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  • Consulta ginecológica con mi hijastra

    Consulta ginecológica con mi hijastra

     

    Les aseguro que para los ginecólogos no hay nada más normal que una mujer con las piernas abiertas mostrando su vagina, resignándose a que las miremos las toquemos las penetremos con cualquier tipo de instrumento. He aprovechado en algunas ocasiones mi condición de médico para toquetear más de la cuenta cuando el caso lo ameritaba o percibía que, al menor roce, se excitaban y nada podían hacer para ocular la calentura.

    Más de una vez tuve sexo con alguna de mis pacientes, siempre con el debido consentimiento y siempre en una actitud de respuesta más que de iniciativa. Más de una vez también compré espejitos de colores y casi me denuncian por mal interpretar a una veterana que me pidió que le colocara un Diu seguro porque con tantos hombres con los que se acostaba no iba a tener la menor idea si, llegado el caso, la dejaran embarazada.

    Pensé que me estaba tirando onda y cuando le acaricié el pelo me cortó en seco: “Qué hacés pelotudo, vine a ponerme un Diu no a que te hagas lo rulos. No te denuncio porque es tu palabra contra la mía, pero sos un flor de pajero”.

    Estuve casado unos cuantos años. Nueve para ser preciso y me divorcié porque mi ex ya no se bancaba mis horarios y mis pocas ganas de coger con ella. Había conocido un par de pendejas en el hospital que de tanto en tanto me ponían la libido al día con unas buenas cogidas en la sala de guardia. La última aventura terminó mal: la mina quedó enganchada, me arañó toda la espalda y llamo a mi casa para “blanquear” la situación. Resultado: me divorcié con quilombo y división de bienes. Entre la calentura que tenía acumulada y el furor de Tinder, el año siguiente a la separación me la pasé cogiendo como si se terminara el mundo.

    Con la idea de sentar cabeza hace un año me animé a aceptar la invitación de convivencia de María, una vieja compañera de la facultad con la que siempre hubo buena cama y todo venía sobre ruedas hasta que apareció Yanina.

    Fue sorpresivo. Yo volvía de una guardia a las siete de la mañana y me estaba meando desde que salí del Hospital. Como tenía miedo de hacerme encima, durante el viaje me vine estimulando la pija para retrasar las ganas de orinar. Cuando entré a la casa estaba con un palo tremendo, con la pija afuera y encaré directo para el baño que habitualmente usaban las visitas. Entré con la pija al mango y me pare frente al inodoro con los ojos cerrados estimulando mi miembro como para poder mear de una buena vez.

    Habrían pasado 40 segundos y yo seguía con los ojos cerrados, una mano en la pared y la otra frotando suavemente el miembro para aflojar la erección. Cuando salió el primer chorro de orina me relaje y largué un gemido como esos que hago cuando estoy solo o cuando me masturbo. No percaté que en el baño estaba Yanina que acababa de bañarse y estaba con una toalla diminuta tratando de esconder sus enormes tetas. Era un hembrón de 29 años. Pelo ondulado, castaño claro, unos pómulos marcados hacían que todos sus rasgos fueran más sensuales y salvajes. Tiene una boca con labios carnosos y una nariz diminuta que resaltaba más su boca. En la frente tenía una cicatriz, y un tatuaje de una estrella en el cuello, casi imperceptible pero que le daba un toque interesante, intrigante. Un bombón.

    —Perdón no te vi, que vergüenza —le dije y realmente me quería morir.

    Me pareció que cada tanto ella me clavaba la mirada en la pija, que todavía seguía hinchada, mientras trataba de esconderla con mis dos manos e inclinando el cuerpo como para darle la espalda.

    —No te preocupes Raúl, no pasa nada. Pensé que sabías que me había vuelto a la Argentina —me dijo mientras se acomodaba la toalla en las tetas y dejaba el culo casi al aire.

    No podía dejar de mirar pero hice todo lo posible para que no se notara. Nos dimos un beso de compromiso y ahí advertimos que ambos estábamos acalorados, con los cachetes rojos. Confieso que lo mío, al final, era más calentura que vergüenza porque se me paró más de una vez pensando en esas tetas y ese culo. Era una mujer bellísima, interesante, de 1,60 de altura y una cintura bien marcada. Las tetas las tenía mucho más grande que la última vez que la había visto, seguramente por las consecuencias del amamantamiento de su hijo de dos años.

    Con mi pareja nos reencontramos gracias a Facebook, En esa época Yanina vivía en Australia y tenía 23 años. Se había ido por un novio que conoció en la facultad. Según lo que pude averiguar luego del encuentro fugaz en el baño su regreso intempestivo se debió a “problemas de convivencia”. Y que pudo volver a Buenos Aires con su hijo gracias a que le habían hecho lugar a una demanda complicada de “violencia física y violación”.

    La primera semana se quedó a vivir con nosotros. Varias veces me descubrí mirándola cuando se paseaba con ropa suelta por la casa. Tenía unos short de jean diminutos, esos que no se abrochan adelante y una pancita liza, con algunos abdominales todavía marcados a pesar del embarazo. Sus tetas eran grandes pero estaban paradas y la remeritas cortas les quedaban bien separadas del torso con los pechos marcados.

    Alguna vez también me pareció que ella me miraba, sobre todo una noche que me había quedado dormido en el sillón del living en calzoncillos y ella me despertó con un beso en la frente. No sé qué habría soñado pero después del beso estaba totalmente erecto. “Por qué no te vas a la cama”, me dijo y me calenté un poco más.

    Después de un par de semanas prefirió mudarse a un departamento que teníamos vacío en el mismo edificio donde yo tengo mi consultorio particular. Necesitaba intimidad y en casa era medio difícil. Pude apreciar que no tenía una gran relación con María, nunca supe bien los motivos, pero se notaba que mantenían un vínculo frío y distante.

    Dejé de verla por un mes aproximadamente. Pero cada tanto me venía la imagen del baño con mi pija durísima y ella casi en bolas. Me reprochaba no haber dicho nada o no haber tirado alguna indirecta. Pero al rato se me pasaba. Una vez casi me masturbo recordando ese culo. En el baño yo había podido ver que tenía un cuerpo esculpido, con la piel suave casi brillante. Olía a cremas humectantes. Tenía piernas flacas, pero con los mulsos torneados. El culo lo tenía bien parado. En definitiva era una pendeja de 29 años que venía de una experiencia traumática y estaba tomándose un respiro para volver al ruedo. Y eso me encendió el morbo también.

    Pero todo cambió hace tres semanas cuando me la encontré a la salida del trabajo. ”¿Raúl, a vos te molestaría mucho que yo hiciera una consulta ginecológica con vos?” –me preguntó a quemarropa cuando nos encontramos en el ascensor. El departamento que le prestamos estaba en el séptimo piso y mi consultorio en el quinto. “La verdad es que la pasé mal y hay días en los que tengo miedo de que me haya quedado alguna secuela”, me agregó con un tono triste.

    Le dije que no estaba muy seguro que conocía un montón de colegas hombres o mujeres que podían atenderla, inclusive sin cobrarle si iba de mi parte. “Raúl yo te vi en bolas y no me asusté jaja. Vos podés revisarme sin que te genere ningún conflicto. Yo me sentiría mucho más segura. Si querés consultalo con mi madre, pero yo no pensaba decirle nada”, me disparó y me dejó helado.

    Un escalofrío me corrió por la espalda y estuve al borde de la erección. Sabía que no podía dar ningún paso en falso y que todo dependería de lo que ella hiciera. “Yo no pensaba decirle nada”, esa frase desató mis ganas de cogérmela. Como me aclaró que no era urgente le dije que lo iba a pensar y que le decía. Me fui del consultorio excitado, la imagen de la pendeja en toalla reaparecía en mi cabeza a cada distracción.

    El fin me la pase pensando en ella. Tenía ganas de que fuera lunes para encontrármela de nuevo en el ascensor. Pero no hizo falta. El domingo a la tarde pasó a visitarnos con el niño y nos pidió si podíamos cuidárselo un par de horas. Cuando la acompañé hasta la puerta me miró fijo a los ojos y me susurró al oído: “Te mentí Raúl, necesito una consulta ginecológica urgente”. Y ahí sí, mandé todo a la puta que lo parió y le dije fuera a verme al día siguiente.

    Como yo sabía –por llevarlo en varias oportunidades– que el hijo de Yanina iba a la guardería de 13.30 a 17 la cité a las 14. Cuando le abrí la puerta me quedé boquiabierto. Estaba con el pelo húmedo pero recogido con un lápiz le que hacía resaltar más sus ojos y sus labios carnosos. Tenía un solerito blanco que le llegaba apenas hasta los muslos y sólo cuando se tuvo que estirar para darme un beso se le veía todo el culo. Sus piernas brillaban. En los pies tenía unas de esas ojotas con taco alto lo que le paraba más el orto y la hacía más esbelta a pesar de que no era muy alta.

    No llevaba corpiño y los pezones se le clavaban en el solero, sobresalían anunciando un hermoso par de tetas firmes. Era lo más lindo que me tocaría revisar por lo menos en los últimos cinco años. Una belleza que algo tenía en mente, estimo desde aquel encuentro fortuito en el baño.

    Me puse algo nervioso y me quedé mudo. Supongo que ella sabía que había logrado ponerme incómodo.

    “¿Me saco toda la ropa? Me preguntó y asentí con la cabeza. Se paró al lado de mi sillón ginecológico y cuando se subió el solero note que tampoco llevaba ropa interior. Tenía la concha rosada, casi perfecta, depilada y se cuándo se agacho para acomodar las cosas en la silla vi ese perfecto culo, con el agujero diminuto, rosado, una flor con una tonalidad un poco más arriba que la de su piel. Era blanca, pero con buen color y una piel suave. Se notaba que tenía relaciones por el culo también por la forma que adquieren los cachetes cuando las pacientes practican el sexo anal con cotidianeidad.

    Le dije que tenía que hacerle muchas preguntas para poder generar la historia clínica. Le pregunté como profesional y como curioso. Me contó que se quedó embarazada porque le tuvo problemas con un preservativo y que embalada con el proyecto de familia decidió tenerlo. Confirmó que tenía relaciones normalmente por vagina y ano, que no tenía ningún problema en particular y que quería que la revisaran porque había tenido una situación traumática. Le pregunté si quería contarme que le había pasado y me dijo que por el momento prefería reservárselo. “La pasé muy mal Raúl, pensé que me mataban”, me confesó.

    Le dije que tenía que hacerle un tacto en las tetas para ver en qué condiciones estaban y evitar cualquier sorpresa. Me paré atrás de ella y empecé a manosear sus senos con criterio profesional, para detectar la presencia de quistes o algo que ameritara algún estudio complementario. Tenía unas tetas grandes pero perfectas, con unos pezones que se ponían duros ante el primer contacto. Tenía ganas de chupárselas todas, pasarle la lengua por los pezones y mordérselos, pero no me animé. Me pareció advertir que se mordía los labios en un momento en el que le revisaba los pezones y hasta se le escapó un leve suspiro. Yo tenía la pija paradísima, pero me mantuve lo más frío posible. Esa pendeja me estaba volando la cabeza.

    Me comentó que también evaluaba la posibilidad de colocarse un Diu o de tomar pastillas anticonceptivas para evitar otra “sorpresa” pero que las pastillas les daban miedo y el Diu no era del todo seguro. La invité a sentarse en la silla de revisión, una especie de asiento adaptado en la que las piernas quedan abiertas a un lado y otro y nosotros podamos revisar bien a fondo las vaginas. Cuando me acerque noté que estaba toda mojada, chorreando un flujo espeso y tibio que le bajaba por la entrepierna. Eso me calentó un poco más. Le dije que le iba a tener que introducir un aparto para poder ver bien y me puse la lupa y la linterna con vincha que uso casi desde el día en que me recibí.

    Me puse los guantes y le dije que iba a tener que introducir algunos dedos en su vagina y tal vez en su ano para ver si estaba todo en orden. Cuando la toqué se retorció en la silla y las tetas parecían más grandes todavía, y se le escapó un gemido un poco más fuerte. Me calentaba mucho verla morderse los labios. Estaba seguro que quería guerra, pero no iba a hacer nada hasta que me lo pidiera.

    Vi que todo estaba bien y le dije que se quedara tranquila que al menos en la vagina no le había quedado ninguna secuela. Cuando le metí un dedo en el ano se le escapó otro suspiro grande. “ahhhh, Raúl, está todo en orden?”. Le reiteré que sí. Que se quedara tranquila que no hay lesiones internas y que tampoco veía nada extraño.

    No sé si me estaba prestando atención. Cuando saqué la pinza y me quité los guantes, con sus dos manos me hundió la cara en su vagina. ‘¿Huele bien? ¿En rica? –me preguntó mientras seguía presionándome con ambas manos. “Hace años que nadie me come la concha, ¿me la comerías vos Raúl?”, me suplicó y se la comí toda. Empezó a gemir con más intensidad, se mordía los labios y se acariciaba las tetas y me pedía que le hundiera más la lengua. “Voy a acabar, mordeme el clítoris, méteme algún dedo en el culo, por favor Raúl, me estoy volviendo loca, quiero acabar ay ay aaay”, gritó y se desplomó en la silla.

    “Ahora te voy a revisar yo a vos”; me dijo mientras me iba desabrochando uno a uno los botones de mi delantal. Le costó abrir el pantalón por la presión que hacía con mi miembro de la erección tremenda que tenía. “Tiene buen tamaño, es grueso y responde a los estímulos”; me dijo mientras lo acariciaba y me daba un beso. Me comió la boca y la pija se me puso un poco más dura. “Este va a ser el secreto entre vos y yo”, me tranquilizó.

    Me empujó con suavidad y me invitó a que me sentara en la silla de revisación. “Ahora voy a meterlo en mi boca para ver si está todo bien”; me dijo como imitándome. Y empezó a mamarla con desesperación. Se la metía tan hasta adentro que se le llenaban los ojos de lágrimas. Me pasaba la lengua desde los huevos hasta la cabeza y cada vez se la metía un poco más hasta que quedó con sus labios pegados a mi pelvis. “A su edad – agregó con tono médico – no es buena la acumulación de esperma porque le puede traer problemas en la próstata”.

    Me incendió la cabeza y tenía la pija a punto de explotar. Corrió la silla más para atrás me empezó a lamer también el culo mientras con la mano me masturbaba. Subió lentamente con la lengua hasta la cabeza y cuando se la volvió a meter en la boca traté de correrla porque iba a eyacular. Le dije que estaba por acabar, para avisarle, pero su respuesta fue decidida. “Dámela toda”, me suplicó y en lugar de correrse presionó con sus labios la cabeza de mi pija y se tomó toda la leche. “Qué rica y calentita leche que tiene doc. Lo voy a anotar en la historia clínica”, dijo mientras seguía lamiéndola como para que no quedara ningún rastro de esperma.

    “Ahora quiero una revisión a fondo”, me dijo. “Quiero sentir esa hermosa poronga bien adentro mío”, me advirtió. Y se trepó hasta quedar con su vagina a centímetros de la pija. La acercó y en lugar de metérsela empezó a frotarse con mi miembro. “Es tan gruesa, está tan dura, tan caliente”, me decía mientras se frotaba el clítoris con mi verga al palo y me pedía que le chupara las tetas. “Meteme los dedos en el orto, estoy muy caliente, quiero esa pija hasta las entrañas”, me suplicó y dejó de frotarse para metérsela hasta el fondo con un solo movimiento. Me empezó a comer el cuello y gemía con una voz dulce que me volvía loco.

    Se quedó quieta como esperando que su vagina estuviera toda cubierta con mi pija y empezó a moverse hasta que mi pija desaparecía en su entrepierna. Tengo un miembro normal pero es gruesa, eso me trajo más alegrías de las esperadas a la hora del sexo. “Me llenás toda Raúl, que buena pija, la quiero toda, dame fuerte, cógeme toda, quiero que me cojas toda. Cogeme fuerte, la quiero toda, ay, ay, ay”, gemía muy puta y me refregaba las tetas por la cara. “Mordelas, chupalas”, me pedía mientras seguía subiendo y bajando como en cuclillas. Tuve que contenerme para no acabar, quería cogérmela bien. Se sabe que si te cogés bien a una mina, te la volvés a coger.

    Siguió cabalgando hasta que volvió a acabar, sentí como sus jugos se chorreaban por mi pija que estaba cada vez más dura. Me apretaba los huevos con ambas manos como tratando de metérselos también en la concha. Se puso en cuatro y me levantó el culo. “Ahora la quiero por atrás”, me avisó. Se inclinó un poco más y me abrió los cachetes para que pudiera apreciar el hermoso culo que tenía. Estaba dilatado, mi dedo con sus jugos se deslizó en su orificio sin ninguna resistencia.

    Era perfecto, lo tenía parado y sin estrías. Los cachetes bien redondos y proporcionados. Se abrió un poco más con las tetas apoyadas en la camilla y tenía una espalda tan delicada que los pechos sobresalían por ambos costados cuando hacía presión en la camilla y me pedía que le diera por culo.

    “Rompémelo Raúl, hacemelo. Hace años que no me rompen el culo”, me suplicó y cuando se la apoyé traté de que entrara suavemente. Con el grosor de mi pija para el sexo anal era conveniente quedarse quieto hasta que los músculos se dilataran, pero ella quería otra cosa, quería que me la cogiera con violencia y me volvió a pedir.

