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  • Nuestra amiga argentina aprovecha su nueva soltería

    Nuestra amiga argentina aprovecha su nueva soltería

    Esto que les voy a contar me pasó hace poco y al día siguiente de que lo hice, pensé en que lo tenía que publicar, y fue una de esas razones por las que volví.

    Ese día, era un viernes, me llama Pau a la mañana. Quienes siguieron lo que cuento, saben que es mi amigovia, y me dice si quería ir a la tarde a su casa, tipo 19 h.

    Obvio que le dije que sí, porque, me gusta cómo me coge, bueno, eso se lo cuento después.

    Tal como habíamos quedado a las 19 h, estoy en su casa, le toco el portero eléctrico, me abre (y el de la vigilancia, no sé con qué sistema sabe que me dejan entrar), entro, subo a su departamento, le toco el timbre, me abre la puerta y ufff, no había pensado que la cosa venía tan rápido.

    Ella estaba sola con ropa interior, cosa, que me calentó mucho (ya todos saben que soy muy bisexual), nos empezamos a besar, a tragarnos las lenguas, yo la acariciaba toda, sintiendo su piel re suave, mientras ella, me desabrocha el jean, y me lo empieza a bajar, me dejo, me gusta lo que me hacía, hasta que me baja el jean hasta las rodillas y yo solita me lo terminé de sacar me empieza a tocar, a meter los dedos en mi conchita a través de la bombacha, yo me dejo, me gustaba, gozaba, abría las piernas para sentir más sus dedos.

    Hasta que me empieza a meter la mano debajo de mi bombacha y me la baja (yo ya le había sacado su corpiño y me comía sus hermosas tetitas), yo no me podía sostener parada entre que le besaba sus tetas y la besaba a ella, Pau me metía uno, dos dedos en mi conchita, mis piernas temblando se abrían dejando entrar esos hermosos dedos en mi conchita hasta que me hizo acabar a lo bestia (venía con mucha calentura, porque hacía unos días que no me cogían y la verdad que ella, me dio mucho placer).

    La cosa es que ya las dos en bolas (como tantas veces) se pone su cinturonga, me pide que se lo chupe como si fuera una pija, le hago caso y eso me calentó bastante, después me hace poner en cuatro y me empieza a coger, primero, por la conchita e intenta meterme el cinturonga y ya humedecido por mis juguitos, más sus dedos en mi cola, para dilatarla, digo me empieza a poner el cinturonga en la cola, lo saca, me lo mete en mi conchita, yo seguía en cuatro solo disfrutando, y dejándome coger, hasta que se decide y me empieza a coger por la cola hasta que me hace acabar ¡y cómo!

    Yo enseguida, le empiezo a chupar su conchita, me meto mi lengua mis dedos, ella, me agarraba la cabeza para que me meta dentro de su concha hasta que la hice acabar.

    Pero seguíamos calientes, hicimos el famoso 69 y la tijerita y ahí sí, rozándonos las conchitas acabamos otra vez ¡y como!

    Nos quedamos un rato en la cama (ahora resumo un poco si no se hace muy largo).

    Ya no sé qué hora era, tipo 22 h, me dice de pedir algo para comer, le digo que sí, pedimos unas empanadas, las comimos y ahí viene la segunda parte, que les cuento más o menos lo que me acuerdo de lo que fue la conversación.

    Pau: nena, porqué no salimos un rato, vamos a tomar algo, que se yo.

    Yo: (y de esto me acuerdo re bien), no tengo drama, pero no tengo ni ropa para salir, y aparte no quiero quedar como dos lesbianitas donde vayamos (¡eso no me gusta!)

    Pau: olvídate, ni te voy a toca por la ropa no hay drama, yo te presto.

    La cosa es que la dos nos terminamos poniendo polleritas re cortas (más de las que uso), mucho no me copaba, pero me convenció (yo tengo el sí fácil) y así salimos, para quien nos veía éramos dos trolitas que salíamos de levante, pero nada que ver.

    La cosa, es que fuimos con mi auto a tomar algo a Plaza Serrano, nos pedimos un champú. Y la guacha debajo de la mesa me empieza a acariciar mis piernas y yo ya me estaba ¡calentando!

    Acá vale alguna aclaración, Pau es lesbiana pero a veces también coge con chicos ¡y le gusta!

    Entonces yo ya me estaba re calentando y le propongo llamar a un vecino mío (Martín, ya hable sobre él es un pendejito de 18 años que me cogió varias veces y alguna con sus amigos).

    Me dice que si, cosa que me sorprendió, serian uno ¡o más! A la una de la madrugada, lo llamo a Martín y obvio (como se había peleado con su novia y sus viejos estaban en el campo, estaba con tres amigos más en su casa). Le pregunto qué onda, que iban a hacer, me dice que nada si quería ir para allá. Le digo que estoy con una amiga y obvio me dice que no hay drama (ya se dio cuenta que nos iban a coger a la dos).

    Llegamos a la casa de Martín, ni bien entro me parte la boca de un beso y me dejo (el pendejo me puede), pero fue un beso corto, le presento a mi amiga y la verdad ya había tomado bastante con ella y en lo Martín, la verdad es que no sé cómo fue pero me acuerdo que de una nos estaban besando y tocarnos a las dos.

    En ese momento, me acerco a Pau, le parto la boca y la empiezo a acariciar sus tetas y todo su cuerpo, ella hace los mismo, me di cuenta que los pendejos no entendían nada, jamás hubieran imaginado terminar una noche así (al menos es lo que pensé).

    Resumiendo, porque la verdad lo que me acuerdo los detalles, llegó un momento en el que estábamos todos en bolas, Martín en el sofá, me empieza a coger y a Pau la empieza a coger un amigo de él mientras nos seguíamos besando y tocándonos, y los otros dos chicos como podían nos metían sus pijas en nuestras bocas.

    Al final, para mi, mientras me cogían y tenía una pija en la boca acabe de nuevo a los gritos, con mis piernas temblando ya sin importarme nada y oía como Pau también acababa.

    La cosa es que acabamos la dos, y yo (que siempre es más fuerte que mi) les empiezo a tocar las hermosa pijitas de los pendejos hasta que estaban re paraditas, Pau y yo, nos metemos esas pijas en la boca, mientras nos tocábamos, acabamos las dos juntas mientras nos chicos nos llenaron la leche la cara y la boca.

    Y como siempre, nos fuimos las dos juntas al baño y nos lavamos las bocas, fuimos al living, nos empezamos a vestir (los chicos hicieron lo mismo) nos quedamos un rato.

    En el viaje de vuelta le decía a Pau, que me re calentó ver como se la cogían y ella gozaba, y no me decía nada.

    La verdad que para mí la juega de re lesbia, pero la pija le gusta más que a mí.

  • Un agente especial

    Un agente especial

    ‘Te propongo una noche, inenarrable, irrepetible, inolvidable, infinita en nuestro mundo, la carne es débil, la mente es perversa, desafía mi alma, mi cabeza, mi mundo’.

    Daisuke pisó el último escalón que lo llevaba a la puerta de apartamentos de Ken y la inusual conversación que había tenido con él horas antes se le olvidó de repente, solo esa frase indecente previo al juego sexual era lo que se repetía en su cerebro, La anticipación a todo hizo que su corazón tartamudeara mientras caminaba hacia la puerta de su chico, estaba abierta, de repente recordó que él le estaría esperando en su cuarto, solo, sin nadie, estarían solos sin ninguna compañía, mientras todo el mundo estaba teniendo diversión esa noche, ellos la tendrían a su manera, jugando al chico oficial y el chico estudiante, otra fantasía más de los dos y esta vez, los dos tenían ganas de sexo, mucho más por parte de Ken en esta ocasión.

    A pesar de la experiencia con disfraces y cosas inusuales entre los dos, se aflojó nerviosamente la corbata ya que llevaba puesto su uniforme de secundaria ataviado con un pantalón oscuro y una camisa blanca, todo esto impuesto por un deseo de Ken.

    Llamó vacilante a la puerta de la habitación de Ken descubriendo una placa en la que leyó el apellido y nombre de Ken; «Oficial Ken Ichijouji»

    -Puedes entrar -instruyó una voz profunda, Daisuke sintió calor en su estómago cuando abrió la puerta y entró.

    -Cierra la puerta y cierra las persianas -ordenó Ken con un gorro de policía adornando su cabello oscuro que estaba detrás del escritorio, Daisuke excitado y nervioso, tragó saliva y obedeció.

    -Sí, señor -Susurró.

    -¿Qué dijiste? -Reprendió Ken ahora vestido con la prenda de vestir que usaría en un futuro, por ahora era solo un disfraz, pura diversión, puro entretenimiento para complacer los deseos de la carne.

    -Sí, señor oficial -respondió más fuerte esta vez. Después de cerrar la última de las persianas, caminó hacia el frente del escritorio y se arrodilló, con la cabeza hacia abajo. Se quedó quieto por unos minutos mientras Ken jugaba con el silencio, haciendo subir la excitación por momentos, el corazón de Daisuke latía más que de costumbre, a pesar de querer hacer también esto, Ken imponía muchísimo con sus ojos y sobre todo con su cuerpo, y esa noche, el traje de policía que llevaba le hacía todavía más atractivo y sobre todo más deseable sexualmente, sobre todo si usaba ropa casi de látex por las partes de sus pantalones, sus nalgas eran demasiado prominentes y su cuerpo bien formado se podía entrever por la tela del uniforme, una verdadera obra de arte era Ken cada día y esa noche, era un Dios del disfraz.

    Acabando de finalizar con el silencio y teniendo a Daisuke, el lider, el que manda, enfrente de él arrodillado, finalmente se puso de pie y caminó alrededor del escritorio para pararse junto a la figura arrodillada, sus ojos recorrieron a Daisuke, pero su rostro se mantuvo sin emociones.

    -Quítate la camisa y la corbata -Gruñó el policía Ken, la polla de Daisuke se contrajo y comenzó a endurecerse mientras se quitaba la camisa y corbata, se tomó su tiempo con los botones, a mitad de camino escuchó a Ken resoplar con impaciencia, algo inusual en él y miró para ver la parte delantera de los pantalones del señor policía, su polla estaba medio duro, dispuesto a atacar, ante eso, Daisuke aceleró, prácticamente arrancándose la camisa. Cuando su torso finalmente estaba desnudo, el señor policía asintió con aprobación y agarró la corbata de Daisuke al suelo. Luego tiró de sus brazos hacia la espalda y le ató la muñeca y los antebrazos, haciendo que el pecho de Daisuke se arqueara hacia afuera, este dejó escapar un pequeño gemido y Ken quedó un poco helado.

    -No te di permiso para hablar -Volvió a gruñir mientras levantaba un puntero de madera. Lo dejó caer sobre los anchos hombros de Daisuke y este se mordió el labio inferior para no gritar. La cara de Ken el policía se suavizó y le dio un suave masaje en la piel roja.

    -Levántate -ordenó una vez que terminó de atarle y Daisuke se puso de pie, con cuidado de no perder el equilibrio. Ken hizo que se apartara del escritorio y comenzó a pasar sus manos por su pecho bronceado y musculoso.

    -Tan hermoso, tan mío, lo sabes, lo sabemos -murmuró Daisuke a pesar de ser un tío fuerte se sonrojó y mantuvo la cabeza baja, esa noche la esencia de Ken imponía, y más cuando este último se quitó la corbata de su uniforme y la sostuvo. Daisuke lo entendió y obedientemente abrió la boca, dejando que Ken le metiera la corbata y atara un nudo firmemente detrás de su cabeza.

    -Ahora puedes hacer tantos ruidos en la mordaza como desees pero no te muevas a menos que yo te lo ordene -Le explicó, Daisuke gimió sin querer cuando los ágiles dedos del señor policía se pellizcaron con sus pezones. Su polla ya estaba completamente dura ahora, y luchó para evitar que sus caderas se sacudieran hacia adelante cuando Ken como policía comenzó a usar su boca para chupar y morder los pezones endurecidos, luego inclinó la cabeza de hacia atrás y lamió una raya por la garganta expuesta. Los ojos de Daisuke se pusieron en blanco y gimió de placer cuando el oficial Ichijouji chupó y lamió su piel, sus manos palparon la erección del chico guapo de Daisuke a través de sus pantalones y este jadeó cuando le mordió la piel dejando un rastro de moretones comenzando desde su cuello y abriéndose camino hacia abajo. Una vez que llegó a la cintura de los pantalones de Daisuke rápidamente desabrochó la cremallera y tiró de los pantalones y los boxers con un tirón, liberando la polla de Daisuke para que se apoyara contra su estómago, este último se quedó sin aliento y miró hacia abajo mientras que aquel atractivo policía presionaba besos húmedos contra el pliegue en el interior de los muslos, un pulgar subió y deslizó la hendidura de la polla de Daisuke, limpiando los evidentes signos de presemen. Un fuerte gemido sonó a través de la mordaza, y Daisuke se olvidó de sí mismo, instintivamente moviendo sus caderas en la mano del policía, pero por incomodidad, Ken se levantó y frunció el ceño con desaprobación. Daisuke gimió en tono de disculpa, pero el señor policía ya lo estaba obligando a ponerse de rodillas.

    -¿Por qué parece que tienes problemas para obedecer incluso las órdenes más simples? -Ken el policía le reprendió, agarrando de nuevo el puntero de madera. Él tiró de la boca de Daisuke con brusquedad.

    -Cuando te dé una orden, espero que la sigas, ahora soy YO quien te da las órdenes -de nuevo gruñó en voz baja a su oído, se enderezó y levantó el puntero.

    -¿Ha quedado claro?

    Daisuke asintió un poco. El señor oficial colocó el puntero sobre su espalda y Daisuke dejó escapar un grito ahogado.

    -Di «Sí, oficial Ichijouji» pero exprésalo con sentimiento, como siempre lo haces, quiero sentirlo, saber que lo dices de verdad

    -Sí, señor oficial Ichijouji -gritó cuando el puntero le golpeó la espalda, su polla se contrajo

    -Otra vez -Ordenó bajando el puntero con una fuerte palmada.

    -Sí, señor Oficial Ichijouji -contestó quejándose a la misma vez; el otro chico tiró con fuerza el puntero sobre su espalda dos veces más.

    -Buen chico -le elogió mientras se arrodillaba, acariciando la mejilla de Daisuke y este gimió, su polla palpitaba y goteaba más presemen .Ken desató su propia cremallera a toda prisa y liberó su propia polla que goteaba. Agarró a Daisuke con fuerza por el pelo y tiró de su hacia su polla.

    -Vas a beberte todo mi amor, ¿verdad? -siseó cuando Daisuke abrió la boca para aceptar su polla. Tomando la mitad de la polla en su garganta, zumbó de acuerdo, haciendo que el señor policía echara su cabeza hacia atrás con éxtasis y gimió, la lengua de Daisuke giraba alrededor de la cabeza de su polla.

    -Sí, sí -gruñó empujando sus caderas, un escupitajo obsceno venido de su boca obscena se escurrió en la mandíbula del trabajo rápido de Daisuke quien al verse sorprendido ante tanta saliva de más, trató de no vomitar alrededor de la gran polla de Ken, De repente, se adelantó, la nariz de Daisuke se topó con su vello púbico y se retiró rápidamente, envolviendo una mano firmemente alrededor de la base de su propia polla.

    -Quiero entrar en ti, estudiante con cara y cuerpo de pecado, tenés 2 minutos para abrirte -dijo Ken súper ansioso agachándose para deshacer las ataduras.

    Daisuke se levantó de un salto y envolvió una mano alrededor de su propia polla erecta. Ken no le había dado permiso para correrse todavía, y corrió al otro lado del escritorio para tomar una botella de lubricante de uno de los cajones inferiores. Rápidamente regresó y se recostó sobre su espalda, inclinando sus caderas hacia arriba y extendiendo sus piernas para exponer su agujero fruncido.

