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  • Felipe

    Felipe

    Me he puesto a escribir mi relato y resulta que en lugar de escribir ‘puesto’ he escrito ‘pudro’ que no significa nada. Esto es una mierda, tengo mis ideas en la cabeza y no sé por qué me están saliendo cosas que no quiero. Todo esto se remedia corrigiéndolo enseguida.

    Sigo por el segundo párrafo para describir a mi personaje y me entran unas enormes ganas de orinar que, aunque intento aguantar, o me levanto y voy al baño o me meo encima. Así que opto por ir al baño. Me abro la bragueta del pantalón, son tantas las ganas que tengo de orinar, que no puedo sacar mi polla para evacuar y tengo que abrir el pantalón y bajarlo. Con las nalgas fuera, desplazo la cinturilla de mi jockstraps y ya tengo la polla fuera.

    ¡Ufff!, qué ganas tenía… y la orina sale como si fuera de una manguera a presión y hace un ruido que supongo que lo escucha hasta el vecindario. No sé qué ingeniero ha hecho que mis meadas tengan que caer en un charco de agua haciendo un espantoso ruido que te cagas. Por fin, mirando hacia el techo y con las manos apoyadas en la pared, curvado para que todo entre dentro de la taza del wc, donde el dichoso charco permanente, a eso que llaman ahora al retrete de toda la vida, aunque más moderno, estoy intentando sacar la última gota para que no se me quede en el jockstraps.

    Sigo escribiendo y me da por beber agua, tomar un chicle y me entran más ganas de mear. De nuevo, vuelvo al baño y la misma operación. ¿Por qué no inventarán la manguera fija que puesta en la polla suelte la orina y se dirija por sí misma al baño? Todo es más moderno y más difícil. Ahora vuelvo a hacer la misma operación y escucho más suavemente los sonidos del chorro sobre el agua, por segundos no suena y por segundos no sé ni dónde habrá ido a parar la orina, pero noto que algo tengo mojado. En efecto mis jeans se han mojado de orina y el azul ha tomado una coloración oscura casi negra y una intensa humedad. Decido sacarme los jeans y llamo a Felipe, que es mi ayudante, el chico que limpia mi casa y que es maricón por si no lo sabías. Pero Felipe no está cuando me conviene, sino cuando está previsto. Así que, tras sacarme el jeans, salgo en jockstraps por el pasillo y me encuentro a Felipe frente al ordenador, su asqueroso ordenador lleno de pornografía sucia, tan sucia que lo que yo pongo por escrito parece puras y castas alabanzas angelicales.

    Le digo a Felipe que me busque otros jeans y ve que mi erección que está muy potente y se pone de rodillas delante de mí y comienza a comerme mi polla; mientras el tiempo discurre, yo lo disfruto, pero se me hace tarde para hacer la entrega de mi relato.

    Me meto en el baño porque me ha mojado con mi lefa hasta el jockstraps y la camiseta, me lo saco todo y entra Felipe para arreglar el desaguisado que él ha armado, pero yo ya tengo un desaguisado armado en mi ordenador y que debo entregar.

    Tenía que hablar de los despistes y todo son meadas y orines, lo que me pasa. No sé cómo voy a poder enviar esto en un correo, pero sigo adelante.

    Solo de pensar en estas cosas, ya se me ha puesto otra erección y no me salen dos palabras unidas, no sé ni qué historia estaba contando. Así que lo único que me queda es gritar, aunque no sé ni sabría decir qué gritaba. Entra de nuevo Felipe y se pone a chupar mi polla y le digo que lo que quiero es escribir mi relato, pero él lo que prefiere es mi polla. Me doy cuenta que nunca he hecho lo que he querido, sino lo que Felipe, mi empleado ha querido y solo me da tanta rabia, que de repente empujo y sale toda mi lefa sobre su cara. La madre que nos parió a los dos, pero a los dos no nos parió una madre sino dos madres. Pues las putas madres que nos parieron, ¡joder!, ¡macho ruin! Eyacular casi sin notar placer no forma parte de mis reglas, así que…

    Me lo he callado porque necesito a Felipe para tantas cosas, que mejor ni mentarlo.

    Para compensar, Felipe se vuelve de espaldas y me presenta su culo.

    —Felipe, que el artículo se escribe en el ordenador, no en el culo. Pero, ¿quién desprecia lo que tiene delante?, así que le doy, la meto, porque no sé por qué magia se me ha puesto dura. Es que yo con ver un culo ya estoy firme para cumplir la orden. La meto. Felipe chilla, pero ese maricón chilla por cualquier cosa, así que no le hago caso y sigo follándolo duro.

    Cuando acabo de follarlo, como estoy ante el ordenador, sigo escribiendo mis inciertas letras y Felipe me está comiendo los huevos, porque no sé por qué regla de tres a mi maricón ordinario le gustan más los huevos que la polla. Le digo:

    —Felipe, deja los huevos y cómete mi polla, a ver si me sale mejor mi artículo.

    Mierda, el tipo me come la polla con tanto ardor que ya no puedo volver a escribir nada tan cierto ni cuerdo como pensaba, así que se vuelve de espaldas debajo de la silla y como la mesa me impide avanzar, Felipe retrocede y se mete mi polla en su culo. Ya no puedo escribir la historia que me iba a inventar porque Felipe está follándose con mi polla. No soy yo quien follo, es Felipe quien se folla con mi polla, solo que no me explico cómo es tan abundante la leche que le meto en sus entrañas.

    Todo esto ocurre porque soy un puto idiota, un maricón de los cojones que no hago lo que quiero sino lo que quiere mi empleado, que es otro puto de los cojones. Entonces por tener algo de actividad, me levanto de la silla, escribo lo que puedo y le digo que me meta su polla en el culo y ahí lo hace de inmediato y veo las estrellas del cielo, los cohetes de la NASA y los ángeles del cielo, entre ellos el Cupido que me asaetea justo en el agujero del culo.

    —Felipe que me estás haciendo sangre, me he tocado el culo y tengo sangre.

    —Señorito, que todavía no se la he enterrado, que me la estoy poniendo dura.

    Y entonces sé que es Cupido en persona o yo enloquezco, pero Cupido es el que ha tirado su flecha con tal acierto en mi culo, que ha entrado en mi ano. Pero de inmediato siento, no una flecha sino un cañón entero y antiaéreo que se me mete en el culo y va que si me duele: ¡ay! esto es un valle de lágrimas lo que tengo en mi cara. Felipe me está follando y me lleva el culo con su polla Y todo por una meada mal hecha.

    Felipe primero me ha producido una industria de dolor, pero ahora estoy en medio del cielo con estrellitas de colores, angelitos del Señor y todo un prodigioso líquido que en la tierra llaman semen, pero en la otra vida es puro placer.

    Estoy en medio del placer, qué rico que es tener un pene metido en el culo, tan rico como cuando tienes hambre y la sacias con ricos alimentos.

    Por fin, Felipe saca su polla lánguida, me la pasa por mi boca, me reestreno a mí mismo, soy otro muy distinto y puedo corregir mi escrito. Veo que he puesto “mroencima” cuando debiera decir “meo encima”. Y como esta hay una barbaridad. Entro al baño y veo a Felipe limpiando, también él tiene que corregir otros desaguisados míos. Me desnudo, se desnuda y entramos en ardiente amor. Si describo la hora que nos hemos pasado follando, besando, intercambiando humores y haciendo las peores de las cochinadas, no acabo hasta mañana ni envío mi relato. ¡Esto es la mierda! Pero no tiene remedio.

    Sin embargo, me animo. Y es que Felipe tiene algo especial, sabe enamorar, besa como nadie, llega más adentro de la garganta y parece que llega a las entrañas, acaricia los huevos, la polla y parece que te la masajean loa propios ángeles, y folla… ¡ay, cómo folla!, porque la tiene enorme, larga, gorda y, cuando se le pone dura, parece un palo de escoba y cómo entra. ¡Ay, como entra!, y el placer, ni qué próstata ni que chinos putos, su polla produce el milagro de sentirse fuera de la tierra, no sé en que mundo. Pero el placer que produce te deja preparado para todo, para la vida, para la felicidad, para vivir la eternidad en la tierra. Y cuando esto no se acaba… porque no se acaba… porque siempre está ahí… y mientras exista el mundo, lo nuestro siempre está ahí.

    Felipe conmigo salva mi vida, porque mis escritos se convierten en otra cosa con alma, vida, sexo y amor.

  • Insaciable mente

    Insaciable mente

    ‘Mi mente es tan difícil de dominar… Tengo mis sentidos abiertos, mis emociones demasiado expuestas y calientes, mi mente todavía sigue en ese estado de regresión, en un estado que no acepta, esa invasión a los sentidos, esa bajada inesperada al infierno, no comprende… O no quiero comprender que fue algo que ocurrió de forma inesperada, pero esa sensación de venganza sigue más aguda que nunca, clímax sucio, algo inacabado… Soy un sucio, un hombre sucio en medio de una situación sucia, ni siquiera pensar en algo erótico hace que mis manos trabajen en mi pene erecto para querer aliviarme, una masturbación nocturna no es suficiente, jugar con mi culo de forma anal solo hará que el deseo no cese y una sobre estimulación en mis pezones es sabido que me hará querer más, maldito este deseo de ti, Daisuke, la venganza contra ti debe realizarse para que la mente corra en paz, el delirio de tu rostro es mi meta, porque hay cosas, entre tú y yo que se tienen que explicar con mis delicadas y finas manos, con mi ser sobre ti, mi dominación ante ti, porque sin temblar, tú nunca… Las entenderías, yo me rindo ante tu amor extremo y yo aspiro a única cosa, oír los gemidos de tu impulsiva garganta, mis labios te desean, mi deseo obsceno te busca, mi meta está ahora mismo en tu piel caliente’.

    Esos eran los profundos pensamientos de Ken, desnudo frente a su ventana, en la madrugada, mirando la calma de la ciudad, con su mascarilla siendo parte de él, intentando realizarse una autoestimulación pero sin éxito, era ya el cuarto día despues de aquel terrible día en el que Daisuke le dejó con un terrible calentón llevandole al clímax pero sin culminar totalmente, ni siquiera realizandose él mismo la masturbación, ya fuera manual o a través de algún vibrador conseguía apaciguar ese sentimiento, la venganza proseguía en su cabeza por un tiempo indefinido y tenía bastante claro que debía darle un fin a esto, sería cuando Daisuke estuviera con la guardia baja, cuando la mente le tracionase, cuando su estado de ánimo no estuviera en su mejor momento.

    Recordó que en dos días había un partido, su equipo contra el Daisuke, había escuchado de las bajas que habia sufrido el equipo de su chico y supuso que el estado de ánimo y la tensión que él viviría en dos días era el plato perfecto para llevar a cabo su plan, aparte, llevaba desde aquel día sin verle, no contestaba a sus mensajes y aún seguía con la mascarilla debido a la atmósfera y la contaminación, visualizó el plan de ataque contra su debilidad mas fuerte y decidió que ese día le vería y de paso, terminar con el deseo que la mente mandaba.

    Llegó el día del partido, una tarde apacible, el sol caía lentamente en aquel campo de fútbol y la energía era de motivación, entrega, devoción y fe por parte del equipo de Ken quienes estaban ganando con una buena puntuación haciendo que el equipo de Daisuke quedasen en esos momentos en segundo lugar debido al bajo rendimiento de sus jugadores, entre ellos estaba Daisuke, haciendo un gran esfuerzo en su cuerpo para poder meter algún gol en condiciones pero sin éxito, mucha tensión, demasiada presión para él, se sentía pequeño antes tantos jugadores buenos, amaba jugar a ese deporte pero era la primera vez que necesitaba un descanso para poder descansar y maniobrar en su mente la siguiente jugada.

    Desde las gradas, Ken con su mascarilla puesta, tenía su mirada puesta en Daisuke, su equipo ganaba, era un hecho, pero sus intenciones estaban puestas en él y desde lejos veía la tensión en su mirada, el sudor a esfuerzo y como las cejas de su chico se fruncían exageradamente cuando algo se salía fuera de su control, aquel cuerpo tenso y cargado de presión derretía a Ken, disimuladamente se acarició la tela de su entrepierna dandose cuenta que hoy sucumbiría al deseo sucio y culminar lo inhacabado, a fin de cuentas, ese cuerpo un día fue virgen y Ken con su polla tambien virgen, se adentró dentro de él, ese cuerpo volvería a ser suyo y tal vez eso era lo que le producía tanto deseo carnal, tanto morbo.

    La campana del descanso sonó y fué un alivió para la mente de Daisuke quien muy enfadado y exhausto abandonó el partido directo a las duchas, no sin antes, vociferar contra los de su equipo insultandoles

    – Moved esos culos tíos, no puedo estar en ambos sitios a la vez si estais parados esperando el balon

    Desapareció tan rápido que ni siquiera escuchó las contestaciones o los insultos de sus compañeros de equipo, fué como un huracan cerrando la puerta del baño para relajarse y no ver ni escuchar a nadie

    Ken le siguió sin que él se diera cuenta y al no entrar nadie le esperó de pie esperando a que la puerta de la ducha se abriera para descubrirlo mojado y completamente desnudo, escuchó girar el grifo de forma rápida como estaba él en esos momentos, enfado desesperado, con algún que otro improperio y sin verlo podía visualizar como el cabello de la cara le caía por la cara al igual que las gotas de agua caían por su piel, por sus pezones, por su pene en posición baja, por sus rodillas, por su ano, hasta por sus pies, maldita la necesidad de Ken de querer tocar ese cuerpo en esos momentos

    Finalmente Daisuke con expresión de enfado salió de la ducha y lo primero que vió fué a Ken, no podía ver si detrás de la mascarilla sonreía o estaba serio, tampoco sabía que intenciones tenía, de todas formas no tenía tiempo para averiguarlo, debía volver al partido cuanto antes

    -¿Y tú que haces aquí? -. Contestó con todas las gotas de agua cayendole

    -Vine a ver el partido… Y a tí-. Respondió viendo cada detalle de su cuerpo como si fuera la primera vez que sus ojos le veían.

    -No quiero hablar ahora mismo Ken-. Dijo secandose rapidamente por todas sus partes y soltando bufidos, había mucha prisa por terminar y salir a actuar.

    -Quería ver cual es tu estado de ánimo pero tampoco era tan dificil adivinarlo, desde las gradas podia ver tu energía negativa de lejos

    -Mira, no tengo ganas de empezar una discusión contigo, eres mi rival ahora mismo y estamos perdiendo en estos momentos, te pediria que me dejes en paz -. Al terminar de atarse las zapatillas tenía a Ken a pocos milimetros

    -Es que yo no quiero usar la boca para hablar -. Como si fuera un iman que le atrajera hasta él, Ken ya se encontraba acariciandole el labio de forma suave pero Daisuke y su impaciencia no tenían eso, paciencia.

    -Tío ¿de que vas? No me contestas los mensajes y desapareces por varios días, no puedes disponer de mi cuando te salga

    -Por favor, relajate, te veo muy alterado-. Su dedo necesitaba tocar un pezón pero Daisuke de un manotazo la apartó del camino

    -No me toques ahora mismo, y dejame salir, el partido comienza

    -No quiero que te vayas, tenemos algo pendiente -. Contestó y ahora sí, acariciando una línea recta con dos dedos desde la garganta hasta su ombligo.

    -¿Todavia estás con la gilipollez del otro día? Madura tío, dejame salir -. Le dió un pequeño empujón pero Ken le acarició el rostro a lo que Daisuke se la quitó de malas maneras

    -No me toques

    Usualmente, Ken tenía paciencia y no usaba la fuerza contra nada ni nadie pero esta vez repondió a los malos modales de su chico empujandole contra la pared y haciendo presas sus manos para que no tuviera ningun tipo de movilidad, y luego de forma sensual dijo antes de pasar a la acción.

    -No tengo la culpa de que tu equipo pierda contra el mío, tampoco de que si algo no te sale bien todo lo veas mal ni pienses en la necesidad de los demas, y ahora yo tengo una necesidad, quiero beber de tu ausencia, y si quieres que sea claro, entre tú y yo hay siempre un sentimiento de venganza que no va a dejar de existir nunca, has sido malo estas últimas semanas y olvidas que yo tambien puedo ejercer la dominación sobre ti y ahora no lo veas, pero el sexo rapido te puede ayudar a hacer un buen partido

    -Calla la boca de una puta vez

    -Mis palabras callaran cuando lo considere oportuno pero mis ganas de amarte seguirán despues, ¿no quieres sexo ahora mismo? Mi miembro viril roza tus pantalones y debido a tu belleza ya estoy demasiado excitado, sé que darte amor te dará energía y perjudicaré a mi equipo pero sé que valdrá la pena, ahora con tu permiso, voy a besarte y no te voy a soltar hasta que terminemos.

    Y dicho esto se tiró como un animal salvaje a los labios de Daisuke quitandole ese último la mascarilla, de nuevo, aquella prenda aunque sensual a la vista, molestaba para poder tocar los labios.

    Un beso inusual, con agarre, la saliva suena, los oídos de ambos se calientan, hoy es diferente, hoy es el día en que Ken liberará sus mas profundos deseos por el chico al que estaba besando y siguió frotando agresivamente su lengua contra la lengua de Daisuke, sonidos de lamidas aparecieron, la sensación de enredo de las lenguas era agradable, el cuerpo de Daisuke temblaba rápidamente, realmente con esa lengua se sentía muy agradable.

    Abrió los ojos un poco para ver como Ken con los ojos entrecerrados daba lo mejor de si como nunca lo habia hecho, tan bien lo hacía que Daisuke no puso ningún impedimento, se dejó hacer.

    Ken se separó de él abruptamente dejando un puente de saliva entre las dos bocas rosadas y con la saliva obscena llegó al cuello de Daisuke super estirado para luego pasar por las orejas, el sonido de los besos resonó grandemente en su cabeza, y parecía sentir solo con ese sonido, se dejó llevar, y cuando se dió cuenta, Ken estaba de rodillas bajandole el pantalón hasta la ingle.

    Aunque todavía estaba suave y en un punto muerto, Ken trato de acariciar la polla mediante besos dulces de nuevo, ahí fué donde Daisuke rompió el silencio suspirando por primera vez, ahora de nuevo la mascarilla fué de utilidad para Ken, se la puso en su lugar de nuevo y ahora jugó con la humedad que salía de ella llevandosela a la tela y aquello quedó impregnado de líquido preseminal al sentir roce por todos lados de la extensión.

    -Hijo de puta… Me estás matando lentamente.

    Ken desde abajo miró hacia arriba para encontrarse con los ojos de Daisuke y de forma inocente pronunció

    -Lo siento pero quiero jugar insaciablemente -. Diciendo aquello restregó su rostro por los lados del rojo pene de forma suave provocando pequeños temblores y salidas de presemen, se llevó un poco entre sus dedos y se lo restregó ahora por la sexy mascarilla, era una combinación entre mascarilla y forma de mirar, una mezcla explosiva que Daisuke no pudo remediar

    -Bufff…

    Y ahora, tras provocar un momento sucio y erótico, subió para arriba, tocando un pezón que flotaba sobre la piel blanca y atlética.

    -¿Qué haces ahora?

    -Estoy enredado con un pezón.

    Parece que en esta ocasión le gusta jugar alrededor con un pequeño pezón hacia arriba y hacia abajo con ambas manos mientras escucha la linda voz de Daisuke sosteniendose para no caer derretido, eso hacía a Ken excitarse mucho mas y seguidamente, dulces introjujo pequeños besos en los pezones con los dientes y lamió en pequeños cinceles, eso se sentía bien, le gustaba hacerlo bastante bien, cuando miraba hacia Daisuke, los ojos del pelirrojo se estaban derritiendo suavemente.

    -¿Te sientes cómodo?

    -Mejor que nunca ya se me está olvidando que hay casi partido

    -Pero debes ir, no quiero que llegues tarde, pronto terminaremos, amor.

    No se detendría hasta que fuera un charco empapado, sin importar lo que dijera o hiciera.

    Daisuke se quedó sin aliento cuando la boca de Ken se movió sobre su piel como una marca. Con las manos temblando sobre la restrinción de las propias manos de Ken que lo mantenía en su lugar, gimió detrás de sus dientes mientras su chico seguía explorando su pecho.

    Se estremeció cuando Ken mordió otra vez uno de sus pezones, un placer agudo recorriendo su cuerpo, lo miró de nuevo y, lentamente, deliberadamente, lo mordió. Daisuke gritó, pero de alguna manera logró quedarse quieto incluso a medida que aumentaba la presión. Cuando Ken finalmente soltó el trozo de carne maltratada, él estaba sollozando.

    Ken besó en el pecho, incluso cuando Daisuke le rogó y le suplicó que, por favor, ya era suficiente, miró a sus ojos y esos ojos azules brillan peligrosamente, y Daisuke se quedó en silencio, sabiendo lo que venía. Su pecho se elevó y cayó en el infierno del placer, se preparó contra el destello de los dientes, el dolor, el placer, el dolor que lo desgarró cuando Ken mordió de nuevo.

    Su cerebro estaba desapareciendo, abrumado por la sensación. Vagamente, era consciente de que estaba haciendo ruidos de animales, y trató de hacer una nota para avergonzarse. Luego. Mucho, mucho después. Por ahora, cabalgó las oleadas de sentimiento, gimiendo.

    Su boca desapareció, solo para ser reemplazada por dedos en sus dos pezones. Fueron pellizcados ligeramente, y luego brutalmente retorcidos, arqueó su espalda, tratando de disminuir la presión sobre su pecho abusado, pero Ken simplemente apretó sus dedos aún más. Cuando finalmente los soltó, Daisuke se derrumbó de rodillas al suelo, jadeando, sus pezones eran dos puntos calientes de dolor en su pecho, y luego Ken en estado fuera de control, buscó por todo el baño algo para seguir con el placer mezclado con dolor hasta que lo encontró, encontró dos pinzas para la ropa en un montón de ropa

    -Dejame que oiga tu preciosa, voz, por favor

    Al ponerselos en los pezones, Daisuke aulló, retorciéndose de dolor, solo calmándose cuando Ken apoyó una suave mano en su rostro.

    -¿Tan grande es tu sed de venganza?

    -Solo quiero ser feliz escuchando tu voz, profanando tu cuerpo, como nuestra primera vez, ahora date la vuelta

    -Psicópata, ¡¡estas loco!! -. El volumen de aquella voz hizo perder la paciencia a Ken le propinó una bofetada y aprovechando el momento debilidad le arrastró de los pies hasta atraerlo hasta él y le hizo cambiarse de posición, tenía ahora las pinzas de ropa tocando el suelo encima de la ropa desordenada, su culo abierto y sus pantalones quitados totalmente, afortunadamente, o desafortunadamente para Daisuke, detrás de él habia una tubería y Ken con la ayuda de la mascarilla ató sus manos al tubo para tenerlo completamente expuesto, la cosa se estaba poniendo dificil para Daisuke pero muy placentera para Ken.

    Las manos de este último estaban en su culo, amasando sus mejillas suavemente, Daisuke aprovechó un respiro momentáneo para intentar recuperar el aliento, fallando miserablemente antes de que Ken levantara las manos, se preparó para lo que sabía que se avecinaba, sobre todo cuando la mano aquella mano aterrizó en ese lugar, justo debajo de su trasero, en su muslo. Luego otro, y otro y luego se detuvo para admirar su perfecta espalda, sin hacer nada, comptemplando a su hermosa pieza antes de devorarla, murmuró algo suavemente pero Daisuke no podía oírlo a través del borrón de dolor en sus oídos, Las manos de Ken estaban de vuelta, lo notó, sobre todo cuando extendió sus nalgas, y él zumbó profundamente en su pecho.

    -Sabes que lo quieres, quieres esto, placer con dolor -. Le susurró en su oído muy suavemente antes de empezar

    El primer toque de la lengua de Ken a su agujero lo hizo gemir y sacudirse. Su cuerpo estaba tan suelto desde el principio que la lengua de se deslizó hacia adentro, y tiró a Daisuke hacia el, atrayendole con sus manos hacia atrás lo suficiente como para pellizcar su entrada. Daisuke gimió, con las manos apretadas en puños mientras luchaba por mantenerse consciente.

    Su respiración no se había estabilizado, las pinzas en sus pezones se habían convertido en un latido constante, y su culo estaba caliente e hinchado, pero no le importaba, estaba feliz, todo lo que quería era más, y Ken no decepcionó. Su lengua desapareció con un mordisco final en una nalga. Daisuke trató de mantenerse relajado cuando escuchó los sonidos de lubricante aplicados venidos de la polla excitada de Ken y luego momentaneamente ya estaba la cabeza roja mojada de aquel pene presionando contra él.

    Se deslizó lentamente, con cuidado, y Daisuke se quedó sin aliento y se estremeció cuando se llenó de todo el amor de su chico traspasando su carne. Esas manos de Ken tan suaves cuando pasó por los hombros de Daisuke para desengancharse las muñecas de la tuberia e incluso más gentil mientras lo guiaba a retroceder, hasta que estaba sentado en el regazo de Ken, empalado en su polla, Daisuke comenzó a temblar más fuerte, sabiendo lo que la dulzura presagiaba. A pesar de que las manos de Ken se movieron hacia las pinzas para la ropa aún unidas a sus pezones, comenzó a mendigar.

    – No, sabes que el dolor es fuerte. ¡Por favor, no! -. Su voz se quebró en la última palabra, cuando Ken quitó las pinzas de golpe y Daisuke aulló demasiado fuerte, para amortiguar el dolor, le tapó la boca con sus propios dedos y le ofrecío un dedo suyo como única manera par aliviar el dolor, aunque era tan fuerte que la baba inundó sus pezones y lo abrumó de dolor.

