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  • El encargado sacó su tajada

    El encargado sacó su tajada

    Mi relación con el sexo fue algo sobre dimensionado, todo empieza desde los 21 años. Esas ganas incontrolable de practicar sexo de una manera animal, me encantaba la idea, me masturbaba con lo que tenia en la mano, hasta que un domingo, pasando por la puerta del dormitorio de mis viejos (ellos no se habían dado cuenta que la puerta no trabó bien y se abrió muy leve, pero lo justo como para que pueda espiar) vi a mi mamá cabalgar sobre la cadera de mi papá, eso me explotó la cabeza y en ese mismo instante fui corriendo a mi habitación donde me masturbé con el envase de un desodorante, nunca tuve un orgasmo tal fuerte e incontrolable, en toda mi juventud.

    Con el tiempo la intensidad crecía, me encantaba el sexo, era adicta a coger, para mi no era una cuestión de dignidad ni de buenas costumbres, era una cuestión de que me encantaba que mi concha esté llena con algo y, si era con una pija, mucho mejor. Gracias a mi condición pude obtener muchas cosas, desde aprobar trimestres enteros sin dar un solo examen por solo chupársela al profesor en la universidad, hasta conseguir aumentos no remunerativos en la oficina por dejar que mi jefe me llene de lechita la concha apoyada en el escritorio de él.

    Muchos me tildaron de puta, zorra, trepadora y un sinfín de adjetivos calificativos que, según ellos, manchaba mi reputación. Pero a mi no me importa, tengo un cuerpo que a los hombres le provoca ganas de cogerme y a mi me gusta coger, ¿qué puede salir mal? ¿no?

    Dicho esto, tengo un sinfín de anécdotas con respecto al situaciones sexuales, de que me cojan por guardar un secreto, por pagar apuestas perdidas, por estar muy ebria, por chantajes… son las que más me gusta, no lo puedo explicar el motivo o morbo, pero tener sexo por chantaje es como que la adrenalina de dejarme coger por alguien que en condiciones normales no lo dejaría que me toque ni con un suspiro, me esté cogiendo porque sabe algo comprometedor de mí, que me pondría en un escenario adverso, llámese despido del trabajo, reputación en el edificio o que mi novio cortara conmigo, es algo que me llena de mucho morbo y placer.

    Puedo contar una anécdota cortita sin detalles, un día se me dio la posibilidad de coger con mi entrenador de gym, que vivía en el mismo edificio donde vivo yo con mi novio, estuvo buenisimo, me hizo lo que quiso y mas, quedé exhausta, tan así, que me quedé dormida, era al mediodía, un día que no fui a la oficina, después de semejante acto me quedé dormida sin atender al detalle que mi novio volvía de su trabajo a las 20 h. Cuando me despierto eran las 18 h y el profe (el muy turro) se fue dejándome en su casa sin llaves, me quería hacer líquido, lo llamaba al profesor y no me atendía, se hacia mas tarde y no contestaba y mi novio ya me había llamado que en un par de hora salía e iba para casa.

    Entonces se me ocurrió llamar al portero, él tiene la llave maestra para casos especiales. Con toda la vergüenza del mundo le tuve que contar que me quedé encerrada en el dpto. del profe.

    El encargado llegó, me abrió y sonrió con una mueca de costado…

    -alta putita terminaste siendo, Jajaja- me mira de arriba abajo.

    Me pongo colorada y trato de disiparlo con un pseudo enojo.

    -ubíquese, es muy desagradable lo que me acaba de decir, lo voy a denunciar en el consorcio, por maleducado- me dirijo hacia los ascensores

    -¿y cuando el consorcio vea que nunca salió del edificio y que estuvo toda la media mañana y parte de la tarde con el profe? ¿Qué van a decir? ¡Bah! ¿Qué va a decir tu novio? – se ríe por lo bajo.

    Me había olvidado que hace poquito habían puesto cámaras en los pasillos, me tenía en sus manos.

    -El precio es simple, vos me lo pagas cuando pueda, siempre te tuve ganas y ahora estas donde yo quería tenerte, quiero que estes conmigo tres días cualquiera, no tiene que ser uno tras otro, pero te anuncio que uno de los días me vas a chupar la pija, en otro te voy a enlechar la concha y el otro te enlecho el culo con mucho placer… vos elegís como administrar los días un día por mes, los tres días en la misma semana… a mi no me importa, mientras me pagues esos tres días, de lo contrario todo el mundo se enterará de tu infidelidad, vos te ves conmigo 3 veces y los videos se borran… vos elegís- se frota el pantalón.

    No tenia muchas chances, no supe que contestarle.

    -venís de estar con el profe, seguro tendrás los agujeros bien lubricado, te ayudo a sacarte el problema de encima, tu novio viene a las 20hs (siempre lo veo cuando llega e incluso siempre no quedamos hablando un poco de futbol) tipo 21:30 baja con la excusa de que te olvidaste de sacar la basura, no te cambies, venite así como estas vestida con las calzas corta y ese top, desde ya te digo que tu tanguita me la quedo para mi, bajá que nos vemos en la recepción y ahí te confirmo si me chupas la pija, te cojo la concha o te enlecho el culo- llegamos a mi piso.

    Y fue asi, 21:30 bajé el muy malvado me llevó al cuarto de bombas de los tanques de agua y el muy turro me enlecho la concha apoya en una reja, arrancándome la tanga. De hecho el muy atrevido, le encantó tanto mi concha y mis gemidos que me acabo dos veces en mi concha sin sacármela, en la segunda vez le pedía que me la sacara que ese no era el trato, pero parece que ese pedido mío desesperado lo excitaba y lo llevó a cogerme como un animal la segunda vez y enlecharme la concha con borbotones de leche.

    La segunda vez que nos vimos un sábado que salía al parque a correr, trabó el ascensor he hizo que se lo chupara hasta que me inundó la garganta de su leche.

    La tercera fue de no creer, volvía de una fiesta con mi novio un domingo a la madrugada, yo con un vestido negro ajustado al cuerpo con el cabello recogido en una sola cola larga y tacos de 10 cm, saluda a mi novio en la recepción, eran las 4am de la mañana (era evidente que me estaba esperando) me dice…

    “¿le puedo decir una cosita a solas?”

    Lo miro a mi novio, que estaba algo tomado, y veo que aprueba con la cabeza

    “te espero arriba, amor” me dice y llama al ascensor.

    “Me quedo sola con él, falta que me pagues el último día y borro todo” me dice

    “ok, pero que sea rápido, ¡por favor! Estoy cansada y quiero estar con mi novio”

    Me lleva a una habitación que nunca supe que el edificio la tenia, de hecho no se, aun hoy, para que sirve.

    Entro, estaba muy oscuro que no podía ver nada, lo siento a él que me dice al oído

    “apoyate sobre la mesa y levantame bien el culito, putita.”

    Siento en la oscuridad que frente a mi había una mesa por ende me apoyo, yo no se como hacia él para ver…

    Siento que me levanta la pollera y me arranca la tanguita…

    “ahora si… hoy te vas con el culo bien chorreado de leche”

    Me dice y sin mas preámbulo, me abre las nalga de mi colita, escupe su mano y me frota mi ano, yo con muchos nervios y algo mareada por el alcohol que había ingerido en la fiesta.

    De un momento a otro siento como entra sin pausa hasta sentir su pelvis chocar con mis pompis.

    “¡aaah! ¡Despacito!” me sale decirle

    Eso parece que lo excitó más… y me dio lo más fuerte que puedo.

    Pero eso no termina ahí, la anécdota es que en esa habitación había seis personas más… de la que yo nunca las pude ver. Cuando el encargado saca su pija de mi culo enlechado, siento una mano fantasma que se posiciona atrás mío y entra en mi culo sin permiso, en ese momento sentí que era una emboscada, mi corazón latía de una manera descontrolada, sentía que me estaba dejando coger por desconocido, pero no podía reclamar nada, sino la verdad salía a la luz.

    Entonces solo tuve que abrir bien las piernas mientras estaba a poyada en la mesa boca abajo y levantar mi colita así terminan lo más rápido posible, el sentir que su leche se depositaba en mi culo y no saber cuántos tipos estaban listo para cogerme me llenaba de orgasmo y gemir como una hiena.

    Solo cuando acabó el último y ahí darme cuenta que fueron seis, el encargado me agarro del brazo, me llevo a la sala de monitoreo y me mostró como borraba los videos donde yo entraba al departamento del profe.

    “me imagino que a partir de ahora solo tenemos un secreto entre vos y yo, por ahora deudas saldadas, aunque me quedé con muchas ganas de llenarte la concha de leche con mis amigos, no te preocupes, ya te voy a agarrar en una y voy a cumplir esa fantasía”.

    Yo aliviada por los videos y con mi colita ardida fui al departamento donde tuve que cabalgar lo que restaba de la madrugada con mi novio y disimular la chorreadera de leche que salía de mi culo. En ese momento sentí que fue una locura, y pensándolo ahora pienso que lo haría de nuevo. De hecho eso no quedó ahí, les prometo que le voy a contar todos mis anécdotas.

