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  • Susana, la guarrilla de mi instituto (Parte 4)

    Susana, la guarrilla de mi instituto (Parte 4)

    Después de despedirse del encargado y subir a casa, Susana se dio una buena ducha. Su amiga le preguntó qué tal le había ido el día, aunque ella no oía nada con el ruido de la ducha.

    El agua caía sobre ella y mojaba sus pechos y sus pezones que empezaron a ponerse erectos. Se acordó de la polla del encargado. Cómo se la había chupado y cómo se había corrido y como ella no había disfrutado, comenzó a masturbarse.

    Su amiga pudo oír desde fuera como gemía. Al cabo de un momento ella también se había puesto cachonda de oír a Susana y al final acabaron las dos masturbándose. Susana en la ducha y Mónica, que así se llamaba su amiga, en el sofá.

    Lo mejor de todo fue que ambas llegaron casi al orgasmo a la vez, pero cuando Susana salió de la ducha, Mónica ya había terminado y estaba limpiándose su coño, mientras Susana se secaba y tal vez, por cortedad, ninguna dijo a la otra lo que acababan de hacer.

    Susana estaba muy cansada, por lo que después de ducharse, se fue casi directamente a la cama.

    Mónica se quedó viendo un rato más la televisión y al rato se quedó dormida en el sofá. Ahí se despertó al día siguiente.

    Susana se despertó pronto y tras desayunar, se fue a comprar. Después se pasó por la secretaria de la universidad donde quería estudiar economía.

    Llamó a la puerta.

    —Pase, le dijeron desde dentro.

    Entró y vio a un señor de unos 45 años. Era alto y bastante guapo. Cuando empezó a hablar, su deseo se encendió.

    —Quería información para poder matricularme.

    —¿Cómo te llamas?

    —Susana.

    —Bien Susana, ¿cuándo terminaste la selectividad?

    —Hace un par de meses. Solo que el examen lo hice en otra ciudad.

    —No debería haber ningún problema. ¿Cómo se llama el instituto donde terminaste tus estudios?

    —Instituto Ramón y Cajal.

    —Voy a consultar tu expediente.

    Tecleó un rato en el ordenador y finalmente confirmó que todo estaba correcto.

    —Bien, ahora que he comprobado tus notas del instituto y selectividad puedo comentarte que carreras podrías estudiar.

    Imprimió una hoja y se la mostró.

    —Tienes todas estas según tu nota.

    Susana echó un vistazo por encima, aunque ella ya sabía que quería estudiar.

    —Economía me gusta, le dijo.

    —Bien, en este caso la matricula son 200€. Con esto ya podemos empezar.

    Miró su cartera, pero vio que solo tenía 50€.

    —Mire, lo siento pero solo llevo 50€ y quería matricularme cuanto antes.

    —Ya, pero son 200€. La secretaria cierra a las 2 y vuelve a abrir a las 4 y media. Puedes venir luego. No hay ningún problema.

    —Pero, ¿no podría hacer una excepción?

    —No, no es posible. Tienes tiempo de sobra.

    Hizo que se la caía la hoja y dejó ver sus pechos a través del escote. El hombre no se inmutó.

    Volvió a poner la hoja sobre la mesa y entonces hizo un movimiento con su pierna que cruzó sobre la otra y su falda se abrió dejando ver su coño. No llevaba bragas.

    El hombre tragó saliva, y se sentó mejor en la mesa.

    —¿De verdad que no puede hacer nada?

    —No sé, tal vez podrías….

    Se levantó directamente y se alzó la falda delante de él. Se relamió los labios.

    La puerta sonó y Susana volvió a sentarse.

    —Pase.

    Entró una mujer con una carpeta llena de papeles y le dijo que tendría que revisarlos.

    —Ahora lo haré, le contestó.

    Cuando desapareció la mujer de la carpeta, el hombre de la secretaria se levantó y echo el pestillo a la puerta. Descolgó el teléfono y se acercó a Susana. Subió su falda y con un dedo empezó a acariciar sus labios.

    —Me debes 150€, le dijo.

    Este masturbaba a Susana mientras esta le bajó la cremallera del pantalón y sacó su polla que ya empezaba a empalmarse.

    Le echo un poco de saliva para lubricarla y comenzó a meneársela.

    —Ah, ah, ah, Susana gemía. El tío sabía cómo hacer disfrutar a una mujer con los dedos.

    Siguieron un rato así, hasta que Susana tuvo un orgasmo. Tuvo que morderse los dedos para no gritar de placer, el tío era un experto.

    Luego le dijo que aún le faltaban 50€ para pagar la matrícula y giró a Susana y la puso de espaldas a la mesa levantando su falda. Joder, cómo les gustaba a los hombres esa postura.

    —¿Va a follarme? Le preguntó.

    —Sí, no tengo condones, pero me da igual. Se te ve una chica limpia y eso.

    —Solo métame la punta, le dijo.

    —Está bien, solo el capullo, le contestó.

    Le abrió los labios con dos dedos y la penetró. Pero no la hizo caso y se la metió toda. Entonces empezó a bombear.

    —Solo la punta, solo la punta, repetía Susana.

    —Que sí, que solo la punta.

    Sus respiraciones se acompasaron al cabo de un momento y Susana no paraba de gemir en voz baja, mientras el otro se la follaba.

    —¡Ah, ah, ah! La punta, la punta, decía.

    El hombre no paraba de sudar mientras entraba y salía y veía como su polla toda lubricada por los fluidos de Susana estaba a punto de explotar.

    Unas embestidas más y terminó corriéndose. Por supuesto nada de solo la punta. Se quedó un rato dentro de ella terminando de soltar su leche.

    Cuando terminó se salió de ella y se quedó apoyado en la mesa recuperando la respiración.

    —Joder, esto ha valido los 50€ y más. ¿Te has corrido?

    —Sí, sí, decía Susana casi sin resuello.

    Pensó que le había dicho que solo la punta, pero se la había metido entera. Qué más daba, había disfrutado como una perra.

    —Siéntate, te haré la matricula.

    Le pagó los 50€ que llevaba y tras hacer el papeleo, se despidieron.

    Susana pensó que estaría bien volverle a ver.

    Pasó un mes y medio y el encargado la hizo su secretaria tal y como habían quedado.

    Susana iba a la universidad por la mañana y por la tarde trabajaba en el Burger.

    Cuando tenía un rato libre, se iba a secretaría, llamaba a la puerta y el hombre salía. Cerraba la secretaría y se iban a un sitio distinto cada vez, donde follaban como locos, estas veces sí, con condón. Susana no quería quedarse preñada ni menos aún, que le pegara cualquier enfermedad.

    Un día estaban follando sobre la escalera que subía a la biblioteca. Susana estaba de espaldas a él, con su culo subiendo y bajando, mientras el hombre sobaba sus tetas.

    —Este finde no podré verte, le dijo gimiendo. Me voy con mi jefe a un viaje de negocios.

    —Sí, menudos negocios me imagino que harás. Le contestó mientras bajaba a su clítoris y lo masturbaba.

    —Qué si, que no puedo, aaahh, me corro, para, para un poco.

    —Para que te acuerdes de mi este finde. Terminó de masturbarla y Susana se corrió como una loca aguantando los gemidos. El hombre la levantó y terminó de follársela apoyada contra la pared.

    Se despidieron después de vestirse y limpiarse sus partes íntimas.

    El viernes por la noche había quedado con su jefe del Burger para irse con él en un viaje de negocios.

    Salieron sobre las 12 de la noche y en unas horas estaban en el hotel.

    Su jefe había reservado habitaciones distintas para que nadie sospechara nada.

    Al día siguiente por la mañana la llamó a su habitación.

    —Dúchate y sube a verme. Tienes una bolsa con lencería en la mesilla.

    Susana obedeció y se vistió con la lencería. Se puso una bata del hotel y subió a verle. Estaba un piso por debajo de él.

    Tocó la puerta y una voz desde dentro le dijo:

    —Pasa.

    Cuando Susana abrió, se encontró a su jefe desnudo y empalmado. Su polla apuntaba a ella. Sonrió por dentro pensando que habría pasado si, en lugar de ella, hubiera sido otra persona.

    Acto seguido, se agachó y comenzó a chupar la polla de su jefe, como una sumisa secretaria.

    Su jefe disfrutaba como un loco, hasta que la separó de su polla y la cogió en brazos y la tumbó en la cama.

    Le quitó las bragas y después de ponerse un condón, la penetró, pero cosa rara, la dejo el sujetador puesto.

    Comenzaron a follar y Susana estaba disfrutando, aunque él no gemía, no hacia ningún sonido. No sabía si era para que no les oyeran o porque disfrutaba en silencio en el coito.

    Aguantaba bastante su jefe, y ella iba ya por el segundo orgasmo que tampoco quiso descubrir, ya que Susana pensó en otra cosa cuando tuvo sus orgasmos, aunque se moría de placer.

    Su jefe terminó. Ella lo notó porque sintió como su polla se contraía y relajaba mientras eyaculaba, no por su cara ni sus gestos.

    Se salió de ella y como si nada, sin ni siquiera decirle nada, se fue al baño y se duchó.

    Susana pasó después y tras acabar, se puso la bata.

    Su jefe pidió algo al servicio de habitaciones, no pudo oir que era. Al poco se lo subieron.

    Después de comer los sándwiches que había pedido su jefe, este descolgó el teléfono y llamó de nuevo.

    —Sí, estamos en la 530, puedes subir ya.

    Susana se quedó pensativa y mirando a su jefe, pero este no dijo nada más.

    Al poco sonó la puerta. Su jefe se levantó y abrió. Era un hombre más mayor, de unos 60, 62 años o así.

    —Este es el encargado general de nuestra cadena de hamburgueserías. Le he hablado bien de ti. Le dijo a Susana.

    Sin duda quería que también lo hiciera con él. Susana no se negó y se puso a ello.

    Los dos se desnudaron y Susana comenzó a chupar sus pollas alternativamente. Pasaba de uno a otro.

    Al final el encargado se corrió antes que su jefe y derramó su leche por su cara y sus tetas. Susana se la restregaba y luego se corrió su jefe. Con la leche de ambos sobre sus tetas y cara se disponía a ducharse, pero este último la sujetó por la muñeca y le dijo que no importaba cómo estaba y que se tumbara en la cama.

    El encargado no quería usar condón y Susana tuvo que aguantar su polla a pelo.

    Estuvo un rato follándosela, mientras el otro miraba.

    Después de una media hora, el encargado le indicó a su jefe con el dedo y Susana ya sabía que iban a hacer.

    Iban a hacerla una doble penetración. Mientras el otro seguía follándosela por el coño, su jefe se la metió por el culo.

    Cuando los dos terminaron, cambiaron la postura. Su jefe se la folló por el coño y el otro por el culo.

    Al acabar, Susana estaba exhausta y los dos hombres también. El encargado le propuso a su jefe que ascendiera a Susana y este aceptó.

    Ahora se había convertido en una esclava sexual, o casi.

    Para Lara, mi más fiel lectora.

  • Nuestra amiga argentina con su novio pero antes con el amigo

    Nuestra amiga argentina con su novio pero antes con el amigo

    Esto es corto, pero a alguien quería contarlo, y siempre el lugar que encuentro es acá. Resulta que anoche un amigo de mi novio cumplía años, y lo festejó en una ‘chacra’ que tiene cerca de Luján, en realidad es como un country, pero mucho más grande.

    Bueno, no la voy hacer muy larga en cosas que a nadie le interesa, la cosa es que había una bocha de gente, no sé pero eran muchas en serio, 70, 80, ¡qué sé yo!

    Cenamos un asado en el quincho, yo obvio al lado de mi novio, hasta que me empecé a embolar y la verdad a mí me gusta estar en la noche, digamos, caminando sola, con mi champú, y que nadie me joda.

    Así que en un momento, me levante de la mesa, (obvio como siempre el forro de mi novio con sus amigos se estaban tomando todo) así que no se dio ni cuenta.

    La cosa es que me prendí un porrito (que me había dado el tatuado) y me fui sola a caminar hasta que aparece que aparece Juampi (ya les conté de él es un conocido/amigo de mi novio que está re fuerte y me dejé coge por él un par de veces).

    La cosa es que me empieza a chamullar, que hacía sola caminando por la chacra, le digo nada, quería ver la noche, aunque todavía no llovía pero ¡era una noche de mierda!

    Hasta que me agarra de la mano y me dice: “vení bebé”, y yo estaba ya medio fumada y tomada y le hice caso, aparte cuando salir de casa ni me fije como estaba el día y me puse una pollerita, normal, no en bolas, pero de esas amplias que uso yo y un poco cortas.

    Cuando Juampi, me dijo eso ya me empecé a calentar, más pensando que en el mismo lugar, pero bastante lejos estaba mi novio.

    Juampi que conocía el lugar me lleva a un galpón, donde guardan todas las cosas, y si, sabía que iba aquere coger, y lo peor es que ¡yo querías que lo hiciera!

    Entramos, me apoya sobre la pared, me hace sentir lo dura que estaba su pija, me doy vuelta, le bajo el pantalón y me la como, no lo hice despacito como otras veces, me la trague de una y se la chupe hasta que estaba re parada y le dije: “cógeme forro, cógeme, estoy re caliente”

    Me siento en una mesucha hecha mierda, con las piernas bien abiertas, me chupó la conchita, pero bien chupada (a pesar de que no teníamos mucho tiempo), y después me termina cogiendo y yo gritando y gozando como una zorra.

    No hubo más tiempo para eso, porque estaba mi novio.

    Bueno la cosa es que quedamos en que cada uno volvía por un lugar distinto, para que nadie sospechara nada.

    Nos quedamos con mi novio como hasta las 6 de la mañana, a la vuelta en el viaje, me empieza a tocar las piernas (mientras manejaba) y sabe que eso me pone re loca, hasta que llegó a mi conchita, y obvio no me llevo a casa me llevo a su departamento, yo me había quedado re caliente y nos pusimos a coger ¡como si fuera el fin del mundo!

    No se cogimos como hasta las 9 de la mañana y mi vieja mil mensajes para ver donde estaba, hasta que le dije que me había quedado dormida y estaba en la casa de una amiga.

    La cosa es que después nos quedamos dormidos, (obvio), me despertó, besándome la cola, metiéndome la lengüita, los dedos, hasta que yo ya no daba más de la calentura y le pedí que me la hiciera, me rompió la colita ¡como pocas veces lo hizo!

  • Los socios de mi esposo

    Los socios de mi esposo

    Hola a todos, este es mi primer relato. Me atreví a contarlo porque quiero hacer una especie de catarsis. Mi nombre es Daniela, tengo 25 años, me considero realmente atractiva pues mi rostro es muy sensual y mi cuerpo está realmente tonificado y bien puesto gracias a mi estricto régimen en el gimnasio.

    Soy casada hace ya dos años con un hombre maravilloso de 28 años, Andrés, él es un empresario en ascenso y yo soy una diseñadora de moda en proceso, soy algo bajita mido 1,60, pero eso es lo de menos mi cuerpo es muy lindo, vivo en los llanos orientales junto con Carlos en un apartamento en un reconocido barrio de la ciudad de Villavicencio. Soy una adicta a Instagram y a las selfies, lo cual me hace algo popular en esta red social por mis constantes fotos, las cuales me encantan.

    Lo que les voy a contar me paso hace un año, como les conté mi esposo es un empresario en ascenso yo trato de no meterme mucho en sus asuntos laborales, pues él no lo hace en los míos y así vivimos muy bien, eso sí nos apoyamos en todo y tratamos de que como sea todos nuestros planes se cumplan, eso fue lo que llevo a lo que les voy a relatar.

    Un viernes 19 de octubre llego Andrés a casa a eso del mediodía, llego feliz y con un ramo de flores a los cuales me tenía acostumbrada. Me dijo que hoy era su gran día y que de la reunión que iba a tener en la noche dependía 100 por ciento su éxito como socio de la compañía, me pidió encarecidamente que lo acompañara.

    —Amor vamos esta noche, ponte hermosa como siempre, que hoy me harán la bien venida oficial como socio, don Marco, don julio y don Ricardo me dieron la noticia hoy. Amor este es mi día y ojala todo nos salga a la perfección ellos son muy mezquino y en 15 años es la primera vez que deciden dejar entrar a alguien en su sociedad.

    —Amor esto es una gran noticia, es tu sueño hecho realidad, y no te preocupes esta noche iremos y todo saldrá perfecto. Te amooo.

    Le respondí a mi amado esposo aunque la verdad no tenía idea de los socios de él, llego la noche ya eran las 8 pm y nos dispusimos a salir para el club. Llegamos, era el club más importante y exclusivo de la ciudad, al cual solo asistía gente realmente poderosa. Yo me emocione mucho la verdad pues porque aunque vivimos de forma holgada económicamente eso eran ya grandes ligas como decía Andrés.

    Entramos el club era realmente precioso, ese día yo llevaba un vestido largo ceñido al cuerpo con una abertura en mi pierna izquierda y un escote en mi espalda el cual dejaba ver mi figura, cundo nos dirigíamos al edificio donde se celebraba la reunión Andrés paro un momento y me dijo.