    -Eres un estudiante con un culo súper bonito, quiero que lo sepas -suspiró el señor policía, acariciándole mientras observaba.

    Daisuke jadeó con una mano agarrando su polla mientras pasaba un dedo alrededor de su agujero antes de trabajar dentro. Sus caderas se levantaron mientras silbaba ante la sensación de estar lleno, agregó uno, luego el segundo y luego rápidamente, un tercer dedo, empujando hacia ellos con entusiasmo. Extendió las piernas lo más abiertas que pudo, levantó las caderas y cortó dos dedos para mostrar su agujero estirado, goteando con lubricante. Gruñendo, los ojos del señor policía recorrieron el cuerpo de Daisuke de manera posesiva, su pupila se abrió de par en par con la excitación.

    -Inclínate sobre el escritorio -Le ordenó perdiendo todo atisbo de razón humana, al igual que Daisuke que obedeció rápidamente, apoyando sus manos en el escritorio y sacando su pequeño y alegre trasero, Ken se desabrochó rápidamente el cinturón, dejó caer sus pantalones y boxers hasta el fondo y metió la corbata en la boca de Daisuke otra vez porque con los gemidos, aquello había caído al suelo.

    -Quédate quieto -Le ordenó ahora, alineó su masculino miembro viril con el agujero perfecto de Daisuke, pero este gimió y retrocedió. Con severidad, el atractivo policía dobló su cinturón por la mitad y azotó brutalmente Daisuke con él, él sollozó, y aferró su polla para evitar que llegara cuando el dolor del placer fue directamente a su polla.

    -Maldita mierda. Quieres mi polla dentro de ti, ¿verdad? -Acusó el Señor policía mientras golpeaba la espalda de Daisuke, volviéndola roja, este gritó en la mordaza.

    Ken volvió a alinear su polla y empujó con un gemido gutural, Daisuke echó la cabeza hacia atrás, con las manos agarrando el escritorio y apretando el culo alrededor de la deliciosa polla señor policía y este golpeó a Daisuke contra el escritorio, sus empujes fueron más fuertes cuando este último se apretó más alrededor de él. De repente, Daisuke soltó el gemido más sumiso de toda la noche, y Ken ante ese ruido tan sensual se volvió un tremendo animal, mordiendo la carne del hombro de su chico y calentándose dentro de su culo, se perdió en el éxtasis, pero aun así logró el clímax y correrse con su único y mejor amigo, haciendo que Daisuke se corriera por todo el frente del escritorio con un grito ahogado. Los dos cayeron jadeando y sin huesos al suelo, y Ken sacó de nuevo su sensual miembro, Se puso de pie temblorosamente y agarró el Kleenex para limpiarse. Se puso de nuevo y agarró una corbata nueva antes de sacar algo de un cajón cerrado y caminar de regreso para ser feliz con Daisuke carnalmente, y este se puso de rodillas con cansancio y se inclinó hacia el suelo, con el culo levantado, esperando al atractivo policía quien de regreso reveló un tapón de silicona en su mano. Inclinándose, lo metió en el agujero de Daisuke para evitar que el semen se escape.

    -Levántate a cuatro patas-. Habló con brusquedad y Daisuke se levantó rápidamente, gimiendo por la sensación del tapón en su culo. Ken lo agarró por su cabello pelirrojo y empujó su nariz hacia el semen en el escritorio.

    -Lámelo todo y si queda un solo lugar sucio te ataré para que estés completamente indefenso, y luego te azotaré todavía más -La polla cansada de Daisuke se contrajo en un esfuerzo valiente, y él asintió con la cabeza en respuesta, Ken le quitó la mordaza y caminó alrededor del escritorio para volver a sentarse y simplemente observar, nada más increíble y excitante que ver a Daisuke, el líder y hablador de todo el grupo de amigos estando en silencio como un perfecto sumiso catando sus órdenes más sucias y Daisuke por su parte comenzó a rodar con impaciencia en el semen seco sobre la mesa como un perro ansioso por su cena.

    Después de limpiar el escritorio y el suelo sin manchas, se sentó sobre sus talones y esperó. Ken finalmente se levantó y caminó para inspeccionarlo. Él asintió con aprobación y acarició con afecto el lado de la cara de Daisuke

    -Buen chico. Vuelve a ponerte la ropa y podremos irnos -ordenó a continuación. Daisuke sonrió y se levantó. Se preparó rápidamente y ya se iba a ir de la casa de su chico cuando este se acercó a él, le dio un ligero beso en la comisura de la boca y le dio un masaje en la espalda.

    -Gracias, Daisuke estuviste impresionante como siempre, sonrió, su voz amable y calmada volviendo a su ser

    -Tú también has estado impresionante

    -Estas bien ¿te molesta la silicona para andar? puedes descansar un poco si lo necesitas.

    -Está perfecto

    -Me sube la temperatura corporal saber que vas a tener semen dentro de tu ano tapado con un tapón mientras estemos con todos

    -Y a mi me pone más cachondo que ahora vuelvas a ser ese chico recatado, amable y respetuoso después de lo que me acabas de hacer, eres una bestia sexual

    -Tú me incitas a serlo

    Un dulce beso selló sus labios y salieron juntos para juntarse con el resto de amigos, la noche de Halloween transcurrió de forma amigable y especial pero los ojos de Ken no podían despegarse del culo de Daisuke al saber que una gran cantidad de semen estaba atrapado felizmente en su ano tapado con un simple tapón, permaneció en su actitud relajada y servicial pero por dentro el deseo carnal seguía subiendo a medida que veía a Daisuke andar, por supuesto, en algún lugar recóndito de la noche, ese semen aprisionado fue liberado, y todo por una simple razón, el dulce rostro sumiso y enérgico de Daisuke.

    Las pieles se mezclaron y explotaron de nuevo los sentimientos y el corazón, otra vez.

  • Nunca tragué y probé tantas leches

    Nunca tragué y probé tantas leches

    Paso a contarles lo que me paso el finde pasado. Resulta que empecé a hacer gimnasia ya que se viene el verano y quiero estar en buena forma para hacer playita y así mostrar y usar mis habilidades.

    A la hora que voy hay una práctica de fútbol al costado de la sala de Pilates. Muchas veces me siento muy mirada por los chicos pero no me molesta. Mi pensamiento personal es que si me miran es porque logro mis objetivos.

    Igual yo a lo mío y a practicar que papi me da una rica cogida cuando llegó a casa como ya saben.

    El problema fue cuando un día entrando al gimnasio me pega una pelota y yo media molesta le pego una patada y le doy un pelotazo en la verga del que la viene a buscar. Ja! tan fuerte que el pobre quedo doblado mientras sus amigos se reían.

    Pedí disculpas y entre con mucha lastima y preocupada.

    Tanto que me puse a mirarlo y lo seguí al vestuario para ver si se sentía bien. Entramos a la sección de duchas y le pedí mil disculpas. El seguía agarrando sus partes. Tal mi preocupación que les dije que me mostrara que no tuviera vergüenza.

    En realidad ya en mi cabeza comenzaban pensamientos cochinos.

    Como él me decía que no pasa nada que me quede tranquila acudí a bajarle la bermuda lentamente.

    En eso descubro su pija y veo que no es muy grande pero linda y gordita. Se la agarro lentamente y le pregunto si le duele. “Un poco”, respondió el y mirándome con una cara de alzado…

    “Mmmm creo que funciona” le digo riéndome ya que se empezó a endurecer poco a poco.

    “Tendríamos que probar” me dice él.

    Me agache y mirando su cara acerque mi boca para darle unos besitos y humectarla con mi lengua.

    Mmmm tenía un gusto rico y un poco de olor a transpiración que me ponía hot.

    Comencé a chupar y hacer círculos con mi lengua como tanto le gusta a mi padre.

    Él estaba como loco y su pija crecía más y más dentro de mí. Me agarro la cabeza y me empezó a embestir un poco fuerte haciéndome lagrimear un poco porque me rozaba la garganta. E incluso a veces la sentía en mi cuello. Igual mi conchita hablaba por mí y se mojaba poco a poco sin siquiera tocarla.

    Luego de una rica chupada me incorporó y me da vuelta, me arrodilla y me baja la calza como desesperado. “Que me vas a hacer” le digo.

    Me corre la tanguita y me la mete de una y hasta el fondo tan fuerte que se me escapó un grito.

    Que ricooo! comienza a comerme la conchita y agarrarme las tetas ¡ay dios me hizo correrme toda! Siento su respiración agitarse más y más hasta que me la saca y me eyacula en la entrada de mi culito.

    Me siento en el banco cansada y en ese momento entran sus amigos. Intento subirme la calza pero ya era tarde.

    “Apa -dijeron algunos- te ganaste la copa Jorgito”.

    “Déjenla” dijo él. A lo cual yo dije “mira que me se defender sola”.

    “A si mira que aguantamos” dijeron.

    “Cuanto aguantan” les digo mientras me le acercó al que parecía el más gallito y le agarro el paquete por arriba del short.

    “Ay que sos atrevida” dijo. En eso me agarra la cosa y me dice que estoy divina.

    “Que tienen para darme. Quieren que los duche?”

    Las caras de felices no me olvido más, que puta soy. Se empezaron a sacar la ropa y me desvistieron en 10 segundos.

    Ahí estaba yo con 6 totales desconocidos que se me abalanzaban tocándome todo.

    Comencé por arrodillarme y chupar la primera verga que se me acerca. Mientras otro se me enfila para comerme la concha, me la mete despacito y con delicadeza mientras tocaba mi culito lleno de lechita de Jorgito. Otro comenzó a meterme el dedo empujando la leche mientras mi culo se abría poco a poco.

    Cambie de verga y me agarro la de un negro que me dio muchas ganas de tenerla toda en mi boca y hacerla acabar rápido para ver el contraste de su leche con el color su piel. Algo que siempre se da mucho morbo con los negros.

    “Mmm si quiero la leche de todos a ver si es verdad que aguantan”.

    Me agarra uno y me sienta arriba de el que se encontraba acostado en el piso. Empiezo a cogerlo todo y otro me la empieza a meter en mi culito “ay que rico soy feliz”. Yo seguía gozando y chupando toda verga que se me acercaba.

    En eso siento la primera embestida de leche en mi boca que trague toda. Seguido de eso me eyacula el culo y así seguía la ronda cambiando verga por verga tomando y tragando leche por la concha boca y culo. Que rico por dios. Me eyaculan y no los suelto, escupo un poco de leche sobre mis tetas y las froto por todo mi cuerpo. Seguí así aunque estaba re cansada y con el cuello acalambrado de tanto chupar. Ya me dolía un poco el culito pero no quería dar el brazo a torcer. Me los a cogí todos, estuvo muy rico y nos duchamos juntos.

    Me vestí y me fui a lo de mi amiga Nati para que papa no se dé cuenta y se ponga celoso. Mi culito seguía abierto y largando lechita…

  • El vecino también comió

    El vecino también comió

    Mi querido hermano se había casado hace unos tres años con Milena toda una hembra de 38 años de cara bonita, tez blanca, paisa, nacida en Manizales, algo bajita con sus 1.66 cm, pero menudita con buenos pechos, pero sus caderas eran su mayor atractivo y me habían propinado unas muy buenas pajas o masturbadas en su nombre, y yo con eso me conformaba más que ella era 20 años mayor a mí en edad, pero me consolaba que yo era más grande en altura y que seguro le daba la talla a mi cuñada Milena.

    Para ese entonces mi hermano no sabía de mi deseo por su esposa Milena y ella pues me veía a mi como su hermanito por lo que me trataba con mucho cariño, lo que disfrutaba mucho, pero un día estando en la finca de la familia en un asado que organizo mi hermano con Milena, unos amigos de ellos, surgieron unos hechos que cambiaron el rumbo de todo.

    Ese día Milena tenía un vestido de baño de dos piezas blanco que como de costumbre me permitía detallar y deleitarme con su cuerpo y en esta oportunidad como algunas otras me hacia la paja mirándola desde dentro de la piscina estando en el borde de la misma mirando a mi cuñada Milena, y estando en esas solo en la piscina no sé porque Milena de repente decide ingresar a la piscina y yo con semejante erección en las profundidades de la piscina rogando que no se acercara en un principio.

    Pero Milena estaba ya estaba tomada con los aguardientes que había bebido y por eso la locura de meterse a la piscina a bailar a su vez al ritmo del reggaetón, por lo que me senté en unos escalones de la piscina admirando el show de Milena muestras mi hermano seguía distraído fuera de la piscina, por lo que no se percató como ya morboseaba a Milena y de repente el destino se confabulo conmigo y mi querida cuñada no se dio cuenta de los escalones de la piscina y se resbaló cayendo sentada en mis piernas alborotando no solo mis hormonas sino mi verga que se levantó con vida propia, rígida como si dijera “Bingo”.

    Aunque trato de levantase Milena rápido instintivamente mis manos la tomaron de las caderas para no dejar que sus caderotas se despegaran de mi erección pero escuche “Hey! Camilo por favor” y la solté parándose ella y saliéndose rápida de la piscina mirándome con despreció y yo congelado mudo totalmente sin saber que hacer o decir, pero lo cierto es que esa noche dormí fantaseando más con Milena y feliz.

    A la mañana siguiente me levante a desayunar e increíblemente en la mesa Milena me saludo como si nada al igual que mi hermano y sus amigos, súper! Pensé yo, pero las ganas aún estaban y ya no sabía cómo actuar, si igual que siempre o ser más atrevido. Pero la duda se me resolvió más tarde cuando encuentro a mi hermano Andrés con otra niña escondidos en el garaje teniendo sexo, le estaba poniendo los cachos a mi cuñada Milena por lo que saque mi celular para grabarlo.

    Más tarde cuando salimos al pueblo con mi hermano a solas le puse el tema de su infidelidad reaccionando airadamente y negando todo, pero yo le dije: “Hermanito yo sé lo que vi y además tengo un vídeo” a lo que me contestó rápidamente; “Que quieres?” y por supuesto era la oportunidad perfecta para sacarle dinero pero preferí contestarle: “Hermanito solo quisiera quitarme estas ganas locas de metérselo a Milena” año que freno el coche en seco y mirándome sorprendido me respondió; “Estas hablándome en serio?” y yo le dije; “Si si por favor déjame gozar de Milena”.

    Mi hermanito se quedó pensando y me dijo; “No sabía que te gustaba mi esposa tanto pero es mucho mayor” a lo que le respondí; “Vamos yo sé que está mal, pero tú también le estas poniendo los cachos y la estás pasando bueno con la otra chica porque no me dejas pasarla bien con tu esposa” y después de un silencio me dice tratando de persuadirme “Pero Camino, Milena no va aceptar” a lo que le respondí; “No tiene que saberlo, se me ocurre un plan” el cual se lo conté y al final me dice; “Hay! Camilo que malo eres pero voy a pensarlo y te aviso”.

    Llegada la noche estaba con un vecino llamado Tato que había invitado jugar Xbox y hacia la 12:00am mi hermanito entra a mi cuarto y me interrumpe diciéndome “Chino está listo? Porque prepárese vaya a nuestro cuarto en 10 minutos, voy a dejar sin seguro” No me dejo ni masticarlo y Tato me pregunto; “Que pasa” a lo que respondí; “Venga pero chito”.

    Entonces sigilosamente entramos al cuarto en penumbra al cuarto de mi hermano Andrés y Milena ocultándonos en el baño, y veo que hábilmente mi hermano sigue mi plan y se coloca una máscara de payaso y empieza seduciendo a mi cuñada Milena, la cual le sigue el juego a mi hermano dejando que la despojara de sus prendas y al rato comienza a follarla lo cual me iba volviendo loco de lujuria al igual que Tato que en silencio solo miraba y pasaba saliva, cuando de repente se levanta de encima de Milena dirigiéndose al baño donde estábamos y me dice; “Bueno chino le toca pero póngase el condón. Y que hace este man acá?” a lo cual no me deja ni responder y dice: “Hágale rápido más bien lo espero a fuera!”.