    “Rompémelo todo, por favor”, y empecé a bombear con fuerza agarrándola de las tetas y los cachetes del ojete. “Que buena cogida, la quiero toda, lléname el culo de leche, rompémelo todo, ay ay aaayy” gritó y al mismo tiempo de mi pija salió un chorro caliente de leche que le llenó el orto. Me quedé un rato quieto, con la pija todavía parada, como si la tuviera clavada en su culo. No quería sacarla de ese agujero calentito y perfecto.

    Quedamos exhaustos, agotados, a los dos nos temblaban las piernas y estábamos plenos y relajados. “No le digas nada a mi madre”, me recordó como si hiciera falta. “Hay riesgo de que me convierta en tu paciente crónica”, me dijo mientras me besaba otra vez la pija, todavía chorreante de leche y sexo. M hizo otra mamada magistral pero esta vez le acabe en las tetas. Se lamió los lechazos en los que llegaba con la lengua y se trató toda la leche barriendo con uno de sus dedos y llevándoselo a la boca.

    Increíble, pero después de mucho tiempo me había echado tres polvos en una tarde. Me sentía un pendejo a pesar de mis 47 años. Y asi es que hace unos meses estoy en esta relación prohibida pero llena de placer con la hija de mi mujer. Los lunes de 14 a 16 no suelo tomar turnos desde que Yanina me pide sexo en el consultorio.

    Por ahora le doy para adelante pero sabiendo que esto puede terminar mal. Mientras tanto disfruto de la vida que es una sola y de esta pendeja que está recaliente y quiere pija en mi consultorio por lo menos una vez por semana.

  • La iniciación de mi sobrino

    La iniciación de mi sobrino

    Todo cambió en mi vida desde que a mi marido lo trasladaron a la sucursal del banco en Río Negro y yo no me pude mudar porque ninguno de los chicos se quiso cambiar de colegio. Voy algunos fines de semana largos, las vacaciones de verano e invierno y en las Fiestas, por supuesto. Tengo un día a día menos estresado porque tomo todas las decisiones, pero me ponen de muy mal humor las largas temporadas sin sexo.

    Muchas veces me consuelo tocándome leyendo relatos eróticos o mirando películas porno con mi tablet. Con la masturbación casi cotidiana logro dormir un poco más relajada, pero la calentura no desaparece, al contrario, va creciendo. Más me toco por las noches, más ganas tengo de que me cojan, como deberían, por lo menos dos o tres veces por semana.

    Nada me pone más de mal humor que la frase “pobre debe estar mal cogida”, primero porque me parece espantosa pero interiormente es porque me siento identificada. Mi humor se modificó, me río menos y estoy más ansiosa. Viajar a Río Negro sólo por un polvo es un incordio al margen de que no me daría el presupuesto y siempre con el riesgo de que las calenturas de mi marido no sean similares a las mías y termine más mortificada que satisfecha.

    “Comprate un juguete boluda. No fallan y no te hacen ningún reclamo”, me aconsejó una de mis mejores amigas, acaso con la única que puedo hablar estos temas delicados. Tengo 43 años, una vida sexual plena a pesar de la maternidad y unas ganas de coger increíbles que van aumentando. En esos días las pajas nocturnas se multiplican en la ducha o cuando me limpio con el bidet. No son iguales los orgasmos, te calman, pero seguís caliente.

    Le hice caso a mi amiga y me compré un juguete. Sufrí como pocas veces en la vida entrando a un local que estaba escondido en una galería en una de las avenidas más importantes de Buenos Aires. Por esas cosas de la educación recibida, me horrorizaba pensar que alguien me sorprendiera entrando o saliendo del local. Y desistía de ir directamente cuando me figuraba a las conchudas del grupo de madres del Whatsapp del colegio haciéndose una fiesta con “la mal cogida”.

    Vivo en un departamento grande que heredé de mis padres a pocas cuadras del colegio. Voy al gimnasio a la mañana, hago Pilates por la tarde y me gusta mucho caminar. Soy morocha, delgada, mido 1,70 y Dios me concedió buenas curvas. No tengo un culo impresionante pero muchas veces me doy cuenta de que me lo miran cuando me pongo alguna calza para hacer glúteos en el gimnasio. Y mis tetas, que siguen firmes a pesar de los años, también tienen un buen tamaño. No soy exuberante, pero tengo unos pechos grandes que acapara miradas cada vez que camino por la calle o hago ejercicios en el Gym.

    Siempre fui bastante calentona. “Vos sos como techo de pueblo —me dijo una vez un amigo con el cogíamos en la universidad— si no te clavan, te volás”. Y algo de cierto había. No me bancaba la vida sin sexo.

    Con el juguete las cosas empeoraron aún más porque me empecé a penetrar todas las noches y tenía la vagina súper inflamada por el roce de la silicona. La inexperiencia y la desesperación hicieron que no lo acompañara con la lubricación adecuada y eso fue fulminante. Y no se a ustedes, pero a mí definitivamente me bajaba la calentura cuando intentaba emular el sexo oral. Yo quería chupar una buena pija, no ese pedazo de plástico. Quería que oliera a pija, que tuviera la temperatura de una pija y que viniera llena de leche para degustar. Necesitaba sentir el esperma en mi boca, en mis tetas, en todo mi cuerpo.

    La necesidad de una pija real se fue convirtiendo en una obsesión y mucho más cuando noté que a mi marido le importaba tres carajos que yo me sintiera sola o que tuviera necesidades. Cuando le planteé mi situación y le dije que estaba necesitando sexo, directamente me ninguneó. “Dejate de joder Moni —me dijo— ya estamos grandes”, cuando le propuse que por lo menos nos masturbáramos por Skype.

    Esa noche mis hijos casi descubren el chiche, que era bastante grande. Desde que debuté siempre me gustaron los buenos pedazos, definitivamente el tamaño sí me importa.

    Yo siempre me sentí una hembra apetecible, una mujer deseada. Desde que terminé el colegio me pagué los estudios haciendo promociones publicitarias en eventos de la alta sociedad.

    Así conocí al que ahora es mi marido, en un evento de su banco. Hasta los 28 laburé sin parar y dejé de lado los estudios porque conocí a Carlos y las promociones me dejaban buena plata. Cuando murió mamá heredé varias propiedades que ellos tenían y con las rentas también pude darme una vida cómoda y sin apremios.

    Mis hijos tienen 14, 11 y 9 años. Hace dos años que a mi marido lo enviaron como gerente a la sucursal de Río Negro, de donde era oriundo y tenía a toda su familia. Mi marido es corpulento y casi fue un amor a primera vista. Yo estaba medio borracha en un casamiento y deliberadamente me lo traté de levantar. Estaba ebria y él no bebía. Se ofreció llevarme a casa manejando mi auto y terminé haciéndole una buena mamada en la cochera. Tiene una pija grande, acorde a su 1,90. Siempre me hice la tonta con respecto a ese primer encuentro y a veces estoy convencida de que el piensa que yo no me acuerdo de lo que hice.

    Nos casamos a los dos años de conocernos y enseguida quedé embarazada. Y toda la furia sexual que tuvimos en los primeros años se fue apagando con la llegada de los hijos. Mejor dicho de los embarazos.

    Cuando estaba preñada de mi segundo hijo estaba más excitada que nunca, quería que me cogieran para hacerme sentir linda y no una ballena transportadora de pibes. “Me da impresión”, me decía Carlos cuando le suplicaba que me cogiera. Tampoco me la quería chupar. Entonces le pedía que me hiciera el culo, que lo tenía súper dilatado pero me respondía. “Tranquila amor, es una etapa de la vida, ya vamos a tener tiempo para cogernos como a nosotros nos gusta”.

    Lejos de sentirme feliz por esa frase tan pelotuda le pedí, le supliqué: “Por lo menos déjame que te chupe bien la pija”. Y afortunadamente accedió. Fue un antes y un después en mi vida sexual con mi marido, empecé a comprender que a él solo le importaba tener hijos, la familia correcta y poco le importaba lo que yo necesitara.

    Cuando todo iba en picada y estaba a punto de meterle los cuernos para saciar mis instintos recibí un llamado que alteró mis días y acomodó mejor las cosas.

    —Amor, el hijo de mi hermano se muda para Buenos Aires. Terminó el colegio y quiere estudiar y probar suerte allá. Va a vivir en lo de unos amigos cerca de casa. Vos no podrías darle una mano con las mamis del colegio para ver si alguna le puede conseguir una changa.

    Le dije a Carlos que no había ningún problema, que le pasara mi celular para que me llamara cuando estuviera en Buenos Aires y por cualquier cosa que necesitara. Lo recordaba como a un grandulón medio limitado y la sugerencia de ofrecerlo para “hacer changas” me terminó de convencer de que el paparulo de mi marido seguía mandándome problemas y no soluciones.

    Pero me equivoqué. A los cinco días recibí un mensaje en mi celular. “Tía cómo estas. Necesitaría verte para ver si me podés dar una mano con tus contactos”. —La foto del perfil me dio intriga. Era un torso musculoso en el que se leía un tatuaje con letras diminutas que decía: “Soy yo”.

    Le dije que por supuesto, que pasara por casa al día siguiente a las 11 de la mañana. A esa hora yo volvía del gimnasio y me quedaba haciendo fiaca un rato en mi casa hasta empezar con las recorridas de la tarde.

    Cuando abrí la puerta se me humedeció toda la entrepierna. Sentía un hilo caliente cayendo por la cara interna de mis muslos. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Mi sobrino era un tremendo pendejo de 18 años, medía 1,95 y tenía todos los músculos marcados porque desde un viaje a Brasil se dedicaba a practicar Capoeira. ¡¡Tenía rastas¡¡ y una musculosa diminuta que dejaba ver sus brazos musculosos con las venas marcadas. Usaba unas bermudas sueltas sin cinturón y se veía el bóxer que llevaba puesto de un azul eléctrico.

    Yo volvía del gimnasio, estaba con un short blanco y temí que se notara que estaba empapada. Que mis jugos se vieran porque estaba chorreando y re caliente. Me puse nerviosa porque me sentí tremendamente atraída por ese “niño” que tristemente era mi sobrino y difícilmente pudiera cogérmelo.

    Pensaba en todas las conchudas del grupo del whatsapp contratándolo para que les paseara el perro y para que les diera una buena sacudida. Son muy zorras.

    Sentía la bombacha empapada, llena de a de flujo, los labios de la vagina me latían y el clítoris se me puso duro al igual que los pezones. “Tía, no recordaba que fueras tan joven. Al lado tuyo el tío está hecho mierda jaja”, me dijo y me dio un abrazo que me hizo ver las estrellas.

    Tenía unas manos enormes, cualquiera de sus dedos podrían ser casi como una pija mediana. Tenía todos los abdominales marcados y me sentí diminuta entre sus brazos. Hacía siete meses que no sentía contacto con ningún hombre y me voló la cabeza. Le hubiera mordido el cuello, quería refregarme en su pecho, tenía ganas de comerle la pija. Pero me reprimí. Eso sí le di un abrazo cariñoso como si todavía fuera un niño y le apoyé todo lo que pude las tetas para ver cómo reaccionaba.

    Me pareció sentir también que tenía un bulto considerable y sin darme cuenta le clavé la mirada en la entrepierna. No estaba erecto pero por las bermudas se podía seguir el recorrido de un pene considerable. Eso me mojó más y más y tuve impulsos de arrodillarme para prenderme a su miembro hasta dejarlo vacío.

    No lo conocía bien, tuve miedo de que me rechazara o de que le contara a Carlos. No podía más de la calentura. Estaba cada vez más excitada.

    Le dije que me dejara bien sus datos, que armara un currículum y que al día siguiente lo imprimiríamos en casa y además aprovechábamos para reenviarlo por whatsapp, Instagram y todas las redes sociales. El borrego estaba fuertísimo y ese desinterés que demostraba por las mujeres me calentaba más aún. A tal punto que me empeciné en seducirlo, sin que se diera cuenta.

    Cuando cerré la puerta me hice una tremenda paja. Apoyada contra la puerta. Estaba tan empapada que pude meter casi tres dedos mientras el culo daba golpes secos en la puerta. Me imaginaba comiéndole la pija a mi sobrino y poseída por ese musculoso que me iba a dar lo que yo necesitaba.

    Después de un orgasmo electrizante se me aflojaron las piernas. No podía dejar de sentirlo adentro, tenía su imagen nítida penetrándome con esa tremenda vara. Me fui a dar una ducha, seguía caliente pero ya lo había decidido: me iba a coger a mi sobrino pasara lo que pasara…

    Me desperté más caliente que nunca después de ese primer encuentro con mi sobrino. Sabía que, al menos que cometiera alguna locura, era la de mi sobrino la pija más tenía la única pija posible era la de mi sobrino. No sentí ninguna culpa porque todo lo referente a mi marido se me aparecía nebuloso y lejano.

    Fue por eso que al día siguiente lo esperé vestida para la guerra. Me puse unas calzas apretadísimas y una musculosa escotada, sin corpiño para que por los costados se pudieran ver bien mis tetas. Me había masturbado en el baño cuando me pegué una ducha y estaba desesperada por una pija que me calmara. Me calenté viendo videos en mi Tablet y siempre con la imagen de mi sobrino penetrándome hasta las entrañas con su pija dura grande gruesa y caliente. Me hice una paja infernal gritando como una loca porque sabía que estaba sola.

    A la media hora llegó mi sobrino. Estaba hecho un bombón. Se había puesto una chomba un poco más formal porque le dije que lo ideal para el currículum era sacarse una foto. Que eso inspiraba más confianza. Le comenté también que las rastas podían ser un problema para el círculo de conchetas en las que me movía, la mayoría madres del colegio al que acuden mis hijas.

    Cuando fuimos para el escritorio que estaba en el primer piso me encargué de moverle el culo lo más eróticamente que pude. Me había puesto una tanguita diminuta que se traslucía apenas pero que servía para levantármelo bien. Con la capoeira debería cansarse de ver culos rígidos y parados. Cuando llegué al primer piso me agaché para atarme las zapatillas con la intención de que tuviera una vista panorámica de mi culo a ver si lo tentaba.

    Me preguntó donde estaba el baño le indiqué y me detuve mirando su cuerpo, tenía las venas marcadas en los brazos y en el cuello y unas manos grandes que me las imaginé agarradas de mis nalgas o sobando mis tetas. Me inquieté porque estaba tardando pero me senté en el escritorio para prender la compu y empezar a armarle un currículum.

    A los pocos minutos volvió con mi Tablet en la mano e instintivamente me puse roja de vergüenza. Deseaba que no hubiera visto nada pero algo había visto porque por primera vez pude notar como su pene se había puesto duro y sobresalía por las bermudas. Se me empapó la bombacha y me olvidé del pudor. “Estaba en el videt tía, te la traje para que no se mojara”, y me estiró la mano con la tablet abierta donde la había dejado. Me puse colorada, pero pensaba que por algo la había traído.

    Mientras armábamos el currículum sentía que me miraba las tetas, a propósito, me inclinaba hacia la pantalla para que se escaparan por el escote y los costados. Tenía los pechos brillantes porque me había puesto cremas. Sentía su mirada clavada en las tetas y me volvía loca. Tenía un charco en la vagina. Quería una pija grande para calmarla.

    —¿Vos creés que yo le puedo interesar a las mujeres? —me preguntó con ternura.

    —Por supuesto. Si sos un chico lindo, tenés buen físico y apenas 18 años. Ya debés haber hecho suspirar a muchas picarón. —le dije mientras la mirada se me desviaba hacia su miembro y sus pantorrillas.

    —No te creas tía, soy virgen. No tuve mucha suerte. —me confesó.

    En ese momento mi vagina era un río caliente que latía pidiendo pija. La sola idea de que iba a ser la responsable de desvirgarlo me puso a mil. Le acaricié las mejillas y con ambas manos bajé lentamente por su cuerpo hasta llegar a la cintura. Si miembro parecía más erecto. Se le había acomodado hacia el costado izquierdo y tenía un tamaño apetecible.

    —Yo te voy a enseñar cómo se trata una mujer y vas a tener el éxito asegurado —le dije y con mucha suavidad empecé a desabrocharle la bermuda. El empezó a ponerse un poco nervioso y dubitativo. Pero a esa altura yo ya había liberado su pene del calzoncillo y había rebotado hacia adelante como impulsado por un resorte. Era circuncidado y su cabeza quedo a escasos metros de mis labios. El seguía inquieto pero estaba mucho más excitado.

    —Hagamos un trato: yo te enseño todo lo que sé y vos me metés toda esta pija hermosa. A los dos nos conviene. —Y me acerqué el índice hacia sus labios en señal de silencio.

    Abrí la boca y traté de metérmela todo lo que pudiera. Apenas llegaba a la mitad de lo grande y gruesa que era. Esta tiesa como una piedra, los huevos estaban duros a punto de explotar, tenía una verga caliente y no aguanto más de cuatro o cinco subidas y bajadas de mi cabeza que eyaculó como si nunca lo hubiere eyaculado en su vida.