    —Amor, espero que seas muy amable, mis nuevos socios son muy descomplicados para expresarse, pero muy orgullosos y mal humorados cuando las personas son engreídas, yo sé que tú eres un amor, pero por favor no te incomodes ante ninguna palabra mal dicha o descomplicada por parte de ellos.

    A lo cual le respondí:

    —Andrés amor, tu tranquilo tu sabes que soy muy sencilla y descomplicada no te preocupes mi nuevo socio, jajaja.

    Le di un beso para que dejara los nervios, seguimos subimos al ascensor, él se quedó mirándome y me dijo que me amaba que estaba hermosa y que el seria la envidia de la fiesta, yo sonreí. Entramos en el salón, era algo mágico enorme, con un mirador hermoso e incluso con una gran piscina a pesar de ser el último piso era realmente grande y lujoso.

    Al momento de entrar, nos robamos las miradas de todos los que asistían al evento, yo tenía un traje especial para el evento el cual voy a mostrarles con una foto que me tome ese día justo antes de salir de mi apartamento.

    —Vaya pero si es el nuevo socio y homenajeado, acompañado de esta preciosa mujer, la tenías muy escondida Andrés.

    —Don Marcos como esta, le presento a Daniela mi esposa.

    —Mucho gusto señorita es usted realmente despampanante.

    —Muchas gracias señor, encantada de conocerlo.

    —El gusto es mío, reina.

    Me dijo ese hombre y de inmediato me tomo de la mano y llevo hacia el para darme un beso en la mejilla. Don Marcos era un hombre de aproximadamente 50 años algo tosco y ordinario para mi parecer, alto y gordo y su vestimenta era más bien de un ganadero traqueto, que de un empresario como yo pensaba. Nada que ver con la elegancia y la belleza de mi esposo.

    —Pero, no se queden aquí parados vamos a la mesa donde están los demás. —Dijo don Marcos, mientras ponía su mano en el hombro de mi esposo.

    Llegamos a la mesa y ahí estaban lo demás, los cuales se quedaron viéndonos y sonrieron. Estaban los otros dos tipos sentados junto a sus esposas, unas mujeres ya mayores pero muy atentas elegantes y amables, no parecían las esposas de los demás señores.

    —¡Buenas noches!

    Saludamos al unísono Carlos y yo.

    —¡Pero, hombre Carlos que bien acompañado estas!

    —Si, que deleite de mujer.

    Dijeron ambos mientras me miraron de arriba abajo, yo solo mire y sonreí mientras las esposa me saludaban de beso y abrazo, con una formalidad y atención que me tranquilizaron. Nos hicimos en la mesa yo quede sentada al lado de mi esposo en la derecha y en la izquierda se hizo don marcos seguido de su esposa.

    Lego la cena, unos vinos, risas van risas vienen yo trataba no actuar de manera que no incomodara a los señores ni a sus esposa, solo reía y trataba de no opinar para no ir a embarrarla, de pronto don Ricardo se quedó viéndome y con un tono malicioso me dijo.

    —Pero que callada y tímida eres, ¿danielita es que te llamas?

    —Sí señor, Daniela.

    Respondí mientras me sonrojaba y todos echaron a reír.

    —No pares bolas —dijo la esposa de don Ricardo. Jajaja.

    De pronto don marco se paró de la mesa y con tono amble dijo.

    —Bueno, es momento de firmar unos documentos y hacer negocios, señores vamos al salón privado mientras las señoras discuten de lo que saben, de moda y cosas así. jajaja

    Ellos se pusieron de pie, mientras don marcos ponía su mano en mi cuello y la deslizaba por toda mi espalda suavemente, hasta llegar al final de mi escote cerca de mis nalgas. Para decirme.

    —Danielita quedas en las mejores manos, en unos minutos estaremos con ustedes.

    Se fueron a otra habitación y yo me quede algo incomoda pero, no le di mayor importancia. Pasaron los minutos, nosotras nos quedamos hablando, las señoras me integraron a sus charlas, preguntas van preguntas vienen, me preguntaban por mi cuerpo me pedían un que otro tips de nutrición y belleza, al mismo tiempo que tomábamos vino, el cual yo no estaba acostumbrada, pero, por no despreciar las personas bebía.

    Pasó media hora aproximadamente ya el vino hacia efecto en mí y las señoras, y de repente salieron Carlos y sus socios de donde estaban con vasos de whiskey en las manos y todos sonrientes, don marcos subió a la tarima donde estaban los músicos amenizando el rato pidió parar la música, tomó el micrófono y hablo.

    —Señoras y señores es para mí un placer tenerlos aquí acompañándonos en este momento tan crucial, hoy quiero dar a conocer el nuevo integrante de esta sociedad tan exclusiva. Es mi querido pupilo, Carlos Santacruz, un hombre lleno de grandes atributos y méritos. Hoy lo quiero presentar formalmente, ya el lunes lo haremos legalmente como debe ser, ¡pero, ven acá muchacho!

    Carlos salió dio las gracias, aplausos van aplausos vienen, de nuevo tomo la voz don Marcos.

    —¡Bueno pero que parezca fiesta, pongamos música y sirvan guaro que lo que viene es celebración!

    Las luces cambiaron automáticamente y el salón quedo a media luz y sonó música de baile. Algo que me dejo más confundida ya que yo estaba enseñada a otro tipo de eventos. Carlos se sentó a mi lado, me abrazo y medio un beso, estaba feliz y yo lo estaba por él.

    Don Marcos se nos acercó y con tono irónico pregunto que ni no bailábamos, a lo que mi esposo dijo que sí que claro, que en un momento lo hacíamos yo solo reí. Sonó una salsa y mi esposo sin saber bailar bien me tomo de la mano y me llevo a la pista.

    —Amor estas tomado, tú no sabes bailar.

    Le dije al oído mientras me reía y salía a bailar, el me abrazo y me dijo…

    —Amor yo sé que este tipo de cosas no son lo nuestro, lo has hecho muy bien hasta ahora solo es un rato más y nos vamos, te amo.

    —Tranquilo amor yo estoy bien —le dije.

    —Si amor se ve que también tomaste jajaja

    Terminamos de bailar, bueno yo de aguantar pisotones de mi esposo. No sentamos y de inmediato nos dieron unos tragos de whiskey, yo intente rechazarlos pero, Carlos con el codo me indico que lo recibiera y eso hice, no puedo negar que me disgusto ver como mi esposo, un hombre tan disciplinado y de un carácter tan definido, rendía tanta pleitesía a esos tipos, pero también entendí que era el paso que le faltaba para alcanzar sus metas.

    Al momento de tomarme el trago de whiskey sentí un gran calor, tal vez por la falta de costumbre o por el vino ya estaba mareada.

    —Amor voy a tomar un poco de aire.

    Le dije a mi esposo, pero cuando me pare de la silla, el piso se me movió y trastabille un poco.

    —¿Qué te paso amor, estas mareada?

    —Si amor, tal vez deba tomar un poco de aire.

    En ese momento se paró don Marcos y tomándome del brazo dijo.

    —No Danielita lo que pasa es que no puedes quedarte sentada tomando licor, vamos a bailar, con su permiso socio. ¿Espero que no haya problema?

    —No don Marcos para nada.

    Dijo mi esposo mientras yo, decía que presupuesto que bailáramos, todo para no parecer pedante. Me llevo al otro extremo de la pista de baile y al ritmo de una salsa romántica empezó a bailar y hablarme. Debo reconocer que el tipo tenía un gran poder de autoridad y además bailaba muy bien, algo que hace de un hombre muchos puntos a favor. El tipo empezó a hablarme con halagos que pronto fueron cambiando de tono.

    —Qué bien escondida te tenia Carlos, y que buen gusto, debe sentirse muy orgulloso de tener una mujer tan despampanante.

    —Muchas gracias por el alago —le respondí

    —No es alago, desde que llegaste ninguno de nosotros deja de admirarte, por primera vez siento envidia de alguien, tienes todo lo que un hombre desea de una mujer. Eres bella, tienes porte y elegancia y además bailas muy bien y hueles delicioso.

    Se agacho un poco y olio mi cuello, bajo su mano lentamente por mi espalda de nuevo y me susurro al oído.

    —Debe ser un deleite probar esas carnes.

    Yo no sé si por los tragos que tenía encima, o por no hacer quedar mala mí esposo o tal vez por la determinación del señor, no reaccione dándole un empujón y una cachetada, y solo me medio perdí del ritmo y trastabille de nuevo, con lo que el aprovecho para agarrarme más y llevarme hasta donde el, bajar un poco su mano y posarla en mi cola.

    —Mira no más que cola tienes mujer, este vestido te queda precioso, déjame ver que llevas por debajo.

    Y sin ningún pudor y aprovechando la oscuridad de la pista, paso su mano a la parte de adelante y deslizándola por la abertura que tenía mi vestido en un lado, la subió lentamente hasta llegar a mi muslo y apoderarse de mis nalgas llegando hasta el borde de mi tanga de hilo. Manoseo mi cola por debajo de mi vestido mientras me seguía hablando al oído.

    —Lo que me imagine Danielita eres perfecta que rico culo tienes sería un placer ver de qué color son tus tanguitas, te comería aquí mismo si no fuera por el aprecio que le tengo a Carlitos.

    Luego beso mi cuello, lamio mi oreja y paso su mano a mi parte de adelante, para apoderarse de mi entrepierna y acariciar mi vagina por encima de mi tanga.

    De repente y por fortuna paro la música y al momento se encendieron las luces, yo aproveche para con una sonrisa fingida alejarme del tipo e irme a la mesa con mi marido. Cuando llegue Carlos estaba a las carcajadas ni cuenta se daba lo que me pasaba, yo me senté muy nerviosa y confundida por lo que había pasado, mientras don Ricardo tomaba el micrófono en la tarima ya su vos se notaba diferente, tal vez por el licor.

    —Disculpen compañeros y amigos por haber interrumpido la música, pero, quiero aprovechar este momento para agradecer su presencia y gratitud para con la organización, por eso quiero que todos alcemos nuestros vasos y hagamos un brindis por los placeres que se vienen.

    Todos aplaudimos, yo en medio de todo agradecida por la interrupción, pero no quería saber más ni de vino, ni de whiskey, ni de nada. Y aprovechando el momento de euforia de los invitados me pare y me fui hacia el mirador, cerca de la piscina para tomar un poco de aire y refrescarme un poco.

    Andrés estaba totalmente sumergido en la fiesta y en su celebración, y ni noto cuando me salí. La vista era realmente hermosa y el aire más fresco y puro que de costumbre, admire la ciudad respire profundo y cerré los ojos por un instante, esto me sirvió para tranquilizarme un poco, pero cuando ya pasaba mi rato amargo sentí la vos de don Ricardo.

    —¿Señorita por qué tan distante y sola? No creas que te vas a escapar del brindis.

    —Salí a tomar un poco de aire, don Ricardo. El brindis se lo quedo debiendo, estoy algo mareada.

    —Un trago más o un trago menos no hace la diferencia Danielita, no me hagas el desplante, más bien toma un poco mientras admiras la ciudad la vista es hermosa.

    Me dio algo de vergüenza no recibir el trago, y por consiguiente lo tome en mi mano.

    —Está bien, don Ricardo, ¡muchas gracias!

    Me gire de nuevo hacia el mirador y le dije.

    —Tiene razón la vista es hermosa y el aire me ha refrescado un poco.

    Él se acercó a mí por detrás y poniendo ambas manos en mis hombros, me respondió.

    —Si es hermosa la vista, tienes unas curvas perfectas y tu cola es de infarto, Danielita vi lo que te hizo Marcos mientras bailaban, es un viejo mañoso. Pero, no te preocupes te guardare el secreto.

    Yo me quede paralizada y llena de pánico y solo atine a decirle.

    —¿De qué habla don Ricardo?

    —No te hagas la loca mujer vi como el viejo te metió la mano y agarro tus nalgas mientras te besaba el cuello, por eso hice la interrupción y prendí las luces, se debió haber deleitado el con ese par de nalgas tan deliciosas que tienes, pero, yo lo que quiero es agarrar ese par de tetasas que te mandas.-

    Paso seguido y aprovechando que mi vestido era para usar sin brasier, metió ambas manos por el escote de mi espalda las deslizo y se apodero de mis senos, recostó su verga en mi cola, agarro mis pezones y empezó a masajeándomelos y a darles pequeños pellizcos mientras decía.

    —Que rica estas, te las quiero chupar acá mismo, que suerte tiene Carlos, ojala la sociedad no se disuelva por nada del mundo, sería la ruina del muchacho.

    —Por favor don Ricardo que hace suélteme.

    Le dije con vos entrecortada y llena de pánico, él me dijo al oído mientras me daba un mordisquito.

    —Shiiit, no digas nada solo quédate quieta Danielita, además mira cómo se pusieron de duros tus peoncitos, y por ellos no te preocupes acá no nos ven, que rico hueles y tus tetas son como me gustan firmes en el tamaño justo, veo que te está gustando. ¿ya estas mojadita?

    No sé si era la adrenalina del momento, el trago o no sé qué pero, mis tetas estaban duras y mi respiración se aceleraba en medio de mi angustia y horror, de pronto soltó uno de mis senos y empezó a bajar su mano por mi vientre hasta llegar a mi ombligo, acariciarlo unos segundos y continuar bajando hasta llegar al borde de mi tanga, levantarla deslizar sus dedos y tocar mi intimidad, introducir su dedo en medio de mi lubricada vagina y empezar a masajear mi clítoris con su dedo índice, mientras con el del medio subía y bajaba entre mis labios vaginales.

    —Ves cómo estas de mojadita mamacita, abre un poco más las piernas e inclínate que te lo voy a meter acá mismo, cosita deliciosa.

    —No, no por favor don Ricardo, no masss, pareee, no haga eso.

    Intente zafármele, pero fue inútil por lo mareada y asustada que estaba, el me apretó fuerte contra él y pude sentir su verga muy erecta que apuntalaba mis nalgas.

    —No te pongas esquiva que no te conviene a ti ni a tu esposo, quédate quieta y haz lo que te digo mamacita, agáchate un poco y abre esas patotas.

    Saco la mano que tenía en mis senos y de inmediato empezó a levantar mí vestido algo que se le dificulto por lo apretado que me quedaba en la cadera, lo cual hizo que se desesperara e intentara rasgarlo por la abertura que tenía.

    —Por favor don Ricardo, así no, si quiere yo me lo subo u mejor vamos a otro lado para mayor tranquilidad.

    Eso fue lo único que se me ocurrió decir para no ser violada ahí.

    —Eso me gusta Danielita que colabores, créeme que me encantaría disfrutarte toda una noche, pero mi verga no da espera, me quedo con la primera opción, así que ayúdame y súbetelo mientras yo saco mi verga.

    Yo me petrifique con lo que me dijo y más cuando empezó a decirme que lo hiciera pues.

    —Dale pues mamacita que sea un hecho.

    Yo afloje un poco mi cadera tome el vestido de ambos lados y lo subí de tal forma que el pudiera levantarlo sin problema, ya no había marcha atrás estaba a punto de ser penetrada por un desconocido, intente pisarlo pero de solo imaginar el escándalo y la desdicha que le esperaba a mi esposo, y también con algo de morbo abrí mis piernas y me incline un poco para que el me lo metiera con facilidad, mientras él seguía masajeando mi clítoris ya cada vez menos pues, estaba concentrado zafando su correa y desabrochando su pantalón.

    Saco su mano de mi parte de adelante y termino de subir mí vestido hasta mi cintura dejando al aire mi cola, solo cubierta por mis pequeñas tangas, las cuales se perdían entre mis glúteos.

    —Ufff, pero que culo más bello tienes mamacita, lástima que no tenga tiempo para partírtelo, por ahora me conformare con entrar en esa vagina tan deliciosamente empapada que tienes.

    De inmediato sentí como ponía una de sus manos entre mis nalgas, llevarla hasta mí ya empapada vagina, sacar mi tanga la cual estaba metida entre mis labios vaginales, correrla para un lado, para poder meter su verga. Sentí como su pene ya rosaba mis nalgas algo que hizo que yo instintiva mente me inclinara un poco más, y justo cuando sentí la punta de su pene en la entrada de mi vagina, mientras yo mordía mis labios, se escuchó una voz masculina.

    —Patrón, patrón viene para acá doña luisa.

    De inmediato don Ricardo se incorporó acomodo su pantalón en un par de segundo, bajo mi vestido y se retiró de mí.

    —Mierda que puta suerte la mía, disculpa Danielita ya te lo meteré luego.

    Y salió de ahí disparado, yo sentí un descanso pero también un poco de frustración, me organice tome aire de nuevo y volví con mi esposo. Cuando llegue a la mesa, Carlos estaba aún más ebrio algo que nunca había visto en él, me abrazo y me pregunto que si ya me sentía mejor, para que condujera.

    —Si amor ya estoy bien, ¿si quieres nos vamos ya para que descanses?