    Salí del baño con la máscara, Milena ya estaba quedándose dormida y como un animal que ve a su presa ataque en segundos estaba encima de Milena y de un envionaso le hundí mi verga, que su grito fue evidencia de mi entrada en ella, pero aunque me dijo Milena: “Espera, espera calma”, pero mi euforia era tal que solo causaba más ganas y seguía dándole y castigándole con toda las ganas tomándola con fuerza mis manos no solo sus pechos sino los muslos, yo sudaba como caballo encima de Milena por el ímpetu que le metía al empujar una y otra vez mi verga en lo profundo de sus caderas, lo que me hizo decir balbuciendo “Yupi, Yupi” ella sin embargó ya estaba dominada por mis embestidas y estaba poniéndose regida con sus ojos exorbitados con las pupilas blancas le había ocasionado yo un orgasmo a Milena, la había poseído era mía y yo aún agitado pero ya desganado me retire de encima de Milena que estaba como vaca muerta tendida en la cama, y Tato con la verga erigida como bandera me pidió la máscara y yo sin pensarlo se la di y al rato solo escuchaba gritos de Milena diciendo “Basta! Basta!” que luego nuevamente cambiaron en gemidos agudos que excitaban a más y mas

    A la mañana siguiente temía por salir del cuarto no sabía si nos habíamos delatado hasta que golpeo mi hermano y alterado “Milena me pillo esta mañana” y yo conteste; “Como así?” en ese momento llego también Milena hacerme el reclamo enfurecida insultándome “Como te atreviste? Pervertido malparido!” y a lo que le respondí; “Cálmate bien si” y Milena comenzó a pegarme totalmente descompuesta hasta que mi hermano la agarro y también le decía; “Tranquilízate vas a despertar a todos” a lo que añadí; “Pero Milena tuviste tres polvos y dos últimos polvos fueron orgasmos porque gemiste rico” a lo que pregunto mi hermano “Como así? Camilo te jodiste a mi mujer dos veces?”

    Ups! Para ese momento caí en cuenta que la había embarrado, y con temor pero orgullo también remate contestando; “No! la verdad es que yo te monte Milena después de mi hermano y luego aprovecho el vecino Tato” a lo que ya Milena se derrumbó en llanto y decía “Como fueron capaces de hacerme esto, no puede ser” por el contrario mi hermano reaccionó pegándome un puñetazo, y tratando de tranquilizar a Milena mi hermano Andrés le decía mirándome; “Mile perdona pero calmare igual se protegieron” a lo que respondía yo ya con rabia por los golpes e insultos y con morbosidad mirando la reacción de mi cuñada mi Milena le confesé; “No Tato no uso condón y yo tampoco“ y segundos el rostro de Milena reflejo su dolor mientras mi hermano se lazaba a pegarme nuevamente y con sionismo añadí; “Por eso tuviste los dos orgasmos por dos chorros que vaciamos en ti Milena” y pun! Recibí mi otro puñetaazo y entonces añadió mi hermano Andrés lleno de cólera en sus ojos pero solo se limitó a decir; “Salgan a desayunar que no quiero que se entere nadie y dejamos esto en el olvidó”.

    Milena solo salió corriendo en llanto a su habitación, y yo respire con una sonrisa cínica salí a desayunar.

  • Mauro y Zigor follando en serio

    Mauro y Zigor follando en serio

    Lorenzo hacía como cuatro años que venía a ver a su abuela. En ese tiempo, su abuela Juliana vivía en una casa muy vieja del pueblo que tenía medio prestada, porque pagaba el supuesto alquiler con trabajos en verano cuando venían los dueños. Ya estaba cansada de estos servicios, que a veces resultaban onerosos, coincidiendo en que conoció a Fabián. Lo conocía de verlo alguna vez, porque Fabián, mi abuelo, vive a las afueras del pueblo, a unos tres kilómetros. Se encontraron cierto día en el supermercado y a Juliana se le cayó la compra. Fabián la recogió, la cargó en su camioneta e hizo entrar a Juliana para llevarla a casa.

    Desde ese día Fabián iba a verla con frecuencia y unas veces ella le invitaba a café o a una cerveza y otras él la sacaba a pasear. De ahí pasaron a los besos cariñosos cuando se encontraban y por fin se enamoraron. Lorenzo fue testigo del enamoramiento de Fabián y Juliana desde que ambos habían cumplido 66 años, porque antes lo llevaban todo muy oculto. No tenían inconveniente civil para casarse, pero ambos se habían cotizado bien para tener una buena pensión y casarse les iba a poner la situación económica complicada. Así que decidieron casarse en secreto y el testigo fue Lorenzo. Recuerda Lorenzo que, mi abuelo le hizo tomar una cerveza el día que ellos se prometieron ante Lorenzo. Luego le hicieron brillar sus ojos con champaña. Como en la comida había tomado bastante vino se había puesto parlanchín y declaró a su abuela ante mi abuelo que era gay, que le gustaban los chicos. Y mi abuelo le dijo: “Adelante, hombre, cada uno es como es, a los demás qué les importa”. Su abuela añadió: “Ahora te voy a querer más para que te convenzas que eso no es lo que me preocupa en ti, tampoco me parece algo malo”. Por eso Lorenzo iba siempre que tenía ocasión. Allí con ellos se encontraba libre y salía al pueblo a conocer gente y a hacer amigos.

    Dos de los amigos que me presentó a los tres días de estar con él fueron Zigor y Mauro, dos chicos de su edad, que parecían mayores. Guapos no eran, feos tampoco, pero nadie se pararía a mirarlos. Dos chicos que estaban musculosos del trabajo en el campo, poca formación, pero de pequeños habían ido al colegio y sufrieron por su timidez debida a su homosexualidad, caso psicopatológico o psicopatético de quien no tiene posibilidad de defensa ni en su familia, pero aprendieron poco. Más sabían de la vida, de cómo custodiarse y cómo darse satisfacción sin que los demás se enteraran. Ellos vivían cerca y podían sortear todo tipo de sospechas. Se iban a follar a un corral de animales y entre los dos se desahogaban con masturbaciones, mamadas y algún intento de penetración. Me pareció tan patética la situación que me contaron, que le dije a Lorenzo:

    — Casémonos cada uno con uno y que dejen de sufrir. ¡Joder, qué putada de vida han tenido estos…!

    Cuando les dije que yo podría haberme dejado follar por mi padre delante de mi madre, pensaban que yo estaba loco por decir tales mentiras. La verdad es que no lo intenté nunca, pero podría haberlo provocado, pues conociendo a mis padres, sé que se hubiera realizado, pero medí que las consecuencias serían imprevisibles. Todo esto les expliqué. Lorenzo para que me creyeran les decía: “Es filósofo, es sabio”. Y ellos estaban atemorizados no de mí sino de que alguien supiera lo que ellos hacían para darse un besito y tocarse sus pollas y sus nalgas, ¡joder! ¡que no se atrevían a nada más! Yo ni fui ni soy un revolucionario, pero estas cosas me jodían mucho. Lorenzo lo notó y me tranquilizó con la finalidad de arreglarlo.

    Tras explicarles que eran libres de ser como quisieran, les pregunté a Mauro y a Zigor qué pensaban hacer para no estar escondiéndose de los demás. Los chicos no sabían qué hacer y convine delante de ellos con Lorenzo que teníamos que organizar una orgía en nuestro altillo, que era muy ancho para nosotros cuatro y ya lo teníamos limpio. Le añadí:

    — Los cuatro somos mayores de edad; hay que sacar a nuestros amigos de su aturdimiento, han de saber lo bien que se pasa y lo bueno que es tener sexo y vivir juntos los que se aman.

    — ¿Crees que ellos se aman?, preguntó Lorenzo.

    — Míralos —dije yo señalando—, están asustados, cogidos de la mano, no se abrazan porque nos temen, tú y yo nos los hemos llevar a casa, hacer delante de ellos lo que hacemos habitualmente, sin forzarles y verás cómo responden adecuadamente. Los pobres están que no se aclaran, no saben más, no atinan a adivinar si es bueno o malo y piensan que es malo porque los demás podrían amenazarlos.

    Yo iba hablando para que ellos entendieran nuestro razonamiento y se volvieran atrás antes de comenzar a que todo funcionara como lo tenía previsto. Por una parte estaba su libertad y por otra su temor. Dos cosas no fáciles de conjugar. Era necesario eliminar el temor, el miedo que les había invadido desde siempre y presentarles la libertad, la confianza, la alegría de ser como somos.

    Ese día dejamos pasar la oportunidad y quedamos en juntarnos al día siguiente. En la noche hablé con la abuela y le expliqué lo de los dos chicos. Ella entendió del todo porque, sin ser lo mismo, su relación con el abuelo tuvo que meditarla varias veces y pensar bien las cosas, hasta que se decidió por un sí y por un sí, porque el no es negativo. Además ella quería vivir su libertad y su amor, no lo que opinen los demás. Le dije que al día siguiente vendrían a casa y los llevaríamos al salón de arriba.

    — Y ocurrirá lo que pasa, ¿no es así?, dijo la abuela.

    — Así es, respondí.

    — Si la cosa no sale muy bien y no se distienden, me avisas y yo les hablaré, propuso la abuela.

    — Pensaba si podríamos merendar aquí los cuatro contigo, hacernos Lorenzo y yo los frescos, contarte cosas nuestras y tú nos aconsejas como sabes hacer, ¿qué te parece, abuela?, le dije mimoso.

    Lorenzo asomó por la puerta, diciendo a gritos:

    — Ya te camelas a la abuela.

    — Lorenzo, aceptaste que yo me uniera a tío Fabián, Joel, apenas saberlo, lo aceptó de buen grado, ¿cómo no voy a seros útil cuando queréis ayudar a dos amigos vuestros?

    — ¡Cuestión zanjada!, exclamé.

    Entonces, Lorenzo se me echó al cuello y comenzó a besarme, a meter mano dentro de mi short y yo hice lo mismo…

    — ¡Eh, eh, eh!, ¡cochinadas en mi cocina, no!, ¡ni el gato! Hale, iros a vuestro cuarto y jodeos cuanto queráis…, protestó con razón la abuela que nos lo soportaba todo, pero era necesario poner orden.

    Claro, cuando Lorenzo estaba solo podía hacer todo lo que quisiera, pero no se desnudaba, no tenía sexo en casa con nadie, no hablaba groserías ni palabras obscenas, pero se juntó conmigo y su lengua se desató como una jauría de caninos, andaba desnudo por la piscina, iba a la cocina con tanga. ¿Lo aprendió de mí? De ninguna manera, se atrevió a hacerlo solamente porque tenía compañía de ayuda. Antes, ni se le ocurría permitírselo, aunque lo quisiera.

    Habíamos quedado a las 4:00 de la tarde, se presentaron puntuales y sin respiro. Les salió a recibir Lorenzo, por supuesto que se sorprendieron, porque iba con una de las tangas que compramos, blanca, semi transparente, mínima cobertura y pelusilla de pelos asomando por las tres partes. Se miraron entre ellos y medio sonrieron, ya fuera por la tanga o por la pelusilla. Yo estaba al comienzo de la escalera observando. Cuando me vieron con mi tanga rosa, volvieron a sorprenderse. Lorenzo les explicó que por casa íbamos así, al menos ahora que hacía calor. Los presentamos a la abuela, los besó muy cariñosamente y nos dijo:

    — Subís a vuestra guarida, dentro de un rato estará la merienda lista, os llamaré y luego seguís en lo vuestro.

    Los hicimos subir a nuestro cubil y allí nos disponíamos a conversar, pero les invitamos a quitarse la ropa y quedarse en ropa interior. Mauro iba con un slip de corte alto y Zigor con un bóxer recto de tela común, corte recto y alto. Ambos tenían algo de pelo en el pecho y en las axilas a rebosar. Zigor era melenudo, recogía su pelo con una cinta, no estaba grueso y tenía varias cicatrices como arañazos de ramas de árbol; era muy delgado. Mauro era más entrado en carnes, aunque no grueso, se le notaba robusto, pelo en el pecho y axilas y un reguero tupido de pelillos llegaba a esconderse en su slip. A mí me parecían dos piezas tal para cual y más para lo que se presentara, y me gustaban.

    Se sentaron juntos encima de una banca ancha sobre la que había una manta. Todos los muebles eran improvisados. Sabían que venían a observar y a aprender.

    Nuestra cama estaba al frente, dispuesta con una sola sábana. Nos sentamos Lorenzo y yo. Nos miramos, nos besamos jugando con nuestra lengua. Quité la tanga de Lorenzo ayudado por un poco de movimiento de su culo y él me quitó la mía tumbándome sobre la cama y tras levantar pies, piernas y culo para facilitarlo. Ya íbamos descalzos casi todo el día. Comenzó Lorenzo a tocar mi polla para darme gusto ya que estábamos dispuestos a follar sin muchos preámbulos.

    Nuestros cuerpos estaban pegados uno al otro sobre la cama, mi boca buscó su boca, invadí con mi lengua todo su boca y nos besamos apasionadamente y con deseo, nos dejamos hacer. Aprieto mi cuerpo al suyo, mi abdomen a su abdomen, mi polla juega con la suya. Noto y siento su olor a hombre, su transpiración y su deseo sexual que me ponen más caliente. Beso su pecho, chupo sus pezones hasta ponerlos rojos, estaban duros, lamo su ombligo y casi me lo como a lengüetazos, jugueteo con mi lengua en sus axilas… y las huelo… ¡Joder! el puro cabrón Lorenzo se deja hacer, aunque él iba a su bola. Me toma con sus delicadas manos y me da media vuelta colocando mi cabeza hacia abajo frente a su polla enhiesta y adornada con todo un jardín de tupido pelambre; mi polla ha quedado a la altura de su cuello, pero no le interesa de momento mi polla sino el agujero de mi culo y con su lengua lame mi orificio y mete lengua, lo aliento y animo a a continuar por ese camino.

    Una gota de líquido preseminal de mi verga cae sobre su pecho, y estirándome, se pone en la boca mi pene y lo chupa para exprimir todo el líquido preseminal que en mí siempre es abundante y dulce. ¡Qué mamada me ha hizo en un instante! Tal fue que me vine enseguida en su boca y engulló todo aquel néctar de mis jóvenes y gruesos huevos.

    Me da de nuevo la vuelta y me levanta de la cama hasta la pared, me pone en alto para que acomode mis piernas en su cintura y caiga sentado sobre su polla. La ensarta en mi agujero y ¡zas! ¡Toda dentro! Grito una, dos, tres y no sé cuántas veces; estaba yo puesto como una loca gritando. ¿Se puede sentir mayor dolor en un instante? Imposible, pero tras ese momento comienza un baile de polla o mejor con sus brazos me hace bailar arriba y abajo sobre su polla. Me duele, grito y me da placer, vuelvo a gritar, así cada vez que entra y sale la polla de Lorenzo de mi culo. Con mis manos sobre sus hombros me apoyo todo el rato para no caerme. Mi polla, que se había encogido, comienza de nuevo a ponerse como verga putona y va rozando su esternón y su ombligo arriba y abajo. Toda la verga de Lorenzo entra y sale completamente y cada vez que penetra me llega hasta lo más profundo que me hace sentir lleno y satisfecho de placer, pies ya no siento dolor. Siento espasmos en la polla que ahora se mantiene todo el rato dentro de mí y comienzo a besar a esa bestia sexual que incluso a mí me está sorprendiendo, saliva, lengua, dientes y labios entran en perfecta acción y me siento perfectamente amaestrado, cada uno dado a complacer al otro. Me guiña el ojo para que yo actúe.

