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  • Los grandes pechos de mi prima Ainoa

    Los grandes pechos de mi prima Ainoa

    Hola lectores, voy a contaros la historia de lo que me ocurrió con mi prima Ainoa. Ella es tres años mayor que yo, cuando ocurrió esto ella tenía 21 años, es de estatura media, pelo entre moreno y castaño, ondulado y hasta el cuello. Tiene caderas anchas cintura estrecha y pechos grandes. Yo me llamo Jorge, soy alto, moreno, pelo corto, soy flaco y fuerte.

    Siempre me he llevado muy bien con mi prima, tenemos una relación casi de hermanos y nos divertimos mucho juntos, ella siempre me ha enseñado a hacer muchas cosas, etc. Pero cuando se fue a estudiar fuera de la casa de sus padres, dejé de verla considerablemente. Pero este verano coincidimos durante una semana; una semana muy especial.

    Yo me pegaba la mayor parte del día navegando por internet en el ordenador de su cuarto, y más de una vez ella salía de la ducha con la toalla enrollada en el cuerpo y me decía que no mirase porque se iba a cambiar. Yo la primera vez no le di mucha importancia, pero la segunda ya me interesé por el cuerpo de mi prima y mientras se cambiaba, giré la cabeza y vi sus grandes tetas, y ella al verme me gritó que me volviese. Yo estaba muy empalmado por lo que acababa de ver y una vez que se fue del cuarto, me hice una gran paja en su honor.

    Después de aquello mi visión de ella cambió radicalmente. Empecé a coger sus braguitas usadas con su olor para pajearme, buscaba por su cuarto con objeto de encontrar algo íntimo suyo, y comencé a pensar un plan para conseguirla.

    Una noche decidimos salir por ahí ella y yo con sus amigos, ya que yo no conocía a nadie en su ciudad.

    Tras una noche de marcha con alcohol, volvimos a casa muy tarde y algo «contentos» y como yo dormía con un familiar en la habitación y este ya estaba dormido, para no molestarle, Ainoa me propuso dormir en su cuarto, a lo que respondí que no me importaba.

    Como toda mi ropa la tenía en el otro cuarto tuve que dormir en gayumbos en una cama auxiliar pegada a la de mi prima. Muchas horas después, cuando yo era el único que seguía despierto en la casa, me acerqué a mi prima que llevaba puesto un pijama muy fino de dos piezas, y estaba totalmente destapada ya que hacía mucho calor. Le pasé mi dedo por los labios carnosos, y luego le di un tímido beso en la boca. Ella no se movía. Tras esto pasé a acariciar muy suavemente uno de sus pechos sobre el pijama. Estos eran grandes y muy blandos, estaban aplastados contra su pecho porque ella estaba bocarriba. Cuando puse toda la mano entera sobre su seno, ella se movió un poco, asustándome bastante. Unos minutos después volví a poner mi mano sobre su seno, sintiendo todo el calor que emanaba. Esta sensación hacía que mi polla palpitase.

    Cuando me aburrí de tener la mano apoyada, empecé a mover su teta y a amasarla suavemente. Entonces ella volvió a moverse, esta vez dándome la espalda. También su culo quedaba a mi alcance, así que transcurridos unos minutos bajé un poco el pantalón de su pijama para ver la raja de su culo, metí la mano por dentro y palpé sus duras nalgas y las acaricié durante un rato, después acerqué un dedo a su ano y jugué con la pelusilla que crecía su oscuro agujero, y en ese momento ella volvió a darse la vuelta, quedando frente a mí. Tremendamente asustado porque casi se queda mi mano debajo de su culo con lo que se abría despertado, dejé pasar algunos minutos más mientras trataba de relajarme. Luego tendí mi mano hacia sus pechos y en cuanto la toqué se volvió a girar quedando bocarriba nuevamente.

    Esta vez necesitaba más y abrí los botones superiores de su camisa de pijama, y metí la mano hasta encontrar una de sus tetas, fui acariciándola hasta que llegué a un pequeño bultito que identifiqué como el pezón. Lo cogí entre los dedos y jugué con él, y este respondió endureciéndose por momentos. Seguí amasando su pecho y pellizcando levemente el pezón cuando ella después de un ligero gemido, abrió los ojos y me descubrió con una mano bajo su pijama y la otra agarrándome el falo. Volvió a cerrar los ojos haciéndose la dormida y se dio la vuelta, pero esta vez se tapó hasta arriba con la sábana. Yo me quedé muy preocupado por lo que ella podría pensar, pero para sorpresa mía al día siguiente seguía siendo igual de amistosa conmigo como siempre.

    El día siguiente transcurrió sin nada remarcable, hasta que por la noche me propuso volver a salir de marcha. Esa noche ella bebió considerablemente más que la noche anterior, pero yo hice lo contrario: me abstuve. Al volver a casa ella me dijo lo mismo que el día anterior, pero después dijo que no le apetecía nada sacar la cama auxiliar y tener que hacerla, así que me dijo que durmiese en su cama. La cama era individual por lo que había que apretarse bien para no caerse. Ella me dijo que la abrazase, y yo rápidamente la cogí por la cintura pegándome a ella. Al sentir el contacto de su cuerpo me empecé a empalmar y fui clavándole la polla en el culo, pero ella no se movía.

    Con la cadera empujé un poco hacia ella, pero ella no reaccionó, así que supuse que se habría dormido. Lentamente subí mi mano por su abdomen hasta llegar a sus pechos, puse la mano sobre uno de ellos y lo empecé a amasar, lo agarraba y lo apretaba cada vez más fuertemente sin pensar en que ella se podía despertar en cualquier momento. Mientras con la mano que me quedaba libre le movía la pasaba la polla por sus nalgas, recorría la raja del culo con ella y metía mi dedo levemente en su ano por encima del pijama. De pronto pensé que era muy raro que con lo que le estaba haciendo no se despertase y supuse que las copas que se había tomado le habían producido un profundísimo sueño. Así que con esta idea dejé sus tetas y bajé la mano hasta su entrepierna, acaricié sus muslos y finalmente comencé a frotar su coño por encima de la tela. En esto ella me apartó las manos y se incorporó diciendo:

    -Puedo permitir que me toques las tetas y el culo pensando que estoy dormida, pero si me empiezas a violar ya hablamos de términos mayores, así que esta noche deja las manos quietecitas que ya te estás pasando.

    Yo me quedé flipado y todo avergonzado, me puse mirando hacia fuera de la cama e intenté dormirme.

    Al día siguiente ella estaba mucho más arisca conmigo en intentaba evitarme. Al llegar la noche le propuse volver a salir por ahí, y ella tras pensarlo un rato aceptó. Esa noche ella no bebió nada, y yo tampoco bebí de forma significante. Al volver a casa, sacamos la cama auxiliar y nos acostamos. Varias horas después cuando Ainoa ya dormía, me acerqué a ella volví a agarrar uno de sus pechos, para mi aquellos pechos se habían vuelto una obsesión, así que los amasé y los pellizqué mientras me masturbaba hasta que estuve a punto de correrme.

    Luego me puse sobre ella apoyándome en las rodillas y tras abrir los botones de su pijama hundí el pene en el hueco que había entre sus tetas, en ese instante me recorrió la espalda un escalofrío. Apreté un poco las tetas de mi prima entre si y comencé una cubana, que acabé rápidamente con una espectacular corrida que llenó el cuello y el pecho de Ainoa de mi espesa y caliente leche. Luego me limpié la polla con una de las bragas que tenía en su cajón, las doblé y las volví a dejar en su sitio.

    Al día siguiente me desperté tarde, pero todavía Ainoa seguía durmiendo con la camisa abierta y con manchas de semen seco esparcido por sus pechos, su cuello y su estómago. Me quedé tumbado en la cama mientras me la meneaba mirando las tetas desnudas de mi prima. De pronto noté que se estaba despertando así que paré y me hice el dormido.

    Mientras miraba de reojo, vi como ella se levantaba y se miraba toda llena de semen, se abrochó la camisa y me miró cariñosamente, luego cogió unas bragas limpias y una camiseta y se fue al baño para asearse. Yo me levanté en cuanto ella cerró la puerta del baño, miré por toda la casa y ví que todo el mundo se había ido a trabajar o a hacer sus obligaciones matutinas. Encendí el ordenador del cuarto de mi prima y me puse a navegar por internet por páginas de sexo para poder acabar de pajearme. Todavía no me había corrido cuando ella salió del cuarto de baño, recién duchada, con el pelo mojado y chorreante y una toalla atada a su torso. No me dio tiempo a reaccionar y me vio con la polla en la mano haciéndome una paja. Ella se sorprendió y yo me quedé quieto, paralizado. Ella muy naturalmente dijo:

    -Que… cascándotela, eh! Espero que no me manches el cuarto.

    Y mientras se secaba el pelo mirando a la pantalla del ordenador.

    -Por mi no te cortes. Sigue, sigue, que no me importa.

    -Es que me da un poco de corte. –contesté yo, aún con la polla en la mano.

    -Si quieres puedo ayudar a motivarte… -me dijo muy picaronamente

    Me dio la vuelta a la silla encarándome hacia ella y empezó un sensual baile mientras aflojaba la toalla, hasta dejarla caer y quedar desnuda. Yo continué con la paja mientras la observaba y en pocos segundos eyaculé tres chorros de semen que alcanzaron a mi prima en piernas y pies.

    -Ahora tendré que volver a ducharme. –me dijo sonriendo- ¿Me acompañas, primito?

    -Bueno, si quieres…

    Entramos en el baño, cerramos la puerta y ella fue abriendo el agua caliente. Yo me desvestí. Ella estaba un poco inclinada hacia delante y me mostraba su culo respingón. Primero lo toqué con los dedos tímidamente y al ver que ella no decía nada pasé a acariciárselo con las dos manos. Lo manoseaba suavemente sintiendo su piel es las yemas de los dedos. Mi falo volvió a erguirse con ganas de pelea. Mientras tanto mi prima ni se inmutaba.

    -Voy a hacer pis.

    Levantó la tapa y se sentó en la taza. Yo me puse en cuclillas enfrente de ella y le acaricié las piernas, luego llegué al estómago, luego a su pubis y lo recorrí hasta alcanzar con el dedo el chorrito dorado que brotaba de entre sus labios.

    -Para tontorrón, que si no, no puedo mear.

    Acabó de mear y se metió a la ducha, y con un gesto me invitó a meterme yo también. El espacio que había no era muy grande por lo que mi duro pene chocaba y rozaba continuamente su vientre y sus nalgas lo cual me aceleraba las pulsaciones.

    Ainoa cogió mi miembro, lo bajó hasta sus piernas y se abrazó a mi quedando éste prisionero de sus muslos. Sentía sus pezones endurecidos y el calor de su entrepierna tras ese largo abrazo, me dijo ella:

    -Primito, ¿te importaría limpiarme? Es que hoy me siento muy sucia y muy cochina…

    -No claro que no me importa.

    Acto seguido cogí un poco de jabón y le froté los hombros, los brazos, y sus grandes senos con los que me paré a jugar. Los agarraba en las manos, los juntaba, los amasaba, con los pulgares movía los pezones, se los pellizcaba y retorcía con suavidad y mientras, ella me miraba y se dejaba tocar por mi.

    Tan deliciosa situación me estaba provocando un fuerte orgasmo, que culminó con una escasa eyaculación muy en discordancia con el inmenso clímax que me hizo flojear las piernas.

    Estando yo todavía ausente de la realidad, mi prima vio la erupción y llevó sus manos a mi polla. La recorrió con los dedos de arriba abajo, luego se agacho, le dio dos lengüetazos y la engulló de un golpe. Yo notaba la presión y humedad de sus labios alrededor del cuerpo de mi verga. La jalaba dándome lametones y besitos en el glande, y de vez en cuando succionaba provocando en mi una indescriptible sensación de intenso placer. La increíble operación que se llevaba a cabo en mi entrepierna me daba temblores en las piernas y pensaba que me caería, así que con sumo cuidado de no interrumpir a mi prima, me senté en el borde de la bañera.

    Ella cada vez chupaba más rápido yo gemía mientras intentaba contenerme la eyaculación, pero en pocos minutos sentí un calambrazo que me recorrió la espina dorsal desde abajo hasta llegarme a la nuca. Sentí como los testículos se me apretaban contra el culo fuertemente soltando la escasa carga que les quedaba.

    Yo derrumbado por los espasmos me quedé contemplando como Ainoa se esmeraba chupándome la verga un par de minutos más dejándomela limpia como una patena.

    -Bueno primito, ¿qué te ha parecido?

    -Muy, muy bien. Ha sido maravilloso

    -Pues ya sabes, ahora en vez de violarme por las noches, despiértame, que será más fácil y mejor.

  • Conociendo a mis compañeros de trabajo (2)

    Conociendo a mis compañeros de trabajo (2)

    Nos conocimos en la misma empresa donde conocí a mis otras aventuras. Es un hombre sin ningún atractivo para ser honesta, en ese momento él tenía unos 48 años, con algunos kilos de más, en fin, nada que llamara mi atención, pero nos llevábamos bien, nos teníamos en redes sociales y una que otra vez nos comentábamos algo, pero nada de importancia, él se fue del país por unos dos años y cuando volvió me mandó un mensaje saludando y respondí solo por cortesía.

    Si ya leyeron alguno de mis relatos anteriores sabrán que el hecho de saber que un hombre me desea me prende mi lado travieso y me di cuenta que este hombre quería algo más que una simple conversación, así que poco a poco precavidamente le fui dando entrada a platicas más atrevidas y él se iba sintiendo más cómodo al hacerme insinuaciones hasta que terminó por decirme que desde que me conoció yo le había gustado pero como en ese momento el tenia pareja no me había dicho nada, ahora se encontraba solo y quería ver si tenía oportunidad conmigo, ya se imaginaran me quería bajar la luna, el sol, el cielo y las estrellas con promesas y ofrecimientos y yo lo paré en seco y le hable claro, si aceptaba tener algo con él, sería algo informal, nada de compromisos o relaciones serias, utilicé de pretexto que acababa de terminar con una relación y que se me hacía muy pronto, el, por su parte aceptó, claro! lo único que quería era cogerme, de tonto me dice que no.

    Nos pusimos de acuerdo para una primera cita y me llevo a una laguna donde hay muchos restaurantes para comer y platicamos para ponernos al día, después de un par de citas, dije “ok vamos” a ver qué tal coge este hombre, obvio no le di mi domicilio, le indiqué donde nos veríamos y ahí estaba el muy puntual, yo llevaba puesto un vestidito azul corto, una tanga blanca de encaje y un brassiere que le hace juego en color blanco también, bajó de su camioneta y me saludo muy efusivamente con un abrazo, estaba el supongo emocionado por lo que se llevaría a la cama, nos dirigimos a un hotel un poco retirado de mi casa, no quería que nadie me fuera a ver.

    Llegamos y era un lugar muy amplio y elegante, como siempre, me puse cómoda y él se acercó buscando mis labios y encontró un beso muy apasionado, yo tenía el control del momento, comencé a pasar mis manos por su pecho, su nuca, su espalda y el me sostenía fuertemente de la cintura, fui desabrochando los botones de su camisa, la hebilla de su pantalón, su pantalón y bajé su ropa interior, el solo me dejaba avanzar, obviamente ya tenía una erección bastante notable, me puse en cuclillas y sin más preámbulo le di un gran lengüetazo, el gimió y dio un ligero paso hacia atrás, abrí la boca y me metí solo la cabeza de su pene y fui retrocediendo haciendo presión con los labios, lo comencé a lamer y besar por todos lados, hasta que abrí la boca y me lo metí completito, lo escuchaba gemir y eso me alentaba a seguir, como lo sabrán a mí esto de chupar una verga me encanta y siempre me tomo mi tiempo para disfrutarla y esta vez no fue la excepción, mientras lo tenía hasta adentro de la boca, con la lengua iba jugando por todas partes, le lamí los testículos y le encanto así que seguí por ese camino y me los metía a la boca y jugaba con mi lengua con ellos, él estaba que ni se movía, hasta que me pidió que me pusiera de pie y me quitó el vestido, por su mirada supe que le encantaba como me veía con el conjunto blanco que llevaba y me recostó en la cama, se arrodillo e hizo a un lado mi tanga, rozo con sus dedos mis labios vaginales, yo estaba que ardía y ese roce me puso a mil y con la mano izquierda abrí mis labios y deje al descubierto mi clítoris y él lo lamió, mmm que rica sensación, su lengua comenzó a jugar en toda mi intimidad, recorría cada rincón y me estaba gustando, me mordía muy suavemente el clítoris y eso me hacía retorcerme de placer, que rico se siente eso de verdad, le indique que me sacara la tanga de una vez, no quería yo que nada interrumpiera mi placer y así lo hizo, sus dedos entraban y salían de mi interior que ya estaba más que mojado y su lengua había encontrado en mi clítoris su lugar, yo ya necesitaba ser penetrada y se lo dije.

