Blog

  • Olores

    Olores

    A Ken y a Daisuke les encanta explorar los problemas y preferencias de cada uno en la cama. No les gusta estar atrapados en una sola cosa, incluso si es agradable, y en estos días, debido a que Ken está de nuevo usando la sensual mascarilla debido a su enfermedad temporal que le hace durante unos días perder la habilidad del olfato, su actividad se basa estar en la cama casi todo el día y Daisuke de muy buena gana pasa con él la mayor parte del tiempo, juntos, acostados, teniendo sexo o simplemente disfrutando el uno del otro, estando él demasiado sensible y vulnerable a las caricias es el momento de Daisuke para jugar un poquito mas con las zonas del cuerpo de su chico, hoy tocó algo inusual pero muy erótico para los dos.

    En esta ocasión, estaba besando el cuello y los huesos de Ken y este a través de la mascarilla, gemía en baja frecuencia. Daisuke está recorriendo sus manos sobre el pecho, jugando con sus pezones.

    A él siempre le encanta la forma en que Ken responde a sus toques y a este le gusta estar en este estado de total dependencia de las manos de del otro y este último sabe que puede jugar con Ken como quiera. se conocen profundamente, hay confianza mutua.

    Daisuke está acariciando suavemente los costados de Ken y luego lo agarra por las muñecas y los coloca sobre su cabeza, no reacciona mucho a los movimientos rápidos porque confía en Daisuke, él sabe lo que está haciendo.

    Este sonrie a Ken, y él a través de la mascarilla esboza una sonrisa que se puede apreciar y se besan, no importa la barrera de la mascarilla en medio, Ken abre la boca y puede sentir el calor caliente proveniente de la boca ansiosa y traviesa de su chico con sus manos aún sujetas por él, seguidamente una mano es liberada y Daisuke comienza a acariciar la axila derecha de Ken, no lo suficientemente fuerte como para hacerle cosquillas, pero lo suficiente como para enviar destellos de estimulación y placer a su espina dorsal.

    Después de unos cuantos movimientos ligeros y lentos, Daisuke presiona la boca contra la axila y luego la lame como si de un perro hambriento por devorar su plato se tratase, sabe que Ken le gusta afeitarse cada parte de su cuerpo, especialmente las axilas, eso lo encuentra muy morboso y muy excitante, ese cuerpo afeminado sin ninguna señal de cuero cabelludo, su bello chico andrógino sabe cuidarse hasta la mas íntima perfección.

    Ken jadea por los besos a través de la mascarilla y no puede entender si es extraño o no, su mente llena de excitación no se lo permite, pero se siente muy bien.

    -Por favor… -susurra, y Daisuke comienza a soplar aire fresco en la zona húmeda, lo que hizo que Ken gimiera con una única palabra; «Tócame».

    No le hace esperar y va por su polla, Ken disfruta el toque y Daisuke continúa lamiendo el área humeda y también sensible debajo del brazo.

    – ¿Cómo sabías que se sentiría tan bien? -Preguntó mordisqueando su labio inferior sin que Daisuke lo viese, estaba demasiado ocupado lamiendo esa parte del cuerpo tan inusual.

    -Pensé en algo que se sintiera bien para ti y de todas formas quise probar aunque fuera algo que raramente es raro besar

    -¿Porqué?

    -Simplemente me gusta la forma en que tus axilas… es la parte más masculina de tu cuerpo y es tan sexy… -Explica y seguidamente mete la nariz en ese área y continua explicando.

    – Sé que no me vas a creer, pero también huelen bien, especialmente después de hacer ejercicio, y no sudas mucho, pero el olor es tan excitante como cuando pones feromonas cuando sudas y ese olor masculino tuyo contrastado con tu belleza de mujer casi, hace que te esté lamiendo y follando sin parar, eres maravilloso joder.

    – Eres raro -Ken sonríe.

    Él ríe en complicidad y vuelve a acariciar la polla de Ken lentamente, al mismo ritmo en que se está lamiendo la axila y esto hace que Ken tire del cabello de su chico con su mano libre.

    – Oh, Dios mío -no cree que pueda eyacular de esa manera así, pero lo hace. Daisuke se da cuenta de que está tratando de empujar sus caderas hacia su mano así que aumenta la velocidad y Ken gime en voz alta mientras se acerca a la mano chorreosa de su extraño chico

    -Tu mano -susurra, aún sin darse cuenta de lo rápido que sucedió.

    – ¿Te gustó? -Se arrastra sobre Ken y lo abraza, respirando el olor de su sudor mientras le besa el cuello.

    -¿Puedo hacer esto contigo?

    ¡No! ¡Apesto! no tienes idea de cuánta suerte tienes con tu anosmia.

    Ken entrecierra los ojos, un poco molesto.

    -Soy el hombre mas afortunado de la tierra, me siento feliz, tienes razón. -Habló a través de una fuerte ironía que hizo reír a Daisuke

    -No es como lo quise decir, lo siento -Siguió besando el cuello para liberar aquella pequeña sensación de enfado.

    -¿Puedo sacudirtela mientras lames mi otra axila? -Sugirió Ken de pronto

    -Sabes que nunca tengo suficiente de tí.

    Colaborando juntos, Ken quedó boca arriba y deslizó su brazo para volverlo flexible mientras su mano libre buscaba la polla de Daisuke quien estaba encima de él besando su axila alternando con mordidas y pequeñas lamidas y a su vez, una mano masturbando su dulce miembro viril y la otra estimulando el ano de su novio para una segunda eyaculación que estaba por llegar.

    Trabajo en equipo, lo mejor para alcanzar juntos la misma meta.

  • La dulce Julia, buena esposa y madre (III – final)

    La dulce Julia, buena esposa y madre (III – final)

    Un mensaje de Julia. Ahora no, hacía ni 10 minutos que estuvimos en el baño. Me quedé mirando el móvil. Mi mente estaba volando entre lo que acababa de pasar con Julia, y los mensajes de Cindy.

    Me la había vuelto a follar. Algo que pensé, nunca sucedería otra vez. Pensé que había sido cosa de una vez para ella, en un momento en el que estaba a punto de explotar y lo necesitaba, su única infidelidad, su único secreto ‘indesvelable’ que mantendría oculto por siempre.

    Entraba en territorio inesperado e inexplorado. Cuando fantaseaba con Julia al principio, solo me imaginaba lo inmediato, follarme a esa mujer que me volvía loco. Pero ahora era real, y había un después. Que iba a hacer? Empezar una relación con una mujer casada madre de dos niñas? Me dio terror solo imaginarlo. Qué coño estaba haciendo.

    Interrumpí mis pensamientos, y abrí el mensaje de Julia. Lo había retirado. No sé qué me había escrito, fuese lo que fuese, se había arrepentido, y borrado antes de que pudiese leerlo. Quizá era lo mejor. Tenía que despejarme,

    Volví a casa, no intenté contactar con Cindy en todo el día. Julia escribió al final del día, un simple hola, lo leí, pero no quise contestar. No podía, no quería seguir adelante.

    Al día siguiente, por la mañana, llamé a Cindy, pero no contestó. Fui al área de Finanzas con la excusa de necesitar cierta información para un proyecto, y al no verla en su sitio, pregunté casualmente por ella a Rodrigo, el director financiero que siempre tenía ese aire de listillo. Después de vacilarme que solo había venido para verla (lo cual era verdad), me dijo que había llamado mala. Fui por la tarde a su casa, ya que seguía sin cogerme el teléfono. No solía perseguir así a las mujeres, pero necesitaba a Cindy. Necesitaba una distracción en mi mente. Tenía que quitarme a Julia de la cabeza.

    Me abrió la puerta, tenía cara de muerta. La había roto el corazón, probablemente el primero que lo hacía. En su sencilla forma de ver las cosas, tendría que haberla perdonado inmediatamente, tendría que haberla llamado inmediatamente, tendría que haberme puesto a sus pies. Ella la había cagado, pero la culpa era mía. Esto iba a llevar tiempo…

    Quise dar espacio a Cindy los días siguientes, pero la verdad es que me subía por las paredes. No podía dejar de pensar en Julia. Debía escribirla? La llamo?

    Y por qué coño Cindy no me escribe? La llamé para quedar el viernes. Me rechazó, necesitaba tiempo. La semana siguiente solo pude convencerla de quedar un rato para ir al cine. Pero ahí quedó todo. No quería volver a verme fuera de la oficina. Noté un cambio enorme. No me podia creer que el simple hecho de no llamarla aquel día para aceptar su perdón, hubiese desencadenado esto. No lograré entenderlas nunca.

    No era el único que estaba en un momento de mierda. Luis empezó a sufrir un bajón enorme, que todos notamos en el departamento. Yo me hacía una ligera idea de por qué, pero no quería entrar demasiado a preguntarle. Inicialmente me entró pánico de que Julia le hubiese contado todo, pero si hubiese sido así, ya me hubiese confrontado. O directamente ya me hubiese partido la cara.

    Finalmente, tras una semana de depresión, nos confesó que Julia y él se estaban tomando un tiempo. Llevaban unos meses con alguna dificultad, pero en las últimas semanas las cosas se habían acelerado de forma rápida. Seguían viviendo juntos, pero Luis estaba durmiendo en el sofá.

    Según oí esto, me entró un escalofrío en el cuerpo. Qué estaba haciendo Julia? Tenía que llamarla inmediatamente. Salí fuera del edificio.

    La llamé, pero no daba tono. Probé otra vez, pero igual. La mandé un mensaje. No llegaba. Esperé un rato, seguía sin llegar.

    Me había bloqueado. Habían pasado 3 semanas, y yo había evitado contactarla de cualquier modo.

    En cuestión de poco tiempo, había pasado de tener a Julia, mi amor platónico, y Cindy, un cañón de mujer, a no tener a ninguna. De la cima al suelo en tiempo record. Qué gilipollas.

    Tenía que verla. Me fui pronto de la oficina, con la excusa de hacer unos trámites en la embajada. Fui directo a su trabajo. No estaba pensando con claridad. Estaba actuando por impulsos. Normalmente soy una persona cabal, analítica, fría, pero esta situación me estaba volviendo loco. No tenía un plan, simplemente esperar a Julia, abordarla, y hablar con ella.

    Esperé en un café enfrente de la salida de su oficina, una hora, hasta que la vi salir. Mi corazón se aceleró. Tenía una cara cansada, no parecía que hubiese dormido mucho últimamente. Dudé si ir hacia ella, pero no había otra, tenía que saber qué estaba sucediendo con ella. Y necesitaba hablarla, realmente lo necesitaba.

    La seguí. Iba mirándola fijamente. Llevaba unos pantalones elegantes de oficina, que le hacían muy buen culo. Me encantaba su culo. Esperé a que se alejase de la salida de su edificio, y entonces la alcancé:

    —Julia

    Se dio la vuelta. Su cara cambió en cuanto me reconoció:

    —Vete a la mierda, no quiero saber nada de ti

    —Lo siento Julia, siento no haberte llamado antes. Perdóname por favor

    —Perdonarte? Te crees que soy una puta a la que te puedes follar y ya está, todos contentos? Tengo marido, tengo 2 hijas, sabes lo que he hecho, lo que me he arriesgado por ti? Y desapareces sin más?

    —Lo siento Julia, me entró miedo, no pensaba con claridad

    —Me da igual, quiero que desaparezcas, quédate con la puta esa de tu oficina, no te quiero volver a ver

    —No estoy ya con ella. Julia por favor, solo quiero hablar contigo tranquilamente. Luis nos ha dicho que os estáis tomando un tiempo. No sé cuál es tu intención pero no hagas una locura. Hablemos tranquilamente

    Según decía esto me acerqué para cogerla del brazo. Antes de que lo hiciese, lo retiró y me echó una mirada gélida, a la vez que me dijo:

    —Como me toques me pongo aquí mismo a gritar

    De repente ese ligero acento canario ya no me pareció tan sexy.

    El fin de semana fue uno de los peores que puedo recordar. Encerrado en casa, tirado en la cama.

    Luis y yo parecíamos 2 muertos vivientes. Todo el departamento lo veía. Yo me distancié de él. Por primera vez, me sentía culpable de lo que le estaba pasando.

    No fue una sorpresa que nos insistiesen tanto en ir a la fiesta de antes de Navidad de la empresa que se celebraba en un mes. Se celebraba en un hotel cercano a la oficina. Estábamos invitados todos, con acompañante. Luis iría solo, y obviamente yo también. Quizá debería no haber ido.

    Para hacerlo corto. Empecé fuerte con las bebidas. Estando ya medio borracho, salí a la calle un rato, di una vuelta a la manzana, y en un callejón vi a Cindy, liándose con el idiota de Rodrigo. Así que por este imbécil me había dejado. Cabrona ella, idiota yo, por haber confiado en ella.

    En mi estado, tanto físico como mental, reaccioné de la peor manera. Fui directo a ellos, y le pegué un puñetazo a Rodrigo. Aunque en las películas parezca fácil, en la realidad me jodí bien la mano. Rodrigo, que estaba sobrio, me pegó otro puñetazo, rompiéndome la ceja. Caí, borracho como iba, y me golpeé la cabeza.

    No sé cuál sería la consecuencia para Rodrigo. Siendo director financiero y no habiendo empezado la pelea, entiendo que poca. Pero para mí fue clara. Despido inmediato. Y 3 noches en el hospital con una contusión en la cabeza, y una mano y ceja rota. A los 3 días debía volver a casa, pero alguien debía al menos visitarme al principio, ya que solo vendría una enfermera el primer día. Cuando me pidieron un contacto, en Londres, solo se me ocurrió uno: Julia.

    Era martes pronto por la mañana, segundo día de estar en casa. Estaba tirado en la cama. Estaba reflexionando sobre la situación. La pelea no iba a ser algo fácil de ocultar en mi expediente. Estaba hecho una mierda, mi vida se había ido al carajo. Estaba absorto en estos pensamientos cuando sonó el timbre. Me levanté, y me mareé. Esperé a que se pasase, mientras el timbre sonó de nuevo. Finalmente llegué a la puerta, la abrí. El corazón me dio un vuelco. Era Julia.

    No había recibido noticia del hospital sobre si Julia había rechazado ayudarme. Y en todo caso, si viniese, esperaba que primero llamase al timbre de abajo. Aparentemente un vecino salía cuando ella llegó, y pudo pasar.

    Estaba radiante. Estaba guapísima. Y se la notaba cansada. Debajo del abrigo, llevaba un jersey azul oscuro con una camisa. El jersey era ajustado, por lo que se marcaba muy bien el contorno de sus tetas y su cintura. Llevaba una bonita falda blanca que quedaba por encima de las rodillas. Dijo un frío hola, y pasó dentro. Me quedé mirando según avanzaba. La falda flotaba ligeramente según caminaba con el movimiento de sus caderas. Me encantaba su elegancia, su figura. Julia me volvía loco. Ojalá la hubiese conocido antes.