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  • Reinita de closet

    Reinita de closet

    A mis 54 años es tan desesperante ser una leona dormida, y si dormida ante la sociedad y la familia, porque a solas mis deseos arden en mi piel. Desde joven el sexo lo disfrutaba al máximo. Me case con una mujer hermosa y de buen cuerpo, pero no tan ardiente en el plano sexual. Con el tiempo nació un hijo por cesárea y como podrán imaginar mi mujer siguió conservando su rica pepita cerradita y apretadita. Debo aclarar que mi verga apenas alcanza los 13 cm parada, y dormida no llega ni a 4 cm.

    ¡Un día pasado algunos años me nacieron fantasías de ver a mi esposa montada en una verga grande y eso me excitaba muchísimo! Con el paso de las semanas le confesé sobre mi fantasía y se enfurecio diciendo que ella no era una puta. Hasta ahí todo iba normal en mi vida matrimonial. Un día que ella había viajado vi su ropa de lencería y al tocarla comenzó la magia. Algo en mi despertó y me calenté solo de imaginar como me vería con lencería. Casi toda mi vida me he depilado mi vello púbico, así que como ella no estaba me puse sus medias, brasier y una tanga de hilo qué se amarraba por los costados.

    Al mirarme al espejo y verme sentí fuego en mi cuerpo, mirar mi pitito dentro de esa tanga fue increible ese día no pude evitar masturbarme, a partir de ese día nació en mi unas ganas tremendas de sentir una verga en mi culo, por lo que me tomé a la tarea de improvisar un consolador con toallas enrolladas. Conforme pasaban los días ansiaba algo más parecido a una verga real. Por lo que me di a la tarea de buscar un consolador pero largo y delgado, ya que había tenido experiencias muy desagradables con mis consoladores artesanales jajaja. A veces demasiados gruesos para mi pequeño orificio.

    Pues el día llego, lo encontré, me gustó las medidas y lo encargue. Al recibir la paqueteria parecía quinceañera de lo emocionada y caliente que yo estaba. Para mi suerte mi esposa se ausentaba por 1 semana de casa y yo quedaba completamente sola. Fui, recogí mi juguete, pase a comprar lubricante y condones. Mi emoción por estrenarlo era inmensa. Llegué a casa, lo desenvolvi y… ¡que hermosa verga de silicon de 24 cm!, casi real, me hizo tragar saliva ¡y mi culito se me calentó como quien sabe que va a comer rico!

    Me bañe muy bien y lave mi hermoso juguete.

    Luego me puse las medias, la tanguita de mi mujer y su batita roja de baby doll. La ocasión lo ameritaba, ya que iba a ser estrenada mi pepita anal.

    Comencé besándola y chupandola, hablaba con esa verga como si tuviera vida, le preguntaba:

    -Papito, quieres romperme el culo, ¿verdad? Yo también quiero que me lo metas, quiero disfrutar cada centímetro de ti.

    Así jugué con el unos minutos, hice mi hilo de lado y me lo frote por mi culo ya con lubricante puesto. Lo coloque parado en el piso de tal manera que tenia que montarlo para disfrutarlo. Poco a poco mi culo lo fue aceptando hasta que sentí como se me fue enterrando, ¡Dios mío! cada centímetro me comenzó a volver loca, era una experiencia de otro mundo. Comencé a cabalgarlo disfrutando con frenesí y por primera vez sin tocarme tuve mi orgasmo más intenso, recuerdo que casi grito de placer y sudaba y jadeaba con intensidad. ¡Wow! Fue increíble. Al terminar adoraba mi juguete.

    Lo use por mucho tiempo, siempre escondiendolo para que mi mujer no lo encontrará. Así lo he disfrutado por períodos.

    Actualmente pienso más en vergas qué en mujeres, ya no quiero coger con mi mujer, ni con otra mujer. Se me antoja tener un puto delgado y vestirlo de mujer con medias y lencería para cogerlo y chuparle libremente su pito y que me coja también.

    Mi mujer hace como 4 años comenzó a ser más caliente, pero ya no la deseo. Ella me pide que la coja pero ya no puedo, no se me para. Solo se me para cuando fantaseo con tocar y mamar una verga. Igual mi esposa se que le urge una buena verga porque se ha vuelto muy caliente jajaja.

    Aconséjenme, ¿qué hago? ¿Salgo del closet o sigo escondiendo mi verdad?

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  • Secretos del gym

    Secretos del gym

    El siguiente relato es una historia contada por una colaboradora.

    Mi nombre es Jade y tengo 26 años edad no soy una chica que podrias considerar muy atractiva y eso al principio no me gustaba, llevo unos años casada con un gran hombre, el es militar y por eso casi no esta en casa, al principio fue muy difícil poder adaptarme a todo eso y además siempre me genera desconfianza que el este lejos y ni siquiera sepa con quien.

    Él siempre me ha dicho que no sucede nada y que debo de estar tranquila con todo eso.

    Trato de hacerle caso y creer en sus palabras, por eso incluso tratando de despejar mi mente y poder reavivar la llama de la pasión decidi entrar al gym.

    Le dije a mi esposo que si el me pagaba las mensualidades disfrutaría de todos los beneficios que saldrían (aunque si no lo hubiera hecho de cualquier forma terminariamos cogiendo).

    Él siempre me da lo que le pido asi que no dudo en hacerlo y empecé a ir todos los dias, siempre voy muy temprano y los primeros meses fui como un fantasma.

    Nadie hablaba conmigo y como entrenaba muy temprano prácticamente tenía todo para mi solita, pero lo que no sabia era que el entrenador (que resultó también ser el dueño) ya me habia echado el ojo, fue hasta el mes 3 que decidió acercarse a hablarme.

    E: Hola, veo que entrenas muy temprano.

    J: Si es que en la tarde ya no tengo mucho tiempo.

    E: Te veo muy seguido por aca pero nunca hablas

    J: Es por que vengo a hacer ejercicio y no a socializar

    E: Tal vez quieras que te ponga una rutina, al fin que ese es mi trabajo

    J: Se que ejercicios hacer, me explico mi…

    (Por un momento dude de decirle que era casada)

    J: mi amigo que también sabe mucho de ejercicio

    E: Ya veo, pero siempre estas sola, asi que como te explica ¿o sabe que lo haces bien?

    J: Bueno pues no lo sabe

    E: Acompañame a mi oficina y te dare una rutina completa que dices, sera un regalo por ser nueva.

    J: No soy nueva y además ya tengo una rutina.

    Me detuve a verlo bien y era más alto que yo (mido 1.59) ademas de tener un cuerpo atlético muy trabajado (no era uno de esos músculos exagerados) por un instante pense en cosas que no habia tenido en un tiempo (mi marido fue desplegado dos meses y medio antes) asi que vacile un poco y decidi algo.

    J: Sabes algo creo que puedo tener otra rutina para ver si tengo cambios.

    E: Esta bien, entonces acompañame a la oficina y planeamos una.

    Camine detras de el y volteaba para todos lados, realmente estábamos completamente solos.

    Yo traia solamente un top deportivo y una pequeña licra que no dejaba mucho a la imaginación (como era muy temprano sabia que nadie me veia y a la hora de irme solo me cambiaba en los vestidores y listo).

    Me empezaba a arrepentir pero ya estábamos a punto de entrar a su “oficina”.

    E: Adelante, toma asiento

    J: Si

    En un instante pase la mirada por todo el lugar y vi algo que me dejo helada, tenia en su computadora imágenes de las camaras, pero no solo eran de las maquinas, entrada, salida y esas normales, tenia al menos unas 3 o 4 de los vestidores de mujeres.

    No dije nada y movi rapido la vista en lo que el cruzaba hacia su asiento.

    E: Bien he visto que tu entrenamiento es para definir y no para aumentar musculatura ¿correcto?

    J: Si, solo quiero verme bien y no ser una fortachona

    E: Entonces creo que tendras mucho cardio y un poco de trabajo con peso.

    La forma en que dijo “cardio” me desperto una alarma interna pero tambien me gusto como me veia mientras lo decía.

    Hablamos de cosas más tecnicas y me despedí diciéndole que empezaría al siguiente dia, para irme rapido y ya en casa no pude deshacerme de mis pensamientos de “cardio” con el entrenador.

    Pensé en mi marido y en que realmente aunque hablamos diario no se si me estaba pudiendo engañar. Decidi que dejaría que las cosas tomaran solas su curso, quiza yo estaba viendo y oyendo cosas que no eran.

    Al dia siguiente ya me esperaba el entrenador para hacer la nueva rutina, resulto que no imaginaba cosas, el realmente estaba intentando algo, se acercaba mucho a mi para explicar y siempre que podia me restregaba a su amiguito. Aunque yo no le fui indiferente y también me inclinaba más de lo necesario, me habia puesto las prendas más pequeñas que tenia para entrenar y notaba que no dejaba de mirarme mi colita.

