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  • Soy la puta de mi primo

    Soy la puta de mi primo

    Nadie sabe lo que pasó entre Javier y yo en la casa de mis tíos. O nadie lo sabía porque ahora yo estoy dispuesta a contar todo. Me llamo Rocío, tengo 25 años. Soy lectora de esta página y me ha sido de gran utilidad para poder desplegar mis fantasías sin tantas vueltas. Noté también, y con agrado, que no soy tan rara como pensaba y que hay infinidad de mujeres que se calientan con sus hijos, sus padres, sus hermanos, sus primos, cuñados, suegros, nietos…

    Durante muchos años me sentí culpable, como quien dice en pecado, pero mi historia me fue llevando por ese camino y yo no hice mucho para modificarlo. En gran parte porque sentía que mi primo hermano era uno de los pocos que siempre se interesaba en mí y me deseaba y en otra porque siempre me calentó su manera de tratarme, de jugar con la perversidad sin que nadie lo notara.

    Empezó como un juego. El me pedía que me sentara arriba de su falda y empezaba a apoyarme la pija en el culo, me pedía que lo acariciara a través del pantalón de deporte y que lo masturbara. El mientras me mordía el cuello, me daba besos en la nuca y me pellizcaba los pezones. Su pija crecía instantáneamente, era ancha y siempre estaba caliente, hervía cuando se la tocaba con las manos o le hacía una paja. Después empezó a pedirme que se la chupara y eso para mí fue descubrir un mundo de sensaciones. Definitivamente creo que gracias a él me encanta chupar pijas.

    El proceso siempre era el mismo, primero sentía miedo, pero después me iba dejando llevar por sus palabras y gozaba como una perra en la clandestinidad. El morbo de tener familiares cerca también me excitaba a pesar de la culpa. Se me mojaba la entrepierna imaginando sus manos dándome nalgadas, quería sentir su pija hasta el fondo de mi boca con su mano oprimiéndome la nuca para que no pudiera respirar. Sentía golpes eléctricos en la vagina y acababa con facilidad. Me hice adicta también a los orgasmos y a la masturbación imaginando cosas con él, sus olores, sus guarradas, la manera que tenía de calentarme diciéndome barbaridades.

    A veces lo hacía en momentos en los que tenía que tragarme toda la leche sin hacer ruidos para no ser descubiertos. Se me llenaban los ojos de lágrimas, pero me esforzaba en que todo su chorro quedara en mi garganta y para dejársela bien limpia como si nada hubiese pasado. Detrás de una cortina, debajo de un escritorio, en la escalera de mi departamento, en su auto. Una vez, con casi toda la familia en la casa, me obligó a que me escondiera debajo del escritorio, le bajara el bóxer y le hiciera una buena mamada mientras el hacía sus trabajos prácticos de la facultad.

    Ser primos hermanos hacía que nos viéramos muy a menudo. Y cuando Javier veía la oportunidad me agarraba con fuerza de la cabeza o de los hombros y me obligaba a chupársela hasta descargar toda su esperma tibia y espesa. Me hizo esclava de su pija y me convertí también en adicta a la leche y nada me importaba más que provocar encuentros para comérsela una y otra vez. Como nadie en la familia tenía la más mínima sospecha a ninguno le llamaba la atención que nos encerráramos en un baño o fuéramos juntos a hacer las compras. Mi excitación podía más que mis miedos y mis ganas de que me cogiera aumentaba a medida que pasaban los días sin saber nada de él o recibir ningún mail o ningún mensaje.

    Mi debut sexual lógicamente fue con él. Yo tenía mucho miedo pero sabía que en cualquier momento él intentaría desvirgarme. Me daba pánico que alguien advirtiera la situación y también estaba aterrorizada porque estaba segura de que me iba a provocar un dolor insoportable. Usar tampones para mí no era algo muy agradable y siempre tuve la sensación de que una pija iba a ser sinónimo de dolor. Ni que decir la de mi primo que era gruesa y larga y tenía una cabeza que yo estaba segura, no iba a entrar de ningún modo en mi conchita virgen y estrecha. Pero afortunadamente eso sólo paso la tarde en la que me desvirgó.

    Salí de la universidad y me fui para la casa de los tíos para hacer tiempo porque tenía que volver al gimnasio y ellos vivían más cerca. Durante el almuerzo Javier me empezó a tocar por debajo de la mesa sin que mi tía se diera cuenta. Yo tuve que morderme los labios para que no se me escapara un gemido. Le pedía por favor que parara, que era una locura, pero por dentro quería seguir gozando con sus dedos. Quería comerle esa pija de la que era adicta.

    Después de almorzar le dijimos a la tía que nos íbamos a ver tele y nos pidió que fuéramos al cuarto porque estaba pasando la aspiradora en el living y tenía todo dado vuelta. Se me empapó la bombacha instantáneamente, pero hubiera preferido evitar ese encuentro.

    Javier estaba decidido y con otra actitud. Yo estaba esperando que me pidiera una buena mamada, pero me sorprendió: cuando llegamos a su pieza le puso la traba a la puerta, me tiró en su cama y empezó otra vez a tocarme. Fue metiendo de a uno cada uno de sus dedos para ver mi reacción. A mí se me escapaban grititos de placer y él me tapaba la boca. De repente me hundió la lengua y me lamió toda la vagina, nunca lo había hecho y me retorcí en la cama. Se me escapó un gemido más fuerte que afortunadamente pasó inadvertido por el ruido de la aspiradora.

    “No quiero, déjame ir. Esta la tía. Vos estás loco”, le dije. Pero él hizo oídos sordos y me bajó la bombacha hasta dejarla colgada de uno de mis tobillos. Yo tenía el uniforme del colegio y él ya me había desbrochado todos los botones de la camisa. Empezó a sobarme las tetas con las manos, las apretaba hasta llegar a los pezones y me daba pellizcos. Eso me volvió más loca. Mientras con sus dedos jugueteaba con mi vagina acercó su pene a mi boca para que se lo chupara. Me lo metí hasta la garganta, quería que me diera toda su leche y me dejara salir del cuarto. Si nos encontraban el escándalo iba a ser muy grande.

    “Quiero que me la chupes hasta que se ponga bien dura”, me advirtió.

    “Hoy vas a sentir lo que es tener un buen pedazo de carne entre las piernas”, me decía con tono libidinoso y sacado. Nunca lo había visto tan caliente.

    Yo estaba caliente pero asustada. Se sentían algunos ruidos desde la cocina y el living comedor. Yo estaba chorreando, tenía las piernas flojas del tremendo orgasmo que me había hecho tener con su lengua. Su pija estaba más gruesa y más dura. Acomodó su pija en mi entrada y me penetró.

    Recuerdo que al principio pedí que la sacara porque dolía. No hizo caso, todo lo contrario, me penetró de golpe, tapó mi boca con la mano para ahogar el grito y se quedó en mi un rato.

    “Te gusta la pija putita y te la voy a dar toda”; me dijo mientras yo le pedía por favor que saliera. Dolió mucho, pero empezó a ser placentero cuando comenzó con un mete y saca que me hizo ver las estrellas. Me acuerdo que no paró hasta que yo no me corriera. Recuerdo lo que fue pasar del dolor al placer, de la mezcla de su semen con mis jugos, fue la experiencia más gratificante de la vida.

    Me sentía sucia, pero estaba feliz. Coger era mucho más lindo de lo que yo pensaba. Con mi primo tuvimos unos cuantos encuentros más. Cuando parecía que todo empezaba a formar parte del pasado, recibía sus mensajes inconfundibles. “Te voy a partir al medio putita, te voy a llenar la boca de leche, te voy a romper todo es culo cuando tenga una oportunidad”, pero no pasaban de ser mensajes y nunca se concretaban.

    Yo me puse de novia y fue bastante difícil lograr con mi novio los niveles de calentura y placer que logré tener con Javier. Ni hablar de los orgasmos que con mi novio me costaban horrores y sólo llegaba a correrme si me frotaba el clítoris, con Javier los tenía apenas me atragantaba con su pija sin necesidad de tocarme.

    Esta situación me convirtió en una mujer insatisfecha, vivía caliente. Mi primo seguía mandándome constantemente subidos de tono y era imposible no calentarme. Era mi primo hermano, casi siempre nos veíamos por temas familiares a pesar de haberle puesto un impase a los encuentros sexuales. Pero se fue tornando imposible. Recuerdo en las mesas familiares sentarnos solos, y aprovechábamos que los manteles eran largos y él cada dos por tres me rozaba la concha o me acariciaba. Dejamos de coger un tiempo porque estaba ocupado por el trabajo. Pero de vez en cuando me mandaba mensajes diciendo las ganas de ponerme en cuatro y reventarme la concha y cosas así. Y yo me retorcía de placer.

    El último encuentro fue hace unos meses. Cuando llegué a la casa de los tíos en un cumpleaños, Javier estaba todavía en pijama. Y en el momento en el que ellos salieron para hacer unas compras se abalanzó sobre mí y me empezó a toquetear las tetas como a mí me gustaba. Me mordía los pezones. Sacó su pija y empezó a darme golpecitos en las mejillas. Estaba ancha y caliente como siempre. Yo sabía que era una locura y que los tíos podrían llegar en cualquier momento, pero no me importó nada. Me puse en cuatro en el sillón y le pedí que me cogiera.

    “Acá el que manda soy yo. Abrite bien las nalgas”, me ordenó. Le hice caso, quedé con la cara apoyada en el sillón y abrí todo lo que pude mis nalgas con ambas manos. Pensé que me iba a penetrar por la vagina, pero apoyó su cabeza en el orificio de mi culo y de un solo golpecito metió la cabeza. Grité de dolor. Le pedí por favor que la sacara. Me respondió con una fuerte palmada que me dejó todo el culo rojo. “Te voy a romper ese culo pase lo que pase”. Traté de apartarlo, le clavé las uñas en sus muslos para que se corriera, pero su reacción fue peor.

    Me agarró del pelo y me tiró hasta que quedé prácticamente clavada en su pene. La metió hasta el fondo y empezó a darme besos en la nuca y con la otra mano a estimularme el clítoris. El dolor desapareció, sus embestidas eran cada vez más fuerte. Me agarraba las tetas con fuerza y me atraía hacia el para que su vara caliente me perforara las entrañas. Grité como una perra y acabé en el mismo momento que su chorro de semen me llenó todo el culo. Quería más. Cuando la sacó todavía estaba chorreando leche. Yo sentía que el culo me latía y que hubiera preferido que nunca la sacara de ahí adentro.

    Me abalancé sobre su pene todavía erecto y chorreante y le hice una mamada con toda la intención de que tuviera más ganas de cogerme. De que le quedaba claro que seguía siendo su putita y que seguía siendo adicta a su leche. Me la metió hasta la garganta, sabía que eso me volvía loca. Me atraganté con ese pedazo de carne que tanto conocía y extrañaba.

    Ahora tampoco me importa que todos sepan que fui la putita de mi primo durante muchos años. Y tengo también la certeza de que voy a estar dispuesto a complacerlo cada vez que me lo pida. Después de todo nada me dio más alegrías que esa hermosa pija.

  • Una pareja swinger

    Una pareja swinger

    Hola a todos mis lectores, bueno la verdad no sé si me leen en estas páginas ya que no veo comentarios de mis relatos será que no les gustan. ¿Quién sabe?

    Para el día de hoy les traigo una deliciosa historia de placer exquisito y erotismo. Esto ocurrió ya hace bastantes años. Como muchos saben procuro siempre verme con mi esposo a la hora de almorzar, era martes y ese día llegué, David se demoró diez minutos en llegar, yo pedí el mío y mientras me servían observé a una pareja de morenos que me llamaron la atención, el un bizcocho de chocolate muy comestible alto y fornido, su compañera una mujer delgada de pelo largo muy bien vestida falda y chaqueta de paño, labios provocativos, ojos grandes y expresivos.

    David llegó nos saludamos de beso en la boca.

    —Hola papi cómo vas?

    —Hay bien mami con una mano de trabajo tremenda está noche voy a llegar tarde a la casa.

    Seguimos almorzando y conversando y vi como la pareja me observaba de manera reiterada, causándome una gran curiosidad. La hora paso yo tenía una audiencia en un juzgado.

    Al otro día volví y esperaba encontrar a aquella pareja, con la fortuna que así fue aunque llegaron a los 20 minutos más tarde. David noto mi ansiedad por lo que me preguntó que me pasaba. Le conté lo que me pasó y la sensación que experimente con sus inquietantes miradas.

    —jejeje Vaya no puedo creer la inquebrantable y dura abogada doblegada por una pareja de extraños.

    —No papi no es eso es lo sexual, la verdad espero volverlos a ver, a ver qué pasa y preciso me volteó y los veo entrar, no me voltearon a ver sino hasta cuándo se sentaron estaba lloviznando y ella traía una gabardina Habana que le Lucía muy bien quitándosela antes de sentarse el venía de sport hoy con una chaqueta gruesa roja escarlata y un buzo que dejaba ver su escultural y provocativo cuerpo.

    David los observó por unos segundos y ratificando mis sensaciones me dice.

    -A la fija ese par son swinger.

    —jajaja ya lo dedujiste así de sencillo.

    —Por lo que veo no es muy difícil de saberlo.

    Una sonrisa de ella al verme me hizo estremecer.

    Terminamos de almorzar y hoy tenía también otra audiencia y ya se me estaba haciendo tarde por lo que me toco salir corriendo.

    Al otro día me fue imposible ir ya que estaba fuera de Bogotá, David me contó que la pareja estuvo almorzando en el restaurante.

    Para el viernes si fui y ese día el sitio estaba lleno, nos toca esperar a que desocuparan mesa.

    Después de 10 minutos de espera al fin desocuparon una mesa y preciso en ese momento entraron aquellos dos y como el restaurante es corrientazo, el mesero les ofreció las otras dos sillas. Lo que es el destino y ellos aceptaron.

    Ya en vista de que los tenía en la misma mesa no hubo más remedio de las presentaciones.

    —Con permiso.

    —Si sigan por favor.

    —Qué pena pero no hay mesas disponibles.

    —no hay problema es más yo les iba a ofrecer que se sentará con nosotros.

    —Bueno Mucho gusto mí nombre es Argemiro mí esposa Ernestina.

    —Mucho gusto yo soy David y mi esposa Diana.

    Pedimos el almuerzo y mientras nos lo traían hubo la andanada de preguntas

    —¿Trabajan por acá cerca?

    —Si yo trabajo con el banco del estado.

    —y yo en la oficina del notariado como analista de sistema ¿Y ustedes?

    —Yo soy ingeniero civil.

    —yo abogada penal.

    —Abogada que bien. Estábamos pensando en buscar uno porque queremos poner una demanda contra una empresa.

    —Listo como no saque una tarjeta de presentación y se la di.

    —Llame y mi secretaria les adjudicará una cita.

    La hora paso y conversamos de cosas varias me pareció una pareja agradable y sencilla. Yo tuve que irme pues tenía que ir hasta un pueblito que queda en el suroriente de Bogotá, fomeque a entrevistarme con un testigo de uno de mis casos y convencerlo de ir a una audiencia era pieza clave.

    Ese fin de semana fue tranquilo yo me dediqué a organizar mis papeles mi secretaria fue imprimir, corregir y darle forma lo que habíamos redactado. Organizamos y empaquetamos por cada caso, 7 en total de era tanto trabajo que nos dieron las 10 dé la noche le pedí un taxi y se marchó. El domingo sí fue de descanso total dormir hasta tarde, desayunar en la cama el jacuzzi un buen rato, almorzar y luego una dormidita hasta las cuatro. Ya relajadita me puse a leer un libro de jurisprudencia. Llegó el lunes y volvimos a almorzar en el mismo restaurante

    Al llegar aquellos ya estaban, al vernos nos invitaron a la mesa, aceptamos sentándonos charlamos de todo un poco ella nació en Bogotá y sus padres son de palenque, Una exótica población de la costa caribe Argemiro es chocoano y vive en Bogotá desde los 12 años es el último de 15 hermanos que bárbaro, algo muy normal en esa zona. Nos volvimos a ver el miércoles y el viernes. Ese día había terminado positivamente un caso y los invite a celebrar en la tarde encontrándonos en una taberna de la zona en donde la mayoría de las mujeres que van son casadas en busca de diversión y donde no cualquiera entra se reservan el derecho del acceso. David tuvo que viajar a Santander y regresaba al otro día. Era viernes y el lugar estaba lleno. Nos tocó hacernos en la barra. Yo pedí ron con hielo ellos cervezas, Ernestina estaba asombrada de ver la cantidad de mujeres que triplican a los hombres en el local, bueno hay que saber que también van muchas mujeres bisexuales, el todo es pasarla bien y divertirse un buen rato.

    —Hola Javiera regálame una dé ron y dos cervezas.

    —Señora Diana me alegro verla, hace rato que no la veía.

    —El trabajo mí vida, pero hoy tengo que celebrar. Ernestina te presento a Javier quién fuera de ser mi barman es quien me cuida.

    Argemiro estaba en el baño me tomé mí primer trago brindando por el triunfo del día. La música sonaba a buen volumen las copas y cervezas eran destapadas. Ernestina un poco inquieta al ver tanta mujer hermosa. Una trigueña ya madura empezó a venir seguido estaba con un grupo de jóvenes cuatro niñas y dos caballeros ya maduros. Estaban en una mesita elevada que les acondicionaron y sin meseros, les tocaba venir a la barra.

