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  • El vagabundo y su dama (Parte 2)

    El vagabundo y su dama (Parte 2)

    Estábamos a final del mes de octubre, era un miércoles; víspera de festivo; este día había quedado con el vagabundo; habíamos quedado a las 10 de la noche; tenía la intención de quedarme toda la noche con él, volvería a ser su damita como le gustaba y solía decirme.

    Me había levantado temprano para ir a trabajar al puerto, y ahora a las 12 del medio día ya volvía para casa. Cuando había salido a las 5 de la mañana, el día estaba nublado, se notaba cierto frío, por suerte al final el día había quedado completamente despejado, pero ya se notaba el frío del otoño en el ambiente.

    Tenía pensado pasar por la casa donde dormía el vagabundo antes de ir a comer a mi casa, y es que había estado haciendo limpieza en los armarios, había llenado varias bolsas con ropa para llevárselas al vagabundo, que viera si podía aprovechar algo, o que hiciese con ella lo que le diera la gana. Tenía también pensado en llevar algo de beber y comer para pasar la noche, además iba llevarle un radiocasete viejo que ya no usaba, pero que todavía funcionaba. Así que antes de ir cargado con las bolsas, quería saber si se encontraba en la casa, no tuviera que volver con ellas devuelta.

    Al llegar a la casa donde dormía el vagabundo, ya lo encontré en la puerta, estaba entrando en ella. Al verme me saludó e hizo pasar. ¡Ohhh mi damita! Me dijo abrazándome, quedamos a las 10 de la noche, no te arrepentirás, ¿verdad?

    No no, no es por eso, venía para saber si estabas ya que tengo unas bolsas con ropa para traerte cómo te había dicho.

    Pues ya ves que sí estoy. Pero quédate sí quieres, me decía llevando su mano a mi entrepierna, agarrándome la polla y huevos sobándolos, haciendo que mi polla se empezara a poner dura.

    Mejor voy a casa primero, y traigo las bolsas, le decía mientras él no dejaba de meterme mano haciéndome empalmar.

    Bueno mi damita, me decía siguiendo metiéndome mano y mordiéndome el cuello, Ve, pero mira cómo me dejas. Cogió mi mano llevándola a su verga para que notara cómo estaba de empalmado. ¡Ufff! El muy cabrón tenía la polla tiesa, le llegaba al ombligo de dura que la tenía.

    Vengo en 10 minutos, dije separándome, ya que, si seguía tocándole la polla, no iba poder hacer otra cosa que sacarle aquella verga que tanto me gustaba, y empezar a chupársela.

    Salí por la puerta, y apurando el paso llegué a mi casa donde todavía no había llegado nadie. Cogí las bolsas que ya había dejado preparadas, fui a la nevera, saqué los botes de cerveza que había dejado a enfriar, los metí en otra bolsa, y marché para la casa del vagabundo con todo el cargamento. Solo me faltaba por recoger la empanada que había encargado, pero eso lo haría por la tarde.

    Había tardado 20 minutos en estar de vuelta junto al vagabundo. Cuando llegué con el cargamento, me hizo llevarlo a lo que se supone que era la cocina, y dejarlo allí sobre una mesa que había.

    ¡Ohhh mi damita! Me decía el vagabundo abrazándome por la espalda y frotándose a mi cuerpo. Restregaba su paquete por mi culo, notándosele que seguía con la polla erecta. Mira cómo estoy, me decía empujándome sobre la mesa. No creo que pueda aguantar hasta la noche, vas a tener que dejarme que te folle este culito cómo adelanto. Será un buen aperitivo antes de comer, ¿no crees? Me iba diciendo sin dejar de restregar su erecta polla por mi culo.

    Me tienes que reviento de ganas por hacerte de nuevo mi damita, me decía mordiéndome en la nuca, allí recostado sobre la mesa, mientras se iba restregando contra mi culo, notándole la verga totalmente erecta.

    ¡Ohhh cómo me gustas! ¡ooohhh que culito tienes!

    Quiero follarte, necesito follarte este culito. Quiero que me dejes darte por el culo mi amor.

    Con sus manos mientras tanto iba buscando mi cinturón, hasta que consiguió desabrocharlo, luego hizo lo mismo con el pantalón, empezando a bajármelo.

    ¡Ohhh que ganas! ¡ohhh que ganas tengo! Decía terminando de bajarme el pantalón y hacer lo mismo con el slip, ¡Ay que bueno! ¡ay cómo te echaba de menos! ¡ooohhh que culito! Dijo una vez que me hubo bajado el slip agarrando mi polla y huevos.

    ¡Ay mi damita! Te voy a dar por el culo. Estoy que no aguanto más me decía, tengo la polla que me revienta, seguía hablando mientras empezaba a bajarse el pantalón y dejar salir a su polla.

    ¡Bufff! Quédate así me dijo, apoyando su polla y huevos en mi culo, empezando a subirme la cazadora y camiseta haciéndome estirar los brazos sobre la mesa, y que ambas prendas dejasen mi espalda y torso al descubierto.

    ¡Ay que bueno estás! ¡ooohhh que culito! Decía restregando su polla y huevos por mi culo, mientras besaba mi espalda y mordía mi nuca.

    Apoyó una de sus manos sobre mi espalda, mientras la otra la llevaba a mi culo. Pasó la mano por la raja buscando el ano, y luego de tantear mi agujerito, escupió en su mano, llevándola de nuevo a mi culo, Fue pasando con ella por mi agujero, hasta que lo fue abriendo con uno de sus dedos. Volvió a escupir en su mano, llevando su saliva al esfínter. Luego apoyó la cabeza de su polla en él, empujó con sus caderas para que se fuese introduciendo, cuando mi esfínter se empezó a abrir dejando que entrase aquella cabeza que empujaba por entrar, me sujetó con ambas manos por la cintura, tiró por mí culo dando a la vez un movimiento a su cadera, metiendo más de la mitad de su polla en él.

    ¡Ahhh! Grité al notar entrar su polla, ¡aaahhh! Volví a gritar cuando metió toda su polla dando otro movimiento a su pelvis.

    Ya mi damita, ya está, Yala tienes toda. ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba empezando a mover su pelvis, haciendo que su polla fuese entrando cada vez más en mí.

    Empezaba a sacar y meter su polla en mi culo moviendo sus caderas, haciendo que su pelvis golpeara mi culo.

    Pero no estaba cómodo, mi pantalón y slip no le dejaban arrimarse bien a mí. Además, no me permitían abrir las piernas lo suficiente para estar cómodos.

    Se paró un momento, y sacando su polla de mi culo, me dijo que me quedara así. Espera que te voy a quitar el pantalón para que no nos moleste. Se agachó y levantándome una pierna, sacó el zapato tirando por el pantalón y slip. Luego hizo lo mismo con la otra pierna, sacándome por completo ambas prendas. Hizo lo mismo con sus zapatos, quitándose por completo la ropa.

    Ahora volvió a colocarse en medio de mis piernas, haciéndome abrirlas más. Apoyó la punta de la polla sobre mi agujerito, y tirando por mis caderas, dio una culeada metiendo de una estocada toda su polla dentro de mi culo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Suspiré al notar su polla dentro mía.

    Así, ¡ooohhh! Así, así, gritaba el vagabundo empezando a culearme.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Decía sin dejar de culearme.

    ¡Ohhh mi damita! ¡ohhh que rico! ¡ooohhh que rico se siente! Decía el vagabundo metiendo y sacando su polla en mi culo, teniéndome recostado sobre aquella mesa, y a él sobre mí. Metía y sacaba su polla moviendo sus caderas, a la vez que se recostaba sobre mi espalda y mordía y lamía mi nuca.

    Notaba su pecho sobre mi espalda, su boca mordiéndome la nuca, el bello púbico pegado a mi culo haciéndome cosquillas cada vez que impulsaba su pelvis, haciendo que su polla fuese entrando y saliendo de mi culo, incrustándose cada vez más profundamente en mi ano.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh cómo me gustaba aquello! Que sensación más rica notar su pubis pegado en mi culo cómo empujaba, haciendo que su polla fuese abriendo mi culo e introduciéndose en él.

    Se escuchaban nuestros gemidos, y el chof chof chof, chof chof chof, de su polla al entrar golpeando su pelvis mi culito.

    Yo mordiéndome los labios por el gusto que estaba sintiendo, levantaba más mi culo poniéndome de puntillas mientras seguía recostado sobre la mesa, para que su polla me entrara cada vez más.

    Notaba cómo su polla rozaba mi próstata, causándome un gran placer, haciendo que mi polla no dejara de gotear semen.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh dios mío que gusto! Gemía mordiéndome los labios y levantando todo lo que podía el culito, notando cómo entraba la polla del vagabundo y me daba por el culo.

    Se escuchaba el sonido acompasado que sonaba, chof, chof chof chof, chof, chof chof chof, chof, chof chof chof, al entrar la polla del vagabundo en mi culo, y a su pelvis golpear mi culito.

    Allí estaba yo, recostado sobre una vieja mesa, siendo follado por un vagabundo, delirando de placer y escuchando los gemidos y aquella armoniosa melodía que hacía su polla al entrar en mí, abriéndome el culo.

    Hasta que los gritos del vagabundo rompieron aquella armonía. ¡Me voy a correr! ¡ohhh mi damita! ¡me voy a correr! ¡ya, ya me corro! ¡ooohhh me corro! ¡me corro! ¡ooohhh me corro! Gritaba enterrándome más la polla en mi culo.

    Noté cómo su polla se hinchaba más en mi culo, y empezaba a soltar varios trallazos de semen, dejándolos en lo más hondo de mis entrañas.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto mi amor! Gritaba el vagabundo terminando de eyacular dentro mía, derrumbándose sobre mi espalda.

    Como me ha gustado mi amor. ¡Ohhh que rico se siente! ¡ohhh que rico! ¡ooohhh mi linda damita!

    Echado sobre mi espalda, sudando por todo su cuerpo, me iba besando la espalda y mordiendo la nuca, hasta que su polla fue saliendo de mi ano.

    Una vez recuperado el aliento, se puso de pie, y dejando que yo me incorporara, me abrazó por la cintura pegándome a él, empezando a morderme los labios y cuello. Luego metió su lengua en mi boca, saboreándome todo.

    Yo mientras tanto, agarraba su polla con mi mano, se la iba acariciando. Notaba cómo estaba toda pringada de semen, y con la excitación y calentura que tenía en esos momentos, me agaché llevando mi boca a su polla, empezando a darle una chupada que le hizo soltar un gemido, a la vez que le temblaban las piernas teniendo que agarrarse a mi cabeza, ¡ohhh! ¡ooohhh! Gimió sujetándose a mi cabeza mientras le temblaban las piernas.

    ¡Ohhh mi damita! Vas a acabar conmigo, ¡ooohhh por dios! Para para.

    Pero yo, no paré hasta dejarle la polla sin restos de semen. La había saboreado hasta la extenuación, y la había dejado limpia y reluciente.

    Cuando me hube incorporado, empecé a recoger la ropa que estaba esparcida por el suelo y mesa, y dejándola sobre esta, nos sentamos a fumar un cigarrillo.

    ¿Te ha gustado?

    Sí, sí me ha gustado, ha estado estupendo, le contesté.

    La verdad es que yo estaba que reventaba. Moría de ganas por volverte a dar por el culito tan rico que tienes.

    Quería volver a follar tu culito, y hacerte de nuevo mi damita.

    Cuando te vi, ya no aguantaba más, ya me era imposible esperar hasta esta noche. Pero esta noche te volveré a follar y hacer mi damita. Te voy a preñar hasta dejarte embarazado.

    Bueno, me voy a vestir e ir a comer, luego por la tarde voy a buscar una empanada que he encargado, y a eso de las 10 de la noche, vengo por aquí, le dije.

    Espera espera, pero si tu aún no te has corrido. No te vas a ir así, no voy a dejar que mi damita, se vaya de esta manera.

    Vamos a beber los 2 juntitos una de esas cervezas que has traído, mientras alivio a mi damita para que no se vaya así. Dijo agarrándome la polla y empezar a darme suaves meneos en ella.

    Yo no quiero cerveza ahora, le dije, no me apetece.

    Toma, me dijo pasando uno de los botes de cerveza, ábrela y la compartimos.

    Como quieras, dije abriendo la cerveza, pero yo no quiero. Si bebo ahora luego me quita las ganas de comer.

    Anda mi amorcito, me decía el vagabundo abrazándome por la cintura pegándome a él. Dame de beber y déjame acariciarte.

    Mira cómo estás, me decía meneándome suavemente la polla y mordiéndome en el hombro.

    Yo me estremecí al notar cómo mordisqueaba mi hombro y meneaba suavemente mi polla. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí a la vez que me temblaban las piernas, pegándome más a él.

    Dame de beber mi amor, me decía sin soltarme la polla.

    Llevé el bote de cerveza a su boca, y inclinándolo un poco, empezó a beber, cayéndole un poco de cerveza por la comisura de sus labios. Despacito mi amor, me dijo cogiendo el bote de cerveza con su mano.

    Solté la cerveza dejándola en su mano, y después de dar varios tragos, la apoyó en la mesa. Acercó su boca a la mía, y cuando abría la boca dejando que entrara su lengua, soltó en mi boca un poco de la cerveza que llevaba en su boca.

    No me quedó más remedio que tragar aquella cerveza que con su boca había depositado en la mía, para luego meterme su lengua y saborearme con ella.

    Dios, aquello me hacía poner guarro, cabreaba y excitaba a la vez. Dejé que saboreara mi boca, para luego morderle los labios y Meterle con furia mi lengua en la suya.

    Me gusta hacer guarrerías, me encanta verte cuando te cabreas.

    Me gustó mucho lo que hicimos en la bañera la otra vez. Quiero volver a hacerlo, quiero que te corras en mi cara, que mees por mí, y yo mear por ti.

    Dios, estaba excitado, y aunque aquello no me convencía mucho, estaba poniéndome tan guarro que me calentaba y excitaba la situación.

    Me cogió por la mano, y llevándome hasta el baño, nos metimos en la bañera.

    Agarró mi polla y mientras me iba besando y mordiendo el cuello me iba pajeando suavemente.

    Con su otra mano me hizo que abriera las piernas, empezando a meterme uno de sus dedos en el culo. Cuando vio que entraba fácilmente, metió otro, empezando a follarme el culo con ambos dedos, mientras me pajeaba suavemente con la otra mano.

    Así mi damita, así, ábrete de piernas y deja que mis dedos entren en tu culito.

    Quiero que te corras en mi cara, y luego que me dejes mearte. Quiero mear a mi damita en su boquita tan rica que tiene, luego mearte este culito tan bonito y huevos.

    El muy cabrón no paraba de meterme los 2 dedos en el culo, haciendo que me abriera de piernas cada vez más, y empujara mi culo para incrustarme cada vez más los dedos del vagabundo, mientras con su otra mano me pajeaba suavemente.

    hasta que me hizo correr.

    ¡Ohhh! Me corro, me corro, ¡ooohhh me corro! Gritaba abrazándome a él.

    Sin sacarme los dedos del culo, se agachó llevando su cara a mi polla, y cuando empecé a eyacular, él abría la boca dejando que le callera parte de mi semen en ella, y otros chorretones de lefa por su cara.

    Agarrado a sus hombros y empezando a temblarme las piernas, mientras me tenía incrustados los 2 dedos en el culo, iba soltando todo el semen sobre su cara y boca, mientras gritaba que me corría, ¡ohhh me corro! Me corro, ¡ooohhh me corro!

    Cuando terminé de eyacular, abrazado a él, le lamí todo el esperma que le había soltado sobre su cara, metiendo luego mi lengua en su boca, morderle los labios y saborear su lengua.

    Una vez me fui reponiendo, él me fue agachando por los hombros hasta que estuve a la altura de su polla. Así mi damita, así, abre esa boquita tan rica que tienes, me decía.

    Tan pronto empecé a abrir la boca, el muy hijo de puta empezó a mear sobre mi cara, entrándome un buen chorro de meos en la boca, parte del cual pude escupir, pero otra parte no me quedó más remedio que tragarlos.

    Luego me hizo que me inclinara así agachado cómo estaba, y que le mostrara el culo. Una vez colocado, siguió meándome, pero ahora apuntando a mi ano y huevos.

    Cuando terminó de mear por mí, me hizo que le chupara la polla y terminara de limpiarla de aquella meada que terminaba de echar.

    Cuando ya me había puesto de pie, cogió el maneral de la ducha, y abriendo el agua, empezó a salir un chorro de agua fría cómo el demonio, que me pegaba en el pecho.

    ¡Joder! Está congelada, grité al notar aquel chorro de agua que caía por mi cara y pecho.

    Temblando me abrazó a él, y sin dejar de echarme agua por mi cuerpo, llevó el maneral de la ducha hasta mis huevos haciendo que me abriera de piernas, y él fuese dejando que aquel chorro de agua fría pegase en mi ano y huevos.

    Con la sensación de frío que se iba apoderando de mi cuerpo, me entraron ganas de mear a mí, cosa que hice, meándole ahora yo a él. Mientras él me mojaba con la ducha el culo y huevos, yo me puse a mearle la mano y pubis.

    Me abrazó a él, dejando que terminara de mearle el pubis y piernas.

    Cuando terminamos de lavarnos y secarnos, volvimos a donde teníamos la ropa, nos vestimos, y después de despedirnos me fui para mi casa, a comer y darme una buena ducha, pero ahora de agua bien calentita, ya que olía a sexo y semen por todos los poros de mi cuerpo.

    Como siempre después de una buena enculada, iba con el culito bien abierto, preñadito de semen, feliz y contento, deseando que llegaran pronto las 10 de la noche, para volver junto a él.

    Podéis escribirme a:

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  • Nuestra amiga argentina se folla a otro amigo de su ex y más

    Nuestra amiga argentina se folla a otro amigo de su ex y más

    Era un día como cualquier otro, fresco y frío, yo embolada en casa, me voy a Starbucks con la Tablet a boludear un rato. Estaba vestida así nomás, con zapatillas, un jean largo, sweater y un camperón.

    Hasta que en un momento me dicen: “Hola Caro”, era Alejo, uno de los mejores amigos de mi ex, me pregunta si estaba sola u ocupada (no me acuerdo bien), le digo que estoy sola, medio al pedo, y se sienta en un sillón al lado mío.

    Nos quedamos hablando boludeces, de porque lo largue a mi ex (el algo ya sabía), y hablamos otras cosas más, hasta que me empezó a demostrar que el flaco era ¡re zarpado!

    Yo la verdad, es que nunca me había fijado en él, primero porque era uno de los mejores amigos de mi ex, y después porque no es del tipo de chico que me gusta.

    Entre cosa y cosa, me dice así de una: “pero vos tampoco sos una santa, sos bastante…” y se queda callado:

    Yo: ¿bastante que nene?

    Alejo: en serio querés que te lo diga, porque una cosa es que tu ex no se haya dado cuenta, pero yo a las pendejas como vos, me doy cuenta enseguida como son, tus miradas, como te vestías a veces, ¡y miles de cosas más!

    Yo: y dale nene, decime, a ver ¿cómo soy para vos?

    Alejo: y un poco tramposa sos, ¿o no?

    (La verdad, me sentía desorientada, nunca me habían encarado así.)

    Llega el momento de irnos, me dice: “te llevo”, le digo que no, que estoy cerca que si, que no, bueno al final le dije que si.

    Mientras íbamos al auto, me pone su brazo sobre mi hombro, ¿me explico?, yo no entendía nada, me estaba empezando a sentir como una pendeja boluda que era la primera vez que estaba con un chico y la verdad es que sentirme así no me gusta nada, me gusta ir al frente y no mostrarme como una boluda.

    Entramos al auto, no lo pone en marcha, seguimos hablando hasta que me dice:

    Alejo: sabes Caro, siempre me gustaste.

    Yo: pero sos uno de los mejores amigos de mi ex.

    Alejo: ¿y? ¿qué tiene que ver?, ya no están juntos

    (Y me pone una mano sobre el jean, se acerca, me trata de dar un beso y le digo que no que la corte (no se porque pero ese día estaba hecha una santa jeje), y el zarpado, así jugándose me dice:

    Alejo: No se si yo te gusto, pero coger seguro que si.

    Yo (no quería quedar como una boluda) y le digo que si, pero que elijo con quien.

    Alejo: ¿y si te digo que tengo una sorpresa para vos?

    Yo: ¿cual?

    El forro, agarra mi mano, y así, sin decirme nada me hace tocar sobre el jean su pija, que sin estar del todo parada pintaba ser ¡grande!, y sin darme tiempo a nada, me da un beso suave, otro no tan suave y ahí yo le parto la boca (repito como una boluda no iba a quedar).

    Nos matamos en el auto, era ya medio de noche, pero no daba seguir ahí, pone el auto en marcha y encara (yo estaba segura a un telo, yo la verdad ni quería pensar que me iba a dejar coger por el, no quería pensar en que me iba a coger otro amigo ¡de mi ex!) iba a terminar siendo ¡la puta de todos!

    Entramos al telo, nos sacamos las camperas, los sweaters, y de espalda me apoya contra una pared, yo me agarraba de la pared, el ya me hacia sentir su pija bien parada sobre mi cola, mientras me desabrocha la blusa, el corpiño, y así, el atrás mío, me empieza a tocar las tetas.

    Yo ya me estaba calentando, empezándole a decir con la vos media entrecortada, bien de puta: “nooo, nooo, no sigas”, mientras movia la cola y cada vez sentía más ¡su pija!