    Debajo de él, Ken comenzó a moverse, empujes cortos que lo elevaban al cielo, luego paraba y dejaba que Daisuke se estabilizase un poco, este estaba sollozando, pero el placer de ser follado fue derrotando gradualmente por los restos del dolor en su pecho, mientras tanto Ken lamió un largo camino por el costado de su cuello y luego se aferró con los dientes, haciendo gemir a Daisuke todavía con los dedos de Ken dentro.

    Gimió por un largo tiempo. Honestamente inseguro de cuánto más podría soportar. Pero sabía que lo que fuera que Ken le diera, lo tomaría, y cuando todo terminara se lo agradecería patéticamente.

    Una de las manos de Ken que estaba en la boca de Daisuke se envolvió alrededor de sus pelotas, apretándolo de advertencia, y el otro se mordió el labio antes de responder.

    -Sí, lo quiero, Por favor, déjame correrme

    Ken se rió entre dientes, y su otra mano se movió para presionar sobre su estómago, sosteniéndolo para que no pudiera luchar. La mano que rodeaba sus bolas apretó de nuevo, luego se movió más hacia atrás, acariciando la piel estirada. Daisuke se quedó sin aliento y trató de relajarse. Incluso cuando Ken deslizó al lado de su polla. Estaba hablando otra vez.

    -Qué buen chico, tan tenso y caliente, me encanta estirar tu pequeño y dulce agujero todavía mas, ese culo que yo desvirgué hace muchisimo tiempo, recuerdo la sangre, la señal de que gracias a mi fuiste un hombre, mi hombre, amor.

    Gimió, alto y apretado en su pecho, recordando la primera vez y las siguientes veces que hicieron el amor insaciablemente, Ken se echó a reír.

    – Sí, eso es lo que pensé. Está bien, puedes corerte ahora, el partido debe seguir contigo, fuerte y renovado-. Y le mordió el hombro con la fuerza suficiente para que Daisuke estuviera seguro de que había extraído sangre. No le importaba, porque su polla estaba escupiendo bastante leche y sacudiéndose casi sin siquiera ser tocada.

    Tan pronto como terminó de correrse, Ken sacó la suya fuera del culo de Daisuke y lo empujó hacia adelante, de modo que quedó a cuatro patas y su culo todavía escupía un poco de líquido preseminal de Ken, hubo un pequeño silencio y entró de nuevo en el ano y lo folló de forma salvaje, Daisuke flotaba sobre la química de su propio cuerpo mientras Ken lo follaba, profundo y duro. Sabía que tendría moretones donde estaban los dedos de Ken agarrandole las caderas, pero no le importaba.

    No pasó mucho tiempo, y luego hubo un aumento repentino de calor que le hizo saber que Ken se había corrido, Él gimió suavemente, el cuerpo le dolía de manera distante. Ken se deslizó fuera de él y lo ayudó a levantarse, para despues besarlo y abrazarlo con fuerza.

    -Gracias por todo, no imaginas la gran tensión que acabo de deshacerme, debo irme, para que puedas procesar tu partido en condiciones, mi equipo perderá, pero

    -Sabes que?

    -Dime

    -No dejes de follarme nunca, me encantan tus manos sobre mi

    -Me encanta que te encante, recuerda que este cuerpo, lo descubrí sexualmente yo

    Se besaron y Ken rompió el beso bruscamente para salir rapidamente por la puerta no sin antes dedicarle una mirada lasciva, aquello terminó de motivar a Daisuke al 100%100 ya que despues de una buena follada en un sitio público, el partido no fué lo que esperaba, perdieron, pero tal como dijo Ken, valió la pena todo, desde el campo quiso buscar a su chico y lo descubrió en las gradas mirandole

    Todo terminó y Ken de forma educada se acercó al banquillo donde todos los del equipo de Daisuke jugaban

    -No siempre se gana, chicos, pero enhorabuena por el esfuerzo

    -Gracias, tu equipo es bastante bueno, pero las gracias se las debemos dar a Daisuke, el es el que ha hecho mas que nosotros esforzandose más

    -Me gustaria darle las gracias en privado, ¿puede ser?

    -Claro, chao

    Se fueron todos y finalmente se quedaron solos en el campo de futbol, no se oía nada, solo los latidos del corazón en ambos latiendo a mucha velocidad

    – Ken

    – Dime

    – Estoy un poco tenso otra vez, perdimos como ya viste, necesitaría desestresarme

    – ¿Quieres aliviar tensiones?

    – Me encantaria

    Al estar Ken enfrente de Daisuke, miró hacia atrás y allí nadie aparecia, al volver su mirada y clavarle sus ojos se puso de rodillas y lentamente le quitó el pantalón, fué solo acercar la tela de la mascarilla abriendo la boca rodeando la punta y el temblor llegó de nuevo a Daisuke.

    Se disputaba otro partido, el del amor y las emociones y ahí, los dos, jugaban en altísimas condiciones.

  • De tía con experiencia a esclava sexual

    De tía con experiencia a esclava sexual

    Mi vida parecía haberse ordenado después del sexo con mi sobrino. La calentura me había bajado a niveles normales, nadie había notado mi aventura y había oportunidades de poder seguir saboreando las mieles de esa pija deliciosa y grande que hacía juego con ese cuerpo casi de modelo. A los 43 años cogerme algo así era la solución a todos los problemas, pero de a poco me fui dando cuenta que no era yo la que estaba al mando de la situación.

    Pasaron dos semanas desde que lo había desvirgado y yo estaba muchísimo más cachonda que antes. Las masturbaciones nocturnas se pusieron más intensas con el juguete. También me lo empecé a introducir en el culo imaginando su hermosa pija como una gran estaca clavándome toda. Hubo noches en que tuve que hacerme dos para tratar de relajarme, pero su miembro aparecía otra vez para volarme lo sesos.

    Me sentía más puta que nunca. Mi marido ya era un recuerdo lejano con el que hablábamos todos los días de las cosas cotidianas, pero con el que habíamos perdido la piel. A tal punto que el último fin de semana largo viajaron los chicos con mi concuñada al Sur para estar con él pero yo me quedé en Buenos Aires alegando algunos problemas domésticos que serían ideales de resolver sin los chicos en casa, como lavar las alfombras. A Carlos le pareció buenísima la idea, me dijo que era la mejor madre del mundo y que me amaba. Yo necesitaba una buena cogida. Estaba caliente, bellísima y no iba a resignarme a dejar el sexo por la familia, la plata o la distancia. Era tiempo perdido que sabemos, nunca se puede recuperar.

    Mi sobrino no me llamaba y eso me inquietaba más. Me empecé a sentir paranoica y tenía miedo de que el chico se hubiera arrepentido o le hubiese contado a alguien. Le mandé un mensaje el día de su cumpleaños, unos besos y unos corazones. Pero me respondió a los tres días con un gracias seco que me dejó helada. Me compré otro juguete en el sex shop, un poco más sofisticado que servía para la doble penetración. Otro de los déficits de mi matrimonio era el sexo anal, porque a mi marido “no lo calentaba tanto”. A mí me vuelve loca, me hace ver las estrellas, tengo orgasmos más estridentes y largos y quedo profundamente relajada. Éxtasis.

    Sin darme cuenta me había hecho adicta a la pornografía. Veía videos mientras me introducía el o los juguetes. En todos los casos deseaba que fuera la descomunal pija de mi sobrino la que me penetrara. Recordaba sus venas hinchadas y su grosor… con la mano apenas podía cubrirla entera. Pero lo más rico era su leche, para eso no había juguete que alcance. Como el pendejo no me llamaba me armé una cuenta en Tinder. Estaba tan caliente que hasta me llegué a pajear viendo fotos de perfiles. Buscaba pendejos, esa parecía ser mi nueva obsesión.

    Llegó el fin de semana largo. Me compré un chip en el kiosco para tener también una línea falsa en el caso de que alguno me quisiera contactar. Me explotó la cuenta, afortunadamente había millones de pendejos con ganas de cogerse a una veterana. Yo había puesto fotos sugestivas, en bikini, en minifalda, en calzas. En todas se veían bien mis curvas, mis tetas y sobre todo mi culo. No puse fotos de mi cara, pero se notaba que tengo un buen lomo a pesar de los embarazos. Cuando ya me iba a mandar alguna cagada, llegó el mensaje esperado. Era un audio.

    “Tía, mañana vas a estar? Si podés paso a dejarte los currículums. Cualquier cosa avísame. No sé si estás o te vas el finde para el Sur. Gracias por el mensaje del cumple. Estuve medio enquilombado para sacar el registro y otros trámites. Besos”.

    Mientras lo escuchaba las palpitaciones de mi vagina se hicieron intensas, estaba empapada y tuve que manosearme un poco el clítoris para calmarme. Si la hacía bien, me lo cogía todo el fin de semana. Tenía la casa toda para mí. Los chicos bien lejos con mi marido y una verga hermosa que me había hecho feliz. Esa cogida despertó todas mis ganas de disfrutar y gozar como se debe.

    Dejé pasar dos horas para que no pensara que estaba desesperada, me sentía más cómoda en el papel de señora con experiencia. Pero le mandé un mensaje con toda la intención de calentarlo para que el pijazo estuviera asegurado.

    “Hola bombón cómo estás. Si no hay ningún problema. Los chicos se van temprano al Sur y yo voy a estar tranquila con los horarios y sola en casa casi todo el fin de semana largo. Avisame cuando quieras pasar y ningún problema, felicitaciones por el registro. 18 años bombón, qué envidia”.

    Le mandé también con voz de bebota cachonda.

    La tía con el remise pasó a buscar a los chicos a las 7 de la mañana. Yo aproveché para ir a depilarme y comprar algunas cosas de la casa. Llegué a eso de las 9 y para mi sorpresa mi sobrino estaba esperándome en la puerta. “Hola tía, pasaba y me tiré el lance”. Me mojé toda y le di un piquito cuando cerramos la puerta de entrada. “Qué sorpresa bebé, te esperaba más tarde. Bancame que me doy una ducha y estoy con vos”.

    Había traído su notebook así que me preguntó la clave del wifi y se acomodó en el living con la televisión prendida. En la ducha estaba muy excitada, quería que abriera la puerta y me cogiera así parada, que me lubricara el culo y me lo rompiera todo. Estaba en llamas, la concha me quemaba y me hice otra flor de paja que me dejó con los pezones erectos y la piel de gallina. Me puse una blusa suelta y un short deportivo y en los pies unas sandalias que suelo usar en casa. Me puse crema, me perfume y me fui decidida para el living para cogérmelo.

    Bajé despacio por la escalera para no distraerlo y cuando llegué me encontré con una escena que me puso más caliente. Estaba echado en el sillón masturbando su enorme pija y mirando unos videos con su notebook. Se la manoseaba con esas inmensas manos, con el pantalón apenas desabrochado. Caminé despacio para no asustarlo, me gustaba contemplar cómo se tocaba, cómo le gustaba. Me quité las sandalias para no hacer ruido y despacio me acomodé detrás del sillón de la sala. Desde ahí veía su enorme espalda y su miembro asomando amenazante. Estaba hinchado, rojo, con todas las venas marcadas. No pude resistirlo

    “Necesitás ayuda corazón”, le dije al oído mientras con una de mis manos le corría la suya y me apoderaba de ese hermoso instrumento. Mis tetas quedaron a la altura de su cara. Me levanté la blusa y le pedí que las chupara. En la notebook seguía la película porno. Yo deseaba que tuviera escenas de sexo anal para que me penetrara. “Haceme lo mismo”, tenía pensado decirle.

    Los labios de mi vagina estaban húmedos, con la otra mano me metí dos dedos y me estremecí. “Chupámela toda”, me dijo con un tono que me calentó más aún porque por primera vez me sentía incapaz de no hacer lo que me pidiera. Me tiré por arriba del sillón. El seguía sentado. “Chupámela así”, me mostro” la notebook y traté de imitar los movimientos. Me tuve que meter la pija hasta la garganta, me quedé sin respiración y todavía la mitad quedaba afuera. Era gorda y larga. Y estaba dura como una piedra. Me di golpecitos en la cara como hacía la de la película y estaba hirviendo.

    Me paré delante de él, de espaldas, le llevé las manos a los cachetes del culo para que me los apretara. Mi abrí todo lo que pude para que se tentara. Me agarró de la cintura y acomodó la pija en la vagina. Me senté de un golpe, instantáneamente y tuve mi primer orgasmo. Esa pija me partía al medio, parecía más grande que la del debut.

    MI sobrino bombeó con mucho más estilo que en su primera vez. Con sus enormes manos me levantaba por la cintura y me dejaba caer para que el recorrido de su pija fuera más intenso. Sentía su respiración en la nuca, por momentos me agarraba las tetas con fuerza y me las sobaba. Me pellizcaba los pezones como si tuviera experiencia. Yo en ese momento era su puta, no una tía experimenta.

    Comenzó a tomar la iniciativa. Me pidió que me pusiera en cuatro en el sillón y le abriera los cantos. Me empezó a coger fuerte, su pija me daba mucho placer, acabé otra vez, gritando como como una loca: “Cómo me gusta esa pija pendejo, te la voy a comer toda”, le dije gritando. “Cogeme toda, soy tu tía putita”. Sentí que esas palabras surtieron efecto porque su pija se hinchó y sentí escalofríos por la espalda. Y cuando me metió uno de sus enormes dedos en el culo vi las estrellas. Estaba desatada, quería coger hasta que se terminara el mundo.

    “A tías putitas como yo les gusta que le rompan el culo”, le dije y me abrí los cachetes con las dos manos. Le agarré la pija y se la acomodé en la entrada de mi orificio. Lo tenía dilatado por mis jugos y por esos enormes dedos que le pedí que me metiera mientras me cogía como a una perrita en celo. Me penetró con dulzura, sin que me doliera nada, se quedó unos instantes quietos hasta que yo empecé a moverme lentamente con esa enorme pija clavada por el culo. Me temblaban las piernas y no pude contener el orgasmo cuando me descargó un chorro de leche tibia y espesa. Se desplomó sobre mí con su vara metida hasta los huevos. No quería que la sacara, quería más.

    Nos dimos unos abrazos y le pregunté si quería quedarse a almorzar. Asintió con la cabeza. Silenciosamente bajó la tapa de su notebook y se subió los pantalones pero se quedó en cuero. Las gotas de sudor lo hacían más brillante. Yo había acabado tres veces, tenía su leche chorreando por la entrepierna con el culo bien abierto pero seguía caliente, quería más…

    Me pidió una toalla para darse una ducha y mientras tanto yo preparé algo rápido y liviano para comer. Yo tenía solo hambre de pija. Volvió con la toalla en la cintura porque había dejado la remera en el sillón y comimos en la mesa de la cocina.

    El seguía con la toalla en la cintura y una remera liviana. Y ahí fue cuando me di cuenta de que era él que tenía las riendas. “Ahora te voy a dar el postre”, me dijo y se abrió la toalla. Su pija asomó inmensa, estaba a medio parar pero con todas las venas marcadas. Los huevos estaban más firmes después del primer polvo y no me pude resistir.

    Me abalancé sobre esa pija y se la succioné con con ganas. Jugué con mi lengua en su prepucio y eso lo excitó más me agarró de la nuca y me hundió la cabeza hasta donde pude. Esta vez la verga había entrado mucho más porque pude sentir el cosquilleo de los pelos de su pubis en mi nariz. La sentía hasta la garganta, era deliciosa. “Me vas a tomar toda la leche tía”, me dijo y haciendo presión con su mano en mi cabeza descargó otro chorro de esperma tibia, rica que me hizo acabar mientras me frotaba.

    Se la seguí chupando unos largos minutos más, hasta que fue cediendo. Aun así, en reposo, era grande y gruesa. “Sos putita tía eh”, me dijo mientras con un dedo me daba un poquito de su semen que había quedado afuera. “Te gusta la leche eh”. Yo le di una respuesta instantánea de la que luego me arrepentiría. “Me encanta la leche, me encanta que me cojan y que me rompan el culo”. Se sonrió con un halo de misterio, con cuando uno está pensando en algo. Y eso me puso de nuevo putita y cachonda.

    Me dijo que se iba a reunir con su grupo de capoeira en una plaza que no está muy lejos de casa y que después más tarde me mandaba mensaje a ver en qué andaba. “Qué lío se armaría si se enterara el tío no?”, me preguntó con el mismo semblante que le había descubierto después de mis palabras. “Si hacemos las cosas bien, no tiene por qué enterarse”, me tranquilizó. Pero estaba equivocada.

    Me pegué una ducha. Todavía me palpitaba el culo con tremenda cogida. Estaba llena pero no satisfecha. Quería más porque sabía que con la casa vacía era mi oportunidad. Me hice otra paja y me dormí una siesta reparadora porque las piernas me habían quedado flojas. Cuando me desperté quedé paralizada cuando abrí el teléfono. Había un mensaje de mi sobrino y un link para ver un video. Me puse nerviosa y cuando se abrió casi me caigo de espaldas. Era yo gritando, pidiendo pija, chupándosela en el sillón.

    El muy hijo de puta me había filmado con la notebook sin que yo me diera cuenta. Cómo se la mamaba mirando a cámara con el afán de imitar lo que veíamos en las películas. Duraba un minuto y no había dudas de que era yo en el sillón de mi casa. El corte lo dejaba a él sólo hasta los hombros por lo que supe que lo tenía planeado, que no había sido una casualidad. Más allá del estupor las imágenes me calentaron, tenía miedo de que todo explotara, pero también de que mi vida sexual era una mierda y la tenía que cambiar.

    Pagando el costo que tuviera que pagar. Había imágenes nítidas de mi culo abierto con mis dos manas y yo pidiendo que me lo rompiera como una golfa. Me tomé un whisky para tranquilizarme. Y no respondí el mensaje, pero le clavé el visto.

    Pasaron las horas. Yo estaba perturbada. Seguía caliente porque esperaba otro fin de semana pero quería saber cuál iba a ser su próximo paso. Me entretuve un rato mirando tele hasta que escuché el timbre de casa. Estaba con un vestido suelto y sin ropa interior porque estaba esperando su mensaje.

    Cuando abrí la puerta me quedé sin palabras. Estaba mi sobrino con dos amigos en la puerta esperando que les abra. “Si haces todo lo que yo te digo, no tiene por qué enterarse el tío”, me dijo al oído mientras con una mano me agarraba fuerte de las nalgas y con uno de sus dedos se cercioraba de que yo seguía muy caliente y toda empapada… “A las tías putitas hay que ayudarlas también”. Me sentía su esclava, pero seguía en llamas.

    “Son chicos buenos y necesitan que les enseñes como me enseñaste a mí”. Yo estaba petrificada. De pronto me había convertido en una puta sin retorno. Tenía miedo, pero seguía mojada, la concha me latía cada vez más fuerte y el culo se me dilataba. No pude decir una palabra, solamente abrí la puerta y los invité a pasar. Había que hacer lo que él dijera. No tenía otra alternativa. A falta de una pija, ahora tenía tres…

    Cuando cerré la puerta noté que estaba rodeada de tres adolescentes ardientes. No me gustaba ser víctima de un chantaje, pero en el fondo estaba dispuesta hacer todo por la causa. Me iba a dejar llevar por mi sobrino, lo iba a dejar dominar la situación hasta que yo me sintiera capacitada para tomar las riendas. Tenía una remera suelta, que me llegaba hasta un poco más debajo de las nalgas. Cuando me puse en puntas de pie para cerrar la puerta con las trabas deje que pudieran verme bien el culo. Mi sobrino yo lo conocía en profundidad, pero estaba seguro que sus dos amigotes nunca habían tenido algo ten apetecible cerca.

    “Esta es la tía putita de la que les hablaba”, les dijo con tono socarrón. Y me presionó los hombros hacia el piso. Me arrodillé y quedé con la cara cerca de las tres braguetas. Estaba empapada. Tenía algo de temor porque no tenía con mi sobrino una gran confianza. De pronto sentí que me vendaban los ojos con un pañuelo. “Ahora vamos a ver cuánto sabe de pijas la tía putita”.

    Empecé a temer por mi seguridad, pero ni tuve tiempo de preocuparme que ya uno de los amigos de mi sobrino me había puesto su pija en mi boca. No olía a perfume como la de mi sobrino, era ancha y más bien corta. Tenía olor a semen como si se hubiera masturbado en las últimas horas. “Quiere que se lo chupes como en el video”, me dijo mi sobrino mientras me apretaba las tetas y su amigo presionaba con su pene en la comisura de mis labios.

    La probé con la lengua, me sentí sucia lamiendo una pija desconocida con olor a semen. Se le puso erecta enseguida y me empezó a bombear en la boca. Yo chorreara jugos calientes. Mi vagina latía. No sabía si estaba preparada para vivir situación semejante pero me dejé llevar. Con mi otra mano le acaricié los huevos, la panza, traté de acariciarle el culo que era más peludo y robusto que el de mi sobrino. “Quiere que se la tomes toda, que no se te escape ni una sola gota, tía putita”, me dijo mi sobrino tirándome del pelo.

    Me excité más. Quería sentir esa leche corriendo por mi lengua hasta mi garganta. Cuando sentí que sus huevos se contraían presioné la pija con mis labios para que no se escapara nada. Recibí un chorro caliente, tibio, era una leche espesa y un poco más agria. Me la tome con gusto. Siempre me gustó que me llenaran la boca.

    No me dieron ni un respiro, cuando sacó su pija ya flácida otro miembro me invadió la boca. Era más largo y pero un poco menos anchos. El tamaño ideal de pija para mi gusto porqué podés metértela hasta los huevos sin sentirte ahogada. Yo seguía de rodillas y con los ojos vendados.

    Mi sobrino estaba detrás de mí y me acariciaba las tetas. Cuando vio que estaba comiendo esa nueva pija con entusiasmo me inclinó un poco hacia adelante para que mi culo sobresaliera. Sentí una lengua caliente en mis entrañas. “Ahhhh”, grité y en ese mismo instante su amigo me descargó un chorro de semen en la cara, estaba más rica que la anterior, más dulce y más tibia.

    Tenía mucha acumulada porque tuve que necesitar más de tres tragos para acabármela toda. Cuando se corrió sentí cómo mi sobrino me penetraba por la concha. Por la posición mi clítoris rozaba su pene en cada bombeo y eso me puso loca. Me sacó la venda de los ojos. Vi que sus dos amigos se habían sentando en el sillón y se masturbaban mientras mi sobrino me penetraba en posición de perrito.

    Mis tetas se sacudían para atrás y para adelante ante cada embestida y yo acabé dos o tres veces más con ese trozo tierno de carne caliente perforándome ante la vista de los desconocidos. Estaba exhausta, quería que se fueran y que todo esto terminara así, sin mayores consecuencias. Pero me equivoqué otra vez.

    Mi sobrino seguía bombeando y con sus dedos me iba trabajando el culo. Eso me puso loca. Uno de sus amigos se arrodilló y me puso la pija en la boca. Cada envión de mi sobrino hacía que la pija se su amigo se me metiera hasta la garganta. El otro también se unió y me empezó a sobar las tetas. Yo quería que me dispararan más semen. Estos chicos tenían mucha acumulada, estaban muy calientes. Ya me había liberado de todos mis prejuicios.

    Pero otra vez fue mi sobrino el que me puso en caja: “Joaquín -le dijo al que me sobaba las tetas- traé la camarita”. Me negué con la cabeza, le pedí por favor que no lo hiciera que ya bastante tenía. Pero no me hizo caso. “Si la tía putita no se quiere hacer famosa en internet va a tener que hacer lo que le digamos”.

    Se levantó de las cuclillas en las que estaba para penetrarme por atrás y puso la pija en mi boca, chocándola con la de su amigo. “A la tía putita le gusta la leche”, le dijo al amigo y se cercioró de que el otro estuviera filmando. “Ahora quiero ver cómo me la tomás toda, tía putita” y me llenó la cara de leche tibia. “Limpiala con la lengua, putita, no quiero que quede nada”, me ordenó. Yo a esa altura era su putita y su esclava.

    Yo olía a semen, estaba transpirada y con las piernas flojas. Desnuda tirada en el living de mi casa con tres adolescentes calientes dispuestos a cogerme hasta que tuvieran ganas. Yo nada iba a poder hacer. “Sería una lástima que esos videos se viralizaran”, me amenazó. Yo todavía sentía la mezcla de sabores de semen en mi boca y hacía presión con la lengua en el paladar para degustarla hasta el final.

    Mi sobrino me pidió que me levantara y que fuéramos par el cuarto. Mientras subíamos la escalera me metió un dedo en el ano, hasta el fondo que me hizo estremecer. No pude contener el suspiro y eso lo envalentonó un poco más. “A la tía putita le gusta que le rompan el orto”, les avisó a sus amigos que veían como me retorcía de placer con el dedo en el culo, un dedo que tenía el tamaño de una pija.

    Cuando llegamos se sentó en el borde de la cama y me obligó de nuevo a arrodillarme. “Haceme una turca”; me dijo. Acá le decimos turca a meter una pija entre las tetas. Tenía los pechos hinchados con tanta excitación y se la chupé un poco para que se deslizara mejor entre mis senos. El mas gordito seguía filmando con una mano y con la otra se acariciaba el miembro y el otro me metió uno de sus dedos en el culo y me preguntó: “¿Puedo meterle la pija por acá, señora?”.

    Asentí con la cabeza mientras seguía mamándosela y haciéndole una turca a mi sobrino. Sentí como era penetrada por el culo. Era el que tenía la pija corta pero ancha, me hizo ver las estrellas porque lo metió con torpeza y era demasiado gruesa. Los jugos de mi sobrino en la boca y los pellizcones que a cada rato me daba en los pezones me hicieron ponerme más puta todavía. “Más fuerte, por el culo hay que coger bien fuerte”, le dije sin importarme tres carajos que hubiese quedado escrachada con la cámara. Si ese iba a ser el polvo previo al gran escándalo, por lo menos lo iba a disfrutar.