    —Diana venir a éste sitio fue una buena elección me encanta. El ambiente se ve prendido y pareciese que la gente se conoce con todos.

    —A mi me encanta el sitio es muy desestresante sobre todo hoy viernes que es pura rumba. Entre semana es otra cosa ya más relajado vienes y fijó terminas en algún motel.

    —Guau jejeje bueno ya se para venir.

    Dice Ernestina

    —Y venirte.

    Le digo soltamos la risa.

    —Dianita tengo un interrogante.

    —¿Sí y cuál es?

    —¿tu vienes acá buscando hombres?

    —Cuando vengo sola si, a eso vengo.

    —¿Vienes siempre sola o con David?

    —Al principio venía con el pero después de un tiempo le daba pereza devolverse solo para la casa porque yo me iba con alguien.

    —Hay como así Dianita tú te ibas con alguien u para dónde? Por lo regular para un hotel o si esa persona tenía apartamento a el. Ambos se miraban sorprendidos

    -Bueno queridos yo también tengo el mío.

    —sí que tienes?

    —Un interrogante Ernestina me hace cara de escuchar mí interrogante.

    —A mi muchos me dicen que soy bruja, yo le digo que es intuición, psicología y muy pocas veces me falla. Me quedé mirándolos.

    —Fuera que mí cuerpo me da señales que algo pasa, corrientasos dicen por ahí. Ustedes dos están buscando algo que los saque de la rutina en que andan, ¿eso en lo sexual cierto?

    —Si!

    —Y me escogieron a mí?

    —Pues hace rato que venimos con ese cuento de hacerlo con una mujer no nos hemos decidido y cuando te vi pasar todo se iluminó eres una mujer hermosa distinguida y con clase eso se nota al observarte, los movimientos de tus manos son armoniosos.

    Colocando mi mano izquierda sobre su pierna y recostándome sobre su pecho voltee a mirar a Argemiro.

    —¿Y quién fue el que comenzó con éste cuento y cuanto llevan de casados?

    —12 años cumplimos en un mes y fui yo la que comenzó, y todo por ver pornografía cuando íbamos a residencias.

    -Residencias y eso?

    —Si, es que hace como dos años vivíamos con mis cuñados y no teníamos mucha privacidad.

    —Bueno y como dedujiste que yo podría llegar a aceptar?

    —A no eso no lo sé además yo no te he dicho nada.

    Me tomé un trago y prendí un cigarrillo.

    —Bueno y entonces cómo me ibas a convencer.

    —Jejeje no te cuento que se me cayó la estantería.

    Argemiro nos miraba y una sonrisa moviendo su cabeza.

    -Pues fíjese mis queridas damas que el ambiente está bien sabroso y las invito a bailar, vengan.

    Nos paramos a participar del relajo que había en la pista por casi 20 minutos, regresamos a la barra abrazada a Ernestina.

    —Ha que relajo, baila muy bien Argemiro.

    —ha no eso sí a mi fue una de las cosas que me conquistó.

    Ya en el lugar se podía observar a parejitas hetero como a chicas, muy acarameladas besándose y acariciándose. Me fui para el baño y al regresar Ernestina hablaba con la veterana de la mesa que estaba detrás de nosotros, de lo bien que Argemiro baila. Me sirvo un trago y me lo tomo. la charla continúa varias carcajadas esbozamos.

    —Bueno niños yo pido que nos vayamos podemos ir a mi casa y terminamos la fiesta tengo un jacuzzi masajeador buenísimo.

    Se miran respondiendo de una.

    —Hay no me digas más y vámonos.

    Pagamos y salimos al parqueadero nos montamos en mí camioneta y raudamente llegamos a mí casa. No había nadie y subimos al tercer piso, mi habitación.

    —Diana que grande tu casa y tu alcoba muy encantadora todo está precioso

    —Ahí la tienes a la orden cuando quieras venir.

    Me quite los zapatos, la falda, las medias, me le acerque a Argemiro y dándole un beso en la boca le solté el cinturón, los botones del pantalón, bajándole la cremallera sus pantalones cayeron solitos dejando ver tremendo bulto dentro de sus boxers el que acaricie mientras que Ernestina nos miraba, con una mano en la cintura y la otra sus dedos acariciaban su boca, se quitó sus zapatos, su chaqueta, se soltó los botones de su blusa quitándosela, dejándonos ver sus tetas grandes, hermosas, tapadas por un pequeño sostén se lo quito me le acercó y agarrándoselas con ambas manos le chupo los pezones, ella se limita a colocar sus manos en mis hombros, luego mi lengua recorre su pecho subiendo por su garganta, vuelvo a sus pezones y vuelvo a recorrer con mi lengua su otra pecho, nos besamos a ella se le notaba los nervios, su corazón estaba a punto de estallar, se desgonzo toda teniéndola que tener para que no se callera. Argemiro terminó de desnudarse dejándonos ver tremenda verga gruesa y larga, se nos aproxima agarrándome por detrás, me quita la blusa y me suelta el sostén, dejándome también totalmente desnuda. Ya Ernestina ha reaccionado y yo le suelto el pantalón que cae al piso y ella con su pie lo levanta y lo coloca en un gancho

    Los agarro de la mano llevándomelos para la ducha en donde los enjabono recorriendo todo su cuerpo con mis manos acariciándoles sus partes íntimas y besándonos, me arrodillo y acariciándole la verga a Argemiro me la meto en mí boca saboreándola, sintiendo todo su carnosidad su glande en mis labios, se abrazan y se besan, me volteo asía ella y le lambo su cuquita metiéndome entre sus piernas, acariciándole sus nalgas le chupo todos sus jugos haciéndola gemir como loca hasta hacerla venir. Me paro agarrando a Argemiro de la verga lo saco de la ducha, abro un armarios y le pido el favor de sacar una colchoneta en donde realizó los masajes, Ernestina salió de la ducha, la acosté boca abajo, aliste los aceites aplicándoselos por su espalda y piernas. Me le monte encima y restregar mí cuerpo contra el de ella por varios minutos y luego acosté a Argemiro boca abajo y con Ernestina lo untamos de aceite dejándola que ella se le montará encima y lo masajeara cosa que les encanto a ambos y que pondrían en práctica. Volteamos a Argemiro boca arriba, le aplicamos más aceite colocando mi cuquita en su cara dejando que me la lambiera, mientras Ernestina restregaba su cuerpo contra el de él hasta cuándo estando metida entre sus piernas empezó a mamarle la verga, me agachó y compartimos recorriendo su tronco con nuestros labios de arriba a abajo chupándole sus huevas por varios minutos hasta cuándo Argemiro no aguanto y viniéndose en convulsiones nos deleita con su semen en nuestras bocas

    Las que unimos pegadas al glande y bebernos hasta la última gota. Seguimos besándonos con Ernestina sintiendo el espeso sabor del semen en nuestras bocas, nuestras manos recorrían nuestros cuerpos, arrodilladas nos dedeábamos sintiendo sensaciones placenteras. Cambiamos de pose formando la tijera nos movíamos aumentando el placer restregándonos nuestras cuquitas entre sí, haciéndonos gemir y gritar hasta hacernos venir en un mar de líquidos.

    —guau que bueno estuvo eso que delicia? Ernestina te gusto ese beso con sabor a semen?

    -No Dianita, deliciosamente exquisito me trastorno el sentirte, besarte con ese sabor.

    Nos paramos y nos duchamos quitándonos el aceite, nos secamos, saqué cervecitas de la nevera.

    —No tengo palabras para describir esto fue hermosamente delicioso, había visto películas XXX, y me encanta pero verlo en vivo y en directo es el espectáculo más excitante que visto. Argemiro se besa con Ernestina apasionadamente.

    —La verdad yo no estaba segura de cómo iba a acabar todo esto. Afortunadamente nos encontramos en el camino sin quererlo, las casualidades de la vida. Lo que más me llamo la atención en ti fue ese hermoso cuerpo que tienes, tu andar y la alegría que irradias, los movimientos de tus manos, eres perfecta y desee tanto que fueras tu estar contigo, conocerte y como con Argemiro ya lo habíamos conversado en varias oportunidades el conocer a alguien para realizar nuestra fantasía, yo supe que ibas a ser tú y por eso fue que empezamos a frecuentar el restaurante y poder en alguna forma conocerte, ese era mi sueño.

    —Ahí no me digan más que me van a derretir.

    No reímos yo toda nerviosa.

    —Y sí todo salió bien afortunadamente fuiste la indicada yo realmente no creía el poder llegar a una situación de esta con otra persona no es fácil. Complicado. Decirle a alguien que queremos hacer un trío. Bueno con un hombre no habría problema son más perros? pero con una mujer? Ahí sí la veo grave.

    —y me encontraste a mí. El destino el karma que me tiene con un aura espléndida cómo dice el disco de salsa «cuando naces pa martillo del cielo te caen los clavos»

    —Si el problema es el común y para eso hay sitios en donde pueden buscar, bares swinger, o de lesbianas.

    —Si íbamos a ir a uno que queda en la zona rosa sobre la 14 con 82. Pero Ernestina te vio y se le metió a la cabeza que tenías que ser tú, encaprichada y bueno lo logro. La abrazo apretándola.

    —Bueno lo primero que debes entender es que en este medio no se debe uno de enamorar ni hacerse películas eso no es viable, ustedes dos forman una pareja estable y tener confianza en el otro. Ahora ya abrieron el camino y yo les puedo colaborar para que sea de su agrado. Bueno y que más han pensado hacer?

    -No por el momento nada más.

    —jejeje bueno ya miraremos otras opciones porque no se me pueden estancar, hay bastante en esto y en la variedad está el placer.

    —Pues hay inquietudes y hasta lo hemos hablado.

    —SI cómo cuál?

    —el de hacerlo con otro hombre o una pareja.

    —Y Ernestina que dice?

    -No yo al principio no quería ahora me da como ganas pero no sé, hacerlo con otro hombre no me suena.

    —mamita déjame encargarme a mí de eso y lo vas a lograr, tengo varios amigos que estarían encantados de atenderte.

    Ernestina mira a su esposo quién le dice.

    —Solo si tú quieres mí amor.

    —pero con una condición.

    —S!, la que quieras.

    —Quiero hacerlo, me encantaría que fuera una cita a ciegas, que tu no estés, te puedes hacer en otra mesa que se yo, pero lejitos. Diana me ayudas con eso?

    -Claro que si por mí encantada, será un placer y te tengo al candidato perfecto.

    —jejeje Nunca me imaginé planeando coger con otro hombre.

    —Mi amor esto va a ser especial.

    -Papi no se en que nos estamos metiendo pero ciento cosquillitas en el estómago.

    Destape otras cervezas y brindamos por nuestra felicidad, me arrodille en frente de Argemiro y masturbándole la verga se la hice parar, Ernestina sonriendo se nos acerca y se la lambe por un costado mientras yo le chupo el glande, con mis manos acaricio sus huevas y luego con mí lengua recorro su tronco, en varias ocasiones nos encontramos chupándole el glande uniendo nuestra boca.

    Deliciosos minutos de disfrutar su carnosidad, me levantó y montándomele encima me coloco su verga en mis labios vaginales quienes se fueron dilatando en la medida en que me iba penetrando sintiendo su dureza y firmeza dentro de mi comienzo a cogérmelo aumentando la velocidad con cada embestida Ernestina arrodillada al lado nuestro nos acariciaba, levanta la pierna y se coloca Encima de la cara de Argemiro para que esté le chupe la cuquita, Ernestina con sus dedos se abre la cuquita y Argemiro se la lambe.

    15 minutos de placer hasta que me hizo venir, me resbaló por sus piernas agarro su verga y se la mano, saboreándola, lambiendo désela sintiendo su carnosidad en mi boca

    Miro a Ernestina y le digo.

    —Cuando estés mamándole la verga a un hombre cuéntale que te gusta hacerlo, míralo a los ojos directamente échale flores, como por ejemplo. Tienes una rica verga, me encanta tu verga, detalles que a los hombres les encanta, les sube el ego.

    Yo sigo mamándosela a Argemiro y continuó hablándole.

    —Cuando como ahora te vienes y el no, cambia de pose y procura bajar y mamársela por un ratico como si estuvieras agradeciéndole hacerte venir, vuelves a coger.

    Me retiro y la invitó a montársele agarrándole la verga se la pongo en sus labios vaginales y se los restriego sin penetrarla humedeciéndola, nos besamos apasionadamente y empujándola asía abajo es penetrada por su amante esposo y muy pronto otro hijueputa cornudo feliz, me coloco encima de su cara y me dejo lamber la cuquita de su áspera y larga lengua

    Que me da sensaciones placenteras, exquisitas, mientras Ernestina gemía su respiración era fuerte. Al buen rato los siento a ambos llegar al éxtasis total, vi a la Ernestina desfigurada y feliz que hasta lágrimas brotaron por sus ojos. La noche llegaba a su fin la parejita no podían quedarse más tiempo tenían dos chiquillas que atender y así les di inicio a su nueva vida.

    DIANA LUCÍA SAAVEDRA.

    [email protected].

  • El vagabundo y su dama

    El vagabundo y su dama

    Me encontraba fumando al pie del portal de mi casa, antes de subir a dormir. Eran las 2 de la madrugada, la calle estaba oscura y silenciosa, cuando de pronto se empezó a escuchar el ruido de algo siendo arrastrado. Miré hacia la derecha viendo que venía por la calle tirando de un carrito, un vagabundo. Al llegar a mi altura se paró junto a los contenedores de basura que hay, empezando a buscar en ella, quitaba bolsas de basura, luego metía en el contenedor un palo que llevaba, e iba revolviendo toda la basura para ver si detectaba algo que sonara. En el carrito llevaba algunos palés de madera, y otros objetos que parecían de metal.

    Al principio no hizo caso de mi presencia, pero luego de un rato rebuscando en la basura, miró para donde yo estaba, se me quedó mirando y hablando en bajo, murmulló algo que no entendí; era sobre la basura que había en el contenedor.

    ¿me das un cigarro? Me dijo mirándome a los ojos.

    Sí, le contesté. Saqué el paquete de tabaco ofreciéndole un cigarro que él cogió llevándolo a la boca, dame fuego también, me dijo.

    Dándole fuego, le contesté que sí, y si quieres también te presto un pulmón y luego te pongo el culo.

    Se echó a reír diciendo entre sonrisas, que no le vendría nada mal. Llevó su mano a la entrepierna, y agarrándose el paquete dijo que lo llevaba a tope.

    La verdad es que se le veía joven y guapo. Si no fuera aquella ropa y barba de 2 o 3 días, que le hacían parecer un vagabundo; que era lo que realmente era; llamaría la atención por su físico y buena planta, joder si hasta cuando se había reído, se le había visto una dentadura blanca y perfecta.

    ¿Tu vives aquí, ¿verdad?

    Sí, por qué lo preguntas.

    Es por si sabes de algún vecino que tenga ropa, muebles o cualquier electrodoméstico que no le sirva, y quiera deshacerse de ellos.

    Pues la verdad es que no tengo ni idea.

    Siguió hablando mientras fumábamos el cigarrillo; me iba contando de su vida, de los problemas, etc.

    Cuando terminó de fumar el cigarrillo, me pidió si le daba otro.

    Toma, le pasé el cigarrillo, dándole a continuación fuego. A este paso voy a terminar por tener que dejarte el pulmón y ponerte el culo, para que vayas completo.

    Volvió a sonreírme mirándome a los ojos, mientras chupaba para que se encendiera el cigarro.

    Joder, me estoy meando, dijo echando la mano a la entrepierna y agarrarse el paquete. Y así cómo estábamos se arrimó a la pared del edificio, quedando unos pasos más abajo de donde me encontraba yo.

    Sacó la polla sin importarle mi presencia, empezando a soltar una tremenda meada.

    Yo me quedé embobado mirando para su polla cómo meaba. Joder menudo rabo tenía el vagabundo, sí que era larga la polla que se gastaba. Cuando levanté la vista hacia su cara, él estaba viendo cómo yo miraba y no sacaba los ojos de su verga.

    Te gusta, me dijo girándose hacia mí y mostrándome la polla que estaba terminando de mear.

    Levanté la cabeza mirándole a los ojos, ruborizado y sin saber que contestarle, me encogí de hombros diciendo que no estaba nada mal.

    Acercándose a mí con la polla de fuera me dijo, ¿quieres tocarla?

    No no, tartamudeé terminando de ponerme colorado. Yo no no, tartamudeaba mirándole a los ojos sin saber que decirle.

    Toma, me decía acercando la polla para que se la cogiera. Anda cógela y acaríciamela un poco. Como yo no reaccionaba, agarró mi mano llevándola a su polla que estaba media empalmada. Cuando mi mano sujetó aquella larga verga, la apreté con mi mano empezando a acariciarla, haciendo que bajara y subiera la piel del prepucio, haciendo que esta, se fuera poniendo cada vez más dura.

    ¡Ufff! Suspiró el vagabundo cuando le agarré la polla empezando a acariciársela.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Siiii, sigue sigue. Así, así, siiií, jadeaba mientras movía sus caderas para que mi mano le meneara más la polla.

    Yo le acariciaba la polla suavemente, gustándome la suavidad que desprendía su piel, y le acariciaba los huevos cuando le bajaba la piel del prepucio.

