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  • Carlos mi novio, me propone incluir a un tercero

    Carlos mi novio, me propone incluir a un tercero

    Con Carlos ya tenemos una relación de mucha confianza, nos decimos todo. Carlos me tiene enamorado y cuando me llama o me propone algo soy el primero en aceptar, no le discuto. En ese escenario emocional es que poco a poco Carlos me ha propuesto incluir a otra persona, es un ex novio a quien conozco. Yo se que nos quiere como si fueramos su harem, en su fantasia el quiere a un grupo de maricones que estemos a su disposición. Acepté.

    Una noche me dice: hoy invite a Hugo, un italiano gay que fue su novio hace 5 años. Casi me mori de la impresión. A las 20 h en punto llegó. Precioso ejemplar con pinta de hombre, pero es mas maricon que yo. Cenamos, charlamos, ellos se pusieron al día, recordaron viejos tiempos. Hugo me miraba hasta que puso tema para charlar. Es diseñador y viaja mucho. A las 22 h nos pusimos a bailar, obviamente Carlos y su italiano bailaron lentamente a S. Getz, una música de jazz muy suave, fui por agua y al volver Hugo le tenia la mano puesta en el paquetón de Carlos. Senti celos.

    Entonces como adivinándome mis pensamientos Carlos me invita a bailar, me abraza y me besa en la boca. Ay dios, que placer y tranquilidad me da este hombre, como diciéndome, calma, tu eres mi novio ahora. Bailamos los tres, cada cierto rato nos besamos, Hugo besa exquisito, nos abrazamos y nos tiramos en la sala sobre la alfombra. Nos desnudamos y entre Hugo y yo le quitamos prensa por prenda a Carlos, hasta dejarlo desnudo, entonces turnandonos le hicimos una eterna mamada a quien proclamamos nuestro rey. Carlos era ahora nuestro amo y como es cariñoso, le pidió a Hugo que me besara entero y luego me pidió a mi que lo besara entero.

    Los besos de Hugo fueron exquisitos, sobre todo al meter su lengua en mi agujerito anal. Besar a Carlos es delicioso, pecho peludo, piernas peludas, pies grandes que bese apasionadamente, tambien bese sus axilas y su raja de hombre; luego me sente en su cipote y me deje penetrar… oh que placer. Mientras tanto, Hugo le ofrecia su pene que Carlos disfrutaba como si fuera una fruta. Luego nuestro rey nos pidió -a Hugo y a mi- que nos pusiéramos en 4 uno al lado del otro, y nos fue penetrando en intervalos de 3 a 4 minutos. Sentir que una verga de macho, que viene mojada, se te entierra en el ano es un placer inconmensurable.

    La acabada fue espectacular, lo mamamos y nos eyaculó en los ojos a Hugo y a mi. Finalmente nos pidió que nos masturbaramos en su culo y eyaculáramos en su espalda, obedecimos sumisamente. Esa noche dormimos los tres abrazados, y la experiencia con un tercero fue muy grata. Quedamos en repetir. Estoy enamorado.

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  • Mi primera vez inesperada en el gym

    Mi primera vez inesperada en el gym

    Me llamo Ramiro, tengo 19 años y soy un chico promedio: 1,70, 65kg, algo delgado con facciones de nena, según mis amigos. Me mantuve virgen hasta hace dos meses y quiero contar mi experiencia por si alguien me quiere escribir y guiar, porque me siento totalmente perdido. Dejé mi virginidad casi por azar, no tuve nada más allá de besos y toqueteo con mujeres, pero llegado el momento no se dio. También dos veces se me insinuaron hombres y rechacé la oferta. Miraba mucho porno, tanto hetero como gay, y pasaba feliz así hasta que llegó el fin de clases y mi papá me obligó a ir a trabajar.

    Él dijo que me pasaría el verano vagando y eso no era bueno. Me puso en la entrada de uno de sus tantos gimnasios; tenía una cadena de ellos y me puso de 14 a 22 h, hora en la que yo debía cerrar; previamente limpiaba y ordenaba. Había un socio que hacía pesas, venía a las 20:30 h y se quedaba siempre hasta último momento; él llamaba mi atención por su tamaño, debía medir como 1,85 y era enorme, no lo sé, debía pesar mucho. Yo de tarde ordenaba los discos y lo veía levantar pesos inmensos. Un día miré su ficha de socio y vi que tenía 42 años el señor.

    Si bien yo me masturbaba con porno gay, como ya lo dije, no había tenido nada con hombres y tampoco me excitaba la idea; solo me excitaba con los videos y nada más. Fue un miércoles en el que faltaba media hora para cerrar, hacía mucho calor; yo ya estaba ordenando mientras el último socio que quedaba, que era él, Mario.

    Siempre me saludaba muy educado, pero yo me quedaba con la impresión de que quería decir algo más, no lo sé, una impresión, pero me parecía sentir su mirada sobre mí. Llegué a pensar que solo lo imaginaba. Terminé de juntar todo y, antes de irme, pasé por el vestuario a darme una ducha; estaba en ello tranquilo hasta que Mario entró a las duchas y justo a la que estaba enfrente de mí. Como todo vestuario, no había separaciones y quedábamos todos a la vista. No me inmuté demasiado.

    Él me dijo:

    —¡Hoy sí entrené pesado! ¡Qué calor!

    —Sí, yo morí de calor ordenando nomás. Le contesté y seguí enjabonándome.

    Tenía a Mario enfrente y de repente no pude evitar mirarlo. Como dije, era un hombre muy grande y tenía un pene descomunal. Él se movía y su pene se balanceaba con la cabeza afuera del prepucio. Me tuve que dar vuelta de apuro hacia la pared porque me había excitado y se me había parado el pene, ¡qué vergüenza! No creí que me fuera a excitar así; solo rogué que él no se hubiera dado cuenta.

    —Oye. Me dijo desde su ducha. —Tienes la cola bien blanquita y formada… casi como una chica.

    Eso no hizo más que ponerme más empinado; sabía que él me estaba mirando el culo con su verga y esos huevos colgando y solo podía seguir de espaldas y sin contestarle; me pareció lo más prudente. No sé cuánto tiempo transcurrió, pero seguí enjabonando mi pecho, mirando los azulejos blancos, hasta que sentí una mano en el hombro. Me pegué un susto tremendo, me di vuelta de golpe y ahí estaba Mario delante de mí.

    —¿Te ofendí? Me dijo.

    No sabía qué decirle, estaba en un estado de confusión total; solo me di vuelta y miré la pared.

    —Oye, lamento si te ofendí con mi comentario. Dijo. Es que no tengo filtro para hablar, me pareció muy rica tu colita y solo lo dije…

    —Es… está bien… no hay problema. Siempre que me ponía muy nervioso tartamudeaba, desde niño.

    —Seguro no te molestó. Moví la cabeza en señal de no.

    —Qué bueno. Dijo. Y sentí una mano en mis nalgas. Ummmm… bien firme lo tienes aún. Y siguió tocándome y yo lo dejaba hacer; no podía salir de la situación, por un lado incómoda y por otro tan excitante. Nunca me habían acariciado el culo y, para mi sorpresa, me estaba gustando mucho; solo esperaba que él hiciera. Siguió tocándome hasta que pasó su mano hacia adelante y cerró mi ducha, me tomó de los hombros sin hablar y me dirigió hasta el frente del banco del vestuario, me hizo inclinar con la cola hacia afuera y enseguida empecé a sentir cómo me besaba las nalgas, me pasaba la lengua. Yo seguía sorprendido de lo que estaba dejando que pasara y muy excitado.

    De a poco me fue abriendo las nalgas hasta que sentí su lengua en el agujero del culo; una corriente de placer me recorrió todo el cuerpo. Me pasaba la lengua y me sorbía el agujero del culo; yo ayudaba sacando bien para atrás la cola y separando las piernas; me gustaba mucho lo que sentía. De golpe paró, me tomó como si fuera un muñeco de plástico y me sentó, quedando frente a mí con su verga a la altura de mi cara. No hacían falta palabras, era la verga más hermosa y grande que había visto en mi vida y la primera de verdad; la tomé con una mano, era inmensa y gomosa, se la empecé a pajear y empezó a crecer de una forma descomunal.

    —Chúpala, lindo. Me dijo.

    Abrí la boca; apenas cabía la cabeza de su pene dentro…

    —Mmmm… qué rica boquita… Dijo Mario que empezó a mover su cadera hacia atrás y adelante. Empezó suavemente, pero se empezó a excitar y la metía y sacaba, pero la metía tan adentro que me hacía arcadas.

    —Uggg

    —Te cojo la boquita, putito.

    Y seguía mete y saca su verga.

    Podía sentir lo que atribuí a líquido preseminal; estaba a punto de correrse en mi boca. Eso me excitó tanto que me empecé a masturbar mientras él se agarraba la verga y me ponía los testículos en los labios.

    —Bésame los huevos… mmm…

    Le lamí los huevos enormes, los besé, me encantaba.

    Paró de golpe, me movió de nuevo, me puso transversal en el banco en cuatro y apoyó todo su peso y su verga y sus huevos en mi culo.

    —Ahora te voy a hacer la colita y te voy a preñar, putita…

    —Espera, es muy grande, ¡nunca lo hice!

    —¿Tienes el agujero del culo virgen? ¡Ja, ja, ja! No me lo creo. Exclamó entre risotadas.

    —¡Es en serio! ¡Me vas a lastimar!

    —Mmmm… va a ser difícil… ya sé. Dijo.

    Se movió y sentí mojado en el culo; me estaba pasando jabón, me metió un dedo o dos adentro del culo y pasaba jabón. Me trabajó hasta volverme loco de placer; sentía sus dedos dentro de mí abriéndome bien el ano.

    —Esto va a hacer que te entre más fácil. Dijo.

    —¿En serio? ¡Es enorme! ¡Por favor! ¡No me hagas daño!

    —¡Calladito! Exclamó.

    Sentí la cabeza de su verga ardiendo en la entrada de mi culo y de golpe un dolor como si se me hubiera roto el ano.

    —Aaay nooo…

    —Tranquilo, ya entró la cabeza, ahora entra toda sin problema.

    —¡No, no, por favor! ¡es muy gruesa! ¡larga! me dueleee…

    No le importaba, seguía empujando suavemente pero constante, metiendo su enorme verga adentro de mi culo; cada milímetro que entraba era un tormento, sentía mucho dolor.

    —¡Aaay, nooo, por favor!

    De golpe hizo un empujón y sentí sus huevos peludos en mis nalgas; me arrancó un grito de verdadero dolor tener esa verga toda adentro.

    —Aaaa… nooo

    —Ya está toda, gózala, cómo aprieta ese culo, debo creerte que eras virgen, ahora ya no, ¡¡ja ja ja!!

    Y empezó a cogerme el culo; me sujetaba tan fuerte con sus enormes manos que era imposible moverme. Metía su verga adentro de mí y yo sentía que me empalaban con un fierro caliente, incapaz de moverme y sentir tanto dolor.

    —Te voy a llenar el culo de leche, putito. Dijo y aceleró su ritmo; me sentí mareado de dolor. Él seguía metiendo y sacando su verga de adentro de mí con ritmo…

    Sus huevos rebotaban en mis nalgas y su peso me echaba hacia adelante. Cada vez que me la metía bien a fondo, el dolor se iba y sentía otra cosa. De mi verga caía leche; a cada empujón de él, yo echaba chorritos de mi leche. Era algo que nunca soñé, me sentía tan puta…

    Él se dio cuenta.

    —Muy bien, putita, se te cae la leche…

    De repente se quedó completamente quieto y pude sentir cómo su verga escupía leche dentro de mi culo.

    —¡Aaaah que rico! aaah…

    No paraba de llenarme el culo de leche hasta que la sacó con un solo movimiento desgarrador, se paró delante de mí y me dijo:

    —Tuya, límpiala.

    La miré, había sangre mía en la verga y la chupé junto al semen.

    Él me hizo chupársela bien; yo me quedé en 4, incapaz de sentarme por el dolor. Él se fue a la ducha, abrió el agua, se duchó como si nada, se vestía al lado mío y, al retirarse, me dijo.

    —Cuando quieras más, me avisas.

    Pasaron dos semanas de esto. Él sigue yendo al gimnasio; aún me duele el ano. Él se hace el amigo, el agradable; cuando me ve, solo me habla y me dice cosas dulces y que quiere mi cola. Yo tengo muchas ganas de estar de nuevo con él…

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  • Los pies de mi amiga Carolina

    Los pies de mi amiga Carolina

    Carolina es una chica que conocí en la universidad. Casi siempre estábamos juntos en la facultad; hacíamos trabajos y tareas juntos, íbamos a desayunar, ella iba a mi casa y yo a la suya. El punto es que agarramos mucha confianza.