    Entiendo la señal de Lorenzo: ha llegado mi turno, sé lo que quiere, desea que, con mi culo lleno de su leche y saliendo en cuentagotas a lo largo de mi muslo, retenga, que no se escape nada y que actúe porque me toca a mí, habiendo llegado mi turno. Le mamo lentamente su linda y hermosa verga, arrancándole gemidos de placer, la disfruto un buen rato, sin tragarla toda, aunque me la metía hasta la garganta, y por fin logro que derrame de nuevo toda su leche caliente, pero en mi boca. Con su verga lubricada con leche le ofrezco de nuevo mi culo, le pido que me atraviese de nuevo, que me demuestre todo lo macho que es y quiero que sea para que me haga gozar…

    Me insiste en que es mi turno y lo tomo en brazos, como novia en los brazos de su amante, mientras yo le besaba su rostro y lamía sus tetillas y me lo llevo a la cama. Lo tiro furiosamente sobre la cama como se tira un fardo a un rincón. Le doy la vuelta para que me quede de espaldas a la cama y de cara a mí; suelto mis esfínteres, para liberar la leche de Lorenzo y que corra por mis piernas mientras levanto las suyas, diciéndole que lo quiero follar de frente como si fuera una puta de alquiler y ver su cara de placer mientras lo hace. Lo acepta con tal de tenerme dentro de sí; pues es lo que él deseaba y me dice:

    —”Ea, rómpeme, maricón, rómpeme por tu puta madre”.

    Me ponen sus palabras a tope. Apoyo mi polla lubricada en la entrada de su ano y empujo lentamente para que note el paso de mi gruesa polla por sus esfínteres. Oleadas de placer le arrancan suspiros y gemidos, se la meto completa y le doy tiempo a su culo para que se acostumbre, y comienzo a bombear despacio aumentando el ritmo y el desenfreno… Le digo:

    —”¡Ah!, ¡cabronazo! se nota, puta de mierda, cuánto te gusta que te perforen”.

    Me contesta:

    —”Mucho más de lo que imaginas, cabrón, hijo de puta, y no seas maricón y acaba de una vez ese bombeo, que más pareces una niña en el baile que un macho desflorando vírgenes”, me dice con enérgica rabia burlona.

    De tal modo lo dijo que acabé enseguida y logró lo que deseaba, un magnífico desembarco de leche en su interior. Fue una acabada descomunal, mejor que las anteriores entre nosotros. Completé su placer, dándole toda mi rica leche en su culo, y no me permitió que sacara mi polla de inmediato. Ese había sido su sueño, tener una acabada de locos desenfrenados y con exhibición. Fue la vez en que aprendí que yo había disfrutado más de pasivo que de activo porque siendo pasivo se puede llevar la dirección en la relación sexual, y esto fue un polvo que me había convertido en amante.

    Agotados como estábamos, nos acordamos de nuestros amigos y los vimos desnudos, tumbados en el banco y follando Zigor a Mauro. Se lo estaban pasando de puta madre. Zigor follaba el culo de Mauro con un mete y saca rabioso, mientras Mauro gritaba de puro placer. No los molestamos y mi polla se volvió a poner dura solo de verlos.

    Tras alcanzar semejante orgasmo, se incorporaron muy serios acalorados y sudados y nos miraron. Sonrieron y se levantaron para abrazarnos, Mauro me besó y Zigor besó a Lorenzo, luego se turnaron. Mauro me susurra al oído que lo que más lo calentó fue entender algo muy extrado: que lo que Lorenzo y yo hicimos por ellos era de verdad amor entre nosotros y eso fue lo que les impulsó a mostrarse su amor; que, si quiero, podemos repetir lo de esa tarde otras veces; que lo siguiente sería follarlo yo a él o entre nosotros… Ya se vislumbraba lo que yo buscaba.

    Llamó la abuela, había transcurrido como hora y media y le dije que lo hablaríamos entre los cuatro, pero prefería que ellos dos confirmaran su amor y luego los amigos soportan todo…

    Nos fuimos a la ducha rápida solo para secar el sudor y quitarnos los restos de semen seco. Suerte que la ducha medio preparada no tenía paredes aún y cupimos los cuatro.

    Nos fuimos a comer una rica merienda que nos iba a servir ya de cena. La abuela escuchó en silencio lo que hablábamos y sonreía y nos animaba a comer. Bien sabía la abuela que habíamos trabajado mucho los cuatro y el hambre del mundo entero estaba incubada en nosotros cuatro. Lorenzo preguntó a la abuela:

    — ¿Escuchaste nuestras voces?

    — A los cuatro y a cada uno, como locas habéis gritado, pero sé que lo estabais disfrutando, el amor es bueno siempre.

  • Un intruso me viola en mi propia casa

    Un intruso me viola en mi propia casa

    Eran las 5 de la tarde, me encontraba nuevamente conduciendo mi auto rumbo a mi casa. El día, como ya era costumbre cada verano, era un infierno de calor. Habíamos tenido lluvias en los días anteriores y para lo único que habían servido era para poner la temperatura aún más caliente, agregándole un dejo de humedad que no se quitaba con nada. La humedad, el tráfico y los estúpidos conductores tortuga me habían puesto de mal humor, y lo peor es que aún me faltaban unas cuantas millas para llegar a mi casa. Me sentía sofocada y con ganas de matar a alguien. Puse una canción de Korn en el estéreo de mi auto y subí el volumen a lo máximo, lo mismo que el aire acondicionado, intentando hacer mi viaje menos molesto.

    Para colmo no había encontrado la manera de vengarme de mi odioso vecino. Como les había contado en relatos anteriores, había descubierto a mi vecino espiándome por la ventana de mi casa. El mismo odioso vecino adolescente regordete que un par de semanas antes me había fotografiado teniendo relaciones con mi esposo en la sala de mi casa, y había tenido el descaro de mandarme las imágenes a mi celular.

    Y encima de todo me había llamado Cara de Puta. No sé porque eso me había molestado tanto, incluso aún más que las fotos. Mi esposo en ocasiones me llamaba puta al calor de la excitación. Puta, perra puta, pequeña puta, pinche puta, putita, y todas las variantes que se le ocurrieran. Como otros muchos matrimonios, lo usábamos para excitarnos más en la intimidad. Era parte de nuestros juegos sexuales. Parte de nuestro cachondeo íntimo. Él era al único al que yo le permitía llamarme así. Incluso algunas de las pinches viejas odiosas de mi trabajo, con las cuales no tenía amistad con ninguna de ellas, sabía que a espaldas mías habían llegado a llamarme puta o bitch. De alguna forma todos ellos tenían una razón para llamarme así. Mi esposo lo hacía para excitarme, y mis compañeras de trabajo porque seguramente me odiaban como yo a ellas.

    Pero que un estúpido chaval sin ni siquiera conocerme me llamara de esa forma, por alguna razón había logrado molestarme de la peor manera. Y de la peor manera tenía que ser mi venganza.

    Con mi mente llena de pensamientos oscuros, finalmente llegué a mi hogar. Ni bien bajaba de mi auto, cuando encontré al chaval en el patio frontal de su casa, mirándome y sonriéndome como si nada hubiera pasado. Como si fuéramos los grandes amigos. Era ya la tercera o cuarta vez que lo topaba a la hora que yo llegaba a casa. Seguramente había calculado a qué horas llegaba yo y procuraba estar fuera de su casa para ‘recibirme’.

    Me encaminé a toda prisa a la puerta de mi casa, con la espalda y el culo sudados tratando de escapar del calor. Ni bien de un par de pasos cuando el chaval se acercó a mí, con expresión de apenado.

    —Oiga, quería pedirle una disculpa por… —comenzó a decir mi odioso vecino.

    —Chinga tu madre! —le contesté, cortando de tajo sus palabras y metiéndome a mi casa, dejándolo con la palabra en la boca enfrente de mi casa.

    Finalmente entré a la casa, recibiendo una oleada de aire fresco. Como era usual, mi esposo había llegado antes que yo y tenía el aire acondicionado a todo poder para hacerme más agradable mi recibimiento. Detallitos que me hacían amarlo más. Y también como ya era mis costumbre, me deshice de mis zapatos de un par de patadas, lanzándolos lejos de mí, para luego quitarme la blusa y mis jeans, dejándolos tirados en el pasillo mientras me dirigía a el shower, quedándome solo en brassiere y mi sucia y apestosa pantaleta. El maldito calor me hacía empapar todo el cuerpo de sudor, siendo mi vagina la que más sufría por los embates de este horroroso clima de verano. Una ducha fría me haría volver a la vida. De pronto, algo me detuvo en seco.

    No había ningún ruido en casa. Estaba totalmente en silencio. Ni sonido de música, ni de televisión. Solo el murmullo del aire acondicionado. Eso era extraño. Mi esposo lo primero que llegaba haciendo era prender el acondicionado y después la tv. Estaba absorta en ese pensamiento cuando de repente una mano me tomó por las espaldas, mientras otra me tapaba la boca. Traté de defenderme, moviéndome bruscamente tratando de escapar del agarre al que me tenía el sujeto pero mis esfuerzos eran inútiles, él era mucho más fuerte que yo.

    Trataba inútilmente de soltarme de su amarre, al mismo tiempo que logré verlo de reojo. Era más o menos de mi estatura, delgado o por lo que se alcanzaba a ver tenía varios tatuajes en brazos y cuerpo. Su rostro lo ocultaba bajo uno de esos que llaman pasa montañas en las películas de asaltantes de bancos y así. Solo eran visibles sus ojos y su boca.

    Con un movimiento rápido, el sujeto me derribó al suelo poniendo uno de sus pies entre mis piernas. No lo vi venir, así que caí con todo mi peso al suelo de manera estrepitosa. El golpe me dejó sin aire, y al tratar de incorporarme recibí una bofetada que me hizo ver estrellas. Saboreé el amargo sabor de mi propia sangre en mis labios y sentí estar a punto de desvanecerme. El intruso me tenía en sus manos. Aprovechando la ventaja, el tipo me bajó mis panties por mis piernas, quitándomelas completamente.

    Traté de detenerlo, por lo cual recibí de nuevo otra bofetada.

    —¡No quiero que grites ni digas nada, perra! —el intruso rugió hacia mí. Metiendo mis pantaletas en mi boca. Después de un día completo de sudor y residuos vaginales, el sabor de mi ropa interior era horrible y sentir mi boca completamente ocupada por ella casi me hizo vomitar de asco.

    Estaba tan ocupada en mis intentos por evitar mi vómito, que no noté cuando el intruso se bajó los jeans, me abrió las piernas y sin miramientos, me ensartó su miembro en mi vagina de un solo empujón!

    —Mmmjjjhhh! Mjjjmmmhhh!! —traté de gritar al sentir su duro miembro abrir mis labios vaginales e irse hasta el fondo de forma brutal, pero la pantaleta en mi boca me lo impidió.

    El intruso al sentir como su pene topaba con el fondo de mi vagina, sacó su miembro y nuevamente arremetió contra mí, como si intentara llegar hasta mi mismo útero y partirme en dos. Sus estocadas eran brutales, salvajes, con rabia. Traté de levantar mis brazos para detenerlo, consiguiendo esta vez una ración de bofetadas. Estuvo dándome de estocadas que aunque fueron por un corto tiempo, cada vez eran más profundas y dolorosas.

    El intruso se separó de mí, levantándose y dándome un leve respiro, pero poco me duró el gusto puesto que me tomó por mi abundante cabello y con fuerza me comenzó a arrastrar. Con mis manos trataba de, si no detenerlo, por lo menos aminorar el dolor que el jalón en mi cabello me provocaba. Tomé sus manos con las mías para de esa forma lograr que me arrastrara colgada a sus manos y no por la presión en mi cabello.

    Llegamos a la sala de la casa, con el de píe y yo detrás de el en el suelo víctima de su jalón de cabellos. Al llegar a la sala, el intruso siguió arrastrándome por todo el piso, no solamente tratando de provocarme dolor, si no también con la intención de humillarme. El dolor en mi cuero cabelludo era insoportable. Sentía como mis lágrimas resbalaban por mi rostro, lágrimas negras producto del maquillaje y sombra de mis ojos.

    Finalmente dejó de arrástrame, y depositándome en el piso de la sala, se acercó a mi como si quisiera decirme algo. Fue ahí cuando pude ver que tenía una navaja en su mano, la cual acercó a mi rostro y lentamente me habló.

    —Escúchame bien puta. Vas hacer lo que yo te diga, y si tratas de escapar, de gritar o hacer algo contra mí… te cortaré la lengua y te desfiguraré el rostro. Escuchaste bien? QUE SI ESCUCHASTE BIEN, PUTA!!?? —me dijo gritando al final, a lo cual asentí con varios movimientos de cabeza.

    —Ahora… voy a sacarte tus calzones del hocico, pero si intentas gritar te los meteré de nuevo y hare que te los comas, entendido? —me dijo, a lo cual de nuevo le contesté con movimientos de cabeza.

    Sentí como abría mi boca y sacaba mis panties con sus dedos. Estaba completamente empapada de mi propia saliva, la cual al sentir mi boca abierta, escurrió libremente formando un grueso hilo hasta el suelo. Tomándola en su mano, me la pasó por la cara embarrándome de saliva y maquillaje mí ya de por si sucio rostro.

    —Por favor… pleasee… déjeme ir, no me haga nada. Le juro que no diré nada de esto a nadie —le dije llorando en cuanto sentí mi boca libre de mi ropa interior.

    —QUE TE CALLES! Ahora escúchame perra, vas a hacer todo lo que digo, y si no lo haces, te arrepentirás —gruñó, empujando la fría navaja con más fuerza contra mi cuello.

    —Respóndeme puta! —gritó en mi cara. Asentí, gimiendo suavemente.

    Acercándose más a mi oreja, susurró —Voy a follarte tan fuerte por el culo que no podrás caminar cuando haya terminado”

    Me levantó nuevamente tomándome por el cabello, por lo cual logré mirarlo como estaba con su miembro de fuera de sus jeans. Mis ojos se agrandaron cuando noté el tamaño de su verga. Era grande y llena de gruesas venas, con una cabeza enorme. Seguramente me iba a destrozar el culo y temí que jamás volvería a caminar tal y como me había amenazado. Él sonrió cuando se dio cuenta de lo que estaba mirando.

    Me acostó en el piso boca arriba, y moviéndose entre mis piernas, me las abrió evitando que las cerrara. Escupió su mano y procedió a ensalivarse la punta de su verga. Sabía lo que seguía a continuación y cerré mis ojos. Comenzó a empujar su verga contra mi ano con todas sus fuerzas, golpeándolo e intentando entrar en mí. De repente, un dolor agudo recorrió mi cuerpo al sentir como su miembro penetraba mi recto, nuevamente de forma brutal.

    —¡AYYY! ¡MIERDA! Me lastimaaas pendejo! Sácala, sacalaaa por favooor! —grité sofocada por el dolor. Sentía mi ano arder tal si me hubieran introducido chile. Recibí como respuesta una nueva bofetada.

    —Por favor, déjame ir —susurré con lágrimas en los ojos.

    Él no tenía intención de dejarme ir. En todo caso, mi suplica lo hizo emocionarse aún más.

    —Si no tratas de correr, no te lastimaré —fue su respuesta.

    —Todavía vas a…? —lo interrumpí cuando comenzó a quitarse primero la camisa.

    Él me soltó las muñecas y tomándome por mi pequeña cintura, empezó un mete y saca en mi adolorido ano.

    —Sí, todavía voy a follarte —terminó su frase— Pero si me obedeces, seré gentil.

    Sonrió y se trepó sobre mí, inmovilizándome y besándome apasionadamente. Cogida por sorpresa, comencé a luchar nuevamente, haciendo todo lo posible para alejarlo de mí. Pero no sirvió, era demasiado pesado.