    Chúpala, anda chúpamela un poquito, me decía acercándose más a mí. Puso sus manos sobre mis hombros, empujándome para que me agachara y le chupara la polla.

    No no, a a aquí no que nos pueden ver, le dije tartamudeando.

    Nos metemos en el portal y me la chupas un poquito nada más.

    No no, que puede venir alguien, y, y si me ven ¿Qué?

    Como veía que no me convencía, se pegó más a mí, llevó su boca a la mía, pegó sus labios a los míos y sacando la lengua empezó a saborear mi boca. Anda no seas así, chúpamela un poquito nada más, me decía saboreando mis labios.

    O prefieres dejarme que te dé por el culo. Ya verás que rico se siente, ya verás cómo te va a gustar. Anda no seas malo, anda.

    Yo ya estaba caliente y salido a tope, pero allí no podía ser, así que le dije que allí no. ¿No sabes de otro sitio a donde podamos ir?

    Si me dejas que te dé por el culo, sí. Podemos ir a mi casa que esta allí abajo, señaló con la mano hacia el final de la calle.

    Vale, le conteste. Vamos para allí.

    Pero antes me tienes que dar una chupadita, solo la chupas un poquito y nos vamos.

    Me quedé pensando unos segundos, pero como las ganas de que me sodomizara, y lo salido y caliente que estaba en esos momentos me nublaban la razón, no lo pensé más, y sujetándome a sus piernas, me agaché, abrí la boca llevándola a la polla que se erguía mirando al cielo, y la introduje en mi boca. Joder, todavía estaba mojada y tenía gotas de la meada que terminaba de echar, pero aquello más que darme asco, me hizo excitar más. Le di 4 chupadas, y cuando iba quitarla de la boca, el vagabundo, sujetándome la cabeza, me la metió hasta los huevos.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Exclamó el vagabundo, haciéndome tragar toda la polla.

    Dios que hijo de puta, me la había enterrado hasta los huevos, haciéndome que me abriera en arcadas y no pudiera respirar. Como pude saqué la polla de la boca y abriéndome en arcadas, le dije que ya, ya está, si quieres vamos a otro sitio, si no me voy para mi casa.

    El vagabundo guardó su polla, y agarrando el carrito que arrastraba, me dijo, está bien, vamos.

    En menos de 3 minutos, ya estábamos frente a la puerta de la casa donde dormía. Era una de las pocas casas que quedaban en la calle, de una sola planta. Por supuesto que él estaba de okupa en ella, ya que la casa estaba abandonada y en semi ruinas.

    Empujó la puerta, entró metiendo el carrito, y luego me ordenó que pasara. Aparcó el carrito en la entrada, y sujetándome por la mano, tiró de mí llevándome hasta una de las habitaciones que allí había.

    Era donde dormía, ya que, sobre unos palés de madera, había un colchón con unas mantas encima.

    Me abrazó por la espalda, y aferrándose a mi cintura, empezó a morderme y lamer el lóbulo de la oreja, mientras restregaba su polla en mi culo.

    ¡Ohhh que ganas tengo! ¡ooohhh que ganas tengo de follarte! Jadeaba mientras me mordía la oreja y el cuello.

    Me sacó así cómo estábamos la cazadora, tirándola luego sobre el colchón, haciendo después lo mismo con la camiseta que llevaba puesta.

    ¡Ohhh que rico! ¡ooohhh que pezoncitos! Decía acariciándome los pezones apretándolos con sus dedos, mientras me seguía mordiendo el cuello y hombro.

    Aquello me excitaba y hacía temblar de gusto, y es que además el cuello es una de las zonas más sensibles que tengo, y que más me excitan.

    Ahora había agarrado el cinturón aflojándolo, y se disponía a desabrochar el pantalón. Cuando me lo tubo desabrochado, tiró por él para abajo, haciendo lo mismo con el slip. Me dio la vuelta mientras me manoseaba los cachetes del culo, y mordiéndome los pezones que los tenía hinchados y duros por la excitación que estaba sintiendo, Jadeaba lo bueno que estaba.

    ¡Ohhh que culito! ¡ohhh que culito tienes! Cómo te lo voy a follar, decía entre jadeos.

    ¡Ay que ganas tengo! ¡ay que ganas tengo de follarte este culito! Iba diciendo entre jadeos sin dejar de morderme los pezones, e irme metiendo mano por todas partes.

    Agarró mi polla y huevos manoseándolos, y mientras me meneaba la polla, yo iba desabrochándole el pantalón, bajárselo junto al slip, apoderándome de su larga polla, empezando a descapullarla, mientras con la otra mano le acariciaba los huevos.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gustazo! Que gusto me daba tocar aquella polla y acariciarle los huevos de aquel vagabundo. Se notaban muy suaves y daba gusto acariciárselos.

    La polla la tenía tiesa como el mástil de un velero; se le pegaba al vientre de tiesa que estaba; e hinchada con la cabeza enrojecida cómo si fuera una fresa; daba ganas de meterla en la boca y comérsela.

    Y eso hice, me agaché llevando la boca a aquella polla, y metiéndola en mi boca, empecé a chupar y succionar aquella cabeza que se parecía a una fresa enrojecida.

    ¡Ohhh maricón! ¡ooohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Chillaba el vagabundo mientras yo le comía la polla.

    Para para, que me vas a hacer correr, y primero quiero darte por el culo hostias. Me dijo haciéndome parar de chuparle la polla. Es que tienes un culito muy apetecible joder, y primero quiero sodomizarlo y hacerte mío. Quiero preñarte y hacerte un hijo, quiero embarazarte con mi semen. Quiero hacerte mi dama, quiero que seas mi dama toda la noche.

    Joder, eran las 2 de la madrugada, y hasta que amaneciera faltaban por lo menos 6 horas, si iba a estar dándome por el culo el resto de la noche, no es que me fuera a dejar embarazado, cosa imposible, es que me iba quedar el culo en carne viva. Sí, iba a ser su dama, pero su dama con el culo al rojo vivo.

    Me empujó hasta el colchón, haciendo que callera boca arriba. Entonces me sacó los zapatos, terminando de sacarme el pantalón y slip.

    Allí me tenía, totalmente desnudo, dispuesto a ser sodomizado y complacerle en ser su dama toda la noche.

    Me senté sobre el colchón apoderándome de su tiesa polla, mientras él se terminaba de quitar la ropa, la sujeté con ambas manos llevándola a la boca. Empecé a lamer y chupar aquella enrojecida cabeza, a la vez que le acariciaba los huevos que le colgaban. ¡Ohhh que calentita y dura estaba! ¡ooohhh que gusto chupar aquel manjar! Y que gusto daba acariciar aquellos suaves huevos. Estaba excitadísimo y caliente, deseando que aquella sabrosa y rica polla me la metiera en el culo, me follara bien follado, haciéndome gemir como si fuera su damita.

    Hostia tío, y eso que no querías darme una chupadita. Tú querías comerla toda, joder.

    Me sujetó la cabeza con sus manos, y moviendo su cadera, me iba metiendo la polla hasta el fondo de mi garganta. Con el movimiento que le daba a su cadera al meterme su polla en la boca, los huevos que le colgaban me iban pegando en la barbilla.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gemía el vagabundo, mientras yo le chupaba la polla.

    Quieres que me corra en tu boca, o prefieres que primero te dé por el culo y te lo preñe de leche, y te deje embarazado.

    Dame por el culo primero, le contesté, sacándome la polla de la boca y sujetándola con mis manos.

    Puso sus manos sobre mis hombros, empujándome para tumbarme sobre el colchón, echándose él sobre mí.

    Primero se apoderó de mis labios, empezando a lamerlos y mordisquearlos. Luego metió su lengua en mi boca, haciendo que se la saboreara, haciendo él lo mismo con mi lengua, para seguir poco a poco bajando por mi cuello e ir dando pequeños mordiscos, cosa que me hizo temblar y gemir, a la vez que lo abrazaba fuertemente.

    ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gemía y temblaba retorciéndome de gusto abrazándome fuertemente a su espalda.

    Esto te gusta ¿eh?

    Mira cómo tiemblas y gimes.

    Tenías ganas de que te follaran ¿eh?

    Andabas caliente y salido con ganas de que te dieran por el culo ¿eh?

    Pues no te preocupes, que te voy a dar por el culo. Esta noche vas a ser mi dama, te voy a dejar el culito bien preñado.

    Siguió bajando por el pecho hasta las tetillas. Allí lamió y mordió los pezones haciéndome dar más gemidos, mientras su mano acariciaba mis huevos e iba meneándome la polla.

    Yo cada vez estaba más caliente y deseaba ser enculado por la polla del vagabundo. Gemía sin parar, mientras mis manos sujetaban su cabeza, ¡ooohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gemía mientras el vagabundo me torturaba con su boca.

    Por fin el vagabundo, llegó con su boca a mi pobre polla. Sujetándola por los huevos, la engulló toda de una sola vez. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Grité de placer al sentir como su boca succionaba mi pene.

    ¡Paaaara! ¡Paaaara que me vas a hacer correr! Le gritaba sujetando su cabeza con mis manos. ¡Ohhh dios! ¡ohhh dios! Dame por el culo que no aguanto más, le gritaba enredando mis manos en su pelo.

    Sacó mi polla de su boca, siguiendo con su lengua bajando hasta los huevos, los lamió con sus labios, parándose en el perineo, y dar pequeños mordiscos, que volvieron hacerme gritar de placer.

    Me hizo levantar las piernas, y dejarle así expuesto el esfínter de mi ano. ¡Ohhh que culito! ¡ohhh que culito tienes! No tienes ningún pelito, decía mientras llevaba su lengua y lo lamía.

    Yo no paraba de gemir y gritar, pidiéndole que me diera por el culo. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Métemela, métemela ya y dame por el culo, le pedía.

    Después de lamer mi agujero fue metiendo un dedo en él, haciendo que yo abriera más las piernas y soltara un suspiro al notar entrar su dedo en mi culo.

    ¡Ohhh! Fóllame, fóllame, le gritaba, mientras empujaba mi culo para que se metiera más su dedo.

    Después de un rato abriéndome el culo con 2 de sus dedos, y dejarme el culo listo para meterme su polla, me ordenó que me pusiera de rodillas sobre el colchón, quedando de perrito, listo para que me diera por el culo.

    Se colocó detrás mía, y diciéndome que me agachara más y levantara el culo, yo agaché la cabeza apoyándola en el colchón, dejando que mi culo se elevara un poco más.

    Colocó la cabeza de su polla en mi agujerito, y fue metiendo poco a poco su polla en mi ano. Una vez el glande abrió y traspasó el esfínter, movió las caderas, haciendo que entrara toda la polla en mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! grité al tener toda la polla del vagabundo dentro de mí.

    ¡Ahhh! Ya, ya está, ¡aaahhh que gusto! ¡aaahhh que gusto! Decía el vagabundo sujetándome por las caderas, y terminando de colocarse mejor y meterme toda su polla dentro mía.

    Empezó a mover despacio sus caderas, haciendo que su polla fuese entrando y saliendo de mi culo. Me sujetaba con sus manos por la cadera, moviéndome en un vaivén, que hacía que la enculada que me estaba dando me hiciera gemir y gritar pidiéndole más.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el vagabundo mientras me daba por el culo, ¡ooohhh que culito!

    Mientras me estaba dando por el culo, llevó su mano a mi polla, empezando a meneármela al ritmo que me iba follando. Esto lo que hizo fue que yo empezara a correrme, y lo hice dando un gran grito de placer, ¡ooohhh me corro, me corro! Y empecé a escupir semen sobre el colchón, mientras el vagabundo seguía dándome por el culo. Ahora me culeaba más rápido y gritaba, así, así, decía mientras yo terminaba de eyacular sobre el colchón y me seguía dando por el culo.

    Aún siguió dándome por el culo un buen rato el vagabundo, hasta que empezó a mover las caderas mucho más rápido, y empezar a gritar que se corría, ya, ya me vengo, me vengo, ¡ohhh! Me vengo, me vengo, ¡ooohhh me corro! Gritaba soltando todo el esperma que contenían sus huevos en lo más hondo de mi culo.

    Cuando terminó de descargar todo el semen, sin sacar la polla de mi culo, fue recuperando la respiración, y sudando cómo estábamos, quedamos tumbados en el colchón, yo abajo, y el vagabundo sobre mi espalda, y con la polla metida en mi culo.

    ¡Ohhh que bueno! ¡ohhh que bueno! Decía el vagabundo montado sobre mi espalda y teniéndome la polla insertada en el culo. Me besaba y mordía la nuca mientras me mantenía abrazado a él.

    Sin movernos de cómo estábamos, Estiró la mano cogiendo y tirando de la manta que allí había, quedándonos ambos tapados por ella.

    No te muevas, quédate así, me decía el vagabundo al oído, vamos a descansar un poco, y luego seguimos follando. Pero quédate así, que quiero sentir el calorcito que me da tu cuerpo.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que calentito tienes el culo! ¡ohhh que gusto me da! Decía el vagabundo, sin despegarse de mí.

    La polla todavía me la tenía insertada en el culo, notaba cómo palpitaba y poco a poco se iba deshinchando y escurriendo de mi culito. No dejaba de besarme la espalda y morderme la nuca, mientras me abrazaba y acariciaba con sus manos. Me acariciaba los huevos y meneaba la polla, mientras con la otra mano pellizcaba y retorcía uno de mis pezones.

    Te ha gustado cómo te he follado ¿eh?

    Te gusta cómo te doy por el culo y te hago mi damita ¿eh?

    Pues esta noche vas a ser mi damita, y te voy a hacer gozar con mi polla que tanto te gusta.

    A mí me gusta tu culito, es calentito y muy bonito. Y estos labios rojos y carnosos que tienes, y también estos pezoncitos tan ricos que tienes, me decía al oído retorciéndome el pezón.

    Estuvimos así tumbados un buen rato, él sin dejar de acariciarme, su polla y huevos pegados a mi culo, y sin parar de hablarme al oído. Yo me había quedado medio adormilado durante algún tiempo, hasta que, a causa de las caricias y magreos a mi polla, volví a despejarme, volviendo mi polla a empezar a ponerse dura de nuevo.

    Me di la vuelta quedando frente a él, pero el vagabundo no dejó de tenerme abrazado. Ahora se apoderó de mi boca y labios, empezando a morderlos y pasar su lengua por ellos.

    ¡Ohhh mi damita! Que calentita y buena estás, me decía mordiéndome el labio y pasando su lengua por ellos. Llevó su mano a mi polla, y cuando la agarró de nuevo empezando a meneármela, me decía, ¡uy ya la tienes durita de nuevo! Ya estás calentito otra vez. Quieres que te vuelva a follar ¿eh? Mi damita necesita más polla en su culito ¿¿verdad?

    Yo sin contestarle nada, llevé mi mano a su polla y huevos, empezando a acariciarlos y menearle suavemente la polla. Cuando empezó a ponerse algo erecta, la metí en medio de mis piernas pegada a mis huevos, mientras él seguía mordiéndome y saboreando mis labios. Ahora yo llevé mis manos a sus pezones, empezando a acariciarlos y retorcer y apretarlos con mis dedos, mientras apretaba mis piernas para acariciarle la polla.

    Saqué la lengua para saborearle los labios, luego dejé que la metiera en su boca y la saboreara, empezando yo a darle un morreo en la boca, morderle los labios y no dejar de acariciarle.

    Poco a poco su polla empezaba a reaccionar, volvía a estar dura e hinchada de nuevo. El vagabundo movía sus caderas, haciendo que su polla se fuera meneando con el roce de mis piernas, y esta se fuese poniendo más dura cada vez.

    Mi damita está caliente y salida ¿eh? Me decía el vagabundo viendo cómo gemía y le comía la boca de una manera desesperada.

    Me agaché metiendo la cabeza entre aquella manta, y llevándola hasta su polla, me la metí en la boca, empezando a chupar y succionar aquel glande que ya volvía a estar enrojecido cómo si de una fresa se tratase.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gemía el vagabundo sujetándome la cabeza mientras yo le chupaba la polla.

    Después de un buen rato chupándole la polla, me dijo que me diera la vuelta, que me iba a dar por el culo de nuevo.

    ¡Ay mi damita! Quiero que me des tu culito, quiero follarte otra vez y preñarte hasta dejarte embarazado.

    Sacando la polla de mi boca, me di la vuelta, quedándome boca abajo. El vagabundo se montó sobre mi espalda, y haciéndome abrir las piernas, se tumbó sobre mí.

    Llevó su boca a mi nuca mordiendo suavemente en ella, a la vez que me pedía que levantara un poco el culo. Anda, levanta un poco el culito, que te voy a meter la polla.

    Levanté un poco las caderas, y ya noté cómo colocaba la cabeza de la polla en mi caliente agujerito.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí al notar su cabeza abrir mi esfínter y notar cómo entraba en mi culo.

    Dio un movimiento a su pelvis, terminando de meterme toda la polla dentro. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Volví a gemir al notarla toda dentro de mí, y al vagabundo echarse sobre mi espalda.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba el vagabundo metiéndome la polla dentro mía. Así así, decía mientras empezaba a cabalgarme.

    Así mi amor, así, levanta el culito para que te entre mejor, me decía mientras no paraba de cabalgarme y jadear dando gemidos de placer. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh cómo me gusta!