    Yo sigo de espalda, me desabrocha el jean me lo empieza a bajar, lo ayudo y entre los dos me lo saco, ya estaba ¡casi en bolas!, me doy vuelta, mientras lo beso le desabrocho el pantalón y despacio como me gusta a mi, se la empiezo a chupar, y otra vez el zarpado me dice: “¿te gusta chuparla putita?” con mi cara le digo que si, pero no sacaba la pija ¡de mi boca!

    El se termina se sacar el pantalón, yo la bombacha, me levanta, me lleva a la cama y le hago una pregunta que me calienta mucho hacerla: “¿me vas a coger?” y el turro me dice: “no, te voy a recoger, no vas a poder salir caminando trolita hermosa” y ahí empieza el desafío.

    Yo: no sabes lo que me tenes que hacer para destruirme puto, y si , me encanta coger, y yo te voy a dejar sequito, bien sequito forro y vamos a ver que me haces vos.

    Como un animal, me agarra, me da vuelta, me pone en cuatro, me escupe la cola, me la chupa, me mete los dedos, yo ya estaba bien, bien caliente, y siento que me empieza a poner la pija ayyy, pego un grito, le digo: “despacio” y me dice: “ te dije que te ibas a ir sin poder caminar” “forro cógeme pero despacio” y el zarpado me dice que no, que me iba a coger como una trola, que me iba hacer mierda, mientras me la seguía poniendo y yo gemía, gritaba, gozaba le decía que no, hasta que el dolor se transformó en goce, ya mi cola estaba dilatada, la empiezo a mover, me agarra de la cintura y me empieza a bombear, me dolía, pero el goce de sentir semejante pija (mucho más grande que la de mi ex), me hacía calentar mucho, hasta que me hace acabar y como siempre dejándome las piernas temblando.

    Sin darme tiempo a nada, me da vuelta, me empieza a besar la conchita, me mete otra vez la lengua, me tocaba las tetas, me metía los dedos, pero no suaves a lo bestia uno dos, hasta que me masturba y me hace acabar ¡de nuevo! Así con los dedos.

    Ni bien acabo, le digo que se ponga un forro, y me dice ¿saben qué? (nunca me había pasado): “no puta, quiero ver tu cara cuando mi leche te llene la concha de leche”, no le pude decir nada, me recalentó lo que me dijo, y me mete semejante pija en la concha así de una, hacía tiempo que no me la hacían sentir ¡así!, para que la sintiera más me pone mis piernas sobre sus hombros, no se, sentía que la pija me llegaba hasta la garganta, y me empieza a bombear de nuevo, yo casi ni me movía y me decía lo que me gusta que me digan: “ sos re puta Caro, sos insaciable, te encanta coger” y digo lo de siempre: “si ahora soy tu puta soy tuya cógeme, cógeme bien haceme mierda” (y el forro se lo tomo en serio, ¡porque me hizo mierda!)

    Me sigue bombeando hasta que acabamos juntos (y obvio que me encanta que me llenen la conchita de leche y no lo puedo disimular jeje)

    Nos quedamos, no se nada minutos en la cama y me dice algo así:

    Alejo: viste, no me equivoque sos re trampa nena, y el forro de tu ex ¿nunca se dio cuenta?

    Yo: sos un guacho “ese forro” como vos le decis es tu amigo, no podes ser tan turro.

    Alejo: ¿y vos nena?, te estás dejando coger por el mejor amigo de tu ex y gozas como una yegua.

    (No me acuerdo bien pero fue más o menos así lo que hablamos.)

    Y como siempre quiero más le digo:

    Yo: si y quiero que me sigas cogiendo a ver quien aguanta más.

    Me pongo en cuatro, le empiezo a chupar la pija de nuevo (que estaba dormida pero la guacha se despertó enseguida) dejándole bien la concha ¡en su cara!, yo se la chupaba y el me chupaba la concha hicimos un 69, hicimos un 69 re tranquilo, un rato largo, hasta que me empieza a meter la lengua bien adentro junto con los dedos y me hace acabar de nuevo, el, no, ¡el no había acabado!

    Se sienta en la cama, a ver como lo explico para que me entiendan, el sentado en la cama con la pija parada y yo me subo a esa pija me la clavo y empiezo a cabalgar sobre el mientras nos abrazamos y nos besábamos, y el empujaba, empujaba, me la hacía sentir de nuevo, (repito hacía tiempo que no sentía tanto una pija, la tenia enorme), hasta que primero acabe yo, me seguí moviendo y lo hice acabar a el, y a los gritos, jaja diciéndome: “ Forra, me estas dejando seco” jaja, eso es lo que quería.

    Nos quedamos en la cama de nuevo abrazados, el (seguro probándome, porque me di cuenta que le encantaba ver hasta donde yo llegaba), me dice ahora vengo, y veo que va al baño y prende la ducha (no era de los mejores telos, con hidromasaje, pero me importaba un carajo).

    Cuando escucho que prende la ducha, obvio, no me iba a quedar como una boluda, voy y le digo: “¿hay lugar para una más??” jaja, se ríe, me agarra de la mano y me mete en la ducha.

    Nos enjabonamos juntos, eso me pone re loca, porque siento la piel más suave, es como ¡una caricia!, nos enjabonamos tocándonos todos nuestros cuerpos, me pongo de rodillas, dejando que el agua de la ducha caiga sobre mi cabeza y se la empiezo a chupar, como me gusta a mi, pero no quería que todavía me acabara en la boca, cuando veo que ya estaba que explotaba, me paro, lo empiezo a besar, de boluda me doy vuelta y me la empieza a meter otra vez en la cola, pero ya con la pija y mi cola toda enjabonada entro más fácil, me inclino todo lo que puedo agarrándome de la pared de la ducha y dejo que me haga la cola de nuevo, otra vez ayyy, “despacio forro, la tenes ¡enorme!”, le importaba un carajo, me agarró de nuevo de la cintura para que no me caiga y me empezó a bombear hasta que acabamos casi ¡los dos juntos!

    Nos secamos, vamos a la cama, y como siempre quiero más, o al menos ¡que no se olviden de mi!, en eso soy re competitiva jeje (mas porque el me había dicho que era yo la que no me iba a olvidar de la cogida que me iba a pegar).

    Hablamos, no se que boludeces (en esos momentos lo que menos importa es lo que se habla, ¿no?), hasta que me inclino, la tenia re dormida y así re dormida me la meto en la boca y me dice: “forra, no doy mas” y le digo: “no eras vos el que me ibas a matar jeje, ahora quiero mi premio”, la verdad que el pobre se había portado muy bien me había recogido y acabado un par de veces, pero mi premio ¡lo quería!

    Me llevo un rato chupársela hasta que se le para, me desespero chupándosela, mordiéndosela, acariciándole los huevos (bah todo lo que se hacer para que se calienten jeje), hasta que me llena la boca de leche, y me dice: “guacha me ganaste, sos más trolita, pero con cariño te lo digo (de eso me acuerdo bien) de lo que pensaba”

    Miramos el reloj y hacia como tres horas que estábamos cogiendo, nos vestimos y nos fuimos.

    Pero la cosa no termino ahí…

    La cosa, como les voy contando (el amigo de mi ex) vive con su primo, yo lo sabia pero el no sabía que yo lo sabía, ¿me explico?

    Bueno, ayer, estaba viendo que pintaba para hacer a la noche, porque la verdad es que quería hacer algo, (aunque mi cuota de sexo y orgasmos una vez que se fue mi “amigovia” ya estaba cumplida, pero una buena pija es otra cosa, ¿o no? jeje, y lo que hice ayer a la tarde ya lo contaré.

    La cosa es que tipo 20 hs, me manda un mensaje Alejo (uno de los mejores amigos de mi ex), no les voy a copiar todo lo que hablamos porque se haría demasiado largo, pero (y obvio como me lo imaginaba), me llamaba para vernos (bah, para cogerme de nuevo) son terribles ustedes, no les importa un carajo cogerse una, dos veces a quien fue la novia ¡de uno de sus mejores amigos!

    La cosa es que después de no se cuantos mensajes, quedamos en que me pasaba a buscar por casa “para ir a tomar algo” jua jua jua, yo ya sabía que lo que quería era cogerme ¡de nuevo!

    Me pasa a buscar por casa, ah, como estaba sola en casa y nadie me iba a joder como iba a salir vestida (porque mis viejos si salgo con polleritas muy cortas me rompen las bolas, bueno, ese es el precio que pago para vivir como vivo), me pongo una pollerita cortita, pero cortita en serio y de esas ajustadas, que cuando nos sentamos si no cruzamos las piernas quedamos en bolas, y si nos cruzamos las piernas igualmente quedan nuestras piernas totalmente desnudas, pero como se que las tengo lindas las provecho ¡y las uso! Jeje, ¿me explico?

    Vamos por San Isidro a tomar algo, hasta que me dice: “¿no queres venir un rato a casa y seguimos tomando algo ahí?”

    Obvio que le digo que si, más yo sabiendo que el vive con su primo, aunque de eso ni hablamos y yo ni sabía si estaba ¡en su casa!

    Llegamos a su casa y obvio estaba su primo, Alejo, se hace el boludo y me dice, que el ya me había dicho que vivía con su primo (mentira, nunca me había dicho nada, pero me hice la boluda, como si fuera cierto que me lo hubiera dicho), pero lo que más me gusto y me calentó era que Alejo, no sabía si yo me iba a dejar coger por los dos, es más creo que jamás pensó que me iba a dejar coger por los dos (porque seguro, que iba a intentar hacer eso, a ver una pendeja como yo que va a la casa donde hay dos chicos es para dejarse coger por los dos, ¿o no?, si no le hubiera dicho que no, que íbamos a un telo, y nada más).

    Pero cuando lo veo al primo, nada, tendría 19 años, un bebé, hermoso, rubiecito, también con el lomito marcado (por lo que me di cuenta), pocos pelitos, bah, esos pendejitos, que me ponen re loca jeje.

    Bueno la cosa es que nos sentamos a tomar algo, hablamos mil boludeces (yo la verdad, y con el calor que hacía, estaba bastante, digamos en bolas, con una pollerita bastante cortita, una remera, y no me había puesto corpiño, eso no lo había contado, digo lo del corpiño, pero como tengo pocas tetas, a veces ni se dan cuenta jaja).

    Así sentada, como nos pasa a todas, las polleritas, más como la que tenía puesta, que no son de esas amplias, si no muy ajustadas, estaba casi en bolas, mostrando todas mis piernas (que se que gustan y por eso lo hago jeje).

    La verdad es que estoy re contra zarpada y ya me estaba embolando de hablar tantas boludeces y me di cuenta que Alejo no sabía ¡cómo empezar!

    En un momento el primo se levanta, va a la cocina a buscar, no se que, y yo le parto la boca a Alejo (en realidad, no soy de hacer esas cosas, espero que la boca me la partan a mi, pero ya me estaba embolando).

    Nos besamos, yo tenía las piernas cruzadas (si no se me veía hasta la bombacha), pero dejo de cruzar mis piernas, nos seguimos partiendo la boca (me regalo de nuevo, ¡pero mal!), dejo mis piernas abiertas (si Alejo no me las tocaba era un ¡boludo!), pero no, me empieza a meter las manos en mis entrepiernas (que como siempre digo es mi parte más débil), hasta que me prueba, llega hasta mi conchita (le costó tiempo porque me di cuenta que no se animaba, porque estaba su primo y seguro que no sabía cómo podía yo reaccionar).

    Le dejo que siga subiendo sus manos, hasta que llega a mi conchita (sobre la bombachita que tenia puesta).

    Yo como siempre hago, con mis gemidos y empezándole a poner mi mano en su pija (sobre el pantalón) le demostraba que me gustaba lo que me estaba haciendo.

    Así, estuvimos un rato, hasta que se anima y me mete la mano por debajo de la bombacha, me toca, me empieza a acariciar la conchita, lo dejo, yo le empiezo a desabrochar el pantalón (me daba cuenta que el pendejo del primito seguía en la cocina ¡sin saber que hacer!)

    Dejo que me meta bien la mano, los dedos en mi conchita, hasta que me la empieza a bajar, lo dejo, me gustaba lo que me hacía sentir PERO QUERÍA QUE APARECIERA EL PRIMITO, ¡ESE PENDEJO HERMOSO!

    Bueno, ya se acomoda, y me la empieza a chupar, yo me levanto bien la pollerita, para que lo haga ¡sin problema!, hasta que EL HERMOSO PENDEJO DEL PRIMITO, se ve que no daba más y aparece, y yo como una buena trolita (que me gusta serlo), le digo algo así: “ven bebé”

    Se me acerca, mientras Alejo se entretenía con mi conchita, le empiezo a tocar la pija al primito (19 años, imagínense estaba re caliente, y ya la tenía re parada). Así de una, le desabrocho las bermudas, se las bajo junto con el bóxer, ¡y me quería morir!, era de las pijas que más me gustan, bien paraditas pocos pelitos, bah, mejor que el dulce de leche jeje

    Mientras Alejo se seguía entreteniendo con mi conchita, chupándomela, metiéndome los dedos, le empiezo a chupar la pija al pendejo, pero estaba muy caliente para hacerlo como me gusta a mi (digo despacio, chupar la pija es una arte, pero esta vez me la puse en la boca de una).

    Y si, mientras Alejo me chupaba la concha, me metía los dedos y tenía en la boca la pija del primito, me robaron mi primer orgasmo, que no fue el mejor de toda la noche, ¡pero fue el primero!

    Alejo, me saca toda la ropa, me deja en bolas mientras el y su primito también se ponen en bolas, Alejo, me lleva a la cama y obvio yo quería que me cogiera el primito.

    El primito (que tenía 19 años, pero no era ninguna boludo), se acuesta en la cama, y sin que nadie me diga nada, me siento sobre el, me meto esa hermosa pija en la concha (ah, por los que me dicen que me cuide, el solo antes ya se había puesto un forro), empiezo a saltar sobre esa hermosa pija, Alejo me pone su pija en la boca, así habremos estado no mucho, porque yo estaba re caliente, ¡acabe enseguida!

    Siento que la pija del primito ya explotaba y me dice algo así: “ te quiero acabar en las tetas”, no le digo nada, saca la pija, se pajea un poco y me llena las tetitas que tengo de leche, agarro mis dedos, los paso sobre la lechita en mis tetas, me pongo los dedos en la boca con la lechita y me la empiezo a tragar, y al poco tiempo, no se pero habrán sido cinco minutos Alejo me pone la pija en la boca ¡y me la llena de leche!

    La verdad, y como me pasa siempre, mi capacidad de coger ya estaba agotada, pero nunca me gusta dejar con las ganas ¡a nadie! Jejeje

    Bueno me quedo en la cama ya casi destruida, y los chicos sentados al lado mío, así un rato, hasta que Alejo se acuesta, y me lleva como para que me ponga arriba de el, obvio que nunca me quedo atrás jeje

    Me pongo arriba de el, me meto su pija en mi concha, me caliento de nuevo, empiezo a saltar sobre su pija, el me inclina, dejando mi cola al aire y siento que su primito, me empieza a besar la cola, con mis jugos, me mete un dedo, yo gimo grito le digo: “si bebé, haceme lo que quieras, hoy soy la puta de ustedes” (como siempre digo me calienta y mucho decir eso).

    El primito, mientras Alejo me seguía cogiendo y yo gimiendo y gozando, siento que me empieza a meter los dedos, uno dos (pero ya hay cosas que me doy cuenta) y le pregunto: “le hiciste alguna vez la cola a alguien/ hiciste a alguna chica doble penetración”, y pobrecito, me dice casi con vergüenza que no.

    Le digo: “no te preocupes bebé te voy a dejar” (hablaba todo entrecortado como podía, porque mientras hablaba Alejo me seguia cogiendo).

    Hasta que el pendejo siento que me empieza a poner la pija en el culo (y la verdad por ser su primera vez no lo hizo mal) y como siempre con dos pijas, ya casi no me puedo mover, solo dejo que me bombeen, me cojan hasta que ¡me maten!

    Y así fue, si, fue tanto el placer que termine acabando primero ¡y después ellos! Pero acabaron casi ¡los dos juntos! (Esta vez estaban con forros, si no la leche me llegaba hasta la garganta jeje).

    Otra vez, nos quedamos en la cama y el primito (como les dije, un pendejo lleno de leche), ni bien se la toco se le empieza a parar, y Alejo me dice (cosa muy de puta, pero lo hice): “chúpasela Caro, quiero ver como te llena la boca de leche”.

    Se la empecé a chupar pero esta vez como me gusta a mi, despacio, primero le bese bien las piernas hasta llegar a sus huevitos (hermosos, con pocos pelitos, bah, huevitos de pendejo), hasta que empiezo a jugar con mi lengua en la punta de su pija (que ya estaba re parada), solo le pasaba la punta de mi lengua, hasta que viera que explotaba, y ahí me la empiezo a meter toda en la boca.

    Y era más que seguro, Alejo no se iba a quedar quieto, me empieza a tocar la conchita, me mete los dedos, mientras yo me comía esa hermosa pija, hasta que me lleno las boca, pero me la lleno en serio de leche, era impresionante la leche que tenía el pendejo, me trago la leche se la sigo chupando hasta dejársela bien limpita, mientras Alejo me seguía metiendo los dedos en la concha y ya me la estaba chupando hasta que me hicieron acabar de nuevo y como una perra bien puta (y es lo que quería ser jeje) ¡acabé de nuevo!

    Nos quedamos en la cama yo ya no daba más, estaba muerta, me quedé medio entre dormida entre los dos (ahora les cuento porque).

    Hasta que me despierto, voy al baño, sin decirles nada, me llevo la ropa, me visto, nos quedamos un rato hablando y me fui.

    Ahora les digo porque estaba muerta: ya lo contaré, a la tarde y aprovechando que estaba sola en casa estuve con mi “amigovia” y la guacha, sabiendo que estábamos solas (y sabiendo que yo soy mas bien pasiva y le encanta verme gozar), se llevo un par de juguetitos hasta su cinturonga, así que se paso gran parte del día cogiéndome, a la noche cogí con Alejo y el primo, la verdad es que ¡no daba mas! Jaja

    Bueno me vestí y me volví ¡a casa!

  • Agorafilia

    Agorafilia

    Daisuke silenció a Ken bruscamente mientras su pie colgaba de su ventana, tocando suavemente el borde del techo debajo. Con una mano agarrando el teléfono y la otra en equilibrio, lentamente se dirigió al techo desde la ventana del segundo piso.

    —No me hagas callar —Se molestó Ken demasiado

    —Todos mis vecinos todavía están despiertos a esta hora de la noche, me van a atrapar, voy a ir a la cárcel y tú vendrás conmigo —Contestó traviesamente

    —Tendrás que estar tranquilo, ¿no?

    —… Supongo… pero es que esto es demasiado excitante

    Estaba en un aprieto. Hace unas horas estaba hablando por teléfono con Ken, contándole sobre su día y haciendo interminables preguntas solo para seguir escuchando la voz de su novio al otro lado de la línea, y al siguiente estaba ahora en una llamada de cámara con él haciendo una lista mas de travesuras, la razón era la extrañana parafilia que se le había venido a la cabeza, sexo virtual en la calle, los dos se atrevían a dar ese paso en su vida sexual tan activa.

    Una vez que sus pies se encontraron en su techo, se levantó por la ventana. Pasó su cámara de la lente frontal a la lente que estaba frente a él, mostrando a Ken su entorno. Su vientre se hundió en su estómago cuando observó las luces del porche aún encendidas, las luces de las calles brillando, el sol aún iluminaba el cielo mientras se ponía… apenas había personas.

    —Esto es tan putamente caliente…

    Daisuke miró la cara de Ken en la pequeña pantalla de la cámara con una expresión desconcertada.

    —Bueno. Estoy aqui afuera ¿Ahora que?

    —Siéntate donde tu tonto culo no se caiga —. Dijo entre excitado e intentando ser gracioso

    — Será mejor que seas bueno conmigo, o puedo volver adentro.

    — Sabes lo que pasará si lo haces. Actúas como si tuvieras una elección.

    Ken frunció el ceño en broma y una sonrisa juguetona adornó sus rasgos, incluso si Daisuke no podía ver su rostro en ese momento. Le encantaba que le dijeran qué hacer, le encantaba que le empujaran sus límites. Funcionó, porque aprendió a empujarlos.

    —Sube a tu techo y haz que te corres por mí

    —¿Puedes repetir?

    —Te corres en tu techo o no te corres en absoluto durante dos semanas. ¿Como suena eso?

    Había que reconocerlo, su rostro se calentó al pensar en las órdenes de su novio. Él no lo tendría de otra manera.

    Con cuidado, agarró una mano a un lado de la casa y se deslizó hacia abajo, sentándose con las rodillas dobladas contra la casa.

    Ajustó su cámara para apuntar hacia afuera mientras salía a su pequeño balcón conectado a su apartamento. Podía ver las ventanas iluminadas desde otros edificios, podía escuchar una pequeña conversación entre algunas personas que se desarrollaban debajo de él, ignorantes de la situación en el balcón del segundo piso, encima de ellos. Una luz de posta no solo iluminaba la acera de abajo, sino también el balcón. El riesgo de ser atrapado acariciándose a sí mismo lo calentó, endureció su pene como una roca.

    —Daisuke, es mejor que empieces a tocarte ahora porque no sé cuánto duraré.

    Este miró a su alrededor una vez más y agradeció a los cielos que su vecindario estaba muy arbolado con grandes árboles. Comenzó a desatarse el cordón de sus pantalones de chándal sueltos y se los deslizó por los muslos con una mano. Palmeó su media dura erección. Tal vez necesitaba meterse un poco más en esto.