    Mi sobrino se acostó en la cama, con las piernas a un costado de la cama. “Montame tía putita”, me dijo mientras con sus manotas me colocaba casi sin esfuerzo arriba de su pija. Quedé como abrazada porque el otro se colocó atrás y me la metió hasta el fondo del culo de un solo empujón. Yo estaba en éxtasis. Nunca en mi vida había sido penetrada por dos pijas y era una sensación inigualable.

    De a poco los dos empezaron a bombear con coordinación y yo volaba de placer. Sentí un chorro caliente de leche en el orto. Yo seguía clavada en la pija de mi sobrino que cada vez la tenía más dura y más ancha. El otro amigo, que recién me había llenado la cola de semen se me arrodilló a un costado. “Señora, me dijeron que le gustaba dejar las pijas bien limpitas”, y me la metió en la boca.

    Tenía un pene en cada uno de mis orificios, olía a semen y estaba gozando como nunca en la vida. Acabe dos veces y después llegó una catarata de orgasmos cuando mi sobrino me acabó en las entrañas. No tenía miedo de quedar embarazada porque después del tercer embarazo me ligué las trompas, así que disfrute su esperma caliente recorriendo mi cueva insaciable.

    Su otro amigo también me acabó en el culo. Sentí como su esperma caía por mis nalgas cuando se decidió a sacarla. Nos quedamos quietos un rato más. Como adormecidos. Yo ya no tenía noción de la hora que era. Se habían hecho las once. Hacía más de tres horas que era la esclava sexual de estos sementales que no podían creer lo puta regalada en la que me convertía cuando estaba caliente.

    Me acostaron en la cama. Me abrieron las puertas y me siguieron penetrando una y otra vez, altercadamente. El más gordito era el que mejor cogía, sabía usar sus manos y me frotaba el clítoris en cada embestida. Yo me chupaba los dedos para no gritar más y más fuerte. Me cogieron durante una hora más.

    Me acabaron en las tetas, en el culo, en la cara, hasta que se hicieron las tres de la mañana. Me ardía un poco la vagina con tanto frote y tenía el culito flojo, porque varias veces la sacaban de adelante para meterla en el culo y descargar ahí su leche.

    Mi sobrino me miraba con una sonrisa intrigante. Tenía su mástil erguido y amenazante. “Ahora te voy a dar el último lechazo” y acto seguido me lo metió en la boca. Eyaculó un montón de semen, como si fuera su primer orgasmo. Estaba más rica, como recién producida y me prendí a esa pija hasta no dejar ni un rastro de leche.

    Mientras me cogían se habían tomado todo el whisky habían arrasado la heladera como hacían los amigos de mi hijo cuando volvían del campo de deportes.

    “Me pregunta el tío Carlos si me pudiste dar una mano”, me avisa socarronamente mi sobrino siembras me palmea otra vez los cachetes el culo. Lejos de espantarme me volví a mojar y me lo hubiera cogido una vez más si no fuera porque se iban a una fiesta.

    “Quedate tranquila, tía putita, yo no le voy a decir a nadie esto que hicimos. Pero me vas a tener que seguir dando los gustos hasta que tenga ganas”. Me apretó de nuevo el culo y se fue con sus amigotes de sábado a la noche.

    Yo estaba exhausta, no quería bañarme porque me agradaba sentirme tan sucia y tan puta. Por primera vez en la vida sentía que había sido bien cogida. Sólo por eso voy a dejar que este pendejo me haga lo que quiera.

  • Acampada sexual

    Acampada sexual

    Los padres de mi novio me habían invitado a una acampada en un Parque Nacional, un lugar de más de mil hectáreas de naturaleza, bordeado por playas hermosas. Era una actividad ideal y necesaria a todas luces; tocaba conocer más a su familia y desde luego que ellos me conocieran también. Christian y yo estábamos a punto de llegar a nuestro tercer año juntos y sentía que era tiempo de que conocieran otra faceta mía distinta a la que mostraba durante las cenas, cumpleaños y eventos en los que me presentaba.

    Su padre, Miguel, era quien conducía el vehículo; un hombre bastante bien conservado pese a sus cincuenta y nueve años. Se mostraba coqueto conmigo, diciendo que en el parque tendría que protegerme de los “buitres” (acosadores); o que no tendría problemas en dejarme dormir en su carpa si tenía miedo de la noche. La madre, Marisa, de edad similar aunque he de confesar que el físico contrastaba con lo cuidado que se mantenía su marido, nunca dejaba de acariciar a su esposo por el hombro, compartiendo un mate, dándole pellizcos reprendedores cada vez que me hacía bromas, tildándolo de un “buitre” más.

    Llegado al famoso parque, alquilaron una parcela agreste. El lugar se divide en zonas de ruido y de silencio, para gente joven que viene a farrear por un lado, y para gente mayor o familias que vienen a disfrutar de la naturaleza por el otro. Esta última fue la evidente elección para acampar, un lugar tranquilo en medio del denso bosque.

    Ahora, ¿cómo iba a saber yo que algo a priori divertido iba a desmadrarse tanto?

    Todo parecía un paraíso. El aire puro, charlar en grupo sentados en un añejo banco de madera, con el sonido del mar a solo cientos de metros más adelante, con un cielo imponentemente celeste. Sus padres fueron a la playa y nos pidieron que les acompañáramos, pero Christian les dijo que se adelantaran, que primero quería hablar conmigo en privado. Así que al retirarse ellos, me rodeó los hombros con su brazo.

    —¿Qué tal lo estás pasando, nena?

    —Súper bien. Me encanta tu papá, me está volviendo loquita con tanto piropo.

    —Suele ser un completo pesado conmigo y mi hermano, vaya, tenía miedo de que fuera igual contigo. Pero parece que tendré que tener cuidado, que me puede robar a la novia, ¿eh?

    —¡Exagerado! Voy a cambiarme, nene.

    Así que me puse un bikini negro con lazos anudados, además de un pareo que me cubría desde la cintura hasta abajo. Fuimos a la playa para buscar a sus papás. Mi chico me decía entre bromas que me quitara el pareo para conquistar a su padre y ganarme su corazón, que es un hombre de “colas”, pero entre risas le respondía que no quería, que me dejara en paz. Para colmo me quería desajustar los lazos de mi bikini, justificándose que a su papá le encantaría verme desnuda.

    —En serio, nena, con esa colita de infarto lo vas a volver loco y no te va a dejar en paz.

    —Bueno, ¡ya suéltame!, ¿pero tú eres mi novio o un pervertido?, carambas, que me vas a dejar en pelotas si tiras de los lazos, cabrón.

    Su padre se acercó trotando, con una pelota de vóley en mano.

    —¡Tú, muchacho imberbe! ¿¡Dónde andabas!? ¿Qué tal si jugamos un partido de vóley de playa contra mis colegas? Me falta un hombre, y como no hay uno, pues pensé en ti, hijo.

    —¡Qué gracioso eres, viejo! Mira, jugar vóley contra dinosaurios tiene que ser una experiencia alucinante, pero paso.

    —¡Ya decía que no tenías pelotas suficientes para jugar con nosotros! ¡Noelia, caramelito!

    —¿Señor Miguel?

    —¿Quieres jugar al vóley? Mi esposa ha desaparecido junto con las señoras de mis colegas, no tengo a nadie quien me haga compañía.

    —¡Ja, déjala en paz! Noelia es más de tenis, no va a jugar al vóley. Normal que mamá se haya pirado a otro lado con las demás señoras, ¿quién carajo quiere mirar a unos viejos jugando vóley a pecho descubierto? No es agradable a la vista, ¿sabes?

    Pues lo cierto es que no sé jugar mucho al vóley pero no era plan de rechazar al papá de mi novio. Es decir, ¿habíamos viajado a un extremo de mi país para que el papá pase con sus colegas, la mamá con sus amigas, y yo a solas con mi novio? La idea el viaje era pasar tiempo con sus padres, así que le reprendí a mi chico.

    —¡Ya deja de tratar así a tu papá! Si no vas a jugar, yo lo haré.

    —¿En serio, Noelia? ¿Estás segura? ¿Con mi papá y sus colegas?

    —¡Eso es, mi nuerita ha salvado la tarde! Ven, caramelito, vas a ser mi compañera, jugaremos contra don Rafael y don Gabriel, unos colegas que encontré aquí.

    —¡Ja, como los tres arcángeles! ¡Claro que sí, don Miguel!

    —Venga, llámame “papá”, que ya eres de la familia. Además nunca tuve hija y me hace ilusión. Y tú, desgraciado imberbe, ¿ya le dijiste a esta preciosa niña que te orinabas en la cama hasta los seis años? Ni te atrevas a venir con nosotros. Ve junto a tu madre, se ha ido a ver el museo del parque con sus amigas.

    —¡Ni siquiera pienso acercarme, viejo! ¡Noelia, cuidado con los balonazos, bastones y pastillas! —se mofó mi chico.

    —¡Dios santo, ya dejen de pelear! —protesté, mientras su papá me llevaba de la cintura.

    En una apartada cancha de arena débilmente delineada, con una pobre y desgastada red que la partía, se encontraban los dos amigos de mi suegro, sentados en un banquillo y charlando amenamente, torsos al desnudo y con shorts solamente. Una pequeña conservadora de hielo repleta de latas de cerveza estaba a un costado. Iba en serio eso de que nadie querría ver a señores de edad jugando al vóley, todos se agrupaban en las inmediaciones para ver otros juegos, de disciplinas como hándbol, fútbol de playa y hasta vóley también, pero practicadas por enérgicos jóvenes.

    —¡Madre de dios!, ¿de qué parte del cielo caíste, angelita? —picó su amigo al vernos. Era Gabriel, muy alto, de complexión física bastante agradable para mi vista. De seguro en su juventud fue algún deportista. Piel morena, bien peinado y afeitado, todo un galán que me conquistó con su mirada penetrante y sonrisa cautivadora con hoyuelos.

    —¿Es tu hija, Miguel? —preguntó el señor Rafael. Bajito en comparación a sus amigos, algo peludo, con una tímida pancita cervecera, de risa contagiosa y chispeantes ojos—. ¡Creo que estoy enamorado!

    —Compórtense, amigos, es mi nuera. Se llama Noelia. Mira, caramelito, este es Gabriel. El otro es Rafael. No les hagas mucho caso, solo están bromeando contigo.

    —¡Buenas tardes, señores!

    —¡Ah, pero no pongas esa carita tan linda, que yo cuando entro en la cancha no tengo piedad de nadie! ¡Aquí no hay nueritas ni amigos, solo rivales! ¡Me transformo en la cancha! —amenazó don Rafael.

    —Sí, ya veo que te transformas en Moby Dick —se burló su amigo Gabriel, dándole palmadas a su panza—, vamos, ¡desde hace rato que quiero jugar!

    Yo y mi suegro íbamos a comenzar, así que me retiré el pareo para ponerlo en el banquillo, iba a estar mucho más cómoda sin él. Cuando entré a la cancha, don Rafael me silbó para sacarme los colores.

    —¡Uy! ¡Vaya con la nuerita!

    —¡Menudo bombón! —dijo don Gabriel, con una amplia sonrisa—, ¿aún hay posibilidad de que abandones a ese noviecito que tienes?

    —Ni caso, quieren ponerte nerviosa, caramelito, ¡vamos a jugar!

    Me pidió que sacara, y no puedo encontrar las palabras para describir el cosquilleo intenso que sentía con tanto piropo, era algo que probablemente lo decían para desconcentrarme, sí, pero me agradaba porque no eran groseros. El corazón se quería desbocar; abracé la pelota y sonreí como una tonta mientras los hombres se acomodaban en sus puestos.

    —¡Dale, Noelia, saca y muéstrales de qué estás hecha!

    —¡Sí, don Mig… papá!

    Así que lancé la bola al aire, arqué mi espalda hacia atrás y, dibujando un semicírculo con el brazo, mandé el balón con un poderoso salto. Cuando seguí la trayectoria del balón con la mirada, me di cuenta de que tanto mi suegro como sus dos amigos preferían observarme a mí antes que a la pelota picando en el área contraria.

    Estaban boquiabiertos y extrañados. En ese entonces pensé que simplemente fueron buenitos conmigo y me regalaron un punto fácil, para romper el hielo y tal.

    —¡Punto, papá!

    —Esto… —don Gabriel achinó los ojos.

    —¿Pero qué carajo estoy viend… ? —don Rafael me miraba a mí y luego a mi suegro alternativamente.

    —B… Buen servicio, Noelia… ¡Buen servicio, comenzamos ganando, eso es… bueno, eso es muy bueno! —se acercó y me tomó del hombro—. Y ponte el bikini, caramelito, se te ha caído la parte inferior.

    Se me congeló la sangre. ¿Que qué había sucedido? Pues el lazo de la parte inferior de mi bañador se había desprendido, revelando mis carnecitas; lo primero que pensé fue que quería matar a mi novio ya que estuvo toda la maldita tarde intentando desprenderlas a modo de broma. Al haberlas aflojado, el cabronazo me sirvió en bandeja de plata a unos cincuentones; su padre y sus dos amigos vieron que la nuerita iba depilada a cero, amén de tener un tatuaje de una pequeña rosa en la cintura que estaba estratégicamente oculta por el bikini. Bueno, ahora ya nada estaba oculta…

    Diez minutos después, cuando dejé de llorar a moco tendido en el banquillo de madera, siempre consolada por los tres señores que no paraban de quitarle hierro al asunto, decidí continuar con el vóley de marras. Me sequé las lágrimas y comencé a reír de los chistes que me decían para levantarme el ánimo. Eso sí, me ajusté cinco o seis veces las tiras en mi cintura, no fuera que me volviera a suceder otra debacle.

    —Bueno, estamos ganando, caramelito. ¡Sácala!

    —¡No te dejaré anotar esta vez, bomboncito! —se rio don Rafael.

    Volví a sacar. La lancé muy fuerte, se fue afuera. Pero los señores, los tres arcángeles maduritos, prefirieron volver a verme antes que observar el balón picando hacia la playa. Creí que me iba a desmayar, es decir, no tenía ni idea de qué estaba mostrándoles ahora, tampoco es que estuviera emocionada por saberlo. Volvieron a repetir esos rostros estupefactos mientras yo empezaba a resoplar de manera nerviosa.

    —Okey, estoy se pone interesante —dijo don Gabriel, acomodándose el paquete, seguro que se estaba poniendo duro por mi culpa. Me sonrió.

    —Caramelito, por favor no vuelvas a llorar… pero ahora la parte superior de tu bikini…

    Cuando supe que el lazo del cuello de mi bikini había cedido, también por el intento de afloje de mi novio, me volví a derrumbar. La razón por la que llevé un bikini negro era simplemente para disimular los pequeños piercings en mis pezones… es decir, ocultarlas de sus padres. Pero allí estaban, mostrándose las barritas con bolillas en todo su esplendor, chispeando por el sol mientras la parte superior de mi bikini revoloteaba por la cancha…

    Veinte minutos después, tras haberse acabado mis lágrimas y mocos, siempre rodeada y consolada por mis tres arcángeles, decidí volver a jugar el maldito partido de vóley. Esta vez, los tres hombres se prestaron a ayudarme para asegurar cada uno de los lazos de mi bikini. Don Gabriel llegó a bromear de que no me fiara de don Rafael, que seguro los iba a aflojar, pero por suerte eran solo chistes para subirme el ánimo.

    Era el turno de que los contrarios sacaran la pelota. Y el juego se puso muy raro porque todos los balones me los mandaban a mí para que pudiera esforzarme y regalarles la vista no solo de frente sino detrás, cada vez que corría, saltaba y me lanzaba a por todos los envíos. Pero era evidente que no jugaba bien al vóley, siempre terminaba fallando mis remates, tropezándome y hasta gimiendo de dolor cada vez que los balones venían muy fuerte.

    Por suerte no sucedió nada raro. Cuando terminó el primer set, que por cierto perdimos, nos volvimos para sentarnos en el banquillo. Ya estaba ocultándose el sol en el horizonte, tiñendo la playa de naranja, repletándolo de chispas doradas; las cervecitas empezaron a correr. Don Rafael me pasó una latita.

    —Oye, Noelia, en serio eres muy guapa y divertida, el hijo de Miguel es un chico muy afortunado. Por lo general las chicas de hoy van de divas, pero me alegra que no sea tu caso.

    —Muchas gracias, señor Rafael. Usted es muy gracioso, me hizo reír mucho con sus chistes.

    —Es muy joven ese muchacho que tienes de novio, seguro que disfrutarás de alguien con más experiencia —picó don Gabriel, codeándome.

    —¡Eh, eh! ¡Piratas! Si está con mi hijo es porque le gusta él, y ahora que Noelia está pasando tiempo conmigo, verá que yo multiplico todas esas cualidades que ese muchacho imberbe heredó de mí. ¡Ja, aquí el suegro tiene la potestad!

    —Maldita sea, yo tengo hijas, no hijos —don Gabriel se pasó la mano por su blanca cabellera, antes de rodearme la cintura con su brazo para apretarme contra su moreno cuerpo—. ¡Cómo quiero una nuerita como tú, bombón! ¿Cuánto tiempo más vas a estar por aquí?

    —Hasta mañana, señor Gabriel —bebí la cervecita.

    —Miguel, sé buen amigo e invítala a ese lugarcito “especial”, ¿qué me dices? Mañana por la mañana.

    —¡Jo! Noelia —mi suegro rodeó mis hombros con su brazo. Estaba atrapada entre dos maduritos; había más chispas entre nosotros que en el mar—. Mi esposa ya tiene planeado visitar mañana los humedales, seguramente irán las señoras de Gabriel y Rafael. ¿Quieres pasarla con ellas o con nosotros? No iremos a los humedales, sino a un lugar muy especial y secreto. Prometo que te va a encantar.

    —Uf, lo cierto es que tengo que aprovechar y pasar tiempo con su esposa también, que para eso he venido…

    —Entiendo, Noelia. Es comprensible. Total, solo somos unos viejos venidos a menos.

    —No… ¡No diga eso! Y no ponga esa carita, don Mig… quiero decir, papá —le dije acariciándole la pierna—. ¡Claro que les voy a hacer compañía, me haría mucha ilusión pasarla con ustedes!

    —¿En serio? —don Gabriel, que seguía abrazando mi cinturita, apretó con fuerza—. Noelia, en serio caíste del cielo, ¿dónde están tus alitas? ¡Confiesa!

    —¡Ya, exagerado!

    Luego de un rato más bebiendo y riendo, volvimos mi suegro y yo a la finca porque ya estaba anocheciendo. Tomados de la mano como si fuéramos una pareja. Él súper sonriente y yo muy pegadita a su cuerpo, lo cierto es que me estaba encantando ese lado coqueto y picarón de ese hombre, ya ni decir de sus amigos. Los accidentes durante nuestro juego de vóley quedaron allí en la playa, como un secreto enterrado bajo la gruesa arena y las chispas del atardecer. Es más, las ganas de asesinar a mi novio se esfumaron y solo quería verlo cuanto antes.

    Don Miguel preparó una fogata mientras yo me bañaba; luego se nos unieron mi novio con su mamá, que volvieron del museo del parque. Tras la cena, sus padres fueron a su carpa, mientras que yo contaba los segundos para que mi chico me tirara de la mano y me llevara a su tienda o a la mía, ¡pero ya! Y así fue. Dentro de su carpa, dibujando chispas sobre su pecho, maquillé un poco los sucesos de esa tarde.

    —¡Así que les ganaste a los amigos de papá! ¡Vaya campeona!

    —Uf, nene, ¿te parece si hacemos algo?

    En ese momento escuchamos unos tímidos gemidos provenientes de la carpa de sus padres. Era evidente que ellos también, por la pinta, estaban queriendo “hacer algo”. Yo me reí pero mi chico quedó con la cara espantada. Le peiné con mis dedos:

    —Christian, ¿te asquea que tus papás lo hagan o qué?

    —Claro. Son mis padres, nena. ¡Qué incómodo! ¿Te parece si nos dormimos y continuamos mañana? —preguntó arropándose con una manta y cerrando los ojos. Ya no me hizo caso pese a que lo zarandeaba. Incluso metí mano para acariciarle el vientre pero no hubo caso, parecía que saber que sus padres tenían sexo le cortaba todo el rollo.

    Así que salí de su tienda, bastante cabreada, y miré de reojo la carpa donde sus padres estaban haciéndolo. Gracias al brillo de una farola tras los árboles podía ver la silueta oscura de ambos allí adentro. Iba a irme a mi carpa, pero escuché a don Miguel rogándole a su señora:

    —Mira, querida, mira cómo estoy, no me dejes así.

    Descubrí, al acercarme silenciosamente, que no estaban teniendo sexo. Por la sombra que proyectaba, entendía que él estaba sobre su esposa, animándole a que tuvieran relaciones, pero la señora no quería saber nada.

    —¿Pero qué te pasa, Miguel? Déjame dormir, me duele la cabeza.

    —¿Pero estás viendo este pedazo de erección que tengo, Marisa?

    Cuando dijo aquello, el señor se puso de rodillas, de perfil, y pude ver boquiabierta la polla de mi suegro (mejor dicho, la sombra). ¡Era enorme! ¡Pues claro, era una maldita sombra, normal que pareciera titánica, engañando mi percepción! Pero, ¿y si no? Madre mía, ¿por qué el hijo no heredó esa lanza? Empezó a estrujársela, parecía que buscaba la mano de su esposa para que ella comprobara su estado pero la mujer no quería saber nada de nada.

    Me calenté tanto viendo aquella espada que no dudé en meter mano bajo mi short de algodón y tocarme. No lo podía creer, ese señor rogaba por sexo y su señora no lo quería contentar. Y yo le había implorado a mi novio que aplacara el calor que me tenía en ascuas.

    Disfruté de las dos vertientes del voyerismo aquella vez. De tarde, exhibiéndome a unos señores que triplicaban mi edad. De noche, espiando a mi suegro masturbándose. Pensé, mientras mis finos dedos entraban y salían de mi húmeda gruta, que seguramente don Miguel estaba empalmado gracias a mí y mis accidentes durante el juego de vóley. Seguramente se tocaba imaginando mi cola, mi sexo, mis pezones anillados, recordando mis gemidos…

    Me mordí un puño para no gemir porque el orgasmo que tuve fue inolvidable. Caí allí, en el suelo, retorciéndome y tensando mis dedos dentro de mí. Mientras recuperaba mi vista, que se había nublado durante el clímax, volví a mirar la tienda; el pobre hombre, por lo pinta, también se estaba corriendo en un pañuelo o camiseta que se acercó él mismo.

    “Don Miguel…”, susurré con mis finos dedos haciendo ganchos en mi húmeda cueva, viendo chispas doradas en el cielo negro.

    Al día siguiente, cuando mi suegro salió de su tienda para desperezarse, prácticamente me abalancé sobre él para darle los buenos días y llenarle la cara a besos. Me dijo, tomándome de los hombros, que desayunáramos rápido y nos escapáramos, que luego él llamaría a su esposa para decirles que hicimos un cambio de planes, que no iríamos con ella a los humedales.

    Con camiseta holgada, short y sandalias, me adentré al bosque rumbo a una nueva aventura, siempre tomada de su cálida mano, siempre pegadita a su cuerpo.

    La zona que quería enseñarme era una hermosa piscina natural por donde flotaban flores de loto; el lugar se alimenta de una pequeña pero alta cascada cuyo sonido era celestial; todo ese pequeño paraíso estaba escondido en medio de la espesura del bosque. Para mi sorpresa, ya estaban esperándonos don Gabriel y don Rafael, sentados en sillas plegadizas, pegados al agua prácticamente. Discutían entre bromas, no nos vieron llegar.

    —¡Buen día, señores! Tal como prometí, vine para pasarla con ustedes.

    —¡Ah, Noelia, ven, siéntate sobre mi regazo! —dijo el guaperas de don Gabriel, mostrándome su sonrisa con hoyuelos—. Es el castigo por haber perdido ayer el partido de vóley.

    —Caramelito —mi suegro me tomó del hombro—. No quiero que te sientas incómoda o que pienses mal de nosotros. Sabes cómo somos, nos gusta bromear y picar, pero quiero que sepas que cuando sientas que algo no te gusta, puedes decirlo y te lo vamos a respetar.

    —No pasa nada, “papá”, es lo que me toca por haber perdido.

    Así que entre risas y aplausos me senté sobre el regazo de don Gabriel; rodeé sus hombros con mi brazo. Mi suegro repartió unos habanos, preguntándome antes si me iba a molestar que fumaran. Lo cierto es que no estoy acostumbrada a ello pero no iba a ser aguafiestas, les dije que no me importaba en lo más mínimo.

    —Ahora es mi turno —dijo don Rafael, levantándose con unos trapitos blancos en mano, mordiendo su habano—. Mi castigo para Noelia, por haber perdido ayer, es que se ponga esto.

    O me estaba gastando una broma o en serio pensaba que iba a ponerme esa tanga hilo de licra. ¡Era pequeñísima! Suelo usar tanga, pero para disfrute de mi chico, no para goce de unos cincuentones. Y no es que yo sea acomplejada, pero tengo cintura algo ancha, que… ¡sí, me acompleja a veces! Mostró luego un sujetador de media copa, a juego. La risita que solté evidenció mi nerviosismo.

    —Se lo robé a mi nieta antes de venir aquí.

    —¡Ya! ¡La llevan claro si piensan que voy a ponerme eso!

    —Pero si eres tan guapa, ¿no nos vas a dar un alegrón? —preguntó don Gabriel, abrazándome para apretarme contra su moreno y fornido pecho, besándome toda la carita.

    —Uf, ¡basta! No sé… No me gusta llevar bikinis tan… pequeños. Verán, tengo senos grandes… y luego está mi cintura, que es… bueno…

    —¿Pero qué te sucede? —don Rafael se acercó con sus trapitos en mano—. No me digas que estás acomplejada, ¡si estás hecha un vicio! ¡Míranos, niña! ¡Nosotros no somos modelos precisamente!