    —Si amor vámonos espera que lleguen todos de bailar para despedirnos.

    —Está bien amor —le respondí.

    Yo quería irme ya, sin desdecirme no volver a saber nada de invitados y de socios ni nada, y además no le quería ver la cara a ese par de viejos. Se acabó la canción y los tres señores junto con sus esposas llegaron a la mesa yo me puse de pie, ayude a Carlos a pararse y Carlos empezó a hablar.

    —Bueno señores ya estamos un poco cansados y yo algo borracho, tal vez es por la falta de costumbre y para no amargarles el rato nos vamos a descansar.

    —Peo como muchacho, si la fiesta apenas empieza y la noche es joven, además tus eres el anfitrión, ¿cómo nos vas a hacer ese desplante?

    Respondió don Marcos, mientras ponía su mano en el hombro de mi esposo.

    —No don Marcos ningún desplante, solo que estoy ya muy mareado y no quiero embarrarla, además no estamos acostumbrados a tomar licor y como entenderán no da más fuerte.

    Dijo mi esposo con la cara llena de vergüenza, y yo tratando de ocultar mi disgusto por el poco carácter que estaba mostrando.

    —Jajaja, tranquilo muchacho, si te emborrachas yo mismo te llevo a tu casa a ti y a Daniela, además la noche es joven, son apenas las doce de la noche quédense dos horitas más.

    Dijo don Marcos mientras los demás señores y sus esposas lo apoyaban, yo intente decir que no, pero, Carlos de una dijo que sí, que está bien. Yo solo sonreí hipócritamente. De inmediato don julio el tercer socio tomo la palabra diciendo:

    —Más bien celebremos con un brindis fondo blanco, que la ocasión lo amerita no todos los días ingresamos un socio a la organización.

    De inmediato llenaron los vasos con whiskey esa vez casi llenos, mi esposo por quedar bien supongo se tomó el trago a la par que todos los demás incluyendo las señoras y yo a duras penas di un sorbo, para ser burlada por todos.

    —No la molesten ella no es de como nosotras, ella es una muñeca muy preciosa —dijo la esposa de don julio.

    —Más bien vamos al baño a retocarnos, mientras los señores siguen en lo suyo.

    —¡Si, vamos! Dije yo para salir del apuro y aprovechar para retocarme y limpiar mis fluidos.

    De inmediato salimos las tres señoras y yo, nos quedamos en el baño eso de media hora, cosas de mujeres, nos reímos hablamos y yo me relaje un poco, aunque sentía unas ganas enormes de hacer el amor con mi esposo, tal vez por el trago o por las tremendas escenas de sexo que había pasado.

    Cuando salimos del baño en medio de risas, llegamos a la mesa, pero, no estaban los señores ni mi esposo. No sentamos y a los cinco minutos, aparecieron los tres viejos pero, Carlos no, yo me quede mirando algo confundida pero, de inmediato don Marcos poniendo sus manos en mis hombros dijo.

    —No te asustes Daniela, Carlitos está en el salón privado descansando, pues se sintió muy mareado, si quieres vamos para que estés con él y de paso descansas.

    —Si llévala, anda Dany ve tranquila nosotras atendemos los señores.

    Dijo la esposa de don Marcos. Yo me incorpore y mire con algo de recelo y nervios al señor, mientras él ponía una mano en mi cintura y me llevaba hacia donde estaba mi esposo, todo iba bien hasta que al estar un poco más alejados de todos y al comprobar que nadie nos podía ver, don Marcos bajo su mano de mi cintura y la puso sobre mis nalgas yo de inmediato me arme de un poco de valor y me le retire, y mirándolo con algo de enojo y nervios con vos entrecortada le dije:

    —¿Podría decirme donde esta Carlos, por favor?

    —Por supuesto Danielita, mira es acá, déjame yo te abro la puerta, pero te voy a dar un consejo antes de entrar, no hagas cosas de las que después te podrías arrepentir e incluso desgraciar la maravillosa carrera que lleva en ascenso Carlitos.

    De inmediato abrió la puerta y me hizo pasar para, luego entrar él y cerrar la puerta, yo entre y me quede mirando a ver que más me iba a decir, lo miraba con cara de susto y un poco de rabia. Él se paró frente a mí, y me dijo en vos baja.

    —Mira ahí esta profundo, no lo vayas a despertar.

    Se acercó un poco más a mi puso su mano derecha sobre mi mejilla con la parte externa de sus dedos, me acaricio mientras me hablaba.

    —Te voy a pedir algo y quiero que lo hagas sin dejar de mirarme y sin decir una sola palabra ok.

    Yo solo lo mire y le dije si con el movimiento de mi cabeza, mientras el ya deslizaba su mano por la parte superior de mi busto muy delicadamente, no sé qué tenía ese viejo que me dominaba totalmente, tal vez su carácter y determinación hacían que las personas perdieran su voluntad.

    —Así me gusta Danielita, ahora quiero que sin quitarte el vestido ni dejar de mirarme, te quites tus tangas y me las des.

    Yo lo mire con cara de susto y de inmediato voltee a mirar a mi esposo, él estaba ahí profundamente dormido, sentado en una silla y con su cabeza sobre un escritorio o una mesa de juntas, pues era grande y con cuatro o cinco sillas alrededor de la mesa, con un vaso de licor a un lado y perdido en su borrachera.

    Volví la mirada a don Carlos, trague un poco de saliva y mi respiración se agitaba, no sé si por susto o por la sensación del momento o quizás porque sentía ya sus dedos tocando mis senos al borde del escote de mi vestido.

    —¿Qué esperas Danielita?

    Yo puse mis manos en ambos costados de mi vestido lo levante de un lado, corrí la abertura que tenía en el otro lado, subí mis manos sin dejar de mirarlo mientras note que se agitaba un poco, tome las tiritas de mis tangas y empecé a bajarlas por mis costados, lentamente las lleve a mis rodillas inclinándome un poco, para luego dejarlas caer, me agache sin dejar de mirarlo, acabe de quitármelas, me incorpore con ellas en mi mano y el con una sonrisa sádica las tomo con su mano izquierda las miro, las olio profundamente, sonrió de nuevo diciendo:

    —Pero que estilo tienes, el negro me encanta y además si huele a sexo están mojaditas como lo esas tú.

    Yo seguía inmóvil tragando saliva y cada vez respirando más seguido, el guardo su botín en el bolsillo izquierdo de su pantalón, y fue corriendo lentamente su mano de mis senos hacia mis hombros por el borde de mi vestido hasta las tiras, y empezó a correrlas hacia un lado, primero una luego la otra causando que mi vestido empezara a caer y dejando al descubierto parte de mis senos, luego bajo su dedo índice por la mitad de mi busto, terminando de zafar mi vestido liberando mi busto ya con los pezones duros y parados debido a la situación, dejando mi vestido a la altura de mi cadera más abajo del ombligo.

    —Mamacita que ricas tetas tienes y mira ese abdomen, ahora quiero que continúes así como vas, obediente y complaciente, ya verás cómo te va a ir de ahora en adelante.

    Puso sus manos en mi cintura, las subió hasta llegar a mis pechos y los agarro de abajo hacia arriba masajeándomelos, se acercó más y empezó a besarle el lóbulo de la oreja al mismo tiempo que deslizaba una de sus manos nuevamente a mi abdomen, la bajo hasta la raja de mi vestido y la metió entre mis piernas acariciando mu vagina, luego metió sus dedos y empezó a masturbarme. Yo sentía como se mojaba más y más mi vagina y solo quería que me metiera su verga.

    —¿Te gusta Danielita? ¿Quieres que te lo meta?

    —Siii don Marcos.

    Paso una mano a mis nalgas, luego la otra las apretó y masajeo y después levanto una de mis piernas continuo con la otra y yo me ayude abrazando su cuello para que me alzara con mayor facilidad, puse ambas piernas alrededor de su cintura, el me recostó contra la pared para luego guiar su verga hasta la entrada de mi vagina y dejarme caer sobre ella de un solo golpe, yo emití un pequeño gemido, mientras el iniciaba un suave mete y saca que me hacía llegar a la gloria, beso mi cuello, mi boca y aumentaba sus embestidas más y más chocándome contra la pared y causando sonidos debido a lo mojada que estaba.

    —Mmmm siiii que ricoo Marcos uffff.

    Ya para ese momento estaba hecha una zorra y el solo aumentaba sus embestidas. Para por fin ser llenada de semen.

    Continuara…

  • Elena, madrina por adopción

    Elena, madrina por adopción

    Era verano, me llamó por teléfono Elena, la esposa de mi padrino, nos habíamos encontrado de casualidad hacia unos 10 días, ellos tenían una casa de fin de semana a unos 40 Km de la ciudad. Ese día ella me había comentado que tenían un problema eléctrico y yo me había ofrecido para verlo e intentar solucionarlo.

    Nosotros no teníamos en realidad casi ningún tipo de relación, no solo con ella sino también con mi padrino. Él era marino mercante y pasaba buena parte del tiempo navegando, ellos tenían una hija adolescente a quien yo no conocía.

    Me sorprendió su llamado y casi me disgustó porque me arrepentí de haberme ofrecido, pero bueno no me quedó otra que ir, así que quedamos en ir el jueves, ella pasará a buscarme por casa. Charló un poco con mamá antes de irnos. La idea era terminar el trabajo ese día y volver a la noche.

    Creo que en realidad empecé a conocer a Elena ese día. Al salir ella dijo:

    E: ¿Sabes manejar?

    G: Si

    Me pasó la llave del auto y dijo:

    E: Bueno entonces maneja vos; a mí no me gusta hacerlo, me pongo muy nerviosa

    Era la primera vez que estábamos juntos tanto tiempo, que podíamos charlar y conocernos, a poco de estar juntos me sentí muy a gusto con ella. Mi idea sobre Elena que era una mujer de buena posición económica era la de una mujer caprichosa, engreída, orgullosa y arrogante, sin embargo era humilde, sencilla y divertida. Luego de un poco más de una hora de viaje llegamos a la casa Antes pasamos por una panadería a comprar facturas para el mate y algo para el almuerzo.

    A medida que pasaba el tiempo estaba más a gusto con ella y empecé a verla de otra manera.

    Elena me duplicaba en edad, ella tenía 38 años media 1,65, cabello castaño, largo y lacio, de piel blanca, cara agradable, cejas finas, ojos marrón claro una sonrisa dulce carita redonda, labios finos con rouge rosa tenue, y una sonrisa dulce ese día tenia puesto una remera blanca, de breteles anchos, collar de cuentas blancas con aros haciendo juego, escote bastante profundo, escote profundo por el que asomaban sus dotados senos, redondos y firmes, ajustada al cuerpo y un jean ajustado, de tiro bajo pegado al cuerpo, que mostraban un cuerpo torneado y una cola muy paradita, sus medidas: 95-70-90.

    Luego de tomar mate, me puse a trabajar, el arreglo iba a llevar al menos 2 días, fui a una ferretería a comprar lo necesario para hacer el trabajo, así que entre una cosa y otra empecé a trabajar cerca de las 11 de la mañana, ella me ayudaba y yo por momentos disfrutaba el escote de su blusa que me dejaba ver algo de sus senos y de vez en cuando un pequeño corpiño blanco.

    El día era infernal, excesivamente caluroso, eran las 4 de la tarde y el sol mataba, ella volvió de la heladería, así que hicimos un alto, en un momento nos miramos con asombro un trueno impresionante sacudió el ambiente y notamos como todo oscurecía, salimos afuera, un viento muy fuerte cruzaba el ambiente. Salimos corriendo a entrar las cosas que estaban afuera, cuando se largó a llover en forma torrencial, estábamos en el inicio de un tornado, junto con la lluvia comenzó a granizar, entramos a la casa algo mojados.

    Ver a Elena así me turbó, su largo pelo mojado se enredaba en el cuello, su remera blanca se le pegaba como una segunda piel transparentando su delicioso cuerpo por el frio y su remera mojada mostraba sus pezones desafiantes, sus brazos mostraban su “piel de gallina” por el cambio climático… la miré y dije:

    G: Estas helada

    E: Si estoy muerta de frío

    Afuera el tiempo era de terror, no se veía casi nada, volaban hojas, se caían ramas. Encendimos la radio, el tornado estaba en su máxima potencia, las calles estaban inundadas, había árboles caídos y las recomendaciones era que la gente evitase salir. En ese momento sonó el celular de Elena, era mi madre que quería saber cómo estábamos y que nos recomendaba no salir… que era una decisión que ya habíamos adoptado, era muy peligroso salir.

    Por suerte media casa ya tenía luz, en el living, cocina y baño, encendí la estufa para poder calentarnos, la temperatura había bajado muchísimo habíamos pasado de 40 °C a 15 casi por arte de magia, estábamos empapados y la noche recién comenzaba

    Estábamos los dos frente a la estufa, desde mi posición podía ver una buena parte de los senos de Elena y su diminuto corpiño de encaje, sus pezones estaban muy erguidos y eso me turbaba a punto tal que sentí que mi pene comenzaba a erguirse, esa cercanía y esa visión, más la buena relación que entre los dos había surgido ese día, me hizo comprender que Elena me gustaba… me gustaba como mujer, como hembra, me gustaba esa manera de mostrase dulce y sensual.

    Traté de evitar esos pensamientos pero fue en vano. A medida que el tiempo pasaba, ese pensamiento se afirmaba, ver a Elena moverse, charlar y bromear conmigo, empecé a pensar que ella me estaba seduciendo. Para colmo de males hubo una pequeña charla que no hizo más que afirmar mis ideas.

    E: El día se puso horrible pero me gustó porque me dio la posibilidad de conocerte y me encanta como sus, me encanta tu dulzura… tu ternura.

    G: A mí también me gusto que nos conociésemos, siempre pensé que eras engreída, y hoy, me di cuenta que sos maravillosa…

    Me cortó la posibilidad de seguir piropeándola de alguna manera y dijo:

    E: Bueno, ahora vas a ver que no soy tan maravillosa, algo tenemos que preparar para la cena y ahí te vas a dar cuenta que como cocinera soy un desastre.

    Ella fue a la cocina y yo me quedé en el living viendo las noticias sobre el tornado pero no podía dejar de pensar en Elena, en lo mucho que me gustaba, pensaba en sus senos, su cola, en su soledad en esos 5 meses sin marido… sin sexo… en poder ser yo él que calmase sus deseos sexuales… y la asemejaba con el tornado de hoy y la imaginaba violentamente deseosa, seductora, y yo saboreando su cuerpo y cumpliendo todos sus deseo y saciando cada uno de ellos… Mis pensamiento abruptamente se cortaron ella me llamó y fui a la cocina

    E- Bueno, el menú del día es… bife con ensalada y postre de chocolate, es todo lo que hay… decime cuando querés cenar.

    G- Todavía es temprano…

    E- Para mí también, vamos a ver algo de tele

    No asomamos por la ventana, afuera llovía sin parar

    Elena, pasó por el baño, sus senos se movían de otra manera, más libres, indudablemente ya no llevaba corpiño sus pezones se marcaban en su remera insinuándose más imponentes, se sentó a mi lado, sentir su piel en mi brazo me estremeció, mi sangre hervía, mi corazón latía más aceleradamente, ella se levantó tomo un cubre cama y dije:

    E- Si todavía no puedo entrar en calor

    Nos tapamos, Elena recostó su cabeza en mi hombro, sentí su piel fría y la abrase, la situación era extraña, afuera se sentía el viento y la lluvia, mi mente fantaseaba, mi deseo por Elena se agigantaba a pasos acelerados, si algo me frenaba era pensar en qué pasaría si Elena no sentía lo mismo que yo… en ese momento ella se acurruco más, su cabeza se recostó en mi hombro, y yo la apreté más, ella me miró a los ojos con mucha dulzura.

    Segundos después, Elena se acercó a mí cara me dio un tierno beso en los labios, fue un piquito dulce y tierno… y dijo:

    E- Te quiero, te deseo… quiero ser tuya, necesito sentirme una mujer plena

    Volvió a buscar mi boca, y su lengua entró en la mía, avasallante y deseosa, nuestras lenguas se unieron en un beso apasionado, disfrutando de ese dulce momento, al mismo tiempo su mano comenzó a deslizarse sobre mi pantalón sintiendo mi pene erguido. En forma frenética, bajo mis pantalones y mi slip, mi pene estaba completamente erguido, lo acarició desde la punta a la base, deslizando sus dedos por mi cabeza rosada y deseosa por ser absorbida por su boca.

    E- Ay mi amor, que suave y hermosa…

    G- Es toda tuya, todas las veces que quieras

    E- Mi amor, vamos a hacer muchas cosas juntos

    Se arrodillo en el piso, tomó su remera y la retiro de su cuerpo

    El tamaño de sus senos se veían impresionantes, firmes redondos, sus pezones rosados totalmente erguidos, deslizó sus senos sobre mis piernas, mi cuerpo se estremeció, sentí estremecer de placer, su boca fue en busca de mi pene, sus manos volvieron a acariciarlo totalmente erguido, en mis piernas podía sentir la dureza de sus pezones rozándome, luego su boca besó el tronco de mi pene varias veces, para ir en busca de la tan ansiada presa y entonces lamió un par de veces la cabeza de mi pene y ahí empecé a sentir una vibración y una sensación que nunca nadie antes había logrado en situaciones similares, me estremecía como nunca la suavidad de su succión, podía sentir sus labios sedientos deslizándose por él, lo hacía muy suave, mi pene era recorrido por su boca introduciéndose dentro de ella.

