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  • Mi prima Claudia (Parte 1)

    Mi prima Claudia (Parte 1)

    Todo empezó el jueves 31 de diciembre de 2009.

    Me llamo Gabriel y en ese momento tenía 26 años y estaba viviendo en un departamento en Almagro desde hacía un año. No estaba cerca de mi trabajo, pero me gustaba la zona, de cualquier manera por mi trabajo a veces viajaba al interior por 10 o 15 días.

    En noviembre me enteré que mi prima Claudia andaba buscando un departamento para alquilar, ella hacia unos 10 meses se había separado. Le avisé que el departamento al lado del mío estaba en alquiler, ella terminó alquilándolo porque había conseguido trabajo en una clínica que estaba a 5 cuadras de allí, y a 2 cuadras tenia colegio para Valeria, su hija de 5 años.

    Yo la ayude a pintar y arreglar el departamento y en diciembre estaba instalada en el lugar, Claudia es cinco meses menor que yo.

    Yo admiraba de ella su entereza además de sus dotes físicas, ya que se sobrepuso al divorcio y tomó las riendas de la situación, consiguió un excelente trabajo que le daba tiempo para su hija… su ex no la dejaba trabajar cuando convivían.

    Después de su casamiento nuestra relación fue más discontinua, nos veíamos poco, pero el hecho de estar tan cerca, de vernos a diario de salir juntos, volvió a aumentar mis sentimientos ocultos por ella

    Claudia, es dulce, tierna, suave en el trato, bonita y muy bien dotada físicamente, mide 1.67 m., carita redonda, de piel blanca, cabello oscuro y corto con melena hasta los hombros, ojos marrón oscuro, su rostro de rasgos delicados con una dulce sonrisa casi permanente, 95 cm de busto, 70 de cintura, y 95 en caderas, muy lindas piernas… a punto tal que me enloquecen sus minifaldas.

    Con Vale su hija nos llevábamos muy bien, yo cuando salía del trabajo pasaba a buscarla por la casa de Mabel, mi otra prima y al anochecer pasábamos a buscar a Claudia. Sentía que cada día me gustaba más estar con ellas, en especial con Clau, la deseaba cada día más, el tenerla cerca me hacía estremecer… todo mi cuerpo vibraba a su lado.

    Para fines de diciembre Vale se fue con los abuelos y los tíos de vacaciones, lo cual hizo que no pasase el fin de año con nosotros, así que pasamos solos esas fiestas. Claudia no podía ir porque era nueva en el trabajo y no tenía vacaciones, le concedieron unos días en enero para poder estar con Valeria.

    El 30 de diciembre un amigo, que pasaría las fiestas con su familia, me pidió si podía cuidar a su perro, y la casa, ese día Claudia tenía una reunión de despedida de año con sus compañeros a la salida del trabajo, yo me fui a la casa de mi amigo antes que saliese para el aeropuerto, Claudia me llamaría para que la fuese a buscar, porque ambos estaríamos allí, ella me llamó a eso de las 23 horas.

    Pasé por casa, la llame por el portero eléctrico y me quedé esperándola, ella salió con su bolso, estaba muy hermosa con una remera blanca sin mangas, levemente ajustada y con un escote cuadrado que apenas dejaba asomar las redondeces de sus senos, y una minifalda de jean azul bastante ajustada y corta que dejaba sus piernas al descubierto unos 10 cm por encima de sus rodillas y zapatos abiertos de taco alto color negro con apliques en blanco.

    Al acercarse silbé en sentido de aprobación a su figura; al tiempo que decía

    G- Guauuu!!! desde hoy prometo ser tu guardaespaldas tiempo completo, no puedo dejar que semejante belleza este recorriendo sola estas calles a merced de tantos lobos hambrientos

    Ella sonriendo dijo

    C- Gracias por el piropo… pero pasamos juntos casi todo el tiempo

    G- No importa te voy a custodiar tiempo completo no vas a andar sola a ningún lado

    Subió al auto y nos dimos un beso en la mejilla y un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo, verla así acaparó más mis deseos por ella, sentí ganas de expresarle mis verdaderos sentimientos hacia ella pero me detuve, su cuerpo irradiaba belleza, mis labios querían saciarse en los suyos, sus piernas apenas cubiertas por su falda me extasiaban. Antes de llegar a la casa pasamos por una heladería todo mi cuerpo se estremeció cuando caminamos tomados de la mano.

    Volvimos a la casa cerca de las 3 de la mañana, ella uso la habitación principal y yo la del hijo de mis amigos… me costó conciliar el sueño no podía dejar de pensar en Claudia, sabía que ella no era un deseo pasajero… lo que sentía por ella era amor…

    Al día siguiente nos levantamos tarde, salimos a hacer las compras de fin de año y almorzamos hamburguesas, volvimos a casa, el calor de esos días era más que agobiante ya que eran constantes las temperaturas de más de 35º, así que ambos nos fuimos a cambiar para disfrutar de una pequeña piscina que había en la casa, al salir Claudia yo estaba acomodando la hamaca donde se recostaría a tomar sol. Estaba por demás hermosa, llevaba una bikini con el corpiño sin breteles solo sujeto por su espalda color animal print en blanco y negro y desde la unión de las tazas de su corpiño partía un cordón blanco largo hasta su entrepierna y la parte inferior de su bikini era de color violeta, su corpiño ocultaba buena parte de sus senos… su bikini insinuaba más de lo que mostraba; verla así aumentó aún más mis deseos por ella se la veía sexy y sensual. Me acerque y dije:

    G- Tengo que tener presente ahora que soy tu guardaespaldas a no llevarte a ninguna playa ni pileta pública, así evito un suicidio en masa cuando los hombres vean semejante belleza

    C- Gracias… es un piropo hermoso, aunque no creíble, porque no veo al único hombre que está a mi lado haciendo algo para suicidarse.