    —Espera, no… —dije antes de que pudiera protestar más. El deslizó sus dedos en mi boca, obligándome a chupárselos, y luego lentamente comenzó a empujar de nuevo su longitud dentro de mi recto. Gimió ruidosamente cuando mi culo apretado y caliente le apretó la verga.

    Quitando sus dedos ahora limpios de mi boca, se inclinó y me besó bruscamente, moviendo una mano hacia abajo para frotar su clítoris. Gemí y envolví mis piernas alrededor de su cintura, incapaz de luchar contra él por más tiempo.

    Esto solo lo incitó más y le tomó todo lo que no tenía para zambullirse dentro y follarme sin sentido. Lentamente, se empujó dentro de mi hasta que me había llenado casi por completo. Gimió ruidosamente. Yo estaba tan apretada que tuvo que esperar hasta que se hubiera adaptado a mi antes de que pudiera comenzar a follarme en serio.

    Su boca se abrió en un gemido silencioso y yo cerré los ojos, mientras él comenzaba a sodomizarme más rápido. No había ido al sanitario antes de salir de mi trabajo, por lo que seguramente terminaría sacándome mis heces fecales con su miembro. El hijo de perra estaba llegando hasta lo más profundo de mi recto y seguía empujando. Cerré los ojos, tratando de soportar esa posible humillación. Gemí, mordiéndome el labio para evitar hacer cualquier sonido.

    —Grita para mí —gruñó. Abrí los ojos y lo miré.

    —Dime lo que quieres —su voz era profunda. Cuando no respondí, dejó de moverse.

    —Dime lo que quieres que haga —esta vez fue una orden.

    Me retorcí en vano, tratando de hacerlo moverse. No sirvió. Mis ojos suplicaron, estaba al borde del orgasmo y él lo sabía.

    —Dime lo que quieres que te haga a ti —repitió. Él sabía que me estaba torturando.

    —Quiero que me folles —susurré, avergonzada.

    —Qué fue eso? —sonrió con suficiencia.

    —¡Fóllame! Cógeme como si fuera una puta! —grité con frustración.

    —Ten cuidado con lo que deseas —sonrió abiertamente y comenzó a moverse dentro de mi otra vez.

    Mi mente ahora se apoderó del placer, envolví mis piernas firmemente alrededor de su cintura, clavando mis uñas en su espalda. Dejó escapar un gruñido casi animal y comenzó a follarme más rápido. Se sentía tan bien alrededor de su pene; mojado, cálido y apretado

    —¡Oh, carajo! —grité cuando comenzó a golpear realmente contra mi culo, ya no me importaba si podía lastimarme o no.

    —AHHH! OH DIOS SÍ! —él estaba gimiendo incontrolablemente. Arqueé mi espalda, permitiéndole ir más profundo, mientras un orgasmo alucinante me consumía.

    —Mierda… Si… si… Así… que apretado —gruñó entre cada empuje mientras me follaba sin piedad. Sabía que no duraría mucho más. Mi culo ahora estaba masajeando su verga con cada empuje mientras otro orgasmo me sacudía, haciéndome gritar.

    —¡SÍ! Dime lo que quieres! —me ordenó entre gruñidos. Gemí ruidosamente y arqueé mi espalda, empujando mis pechos contra su pecho.

    —DAME MÁS ¡MAS FUERTE! RÓMPEME EL CULO HIJO DE PUTA!! —le ordené. Sus gemidos se intensificaron. Estaba cerca del orgasmo.

    En ese momento él sabía que yo ella era suya y el mío.

    Al oírme gritar, fue cuando el finalmente cedió, y pude sentir sus bolas apretarse.

    —¡Oh, mierda! ¡Me estoy corriendo! —gritó pegando su cuerpo contra el mío. Sus ojos se cerraron de golpe al darse cuenta de lo que estaba a punto de suceder. Deseaba sentir su semen llenarme pero quise castigarlo. Traté de alejarme de él para que no se corriera dentro de mí, pero me sostuvo.

    —Ahhh! ¡JODER, SÍ! —gritó mientras enterraba su longitud entera en mi culo y disparaba su enorme carga de leche dentro de mí. La sensación de su semen caliente llenándome se sintió tan bien que fui empujada al borde nuevamente, teniendo un último orgasmo alucinante.

    Él colapsó encima de mí, sin moverse, dejando que su verga se ablandara dentro de mi reventado culo.

    Cuando él salió de mí y rodó hacia un lado, pude sentir sus jugos mezclados con mis heces salir de mi ano. Jadié, incapaz de moverme.

    Después de un corto tiempo luego de que recobrara el aliento, se puso de pie sobre mí. Mirándome a través de los agujeros de su máscara. Tomando su ahora flácido pene entre sus dedos, apuntó hacia mí, y sin más ni más… comenzó a orinarme en el pecho, moviendo el chorro arriba y abajo para bañarme completamente el cuerpo.

    —Abre la boca —me ordenó a lo cual ni tarda ni perezosa obedecí.

    Redireccionó el chorro de orines, y apuntando hacia mi abierta boca, empezó a llenármela por completo. Era demasiada la cantidad de orines que me vi obligada a tragarlos para no ahogarme. El sabor amargo y agrio llenó mi boca, siendo esta la primera vez que tomaba orines. El intruso pausaba el chorro, dándome tiempo de tomarlos cuando se me llenaba la boca. Empecé a tragar cada vez más, saboreándolos, tratando de no ahogarme en el intento. Los últimos chorros los dejó caer en mi rostro, formando una máscara de orines, lágrimas y maquillaje corrido. No podía verme a mí misma, pero estaba segura que mi aspecto era de dar asco.

    Cuando por fin terminó, se agachó sobre mí y me besó apasionadamente, combinando nuestras salivas y quitándose la máscara, para revelar lo que yo sabía desde un principio. Era mi esposo Tommy, y este era otro más de nuestros juegos sexuales.

    —Fantasía cumplida, baby. Espero te haya gustado —me dijo tiernamente.

    —Me gustó bastante, aunque se te pasó la mano con las bofetadas. Me partiste el labio —le respondí.

    —Bueno, dijiste que querías que fuera lo más real posible y yo solo cumplí —dijo riéndose el muy cabrón, con esa sonrisa que me desarmaba por completo.

    —Okey, pero la próxima me toca a mí y te recibiré vestida de zombie. Así que ni te quejes de las mordidas que te daré, hijo de puta —le dije fingiendo enojo.

    —Prometo no enojarme, así me arranques un brazo a mordidas —respondió.

    —No es un brazo lo que tengo en mente de arrancarte —le dije maliciosamente.

    TOC TOC! Un par de toquidos a la puerta interrumpieron nuestra conversación. No acostumbrábamos a recibir visitas en la casa, así que el golpeteó en la puerta nos tomó desprevenidos. Intenté levantarme al tiempo que le hacía señas a Tommy para que se vistiera y fuera a abrir la puerta, a lo que me contestó en señas que no, que lo hiciera yo. Le dije que me pasara algo para limpiarme el rostro.

    —Ve tú, así sin limpiarte. Quiero ver qué cara pone al verte así, sea quien sea el inoportuno haha! —me dijo Tommy, alargando un poco más nuestro juego sexual. Le respondí levantando el dedo medio, o tirándole dedo como dicen en México.

    —Solo espero no sean los testigos de Jehová —le dije mientras me ponía su camiseta. Una cosa era salir con la cara bañada en fluidos y otra salir con las tetas al aire.

    Abrí la puerta y para mi sorpresa, era mi fastidioso vecino adolescente. Su expresión fue de total sorpresa al ver mi cara con el maquillaje corrido, lágrimas negras, saliva embarrada por todo mi rostro hinchado por las bofetadas de Tommy y apestando a orines. Totalmente un asco mi cara. En su mano llevaba un bate de baseball metálico. No dije palabra alguna, solo con mi expresión le pregunté qué era lo que buscaba.

    —Este… esteee… escuché ruidos, y pensé que quizás necesitabas ayuda —me dijo balbuceando sin apartar la mirada de mi rostro.

    —Ayuda para que o qué? —le respondí, fingiendo un enojo que la verdad no sentía. Estaba demasiado agotada por los orgasmos de hace un momento, y ni ganas tenia de enfadarme. Y hasta cierto punto, me parecía tierno el que viniera según el a ‘rescatarme’.

    —Este… este… perdón, creo que me confundí. Pensé que estabas en problemas —acertó a decirme con genuina pena. La verdad no dudé que nos estuviera espiando por la ventana.

    —No pasa nada, chaval. Vete a tu casa y no estés jodiendo —le dije al tiempo que cerraba la puerta en su cara. Apenado el vecino dio la vuelta y se dirigió a su casa, sin dirigir la mirada hacia mí.

    Antes de cerrar completamente la puerta, le grité: —HEEEY! A lo que el latoso adolescente volteó hacia mí.

    —Gracias de todas maneras, pequeño cabroncito —le dije, dedicándole mi horrible sonrisa. Era la primera vez que me veía sonreír y la expresión en su cara fue un agasajo. La misma expresión de sorpresa, desagrado y hasta podría decir de miedo que provocaba en todos los que me veían alguna vez sonreír. Mi sonrisa era horrible y por eso jamás sonreía para nadie. Pero cuando lo hacía, me encantaba la forma en que incomodaba a la gente que tenía la mala fortuna de verme.

    El chaval terminó por meterse a su casa a toda prisa, y yo regresé a la mía. Ya Tommy estaba en la puerta del shower con un par de toallas de baño, esperándome para ducharnos.

    —Quien era? —me preguntó,

    —El vecino, pero se fue al verme la cara —le respondí mientras me quitaba la playera y me dirigía a la ducha. La cogida me había dejado agotada y necesitaba un baño para relajarme.

    Ya entrada la noche me encontraba en cama, respondiendo los mensajes que algunos lectores de mis relatos habían tenido el detalle de mandarme. Tommy se encontraba a mi lado, durmiendo profundamente. La cogida lo había dejado prácticamente muerto y había caído en los brazos de Morfeo. Estaba por apagar mi teléfono celular para también finalmente dormir, cuando vibró en señal de que había recibido un mensaje. Lo abrí y pude ver que era de mi odioso vecino adolescente.

    —AHORA VEO PORQUE NUNCA SONRÍES. TIENES LA SONRISA MÁS HORRIBLE QUE HE VISTO EN MI VIDA —decía su texto. Pensé en mentarle la madre, pero tomé su comentario más como un halago en vez de insulto.

    —Nunca sonrío para nadie, pequeño gusano. Así que deberías estar agradecido —le contesté.

    —Bueno, eso quiere decir que te empiezo a agradar —respondió.

    —Quieres agradarme? Quieres caerme bien? Borra las fotos y todo lo que tengas de mí, incluyendo estos textos. Y no vuelvas a espiarme por mi ventana. Hazlo y llevamos la fiesta en paz y nada pasará. Y jamás, nunca de los nunca, me vuelvas a llamar Cara de Puta. Ok? —le contesté. La verdad había pensado en una y mil formas de castigarlo, pero estaba tan cansada que decidí darle la oportunidad de enterrar el hacha de la guerra.

    —Ok, lo haré. Eso significa que ya somos amigos? —me contestó el chaval.

    —Amigos? Nunca, ni en tus sueños más húmedos, hijo de puta. Y ya déjame dormir que estoy muy cansada —le contesté al chaval, pero agregándole un emoji de una carita sonriente.

    —Okey, que descanses —me respondió con un emoji igual.

    Cerré mi celular y lo puse bajo mi almohada como siempre lo hacía. Por ahora le daba pase libre al mocoso con tal de que dejara de joder. Y en cuanto a Tommy, tenía que idear alguna fantasía sexual para vengarme de la cogida de hoy. Lo iba a dejar seco, pero antes lo tenía que hacer sufrir. Iba a sufrir la venganza de Perla Blackheart, y tenía que ser una mega cogida épica

    FIN DEL RELATO.

  • Nuestra amiga argentina de fiesta con el tatuado

    Nuestra amiga argentina de fiesta con el tatuado

    No lo quiero hacer muy largo, para que no se embolen, pero como les conté, esto para mí es como ir al psicólogo, porque cuento cosas que no se las cuento a nadie.

    Bueno empiezo; como ya les conté a mitad de año me recibí, y no estoy ni laburando ni estudiando (o sea al pedo todo el día, salvo cuando mi viejo me pide que lo ayude con algo del estudio) y encima, me embolé de mi novio (el forro ya quería formalizar, o al menos que nos vayamos a vivir ¡juntos!, NI EN PEDO, y eso trajo discusiones y lo terminé mandando al carajo).

    Pero el hecho de no estar de novia, no quiere decir que no siguiera cogiendo, es más empecé a coger ya casi sin límite, chico con el que salía ¡terminaba cogiendo! Hasta me dejé coger por dos amigos de mi ex novio (pero eso es otra historia), y él se enteró y no solo se peleó con sus amigos sino que me odia y me dice por mensajes que soy re puta ¿cosa nueva? el forro, recién ahora se da cuenta me chupa un huevo, mientras no se enteren mis viejos, porque los viejos de mi ex son amigos de los míos, pero bueno, me estoy yendo al carajo con cosas que les importa un carajo.

    La cosa es que ya me estaba embolando de siempre terminar igual (cogiendo con el chico que salía) aunque tiene lo suyo, ya que siempre coger por primera vez con alguien tiene su fantasía de saber ¿cómo va a ser la cosa?, ¿cómo me va a coger?, ¿cómo va a ser su pija?, si es zarpado ¿o no?, pero la verdad, que mal no la paso, pero quería más adrenalina, algo distinto, entonces hice algo que venía pensando desde hacía un tiempo. ¿Qué era eso?, ir a ver al tatuado (ese que me cogió varias veces cuando yo estaba en Cariló, y él vive en un pueblo/ciudad re cerca de Cariló y vive todo el año, ya que durante el invierno se dedica hacer trabajos de pintura, arreglar cosas en las casa que la gente tiene de veraneo y él vive en una casucha media chota con unos amigos, pero me encantaba la adrenalina que me daba coger con él, y durante el verano atiende la barra de jugos del balneario donde voy). O sea la vida de él nada que ver con la mía, ni con los chicos que salgo, él está todo tatuado con rastras, y eso me ponía loca, me hacía sentir más entregada más puta, ¿me explico?

    La cosa es que el domingo pasado me decido y les digo a mis viejos que me iba con unas amigas de la facultad (que ellos ni conocen al lugar donde vive el tatuado).

    Yo ni le había avisado que iba a ir, quería ver su cara de sorpresa cuando viera que me fui hasta ahí solo para que me coja (porque obvio si me iba hasta ahí era para que me coja, para entregarme a él, nada más).

    La cosa es que agarro mi auto y llego tipo 19 horas, toco bocina (porque ni siquiera tiene timbre), y el forro no salía, ME QUERÍA MORIR, PENSABA, QUE AL PEDO ¡ME FUI HASTA ALLÁ!, hasta que después de un rato aparece solo con un pantalón y el torso desnudo, ese cuerpito bien marcado, ¡por el trabajo que hace!

    Cuando me ve la conversación fue más o menos así:

    Tatuado: hermosa, ¿qué haces acá? (ah, ni bien lo vi me di cuenta que estaba bastante fumado).

    Yo primero no le dije, nada, solo le partí la boca de un beso y le dije: “te vine a ver”, “¿estas ocupado?”

    (No sé cómo expresar la situación, ni su cara, es como que ni esperaba verme obvio fue re loco que me fuera sin avisarle nada) y me dice: “estoy con un amigo y tres amigas, pero no hay drama, podes entrar, no te vas a ir, pero me hubieras avisado ¡que venias!”

    Yo: te quise dar una sorpresa hermoso (cuando me dijo con quienes estaba ya me di cuenta que venía fiesta, ¡pero fiesta mal!, de esas que cuando se dan de sorpresa me re calientan), y le parto la boca de un beso y con una mano le toco bien ¡esa pija hermosa que tiene!

