuve que decirle que ya nos conoceríamos un día, que no era para derrumbarse. Tono lo animó diciéndole que otro día él vendría del pueblo y saludaría a su madre. Ya me estaba dando cuenta que yo no era el único que tenía diferencias con mi madre. Así que nos decidimos a salir como habíamos previsto. Yo llamé a Gaspar para decirle donde estábamos, pero me contestó lamentando no poder venir, porque estaban cenando, pero que vendría un rato a casa para despedirse.

    Nos sentamos en una terraza de bar y pedimos un whisky y dos gyntonic. Néstor se puso a contarnos algunas historias de su tiempo de escolar, aunque él fue a una escuela pública del pueblo, donde estaban también Gaspar y Fernando; me parece que en las escuelas públicas había mayor libertad. Pero lo pasó mal, según contaba, porque no se sentía contento en ninguno de los muchos grupos con que estaba dividido el alumnado del colegio.

    Veíamos que se iba yendo la gente y decidimos no quedarnos los últimos. Pedí la cuenta y pagué lo que me pareció una ridiculez por un whisky y dos gyntonics. La verdad es que eran muy simples y no tenían ni gracia, pero me pareció que era poca invitación para ser una última noche.

    De regreso les comentaba esto de los precios del pueblo y lo poco que había costado, y les dije:

    —”Como buen amigo, primo y hermano, tengo que pagar adecuadamente esta despedida pero en la cama, si os parece”.

    —”Eso es lo que deseamos nosotros dos, enviarte a la ciudad con el mejor de los recuerdos de los que somos de pueblo”, dijo Tono, mientras Néstor asentía sonriente.

    No pude resistirlo; aunque estábamos en la calle, de noche y pasando mucha gente que miraba con descaro, no me importó nada, los abracé uno a uno y les di un beso en la boca de los que se queda perpetuamente el propio sabor. Luego nos abrazamos los tres, y allí, en una de las esquinas ya cerca de casa, comenzamos a besarnos los tres a la vez. ¿He dicho besarnos? Mentiría si lo dejara así. Las manos ejercían con libertad por nuestros cuerpos y mi polla se puso tiesa, muy tiesa. Pero toqué por dentro del pantalón las pollas de mis acompañantes y estaban tiesas y húmedas por el líquido preseminal. Les dije que en lugar de continuar aquí, mejor ir a mi cama. Estaban de acuerdo, y cogidos los tres por los hombros y acariciándonos nos fuimos a casa. Los que nos vieron así de abrazados avanzando en medio de la calle pudieron pensar lo que les vino en gana, seguro que tenían razón en todo. Pero lo que no podrían adivinar jamás es que allí estaban despidiéndose no solo de unos días de intensa convivencia, sino de pertenecerse los tres para un amor casi imposible. Seguíamos amándonos, pero los tres sabíamos que dos de ellos iban a seguir su curso juntos y el otro iría a buscar su destino. Eso es precisamente lo que nos producía una enorme alegría. Ahí, dentro de esos tres corazones, nadie podría penetrar para entender lo que pasaba por esa locura en ese instante. Es que cuando se descubre el amor entre las personas, cuando ese amor es respetado y aceptado, se produce una inmensa alegría porque es fruto de una victoria muy singular, es la victoria contra nosotros mismos, nuestros gustos o nuestra pasión. Eso no lo podían comprender los transeúntes que nos miraban.

    Tampoco hacía falta que lo comprendieran. Los que lo habían entendido estaban ahí caminando por la calle cogidos por los hombros casi como bailando juntos para ir de frente a conseguir la realización del propio destino. Estábamos ahí decididos a hacer realidad el amor de dos personas y la búsqueda de la tercera. Quizá un día pueda el mundo entender que todas las locuras que señalamos en los demás, que todas las desvergüenzas que vemos en los demás, que todas las deshonestidades por las que condenamos a los demás, no son locuras, ni desvergüenzas ni deshonestidades, sino amor, el amor que produce la alegría, el amor que produce la esperanza, el deseo de vivir, el deseo de negarse a sí mismo para darse al otro. Eso lo vivíamos nosotros tres en medio de la calle, sabedores de habernos decidido por ese amor contra la opinión pública, de habernos decidido y de haber sabido comprender y ser comprendidos.

    Fue un gran descubrimiento que marcaría para siempre nuestras vidas. Por eso, la amistad que emergió de este momento fue mucho más fuerte que aquella que teníamos anteriormente por danos placer, por pasarlo bien y por el mero hecho de habernos encontrado y conocernos. Cuando la amistad se refunda en un abrazo posterior a todo lo que apetece al ser humano y se hace por hacer feliz al otro, esto es, se hace por amor, es una amistad más fuerte y más duradera. Y así lo ha sido.

    En casa nos esperaban Gaspar y Fernando. Habían traído una botella de “bourbon”. Querían sellar con nosotros la amistad perpetua. No se extrañaron de nuestra alegría y la felicidad que rebosaba en nuestras caras, porque habían entendido lo que pasaba por nosotros. En lugar de estar tristes porque yo me iba, estábamos los cinco contentos porque el mundo se estaba poniendo a nuestros pies. En esta amena reunión en la que participaron el Tío Paco y mi padre, Tono y Néstor dieron a entender con toda claridad que se amaban y habían decidido prepararse para hacer la vida juntos en el momento oportuno. El Tío Paco miraba hacia arriba a un lado del techo. Era tal la intriga que me entró que no tuve otra que preguntar:

    —”Abuelo, ¿qué miras ahí arriba? ¿qué ves?”.