    El hijo de puta me cabalgaba el culo a toda velocidad. La polla rozaba mi próstata haciéndome que mordiera los labios y gimiera por el gusto que me estaba dando aquel rozamiento. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemía mientras levantaba más el culo para notar como su polla me estaba follando.

    Notaba sus huevos pegar en mi culo cada vez que su polla me llegaba al fondo, y el ruido que hacía la polla del vagabundo entrando en mi culo, chof, chof chof chof, chof, chof chof chof.

    Dios, mi polla ya estaba volviendo a gotear semen sin parar, y yo ya empezaba a sudar por todos mis poros, teniendo sobre mi espalda al vagabundo cabalgándome el culo.

    Esta vez el cabrón del vagabundo tardaba más en correrse, pero dando gritos de placer, terminó por volverme a llenar el culo de leche, y dejármelo bien preñado.

    ¡Ohhh! Me corro, me corro Gritaba el vagabundo, ¡ooohhh me corro! Mientras su polla iba soltando todo el semen en mi culo.

    Yo notaba cómo palpitaba su polla dentro de mi culo, e iba eyaculando dentro mía.

    Cuando terminó de correrse, volvimos a quedar así cómo estábamos, hasta que poco a poco su polla fue saliendo de mi culito. Volvimos a taparnos con aquella manta, y abrazándome el vagabundo por la espalda, volvió a morderme el hombro y nuca, y agarrarme la polla, empezando a meneármela suavemente.

    Te ha gustado mi amor, me decía, te ha gustado cómo te he preñado el culito, eh mi damita.

    Si, sí me ha gustado, le conteste recostando mi espalda sobre su pecho, dejando que me abrazara.

    Después de un buen rato donde llegamos a quedarnos adormilados por algo más de 2 horas, le dije que tenía que ir a mear, y de paso, fumaría un cigarrillo.

    Nos levantamos, diciéndome él, que no hacía falta que me vistiera, que allí tenía servicio. Pues espera, que voy a coger el tabaco para fumar.

    Saqué del bolsillo de la cazadora el paquete de tabaco y el mechero, y poniendo un cigarrillo sobre la boca y ofrecerle otro a él, lo encendí, pasándole luego el mechero al vagabundo.

    Fumando y desnudos cómo estábamos, me llevó hasta donde estaba el baño.

    La única luz que había en el baño era el reflejo de la luna, que entraba por una desvencijada ventana que tenía aquel baño. Nos quedamos allí de pie mientras terminábamos de fumar, y yo revisaba aquel aseo; No es que fuera el baño de un hotel, pero no estaba nada mal; tenía la taza del váter, un lavabo y una bañera bastante grande, que incluso tenía un grifo con maneral para usar cómo ducha. Se veía que el vagabundo, era un manitas y tenía aquello bien organizado.

    Al estar así desnudos, notaba una ligera brisa que entraba por la desvencijada ventana, cosa que hizo que me pusiera a temblar al notar aquella suave brisa. ¡Uy mi damita! Te está cogiendo el frío, que veo que estás temblando, dijo el vagabundo abrazándome.

    Deja que te de calorcito con mi cuerpo, me susurraba al oído abrazándome mientras seguíamos fumando aquel cigarrillo. ¡Ohhh que bueno estás! ¡ohhh cómo me gusta abrazar a mi damita! Me susurraba mientras me abrazaba e iba metiendo mano, restregando su polla y huevos contra mi culo.

    Cuando estábamos terminando de fumar, sujetándome por la mano, me dijo cogiendo la colilla de mi cigarrillo y tirarlo junto al suyo por la taza del váter, ven, que quiero hacer una cosa. Tiró por mí, metiéndose en la bañera y haciendo que yo también me metiese.

    Espera le dije, déjame mear primero.

    No, vamos a hacer una cosa que quiero hacer con mi damita.

    Se tumbó en la bañera, ordenándome que me sentara sobre él. Ven, ponte a horcajadas sobre mí.

    Y eso hice, agachándome de rodillas, me senté a horcajadas sobre su cuerpo.

    Así, pon tu culito sobre mi polla, y ahora trae tu boquita para que te bese. Llevé mi boca a la suya, y sujetándome el vagabundo por la nuca con sus manos, empezó a meter su lengua en mi boca. Así mi amor, ahora quiero que empieces a mear, y lo hagas encima mía.

    Y así lo hice, aflojé la vejiga, dejando que mi polla empezara a mear por el cuerpo de ambos, estando a horcajadas sobre el vagabundo, y este metiéndome la lengua en la boca y saboreándome todos los recodos de mi boca.

    ¡Ohhh mi amor! ¡ooohhh que gusto! Te estás meando mi amor, ¡ohhh que calorcito se siente!

    Cuando terminé de mear y el vagabundo dejó de besarme, nos incorporamos, pidiéndome que me quedara así agachado de rodillas. Agacha más la cabeza y levanta un poco el culito mi amor. Así, así, abre más las piernas que quiero ver el agujerito de mi damita.

    Y así agachado cómo estaba, empezó el vagabundo a mear sobre mí. Apuntaba a mi ano y huevos, dándome el chorro de su meada sobre el agujero de mi culo, perineo y huevos, dándome un gusto que nunca había sentido, al notar cómo pegaba el chorro de aquella meada que me estaba echando el vagabundo.

    Al caer el líquido de su meada por mi ano y huevos, me producía unas cosquillas en la zona que me gustaba.

    Terminó de mearme el vagabundo, ordenándome que así cómo estaba de rodillas, le chupara la polla.

    Así mi amor, ahora abre esa boquita, y chúpame la polla.

    Abrí la boca, y poniendo una mano debajo de los huevos del vagabundo, metí aquella polla que terminaba de mearme el ano y espalda. Nada más meter la polla en la boca y empezar a chupar, el vagabundo sujetó mi cabeza, soltándome dentro de la boca, un chorro de meos que aún le quedaba. Me sujetó la cabeza para que no pudiera retirar mi boca, diciéndome, así mi amor, así bébete mis meos ya verás cómo te van a gustar.

    No me quedó más remedio que tragar aquel chorro de meos, ya que me estaba ahogando.

    Joder, exclamé escupiendo cuando pude sacar la polla de la boca, eres bien cabrón, le dije. Eso no me gusta.

    Ya mi amor, ya está, ya ves que no te ha pasado nada me decía el vagabundo acariciándome la cara. Anda, chúpala que ya no te voy a mear más.

    Volví a coger la polla del vagabundo, y colocándole una mano debajo de los huevos, abrí la boca, metiéndome aquella verga que tanto me gustaba. Le acariciaba los huevos mientras chupaba aquella polla cómo si fuera un caramelo. La succionaba en la cabeza llevándola hasta el fondo de mi garganta, y así estuvimos durante unos cuantos minutos, hasta que el vagabundo me dijo si quería tragarme su leche.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto mi amor! ¿Quieres tragarte mi lechita mi amor? Anda di que sí mi amor, que quiero ver cómo mi damita se traga mi lechita. Quiero correrme en tu boquita mi amor.

    Cerré los ojos asintiendo con la cabeza, dándole a entender que sí quería que se corriera en mi boca. Y es que en esos momentos estaba tan caliente, excitado y me sentía tan guarro, que estaba dispuesto a todo.

    Cogió la polla con su mano el vagabundo, empezando a menear su polla mientras me decía que le acariciara los huevos y abriera bien la boca. Abre bien la boca mi amor, y sigue acariciándome los huevos.

    Así mi amor, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Abre la boquita que ya me voy a correr, ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh me corro! ¡ooohhh me corro! Toma, toma mi amor, toma tu lechita.

    Y abriendo la boca todo lo que podía, fue eyaculando el vagabundo su semen sobre ella.

    Me había dejado 3 chorros de esperma sobre la lengua, y uno que fue directo a mi garganta. Chupé y saboreé aquel esperma que salía de la polla del vagabundo, terminando por tragarlo todo.

    ¡Ohhh mi damita! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto me has dado!

    Después de dejarle la polla sin una gota de semen, me levanté incorporándome sobre la bañera y abrazado a él, me estuvo saboreando la boca y mordiéndome el cuello, mientras con su mano me pajeaba la polla para que me corriera.

    Córrete mi amor, córrete. Quiero que te corras, no quiero que te vayas con ganas de follar y los huevos calientes, me susurraba el vagabundo, mordiéndome el cuello mientras me iba pajeando.

    Me empezaron a temblar las piernas, y abrazándome más a él, empecé a gritar que me corría. Me corro, me corro, gritaba, empezando a escupir semen por mi polla.

    Había soltado 4 chorros de semen sobre las piernas del vagabundo, mientras me abrazaba fuertemente a él, sin dejar de temblarme las piernas.

    Así mi amor, así, suelta tu lechita, me decía sin dejar de pajearme y morderme en el cuello.

    Cuando nos dimos recuperado y de nuestras pollas ya no salía ninguna gota de semen, el vagabundo cogiendo el maneral de la ducha, abrió el grifo empezando a salir agua por el maneral, mojándonos los pies.

    Joder, sí que salía el agua con bastante fuerza, y por supuesto fría cómo el demonio. Tranquilo mi amor, que solo es un momento para lavarnos un poquito.

    Dios, se me habían encogido los huevos cuando empezó a echarme agua por la cintura abajo. Me ordenó que abriera las piernas, y después de mojarme el culo, metió el maneral por entre mis piernas, haciendo que me pegara de lleno el chorro de agua sobre el agujero del ano y los huevos; la hostia, aquello me estaba haciendo cosquillas en el ano y los huevos; entre lo frío que estaba el agua, la fuerza del chorro y lo esparcido que salía el chorro, aquello me estaba haciendo unas cosquillas que me hicieron gemir y agarrarme a sus hombros. Le mordí los labios, pidiéndole que parara, para, para que me haces cosquillas, y el agua está muy fría.

    Por fin cerro el agua, y cogiendo una toalla que había, me secó primero a mí, para luego secarse él.

    Cuando terminamos de secarnos, volvimos a donde él dormía, nos tapamos con la manta para entrar en calor, y luego de un rato donde estuvimos hablando de volver a quedar para otro día, y repetir lo de esa noche, y es que él quería que fuese de nuevo su dama, y darme por el culo toda la noche, me empecé a vestir, y despedirme de él.

    Aquel iba ser mi hombre durante bastante tiempo, y yo su dama. Y eso pasó, el fue mi hombre y yo su damita todas las noches que estuvimos juntos. Siempre me dejaba el culito preñado con su semen, pero eso sí, no consiguió dejarme embarazado. Solo consiguió dejarme el culito abierto, lleno de lechita y por supuesto muy contento y feliz.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • En el servicio social se aprende (III)

    En el servicio social se aprende (III)

    Aquí les tengo un nuevo capítulo de cuando estuve haciendo mi servicio social, les agradezco muchísimo el interés que le han puesto a los anteriores y todos sus comentarios (sobre todo a las chicas que me han escrito) que como les consta, si contesto a cada uno de ellos, aunque de repente no tan rápido, pero lo hago.

    Bueno, pues continuando les diré que luego de esa deliciosa cogida que me dio en su oficina, seguí el intercambio de mensajitos muy calientes a través del celular y en una ocasión en el tocador me tomé una foto de mi rajadita bien abierta y húmeda (afortunadamente mi estado normal) y le puse «mira lo que está esperando a que la pruebes o la uses» y más tardo en llegarle el mensaje cuando ya me estaba contestando que desde luego la quería usar, pero que iba a tener una serie de reuniones, pero que fuera de inmediato a su oficina para que al menos me diera una probada con sus dedos.

    Le pedí a su secretaria que ya para esos tiempos habíamos hecho buena amistad y nos bromeábamos, me dijo con una sonrisa «ten mucho cuidado o un día te va a acabar cogiendo, dicen que le gustan mucho las chicas así como ustedes» obviamente para mis adentros me reí como diciendo pues si supieras que ya me la ha metido varias veces, pero no dije nada.

    Me anunció y por fin pase a su oficina, estaba revisando unos papeles y me hizo señas para que pusiera el seguro de la puerta, lo hice sin que se escuchara y me acerqué a donde me indicó de inmediato me metió la mano por debajo de mi faldita y me metió dos dedos, la verdad es que como yo estaba ya tan mojada ni siquiera me dolió y si sentí delicioso, me dio un masaje en mi clítoris que no supe si fue por el momento, por mi calentura o no sé qué, pero me vine de inmediato cuando me metió un dedo en mi culito, mmm que sensación más deliciosa, traté de calmarme lo más pronto posible porque tenía que salir de ahí, abrió un cajón y me dio un sobre amarillo con una caja, me dijo que era un regalito y que lo usara mientras no pudiera darme mi ración de verga (lo cual me hizo imaginar lo que contenía el sobre), nos despedimos con un besito y él con un apretón a mis nalgas.

    Llegue de regreso al escritorio que yo ocupaba y guarde el paquete que me dieron, seguido de lo cual me fui al baño a limpiarme los restos del delicioso momento que había tenido momentos antes, estando en el baño ocupé uno de los privados y me limpié los juguitos que aún tenía y que aún se me estaban saliendo por mis labios, no pude aguantarme las ganas y me metí dos de mis dedos, pero rápido los saqué, me asome para ver si estaba solita y en efecto así era, me senté en la tapa del wc y apoyando mis piernas bien abiertas en la puerta me abrí lo más que pude los labios con mis manos y me tomé una foto que le mande a mi macho para que se le antojara más.

    Salí y me moje la cara para que se me bajara la calentura, luego de eso ya me fui a mi lugar y en unos instantes tenía la respuesta a mi mensaje, mismo que me dejo algo decepcionada porque me decía que ya no iba a regresar sino hasta el siguiente día, el resto del día fue algo tedioso hasta que llego el feliz momento de irme a la casa, desde luego que me lleve mi paquete, tenía la clara idea del contenido y no iba a dudar en usarlo, lo necesitaba.

    Una vez que entré a la casa me fui directa a mi cuarto a guardar «el tesoro» en lo más profundo de mi closet, después baje a cenar algo rápido y estuve un rato con mi mamá en la sobremesa, pero ya mi rajita pedía atención, me sentía húmeda de solo imaginar el cómo iba a usar ese pedazo de plástico en mi interior y bueno luego de eso subí a mi recamara, obviamente cerré con el seguro y saqué mi paquete que para mi gusto si era la verga de plástico que había imaginado que era, así de que me puse una pijama muy breve que es un shortcito y una playerita de tirantes, como buena mujer en mi tocador siempre tengo un frasquito de aceite para bebé por aquello del maquillaje y bueno en ese momento iba a tener otro uso.

    Me metí a mi cama y me quite mi shortcito y el bikini que traía así que mi rajita quedo a la disposición de mis dedos y de mi «amigo» de goma, en mi iPad me puse a buscar unos videos cachondos de mujeres masturbándose con vergas similares y luego de ver algunos ya estaba yo más que mojada y jugando con mis dedos entre mis labios, me metía tres que la verdad entraban sin la menor dificultad, estaba acostada boca arriba con las piernas abiertas lo más posible, comencé a chupar la verga imaginando que era la de mi cogelon amante la besaba y me la metía en la boca dejándola bien llenita de saliva.

    Después de unos minutos me la lleve a la entrada de mi panochita y abriendo con mis manos mis labios la puse en la entrada y haciendo un poco de presión me metí unos 8 o 10 centímetros, mmm que sensación tan deliciosa sentirme así de llenita, luego me quite mi blusita también y con mi otra mano me tocaba mis tetas, ya mis pezones estaban bien duritos y parados, paré un momento y me seguí metiendo otro cacho más de ese maravilloso juguete hasta que por fin luego de unos minutos que me parecieron una eternidad por lo sabroso me logre comer todos los 23 centímetros en mi más que caliente agujerito, me encantó la sensación de sentirme así, toda llena de verga (aunque fuera de goma).

    Luego la deje adentro de mí y me toque mi clítoris, como podrán entender tuve un tremendo orgasmo que me hizo hasta sentirme mareada de tanto placer, me resultaba muy complicado contener los gemidos y vaya que fue difícil recuperar el ritmo de la respiración, pero seguía muy caliente, así de que luego de recuperarme seguí viendo videos y hubo uno que me llamo poderosamente la atención y es que una chica se metía un verdadero monumento a la verga pero por su culito y acordándome que el mío le llamaba mucho la atención a mi amor.

    Decidí ir probando suerte aunque desde luego me pareció muy grande lo que tenía en mis manos como para metérmelos entre mis nalguitas, así de que siguiendo las imágenes me puse de perrito (mi posición preferida para coger) y primero me metí dos dedos en mi rajita encharcada para lubricarlos y me lleve el primero a mi culito que se sentía hirviendo, estaba con mi cara en la almohada, las nalgas bien levantadas y mis piernas estaban bien separadas lo que me daba un acceso ilimitado a mi agujerito apretadito, le puse un poco de aceite en la punta de la verga y lo lleve hacia mi culito, lo puse en la entrada y haciendo un poco de presión sentí como en un reflejo involuntario se trató de cerrar esa entradita solo usada (y muy poco) hasta ese entonces por mis deditos, pero estaba muy caliente y decidida a darme gusto.

    Así de que hice un poco más de presión y ahora si logre que entraran unos 4 centímetros de la cabezota, la verdad es que sentí muy rico, pero a la vez sentí un dolorcito interesante, así de que lo deje en ese lugar sin que se moviera para que se fuera relajando mi culito y me toque nuevamente mi clítoris, con lo que me puse aún más caliente y con más ganas de seguir adelante, ya que sentí que las paredes de mi recto se iban relajando lo saque por completo y me puse unas gotas más de aceite y ya con la facilidad que había ganado intente de nuevo meterlo y ahora ya se deslizo de manera distinta logrando entrar como diez centímetros, uuuffff ahora si ya me sentía llena y que en cualquier momento me iba a venir de tanto gusto que me estaba dando.