    G- Lo pensé; pero si me suicido dejaría de verte y eso no me lo perdonaría nunca

    Se recostó sobre la hamaca a tomar sol… yo me zambullí en la piscina antes para luego tirarme sobre una lona a tomar sol y disfrutar del cuerpo de Claudia viéndola recostada. Luego se incorporó, camino hacia la piscina yo disfruté viendo los movimientos de su adorable cuerpo; estuvo un buen rato en la piscina, le acerque un vaso con gaseosa, me lo agradeció y luego extendió su mano para que la ayudase a salir de ella, la tomé de la mano y ella en rápido movimiento tiro de la mía haciéndome caer dentro de ella, ella salió riéndose a carcajadas yo salí de la piscina y la corrí, intente tomarla pero no conseguí hacerlo, ella me esquivaba, se reía y gritaba, y yo a cada segundo que pasaba me sentía más excitado por el juego, hasta que conseguí tomarla, pero el envión que llevábamos hizo que ambos cayésemos al piso, yo quede sobre ella, su cabello revuelto sobre su cara, su respiración agitada, esa hermosa y dulce sonrisa en sus labios hicieron el resto, corrí un poco su cabello, mire su rostro y sucumbí a la tentación, mis labios tomaron contacto con los suyos, sentí mi cuerpo estremecer, ella intento resistirse, sus manos y brazos intentaron separarnos, pero su resistencia no duró mucho, sus manos empezaron a acariciar suavemente mi cuerpo y su boca ofreció sus labios en una entrega pasional, mientras mis manos gozaban acariciando su piel fresca suave y tersa.

    Estuvimos así unidos en ese beso durante largos minutos, luego cuando nos separamos ella me miró a los ojos sin decir nada y entonces dije:

    G- Te amo princesa, no puedo vivir sin vos, no estoy dispuesto a perderte de nuevo, te casaste porque callé mis sentimientos por vos pero ya no, no estoy dispuesto a volver a perderte, ahora no, quiero luchar por vos… estoy dispuesto a dar todo, sos el amor de mi vida…

    C- Ay Gabriel, yo también te amo, siempre te amé pero nadie va a aceptar lo nuestro

    G- Va a ser difícil, pero juntos vamos a pelear nuestra felicidad

    C- Bésame quiero tus labios sobre los míos y estremecerme con ellos

    Nuestras bocas volvieron a unirse en un apasionado y prolongado beso, mis manos al igual que las suyas acariciaban nuestros cuerpos, cuando nuestros labios se separaron su boca con respiración entrecortada dijo:

    C- Te amo Gabi, es hermoso poder decírtelo, siempre te amé en silencio

    G- Es hermoso poder estar así con vos

    En ese momento deslice mi mano por su vientre su cuerpo se estremeció y su boca gimió. Entonces bajé con mi boca hasta el y comencé a besarlo suavemente, dulcemente, su cuerpo no paraba de agitarse… sus manos jugueteaban con mi cabello y su boca gemía constantemente. Luego ella me pidió que la besase nos unimos en un apasionado beso de lengua, ella se incorporó un tanto y se quitó el corpiño, lo dejó caer, me miró, sus pechos eran hermosos, redondos, erguidos, rosados sus pezones al igual que la deliciosa aureola que los rodea, la miré y dije:

    G- Me voy a hundir a saborear esas dos bellezas.

    Acaricie sus senos con mis manos, luego los bese, y por último mi lengua saboreó y recorrió la aureola de sus senos… sus pezones se endurecían sobremanera a medida que mi lengua los saboreaba, los mordisquee suavemente, ella se contorsionaba y gemía profundamente, me encantaba verla así, reflejada en su carita el deseo de ese momento, deseosa y disfrutando a cada instante ese momento… ella gemía y me pedía mas

    C- si… amooor… así mi vida… jamás sentí algo tan hermoso… te deseo con todas mis fuerzas… quiero ser tuya… te deseo… jamás sentí tanto placer.

    G- Yo también te deseo tenerte así es lo más hermoso que me pudo pasar en la vida, te amooo

    Fui en busca de su boca y nos hundimos en un beso lleno de pasión… de deseo

    Luego baje por su tórax besando cada milímetro de él en dirección a su vulva, para saborear el néctar de su cuerpo antes de convertirla en la mujer de mis sueños, entonces llegué a su cintura; solo la bombacha de su bikini impedía tomar contacto con su concha , pero antes de empezar a bajarla tome con mis manos los laterales de su cadera y hundí mi cara sobre su bombacha y la bese a la altura de su vulva, ella gimió y gritó profundamente, luego comencé a desnudarla lentamente… a besar su bajo vientre a medida que este empezaba a descubrirse, cuando todo su cuerpo quedo desnudo, vi su hermosa, depilada y apetecible concha la bese profundamente mientras ella no paraba de gemir y revolcarse sobre la lona, luego separé sus labios vaginales y mi lengua se introdujo en su vagina ella gritó profundamente, sus uñas se clavaron en mi espalda, el placer brotaba por los poros de su piel y dijo:

    C- Espera un poco… no sigas por favor… estoy a punto de acabar… quiero que la primera vez sea con tu pene dentro mío… quiero que tu semen recorra mis entrañas… quiero sentirme tuya, quiero ser tuya.