    —Hazle caso a Moby Dick —me dijo el señor Gabriel, besándome la nariz—. Si lo haces, te prometo que te llevará a un paseo por el Shopping, ¿qué me dices? Te compraré todas las ropitas que quieras.

    —Suficiente, amigos, si mi nuera no quiere, pues ya está dicho… —mi suegro ahora se pasaba la mano por la cabellera, resoplando, visiblemente triste.

    —¡Ya, ya! Al carajo con ustedes…

    Así que me dirigí tras la cascada para cambiarme conforme me aplaudían y vitoreaban entre el denso humo de habano que les rodeaba. Me desnudé; short, blusita, sujetador y braguitas afuera. No podía ver bien a los señores ya que el agua de la cascada deformaba la visión, pero más o menos imaginé que podrían percibir mi desnudez, lo cual hacía que mi corazón apresurara latidos incontrolablemente.

    Comencé a subirme el tanga por mis piernas; era estrecha, no era mi talla, pero luché y conseguí ponérmela. Al acomodarme los bordes delanteros que cubrían mi sexo y acomodármela bien entre mis nalgas, no pude evitar un estremecimiento que me corrió desde mi vaginita hasta los hombros. Sentía cómo aquella tira se clavaba entre mis glúteos; la tela entre las piernas se hundía, metiéndose en medio de mi cuerpo, provocándome una sensación riquísima. Por delante, debido a lo ajustado que era, mis labios íntimos se delineaban groseramente debajo del pequeño triangulito de tela.

    “Creo que lo mejor será quitármelo, es demasiado ajustado”, pensé, tratando de mirarme la cola. Veía como el hilito desparecía entre mis nalgas regordetas. En ese momento, sin esperármelo, alguien se adentró tras la cascada y se robó no solo mis ropas, sino el sostén que hacía juego con mi hilito. Salí inmediatamente, tapándome los grandes senos con un brazo.

    —¡Don Rafael! ¡Es un mentiroso y además tramposo! ¡No me queda bien!

    —¡Uy, madre mía! —dijo poniendo mis ropas sobre su hombro, retrocediendo hasta su asiento, riéndose en todo momento—. ¡ Noelia, si te queda de puta madre!

    Avancé hasta donde ellos estaban, ya sentados, riéndose cómodamente en esa espiral de humo gris que forjaron con sus habanos; mirándome de arriba para abajo sin ningún tipo de disimulo. A mí no me parecía nada gracioso, es más, mi ceño era bastante serio. Don Gabriel expelió el humo de su cigarro:

    —No ha terminado el castigo. Vuelve sobre mi regazo.

    —Quiero que me devuelvan mis ropas —dije sentándome donde me había ordenado, siempre tapando mis senos. Tosiendo también.

    — Noelia, realmente eres una chica muy coqueta —dijo don Gabriel, abrazándome por la cintura, jugando con mi hilito.

    —Nosotros cuando teníamos tu edad solíamos venir por acá —dijo mi suegro, habano en mano—, y traíamos a nuestras chicas para desnudarnos y disfrutar de la naturaleza. Viste que aquí no hay playa nudista, así que nos rebuscamos por un lugar especial. Ayer quisimos invitarlas pero prefirieron otros planes, como ves.

    —Niña —dijo don Rafael, dándole una calada fuerte a su habano—. Lo de ayer fue muy especial, jugando al vóley, digo. Me encanta cuando una mujer exhibe su cuerpo con total naturalidad, cuando se muestra sin vergüenza. Dime, ayer, ¿lo hiciste adrede? ¿Te sentiste cómoda así, aunque sea por breves segundos, mostrándote naturalmente?

    —No mencionen lo de ayer, por favor, no soy una exhibicionista ni nada de eso… —Los brazos se cansaban de sostener mis senos.

    —Nuestras señoras ya hace rato que se acomplejaron, no sé si de nosotros o de ellas mismas. Por eso no quisieron venir aquí. Pero al verte ayer tan coqueta, jugando con nosotros y mostrándote tan natural, mostrando esa colita preciosa que tienes… pues nos volvió la nostalgia, ¿qué quieres que te diga? ¿No te importaría que nos desnudemos, verdad?

    —¿En serio, señores? ¿Se van a desnudar aquí?

    —Míralo de esta forma, caramelito. Así emparejamos lo de ayer. Te vimos toda, ¿eh?

    Don Rafael me besó el hombro y me volvió a traer contra su pecho. Por otro lado, mi suegro y don Rafael se levantaron para quitarse las ropas. Tenían sus sexos dormidos, aunque la del señor Gabriel se sentía palpitando bajo mis muslos. No voy a mentir, rodeada de maduritos, mi cuerpo se calentó, se mareó, se vio sobrepasado por la situación y el humo del habano. No sabía qué decir o hacer; la razón se me perdió en un tumulto avasallador.

    —No tengas vergüenza, Noelia, baja tu brazo —me susurró mientras los otros dos señores entraban al agua, esperándome. Varios besos ruidosos volvieron a caerme. Mejilla, nariz, mentón, oreja, entre los ojos.

    —Don Gabriel… Uf, ¡está bien, ya basta con los besitos!, pero a la mínima que se burlen voy a cortar con esto.

    Así que cerré los ojos, resoplé y bajé el brazo, dejando que mis tetas cayeran lentamente y se mostraran en toda su plenitud, adornadas con aquellos piercings que destellaban al sol. Me levanté del regazo que me acobijaba. Estaba prácticamente desnuda, con ese hilito que nada hacía sino relucir mis vergüenzas, casi temblando ante señores que triplicaban mi edad. Mi suegro extendió la mano y me invitó para acompañarlos en esa piscina natural repleta de flores de loto. Destellos dorados por todos lados.

    Estaba tan ensimismada al entrar que ni me di cuenta que pisé algún desnivel. Terminé resbalándome pero logré sostenerme de las piernas de mi suegro. Su sexo estaba despertando frente a mis ojos. Disimuladamente miré otro lado, pero allí donde observaba solo habían más vergas, y más duras incluso. Don Rafael me ayudó a reponerme, tomándome de la mano y tirándome contra su velludo pecho, pegándome contra su pancita de cervecero. La punta de su verga me golpeó el vientre.

    —¡Ahh! —chillé, arañando su pecho.

    —Ups… Lo siento, niña, es que… ¡Mírate nada más, qué rica estás! Normal que levantes el ánimo.

    —N-no pasa nada, don Rafael.

    Le salpiqué agua a la cara para destensar el asunto. Los dos hombres detrás de mí se acercaron para rodearme, apartando las flores de loto a su paso, con sus mástiles completamente armados y apuntándome.

    —Tenemos visita —susurró mi suegro—. Sobre nosotros, tras las rocas y arbustos, hay unos chicos observándonos. Vaya buitres, ¡ja!

    Los miré de reojo, ocultos tras unos matojos, eran seis chicos. Evidentemente me pillaron viéndoles así que me sonrieron. Me alarmé y me volví a cubrir los senos. Les di la espalda y casi grité del susto antes de que los tres maduritos me rodearan para tranquilizarme. Miré a mi suegro.

    —¡Don Miguel! ¡Espántelos, por dios! ¿No le asusta que nos estén mirando?

    —Para nada, caramelito. Es más, me gusta que nos vean con una chica tan linda como tú.

    —Pues a mí me parece incómodo… Madre mía, ¿y siguen mirando?

    Roja como un tomate, recibí el abrazo de mi suegro. Iba a seguir rogando que les mandara a tomar por viento porque yo no les conocía. Pero antes de que dijera algo, me dio una fuerte nalgada que me hizo dar un respingo; apretó con sus dedos, fuerte, hundiéndolas en mis nalgas. Mi corazón empezó a desbocarse, ¡mi suegro estaba tocándome!… Y no me sentía mal. Confundida, sí, ¡montón!, pero no asqueada ni nada de eso.

    —¡Auch! ¡Don Miguel!

    —Tres.

    —¿Qué?

    —Tres chicos se están tocando.

    —¿Se están tocando? Auch, me está apretando fuerte, don Miguel… mi cola… ¡la está apretando muy fuerte!

    —Caramelito, es que en serio, tienes un culito fuera de serie, ¡uf! Excesivo, te van a multar un día de estos.

    Estaba prácticamente sintiendo los latidos de su verga reposando contra mi vientre, pero lejos de sentirme indignada, sentía algo distinto, algo rico, especial, tabú, morboso, ¡algo! Pero no era plan de derretirme tan fácilmente. Quería salirme pero el señor me apretaba muy fuerte contra él.

    —Se van a pajear esta noche pensando en tu cola. En… esta… jugosa… colita…

    —¡Ahhh!

    La cabeza se me arremolinaba en una amalgama de sensaciones contradictorias. Por un momento me imaginé en la situación. Seis completos desconocidos tocándose en la privacidad, o incluso en grupo, en la cala, en el bosque o cerca de algún humedal. Pensando en mí, dedicándome, ¿cuánto? ¿Cinco, diez minutos de sus vidas para descargarse? Yo, al menos durante un breve instante de sus vidas, sería la protagonista de las fantasías de unos completos anónimos. Mejor dicho, mi cola sería la protagonista… algo así revoluciona aún más una autoestima como la mía.

    Destellos dorados cabrilleaban por la piscina natural, entre las flores de loto de errático andar. Todo comenzaba a vibrar, ¿o era solamente yo?

    —¿Se van a… pajear… pensando en mí?

    Desearía decir que seguí resistiendo, pero sinceramente me estaba gustando la idea de… mostrar mi colita a unos completos desconocidos mientras mi suegro me trataba así, como si fuera una zorrita. Ni sus nombres, ni sus edades, ni de dónde venían, ¡no sabía nada de ellos! Pero mi cuerpo sería foco de sus más oscuras fantasías. ¡Madre!

    Estaba tan excitada, prácticamente me estaba restregando contra mi señor y sacando demasiado la cola. Sus dos manos agarraron, cada una, una nalga. Me susurró “Démosle algo especial”. No sabía qué iba a hacer, pero no me importaba, me estaba encantando ser guiada, ser pervertida por mi suegro. “¿Qué va a hacer, don Miguel?”, pregunté en otro susurro.

    No sabría describir el placer que me recorrió todo el cuerpo cuando separó descaradamente mis nalgas, mostrando mis vergüenzas. Mi conejito asomando abajo, seguramente abultadito; depilado y húmedo, mi cola también. Abrí la boca y casi tuve un orgasmo descontrolado cuando me tocó el ano con uno de sus dedos, acariciando el anillo. Le mordí un hombro con el rostro arrugado de placer.

    —Qué linda, ¿estás teniendo un orgasmo sabiendo que unos desconocidos te miran?

    —N-no… —mordí más fuerte.

    Tras una sonora nalgada que rebotó por todo el bosque, me apartó de él. Estaba excitadísima, y colorada, y avergonzada, y muy curiosa, y, y, y… Pero no podía ni hablar. Don Miguel me tomó de los hombros y me giró para mostrarme a esos chicos voyeristas. “Míralos, allá arriba”, susurró. “Y baja tu brazo, muéstrales lo que tienes”.

    —Que vean tu carita repleta de gozo —dijo don Gabriel, a mi lado derecho, agarrando mi manita y llevándola hasta su verga. Di un respingo al sentir su carne y él se rio de mí. Era caliente, durísima pero de piel suave. Era tan grande que mi manita ni siquiera se cerraba al agarrarla por el tronco.

    —Que vean tus preciosos senos —susurró don Rafael, tomando mi otra mano para que le agarrara su tranca, casi toda escondida bajo su pancita de cervecero. Se sentía más grande aún, venosa y palpitante. La acaricié con dulzura—. Que miren tu hermoso coñito depilado… que se mueran de envidia de estos supuestos viejos y acabados de los que tanto se burlan cuando nos ven jugar en la playa.

    Y les vi. Los seis chicos seguían sonriéndome, tocándose también… y yo les devolví mi sonrisa más sucia, repleta de vicio, pajeando la polla de Gabriel a mi derecha y la de Rafael a mi izquierda. Por accidente casi saqué toda la lengua para afuera mientras blanqueaba mis ojos cuando mi suegro me abrazó por detrás, pegando su poderosa erección contra mi colita, su fuerte pecho contra mi espalda, restregándose contra mí. Ladeando el triangulito que cubría mi vaginita, metió un par de sus gruesos y rugosos dedos dentro de mi gruta.

    Me decía que le encantaba que tuviera una vagina tan abultadita, pues se podía pasar horas y horas entre mis carnosos labios rebuscando por mi agujerito. Me quería desmayar de placer, pero de algún lugar quité fuerzas para seguir allí, parada, masturbándole a dos viejos, siendo vaginalmente estimulada por otro.

    —¿Te gusta que te vean, caramelito?

    No respondí. Solo gemía y gemía ante la maestría de ese catedrático del sexo metiéndome dedos.

    —A nosotros nos gusta verte, ¿ves cómo nos estás poniendo con tu cuerpito? Y tú tan acomplejada por nada…

    Estaba que no podía creerlo, si la cosa seguía así, no iba a tomar mucho tiempo para que ellos estuvieran metiéndome carne. Don Miguel me tomó de la mano que pajeaba a uno de sus colegas, y me apartó de ellos. “Voy a robarte de mis amigos un momento. Potestad del suegro”, dijo con una sonrisa, llevándome consigo. Atontada como estaba, me dejé llevar hasta la orilla.

    Nos acostamos sobre la arena, un par de flores de loto estaban pegadas a mis muslos; me acosté encima del señor, lamiéndole la cara y arañándole ese pecho peludo mientras él me magreaba la cola. Él apretaba fuerte mis nalgas, las movía de forma circular y las separaba para mostrarle no solo a sus amigos sino a esos chicos curiosos. Yo me restregaba contra él, masajeándole su anhelante sexo como mejor podía, restregándola por mi vulva.

    —¿Qué te pasa? ¿La quieres adentro, caramelito? —preguntó acomodando su cipote en la punta de mi húmeda almeja.

    Gemí, afirmando ligeramente con mi cabeza pues mi voz estaba rota de placer. Acomodó la puntita de su polla, mojándose de mis juguitos, y lo sacó al verme la carita roja y boquiabierta. Le abracé con fuerza, rogándole por su carne. Volvió a meter, un poco más profundo, pero la sacó de nuevo. El cabrón estaba jugando conmigo, se divertía viéndome temblando de gusto sobre él.

    Le rogué que me hiciera suya, restregándome fuerte contra su cuerpo; me apretó contra su cara y metió lengua hasta el fondo al tiempo que su espada se abría paso en mi interior, de manera lenta porque yo la tengo bien estrechita. Su gruesa lengua sabía a perverso habano; cuando dejó de besarme dijo que jamás en su vida había estado dentro de una chica tan apretadita como yo, tan calentita y jugosa por dentro. Mi panochita estaba contrayéndose del placer engullendo aquella verga.

    Lamentablemente me volví a correr, una vez más en mi vida, sin siquiera durar más de un minuto. Me retorcí y arrugué grotescamente mi rostro, encharcando su verga de mis juguitos. Se me nubló la visión y los demás sentidos mientras él seguía dándome rico. Cuando volví en mí, por poco no lloré sobre su pecho, pidiéndole una y otra vez mil disculpas porque me llegué de manera tan apresurada.

    —¡Perdón, don Miguel!, ¡soy una estúpida sin experiencia!

    —¿Cómo vas a decir eso, mi niña? A mí me pareces adorable, estás como casi sin estrenar, me encanta, mi hijo es el pendejo más afortunado que pueda existir.

    Me acarició la caballera y empezó a salirse de adentro de mí. Ni siquiera tuve oportunidad de hacerle correr, otra vez en mi vida tenía que sentir cómo un hombre mayor se salía sin siquiera tener un orgasmo. La idea del sexo es reciprocidad, cosa que hasta ese día los hombres no solían encontrarlo conmigo.

    —¡No!, ¡no se salga de adentro! ¡Por fa, no me lo voy a perdonar! Deme otra oportunidad, le juro que lo haré mejor.

    Me sequé las lágrimas disimuladamente, viéndole levantarse. Me puse de rodillas ante él, abrazándole las piernas, esperando que pudiera darse cuenta de que yo aún tenía mucho que ofrecerle. Besé su imponente verga, sus gruesos huevos luego, lamiendo por otra oportunidad. Cuando levanté la mirada, vi que Rafael le dio su habano. Me miró, expeliendo el humo hacia mí.

    —¿Quieres otra oportunidad? Depende. ¿Amas a mi hijo?

    Se estrujó la verga y la restregó fuertemente por mis labios. Conseguí decirle que “sí” entre el líquido preseminal que se le escurría y ponía pegajosa mi boca. Y la mirada que le clavé; confianzuda, repleta de vicio y con promesas de vicio, terminaron por convencerle de seguir jugando conmigo.

    —Bien, caramelito. Ponte de cuatro patas. La colita en pompa.

    Dio un cabeceo afirmativo a uno de sus amigos cuando adopté la pose que ordenó. Otro, no supe quién, se acercó para lamerme la espalda. Desde entre los hombros, trazando una línea de saliva por todo mi cuerpo hasta llegar hasta mi cola. Aquella lengua era calentita y gruesa; cerró la faena besándome el ano; fuerte, pervertido, muy ruidoso. Otro, o tal vez el mismo, metió dedos en mi grutita que la sentía muy hinchada.

    —Todavía está mojadita, eso es bueno. ¿Quieres contentar a tu suegro, no? Pues a ver qué tal este otro agujerito que tienes…

    Era don Gabriel. Me quitó la flor de loto adherida en un muslo y me abrió la cola; chupó mi culo de manera magistral, arrancándome fuertes berridos. Su gruesa lengua entraba y salía de mi ano, hacía ganchitos retorcidos dentro de mí. Arañé la arena, poniendo en pompa la cola para que siguiera metiendo más de aquella cálida carnecita.

    —¡Uf! ¡Delicioso! Su culo es un ojo de aguja, pero yo creo que lo podrás penetrar sin dramas, Miguel.

    Mi suegro por su parte se arrodilló frente a mí. Su gloriosa polla estaba apuntándome la boca. Estaban planeando hacerme la cola; me asustaba la idea de practicar sexo anal, no todos saben hacerlo. Pero de nuevo, lo último que quería era dejar a esos tres señores insatisfechos, de evidenciarme como una maldita e inexperta cría.

    —Aquí tienes tu nueva oportunidad, caramelito. ¿Quieres hacerlo? —preguntó mi suegro, masajeándose la polla frente a mi cara desencajada de placer.

    Ni dudé, con lo viciosa que estaba ya no sabía ni cómo harían para apartarme la boca de esa verga. Tuve que abrir muchísimo, eso sí, para que me cupiera su gigantesco aparato. Una vez que metió el glande, me sujetó de la quijada y me pidió que lo mirara a los ojos; empezó a follarme la boca de manera lenta, siempre tratando de humedecerse bien, teniendo cuidado de no hacerme dar arcadas.

    Tras largo rato en donde mamé y me dejé besar por la cola por su colega, don Miguel se acostó en la arena, dejando su lanza apuntando al cielo. Don Rafael fue hasta las sillas, de donde trajo una cajita de condones; me la lanzó al suelo para que forrara a mi señor. “Tamaño grande, sabor frambuesa”.

    Luego de colocarle el condón con sumo respeto y cuidado, mi suegro me pidió que me sentara sobre su verga, y que yo quedara de espaldas a él. Me coloqué en cuclillas, sujetándome firmemente de sus flexionadas rodillas. Sus amigos, parados a mis lados, empezaban a estrujarse sus vergas de manera demencial. Los chicos de arriba, más de lo mismo.

    El señor reposó la punta de su tranca en mi colita, presta a empujar. Yo estaba desesperadísima, aunque disimulaba bravamente mis miedos. Tomó de mi cintura y empezó a tirar hacia sí.

    Me quería morir de dolor, su glande era enorme y me forzaba el esfínter. Lagrimeé, enterrando mis uñas en sus rodillas, encorvando la espalda. Parecía que iba a partirme en dos, pensaba en rogarle que desistiera, pero seguí aunando fuerzas para aguantar. Como premio a mi valor, la presión cedió y la punta entró.

    Empezó a bufar como un animal, me decía que mi cola estaba tan apretada que su polla iba a reventar. Sus colegas le animaban, pedían que aprovechara mi culito estrecho antes de que yo estuviera más acostumbradita a tragar vergas. Uno me tomó de la barbilla y me preguntó si yo me encontraba bien, pues las lágrimas corrían por mis mejillas de manera evidente.

    —¡A-aguantaré, aguantaré!

    —Qué linda, una campeona —dijo don Rafael, metiendo su grueso dedo corazón en mi boquita.

    —Esperaré un poco a que se dilate la cabecita dentro de tu cola.

    Me dejó así, resoplando y lagrimeando mientras su glande palpitaba en mi culo, dejándome con la cara desencajada de dolor. Yo temblaba, realmente no quería continuar pero yo misma no me lo iba a perdonar si abortaba aquello, deseaba fuertemente que ese hombre tuviera un orgasmo dentro de mí. De repente, mi suegro tiró con más fuerza y su verga consiguió meter otra porción más que me arrancó un chillido terrible. Rafael se anticipó y sacó su dedo antes de que fuera cercenado por mis dientes. Botearon mis senos, saltaban lágrimas de mis ojos. Destellos dorados otra vez.

    —¡Ay! ¡Madre…! Uf, ¡no la s-saque, no la saque, puedo aguantar!

    —Tranquila, se nota que tu culito no está acostumbrado a comer vergas. Mejor lo dejo hasta aquí.

    —Ahhh… ¡Mierda! ¡No se rinda, señor! ¡Sé que pue… ay, mierda, sé que puedo resistir!

    —Está muy apretado, sí, realmente no es muy tragón tu culo.

    Llegó la parte más gruesa de su polla y pensé que ya no iba a caber ni un centímetro más. Según mi suegro, era solo la mitad de su verga y desde luego la desesperación y el dolor hicieron que prácticamente llorara allí como una niña a moco tendido. Pero también me dijo que la parte más ancha ya había entrado por lo que lo peor había terminado. Entonces me volvió a sujetar; me mordí los dientes, cerré fuerte los ojos; tiró con fuerza hacia sí para que todo entrara de una vez, abriéndose paso de manera terrible.

    Encorvé tanto la espalda que creía que iba a romperme una vértebra. Grité tanto que las palomas alrededor levantaron vuelo. No pude contenerme y meé descontroladamente sobre él, pero no pareció importarle, o simplemente no quiso sacarlo a colación para que no me sintiera más mal de lo que ya estaba.

    —¡Ay! ¡Dios! ¡P-perdón, no pude aguantarme!

    —¡Listo, pequeña guarrilla!… Ni un centímetro afuera. Miren cómo quedó, amigos.

    Creí que iba a desfallecer, estaba llorando, temblando, seguía orinando, sudaba a mares; la saliva se me desbordaba de la comisura de los labios. Miré arriba y los chicos curiosos se tapaban la boca, uno incluso hizo la señal de la cruz. Los señores hicieron que me recostara sobre mi suegro, lentamente para que su verga dentro de mí no me dañara. Quedé con mi espalda contra su velludo pecho, ahora ambos mirábamos el imponente cielo celeste, aunque yo veía borroso debido a mis lágrimas.

    —Caramelito, ¿estás bien? —preguntó, besándome el lóbulo. Empezó a masajearme las tetas, jugando con mis piercings.

    —Perdón por orinarme toda, señor… soy una puerquita… pero me… encanta tenerlo adentro… le puedo sentir todo… cómo palpita adentro de mi cola… Uf, me quiero quedar así para siempre… —mentí. Realmente quería desmayarme, pero por nada del mundo dejaría ir esa verga hasta exprimirle todo.

    —¿Te excita que te vean, caramelito? ¿Te excita que mis amigos y además unos extraños se pajeen viéndote cómo te parto el culito?

    —Ahhh… Ahhh… no. No es verdad, no invente cosas… ¡Auch, no tan fuerte, por fa!

    —Chilla fuerte, pequeña exhibicionista, chilla para que te oigan. Mira cómo mis amigos también se están masturbando, se van a correr encima de ti… —sus gruesas y rugosas manos me acariciaban el vientre, calentándome a tope.

    —¿No lo quieres admitir? —preguntó don Gabriel, siempre estrujándose el sexo—. Creo que te gusta, la forma que llamaste la atención de esos chicos, sonriéndoles mientras te tocábamos. Andar así con las tetas y tu panocha al aire sin pudor, siempre coqueta.

    —Ahhh… No, no muestro todo, tengo un hilo p-puesto —me costaba hablar con una gigantesca verga pulsando en mis intestinos. Mi cara seguramente estaba toda deformada de dolor.

    —Bueno —don Gabriel también seguía tocándose fuerte, viéndome sufrir—, pero es como si no lo tienes, se te ve todo, el hilo está metido entre esos enormes labios de tu vagina.

    —¡N-no se burle de mí!

    —Bombón, ¡es verdad! —don Gabriel se arrodilló y metió su mano entre mis piernas; dos de sus dedos se metieron en mi chochito, llevando consigo el hilito de mi bikini más adentro de mi cueva. Gemí de placer al sentir sus dedos entrando, y casi como un acto reflejo levanté mi cintura para que metiera más.

    —Admítelo, caramelito —dijo mi suegro, arremetiendo para partirme en dos.

    Y me sobrevino una visión cristalina de las cosas, como el segundo previo a un orgasmo. Las chispas doradas dando saltitos alrededor de un mar naranja, el cabrilleo del agua de una piscina natural repleta de flores de loto de errático andar. Toda mi aventura se agolpó en mis llorosos ojos, y la putita dentro de mí salió para bramar:

    —¡Ahhh! ¡S-s-sí! ¡Lo admito, me e-encanta… que me miren!