    Sus labios saboreaban cada milímetro que se introducía en su boca, así durante varios minutos, hasta que no soporté más mi pene eyaculó inundando de semen su boca, y lo que siguió fue espectacular, mientras yo eyaculaba sus labios jugueteaban con la punta de mi pene, haciendo que el semen corriese por él, entonces mi pene era vuelto a ser absorbido por su boca en una succión inolvidable, Elena parecía querer prolongar ese momento al máximo ella dejaba que el semen corriese por mi pene para volver a absorberlo y por momentos sus dedos con semen se introducían en su boca no dejando que nada de mi semen se desperdiciase continuó succionando y deslizando sus labios por él mientras mis manos acariciaban su cabello y su boca bebió todo lo que le di, hasta dejarlo completamente limpio

    E- Mi amor esto es hermoso, me encanta que todavía este durito para mí

    G- Por vos va a estar duro todas las veces que quieras

    E- Si lo quiero toda la noche así… te amo

    Elena retiro de su cuerpo su pantalón y su pequeña tanga blanca, al verla creí estar soñando, su cuerpo era de ensueño, suave, terso dispuesta a entregármelo cada vez que lo solicitase, ella anhelaba coger recuperar esos 5 meses de abandono y retiró de mi cuerpo la remera que era el último vestigio de ropa en mi cuerpo.

    Nos acostamos en el piso, sobre la alfombra a 2 metros de la estufa, su cuerpo ardía de pasión y deseaba ser satisfecha. Se sentó sobre mí con mi cuerpo entre sus piernas. Tomó mis manos para llevarlas a sus tetas, eran suaves y duras sus pezones estaban erguidos al máximo, las caricias de mis manos la hacían estremecer de deseo. Me senté sobre la alfombra y rodee con mis manos su cuerpo, ella seguía sentada sobre mí, con besos dulces y tiernos empecé a besar sus senos, ella en medio de sui gemidos dijo:

    E- Mi amor… mi vida… mi cielo… me encantan tus besos y tu lengua jugando con mis senos… me vas a hacer acabar

    G- Hacelo bebé… me encantaría que lo hagas

    Elena se sentía en otro mundo, le encantaba ser tratada con dulzura, aferré firmemente su cuerpo, mi boca se apoderó de uno de sus senos succionó su pezón, lo besó, lo lamió y su cuerpo estalló en un avasallador orgasmo, mientras su concha se refregaba en mi cuerpo nuestras bocas y lenguas se unieron en un interminable beso. Seguimos besándonos, su cuerpo había reestablecido la calma.

    Al rato Elena, empezó a frotar su pelvis contra mi erguido pene. Mis manos seguían aferrando su cintura, gozaba sintiéndola así, se levantó un poco, tomó mi pene y lo colocó a la entrada de su vagina ya en posición, ella fue bajando y mi pene empezó a adueñarse de ella, sus gemidos y su respiración era entrecortada, mi pene estaba duro, caliente y deseoso. La sensación de poseer a Elena, una mujer a la hacía un par de horas no deseaba, me producía una intensa excitación.

    Sentí que Elena me cabalgaba con amor, con sensual erotismo y plena entrega, yo deliraba de placer, su vagina se humedecía cada vez más, volvimos a besarnos mientras ella me seguía cabalgando dijo:

    E- Mi amor nunca voy a olvidar este momento… te deseo tanto… sos maravilloso… sos lo mejor que me pasó en la vida.

    Nuestras bocas se comían mutuamente, en el frenesí del momento, ella dijo:

    E- No puedo esperar más… voy a acabar… hagámoslo juntos

    Nuestros cuerpos estallaron al mismo tiempo, nuestras bocas se unieron en un profundo y enloquecedor beso al mismo tiempo que los dos nos agitábamos en un mutuo orgasmo de placer intenso gritando y gimiendo mientras su cuerpo se llenaba de mi cálido y deseoso semen, éramos amantes desenfrenados entregados al amor, al placer y al deseo.

    Llegada la calma después de varios minutos, cambiamos de posición ahora era ella la que estaba debajo mío. Abrió sus piernas y mi pene entró dominante en su vagina rosada y deseosa. Mi pene llegó a fondo, boca gimió de placer, se la veía feliz, sus piernas rodearon mi cintura, su lengua por momentos se apoderaba de mi oído, lamiéndolo. Ella me hacía alucinar de placer, el placer y el amor reinaba en ese recinto, nos cogíamos con desesperación, ya estábamos locos, entonces ella dijo:

    E- Si Gabi… sí…, me volves loca… dámelo todo… dale toda la lechita a la madrina… quiero sentir tu semen recorriendo… mis entrañas, lo deseo tanto.

    Y su pedido fue una orden… volvimos a explotar juntos en un intenso huracán de pasión incontrolada, nuestros cuerpos se abrazaban, se besaban, se mordisqueaban, en un eterno placer de sexo carnal.

    Cuando la quietud por algunos instantes invadió el ambiente Elena y yo nos unimos en arrumacos y besos. Pero Elena era un volcán, necesitada de sexo, que deseaba ser aplacada y yo estaba dispuesta a complacerla, poco a poco ella volvió a provocarme, nos pusimos de pie, ella tomo con sus manos mi cuello, las mías por su cintura, tomando sus nalgas y nos encendimos en calientes besos de lengua, mientras refregaba su concha sobre mi pene volviéndolo a excitar, su boca besaba mis orejas al rato nuestros cuerpos volvieron a desearse y dijo:

    E- Ay… Gabi… mi amor… deseo más… quiero volver a coger con vos… te deseo tanto… nunca pensé que esto me podría pasar… te amo tanto

    G- Yo también te amo, sos maravillosa y pienso complacer todos tus deseos.

    Volvimos a acostarnos sobre la alfombra, al rato ella estaba debajo, mi pene sobre su cola empezó a endurecerse nuevamente, fui besando y chuponeando su espalda, bajando por ella en dirección a su cola, y al llegar a ella, besé sus glúteos, en ese instante su boca dio un intenso gemido de placer, mi lengua se deslizo entre ellos hasta llegar a su ano, y deslicé mi lengua lamiéndolo muy delicada y dulcemente, tratándolo como si fuera una preciada joya.

    E- Mi amor me volves loca…

    G- Tu cola me vuelve loco, es hermosa… es perfecta, ¿alguna vez va a ser mía?

    E- Por supuesto que va a ser tuya, todas las veces que quieras, pero hoy deseo volver a sentir tu pene en mi vagina, hace meses que está abandonada, y ahora lo que más deseo es que vos la visites y te quedes a vivir en ella

    Elena se puso en cuatro patas y dijo:

    E- Cogeme de vuelta amor, quiero ser tuya otra vez, no me hagas esperar más…

    Y la monté por detrás. Me arrodillé y mi pene entró en su ardiente y sedienta vagina, ella tomó mi pene y lo acomodó en la entrada diciendo:

    E- Ahora si mi vida, dámela toda, haceme de nuevo tu mujer

    En ese momento me sentí dueño de ella, la tomé de la cintura, y empecé a cogerla con fuerza ella gritaba de placer, esa posición la volvía loca, le encantaba coger así , sentirse dominada y que yo la satisficiese y sentir como mi pene se adueñaba de ella, llegando hasta el fondo de su cavidad. Su cuerpo temblaba y se estremecía deliraba de deseo y placer. Gritaba y pedía más como si fuera a morir.

    No pensamos en otra cosa más que el placer mutuo que nos estábamos brindando Elena gemía y suplicaba que la siguiese cogiendo. En ese momento ella se sentía colmado su cuerpo me había entregado dos orgasmos.

    Los gemidos inundaban la habitación, sentí mi pene que pronto estallaría y ella dijo casi en tono de suplica

    E- Acabame, Gabi, acabame… por favor… quiero sentirte dentro mío… quiero tu semen recorriendo mis entrañas dámelo todo, quiero dentro mío hasta la última gota

    Y no pude aguantar más. El orgasmo fue indescriptible. Mi semen inundó su vagina Elena apretaba con su vagina mi pene exprimiéndolo. Ambos caímos sobre la alfombra en medio de intensos espasmos de placer. Hasta que su vagina absorbió todo el semen.

    Nuestras bocas volvieron a buscarse. Nuestros cuerpos unidos. Nos levantamos para cenar y dijo:

    E- ¿Vamos a cenar, mi amor?

    G- Si mi cielo, nos espera una larga noche.

    Y la noche fue por demás intensa, Elena era insaciable y yo estaba dispuesto a satisfacer todos y cada uno de su deseos. Ese fue el comienzo, de algo que duró un par de años, cuando nos necesitábamos, corríamos presurosos a nuestro nidito de amor.

  • Una madre insatisfecha

    Una madre insatisfecha

    Mi madre es una mujer hermosa de 42 años, mi diosa y amor platónico durante muchos años. Una hermosa mujer dedicada a sus labores y su familia. Mi padre es un hombre de negocios, más dedicado en su empresa que en mi madre.

    De estatura pequeña, tetas promedio, caderona, cabello negro largo, de ascendencia asiática. Me gusta todo de ella. Como se mueve, sus gestos. Su suave perfume. No dejé de mirarla con disimulo.

    Así que me convertí en su apoyo y ella en el mío. La pasábamos bien saliendo a divertirnos y nos repartíamos las cuentas. Tenía sueños húmedos continuos con mi mamá. Tratando de quitar los malos pensamientos los planté en un papel:

    Fue ella la primera mujer en la que me fijé. Cuando empecé a ser hombre era ella la que estaba a mi lado. La primera a la que deseé. Y aún la sigo deseando. Eso me hace sentir mal. No está bien que tenga estos deseos hacia ella. Es mi madre. La amo como madre. Pero la deseo como mujer.

    Yo tenía 19 y trabajaba medio tiempo mientras iba a clases en la universidad.

    Todo iba bien hasta que un día oí a mis padres discutir en el cuarto:

    Mamá: ¡Ya no me tocas! ¡Yo también tengo necesidades!

    Papá: Llego cansado del trabajo.

    Mamá: ¡Tu trabajo, siempre tu trabajo!

    Papá: Te prometo que hoy te lo recompensaré y te daré la mejor noche de tu vida.

    Mi padre se fue a trabajar y mi madre se echó a llorar. Ninguno de los dos se percató de mi presencia.

    Por la tarde mi padre volvió a casa para buscar su maleta, justo mi madre había salido. Me dijo que se iría dos días de urgencia a la sucursal en el otro lado del país. Que le diga a mi madre que luego la recompensaría con una cena y que cuide a mi madre. En mi cabeza estaba la idea de que pasaría dos días solo con mi madre.

    Al llegar a casa mi madre se sienta en el sillón. Al oír pasos piensa que es mi padre. Sin perder oportunidad le vendo los ojos mientras me acerco por detrás y empiezo con un masaje de hombros besando sus mejillas y cuello. Ella me corresponde con un beso tierno, siento su aliento cálido y un poco de saliva en la mejilla. Empiezo a acariciar sus tetas por encima de las prendas sin dejar de besar su cuello. Siento como sus pezones se erectan.

    —¡umhh! ¡Qué rico! ¡Sigue esposito!

    Sus palabras me excitan aún más, porque a ella le gusta cómo la toco. Continúo acariciando su cuerpo, quitando las prendas.

    Sus tetas en punta con aureolas marrones se quedan a la vista.

    Empiezo por sus zapatos. Sus pies siempre me han seducido. No pude dejar de lamer y besar sus bellos pies pequeños, tocar su piel suave y subir mis manos por sus piernas hasta llegar a su pelvis.

    A pesar del grueso calzón pude sentir lo mojada que estaba y algunos vellos púbicos saliendo de la prenda.

    Quité la prenda e inicié dando un rico cunnilingus. Su vagina era caliente, húmeda y con olor a mar, sus bellos púbicos me causaban cosquillas. Sentir sus manos cogiendo mi cabello y sus gemidos hicieron que me corriera antes de la penetración.

    Empecé a jugar con su chochito y lamerlo. Mientras con mi pulgar hacía círculos alrededor de su clítoris.

    —¡Ah! ¡Sí! Nunca me habías hecho esto. ¡Qué rico!

    Mi madre se corrió arrojando todos los jugos sobre mi boca. Sus piernas temblaban.

    —¡Ahhh! ¡Nunca me había venido de esa manera!

    Es el momento donde reacciona y se da cuenta que no soy mi padre. Se quita la venda de los ojos y me queda mirando asustada.

    Le digo:

    —Mami, papá se fue de viaje por dos días. Te amo tanto (sin dejar de besar su cuerpo) y si él no te complace yo lo haré. ¡Te amo tanto, mamita linda!

    En ese momento sus pensamientos eran erráticos. Más tarde me los confesó: ¡Pobre mi niño! De haberlo sabido… ¡No sabría qué habría hecho! Mi moral y mi deseo hubieran entrado en conflicto. No sabría cuál hubiera ganado. El morbo de estar con su propio hijo la excitaba más y su vagina era una cascada en ebullición.

    —Sigue mi amor.

    Su corrida se hizo más intensa. Yo creí que fue porque lo estaba haciendo bien, pero era por la entrega de amor y la pasión por lo prohibido.

    Mi madre me bajó el pantalón y se quedó mirando mi pene por un momento.

    Mi madre aceleró su respiración y sus gemidos se hicieron más audibles.

    Iba a penetrar a la mujer que amaba, iba a perder mi virginidad con mi madre. Estuve nervioso por mi primera vez sobretodo porque no sabía si la complacería, si mi pene era lo suficientemente grande.

    Le abrí las piernas, pude ver su vagina totalmente peluda. Eso me gusta mucho. Lentamente empecé con el mete-saca haciendo círculos y con mis dedos sobaba su vagina y tetas. Era mi primera vez, pero había soñado con el momento tantas veces y visto en películas porno.

    —¿Te gusta, mami?

    —¡Sí! ¡Tu pene es mejor que el de tu padre! ¡Sigue bebé! ¡No pares, cariño!

    Continué con mis arremetidas mientras lamía y sobaba sus tetas.

    —¡Oh! Mamita, bella. Tu piel es tan suave. Tan perfecta.

    —Mamá es toda para ti, para que hagas lo que quieras. Soy tuya, mi cielo.

    Ya no pude más y me corrí dentro de ella. Agitado, tratando de recuperar el aliento me eché a su lado.

    Mi madre se acurrucó en mi pecho y empezó a hacer círculos con los vellos de mi pecho mientras susurraba palabras dulces al oído. Lamí sus tetas haciendo círculos con mi lengua en sus aureolas, mientras sobaba su coño peludo.

    Acaricié su coño alrededor de sus labios vaginales, tocando sus fluidos y mi semen que salía por debajo.

    Coloqué a mi madre de costado y empecé de nuevo, en posición cuchara.

    —¡Ya mi amor! No tienes que esforzarte tanto.

    —Quiero satisfacerte mami, quiero que te corras y que pienses en mí al follar.

    Acaricié los pelos de chocho y estómago. Cogiéndola de las nalgas mientras le besaba el cuello y le susurraba cosas a sus oídos.

    Esa noche dormí con mi madre. A la mañana siguiente se despertó con culpa y no quiso que la tocara.

    —Hijo, por favor. ¡Olvídalo! Trata de pensar que esto no pasó. Soy una mujer casada. Soy tu madre.

    —Mami, solo quiero hacerte feliz.

    Salió de la cama y se puso a hacer sus labores. En la cocina me acerqué por detrás y la abracé, pero ella me rechazó.

    Por la noche llegó mi padre. Al acostarse me supuse que estuvieron haciendo el amor. A eso de media noche se abrió la puerta de mi cuarto. Entró mi madre con bata. La abrió. Pude apreciar su cuerpo desnudo.

    —Hola amor, no pude dejar de pensar en ti. Por favor hazme tuya.

    —Soy tuyo, mamá. Solo quiero hacerte feliz.

    Cogimos hasta quedar satisfechos, cansados y sudorosos. Mi mamá salió del cuarto con una sonrisa en los labios, tambaleándose con las piernas flojeando.

    Desde esa noche ponía media píldora para dormir en la comida de mi padre y entraba a mi cuarto. Las noches eran nuestras.

    A los días me confesó que desde hace un mes no podía evitar sueños eróticos con su hijo. Al despertar se vio en el espejo: Sus tetas estaban un poco caídas y su estómago ya no era plano. No entendía cómo su hijo la podía ver sexy. ¿Cómo era posible aquello? ¿Cómo podía desearla así? No sentía una mujer deseable. Y menos para un joven como su hijo. No sabía que pensar. Cómo sentirse.