    Nos besamos y acariciamos durante largos minutos a fin de que el clímax de extremo placer disminuyese un poco.

    Ahora fue Claudia la que quedó arriba y tomo la iniciativa, su boca se apoderó de la mía, su lengua se introdujo en mi boca y nos hundimos en un beso largo y profundo durante largos minutos. Luego nuestras bocas se separaron unos segundos, ella me miró dulcemente y dijo:

    C- Es hermoso estar así con vos… pero lo más hermoso es que lo estoy viviendo en brazos del hombre de mi vida.

    No hubo una respuesta a eso, nuestras bocas y lenguas volvieron a unirse en un profundo beso

    Luego ella empezó a besar, a lamer y a chuponear muy suavemente todo mi pecho al mismo tiempo que sus pezones se deslizaban por él provocando en mí un enorme placer. Yo gemía y repetía lo mucho que la amaba, al tiempo que mis manos recorrían las hermosas y redondeadas nalgas de su cola.

    Luego empezó a besar mi bajo vientre al mismo tiempo que su mano muy suavemente acariciaba mi pene lo que me provocó un indescriptible placer luego bajo hasta el lo beso, luego deslizó su lengua por el, lo tomó en su mano, besó la punta, para luego tomarla suavemente con sus labios, jugueteó unos breves segundos así, yo gemía profundamente y me contorsionaba de placer, mi mano se hundía en su cabellera, ella fue introduciendo mi pene en su boca y lo lamió un par de veces… yo tome su cabellera y dije:

    G- si seguís un poco más voy a acabar en tu boca, me cuesta contenerme… y si el primero lo querés en tus entrañas, lo mejor es cambiar de posición…

    C- Tenés razón ya vamos a tener otros momentos… te amo Gaby

    G- Yo también te amo cielo

    Ella se acostó y yo lo hice sobre ella, nos besamos y acariciamos, Claudia tuvo un profundo gemido cuando sintió mi pene en las puertas de su vulva y lo deslicé suavemente por ella sin todavía penetrarla, ella se contorsionaba de placer, nos miramos a los ojos y dije:

    G- Te amo Clau…

    C- yo también vida por fin nuestro momento llegó.

    Nos besamos, yo acomode la punta de mi pene sobre su vulva, ella gimió, abrió un poco más sus piernas, y mi pene se introdujo lentamente como disfrutando ese sublime momento en que nuestros cuerpos se unían por primera vez, los gemidos las contorsiones se repetían constantemente… mi pene avanzaba en su vagina muy lubricada en forma lenta, sus manos en mi espalda… así despacio, disfrutando ese momento hasta entregarle mi pene por completo, para luego salir y volver a entrar en su vagina a un ritmo lento intentando recorrer sus entrañas disfrutando que estaba convirtiendo a Claudia en mi mujer, abandonando en ese instante ese falso traje de “primos”. Indudablemente necesitábamos llegar al final de ese primer encuentro ambos lo deseábamos no era necesario escuchar esas palabras en mi oído

    C- Haceme tuya por completo, te deseo, te amo, sos el amor de mi vida y lamento que este momento no haya sucedido antes

    G- Tal vez es mejor así, tal vez ahora sabemos que nos amamos y nos deseamos para vivir juntos el resto de nuestras vidas, te amo Claudia

    Volvimos a besarnos, y mi pene siguió recorriendo su vagina y cada vez ese movimiento se tornaba más acelerado, nuestras bocas gemían, las palabras de amor brotaban de nuestras bocas como un profundo torrente de pasión, ya nos costaba contenernos… prolongar ese final deseado, no necesitamos palabras, nuestros cuerpos necesitaban ese final mi movimiento en su vagina era aceleradamente constante, su boca gemía y repetía constantemente “mi amor”, entonces mirándome a los ojos dijo:

    C- No puedo más Gaby, voy a acabar cielo

    G- Yo tampoco hagámoslo ahora, juntos como lo deseamos

    Pasaron dos o tres segundos, su boca dio un profundo alarido, sus manos aferradas por mi espalda “clavaron” sus uñas en ella, y su cuerpo empezó a agitarse y a convulsionarse con violencia al mismo tiempo que el mío, mientras mi pene con desesperación lanzaba torrentes de cálido semen en su vagina, sus piernas sujetaron mi espalda tomándola con ellas, y yo bese su boca hundiéndonos en esa irrefrenable pasión, mientras ambos nos convulsionábamos, besándonos, acariciándonos, jurándonos amor eterno, y permanecimos así pegados, unidos durante largos minutos, para luego pasada una hora caminamos besándonos y abrazados rumbo a la ducha.