    —¿Por qué te gusta tanto esto? —Preguntó para realizar una pequeña estimulación

    —Me gusta porque eres tú quien lo hace —Contestó Ken serenamente a pesar de saber la locura que estaba haciendo.

    —No tiene sentido.

    —La idea de que hay un riesgo de ser atrapado cuando lo hago es suficiente para que me lleve al límite. La idea de que existe el riesgo de que te atrapen porque quieres hacerlo por mí es aún mejor. Puedo escuchar tu respiración acelerada, apuesto a que tu corazón está latiendo fuera de tu pecho, apuesto a que tu estómago está dando vueltas. Tú también lo puedes sentir.

    A Daisuke le horrorizaba la razón por la que su novio estaba en lo correcto cuando se detuvo en sí mismo para darse cuenta de lo que estaba haciendo su cuerpo. Podía ver su golpe físico en el pecho si se mantenía quieto, podía sentir la adrenalina correr por sus venas y acumularse en su ingle. Su rostro se calentó mientras se veía crecer con fuerza y jadeaba.

    —Déjame ver, por favor

    Daisuke obedeció a Ken sin falta e inclinó su cámara para que su novio pudiera ver lo que le estaba haciendo. Comenzó a acariciarse lánguidamente mientras un resoplido escapaba de sus labios. La cámara captó el fondo de las ventanas iluminadas en la distancia.

    Ken soltó un zumbido de placer cuando vio que la adrenalina estaba usando a Daisuke de la misma manera que lo llevaba y no pudo evitar sacar su propia erección. La brisa fresca lo golpeó de la manera correcta cuando comenzó a acariciarse para igualar el ritmo de él

    Las orejas de Daisuke se alzaron al oír que las puertas delanteras se abrían y cerraban, los autos comenzaban o se detenían en sus respectivas calzadas. Comenzó a darse cuenta de que no le importaría aunque lo atraparan, siempre y cuando supieran que pertenecía a Ken

    Aceleró el paso y pasó el pulgar por la cabeza del miembro que ya «lloraba». Su cabeza golpeó la pared detrás de él con un golpe suave y dejó escapar un grito ahogado que era un poco demasiado fuerte para ser considerado apropiado en público.

    Ken sonrió ante sus propias palabras.

    —Shh… Usa tu voz interior, amor

    —¡Cállate, imbécil!

    —Dejame ver tu cara.

    Giró su cámara, deslizó un dedo y pulsó el pequeño icono varias veces. Vio su rostro iluminado apenas a la puesta del sol del otoño y miró hacia otro lado rápidamente, demasiado avergonzado como para reconocer siquiera lo caliente que se sentía en el momento.

    Ken también volteó su cámara a su cara una vez más, sus labios se movieron en las esquinas cuando vio exactamente lo destrozado que estaba su chico. Labio inferior mordido, dificultad para respirar, pupilas dilatadas. Todo para él y nadie más, a pesar de que ambos estaban rodeados de personas.

    Se mordió el labio para silenciarse cuando su ritmo se aceleró, imaginando a Daisuke arrodillado frente a él en el balcón. Quizás la próxima vez.

    —Amor, ya viene…

    Apenas logró estrangular las palabras de sí mismo sin gemir lo suficientemente fuerte como para que todo el complejo escuchara.

    —Yo también… Oh Dios…

    Las palabras de Daisuke fueron susurros y entrecortados, y él contuvo un grito cuando la banda dentro de él se apretó de manera insoportable. Su Ken parecía que estaba en la misma forma, comenzó a temblar mientras aceleraba el ritmo de sus caricias sin piedad, sus caderas rodaban ligeramente con los movimientos y hacían un pequeño alboroto en la superficie del techo, rápidamente encendió su cámara para enfocarse en su mano difuminada sobre su polla.

    Ken estaba cerca. Tan cerca que tuvo que apartar su mano de su polla por completo mientras escuchaba cualquier señal de que sus vecinos habían escuchado algo. El sonido de Daisuke gimiendo al otro lado de la llamada hizo que su mano volviera a la base de su palpitante polla.

    —K… Ken… me estoy acercando

    Quería gritarlo desde los tejados. Quería gemir el nombre de su amor en el horizonte. Solo un doloroso susurro salió en su lugar.

    La explosión irrumpió en Daisuke casi dolorosamente y apartó la mano de su polla para morder sus nudillos. Se negó a dejar pasar ningún sonido a través de sus labios cuando llegó al clímax, sin necesitar más la fricción de su mano.

    Ken observó a Daisuke lanzarse al aire vacío mientras venían cintas lechosas sin siquiera necesitar moverse a través de él, Daisuke se dio cuenta de la idea de acariciarse con Ken, y eso hizo que este ultimo sacudiera sus caderas de forma errática en su mano. Dejó escapar un violento y estremecedor susurro de una maldición cuando el calor blanco brotó de la punta de su miembro, unas gotas cayeron a través de los barrotes del balcón y aterrizaron en el pavimento debajo.

    Ken se apoyó en el bar del balcón con la mano que le arrancó la polla, disfrutando del resplandor de un orgasmo muy poderoso.

    Se asomó a la pequeña pantalla brillante en su mano y vio una expresión muy contenta en la cara de su novio y sonrió tranquilizadoramente.

    —Definitivamente lo obtendrás la próxima vez que te ponga las manos encima.

    Daisuke rió suavemente, los músculos de la cara relajados y sin compromiso.

    Ken por su parte escuchó que la suave conversación debajo de él se detenía.

    —Oye, ¿el tiempo dijo que iba a llover?

    Los ojos traviesos de este se ensancharon mientras reprimía una carcajada mientras se retiraba a su apartamento. Daisuke resopló ruidosamente al ver a su obsceno novio huir de la escena del crimen y sintió calor en la boca de su vientre.

    ¿Habría una proxima vez para resolver esto? Definitivamente. Sí.

  • Infiel con el carpintero

    Infiel con el carpintero

    Mi nombre es Rebecca, tengo 28 años, soy una mujer casada, me considero una mujer muy atractiva, 1.62 de estatura, piel blanca, ojos color verdes, labios carnosos, cabello color negro.

    Desde que era adolescente me desarrollé demasiado de la parte de adelante teniendo hoy en día un par de senos muy grandes, de igual manera tengo unos muslos y nalgas de buen tamaño gracias a que me esfuerzo demasiado en el gym. En este momento mis medidas son 90-62-96.

    Dada esa descripción está por demás decir que soy una mujer muy guapa, a la que le gusta vestir a la moda y muy sensual, siempre con ropa de marca, y debido a mi altura siempre con tacones altos, además de siempre tener uñas largas y decoradas, con el cabello muy arreglado y maquillada por supuesto, así soy aun cuando solo este en casa y sobre todo muy caliente pues disfruto mucho hacer el amor con mi esposo aunque a él solo le interese su satisfacción.

    A pesar de que me gusta ser muy sensual en todos los aspectos siempre he sido muy recatada y fina, mi educación siempre fue muy apegada a las familias modelo, yo crecí con la idea de casarme, tener una familia y serle fiel a mi esposo por siempre, pues seguía los patrones de mi casa, mi padre un gran hombre intachable, trabajador con una buena posición económica y mi madre una bella dama y señora en toda la extensión de la palabra, no fui muy noviera a pesar de ser muy atractiva para los hombres pues solo tuve dos relaciones antes de conocer a Matías.

    Llevo 9 años de relación con mi esposo con el que perdí mi virginidad y a la postre termine casándome. Matías tiene 31 años mide 1.72 y de piel blanca, y gracias a que hace ejercicio tiene un muy buen cuerpo, él no es mucho de salir a fiestas y a la postre yo tampoco, a veces suelo salir con mis amigas al casino o a tomar un café. Como se darán cuenta mi vida es muy tranquila y bella y por eso nunca me pasaría por la cabeza la idea de engañar a mi esposo, hasta aquel día.

    Mi esposo es arquitecto y le va muy bien en lo económico y gracias a eso me tiene viviendo como una princesa lo único malo de su trabajo es que se la pasa viajando mucho, todavía no tenemos hijos pues mi esposo quiera estar lo mejor preparado tanto en lo económico, como en lo mental. No tenemos mucho sexo, me va bien si tenemos relaciones 4 veces al mes, aparte de que no es muy bueno pues a él solo le importa venirse.

    Como mi esposo todavía no quiere tener hijos la mayoría de veces usamos condón porque el no confía en otro método anticonceptivo, lo único bueno de tener relaciones con mi esposo es su miembro que mide entre 18 a 20 centímetros, yo siempre trato de ponerme lencería cuando tenemos sexo porque me gusta ver como sobresale mi cuerpo por el que tanto me he esforzado.

    Fuera de eso mi vida es muy tranquila y bella, todo comenzó hace 6 meses ya llevábamos 1 mes sin tener sexo porque mi esposo no tenía mucho tiempo pues tenía mucho trabajo antes de acabar la obra que está dirigiendo me comento que Roberto un amigo de mi esposo le ofreció trabajar con él para hacer unos departamentos y que él había aceptado por que la paga era muy buena lo único malo es que la obra duraría unos 3 meses, aparte de que era en otra ciudad. Dos semanas después mi esposo termino la obra en la que estaba y a los dos días se fue para empezar a dirigir los departamentos que construirían y así pasaron dos semanas en las que casi no salía de mi casa.

    En ese tiempo que había pasado algunas amigas me invitaban a salir de fiesta pero yo nunca acepte pues no me gustaba ir sin Matías, ya que mi esposo no estaba decidí remodelar mi cocina pues ya estaba muy maltratada conversando con una vecina me recomendó un carpintero el cual está cerca del gym al que voy así que al día siguiente después de ir al gym pase a su carpintería.

    Llegando me atendió don Avelino un hombre de unos 47 años no muy alto pues media casi lo mismo que yo y con una gran panza.

    —¡Buenos días!  lo salude

    —¡Buenas las tenga!

    —¿Perdón? —me hice la que no escuche

    —No digo… ¡buenas días! ¿Qué es lo que se le ofrece?

    —Quiero un presupuesto para una cocina.

    Y continúe dándole los detalles y medidas de los muebles que quería mientras le daba los detalles de los muebles sentía como don Avelino baja la mirada para verme mejor las tetas, sentía como me las empezaba a comer con la mirada y ver a ese hombre desear tanto mis senos me calentó un poco en fin la cosa es que para el siguiente día ya me tenía el presupuesto y como convino mis intereses lo acepte en tres días más ya estaba trabajando en mi casa y en verdad era un tipo muy peculiar me daba mucha risa algunos detalles de su aspecto y forma de ser por ejemplo se vestía con pantalones de mezclilla y unas playeras arremangadas para dejar ver sus brazos según él, escuchaba canciones de pedro infante y hasta en una ocasión lo encontré cantando.

    —¡Amorcito corazón yo tengo tentación de un bizcocho! —cantaba a todo plumón

    Hacía que lo interrumpí invitándolo a desayunar —Oiga no quiere un poco de café para que desayune.

    —Ay patrona… discúlpeme pese que estaba solo.

    —Olvídelo y vengase a desayunar.

    En otro momento lo encontré viéndose en un espejo que tengo en la sala haciendo poses de fisiculturista, pero ponía caras muy graciosa y así siempre él era muy chistoso pero también muy coquetón no perdía la oportunidad de lanzarme algunos piropos respetuoso.

    Sim embargo un día cuando me iba al gym tuve que regresarme a mi casa por mi celular el cual se me había olvidado, cuando iba a mi habitación escuche algunos ruidos en el baño vi la puerta entreabierta y cuando me asome encontré a don Avelino masturbándose con mi ropa interior con una mano mientras que con la otra olía mi brasier, él ni cuenta se dio de que lo vi así que fui a mi habitación agarre mi celular y me fui rápido al gym pensando el por qué no lo había corrido de mi casa.

    La verdad es que ver a don Avelino masturbándose me había puesto caliente pues como les había contado ya lleva dos meses sin tener sexo desde que mi esposo se fue, toda la noche me pase pensando en lo que había sucedido y en vez de enojarme eso me calentaba llegando al punto de sentir como se mojaba mi puchita, así que después de pensarlo mucho y de lo caliente que estaba se me hiso fácil intentar calentar lo máximo que pudiera pero sin llegar a tener sexo con don Avelino o eso pensaba yo, sabiendo que al siguiente día seria el ultimo que trabajaba en mi casa decidí ir con todo, después de regresar del gym me metí a bañar, escogí un vestido rojo cortito que me llegaba hasta los muslos el cual tenía un gran escote que hacía que se me salieran un poco mis pechos de su lugar con una tanguita de encaje roja sin bra y unos tacones cerrados de 10 centímetros rojos

    —Hola Avelino —dije haciendo mi aparición.

    —P-patroncita ¿que no tiene frio?

    —No en realidad estoy muy calientita.

    —¡Se ve rechula con esa ropa!

    —Gracias… mmmhh ¿le gustan mis melones? —le pregunte inclinando un poco para que viera mejor mis tetas

    —¡Glup si están buenísimos! —me contesto atragantándose con su saliva

    —Bueno pues le voy a dar una probadita —le dije enderezándome lentamente que hasta se puso rojo me dirigí al frutero que estaba sobre la mesa moviendo el culo para su deleite y cuando agarre el melón

    —¿A esos se referí? —me pregunto

    —Pues claro ¿Qué existen otros melones?

    —No claro… es que yo pensé

    —¿Qué pensó?

    —No nada —me contesto tomando la rebanada que le ofrecí llevándosela a la boca y dándole una tremenda mordida que hasta el jugo escurría por las comisuras de sus labios eso me calentó que por cierto para este punto sentía como mi puchita comenzaba a mojarse después de acabarse el melón el siguió trabajando entonces tome una silla y me senté cruzada de piernas dejándole ver mi pichita el nada mas carraspeó y siguió trabajando

    —¡Que brazotes tiene! —le dije

    —Son para abrazar mejor —contesto en son de broma

    —¿Y qué narizota tiene? —le dije viendo el bulto que iba creciendo en sus pantalones

    —¿Narizota?… ¡Pero si la tengo chata! —sin entender a lo que me refería después me agache para ver cómo estaba quedando la puerta que ponía dejándole ver mejor mis tetas que casi se me salían por el escote que usaba, empecé a ver como volteaba la mirada disimuladamente para ver mejor mis tetas comencé a enderezarme para empezar a cruzar del otro lado mis pierna lentamente a lo que le deje observar mejor la tanguita que estaba usando y por supuesto mi vagina bien depiladita que ya está escurriendo de lo caliente que estaba, cuando me di cuenta don Avelino ya estaba súper nervioso pues empezó a sudar

    —Que calor está haciendo ¿verdad?

    —¿Tiene calor? voy por unos refrescos ahorita vuelvo —le conteste porque aunque el súper más cercano estaba 20 minutos de mi casa sentía como a cada momento me calentaba más y no quería que calentar a don Avelino que era mi plan se me saliera de las manos y pasara otra cosa.

    Así que decidí ir al súper para ver si se me baja lo caliente que estaba agarre una blusa me la puse sobre el vestido para que nadie viera que no tenía bra pues el escote del vestido dejaba ver parte de mis tetas de camino al súper intentaba bajarme lo máximo posible lo caliente que estaba pero no podía además de que ya tenía muy mojada mi vagina además de mi tanga de lo caliente que estaba mientras buscaba los refrescos sentía como a cada paso que daba escurría mi vagina de lo caliente que estaba.

    Ya de regreso del súper pesaba en abortar el plan de calentar a don Avelino para meterme a mi habitación y no salir hasta que se fuera pero cuando entre a mi casa ya no está don Avelino así que deje los refrescos en donde estaba trabajando y decidí irme a mi habitación cuando pase al lado del baño vi que la puerta estaba media abierta me asome y ahí estaba don Avelino masturbándose otra vez con mi ropa interior y eso termino por calentarme, empecé a jugarme las tetas con una mano, mientras iba bajando la otra hasta llegar a mi vagina para empezar a introducirme dos dedos lentamente hasta sacarme algunos gemidos mientras veía como se masturbaba empezaba a introducir más rápido mis dedos en mi puchita hasta no poder contenerme más ya necesitaba comerme su prieta verga lo más rápido posible así que corrí hacia mi habitación para sacar un condón y quitarme la blusa mientras sentía como escurría mi vagina de lo mojada que estaba, abrí la puerta del baño

    —¿Por qué tan solito? —le pregunté

    —¡Yo, yo p-perdóneme! —me contesto nervioso mientras veía como se le encogía el pene

    —¡Mira se desmayó! Pero no te preocupes ahorita la revivimos —le insinué provocativamente mientras me agachaba para empezar a acariciarle sus testículos peludos.

    Don Avelino se quedó con cara de sorpresa mientras jugaba con sus testículos y casi instintivamente su verga comenzó a erguirse de apoco, ver su pene peludo me excitaba más pues mi esposo siempre la tiene bien depiladita así que empecé a llevar la punta de mi lengua alrededor del pellejito que todavía cubría la cabeza, cuando esta comenzó a asomarse vi que alrededor del glande tenía una masita blanca que desprendía un olor fétido esto enardeció mis sentidos y sin detenerme a razonar con mi legua la fui limpiando, después fui bajando hasta el nacimiento de ser verga y lamí sus testículos mientras don Avelino solo gemía de placer.

    De repente su pene se hincho sobre manera ante mi deleite y ansiosa lo introduje de un solo bocado comencé a meter y sacar Aquella verga peluda que aunque era más pequeña que la de Matías pues media de 11 a 13 centímetros la estaba chupando como una loca mientras el solo mordía sus labios ahogando sus gemidos senté a don Avelino en el inodoro para sacarme las tetas y masturbarlo con ellas mientras veía como su pene desaparecía de apoco en mis enormes senos hasta no dejarla verla más, el empezó a pellizcar mis pezones para sacarme algunos gemidos me levanté y empecé a quitarme el vestido mientras le bailaba sensualmente para su deleite cuando esta por quitarme los tacones el me detuvo

    —Me gustas más con tacones —me respondió

    —¿Qué más te gusta de mí? —le pregunte

    —Tus tetas, tu culo, tus tetas me gusta todo de ti mamacita —mientras se paraba para comenzar a besar mi cuello hasta bajar a mis tetas las cuales comenzó a chupar como desesperado, a pesar del tamaño de mis senos. No los tengo nada caídos por el contrario mis pezones son paraditos de color rosita y mi aureola es muy amplia.

    Yo solo gemía del placer mientras el empezaba a morder mis pezones entre gemidos empecé a preguntarle que le excitaba más de mi pues me gusta que me alaben demasiado él me decía que mis labios, mis curvas, mis piernas que todo lo volvían loco mientras empezaba a bajar hasta mi abdomen para después sentarme en el inodoro y abrirme las piernas para encontrar una vagina bien depiladita, el empezó pasar su lengua por mi puchita y a meterme dos dedos mientras yo solo gemía de placer pues a mi esposo solo le gustaba que se la mamara pero a él no le gustaba chuparme mi puchita aunque la tenga siempre depiladita después de unos minutos de chuparme mi puchita se paró para quitarse la camisa y dejarme ver su enorme y velluda panza comenzó sacarse bien el pantalón mientras yo me levante para empezar a besarnos senté a don Avelino sobre el inodoro para tomar el condón y empezar abrirlo mientras me decía

    —A con que ya tienes ganas de que te la meta

    —Si ya quiero sentirte dentro de mí —respondí

    Acabe de ponerle el condón para después ponerme de espalda y empezar a montarme sobre el sucio carpintero enterrándome suavemente en su candente verga mientras sentía como iba bajando sobre su peludo pene, mis suaves labios vaginales empezaron a esconder lentamente su verga hasta comérselo completamente comencé a apretar su verga como loca mientras subía y bajaba lentamente para el placer de don Avelino comencé a subir el ritmo y empecé sentir como mis nalgas chocaban con sus huevos peludos aunque no sentía el mismo placer que con Matías pues su pene era más chico pero con lo cachonda que estaba yo gemía como loca mientras le decía

    —me encantaaa tu verga papiii me encantaaa

    —Eres toda una puta que hasta te coges sola

    —Queee ricaaa vergaa mi reyyy

    —Mueve el culo perra mueve el culo

    —Siii papiii me tienes locaaa miii reyyy

    —Dime quien es mi puta dime quien es mi puta

    —Yoooo soyy tuuu putaa yoo soyy tu putaaa mi reyyy —mientras cabalgaba alcance a levantar la mirada para ver en el espejo del tocador una imagen que era por demás caliente la esposa fiel y fina siendo cogida por el carpintero y no solo eso yo bajando y subiendo con mi culo blanco como una perra y gimiendo como loca mientras el solo disfrutaba mordiéndose los labios, el contraste de colores era muy evidente y eso me encantaba.

    Los dos únicos novios que había tenido fueron güeritos y delgados y estar cogiéndome a un hombre moreno, gordo y demasiado peludo me daban un toque de morbo que me estaba matando, me voltee sin pararme de su verga mientras cerraba mis ojos para disfrutar del momento sentí como empezaba a nalguearme comencé a mover mis caderas con fuerza mientras llevaba el ritmo de la penetración el empezó a chupar con ansias mis finos y rosados pezones haciéndome gozar todavía más, después de unos minutos de vaivén y de chuparme los pezones sentí un sabroso calorcito bajando por mi conducto vaginal mientras no podía dejar de gemir, don Avelino me detuvo para poner en el suelo a cuatro patas

    —Así te deseaba perra

    —Si papi cógeme como tú quieras

    —Ahora vas a sentir lo que es placer

    —¡Cógeme mi rey cógeme, cógeme!

