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  • Mayelita y los amantes de la diversidad (4): La tentación de un chico gay

    Mayelita y los amantes de la diversidad (4): La tentación de un chico gay

    Kevin se había despertado y vio a Jacob a su lado.

    Kevin reposaba con su cuerpo completamente desnudo entre las sabanas y colchas blancas del cuarto de Jacobo, ambos habían caído dormidos después de más de una hora de relaciones sexuales, en las que Kevin de piel y ojos güeros, abdomen plano y músculos leves había hecho como siempre de pasivo mientras que su novio Jacobo entraba en el dándole placer como había hecho desde hace casi tres años que eran novios. Los besos que se daban en los pasillos o comedor eran de esos besos que se te antojan a mas no poder, jamás había visto a una pareja que se diera besos tan apasionados, tan solo verlos podías saborearlo y yo personalmente los había visto en un par de ocasiones arrinconados fajándose.

    Jacobo estaba de pie desnudo dándole la espalda a Kevin, el miraba su hermoso trasero, sus hermosas nalgas bien trabajadas fruto de años de ejercicio que le había dejado también unos grandes músculos y un abdomen bien cuadrado que Kevin adoraba besar, iban al gimnasio juntos Kevin soñaba con estar igual, pero a Jacobo le gustaba, así como estaba después de todo era el pasivo de la relación.

    -Te voy a extrañar. –Dijo Jacobo volteándose mirándolo con su caracterismo semblante serio. Kevin no respondió y se limitó a mirarlo coquetamente. – ¿Tu a mí no?

    -No quizás no. –Dijo juguetonamente, aunque era verdad en el fondo.

    -Ah no. –Dice desafiantemente Jacob subiéndose a la cama y acercando su pene al rostro de Kevin quien se inmediato lo ve como se pone erecto. –Seguro. –Dice mientras Kevin mira fijamente como la sangre sube al miembro viril de su novio y lo deja en su estado máximo y perfecto. Kevin le lanza una última mirada y vuelve a engullir el pene de Jacobo, el sujeta su cabeza y comienza a follarle la boca, algo que en un inicio a Kevin le había parecido incomodo, pero con el tiempo le empezó a gustar, la sensación de fuerza del pene de Jacob recorrido su boca era como cogerlo por la boca y le encantaba sentir a veces que se ahogaba le encantaba, le gustaba sentir que el aire se la escapaba. –Ya debemos irnos.

    -Ay no echémonos otro. –Dice Kevin sacando lo de su boca.

    – ¿No que no me extrañarías?

    -Dame una última tanda de tu rico semen mi rey. –Dice Kevin mirándolo de rodillas.

    -Te he dado todo mi semen desde ayer, debo estar seco, el viaje me servirá para recargar los contenedores.

    -Ay si tan bellos los contenedores. –Dice levantándose y tocando los testículos de Jacob. –Me encantan quisiera tenerlos siempre en mi boca.

    -Me encanta que los tengas allí. –Dice Jacob y se besan. – ¿Dónde te deje más leche mi amor en la boca o adentro?

    -Creo que adentro, siento muy cálido y hermoso. –Dice Kevin poniendo su mano en su abdomen. –Aunque bueno técnicamente por la boca también acaba adentro. –Rio.

    -Ah bueno sí. –Dice riendo Jacob. –Pero ya sabes a que me refiero, amo como tragas mi semen.

    -Yo amo hacerlo. –Decía eso Kevin a pesar de que seguía disgustándole que en los dos años Jacob no se había atrevido a beberse su semen, en parte lo entendía, Jacob a diferencia de Kevin descubrió su homosexualidad, Kevin había sido su primer novio, pero anteriormente había sostenido relaciones con dos chicas, mientras que Kevin jamás había sentido atracción por las mujeres, hasta hace poco.

    Ambos se conocieron en el equipo de futbol al iniciar la preparatoria, ambos eran defensas, pero Jacobo era la estrella del equipo, además de jugar muy bien por ser el más guapo quizá de todo el instituto. Se empezaron a frecuentar, a salir a charlar, a comer, a beber, en los vestidores cuando se veían prácticamente desnudos era cuando más confianza tenían, contaban sus problemas, Jacob incluso le llego a contar que quería volver con su ex, los exámenes que le preocupaban y demás cosas, se hicieron confidentes.

    Hasta que un día que salieron de las duchas Kevin reparo que Jacob estaba erecto, su hermoso miembro sobre salía de la toalla, eso a él también lo éxito.

    -Ay creo que se despertaron mutuamente. –Le dijo Jacob mientras se secaban.

    -Tú me lo despertaste a mí. –Dijo Kevin con una sonrisa.

    -No tu a mí. –Y con esas palabras ambos se acercaron y se dieron su primer beso y a partir de allí iniciaría su relación. Kevin había perdido por completo la virginidad con él en las duchas, Jacob fue la primera persona a la que beso, a la que acaricio, a la que lamio, a la que le dio placer. El sabía que le gustaban los hombres, siempre lo supo jamás lo había dudado hasta hace muy poco.

    -¿Nos duchamos rápido? –Le dijo Kevin después de aquel beso y manoseada.

    -Si. –Dijo Jacob suspirando y ambos tomados de la mano se metieron a la ducha. Kevin amaba bañarse con su novio, sus primeros encuentros sexuales eran allí bajo el chorro del agua a sí que le parecía algo muy bello e íntimo. Siempre era Jacob el primer en meterse para medir el agua.

    Cuando estaba cálida jalaba a Kevin hacia él y lo besaba mientras apretaba sus nalgas, después de aquel beso se enjabonaban, decían que sería una ducha rápida, pero cuando Jacob le enjabono el trasero no pudo resistir el deseo de volver a penetrarlo y Kevin gustoso se recargo en la pared para recibir a su hombre, el pene de Jacob estaba circuncidado y eso lo hacía más exquisito a ojos de Kevin, le besaba el cuello mientras el agua los empapaba a los dos Kevin se sentía amado, se sentía pleno, se sentía feliz y sentía el máximo placer cuando sentía a Jacob alcanzando el clímax y derramando su semen adentro de él.

    -Ahí papi, sí. –Exclamo Kevin cuando su novio vacío su semilla en él, Jacobo le acaricio el cabello y lo beso.

    -Date la vuelta bebe. –Dijo y frotaron sus penes, el de Jacobo ya estaba flácido, pero Kevin seguía duro, logro acabar después de varios besos y ver a su hombre bajo la ducha, bello, magnifico, sensual, lo volvía loco.

    Se secaron rápidamente uno al otro mientras se besaban, luchando por ya no demorarse más cogiendo. Se vistieron y salieron a ultimar todo para el viaje, Jacob subió sus maletas y entonces Kevin arranco el auto.

    Fueron directo al aeropuerto, estacionaron y una vez en el elevador les cayó la suerte de estar solos, Jacob le planto un sorpresivo beso a Kevin que este disfruto, al abrirse la puerta avanzan y al llegar al frente de la salida a vuelos internacionales, Jacob se sorprende al vernos.

    Yo, Mayelita y otras dos amigas; Daniela y Natalia, los recibimos con un ramo de flores y chocolates que Kevin nos encargó, yo sostengo una pancarta que dice; “Para el más guapo goleador”. Jacob se conmueve y abraza a Kevin, él fue quien nos coordinó para despedirlo, es un buen amigo y debo confesar que a él le debo mucho para haberme entregado finalmente a Mariela, me explico todo sobre el sexo anal y como es entregarse, es un gran amigo.

    Daniela es una gran amiga también de la cual hablaremos después, pero Natalia, oh ella es el centro de todo. Bellísima chica de 20 años, de baja estatura, unos senos menudos, piel ligeramente morena, unos ojos ovalados que casi dieran un ligero aire de asiática, siempre vestía con ropas oscuras y gustaba de delinearse muy bien, que logró captar la atención de la persona menos esperada.

    -Ay muchas gracias por venir. –Nos dice Jacob y todos los abrazamos.

    -Que tengas un excelente viaje y éxito sé que lo lograras. –Le dijo. -Muchas gracias viejo.

    -Felicidades Jacob el mejor de los éxitos en Alemania. –Dice Mayelita abrazándolo.

    -Muchas gracias Mayelita.

    -Hoy vas a adicionar para entrar a un equipo europeo, mañana de iremos a ver a la copa del mundo. –Dice Natalia.

    -Ay gracias Naty, eso espero, ojalá llegue a las grandes ligas.

    -Sé que lo harás, un día el gol que gane el mundial o las olimpiadas ira dedicado a este chico. –Dijo Naty señalando a Kevin.

    -Ay claro que sí. –Dice y estira su brazo para abrazar a Kevin y besarlo.

    Daniela también lo felicita y le desea éxito, los seis pasemos a comer rápidamente unos sándwiches, para después despedir a Jacob, Kevin figura y expresa que va extrañarlo, aunque una parte del ya necesita que se vaya. Ambos chicos posan en la salida cuando ya es hora de que Jacob ingrese, se abrazan y se dan un gran beso yo al ser quien tiene el mejor celular tomo la foto de ambos chicos besándose antes de despedirse, se abrazan y al final se sueltan y Jacob ingresa a la fila para perderse de nuestra vista y con esto Kevin está listo para perderse.

    -Estará bien. –Le dijo sujetándole del hombro. –Lo sé, pero lo extrañare.

    -Oh es que estas celoso que algún alemán le echo el ojo. –Dice Daniela acercándose también poniendo la mano sobre su hombro. Kevin ríe y niega, eso era lo último que le preocupaba.

    -¿Quieren hacer algo más?, Luis y yo planeábamos ir a Plaza Mitika a comer. –Sugiera Mayelita.

    -Ay gracias Marielita, pero tengo unos pendientes que arreglar ya me tengo que ir. –Dice Natalia y se despide de todos, al darme el beso en la mejilla noto su perfume, una fragancia cuyo propósito es obvio. –Nos vemos el lunes. –Dice y se va.

    -Oigan yo si les acepto la idea, podría llamar a Sofía y decirla que la veo allí.

    -Si estaría perfecto. –Le respondemos. – ¿Y tú Kevin?

    -Tengo que recoger unos encargos que me hizo mi madre y después acabar unas tareas. –No era cierto, pero si tenía algo que necesitaba hacer. –Quizá para el lunes, si me hará falta distraerme.

    -Ya estas. –Le dijo y nos estrechamos la mano y abrazamos.

    Yo, Mayelita y Daniela salimos a pedir un Uber mientras que Kevin regresa al estacionamiento ansioso y nervioso, mientras avanzaba por el aeropuerto manda dos mensajes preguntando a la persona que necesitaba ver donde estaba e ignora dos mensajes de Jacob diciendo que lo extraña. El aeropuerto es gigantesco no lo culpo haberse perdido, tardo como quince minutos en llegar al piso donde había dejado su auto, no recibía el mensaje que esperaba.

    Al llegar al auto se la encontró, de pie recargada sobre el cofre del auto, se había cambiado y puesto una falda que relucía sus piernas.

    -¿Pensaste que me iría? –Dice Natalia inclinando la cabeza. Kevin la mira fascinado, sobre todo por sus botas y su falda que dejaban al descubierto sus piernas.

    -Se ha ido. –Exclamo. –Si. –Le respondió ella con una sonrisa juguetona. –Eso quiere decir que por dos semanas seremos tu y yo.

    -A si es. –Dice Natalia acercándose hacia él, poniendo sus manos en sus hombros, el ya casi por instinto las puso en sus caderas. –Solos tu y yo finalmente. –Dijo y se besaron, Kevin la abrazo, había comenzado a disfrutar y gozar del cuerpo de Natalia quizá más que el de Jacob y eso que apenas habían estado juntos dos veces, pero la sensación de su cuerpo, delgado, curveado, sus senos, aunque no muy grandes, su piel suave, habían comenzado a encantar a Kevin, deseaba probar y disfrutar de ella o quizás más.

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  • Los hermanos Pérez (3)

    Los hermanos Pérez (3)

    Necesitaba hablar con alguien, contarle mis aventuras carnales junto a mi hija Marta, esperando que me iluminasen. Las dudas seguían carcomiendo mi alma, no así como a Marta que, cuando me dio cierta noticia, estaba radiante, exultante. Yo no sabía cómo tomarme todo lo que estaba pasando. Por un momento sí que pude disfrutar, no solo del sexo con ella, sino también de vivir en armonía y paz de pareja sin pedir perdón por nada ni a nadie, incluso ahora que Marta y yo decidimos tomar un descanso y salir con otras personas. Incluso ahí, esos meses, nos acostábamos sin pudor. Y, como digo, mi consciencia estaba la mar de tranquila.

    Por si fuera poco, el sexo era genuino nuestro. Aun conociendo a más gente, tanto por mi parte, como por la de Marta, no podíamos excitarnos si no era con el otro. Y no era que no lo intentásemos, por descontado. Una de mis citas acabó en el baño público y tuve mi polla dura en la boca de aquella jovencita (ahora me daba por chicas jóvenes) tierna y dulce, pero, a medida que la muchacha chupaba, mi polla se iba desinflando. No era Marta y punto. Por ello, cuando llegué a casa y le dije cómo había ido, Marta no se lo pensó dos veces y me hizo una buena mamada hasta llegar a tragarse mi lefa. ¡Dios, que mujer…!

    La adoraba y me era imposible sentir culpabilidad alguna por follar con mi chica. A ella le pasaba otro tanto. Recuerdo como me contó que estuvo a punto de tirarse al musculitos de la universidad y, cuando él estaba sobre ella, Marta no dejó que la penetrase. No era yo, y su fuero interno se lo hacía saber. Así que aproveché para llenar su vagina con mi semen, y le fue de lo más fácil abrirse de piernas para mí.

    Pero ahora la situación había cambiado y los fantasmas habían vuelto para atormentarme más que nunca.

    Cuando entré en la casa de mi hermano Héctor, él se sorprendió al ver mi rostro desencajado.

    -Hermano, estás bien -me preguntó con preocupación.

    -Sí… -comencé- ¡No! No estoy bien Héctor. Quiero decirte algo y no sé cómo. Ni siquiera sé cómo te sentará saber esto.

    -Prueba -instó él.

    Me humedecí los labios, tragué saliva y, cuando abrí la boca para hablar, no pude y la cerré de nuevo. Mi corazón era una orquesta de tambores de lo nervioso que estaba.

    -Siéntate, anda -me ayudó Héctor a calmarme-. ¿Qué es lo que ocurre, Fernando?

    Suspiré fuertemente. ¿Cómo le decías a tu hermano, tu familia, que te follabas sin contemplación a su propia sobrina?