    No pudo evitar masturbarse pensando en su hijo. Se convenció a si misma de que mientras todo quedase así, sólo dentro de su cabeza, no era tan horrible. Que así lograría no sentirse tan sucia. No podía controlar lo que su cabeza pensaba.

    Ahora que se había concretado, al principio sentía culpa, pero el morbo a lo prohibido lo hacía más placentero y al aceptar que su hijo y ella eran una sola persona de nuevo. El placer se había incrementado como nunca imaginó.

  • Nuestra amiga argentina se la vuelve a montar con Belu

    Nuestra amiga argentina se la vuelve a montar con Belu

    Lo que voy a contar no es nada nuevo, pero tengo la necesidad de contarlo.

    El viernes a la noche me fui a cenar con mi novio y después fuimos a su casa, nada, cogimos toda la noche como cualquier pareja que coge bien -por eso no me voy a poner a contar detalles de eso-, dormimos, llegue a casa a las 15 h., dormí un rato, pero la verdad es que el sábado a la noche, no quería salir con él, quería hacer algo distinto, si trampa, quería estar con otro, ¡pero lo tenía que hacer bien! y pensar como lo hacía.

    Llamé a mi amiga Belu (hablé varias veces de ella, es re puta la guacha), le dije si no quería hacer fiestita a la noche (si así de una se lo dije, estaba muy caliente con hacer algo distinto).

    Me dijo que le diera un rato, a la hora me llama y me dice que arregló con dos amigos que fueran a su casa (hay algo que yo no sabía, que después les voy a contar).

    Ya estaba jugada, ¡no le iba a decir que no!, yo se lo había propuesto, llamo a mi novio, le digo que estaba muerta, que no me sentía bien, que me iba a acostar temprano y que mañana (por el domingo hablábamos), obvio, como siempre me lo creyó.

    Belu, me dice que me vaya vestida bien de trola, yo no conocía a los chicos que le había dicho de ir a su casa y eso me calentaba más, me daba más adrenalina, porque sabía que iba a terminar cogiendo con uno o dos chicos que ni conocía, pero ¡eso me calentaba mucho!

    Mis viejos se habían ido a cenar afuera, así que no tenía problema de salir vestida bien trola (si no, me cagan a pedos), me puse una pollerita cortita, ajustada, de esas que cuando una se sienta se queda casi en bolas, una blusa y un suéter.

    Llego a lo de Belu, y ella, también estaba, vestida re puta, nos matamos con unos besos, abrazándonos (con ella también estuve varias veces), me mete la mano debajo de la pollerita, me toca la conchita, yo ya con mis piernas abiertas, hasta que me hace acabar, pero me dejo ¡re caliente!

    Al ratito tocan, el timbre, suben los chicos. Nos saludamos y al toque uno empieza a besarse con Belu, el otro, me abraza, me pone de espalda contra una pared (yo estaba entregada, fui para eso), me empieza a besar el cuello, me pasa las manos por las tetas (yo me dejaba como una puta), me apoya su pija bien dura en la cola, abro las piernas, ¡para sentirla más!

    Me desabrocha la blusa y me saca el corpiño y me amasa las tetas, yo ya estaba bien caliente (repito quería sentirme re puta esa noche), y empiezo a gemir, a gozar, me saca la pollerita y la bombacha e intenta ponérmela de una en la cola y le digo que ¡no!, ¡que así no!

    La miro a Belu y ya estaba en bolas y a punto de ¡dejarse coger!

    Mi chico me lleva al sofá, al lado de Belu, me empiezo a besar con ella, a tocarnos, a besarnos las tetas, mi chico me la quiere poner en la conchita, le digo que se ponga un forro, se lo pone, y me empieza a coger, a Belu también se la estaban cogiendo, mientras nos besábamos (es lo que más me gusta una mujer y una linda pija), hasta que terminamos acabando las dos ¡casi juntas!

    Belu, me dice que me ponga en cuatro en el sofá, le hago caso, ella hace los mismo, y los chicos nos empiezan a poner las pijas en las conchitas, y sentía que de a poco quería metérmela en la cola (y me di cuenta que a Belu le hacían lo mismo, nosotras nos damos cuenta de eso).

    La cosa, es que de a poco, con la pija, con los dedos llenos de mis jugos, me empiezan a lubricar la cola (no muy bien), hasta que siento que de a poco me la empieza a meter en la cola, la miro a Belu, me besa, me agarra de la mano, me amasa las tetas, esto me hizo calentar mucho, mientras siento que cada vez la pija estaba más dentro de mi cola, Belu me dice: “forra a mi también me están rompiendo el culo, goza boluda” y no iba a queda como una forra, me dolió al principio hasta que entro toda y me empecé a mover hasta que sentía que acababa dentro de mi cola desesperadamente (obvio con forro).

    Nos quedamos los cuatro en bolas en el sofá, hasta que, no pasó mucho tiempo, los chicos se paran y nos empiezan a meter la pija ¡en la boca!, tanto Belu como yo se las empezamos a chupar, despacito, besándole los huevitos, besándoles las pijas hasta que se las chupamos, nos metimos las pijas enteras en la boca, hasta que nos llenaron de leche. Vi que Belu se la seguía chupando hasta dejársela toda limpita y yo hice lo mismo.

    Y ahora viene la parte que les conté al principio (cuando les dije “que había algo que no sabía”)

    Belu, es del interior, vive acá, los viejos la bancan, pero gasta mucha guita y cuando no le alcanza trabaja de prostituta, pero me había dicho que eso no lo hacía más (me mintió).

    Bueno la cosa es que ya habían pasado como una hora y media, dos, y Belu, les dice: “bueno chicos, ya está, hasta acá termina nuestro servicio”. ¡SERVICIO! Me quería morir yo no fui a hacer ¡ningún servicio!, los chicos se visten les dejan la plata que ella había arreglado, me quiso dar la mitad, esta vez le dije que sí, ¡me calentó trabajar de puta!, y me lleve la plata que me gané trabajando de eso (que es de lo único que trabajé, pero es otra historia).

    Se fueron los chicos, le digo que es una guacha, que no me había dicho que íbamos hacer de putas, me pregunta: «¿te gustó?, guacha, gozaste como una perra”, le digo que sí, que me gustó, si me gustó, pero eso de haber trabajado de puta me dejó caliente.

    Con Belu estábamos solo con las blusas, nos empezamos a besas hasta que ella primero me saca la blusa, después yo a ella, terminamos en su cama, primero abrazadas, besándonos, tocándonos, sintiendo nuestra piel, jugando entrecruzarnos las piernas, hasta que nos empezamos a tocar las conchitas y terminamos en un 69, chupándonos las conchas y metiéndonos bien los dedos en la cola y acabando como guachas.

    Después nos seguimos quedando en la cama abrazadas, hasta que nos quedamos dormidas un par de horas y me despierta con una hermosa chupadita de concha que me volvió loca, porque aparte me acariciaba las piernas y yo sola también me tocaba, hasta que me hizo ¡acabar de nuevo!

    Bueno, para no hacerlo muy largo terminamos duchándonos juntas, enjabonadas me tire en el piso de la ducha y mientras ella se agarraba de los azulejos le devolví la chupada de concha, le metía la lengua ¡en la concha!, ella en puntas de pie, re caliente, hasta que la hice acabar de nuevo.

    Y terminamos las dos enjabonadas, acariciándonos, poniéndonos de nuevo los dedos en la concha hasta que acabamos las dos juntas.

    Y aunque no me crean a la vuelta, que ya era de día, pensaba en mi novio, ¡pobrechito!, seguro que se quedó en su casa, no creo que me haya cagado.

  • Creí que había violado a mi cuñada hasta que volvió por más

    Creí que había violado a mi cuñada hasta que volvió por más

    Por esa época vivíamos en la casa de mis suegros y ese día mi esposa tenía turno de noche en la fábrica, yo no sabía que cuando mi esposa y yo no estábamos en casa, mi cuñada Maritza quien era la menor de todas y la consentida de mi mujer se quedaba en nuestro cuarto para pasar la noche, ya que ahí podía ver televisión y podía dormir más cómoda que en su propio cuarto que compartía con Consuelo, su otra hermana y quien se adueñaba de todo, como lo hacen las hermanas mayores y veía lo que quería y no dejaba que mi cuñadita menor viera sus películas y muchas veces ni siquiera la dejaba dormir.

    Yo vine a enterarme hasta esa noche que llegué de una de las presentaciones que yo realizo con mi banda de rock en algún bar de Bogotá.

    Esa noche, a diferencia de otras, después de la presentación no me quede en el apartamento de mi amigo Wilmer, sino que mi amigo Ernesto quien de puro milagro fue a verme junto con su deliciosa esposa Johana y otros amigos, se ofrecieron a traerme en carro hasta mi casa, invitación que yo no pude reusar ya que igual que mi amigo Ernesto, mi casa quedaba fuera de la ciudad, de hecho vivíamos en el mismo pueblo, y motivo por el cual me veía obligado a pasar la noche en la casa de mi amigo Wilmer

    Yo llegue como a la una de la mañana, bastante cansado, así que deje mi instrumento en la sala y entré a mi cuarto donde me lleve la agradable sorpresa de encontrarme con mi cuñada Maritza en mi cama, ella, mi favorita de todas mis cuñadas se sorprendió al verme, sin embargo por la confianza que me tenía me pidió el favor que la dejara terminar de ver su película antes de volver a su cuarto con su hermana.

    Yo le dije:

    —Claro que sí, termínala de ver mientras yo me ducho y me quito este cansancio.

    Saque de mi cajón una pantaloneta y una camisa, me entre a la ducha y me di un refrescante baño de agua caliente que me relajó y sin saberlo me preparo para lo que venía.

    Tan pronto salí de la ducha, ya un poco excitado, entré a mi cuarto y me di cuenta que a pesar que la película de mi cuñada ya se había acabado ella seguía acostada en mi cama, tapada hasta el cuello como queriendo ocultar algo.

    En ese momento yo vi que no estaba viendo nada interesante, así que me acerque al televisor y puse uno de esos canales que a esa hora pasan películas eróticas y me senté en un sillón que había al lado de mi cama, el solo hecho de saber que mi cuñada estaba acostada en mi cama me excito mucho, mientras que en medio del silencio mi cuñada, quien en ese momento era la dueña del control remoto, cambio de canal.

    Yo me levante rápidamente y volví a poner mi canal, pero mi cuñada volvió a sintonizar otro, entonces yo le dije:

    —por favor déjame ver mi película.

    Y ella me dijo:

    —No cuñado que se va poner a ver esas cochinadas.

    Yo le dije

    —Dame el control.

    Ella me dijo como en un tono juguetón.

    —No señor.

    Yo me abalance sobre ella para quitarle el control remoto y poder ver mi película, pero antes que yo la alcanzara ella de un salto salió de mi cama y empezó a correr por mi cuarto, sin acordarse que lo único que llevaba puesto era uno de esos pantis cacheteros con transparencia que delineaba muy bien sus grandes caderas y sus hermosas nalgas y que dejaba entre ver una vagina grande y carnosa y una camisa que acentuaba sus grandes senos y que yo ya me había dado cuenta desde hace tiempo que ella utilizaba para dormir.

    Yo la conocía desde los 14 años como la niña gorda de la casa, su aparente obesidad era la causante de su poca autoestima y de la burla de sus esbeltas hermanas que utilizaban esto para humillarla cada vez que peleaban, sin embargo, 5 años más tarde, después de su desarrollo, era toda una mujer, alta, de cabello negro ondulado, de unos hermosos y grandes senos, una pequeña cintura y unos gruesos y largos muslos, era dueña de un cuerpo voluptuoso que contrastaba con su carita de niña inocente.

    Por supuesto que yo me quede pasmado con semejante cuerpazo que por varios años ella había ocultado debajo de su uniforme de colegio y que ahora a solas en mi habitación, sin quererlo me lo exhibía de forma inocente, provocándome una enorme erección de la cual ella se dio cuenta y sé que también se dio cuenta de la forma en que yo la miraba.

    Cuando ella cayó en cuenta de esto corrió nuevamente para mi cama, se acostó bocabajo y puso el control remoto debajo suyo para que yo no se lo pudiera quitar mientras intentaba taparse nuevamente con la cobija, pero yo la alcancé y evité que cumpliera con su cometido y sin ninguna otra intensión más que la de quitarle el control remoto empecé a manosearla y a tocarle los senos.

    Poco a poco en medio de este juego me deje llevar por mi excitación y empecé a moverme encima de ella como si la estuviera penetrando, haciéndole sentir toda mi erección en medio de sus hermosas y grandes nalgas mientras que ella intentaba detenerme poniendo sus manos en su cola e inevitablemente sintiendo mi vergota en sus manos al mismo tiempo que me decía:

    —¡no Cesar no haga eso!

    Pero yo ya no me podía detener, entonces ella en un intento de parar todo esto, se dio la vuelta para oponer resistencia de frente, pero lo que logró fue que yo me metiera de cabeza entre sus piernas y empezara a chupar su provocativa y grande vagina por encima de su panti, ella puso sus manos como tratando de detenerme, pero mi ímpetu era tal que ella no lo podía evitar mientras yo me comía su vagina por encima de su ropa.

    Poco a poco sus negativas se fueron confundiendo con unos gemidos que lo único que hacían era excitarme mucho más, entonces, mientras chupaba su cuquita por encima de su panti, metí mis manos bajo su camisa y empecé a manosearle sus grandes, firmes y suaves senos, así que ella ya no sabía si evitar que se la chupara, o que la manoseara, mientras que en medio de unos pequeños gemidos me decía:

    —¡no cesar aj, aj, aj no haga eso!

    Después de esto tomé el control de la situación y en un rápido movimiento y con algo de complicidad de mi cuñada, le quite su panti y lo tire por ahí, después me acosté encima de ella y empecé a besarle los senos mientras que metía mis dedos en su enorme, mojada y peluda vagina.

    Ahí si fue que sus gemidos se incrementaron y a pesar de todo esto, su carita de niña continuaba diciéndome que no, pero con su cuerpo de mujer me decía que sí.

    Yo me la quería comer toda, así que rápidamente baje con mi boca por su vientre, pasando por sus grandes y hermosas caderas y llegando hasta sus muslos, los cuales eran grandes y largos, empecé a besarla por la parte interna de sus muslos desde las rodillas hasta su entrepierna, como anunciándole lo que venía.

    Primero su muslo derecho, después su muslo izquierdo mientras que desde donde yo estaba se podía ver como sus fluidos vaginales ya afloraban.

    En medio de todo, sin oponer tanta resistencia y con su voz ya excitada ella me decía:

    —no cuñado, no más por favor.

    Aferrándome a sus grandes muslos me metí de cabeza entre sus piernas y empecé a chuparle su enorme vagina mientras acariciaba sus grandes muslos.

    Su abundante vello púbico me excitaba mucho porque me daba a entender que a pesar de su carita inocente, ya no era una niña, que ella ya era toda una mujer y que muy seguramente mi pene cabía perfectamente en esa cuquita mojada y caliente.

    En ese momento ella se entregó por completo al placer que yo le estaba proporcionando, mientras yo pasaba mi lengua por su clítoris y le metía mi lengua en su vagina, entonces abrió sus piernas de par en par dejándome ver que además de su vagina, su esfínter anal también necesitaba de toda mi atención, fue ahí cuando empecé a lamer y a meter mi lengua en su cola, ya no hubo marcha atrás, ella necesitaba que yo le hiciera el amor.

    Ella me provocaba tanto morbo que yo no sabía cómo manosearla, mientras yo me comía su clítoris y metía mis dedos en su vagina, también estiraba mis brazos y le acariciaba los senos al mismo tiempo que hundía mi cara en una mar de vellos y de fluidos vaginales.

    Después, aprovechando todo el fluido vaginal que escurría, empecé a meter un dedo en su colita mientas que ella arqueaba su espalda y ponía sus manos en mi cabeza empujándome duro contra su vagina, como masturbándose con mi cara, tenía sus ojos cerrados y se lamia los labios.

    Rápidamente sus movimientos se fueron incrementando y tomándome del cabello empezó a frotar mi cara contra su vagina de una forma desesperada.

    Arqueando su espalda y meneando su cabeza se vino en un orgasmo muy intenso y húmedo en medio de pequeños gemidos que no podía reprimir justo en el momento en que yo ya tenía metidos tres dedos hasta el fondo de su colita

    Sin más espera, me puse a la altura de su cara y entre sus piernas me quite la pantaloneta y la camisa y como entre un tuvo, mi pene erecto y muy duro, entro de forma natural por su vagina empapada en jugos vaginales, en medio de un gran quejido de mi cuñada, mientras yo me movía lentamente, se lo metía y se lo sacaba todo para que sintiera cada centímetro de mi pene dentro de ella.

    En ese momento ella había dejado de luchar por el control remoto y en un intento de luchar por el control de su cuerpo me dijo entre gemidos:

    —¡ay Cesar ya no más! y ahora ¿qué le voy a decir a mi novio?

    A lo cual yo le conteste:

    —Pues le dices que fue una violación.