    Y don Miguel tuvo un orgasmo, ¡un hombre mayor tuvo por fin un orgasmo dentro de mí! Podía sentir el calorcito de su semen contenido en el condón. Me abrazaba con fuerza contra su peludo cuerpo, bufaba, empujaba su polla, me chupaba el lóbulo, me apretaba las tetas mientras sus amigos apuraban sus pajas para correrse sobre mí, sobre mis senos, mi vientre y mi entrepierna. Me dejaron bañada de semen, cosa que para mí fue el pistoletazo para que la alegría se me desbordara: por primera vez estaba siendo recíproca antes hombres tan expertos.

    Cuando la verga flácida salió de mí, el condón se quedó colgando desde adentro de mi cola. Lo señores felicitaron a mi suegro pues la cantidad de leche que caía desde ese forro era increíble, como si hubiera sido un jovencito quien se corrió allí. Lo quitaron lentamente y me lo mostraron. Prefiero no describir cómo estaba el forrito… pero ya no olía a frambuesas.

    Me pidieron que me volviera a poner de cuatro patas porque querían mostrarle a esos chicos allá arriba cómo me habían dejado el culo; húmedo, enrojecido, totalmente abierto, roto, irreconocible ya de lo magullado. Tuve otro orgasmo demoledor sabiéndome observada, repleta de leche, temblando como posesa, de cuatro patitas mientras tres señores fumaban a mi alrededor, felicitándose entre ellos, viéndome tan putita y entregada, casi destruida ante la evidente experiencia de su madurez. Fue tan avasallador que me desmayé allí, sobre el charco de orín y semen, a los pies de mis tres arcángeles…

    Cuando abrí los ojos, sin saber cuánto tiempo estuve inconsciente, me encontré ahora sí totalmente desnuda, sobre el regazo de mi suegro que fumaba su habano. No estábamos más que nosotros dos. La cola ya no me dolía tanto pero se sentía muy pringosa adentro. Varios días después descubrí, viendo las fotos que tomaron con sus móviles, que don Rafael aún tenía mucha carga, tanto así que se pajeó sobre mi cola mientras que don Gabriel abría mis nalgas, retándolo a jugar “Tiro al blanco”.

    Lo primero que hizo mi adorado suegro, al verme despertar, fue invitarme a probar su habano. Tosí como una tonta, nunca me voy a acostumbrar a ese olor, sinceramente.

    —Caramelito, ya es casi mediodía. Creo que tenemos que volver, seguro que mi esposa y mi hijo estarán de camino al campamento también. Tus ropas están aquí, desperézate un poco y ve poniéndotelas.

    —Uf… ¿Y el señor Gabriel? ¿Y Rafael?

    —Me ayudaron a bañarte, pero luego se fueron por el mismo motivo por el que debemos volver nosotros. No pongas esa carita, prometimos quedar de nuevo, pero en Montevideo, en un Shopping, para pasar un lindo domingo contigo. Eso sí, Gabriel llevó tu braguita, Rafael tu sostén. Y tu tanga hilo… pues ese sí que no sé dónde fue a parar… —silbó, revoloteando sus ojos.

    —¡Ya! ¡Qué vivos!

    —¡Ja! ¿Estás mejor ahora, caramelito?

    —Sí… no veo la hora de encontrarnos nuevamente. Ojalá mi novio me tratara como ustedes, como a una reina —dije acariciándole la blanca cabellera, antes de darle un largo y tendido beso. Su lengua sabía a habano; a algo de whisky también; por lo visto bebieron para cerrar con broche de oro mi total entrega. Pero no me importaba, es más, me encantaba chupar esa lengua, mordérsela también; podría quedarme así toda la vida.

    Concluí más tarde que lo mejor sería… maquillar los hechos y decirle a mi novio que simplemente su papá y yo nos la pasamos recorriendo el bosque, que conseguí ganarme su corazón. Aunque no sé si algo habrá sospechado debido a mi alientito a habano.

    Cuando don Miguel conducía el coche que nos llevaba de nuevo a casa, sucedió algo llamativo. Yo estaba reposando mi cabeza en el hombro de mi chico, en el asiento de atrás, cuando su madre, adelante, se indignó por algo que vio en la ruta. Cuando yo y Christian observamos, notamos que un coche pasó a nuestro lado a gran velocidad, ocupado por seis jóvenes que cantaban y vitoreaban. El vehículo tenía un pedacito de tela ataviada a la antena de radio.

    Era un tanga hilito de licra, color blanco. Sospechosamente similar a la que me puse en aquella piscina natural, y cuya desaparición estaba cobrando sentido.

    Mi suegro se unió a la indignación de su esposa, comentando que la juventud de hoy día “está muy degenerada”. Se giró brevemente para decirme con un guiño cómplice.

    —Me alegra haberte alejado de esos buitres, caramelito.

    Muchas gracias a los que llegaron hasta aquí. Algún comentario ya saben a [email protected], les agradeceré sus comentarios y les responderé cuando pueda, muchos besos, feliz semana.

  • Susana, la guarrilla de mi instituto (Parte 3)

    Susana, la guarrilla de mi instituto (Parte 3)

    Esta historia transcurre entre los 7 años que pasaron entre la primera y la segunda parte de este relato.

    Susana había aprobado la selectividad con buena nota. Esto le permitía estudiar la carrera que escogiera, en este caso era economía. Estaba dispuesta a comerse el mundo. Con su fantástico cuerpo se había convertido en una pervertida, una guarrilla que se vendía por unos euros y así satisfacía su deseo sexual, tan grande para una adolescente de su edad.

    Ese día se levantó pronto y después de salir de la ducha, recibió una llamada. Era el director del colegio.

    —Hola Susana, hace mucho que no nos vemos. Le dijo este.

    —Ah, cuanto tiempo director. ¿Aún se acuerda de mí?

    —¿Cómo podría olvidarte? Lo pasamos muy bien el día de la graduación.

    —Ha pasado tiempo ya.

    —Sí, pero aun así lo recuerdo muy bien, y quisiera que volviéramos a vernos.

    —Ahora no tengo nada que hacer.

    Pensó que no estaría mal volver a verle. No tenía la polla muy grande, pero le gustó chupársela.

    —Si te parece bien podemos quedar hoy a las 6. Mi mujer y mi hija están de viaje y no volverán hasta el lunes.

    —Sí, está bien. Quedamos esta tarde a las 6.

    —Antes de terminar, quería pedirte un favor. Ven vestida con el uniforme del instituto, me pones mucho vestida así.

    —Está bien, sí usted lo quiere director…

    —Te mandaré un mensaje con la dirección esta tarde.

    —De acuerdo. Hasta esta tarde.

    Susana se miró en el espejo después de colgar. Era guapísima y ahora más mayor, le habían crecido más las tetas y las tenía como las de una mujer madura.

    Esa tarde recibió un mensaje con la dirección del director. Se vistió con el uniforme del instituto y se puso un abrigo grande de su madre de acogida, para que nadie la viera con el uniforme por la calle. Antes no os he contado que Susana fue abandonada cuando era pequeña por sus padres biológicos y ahora vivía con una familia de acogida.

    Así como estaba, solo se peinó un poco y salió a la calle. Vivían en un sexto piso, pero decidió bajar andando.

    El hecho de volver a encontrarse con el director la hizo ponerse cachonda.

    Llegó a casa del director y llamó al timbre. Tardó en abrirla.

    —Hola Susana.

    —Hola director. Pensé que no estaba en casa.

    —Si, perdona, es que estaba hablando por teléfono. Anda, pasa.

    La invitó a sentarse junto a él.

    —¿Quieres beber algo?

    —Una Coca Cola, si tiene.

    —Claro mujer.

    Fue a por ella, pero vio que no tenía light. ¿Te importa que sea normal?

    —Qué va, no me cuido mucho.

    —No creo que lo necesites, jeje.

    Charlaron de todo un poco, pero el director no le quitaba ojo de encima. Él solo quería pasar a la acción.

    —Anda Susana, quítate el abrigo. Te vas a asar.

    Se levantó y se quitó el abrigo dejándolo sobre el sofá.

    Como ahora era más alta, la falda del uniforme le llegaba a la parte alta de los muslos y se le veían tersos y jóvenes.

    El director estaba muy excitado viéndola así. Se levantó y le quitó la blusa. Empezó a besarla y luego pasó a sobarle las tetas con el sujetador puesto.

    —¿Llevas las bragas de aquel día? Le preguntó.

    Susana se subió la falda y dejó ver sus bragas. Eran aquellas rosas que llevaba aquel día. Solo que en sus bragas también se notaba que había crecido y ahora eran más pequeñas en comparación con sus muslos.

    El director acarició sus muslos y recorrió su pubis. Luego la giró y se quedó contemplando su culo. También se habían quedado pequeñas por detrás, y ahora sus bragas casi parecían un tanga.

    Para entonces el director ya estaba empalmado. Susana podía notar el bulto en su pantalón.

    Le quitó el sujetador y le besó las tetas y los pezones, mientras ella se quitaba la falda y las bragas, tirándolas también en el sofá.

    El director se bajó pantalones y calzoncillos y cogiendo a Susana de los hombros, la puso apoyada en el sofá, con el culo en pompa. Cogió un preservativo de debajo del cojín y se lo puso rápidamente. Agarró su polla y la guio hasta la entrada de su vagina y la penetró de un golpe.

    Enseguida empezó a bombear sujetando a Susana de los hombros. No le dijo nada, ni una palabra de amor ni de deseo, nada. Solo se abandonó a penetrarla fuertemente, con un ritmo constante, como una taladradora.

    Comenzó a gemir como un loco. El sofá se movía con los envites y se oía el choque de su pelvis contra el culo de ella.

    Susana también comenzó a gemir. Estaba empezando a disfrutar.

    El director estaba a punto de correrse, cuando sucedió algo que ninguno de los dos esperaba. La puerta se abrió y entró su mujer y su hija, que los pillaron en pleno polvo.

    Su mujer tapó los ojos a su hija, mientras Susana llegaba al orgasmo.

    —¡Aaaah! ¡Aaaaah! ¡Ugggh! ¡Ugggh! ¡Me corrooo!

    En ese instante, las dos salieron por la puerta. El director sacó su polla de Susana y se fue detrás de ellas, sin darse cuenta de que iba empalmado y que el semen estaba empezando a llenar el depósito del condón.

    Susana le llamó para que volviera. Al terminar de correrse se había dado cuenta de todo.

    El director estaba ya en el pasillo, cuando Susana desnuda y de un tirón, volvió a meterlo en casa.

    El director se sentó en el sofá sujetando su cabeza y lamentándose de todo. Era triste verle así, desnudo, con la polla ya flácida y el condón lleno de semen.

    Susana se sentó a su lado e intentó reconfortarle, pero no fue posible.

    Como vio que no podía hacer nada, se vistió y se marchó de allí.

    Al día siguiente, la mujer del director le pidió el divorcio y los padres de acogida de Susana la echaron de casa.

    Había hablado con asuntos sociales y el escándalo había llegado hasta su asistenta social, con lo que decidieron deshacerse de ella como si fuera un juguete roto.

    Tenía algunos ahorros de la paga que le daban sus padres y decidió cambiarse de ciudad e ir a vivir con una amiga del instituto que también vivía allí.

    Ahora tendría que buscarse un trabajo para poder pagarse sus estudios. Seguía decidida a entrar en la universidad, aunque fuera una “guarrilla”.

    Gracias a su amiga Lourdes encontró trabajo en una hamburguesería. El único problema es que tenía que llevar un uniforme también con falda corta.

    El primer día de trabajo se dio cuenta de que el encargado no le quitaba ojo de encima. Le pidió que la acompañara al almacén para traer kétchup, mostaza y reponer los servilleteros. La hizo subirse a un estante y así poder ver su culo, con la excusa de que era para coger unas muestras de regalo y unas nuevas cartas con los nuevos productos.

    Susana que entendía perfectamente a los hombres y además disfruta de lo salidos que estaban, estaba encantada de mostrar sus curvas al encargado. Sabía que así seguro ascendería pronto.

    Tres días después, decidió ir a trabajar sin bragas. El encargado volvió a pedirle que la acompañara a por más mostaza y kétchup. Cuando se subió a la estantería, no podía creer que estuviera viendo que no llevaba bragas.

    Podía ver las curvas de sus nalgas moviéndose de un lado a otro, haciendo que buscaba el kétchup y luego se giró para decirle que no lo encontraba.

    El encargado se quedó mudo tragando saliva mientras veía su coño depilado frente a él. ¿Cuánto hacía que no probaba un coño joven? Pues seguro que desde que él era joven también.

    Se subió con ella para buscar el kétchup y finalmente lo encontró. Volvieron a sus tareas, pero antes le preguntó si hoy podía quedarse después de cerrar.

    Susana asintió. Lo tenía en el bote.

    El día pasó rápido y llegó la hora de cerrar. Susana ayudó al encargado a cerrar y se fueron al almacén.

    —Bueno, imagino que sabes porque te he traído aquí.

    —Claro, conozco a los tíos de sobra. Todos queréis follarme. Desde que me crecieron las tetas ha sido así.

    —Esta vez solo quiero que me la chupes. No tengo condones y con una mamada me conformo.

    Se bajó los pantalones y el calzoncillo. Su polla estaba morcillona.

    Susana la agarró con su mano izquierda y comenzó a subir y bajar por ella. Al poco estaba erecta.

    —Quiero pedirle un favor, le dijo esta. Cuando vaya a correrse, avíseme. No le conozco apenas y no sé si tendrá alguna ETS o algo.

    —Tranquila, me correré fuera. Pero la próxima vez follaremos, ¿eh? Tengo preparado un ascenso para ti. ¿Quieres ser mi secretaria?

    —No llevo ni una semana aquí, dijo metiéndose su polla en la boca, y ¿ya quiere ascenderme?

    —Si, si, ah, que gusto, si serás mi secretaria, ya sabes, si, ah, ah, ah, viajes, dietas, y cuando quiera, ah, ah, ah, follaremos.

    Susana siguió con la mamada y como sabía que no la iba a avisar cuando se corriera, al notar que su respiración de aceleraba, se la sacó de la boca y siguió meneándosela hasta que se corrió, por cierto casi todo en su falda.

    —Perdona, ahora tendrás que lavar la falda. La he puesto perdida. No si se habrá alguna por aquí.

    Susana vio cómo buscaba otra falta por el almacén, con la polla perdiendo su erección y goteando aun algo de semen y no pudo evitar reírse.

    Al fin encontraron una, que le quedaba un poco grande, pero le sirvió. Después de limpiarse la polla y vestirse, le ofreció llevarla en su coche a su casa.

    Ella aceptó. Antes de bajarse del coche, el encargado le dijo que se pensará lo del ascenso, que iba en serio.

    Susana se quedó un rato pensando y luego le dijo que sí, pero que preferiría esperar un poco para que el resto de empleados no sospecharan nada.

    El encargado aceptó y le dijo que follarían en unos días y que en un mes o mes y medio podría ascenderla.

    Susana asintió y le besó en la boca antes de bajarse del coche.

    Este se quedó mirando cómo se movía su culo sin bragas bajo la falda, hasta que desapareció en el portal.

    Para Lara, mi más fiel lectora.

  • Ayer seduje a mi peluquera

    Ayer seduje a mi peluquera

    Que bien me levanté ayer, había dormido toda la noche de un tirón. Salí a la calle sintiéndome a gusto conmigo misma, se me notaba en el rostro por las miradas que me dedicaban los demás transeúntes. Mi ropa no podía ser más sexi: minifalda corta blanca y plisada, camisa amplia de cuadros y ‘de relleno’ lencería vaporosa de una nueva diseñadora.

    No comenzaría en mi nuevo trabajo hasta dos semanas después, tenía tiempo para pasear e ir de tiendas. Ya en el centro visité en un par de tiendas y paseé durante un buen rato. Compré un ramo de margaritas y cogí el autobús de vuelta. Ya mi barrio visité mi peluquería habitual; una pequeña peluquería de señoras que, en otro tiempo, fue él no va más; pero que ahora, solo entran cuatro gatos, bueno, cuatro gatas.

    Han abierto a pocos metros de ella una franquicia, es de una cadena de peluquerías que está de moda en la ciudad. Me da pena por Irene, le señora que la regenta, una mujer de cuarenta y tantos años, casada con un hombre que, como me cuenta ella cada vez que voy, tiene un trabajo en el que gana muy poco. La peluquería de Irene es parte de su vivienda en la planta baja del bloque de pisos.

    Hace ya unos cuatro años que empecé a peinarme allí; ella me gusta desde que la vi la primera vez. Irene es morena y alta, para su edad, se conserva muy bien; está siempre a dieta y hace deporte. Lo que más me gusta de Irene es su simpatía, a las clientas siempre nos saca risas con su buen humor. Es guapa y me mira con agrado, incluso se ruboriza cuando me habla. Sé que me desea, aunque ese deseo es tabú para ella.

    Ayer, cuando entré en la peluquería a las diez de la mañana no había ninguna clienta, solo estaba Irene leyendo una revista… Me miró a los ojos y se le dilataron las pupilas, después parpadeó y me dijo:

    —Cuánto tiempo Margarita, pensé que te habías pasado a la competencia.

    —Yo no, Irene; yo soy fiel a tus manos.

    —Gracias preciosa, ¿qué te quieres hacer hoy? —dijo con aparente normalidad, intentando ocultar su excitación por verme.

    —Empieza por lavarme la cabeza y ya vamos viendo.

    Al levantarme esa mañana me había dado un baño y me había lavado la cabeza, pero quería sentir sus manos, suaves y finas. Mientras me lavaba la cabeza volvió a contarme lo poco que ganaba su marido (que pesada con eso) y el daño que le estaba haciendo a su peluquería la que habían abierto al lado… Mientras repetía, sus ya sabidas penas, casi me quedo dormida sintiendo sus dedos deslizarse por entre mi larga cabellera rizada y pelirroja, para acabar frotando mi cuero cabelludo. Me secó la cabeza y me preguntó:

    —Bueno qué quieres que te haga.

    —Córtame las puntas y ponme ese acondicionador para el pelo tan bueno que tienes.

    Mientras me cortaba el pelo le dije lo atractiva que me parecía ella, que su marido estaría contento. Me contó que su marido está melancólico al no estar contento con su trabajo y, su tristeza, le impedía tener suficientes ganas para…

    —¡Vamos Margarita!, como se dice entre amigas, ¡que estoy mal follada!, jajaja

    —Cómo eres, Irene, siempre bromeando con todo.

    Cuando terminó de cortarme las puntas me aplicó el acondicionador y me peinó con el secador. Pensaba yo en las pocas ganas de su marido, estando segura mientras ella me hablaba, que si tiene poca gana su marido sería un bajón y no cuánto ganaba.

    —Algo más guapa.

    —Me puedes hacer también las inglés.

    Se quedó parada casi un minuto, roja, roja como un tomate, pero con ojos de loba deseosa. Se recompuso y me habló:

    —Ya habrás visto que solo soy peluquera, que como mucho, depilo el bigotito y las patillas a las que me lo piden, no soy esteticista.

    —Pero, ¿puedes hacer una excepción conmigo?

    —La verdad es que me da un poco de vergüenza, pero, como no hay nadie más en la peluquería, pondré el letrero de (vuelvo en cinco minutos) y pasas a mi casa y te lo hago; quiero decir que te lo arreglo preciosa; porque aquí en la butaca, de cara al escaparate, como que no jajaja.

    La peluquería, en el frontal tiene un escaparate que da a la calle y, al fondo de la misma, una puerta que da al resto de la vivienda, una vivienda pequeña.

    —Margarita, yo no tengo camilla de esas de depilar, si no te parece mal, pongo una toalla sobre mi cama y lo hacemos ahí, vamos que te lo arreglo ahí.

    Irene estaba muy nerviosa y a mí me temblaba el pulso deseando enseñárselo y que me lo tocara por primera vez.

    Su dormitorio era muy acogedor, su cama muy grande. Ella puso una toalla sobre la cama y me preguntó:

    —Margarita, preciosa, yo no tengo tangas de esos desechables, tendrás que remangarte las braguitas hacia el centro. Otra cosa, ¿te lo arreglo con cera o con maquinilla?

    —Tú, ¿cómo te lo arreglas?

    —Yo me lo arreglo con la maquinilla de afeitar de mi marido.

    —Pues cógesela y me lo arreglas igual. Las bragas, en vez de remangármelas, me las quito, que valen caras.

    —Como quieras, si no te da vergüenza quitártelas. Voy a por las cosas, ponte cómoda guapa.

    Irene salió de la habitación con expresión de entusiasmo disimulado. Al salir ella yo me bajé las bragas y las dejé bien extendidas sobre la almohada burdeos de la cama. Mis bragas blancas, de encajes casi transparentes, resplandecían sobre la almohada como un trofeo. Me tumbé sobre la toalla, que estaba extendida a los pies de la cama y, separé mucho las piernas con las rodillas algo flexionadas. Me dejé puesta la minifalda blanca, es muy cortita y no estorbaba para «el tema»; pero si daba un toque sexi posar para Irene con las piernas abiertas, las bragas quitadas y la minifalda remangada rodeándome.

    Al volver Irene con los avíos en las manos y verme de esa guisa abrió la boca con expresión de sorpresa sincera.

    Mi sexo: un bollo gordote sin ser exagerado tampoco, poco vello; en los labios mayores solo pelusa pelirroja, que nunca llega a crecer. En el pubis una línea de pelitos pelirrojos, flanqueada por el vello que empezaba a crecer de nuevo. Hacia una semana desde que me lo afeité la última vez. En el centro de mi sexo mis labios menores, expuestos, simétricos y de un tono tan rosado como las flores.

    A mí no me suelen arreglar el conejo, pero al ver la peluquería vacía mi mente maquinó que me lo tocara Irene y estaba a punto de conseguirlo. Me temblaban los muslos un poco por la excitación.

    Irene se remangó la blusa celeste, cogió una zafa pequeña y, con la brocha de afeitar de su marido, me aplico agua caliente en el pubis. Sin darse cuenta, entusiasmada, se chupaba los labios continuamente mientras me pasaba la brochita. Un hilo de agua se deslizó flanqueando mi bollo por la derecha y aterrizando en mi ano, me gustó, le dije:

    —Que calentita está Irene.

    Irene no contestó, ella seguía dándome agua con ganas. Después paseó la brocha por una barrita de jabón de afeitar haciendo espuma. Me enjabonó todo el pubis con la brocha, me dio jabón de más… le dije:

    —Irene, dame también en el bollito, que quiero que me lo afeites también.

    —Pero si ahí solo tienes pelusilla roja, y te queda tan bien; bueno como quieras.

    Paseó la brocha a ambos lados de mi sexo, dándome con energía y moviendo a su antojo los labios mayores de mi coño pelirrojo (que gustazo). Soltó la brocha y cogió la maquinilla desechable, le pregunté:

    —¿Esta usada?

    —No, está por estrenar, no quería llenarte el chocho con las pelitos de mi marido, jajaja

    —Jajajaj, no me hubiera importado, si solo fuera por eso.

    Posó su mano, muy caliente, sobre mi pubis, plana; apuntando sus dedos a mis pechos y apretándola contra la línea de pelos del centro, (a modo de regla). Me dio pasadas firmes con la cuchilla a los lados, desde el centro hacia los lados, primero a un lado y luego al otro. Irene seguía chupándose los labios, ¡qué digo chupar!, se los mordía y su lengua salía y entraba de su boca a la vez que me afeitaba…

    —Margarita, es la primera vez que le arreglo el chocho a otra mujer.

    —Me alegra ser tu primera liebre.

    Mientras seguía rasurando mi monte de venus, la muñeca de su mano permanecía aplastada sobre mi raja, la cual estaba cada vez más húmeda. Después del pubis siguió con mis labios mayores y, para hacerlo bien, no tenía más remedio que cogerme el coño con los dedos para estirarlo a un lado y al otro… ufff que gustazo. Cuando acabó me limpió con una esponja empapada en agua caliente, luego me secó muy bien; restregándome con ganas. De la frente de Irene caían gotas de sudor y sus ojos estaban tan abiertos como los de una gata asustada. Le pregunté con dulzura:

    —Irene, ¿te gusta mi chochito?

    —Mucho jovencita, es precioso tan clarito y con esos pliegues rosaditos, dan ganas de comérselo.

    —¿Tú te has comido alguna vez un chocho?, Irene.

    —Nunca, Margarita, yo estoy casada y me gustan los hombres, no es que me de asco, creo, pero supongo que no es lo mío.

    —A mí también me gustan los hombres, ¿te gustaría comérmelo un poquito Irene?, no se lo diré a nadie, yo estoy deseándolo.

    —No sé Margarita, estoy confundida.

    —No se enterara nadie, solo un beso en el centro.

    —Pero te daré solo un beso; ¿vale?

    —Vale Irene, dámelo ya, que estoy hirviendo por ti.

    —Cómo eres Margarita, ¡Qué vergüenza!, cómo me has convencido bribona.

    Allí estaba yo ayer, con veinticuatro años, a punto de recibir un beso en mi coño, de una mujer cuarentona y casada y, además, ¡mi peluquera de toda la vida!

    Todo estaba en silencio, alcé mi cuello para verla «aterrizar» en mí. Irene, desde los pies de la cama, acercó su cabeza a mi sexo y me estampó un pequeño beso en el centro de la raja. Cerró los ojos y comenzó a darme lametones en mi coñito, de abajo a arriba; metiéndome toda la lengua en la vagina, ¡me quería morir de gusto!, como restregaba su cabellera castaña contra mis muslos. Se separó, me miró a los ojos y comenzó a pasar la punta de su lengua por todo mi sexo, mirándome a los ojos y al coño alternativamente con cara de felicidad… lo intenté, pero no pude más. Me corrí, con una contracción salvaje, tan intensa que, ¡mi flujo salió como un chorro!, tan intenso que se estampó en la cara de Irene. Ella apretó los labios y se limpió el ojo derecho; me susurró:

    —A sido sin querer, no me conformé con un beso Margarita y te he provocado esto.