    Luego fuimos a la habitación, sabíamos que lo nuestro no iba a ser fácil pero ambos estábamos dispuesto a luchar por ese amor ya eran las 22:00 h., cuando nos levantamos para recibir ese nuevo año.

    Claudia volvió al living luego de vestirse para recibir el nuevo año, estaba para comérsela a besos, su cabello desordenado la hacía más atractiva, llevaba una blusa blanca con frunces en su escote, manguitas cortas y con ciertas transparencias en ellas, con un generoso escote por el que levemente asomaban sus senos redondos, debajo de ellos su blusa era algo entallada, llevaba un collar de madera tallada, una minifalda negra ajustada, mostrando sus hermosas piernas realzadas aún más por unos zapatos abiertos de taco alto, nos besamos durante largos minutos.

    Llegó el nuevo año… recibimos juntos varios… pero este era muy distinto a todos… ahora éramos novios, amantes, esposos…

    A eso de las 02:00 nos fuimos a acostar.

    Yo estaba tendido en la cama, con un slip azul. Ella, entró con un muy diminuto conjunto de corpiño y bombacha color blanco se acostó al lado mío, pero antes se quitó el corpiño. Nos besamos con irrefrenable pasión, introduciendo nuestras lenguas en la boca del otro.

    Claudia besó mi nariz y bajó hasta el cuello, besándolo y chuponeándolo suavemente para luego bajar a mis tetillas, mordisqueándolas levemente arrancándole a mi boca gemidos de placer. Siguió bajando hasta llegar a mi pene. Lo contempló, estaba excitado y erguido. Claudia me llevó a una terrible excitación.

    Besó dulcemente mi glande y lo saboreó con la lengua. Lo sujetó por la base y comenzó a lamer el pene hasta llegar a los testículos. Luego volvió a besar mi glande e introdujo lentamente todo el pene en su boca, mi pene crecía dentro de su boca. Lo mantuvo unos instantes así, para luego volver a sacarlo tan lentamente como se lo había introducido, lo fue sacando hasta que sólo tuvo el glande entre sus labios. Y lo volvió a besar muy dulcemente para luego volver a introducirlo en su boca.

    Ella comenzó a introducirlo en su boca mientras succionaba con cada movimiento mi pene. Así y durante largos minutos su boca se apoderó de mi pene, jugueteando con su lengua, con sus labios, succionándolo cada vez más increíblemente, recorriéndolo por completo, sin sacarlo de su boca un solo instante, sus labios lo saboreaban, llegaban hasta la punta y volvía su boca lentamente a tenerlo por completo en ella, yo vivía una sensación increíble extrema e inolvidable, su suavidad su dulzura, su pasión me estaban enloqueciendo, y Claudia fue la dueña de ese estado de placer que recorría mi cuerpo, mis manos entrelazaban su cabellera, mi boca gemía de placer, me contorsionaba y por momentos mis manos sujetaban sus nalgas firmes, suaves, tersas y redondas, mientras tanto mi pene hacia esfuerzos por contener ese final.

    Le hice saber que pronto acabaría, ya no me podía contener más… segundos después mi pene estalló violentamente y mi semen ingreso por primera vez en su boca. Ella lo deglutía con placer Durante largos segundos lo tuvo en su boca, saboreo hasta la última gota de semen, cuando mi pene comenzaba a perder la erección su lengua recorrió todo el tronco de mi pene saboreando el esperma que quedaba en el.

    Con nuestros cuerpos entrelazados ella dijo:

    C- Fue hermoso tenerlo en mi boca

    G- Fue sublime, sos una diosa… te amo cielo

    C- Yo también amor

    Ella se incorporó fue hasta el baño y volvió a mis brazos, volvimos a besarnos a acariciarnos hasta que el sueño se apoderó de ambos; ella durmió en mis brazos dándome la espalda, solo cubierta con su diminuta bombachita blanca, y conmigo sujetándole ambos senos, y mi pene en su cola… así terminó ese nuestro primer día en pareja…

  • Joaquín, un bisexual de buen culo

    Joaquín, un bisexual de buen culo

    Habíamos acabado y dejado el colegio donde tantas cosas ocurrieron hasta hacernos buenos amigos Joaquín y yo. Ambos habíamos sacado un buen promedio que nos permitió el acceso a medicina, solo que íbamos a estudiar en diferentes Facultades de distintas ciudades. Joaquín se iba a ir lejos, a Pamplona, y yo me trasladaba a la ciudad donde tiene mi padre la oficina central, Valencia.

    Valencia era la ciudad donde cada año íbamos a veranear y mi padre estaba esperando que yo acabara en el colegio para trasladarnos todos a vivir en Valencia. Al decir todos, me refiero a mi hermana, dos años menor que yo, y a Adela. Mis padres se habían divorciado siendo mi hermana muy pequeña aún. Mi hermana nunca conoció a mi madre, jamás preguntó por ella de pequeña, porque llamaba mamá a Adela, joven madre soltera que cuidó de nosotros. Jamás hemos visto a mi madre, ni quise saber ya nada más de ella, pues no tenía sentido ocuparse de una madre que te abandona a tu suerte. Yo llamaba a Adela, Tita y ella nos ha querido.

    Cuando se fue mi madre yo tenía 4 años, es justo cuando mi padre le dio a Adela contrato completo, vino a casa y solo trabajaba para nosotros, para cuidarnos, ella organizaba la casa y solo iba a ver a sus padres en la noche cuando acababa su larga jornada. Se entabló entre Adela y nosotros una fuerte relación más familiar que laboral.

