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  • Con Lorenzo todo resulta fácil, incluso follar

    Con Lorenzo todo resulta fácil, incluso follar

    Cada noche, durmiendo desnudos en la misma cama, íbamos a acabar necesariamente teniendo sexo. Si dijera otra cosa, mentiría; la verdad es que no soy tan fuerte como para estar al lado de un hombre, ambos desnudos, y que no pase algo. Un día me encontré con mi padre en el baño -la verdad es que lo busqué yo mismo- y le dije: «Papá, ¿te la mamo?». Se rio y creo que se quedó con las ganas, al menos con las ganas de saber cuál mamada es la mejor, la mía o la de mi madre. Yo sé que mi mamada es mejor, porque ella se la chupa como esposa como a mí me la chupó como mamá para que me durmiera, con algo de asco pero obligada, y a mí me encanta mamar una polla como quiera que esté, para buscar placer en el otro y en mí.

    Lorenzo es un chico similar a mí, flaco, guapo, de 18 años recién cumplidos, retardado en la crecida del vello, pues lo que tiene es una pelusilla que más parece algodón del barato que pelos. Apenas lo vi y nos dimos a conocer me propuse dos cosas: una, ya tenía quien me depilara en mis vacaciones, y otra, me propuse depilar a Lorenzo para que llegue el pelo de verdad. Es que no habiéndose afeitado nunca los cojones, los tenía de verdad lampiños, pero con cierta pelusa que daba asco tocarla. La primera vez que tuve sexo con él allá en el claro del bosque, ya me di cuenta y resolví hacerlo, pero era necesario tener la pasta de depilar, porque la cuchilla no me gusta.

    A todo eso había llamado a mi padre diciendo que me quedaba el resto de las vacaciones con el abuelo porque me necesitaba. -¡Mentira cochina! Pero eso era necesario si quería arrancar de las entrañas de mi padre un poco de amor hacia el suyo-. Me dijo que mientras no moleste al abuelo que adelante. Eso son palabras que equivalen a decir: “Haz lo que quieras, seguro que has encontrado alguien que te da la buena vida que te gusta”. Mi padre no se equivoca, pero hay que decirle mentiras para convencerle de qué cosa quiero. Por ejemplo en la Navidad pasada me dijo: «Tú no quieres ningún regalo de Navidad, ¿cierto?». Yo le contesté: «Claro que no, ¿para qué te voy a pedir un Macbook Air si no tienes dinero y te fastidia comprarme cosas, mejor me quedo con la mierda de ordenador que tengo para demostrar lo mucho que me quiere mi padre». Tuve mi Macbook Air.

    Tras mi llegada en la tarde del día anterior, este primer día en la casa de mi abuelo, nos dedicamos a limpiar y poner orden. Lorenzo llevaba allí dos semanas y no había hecho nada más que tocarse las pelotas y era necesario hacer habitable un segundo piso que estaba lleno de suciedad acumulada y de trastos viejos, a la par que era un peligro encubierto para un incendio. Así que le dije que se pusiera las pilas. Trabaja bien este Lorenzo cuando se lo propone. Solo descansamos para comer y en la tarde seguimos hasta despejar la parte alta. Quedó hermosa para trasladarnos a habitar allí arriba.

    Acabada la tarea nos fuimos a la piscina. No hacía ni frío ni calor, pero tras el trabajo que habíamos hecho, valía la pena. En la piscina había una ducha que no funcionaba, dejé la idea de repararla para el día siguiente y me quite la ropa, bueno es un decir, me quité la tanga y me eché de golpe y cabeza al agua, nadé y nadé y nadé, hasta que vi a Lorenzo de pie al borde de la piscina, desnudo, sin atreverse a entrar. Me acerqué, le di las manos con la idea de empujarle adentro, pero se agachó, se puso boca abajo extendido y al acercar mi cabeza, me besó. Nos enzarzamos en un beso prolongado enroscando la lengua.

    Estaba yo dentro del agua y se me puso dura, así de caliente me puse. Lorenzo tiene cosas raras y atrevidas, se puso de espaldas al suelo y con la cabeza colgando hacia la piscina, nos besamos al revés, pero di un salto salí y me puse sobre él para mamar su polla. Lorenzo se acomodó mejor la cabeza apoyándola en el borde de la piscina y me iba chupando el culo y metiendo lengua. Como mi culo es blando se dilata muy pronto. A veces no necesita dedo, pero Lorenzo no lo sabe mete dedo en el agujero y me da mayor placer. Ya estoy yo a reventar. Si la noche anterior había sido buena esto era el preludio de esta noche y Lorenzo, tanto como yo o más, estaba con muchas ganas.

    Cuando noté que yo ya estaba a punto y que la polla de Lorenzo se había puesto muy dura y buena, me incorporé para sentarme sobre él mirándole a la cara. Fui metiendo mi polla en su culo y una vez dentro, como para descansar, me eché encima de él para besarnos de nuevo. ¿Qué beso me dio el puto maricón de Lorenzo! Eso es besar, lo otro son versos de arte menor pero a si me encantan los putos endecasílabos. Eso mismo le dio más ganas y comenzó a empujarme hacia arriba elevando su cadera para hacer un esforzado mete y saca. ¡Joder!, el gusto que yo iba teniendo, pues notaba el paso de la polla por el roce sobre la pared de próstata que cada vez exclamaba: ˝Hala, puto maricón, dale y dale y dale, wauuuu, has pasado cada vez”. Mi polla ya rezumaba presemen espeso y ya medio blanco, había perdido la transparencia.

    Tanto se esforzó Lorenzo que explotó dentro de mí uno, dos, tres, cuatro, hasta seis trallazos de leche noté que entraban adentro de mi cuerpo, y de pronto se abrieron las compuertas de mis huevos y soltaron cinco chorros fuertes y algunos más pequeños pero más sentidos y con mayor placer. Nos quedamos abrazados en el suelo, al lado de la piscina, hasta que la polla de Lorenzo salió de mi culo. Noté que no tardó en comenzar a salir el semen de Lorenzo de mi interior y me incorporé. Agarrando a Lorenzo, me empujé llevándome a Lorenzo conmigo dentro de la piscina. Nadamos mal y despacio y nos paramos apoyando nuestras espaldas sobre el borde de la piscina y de cara a la casa.

    Miré hacia arriba y le dije a Lorenzo que mirara también, en el ojo de ventana de la pieza que habíamos limpiado se encontraban observándonos los dos abuelos, sonriendo y abrazados. Le dije a Lorenzo:

    —Lo que se imaginaban ya lo saben, los dos somos gays y no tenemos por qué ocultarlo.

    —Y ¿qué hacemos?, preguntó Lorenzo.

    —Muy simple; ahora ya saben que no solo somos gays sino que nos apasiona el sexo, la desnudez y divertirnos; así que ya no necesitamos cuidarnos de nada…

    —¿Y eso qué supone?

    Supone que vamos desnudos por la casa si queremos, que nadamos con tranquilidad, que follaremos aunque hagamos ruido, que gritaremos si nos sale del alma, que para comer con los abuelos nos pondremos la tanga, pero adiós a la ropa, eso me gusta.

    —Anoche te metiste a la cama desnudo, supongo que era para follar, ¿no?, dijo Lorenzo.

    —Pues no; yo siempre duermo desnudo, follé porque estabas tú y te quitaste tu calzón de pijama, pero a mí no me va la ropa si no es estrictamente necesaria.

    —¿Puedo hacer yo lo mismo?, preguntó.

    —Ahora de vacaciones aquí, ante esta pareja de enamorados a destiempo, no pienses demasiado con la cabeza más que lo estrictamente necesario para las cosas importantes; ahora piensa en el sexo, en joder, en los huevos y la polla, en el culo; imagina que nosotros somos desde el ombligo a los muslos, lo demás ya no importa, le contesté.

    —¡Joder!, tu eres bien maricón, vamos maricón, maricón de verdad, hasta la excelencia de la mariconez, ¿cómo aguantas? No sé si voy a poder con estas siete semanas.

    —Podemos dejarlo si te asusta, propuse.

    —¡Reputa! ¡De ninguna manera! Hijoputa y maricón el que se canse.

    Nos abrazamos para besarnos. El beso de Lorenzo me gustaba enormemente porque era extraordinario. Decidimos ir al pueblo al día siguiente a comprar una manguera para arreglar la ducha de la piscina, pasta para depilar y unas tangas, lo más pequeño que encontremos, a fin de estar presentables ante los abuelos. Nos duchamos en casa, por supuesto que juntos y nos ayudamos uno al otro a lavarnos, sobre todo el culo y los huevos, abrazarnos bajo el agua, ponernos una tanga de las mías cada uno y bajar a la cocina para ofrecernos a ayudar a la abuela.

    —Abuela, venimos por si necesitas algo de nosotros, dije.

    La abuela se me acercó, me dio dos besos, me abrazó agarrándome las nalgas, consiguió que se me pusiera notable la erección y me dijo:

    —A tu abuelo le pasa lo mismo cuando lo beso, pero te agradezco que me llames abuela, hijo mío, ¡qué buena pareja hacéis!

    Ayudamos a la abuela a pelar algunas patatas, limpiar los objetos usados y cuando entró el abuelo se asombró de vernos ayudándola.

    —¡Abuelo!, ¡abuelo!, dijimos los dos casi al unísono.