    —”Veo tus sueños cumplidos; veo a Tono y a Néstor en su casa, veo a tus primos en su casa; veo a lo mejor de mi familia, mi posteridad tomando caminos difíciles, pero mejores que los nuestros…”, dijo el Tío Paco.

    —”No, abuelo, no es así —dijo Fernando— nosotros no seríamos como somos, ni tendríamos estos sentimientos y actitudes, de no ser por vosotros, por ti en concreto; es a ti a quien debemos nuestras decisiones acertadas, es el ejemplo que siempre nos has dado de serenidad. Mi padre, el tío Antonio, la tía Adelaida, tus hijos, nos han transmitido el bagaje de cariño, confianza y seguridad que tú sembraste en ellos y queremos agradecértelo”.

    El abuelo se puso a llorar, mi padre estuvo a punto de llorar y Néstor lloraba. Le tuve que preguntar a Néstor por qué estaba llorando, y me contestó:

    —”He visto al abuelo llorar y me he emocionado; por una parte yo no he vivido en mi casa estas cosas que vosotros decís, y por la otra no sé cómo agradecer el bien que me está haciendo haber entrado en esta casa y en esta familia. Nunca he conocido a mis abuelos, y aquí descubro que tengo a mi abuelo. Desde el primer día que vine noté su amabilidad y un cariño especial desconocido para mí. Tengo motivos para llorar y motivos para reír; ahora estoy llorando de emoción, y deseo reír de alegría y felicidad”.

    Se levantó para dar un beso al Tío Paco y se escuchó que en voz baja, muy baja, le decía: “Abuelo, te quiero”. Y el Tío Paco se abrazó a Néstor como quien se abraza a su nieto. El Tío Paco le contestó:

    —”Yo te cuidaré, y no dejes de venir cuando quieras —dirigiéndose a Tono, añadió— y tú ven con frecuencia, que Néstor y yo te estaremos esperando”.

    Aquello se estaba poniendo muy sentimental y Gaspar levantó la botella para servir un último trago. Todos, puestos en pie, brindamos por nuestras vidas. Nos abrazamos a los mellizos para despedirnos y un beso fue lo que nos dispersó ellos a su casa y nosotros a nuestro dormitorio. A Gaspar le dije al oído:

    —”No te olvides nunca de que también tienes una gran madre”.

    Se me quedó mirando y al oído me dijo: “Tuya es también; pero ten cuidado con estos tunantes”. Y nos despedimos hasta siempre.

    *****

    Tres en una cama y sobraba cama. Habían decidido que yo estuviera en medio de los dos porque iban a hacer conmigo las mil perrerías, para que jamás me olvidase de ellos. Y lo hicieron. Ya creo que lo hicieron. Nos habíamos duchado para estar más “fresquitos” y nos habíamos lavado el recto. Ya nos habíamos apetecido después del frenazo que nos dimos en la calle.

    Me echaron en la cama de un empellón y se pusieron encima. Néstor me besaba cada rincón de mi cara y de vez en cuando mis labios, mi lengua. Se entretenía besando los ojos y mordiendo los lóbulos de las orejas. A mí me apetecía su lengua y cuando llegaba colmaba mis delicias. Tono comenzó a besarme el pubis, pero pronto se cansó de los besos y fue al grano. Me mamaba la polla haciéndome vibrar. Era como tener dos amantes dispuestos a hacer gozar al amado. Luego se intercambiaron y era tanto el placer que me producían que ya no sé quién besaba mejor y quien mamaba mi polla con más arte.

    Con mis manos me los acerqué a mi cara para que nos besáramos los tres porque tampoco quería venirme enseguida. Mientras nos besábamos alternativamente, llegué a tener las dos lenguas en mi boca y me puse a masturbar simultáneamente las dos pollas de mis amantes. Dejé que los dos se pusieran a mamar mi polla y mis bolas, pero les dije que yo quería las dos pollas para mí y nos convertimos en un 696, es decir, un 69 de tres, donde sentía cómo una boca chupaba y friccionaba mi pene y la otra se entretenía mordiendo mi escroto y separando con la boca mis testículos, mientras tanto primero iba alternando entre las dos pollas y luego los acomodé con mis manos para tener las dos en mi boca. Creo que hasta ese momento jamás había disfrutado tanto. Yo ya sentía que en cualquier momento podría venirme y que a ellos les pasaría otro tanto y les pedí que me penetraran los dos, y si pudieran los dos a la vez. Hablaron entre ellos y Néstor comenzó delicadamente la penetración, que yo sentía con suavidad y consiguió meter toda su polla dentro. Sentí un gran placer porque le crece bastante cuando se le pone erecta. Pero luego colocándose debajo de mí dio paso a Tono para que, teniendo Néstor su polla dentro de mí, Tono me atravesara con su garrote. No le resultó difícil. Sentí un poco de dolor, aunque poco es poco decir. Sentí dolor porque obligó a dilatarse el ano. Pero una vez dentro y, comenzando a moverse los dos acompasadamente, sentí el gustazo de tener las dos pollas de dos muy buenos amigos queridos. Néstor dijo:

    —”Me voy”.