    Ese verano, para que yo no estuviera tan solo, Joaquín aceptó de buen grado la invitación de mi padre para venir a Valencia. Nuestra casa está muy cerca del mar, delante de ella solo tenemos una simpática duna, por donde circula poca gente, solo unos cuantos voyeurs que deambulan para ver si algún chico se fija en ellos. Pero no sé qué es lo que pasa que los tales voyeurs son feos y panzudos, no me resultaron nunca atractivos. Nosotros vamos al mar cruzando la duna por un pequeño vado que la rodea y que queda justo frente a nuestra casa.

    Joaquín solo podía venir durante el mes de julio porque en agosto se iría con sus padres a Galicia como tenían costumbre. También en julio tomaba sus vacaciones Adela, de ahí la premura de mi padre en que nos fuéramos, porque ya tenía apalabrada a la empleada de limpieza de la oficina, llamada Lucía, para que cuidara mi casa de Valencia, tal como ya había hecho en veranos anteriores. El trabajo de Lucía era muy sencillo, venía cada día en su coche, ora limpiaba la casa, ora los enseres, ora ponía a lavar la ropa y cada día cocinaba, según ella se organizaba; los domingos nos íbamos a comer a un restaurante, siempre el mismo, llamado «La Langosta», junto al mar, a las afueras de la ciudad.

    A nuestros 18 años, Joaquín y yo éramos jóvenes pero ya sentíamos desde tiempo algo entre nosotros. A mí me enamoraba Joaquín y este se estaba emperrando conmigo. Éramos tal para cual. No había entre nosotros un amor para asegurar el futuro, sino una amistad que sobrepasaba todos los límites. Yo sabía que Joaquín era heterosexual, pero con un culo que solo él podía tener, pero Joaquín, sabiendo que yo era gay desde siempre, no tenía problemas de dormir contigo, ni de sobrepasar los límites del cariño, Joaquín me quería tanto cuanto a mí me atraía Joaquín.

    Ese mes de julio fue nuestro mes, teníamos el mar, playa nudista y diversiones para nosotros. Mi padre, por mucho que era julio, tenía que seguir con su trabajo y a duras penas lo veíamos en las noches tarde y los domingos que se pasaba el día con nosotros.

    Cuando mi padre preparó la casa dispuso de una habitación para cada uno, pero Joaquín y yo decidimos no desplazarnos y quedarnos en la misma, fue entonces cuando mi padre dispuso que nos aposentáramos en su habitación que tenía cama grande, que él se quedaría todo el mes en una cualquiera de las otras, además que, como tenía que salir en viaje de negocios, varias noches ni estaría en casa.

    Fue así como Joaquín y yo vivimos todo el mes de julio desnudos, a excepción de cuando nos dábamos un paseo ir la ciudad o acudíamos a Kinépolis para ver algunas película. Y estando desnudos todo el día, en la playa o en casa, era evidente que teníamos muy buenas relaciones personales que pasaban todos los límites de las opciones, tendencias u orientaciones sexuales. Aparte de que a los dos nos gustaba casi todo.

    En casa casi todos los días nos follábamos dos o tres veces. Era evidente que al ir acostarnos sin ropa alguna y destapados, dado el calor que hacía, entre los toqueteos, los besos y el contacto, acabábamos ensartando indistintamente la propia polla de uno en el culo del otro. Eso se convirtió en un rito de solemnidad cada noche. Pasados unos cuatro días, ya comenzaba a gustarnos la cama y por la mañana no teníamos tanta prisa en levantarnos y jugáramos o no acabábamos follando.

    Después del desayuno que nos preparábamos nosotros mismos, nos íbamos desnudos y con un pareo cada uno a la playa, estaba ahí mismo, era cruzar la duna y allí había tíos buenos para ver, mirar y desear. Cuando ya no podíamos resistir nos metíamos en el mar para bajar un poco la calentura. Pasábamos así la mañana. Mientras tanto, Lucía aseaba la casa, nos cambiaba las sábanas que daban pavor de tanto semen seco y había dejado nuestra comida preparada. Lo que era para calentar lo sacábamos del robot de cocina y el resto lo teníamos preparado sobre la mesa de la cocina en platos y fuentes cubiertos con servilletas.

    Nos pasábamos a la sala frente al televisor para ver algo picante, en general películas porno y porno gay, al gusto de los dos. Algunas veces nos quedábamos silver la película porque Joaquín jamás tenía las manos quietas, o se rascaba sus huevos o me rascaba los míos. No es que yo sea santo de devoción, pero Joaquín era bastante más morboso. Él decía: ¿para qué hacerse una paja si había un culo disponible para obtener el mismo o mejor resultado? Yo no lo decía pero pensaba lo mismo ante la evidencia del hecho.

    Pasada la digestión al mar otra vez. Mucha gente suele ir al mar cuando pasa el fuerte sol ardiente, y allí estábamos el primer lunes de playa, uno junto al otro, sobre los pareos extendidos en la arena, medio dormidos. Se acercó una muchacha para preguntar la hora. No teníamos reloj, pero Joaquín sabe entretenerse con la gente y le indicó más menos la hora. Yo me quedé medio dormitando, hasta escuchar un gritado. Incorporé mi cuerpo quedándome sentado, miré a derecha e izquierda y no había casi nadie, todos estaban muy lejos, hasta percatarme que gemían a mi espalda. Ahí me volví y encontré a Joaquín follándose a la chica que había preguntado la hora.