    Me ahogó con el lechazo, tosí, escupí una parte sobre su cabeza que estaba de un color rojo intenso y lubricada por su esperma. Era deliciosa la leche de este chico, se la limpie con desesperación, quería más esperma para saborear. La concha me latía más fuerte, me dolían los labios de las descargas eléctricas que sentía con su esperma caliente en la garganta. Seguía erecta como al principio a pesar de la explosión. Quería una segunda vuelta. Y debutar.

    Lo agarré suavemente de su miembro y me lo llevé para la habitación. Lo empujé de espaldas en la cama y le hice otra mamada hasta que la pija quedó otra vez hinchada, con las venas marcadas y bien erguida. Me saqué toda la ropa y me trepé por su cuerpo hasta que los labios de mi vagina quedaron casi a la altura de su boca.

    —Lo primero que tenés que hacer es una buena chupada. Eso nos vuelve locas. Si sos un buen chupador te van a dar todo lo que les pidas —le dije con tono de bebota.

    Le pedí que sacara un poco la lengua y la busqué con mi clítoris. Y le rodeé la cabeza con las piernas hasta que quedó casi oculto en mi vagina chorreante y necesitada.

    Empecé a frotarme en su cara, me tiré para atrás y me topé con una pija que parecía un poco más gruesa que al principio. Era hermosa y quemaba. Esa pja me prendía fuego. La quería adentro. Por fin iba a poder sentarme en la pija que necesitaba hace tiempo.

    ——Ahora te voy a hacer debutar —le dije y me acomodé la cabeza entre los pliegos de la vagina. La mezclé con sus jugos y me la introduje hasta el fondo. Grité como una gata caliente. Me volví loca. Este chiquilín de 18 años tenía una pija enorme que me perforaba las entrañas. Sentía que me llenaba toda y estaba bien rígida, la sentía rozar mis paredes interiores y me volvía loca. Me lo cogí despacio. Le puse las manos en las tetas para que me las sobara. Le pedí que me apretara los cachetes del culo, que eso hacía que su pija hiciera más presión en mi cueva tibia y empapada. Mi clítoris se rozaba con su tronco. Empecé a sacudir la cabeza y a gritar que me cogiera más fuerte. Seguí cabalgando hasta que sentí un chorro caliente que me hizo ver las estrellas y acabé como una perra mientras su pene seguía duro y chorreaba leche. Volví a probarla, parecía más rica mezclada con mis jugos. Le pedí que me apretara las tetas y cuando me pellizcó los pezones volví a acabar. Estaba feliz

    —Estás más buena de lo que parecías en las fotos—Me dijo después de sacarla y con una mano en mi nuca me invitó a que se la limpiara. Parecía otra persona…

    Yo había logrado mi primer objetivo, echarme un polvo después de mucho tiempo y con posibilidades de seguir comiendo de esta pija hermosa, tesoro de la familia.

    Nos vestimos a las apuradas y como si nada hubiera pasado nos pusimos a terminar de armar el currículum. Tomamos unos mates y planeamos algunas estrategias para ver si podía conseguir alguna changa. El pendejo me había hecho feliz, al menos por un rato.

    —Gracias Tía, que buena cogida me pegaste. Nunca me la voy a olvidar —Me dijo cuando me despedía y me dio tanta ternura que le comí la boca con un beso de lengua.

    Creo que también era virgen de boca. “Si no sos un buen besador, nunca vas a ser un gran cogedor”, le aconsejé cuando lo acompañaba hasta la puerta y bruscamente se dio vuelta me dio un beso cargado de ternura y suavidad. La pija se le había parado otra vez. Y yo me volví a chorrear la entrepierna.

    —Hablamos en estos días. Gracias a vos corazón. Yo tampoco me lo voy a olvidar.

  • Boliche con amigas en guerra

    Boliche con amigas en guerra

    Era sábado a la noche y salimos con las amigas del club, el boliche estaba lleno de gente muy buena onda.

    En general de gente un poco más grande que yo tipo de 30 y pico, muy bueno y por lo visto muy guerrero, éramos 5 y 4 de nosotras incluidas las dos casadas, terminamos teniendo sexo esa noche.

    Entramos juntas y directo fuimos a la barra, ahí se sentían las miradas, se veían los acercamientos, y todos muy buena onda y bailando la noche fue transcurriendo comenzó la sangría el grupo empezó a perder guerreras.

    Por lo que cuenta Inés, lo suyo fue re lindo, se fue con un jugador de fútbol que la llevó a un apartamento hermoso en el centro, que se ve tiene acondicionado para llevarse chicas.

    Una maquinita el pibe dice ella, que se lo cogió en todas la posiciones, en el yacusi, la trato como diosa y le pagó el taxi a la casa al terminar.

    María y Bettina ambas casadas, se fueron un poquito de copas y cayeron en la red.

    María se fue con un compañero de su ex trabajo que siempre le tuvo ganas, muy buena onda, muy alto unos 1.90 estuvo charlando con nosotras un rato antes de perderse con María, que no es tener infidelidades, pero nos confesó que tenía al dato que el pibe, Omar, tenía una verga importante. Necesitaba disfrutar de una de esas ya que siempre dice que en su casa no es el fuerte, y claramente lo comprobó porque estuvo muy contenta en la semana.

    Bettina hace 3 meses se casó, y si bien dice que fue la primera infidelidad, se la nota que no va ser la primera. Fue hecha una guerrera al boliche, tiene un cuerpito fitness, con una la cola paradita, tenía unas leggins blancas y una blusa escotada. No paro de recibir elogios, hasta que un moreno por el lado del fitness le entró en onda y fue la primera que perdimos. Por lo que contó no dejaron lugar de la habitación del hotel donde no lo hicieron y quedó un poco preocupada porque no se protegió y bien que el moreno la llenó de leche la vagina y el culo.

    Y bueno en mi caso la cosa fue un tanto más fugas e incómoda y luego tuvo consecuencias inesperadas en el examen.

    Él era un chico mayor que yo 35 aproximadamente, estaba en una mesa en el boliche y mirando a la pis, yo sentía como no quitaba la mirada de mí, eso me gustó, me sujete el pelo y comencé a bailar un poquito más atrevida y mostrarme, él desde arriba charlaba con sus amigos que estaban jocosos, de despedida de soltero tenían a un chico disfrazado y lo hacían bailar.

    De repente se me acercó por atrás apoyándose en mí, al oído me dijo «sientes lo dura que la tengo, bueno es por ti no paro de mirarte» me le solté y volteé a mirarle, era atractivo yo estaba un poquitín pasadita de copas, me le acerqué y al oído le dije «Déjame pagar mi culpa, puedo chupártela toda si quieres?» poniendo mi mano en su pantalón.

    Solo me tomó de la mano y salimos, me llevó a su auto y sin dudar baje su bragueta y me comí toda su verga dura mientras él metía sus dedos por debajo de mi pollera, en poquito tiempo se vino todo salpicando mi cara y eso me hizo reaccionar de lo que estaba haciendo, fue entonces que sin más me salí del auto, es yo no soy así yo creo en el sexo pero al menos me interesa saber algo del otro, al menos su nombre, pero ese día le chupe la verga a un auténtico desconocido.

    Eso no terminó ahí, el miércoles llegué a mi examen oral en la universidad, y el desconocido terminó siendo el profesor que me tomaría el examen, no supe que hacer, él no dijo nada y comenzó las preguntas las que respondí salvando el examen.

  • Mi hermanito resulto ser mi hermanita

    Mi hermanito resulto ser mi hermanita

    Esta es mi primera publicación.

    Bien, tengo 19 años, yo soy chica y tengo un hermano menor de 18 años. A mí siempre me ha llamado la atención el travestismo desde el punto de vista de una mujer.

    Soy hetero, pero también soy una persona de mente muy abierta. Bien, todo esto se basa principalmente en mi hermano menor. Yo tenía por entendido que él era totalmente hetero, no había ninguna cosa que dijera lo contrario. A veces le cachaba revistas xxx, masturbándose o fajando con las chicas que llevaba a la casa, a mí realmente no me importaba nada de eso. Todo seguía con normalidad.

    Pero hace como 8 meses le cache lencería en su cuarto, lo único que pensé en ese momento es que era de las chicas a las que llevaba, que por alguna extraña razón le gustaba coleccionar eso. Mi mente no llego a otra conclusión más que esa. Semanas después mi familia salió a visitar a mis abuelos que viven en Colima, entonces por motivos de la escuela nosotros debíamos quedarnos. Ambos íbamos en el turno de la tarde.

    El viernes de esa semana iba a cambiar todo, resulta que él no tenía clases, pero yo sí. No suelo ser muy unida a mi hermano, entonces pues cada quien se encargaba de sus cosas. Yo procedí a arreglarme para irme a la universidad. Entonces me fui alrededor de las 2, y mi hermano se quedó sólo en casa. Ese día yo tenía clase hasta las 7, pero a falta de mis maestros nos dejaron salir a las 5.

    La verdad estaba algo cansada por lo que decidí irme a casa. Siempre hago una hora de camino. Llegué a eso de las 6, no necesitaba tocar pues siempre traigo llaves de la casa. Abrí sin hacer mucho ruido, pensando que mi hermano podía estar dormido, para no despertarlo. Cerré cuidadosamente, deje mis cosas en el sofá de la sala y procedí a ir a mi cuarto, cuando entonces veo que alguien corre hacía la cocina, me saque mucho de onda, incluso me asuste.

    Entonces fui a revisar para ver quién era, entre a la cocina y no podía creer lo que estaba viendo, era mi hermano vestido completamente de mujer!!! con maquillaje, una peluca y tacones. Me quedé paralizada. No sabía que decir ni que hacer. Mi hermano por el contrario comenzó a llorar desconsoladamente. Nos quedamos así un par de minutos, yo estaba pensando en que iba a decirle.

    Lo primero que se me ocurrió fue preguntarle por qué llevaba mi ropa puesta. Él no me respondía, seguía llorando. Pensé que lo más conveniente era que se tranquilizara y así podríamos hablar. Paso un rato y comenzamos a platicar, lo primero que me dijo es que no le dijera nada a mis papás, porque si no lo matarían. Luego me pidió perdón a mí.

    La verdad me conmovió mucho verlo así, le prometí no decir nada a nadie. También me aclaro que no era gay, que le gustaban las mujeres, solo que lo hacía porque sentía una sensación única al vestirse de chica. Yo lo comprendía muy bien. Lo único que yo podía hacer era brindarle mi apoyo.

    Le dije que contaba conmigo para lo que quisiera, y que si le agradaba la idea podíamos ser hermanitas cuando él quisiera. Desde esa vez comenzamos a ser más unidos, incluso yo le he aconsejado sobre tips de maquillaje, le ayudo a comprar ropa y zapatos, ya que obviamente le da vergüenza. Mantenemos ese secreto entre nosotras. Me falto mencionar que se llama Gabriel, pero cuando se viste de nena es Gabriela.

    Si les gusto la historia díganmelo, tengo mucho más que contar sobre nosotras. Igual si les interesa contáctenme para pasarles su Facebook o su whats y se la hagan amiga.

  • Sexo con el nieto de la segunda esposa de mi abuelo

    Sexo con el nieto de la segunda esposa de mi abuelo

    Ya estaba yo preparado para ir a visitar a mi abuelo, aprovechando el fin de semana con puente, lo que me daba cinco días para pasarlo bien y acompañar a mi abuelo, pensando que andaría muy solitario por su casa y su campo.

    Dice mi padre, que en verdad es muy divertido, que soy exagerado vistiéndose para ir medio desnudo, le digo que me gusta exhibirme, que me miren y mientras hablan de mí, se lo ahorro a otros. Mi padre se troncha con mis paridas y yo con las suyas que somos tal para cual. Cuando salí de casa con mi mochila, me había dicho:

    — Joel, y no te folles al abuelo.

    Mi madre se desespera cuando nos ponemos en este plan. Pero mi padre sabe cómo contentarla y más si yo no estoy, entonces la casa es solo para los dos, porque esos no piensan en follar sino en estar follando siempre por todos los rincones de la casa. Mi madre no es para nada una mojigata, sino más bien es una maniaca sexual, que me lo ha contagiado, hasta tal punto que cuando me compra un jean o un short vaquero, me los pongo y voy diciéndole donde quiero los desgastes y los agujeros, siempre ha de haber algo en una nalga. Con eso consigo pasar de las prendas y series y tener prendas totalmente originales; además, me lo hace muy bien y a veces más atrevido de lo que le indico.

    Tengo 20 años, soy guapo, porque me han hecho un calco de mi madre que es guapísima, si me visto sus prendas con peluca y me arreglo —lo he hecho muchas veces—, hasta a mi padre puedo confundir. Tengo la cara aniñada, o eso dicen, porque no creen que tenga 20 años, me hacen menos y si me miran mis piernas sin pelos, totalmente lisas, ya creen que son como máximo 14 años. Soy muy flaco como mi madre, voy al gimnasio y no consigo músculos y eso que trago todo lo que me echen por delante, pero no engordo; tengo reguero en mi delantera desde el esternón hasta arriba del pubis, marcadas mis diminutas tabletas del abdomen y por mucho que le dé duro en el gym no consigo ni bíceps ni tríceps, ni sixpack notables. Todo lo consumo creciendo, 1.89 y si crezco más tendré que cambiar mi cama de nuevo. Solo tengo tres cosas grandes, estatura, culo y polla, ah, sí, y mis dedos de pianista, largos también; por eso llego adentro hasta donde me gusta llegar.

    Para viajar me vestí con uno de mis shorts muy corto que tiene bolsillo trasero roto y un agujero por el que muestro media nalga. En la parte superior llevaba un crop top, una de esas camiseta que enseñan el ombligo. Siempre voy muy depilado, depilación total, excepto la cabeza, ahí lo acumulo todo, aunque sin melena; uso gorra y gafas oscuras con cristales circulares. En los pies zapatillas con caña semi abrochadas. Pulseras en la derecha y mi Apple Watch en la izquierda. En mi mochila va mi iPhone, mis condones, un perfume y tres tangas cuerda. Pienso que en casa de mi abuelo podré ir desnudo, me comprará lo que necesite y no quiero nada más, ni ropa siquiera.

    Me subí al bus hacia el interior. Después de dos horas y media de estar tocándome los huevos al final del bus, llegamos; me apeé en la entrada del pueblo, tal como me indicó mi padre. Como desconozco el lugar porque voy muy a la larga y hacía tiempo que no había estado, entré en la primera tienda que vi, era un pequeño supermercado pero bien abastecido, había un señor en la caja cerca de la puerta y dos personas comprando una vieja que se me quedó mirando con desagrado y un chico que ni se volvió cuando entré y saludé.

    Yo presumo de buena educación, porque siempre que entro a un lugar o me encuentro con gente, acostumbro a saludar y muchos otros detalles para hacer la vida agradable, pero al parecer a todos no les gusta ver a un chico de 20 años vestido con un short agujereado, enseñando media nalga y con un crop top, piensan que eso es de mujer, ¡putos idiotas! Ya el conductor del bus me miró con cara de perro pero le pagué como todos los que subieron y se calló, solo su cara era canina. Es lo mismo que el tío de mediana edad que me dijo cuando subíamos al bus:

    — La próxima vez vienes desnudo, chaval.

    Ganas de contestar tenía, pero me callé, ni me volví a responder a alguien que habla por la espalda y no da la cara. Ni merecen caso, para ellos la indigencia es mi homenaje.

    Pasé primero a comprar una botella de agua y una lata de cerveza para hacer luego una pregunta:

    — Señor, ¿puede decirme que dirección debo tomar para ir a la cada de don Fabián Riquelme?

    — Eso está lejos, —responde.

    — Por favor, indíqueme cómo llegar que me va eso de caminar.

    Cuando el señor iba a hablar, viene corriendo el chico que compraba y dice:

    — Yo te llevo, que también voy allí.

    Mientras me tomaba la cerveza, acabó de comprar, pagó y le ayudé a cargar las cosas en el coche.

    — Yo soy Joel, nieto de don Fabián Riquelme.

    — Yo soy Lorenzo, nieto de dona Juliana Figueroa, —me contesta.

    Nos damos la mano, lo miro de frente. Guapo, guapo, guapo, como no los hay. Más flaco que yo, más bajito que yo, Más sonriente que yo. Piel muy blanca, ojos achinados, nariz recta y ancha, boca grande y unos dientes blancos de envidia. Vestía un short azul que le marcaba suavemente la punta del paquete, una camiseta y unas chanclas. Me quedé viéndole y él me miraba también. Para romper el fuego pregunté:

    — ¿Quién es doña Juliana Figueroa?

    — Mi abuela —me dice.

    — ¿Vive tu abuela por allí también? —pregunto.

    — Es la mujer de tío Fabián —me contesta.

    — ¿Como que mujer? ¿Mi abuela? Hace años que murió…

    — No; es mi abuela, se ha casado con tío Fabián, sin ceremonias de ninguna clase, viven como esposos y he venido a visitar a mi abuela, —me explica.

    — Entonces… ¿qué somos tú y yo? —pregunto.

    — Lo que quieras, eres guapo, vistes divertido, eres gay, —prescribe con seguridad.

    — Sí, y tú, ¡joder! que no lo puedes disimular, —le dije por lo amanerado que era.