    —”Suéltalo todo dentro”, contesté.

    —”Yo también voy a soltar mi leche”, dijo Tono.

    No tardaron, pero fue entonces cuando comenzaron a decir requiebros: “A este cabrón lo dejamos más tirado que a una puta”, fue una de Tono. “Con este culo de puta loca, no tenemos ni para comenzar”, dijo Néstor. Me quedé sorprendido porque no paraban de soltar frases: «Te voy a hacer llegar al orgasmo», «vas a gritar de placer». A cada frase les contestaba con palabras como éstas: “sí”, “guau”, “no te detengas”, “sigue”, “más rápido”, “más aprisa”, “más duro”, “ahí, ahí”, “más despacio”. Ellos no paraban de decir porquerías: “puta”, “maricona”, “puta chingona”, «te gusta, ¿no?”; “me encanta tu culo, ésta no va a ser la última vez que mi polla te atraviese”, “¿ves como te gusta?, mi polla te va a demostrar lo que es una buena follada…”, “ahora eres mío y no te vas a arrepentir”, “muévete, tenia tantas ganas de tenerte así”, “te necesito, me encantas”, “si tú fueras una puta, yo no sería gay”, etc. Por fin se vinieron los dos, Néstor un poco antes. Y les supliqué que no salieran de dentro de mí porque me sentía muy de ellos. Pero como no tardé en venirme se salieron para echarse encima de mi polla y recoger mis borbotones de lefa que tragaron y se besaban con mi lefa en sus bocas. Tuvieron compasión de mí y me dieron del fruto de mis entrañas con su propia boca. Todo un festín.

    No hace falta contar que lo mismo hicimos con cada uno. Nos descansábamos un rato para reponer fuerzas y ayudar a los testículos a recomponerse y fuimos a por Néstor que no podía reprimir sus gemidos. Cuando le correspondió el turno a Tono fue divertido porque tuve que penetrar yo primero, pues Néstor no podía, pero al verme dentro de Tono, como que se llenó de celos y de un solo golpe por encima de mi polla, metió dentro la suya; eyaculamos al mismo tiempo. Cuando Tono eyaculó, a Néstor y a mí nos resultó cómodo, porque teníamos polla por demás. Descansamos y antes de dormirnos le dije a Néstor:

    —”Con esta polla de Tono te vas a perder entre el pelambre.

    Después de las risas y seguir tocándonos, parece que nos dormimos muy abrazados. Fue Tono quien nos despertó para desayunar. Pasamos por la ducha porque teníamos semen pegado en nuestros cuerpos desde las cejas a los pies. Fue una gran despedida.

  • Mi cuñado me volvió loca

    Mi cuñado me volvió loca

    Me llamo Maite y tengo 27 años. Mi hermana Marta hace poco que se ha casado con José, un chico que está de muy buen ver. No es muy alto, debe de andar por el 1’70, pero es guapo, atento, cariñoso y muy simpático. Los dos pasan justitos de los 30, lo cual les hace ser una pareja ideal. Desde el principio nos cayó estupendamente a todos, incluidos mis padres y por supuesto a mí también. Me encantaba su poder de atracción, con unos preciosos ojos oscuros, capaces de hipnotizar a cualquiera. Y yo no era una excepción. Aunque siendo sincera, lo que más me atraía era su culo, para qué nos vamos a engañar.

    Todavía vivo con mis padres en el pueblo, donde tenemos una casita de planta baja, acogedora y muy bonita. Vinieron el agosto pasado de vacaciones, porque la playa está cerca y así se alejaban del agobio de la ciudad. Y fue entonces cuando empezó el suplicio para mí. En casa todas las habitaciones están al final del pasillo, separadas por el resto de la casa por una puerta, para mantenerlas frescas durante el día. Su dormitorio queda justo enfrente del mío y por las noches… Mis padres roncaban desde el principio al fin de la noche, pero yo no podía pegar ojo, porque los muy cabrones se pasaban follando toda la noche. No pasaba mucho tiempo desde que nos acostábamos y ellos ya estaban al lío. Normalmente empezaban con risitas pero luego mi hermana comenzaba a gemir como una loca, mientras le decía que le comiese todo, que no parase. Luego sus gemidos se hacían más fuertes y más fuertes, hasta que la oía correrse. Y empezaban los ruidos de la cama, cuando se ponían a follar como animales. A mí al principio me hacía gracia, pero al tercer o cuarto día estaba más salida que la manga de un abrigo.

    Una noche dejé mi puerta entreabierta para poder oírlos mejor. Me metí en cama sin nada encima y cuando empezaron el polvo yo comencé a tocarme y manosearme las tetas, al tiempo que notaba como se me mojaba el coño. En el momento de los gemidos, comencé a meterme los dedos en la vagina como una posesa y los metí y los saqué hasta que noté hervir el interior. Me mojé el dedo índice de la mano izquierda y me lo metí suavemente en el ano, al tiempo que seguía con los dedos en la vagina. Notaba por las paredes de mi coñito las idas y venidas de los dedos en ambos agujeros y ni yo misma recuerdo cómo no me desmayé de la corrida que tuve.