    —Dime cuanto deseas que te coja perra

    —La deseo muchísimo papi por favor ya cógeme por favor

    Puso su mano sobre mi espalda para bajarme hasta el suelo y levantar mi culo, con mi culo en el aire e indefenso de repente sin más ni menos me la dejo ir de un solo golpe mientras yo solo deje salir un gran gemido el empezó a penetrarme con mucha rabia mientras me nalgueaba yo solo gemía mientras llevaba mi mana hacia mi clítoris para empezar a sobarlo

    —Sii papii noo pares mi rey no pares

    —Así te gusta perra, dime cuanto te gusta

    —Meee encantaa mee encantaa mi rey

    —Te voy a partir en dos puta

    —Siii partemeee Por favor no pares por favor no pares —después de unos minutos el empezó a bajar el ritmo pero yo como una puta comencé a mover el culo para atrás, después le dije a don Avelino que se tirara al piso para cabalgar sobre él, me deje caer de un sentó y empecé a bajar y subir mientras movía las caderas de un lado a otro solo para ver como el cerraba los ojos y empezaba a gemir de placer su cara me ponía más cachonda pues veía como después de un buen tiempo un hombre disfrutaba de mi cuerpo

    —Te gusta como lo hago papi

    —Si me tienes como loco puta

    —Que es lo que más te gusta de mi papi

    —Tus chichis puta tus chichis —en ese momento puse mis senos en su cara para que me los empezara a chupar

    —Papiii cómeme mis tetas comételas mi rey —el empezó a chupar mis rosados pezones como loco mientras mis gemidos crecían comencé subir el ritmo de mis cabalgadas mientras veía su cara de placer la cual me calentaba más mientras escuchaba nuestros gemidos mezclarse me di cuenta que ver como complacía a don Avelino era lo que más me excitaba así que subí el ritmo de mis cabalgadas lo más rápido posible mientras entre gemidos y con mis ojos entre abiertos veía como don Avelino disfrutaba con mi cuerpo de repente don Avelino comenzó a gritar

    —Me vengo puta me vengo

    —Échamelos en la cara mi rey —me quite de encima, él se paró rápidamente se quitó el condón y me aventó sus chorros de semen los cuales me cayeron en la cara y en las tetas con mis dedos empecé a agarra el semen de mis tetas y comencé a chuparlo.

    Note que había quedado semen escurriendo de la cabeza de su verga así que me acerque a gatas para empezar a limpiárselo comencé a pasar mi lengua por la cabeza de su pito hasta dejárselo completamente limpio, don Avelino comenzó a ponerse su ropa rápidamente sin decirme nada agarro mi tanga del suelo se limpió bien su verga tiro mi tanga al suelo y se fue a acabar de trabajar yo me puse de pie y me metí a bañar con agua fría porque realmente no me bajaba la excitación que tenía, después de un rato me comenzaron a llegar pasamientos de culpabilidad pero a la vez recordaba la cara que ponía mientras me cogía y eso me volvía calentar.

    No salí de mi cuarto en un buen rato pues la culpa me comí hasta que escuche que don Avelino había dejado trabajar salí y ya había recogido sus cosas vi que ya vía terminado el trabajo le page lo acompañe a la salida pero siempre con un silencio incómodo y antes de irse me dio un beso en la boca me dejo su número me dijo —Cuando quieras repetimos.

    Cerré la puerta rápidamente y me fui a mi habitación con un gran remordimiento. Más tarde cuando me llamo mi esposo estuve a punto de contárselo, pero no pude.

    Toda la noche pensé en lo sucedido con gran remordimiento, pero mientras pasaba en tiempo empezaba a desaparecer ese remordimiento y comenzaba a llegarme una gran excitación, hasta llegar al punto de sentir como se mojaba un poco mi vagina y mojarme un poco mi pijama de la excitación y así fue como comenzó mi vida de infidelidades.

    Si quieren que les cuente más de mis aventuras déjenme un cometario.

  • Mi amigo hetero quería jugar conmigo

    Mi amigo hetero quería jugar conmigo

    Como ya he dicho soy Cristian, tengo 19 años, soy moreno, tengo unos rasgos finos en la cara y soy medianamente alto.

    Desde que tenía 12 años me di cuenta de que me gustaban los chicos y empecé buscar gente por mi pueblo que fuese igual que yo.

    A los 14 años más o menos todo el mundo en el instituto sabía que me gustaban los chicos, esto fue motivo de muchos desprecios pero también de muchas experiencias graciosas.

    Actualmente estoy en 2º bachillerato porque repetí un curso.

    Cuando iba a 4º de ESO me toco en clase con un chico, Javi, que desde el principio supe que nos llevaríamos bien.

    Y así es, en 4º entablamos mucha amistad y así hasta ahora que es uno de mis mejores amigos.

    Él siempre me acepto y nunca dijo nada malo al respecto de mi sexualidad.

    Ahora ya no estamos en la misma clase pero en los recreos siempre nos sentamos juntos en pandilla con otros amigos.

    Él es moreno también, bastante alto y con una forma bastante masculina.

    Aunque no vaya al gimnasio tiene unos brazos anchos y tiene los músculos de las piernas bien marcados.

    Tiene los ojos oscuros y una mirada picara y seductora que dice que emplea siempre que quiere algo con una chica.

    La historia comienza aquí…

    Hace unos días estábamos en clase de gimnasia y nos pusieron a correr, a mí la verdad no me gusta mucho correr pero las clases de educación física son una de las mejores.

    Me paso las clases disfrutando de las vistas. Por motivos de horarios las clases de educación física se hacen junto con otra clase.

    A-B y C con D.

    Yo voy en el grupo A y Javi en el B por lo que es una clase en la que estamos juntos.

    Cuando había acabado la clase nos fuimos a los vestuarios y nos cambiamos.

    La gente iba saliendo del baño y nos quedamos Javi y yo hablando mientras nos preparábamos para la siguiente clase.

    Yo la verdad que había tenido muchos sueños húmedos pensando en que Javi un día estando solos en el baño se me acercase ya sabéis…

    Pues ese día ocurrió de verdad.

    Estábamos hablando de quedar para jugar a un nuevo juego que ha salido a la venta pero que yo no tengo y Javi sí.

    Pero no sabíamos bien a que juego jugar.

    De repente se me callo el bote de desodorante al suelo y me agache a recogerlo mientras seguía hablando con Javi.

    Yo suelo agacharme de una forma seductora cuando hay alguien que me gusta cera y así hice.

    Yo: ¿Bueno y entonces a que vamos a jugar?

    Javi: No se… ¿Tu a que quieres jugar?

    Yo: Me da igual la verdad

    Yo todavía estaba en el suelo recogiendo el desodorante porque se había roto la tapa en mil pedazos.

    Cuando empecé a levantarme Javi se me acercó rápidamente acercando su polla a mi culo.

    Y diciendo…

    -¿Qué tal si jugamos a esto?

    Yo estaba impresionado tenía su polla rozando mi culo.

    Me termine de levantar y me mire al espejo.

    No podía creer lo que estaba viendo.

    Javi me tenía rodeado desde atrás con sus brazos dejando su polla pegada a mi culo y con su boca iba dándome besos en el cuello.

    Yo: Te gusta este juego entonces…

    Javi: si…

    Yo: Pues vamos a jugar un rato.

    Javi me cogió con sus fuertes brazos y me dio la vuelta para tenerme frente a él.

    Me sentó encima de la encimera del lavabo y empezó a besarme mientras que con su maño derecha tocaba mi polla erecta.

    Yo lo manoseaba para poder disfrutar de ese cuerpazo que tenía ante mí.

    Me baje del lavabo y le fui besando desde la boca hacia abajo.

    Levanté su camiseta y fue haciendo un recorrido de besos hasta llegar a su pantalón.

    Se notaba un impresionante bulto que empecé a manosear.

    Poco a poco le fui bajando el pantalón que llevaba para descubrir sus calzoncillos.

    Llevaba unos de Calvin Klein que son los que más me gustan.

    Eran negros con la cinta en blanco.

    Fui bajando sus calzoncillos y desde dentro salto una gran polla, no la medí pero a ojo serían unos 18 cm como mínimo.

    Sin dudarlo me la metí a la boca y empecé a succionar lo mejor que podía mientras notaba como salía precum de su polla.

    Él me dijo

    -Te gusta Cristian.

    Yo: Me encanta y llevaba deseándola mucho tiempo.

    Javi: Pues chupa bien fuerte que es toda tuya.

    En ese momento yo empecé a chupar a más velocidad y disfrutando los pequeños gemidos de placer que soltaba Javi.

    Eran música para mis oídos.

    Yo le agarraba los testículos mientras se la chupaba y de vez en cuando me la sacaba de la boca y le daba besos en el tronco, miraba hacia arriba y veía su cara de felicidad y yo que tenía el pantalón a punto de reventar me sentía en el olimpo.

    Él iba haciendo movimientos hacia adelante y atrás y empezó a follarme la boca.

    Yo casi me ahogaba de tener semejante polla en mi boca.

    Después de unos minutos haciendo esto la saco de mi boca y me dijo.

    -¿Quieres mi leche?

    A lo que yo respondí.

    -Si la quiero toda, y en mi boquita.

    Me la metí en la boca y chupé lo mejor que podía.

    Quería sentir su leche caliente en mi boca.

    Después de un minuto él estaba a reventar.

    Le di unas pocas chupadas más y se empezó a correr.

    Notaba como salían tremendos chorros de leche en mi boca, la saboreaba gustosamente y me encantaba.

    Me la saqué de la boca y la chupe un poco más como si fuera un helado.

    Mi helado favorito.

    Él fue a las duchas del baño a limpiarse y cuando salíamos me dio una palmadita en el culo y me dijo.

    -A ver cuando repetimos… estoy deseando probar tu culo -y me guiñó un ojo con su mirada picara.

    Desde ese día he ido varias veces a su casa para estudiar, trabajos y otras cosas y siempre acabamos repitiendo la experiencia.

  • S.T.S. Sex toy story (Partes 2 y 3)

    S.T.S. Sex toy story (Partes 2 y 3)

    Ya hacía un mes, que Ana usaba a ‘Rafita,’ por lo menos dos veces al día, una por la mañana, que era cuando tenía más ganas de usarlo, especialmente recién despierta y otra por la noche, para quedarse relajada antes de dormir.

    Ana quería aumentar su colección de juguetes eróticos, porque llevarse a Rafita en el bolso en un “alivio rápido” fuera de casa era muy difícil de realizar y de hacer por su tamaño. Ella necesitaba algo discreto y fácil de llevar consigo para esos casos.

    El sábado de aquella semana, fue el día elegido porque Ana no tenía que trabajar para volver aquel Sex-Shop, donde entrara para comprar su ya querido Rafita.

    Entró y Belén estaba atendiendo a una chica que le estaba guardando unas bolas chinas muy “cuquis” en una bolsa y la chica le pagó y se fue de la tienda con una sonrisa pícara mientras cerraba la puerta.

    Ana se acercó al mostrador y saludó a Belén y le preguntó si tenían un consolador que cupiese en el bolso y que fuese discreto. Belén fue a una estantería y regresó al cabo de unos segundos con una pequeña barra de labios rosa y negra. Belén la destapó y en la base había un pequeño botón negro y lo apretó y la barra labial empezó a vibrar ligeramente y Ana le dijo a Belén que era justo lo que quería y lo pagó y lo llevó en el bolso.

    Ana disfrutó del resto del fin de semana sin acordarse de su nueva barra labial para nada. El lunes, Ana se levantó para irse a trabajar, se duchó, se vistió, desayunó un café rápido y salió de su casa hacia el garaje y salió con su coche hacia la autopista hasta su trabajo.

    Unos minutos más tarde, Ana entraba en la autopista y unos kilómetros después, Ana se encontró de cara con un atasco monumental, causado por el masivo número de trabajadores que van siempre a la misma hora rumbo a sus puestos laborales. Ana como era una mujer muy tranquila para esas situaciones apagó el motor de su coche y como era la última en el atasco y había unos obreros que pusieran una valla, pensó que sería para largo.

    Como saliera de casa sin maquillar, Ana aprovechó, para maquillarse un poco, abrió su bolso y sacó su kit de maquillaje, el cual constaba de rímel, sombra de ojos, y barra labial. Primero se puso la sombra de ojos, después el rímel, y cuando fue a sacar la barra labial del bolso, sacó dos, y sonrió, porque sacó también, la barra labial que comprara hacia unos días en el Sex-Shop.

    La dejó en el salpicadero y se empezó a maquillar y en unos 5 minutos ya estaba maquillada. Recogió los utensilios de maquillaje y cerró el bolso y lo posó en el asiento del copiloto. Ana miró por un instante hacia el salpicadero y observó por unos segundos la barra labial vibratoria, y la cogió, la destapó, la encendió y la colocó sobre su cuello.

    La suave vibración que le producía aquella barra, le recordaba a lo que sentía cuando su masajista Manuela, cuan sus manos rozaban su piel y por eso decidió bautizarla como Manuela.

    Cómo Ana se estaba empezando a relajar y el atasco tardaría en resolver decidió bajar a Manuela hasta el canalillo como llevaba un vestido de tirantes verde claro y con una falda de volantes. Ana se desabrochó los dos primeros botones del vestido y pasó lentamente la punta de Manuela por el centro de su pecho y la fue bajando lentamente.

    A medida que bajaba, Ana fue desabrochando los botones de su vestido y con un roce cayó al suelo del coche y lo largo de Manuela lo puso entre sus labios vaginales y estimuló poco a poco a poco el clítoris. La fusión entre la vibración intermedia, la estimulación de los roces de la punta de Manuela y el morbo de ser vista desde otros coches le apasionaba a Ana y no tardó mucho en mojarse y tener un fuerte orgasmo, que era el primero dentro de su coche.

    Cuando se recuperó de las convulsiones del orgasmo, Ana cogió un clínex del bolso y limpio a Manuela y el salpicadero de algunas gotas de fluido que fue lanzado por su vagina se volvió a poner el vestido y vio que los demás coche se empezaban a mover, guardó a Manuela en el bolso, y con una amplia sonrisa se fue a trabajar.

    ************************

    Parte 3: El Bamboleo del Paseo

    Ana entró entro en el sex-shop de Belén, Ana iba vestida con un vestido con faldón de color azul celeste ajustado de tirantes que dejaba ver los tirantes del sujetador negro que llevaba ese día, fue al mostrador y habló con Belén y ésta le entregó una pequeña cajita negra con un lazo morado y la acompañó a una pequeña habitación con una mesita y una silla y Belén la dejó a solas.

    Ana dejó la cajita en la mesa y desató el lazo y lo dejó a un lado de la cajita, cogió con las yemas de sus dedos gordo y corazón la tapa y abrió la cajita que en su interior había tres bolas chinas pequeñas de color rosa claro unidad por un hilo blanco, que acababa con una pequeña argolla para facilitar su retirada.

    Ana cogió las bolas entre sus manos y colocó la silla hasta donde había un gran espejo para mirarse. A continuación se sentó delante del espejo y subió el faldón de su vestido y la echó a un lado para ver la entrada de su vagina reflejada en el espejo. Acto seguido, dejó un momento las bolas encima de la mesa y lamió lentamente la palma y el largo de sus dedos índice y corazón y los llevó a su sexo para lubricarlo para que al meterse las bolas chinas no le doliese y cuando lo tenía lo suficiente lubricado cogió las bolas y se las introdujo lentamente en su interior.

    Cuando terminó, Ana se recolocó el vestido y anduvo un poco por la habitación, con cada paso que daba las bolas se movían dentro de su sexo y le producían como si la penetraran lentamente y a la vez rápida y le gustaba y además notaba como se empapaban de su fluido. Cuando se acostumbró a tenerlas dentro salió de la habitación y se despidió de Belén y fue en dirección al paseo marítimo.

    Ana intercalaba pasos lentos con rápidos y las sensaciones cambiaban cuando menos se lo esperaba. En el paseo marítimo, Ana veía gente paseando como ella, y le daba vergüenza andar por ahí con las bolas dentro de su coño aunque la gente no se daba cuenta de ello. Ana decidió regresar al sex-shop de Belén, cuando llegó, Belén ya estaba cerrando la tienda y Ana le propuso ir a su casa y ella aceptó.

    Cuando llegaron a la casa, Belén le acarició el cuello muy despacio a Ana y ésta se puso contra la pared y las manos de Belén bajaron lentamente la cremallera del vestido de Ana y le besó la nuca siguiendo por la espalda hasta el inicio del culo.

    Ana se dejaba hacer porque deseaba probar con una mujer y además aún tenía metidas las bolas chinas, que aumentaban su excitación al máximo. Belén volteó a Ana y la acabó de desnudar y ésta la guio hasta su sala de estar. Ana se dejó caer en el sofá mientras que Belén se arrodillaba y le abría las piernas.

    Belén miró a los ojos a Ana y lubricó uno de sus dedos pulgares y seguidamente, le acaricio lentamente el clítoris de Ana y ésta no pudo evitar gemir desde lo más salvaje de su ser. Belén colocó la palma de su otra mano en el bajo vientre haciendo presión y tiró poco a poco de la argolla de las bolas chinas para sacarlas. En todo el proceso, Belén no deja de mirar la cara de Ana y cuando quitó la tercera, vieron que estaban totalmente empapadas del fluido vaginal de Ana.

    Belén se metió una de las bolas chinas y la saboreó lentamente y ofreció otra bola a Ana, mientras le decía que bien sabes, y Ana se puso colorada.

    Mientras, que Ana chupaba el líquido que rezumaba las bolas, Belén le hacía un cunnilingus a Ana, que ésta para ayudarla en el acceso le abría sus labios mayores y menores a la vez que la lengua de Belén recorría el sexo de Ana, sin parar de mirarla.

    Belén estuvo así, más de media hora, hasta que el cuerpo de Ana se puso rígido y la espalda de Ana se empezó a arquearse y por fin Ana conseguía el primer orgasmo de la tarde, pero Belén no estaba satisfecha con ese simple y vulgar orgasmin de nada y sin previo aviso le metió dos dedos en el sexo de Ana y busco el Punto G y lo estimuló con sus dos yemas haciendo el gesto de ven, ven que aceleró hasta que otra vez el cuerpo de Ana se arqueó y esta vez sí que sí, el coño de Ana lanzó unos buenos chorros de fluido vaginal que empaparon la cara y el tronco de Belén, que la mayor parte del líquido goteaba hacia el suelo del salón de Belén y que en el instante de que iba a caer una gota de ese líquido de un pezón de Belén una de las yemas de ésta la recogió y se la chupó guiñándole un ojo a Ana y se la llevó a una pequeña habitación…

  • Mi primera vez con papá y mi hermano

    Mi primera vez con papá y mi hermano

    A los 18 años sufrí mi primera decepción amorosa cuando sorprendí a mi novio cogiendo con una compañera del colegio en el auto de ella.

    Llegué a casa dolida, enojada y frustrada. Eran las 9 de la noche, en la casa estaba mi padre viendo la televisión y mi hermano Arturo en su recámara jugando videojuegos. Fui a mi habitación y abrí mi mochila. No tenía ganas de estudiar pero encontré el libro que había comprado esa tarde, se trataba de “Para Excitarlas”, de J. Aphrodite. Contenía 39 relatos eróticos muy descriptivos y calientes. Ojeé un rato entre sus páginas, luego decidí tomar una ducha relajante para disfrutarlo mejor. Necesitaba sacudirme de encima la depresión, lo que no imaginaba era lo que pasaría después…

    Me relajé bajo el chorro de agua tibia. Acaricié mi cuerpo con el jabón líquido mientras en mi mente se desarrollaban las escenas de los relatos eróticos que había leído. Yo era una joven que había madurado plenamente, mis senos habían crecido bastante, mi cintura era estrecha, mis caderas eran poderosas. Tenía demasiado que agradecerle a la vida.

    Me acaricié el sexo y al instante sentí que me lubricaba. Si el imbécil de mi novio había sido capaz de cambiarme por otra, eso no sería motivo para privarme de ciertos placeres secretos.

    Aparte de la frustración me sentía caliente. Desde que mi novio me desvirgó 6 meses antes me había acostumbrado a tener relaciones sexuales casi a diario.

    Salí de la ducha y me sequé. Sin vestirme me tumbé en la cama. Inmediatamente tomé el libro y comencé a leerlo con calma.

    Conforme leía me fui calentando más. Pronto me puse uno de mis pezones en la boca (¡Yo si puedo, jejeje) y lo succioné con deleite mientras con una mano sostenía el libro y con la otra me sobaba el clítoris y me metía dedos en el coño. Jadeaba audiblemente mientras leía como un perro penetraba a una mujer mientras ella mamaba la verga de su primo.

    Suspiraba y gemía deliciosamente, dispuesta a abandonarme al inminente orgasmo. La puerta de mi habitación se abrió intempestivamente unos segundos antes de correrme.

    —¡Natalia! ¿Te sientes bien? Te escuché quejarte y…

    ¡Era mi papá, de pie en la entrada de mi cuarto!

    ¡Me había sorprendido masturbándome como una loca!

    Mi padre pasó de la preocupación a la sorpresa, luego lo vi dolido, decepcionado y finalmente furioso.

    Se me acercó. Yo conservaba mi pezón entre los labios, dos dedos de una mano metidos en el coño y el libro en la otra mano. También conservaba un estado de tensión preorgásmica que el susto no podía quitarme.

    — ¡¿En qué te hemos fallado?! ¿Qué te ha faltado? ¿Qué mal ejemplo te hemos dado para que ahora te toquetees como una golfa? ¡Mira esta literatura! ¡Orgías e intercambios!