    Decirle eso, fue como haberle prendido el turbo a mi cuñada, tal vez ella tenía algún fetiche con eso, no sé, pero si antes se había entregado por completo, esta vez abrió sus piernas de par en par dándome todo el permiso para que la penetrara, así que ella no pudo hacer más que dejarme entrar y dejar que yo, el esposo de su hermana mayor, le pegara tremenda culeada.

    Yo me sentía como un depredador que se comía a su indefensa presa, mientras ella con sus ojitos cerrados me rodeaba con sus enormes muslos y me abrazaba con sus tiernos brazos al tiempo que yo le daba verga por su deliciosa vagina mientras le daba besos en la boca, mordisquitos en sus pezones, acariciaba sus largos y gruesos muslos y pasaba mi mano por su vagina solo para sentir como mi pene entraba y salía de su cuquita y para explorar de vez en cuando su ya empapado esfínter anal

    Cada cosa que yo hacia la excitaba mucho, al parecer no tenía mucha experiencia en el sexo, a pesar que su novio la invitaba a salir a cada rato, sin embargo aprovechaba yo esta situación para volverla loca de excitación.

    Ella me tomo fuertemente de las nalgas empujándome hacia ella, como pidiéndome más, mientras los chasquidos que salían desde su vagina, se confundían con el palmoteo de nuestras pieles chochando, y sus gemíos llenaban mi habitación a pesar que ella se reprimía para que no nos escucharan en toda la casa.

    Cuando ya llego la hora de venirme, me apoyé en mis puños y empecé a darle más duro, sus grandes senos se movían al ritmo de mis envestidas, mientras ella se mordía sus labios hinchados, su carita de adolescente excitada me hacían sentir como una bestia carnal que destazaba a su pequeña presa, sutilmente le anuncié que ya me iba a venir mientras que ella con un movimiento de su cabeza me dijo que si, así que entre gemidos nos vinimos en un gran orgasmo húmedo y delicioso, pero por nuestro bien, en medio de lo posible tuvimos un orgasmo silencioso.

    Yo no podía parar de eyacular, yo sentía como si litros y litros de semen salieran de mí y quedaran en la vagina de mi cuñada quién aún seguía revolcándose de placer debajo de mí con sus piernas abiertas de par en par aferrándose fuertemente a mi espalda disfrutando de los espasmos de mi pene derramando gran cantidad de semen entre su vagina.

    Mientras ella terminaba de sentir su orgasmo, yo me quede dentro de ella hasta que sintiera el último espasmo de mi pene.

    Después del éxtasis, nos quedamos acostados uno al lado del otro, en un profundo silencio, escuchando solo nuestras respiraciones agitadas, mientras yo sentía la sudorosa piel de sus caderas junto a la mía y meditábamos lo que acababa de pasar.

    Rato después, ella lentamente se levantó y empezó a buscar sus pantis, los cuales yo no sabía en donde habían quedado, evitándome y haciendo como que yo no existía buscaba por toda la habitación pero no los veía, al darme cuenta yo de la situación y para demostrarle que había sido algo fortuito también me levanté a ayudarle a buscar y en ese preciso momento mi cuñada se agacho para buscarlos debajo de la cama, literalmente se puso en cuatro para poderlos encontrar.

    Ahí estaba yo viendo a mi cuñada desnuda de la cintura para abajo, gateando por toda mi habitación buscando sus cuquitos para poder salir del cuarto con algo de dignidad, lo cual me provoco nuevamente una gran erección y me motivó a simular que también se los iba a ayudar a buscar solo con la intención de ver este espectáculo más de cerca

    Cuando por fin los encontró debajo del armario, muy al fondo, se agacho más para poderlos alcanzar y ahí fue cuando no pude más, y aprovechando esta nueva posición me hice detrás de ella con la intensión de hacerle el amor otra vez.

    Ella me dijo en un tono imperativo:

    —No más cuñado, esto no va a suceder otra vez.

    Haciendo un esfuerzo por alcanzar sus pantis se estiró nuevamente respingando nuevamente su colita y despertando en mí los más bajos pensamientos.

    Yo intente tocarla nuevamente pero ella se resistió fuertemente y me dijo:

    —¡no más!

    Cuando volvió a insistir en alcanzar su ropa interior quedo en una posición en la cual yo podía ver ese divino tesoro que mis dedos habían estado dilatando, encerrado en medio de esas dos hermosas y grandes nalgas, me encantaba ver esos pelitos que rodeaban su orificio, así que no me aguante la tentación y le di una mordida en uno de sus glúteos muy cerca de su esfínter anal y provocando en mi cuñada un delicioso gemido que me invitó a seguirle estimulando su colita.

    Empecé a manosear sus grandes senos y a meter mis dedos en su colita mientras ella me preguntaba.

    —¿Por qué hace eso cuñado?

    Yo le conteste:

    —qué pena cuñada pero es que usted esta muuuy buena.

    Y acertando nuevamente dándome cuenta que a mi cuñada le gustaba que le hablaran sucio me deje poseer nuevamente por el animal que llevo dentro y aprovechando la actitud sumisa de mi cuñada la penetre por detrás con la intensión de hacerle el amor ahora de perrito.

    Mi cuñada no pudo decir más que:

    —aj, aj, aj, aj.

    Yo desde atrás solo podía disfrutar de la hermosa visual de sus hermosas nalgotas y su pequeña cintura, mientras le acariciaba los senos e incluso metía mis dedos en su cola, ya que esta se abría como invitándome a entrar, al tiempo que ella desde adelante me miraba como preguntándose, que era lo que yo le hacía.

    Estábamos en pleno acto cuando se escucha salir a alguien de algún cuarto, sus pasos se acercan a mi habitación así que tuve que bajar el ritmo de mis envestidas, después entraron a la cocina y abrieron la nevera para buscar algo de comer seguramente.

    Yo, aprovechando la distracción, me salí de la vagina de mi cuñada y se lo metí por su dilatado ano, a lo que ella respondió en voz baja y bastante angustiada.

    —¡Cesar me lo estas metiendo por la cola!

    Como si no se hubiera dado cuenta de mis intenciones desde el principio, mi cuñada me volvió a decir esta vez con un acento como de dolor y en voz baja:

    —¡espere que me lo está metiendo por la cola!

    Yo seguí con mis movimientos como si ella no me hubiera dicho nada y cada vez se lo metía más profundo, así que ella empezó a emitir unos pequeños gemidos más agudos de los que hacía antes, eran como de dolor y placer.

    Al rato la persona que andaba por ahí entro nuevamente a su cuarto y mi cuñada se relajó un poco más, permitiendo que mi pene entrara aún más profundo en su cola.

    Para mí era espectacular ver como mi pene salía y entraba de la hermosísima cola de mi cuñada y también ver como los pelitos que rodeaban su hoyito se hundían al tiempo con mi pene mientras ella me intentaba decir que por ahí no.

    Con el tiempo, su colita se dilató más y ya mi pene entraba y salía más fácil, y mi cuñada lo disfrutaba mucho más.

    Con el tiempo fuimos cogiendo ritmo y le fui dando cada vez más duro, ella en ese instante pego su carita contra la alfombra como resignándose a entregarme su culo de una forma sumisa y complaciente mientras yo como un depredador sexual disfrutaba de los majares que mi cuñada me entregaba.

    Ella misma se enderezo, se quitó la camisa, y se apoyó en mi cama, dejando sus enorme tetas en las sabanas y sus rodillas en el piso con el fin de estar más cómoda, mientras yo se lo hundía por el culo con todo y pelos, ella cerraba sus puños agarrando fuertemente mis sabanas.

    Ya no me aguanté más y sin importarme si le dolía o no, empecé a machacarle ese culo con total desenfreno mientras sus gemidos combinados con griticos de dolor empezaban nuevamente a llenar toda mi habitación, sin embargo cuando vi su carita de dolor, algo pasó por mi mente y pensé:

    —¿que estoy haciendo?, ¿será que la estoy lastimando?, ¿Qué tal que a ella no le esté gustando esto y después me meta en problemas?

    Entonces me paso un frio por todo el cuerpo del solo hecho de pensar que estaba violando a mi cuñada, en ese momento me detuve, mire al cielo y después al frente, estaba dispuesto a detener todo para no agrandar el problema, sin embargo esto fue algo que mi cuñada Maritza interpretó de otra forma y al ver que yo no me movía, empezó a moverse ella contra mí, ella solita, en cuatro, totalmente desnuda se estaba enculando por su propia voluntad y al parecer estaba disfrutando de mi pene dentro de su ano porque dejaba salir sus gemidos sin ningún pudor y con el tiempo subió el ritmo de sus movimientos hasta que literalmente me cogió a culazos.

    Dejándome llevar por los instintos primitivos de mi cuñada y que fácilmente me había contagiado, la tome de sus hermosas caderas y le empecé a dar duro por ese culo, mientras toda su piel se sacudía al ritmo de nuestros movimientos, sus gemidos se aumentaron y nuevamente nos olvidamos del mundo entero.

    Como dándome la aprobación con su mirada empecé a decirle cosas como.

    —Maritza usted culea muy rico.

    —Maritza que cola tan deliciosa tienes.

    Hasta que con una sacudida brusca, ella me indico que estaba teniendo tremendo orgasmo mientras que yo descontroladamente le llenaba de semen su conducto anal.

    En medio de respiraciones agitadas y de pieles sudorosas me salí lentamente de la cola de mi cuñada y ambos nos acostamos en la cama para descansar del orgasmo y ella para descansar del dolor y del orgasmo mientras que al relajar su mano dejo caer los pantis que tanto había estado buscando debajo del armario.

    Después de descansar y de normalizar su respiración, se puso su camisa y su bonito panti y como indignada, salió para su cuarto.

    Esa noche dormí profundo, pero los siguientes 30 días fueron una pesadilla, mi cuñada no me hablaba y mi esposa estaba muy rara con migo, igual que mi suegra, yo solo esperaba a que se destapara el escándalo y a ver si Maritza había quedado embarazada o si me iba a denunciar o algo así, yo me imaginaba en la cárcel e incluso perdiendo a mi familia.

    Una sábado en la mañana como siempre llegue del trabajo como a las 7 am, me despedí de mi esposa Anet quien salía a trabajar, entré a la ducha a bañarme todo el sudor del trabajo y salí envuelto en mi toalla, dispuesto a dormir de día, algo que para mí era casi imposible por todo el ruido que había en la casa y por el calor que hace de día, por eso yo dormía desnudo y apenas tapado con una sábana.

    De camino a mi cuarto, me cruce con Maritza quien estaba esperando que yo saliera del baño y quién también salía envuelta en su toalla pero para bañarse, yo caminé algo triste hasta mi cuarto, cerré la puerta y me metí debajo de la sabana como de costumbre.

    En el primer piso se escuchaba a mi suegro quien era mecánico trabajar con sus herramientas y se escuchaba a mi suegra lavar los trastes para preparar el desayuno.

    Cuando por fin me estaba cogiendo el sueño, me despertó el ruido de la puerta de mi cuarto y veo entrar envuelta en su toalla a mi cuñada Maritza, quien antes de entrar, miró para todos lados para ver que nadie la estuviera viendo, puso su dedo en la boca como haciendo una señal de silencio, dejó caer su toalla dejándome ver nuevamente su voluptuoso cuerpo desnudo mientras que rápidamente me quitó la sabana y se dispuso a hacerme un delicioso sexo oral.

    Aunque Maritza se esmeraba, no me lo mamaba mejor que su hermana Paola, pero me tenía muy excitado

    Cuando yo ya estaba muy erecto ella se levantó e inmediatamente me rodeo con sus piernas y se sentó sobre mi pene, se penetró ella solita y empezó a cabalgar sobre mí.

    Arqueaba su espalda mostrándome sus grandes senos, y meneaba su peluda vagina sobre mí como mostrándomela y como queriéndome decir:

    —mira lo que te estas comiendo cuñado.

    Su carita de morbo y la forma en que me miraba me volvían loco, así que yo también incremente mis movimientos pélvicos para ayudarle, entre tanto ella me decía:

    —¡te siento en mi estómago!

    En ese instante se escuchó el grito de mi suegra diciendo:

    —Maritza ya llego Oscar.

    Esta situación la excito bastante lo cual provoco que incrementara sus movimientos y al mismo tiempo sus deliciosos gemidos.

    Mientras Oscar esperaba en la piso de abajo yo le hacia el amor a su novia en el segundo piso mientras que ella como sin importarle nada seguía sacudiéndose de placer, cabalgando sobre mi pene mientras sin dejar de moverse le contestaba a mi suegra con otro grito:

    —dígale que ya bajo.

    Y como si nada continuamos haciendo el amor hasta que llegamos al punto de excitación que nos obligó a venirnos en un muy jugoso y ruidoso orgasmo que no se escuchó más gracias al ruido del taladro de mi suegro.

    Yo terminé de eyacular en su vagina y al poco tiempo, rápidamente ella se levantó sin importar que aún escurriera semen entre sus piernas, se envolvió en su toalla y se metió en el baño a darse una ducha y a prepararse para salir con su novio a celebrar su primer aniversario.

  • Nadie me ha trastornado tanto como Alexandra

    Nadie me ha trastornado tanto como Alexandra

    Lo que voy a narrar a continuación ocurrió hace ya bastantes años, casi 10 años, pero es uno de esos recuerdos que nunca se pueden olvidar y tampoco tengo ningún deseo por hacerlo. Yo acababa de montar mi academia, creo que llevaba con ella apenas un año y durante todo ese tiempo por supuesto me había fijado en algunas de mis alumnas pero, a pesar de que algunas fuesen guapas o estuviesen buenas, nunca sentí verdadera atracción por ninguna de ellas. Hasta que conocí a Alexandra, claro, porque nunca nadie me ha obsesionado y trastornado tanto como ella y nadie volvería a hacerlo.

    Si soy sincero la primera impresión que tuve de Alexandra su primer día en la Academia no es que fuese muy especial. Ella debería tener unos 18 años y me pareció una chica extremadamente tímida, reservada y retraída. Los siguientes días confirmé que aparte de esa timidez resultó ser muy seria, borde, distante, fría, antipática y sobre todo tenía ciertos aires de marquesa como de niña pija. Estaba claro que a pesar de que intentaba esconderlo bajo su timidez no podía disimular lo pija y niña de papá que era. De todos modos a pesar de que ya en ese primer momento me quedé prendado de lo guapísima que era y lo buena que estaba no llegué a pensar que me llegase a colar tanto por ella.

    No sé si fue al tercer o cuarto día cuando empecé a reparar cómo intentaba disimular su gran belleza y cómo evitaba que nadie se diera cuenta del potencial que tenía. Empezando por su forma de vestir. Siempre, absolutamente siempre, todos los días iba vestida por el mismo patrón, es decir, un jersey con una camisa debajo y unos pantalones. Todo así en plan muy clásico pero elegante. Nunca dejó de llevar su jersey con camisa con pantalones. Y aunque combinaba de maravilla cada uno de los jerseys con sus camisas, y estos con sus pantalones, no es que se pudiera decir que fuese una ropa muy femenina al vestir; incluso hasta se podría decir que era demasiado varonil siempre así con jerseys y camisas sin variar nunca su estilo. Como escondiendo su feminidad y su potencial sensual.

    Y si su forma de vestir no variaba nunca menos aún su peinado porque siempre lo llevó su bonito pelo castaño recogido en una coleta, un pelo que combinaba de maravilla con sus intensos ojos verdes. Como si no quisiera que nadie se percatase de lo guapísima que era con el pelo suelto. Aunque puestos a ser sinceros tenía sus defectos físicos, a pesar de su gran belleza, el más evidente que tenía poquísimo de tetas, casi nada, y aunque a priori jamás pensé que me colaría tanto por una chica con tan poco de pecho sí que lo hice.

    La cuestión es que al cabo de unos días Alexandra empezó a darme morbo, no sé exactamente porqué, era una mezcla de varios ingredientes. Por una parte esa forma de vestir tan recatada, mojigata, varonil y virginal me producía el anhelo de querer desnudarla, de quitarle capas de ropa. No dejaba de pensar que estábamos todavía a finales de octubre y que hasta marzo por lo menos no vendría solo en camisa. Es decir, me quedaban muchos meses de seguir viéndola siempre en jersey y camisa. Por otro lado que fuese tan extremadamente borde, tímida, callada, reservada e introvertida le añadía más morbo porque le daba un aire tan inocente y virginal que me ponía mucho, totalmente diferente al resto de las alumnas de la academia. Alexandra no es que solo fuese virgen sino que estaba seguro al 100% que ningún chico le había dado ni siquiera un beso.

    Mi siguiente paso fue algo muy infantil e inmaduro por mi parte, pues todos los días en determinados momentos cuando nadie me veía le hacía una foto disimuladamente con el móvil y luego por la noche en mi casa me deleitaba viendo las fotos de cada día y contemplando el jersey y la camisa que había llevado cada día. Siempre tan elegante, pulcra y formal vistiendo. Siempre con los cuellos de la camisa metidos por dentro del jersey. Era el sumun de la formalidad en el vestir. ¡Y qué morbo y fetichismo me daba eso!