    “Ya métemela”, esas dos palabras bastaron para que el enseguida se pusiera de pie y sin esperar puso su verga en la entrada de mi vagina y de un empujón la metió toda, la metía y sacaba lento, gozando con cada penetración, entre tanto lamia mis pezones, soy de piel clara (lo pueden ver en la foto que tengo en mi perfil) y mis pezones son de un tono café claro y están muy a proporción del tamaño de mis pechos, mis pezones estaban parados y duros de tanta excitación y el los seguía chupando, le pedí que se recostará y me monté en él, al principio mis movimientos eran lentos y suaves mientras le daba apretones con la vagina y el me preguntaba como hacia eso, al parecer sentía rico, pero me fui moviendo más rápido pues estaba rozando por dentro de mi muy rico, me empecé a dar sentones y mis nalgas rebotaban y sonaba riquísimo, mis senos brincaban y se movían al compás de mis sentones y el me decía… “si maní no pares, si, sigue moviéndote así, me encantas, que rico coges”, mientras yo gemía y gozaba, me bajé y me recosté boca abajo con las piernas cerradas y le pedí que así me penetrara, que rico se siente así pues aprieta rico y roza de una manera deliciosa, empezó el mete y saca y era algo riquísimo, empecé a sentir que se acercaba un orgasmo y le pedí que no parara, que siguiera cogiéndome así, el al escuchar mis gemidos no pudo más y tuvo su orgasmo junto con el mío, se recostó a mi lado y besaba mi hombro, me agradecía por tan rica cogida.

    A los pocos días me invito a un viaje a la playa y obviamente acepté, fue un viaje por carretera muy agradable y pasamos unos días bastante a gusto, el presumía mujer joven y yo me daba mis gustos creo que era una situación donde los dos ganábamos, de regreso me preguntó si quería regresar por la ruta tradicional o por el camino largo por las montañas y preferí el camino largo, cual va siendo mi sorpresa que pasamos por el pueblo natal de mi abuelo y unos 20 minutos después por el de sus abuelos pero jamás cruzó por mi mente que uno de sus apellidos coincidía con uno de los apellidos de mi abuelo. No fue sino hasta unos días después que en una publicación en las redes sociales que alguien se dio cuenta de las coincidencias en los apellidos y comenzaron a comparar parentescos y resulto que su papá y mi abuelo son primos pero no se conocieron porque mi bisabuela se fue al otro pueblo y después a la ciudad. Así que él es primo segundo de mi papá! sin querer y sin saber me volví a coger a otro primo de mi papá!!! Eso no ha impedido que de vez en cuando le de sus ratitos de placer a mi nuevo tío lejano y de que el me de mis gustitos, nunca me gustó recibir algo a cambio por coger pero digamos que aquí la cosa es diferente, es un tío que tiene una sobrina favorita, no?

  • Con el negro del gas

    Con el negro del gas

    Luego de unos días no volví a ver a Richard… pensé que ya se había saciado conmigo y un poco que lo extrañaba… había muchos hombres que me deseaban, me daba cuenta de ello en la calle y yo de verdad me sentía bastante bien con ello… lo de Rafael y Richard me había marcado y hasta por momentos necesitaba sentir un pene grande y gordo dentro de mí… En esos días se me había acabado el gas así que no me quedó otra que llamar a la tienda para que me envíen un balón de gas… siempre iba a dejármelo un viejito… estuve esperando como media hora y yo pensando que ese mismo señor iba a llevarme el balón de gas ni siquiera me percate en que tenía puesto el mismo top y el mismo bóxer de la primera vez con Richard, abrí la puerta y se apareció un tipo alto, como de 1.80 m, negro y robusto… yo lo recibí con esa ropita y grande fue mi sorpresa al ver que era uno de los tipos que me molestaba en la calle y me decía cosas bastante groseras…

    No pude ocultar como estaba vestida porque abrí la puerta de par en par, el negro se quedó como sorprendido, yo estaba solita, empecé a temblar acordándome las cosas que me decía cuando pasaba por donde el paraba con sus amigos…

    -Buenos días señora -me dijo- acá le traigo su pedido -mientras me pasaba la vista por todo mi cuerpo.

    Le conteste a medias y como el balón de gas es pesado tuve que hacerlo pasar a mi cocina… yo estaba solita en casa. Al llegar a mi cocina lo acomodo, yo tuve que agacharme un poco para asegurar el pestillo y de pronto el me agarro de la cintura y me comenzó a pasar su miembro.

    -Imbécil, que te pasa? -le dije, mientras le empujaba con fuerza.

    -Mmmm… no te hagas… si estas vestida así es porque eres bien arrecha y tienes ganas de probar una buena verga.

    Yo me quede muda, sin saber qué hacer, el negro definitivamente quería hacerme suya y yo vestida así y sola en realidad no sabía qué hacer, ya había tenido dos amantes y la verdad esas experiencias me había gustado.

    -Jajaja, te has quedado muda, pero espera a que veas mi pingaza negra, apuesto a que nunca has probado una buena pinga negra…

    El negro me agarro y me volteo dándole la cara mientras bajaba la cremallera de su mameluco y entonces fue inevitable, saco su pene, un gran pene negro y gordo, de aproximadamente 22cm de largo… yo quede asombrada, no podía pasarme a mí, de pronto parecía predestinada a probar penes enormes.

    -Te gusta mamacita? veo que te has quedado muda, pues esta pingaza negra va a destrozarte esa conchita hoy, así que no pongas resistencia que como sea vas a ser mi mujer hoy.

    No podía oponer resistencia, además ese enorme pene me hacía recordar en algo a mis anteriores amantes, me estaba excitando.

    El negro empezó a besarme y a abrazarme, yo me empinaba un poco y empecé a corresponder a sus besos, mientras sentía su pene por mi ombligo.

    -Mmmm… veo que si quieres probar esta pingaza negra… que rico culonaza… te voy a romper ese culazo mamita…

    -Nooo… mmmm…

    -Nada, vamos, trae tu manito y agarra esta pingaza que te va a hacer sentir bien mujer hoy.

    Con una mano empecé a agarrarle su cosota, mi mano era muy chiquita para abarcar toda esa cosota negra.

    -Dime, quieres que te cache o no?

    -Mmmm… no se… tienes una cosota.

    El negro se sentó en una silla no sin antes sacarle el mameluco, está desnudo y podía ver a un tremendo negrazo con una cosota enorme… me daba miedo pero estaba ya excitada.

    -Ven, quiero que te pongas de cuclillas y me chupes la pinga, vamos, sé que te mueres por probar este pepino negro.

    Me puse en cuclillas y agarre con mis dos manos esa cosota, aun así me quedaba grande y empecé a pasarle mi lengua… casi no entraba en mi boquita

    -Mmmm… Que rico… se ve que tienes experiencia chupando pingas eh perrita… yo sabía que eras una ricura en la cama, sigue chúpame los huevos mamacita.

    Le chupaba su cosota, le lamía en toda su longitud hasta sus bolas, el me agarraba el cabello, levanto mi top y con sus manazas empezó a apretarme las tetas.

    -Mmmm… que tetazas… ven no veo las horas de meterlas a mi boca… ven párate que quiero comerme esas tetazas.

    Me pare y el negro agarro y con ambas manos me empezó a apretar las tetas, se acercó y empezó a chupármelas.

    -Mmmm… que tetazas mamacita… estaría todo el día comiéndotelas.

    Me acerque más, mientras el me chupaba las tetas empecé a jalar su pene con mi mano, de verdad era un miembro negro, bien gordo y bien grande, comparado al de mis anteriores amantes pues era más grande y grueso.

    -Mmmm, veo que quieres probarlo no? no te desesperes, primero me como esas tetazas pero sigue jalando mi pingaza.

    El negro no dejaba de chuparme las tetas, me excitaba, sentía que estaba mojadita, en eso bajo una de sus manos hacia mi bóxer y empezó a pasarme sus dedos por mi conchita, encima de mi bóxer.

    -Mmmmm… que rica chuchita, se siente mojadita, ahora vas a saber que es cachar con un negro pingon.

    -Ahhh… que ricooo

    -Por fin dijiste algo. Ahora te voy a agarrar a pingazos que hasta vas a querer dejar a tu marido por mi.

    El negro seguía chupándome las tetas y sobándome la conchita, yo gemía, estaba excitadísima, ese tipo me estaba volviendo loca, tenía unas manazas y unos dedazos que hacía que cada vez me moje más.

    -Mmmm, esta conchita está muy rica carajo, espera voy a pararme, quiero poner mi pinga entre tus tetazas.

    El negro se paró, yo me puse de cuclillas, me termino de sacar el bóxer y empecé a chuparle su enorme pene hasta que con sus dos manos agarro mis tetas y puso su pene entre ellas que a pesar de ser grandes eran perfectas para su enorme cosota, hasta podía chuparle la cabeza de su pene.

    -Mmmm… que rico carajo, que enormes tetas, perfectas para mi pingaza negra mamacita, sigue, chúpame la pinga mientras mi pinga se come a tus tetazas.

    El negro me golpeaba con su enorme pene las tetas, la cara, me lo metía en la boca, me lo pasaba por la cara, yo estaba muy excitada y solo pensaba lo que sentiría cuando me penetrara.

    -Mmmm… basta, llego la hora de reventarte la conchita mamacita, vamos al mueble.

    Fuimos hacia el sofá, él se sentó y yo me quite el bóxer, me jalo hacia él, yo parada y empezamos a besarnos mientras me rodeaba la cintura con sus brazos hasta que me subí en su encima y acomode su pene en la entrada de mi conchita.

    -Ahhh, aaayyy

    -Asu, como gritas, estas apretadita, uffff, que rica carita, mmmm como se mueven esas tetazas, no sabes cuánto quería tenerte así mamacita…

    El negro me apretaba las nalgas mientras me subía y me bajaba por su enorme y gorda cosota, yo me agarraba los cabellos mientras gemía y gritaba como una loca mientras él además me chupaba las tetas.

    -dime que te gusta mi culonaza… que rica mujercita mamacita, toma pinga, te voy a romper todita.

    -Mmmm, ahhh, bebeee, que grande y gorda.

    -Mmmm… si sufre perrita… que rica conchita mamita, toma mi putita esta pingaza negra… que tetazas carajo… que rica… vamos sube y baja por la pinga de tu negro, de tu cachero…

    El negro cada vez me follaba con más fuerza, yo hasta quería sollozar de dolor y placer, me chupaba las tetas desesperadamente y sentía su cosota en toda mi vagina, por ratos me apretaba las nalgas con fuerza… yo gemía,

    El negro me embestía cada vez con más fuerza… no soportaba, parecía que quería destrozarme la conchita…

    -Mmmm… asuuu, vas a hacer que se me venga la leche… ahora salte, quiero que te pongas en perrito mamacita y apoyes tus manitos en el respaldar del mueble…

    Me puse en perrito apoyando mis manos sobre el respaldar del sofá, hizo que abra bien mis piernas bien al filo del sofá y se agacho para pasarme la lengua por toda la conchita…

    – siiii chupame la conchita papacitooo

    -Si perrita, que ricos labios los de tu conchita… uffff… pero te voy a partir ese culazo en dos con mi pingaza mamacita…

    En eso paso la cabeza de su cosota por mis nalgas y toda mi conchita y agarrándome las caderas empezaron a penetrarme.

    -Aaaayyy noooo.

    -Shhhh, vamos cacherita, si todavía no te la he metido todita… mmm si que eres una gritona eh… ya le decía yo a los patas, esa cojuda debe ser una gritona de mierda… jajajaja… vamos, te voy a clavar más mamacita…

    Subió una de sus piernas y apoyo su pie en el sofá y con sus manos en mi espalda hizo que pare más el trasero mientras me perforaba con su cosota… me hacía ver estrellas.

    -Aaaauuu, que grandeee bebeee!

    -Voltea, quiero ver tu carita mirándome mientras te destrozo esa rica y jugosa conchita.

    Voltee mi cara, podía ver la cara del negro, con satisfacción me taladraba la conchita, yo gemía, gritaba, me hacía sentir en las nubes.

    En eso el negro me alzo en peso y así, con su pene dentro de mí se sentó en el sofá e hizo que ponga mis pies a ambos lados de sus muslos mientras me seguía penetrando, así yo de espaldas…

    -Mmmm… que rico carajo en esta pose siento todo tu culazo por mi barriga y te aprieto esas tetazas que tienes… como me arrecha escucharte gritar mamacita…

    Esa pose nunca la había hecho con mi esposo porque es muy poco dotado pero el negro me hacía sentir una verdadera mujer, me la metía así, yo de espaldas a él y me apretaba las tetas, no podía más, sentía que me venía un orgasmo y decidí besarlo, subía y bajaba por su enorme, grueso y negro pene, me apretaba la conchita un montón…

    -que rico carajo, pero vamos mamita bájate, quiero cacharte piernas al hombro…

    Me pare y me eche en el mueble, cerca de uno de los respaldares del costado, el me empezó a besar al tiempo que yo habría mis piernas y el las colocaba en sus hombros, casi como un ovillo.

    -Dime que quieres ser mi mujer, la mujer de este negro cachero… bésame mientras me acomodo para perforarte bien rico…

    -Si bebe, quiero ser tu mujer… métemela papacito, así me hagas llorar…

    En eso acomodo su pene hacia la entrada de mi conchita y empezó a penetrarme nuevamente…

    En eso sentí que el negro se venía, sentía su leche calientita que invadía mis entrañas al tiempo que tenía un orgasmo…

    -Ahhhh carajo… te lleno…

    El negro saco su pene se levantó un poco y así con su leche chorreando me lo puso entre las tetas.

    -Chúpalo cachera, toma la leche de tu negro, de tu cachero…

    -Bebeee, me has embarrado, quieres que apriete tu cosota con mis tetas?

    -Si, aprieta y Chupalo… mmmm

    Empecé a apretar su pene con mis tetas mientras lo chupaba… sentía mi conchita mojadita… quería que el negro me siguiera penetrando…

    -carajo… que rico… puta mare tengo que regresar a la chamba sino me botan…

    -Espera… no te vayas…

    -Jajajaja… veo que te ha gustado la pinga de este negro, pero tengo que irme, te doy mi dirección, mañana es mi día de descanso, vas en la mañana, vivo solo en mi cuarto…

    El negro me dio su dirección, él estaba parado y yo subida en el mueble lo abracé y le besé mientras con una de mis manos acariciaba su rico pene negro…

    -Ok, ok mamacita… mañana vas si? quiero romperte ese culito también, veo que está bien chiquito…

    El negro se puso su mameluco, agarro el balón de gas vacío y se marchó.  Yo quedé así, desnuda, embarrada con su leche, preguntándome por qué me sucedía esto, pero satisfecha al fin…

  • A escondidas le doy cogidón

    A escondidas le doy cogidón

    Empiezo a relatar que esta historia comienza en el 2017, yo tenía 19 años. Comenzaré por describirme, mido 1.69, soy de complexión regular y dado que juego fútbol desde pequeño tengo bien marcados los músculos de las piernas, tengo algo marcado el abdomen, soy de tez morena y cabello rizado.