    Balbuceé, pero no podía decir nada inteligible. Aún así, volví a suspirar y mencioné el nombre de mi hija.

    -¿Le ha pasado algo a Marta?

    Asentí.

    -¿El qué?

    -Yo.

    -¡Ah! -exclamó Héctor- ya sé que te la follas. No hay problema, hermanito, yo también lo hago.

    ¿Qué?

    -¿Cómo qué tú también lo haces?

    -Sí, llevo un par de años casado con Dani. ¿Sabes los anillos que cuelgan de nuestros cuellos? Son nuestros anillos de boda. Por eso digo que estés tranquilo, no tienes de qué preocuparte. No te voy a juzgar, sino a felicitar por tu relación con Marta.

    Aquello era demasiada información para procesar. ¿Cómo qué mi hermano y su hijo llevan dos años casados? ¡¿Pero qué me estás contando?! ¡¿Qué mundo de locos es éste?!

    -¿Cómo qué Dani y tú…? -no pude acabar la frase.

    Héctor asentía feliz de la vida.

    Aquello era algo que no me esperaba para nada. Yo preocupado de lo que me pasaba a mí, y mi hermano haciendo exactamente lo mismo con su hijo, tan pancho. Y, si Dani dió el visto bueno y lleva otro anillo en el cuello (que debo decir que nunca me había fijado, la verdad), lo más seguro es que también esté igual de pancho. Aun así, necesitaba consejo y, sin dar más rodeos, le conté todo: como comenzó, el tiempo que estuvimos juntos como pareja, como rompimos teniendo derecho a roce, y…

    -Está embarazada, Héctor. ¡He dejado preñada a mí propia hija! -solté comenzando a echar lágrimas.

    Mi hermano se acercó a mí y, acariciándome la espalda, tuvo palabras de aliento que no esperaba. Aunque, sabiendo que se había casado con Dani, debería habérmelo imaginado.

    -Deberías estar feliz. Por cómo hablas de tú relación con Marta, se nota que os amáis. Lo que os acaba de pasar es una de las cosas más bonitas. No le des más vueltas y sé el padre que ese bebé necesita, y el hombre que Marta quiere.

    -Héctor -espeté-, no solo voy a ser el padre de ese niño, también su abuelo. Es que no te das cuenta. Por eso existen leyes que no deben tocarse, y yo las he roto por completo. Ninguna mujer debería traer al mundo al hijo de su padre.

    -Deberías plantearte que desea Marta. Si está feliz de traer a ese bebé, no deberías de tener ningún problema. Se feliz, Fernando. Sí estar con ella te hace feliz, no lo dudes y ya está.

    No podía contra argumentar aquello. Héctor, no sabía cómo, pero era todo seguridad en aquel tema. Y, por si fuera poco, tenía razón. Sí, Marta era feliz teniendo a mi hijo dentro suyo. Y, sí, si pensaba con detenimiento, el hecho de tener a mi lado a Marta, me hacía feliz. Por eso, en este proceso de estar separados, en realidad, no lo estábamos y nos costaba conocer a gente nueva.

    Así que tomé una decisión, se la hice saber a Héctor, quién se enorgulleció de mí y, cuando estuve a punto de salir por la puerta, me topé con mi sobrino. Sin miramientos, mi hermano lo besó en los labios y le comunicó que yo, su tío, lo sabía todo. Como respuesta, Dani se abalanzó sobre mí con un abrazo y lágrimas de felicidad en los ojos. Lo estreché entre mis brazos contento por ellos.

    No me esperaba la sorpresa con la que me recibió Marta. Nada más entrar por la puerta me comunicó que se acabó el tiempo muerto, y lo hacía llevando lencería sexy. La parte de arriba era un pequeño top, que solo le tapaba los pechos, de una tela blanca semitransparente. Vale, no tenía las tetas tapadas del todo, lo siento. Pero no me esperaba aquello y ver cómo se le transparentaban los pezones… ¡Dios, que maravilla! Y, la parte de abajo, era un pequeño tanga que hacía forma abullonada en la parte de la vagina; también blanca y semipermanente. Repito: ¡Dios, que puta maravilla! La polla ya comenzaba a tener vida propia. Se me estaba olvidando algo y no sabía el qué.

    -Marta, estás preciosa.

    Y era verdad. Aparte de la lencería, llevaba el pelo suelto que le caía como fuego vivo de tan rojo que era, y un maquillaje que realzaba, no solo su belleza, sino también su sexapil. Se acercó a mí, se puso de puntillas para poder abrazarme y juntamos nuestros labios con premura y pasión. Nuestras lenguas jugaban dentro de nuestras bocas. Separándome de ella, recordé lo que quería decirle y, más o menos era lo mismo que ella me acababa de decir.

    -Tienes razón, tesoro, se acabó el tiempo muerto -y volvimos a besarnos-. En realidad…, ¿alguna vez había terminado? A ver -seguí cuando vi su rostro interrogativo-, lo digo porque como no parábamos de estar en celo…

    -Cierto, no parábamos -rió ella.

    Otro beso. Entonces recordé lo que quería comentarle.

    -Tengo algo más que decirte.

    -Dime -contestó con dulzura. Y yo me preguntaba cómo podía ser dulce alguien que mostraba tal espectáculo sensual.

    -Al principio me comían las dudas. En parte normal, somos padre e hija. Pero ahora, y gracias a una buena charla con mi hermano, me he dado cuenta de que nuestra felicidad está por encima de todo y de todos -me arrodillé sacando de mi bolsillo una cajita, la abrí, y dentro había un bonito anillo de oro blanco con unas perlitas rosadas que formaban una rosa. La sorpresa de Marta fue tal que no pudo más que comenzar a llorar-. Marta, hija mía, y nunca mejor dicho lo de hija mía, porque lo eres. Eres mi hija. ¿Te casarías conmigo, aunque yo sea (y perdón por repetirme) tu padre?

    Marta chilló de la emoción y lloraba a mares. Se puso a dar saltitos dando palmaditas. Me levanté del suelo. Sin esperar respuesta, le puse el anillo en el dedo mientras Marta me dejaba hacer. Con la boca abierta, la chica miraba su mano decorada con la joya. Intentó hablar, pero le costaba. Hasta que, al final, logró soltar un agudo:

    -¡Sííí!

    Y se abalanzó sobre mí, abrazándome.

    La cogí del rostro con ambas manos, miraba sus ojos llorosos llenos de dicha y la besé. Ahora para sellar nuestro amor.

    El beso llevó a otro con más pasión. De nuevo, nuestras lenguas se encontraron y, está vez, demandaban llevar aquella pasión más allá de unos simples besos. Acaricié la suave y tierna piel de Marta, ella desabrochaba mi camisa, me la quitó y la tiró al suelo. Acarició y enroscó sus dedos en mi vello del pecho. Yo hacía otro tanto con su espalda, sus nalgas prietas. Todo aquello con nuestras cabezas juntas. Era como si nuestras bocas se hubiesen fusionado en una sola. La cogí y, sin saber cómo por tener los ojos cerrados y el cráneo de mi hija tapando mi visión, la alcancé a dejar suavemente sobre las sábanas de la cama. La senté en el borde.

    Ella me miraba dulcemente traviesa. Acaricié su rostro pasando mis dedos por sus labios. Ella los lamió. Me desabrochó el pantalón y me lo bajó. En el calzoncillo se notaba mi erección palpitante. A Marta se le hizo la boca agua. Dejé que sus manos jugarán con mi miembro sobre la tela, se acercó y comenzó a lamer sobre esta. Yo me deleitaba relamiéndome los labios. Marta me quitó los calzoncillos también y mi polla quedó mirando hacía arriba, como de costumbre. Ella comenzó a masajear con sus manos y se relamía. Al final, con pequeñas succiones, empezó a chupar, primero poco a poco, luego metiéndose todo el falo, y yo seguía deleitándome por el placer que me daba mi futura mujer.

    Comenzó lentamente. La chupaba entera, se la sacaba de la boca, lamía toda la polla de arriba a abajo incluyendo los testículos, volvía a repetir la operación y yo, con los ojos cerrados y el rostro mirando al techo, no podía dejar de gemir mientras mis manos sujetaban la nuca de Marta. ¡Dios, estoy en el cielo! Marta, hija, qué tienes que solo tú sabes darme el máximo placer que ninguna otra me ha dado. Continuó introduciendo todo el falo en su boca hasta la garganta y, sin poder contenerme, comencé a mover mi pelvis rítmicamente. Marta se dejaba hacer mientras me acariciaba los huevos con una de sus manos y se sujetaba a una de mis piernas con la otra. Mi rostro, de vez en cuando, miraba el espectáculo encontrándose con la dulce mirada esmeralda de mi hija.

    -No quiero correrme todavía, cariño -le dije incitándola para que se echase sobre el colchón.

    Con parsimonia, le acaricié todo el torso introduciendo mis manos bajo la tela. Al final se la quité dejando al aire aquellos pechos suaves y turgentes de pezones traslúcidos, que ya estaban duros. Humedecí mis dedos y acaricié haciendo presión sobre ellos. Mientras Marta arqueaba la espalda regalándome sus tetas, yo seguía masajeando su cuerpo. Me deshice de la ropa que me tenía presos los pies y, sin pudor, me tiré sobre ella introduciendo en mi boca aquellos preciosos pezones; primero uno, luego el otro, también los dos a la vez. Marta seguía arqueando su espalda para que pudiese deleitarme con su sabor.

    Succionaba los pezones, los lamía, lamía toda su redondez de sus pechos, los manoseaba, los apretujaba, pellizcaba los botones duros de los pezones. Poco a poco, fui bajando lamiendo y besando cada centímetro de su abdomen, besé con lengua su ombligo y me quedé un rato ahí porque a Marta le encantaba que besase su ombligo como hacía con su boca. Alcancé la tela del tanga, que rompí sin miramientos para que no me molestase dejando a mi hija completamente desnuda para mí, y acariciaba con mi lengua su monte de venus, totalmente depilado; a Marta le encantaba rasurarse bien. A mí, ya ves tú, me daba igual pero, si a ella le gustaba…

    Como de costumbre, cuando utilizaba mi boca o mis manos para encontrar el clítoris, éste siempre se deleitaba jugando al escondite de lo pequeño e imperceptible que era. Un juego morboso que nos encantaba a Marta y a mí. Cuando lo encontraba, lo lamía con fuerza y hacía que la muchacha exclamara más fuerte que nunca. Música para mis oídos ¡Dios, sí, dale a papi lo que quiere, nena! Sin usar mis manos, chupé absolutamente toda su vagina, la cual ya estaba llena de líquido de trasudado que degustaba con placer. Le abría los labios pequeños y estrechos con mi lengua, la introducía en su hueco y presionaba todo su alrededor hasta llegar a succionar el clítoris pequeñísimo. Marta se dejaba hacer y se deleitaba con mi cunnilingus amarrando mi cabeza para que no pudiese salir de ahí. Como si quisiera.

    -oooh, mmmmm, papi -soltaba de vez en cuando.

    Acostumbrada a ello, Marta eyaculó su squirt un par de veces y, como buen padre/amante/futuro esposo, lo degusté con pasión.

    Me erguí y me abalancé sobre ella devorando su boca con premura. Ella me devolvía cada beso, cada caricia. No queríamos hacer esto con otras personas. Nuestras almas demandan fusionarse. Me levanté y la puse en modo perrito para que me ofreciera su rico trasero, el cual también degusté sin finura alguna, haciendo que Marta exclamase. Su ano se dilataba con cada lametón que le daba. Cuando ya lla tenía como yo quería, mientras ella se manoseaba la vagina, yo me introduje en el ano, poco a poco. Ya dentro, nuestros cuerpos lo pedían y meneé mis caderas adelante y atrás, con fruición y algo agresivo. Marta chillaba del dolor y del placer. ¡Dios, que mal acostumbrado me tiene esta chica! Gracias Marta por darme siempre lo que deseo de tí, y gracias por llevarte lo que yo te doy.

    Sin parar, me eché encima de su espalda llevando mis manos hacia su coño húmedo, le quité sus manos y me dediqué a ser yo quien la masturbase a ella mientras no paraba de follarme su culo. Éste era un orificio algo más grande que el de la vagina, pero se adhería igual de bien a mí rabo. La falta de costumbre hacía mella en Marta y, en muy poco tiempo, logré que tuviese un orgasmo anal, al mismo tiempo que se corría nuevamente por delante, manchando mis manos. Me las limpié con mi boca saboreando el salado squirt de mi hija. Salí de Marta dándole unas fuertes llamadas en el trasero, se puso bocarriba y volví a entrar en ella, en esta ocasión, por su rica vagina estrecha.

    -¡Oh, Dios Marta!

    Era el sexo más espectacular y especial que había tenido nunca con nadie. Amaba a mi hija como mujer. Marta acariciaba mi espalda mientras esperaba mis embestidas. Comencé lentamente y con finura, dándole besitos en el mentón, en los labios, en las orejas, en los ojos. Ella enroscó sus piernas en mis caderas.

    -Papi -susurró mordiéndose el labio inferior. ¡Dios, que mujer…!

    No pude contenerme más y me la follé violentamente. Ella gritaba de dolor y del gusto de tener a su padre dentro suya. Me puse de rodillas, puse sus piernas sobre mis hombros y volví a violentar su vagina con mi polla. ¡Paf, paf, paf!, sonaba cada vez más fuerte en la habitación. La cama también hacía algo de ruido, pero me daba igual. Nos daba igual que pudieran sentirnos los vecinos; por el contrario, nos daba mucho morbo. Cambié la postura estirándole en la cama. Marta se sentó encima de mi polla y comenzó a moverse arriba y abajo. Solo veía su culo chocando contra mi pelvis. La vagina me abrazaba el falo como nunca, cada vez más estrecha y con las paredes vaginales más húmedas, si cabe. Aquello era gloria pura.

    -Date la vuelta, nena -le insté.

    Marta aceptó mi orden y, sin sacársela, se fue dando la vuelta para ponerse cara a mí.

    -Venga, follame.

    Otra orden que aceptó con gusto. Sus pechos botaban. Los agarraba con mis manos, fuertemente. Yo también me movía y la cama, cada vez, hacía más ruido con nuestros movimientos; al igual que nuestros gritos, que iban en aumento. Marta volvió a correrse. Sin parar, observé como su squirt iba regalimando por mis caderas en hilillos finos; lo más abundante se fue quedando dentro haciendo que su cavidad vaginal fuera más y más mojada y lubricaba mi polla con cada embestida de Marta sobre mí. Le azotaba las tetas, las nalgas, le agarraba del pelo (intentando no hacerle daño) y ella me cabalgaba con furia y pasión mientras me tiraba del vello del pecho, acariciaba mis pezones, mis labios. Perdón por repetirlo pero, ¡Dios, que mujer…!