    —Voy a tumbarme en la cama, todavía me mareo un poco cuando estoy de pie —dije

    Julia me miró y asintió. Me siguió a la habitación, y me preguntó si quería algo. Me trajo un vaso de agua.

    —Cómo te sientes? —preguntó

    —Bien, dentro de lo que cabe —me quedé mirándola y la pregunté— Por qué has venido?

    —Les diste mi contacto al hospital. Me llamaron para que venga a asegurarme que todo va bien —contestó

    —Gracias… pero por qué has venido? —repliqué

    Se quedó mirándome. No era odio, ni dolor. Era simplemente tristeza.

    —Tú fuiste a ayudarme una vez cuando lo necesitaba. Supongo que te debo una

    —Sí… pero por qué has venido —volví a insistir

    —… Cállate —dijo esta vez, mirándome ahora con más intensidad

    Nos quedamos un momento callados. Julia entonces dijo.

    —Si estás bien, y no necesitas nada, entonces me voy ya, tengo que ir al trabajo

    —No quieres quedarte a desayunar? Después de haberme visitado, qué menos que ofrecerte desayuno —dije sonriéndola

    —No gracias —respondió con una tímida sonrisa.

    —Tenía que intentarlo —la sonreí— Solo te pidieron que me visitaras? No te dijeron nada más?

    —Déjame mirarte un momento la ceja y la mano —dijo tras unos segundos dudando en silencio

    Fue al baño, mojo una pequeña toalla, volvió y me limpió con cuidado el corte de la ceja.

    —Vaya lío hemos montado… —dije para romper el silencio

    Me miró levemente a los ojos y asintió.

    —Qué vas a hacer ahora? —preguntó tras unos segundos. Parece ser que se había también enterado del despido.

    —Estoy siguiendo un curso online para tocar la trompeta —bromeé. La simple presencia de Julia me alegraba el ánimo.

    Julia soltó una risa espontánea, que cortó rápidamente. Seguía pasando con delicadeza la toalla, su mano empezaba a estar algo temblorosa. Terminó y pasó a chequear mi mano. Cogió los dedos uno a uno con cuidado, que estaban libres de la cédula, los movió ligeramente y me preguntó si me dolían.

    —También te pidieron que analizaras la mano? —pregunté

    —No —respondió con una media sonrisa, con un punto de tristeza

    —Entonces te quedas a desayunar, verdad? —dije

    Julia sonrió tímidamente, mirándome con cariño. Alargué la mano izquierda (la sana), la cogí de la mano y la arrastré para tumbarse junto a mi. Julia no se opuso. Se tumbó frente a mí, su cara a escasos centímetros de la mía.

    —Qué vamos a hacer —dijo, más una reflexión que una pregunta

    —No lo sé —respondí

    La acaricié el pelo. Me encantaba cómo olía. La besé. Con delicadeza. Me encantaban sus labios. Nos besamos, suavemente, sin brusquedades. Yo saboreaba sus labios, lentamente, de vez en cuando mordiéndolos ligeramente, con cariño. Ella me agarraba del brazo, o me acariciaba la cara. Pasamos un tiempo así, besándonos, despacio. Mirándonos. Con cuidado, empezó a girarme para ponerme boca arriba. Se tumbó encima mío, sin dejar de besarme. Se incorporó, quedando a horcajadas sobre mí, y me quitó la camiseta con delicadeza. Yo, con una mano, le intenté quitar el jersey, aunque ella se lo acabó quitando sola cuando terminó de quitarme la camiseta. Llevaba una camisa de rayas azul y blancas, ajustada a su pequeña cintura, y que marcaba perfectamente el volumen de sus tetas.

    Empecé a desabrochar los botones desde abajo con mi mano libre, poco a poco, mientras ella empezaba a jugar con el cordón del pantalón corto deportivo que yo llevaba puesto. Logré desabrochar todos los botones, y su camisa quedó ligeramente abierta, enseñando un bonito sujetador de lencería color rojo, que guardaba sus preciosas tetas.

    Julia se volvió a tumbar sobre mí, me besó suavemente en los labios, y comenzó a bajar lentamente, besándome con cariño por el pecho, abdomen, hasta llegar al pantalón. Al llegar, empezó a acariciarme la polla por encima del pantalón, dándola pequeños mordiscos. Poco después, cogió del elástico del pantalón, y con cuidado tiró hacia abajo, dejando mi polla ya casi erecta libre.

    Empezó a jugar con ella, despacio, primero la lamió, poco a poco, besándola de vez en cuando. Lamía lentamente con la lengua, desde la punta hasta la base, una y otra vez. Con una mano la sujetaba, mientras que con la otra me acariciaba la pierna, abdomen, y subía la mano hasta mi pecho. Finalmente, levantó ligeramente la cabeza, abrió la boca, y se metió la polla dentro, poco a poco. Empezó a chupar lentamente. La imagen desde mi posición era increíble. Veía la cabeza de Julia, subiendo y bajando, despacio. Su pelo se deslizaba casi ocultándome su cara. Veía mi polla aparecer y desaparecer en su boca. Y algo más allá, veía sus preciosas tetas, colgando, bajando y subiendo al ritmo de la mamada, sujetas por el bonito sujetador rojo. Pedían a gritos ser liberadas. Julia era un ángel caído del cielo, viviendo en la tierra, y me había elegido a mí. Finalmente su corazón había ganado la batalla, ya no había duda.

    Extendí la mano para quitarla la camisa. Luego pasé a desabrochar el sujetador. La mano libre era mi mano mala, por lo que no pude desabrocharlo. Julia, sin interrumpir la mamada, con mi polla dentro de su boca, echó sus manos a la espalda, y lo desabrochó. Se quitó el sujetador ella sola y lo tiró al suelo. Ahora podía ver claramente sus tetas colgando, subiendo y bajando siguiendo los movimientos de la cabeza de Julia. Alargué la mano para tocarlas. Acaricié sus pezones, cogí sus tetas con mi mano. Me maldije por no tener disponible la otra mano.

    Julia entonces dejó de chupar, se incorporó en la cama, se quitó la falda, quedándose solo con un tanga blanco. La pedí con una sonrisa que girase sobre sí. Me sonrió llamándome cerdo, pero comenzó a girarse. Cuando quedó de espaldas, pude observar cómo le quedaba el tanga. Impresionante. Culo perfecto, parecía mentira que fuese madre de 2 niñas. Se quedó un momento parada, y desde mi posición podía ver la silueta de su teta izquierda. Su bonita espalda desnuda, melena morena hasta los hombros, su culo perfecto, natural, solo adornado con un pequeño tanga blanco. Solo esta imagen haría correrse inmediatamente a muchos hombres.

    —Ya estás satisfecho? —Dijo girándose levemente, dejándome ver el pezón de su teta izquierda

    —No, todavía llevas el tanga puesto —dije

    —Qué cerdo eres —dijo otra vez, sonriendo

    Sin girarse, puso sus manos sobre los extremos del tanga, y despacio, empezó a tirar hacia abajo, inclinándose ligeramente hacia delante. El tanga fue saliendo poco a poco de entre sus glúteos, bajando hasta las rodillas. Se lo quitó finalmente y se dio la vuelta. Tenía el coño con un poco de pelo, no mucho, quizá de una semana sin depilarse. Estaba muy sexy. Bromeando, dije mirándola a su coño.

    —Qué cerda eres

    —Por qué? Es solo de una semana —dijo medio ofendida, medio indignada

    —Es broma —contesté

    —A ver si esto te parece gracioso —dijo

    Se movió rápidamente hacia mi, y poniéndose de rodillas con cada pierna a un lado de mi cadera, cogió mi polla con la mano, y se la metió dentro poco a poco. Abrió la boca y cerró los ojos de placer según lo hacía. Volvió a abrir los ojos para mirarme fijamente. Empezó a subir lentamente, y bajar, sin dejar de mirarme a los ojos, en silencio. Tenía una mano apoyada por detrás en mi pierna, la otra por delante en mi abdomen. Subía y bajaba poco a poco, mirándome intensamente. Yo veía cómo mi polla salía y entraba en su coño. Aceleró ligeramente el ritmo, volvió a cerrar los ojos y empezó a suspirar con cada estocada.

    Echó hacia atrás el brazo que estaba sobre mi abdomen, y lo apoyó en mi muslo. Arqueó su espalda y echó su cabeza ligeramente hacia atrás. Yo tenía mi mano en su cadera. Julia subía y bajaba, los suspiros se convirtieron en gemidos, mi polla entraba y salía ya con facilidad, su coño estaba lubricando con abundancia. Seguía de rodillas, con sus manos apoyadas detrás en mis muslos, acelerando el ritmo, su cabeza echada hacia atrás, mi polla enterrándose profundamente en su coño. Pasó apoyarse con ambas manos en mi pecho, inclinándose hacia adelante. Levanté la mano, hasta su boca, y metí el dedo índice en ella.

    Julia empezó a chupar sensualmente el dedo mientras seguía cabalgándome con los ojos cerrados, gimiendo. Estuvimos unos minutos en esta posición, en los que Julia se metía la polla hasta el fondo, y se volvía a levantar, mezclando miradas con sus bonitos ojos negros hacia mí apoyándose en mi pecho con las manos, momento durante el cual se movía a mayor ritmo, con momentos en los que se dejaba ir, arqueaba la espalda, volvía a echar la cabeza hacia atrás, cerraba los ojos y apoyaba sus manos por detrás en mis piernas, follándome a un ritmo más lento.

    Finalmente, cansada, dejó esta posición y se tumbó boca abajo a mi derecha, mirándome, yo siguiendo de espaldas en la cama.

    —Ahora te toca a ti —dijo con una sonrisa algo cansada

    Me incorporé y con cuidado de no lastimarme mi mano derecha, me tumbé sobre su cuerpo, apoyando mi antebrazo derecho en la cama. Tenía su increíble culo delante de mi. No era un culo duro de gimnasio, era simplemente un culo perfecto, natural, genético. No me pude resistir. Con la otra mano, cogí mi polla, y empecé a jugar con ella sobre su culo, haciendo círculos. Ella sonreía. En un momento, empecé a apuntar más hacia el centro, y con delicadeza, puse mi polla en la entrada de su culo. Julia dio un pequeño salto y girando la cabeza para mirarme, dijo con una pequeña sonrisa entre curiosa y sorprendida:

    —Qué estás haciendo?

    —Solo estoy jugando —sonreí de vuelta

    —Pero no estarás teniendo ciertas ideas no? No lo he hecho nunca por ahí —respondió

    —Bueno, siempre me gusta probar cosas nuevas —dije

    —Lo has hecho alguna vez? —me preguntó

    —Hmmm… quizá alguna —dije con aire interesante

    La cara de Julia cambió ligeramente, frunciendo el ceño

    —Con la puta esa de tu oficina, no? —dijo directamente

    No dije nada, solo abrí los ojos aún más, apretando los labios en señal de falsa inocencia. Se quedó un momento mirando al infinito. Sus celos eran su punto débil. Ella no podía ser menos… y estaba muy caliente. Eso también ayudó.

    —Bueno, quizá, si tienes mucho cuidado, podemos probar —dijo finalmente— y si digo que pares, paras.

    —Tranquila, te trataré bien, tengo justo lo que necesitamos —respondí

    No me podía creer lo que estaba a punto de pasar. Me dio un subidón. Me incliné y cogí del cajón de la mesilla de noche, un gel lubricante que usaba para ocasiones especiales. Julia se había girado sobre su costado derecho, dándome la espalda. Me tumbé junto a ella, en posición de cuchara. Cubrí mi polla con gel, y me acerqué a ella. Julia respiraba fuertemente, pero no decía nada.

    Coloqué la polla entre sus glúteos, dando ella un pequeño salto. Poco a poco, empecé a empujar. Yo también respiraba a un ritmo acelerado, mi corazón latiendo fuertemente. Hacía casi 3 años que había visto a Julia por primera vez, entrando en la casa del compañero de trabajo, detrás de Luis. Si me hubiesen pedido apostar en aquel momento a que me acabaría no solo follando a la mujer de Luis, sino además dándola por el culo, ahora mismo estaría en bancarrota.

    Poco a poco, con cuidado, conseguí meter la punta dentro. Julia por fin dijo algo, me pidió que fuese despacio.

    Yo apretaba mi pecho contra su espalda, me gustaba la sensación, mientras con la mano izquierda la rodeaba la cintura y la apoyaba en su tripa. Podía notar cómo su pecho bajaba y subía de forma acelerada, mientras me agarraba con fuerza la mano que tenía sobre su tripa. Mis piernas se entrelazaban con las suyas.

    A este punto, a Cindy ya le había metido la polla hasta los huevos, sin piedad… ni gel lubricante.

    Pero con Julia tenía que ir con cuidado. Seguí empujando con la pelvis, introduciendo mi polla en su culo, centímetro a centímetro. Paraba de vez en cuando oía que Julia emitía algún sonido de incomodidad. Tras casi un minuto, conseguí tocar su culo con mi pelvis. Mi polla estaba completamente dentro. Lo más difícil ya había pasado. Empecé a sacarla lentamente, dejando dentro solo la punta. Pregunté a Julia qué tal iba, solo asintió con la cabeza nerviosamente, dándome un apretón en la mano.

    Su corazón latía revolucionado. Volví a empezar a empujar la polla adentro, con cuidado, pero esta vez con algo más de ritmo. La sensación era bestial. Su culo apretaba mi polla fuertemente, no iba a necesitar muchas metidas para correrme. Mi pelvis volvió a juntarse con su culo, para volver a sacarla con cuidado. Ahora, moví mi mano y pasé a agarrarle su teta izquierda, jugando con su pezón, que estaba grande y puntiagudo de excitación.

    Empecé a meterla por tercera vez, mientras jugaba con su teta. El gel lubricante estaba funcionando de maravilla. Esta vez, Julia giró su cabeza lo más que pudo hacia mí, para besarme. Acerqué la mía hacia ella y la besé con pasión, mezclando nuestras lenguas, mientras yo seguía empujando hasta que mi polla estuvo completamente dentro de su culo. Dejé de jugar con su teta y bajé la mano, buscando su clítoris, que estaba empapado. Empecé a acariciarlo mientras sacaba la polla de su culo y seguíamos besándonos. Mantuve el ritmo, ahora con su culo ya hecho al tamaño de mi polla.

    Mezclaba besos en su boca y en su cuello. Mientras tanto seguía estimulando su clítoris constantemente. Julia estaba perdida, gemía fuertemente de gusto, doble o triplemente estimulada. Mi polla estaba a punto de estallar. Entró y salió un par de veces más del culo de Julia. Entonces tuve la conocida sensación de estar a punto de correrme. El bajo vientre empezó a calentarse, y sentí un cosquilleo en los huevos. Mi polla salió del culo de Julia y noté el cosquilleo en la base. Volví a meterla dentro, y la sensación se trasladó al resto de la polla, sintiendo también cómo se calentaba.