    Todo comienza cuando yo salgo de vacaciones en la escuela, eran las de cambio de semestre por lo cual tenía 2 meses de vacaciones, siempre he sido un chico de casa, regularmente me la paso en redes sociales, y en Facebook la cual es mi favorita.

    En una ocasión recibí la solicitud de una chica la cual acepte sin mirar a detalle el perfil ya que tenía el uniforme de la prepa de mi casa, nunca me han gustado menores, así que pase por muerto eso. Pasaron algunas semanas y empecé a aburrirme de la monotonía de estar en casa y hacer lo mismo, despertar, desayunar, y estar metido viendo memes todo el día, así que sin yo tener novia pues me la pasaba pajeándome con algún video vagabundo en el internet. En una ocasión era tal mi calentura que no podía quitarme las ganas de carne solo pajeándome, necesitaba alguien con quien descargar todo lo que deseaba sacar.

    Entonces me di a la labor de buscar en mis amigos chicas guapas, ninguna me llamaba tanto la atención como para mandarle imbox, hasta que me topé con una que hizo que mi alma quisiera salirse de mí, era una chica que en su foto de perfil solo se veía del torso para arriba, pero sin duda era suficiente, para llamar mi atención, eran unas grandes tetas envueltas en una blusa en rayas, blanco y negro, me adentre en el perfil y pude ver que era la misma chica que me había dado solicitud semanas atrás, me llamo tanto la atención que le mande mensaje en seguida, a lo que me contesto con un modesto, “hola”. Comencé a sacarle la plática y sonaba a una chica orgullosa de su cuerpo, daba a entender que podía tener al que ella quisiera con solo tronar los dedos, aquello me molesto un poco pero sin duda esas tetas podían mas que mi enfado.

    Ya revisando bien su perfil, publicaba muchas imágenes horny, con frases como «after sex», «oh si beibi» cosas como esas me da a relucir que es una chica caliente. Con ella seguí platicando unas semanas, hasta que le pedí conocernos. Fue en un parque urbano donde ella me decía que solía patinar por las tardes, la cita era 5pm, llegue puntual, me senté en una banca a esperar por ella. Pasaron unos minutos y comenzaba a desesperarme al pensar que me planto, entonces me empujan de atrás y escucho una risa carcajeándose, ¡¡era ella!! completamente vestida de negro a lo metalero, pero la silueta que formaba con su cuerpo era brutal, cabello a los hombros, ni tan morena ni blanca, 1.65 aprox., labios gruesos, piernas de lujo, tetas como de una milf de 30, y unas caderas que por sí solas se aplaudían, un mujerón. Me sonríe levantándome, reclamando por no haberla visto (como no iba ver tremendo mujeron?).

    Platicamos un rato y nos llevamos bien, ella era tan grotesca y burlona, me hacía burla por mi cabello que como les recuerdo era rizado, se pasó la tarde y era hora de irse, al despedirse, la abrace y quise robarle un beso, pero reacciono y solo alcance un roce con sus labio inferior, me dio una patada diciéndome, “no tan rápido trapeador, estas pulgas no son de tu tapete”, yo me reí y le dije, “vas a ser mía ya verás”, ella solo me hizo una seña con el dedo y se marchó.

    Continuábamos platicando por chat a diario, con la charla y el jugueteo me di cuenta que le había gustado, por lo que me anime y le dije que me gustaba, ella me pregunto qué era lo que más me gustaba de su cuerpo y yo respondí el trasero, en eso se desconectó, yo me paniqueé pensando que había huido y que todo el avance que tenía con ella se había ido por el caño. A la media hora recibo un mensaje, reviso y era ella, me había enviado un archivo adjunto, al abrirlo mi verga despertó de golpe y me exigía carne, era una foto de su trasero en cachetero, aunque la foto era con desenfoque se alcanzaba a ver muy bien, añadido a la foto un pequeño mensaje: “Y así también te gusta papi???”, mi verga estaba explotando de lujuria no razonaba ya, solo le dije que me había encantado, me dijo que estaba consintiendo por ser buen muchacho, yo solo asentía, pasaron días de pláticas cachondas, de fotos en paños menores y el morbo crecía y crecía, yo le mande por inercia que cuando me dejaba consentirla y ella me dijo solo «pronto».

    Un día regresando a casa revise el celular y tenía un mensaje de ella, cual decía: “Oye amor mañana tengo solo una clase así que no iré a la prepa, y mi madre trabaja hasta la tarde, quieres que nos veamos en mi casa???”. Yo inmediato le dije que sí, y me dio instrucciones para llegar a su casa, me dijo que la puerta estaría abierta y que me fuera con cuidado porque a dos casas vivía su tía. Yo hice todo tal cual me pidió, entre a la casa y ahí estaba ella, descalza, con pants y con el cabello mojado, era evidente que se había bañado, me tomo de la mano y me dirigió a su habitación.

    Entrando, enseguida la abrace y la bese, un beso profundo, de lengua súper cachondo, la tome por las nalgas mientras le comía la boca, ella de a poco me avanzaba hacia su cama y termino encima de mí, comenzó a restregarse su vagina con mi verga por encima del pantalón, aquello se sentía riquísimo, me quito la camisa y comenzó a besarme desde el cuello hasta el abdomen. Esa situación era digna de una diosa, sus besos me calentaban más y más, le quite su chamarra y quedo al descubierto ese par de tetas que vaya que eran grandes y bien firmes, me las comí luego, mientras ella seguía restregándose, yo con mi cara pegada a su teta y con la otra mano en su trasero, ella empezaba a gemir, y su cara empezaba a mostrar gestos de placer. La voltee y le quite el pantalón, me desabroche el mío y le puse en la cara mi verga que estaba en su punto, ella sin pensarlo se la metió completa hasta la garganta, parecía desesperada por la forma en que me la mamaba, la recosté bien y yo me empecé a follar su boca. Solo se escuchaba como se ahogaba con el trozo de carne que tenía en la boca, fue una mamada monumental, pare y le quite el cachetero negro que tenía, ella solo abría sus piernas dejándome ver lo que me iba comer, en mi mente solo pasaba lo buena que estaba.

    Comencé a juguetear con mi verga en la entrada de su vagina pero sin meterla, ella solo gemía y su rostro lo decía todo, quería verga y a montones, yo seguía jugando, hasta que algo desesperada me dice «Métela ya, no seas carbón, quiero que me taladres», yo tan obediente se la metí de golpe, pude sentir lo mojada que estaba y lo caliente por dentro, con cada embestida podía sentir como me abría camino adentro de ella, se la metí sin misericordia, aumente el ritmo hasta que solo se escuchaba sus chillidos y sus gemidos, «así, así papi!!!”, repetía una y otra vez, yo seguía cogiéndomela sin descanso hasta que ella me empujo, se puso de espaldas y se sentó sobre mi verga, aquel culo se veía tan hermoso que mi verga tomo su segundo aire y se puso como estaca, ella brincaba y chillaba a la vez, se meneaba en círculos haciéndome delirar, era una diosa, ella estaba tan excitada que cada vez brincaba más alto para dejarse caer con todo, era una orquesta de gemidos y de sudor eso, la empine y le dije “ahora me va”, sin preguntar apunte en su ano, y se la empuje de golpe, se escuchó un grito de dolor tremendo, ella lloraba y me suplicaba que la sacara, yo empecé a bombearla y casi sin voz suplicaba que despacio, con voz entre cortada se le entendía «despacito que la tienes muy grande, me vas a sacar la mierda». Yo aumente el ritmo y empecé a meterla toda, sin duda le estaba sacando la mierda pues le empecé a sacar uno que otro pedo, la tome por el cabello y le di con todo lo que tenía, ella ya no tenía voz y solo dejaba hacer. Terminé llenándole el culo de semen, aquella mañana me cogí a una súper hembra, al verla recostada tomando aire y con espasmos era alucinante, mi semen le escurría del ano, sensacional aquella postal.

    Yo me vestí y me despedí de ella con un beso en la frente, ese fue el inicio de una buena racha sexual en mi vida.

  • Una profecía auto cumplida

    Una profecía auto cumplida

    Llegando la medianoche recibió el mensaje de su novio. ‘¿Cómo estuvo tu día?’, decía. Ella estaba en el corredor, frente a su cuarto, sentada sobre una silla de madera, con la mirada clavada en la piscina, escuchando los ruidos de la noche. Le molestó leer ese mensaje. ¿De verdad querés saber cómo estuvo mi día, Carlos?, pensaba para sí misma. ¿No será que lo que querés es controlarme?

    La casa en donde se alojaba era grande. Podría ser un hotel. Emilia había ido a un viaje de estudio con sus alumnos, y un grupo de profesores. Los docentes se alojaban en esa casa.

    Desde que le dijo a Carlos que iba a hacer ese viaje, se comportaba extraño. Ella ya lo conocía, Carlos sentía pavor cada vez que Emilia salía con sus amigas, o cuando conocía gente nueva, sobre todo hombres. Cuando empezó como ayudante de cátedra en la facultad de ingeniería, no paraba de sacarle sutilmente información sobre sus compañeros hombres.

    Emilia vio una sombra salir de uno de los cuartos. La figura oscura se acercó a la luz, y reconoció a Santiago.

    Era otro ayudante de cátedra. Antes, apenas se habían cruzado un par de veces por los pasillos de la universidad, pero en los dos días que llevan en ese viaje, pegaron buena onda.

    Santiago la saludó con un gesto, y se acercó lentamente.

    Emilia rió, imaginando la cara que Carlos pondría si viera esa escena. Era tan inseguro el pobre. Sólo con verla charlar con otro hombre lo ponía mal.

    Conoció a su novio en un Taller de teatro. Él comenzó a conversarle por mensajes. Trabaron una linda amistad, hasta que Carlos la convenció de empezar a salir. Él era tímido y muy sensible. Desde que ella empezó a darle bola, después de haberlo hecho sufrir bastante, él se había mostrado muy apocado, y aunque intentaba disimularlo, era obvio que consideraba que Emilia era mucha mujer para él.

    Lo que le gustaba de su novio, era, a la vez, lo mismo que le molestaba: Su actitud bonachona, su dulzura, su incondicionalidad, su belleza sutil, su sexualidad dispuesta, pero poco salvaje. Todo eso era lo que ella necesitaba, pero a la vez, lo que la hastiaba.

    — No podés dormir. —dijo Santiago, dando los últimos pasos ágiles hasta sentarse a su lado.

    — Es que la noche está muy linda. — dijo ella. Santiago sonrió, mirando el cielo oscuro. De perfil se notaban sus mandíbulas fuertes. Su barba estaba recortada muy prolijamente.

    — Ni siquiera en lugares como estos podemos librarnos de eso. — dijo él, señalando el celular que Emilia tenía en la mano.

    — Sí, es verdad, debería dejarlo adentro y desconectarme de todo.

    — No te culpo, yo también ando siempre con el celular. — sonrió, mostrando sus dientes perfectos. — Disculpá, quizá querías estar sola, y yo acá molestándote.

    — No, no hay problema, no me molestás para nada.

    — ¿Fumás porro? — Preguntó él.

    Ella se sorprendió por la pregunta directa, pero enseguida se le pasó. Después de todo, ambos rondaban los veintisiete, estaban más cerca de la edad de sus alumnos que de sus colegas veteranos, y hasta hace no mucho tiempo, vivían la vida loca.

    — Sí, pero no tengo.

    — Yo sí. — dijo él.

    Emilia llevaba un short corto, y notó cómo Santiago miraba subrepticiamente sus piernas. Un escalofrío recorrió su espalda. Su instinto le decía que ese instante podría marcar un antes y un después en su vida. Le vino la imagen de Carlos a su mente, pero la apartó. ¿por qué debería sentirse culpable por fumar un porro con un colega? ¿Acaso no era lo suficientemente madura como para poner límites cuando fueran necesarios? Claro que lo era.

    — Bueno, prendelo. — le dijo.

    — No, acá no, pueden vernos algunos de los viejos. Ya sabés como son los profesores Latrichiano y Beiró.

    Emilia se puso en alerta. Si Santiago le proponía fumar en su cuarto, lo rechazaría.

    — ¿Conociste el campito de golf?

    — No, no fui todavía. — Dijo ella.

    — Vamos.

    El campo estaba detrás de la casa. Formaba parte de la misma propiedad. Caminaron con la luz de la luna y algunos ruidos lejanos como únicos testigos. No hablaron durante el corto trayecto, sin embargo, el silencio no fue en absoluto incómodo.

    — Bueno, ahora no se ve nada, pero de día es muy lindo. — dijo él cuando llegaron.

    — Me imagino.

    Santiago sacó el faso del bolsillo, y lo prendió con el encendedor. Se sentaron sobre el pasto, con los ojos perdidos en la nada, como si hubiese algo muy interesante en la negrura. Él se puso el porro en la boca y después largó el humo denso.

    — ¿Tenés novia? — le preguntó ella, sin saber por qué lo hizo, mientras agarraba el faso que le pasaba Santiago. Él sonrió. Los dientes eran más blancos que nunca en la semipenumbra. Era una sonrisa canchera, relajada.

    — Sí — le respondió.

    Ella estuvo a punto de preguntarle si su novia no estaba molesta por haber viajado sin ella, pero no lo hizo.

    — Y vos me imagino que también.

    — ¿Y por qué imaginás eso?

    — No sé, en realidad no importa. — Cortó Santiago.

    — Mi novio tiene miedo de que lo engañe. — confesó ella, de la nada.

    — ¿No confía en vos?

    — No se trata de mí, Carlos es muy inseguro, y celoso. Yo nunca lo engañé.

    — La infidelidad no existe, y los celos tampoco. Las personas tenemos miedo de saber que los seres que amamos pueden llegar a compartir algo tan íntimo como el sexo con otra persona. Eso es porque tememos perder al otro. Pero el sexo sólo es sexo.

    Emilia dio una pitada al porro. Quedó pensativa. Si esa misma noche engañaba a su novio ¿Qué diferencia habría? Si le era fiel, igual la haría sentirse culpable por cosas insignificantes. Culpable por sonreírle a un conocido, culpable por salir con sus amigas, culpable por no contestarle un mensaje a las doce de la noche… Lo peor era que Carlos no se enojaba con ella, ni siquiera le recriminaba nada. Sólo se limitaba a poner esa cara de pobrecito, como diciendo “por favor, no me traiciones”.

    Le devolvió el porro a Santiago. En alguna parte brillaba una luciérnaga. Los dedos se apoyaron sobre su rodilla. Primero los sintió fríos, pero se fueron entibiando a medida que se frotaron insistentemente en su piel. Se miraron a los ojos. Él esbozaba su sonrisa triunfadora mientras sus dedos subían hasta meterse debajo del short. Ella lo besó, saboreó su lengua endulzada, sintió el aliento a porro y a cerveza, apoyó su mano sobre los pectorales trabados, y con la otra mano arrebató el bulto sólido que crecía bajo el pantalón.

    Él la agarró de la cintura, la hizo girar. La abrazó por atrás, apoyándole su miembro. Le desabotonó el short y se lo bajó. La diminuta tanga era la prueba irrefutable de que, en su inconsciente, desde un principio quiso guerra.

    La tumbó sobre el pasto. Quizá al otro día le picaría, pero ahora sólo le importaba apagar el incendio de su entrepierna. Santiago hizo a un lado la tanga, se tomó unos segundos para ponerse el preservativo, y la penetró, despacio, como pidiendo permiso, porque su verga era muy grande, tan grande que si Carlos viera cómo esa pija prodigiosa se enterraba en su novia no podría hacer otra cosa más que llorar.

    A ella le fascinó sentir esa inconmensurabilidad en su sexo. Dominada por el frenesí de la pasión lo animó a que la embista con más fuerza. Santiago hizo movimientos más bruscos, y los gemidos de Emilia se convirtieron en gritos cada vez que recibía esa verga que la había convertido, al fin, en infiel.