    Sin previo aviso, la sorprendí cogiéndola con fuerza y, como si de una muñeca se tratase, me moví de manera que quedé, otra vez, sobre ella. Continúe follando su vagina con más fuerza si cabe, haciendo que sus gritos fueran mucho más fuertes. Yo también no podía parar de gritar mientras movía mis caderas sin cesar. Sexo en estado puro. El “paf, paf, paf” de nuestros cuerpos y el “ñiqui, ñiqui, ñiqui” de la cama inundaba, yo diría, que todo el edificio. Los vecinos sabían que Marta y yo, que vivíamos juntos de siempre, eramos padre e hija. ¿Qué pensarán la escuchar muestro goce?

    Me venía. Así que no paré. Continúe follando aquella vagina con todas mis fuerzas cada vez más deprisa e intensidad. Esta vez, por fin acabó pasando algo que deseaba desde nuestro primer polvo: tanto Marta como yo acabamos llegando juntos al orgasmo con fuertes aspavientos, audibles gemidos y llenos de sudor.

    Minutos después, ambos estábamos acostados, abrazados y agradecidos de tenernos el uno al otro. Acaricié el vientre de Marta, donde crecía nuestro hijo. ¡Dios, que ganas de verle la carita! Aquello se me notó en el rostro y Marta se me acercó para besarme. Acababamos de afianzar nuestro compromiso con amor. Era raro, sí, pero más fuerte era el querer verla feliz y, si tenía que ser a mí lado, así sería. Y sabía cuando debía llevarla al altar para que lo nuestro fuera para siempre.

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  • Mi lado gay

    Mi lado gay

    Soy un hombre maduro, de más de 50 años, me acababa de divorciar, no lo había pasado nada bien y estaba dispuesto a buscar nuevas experiencias, sin mujeres. Desde hacía un tiempo pensaba en cómo sería tener sexo con otro hombre, cada día me excitaba más imaginar a dos hombres haciendo el amor. Besándose, tocándose, abrazándose. El siguiente paso fue comenzar a ver vídeos de porno gay. Me empecé a fijar en los cuerpos tan musculosos y en las pollas tan grandes y duras, me parecían preciosas.

    Observaba con detalle cada vídeo que me gustaba y no podía evitar terminar masturbándome, acariciaba mi polla suave y despacio mientras aquellos chicos tan hermosos estaban follando desnudos. Uno besaba al otro, sus lenguas se encontraban dentro de la boca del otro, besaba su cuello, su pecho, mientras su mano acariciaba su polla, su lengua bajaba por su torso hasta llegar a aquella polla que tenía sujeta con la mano, después pasaba su lengua por ella comenzado por la punta, despacio, lo que hacía que el chico gimiera, mientras la lengua recorría todo el miembro, no quedándose ahí, ya que recorría también sus testículos, para terminar introduciendo la polla en su boca, mientras el otro chico gemía sin parar, cuando el primero la chupaba con maestría.

    Mientras eso sucedía en el vídeo, yo me seguía masturbando desnudo, mi polla crecía y crecía sin parar ante las caricias de mis dedos, aunque imaginaba que era la boca de aquel chico la que producía tan placentero efecto. Estaba muy excitado y cada vez más.

    Mientras en el vídeo, el chico juzgó que era el momento de dejar de chupar la polla, que había alcanzado un tamaño y grosor considerable, y disfrutar de los placeres que podía ofrecerle aquella polla tan dura.

    Así se sentó sobre el miembro, mirando a la cara al otro, la introdujo dentro de su culo y comenzó a cabalgarla, primero despacio, como para que tomara bien su medida, para empezar a moverse cada vez con más velocidad, subiendo y bajando sin parar. Ninguno de los dos podía dejar gemir, sus caras describían lo mucho que ambos disfrutaban de aquel momento, mientras yo hacía lo mismo con mi mano y mi polla, hasta que el chico pasivo se corrió, luego se levantó de encima del otro, volvió a chupar su polla hasta llevarlo también al orgasmo, tragando todo el semen que salía de aquella polla tan enorme. Así terminaba el vídeo, justo cuando yo también tuve un fuerte orgasmo que me hizo gritar y soltar un tremendo chorro.

    Me quedé muy bien, pero no dejaba de pensar si no sería el momento de dejar de ver vídeos y probar de manera real.

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  • Mi principessa italiana

    Mi principessa italiana

    Cuando estaba en la licenciatura entré al equipo de fut de la universidad.

    El equipo femenil entrenaba en el mismo campo que nosotros y como ellas eran pocas a veces algunos vatos ayudaban a completar sus equipos para jugar.

    Inmediatamente me fijé en la capitana del equipo; Karina Zago. Italiana, de aproximadamente 1.65 m., cintura angosta, nalgona y con unas piernas anchas y fuertes. Siempre estaba muy alegre y trataba de platicar con todos, de hecho jugaba mejor que varios de nosotros.

    Después del fut iba al gimnasio de la uni y cerca está un dojo. Una vez pasé enfrente y vi a Karina con su karategui haciendo katas, me vio y me hizo un gesto alegre con la mano, respondí y seguí caminando.

    Recuerdo que un día salí del gimnasio y me dieron ganas de tirarme en el pasto, me acomodé y cerré los ojos. De repente alguien dijo mi nombre, pensé que le hablaban a otro pero reconocí la voz, era Karina.

    —Hola Angel —. Dijo con su acento que le da un hermoso timbre de voz.

    —Hola Kari.

    —¿Qué haces?

    —Nada, quise venir al pasto. ¿Y tú? ¿Ya te vas?

    —No, todavía voy a canto—. Respondió mientras dejaba caer su maleta.

    —¿También cantas?—. Pregunté asombrado.

    —Sí, además del fútbol y karate voy a clases de canto, violín y francés.

    Comenzó a cantar en francés, su voz sonaba realmente hermosa y los gestos que hacía al cantar la hicieron ver lindísima.

    —¿Qué te parece?

    —Cantas muy bonito.

    —Gracias—. Respondió sonriendo.

    De repente se quitó los tenis y con un movimiento lento y sensual comenzó a quitarse el pants. Mi corazón se detuvo como por 3 segundos, llevaba un mini short debajo. Pude apreciar mejor sus muslos; bien torneados, firmes y duros. Se sentó junto a mí.

    Mientras hablábamos se quitó los calcetines, dejando al descubierto sus pies blancos y pequeños, sus uñas estaban perfectamente cortadas y con un gelish carmesí, pero lo que más me gustó fue su arco de la planta perfectamente formado. En mi cabeza pasaban cosas como ¿A qué olerán esos pies después de jugar fut?, ¿Estarán rasposos por el karate?, ¡¿A qué sabrán?!

    —¿Me das mi maleta por favor?—. Me dijo interrumpiendo mis pensamientos.

    Sacó una cajita.

    —Me pongo exfoliante, porque con eso de andar descalza en el karate se me ponen feos los pies—dijo mientras se masajeaba cuidadosamente—. Me duché pero olvidé ponérmelo, ¿no te incomoda?

    —No, para nada—. Dije tratando de disimular la excitación.

    Terminó, se acomodó en el pasto.

    —Acuéstate, no muerdo—. Me acomodé junto a ella y seguimos platicando mientras ella elevaba las piernas, cruzaba una pierna sobre la otra arqueada, movía los dedos… Yo nada más veía deleitándome.

    Se hizo tarde, nos entretuvimos platicando y Karina no fue a canto, se puso el pants y yo me ofrecí a llevarla a su casa, aceptó con gusto y nos fuimos. Los siguientes días seguimos platicando en los entrenamientos, a veces iba a verla al dojo sin que ella se diera cuenta, y nos hicimos amigos.

    Un día quedamos en ir a un bar. Karina bebía un tequila tras otro, su carita blanca se puso chapeada. Pasando la una de la mañana me dijo:

    —¿Me acompañas a mi casa?

    —Claro.

    Nos fuimos. Su casa está muy cerca de ese bar así que decidimos caminar.

    —Creo que sí me movió el tequila je je—. Dijo con voz mareada.

    Le di mi antebrazo para que se sostuviera pero pasó su brazo a través de mi cintura y recargó su cabeza en mi hombro, la sujeté con cariño. Yo me sentía como Enrique VIII, iba encantado aspirando el dulce olor de su cabello.

    Llegamos a su casa.

    —¿Quieres pasar?

    —Sí—. Dije con gusto.

    Se dejó caer exhausta en el sofá.

    —Creo que no hay nadie. ¿Quieres tomar algo?

    —Sí.

    —En ese mueble están las botellas, yo quiero un tequila.

    Le serví uno y me senté junto a ella. Comenzó a cantar mientras se quitaba las zapatillas, sus pies tenían la marca de las tiras de las zapatillas plateadas.

    —¿Quieres escuchar mi linda voz o quieres poner música? Violín no puedo tocar porque creo que no coordinaré je je.

    —Canta, siempre me gusta escucharte.

    Siguió cantando mientras se sobaba la pierna.

    —¿Estás bien?

    —Me duele la pantorrilla, creo que me lastimé en karate.

    La acaricié levemente, quería bajar hasta su pie pero me contuve.

    —Tengo una amiga que es kinesióloga, le diré que me revise.

    —¿Te pusiste el exfoliante?—. Dije sonriendo.

    —Sí, en la mañana.

    Me miró mordiéndose el labio.

    —Ve a mi habitación, en mi tocador hay un gel que se llama “Active”, tráelo—. Me ordenó.

    Volví a sentarme junto a ella.

    —Sóbame —dijo subiendo sus piernas en mi regazo—. Empieza con la pantorrilla que me duele.

    —Oui mon amour—. Me eché un poco de gel en la palma de la mano y empecé a sobar su pantorrilla con delicadeza, su piel estaba tibia.

    —¡Con fuerza, que se note que levantas pesas!—. Dijo autoritaria.

    Eché más gel en mi mano y masajeé con fuerza, me perdí en su suave y lisa piel, después seguí con su pie; con los pulgares amasé su planta, acaricié sus dedos y el dorso de su pie. Volteé a verla, me miraba fijamente con una sonrisa muy coqueta. Tomé su otra pierna para hacer lo mismo pero me tomó de la camisa y me jaló hacia ella, nos hundimos en el sofá besándonos apasionadamente. Acariciaba y apretaba sus muslos con lujuria mientras ella me frotaba la entrepierna. Se incorporó.

    —Vamos a mi cama—. Dijo jalándome.

    La desvestí delicadamente, su espectacular cuerpo quedó ante mí; su piel de leche con pecas en el pecho, sus tetas pequeñas y redondas, y su cosita, con labios delgados y rositas, perfectamente depilada.

    Tomando una pose como de la Maja Desnuda me dijo:

    —Tómame, soy tuya esta noche.

    Terminé de desvestirme y como Alejandro Magno antes de entrar a Babilonia hice todo lo que mi principessa italiana me pidió.

    Sus piecitos estaban raposos, tenían el olor de sus zapatillas, el sabor era salado y húmedo. El sexo pasó a segundo término, yo me dediqué a adorar sus hermosos pies y sus pesadas piernas.

    Estuvimos juntos casi dos años, aproveché cada momento para satisfacer mi fetiche. Sólo le pedía que los días que jugara fut y practicara karate no se lavara los pies.

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  • Nosotras cuatro contigo (4): Nina

    Nosotras cuatro contigo (4): Nina

    En el hotel de playa eran las 2 am. Todo oscuro. Dinora y Arteaga dormitaban en la misma cama. Nina estaba sentada en otra cama, completamente vestida, tratando de juntar valor para ir a hablar con Elías, que se veía como un fantasma pálido, meditando en el balcón.

    —Duérmete, putita —le dijo Dinora, que jaló una cobija para taparse la cara. —Me estresa sentirte allí sentada.

    Ese diálogo sacó por fin a Nina de su trance. Salió al balcón y cerró la puerta. Se frotó las manos. Sacó un encendedor de una de las bolsas de sus bermudas y prendió un cigarro.

    —¿Fumas? —le preguntó a Elías.

    —Normalmente no.

    —¿Quieres compartir el mío?

    Elías asintió con la cabeza, sonriendo tristemente.

    —¿Por qué no nos echas del cuarto? —le preguntó Nina mientras le pasaba el cigarro. —¿O por qué no te vas, o le hablas a tu hermano? Creo que no estás bien aquí.

    Elías lo pensó un momento e hizo un gesto de incomprensión con los hombros, mientras le daba una calada.

    —Sabes que lo que dice Dinora sobre “ser hombre” no tiene sentido, ¿verdad? —le preguntó Nina. Sonaba molesta, pero en realidad sentía pena por él.

    —Tú también lo dijiste —le recordó Elías.

    —Estábamos en medio de… bueno, se supone que yo tengo que decir esas cosas… Además, cuando lo dije no esperaba que pasara esto.

    Finalmente, Nina eligió mejor callarse. Le dio la espalda a Elías y no lo volteó a ver hasta que tuvo claro qué quería decirle.

    —Al menos pudiste ver el mar.

    —Sí. Pudimos ver el mar —dijo Elías, sonriéndole.

    Nina le tomó el hombro con camaradería.

    —Deberías entrar. Duerme un poco —le sugirió a Elías.

    —No, duerme tú… gracias por venir a verme.

    Finalmente, después de unos cuantos diálogos y gestos confusos, de mutua amabilidad, Elías y Nina se acostaron en la misma cama. Nina se dio la vuelta para no ver a Elías, pero se encontró con los ojos despiertos y penetrantes de Dinora, que le sonreía.

    —Piensa que voy a hacerle lo mismo que ellas —se dijo Nina, y volteó hacia el otro lado.

    —Perdóname —le dijo Nina a Elías. —Quiero dormir hacia este lado… no quiero verlas.

    —Está bien —le dijo Elías. —¿Crees que se puedan ir mañana? No quiero tener que contarle esto a mi hermano.

    Nina sonrió. Elías de verdad no lo veía como algo de lo que presumir. Asintió con la cabeza y contestó:

    —Haré lo que pueda.

    Justo antes de quedarse dormida, Nina escuchó que Elías le confesaba:

    —Fue mi primera vez.

    —Lo lamento —le contestó Nina. O quizá soñó habérselo contestado.

    Al días siguiente, Nina se despertó con una serie de impresiones confusas. Primero, oyó ruidos raros y reconoció la luz del lugar. Entonces se agolparon en su cerebro las imágenes confusas de lo que había pasado la noche anterior.