    Sentí una convulsión y un chorro de semen salir despedido, dentro del culo de Julia. Como regalo del destino, Julia también se corrió en ese mismo momento gritando fuertemente, apretando mi mano que seguía en su clítoris, y cerrando los glúteos, encerrando con fuerza mi polla. Yo ya estaba eyaculando, por lo que no podía parar. Mis movimientos pélvicos se aceleraron, eyaculando en el culo de Julia con cada arremetida. Por la mano, llevaba casi una semana sin pajearme, y me corrí abundantemente.

    Terminamos de corrernos, y nos quedamos tumbados, en la misma posición de cuchara, derrotados, ambos suspirando, mi mano en su tripa, su mano suavemente puesta encima de la mía, mi pecho pegado a su espalda, mi cara apoyada en su cabeza.

    No sé qué iba pasar a partir de ahora. No sé cómo lo íbamos a afrontar. No sé cómo lo íbamos a explicar. Lo que sé es que no iba a volver a dejarla sola. Pasase lo que pasase, lo haríamos juntos.

    Sin darse la vuelta, sin mirarme, allí tumbada, relajada, Julia dijo con un susurro: Te quiero.

  • No lo esperabas

    No lo esperabas

    Llegaste vestida en cuero, pensando que ibas a una sesión normal donde tú ibas a dominar. Que equivocada estabas. Cuando entraste te diste cuenta que algo andaba mal, tu perro no estaba y eso no era normal, él sabe que eso te enfurece, él ya debe estar ahí sin hacerte esperar.

    Pero en cuanto llegue vera (fue lo que pensaste) paso media hora y ya estabas perdiendo la poca paciencia que te quedaba el cabrón no contestaba el tel. Y tú estabas hecha una furia. A los 45 minutos ya estabas preocupada y a punto de irte, él entro en el lugar, pero no iba con la cabeza gacha como debía. No, él iba con la cabeza erguida y llevaba algo en la mano. Un maletín como el que le hacías cargar a veces que lo ibas a castigar, sonreíste pensando que él quería un castigo, pero en la otra mano tenía una soga eso no estaba previsto.

    Cuando llego a ti antes de que le dijeras nada te dijo: hoy no voy a ser tu perro, hoy tú te convertirás en mi perra… Abriste mucho los ojos y una risa te quiso salir, pero antes de que replicaras te abofeteó y paso la soga por tus manos. Un nudo rápido y sencillo, pero fuerte como los que tú le hacías.

    Antes de que reaccionaras ya te estaba subiendo las manos de la argolla central esa donde tantas veces lo habías amarrado. Cuando quisiste replicar te azoto otra cachetada ahí empezaste a comprender que hoy tú ibas a ser la perra fue al maletín y sacó una navaja poco a poco se acercó a ti y la puso sobre tu piel la metió entre tus ropas y fue rompiendo la tela, mientras te decía espero que no sea lo único que traes porque si no te vas a regresar sin nada encima cuando estuviste desnuda por completo…

    Arrimo un potro, pero no era plano de arriba para acostarte y atarte a él, no era en forma de pirámide y tú tenías que estar en puntas para que tus labios no cayeran en él. Claro que no toda la sesión ibas a poder estar en puntas… Espero que no te canses pronto te dijo entre risas.

    Fue al maletín de nuevo y saco una especie de fusta suave al tacto, la paso por tu cuello, pezones, abdomen, piernas y tu sexo, tu cuerpo reacciono erizando la piel. El primer azote en el seno derecho te tomo por sorpresa, soltaste un grito más de sorpresa que de dolor los siguientes azotes ya los esperabas pronto tus senos estaban tan sensibles y colorados que cuando sentiste mi lengua sobre ellos fue un verdadero placer, que llego hasta tu bajo vientre.

    Con mi boca recorrí tu piel sin dejar nada sin lamer, tus brazos ya estaban cansados y tus pies ya empezaban a flaquear acercándose peligrosamente al filo de la madera tus flujos ya la tenían lubricada y cuando por fin tu piel la tocó notaste lo mucho que te gusto la madera lisa rosando tus labios parecía más bien un premio y suavemente él te empujaba hacia delante y atrás provocando que la madera te masturbara.

    Cuando las manos pensabas que ya no podían más, sentiste como te levantaba un poco para liberar tu cuerpo y descansaste un poco en sus brazos.

    Cuando te bajo de sus brazos, te ordeno ponerte en cuatro mirando al suelo… Sentiste que paso junto y te toco mientras pasaba siguió de largo hasta el maletín y cuando volvió te ordeno levantar la vista, en su mano derecha traía un collar y en la izquierda una fusta. Instintivamente subiste las manos para que el pusiera la fusta en ellas mientras esponjas el cuello en señal que aceptabas el collar, te lo puso mientras te jalaba un poco el pelo para acercarte a él lo sentiste frío al principio pero se fue calentando con tu calor lo ajusto en tu cuello y te quito la fusta de tus manos, te rozo la espalda y un escalofrío recorrió tu columna y esa sensación de calor inundo de nuevo en tu sexo.

    Tras unos minutos de dolor en tu espalda te tomo del collar y te llevo hasta un potro ahora si de los planos donde tu abdomen queda encima y cada una de tus extremidades en cada pata tú ya estabas ansiosa por que te cogiera y él lo sabía te miro a los ojos mientras amarró tus manos. Una por una. Te beso la boca y antes de amarrar tus pies te soltó una firme nalgada que te estremeció y te hizo cerrar los ojos. Tomo tu tobillo y lo lamió justo antes de amarrarlo lo mismo del otro lado una vez amarrada chupo tu coño, en esa posición estas muy respuesta sabes te lamió y mordió hasta hacerte venir un par de veces se levantó y fue hasta el maletín trajo un plug y lo incierto en tu culo junto con él te penetro al mismo tiempo, firme, fuerte con ganas, con furia no duraste mucho antes de venirte y siguió su fuerza no menguaba, tenía ganas de hacer que le pidieras que se detuviera, pero tú no querías eso querías que siguiera lo más que aguantara no supiste del tiempo que pasaron así

    Y de pronto paró se puso frente a tu boca y la follo te asfixió con su verga y te cacheteó con ella por último la metió en ti de nuevo y tragaste su leche caliente toda y hasta la última gota no lo sacó de tu boca hasta que estuvo de nuevo flácido entonces te soltó, se abrazaron y te vistió con ropa nueva comieron algo y estuvieron hablando toda la tarde.

  • Mi primera infidelidad sacó mi sexualidad al máximo

    Mi primera infidelidad sacó mi sexualidad al máximo

    Me llamo Elsa y tengo 47 años, soy maestra de una universidad pública en mi estado, no me considero de buen cuerpo ni sexy, pero tengo un atractivo en los hombres y más los menores que yo, que no entiendo ni yo misma. Soy morena, delgada, 1.65 de estatura y aunque tengo unas lonjitas derivadas de mi embarazo, conservo un buen trasero que me dejo en mi juventud el jugar tenis. Mi marido tiene la misma edad que yo y aunque tenemos buena relación y lo amo con todo mi corazón, el sexo empezó a ir en declive, debido al trabajo, estrés o a la rutina que se yo, espero que no me juzguen mal después de leer mi confesión.

    Como ya les dije soy maestra y me hice muy amiga de una alumna que tuve, que ya se graduó, pero seguimos la amistad después de la escuela. Nos llevamos muy bien y mi marido la conoce bastante bien, tanto, que tiene la confianza de que podemos salir juntas sin él. Ella tiene 29 años, es muy fiestera y digamos, muy aventada, a pesar de la diferencia de edad nos la pasábamos muy bien juntas. Nuestras salidas, normalmente eran los jueves a un lugar donde se baila salsa y justo ahí fue donde empezó todo.

    Fue hace 6 años yo tenía 41 entonces y mi amiga 23 y ya nos habíamos hecho clientas de aquel bar, los meseros ya nos conocían e incluso algunos otros clientes que iban seguido así que nos divertíamos a lo grande. En esa ocasión llegó un grupo de Chavis mas o menos de entre 27 y 32 años, eran cuatro y al vernos ahí solas empezaron a sacarnos a bailar y nos invitaron a su mesa lo cual accedimos, platicamos y bailamos, con los cuatro baile esa noche, nos la estábamos pasando muy bien.

    Entre platica y baile me di cuenta que ya llevábamos una botella y media de ron y que uno de los muchachos ya estaba muy borracho, más que nosotros, así que uno de ellos decidió llevarlo a su casa quedando solo dos de ellos Ernesto que ya estaba muy cariñoso con mi amiga y Samuel que casualmente así se llama mi marido, él y yo platicábamos de cosas banales, sin importancia. Seguimos platicando y el empezaba a hacerme preguntas un poco más íntimas, como si estaba todo bien con mi marido, si había perdido la virginidad con él, si era bueno en la cama, etc. Lo cual me daba risa y yo le reclamaba, entre broma, que eso no se preguntaba y que eran cosas muy íntimas él se reía pero seguía preguntándome y de cierta forma seduciéndome lo cual para mí era un halago y la verdad me puso muy nerviosa.

    Empezó la música lenta que ponen cuando ya van a cerrar así que Samuel me pidió bailar la última canción antes de que nos corrieran, yo accedí a regañadientes y ahí me di cuenta que ya andaba algo mareada y Samuel también se dio cuenta, me agarro de la cintura para que no me cayera y me llevo a la pista sin soltarme, sentí sus manos fuertes que me hicieron sentir un tipo de descarga eléctrica que despertó mis sentidos, me rodeo con sus dos manos e hizo que mis manos rodearan se cuello, quedamos muy pegados tanto, que sentí su entrepierna entre la mía.

    Samuel tenía 28 años, moreno no muy alto de esos que sin tener el cuerpo atlético son de esos correosos que al tocarlos parece que estas tocando piedra, duro pero sin estar estilizado, de eso me di cuenta mientras bailábamos y poco a poco pegaba más su cuerpo contra el mío, que ya empezaba a reaccionar y más, que me susurraba palabras al oído y su aliento me ponía chinita la piel, me decía que era muy guapa que le gustaba mucho y que envidiaba a su tocayo por poderme disfrutar cuando él quisiera y sin más, me dio un beso en la boca el cual quise rechazar pero ya no pude, el alcohol, el ambiente y la cercanía de su cuerpo me lo impidieron. Me deje llevar por aquel beso, que duro una eternidad, que la verdad olvide por completo que era una mujer casada, sentía tantas cosas que hacía mucho no sentía, las mariposas en la panza y la humedad en mi vagina que no podía controlar, más cuando sentí aquel bulto duro entre sus piernas que me relegaba cada vez más a mi pubis como queriendo clavarlo.

    Reaccionamos al ver que empezaban a prender las luces, automáticamente me separe de Samuel y solamente sonreí nerviosa, le hice la seña de ir a nuestra mesa y el asintió solo moviendo la cabeza. Regresamos a la mesa pero mi amiga y Ernesto no estaban, nos sentamos sin decir nada, tome un trago de mi bebida para bajar un poco la agitación de mi cuerpo y de mi corazón que latía a mil.

    Se acercó nuestro mesero y nos dijo que nuestros amigos ya habían pagado la cuenta y que después nos veían. Yo hice un gesto de enfado porque venía en el carro de mi amiga y no tenia en que regresar me, Samuel me dijo que no me preocupara que el traía su carro y me llevaba al momento que me tomaba la mano, yo tratando de reaccionar le dije que era una mujer casada, que no podía hacer lo que estaba haciendo y menos con un muchacho de su edad. El me tranquilizo y me dijo que no iba a pasar nada que yo no quisiera, que él me respetaba y que aunque me deseaba mucho no pasaría nada. Esas palabras en vez de tranquilizarme me prendieron más al sentirme deseada por un hombre más joven que yo.

    Nos terminamos el trago que había quedado y salimos del bar, nos dirigimos a su carro que estaba estacionado a cuadra y media del bar, mientras caminábamos me dijo que a él siempre le habían atraído las mujeres mayores y su fantasía era estar con una, yo le replique que no iba a pasar nada, que además él era muy joven que podría andar con mujeres de su edad, él contestó que nunca lo habían besado como yo lo bese.

    Llegamos al carro y me abrió la puerta para entrar, cuando di vuelta para meterme al coche me agarro de la cintura, me tiro hacia él y comenzó a besarme el cuello, yo me estremecí por la sorpresa pero al sentir su boca besando mi cuello no hice más que decirle que no, pero deseando que no parara, “detente Samuel”, le dije, pero con una voz que el entendió que no quería que se detuviera, me volteo y beso mi boca con sus labios gruesos y su lengua que quería penetrarme hasta adentro.

    Yo ya no puse resistencia, solo sentía sus manos que recorrían mi cuerpo de arriba a abajo rozando mis pechos, mis caderas hasta posarse en mis nalgas que las estrujaba con fuerza hacia él, yo suspiraba y me dejaba llevar, ya estaba perdida ante aquellas caricias bruscas que donde quiera que se posaban, provocaban más excitación en mí.

    No sé cuánto tiempo paso, yo seguía extasiada recargada en el carro recibiendo tremendo faje de aquel hasta hace poco desconocido, mis pechos ya estaban afuera y el los chupaba uno a uno mientras metía una de sus manos debajo de mi falda hasta llegar a mi tanga, que ya estaba mojadísimas, y hacerla a un lado para meterme un dedo que entró sin ninguna dificultad, automáticamente tuve un orgasmos que casi hizo que me cayera, el me sostuvo sin dejar de tocarme.

    Yo baje mi mano buscando su verga para sentirla, la pude palpar por encima de su pantalón, de momento no supe si eres grande o chica yo la apretaba deseando sacarla e introducírmela en mi raja que ya estaba empapada y con dos dedos de Samuel que me seguían penetrando.

    Entonces fue cuando le dije algo que hasta yo me sorprendí: “cógeme hazme tuya quiero sentirte dentro, cógeme”. Esas palabras salieron solas de mi boca, pero era lo que deseaba.

    Samuel me soltó por un instante para bajarse el pantalón y dejar su verga al aire, no la pude ver por la obscuridad que había, luego metió las dos manos bajo mi falda y me quito la tanga, yo le ayude levantando mis pies para que saliera más fácil, él se agacho y empezó a lamer mi rajita con su lengua que me saco un suspiro e hizo que abriera los ojos y ahí me di cuenta que un hombre estaba algo retirado viéndonos.

    No sé cuánto tiempo llevaba ahí, vi que tenia de fuera su verga y se estaba masturbando, no se movía, solo nos veía de lejos. Yo no pude reaccionar ni decir nada, tenía a Samuel chupándome la raja y no me importaba que nos viera, al contrario, sentí otra sensación extraña al ver a aquel desconocido sobándose la verga y observándome que hizo que tuviera otro orgasmo en la boca de Samuel, que al sentir mis espasmos, acelero sus movimientos.

    Después se levantó y me abrió las piernas para acomodar su verga en mi entrada y de un solo empujón me la metió, entro fácilmente, yo estaba más que mojada sentí aquel trozo de carne entrando y saliendo de mí, lo abrace para juntarlo más hacia mí, el agarro mis nalgas para levantarme y meterme más profundo su verga que me sabia a gloria.