    Se miraron los abuelos, se dijeron algo con los ojos y mi abuelo se acercó a nosotros dos, nos abrazó a Lorenzo y a mí juntos y dijo:

    —¿Qué dos nietos tenemos, July!, dijo el abuelo volviendo su rostro hacia la abuela, que contestó:

    —Sí, Fabián, creo que ya lo hemos conseguido, esto promete, dijo la abuela.

    —Abuela, ¿qué promete?, pregunté.

    —Queríamos familia, pero a nuestra edad nos parecía que adoptar podría ser peligroso…

    —¿Por qué peligroso, abuela?, preguntó Lorenzo.

    —Si nos pasa algo, ¿qué sería del niño adoptado?, respondió la abuela con sensatez.

    —Entonces…, abuela, —dije yo lentamente como con temor a equivocarme— ¿quieres decir que os gustaría que… Lorenzo o yo nos quedáramos con vosotros… de modo permanente…?

    —Ah, no, no; Lorenzo o tú no, los dos. Tenéis el coche para inscribiros en la universidad de la ciudad que queda a media hora, nos hacéis compañía y… lo demás es cosa vuestra.

    Lorenzo y yo no sabíamos qué responder, pues que si mis padres, que si las amistades, se nos puso todo un mundo complicado. Por una parte nos ponía feliz, por otra un perfecto desconcierto, daríamos mucha alegría a los abuelos pero ¿qué dirían nuestros padres? Nuestra vida comenzaba a complicarse por los sentimientos. Mi pensamiento se fue al final de las siete semanas… ¿Me separaría de Lorenzo?, ¿sería igual mi vida con él que sin él?, ¿había comenzado a barruntar el amor entre Lorenzo y yo como insinuaban los abuelos?, ¿estaríamos malogrando nuestra vida para siempre? No solo yo, los dos teníamos un lío tremendo.

    Ante nuestra indecisa actitud, el abuelo nos dijo:

    —Para no cenar con caras largas y preocupadas, id a vuestra habitación, lo conversáis, que se os pase un poco el susto que se os ha metido en el cuerpo y bajáis a cenar que os esperamos viendo un rato la televisión.

    Nos fuimos a nuestra habitación y, una vez allí, Lorenzo me preguntó:

    —¿Por qué nos han enviado aquí si podríamos pensarlo abajo?

    —Para que follemos, Lorenzo, para que follemos, y luego tomemos la decisión; ellos no quieren que nos quedemos por ellos, sino por ti y por mí, si nos queremos, nos quedamos, si no nos queremos nos vamos…

    —¡Aahh…! Pues yo te quiero, de verdad, te quiero…

    —Lorenzo, yo te quiero más que a mí mismo.

    Se quitó la tanga, me la quitó, nos metimos sobre la cama, nos revolcamos, nos besamos, se nos puso dura, hicimos un 69 para ver qué elegía cada uno y Lorenzo se metió mi polla en la boca, yo comencé a prepararle el culo, gritaba Lorenzo en cada chupada que le daba y me dijo:

    —Anda, penetra, métemela, jódeme ya, no esperes, jódeme…

    Se puso en cuatro y le abrí las nalgas para empitonar mi polla en su agujero, intenté parar para no hacerle daño y me dijo a gritos:

    —Cabrón, no me hagas sufrir, puta tu madre si no comienzas, ya, ya, ya, vaaa, métela de una puta vez, ¡joder!…

    Y así continuó todo el mete y saca hasta que derroché mi semen en su culo y a continuación comenzó a soltar el suyo sobre la sábana. Nos echamos a la cama yo encima de él y él encima de su propio esperma. Descansamos unos diez minutos, nos metimos a la ducha, nos secamos, me vistió con el tanga, hizo lo mismo y nos fuimos a cenar. Los abuelos estaban sentados sin servirse.

    —Hemos decidido… dije.

    —… que nos quedamos, concluyó Lorenzo.

    —¿Cómo lo habéis decidido?, preguntó el abuelo.

    —Fabián, eso es cosa de los chicos… dijo la abuela

    —Es cosa de los chicos, lo sé, pero toda la casa se ha enterado de lo que estaban haciendo y no se han divertido poco, no… dijo el abuelo.

    —Fabiaaan… no los atosigues, riñó la abuela.

    Lorenzo y yo nos dimos un beso de los nuestros, de los de enroscar las lenguas, como para rubricar nuestro deseo.

    —Joel y Lorenzo, ese beso… ese beso… vais a tener que darme clase para que aprenda a hacerle eso a mi amorosa July.

    —¡Hecho, abuelo! exclamamos los dos.

  • Nuestra amiga argentina traicionando a sus amigas

    Nuestra amiga argentina traicionando a sus amigas

    Primero les cuento que ya no estoy de novia, hace unos meses, y lo que les voy a contar ahora, me paso al poco tiempo de pelearme con mi novio, pero fui tan turra, que no me lo voy a olvidar nunca en mi vida, en cierta medida, después que pasó todo me arrepentí, porque no puedo ser tan puta y cagar así a una de mis ‘amiga’” digo así ‘amigas’, porque como digo siempre son las del cole. Un colegio de monjas en Recoleta, y todas, menos yo, salieron bastante legales, y obvio, ni les cuento lo que hago, pero las quiero, nos conocemos desde los 6 años, hicimos juntas todo el cole.

    A lo mejor que cuente esto les embola, pero es para que entiendan lo puta e hija de puta que fui, aunque ustedes, digo los hombres son TODOS unos tramposos, solo les hace falta alguien que los ayude a hacer la trampa.

    Bueno, lo que pasó fue esto:

    Al poco tiempo de separarme de mi novio, llevaba un par de semanas sin coger y estaba re caliente.

    Esa noche era el cumpleaños de Loli (Dolores) una de mis mejores “amigas” del cole, y lo digo así, porque es re amiga mía pero ni sabe la vida que hago, es más, estaba re mal, porque me había peleado con mi novio, y yo estaba como si nada, porque en realidad no estaba enamorada de él, solo me cogía bien como tantos chicos.

    Bueno, fue el cumple, yo no tenía apuro para irme así que me quede hasta el final, hasta que llegó la hora de irnos (yo no había ido con mi auto porque sabía que iba a tomar, y si me sacan el auto en un control de la policía, mi VIEJO ME MATA)

    Habíamos quedado el novio de Loli, un amigo de él, y otro amigo con su novia y su prima (que vive en el interior y había venido acá unos días).

    La cosa es que nos subimos al auto y éramos seis, yo me siento adelante entre el novio de Loli (Matías) y su amigo, dejamos al otro amigo en su casa con su novia y la prima (¿me explico?) y quedamos solo los tres en el auto, el amigo del novio de mi amiga (Tomás), me pregunta: “¿no te jode si seguimos los tres adelante?”, y yo, como les dije venía bastante caliente le dije que no, que no me jodía, sin saber qué es lo que podía pasar.

    La cosa es que Matías cada vez que hacía un cambio con el auto no perdía la oportunidad de rozarme la pierna (yo estaba con esas mini, que son cortitas, pero no tanto pero bien amplias, ¿me explico?) Y yo no le decía nada, la verdad es que no sabía que podía pasar porque Matías es el novio de mi amiga, pero yo estaba caliente, con ganas de que me cojan de sentirme bien puta (si alguna chica me lee, lo va a entender).

    Y mientras pasaba eso Tomás, primero, medio tímidamente, se pone la mano en su pierna y con un dedo me toca la mía (les repito que con la pollerita que tenía bien amplia daba hasta que me tocaran mi conchita).

    Siguiendo Tomás, ya no era un dedo con el que me tocaba, eran dos tres, cuatro, y yo inconscientemente, como que mi cuerpo lo pedía, abría las piernas y él me metía las manos en la entrepierna (ya estaba entregada), lo miro y me parte la boca, mientras sus manos cada vez están más cerca de mi conchita y yo cada vez ¡más caliente!

    La cosa es que Tomás dice: “¿vamos a tomar un café a casa?”, obvio que ya me daba cuenta que me querían coger, pero la verdad es que yo tenía más ganas de coger que ellos, y obvio le dije que ¡sí!

    Llegamos a la casa de Tomás, y nada al principio, hizo café, lo tomamos y pasó algo que ¡me quería morir!, apareció otro chico (Sebas) que vivía ¡con Tomás!

    La cosa y resumiendo, si no se hace muy largo es que mientras Tomás y Sebas estaban en la cocina, Matías (EL NOVIO DE MI AMIGA), se me acerca y sin decirme nada me parte la boca de un beso, y yo como una trolita le meto la lengua hasta la garganta y él me empieza, primero a toca mi entrepierna (que como siempre digo es mi parte más débil), llega mi conchita y lo dejo, sobre la tanguita, me metía los dedos.

    La cosa es que ya Matías, me había sacado la bomabchita (¡IBA A DEJAR QUE ME COGIERA EL NOVIO DE MI AMIGA! SOY DE TERROR), y con sus dedos me empieza a calentar, a ponérmelos en la conchita, mientras ya aparecen Tomás y Sebas, y yo con lo caliente que estaba (les repito hacía como dos semanas que no cogía), me dejaba hacer cualquier cosa.