    Por una vez, no se sintió culpable, sino que se sintió muy puta, y estaba infinitamente orgullosa de eso. Su orgasmo traidor se consumió en la noche, y quedó perdido, a cientos de kilómetros de su novio.

    Caminaron en silencio cómplice a la casa. Se saludaron como si no hubiese pasado nada. Emilia entró a su cuarto, puso a cargar el celular, y entonces recordó que no le había respondido el menaje a Carlos. “¿Cómo estuvo tu día?” le había escrito él. Ella se quitó la ropa para darse una ducha antes de dormir. “Estuvo hermoso mi día, mi amor” le respondió al fin.

  • Compañeras de universidad

    Compañeras de universidad

    Me saluda ladeando su cabeza, al abrir la puerta, con una sonrisa preciosa. Lleva puesto un vaquero muy ajustado y una camisa azul marino, desabrochado el botón, que se abre dejando el inicio de sus pechos. Que sexy, bella pero informal. Verla con coleta, tan natural, me pone.

    Con semblante serio pero con calidez en la mirada y en sus actos. Mirándola a los ojos veo un toque de perversidad en su manera de mover las manos, de apurar las palabras cuando ella la tiene, ardo de deseos de tenerla de nuevo. Todo esto o parecido, ocurre de lunes a viernes en las reuniones diarias. Ella lo disimula mejor que yo, trata de eludir nuestros encuentros. Me lo dejó muy claro en el trabajo, solo compañeras. Lo otro era diferente. Ella vive con sus padres y solo podíamos tener libres los fines de semana, aunque no todos por compromisos familiares. No tenía idea de cuánto podía durar mi relación con Elsa, pero necesitaba saber hasta donde era capaz de llegar y lo tenía claro que quería seguir averiguándolo. Le había enseñado un mundo nuevo y yo disfrutaba también de lo que podía ofrecerle.

    Pero de todas maneras… Aquel fin de semana yo acepté ir a cenar con unas antiguas compañeras de la universidad, el lugar el restaurante de un hotel. Naturalmente reencuentro con algunas después de mucho tiempo de no vernos. Pero la mayor emoción fue el reencuentro con Tere, había tenido mucha relación con ella. Nos sentamos juntas. Y como siempre ella con su melena rubia, los ojos negros, boca sensual y de finos modales, preciosa dentro de su vestido negro, escotado y abierto por un lado, con talones altos y el aire ingenuo de siempre que la hacían aún más guapa y destacar de las demás, como siempre fue el centro de atención, le gustaba ser admirada y por consiguiente deseada. Habíamos compartido habitación en viajes de estudiantes y la había visto tal como era, ahora con el pasar del tiempo naturalmente había cambiado estaba más mujer y por cierto algo más rellenita.

    Finalizado el postre y mientras traían los cafés e infusiones, Tere se levantó y me propuso ir a la barra. Pasó su brazo alrededor de mi cintura y se cruzaron nuestras miradas, mi temperatura corporal subió varios grados.

    – ¿Te has divertido?

    – Desde luego y muy contenta de ver antiguas compañeras pero sobre todo encontrarme contigo y verte.

    – ¿Estás sola? me comentaron que te habías separado

    – Me he casado de nuevo, hace un año. ¿No lo sabías?

    – No, ¡qué va!

    – Y, que tal tu vida. ¿Hijos? ¿Eres feliz?

    – Puaff… Paso mucho tiempo sola y, voy a serte sincera me aburro mucho.

    Por un momento perdió el hilo de lo que me estaba contando. Seguramente la bebida le estaba haciendo efecto. Le propuse subir a la terraza del hotel para airearnos un poco y seguir hablando, tiré de ella hacia un rincón para ocultarnos un poco de la vista de los que ocupaban la terraza, unas parejas de turistas. Nos acomodamos en estos sillones mullidos tipo cama, ella se descalzó.

    – Quiero preguntarte otra cosa.

    – Tú dirás.

    – Espero que me digas que si has cambiado o no desde la última vez que nos vimos -soltó sin más.

    – No sé de qué me hablas -le dije, aunque estaba segura por donde iba.

    – Las dos sabemos de qué hablo y por ello… recuerdo que, yo era la guapa del grupo, me seguían sobre todo ellos, pero tú eras una líder te adoraban, todos y todas te seguíamos. Aquel día me miraste con cara de deseo mientras me hablabas, me dijiste que estaba muy guapa y me besaste. Yo llevaba una falda corta, siempre me gustaron las faldas cortas. Y tú no quitabas la mano de mi pierna. Seguías acariciándome. Acercando tus caricias, poco a poco, en círculos cada vez más pequeños. Seguías hablando, me tocaste las bragas y me estremecí. Pero finalmente ¡¡No!! Y salí huyendo. A mi manera te quería, pero aquella situación me incomodaba.

    – Yo creo que la culpa no era mía, sino tuya, porque me quitabas el sueño. Estabas a rabiar de bonita y atractiva. Me había encaprichado de ti.

    – ¿Yo? culpa mía… -respondió con turbación.

    – Vas a pillar frío. -La noche era fresca y le alcance una de las mantas apropiadas para el caso, ella se la echó por encima.

    – ¿Me ibas a decir algo más?

    – No quisiera incomodarte, yo te quería a mi manera, pero lo que pasó entonces…

    – ¿Qué culpa tenía y tengo yo de ser así?

    – Ninguna.

    – Quisiera preguntarte otra cosa más.

    – Tú dirás.

    – Abras tenido amigos ¿verdad?

    – Sí, soy bi, no desprecio y me gustan los hombres, pero cuando he tenido una relación más o menos duradera ha sido siempre con otra mujer.

    – Me parece perfecto.

    – Gracias. Me alegra que pienses eso. ¿Hay algo más que quieras saber?

    – Ahora que lo mencionas, sí. ¿Crees que es posible satisfacer ciertas necesidades?

    – Aunque nunca las hayas probado pero las deseas y quieres naturalmente es posible. -Ella apuró su bebida en silencio.

    – ¿Qué estás haciendo? No puedo… no soy una… -Tras unos instantes de pensármelo, estaba pasándole la mano por su pelo y la cara.

    – No seas absurda. Ahora no discutiremos las etiquetas de si eres o no lesbiana. Solo deseos. Tu deseo. Eso es lo que quiero que pienses. Puedes hacerlo.

    Le ordené que flexionase las piernas, separase las rodillas y se subiera el vestido. Con júbilo comprobé que tenía ante mí el objeto de deseo que había anhelado años atrás. Obedeció sin dejar de mirarme, mientras me colocaba junto a ella tapándome también.

    – Necesitas correrte, necesitas que te froten y te penetren el coño o incluso el culo -le enumeré con lascivia.

    – ¡Sí! -respondió con convicción.

    – Muy bien. ¿Preparada?

    Ella asintió mientras apretaba los labios. Paseé los míos a los suyos en un beso hambriento y ella gimió en respuesta. Su boca era dulce, caliente. Se dejaba hacer, no sin mirar continuamente a uno y otro lado para ver si nos descubrían.

    – Relájate… Esta oscuro y nadie nos está mirando.

    Echó la cabeza hacia atrás, pasé la mano acariciándole entre sus muslos y gimió en silencio al notar mis dedos pasar varias veces por encima de la tela presionando su abertura, el encaje empezaba a mojarse. Se relamía los labios y yo continuaba con mi exploración. Estaba preparada. solo un poco más y sería mía. Introduje la mano dentro de sus braguitas y aprisioné su sexo, para después empezar con movimientos circulares alrededor de su clítoris, que se hinchaba por momentos. Ella intentaba ocultar sus gemidos, pero era inevitable que salieran de su boca.

    – ¡Silencio!, nos pueden oír.

    – ¡Te gusta!

    – Si, sigue por favor.

    – Ábrete para mí

    – ¿Estás bien? Entonces dímelo.

    – Um, uh, sí estoy bien. Me gusta y más adentro por favor.

    Podía sentir como sus jugos empezaban a fluir. Continué con mi movimiento. Hundí los dedos en ella hasta el fondo y, empecé un vaivén frenético. Su sexo se contraía… se convulsionaba alrededor de mis dedos. Se retorció, se tensó, y con un gemido ahogado llegó al orgasmo. Tras unos segundos para reponerse, atrayéndola hacia mi pecho. Suspiraba con los ojos cerrados pero con una sonrisa en sus labios. No puedo evitar que la ternura se apoderara de mi mente, y la besé en la frente con cuidado.

    – Estoy loca, he gozado como mucho tiempo no hacia -susurró.

    – Lo sé, y por eso te gustó.

    – ¿Y ahora?

    – Bienvenida a mi mundo de placer -susurro.

    – No es mala la idea…

  • Mia: ¡Dios mío, la tienes grande!

    Mia: ¡Dios mío, la tienes grande!

    Nos conocimos a través de estos medios populares del internet y a pesar de chatear de vez en cuando, nunca nos insinuamos nada, pues Mia, en su perfil habla que está felizmente casada y la verdad nuestra comunicación ha sido breve y nunca habíamos coqueteado abiertamente o directamente el uno con el otro, hasta que hace dos semanas Mia, en forma de broma me dijo que estaría soltera por dos semanas, pues su esposo se iría a un país de Asia a visitar a sus familiares.

    Mia es de las Filipinas y hasta dos semanas atrás, solo la conocía por su bonito rostro y fue hasta hace poco que me hizo saber que tenía una altura de 4 pies y 10 pulgadas; alrededor de un metro con 47 centímetros y que pesaba de 98 a 102 libras. Vivimos muy cerca y si no es en la misma ciudad, es de solo manejar unos 20 kilómetros y así que de broma en broma, acordamos que uno de esos días que estaría de soltera nos iríamos a tomar algún trago a algún club o bar. La verdad que siempre pensé que solo se quedaría en eso, en broma, pero Mia me da las sorpresa justo cuando estaba en esos menesteres de mis aventuras sexuales.

    Aquella mañana alrededor de las 11, estoy en lo mejor de follarme a Johan, una chica rusa quien es mi vecina y que venimos follando ya por más de un año. La tengo en cuatro y estaba echándole el segundo en posición de perrito analmente, cuando suena el sonido de mensaje de textos. Acabo en el rico culo de Johan, me limpio y veo el mensaje breve de Mia, en el cual me da el nombre de un lugar, el domicilio y la hora y me pide que le confirme si es que puedo llegar.

    Para ser breve, a las 6 de la tarde me encontraba en el lugar cuando veo a la bella y petit Mia aparecer. Lleva una minifalda blanca con una blusa negra, su cabello negro lo lleva amarrado y se ha hecho una cola, así que veo su bonito rostro y en el cuello le brilla una cadena de oro. Viste zapatos de tacón que quizá la elevaran unos cinco centímetros, pero aun así, la bella Mia, realmente parece una muñeca petit.

    Para ser honesto, me gustan las chicas petit y si tienen ese cuerpo esbelto o con esa apariencia de flaca mucho mejor, aunque no sabía si realmente algo pudiese pasar entre Mia y yo, pues honestamente no nos conocíamos muy bien ambos. Puedo ver en su blusa que sus pechos han de ser de una medida de copa C, quizá un 30C… sus pechos parecen tener presencia a comparación de su cuerpo, que al verlos, lo que me permiten ver en lo que me da su escote, pienso que debe ser el trabajo de algún cirujano. Sus nalgas, su trasero es pronunciado… pequeño, pero pronunciado, el cual le da una silueta muy femenina y honestamente llamativa.

    En los tres tragos hablamos de muchas cosas triviales y lo que resaltaba Mia de mi presencia, era mi altura de un metro y 87 centímetros y, lo que preguntó e hizo el punto de chistar para pasar el tiempo fue: ¿Has estado con alguna chica petit como yo? – Le dije que sí y ella salió con las especulaciones más chistosas y entre ellas; que cuanto tiempo estuvo en el hospital. La verdad que he estado con muchas chicas pequeñas y en mi experiencia, diría todas han tenido una buena experiencia sexual. Quizá sea un tanto doloroso al principio, pero los músculos se dilatan y muchas encuentran que pueden transformar ese dolor en un delicioso placer. No fui explicito con Mia, pero aquello me inquietaba, pues creo que por lo menos Mia tenía esa curiosidad.

    Llegaron las ocho de la noche en aquella plática y le puse final para ver qué pasaría después. Salimos del restaurante y estábamos en esa despedida de los últimos besos en la mejía cuando coquetamente Mia dice lo siguiente:

    -Tony, ¿pensé que eras soltero? ¿Alguien te espera a las 8:30 en casa? ¿Solo te dieron permiso hasta esta hora?

    -¿Pensé que la que estaba de prisa eras tú?

    -¡Yo de prisa! ¡No sé porque te he dado esa impresión! Quizá para salir de ahí, respirar aire fresco y ver a donde nos lleva esta aventura de solteros.

    Aquella declaración me pareció un tanto atrevida y así es que yo no dudé en ponerle las cartas en la mesa. Lo leí en su sonrisa, en su mirada, sabía en esos momentos lo que Mia realmente buscaba y le dije:

    -Mia, yo estoy abierto para cualquier posibilidad. Aquí la única con compromisos eres tú. Si quieres olvidarlos por unas horas o toda una noche, por aquí hay un hotel donde podamos estar a solas y pasar un buen momento.

    -¿Tú lo quieres?

    -Si Mia, por esto estoy aquí, por ver si existe esa posibilidad.

    -¡Está bien! Te sigo en mi coche… solo una cosa.

    -Dime.

    -¿Tienes protección?

    Pasé por una tienda a comprar un paquete de profilácticos y una botella de vino, luego después tomamos rumbo para un hotel cercano del lugar. Entramos a la habitación y como cualquier mujer que procura dar la mejor impresión, lo primero que hizo fue entrar al tocador y retocarse el maquillaje. La verdad que Mia es muy linda y si no supiese su edad, pensaría que tiene 14 años. Tiene ese rostro infantil asiático, unas piernas y brazos delgados. Puedo ver que sus labios tienen más brío y nos tomamos una copa de vino para no parecer ansiosos. Platicamos unos 20 minutos y le dije que me iría a dar un baño. Aunque me había bañado 3 horas antes, el hecho de haber estado con otra mujer por la mañana me daba la sensación que Mia podría descubrir ese olor. Me enjabono bien y me doy una buena bañada. Como presentía este momento, siempre tengo un pequeño maletín con lociones y ropa interior.

    Salgo y lo hago solo en mis bóxers. Es todo lo que visto además de mi reloj. Mia me queda mirando y me siento en un pequeño sofá que tiene vista a la ventana de donde se ve una iluminada ciudad. Ella con una de sus manos se atreve a masajear mi pierna, llegando sutilmente en el área de mi entrepierna. Solo sonríe y observo su torso, su delgado torso el cual quizá tendrá la circunferencia de una de mis piernas. Ella sigue frotando mis piernas y llega hasta donde mi miembro está semi erecto, algo relajado, pues por la mañana lo tuve en acción por un par de horas y ahora no tiene esa urgencia de liberar ninguna presión. Aun así, Mia lo masajea sobre la tela del bóxer y este va tomando más potencia y Mia me dibuja un rostro de asombro. Deja que mi glande salga por una de las mangas y ella lo toma con sus pequeñas manos. Solo exclama:

    -¡Dios mío, la tienes grande!

    Realmente mi miembro no es muy grande si consideramos que mido un metro y 87 centímetros. Al igual soy un poco más alto que el promedio y por tanto mi pene va acorde con mi altura. Algunas chicas que me lo han medido me han dado números variados: desde 20 centímetros, hasta los 26 centímetros… todo depende quien lo mide o cómo lo miden y en qué condiciones lo miden. La verdad que creo es el promedio para mi altura, aunque debo admitir, su grosor si es un tanto extraordinario, pues yo no tengo cuerpo de obeso.