    El momento decisivo de esta obsesión fue un jueves por la tarde, lo cual era previsible, pues los jueves por la tarde de 7 a 8 la única alumna que tenía en la academia era Alexandra. Por lo que ese jueves discretamente y sutilmente mientras le estaba explicando algo delante de su ordenador coloqué mi mano en su hombro. Toqué por primera vez en mi vida su jersey. Podía notar perfectamente cómo eso la alteró internamente y es que sabía con total seguridad que era la primera persona en su vida que le ponía una mano en su hombro. Yo lo sabía y eso me daba un morbo total. Por supuesto que era un hecho normal y cotidiano de lo más inocente tener mi mano ahí en su hombro mientras le explicaba algo delante de su ordenador, pero en el caso de Alexandra era un logro brutal de un fetichismo total. Tocar su hombro por encima de ese jersey azul oscuro que llevaba ese día me excitó sobremanera.

    Y ella no dijo nada durante todo ese rato. Permaneció callada y tímida como siempre. Lo cual me animó a no quitar la mano de ahí. Sé que objetivamente era una gilipollez absoluta y algo absurdo pero para mí era tremendamente sugerente y excitante. No sé cuánto tiempo estuve con la mano ahí. Quizás no llegase ni a 10 minutos. Pero que durante esos 10 minutos ella no dijese nada supuso un morbo adicional a que otro día podría volver a repetirlo.

    Esa semana estuve súper impaciente deseando que llegase el jueves siguiente. Quería repetir lo del jueves anterior. No. Repetirlo no. Quería avanzar. Necesitaba avanzar. Y además ese jueves siguiente estaba preciosa como siempre con un jersey negro y una camisa blanca. Sutilmente volví a colocar mi mano en su hombro mientras le explicaba algo delante del ordenador. Ella impávida y quieta como siempre. Súper tímida y callada.

    Yo como si nada empecé a pasar mi mano tímidamente por su hombro pero de forma muy lenta para ir tanteando si ella mostraba en su rostro algún gesto o reproche. Pero no. No hizo ni dijo nada. Así en plan sumisa y reservada como nunca. Desprendiendo un morbo y fetichismo total. Yo estaba muy ilusionado pero tampoco quería hacer nada para cagarla porque me podía caer un paquete muy gordo como profesor si ella se cabrease o alterase. Lo único que llegué a hacer ese jueves mientras acariciaba su hombro izquierdo con mi mano derecha fue colocar mi dedo índice en el cuello de su camisa blanca, pero solo colocarlo, para ver si reaccionaba. Como no reaccionó pensé en no tentar más a la suerte por ese día y al cabo de unos minutos dejé de tener mi mano en su hombro.

    Por las noches no hacía más que mirar las fotos del móvil que disimuladamente le hacía durante toda la semana. Era increíble cómo me fui obsesionando con cada uno de sus jerseys y sus correspondientes camisas. Y se me hacía eterno tener que esperar hasta el siguiente jueves para poder volver a acariciar su ropa; y ahí la suerte sí que me acompañó pues justamente el martes por la tarde el otro alumno que venía me dijo que no podría venir por lo que solo estaríamos esa tarde solos Alexandra y yo. El poder adelantar dos días mi ritual de acariciarla por el hombro tímidamente me llenó de alegría y entusiasmo.

    Además ese día estaba preciosa, aunque bueno, ya todos los días me parecía preciosa combinase como combinase su ropa, con un jersey azul oscuro y una camisa azul claro. En cuanto tuve oportunidad me acerqué a colocar mi mano en su hombro mientras le explicaba algo delante del ordenador. Ella impasible y tímida como siempre sin decir nada. Empecé las caricias por ese jersey azul oscuro hasta que llegue al cuello de la camisa la cual titubee si tener el valor de llegar a acariciarla.

    Me lo pensé varios segundos que se me hicieron eternos pero al final me decidí y muy sutilmente agarré de forma suave el cuello de su camisa entre mis dedos y empecé a acariciarlo. Fetichistamente eso me puso mucho. Saber que era el primer chico que en toda su vida le había tocado el cuello de la camisa me ponía un montón. Y además me daba muchísimo morbo que, a pesar de que ella se estaba dando cuenta perfectamente de lo que estaba pasando no mostraba ningún cambio en su tímido rostro, como sumisamente aceptando lo que pasaba porque no sabía cómo tenía que reaccionar.

    Esa docilidad me excitaba mucho. Era todo tan morboso. Y en medio de todo ese morbo mi dedo índice acariciaba tanto el cuello de su camisa azul como su propio cuello, y me encantaba tanto el tacto de una cosa como la otra. Ese primer día que acaricié el cuello de su camisa fue un gran subidón para mí. De todos modos no quise forzar más ese día y no avancé nada más. No quería que bajo ningún concepto ella se alterase ni reaccionase.

    Tras todo lo conseguido estaba claro lo expectante y ansioso, incluso histérico, que estaba para que pasarán esos dos días del martes al jueves. Ese jueves estaba deseando volver a repetir la jugada. Ella vino con el mismo jersey azul oscuro pero esta vez con una camisa rosa clara debajo. Y en cuanto tuve ocasión empecé a realizar nuestro habitual ritual de mano en el hombro, la cual iba desplazando poco a poco al cuello de la camisa hasta acabar acariciando el cuello de esa camisa rosa que tan bien le quedaba.

    Me tiré mucho rato acariciando así el cuello de su camisa mientras le explicaba cosas en su ordenador pero estaba claro que ese día no me iba a conformar solo con eso por lo que en determinado momento pase mi mano al otro lado de su cuello y empecé a acariciarla el otro cuello de la camisa. Ella como siempre no reaccionó. No sabía si tenía miedo, timidez, intimidación o simplemente que no sabía cómo reaccionar dada su enorme timidez e inocencia. La cuestión es que al cabo de un rato mis dos manos estaban acariciando ambos cuellos de la camisa y que forma suave, muy fetichistamente, empecé a sacarlos por fuera del jersey, quería sacarles esos cuellos de camisa por fuera del jersey, sé que era una gilipollez, pero en el caso de Alexandra era muchísimo, casi como desnudarla.

    Me dio un morbo total verla con los cuellos de esa camisa rosa por fuera del jersey. Rompía en cierto modo su impecable y pulcra forma de vestir. Me la imaginé por la mañana en su casa vistiéndose como siempre metiéndose la camisa formalmente por dentro del pantalón y poniéndose su jersey encima para taparla, todo en plan muy formal, pulcro y elegante, y que ahora tuviese los cuellos por fuera era algo que fetichistamente me ponía muchísimo. Me excitaba.

    En cualquier otra chica eso sería una tontería total y una bobada, pero en el caso de Alexandra era de un fetichismo brutal que esa niña rica tan pija estuviese un poco desvestida y desarreglada. Ese día no hice más pero esa noche al acostarme y volver a contemplar sus fotos hechas con el móvil me prometí más a mi mismo que no iba el siguiente día a contentarme solo con jugar con los cuellos de su camisa.

    Y efectivamente cuando llegó el siguiente jueves mi deseo acumulado por Alexandra estaba a punto de explotar. Ya me daba igual que tuviese solo 18 años, que fuese tan borde, seca, fría y antipática y sobre todo que apenas tuviese tetas. Todo eso me daba igual. Estaba obsesionado por ella y llevaba ya más de un mes aguantando este deseo y anhelo contenido. Como siempre vino con jersey y camisa, no sé si es que mi obsesión por ella estaba al máximo pero lo cierto es que con ese jersey gris y la camisa blanca que llevaba estaba preciosa.

    Así tan formal, tan elegante, tan pija y con esa cara de niña buena tan inocente me ponía malo solo verla. Por lo que en cuanto se sentó delante del ordenador empecé con mi ritual de ponerme detrás de ella, jugar con los cuellos de su camisa, sacárselos por fuera del jersey y comprobar por enésima vez que ella permanecía quieta, inmóvil, fría, mirando la pantalla del ordenador como si eso no estuviese pasando.

    Mientras acariciaba los cuellos de su camisa no dejaba de mirar el pequeño bulto que hacían sus tetitas en ese jersey gris, lo cierto es que era un bulto muy pequeño, pero me daba igual, y casi sin darme cuenta pase de acariciar los cuellos de su camisa a acariciar su propio cuello, ese cuello precioso que tenía y que tanto morbo me daba. Y casi sin darme cuenta me agaché y le di un beso intento de 2 segundos en el cuello.

    Lo cierto es que en ese momento me asusté pues cuando le di ese beso ella pegó un pequeño sobresalto y se alteró moviéndose. Acostumbrado a que siempre estuviese tan fría, hierática e inmóvil que reaccionase así me asustó. Pero enseguida volvió a su timidez, frialdad y embobamiento y quedó quieta.

    Era una chica desconcertante. Jamás había visto algo así en toda mi vida. Pero lo único que me importaba es que no había reprochado ni quejado ninguna de mis acciones por lo que tenía carta blanca para seguir. Y vaya que sí aproveché y seguí como contaré en el siguiente capítulo.

  • El olor de las bragas de mi hija

    El olor de las bragas de mi hija

    Seré breve en mi relato pues no busco la narrativa de una breve historia, más bien siento la necesidad de compartir lo que me sucedió hace algunas semanas atrás, es algo que se cocinó a fuego lento pero estalló en forma de explosión.

    María se llama mi hija, mi hija con la que apenas mantenía relación después de separarme de su madre hará unos catorce años atrás. Su madre con la que apenas mantenía relación me llamó una tarde noche sobre las 20 horas para explicarme que era insostenible para ella la relación que mantenía con nuestra hija María, así, me pedía fuera consecuente con las circunstancias y me responsabilizara de las circunstancias haciéndome cargo de María. Cómo entenderán todo me vino por sorpresa y así sin darme cuenta en casa ahora éramos dos, mi hija María y yo.

    Con sus 19 años recientes María era una extraña para mí, y si yo me sentía libre de hacer y deshacer a mí antojo ella también.

    Así que pasó que un día me encontré que mientras ponía una lavadora me encontré con sus bragas entre mis manos, las sentí húmedas con olor a coño y así fue que me puse caliente oliendo el coño de mi hija María, y pasó que sentí como mi polla crecía con aquel olor, me desabroché la bragueta, puse sus bragas entre mi pene duro y me empecé a masturbar, caliente como estaba de sentir las húmedas bragas de mi hija María rozando la punta de mi prepucio hinchado…

    A punto estaba ya de correrme cuando de repente me sentí observado, de entre la puerta semi abierta descubrí como mi hija observaba hacía rato como su padre se masturba con sus bragas y en aquel momento me di la vuelta sorprendido, pero ya era tarde cuando solté sus bragas… Toda mi leche estalló a chorros directa al cuerpo de mi hija María que semi desnuda también se tocaba mirando como el cerdo de su padre soñaba con follársela.

  • La nerd a la que volví una puti-nerd (Segunda parte)

    La nerd a la que volví una puti-nerd (Segunda parte)

    A petición y el interés de varios de los lectores que disfrutaron la primera parte del anterior relato o primera parte de ‘La nerd que volví en mi puti-nerd’ continuaré relatando otro de los episodios cachondos con mi reciente conquista de aquel entonces.

    Aquella chica, hija de familia y estudiante de una muy buena universidad tenía la pinta de toda una niña ‘bien’, era más alta que yo en zapatos bajitos, con zapatillas ella me pasaba como por 10 cm., ‘grandotas aunque me peguen’ eso me ponía más cachondo. Sus lentes la hacían verse enigmática y sexy nerd, en su rostro uno que otro barrito típico de su adolescencia brotaba de su piel de vez en cuando (que por cierto cuando ya con más confianza y en medida de que avanzo nuestra unión le hacía comentarios cuando le salía uno, que necesitaba un tratamiento facial de crema de mi verga y ella solo sonreía y decía que sí), era una nena bien ñoña, con pecas y lunares por todo el cuerpo, rebelde y a veces malcriada, como ya les había comentado en mi anterior relato. Mi novia nerd era una chica que asimilaba todo lo que le entraba y en todos los sentidos.

    Empezamos una bella relación a mí me encantaba ser su centro de atención y su protector, ya que era mayor que ella por 10 años, eso creo que le daba un tinte diferente a nuestra relación, hacia caso a todas mis indicaciones a veces le daba consejos tratando de cubrir lo que a sus padres no les llegaba a hacer caso, también le animaba terminar la escuela o consejos para con su familia con miras a que en un futuro pudiéramos formar una juntos ya que nuestra relación no iba a ser algo pasajero. En pocas palabras cambiando su punto de vista de aquella niña ñoña e irresponsable. Con ese cambio de prioridades e ideas, también tenía que ir con lo relacionado en su apariencia, por lo que me volví en lo que hoy en día se le dice “Suggar dady” o patrocinador, y me agradaba ser quien le abriera las puertas al mundo del erotismo.

    De las primeras veces que hicimos el amor, la inducia poco a poco en el mundo de lo cachondo, de ahí surgió que se vería muy cachonda si le quitaba su mata de pelos y cambiar el guardarropa de sus calzones mata pasiones y empezara a usar tangas o calzones más eróticos, le decía que quería verla como actriz porno, sin pelos en la pucha y con prendas chiquitas.

    Mientras nuestra relación maduraba, nuestros encuentros fueron forjando una actitud más abierta omitiendo falsos prejuicios, podríamos hablar de sexo y a veces conseguía películas francesas o con un rico contenido de erotismo, el cual era el gancho para que todos los fines de semana nos reuniéramos en mi departamento, preparaba el ambiente con velas aromáticas o inciensos, algún vino o cervezas. Empezábamos a ver la película y ya saben con los resultados esperados de que la estuviéramos viendo y calentándonos, metiéndonos mano o ella mamando mi falo y yo pellizcando sus pezones, dándole dedo a su pucha peluda, pero terminábamos cogiendo rico, esto sucedía la mayoría de las veces. Obvio no siempre veíamos películas porno, pero si eran una referencia, para indicarle que me gustaba como se veían sensuales y cachondas las mujeres en lencería.

    Este relato sucede a las semanas de andar ya como novios, le propuse que la llevaría a comprar ropa interior para ella, tangas o algo bonito que me modelara.

    Ella acepto de inmediato a mi propuesta para que pudiera cambiar a prendas íntimas más sensuales y sexuales. Le había vendido la idea de usar ropa sensual y pequeña, la ropa que ella usaba generalmente se la compraba su mamá no había opción para elegir de su parte y menos ese tipo de prendas. Además le estaba gustando la idea de parecerse a las chicas de las películas porno que veíamos juntos, iba naciendo en ella la perversión sexual.

    Ahora sería yo quien me encargara de educar a esta nena. Así que ese día habíamos previsto que saldríamos a pasear al centro de la ciudad y visitaríamos algunas tiendas donde pudiéramos ver algo cachondo para ella, seguramente íbamos a llegar al departamento con las ganas de coger, así que sería toda una aventura.

    Ese día antes de partir cogimos como ya lo habíamos hecho anteriormente, siempre que nos veíamos en el departamento era para follar en la intimidad de mi recamara o la sala, revivíamos con intensidad esa primera vez que la tuve entre mis brazos y eso a ella le agradaba.

    Salimos de compras temprano a visitar algunas de las tiendas en el centro, pasábamos a todas la tiendas en busca de cosas bonitas para ella, le compre algunas prendas tipo bikini que eran mucho más bonitos que los que usaba, así como bóxer, cacheteros y obvio unas cuantas tangas.

    Trataba de imaginarla en esas prendas para decidir con cual se vería perfecta, aunque le daba carta abierta a lo que ella escogiera, siempre terminaba tomando mi elección al final yo era el que iba a disfrutar de la vista de esas prendas. Entre besos y caricias, transcurrió nuestro recorrido de compras. Pero ya le apuraba para regresar al departamento, los dos estábamos calientes y ávidos por regresar, sabía que esa tarde sería gloriosa.

    Le iba a tumbar ese bosque lleno de vellos púbicos, yo por mi parte nunca lo había hecho a una chica, ella creo que ya en algún momento se lo había hecho, pero como era muy Nerda o no sé qué palabra usar pero no acostumbraba arreglarse para verse femenina y sexy, su facha desalineada casi de niño, rockera/punk, pero en su interior existía una hembra ardiente y se estaba dejando quitar esas capas por mí.

    Entramos al departamento entre besos y caricias furtivas lo que era constante entre nosotros por las calles de la ciudad. Ella iba contenta con una amplia sonrisa y sus ojos brillaban, metí mi mano entre su jeans y su calzón, encontrándome con su pucha bien húmeda y ardiente, le acaricie su vulva que escurría en verdad (En el anterior relato les había comentado que ella se mojaba intensamente en cada caricia que le hacía y ella me lo decía que cada que sentía mis dedos recorrer su piel se poni “chinita” y con “ganosa”).