    Mi cabeza quedó sobre su hombro, yo aferrada a él y pude ver al mirón que se había acercado un poco más a un lugar con más luz, ahí pude ver con más claridad cómo se meneaba la verga y de ratos se detenía para mostrármela completa, yo disfrutaba de la verga de Samuel y del mirón con la verga de fuera que a la distancia se veía grandes.

    Samuel seguía cogiéndome con más fuerza cada vez, sentí que iba a terminar y le pedí que no lo hiciera, él se detuvo sorprendido y le dije que nos estaban viendo que no volteara, me dijo si quería que nos fuéramos le dije que no que me excitaba que nos estuviera viendo, le dije que se recargara en el carro y yo le di la espalda y me agache para que me siguiera cogiendo.

    Cuando el mirón vio que Samuel se había dado cuenta de que estaba ahí, trató de esconderse, pero al ver que seguíamos en lo nuestro siguió viéndonos. Samuel me preguntó si me excitaba mucho que me vieran, yo le dije que sí, él no sabía que era la primera vez que me pasaba, así que no dijo más y me siguió cogiendo como si nada, pero ahora me manoseaba más como para que el mirón pudiera ver cómo me tenía, yo de vez en cuando gemía por la verga que estaba recibiendo esperando ver si el mirón se asomaba de nuevo para verlo, y si, de rato se asomó otra vez a la luz.

    (Continuará)

    Perdón por alargarme, pero es mucho lo que tengo que decir, desahogarme y sacar todo lo que tengo que decir, prometo no tardarme en seguir, besos y comenten.

  • El primo Erik, caliente como ninguno

    El primo Erik, caliente como ninguno

    En serio, lo que a mí me gusta es follar a pelo. Sé que a veces no hay más remedio porque no sabes quién es quién. Hay gente que no pasa por una consulta médica ni en broma y anda de culo en culo. Esta irresponsabilidad obliga a usar forro cuando no sabes quién el que se te arrima ni qué hace ni cómo está de salud por muy saludable que aparente estar. En estos casos, repito, no hay otra, condón por cada movimiento.

    Esto es engorroso, porque estás caliente y lo que te apetece es tener la polla en el culo o meterla en el hueco, pero si has de morder el envoltorio, ponértelo, ¡joder! Eso es como pasar por taquilla para subir al tren. Por eso prefiero mis amigos. Lorenzo y yo vamos juntos al médico, nos revisa, nos aconseja, nos manda las correspondientes analíticas y nos dice que estamos sanos con un «a follar»; ¡joder con el médico!, encima nos invita a lo que nos gusta. Otro es el caso de Zigor y Mauro; ellos van por separado, y cada uno nos cuenta lo que le dice. Los cuatro somos recomendados por el abuelo ante su amigo el Dr. Quiroga, Alfonso es como él lo llama, y cuando se despista lo nombra cariñosamente como Alfonsito. Tengo para mí que el abuelo le habló de nosotros y solo él nos atiende, pero el abuelo está perfectamente informado, al menos eso da a entender por lo que se despreocupa de las cochinadas que hacemos.

    Lorenzo tuvo que irse durante diez días a la casa de sus padres porque su abuela materna había fallecido, le avisaron cuando la habían ingresado al hospital, todavía tuvo tiempo de verla en vida, aunque ella ya no pudo conocerlo. La abuela Juliana es madre de su padre y del mío y, aunque se conocía mucho con la difunta, no fue a los funerales por no dejar al abuelo. La ausencia de Lorenzo supuso casi una semana de pajas para consolarme, que cuando uno se acostumbra ya no puede parar. Suerte que al fin de semana, justo Mauro y Zigor vinieron a acompañarme y a consolarme.

    El sexo entre tres es ameno, lo que pasa es que a mí ya me encanta tanto el toque suave de la polla de Lorenzo, su húmeda lengua repleta de sabores, sus fuertes manos sujetando mi cintura y todo él, su contacto, sus palabras que aunque mis amigos se esfuerzan en darme gusto, placer y consuelo, solo lo consiguen en parte, porque el amor es amor y nada puede sustituirlo.

    Mauro es moderado y actúa a la orden de cualquiera de nosotros, pero Zigor es atrevido, osado en sus acciones y sorprendente porque te puede hacer lo que menos te esperas. Al no tener a Lorenzo con nosotros se atrevió conmigo a más, sabedor de que mi culo y yo entero somos capaces de soportar cualquier barrabasada. Mauro es un poco más maricón, es medio cobarde, le gusta todo, pero no lo hace todo, ni lo pide todo y a veces se niega. Sé que Mauro no le ha permitido todo lo que a Zigor le gustaría, porque en un momento, cuando ya estábamos desnudos los tres, besándonos y tocándonos por todas partes como unas previas de precalentamiento, de sopetón soltó:

    — Aprovecha, Zigor, ahora para hacer con Joel eso que tanto deseas…

    Lo miró muy serio y él me miró a mí. Como no sabía de qué se trataba, tras encararme con Mauro que tenía su cara roja, miré a Zigor con un movimiento de hombros. No entendió Zigor que yo no sabía nada, sino «haz lo que quieras». Pero de momento todo quedó ahí. Seguíamos con las previas. Mauro, iba metiendo en mi culo un dedo con sus manos muy embadurnadas de lubricante. Ambos tenían las manos muy brillantes y húmedas a causa del lubricante y todo mi culo me lo notaba más resbaladizo que de costumbre. Noté que Mauro, mientras me estaba besando con Zigor atornillando nuestras lenguas, me metió un dedo…, (vueltas dilatando), dos dedos (más vueltas y más fuerte la dilatación) y ¡tres…dedos…!; de pronto saca sus dedos y mete algo empujando, es un plug negro que comienza en punta y va haciéndose ancho, luego tiene una repentina disminución como tapón. Ahora ya sé qué es un plug anal y un dildo, etc., pero en ese momento no tenía ni idea y estos chicos lo consiguieron. Lo metió entero. Luego lo sacaba y lo metía y me daba un placer tan tremendo que llené todo el abdomen de Zigor con mi lefa repentina sin siquiera tocarme las pelotas.

    — ¡Cabrón, Mauro, ¿qué me has puesto?!

    — ¿Te molesta?

    — No; qué va, se siente bien, da… ¡uffff!, que regusto da, joder…

    — Zigor, yo también quiero besitos de Joel…, mmmh…

    — Pasa, cambiamos de sitio que Joelito quiere también tus besitos, ¿a que sí, Joelín?

    — Cciiii, síiii… yo quiero besitos de Maurito…

    Mauro se me puso delante y mariconeamos tanto cuanto pudimos, supimos y quisimos, nos hablábamos en infantil, afeminadamente y suponiendo todo y que todo estaba bienvenido. Zigor comenzó a manipularme mi culo mientras yo acariciaba la polla de Mauro que estaba buena, normal, pero buena, muy húmeda ya por el presemen, humedad que llegaba a mis manos y de estas a sus nalgas. Mauro me acariciaba el pecho y la espalda por detrás del cuello. Mientras, Zigor jugaba con el plug de mi culo, sacando, metiendo y volviendo a sacar. En una de estas escuché como que se cayó al piso y noté que la mano de Zigor se paseaba por mi culo y metió poco a poco sus dedos, tenía el tope que era su pulgar y sacó la mano, encogió su pulgar entre la palma de la mano y fue metiendo su mano dentro de mi culo. Ahí noté y supe que me estaba super dilatando y a los diez minutos más o menos, porque tanto placer hace pasar los minutos como segundos, sentí que su mano estaba dentro de mí. Con mis manos quise saber cómo iba y no le encontré ya los extremos del cúbito y el radio, toda la mano y la muñeca entera entraron. Debió notarlo por mis movimientos, pero Zigor pasaba no sé si dedo o mano entera por mi próstata y la hacía reaccionar, volví a eyacular, pero no sé cuanto porque enloquecía de placer.

    Mauro lo disfrutaba viendo mis movimientos, no me podía estar quieto, es como si te hicieran cosquillas sin poder defenderte, pero unas cosquillas de sumo placer, jamás me lo podía imaginar. Algo dolió cuando entró la mano, pero el placer es tan grande que me pasó como a la mujer en el parto, que a la vista del hijo se le olvida todo. Yo puse a perder a Mauro llenándolo de semen y no tenía más opción, porque ni después de eyacular se me bajaba. Mi culo y mis piernas estaban también llenos del semen de Zigor por detrás y mi abdomen, pubis y piernas del semen de Mauro. Al parecer habíamos eyaculado varias veces, pero el placer nos había desinhibido tanto que ni nos dimos cuenta de los gritos que dábamos.

    Después de la ducha, como era sábado, el abuelo nos llamó para el aperitivo que acostumbra a tomar abundantemente en sábado y domingo. Yo me puse short, ellos bajaron con bóxer como siempre. El abuelo al verme en short y no en tanga me dijo:

    — Tú eres el de los gritos más fuertes, ¿es que te han follado los dos a la vez…?

    — Ninguno me ha follado, abuelo, sus pollas han dejado el semen en mis piernas…

    — No me cuentes más, hijo, no me cuentes más, ya me imagino.

    — «Algo tiene el agua cuando la bendicen», que el agua lo lava todo.

    Nos había servido Martini para los tres como él, Martini Rojo, y una de Martini Bianco para la abuela que no tardó en salir con una fuente de langostinos y otra de mejillones. La abuela, muy discreta como siempre solo nos preguntaba si estábamos bien, y lo que más le gustaba: recibir nuestros besos cuando le recogíamos las fuentes. Sabedores, nuestros besos eran muy discretos pero en su boca y miraba al abuelo, luego, como siempre, dice:

    — Aprende algo de nuestros nietos, Fabián.

    — A ellos les conviene, nosotros ya nos tenemos, dijo socarronamente.

    Se levantó, agarró a la abuela con sus brazos la inclinó de espaldas y le dio un beso espectacular, hasta las lenguas vimos en movimiento. Asombroso, lástima no tener un móvil ahí mismo para fotografiar eso.

    ***** ***** *****

    Por fin llegó Lorenzo, mi primo Lorenzo, en verdad se trata de «mi Lorenzo»; de no haber sido porque cada día le llamaba yo y luego él o al revés, me hubiera desesperado. Me hubiera gustado acompañarlo, pero quizá hubiera parecido inadecuado o impertinente. Así que pasé diez días de sexo telefónico, ni que conversara con una puta de redes.

    (Perdón, un paréntesis: ¿También hay putos gays en las redes? Que algún lector me lo diga, porque ahora que ya estoy entrenado al sexo telefónico igual me apuntaría y sería eso una ganancia extra para mí. ¿Los putos gays pagan al fisco? Va, va, no molesto más. Cierro paréntesis).

    Lorenzo contó en su casa, era obvio, cómo estaba la abuela con el abuelo, exactamente como yo cuento cómo está el abuelo con la abuela. Lo que para los míos es insólito también lo es para los suyos, solo que nosotros comprendemos la felicidad de los abuelos y la compartimos. Aunque Lorenzo no quería de ninguna manera, un hermano suyo se enroló con él para pasar cuatro días en casa de la abuela y se vino el muy cabrón para ver por sus propios ojos si le convenía disfrutar de lo que gozaba su hermano en casa de los abuelos. Aunque no todo fue un desastre para Erik, así se llama el hermano de Lorenzo, no encajó en casa de los abuelos y al final tuvo que irse. Nunca hablaba con la abuela de nada serio o de nada jocoso, nunca la llamó abuela, sino mamá Juliana, jamás llamó al abuelo como abuelo, en los cuatro días se dirigió escasamente a él y solo era Señor Fabián, incluso una vez lo llamó señor Damián con el desagrado del abuelo y la risa sarcástica de todos nosotros.

    No obstante hay que reconocer que follando es una máquina, una máquina creativa, que sabe improvisar. Al segundo día Lorenzo me dijo que distrajera a su hermano, que lo follara o me dejara follar, que de algún modo lo dejara contento para que no pusiera problemas en casa al regresar. Añadió que tenía que aprovechar esa tarde en la que os abuelos, Lorenzo que conducía y Mauro se iban a la casa de este para tratar unos asuntos agrícolas con su padre y tardarían toda la tarde como unas cuatro o cinco horas.

    Avisé a Zigor de la situación y le pedí que no me dejara solo con Erik, aunque nos pusiéramos a follar, o que vigilara o que participara, le metí una tira de profilácticos al bolsillo y entendió que quería que yo que participara de cerca. Zigor y yo ya sabemos por donde nos va mejor, él sabe que prefiero recibir que dar, así de egoísta soy y sé que él prefiere su culo intacto, a excepción de si es Mauro o Lorenzo o yo mismo. Aunque habían pasado unos cinco días de la metida de puño, esa actividad, llamada fisting o fist-fucking, me gustó, el placer es enorme, pero me dejó el culo abierto y un poco dolorido hasta este día, ahora bien es incomparable, el placer es total. Sin embargo ahora ya me encontraba bien, incluso cuando me metía un dedo, porque el culo ya se resistía y ponía en guardia los esfínteres.

    Desde que se fueron los abuelos con Lorenzo, que se había convertido en nuestro conductor oficial, y con Mauro, Zigor y yo estuvimos todo el tiempo juntos, mimosos, dialogantes, besucones y abrazados para casi todo, no queríamos quedarnos solos ninguno de los dos; incluso yo me iba a orinar, orinaba conmigo Zigor y al revés, con ganas o sin ellas. Sacamos unas cervezas para merendar, saqué una por cada uno de los tres y el pastel que nos había dejado preparado la abuela.

    Acabada la porción de pastel, Zigor y yo nos besamos para degustar el sabor dejado por el pastel en la boca, que en cada boca sabe de diferente manera. Eso lo miraba Erik no de muy buen grado, con lo que demoramos más de lo habitual. Pero tanto nos entretuvimos que nos olvidamos de Erik y comenzamos a quitarnos la poca ropa que llevábamos, es decir el short y las zapas. Yo restregaba mi polla con la de Zigor y nuestras lenguas se unían enroscándose. Nuestras manos se convirtieron en acaparadoras, pues no tenían cuerpo suficiente para manosear y hurgar.

    Al parecer, sin duda alguna, se calentó Erik al vernos y se desnudó para unirse a nosotros dos. Le recibimos bien y le hicimos participar del placer de tocar nuestros cuerpos y me dediqué a acariciar su polla, para meterle un condón; en verdad su polla es suave como la de Lorenzo y aterciopelada. Me recordaba su tacto al de Lorenzo y pensé que estaba ahí. Largamente estuvimos manoseando y suspirando hasta que alguien se decidiera. Le tocó a Erik perder los platos porque fue más rápido Zigor, que se puso a comerle el culo, rugoso y peludo, de Erik, mientras se ponía un condón. Ya me comentaría luego Zigor que Erik tenía el culo muy fruncido, pronto me había dado cuenta de que su culo estaba muy fruncido, un exceso de arrugas. Me gustaba más el de Zigor, sin arrugas, suave por todas partes, ¡qué a gusto se podía besar y lamer!