    Al día siguiente fuimos todos a la playa y a mí no se me pasaban los calores ni con helados. Todo el tiempo estuve mirando para él y su paquete, mordiéndome los labios de rabia. Pero al fin tuve mi oportunidad. Mis padres decidieron al final de la tarde irse de compras y mi hermana se fue con ellos a mirarse unos vestidos a una boutique conocida. Mi cuñado se quedó conmigo en la playa y entonces me vengué. Nos pusimos a jugar en el agua como niños, mojándonos y revolcándonos, pero en medio de tanto juego, no hacía más que restregarme contra él, con mis tetas y tocarle el culo, notándolo duro, como a mí me gustan. Él se mosqueó y cuando no pudo más, se alejó de la orilla mar adentro, nadando lejos. Estaba claro que su erección debía ser enorme, y no le apetecía salir así del agua. Cuando por fin salió, le dije que me quería ir a casa. Recogimos las cosas sin decir nada y nos fuimos en el coche. Durante todo el camino no hice más que ponerle cachondo, con comentaros sobre el calor, el sexo y las noches veraniegas.

    Cuando llegamos, él me dijo que se iba directamente a la ducha. Me imaginé por qué. De la prisa que llevaba no se acordó ni de cerrar la puerta. Mientras yo lo observaba desde fuera, se quitó camiseta, bañador y se metió bajo el agua. Vi claramente cómo se la estaba meneando, dispuesto a hacerse una paja que lo librase del calentón. Fue entonces cuando decidí entrar y con todo el morro me metí en la ducha con él. José me miró con una cara de estupefacción, sin entender mucho de qué iba todo aquello. Le dije que no estaba dispuesto a pasar una noche más a dos velas y que si mi hermana disfrutaba de él, yo, que era de la familia, también tenía derecho. Le cogí la polla con la mano derecha y comencé a menearla, para meterla en la boca hinchada como un pepino. Me dijo que saliésemos de la ducha y no sé ni cómo fuimos hasta la sala. Yo no soltaba el miembro ni un solo momento. Me puse de rodillas y me lo metí en la boca, sorbiéndolo como una energúmena. Me estaba empezando a sentir como una auténtica zorra y me gustaba, porque las riendas las llevaba yo. Con un tamaño ya desmesurado, le obligué a echarse al suelo, me monté sobre él y le dije que me follase. Sus empellones me dejaban tiritando de gusto y notaba la punta de su polla al final de mi vagina, encharcada como nunca. Conseguí mi primer orgasmo sin que él se hubiese corrido. Me levanté y le dije que me comiese el coño. Gemí de gusto, dejando que su lengua y sus dedos escarbasen en mis agujeros, haciendo que mi clítoris creciese como nunca y los jugos me saliesen por encima de los labios, mojando mis muslos y la alfombra. Y después de tanto orgasmo, decidí que ya estaba bien de ser egoísta y que debía darle caña yo a él. Le volví a coger la polla y empecé a restregármela por las tetas, lamiéndole el capullo con la lengua y meneándosela con ambas manos. La metí en la boca y comencé a chuparla, metiéndomela hasta la garganta y notando cómo rebotaba la punta en el fondo del paladar, caliente y mojada. José gemía y no paraba de decirme que era una zorra, una mala puta, que se iba a correr en mi cara. Y eso era lo que yo quería. Le hice sufrir un buen rato, notando como en algún momento estaba a punto de irse y entonces yo paraba. Al final, tras unos enormes lametones, desde la raíz al capullo y unas sacudidas enérgicas con las manos, le grité que se corriese en mi boca. Todos los chorretones de su semen entraron en mi boca, mis labios y mi cara y algunos cayeron sobre mis tetas, mientras él gritaba de placer y me llamaba puta.

    Cuando llegaron mis padres y mi hermana, estábamos duchados y viendo la tele y nunca sospecharon nada. Desde entonces, y siempre que puedo, vuelvo a follarme a mi cuñadito, porque me vuelve loca.

  • Mis inicios con el masajista

    Mis inicios con el masajista

    Hola soy nuevo en estos temas, espero que no tengan prejuicios de mi por lo que hoy les compartiré, solo quiero sacar esto que he guardado por unos años esperando que me entiendan desde los administradores hasta los lectores, empezaré por presentarme y describirme un poco aunque estoy consciente de lo que eso implica, espero agradarles para poderles compartir mas de mi vida en el futuro.

    Primero que nada mi nombre es Guillermo, tengo 20 años, soy del centro de México y tengo una discapacidad de nacimiento la cual me impide caminar sin ayuda, físicamente no tengo nada de que sentirme orgulloso, mido 1.56 de estatura desde pequeño eh tenido problemas de sobrepeso, mi piel es muy blanca mis, mis ojos son cafés, mi cabello es negro, en fin creo que es lo más importante así que seguiré.

    Desde pequeño tuve muchas dificultades en mi vida ya que casi para todo necesito ayuda, toda mi vida crecí con la idea de algún día casarme tener una familia pero conforme iba creciendo me empecé a dar cuenta que todo era más difícil de lo que creía, las chicas apenas se me acercaban pero no pasaba de ahí, estudie hasta la preparatoria pero fue por mi discapacidad que ya no pude estudiar algo más.