    Después, vio a Arteaga moviéndose en la misma cama que ella, sobre el cuerpo de Elías. Arteaga estaba con el torso desnudo, mientras masturbaba a Elías.

    —Ya te vi, pinche Nina. No me lo vas a quitar —le dijo Arteaga, mientras la veía fijamente. Continuó con la mirada fija en ella cuando se metió el pene de Elías en la boca.

    —¡Arteaga, por Dios! —exclamó Dinora, que estaba tendiendo la otra cama, con ayuda de Fer. —Ya déjalo.

    Como si Dinora fuera su señora, y ejerciera sobre ella una especie de influjo mágico, Arteaga detuvo su mamada y se puso la camisa azul con la que había llegado.

    Elías no parecía tener fuerza para volver a guardar su miembro erecto. Nina se sentía un poco incómoda por eso, estando tan cerca, pero no iba a reprocharle nada. ¿Cuándo había regresado Fer? ¿Dónde había estado?

    —Ya casi nos vamos, compañero —dijo Dinora, sonriendo con una mezcla de contención y falsa inocencia. —Ya solo nos falta una cosita y todo queda en orden.

    Nina volteó a ver alrededor del cuarto: las latas de cerveza y las colillas habían desaparecido. Todo se veía limpio; como si nunca hubieran estado allí.

    —¿Falta que paguemos todo lo que tomaste del minibar? —preguntó Nina.

    —¡Hasta crees! —le contestó Dinora, clavándole la mirada. —No. Quiero que te cojas al compañero, Nina.

    —¡Pero por qué! —gruñó a voz en cuello Arteaga, que seguía en su arranque de posesividad.

    —Porque ya todas nos lo cogimos ayer, por si no te acuerdas —la regañó Dinora. —Solo falta ella. Y no nos vamos a quedar disparejas. Así no funciona esto.

    Así como Fer lo había hecho el día anterior, Nina intentó conversar con Dinora. Todo era inútil:

    —Mira, es muy fácil. Si te lo coges, nos vamos antes de que llegue el hermano. Si no, Arteaga y yo nos quedamos, lo usamos un poquito y, cuando llegue el hermano, le armamos una escena.

    Mirando fijamente a Dinora, Nina se quitó las bermudas y la ropa interior, con un gesto de molestia, y las arrojó al suelo.

    —Acá te las guardo, putita —le dijo Dinora, con un aire vencedor.

    Cuando Nina se sentó en la cama, Elías aún no había guardado su miembro. Nina de hecho lo veía aún más crecido que antes, pero quizá era su impresión. Primero, empezó a masturbarse. Pensaba en cómo había tenido sexo con Fer, tratando de borrar toda la porquería que había ocurrido antes y después. “Ay Elías”, pensaba. Luego de su conversación en el balcón, incluso Elías le parecía más guapo; también se masturbó pensando en cómo sería haber cogido con él en un escenario normal. Cuando se sintió bastante húmeda, hizo un acopio de fuerzas, suspiró y se sentó sobre Elías.

    —¿Ni un buenos días antes? —se burló Dinora, y Arteaga se carcajeó horriblemente.

    —Lo siento. Esto es lo más fácil. —le susurró Nina, para que Dinora no la escuchara, mientras comenzaba a restregarle la vulva. —No la metas. Intenta venirte así. Y, por favor, piensa algo agradable.

    Elías le contestó musitando algo que no pudo entender. El miembro de él palpitaba en la vulva de Nina. Nina estaba excitada por la situación, pero necesitaba estarlo más para seguir con esa forma de contacto, así que empezó a masturbarse de nuevo. La punta de sus uñas tocaba accidentalmente, de tanto en tanto, el pene de Elías, que gemía. Después de eso, empezó a hacer como si estuviera cogiéndose a Elías: daba pequeñas embestidas y hacía movimientos en círculos con su cadera, para excitarlo más y terminar más rápido.

    —¡Ya métetelo, pinche Nina! —le gritó Arteaga.

    —¡Tú qué vas a saber! —la regañó Dinora. —Si a ti apenas te desfloramos ayer. La Nina sí le sabe. Fíjate en la cara del Elías. A los hombres les gusta que te les restriegues un poquito. Si no son muy brutos, hasta te puedes masturbar un poquito encima de ellos. Sirve que te humedeces más. Así, si entras más fogoneada, terminas antes y no te llevas desilusiones con ellos. ¡Ve cómo Nina mueve las caderas! No es de atrás a adelante, es como curveado.

    —Pues así le hice yo ayer —se quejó Arteaga.

    —¡Ándale sí, pinche mentirosa! Mejor aprende. La Nina sí le sabe. ¿No ves que hace años estuvo de arrimona con un güey que no la quería lo suficiente como para dejar a su novia? Por eso la llamamos “putita”.

    Arteaga podía intentar molestarla, pero Dinora era mucho más inteligente. Nina sabía que no se iba a callar hasta que Elías la penetrara.

    —Pásame un condón —le dijo a Fer, que así lo hizo.

    Nina le puso el condón a Elías y trató de sonreírle.

    —Piensa algo agradable —le repitió y tuvieron sexo.

    Nina usaba la misma técnica que Dinora. En el caso de Nina, verlo era menos llamativo, porque sus pechos no rebotaban y no se veía cómo un trasero enorme perreaba sobre Elías. La técnica era la misma, pero Nina sabía que no producía en los hombres el mismo efecto sobrecogedor. Pero de inmediato sintió el pene de Elías crecer dentro de ella. Sintió cómo Elías la tomaba de las nalgas y la acariciaba. Sintió cómo subía por sus pechos con una mano y los iba tocando. Sintió cómo, desde abajo, Elías acompañaba sus embestidas, al ritmo que le ponía ella, pero con voluntad, con gusto.

    Entonces Nina pensó que si cogían bien, las cosas podían arreglarse. Que, aunque seguramente Elías no la había pasado bien antes, probablemente sí quería coger con ella ahora.

    —Lo haces bien —le dijo Nina, mientras disminuía un poco la velocidad.

    Más lento, Nina podía controlar mejor la situación. Se restregó sobre Elías, mientras se mesaba su cabello negro (se permitió tomar prestado de Fer ese gesto). Puso su mano en el pecho de Elías y volvió a perrear sobre él.

    —Por Dios, Nina —le espetó Dinora, que ya estaba preparándose para salir del cuarto. —Es una cogida de compasión, no le pongas tanto esfuerzo.

    Pero a Nina ya no le importaba lo que dijera Dinora: quería disfrutarlo y que Elías lo disfrutara.

    —¿Te gusta así? —le preguntó a Elías, que asintió con algo que a Nina le pareció una sonrisa.

    Nina entonces se puso en cuclillas y empezó a dar saltos. Elías gimió descontroladamente.

    —Esta posición me gusta… porque te siento muy profundo —le dijo, quizá como un consejo para alguna vez futura.

    Entonces Elías tuvo un orgasmo, pero fue de esos orgasmo extraños en los que la erección se queda como atorada, y el hombre puede continuar. Las cuclillas habían cansado a Nina, que calló sobre él y siguió montándolo.

    —¿Quieres seguir? —le preguntó Nina.

    —Sí. ¿Podemos besarnos? —le preguntó Elías.

    Nina asintió muchas veces con la cabeza. Se besaron hasta que ya no pudieron respirar. Hicieron una pausa y se besaron desesperadamente otra vez. Nina se abrazó al cuello de Elías e hizo una última carrera a fondo. Sus amigas ya no hablaban y el sonido de su sexo galopeando húmedo contra Elías se escuchaba en todo el cuarto. Nina gritó cuando tuvo un orgasmo. Al mismo tiempo, Elías se estaba viniendo otra vez.

    Nina se quedó a descansar un momento en el pecho de Elías. Cuando se dio cuenta, sus amigas ya se habían ido. Se vistió corriendo y se fue.

    Años después, Nina, como ya sabemos, se encontró a Elías en una panadería. Se había mudado de ciudad y estaba entrando en los treintas. Aún se delineaba los ojos de una forma que le parecía un poco gatuna y aún se sentía pequeña. Tenía un trabajo más o menos estable y hablaba con Fer de tanto en tanto. Un día no pudo más y la llamó por teléfono:

    —Me encontré con Elías —le confesó, después de la cháchara de cortesía… sin acordarse de que “Elías” era un nombre inventado.

    —¿Con quién? —preguntó Fer.

    —Con el chico al que nos cogimos entre las cuatro en un hotel.

    Se hizo un silencio de cinco segundos y finalmente Fer colgó.

    Nina siguió yendo a la panadería, a esa misma hora, con la esperanza de encontrar a Elías. Durante días pensó una disculpa que tuviera el tamaño y el tono adecuado para lo que había pasado. No la encontró, pero estaba segura de que, si improvisaba de corazón, las disculpas saldrían finalmente de su boca en el momento justo.

    Pero durante una semana no se encontró a Elías. Un día, desilusionada, estaba por regresar a casa, cuando vio que Elías la estaba observando desde el parque de enfrente. Lo saludó a lo lejos y se acercó a hablarle. Se sentó junto a él. Ni siquiera lo podía ver, mucho menos decirle lo que quería decir.

    —¿Cómo ha ido tu vida? —le preguntó, cuando se sintió vencida.

    —Nina, dejé de venir a esta panadería. Hace ocho años, falté a un congreso universitario, solo por saber que estarías tú. No sabes la fuerza que necesité juntar hoy para decirte lo que quiero decirte.

    Nina suspiró. Todo estaba saliendo horriblemente mal, pero al menos no era ella la que tenía que hablar.

    —Y ¿qué quieres decirme?

    —No quiero verte, Nina. No sé si vives por aquí, y por supuesto que no te puedo pedir que te vayas si es así, pero no tienes por qué saludarme. No tienes por qué hablar conmigo. Yo mismo me iré en algún momento

    Una lágrima rodó por la mejilla derecha de Nina y se sintió estúpida. ¿Por qué lloraba? Era Elías. Elías obviamente iba a pedirle eso.

    —Ay, Nina. No tienes que llorar. No quiero verte, pero no te culpo —le dijo el hombre, intentando sonreír. —¿Recuerdas cuando, justo antes de que pasara… de que pasara entre tú y yo,… justo antes me dijiste que tratara de terminar rápido… y que pensara en algo agradable?

    —Sí lo recuerdo.

    —¿Recuerdas qué te contesté?

    —Pues… es que la verdad no te entendí.

    —Te dije que tú, Nina, tú eres agradable… y aún lo creo. Gracias por lo que fuiste para mí esa noche. Las veces que me han preguntado por mi primera vez, pienso en ti y contesto solamente que se llamaba Nina.

    Se sonrieron un momento. Ella se forzó a no llorar.

    —Hasta nunca, Nina —le dijo el hombre con tristeza, y le volteó la espalda.

    —Hasta nunca —le dijo Nina, que ya jamás supo cómo se llamaba.

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  • Coqueteé un poquito y ya no pude parar, lo siento mi amor

    Coqueteé un poquito y ya no pude parar, lo siento mi amor

    Tengo poco en la ciudad y hemos estado buscando lugares para comer.

    Un domingo fui a desayunar con mi marido y mis hijos a un lugar y nos gustó mucho.

    Regresamos al siguiente domingo y se acercó una hombre muy atento para decirnos que noto nuestro regreso y le dio gusto, nos dio una cortesía y nos invitó a regresar cualquier día para hacerla efectiva.

    Estuvimos yendo por 4 domingos seguidos y en todos se acercaba, nos platicó que era el dueño, como inició el lugar etc.

    En todas las ocasiones lo sorprendí mirándome a lo lejos y en las últimas 2 ocasiones buscaba la posición donde pudiera ver mi escote o mis piernas sin que mi marido lo notara.

    Él se me hacía muy agradable y los últimos 2 domingos intercambiamos miradas y se despidió de beso, ahí me pude dar cuenta de que olía muy rico.

    Un jueves en la mañana me di cuenta que prácticamente pasaría el día sola, es día de que la muchacha del aseo no va, mis hijos regresarían tarde y mi marido estaba de viaje.

    Me bañé y cuando me estaba vistiendo me encontré la cortesía que nos había dado mi amigo del restaurante y dije “voy a ir a distráelo un poco”.

    Pensé traviesamente y me puse minifalda, tacones y una blusa con transparencias, me tome un tiempo para pensar si me ponía pantaleta o tanga, me dio nervio y escogí tanga (aunque tenía mucho tiempo sin usar) porque me siento más sexi y segura como para hacerle la travesura de ir solo de coqueta.

    Llegué como a las 11 h, no lo vi, me senté en una mesa y no lo veía y nadie iba a atenderme.

    Así pasaron 10 minutos cuando llegó un mesero con el platillo y la bebida que siempre pedía, me lo sirvió y puso un florero con una rosa roja.

    Y repentinamente llegó a la mesa y se sentó, me dijo, ah eres tú, yo pregunté, ¿cómo que soy yo?

    Dijo, es que por las cámaras vi una chica espectacular y pensé en abordarla.

    Solté la carcajada y le dije, ya sabías que era yo por qué me llegó lo que siempre pido, qué mal te salió le dije también.

    Sonríe y me dice, te puedo decir un secreto, le contesté si, se acerca a mi oído, con una mano retira el pelo de mi oído y siento que pone su mano sobre mi muslo diciendo, yo les gusto a las chicas que piden ese platillo y bebida, por lo que pensé que si se lo come tengo una oportunidad.

    Sé alejó y retiró su mano suavemente acariciando con toda su palma desde la parte alta de mi muslo hasta la rodilla.

    Soy muy blanca y me sonroje horrible y sentía un latido entre mis piernas como si tuviera el corazón ahí.

    Le dije tengo mis dudas sobre tu teoría.

    Se carcajeo y me dijo, tengo un cuarto de control desde donde las observo y hago mi hipótesis.

    Le hice una mueca y le dije ya me di cuenta que eres muy mentiroso y ni eso creo que tengas.

    Me agarra la mano y me dice te lo voy a demostrar y si es verdad lo que te digo me pagas el desayuno.

    Me llevo de la mano a un segundo piso y cruzando una puerta estaba una habitación con varias pantallas con la imagen de diversas cámaras.

    Oigo que se cierra la puerta y acto seguido siento que me abraza por detrás y su boca en mi cuello, besándolo y susurro “ahora me vas a pagar el desayuno”.

    Me volteo y comenzó a besar mis labios, con una de sus manos acariciaba mis nalgas y con la otra desabrochó mi sostén.

    Sacó mis pechos y se los comía al tiempo que estrujaba mis nalgas con ambas manos.