    Subimos al coche, dentro me besó, le besé y enroscó su lengua, yo le di lengua, le pasé la mano por el paquete, él lanzó sus manos por debajo del crop top y pellizcaba mis pezones. El beso fue largo, grato…; cómo llegaba el puto maricón hasta mi garganta. Comencé a pensar cómo meterme la polla que notaba por encima del short de nylon, la supuse grande y esponjosa. Ya sentí deseos de meterme esa polla y me dediqué a abrir la cremallera de su short y se acordó:

    — Vamos rápido que se va a descongelar todo lo que he comprado.

    Nos sonreímos y llegamos a la casa. Me indicó que le ayudara a dejar las cosas en la cocina, que su abuela lo guardaría todo y él me presentaría a su abuela. Me pareció bien, me presentó, me dio dos besos húmedos en cada cara, me dijo que era mi tía Juliana y así se me quedó de momento. Luego Lorenzo fue a ver a mi abuelo y nos hizo pasar al salón, me reconoció y me abrazó. Luego dijo:

    — Lorenzo, ya tienes compañía, acomódalo donde quieras…

    — En mi cuarto hay mucho espacio, tío.

    — He dicho donde quieras, —respondió mi abuelo que sabía el doble de la mitad.

    Así que nos metimos en su cuarto donde había una cama de las llamadas de matrimonio, suficiente para los dos. Me mostró el ropero y me dijo que dejara mis cosas en la parte de la izquierda. Como no llevaba tanto, metí la mochila.

    — ¿Para cuantos días vienes?, preguntó.

    — Casi cinco…

    — ¡Qué pena!, ¡joder! esperaba que vinieras para dos o tres semanas…

    — Llamaré a mi padre para saber qué piensa, dije para consolarlo.

    — Tu abuelo siempre habla de ti, casi todos los días me cuenta cosas tuyas de cuando eras pequeño, pero hace unos días que anda algo triste y me preocupa; si te quedaras más tiempo…

    — Hecho; se lo diré a mi padre, pero piense lo que piense de aquí no me voy hasta que no me echen.

    — Vamos a mostrarte todo.

    Llegamos a la parte trasera de la casa y descubrí una piscina, limpia, agua azul, con motor para hacer circular el agua. Me iba explicando que mi abuelo había hecho esta piscina para que sus nietos vinieran a verlo, pero de ocho que tiene no viene nadie, que yo había ido hace once años, que entonces no tenía piscina. Que varias veces había llamado a sus cuatro hijos, pero nadie se decide a ir a pasar unas vacaciones con él. Me dio pena y me prometí a mi mismo que vendría todos los años.

    Luego me llevó al bosque, nos tumbamos en un claro, mirando las copas de los árboles y el cielo azul. Lorenzo puso su mano derecha sobre mi short encima de mis genitales. Yo le imité, pero al momento me saqué mi short para que me sobara la polla y los huevos. No fue perezoso y se quitó su short de baño. Nos dimos media vuelta, nos pusimos de frente y nos besamos, nos enredamos a besos y me atravesó con su lengua toda mi boca. Me gustaba su sabor, su saliva, su lengua, el tacto de sus manos. Se movió sin ponerse de pie y me hizo un 69, me mamó la polla y me la puso dura, mientras yo le preparaba su culo, metiendo la lengua y de vez en cuando las yemas de los dedos. Cuando le había metido el dedo índice lo sentí gemir y al meterle la lengua se removió todo su cuerpo como si hubiera tenido calambres. Luego soportó mejor la preparación y pensé que estaba a punto. Me moví y nos pusimos en actitud fetal, paseando mi polla por el rafe del culo.

    Supe que con esta postura no iba a entrar mi polla en ese culo y decidí tumbarme e invitarlo a que se clavara en mi polla enhiesta. Se puso en cuclillas sobre mi y le ayudé y clavó muy rápido todos culo. El muy bruto, como se cogía de las manos, levantó sus pies y quedó atravesado totalmente, con mucho dolor, notando yo el peso de su culo sobre mi pubis. Tuve que tirar de él para que pudiera apoyar de nuevo los pies en el suelo. Me sonrió y me dijo:

    — ¡Ah!, ¡joder!, esto ha estado bueno.

    Yo le sonreía y comenzó a cabalgar y cuando se cansó, pasé ha follarlo yo, levantando mi cadera cada vez. El tipo la gozaba y sin avisar se corrió encima de mí, me llenó el pecho y la cara de su lefa. Lo que cayó en mis labios lo probé, salada, rica, muy rica y me animé a follar más deprisa y acabar:

    — Me corro, me corro… ya ya va, levántate…

    Se sentó, no me permitió moverme y tuve una perfecta corrida en su interior que fue mi verdadero placer. Se me echó encima y me besó. Le dije que tomara de su esperma de mi cara para darme a gustar. Lo hizo y con un beso nos mezclábamos saliva y esperma. Se incorporó, se dio la vuelta como en 69 y me chupaba mi polla tragándose todo lo que allí quedaba. Al rato comenzó a escurrir mi semen de su culo y me lo dejé caer todo sobre la cara, algo probé. Pero como la estocada había sido tan penetrante, de allí venían trocitos de caca de mi amigo y dejé de comer mierda.

    Estábamos sucios, muy sucios de semen, hierbas, hojas de los árboles, sudor y yo, además, de mierda. Así que buscaba dónde podría haber algún lugar para lavarnos. Le pregunté. Me dijo que no, pero que por allí no pasaba nadie a esas horas y que podíamos irnos a casa desnudos. No pasa nadie, pero nos cruzamos con un viejo que montaba un burro, con un señor en bicicleta, con un tío que nos miró riéndose y con un chico que al pasar por nuestro lado comenzó correr. No solo es que íbamos desnudos, sino que las ganas habían llegado y la teníamos de nuevo muy levantada y de vernos los dos en plan, la erección fue total. Llegamos.

    Entramos a la parte de la piscina, nos duchamos y nadamos. Hicimos más cosas, las dejamos de momento, pues una piscina en casa para nosotros dos, una cama amplia para nosotros dos, un baño para nosotros dos y dos abuelos contentos con nosotros dos… merecía todo esto que me quedara siete semanas. Si os lo cuento todo os aburriríais, pero descubrí que Lorenzo tenía aviesos planes y conocía a más gente para realizarlos.

  • Una juventud madura (VIII): Fin del campamento

    Una juventud madura (VIII): Fin del campamento

    Fue inesperado no encontrar a Iván en el comedor. Era la hora y el tiro con arco había terminado hacía horas. Estuve esperándole para comer juntos, pero, tras 30 minutos largos, ya no pude resistirme más. La barriga me rugía como si de un león se tratase.

    —Hola Fran. ¿E Iván dónde está? —me preguntó la cocinera que siempre nos servía, sorprendida al no vernos juntos.

    —Pues no sé. Le he estado esperando, pero no ha aparecido y me estoy muriendo de hambre.

    —Ya lo supongo. Eso de no desayunar… ¿qué ha pasado? ¿Qué se te han pegado las sábanas?

    —Algo así. —Contesté medio avergonzado— Bueno, si ves a Iván dile que ya he comido por favor, que no sea que me espere.

    —Tranquilo, si le veo se lo digo.

    Fue nada más acabar de comer ese estupendo plato de pavo que Laura nos había preparado cuando comparecieron los demás chicos mayores, pero no todos. Ni Iván, ni Lucas, ni Martin estaban. Los saludé, me despedí y me fui a mi cabaña suponiendo que Iván estaría allí, pero sólo estaba Roman. Sin querer lo sorprendí cambiándose el bañador y él, tapándose las partes con una mano para que no se las viese, se puso rápidamente una toalla envolviéndosela a la cintura mientras yo me iba a tumbar a la cama.

    —¿Has visto a tu hermano, Roman?

    —Sí, antes ha venido con Lucas y me ha dicho que se iba a dar una ducha y que luego volvían.

    —Gracias. Nos vemos luego. —Le dije mientras me disponía a salir rápidamente.

    —Fran —me cortó en seco— ¿puedo preguntarte algo sin que se lo cuentes a mi hermano?

    —ammm… Sí, supongo que sí —le contesté sorprendido y desconcertado.

    —¿Me lo prometes?

    —Que siiii.

    —¿Piensas que soy atractivo? —me pregunto en voz tan floja que casi no le entendí.

    —¿Y eso por qué me lo preguntas?

    Roman resopló dándome a entender que se trataba de algo difícil de decir.

    —Porque he visto como las chicas miran a mi hermano y comentan lo guapo que es y de mí no dicen ni mu. Según tú, dime, ¿soy atractivo o no? —Me volvió a preguntar quitándose la toalla que lo tapaba y quedándose desnudo delante de mí.

    —AMMMM… Sí, yo te… veo atractivo. Tienes unos ojazos… —contesté un tanto nervioso.

    —¿y el resto? ¿Cómo me ves el cuerpo? —dando un paso hacia mi

    —Muy bonito

    —¿Y… mis partes qué te parecen? —continuo preguntando y acercándose hasta estar frente a mí.

    —Ammm… Muy bonitas también. —dije ya desconcertado con lo que estaba pasando.

    Roman cogió mis manos y volteando su cuerpo las llevo a sus nalgas formulando la última pregunta a mi oído.

    —¿Y mis nalgas?

    Noté como una de sus manos desabrochaba mi pantalón mientras la otra me acariciaba el paquete. De un empujón con las dos manos lo separé de mí tirándolo al suelo de culo.

    —¿Pero qué haces? —Le pregunté reaccionando enfadado y un poco excitado.

    —¿Qué pasa? ¿No te gusto? Se me da bien, no te preocupes. Puedo chupártela, o que me comas el culo, o penetrarme si quieres. Lo que tú quieras. —Me contestó medio sollozando y tocándose el trasero adolorido por el impacto contra el suelo.

    —¿Pero por qué dices eso? Vístete o te visto yo a las malas. Tu hermano puede llegar en cualquier momento. —Le dije enfadado

    —¿Por qué con mi hermano sí y conmigo no? Puedo hacerlo, no sería la primera vez. Se me da bien. No me harás daño.

    —¿Qué? Mira da igual. Ahora no quiero hablar de esto.

    Roman, dándose por vencido y volviéndose a tapar con la toalla me miraba como me dirigía a la puerta con paso firme.

    —¿Se lo dirás a mi hermano? Por favor, no se lo digas. —me suplicó asustado

    —No se lo voy a contar, pero luego tú y yo vamos a charlar. —Acabé, saliendo por la puerta y dirigiéndome a las duchas más cercanas.

    Allí sólo había críos desnudos haciendo guerras de agua y jabón. Ni rastro de Iván ni los otros. De vuelta, me encontré con Martin que se dirigía a su cabaña. Me comentó que había visto a Lucas e Iván entrando en la cabaña del primero, así que me dirigí allí, pero al llegar la puerta estaba cerrada. Toqué, pero nadie contestó. Se oían ruidos dentro, pero a diferencia de nuestra cabaña, la de Lucas tenía un suelo tapizado con moqueta. No podría ver a través de las baldas del suelo.

    Dando una vuelta a la cabaña vi que la ventana estaba entreabierta, así que ya por curiosidad me asomé para ver si estaban allí. Desde la ventana podía ver la cama de Lucas. Había dos personas desnudas gimiendo, una de ellas parecía ser Lucas, pero la otra no conseguía verle la cara. Lucas estaba penetrando a alguien que se encontraba bocarriba con las piernas sobre sus hombros. Por los pelos de estas podía entenderse que era un chico. Me temía lo peor. Únicamente podía ver la espalda de Lucas, sus nalgas con el continuo vaivén y esas piernas retorciendo los dedos de placer. Sería en el cambio de posición cuando se descubriría el pastel. Mis sospechas eran ciertas. Lucas estaba sodomizando a Iván, haciéndole gemir como una perra. Se me vino el mundo encima, incluso mis piernas cedieron haciéndome caer al suelo. No pude hacer nada más que levantarme, salir corriendo e irme a al baño más lejano del campamento a soltar toda la tristeza interior que había acumulado.

    Odiaba que los demás me vieran llorar. De hecho, incluso me metí en la ducha con el agua abierta para disimular mi llanto y mis lágrimas. Yo nunca lloraba, pero en esa ocasión tenía motivos para hacerlo. El chico de cabellos de oro del que me había enamorado me había cambiado por otro como un juguete viejo.

    Tengo que ser sincero. La tristeza me duró muy poco ya que en apenas unos minutos ya estaba pensando en mi propia venganza.

    ¿No me ha sustituido él por otro? Pues… ahora es mi turno. —pensé

    Me levanté del suelo de la ducha en la que me había acobijado, me dirigí a la cabaña y entré. Roman estaba tumbado en la cama en boxers con los ojos cerrados durmiendo como un angelito. Me acerqué a él, puse una rodilla en la cama, me agaché y buscando despertarle le besé primero la espalda y subí hasta su hermoso cuello. Cuando Roman estuvo lo sufientemente despierto, sin previo aviso, antes de que pudiera decir nada, le planté un morreo en sus labios húmedos y carnosos que lo acabó de despertar. Me subí a la cama sentándome sobre la parte baja de su vientre y disfrutando otra vez de su lengua en mi boca. Roman podía ser un poco más joven que yo pero era cierto que dominaba la técnica. Su lengua juguetona bailaba sobre la mía mientras notaba como su pene escondido bajo los calzoncillos empezaba a rozar mi culo bajo la tela de mi bañador.

    Me levanté la camiseta aceleradamente dejando mi torso al descubierto. Vi como a Roman se le escapaba un suspiro de lo caliente que estaba. Le comencé a lamer los pezones y bajando por el abdomen, que subía y bajaba aceleradamente por su respiración acelerada. Al llegar a la zona del ombligo él levantó ligeramente el culo y cogiéndose los calzoncillos se los bajo para mostrarme el hermoso pene que anteriormente había podido ver. Un rabo, con una piel suave y rosada y con un prepucio estirado hasta los topes por la descomunal erección de Roman.

    Seguí mi camino por su cuerpo dirigiendo mi boca directa al objetivo primordial. Me metí su miembro entero en la boca y casi los huevos también, porque Roman cogió con fuerza de mi cabeza empujando su pene hacia mi garganta. La sensación fue increíble. Todas las veces anteriores en las que había realizado una mamada siempre había tenido arcadas, pero al tener un pene un poco más pequeño (que tampoco era para desmerecerlo), el poder disfrutar del sabor, de la textura y de los gemidos de Roman sin sufrirlo me hizo gozar al máximo.

    Paré de succionar y volviendo a su boca le volví a morrear.

    —¿Te está gustando? —le susurre al oído

    —Me encanta y ahora me toca —contestó bajándose él a la altura de mi pilón. Me levanté de la cama para desnudarme por completo y dejar mi cuerpo a merced de su lengua.

    Pobrecito, al principio le costó un poco metérselo entero en la boca, pero después de un par de arcadas y de salivarlo bien, empezó a tragárselo entero. Podía ver como se le abría la garganta cada vez que se lo introducía y como el bulto se marcaba en su cuello moviéndose en dirección a la nuez. Era exquisito. No recordaba una chupada tan rica en ninguno de mis anteriores encuentros.

    Pasados unos minutos le hice parar por miedo a que se atragantase, bueno… y para no acabar yo antes de hora porque… estaba más caliente que una perra, pero con tal de complacerme Roman se levantó sobre la cama donde estaba tumbado y sin previo dedeo se sentó poco a poco sobre mi pene introduciéndolo en su ano hasta entrar en contacto con mis huevos. Su perfecto y redondito culo me envolvía alojando mi polla en sus intestinos dilatados. Parecía como si me estuviese succionando. En la primera penetración la cara de Roman mostraba claramente signos de dolor, pero nada más empezar el vaivén estos fueron cambiando a placer. Roman gemía mientras saltaba sobre mi instrumento recto y duro como una piedra, pero poco tiempo después sus piernas ya se habían cansado y tuvimos que cambiar de posición. Tal cual como estábamos, sin sacarla del agujero, Roman se tumbó sobre mí, con sus pechos sobre los míos y con su cabeza junto a la mía como si nos estuviésemos dando un abrazo. Sus piernas estaban dobladas a los lados de mi cintura haciendo que su pene rozase sobre la parte alta de mi pubis y con sus manos sobre sus nalgas intentaba abrirse el culo para que entrase mi miembro más adentro.

    Me toco hacer juego de cadera para poder introducírsela más y más. Me encantaban los gemiditos que pegaba con cada andanada. Roman tenía razón, se le daba bien. Acompañaba a mi movimiento con uno suyo de cadera tipo honda que me permitía metérsela hasta la bolsa de los huevos. Era increíble.

    Pasados unos minutos de puro éxtasis, Roman, tímido, me preguntó si podía penetrarme él y yo excitado hasta los topes e impaciente por sentir a Roman dentro, le morreé y sacando mi pene de él me di la vuelta dejando las nalgas al aire.

    Roman al principio empezó a lamer mi orificio provocándome un placer y unos escalofríos increíbles. De vez en cuando se me escapaba algún que otro gemido.