    Zigor, sin ascos a las arrugas y a los malos olores se comió a gusto el culo de Erik que lo hizo suspirar, como si nadie nunca le hubiera dado nunca semejante culto a su ano. Gritaba de gusto y se le puso muy dura. Con un manotazo Zigor le puso de rodillas, la cabeza abajo y el culo arriba y se la metió duro, seguido y sin descanso para que aprendiera. Lo vi y me pareció tan salvaje que quise remediar aquello. Me colé de cabeza a rastras y a gatas mirando al suelo por debajo de la cara de Erik y cambié hasta poner mi cabeza a la altura de la polla de Erik y mi culo en su cara. Puse las manos en el suelo y empinando desde la cintura y doblando la cabeza hacia atrás metí la polla de Erik en mi boca, suspiró suspiros sobre suspiros: «¡Ay!, ¡joder!, ¡que me jodes y me jodes, menuda jodienda, un macho y un maricón!, ¡la puta que me parió!». Se puso a comerme mi suave y terso culo, limpio de inmundicias gastrointestinales y otras lindezas, y cuando ya pensé que tenía suficiente seguí avanzando.

    Cuando mi culo llegó a la altura de la polla de Erik, lo elevé apoyando con fuerza mi cara y hombro sobre el piso y con una mano busqué la polla de Erik para meterla en mi culo, tras asegurarme que tenía el condón impolutamente puesto. Aunque tardé un poco en conseguirlo, escuché los gritos de Erik cuando me metía mi culo como cueva de su polla. Él disfrutaba porque se encontraba con una acción ajena que lo hizo disfrutar extraordinariamente. No tardo Erik en dar sus movimientos con el empuje y al compás de Zigor, por mi parte hacía fuerza para que no se saliera de mi culo. Me mantenía firme con el peligro de malograr mi clavícula, pero ya no me importaba nada más que emparedar a Erik entre Zigor y yo con una postura super extraordinaria.

    Noté que la polla de Erik comenzó a tener sus espasmos, pero él solo decía un «ah, ah, ah, ah» sin más aliento para expresar frases y tras esto no tardó en correrse, algo cayó dentro, pero como no se cuidó de no salirse, me echó casi todo su esperma por encima de las nalgas. Al, instante se escucha con la voz de Zigor:

    — Me voy, me voooy, me corro, me corrooo…

    Y suspiraban los dos, se cayó Zigor sobre Erik y ambos me aplastaban contra el piso, me volví, los empuje al lado y me puse de cara al techo, levantando mis nalgas que me notaba mojadas. Zigor salió del culo de Erik y se vino a mamar mi polla que ya estaba para reventar. Se acercó también Erik y entre los dos me la mamaron hasta que grité:

    — ¡Aaagh! ¡Ahí yaaa… va…!

    Toda mi lefa se la llevaron sus caras y sus bocas. Levanté mi mano, tiré del brazo de Zigor y se vino a mi rostro, yo le lamía mi lefa de su cara y en un potente beso la degustamos, pasando de boca a boca sin parar antes de tragarla. ¡Qué rica la lefa adobada con saliva de dos! Pero luego fue de tres, porque Erik no quiso quedarse atrás bajo la mesa en el festín de mi leche, que les pareció rica. Leche de polla con tres salivas y batida por tres lenguas podría ser un cóctel que con gin o vodka sabría a gloria, seguro.

    Cuando le conté esto a Lorenzo, me sorprendió, porque la siguiente vez que follamos, una vez ido su hermano, me hizo mezclar semen suyo y mío con nuestras salivas y depositamos ambos bocados de lefa con saliva en un vaso preparado con vodka. Lo probamos y no nos disgustó, el sabor es único, incomparable, era muy nuestro. Sorprende Lorenzo porque cada parida que suelto por mi boca tiene que ponerla en práctica: las cosas del amor son un gran secreto y un gran misterio. Lorenzo sabe amar y con creces, por eso se alegró cuando se fue Erik, que no es gay sino bisexual o pansexual o un aprovechado que dice Lorenzo, porque le va todo. Lorenzo solo quiere ser para mí y que yo sea para él, hemos admitido de buen grado a Zigor y Mauro, porque saben respetar lo nuestro, como nosotros respetamos lo suyo.

  • Me tiraron sentada en un taburete

    Me tiraron sentada en un taburete

    La pasada noche estuve sola en mi departamento, y como siempre vestida de mujer, en eso suena mi puerta y rápidamente me coloco un deportivo y me pongo mis sandalias ya que no me dio tiempo para colocarme mis tenis o zapatos, fui abrir la puerta de mi departamento y me encuentro con el conserje del edificio donde vivo, y me pregunta sobre si era posible poder obsequiarle un poco de azúcar para tomar su cafecito, yo no me hago problema y tomando su azucarera paso a la cocina y la lleno de azúcar y le entrego para luego despedirnos, no sin antes agradecerme por el favor que le hacía, todo paso normal aunque pude observar que me veía con bastante atención al momento de despedirse.

    Desde ese día, la forma de tratarme de parte de él era bastante cordial y excesivamente delicada, yo pensaba que era por el favor que le hice, y que no puse mayor atención y desde ese día él siempre deseaba entablar una charla más alargada conmigo, me daba su mano con mucha delicadeza e intentaba acariciarla, otra cosa que me llamó bastante la atención era su mirada, cuando nos encontrábamos me veía todo mi cuerpo y al momento de despedirnos siempre me acompañaba con su mirada hasta que desaparecía en el ascensor, esta situación a un principio me incomodaba bastante, pero con el pasar de los días se fue volviendo normal y me sentía bastante alagada.

    En una oportunidad, cuando llegaba al edificio me solicitó que le pudiera apoyar con el movimiento de un mueble de su sala y se trataba de un pequeño bar, el mismo que tenía tres taburetes, todos ellos de madera y muy elegantes, hicimos el trabajo juntos y aprovechó para invitarme un refresco, el compartimos y nos pusimos a conversar de todo un poco, la verdad que íbamos construyendo una bonita amistad, me contó de su trabajo en el edificio y de las características de cada uno de los inquilinos, que había de todo un poco, en ello me insinuó que habían algunos vecinos con ciertas opciones sexuales fuera de lo normal, a lo que yo le respondí que hoy en día existe la plena libertad para realizar la opción que cada uno desea y que además eran personas con todos sus derechos para realizar la opción sexual que deseen, el tema me intrigó bastante ya que yo era una de esas personas que no se sentía satisfecha, de cómo había nacido y que mi inclinación era ser y vivir como una persona de sexo contrario, así conversando, le felicite por el barcito que se había comprado y sin pensarlo, le dije que cuando se va a estrenar el mueble y que era necesario challarlo para que le pueda durar bastante, él me respondió, que un fin de semana iba a invitarme a poner en funcionamiento en bar a lo que yo me comprometí a obsequiarle algunas botellitas de bebidas para llenar el bar.

    Era un fin de semana, día viernes, último día de laburo, saliendo del trabajo me fui a un cine porno y disfrute de dos películas bastante atrevidas, que me excito bastante, al llegar a mi edificio encuentro al conserje parado en la puerta del mismo y nos ponemos a conversar, yo le conté que había ido al cine y es por ese motivo que venía un poco tarde, él muy caballero me invitó a pasar a su departamento y pude observar que el bar lo tenía casi lleno y los taburetes se encontraban frente al bar, muy bien arreglados, me propuso tomar una copa de wisky, a lo que yo acepte con mucho gusto, yo me senté en uno de los taburetes y él se fue por dentro del bar haciendo a la vez de garzón, sirvió dos copas de wisky, me lo paso y empezamos a tomar, luego vino otra copa y otra, hasta que estuvimos un poco mareado, pero la conversación era ágil, y entretenida, hasta que llegó el momento que me dijo que desde hace un tiempo atrás me quería hacer algunas preguntas sobre mi vida personal, a lo que yo le dije que rompa su timidez y que se pueda abrir conmigo sin ningún problema, sin saber que me estaba hundiendo en mi propio laberinto, en eso me dijo que el día que me solicitó que le regalara un poco de azúcar él había puesto su mirada en mis pies y pudo ver que llevaba una medias nylón, lo que le había llamado la atención y desde esa vez intentaba tratarme como un mujer, esta declaración me trajo a la memoria el buen trato delicado que me brindaba y era la respuesta a muchas interrogantes mías y empezaba a comprender toda esta nueva situación, tal como me había comprometido él iba a encontrar respuestas a todas las inquietudes que tenía, yo, no sé, tal vez por los tragos que habíamos consumido, o por cierta atracción que sentía hacia el conserje, le declaré que tenía una opción sexual de travesti y que me gustaba mucho vestirme de mujer y sentirme como tal, y que inclusive en ese momento llevaba ropa íntima de mujer y que lo hacía permanentemente, en eso él empieza a acariciar mi mano con mucha delicadeza y sensualidad, yo le pregunte si tenía algún problema con personas como yo, me respondió levantando mi mano y brindándome un beso en la misma, por lo que supuse que se trataba de una insinuación directa a lo que no me hice ningún problema y me propuso que si nos podíamos hacer llevar por nuestros instintos, simplemente le propuse que me permitiera ir a mi departamento y poder tomar algunas prendas mías para poder continuar con nuestro idilio que empezaba, él acepto la propuesta y nos pusimos manos a la obra. Fui a mi departamento tome unas ropitas mías, mi estuche de maquillaje y una peluca larga que llegaba hasta mi cintura, y retorne a su departamento como un rayo, pase a su baño y me quite la ropa de varón que llevaba encima y me quede con mi ropa íntima de mujer que por cierto, no sé por qué, ese día llevaba, un corpiño de seda de color negro, una portaligas y medias nylón negras y un calzoncillo negro, que cubrían mis redondos glúteos, en cima me pude un vestido negro y mías zapatillas con tacos de 7 a 8 centímetros, lo que alzaba mucho más mi rico culo y formaba mis piernas, tengo mis pechos bastante creciditos y el vestido tenía un escote bastante considerable que permitía ver mis senos, luego me pude el respectivo maquillaje, me pinte mis ojos y labios, lo que hacía de mí una verdadera dama, salí a la sala, lo que le provocó una fuerte reacción al verme vestida de mujer, volví a sentarme en el taburete del bar y él continuo detrás del mostrador del mismo y retomo la situación anterior, me tomo nuevamente de la mano y empezó a acariciarla con mucho cariño, lo que me llamó bastante la atención, ya que su comportamiento era de un verdadero caballero, luego empezó a subir sus labios por mi brazo hasta llegar al hombro lo que hizo que yo me acercara más a él y nos propinamos un beso tierno y sensual.

    Así estuvimos por un largo rato, besándonos y habíamos declarado nuestra atracción mutua, y nunca descuidábamos seguir tomando nuestras copas, la escena se venía poniendo cada vez más caliente y el vino a mi lado y tomándome de la cintura empezó a acariciar mi cuerpo, especialmente mis caderas y mis glúteos lo que me hacía estremecer todo mi cuerpo, yo le tome del cuello y no quería soltarle para nada, en eso él baja su mano hasta mi rodilla derecha y empieza a subir conjuntamente con el vestido que llevaba, hasta llegar a mis entrepiernas lo que hace que yo abriera más las mismas, eran besos muy sensuales, eróticos y explícitos, nuestras lenguas se cruzaban y compartíamos nuestras salivas, y mi hombre no se cansaba de manosear mi cuerpo con mucha delicadeza y al mismo tiempo cierta fuerza para que yo sintiera sus caricias, una vez su mano entre mi entrepierna el empieza a jalar mi tanguita hasta sacármela por completo, para poder hacerlo, se arrodilla, lo que aprovecha para empezar a besar desde mis rodillas para arriba y me decía que las medias que llevaba le hacían sentir mucho más excitado y arrecho, yo fui abriendo cada vez más y más mis piernas hasta que s boca llegó a mis entrepiernas e hizo a un lado mi miembro para sacar su lengua e intentar llegar a mi culito, cosa que me puso como loca, estaba intentando pararme pero el con un gesto y sus manos me lo impidió, más bien él se paró y se puso detrás de mí, y siguió besándome mi cuello, posesión que le permitió poder acariciar mis tetas con mucha más lujuria yo sentada en el taburete no sabía que es lo que se proponía, en eso siento que con sus manos sube todo mi vestido hasta mi cintura quedando mis caderas y mi culo al aire y a plena disposición de mi macho, sentada en el taburete tenía el culo al aire libre, ya que en ese momento ya no llevaba mi tanga, y el combinaba sus caricias con mis tetas y a momentos acariciaba mis caderas que las tengo bien pronunciadas y mis nalgas, yendo poco a poco a acaricias mi culo con sus dedos, mojando con su saliva mi hoyo, e introduciendo su dedo mayor a mi culito, a objeto de empezar a dilatarlo, así estuvimos por bastante tiempo, yo deseaba cambiar de posesión, pero él no me dejaba, realmente estaba disfrutando de esa posesión él deseaba tenerme con el culo al aire y bastante salido del taburete, lo acariciaba con bastante sensualidad y realmente era lo que le gustaba y me dijo que siempre había fantaseado con esa posesión, por lo que a mí también me empezó a gustar dicha situación, tener su dedo en mi hoyo y sentir sus caricias por todo mi cuerpo, en eso me anime a bajar mi mano derecha hacia su pene y lo sentí que lo tenía bien parado y duro, lo que le excitó mucho más mis caricias y apretó su cuerpo al mío y sentí en mi culo su hermosa verga y la movía con mucha fuerza, lo que me excitaba bastante y me hacía sentir en las nubes, estaba terriblemente excitada y sentía que mi hombre estaba decidido a penetrarme en eso siento que se desabrocha su pantalón y calzoncillo y brota su verga dura, grande y venosa y mi culo la siente con mucho agrado, lo que me hace enloquecer mucho más, como mi culo ya estaba dilatado por el arte de sus dedos el hombre empieza a intentar metérmelo, pero existe un poco de resistencia por el tamaño de la verga para un agujero tan pequeño, pero por la insistencia que realiza logra ingresa su verga a mi culo abriéndose paso por dicho canal, realmente esta situación me hace gritar por el dolor que me causa y le rogué que parara un momento hasta que mi hoyito se pueda acostumbrar a semejante intruso, inclusive el dolor causado me sacaron lágrimas, el dolor era infernal, estuvimos paralizados por un largo momento el mismo que aprovechamos para besarnos nuevamente haciendo un esfuerzo para llevar mis labios hasta los suyos, y nuevamente nuestras lenguas se volvieron a encontrar y poco a poco empieza a mover su verga y empujar para poder penetrarme totalmente, en eso el dolor se fue convirtiendo en placer y realmente sentía lo rico que es tener una verga en mi culo, y él empieza a moverse y a jugar con el saca y mete y me susurra al oído que me había penetrado totalmente yo para comprobar dicha situación palpo con mi mano su verga y realmente estaba totalmente ensartada, tenía mi culo sobre el taburete y por detrás mi hombre parado me venía culiando de lo rico, sentía su respiración agitada y yo gemía como una verdadera hembra, así estuvimos culiando por mucho tiempo, sentía que mi macho me partía en dos, pero al mismo tiempo sentía que la posesión por la que optemos era la mejor, ya que permitía que su verga ingresara hasta mis entrañas, la sentía toda adentro, y con mucha más facilidad, la sentía con una sensación enteramente fenomenal, al poco tiempo mi hombre me pregunto que por dónde la quería en ese momento no deseaba que la sacara por ningún motivo por lo que le roge que terminara en mi ojete y deseaba su leche tenerla en mis entrañas, ya habrá otras oportunidades para recibirla en mi boca, lo que él me complació, y empezó con sus movimientos cada vez más rápidos hasta que tomándome de mis caderas me apretó hacia su cuerpo y sentí su leche caliente que inundaba mis entrañas y supe que había terminado y llegado al éxtasis total, completo y sentía su satisfacción, su verga empezó a dormirse y salió de mi culo, dejándolo totalmente abierto y desvirgado, pero aun así no quería que cambiara de posesión él siempre deseaba que mi culo este colgado del taburete del bar, y me dijo que es lo que más había deseado…

    Mi nombre: Elizabeth y mi correo es: [email protected]

  • Confundiéndolo

    Confundiéndolo

    Las circunstancias que se presentan en nuestras vidas contribuyen a realizar acciones que tal vez nunca pasaron por nuestra mente o siquiera pudiéramos imaginar llegarlas a hacer. Después de buscar algunas páginas de confesiones, encontré ésta, donde puedo contar lo que provocaron en mi personalidad dichas circunstancias. Dudé en escribir, dejar para mí estos momentos de mi vida, pero me dio confianza la libertad que ofrece el anonimato, por que a final de cuentas es una confesión, y plasmarla en papel supuso un reto para mí, pues después de contárselo a mi mejor amiga, ésta me propuso que lo escribiera, que reconstruyera este episodio de mi vida.