    La cosa, es que el guacho para ponerme “digamos en clima” prende un “faso” fuera de la casa y lo fumamos entre los dos (aclaro que yo solamente fumo esos “fasos solo con el”), y después otro.

    Ah, yo me había ido con una pollerita de jean y zapatillas y el resto. Después de los dos fasos, ya estaba re jugada, me empieza a besar mal (en un banco que tiene en la entrada de la casa), lo dejo, me empieza a meter las manos en la entrepierna (que como siempre digo es mi parte más débil, lo dejo y no solo eso, las abro, dándole permiso y entregándome a que haga lo que quiera conmigo hasta que siento sus manos en mi concha, y después siento como debajo de la bombacha me empieza a meter un dedo dos, y yo tocándole la pija, pero tocándosela en serio (ya le había desabrochado el pantalón), me acuerdo que me dice: “ sos una puta re concheta, nunca conocí a ninguna que va a veranear a Cariló y es tan puta como vos” y le digo: “ soy tu puta, ¿te gusta?” me termina de meter los dedos, con la otra mano, haciendo un esfuerzo y yo separando la cola del banco me la mete en la cola, primero me la acaricia y después me mete un dedo en el culo, hasta que así en la puerta de su casa me roba mi primer orgasmo, fumada como estaban me quede muy caliente (pero no me importaba nada, iba para eso, para vivir una locura, ¿me explico?)

    Me dice: “¿entramos?, pero mira, que no es una reunión de amigos” y le digo que ¡sí!, que no me importaba nada, solo quería ¡pasarlo bien! (bah, coger bien)

    La cosa es que cuando entramos estaban sus amigos (tatuados como él y dos chicas (que tendrían 20/ 22 años, y no es por nada, pero con unos lindos cuerpitos pero medio morochitas).

    Uno de los chicos se estaba cogiendo a una de las chicas y las otras dos chicas se estaban tocando entre ellas, no cogiendo pero besándose y tocándose ¡por todos lados! Y ahí entre yo, regalada, sin saber dónde estaba ni lo que hacía, pero solo quería que me hicieran sentir ¡lo que me gusta!, ¿qué es lo que me gusta? Que me hagan gozar, entregarme, sentirme bien puta ¡sin límite!

    Y ahora viene la parte más interesante. Entre, el tatuado me presenta, las chicas que se estaban tocando entre ellas, y se vienen conmigo, y me empiezan a besar (yo no sabía quienes eran), pero me dejo, me acarician, me sacan la remera, entre las dos, me empiezan a besar las tetas, me hacen sentar en un sofá y el tatuado se empieza a poner en bolas, me dejo, me gustaba lo que me hacían sentir, digo, me gustaba la sensación ¡que me desnudaran!, y así en bolas, mientras las chicas me besaban las tetas, me tocaban por todos lados el tatuado, me empieza a coger en el sillón y yo levantaba mis piernas y las ponía sobre sus hombros (todo sin forro, estaba re loca), y seguimos, besándonos con las chicas, me besaban las tetas, el tatuado me cogía hasta que me hicieron acabar como una turra a los gritos, quedé temblando, pero feliz y con más ganas ¡de coger!

    Obvio, después me di cuenta era el juguete nuevo ¡para todos!, después de eso el amigo del tatuado me pone en cuatro (para que entiendan en el living, más que un sofá lo que tiene es un diván cama, con lo que hay más espacio).

    Bueno la cosa es que el amigo del tatuado me pone en cuatro, yo ya ni sabía lo que hacía me dejo, siento que me empiezan a poner un “juguete” en la cola, me doy vuelta y eran las chicas que mientras hacían eso me comían la cola a besos y siento que el “amigo” del tatuado me empieza a poner su pija en la conchita, era puro placer, por todos lados me hacían sentir placer, y para completarla, el “tatuado” se tira en el sofá cama y me mete la pija en mi boca (porque me la metió, yo no lo busque, el me la metió de una) y así, mientras el amigo me cogía, las amigas me metían el “juguetito en la cola”, me hicieron acabar otra vez como una perra dejándome ¡temblando de nuevo!

    Después nos quedamos todos en bolas en ese diván, y empiezan a prender un par de fasos, yo ya estaba perdida, ni sabía lo que hacía, ¡y me puse a fumar con ellos!, estuvimos así, la verdad no sé cuánto, porque perdí la noción del tiempo, pero mientras fumábamos entre todos nos tocaban y eso me calentaba y mucho.

    Hasta que llegó un momento en que solo las dos chicas se “empiezan” a entretener conmigo (eso es más o menos lo que me acuerdo), que una me empezaba a besar a meter los dedos en la conchita, las otras me besaban, las tetas, me metían la lengua en la boca, yo me dejaba, la verdad, me dejaba hacer ¡todo!, hasta (y esto si me acuerdo), me dan vuelta y me empiezan otra vez a poner el “juguetito” en la cola, y me dejo era yo con tres chicas que solo me besaban, me daban placer y me tocaban hasta que me hicieron acabar de nuevo pero mal, no sé si fue por “los fasos” o por la calentura que ¡tenia!

    Pero seguía entregada, después de eso estaba sentada en ese sofá cama y los chicos de a uno me empiezan a poner las pijas en la boca, y como as mi me gusta, despacito se las empecé a chupar a tocarle, a acariciarle los huevos, mientras las chicas, me ponían los dedos en la conchita y me acariciaban todo mi cuerpo. Bueno la cosa es que así chupándoles la pija despacio, hasta que me metí las pijas, de a una adentro de la boca, me llenan la boca, las tetas, de leche, quede ¡toda encastrada!

    La verdad es que ya no daba más, me di cuenta que ya era de día, nos quedamos en ese sofá, y al día siguiente, bah, ese mismo día, tipo 13 h., me desperté, después de que me hayan recogido, por lo menos me taparon con ¡una manta!

    Me despierto, me taparon con una manta (ni idea donde había quedado mi ropa), me levanto media perdida, aparece el tatuado (que a pesar de todo siempre me trato bien), me pregunta: ”¿lo pasaste bien anoche?” obvio no le respondí nada, pero mi cara habló por mí, me saca la manta, me dejo, en bolas, me empieza a besar despacio, todo mi cuerpo, yo tirada en ese sofá, me besa la conchita, y mis piernas, solas se movían del placer que tenía, me da vuelta, me empieza a poner la pija en la concha, intenta en la cola, no puede estaba muy seca, con mis jugos, me empieza a meter sus dedos, me la dilata, hasta que me mete un dedos, dos, y después la pija ME COGIÓ POR EL CULO SIN PARAR, hasta que me hizo acabar a lo bestia (como siempre acabo) pero él no había acabado, me da vuelta, me empieza a coger por la concha, yo otra vez con mis piernas sobre sus hombros, tocándome mis tetas a los gritos, hasta que me lleno la concha de leche, a los gritos de él ¡y míos!

    Me pensaba ir ese día, y me dice que me quede esa noche iba a estar solo, y nada, que se yo, dije es hoy o nunca, me dio una camisa de él, esas que a mi me gusta ponerme (digo las camisas de los chicos que me cogen) bien amplia, con una bombachita. El a la tarde tuvo que ir hacer un trabajo, volvió, me hizo un asadito (una boludez un par de pedazos de carne), pero yo seguía vestida, solo con la camisa y la bombachita, cenamos y a la noche a coger de nuevo, pero ya no vale que lo cuente porque fue una cogida normal como cualquier pareja. Eso sí con colita incluida.

    Al día siguiente me levante y si ya, me volví.

    Fue una locura aparecer así de golpe y llevarme la sorpresa de que estaba en una fiestita, en realidad solo iba a que me cogiera el tatuado o (casi seguro) algunos de los amigos que viven con él, pero no me arrepiento, son de esas cosas que nunca me voy a olvidar, me recogieron y encima fumada (que repito solo lo hago con él porque fue el que me llevo a eso, ningún amiga/o fuma esos “fasos”).

  • (15) Humedades profusas y sombrías

    (15) Humedades profusas y sombrías

    En la madrugada del día 1 de noviembre, es decir, a las 03:00, una secta pone en marcha la ceremonia de captación de quiméricas, y la prueba inicial la muestra en la pared de un edificio cualquiera, son maestros en el arte de la humedad, valga la frase para dos destrezas.

    Manejan la humedad en todos los aspectos, tanto de la lluvia como de las mujeres, ambas dos son sus extensiones, sin embargo no todos los humanos poseen ese poder, ya que lo es, y ese poder se encuentra en nuestro cerebro, y el cerebro es capaz de descubrir mensajes a través de nuestros ojos.

    La prueba inicial es la felación, y la elegida debe de innovar, no se trata solo de metérselo en la boca, no, hay ciertos detalles adicionales que la han capacitado para ese acto. El prefecto es un ser frío, impasible, ausente y su rostro no muestra emoción alguna, mira al frente.

    La secta rinde homenaje a la humedad vaginal, disponen de una memoria gráfica de fluidos escapando de vaginas, y la singularidad de este acto, es que sus cuerpos no han sido excitados previamente. Los quiméricos disponen de ese poder, excitarlas a distancia y lo hace incluso en la vida cotidiana, yo, el observador, incluso algunas veces he sido perseguidor de esos quiméricos, he visto como en el metro, autobuses, e incluso las que están sentadas en bancos en parques, se agitan, cruzan las piernas y miran a todos lados, buscan la causa de su excitación, y más de una ha llamado al amigo de turno para resolver la situación.

    El quimérico se apropia de la suma de todo, persigue a la mujer presa del deseo, y desde la calle siente lo que está ocurriendo en uno de esos pisos, incluso algunas lo han satisfecho en un coche, nada escapa a sus sentidos y esas mujeres satisfechas, son las elegidas para la captación de Prendes.

    Prendes es temporal, ya que es su voluntad debido al sexo, se convierten en quiméricas, y puestas en libertad, algo que ellas no han comprendido, es decir no saben que ha sido prendidas, sujetadas, para que nos entendamos, y tampoco su vida se ha visto alterada, pero si en un solo aspecto, han conseguido el poder del máximo goce sexual.

    Conocí a una, precisamente la que se ve en la humedad de la pared, la entrevisté debido a que hago trabajos a gente rara y la prueba que pasé fue en torno a lo que la gente no ve, mi enfermedad me sirvió, Pareidolia la llaman.

    Y la pregunta principal tiene que ver con la felación, para muchas es un calvario, para otras no, y esta me dijo que ninguno se lo tenía que pedir, ella lo hacía para saber que iba a entrar en su vagina, quería saber la medida de ocupación, la sensación de penetración, que para ella era muy importante, además aseguró que le gustaba cuando empezaba a humedecerse, quería sentir ese roce que se adentra en su interior, y además lo guía despacio, no importa que resulte un poco prematura la penetración, aunque esté un poco seca.

    Pregunté qué pasaba después, dijo que le sujetaba dentro, no dejaba que embistiera a su aire, ya que si era de su agrado, le iba a culturizar en el poder inculcado por el quimérico que la poseyó. Y una vez que ha pasado la prueba le empuja fuera de su vagina y es cuando cambia la postura.

    Ella sabe que cada hombre tiene sus gustos, ella me preguntó qué opinaba de la información que tenía. Dije que primero me basaba en su nivel de excitación, yo tenía una escala basada en ellas. No todas son iguales, además yo nunca tuve prisa, todo lo contrario, y la mayoría no estaba acostumbradas al factor tiempo.

    Por otro lado, tampoco sabían que una vez alcanzado el nivel de excitación primario, el que precede al primer orgasmo, yo necesito ese dato. Actúo fríamente debido a que busco algo más que segundos de gusto, y el status me lo marcaron dos mujeres, dos pajas diferentes y ambas con clase, increíble pero cierto, eso no podemos elegirlo.

    Y después del primer orgasmo, nada más sencillo que retroceder un dedo a la parte interna del clítoris, este es un fino cordón endurecido, y el nivel de excitación es más leve, hay que darle tiempo, que lo asimile, además ella da señales de continuar, eleva levemente y empuja la pelvis, y aún no ha sido penetrada. Ya mantiene los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás, es el momento de subir de nivel.

    La quimérica guardaba silencio, me dijo que ella había aprendido a excitarse una vez que agarraba al penetrador, valoraba lo que haría en su interior, sin embargo lo que más le gustaba, era la respuesta del que tenía a su lado, y como crecía y su dureza aumentaba.

    Aseguró que yo no participaba en ese polvo o como le quisiera llamar. Que actuaba de una forma fría, le dije que sí, que lo trataba como una operación militar. Ella arrugó la frente y dijo no comprender, le conté un secreto, lo merecía, había sido despierta en algo que se tarda en asumir, le dije que para mí el sexo es ensayo, dominio y que tengo sumisas sin saberlo.

    Dijo no entender eso de no saberlo, si lo digo es porque lo sé. Negué con la cabeza, me lo figuro tan solo, ya que algunas se sienten en deuda, bueno, no es la palabra adecuada, ya que lo basan en que ellas apenas han hecho nada en ese polvo. Si me recriminaron que no le di importancia a unas chupaditas, y es que la mayoría piensa que eso lo hace cualquiera.

    Me he preguntado muchas veces, que elementos influyeron en mi excitación en el momento de esas dos pajas, los momentos fueron diametralmente opuestos. Sigo aún intentando averiguarlo, ya que ambas fueron diferentes en todos los aspectos, una ignorante y virgen para más detalle, y la otra una mujer casada con dos hijos, diferencia de edad doce años más o menos, y no he descartado que el problema sea yo, que posiblemente sea así.

    Hace un mes más o menos, en los jardines de Sabatini, junto al palacio real, contemplé una escena que me dejó sorprendido. En un banco de piedra había una pareja, ambos altos y vestidos de forma diferente, ella un vestido largo que el aire levantaba y movía.

    Él tenía su mano izquierda entre sus muslos separados, seguro que ocupado en su clítoris, y su boca en el pezón del pecho derecho. Ella mantenía su mano derecha sujetando la cabeza de él y su mano izquierda en su penetrador, le pajeaba.

    Iba hacerles una fotografía, tengo objetivos especiales para primeros planos lejanos, pero ella movió la cabeza negando, y lo sorprendente es que estaba a unos cien metros más o menos, no comprendí como me había descubierto, aunque tampoco me escondí para hacerla, había aligustre a mi disposición para emboscarme, pero no lo hice por una causa.

    ¿Ella es una quimérica?, la fotografía del edificio de la humedad se encuentra muy cerca.

  • La dulce Julia, buena esposa y madre (II)

    La dulce Julia, buena esposa y madre (II)

    De aquel evento organizado por la empresa, me llevé dos cosas.

    Por un lado, la sensación agridulce de saber que Julia sentía algo por mí, pero que no estaba dispuesta a continuar, aunque fuese en secreto, una relación conmigo. Ni siquiera a vernos una vez más.

    Por otro lado, el descubrimiento de que merecía la pena conocer más a Cindy, la asistente del director financiero en Londres.

    No era la más lista de la clase, e inicialmente me aburrió hablar con ella. Pero más tarde, después de mi breve conversación con Julia, me volví a encontrar con ella. Estaba fuera de duda de que era un cañón de mujer, pero aparte me acabó haciendo reír. La simplicidad de sus conversaciones, la despreocupación sobre las cosas, la sencillez con que afrontaba la vida, me sentí cómodo.

    Cindy era muy diferente a Julia. A parte de lo obvio, que era inglesa, tenía 27 años, media algo más de 1.70 cm, tenía el pelo rubio y ondulado, melena bien cuidada que le llegaba hasta casi la mitad de la espalda. Le gustaba vestir atrevida. Estaba claro que pasaba bastante tiempo en el gimnasio, tetas de tamaño normal, buen culo y piernas largas. Tenía los ojos verdes, bonita nariz puntiaguda, labios amplios y carnosos, y piel de tono rosado.