    Mia me asistió en removerme el bóxer y comenzó un oral de las mil maravillas. Obviamente no le cabía toda aquella masa, pero ella se obstinaba en sumergirla lo más que ella podía. Debo decir que Mia es un tanto agresiva para el sexo oral. No quiero decir que es ruda, ella te brinda enorme placer, pues literalmente puedo decir que mi verga se la metió en el esófago, al punto, como ella me lo decía posteriormente, la hacía llorar, pero le gustaba aquella sensación de tener un pene grande en su conducto digestivo, que le daba la sensación de ahogamiento y podía observar esa angustiosa sensación de respirar, al punto que sus ojos se mantenían llorosos.

    Me dio un oral de unos 20 minutos y cuando se cansaba y quería que su respiración se normalizara, solamente me mamaba los testículos mientras con sus dos manos me la pajeaba agresivamente. No me hizo acabar con esa rica manera de mamar y pajearme la verga, pues ese mismo día por la mañana había eyaculado dos veces y a mi edad de 51 años, uno puede manejar el sexo más a mi antojo.

    Llegó mi oportunidad de despojarle de lo que vestía. Ya lo zapatos estaban en algún lugar de la habitación. Le quité la blusa o así la describí, pero era una especie de corsé, que le ceñía bien su abdomen y se abría arriba para dejar ver en algo sus pechos. Tenía varios broches al lado de atrás y uno a uno los desabroche. Le remuevo su brasier y me quedan sus dos lindos pechos con una areola café, las cual besé y mamé, disfrutando de esos dos erectos pezones. Le removí su falda blanca, la cual era pequeña, minifalda y veo un diminuto bikini color negro y donde su conchita debe reposar, ahí tenía una toalla femenina la cual emanaba un rico olor.

    La conchita de Mia es una linda y diminuta conchita. No tenía ningún vello púbico y no sé qué método de depilación usa, pues la piel de esa zona, es tan tersa, como si de las nalgas de un bebé se tratara. Su conchita estaba súper mojada, la toalla que llevaba puesta y que obviamente estaba pegada a su bikini, se podía observar un fluido grueso de sus jugos vaginales. Mia sí que estaba excitada. Como lo he dicho antes, me gustan las chicas pequeñas, pues es fácil hacerles un oral y con mis manos aplicarles un buen masaje en sus pechos. Esto le encantó a Mia, pues cuando le hacía el oral, mis manos y mis dedos jugueteaban con sus pezones, con sus pechos. Debo retractarme que pensé que eran el trabajo de algún cirujano, pero me equivoqué, esos pechos eran naturales… redondos, bonitos, bastante sólidos y naturales.

    Por demás está decir que Mia estaba sobre excitada y llegar al orgasmo solo fue cuestión de unos 3 o 5 minutos. Me pidió que no continuara, pues después de ella acabar, a Mia se le convierte un cosquilleo el sexo oral. En cambio, por no estar listo y no tener un condón en mi verga, le he metido uno de mis dedos a su vagina y Mia gime de placer, jadea nuevamente como si siguiera con su orgasmo.

    Ve como me pongo el condón, ella me espera en posición del misionero, nos vamos en medio de la cama y sigo al pie de la letra su advertencia: que se lo haga con cuidado, pues para ella mi verga es muy grande. Antes de metérsela se la puse sobre su abdomen, siguiendo esa misma línea de su concha y su vientre; es ella la que me dice lo siguiente: -Tu verga es tan grande, que me va salir por la boca. – Se ríe de su exageración, y gime cuando le acerco el glande cubierto por un plástico color rojo. Se siente muy apretada, a pesar que su vagina esta lubricada, pero la vagina de Mia es tan reducida y mi pene bastante grueso, que puedo sentir literalmente la presión que ejercen los huesos de su pelvis. La sensación es divina, es tan rica, pues esta sensación no te la da ni siquiera una chica virgen que tenga una buena altura. Cuidadosamente centímetro a centímetro se la metí toda, hasta sentir que mis testículos quedaron chocando con sus nalgas. Veo que Mia tiene una lágrima que se desliza y sus ojos están llorosos y me dice:

    -¡Tienes una enorme verga! ¡Nunca había sentido algo igual!

    -¿Te duele, estas incomoda?

    -Me duelo un poco, esa una sensación de dolor, pero que a la vez, me llena de satisfacción. ¡Quizá sea la idea de tener tu enorme verga dentro de mí!

    -¿Pero si te gusta?

    -¡Me encanta que me tengas así!

    La verdad que la sensación era única. Esta sensación solo una chica pequeña y reducida de la puede ofrecer. El pompeo fue tomando inercia a medida que pasaron los minutos y usando condones y con las dos corridas que le había dejado ir a Johan, a Mia la podía taladrar por largos minutos sin yo irme. La puse en cuatro o de perrito y aquel paisaje era un poema… ¡que rico se mira el pequeño culo redondito de esta filipina! No me contuve, y le volví a meter la lengua en su mojada concha y le chupé el culo por unos cinco minutos. Mia solo gemía y me decía lo rico que sentía. Le metí la verga en la conchita y con mi celular le tome una foto mientras me la follaba y me cuestionó: ¿Qué haces?

    Le dije que me quería llevar aquella escena como recuerdo, que me gustaba su rico y redondo culito. Le seguí dando por la conchita, mientras mi pulgar masajeaba su rico ano. Creo que esta combinación le produjo un multi orgasmo y Mia solo gemía y jadeaba diciendo: Tony, que rico, me vengo, no pares mi amor… sígueme dando cariño. Rómpeme, cógeme, me vengo delicioso cariño.

    No se cuánto duró, pero quizá fue un espacio de entre 4 a 5 minutos. Ella me observa con esos ojos de la satisfacción y me pregunta: ¿No te puedes venir? – le explico que el profiláctico me quita sensación y que se me hace más difícil venirme. Ella me lo quita y me invita a que me vaya por sobre ella. Esta vez, Mia se acuesta sobre su espalda, hace que mis piernas se abran sobre sus pechos, mis testículos quedan en medio de sus pechos y se mete de nuevo mi verga a su boca. Ella lo hace, pero luego hace una pausa y me dice: -Cógeme la boca, métemela toda cariño.

    Tomo posición y comienzo a taladrarle la boca. Ella hace esos ruidos como si estuviese sofocando y solo se la saca cuando quiere respirar y se vuelve a repetir el proceso. Literalmente le taladro la boca y ella comienza con sus manos a masajearme el culo, mientras mi verga entra y sale de su esófago. Nunca había sido tan agresivo con una chica haciéndole algo así, siempre había sido cuidadoso, delicado, pero Mia creo que parecía disfrutarlo y con los minutos toco el cielo y le dejo ir mi descarga. Fue rica y deliciosa, pero me sorprendía que Mia no tuviera evidencia de mí corrida y ella me lo dijo con estas palabras: ¿Cómo? Si te has ido cuando la punta de tu verga la tengo en el estómago.

    Estuvimos cogiendo toda la noche y el siguiente día me dio un rico mañanero. Con Mia no hubo sexo anal, pues me dijo que nunca lo había hecho y lo intentamos, pero presentía que la podía dañar y desistimos. Me conformé con sentir esa vagina reducida, bien apretada y yo me fui unas tres veces, mientras Mia no sé cuántos orgasmos logró. Honestamente fue una rica faena y así me la había imaginado, pero me sorprendió como esta linda y pequeña chica mama una verga. Como a todo hombre, me gustaba como Mia tomaba mi verga y me decía: Esto es lo más grande que he tenido en mis manos y la que más me abierto la vagina… creo que me has hecho perder el día de hoy la virginidad.

    Para mí fue una sorpresa coger con esta linda mujer… no me lo esperaba. Ella dice que siempre le gusté, pero tenía miedo tomar este paso. Esto sucedió el día de ayer, así que si este día miércoles, octubre 17, estás leyendo este relato, eso significa que esa cogida esta todavía fresca, que incluso huelo el rico olor del sexo de esta linda mujer. ¡La tengo que volver a coger! Su marido creo que llega hasta el domingo de algún país asiático.

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  • Miguelito, lo que te pudiste comer por siempre y la cagaste

    Miguelito, lo que te pudiste comer por siempre y la cagaste

    ¿Cómo empezar este relato? Ok, tengo 24 añitos, soy toda una baby, vivo en la Riviera Maya, linda, alta de piernas largas, buen culo la verdad, me encanta la lencería que entre más pequeña mejor, me encanta siempre andar bien depiladita, acinturada con tetas ricas, buen tamaño y en su lugar, cabello largo negro y hago de mi vida y mi sexo lo que yo quiera.

    -Hola ¿Vamos a la playa?

    -¿A qué playa?

    -Yo iba a ir a Xcacel, ¿jalas?

    -pasa por mí.

    Quedó en pasar por mi casa en 15 minutos. Hacía mucho que Miguel no me llamaba desde hace un buen tiempo pero ese día no tenía plan y era mejor que quedarse en casa en mi día de descanso, así que un duchazo rápido con depilación incluida, caray, sol, playa, merece un bikini chiquito. No me imaginaba que Miguel estuviera en Playa del Carmen pero ya tendríamos en el coche y en la playa de ponernos al día de nuestras vidas.

    Me estaba esperando fuera del coche. Seguía igual que la última vez pero más delgado, fuerte marcado caray más mamadito. Le sentaban muy bien los kilos de menos que tenía. Los bermudas y su camiseta de tirantes le quedaban geniales. Mira que bien pensé mientras nos abrazábamos y recibí un besito coqueto, un viejo amigo que había mejorado con los años.

    Nos subimos al coche. Yo iba con mi vestidito playero, ligero y cortito pero como siempre iba con el bikini más pequeño que tenía por debajo no me importaba que se viera de más. En el trayecto hasta la playa nos fuimos poniendo al día. Miguel había estado un tiempo en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey y ahora llevaba 1 mes aquí en Playa vendiendo bienes raíces. Se acordó de mí porque me vio una noche bailando en la Vaquita. Nosotros nos conocíamos desde que ambos vivíamos en la Ciudad de México y estuvimos saliendo algunas veces por allá de amantes desenfrenados e incluso la última vez que nos vimos aquí en Playa antes de que se fuera. De salir y coger mínimo 3 veces a la semana a que pasaran años sin saber de cada quien. Lo cierto es que siempre nos veíamos con otras personas y siempre encontrábamos la oportunidad para escaparnos.

    -Oye, no te molesta que nos alejemos un poco de la gente la verdad me gusta la tranquilidad.

    -Para nada, es mi día de descanso y lo que deseo es no ver gente.

    Estacionamos el coche, bajamos y caminamos al acceso más lejano de Xcacel era un día martes y la verdad no había mucha gente ni en la playa principal, extendimos las toallas, yo me quité mi vestido y Miguel su camiseta. Me senté en la toalla como siempre pero él siguió de pie. Saque mi bronceador de mi bolsa, él se sentó al lado mío, en ese momento me quité la parte de arriba del bikini dejando mis tetas al aire, a mis 24 años tengo unas tetas tan lindas que era el momento y le lugar para presumirlas.

    Nos pusimos bronceador y nos recostamos. La verdad es que los lentes de sol son maravillosas para estos momentos porque sirven para disimular las miradas y para no sentirme tan observada. Seguimos platicando de todas nuestras locuras y nos metimos al mar. Al ponernos de pie pude apreciar por primera vez bien su cuerpo. Se le notaba el ejercicio y no sé si la dieta pero aproveché ese momento para preguntarle. Me contó que solo hacía ejercicio. Le felicité porque le estaba quedando un cuerpo muy marcado muy sexy.

    Después de salirnos del mar nos recostamos en las toallas y nos quedamos medio adormecidos. Lo miraba de reojo, sobre todo cuando se ponía boca arriba. Me estaba gustando su cuerpecito cada vez más. Aun brillaba en su cuerpecito moreno por el agua.

    Mis tetas se empezaban a poner rojas. Era momento de ponerme más bronceador pero la flojera me invadía. Miré a Miguelito que estaba en ese momento sentado fumando. Con voz sexy y adormilada le pregunté si me podía poner bronceador, que estaba muy a gusto y no me quería mover. Miguel sin dudarlo agarro el bronceador y me la aplicó por toda la espalda. Me gustaban sus manos y más me gustaban cuando rozaban mis tetas al aplicarme crema en los costados. Vi que algo se ponía medio duro debajo de su bermuda y jejeje eso me empezó a llamar la atención. Pasó a las piernas sin detenerse en el culo. Qué caballeroso jajaja! Como pudo ignorar mi culito con la tanguita que traía, al ponerme entre mis piernas, me rozaba ligeramente mi panocha algo que me prendió inmediatamente. Mi reacción incontrolada fue separar un poco más las piernas algo de lo que pareció no darse cuenta hasta que sus manos empezaban a subir por el inicio de mis nalgas y ahí obtuvo toda mi atención:

    -¿El culo también? -me preguntó

    -No es muy correcto pero se siente tan bien -le respondí

    -A mí no me importa caray no es la primera vez -me dijo

    -Pues dale con gusto entonces -le contesté

    Sus manos llenas de crema se posaron en cada nalga y empezaron a masajearlas más que otra cosa. Las separaba y pasaba un dedo por toda la raja justo hasta donde empezaba mi panocha que se iba humedeciendo de forma muy acalorada. Solo duró un momento pero fue maravilloso. Le di las gracias y él se recostó boca abajo en su toalla. Pude ver por un segundo el bulto dentro de su bermuda y me encantó. Le dije que en un momento más yo le devolvería el favor. Me dijo que tenía una piel muy suave. Aquello parecía que iba por un camino insospechado pero me gustaba la dirección que tomaba que no desconocíamos. Tenía ganas de disfrutar usar es cuerpecito marcado moreno sudado y al lado de mi sin que nadie nos viera.

    Me puse de rodillas en su toalla, tocando su cuerpo con ellas, y le eché bronceador en toda la espalda. Se lo extendí despacio pasando por toda su espalda, algunas veces dejaba rozar su espalda con mis tetas, seguí por nuca, brazos y acariciando la parte baja de su espalda su traserito. Miré si alguien se estaba fijando en nosotros pero solo había un chico solitario que parecía dormido. Hacia el otro lado de la playa no había nadie. Hice 4 o 5 pasadas en su pito que ya salía de su bermuda. Que ganas me estaban entrando de agarrarla con la mano y chuparlo como se merece pero me contuve y seguí poniéndole bronceador hasta sus pies.

    -Mmmmm, que gustito, ya no me moveré en un buen rato

    Estaba excitada. Entre sus toqueteos y los míos me había puesto extremadamente cachonda, empecé a recordar todo lo que había echo e incluso la última vez que nos vimos que me dio una rica culeada sin dejarlo ponerme las manos encima. Esperaba que se diera la vuelta pero su comentario indicaba lo contrario. Armándome de atrevimiento le dije que se acomodara esa cosa que se le salía de la bermuda o se le quemaría con el sol; el me miró, me sonrió, le pregunté si quería yo se la podía acomodar para que no se moviera como con ironía

    -No es mala idea, pero despacito  me dijo él

    Lanzada, tome la bermuda y la jale un poco y con mi otra mano la tome por completo y se la acomodaba, ya traía ese pito bien parado pues se volvía a salir hasta que deje mi mano posada en ese animal, se rio con mi ocurrencia pero noté un gemido en su voz.

    -Si muevo la mano se sale de la bermuda y necesito acomodarla a cada momento…

    -Por mí no te preocupes -me contestó ya insinuando descaradamente que empezara a masajeársela

    -No respondí solo empecé a sobarle ya dentro de la bermuda

    -¿estamos solos verdad? -me preguntó sin mirarme

    -SI!!! Te parece si nos metemos al mar rápidamente -respondí sin pensar

    Él se levantó y se sentó en la toalla. Su animal ya estaba fuera de la bermuda, me dio un besito en los labios.