    Después bajo, abrió mis piernas e hizo mi tanga a un lado y con su boca y lengua medio placer.

    Me sentí muy dilatada y escurría.

    Se levantó y me cargó de las nalgas, recostándome en un sillón que estaba a un costado, me sacó la tanga, se la amarró a la muñeca, se quitó el pantalón y me montó.

    Entraba y salía una y otra vez, rápido y lento, pasaban y pasaban minutos, yo me sentía cada vez más hinchada y lo recibía tan rico, cuando estaba a punto, se baja otra vez e hizo que tuviera un mega orgasmo con su boca.

    Me dejó recostada unos minutos y le pedí mi tanga, la traía en la muñeca amarrada y me dijo, es el pago del desayuno.

    Le dije, sale caro y me contestó, cubre este desayuno y el de todos los jueves.

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  • Destinado a los cuernos (9 – final)

    Destinado a los cuernos (9 – final)

    El tiempo lo cura todo, si bien fue difícil superar a mis ex parejas, lo ocurrido perduro en mi mente por mucho tiempo, era un tipo de vicio recrearlo en mi mente todo de nuevo, las imágenes de Cami y Javier, y de Lau y Don Pedro, teniendo sexo, entregadas a ellos, sometidas al placer que ellos les brindaban, me seguía causando gran excitación. Pasaron un par de años, yo ya con 28, me había dado la oportunidad de conocer a otras personas, relaciones poco duraderas, pero que sirvieron para sacarme de la mente las obsesiones que hasta ese momento me perseguían.

    De Cami sabía poco por amigos, a Lau no podía evitarla, aun me mantuve en el mismo trabajo y nuestra relación laboral era inevitable, ahí mismo conocí a Yésica. Ella con 23 años, de tez blanca, en ese momento llevaba chinos y se pintaba el cabello de rojo, pero le gustaba variar su imagen, usaba anteojos, algo que me encanta en las mujeres, en fin, una joven muy bella.

    Yes ya llevaba algún tiempo en la empresa, había iniciado como becaria, por su buen desempeño se quedó un tiempo entre un puesto y otro, hasta que le encontraron algo fijo en el área de ecommerce, donde debido a mi lugar en logística, se hizo obligatoria nuestra comunicación.

    Ella ya había tenido una relación con alguien de sistemas, pero terminaron separándose por malos entendidos, derivados del constante acecho de un ex novio, conmigo se entablo una amistad, poco a poco nos entendíamos mejor, algunas veces nos encontramos en el camino y caímos en cuenta de que éramos casi vecinos, pues solo nos separaban unas cuantas cuadras.

    Así comencé a acompañarla en las noches, me platicaba sobre su vida, lo que a su edad me parecía una locura, algunos problemas familiares, las deudas contraídas para concluir su carrera, ex novios hostigándola, un largo etcétera; lo que contrastaba con mi realidad, ya me encontraba más estable emocionalmente, vivía solo desde los 20 años, por lo que era autosuficiente, económicamente me había enseñado a mantener mis gastos en línea, no me iba de maravilla, pero tampoco mal.

    Nuestra amistad se afianzó, pero era más como de una niña y su amigo el mayor, ella venía con problemas y lo le ayudaba a solucionarlos, pero sin buscar ningún beneficio extra, como no teníamos compromiso mutuo, ella continúo saliendo con otra persona que había estudiado con ella en la universidad y yo por otro lado, comencé a salir con Anahí, otra compañera mutua. Ani, como le llamaba, era un poco mayor que Yes, de 26 años, estaba en el área de mercadotecnia, ella era morena, con el cabello lacio, un poco llenita, pero un encanto de persona, tampoco íbamos con intenciones serias, solo pensábamos en disfrutar el momento y ver qué pasa, es lo bueno de la gente que va madurando, es menos rollo emocional.

    Con los nuevos compromisos el tiempo que pasábamos Yes y yo se redujo, pero aun así solíamos conversar, sobre todo por mensajes, planeábamos salir, pero no concretamos nada, al final terminamos saliendo con la otra persona, hasta que se acercó el fin de año y con ello, la fiesta de la empresa.

    Días antes del evento, Yes y yo habíamos salido a tomar algunas copas, ella no se encontraba muy bien, había terminado con su pareja y este deseaba volver con ella, pero ella le daba negativas, lo que provocó que él mostrara su verdadera cara y se portara de formas muy inadecuadas con ella, en esa salida, cuando nos despedimos tuvimos un acercamiento fruto del exceso, nos besamos por uno segundo, pero finalmente nos frene, no deseaba que actuáramos mal, ni menos que pareciera que me aprovechaba de su condición, entendimos que estábamos haciendo mal y nos despedimos sin más.

    El día de la fiesta llegó, con Ani el acuerdo era por sobreentendido, era lógico que llegaríamos juntos al evento, pero unas horas antes, Yes me pidió que fuera con ella, al menos que nos vieron fuera juntos, pues temía que su ex quisiera buscarla, pues el ya sabia que esa noche tenía un evento y le había demostrado la intención de asistir, por supuesto no acepte, ella se molestó conmigo y cada quien fue por su lado. Llegue con Ani al evento, ella levaba un vestido negro corto, el cabello lacio, pero bien maquillada, acepto que era toda una belleza, por otro lado, llego Yes sola, algo nerviosa, ella levaba un vestido largo, con tintes negros y dorados, su cabello chino, se veía muy bien, pero bastante nerviosa.

    El evento se dio como era lo esperado, estuve bebiendo y bailando con Ani, hasta que por un momento fue al tocador, lo cual aprovechó Yes para marcarme, ya me había estado enviando mensajes, pero yo los había ignorado, así que fue la única forma de llamar mi atención, quizás intrigado y harto de la insistencia le contesté, me pidió que fuera a su mesa, lo que pensé mucho, pero accedí, finalmente no es que no pudiéramos hablar. Me explico su situación, su ex si había ido a buscarla, pero ella como pudo se escapó, sin embargo, aún temía que fuera por ella hasta el venteo, no accedí a acompañarla, pero sí le dije que podía ayudarla a salir del lugar y pedir un taxi.

    Así salimos afuera por un momento, la acompañé al sitio más cercano y pudo irse sin problemas, regresé al lugar y estaba Ani con una mirada de molestia, me pregunto donde estaba y con lo inocente que soy, le conté la verdad, ella ya estaba enterada pues me habían visto y ya se lo habían comentado, me pidió que nos retiráramos, la lleve a su casa, en el camino conversamos y su molestia había disminuido, entendió un poco la situación de Yes, pero me pidió que aun así , me mantuviera al margen, pues no le gustaba que se hablara entre los pasillos de la empresa sobre un triángulo amoroso.

    Allí mismo nos comenzamos a besar, pese a todo teníamos la intención de terminar la noche como debe ser, la acaricié por encima del vestido y se lo subí un poco, llevaba encaje negro, indicado para combinar con el vestido, le bese el cuelo y descubrí su busto, ella se dejaba hacer y cada vez mas aceleraba su respiración, la subí encima de mí e introduje mis dedos en su vagina, no hacía falta estimularla mucho pues el alcohol ya había hecho lo suyo, me coloque un condón y así, la penetre, ella subía y bajaba con su propio ritmo, no deseábamos que se notara el movimiento del auto pues aún estábamos en la vía publica, así que lo hicimos con un movimiento lento, los dos llegamos con nuestras respiraciones totalmente aceleradas y con un gemido de ambos, si bien el sexo fue rápido, la situación le había agregado los ingredientes para hacerlo intenso.

    Nos reincorporamos y tras bajar el rubor en nuestros rostros, la lleve hasta la puerta de su casa, nos despedimos y me dispuse a volver a mi departamento, sin embargo, ya tenía una gran cantidad de mensajes de Yes, no quise contestarle, pero a medio camino, me volvió a marcar, le conteste ya sin que nadie me lo impidiera, me dijo que su ex la había estado esperando fuera de su casa, se había puesto muy impertinente, pero ella había logrado entrara su casa dejándolo fuera, corrió a pedir y ayuda a su hermano con el que vivía, pero no se encontraba en casa, su ex seguía afuera y ya no sabia que hacer.

    Así que decidió pedirme ayuda pues solo en mi confiaba, movido por la preocupación me desvié hacia su casa, en efecto, allí se encontraba su ex pareja, me estacione y le marque a ella para que saliera por mí, cuando me acerque solo me observo, hasta que ella abrió para dejarme entrar, él me confronto, no es que yo sea muy rudo ni nada por el estilo, pero igual el tenia unos 24, por lo que no fue necesaria la violencia, cuando el le cuestiono porque me dejaba entrar tuve que mentirle y le dije que yo era su novio, no me creyó en el momento pero tras unos minutos, finalmente se retiró, yo aún me quede por un rato, hasta que su hermano le marco, debido a que ella le había marcado varias veces antes, le dijo que se encontraba cerca y en ese momento, me fui.

    Ya en el trabajo, se corrían los rumores de lo ocurrido en la fiesta, no solo los míos con Yes y Ani, pero sí que escuchar su nombre entre los labios de los compañeros le molesto a Ani, esto comenzó a crear roces entre nosotros. Yes aun se encontraba nerviosa por lo ocurrido, en su casa su hermano le había dicho que estaría atento a cualquier situación, pero estaba preocupada por el camino, así que me pido que la continuará acompañando, lo comencé a hacer de vez en cuando y a escondidas, no la esperaba afuera del trabajo, dejaba que avanzara un poco y luego la encontraba, ya que estuviéramos fuera de la mirada de algún compañero.

    Con el tiempo que pasamos en el recorrido a su casa nos daba mucho tiempo para conversar, yo veía a una niña preocupada, hostigada con situaciones incómodas que no podía controlar, había ido muy rápido en su vida y no había podido seguir el ritmo de las consecuencias, de alguna forma, mi instinto paternalista afloraba con ella. Los rumores llegaron a oídos de Ani, era lógico que pasaría, entramos en una etapa difícil para la relación, no sabíamos qué hacer acerca de nosotros, ella deseaba exclusividad y yo no podía dejar a Yes sola.

    El destino decidió por sí mismo, una ocasión que salí con Yes, pasamos un buen rato, primero comimos y tomamos unas cervezas, después fuimos a curiosear a las tiendas del centro comercial, en una tienda de ropa, decidió probarse algunas cosas y me mostraba en fotos como se le veían para que le ayudará a decidir, pasamos por todos los pasillos, hasta que entro al de la ropa interior, yo evite entrar a ese pasillo pues se me hacía inapropiado seguirla, me llamó para que entrara con ella pero la ignore y me dirigí a otro, tras esperarla un poco salió con sus compras decididas, las pagó y nos retiramos.

    Y: gracias por ayudarme a elegir

    K: no te preocupes, fue un placer

    Y: en serio, me has ayudado mucho, a veces siento que soy injusta contigo

    K: te apoyo porque así lo he decidido, no me debes nada

    Y: lo sé, eres muy noble y eso te hace encantador

    K: no es para tanto

    Y: claro que sí, hasta evitaste elegir ropa interior conmigo, cualquier otro me hubiera pedido ver cómo se me ve

    K: quizás, pero no soy de esos

    Y: se que no eres de esos, revisa tu celular

    En ese momento me envió por mensaje la foto probándose la ropa interior, la vi por un momento, pero no pude con la pena y la quite

    Y: que, acaso no te gusto

    K: en serio que no es necesario, no deberías hacer esto con cualquiera

    Y: te juro que solo es contigo

    Al decir eso, me sostuvo de la cara y me beso, yo confundido dudé, le aparté y le dije

    K: espera, no quiero que hagas algo de lo que no estés segura

    Y: créeme estoy muy segura de esto

    Me repitió el beso y tras unos instantes, ahora si correspondí, nos besamos y sentí su intensidad, admito que me gustaba lo que estaba pasando, pero sentía remordimiento, si bien con Ani no me encontraba muy bien, no es que le hubiera terminado formalmente, tampoco quería aprovecharme de la vulnerabilidad que creía de Yes. Nos soltamos y me pidió que la acompañara a su casa, así lo hice con la intención de terminar con esta situación incómoda, llegamos y me invitó a pasar, no lo acepté, pero más tarde en negarme, que en lo que ella me plantó otro beso y me llevaba al interior, no había nadie en su casa.

    Me había retirado la camisa y me estaba besando por todo el cuerpo, cuando de repente se retiró, me pidió que la esperara un momento, me debatía entre salir y dejarla ahí o quedarme y llegar hasta el final, Yes interrumpió mis pensamientos presentándose ante mi con la lencería que había comprado, un conjunto de color verde que iba muy bien con su piel y su figura esbelta.

    Se subió encima de mi y me beso, pese a su edad reconozco que tenía fuego en su interior, no presumo de tener gran experiencia, pero tampoco me considero mal amante, sin embargo, Yes me estaba devorando, ella llevaba el ritmo y yo solo me dejaba hacer, me quito el resto de la ropa, pasaba su lengua cerca de mi vientre y respiraba en él, volvía a subir hasta mis pezones y los mordía, tomo mi miembro y de un solo movimiento, lo engullo, lo tragaba entero y hacia arcadas cada tanto, se retiraba y continuaba masturbándome.

    En ese momento me sentía retado, no le podía permitir seguir jugando, así que yo tomé la iniciativa, así de rodillas, la tome del pelo, la acerque a mi miembro pero no la deje acercarse, le di una bofetada y pareció disfrutarlo, jugué con ella fingiendo acercarla y de nuevo la retiraba, vi las ansias en su ojos y se la introduje de un solo golpe, me movía con las caderas y ella solo soltaba saliva, estuvimos un rato así hasta que la levante, la empuje en la cama y ahora comencé a besarla, recorrí todo su cuerpo, con suavidad pero asegurándome de hacerla sentir, de notar sus reacciones.

    La abrí de piernas y comencé con el sexo oral, jugué con mi lengua en sus pliegues, de vez en cuando soltando un tronido con un beso, introduje mi lengua y di círculos, ella estaba en éxtasis y así se vino al primera vez, no le permití descansar, introduje mis dedos y comencé el movimiento, procurando tocar sus paredes a la vez que con otro dedo estimulaba su clítoris, ella se tapaba la boca, pero no pudo evitar correrse, sus jugos comenzaron a salir en abundancia, yo continue con el ritmo hasta que sentí que era el momento, me retire y ella se quedo ahí, inmóvil, respirando aceleradamente.