    Sebas y Tomás me empiezan a sacar la ropa, y yo me dejaba, hasta que me dejaron totalmente desnuda, cosa que me calienta ¡mucho! Matías, me empieza a coger (la verdad es que me calentaba dejarme coger por el novio de una amiga), y los otros dos, me empiezan a poner sus pijas en la boca, y mientras MATÍAS ME COGÍA, yo se las chupaba, hasta que me hicieron acabar como una hija de puta, y Matías acabó dentro mío (sin forro, ya se, soy una boluda, pero cuando me cogen entre varios ni me doy cuenta, por suerte, ya pasaron un par de meses y no pasó nada, digo, no quede embarazada).

    Bueno, y después de que Matías me acabó adentro de mi conchita, los amigos me decían: “que putita que sos” y eso me recalentaba más, hasta que les empecé a chupar a los dos esas hermosas pijas hasta que me llenaron la boca de leche, y me la tragué, me re calentó que tres chicos ¡acabaran conmigo!

    Después, como siempre, llega un momento en el que se me pasa la calentura.

    Pero esta vez, estábamos los cuatro en bolas en la cama, les empiezo a tocar las pijas y se les empiezan a parar, primero empiezo a chupársela al novio de mi amiga (no sé por qué, pero hacer así de trolita me calienta y mucho) y después a los otros dos, me senté en la cama y me llenaron la boca y la cara ¡de leche!, ya la calentura se me había pasado, fui al baño, me lave y Matías me llevo casa.

    Después de eso me llamó un par de veces, pero nada, le dejé en claro que fue una noche que ni sabía lo que hacía.

    La verdad es que no quería ser la amante del novio de mi amiga.

    Bueno, tengo más cosas para contar. Esta vez mucho no me cogieron, pero ¡quería contarlo!

  • Esta vez no, hazme el amor y que sea lo que tenga que ser

    Esta vez no, hazme el amor y que sea lo que tenga que ser

    Lo más rico fue sacarle mi verga toda pringada de su mierda después de preñarla por el culo.

    Viviana me llamó a las diez de la noche para decirme que ya estaba sola, que su marido acababa de salir de viaje y que su hija dormía. Llegar a su casa en metro me tomaba cincuenta minutos. Decidí llamar un taxi, tardaría quince…

    Vivi y yo mantenemos relación de amantes desde hace un año. Nos conocimos por su marido, un amigo del cole que supongo, sabe bien que me la cepillo cada vez que él falta en casa. Y supongo, porque en muchas ocasiones estando juntos nos ha llamado al móvil casi seguido y claro, me la estoy tirando y no nos da tiempo de recibir su llamada. El caso es que Viviana tiene todo para ser una hembra a la que satisfacer aunque acabe reseco de huevos y apenas pueda tenerme en pie luego de las largas y apasionadas cogidas que le brindo. Le fascina la verga y es de las perritas que te reciben la leche a cuatro patas y con la boca bien abierta para no desperdiciar ni una sola gota de nuestro preciado líquido.

    El taxi tardó doce minutos gracias al poco tráfico nocturno. Llevaba condones, lubricante y todas las ganas de reventarle el ojete aunque no me hacía muchas ilusiones pues varias veces se me ha negado en redondo con la excusa de que la tengo muy grande y gruesa. Es la verdad. Tengo un rabo bastante grande y grueso que normalmente no entra en agujeros estrechos. Y mira que he visto lo que la putita caga por ese marrón, son verdaderos látigos de chocolate que bien pueden tener el grosor de mi polla. Carlos, su marido nunca se la ha enculado y doy fe de ello.

    Para variar nos llamó mientras le estaba dando verga hasta la garganta (por la boca sí que le cabe entera), Viviana hecha un poema de saliva y lágrimas y yo apretando desde su nuca para hacerla tragar como le gusta. Mi móvil suena y es él. Estoy mamando el coño de tu hembra, sacándole jugos y bordeando con mis dedos el orificio deseado. Me pongo una goma y la hincho por esa vulva pastosa de secreción, golpeo con mis cojones su estrechez anal y engullo esas ubres portentosas que sueltan aún chorros intermitentes de leche que bebo placenteramente.

    Mi puta se corre una vez y mi ritmo la enciende al punto de sentir sus uñas felinas en mi espalda, eso me enloquece, las siento afiladas. Lameteo sus axilas empapadas en sudor, su cuello mojado, adoro ver a Viviana en estado de éxtasis. Sus mejillas enrojecidas y sus labios carnosos para comerlos, le hago una limpieza bucal integral, mi lengua recorre su cavidad, sus encías, succiono su lengua y bebo su saliva, suelo tardar mucho en correrme. Vivi va por el segundo y espatarrada como está le pajeo el coño metiendo mis dedos a fondo hasta que fluye el manantial que me baña la cara.

    En el ardor de su orgasmo aprovecho para quitarme la goma y empapo mi verga en lubricante. Sí o sí te doy por el culo zorra de las mil putas, me traes con los huevos repletos de lefa…

    Viviana se retuerce al sentir el capullo haciendo diana en todo el ojal diminuto pero no cejo en el empeño y traspaso el aro hasta hacer tapón con mi seta inyectada en sangre. Resopla, gime, lloriquea y entre balbuceos escucho un «hijo de puta, por el culo nooo». Tarde putita, estoy amarradísimo y mi erección al natural gozando de tu estrecho túnel que se resiste pero que por la acción del gel me permite rozar lo más profundo de sus entrañas. Paro en seco y sus contracciones me aprisionan maravillosamente.

    Mis conductos seminales están a punto de abrir compuertas y embisto salvajemente hasta notar el batido interno envolver mi carne. Viviana está descompuesta, sufre pero no para de mover las caderas receptiva a mi amarre, le duele pero goza la muy guarra. Voy dando de sí cada vez más a ese mínimo agujero y me complazco cerdamente al ver en todo el contorno el brote achocolatado que empieza a escapar y caer en gotas a las sábanas de su cama. Sus chillidos son música angelical, su llanto me excita y bombeo fuerte, sin parar, estoy a punto de botar y me hundo en su mismísimo estómago.

    Somos un mar de sudor y acelero, acelero y la última embestida desencadena el estropicio en sus entrañas. Esperma fluye sin parar hacia su organismo, semen espeso y caliente preñando el conducto de salida, leche de macho inseminando su recto y mezclándose con el batido de caviar que al salir de ella completará la faena de dos amantes en celo.

    He largado todo lo que almacenaba en mis cojones y aún podría inmortalizar ese momento encadenando una segunda enculada sin sacarla, pero Viviana, mi bella VIVIANA está deshecha, exhausta y descompuesta de su estómago por el estímulo de mi verga imposible.

    Me satisfago sabiendo que soy el primero, el «hijo de puta» que ha desvirgado su culo, su hermoso culito de «señora». La he marcado y he marcado territorio en sus entrañas. Viviana es mía. Aspiro su perfume de hembra follada, ese olor tan delicioso de transpiración, fluidos, humores sexuales que se te quedan aquí, en la nariz, está bien servida y yo me he beneficiado de un cuerpo ajeno que es tan mío como lo es de su esposo, he amado su zona prohibida, me he embarrado en su esencia de mujer. Y salgo de ella para admirar su ORGASMO ANAL.

    Soy un animal irracional al complacerme en ello. Esa mezcla de heces aguadas, mi semen, hilillos de sangre ante el desgarro inicial, flujo que me motiva, me estimula. Mi verga está bañada en ese flujo y el olor, joder! ese olor tan asquerosamente delicioso, es olor puro de sexo, de amor, de deseo. Deseo a Viviana, es mi musa…

    La he abusado. Me odia pero se deja llevar en brazos a la ducha. La lavo, procuro ser delicado -ahora- y limpio el rastro de abuso. Viviana llora pero se deja hacer, la mimo y me abraza, nos besamos. Son las tres de la madrugada. Recojo el estropicio de su cama y ella por detrás me abraza. Me duelen los huevos pero me pongo a tono nuevamente. Ella me la agarra y el contador vuelve a cero.

    Viviana saca a relucir ese punto masoca y en susurros me dice que está feliz, adolorida pero encantada de que la haya tomado a la fuerza por donde no debía, que le ha gustado pero que por hoy ha sufrido lo suyo, quiere que le haga el amor. Me acelero a tomar otro condón y ella me detiene…

    -Esta vez no, hazme el amor y que sea lo que tenga que ser…

    CONTINUARÁ…

  • Nuestra noche con Anahí

    Nuestra noche con Anahí

    Hace mucho tiempo tenía un par de fantasías muy específicas por cumplir, repetir un trío con una mujer y él, mi amante de hace mucho tiempo; pero que, además de esto sea una mujer exuberante, perfecta, con cara y cuerpos de ensueño, por fin, lo conseguimos, ambos estábamos ansiosos pues no la conocíamos personalmente aún. Cuando por fin llegó me sentí un poco intimidada, era deliciosa, con senos perfectos y grandes, duros, cintura pequeña y piernas gruesas, nos ocupamos de conocerla por un momento hasta que el deseo se volvió evidente e inevitable.