    Soy una mujer de 49 años, casada, con dos hijos. Mi marido tiene 53 años, llevamos 24 años de casados. Él es abogado, tiene un buffete. Yo soy mercadóloga, recientemente me ascendieron como gerente de mercadotecnia en la empresa donde laboro, después de trabajar como gerente de marca y luego como asistente ejecutiva del director de mercadotecnia. La empresa forma parte de la industria farmacéutica.

    Para quien conozca este giro debe saber el ambiente social que caracteriza a este tipo de empresas respecto de sus relaciones con los demás y la importancia de la imagen personal. Por ejemplo, es casi una exigencia estar bien presentada, arreglada, bien vestida. Aunque no es obligatorio, la empresa recomienda que las mujeres usemos trajes sastre y en mi caso más ahora con el nuevo puesto que tengo. Ellos de traje, o con saco y corbata, recomendando el uso de camisas blancas.

    Creo ser una mujer atractiva. Me conservo bien, a pesar de mis casi 50 años, pues a pesar de lo demandante del trabajo, me doy un espacio para realizar ejercicio durante tres o cuatro días a la semana, asistiendo a un club cerca de mi domicilio; soy muy cuidadosa en mi alimentación y en mis hábitos. Soy conservadora en mi vestimenta, generalmente mis faldas o vestidos los llevo debajo de las rodillas, con pantimedias, nunca sin ellas, pero eso no impide que se rebele mi figura, sobre todo cuando me pongo zapatos con tacón alto pues soy alta: tengo caderas anchas, soy acinturada y mis piernas están bien torneadas, de lo que sí carezco es de un busto grande, más bien es pequeño. Mido 1. 74, soy blanca, con el pelo color castaño.

    Creo que por mi estatura y la personalidad que transmito, no soy una mujer que pase inadvertida. Siento la mirada de los hombres, antes me incomodaba y ahora, no lo niego, me gusta, a qué mujer no le complace, pero lo tomo como un halago, siempre y cuando no sienta acoso o me sienta incómoda o me digan palabras con doble sentido. En el trabajo me enteré que decían en los pasillos que era una Milf, no sabía por qué, hasta que indagué su significado y me quedó claro. Soy una Milf y me comporté o me estoy comportando como una Milf.

    Por lo anterior, cuando se presenta la situación, soy coqueta pero generalmente mi personalidad es seria y no doy motivos para otras cosas, pero puedo disfrutar cómo los hombres se llegan a poner nerviosos por mi personalidad, por lo que pocos se han atrevido a intentar seducirme y cuando lo insinúan encuentran mi negativa y terminan por retirarse.

    La relación con mi marido ha tenido, como en todos los matrimonios, sus altas y sus bajas. Nunca le he sido infiel. He tenido pretendientes, obvio, por mi trabajo y la relación que entablo con ellos, pero nunca he llegado a más, ni siquiera he aceptado una invitación que no tenga que ver con el trabajo, aunque luego la disfrazan. Sé lo que pretenden, y sé que se molestarán muchos al leer lo siguiente: en estos asuntos los hombres son predecibles. Nunca he querido ser una conquista más para los que persiguen una aventura.

    Por otro lado, no niego que, después de tantos años de matrimonio, la relación se desgaste y el deseo decaiga, además de la edad, pero esto no implica que busque o haya buscado aventuras o algo parecido. No digo nunca, uno nunca sabe lo que le depara la vida y no sabes qué personas se pueden cruzar por tu vida y alterar tu confort o seguridad.

    En estos años de matrimonio nunca sentí o descubrí que mi marido me engañara, tal vez lo habrá hecho pero nunca me di cuenta, si es que así fue, sin embargo, en algunas etapas de nuestro matrimonio mi marido ha pretendido ponerle chispa al mismo y me ha llegado a decir, en los momentos de intimidad, si me gustaría estar con otro hombre, yo le pregunto porque me dice esas cosas y solo responde que le excita imaginarme disfrutando con otro hombre; no lo entiendo, yo le digo que no.

    También me ha propuesto que diga cosas “sucias” en la cama o que le confiese si tengo fantasías sexuales y cuáles son. O si alguna vez le he sido infiel o lo he pensado o si coqueteo en el trabajo con los hombres. También me proponía que me vistiera menos recatada y “enseñara más”, pero no lo podía hacer, me costaba trabajo.

    Sí, son más de 20 años de matrimonio, sin embargo, puedo decir que mi vida sexual ha sido satisfactoria, y que a estas alturas la aceptó como es. Ya sin tanta pasión o deseo, rutinaria. Sé que ya no es igual, las relaciones son menos frecuentes. Tal vez mi marido quiera algo más y no se sienta satisfecho, no lo sé; más bien creo que los hombres son diferentes en ese sentido. También empezó a decir que la monogamia no era natural y otras cosas por el estilo.

    Hace unos meses empecé a notar diferente a mi marido, me dio la impresión de que estaba saliendo con otra mujer y creo que por eso la razón de preguntarme esas cosas en la intimidad, como la de proponerme estar con otro hombre. No sé si se sentía culpable o qué. Ni por agradarlo le respondí positivamente, me parece perverso. Decía que percibo que sale con alguien por una serie de cambios que ha manifestado, como llegar tarde a casa, arreglarse más o salir de viaje por más días de lo normal.

    Una mujer posee la intuición para sentirlo y saber diferente a su pareja, sobre todo, después de tantos años de conocerse. Lo he observado cómo está pegado al teléfono, escribiendo y leyendo mensajes como adolescente. Nunca se separa del teléfono, hasta cuando se mete a duchar, en una ocasión entré al baño y vi como recibía mensajes, pero él se percató de mi presencia y salió inmediatamente.

    Sin poder constatarlo al 100% me empecé a sentir mal, dolida, deprimida, no lo enfrenté directamente, tal vez ese fue mi error. Con el ascenso al puesto sustituí lo que me pasaba, pues para mi desarrollo profesional fue muy importante el puesto que tengo. Así que empecé a distanciarme un poco de él, y manejé mi molestia de otra manera, no discutiendo ni pidiéndole el divorcio (a estas alturas, me decía, sería absurdo, los hijos, la casa, etc.), mucho menos buscando una venganza siéndole infiel con otro hombre, como sí sé que lo hacen muchas mujeres, aquí les puedo decir que cada vez más mujeres engañan a sus maridos y sobre todo con hombres jóvenes. Y ellos ni cuenta se dan…

    Mi plan fue otro, y de acuerdo a mi formación de mercadóloga, me plantee ser estratégica, provocándole cosas, como la incertidumbre y la confusión. Empecé a cambiar yo misma, con esfuerzo, aunque contribuyó el ascenso y sus implicaciones en mi autoestima, por ejemplo en lo exterior, me pinté el cabello, empecé a vestirme más provocativa, con faldas y vestidos arriba de la rodilla, ajustados al cuerpo, de colores llamativos, comprándome nueva ropa interior, no tangas porque no me gustan pero sí más sexis, como las de Victoria Secret.

    Empecé a llegar tarde a la casa. Al club empecé a ir en leggins ajustados y en colores color pastel o blancos. Generalmente mi marido no es celoso, pero sí me preguntó porque me estaba vistiendo así (a pesar de que antes me lo proponía), le dije que por el nuevo puesto y por los compromisos que llegaba a tener como comidas, desayunos o reuniones de trabajo y que los leggins para hacer ejercicio los había comprado por sugerencia (una mentira) de mi nuevo instructor en el gimnasio.

    Lo desequilibré, no sabía qué decir. Lo empecé a sentir diferente, desubicado, pues también en ocasiones lo llegaba a rechazar deliberadamente cuando deseaba tener intimidad. Le decía que estaba cansada o que mi apetito sexual iba a la baja o que la menopausia, siempre tenía excusas, pero al mismo tiempo lo provocaba arreglándome más y de manera diferente a como era antes.

    Esto lo empezó a poner mal, así lo sentía y a pesar de esto, sentía que continuaba con su aventura, luchaba contra su propio ego. Ahora que hacía lo que me había propuesto antes, como la vestimenta, no lo estaba procesando.

    Pero hubo un evento que lo dejó atónito y que preparé en mi imaginación detenidamente. Se programó la convención anual de ventas de la empresa, cuatro días tres noches, en un resort, en la playa. En algunas ocasiones llegó a acompañarme o llegaba el último día y aprovechábamos algunos días de estancia. Me preguntó si no quería que me acompañara, le dije que iba a estar muy ocupada, por mi nuevo puesto y que no podría dedicarle el suficiente tiempo. No insistió mucho, supongo que quería aprovechar mi ausencia para irse tranquilamente con su amante.

    Llegó el día del viaje. Esa noche no dormí bien, pues repasaba una y otra vez mi plan, para ejecutarlo como lo había planeado y no descuidar ningún detalle.

    Le pedí que me fuera a dejar al aeropuerto, que no quería irme sola en Uber. Ese día amaneció radiante, como yo lo esperaba. Me metí a la ducha y me afeité el pubis al bañarme, salí de ducharme y me desnudé de manera deliberada frente a él; me miró en conjunto y detuvo su mirada en esa parte de mi cuerpo, le llamó la atención mi pubis afeitado, no dejó de mirarlo pero no me preguntó nada. Desnuda me puse crema y perfume, luego, como excepción, una tanga espectacular que me había comprado y que él no me había visto.

    Luego me puse un vestido blanco, que estrené ese día y lo escogí cuidadosamente para mi plan, ceñido en la parte superior y un poco suelto hacia abajo, corto, cinco dedos arriba de las rodillas, llegué a dudar en comprármelo pues para una mujer de mi edad estaba muy corto, no me puse brassier y por supuesto me puse unos tacones altos, de cinco centímetros, por lo que llegaba casi al 1. 80. Mi marido mide 1.85. Me recogí el cabello y procedí a maquillarme.

    Sentía su mirada, mientras él se vestía con un pants para irme a dejar ese sábado. No dejaba de mirarme, luego se acercó a mí por atrás y me abrazó, sentí su miembro en mis nalgas, moví un poco mis caderas y sentí como crecía su miembro, me gustó esa sensación y en unos instantes tenía esa cosa restregando mis nalgas, dura y grande, pues mi marido está muy bien dotado. Lo sentí excitado, me besó el cuello y me dijo que olía muy rico, que le parecía excitante mi pubis sin bellos.

    Me llevó a la orilla de la cama, me dejé llevar, después me pidió que subiera mis rodillas en la orilla de la cama (ya sabía lo que quería), lo hice, me hice hacía adelante y recargué las palmas de mis manos en la cama, en cuatro, como dicen, como tantas veces me ha puesto así en más de 24 años de casados; entonces subió mi vestido y sentí sus ojos contemplándome en esa posición, yo me incliné más hacia adelante para que se agrandarán mis caderas y se excitara más. Luego acerco su bulto a mis nalgas y me lo restregó. Sentí sus dedos y sin ningún trabajo, hizo a un lado la tanga y empezó a acariciarme, para luego intentar deslizar su dedo en mi vagina, pero le dije que estaba reseca.

    Fue al cajón y buscó el gel que usamos cuando tenemos relaciones (aquí hago un paréntesis para decir que estoy casi en la menopausia y que estar reseca es común en las mujeres de mi edad) pero yo dejé de estar en esa posición, me bajé el vestido y le dije que no había tiempo, que ya se me hacía tarde, que tenía que llegar con anticipación al aeropuerto. El accedió, pero molesto, me dijo que estaba muy excitado por cómo me veía y que lo había dejado a punto.

    Le pedí la caja del gel, la tomé en una de mis manos y nos bajamos al comedor. Desayunamos rápido y le reitere mi urgencia de llegar, pues me tenía que encontrar en el aeropuerto con el nuevo asistente ejecutivo de la dirección de mercadotecnia, recién contratado. Él asumió este detalle sin ninguna importancia.

    En el trayecto al aeropuerto, en el automóvil, sentada en el asiento del copiloto, mientras manejaba, crucé mis piernas, me decía que se me veían muy bien, mejor que con pantis, así desnudas, yo simplemente le respondía que gracias pero que las tenía muy blancas, que les faltaba sol. Luego me las tocó y las acarició con una sola mano, pues con la otra mano conducía; yo dejé que lo hiciera pero de reojo miraba cómo crecía su miembro en el pants.

    Me agradó, entonces acerqué mi mano izquierda, toqué suavemente su miembro y después lo masajee un poco. Estaba sumamente excitado. Retiré mi mano y le dije que tenía muchas expectativas con la nueva adquisición que había hecho la empresa, que era un joven de 40 años, con mucha personalidad, con iniciativa y que además yo había tenido que ver con la contratación. Me preguntó si era guapo, le dije que más o menos, pero que era atractivo, atlético y lo más importante, estaba joven, con mucha energía.

    Llegamos a la terminal aeroportuaria, le dije que no hacía falta que entrara en el estacionamiento, que me dejara en la línea aérea pues ya me esperaba este joven con el pase de abordar, pues ya había realizado el chek in digitalmente.