    —¿Estás preparado? —Me preguntó

    Al principio me reí pensando que debía ser la primera vez de Roman y que debía estar nervioso, pero algo me hizo pensar lo contrario. Al meterme su miembro noté como este se adentraba poderoso e implacable rozando las paredes y estimulando justo la zona de mayor placer. Podía ser que fuera la más pequeña que me habían metido hasta la fecha, pero vaya técnica. Cada penetración me hacía sentir una sensación inigualable. Dejé mi cuerpo relajado y con la cara entre cojín y cojín, dejando que Roman hiciese el trabajo y gozándolo como si no hubiera mañana. No reprimía mis gemidos, no porque no pudiese hacerlo, sino porque me daba más placer el gritar cada metida. La saliva se había vuelto de un sabor metálico y notaba como todas las extremidades se tensionaban por si solas. Era increíble.

    Unos minutos después Roman la sacó toda de golpe haciéndome pegar un grito de dolor. Se disculpó rápidamente acercando su cabeza a mis nalgas y besándolas varias veces y lamiendo el orificio totalmente dilatado y abierto que había dejado su pene tras de sí. Seguidamente me puse bocarriba con la cadera torzonada dejando las rodillas sobre las costillas, agarrando las piernas con las manos y los pies en el aire. Roman se colocó de rodillas frente mi orificio y me la volvió a meter de golpe toda entera haciendo que volviera a sentir ese placer indescriptible.

    —aaaaa, que rico se siente Roman —Le dije viendo como una gota de sudor caía por su axila recorriendo su cuerpo hasta sus nalgas.

    —Te gusta ¿ehh? Te voy a dilatar y rellenar como un pavo de navidad.

    —mmmmm. Eso espero de ti. —Le contesté gimiendo

    Notaba como de cada vez iba más y más rápido y que Roman aceleraba sus gemidos y sus penetradas. Llegué a tal punto que me pareció sentir como si la zona entre el culo y los huevos empezara a vibrar por si sola (la zona perineal). Finalmente, poco después de sentir eso y de gemir como una perra me corrí inexplicablemente soltando un gemido fuerte y alargado y sin tocarme ni siquiera el pene. Esa escena le provocó tanto morbo y satisfacción a Roman que, casi de forma seguida a mi corrida, acabó dentro de mí llenándome hasta los topes. Tenía el esfínter tan machacado y tan dilatado que una vez sacado el pene de Roman, su leche salió de mi culo como una fuente descontrolada, llenándolo de la cara a la barriga con su propia leche calentita.

    Nunca me había corrido sin tocarme, pero me había gustado más que cualquiera de las otras veces. Me incorporé sobre la cama para agradecérselo a Roman con un beso, que duro un par de minutos.

    Pasamos de limpiarnos. Igualmente no podíamos ir a las duchas ni a la playa, era demasiado pronto y la gente aún paseaba por los caminos en dirección a estos. Así que Roman me abrazó pringado de semen riéndose y nos acurrucamos sobre la cama.

    —Ha sido increíble —le dije en voz baja besándole de nuevo.

    —Ya te dije que te iba a gustar.

    —¿Y quién te lo ha enseñado?

    —Nadie me lo ha enseñado. He aprendido experimentando.

    —¿Con quién?

    —Con mi hermano. A él le encanta.

    —Pero… eso no está bien. Sois hermanos.

    —Ya pero lo mío con mi hermano no es amor, sólo es jugar, sexo, placer. Es como hacerte una paja, pero en vez de eso se la metes a alguien. Pero lo nuestro es amor. Desde el primer día que te vi sentí algo por ti. Pero al ver que Iván lo hacía contigo me puse muy celoso, no por ti sino por él.

    —No te preocupes. Tu hermano y yo ya no volveremos a estar juntos. Me ha cambiado por otro. ¿y tú cuando te diste cuenta que lo habíamos hecho?

    —No os disteis cuenta que estaba despierto eh… “Roman, ¿dónde estamos?” Dijo Roman con voz de burla imitando a su hermano el día anterior.

    —Mi pequeño pervertido… Eres un cabroncete. Ya te imagino después de que nos fuéramos. Te la debiste machacar como un campeón

    —jajajaja. Sólo te puedo asegurar que no me fui a dormir con las pelotas llenas.

    Tras hablar un largo tiempo y echarnos unas risas, apareció Iván por la puerta encontrándonos desnudos en la cama.

    —¿Pero qué cojones? ¿Roman? ¿Qué has hecho? Es mi chico.

    —¿Ahora soy tu chico? —contesté yo— Hace unos minutos lo era Lucas.

    Iván se quedó mudo tras saber que había sido descubierto.

    —No te preocupes, sé que lo nuestro sólo ha sido sexo y nada más. En parte me alegro. Una vez acabe este campamento me va a gustar saber que me lo he pasado de puta madre haciendo lo que he querido con quien he querido. —le avancé enfadado

    —Lo siento. No sé qué nos ha pasado. Lucas se ha desnudado en la ducha y se me ha puesto dura y no sé cómo finalmente hemos acabado en la cama.

    —No hace falta que te expliques. Yo no te voy a explicar lo sucedido con Roman.

    —Vale, entiendo que estés enfadado, pero perdóname. Yo te quiero.

    —Yo también le quiero —saltó Roman a su hermano.

    —Pero tú eres un crío que no sabe nada del amor —contestó Ivan

    —No Iván. Roman me ha demostrado que sabe más del amor que tú.

    —Enserio, perdóname. No volverá a pasar. Te lo prometo. —Volvio a repetir Iván poniéndose de rodillas y casi llorando.

    Fue en ese preciso momento, mientras Iván seguía con sus explicaciones y súplicas, cuando me di cuenta. No éramos más que unos críos jugando a un juego de mayores y eso, además de ser peligroso, nos estaba presionando de tal forma que casi se podía rozar la ansiedad. Yo no tenía nada que perdonarle a Iván porque no éramos nada, sólo estábamos experimentando al igual que yo con Roman. Nuestra relación era únicamente fruto de nuestra imaginación y de nuestras ansias por probar experiencias nuevas. Pero todo eso tenía que acabarse. Habíamos sobrepasado la línea del sufrimiento. Debíamos volver a la normalidad y disfrutar de lo que quedaba de campamento olvidándonos de todo aquello que tanto daño nos había hecho.

    —Mira, no te voy a perdonar porque no tengo nada que perdonarte. Somos los dos libres de hacer lo que queramos con quien queramos y aunque me duela que me hayas cambiado por Lucas, tengo que aceptar que lo nuestro sólo ha sido un juego. Un juego de amigos. Y la amistad y la fraternidad con Roman creo que son más importantes que todo lo demás, por ello, seamos sólo amigos y disfrutemos de los días de campamento que nos quedan.

    Ahora dirigiéndome a Roman. —Roman, te debo una disculpa. El rencor me ha cegado y siento si te he causado algún daño. Lo nuestro ha sido fantástico, pero no he sentido nada de amor, de hecho, creo que nunca lo he sentido con nadie. Necesito descansar de todo, encontrarme a mi mismo, volver a ser el chico de antes y vosotros deberíais hacer lo mismo. Ya tendremos tiempo de encontrar a alguien que nos enamore tanto por fuera como por dentro, ahora es el momento de disfrutar y pasarlo bien sin preocupaciones.

    Hay que ser sincero. En ese momento me sentí raro. Era tanta la tensión que había acumulado en tan pocos meses (desde que David me descubriera el mundo del sexo) que el querer pasar página y volver a la normalidad me liberó de toda carga mental. Quería sólo hacer cosas de críos; y, a pesar del silencio inicial, Iván y Roman acabaron entendiéndolo y aceptándolo.

    Pasado un rato los tres aun seguíamos de pie en círculo mirando el suelo. Ninguno quería hablar más ni romper la formación, pero finalmente, tras unos minutos tensos, Roman se acercó a los dos y cogiendo de nuestras manos nos juntó para que nos diésemos un abrazo de hermanos, un abrazo de perdón entre amigos que, a pesar de ser largo, se nos hizo más que corto. Todo el odio y rabia que habíamos adquirido en esa tarde fue completamente disipado con ese abrazo.

    Los días restantes transcurrieron felizmente en el campamento. Recobramos la participación a todas las clases, recuperamos esa felicidad amigable del primer día entre Iván y yo, y a Roman lo veía por las mañanas de vez en cuando durante las gymkhanas y por las noches en la cabaña, donde nos dedicábamos a contar chistes, hacer juegos y contar historias de miedo.

    A Iván no le hizo falta hablar con Lucas. Al día siguiente Lucas se comportó como si no hubiese pasado nada o como si no recordara nada de ello, por lo que todo quedó olvidado de un día a otro..

    Y respecto a mí, aunque me hubiese vetado yo mismo el tener relaciones con otra gente, tengo que reconocer que las pajas seguían cayendo como siempre, pero ya más desde la intimidad. Eran 4 días los que restaban para volver a casa y mantenerme todos esos sin descargar hubiese sido imposible, por ello, tras cada cena, cuando todos ya estábamos en la cama aprovechaba para machacármela y correrme bajo las sábanas. Y estaba seguro de que Iván y Roman hacían lo mismo porque se oía a veces el típico shof shof que hace el prepucio con el glande cuando está mojado y uno frota sobre el otro, al igual de algunos gemidos esporádicos.

    El último día fue el más duro. La despedida. A mí me venía a buscar el mismo chófer que me había traído, mientras que a los dos hermanos les pasaban a buscar sus padres. Sabía que ese momento iba a llegar pero no pensé que fuese a ser tan duro. Cogí la maleta llena, me acerqué a la puerta y…

    —¿Qué pasa? ¿Qué te vas a ir sin despedirte? —Me dijo Iván acercándose y dándome un beso en la mejilla y un abrazo de oso— Recuerda siempre que te querremos.

    —Y yo a vosotros

    —¿Y a mí no me vas a dar ningún beso? —Dijo Roman haciendo lo mismo que su hermano.

    —Chicos os voy echar de menos. Os quiero muchísimo. —Dije medio llorando.

    —Bueno, bueno. No te me pongas a llorar, que no va a ser la última vez que nos veamos; y te hemos dejado una sorpresita en la maleta para cuando llegues —contestó Iván haciéndome un guiño.

    Les volví a abrazar y sin decir nada más y con la lagrimilla en la mejilla salí por la puerta.

    Varias horas más tarde, después de un largo viaje de vuelta a casa y de un largo interrogatorio de mis padres para que les contara todo (todo menos lo que ya sabéis), tuve ese momento de intimidad para abrir la maleta deshacerla y encontrar la sorpresita con la que tanto había pensado durante el viaje. Era una caja donde había una carta firmada por los dos hermanos en la que me explicaban lo bien que lo había pasado y lo mucho que me querían; y en el fondo había los calzoncillos de Iván que me había puesto esa noche de locura del primer día, y justo al lado había otros de Roman; ambos tenían el nombre en grande en la parte del trasero con un corazón y lo que más ilusión me hizo: en la etiqueta de cada calzoncillo había su respectivo número de móvil apuntado.

    Eso fue uno de los regalos que más feliz me han hecho en mi vida; y hoy en día, a pesar de haber pasado ya unos cuantos años, puedo decir que bajo mis bóxer y slips de mi cajón sigo teniendo dos calzoncillos que ponen “Iván” y “Roman”.

    TO BE CONTINUED…

     

    Relatos anteriores:

    1-Una juventud madura

    2-Una juventud madura (II): Más allá del conocimiento

    3-Una juventud madura (III): La mejor mañana para despertar

    4-Una juventud madura (IV): Pasión de venganza

    5-Una juventud madura (V): Ojos que solo ven lo que el corazón siente

    6-Una juventud madura (VI): Campamento de verano 1

    7-Una juventud madura (VII): Campamento de verano 2

  • Inicio de vacaciones (Parte 2)

    Inicio de vacaciones (Parte 2)

    El transcurso de ese día no pasó mayor cosa de darnos mucho amor y terminando nuestro encuentro en diferente parte de la casa, fue un día fantástico al comienzo de nuestras vacaciones merecidas.

    Al día siguiente teníamos nuestro vuelo a las 10 de la mañana, teníamos estar dos horas antes en el aeropuerto para el registro. En fin ese día nos levantamos tipo 6 de la mañana. Nos alistamos rápidamente y decidimos que para ahorrar tiempo decidimos bañarnos juntos, y nos acariciamos mutuamente. Después de 10 minutos salimos del baño, nos vestimos. Adriana se puso una camiseta y una leggings que se ve fantástica. Y zapatillas quiso irse cómoda por el viaje que teníamos tan largo y yo me puse un pantalón de ginn y un buzo tipo polo y zapatillas, queríamos irnos lo más cómodo posible. Bajamos con las maletas y desayunamos y salimos como a las 7 de la mañana hacia el aeropuerto.

    El viaje duro unas 6 horas hasta Atenas era tan calurosa en esta época del año, ya que es verano, nos quedaríamos, alrededor de tres semanas. La vamos aprovechar lo máximo en este tiempo.

    —Estoy feliz de que hemos venido, podemos ir a registrarnos en el hotel y luego salimos a dar un paseo por la ciudad que es muy bonita.

    —Adriana lo miro complacida a su esposo.

    Llegamos al hotel y enseguida nos registramos y escogimos la suite. Subimos y nos quedamos impresionado de cómo era la habitación, constaba de una sala de estar con TV con parabólica un comedor para dos personas. Un balcón de que podía ver toda la ciudad. Un baño con su respectiva ducha y yacusi. Y la cama matrimonial. Es muy bonita la habitación dijo Adriana impresionada ya que tenía todo lo ellos necesitaban en estos días de descanso.

    —Quisiera despertar todos los días con esta vista. —dijo Adriana en el balcón.

    Yo me posiciono detrás de ella, deje su cabello hacia un lado exponiendo su cuello y la abrazo.

    —claro amor y bese su coronilla. —vamos a disfrutar de este paisaje todo lo que quieras.

    Mi esposa se dio media vuelta apoyando su espalda en la baranda del balcón.

    —Mi amor… gracias por consentirme.

    Mi esposa se puso de puntitas y me dio un tierno beso en los labios.

    —Voy a bañarme. Me dijo contra sus labios. —luego podemos ir a pasear.

    Yo asintió y observo la vista mientras saboreaba en su boca.

    El transcurso del día no la pasamos pasando por la ciudad y conociéndola. Que tan bella es su sitio interesante que tiene. No nos dimos cuenta el tiempo se nos pasó rápido m dijo Adriana cuando consultaba el reloj y viendo que ya era de noche. Decidimos irnos al hotel. Para descansar.

    Llegamos a la suite del hotel como a las 9 de la noche. Queríamos estar los dos juntos y La desesperación y la lujuria estaban en ambos de igual medida. No nos importó demasiado nada. Ya que cuando llegamos a la suite Adriana me empezó a besarme con desespero con amor como si le hacía falta su necesidad. Yo le correspondía los besos y le decía que cuanto la amaba.

    Gracias por estar aquí conmigo me dijo ella subiéndose a horcajadas sobre mi para que la cargue a la cama. —Te amo.

    Yo la acuesto sobre la cama y le quito el vestido que llevaba puesto con facilidad, que constaba con un vestido eterizo con un escote que no era pronunciado, mi sorpresa es que no llevaba sostén me deleite con acariciar su cuerpo y sus pechos que son hermosos, con escuchar gemidos y sentir la humedad de mi esposa. La bese con toda pasión que ella le gusto, baje mis manos hacia abajo, le acaricie sus hermosos pechos y me fui bajando y llegue en la parte de abajo y le quite su tanga negra que traía puesta. Viendo como estaba expuesta frente a mí. Me puse a desnudarme, ya ese momento tenía una erección que si no me quitaba el bóxer no aguataba más. Y me uní a ella enseguida. Besándola en todo momento.

    Comenzó a bajar a su parte más íntima de ella con besos esparciendo por el cuerpo, mientras ella gemía de placer en cada movimiento que daba. Y un escalofrió recorrió por su espina dorsal entre una mezcla de excitación y vergüenza al sentir lo expuesta que estaba. Yo le pronuncie un par de palabras para que estuviera relajada.

    —¿Estas bien? —Dije yo.

    Ella asintió con la cabeza.

    Yo baje mi boca y fue dejando un rastro de besos por sus pechos en los que me detuve a lamer y succionar como me gusta acariciarlos, ella gemía con tanta pasión que me decía que hiciera más y más y yo me sonríe contra su piel al sentir lo rápido que ella se había excitado de esa manera.

    —¿Tan pronto amor? —me dijo levantando la cabeza para verle.

    Ella se mordió el labio y ahogo un gemido.

    —Por favor. —fueron las únicas palabras que salieron de su boca.

    Yo continuo el camino de besos por su abdomen hasta que llego a su lomita donde comenzaba su vello púbico donde deposito un par de besos descuidados sonriendo con descaro al notar como ese pequeño gesto a ella le gustaba tanto.

    —Te gusta —dije.

    —Sí. —reconoció ella retorciéndose.

    La bese en aquel lugar un par de veces más y luego sujete sus piernas para hacerlas un lado mientras se acomodaba entre ellas. Y de inmediato introduje uno de mis dedos en su clítoris sin dejar de hablar, Ella gimió al sentir como mis dedos acariciaban su clítoris con precisión.

    Hice ese mismo moviente como varios minutos acariciando su clítoris, y me di cuento como estaba ella sin aguantar más la excitación que teníamos en ese momento, y dispuse a subir quedando frente a ella y la bese con tanta pasión que no había oportunidad de hacer más.