    Empezamos a quedar, a escondidas, ya que yo no quería que se supiese en la oficina. No estábamos saliendo, simplemente éramos dos personas que se caían bien, probando cosas. Yo tenía 6 años más que ella, por lo que mis gustos eran algo diferentes. A ella le encantaba salir a clubs, beber, trasnochar. Era algo alocada y muy suelta. Yo por el otro lado, desde que empecé a salir con Lilly, dejé de interesarme por hacer tanta vida nocturna. Al final nuestro contacto se quedó en quedar a follar. Y no me podía quejar.

    Cindy hacía unas mamadas de escándalo. Esa boca había recorrido mucha carretera. Yo, por otro lado, la abrí a un nuevo mundo. Un viernes noche, estando yo ya dormido, me llamó, con alguna copa de más, quería verme y que conociese a sus amigas. Era como una niña, infantil y se reía demasiado. Me molestó que me despertase, por lo que le dije que no, y que si quería que viniese a mi casa. Para mi sorpresa, lo hizo. La traté como una mierda, me la follé sin ninguna delicadeza, y como venganza final por joderme el sueño, la puse a 4 patas y me la follé por el culo. Era virgen por ahí, pero entre las copas, y las aparentes ganas que tenía de verme, la cosa no fue tan mal. De hecho, follármela por el culo fue una delicia. Tenía un culo duro de gimnasio, piernas fuertes, y una melena muy bonita que daba una preciosa imagen de ella ahí a 4 patas delante de mí. Estaba tan relajada y con tantas ganas, que pude follármela a buen ritmo. A ella, aunque al principio se quejó del dolor, le acabó gustando y acabó gimiendo como una loca hasta que no pude aguantar más, y me corrí placenteramente en su culo. Una sorpresa que fuese todo tan bien en la primera vez. Supongo que algunas han nacido para esto.

    Cuanto peor las tratas, más se enamoran…Cindy empezó a salir menos, y a querer quedarse a dormir en mi casa los viernes. No siempre la dejé, pero alguna vez no venía mal. A parte, descubrí otra cualidad suya. Se conocía todos los cotilleos de la oficina, por lo que los sábados que me despertaba con ella al lado, me actualizaba con la última.

    Habían pasado 5 meses desde el evento en el que vi a Julia por última vez. Con Luis, mi relación era normal. Seguía trabajando y entrenando con él como si nada. Sinceramente, llamadme frío, pero no tenía remordimiento alguno por lo que le había hecho. Para mí, Julia y Luis eran temas separados, aunque fuesen marido y mujer.

    El siguiente sábado por la mañana me desperté, con Cindy a mí lado. Me pidió por primera vez que fuese a entrenar al gimnasio con ella. Iba a un famoso gimnasio que estaba de moda. Había escuchado a más gente hablar de él. Era grande, moderno, quien quería ser alguien, tenía que ir a ese gimnasio. Y por supuesto, Cindy tenía que ir allí:

    Por qué no vienes mañana a entrenar al gimnasio conmigo?

    No, paso. Además ya sabes que no pueden vernos juntos. Creo en las coincidencias, y seguro que hay alguien del trabajo que va a tu gimnasio

    No digo que estemos todo el rato juntos. Además, nunca he visto a nadie del trabajo. Solo a una alguna vez, no es ni del trabajo, creo que es la mujer de alguien de la oficina, la ví en el evento de hace unos meses. Seguro que no nos la encontramos, el gimnasio es muy grande, y si te viese, ni te reconocería.

    Como bien decía, creo en las coincidencias, o mejor dicho, en el destino. Seguí preguntando a Cindy:

    Quién? Cómo es? Sabes de quién es mujer?

    No sé de quién es mujer, mide unos 1.60 cm, morena de piel, pelo muy moreno, seguro que es española. Suele venir los domingos por la mañana. Pero tranquilo de verdad, seguro que no te reconoce. Y no estaré todo el rato al lado tuyo.

    No hacía falta que me dijese más. Las probabilidades de que fuese Julia eran altas. Vivían cerca del gimnasio, y como me dijo Luis y yo mismo fui capaz de comprobar de primera mano, Julia se había tomado en serio el entrenamiento después de su segundo embarazo.

    La verdad, aunque extrañamente Cindy había conseguido distraerme y despejar mi mente, pero seguía pensando en Julia normalmente. Esta era una oportunidad de verla otra vez, incluso hablar con ella. Si no era ella, al menos pasaba el domingo por la mañana entrenando. Le dije a Cindy que iría con ella al gimnasio el domingo. Se alegró muchísimo. Pobrecilla.

    Quedamos el domingo muy pronto para ir al gimnasio. Inocentemente, le saqué a Cindy que había visto a esa mujer en el gimnasio solo los domingos muy temprano, casi al abrir cuando menos gente había.

    Le dije que prefería ir lo antes posible, para evitar aglomeraciones. Quedamos en vernos ya dentro, para que no nos viesen entrar juntos. Tenía que seguir con la excusa de cara a Cindy, pero a este punto, me daba igual que Julia me viese con ella. Recuerdo cómo me miraba en el evento cuando me puse a hablar con otras.

    Estaba ya en las máquinas, cuando vi llegar a Cindy, con una tremenda sonrisa. Le hizo mucha ilusión que fuese a entrenar con ella. Era una chica que afrontaba la vida de forma sencilla, y estos pequeños gestos le gustaban.

    Pero por supuesto, tenía que ser la atracción. Aquí se acababa cualquier elemento de discreción que quisiese tener. Leggins de gimnasio color negro ajustados que dejaban poco a la imaginación, con un top deportivo de color blanco. La verdad que estaba muy buena, y era muy guapa. Me pregunto por qué se había pillado por mí. Yo estoy muy bien y en forma, pero soy 6 años mayor y me interesan cosas diametralmente opuestas a lo que le interesa a ella.

    Estuvimos trabajando en las máquinas un rato, mientras observaba alrededor. No veía a Julia. Le dije a Cindy que quería ir a dar una vuelta para conocer el gimnasio, mientras ella se podía quedar en las máquinas.

    Paseé por distintas áreas, hasta que llegué a la zona con máquinas de correr. Y de repente la vi. Estaba de espaldas a mí, en la cinta a unos 15 metros. Llevaba unos pantalones negros de deporte cortos, que dejaban a la vista sus muslos. Llevaba una camiseta rosa de deporte. La forma de vestir era lo contrario a Cindy. Julia era más sencilla y discreta. Se notaba que estaba en forma, tal y cómo la recordaba. Se me vinieron a la mente imágenes de su cuerpo desnudo, de sus tetas balanceándose debajo de mí, de mi pelvis chocando contra su culo, de mis labios besando los suyos. Me puse nervioso. Julia tenía el extraño don de dejarme indefenso. Era la única mujer que en los últimos años me había dejado embobado, y esto me atraía, a la vez que me asustaba.

    Me quedé unos minutos mirándola. Vi cómo su cinta empezó a bajar el ritmo. Parece que iba a dejar de correr en breve. Lo que todos hacemos al dejar de correr es ir a llenar la botella de agua, así que localicé donde estaba la fuente, fui allí e hice como si fuese a llenar mi botella.

    Esperé. Tardó unos minutos más en bajarse de la cinta. Cuando vi que se daba la vuelta para venir a la fuente, me puse de espaldas a ella, para fingir como si no la hubiese visto. Apareció a mi lado, giré la cabeza y me quedé mirándola, fingiendo sorpresa.

    La verdad, no me costó poner cara de asombro. Ver su preciosa cara de cerca me dejó sin palabras, un escalofrío me recorrió el pecho. Ella giró su cara, y vi la misma reacción. Hasta me pareció ver que se le mojaban los ojos. Julia no utilizaba casi maquillaje, su belleza era natural. Tenía la cara sudorosa de correr.

    Ninguno de los dos alcanzó a decir nada durante unos segundos. Pero yo fui el primero que habló, ya que estaba algo más preparado que ella para la sorpresa:

    Julia, qué haces aquí?

    Qué haces tú aquí?

    Ese ligero acento canario nunca me dejará indiferente. Cómo lo había echado de menos.

    He venido a entrenar. Sueles venir a este gimnasio?

    Pues sí, domingos por la mañana y miércoles tarde. Tú vives lejos, por qué has venido a este gimnasio?

    Me esperaba esta reacción, aunque su tono era más duro de lo que imaginé. De ninguna manera quería hacerle creer que esto no era una coincidencia.

    He venido con alguien que suele venir a este gimnasio, me ha invitado.

    Con quién?

    Con alguien

    Hice una ligera pausa antes de contestar esto último, y miré ligeramente hacia un lado cuando lo dije, como si no quisiese darle importancia y continué hablando antes de que siguiese preguntando.

    Cómo te van las cosas?

    Van bien, todo va muy bien, gracias

    Me hablaba ahora con un tono tajante y seco, y me miraba con cara muy seria. Su reacción estaba siendo muy diferente a la de hacía unos meses. Parece que algo había cambiado. Solo quería verla, y me había imaginado una conversación distinta a esta. Decidí ir fuerte:

    Oye vale, solo estoy intentando ser cordial contigo. Pero si me vas a hablar así, mejor me voy

    Me giré a mi izquierda y empecé a caminar. En medio segundo Julia me agarró del brazo diciendo con tono mucho más suave.

    No, espera! Perdona, no era mi intención, es solo que me ha sorprendido mucho encontrarte aquí

    Seguro… pensé. Nadie reacciona inicialmente de esa manera tan brusca, y posteriormente tan apaciguadora, si no hay un tema personal involucrado.

    En ese momento, y como si lo hubiese planeado, vi pasar a Cindy, que estaba buscándome. Me vio, sonrió, y se acercó a mí:

    Hola! Te estaba buscando

    No había reconocido a Julia, pero se había dado cuenta de que yo estaba hablando con una mujer atractiva, y quiso marcar su territorio. Me dio un morreo ahí mismo, delante de ella.

    Antes de que Cindy reconociese a Julia y dijese más de la cuenta, hablé yo y le presenté a Julia como la mujer de Luis. Cindy se dio cuenta en ese momento, se puso roja, me miró de reojo y se presentó a Julia. Yo la miré como si estuviese enfadado, pero en realidad estaba en éxtasis.

    Cindy empezó a hablar intentando aparentar normalidad. Julia no decía nada. Pero su cara lo decía todo. Si pudiese ponerse a llorar ahí mismo, lo haría. Julia era una mujer muy tranquila, delicada, y era incapaz de ocultar sus emociones.

    Viendo su reacción inicial al verme, luego la reacción cuando amenacé con irme, y esta última reacción al conocer que Cindy estaba conmigo, no me quedaba ya ninguna duda de que no había conseguido olvidarme.

    No puedo imaginarme el conflicto interno en el que vivía. Tenía la vida perfecta, un marido ideal, dos bonitas niñas, un trabajo de prestigio… y no podía quitarse de la cabeza al compañero de trabajo de su marido.

    Cindy, que estaba muerta de vergüenza pensando que nos había delatado y que yo estaría enfadado con ella, finalmente se despidió poniendo como excusa que empezaba su clase de spinning.

    Entonces miré a Julia, que por fin soltó una lágrima:

    Estás con ella?

    Respondí sin miramientos. Directo, sin pensarlo.

    Por qué lloras? Qué pasa Julia?

    Julia se desmoronó. Meses de luchar contra sus sentimientos, de mentir, de ocultar. Empezó a llorar. No podía arriesgar que nadie conocido nos viese así. La cogí de la mano y la llevé a unos servicios que había visto antes, en un área apartada y no muy concurrida.

    Eran unos servicios con un solo baño, uno para hombres y otro para mujeres.

    Entramos en el servicio de mujeres, y cerré la puerta:

    Julia, qué pasa? Por qué lloras así? Por favor dime qué pasa

    Por qué no me has llamado? Por qué no me has escrito ni un mensaje? – dijo entre sollozos

    Cómo voy a hacer eso? Eres una mujer casada, y tu marido es mi compañero de trabajo. No puedo arriesgar que lo descubra. Además, lo dejaste bien claro la última vez que nos vimos, recuerdas?

    No puedo quitarte de mi cabeza – dijo en voz baja – No puedo dejar de pensar en tí, no te puedo olvidar – empezó a llorar otra vez

    Casi me hizo llorar a mí. La abracé, y ella enterró su cabeza en mi pecho. Volví a tener la bonita sensación que tuve cuando se quedó dormida sobre mí. Sentía sus tetas bajo su camiseta y sujetador contra mi cuerpo. Nos quedamos abrazados un rato.

    El pomo de la puerta giró, pero el cerrojo estaba echado. Esto nos despertó. Miré a Julia, y Julia me miró con sus bonitos ojos negros. Otra vez esa sensación de no poder controlar mi cuerpo. Acerqué mi boca y la besé en los labios. Inicialmente no reaccionó, y me separé. Quizá la había cagado.

    Pero entonces ella se acercó a mi y me besó. Nos besamos apasionadamente, sus brazos rodearon mi cuello. No tardé en poner mis manos en su culo. Meses de pasión contenida fueron liberados.

    Le quité la camiseta. Llevaba un sujetador deportivo. Tenía el mismo cuidado vientre plano que recordaba. Ella me quitó el pantalón primero, era más directa. Zapatillas fuera, su pantalón también fuera, mi camiseta fuera mientras seguíamos besándonos. Pasé mis manos por su espalda, desabroché, pasé mis manos por sus hombros y deslicé. El sujetador cayó al suelo, y por fin volví a ver las preciosas tetas de Julia. Estaban como las recordaba, quizá algo menos voluminosas. Bonitas, con pezones centrados. No perdí tiempo y cogí ambas tetas con mis manos, mientras seguía besando a Julia. Las estrujé, apreté, acaricié. Me volvían loco. Julia cogió mi bóxer y lo bajó. Cogió mi polla con su mano y empezó a pajearme. Me empujó al WC, sentándome con mi polla ya erecta. Se bajó los panties deportivos. Tenía el coño bien depilado como la última vez. Abrió sus piernas y comenzó a sentarse frente a mí. Cogió mi polla con su mano y la apuntó hacia su coño.

    Primero, la punta de mi polla tocó la entrada de su coño. Julia soltó un suspiro. Me encantaba ver su cara juvenil, ojos negros, nariz delicada, melena morena hasta los hombros, boca fina de labios suaves, disfrutar con la sensación de estar a punto recibir mi polla dentro. Era la dulce Julia, mujer de Luis, madre de dos hijas, pero también era mi Julia.

    Mi polla empezó a entrar poco a poco en su coño. Julia iba bajando, mi polla iba entrando cada vez más profunda, hasta que Julia se sentó sobre mis piernas, con toda mi polla dentro. Yo tenía mis manos puestas en su culo, pero las separé para ir a sostener sus bonitas tetas. Julia me sonrió. Había echado de menos esta sonrisa. Volvió a levantarse para empezar un lento sube y baja, sacándose mi polla para volver a metérsela hasta el fondo. Nos íbamos besando mientras tanto. Cuando subía, sus tetas quedaban a la altura de mi cara, y las lamía, succionaba, besaba, me comía sus pezones.

    Empezamos a acelerar el ritmo, por lo que volví a poner mis manos en su culo, ayudándola a bajar y subir. Nos estábamos calentando, y Julia estaba gimiendo considerablemente. Le dije que no hiciese tanto ruido, nos iban a pillar.

    Otra vez alguien intentó entrar en el baño. No podíamos arriesgarnos a ser descubiertos. Julia consiguió ahogar sus gemidos, pero la veía disfrutar enormemente. Después de todos estos meses, por fin se liberaba.