    Antes de cumplirlos 18 años dejé los estudios, apenas salía de mi casa siendo la computadora mi refugio, entraba a salas de chat pero cuando hablaba de mi discapacidad dejaban de escribirme, yo vivo solo con mis padres aunque solo mi mamá me atiende en lo que necesito, la verdad tuve una infancia feliz aun siendo hijo único, dos meses después de cumplir los 18 años una mañana llegó mi mamá diciéndome algo inesperado.

    Me dijo que alguien le había hablado de un señor que hacia masajes que había ayudado a muchas persona y que me iba a llevar, yo reaccioné mal puesto que no quería ir pero ante su insistencia junto con la de algunos vecinos no me quedó más que aceptar, llegando el día me llevaron al lugar donde ya habían varias personas esperando ser atendidas, tuvieron que pasar casi tres horas para que llegara mi turno.

    Al entrar nos esperaba un hombre de al menos 45 años, perdón sino soy preciso en eso pero soy muy malo para calcular las edades, era muy alto pienso que 1.80 de estatura, moreno, ojos cafés igual a mí, era calvo aunque era evidente que era por su gusto, tenía cara de enojado siempre, llevaba ropa blanca como doctor, al entrar me pidió sentarme en la cama pero al ser muy alta me fue difícil.

    Al notarlo el se me acercó sin decir nada me tomó con fuerza para cargarme dejándome en la cama, le empezó a hacer preguntas a mi mamá acerca de mi problema, al terminar de preguntar le pidió a mi mamá que me quitara el pantalón, al escuchar eso me sentí mal ya que no me gustaba que me vieran en ropa interior y no se me ocurrió ponerme un short, el me observaba con atención mientras en mi se dejaba ver cada vez mas de mi piel.

    Primero empezó por revisar mis pies dándoles masaje con fuerza con sus dedos lo cual era doloroso, tomó una botella de aceite dejando caer un poco sobre mi pie derecho para luego volver con el masaje, después de un rato hizo lo mismo con el otro, sin decir nada fue subiendo poco a poco hasta llegar a mis piernas para luego pedirme que me diera la vuelta dándole la espalda, subió mi playera para luego dejar caer más aceite sobre mi espalda.

    La verdad me estaba doliendo mucho pero me aguanté hasta que terminó, al terminar le dijo a mi mamá que si me seguía llevando podía mejorar mucho pero que para que mejorara aún más me llevara a su casa porque ahí tenia algunos aparatos para casos como el mío, le dio una tarjeta con sus datos y le dijo que me tenía que llevar tres veces por semana por las tardes, después nos fuimos a casa pero los siguientes días me dolía todo el cuerpo.

    Las siguientes sesiones fueron igual aunque ya había aprendido la lección poniéndome shorts cada que iba, las sesiones eran todas igual pero en su casa tenía una tina donde me metía en agua un poco caliente para mi gusto, un día mi mamá tenia cosas que hacer por la tarde así que le llamó para decirle que no me podía llevar porque no se podía quedar conmigo para esto ya tenía dos meses en las sesiones con él.

    Mamá: Doctor hoy no puedo llevar a mi hijo porque tengo cosas que hacer y no me puedo quedar con él.

    Doctor: no es necesario que se quede puede venir a dejarlo y yo me encargo de todo.

    Yo ya estaba muy contento porque esa tarde no iría pero al escuchar eso me molesté diciendo que yo no iría pero mi mamá no solo me obligó sino que de ahí en adelante solo me iba a dejar y se iba, al llegar nos abrió la puerta diciéndole que me dejara en una silla en el pasillo marchándose ella de inmediato, yo me quedé muy nervioso ya que era la primera vez que me quedaría solo con él, se me acercó diciéndome te voy a llevar adentro.

    Me tomó en sus brazos llevándome hasta la cama donde me acostó para de inmediato quitarme los zapatos, luego el pantalón pero me dijo que mi short le estorbaba un poco para darme el masaje que me lo iba a quitar le dije que no pero me dijo que no pasaba nada y lo hizo, yo me sentía avergonzado pero el actuaba muy normal, empezó con el masaje igual que siempre después me pidió darme vuelta para continuar.

    Todo iba normal pero esta vez sus manos pasaron la barrera de mi ropa interior llegando a lo que común mente se conoce como nalgas, al sentir eso di un sobresalto a lo cual el me pidió tranquilizarme que todo era parte del masaje, siguió mientras yo en mi cabeza decía todo esto lo va a saber mi mamá, siguió un rato para luego pasar a mi espalda justo en ese momento sonó el timbre haciendo que él fuera a ver quién era.

    Cuando regresó venia tras el mi mamá que al verme pregunto ¿Por qué no traía el short? Pero el masajista con toda calma le respondió que le estorbaba un poco para darme el masaje, yo no dejé pasar la oportunidad y le pregunté ¿para eso o para tocarme el trasero? Sin duda el no se esperaba eso pero siguió en calma explicándonos que había puntos necesarios donde dar masaje para que todo el proceso saliera bien.