    Imaginaba que era mi jefe el dueño de la verga y que obviamente era de verdad y no de goma, pero ya tenía toda la lujuria en mi interior y sabía que no iba a parar hasta que me lo metiera por completo y lo seguí empujando poco a poco hasta que por fin sentí que solo tenía los huevos afuera, debo de confesar que ya cuando llegué a ese punto ahí si sentí que me dolía bastante, pero nuevamente tocándome mi rajadita y mis tetas pronto paso.

    Luego de unos minutos comencé a meterlo y sacarlo con cuidado, hasta que lo saqué por completo y lo fui metiendo hasta que me llegó hasta mis intestinos, que gusto y que delicia, luego de hacer ese movimiento como unas 12 veces me vino un orgasmo increíblemente rico que me costó mucho trabajo que no se me salieran los gemidos y alguno que otro grito, pero al final no hubo ruidos, luego de terminar tan delicioso momento fui al baño y limpiarme y regresando a mi recamara le di «un baño» a mi placentero amigo y lo guarde, después de eso y como comprenderán me quedé más que dormida.

    Al otro día me despertaron los gritos de mi madre, me sentía muy cansada, pero sobre todo me dolía mi culito, cuando me levante y me senté en la orilla de la cama me dolió bastante, pero no había más y me di un baño a toda velocidad, poniendo especial atención en ponerle agua lo más fría posible a mi agujerito para que se calmara lo más posible el dolorcito.

    La mañana iba transcurriendo de lo más normal hasta que decidí ponerle un mensaje a mi jefe comentándole lo que había hecho la noche anterior y en unos minutos tenía su respuesta diciéndome que se le había parado la verga tan solo de imaginarme y que ya quería que fuera la tarde para que llegara yo a la oficina y poder ver cómo me quedo mi entrada posterior y darme una buena cogida sobre su escritorio, obviamente me empecé a poner húmeda y me costó mucho trabajo concentrarme en las siguientes clases, ya me imaginaba ensartada por su rica y jugosa verga, pero lo mejor de todo llegó un poco antes de salir.

    Me mandó un mensaje donde me decía que no fuera a la oficina, que me reportara enferma y que lo esperara cerca de una estación del metro para que fuéramos a un hotel porque me quería dar por el culo y no quería estar con prisas ni que nadie nos interrumpiera mientras él estrenaba esa entrada. Desde luego la idea me pareció maravillosa y de inmediato hice la llamada a la oficina preguntando por él, la secretaria me dijo que estaba en una reunión, así que le deje el mensaje que no iba a ir porque me sentía mal de salud.

    Luego les dije a mis amigas lo mismo que no estaba bien de salud y listo, ya estaba lista la primera parte del plan, así de que le avise de inmediato y me indicó la hora en que pasaría por mí, me apure lo más posible y luego de unos minutos paso por mí, el trae una camioneta Ford Explorer de las nuevas. Me subí y de inmediato tomamos dirección hacia un hotel, cosa que claro está él iba a decidir, luego de unos minutos me dio una instrucción que me hizo dudar un poco y no por pudorosa, sino por el lugar, me dijo que como ya era hora de oficina y como su putita que era debería de quitarme mi sostén y la tanguita que llevaba.

    Fue algo nuevo para mí porque hacia todos lados que volteara había gente, pero desde luego que no iba a desobedecer, así que me doble hacia adelante, tome el elástico de mi tanguita y subiendo un poco mis nalguitas la baje lo más pronto posible hasta que llego a mis rodillas, cosa que le agrado y luego vino lo más complicado porque como era un día caluroso no traía puesto mi sweater y mi blusa era muy delgada, pero ni modo, así de que me zafé el broche en la parte de mi espalda y luego me abrí dos botones de mi blusa para poder sacar lo más rápido que pude mi bra, fueron segundos, pero la verdad es que se me hicieron una eternidad.

    Sin embargo el haber cumplido con la orden que me había dado me puso contenta y más cuando vi su sonrisa llena de calentura, me acomode mi blusa y en ese mismo instante sentí como una de sus manos llego a mi pierna y me acariciaba, me pidió que me subiera hasta la cintura mi falda, me di cuenta que había tomado rumbo a Toluca por la autopista y me anime un poco más porque ya había menos gente y también porque ya estaba más caliente, así de que lo hice, en cuanto tuvo a la vista mi panochita me metió un dedo tan profundo como pudo, entro como cuchillo en mantequilla por lo húmeda que ya estaba. Luego me agarro mis senos por encima de la blusa haciendo que mis pezones se pararan de inmediato, me gustó mucho como se veían, me soltó y me dijo que me pusiera contra la puerta con las piernas bien abiertas. Así lo hice y me ordeno que comenzara a masturbarme para él y ya estaba tan caliente que no dude en hacerlo, me tocaba, me metía uno y luego dos dedos en mi almejita.

    Me dijo que me sentara bien porque íbamos a pasar la caseta, me puse en mi lugar muy correcta y una vez que pasamos me dijo que me pusiera de rodillas en el asiento como buscando algo en la parte trasera, en cuanto me puse en esa posición sentí como me metió dos dedos y sacándolos bien mojados me comenzó a meter uno entre mis nalgas muy rico. Después de un rato me dijo que quería que le sacara la verga y que se la mamara.

    Obviamente obedecí y en esa posición me levanto la falda y me estaba dando dedo en mi rajita y en mi culito al mismo tiempo, que sensación tan deliciosa sentirme así, por fin llegamos al motel y entró en uno de los espacios, se bajó a hacer el pago y regresó por mí para subir a la habitación, ahora si iba a comenzar lo bueno fue mi pensamiento.

    Iba yo a cerrar las cortinas de la ventana, pero me dijo que no, que quería cogerme con las cortinas abiertas, la verdad es que no me intereso mucho, me pidió que lo desnudara y una vez que ya estaba así que me pusiera de rodillas para que se la chupara, cosa que no tarde en hacer, que rico era sentir una verga de verdad, caliente, llena de venas, de leche, con vida propia.

    Ya luego se acostó en la cama boca arriba y me dijo que quería que lo cabalgara, así de que me subí en él y me deje caer sobre su rica verga que me llenó por completo toda mi rajadita mientras me agarraba mis nalgas apretándolas, separándolas y metiendo un dedo en mi culito, con lo que tuve una venida de lo más rica, me encanta esa sensación de estarlo llenando de mis juguitos, él siguió moviéndose dentro de mí con mayor fuerza hasta que también sentí como me aventó un buen chorro de leche en mi interior, me deje caer de frente a él y me abrazo dándome unas ricas nalgadas.

    Estuvimos así en calma unos minutos y luego nos pusimos de lado pero viéndonos de frente y me pidió que se la volviera a parar, así que me baje lo suficiente como para metérmela en la boca y lograr que despertara ese delicioso pedazo de carne que tanto placer y gusto me da, luego me dijo que quería que me acostara boca arriba y se sentó arriba de mí, de forma que su verga quedo entre mis tetas, me puso una almohada en la cabeza y comenzó a hacer el movimiento clásico de que la estuviera metiendo y sacando, así de que cada vez que iba hacia arriba yo sacaba mi lengua para tocarle la cabeza de su verga.

    Estando así me comenzó a decir que me la quería meter por mi culito, que mis nalguitas le llamaban mucho la atención desde que me conoció y que ya era tiempo de que lo probara, obviamente no puse ninguna objeción, por el contrario ya necesitaba sentirlo en mi recto, quería que fuera de él y ahora me puso en la ventana viendo hacia afuera mientras él se puso atrás de mí, de rodillas abriéndome las nalgas y metiéndome la punta de un dedo. Luego lo cambiaba por su lengua y regresaba su dedo, se sentía maravilloso y sentía también como cada vez ese dedo llegaba más y más adentro.

    Luego de un rato pude sentir que ya no era uno sino dos dedos los que tenía metidos entre mis nalguitas, me dolía, pero a la vez me estaba gustando cada vez más, luego se puso de pie y me pidió que apoyara mis tetas en el cristal de la ventana y con mis manos me abriera las nalgas, así lo hice y también las pare hacia él para que le costara menos trabajo, me fue acercando su pito hasta que lo sentí en la puerta de mi culito y como yo lo estaba abriendo no le costó mucho poder meterme como la mitad de su cabeza, uuffff, aquí si comencé a sentir literalmente en rigor de la verga, era muy distinto a la de goma que me había metido antes.

    Me decía que me relajara y con una mano me acariciaba mi clítoris y la otra la alternaba en mis senos, me decía en la oreja que me la iba a seguir metiendo hasta que solo tuviera sus huevos afuera y sin más me fue metiendo poco a poco toda la extensión de su rica verga hasta que como me había dicho ya sus huevos peludos tocaban mis abiertas nalgas, cuando eso paso me dijo que se iba a quedar así un rato para que mi recto se acostumbrara al tamaño, no dejaba de masajearme. Me decía que se veía muy rica su verga metida en mi enrojecido culito y de repente me dio dos nalgadas que me gustaron mucho porque sentí como mi cuerpo se deshizo de la poca tensión que me quedaba.

    Se lo dije y me dio bastantes más, todas me encantaron y ya luego me la saco completa solo para metérmela enterita y ya con mucha fuerza, a cada metida de verga sentía como mis tetas se oprimían en el cristal, también ya había leído yo como ir entrenando los músculos de mi culito para que él sintiera más y lo puse en práctica, logre que le gustara, pero lamentablemente no aguanto mucho y como en diez minutos sentí como se le hincho la verga y termino dándome mucha leche en mi entradita posterior.

    Era rico sentirlo a mi espalda con la respiración agitada y diciéndome lo que le gustaba como le apretaba la verga, me la saco y sentí como su lechita salió mojándome la parte superior de mi muslo derecho, le dije que me llevara a la cama por qué sentía que mis piernas no me sostenían, me ayudo y me quede dormida lo que me pareció un rato, pero fue como una hora en la que recupere a medias mis energías.

    También él se quedó dormido, despertamos y me dijo que teníamos que regresar porque tenía cosas de la oficina que hacer y luego de que se dio una mini ducha (a mí no me dejo quitarme los restos de la batalla, solo me dejo peinarme).

    Me dijo que teníamos que salir a toda velocidad por que tenía que encontrarse con su esposa, lo cual no fue pretexto para que no me viniera tocando las piernas durante todo el camino, además de que me vino diciendo que si se me antojaba tener dos vergas dentro de mí al mismo tiempo, obviamente fue algo que me puso a dar vueltas la cabeza y sobre todo calentura en mi entrepierna.

    Me dejo cerca de mi casa y la verdad es que me dolía hasta el apellido y tuve que sacar fuerzas de alguna parte del universo para que no se dieran cuenta en mi casa de cómo iba y debido a que era más temprano de lo normal entré y saludé a mi madre, a mi hermano que estaba ahí y me fui a mi cama para tratar de estar lo menos mal posible a la hora de la cena.

    Mientras tanto les mando muchos besitos, recuerden que mi correo es [email protected] y que todos sus correos los contestaré, puro cona 13 destroyers, puro fnet kavrones…

  • Y por qué no un sábado de película

    Y por qué no un sábado de película

    Me levanto como una autómata, miro a Klahan y Sunan y bajo hacia mi camarote sin decir una palabra.

    Salgo de la ducha, ya he vuelto a mi estado normal, bajo el agua me he rememorado esta maravillosa cena, me siento feliz de poder vivir experiencias como estas. Me unto el cuerpo con una crema de miel y coco cantando “la vie en rose”, ¡Hummm! Me encanta, pienso en Stone, estoy ansiosa para contarle lo ocurrido. Recojo mi pelo en un moño desenfadado y elijo entre varias prendas perfectamente alineadas encima de unas estanterías de cristal. Elijo una camisa corta y ancha blanca y un pareo al estilo flamenco blanco con lunares rojos.

    Subo a la cubierta principal donde se encuentra el salón exterior con una impactante barra de fibra de vidrio inspirada en las formas minerales naturales, parece que esta tallada en cuarzo cristalizado, es una geometría facetada con un enorme cubo lleno de cubitos de hielo y champán en la parte superior. Su iluminación incrustada en la fibra crea una atmósfera tenue. Delante, cuatro sofás de tela y piel rodean una mesita de cristal. Dani está sentado con la pierna izquierda extendida encima un sofá y la otra colgando, el pie reposado encima de la alfombra de cuerda marina. Me acerco y me siento las rodillas recogidas en el huequito libre, casi encima de su pie izquierdo. Me dice sonriéndome:

    – Eres fantástica, pareces una niña tímida ¿Por qué te sientes aquí?

    – ¡No sé! Fue instintivo le contesto encojando los hombros con un aire de “¿he hecho algo malo?”

    – Hay muchos sitios más cómodos para sentarte, pero me alegro que seas tan cerca de mi

    Contesto con una sonrisa cómplice, la boca cerrada y una mirada que habla de una historia en común, de una relación muy estrecha que hemos tenido en cada encuentro

    Dani vocea:

    – Un poco de champán, por favor

    Al instante, saliendo de la nada, Klahan nos trae una cubitera con otra botella de champán dentro y rellena las dos copas antes de desaparecer

    Cruzo la mirada de Dani, él levanta su copa en mi dirección:

    – ¿Has disfrutado de la cena?

    Me muerdo el labio inferior antes de contestar con los ojos entrecerrados:

    – Fue la cena más placentera de mi vida, te lo agradezco

    – Jajajaja, el agradecido soy yo por tener el privilegio de contemplar una belleza como tú.

    Mientras habla lo contemplo seriamente, la mirada fría, los ceños ligeramente fruncidos, se asusta un poco y pregunta:

    – ¿Te encuentras bien Tsumi?

    No le contesto, estoy como ausente, pero mi mirada sigue analizándole, esta torso nudo, una ligera capa de vello cubre su pecho, no esta mal por su edad, aún tiene una musculatura entretenida, desde la cintura hacia abajo lleva un pareo negro, tiene un sex apple insoportable. Bebo un trago de champán para mantener el estado ligeramente mareado en el cual me encuentro mientras dejo reptar mi pierna derecha por dentro de su pareo. Rozo sus gemelos, sus muslos y choco suavemente contra sus testículos

    Acercando su copa hacia sus labios me dice con media sonrisa:

    – ¡Mmmm! De verdad me alegro muchísimo de tenerte tan cerca

    Lo sigo mirando con la misma intensidad malvada. Con el dedo gordo masajeo suavemente su pene que noto engordar y alargar a una gran velocidad. Antes de que su tamaño me lo impide lo encajo entre dos dedos y lo masturbo

    – ¡Eres guapísima! Me murmura bebiendo un poco de champán

    No cambio de actitud, los parpados ligeramente cerrados, con el rostro inclemente, levanto mi copa y dejo caer un poco más de líquido chispeante en mi boca apretando su erección. Por el tamaño logrado no consigo mantenerla entre mis dedos. Dejo mi pierna izquierda desplegarse para seguir el mismo camino que su gemela minutos antes. Estoy ya muy excitada cuando hago rodear su pene entre mis pies, sigo masturbándole.

    Entre sonrisas y muecas su rostro se anima, me hace gracia, parece un payaso sufriendo de placer, balbucea mientras deshace el nudo de su pareo para destapar sus partes íntimas:

    – Querida Tsumi, no voy a luchar contra ti, de antemano sé que he perdido, entonces prefiero rendirme ya

    Nos miramos sonriendo, su sexo con las venas hinchadas está preso entre mis pies. Con mucha lentitud, sus manos vienen a rozar mis tobillos, acariciarlos, tirito. Con las palmas envuelve mis pies y acompaña el movimiento de masturbación. Me susurra:

    – Me encantan tus pies, son perfectos, frágiles y tan excitantes

    Cruzo su mirada, está fascinado, los ojos lagrimosos marcando sus patas de gallo con una ligera sonrisa en las comisuras de sus labios. Lentamente bajo los ojos hacia su entrepiernas. Le digo ahogándome de placer apretando su erección:

    – ¡Mmmm! Gracias por el cumplido, son pies de muestra, trabajan para una gran firma de zapatos

    – Pero tu cuerpo entero es una muestra de lo que podría ser la perfección humana me dice comprimiendo mis pies encima su erección

    Un poco de semen se escapa de su prepucio, paso el dedo gordo por encima de él y lo extiendo a lo largo de su piel ardiente. Entre dos jadeos, vocea, esta vez con la voz casi inaudible:

    – Klahan dame un cigarro, por favor

    Como si salía de detrás de mi espalda el Taï aparece, le pone un cigarro entre los labios, se lo enciende y una vez más desaparece como una sombra, sin ruido

    – ¿Siempre actúan así? Pregunto a Dani

    – ¡Pfff, pfff! Son más rápidos que el aire, son la pareja perfecta, no miran, no hablan y oyen todo, ¡Jajaja!

    – Pero parecen muy listos

    – ¡Siiii! Estoy bromeando, son muy discretos, pero se enteran de todo y saben aprovechar las oportunidades

    Sus manos acarician mis gemelos. Le pregunto intrigada el ceño fruncido:

    – ¿Qué quieres decir?