    Una vez teníamos que hacer un trabajo final, lo hicimos en su casa. El día que lo terminamos compramos cerveza y pizza. Nos sentamos en el sofá y pusimos una película.

    —Tengo calor—. Dijo mientras se quitaba los tenis junto con los calcetines y subió sus pies en la mesita de centro. Ponía más atención a sus pies que a la película porque hasta ese día no había visto sus pies desnudos, a lo mucho la veía con flats por lo que para mí ver sus pies se había convertido en una obsesión.

    —¡Deja de verme los pies! —dijo de repente—. ¡No me digas que te gustan las patas!—. Dijo riéndose.

    —Esteee no… bueno, me gustan tus pies, son muy bonitos—. Respondí nervioso.

    Me vio, estiró su pierna frente a mí y puso la planta de su pie en mi cara.

    —Huélelo—. Me ordenó.

    Acerqué mi nariz y aspiré lentamente su planta, tenía un fuerte olor a patas, era delicioso e inmediatamente empecé a excitarme.

    —Ahora chúpalo—. Puso sus dedos en mi boca.

    Comencé a lamer todo su pie; planta, talón, dorso, dedo por dedo, estaba extasiado con el delicioso aroma de su piel, ella solo me miraba y reía.

    —Jajaja ya se te paró—. Dijo burlona.

    —Jálamela con los pies.

    —¿Cómo se le dice a eso?

    —Footjob.

    Me desabrochó el pantalón y sacó mi verga, abrió bien los ojos.

    —La tienes de burro jajaja.

    —Je no tanto pero sí.

    Empezó a jalármela con sus piecitos. No tardó mucho y se puso de rodillas y empezó a mamármela, desesperada, metiéndosela hasta el fondo de la garganta.

    La puse de pie, le quité los jeans, me empujó hacia el sofá y se subió en mí, se quitó la playera y empezó a cabalgarme.

    —Te mueves muy rico Carito.

    —¿Sí? ¿Te gusta?—. Decía casi sin aliento.

    Le chupé las tetitas y sus pezones paraditos.

    —Ven, vamos a mi cuarto.

    Me terminó de desvestir, la puse boca arriba, fui directamente a su conchita húmeda y con vello crecido.

    —Me gusta hairy.

    —Jajaja tú y tus fetiches, mejor cállate y métemela.

    —¿Tienes condones?

    —Noup, cuando te vayas a venir sácala… y a parte no me gusta coger con condón.

    Entré en ella, estaba estrecha y calientita. Le mordía los pezones, el cuello y los labios, Caro gritaba y apretaba muy rico.

    La puse en cuatro, besé sus nalgas y su culito.

    —Por atrás no, de una vez te digo.

    —¿Lo has hecho por atrás?

    —No wey, ¿quién crees que soy?

    —OK ya entendí jajaja.

    La agarré firmemente de la cadera, me escupí en la verga y entré lentamente en ella, Caro soltó un gemido fuerte y levantó las nalgas. La agarré del cabello y lo jalaba con fuerza aumentando mis embestidas.

    —¡Ayyy sí qué rico! ¡más fuerte! ¡aaah!—. Chillaba ella.

    —¿Te gusta así zorrita?

    —¡Sí! ¡Nalguéame!

    Le daba duro en las nalgas mientras la jalaba del cabello sin detener la penetración, Caro se vino y quedó rendida en la cama. Estaba a punto de venirme dentro de ella pero la saqué inmediatamente, solté un fuerte gemido y me corrí en sus plantas, me exprimí la verga para vaciarme todo en sus pies. Me tiré a su lado.

    —Siempre pensé que había cierta tensión sexual entre nosotros.

    —¿Por qué pensaste eso?—. Dijo limpiándose los pies con mi playera.

    —¿No te gusto?

    —¿Para novio?

    —Sí.

    —Sí iii pero puede haber confusión porque acabamos de tener sexo, mejor hablémoslo “sobrios”.

    —Je de acuerdo.

    —¿Tienes otro fetiche?

    —Sí.

    —¿Cuál?

    —Doble footjob.

    —¿Que dos morras te la jalen con los pies?—. Respondió riendo.

    —Sí.

    —Estás bien loco.

    En un cumpleaños ella y una de sus amigas hicieron realidad esa fantasía. Tal vez se las cuente.

    Digamos que este encuentro sirvió para “reforzar nuestra amistad”.

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  • Mi vecino del fin de semana (4)

    Mi vecino del fin de semana (4)

    El celular de Justi dejó de sonar. Yo seguía desnudo dentro de la pileta, haciéndome una hermosa paja. Justi tomó el celular y lo trajo al borde de la pileta, esperando que volviera a sonar.

    -¿En qué estábamos?, me dijo metiéndose de nuevo al agua.

    -En esto, le respondí, volviendo a besarlo y acariciarlo con ansia. Nos pajeamos mutuamente varios minutos sin dejar de chuponearnos cuando volvió a sonar.

    -Es mi mujer, video llamada. ¿Cómo estás preciosa?

    -¿Dónde estabas que no respondías?

    -En la pileta, con Flavio. Me asomé a la pantalla y saludé a Nina, sin dejar de tocarle el culo y la poronga al Justi, aprovechando que ella no podía ver lo que yo le hacía a su marido.

    -Ya deben haber comido algo, supongo, dijo ella.

    -Comimos algo de lengua entre los dos y también Flavio se comió un par de salchichas.

    -No había lengua en casa, y las salchichas no sé de dónde las habrás sacado.

    -La lengua la trajo él, le mostró mi cara sacando la lengua, y yo tengo salchicha acá. Siempre tengo algo a mano.

    -Estaban muy ricas las salchichas que me comí, agregué yo con una sonrisa de placer.

    -¡Qué cara de putos tienen los dos!, dijo Nina.

    -¿Por qué cara de puto? preguntó Justi sonriendo.

    -Porque te conozco.

    -¿Y a mí por qué puto?, pregunté haciendo mohín con la boca.

    -Porque me los imagino a los dos ahí juntitos.

    -Es para responder la video llamada, atiné a decir, con voz algo jadeante.

    -Igual nos vamos con Luli a un boliche gay por acá cerca. No sé a qué hora volveremos.

    -Que se diviertan. Nosotros no nos quejamos.

    -Mostrame cómo la están pasando, le dijo Nina al Justi.

    Él me susurró al oído:

    -¿Te animás?

    Ahí nomás, frente a la pantalla del celular, le di al Justi tremendo y largo beso de lengua.

    -¡Putos! Me hicieron calentar, y cortó la llamada.

    Dejó el celular en el borde de la piscina con cuidado, apoyándolo sobre una reposera plegada con la pantalla hacia nosotros. por lo que debió darme la espalda. Aproveché para ponerle mi pija entre los glúteos y rodear su cuerpo por detrás para acariciar su torso y sobarle la pija. Le dije al oído si quería seguir donde habíamos quedado. Asintió resoplando e inclinando su cuerpo sobre mi hombro. Lo besé en la boca con avidez, me respondió con lengua a fondo y nos chuponeamos un buen rato.

    Lo volví a colocar en el descansillo de la pileta, con su ano a la altura de mi boca y volví a mi faena de lamerle al agujero y meterle la lengua hasta donde podía, Gemía y jadeaba, le metí un dedo, dos dedos entrando y saliendo para dilatarle el ano lo más posible y luego tres dedos que absorbió con gusto durante un buen rato.

    Nos subimos al descansillo y lo puse de pusiera de rodillas apoyado en el borde de la pileta. Se acomodó y arrimé la punta de mi pija a la entrada del ano, apoyé despacio mi poronga en su agujero y lo penetré lentamente, con suavidad, aunque me sobraban las ganas de hacerlo más rápido. Pude controlarme y muy despacio vencí la primera resistencia y se la fui metiendo hasta el fondo. Me quedé quieto y me incliné sobre su espalda para preguntarle cómo la sentía. Sólo suspiró largamente y empujó su cuerpo hacia atrás.

    Lo empecé a coger, estaba muy caliente y lo tomé de la cadera para penetrarlo más. Acompasó el movimiento de su cuerpo a mis acometidas y nos fuimos dando placer mutuamente varios minutos. Cuando parecía que estaba por acabar, me detuve con la pija en su ano y lo hice incorporar hacia atrás, sobre mi hombro, para besarlo y acariciarlo, llegando hasta sobarle la verga, de cuyo glande noté que salía líquido pre seminal, lo que me puso como un burro. Lo miré a los ojos:

    -¡Cómo me gusta cogerte!

    Suspiró, me besó largamente, me devoré su lengua, nos movíamos cogiendo casi parados. No me alcanzaban las manos para abrazarlo, acariciarlo y sobarle la pija. Se aferró a mis nalgas con desesperación, moviendo su cuerpo como una odalisca, acabé dentro de su culo con una suerte de alarido apagado contra su cuello, lamiendo y besando su piel, me temblaba todo el cuerpo.

    Me fui calmando, sin dejar de besarlo y chuponearlo. Me comí su lengua casi hasta atragantarme, le volví a decir que su lengua era como una pija para mí, pero que ahora quería la otra, la que tenía en mis manos. Muy despacio nos separamos y se sentó en el borde de la pìleta, apoyado con los brazos hacia atrás y la poronga apuntando al cielo.

    Me arrodillé, le abrí las piernas y me apoyé en sus muslos, bajé la cabeza y empecé a chuparle el glande, las venas, el tronco, los huevos, subí por el tronco y me concentré en lamerle y sorber el glande, mirándolo a los ojos. Me encanta hacer eso, mirar a los ojos del dueño de la pija que me estoy comiendo, verlo gozar, gemir, suspirar, jadear, mientras me trago toda su poronga, sobre todo cuando chupo goloso el glande, con esa piel tan suave, delicada que invita a no abandonarla.

    Por eso, hacía lentos los movimientos de bajar y subir la chupada para que durase más tiempo, hasta que tensó su cuerpo, se arqueó para atrás y acabó en mi boca con varios espasmos y chorros de leche no tan espesa, por las cogidas que me dio antes. Chupé todos sus jugos, que me supieron a gloria, seguí chupando para mantener esa pija parada, me volví y delicadamente me senté sobre él, guiando con mis manos su poronga aún dura hacia la entrada de mi ano, que la recibió gozoso, ávido, anhelante, apretando y aflojando esfínter por instinto.

    Al punto, comenzó a moverse empujando su cuerpo hacia mí, hacia arriba, empalándome a fondo y arrancándome suspiros de placer y jadeos de calentura. Giré mi cabeza para mirarlo, vocalizando ¡Más! Aceleró sus embestidas, comenzó a girar su cuerpo como cuando lo cogía yo. Me volvió loco de lujuria, me desesperaba, me daba más.

    Recuperé el aliento, le pedí verlo:

    -¡Te quiero ver cómo me cogés! Pero no quería que saliera de mi culo, aunque fue inevitable. Nos soltamos, me recosté de espaldas en el borde de la pileta, levanté las piernas y me la volvió a poner. Se recostó sobre mi pecho para besarme apasionadamente sin dejar de moverse dentro de mí. Lo tomé del pelo para besarlo con más fuerza y crucé mis piernas sobre su espalda. No quería que se terminara nunca esa cogida.

    Y, gracias a la calentura mutua y a la pastilla azul, duró bastante, un montón, incluso se me llenaron los ojos de lágrimas de placer. Me preguntó si me dolía, lo negué con la cabeza y al oído le dije que me gustaba mucho como me estaba cogiendo y que me siguiera dando, besándolo con frenesí. Acentuó su vaivén, sus movimientos de pelvis, me llevó los brazos hacia atrás, como sometiéndome. Lo dejé hacer, estaba gozando a centímetros de mis ojos. El placer que yo sentía era exasperante, se lo dije al oído, sofocado:

    -¡Buenísimo polvooo!

    Me sonrió, me derretí y lo besé por enésima vez. -Cogeme mucho, dame toda la que tenés, le rogué. Empezó a hacerme la paja porque yo estaba de nuevo al palo. Le acaricié el torso, los pectorales y los abdominales que tanto había saboreado, me dejé llevar, me siguió cogiendo, me horadaba como si fuese un martinete. Lo recibía con gusto, tratando de absorber sus acometidas lo más adentro posible, empujando mi pelvis hacia su cuerpo, hasta que se tensó, gritó ¡Ahí voy! y me acabó adentro del culo otra vez, mientras yo me pajeaba.