    Su explicación fue tan convincente que hasta yo me la creí en verdad siguió diciendo que el solo me quería ayudar para que estuviera mejor haciéndome sentir culpable por haber dicho lo de que solo me quería tocar, me disculpé con el luego mi mamá me ayudó a vestirme y nos fuimos, a partir de la siguiente sesión yo dejé de ponerme short aunque me seguía sintiendo avergonzado de que él me mirara así pero me aguanté.

    El poco a poco con el pasar del tiempo ya con cinco meses de tratamiento me empezó a hablar de el, diciéndome que se sentía muy solo que la única compañía con la que se sentía a gusto era con la mía, una tarde me hizo una invitación a pasar el sábado con el y que llegando la noche me llevaba a mi casa, yo ya le tenía mucha confianza aunque también sentía un poco de pena por saber que estaba tan solo así que acepté.

    El habló con mi mamá para pedirle permiso, ella aceptó de inmediato así que solo tuve que esperar a que llegara el día, era la primera vez que iría con el sin que me diera masaje, el mismo fue por mi hasta mi casa todo el trayecto solo fue silencio lo cual me puso nervioso, al llegar me llevó cargando hasta una parte de su casa que nunca había visto, era la sala me dijo espera voy por algo de tomar alejándose de prisa del lugar.

    Al regresar traía unos vasos con refresco, se sentó de mi lado izquierdo mirándome sin decir nada lo cual me ponía nervioso, me quitó el vaso de la mano que apenas había probado, me miró con una cara que nunca le había visto y me dijo no puedo mas, tomándome por la nunca para darme un beso el cual yo intenté romper pero el me lo impedía con su gran fuerza, no sé cómo pero me pude separar de el haciéndolo reaccionar.

    ¿Qué pasa? Me preguntó como si lo que había hecho fuera algo normal, ¿Por qué hizo eso? le pregunté pero el me respondió con otra pregunta la cual no supe responder, ¿no te gustó? Agaché la mirada y me quedé en silencio, ni yo mismo comprendía lo que estaba pasando, de nuevo me hizo la misma pregunta la cual le respondí sin mirarlo a los ojos, no no me gustó, respóndeme mirándome a los ojos pero no pude hacerlo.

    ¡¡Respóndeme!! Dijo con voz fuerte, muy nervioso le respondí no sé no lo se, lo cual aprovechó para volverme a besar sin darme oportunidad de evitarlo, de nuevo me zafé del beso y le dije que esto no estaba bien, ¿Por qué? Me preguntó, le dije que lo correcto era que esto sucediera entre hombre y mujer pero el me confundió mas con otra pregunta ¿no lo deseas tanto como yo? No podía creer lo que estaba pasando.

    Me quedé en silencio sin argumentos mi corazón latía a mil por hora mientras el solo decía déjate llevar, mientras me besaba la mejilla dulcemente, yo solo decía no por favor esto no está bien, pero el seguía mientras acariciaba mi pierna derecha, se detuvo un instante para decirme vamos a mi habitación, me tomó en sus brazos y me llevó por unas escaleras hasta una habitación grande la cual no tuve tiempo de ver con detalle.

    Me echó en la cama mientras yo le seguía diciendo que se detuviera por favor pero no con decisión, así que continuó haciendo lo que quería, tomó mis zapatos sin desatarlos me los quitó con un poco de dificultad, yo seguía insistiéndole en que se detuviera mientras miraba lo que él hacía, en un instante me quitó el pantalón con mi ropa interior lo cual me dio mucha vergüenza cubriéndome mi pene con mi mano derecha.

    Se quitó la playera dejando ver un abdomen si bien no marcado era fuerte, lo que me hizo sentirme muy extraño, un calor salía de mi cara sin saber porque pero lo que me dejó con la boca abierta fue cuando dejo caer su pantalón, su pene era enorme para mí ya que el mío no se comparaba ni un poquito con el suyo, su punta estaba expuesta por completo, yo nunca me había puesto a pensar como era el sexo gay así que no tenía ni idea de lo que iba a pasar.

    Por último se subió a la cama para quitarme la playera que aun llevaba, comenzó a besarme el cuello bajando a mi pecho besándolo mientras decía ricas tetitas siempre las eh deseado, con sus labios succionaba como esperando que algo saliera por varios minutos, hasta que por fin se detuvo para literal sentarse en mi pecho poniendo su pene a la altura de mi boca, chúpalo bebé dijo mientras yo no alcanzaba a entender lo que dijo.

    Saca la lengua dijo sin perder tiempo, yo seguía sin entender pero poco a poco accedí sacándola un poco a lo que el sin perder tiempo aprovechó para acercar su pene a mi lengua rozándolo con ella, sin darme cuenta poco a poco el lo metía en mi boca dándome cuenta ya que empecé a sentir ganas de vomitar pero el siguió hasta meterlo lo más que pudo, dejándolo ahí unos instantes mientras mis ojos se llenaban de lagrimas.

    Me costaba mucho trabajo tener la boca abierta sin vomitar sintiendo que me ahogaba pero el seguía sin parar, cuando por fin se detuvo se bajó de mi para luego pedirme que me volteara dándole la espalda como en los masajes, así lo hice con su ayuda separando mis piernas de inmediato hizo lo que nunca creí, con su lengua empezó a recorrer entre mis nalguitas como les decía el provocándome extrañas sensaciones.