    Me coloque el preservativo y me recosté sobre ella, de nuevo jugué con mi punta alrededor de su entrada, lo movía de arriba hacia abajo como si de mis dedos se trataban, cuando de nuevo comenzó a arquearse le introduje mi miembro, ahora todo estaba de mi lado, yo controlaba los movimientos y la vi tener otro orgasmo, se recostó pensando que era todo, pero no era así, me senté sobre la cama y la subí encima mío, ella no lo podía creer, aun iba a continuar, la hice cabalgar por un buen rato, hasta que le llegó otro más.

    Así fue la noche, intensa, ella no daba crédito de lo ocurrido, era multiorgásmica y no lo sabía, había tenido esa sensación de estar a punto de soltar algo, pero no lo había conseguido, conmigo tuvo ese squirt. Le confesé que no me parecía extraordinario, no es que tuviera que compararme con nadie, pero no creo ser el único hombre que se preocupe por el orgasmo femenino, ella me dijo que al menos ella no había conocido a alguien así.

    En ese punto, nuestra relación dio ese paso, comenzamos con el sexo, sí, pero cada cual termino con lo suyo; yo termine formalmente con Ani, que en ese punto con todo los chismes que habían le cayo bien la noticia; Yes continuo con el asecho de su ex, pero ya con mi presencia constante, termino por convencerse de que lo nuestro era en serio; a partir de ese momento fuimos pareja y pese a que creyéramos que seria fugaz, fue con Yes que las cosas fueron totalmente serias, nos apoyamos, crecimos juntos, pasamos por los malos momentos juntos y los superamos.

    Con la bendición de mis padres, su madre y el mayor de sus hermanos, terminamos casándonos dos años después, con una boda sencilla, íntima y rodeado de las personas que en verdad nos apreciaban, nuestro matrimonio siempre se ha caracterizado por la comunicación y la apertura de ideas en cada uno de sus aspectos, esto nos permitió compartir nuestra felicidad, y sin saberlo, esa misma comunicación y apertura, con el tiempo nos permitiría también compartir nuestra sexualidad, lo que se relatara en la siguiente saga.

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  • Primer amor

    Primer amor

    Éramos jóvenes y vírgenes. La pasión nos atrapó un otoño en los pasillos de la facultad y no podíamos dejar de besarnos sentados en cualquier banco.

    Recuerdo aún el sabor de su saliva. Nos acariciábamos por encima de la ropa y nuestras manos, tímidas, se introducían bajo ella deseando más.

    Era levemente pelirroja y sus menudos pechos se endurecían a mi contacto. Su suave y pálido cutis estaba cubierto de pequeñas pecas rosadas. Sus nalgas, grandes y duras, destacaban bajo sus jeans estrechos y soñaba con verla un día desnuda. Pero tenía novio en el pueblo de veraneo y ella no quería llegar más allá.

    Mis erecciones eran inmediatas solo a la vista de sus ojos almendrados de color verde esmeralda. Cada noche, al llegar a casa, oliendo aún a su intenso perfume floral, me masturbaba con frenesí y me corría inmediatamente imaginándola tumbada en la cama solo con su diminuto tanga.

    Un día al atardecer, ocultos en la penumbra del jardín de la facultad, mientras nos besábamos, su larga y fina mano se posó sobre mi bragueta y notó el enorme bulto; me bajó la cremallera.

    -Solo quiero tocarte la punta -me dijo.

    Me la hizo aflorar y, con nervios por si nos veían, pasó sus yemas por mi glande.

    -Te la chuparía ahora mismo.

    -Creía que no lo habías hecho nunca.

    -Bueno, en los pueblos, en verano, se hacen muchas cosas.

    Sentí celos retroactivos.

    -Hazlo.

    Era mi primera vez y el contacto de su lengua en la polla me hizo estremecer. Mientras me la mamaba, le bajé el sujetador y noté sus pezones erguidos. Cuando me disponía a comérmelos, un ruido inesperado nos interrumpió.

    Las semanas transcurrieron entre escarceos y magreos inocentes.

    Durante ese tiempo, descubrí que ella había hecho el curso anterior algo parecido con un amigo italiano que teníamos en común y yo no me había enterado de nada; creía, pobre de mí, que le daba clases de italiano:”Io bacio, tu baci”. Imaginarla haciéndole una felación me provocaba sentimientos encontrados. También supe de un amigo del barrio del que a veces me hablaba demasiado. Los celos incrementaban, sin embargo, mi deseo; ese culo portentoso me volvía loco a pesar de intuir que me estaba tomando el pelo, pero las hormonas no tienen neuronas.

    Al cabo de unas semanas, asistimos, junto a otros compañeros, a un curso de verano. Una tarde calurosa, tras bañarnos en la piscina, nos escabullimos y acabamos en la habitación de la residencia de estudiantes. Pasé el pestillo al entrar y la abracé aún húmeda. Nos besamos y, sin su permiso, le quité la parte de arriba del bikini. No protestó así que, de un tirón, le bajé la braguita, dejándola totalmente desnuda. Pasé mi mano por su pubis. “¡Qué guay!”, dijo.

    La eché sobre la cama y ella extendió los brazos hacia atrás y separó las piernas. Le comí el coño mientras ella gemía con la punta de la lengua sobresaliendo por la comisura.

    Empalmado y con el sabor salado en mi lengua, la quise penetrar. “No, por aquí no. Aún no quiero” y, agarrándome el miembro, apuntó a su ano. La entrada fue más suave de lo que nunca hubiera creído. Ella jadeaba. “Sólo un poco”, decía mientras se masajeaba el clítoris. Pero fue a más y mis sacudidas aumentaron. Noté su orgasmo al mismo tiempo que yo eyaculaba dentro de su estrecho canal.

    Con el transcurso de los días, tuve la sensación creciente de que me rehuía. Un día de principios de verano, me tumbé desnudo en su cama y me pegué a su espalda introduciéndole mi polla erecta entre las piernas. Cuando le quise bajar el tanga, sin girarse, me detuvo con una mano. “Hoy no me apetece”.

    Las señales eran cada vez más evidentes pero no quería asumirlo; sentía un hormigueo en el estómago cada vez que la veía y parecía que una puerta tras otra se fuera cerrando frente a mí.

    En la noche insomne, se me aparecían sus ojos verdes mirándome indiferentes y creía paladear el sabor de sus pequeños pezones y de su clítoris húmedo.

    Poco antes de finalizar el curso, los más íntimos de la clase fuimos a cenar; también terminaba nuestra carrera universitaria. Ella no me hizo mucho caso durante el evento y luego, en la discoteca, ataviada con un corto vestido veraniego, tonteó con una amiga mientras bailaban muy juntas.

    Ya de madrugada, apareció el amigo del barrio acompañado de otros chicos. A pesar de su juventud, lucía unas canas que lo hacían mayor, efecto multiplicado por su gran altura. En cuanto lo vio, ella corrió hacia él y lo besó en los labios. Desde la barra donde tomaba un vodka con naranja y me fumaba un pitillo, el corazón me dio un vuelco. “Mejor te llevamos a dar una vuelta”, me dijeron dos amigos.

    No supe de ella durante unos días. Recordé que se iba de vacaciones a su pueblo y me presenté en la estación. Se sorprendió al verme. Intercambiamos unas breves palabras y al final:

    -Creo que él no estaba previsto en el guion de la película -le dije de pronto.

    -Quizás eras tú el que no lo estaba.

    Nos despedimos. Mientras el ascensor se elevaba, dejé de verle primero las piernas, luego el torso, finalmente sus ojos mientras se daba la vuelta.

    No la volví a ver nunca más.

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  • Las amistades ¿peligrosas? (4 – final)

    Las amistades ¿peligrosas? (4 – final)

    Ya en casa, y con las mujeres aún con el susto en el cuerpo, nos preparamos unas copas antes de darnos una ducha. Lara y Belén estaban visiblemente nerviosas, e intentamos quitarle hierro al asunto, diciendo que era una anécdota para recordar, que quien las vería con media docena de machos, y tonterías por el estilo, pero cuando se fueron a la ducha, Pablo me comentó, bastante serio, que hasta arrancar el barco y marchar, pasó algo de miedo. Me comentó, que estando aún en activo, habían llegado avisos de Interpol, sobre mujeres y parejas, desaparecidas por esta zona, una pasarela por donde cárteles de Sur América, introducían drogas en Europa, así como mujeres para sus burdeles en el viejo continente.

    Acordamos no hablar más del tema, ni por supuesto, volver por aquella zona en los días que nos quedaban de vacaciones, que ya eran pocos. Nos acicalamos y nos fuimos a cenar fuera, para pasar el mal trago. Llamamos a Fátima, para invitarla a unirse a nosotros, y aceptó, diciendo que vendría acompañada de su nueva conquista. Aceptamos sin problema.

    Fátima, llego con una chavala de su misma edad, aproximadamente. Su piel blanca, y su melena pelirroja, contrastaban con la piel morena y tatuada de nuestra amiga. Vestían las dos muy parecidas, con cómodos shorts vaqueros y camisetas de tirantes. Lía, que así se llamaba, tenía una buena delantera, firme, piel tersa, y muchas pecas. Me hizo gracia, cuando las 4 se sentaron juntas en una terraza, frente a nosotros, ver los 8 pezones, o mejor dicho, adivinar los 8 pezones que tenía en frente, atravesados con sus piercing, que no pasaban desapercibidos al no llevar ninguna sujetador.

    Fátima, precisamente estaba contando, que la había conquistado en el estudio, poniéndoselos, bueno, mas bien, después de ponérselos, curándoles y dándole “amor” para calmar el ardor en ellos, le provocó ardor en otra zona, que por supuesto, apaciguó de buena gana. Hacían buena pareja, y así se lo hice saber.

    Pedimos la cena, vino, postres, copas, y Belén y Lara, contaban con pelos y señales a Fátima y Lía, lo acontecido en la cala. Fátima, nos dijo que de haber sabido nuestra excursión, nos habría prevenido de donde no ir, pues todo el mundo por el lugar, sabía lo que pasaba allí. Pablo le hizo una seña para que no diera mas información. De todos modos, en un momento que quedamos a solas con ella, nos preguntó donde habíamos alquilado la lancha, y dijo que conocía al dueño. Automáticamente, sacó el móvil, y le llamó.

    Hablaron un rato en portugués, cuando colgó, nos dijo que ya no había ningún dato de la reserva en las oficinas, ni físico ni virtual, por si alguien hacía preguntas, nunca estaba de más prevenir con ese tipo de gente. Se lo agradecimos pidiendo otra ronda de copas. Después de un par de horas más, bebiendo y charlando animadamente, decidimos retirarnos, pues Fátima al día siguiente tenía una sesión de tatuaje de más de 6 horas. Antes de marchar, nos pidió enseñarle los nuestros, para ver cómo iban curando, y para que Lía los viese, pues le había contado nuestra relación, y tenía mucho interés en verlos.

    Todos fueron fáciles de enseñar, salvo el de Lara. Hicimos un poco de pantalla, mientras ella se subía la falda y apartaba el tanga para enseñárselo. Lía quedo fascinada, y dijo,

    –Me enseñáis los piercing también? Mirar los míos, y levantando la camiseta, dejó a la vista sus dos majestuosas tetas, blancas, tersas, firmes, obra de la juventud que tenía, con dos pezones duros, desafiantes, erguidos, bordeados por una areola rosada.

    Los piercing, eran una barra, similar a la de Lara, que terminaba en dos bolas de acero quirúrgico también. A su vez de ambos lados pendía una cadenita que se unía bajo el pezón, y de esta colgaba un pequeño grillete. Como luego nos contó Fátima, estos grilletes tenían varias funciones aparte de la estética. A ellos se podían unir una cadenita que se conectaba a una gargantilla al cuello, muy sexy para llevar con escotes y tratar de adivinar hacia donde iba. También en ambientes sado, se podían usar para colgar pesos de los pezones, o conectar pinzas para descargas eléctricas. Lía aclaro, que de momento, solo cumplían función estética, entre risas.

    –Mira los míos, soltó de repente Lara, mientras separaba el vestido por el escote, dejando sus preciosas y bronceadas tetas a la vista

    –Que preciosidad, exclamó Lía

    –Y las mías, añadió Belén uniéndose a la fiesta

    –Es evidente que no sois unas crías, sin ofender, pero estáis muy buenas, ya me lo había dicho Fati, añadió Lía

    –Chicas, dijo Pablo, este espectáculo es una pasada, pero taparos, que viene gente, y ya estuvo bien de sustos por hoy, jejeje

    –Cierto, añadí, porque no vamos todos a casa, ¿y allí os exhibís con total seguridad? ¿Y aprovechamos la piscina, para darnos un baño?

    –¡No lieis, que mañana trabajo! Dijo Fátima

    –¿Tú crees que vas a dormir hoy, sea en tu casa o en otra? Dijo Belén

    –Yo estoy un poco golfi, dijo con un sonrisa pícara Lía

    –Bueno venga, vamos a vuestra casa, liantes, jajaja

    Con la expectación de que iba a ocurrir, llegamos a casa. Las 4 chicas fueron directas a la piscina, dejando la ropa por el camino, y se zambulleron en ella. La verdad que era una noche de mucho calor, finales de Agosto, debíamos rozar los 25 grados aún, y la piscina era un gran alivio. Pablo y yo nos desnudamos y las acompañamos. Estaban en un corrillo, tocándose las tetas, bueno, más bien los piercings, y Lía, miraba en detalle los tatuajes. Por primera vez, vi el trabajo que Fátima estaba realizando en ella. Era una espalda completa, con temática vikinga. El resultado final iba a ser espectacular.

    –Menuda currada te estás pegando en esa espalda, dije mirando a la artista

    –La verdad que sí, es un lienzo perfecto, piel clara, fina, me encanta, llevamos tres largas sesiones. Ahora toca esperar que cure y continuar, otras tres o cuatro para terminarlo

    –Tengo ganas de ver el resultado final, aclaro Lía

    Ver a las 4 mujeres completamente desnudas en la piscina era un autentico placer para los sentidos, y mi polla era un fiel reflejo de ello; Bueno y la de Pablo, estábamos a tope, lástima que dos de ellas eran totalmente inaccesibles a nosotros. Además, estábamos un poco excluidos de la “fiesta” que las féminas tenían preparada en la piscina. Lara estaba apoyada contra un lateral, abrazando desde a tras a Lía. Su brazo izquierdo la rodeaba por la cintura, y se perdía bajo el agua entre sus piernas. La otra mano tenía su pecho sujeto, mientras dos dedos jugueteaban con su pezón.