    La muchacha, con los sueños muy bien desarrollados, pero prietos se movía como loca, como quien quería follar el pene de Joaquín, estaban perfectamente acompasados, cuando el empujaba, ella levantaba su culo y volvían atrás, hasta que Joaquín echó toda su semilla en la vagina de la muchacha. Se notaba que ambos lo estaban disfrutando, pues tenía que ser así, si yo lo disfrutaba teniendo el pene de Joaquín en mi culo y no me dañaba nada, pensé que ella lo disfrutaba a tope y me pareció por lo que veía a medio metro de distancia que los dos se vinieron casi al mismo tiempo, o ella poco antes, porque vi sus flujos salir algo antes de que se quedará Joaquín sobre ella, comiendo sus pezones de satisfacción.

    Cuando se relajaron se vinieron los dos junto a mí, la chica se puso al centro de los dos y me miraba como quien quería algo. Me presenté:

    — Hola, le llamo Jor, mi casa está ahí, cuando quieras puedes venir, mañana comemos juntos los tres, si te parece.

    — Estamos aquí mismo por la mañana y de aquí nos vamos a comer a casa, vemos un poco la televisión y nos regresamos a la playa, —dijo Joaquín.

    — ¿Los dos sois gays? —preguntó.

    — No; no, solo yo —dije— Joaquín es hetero, pero es un buen amigo mío.

    — Qué pena, estaba ilusionada con hacer un trío…; ah, disculpa, me llamo Susana y suelo venir a la playa sola en mi motocicleta, he venido aquí para estar acompañada, porque hasta el viernes esto está muy solitario. —dijo Susana.

    — ¿A qué te dedicas? —pregunté.

    — Estoy haciendo biología, he acabado el primer año, pero tengo que escaparme de mi casa, mi familia es puritana y no sé qué pasaría si mi padre supiera que estoy aquí… —explicó Susana.

    — Y que estás follando con un chico… —dije yo.

    Nos reíamos los tres hasta que interrumpió Susana nuestra risa, preguntando a Joaquín:

    — ¿Qué piensas hacer tú?

    — Nosotros comenzamos medicina, yo en Pamplona y Jor aquí en Valencia —explicó Joaquín.

    — Oh, qué pena, no nos veremos más… —dijo Susana.

    — Sí nos veras, sobre todo a él, porque tiene aquí en Valencia mi casa a su disposición para venir a verte… —dije yo imprimiendo mi sonrisa en mi cara y contagiándolo a ellos dos.

    Llegó la noche, nos despedimos hasta el día siguiente, la habíamos invitado a comer. Se presentó en la playa, eran las doce aproximadamente cuando preguntó la hora. Nos metimos los tres en el mar, pero yo nadé muy a mi aire y ellos iban haciendo de las suyas, se besaban, se abrazaban y cuando se cansaron, nos fuimos a comer.

    Después de comer, nos sentamos en la sala, yo en un sillón y ellos dos en el sofá bien abrazados. Por supuesto que los tres estábamos desnudos. Pero yo atendí la película que era de serie y podías, pero ellos dos no atendieron la película. Estaban amarrados boca con boca y sus lenguas las veía cuando respiraban un poco, se tocaron por todas partes y se tumbaron en el sofá, Susana extendió su espalda sobre el asiento y las piernas encogidas por las rodillas. Joaquín, tenía su polla a tope y la tomó de las piernas, quiso levantarla, pero ella se lo impidió y él se tumbó sobre ella y comenzó a acariciar con su pene la vulva de la vagina de Susana. Al rato ella, que no paraba de gemir, soltó un chorro enorme desde su vagina del líquido llamado en inglés y en el porno squirt, expulsó mucha cantidad de fluido vaginal, algo blanquecino, muy tenue, aunque inodoro y transparente. Fue entonces cuando Joaquín empujó y metió su polla por entre los labios, desapareció entera de mi mista hasta que comenzó y meter y un sacar alternativo hasta que llegaron al orgasmo. Aquello fue un humedal de mierda, porque hasta Susana se echó un pedo que olía horrores.

    Como yo quería ser médico ginecólogo, me interesó ver aquello y me sorprendí de no tener una erección, pero antes de sorprenderme yo, cuando los estaba mirando fijamente, ellos me señalaban y estaban hablando de mi polla que estaba colgando y mirando al suelo «como nariz de elefante», decían ellos.

    A la chica se le ocurrió decir que nunca había visto dos chicos follando y le gustaría. Joaquín que en todo estaba dispuesto a darle gusto a Susana, me miró y se vino para chupar mi polla, la mamaba horriblemente mal, pero lo soporté por la invitada. Se acercó ella para enseñarle a mamar una polla y me hizo una mamada magistral, muy técnica, pero otros chicos me lo habían hecho mejor. Se me puso dura y Joaquín se tumbó en el sofá encima de los flujos de Susana. Comencé a comerme su culo para dilatarlo. Y ayudado por mis dedos ceiba metiendo uno tras otro hasta comenzar a dilatar separando tres dedos dentro de su culo. Joaquín la gozaba tanto o más que cuando estaba con Susana.