    La primera iniciativa de la noche fue de nuestra invitada, me quitó el vestido y empezó a tocarme los senos y besarme el cuello mientras él emocionado nos guardaba en su memoria, podía ver como esa verga que me encanta crecía dentro de su pantalón, después, me volteé de frente a ella y empecé a besar su boca, sus senos duros y sentía cuanto le gustaba y cuanto me gustaba a mi… entre besos y manoseos nos desnudamos los tres, empecé a mamar y chupar su pene mientras ellos se besaban y se tocaban, sentía cuanto le gustaba, no sé si tener mi boca en su miembro, o la suya en ese par de tetas perfectas, o quizás la combinación de ambas cosas, totalmente suyas en ese momento; yo, de rodillas distribuía mi boca que se ocupaba de darle placer a ambos.

    Un rato después él me pidió que la consintiera, se sentó en el sofá, abrió sus piernas, empecé despacio besando sus senos, bajando por su estómago tonificado mientras él la besaba y disfrutaba de ella y de verme a mi siendo toda una puta dispuesta a complacer a cualquier persona y de que me bastase solo una orden suya para hacerlo, yo estaba muy mojada, eso me frustra un poco pues en cuanto siento las ganas quiero sentirme llena… hubiese deseado una verga dentro de mi mientras estaba de rodillas lamiendo su vagina y metiendo mi lengua en esa vagina apretada, jugosa y joven… después, utilizamos esos dados tan conocidos para mí y que me traían tan buenos recuerdos; la primera orden: jugar con sus nalgas, eran duras y paradas, grandes, naturales… él se divirtió mucho con ellas y yo seguía sin saber cómo hacía para no penetrarla o penetrarme, seguía acumulando ganas y sabía que cuando me lo metiera iba a ser una ambrosía; la segunda orden: excitar clítoris, nuevamente en el sofá, se sentó mientras yo besaba su sexo y el tocaba mis senos y mi cabello, y claro, la besaba a ella… tercera orden; la que más disfruté, besar cuello, él besaba mi cuello y podía sentir su respiración agitada y su pene rozando mis nalgas, deseaba más y más que estuviese dentro de mí, hasta que POR FIN, me sentó en el sofá, abrió mis piernas mientras yo lo besaba, me encanta besar mientras me penetran y me gusta sentir como esa verga se pone más y más dura dentro de mí…

    Finalmente fuimos a la cama, empezó, por supuesto penetrándola a ella, se veía perfecta en cuatro y yo solo quería besarla y tocar esas tetas y ese clítoris, pequeño comparado con el mío, mientras él la hacía gemir, nos penetraba una a una por un largo rato, yo estaba tan excitada que no logro recordar cuantas veces me vine… no sé si él lo notó pero terminé tantas veces que al día siguiente mi vagina estuviera cansada y cogida, bien cogida… finalmente Anahí nos pidió que él se derramara en nuestra cara y nos fundimos en un beso.

  • La señora Marcela

    La señora Marcela

    Cuando regresaba del trabajo ya estaba por ingresar al edificio donde vivía veo llegar una movilidad escolar que se detiene y bajar a tres niños que vivían también ahí me saludaron y se fueron corriendo hacia el ascensor. Ahí vi a una señora de unos 52 años que estaba a cargo de la movilidad, siempre me gustaron las mujeres mayores y me fije bien en ella era de tetas de buen tamaño e igual de culo algo gordita pero aún mantenía una regular figura.

    Había que saber cómo se llamaba esa señora que tanto me gustaba, pero para no despertar sospechas le pregunté a una de las madres de los niños por su nombre aduciendo que un familiar quería tomar sus servicios de movilidad para sus hijos y con ese dato la busque por las redes sociales como Facebook y whatsapp, etc.

    Luego de buscarla por todas las páginas al final la ubique, ahí me entere que hace dos años se había quedado viuda y tenía dos hijos ya de 16 y 20 años, se llamaba Marcela y leyendo sabía más de ella. Le envié una solicitud de amistad mi foto no estaba muy clara a propósito ahora sólo me quedaba esperar que acepté.

    Habían pasado tres semanas y nada aún ya había perdido las esperanzas que aceptará mi amistad cuando ya estaba a días de acabar el mes vi que le dio like a mi invitación. Era muy difícil de conversar sus respuestas eran cortas era muy desconfiada pero había que tener mucha paciencia igual seguía platicando con ella para cortar el hielo y así pasaron tres meses y medio donde diariamente hablamos de noche varias horas y ya teníamos mucha más confianza..

    Cuando nos conectamos por la cámara ahí me dijo que era muy joven para ella en tono de broma pero para eso ya éramos bien afines así ya no tuvo mucha importancia para ambos. Ella estaba muy emocionada y llegó el día que nos veríamos por primera vez, solo esperaba que no se arrepintiera al verme mucho más joven, nos encontramos en un parque a las 7pm al llegar la vi parada y me acerqué y la saludo con un beso en la mejilla.

    Se suponía que solo éramos amigos y no quería apresurar las cosas o asustarla a Marcela en nuestra primera cita, nos sentamos en una banca y comenzamos a platicar como siempre lo hacíamos desde meses atrás por whatsapp.

    Ahí me contó sobre sus hijos, su suegra y nuera porque aún vivía en el segundo piso de la casa de la madre de su difundo esposo por eso nadie sabía de mí, cuando note que de vez en cuando se tocaba el cuello le preguntó y me dijo que era porque estos días su chófer estaba enfermo y tuvo que manejar y ahí le sugerí si podía darle un masaje que era muy bueno dándolo.

    Sentir su piel suave de su cuello y hombros me hicieron tener una buena erección luego seguí por su espalda, ella también disfruta como mis dedos recorren su piel y cuando cerró los ojos acerqué mi boca a la de ella y para sorpresa mía le robé un beso. Luego mi mano bajó y les toqué una nalga como no me dijo nada ahora mi mano recorría ese cuño grande y carnoso.

    Justo cuando quería meter mi mano debajo de su blusa para tocar sus tetas que notaba como sus pezones erectos sobresalían sobre la tela de la blusa apareció una señora con su perro que lo estaba paseando en el parque y la puso muy nerviosa a Marcela y peor cuando nos vio y notó la diferencia de edad.

    Así que me dijo para irnos porque ya era muy tarde, la acompañé para que tomará un taxi y me diga si llegaba bien cuando estaba también por abrir la puerta de mi casa me llamó y me dijo que gracias le había gustado conocerme en persona y por el masaje, para ser la primera vez no estaba nada mal.

    La segunda vez que nos vimos fue en el mismo lugar ahora estaba muy cerca de ella sentado y mi mano recorre su cuello y hombros y también su culazo y otra vez aparece la misma señora con su mascota antes que diga algo Marcela le dije para ir a un lugar más tranquilo y fuimos a un hostal cercano.

    -No sé… tengo miedo Alberto…

    Igual la convencí a Marcela y fuimos ella estaba muy avergonzada tenía la mirada hacia el piso cuando llegamos a la recepción del hostal, ya dentro de la habitación empecé a besarla para que se le vaya la vergüenza y me puse detrás de ella para que sienta como tenía mi verga bien dura en sus nalgotas..

    Besaba su cuello y mordía las orejas a Marcela que respiraba muy agitada su cuerpo temblaba, mis manos recorrían y magreaban sus enormes tetas ella estaba muy excitada y gemía y tiraba para atrás su culo moviéndolo sobre un duro falo que luego de mucho tiempo sentía su culo.

    Ahora vestía un pantalón de tela color negro y una blusa de seda blanca que rápidamente fui quitando los botones y se lo quité recién podía ver a plenitud sus enormes tetas que apenas eran sujetas por su brasier rojo mis labios se fueron de frente a esas enormes masas de carne.

    -Ahhh Albertooo ohhh me estás haciendo sentir de nuevo mujer…

    Me fue fácil abrir el broche de su sostén y como un bebé hambriento metí su hinchados pezones en mi boca mi lengua jugaba con ellos eso la volvía loca a la viuda que luego de dos años de guardar luto ahora un hombre la volvía a tocar y hacerla vibrar.

    Pero lo que hizo después me sorprendió por completo cuando se arrodilló y bajó el cierre del pantalón y con mucho cuidado metió la mano y sacó de su encierro a la verga que ya estaba bien dura y reclamaba su libertad con ansias y se lo metió a la boca jamás hubiera imaginado lo buena que era chupando la pinga.

    -Ohh… qué rico se siente tu boquita caliente y golosa… sigue así… ohhh… mamita…

    Sus cabeza se movía rápidamente cuando salía y entraba mi verga de su cavidad bucal tenía por momentos algunas arcadas al tragarlo pero eso no la detenía para nada y seguía chupando con desesperación hasta que consiguió que llegue a explotar y eyacular en su boca sin avisar quise que se lo trague pero no quiso y se fue al baño para botarlo.

    Luego regresó y nos besamos y fuimos a la cama ahora era ella quién me quitaba la ropa ya había desaparecido su timidez del inicio, ahora era una mujer de 52 años que quería volver a disfrutar del sexo y era hora de devolver el favor del sexo oral que había recibido.

    Ella ya estaba desnuda su sexo lo tenía bien cuidado sus labios vaginales eran hinchados y marrones que besé y lambia como un perro y sus piernas se abrieron para facilitar lo que hacía, su chucha estaba ya bien mojada y preparada para ser penetrada después de mucho tiempo y me coloco sobre ella y con cuidado la fui poseyendo.

    Sus paredes vaginales iban cediendo al invasor que se abría camino a su interior sus gemidos eran fuertes sus piernas se cerraron sobre mí y apretó fuerte, su sexo estaba bien caliente y lubricada algo apretado por falta de uso, como sus dos embarazos habían sido por cesárea su vagina no había sufrido mucho con el parto.