    Me contesta con una mueca torcida:

    – ¡Mmmm! Podemos decir que más de uno de mis invitados ha probado sus masajes con final feliz

    – ¡Quieres decir invitadas!

    – ¡Jajajaja! No! Lo he dicho bien son todo terreno

    Lo miro con una sonrisa intrigada:

    – ¿son bisexuales?

    – Totalmente y muy disponibles para quien lo necesita

    – Me extrañas mucho, parecen tan…tímidos y respetuosos

    – ¡Jajaja! Pero eso no impide el placer corporal, no son insensibles

    – ¡Madre mía! No me he planteado que podría excitarlos de vernos así

    – ¡Jajaja! ¿Y de acariciarte antes?

    – ¡La verdad que no!

    Creo que me enrojece, me tiende los brazos, le cojo las manos, me tira hacia él. Mientras me levanto se gira un poco, apoya los pies encima la alfombra y me posiciona entre sus piernas. Me impresiona su seguridad, no duda ni un segundo de lo que va a hacer y lo hace con naturalidad, este hombre me magnetiza.

    Me coge por las caderas, me da media vuelta y sin prisa deshace el nudo de mi pareo que cae al suelo. Lentamente con mucha atención acaricia mis nalgas, noto sus mejillas y su boca rozarlas, besitos estallar sobre ellas. Su lengua moja mi ano, lo rodea despaciosamente, tengo escalofríos, jadeo, es tan dulce que no muevo ni un centímetro, lo dejo manosearme mirando al horizonte, me estremezco a cada lametón, la repentina desnudez, la excitación, las caricias, la ligera brisa… forman un coctel que me pone la piel de gallina, me da otro giro:

    – ¡Ohhh! Que sorpresa tan agradable, me dice rozando mi sexo con la yema de sus dedos

    – Una fantasía de Stone, susurro masajeando su cráneo con las manos abiertas

    – ¡Me encanta! un vello en forma de corazón a ras de piel, te hace el pubis despojado más sensual que nunca he visto ¡Mmmm! Y es él que lo ha creado sobre tu piel

    – ¡Sí! Hasta verme en el espejo no sabía lo que estaba haciendo

    – ¿Y cómo te ves?

    – ¡Mmmm! Me gusta, es diferente y… bastante sexi creo…

    – ¿Crees? Pero… pero, es… lo más sensual, lo más sexi, lo más erótico, es… insoportablemente provocador y a la vez tan sensible…

    Me preocupa, de repente lo noto muy conmocionado, como si iba a llorar:

    – ¡Dani! ¿Estás bien? Le pregunto acariciándole las mejillas

    Está hechizado, parece que no me oye, sigue suavemente tocándome el vientre, las caderas, roza mis muslos, mis ingles, sus dedos rodean mi vello corazón y todo el contorno de mi pubis. El fuego que me quema por dentro se aviva a gran velocidad, tiemblo, sigue dibujando espirales alrededor de mi clítoris, coloca su mano sobre mi sexo entero y lo presiona con movimientos circulares y vibratorios, tiemblo, los parpados entre cerrados miro como disfruta admirando mi monte de Venus, levanta medio cuerpo y con la lengua viene a toquearme el clítoris, es inaguantable, sus dedos me penetran ligeramente.

    Mis piernas se ablandan, estoy a punto de derrumbarme. Sus manos deslizan hacia mis nalgas, jadeo tan fuerte que klahan aparece pensando que lo hemos llamado y desaparece enseguida viendo que no lo necesitamos. Con toques suaves y lentos su lengua hace crecer mi excitación a alta velocidad. Estoy choreando, lame cada rincón de mi vulva, lentamente, me chupa los labios menores, jadeo tanto que me ahogo, estoy llegando al clímax, me chupa suavemente el clítoris que tengo atrapado entre sus labios y me va dando pequeños golpecitos con la lengua que acaban con mi resistencia. Aplasto su cabeza entre mis piernas mientras él oprime mis nalgas cuando un increíble orgasmo me hace oscilar, mi cuerpo entra en erupción, grito su nombre dejando mi esencia intima derramarse en su boca:

    – ¡Dani, Dani, Daniii!

    Ya mis piernas me abandonan. Dani se aparta un poco dejando su mirada entornada oscilar entre mis ojos y mis labios:

    – ¡Pfff! Que emoción, ven…

    Me coge por las caderas y lentamente me posiciona encima de su pene erecto que ayudo con una mano a penetrarme. Lentamente me dejo caer encima de él hasta rozar su vello púbico. Dani levanta mi camisa, sigo el movimiento levantando los brazos hasta que tire la tela en el suelo. Sus ojos siguen el recorrido de sus dedos a lo largo de mis brazos hasta llegar rodeando mi pecho, mis senos duros y tensos, mis areolas. Tengo un estremecimiento continuo, sigue moviendo sus caderas haciendo rozar nuestros sexos y zarandear su erección en mi, murmuro con los ojos cerrados:

    – ¡Por favor! Que sufrimiento, tengo vergüenza, me arrepiento de lo que hago, no tendría que caer en tus brazos cada vez que te veo, eres demasiado mayor para mi

    – ¡Jajaja! No tengo más que tu marido

    – ¡Cierto! pero él es diferente

    – ¡Jajaja!

    – ¿Te da risa? Encima eres el padre de mi mejor amiga

    Me pellizca los pezones sin borrar su sonrisa, entre suspiros le digo con voz que quiero firme:

    – ¡Mmmm! Es la última vez que pasa algo entre nosotros

    Sus manos deslizan sobre mi piel húmeda. Sin alterarse llama:

    -¡Klahan traeme chantilly! s´il te plait

    Me quedo en la oscuridad de mis parpados. Oigo el ruido de pies descalzos acercarse, entreabro un parpado y veo a Klahan dejar el bote de crema encima la mesita, evitar mi mirada y esquivarse como una anguila. Dani sonríe, coge la chantilly, lo miro seriamente:

    – ¡No te importa lo que te digo!

    Me mira con ternura:

    – ¡Mucho! Sabes que te tengo un gran respeto, pero si es la última vez y la última noche… que sea una noche inolvidable, me murmura untando mis senos de crema.

  • Al fin Clotilde, Eva y yo

    Al fin Clotilde, Eva y yo

    Como era costumbre los domingos eran muy tranquilos en la pensión, todos los estudiantes salían, pero igualmente tenía que dar una revisión a los ambientes de la casa, no quería sorpresas inesperadas. Me levanté de la cama muy despacio para no despertarlas y fui a tomar un poco de agua a la cocina.

    Todo estaba muy tranquilo y regrese donde ellas y empecé a besar a Eva, sus tetas, esos pezones que rápidamente se pusieron duros en mi boca mientras mis dedos acariciaban la chucha de mi tía Clotilde que estaba con hambre de comerse una vez más la verga de su sobrino.

    Ambas abrieron los ojos y me dieron un beso y ahora ellas besaban todo mi cuerpo. Eva como ya tenía experiencia haciendo un trío tomó la iniciativa y le dijo a mi tía que chupe mi verga como ella sabía hacerlo y empezó a darle de lenguazos como una perra de arriba abajo mis huevos se los metía a la boca definitivamente era una maestra haciendo el sexo oral.

    -Ahh… tía sigue así que ricooo…

    Ahora Eva estaba detrás de mi tía y le abrió sus nalgotas buscando su ano y le dio por primera vez en su vida su beso negro, la lengua recorría simultáneamente el ano y su vagina logrando que mi tía se estremezca por completo era la primera vez que alguien tocaba esa parte de su cuerpo, ahora era Eva quién le devolvía el favor y mi tía soltaba leves gemidos pero aun así no soltaba la verga que metía en su boca.

    -Ohhh ohhh ohhh…

    Y no la soltó hasta hacerla gritar cuando llegó a tener un orgasmo mi tía y su cuerpo empezó a temblar como si recibiera una fuerte descarga eléctrica y cayó a un lado de la cama y luego vi esa cara del niña traviesa de Eva salir entre las piernas toda mojada por los jugos de mi tía.

    Y se sentó sobre mi verga moviéndose como ya toda una experta sus caderas se movían muy despacio sentía como lo tenía todo adentro de ella, para su juventud ella era toda una fiera en la cama subía y bajaba estaba bien arrecha sus ojos los tenía cerrados y se mordía los labios cada vez eran más rápidos y fuertes sus movimientos de caderas sobre el pedazo de carne que la tenía loca.

    -Aggg… ohhh Diooos siii sii ohhh…

    Sus piernas se cerraron fuerte cuando llegó al clímax y explotó al placer y su cuerpo cayó sobre mi toda agitada y sudada sentía como su corazón latía a mil revoluciones, al instante mi tía la puso a un lado y ocupó su lugar.

    La chucha caliente de ella también reclamaba su verga esa mañana y comenzó a cabalgar sobre mí, sus tetazas saltaban al ritmo de su cuerpo lo bueno en mi era el aguante para eyacular y eso les gustaba a mis mujeres.

    Ahora la puse en cuatro patas y metí mi pinga hasta el fondo en su chucha caliente y mojada mis manos en sus caderas la sujetaba fuerte y recibía ahora las embestidas más rápidas y violentas haciendo que gritara mi tía y pidiendo más y más.

    -Siii así así más más, no te detengas, qué ricoo ahhh…

    Pero ahora Eva ya se había recuperado y se había puesto al lado de mi tía también en cuatro patas sabía que estaba a punto de acabar y también quería su porción de leche caliente en su chucha.

    Ahí tenía dos mujeres para mí con sus chuchas bien calientes y esperando recibir su leche que diferencia cuando meses atrás yo tenía que masturbarme, así que por turnos las penetrada a las dos simultáneamente eran mis petras y yo mandaba ahí.

    -sí que rico, sus chuchas calientes las quiero a las dos… siii ahí viene su leche para las dooos… ahhh…

    Y dejé semen en las dos hasta la última gota la compartieron como dos buenas hermanitas de leche y luego chuparon también las dos mi verga hasta dejarla bien limpia.

  • Dos orgasmos en uno

    Dos orgasmos en uno

    Entré a la librería, puse mi atención en un pequeño libro, lo compré y me senté en la cafetería para hojearlo. Te vi llegar, alto, imponente, con tu cabello rizado y tras unos lentes unos hermosos ojos verdes que hacía que no pasaras desapercibido.

    Mientras tomaba mi café te seguí con la mirada, vi tus labios tentadores, tus manos grandes, vi tu trasero, vi tu bulto, ese que de inmediato me invitó a pecar. Nuestros ojos se toparon, te sonreí, te pusiste rojo y bajaste la mirada, me alegré de ir vestida para la ocasión; mi vestido negro escotado, peligrosamente corto, acompañado por unas medias y unas botas altas, me sentía hermosa, lista para llevarte a mi cama.

    Me miraste de nuevo, esta vez me incliné un poco para que vieras mi escote, el pequeño sofá donde estaba sentada fue perfecto para que con un movimiento felino cruzara la pierna y poder dejarte ver un poco más de la cuenta, esta vez no volteaste la mirada, tus ojos se instalaron en mis piernas, en mi liguero, en mis nalgas. Sentí de inmediato humedad en mi tanga, necesitaba hablarte, necesitaba hacerte mío.

    Me levanté, me acerqué a ti, te sonreí y pregunté tu nombre. Tartamudeando pronunciaste David. Te pedí que te sentaras conmigo, obedeciste de inmediato, mientras estabas frente a mi hice lo imposible para que vieras mi cuerpo, ese cuerpo que estaba listo y totalmente dispuesto a entregarse a ti. Después de una hora estabas tan caliente como yo, con vergüenza en tu cara me pediste acompañarte a tu casa.

    Abordamos el metro, en el, sentía la mirada lasciva de varios hombres, pero no me importaba, yo solo quería complacer a uno… a ti. El vagón se llenó lo que me obligó a pegar mi cuerpo con el tuyo, tu dulce olor, tu calor, tu verga dura tan cerca de mí me excitaron tanto que no pude evitar besarte, toda la gente nos miraba, tus besos apasionados, tus manos en mis nalgas, mis pechos turgentes apretados contra ti, todo hacía que aumentara mi deseo.

    Al fin llegamos a tu pequeño departamento, me senté en la cama, miraste mi escote y me pediste liberar mis enormes pechos, de inmediato pusiste tus labios en mis pezones, tus manos los apretaban mágicamente, solo podía gemir. Después desabrochaste tu pantalón, una verga grande y dura estaba en mi cara, tan deliciosa como la imaginé. La puse en mi boca, lamida tras lamida mi excitación crecía. Tu bestial verga lastimaba mi garganta, hacía que mis ojos derramaran lágrimas.

    No pude contenerme más y te rogué que me cogieras, me quité la tanga, ahora solo vestía mis medias, mi liguero y mis botas de tacón de aguja. Me puse de perrito, me embestiste con tanta fuerza que grité como nunca antes, tu verga partía en dos mi vagina, llegaba hasta el fondo, jalaste mi pelo y un orgasmo demencial llegó a mí, sentí como mi fluido empapaba tu verga, era tiempo de retribuir semejante hazaña.

    Me incorporé, ahora estaba de rodillas frente a ti, contemplando ese pene enorme, mojado, sin pensarlo lo metí a mi boca, sentí como palpitaba, reconocí el sabor de mis fluidos, reconocí el sabor de mi orgasmo. Estabas tan húmedo tan delicioso, vi tus testículos, no pude evitar pasear mi lengua en ellos, primero unos pocos lengüetazos, luego los succione un poco, sabía que estabas a punto de estallar.

    Metí tu verga nuevamente a mi boca, tus manos en mi cabeza conducían los movimientos de mis labios a tu antojo, con una mano palpé tus huevos mientras mi boca insistía en tenerte todo dentro de ella, mis ojos volvieron a sentir lágrimas, mi lengua jugaba con tu verga mientras esta salía y entraba velozmente, apreté mi labios y sentí cómo estallabas en mí, tu semen abundante, espeso y caliente estaba en mi lengua, lo saboree pero no dejé chupártela, estaba tan caliente, tan excitada que me negué a dejar esa verga.

    Bastaron unos segundos después de que te viniste para que otra vez tu potente verga estuviera erecta de nuevo, mis labios seguían chupándola y yo, estaba asombrada. No me detuve, aproveche tan exquisito regalo y continué chupándotela, continué acariciándote las bolas, jalaste mi pelo una vez más, después hundiste mi boca en tu verga, en un movimiento mordaz te viniste de nuevo, esta vez en mi cara, sentí tu deliciosa leche escurrirse por mis labios, por mi cuello, por mis tetas, impulsivamente mis dedos buscaron tu semen y sin pensarlo lo lamí prácticamente todo…

    Años después sigues siendo mi mejor amante, años después sé que sigues deseando cogerme, sigues soñando con aquel día en que te viniste en mi boca, sigues añorando que mi cuerpo sea tuyo de nuevo.

  • La fantasía de mi marido

    La fantasía de mi marido

    Qué rápido pasa el tiempo. Hace rato que no podía escribir nada por estar muy ocupada. Pero eso ya lo contaré luego. Por ahora espero que disfruten de este relato, en donde narro lo que le sucedió a Rebeca, una querida amiga mía, que por cierto es por mucho la mujer más guapa que conozco.

    En la historia jugaré el papel de la villana para hacer más interesante la experiencia de compartir con vosotros lo que escribo. Por lo demás, relataré los sucesos que cambiaron la vida de Rebeca tal y como ella me lo contó hace poco. Sin más preámbulos que el desear poder entrar a tu mente y hacerte pasar un excitante y buen rato, te dejo con esto:

    Conocí a Eduardo y a Rebeca el día de su boda. Ambos eran viejos amigos de Ramón, mi marido y aunque en los últimos años se habían distanciado, en sus tiempos de preparatoria los tres habían sido inseparables. Sabía que al principio, mi esposo había estado loco por Rebeca, y aunque trató de conquistarla, ella nunca le hizo caso y en cambio, sostuvo un largo noviazgo con Eduardo, hasta que terminaron casados a la edad de 24 años.

    Para mi marido el rechazo de Rebeca significó un golpe del que difícilmente se repuso. Bueno, en realidad jamás logró superar que su mejor amigo y la chica de sus sueños fueran pareja y mucho menos que terminaran casados. Sin embargo fue el propio despecho lo que lo llevó a concentrarse en sus estudios y luego en su trabajo. Para cuando yo lo conocí, a un año de haber concluido la universidad, Ramón ya era un hombre independiente, con auto, casa y negocio propios, “un partidazo” para novio, como dijo mi mamá cuando se lo presenté.

    Ramón es adicto a su trabajo y aunque por ello casi nunca tenía tiempo libre para mí, yo me sentía bastante bien siendo su novia, pues nunca me han gustado los hombres empalagosos o posesivos. Para cuando me pidió que fuera su mujer, él ya había logrado hacer su pequeña fortuna y tras nuestra unión civil, me instalé con él en una linda casa, dentro de una zona exclusiva de la ciudad.

    Como dije al principio, aunque conocía bien la historia de los amigos de mi marido, no tuve el gusto de conocerlos sino hasta el día de su boda. Si bien Eduardo es guapo, su esposa lo es aún más; su rostro tiene las proporciones y el aura de una virgen de porcelana y en su esbelta figura sobresalen tentadores sus hermosos senos. El día de su boda, Rebeca había acomodado su dorada y rizada cabellera en una voluminosa coleta adornada con flores blancas que enmarcaba la perfección de su cara, haciéndola lucir casi sobrenatural. La sonrisa que me dedicó la bella novia cuando nos presentaron, quedó grabada en mi memoria como la postal de la mujer más bonita que he conocido.