    Adriana me devolvió el beso y mordió el labio.

    —¿Qué piensas hacer amor mío tenerme hace como estoy el resto de la noche? —dijo ella, haciendo alusión a que estaba tan excitada y que era crimen dejarla prendida.

    —No. —dije enseguida antes de bajar mis labios a su cuello.— solo me estoy asegurando que piense en mi todos los días de tu vida y que disfrutemos de este viaje como una segunda luna miel.

    Volví a besarla su lomita antes de bajar mi boca e introducir mi lengua en su intimidad. Adriana se retorció inquieta de tal manera, que debió sujetar su cadera para mantenerla quieta. Todo lo que podía oír eran sus gemidos y ruegos entre cortados hasta que alcanzo el orgasmo. Se limpió la boca con el dorso de su antebrazo y le sonrió.

    —¿Ahora que viene? —pregunte levantando la cabeza mientras la miraba tratando de normalizar la respiración.

    Yo la bese y corto sus palabras.

    —Sé que a tu mente pervertida le gusta que te amarré.

    Ella se sonrojo involuntariamente, pero no lo contradijo.

    —Eres tan dulce cuando te sonrojas. —Dije posicionándose sobre ella.— mi hermosa esposa te amo tanto. Y de me inmediato yo comencé a besar sus labios mientras sujetaba su cintura, ella levanto su pierna derecha para aumentar el contacto.

    —Cristian…

    —¿Sí? —dije mordiendo el lóbulo de su oreja.

    Ella apuro las cosas y con su mano atrapo mi miembro para guiarlo a su zona, pero yo la detuvo echándose hacia atrás.

    —Tú conoces la palabra mágica. Dije yo

    —Has la excepción hoy amor. —dijo ella tratando de sujetarlo con sus piernas, pero yo no cedi.

    —Te dije que te arrepentirías de decidir ir a ese seminario.

    Adriana me hizo un puchero con frustración, yo siempre terminaba ganando, pero ella no se iba a dar por vencida. Se ubicó un poco más arriba en la cama y abrió las piernas lo suficiente para que yo se posicionara entre ellas, pudo ver como mis ojos la recorrían con lujuria. Instintivamente llevo una de sus manos a su centro y comenzó a acariciar su zona sintiendo como sus dedos resbalaban con facilidad entre sus pliegues por el exceso de secreciones. Los ojos de él se abrieron con sorpresa.

    —Adriana, planeas matarme. —dije con la boca seca. Claramente no se esperaba esto.

    Ella se retorció gimiendo, tratando de concentrarse en mi rostro.

    —Te he ganado. —dijo Adriana finalmente con satisfacción mientras continuaba dándose placer a sí misma.

    Yo sujete la mano que tenía perdida entre sus piernas y la llevo sobre su cabeza junto con su otra mano.

    —Yo creo que ya no. Dilo.

    Sus ojos chispeaban y ella gimió al sentir su miembro rozando su entrada.

    —Te amo.

    Sus ojos azules se suavizaron y él le dio un beso tierno.

    —Te amo también, pero ahora dilo. Adriana me acaba la paciencia.

    Trato de que su tono no delatara lo desesperado que estaba por perderse en su interior. Su erección necesitaba ser liberada porque ya le estaba provocando un dolor en la zona. Presiono la punta solo un poco entre sus pliegues y le tomo mucho esfuerzo no empujar hasta el final.

    Ella gimió al sentirlo.

    —Follame.

    —Adriana. —se quejó él casi perdiendo la cabeza.

    —Follame por favor.

    Yo sonreí soltando mis manos para luego sujetar su cadera y empujar su virilidad hasta el fondo de su vagina húmeda. Ella respondió arañando su espalda y entre besos fogosos y gemidos lo único que podía oírse era mis testículos chocando con fuerza contra la piel de ella.

    —Te amo. —murmure yo como una plegaria tratando de prolongar el momento al máximo, pero ella que estaba más sensible llego primero al orgasmo y ese envolvente agarre después de unas profundas estocadas lo llevo a la cima.

    Con sus últimas fuerzas gire su cuerpo y cambio las posiciones para que ella quedara sobre mi pecho tratando de normalizar la respiración.

    —¡Vas a matarme! —Me quejó él riendo.— Un día de estos vas a matarme.

    Ella sonrió y cepillo sus labios con los suyos en un beso perezoso.

    —Tú vas a matarme. —Respondió Adriana levantando las caderas lo suficiente para liberarme y ubicarse a mi lado.— Fue… sensacional.

    —Cuando te tocaste. —yo me lamie los labios rememorando el momento.— ¡Dios! ¿Por qué no lo haces más seguido para mí?

    Ella se sonrojo y golpeo su pecho.

    —amor, eso quedo en el momento.

    Él beso su nariz.

    —¿Lo harías otra vez para mí?

    —¿hoy?

    —Tenemos mucho tiempo. —dijo ella viendo mis ojos con amor y pasión.

    Nos quedamos abrazados para descansar de tanta faena que hicimos, ella por tiempos determinados nos besamos. Y el sueños nos venció y nos dormimos así abrazados y desnudos, no nos importaba nada solo existíamos los dos juntos. Y al final nos quedamos profundamente dormidos sin olvidar de este maravillo día que tuvimos.

  • Con la menor de mis tías (Parte 2)

    Con la menor de mis tías (Parte 2)

    Al día siguiente despertamos juntos en la cama, completamente desnudos, era un sueño hecho realidad. Yo me quedé arranchándola hasta que ella despertó.

    Y: Buenos días querido (me dio un beso en la boca)

    S: Buenos días tía… (El beso comenzó a ponerse más apasionado)

    Y: Voy a darte los buenos días como se debe (mi tía se metió debajo de las sabanas y comenzó a mamármela)

    S: Esta… es la mejor… mañana de mi vida… (Puse mi mano en su cabeza para metérselo un poco más su boca)

    Yo ya estaba a punto de venirme, cuando de repente escuchamos la puerta principal, estaban abriéndola. Resulta que mis dos tías y mi mama habían vuelto antes de lo esperado, nosotros nos asustamos muchísimo, hasta el punto que no sabíamos que hacer, así que tome mi ropa y me metía a la ducha del segundo piso, mi tía no encontraba su ropa así que tomo una toalla y se envolvió en ella, para que pensaran que se iba a bañar, yo estaba algo aterrado, pero luego de unos minutos mi tía entro al baño.

    Y: Ufff… casi nos descubren… les dije que habías salido temprano, que volverías más tarde (se quitó la toalla y entro a la ducha)

    S: ¿Aun están abajo?

    Y: Si, dijeron que en unos minutos volvería a salir y ya que quedamos iniciados (se arrodillo frente a mi) voy a terminar lo que comencé (continúo mamándomela)

    S: ¡Ohhhh tía!… de verdad eres insaciable… me encanta, eres la mejor.

    Y: Y tú eres un pervertido, te excita que tu tía te la chupe… que niñito… (Escucho el ruido de la puerta cerrándose) excelente por fin se fueron mis hermanas, ya me la puedes meter (puso sus manos contra la pared y levanto su culito para que la pudiera penetrar)

    Puse mis manos en sus pequeñas tetas y se la metí de un solo golpe, pego un gemido durísimo «¡ahhhh…!» y empecé a envestirla con todas mis fuerzas, mi tía gemía bastante fuerte, tanto que de repente abrieron la puerta del baño, afortunadamente la cortina de la ducha estaba cerrada.

    M: ¿Yuli estas bien?, te escuché gritar y vine a ver que te paso.

    Y: Monica… sigues acá, pensé que te habías ido con las demás (mi tía saco únicamente la cara por la cortina)

    M: No, tuve que hacer una llamada y ahorita las alcanzo… pero dime que te paso ¿por qué esos gritos?

    Y: Es que vi un bicho enorme… y… (Yo aún tenía mi pene dentro de mi tía) me hizo gritar… umm… pero ya se fue…

    M: ¿Segura que estas bien? porque ya me voy a ir.

    Y: Si si no te preocupes… (Yo se lo metía lentamente) no vemos más tarde (se dieron un beso en la mejilla y mi tía Mónica se fue)

    Ese momento fue muy excitante tanto, que apenas escuchamos el sonido de mi tía saliendo de la casa, volví a acomodar a mi tía contra la pared y al cabo de un par de envestidas ella se vino, estaba muy mojada y continuaba gimiendo muy fuerte, luego nos salimos de la ducha y nos fuimos para el cuarto, no llegamos a la cama, nos acomodamos en una silla que había y ella se montó encima mío.

    Y: ¡Siiii!… dame más… ahhhh… mas…

    S: Eres una perra tía… eres la mujer más caliente de conozco…

    Y: No pares… quiero que me des más… ¡que rico dios si!… (Ella saltaba lo más rápido que podía, era una jinete excepcional)

    S: Tía no voy a aguantar mucho… ¿puedo venirme dentro?

    Y: Si… si… si no se te ocurra sacarlo… yo… yo… también me voy a venir… ¡ahhhh…!

    Fue un orgasmo increíble, los dos terminamos casi al mismo tiempo, fue indescriptible, los entendíamos perfectamente en la cama. Luego de eso cada vez que nos quedábamos solo en la casa, cogíamos hasta el cansancio, varias veces nos golpearon porque mi tía hacía mucho ruido, pero para mí era muy excitante escuchar esos fuertes gemidos de placer. Desafortunadamente luego de un mes a mi tía le salió una gran oferta de trabajo en otra ciudad, a la cual se mudó al poco tiempo, haciéndome prometerle que iría a visitarla.

    En la casa no pudimos tener sexo de despedida, ya que todas estaban ahí en la casa, así que me ofrecí llevarla hasta el aeropuerto ya que su vuelo salía a las 11pm, ella iba con una pequeña falda negra, blusa negra, medias veladas y unos tacones súper altos, se vea extremadamente sexy. Al llegar al aeropuerto entregamos sus maletas y luego me dijo que la compañera al baño, cuando estábamos llegando, me tomo de la mano y nos metimos al baño para discapacitados.

    Y: Pese que no podría despedirme como quería (comenzó a besarme por todo lado)

    S: También quería despedirme como se debe tía (empecé a manosearla por todo lado, sus téticas, su culo y su chochita que ya estaba mojadita)

    Y: Mira lo que me puse para despedirnos (se quitó la blusa y la falda, dejándose en medias veladas, un brasier de encaje negro que relataba sus pequeñas téticas y una tanga negra diminuta, eso me puso a mil) espero que te guste.

    S: Te voy a violar acá mismo perra (le dije eso mientras le daba la vuelta, la tiraba contra la pared y levantaba su pierna, corriendo su tanguita y metiéndole mi pene hasta lo más profundo de su ser, ella solo me sonreía, le encantaba que la tratara como una puta), eres una sucia, estas así de mojada por tu sobrino, ¿te gusta que tu sobrino te la meta? dime que te gusta… ¡dime!

    Y: ¡Sí!… ¡siii!… amo que mi sobrino me folle… ¡ahhhh!… más duro dame más duro… mmmm

    S: Haces demasiado ruido (tomé su blusa y se la puse de mordaza en la boca) y no estamos en la casa… (La cogí del cabello y empecé a empujar con más fuerza)

    Y: ¡Mmmm!…mmmm…

    Haberle tapado la boca la excito muchísimo más, tanto que se vino dos veces en menos de un minuto, quedando contra la pared con ligeros espasmo y la chochita llena de mi semen, fue una gran despedida, claro que casi nos descubren, ya que cuando íbamos saliendo un policía venía a ver qué pasaba con unos ruidos extraños que se había oído.

    Cuando llego la hora de abordar, como nadie nos conocía, nos dimos un gran beso con legua, mientras le cogía ese enorme culo y se lo apretaba, ya que no nos veríamos hasta que pudiera ir a visitarla.

  • Me llevó a un vagón del tren

    Me llevó a un vagón del tren

    Hacía más de una semana que no me pajeaba, ni había ido a que me sodomizaran, por lo que empezaba a andar más caliente que una manada de yeguas en celo. Así que ese sábado sí o sí, iría en busca de quien me diese por el culo.

    Durante la tarde del sábado me estuve preparando para bajar al centro de mi ciudad e ir a que me sodomizaran. Iba duchadito y con el culito bien preparado, dispuesto a que ese día me preñaran el culo sí o sí.

    Eran las 7 de la tarde cuando salí de casa, pero cómo todavía era algo temprano para bajar al centro en busca de quien me diera por el culo, tomé la decisión de pasar por la estación de ferrocarril, beber algo en los bares que hay enfrente, y ver si veía al viejo que me solía follar, el cual ya hacía tiempo que no le veía.

    Pasé por varios de los bares que allí hay, como no veía al viejo, entré en uno de ellos, pidiendo una cerveza, e ir haciendo tiempo, además de ojear la entrada a la estación de ferrocarril y ver el movimiento que había.

    Después de haber pasado casi 2 horas y haber bebido varias consumiciones, cambié de bar, yendo al que solía parar el viejo, beber algo más, y antes de bajar al centro de la ciudad, pasar por los aseos de la estación de ferrocarril, a ver si tenía suerte en mi cometido y encontraba quien me sodomizara.

    Al poco de cambiarme de bar, entró un señor de unos 50 años aproximadamente, que también estaba en el otro bar, y que había visto salir de la estación de ferrocarril, no me quitaba el ojo de encima. Además de ese señor, había otro que no paraba de salir del bar, ir a la estación de ferrocarril, y al poco rato volver al bar; es cómo si anduviera a la caza de algún jovencito al que pudiera sodomizar. Al principio no me percaté ya que en varias ocasiones habían estado ambos hablando cómo si fuesen conocidos, hasta que me fijé en las señas que se hacían uno al otro. Era casi seguro que buscaban algún joven culito al que dar verga.

    En varias ocasiones me quedé mirándoles descaradamente el paquete, luego ir al aseo del bar para ver si me seguía alguno de ellos y sonaba la flauta. Solo una vez el que yo calculaba que tendría sobre unos 50 años, entró en los aseos del bar, estando yo dentro. Me miró, pero no hizo ni dijo nada de nada, por lo que salí sin tener contacto alguno con él.

    Ya pasaban de las 10 de la noche, por lo que después de pagar salí del bar, fui a la estación de ferrocarril, entré en los aseos públicos, a ver si tenía suerte y no hacía falta que bajara al centro de la ciudad para que me culearan.

    Nada más entrar en los aseos, fui directamente a uno de los urinarios, desabroché el pantalón soltándome el cinturón, ya que con el pantalón que llevaba (Levy’s) me era mucho más cómodo hacerlo así para poder sacar la polla y mear. Bajé la parte delantera del slip, saqué la polla poniéndome a mear y ver si entraba alguien, ya que en esos momentos estaba yo solo.

    Cuando terminaba de mear, hizo entrada en los aseos, el hombre que no paraba de ir del bar a la estación de ferrocarril. Era algo más viejo que el otro, pero a mí, a aquellas alturas poco me importaba, necesitaba una polla en mi culo, y que me dejara bien preñado. Se puso en el urinario pegado al que yo me encontraba, sacó su polla que por cierto era de muy buen tamaño, y prácticamente exhibiéndome su polla, no dejaba de mirarme. Vio cómo yo no le quitaba la vista a aquella polla que él me enseñaba; miraba aquella hermosa verga, y me relamía los labios viendo aquella hinchada polla, la cual dejaba asomar por la punta su colorado glande; y haciéndome una seña, se metió en uno de los aseos, exhibiéndome su polla y haciendo señas para que fuera junto a él.

    ¡Ufff! Menuda polla se gastaba el tío, estaba empalmado cómo un burro, tenía la polla tiesa a más no poder, su colorada y enrojecida punta se erguía hacia el techo toda orgullosa. Aquella visión de la polla del viejo me había dejado hipnotizado, estaba hinchada y se veía asomar la cabeza enrojecida, vamos que se me hacía la boca agua, y el muy hijo de puta no paraba de enseñarme la polla y hacerme señas exhibiendo y ofreciéndome aquella hermosa polla.

    Yo no me hice esperar, guardé mi polla y sujetándome el pantalón con las manos para que no me cayera, entré en el aseo con él. Nada más entrar yo, cerró la puerta. Antes de que me pudiera dar la vuelta, llevó sus manos a mi pantalón, el cual sujetaba yo por tenerlo desabrochado, metió sus manos por dentro de mi slip, y tirando de ellos, me bajó el pantalón y slip a la vez.

    Llevó su mano a mi entrepierna sobándome los huevos y polla, a la vez que me lamía la oreja. Ufff maricón que bueno estás, susurraba en mi oído mientras me sobaba la polla y huevos con una mano, y llevaba la otra a mi culo.

    Yo solo pude reaccionar llevando mi mano a aquella hinchada polla que me tenía hipnotizado, y agarrarla con mi mano acariciándola.

    Mientras él, buscó mi hoyito con su dedo, cuando lo encontró, presionó el esfínter, haciendo que su dedo entrara en mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí al entrar el dedo en mi culo.

    Calla maricón, no grites tanto que nos pueden escuchar, me dijo sin sacar el dedo de mi culo.

    Joder que culito más rico tienes, maricón. ¿Quieres que te la meta y te folle, o solo quieres chuparla? Me preguntó.