    -Ahhh siii dámelo todooo ohhh lo quiero todo adentro…

    Después de varios meses había conseguido al fin tenerla como la imagine cuando la vi por primera vez, mientras la convertía en mi mujer a Marcela nuestras bocas se unían en un beso apasionado, luego le dije que se pusiera en cuatro patas y me regalé su enorme trasero.

    Esas nalgotas me volvían loco y metí en medio mi verga que reclamaba su trofeo su ano y fui metiendo muy despacio y cuando logró entrar el glande ella se quedó quieta y no dijo nada y soportó con valentía la penetración anal, para ser una mujer que después de tiempo tenía sexo no se negó y aceptaba todo lo que yo hacía con su cuerpo.

    -Ufff despacito qué dueleee ayyy…

    Sólo pedía que tuviera cuidado cuando se lo iba metiendo de a pocos en su esfínter que al comienzo se resistía en aceptar al invasor que abría sus apretadas paredes del ano, sus gritos de dolor los sofocada mordiendo la almohada que aun así dejaba salir algunos lamentos.

    -Ayyy… ya lo tengo todo dentro de mi ayyy ven despacio mi amor uffff

    Había que sujetarla bien de sus anchas caderas y poco a poco fui aumentando la fuerza y velocidad de la penetración en su culo, estaba bien apretado su esfínter y fue vencido luego de unos segundos se fue abriendo y aceptó al fin a la nueva verga que de ahora en adelante sería su dueño y entraría varias veces en su culo

    -Ahhh… sii sii qué rico se siente. Metelo todo ohhh

    Sus nalgotas saltaban cada vez que entraba y salía de su orto la verga que la estaba haciendo resoplar y gemir como una perra bien arrecha y yogui seguía dándole duro que rico se sentía ese hueco apretado y caliente.

    -Aggg si que rico culo tienes Marcela bien apretado y caliente ohhh… siii ya me vengooo… ahhh

    Todo mi semen terminó dentro del culo de la señora Marcela que lo recibía tranquila y bien agitada y ahí estábamos los dos sobre la cama y era el inicio de una relación de una señora viuda que tenía muchas ganas de tener sexo pero tenía que tener mucho cuidado que no se enteren sus hijos ni la madre y hermana de su difundo esposo.

    Cada 15 días nos veíamos en el mismo hostal y teníamos sexo y algunas veces tomábamos algo de licor hasta ahora la recuerdo con mucho cariño.

  • Pedazo de chocolate

    Pedazo de chocolate

    En mi relato anterior les había contado que Valeria tenía cita con un hombre de color, pues bien, aquí les cuento lo que sucedió.

    Resulta ser que este hombre está de intercambio en mi país, es de Mauritania, Valeria me había contado que vive en un departamento a escasas cuadras de donde vivo con un compañero también africano, a según ella son muy educados y atentos, le había preguntado a Vale si ya tuvieron sexo a lo que ella me dijo que sí, pero que la tiene muy larga y no pudo disfrutar mucho del dolor punzante que sentía, recuerdo que reí mucho por su respuesta, «déjame nomás a mí para enseñarte», le dije riendo, personalmente nunca estuve con una persona de color, ni me agrada la idea, le dije solo para molestarla.

    Hace unas semanas el muchacho fue llegando junto a Valeria y por primera vez pude intercambiar palabras con él, (debo aclarar que Toni, el primo de Vale, volvió a su pueblo), iba acompañado de su compañero de vivienda, este era un muchacho de casi 2 metros, con el físico totalmente marcado aunque horrible de rostro, desde que nos saludamos no paró de mirarme, se notaba a leguas que se me lanzaría, Valeria me pidió salir con ellos, ella con su amigo y yo para ser de acompañante para el otro muchacho, acepté para hacerle el favor a Vale nomás luego, no me agradaba la idea.

    Esa noche pasó normal, terminamos de cenar y volvimos a casa de Valeria, ella muy de amores con el muchacho, creo que está enamorándose.

    Bueno, el muchacho de nombre Toby, se notaba que era más de querer ir directo al grano que el otro, tiene cara de degenerado, aparte de feo ya me cayó mal por eso, salimos de vuelta el fin de semana siguiente, esta vez Toby ya no perdía tiempo, en su español me dijo «salgamos solos nosotros», sólo sonreí y no contesté nada, no me gustan los hombres de color, pero debo confesar que por lo menos quería ver el pene que tiene para sacarme la duda de la fama de estos muchachos.

    Volvimos a salir, todo normal, Toby me miraba como perro en celo, trataba de no seguirle la corriente, regresamos a casa de Vale y me pidió que les dejemos solos, como estos muchachos viven cerca de mi casa, entonces le pedí a Toby que me deje de paso, estaba ya cansada y un poco mareada por el vino, cuando me iba a bajar del coche, le pregunté a Toby si quería bajarse un rato, «sin dudar» me contestó.

    Entramos a mi departamento, le dije que se ponga cómodo en el sofá y fuí a la cocina a buscar un poco de vino, estábamos tomando ya una botella y saben qué?, hasta ya no me parecía tan feo jajajaja, no sabía cómo coquetearle, no quería ir directo a nada, entonces me cambié de ropa, me puse un pantaloncito corto y una blusa sin brasier, seguimos tomando y cada tanto hacia como que me picaban las nalgas y alzaba un poco el pantaloncito para rascarme, lo estaba volviendo loco, pero muy respetuoso él, no decía nada aunque tampoco disimulaba que le gustaba lo que veía.

    Terminamos la segunda botella de vino y me preguntó si continuaríamos, le contesté «tengo problemas con las piernas cuando tomo mucho», «se te hinchan?» preguntó, sonriendo le contesté «no, se me abren», reímos un buen rato.

    Aproveche y le pregunté ”es cierto la fama que tienen ustedes de tenerla grande?”, «algunos tienen grande, no todos» me contestó, «y el tuyo?» pregunté, solo sonrió, «en serio te estoy preguntando» le dije de vuelta, «es un poco grande» contestó, «como para partir al medio a una mujer?» pregunté, «te voy a mostrar para que saques conclusión» me dijo, «dale» le dije, «me mostrás tu pene y te muestro mis tetas para estar iguales» le contesté, me dijo sonriendo «mi pene no sale solo a mirar, va querer jugar», «tampoco mis tetas» le dije sonriendo.

    Se levantó y se desabrochó el pantalón y dejó al descubierto su enorme pedazo de chocolate, estaba ya erecto, «sí que la tenés grande» le dije, me saque los pechos afuera y se los mostré, «se ven ricas» me dijo, «son ricas» le dije, se acercó y empezó a apretármelas, no pude evitar gemir, «puedo medirte el pene?» le pregunté, «sin problema» contestó, entonces fui a mi habitación por la cinta métrica, me agaché y le di unas lamidas desde sus testículos, es enorme, nunca tuve mala suerte con las pijas, siempre me tocaron de normal para arriba, hasta los que me parecían grandes se quedaban chicos delante de este africano, no estaba segura de si tener o no sexo con él, pero quería saber lo que se sentía, lo recosté en el sofá y le hacía pajas con mis tetas mientras le pasaba lengua a la punta de su generoso miembro, procedí a medirlo, de largo 27,5 centímetros y de ancho unos impresionantes 25 centímetros, la cabeza enorme con un color medio lila, estaba asombrada, de largo ya había tenido de ese calce, pero de ancho nunca.

    Me pidió que se la chupe, como pude lo hice, me tocaba los pechos mientras buscaba mi vagina con sus manos, me bajó el pantaloncito y metió sus dedos, es tan grande su mano que ya parecía que me estaba cogiendo, en eso me abre las piernas y me chupa la concha, el culo, toda, me dejé llevar, estaba súper mojada, más de lo normal, chorreaba, se preparaba para recibir ese pedazo de carne color chocolate, «desde que te vi quise estar contigo» me decía.

    Le pedí que me acompañe a la cama, al llegar me agarró de atrás y comenzó a apretarme los pechos, me tiró a la cama y me abrió las nalgas para chuparme el culo, me metía los dedos «veo que ya no sos virgen de ano» me dijo, «me encanta el anal» le contesté, «tenemos que probar si el tuyo entra» le dije, sonrió. Le pedí que se acueste, le puse el condón y me subí sobre el mástil, sentía como forzaba la entrada de mi vagina, estuve como 5 minutos buscando un buen ángulo para meterlo todo, cuando por fin lubriqué bien, la metí lentamente, totalmente abierta estaba, las paredes de mi vagina se estiraban para poder dar paso a semejante chocolate, sentí cierta molestia, pero al meterlo todo como que mi vagina se abrió toda y empecé a moverme como loca, ya no sentí ninguna molestia, solo sentía que me llenaba toda, rico estaba.

    Mientras él me apretaba los pechos en un contraste de colores, «estás acostumbrada a tamaños» me decía mientras me tomaba de la cintura para meterla más profundo, «si, tengo como 80 hombres de experiencia» le dije gimiendo y saltando sobre su pija, «que rico se siente bien adentro, te gusta cómo me coges?» le decía en su cara gimiendo de placer, «me encanta, sos una puta rica», paré un rato y le dije «no me llames puta aunque lo sea», «perdón» dijo y seguí con mis movimientos que se tornaron más rápidos hasta que estallé en un delicioso orgasmo, me temblaban las manos, terminé como nunca lo había hecho, mis contracciones eran fuertes, con chorros de orina y me tiré unos gases, nunca terminé tan rico que hasta me temblaban los labios y me babeaba de placer mientras él seguía con sus bombeos incansables.