    ¡La pobre!, que inocente tan mayor.

    —Irene, no me digas que fue sin querer, ¡dime que fue queriendo! Ahora me toca a mí.

    —Como.

    —Comiendo, ¡pues comiéndote yo a ti el coño!, Irene.

    —Te apetece, Margarita; mi cuerpo no es tan joven como el tuyo, aunque estoy deseando tener un orgasmo junto a ti.

    —Pues que sepas que me gustan mucho las maduras como tú, saben hacerlo con más cariño que las de mi edad. Bájate las bragas y túmbate tú ahora en la cama.

    Se bajó las bragas, se quitó toda la ropa y el sujetador también. Con la misma esponja con la que me había lavado se lavó también su sexo. Yo me desnude igual que ella, del todo; la minifalda la había manchado con mi flujo vaginal. Sus pechos grandes y sus pezones gordos y oscuros contrastaban con mis pechos, también grandes, pero claritos y de pezones rosados. Habló ella:

    —Margarita, habrá gente en la puerta esperando, puse cinco minutos.

    —Pues mañana les dices que se complicó la cosa, ¡no!

    —Pues sí, ¡qué coño!

    Se tendió en la cama y le chupé los pezones como si fueran bombones; le mordí un pezón y después metí mi cara entre sus muslos morenos, poco caídos para su edad. Bajé hasta su sexo, menos grueso que el mío pero más alargado, sin afeitar, pero recortado, piel recia en sus labios externos y algo oscura en el interior, como una perla negra.

    De medio lado le mordí el bollo entero, me llené de ella, necesitaba hacerla gemir. Succioné sus labios como si me los tragara, dio gritos de placer y se corrió, solo sentí más calor en mi boca. Nos quedamos unos minutos juntas en la cama, yo posé mi cabellera pelirroja en su pecho izquierdo y ella me preguntó:

    —¿Lo haremos más veces?

    —Si tú quieres, no lo dudes Irene.

    Me fui a mi casa sintiéndome bien por lo mucho que me había gustado, pero mal por haber despertado su lado oculto por decisión mía, no de ella; pero el deseo manda en mí.

    Hoy tenía que contarlo, mi facilidad para seducir me está haciendo vivir un mar de placeres y experiencias; besos de Margaryt.

    (C) {Margaryt}

  • Con mi suegra todo es felicidad (Parte II)

    Con mi suegra todo es felicidad (Parte II)

    Hoy les traigo la segunda parte de mi relación con Karla, mi suegra, la hembra más exquisita que en toda mi vida he probado.

    La vez pasada les conté el primer encuentro que tuve con Karla y es que yo mismo aún no dejo de pensar en eso, basta con ver mis piernas todas marcadas con sus uñas, ahora les contaré lo qué pasó este fin de semana donde acordamos ir a un hotel a desquitarnos con las ganas que nos dejamos en la ducha aquella que fue nuestra primera vez…

    Era viernes y me tocaba estar en casa, Karla se alistaba para cocinar, traía un jean ceñido de esos que al solo verlos te paran el pene y lo mojan en segundos ¡por Dios que figura tan bien delineada! Pero lo más exquisito era esa blusa con un escote que casi dejaba ver sus exquisitos y enormes pezones, me dijo: «ya es fin de semana y tu prometiste algo». Le dije: «y cumpliré… ya compré lo que te dije y me gustaría que te lo pruebes, estoy seguro que te verás espectacular», ella sonrió. Me dijo: «cómo haremos?», respondí: «dile a mi esposa que tienes que salir a tomar un café a casa de alguna amiga», te vas directo al moll del Río, ahí te recogeré en el carro y nos vamos a un lugar que reservaré para los dos». Ella accedió y quedamos en eso.

    Eran las 4pm y salí con el carro a recogerla al moll, ella traía una falda azul que delineaban las pantorrillas que ya alucinaba en mis hombros, su blusa blanca con ese escote que te vuelve estúpido al simple movimiento de su andar. Subió al carro y arrancamos, al llegar al hotel mi pené estaba más duro que nunca, su falda se había subido en el traslado y dejaba a luz sus bellas piernas que está ves morderé a más no poder…!!!

    Entre a la recepción, pedí la llave de la reserva y un vino, al llegar al tercer nivel subiendo las escaleras disfrute de mirar y acariciar el culo más rico que en mi vida he tocado. Entramos a la habitación y ella encendió la luz: una cama con su ramo de rosas, pétalos en todo el suelo, un peluche pequeño pero muy simpático, la habitación iluminada por velas aromáticas y las cuatro paredes revestidas con espejos. Lo mejor era una cajita en medio de la cama, que llevaba un rosón y su nombre: «Para mi Reina Karla». Ella sonrió y lloro: «Jamás pensé que alguien haría esto para mi», le dije: «y aún hay más, abre este regalo», abrió el regalo y en ella habían dos pantimedias de tejido muy fino y color negro, un portaligas con encaje perfecto, un hilo muy muy chico (el más rico que encontré), su brasier y unos tacos tipo 10 de los más sensuales y finos. Me costó un ojo de la cara, pero valía la pena, esta no es cualquier hembra…!!!

    Abrió la caja y quedó embobada ante mi regalo, las copas esperaban en la mesa, le dije: «ponte tu regalo, quiero ver bella a mi Reina», sonrió, me beso con una deliciosa caricia de su lengua a la mía y se fue al vestidor. Mientras ella esperaba yo me alistaba sacándome la ropa y poniéndome una tanga tipo striptease negra con un jean y una camisa vaquera entre abierta con un sombrero y unas cadenas de las mejores que encontré, esto era parte de la segunda sorpresa.

    Al salir del vestidor vi la mujercita más exquisita del mundo, mis ojos jamás vieron tremendo cuerpo tan exquisitamente, con olor a hembra de verdad y con la lencería más rica y espectacular que jamás vi, sus enormes tacos estilizaban sus ya deliciosas nalgas y sus maravillosas piernas, sus senos libres una maravilla total. Mi pene estaba a punto de reventar. Me sonrió y me dijo: «Ahora me toca a mí darte tu regalo». Solo acoté: «aún no mi vida, tengo otro regalo más para ti mi Reina», la invite a sentarse en la silla al frente de la cama, prendí las lámparas y abrí el vino, llené dos copas y la invité a brindar por esta noche: «la que juro nunca olvidaras».

    Bebimos el vino y me acerqué a robarle un beso, el sabor de ese vino helado y su lengua trenzada a la mía además de su cabello enredado a mi mano izquierda despertaron más mis ganas de poseer a esa delicia de mujer ya… pero me dije a mi mismo: «tranquilo Adrián, aún falta lo mejor»… Le dije: «Ojalá te guste lo que te prepare…», ella sonreía desbordante de alegría y lujuria… y así empecé:

    Prendí la música a un buen volumen, empecé a bailarle a Karla, empecé a desvestirme y al momento de quedar solo con la tanga mi suegra estaba con un dedo entre sus labios que no dejaba de saborear, mi pene totalmente parado mantenía la tanga a punto de romperse, me acerqué hacia ella y me baje la trusa, coloqué mi pene en su boca y ella empezó a succionar como loca…

    Jamás vi tanta desesperación al besarme el pene, más parecía que se lo quería comer todo. La verdad yo ya quería venirme pero me dije a mi mismo: aún no Adrián!!! Ella seguía besando mi pene, serví otra copa más de vino y mientras ella besaba mi pene rocié vino sobre él y Karla empezó a morderlo con mucha pasión.

    Ya no aguante y la puse de pie, me agache y le saque la tanga con mi lengua, su conchita estaba totalmente depilada, muy mojada y sus labios totalmente abiertos regalándome el sabor más exquisito que mi lengua ha sentido. Introduje mi lengua en su conchita y la chupe cómo si fuera el fin del mundo. Le eche vino y mi lujuria se encendió totalmente… no pare de chupársela hasta hacerla terminar en mi boca, me dijo «Ya no más», solo respondí: «recién empiezo mi amor».

    La levante con mis brazos y ella con las piernas abiertas abrazaba mi espalda, acomode mi pene a su exquisita conchita y empecé a embestirla con furia, no le daba tregua a descansar, jadeaba mucho, pero eso más me motivaba a no parar, me la estaba comiendo en el aire, Dios que rico cuerpo, mis manos la levantaban de las nalgas y me esforzaba porque entre hasta el último milímetro de mi pene en tan rica conchita…

    La dejé bajar y la recosté en la cama. La traje al filo y piernas al hombro metí mi pene como loco sin parar ni un solo segundo… Karla jadeaba y jadeaba, yo no la soltaba, esta vez mis manos descubrieron sus ricas tetas y las besé como loco sin dejar de penetrarla con fuerza. Ella exclamó: «no pares Adrián… Eres todo un animal». Le daba duro y sentí como se vino por tercera vez. Me dijo: «Ya no más, me vas a matar», respondí: «De eso se trata mi amor».

    Al tiro la puse en cuatro y para darle una pequeña tregua empecé a moverme lentamente, mi pene entraba y salía del lugar más maravilloso al que jamás entró. Sus enormes caderas se maximizaban en esta posición y yo las cogia con furia. Pasados unos minutos de la «tregua» que le di empecé a moverme como le gusta a mi mujer y vi que así también le gusta a su mamá. Que vista tan privilegiada: un culo muy grande y muy rico, que rica cinturita, unos senos bailando al compás de mis embestidas, en fin, todo un cuerpazo para mi solo. Karla me pedía descansar y le dije: «un minuto más», la embestí como un animal y mientras más gritaba más rápido y duro yo lo hacía…

    Esta hembra no podía más y se vino otra vez más, estaba mojada hasta las rodillas. Ella me pregunto: «Te vas a vaciar?» y esa pregunta me desequilibro totalmente y entonces me dije: «Ahora si Adrián». Metía y sacaba mi pene exquisitamente y de pronto me vine y mi semen salió disparado en la conchita de tan tremenda mujer, la llene de leche, rebalsaba mi semen en su concha y cuando termine de vaciarme hice algo que jamás había hecho: la recosté en la cama y le chupe la concha…

    El sabor de mi semen mezclado con su conchita lo recogí en mi boca, me acerqué a su boca y ahí lo puse, estire mi lengua y la enrede con la suya, Dios, qué tal sabor. Le encantó y a mí también. La abracé y me dijo: «Jamás había terminado como hoy lo hiciste tú… te estoy empezando a querer y no quiero que me dejes ahora». Le dije: «Nunca te dejaré mi amor… también te empiezo a querer y sabes, aún tengo más para ti».

    Sonrió y se recostó en cucharita para mi, la abrace y decidí que era buen momento para dormir. Creo que me estoy enamorando de mi suegra, pero eso será algo que contaré la próxima vez…

    Karla estaba feliz, y yo más feliz, me saque la lotería con esta hembra y mi semen solo es para ella, pero eso es algo que otro día les contaré…

    Espero les haya gustado, saludos desde Arequipa, Perú!!!

  • Cartas homoeróticas (VII): De Mikel a Janpaul

    Cartas homoeróticas (VII): De Mikel a Janpaul

    Querido Janpaul:

    Sigues contándome cosas que recuerdo al hilo de tu narración y a ratos me caliento y por momentos me río a carcajada abierta, como ayer que me sorprendí a mí mismo leyendo tu última carta por cuarta vez y agarrándome de mis pelotas, ¿que yo podía parar? Tenía un ataque de risa tan fuerte que me eché un pedo y al tirarme hacia atrás dobla mi silla y suerte que me caí encima de los pies de la cama, pero la silla se fue rodando por todo el parquet hasta dar con la puerta, ¡menudo estruendo! Tanto fue así que mi madre llamó a mi puerta, no pude contestarle y entró, pillándome en pelotas, con los hombros sobre la cama y el resto de mi cuerpo estirado sobre el suelo, me di con todo el culo en el piso. Me vio, se asustó de mi caída, vino a recogerme y me vio lo empalmado que estaba y me preguntó si podía levantarme. Solo de pensar qué le iba a decir, mi erección creció y creció hasta ponerse en vertical pegada a mi ombligo. Se salió.

    Cuando llegué al salón me dijo: «Ya estabas leyendo las cartas de Janpaul». Le contesté: ¿Tú que piensas? Me dijo: «Que sois dos pájaros de mucho cuidado, y a mí no puedes engañarme, lo amas ¿verdad?» No me salían las palabras, con la cabeza le dije que sí. Entonces escuché: «Cuando acabes el semestre te vas a Madrid». Me volví y estaba hablando mi Padre desde la puerta del salón. Me abracé a él y tuvo que venir mi madre a separarnos, diciendo que ella también tenía derecho a un abrazo y un beso. Mi padre, fíjate bien, mi padre bendiciendo lo nuestro, y yo pensando que era un homófobo de los cojones. Gracias, he de decirlo, esto es por estar sacando mejores calificaciones ahora; ahora sí que estoy lleno de paz contigo dentro de mi corazón. Pienso que es eso lo que ha convencido a mi padre.

    Al hilo de escribir esta carta con mi puñetera letra, se me ocurre pensar si sería mejor hacerlo por correo electrónico, pero también pienso que tú no quieres para que tengamos más próximo el contacto y es cierto porque cuando recibo tu carta la beso mil veces, me la paso por el corazón y por… mis huevos como si fueras tú. ¡Cuánto he perdido no queriéndote contestar! No sabes lo que me arrepiento de todo eso.

    Me he calentado y como lo sabía tenía ya preparado mi papel cartulina de color de rosa. Me acabo de masturbar sobre él y lo voy a doblar te lo mandaré en la carta ya seco para que no ensucie el resto, me alegraré no sabes cuánto si tú me mandas tu esperma, lo voy a conservar como mi frasco de perfume para olerlo en días de fiesta.

    No vayas a pensar que me ha salido, es preparado y lo voy a hacer más veces para tu solaz, placer y disfrute, pero te mandaré más, pues no tiene sentido que en tanto tiempo no tengamos placeres nuestros.

    También te he preparado para otra carta otras sorpresas, permíteme que lo llame así.

    El otro día hubo una fiesta de tipo vecinal, ellos decía fiesta de familias, motivo por el cual acudí, pero me dijo mi madre que fuera con mucho cuidado que las mujeres de ahora son muy atrevidas. Lo entendí a medias y no sabía hasta dónde eran todos de atrevidos. Me pareció que negarme de entrada era como un insulto, pero yo no hice ni el mínimo caso.

    El asunto es que ya a medianoche comenzó la fiesta de adultos y una muchacha que yo no conocía entabló conversación conmigo y me animó a ir a su dúplex que era adecuado. Laurraine, la hija de los anfitriones, me tomó del brazo y me llevó por el pasillo a lo que vino a ser su dormitorio o habitación de su puterío. La seguí, pues me llevaba amarrado. Me hizo desnudarme y tampoco me parecía importarle tanto hasta que se desvistió quedándose hermosamente desnuda; no me atrajo, pero por un momento me pareció un ángel. Se me acercó y quería abrazarme. No me dejé, pero parecía tener más fuerza que yo, así que me rendí y me dejé abrazar y besar, pero mi cabeza estaba fuera de eso, me hizo agachar para que lamiera o besara su coño y, ¡joder!, me dio lástima la puta hembra y recogí mi ropa para salirme, en eso que venía mi madre, me vio muy enfadado y me ayudó a vestirme para que me fuera a casa. Ella se vino enseguida también, solo mi padre se quedó para quedar bien con ellos.

    No pude, no pude hacer nada, no puedo hacer nada, te necesito tanto…

    A los dos días, me encontré en el buzón un sobre y dentro un papel que decía «PUTO MARICÓN DE MIERDA». ¿Sabes qué? No me he sentido agraviado, sino fiel a ti y es eso lo que de verdad me alegra. Lo peor vino después. Se me olvidó el papel en la mesa del salón y lo vio mi padre. Llamó al padre de la chica y a la chica en la Comisaría y ante al Comisario Álvarez, amigo de mi padre desde la niñez, le dijo a la niña que prefería «un puto maricón de mierda que una mierda puta como tú» y a su padre le dijo: «cuida de tu hija si no quieres que duerma cada noche con un chico y tener un nieto prematuro y sin padre».

    Lo que más me alegra es que mis padres estén a favor de mi relación contigo que otra cosa. Si estuvieras aquí en carne y hueso te besaría todo tu cuerpo pulgada a pulgada, deteniéndome en esos lugares que sólo yo conozco que te gusta más y te da mayor placer.

    De nuevo quiero reiterarte que te quiero y deseo verte pronto,

    tuyo siempre,

    Mikel

  • Carolina, el portero y Doña Margot

    Carolina, el portero y Doña Margot

    Carolina, nuevamente enfundada en su viejo uniforme colegial, recorría esa calle de un barrio que no conocía bien. Para ella la ‘aventura’ era ir por lugares poco conocidos vestida de colegiala, pensando en encontrar algún señor mayor, esos que tanto le gustaban.

    Solo el hecho de vestirse de esa manera la excitaba, su pollera le quedaba bastante corta y la hacía lucir sus piernas, se había puesto cortas medias blancas haciendo juego con una blusa blanca y su corbatita de colegio que hacia juego con la pollera eran todo su atuendo. Su largo cabello castaño y su carita aniñada la hacen parecer bastante menor a su verdadera edad de 19 años.

    Había tomado un colectivo y se había bajado cerca del centro, en una zona de edificios y oficinas, donde no parecía haber muchos transeúntes. Al pasar por un edificio vio que en la puerta había dos personas, un hombre y una mujer charlaban, El hombre parecía por su uniforme el portero y la mujer también mayor estaban entretenidos hablando hasta que al pasar Carolina el hombre la miro con detenimiento, lo que hizo girar a la mujer que también abrió grande sus ojos contemplando la juvenil belleza de la chica.

    Carolina sintió las miradas de los dos, percibió como la miraban recorriendo todo su cuerpo sin disimulo y se empezó a excitar mientras seguía caminando. Luego de unos cuantos pasos sintió la voz de la mujer diciendo «que preciosura de nena», sin volverse siguió su camino sintiendo como un fuego en su interior, sabía que la miraban, que la escrutaban mientras caminaba y que los ojos de esos dos estaban clavados en sus piernas.

    Mientras la chica se alejaba, la mujer le dijo al hombre «Vio Don Lito lo buena que estaba esa pendejita, a esa edad ya son unas vampiresas! que ricura!» a lo que Don Lito le contesto «Si doña Margot, esa nenita de colegio esta buenísima, parece más grande pero esta para hacerle de todo» dijo no pudiendo reprimir su calentura. Hacía tiempo que Don Lito sospechaba que a Doña Margot le gustaban las mujeres, más específicamente las pendejas, porque la había visto en varias ocasiones darse vuelta al paso de alguna chica. Es de las mías, pensó Don Lito, al que también le volvían loco las chicas jóvenes.

    Carolina, llego a la esquina pero todavía sentía la excitación por la manera lujuriosa que la habían mirado esos dos «viejitos» y sin pensarlo mucho volvió sobre sus pasos, decidida a inventar algo y entrar en conversación con esos dos, quizás algo ocurriera pensaba y sintió claramente cómo se mojaba su tanguita. Llego hasta donde estaban todavía conversando la pareja y se dirigió decididamente a la mujer: «Señora estoy buscando la casa de una compañera del cole pero no sé dónde es la calle».

    La asombrada mujer volvió a extasiarse mirando a la chica y le dijo «Y donde vive tu amiga?» Carolina invento un nombre «Creo que la calle es Sarmiento pero no estoy segura», la mujer dijo «No conozco esa calle, y usted Don Lito?» el portero estaba ocupado viéndole las piernas a Carolina y dijo apresuradamente que no conocía esa calle. «Bueno voy a seguir buscando» dijo la chica y empezó a retirarse. Doña Margot reacciono rápidamente y le dijo al portero «No tiene un mapa Don Lito así le podemos decir a esta nena donde es la calle».

    El viejo portero también reacciono rápido y dijo «Si adentro en mi pieza tengo un mapa, vamos y nos fijamos donde es esa calle» mientras intercambiaba miradas con la mujer. Doña Margot dijo, si vamos y tomo a Carolina de la cintura mientras seguía diciendo «así podes ir a lo de tu amiga».

    Carolina se dio cuenta de la idea de los viejitos y se excito aún más, la mujer la llevaba de la cintura, el viejo portero iba adelante, entraron al edificio y bajaron por una escalera al subsuelo donde tenía la vivienda el portero. Don Lito se dio cuenta que estaba teniendo una erección, mientras abría la puerta y todos entraban. “Creo que tengo un mapa en el cuarto» y se dirigió a la pieza seguido por Doña Margot que seguía teniendo a Carolina de la cintura.

    La joven se dejaba llevar, el portero se puso a rebuscar entre los cajones de una cómoda mientras la mujer guiaba a la chica hacia la cama, único mobiliario en ese cuarto. Vení, sentarte aquí mientras Don Lito busca el mapa, dijo la mujer, a lo que la joven obedeció. Al sentarse la pollerita de Carolina se subió mostrando casi todas sus piernas desnudas, la mujer se sentó a su lado sin dejar de mirar esos sensuales muslos. Le dijo «no te preocupes que Don Lito va a encontrar ese mapa» mientras se acercaba más a la chica y su mano seguía tomándola de la cintura. No me preocupo dijo la chica y su voz le sonó rara por la excitación, veía como el viejo sin disimulo la miraba mientras hacía que buscaba algo en los cajones. Doña Margot, sin poder aguantar más dijo «Y que linda que sos nenita, mira que lindas piernas tenés» y alargo una mano acariciándole un muslo. Carolina no dijo nada, la mano de la mujer subía y bajaba por su muslo, la cara de la vieja mujer se había transformado y ahora tenía una mueca de lujuria.

    Mira que lindas piernas tiene, Don Lito dijo manoseando sin pausas la suave piel de las piernas de Carolina, El viejo verde, ya no podía aguantarse más y se sentó al lado de la chica y se puso a acariciarle la otra pierna, jadeando de calentura. La mujer inclino su cabeza hacia la joven y empezó a lamerle el cuello, Carolina gimió al sentir los lengüetazos en su cuello y los incesantes manoseos en sus piernas. La mujer le busco la boca y la chica entreabrió sus labios para recibir la lengua de la mujer. Intercambiaron besos y lenguas mientras la mano de la vieja buscaba la entrepierna de Carolina.

    La chica se dejaba hacer gozando de los chuponeos y caricias de esos dos calientes viejos. La mano de la mujer se abrió paso entre las piernas de la chica y se paseaba por encima de la tanga, se dio cuenta de lo mojada que estaba y le dijo, susurrando al oído «nena tu conchita es un almíbar, te lo voy a chupar todo» y le metió la lengua en la oreja, produciendo un escalofrió de placer. A esta altura Carolina gemía y suspiraba, el viejo verde estaba como loco y se había puesto a desabotonarle la blusa y se la saco a los tirones.

    Las dos manos se apoderaron de los redondos y duros pechos de la chica, apretándolos con fuerza un buen rato, le toco los pezones duros y empezó a chupárselos, alternando su chupeteo con apretones en el pecho que quedaba libre. De a poco, mientras seguía lamiéndole la cara la mujer fue posicionando a Carolina en la cama, la chica queda boca arriba para que el viejo se hiciera una fiesta con sus tetas, lamiéndolas y apretándolas. A todo esto la mujer solo deseaba una cosa, se puso sobre las piernas de Carolina, se las abrió lo más que pudo llevándole su pollerita hasta la cintura y hundió su cabeza en la mojada conchita, chupándola por arriba de la tanga y luego apartándola para empezar con lamidos formidables a comerse ese exquisito y jugoso manjar. Carolina empezó a tener orgasmos mientras era doblemente estimulada, por el viejo comiéndole los pechos y por la mujer haciéndole una .terrible chupada de concha. Sintió que le metía los dedos mientras la chupaba y entonces un orgasmo incontenible hizo que se arqueara en la gema, suspirando de placer.

    La vieja continuaba chupando esa deliciosa concha con audibles chupeteos. El viejo tenía una erección que ya no aguantaba, lamia y apretaba los pechos de la chica y veía como la mujer la chupaba y quería cogerla de una vez. Se incorporó diciendo déjamela a mí un poco, la vieja se apartó para que el afiebrado viejo tomara a la chica por la cintura y la girara en la cama haciéndola quedar boca abajo. Carolina se dio cuenta que el viejo la iba a coger, las manos del viejo la elevaron de las caderas y sosteniéndola con una mano llevo su duro pene hasta la mojada concha de la chica. Empujo apenas y su verga se clavó casi enteramente, volvió a empujar y ahora ya la tenía totalmente clavada, empezó a bombear como loco, el placer que sentía era enorme, su verga entraba y salía de esa conchita mojada y lamida hasta que sintió venir su eyaculación y en medio de una embestida acabo dentro de la chica.

    Siguió cogiéndola hasta que su verga perdió la rigidez y luego se hizo a un costado. Carolina se tumbó en la cama pero todavía la mujer no había terminado. Nuevamente se puso entre las piernas de Carolina y recomenzó una chupada monumental, ahora desde la concha al culo de la chica, iba y volvía chupando con frenesí, le metió un dedo en el culo a lo que Carolina se estremeció mientras las lamidas parecían interminables, de repente sintió llegar un estremecedor orgasmo y se arqueo gimiendo de placer.

    Luego de un buen rato, los dos viejos llevaron al baño a Carolina, la dejaron que se limpiara y vistiera y luego la acompañaron a la salida, diciéndole «Cuando quieras venir de nuevo, aquí vamos a estar» después de lo cual se marchó. En el camino de vuelta Carolina pensaba que siempre que se había puesto su uniforme colegial había tenido buen sexo. Pensaba seguir haciéndolo.

  • Nuestra amiga argentina de vacaciones 2016

    Nuestra amiga argentina de vacaciones 2016

    Voy a tener bastante para contar y como digo siempre son cosas que las puedo contar solo por acá.