    Salió de mi dormitorio muy enojado. Azotó la puerta y lo oí caminando a su habitación. Mi hermano le preguntó qué pasaba y él sólo respondió:

    — No pasa nada. Vuelve a tu habitación. Tu hermana me ha decepcionado pero no es asunto tuyo.

    Era jueves por la noche. Mi madre estaba en una de sus reuniones de póker con sus amigas y todavía tardaría un rato en llegar. Si quería arreglar las cosas o mitigar el daño tenía que actuar rápidamente.

    Me puse una camiseta larga, de las que llegan a las rodillas, en mi desesperación ni siquiera me acordé del tanga. (¿Acierto o error?).

    Aclaro y describo:

    Mis padres se casaron muy jóvenes y tuvieron a mi hermano Arturo a los 19 años, un año después nací yo. Papá y mamá tenían 38 años cada uno, eran una pareja joven, dinámica y con mucho empuje. Según me confesó papá después, lo que realmente le dolió fue el darse cuenta de que yo había dejado de ser una niñita, aunque después gozó con mi nueva faceta de mujer.

    Mi hermano Arturo salió de su cuarto y me preguntó:

    — ¿Qué pasa?

    — Hice algo que no le gustó a papá y está enojado, voy a hablar con él.

    — Me quedo afuera por si me necesitas. —Se ofreció Arturo.

    Mi hermano y yo éramos muy unidos. Él se parecía a papá y yo a mamá. Quien nos viera juntos sin conocernos pensaría que no somos parientes.

    Entré en la habitación de mis padres dispuesta a enfrentarme valientemente con mi progenitor.

    Papá estaba sentado al borde de la cama de matrimonio. Leía mi libro. La masturbación interrumpida me había dejado tensa por el orgasmo que no pude liberar. Me acerqué despacio, deseaba arreglar las cosas pero no encontraba las palabras.

    — Este libro debería ser quemado y tú mereces un castigo. –dijo papá con coraje.

    Extendí mi mano sin saber que esperar, él reaccionó sorprendentemente rápido.

    Tiró el libro al suelo y se aferró de mi mano, jalándome hacia él. Me hizo caer sobre sus muslos y sujetó mi espalda para que no escapara. Me dio una tremenda nalgada. Mi camiseta le estorbaba, así que me la subió sobre mis caderas. La segunda nalgada cayó sobre mi trasero desnudo, creo que hasta entonces no había visto que yo no llevaba tanga.

    Una corriente eléctrica me recorrió rápidamente. El orgasmo que casi me provoqué se reanimaba y luchaba por liberarse. Me agité sobre los muslos de mi padre como buscando ser penetrada. Mi hermano abrió la puerta y nos vio. Primero miró mi nalgatorio desnudo y en pompa, tuvo que haber notado mi vagina depilada y expuesta, empapada de flujos y a mi padre a punto de volver a nalguearme.

    — Papá ya no le pegues a Natalia. Mira sus nalgas, están bien rojas. –Dijo Arturo defendiéndome preocupado.

    Mi padre pareció arrepentirse y me preguntó:

    — ¿Te duele hija?

    Se inclinó para mirar la piel que acababa de golpear. Yo más que dolor o humillación sentía calentura por estar en aquella posición, desnuda de cintura para abajo a la vista de mi padre y de mi hermano. En esos momentos únicamente deseaba correr a mi habitación y venirme en un orgasmo largamente retenido.

    Las manos de mi padre y de mi hermano se encontraron en mis nalgas, como procurando aliviar mi dolor. Instintivamente separé mis muslos y ellos debieron oler el aroma de hembra en celo que salía de mi coño. Inmediatamente sentí contra mi costado la dureza de la verga de papá y escuché que mi hermano suspiraba estremecido. Las caricias de las manos de los dos se hicieron más fuertes, yo estaba muy receptiva y ellos acababan de ver en mí a la mujer deseosa de sexo en que me había convertido.

    ¡Mi hermano Arturo se arrodilló a mi lado y tocó mi vagina!

    ¡Papá le retiró la mano e introdujo dos dedos en mi coño!

    —La descubrí masturbándose. —Dijo papá, metiendo y sacando los dedos de mi cueva.

    — Si tenía ganas me hubiera dicho y yo la habría ayudado. —Confesó mi hermano metiéndome también dos dedos.

    Me agité estremecida. Papá dobló sus dedos sin sacármelos y los jaló hacia mis nalgas, mi hermano lo imitó empujando hacia delante. Entre los dos abrieron mi cavidad vaginal dilatándola, era como tener en mi interior una verga de dos cabezas con movimiento autónomo.

    Gemí de placer y aullé de lujuria cuando mi padre comenzó a manosearme las tetas con su mano libre. Mi hermano sobaba mi clítoris sin que ninguno de los dos dejara de estimular mi coño con sus dedos.

    Pasé la mano por debajo de mi cuerpo y encontré la verga de papá, la cual sobé por encima del pantalón. Agitaba mis caderas en busca de los dedos filiales.

    ¡Resoplando y gimiendo me corrí en un intenso orgasmo mientras mi coño soltaba sus jugos y aprisionaba a los invasores!

    Mi hermano se bajó la bragueta y comenzó a masturbarse suavemente.

    — ¡Perdón pero no puedo resistirme! —Gritó. Al sacar los dedos de mi coño se los llevó a la nariz y aspiró con deleite.

    Entendí que algo nuevo estaba por pasar, que yo debía realizar el siguiente movimiento para sacar a papá de su estado de decepción y tristeza.

    — No te enojes papá. —Dije, levantándome y quitándome la camiseta.

    Papá se desabrochó los pantalones y se deshizo de ellos. Nunca antes había visto a mi padre o a mi hermano desnudos. Sus vergas eran muy parecidas entre sí, largas, gruesas y curveadas hacia abajo. Me recordaban la herramienta sexual de un negrazo que vi una vez en una película porno.

    Mi plan original era mamar la verga de mi padre, dándole a entender que todo estaba bien, pero no me lo permitió… No todavía.

    Papá se levantó y terminó de desnudarse, Arturo lo imitó y por un momento nos contemplamos los 3 en pelotas.

    Me acosté boca arriba en la cama. Papá se colocó entre mis muslos y lamió ávidamente toda la raja de mi sexo. Mi hermano me besó en la boca con muchas ganas y sobó mis tetas con gusto.

    — No sabes cuantas veces me he masturbado pensando en este momento —Murmuró mi hermano en mi oído.— ¿Me dejas cogerte?

    — ¡Si! —Grité apasionada cuando sentí que mi padre metía dos dedos en mi vagina.

    Arturo jugaba con mis tetas, mamaba mis pezones y me daba palmaditas sobre la carne temblorosa. Con mi mano me apoderé de la verga de mi hermano, sobando y palpando su dureza mientras gemía por el cunnilingus que mi propio padre me estaba dando. Mis niveles de excitación volvían a aumentar por momentos y papá lo notó. Palmeando la espalda de mi hermano dijo:

    — Arturo es hora de que aprendas a comerte unas verijas, ven acá.

    Mi hermano dejó mis tetas y se acercó a mi entrepierna. Papá se retiró de mi coño y la boca de Arturo ocupó su lugar.

    Lo que siguió fue extraordinario. Mi padre daba instrucciones a mi hermano sobre cómo debía mamarme el coño y mi hermano obedecía con placer. Yo gemía, aspiraba aire y gritaba de gusto. Cuando papá consideró que Arturo estaba suficientemente capacitado acercó su cara a la mía y me plantó un beso en la boca. Sus labios sabían a mi flujo vaginal y eso me electrizó de verdad. Correspondí al beso con mucho deseo, sus manos amasaban mis tetas a su antojo.

    Sentí que me venía torrencialmente. Todavía no me penetraban y ya me habían dado más placer sexual en ese rato de lo que mi novio me diera en seis meses de relación.

    Papá se enderezó y puso su verga en mi boca, inmediatamente comencé a mamársela con gula.

    — Cada vez que beses a tus novios lo harás con la boca que mamó la verga de tu propio padre. —Me dijo.

    Liberó su miembro de mi chupeteo y me lo restregó por toda la cara dándome golpecitos en las mejillas y en la frente.

    — Cada vez que alguien admire tu bello rostro admirará la cara donde jugó la verga de tu propio padre.

    Se acomodó a mi lado y restregó su verga por mis pezones, juntando mis tetas para que ambos tocaran su glande.

    — ¡Cuando te coman las tetas o amamantes a tus hijos recordarás que la verga de tu padre jugó con ellas!

    — ¡No aguanto más Natalia! ¡Te quiero coger! –Gritó mi hermano, desesperado.

    — Yo primero. —Dijo papá autoritariamente.— Observa y aprende, luego te la tiras tú.

    Papá dejó de jugar y se acomodó entre mis muslos. Era el momento clave, o me dejaba coger, o salía corriendo de ahí. ¿Qué hubieran hecho ustedes?

    ¿Qué piensan que hice yo?

    Miré fijamente a papá, asintiendo con decisión.

    Mi padre separó mis piernas y se las subió a los hombros, puso su glande entre mis labios vaginales y empujó lentamente. Su primera arremetida me mandó guardar la mitad de su verga dentro de mi coño, la sorpresa vino cuando empujó por segunda vez y me la alojó completa.

    ¡La curvatura de su verga presionaba directamente mi “Punto G” mientras que su glande chocaba contra mi útero!

    De pronto me estremecí en un nuevo orgasmo que, lejos de ser liberador, ejerció en mi cuerpo un efecto acumulativo.

    Papá comenzó a moverse con fuerza, empeñándose en llegar al fondo de mis entrañas en cada empujón. Y en cada penetración pulsaba mi “Punto G”, provocándome nuevos orgasmos acumulativos. Ya no éramos padre e hija, éramos animales entregados al placer más básico. Mi propio padre hundía su verga hasta topar con el fondo de mi sexo, estimulando zonas erógenas cuya existencia jamás imaginé. Yo gemía y gozaba, sudaba y me retorcía mientras mi vagina destilaba flujos sin control, alojando profundamente el miembro viril que un día me engendró. El incesto se estaba consumando, más que placentero era apoteósico…

    ¡De esa manera, entre gritos, jadeos, gemidos y estertores de placer fui encadenando orgasmos, hasta que sentí llegar a un clímax jamás alcanzado, liberando toda la tensión acumulada!

    ¡Estallé en un orgasmo poderoso, múltiple y sublime mientras mi padre eyaculaba dentro de mi coño, gritando y llenándomelo de semen!

    Aquello fue bestial, indescriptible…

    Cuando nos desacoplamos yo necesitaba reponerme, mi padre seguía tan entero como antes de penetrarme.

    —¡Me va! ¡Me va! —Gritó mi hermano reclamando su turno de follarme.

    Yo estaba estremecida por los orgasmos que mi padre me había provocado pero no deseaba dejar a mi hermano con las ganas de disfrutar. Recuperando el aliento indiqué a mi hermano que se acostara boca arriba en la cama y repté hacia él apoderándome de su verga. Papá se acomodó a nuestro lado y comenzó a darme indicaciones de cómo debía mamar el pene de mi hermano mientras él acariciaba mis nalgas y mis tetas. Arturo no se había corrido todavía y poco a poco me armé de valor para remediar su situación.

    Succionaba, mordía, jalaba y besaba la verga de mi hermano, hasta que consideré que llegaba el momento de pasar al siguiente nivel de depravación, tener relaciones sexuales con mi propio hermano.

    Decididamente me puse en pie y me paré con el cuerpo de mi hermano entre mis piernas. De mi coño escurrían ríos de flujo vaginal y semen de nuestro padre. Me acomodé sobre Arturo, agarré su verga y jugué con su glande entre mis labios vaginales. Mi hermano me agarró de las caderas y yo me dejé caer, empalándome a fondo.

    La verga de mi hermano tenía la misma curvatura que la de mi padre, por lo que inmediatamente pulsó mi “Punto G” haciéndome gritar y estremecerme. Su glande tocó el fondo de mi coño y gemí de gusto.

    Me gustó esa posición, yo arriba dominando la acción y Arturo abajo, empujando y retrocediendo mientras yo hacía rotar mis caderas con cadencia desenfrenada. Me retorcía, estimulando los puntos de placer de mi sexo, aprisionando su virilidad con mis músculos internos. Mi hermano gritaba y jadeaba placenteramente.

    Mis tetas botaban sin control a cada movimiento de amazona, mi cuerpo respondía con toda la energía sexual que me daba el morbo de saber que estaba follando con mi propio hermano justo después de haber follado con mi propio padre. Encadené varios orgasmos, pero el más poderoso llegó cuando escuché que papá decía:

    –Natalia te mueves y follas igual que tu madre.

    Grité en medio del frenesí. Si los vecinos me escucharon quizás pensaron que alguien me estaba matando. Cuando el clímax pasó papá dijo:

    —Arturo no te corras todavía. Vamos a darle a tu hermana la cogida de su vida.

    Papá me sujetó por los hombros y me hizo recostarme sobre mi hermano, Arturo aprovechó para besarme rabiosamente en la boca.

    —Natalia… ¿Te han dado por el culo? —Preguntó mi padre acariciándome las nalgas.

    —No papá… ¿Qué pretendes? –Pregunté asustada.

    —No te preocupes hija, al rato te lo desvirgo. Por ahora vamos a hacer algo diferente…

    Dicho esto mi padre se acomodó detrás de mí, sin permitirme incorporarme. Yo había visto escenas de dobles penetraciones en películas porno, pero nada me había preparado para lo que siguió.

    Papá tomó su verga y la dirigió a mi vagina ocupada por el pene de mi hermano. Gemí cuando empujó pero la lubricación era tanta que no me dolió mucho cuando me penetró con su glande. Nos indicó que no nos moviéramos y fue penetrándome lentamente. Cuando la mitad de su miembro estuvo dentro de mi vagina indicó a mi hermano que se saliera un poco, momento que aprovechó para empalarme completamente. Luego Arturo volvió a clavarme toda su verga y esa fue la locura para mí.

    ¡Las dos vergas estaban dentro de mi vagina, tocando hasta mi útero y estimulando todos mis puntos sensitivos al mismo tiempo!

    Gemía desesperada. La curvatura de sus vergas me dilataba al máximo, mi “Punto G” estaba al rojo vivo. Iniciaron un mete saca pausado y profundo, haciéndome correr cada vez que uno de ellos se movía. Mis paredes vaginales se adaptaban a sus vergas que se rozaban una contra la otra dentro de mi ser. Cada vez que uno de los miembros chocaba con mi útero todos mis músculos internos aprisionaban automáticamente a los 2 penes.

    Perdí la cuenta de los orgasmos que me provocaron. Solo sé que llegó el momento en que ambos aceleraron el ritmo de sus penetraciones, como queriéndome destrozar de placer. Me habría desmayado de no ser porque temía que se detuvieran.

    Cada orgasmo me daba placer y reservaba energías que se acumulaban para finalmente hacerme estallar en un clímax apoteósico, liberador y sublime.

    ¡En el momento cumbre de mi enésimo orgasmo las vergas incestuosas de mi padre y mi hermano irrigaron de semen mis entrañas!

    Sentí sus corridas profundamente dentro de mi ser, en un tsunami de esperma que me hizo ver las estrellas…

    —¡Depravados! ¡Jamás pensé que fueran capaces de semejante chingadera! —Gritó mi madre desde la puerta de la recámara, sorprendiéndonos en el momento más inoportuno.

    Mamá nos miraba furiosa desde la entrada de la alcoba matrimonial. Nos dedicó una mueca de rabia y se apartó corriendo, bajando las escaleras en dirección a la cocina. Papá dio algunos empellones más dentro de mi vagina después me sacó la verga. Me desacoplé de mi hermano y me tumbé a su lado.

    — No se preocupen, voy a hablar con su madre. –Dijo papá. Levantó el libro del suelo y salió de la recámara completamente desnudo, cubierto de sudor y con la monumental verga bien erecta, empapada de su semen, del semen de su hijo y de los flujos vaginales de su propia hija.

    Junté mis muslos y encogí las piernas. Sentía esperma hasta el fondo de mi coño. Afortunadamente me estaba cuidando, de lo contrario habría quedado preñada nada más por aquella mega cogida. Me sentía como en medio de un sueño surrealista.

    Arturo me abrazó y me besó en la boca. Supe que, pasara lo que pasara, la caja de Pandora incestuosa ya se había abierto y nuestras vidas cambiarían radicalmente a partir de esa noche. Agarré la empapada verga de mi hermano y noté que seguía erecta. Arturo amasó de lo lindo mis tetas mientras yo lo masturbaba suavemente. Momentos después no pude aguantar las ganas de hacerle otro oral.

    Me acomodé entre sus piernas y metí su glande y parte de su tronco en mi boca. Su herramienta estaba cubierta hasta los cojones por nuestro triple coctel sexual.

    —Así hermanita… así insaciable y golosa hermanita… ¡Que rico lo mamas! –dijo Arturo agarrándome por las orejas e imponiendo ritmo a mi felación.

    No niego que estaba preocupada por la reacción de nuestra madre, pero el exceso de adrenalina por lo que llevábamos hecho me tenía todavía muy caliente. El súper orgasmo que mi padre y mi hermano me acababan de provocar había alborotado mis hormonas al extremo y mi cuerpo quería más guerra. Cualquier mujer que haya tenido en su vagina un pene curvo me entenderá parcialmente, la que haya tenido dos al mismo tiempo entenderá un poco más. Si estas dos vergas fueran la de su padre y la de su hermano, con cualidades dignas de grandes actores de película porno, la comprensión sería mayor.

    Mi hermano estaba muy excitado y quería volver a cogerme. Acababa de venirse pero su verga seguía imbatiblemente erecta. No importaba lo que pasara con mamá, las cosas en nuestra familia no podían empeorar a partir de este punto.

    Arturo se sentó en el borde de la cama con los pies sobre la alfombra. Me senté sobre él, dándole la espalda. Su verga quedó entre mis muslos y la imagen me pareció divertida, era como si aquel falo fuera mío. Lo masturbé con mi mano imaginando como lo haría él. Después me levanté y puse su glande en la entrada de mi sexo. Me empalé deliciosamente, acababa de tener dos magníficas vergas dentro de mi coño pero este había recuperado su estrechez normal y nuevamente lo tenía bien apretado.

    Me moví en círculos mientras apretaba la polla filial con mis músculos vaginales, controlando la presión como si se tratara de mi boca o de mi mano (¡Yo sí puedo, jejeje!). Literalmente yo me estaba cogiendo a mi hermano.

    Arturo sudaba, se debatía y acariciaba mis tetas a su antojo. Los dos gemíamos cachondamente con los ojos cerrados. Yo sentía que nuevamente estaba por tener otro orgasmo.

    —¡Tenías razón! ¡Los dos son muy calientes! –Dijo mi madre, agarrándome por los hombros.

    Abrí los ojos y la vi frente a mí, parada junto a papá. Su blusa estaba desabotonada y pude ver parcialmente sus tetas, tan voluminosas como las mías, e igual de firmes.

    —Natalia está deliciosa y coge de maravilla. Arturo tiene mucho aguante y una verga de campeonato. No esperaba menos de ellos. ¡Que hijos hemos levantado! –Dijo papá con orgullo, luego se puso detrás de mamá y amasó sus ubres con mucho morbo.

    Yo incrementé mi rítmico meneo con la verga de mi hermano hasta el fondo de mis entrañas. Me corrí poderosamente cuando papá abrió la blusa de mamá y me puso sus tetas en la cara. Ella agarró mi cabeza y dirigió mi boca a uno de sus pezones.

    Comencé a mamar con energía de los senos que alguna vez me alimentaron de pequeña. Ahora me daban un nuevo e inesperado placer, pues nunca antes había tenido sexo con otra mujer, aunque a veces fantaseaba con algo así. Mi nivel de calentura se mantenía en alto y mi grado de depravación seguía en ascenso. A este paso me graduaría como la nueva fornicóloga filial de la casa.

    Papá le quitó la blusa a mamá, dejándola desnuda de cintura para arriba. Sentí que instintivamente la verga de mi hermano se encabritaba dentro de mi vagina. Arturo quiso participar más activamente. Hizo que me levantara y nos desacoplamos. Yo mamaba con ganas las tetas de mamá, magreándolas como a mí me gusta que me las toquen. Si creía haberlo visto todo, sinceramente me quedé corta. Lo que comenzara como un trío filial acababa de desmadrarse, convirtiéndose en una orgía bestial.

    Arturo no quiso ser menos y desabrochó la falda de mamá, jalándola hacia abajo junto con su tanga. Fue impactantemente placentero contemplar el cuerpo desnudo de nuestra progenitora, ella y yo nos separamos, mirándonos a los ojos con calentura. Yo no acababa de entender como había hecho papá para convencer a mamá de que, no solo aceptara lo que estaba pasando, sino que participara activamente.

    —¡Estoy muy caliente! –Gritó mamá, y se abrazó a mi hermano.

    Era súper morboso ver a madre e hijo desnudos, entregados al placer incestuoso. Se besaron apasionadamente. Las manos de mi hermano estrujaban las nalgas de mamá mientras ella lo masturbaba con ahínco. Papá se acercó a mí, me hizo arrodillar en el suelo y metió su verga en mi boca. Noté que ya no estaba pringosa y supuse que mamá se la había chupado antes, ese pensamiento me calentó más aún.

    Después de una intensa felación por mi parte, papá sacó su miembro de mi boca, agarró a mamá por los hombros y la llevó a la cama, la acostó y separó sus piernas al máximo. Me indicó que me acercara y puso mi cara entre los muslos de mamá.