    -Mejor ve yendo tú, yo voy en un minuto

    El agua fría del mar refresco un poco mi calentura que ya no podía disimular. Enseguida entro Miguel, casi corriendo e intentando que no se notara mucho que la traía bien parada. Nos refrescamos rápido. La idea de meternos era para que nuestra piel no supiera a bronceador pero parecía que había sido una mala idea. No se acercaba a mí. Lo noté un poco tenso. Salimos del agua. Su paso era lento. Tenía una expresión diferente en el rostro. Le pregunté qué pasaba.

    -Nada -me dijo

    -Seguro?

    -Bueno, es que estoy saliendo con alguien desde hace un tiempo. No es nada serio todavía pero la chica me gusta mucho y me siento extraño sabes…

    Me quedé completamente boquiabierta, estaba muy caliente completamente empapada pero no quería parecer desesperada por que me cabalgaran con locura y frenesí. Llegamos a las toallas, nos sentamos y me ofreció un cigarrillo. Llevaba meses sin fumar pero en ese momento lo acepte. Empezó a pedirme disculpas, a decirme que él no solía comportarse de esa manera bla bla bla. Dejé que soltara todo lo que llevaba dentro y pasamos el resto de la tarde tomando el sol, bañándonos y conversando.

    El sol empezaba ya a ocultarse y la playa ya vacía. No quedaba nadie a nuestro alrededor. Me propuso tomar unos tragos. Me puse mi vestidito sin el bikini lo hice completamente a propósito. Aunque intuía que ya no pasaría nada seguía excitada. Guardé el bikini en mi bolsa asegurándome que lo viera. Mi vestido estaba claramente diseñador para llevarlo con un bikini debajo. Medio transparente, tenía un escote no muy atrevido pero sí con mucha holgura, con lo que era muy fácil verme las tetas. Unos botones hasta la cintura lo hacen más sensual todavía. Además era muy cortito.

    Nos sentamos, ordenamos algo y claro veía como sus ojos se perdían en mi escote. Estaba apoyada en la mesa, con los brazos separados, permitiendo que mi vestido se separara lo suficiente de mi cuerpo para que tuviera una visión de mis tetas. Nos llevaron las chelas y Miguel se dio cuenta de lo que yo hacía, no perdió tiempo en comentar la jugada. Me hice un poco la despistada hasta que me confesó su afición a esos jueguecitos. Me contó que, cuando vivía en Guadalajara, los practicaba mucho con una chica con la que salió varios meses. Mis ojos y mi expresión debieron expresar a la perfección que me encantaban también esos jueguitos excitantes porque me lo preguntó abiertamente. Mi excitación y calentura regresaron en un minuto, regreso de golpe justo cuando el mesero volvía con nuestras chelas. Después de dejar ver al mesero de nuevo parte de mis tetas, vi una sonrisa en su cara y cierta excitación en sus ojos. No estaba todo perdido todavía y creo podría convencerlo de que me cogiera esa noche.

    -¿Jugamos? -le pregunté con picardía

    -Puede ser divertido y excitante -me contestó guiñándome un ojo

    -Pues dime cómo quieres que juguemos

    Se quedó pensativo mientras sus ojos recorrían mi vestido analizando las posibilidades que ofrecía. Su mirada hizo que sintiera un cosquilleo en el estómago.

    -¿Por qué no desabrochas un par de botones y vas a pedirle botana? él está más alto que tu

    Quería jugar, claro estaba más que excitada!!! Me desabroché los dos botones que me dijo. Ahora mis pechos quedaban casi a la vista sin necesidad de nada más. Reflexioné en ese momento sobre lo raros que son los hombres a veces e idiotas también. Seguro que ese mesero estaba cansado de ver chicas desnudas trabajando en un barcito en Playa del Carmen. Sin embargo parecía que ver algo que se quiere que no se vea al ponerse un vestido le da más valor.

    Fui hacia la barra. Ahí estaba el afortunado de pie, mirándome con la discreción mínima para no ser muy descarado pero notaba sus ojos en mis tetas que se movían sin control. Le pedí algo de botana y tardé mucho en encontrar en mi monedero el billete para pagar. Al levantar de nuevo la vista, lo agarre con los ojos bien metidos en mis tetas ya sin descaro ni nada:

    -No te detengas, puedes mirar que no me importa siempre que te guste lo que ves

    El no dijo nada, solo me lanzó una sonrisa. Yo regresé con mi Miguel y le conté. Su pito estaba durísimo no lo podía contener porque tuvo que acomodarse la bermuda. Seguimos hablando y contándonos cosas de ese estilo que habíamos hecho y me di cuenta que los dos nos estábamos poniendo muy cachondos por fin ahora si lo estaba calentando. Le pregunté si nos íbamos y empezamos a caminar hacia el coche. Yo no me había abrochado el vestido y cuando me comentó el mismo pensamiento que había tenido yo hacía un rato, sobre cómo cambiaba el enfoque entre ver a una chica desnuda o verle las tetas por un vestido atrevido, deje caer el vestido mientras seguía caminando no pude reprimirme más, se dio cuenta de lo que estaba haciendo y lo besé, le di un beso de esos que lo cimbró completamente. Lo agarre por sorpresa pero no tardó en separar sus labios para que jugaran nuestras lenguas y fuera más intenso. Nos besamos mucho tiempo seguido, con nuestros cuerpos pegados pero las manos quietas.

    -Lo siento -le dije-pero son ya me diste dos calentones en una tarde y no aguanto más más

    -No pasa nada, yo ciento lo mismo que tú y me muero de ganas por seguir con esto

    Al escuchar eso, yo ya llevaba más de 50 m caminando desnuda volví a besarlo mientras ponía mis manos en su nuca y lo empujaba para que me lamiera las tetas. No fue capaz o no quiso presentar resistencia y me abrazó con sus manos mientras me llenaba de besos, lamidas y pequeños mordiscos, el descendía besando cada centímetro de mi piel hasta notar su aliento en mi panochita entre mis labios. Separé mis piernas y dejé que me lamiera, que disfrutara del sabor de mis jugos que empapaban mi entrepierna. Su lengua separaba mis labios vaginales, iba desde el clítoris hasta la entrada de mi vagina y volvía. Mantenía el equilibrio agarrándome a su cabeza que él parecía interpretar como que no quería que parase. No se detuvo, sino que incluso empezó a usar también sus dedos para darme más placer todavía y mis gemidos eran ya demasiado escandalosos para ese caminito dónde nunca sabías cuándo te podías topar con alguien.

    Mi primer orgasmo. El orgasmo llegó demasiado pronto pero no fui capaz de controlarlo. Oleadas de placer se extendían por todo mi cuerpo y las convulsiones que experimentaba le hicieron imposible seguir. Me dejé caer encima de mi vestido y me abracé a sus piernas, exhausta de placer. Tardé un rato en poder levantar la mirada y más en conseguir ponerme de pie. Sus labios brillaban impregnados aun en la humedad de mi excitación que acababa de saborear.

    Ahora sí miré a mí alrededor. Seguíamos solos, quise besarlo pero no me dejó.

    -¿Te sientes culpable de nuevo? -le pregunté todavía desnuda

    -Sí-respondió bajando la mirada al suelo

    No iba a forzar más la situación. Mi calentura había quedado bien saciada en un orgasmo increíble y realmente quería que me cogiera pero ya no era una necesidad, solo un deseo. Me puse el vestido de nuevo y, cuando iba a abrochar los dos botones que habían provocado ese instante tan maravilloso para mí, me pidió que no lo hiciera. Accedí contenta a su deseo y me desabroché discretamente un tercer botón cuando reanudamos la caminata hacia el coche.

    Llegamos al estacionamiento sin cruzar una palabra aunque noté como su vista se iba a veces hacia mis tetas. Al entrar al caminito en el que habíamos dejado el coche salió una pareja. La mirada que el tipo me lanzó me calentó y me hizo sentir algo en mi entrepierna pero Miguel no dijo ni hizo nada.

    Subimos en el coche y me pasé el cinturón entre las para seguir dándole buenas vistas. Volvió a hablarme y volvimos a sentirnos cómodos los dos, rebasamos un tráiler y su conductor echó la típica mirada de vehículo adelantado y tocó el claxon, supongo que agradecido a lo que acababa de ver. Antonio se preguntó por qué le había tocado el claxon y se lo conté.

    -Buf, no aguanto más, necesito juegues con mi miembro que ya te lo pide a gritos -me pidió

    La verdad es que ya lo deseaba desde la tarde y empecé a acariciar su pitote y su pierna. Nada más rozarlo se le puso durísimo y eso me encantaba me hacía desearlo más y más. Pobre Miguel, pensé. Seguro que lleva dos horas reprimiéndose. Solo podía tocarle por encima de los bermudas pero parecía que era suficiente. Gemía y conducía. Al entrar en Playa y para en el primer semáforo de Centro Maya, se abalanzó sobre mí para besarme. Sin preguntar me llevó a su depa. Metió el coche en el estacionamiento y nada más bajando del coche se abalanzó sobre mí, metiendo sus manos por mi escote abierto, agarrando mis tetas con una pasión y excitación desbordante, su lengua se entrelazaba con la mía. Me fue empujando hasta el ascensor sin dejarme ni siquiera sacar mi bolsa del coche. Sin mirar, me empujó dentro, pulsó el botón de su piso y se arrodilló para hundir de nuevo su cabeza en mi panocha ya empapada otra vez.

    Nada más entramos a su departamento sin haber cerrado completamente la puerta mi vestido ya estaba en el suelo ahí estaba yo desnuda empapada y convencida de que me llenaría de placer, me cargo y me llevó hasta su cama. Me dejó caer mientras se desnudaba a una velocidad increíble, dejándome ver su pito completamente parado cabezón y venudo rico como me gustan grandes. Separando mis piernas la puso en la entrada entre mis labios y me penetró lentamente, fue lo único suave. A partir de ahí fue aumentando el ritmo, me cogia como si fuera el última vez. Notaba como sus huevos me golpeaban en la cola, me la metía entera en cada va y ven. Mi concha no dejaba de lubricar más y más hasta que empezó a escucharse el chof, chof de lo empapada que estaba, sus ojos estaban cerrados y su rostro colorado por el esfuerzo, gemía en silencio, yo lo disfrutaba y veía su cara, yo me sentía en la gloria siendo cogida y sentir como me penetraba de esa forma tan salvaje y apasionada.

    De repente paró y me preguntó si tomaba pastillas algo así, le dije que no y que ya era muy tarde para preguntarme sobre eso, lo sujete con mis piernas dándole más profundidad, él sabía que se vendría dentro de mí y que de la forma como yo lo jalaba hasta al fondo ahí los quería todos hasta la última gota, así que empezó más fuerte y ahora si gemía con fuerza yo empecé a gemir de la misma forma y estaba teniendo yo un orgasmo explosivo sentía como crecía su pito dentro de mi cada vez más hasta que empecé a sentir sus espasmos dentro de mí… es lo más rico sentir como me deja toda su leche dentro de mi hasta el fondo, le quite mis piernas y le pedí que como siempre que no se saliera hasta que mi vagina expulsara su flacidez.

    Todo su lecha ya escurría de entre mis piernas mi calentura empezaba a bajar, quería besarlo y sentir ese beso ahora que ya había descargado su tensión sexual en mí, esperé a que su respiración volviera a un ritmo normal.

    -Cómo estuvo -me dijo

    -Nunca me habían echado tanto leche hasta lo más fondo de mi como hoy-le contesté halagando todo lo que me dejo dentro, orgullosa de haber provocado su reacción y aliviada porque se acordara él al final de cómo me gusta sentirlo-y menos mal que no quisiste correrte en mi boca porque creo que me hubiera ahogado, jajaja.

    -¿lo hubieras hecho?

    -Si me lo hubieras pedido, seguramente, además sabes que me encanta

    -Tomaré nota -añadió mientras se levantaba

    Volvió enseguida con una toalla con la que me limpió de una forma muy dulce. Cuando acabó, me dio la espalda un momento para dejar la toalla en una silla y me abracé a él, estuvimos mucho rato así, a mi gustaba. No quería asumirlo pero era lo que sentía. Lo besé en la nuca y pasé mis dedos entre su cabellera. Lo abracé también con mis piernas y besaba despacio sus hombros mientras acariciaba su abdomen marcado. Se dejaba abrazar. Se dejaba acariciar. Y minutos después de este tratamiento voilà ya tenía otra erección.

    Me puse encima de él y me la introduje despacio de nuevo en mi colita que ya estaba húmeda. Lo cogia despacio, dejando que la moviera dentro de mí mientras yo estaba amodorrada arriba de él. Sus manos me sujetaban por las nalgas, levantándome y dejándome caer en su tremenda erección cada vez. Cada movimiento de su lengua en mi boca hacía más y más placentera cada penetración. Ya no había urgencia solo queríamos placer, me encantaba dejarme caer y sentir como se clavaba en lo más profundo de mi cola.

    Sin preaviso, me vino el orgasmo. Dos veces seguidas. No me lo podía creer. Esos orgasmos solo los disfrutaba con… con… bueno ya me han leído antes. Lo miré a los ojos… Me gustas mucho (de verdad estaba para comérmelo toda la vida) no pude evitar expresar lo que estaba sintiendo. Su respuesta fue un beso y reanudar sus movimientos. Me dejé llevar moviéndome en círculos, sintiendo su polla en todas las partes de mi coño, sus manos en mi cadera guiándome, su boca en mi oreja lamiendo mi lóbulo y oyendo sus gemidos cada vez más intensos hasta que me contó que iba a correrse y que tenía que salirse. No lo deje, quería que siguiera dentro de mí todo el tiempo y así fue, nuevamente me lleno de su leche espesa rica y que sentía en cada espasmos como se alojaba dentro de mí, me beso agradecido y satisfecho.

    Nos quedamos dormidos abrazados. Cuando me desperté ya era de noche. Estaba sola en la cama con la única luz que entraba de la calle. Solo se oía el ruido de la gente que pasaba caminado. Me levanté lentamente, abrí la puerta del cuarto y vi la luz encendida de la sala. Caminé silenciosamente por el pasillo, descalza y desnuda sin hacer ruido y lo que vi no me gusto, me dejó helada. Mi amante Miguel se estaba cogiendo a una chica en completo silencio. Ninguno podía verme. Me sentí triste y decepcionada, pero no podía pedir más ya que yo sabía de la situación de su chica. Yo había sentido una conexión especial toda la tarde y estaba convencida que él también, a pesar de sus pretextos iniciales. Vi mi vestido tirado aun en el suelo y las llaves del coche en la puerta, apreté el botón del elevador y estaba yo ahí parada desnuda casi al borde del llanto en un lugar que no era mi casa. Me dio tiempo de meterme el vestido por la cabeza y cuando se abrieron las puertas lo iba bajando por la cintura, iba ocupado. Un chico de unos 18 años cuyos ojos se abrieron como reflectores, mi vestido aún seguía con los tres botones desabrochados. Me vi reflejada en el espejo del ascensor, despeinada, sin maquillar, descalza, con las tetas casi a la vista. ¿Bajas o subes? Fue lo único que se me ocurrió decir. Lo que tú quieras, balbuceó sin apartar sus ojos de mi súper escote y cuando entre al elevador creo aun traía el vestido en la cintura con el culo al aire. Baje al estacionamiento, sentía la mirada del chavo clavada en mí pero no me encontraba incómoda por lo que no me acomode bien el vestido. Al llegar abajo me encontré con una puerta cerrada que al llegar no lo estaba y no había más llaves en las del llavero. El chico me preguntó si quería que le abriera la puerta y le dije que sí, que tenía que agarrar mi bolsa para volver a casa. Descalza? Me preguntó mirando a una parte de mi cuerpo que por primera vez no eran mis tetas. Le dijo que no, que iba en coche. Me abrió la puerta y le di las gracias. Me subí en el coche de Miguel y volví a mi casa. Al meterme en cama le envié el siguiente whatsapp:

    “tengo tu coche, cuando acabes de cogerte a tu amiguita puedes venir por el”

    Espero sus comentarios…

  • De Paul a Paulina

    De Paul a Paulina

    Después de descubrir las aficiones y gustos sexuales de mis padres, decidí ir a vivir con la hermana de mi padre, que era una mujer sencilla y muy conventual, soltera y vivía sola, tenía por amiga a una vecina, con la que pasaba muchas horas haciendo labores de tejidos y artesanías, con unos cuarenta años y no tenía marido; ellas dedicaban gran parte de su vida a vivir de esas actividades; cuando le dije a mi madre de mi decisión de vivir con ella me dijo:

    Mamá: Pero hijo allí vas a estar solo, aquí estamos contigo y te acompaña todo el día la señora del servicio.