    No sé como describirlo pero un cosquilleo interno se extendió a mi pene haciéndome sentir como alguna vez que me masturbé sin saber lo que hacía, fue así que me vine sin poder evitarlo, cuando el se dio cuenta se detuvo para sacar una botella de aceite como las que usaba para los masajes dejando caer una gran cantidad entre mis nalgas, las recorrió con su dedo hasta que se concentró en mi ano tratando de meter su dedo, fue ahí cuando empecé a sospechar lo q estaba por suceder, cuando por fin entró su dedo yo di un pequeño grito de dolor pero a el no le importó y empezó a meterlo más, después lo sacaba así hasta que lo sacó por completo, se posó sobre mi con su mano izquierda de mi mismo lado, de pronto empecé a sentir como algo caliente entraba entre mis nalgas, deteniéndose un momento para luego con fuerza intentar entrar en mi ser.

    Poco a poco fue entrando haciéndome sentir el dolor más grande que eh sentido en mi vida, era como si una barra de acero caliente me estuviera partiendo en dos, mordía las cobijas para no gritar mientras sentía que me echaban un balde de agua helada y veía todo oscuro, de pronto sentí la ultima embestida haciéndome perder por completo el conocimiento por unos instantes, cuando empecé a reaccionar sentía sus embestidas.

    Lo hacía tan fuerte que me movía cada vez que lo hacía, siguió así hasta que salían gemidos de su boca acelerando sus embestidas para luego poco a poco detenerse hasta quedarse quieto sacando su pene de mi interior, se dejó caer a mi lado mientras yo lo miré mire su pene todo lleno de sangre y suciedad le pregunté si se había lastimado, pero el me dijo que la sangre era mía que así pasaba la primera vez que abrían un culito tan lindo como el mío.

    Me dijo que me iba a meter a la tina para que se me pasara después me llevó a mi, casa cuando mi mamá se dio cuenta que sangraba me preguntó que me pasó pero le dije que no sabía, y desde ahí todos los fines de semana hacíamos el amor como nunca creí hacerlo tal vez algunos piensen que se aprovechó de mi pero les aseguro que no, ojalá publiquen mi relato gracias de antemano.

  • En casa de mi tía madurita

    En casa de mi tía madurita

    En las vacaciones de verano, mi madre me envió a vivir con una prima suya que vivía en el campo y era soltera a pesar de sus 40 años. De piel blanca y unas tetas que difícilmente cabían en cada mano, poseía además un buen culo y sumado a esto era muy coqueta o al menos yo lo imaginaba así, siempre paraba cantando por la casa y debido al calor que hacía usaba un vestido de esos vueludos pero algo corto para su edad. Me parecía un desperdicio de mujer y que nadie la clavara por las noches, claro que yo no me atrevía a proponerle algo así, si no quería ganarme un par de sopapos.

    La mayor parte del tiempo la ayudaba con los arreglos de la casa, ya que para eso me habían enviado y para que no se sienta tan sola así que durante el día y la noche cuando podía, me limitaba a espiarla.

    Un día ella estaba limpiando en la cocina los muebles donde guardaba los trastos, así que como quería hacer una limpieza a fondo me llamo para que la ayude, al entrar la vi subida en una escalerita sacando y moviendo cosas, yo le dije; tía deja que te vas a caer yo me subo, pero ella me replico que ya estaba ahí y que recibiera lo que me iba pasando.

    Estando yo en una posición más baja que ella, sus rodillas quedaban a la altura de mis ojos y cuando se inclinaba para limpiar al fondo de la alacena, se le subía un poco más el vestido. Me paso la idea de agacharme un poco para poder ver ese paraíso que hasta el momento solo tenía en mi imaginación, así que mientras ella estaba distraída en su faena incline mi cabeza viendo su culo desde abajo, debajo de su vestido. Cada vez que ella se empinaba veía sus carnes blancas que para su edad estaban muy bien cuidadas, sin celulitis ni manchas en la piel, su calzón se metía por entre sus nalgas dejándome ver los pelos que salían de su concha sin depilar. Mi pinga se puso como un fierro y empecé a sudar frío.

    Luego de terminar estas labores mi tía me dijo que como habíamos quedado tan empolvados, lo mejor sería que nos demos un baño, así que ella entro primero al cuarto de baño que daba a ambos cuartos, al mío y al suyo. Como ya era de noche deje la puerta de mi cuarto que daba al baño semi-abierta y desde la oscuridad vi cuando mi tía entraba al cuarto de baño con una bata. Ella pensó que yo había salido por lo que no se preocupó de cerrar la puerta que daba a mi habitación.

    Desde mi escondite en la oscuridad vi que dejaba caer su bata dejándome ver su cuerpo de hembra madura, con sus senos bien formados los cuales tenían una aureola rosada con unos pezones en punta que parecían las tetillas de un biberón. No aguante más ese espectáculo y empecé a masturbarme teniendo la visión de su cuerpo enjabonado y húmedo. Luego salí por las dudas de la habitación y ella me dijo que entrara a bañarme, luego de entrar al baño me desvestí pero los recuerdos de ese cuerpo hicieron que se me parara, justo cuando mi tía pasaba por la puerta del baño abierta. Yo me quede como estatua y mi tía mirando mi pinga que estaba como un mástil apuntando hacia arriba. Fue un momento interminable hasta que ella bajo la cara un poco sonrojada supongo por la sorpresa.