    Se recostó sobre mi cuerpo sin dejar de moverse, le abracé la espalda, lo besé frenéticamente, acaricié sus firmes y redondos glúteos. Con el solo franeleo, meneándose y frotando su cuerpo contra el mío, me hizo acabar a mi vez, besándome con dulzura y de pasión. Jadeamos unidos varios minutos, retomando los besos de lengua a fondo a cada rato. ¡Qué cogida intensa! ¡Me sigue latiendo el culo! Lo recuerdo y me relamo, me mojo mientras escribo pensando en repetir tantas veces como pueda.

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  • Mi joven esposa (3): El acuerdo

    Mi joven esposa (3): El acuerdo

    Tras lo de aquella noche, hubo un cambio que se hacía notar, Yes se había vuelto más intensa, se arreglaba con mayor esmero y había un brillo en sus ojos cuando se iba a la oficina, al regresar todo era un juego subido de tono, buscaba desesperadamente llegar a la cama, se podría decir que se encontraba en un estado muy hormonal.

    Cuando por fin estábamos en la recamara, ya sin preguntarle, ella me platicaba sobre su día, aunque no todos los días don José la esperaba por las mañanas, a ella le bastaba con verlo en la calle al regresar, pues él siempre estaba con los amigos jugando domino y bebiendo como si no tuviera ninguna otra ocupación, al pasar ella misma era quien saludaba, les daba el “buenas tardes” a todos los presentes, pero en el fondo, a ella solo le importaba que don José la notara.

    Un día al entrar la note super nerviosa, pero con la cara al rojo vivo, me platico que venía bajando por la calle y vio un bullicio entre varias personas, no le tomó importancia hasta que pasó de cerca, eran don José y su esposa, que discutían mientras un grupo de los chicos casi lo arrastraban pues estaba muy borracho, le escuchó decir a su esposa que la discusión era por el estado inconveniente en el que venía, pero también porque había tenido que ir por él a la casa de otra mujer.

    Yes paso rápido por la escena, pese a todo les saludo y pudo ver como pese a estar discutiendo, don José se tomó el tiempo de voltearla a ver, sintió como le recorrió con la mirada, ese día ella había salido con una falda corta de color negro, una blusa blanca entreabierta y un saco entallado, sumado a unos tacones altos negros, toda una chica de oficina.

    Al verla en ese estado, era evidente que buscaba apagar sus ansias, esto se había hecho común, de tanto fantasear en la cama y del verlo día a día, se estaba creando en ella una necesidad sexual difícil de satisfacer, esto me comenzaba a preocupar, no solo porque el ritmo físico en algún punto fuera difícil de sostener, sino porque estaba seguro que todo lo que habíamos conversado iba en serio.

    Ella me platicaba todos los días sobre si lo veía o no, lo que me decía que estaba a la expectativa, como adolescente enamorada en busca del chico que le gusta, lo que me decía sobre él, lo hacía ver como un borracho, sin ocupación, abusivo, machista, mujeriego y hasta sin respeto por su esposa, y eso en vez de causarle desagrado, parecía que lo hacia mas atrayente para ella, me comencé a dar cuenta que, en su mente, Yes estaba idealizando a don José no como hombre, sino como macho.

    Todo esto me tenía muy pensativo, no era la primera vez que fantaseaba con mi pareja sobre acostarse con otro, aunque lo había intentado en otras ocasiones no lo había podido concretar, mis demás parejas no habían tenido la comunicación que Yes tenía conmigo, nunca había tenido la conexión ni la confianza con la que contaba en ese momento con mi esposa, pero ahora que tenía la aprobación de Yes, ya no estaba tan seguro de si iba a poder asimilarlo.

    El estado hormonal en el que ella se encontraba me hacía pensar en que, si dejaba que pasara, las cosas se nos podrían salir de las manos, ideas como “y si le gusta más como lo hace don José”, “si le permite cosas a él que a mí no”, “y si los vecinos se enteran”, aún peor, “si mi familia se entera”, “Yes sería capaz de dejarme por él”, esas ideas no me dejaban dormir, pero a la vez, provocaba una excitación en mi persona, solo me debatía entre qué era más fuerte, mi miedo o mi deseo de verla con otro.

    Con el insomnio, comencé a despejar mis inquietudes a través del internet, realizaba búsquedas sobre los cuernos y la infidelidad, encontraba artículos hablando sobre las cosas comunes como los problemas que estos representaban para el matrimonio, pero entre todos estos artículos había algunos que hablaban sobre la infidelidad consentida, marcándola como una nueva tendencia en la vida sexual de las parejas, una parte del mundo swinger o una variante.

    Con la misma inquietud e insistencia de mis búsquedas, llegue a páginas de relatos eróticos, donde había toda una sección que trataba el tema, las personas de las comunidades expresaban sus inquietudes, fantasías y experiencias reales, relataban sobre cómo sus parejas mantenían relaciones con otras personas, vecinos, jefes, amigos, etc., aunque en las comunidades de gente común la infidelidad era tratada como un tema inmoral, en estas comunidades era visto como una nueva forma de vivir la sexualidad en pareja.

    De poco en poco me llene de información sobre este estilo de vida, indague en los sitios de videos, había miles de videos sobre personas siendo infieles a escondidas, pero también estaban aquellos que lo hacían en complicidad con su pareja, pude comprobar que esa fantasía no solo estaba en la imaginación de las personas, en verdad existían personas que lo realizaban.

    Incluso había quienes grababan los encuentros sexuales de su pareja con otros mientras ellos estaban presentes observando, grabando y masturbándose, eran situaciones perturbadoras pero muy atrayentes a la vez, todas estas prácticas estaban ahí en la red, escondidas y a la vez, a la vista de todos, existía toda una comunidad en las redes sociales apoyando y viviendo este estilo de vida, que tenía un nombre propio, “cuckold”.

    Así, con el nuevo mundo encontrado, todas las experiencias que las demás parejas vivián, sumado a la actual situación con Yes, me hizo tomar la decisión de hablar con mi esposa. Una noche durante la cena me sincere con ella, comencé a expresarle mi inquietud y le mostré ese nuevo mundo, le explique en qué consistía el cuckold, y le mostré imágenes y videos muy sugestivos, a diferencia de lo que he escuchado de otras parejas, Yes no mostró desagrado, todo lo contrario, se mostró muy interesada, observó los artículos y el material que le mostré, al finalizar, solo me miro y me preguntó directamente.

    Y: entonces, ¿esto es lo que quieres?

    K: en verdad me atrae la fantasía de verte con otro

    Y: ¿pero quieres que lo hagamos realidad?

    K: creo que sí, no estoy tan seguro, dicen que las parejas que lo practican necesitan tener una relación sana y una mentalidad abierta

    Y: ¡yo creo que si cumplimos esa parte!

    K: bueno, yo también lo creo, pero no sé cómo me lo puedas tomar

    Y: tenemos fantasías, en la cama hablamos mucho de ello y me ha generado una gran inquietud, siendo sincera si me llama la atención esa práctica

    K: ¿no crees que es raro que te lo pida?

    Y: puede ser raro, pero siempre has sido algo raro, por eso me gustas tanto

    K: pero si lo llevamos a cabo, tenemos que poner condiciones

    Y: ¿cómo cuáles?

    K: pues ya sabes, cómo, dónde, con quién

    Y: pensé… que querías que fuera con don José

    K: ¿de verdad quieres que sea con él?

    Y: la verdad es que todo lo que jugamos en la cama me ha provocado mucho ese deseo, pero si tengo miedo de algunas cosas

    K: ¿qué cosas te dan miedo?

    Y: ya que estamos siendo serios, si me da miedo por su forma de comportarse, además, si tuviéramos algo puede que después ande diciéndole a los demás y se termine enterando la familia

    Escucharla me daba un alivio, pensaba de la misma manera que yo, la fantasía era una cosa, pero llevarla a cabo podría ser más complicado de lo que imaginamos.

    K: entonces, ¿no estarías dispuesta a hacerlo con él?

    Y: no me mal entiendas, como mujer si deseo estar con don José, pero los riesgos son muy altos, tendríamos que pensarlo muy bien

    K: ¿eso qué quiere decir?

    Y: quiero que consideres las posibles consecuencias, pero quiero que seas tú quien decida y asumas los riesgos, al final a mí me verán como una mujer promiscua, pero a ti, todos los vecinos y tu familia te verán como un “cornudo”

    Sus palabras me cayeron como balde de agua fría, era verdad que todo podía terminar en un problema familiar, pero ya tenía las cosas sobre la mesa, era el momento de decidir qué rumbo tomaría nuestra relación, además, el hecho de escucharla decir la palabra “cornudo”, me provoco una erección, sabía que eso era lo que quería, entre tantos pensamientos me quedé un momento en silencio que ella volvió a interrumpir.

    Y: estoy esperando tu respuesta

    K: es verdad que quiero verte con otro, pero… no estoy seguro de que sea con don José

    Y: está bien, lo comprendo y acepto tu decisión

    K: podemos experimentarlo con otra persona

    Y: ¿qué propones?

    1. bueno, podemos contactar a alguien por internet

    Y: ok, podemos experimentarlo y después ya veremos

    Ese “ya veremos” me dejó inquieto, pues significaba que no dejaba a un lado la posibilidad de hacerlo con don José, pero por ahora prefería no cuestionarla y continuar con lo ya establecido.

    K: está bien amor, creo que estamos de acuerdo

    Y: así parece amor, desde ahora somos una pareja cuckold

    K: jaja pues creo que así es

    Y: entonces, ve preparando tus primeros cuernos

    K: si mi amor, así lo haré

    Y: te amo

    K: yo también te amo

    De esa forma di el paso que nunca creí dar, lo que había estado en mi mente y había sido una constante en mis relaciones, por fin iba a tomar forma, Yes había reaccionado de una manera que no esperaba, fue muy positiva y aceptó de forma rápida abrir nuestra sexualidad para integrar a otro hombre. Los días siguientes continuamos conversando acerca del tema, le dimos forma al prospecto, sabíamos que por nuestras experiencias queríamos que el tercero fuera un hombre maduro, robusto, de tez morena, pero que, a su vez, en su forma de expresarse reflejara esa madurez.

    Comenzamos a indagar en internet, platicando con personas a través de redes sociales, lo que fue una tarea muy complicada pues te encuentras de todo, nuestra búsqueda se hizo cansada y comenzamos a perder la fe, parecía más complicado de lo que creíamos, estábamos a punto de rendirnos hasta que un día, salimos a comer al centro y una persona nos había enviado un mensaje.

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  • Algunas veces para mí otras para él

    Algunas veces para mí otras para él

    Ya todos nos conocen soy Lau y mi esposo José. Hemos incurrido en varias experiencias en estos últimos años que hemos contado en varios relatos, que nos encantaría que lean y comenten.

    La otra noche una amiga mía, Lina, bastante más joven que nosotros me propuso acudir a un almuerzo que habían organizado sus padres, en su casa de la sierra. Nos pareció una oportunidad para volver a tener actividad de pareja. Lina es mi amiga del gimnasio desde hace unos tres años, viene de una familia acomodada, y la hora juntas en el gym me había elegido para apoyarse en algunas decisiones.

    La mañana, amaneció un día radiante. A la finca, se llegaba por un camino de tierra, no muy lejos de donde vivimos.

    La casa presentaba una hermosa vista, construida en una sola planta, bajo una cubierta de madera con los cerramientos de piedra típica de esa zona de la sierra.

    Al llegar vimos que la gama de vehículos aparcados en el prado que hacía de parking, daba una idea del perfil económico de los asistentes dado que el nivel de los padres de Lina era muy alto. La situación nos producía cierto nerviosismo, inseguros ante ese tipo de gente que pertenecía a una sociedad que vemos inalcanzable para nosotros, de origen mucho más sencillo.

    Al vernos, Lina abandonó el grupo en el que se encontraba y salió a nuestro encuentro.

    Iniciamos una ronda de presentaciones a los diferentes invitados. Ahí conocimos a los padres de Lina, Luis, un hombre de presencia intachable, mayor que su mujer sin llegar a aparentar los setenta y muchos que debía tener. Era un señor de aspecto atlético, con cabello corto que cubría toda su cabeza, sienes plateadas, una recortada barba y ojos negros de mirada cálida y profunda.

    Su mujer actual, que no es la madre de Lina, Lola que mostraba una clase nada artificial. Debió de recibir un cursillo de estilo y clase al nacer. Vestía unos vaqueros de marca ajustados, realzando un pecho firme. Llevaba zapato con tacos, haciendo juego con su camisa. Su look le hacía aparentar muchos menos años que su marido.

    Nos aceptaron sin reservas como unos perfectos anfitriones.

    —Hola Lau, encantado de conocerte. Lina habla muy bien de ti —inició la conversación ella.