    Miré que Susana me estaba observando detenidamente y le sonreí. Me sonrió con satisfacción y me dispuse a atravesar aquel antro. Pasé la polla por la raja del culo, cubriendo todo el rafe incluido el agujero, desde el culo, pasando por el perineo, por el escroto y tocar la base del pene, regresar y volver como seis o siete veces, para estimular mi pene y toda su entrada. Hasta que viendo todos los previas hechos y Joaquín gritando:

    — ¡Entra ya, cabrón!, ¡métemela, puto maricón!, ¡no me toques los cojones y tira p’a dentro, joder!

    Esto una y otra vez y yo jodiendo con las tocatas hasta ver medio asustada a Susana. Casi sin que se dieran cuenta ni avisar, metí mi polla de una sola vez y le hice exclamar:

    — ¡Wraaaag… cabrón, me partiste en dos!

    No me entretuve en contestar. Solo pensaba: «mujeres a mí me dirán cómo se folla, para putos yo, ¡joder!».

    Este último joder se me escapó. Susana me miraba cómo sudaba yo y cómo lo hacía sudar, el regusto que nos daba y como me incliné a besarlo sin sacar la polla y metí lengua. Me incorporé y Susana se atrevió a besar a su querido Joaquín y me imitó metiendo lengua. Yo acrecentaba mi movimiento de meter y sacar hasta que llegué al cenit de mi pene, que notaba ya como entraba en estado de pre-orgasmo. Per de pronto Joaquín soltó sus chorros, cayendo unos sobre la cara de Susana, otros sobre su pecho y los más cotos sobre su pubis. Un segundo después descargué con furia y placer dentro de Joaquín y unió él su orgasmo al mío, pero sin pérdida de tiempo recogí con mi boca, esperma del que había en sus tetillas y lo trague tras degustarlo, luego otro lametón al pecho y me di un beso con Joaquín para ser generoso con él. Y me dejé caer encima. Susana entonces, con cara de sorpresa y espasmo, besó a Joaquín y lamió esperma de su boca, lo tragó, se puso sobre la cara de Joaquín, labios con labios y yo me alargué hasta la mejilla de Susana y recogí una lametada de esperma de Joaquín para besar a Susana y traspasarle el néctar de nuestro chico de boca a boca.

    Nos fuimos a la playa y quedamos hasta el día siguiente. Susana no comentó nada, pero se le veía reflexiva, silenciosa, emocionada, impactada de lo que había visto.

    Al día siguiente, cuando llegó, mandé a Joaquín que nos trajera algún refresco, entonces me dijo:

    — Eso sí es follar; nosotras, mis amigas y mis amigos, cuando follamos, ellos siempre con condón, la meten descargan y la sacan, me dejan insatisfecha y como si yo fuera el tacho de la basura.

    — Es que vosotros no folláis, no ponéis la carne en el asador, no os queréis, vosotros hacéis un polvo y hala, el chico ha descargado y la chica se queda con mal humor —dije.

    Ella me decía que eso era lo que les pasaba y por eso busca un chico que lo sepa hacer bien y me preguntó:

    — ¿Qué te parece Joaquín?

    — Vale su peso en oro —dije— pero es muy joven, como yo y necesita tiempo para conocerte y que lo conozcas, si te precipitas, corres el riesgo de fracasar, es mejor su culo que su polla, pero aun es mejor su corazón, y si lo rompes…

    En eso llega Joaquín y se pusieron a conversar mientras yo me metí al mar. El día transcurrió como el anterior, yo quedé parcialmente de lado, para no entrometerme y, después de comer, salí a dormir a la vera del mar, dejando que las olas fueran mojando casi todo mi cuerpo.

    Susana se quedó con nosotros toda la noche, trajo su motocicleta, la invitamos al cine y Joaquín la metió en nuestra cama. Lo disfrutaron, yo me conformé con la follada de Joaquín mientras ella se mamaba mi polla.

  • Aún me faltan cosas y sensaciones por explorar

    Aún me faltan cosas y sensaciones por explorar

    Hace años, desde que lo conozco nos hemos venido satisfaciendo las fantasías y deseos más escondidos. Cualquiera podría creer que han sido suficientes, pero no, nunca he dejado que mis ganas se sacien hasta el tope, siempre dejo un poco, un poco más para la próxima vez.

    Quisiera que con sus manos fuertes me tome un día sin siquiera sospecharlo, sin tener un segundo para reaccionar y corresponderle con mis insinuaciones que tanto conoce, y entonces, en ese pequeño momento en que duraría sin percatarme; penetre mi vagina siempre lista para él, que me llene con su pene siempre duro.

    Quisiera sentir la impotencia de tener mi boca tapada sin poder tocar sus labios y sin tener su lengua dentro de mi como siempre lo hace, me gustaría que ate mis brazos y piernas de modo que solo pueda desear tocarlo y a medida que mi deseo aumente más y más regalarle los orgasmos que tanto disfruta, masajear su pene erecto dentro de mí con las contracciones que produce en mi vagina de solo verlo, pero claro… el plus, es que quisiera que fuera en un bar swinger, tal vez al que hemos frecuentado ya varias veces, o a ese último donde ya no recuerdo la cuenta de cuantos dedos estuvieron dentro de mi vagina.