    Tuvimos esta “rutina” de roses por toda una semana. Una vez que ambos sabíamos que era lo que quería el otro empezo el verdadero juego.

    Sabiendo que no habia nadie tan temprano y que el tenia llaves aprovecho para que una vez que entre y me fui a cambiar cerro nuevamente y fue tras de mi.

    Yo de eso no sabia nada simplemente el entro mi me arincono en los vestidores, yo que esperaba ese momento no llevaba nada debajo de mis diminutas prendas.

    El simplemente me volteo y al quitar mi licra ya tenia camino libre, me puso a su amigo en la entrada y solo empujó para que entrara todo (yo me encontraba tan excitaba que ya habia humedecido toda la licra) su acción me hizo gemir muy fuerte y de inmediato me tape la boca, el no se detuvo y siguio metiendolo todo y haciendo que me retorciera entre placer y un poco de dolor.

    Al principio me preocupaba que alguien pudiese entrar y escuchará mis gemidos o incluso vieran como me estaba cogiendo tan salvajemente el entrenador.

    Después de varios minutos en esa posición me dijo que deseaba seguir en otro lugar, me llevo a las regaderas, yo simplemente me quite el top y ya estaba completamente desnuda, me puse de rodillas y le hice señas para que se acercará mientras veía fijamente a su amiguito que ya estaba totalmente despierto.

    Sin perder más tiempo lo colocó en mi boca y empezó a tratar de meterlo completo, yo simplemente trataba de retener lo más posible su inmensa verga.

    Había pasado tanto tiempo que no le hacia un oral a mi marido y a pesar de sentir como me llenaba la boca con los fluidos del entrenador no sabia si lo habia hecho bien o simplemente fue la excitación del momento por lo que me lleno de sus hijos.

    De inmediato me levanto y me puso en cuatro mientras el agua caliente caía encima de ambos y el volvía a penetrarme mi conchita con tanta energía que no podia dejar de gemir y mojarme toda, todo eso parecía provocar aún más al entrenador y me empujaba con más fuerza, estuvimos asi durante al menos unos 30 o 40 minutos alternando entre mi boca y mi vagina.

    Me quedé un momento sentada en la regadera completamente impregnada de semen y mis propios fluidos, me limpie lo mejor que pude, me vestí y al bajar a la entrada descubri que estaba cerrado con llave y entendí porque no tuvo ningún problema el entrenador con lo que habiamos hecho.

    No tuve que buscarlo pues apareció muy fresco detras de mi con las llaves para abrir la puerta.

    E: ¿Te veré mañana para seguir con tu entrenamiento?

    J: Lo voy a pensar, el cardio de hoy fue muy agotador.

    Después de decirle eso sali rapido con las palpitaciones al máximo y un súbito sentimiento de culpa me invadió, recordé a mi marido pero no sentía arrepentida sino más bien excitada con toda la situación.

    Continuaré contando las vivencias con mi entrenador.

    Este fue sólo el inicio de mi caótica relación.

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  • Tengo un amo y señor, a quien obedezco y satisfago en todo

    Tengo un amo y señor, a quien obedezco y satisfago en todo

    Con Carlos ya tenemos una relación de mucha confianza, nos decimos todo.

    Carlos me tiene enamorado y cuando me llama o me propone algo soy el primero en aceptar, no le discuto.

    En ese escenario emocional es que poco a poco Carlos me ha propuesto incluir a otra persona, es un ex novio a quien conozco.

    Yo se que nos quiere como si fueramos su harem, en su fantasia el quiere a un grupo de maricones que estemos a su disposición.

    Acepté.

    Una noche me dice: hoy invite a Hugo, un italiano gay que fue su novio hace 5 años.

    Casi me mori de la impresión.

    A las 20 h en punto llegó.

    Precioso ejemplar con pinta de hombre, pero es mas maricon que yo.

    Cenamos, charlamos, ellos se pusieron al día, recordaron viejos tiempos.

    Hugo me miraba hasta que puso tema para charlar. Es diseñador y viaja mucho.

    A las 22 h nos pusimos a bailar, obviamente Carlos y su italiano bailaron lentamente a S. Getz, una música de jazz muy suave, fui por agua y al volver Hugo le tenia la mano puesta en el paquetón de Carlos.

    Senti celos.

    Entonces como adivinándome mis pensamientos Carlos me invita a bailar, me abraza y me besa en la boca.

    Ay dios, que placer y tranquilidad me da este hombre, como diciéndome, calma, tu eres mi novio ahora.

    Bailamos los tres, cada cierto rato nos besamos, Hugo besa exquisito, nos abrazamos y nos tiramos en la sala sobre la alfombra.

    Nos desnudamos y entre Hugo y yo le quitamos prensa por prenda a Carlos, hasta dejarlo desnudo, entonces turnandonos le hicimos una eterna mamada a quien proclamamos nuestro rey.

    Carlos era ahora nuestro amo y como es cariñoso, le pidió a Hugo que me besara entero y luego me pidió a mi que lo besara entero.

    Los besos de Hugo fueron exquisitos, sobre todo al meter su lengua en mi agujerito anal.

    Besar a Carlos es delicioso, pecho peludo, piernas peludas, pies grandes que bese apasionadamente, tambien bese sus axilas y su raja de hombre; luego me sente en su cipote y me deje penetrar… oh que placer.

    Mientras tanto, Hugo le ofrecía su pene que Carlos disfrutaba como si fuera una fruta. Luego nuestro rey nos pidió -a Hugo y a mi- que nos pusiéramos en 4 uno al lado del otro, y nos fue penetrando en intervalos de 3 a 4 minutos.

    Sentir que una verga de macho, que viene mojada, se te entierra en el ano es un placer inconmensurable.

    La acabada fue espectacular.

    Lo mamamos y nos eyaculó en los ojos a Hugo y a mi.

    Finalmente nos pidió que nos masturbáramos en su culo y eyaculáramos en su espalda, obedecimos sumisamente.

    Esa noche dormimos los tres abrazados, y la experiencia con un tercero fue muy grata.

    Quedamos en repetir.

    Estoy enamorado.

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  • Mi nueva amiga (2)

    Mi nueva amiga (2)

    Un día nuevo, y yo ya me desperté algo excitada. Algo que no he mencionado, es que soy muy alzada y hormonal, si por mi fuera viviría cogiendo todo el tiempo, soy una perra en celo la mayor parte del tiempo. Me levanté, desayuné, fui al gym, volví a casa, me bañé, y cociné. Todo con cierto entusiasmo por ir a trabajar y verla a ella. Ahí me estaba dando cuenta que me estaban pasando cosas.

    Llegué a la parada y nos cruzamos. Nos saludamos y fuimos todo el viaje conversando como grandes amigas. Llegamos al trabajo, y ese día nos tocaba en una parte donde trabajábamos juntas, estando ambos escritorios al lado, por lo que entre documentos, seguimos charlando de todo un poco.

    Pau: Boluda, no sabes lo que me pasó ayer de noche. Terminamos de cenar con Teo, y nos pusimos a ver una serie. En un momento hubieron escenas medio calientes, y ya nos empezamos a tocar. Manoseo va manoseo viene, dejamos la serie de lado y empezamos a besarnos y tocarnos re alzados.

    Yo: Ya se puso bueno el chisme jaja

    Pau: Después cuando empezamos a coger, yo estaba re alzada, y Teo estaba re caliente como siempre. De la calentura, le dije, “que ganas tengo de cumplirte esa fantasía y que nos garchemos a una mina”

    Yo: Noo, ¿y qué te dijo?

    Pau: Sentí como se excitó de más y empezó a darme más fuerte. Yo sentía re dura la pija, y de solo imaginarme la situación, me excité mucho más también al punto de que acabamos al toque los dos. Y dos minutos después, nos recuperamos y seguimos cogiendo de nuevo.

    Empezó a chuparme la concha, y yo lo calentaba más diciéndole “que rico que me la chupas, pero ojalá me estuviera chupando la concha una mina mientras vos le metes la verga a ella”. Se calentó de nuevo mucho más, no aguantó y me dio pija como un loco desaforado, yo también estaba hecha una perra en celo. Volvimos a acabar, fue una locura de leche lo que le salió y yo mojé toda la cama. Nos dimos unos besos, y dormimos abrazados toda la noche.

    Yo: uff boluda, perdón pero me re alzaste a mi también con ese relato.

    Pau: jajaja sii, estuvo muy bueno la verdad. Me sentí muy a gusto abrirme así y experimentar eso por más que solo sea fantasía.

    Yo: ¿Entonces decís que solo fantasía, no lo harías?

    Pau: Y no sé la verdad, por ahora lo siento así me parece.

    Yo: Está bien, al menos ya viste que no te convertis en lesbiana solo por imaginarte esas cosas jaja

    Pau: Jaja sii, igual no creo que me volvería lesbiana, capaz bisexual, porque la pija me encanta.