    Era importante romper el hielo con temas de conversación que invitaran a la participación, sin caer en el vulgarismo del fútbol o en el arriesgado tema de la política. Mi mente vio enseguida la posibilidad de charlar sobre sus empresas y alagar sus trabajos de los que Lina me había hablado.

    —Yo me ocupo del mundo publicitario dentro de la empresa, aclaró Lola, con un tono de voz acorde a su elegancia.

    Traté de disimular mi inexperiencia en ese campo, sin decir nada comprometedor.

    Justo Lina me separara para hacer grupo con otras amigas. Luis, su marido, se abraza con la estupenda señora mucho más joven que él y se retira a charlar con otros invitados.

    José se encontró solo con Lola, la mantenía en una conversación con ella en torno a su actividad en la que se veían muy a gusto, quizás porque estuviera bajo el encanto de una mujer super atractiva.

    Según avanzaba la conversación iba viendo en ella, no a la mujer del padre de Lina, sino a una señora de trato muy agradable que además de su estilazo, estaba buenísima, alimentando unas ridículas imaginaciones sin sentido dado que era toda una señora.

    La comida se sirvió en el exterior, alrededor de la piscina, en mesas donde podíamos auto servirnos o esperar al servicio de catering externo contratado. Lina nos atendía permanentemente. Entablamos algunas conversaciones con unos y otros, apenas.

    Por la tarde, se organizaron actividades diversas, yo me había apartado con el resto de las chicas del gym. Y José se unió a un grupo en el que Lola enseñaba los alrededores de la casa.

    Cuando termino en recorrido José se acercó a mi mesa, donde nos encontró alegres y sonrientes.

    A media tarde, nos despedimos de los anfitriones que, educadísimos, nos dieron las gracias por asistir. Lola seguía con el mismo aspecto lozano con el que nos recibió a pesar de haber pasado todo el día conversando con unos y con otros, bajo el efecto de un calor por momentos muy intenso.

    — Los quiero invitar a visitar la empresa — dijo Lola, queda muy cerca de su casa.

    Parecía que habíamos superado la prueba ante genuinos representantes de un mundo tan diferente del que estamos acostumbrados.

    En el camino de regreso a casa le comento a José que Lola me ha felicitado refiriéndose a ti.

    Días después me llamó Lola para confirmar la visita a las instalaciones de su empresa. Consideré cancelarla, no sé qué íbamos a hacer nosotros en semejante empresa, y la verdad no nos interesaba mucho conocerla, pero recordando lo bien que me había caído, acabaron de convencerme.

    Al llegar a la empresa Lola se presentó con una elegancia discreta, como corresponde a las señoras de su posición que la hacía aún más atractiva que el día de la fiesta.

    Lina apareció desenfadada, con top blanco que dejaba el ombligo al aire y los típicos vaqueros deshilachados ajustados a su cintura.

    No pude evitar ver el revoloteo que armaba a su paso, mientras nos enseñaba los diferentes departamentos, las zonas comunes del personal, un mini gimnasio y el área de ordenadores operando.

    Un instante José queda a solas con Lola, donde no pudo dejar de reconocerle su elegancia. Quizás en la oficina donde la edad media del personal es alrededor de 30 años, Lina llamó más la atención, pero para José, admiraba la clase, la belleza madura, su seguridad, y para qué negarlo, sus curvas que le parecieron mucho más atractiva que aquella niña.

    —¿Me permiten invitarlos a comer? —propuso agradecida.

    Nos llevó a un sitio cercano, donde inevitablemente comentamos la reunión en la sierra de la que alabamos lo bien organizada y la belleza del entorno de la casa.

    —Yo también provengo de una familia de clase media, que tuve que esforzarme en la universidad mientras trabajaba a la vez que daba clases, nos dijo.

    Nos sorprendió esa confesión. Habría jurado que era una aristócrata de cuna.

    —No lo parece. Eres la mujer con más clase de todo tu entorno, le respondí.

    —Mi madre me educó bien. Después he tratado de buscar referencias de personas importantes. Y para qué negarlo, Luis, su familia, su imperio también han ayudado. Cuando lo conocí no sabía nada de su familia. Y, de momento, no me han hecho sentirme parte de ella.

    —Pero… Tú eres una mujer extraordinaria, ¡lo tienes todo! —exclamé sincera.

    —Por mucho que tengamos, a veces deseamos aquello de lo que carecemos —su expresión cambió.

    —¿Cuál es tu carencia? —preguntó curioso José.

    —Sentirme valorada por mi marido. No haber creado una familia tan unida como la que formaron mis padres. —Ante el tono de seriedad que había adoptado, sonrió y cambió— Luis disfruta manteniendo pequeñas aventuras.

    —Lo siento —Impulsivamente, tomé su mano que tenía sobre la mesa.

    —Lau y yo tenemos pequeñas aventuras, solo que todas son consentidas por ambos y ninguna nos las ocultamos, siempre tratamos de que esas aventuras sean juntos, confeso José.

    —Guau — exclamó y rio, contagiándonos la risa.

    —Me halaga que te haya generado la confianza necesaria como para que te confesaras —reconocí.

    —Me ha venido muy bien hablar con ustedes. Podemos repetir comida cuando quieran.

    Con el olor que nos dejó su perfume no pudimos casi reaccionar en toda la tarde. ¿Saldrías con Lola?, le pregunto a José.

    —Me encantaría, pero si su marido se entera, con el poder que tiene seguro me mandaría a matar dijo sonriendo.

    Pasaron varios meses sin que sepamos nada se ellos, solo me veía con Lina en el gym. Hasta que un día le pido a José que me llevara a la casa del campo de Lina, junto a otras de nuestras amigas del gym, con las que teníamos planes de fin de semana por la despedida de soltera de Patricia, otra de las chicas de gym.

    Habíamos quedado en hora y lugar, desde donde saldríamos las ocho amigas en dos coches, en realidad, inicialmente no pensaba ir, porque ellas son mucho más jóvenes que yo, pero me convencieron de que me vendría muy bien desconectar.

    Al llegar, oh sorpresa, Lola nos recibió vestida de modo rural, confirmando que las señoras con clase lo son incluso en traje de campo. Con sus vaqueros y las botas de montar, caracterizada como una típica vaquera del oeste, solo le faltaba un sombrero tejano y John Wayne a su lado para rodar un anuncio de Marlboro.

    —Perdonen esta pinta. He ido a montar a caballo y después me entretuve en los boxes. ¡Lina! —gritó—. Han llegado tus amigas.

    Nos abrazamos como si no nos hubiéramos visto en años. Lina, embutida en un short con camisa ajustada, nos hizo pasar a la casa, luego de una charla. A La vez, José pasaba con nosotras.

    Lola apareció recién salida de la ducha. El cabello aún húmedo le goteaba sobre la camisa de cuadros que dejaba a la vista su cintura. Por debajo de ella, unos vaqueros ajustados que realzaban una figura que la mayoría de las mujeres de su edad admirarían.

    Mientras con las chicas nos preparábamos para marcharnos, Lola y José estuvieron hablando de cosas genéricas, de lo que le había gustado la visita a su empresa, y tu casa, es preciosa — dijo.

    —Y solitaria. ¿Te acuerdas lo que hablamos? Luis está de pesca. Lina se marcha. Mi compañía son los perros y los caballos.

    Al subir a los autos con las chicas, le doy un beso a José, le guiño un ojo y le susurro: que quedas solo con Lola.

    —pásenlo bien, que se diviertan. Nos dijeron.

    Cuando ya nos habían perdido de vista los dos coches, Lola se dirigió a José.

    —Te debo una invitación a comer. ¿Por qué no te quedas?

    La temperatura, la belleza del lugar y la simpatía de Lola invitaban a aceptar.

    Durante la comida, hablaron de cine, de historia, de la actualidad social. José se sentía muy bien allí, gustaba el entorno y sin pretender parecer grosero, no le sacaba los ojos de sus tetas que sobresalían por el escote de esa camisa de cuadros y su culo remarcado por los pantalones vaqueros. Cierto es que aceptó la invitación a comer pensando que sería sin tanto riesgo, pero a estas alturas del partido se sentía con ese punto de excitación que te lleva a arriesgar.

    — Si te apetece, cuando se pase un poco el calor podemos salir a caminar, dice Lola.

    —No tengo ningún plan para esta tarde. ¡Me encantaría!, respondió José.

    Ya en su cabeza, regada por la botella de vino que se habían bebido, volvió a generar imágenes fantasiosas de esa mujer. Aún con recelos por su marido, ya no estaba tan seguro de lo que podía suceder.

    Yo al terminar el almuerzo, le envío un mensaje preguntando donde estaba, si se había vuelta a casa. Al que respondió enseguida diciendo que había almorzado con Lola. Ahí sospeche que algo iba a pasar entre ellos. Y le escribo que me cuente todo lo que iba pasando que quería saber si se la iba a coger.

    Con un jajaja, solo charlamos de temas triviales nada de sexo, no creo que una mujer como ella quiera coger conmigo, me responde.

    A eso de las cinco, salieron al campo que rodeaba la casa. El arbolado los protegía del sol y lo hacía más agradable. No se divisaba ni una construcción a la vista.

    —Me alegro de que te quedaras, me sentía muy sola.

    —Gracias por tu invitación, la pasamos genial, me fascina tu personalidad, tu clase.

    No era solo eso, había atracción física notaba José.

    —Tienes un cuerpazo. Y un pecho increíble, pareces una adolescente.

    —Me mantengo a mi edad. Jajaja.

    —Tu edad? Que debe ser igual a la mía. Jajaja.

    Se pudieron de frente José la tomo de los hombros mirándola a los ojos fijamente, le dijo: Sabes que estamos jugando con fuego, ¿verdad?

    —Supongo que sí —dijo deshaciéndose de sus manos.

    Cuando regresaron a la casa, el sol estaba casi en el horizonte. El rojo fuego del sol, al reflejarse sobre el verde de los árboles, era fascinante. Ahí José me escribe otro mensaje: es una mujer brutalmente sexy, no sé cómo será en el sexo, pero me estoy calentando con ella.

    Luego me comento que la situación que se había creado entre ellos en ese momento no podía ser más excitante. Cuando ella se giró hacia la puesta de sol, sin pensarlo, la abrazó por detrás. Ella giró su cuello y con una mirada sexy y con los labios húmedos y frescos, muy cercanos a él le prepuso.

    —¿Por qué no te quedas a cenar? Preparo algo ligero, me gustaría hablar contigo de un tema personal.

    La ayudó a preparar una improvisada mesa en el porche donde la temperatura era deliciosa. Cada uno se fue a dar una ducha, ahí fue cuando José me llama al celu para darme el reporte de todo lo que había sucedido en la tarde mientras yo seguía en un pub con las chicas y muchos jóvenes que nos bailoteaban.

    José sentado en la sala principal esperaba, hasta que pudo ver como salía del interior de su habitación ligeramente cambiada, con una camisa ajustada, el pelo suelto, peinado, cayendo sobre su espalda y una pollera que llegaba sobre sus rodillas que mostraban unas hermosas piernas.

    Esperó a que estuviesen sentados, para iniciar la charla.

    —Esta semana he hablado con Luis. Le he pedido que nos demos un tiempo.

    —Vaya, eso es serio.

    —Le dije que conocía sus aventuras y que a partir de ahora yo también me quería sentir libre para hacer lo mismo que él.

    Lola estaba decidida. Iba por todas.

    —Si le pido el divorcio perdería parte de su vida social que yo le enriquezco. La época que el hombre podía tener aventuras y la mujer se quedaba en casa, terminó hace años. No pretendo ir de cama en cama, pero quiero sentirme libre y poder estar con quién considere. Y mirándome, sonrió. —Lástima que eres casado.

    Ahí sin dudar José, respondió —Ya te hemos contado que con Lau tenemos una relación abierta en que los dos podemos estar con otra persona, en más ya estuve hablando con ella hace un ratito y ella misma me pregunto si ya hemos tenido sexo, lo que les generó risas cómplices.

    El deseo que mostraba Lola era correspondido, la conversación y la sensualidad los estaba excitando mucho a él.

    —Serías el primer hombre con el que tendría un polvo después de conocer a Luis. Pero aún no me siento segura por Lau.

    —Tú no eres mujer para un solo polvo. Quiero a Lau y si ese es tu miedo puedo llamarla ahora mismo y decirle que voy a coger contigo.

    —Sabes que me atraes desde que te conocí. Me pareces un hombre excelente, sencillo, varonil. Que suerte tiene Lau y que bueno que cada uno tenga la posibilidad de estar con quien quiera, sin esconder nada al otro.