    Aquella noche, además del padre y el hermano de Rebeca, mi marido fue el único invitado que tuvo el honor de bailar con la novia en el vals que inauguraba la fiesta y luego de eso, regresó a sentarse a mi lado sonriendo de oreja a oreja y me atrajo hacia él para decirme en secreto que Rebeca acababa de contarle que estaba embarazada y quería que nosotros apadrináramos a la criatura, a lo que yo acepté encantada.

    Como regalo de boda, mi marido y yo les habíamos obsequiado la luna de miel a los recién casados. Pasarían una semana en Mazatlán con todo pagado y nosotros los alcanzaríamos el último fin de semana de su estadía. Lo habíamos planeado así porque, en la época en que Eduardo y Rebeca se casaron, mi matrimonio, aunque muy feliz y con dos maravillosos hijos, atravesaba una sequía sexual que llevaba casi un año. Ramón y yo atribuíamos nuestra falta de intimidad al estrés de su trabajo más que a cualquier otra cosa, pues desde siempre nos hemos atraído profundamente y tenemos una relación muy armoniosa y sincera.

    Así que allá fuimos. Pasamos el primer día en la alberca del hotel con Eduardo y Rebeca y noté que yo no era la única embobada con el pequeño traje de baño de Rebeca, que lucía perfecta y era imposible adivinar que llevaba algunas semanas de embarazo. La mujer era además una divertidísima conversadora, con una voz y una risa tan dulce que invariablemente terminaba fascinándote y aunque por su estado no bebió en absoluto, fue la más alegre de los cuatro.

    Por la tarde, Rebeca y yo salimos de compras y nuestros hombres se quedaron jugando tenis en el hotel.

    Estábamos en una tienda de ropa y sin querer, ambas elegimos el mismo vestido corto blanco y no lo notamos hasta que nos encontramos en el probador.

    —Ojalá se me viera tan bien como a ti —Le dije a Rebeca, que reía divertida por la inesperada casualidad de verme con el mismo vestido que ella.

    —Te queda hermoso —Me dijo, parándose junto a mi frente al espejo— Deberíamos comprar el mismo vestido ¿Qué dices?

    —No estoy segura. ¡Mírate! A ti se te ve espectacular. Y a mí… Bueno… —Aunque me siento a gusto con mi cuerpo y hago de todo para seguir delgada, no dejo de extrañar la apariencia que tenía antes de mis dos hijos. Ahora tengo la cadera más ancha y eso me da algunos problemas a la hora de elegir qué ponerme.

    —Pero si te ves muy guapa, Dalia. Además mira qué buen trasero tienes —Me dijo dándome una palmadita en una nalga.— Anda, vamos a vestirnos iguales para sorprender a los chicos ¿Qué dices?

    Cautivada por su inocencia casi infantil, le dije que sí y luego nos fuimos a buscar unos zapatos también iguales. Rebeca parecía una niña emocionada por vestirse de la misma forma que su mejor amiga y cuando estuvimos de vuelta en el hotel, me llevó de la mano hasta su habitación, apresurándose por vestirnos y aparecer frente a nuestros maridos.

    Salimos los cuatro a cenar y aunque al principio me sentía un poco tonta yendo vestida igual que Rebeca, al poco rato no me importó y disfruté increíblemente la velada.

    Esa noche luego de cenar, Ramón y yo hicimos el amor dos veces seguidas, como cuando éramos novios. Estábamos tan ebrios y calientes, que terminamos fornicando en el balcón de nuestra habitación ante la mirada de unos cuantos curiosos que caminaban a esa hora en la playa. Ninguno de los dos nos habíamos quitado la ropa para coger y cuando la calentura nos llevó al balcón, mi marido me tenía inclinada contra el barandal y me penetraba desde atrás mientras yo me levantaba la falda y le ofrecía mi culo alzándolo tanto como podía.

    —¿Te gusta mi nuevo vestido, mi amor? —Le pregunté mientras él me penetraba.

    —Te ves riquísima, Dalia. Hiciste que la tuviera parada toda la noche solo de verte —Me contestó mi amoroso marido.

    Yo sabía que su mirada había estado más ocupada en el escote y las fabulosas piernas de Rebeca, pero le agradecí sus palabras. Y es que aunque Ramón es un tipo discreto, durante la cena le resultó imposible no echar varios vistazos al cuerpo de su futura comadre y no lo culpo, si Rebeca fuera menos inocente sería capaz de volver loco a cualquiera.

    Mientras mi marido me atravesaba frenéticamente haciendo chocar mis nalgas contra su cuerpo, pensé en lo mucho que le hubiera gustado al pobre echarle mano a la mujer de su amigo, de sentir las redondas y firmes tetas de Rebeca aunque fuera un momento, así que llevé las manos de Ramón a mis senos.

    —Estas son para ti, papito —Le dije metiendo sus manos bajo mi vestido en mi busto. Y Ramón comenzó a jadear, próximo a eyacular.— Vente todo, papi. Relléname —Gemí, imitando lo mejor que pude la dulce voz de Rebeca y viendo lo mucho que eso prendía a mi esposo, suspiré de nuevo con voz de nena— Me duele, papi. Pero no pares… No pares.

    Parecía que nuestra vida sexual retomaba su frecuencia, pues durante el fin de semana que pasamos con los recién casados, Ramón y yo tuvimos sexo varias veces por día. Y así seguimos por un tiempo luego del viaje, hasta que otra vez nuestros encuentros se volvieron esporádicos.

    Cuando Rebeca cumplió seis meses de embarazo, organicé un “baby shower” en mi casa. Mi hija Tatiana estaba encantada y se encargó de adornar la sala y preparar los bocadillos. Cuando Rebeca llegó a mi casa, quedé maravillada con lo guapa que le hacía ver su embarazo. Además, se notaba que sus senos estaban listos para amamantar, pues si de por sí eran grandes, ahora lo eran aún más.

    Pasamos la tarde con los juegos típicos del evento. Los únicos hombres que estarían presentes serían mi marido y Eduardo, quienes ya entrada la tarde, desaparecieron y no volvieron hasta la media noche, algo alegres por lo que se habían escapado a beber.

    —Compadre. Mejor quédense en la casa. Ya es tarde y además así podemos pasar otro rato todos juntos ¿Qué dices? —Propuso Ramón y ellos aceptaron la invitación a pernoctar en nuestra casa.

    Estuvimos platicando y bebiendo hasta la madrugada junto a Tatiana, mi hija, que tiene edad suficiente para consumir alcohol.

    Luego de divertirnos con mis futuros compadres, mi marido y yo nos fuimos a la cama. El beso de buenas noches que acostumbramos, se convirtió rápidamente en un intenso manoseo.

    —Déjame mamarte, Dalia —Me pidió mi marido entre beso y beso. Yo me quité la ropa y me acomodé en la cama con las piernas abiertas para recibir en mi vagina la lengua de Ramón. Aquella noche me devoró la vagina y tuve un orgasmo riquísimo. Así que quise devolverle el favor a mi esposo, y me acomodé para hacer un 69 antes de que le pidiera que me cogiera.

    Me puse en cuatro para recibir el miembro de mi marido, que me estuvo taladrando fuerte desde el principio, haciéndome gritar de gozo. Entonces recordé lo que había puesto en práctica en nuestro viaje y usando el tierno tono de voz de Rebeca, empecé a hablarle, mezclando palabras cariñosas con algunas suciedades que me venían a la mente, hasta que me perdí en mi cachondés y le pedí que apagara la luz.

    —Quiero que me cojas como si fuera Rebeca.

    —¿Qué dices? —Preguntó Ramón deteniéndose en su labor de darme placer.

    —Lo que oíste. Apaga la luz y dame como le darías a Rebeca. Sé cuánto te gusta ella. —Pensé que tal vez había ido demasiado lejos. En nuestros años de casados habíamos cumplido algunas fantasías, muy típicas de las parejas de nuestra edad. Pero yo sabía las ganas que mi esposo le tenía a la guapa Rebeca y quería que él fantaseara con eso. Así que tomé la iniciativa y apagué la luz de la lamparita de noche y luego de animar con mi boca el miembro de Ramón, me tumbé boca abajo en la cama y con mi mejor parodia de la voz de Rebeca, le pedí que me cogiera.— Pero despacito, cariño, no quiero que Eduardo ni tu esposa nos escuchen.

    Ramón me penetró en seguida, aceptando ser parte de la fantasía.

    —Siempre quise que me cogieras así —Le decía yo, al tiempo que alzaba el culo, ofreciéndole mi vagina y pidiéndole que no me hiciera gritar o mi marido sabría que otro hombre me estaba cogiendo.

    Ramón acabó llamándome por el nombre de nuestra querida amiga cuando más tarde, me monté en él, dándome unos sentones riquísimos, gimiendo como lo haría Rebeca al recibir tremenda verga en su vagina estrecha.

    Durante los meses que faltaban para el parto de nuestra futura comadre, Ramón y yo seguimos frecuentando mucho a la pareja y sabía que esas noches al volver a casa, me tocaba jugar el papel de la jovencita dulce que tanto se le antojaba a mi marido. Ramón se calentaba mucho cuando veía a Rebeca y algunas veces, yo le ayudaba a desahogarse masturbándolo a escondidas mientras él veía a la chica. A mí todo eso no me molestaba, como pudiera pensarse; al contrario, encontraba un placentero morbo al hacerlo. Tanto, que un día decidí comprar una peluca rubia de rizos como la melena de Rebeca, para usarla en mis juegos maritales. A Ramón le encantaba que le diera sexo oral con la peluca puesta y claro que estaba fascinado cuando lo hacíamos de perrito y él tomaba el cabello postizo de mi nuca para obligarme a recibir toda su carne mientras me llamaba por el nombre de nuestra amiga.

    Al cabo de un tiempo, tal como nos lo habían pedido, Ramón y yo apadrinamos al hijo de Eduardo y Rebeca. Y al final de la fiesta me había obsesionado tanto con la imagen de mi marido y mi comadre copulando, que ideé un plan para conseguirlo. Estuve hilando la idea durante algunas semanas después. Y cuando platiqué del asunto con mi marido, él se rehusó tajantemente. Pero al final fue cediendo y logré convencerlo al decirle que para mí era muy importante que él sacara de su mente a esa otra mujer que competía conmigo en su corazón y que la única forma de lograrlo era cerrando el ciclo.

    —Tienes que hacer tuya a Rebeca y yo te voy a ayudar.

    Cuando el bebé ya había cumplido medio año, entramos en acción. Invité a Rebeca a una noche de chicas con mis amigas. Salimos a bailar a un lugar de moda y sobra decir que Rebeca causaba furor entre los hombres que estaban en el antro que visitamos. A cada pieza que comenzaba, mi comadre era la primera a la que invitaban a bailar. Mis amigas y yo bromeábamos con ella diciéndole que había acaparado toda la mercancía para ella sola. Esa noche nos acompañó mi amiga Julia, una divorciada hiperactiva que convenció a Rebeca de presentarle a un muchacho muy apuesto con el que acababa de bailar. Por el final de la noche, todas brindamos al ver que Julia había conseguido besar al musculoso galán y cuando vaciamos los tragos, Rebeca se acercó para decirme al oído que estaba muy borracha.

    —¿Y cómo no, comadre? Si llevas horas baile y baile y tome y tome —le contesté riendo.— La última y nos vamos —Le propuse. Pero esa última copa se convirtió en una larga serie de tragos que terminó cerca de las 2 de la mañana.

    De acuerdo al plan, mientras Rebeca y yo nos divertíamos, mi marido y Eduardo estarían en la casa de la feliz pareja haciendo de niñeras y viendo el fútbol en la televisión. Mi hijo y mi hija habían acompañado a su papá, para que según palabras de Tatiana “una mujer se hiciera cargo del bebé y no un par de borrachos”.

    Cuando Rebeca y yo salimos del lugar en donde habíamos estado de fiesta, le envié un mensaje a mi marido, como lo habíamos pactado, para que pasara por nosotras y nos llevara a mi casa. Todo estaba saliendo bien, excepto por la borrachera que pescó mi compadre Eduardo, por lo que mi marido me envió un mensaje diciéndome que no dejaría a mi compadre borracho y solo con el bebé y mis hijos. Así que decidí llamarle.

    —¿Por qué dejaste que se emborrachara? Seguro tú estás igual, tonto. Lo vas a echar a perder, todo por briago —Lo regañé cuando respondió mi llamada.

    —¿Y yo qué iba a saber que ustedes iban a tardar tanto, eh? ¿Ya viste la hora? Toma un taxi y nos vemos aquí. Y para que lo sepas, yo me tomé dos putas cervezas en toda la noche —Me respondió mi marido, que parecía arrepentirse de seguir con el plan en el último momento.

    —Espera, no te enojes, estoy pensando en algo para salvar la noche… —Era una idea tonta, pero que funcionaría si mi hija ponía de su parte.— Dile a Tatiana y a Omar que me emborraché con mi comadre y que se van a tener que quedar en la casa de Rebeca a cuidar al bebé en lo que tú vienes por mí.

    Mi esposo hizo silencio al otro lado de la línea, pensando en lo que le acababa de decirle. Luego, escuché cuando le preguntó a Tatiana si estaba de acuerdo y ella dijo que si había leche para el niño, con mucho gusto se quedaba a cuidarlo.

    —Pero nada más en lo que vas por la borracha de mi madre —Escuché que contestó mi hija.

    Al poco rato, Ramón llegaba por nosotras al antro. Rebeca no estaba perdidamente ebria, pero sí lo suficiente como para necesitar ayuda al subir al auto.

    —¿Me llevan a mi casa? —Preguntó cuando las dos nos sentamos en el asiento trasero.

    —¿A poco ya te quieres ir Rebe? Mejor aprovecha que mis hijos y tu marido cuidan al bebé. ¿Qué te parece si nos tomamos algo en mi casa y luego te llevamos con Eduardo?

    —¿En serio?… Bueno ¡Gracias! Y perdónenme. Pasé mucho tiempo sin salir a divertirme, hoy es mi noche.

    —Ya lo sé, guapa —Le dije, apoyando su decisión.

    Nos tomó un poco de tiempo, pero al llegar a mi casa, entre mi esposo y yo dejamos a Rebeca lo suficientemente borracha como para no rechazar a Ramón cuando éste la abrazó mañosamente en el sillón. En ese momento, yo me levanté de mi lugar para ir a la cocina y dejarlos solos.

    Cuando volví con las tres copas llenas de vino, encontré a mi marido besando apasionadamente a Rebeca mientras ella se dejaba acariciar las piernas por debajo de la mini falda que llevaba. Ella abrió los ojos y tardó un poco en reaccionar cuando me vio de nuevo sentada en el sillón. En ese momento, la tímida Rebeca Intentó apartar de sí a Ramón.

    –Esto… Esto no está bien. Perdón, estoy muy borracha. Ya quiero irme… Perdón —Dijo ella, un poco alterada.

    —Oh, no digas eso, guapa. Estamos pasándolo muy bien. Quédate otro poco. ¡Vamos a brindar! —Le dije y le extendí una de las copas. Ella la tomó sonriendo apenada y luego Ramón le hizo beber la copa de un trago.

    —Hay que bailar —Propuse— ¿Por qué no bailas con Ramón? Anda.

    Rebeca apenas si podía estar en pie y mi esposo no tardó mucho en aprovechar y comenzar a bajar sus manos de la cintura al culo de Rebeca, quien bailaba de forma descompuesta. Mi esposo se acercó para besar el delicado cuello de nuestra amiga, y aunque ella lo rechazó al principio, terminó inclinando la cabeza para dejarse hacer. En eso, sonó mi celular. Era Tatiana, preguntando si ya íbamos en camino a la casa de Rebeca.

    —No hija. Rebe tomó de más y a tu papá lo paró el alcoholímetro. No vieras el dineral que nos sacaron los policías —Le mentí, sin apartar la vista de mi marido y Rebeca, que a esas alturas ya era muy poco consciente de que Ramón estaba manoseándola mientras bailaban.— ¿Crees que puedas cuidar al bebé? No me gustaría salir de nuevo a la calle. Nos harías un gran favor.

    —Claro, má, pero eso vale un permiso para salir el próximo sábado. —Dijo mi hija aprovechando su oportunidad y luego agregó— El nene sigue durmiendo, como el borracho de su padre, que se encerró en su cuarto y se ha puesto a roncar.

    —Está bien, hija. Cuando amanezca, tu papá irá por ustedes ¿Está bien? Si necesitas algo, nos avisas.

    Con el asunto del bebé resuelto, Ramón y yo seguimos disfrutando de la presencia de Rebeca, que apenas reaccionaba al intenso manoseo de mi marido, y no dijo nada hasta que Ramón hizo a un lado su tanguita y le metió un dedo en la vagina. “No, eso no. No, por favor”, dijo la chica, segundos antes de que mi esposo cubriera los carnosos labios de Rebeca con su boca.

    Mi marido entonces despojó de su vestido a Rebeca y la sentó en sus piernas. El primer embarazo de nuestra amiga no había dejado ni un rastro en su hermoso cuerpo y su abdomen era tan plano y firme como aquellos días en Mazatlán. Ramón lamía alucinado los rosados pezones de la chica, que forcejeaba un poco, intentando colocarse de nuevo el sujetador.