    Joder, con lo salido y caliente que estaba, y la visión de aquella polla, que esperaba que le contestase… Las 2 cosas, le contesté.

    Si quieres que te dé por el culo, tenemos que ir a otro lugar, aquí no es buen sitio, me dijo. Aquí es para una mamada o hacerse unas pajas. Si quieres podemos ir que ahora es buena hora y no hay nadie.

    Bueno le contesté, ¿pero queda lejos?

    No, es aquí en la estación de ferrocarril, me dijo.

    Bueno le contesté.

    Guardó su polla, y yo me subí el slip y pantalón y abrochándolo salimos del aseo.

    Ven, me dijo poniéndome una mano sobre mi hombro, tu sígueme y no te preocupes, vamos hablando cómo si fuéramos amigos.

    Fuimos andando por el andén que hay pegado a la pared, y cuando ya se acabó este, cruzamos unas vías, encaminándonos hacia unos vagones que estaban en reparación o que tenían en desuso.

    Cuando íbamos caminando, miré varias veces hacia atrás, viendo que a gran distancia nos seguía el otro viejo que estaba en el bar. Creo que nos sigue el señor que estaba hablando contigo en el bar, le dije.

    No te preocupes, es un amigo, y seguro que solo quiere espiarnos mientras se pajea.

    Paramos junto a uno de los vagones, y abriendo una de las puertas, me dijo, ven sube, es aquí.

    Joder, pero si es un vagón del tren; pensé para mí; y aquí es donde este viejo me va a sodomizar… pensaba yo en esos momentos.

    Había quedado pensativo mirando para él, pero él me agarró por el brazo, tirando por mí. Tranquilo que aquí estamos seguros, te puedo dar por el culo sin que nos molesten, aquí no viene nadie, y menos a estas horas.

    Subí al vagón, dejando él la puerta abierta, y nos fuimos a uno de los compartimentos que estaban a la otra punta.

    Al entrar en el compartimento, vi que se trataba de un coche cama, por lo que sospeché que este fulano, debía trabajar en la Renfe o en la estación de ferrocarril.

    ¿Trabajas aquí? Le pregunté.

    Sí, me contestó, así que quédate tranquilo que aquí nadie nos va a molestar. El único que puede venir es Pepe, a espiarnos y pajearse.

    Me abrazó por la cintura llevándome hacia él, y echando mano a mi cinturón, empezó a desabrocharlo. Luego siguió haciendo lo mismo con mi pantalón, mientras yo le hacía lo mismo.

    Ya había conseguido sacarle la polla; la sujetaba con mis manos acariciándola mientras la miraba con lujuria y deseos. La contemplaba cómo si de un trofeo se tratase. Le bajaba y subía la piel del prepucio, descubriendo el enrojecido glande de aquella gran polla que tenía aquel viejo.

    Mientras estaba exhorto contemplando aquella hermosa polla, con una de mis manos le acariciaba los enormes huevos que le colgaban, cuando el viejo, empezaba a sacarme la camiseta tirando de ella hacia la cabeza.

    Una vez me sacó la camiseta, llevó sus manos a mis pezones, empezando a pellizcarlos y retorcerlos, mientras llevaba su boca a mis labios, empezando a lamerlos y mordisquearlos.

    Joder que bueno estás me decía, mientras retorcía y pellizcaba mis pezones. Tienes unos labios muy sensuales, dan ganas de comértelos.

    Mientras tanto yo, seguía meneando y descapullando su hermosa polla, a la vez que le sobaba los huevos que eran enormes. El pantalón y gayumbos ya se los tenía en los tobillos, pero él seguía mordisqueándome los labios y retorciéndome los pezones.

    Subió las manos a mi cabeza, y después de meterme la lengua en la boca y morrearme hasta dejarme sin aliento, me dijo que le fuera chupando la polla, mientras él, se terminaba de sacar la ropa.

    Me agaché llevando mi boca a su verga, y empecé a pasarle la lengua por la punta del glande, mientras le sujetaba la polla con una mano y con la otra le acariciaba y manoseaba los huevos. Le pasé la lengua por dentro de la piel del prepucio, haciéndole soltar unos gemidos, que hasta tuvo que dejar de sacarse la camisa y llevar sus manos a mi cabeza. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Ay maricón, dios que bien la chupas cabrón. Gritó a la vez que llevaba sus manos a mi cabeza y se retorcía de gusto.

    Terminó de sacarse la camisa, cuando de repente se abrió la puerta donde estábamos, apareciendo allí el viejo que nos seguía.

    Joder, Jaime, le dijo el que estaba conmigo, nos has pillado en plena faena. Pasa y cierra la puerta, espero que no le parezca mal al putito que me he ligado en los aseos, y te deje participar.

    ¿Pero no dijiste que era Pepe? Le pregunté al que le estaba chupando la polla.

    Eso pensé, pero no me di cuenta de Jaime. Si no te parece mal, le dejamos participar, así te podemos dar por el culo los 2.

    Seguí con la chupada que le estaba dando a aquella rica polla, encogiéndome de hombros, dando a entender que me daba igual. En esos momentos, solo pensaba en la polla que estaba chupando, y cómo me iba sodomizar.

    Ven me dijo el que tenía su polla en mi boca, déjame sentar mientras me la chupas, así termino de sacarme el pantalón. Agarrando mi cabeza para que no saliera la polla de mi boca, tiró por mí unos pasos, sentándose en el banco que había, y así mientras yo le seguía chupando la verga, el terminaba por desnudarse.

    Mientras tanto el viejo que terminaba de llegar, después de sacarse la ropa a toda pastilla, llevó sus manos a mi espalda, y luego de acariciármela, pasó las manos por mi pecho, pellizcando mis pezones, siguiendo hasta mis caderas, donde siguió desabrochándome el pantalón, tiró por él hacia abajo, sacarme luego los zapatos y sacarme por completo el pantalón. Luego fue bajándome muy despacio el slip, mientras me iba acariciando el culo, luego la polla y huevos, y mientras yo seguía con la chupada de verga al otro, él me iba descapullando y meneando la polla, a la vez que me quitaba el slip.

    ¡Ufff! Resoplaba el viejo que se llamaba Jaime, menuda joyita que hemos encontrado mira que viciosa nos ha salido, y en el bar parecía no haber roto un plato en su vida, menudo maricón que nos vamos a follar esta noche. Mira cómo le gusta mamar polla y lo caliente y empalmado que está. Vamos a mirarle el culito a ver qué tal se abre.

    Llevó su mano a mi culito, y acariciándolo suavemente y muy despacito, fue llevando sus dedos a mi ano. Colocó uno de sus dedos en mi ojete, y haciendo presión en el esfínter después de haberse ensalivado el dedo, lo iba metiendo y sacando muy despacito, haciendo que mi esfínter se fuese abriendo, dejando que fuera entrando el dedo. Cuando tuvo su dedo totalmente dentro de mi culo, además de hacerme gemir de placer, fue presionando los laterales del interior de mi ano, para que este se fuese abriendo más, hasta conseguir que me entrara otro de sus dedos.

    Ahora estaba inclinado chupando la verga del que me llevó a ese vagón, y al viejo Jaime, metiendo y sacando 2 de sus dedos en mi culo, mientras me acariciaba los huevos y me descapullaba suave y muy despacito la polla.

    Oh dios, estaba tan excitado, que el culo me ardía en ganas porque le metieran una buena polla, y me quitaran aquella picazón que tenía. Deseaba que me dieran por el culo y que me dieran ya, o terminaría corriéndome allí mismo sin haberme metido un buen rabo en el culo.

    Saqué la polla de mi boca, pidiéndole que me la metiera en el culo, que ya no aguantaba más.

    Sí putita sí, no desesperes que ya te voy a meter mi rabo en ese bonito culo que tienes, pedazo de maricón.

    Joder que anda salido el maricón este, mira que empalme tiene el muy maricón, decía el viejo Jaime, dejando que me incorporara, y al que le estaba chupando la polla, se levantara, me sujetara por las caderas, se colocara detrás mía, y haciendo que me inclinara sobre el banco, le dejara mi culito dispuesto para ser sodomizado por su tiesa polla. Ya lo tienes bien abierto y lubricado, le dijo el viejo que se nos había agregado y se llamaba Jaime.

    El que me iba dar por el culo, arrimó su verga a mi ano, y luego de empujar con sus caderas un poco, metió su glande en mi ano, haciendo que mi esfínter se abriera a tope, haciéndome dar un suspiro al entrarme la cabeza de la polla.

    ¡Ohhh! Suspiré fuertemente al notar cómo me abrían el culo con aquella pija que se gastaba el que me estaba dando por el culo.

    Ya está maricón, ya te ha entrado la cabeza, ahora te vamos a meter el resto que falta, y te preñaremos de leche este culito tan rico que tienes.

    Colocó sus piernas arrastrando sus pies en medio de los míos, haciéndome abrir un poco más las piernas, y cuando me abría más de piernas, dio un movimiento a su pelvis, metiéndome el resto de su polla en el culo.

    ¡ohhh! ¡ooohhh! Grité de placer al recibir toda su polla en mi culo.

    Ya putita, ya la tienes toda dentro. Me decía abrazándome por el vientre y acariciándome el estómago. Empezó poco a poco a mover su pelvis, haciendo que su polla se empezara a mover dentro de mi culo. Así maricón, así mueve tu culito para que te entre mejor, me decía sin dejar de moverse lentamente.

    Ohhh que gusto, ohhh que gusto, decía el cabrón que me estaba dando por el culo. Ay que culito más rico, ay que culito más rico tienes, maricón.

    Yo no podía parar de gemir, daba unos gemidos tan fuertes, que no me extrañaría nada que se escuchasen en la calle que pasaba pegada a la pared de la estación.

    ¡Ahhh! ¡ahhh! ¡aaahhh! Lloraba más que gemía, mientras aquella polla me daba por el culo. Me estaba machacando la próstata, dándome un gusto irresistible.

    ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Me salían unos gemidos cómo de lamento, haciéndome poner los ojos en blanco, y que me mordiera los labios, por tanto placer que estaba sintiendo cada vez que la polla aquella me sodomizaba el culo.

    Joder maricón, van a pensar que estamos matando a alguien, decía el agregado Jaime. Sí que nos saliste bien chillona y puta. Joder lo que te gusta la polla, maricón. Y pensar que no creí que fueses maricón cuando te vi en el bar.

    El que me estaba dando por el culo, ya me follaba a saco, se podía escuchar el sonido de su polla al entrar en mi ano y su pelvis golpear mi culo, plof plof plof.

    Me daba con toda su alma y empezaba a sudar por todos sus poros. Debía estar cansado de aquella postura en que me estaba dando por el culo, que pidió que lo siguiera cuando tirando de mí, así cómo me tenía abrazado por el vientre, y sin sacarme la polla del culo, me hizo que siguiera con mi culo pegado a su pubis, me hizo girar, sentándose él en el banco, y yo sentado sobre su polla.

    Así, así maricón, mueve tu culito y clávate mi polla. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el muy hijo de puta clavándome la polla en el culo.

    De esta manera, el viejo Jaime, se arrimó a mí, dejando que le agarrara la enorme polla que se gastaba el muy cabrón. Si la polla que me estaba dando por el culo ya era una gran polla, la del viejo Jaime, era todo un monumento, parecía que, en lugar de una polla, tuviese una manguera por verga. Cuando me metiese aquella anaconda en el culo, me iba dejar bien abierto el ano el muy hijo de puta. Menos mal que el primero en darme por el culo, no se gastaba semejante herramienta, que, si no, me habrían hecho sudar la gota gorda y reventado el culo.

    Agarré aquella manguera que se gastaba por polla el viejo Jaime, y a la vez que le acariciaba los huevos, le meneaba el pollón aquel, lo acercaba a mi boca cuando podía, y lo iba lamiendo.

    Eres bien viciosillo, maricón. Mira que te gusta la polla, ¿eh? Pues no te preocupes, que mira bien el rabo que te voy a meter en el culo, pedazo de maricón. Te voy a dejar el culo tan abierto que va a parecer un bebedero de patos.

    El cabrón que me estaba dando por el culo, empezó a gritar que se corría. ¡Ohhh! Me corro, me corro, gritaba mientras me clavaba la polla profundamente en el culo y movía su pelvis más rápido.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba mientras eyaculaba en lo más profundo de mi culo.

    Cuando paró de descargar su semen en mi culito, quedamos parados allí sentados, el sobre el banco y yo sobre su polla. La polla que terminaba de darme por el culo poco a poco iba aflojando y saliendo de mi culo a la vez que notaba cómo me iba escurriendo la leche que me había inyectado en mis entrañas.

    Mi polla rezumaba semen por todo el glande, ya que hacía tiempo que no paraba de gotearme. Y así cómo estaba, agarrado a la polla descomunal del viejo Jaime, le daba lametazos y chupaba la cabeza mientras con una mano se la pajeaba, y con la otra le acariciaba los huevos.

    Estando así, recuperándonos de aquella follada, fue cuando vi al que resultó ser el tal Pepe, estaba mirando desde el pasillo, con la polla de fuera y sobándosela.

    Joder exclamé, ese supongo que será el tal Pepe, dije señalando a donde estaba.

    Sí, dijo el que me acababa de dar por el culo, ese es Pepe.

    La hostia, que morbo estaba sintiendo, además de darme por el culo aquellos sementales, otro viejo con lo que parecía otra enorme verga, nos estaba espiando con la polla de fuera. Y menuda cara de salido que se gastaba el muy hijo de puta.

    El que me acababa de sodomizar, se levantó llamándolo para que se acercara. Ven Pepe acércate, le dijo.

    Mientras el tal Pepe se iba acercando, el que se llamaba Jaime, me abrazó acercándome a él, y empezando a morderme el cuello y menearme la polla bajando y subiendo el prepucio.

    Ahora vas a recibir mi polla en tu culito de maricón, y vas a saber lo que es que una buena polla te dé por el culo.

    Me giró haciendo que le diera mi espalda, y haciéndome inclinar sobre el banco, se agachó abriéndome el culo con sus manos. Metió 2 de sus dedos en mi recién follado ano, haciéndome dar un gemido de placer, cuando metió sus dedos en él. Metió y sacó varias veces sus dedos, para luego llevar su boca a él, y abriéndolo con sus manos, pasó su lengua por el esfínter, haciéndome dar un gemido a causa de la sensación de escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. Volvió a pasar su lengua por el esfínter, presionando con la punta de su lengua, haciendo que entrara un poco su lengua.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Volví a dar un fuerte gemido al notar su lengua entrando en mi ano.

    Calla maricón calla, que lo bueno viene después. Ya verás cómo luego sí vas a gemir de placer cuando te meta mi rabo en el culo.

    El que terminara de darme por el culo, estaba sentado a mi costado, viendo cómo me estaba lengüeteando el ano, y cómo me estaba haciendo gemir. Me acariciaba los pezones dándome pellizcos y retorciéndolos, para luego agarrarme la polla e ir meneándola suavemente.

    Yo con la cabeza apoyada sobre el banco, veía al mirón que ya estaba allí, viendo cómo me daban por el culo, y no paraba de gemir. El salido aquel, acariciaba su polla, se relamía los labios con la lengua, y no sacaba los ojos de mi culo.

    Joder, si aquello era morboso ver cómo me estaban exhibiendo a aquel salido con cara de hijo de puta, ver cómo miraba cómo me estaban sodomizando, me hacía excitar aún más de lo que ya estaba.

    Después de un buen rato lamiéndome el ano y saboreando el semen que me iba escurriendo por él, El que ahora me iba dar por el culo, me hizo levantar, me abrazó a él, llevando ahora su boca a la mía, lamiéndome los labios y mordisquearlos, hasta meterme su lengua en mi boca, y hacer que saboreara los restos que su lengua terminaba de lamer de mi ano.

    No lo podía creer, estaba saboreando el semen con el que me habían terminado de preñar, y que un pervertido viejo había lamido de mi ano; un caliente y salido mirón observándome; y a punto de ser sodomizado de nuevo esa noche por una enorme polla en un vagón del tren.

    Me llevó sobre la cama que solo tenía la madera que era donde iba el colchón, y cómo esta quedaba más alta que el banco, me hizo sentar allí, quedando de cara para el que ahora me iba a sodomizar.

    Me hizo tumbar sobre mi espalda, luego subió mis piernas a sus hombros, y tirando por mis caderas hasta que mi culo quedó pegado y a la altura de su pelvis. Colocó su enorme polla sobre el ojete de mi ano, y empezando a presionar sobre este, empujando con su cadera su enorme verga, fue haciendo que el esfínter se fuera abriendo, y dejara que entrara su enorme polla.

    Ya me había metido toda la cabeza de la polla en el culo, haciendo que gritara y gimiera de placer, al notar cómo mi esfínter cedía, y se iba colando en mi culo aquella enorme verga.

    ¡Ufff! Sudaba al notar como aquella verga me iba entrando en el ano, abriéndome el culo de tal manera, que me sentía totalmente empalado.

    Poco a poco fue entrando toda aquella enorme verga, y una vez toda ella dentro, esperó unos segundos, para ir empezando a bombear dando pequeños movimientos con su pelvis.