    Tras unos 5-10 minutos metiéndose y sacándose mi polla, tuvo un potente orgasmo. Era una mujer de orgasmo rápido, sobre todo conmigo. Quedó rendida sobre mí, todavía con mi polla dentro, piernas bien abiertas, abrazada a mi cuello, su cabeza sobre mi hombro:

    Quiero correrme dentro de ti

    Y yo cariño. Pero no puedes esta vez, me puedo quedar embarazada. Ven

    Se levantó, me puse también de pie. Se sentó, y me quedé frente a ella. Cogió mi polla, que estaba cubierta de sus flujos, y con una preciosa sonrisa, mirándome a los ojos, se la metió en la boca. Esta vez se la metió hasta el fondo. Luis no era ni un mero lejano recuerdo en su cabeza.

    Empezó a chupar lentamente, desde la base hasta la punta, dándole un beso cuando se la sacaba de la boca, para volver a metérsela hasta el fondo. Tras un rato así, empezó a lamerme los huevos, mientras me hacía una paja. No sé si es que había estado yendo a clases extraescolares o la vez anterior estaba cortada, pero la mamada que me estaba dando ahora era de película.

    Volvió a meterse mi polla en su boca, hasta el fondo, para empezar a chupar con mucho más ritmo.

    Yo sujetaba sus tetas, las manoseaba, jugaba con sus pezones. Otras veces le empujaba la cabeza siguiendo el movimiento de la mamada, o le acariciaba la espalda. Algunas mujeres no quieren que les empujes la cabeza, pero Julia se dejaba hacer de todo, al menos conmigo. Vi en sus ojos lujuria. Estaba realmente concentrada en chuparme la polla, era lo único que importaba en su vida en ese momento. Chupaba a un ritmo descontrolado. Así no iba a tardar nada en correrme.

    Mientras Julia seguía con una mano apoyada en mi pierna, la otra sujetando la base de mi polla, y sus labios recorriendo una y otra vez arriba y abajo a una velocidad de vértigo, sentí que me iba a correr inmediatamente. Puse mis manos sobre sus tetas que se estaban balanceando al ritmo de la mamada, sujetándolas, y las apreté. Julia hacía fuerza con sus labios rodeando mi polla, arriba y abajo.

    De repente, sentí cómo un chorro salió de mi polla, directo a la boca de Julia, que en ese momento estaba realizando el movimiento hacia la base. Le tuvo que llegar hasta la garganta.

    No paró el ritmo, subió, y en el siguiente movimiento de bajada hacia la base, solté otro. Julia lo estaba aguantando bien, tragando el chorro según me corría en su boca. Volvió a subir y bajar y solté uno más. Aquí, solté una mano de su teta, y la puse en la cabeza de Julia, empujando. Me corrí una última vez, sujetando su cabeza contra mi vientre, con toda mi polla dentro de su boca. Este último no lo pudo aguantar, y tosió. La dejé ir, sacó mi polla de su boca, y vi cómo le caía semen por la boca hacia la barbilla.

    Ojalá hubiese tenido un móvil, era una imagen perfecta de la esposa y madre ideal.

    Podría haberse enfadado por esto último, pero estábamos a otro nivel. Me sonrió tímidamente, con semen en labios y barbilla. Se limpió, y empezamos a vestirnos.

    No podíamos arriesgarnos a que nos viesen salir juntos del baño. Salió ella con cautela primero, y yo me metí rápidamente en el de hombres. Quedamos en que me escribiría luego:

    Adiós cariño – me dijo dándome un beso en la boca

    Un poco después, volví al vestuario, y miré mi móvil. Tenía 5 llamadas perdidas de Cindy, y varios mensajes, pidiéndome perdón, no quería que me enfadase con ella. Se pensaba que me había ido por haberla “cagado” al darme un beso delante de Julia.

    Me entró pena por Cindy. Y algo más… me sentía culpable de haberla utilizado. Me vinieron a la mente imágenes de ella, de conversaciones que tuvimos, de cómo me hacía reír, de su cuerpo desnudo, de lo mucho que disfrutaba del sexo con ella.

    Quería ir a buscarla inmediatamente, y decirla que no estaba enfadado, simplemente verla e ir a tomar algo.

    Según iba pensando esto, mi móvil volvió a sonar. Era un mensaje. De Julia.

  • Viaje de egresados

    Viaje de egresados

    Desde que mis hijas comenzaron el colegio siempre fui de esos padres que trato de acompañar en todo lo posible. La más grande, que ahora tiene 25, la del medio que tiene 23 y Yanina, que termina este año el colegio, con 18 años cumplidos porque es de septiembre.

    Debo confesar que en casi treinta años de matrimonio llevo una vida sexual aburrida. Llena de intenciones, pero escasa de emociones. De vez en cuando hacemos el amor con mi señora sólo como para mantener un mínimo vínculo con lo que alguna vez fuimos, tiempo atrás.

    No tengo ninguna fobia con mi matrimonio ni me esperaba una experiencia de esta naturaleza a los 59 años, casi al borde del retiro en lo que al sexo respecta, pero sin inconvenientes a la hora de acostarme con alguien. Debo confesar también que en estos treinta años sólo he sido “infiel” en alguno que otro viaje, pero en ambas oportunidades requiriendo servicios de los books de los hoteles en los que me tocó hospedarme. Experiencias que tuvieron lo suyo, pero de las cuales tampoco me enorgullezco.

    A principios de este año, con lo difícil que está la situación económica en mi país, acepté una especie de retiro pre jubilatorio, en la que me siguen aportando hasta que cumpla los 65 años las cargas sociales y un salario menor, pero en la que estoy virtualmente desocupado.

    Por ese motivo cuando se hizo la reunión de padres de las seis divisiones que tienen los tres turnos del colegio, por amplia mayoría fue elegido como uno de los padres que acompañaría a los chicos en el viaje de egresados. Yo no quería saber nada, pero fue Yanina la que me convenció de que aceptara, que ella se iba a sentir más segura y que no tenía ningún problema en que compartiera esa experiencia con ella. “Es más divertido si no van tus padres”, le dije para tratar de hacerla desistir. “Yo me sentiría más tranquila, aun haciendo lío, si estás por ahí cerca. Yo sé que no me vas a hinchar demasiado, te conozco”, me respondió y tenía razón.

    Yo nunca fui uno de esos padres cuida que se pusiera pesado con las elecciones de sus hijas. Eran otros tiempos también en los que había menos teléfonos celulares y todo se arreglaba casi de antemano, como turnarnos con otros padres para ir a buscarlas en las fiestas o las salidas. En algunos campamentos se había implementado la participación de los padres para que la comunicación fuera más objetiva que sólo la mirada del colegio. Mi mujer también me dijo que fuera, que me iba a hacer bien.

    Y cuando llegó el día de la partida tuve que darle la razón. En total éramos seis los padres que acompañamos a los casi 150 estudiantes. Cuatro varones y dos mujeres. Y acá quiero detenerme porque fue donde comenzó la verdadera historia. Una era la mamá de unos trillizos que la habían elegido porque tenía contacto con tres divisiones distintas y la otra, Sabrina, era una morocha de 42 años, abogada, divorciada y con un cuerpo escultural.

    Medía 1.75, tenía los ojos verdes y una boca con los labios resaltados. No había signos de operación alguna salvo una buena retocada en las tetas que se les dejaba bien paradas con dos pezones que le atravesaban la ropa cada vez que prendían el aire acondicionado del colectivo.

    Tenía un jean apretado, de calce bajo, que dejaba asomar una de esos bikinis con hilo dental. Hacía mucho tiempo que no me calentaba ver una mujer y casi instintivamente se me puso duro el miembro cuando le vi el piercing en el ombligo cuando se estiró para dejar su campera de jean en el compartimiento de arriba de los asientos.

    “Soy Sabrina, encantada, pensé que estoy iba a estar lleno de vejestorios, pero me parece que me equivoqué”, me dijo con una sonrisa pícara y clavando la mirada en mi entrepierna, con el pene un poco más duro después de la indirecta.

    —Te molesta si me siento al lado tuyo? Tengo la sensación de que vamos a pegar buena onda —me dijo y deliberadamente se apoyó en mi pija cuando se quiso acomodar del lado de la ventanilla. “Parece que hay cosas interesantes por ahí”, remató guiñándome un ojo.

    Me presenté nerviosamente, le dije que también me alegraba que en el grupo de los padres hubiera gente piola y disimuladamente me acomodé un tablero portátil de ajedrez que llevaba en todos los viajes para matar el tiempo.

    El viaje fue parecido al que había hecho hacía más de 40 años y eso me hizo sentir un pibe nuevamente. Pensé que cogerse a otra madre era para quilombo, pero también era consciente de que en un colegio tan grande un polvo se perdería como una aguja en el pajar. Haciendo bien las cosas y con mi hija cerca, podía mandarme una “macana” sin levantar sospechas ni cagarle la vida a nadie. Y en eso me puse desde que advertí que la veterana quería guerra y que me había tirado onda.

    Durante el viaje varias veces se inclinó sobre mi hombro y apoyó alguna de sus manos cerca de mi pene, cuando la corrí suavemente hacia su lado me suspiró cerca del cuello y me dijo que le encantaba mi perfume. Se puso de costado y culo quedó prácticamente al lado de mi pija y me contuve de apoyarla porque tenía miedo de haber “mal interpretado” sus indirectas y quedar como un viejo verde.

    Tenía un culo redondo, bien marcado, los cachetes apenas le hacían un doblez en el pantalón como sobresaliendo, tenía ganas de apretarle los cachetes y apoyarla con la pija dura como la tenía, pero pensé en el contexto y me enfríe intentando algunas jugadas con el tablero de ajedrez y un libro de estrategia.

    Se dio vuelta para mí lado y se le escapaban las tetas del escote. Tenía un encaje rojo que hacía juego con la bikini mínima. Por las transparencias se podían ver unos pezones durísimos, parados, que reaccionaban ante cualquier roce o cambio de temperatura. “No dormís nada?”, me preguntó con voz casi de bebota. Me incendió la cabeza, pero supe que me la iba a recontra coger en el primer momento que me diera la chance.

    Toda la calentura del micro se enfrío al otro día cuando llegamos a Bariloche. Sobriedad, frialdad, resolución, división de los grupos a supervisar, itinerarios etc. Se había puesto unas calzas apretadas que le marcaban más el culo que en el micro y una especie de campera marcada al cuerpo que le hacía más perfectas tetas y más fina la cintura. Era una verdadera yegua y yo me la iba a coger…

    El cuarto día tenía prevista una visita a la fábrica de chocolates. Los tres micros pasaban a buscar los chicos, daban un recorrido en la fábrica y volvían después de un almuerzo que ya estaba pautados por los de la agencia de turismo. Ese día yo me levanté con un fuerte dolor de espalda y cuando desayunábamos en la mesa de padres y de coordinadores les consulté si había problema en que me quedara en el hotel, que descansando un rato iba a estar sin inconvenientes en las actividades de la tarde que incluían una visita al Lago Gutiérrez y una fiesta por la noche en un boliche que funcionaba en el último piso del hotel.

    Por supuesto que no hubo problemas, me recomendaron reposo y me dijeron que nos veníamos en cuatro horas, más o menos cuando finalizaba la visita guiada.

    Me fui a la habitación, me pegué una ducha y me quedé tirado en la cama sólo con la toalla atada en la cintura. A los 20 minutos golpearon a mi puerta. Pensé que se trataba de la gente que se encargaba del aseo de la habitación y abrí la puerta sin complejos con la toalla en la cintura. Soy una persona delgada, mido 1.80 y son de contextura física grande. Cuando abrí me di cuenta que era Sabrina, con una musculosa que le marcaba las tetas y una calza que dejaba ver los pliegues se su vagina de lo apretada que estaba. Inmediatamente tuve una erección y no tuve chances de ocultarla con la toalla que me delató al instante.

    —Epa, que recibimiento. Me parece que lo que vos necesitas es un poco de mimos. Me dijo Sabrina que suavemente metió su mano por el tajo que dejaba la toalla atada en la cintura y me acarició el miembro sin ningún complejo. “Qué tenemos por acá. Yo te voy a ayudar a que se te vayan los dolores”, me advirtió. Y con el mismo empujón con el que me corrió unos centímetros de la puerta, se inclinó hacia adelante hasta quedar de rodillas y me comenzó a hacer una mamada que nunca me voy a olvidar.

    “Desde que te vi en el colectivo que te quería chupar la pija”, me dijo mientras pasaba la lengua de arriba hacia abajo, se metía los huevos en la boca y con las dos manos me apretaba los cachetes del culo para metérsela bien hasta el fondo, como queriendo que la ahogara con mi miembro”. Tuve que contener la eyaculación porque hubiera sido un papelón acabar tan rápido.

    La levanté por los hombros, la di vuelta y le bajé la calza hasta que le quedó a la altura de la pantorrilla. Como me lo temía no llevaba ropa interior. Le separé las nalgas y le metí un terrible lengüetazo que la hizo estremecer y chorrearse toda. Con mi nariz jugaba con el orificio del culo, claramente le gustaba coger por el orto porque lo tenía bien dilatado y se le abrió un poco más cuando también lo empecé a estimular con la lengua.

    “Me lo vas a llenar de leche”, me dijo mientras se lo abría con las dos manos y me pedía que le pasara más la lengua. “Me vuelve loca eso, me pone muy puta. Tengo ganas de tomarte toda la leche. Tenemos tres horitas para hacer desastres me dijo y se abalanzó sobre mi pija. Empezó a metérsela hasta la garganta, con uno de sus dedos también trató de estimularme el ano, la pija se me puso más dura y empezó a succionar con ritmo. Lo retuve todo lo que pude pero disparé mi semen en su boca y ella no me la soltó hasta que se tomó la última gota.

    Pensé que estaba terminado, que tremendo polvo no me iba a dejar seguir así que la tiré en la cama y le empecé a chupar la concha para calentarla más y ganar tiempo. Se puso como loca, le metí dos y hasta tres dedos por adelante y lo mismo en el culo. Se retorcía en la cama y gemía como una gata en celo, quería más. Y yo le iba a dar más.

    De a poco fui girando mi cuerpo para que la pija le quedara cerca de la cara mientras yo seguía lamiendo y metiendo dedos por atrás y adelante. Cuando se percató de que mi miembro estaba cerca se lo metió en la boca con desesperación y siguió succionándomelo hasta que volvió a ponerse duro.

    Me puse boca arriba y ella se sentó casi en cuclillas con su cabeza apuntando a mis pies. Comenzó a chuparme el dedo gordo mientras bajaba y subía frenéticamente por mi pija. El culo estaba cada vez más dilatado. Cabalgó hasta que acabó frotándose el clítoris con mis huevos. Me pedía que le diera palmadas en las nalgas. Eso la puso más puta, mas pedigüeña. Se levantó apenas y se acomodó el miembro en el orificio del culo. Y bruscamente se sentó hasta que la pija desapareció por completo. “Rompémelo todo, cógeme fuerte, tenés una pija hermosa, rompéme bien el culo, ay, ay, ay”, gritaba a tal punto que la hice acostarse arriba mío para poder taparle la boca mientras la penetraba con violencia por el culo con la pija que me explotaba. Aguante unos minutos hasta que me pareció percibir que ella había acabado otra vez y descargué otro chorro de semen en su culo. La pija me chorreaba de leche por la posición en la que había acabado y ella sin ningún reparo comenzó a lamerla hasta dejarla limpia, como quien borra evidencias de una escena del crimen.

    Cuando se levantó pude ver como el semen le chorreaba por ambos muslos. Agarró sus cosas, me pidió prestada la toalla y se fue hacia su habitación envuelta en la misma con la que la había recibido un par de horas antes. “Aguanten los viajes de egresados”, me dijo antes de darme un pico de despedida. “Esto no termina acá”, me advirtió pasándose la lengua entre los labios como pidiendo más leche.

    Y así fue que mi viaje de egresados también tomó otro color. Cogimos las tres noches que nos quedaban y hay posibilidades de que volvamos a hacerlo acá, ahora que sabemos que nadie se dio cuenta y que en la cama nos sacamos chispas.