    Quería salirme de él, pero es grandote y me tomaba fuerte de la cintura mientras seguía con sus arremetidas, me dio una sensación de risa seguida con ganas de llorar, no sé qué me pasó, me levantó haciendo que lo rodee con las piernas y me puso contra la pared y me seguía clavando pija, ya estaba totalmente loca de placer, me tenía como muñeca de trapo, sin sacarla me puso en la cama y abriendo mis piernas me penetraba hasta el fondo, pegando mis pechos y mordiendo mis pezones, nunca nadie me había hecho el sexo tan bien.

    Nuevamente me levantó de la cama y acrobáticamente me giro de cabeza dejando mi entrepierna en su rostro y empezó a chuparme la concha y yo de cabeza chupándole la pija, no me daba respiro a nada, me agarra de los brazos, me bajó las piernas hasta su pene y me la hundió de cuatro mientras me estiraba del cabello y me daba nalgadas fuertes, ya estaba por llegar a mi segundo orgasmo sin sacarlo, reventé en un gran gemido potente y terminé riquísimo, estábamos ya casi una hora así, parecía que él nunca acabaría.

    Me puso boca abajo en la cama, me abrió las nalgas y me chupaba el culo, me metía sus dedos para dilatar, me empiné lo más que pude y empezó a metérmela despacio, estaba súper mojada, no pensé que entraría fácil, pude sentir como iba abriendo mi ano dando paso a su pija hasta dar tope con sus testículos, y nuevamente el bombeo constante, me levantaba las piernas para penetrarme aún más, «te duele» me preguntaba, «no, seguí, no termines nunca» le dije, me cogió el culo como nadie por alrededor de media hora hasta que sentí que sus movimientos se aceleraban e iba eyaculando a mares, cada centímetro y venas de esa pija lo sentí, no pude evitar y terminé por tercera vez, me volteé, le saqué el condón y lo vacié en mis pechos, lo estiré y lo puse sobre mientras lo abrazaba y así quedamos largo rato, «tienes aguante chiquita» me decía mientras su pija acariciaba mi vagina, «vos tenés aguante, nunca nadie me había hecho gozar y terminar de esa manera antes» le dije.

    Me besaba el cuello, me mordía los pezones, pude notar que su pene volvía a ponerse dura, mientras me lamía el cuello posicionaba de vuelta su miembro en mi entrada vaginal y me la volvía a meter despacio, hasta que se vino de vuelta, esta vez en mi rostro, estaba súper asombrada con su aguante y de lo bien que coge, él estaba asombrado del aguante que tengo también, «sos de las mejores mujeres que me comí» me dijo, «me dejaste hacer lo que quería y no te dolió nada», «eso de morderme los pezones y los golpes en las nalgas nunca me gustaron, pero esta vez me gustó sentir algo de dolor» le dije.

    En eso llama a mi puerta Valeria y el amigo, nosotros estábamos desnudos, él aun tocándome la vagina de vuelta y yo con semen por toda la cara, apurada tomé una toalla y me limpié, no pensé que irían por casa, así que me imagino que Valeria no entró sin tocar porque sospechaba algo, les abro y ambos estábamos exhaustos por la sesión de 2 horas de sexo, encima si no venían es probable que continuaríamos porque él ya me estaba metiendo dedo otra vez.

    Actuamos normal, obviamente Valeria no es ninguna boba, ”que hermoso está tu rostro, toda rosadita» me dijo Vale, ella sabe que cuando tengo orgasmos mi rostro se queda toda rosadita, como que estoy más linda, le hice un guiño y sin perder tiempo, se volvieron a marchar llevándose con ellos a mi semental, al cual estoy muy agradecida, me cogió de lo más lindo, haciéndome terminar más que rico, riquísimo, es casi un hecho que mis vecinos escucharon mis gemidos que no fueron como en algunas ocasiones, fingidas, Toby sí que me puso a saltar y me puede tener cuando quiera y como quiera, que me estire del cabello y me dé nalgadas, en tanto no me deje marcas está todo bien, rico negro, rica pija, hasta el día de hoy estoy impresionada por el tamaño, el aguante suyo y el aguante de mi cuerpo.

    Nunca digas de esta agua no he de beber dice un dicho, nunca habría estado con una persona así, pero lo hice y me coge como nadie.

  • Mi primer masaje prostático

    Mi primer masaje prostático

    Hace unos meses atrás busqué nuevas formas de poder conseguir un mayor placer al masturbarme, más allá de solo jalarme el pene.

    Entre a una página y venía un sin fin de opciones para hacerlo, desde frotarme el pene entre dos bolsas de agua tibia y lubricadas hasta el masaje prostático. Esto último lo descarte de manera inmediata, sin embargo, con el paso de los días fue llamado mi atención, hasta que decidí hacerlo.

    En casa ya contaba con un lubricante, y en el supermercado compré una bolsa con guantes de látex en el área de higiene y cuidado personal.

    Regresé y me quité la ropa, me fui al baño a lavarme y me fui al cuarto, me puse el guante y puse un poco de lubricante en él. Con los dedos acaricié mi culo y sentía una excitación que no había sentido antes.

    Poco a poco introduje mi dedo medio, si, sentía dolor, pero era más la emoción lo que me empujaba a seguir. Llegué entonces hasta la próstata y sentí como mi pene punzaba al contacto. La toqué de tal forma que sentía un gran placer y la punta de mí pene la sentía caliente.

    El momento de la eyaculación fue magistral, y temblor por todo el cuerpo que hacía mucho tiempo no sentía, y una cantidad de semen derramada que solo sale cuando tienes días sin siquiera masturbarse.

    A todo esto, debo decir, primero, que leí sobre cómo auto complacerse por esta vía; segundo, que a pesar de lo hecho, mi orientación sigue siendo hetero, sin faltar el respeto a quienes su orientación es homosexual, y si con alguien he de hacer esta práctica solo será con mi pareja.

  • Promételo, sólo por esta vez

    Promételo, sólo por esta vez

    Hay decisiones que uno toma que no tienen retorno. Casarse, divorciarse o traicionar. Para mí no fue sencillo darme cuenta de que me estaba metiendo, contra todos los códigos, con la mina de mi papá. Peor aún, para la mayoría de la gente era más que la mujer de mi papá, era como una madre para mí. Y vaya si lo era. O al menos eso creía yo.

    Me llamo Marcelo, tengo 22 años y trabajo en la inmobiliaria de mi padre desde que terminé el secundario y no tenía más ganas de estudiar. Mi madre falleció cuando yo tenía 7 años por una penosa enfermedad que le descubrieron a los pocos meses de mi nacimiento. Mi viejo enviudó a los 27 años así que decidió rehacer su vida a los pocos meses de la muerte de mamá y se casó con Silvana, que tenía 21 años recién cumplidos. Silvana era una mujer espectacular, simpática, atenta, muy linda y divertida. Años más tarde supe que la historia con mi padre era bastante anterior a la muerte de mi madre, pero no había motivos para enojarse con nadie por cómo se dieron las circunstancias.

    Mi padre siempre se sintió culpable con nosotros por la muerte de mamá y por eso trató de que Silvana fuera como una madre sustituta. Desde que la conocimos, papá nos obligó a mi hermano y a mí a que la dijéramos mamá. Por la diferencia de edad (conmigo era de 14 años y con mi hermano 12), era imposible que ella nos hubiera parido. Ahora tiene 35 años, pero conserva todos sus encantos. La mayoría de los que la conocen, no le dan más de 29 y encima, suele vestirse con la misma ropa que usamos nosotros: jeans gastados, musculosas, polleras y vestidos simples. Es muy elegante y tiene un cuerpo en el que, todavía, genera suspiros, piropos y miradas alevosas cuando vamos por la calle o la acompaño al supermercado.

    A medida que fui creciendo mis intenciones con Silvana fueron variando, sobre todo en lo que pasaba en mi cabeza cuando veía sus enormes tetas mientras desayunaba en camisón o las tanguitas diminutas que se ponía para dormir que le marcaban bien el culo y le resaltaba los cachetes. Era como mi madre, pero no era mi madre en definitiva. Me inmovilizaba más pensar en que era la mujer de mi padre que algún tipo de relación filial conmigo.

    Silvana era un infierno de mujer y hacía gala del apodo de “Tana” con la que le decían sus amigas. “Cuando me caliento, me caliento de verdad eh!”, solía retarnos cuando dejábamos toda la casa desordenada. Obviamente hablaba de un enojo, pero yo me la imaginaba caliente y se me ponía dura la verga.

    Una vez me descubrió en el baño mientras me estaba masturbando con una de sus tangas. Abrió la puerta de improviso y se quedó congelada cuando vio que yo estaba en sentado en el inodoro, con una mano subiendo y bajando por mi miembro y con la otra sosteniendo una de sus bombachas diminutas a la altura de mi nariz. Cerré rápido la mano para que no la viera, pero era de un rojo inconfundible. Ella miró mi entrepierna e hizo el gesto como que se tapaba los ojos con una mano mientras con la otra volvía a cerrar la puerta.