    Yo: Eso está muy bien jajaja ambas cosas son buenas

    Pau: ¿Vos estarías con una mujer?

    Yo: Yo no tendría problema de probar, y si la mujer es como vos boluda, mucho menos jajaja

    Pau: Dale estúpida jajaja

    Se lo decía como en broma pero también un poco en serio, le tenía tremendas ganas, pero no quería echar a perder la linda amistad que estábamos teniendo.

    Llegó la hora de descanso, y fuimos a almorzar como era costumbre. Estábamos comiendo y me muestra una publicación de un baile y me invita para ir con ella y su novio. Yo hace una banda de tiempo que no iba a uno, entonces le dije que si.

    Llegó el fin de semana, y yo fui para la casa de ella porque íbamos a salir desde ahí. Ella vivía sola con su novio Teo.

    Fui a su casa el sábado como a las 20, para ir preparándonos y eso. Me dijo que su novio al final no iba a ir porque tenía que terminar unas cosas para su trabajo. Él trabaja en unas cosas de marketing y algunas veces trabaja desde su casa.

    Yo llevé ropa como para tener varias opciones, y empezamos a fijarnos en su ropero porque ella tampoco se decidía qué ponerse, cosa de chicas jaja.

    En un momento salió Teo de bañarse, y se ve que pensó que yo iba a ir más tarde, porque entró al cuarto de golpe y solo venía con una toalla alrededor de su cintura. Cuando vio que estaba yo se puso nervioso y se dio vuelta rápido para salir del cuarto, pero la toalla se le enganchó en algo de la puerta, y se le cayó, quedando desnudo frente a nosotras. Todo fue muy rápido, pero pude ver cómo le colgaba la pija, además de verlo completamente desnudo, y tengo que decir que era atractivo. Era delgado pero con sus músculos algo marcados, abdomen tonificado, y una buena pija y gruesa.

    Pau se cagaba de risa, y Teo apenas pudo ponerse de nuevo la toalla, se fue del cuarto para vestirse en otro lado, mientras pedía disculpas. Todo eso transcurrió muy rápido como dije, pero repercutiría en cosas que después voy a contar…

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  • Economista y prosti: Me cogen ante papá que solamente mira

    Economista y prosti: Me cogen ante papá que solamente mira

    ¡Hola!

    Hoy retomo los relatos actuales, luego de mis vacaciones, aunque aún con algo de atraso. Lo que les relataré es de la segunda mitad de octubre, así que me siguen quedando encuentros de fin de octubre para relatarles, más allá de que estoy teniendo muchos, muchísimos encuentros con personas ya conocidas.

    Al terminar mi brevísimo resumen de vacaciones (relato anterior), les dije que había enviado un mensaje subliminal a Bob, a través de una llamada a Tiburón Blanco, y el mensaje subliminal le llegó y Bob de inmediato aprovechó a mezclar trabajo con placer, viniendo a Montevideo por trabajo pero incluyendo en su viaje tiempo libre para realizar lo que me había pedido: tenerme delante de mi padre.

    Recordarán que ya en Buenos Aires acordamos que también podría vernos Tommy, aliviando en cierto modo la carga emocional de mi papá al vernos y no poder intervenir.

    Soy muy afortunada, me esmero al elegir hombres y también quienes me los recomiendan son confiables (Tibu en este caso). Bob es todo un caballero, y prueba de ello es que en cuanto llegó a Montevideo, aún sin fijar el día del encuentro, ya me transfirió a mi cuenta lo acordado, suma que les mencioné en el reporte 3 de la visita a Buenos Aires.

    Confirmé con papá, confirmé con Tommy y luego propuse a Bob hacerlo el viernes de tarde, a partir de las 17, hora en la cual ya Tom podría liberarse. Y también podría estar libre papá, argumentando acompañar a Tommy a un juego de fútbol 5.

    Bob aceptó encantado.

    Y llegó el gran momento. Habíamos acordado con Bob que ya lo esperaríamos en mi oficina y que ya estarían presentes papá y Tom, a efectos de no generar esperas incómodas.

    Así lo hicimos.

    “Obligatorio” café, luego de presentarlos, para romper el hielo y que se conocieran mínimamente, hablamos un poco de nuestras vacaciones (no de sexo) y decidí que era el momento de comenzar.

    Vestida de minifalda sin tanga alguna y crop top bien corto los guie por la escalera hacia la suite superior, y pudieron mirarme a gusto, los tres.

    Llegados a la suite, les dije que iba al vestidor para cambiarme de ropa, (del resto ya me había preparado), y les dije que esperaran mi salida del vestidor, para entrar ellos y ponerse a gusto. Les sugerí que papá y Tommy quedaran de boxer y camisa, para que no molestara una eventual erección, mientras a Bob le sugerí que quedara en boxer y nada más.

    Me fui al vestidor anexo, fui al baño, me refresqué y perfumé nuevamente y luego me puse una de mis largas batas negras, opaca y bien cerrada.

    Nos cruzamos cuando pasaron al vestidor, y les dije que me dieran al menos unos cinco minutos antes de volver.

    Había desarrollado mi idea en secreto, visto cuanto le gustó a Sam mi foto de cuando seduje a papá (la que le envié mientras no se decidía), decidí recrear esa pose.

    Lo recuerdan seguramente, y si no lean el relato de “Cómo seduje a mi papá”.

    Decidí recostarme a lo ancho de la cama. De espaldas a la puerta que da al vestidor. Cuando seduje a papá, la pose que adopté había sido inspirada en las poses de odaliscas de brillantes pintores como Ingres, Fortuny o Manet, aunque yo opté por la desnudez total, algo que no siempre ellos representaron.

    Desnuda, de espaldas al vestidor, sobre mi lado derecho, con ese brazo flexionado sosteniendo mi cabeza y la pierna izquierda con la planta del pie apoyada en la cama, de modo de mostrar un poco de mi concha, los esperé.

    —¡Que divina! Dijo Bob. —Esa pose tiene historia dijo Tommy. —Contale la historia dijo papá a Tommy.

    Dejé que me contemplaran los tres hasta que papi y Tom se sentaron en dos pequeños sillones al costado de la cama, separados del lecho más o menos un metro y medio.

    Sonreí a Bob y le indiqué de situarse entre ellos y la cama. Estaba con la verga totalmente erecta, dura. Me paré frente a él y lo besé, de lengua, mostrando descaradamente como metí la lengua en su boca.

    Mirando a mi Tommy le dije: —Contale a Bob la historia de esa pose…

    Mientras Tom le contaba la historia de la seducción de papá, y de la foto que me tomó en la pose de odalisca, fui bajando y lamiendo el cuerpo de Bob hasta arrodillarme y comenzar a chuparle la pija, pétrea a esa altura de los acontecimientos. Alguna vez interrumpió el relato de Tommy con un par de preguntas, pero siempre sostenía mi cabeza contra su cuerpo, metiendo la verga a fondo en mi boca. Papá me miraba como hipnotizado.

    No quise arriesgar que mi cliente acabara prematuramente, y me recosté sobre la cama, a lo largo de la misma, de piernas abiertas en una obvia invitación a que me chupara la concha, ya mojada.

    Ya saben los lectores cuanto me gusta que me la chupen, que me pasen la lengua, que me succionen el clítoris, que jueguen con mis pelitos. Ahora imaginen como me sentía mientras Bob me hacía todo eso y yo giraba la cabeza y miraba directamente a papá y a Tom. Los vi excitados, inquietos, se acomodaban el bulto, pero resistían y cumplían con no intervenir.

    Quería que me la metiera y se lo dije a mi partenaire.

    Me puse para cucharita, de frente a los observadores, bien cerca de ellos casi al borde de la cama.

    Cuando Bob se recostó detrás de mí, yo sobre mi lado derecho, levanté la pierna izquierda y la pasé sobre su cuerpo.

    Mi concha se ofreció a su verga, todo a la vista de mi marido y de mi padre. Una de sus manos se posó sobre mis tetas acariciándolas y la cabeza de su pija buscó la entrada a mi gruta de placer. Fue fácil, su pija y mi concha bañados en saliva facilitaron la penetración. Lo sentí entrar en mí sin esfuerzo.

    —¡Que bien metida! dijo papi, quizás como modo de aliviar tensiones.

    Tom tuvo una idea brillante. Con el cañón de imágenes, proyectó a la pared detrás de ello lo que se puso a filmar con su teléfono.

    Bob y yo veíamos como su miembro entraba y salía de mi cuerpo, en una imagen HD de gran tamaño. Me resultaba muy excitante ver tan detalladamente como me cogía.

    Era inevitable, acabé antes que Bob, y me encantó que me vieran temblar y quejarme en mi orgasmo. Segundos después su verga comenzó a verse cubierta de una espuma blanca, producto de batir mi flujo en su vaivén. Hasta que lo sentí vaciarse dentro de mi. Cada vez aprecio mejor el momento en que me acaban, lo presiento y luego cuando eyaculan, siento los chorros, tibios y casi siempre abundantes, que inundan mi lugar de placer. Los siento a ellos estirar sus músculos, gruñir a veces, estrujarme las tetas o mordérmelas.