    No pudieron contenerse, se acercaron y el primer beso llego con una sed generada en las horas que han pasado juntos. Ella se entregó a ese beso con la misma furia, sin despegarse durante una eternidad.

    —¿Por qué no nos tomamos esta noche para nosotros? Podemos celebrar mi despedida de casada. Estoy seguro de que Lau y las chicas van a llegar muy tarde.

    Una sonrisa y la repetición del beso fue su respuesta. Puso música veraniega. Preparó dos copas y continuaron con sus muestras de cariño que fueron interrumpidas por una llamada de Luis, en la que logro que el tono de su voz vaya in crescendo. Puso el modo manos libres para confirmarme la situación entre ambos.

    —No permito que puedas tener una aventura —gritaba Luis.

    —No se trata de que lo permitas. Cuando estés preparado para ser un marido fiel, volvemos a hablar.

    Colgó. Y con movimientos sensuales, tomó su copa, y propuso un brindis.

    —Por nosotros —dijo triunfante, necesitaba dar este paso para sentirme libre.

    Recibió una nueva llamada de Luis. Fue breve porque ella no le dio pie a la conversación. La cara de José debió cambiar y ella vino a su lado pidiendo que se olvidara de todo. Esta noche era suya, y nadie podía quitársela.

    —Seguro que tú no vas a tener problemas con Lau?

    Y lo besó con la furia de la hembra que se sabe al mando. La noche refrescaba para seguir en el porche. Caminaron hasta el dormitorio, entraron con la certeza de que ya no había dudas, ella se sabía triunfadora de su marido. La simpatía que generaba, lo agradable de su conversación, el morbo de la situación, solo fueron precursores de un deseo de la hembra, de la maravillosa mujer que era Lola, despojada de todo lo demás.

    Abrió las sábanas, y se tumbaron vestidos acurrucándose, mirándose. Ya no había marcha atrás. Él estaba loco por cogerla. Pero a la vez que fue despacio disfrutando de su cuerpo, su ternura y ya no solo era el sexo lo que le atraía, sino también disfrutar de sus caricias, de su sensibilidad, de ese miedo subyacente que, aun disimulándolo, los invadía. Era la primera vez que iba a coger con un hombre diferente a su marido desde que lo había conocido.

    Comenzaron un cursillo de Braille, para aprender a conocer sus cuerpos a ciegas, solo con el tacto de sus dedos, al tiempo que se comían a besos, bajo los rayos de luna que la ventana abierta de la habitación ofrecía.

    Entre besos y caricias se fueron desnudando sin dejar de tocarse como si el dejar de hacerlo supusiera la desconexión de esa química brutal.

    Cuando ya quedaron totalmente desnudos, José utilizó su lengua para beber un sorbo de su pasión directamente de la copa de su concha. Abrazó sus muslos para abrirlos, y ella adivinando su intención elevó las rodillas, abriendo las compuertas de par en par, para que entrara la pija que buscaba su agujero sediento y enfadado con su marido.

    Sintiéndola dentro apretó sus manos contra el culo, haciendo de palanca, para que sus embestidas le llegaran más dentro.

    José la veía y sentía poseída, acompasando sus movimientos suaves y violentos, tranquilos y ardorosos, mientras le murmuraba palabras que venidas de una mujer se su clase eran irrepetible, reales, no fingidas, embriagando sus oídos con su respiración jadeante.

    Justo en el instante de su grito de éxtasis, José acaba, compartiendo orgasmo. Cayeron callados, abrazados el uno al otro, sintiendo ambos que esa comunión que experimentaron, no solo los dejó satisfechos de sexo, había colmado las necesidades emocionales que a ella la llevaron a embarcarse en esa aventura.

    Se envolvieron en unas sábanas sobre la espalda y salieron al porche, la noche estaba estrellada, era cómplice de la química que había entre ellos.

    —Cogerte me ha encantado, pero estoy disfrutando el día entero, dijo ella mientras se quedaron mirando las estrellas.

    Volvieron al dormitorio a repetir caricias. Esa mujer para José llevaba en la piel un componente afrodisíaco y solo al tocarla, abrazarla activó todo su cuerpo.

    Ella se subió sobre él y abrazó con sus preciosos, grandes y operados pechos su pene, frotándose contra él. Bajó más le dio un beso a su pija, no esperó la respuesta de su verga para metérsela en la boca y, con suavidad, sin aparentar prisa alguna, fue rodeándola en círculos, con la experiencia de haberse comido más de una, muchas veces.

    A José le pareció egoísta por su parte disfrutar solo de una mamada. La giró sin que llegara a soltar la pija en ningún momento, situando su boca frente a su depilado y mojado coñito. Le fue acariciando su clítoris al compás que ella succionaba. Adelantó su pelvis hacia su boca en una señal inequívoca de que le estaba gustando, lo que comenzó a hacer aceleradamente.

    Él se alertó que iba a explotar pronto y a la vez dejó de controlarse, de tal forma que sacó petróleo blanco a la vez que se activó el altavoz de su vagina que magnificó sus gritos de satisfacción.

    Estuvieron un rato abrazados en silencio, sucios de sexo, quietos pero contentos, relajados, hasta que ella le propuso darse una nueva ducha juntos y que él vaya a dormir a uno de los dormitorios antes que llegáramos nosotras, Lina y sus amigas y no los encontráramos desnudos y pegados en una cama.

    Cuando empezaron las primeras luces del día, en esa zona del campo refrescaba. Llegamos nosotras con varias copas de más encima y nos repartimos en los dormitorios de la casa, pude conocer en cual dormía José al escuchar el grito de una de las chicas que al abrir la puerta lo encontró desnudo tirado sobre la cama. Hacia allí fui y aproveché para cubrirlo con las sábanas. El roce de la tela, lo hizo revolverse y buscar mi cuerpo. Se encontró mis labios en el camino y aprovechó para besarlos y con una sonrisa volver a cerrar los ojos.

    Era más de las doce del mediodía cuando me despierto por las caricias que me estaba propinando José a mi lado, nuestros cuerpos descansados se fueron tensando y poniendo en formación de combate. Era una hora ideal para enfrentarse cuerpo a cuerpo.

    Desnudos envueltos en sábanas le pido que me cuente todo con lujo de detalles lo que había ocurrido. Mientras caricias, besos, lamidas, iban para arriba y para abajo, a la vez que mi cara se iba mutando en un rostro de vampiresa. Sus dedos se deslizaban hacia mi vagina e introduciéndolos con sigilo comprobó que la escarcha de la mañana estaba en su esplendor. Es que mi noche también había sido caliente en aquel pub.

    Con la experiencia de conocernos muy bien, ralentizamos nuestros movimientos, nuestras caricias, nuestros besos. Comenzamos a coger en cámara lenta, a recorrer nuestros cuerpos con mucha lengua, en repetidos viajes de ida y vuelta. Apenas nos movíamos, éramos como un velero en medio del océano en días de calma. Abrazados, con el suave mecer de mi pelvis marcando un suave ritmo, con la humedad de su lengua comiéndome la boca, y con la ayuda de sus manos acariciando mi culito, consiguió que estallara de una forma dulce y tranquila.

    Al levantarnos nos dirigimos al comedor donde casi todas las chicas estaban almorzando, al recorrer con mis ojos no veo a Lola, y pregunto enseguida por ella. Lina responde que tuvo que volver a la ciudad porque Luis se tuvo que volver de su viaje de pesca.

    Antes de emprender camino hacia casa, José recibe unos mensajes de Lola explicando los motivos por los que no se pudo despedir. Agradeciendo el día que paso y que iba a recordar este día para siempre.

    A lo que contesta que todos los hermosos momentos pasados, fueron mérito ella. Agregando que yo le enviaba saludos.

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  • Te quiero comer la polla

    Te quiero comer la polla

    Te quiero comer la polla.

    Humberto parpadeó varias veces y luego se echó a reír.

    Pero, mujer…

    Adela volvió a decir y de una forma extraña se mordisqueó el labio inferior.

    Quiero comerte la polla.

    Pero, Adela…, mañana…

    Ella se encogió de hombros.

    Ahora. ¿Tú no quieres? ¿Seguro qué no…? “Eso”, no importa, añadió sin dejar de mirarle.

    Adela y Santiago, su hermano menor, se iban a casar al día siguiente. Santiago había salido a resolver algunos asuntos, y él y Adela estaban en el granero, distribuyendo las hortalizas en sus respectivas bandejas antes de salir al reparto diario.

    Humberto sintió el gusanillo agitándose en el vientre. Se le llenó la boca de saliva lujuriosa. Con Adela siempre tuvo una relación ambivalente. A menudo, cuando ella pasaba por detrás de él en el espacio reducido del almacén sentía el cuerpo de ella apretado contra el suyo; notaba la blandura de sus senos, la cintura esférica, en su espalda y su trasero. La primera vez Humberto se sobresaltó y se encogió. Adela pidió perdón y continuó su labor; así, sin más.

    En otra ocasión, pasó por delante de él empujándole con sus tetas. Esa vez el pubis de ella se restregó sobre la parte delantera de su vaquero. Ella llevaba la parte superior del peto abierta y la camisa de cuadros desabotonada hasta la mitad. Claramente no llevaba sostenes y la piel nívea, la carne rotunda y móvil como un par de flanes espléndidos quedó ante sus ojos. Entonces fue él quien se excusó, levantando los brazos y golpeándose, al retirarse hacia atrás, con el borde de la mesa recubierta de caucho negro.

    Más adelante tuvieron unas cuantas conversaciones de carácter íntimo. Semanas después, ella bromeó con chistes obscenos que el río divertido.

    Por último, una mañana de mayo, mientras Santiago había marchado con las entregas del hospital de Germán Cuesta, cerca de Ronda, Humberto estaba en el almacén, terminando de llenar una caja de naranjas, una se le cayó y rodó por el suelo. Adela se agachó y la recogió. Hizo un gesto de lanzársela a las manos…, pero Adela burlona jugó tres o cuatro veces a lanzársela, sin llegar a hacerlo. La primera risa del hermano de Santiago dejó traslucir un enfurruñamiento contenido.

    Vamos, Adela, he de acabar con este pedido; pásamela. Adela prorrumpió en risas y echó a correr hacia afuera del almacén. Humberto, presa del enfado, la siguió. Adela dejaba escapar gritos histéricos y corrió a refugiarse tras una maleza cercana, con el rostro enrojecido por el esfuerzo. Allí la “cazó” Humberto.

    Ella escondió la naranja tras su espalda. Humberto la agarró. El aliento acelerado de Adela inundaba sus fosas nasales. Los sonrosados labios estaban humedos; los ojos negros brillaban de excitación. Humberto la apretó entre sus brazos sin dejar de mirar los ojos negros fijos en él. Sentía la respiración agitada de ella.

    Sin poder evitarlo Humberto notó que la excitación le había provocado una erección. Allí, apretado contra el vientre de la novia de su hermano, se sentía confundido. ¿Habría notado Adela la presión cilíndrica contra su monte de Venus? Humberto soltó su presa sobre la mujer y ésta tras un pequeño lapso le entregó la fruta…, para retirarla otra vez.

    Ahora Humberto se echó a reír y comenzó a hacerle cosquillas en los costados. Ella se retorcía. Los grandes senos saltaban y se movían de lado a lado, pegados a su pecho. La erección creció incontenible. Humberto notaba un dolor en el sexo oprimido dentro del pantalón.

    Adela entre gritos estentóreos le dejó la naranja en la mano. Él la cogió, se peinó con los dedos el cabello, se separó de la mujer y descubrió la mirada de Adela puesta en su entrepierna. La verga de Humberto se dibujaba claramente en la bragueta, aprisionado su miembro contra el vaquero. Pasados unos largos segundos regresaron al almacén sin pronunciar una sola palabra.

    Y ahora…, aquello.

    ¿Cómo entender una impositiva declaración como aquélla, el día anterior a la ceremonia de casamiento? Pero él se debatía en vano.

    Vamos, Humberto, le dijo Adela con ojos burlones: admítelo: te mueres de ganas. Te voy a hacer una mamada que nunca olvidarás.

    Humberto fue a cerrar la puerta del granero. Cuando se volvió, Adela que llevaba el peto vaquero como siempre, con los tirantes caídos alrededor de la cintura, se había quitado la camisa a cuadros y sus pechos desnudos sin sujetador mostraban los pezones enormes en el centro de las aréolas rosadas y de gruesos puntos. Se acercó a él y se besaron con intensidad. Eran unos besos furiosos y ardientes. Adela introducía la lengua en la boca de él; Humberto enroscaba su lengua en la de ella: ambos se succionaban mutuamente y sus labios recogían la saliva caliente.