    Lía con la cabeza ligeramente apoyada en el hombro de mi mujer, jadeaba de placer, mientras se fundía en un apasionado beso con ella. Por el otro lado, Belén y Fátima, estaban entrelazadas por las piernas, frotándose sus depiladas intimidades, mientras se cogían y retorcían los pezones entre ellas. Estaban las 4 en éxtasis. De repente, absorto en la orgía lésbica que estaba viendo, noté a Pablo detrás de mí, su gruesa polla se aplastó entre mis nalgas, me rodeó por la cintura y cogió mi miembro para empezar a pajearme.

    Jamás había estado así con un tío, por lo que me intenté zafar, pero con la otra mano, me cogió mi pezón derecho y empezó a estimularlo. Me dejé hacer y en menos de un minuto, empecé a correrme abundantemente, entre espasmos y jadeos, mientras Pablo seguía exprimiendo mi polla hasta la última gota de semen. Creo que si en ese me momento, la suya se abre camino en mi culo, buscando mi interior, hasta me hubiera gustado. Experimenté, con gran placer, la primera paja que me hacía un tío. No hubo besos, ni caricias, ni ningún atisbo de cariño o algo parecido.

    Solo fue sexo, placer por placer. Me sentí en la obligación de compensarle. Me giré hacia él, de frente. Su imponente miembro, duro y venoso, apuntaba hacia mi vientre. Le miré a la cara, cerró los ojos. Yo también. Cogí su polla con mi mano derecha y comencé a pajearlo con fuerza, apretando fuerte. Con mi otra mano, imitando lo que él había hecho instantes antes, juguetee con sus pezones. Comenzó a gemir y estremecerse, hasta correrse entre espasmos.

    El primer chorro de semen, potente, impactó por completo en mi barriga. El resto por mi brazo y mano. Reconozco que no me gustó demasiado, pero aún así seguí hasta que terminó. Lo solté y me giré sin mirarle. El se puso a mi lado y solo dijo:

    –Lo están pasado de miedo aquellas ¿eh?

    –Si, respondí, acerquémonos

    Lía, que ya había terminado, por lo visto, estaba comiendo ávidamente la entrepierna de mi mujer, mientras tres dedos estaban dentro de ella. Lara estallaba en ese momento en un sonoro orgasmo, entre jadeos y convulsiones, arqueando la espalda para hacer más fuerza con su pelvis en la cara de la pelirroja.

    Estaban tumbadas fuera de la piscina ya. Al lado de ellas, Belén y Fátima, se daban placer mutuamente en un 69 perfecto. Belén, puesta arriba, tenía sus fabulosas tetas colgando, rozando los pezones en la barriga de Fátima, que la agarraba con fuerza por las caderas, con sus dos dedos pulgares separando sus nalgas. Pablo, otra vez medio empalmado, se acercó por detrás, frotó un poco su polla contra su mujer y comenzó a penetrarla. Recordé las palabras del día anterior en la playa de Lara, y a medio empalmar me acerque a donde estaban.

    La incorporé hasta sentarla en una hamaca, le tomé la cabeza por el pelo y le acerque mi miembro a la boca. Lo tomo con las manos y tras varios meneos y lametones de lengua, me puso firme de nuevo. Comenzó a metérsela cada vez mas a dentro. Notaba mi polla pegar en el fondo de su garganta. Lía nos hizo parar. Acomodó a Lara en la hamaca boca arriba, con la cabeza colgando. Me mando ponerme de rodillas detrás de su cabeza y que se la metiera así. Lo hice y poco a poco de nuevo volví a llegar al fondo, solo que esta vez, podía pasar más allá. Veía a través de la piel de su cuello, la forma de mi falo en su garganta.

    Lara hacia milagros para respirar y cada vez que la sacaba fuera, espesa baba goteaba de ella. Yo se la esparcía por toda la cara, y volvía a la carga. Lara me rodeó con los brazos, cogiéndome por las nalgas, y comenzó ella a marcar el ritmo, mientras Lía volvía a acurrucarse entre sus piernas para empezar de nuevo a lamer y besar su intimidad. Noté el calor que emanaba de mis entrañas, y como mi pene se hinchaba ante la inminente descarga, que no se hizo esperar, directo dentro de la garganta de Lara.

    La saque y dos chorros manos fueron a parar a su cara y pecho, mientras ella se retorcía, teniendo un nuevo orgasmo provocado por su nueva amiga. Un chorro e líquido transparente salió hacia la cara de Lía, que seguía lamiendo y moviendo sus dedos dentro e ella, mientras con la otra mano hacia fuerza en el vientre desde fuera. Le había provocado su primer squirt.

    Al lado nuestro, Pablo, ya se había corrido dentro de Belén, y al sacarla, para terminar de descargar en su espalda, un poco cayó sobre la cara de Fátima, que no le gustó mucho.

    Buag tío esto es asqueroso, exclamó riendo. Chicas no se como os puede gustar, que asco

    Lía se acercó a ella y la limpió con su lengua para terminar besándola en la boca, profundamente.

    Poco a poco nos fuimos relajando y “despegando” unos de otros. Nos repartimos por las dos duchas del jardín y la interior, y nos fuimos a dormir. 6 en la súper cama éramos bastantes, pero nos acomodamos. Amanecimos tarde, mas de las 12. Fátima se había ido ya al estudio y Pablo y Lía estaban preparando el desayuno. Yo estaba en medio de Lara y Belén, que aún profundamente dormidas, me rodeaban con sus cuerpos. Belén tenía su cabeza sobre mi cadera, abrazada a una pierna y mi pene, morcillón y a media asta descansaba muy cerca de su boca. Lara del otro lado, con la cabeza apoyada en mi pecho y rodeándome con su brazo. Pensé, que era un tío afortunado, y que me gustaría despertar el resto de mi vida, así.

    Fin

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  • Una historia nueva (6): Unas vacaciones inolvidables (la gran antesala del incesto)

    Una historia nueva (6): Unas vacaciones inolvidables (la gran antesala del incesto)

    Los padres de Cristina y Marcelo han mantenido relaciones de incesto con sus hermanos a lo largo de varios años, José el padre de ellos con su hermana Maricarmen al igual que Laura su madre ha mantenido también relaciones de incesto con su hermano Pedro. Ambos tíos son muy agradables

    Laura la madre de Cristina y Marcelo durante su época como estudiante de secundaría había mantenido una sana amistad junto con Graciela, Estela y Francisco el hermano de ellas quien se mantuvo soltero aún a pesar de ser afortunado con las mujeres, sin que llegara a enterarse su amiga Laura de lo que en realidad habían pactado entre ellos cuando acordaron que la promiscuidad que gustaban sentir durante los años dorados de su juventud por el simple hecho de mirarse desnudos, los llenaba de lascivia orillándolos a mantener un profundo sentido de amor entre ellos, con la anuencia de sus padres. De ese modo quedarían entre ambas amigas enterrado el sublime secreto que ambas guardaron tanto entre ellas como con el resto de conocidos vecinos y amistades.

    En una ocasión que platicaron luego de años de no haberse comunicado, se encontraron en una tienda departamental, junto a ella iban sus hermanos Estela y Francisco muy abrazados y tomados de la mano cual si fueran novios, algo que de momento no le pareció extraño a Laura. Luego de saludarse y del intercambio de números de celular.

    Uno de tantos días en que conversaron a través del celular, a invitación expresa de su amiga, llegó Graciela al departamento donde vivían Laura y su esposo. Graciela llego un poco antes de la hora acordada. Laura acababa de salir de bañarse y salió a recibirla con la bata de baño y su cabello cubierto con una toalla. Laura estaba distraída y había puesto el café sobre la mesa de centro, Laura había prendido un cigarrillo, mientras ella iba por la otra taza de agua caliente para acompañarla con su café.

    Para mala fortuna de Laura había dejado distraídamente sobre la mesa de centro un álbum con fotografías explícitas donde aparecían ella con su hermano Pedro y su esposo con su hermana Maricarmen, los cuatro desnudos y haciéndose el amor en diversas poses demasiado sugestivas inclusive con indicios de semen saliendo de la vagina de una de ellas. Graciela reconoció que se trataba de José quien era el esposo de Laura como a Maricarmen la hermana de José y a Laura y a Pedro el hermano de ella, de inmediato se puso roja de la cara y sin fijarse presa de nerviosismo soltó el álbum esparciéndose algunas fotos que aún no estaban fijadas dentro del álbum sobre el piso.

    –Perdón, amiga, no sabía de que se trataba, pensé que serían fotos…

    –¿Fotos normales, amiga?… pensaste qué… bueno, pues has descubierto que no lo eran, son algunas fotos de…

    –Es que yo, no sabía que…

    –Que fueras a descubrir algo que no esperaba yo mostrarte… bueno, pues ya lo descubriste, ¿qué más te puedo decir? –dijo realmente apenada con la mirada baja.

    –Son fotos muy bonitas, amiga, no debes apenarte, conocí a tu hermano y me pareció una gran persona… y a tu cuñada, también… y a tu esposo… –no sabía Graciela qué más podría decir en ese momento.

    Graciela pudo observar como a Laura se le escurría una lágrima al verse descubierta por una de sus mejores amigas a la que nunca pudo revelarle el gran secreto que ocultaban ella y su marido y sin pensarlo se abrazaron con el gran cariño que siempre había demostrado tenerse.

    –Disculpa, amiga, lo único que puedo decirte para tu tranquilidad es que todos ocultamos algún secreto que sabemos que no podemos revelar con nadie, yo también guardo mis propios secretos y déjame decirte que no es nada fácil revelarlo aún a quien fue y sigue siendo una de tus mejores amigas, dentro de las cuales yo me considero que lo soy como tú también lo eres para mí, así que no llores, por favor y déjame decirte que mis hermanos y yo también hemos hecho cosas por el estilo, y seguimos… así que no debes preocuparte y solo te pido por favor que no vayas a divulgar nada de lo que yo te diga.

    –¡Es que me siento muy apenada contigo!, no sé qué puedas pensar de mí.

    –Mira vamos a hacer una cosa, cómo a mí también me apena confesarlo, me cuesta trabajo que también guardo un secreto, así que mejor te lo escribo en una carta la cual debes luego que la leas borrarla, ¿estás de acuerdo conmigo? Y tú a la vez me mandas el secreto que has ocultado luego de que hayas leído el mío y que yo también borraré.

    –Gracias amiga, lo haré como tú me dices.

    –Bueno pues no se diga más y vamos a tomar el cafecito que se está enfriando.

    Luego de eso ambas se quedaron mirando a los ojos, los de Laura aún conservaban alguna de sus lágrimas, Graciela la atrapó sobre su dedo sin dejar de mirarla a los ojos, instintivamente sin que ella o Laura lo pensaran fueron acercando sus labios para sellar el secreto que se abriría entre ellas y que acababan de firmar con sus bocas.

    Laura con tan solo la bata de baño puesta y con su cabellos atrapados entre otra toalla más chica se dejo deleitar con el beso de una de sus mejores amigas.

    Laura, encendida por el placer que estaba sintiendo por su amiga Graciela quedo de pronto atrapada por las caricias que ambas empezaban a prodigarse y que eran producto de la emoción que las estaba embargando, sus respiraciones se fueron entrecortando en tanto los besos se volvían más apasionados, ambas deseaban que ese momento tan especial continuara hasta donde debiera, Graciela le dijo a Laura que no debía preocuparse por nada de lo que en adelante pudiera pasar entre ellas ya que desde que la conoció sintió que podía enamorarse perdidamente de ella, pero era algo que nunca se atrevió a confesarle por temor al rechazo.

    Sin embargo la vagina de Laura empezaba a empaparse luego de que Graciela descubriera sus pechos al deshacer el nudo que mantenía cerrada su bata de baño, pero no solo ella hacía que el clítoris de su amiga palpitara con un deseo incontrolable, pues también su propia vagina empezaba a sentir el burbujeo de sus propios néctares desbordándose, de tal forma que el fuego de sus entrepiernas no podía ya detenerse.

    –Graciela, ¿qué me estás haciendo?… ¡Para!… por favor… ¡Aaah! Puede llegar Pedro mi marido y…

    –Nada que podamos impedir para que yo pueda declararte al fin mi todo amor y todo lo que siempre me has hecho sentir. –esa declaración hizo que el clítoris de Laura palpitara aún más de un hermoso deseo que estaba brotando entre ambas mujeres.

    –El fuego que se había ya encendido no les permitía ya detenerse. Graciela quería inmortalizar ese momento entre uno de los primeros amores de su vida y no iba a permitir que se borrará.

    –Mejor vamos a mi cama, ahí podemos hacer todo esto realidad, mi amor.

    –Es la primera vez que escucho esas palabras que desde siempre hubiera querido escuchar de tu boca, ¡Mi amor! Tú también serás siempre eso para mí… ¡Amor mío!, deja que me entregue a ti y que seas mía como yo quise serlo siempre de ti.

    –No puedo negar que siempre me atrajiste, pero tampoco fui capaz de insinuártelo, ¿pero entonces no te molesta que haga el amor también con mi cuñada?

    –¿Cómo crees que voy a molestarme?, mientras dejes que tu corazón también guarde un pequeño espacio para mí, mi amor.

    Graciela, de junto a ella la despojó de su bata para comenzar a recorrer su cuerpo desnudo con el exquisito aroma a jabón en tanto empezó a trazar caminos de saliva con su lengua desde sus muslos hasta su abdomen, subiendo hasta sus pechos y rodeando sus endurecidos pezones, lamiendo las areolas y subiendo por el erecto tronco de los mismos paladeando con su lengua para luego ir bajando a su ombligo y de ahí detenerse en los labios vaginales abriéndolos entre sus dedos para husmear donde se encontraba el endurecido clítoris y paladearlo entre su boca que lo estiraba arrancando melodiosos gemidos.

    Luego, Graciela ascendió hasta los labios de su amiga, y volvieron a fundirse en un beso donde sus lenguas se entrelazaban con deseo y sus salivas se mezclaban sin dejar descanso para que sus manos continuaran explorando la geografía de sus cuerpos.

    –Ya hazme tuya, llévame a la cama y funde tu cuerpo con el mío.

    –Tus deseos son órdenes, mi amor, la querida musa de mi inspiración, pero antes quiero pedirte que seas mi novia, dime si aceptas.

    –Claro que acepto, así que desde ahora somos novias tú y yo y espero que juntas disfrutemos del amor que sentimos en nuestros corazones.

    Antes de pasar sellaron su compromiso con un largo beso, la recámara de Laura y su marido estaba impecablemente limpia, la luz del atardecer se filtraba por entre las cortinas, sus cuerpos desnudos, con sus pezones erectos y sus vaginas empapadas por lo abundante de sus flujos las invitaron a compartirse realizando una tijera, los orgasmos de ambas iban penetrando la intimidad de Laura que quedaba colocada debajo del cuerpo de Graciela, la vagina de Laura se abría permitiendo que penetraran los flujos de amor de su nueva novia. Haciendo que sus pechos temblaran de emoción.