    Para que me entiendan, yo me vine el 30 -de diciembre de 2015- a la costa, y hasta ahora me porte re bien, solo estuve con mi novio, y nada más, pero con Pau ‘mi amigovia’ siempre hablo de ella, nos mandamos whatsapp todo el tiempo hasta que la convencí para que viniera aunque sea un par de días, total la casa que alquilo mi viejo es re grande y en mi cuarto hay dos camas, hasta que me dijo que sí, porque quería verme, estar conmigo y yo con ella, aunque iba a ser difícil, porque no estamos solas en la casa.

    Ayer vino, habrá llegado a eso de las 13 h., mis viejos ya se habían ido a la playa, pero yo me quede esperándola, obvio llegó, nos matamos con un beso, fuimos a mi cuarto, dejo el bolso, nos tiramos en la cama, las dos estábamos con shortcitos, nos empezamos a besar, hasta quedar las dos desnudas e hicimos lo de siempre, nos matamos a besos, nos sentimos la piel, nos metimos los dedos, hasta que terminamos acabando un par de veces (pero en esto no me quiero detener, porque ya conté más de una vez como cogemos las dos, si no se va hacer muy largo y hay cosas mejores que les quiero contar).

    A eso de las 15 h., nos vamos a la playa, mis viejos ya la conocían a Pau (porque es una compañera de la facultad), nada, nos quedamos boludeando en la carpa, le pregunto si quiere tomar un jugo me dice que si, y vamos a buscarlo.

    Aclaro algo, el pibe que atiende en la barra de jugos en un pibe de mi edad pero con rastras, todo tatuado, que vive en un balneario que está al lado (re cerca) y el año pasado me termino cogiendo varias veces, no sé. Pero esa onda nunca la había hecho y me calentó, él vive con unos amigos y fueron casi orgias (y otras cosas que no quiero contar en este post). Y este año, yo desde que llegué, me hice medio la difícil dándole poca bola, pero vacilándole a la vez. ¿Me explico? me daba cuenta que se moría por cogerme.

    Bueno la cosa es que vamos con Pau, a buscar los jugos, y le dije lo mismo que una vez el año pasado: “yo quiero una de banana con leche, pero sabés que me gusta con mucha leche”, mirándolo con cara bien ¡de trola! Pau, se pidió otro licuado y nos fuimos a la carpa.

    Todo eso lo hice, porque ya tenía pensado el plan para la noche, que no sabía si me iba a salir o no, pero no quería dejar de intentarlo (el plan era hacer un trio con el chico este y que se la cogiera a Pau delante de mí).

    La cosa es que al rato, no sé cuánto tiempo habrá pasado, me voy a la barra y hablo algo así, yo ya estaba re jugada, y aparte, me podía jugar, porque el tatuado sabía que no iba a contar nada a nadie lo que hablamos (ahí van amigos míos a pedir jugos), les cuento, de lo que me acuerdo lo más importante que hablamos.

    Yo: hola, te gusto mi amiga.

    Tatuado: si, no es tan linda como vos, pero si tiene un muy buen cuerpo jeje

    Yo: ¿seguís viviendo en el mismo lugar? (Yo como les dije ya re jugada).

    Tatuado: si linda, ¿quieren venir?

    Yo: ¿y podría ser?, no estaría mal ¿O no?

    Tatuado: dale, vengan, las espero.

    Yo: bueno que se yo déjame que la convenza a Pau.

    Vuelvo a la carpa, nos vamos a caminar Pau y yo, y la turra seguía re caliente, me quería agarrar de la mano, le digo que ¡no! Que acá nos conocen todos, y le empiezo hacer la cabeza diciéndole que a la noche el tatuado nos invitó a su casa, que lo íbamos a pasar re bien, y esto y lo otro.

    Ella lo dudo, me decía que se había venido a Cariló para estar conmigo, entonces le digo: ”okis, yo también quiero estar con vos, pero tienen que estar todos dormidos, vamos a lo del tatuado, que lo conozco, porque el año pasado ya fui (ahí me miro con cara medio extrañada, pero no me dijo nada) y cuando volvemos a casa ya van a estar todos dormidos”. Que si, que no, al final me dijo que si

    Bueno la cosa es que llegamos a casa y nos teníamos que portar solo como dos compañeras de la facultad, vamos a mi habitación (que tiene el baño en suite), pero obvio estando todos no nos íbamos a duchar juntas, se ducha ella, después yo, cenamos, todos juntos.

    Ahí me sentí rara, fue la primera vez que con Pau cenaba con mis viejos, y pensaba: ”si mis viejos supieran como cogemos juntas se mueren”, en la cena le dijimos que después de cenar nos íbamos a Valeria del Mar (que es el balneario re cerca donde vive el tatuado), a juntarnos con unas compañeras de la facultad que habían alquilado una casa y eran como seis o siete, y estaban todas en una casa, que a lo mejor si se hacía tarde nos quedábamos a dormir ahí. (Pau me miro con cara como diciendo, guacha donde me vas a llevar) jaja, pero mi plan estaba saliendo bien, aparte eso es lo mismo que le había dicho a mi novio.

    La cosa es que cenamos, y a eso de las 23 agarre la camioneta de mi vieja y nos fuimos a lo del tatuado, íbamos las dos casi igual, en la costa la ropa es distinta shortcitos, remeras y zapatillas.

    En el camino Pau, no me decía nada, pero me di cuenta que algo pensaba, pero yo no le preguntaba nada.

    Llegamos y estaba él con una amigo (que vive con él, no había nadie más), ni bien entramos, me parte la boca, mientras, me pasaba la mano por detrás de la espada para apoyarme bien la pija y me decía: “pendeja te estabas haciendo la difícil”, le respondo con un beso y dejo que me apoye, su mano ya estaba tocando mi cola, y lo separo (sé que estaba re caliente y re loca para vivir cosas con Pau que nunca había vivido).

    Les decía, lo separo y le digo: “tengo una sorpresa para vos” la agarro a Pau y le parto la boca jaja, y nos empezamos a matar con esos besos de lengua de labios, mientras él y su amigo nos miraban y mientras le beso a Pau le empiezo a meter la mano en la conchita y ella hace lo mismo ¡conmigo!

    El tatuado y su amigo se ponen detrás nuestro y nos empiezan a apoyar, a mi me empezó a meter su pierna bien entre las mías a tocarme la panza hasta llegar hasta mis tetas, que obviamente me entregue y me deje y lo disfrutaba.

    El amigo del tatuado (Juan) hace lo mismos con Pau, y yo para que se deje la besaba y la tocaba o sea la estábamos tocando entre los dos y vi cómo se estaba calentando, porque le desabroché su shortcito, le metí la mano en su hermosa conchita y ya la tenía toda mojada jeje

    Bueno la cosa es que los chicos de a poco nos empiezan a sacar la ropa hasta dejarnos en bolas a las dos (yo la verdad es que no sabía cómo iba a reaccionar Pau). Pero ya las dos desnudas y re calientes empezamos a besarnos a meternos los dedos en las conchitas, con las piernas bien abiertas, mientras yo al menos, sentía una pija bien parada atrás mío, hasta que terminamos acabando ¡las dos!

    Yo ya quería pija y la verdad, aunque no sé qué es, lo que quería Pau me importaba un carajo, el tatuado se sienta en un sofá y su amigo al dado y nos dicen: “VENGAN, HERMOSAS” yo no lo dude, fui y me puse encima de él clavándome su pija en mi conchita, a Pau no le quedó otra que hacer lo mismo, pero para calentarla más, cuando se la cogían, yo la besaba le tocaba, a ver para ser clara nos estaban cogiendo mientras nosotras nos seguíamos tocando y besando y Pau se empezó a calentar a saltar sobre esa pija con mis besos, mis manos tocándole las tetas, hasta que terminamos acabando los cuatro ¡casi al mismo tiempo!

    Nos quedamos los cuatro en ese sofá, en realidad era un sofá cama, un rato, en bolas, hasta que como siempre le pongo la mano en la pija del tatuado y se le empezó a parar. Agarro la mano de Pau y se la pongo en la pija de su amigo y también se le empezó a parar, yo se la empiezo a chupar al tatuado, la miro a Pau y no hacía nada, le digo: “nena hace lo mismo, pensa que es lo que hacemos entre nosotras” ahí los chicos ser pusieron ¡re locos!, Pau se la empieza a chupar también y a la guacha ¡le gustaba!, yo me daba cuenta porque siempre le ponía la mano en su conchita y estaba re mojada.

    Seguimos así, chupándoselas, hasta que los chicos nos piden que nos pongamos en cuatro en ese sofá, Pau, no sabía qué hacer, le digo: “seguime forra”, nos ponemos en cuatro y nos empiezan a acariciar, tocar las colas, yo ya gemía, me gustaba lo que me hacían sentir hasta que veo que Pau también empieza a gemir.

    Siento unos dedos traviesos que empiezan a meterse en la cola, ceo que a Pau le pasaba lo mismo, la beso, nos besamos mientras nos metían dedos en la cola, un dedo dos, hasta que empiezo a sentir que entra una pija, obvio la del tatuado, ahí deje de besarla a Pau, ¡y empieza a gozar sola!

    Dolor que se transformó en placer, y gemidos, hasta que me doy cuenta que Pau también empieza a gemir y a gozar, y nos estaban ¡ROMPIENDO EL CULO A LAS DOS! Ahí nos besamos de nuevo hasta que acabamos, como guachas y obvio los chicos también, era lógico, como no iban a acabar mientras nos hacían la cola mientras nosotras nos besábamos ¡y nos tocábamos!

    Ya no se cuánto tiempo había pasado, pero era bastante, con Pau, nos vamos al baño nos lavamos, volvemos a ese sofá cama, pero como ya se nos había pasado en parte la calentura nos pusimos las blusas que habíamos llevado, ¡nada más!

    Nos quedamos hablando boludeces, los chicos se habían puesto los calzoncillos, hasta que yo, como una boluda puta calentona, le meto la mano al tatuado y se le empieza a parar, se lo bajo, Pau hace lo mismo y le empezamos a chupar las pijas, pero fue re loco, porque con Pau nos turnábamos para chuparle la pija un poco a cada uno, hasta que nos terminaron llenando toda la cara y la boca ¡de leche!

    Bueno, ya llegaba la hora de irnos, eran como las 7 ¡de la mañana!

    (Lo que les cuento ahora fue una de las cosas que más me gustó, porque fue inesperado) Nos levantamos, para vestirnos, Pau me da un beso suave, yo le respondo con uno más fuerte, ella sube la apuesta y me empieza a meter la lengua, ¡a morder despacito los labios! Hasta que terminamos con esos besos en los que nos matamos, y las manos cada una las tenía debajo de la blusa de la otra tocándonos todas, y creo que lo que más nos calentó es que lo estábamos haciendo mientras los chicos, nos miraban, eso me daba una calentura y adrenalina especial.

    Nos terminamos sacando las blusas, Pau, me empieza a tocar la concha y a besar las tetas, y yo abriendo las piernas lo más posible, mientras gozaba las caricias de Pau y sus manos que ya tenían un dedo ¡en mi concha!

    Terminamos abrazadas en el sofá cama, acariciándonos, entrecruzarnos las piernas, sintiendo la piel que tenemos, hasta que nos fuimos dando vuelta y terminamos ¡en un 69! besándonos las conchas y ya a punto de acabar veo la pija del tatuado que se la empieza a meter en la concha a Pau, mientras yo le besaba y le acariciaba la pija, y el amigo del tatuado también me la empieza a meter a mí, y podía sentir como Pau también ¡le tocaba la pija!, hasta que no pasó nada de tiempo y con Pau terminamos acabando como guachas, nos quedó el cuerpo ¡temblando!

    A la vuelta Pau, no me dejaba de decir que yo era más puta de lo que ella pensaba, y yo le decía lo mismo: “que se hace la lesbiana, pero se la recogieron” y me encantó eso (que es lo que yo quería, siempre consigo lo que quiero).

    Bueno, la cosa es que a la hora que llegamos a casa, tipo 9 de la mañana no daba para hacer, nada, y estábamos ¡destruidas! y a lo mejor mis viejos se levantaban ¡en cualquier momento!

    La cosa es que yo a las 12 me despierto, veo que no hay nadie en casa, y la despierto a Pau ¡chupándole la conchita! obvio enseguida se despertó, y terminamos en un 69, y acabando las dos juntas, pero yo tampoco sabía si alguien iba a ir a casa, así, que hicimos algo rápido.

    Así, que nos fuimos con el cuatri a la playa, yo me metí en la carpa y dormí como tres horas ¡o más! Pau durmió algo, pero menos, volvimos temprano de la playa, estábamos cansadas las dos.

    Pau, me dijo que quería ir un rato a la casa de una amiga que también estaba en Cariló, así que mientras ella se fue, yo aprovecho para escribir esto.

    A la noche salimos con todo el grupo, así que espero que a la vuelta, hagamos algo, total con mi novio voy a tener tiempo de sobre para coger, estos dos o tres días se los voy a dedicar a ella.

    Sigo contando.

    Pau había ido a ver un rato a una amiga y llegó, se tiro un rato en la cama, se pego una ducha (mi dormitorio es en suite y tengo un hidromasaje), con lo cual estuvo un largo rato en el baño.

    La cosa es que salió del baño, tapada con una toalla, nos moríamos, por matarnos, pero en casa estaban ya todos y no daba, así que se viste, me ducho cenamos y a la noche nos vamos al centro de Cariló con todo el grupo (éramos como 15) a tomar algo.

    Yo lo besaba a mi novio y la miraba a ella, para que se calentara más, así paso la noche, obvio, mi novio medio embolado porque estaba con una amiga y no íbamos a ir a coger a los médanos como lo hacíamos siempre.

    La cosa es que llegamos a casa tipo tres de la mañana. Ahhh, yo como para algunas cosas soy muy pelotuda pero para otras no, siempre les dije a mis viejos que por miedo (que en realidad soy cagona de la inseguridad), mi cuarto a la noche lo iba a cerrar siempre con llave, pero en realidad, se los dije pensando en que podía venir Pau, y, obvio no quería que entrara nadie al cuarto si estaba con ella, ¿me explico?

    La cosa es que llegamos a casa, ya dormían todos, subimos a mi cuarto, cierro con llave, nos empezamos a matar con besos, yo estaba con una mini de jean, me empieza a meter la mano sobre la bombachita, después debajo, me la saca, me tira en la cama y me la empieza a chupar, a besar, me metía los dedos, y me acariciaba las tetas, yo ya tenía las piernas sobre sus hombros, para que pudiera meter su cabeza ¡en mi conchita! Empiezo a gemir, me tapa la boca y así, sin poder gritar terminó ¡acabando!

    Ya estábamos las dos en bolas, y le hablo lo de ayer y me dice que sí, que de vez en cuando algún chico se coge, cosa que con lo que vi ayer me daba cuenta, pero también me dice que en realidad le gustan más ¡las mujeres!

    Nos quedamos en la cama, las dos desnudas, acariciándonos, besándonos, tocándonos, y la verdad que después de la noche anterior que habíamos vivido estábamos muertas, apoye mi cabeza sobre su panza como para dormirme, pero no pude, hubo algo que fue ¡más fuerte que yo! Y empecé a jugar con su conchita, toda depiladita, al principio suave, hasta que Pau se empezó a calentar, ya sus piernas se movían solas y sus suspiros ¡hablaban por ella!, me acomode en cuatro y le devolví el favor, metiéndole la lengua bien en su concha y después los dedos, hasta que también termino acabando.

    Después de eso, otra vez nos acostamos juntitas, en bolas, estábamos muertas, la noche anterior ¡casi no habíamos dormido! Y lo que paso fue ¡una locura! ¡NOS QUEDAMOS DORMIDAS DESNUDAS LAS DOS EN MI CAMA!, si y fue ¡hermoso!

    Me desperté tipo 11, cuando vi que estábamos en bolas, la despierto, nos vestimos, bajamos a desayunar, boludeamos y al mediodía nos vamos a la playa.

    A la tarde nos fuimos a caminar, caminamos mucho, la guacha tenía una re tanguita, estaba ¡casi en bolas! y la verdad que me calentaba ¡verla así!, caminamos mucho, hasta donde yo sé que es raro encontrarnos con alguien, y no aguanté, más, primero la agarre de la mano, después le pase la mano por la cintura, sintiendo su piel suave y calentita por el sol, ella, hacía lo mismo conmigo, ya estábamos muy calientes.

    Nos detuvimos de caminar y nos besamos, como nos besamos nosotras ME IMPORTABA UN CARAJO QUE ALGUIEN NOS VIERA, Y DE HECHO ¡NOS VIERON! y de ahí derecho al agua, nos metimos bastante en el agua, agarraditas de la mano, como dos lesbianitas, ¡nada me importaba! Las olas nos acariciaban, era en la zona de los médanos, por lo que hay poca gente ahí.

    En el mar, cuando el agua nos tapaba bastante, Pau otra vez me parte la boca y la guacha me mete la mano en la concha, así de una, NO LO ESPERABA, ME QUERÍA MORIR, PERO ME GUSTÓ, después siguió y me la mete por debajo de la tanguita y me empieza a meter un dedo, dos, viene una ola grande, ¡casi nos tapa! baja el agua y sigue, y más, me empieza a bajar la tanguita (el agua me tapaba), yo estaba entre desconcertada y caliente ¡ni con un chico había hecho eso! y me sigue metiendo los dedos, viene otra ola, más suave, no dejo de meterme los dedos, y yo ya no podía más, la bese, la abracé, hasta que me hizo acabar, y como una guacha, no grite, pero goce ¡como una perra!

    Salimos del agua y como siempre alguna vieja chota que no sé de donde sale, estuvo viendo lo que hicimos (se ve que estaba re al pedo), y nos dice: “chicas, no sean asquerosas, eso háganlo en sus casa pero no en una playa”, la miramos, (no había más gente) nos cagamos de risa, nos dimos un pico y empezamos a caminar para volver a la carpa.

    Llegamos, estaba mi novio con una terrible ¡cara de ojete! porque no sé cuánto tiempo hacía que me esperaba, boludeamos yo quería seguir jodiendo, va, divirtiéndome, yendo al límite ¡como lo hago siempre! y digo de ir a tomar un jugo a lo del tatuado (siii, el que con su amigo nos habían recogido a Pau y a mi), pero el tatuado ya conocía a mi novio del año pasado.

    Cuando dije eso Pau me miro como diciendo: “estás loca” si estoy medio loca, y fuimos los tres a tomar un jugo, y ahí me doy cuenta (sin que se ofenda nadie) los boludos que son los chicos, y saben porque, les cuento: el tatuado cuando nos vio a los tres se puso ¡re nervioso! Que forro, en tal caso la que tendría que estar nerviosa era yo, ¿o no? pero como estaba manejando la situación estaba re tranquila.

    Y le pido lo mismo: “uno de banana con leche, pero con mucha leche como me gusta a mi, y son los que te pido siempre, ¿o no?”, mi novio ni cuenta se dio en el doble sentido que se lo decía.

    Bueno, como les dije, ya empezó mi verano, Pau creo que se queda un par de días más, nada más, después a coger con mi novio y con “algunos objetivos” que tengo en vista.

    Bueno, ya Pau está por salir de la ducha, (la guacha en el hidromasaje se queda más de 45 minutos, para mí se masturba la puta).

    En un día tan de mierda como hoy porque está horrible, no hay cosa que me entretenga más que escribir mis aventuras.

    Este verano me estoy yendo a la mierda, espero que no me descubran, voy a tratar de resumirlo, si no se va hacer muy largo y embolante para lo que los leen.

    Ayer el día estuvo lindo, llegamos con mi novio temprano a la playa, pero la verdad es que el calorcito del sol, me dio ganas de coger, les dije a mis viejos que me había olvidado mi bronceador en casa (y yo solamente uso el mío, soy una enferma con las cremas y esas cosas), entonces al mediodía le digo a mi novio que me acompañe a casa buscarlo.

    Nos fuimos a casa con el cuatri, yo en bikini y mi novio con su short de baño. Obvio, llegamos a casa, sabiendo que nadie iba a volver hasta tarde (porque el día estaba lindo), y los dos así, casi digamos en bolas, empezamos a besarnos, a tocarnos, me siento en el sillón, me saco la tanguita, me la chupa, nos pusimos en bolas y terminamos cogiendo (le mando un whatsapp a mi vieja diciéndole que me daba fiaca volver a la playa, que me quedaba en casa) y nos quedamos toda la tarde, bahh, habrán sido un par de horas o más cogiendo a lo bestia, como hacía tiempo que no lo hacíamos, me dejó la cola abierta como un garaje (pero en esto no me voy a detener, porque es como cualquier pareja que coge bien).

    Mi novio se fue, me quedé sola, llegaron mis viejos, y me llaman a cenar, se me hizo tarde porque habíamos quedado en juntarnos en el centro con todos los chicos y yo todavía tenía que ducharme y me embola que me apuren, entonces le dije a mi novio que fuera, y yo me iba con la camioneta de mi vieja.

    Tomamos algo, bahhh, bastante, mi novio, como siempre ya estaba medio en pedo, y ni se dio cuenta de acompañarme a la camioneta que estaba a dos cuadras, pero ahí no pasa nada es re seguro, entonces me voy hasta la camioneta para volverme a casa, hasta acá todo normal, pero como siempre, las cosas me pasan y me dejo, me entrego, mejor dicho.

    Estaba ya por abrir la camioneta y escucho: “CAROOO”, ¿y quién era?, siii, era el tatuado, me quería morir, y hablamos algo así (lo que me acuerdo).

    Yo: hola, que haces aca???

    Tatuado: nada, vine a tomar algo con unos amigos.

    Yo: yo también, con mi novio y unos amigos.

    Tatuado: ¿y tu novio?

    Yo: se fue con sus amigos a su casa, porque estaba medio en pedo.

    Tatuado: sorry que boludo, yo en vez de ponerme en pedo te cojo como a vos te gusta, te parto al medio ¡trolita!

    Ya en ese momento, me estaba pasando la mano por detrás de la cintura y tocándome la cola (yo estaba con vestidito bastante cortito).

    Yo: pero ya estuvimos cogiendo toda la tarde nene, mi novio no es ningún boludo.

    Y mientras más me tocaba la cola, y yo lo dejaba, ya sus manos estaban… ¿Cómo explicarlo?, en mi ano, apretándolo con fuerza y yo mojada y caliente como una zorra con esa adrenalina sexual que me da.

    Tatuado: ¿y no querés venir un rato a casa?

    Yo: ¿qué?

    Tatuado: eso nena, venite a casa, un rato, lo pasamos bien, nadie se entera y terminas la noche como a vos te gusta:

    Yo; ¿y cómo me gusta terminar la noche?

    Tatuado: cogiendo como una zorra, sin que te ofendas, pero me re calentas nena, dale venite, si a vos también te gusta.

    Yo: pero ya me iba para casa.

    (Moría por ganas de ir, pero no me quería regalar de una, aunque al final lo hice).

    Tatuado: pero son las 2,30 de la mañana, ¡es temprano!, no seas boluda, dale, seguime, yo tengo la moto acá cerca, espérame acá.

    Y el guacho así de una se va ¡a buscar la moto!, o me quedaba o irme o esperarlo, pero la idea de esperarlo me calentaba ¡mucho!, y obvio, fue más fuerte que yo, me quede esperándolo y lo seguí hasta su casa.

    Baje de la camioneta, y le pregunte algo que me había olvidado: “¿estás solo?” y me dice: “no sé si estará mi amigo” (el que nos cogió con Pau). chauuu, pensé, si está su amigo me cogen entre los dos, a ver, en ese momento ¡más me calenté! la verdad es que en el fondo quería que estuviera su amigo, hacía tiempo que no hacía un trio, y aparte ¡ya lo conocía!, con lo cual me iba a resultar más fácil, pero como siempre hasta que me empiezo a calentar estoy re nerviosa, ansiosa, caliente, ¿me entienden? Es una sensación difícil de explicar, la de saber que en un rato voy a ser re cogida y me voy a dejar ¡porque me gusta!, me gusta sentirme así de puta, ¿me explico?

    Entramos en la casa y estaba su amigo viendo tele (chau Caro cagaste), nos saludamos, me sirven un vino que ni tome, porque el tatuado, en un momento que nos cruzamos, me empieza a besar, despacio, más fuerte, lo dejo, me pasa la pierna entre las mías acariciándome bien la concha, rozándome bien la concha y yo abría más ¡mis piernas!

    Su amigo se pone atrás mío, no le digo nada, me empieza a besar el cuello, me pone la mano por debajo del vestidito, me lo levanta, me toca bien la cola, y sigue con sus manos tocándome la panza, hasta que me intenta sacar el vestido y yo me dejo levantando mis brazos y me saca el corpiño, ya me estaba dejando ¡en bolas!

    Me agacho, le desabrocho el pantalón al tatuado, empiezo a acariciarle la pija a través del bóxer, hasta que meto la mano y se la saco, se la empiezo a besar, junto con los huevos, hasta que se la empiezo a chupar toda, si toda, me la meto toda en la boca y ¡se la chupo mal!, estábamos recalientes, hasta que me dice: “para todavía. No quiero acabar”.

    Como si fuera una novia recién casada, me levantan en upa y me llevan a la cama y entre los dos solo se dedican a besarme tocarme, que placer me hacían sentir, el tatuado jugando con mi concha y su amigo con mis tetas y el resto de mi cuerpo, el tatuado ya me conoce, sabe que la chupada, una buena chupada de conchita con dedos y todo me hace acabar enseguida, y si a eso le sumo que su amigo me acariciaba todo mi cuerpo y yo lo caliente que estaba, acabé ¡enseguida!

    El amigo del tatuado se acuesta y me dice: “veni trolita“ (que me digan eso en ese momento me re calienta), y me pongo de cuclillas a saltar sobre su pija, y cada vez más fuerte, yo estaba ya descontrolada le decía: “cógeme, cógeme puto” y se mataba por metérmela ¡cada vez más! y el tatuado como podía me metía la pija ¡en la boca!