    Nos despedimos con un beso y me acaricio nuevamente las piernas pero intentó meter su mano entre mis piernas y tocarme en medio de ellas, lo dejé que lo hiciera, mientras le sacaba el miembro de sus pants y le pasé mi lengua por su glande, luego metí toda la boca. Me dijo que siguiera, yo me detuve y le dije que ya me tenía que ir.

    Entonces me separé de él y le dije que me incomodaba un poco la tanga que traía puesta, pues no estaba acostumbrada; abrí mi bolso y le mostré que traía otra, más cómoda, la miró y se sonrió, pero ya no tanto cuando vio que traía el gel para lubricar en mi mano y que “aventé” en el bolso con una sonrisa pícara. Me quité la tanga y se la puse en sus manos. Le toqué nuevamente el miembro y le dije que se le notaba mucho el bulto, se rio y me dijo “es que tú lo provocas”.

    No creía lo que estaba haciendo. Estaba sorprendido, sin saber qué decir o hacer. Le dije que la otra me la pondría en el baño del aeropuerto. Se bajó del auto y camino hacia el maletero, lo abrió, sacó mi maleta y me la dio, quiso abrazarme, yo me hice para atrás y le di un beso en la mejilla. Me despedí diciéndole “te envió un mensaje cuando esté a punto de abordar”.

    Me puse mis gafas oscuras, en esa mañana soleada y emprendí el camino hacia la terminal, con mi vestido blanco de algodón, corto, con mis tacones de 5 centímetros, sin ropa interior y moviendo un poco de más mis caderas. Voltee a mirarlo, se subió al auto y me siguió con la mirada, voltee un momento a verlo nuevamente y encontré un rostro irreconocible, confundido.

    Más tarde le envié el siguiente mensaje: “Ya estoy en el avión, a punto de despegar…” y él me respondió “Que tengas buen viaje, sigue tu imagen en mi mente, con ese vestido blanco y tus piernas cruzadas en el asiento, me dejaste muy excitado, si vieras mi bulto…”. Yo le respondí “Pues parece que lo mismo le sucederá a mi asistente, quien va sentado a mi lado y de forma discreta no deja de mirarme de reojo las piernas.

    Como yo también le veo de reojo su entrepierna y cómo va creciendo su bulto. Pero no te preocupes, él no imagina algo que tú si sabes: que no traigo ropa interior, bueno, hasta ahora no lo sabe… no sé si ir al baño del avión y ponerme los calzones. Que me sugieres?”. Despegó el avión y activé mi teléfono en modo avión.

  • Cuando ellas te abren la puerta como comerles su macho

    Cuando ellas te abren la puerta como comerles su macho

    Nunca creí estar así de excitada, pensando e imaginando, donde nos tocará la próxima vez con Aníbal, es que lo de este viernes fue tan inesperado como excitante.

    Ese viernes con Mikaela salimos tarde de la oficina, ya que nos quedamos a terminar de organizar la agenda de nuestros jefes, quienes a partir del lunes tienen un congreso de abogados en Buenos Aires, al cual yo los voy a acompañar como secretaria.

    Fuera en la puerta, estaba Aníbal esperando a Mikaela en su auto. Me acerqué a saludar, y en cuanto lo vi nuestras miradas dijeron todo, le sentí ganas y supe que el también. Me saludó por la ventana, a la vez que dijo: «Mika que te parece si llevamos a Manuela, que es tarde?». Mikaela tomándome de la mano, contesta: «Sí claro, es genial además nos queda de camino»

    La realidad me venía muy bien que me alcance al apto y me copaba la propuesta, pero de cumplido conteste: «No, no sé molesten, yo voy sola, no los quiero retrasar». Abriéndome la puerta Mikaela insistió: «Dale nena, no te hagas rollo. Aníbal te lleva, pero primero me dejan a mí en el club, en 5 minutos comienza zumba y no me lo quiero perder, después te deja a ti, así que sube vamos»

    Para mí pensé que esa sería una linda oportunidad, para intercambiar con Aníbal sobre aquella noche, que abruptamente se cortó cuando había empezado muy bien.

    Entonces me senté atrás, y comenzó el viaje, Mikaela no paraba de hablar, mientras Aníbal cada vez que podía me miraba por el retrovisor y me hacía sonrojar. Llegamos a la puerta del club, Mikaela le plantó un besote a Aníbal y bajo del auto, yo pasé delante.

    «Chau amor, te vengo a buscar o vuelves sola?» le consultó Aníbal

    Tiernamente Mikaela le suplico «Ay!! gordo, si no te jode ven a buscarme en una hora» y luego me despidió: «Chau chau, suerte el lunes en buenos aires, que no te hagan trabajar mucho y puedas conocer la city»

    «Veremos qué pasa a la vuelta te cuento, igual estamos en contacto por email, beso y suerte con esa zumba» le contesté ya delante junto Aníbal.

    Ni bien arrancamos y sin preámbulo alguno, Aníbal dijo: «Ya ves tenemos una hora, para matarnos en el telo, vamos verdad?»

    Les confieso que si bien estaba un poquito caliente con las miradas cómplices y recordando lo excitante de nuestro encuentro en aquel baño, no me esperé esa propuesta tan directa, me sorprendió y le conteste: «Pero estás loco, lo nuestro casi fue un permitido aquella vez, no estoy preparada, sería engañar a Mikaela con qué cara la voy a mirar en la oficina»

    «Y con la misma que la has puesto hasta ahora, porque bien que te gusto que te hiciera la cola y no le has dicho nada, es más aquel día te ganaste toda la confianza Mikaela, sigue pensando que nada paso» me consto poniendo su mano sobre mi muslo alzando mi pollera.

    «Pero eso fue muy diferente, yo está preparada y predispuesta» le contesté y el llevando su mano a mis labios en señal de silencio dice «Vamos no me mientas, desde que aceptaste subir al coche hoy estabas predispuesta y no te preocupes porque para estar desnudos en una cama no hay que prepararse mucho, es abrir las piernas, y disfrutar juntos»

    Me le sonreí y me deje llevar respondiéndonos «Eres pero eres un bicho y es verdad que me flasheé al verte, pero no vayamos a un telo, vamos a mi apto». Bajando nuevamente su mano a mi muslo acepto:

    «Excelente, si donde tú digas está, por dónde voy?»

    Lo guie y llegamos a esa altura solo nos quedaban 40 minutos. La conversación venia picante, subimos al ascensor y le tome directo su paquete «Vamos aprovechar cada minuto, adelantemos un poco»

    «Así te quiero como ves ya la tengo dura, vamos, vamos, nena mala» me decía mientas manoseada mis nalgas.

    La puerta de ascensor se abrió y bajamos, cuando fui a abrir me di cuenta que bajamos un piso antes, «Ven vamos por las escaleras que bajamos un piso antes» le dije.

    Las escaleras son cerradas, el abrió y yo pasé, al llegar al descanso, me sujeto la mano y dijo, «porque no lo hacemos aquí, nadie nos molesta no hay nadie» y se desabrochó el pantalón, lo mire fijo pensé unos segundos y me agaché frente él.

    Terminé de desabrochar su bragueta y desprender su botón, y ahí ya acto siguiente meter la mano en su bóxer para sacar allí su pene ponerlo en mi boca y comenzar a chuparle, mientras él abría las piernas y ponía sus manos en mi cabeza, asintiendo y pidiendo que siga, «nena sigue, así te gusta toda chupa, chupa»

    Su pene no necesito más que segundos para ponerse bien gordote y duro, delicioso lo lubrique bien con mucha saliva mientas se lo jalaba con mi mano, mirándole a los ojos, es que muero ver a los hombres así disfrutando hermosamente de la chupada de su verga.

    Yo lo hacía con pasión, era una niña feliz con ese biberón en la boca y completamente llena, sin piedad casi atorada.

    En ese momento no importaba nada más que disfrutarla, sentir como me estaba excitaba toda, mi bombacha humedecerse y estar ahí expuesta con él, su pene en mi boca, las escaleras y el morbo de estar comiéndome al novio de mi compañera de trabajo con la que hasta hacia un rato compartimos oficina, era adrenalina pura. Literalmente mientras ella se ejercitaba con zumba yo ejercitaba a su macho en mis escaleras.

    Ahí mismo, sin permitirme soltar su verga, el con sus manos se metió en mi blusa para tocar y acariciar mis pechos con divina suavidad. El insistía que no me detuviera, yo no tenía pensado detenerme, terminé de bajar su bóxer, para dejar frente a mi cara todo su aparato, el lucia hermoso, con su verga al zenit y sus testículos relajados colgándole, entonces lo mire nuevamente a los ojos y le dije: «Cierra los ojos que te voy a hacer una chupada de huevos tan intensa que seguro tú novia nunca te hizo».

    Levante su pene a un costado y comencé a besar uno a uno sus testículos, y atraparlos con mis labios estirándolos suavemente, eso lo hacía contornearse y clamar más, así como pegar con sus manos mi cabeza a su pelvis, Continué ante una culpándole la toda y fue cuando me pareció que podía venirse que le solté para lentamente he ir subiendo a su cuello quedando cuerpo con cuerpo.

    Tomándole su pene erecto con mi mano, apoyando mis labios en su cuello le susurré al oído:

    «Shhh, que nos van a escuchar, y no puedo más de ganas, quiero que me llenes con tu verga hermosa la vagina, que está de bebé depiladita toda, te gusta verdad?» estaba muy excitada.

    Fue así que me subió la pollera a la cintura y fue quitando mi bombacha, me pidió que me pusiera en un escalón más arriba en 4 patas sobre la escalera, y comenzó a buscar comerme mi almeja con su boca, lo hizo con toda dulzura llevándose todos mis jugos en su lengua, era hermoso pero estaba rabiosa y la quería dentro con urgencia le dije: «eso me encanta, pero ahora necesito que me hagas tuya y te aproveches de mi aquí tu perrita»

    «Entonces quieres verga, vas a tener verga», tomó de su billetera la protección y casi sin esperarlo ya encapuchado, lo tenía dentro.

    Comenzó lento, pero luego me tomo de la cintura me llevó hacía el y comenzó con brutalidad a serrucharme, haciendo que me fuera mojando toda y dejará mis gemidos retumbar en la escalera. «Que nena mala eres, aquí tienes» repetía una y otra vez en cada embestida.

    Ya ninguno controlaba sus sonidos, el placer estaba en nosotros y nada más importaba, saliva mi cola y con sus dedos a la vez que su pene me penetra ahora más suave comenzó a dilatar mi cola. «No sabes cómo extrañaba mi verga este culo, voy a cuidarlo bien, que veo que está divinamente rosadito, aún guardas mi leche ahí? -me decía ya con dos de sus dedos en mi culo dilatándolo.

    «No creo que encuentres de tu semen ahí todavía, pero te puedo decir que hoy me lo quiero llevar todo dentro» y su pene lo saque de mi vagina y lo puse en la entrada de mi ano.

    Posicionado en su lugar sentencie «Lo quiero ahí», como me gusta sin pedir permiso comienzo a meterlo, pero lo detuve y dije «Espera que duele, lubrica poquito más, y ya te lo dije quiero tu semen dentro, quita esa goma que por el culo no me embarazo»

    Decirle eso, fue como soltar a un perro atado, la goma a un lado, abrió mis nalgas acomodo mis piernas en los escalones, y directamente a comerme toda con su boca, escupir y lubricarme, cuando estuvo listo me ensarto por el culo y comenzó divinamente a hacer con él a su antojo colgado de mis caderas me metía y me sacaba su pene, el que yo intentaba apretar para no dejarlo salir y sentir así camas su carne latir en mi cola.

    El muy perro no llegaba más yo me desvanecía de placer sobre los escalones sin importar quien escuchara mis quejidos y gemidos, yo estaba disfrutando, fue cuando vino su anuncio y su piernas se entumecieron pego mi cola a su pelvis y dejo que su pene estallara en mi… solo sintiendo nuestras respiraciones agitadas descender lo dejo dentro unos segundos para sacarlo y dejarme llena pronta para una duchita y a la cama.

    Agraciamos nuestro encuentro, acomodo su ropa le alcance una toallita húmeda de mi bolso para limpiar un poco su pene, subió su calzoncillo, pantalón y bragueta, para partir de prisa a buscar a Mikaela. «Por favor de esto nada a Mika» me dice al partir.

    «Por qué le diría, ella es tu novia y mi amiga, y tu lindo touch bebe»

  • Sedúceme, erotízame, poséeme (Mi llegada a casa)

    Sedúceme, erotízame, poséeme (Mi llegada a casa)

    Yo soy Kate, una joven alta, rubia, pelo medio corto, ojos verdosos, guapa, buen cuerpo, buenos senos, una 115 y muy simpática.

    Un día de verano después de desayunar, miré ofertas de trabajo como enfermera y me llamó la atención un anuncio para cuidar a un joven con una lesión medular llamado Cristian.

    En el anuncio ponía un móvil, ni corta ni perezosa llamé y me salió una voz grave pero dulce a la vez y concretamos una entrevista en su casa para su comodidad. Me duché y me puse un vestido negro, ajustado con una abertura en la espalda y con un gran escote en forma de uve.

    Salí de casa y me fui a la dirección de la casa de Cristian y toqué el timbre y salió una mujer de 50 años que me dijo que pasará que Cristian me estaba esperando, yo la seguí hasta un gran dormitorio rosa y una cama eléctrica, dónde estaba un joven moreno, ojos verdosos alto, 1,90cm, barba arreglada, con gafas, complexión normal, hablamos de lo que necesitaba y de mis condiciones y aceptó, pero con una condición por parte de él, que tenía que vivir con él porque era un trabajo de día y de noche, pero yo no me ocuparía de su aseo, porque él manejaba bien los dos brazos.

    Llamó a la mujer le dijo algo al oído y me acompañó a la habitación de enfrente de la de Cristian era un poco más pequeña a la de Cristian de color verde suave con un armario grande, un tocador, una cama y una mesilla de noche.

    Volví al cuarto de Cristian y me acerqué a su cama y le besé en la comisura de sus labios, él se puso rojo como un tomate. Y le dije que tenía que recoger algunas cosas de mi casa y me prestó su coche adaptado para traerlas. En poco más de media hora ya tenía lo más esencial en la casa de Cristian ya colocado y ordenado en mi nuevo cuarto.

    Acto seguido, le ayudé a la mujer a preparar la cena para llevársela a Cristian y después se la llevé, le puse la bandeja encima de la ropa de cama y él cogió los cubierto y le vi cenar sentada al lado de la bandeja, mientras que de vez en cuando me miraba el escotazo que lucía yo ese día.

    Cuando acabó, retiré la bandeja y vino la mujer, que poco después sabría que era su nana de pequeño y después, Cristian me dijo que le sacará del armario una camiseta y un pantalón corto y que le ayudase a ponérselo. Él me ayudaba a vestirlo tenia cuerpo bien definido sin apenas vello y muy suave al tacto y yo claro no me pude resistir a rozarle sus tetillas con mis yemas que al él no le desagradó.