    —Ahora vas a aprender a mamar un coño. –indicó papá con voz seductora.

    Pude haberme resistido. Pude haber dicho que yo no era ninguna lesbiana.

    ¿Qué creen que hice?

    ¡Me lancé de lleno a lamer los flujos vaginales de mi propia madre!

    Metí mi cabeza entre sus piernas y mi boca probó por vez primera el sabor de otra mujer. Mi lengua recorrió toda la cueva de placer de la que mi hermano y yo habíamos salido. Me encantó su sabor ácido, de hembra joven en celo y un poco de regusto al shampoo de uso íntimo que ambas usábamos.

    Chupé su clítoris haciendo que mi madre se retorciera de placer y gimiera desesperada. Acababa de convertirme en la mamadora oficial de los genitales de toda mi familia. Cuando escuché que los gemidos de mamá se apagaban levanté mi cabeza. No me extrañó ver que mi hermano ya le tenía la mitad de su erga metida en la boca. Papá acomodó mi cuerpo, dejándome en 4 patas sobre la cama y metió 2 dedos en mi vagina, sin que yo dejara de hacerle el cunnilingus a mamá.

    Creí que mi padre quería estimular mi coño, pero en realidad estaba sacando de mi interior la mayor cantidad de fluidos que sus dedos pudieron acaparar. Se agachó entre mis nalgas y con su lengua dibujó círculos de fuego alrededor de mi ano. Gemí de placer y me estremecí cuando metió un dedo lubricado por mi culo.

    Aprovechando mi distracción, Arturo jaló a mamá y la acomodó acostada boca arriba sobre la cama, se puso entre sus muslos y se acomodó las piernas de ella sobre los hombros.

    —Hace rato papá se cogió a Natalia en esta posición y a mí se me antojó mucho. Mamá, te quiero coger… ¿Me dejas hacerlo –Preguntó mi hermano.

    —¡Hazlo hijo! –Gritó mamá.

    Arturo la penetró violentamente, de no haber estado tan lubricada la habría lastimado. Comenzó a bombear con gusto en la vagina que yo acababa de mamar. Vagina de la que él y yo habíamos nacido y a la que esa noche regresábamos convertidos en verdaderas bestias sedientas de placer y lujuria.

    — ¡Así cabrón! ¡Fóllame duro! ¡Dame sin piedad! –Gritaba mamá mientras sus enormes tetas se estremecían al ritmo de la poderosa cogida que su semental incestuoso le estaba dando.

    — ¡Cógeme duro con esa verga que es igual a la de tu padre, que es igual a las de tus tíos! –Me sorprendió mucho escuchar estas palabras. Al parecer mamá conocía íntimamente a los hermanos de su esposo, y papá lo sabía. No tuve tiempo de reflexionar sobre este tema, pues papá, luego de haber lubricado y dilatado mi ano, se acomodó de rodillas detrás de mí.

    — Ahora sí Natalia, lo prometido es deuda. –Dijo mi padre.— ¡Te voy a desvirgar el maravilloso culo que tienes!–

    Al principio me asusté. Su enorme verga me había hecho estragos en el coño, por el culo tal vez podría lastimarme.

    –No tengas miedo cariño. –Dijo mi madre, adivinando mis temores.– Tu papá es el mejor sodomizador que conozco.

    Pegué un respingo cuando mi padre empujó su glande sobre la entrada de mi ano. Lenta pero irremediablemente me fue penetrando por atrás, venciendo la resistencia de mi esfínter. Sentí algo de dolor, pero creo que la lubricación y el jugueteo previo fueron los adecuados. Me sentía cachonda y expectante, tal vez por eso el dolor se mitigó rápidamente y empecé a sentir sólo placer.

    Cuando papá consiguió guardar toda su verga en mi culo se quedó quieto unos instantes, con su abdomen pegado a mis nalgas y sus manos agarrando mis caderas con fuerza, como temiendo que me escapara. Pasé una mano entre mis muslos y sentí sus enormes cojones sobre mi coño.

    — ¡Papá está enculando a Natalia! –Exclamó mi hermano, incrementando la fuerza de sus embestidas en el coño de mamá.

    Madre e hijo jadeaban, gemían y sudaban. Mamá gritó en medio de un prolongado orgasmo. Seguramente le pasaba como a mí, y la verga de su hijo tocaba todas las zonas erógenas de su coño, topando con el útero.

    Papá, con su verga dentro de mi culo, comenzó a darme profundas penetraciones, lentas pero firmes. Mi cavidad anal había tenido tiempo de amoldarse a las dimensiones de la tremenda verga de mi progenitor y yo gozaba con cada arremetida. Cuando el miembro viril llegaba a fondo y mis labios vaginales besaban los testículos de mi padre, yo correspondía con un apretón de mi esfínter que duraba hasta que su verga retrocedía. Ese era mi modo de ordeñarlo. Mis caderas acudían instintivamente al encuentro filial del pene de mi padre, la tensión sexual crecía en mi cuerpo, anunciándome un nuevo y poderoso orgasmo. Mis tetas se bamboleaban al compás de la acción de nuestros cuerpos, “aplaudiendo” sonoramente debajo de mí.

    Al ver mi estado de excitación y el nivel de mi entrega, papá aumentó el ritmo de su follada. La alcoba paterna era un bacanal, el aire olía a sexo, la temperatura había aumentado notablemente, la cama estaba revuelta y sus patas crujían bajo el impacto de 4 cuerpos entregados al placer incestuoso. Solo se oían gemidos, ayes placenteros, jadeos, exclamaciones de júbilo y chapoteo de vergas pistoneando dentro de orificios prohibidos… (¡Que sabroso, espero que ustedes se estén pajeando con estas líneas, porque yo acabo de hacerlo también!).

    Me corrí entre gritos experimentando por primera vez un intensísimo orgasmo anal. Grité y me sacudí enloquecidamente mientras estrujaba la colcha con los puños crispados.

    Mi padre hundía ya toda su verga en mi ano y se ancló agarrándose de mis enormes tetas. La violencia de sus embestidas aumentó a un ritmo frenético. Cada vez que me hundía su miembro mis rodillas se separaban del colchón. ¡Parecía decidido a reventarme el culo!

    Cuando grité mi segundo orgasmo anal, mamá me acompañó en el coro de alaridos y estertores, se corrió desesperadamente mientras su hijo eyaculaba en lo más profundo de su sexo.

    Papá clavó su mástil hasta el fondo de mi culo, eyaculando un torrente de semen que se depositó profundamente en mis intestinos.

    Caí desmadejada. La verga de papá salió de mis entrañas, dejándome el ano abierto y lleno de su esperma.

    Creí que todo había terminado.

    Papá se incorporó y ordenó a Arturo que lo acompañara abajo. Mamá y yo nos quedamos solas, tumbadas en la cama de matrimonio. Caí en un delicioso sopor hasta que sentí las manos de mamá masajeando mi espalda.

    —¿Cómo te convenció papá de que aceptaras lo que estábamos haciendo? ¿Qué te dijo para que quisieras participar? –Pregunté.

    — Fue por el libro. –Respondió ella.— Cuando nos casamos lo teníamos, cada noche leíamos un relato, nos calentábamos y hacíamos el amor. A tu hermano y a ti los engendramos gracias a la calentura que nos provocaba el libro.

    Me di vuelta quedando boca arriba y mamá aprovechó para masajearme las tetas.

    — Tu padre dice que puedes mamarte tus propios pezones. ¿Es cierto? –Preguntó ella.

    –Si. –Respondí y le mostré como lo hacía.

    Mamá se acomodó entre mis piernas y metió 2 dedos en mi encharcado coño. Me masturbaba deliciosamente y me hacía gemir de gusto. Al rato se agachó y me regaló una ardiente comida de coño que me hizo correr.

    Papá y Arturo regresaron con refrescos para todos, cuando repusimos líquidos nos acostamos juntos en la cama de matrimonio. Yo quedé entre mi padre y mi hermano.

    Papá me sobaba las tetas a su antojo mientras Arturo me besaba la espalda y acariciaba mis nalgas.

    — Hace rato le hicimos una doble penetración vaginal a Natalia. –Informó papá a mamá.

    — ¡Eso suena delicioso! ¿Por qué no vuelves a cogértela? –Respondió mamá.

    No necesitamos más motivación. Mi padre se acomodó de costado frente a mí y levantó una de mis piernas poniéndola sobre su cadera. Jugó con su glande entre mis labios vaginales y me penetró completamente en un solo movimiento.

    Volví a sentirme llena de su verga y mi sistema nervioso reaccionó con violencia. Iniciamos un movimiento rítmico que rápidamente me elevó a las alturas de un nuevo orgasmo. Arturo no se estaba quieto y pronto penetró mi culo con uno de sus dedos, al notarlo papá se detuvo y me cambió de posición, girándome sin sacarme su verga.

    Quedé montada sobre mi padre, con mis tetas a disposición de su boca. Lo cabalgué impetuosamente, rotando mis caderas con mucha lujuria. La situación era morbosísima.

    Arturo se arrodilló detrás de mí y entendí lo que se proponía.

    — Natalia… no quiero quedarme con las ganas de cogerte por el culo. –Dijo mi hermano, acercando su verga a mis nalgas.

    — ¡Hazlo rápido hermanito! –Grité con mucha calentura.

    Papá y yo nos quedamos quietos. Mi hermano fue penetrando mi ano muy despacio, sin detenerse. Mi orificio trasero lo recibió bien, pues conservaba el semen que mi padre me había eyaculado rato antes.

    Era mi segunda doble penetración y mi segundo sexo anal. Esa noche descubrí que me gusta tanto recibir verga por detrás como por delante.

    Cuando las 2 vergas filiales se alojaron en mis orificios, mis 2 machos comenzaron un poderoso mete y saca que terminó destrozándome de placer. El ritmo de mis sementales me sobrepasaba y me sentí como una muñeca de placer en medio de una vorágine de orgasmos. Sus miembros entraban y salían de mí, solo separados por una fina membrana. Mis tetazas se bamboleaban rabiosamente, brindando a papá un inmejorable espectáculo. Decir que me vine es poco. Me corría en sucesivas cadenas de orgasmos múltiples que me provocaban gritos, temblores y sollozos de éxtasis.

    Mis familiares más cercanos aceleraron la velocidad de sus penetraciones, haciendo gala de una resistencia bestial. Se notaba que tenían una excelente condición física y muchas ganas de follarme.

    Arturo hundió su verga hasta el fondo de mis intestinos y disparó su cálido esperma mientras mi padre se corría en lo más profundo de mi coño. Un último orgasmo por mi parte selló lo que para mí sería, después de aquella noche, una interminable odisea sexual.

    Caí rendida cuando las vergas de mi padre y mi hermano abandonaron mis orificios. Supe que luego papá y Arturo le dieron una doble penetración a mamá, y que mamá me regaló otro cunnilingus, recogiendo con la lengua el semen de su marido y de su hijo, pero terminé tan noqueada por la tremenda sesión de sexo, que de esto último apenas si tengo recuerdos.

  • No lo pienses demasiado (Parte 14)

    No lo pienses demasiado (Parte 14)

    A la mañana siguiente me sentía genial, me desperté antes que Carla, la observé un rato mientras dormía, me levanté con mucho cuidado para no despertarla, me puse una camiseta ancha sin nada más y me fui a la cocina a preparar el desayuno y llevarlo a la cama. Estaba terminando de colocar todo en una bandeja para llevarlo, cuando Carla me abrazó por la cintura y me susurró al oído.

    Carla: Buenos días, llevas demasiada ropa no?

    Irene: Buenos días, vaya me has fastidiado el desayuno en la cama. Me giré y la besé.

    Me senté en la encimera de la cocina y la rodeé con mis piernas.

    Carla: Bueno según se mire… yo creo que mi desayuno ya estaba en la cama. Desayunamos y después comemos algo?

    Me quitó la camiseta y empezó a besar mis pechos.

    Irene: Jajaja, cuánto tiempo tenemos? A qué hora tienes que volver?

    Sacó la cabeza de entre mis pechos y miró el reloj de la pared, como siempre pendientes del tiempo.

    Carla: Son las 7, debería salir de aquí a las 9, tenemos tiempo de sobra.

    Irene: Perfecto. Vamos a la cama rubia.

    Nos besamos de camino a la habitación, chocándonos con las paredes que encontrábamos en el camino y recorriendo nuestros cuerpos con nuestras manos. Al llegar a la habitación me senté en la cama y agarré a Carla por el culo para traerla hacia mí y sentarla encima de mí a horcajadas.

    Carla: Suave…

    Irene: Está bien…

    Me esforcé y poco a poco fui bajando el ritmo, pero no pude hacer nada por controlar respiración y latidos, pues era aún más excitante. Deslizaba mis manos por su espalda provocándole escalofríos, haciendo que su piel se erizara y sus pezones se endurecieran, aprovechando para jugar con ellos suavemente con mi boca. Nos besamos con besos lentos, mirándonos a los ojos con nuestras respiraciones cruzadas. Mis besos y mi respiración bajaban desde su oído, por su cuello hasta su clavícula, para acabar mordiendo su hombro.

    Me empujó hacia atrás y sujetó mis brazos contra el colchón besando y mordiendo poco a poco mi cuerpo hasta llegar a mi cuello donde soltó mis brazos y aproveché para tumbarla a ella en la cama y ponerme encima. Ahora la sujetaba yo a ella y me quedé mirándola por unos segundos sin hacer nada.

    Carla: Qué pasa?

    Irene: Nada, es solo que me encanta tenerte así, eres perfecta.

    Carla: Tú que me miras con buenos ojos.

    Irene: Con los que tengo jeje. De verdad que eres preciosa.

    Volvimos a besarnos suavemente, mis dedos fueron bajando y acariciando su cuerpo, llegando a su clítoris con movimientos circulares y alternando con penetraciones profundas pero delicadas. Carla se estremecía con cada caricia y con cada penetración, estaba tan lubricada que mis dedos casi se movían solos. Yo disfrutaba de verla y sentirla, no necesitaba más.

    Su cuerpo se tensó, quedando totalmente relajado después de unos pequeños espasmos, gimió sin reprimirse y sujetó mi mano para que no siguiera.

    Carla: No puedo más…

    Irene: No te ha gustado?

    Carla: Qué dices?! Todo lo contrario, ha sido súper intenso…

    Irene: Me gusta saber eso.

    Saqué la mano de entre sus piernas y me metí los dedos en la boca, saboreando sus fluidos.

    Irene: Me encantas, te lo he dicho alguna vez?

    Carla: Que pava eres. Dame 5 minutos para recuperarme y te compenso.

    Irene: No tienes que compensar nada, disfruto mucho viendo que lo pasas bien y ahora prefiero abrazarte y acariciarte. Déjame ponerme un poco moñas contigo.

    Apoye mi cabeza en su pecho y recorría su cuerpo con mis dedos.

    Carla: No me parece justo, pero si es lo que quieres…

    Irene: Es que eres adictiva, no me canso de besarte, acariciarte y morderte, eres como una especie de droga.

    Mi cabeza recorría su torso con besos y mordiscos.

    Carla: Es verdad, es increíble cómo puedo sentir tanto contigo con lo mínimo que me haces, es muy intenso.

    Irene: Cuándo nos volvemos a ver?

    Carla: La pregunta del millón… No lo sé… espero que pronto.

    Irene: Suena fatal eso… Igual debería secuestrarte o fugarnos, lo has pensado?

    Carla: Mentiría si te dijeron que no jajaja.

    Irene: Bien! avísame con algo de tiempo, podemos poner una palabra clave y con todo el disimulo del mundo cuando me la digas preparo la maleta jajaja.

    Carla: Jajaja vale me parece un buen plan, ornitorrinco será nuestra palabra. No me falles jajaja.

    Irene: Ornitorrinco? Jajaja no era lo que esperaba, pero me gusta como suena.

    Nos quedamos un ratito más en la cama entre besos, disfrutando del tiempo que nos quedaba juntas.

    Carla: Tengo que empezar a vestirme.

    Irene: Odio el reloj… En fin… Desayunamos algo antes de irte.

    Salimos a la cocina, desayunamos algo rápido y yo intenté retenerla entre besos para alargar la despedida.

    Carla: Me voy que me estás liando.

    Irene: Jo es aquí estás muy bien.

    Carla: Sabes que me quedaría pero tengo que volver a casa.

    Irene: Entonces te vienes esta noche otra vez no? Puedo comprar más chocolate.

    Carla: Sabes que me encantaría, pero no puede ser.

    Irene: Bueno, lo entiendo, tenía que intentarlo. Me ha encantado pasar la noche contigo, espero que no pase mucho tiempo hasta la próxima.

    Carla: A mi también, lo he pasado genial. Vamos hablando vale? Te quiero.

    Irene: Sí, estamos en contacto. Te quiero.

    Me besó y se fue.

    Pasaron varias semanas y nos metimos en septiembre, Carla seguía trabajando, nos habíamos encontrado en un par de ocasiones en el hospital y con ayuda de Hugo y algo de disimulo habíamos podido escaparnos 5 minutos sin que el resto de los compañeros notara nada raro. Normalmente nos veíamos en el vestuarios de los celadores, era una habitación que estaba en la zona de urgencias con un baño y unas taquillas, donde no solía pasar nadie salvo en los cambios de guardia. Nos tomábamos unos minutos entre besos, que aunque no daban para mucho, eran más que suficiente para alegrarte el día.

    Un día a mediados de septiembre, Hugo y yo tuvimos uno de esos servicios que hacen que por la gravedad del caso que te dé un subidón de adrenalina y más aún cuando consigues sacar al paciente adelante, como fue este caso. Terminamos en el hospital y tuvimos un tiempo de descanso en el que quedamos allí a la espera de que saliera otra cosa, los dos estábamos que nos subíamos por las paredes, con un subidón tremendo de adrenalina y locos de contentos por el buen fin del servicio y le escribí a Carla para contarle.

    Irene (móvil): Hola! Acabamos de tener un servicio espectacular, ya te contaré, estoy que me subo por las paredes jajaja. Te quiero mucho rubia!!

    No recibí respuesta por lo que entendí que estaría trabajando y que ya lo vería. Estábamos en las puertas del hospital hablando con compañeros y comentando lo que habíamos tenido cuando llegó una ambulancia de la empresa de Carla.

    Hugo: Mira Irene, igual es Carla.

    Irene: Quién iba? Lo has visto?

    Hugo: Delante no la he visto, igual va detrás.

    Irene: Voy a mirar a ver quién es.

    Me acerqué y al abrirse las puertas Carla bajó sin darse cuenta de que estaba allí.

    Irene: Hola rubia!

    Se giró rápidamente al oírme.

    Carla: Hombre!! Hola!! Me espera que ahora mismo salgo?

    Irene: Claro! La duda ofende jajaja.

    Carla entró con el paciente y a los pocos minutos salió y se acercó a donde yo estaba con Hugo.

    Hugo: Hola Carlita! Qué tal?

    Carla: Hola! Aquí estamos dando un paseo para variar.

    Se saludaron y estuvieron bromeando un ratito.

    Irene: Voy al baño chicos ahora mismo vengo.

    Carla: Espera que yo también tengo que ir.

    Hugo: Va! No tardes mucho meona!!

    Según entramos al cuarto de los celadores choqué a Carla contra la puerta y aún no sé cómo (imagino que por el subidón del momento jeje) la agarré por el culo y la levanté, rodeándome ella con sus piernas, la besaba con desesperación y a ella se le notaba sorprendida.

    Carla: Guau! Qué te pasa hoy?

    Irene: Puff no has visto el móvil? Llevo un picazo que nos veas.

    Carla: Ya te veo ya.

    La senté en un mueble que había, necesitaba las manos libres para desabrochar su pantalón con torpeza por la ansiedad, devoraba su cuello y Carla apoyaba la cabeza contra la pared levantándola levemente para facilitarme la tarea. Había demasiada ropa entre las dos que no podía quitar y que no me dejaba llegar a besar sus pechos, para cuando conseguí desabrochar su pantalón, una mano se coló por debajo de su camiseta acariciando su espalda y la otra se coló por dentro de su ropa interior con la intención de penetrarla directamente. Mis dedos se deslizaron con mucha facilidad, pues Carla estaba muy excitada aunque en ese momento no creo que más que yo, pues enseguida sujetó mi mano.

    Carla: Irene… para… no es el ni el momento ni el lugar… La respiración acelerada le complicaba hablar.

    Irene: No voy a parar… no puedo, lo siento.

    Yo tenía muy claro lo que quería hacer y no me iba a parar y aunque ella decía lo que decía, su cuerpo pedía a gritos lo contrario.

    Me libré de la mano que me sujetaba, para masturbarla con más fuerza y más rápido, sabía que le faltaba poco para correrse y así fue, apoyó la cabeza contra la pared, cerró los ojos y apretó dientes con fuerza para intentar silenciar su orgasmo, arqueó su espalda y un pequeño gemido se le escapó. Paré, la ayude a bajar del mueble y la besé mientras le abrochaba el pantalón ahora ya con algo más de calma.

    Irene: Lo siento.

    Carla: Te odio que lo sepas.

    Irene: No te creo.

    Carla: Pues créetelo, ahora mismo estoy algo enfadada contigo. No podemos hacer estas cosas en el hospital, y si nos pillan?

    Irene: Sí tienes razón, pero no ha pasado nada, el pestillo de la puerta está puesto y nadie a intentando entrar. Va no te enfades.

    Carla: Mierda es que no puedo enfadarme contigo, vamos fuera que mi compañero debe de estar preguntándose donde coño me he metido.