    Yo: estoy solo siempre mamá y quiero aprender otras cosas.

    Mamá: dile a tu papá y a ver que dice.

    Cuando llegó papa, me acerqué y le dije:

    Yo: papá quiero ir a vivir con mi tía Marta; tu hermana y estudiar computación en ese pueblo.

    Papá: pero hijo has pensado seriamente.

    Yo: si papa.

    Papa: y tu mamá que te dijo.

    Yo: lo que tu digas.

    Papa: bueno si así lo quieres te compraré una PC y te enviaré una pensión para que vivas tranquilo y pagaremos tus estudios desde aquí. Hablaré con mi hermana para que te dé la pensión y pagarle.

    Yo: está bien papa.

    Me dediqué a ordenar mi ropa y mis útiles de escritorio, total ya tenía mis 18 años, no había más ganas que de estudiar y ser yo; el día domingo de esa semana nos fuimos con mis padres a casa de mi tía; quien se alegró que iba a tener compañía más tiempo y que la casa iba a estar más llena.

    Tía: gracias Paul que has pensado en mi para estudiar yo te ayudare en todo lo que pueda hacer por ti, sobrino.

    Yo: gracias tía.

    Papa: hermana allí te lo encargo él es muy delicado y no te dará problemas.

    Tía: está bien hermano confía en mí.

    Esa tarde acomodé mis cosas y al día siguiente fui con mi tía al instituto a matricularme para estudiar computación; allí me tocó en un aula de chicos y no habían mujeres; mis fantasías eróticas aparecieron con fuerza iba a ver más hombres y esa noche soñé que era penetrado por 25 vergas de distintos tamaños, me hacían recordar la pinga de don Pancho, gruesa y larga entrando en mi ojete, hasta ahora me duele; así me quedé dormido desnudo de las nalgas, mojando mi verguita y con ganas de cachar.

    En las mañanas estaba con mi tía y le ayudaba con los quehaceres de la casa y de vez en cuando con sus cosas de artesanía, junto con la vecina que venía puntual a las ocho de la mañana, allí entre los tres trabajábamos la madera los dibujos y todo aquello referido a las manualidades.

    Vecina: tu trabajas bien estas cosas Paul, pareces una niña, eres muy delicado.

    Yo: je, je…

    Tía: no le digas eso a mi sobrino, él es muy rápido y nos ayuda mucho.

    Vecina: Si, y si fuera chica más rápido tal vez, es tan finito.

    En las tardes me iba al estudio y, allí conocí a mi primer amigo un chico extranjero Gunther, era de origen alemán, se sentaba cerca de mi carpeta y maquina…

    Gunther: Hola eres nuevo?

    Yo: si mi nombre es Paul tengo 18 años.

    Gunther: Yo tengo 22 años y estoy aprendiendo idiomas y cuando puedo me meto a estas clases.

    Yo: vamos a ser buenos amigos.

    Gun: Si, así será, yo vivo solo y casi no tengo amigos.

    Ese día a la salida fui al paradero del bus y allí encontré a Gun y,

    Yo: hola ya te vas?

    Gun: si y cual bus subes tu?

    Yo: el 35 y tú?

    Gun: Yo también hasta…

    Yo: Yo vivo por allí, entonces nos vamos juntos.

    Esto se convirtió una rutina y,

    Gun: Paul yo sé mucho de PC y tú sabes mucho de castellano, yo enseño lo que no sabes y tú me enseñas español, que dices?

    Mi cara se llenó de alegría y excitación y…

    Yo: Ya, donde lo hacemos en mi casa o en la tuya?

    Gun: en la mía, vivo solo y mis hermanos están en. no vienen a este país así nomás.

    Yo: Tienes hermanos? Así como tú?

    Él era blanco con el cabello como el sol, muy rubio, alemán, fuerte muy alto yo muy pequeño para él.

    Gun: si uno mayor de 25 años y otro de 18.

    Yo: bueno le diré a mi tía, desde cuando lo hacemos?

    Gun: desde este sábado si quieres le digo a tu tía, para que te dé permiso.

    Yo: si mejor y como vivimos cerca, no es necesario tomar bus.

    Él fue a casa y habló con mi tía quien aceptó, todos los días sábados en las tardes estaría en su casa aprendiendo PC y yo enseñándoles español.

    Ese primer sábado estaba en su casa primero empezó a enseñarme los ejercicios para PC, una hora, luego otra hora yo le enseñaba a modular el lenguaje, él se esmeraba mucho, yo empecé a mirarle el pantalón, si que se le notaba una verga grande, luego volvía a los ejercicios y luego al español hasta que se pasó el tiempo y me acompañó hasta la casa, en el caminó me contaba que sus padres tenía un negocio de venta de carros en su país y que sus hermanos, como el querían continuar ese trabajo, por eso él había venido a nuestro país para poner una filial y necesitaba manejar el español muy rápido; su hermano llegaría al otro mes a dejarle sus pensiones personalmente; estas lecciones se repetían con bastante cordialidad, en casa yo seguía ayudando en las tarde a mi tía; la señora que le ayudaba se hizo muy amiga mía y…

    Señora: tienes novia Paul?

    Yo: no señora.

    Señora: y no hay chicas que te gusten?

    Yo: todavía no conozco ninguna.

    Llegó el sábado y fui a su casa de Gun, salió y me pidió que lo espere en la PC que se iba a bañar, porque había ido hacer deportes, le hice caso y mientras practicaba, su baño quedaba frente al espejo y pude notar que lo hacía con la puerta abierta y, vi que tenía una verga grande y gruesa, con una cabeza como un casco nazi, se le notaba una verga rica, muy rosada, y no se le notaban las venas, muy suave; y note que mi ojete empezó a abrirse y, que delicia de verga; él no se daba cuenta que era observado, muy atlético y fuerte, no parecía, pero mi culo vibraba; cuando él salió con las bolas al aire se fue a su cuarto, salió minutos después oliendo rico. Esa tarde yo no aprendí nada, por pensar en esa verga. Ya en mi casa en la noche, me vestí de mujer y soñé que me la metía, una, dos tres muchas veces, que rica verga tenía Gun… mi culo se habría de deseo y mi verguita se paraba…

    Al día siguiente mientras le ayudaba a mi tía en sus tareas, ella me observaba, con una atención muy especial…

    Yo: que pasa tía?

    Tía: miraba tus ojos y parece que te hubieras pasado rímel y sombras.

    Yo me asusté no me había limpiado bien.

    Yo: te parece tía es que estaba dibujando y seguro me he manchado.

    Tía: si seguro.

    Me fui al baño a limpiarme, acomodé mi ropa secreta y volví a las tareas; de pronto mi tía sale con otra pregunta.

    Tía: te gustan los hombres o las mujeres Paul?

    No sabía qué hacer o decir…

    Yo: Tía porque dices eso?

    Tía: he notado que usas colonias muy femeninas y te cuidas mucho tus nalgas, por atrás pareces chica y, a mi no molesta que seas chica, mas guardaría el secreto a tus padres…

    Mi tía me desarmó y

    Yo: si tía, si ya te has dado cuenta. si me gustan los hombres y, visto de mujer cuando puedo…

    Tía: está bien Paul ese es tu problema, ya no tienes que fingir delante de mí, solo quiero que me cuentes lo que haces.

    Yo: si tía, y puedo andar así en la casa cuando estamos sin nadie.

    Tía: si no me afecta va a ser gracioso tener una sobrina, jajaja…

    Desde esa confesión vestía de mujer en casa y mi tía participaba, eligiendo mi ropa, sostenes, tangas, licras, cosméticos; parecía que quería tener una hija en mi, hasta salía conmigo; empezó a llamarme Paulina, y solo me vestía de hombre cuando iba al instituto o a estudiar con Gun, después no.

    Tía: dime Pau tiene pareja.

    Yo: no tía…

    Tía: te has acostado con alguien?

    Yo: quieres saber si a mis 18 años ya me han metido la verga en el trasero?

    Tía: sssi

    Yo: si, ya no soy virgen

    Tía: Te gustó, es rico?

    Yo: tu nunca lo has hecho, ere virgen por los dos lados?

    Tía: si.

    Yo: si tía es muy rico, conoces mucho de tu cuerpo cuando te la meten hasta dentro y…

    Tía: no sigas que me asustas.

    Yo: o te dan ganas de tener una entre tus piernas?

    Tía: ya no sigas y vamos a trabajar.

    Note que por sus piernas baja gotitas de líquido, se había excitado y le dio miedo sentir a su sexo vibrar, esa tarde estaba pensativa y cuando me fui a estudiar encontré a Gun en el camino y nos fuimos juntos, en el bus me apegué mucho a su cuerpo y pude sentir todo su calor y aroma de hombre, con mis nalgas pude gozar de su verga, y en un momento se puso dura y él se alejó, y…

    Gun: mira hay sitio vamos.

    Nos fuimos y terminó mi primer contacto con su verga.

    A la salida fue a buscarme para venir juntos, esta vez no vinimos sentados, no pude sentir su verga en mi culo.

    Gun: que clase tuviste.

    Yo: prueba escrita y mañana tengo examen.

    Gun: yo también tengo examen y voy a quedarme estudiando toda la noche.

    Yo: si quieres le pido permiso a mi tía para estudiar juntos.

    Gun: tú crees que te deje dormir en mi casa?

    Yo: vamos los dos y le decimos, si?

    Gun: está bien.

    Nos fuimos a casa; pero en mi mente estaba comerme esa verga blanca-rosada de Gun; exprimirla y dejarla sin leche, quería que mi culo goce, porque hace mucho tiempo no entraba ni un dedito. Llegamos a casa y junto con Gun llamamos a mi tía:

    Yo: tía mañana tenemos exámenes finales y queremos estudiar juntos esta noche en casa de Gun para mañana, así el me enseña y yo le hago practicar el lenguaje.

    Tía: y hasta que hora estudiaran?

    Gun: hasta que estemos listos, pero si vamos a descansar normal.

    Tía: Esta bien pero vienes temprano para desayunar.

    Yo: si tía.

    Entré a mi cuarto tomé mis pijamas y salí con Gun; el culo se me habría de felicidad, esa noche me tragaría la verga, y mi ojete estará bien abierto para él, si es que él no lo abre más.

    Llegamos a su casa y nos pusimos a cenar primero, luego a repasar las lecciones, eso si yo procuraba aprender mucho, porque si desaprobaba, mi tía no me dejaba volver a estudiar (y cachar) en la casa de Gun, el también hacia lo mismo, cuando le hacía practicar su lenguaje, yo miraba su verga con disimulo y se le notaba fuerte y grande; mi culito ya vibraba, sabía que esa noche se comería una salchicha alemana; cuando a Gun le tocó enseñarme en la PC, se ponía atrás de mis espaldas, sentí su respiración en mi nuca más agitada y rápida, creo que le estaban dando ganas a él también de apretarme, cuando después de dos horas terminamos él me dice:

    -Creo que ya estoy listo, vamos a dormir; tengo una sola cama grande y una chica; quieres dormir conmigo o en la chica tu solo?

    Yo: mejor dormimos juntos, hace un poco de frio.

    Gun: está bien, pero yo me baño antes de dormir, tu no?

    Yo: si yo también, pero tienes agua caliente.

    Gun: si, si quieres nos bañamos juntos?

    Yo: ya está bien, así ahorramos agua… Jajaja.

    Nos metimos a la ducha, él estaba muy caliente y su verga estaba flácida todavía, lo sentía con miedo; yo estaba a mil, quería mamarle esa verga y sentirla muy grande y dura, para que entre toda en mi culo.

    Gun: te enjabono la espalda?

    Yo: si no alcanzo yo solo.

    Gun: tienes la piel suavecita; y parece que tienes tetas de mujer, son muy grandes para un chico.

    Yo: si, mi madre también las tiene así, lo saqué de ella, pero también son suavecitas.

    Gun: puedo tocarlas.

    Yo: si, estamos solos y el secreto es tuyo y mío.

    Gun: se ven ricas, y tus nalgas son bien paraditas.

    Yo: también te gustan?

    Gun: si y mira como me has puesto.

    Me enseñó su verga y estaba como yo quería, bien al palo.

    Yo: ya si tú me besas las tetas yo te beso la verga; si tú me agarras las tetas yo te agarro la pinga, y si ya no puedes aguantar me agacho y me la mete por atrás.

    Gun: si, eso a harías por mí, porque desde que te vi me gustó tu culo.

    Yo: ya deja de hablar y cáchame.

    Gun empezó a mamarme las tetas con tanta suavidad que me arrechaba más, mis manos buscaban sus huevos y su palo duro y fuerte, blanco con cabeza de nazi; estaba muy caliente y eso me agradaba más, cuando me tocó mamarle su pinga, él no sabía qué hacer, parece que nunca se la habían chupado, me agarró y me volteo, y empezó a meterme su lengua al culito, sus manos apretaban mis tetas; yo seguía buscando su nabo, nuevamente me la puso en la boca y seguí mamando mi pinga alemana, y,

    Gun: ya quiero meterla…

    Me apoyó inclinado en la cama, me abrió los cachetes del culo y fuerte me la metió.

    Yo: despacio Gun quiero que sea larga esta noche.

    Él entendió y empezó a meterla hasta el fondo, pero fuerte y la sacaba despacio muy despacito, eso me hacía vibrar, luego fuerte enviaba hacia adentro para sacarla despaciiiito… que larga era esa verga… su cabezota se atoraba a la entrada del culo. luego me echó de largo en la cama, yo abrí mi ojete y él con todo el cuerpo fuerte se me tumbó encima y zasss enchufó a la primera su verga empezó un movimiento incesante, rápido muy rápido, yo sentía que sus huevos se peleaban por entrar también a mi culo, querían acompañar a la verga en esa incursión, lo sentí a caliente muy caliente, yo empecé a moverme en círculo y empujaba para arriba sentía que iba a chorrear, y se la saqué para chuparla y él me dice ahora me siento y tú te pones en mi pinga frente a mí, así lo hice y quede ensartado a su verga y él empezó a chuparme las tetas…que rico, me apreté a su cuerpo arriba y abajo y llegó ese momento para los dos sentí que se mojaba mi culo y mis tetas ya estaban muy duras, yo empecé a jadear y también a correrme con esa vergota en mi culito…

    -yaaa que riiicooo Gun….

    -Siii Paul que rico es tu culo, ya eres mi mujer…

    -si ya soy tuya, cáchame más y todos los días…

    -Si todos los días…

    Nos quedamos abrazados sintiendo que nuestros líquidos salían a chorros, los dos temblábamos de arrechura. Así amanecimos abrazados.

    Al día siguiente nos fuimos a dar los exámenes, pasamos por la casa de la tía y tomamos desayuno, mi tía nos dice:

    -Han estudiado bastante?

    Yo: si tía y sacaremos la más alta nota.

    Gun: si señora no le vamos a defraudar, las mejores notas.

    Salimos y nos fuimos, ya en el bus él me toma de la mano y me dice:

    Gun: eres mi mujer no lo olvides.

    Yo: si tú eres mi macho, nos vemos a la salida;

    -okey.

    Después del examen nos encontramos y…

    Gun: Tuve la más alta calificación, tu ayuda me sirvió mucho.

    Yo: yo también salí con la mejor nota, hay que celebrarlo.

    Gun: Si como anoche, tenemos tiempo y ya extraño tu culo.

    Yo: y yo extraño tu verga.