    Humberto tomó los pechos de la novia de su hermano y las apretó, recorrió las sobresalientes aréolas y retorció entre sus dedos los pezones encendidos de deseo, erectos, duros.

    Mientras él mordisqueaba su lengua suavemente, Adela se bajó el pantalón hasta los tobillos, y el peto se arrebujó a sus pies; después se despojó de toda la ropa, incluida la braga color azul claro. Se acarició la entrada peluda del coño y entreabrió sus labios verticales: se impregnó los dedos del fluido tibio que cubría la rajita hambrienta; se acarició también el clítoris; inmediatamente se arrodilló frente a Humberto y abrió la bragueta del vaquero.

    Aquella polla, liberada de la cárcel de tela salió disparada al exterior: gruesa y larga, tan dura como una rama y una capa de flujo cubría todo el glande. Pero Adela se había puesto tan caliente al ver la tranca enhiesta y brillante de Humberto y tenía otras intenciones antes de cumplir sus palabras.

    Antes de comerle la polla, restregó todo el miembro, hizo que él se tumbara sobre el suelo de madera de pino del granero y le hizo quitarse la ropa.

    Adela le acarició y le besó los huevos, jugando con cada uno de los almendrados testículos, y después se puso sobre Humberto y comenzó a follarlo. La polla se metió hasta lo más profundo de su vagina, y ella la recibió con un gemido agudo. La dureza del miembro le produjo un placer intenso e inmediato. Humberto besó las tetas y mordisqueó los pezones que se le ofrecían, a la vez que Adela comenzó a galopar sobre el vientre de Humberto vigorosamente

    La verga entraba y salía. Humberto jadeaba, su cuerpo se cubrió de sudor. Adela también transpiraba y su cara de tiñó de bermellón, mientras dejaba que la polla del hermano pequeño de su prometido, jodera su ardiente coño.

    Humberto la agarraba de las caderas y embestía el agujero sedoso y caliente cada vez con más fuerza. Adela gemía incesantemente. Chorros de flujo bajaban desde su útero hasta salir por la boca del coño, taponada por el falo de Humberto.

    Adela cerró los ojos al llegar al clímax, se aferró a los hombros del hombre y se corrió entre sonidos roncos de su garganta. Humberto intentó seguir follándola, pero ella se lo impidió: le agarró la polla desde donde terminaba el escrito y la apretó.

    Quiero comerte la polla, recordó articulando la frase en un susurro. Desmontó de Humberto y se colocó acodada frente a él, frotó todo el mástil empapado de sus propios jugos antes de introducir la polla dura y tiesa entre sus labios, comenzando la mamada prometida.

    Adela saboreó la polla cubierta de su flujo vaginal. La apretaba ente su paladar y su lengua llena de saliva; lamía el capullo, haciendo que Humberto dejase escapar gemidos y jadeos; recorría toda la carne dura y caliente dentro de su boca, aunque no le cabía toda. Comenzó a chupar girando la verga dentro de su cavidad bucal, a un lado y a otro, la introducía hasta lo más profundo. Su saliva le llenaba la boca y escurría entre las comisuras de los labios, resbalando por sus dedos apretados en la polla y goteando hacia los huevos del hermano de Santiago.

    Humberto, por su parte observaba la felación. Los carrillos que se hinchaban y deshinchaban, con su polla recibiendo la mejor mamada de su vida. Sentía la locura del placer como jamás la había sentido.

    Inopinadamente, un latigazo le subió desde las pelotas hasta el glande y se vertió con gemidos sin freno en la boca de la prometida de su hermano. Espasmódicamente se corría dentro de aquella boca suave. La leche manaba sin cesar, con descargas espesas y ardientes. Humberto creyó enloquecer de placer.

    Adela recibía los chorros de esperma que llenaban su boca y tragaba la leche sin dejar de acariciar el glande y todo el miembro. Inmediatamente la sacó de la boca y la condujo hacia sus tetas, donde Humberto terminó por vaciar el semen que restaba. Los goterones de leche de Humberto aún cubrieron los dos pezones erectos de la mujer. Adela recubrió ambas tetas con el líquido blanquecino.

    Ahora, quiero que me los chupes, pidió.

    Humberto obedeció. Sus labios apresaron los pezones erectos y duros, y chupó los regordetes pezones cubiertos de su propio semen, cuyas últimas gotas salieron de la punta del pene bajo la nueva excitación desconocida para él.

    Pero Adela no estaba todavía satisfecha del todo. Había deseado a Humberto desde el primer día. Soñaba con él. En sueños le hacía el amor y en su imaginación habían jodido en todas las posiciones del Kama Sutra. Ahora podía llevar su última fantasía hasta el final y quería cumplirla.

    Coge un calabacín, pidió.

    Humberto, con la polla ya normalizada en tamaño, obedeció intrigado.

    Y una zanahoria, añadió Adela.

    Él se rio y la miró con cierta inquietud.

    Son para mí, tonto. No me interesa tu culo…, sino el mío. Te vas a volver a poner cachondo, le advirtió. Ponlos bajo el grifo y ven. Él hizo lo que le ordenaba Adela.

    Cuando estuvo a su lado, ella se dio la vuelta colocándose a cuatro patas y le ofreció el culo y el chocho con los muslos abiertos.

    Méteme el calabacín por el coño, cariño; y la zanahoria es para el ojo del culo. Cúbrelos de aceite: quiero que me folles por los dos sitios. ¡Vamos!

    Humberto impregnó el calabacín y la zanahoria con el espeso líquido dorado. Abrió la raja y metió el calabacín. Adela gimió: Así, hasta dentro, corazón. Luego acercó la punta de la zanahoria al cerrado ojete de la novia de su hermano. Acarició aquella entradita radial y cerrada. Vamos, métela, con cuidado, pero fóllame el culo: tú serás el primero.

    Humberto sintió cómo su polla se reanimaba y se le levantaba lentamente. Apretó la hortaliza y con un movimiento circular la zanahoria abrió las paredes del ojete y se insertó en el culo. Adela jadeó y dejó escapar sonidos de satisfacción al ser penetrada. Quiero que me jodas a la vez, pidió.

    Humberto metió hasta dentro la zanahoria y con ambas manos comenzó a follar los dos agujeros al mismo tiempo. El calabacín dejaba escapar un sonido líquido procedente del coño chorreante de flujos. El otro agujero también se había distendido y la zanahoria se hundía y salía con facilidad. Adela gemía una y otra vez.

    La polla de Humberto había vuelto a su máxima erección, soltó un momento la zanahoria, aprisionada dentro del ojo del culo de la mujer y dejó ir su propia fantasía: se pajeó el miembro hasta que se vino y dejó que la poca leche que aún contenían sus cojones, se vaciara sobre el ojete que tenía la hortaliza, y así la introdujo con su esperma en el culo de la novia de su hermano.

    Ella se percató del hecho y emitió un ronroneo anticipatorio del nuevo orgasmo. Cogió con sus propias manos el calabacín y la zanahoria. Rítmicamente iba hundiéndolos y sacándolos frenéticamente, hasta que le dibrevino un fuerte orgasmo y se corrió con varios movimientos de caderas, tras los cuales quedó extenuada y se dejó caer sobre el suelo de madera.

    A su lado, Humberto dejó que la verga, ya flácida se quedara como una blanda oruga de gran tamaño sobre su propio vientre.

    Tenemos que vestirnos; Santiago no tardará, dijo ella. Humberto asintió mientras pensaba en la noche de bodas de su hermano con Adela y alejó de su mente imágenes sexuales entre ellos y la punzada de unos celos que hasta ese día le eran desconocidos.

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  • Un profesor y su alumna de 20

    Un profesor y su alumna de 20

    El profesor de educación, llamado Jeremy, es el más joven de todo el profesorado. Cuenta con 26 años, pero parece más joven de lo que aparenta. Bueno, no es raro, últimamente todos los adultos de Toronto, Canadá, se parecen a unas versiones remasterizadas de su adolescencia. Al momento de dar clases, muchos jóvenes siguen confundiéndolo con uno de ellos, eso a pesar de su uniforme distinto. Jeremy congenia con muchos chicos y chicas en el campus de la universidad en la que enseña, todavía le parecía increíble que en un lugar así haya un curso de secundaria.

    Actualmente se encarga de un total de 50 alumnos, todos de la especialidad de terapia física y educación primaria. Sin embargo, a pesar de todo eso y de olvidarse de la mayoría de los nombres y apellidos, hay uno del que nunca se va a olvidar: Alice Restoguevara. Mitad rusa y canadiense. Hija de una profesora de universidad y el dueño de una de las franquicias de restaurante más exitosas del último año.

    Alice, literalmente, es la clásica chica de serie de Netflix con la que todos los chicos sueñan, incluyendo también a las lesbianas. Y ¿cómo no? tiene un cuerpo perfecto: curvas naturales, piel clara, ojos celestes, rubia, con un flequillo hermoso, labios carnosos, extremidades firmes y lo que más llamaba la atención incluso de los profesores: sus senos. Eran enormes, copa H. Literal, todos se la quedan mirando como subtítulos en un anime en japonés, también en los vestidores, muchas chicas sentían envidia y otras alivio. O sea: ella parece el símbolo sexual canadiense universitaria.

    Muchos chicos se han caído ante ella, hasta profesores que hacen todo lo posible por estar lo más cerca de ella. A pesar de que podría ganar mucho solo con su cuerpo, ella es muy aplicada y estudia un montón para volverse investigadora profesional en actividad física y psicología. Toma clases tanto en la mañana como en la tarde, cosa que vino con beneficio adicional: de viernes a domingo tiene libre y no le envían muchas tareas como a otros. Algunos creían que seducía a los profesores para que la aprueben, pero dichos rumores no duraron mucho.

    Jeremy le da clases de educación física y en lo más profundo de su mente, no puede evitar ver esos enormes y perfectos senos balanceándose cuando corre. Ya después, debido a la incomodidad, le recomendó usar un top deportivo para que no despierte en los alumnos deseos extraños.

    -Gracias profesor.

    Le dijo aquella vez. Su vocecilla también era preciosa, delicada, femenina, nada arrogante, eso a pesar de estar casi todo el tiempo seria. Bueno, era todo un fenómeno en la escuela y está claro que muchos pidieron su mano, pero ella siempre los rechazaba alegando: no pienso tener noviazgos ni casarme, ni ahora ni nunca. Jeremy no sentía ni alivio ni frustración. A él tampoco le intersaban mucho los romances, es más, le provocaban repelús, pero con Alice sí que tenía una fantasía, así como otros hombres del lugar. Pero, algo que él nunca imaginó, sucedió. Ocurrió un 15 de noviembre. Algo que, de haberse enterado el resto de hombres de la escuela, seguro y lo mataban en el acto.

    Aquel 15 de noviembre, la universidad canceló las clases debido a varias huelgas estudiantiles. Muchos no habían podido matricularse al ciclo venidero y a otros les faltaba el carné de estudiante y el pase a la biblioteca. Jeremy solo había tenido una reunión y luego pudo retirarse.

    -¡Profesor!

    La voz de Alice se oyó detrás de él. Jeremy se giró y ahí estaba, con sus senos enormes y cabellera rubia, vestida con una blusa manga corta, unos jeans ajustados, casaca verde, zapatillas blancas y una pulsera, además de su bolso.

    -Seguro estas frustrada, o sea, vinieron aquí por las puras.

    -Bueno, sí, en parte quería ver la huelga. No me entienda mal, no digo que esto sea bueno.

    -Te entiendo.

    Sus ojos no dejaban de mirar aquellos perfectos senos que moría de ganas por apretar. Alice no se percató de la mirada algo lasciva de su profesor, ella seguía comentándole que había planeado ir con sus amigas a un KFC, pero le daba algo de flojera caminar.

    -¿Usted tiene auto?

    -No.

    -Ash, que pena.

    -¿Por qué?

    -Es que…

    Le comenta de sus planes con sus amigas. Jeremy abre un poco más los ojos y le aclara que el KFC que ella describía estaba a unas cuadras.

    -Es que, esta ciudad siempre me ha dado miedo ¿sabe? uno nunca adivina lo que puede ocurrirle a alguien como yo.

    “Pues con tremendos senos” estuvo a punto de decirlo, que suerte que se lo guardó. Jeremy, algo nervioso, le propone acompañarla.

    -¿En serio?

    -Pues si te da miedo, sí.

    -Gracias.