    Se me acercó como para darme un beso y antes de que nuestros labios se rozaran se separó y dio una pequeña torta en la cara.

    Irene: Au! Eso es una agresión!

    Carla: Te la mereces! Me miró con una sonrisa de oreja a oreja y me guiñó un ojo.

    Tiré de su brazo, la acerqué a mí y planté un beso en sus labios.

    Irene: Te quiero rubia.

    Carla: Yo no! Soltó una carcajada y salió de la habitación.

    Cuando salimos Hugo estaba echándonos una mano como siempre, entreteniendo al compañero de Carla, hablando de trabajo mientras se tomaban un café de la máquina.

    Hugo: Ya está bien no? Me dijo disimuladamente por lo bajo.

    Irene: No hemos tardado tanto no? Han sido 5 minutos como mucho.

    Hugo: Tú flipas, han sido por lo menos 15.

    Irene: Vale, lo pillo, te debo una.

    Hugo: Me invitas a almorzar no? Jajaja.

    Hablamos un par de minutos más los cuatro, hasta que sonó el teléfono empresa de Carla y se tuvieron que ir.

    Carla: Tenemos faena, nos vemos chicos. Hugo dale una tila a esa que está un poquito alterada y no le dejes hacer mucho hoy no vaya a ser que le dé algo y te toque currar el doble jajaja.

    Hugo: Jajaja tranquila intentaremos tomarlo con calma, precisamente me estaba comentando que me iba a invitar a almorzar o algo así.

    Carla se fue y Hugo y yo nos pasamos a la cafetería del hospital, estaba algo más relajada y aunque había merecido la pena, estaba bastante excitada, nada que no pudiera solucionar yo sola en mi habitación al volver a base.

  • Una para muchos más (un gangbang para Fernanda)

    Una para muchos más (un gangbang para Fernanda)

    Aunque Fernanda tenía una cara de niña buena, el cuerpo exuberante que dios le dio y sobre todo el deseo sexual interminable la había llevado a tener sexo con su papá y sus hermanos. Aunque su novio Ricardo seguía con ella, lógico. Jamás tendría a una mujer así en su vida nuevamente. Alta, pelo castaño, cuerpo de modelo, la cara más hermosa. Sabía que no duraría mucho. Casi para el fin de curso, el mejor amigo de su novio Kevin. Los invito a una fiesta, además Kevin se encargaba de proveer drogas de todo tipo a la universidad. Y todo mundo asistiría, según él. Dijeron que si pero dos días antes su novio Ricardo le avisó que no podía, tenía que acompañar a su madre a una venta de beneficencia. Pero Kevin le insistió a Fernanda que terminó por acceder.

    —Me mandas la dirección y ahí llegó.

    —No pues yo vengo por ti.

    —Le pido la camioneta a papá…

    —No no no, yo vengo por ti. Te veo aquí y nos vamos.

    —Ok.

    El sábado por la tarde el Uber la dejó en la puerta de la universidad, y Kevin llegó unos instantes después. Fernanda Se puso un vestido ajustado que apenas y bajaba de sus nalgas, su espalda estaba totalmente desnuda.

    —¡Vámonos!

    —Y… tu carro?

    —¿Cuál carro? Yo no tengo… pero acá pasa el metrobus.

    —No, pido un taxi…

    —No no no, ya’ re lejos. Ahorita llegamos de volada.

    Emprendió el camino y Fernanda lo siguió. Cuando se transbordaron al metro, sintió todas las miradas sobre ella, el calor era sofocante y no hacía manera de refrescarse.

    —Te hubieras traído algo más cómodo.

    —No pensé que me traerías en metro.

    “Mamacita” dijo un vendedor de discos al pasar por su vagón. Y un par de tipos no le quitaban la mirada de encima. Luego transbordaron nuevamente, por los pasillos escuchaba toda clase de comentarios. «Ira esa nalga”, “asuputamadre”, “en esa cola si me formo”, “de a como sabrosa”. El vestido se le pegaba por el sudor y los comentarios aunque le gustaban, la hacían sentir incómoda y Kevin ni se inmutaba.

    —Si la cagaste mi Fer. Se te ve todo.

    —Ni me digas, deberíamos tomar un taxi.

    —No no no, si ya llegamos.

    —¿Seguro?

    Salieron y en los andenes los chiflidos no se hicieron esperar, ahí tomaron un camión y Fernanda estaba ya muy molesta. Un señor se quedó parado en el pasillo y le recargaba la verga en su hombro. Ella solo miraba por la ventana y Kevin sonreía sarcásticamente.

    —Es que para acá no hay morras así.

    —¿Así como?

    —Cuidaditas, modositas, mamonsitas.

    —¿Ósea que soy…?

    —Naaa pero pues ve, para acá puro cochambre jajaja.

    —No seas grosero.

    Unos diez minutos después, se levantó Kevin y le pegó la verga en la cara a Fernanda.

    —Aquí bajamos.

    —Por fin.

    —Bienvenida a Ecatepec

    —¿Ecateque?

    —Ecatepunk, ve mira es para acá.

    Entraron a una casa, que a Fernanda le parecía en ruinas, y no encontró a ninguno de sus amigos de la facultad.

    —¿Y dónde están todos?

    —Al rato llegan, ya sabes que para ustedes las fiestas son de la media noche en adelante

    —No, yo me regreso temprano.

    En las orillas, pegados a las bardas estaban varios tipos tatuados y en camiseta, que se la comían con la mirada.

    —¡Hasta que te conocí una con huaraches cabron!

    —Iralo, quien lo viera al Kevin he!

    Y aunque si había mujeres, le provocaban el mismo miedo. Uno de los amigos de Kevin le pasó una caguama.

    —¿Si te gusta la cerveza mamita?

    Su mirada le recorría el cuerpo sin ninguna vergüenza.

    —Si, pero… y los vasos.

    —Chaaale, esta morra a de querer una gomichela y acá!

    —Acá es de caguama mi reyna, usted chupele. Ahorita ya pre den el sonido y echamos cumbias.

    El miedo se apoderó de Fernanda que solo pensaba en salir de ahí, y de pronto ya no veía a Kevin por ningún lado. Durante horas todos bailaron, ella no se levantó de la silla. Y poco a poco se iban los invitados. Solo quedaban los amigos de Kevin, unos doce ya muy borrachos y algo drogados. Ella solo tomó un poco de cerveza y esperaba que Kevin apareciera para salir de ahí. Ya pasaban de las doce y ningún compañero de la facultad se apareció.

    —Ven vamos a bailar.

    Un tipo gordo y sucio la jalo y ella solo se pudo acomodar entre sus brazos mientras sonaba una norteña.

    —No se bailar.

    —Yo te enseño mamacita.

    Se aferraba a sus caderas y ella podía sentir el olor a sudor, en cuanto acabó otro la tomó y bailaron sin parar. Le ponían un porro en la boca cada cambio de canción y ya con sed, ahora si tomó cerveza directo de la botella. Entonces apareció Kevin.

    —Mírala, ya te aflojaste.

    La arrebató y bailó con ella, el reggaetón sonaba más fuerte y Kevin le pasaba las manos por el cuerpo. Y otro se puso tras de ella, se pegaron y ella podía sentir las vergas rosando su cuerpo.

    “DÉJALA QUE BAILE SOLITA”

    Escucharon y se quitaron, Fernanda sonreía y siguió el ritmo. Sabía que entre más se movía, su vestido se levantaba. El borde de sus nalgas se veía y los volvía locos. Y ese cosquilleo comenzó a llenar su cuerpo. Y batía más rápido sus caderas. Cuando acabó la canción todos aplaudieron y chiflaron.

    “Agüevo pinche morra está bien rica”

    “Pinche culito te trajiste puto”

    Sonó música de banda y el que parecía más viejo saltó y la tomó descaradamente de las nalgas.

    —¡De a cartoncito de cervezas mami!

    Fernanda no se sobresaltó, ya sonreía. Estaba cachonda, un poco borracha y otro tanto drogada. Se la turnaban y le regaban la verga y agarraban sus nalgas.

    Fernanda estaba ya mojada, y todos los ahí presentes estaban babeando. Kevin se acercó y le dijo.

    —Danos una mamadita, tu güey ya me platicó que eres bien puta!

    —¡¿Qué te dijo que…?!

    —No te hagas pendeja, ándale nada más una mamadita.

    —Nooo son un montón Kevin no.

    La mano de Kevin le subió el vestido y ella trató de bajarlo pero otra mano lo subió, y otra, y más. Todos sobaban sus nalgas. Las manos callosas le raspaban la piel. Podía oler los aromas a sudor cerveza besándole el cuello.

    —Ok Ok, pero solo unas chupadas. Luego me pides un taxi.

    —¡Ya aflojó la morra!

    —NO QUE NOOO!

    —Si se ve que es bien putita la güera!

    Varias manos la empujaron hasta el piso. Mientras todos se arremolinaban sobre ella, sintió miedo. Pero no sabía cómo detener aquello. Y una verga sudorosa y sucia chocó en sus labios.

    —Abre la boquita mami, abre… abre… ándele.

    Cuando sintió el trozo de carne en su boca pudo saborear el sudor, y la mugre. Apenas pudo sentir asco cuando otra verga entro y sintió lo mismo.

    —Ahora yo.

    —Nel, me toca.

    Fernanda mamaba verga tras verga. Y con sus manos masturbaba a las que estuvieran cerca. Vergas pequeñas, grandes. Entraban en su boca. Fernanda seguía llevándolas hasta el fondo.

    —Irá, tienes que agarrarle el pelo pa’ verle su carita.

    —Hija de su puta madre, chupa bien rico.

    —Abre los ojos culera!

    —Pa’ que veas lo que te comen güerita!

    Fernanda esbozaba una leve sonrisa, y chupaba como u pura cada verga que le llegaba, hasta dejarlas bien babeadas. Pasaba su lengua por los guevos de todos esos desconocidos. Y pedía más.

    —¿Ves como si pinche Fer?

    —Pueeeg si quiero más verga.

    Kevin le empujó la verga hasta el fondo y ella parecía querer más, tomaba un poco de aire y volvía a meterse la verga hasta el fondo. Luego otro tomó el lugar de Kevin y también la empujó hasta el fondo.

    —Hija de la verga, esta pinché vieja es una champions!

    —Ven, metete esta hasta el fondo.

    —¿y apoco nada más me la va a mamar?

    —¡¿pus’ que querías más?!

    —¿Ya le viste el pedorro?

    En cuanto escucho el murmullo generalizado, sonó una rasgadura. Su vestido estaba siendo destrozado. Se sacó la verga de la boca y llena de baba les dijo:

    —Nada más hubieran bajado el cierre, ya lo rompieron.

    —Cállate y sigue mamando.

    Le abrieron las piernas y su hermoso culo quedó expuesto ahí a medio patio. Unas nalgas hermosas con una tanga negra.

    —Iranomas!

    —Yo pido manos!

    —tras pendejo… voy yo.

    Al final un señor los quito se info tras ella. Le hizo de lado tanga y acomodo su verga.

    —¡Este es el cielo putitos!

    —Órale culero ya me toca!

    Fernanda solo gemía, pero no paraba de chupar vergas. Y mover las caderas. Chocaba contra la panza de aquel tipo y luego sintió a otro.

    —Ora si vas a sentir un cabron mamacita!

    —Órale culero que sigo yo!

    Cuando Fernanda giro la cabeza, vio una fila esperando turno para cogérsela y otros tantos esperando verga en mano a que se las chupara. Entre ellos Kevin.

    —Namas porque no nos trajimos a todos los que te chulearon las nalgas, sino seríamos más”

    —¿CUUUAGGGTOOOSS SOOON?

    —Ora veras dos, cuatro y cinco. Nueve y tres. Quince culeros mi Fer.

    Un chaparrito se colgó de su cuerpo, sobre su espalda y comenzó a babearle el ano, enseguida Fernanda comenzó a gemir.

    —Si papi, chupame mi colita.

    Y siguió mamando vergas. Y gimiendo. Luego el chaparrito desapareció. Cuando volvió, traía una colcha.

    —Ahí les va la verga putos.

    Le metió la verga en la boca a Fernanda y ella chupo sin dudarlo. Luego acomodo la colcha en el piso y se tiro boca arriba.

    —Ora Si vengache pa’ca!

    Sin dudar Fernanda se montó en su verga y jalo otra verga para llenar su boca. Era su amigo Kevin.

    —Es que si la chupas bien rico mi Fer.

    —Órale puto no te estaciones.

    —Órale vas, yo voy a buscar un condón para metérsela en el mil arrugas!

    —¡No! Métemela así!

    —¿neta?

    —Si no quieres yo sé la meto.

    —Neeel, ahí te va por el cochino mi Fer

    Se acomodó y empujó, y aunque al principio no cedía. Su verga comenzó a resbalar. El chaparrito que tenía debajo estaba pegado a sus tetas.

    —Pinche Kevin ahora si te rifaste con este culo!

    Ahora teñí una doble penetración y una gran fila de espera. Ella seguía mamando sin parar, verga tras verga la babeaba. Levantaba la vista para que le vieran su lengua jugando con sus penes.

    —Ahora tú.

    Aunque tardaron en descifrar, supieron que su boca era la aduana para su culo y la fila se hizo una frente a su cara. Tipos con aspecto de cholos obedientes esperaban su turno, les mamaba la verga y salían disparados a penetrar su ano.

    —así! Así así así no paren! Coganme!

    —Pinche perrita!

    —Re puta! Y se veía re mamona!

    —Neeel ya venía recomendada!

    —Según se cogió a su papá.

    El oírlos hablar de ella como la más puta la excitaba, y movía más la cadera. Y mamaba con más ganas cada verga. Sentía las manos aferradas a su cintura.

    —¿Te cogió tu papá?

    Se tomó un tiempo para sacarse la verga de la boca y contestar con una sonrisa.

    —Yo me lo cogí a él!

    “AGÜEVO” gritaron todos.

    —Y tú ya llevas un chingo ahí abajo puto! Ahí le va la verga!

    El chaparrito salió masa fuerza quebró voluntad propia y el tipo más mal encarado se acostó.

    —Órale putita a dase sus sentones!

    La fila era infinita, y el chaparrito que estaba al final se saltó le dijo al que estaba dándole por el culo:

    —ahí cabemos dos, hazme un cancha!

    —No mames!

    —Si güey no seas ojete. ¿Verdad que si te entran dos mi vida?

    Sin sacarse la verga de la boca Fernanda asintió y enseguida el chaparrito se acomodó. Con mucho trabajo, pero la segunda verga entro. Entonces si grito Fernanda.

    —¡AY NO MAMES!

    —Perdón…

    —No se paren chingada madre… ¡CÓJANME!

    —Órale pendejo, muévete!

    Pujaba más fuerte a pesar de tener la boca ocupada. Y se turnaron, aunque el chaparrito se resistía a dejar ese culo. Pero a jalones de greñas lo quitaron y siguieron metiéndole de dos en dos.

    —Si cójanme! Soy su puta!

    —¿Ya te gusto mi barrio?

    —Sí, quiero más vergas!

    —pinche putita!

    El que estaba abajo de ella grito muy fuete para que todos escucharan.

    “AL CHILE YO YA ME VOY A VENIR”

    —No mames, hay que echárselos en su carita.

    —¿quieren llenarme la cara de semen?

    —pus AGÜEVO mi Fer, tas’ bien Bonita.

    “Si en su cara”

    “Perate deja la grabo”

    Todos sacaron sus teléfonos y rodearon a Fernanda, el primero fue Kevin le acercó la verga a la cara y tres chorros atravesaron su cara, tenía semen en los párpados y el pelo. Luego el que ya no aguantaba le aventó un gran chorro que le mojo las mejillas de lado a lado escurrió hasta sus tetas. El más viejo apenas y le mojo los labios. Dos tipos al mismo tiempo le bañaron la cara.

    —Ya está bien llena de leche!

    —échale en la frente mijo!

    Y los dos siguientes le llenaron la frente y la cabeza de semen. Luego, uno por uno trató de atinar lo más que pudieran a su cara, al final apenas y se le distinguías los rasgos de la cara. Pero Fernanda sacó la lengua y empezó a recibir el semen que le escurría de la cara en su boca, y jalaba de sus párpados. No lo tragaba, solo lo metía a su boca mientras todos grababan con sus teléfonos.

    —¡Mira no mames!

    —Si se rifa!

    —parece de video porno la morra”

    Siguió con el semen en sus tetas, hasta que todo estuvo en su boca y abrió los ojos. Hizo gárgaras, y jugó con la mezcla de semen de todos y luego de un solo trago se lo comió todo. Y ahora les mostraba la boca vacía.

    —¡AH NO MAMES!

    —¡HIJA DE SU PUTA MADRE NO MAMES!

    —¿Dónde me puedo lavar?

    —Perdón mi Fer, pero aquí no hay agua. Esta casa está abandonada.

    —Pero ahorita el Bryan te lleva a tu casa, ese guey es taxista.

    —Si llévala puto!

    Ese tal Bryan era el chaparrito que tanta guerra dio. Con el pelo endurecido por el semen y el vertido destrozado, Fernanda se subió a un carro.

    —¿y una mamadita de aquí tu casa no se puede? Ya ves que ni pa’ gasolina me dieron los ojetes!

    Fernanda se inclinó y le mamo la verga por una media hora, a media camino se vino en su boca y su verga no respondió más.

    —Pinche güera neta estas bien bonita, nos rayaste, ni nos imaginábamos que nos cogeríamos una morra acá fresa.

    Fernanda seguía en silencio, con el sabor a semen y sudor en la boca. Cuando llegaron le dio las gracias y bajo, alcanzó a sentir un último pellizco en las nalgas. Fue directamente a su habitación y así se durmió. Al día siguiente tenía la cara pegosteosa y dura, el semen se había secado por completo. Antes de bañarse, se miró al espejo y se dio cuenta que eso le encantaba, ser la puta de quien fuera.

    @MmamaceandoO

  • Nuestra amiga argentina hace de las suyas en una boda

    Nuestra amiga argentina hace de las suyas en una boda

    Si, así fue, es una costumbre, pero ya no me interesa, y lo peor ‘mis amigas’ a las que llamo del cole, que nada saben de mi vida, me están empezando a ver como ‘una regalada’ y que me dejo coger en la primer noche, tampoco me interesa, me canse de disimular.

    Hace un rato me desperté de la siesta, y no podía dejar de contarles lo que me pasó ayer, si re fresquito ayer mismo (hace dos años).

    Les cuento como fue la cosa: resulta que ayer se casó una de “mis amigas del cole”, pero re lejos, se casó en una Iglesia en Jáuregui (cerca de Lujan) a las 16.30 h., y luego hizo la fiesta en una estancia muy grande (que se alquila para fiestas), muy cerca de la iglesia.

    Con un par de amigas habíamos quedado en que si se hacía tarde, para no volver tan tarde y desde tan lejos, nos quedábamos a dormir en un hotel en Lujan y volvíamos hoy, pero como hago últimamente, me fui a la mierda sin importarme nada.

    Yo estaba vestida con una blusa, un saquito y una pollerita (todo bien elegante, de fiesta), pero la verdad es que la pollera era bastante corta y amplia, es más cuando mis “amigas” me vieron me dijeron: “Caro, estás loca, ¡te viniste en bolas nena!, pero tienes lindas piernas guacha y te queda bien esa pollerita”.

    Como sabía que iba a tomar, no fui con mi auto fuimos con el auto del viejo de una de las chicas, éramos cuatro en total.

    Bueno, llegamos, la ceremonia en la iglesia y todo eso, y desde ahí nos fuimos a la estancia donde se hacia la fiesta.

    Para que me entiendan bien les cuento un poco como era el lugar; los autos se dejaban en un lugar, bastante lejos de donde se hizo el coctel, pero bastante lejos y separado por una gran cantidad de árboles.

    El coctel se hizo en el parque (había de todo, pero eso no se los voy a contar porque seguro ¡ni les interesa!).

    La cosa es con “mis amigas”, nos sentamos en esos sillones tipo living que se arman en los parques ¿me explico?, no sé, pero éramos bastantes, nosotras cuatro y varios chicos (algunos ya los conocía y a otros no).

    Dentro de los que no conocía había uno que se llama “Mati”, ese nombre ya me pone loquita, se acuerdan de Matías, ¡el amorcito de mi vida!, el hermano de mi amiga, con quien durante bastante tiempo (a pesar de que estábamos los dos de novios), me re cogía.

    Bueno la cosa es, que ni bien lo veo a este Mati, no sé, pero algo despertó en mí, a ver cómo les explico, despertó esa sensación de que me daban ganas de ser “de él”, y “entregarme a él”. Empecé a fantasear, en no sé qué, porque estábamos en una fiesta, y después había quedado en irme con mis amigas, pero igual como les decía empecé a fantasear con él y a calentarme a la vez. No era nada del otro mundo, pero tenía dos cosas que me ponen re loca en los chicos: es re alto, no sé pero mide como 1,90 m., y se notaba que se mataba en el gimnasio, y ya me imaginaba ese lomo todo marcado y “eso me calentaba” ¡y mucho!, sola dejé volar la imaginación y me empecé a imaginar cabalgando sobre él, saltando sobre su pija, mientras le acariciaba ese lomo, que prometía ser muy tentador…

    La cosa, es que ya sentada en los sillones, obvio (y ese era mi propósito), la pollerita, se me subió bastante, dejando mis piernas bastante al aire (bah, no digo en bolas, porque estaba con las piernas cruzadas, si no se me veía hasta la bombacha) con esos zapatos de taco que tenía, tanto era que una de “mis amigas” me dice: “Caro, ¡tapate un poco!, estas ¡casi en bolas!”, claro, nunca me habían visto así, pero la verdad, me importaba un carajo y le dije que no me jodiera más.