    Hubo varios días que traté de evitar cruzarme con Silvana, tenía vergüenza y temía que se enojara por haberme masturbado con su ropa interior. Pero ella lo tomó con naturalidad, apenas si me hizo una sonrisa cómplice un día que yo salía del baño y ella estaba esperando afuera. “Hoy no hubo ninguna sorpresa, jaja” y me dio un beso en la mejilla que me puso al palo mal y con ganas de cogérmela, aunque estuviera traicionando a mi viejo.

    Yo seguía haciéndome pajas imaginando sus tetas en mi cara, o frotándolas por mi pena. También estaba seguro de que debería ser una gran mamadora: tenía la boca grande y, sobre todo cuando tomaba unas copas, se le notaba que era una viciosa. A veces me quedaba en casa y era impresionante verla haciendo gimnasia con unas calzas diminutas y sus tetas al viento que a mi me tenían hipnotizado.

    Mi segundo encuentro con ella fue una noche que volvían de una fiesta de su trabajo. Mi padre estaba completamente borracho y se ve que habían discutido porque ella hablaba entre sollozos y se sonaba la nariz. También estaba medio borracha. “Siempre igual vos, siempre tenés una excusa por el trabajo o porque estás cansado. O como siempre, porque te ponés borracho y no se te para la pija”, escuché que le decía Silvana a mi viejo.

    Ellos no advirtieron mi presencia y me quedé callado en el sofá del living con la luz apagada hasta que pasara el vendaval. “Si estás caliente porqué no te vas y te cogés al primer boludo que se te cruce. Dos minutos te aguanta. A mí no me calentás más”, le dijo mi viejo con una borrachera que daba más lástima que vergüenza.

    Silvana le cerró la puerta de un portazo y vino corriendo para el living comedor. Yo estaba con los auriculares puestos mirando Netflix en la Tablet. Sin ver que yo estaba ahí, se tiró al sillón y se topó con mis piernas. Fue un golpe fuerte e inmediatamente se puso a llorar desconsolada. Yo no sabía qué hacer. Cómo ella se había quedado quieta apoyada en mis piernas, tenía toda la espalda al aire por el escote del vestido de fiesta y unos hombros preciosos. Su cuello era una invitación y olía a perfume. Traté de pensar en otra cosa para evitar una erección, con su cabeza apoyada en mis muslos podría notarlo y sólo atiné a hacerle unas caricias en el pelo, para que supiera que estaba al tanto de la situación, pero sin ninguna doble intención.

    Ella se quedó un buen rato llorando. Al rato se sentían los ronquidos de mi padre que, cuando se emborracha, retumbaban el doble en toda la casa. Silvana se fue calmando, su respiración comenzó a parecer normal. Yo seguía haciéndole mimos en la cabeza y en la espalda. Desde mi posición podía ver su culo, tenía muchas ganas de tocárselo. Ella empezó a hacerme mimos en los muslos muy suavemente iba y venía con sus manos hasta que yo sentí que sus dedos casi entraban en contacto con mi pene. Sus manos eran suaves y me tocaba con la yema de los dedos muy suavemente, subía y bajaba por mi pierna y cada vez más sus dedos se encontraban con mi pija que ya a esa altura era una piedra de lo duro que me la había puesto.

    “¿Pudiste resolver lo del baño?”, me preguntó en el mismo momento que con tres dedos se apoderó de mi miembro y lo hizo asomar por la parte de abajo de mi bóxer. Yo me quedé en silencio. Ella seguía con los ojos cerrados masturbando levemente mi miembro. Cuando llegaba arriba jugaba con sus dedos en mi cabeza y así lo hizo por un buen rato. Yo seguía acariciándole la espalda, jugando con mis dedos hasta casi llegar a su culo. Noté también que esas caricias la calentaban.

    Mi pija ya estaba por completo fuera del calzoncillo. Ella seguía apoyada en mis piernas pero se dio vuelta y su boca quedó a centímetros de mi pene. Lo miró con ojo clínico y me dijo: “Cómo crecen los chicos eh!”. Cuando quedó dada vuelta para mi lado pude ver sus hermosas tetas sueltas en el escote del vestido. Tenía unos pezones diminutos pero que sobresalían de lo parado que los tenía.

    “Si no lo resolviste, yo te puedo ayudar”, me dijo y se prendió a mi pija. Empezó a chuparla lentamente. Lo mismo que me había hecho con sus dedos ahora me los estaba haciendo con la boca. Y cuando terminaba de jugar con mi cabeza se la metía casi hasta los huevos, que ella acariciaba y oprimía con suavidad. No pude aguantar nada, le descargué un chorro de leche que fue tan intenso que le machó la cara, el pelo, el cuello y el vestido. Ella siguió chupándomela porque advirtió que era mi momento de mayor satisfacción. Se levantó sin decir nada y se fue a pegar una ducha. De buen modo hubiera entrado para coger ahí mismo, pero no me anime.

    A pesar de que para mí desde ese momento mi único objetivo era cogerme a Silvana, ella muy por el contrario siguió actuando conmigo como si nada hubiera pasado. Yo no me podía sacar la imagen de su lengua recorriendo mi miembro, levantando a su paso los rastros de semen que habían quedado después de esa exquisita acabada en el sofá. Pasaron los meses y fue proporcional: mientras mi viejo más se peleaba con Silvana, ella mejor onda tenía conmigo.

    Y el acercamiento final se dio el día que me enteré que mi novia se había curtido a uno de mis mejores amigos y se había enterado todo el mundo. “No va a ser la primera, ni va a ser la última. Y en cuanto a eso de los códigos que tanto le gustan a los hombres, para mí esos códigos son de mafiosos. Me reconfortó saber que pensaba así, porque le quitaba una buena proporción de morbo a mi relación con mi viejo.

    Las borracheras se hicieron algo diario y desagradable para todo. A tal punto que Silvana se mudó a dormir al sillón. A las pocas semanas escuché una conversación que tenía con una vecina. “La verdad es que estamos para el culo, hace como un año que no me pone una mano encima. Yo estoy desesperada y tengo miedo de hacer una locura”. Mientras escuchaba a Silvana, mi pene se había puesto a mil. Me sentía mal por mi viejo, pero esto ya no tenía retorno. Me la iba a coger seguro.

    A partir de esa charla empecé a ser sumamente gentil con Silvana. Le preguntaba si estaba bien, porque no la notaba muy bien de cara. Si necesitaba algo, si quería que hablara con mi viejo por el tema del alcohol. No desperdiciaba ninguna ocasión para alabarla, decirle que estaba espléndida. Que esta o aquella pilcha le quedaba mejor, que tenía que mostrar más sus curvas porque estaba “para el crimen”.

    Varias veces, cuando terminaba su clase de gimnasia, la esperaba en la cocina con el desayuno que ella adora: un yogur, un buen café con leche y tostadas con mermelada. Ese día me la jugué entero: “Silvana, tenías razón con lo que decías de las mujeres. Que no va a ser ni la primera ni la última. Lo que pasa es que mi padre tuvo mucha suerte, no todos encuentran a alguien como vos”. Noté que mis palabras la habían perturbado, al menos que se sintió tocada. Para sacar tajada de mi frase, la abracé lo más fuerte que pude y ella se puso a llorar. Estaba como cazador frente a una presa herida. Le levanté la pera y le di un beso apasionado que me devolvió con la misma pasión. Aproveché para meter mis manos en su culo, apretarle los cachetes para que sintiera mi erección. Y cuando nos despegamos me agaché y le di un beso en cada uno de las tetas por arriba de la ropa. Nunca la había visto tan perturbada. Mi jugada había dado resultado, ahora era ella la que me quería coger a mi…

    Pasaron dos semanas desde ese beso. Yo seguía tratándola como a una reina. Sólo una vez bromeando le apreté uno de los cachetes y le dije: “Le hace falta más ejercicio, y le di una palmada. “A ver si a los 35 estás espléndida como yo”, me dijo entre risas como aceptando la nalgada.

    El golpe lo di un viernes en el que mi padre y mi hermano se habían ido al campo que tenemos en el Sur. Uno de los dos siempre lo acompañaba porque teníamos miedo de que manejara en pedo.

    Silvana se había prendido la tele del living con una picadita y un vino y me preguntó que qué iba a hacer. Yo le dije que tenía una cita. Ella me ayudó con la ropa y hasta me pellizcó la cola cuando me probé uno de los pantalones de papá. “Te quedan bárbaros, tenés una cola muy linda. Hoy vas a ganar”.

    Tenía todo pensado, cuando vi que Silvana se metió en la ducha para darse un baño, la saludé. Ella me dijo que esperara y salió del baño cubierta con una toalla. “No me vas a dar un beso?”, me dijo. Y cuando me acerqué soltó la pequeña toalla con la que se había cubierto y me comió la boca como yo se la había comido la otra vez. Esta vez hice el mismo movimiento cuando terminó el beso y chupé los dos pezones que salían como flechas.

    Me fui a comer una pizza y a la hora volví. Toqué el timbre acusando que me había olvidado las llaves. Silvana me abrió en bata porque ya estaba metida en la cama. “¿Qué pasó?”, me preguntó sorprendida. “Nada, esa hija de puta se hizo negar”, le dije con mi peor cara de amargura.