    Sin notarlo, la chica se junta a él y le agarra del brazo. Jeremy siente un palpitar en su entrepierna, además de una sensación molesta, como un hormigueo. La chica más querida y deseada de su escuela estaba pegada a él, abrazándole el brazo derecho. Se alejan de la multitud con carteles y se meten por un callejón. El lugar estaba muy bien vigilado por guardias en sus cabinas, había uno en cada esquina. Caminan un buen rato hasta salir hacia la carretera, con cuidado cruzan y ya al otro lado…

    -Sabe, no me gusta como ven mis compañeros.

    -Ya veo.

    No quería interesarse mucho en ello, entre más lo pensaba, más molesto se hacía la erección que se formaba en su entrepierna. Además, Alice comenzaba a apretarle con fuerza el brazo, pero aquel apretón se sentía bien, excitante de hecho.

    -Hay algo que nunca me atreví a decir.

    -¿Qué cosa?

    “Supongo que si lo comenta, me lo dirá” reflexiona y tenía razón. Alice se detiene cerca de otro callejón y mira directamente a su profesor.

    -¿Recuerda cuando decía que no quería tener novio?

    -Ajá.

    -Bueno, no era del todo cierto.

    -¿Tienes novio ahora?

    Alice niega y procede a notar aquella pequeña erección en los pantalones de su profesor, pero lejos de asustarse, se alegra. Se sonroja y arrastra al profesor hacia el callejón. Éste comienza a sospechar, pero le sigue la corriente, quería ver hasta donde podía llegar su alumna. A simple vista, nadie pensaría que ambos son alumna y profesor, ya que Alice tiene veinte años, aunque parece de 18. Una vez dentro del callejón, Alice suelta a Jeremy y se quita su casaca junto con el bolso para después dejarlo a un lado.

    -¿Qué haces?

    -Sé que usted también me ve como los otros chicos.

    -¿Cómo?

    -Disculpe que lo diga así, pero no se haga el tonto.

    “Me dice esto, pero no parece enojada, más bien, tiene una sonrisa siniestra, es como si me provocara” pensaba mientras la erección se hacía más evidente. Agradecía estar en un callejón apartado, porque de lo contrario, todo el mundo lo vería y socialmente moriría.

    -Sabe qué, hagamos un juego.

    -¿Un juego?

    -Ajá. Pero, y perdone que sea muy acelerada, tiene que bajarse los pantalones.

    -¡¿Queee?!

    -Hágalo o me voy. Es más, le estoy haciendo un favor, admítalo ¿se ha masturbado pensando en mí verdad?

    “Solo una vez… bueno dos… en realidad, perdí la cuenta” pensaba sonrojado. Inconscientemente, se fue desabrochando el pantalón de buzo que cayó por la gravedad. Alice sonrió pícaramente al momento de ver aquella erección. Consiguiente, oyendo los quejidos del profesor, Alice procede a quitarse la blusa.

    -¿Qué haces?

    -Empezaremos con el juego, me desnudaré aquí y posaré ante usted, si resiste cinco minutos sin masturbarse ni correrse, gana. Y le daré un premio.

    Esa última palabra la dijo de la forma más lasciva posible, relamiéndose la punta del dedo índice. Jeremy traga saliva, se pone firme, pone las manos a los costados y asiente energéticamente. Alice roníe a esto, saca su celular, pone cronómetro y pulsa star, comenzando así el juego. Lentamente y bailando, se va quitando el brasier revelando sus perfectos y abultados senos con los pezones erectos y rosados. Jeremy ya moría por chuparlos. Traga saliva, aparta las manos de nuevo y cierra los ojos. “Solo cinco minutos” pensaba. Alice deja cada prenda encima de su bolso. Se quita posteriormente los jenas ajustados.

    -¿Te gustan?

    Preguntaba por sus bragas. Jeremu asiente nervioso. “¿Por qué hace esto? ¿por qué ahora? ¿y por qué a mí?” pensaba quemando, sin querer queriendo, su cerebro. Alice, de alguna forma, pudo notar esa duda en él, así que le aclara.

    -Profesor, usted me gusta mucho. Siempre ha sido así. Hablo en serio. Por eso quiero complacerlo. Porque usted es un buen chico, por más que se haya masturbado pensando en mí, es un buen chico.

    -Gracias.

    Esas palabras casi le hacían llorar, pero su mente se nubló al momento de ver aquella pequeña vagina rosada que hasta ahora le estuvo oculta bajo sus bragas rojas con lunares blancos. Al quitárselos, solo quedaron sus medias y zapatillas, esas todavía no se las quitó. Entonces, comenzó a bailar sensualmente, como si estuviera en el caño, en un straepdance. Lo interpretaba muy bien, moviendo las caderas lenta y sensualmente. Se veía muy sexy, además de esa melena rubia.

    -Mire esto. Yo también me masturbaba pensando en usted.

    Quedaban tres minutos y ya estaba a punto de correrse. No quería bajar las manos, ya que sentía que por instinto, se agarraría su miembro. Alice se puso en cuatro y comenzó a masturbarse delante de Jeremy, haciendo gemidos placenteros y sonoros. Le sorprendía que nadie los sorprendiese. Sus senos colgaban suculentamente de su cuerpo, balanceándose. Entonces, Alice meneó ese culo enorme y abultado, expulsando chorritos de jugos vaginales, indicando que estaba a punto de venirse delante de su profesor. Quedaban dos minutos.

    En un momento se detuvo y se recostó, abriéndose de piernas y sin dejar de tocarse.

    -Quiere esto ¿verdad? todos lo desean. Pero yo también.

    “Eso es trampa” pensó algo molesto, pero desistió de decírselo. Entonces, vio como Alice se pellizcaba uno de sus pezones con la mano libre. Gemia suavemente, sin alejarse de lo lascivo. Con cada movimiento y segundo trascurrido, Alice iba estimulando su cuerpo hasta que, justo al momento de terminar los cinco minutos, Alice se corre a chorro prendido delante de Jeremy. Éste, excitado, casi pierde bajando las manos, pero al instante las levanta, intentando no correrse junto a ella. Alice cae de culo y se queda tendida allí. Segundos después, apaga el cronómetro y se acerca a su profesor.

    -Vaya, ha ganado, y eso que bailé desnuda para usted. En parte estoy triste.

    -Ajá, entonces…

    -¡Oh claro! ¿pensaste que me había olvidado? pero seguro pensará que podrá penetrarme.

    Ríe por lo bajo.

    -Lo siento, pero eso no lo permitiré, al menos por ahora. Como le dije, usted me gusta profesor, su cara infantil es lo que me trae más loca.

    -Supongo que eso es un cumplido.

    -Ajá.

    Alice se tira el cabello hacia atrás y luego, sujetando el miembro de su profesor, le comenta.

    -Su premio será esto…

    Y procede a lamer la punta del pene de Jeremy. Este echa un quejido leve, pero luego aumenta a mas cuando Alice comienza a chupar la punta, como un chupetín de fresa. “Vaya, con que así sabe un pene” piensa Alice recordando todas esas veces que vio pornografía en internet. había aprendido mucho de eso, sobre todo en lo que respecta a mamadas. Sabía que debía primero estimularlo con la mano, luego lamerlo en la punta, consiguiente chuparlo y para el final, como cereza del pastel.

    -Aquí va.

    Se lo introduce en la boca. Como si se tratara de una vagina real, comienza a chupárselo con placer, sacándole algunos gemidos. Jeremy tenía una voz algo delgada, por lo que sonaba como un niño, cosa que le excitaba mucho a su alumna. Jeremy también la amaba, su culo regordete, sus enormes senos, su piel blanca, su rostro, su cabellera rubia y esos labios que ahora mismo besaban su pene. Era el sueño que nunca pudo tener en la cama por las noches.

    Alice siguió moviéndose, relamiendo el pene de Jeremy como una paleta, el mismo le ayudó empujándola con algo de brusquedad, cosa que le gustaba a su alumna. Ella a su vez, se masturbaba. Poco a poco, el pene de Jeremy se iba calentando hasta que se sintió como un horno a distancia. El calor aumentó en ambos cuerpos y sin previo aviso, luego de gemir una vez más y de que Alice se corriera de nuevo, el semen salió expulsado como un potente chorro que Alice no pudo contener.

    Pensó que aquellos videos de anime solo exageraban, pero acaba de comprobar que en verdad podía suceder. “Me acaba de violar la boca, su semen está caliente y pegajoso, sabe como a miel” piensa perdidamente mientras se lo traga y relame los labios. Jeremy cae rendido, su visión estaba borrosa de tanta repentinidad. Alice se le acerca y le da un beso con lengua en los labios.

    Minutos después, luego de vestirse de nuevo y antes de salir del callejón.

    -Espere.

    -¿Qué pasa?

    -Quiero hacer un trato con usted. Aprovechando que estoy aprendiendo a como jaquear algunas cosas…

    “Además de explosiva sexual, también jáquer” pensó riéndose un poco.

    -… deseo que usted, hasta que me licencie, no vea pornografía ni se masturbe con esos videos sin pensar en mí. Esto de aquí fue solo una excepción, pero no se repetirá.

    -Lo entiendo.

    En realidad, se moría de rabia, porque quería seguir otro día.

    -Escuche, cada fin de semana revisaré el historial de su Google y ni intente borrarlo, sé una forma de recuperar esa información. Si me promete no masturbarse con esos videos y no buscarme para más sexo, al licenciarme lo buscaré, compraré unos boletos a Hawái y nos iremos de luna de miel anticipada, para tener todo el sexo que quiera. Ahí sí le permitiré penetrarme.

    -Un momento, esto es demasiada información. ¿Cómo que boletos?

    -No soy millonaria, pero el dinero no me falta. Con los trabajos de mi padre y mi futuro título, tendré todo el tiempo y el dinero para irme con usted a Hawái y disfrutar de todo el sexo que queramos. Aunque no lo crea…

    Acerca su rostro al del profesor y le susurra.

    -… soy una ninfómana en toda regla.

    Al alejarse, nota que su profesor tiene otra erección y sintió pena, pero no hizo nada. Se alejó hacia la salida del callejón y mirando de reojo a Jeremy, le recalca.

    -Recuerde, nada de videos porno hasta dentro de cuatro años. Ahí podremos disfrutar de nuestro afrodisiaco paraíso. Es más, para hacer más fácil esto, le mandará cada tanto fotos de mí desnuda, pero no las comparta ni comente a nadie esto. Por más que también sea mayor de edad… bueno, usted entiende.

    -Ajá.

    -Bien, sellamos el trato entonces.

    Se le acerca y extiende la mano, Jeremy la estrecha gustoso. Entonces, salieron del callejón sin levantar sospechas y Alice pudo irse al KFC con sus amigas mientras que su profesor tomaba un taxi hacia su casa. Y créanme, una vez Alice se licencio y luego de confirmar que su profesor cumplió su palabra, compraron unos boletos para Hawái y allí, tuvieron sexo tres veces al día por una semana.

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  • Mi primer squirt con mi tío 20 años mayor

    Mi primer squirt con mi tío 20 años mayor

    Hola lectores, el día de hoy les relato sobre la segunda aventura que tuve con mi tío 20 años mayor, quien me inició en el sexo.

    Después del primer encuentro pasó casi un mes para poder encontrarnos, nuevamente mis padres me dejaban a su cargo por razones de trabajo. Ese día llegué a su casa, en cuento vi su mirada llena de morbo sentí ganas de ser suya en ese mismo instante. Mi cuerpo delgado, con tetas pequeñas pero aureolas grandes obscuras, pezones largos, un culito sabroso y una vagina rica llena de jugos, se encontraba ahí, lista para mi querido tío. Ese día llegué con una mini falda, un top que dejaba a su vista mis tetitas, en cuanto cerró la puerta no pudo evitar llevarme a su cuarto y volví a ser su esclava.

    Tío Carlos: Princesa que delicioso es verte, no sabes cómo quería verte y cogerte otra vez, ¿te has tocado pensando en mi? Porque yo si lo he hecho.

    Danna: He pensado mucho en ti, pero no sé bien cómo tocarme cuando tú no estás, dime cómo Carlos porque mi cuerpo extraño sentirte dentro de mi.

    Obviamente Carlos no tardo en decírmelo, frente al espejo se su habitación volteo el sofá, quedando la parte trasera de frente a ese espejo, se sento y me dijo:

    T: Princesa pon esa vagina caliente en el borde de reposabrazos y comienza a moverte suavemente. Mientras se sentó a ver cómo lo hacía, yo me veía en el espejo y me excitaba cada vez más. Continúe con movimientos suaves que hacían que comenzará a mojarme, de pronto Carlos se colocó detrás de mi, me quitó la falda y me dejó solo en top y tanga. Jalaba mi tanga y la metía entre mis labios, mientras ambos nos veíamos por el espejo, besaba mi cuello y espalda, podía sentir su gran pene detrás de mi.