    A continuación le quité el vaquero que llevaba y cuando vi su miembro me puse roja no por ver un miembro sino por el estado en el cual se encontraba, estaba morcillona y cuando se la rocé sin querer con mis manos esta se alzó imponente y me puse orgullosa de que le provocara el empuje final a su erección y que con suma delicadeza oculté en el interior de su calzoncillo que usaba para dormir.

    Después de eso le ayudé a taparse otra vez, y le da un beso de buenas noches en la frente, me agaché apropósito para que él también tuviese una buena y última imagen del día. A continuación, medio cerré su puerta y apague la luz mientras le lanzaba un beso con mis yemas sobre los labios.

    Abrí la puerta de mi nueva habitación y me fui desnudando poco a poco y puse el vestido encima de la cama, me envolví con una toalla rosa y me dirigí a la ducha, pero me di cuenta de que no sabía dónde se encontraba y fui a la habitación de Cristián y llamé con los nudillos a la puerta y me contestó con un sí, con su voz grave y le pregunte que dónde estaba la ducha, Cristián al verme con sólo mi escasa toalla, que casi no me tapaba nada, quedó varios segundos quiero y mirándome de arriba a abajo y cuando reaccionó dijo que estaba al final del pasillo girando a la derecha. Le di las gracias y me fui de su habitación, no sé lo que me pasaba que cada vez que Cristián hablaba yo me ponía algo excitada y cachonda.

    Entré en el baño, me quité la toalla y me metí en la ducha, abrí la llave del agua fría y cogí la alcachofa y la dirigí directamente a mis duros y excitados pezones para calmar un poco mi calentura, los amasaba, pellizcaba y fingía que cada gota de agua fría era una caricia de la lengua de Cristián sobre ellos. Después de eso, me «limpie» bien mi coñito y disfruté de varios orgasmos en la ducha y me volví a intentar a cubrir mi voluptuoso cuerpo con la toalla y me puse rumbo a mi cuarto pero me detuve al oír gemidos provenientes del cuarto de Cristián y entreabrí la puerta y vi como Cristián empezaba a masturbarse con una mano que con la otra retiraba para atrás la ropa de cama.

    Como el calzoncillo tenía una abertura central con un único botón, pues se quitaba fácilmente con una mano. Ya la tenía algo morcillona y se masturbaba lentamente, tomándose todo el tiempo del mundo en cada pasada de su mano para recorrer esos 15 cm de polla y ese glande grueso que empezaba estar muy bien lubricado por las primeras gotas de líquido preseminal. Yo me quedé viendo como Cristián se daba placer y repetía mi nombre entre gemidos, eso me chocó un poco porque nos acabábamos de conocer y ahora se estaba pajeando diciendo mi nombre, pero a la vez me gustaba que lo hiciese, porque me daba morbo que alguien como él me tuviese en cuenta en sus fantasías eróticas y en sus «manualidades».

    De pronto y sin hacer el mínimo ruido, abrí la puerta y dejé caer la toalla al suelo, Cristián me miró, y paró su mano y me acerqué y me incliné mi cara hacia su glande lubricado y pasé mi dedo índice izquierdo por su glande y recogí una gota de líquido preseminal y me lo metí en mi boca, saboreándolo bien y después le di un beso en el glande y le dije que era mejor que guardara esa leche caliente para el desayuno que me sabría mucho mejor.

    Cristian me pidió que le quitara el calzoncillo porque tenía mucho calor y se lo quité y lo volví a tapar y recogí la toalla y me fui a mi cuarto, me puse una camiseta gris y un culotte blanco y me acosté y me dormí rápidamente.

    A la mañana siguiente, me despertó el aroma de cappuccino recién hecho me hizo levantarme como un resorte y fui directa a la cocina. Cuando entré en ella vi a Cristián ya vestido y desayunando y encima de la mesa de madera había dos jarritas de barro en una había mermelada de fresa y en la otra había miel y Cristián estaba con una tostada untada por una capa fina de mermelada de fresa. Le di los buenos días, y le pregunté que si no prefería la miel y le pregunté el por qué y él me respondió que no era tan dulce como yo.

    Yo me puse colorada y cogí una tostada y le puse miel y me la empecé a comerla, sin darme cuenta, una gota de dulce miel caía por mi labio inferior y Cristián dejó su tostada a un lado y me la limpió con la yema de su dedo gordo izquierdo y se lo chupó mientras que me miraba con esa mirada tan penetrante que me volvía tan caliente. Poco después, le pregunté por la mujer y me dijo que estaba haciendo la compra y tardaría. Yo me levanté, y me subí a la mesa delante de él, y le dije que ahora tendría que probar unos buenos fresones bastante dulces y me quité la camiseta y la dejé caer al suelo de la cocina. Acto seguido, Cristián cogió la jarrita de la miel, y me la empezó a echar sobre mis senos, poco a poco la miel iba cayendo por ellos y Cristián se acercó a mí y empezó a jugar con su lengua sobre mis tetas que hacía que mis pezones se endurecieran rápidamente y en ciertos momentos me los chupaba y eso me hacía derretir de placer.

    A continuación, Cristián empezó a masajear mi clítoris con una de sus yemas, en círculos lentos por encima de mi culotte, que ya se encontraba empapado y me lo quitó despacio y abrí las piernas y Cristián me echó un poco de sirope de fresa sobre mi sexo y lo empezó a chuparlo hasta que me dejó reluciente y satisfecha de tres orgasmos bestiales y al final del tercero me dijo «BUEN DESAYUNO, KATE», mientras que se pasaba su lengua con los restos del sirope de fresa en sus labios.

  • Cartas homoeróticas (VIII): De Janpaul a Mikel

    Cartas homoeróticas (VIII): De Janpaul a Mikel

    Mi querido queridísimo, Mikel,

    Te puedo asegurar que yo tampoco dejaría, además que no podría, solazarme con una muchacha sin estar tú delante. Te doy gracias por quererme tanto. ¡Ay si pudiera estar contigo, cómo te demostraría lo mucho que te quiero! Yo te besaría no pulgada a pulgada, sino cada una de tus células epiteliales.

    He avisado a mis padres que cuando se acabe tu semestre te vas a venir casi un mes aquí y se han puesto tan contentos que me han sugerido que luego vaya yo un mes a estar contigo otro tiempo. Atiende lo que he pensado: como fiestas patrias son el 28 de julio, esa misma semana en cuanto acaben las clases ya te vienes y estas aquí hasta que empiecen tus clases que es como a mediados de agosto. Entonces yo viajo contigo y estoy allá hasta que comiencen mis clases, aproximadamente para mediados o finales de septiembre. Pregúntales a tus papás si están de acuerdo.

    Ya sueño en las barrabasadas que vamos a hacer y cómo nos divertiremos. ¿Te acuerdas lo que nos pasó en Cuzco? Supongo que ya tienes tu cabeza dándole vueltas para recordar. Pues yo recuerdo cada uno de los detalles. Habíamos salido del hotel simplemente a pasear para estar en Cuzco, nada de museos y vistas, sino pasear, hablar con quien se presentara y tomar alguna copa en uno de los bares de la Plaza Mayor —que la gente todavía dice plaza de armas—, justo al lado derecho de la Catedral. Uno de los cocteles que más me gustaron de allí porque fue mi primera vez en tomarlo era el Machupicchu, hecho con pisco acholado y varios jarabes, delicioso de verdad. Sabe mucho a Perú y eso me gusta.

    Como decía salimos por aquella callejuela estrecha y tortuosa, no había gente y era el atardecer. Nos habíamos vestido con un short, sin interiores y una camiseta muy del Cuzco, recuerda que la compramos el día anterior para lo cual salimos a la calle sin camiseta. Enseguida comenzaste a tocarle el culo por encima del short y me gustó porque hice mis pasos muchísimo más lentos y se me ocurrió meter mano por la cinturilla del short y tocarte el culo directamente. ¿Qué gusto me dio el contacto directo de mi mano con tu culo y reaccionó mi polla que tuve que acomodarla para poder caminar bien. Al poco rato ya estaba la punta de mi rabo en el extremo alto, en la cinturilla del short, pero no te dije nada solo que notaba que te gustaba cómo movía mis manos sobando tus nalgas. Pero cuando metí mi dedo índice por tu raja en dirección al ano, sentí tu estremecimiento y entonces metiste tu mano por dentro de mi short pero por delante y te topaste con mi rabo al tope.

    Nos dimos cuenta que aquello no podía seguir así cuando llegáramos a la plaza y había que remediarlo. ¿Te acuerdas aquel portal abierto, cerca de la piedra de los doce ángulos? Nos metimos allí, abrimos nuestro short, yo mis cuatro botones y tú el botón el cierre de cremallera, en aquel rincón nos pusimos a masturbarnos, luego yo a ti y tú a mí y dejamos contra la pared toda nuestra lefa. Nos limpiamos con pañuelos de papel y a continuar.

    Llegamos a la plaza, siempre me ha gustado el ámbar de las luces de las ciudades de noche, pero el sabor incaico y andino del Cusco hace que esa luz tenga misterio y allí ante ese misterio de la ciudad no sé por qué me dio ganas de besarte y lo hice largo, muy largo. Sé que algunos nos miraban, pero ha mí me importaba un carajo que nos miraran, tú eras mi misterio y respondiste con tanta naturalidad porque a mi beso reaccionaste metiendo lengua. Qué buen beso aquella noche en la Plaza Mayor del Cuzco, frente a la Catedral y a los soportales. Incluso me arrimaste tu paquete para que lo notara.

    Entramos en el bar, sabíamos que había música y baile, pero estaba silencioso, preguntamos y nos dijeron que era pronto, en “un rato”, me gustó la respuesta. Me pedí mi machupicchu y tú pediste aquella combinación de pisco, nos sentamos. No hablábamos nada, solo nos mirábamos y por nuestras cabezas pasaba toda la película vivida desde el hotel hasta allí. Nuestras caras lo delataban, yo te miraba, tú me mirabas y nuestra cara para los demás debía de ser la de aquel que lo están follando y ya no siente dolor sino puro placer, así me encontraba yo. Estábamos como dormidos en nuestro pensamiento.

    Llegó aquel —cómo se llama, ¡carajo!—, ah, sí, Tyler, ohm…, Tyler Jackson, sí, así se presentó. Tyler nos invitó a un trago y no sabíamos por qué razón, pero al rato conversando nos dijo que venía persiguiéndonos desde el hotel, donde él mismo también se alojaba para intentar hacerse amigo nuestro, pero que no se atrevía porque somos muy echados para adelante, «very cast forward», dijo o algo así, pero que quería estar con nosotros los dos días que estaría en “Cusco”, si no os parecía mal, y no nos parecía mal. Una vez ya te pregunté si te acordabas de Tyler y me dijiste que sabes de él pero no te acuerdas de cómo era.

    Tyler es un chico alto, no excesivamente, pero más de lo común con una bonita melena totalmente rubia, ojos verdes, nariz recta y boca grande, una hermosura, tiene las manos grandes y torpes y por lo que vimos después una polla considerable y un culo duro y redondo, dos medios globos aunque blancos por usar bañador en piscina y mar.

    Como se quedaba en nuestro hotel todavía nos cayó mejor, pues estaba claro que era gay por habernos perseguido y haberlo declarado. Por eso cuando salimos, ya que nadie bailaba, y lo pusimos al medio metió mano en nuestros culos y tú y yo abrazábamos sus nalgas con las nuestras. En principio eso es lo que quería, hacer el guarro en medio de la calle, pero después de otra copa a la que nos invitó y que fueron dos tragos buenos, ya lo teníamos caliente para irnos al hotel.

    Entramos los tres, se nos insinuó y nos lo llevamos a nuestra habitación donde lo primero que hicimos es quitarnos toda la ropa y él hizo lo mismo. Un suave ruido de lluvia y nos asomamos a la ventana, estaba lloviendo y cada vez más fuerte. Pensamos en la suerte de habernos venido ya y lo celebramos con un poco de whisky, tu y yo bebíamos de un vaso y Tyler con el otro.

    Nos metimos a la cama y formamos un triángulo para mamar nuestras pollas, me tocó Tyler para mamarme y tú lo hiciste disfrutar a él. Luego nos pidió una sorpresa para nosotros, quiso que los dos lo penetráramos a la vez. Tuvimos que dilatarla el ano, yo le comía el culo y él suspiraba cuando empujaba la lengua y mientras yo descansaba tu masajeabas su ano con tus suaves yemas de tus dedos hasta que conseguiste meterle tres y luego ibas abriendo tus dedos para dilatar más. Le metí la lengua hasta dentro y Tyler deliraba de gusto. Sujetaste abierto el ano y me puse debajo de él y tú con la otra mano dirigías mi polla adentro, gritó del dolor hasta que sacaste dos de tus dedos, te reemplace el que te quedaba dentro para que metieras tu polla, apenas asomaste, saqué mi dedo y la metiste con tanta fuerza que me hiciste daño a mí, pero Tyler gritó de dolor y le comías con mordiscos el cuello y la espalda.

    Nos quedamos los tres quietos hasta que Tyler recuperó la respiración, yo movía un poco mi cadera para hacer como que empujaba, era sensación que me hizo gozar y a Tyler también, luego comenzaste a bombear y tanto suspiraba Tyler y tanto empujaba yo, que me corrí casi sin darme cuenta, ni tuve tiempo para avisar. Luego se corrió Tyler sobre la sábana al tiempo que tú descargaste en su interior.

    El susto vino cuando acabamos y nos limpiamos, casi había desaparecido la borrachera y nos habíamos metido a la ducha, secos con una talla los tres, nos sentamos en los pequeños sillones escuchando la lluvia que ya era fuerte y ruidosa. Tyler nos miró horrorizado y exclamó: «¡¡¡condom!!! Lo miramos y quedamos sorprendidos de no habernos dado cuenta. El dijo: «I am healthy, I am clean, I do not have HIV!, what about you?». Le contestamos a la vez: «We are healthy too», y tú añadiste calmado: «we do not have HIV». Respiramos profundo, nos besamos y antes de meternos en la cama los tres, como queríamos seguir follando, sacamos la ristra de condones sobre la mesa y nos colocamos uno cada uno, de momento.

    Así seguimos los dos días siguientes. Nosotros fuimos al médico tras una semana y nos hizo regresar otra semana más tarde. Tyler nos escribió un email para decirnos que estaba bien y le respondimos lo mismo. ¡Joder, joder!, la borrachera hace olvidar cosas tan elementales…

    Te sigo queriendo, sabes que me sigo escribiendo con Tyler que alguna vez manifestó la intención de viajar a España. No pudimos vernos en Estados Unidos porque estábamos muy lejos. Si tú lo deseas, le digo que vas a venir tú y le curso invitación. Pero tú siempre eres el primero y único para mí.

    Te amo, te espero y te deseo.

    Tuyo siempre,

    Janpaul