    Ella me abrazó, pude sentir el aroma de su piel suave y me excité de tal manera que sentía que me iba a reventar el pantalón. Como un acto reflejo, también la abracé, la besé en el cuello y traté de llegar a su boca, pero ella me separó bruscamente y retrocedió. “Acá no, nos pueden ver. Esto está lleno de cámaras”.

    La situación algo la enojó así que cuando entramos a la casa directamente encaró para su cuarto. Di mil vueltas en la cama. Sabía que era ahora o nunca. Ella estaba tapada con las sábanas, mirando hacia la ventana con las luces apagadas. Entré sin hacer ruido y me metí en la cama. Ella seguía inmóvil. Con mis manos le empecé a acariciar la espalda. Bajé lo más que pude y me encontré con su vagina empapada. “nooo, Marcelo, nooo, está mal”, decía mientras se retorcía entre mis manos.

    Yo estaba en calzoncillos, pero había sacado mi miembro para apoyárselo en la cola. Yo seguía jugando con su clítoris mientras con la otra mano le pellizcaba los pezones son suavidad y ella daba grititos de placer. Se llevó mi mano hacia la boca y empezó a chuparme los dejos como si fueran pijas. Movía su cintura para quedar más pegada a mi pija y frotarse la vagina.

    “Ah, pendejo, meteme los dedos, sentís lo mojada que me pusiste. Este es nuestro secreto ah, pero quiero que me metas esa hermosa pija que tenés”.

    A partir de ese momento se invirtieron los roles y empecé a disfrutar realmente de lo que tenía enfrente. Una mujer con experiencia, súper sensual que estaba muy, pero muy caliente. Me dijo que me pusiera boca arriba y me recorrió todo el cuerpo con su boca. Se detenía en las tetillas y volvía a subir hasta mi cuello. Así fue bajando por todo mi abdomen hasta llegar a mi pija. Siguió por mis piernas sin tocarla y luego volvió a subir. Ahí apenas la rozó con la punta de su lengua. Silvana me hacía desear porque sabía que tenía el control de la situación.

    Se acomodó entre mis dos piernas y comenzó a jugar con sus senos. Puso mi pija entre los dos y los movía como si me estuviera haciendo una paja. Cuando la cabeza de mi pija asomaba por la canaleta de sus tetas, la apretaba con sus labios y succionaba. No pude más y otra vez le acabé en la cara. “Vos sabés pendejo lo que a mí me gusta, dámelo ahora. Ah”. Y se tragó hasta la última gota. Yo estaba tan caliente que después de acabar mi pija no se bajó ni un centímetro.

    “Prométeme que va a ser por esta única vez”, me dijo y yo asentí con la cabeza. Ella se sentó arriba mío y se hundió la pija de un solo movimiento hasta quedar pubis contra pubis. Gemía como una gata caliente y me clavaba las uñas en los hombros. Subía y bajaba y me decía obscenidades y me pedía que le pellizcara los pezones.

    Sentí que me iba a triturar la pija cuando empezó a tener contracciones en primer orgasmo. Descansó unos minutos y se puso en cuatro patas a los pies de la cama. “¿No te gustaría meter esa pija en este culo?”, me preguntó con cara de puta y dándose palmadas en las nalgas.

    Me puse como loco y tuve que contenerme para no acabar antes de tiempo. Ella me la volvió a chupar. “Para que esté bien lubricada y no me duela”, me aclaró. Yo estaba en el paraíso. No podía creer que cogiera tan bien. Me acomodé por detrás y la penetré por el culo lo más suave que pude. No por temor a lastimarla, más bien por temor a eyacular antes de entrar. Duré apenas unos minutos y le llené las entrañas con mi semen caliente.

    Silvana se retorcía como una perra, seguía caliente y volvimos a hacer el amor dos veces más esa noche. Tuvimos un fin de semana a puro sexo. Hasta me despertó en la madrugada con una mamada increíble que disfruté casi dormido y no paró hasta dejármela seca y limpita.

    Ya pasaron seis meses y nunca más volvimos a tener sexo ni a tirarnos indirectas ni nada. Seguimos tratándonos cariñosamente como antes de llenarle el culo y la boca de leche. “Podés seguir diciéndome mamá”, me dijo después de tres días de locura sexual. Me había pedido en serio esa promesa de una única vez.

  • Vi a mi ex mujer coger con otro

    Vi a mi ex mujer coger con otro

    Mi nombre es Manuel y tengo 38 años, hace 1 año me separé de mi mujer Claudia de 35 años.

    Hace una semana yo iba caminando hacía un centro comercial y de repente vi a Claudia entrar con un hombre a un motel y caminé rápido y decidí entrar al motel. Después de pasar unos minutos y al llegar a la recepción le pregunté a la chica que estaba ahí a qué habitación habían entrado mis amigos y ella sonrió y me dijo “a la 10 en el segundo piso”.

    Decidí subir, pero por un momento me quedé en las gradas y pensé en regresar, pero mi corazón comenzó a latir muy rápido. Me acerqué a la ventana de la habitación y me di cuenta que estaba abierta, pero tenía cortina la cual aparté por un momento. En eso vi que ellos estaban desnudos y habían entrado al baño.

    Después de unos 5 minutos salieron y me asusté porque pensé que me habían visto, pero después de unos minutos y me asomé por la ventana, mi sorpresa fue que ella le estaba dando una mamada que parecía que le iba a arrancar el pene.

    Después de unos minutos él se levantó muy rápido y le dijo “ahora sí te traje lo que te dije” y me quedé a un lado de la ventana y después de un instante escuché que ella se reía y le dijo “no creo que me entre es muy grande”.

    Me asomé nuevamente a la ventana y él había sacado de una bolsa un pepino muy grande con un bote que creo era lubricante y comenzó a bañar el pepino con ese líquido y se lo tiró a la cama y Claudia comenzó a metérselo poco a poco en su cosita, mientras ella gemía muy fuerte y él se masturbaba y le decía “mételo todo”. En ese momento ella se metió casi la mitad de ese gran pepino mientras yo tenía sentimientos encontrados y también me excitaba mucho. El tipo de repente la puso a mamar mientras ella se metía cada vez más ese pepino.

    Por un momento pensé que a ella le dolía, pero se veía que lo disfrutaba mucho y después de un momento él le saco el pepino y ella comenzó a gritar cuando le metió el pene y le pedía cada vez más que la cogiera. Eso me puso a mil, pero también me dio rabia porque nunca había visto a esa mujer coger con otro.

    Después de un rato ella le pidió que le tomará fotos desnuda algo que nunca quiso hacer conmigo y él la puso de perrito y le comenzó a dar una y otra vez, parecía que a ella le gustaba mucho y ella le dijo “ahora que te cumplí tu fantasía te toca cumplir la mía”. Mientras el tipo disfrutaba de su culo él aceptó y le preguntó que quería hacer cuando Claudia le dijo “quiero que me coja otro hombre” y el respondió “quién”, ella sonrió y le dijo “me gustaría mucho con un vecino de dónde vivía antes, pero yo lo contacto” le dijo.

    En ese momento me fui del motel y me recordé que mi ex me contó una vez que un vecino la había visto desnuda una vez que en la sala de la casa se le había caído la toalla al salir del baño.

    La verdad he pensado en preguntarle al vecino si ya se cogió a mi exmujer.

  • Encuesta para putas como yo

    Encuesta para putas como yo

    1- ¿Eres puta?

    Si

    2- ¿Te gusta el porno?

    No solo los relatos

    3- ¿De cuántos centímetros te gustan las vergas?

    18 cm o más

    4- ¿Tienes novio, esposo, amigo con derechos, etc.? ¿Le eres infiel?

    Novio y si ya follé hasta con su papá

    5- ¿Cuál es tu posición favorita?

    El 69 y de perrito

    6- ¿Te gusta dar mamadas?

    Si me encanta la verga

    7- ¿Te gusta tragarte el semen?

    Si es mi desayuno diario

    8- Cuenta una fantasía sexual que quisieras realizar o que ya realizaste.

    Siempre he querido tener una orgía con la familia de mi novio

    9- ¿Tendrías sexo con una mujer?

    Si aunque sólo por placer

    10- ¿Qué tan puta puedes ser por satisfacerte?

    Muuy!!! Una vez me puse un dildo anal mientras paseaba con mi novio

    11- ¿Has tenido un squirting?

    Si solo una vez hace algunos años

    12- ¿Cómo sería tu verga perfecta?

    20 cm., depilada, gruesa y con olor a chocolate

    13- ¿Has follado por dinero o por algún favor?

    Varias veces. En secundaria le di una mamada al maestro de química para excentar

    14- ¿Cómo eres? Descríbete.

    Soy chaparrita de 1.60, buenas tetas y culo para mi tipo de cuerpo, cabello castaño, ojos verdes, y vagina rasurada

    15- Di algo secreto que nadie sepa sobre ti (no tiene que ser algo sexual).

    Una vez le di una mamada a mi padre mientras estaba borracho y él pensó que yo era la hermana de mi mamá (mi tía).

     

    Bueno fin de la primera parte espero que respondan sinceramente.

    Y si les gusta este tipo de encuesta háganmelo saber en mi correo o en los comentarios.

    Gracias por leer.

    Los y las quiere su buena amiga Vale.

    ¡¡¡Adiós!!!