    Revisamos nuestras compras sacando las prendas habíamos adquirido, obviamente le pedí que me las modelara, pero no era grato ver aquellas prendas tan pequeñas y que se le saliera por los bordes el pelambrero de su pubis, así que dejamos a un lado el cachondeo y preparamos nuestros aditamentos que también habíamos comprado en el centro para que yo hiciera mi trabajo de barbería en aquella pucha tan bella… en mi mente y mis ojos se quedara grabado como inventábamos mil y una posición para yo hacer mi trabajo. Prepare el material de trabajo de barbero, tijeras, rastrillos, toallas, gel de afeitar, crema, alcohol, loción refrescante, luces, prendí unas varitas de incienso y música erótica chill out para crear un ambiente relajante y caliente.

    Era mi primera vez rasurado una rica y jugosa pepa, no quería que sufriera una cortada accidentalmente por lo que se sentó en el sofá donde le había hecho el amor por primera vez, con las piernas abiertas podía percibir entre su mata de pelos rojizos aquellos labios bastante humedecidos, con hilos de fluido transparente entre sus labios, su pucha estaba hecha un mar de humedad y yo con ganas de hundirme en ella, pero había que hacer bastante trabajo en aquella selva, pase primero las tijeras para tirar lo más que podía de esa mata de pelos, mientras hacia mi trabajo también me estaba poniendo bien caliente, solo ver su cara Nerd mirando como realizaba mi labor y ella solo abría sus piernas haciendo a un lado sus labios vaginales con los dedos de ambas manos.

    Toco el momento de pasar el rastrillo por esa zona intima donde había colocado crema para afeitar y poco a poco esa pucha veía la luz del día, la piel de toda esa zona del bikini era blanca con tonos rosas de su vagina, sus labios de igual forma, solo enrojecida algunas áreas de alrededor de su puchita por la fricción del rastrillo pero nada fuera de lo normal, sus labios estaban tan rosas, húmedos y con “mocos” (ella se mojaba mucho). Indicación de que los movimientos de mis dedos en su puchita la estaba excitando al máximo.

    Cuando estuvo ya lista y depiladita no me aguante las ganas de lamer toda su zona rasurada, era una delicia sentir, ver, oler, tocar y saborear toda su zona intima libre de pelos, se veía simplemente hermosa, como una puchita de actriz porno. Hundí mi lengua en su interior mientras ella me jalaba del cabello hacia el interior de su vagina gimiendo y exclamando que ya estaba bien caliente que me quería dentro, que ya no la hiciera esperar, mientras se acariciaba sus tetas y estrujaba sus pezones los cuales ya estaban prendidos y rojos por la excitación.

    Ella manaba ricos fluidos agridulces y aromatizados por todas las cremas y lociones que habíamos usado para su depilación, le mostré con un espejo como había quedado de limpia su puchita, le gustaba como había quedado, seguramente estaba excitada por saber que había sido yo quien le había hecho ese magnífico trabajo, ahora si empezó el desfile de ella en ropa interior. Para hacer más cachondo el momento le dije que le tomaría fotos con su nuevo look, respondiéndome que si a mí me gustaba que adelante. Así que fui por mi cámara digital (en ese tiempo los celulares no tenían buena cámara) y le hice una gran sesión de fotos de su puchita recién depilada posando para mí. A partir de ese momento las fotos también formaron parte de nuestros encuentros sexuales.

    Se fue poniendo cada una de las prendas y me modelaba frente a mí que estaba sentado en el sofá, algunas veces en mi papel de fotógrafo le indicaba poses para una mejor foto, la cual inicio primero como desfile de modas en pasarela, la sesión se volvió poco a poco en sesión fotográfica de película porno indicándole poses cada vez más sugerentes, lo cual le hacia el comentario que se veía tan rica o mejor que una de las películas (Sin ser fantasioso ella tenía rasgos como mujer de medio oriente, muy parecidos a “Mia Califa”), en mi show privado yo le daba instrucciones o tips de cómo usar las prendas, en algunos momentos ella se acercaba a mi, para mostrármelas y que la tocara, se veía preciosa luciendo dichas prendas íntimas.

    Cuando se puso los cacheteros se le notaba y sentía una buena nalga, por lo que me acercaba a ella para lamer y besar sus nalgas grandes, mi lengua recorría su piel la cual se erizaba al contacto de mi lengua, le tocó el turno a las tanguitas y de igual forma yo me ponía nuevamente a disfrutar del espectáculo que me daba, ella se ponía en poses sugerentes, las cuales yo le decía que hiciera, paraba sus nalgas de perfil, se colocaba de espaldas a mí, y podía ver como sus amplias nalgas eran separadas por el hilo de la tanga, algunas más se veían más bonitas que otras, algunas de encaje, algunas muy juveniles y coquetas con estampados, pero todas lograban su objetivo.

    Mi verga estaba más que parada, roja, palpitante con la punta de verga queriendo probar ese coñito recién depilado, no me aguantaba, ella se acercaba a mí, y volvía a torturarme con poses, se paró frente a mí, y podía acariciarle su piel alrededor de la tanga, ya las fotografías pasaban a segundo plano ni me acordaba mientras la música sensual se escuchaba de fondo ella giraba sobre su eje posando y sonriendo, yo no paraba de acariciar su cuerpo cada que podía, cuando ella se puso frente a mi le hice a un lado la tanga que me estaba modelando y acerque mi cara a su coñito, para olerlo y besarlo, ella solo se dejaba hacer entre sonrisas y miradas cachondas, solo suspirando y dando leves exclamaciones de “ahuu… ahuuu…!” con una voz sexy y cachonda.

    Pasaba mi lengua por sus labios vaginales que estaban suaves como piel de una bebe después de esa depilada que le acaba de dar, ella estaba más que empapada de tanto juego erótico era obvio que también deseaba ya mi verga en su interior, la voltee y le hice que se quedara inclinada dándome la espalda, parando sus nalgas, y apoyando sus manos en la mesita de centro, ante mi tenía sus grandes nalgas, la cual tenía la piel erizada, y su lunar pequeño que tenía una de las nalgas me llamaba a besarlo y acariciarlo.

    No desperdicie la oportunidad y me acerque para besarlo acariciarlo, hacer a un lado la delgada tela que separaba sus nalgas, y poder meter mi lengua recorriendo con ella desde sus hinchados y bellos labios de color blancos y rosas. Los cuales emanaban su savia como si de áloe vera de una planta se tratara, tan limpio y rosita se veía que pase mi lengua por su ano, ella solo soltó un “ahuuu… papi… que rico ya la quiero dentro… solo tú me pones así…”, embadurne con mi boca todas sus nalgas, me la quería comer completamente, era obvio que no me cabían sus nalgas en mi boca pero era tal el deseo sexual que quería probar cada centímetro de su piel y saborear cada fluido de su piel que era deseo puro, no cabía de excitación por tan dichosa escena, ella solo pasaba sus dedos entre sus piernas acariciándolas, y abriendo con los dedos sus labios ricos y carnosos, a veces se metía un dedo y lo sacaba lleno de fluidos los cuales yo saboreaba sin chistar, sabía que era el néctar de su pepa de hembra deseosa de verga.

    Ya estábamos muy calientes como para aguantar más de hecho yo ya tenía en ese momento mi verga de fuera desde que le estaba sacando las fotos, y me masturbaba frente a ella desde la mitad del show, ella eso la había calentado, el verme como me excitaba y jugaba con mi falo bien erecto al verle posar para mí. Con mi verga ahí frente a ella, roja y mi mano estimulándola se veía que brillaba la punta por mis fluidos lubricantes que empezaban a salir, de vez en cuando ella se acercaba y me daba una chupada de falo, lo cual hacia subir la temperatura de la sala, la cual, era nuestro capilla sexual, música sensual hindú, los aromas del incienso y nuestros juegos sexuales estaban haciendo a mi nerd en una real putita, estaba explorar algo indescriptible para ella.

    No aguante más y termine de sacarme la ropa de abajo, para como la tenía a ella empinada, solo agarre clave mi cara entre sus nalgas y nuevamente metí mi lengua en su coño, solo para jugar un rato más con ella, y hacerla mojarse intensamente, remate con un beso y lengua sobre su ano (en un encuentro futuro tuve la oportunidad de guiarle por el sexo anal) colocándome atrás de ella con mi falo bien parado y ardiente como si tuviera fiebre, la fiebre del deseo, la lujuria y el erotismo nos mataba.

    Así que se la fui introduciendo poco a poco, ella solo exclamaba suavemente con su “ahuuu… ahuuuu… que ricooo…” así me la estuve ensartando ricamente, moviendo mi pelvis tras de ella, bien agarrado de sus amplias caderas abierta de piernas en V invertida e inclinando su torso hacia la mesa de centro donde apoyaba sus manos para no caer, recibiendo mi falo ella tenía que flexionar un poco ella las piernas y yo pararme de puntitas algunas ocasiones debido a la diferencia de estaturas, ella era más alta que yo, para mi era muy rico estarme cogiendo a mi niñata nerd, vaya que la chiquilla estaba gozando igual o más que yo.

    Después esa incómoda posición para ella y para mi, por estar adaptando la altura a nuestro apareamiento, tuve que sentarme en el sofá que tenía a mis espaldas, admirando aquellas nalgas que estaban empapadas de nuestro sudor y fluidos que emanaban de nuestros sexos, ella con la conchita toda rosada por la fricción y mi falo extremadamente rojo y jugoso de sus fluidos (en confianza yo le decía que estaba bien jugosa, y cuando la acariciaba por la calle y podía meter mi mano en su entrepierna al sentir su humedad le decía que estaba bien jugosa a lo que respondía que le calentaba todo lo que le hacía), volteo a darle una rica mamada a mi verga probando sus jugos y los míos en una mezcla de fluidos, para después voltearse dándome la espalda, hacer a un lado la tanga nuevamente, para que mi falo tuviera acceso libre a su conchita recién depilada, se fue sentando suavemente en mi palo que seguía húmedo pero ahora de su saliva después de que ella lo metió a su boca.

    Mientras yo sentado tenía el panorama de sus amplias nalgas (y más grandes se veían al irse sentando en mi falo) y como ella con una mano hacia a un lado el cordón de la tanga, y con la otra mano abría los labios de su puchita ardiente, mientras tanto mi falo era dirigido ayudándola con una mano mía, y con la otra tomándola de la cadera para apoyarla en la dirección de la caída de sus nalgas sobre mi pelvis, poco a poco nos fuimos acoplando en esa sincronía embonando a la perfección que rica sensación de estar nuevamente en su jugosa y ardiente vagina, era sexualmente agradable el poder tener a esa mujercita sobre mí, dando tumbos de sube y baja, solo en ropa interior, con su tanga a un lado mientras mi falo se hundía en su húmeda y caliente conchita, yo le decía que en esa posición se acariciar el clítoris, se abriera los labios vaginales, se acariciara mientras me la cogía, ella seguía mis instrucciones sin descuidar su sube y baja sobre mi falo, a veces ella hacia movimientos laterales, como si batiera con mi palo todo su “atolito” que de su pepa emanaba fluidamente, volviéndose blanco de tanta fricción de mi falo en su cuevita.

    Éramos dos nerds fornicando ricamente en aquel ambiente preparado para el erotismo, con música de fondo cachonda, con aromas sensuales que salían de una varita de incienso. Solo nuestros gemidos, besos y ruidos corporales de la cogida era lo que se escuchaba en aquella habitación, con las persianas semi-cerradas con dirección hacia donde no se pudiera ver desde el exterior del departamento (eso siempre creí, mas sin embargo alguna vez que subí a la azotea me di cuenta que se veía todo hacia el interior del departamento claramente desde cierto ángulo desde arriba).

    Mientras ella se ensartaba sola, yo la tomaba de las cintura y caderas, en algún momento ella paro más las nalgas hacia mí, por lo que le di una leve nalgada, ella exclamo ante aquel atrevimiento mío a un simple “ahuuu…”, le pregunte si le molestaba, a lo que ella solo dijo que para nada, que siguiera, así que con su autorización le daba nalgadas a esas grandes nalgas que estaban ante mí, tratando de no ser agresivo o que la espantara, ya que no llevábamos mucho tiempo juntos, y este era un platillo que debía comerse con calma, aun nos faltaba mucho por enseñar y aprender, cuando ella ya sentía molestia de mis nalgadas tomaba mis manos y las dirigía a sus bubis, para que se las acariciara y apretujara.

    Nuestros fluidos estaban empapando la tela azul del sofá, pero eso pasaba a segundo término, porque nosotros estábamos inmersos en nuestro ritual amatorio, ahora ella se incorporó, para voltearse y quedar frente a mi, ya tenía al alcance de mi boca sus tetas ricas con pezón rosa, el cual se tornaba rojo por tanto chupete y estirada de mi parte, alguna pecas de su pecho escurrían sudor de nuestro embate, se subió al sofá queriéndose clavar mi falo, pero en cuclillas, lo cual logro entre malabares, pero estaba muy alta y la estaba cansando así que mejor opto por poner sus rodillas a los lados de mis piernas y ensartarse mi verga para estar cogiendo en esa posición, sentados y ella sobre mi de frentes, nos desrabamos entre besos y caricias, nos decíamos lo mucho que nos deseábamos y amábamos, estaba tan caliente por lo cachondo que había estado esa tarde y el espectáculo que me había dado con esa ropa tan sexy, que unos movimientos más de nuestra copulación que en algún momento sentí que me venía eminentemente, así que le advertí que estaba a punto de vaciar mi lechita caliente, y como no habíamos tenido la precaución de ponerme un condón por la premura y calentura de cogérmela al instante.

    Opte por sacárselo en el último segundo, la hice a un lado para que mi falo saliera de su hermosa funda, y frente a su blanca pucha recién depilada, mi falo descargo los chorros de eche, los cuales ella disfruto y distribuyo con sus dedos entre jadeos, le embarre todo mi néctar por su pubis, y le acerque mi falo a su boca, lo cual al principio como que no quería, pero insistí, entonces ella lo palpo y se lo llevo a su boca, abriendo esos labios con lunar cachondo, el cual solo podía ver como desaparecía mi verga entre sus labios con una sonrisa que podía mostrar sus labios mientras saboreaba mi leche en su boca, jugo un poco con mi verga, dejándolo limpio haciendo movimientos como si se tratara de una paleta de caramelo. Su rica mamada estaba jalando toda la leche que tenía mi verga, y lo cual me provocaba sensaciones placenteras cuando succionaba mi falo como si se tratara del tuétano de un hueso, mis caras y palabras de “no mames que rico…” a ella le agradaba la idea de hacerme venir con ricas sensaciones, haciendo que su felación fuera más intensa y más caliente, me miraba con esos bellos y eróticos ojos detrás de los cristales de sus anteojos que como en película porno deseaba algún día embarrarles mis flema en su cara y obvio que escurrieran por los cristales de sus lentes, pero eso lo dejaríamos para un futuro.

    Esa tarde había sido muy fructífera en cuanto a nuestra sesión amatoria, habíamos ido de compras, escogido prendas cachondas, le había depilado la pucha explotamos el lado erótico de nuestro ser y consumado aquella unión en un rico encuentro donde los dos terminamos extasiados y satisfechos. A partir de ese momento se volvió común que cuando salíamos a veces entrabamos a las tiendas y me gustaba acompañarla a probarse ropa y más si era para que ella me modelara.

    A veces cuando andaba solo por las tiendas departamentales me internaba en la sección de ropa interior para mujer, lo cual al principio se me hacía un poco incómodo, pero para también a la vez cachondo el estar escogiendo una prenda que le regalaría a mi Nerd, esa sensación tabú, de un hombre comprando ropa interior femenina, posiblemente una que otra persona pensaría que era una perversión mía o que era para mi, pero eso no me importaba, yo solo pensaba que les daría envidia que un hombre se de su tiempo para poderles escoger ropa sexy y cachonda, lo cual hacía con esmero pensando en cómo le quedaría a mi recién putita nerd. Para quitarme un poco de culpa, le hacía preguntas a las vendedoras, para que supieran que era ropa para una chica.

    La sorpresa que recibía mi chiquilla nerd era reciproca ya que también yo quedaba sorprendido al mirarla desnuda con esa ropa interior tan sexy y lo cual ella sabía que era momento de usarla conmigo y terminábamos cogiendo como locos, poco a poco ella se fue adaptando a ese tipo de regalos de mi parte. El solo hecho de disfrutar de una película porno con mi chica nerd era una experiencia de lo más ardiente y única como pareja, ver posiciones gestos, dábamos nuestra opiniones acerca de lo que sucedía, gustos, sensaciones, etc.

    En una cogida le pregunte si quería otra verga dentro de ella… De mi parte aún no estaba preparado para compartirla, pero le sugería el uso de juguetes sexuales, por lo que ahora íbamos a dar el paso a otro nivel, la tenía que llevar a un “Sex-shop”… Pero eso será otra historia…

    Espero que algunos de ustedes se hayan identificado con mi relato y espero pronto poder escribir otra historia sexual con mi chica nerd, como poco a poco íbamos abriendo nuestras mentes al voyerismo, etc.

    Como siempre me despido, agradeciendo sus comentarios a [email protected].