    Gun: si serás mi mujer… mi Paulina…

  • Maratón de madre e hijo

    Maratón de madre e hijo

    Yo entreno casi todos los días con mi madre, somos aficionados al running, principalmente ella, después de cumplir 40 años se puso obsesiva con su cuerpo. Mi padre mucho mayor que ella todo lo contrario, es un empresario que disfruta de los placeres de una vida burguesa, gracias a eso casi nos ignora y se mantiene alejado. Yo con mi madre vivimos en un piso de un edificio y mi padre aunque no está separado de mi madre vive en una casa fuera de la ciudad.

    Después de terminar mis estudios y sin tener necesidad de buscar trabajo en forma inmediata, mi padre no tiene ningún problema en mantenernos, pasaba casi todo el día en casa con mi madre ya que mis amigos empezaban a encontrar trabajo y empezábamos a vernos cada vez menos.

    Mi madre se llama Mariela y ahora tiene 43 años, yo soy Gabriel y tengo 22 recién cumplidos. Realmente parecemos hermanos, yo casi diría que ella está en mejor forma física que yo, su resistencia al cansancio es increíble, corremos 15 kilómetros diarios y ella casi siempre continua en casa con complementos de aparatos. Tiene unas piernas increíbles, la cola y la cintura de película, las tetas se fueron achicando con el entrenamiento pero siguen firmes y abultadas.

    Un día nos encontrábamos corriendo por un parque en una mañana templada y vemos varios afiches promocionando una maratón que se correría en la ciudad, daba fecha de inscripción a la misma y el lugar para hacerlo, que era una oficina municipal cercana.

    Cuando llegamos a casa el tema era el maratón, ella se había entusiasmado con entrar a la competencia, aunque no era para ganar sino para demostrar que ella podía terminarla. Enseguida me propuso que la acompañe en la hazaña. En principio yo dude, pero no tardó en convencerme.

    Quedamos que al otro día después de correr íbamos a pasar por la oficina municipal e inscribirnos.

    Ese día mi madre no dejaba de hablar del maratón, de cómo entrenaríamos y como sería la mejor forma de encarar el desafío. Estaba con más ánimo que nunca. Corrimos los 15 kilómetros como nunca antes, hicimos el mejor tiempo de todos los anteriores, ni siquiera nos amedrento el calor agobiante de esa mañana. Sudados de pies a cabeza decidimos encarar el trámite de inscripción.

    Llegamos con 38ºC a la oficina, había varios corredores tomando las planillas de inscripción, muchos de los cuales muchas veces cruzábamos en nuestro entrenamiento. Uno de ellos era un tal Alberto, un hombre de unos 60 años, menudo y muy flaco, nos empezó a contar de los maratones de los que había participado, de cómo encararlos, de la importancia de hidratarse y cómo y de la forma de mantener un ritmo. Una charla entretenida mientras esperábamos que nos atiendan.

    Mientras estábamos en la fila nos dimos cuenta que todos o la mayoría llevaba una hoja en la mano, pero realmente no le dimos importancia. Esperamos cerca de media hora hasta que nos toca el turno.

    Una empleada joven vestida de brillantes colores nos recibe y nos da una planilla para completar, información básica como nombre, edad, teléfono, domicilio. La completamos y se la entregamos, nos mira y nos pide el certificado médico de aptitud. Nos miramos y nos dimos cuenta que era ese papel que llevaban todos en las manos, tratamos de que nos aceptara sin cumplir ese requisito pero nos dijo que era imposible, que era un trámite normal en este tipo de competencias, que era un riesgo no hacerlo. Le consultamos si era posible que nos recomendará algún sitio para poder sacar el certificado y nos dijo que sólo nos podía recomendar un hospital público, que no estaba autorizada para darnos otra información.

    Salimos de la oficina con la planilla que habíamos completado entre las manos, ya que no la pudo aceptar. En cierta forma era lógico lo que pedía, era un riesgo encarar una maratón sin estar seguros de las condiciones físicas aunque suponíamos que no teníamos ningún problema.

    Estábamos parados en la acera del local municipal, bajo el intenso rayo del sol, cuando nos ve Alberto, el amable competidor con el que habíamos hablado. Les comentamos que nos pasaba.

    Alberto un hombre de experiencia en estas competencias enseguida nos dio la solución. Nos dijo que era un trámite rápido, que él se atendía en un consultorio de una médica de la zona, que era una muy buena profesional y conocía de estos certificados de aptitud ya que ella se los extendía a él, desde hacía veinte años en los que empezó a correr. Nos dijo que no nos hiciéramos problema que le haría un llamado para ver si nos podía atender.

    Fue una alegría saber que no deberíamos deambular por algún hospital o clínica y más que seríamos recomendados por alguien que conocía a la profesional.

    Alberto toma el móvil y llama a la doctora.

    -Hola doctora, le habla Alberto, como está.

    -blablabla.

    -Todo bien, la molesto por una pareja amiga que necesitan un chequeo médico para correr en el maratón de la semana próxima.

    -blablabla

    -jajaja, si, si, no hay problema, como usted diga.

    -blablabla

    -por suerte, yo ando bien, también voy a correr con ellos, ¿Se los puedo mandar ahora?

    -blablabla

    -Gracias doctora, ya les aviso.

    Termina su conversación con la doctora, que se llamaba Alicia y nos avisa que estaba todo bien, que nos pasaba la dirección para el chequeo y que la doctora nos iba a esperar. Que era algo de rutina que él se hacía muy seguido, una revisión general, un electro, nada de otro mundo. Le agradecimos y quedamos de vernos para la carrera. Como el consultorio quedaba a menos de un kilómetro decidimos ir corriendo para llegar más rápido y poder hacer todo el trámite ese mismo día.

    Llegamos a la puerta de un edificio, común, no parecía una clínica ni nada por el estilo, tocamos el timbre del portero eléctrico que nos indicó Alberto, una voz femenina nos dijo que subamos, piso 7 departamento B.

    Subimos al ascensor y el nuestro olor a transpiración era insoportable, no queríamos dar mala impresión pero queríamos terminar con el trámite y dejamos la vergüenza de lado.

    Llegamos al departamento y nos abre la puerta una joven médica, de no más de 22 años y nos invita a pasar, preguntamos por la doctora Alicia, nos dice que le iba a avisar de nuestra presencia. Por lo que vemos era un consultorio donde atendían varios médicos, en varias habitaciones, había gente en una reducida sala de espera, varios niños y dos ancianos sentados, junto a los padres de los niños. Esperamos parados, transpirados y con ropa deportiva, yo en pantalón corto y una remera, mi madre con una calza rosa hasta las rodillas y una musculosa, por donde asomaba un corpiño deportivo, eso que se cruzan por la espalda de color azul marino, no sentíamos observados y con justa razón por los pacientes, que eran padecientes de nuestros olores.

    Pasaron cinco minutos y el estar parados después de haber corrido y estar en un lugar cerrado y caluroso, no hizo transpirar mucho más, estábamos empapados.

    A los diez minutos llega una doctora muy mayor, aparentaba unos 70 años, aunque podía ser mayor, maquillada casi en exceso y nos llama.

    -Hola chicos, ¿A ustedes los manda Alberto?

    -Si (responde mi mamá)

    -Bien, acompáñenme

    Seguimos a la doctora por un pasillo, hasta un pequeño consultorio, con paredes blancas, una camilla, una balanza y sobre un pequeño escritorio lleno de papeles, un estetoscopio, un especulo y un medidor de presión arterial.

    -Chicos me comentó Alberto, un gran amigo mío, que necesitan unos certificados para correr con él en el próximo maratón, es un trámite fácil, por favor vayan llenando está planilla y vuelvo en un minuto, voy a buscar el aparato para electrocardiograma.

    Se va y nos deja llenando las planillas, como para una historia médica, nos miramos y nos reímos, mi madre me mira y me dice.

    -cree que somos novios, jajaja, se ve que es ciega la doctora, mejor no creo que tarde mucho con nosotros.

    Se abre la puerta y regresa con un carrito con el electrocardiógrafo, se ve que un poco viejo y usado pero funcional. Lo pone a un costado de la camilla y toma las planillas y las lee.

    -Bueno chicos, los voy a revisar.

    Mi madre enseguida le pregunta.

    -¿Doctora, quiere que salga Gabriel?

    -No, chiquita, no soy tonta, sé que ahora los novios no son como en mi época que no teníamos relaciones hasta casarnos, jajaja, quédate tranquila no les voy a contar a sus padres, anda sacándote la ropa y subí a la balanza que yo mientras le toma la presión a tu novio.

    A lo que respondió mi madre.

    -Pero estoy toda sudada, estuvimos corriendo, no quiero incomodarla, podemos dejar para otro día el chequeo y vengo bañada.

    -jajajaja, soy médico Mariela, no te preocupes, tu olor a transpiración es un perfume para mí, no te hagas problema estoy acostumbrada.

    Mientras decía esto la doctora me estaba acomodando en el brazo la manga del tensiómetro al tanto que mi madre, ya resignada, se comenzaba a sacar la calza y la musculosa y quedaba en ropa interior subida a la balanza. No podía alejar la vista de ese hermoso culo sudado, la pequeña tanga lo dejaba ver en su totalidad, estaba sólo a un metro de ese espectáculo. Mientras la doctora inflaba la manga y miraba el manómetro, auscultaba mis latidos.

    -el pulso es un poco acelerado pero está bien la presión.

    Anota en la planilla y se dirige a la balanza.

    -Bueno Mariela, a ver cuánto pesas.

    Mira y anota, luego le apoya una especie de regla en la cabeza de la misma balanza y mide su altura y lo anota.

    -Levanta los brazos.

    Mi madre hace caso y levanta los brazos. La doctora le toma por los costados el corpiño y se lo saca para arriba, mi madre queda con las tetas apuntando a la pared, por instinto se cubre con los brazos, al mismo tiempo la doctora toma su tanga de las tiritas de costado y se la baja hasta los tobillos, la deja completamente desnuda. Yo no lo podía creer, era un sueño.

    -Date vuelta.

    La hace girar y queda de frente y se baja de la balanza, ahora estaba unos veinte centímetros más cerca de mí. Le empieza a explorar las tetas, se las manosea y se podía notar en sus pezones que la excitaba, estaban hinchado y puntiagudos, y parecía que salían más afuera cuando apretaba los pechos con la mano. Tenía un primer plano de su vulva, completamente depilada, se veía una rayita roja se sus labios que se perdía entre sus piernas. Nunca vi a mi madre tan colorada, estaba roja de la vergüenza, tenía cara como de asustada y no me podía mirar, yo estaba muy excitado.

    -Por favor Mariela siéntate en la camilla.

    Mi madre obedece, mientras tanto, la doctora tomaba unas toallas de papel. Luego la acuesta en la camilla, le iba a explorar la vagina, yo podía ver todo como en HD, le arrima una luz y se podían ver los labios rojos y húmedos de su vulva, un fino hilo de baba caía sobre la camilla. La doctora toma dos o tres toallas de papel y se la seca, luego mete dos dedos y lo empieza a rotar en su vagina, mi madre con su mirada perdida en el cielorraso apretaba los puños. Yo estaba mirando la mejor película porno de mi vida.

    -Bueno todo bien, ahora colócate en rodillas sobre la camilla, te voy a explorar el ano.

    Mi madre hace caso, empezaba a acostumbrarse a mostrarse desnuda, parecía que le empezaba a gustar, le hace caso y con las tetas casi tocando la camilla abre bien el culo. La doctora arrima la luz y se pone vaselina en un dedo y se lo empieza a meter por el ano. Sin sacar el dedo le pregunta.

    -Mariela ¿Tuviste algún problema de hemorroides o alguna fisura?

    -No, que yo sepa.

    -Mira estoy viendo que el esfínter está un poco inflamado, puede ser un principio de hemorroides, no es nada grave, ves Gabriel, mira.

    Me hizo arrimar para ver de cerca, mientras sacaba el dedo del culo y con ese mismo dedo brilloso me señalaba el ano y lo tocaba.

    -Ves este globito, no es muy pronunciado, pero requiere un cuidado. Después le receto algo. Pero no tengas miedo Gabriel la vas a poder seguir metiendo por ahí. Jajaja. Pasa con muchos atletas, el ejercicio excesivo y el esfuerzo lo puede provocar. Bueno, Mariela te puedes acostar en la camilla y te hago el electro. Gabriel mientras sácate la ropa y sube a la balanza.

    Era mi turno, mi madre empezó a cambiar la cara de miedo y vergüenza por una sonrisa de venganza y placer. Era imposible pararme en la balanza sin que se me note la pija parada, trato de acomodarla para un costado del slip, pero era una tarea ciclópea. Mi madre estaba desnuda sobre la camilla mientras la doctora le hacía el electrocardiograma, la doctora miraba el dibujo de la tira de papel hasta una longitud que la deja satisfecha para dar fin a prueba.

    -Bueno, está todo bien Mariela. Te puedes vestir. Voy a medir tu altura Gabriel, a ver ponte derecho.

    Me apoya la regla metálica en la cabeza y anota mi altura, después me toma por los hombros y me hace girar para ponerme de frente.

    -Bueno, a ver te voy a revisar, bueno, bueno, bueno, jajajaja estos chicos como son, jajajaja

    Me iba a revisar los huevos y no tuvo mejor idea que bajarme el slip, al hacerlo la pija saltó como un resorte y la quedo apuntando a unos centímetros de la cara, empezó a reír y encaró a mi madre.

    -jajaja Mariela, esto es trabajo para vos, vamos hay que bajarla.

    -¿Cómo que bajarla?

    -Vamos no se la voy a bajar yo, para que esta su novia, dale chúpala un poco así acaba y se relaja, no se lo voy a hacer yo, jajaja

    Ahora la sonrisa era mía, mi madre clava su mirada en la mía pero enseguida la cara de pánico la cambia por una sonrisa y se arrodilla, acerca su mano y toma mi pene con firmeza retirando el prepucio del glande, lo mira un segundo y lo empieza a chupar como un helado. Rodea unos minutos el glande con la lengua y se lo mete en la boca, siento la succión de su boca y por instinto la toma del pelo para hundir el pene en su boca. Empieza a sacar y meter el pene en la boca y con cada embestida lo mete más adentro, le falta el aire, su nariz no da abasto con el aire que respira, pero sigue la embestida. De repente se detiene y se lo saca de la boca y tomando el pene con la mano le dice a la doctora.

    -¿Alicia me quiere ayudar?

    -jajaja no puedo soy una profesional.

    -pero cuál es el problema, él es su paciente y lo puede ayudar a relajar.

    -Bueno, si es así y no te molesta.

    Se arrodillo y mi madre le puso mi pene en su boca. La vieja doctora lo chupo con verdadera maestría, se lo tragaba completo mientras mi madre me chupaba los huevos. Empiezo a acelerar mi respiración, estaba a punto de acabar, mi madre se da cuenta y se lo saca de la boca a la doctora y se lo mete ella y empieza a succionar con fuerza, no tardó mucho en acabar con fuerza en su boca. Levanta su mirada y me muestra como traga toda la leche.

    La doctora termina de completar las planillas y nos da el certificado, tenía todo el lápiz labial corrido en la cara. Nos vestimos y nos despide con un beso en la boca.

    Salimos de la clínica con el papel tan deseado en las manos, estábamos listos para volver a la oficina y terminar el trámite, pero nos miramos y decidimos volver a casa corriendo.

    Nos olvidamos del maratón, desde ese día el maratón lo hacemos en casa, no podemos para de coger en cualquier lado de la casa, le lleno todos los agujeros, tengo una madre inagotable, dormimos y nos masturbamos juntos, estamos todo el día desnudos por la casa. Tomamos todos los cuidados para mantener las formas frente a los vecinos, mi padre o los conocidos. Ella me alienta a salir con otras chicas, cosa que hago y es algo que la excita y lo demuestra después que regreso a casa.

    Espero que nuestro secreto se mantengo a lo largo de nuestras vidas.