    Lo incité, moviéndome con suavidad, a que no me la sacara de inmediato. Siguió dándome y obteniendo placer hasta que ya semi blanda, su pija se salió de mí.

    Casi de inmediato. Leche y flujo chorrearon mis muslos y la sábana.

    Me arrodillé y lamí lo que había en la sábana, con los dedos recogí lo que pude de mis muslos y lo llevé a mi boca, saboreando.

    Miré a papá; estaba intensamente pálido, sin expresión, sorprendido quizás de ver a su hija hacer todo lo que hice.

    Era inevitable. Me puse a limpiar la verga de Bob chupándosela. La chupé y la lamí hasta dejarla reluciente, también le lamí los huevos. Y me tiré a lo largo de Bob a besarlo y acariciarle la pija y el cuerpo todo, caricias que devolvía él gustosamente.

    —Hija, te he visto más puta de lo que pensaba. Ahora comprendo por qué tienes tanto éxito.

    —Me encanta que lo comprendas, papá. Soy feliz así, tanto como cuando cojo contigo, y quiero que veas más.

    —Su hija es un tesoro acotó Bob.

    Tommy sirvió zumo de naranjas, cero alcohol pues casi todos debíamos conducir al terminar el encuentro.

    —Bob, quiero que me hagas la cola y que me vuelvas a acabar en la concha. Quiero que esta tarde sea inolvidable.

    Dije eso y me di vuelta en la cama, quedando boca abajo.

    Tommy acercó gel, papá se reacomodó en su sillón.

    Bob se fue a mis pies y estuvo lamiéndolos, luego subió por las pantorrillas, masajeándome con saliva. De a ratos subía a besarme mientras yo me acariciaba las tetas.

    Se detuvo largo rato a besar, lamer y masajear mis muslos. Hasta que llegó al culo. Me mordía los glúteos, me daba suaves palmadas, y entonces lo impensado; les pidió una pequeña colaboración:

    Me hizo poner en cuatro, se puso delante de mí para que le chupara la pija y con sus manos abrió los glúteos dejando bien a la vista mi agujero.

    —No quiero usar gel, la quiero coger con saliva de ustedes. Por favor mójenle el esfínter.

    Sorprendidos, no atinaron a negarse. Se pararon, se acercaron y me llenaron la raya del culo de saliva, espesa y tibia.

    —Gracias, alcanzará. Dijo Bob, y metió un dedo en mi refugio anal. Suspiré y me preparé.

    Apoyó la cabeza y me dijo que yo misma me lo metiera. Empujé hacia atrás y entró, vaya si entró, tanto que lancé un pequeño grito, pero luego fue todo goce. No tiene una pija muy grande, se soporta perfectamente y el vaivén me lleno de goce, sonreía, le pedía “más, más”, y estiraba uno de mis brazos para acariciarle los huevos. Tanta saliva como me habían echado, ayudaba a oír el característico plaf plaf de su pubis contra mis nalgas.

    Llegó el momento de cambiar, la sacó, me di vuelta y segundos después estábamos en misionero.

    La verga a fondo, todo el cuerpo de Bob sobre mi, y él me cogía moviendo solamente la pelvis… el “polvo oruga” que suele echarme mi papá y del cual le hablé previamente a mi ocasional macho.

    La posición nos permitía besarnos y que me chupara las tetas. Cuando presentí que él iba a acabar, lo apreté contra mi cuerpo, casi clavando mis uñas en su espalda.

    No me equivoqué, en segundos otra acabada se derramó en mi matriz y siguió y siguió cogiéndome mientras la tuvo dura. Y entonces:

    —Caballeros, les agradezco su respeto a mi deseo… si gustan acabarle…

    Y papá y Tommy se abalanzaron sobre mi, ya desnudos, masturbándose hasta acabarme en las tetas, sobre la concha y en la cara.

    En minutos tenía sobre mi cara llena de leche tres vergas para limpiar.

    Cuando se las hube chupado fue mi turno de limpiarme. Corrí a la ducha… y se dio lo que había relatado a Tommy de mi encuentro con Sam. No fue forzado, fue natural, disfrutable y nuevo.

    Después, Bob y Tommy se retiraron, y me tomé una ducha verdadera con papá. Besándolo acariciándonos y hablando de cuán agradecida le estoy.

    Dos horas y media habían pasado desde que llegaron a la oficina. Fue el momento de despedirnos de Sam, que en su coche viajó hasta Fray Bentos para pernoctar allí y el sábado seguir a su provincia Argentina.

    Tommy llevó a papá a su casa y yo me fui a nuestra casa a preparar mi cena con Tom.

    Personalmente no olvidaré jamás los detalles de este encuentro. La nobleza de papá, lo bien que me cogió Bob en cucharita frente a ellos, el respaldo de Tommy a todos mis pedidos, y el momento en que me vieron en pose odalisca.

    Pero no terminó del todo el encuentro. El sábado tuve llamadas de Bob para agradecerme y para que transmitiera su agradecimiento a papá, y de Tiburón, a quien Bob había llamado para agradecerle “la recomendación de esa putita perfecta”.

    Pero lo más emocionante fue la llamada de papi para decirme que pese a que en algunos momentos se sintió hasta celoso, en general quedó encantado viéndome como nunca me había visto, y sabiendo de mis honorarios. También se refirió al final, cuando fuimos todos a la ducha, y me dijo que jamás había pensado en eso, pero que ahora no puede dejar de imaginarse una repetición. Por supuesto prometí complacerlo a la brevedad.

    Por último, esa noche conversamos muchísimo con mi Tommy, evaluamos todo, que nos encantó a los dos. Cada vez me gusta más entregarme o que me entregue, que me paguen y que él me vea hacer de todo, y que participe o no. El sábado nos fuimos al campo, yo tenía que atender a tres de mis amigos en ese fin de semana. Y aprovechamos todo el viaje para planificar un nuevo desfile. Todo me gusta en esto de putifina, pero lo de desfilar delante de desconocidos es algo que literalmente me vuelve loca de placer, ¡y además tengo cantidad de outfits comprados en Madrid y Paris!

    Hasta la próxima queridos lectores.

    Besos, Sofía.

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  • Rogando por placer (1)

    Rogando por placer (1)

    Hola a todos es mi primer relato, si le gusta seguiré contando más de este encuentro.

    Soy de origen libanés y llevo varios años viviendo en Colombia. Mido 1,75, tengo 25 años, un cuerpo atlético y una barba que, según muchos, me da ese aire de turco de novela que a veces despierta curiosidad entre mis clientas.

    Tengo un almacén de decoración y la mayoría de mis clientas son señoras. Pero había una en especial… venía siempre con su esposo, aunque era evidente que él no era su verdadero interés. Cada vez que entraba, se movía con un descaro estudiado. Caminaba lento, como si desfilara para mí, y esas nalgas grandes se balanceaban de una forma imposible de ignorar. Lo hacía a propósito, lo sabía. Se inclinaba más de la cuenta para ver un adorno, giraba apenas el cuello para asegurarse de que yo la estaba mirando. Y sí… yo la miraba.

    Había algo en su forma de provocarme en silencio, delante de su propio marido, que encendía la tensión en el ambiente. Esa mujer no venía solo a comprar: venía a jugar.

    Cada vez que venía, parecía disfrutar de ese pequeño juego silencioso: le gusta sentirse deseada, que las miradas de los hombres están fijadas en ese culo, en mi mente lo imaginaba comiéndola, ella me miraba como si supiera lo que estoy pensando.

    Laura era una mujer de cuarenta y tantos, de esas que combinan la elegancia con una sensualidad que no necesita esfuerzo.

    Después de años dedicados a su hogar, había empezado a sentir esa inquietud que muchas callan: las ganas de volver a sentirse viva, deseada, admirada… de redescubrir su lado femenino antes de que el tiempo siguiera avanzando sin permiso.

    Medía alrededor de 1,60. Su cuerpo conservaba las curvas generosas de una mujer real, segura de sí misma: caderas marcadas, piernas firmes, y una figura que hablaba de madurez más que de juventud. Su piel era clara, el cabello castaño con reflejos rubios caía sobre los hombros con naturalidad, y sus ojos —de un tono dorado, como girasoles bañados de luz— tenían una mezcla irresistible de ternura y picardía.

    Había en ella algo más que belleza física: una presencia magnética, un misterio que se percibía en su forma de mirar, de sonreír, de hablar pausado. Era el tipo de mujer que no necesita decir mucho para dejar a un hombre intrigado.

    Y quizá por eso, cuando coincidimos por primera vez, supe que esa historia no iba a quedarse en una simple conversación.