    A la hora de acostarnos esa noche escuchaba unos gemidos que provenían del cuarto de mi tía a lo que supuse que estaba llorando por algún motivo, al acercarme a su puerta y antes de tocar pude comprobar que eran gemidos pero de placer, mi tía se estaba masturbando, esa noche no pude dormir.

    Al día siguiente cada vez que veía a mi tía, de solo verla caminar se me paraba el pene. Luego de hacer las labores de ese día cenamos y luego de una hora mi tía me llamo desde su cuarto, entre y la vi sentada en su cama vestida solo con un calzón pequeño y con sujetador, le dije “disculpa no sabía que te estabas cambiando” e hice el ademán que salía, ella me dijo que me quedara ya que había notado que sus senos se estaban cayendo un poco y que quería cambiarse de sujetador, me dijo “sostenme los senos con tus manos que quiero cambiarme de sujetador y no quiero que queden colgando”.

    Me sentí en la gloria ya que sabía perfectamente que esa era la invitación que había estado esperando, se desabrocho el sostén y dejaron libres el par de tetas más deliciosas que he visto en mi vida, procedí a sostenerlas mientras ella hacia como que tomaba el otro sujetador que quería ponerse, dejándome sentir su calor en mis manos, instintivamente empecé a amasar suavemente sus tetas, sin retirarse me dijo “Que haces?” Le respondí “quiero besarlas tía”. “No quiero que las beses, quiero que me las chupes” me dijo mordiendo su labio inferior.

    Me sumergí en el pecho de mi tía echándonos ambos en su cama, su olor a hembra ya no me dejaba pensar, quien iba a pensar que mi tía era una mujer tan ardiente, se movía apretando mi cabeza contra ella y me decía, “dime que me quieres hacer, dime que le quieres hacer a tu tía”, le dije “tía quiero lamerte toda, quiero lamer tu concha y tu ojete”. Nos desvestimos en media de una lucha que libero mi pinga de su prisión y que ella tomo cuando pudo diciéndome “tírame tu leche en la cara” y bombeaba con todas sus fuerzas dándome la mamada más rica de mi vida, empecé a lamerla como había dicho tomándome sus jugos que salían de su chucha y lengüeteándole el ano. La puse boca abajo y empecé a metérsela por la concha magreándole las tetas y besándola en el cuello. Acabamos rendidos luego de largo rato y de ahí en adelante dormimos todos esos días inolvidables de vacaciones haciendo el amor y yo disfrutando de esa hembra espectacular que era mi tía.

  • Un día inesperado de garganta profunda

    Un día inesperado de garganta profunda

    El día sábado 25 de agosto de 2018 fui de 6am a 2pm a trabajar, durante el trabajo recibí un mensaje de un amigo, lo conteste hasta las 11am que fue mi hora de comida, quedamos en vernos, vino a mi trabajo, entro, me saludo, le digo “ya saldré en unos minutos”, me dijo “te espero afuera y traigo regalo”.

    Como a las 2:10pm salí, lo vi y me acerque, en mi trabajo no saben de mi preferencia sexual, lo sospechan pero es similar a mi familia, como que sospechan pero a ciencia cierta no saben, él es un hombre guapo, atlético, corre por las mañanas, de cincuenta y tantos, casado pero separado, en fin, me abrió la puerta del coche, me senté, fuimos a un centro comercial, estaciono el coche, me llevo a la cajuela, finalmente a pesar que había gente pasando abrió la cajuela, me metí, se desabrocho el pantalón y se sacó el pene, comencé a masturbarlo y a pasarle la lengua, de arriba a abajo y de abajo hacia arriba, jugaba un poco en sus testículos, se le ponían blancos los ojos, gemía y me excitaba más, se le ponía cada momento duro el pene, y a la mitad de su rigidez ni podía meterlo a la boca, hacía lo posible porque me encanta, aparte por si se venía no probar el semen, tragarlo de un solo bocado, pero finalmente cuando lo tenía ya completamente duro, tieso, venoso, ya sentía que explotaba su pene, de repente me tomo la cabeza y dijo “hay te voy puta”, así supe que ya se vendría pero no me dejo sacar su pene de mi boca, exploto, no quería probarlo ni nada así, pero no me cabía más de la mitad, así que lo hice, no sé si por lo excitada que estuve o porque, me supo delicioso, jugaba con el semen en mi boca, por fin saco su pene de mi boca y dijo “abre grande”, se masturbo un poco y soltó otra descarga de semen, me cayó en la espalda y en la cara, estuvo genial, me dijo “esa es mi puta, por eso eres mi favorita”, le dije “seguramente no la única pero no importa”.

    Era la primera vez que lo veía en persona, hablamos antes por Face y así, por se nos hizo vernos y fue lo mejor, diría que más que eso, me enamore, no de amor real o normal, no sé si me explico, pero entre a verlo en la primera cita y luego en lugar público y que su cajuela la acomodo muy bien para eso, deje que hiciera lo que quisiera ese día conmigo después, más por el regalo que me dio después de bañarme en su semen.