    Bueno nos quedamos ahí hasta la hora que tuvimos que entrar para cenar, Mati, me clavaba su mirada ¡todo el tiempo!, y la verdad, yo bastantes veces, no quería dejar pasar como si nada su mirada, el me buscaba, y yo con mi miradas le contestaba, no hacía falta hablar.

    Bueno, resumo un poco si no se hace muy largo y me embola. Llega la hora de entrar e ir cada uno a la mesa que nos habían asignado ¿y saben qué? Siii, me quería morir, pero de alegría y calentura, las cosas se me daban como yo quería, Mati estaba en mi misma mesa, nos sentamos (éramos diez) y él se sienta ¡al lado mío!

    Ahí empieza mi juego, algo que me gusta y no es por nada, pero ¡lo sé hacer!, otra vez con mis piernas al aire casi en bolas, empieza la cena, cada cosa que Mati decía , yo me reía, lo agarraba del brazo, no sé cómo explicar lo que hago (pero nunca me dio mal resultado), es como que le demostraba que me gustaba, que todo lo que decía me ponía loca, y yo lo aceptaba, hasta que en un momento, empiezo a poner una de mis piernas al lado de las de él (aprovechando que estábamos bastante apretados), y lo rozaba con mi pierna a la suya (una boludez, pero así le demostraba que me estaba ¡regalando! y lo hice varias veces).

    Una boludez, en un momento vamos con un par de chicas al baño, y “una de mis amigas” me dice: “Caro, ¿estás en pedo?” y le pregunto: ¿por? (un poquito en pedo estaba), y me dice: “estas quedando como una regalada con Mati”, le digo que no me joda y la cosa quedó ahí.

    Cenamos, llega el momento de bailar, salimos todos juntos (chicas y chicos), pero yo busco en ponerme a bailar con Mati (y como soy caprichosa y malcriada) siempre consigo lo que quiero, hasta que nos pusimos a bailar, los dos y justo ponen cumbiancha (que a mí me gusta, a pesar que mi viejo cuando escucho esa música me dice que parezco a una villera).

    Bueno la cosa es que bailando cumbia, y así como se baila (y mal no lo hago), dejo que me pase bien la mano por la cintura, bailamos agarrados bien de la mano, me daba vueltas, y siempre aprovechaba, para ¡pasarme alguna mano!, así, habremos estado no sé, más de media hora, hasta que la verdad estaba cansada, él se dio cuenta, y me dice de ¡sentarnos un rato!

    Ahora viene lo que empieza la mejor parte. Nos vamos bien al fondo de donde estaba “la pista de baile”, en un lugar bastante oscuro, pone sus manos sobre mis piernas, me las estaba tocando, yo me dejaba, le digo: “Mati ¿qué haces?” porque ya era franela, ¿me explico?, y el guacho me dice: “¡esto!” Y me da un beso en la boca, un tímido beso, un poco más ¡que un pico!

    Le digo, que no, que acá no, que están mis amigas (la piba ya se estaba regalando ¡y mal!) y si no se daba cuenta de lo que le quería decir, me buscada a otro por “boludo”.

    Me dice: “Caro, tenés razón, vamos a caminar por el parque, que no hay nadie”, yo no le digo ni que si ni que no, le doy un pico (bien de guacha calentona, y me gusta hacer esas cosas, ¿me explico?, ¿se imaginan la situación?, me levanto y empiezo a caminar, obvio que me sigue, salimos de la pista de baile (que estaba dentro de la casona de la estancia), y me voy afuera, el me seguía, hacemos unos pasos, y cuando ya estábamos seguros que nadie nos veía, me agarra de la mano y empezamos a caminar los dos juntos ¿para dónde?, no se, pero yo dejaba que me llevara donde quisiera.

    Caminamos un poco más, ya estábamos suficientemente alejados de la Casona, y se para, me agarra de la cintura, me da un beso, le respondo con otro (me pongo en puntas de pie, les dije que era muy alto) y nos partimos las bocas con beso de esos que nos metemos la lengua hasta la garganta, el al principio tímidamente, probándome, de su mano en la cintura, la baja hasta mi cola, y me la empieza a tocar, suave, no tan suave, un poco más fuerte y muy fuerte,(siempre por arriba de la pollera) y yo me dejaba, respondiéndole con mis besos .

    Me dice: “alguien nos pude ver”, le digo: “si bebé, tenés razón” (cuando les digo “bebé” siempre los chicos se ponen re loquitos), seguimos caminando, bastante, hasta donde estaban todos los autos estacionados.

    Ahí si, estábamos bien lejos, y no había nadie, me apoya sobre un auto (que estaba debajo de un árbol, con lo que les quiero decir que era muy oscuro y con pocas probabilidades que si iba alguien donde estaban los autos que nos vieran, ¿me explico?) y me empieza a besar de nuevo(otra vez como antes), baja sus manos me empieza a tocar la cola (sobre la pollerita), y así un rato, hasta que me prueba de nuevo, ¿qué hace?, me empieza a tocar la cola, pero ¡debajo de la pollerita!, no le digo nada, solo empiezo a gemir, si a gemir aprobando lo que hacía, y lo besaba, y el cada vez me tocaba más la cola, hasta que empieza a poner sus manos, esas manos hermosas que tiene ¡debajo de mi bombacha!, no le digo nada le dejo, hasta que me pregunta: “¿te gusta Caro?”, mi repuesta fue muy sencilla, le meto, sobre el pantalón la mano en su pija, que ya la tenía ¡re parada!

    Seguimos apoyados en el auto, me empieza a poner la mano en la concha (debajo de la bombachita), ¿me explico?, y mis gemidos ya eran ¡inevitables! (les repito, había tomado bastante champú, sé que estaba medio en pedo y así soy un peligro, no mido las consecuencias, solo me gusta hacer lo que quiero y siento en ese momento, y en ese momento me quería sentir bien, pero bien puta, me mataba la adrenalina putezca (como la llamo yo), sabiendo que me estaba dejando tocar la concha (sin saber cómo íbamos a terminar) en una fiesta donde estaban ¡todas mis amigas!, ¿me explico?, porque a veces me resulta difícil explicar lo que siento en esos momentos).

    Hasta que ya sus dedos estaban dentro de mi ¡concha!, yo ya me había sentado en el capot del auto (que ni se ¡de quien era!) pero repito estábamos muy lejos de la gente, y era poco probable que apareciera alguien ya que la música la escuchábamos y estaban ¡en plena joda!

    Bueno, ya sentada arriba del capot de ese auto, y con sus dedos, ya no era uno eran dos e intentaba meterme otro, y yo en pedo y entregada, levanto mis piernas, me empieza a poner, sacar, poner sacar, poner sacar, los dedos, con una fuerza y velocidad hasta que me hizo acabar, como siempre quedo temblando (y lo peor, por las dudas, no me anime a gritar, y así demostrarle lo que me hacía sentir).

    Pero como les dije, quería sentirme ¡bien puta!, estaba caliente y mucho, salgo del capot, me pongo frente a él de rodillas sobre el pasto, si sobre el pasto, le desabrocho el pantalón y le empiezo a chupar la pija, pero no como a mí me gusta, lo hice rápido, de una me la pongo en la boca, y se la chupo, se la rechupo, me atragantaba con esa pija (que no era enorme, pero tampoco despreciable).

    Hasta que siento que su pija ya ¡explotaba!, me agarra, me levanta, me sienta de nuevo sobre el capot del auto, me saca la bombacha, sin avisarme nada, y me empieza a chupar la concha, que placer, dejarme chupar la concha, sentirme desnuda, con la brisa de la noche que era una caricia y repito en una fiesta, donde estaban todas “mis amigas”, eso más calentura me daba, más ganas de que me cogiera me daban, pero nada, solo me la chupaba y yo ya no daba más. Estaba ¡re caliente!

    Pero esta vez no deje que me lleve la calentura como otras veces, le pregunto: “¿tenés un forro?” (yo sé que muchos chicos siempre llevan uno encima por las dudas), me dice que sí, y digo lo que más me gusta decir, y me calienta con solo decirlo, cual es esa palabra mágica (que el forro, no sé por qué no lo hacía directamente), bueno le digo: “CÓGEME, CÓGEME GUACHO, CÓGEME BIEN, MATAME, HACEME MIERDA, DEJAME TEMBLANDO” (me encanta meterle presión de esta manera a los chicos, es como para que piensen, a esta pendeja me la tengo que re coger si no quedo para la mierda) y es lo que quería que me re cogiera.

    Bueno se pone el forro, con los pantalones a medio bajar (eso mucho no me calienta, pero bueno, tampoco le iba a pedir que se pusiera en bolas), y yo abro bien mis piernas, me apoyo sobre el capot del auto (decir que soy flaquita, si no lo hubiera abollado), no me quiero desviar de lo que ¡me paso!, hasta que siento su pija que empieza a entrar en mi concha, y me agarra de la cintura y me la empieza a poner, a empujar (Mati estaba ¡re caliente!), yo me empiezo a desabrochar la blusa (ya nada me importaba), dejo que me agarre de la cintura mientras, me comía la panza a besos, y seguía taladrándome con esa linda pija, hasta que ya no dábamos más y esta vez no me importo, acabe y a los gritos (bah, no tanto) pero si unos buenos gemidos y el acabo junto conmigo, ACABAMOS LOS DOS JUNTOS, una hermosa mezcla de gemidos y placer ( nada, pero me gusta y mucho cuando acabo junto con mi chico).

    La verdad, y para serles sincera, la calentura no se me había pasado, es más termine más caliente.

    Es difícil explicar la sensación que tenía en mi cuerpo, pero la fiesta ya me importaba un carajo, solo quería coger, coger, coger y coger ¡más!

    Pero ya, y menos ahí ¡no se podía!, Mati, se sube los pantalones, yo me arreglo un poco, me limpio las rodillas, nos volvimos a partir la boca, me toca la concha de nuevo, se da cuenta que estaba re mojada, me dice: “Caro, ¿querés seguir cogiendo?” “si bebé, quiero que me ¡re cojas! (Otra vez les digo, ya no me importaba nada).

    Mati, me dice: “Caro, no podemos desaparecer así, por vos lo digo, volvamos un rato y nos vamos al carajo” y la verdad, es que tenía razón (aunque a ustedes, seguro que esto no les importa)

    Volvimos a la fiesta, estuvimos un rato más, “una de mis amigas” me dice: “Caro desapareciste, seguro estabas apretando con Mati, estas ¡re trola nena!” yo, nada que ver, salí un rato, la música fuerte, sabes que no me gusta, la verdad es que no sé si me lo creyó o no, pero seguro lo que menos pensaba es que hacía, nada, 15 minutos, me estaban cogiendo como a una trola sobre el capot de un auto, y yo me deje, porque me calentaba ¡y me gustaba!

    Ahora viene lo que yo llamo la “parte de ingeniería mía”, a ver, ya en la fiesta, no quería estar, quería que Mati me llevara a un hotel, no digo telo, un hotel en Lujan que estábamos re cerca y me recogiera, pero había quedado que me iba a ir a dormir a Lujan ¡con mis amigas!, y lo que más me gusta es manejar la situación, inventar historias y hacer lo que quiero, ¡como siempre termino haciendo!

    Le digo a Mati: “quédate sentado, y deciles a tus amigos que no te sentís muy bien, y como vivís cerca de casa y yo ya estoy embolada, nos vamos juntos y yo voy manejando” y cerraba, porque mis amigas saben que bailar, y todo eso a mi mucho ¡no me va!

    Les digo a mis “amigas” con las que nos íbamos a dormir a un hotel a Lujan que ya estaba cansada, que me había levantado muy temprano, que el boludo de Mati había tomado mucho así que me iba con el. Y ¡volvía manejando yo!, no se, serian las dos de la mañana (hoy me entere que la fiesta termino como a las 7 de la mañana).

    Y hacemos eso, lo voy a buscar a Mati y nos vamos a su auto, entramos (como, les repito estábamos muy lejos de donde era la “joda”), yo me subo en el asiento del acompañante, y ni bien el se sube, me parte la boca, me mete otra vez la mano, pero directamente debajo de la bombacha (yo ya estaba mojada, me mojo enseguida), me dice: “Caro, ¡estas re caliente! Y le digo: “si forro, y sáciame bien, pero bien esta calentura, ¿sabes cómo hacerlo?” otra vez meto presión, y vuelvo a decir, eso me gusta.

    No me da bola, me mete de una dos dedos, y me empieza a bombear, mientras yo le desabrocho el pantalón, me meto su pija en la boca y me hace acabar de nuevo, fue algo muy rápido, no le di tiempo a que acabe.

    Bueno la cosa es que nos vamos a Lujan (estábamos re cerca) y en el primer hotel, no telo, hotel familiar, paramos y entramos. La verdad era un hotel de mierda, pero ¡no me importaba un carajo!

    Entramos en la habitación y me dice: “Caro, sos re trola, te voy a sacar todas la ganas que tenes de coger” y le digo: “si bebé, re cógeme, soy toda tuya, haceme ¡todo lo que quieras!” me calientan mucho esos juegos de palabras, es decir antes de empezar a coger ya entregarme y decirle que me voy a dejar ¡hacer todo! (Es una buena previa, ¿o no?) Y dejarlo con la intriga de “¿que es todo?” y nada, eso lo tiene ¡que descubrir el!, ese juego me pone loca jugarlo, me excita mucho, que me prueben, y hacer calentar, y mucho al chico que está conmigo.

    Bueno la cosa, es que, como les decía entramos, en la habitación, no se, pero a los cinco minutos, como mucho ya estábamos los dos en bolas, y no me equivoqué con ese lomito que me imaginaba bien marcado, así lo tenía, bien marcado, y bien grandote, cosa que me manejara como a una muñeca y yo dejarme manejar, ¿me entienden?

    Nos tiramos en la cama, y le empiezo a chupar la pija, pero esta vez sin apuro, como me gusta a mi, y siempre lo cuento, le beso las entrepiernas, los huevos, empiezo a jugar con mi lengua y la punta de su pija, despacio, hasta que veo que ya ¡no da más! Se la empiezo a chupar, me atraganto, ¡se la sigo chupando!, se pone un forro, y me pongo arriba de el, me clavo la pija en mi conchita, y empiezo a cabalgar sobre el, me inclino, mientras salto sobre su pija, no podía dejar de besar ese hermoso lomito, hasta que nos empezamos a besar y yo seguía saltando sobre su pija, hasta que otra vez acabamos los dos juntos (no siempre me pasa eso con un chico, digo de acabar juntos, y con el , que lo había conocido esa noche ya era la segunda vez).

    Nos quedamos en bolas en la cama (obvio o nos íbamos a vestir), yo pongo mi cabeza sobre ese lomito (repito) que me ponía re loca, mis piernas sobre las suyas, hasta que con una de mis piernas empiezo a rozarle la pija, siento que se le empieza a parar, y obvio me voy derecho a esa hermosa pija, me la pongo en la boca (pero no despacio, porque todavía estaba media dormida) hasta que dentro de mi boca chupándola, besándola, se le empieza a parar de nuevo, se la sigo chupando hasta que ya la tenia otra vez re parada.

    Como les decía con lo grandote que es me manejaba como quería, me agarra, me pone en cuatro, me hace sentir la pija en la conchita (esta vez sin forro, la boluda se calentó de nuevo y ya nada le importaba), y después me la hace sentir en la cola, en la conchita, en la cola, en la conchita en la cola, yo ya me agarraba de las sabanas, le pedía que me cogiera, que no daba más, me la sigue poniendo en la conchita, pero apenas, mientras, con mis jugos me mete unos dedos en la cola (y yo ya me veía venir lo que iba a pasar), me mete bien los dedos, y yo ya gemía, gritaba de placer: “cógeme, bebé, cógeme” me acuerdo que le decía eso:

    Y Mati me dice: ”¿te gusta esto?” y siento que me empieza a poner la pija en la cola (aclaro, que me pareció una boludez la pregunta, a mi no me gusta que me pidan permiso para hacerme la cola, me gusta que me la hagan directamente, pero me pareció que le dio cosa hacérmela así de una).

    Y le digo: “si bebé, si cógeme toda, soy tu puta hoy cógeme todo, déjame hecha mierda (me acuerdo que tal cual le dije eso, cuando estoy caliente, no mido lo que digo, si no ¡ni en pedo le hubiera dicho algo así!)

    Y me la empieza a meter por la cola (pero sin forro), yo gritaba, gemía, gozaba, movía la cola, cada vez (así en cuatro) habría más las piernas, para que la pija entrara mejor, también, me habría los cachetes de la cola ¿me explico? Mati, de nuevo, me agarra de la cintura y de a poco con cuidado (y aunque no me crean o se caguen de risa, no digo que me respetara -porque me regale como una trola y de las peores- pero no me quería lastimar ni hacer doler).

    La cosa es que me la empieza a poner por la cola, pero muy despacio, le digo: “Mati cógeme, cógeme fuerte, déjame temblado”, ¿para que se lo habré dicho?, me dice: “¿querés pija pendeja?” “siiii”, le digo, “mucha pija”, y así de una me la empieza a meter en la cola, me hizo doler (pero no le podía decir nada, yo se lo había pedido), me empieza a bombear por la cola, ya no estaba en cuatro, yo ya estaba totalmente acostada, el por atrás arriba mío, con su pija en mi colita (cosa que no mucho me podía mover), lo único que hacía era mover la cola para un lado, para otro, y cerrarla, para que acabe (¿me explico?), hasta que esta vez primero acabo yo, pero gritando como una perra, porque me dolía, pero el placer era mayor, y después acaba el llenándome la cola de leche, sentir esa leche calentita en la cola me pone re loca, me gusta, cuando hago calentar al chico que está conmigo hasta que ¡me llena la cola de leche!

    Me fui al baño, me limpie, me acosté en la cama boca abajo y Mati, no paraba de besarme la cola, de acariciarla, de tocarla, me ponía las manos entre mi cuerpo y las sabanas y mientras me seguía chupando la cola, besándola, me tocaba las tetas, me las apretaba (estaba recaliente el hijo de puta).

    Así, boca abajo, me empieza a chupar la cola, la concha, hasta que como algo inconsciente, me pongo en cuatro de nuevo y la verdad que (no hay otra forma de contarlo), me pega una chupada de concha con lengua y dedos hasta que me hace acabar de nuevo, y esta vez también como una perra, cada vez acababa ¡más a los gritos!

    Él no había acabado, y la tenía re parada, y como me paso ya más de una vez, me agarra de la mano, me lleva a la ducha, la prendemos, nos enjabonamos, me pasa jabón por todo mi cuerpo, me enjabona la cola, me empieza a meter los dedos (y pensé, nooo, otra vez la cola nooo), dejo que me meta los dedos, hasta que me agacho, me pongo de rodillas, se la empiezo a chupar (para que acabe y sacarle la calentura), ¡pero no!, más caliente se ponía, y así no quería acabar, me hace levantar, poner una de las piernas en el borde de la bañera ¿me explico?, cosa de dejar mi colita bien al gusto de el, y el detrás mío empiezo a sentir como me pasa las manos, me empieza a acariciar la tetas, me las aprieta, me las amasa, me empiezo a calentar, empiezo a sentir su pija en mi cola, yo ya estaba ¡otra vez caliente!

    Dejo sentir su pija enjabonada en mi cola, hasta que siento que empieza a entrar, y le dejo, hasta que otra vez me la mete de nuevo, me agarra de la cintura, para que no me caiga, yo ya temblaba, no me podía mantener en pie, me empieza a bombear, hasta que de nuevo siento esa hermosa pija, esa hermosa leche en mi cola.

    Mi doy vuelta, nos besamos, mientras, se la sigo tocando, pero ya nada, ¡estaba sequito!, nos lavamos bien y nos vamos ¡a la cama!

    Nos quedamos dormidos, hasta que no se que hora era, siento que me empieza a chupar la concha, y así me despierta (para mí no hay mejor despertar que ese), y me la sigue chupando, ya despierta y toda mojada de nuevo, yo debajo de el me empieza a coger de nuevo (otra vez sin forro -si soy una boluda y lo sé) levanto mis piernas, la pongo sobre sus hombros para sentir más su pija dentro mía, hasta que me llena otra vez ¡la concha de leche!

    Miro el celular, eran las 14 h., le digo que ya es hora de que nos volvamos, me dice que si, que esta todo bien, nos vestimos, y ahí paso algo que ¡me quería morir!, cuando vamos al estacionamiento a buscar el auto, ¡VEO EL AUTO DE MI AMIGA! Estuve dejándome coger toda la noche en el mismo hotel ¡que estaban ellas!

    Nada, pegamos la vuelta, no hablamos de lo que habíamos cogido, aunque no perdía oportunidad para tocarme, pero tocarme bien mis piernas y me decía que lo que más le calentaba es que siempre las tenia ¡calentitas!

    Me dejo en casa, nos pasamos los celulares y que se yo… no se cuando, pero seguro me llama para ¡cogerme de nuevo!

    La verdad es que me porte como una trolita, la primera vez que lo vi me fui a pasar la noche con el, no me importó, me gustó, me calenté. Lo que le, pedí es que no sea tan forro de contarlo (“mis amigas” se enteran de esto y ya si, no les queda duda que soy una trola), espero que no lo haga.

    Bueno, eso es lo que quería contar, son cosas que como siempre digo, si no las cuento por acá, no se las puedo contar a nadie, ¿me entienden?