    Desde el primer día, sentí una química innegable entre nosotros. Yo, un joven lleno de deseo y energía, no podía evitar imaginarme comiéndome a una milf como ella. Laura, por su parte, era una mujer madura que, después de años siendo una ama de casa dedicada, finalmente estaba lista para explorar y disfrutar de la vida. La combinación de mi juventud y su experiencia creaba una tensión palpable cada vez que estábamos cerca.

    Ella sentía mi mirada, y a menudo me devolvía una sonrisa cómplice, como si compartiéramos un secreto que solo nosotros entendíamos. Con el tiempo, nuestras interacciones se volvieron más frecuentes, y la química entre nosotros se intensificó. Laura comenzó a visitar la tienda con más asiduidad, a menudo sola, y cada vez que lo hacía, podía sentir la electricidad en el aire. Sabía que estaba esperando algo más, y yo estaba más que dispuesto a dárselo.

    Un día, Laura entró a mi tienda acompañada de su esposo, ambos interesados en ver las nuevas adiciones a mi colección de artículos decorativos. Mientras su esposo se alejaba para examinar una pieza en particular, aproveché la oportunidad para acercarme a ella. Con una voz baja y llena de intención, le susurré al oído, “Ese culo está pasando hambre, está como para chupártelo.”

    Laura me miró con una expresión de deseo y excitación que me dejó claro que había dado en el clavo. Sus ojos brillaban con una mezcla de sorpresa y anticipación, como si hubiera estado esperando esas palabras durante mucho tiempo. Era evidente que mi comentario había encendido algo en ella, y la química entre nosotros se volvió aún más intensa.

    Aprovechando el momento, tomé su número de teléfono con la excusa de informarle sobre futuras promociones y nuevas arribadas. “Tengo algunas piezas nuevas que creo que te gustarán”, mentí, mi sonrisa pícara dejando claro que no estaba hablando solo de decoración. Laura, con una sonrisa cómplice, me dio su número, y desde ese momento, supe que nuestra conexión iba más allá de lo platónico.

    Con su número en mi poder, sentí que había abierto una puerta a un mundo de posibilidades, y estaba más que listo para explorar cada rincón de ese deseo compartido.

    Esa misma noche comenzamos a hablar por WhatsApp. Al principio fue simple: comentarios sobre decoración, cosas de la tienda… pero poco a poco el tono cambió. Laura escribía con esa mezcla de seguridad y picardía que solo tienen las mujeres que saben exactamente lo que quieren.

    Sus mensajes tenían doble sentido. Mis respuestas, también.

    Había química, y los dos lo sabíamos.

    —Si quieres, mañana paso a mostrarte algo que llegó nuevo —le dije.

    Y ella respondió de inmediato:

    —Prefiero verlo en privado.

    Le envié la ubicación de mi apartamento. No hubo dudas, no hubo excusas.

    La noche en mi apartamento comenzó con una botella de vino y algunos cigarrillos que nos ayudaron a relajarnos y a que nuestras inhibiciones se disiparan. Laura, con su vestido ajustado que resaltaba cada curva de su cuerpo, se movía con una confianza que me volvía loco. La química entre nosotros era palpable, y cada mirada, cada roce, estaba cargado de deseo.

    Mientras charlábamos, Laura se acercó a mí, su voz baja y tentadora. “Sabes, he estado pensando en ti”, admitió, sus ojos fijos en los míos. “En lo que me hiciste sentir en la tienda.” Sentí una oleada de excitación, sabiendo que estaba jugando con fuego.

    Decidí llevar las cosas un paso más allá. “Ven aquí”, le dije, señalando el sofá. Laura obedeció, su cuerpo moviéndose con una gracia que me hipnotizaba. Se sentó a horcajadas sobre mí, y pude sentir el calor de su cuerpo a través de la ropa. “Quiero que te pongas en cuatro”, le susurré al oído, mi voz llena de intención.

    Laura se levantó y se posicionó en el suelo, su trasero perfecto levantado hacia mí. Me acerqué, mis manos recorriendo sus caderas y nalgas, besando cada centímetro de su piel. “¿Qué deseas, Laura?” le pregunté, mi voz baja y llena de deseo.

    “Tú sabes lo que deseo”, respondió, su voz temblando de anticipación.

    “Quiero que me lo digas”, insistí, disfrutando de su incomodidad y excitación. “Quiero escucharte rogar.”

    Laura gimió, su cuerpo moviéndose con urgencia. “Por favor, hazlo”, suplicó, su voz llena de necesidad.

    “No, quiero que me lo digas claramente”, respondí, mi voz firme. “Dime exactamente qué quieres.”

    Laura se retorció, su respiración acelerándose. “Por favor, chúpame”, intentó, pero sabía que quería más.

    “Más claro, Laura”, exigí, mi voz llena de autoridad. “Dime exactamente qué parte de ti quieres que chupe.”

    Laura cerró los ojos, su rostro rojo de vergüenza y deseo. “Por favor, chúpame el culo”, rogó finalmente, su voz llena de necesidad y vergüenza.

    “Dilo de nuevo”, exigí, mi voz firme. “Dime, “por favor, chúpame el culo.” Laura, con una voz temblorosa de excitación, repitió, “Por favor, chúpame el culo.”

    Comencé a chupar su ano, mi lengua explorando cada pliegue, saboreando su piel. “¿Cómo te sientes al rogar a otro hombre que te chupe el culo?” le pregunté, mi voz llena de satisfacción. “Te crees ama de casa, te crees una mujer fina. Mírate ahora, en cuatro, con otro hombre chupándote el culo.”

    Laura gimió, su cuerpo temblando de placer.

    Continué chupando, mi lengua moviéndose en círculos, llevándola al límite. “Te gusta, ¿verdad?”, le susurré, mi voz llena de lujuria. “¿Que le dirás a tu esposo cuando te pregunte donde estabas? ¿Le dirás que otro hombre te estaba comiendo el culo toda la noche?”.

    Laura gimió más fuerte, su cuerpo convulsionando de placer. “No, no le diré nada”, jadeó, su voz llena de necesidad. “Solo le diré que estoy cansada, que necesito descansar.”

    Le dije, mi voz llena de satisfacción. “ahora, dime, ¿qué sientes al saber que tu esposo nunca te hará sentir así? ¿Que solo yo puedo darte este placer?”.

    Laura asintió, incapaz de formar palabras, su cuerpo temblando de anticipación. De repente, paré, le dije quieres que pare o que sigua. “Por favor, no pares ahora”, rogó Laura, su voz desesperada. “Por favor, no me dejes así. No pares, que me voy a… qué rica esa lengua”, gimió Laura, su voz entrecortada por el placer. “Me voy a llegar, me voy a venir, hijueputa, que rico.”

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  • Tengo que contarte algo que te va recalentar

    Tengo que contarte algo que te va recalentar

    Sentado en su nueva cama y estando ella arrodilla entre mis piernas comencé a saborear sus hermosas aureolas.

    Mientras Milena acariciaba mi pelo me dice:

    -Tengo que contarte algo que te va a recalentar.

    Apenas levante un poco la mirada hacia sus ojos sin largar la teta izquierda.

    -El sábado hice un trío con una chica hermosa y su novio, ella es paraguaya.

    Bajo su mano hacia mi pija que se endureció de inmediato, el solo hecho de imaginarla haciendo un trío provocó la dureza de falo; la piel bien fina y estirada la cabeza hinchada a más no poder afuera del capullo estirando el frenillo al máximo, los huevos bien aprisionados y un torrente sanguíneo que no paraba de llenarla.

    Inmediatamente vino un nombre a mi cabeza.

    -¿Alegra?

    Instantáneas imágenes recorrían mi cabeza.

    -¡Sí! ¿Como sabes hijo de puta?

    Alegra trabaja de escort es muy famosa por sus largas sesiones de sexo según dicen nunca deja a un cliente insatisfecho. Si bien no llegue a conocerla forma parte de mi larga lista de pendientes.

    A Milena la conozco hace varios años y llegamos a tener un sentimiento de afecto sin llegar a involucrarnos ni superar el umbral, supongo por la diferencia de edad o porque ambos conocemos nuestras cagadas y mantenemos ese secreto ante nuestros allegados, nadie conoce nuestra relación en nuestro entorno.

    Mientras subía y bajaba su mano por mi pija ardiendo me decía al oído beboteando su voz.

    -Tiene una concha divina se la chupé con todas mis ganas.

    Inmediatamente, me recosté sobre la pequeña porción de cama que quedaba libre y quede con la cabeza colgando, ella bajo hasta la altura de mi pija y con ambas manos tomó el trozo y coloco su boca de buzón abrazando el glande, comenzó a succionarlo buscando su jugo, no la tragó sentí que ella imaginaba seguir absorbiendo de aquella vagina teniendo una pija en la boca. Fueron varios movimientos de ese tipo sin tragar el pene hasta que comenzó un frenético sube y baja, paró un instante ese vaivén y con su boca golosa balbuceó.