    Tras un beso prolongado, donde sus lenguas se juntaron con una lascivia morbosa, Graciela retomó su exploración, deslizando su lengua por el cuerpo de Laura. Lamiendo desde el cuello hasta sus pechos calientes, succionando una a otra sus pezones. Laura gimió al ver lo grandes que tenía Graciela sus gruesos pezones, mientras su vagina palpitaba, goteando jugos que amenazaban con empapar las sábanas al correr por sus piernas.

    Sin embargo, terminaban justo cuando José entraba al departamento y llamaba a Laura, quien se levantó luego de haber terminado el coito de ambas, quedando de verse para otras ocasiones más ya fuera ahí mismo o yendo a algún buen Motel. Aunque al mismo tiempo de Laura presentarla y ella despedirse, José pudo percibir que entre su esposa y la amiga de ella algo muy bueno había ocurrido, pero ya habría tiempo para que su mujer le comentara lo que había pasado.

    Querida Laura, como ya sabes soy una mujer felizmente casada con mi esposo Gabriel desde hace 20 años, tengo dos preciosas hijas de 18 y 19 años él es un esposo muy bueno y comprensivo además no existe ningún tipo de secretos entre nosotros. Como tú sabes yo soy la mayor de mis tres hermanos Estela mi hermana está casada con Emilio, ellos tienen dos hijos Martha y Luis, ambos en edad de merecer e imagínate lo explosivo que debe ser que ambos duerman en la misma cama. Yo estoy casada con Oscar y tengo dos hijas Azucena y Esmeralda que también duermen juntas. Mis hermanos son los mejores confidentes con quienes siempre he convivido de toda mi vida y desde entonces hemos sido inseparables. Nuestros padres siempre fueron de pensamientos liberales y abiertos al igual que yo y mis hermanos. Frecuentemente hemos recordado con añoranza nuestra adolescencia.

    Nuestro hermano Francisco es soltero, jamás quiso casarse aún cuando mujeres le sobran, porque prefería estar con nosotras sus hermanas gozando de gratos momentos durante esa edad en que nuestras calenturas parecían explotar envolviéndonos con su lasciva sinfonía invitándonos a actos de incesto, nuestros padres siempre liberales con nosotros, igual somos nosotras con nuestros hijos, de manera que tienen restricciones para explorar su sexo. Nuestras añoranzas de juventud aún a pesar de estar ya casadas envolvían nuestros pensamientos.

    Así fue mi querida novia Laura. Un día me marcó mi hermana Estela para decirme que Emilio, su marido se encargaría de sus hijos, me invitaba a salir de vacaciones le dije que lo consultaría con Oscar, desde novios no hubo secretos por nuestras preferencias sexuales, él se haría cargo de nuestras hijas. Has de saber que yo tengo un contacto más íntimo con Estela aunque a veces también nos vemos mi hermano Francisco y yo en algún Motel.

    Estábamos contentas de saber que podíamos salir con nuestro hermano Francisco de vacaciones. Escogimos junto con Emilio el esposo de Estela un bonito hotel en la isla de Cozumel. Oscar fue quien hizo la reservación indicando que yo iría en calidad de esposa de mi hermano Francisco y de mi hermana Estela como cuñada de él.

    Cuando llegó por fin el día de nuestra partida, estábamos felices, tanto así que no parábamos de besarnos, fue Oscar mi marido quien nos llevó en compañía de Emilio con quien se lleva de maravilla a tal grado que contagiados por los besos que nos dábamos, ellos también compartieron los suyos, Oscar y Emilio has de saber que son bisexuales.

    Luego de un maravilloso vuelo nos mostrábamos impacientes, luego de aterrizar conseguimos un taxi que nos llevara. Durante el trayecto no dejábamos de acariciar nuestras manos, algo dentro de nosotros nos hacía sentir desesperadas por llegar a nuestra habitación. Mientras nuestro hermano completaba el registro en la recepción. Mi hermana y yo nos tomábamos de las manos con desesperación por entrar a la habitación, luego de recibir la tarjeta del cuarto, lo primero que vimos al entrar fue que tenía una magnifica vista al mar.

    Sin embargo, nos dejó a Estela y a mí, mientras él se dirigía al bar para dejar que desempacáramos y disfrutáramos de la paz del lugar con el sonido de las olas alimentando nuestros sentidos. Nada más sentarnos en la cama, sonó mi celular, eran mis hijas Azucena y Esmeralda que querían saber como habíamos llegado. Mi hermana Estela tomó la llamada y mientras hablaba con ellas se desvistió dejando sobre la cama su brasier y sus pantaletas, mostrándose ante mi vista con un cuerpo tal como lo recordara en los tiernos días de nuestra juventud.

    Unas nalgas no grandes pero realmente hermosas como siempre las había recordado, sus pechos al igual que los míos copa “C” con unos pezones gruesos igualitos a los míos, realmente algo largos y que tenían la forma de unos apetitosos glandes de pene, aunque claro no tan grandes, amamante a mis hijas y también a mis hermanos, igual que ella nos amamantó a nosotros cuando tuvo sus hijos, Estela estaba lanzándome una mirada lasciva que parecía estar invitándome a disfrutarla, estábamos desnudas.

    Mi brasier y mis pantaletas quedaron tendidas sobre las almohadas, sin dejar de hablar con mis hijas. Estela restregó sus pezones por mi espalda, tomó una botellita de aceite para lubricar todo mi cuerpo, desde mis piernas, subiendo por mis nalgas y mi espalda deteniendo sus manos en mis pechos, pellizcando mis pezones con suavidad, traté de cortar la conversación con mis hijas, pero en vez de eso empecé a gemir, haciendo que ellas rieran preguntándome lo que estaba sucediendo, al parecer yo la estaba pasando magníficamente bien en compañía de mis dos hermanos, ellas coleccionaban fotografías nuestras bastante comprometedoras de nosotros tres desnudos disfrutando de un sexo incestuoso.

    Mi hermana y yo reímos pues también está pasando algo similar con sus hijos. Cabe decir que también entre sus hijos y ella tampoco existen secretos, al igual entre mis hijas y yo, inclusive yo les propuse a mis hijas que se acariciaran entre ellas para definir si se sienten a gusto tocándose, para que comprueben si disfrutan una tendencia lésbica a lo cual inclusive yo quiero sumarme para dirigirlas.

    Fíjate mi amada Laura que me distraje y dejé el celular sobre la cama, me besé de lengua con mi hermana y ambas gemíamos algo escandalosas y deben habernos escuchado a juzgar por las risitas que alcanzamos a escuchar, incluso hicieron un comentario –mi tío ha de tener la verga bien parada a juzgar por lo que escuchamos- y yo les contesté –todavía no llega su tío, solo estoy con mi hermana y nos estamos besando ya sin ropa que nos estorbe, para su conocimiento. Ellas me contestaron simplemente con un –bueno mamá, pues las dejamos, pero luego nos cuentes todo con lujo de detalles.

    Estaba tan caliente que no me importaba nada, más que besar a mi hermana y tener su vagina junto a la mía para impregnarlas con nuestros jugos y sentir nuestros clítoris restregándose.

    –Ay hermanita que ricos pezones tienes para mí están realmente grandes e hinchados.

    –¿Tú crees, hermana? Sabes que ya te tenía muchas ganas.

    –Y yo a ti, hermana, quiero hacer la tijera contigo y pegar mi vagina con la tuya hasta que nos vengamos juntas y gocemos de un rico incesto.

    –Recordé cuando mis hijos Martha y Luis siendo ya mayores, les encantaba prenderse de mis pezones, al igual hicieron tus hijas Azucena y Esmeralda conmigo, aunque ya no tenía leche al igual que tú también les ofrecías tus pezones a mis hijos y nos llegaste a dar de tu leche a mí y a Francisco cuando la tuviste.

    En ese mismo instante Francisco nuestro hermano tocó, abrimos con cuidado para que nadie más pudiera vernos desnudas, se iluminaron sus ojos, su verga se puso tiesa por dentro de sus bermudas.

    –Qué agradable sorpresa ver a mis dulces hermanitas desnudas sin esperar a que yo mismo las desvistiera

    –¡Qué rica se te ve la verga, hermano! deja que tus hermanas te la mamemos.

    –Vaya pues al parecer el incesto siempre ha sido parte de nuestras vidas, ¿no lo creen?

    –Es que tienes una verga riquísima, hermano.

    No te miento Laura, en realidad Francisco tenía una hermosa verga grande y venosa con un glande más grande que nuestros pezones, él mismo nos decía que en vez de pezones nos había puesto Diosito glandes de verga de lo apetitosos que los teníamos, bien que los mamaba y nos sacaba la leche cuando la hubo.

    A mi hermana Estela al igual que a mí nos encendía el hecho de saber que estábamos gozando del placer que la antesala del incesto nos provocaba al saber que estábamos a punto de estar cogiendo entre nosotros, nuestros genes guardan el secreto del placer que solo el incesto puede llenarnos. Mi hermana Estela besaba mis labios llenándolos con el sabor de la lujuria que su saliva provocaba en mí.

    –Me hacen sentir su calor, hermanos saben que los tres gustamos del incesto, como quisiera hacerlo con mis propias hijas y decirles, hijas mías ahora tendrán una buena ración de incesto con su propia madre al igual que yo misma tuve incesto cientos de veces con mis hermanos. –en ese momento me di cuenta que había dejado abierta la conversación de mi celular, pero ya era tarde y de seguro mis hijas han de haber estado escuchando nuestras conversaciones y hasta grabándolas.

    –¿Qué pasó hermana?, ¿Por qué pones esa cara?

    –Deje abierto el celular y mis hijas deben haber escuchado todo lo que decíamos.

    –¡Bueno!, pues no tienes de que preocuparte, si tú misma les dijiste que querías enseñarles a coger entre ellas con tu ayuda.

    –Acuérdate hermana que nuestros genes están orientados para el incesto, así que no tiene nada de malo el que tus hijas despierten los genes que llevan de herencia.

    Esas palabras me sorprendieron, e hicieron que mi clítoris palpitara de deseo ¿por mis propias hijas?, ¿o por mi hermana Estela a quien tenía enfrente? ¿o por nuestro hermano Francisco?

    El hecho de sabernos incestuosas, y que el fuego dentro de nuestras vaginas ardiera me hizo tomarla colocándola sobre la cama, pegué mi vagina con la de ella iniciando un vaivén que nos estaba llevando a la gloria, en tanto tomaba la verga de nuestro hermano para masturbarla haciendo que el semen tibio fuera a parar en medio de nuestras vaginas, restregándolas para formar largas hebras con los néctares que desprendían, mis propios jugos se escapaban dentro de la vagina de Estela que estaba acomodada debajo de mí, mezclados con el semen de nuestro hermano.

    Añadiendo ese toque de sabor que luego se impregnaba en nuestras bocas al momento de mamar nuestras vaginas en un 69 exquisito como tal vez hayas podido también tú disfrutar, impregnando nuestras bocas con el exquisito sabor del incesto; queríamos que ese momento de amor entre nosotros tres continuara.

    –Mi amor… vamos a la regadera, mira como quedaron nuestras vaginas impregnadas de puro sexo incestuoso. –Dijo mi hermana Estela, su vagina estaba empapada del semen de nuestro hermano y mezclado con mis propios jugos.

    –Vamos, hermanas, nos dijo Francisco, ahí podemos continuar y tener sexo anal, al fin y al cabo con la regadera nos lavamos bien.

    –Esa es una magnífica idea, hermano –le dije

    Nuestra habitación ya estaba en penumbras, creando para nosotros un santuario de deseo. El cuerpo desnudo de Estela, con sus pezones erectos y su vagina cubierta del semen de Pedro. Ella se recostó en la cama, con sus piernas abiertas invitándome a lamerla, yo miraba como sus senos temblaban con cada respiración que daba.

    Bueno, querida, cómo has de saber nosotros también guardamos nuestro secreto de familia, al igual que lo guardas tú.

    Estela, acostada junto a mí, comenzó a recorrer mi cuerpo con su lengua, lamiéndome desde mi ombligo y bajando hasta el nacimiento de mi vagina donde ella veía como asomaban mis labios vaginales escurriendo su precioso néctar, el cual absorbió con su lengua hasta subirlo a mis pechos, deteniéndose en mis pezones los que lamía con detenimiento haciendo que me volteara ofreciéndole mis nalgas las cuales aceptó deslizando su propia vagina e impregnándolas con los jugos que salía imparables de los labios de su vagina los que me restregaba con dulzura, gimiendo y tomando mis pechos entrelazando nuestros pezones.

    Luego, Estela volvió a voltearse ascendiendo hasta mi boca para fundirnos en un beso apasionado, nuestras lenguas se entrelazaron en una danza de deseo ardiente, nuestras salivas se mezclaban con parte del esperma de Francisco que habiéndose venido dentro de nuestras vaginas, escurrieron el precioso semen de la vida, mientras las manos de Francisco exploraban nuestros cuerpos, tocando nuestra piel ardiente.

    Tras ese beso prolongado y lleno de pasión, donde nuestras lenguas acompañaban la suave música del incesto, yo retomé la exploración, deslizando mi lengua sobre el cuerpo de mi hermana Estela. Recorriendo sus pechos, lamiéndola desde su cuello bajando con mi lengua hasta sus hermosos pechos, deteniendo mi boca para aprisionar sus pezones entre mis labios, provocando que se endurecieran al contacto de mi saliva. Estela gemía, sus manos se enredaban en mi cabello, mientras su vagina palpitaba, soltando los aromáticos jugos que empapaban la toalla de baño que había puesto para eso.

    Laura, creo que esto que te estoy confesando te demuestra que soy una mujer ardiente como lo eres tú y quiero decirte que estás en mi mente y en mis acciones, quiero dedicarte todo esto que te estoy contando como una forma de agradecer que ahora que ya somos novias, también tengas un tiempo para mí y lógicamente acepto de todo corazón lo que hacen y disfrutan al igual que nosotros, pero quiero pedirte que esto solo quede entre nosotras, aunque si en algún momento decides invitarme como parte de tu familia, lo aceptaré de buena gana porque juntas podemos descubrir el verdadero amor.

    Espero con ansías lo que tengas que escribirme y ten la seguridad que así como te prometí lo voy a borrar para que esto solo quede entre tú y yo. Claro que te conté solo una parte de todo lo que disfrutamos durante casi una semana completa y no te miento cuando al regresar lo seguimos haciendo con más ganas.

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