    —Estoy tan ebria —decía ella entre gemidos— No soy una puta.

    —Cariño, está bien —le respondí y me levanté yendo hacia ellos para quitarle el pantalón a mi esposo. Su pene estaba duro y conduje una mano de Rebeca hasta él.— ¿Lo quieres, guapa? ¿Quieres esto? —Le pregunté, notando que Rebeca se negaba a tocar el miembro de mi esposo.— Ven aquí, princesa. Vamos a mamárselo a mi marido —le ordené.

    Logré poner a Rebeca de rodillas frente a mi esposo y encaminar su boca hasta el enardecido miembro que nos esperaba, en donde nuestras bocas y nuestras lenguas se encontraron. Sentí un irrefrenable impulso de besar a Rebeca cuando sentí sus hermosos labios tan cerca de los míos. Aunque ella no me correspondió el beso, yo comencé a tocarla. Nunca había sentido a otra mujer, pero Rebeca era tan tentadora y tan inocente, que no pude contenerme y comencé a recorrerla por completo, aprovechando para quitarle las braguitas blancas que llevaba esa noche.

    Luego de estar hincada en el piso junto a ella, me acomodé en el sofá al lado de Ramón, que en ese momento forzó a Rebeca a recibir su carne en la boca nuevamente. Los hermosos labios de Rebeca se ajustaron alrededor del miembro de Ramón y él la obligó a moverse, tomándola de sus rubios rizos, moviendo su cabeza hacia arriba y hacia abajo. Entonces Ramón comenzó a besarme, supongo que eso lo excitó más, pues al poco rato, sujetó a Rebeca por la nuca e hizo que ella se atragantara con su miembro e intentara zafarse, pero él no se lo permitió, y la obligó a mamar más rápido, haciendo que su rizada melena se moviera con violencia. Era increíblemente sensual ver la hermosa cara de Rebeca con la verga de mi marido entrando en su boca y escucharla gemir despacito mientras intentaba respirar.

    Acomodamos a nuestra invitada de rodillas en el sofá y con los brazos recargados en el respaldo, dejando el hermoso culo de Rebeca empinado, totalmente indefenso. Su vulva estaba depilada y se veía hinchada como la de una hembra en celo clamando por recibir a su macho, pero ella seguía oponiéndose a seguir y suplicaba

    —No, por favor ¿Qué le voy a decir a mi marido?

    Ni aunque me pasara la vida intentándolo, podría imitar los gemidos de Rebeca cuando mi esposo la penetró; la chica se quejaba placenteramente y cerraba los ojos por momentos, cuando Ramón aceleraba el ritmo con el que empezó a cogérsela, así como su perra “No tan fuerte ¡Me duele!” decía entre sus quejidos, que al poco rato se convirtieron en gritos cuando alcanzó un orgasmo que le hizo temblar las piernas convulsamente. La visión de su éxtasis me provocó tanto, que comencé a tocarme frente a ella y luego me acerqué para besarla de nuevo. Esta vez no me rechazó y mientras la besaba, sentía su respiración agitada por la implacable furia con que mi marido se la estaba cogiendo y en un momento, sus labios rodearon mi lengua y se pusieron a chuparla como si se tratara de un pene.

    —Quiero sentirla, Ramón. Quiero sentir su boca aquí —Le dije a mi marido introduciéndome dos dedos en la vagina.

    Mi esposo me complació y acomodó a Rebeca en el piso poniéndola en cuatro, yo me recosté frente a ella y abrí las piernas, dejando mi sexo al alcance de su boca. “Vamos, guapa, hazlo con tu boquita” tuve que acercarme aún más para que ella comenzara a darme placer. Rebeca se negaba al principio, pero cuando tuvo de nuevo el miembro de Ramón dentro de ella, comenzó a besar y lamer mi vagina.

    —Oh, no. ¡Por ahí no! —Dijo de pronto Rebeca y su intento por escapar fue anulado por Ramón, que recargó su peso sobre ella y logró penetrarla por el culo, haciendo que Rebeca gritara de dolor.— Oh, dios, es muy grande ¡me vas a lastimar! —Pero Ramón no se detuvo y luego de escupir en donde su sexo y el ano de Rebeca se unían, le dejó ir todo su pene.

    —Qué estrecha estás Rebeca, me lo vas a arrancar —expresó Ramón cuando su verga se perdió en las entrañas de mi comadre, que no paraba de gritar.

    Ella comenzó a llorar, pidiéndole que parara, pero Ramón la sujetó de los brazos e inclinando el culo de la chica hacia arriba, comenzó a bombear como un loco, hasta que tras varios minutos eyaculó, llenando el culo de Rebeca con su leche.

    Ha pasado un año desde entonces y hasta ahora Rebeca no sabe qué pasó exactamente, porque a la mañana siguiente, despertamos las dos desnudas en la sala. Ella estaba confundida y desorientada. Luego de calmarla, le expliqué que las dos habíamos tomado de más y habíamos terminado revolcándonos en el piso.

    —Pero está bien, Rebeca. Yo nunca había estado con una mujer y la verdad, me gustó mucho —le dije fingiendo sentirme igual de confundida que ella.

    —¿Pero qué hicimos? —Preguntó y luego dijo— Me duele todo. Eres una malvada.

    —¿Ah, sí? Es que tú misma lo pedías. Me pediste que te metiera los dedos por atrás —Rebeca se cubrió la boca, llena de pudor— Que no te dé pena. De verdad me gustó mucho. Ojalá un día lo repitamos.

    —¿Está mal que te diga que sí quiero? solo que espero no estar tan ebria, quisiera recordar la próxima —Me dio un abrazo y nos dimos un breve beso en los labios.— Voy a vestirme, tengo que ir a casa, Eduardo me va a matar.

    —No te preocupes. Le avisamos que te quedarías con nosotros. No tengas prisa, yo te llevo a tu casa, Tatiana y Omar se quedaron cuidando a tu bebé y a tu marido, que al parecer también bebió de más y se quedó dormido.

  • Mi hermana querida (Parte 2)

    Mi hermana querida (Parte 2)

    Mi hermana actualmente tiene 30 años. Yo tengo 23. La última vez que estuvimos juntos, habíamos tenido una experiencia íntima bastante satisfactoria, pero al regreso del viaje donde sucedieron ‘cosas’ entre ambos, no habíamos vuelto a estar juntos.

    Ella está separada hace algunos años y bastante ocupada con su empresa (beneficio de la separación de su marido). Es una mujer hermosa y desinhibida.

    —Hola hermanito. Hace mucho que no nos vemos —me dijo cuando entré a su departamento.

    — Estaba por la zona y decidí hacerte una visita. —contesté.

    — Sentate. Te serviré un trago.

    Fue al mueble-bar y regresó con dos copas. Estaba vestida con un pijama de seda y descalza. El saco dejaba, por el descubierto de un par de botones, ver el inicio de sus hermosos pechos. Se sentó frente a mí en uno de los mullidos sillones de su living y el cabello abanicó sus hombros.

    Seguía tan hermosa como siempre.

    —No pensé que te fueras a dormir tan temprano. Veo que ya estás con ropa de cama —comenté.

    Me comentó que se ponía cómoda al llegar de la empresa y le molestaba la formalidad de la vestimenta diaria.

    Tomamos un par de copas y una picadita informal acompañó el alcohol.

    —Contáme algo de vos, hermanito. ¿Estás saliendo con alguna chica? ¿Estás de novio? —preguntó.

    —No, para nada.  ¿Y vos?

    —Tampoco. Cada vez, me siento más sola. En el medio en que me muevo, pareciera que los hombres son todos putos. Me estoy resignando a estar sola y carecer de la pasión del sexo opuesto. —Comentó bajando triste la mirada y agregó— somos los hermanos desamparados.

    —Me parece que una mujer sensual y atractiva como vos, es mentira que pueda estar sola. —Dije mientras me sentaba junto a ella.

    Le acaricié la cabeza suavemente y tomé su mano. Los tragos estimulaban el desenfado de Patricia y acurrucándose en mi pecho dijo:

    —¿Te gusto como hembra? ¿Te calienta una mujer como yo? Contestáme francamente. Olvidate que eres mi hermano.

    —Sos una hembra fabulosa —afirmé— y si no fuera tu hermano, estaría dándote para que tengas y guardes.

    —Decime, hermanito (siempre me llamaba «hermanito» cuando quería algo de mí) —dijo mimosa— ¿Es muy disparatado que te olvides los lazos de hermandad que nos unen?

    —Es lo más fácil del mundo, contigo —y pregunté— ¿Sabés como que sos capaz de excitarme muchísimo?

    —Es malo controlarse tanto —dijo sonriendo cautiva— Acariciame que te necesito. Necesito amor, afecto, pero también pasión.

    Con mi mano izquierda acaricié su espalda desnuda bajo el pijama y con la derecha, desprendí los botones que aún tenía abrochados. Cuando sus pechos firmes quedaron al descubierto, me incliné y besé sus pezones endurecidos.

    —Quiero que me sientas tu hembra, hermanito —casi gritó— estoy excitada y caliente como una perra.

    Se inclinó a lo largo del sillón y le saqué lentamente el pantalón de seda. Fui bajando su tanga diminuta, mientras besaba su vientre. Tenía frente a mi cara su pubis y besé sus labios vaginales con ternura.

    —Quiero que me comas la vagina. —Pidió— bebe mis jugos y hazme lo que quieras. Penetrame con tu lengua, por favor. —y exclamaba— Así, asíiii, aaahh no te detengas. Sigue, Sigue.

    Éramos dos animales desesperados en la lujuria. Yo excitado con una erección colosal y ella presa de su abstinencia desatada. Su vagina humedecida intensamente pedía recibir el miembro ansiado.

    —Te gusta? Estás disfrutando Patricia? —murmuré a su oído, mientras lentamente entraba al nido amoroso de su vagina sedienta…

    —Cogéme fuerte. Violentamente. Te necesito así. —Gritaba— Más… Asiii No pares… Aaahhh.

    Fue un encuentro violento. Un mete y saca intenso llegando al éxtasis. Orgasmos intensos, saturados de pasión. Sus uñas en mi espalda dejaban surcos apasionados. Nuestras bocas abiertas se besaban con lenguas enfrentadas embebidas en saliba. El vientre de Patricia, se empujaba contra mi pelvis.

    Seguimos en el dormitorio. Casi toda la noche tuvimos sexo vaginal y también anal. Yo necesitaba también una intensidad gratificante como esta. Tendidos en el lecho humedecido de eyaculaciones desbordadas, quedamos agotados.

    —Hermanito —musitó— Necesitaba esto. Me has hecho muy feliz.

    —Vos a mí. —y agregué— pocas mujeres son tan hembras sexuales como vos.

    Quedamos abrazados con ternura y sin culpas de incesto ni pecado.

    Danino

  • Mi fetiche, mi perdición

    Mi fetiche, mi perdición

    Hola, como están, espero que les guste lo que les voy a contar en adelante, es la primera vez que narro lo que me sucedió y necesito contarlo y no sabía a quién.

    Resulta que, con un primo, que hacía mucho que no nos veíamos y a partir de unas fiestas comenzamos a frecuentarnos, y una noche que tomamos mucho los dos, sucedió algo que hasta hoy tengo en mi conciencia presente.

    Mi gran fetiche son los pies de las mujeres y por ahí mismo, caí en la trampa de mi primo, una noche que nos vinimos los dos a casa, le dije que ya venía y me fui a bañar. Al regresar nos sentamos en unas sillas con lugar para apoyar los brazos, y yo acerque otra silla y puse mis pies en el apoyabrazos, y ahí fue donde comenzó todo.

    Sin pensarlo mis pies quedaron a merced del paso de él, al principio no fue problema, pero a medida que tomábamos, se fue haciendo paso obligado hacia el baño, y al regresar si o si, debía pasar al lado de mis pies y correrse para no tocármelos, pasaron varias veces y en una de ellas, se refriega su pene en mis pies, y nos reímos por lo que hizo, al pasar de nuevo, vuelve a pasar refregándose en mis pies yo no hice nada por sacarlos, al contrario, los deje ahí, para que él se refregara sin problemas.

    Pasaron dos o tres veces más, hasta que decidió tocármelos y se dio cuenta que eran por de más suaves, y me dice asombrado, primo, que suaves sus pies, parecen de una mujer, y comenzó a acariciármelos, yo no hice nada por quitárselos y el siguió tocándome mis pies cada vez más suave y más suave y diciendo que eran los más lindos que había tocado y los deje que siga haciéndome caricias.

    Hasta que veo que se sienta en la silla que yo tenía de frente donde ponía yo mis pies en él apoya brazo y se pone mis pies en sus piernas ya sentado y comenzó a tocarme de una forma diferente y a excitarse con mis pies en sus manos y yo sentir las caricias de otra forma, siguió así por un rato y viendo que yo no se los quitaba, aprovecho y se bajó el cierre del pantalón y metió uno de mis pies dentro de suyo, y yo sentí su verga en piel sobre mi pie, y no hice nada por sacarlo, entonces el, al ver que todo seguía bien, se refregó más y más mi pie sobre su verga hasta que yo seguí su ritmo y se lo fregaba, en seguida, se desprendió el botón de su pantalón y se lo bajo, dejando su verga súper hinchada al aire y tomo mi otro pie y se los refregó a los dos, yo sin decir nada o hacer nada, seguí su juego y ahí comenzó todo, mi fetiche, mi perdición.

    Sin mediar palabras entre los dos, solo con la mirada de picardía, seguimos por un buen rato jugando así, hasta que necesitamos hielo, y él fue en su búsqueda, me bajos los pies, y se dirigió a la heladera, saco los hielos y volvió a sentarse en la misma silla y me tomo por los pies y me puso de vuelta a que siga refregando mis pies en su verga, y nos reíamos los dos, como si fuera una jugarreta de chicos.

    En un momento siento que me toma los pies y empieza a hacerse una buena paja con mis pies, y lo veía que gozaba de una manera que sentí que lo estaba complaciendo de una manera que jamás imaginé y no se los quite, deja que siguiera con su masturbación y ya empezaba a sentirme diferente yo.

    Esa mañana se fue sin haber acabado, pero me dijo que fue una buena noche y sonriendo en forma picara, me dijo que volvería por mas, no les preste atención a sus dichos, hasta la semana siguiente cundo me mandó un mensaje a las seis de la mañana preguntando si podía venir a mi casa, pensado en lo que paso le dije que sí, esperando que el haga lo mismo que la última vez sin decirle nada por supuesto a él.

    Al llegar a casa me pregunto si me había gustado lo del otro día, y le dije que sí, que lo había tomado como una cosa pasajera, pero divertida, y sin mediar palabras me pidió mis pies de nuevo, y al verlo tan convencido, le dije que esperara y me fui a lavarlos para que los tuviera limpios y así pueda hacer lo que quería, al regresar, él ya tenía su verga lista esperando mis pies y me los tomo y se los puso y empezó a refregarse sin ningún problema, yo no decía nada y seguí su ritmo de y empezamos a tomar unos tragos mientras mis pies le refregaban su gran pero gran verga, y escuchamos música y hablamos como si nada, mientras yo le refregaba mis pies en su verga, se levantaba a buscar hielo o a ir al baño y cuando regresaba tomaba mis pies y se los volvía a poner para que siga con la refregada.

    Y así pasaron varios fines de semanas hasta que un día, viendo una película porno, vimos que una mujer, le refregaba sus pies a dos, y después termino entregándole el culo y mi primo dijo, mire primo, esa mujer termino entregando el culo a los dos amigos, que le parece si me presta el culo también, insistió tanto que después de varias idas y venidas, termine sentándome en su verga culo pila para que sea como él quería, y se reía de verme sentado encima suyo mientras el refregaba su verga en mis nalgas intentando metérmelo.

    Al ver que en la película la mujer después les chupo la verga a cada uno, le dije, eso ni se te ocurra, solamente si rio y siguió refregándose en mi culo y diciendo que era cuestión de tiempo y así fue, en la próxima visita que me hizo, termine chupándole la verga a la mejor forma que podía, y se reía diciéndome, te acordar que me decías que eso ni se me ocurra, y yo lo miraba con la boca llena de su verga y le hacía saber que así era, y no paraba de reírse y me hacía unas arremetidas que hacían dar arcadas terribles diciendo que sin arcadas no es una buena chupada, así que mi fetiche por los pies de las mujeres, terminaron siendo mi condena.

    Al tiempo, recibía mensajes de él que decían, hola primo, hay unos pies, ya voy, vaya preparando ese culito y la boca que estoy en camino, y así no mas era, me daba un baño y me cepillaba los dientes para él.

    Era todo hasta que me pidió ir a la cama y me pidió que le entregue el culo, me acostó boca abajo y me puso unos almohadones levantando mi culo de una manera que quedaba súper abierto y el intentaba meterme su verga, yo sentía la presión de la entrada pero no lo dejaba porque no se ponía preservativo, y él me decía que quería que sienta cuando iba a acabar dentro mío así sentía su leche y así me podía considerar suyo, yo le decía, que sin preservativo no le iba a dejar entrar, pero que si me consideraba de él, porque otro no había y solo hacia todas esas cosas con él, sin tener la más mínima idea porque me había entregado a sus juegos, pero que me gustaban puedo decirles que cada vez más y más.