    -Ella también la chupa divina me hizo acabar 2 veces me succionó el clítoris como si fuera un pito.

    Luego de esa frase hundiendo una pierna en el colchón se despojó de su pequeña tanga blanca y con el mismo movimiento pero con la otra pierna su tesoro quedo a mi merced.

    Suavemente con una mano en el pecho me guío hasta quedar recostado, ella avanzó y quedé con mi boca entre sus piernas con su vulva recorriendo mi boca, su humedad saciaba mi sed y sus gemidos retumban en mi cabeza. Cabalgó mi lengua varios minutos.

    Tomando sus nalgas acerqué sus labios vaginales a mi boca y saboreé sus jugos y coloque mi dedo pulgar en la entrada de su ano. En ese momento ambos sabíamos que estábamos pensando en una sola persona, la chica del trio.

    Giró y tomó nuevamente el fierro. Sus palabras fueron convirtiendo mi pija en un mástil inquebrantable y lo clavo hasta la mitad:

    -Hasta ahí amor está muy duro me va destrozar estoy muy sensible.

    Para no ser profundamente penetrada apoyó sus poderosos pomelos sobre mi pecho, se movía muy despacio.

    Me salió decirle algo que no hubiera pensado jamás.

    -Dame un beso yo sé que me amas.

    -Si te quiero mucho amor.

    El beso fue profundo largo intenso nuestras lenguas se enredaron como nunca pensando en la concha jugosa de Alegra. Cuando la penetré profundamente se incorporó y pagué este acto perdiendo el contacto de sus labios.

    Milena no podía parar de coger tirando su cuerpo hacia atrás, con sus tetas mirando al cielo, seguía cabalgando con movimientos lentos, llevando su pelvis hacia adelante enterrando el fierro hasta el fondo de su embace para luego incorporarse y liberar la presión y luego nuevamente ir hacia adelante. Tiene una habilidad increíble para realizar ese movimiento a la perfección.

    Entre gemidos ahogados, con la voz entrecortada por la zarandeada que me estaba dando seguía relatando momentos de su faena con Alegra.

    -El novio no me toco, solo jugamos con ella, él se la cogía yo le chupaba las tetas y la besaba, ella le chupaba la pija y yo saboreaba su almeja, ella me chupaba la concha y el chabón se pajeaba. Después lo empezó a cabalgar no podía creer la velocidad de sus piernas el pobre pibe quedó hecho un trapo de piso…

    En ese momento llevo todo su cuerpo hacia adelante y comenzó a moverse a la velocidad que imagino Alegra lo había hecho con su novio.

    El relato me volvía loco, mi verga cada vez estaba más dura esto hacía que las ganas de terminar el acto se esfumaran. Aguanté la embestida estoicamente.

    Ella bajo el ritmo recosté con cuidado su cuerpo apoyando su cabeza a los pies de la cama, sus tetas formaron dos círculos redondos que desbordaban su torso, los pezones duros las piernas juntas apoyadas en mi hombro derecho inserté mi pistón para bombear sin parar esto provocaba que sus tetas se muevan describiendo circunferencias y ella repetía constantemente al ritmo del vaivén.

    -¡Como le chupé la conchaaa!… ¡Como le chupé la conchaaa!…

    Tuve que bajar el ritmo mi corazón latía mil, tampoco quería morir en la cogida, cambié para ponerla en cuatro y seguía estimulándola para que me siga contando.

    -¿Después que paso?

    -El novio de Alegra tenía la pija muerta y yo quería coger, Alegra busco en un cajón un consolador grande como tu pija y me lo clavo en la concha. Me cogía mientras me chupaba el orto a toda marcha.

    Le clave mi poronga en cuanto ella quedo en cuatro patas con sus rodillas apoyadas en la cama, yo con una pierna en el piso y otra flexionada en la cama y ella mordiendo el acolchado que apenas lo soltaba para seguir relatando como Alegra la había masturbado con ese gran consolador.

    Ambos oímos el clásico ¡Track!

    -¡Se rompió el forro, para pelotudo, salí despacito por favor!

    Inmediatamente saque la pija con el forro destrozado.

    -Dame otro Mile

    -¡No! me vas a reventar la concha ya acabe como 3 veces.

    Agarro mi pija con una mano y llevando el resto hasta el fondo de su garganta y ahogándose me dio la mamada de mí vida que me hizo estallar como un pozo petrolero llenado su hermosa cara con mi líquido blancuzco.

    Relajados ambos luego de una ducha reparadora ella quedo recostada como la pintura de Goya pero actualizada al año 2025, sus jóvenes 33 años, su cintura pequeña y su abdomen plano decorado con el tatuaje de una rosa en el centro, con su pecho izquierdo apoyado en la cama, su teta derecha que aumentaba el volumen al ser presionada por su brazo y sus sensuales lentes colocados que adornaban su cara seguía contando:

    -Cogimos casi 3 horas, teníamos un hambre terrible y la cocina del restaurant del hotel ya había cerrado, tuvimos que conformarnos con unos tostados. Alegra tiene 42 siempre coge con tanta pasión, ella dice que son pocos los hombres que llegan a satisfacerla completamente siempre necesita de una mujer que termine de llenarla siempre lleva a alguna amiga y me agradeció que la acompañe.

    No sé porque mi mente me llevo al hecho de la Guerra del Chaco -Si Milena las mujeres paraguayas son muy pasionales llevan en su ADN la falta de hombres desde la guerra de Bolivia y Paraguay en 1932.

    Paraguay a pesar de ganar la guerra perdió el 90% la población masculina de mediana edad imagínate había 4 mujeres por hombre las minas desesperadas agarraban una pija y no la largaban además fueron muy importantes en la reconstrucción del país. Supongo que eso se habrá transmitido de generación en generación.

    -Si puede ser. Quedo pensativa…

    Luego llegó la invitación que tanto esperaba -¿Te vas animar a hacer un trio con Alegra y yo?

    Aun recostado en piso cual Adán en el paraíso. Baje la vista hacia mi entrepierna. La reacción fue instantánea.

    -No sé si vas querer pero tu pija parece que si. jaja

    Me dio un pico se recostó en el piso y comenzó a chuparme la verga como si hubiera vuelto de la guerra.

    Querida lectora espero en mi próximo relato poder contar mi experiencia del trio con Milena y Alegra. Como consejo lectora si vas hacer un trio MHM deberías tener en cuenta que tu contraparte no sea paraguaya de otra forma deberás resignarte a perder en la batalla por la pija en juego.

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  • Mi primera vez con mi vecina madura

    Mi primera vez con mi vecina madura

    Después de lo que pasó en su departamento, Vero y yo seguimos viéndonos.

    Ese fin de semana su hijo lo pasaría con su papá por lo que Verito y yo nos organizamos para estar juntos esos días.

    En primera me dijo que no quería que fuera en su departamento o el mío, como vive sola con su hijo no deseaba que hablaran chismes de ella, por lo que acordamos rentar una habitación de hotel.

    Fue el viernes, quedamos de vernos en un restaurante. Llegó hermosamente vestida con un vestido corto claro y un suetercito beige, y unas zapatillas negras de punta abierta.

    La tomé por la cintura y la besé, fue un largo y apasionado beso, extrañaba sus labios y el sabor de su boca, bajé mis manos a sus duras nalgas.

    —No tan rápido galán, tienes que ganártelo.

    —Te extrañaba muñeca.

    —Yo también—. Me dijo al oído.

    Después de comer fuimos a un bar, platicamos de muchas cosas, me dijo que le había encantado lo que hicimos en su departamento aquella vez.

    Mientras hablábamos ella frotaba su pierna contra la mía y me lanzaba miradas coquetas, yo acariciaba su rostro y la besaba con delicadeza. Pasada la medianoche salimos del bar.

    —Yo elijo el hotel—. Advirtió ella.

    Llegamos y subimos a la habitación. Le quité el suéter sin dejar de besarla en el cuello y los hombros.

    Vero dijo que se sentía un poco mareada por el alcohol y se recostó en la cama. Me detuve a contemplarla, era como la Maja vestida. Se levantó de pronto, me tomó por el cuello de la camisa y me besó apasionadamente, quise agarrarla por las nalgas pero quitó mis manos de ella y me empujó tirándome a la cama.

    Comenzó a mover sensualmente la cadera mientras se apretaba las tetas y deslizaba las manos por sus costados mientras se desabotonaba el vestido. Se inclinaba dándome la espalda y movía las nalgas de arriba hacia abajo.

    —¿Te gusta guapo?

    —Me encanta preciosa.

    Se volteó hacia mí.

    —Quítamela, pero sin usar las manos—. Dijo señalando sus bragas, se volteó y puso mis manos en su cadera.

    Con los dientes empecé a bajarlas, estas cayeron al suelo e inmediatamente hundí mi rostro entre sus duras nalgas, saboreé el dulce néctar que escurría de su vagina, ella solo gemía y se inclinaba entregándome las nalgas.