    Comenzó a bajar mi top, tomo de mis jugos y luego embarro mis tetitas, jalaba suavemente mis pezones y los movía para que rebotaran, enseguida me quitó la tanga. Me volteo hacia él, succionó mis pezones y luego bajo a lamer mi vagina, sentía como metía su lengua y jugaba con mi clítoris.

    T: Que ricos jugos princesa, ahora te toca comerte mi verga, abre esa boquita rica y chupala.

    Me hinque y mame su verga hasta casi hacerlo venir, tocaba sus huevos y me los llevaba a la boca, succionaba su verga y tragaba hasta donde más podía. Después me volvió a poner en el reposabrazos, el se colocó detrás de mi, podía ver en el espejo como me iba penetrando lentamente, mientras me tomaba de la cintura. Cuando logro meter toda su verga, las embestidas fueron más rápidas y más duras, me daba nalgadas y yo sentía esa verga caliente dentro de mi.

    Mi querido Carlos me enderezo y tomo del cuello, metió sus dedos a mi boca y luego tocó mis pezones, le encantaba estirar aún más mis pezones.

    T: Que tetas tan ricas tienes, extrañaba comerlas y jugar con ellas. ¿Te gusta?

    D: Me gusta Carlos, me encanta que me hagas tuya.

    Mientras me penetraba comenzó a tocar mi clítoris, tuve un orgasmo riquísimo, enseguida Carlos se sentó en el sofá, yo me agache y lami nuevamente su verga llena de mis jugos, luego lo monte. El chupaba mis tetas con desesperación, mientras yo lo cabalgaba. Enseguida me pidió que pusiera mi panocha en su boca y así lo hice. Me movía suavemente mientas el chupaba mi vagina, yo le ayudaba abriendo mis labios para sentir su lengua.

    Volví a montar si verga y cabalgue con tanta fuerza que salia un chorro de mi vagina, mis piernas temblaban, Carlos no podía creer la cantidad de líquido que expulsaba.

    T: Ay princesa que rico te corres, estás teniendo un squirt, que rico me excitas demasiado.

    Volví a montarlo y a expulsar líquido, hasta que juntos llegamos al orgasmo, ese día Carlos no pudo evitar correrse dentro de mi, así que recibí su lechita caliente. Ese fin de semana continúe con mis lecciones de sexo.

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  • La abuela Yolanda y su adicción al beso negro

    La abuela Yolanda y su adicción al beso negro

    Para muchos una mujer madura mayor de 60 años pasa simplemente como la abuelita de la casa, para mi es el significado de la verdadera lujuria en las mujeres, pasión desbordada y contenida pero sobre todo un sin fin de fantasías reprimidas.

    Yolanda era una mujer de 62 años, amiga de mi mamá la cual siempre venia a casa, ellas habían trabajado juntas mas de 15 años por lo que era considerada amiga de la casa, siempre me han gustado las mujeres voluptuosas y ella era la fantasía, media 1.65 m, era trigueña, pelo ondulado al hombro, labios gruesos, ojos caramelo, no aparentaba su edad, siempre se vestía con blusas anchas y pantalón, físicamente era una locura, ni en películas porno había visto unos senos tan grandes, sus pechos eran unos misiles, eran demasiado grande pero lo que llamaba la atención era el tamaño de sus caderas y sus nalgas, tenia talla pantalón 40 pero no por gorda sino por el tamaño del culo (si han visto a esta mujer graciebom – ella tiene el culo así), siempre usaba tacones por ende se marcaba más el tamaño del culo.

    Cuando venia a casa, siempre la recibía con cariño y ella me decía que ya era un hombre de 18 años y que debía tener cuidado con todas las chicas, que no todas son buenas y que debía escoger a la mejor para iniciar una relación buena y saludable. Siempre me gusto su forma de ser pero dentro de mi me daba cuenta que en los saludos, ella me abrazaba o cuando caminaba se pagaba más de la cuenta, no les voy a mentir que moría por estar con ella, a mi me encanta las mujeres culonas pero siempre he preferido los cuerpos maduros donde sean voluptuosas y si son gorditas mejor.

    Una tarde, llegue a casa plan de 2 pm y me sorprendí que solamente estaba Yolanda.

    Yo: ¿Hola Yoli, como estas? ¿Y mis papas?

    Y: Hola amorcito, tuvieron que salir y tu mamá me dijo que viniera para hacerte el almuerzo ya que hoy habías madrugado para tu examen de la Universidad y ellos iban a retornar en la noche pasado las 10 pm. ¿Deseas que te sirva tu comida?, te he preparado tu plato favorito “Lasagna”.

    Yo: Que rico Yoli, ya me imagino que con esas manos hermosas y mágicas debe estar delicioso (Me arriesgue al decirle ese comentario pero era mi oportunidad para ver su reacción).

    Y: Amorcito esta para chuparse los dedos y todo, dio una risa picará y se levantó.

    Mi sorpresa fue que al verla estaba vestida con un buso que era descomunal porque le marcaban las caderas y las nalgas tan gordas que tenia pero sobre todo estaba con un polo escotado que se le traslucía los pezones… Estaba sin brasier. Verdaderamente no lo podía creer, tuve que ir al baño a lavarme y tenia la pinga super erecta.

    Cuando llegue al comedor aproveche en ir a la cocina y pude verla mas de cerca, el buso de licra era de color morado lo que evidenciaba “pornográficamente” las dimensiones de sus nalgas y la abrace por detrás con mucho cuidado poniendo mis mano en sus hombros y diciéndole:

    Yo: MI Yoli que linda eres, me muero de hambre, espero que comamos juntos.

    Y: Amorcito que lindo tu saludo, te sirvo la comida, yo ya almorcé pero te acompaño igual.

    Me senté en la mesa y cuando viene Yolanda, la imagen fue una locura, se le notaba los pezones grandes gordos con aureolas, el polo escotado era de color blanco, no se si se quito el brasier en la casa porque es inaudito que haya venido así a la casa, ni bien probé el bocado, tenia una erección increíble.

    Y: ¿Te gusto amorcito?, espero que estés contento, tu tía Yoli siempre ha cumplido tus gustos.

    Yo: Gracias Yoli, esta deliciosos digno de tus bellas manos.

    Aproveche a dejar el tenedor y besar sus manos, ella sonrió, pero le manche sus dedos, a lo cual en vez de limpiarle, se los chupe y le dije:

    Yo: La lasagna esta para chuparse los dedos tuyos y míos y di una carcajada que ella se rio.

    Yolanda: Mira lo que dices amorcito, ¿me lo voy a creer entonces?

    Yo: Yoli eres perfecta, cocinas deliciosos, eras muy linda, ¿por qué estás soltera?

    Y: Amorcito que dices, quien va a fijarse en una abuela gorda y fea.

    Yo: Que hablas Yolanda, dichosos los que te ven caminar, para mi eres una mujer muy bella y no eres gorda, debes de aceptar que tienes un cuerpo escultura.

    Y: amorcito que lindo eres pero no, soy gorda ¿no ves mi cuerpo mondongudo?

    Yo: ¿Yoli, que hablas? Tu cuerpo es maravillosos, para mi tienes una silueta de diosa, como no quisiera conocer a una chica como tu.

    Y: Que lindo amorcito que pienses así de mi y de verdad de tomo la palabra me la voy a creer, si dices que soy linda entonces seamos novios jajaja.

    Yo: Mi Yoli, seria el hombre mas feliz del mundo ¿Y tu?

    Y: ¿Y yo que?

    Yo: Si te dijera que seas mi novia, ¿te gustaría?

    Y: Dios me libre, como un joven tan lindo de 18 años va a estar con una vieja de 62 años, te llevo 54 años, ¡¡¡estás loco!!!

    Yo: Yoli, ahora que la situación nos da para estar solos, espero que esto quede entre los dos, desde que te vi, siempre has sido la musa de mis

    Pensamientos, siempre he admirado tu belleza y no solamente la física que me tiene loco sino también lo bella que eres como mujer.

    Y: Renato, no digas eso, no esta bien, de repente te estas confundiendo, no puedo aceptar que Yo te guste.

    Yo: Yoli, porque no puedes aceptar que atraes a un chico de 18 años, que hay de malo, siempre me has atraído y lo que te digo es real, me encantaría

    Llenarte de detalles, de sonrisas, sorprenderte, a mi no me importa la edad, me importas tú, entiendo que si te molesta entonces te pido las disculpas del caso, no quiero que te molestes conmigo.

    Y: Renato, me sorprende todo lo que dices, me asuste y me halaga que alguien tan lindo me diga estas cosas, tantos años que nadie me decia eso y que un jovencito me lo diga me sorprende, siempre admire tu madurez y se que lo que dices es cierto, pero me cuesta entenderlo y aceptarlo, ponte en mi lugar, te conozco desde que eras niño.

    Yo: Yoli, exacto, lo que te digo es cierto, tu me gustas mucho y quiero que me des la oportunidad de hacer tus días llenos de alegría, dame la oportunidad, ¿te parece?

    Y: Amorcito, me encanta todo lo que dices, pero como haríamos , ¿le vamos a decir a tu mama que somos novios?

    Posterior a la pregunta se hecho a reir y yo me pare de la mesa, le dije que se pare de la mesa y la abrace, sentí como sus tetas inmensas se pegaban a mi pecho, la agarre de la cintura y mirándola a los ojos le dije:

    Yo: Yoli, dame la oportunidad, ten a seguridad que te hare muy feliz.

    Y: tengo miedo pero lo haré.

    Al momento que dijo eso le di un beso y oh sorpresa, la abuelita dulce se convirtió en una pantera, abrió su boca y salió una lengua bien grande, me sorprendió porque nunca había visto a personas que tengan una lengua tan larga, sentía como se movía en mi boca, aproveche de acariciarle la espalda, me moría de ganas de agarrarle el potaso que tenia pero prefería que ella lleve la iniciativa, sus manos bajaron a mi trasero y lo acariciaba con morbo es ahi que aproveche a sobarla las tetas gordas, estaba a mil, sentia su lengua, asi que, me solte de sus labios y comence a besarle el cuello y ella me decia:

    Y: Mi bebe, me encantas, eres mi novio jovencito y yo tu abuelita.

    Yo: Yoli, eres mi diosa, me encantas mi amor, eres mía, mi mujer.

    Yoli, se separo brusco y mirándome me dijo:

    Y: ¿De verdad soy tu mujer?

    Yo: Eres mi mujer en todo y Yo seré tu novio, tu amor, tu marido.

    Yoli me agarro y se abalanzó a comerme la boca, sus manos descendieron a la parte de mi entrepierna y lo sobaba como desesperada, yo quería meter mis manos en sus nalgas pero era imposible por el tamaño y porque el pantalón de licra estaba super ajustado, lo que me sorprendió fue que sentí que llevaba hilo dental y me volvió más loco, baje a su cuello y al escote, le levante el polo y me sorprendió el tamaños de cada teta, era como mi cabeza

    Agarre con las dos manos y me metí el pezón a la boca, la aureola era inmensa de color marrón, chupaba el pezón como que quería sacarle el alma.

    Y: Bebe que rico tomas tu leche, así amorcito, comete esta teta, chupa toda, muérdela, quiero que lo muerdes fuerte.

    Yo Yoli me fascinas, me encantas quiero comerte toda

    Mientras le chupaba los pezones y se los mordía fuerte, Yol gritaba desesperada y se iba bajando la licra.

    Y: Así amor muerde fuerte, muerde con furia, comete a esta vieja puta.

    Me sorprendió totalmente su reacción y comencé fuerte, hasta un punto que tenia miedo de sacarle sangre, pero ella me obligaba. En un momento me comencé a besarle y ayudarle a bajar la licra pero preferí hacerlo más cómodo, y mientras nos besábamos la lleve a la sala y me sente en el sofa, ella se paro y comenzó a bajarse la licra.

    Yo: Yoli quiero ver ese potazo, ese culazo, quiero sacarte la licra.

    Y: Hazlo amor soy tu perra, tu abuelita puta.

    Le hice que se ponga en 4 con las rodillas en el sofá, le quite las sandalias y hasta sus pies eran tersos y suaves, poco a poco le iba quitando la licra y cuando fue total, era algo impresionante, el culo inmenso en cuatro era mas de dos cuerpos mios, era un monstruo, estaba con un hilo dental negro de blondas moría por olerlo.

    Y: Amor cómeme el culo, siempre he deseado que me chupen el poto, hazlo amor.

    Yo: Yoli, eres mi diosa, quiero oler tu culo, saborearlo.

    En el próximo capitulo estará la continuación.

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