    Yo sé que grito, y en ese lugar, no sé porque, pero es una casita re sencilla, me calienta mucho que me cojan y gritaba y gemía como una zorra, el tatuado me decía: “chupa, chupámela bien”, hacía lo imposible para hacerle caso (porque aparte en la cama me gusta ser sumisa) hasta que su amigo y yo terminamos ¡acabando!

    Para mí la noche ya estaba hecha, pero nunca es poco, el tatuado se acuesta y me dice: “ahora vení conmigo” y me clavo otra pija (¡la tercera del día!) y empiezo a cabalgar sobre esa pija de nuevo, así un rato, hasta que el amigo del tatuado, me inclina como para quedar abrazada con el tatuado, yo seguía arriba de él.

    Me inclino, nos empezamos a besar y su amigo me empieza a besar la cola, a acariciar la cola (cosa que me calienta mucho) y ¡ya me imaginaba lo que venía!, me empieza, con mis jugos a meter un dedo en la cola, dos dedos, yo gemía gozaba ya casi ni me movía, hasta que siento que me empieza a meter la pija y les digo: “nooo, los dos juntos nooo”, pero no me hicieron caso (obvio) de a poco me la fue metiendo, con dolor al principio, hasta que empecé a sentir placer, no me podía mover, solo ellos me bombeaban, estaba entregada a ellos, solo para darles placer, ¿me explico?

    Y seguimos así hasta que acabamos prácticamente ¡los tres juntos!

    Nos quedamos los tres un rato en la cama casi sin hablar, hasta que hago la misma boludez de siempre, porque pienso que a mi ninguna pija se me resiste, se las empiezo a tocar y se le empezaron a parar de a poco, me pongo en la cama a chupárselas a los dos a uno se la chupaba y a otro se la tocaba bahhh lo pajeaba, hasta que terminamos yo sentada en la cama ellos parados y seguimos haciendo lo mismo, hasta que logre mi premio, la lechita, que fue medio en la boca y medio en la cara.

    Llegue a casa como a las seis o más de la mañana, cuando me desperté, encontré unos mensajes ¡de mi novio!, y le dije que no me rompa las bolas, el día estaba feo y quería dormir.

    Hoy a la noche salimos todos de nuevo, y que se yo, a lo mejor termino cogiendo con mi novio, cada vez que lo cago después me dan ganas de coger con el.

    Sigo en la costa, esta semana sola, porque mi vieja ya se fue, así que tengo bastantes cosas para contar, ahora estoy sola en casa, embolada, porque ya no hay nadie acá, solo el tatuado (de quien ya les voy a contar que paso), pero me dieron ganas de contar lo que me pasó, en enero, ya hace un tiempito, en plena temporada.

    Yo les conté el año pasado que cerca de mi carpa había una viejita (bah 45/50 años), que siempre me miraba, me di cuenta que le gustaba (a pesar de ser ella casada y con hijos, pero casi siempre estaba sola en la carpa), nos saludábamos, y bueno, no voy a contar todo porque en algún relato está, la cosa es que un día feo que casi no había nadie en la playa, me voy a duchar, ella viene detrás de mí, y terminamos duchándonos juntas, me hizo acabar como una guacha y yo a ella.

    La cosa es que la viejita, este año, estaba de nuevo, yo siempre pasaba delante de su carpa, nos saludábamos, empezamos hablar de nuevo, me dijo que no se había olvidado nunca de lo que habíamos hecho juntas el año pasado, y yo como una boluda no sabía que contestarle, y seguíamos hablando, me daba cuenta que se moría de ganas de cogerme de nuevo, y la verdad yo también, porque las viejitas a una pendeja como yo saben cómo hacerlas acabar mil veces, se ponen locas, se las quieren comer y nos dan placer ¡por todos lados!

    Hasta que un día, que estaba re lindo, paso la saludo y me dice: “Caro, dejémonos de joder, mi marido se fue a jugar al golf, mis hijos están en Buenos Aires, tengo la casa sola, vamos un rato, si las dos tenemos ganas ¿o no?, y decime la verdad, ¿no te gustaría que te haga gozar como el año pasado y mejor si estamos solas en casa? Pero por las dudas, no estemos mucho tiempo”

    La verdad es que me agarró de sorpresa, a ver para explicarme mejor: yo solo iba a caminar un rato y de una, la vieja me propone ¡cogerme!, y como siempre me agarra en esos momentos esa adrenalina sexual y a lo prohibido ¡que me mata!, y tampoco iba a estar como una forra, dudando durante 20 minutos para terminar diciéndole que sí.

    Nada, estaba, como siempre aunque los aburra, nerviosa, pero muy nerviosa, caliente, y obvio que no le iba a decir que no.

    Le digo: “bueno, dale, ¿cómo hacemos?”, y me dice: “anda a mi auto, es un xxxx, patente xxx, y yo voy atrás tuyo”, les digo a mis viejos que me voy a caminar un rato, y así solo con la bikini (para hacerla calentar más), la espero en el auto.

    Llega al toque y vamos a su casa, que era re cerca de la playa.

    NI bien entramos, me empieza a besar, la beso, nos matamos, como digo siempre con esos besos de mujeres, así de suaves, me tocaba toda, pero con esa suavidad que lo hacemos nosotras, y yo la dejaba, no paraba de acariciarme las piernas, hasta que llegó a mi conchita, me desabrocho la parte de debajo del bikini, y me empezó a tocar la conchita, bien tocada, suave, con los dedos, ¡casi adentro!

    Me sienta en la mesa del comedor (yo ya estaba en bolas y ella también), y le la empieza a chupar, no sé cuánto tiempo duro eso, pero para mí era puro placer, yo me acuerdo que me acariciaba mis tetas junto con las manos de ella, hasta que terminé con mis piernas sobre sus hombros, su boca en mi concha y me hizo explotar en un orgasmo de aquellos, yo toda mojada con mis jugos.

    Después ella se sienta en un sillón y me dice: “¡veni!” me acerco, le empiezo a besar, y de a poco voy subiendo (en realidad la que quería gozar era yo), hasta que le pongo mi conchita en su boca, me empezó, digamos a coger con su lengua, me la re metía en la concha y yo a los gemidos casi gritos de placer, mi conchita sola empezó hacer sus espasmos naturales, inconscientes, ya no tenía de dónde agarrarme, y me hizo acabar de nuevo, y esta vez ¡más que la anterior!

    Sabía que también la tenía que hacer disfrutar, (aunque en realidad me gustan las conchitas de las chicas de mi edad), me agache, se la empecé a chupar, le acariciaba las piernas, se las mordía, se las besaba, le empecé a meter uno dos dedos en la concha, hasta que vi que se estaba poniendo loca y terminó acabando.

    No habrá pasado más de una hora y algo, nos vestimos y volvimos a la playa.

    Eso fue casi a fin de enero, así, que más que saludarnos, no hicimos.

    Nada, a lo mejor es una boludez, pero como estoy al pedo la quise contar.

    Esto que les voy a contar lo hice la semana, que estaba sola en la costa, sin amigos, novio, ni familia (estaban todos en Buenos Aires). Ya conté mucho del tatuado, pero esa tarde, me pase mucho tiempo en la barra de él donde vende los jugos, y obviamente en bikini, dejándome que me viera todo y calentándolo como cuando lo quiero hacer y es como hacerlo.

    El ya me había contado que se había cogido pendejas en su casucha, en un balneario cerca de donde yo estoy, que los viejos alquilan casas en Cariló, y se las termina cogiendo allá, pero conmigo, le paso algo distinto, porque siempre con otras pendejas fueron cosas de una vez o dos, y yo ya me había transformado, de acuerdo a sus palabras: ”en su putita”, porque siempre que me decía de ir iba, y me dejaba hacer todo por él y sus amigos (porque no vive solo), y eso me calentaba mucho, porque es una parte secreta de mi personalidad, ¿me explico?

    Bueno como les decía esa tarde estuve mucho con él, hasta que me dice:

    Tatuado: ¿Te venís a casa a la noche?, estás sola, ¿qué mierda vas hacer?

    Yo: y si, nene, no es la primera vez que voy.

    Tatuado: pero te aviso, porque no te quiero cagar va a estar Gaby (es un amigo de él con el que ya habíamos cogido)

    Yo: ahhh, forro, me querés enfiestar.

    Tatuado: y no solo eso, quiero que te portes bien trola como a vos te gusta, ¿o no?

    Mierda, en algunos momentos, cuando estoy fría, así, hay cosas que me dan vergüenza (aunque no me lo crean, me quede casi sin contestarle, hasta que se me ocurrió preguntarle).

    Yo: ¿Y a que llamás bien trola?

    Tatuado: a que te dejes gozar como ¡a vos te gusta!, con unas birras y unos fasos, pero como nunca lo hicimos, ¿te animás trolita?

    (Me acuerdo que me dijo trolita porque sabe que eso me calienta).

    Yo: obvio nene.

    No se tipo 11; 11,30 agarre la camioneta de mi vieja y me fui para allá, me había puesto una re min de jean, de esas que cuando nos sentamos quedamos ¡casi en bolas!, una remera y nada más, solo la bombachita.

    Llego y ya estaba con Gaby tomando birra y con unos fasos, me tomo unas birras, me dan un faso y me lo fumé (ya no me lo ponían en la boca me lo daban entero), paso un rato y estaba re loca, como en otro mundo, que nada me importaba, solo quería que me hicieran sentir, ¡sentir todo!

    Hasta que el tatuado me dice: “parate enfrente nuestro y ponete en bolas, después nosotros seguimos”, “¿ehhh?”, le digo, “siiii, dale putita, hacelo, te va a gustar”.

    Me paro delante de ellos, primero me saco la mini, y después la remerita, ya estaba casi en bolas, se acercan y me empiezan a tocar a acariciar a besar (yo la verdad ya no sabía quién me pasaba sus manos por mi cuerpo, pero me gustaba y me dejaba, ni quien me besaba, no me acuerdo).

    Me sacan la bombachita y me llevan arriba de una mesa, el tatuado se encargaba de mi parte de arriba, me besaba la boca, jugaba con mis tetas, me las besaba, me las amasaba y su amigo de la parte de abajo, me empezó a acariciar muy suave las piernas a besarlas, hasta que llega a mi conchita y me la empieza a chupar a besar, a meterme con toda su fuerza la lengua. No sé cómo explicar el placer que sentía, pero era total, los tenía a los dos solo para mí, solo ¡para darme placer!

    Gaby siento que me la quiere empezar a poner, le digo que se ponga un forro (ahí me di cuenta que tan perdida no estaba), y me empieza a coger arriba de la mesa, y me bombea como un desesperado, le puse mis piernas en sus hombros para que entrara más, y el tatuado me mete la pija en la boca, que como podía ¡se la chupaba!

    No se cuánto duró, para mí fue una eternidad, hasta que siento que el tatuado me empieza a llenar la boca le leche, le agarre la pija, me la puse bien en la boca, se la limpié, mientras Gaby estaba acabando gimiendo en mi concha ¡y yo también! acabé, chupando una pija, para mí eso es ¡imperdible!, me siento re puta, entregada, regalada y eso ¡me calienta a mil!

    Voy al baño, me lavo la boca, ya todos en bolas, seguimos con alguna birrita y un fasito, hay cosas que no me acuerdo bien, pero no sé cómo terminamos en la cama y el tatuado chupándome la concha y yo gozando ¡como loca!

    El tatuado, se acuesta, me subo arriba de él y me clavo su pija y empiezo a saltar, y a gemir, Gaby, me acariciaba las tetas, me las besaba, me las comía, y también, me ponía, como podía su pija en mi boca.

    Hasta que en un momento, como hacen siempre ustedes, se pone detrás de mí, me inclina, me quedo arriba del tatuado, abrazada con él ( me explico), y Gaby, me empieza a acariciar la cola, eran solo caricias, después besos, después mordidas, después palmadas, después, me la empieza a chupar (todo mientras seguía cogiendo con el tatuado), hasta que me empieza a poner la lengua, con mis jugos un dedo dos, hasta que siento que me empieza a poner ¡la pija!, siiii, me estaban cogiendo los dos, yo ni moverme podía, dejé que ellos hicieran todo.

    Otra vez, no sé cuánto tiempo estuvimos, pero me acuerdo que acabamos casi todos juntos, y el forro de Gaby, ni un forro se puso, me lleno la cola de esa lechita calentita ¡que me encanta!

    Después de eso, siempre voy y me lavo, pero esta vez no, no daba más, estaba muerta, ni sé qué hora era, pero sentía que me quedaba ¡dormida!

    Y eso pasó, me quedé dormida, en esa casucha del tatuado.

    Al día siguiente, viene el tatuado, yo dormida, pero tapada, con una sábana, y una mantita, (es bueno pobrecito, me cuido para que no pasara frío) el tatuado, me empieza a despertar, con caricias, y besitos, pero besitos en la cara y caricias ¡en el pelo!, hasta que me despierta, me parte la boca, hago lo mismo, nos matamos con ese beso, con nuestras piernas que se entrecruzaban, con la sabana que sé que se fueron a la mierda, pero ¡yo quería desayunar!, así que me fui a su pija y se la empecé a chupar acariciándole los huevos, besándoselos, hasta que me dio el desayuno, me llenó la boca ¡de lechita!

    Mientras me fui al baño a lavarme la boca, él fue a preparar el desayuno, y sobre la cama me dejo una remera larga para que no desayunara en bolas.

    Bueno desayunamos, hablamos muchas cosas, pero cosas nuestras, de nuestra vida, que la de él no tiene nada que ver con la mía, pero, no se ¡me vuelve re loca el puto!

    Terminamos de desayunar, empezamos a besarnos, él sentado en una silla, y yo me puse arriba de él y terminamos cogiendo en la silla, mientras con sus manos me retocaba la cola y yo me dejaba, me gustaba eso, estuvimos así un rato hasta que acabamos ¡los dos de nuevo!

    Pasó un rato, y me lleva al baño, prende la ducha, y me dice: “nos duchamos’” obvio que le dije que sí, que placer sentir como me enjabonaba, como el jabón pasaba dulcemente por todo mi cuerpo, nos empezamos a besar, con sus dedos enjabonados, me los empieza a meter ¡en la cola!, me da vuelta, yo agarrada de los azulejos y en puntas de pie de doy lugar para que me coja, y me la empieza a poner por la cola, que con lo dilataba que estaba el jabón, la crema de enjuague, entro re fácil, pero mis piernas temblaban de la calentura, me bombeo, desesperadamente y yo gimiendo diciéndole: “cógeme puto, rómpeme el culo“ (como digo siempre), hasta que acabamos los dos juntos.

    Y después nada, nos secamos, mientras obvio uno seco al otro y le pegue una chupadita de pija aunque ¡no acabo!

    Me vestí y llegue a casa como a las 4 de la tarde ¡y destruida!

    Lo cuento hoy porque este fin de semana fueron todos a Cariló (novio, viejos, hermana), pero volvimos ayer a la noche, y estoy al pedo en casa.

    Pero como la casa la tenemos hasta fin de febrero o marzo (todavía no lo sé), ya arregle con Pau, para irnos mañana o el miércoles ¡las dos juntas!, y mis viejos re contentos, porque no voy a estar sola, lo que no saben es que Pau es mi amigovia, y nos vamos a pasar cogiendo.

    Mis viejos, alquilaron también en marzo la casa en la costa, así, que me la pasé en la costa (cogiendo con el tatuado, sobre quien ya les conté bastante) y en Buenos Aires, o también en la costa con mi “amigovia” durante la semana, mientras mis viejos no estaban, y ellos, como “supuestamente” me venía con una amiga, se quedaban más tranquilos, que si me venía sola, ¡si supieran como cogimos! dormíamos en su cuarto todas las noches, las dos en bolas, y nos matamos, pero esa es otra historia.

    La cosa es que el verano ya está terminando y me quería despedir bien, pero bien, re loca. Este verano, el tatuado me cogió con sus amigos, estando yo fumada como nunca, más, sentía más, me dejaba hacer de todo, y nada me importaba. El año pasado lo hice un par de veces, pero no tanto como este verano.

    Para el Tatuado, este verano, fui “su putita” y me gusto eso, más en febrero y marzo, que mi novio iba solo los fines de semana y él me cogió las veces que quiso, solo y con algún amigo, me hacía fumar, me gustaba, y me entregaba como una trola, ¡y lo disfrutaba!, y los amigos no eran siempre los mismos, y una vez (esto lo conté, nos re cogieron con una amiga de él).

    La verdad es que quería empezar a despedirme bien del verano, no sé, no soy de buscar armar las cosa, soy más de entregarme cuando se dan, ¿me explico?, pero quería hacer algo, que si yo no lo proponía, no se iba a dar, y a lo mejor nunca se me iba a dar, y me mojaba solo con la idea de pensarlo:

    ¿Cuál era esa cosa? (que intriga que da la mina), todavía no se las voy a contar, les voy a decir cómo se fue dando.

    El sábado llegamos a Cariló, salimos re temprano, vinimos con mi auto, pero manejó mi novio y yo me dormí todo el viaje.

    Al mediodía, con cualquier excusa le dijimos a mis viejos que íbamos a casa (mi novio se vino a mi casa con mis viejos), y cogimos un rato, pero esas cogidas rápidas pero re fuertes, después volvimos a la playa, él se puso a tomar sol en la reposera y se quedó dormido un rato.

    Aprovecho, lo voy a ver al tatuado, con la mejor cara de puta que puedo poner, así en bikini, y le digo que ya me queda poco tiempo para irme y me dice:

    Tatuado: y bueno, tendríamos que hacer una despedida.

    Yo: obvio nene, porque no te veo hasta el año que viene.

    Tatuado: bueno, cuando quieras venís a casa.

    Yo: no, así de fácil no.

    Tatuado: no te entiendo.

    Yo: una despedida, es una despedida.

    Tatuado: ¿y que te gustaría?

    (El forro no se daba cuenta de nada).

    Yo: ¿no te gustó cuando estuve con Tati? tu amiga

    (Me re jugué, ya me calentaba con lo que le decía)

    Tatuado: obvio nena, que sí, ¿querés una despedida completa?

    Yo: eso no me lo tenés que preguntar, te tenés que dar cuenta vos solo.

    Tatuado: ¿pero te animas a una despedida completa?

    Yo: probame.

    Y ahí llega mi novio, le pido al tatuado un jugo, mi novio, otro, y quedo la cosa ahí.

    Después de la playa llegamos a casa. Él se acuesta un rato en su cuarto (siiii, aunque les parezca mentira si están mis viejos no dormimos juntos), y yo me voy al mío, bueno me ducho y cenamos, a la noche salimos a tomar algo, mi viejo, no fue con su auto, se fueron con la camioneta de mi vieja, así que a la noche salimos con esa camioneta y terminamos cogiendo en la playa, que me pone re loca, el viento, el frio, es como una caricia en mi piel, me cogió re bien.

    La cosa es que el domingo, volvemos a la playa (mi novio siempre se queda dormido un rato en alguna reposera), y aprovecho para ir a ver al tatuado y la cosa fue más o monos fue así:

    Yo: hola.

    Tatuado: hola linda.

    Nada más que eso me decía.

    (Otra vez repito lo mismo, estaba recaliente en hacer algo re loco).

    Tatuado: ¿seguis con la idea de despedirte del verano? Ya hablé con Tati y no tiene drama.

    Yo: siii, pero tiene que ser una despedida de la que no me olvide.

    Tatuado: nunca te la vas a olvidar.

    Yo: jeje, no te digo lo que espero, solo quiero que te lo imagines

    (Otra vez estaba muy caliente en hacer algo re loco, jamás me regalé así.)

    Tatuado: nunca te vas a olvidar, solo espero que te animes.

    Yo: Obvio

    Tatuado: OK, lo tengo arreglado para hoy a la noche, venite tipo 22 hs.

    Yo: dale a esa hora estoy

    No sé cómo explicar la sensación que tenía, me había jugado mucho, me había regalado como nunca, en el fondo le pedía que me re cogieran junto a Tati, pero cuando llega el momento que se hace realidad, me agarra ese cagazo, calentura, adrenalina putezca, bahhh, un poco de todo.

    A las 20 h., mis viejos y mi novio se vuelven a Buenos Aires, les dije que ni me avisen cuando lleguen porque estaba cansada y me iba a dormir.

    La cosa es que en esas dos horas la adrenalina me mataba, el tiempo no pasaba y mi calentura cada vez ¡era más grande!

    Hasta que llegó la hora de ir a lo del tatuado, me pongo un vestidito cortito sin corpiño, y zapatillas (que es lo que se usa en la costa) y nada más.

    Llego a lo del tatuado, ya estaba Tati y dos amigos de él, estaban tomando birra, me dan una porro entero, y me lo fumo todo (era SOLO LA SEGUNDA VEZ QUE HACÍA ESO), ya estaba media perdida, me lo fumo, empiezo a besarme con el tatuado, Tati con los otros dos chicos, nos ponen en bolas en seguida (bah, yo ya había ido medio en bolas)

    El tatuado se sienta en un sillón, con otro de los chicos, me pongo arriba de él y me clavo su pija en mi concha, mientras Tati hace lo, mismo con uno de los chicos y el tercero, nos pasaba la pija por la boca a una y a otra hasta que terminamos acabando las dos juntas con las pijas en las conchitas, y la otra que se turnaba de boca en boca, y besándome con Tati.

    Nos fumamos otros porros, y sí, me fume otro, así en bolas con Tati, mientras nos tocábamos y nos acariciábamos y los chicos también nos tocaban, hasta que entran (porque estaba la puerta abierta) ¡tres chicos más!

    Pufff, ¡esa era la despedida que yo quería!, hay cosas que mucho no me acuerdo, pero de golpe lo que si me acuerdo es que con Tati, le estábamos chupando las pijas a los tres chicos, se iban turnando para ponernos las pijas en la boca, y mientras le chupaba la pija a uno le acariciaba los huevos a otro, la cosa es que eran tres pijas ¡re paradas! Y nosotras dos totalmente entregadas a que nos hicieran ¡de todo!

    Después nos levantan en upa y terminamos en el dormitorio y me encuentro que uno de los chicos ya me estaba cogiendo (yo arriba de él) y Tati hacía lo mismo, me puse a saltar sobre esa pija que ni se de quien era, mientras con Tati que estaba al lado mío, nos partíamos la boca y nos tocábamos todas, las tetas, las pancitas, mientras sentía una mano traviesa que me acariciaba, solo me acariciaba la cola, y eso ¡me pone loca!, la miro a Tati siento sus gemidos y le estaban haciendo lo mismo, acabamos las dos juntitas.

    Nos apoyamos sobres nuestros chicos mientas esas manos traviesas, que no se ni de quien eran siento que me empieza a meter un dedo en la cola, después dos, yo re caliente, me besaba con mi chico y con Tati, hasta que nos empiezan a las dos a coger por las conchitas y por el culo y las otras dos pijas en la boca, la verdad, que lo que me acuerdo era solo placer, estar entregada, dejar que nos hicieran de todo, ser solo un cuerpo que quería sexo, nada más, y dejarme coger como ellos querían, no me podía ni mover, hasta que acabé y al toque siento que también acaba Tati.

    Ya totalmente jugada, entregada, sin saber lo que hacía, unos de los chicos (de eso me acuerdo) me prende un faso y me lo da, y otro a Tati, estábamos las dos en la cama con los seis chicos alrededor nuestro, nos fumamos los fasos.

    No sé cuánto tiempo tardamos, perdí, la noción del tiempo, pero al rato a mí me estaba cogiendo el tatuado y a Tati un amigo y otros chicos nos ponían las pijas en la boca, yo al menos se la re chupé, mientras le acariciaba los huevos, hasta que me llenó la boca de leche, la tragué y acabé de nuevo, y Tati, no sé, pero la oía gemir y gozar como una turra.

    Ya no daba más, me habían re cogido, y de nuevo me dan un faso a mí y a Tati, y obvio los fumamos las dos.

    Terminamos de fumarlo y al rato siento una pija que se me mete en la boca, después otra, la miro a Tati y le hacían lo mismo, nos terminamos chupando las seis pijas las dos solitas, hasta que nos acabaron, en la boca, en la cara, en las tetas, terminamos las dos encastradas y como premio para los chicos. Así, encastradas, nos empezamos a besar, pero los besos fueron cada vez más fuertes hasta que nos empezamos a poner los dedos en las conchitas, mientras los chicos nos tocaban, sentía las caricias de ellos en todo mi cuerpo, en mis tetas, en mi panza, en mis piernas, hasta que terminamos acabando las dos juntas, como dos lesbianitas (a mí no me podía faltar eso).

    Después, ya no sé qué pasó, no daba más, ¡me quede dormida! Me despierto, no sé ni qué hora era, y me encuentro durmiendo con Tati ¡en bolas en la cama!

    Lo pensé y no lo dudé, la despierto con un beso, ella seguía medio dormida, la empiezo a acariciar, voy a su conchita, y ahí si se despertó, se la empiezo a chupar, me doy vuelta, hicimos un 69, pero bien hecho, nos chupábamos las conchitas, mientas nos metíamos los dedos en la cola, hasta que acabamos como dos perras en celo que hacían años ¡que no cogían!

    Los chicos, nos habían dejado la ropa en el cuarto, nos vestimos, nos dijeron de quedarnos a desayunar, les dijimos que no, que estábamos muertas y nos fuimos, la deje a Tati en su casa y yo me fui a la mía.

    Obvio ya eran las 12 del mediodía y tenía mil mensajes de mi novio, lo llamé y lo cague a pedos diciéndole que esa noche quería dormir, pobrecito.

    Y ahora estoy, sola al pedo, esperando que vengan mañana mis viejos y mi novio, y si el tatuado me manda un whatsapp, le digo que sí, que me coja, pero él solo hoy a la noche.