    Ya maricón, ya te la he metido toda. Ya te tengo ensartado en mi polla, y ahora sí que vas a gemir de placer, y vas a llorar por el gusto que te voy a hacer pasar.

    Cada vez que movía su pelvis, me hacía dar unos gemidos que más que gemidos parecían gritos.

    ¡Ahhh! ¡ahhh! ¡aaahhh! Gritaba más que gemía cada vez que movía su cadera haciendo que su enorme polla fuese perforando mi culo.

    Así, así te quería tener, bien empalado en mi polla y que notaras cómo te voy abriendo el culo con ella. Cada vez movía más su cadera, haciendo que me retorciera de gusto, y no parara de gemir.

    ¡Ohhh que culito más apretado! ¡ohhh que culito! ¡ohhh que culito más rico pedazo de maricón! Así, así, decía moviendo cada vez más su pelvis, haciendo que aquella anaconda se fuese deslizando por mis entrañas.

    Anda maricón, abrázame el cuello con tus brazos, que así se abrirá más tu culito y te dará mayor placer. Ya verás cómo te va a dar más gusto.

    Estiré los brazos a la vez que levantaba mi espalda, y una vez conseguí sujetarme a su cuello, me abracé todo lo que pude a él, haciendo que mi culo se abriera más, y su enorme polla se deslizara más fácil dentro de mí.

    No paraba de gritar cada vez que su polla entraba deslizándose por mis entrañas, masajeaba mi próstata, y el glande tocaba el fondo de mi culo.

    ¡Ahhh! ¡aaahhh! ¡ahhh! Siiii, siii, gritaba sintiendo como me follaba aquella verga el culo. Ay maricón me vas a abrir en canal con esa verga. Le gritaba abrazándome todo lo que podía a aquel hijo de puta que me estaba dando por el culo.

    Cada vez las envestidas eran mayores y más rápidas, saliendo más aquella enorme verga, y volviendo entrar en mi culo. Ahora ya se escuchaba su polla al entrar en mi ano, y el golpeteo que daba su pelvis al chocar con mi culo, era un chof chof chof que su polla hacía sonar mientras me daba por el culo aquella anaconda que se gastaba por polla aquel viejo.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Jadeaba el viejo moviendo su culo haciendo que su enorme polla entrara y saliera de mi culo. El viejo cada vez sudaba más, y ahora el vaivén de sus envestidas al darme por el culo, eran más rápidas y profundas.

    Yo seguía sujetado a su cuello gimiendo sin parar. Cuando él, sujetándome con sus manos me levantó en brazos, haciendo que yo me abrazara más a él con mis manos en su cuello, y con las piernas abrazara sus caderas, haciendo que me entrara aún más la enorme polla en mi culo.

    Dios, aquella verga me iba abrir en canal, notaba sus huevos pegados a mi culo, y aquella polla entrar aún más. En ese momento pegué un gemido más fuerte y agudo, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! empezando a correrme en una salvaje eyaculación.

    ¡Ohhh! Me corro, me corro, ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemí explotando en una salvaje corrida, que quedó sobre nuestros pechos y vientre.

    Y a la vez que yo me corría, gritaba él también que se corría.

    ¡Ohhh maricón que gusto! ¡ohhh maricón! Me corro, me corro, ¡ooohhh! Gritaba mezclándose nuestros gemidos, y a la vez que yo derramaba mi semen por nuestro pecho y vientre, el me preñaba el culo con su leche, y fue tal cantidad de semen, que más que una corrida, parecía que se estaba meando dentro de mi culo. Su polla no paraba de palpitar dentro de mi culo escupiendo una gran cantidad de esperma.

    Se sentó sobre el banco llevándome en sus brazos, y sin sacarme la polla del culo, quedé de rodillas en el banco, empalado en su enorme verga, abrazado a él hasta que fuimos recuperando la respiración.

    Todavía seguía notando cómo palpitaba su enorme polla dentro de mi culo, e iba soltando todo su semen, preñándome el culo con aquel esperma que bañaba mis entrañas.

    Estuvo mordiéndome las tetillas y lamiendo el semen que corría por mi pecho, luego mordió mi cuello, para terminar por morderme los labios, dejándolos hinchados y enrojecidos, hasta que metió su lengua en mi boca, y juntando ambas lenguas nos saboreamos y nos besamos hasta que su enorme polla empezó a salir de mi ano.

    Mientras me estaba dando por el culo aquella enorme verga, los otros 2, el que me dio por el culo primero, y el salido y caliente mirón, se pajeaban sin dejar de ver el espectáculo.

    Cuando me hube incorporado y me fijé en el panorama, agarré la polla del que primero me había dado por el culo, metiéndola en mi boca, y acariciándole los huevos, chupé aquella polla hasta que descargó 3 trallazos de semen en mi boca.

    Después de vaciar su semen en mi boca, lo saboree tragando toda la leche que me había soltado, dejándole la polla limpia y reluciente.

    Como el salido y caliente mirón aún no se había corrido, lo llamé, y agarrándole la polla que tampoco estaba nada mal, le dije que me la metiera en el culo y me lo preñara de leche. Me di la vuelta dándole la espalda, y agachándome para que me diera por el culo, agarre la enorme polla del viejo Jaime, la llevé a mi boca, y empezando a chuparla, dejé que el salido y caliente mirón, me diera por el culo y me preñara por tercera vez en la noche.

    De una envestida me metió el salido y caliente mirón la polla, que no estaba nada mal de tamaño y grosor, no tardando ni 5 minutos en empezar a correrse dentro de mi culo, preñándome por tercera vez en la noche que no hacía nada más que empezar.

    Nada más meterme la polla en el culo el caliente y salido mirón, empezó a bombearme el culo de una manera tan salvaje, que cada vez que me golpeaba su pelvis mi culo, además de que se podía escuchar el chof chof chof de su polla al entrar en mi culo, me hacía tragar más de la enorme polla que estaba chupando.

    Dios, aquel caliente y salido mirón, además de una buena polla, tenía unos huevos tan enormes que cada vez que me daba por el culo me golpeaban mis huevos, dándome un gusto y placer que me hacían que me excitara más, y deseara seguir siendo follado por el culo toda la noche.

    De repente empezó a gemir el caliente y salido mirón, dando unos fuertes jadeos gritando que se corría, ¡ooohhh! me corro, me corro, me corro, gritaba clavando sus dedos en mis caderas, y empujando de ellas para meterme más a fondo su polla.

    Dios, este otro cabrón, debía tener los huevos bien repletos, ya que me estuvo soltando semen un buen rato. Notaba cómo palpitaba su polla dentro de mi culo, y cómo iba escupiendo todo el semen dentro de mi ano.

    Cuando terminó de eyacular soltando toda su leche en mi culito, sacó su polla, dejando que me repusiera, y una vez recuperado el aliento, terminamos por vestirnos, y salir de aquel vagón que aquella noche me había hecho tan feliz.

    Me habían dado por el culo 3 salvajes empotradores, preñándome el culo de semen, y dejándome el culo bien abierto y repletito de leche.

    Esa noche me fui a dormir feliz, bien contento y sodomizado.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • Nuestra amiga argentina haciendo de las suyas en Nochevieja

    Nuestra amiga argentina haciendo de las suyas en Nochevieja

    En casa siempre para el 24 de diciembre nos juntamos todos, y somos una banda, mis viejos invitan a algunos amigos con su familia, una de ellas es la familia de mi novio, así que somos un montón de gente, ayer seríamos como 60 o 70 que se yo, de los cuales, 10 éramos de mi edad. Es el mismo grupo con el que pasamos el verano en Cariló y con los que pasamos año nuevo ahí.

    Nada, comimos, y ya habíamos arreglado para encontrarnos en un lugar por San Isidro, donde iba a ir un montón de gente, todos los amigos de mi novio, amigos de los amigos y todo eso.

    Obvio (como digo siempre a los hombres la ropa no les interesa, pero para mí es lo más importante jeje), en casa estaba con un vestidito corto pero normal, pero no daba para salir así, entonces antes de salir subo y me cambio.

    Me pongo una mini, la verdad que era cortita y bien amplia, ¿me explico?, no ajustada, con unos zuecos y una blusa. Obvio mi vieja, me dice: “¿vas a salir así?” La forra de mi hermana me dice: “¡Pareces una trola!” Son dos boludas, y mi novio me dice: “me encantas como te vestiste linda” (fue lo que más me importo jeje).

    Pero como siempre, el forro de mi novio ya había tomado un poco de más (es lo único que me embola de él), y yo también había tomado (pero yo tomo un poco y ya me pongo en pedo jeje), así, que nos fuimos con el auto de otra pareja hasta ese lugar, quilombo de gente, había muchos que ni conocía.

    Bueno voy resumiendo, si no se hace re largo, armamos afuera, como en un patio una mesa enorme, seríamos como 20, hasta ahí todo bien, hasta que nos vamos sentando y justo enfrente mío se sienta un chico ¡que me mato!, no sé porque, pero me gusto y mucho, pelo oscuro y más bien largo, quemadito, re marcado ( se ve que se mataba en el gimnasio) unos brazos bien fuertes, que se yo, me gusto, y no pude dejar de mirarlo.

    Así estuvimos largo rato, yo seguía tomando champú y mi novio no sé qué mierda, pero estaba cada vez más en pedo, y con este pibe, nos empezamos a matar con las miradas.

    Ahhh, en ese lugar había un lugar, no muy grande pero que se podía bailar, hasta que en un momento ponen música de Agapornis (que a mí me encanta) y digo: “VAMOS A BAILAR”, y nos levantamos varios y fuimos a bailar todos juntos, es decir todos bailaban con cualquiera y obvio yo busque bailar con el chico esté, y me di cuenta que él hizo lo mismo.

    La cosa es que bailando tipo cumbia, aprovechaba para pasarme la mano bien por la cintura (ah, la blusa que tenía era media corta. O sea, directamente cuando me tocaba la cintura, me metía la mano apenas debajo de la blusa y me tocaba la piel, yo lo dejaba), seguimos bailando, en un par de momentos, estábamos ya con las caras casi pegadas, y el forro de mi novio ni me cuidaba, seguía boludeando y tomando con sus amigos. Lo hace porque está re seguro de mi (pobrecito jeje)

    La cosa, es que terminamos, de bailar, y ya la mesa era un descontrol, cada uno se sentaba ¡por cualquier lado!, mi novio con sus amigos y yo me senté con el chico este y dos parejas más ¡y otro chico!

    El chico del que les hablo se llama Juani, y el que estaba solo Leo, que después me entere es el mejor amigo de Juani (y vuelvo a resumir si no se hace muy largo)

    Ya serían las cinco de la mañana, lo voy a ver a mi novio y no podía ni levantarse de la silla del pedo que tenía, me re calenté y lo mande ¡al carajo!, yo también había tomado, no sé si estaba en pedo, pero no como él, me tambaleaba un poco cuando caminaba, me reía de cualquier cosa (antes de ver como estaba mi novio).

    La cosa es que vuelvo a la mesa con una cara de ojete que no se disimulaba, Juani me pregunta que me pasa y le cuento y le digo que me voy a pedir un taxi y me voy a la mierda, que estaba re caliente con el forro de mi novio.

    Juani me pregunta por donde vivo, y me dice: “deja te llevo, igual lo tengo que llevar a Leo que también vive en Palermo”.

    Ante la duda de no saber cómo me volvía le dije que si, aparte, obvio ya se me había cruzado por la cabeza que si dos chicos me llevan y me ven medio en pedo, si no intentaban hacerme nada eran dos BOLUDOS.

    La cosa empieza acá, Juani, tiene una de esas camionetas que son solo de una cabina (varios amigos míos tienen de esas), así que nos sentamos, los tres adelante y obvio ¡yo en el medio!

    El guacho de Juani y aprovechando que yo estaba media regalada (en pedo), ni bien nos subimos me dice (delante de su amigo): “me volviste loco pendeja”, y sin darme tiempo a nada, me parte la boca, le respondo el beso, pongo una de mis piernas sobre las de él, me las empieza a acariciar, y Leo su amigo, me empieza a besar la nuca, me acaricia la espalda, cada vez sus manos iban más para adelante hasta que me las pone en las TETAS, y yo me seguía besando y dejar tocar ¡por Juani!

    Juani, me baja la cabeza hasta su pija, se la acaricio, le desabrocho el pantalón, y la saco y se la empiezo a chupar, de a poco, hasta que me la meto toda en la Boca, y Leo, por la posición en la que yo estaba, era fácil para él poner sus manos en mi cola, y de a poco, bajándome la bombacha, y yo me dejaba, la cosa es que terminé chupándole, comiéndole la Pija a Juani y Leo con sus dedos en mi concha y yo re caliente QUERÍA QUE ME COGIERAN AHÍ, ¡NO ME IMPORTABA DONDE FUERA!

    Juani corre bien para atrás el asiento, y me dice: “veni pendeja” me subo arriba de él y me clavo la pija, mientras su amigo por debajo de la blusa me desabrocha el corpiño, y me empieza a tocar las tetas ¡y a besar! Hasta que terminé acabando, si, acabando en un auto con dos chicos, ¡en una calle oscura!

    No daba para seguir en el auto, Juani me dice: “Caro, te mentí en algo jaja, pero era solo para llevarte, Leo vive a 10 cuadras de acá, lo llevamos y te dejo en tu casa”.

    Jaja, me cague de risa, le dije que era un boludo, pero la cosa no terminó ahí.

    Lo dejamos a Leo, Juani, mientras manejaba me seguía tocando las piernas y metiendo mano, y yo le ponía la mano en su pija, en un semáforo, nos partimos la boca con esos besos interminables, yo con mis piernas abiertas y él tocándome mi conchita y yo su pija re caliente jaja

    Sin decirme nada, encara derecho a un telo, ahhh, a unos metros de la entrada al telo me dice: “¿entramos?” y mi respuesta fue tocarle la pija jeje Ni bien entramos, nos matamos como si se acabara el mundo, a los diez minutos ya me había dejado en bolas, me tiro en la cama (él también en bolas), me empezó a besar la boca, siguió bajando, el cuello las tetas las panza, me acariciaba las piernas, me las besaba, hasta que llego a mi concha, y me la empezó a comer despacio, muy despacio, hasta que me empezó a meter la lengua y los dedos (lo cuento rápido pero todo duró un rato, para mí una eternidad de placer), hasta que levantó mis piernas, las pongo sobre sus hombros, empiezo a gemir de placer, a entregarme y acabo con mi primer orgasmo.

    Me voy directo a su pija, a chuparla como a mí me gusta (se lo merecía jaja), se las empiezo a acariciar con las manos, mientras le beso las piernas, la parte bien cerquita de la pija, sigo por los huevitos, los beso los chupo, empiezo a jugar con mi lengua con la punta de su pija hasta que de a poco se la empiezo a chupar, pero muy despacio, cosa que se caliente y se le pare cada vez más, hasta que se la chupé toda y me la tragué, así estuve un rato chupándosela, hasta que llegó el momento en que los dos queríamos coger, se pone un forro, me pongo arriba de él y empiezo a clavármela y a saltar sobre su pija, me dice: “¿te gusta putita?” “siiiii, cógeme así, ¡me gusta!”, y así cabalgando saltando sobre su pija, terminamos acabando los dos juntos.

    Nos quedamos un rato en la cama, hablando de nuestras vidas (ni nos conocíamos jeje) hasta que como siempre llega el momento en que le pongo la mano en la pija a ver que pasa, y puffff, se le empezó a parar de a poco, cosa que ayude con mi boca, se la empecé a chupar de nuevo hasta que se le ¡re paró! de nuevo jeje.

    Yo sola me pongo en cuatro, me empieza a besar la cola, a acariciarla (me encanta que me acaricien la cola), hasta que como hacen TODOS, me empieza a probar, primero con la lengua en mi ano, me lo escupe, no le digo nada, me mete un dedo, me gustó, lo demostré con mis gemidos, otro dedo, más gemidos, y yo agarrándome de las sábanas, ya tenía los dos dedos adentro, y bien adentro y le digo mi frase sagrada: “cógeme puto, cógeme bien”, y me empieza a meter la pija por la cola, de a poco, dolor pero más placer, y sigue hasta que me la mete toda, me bombea, me dolía, pero me gustaba hasta que acabamos ¡otra vez los dos!

    Estábamos muertos, miro el reloj ¡8:30 de la mañana!, ¡me quería morir!, como mierda explico llegar tan tarde, le digo esto a Juani: “Juani, sabes estoy de novia, si llego a casa y mis viejos están despiertos como mierda explico a la hora que llegué porque mi novio seguro en algún momento hablando con mis viejos se iban a enterar de lo que pasó, y obvio mi novio también y como le explicaba a la hora que llegué a casa”

    Lo entendió, nos vestimos a los pedos, me lleva a casa, obvio me saco los zuecos entro en silencio y por SUERTE, mis viejos dormían jeje

    Hoy 25 me llama mi novio y lo repute por estar en pedo, me pregunta cómo volví, le dije: “te hubieras preocupado antes forro, me trajeron a casa porque vos estabas en pedo boludo” y todavía no hablamos más jeje, pero a la noche lo veo porque viene a casa a cenar con sus viejos jeje

    Si supiera como me re cogieron jeje, pero que se joda por forro, ¿o no?

    Dormía casi todo el día jaja, estaba muerta.