    —Levántate—. Me ordenó, se puso de rodillas, me sacó la verga y comenzó a chupármela mientras se dedeaba y frotaba mi pene contra sus pezones duritos.

    La levanté y la acosté boca arriba, tomé sus pies y empecé a recorrer con mi lengua sus plantas y cada uno de sus dedos con lujuria, Verito respiraba profundo y gemía mientras se dedeaba. Continúe con sus piernas besando y lamiendo sus muslos, subí a su cosita, di lamidas en su clítoris muy dilatado y seguí hacia su abdomen besándolo, también su cintura y el borde de sus nalgas. Mis manos la acariciaban y mi boca la recorría por completo.

    Verito me tomó del cabello y hundió mi cara en su conchita, ella gemía y se retorcía a la vez.

    —Ya métela—. Dijo con insistencia.

    Froté mi verga sobre sus labios húmedos, Verito me decía que ya se la metiera. Empujé suave y lentamente, podía sentir su calor y sus jugos lubricándome, cuando llegué al fondo ella soltó un fuerte gemido y sus piernas se tensaron aprisionándome. Por fin la había hecho mía.

    Me detuve y me subí en ella para que me hiciera una rusa.

    —¿Te gustan mis chichitas?

    —Me encantan.

    Ella me apretaba con sus tetas y yo empujaba para que me chupara la punta de la verga.

    —Quiero de a perrito—. Dijo exhausta.

    La volteé y la puse en cuatro. Le llevé la verga a la boca para que la lubricara. Entré lentamente, al tiempo que Verito relajaba la cadera. Sentía como iba entrando hasta el fondo y ella arqueaba la espalda gimiendo de alivio. La nalgueaba con fuerza pero con cuidado de no lastimarla. La tomé del cabello y la jalé hacia mí, no dejaba de gemir con cada embestida que le daba y ella se aferraba a las sábanas con uñas y dientes.

    Me detuve un momento para besarla pero ella seguía moviendo la cadera frenéticamente como si quisiera exprimirme cada gota de leche, fue riquísimo.

    —Acuéstate—. Me ordenó.

    Me tiré en la cama y comenzó a chupármela, me besaba la verga, me lamía los testículos y se la metía hasta el fondo de la garganta.

    Se montó sobre mí en cuclillas, subiendo y bajando rápidamente las nalgas.

    —¿Te gusta guapito?—. Me dijo sonriendo.

    —Me encanta muñeca hermosa—. Respondí sin aliento.

    Luego se volteó dándome la espalda y continuó moviendo deliciosamente las nalgas mientras yo la nalgueaba y le dedeaba el culo. Volvió a girarse hacía mí, me besó en el cuello y el pecho, resopló exhausta limpiándose el sudor de la frente.

    La puse boca arriba. Volví a ponerle las zapatillas, le abrí las piernas y me llevé sus tobillos a los hombros para poder lamer sus pies mientras ella recibía mi verga frenéticamente. Tensaba las piernas, era señal de que se estaba viniendo, pude sentir su néctar caliente escurriendo por debajo de mis huevos, eso me calentó bastante y yo empujaba con más fuerza sin dejar de lamer sus pies.

    Cuando sentí que me venía saqué la verga, tomé a Verito por el cabello, apunté a su cara y descargué un chorro de leche hirviendo, se la metí en la boca y ella chupaba y yo seguía corriéndome, abrió la boca y pude ver que se había tragado toda mi leche.

    Me tiré exhausto, jadeando, no sentía las piernas, Verito se acurrucó a mi lado.

    —Estuvo muy rico amor.

    —Desde que te vi me gustaste y deseaba probar tus besos, tus pies, todo tu cuerpo—. Dije mientras acariciaba su carita.

    —La verdad, al principio no me caías bien, parecía que siempre estabas enojado pero a la vez me gustabas porque estás musculoso.

    —Jajaja y ahora eres mía.

    —¿Tuya? Yo no tengo dueño corazón—. Ambos nos reímos.

    Seguimos abrazados en la oscuridad, nos besamos mientras nos acariciábamos. En algún momento nos quedamos dormidos.

    Lentamente algo me despertó, sentí el pene caliente y mojado, cuando abrí bien los ojos Verito estaba terminando de chupármela, se subió sobre mí introduciéndose mi verga y comenzó a cabalgarme frenéticamente, no sé cómo recuperó su energía, yo sólo me dejé coger.

    Cambiamos de posición, le abrí los muslos y comencé a embestirla, ella me abrazó con las piernas y apretándome me jalaba hacia ella. Chupaba sus pezones, le mordía los labios y ella gemía con fuerza sin soltarme.

    Se corrió, me aparté para probar sus jugos, eran espesos y salados. Succioné su conchita, ella se retorcía de placer y continué con su orto.

    Llevó su pie a mi boca, con el otro frotaba mi verga, volteé a verla, tenía su mirada fija en mí mordiéndose los labios. Restregué las plantas de sus pies en mi cara, lamía desde el talón hasta los dedos.

    Ya no aguanté y me corrí en sus plantas, solté un gemido de alivio y me vacié en sus pies, ella solo se rio coquetamente.

    Volvimos a abrazarnos en la cama.

    El día siguiente continuamos dándole, solo salimos para comer y regresamos para despedirnos en el jacuzzi.

    —Ya sabes ninguna palabra de esto a nadie.

    —Confía en mí—. Le di un beso y una pequeña nalgada.

    —Jajaja torpe—. Y me apretó la mejilla.

    Regresamos cada quien por su lado.

    Este fue el comienzo de una hermosa “amistad”; con encuentros prohibidos y complicidades que sólo ella y yo sabemos.

    Aproximadamente cuatro meses después Verito se mudó, yo todavía duré más o menos un año en ese departamento y también me mudé. Ahora no tenemos ningún problema con vernos en nuestras casas y hacernos lo que más nos gusta.

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  • Mi vecino del fin de semana (3)

    Mi vecino del fin de semana (3)

    -Estoy acalorado, debe ser la pastilla. Y vos también. ¿Vamos a darnos un chapuzón?

    -¿Así, desnudos, en la pileta?

    -Claro, ¿por qué no?

    Pusimos los celulares para grabar en dos sillas a ambos lados de la pileta. Nos duchamos al costado de la pileta, para limpiarnos el sudor y el semen, lo que aproveché para enjabonar bien su pene, el cuerpo y hurgar en su ano con mi dedo medio primero y con dos dedos luego, mientras Justi gemía de placer.

    -¡Estás otra vez el palo!

    -Me gustó tu jueguito con los dedos.

    -Mmmm…

    Me arrodillé en la ducha y volví a devorarme su pija, sin dejar de horadar su ano con mis dedos enjabonados. ya tenía su verga dura otra vez. Entre chupada y chupada a fondo, dedos en el ano y caricias de sus glúteos le dije, mirándolo a los ojos:

    -¡Sos incansable!

    -¡Vos también!

    Se la chupé varios minutos atrapando sus nalgas con ambas manos para que me siguiera cogiendo por la boca. Era un deleite permanente meterme su pija en la boca hasta llegar con mis labios hasta su pelvis. Me alcé para volver a besarlo frenéticamente en la boca.

    Paramos las grabaciones para ver los videos. Estábamos a mil. Nos chuponeamos frenéticamente, pajeándonos. Nos miramos a los ojos:

    -Estoy re caliente, le dije y lo besé con lengua a fondo, -¡Qué putos somos!, me dijo jadeando. -¡Sí!

    Nos filmamos comiéndonos la boca.   Nos zambullimos. Seguimos acariciándonos en el agua y debajo de la superficie, donde aproveché para chuparle otra vez la pija, bien erecta. Le lamí el cuerpo, los pezones, los abdominales y lo coloqué de espaldas a mí para hacerle lo mismo en toda la espalda, recorriendo la columna vertebral desde el cuello, que le lamí y besé con delicadeza para no dejarle marcas, hasta sus preciosos glúteos.

    La piscina tenía un descansillo en uno de los extremos, de un par de metros, con apenas unos 30 centímetros de agua, como para tomar sol sin salir de la misma. Lo hice inclinarse dejando su culo y piernas a mi merced, que le seguí besando y lamiendo, mientras gemía de gusto. Tomé mi celular y comencé a grabarlo.

    Su torso en V ya era atractivo de frente, un auténtico Adonis, pero de espaldas estaba fantástico, con formas casi femeninas, culminando en su estrecha cintura y sus nalgas redondas y perfectas, con forma de manzana, una delicia para la vista, un verdadero manjar para mi boca, como pude comprobar enseguida, cuando comencé a lamerle su rosado agujero, llegando a meterle la lengua dentro para arrancarle gemidos y suspìros de placer.

    Cuando estaba a punto de comenzar a gozar de su precioso culo, nos interrumpió el sonido de la llamada de su celular.

    -Debe ser mi mujer, que ya habrá llegado a la fiesta del bar gay.

    Lo solté de mala gana, le di un morreo de campeonato y lo dejé responder la llamada.

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