    Me gustaría que después de cogida de esa forma, atada e indefensa y después de un beso, vuelva a tapar mi boca y esta vez tape mis ojos, que me bese y ponga su lengua dentro de mí, que me penetre una última vez y después me dé permiso de ser cogida por quienes me hayan gustado; y después de eso, después de ser penetrada tanto como yo quiera, me voltee con fuerza, sin aviso, alce un poco mi cola, y penetre mi culo, quiero darle lo que tanto le gusta y disfrutarlo juntos, hasta llegar al orgasmo al mismo tiempo y sentir como derrama su semen caliente dentro, en todos mis vacíos…

  • No lo pienses demasiado (Parte 15)

    No lo pienses demasiado (Parte 15)

    En octubre nos vimos en un par de ocasiones con las dos familias al completo, estaba bien el poder vernos y pasar el rato juntas, pero no era lo que a las dos nos gustaría, ya que teníamos que reprimirnos y conformarnos con algún que otro beso clandestino.

    Con noviembre ha llegado el mes de mi cumpleaños y Carla estaba empeñada en quedar una noche a cenar con Laura y Juan para celebrar mi cumpleaños con amigos y no tener que disimular.

    El segundo fin de semana de noviembre conseguimos cuadrar todos para cenar.

    Carla (móvil): Te recojo antes y pasamos un ratito a solas antes de cenar y te doy tu regalo?

    Irene (móvil): Uy regalo y todo? No sé si me lo merezco jajaja. Vale nos vemos antes.

    Carla y yo quedamos a las 8 y a las 9 con Laura y Juan. Me pareció un poco tarde ya que nos dejaría poco tiempo para estar juntas antes de ir a la cena y más teniendo en cuenta el tiempo que hacía que no estabamos a solas.

    Subí en su coche y nos fuimos al aparcamiento de un parque al que la gente solía ir con los coches, era de noche y no se veía lo que pasaba dentro pero aún así era poco discreto.

    Irene: Jo Carla o no te apetece estar conmigo o ahora te va el rollo con público.

    Se acercó y me besó.

    Carla: No tonta, claro que quiero estar contigo pero hoy tengo otros planes para ti.

    Irene: No sé si me gusta como suena eso…

    Carla: Abre la guantera.

    La miré extrañada y abrí la guantera, dentro había una bolsa con una cajita envuelta en papel de regalo.

    Irene: Ooooh me vas a pedir matrimonio? Sí quiero va!!

    Carla: Madre mía que tonta eres!! Abre la caja anda!! Nos da la hora y no avanzamos.

    Abrí el regalo con muchísimo cuidado, despegando uno a uno cada trozo de celo para poner a Carla de los nervios.

    Carla: Al final te quitaré el regalo y te lo tiraré a la cabeza.

    Irene: Oye es mi regalo y lo abro como quiera jajaja.

    Cuando por fin lo abrí, en la cara de Carla se dibujó una sonrisa traviesa y mi cara se tensó un poco. Era un huevo vibrador de esos inalambricos que funciona con un mando a distancia.

    Irene: Esto no será…

    Carla: Sí, está cargado a tope de batería, no hace falta que te diga más no?

    Irene: Ah sí claro, podemos probarlo algún día…

    Carla estiró el brazo, me lo quitó y lo guardo en su bolso.

    Carla: Jajaja claro y ese día es hoy.

    No es que no quisiera probarlo, me apetecía probarlo pero íbamos a pasar la noche con Juan y sabía que se me iba a hacer difícil.

    Carla: Tranquila no me portaré muy mal, te lo prometo.

    Se acercó a mi y nos estuvimos besando suavemente, entre sonrisas por un rato hasta que se hizo la hora de ir al bar donde habíamos quedado.

    Al llegar al bar Laura y Juan ya estaban allí, sentados en nuestra mesa, haciendo manitas, al parecer aunque los dos seguían con sus matrimonios a veces se juntaban y pasaban un buen rato.

    Irene: Hola pareja!

    Juan: Hombre la cumpleañera y su amante! Darme dos besacos no?

    Carla: Hombre pero si sigues siendo igual de tonto que siempre!!

    Laura: Sí algunas cosas nunca cambian.

    Los cuatro nos saludamos con besos y abrazos, hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Nos sentamos y pedimos unas cervezas mientras pensábamos que pedíamos de cenar. Cuando ya casi nos habíamos tomado las cervezas, habíamos hablado un poco y teníamos claro que íbamos a cenar, Carla se levantó y cogió su bolso para ir al baño.

    Carla: Irene ven conmigo un momento al baño anda.

    Juan: Uy a ver que hacéis.

    Carla: Seguro que te encantaría saberlo jaja.

    Fuimos al baño, al entrar Carla empezó a besarme y a comerme el cuello.

    Carla: Sabes a qué hemos venido no? – sonrió.

    Irene: Creo que me hago una idea.

    Siguió besándone, metió una mano dentro de mi pantalón y me acarició por encima de la ropa interior.

    Carla: Yo te ayudo a ponértelo.

    Metió la mano por dentro de la ropa interior y me masturbó por unos segundos introduciéndome dos dedos. Me bajó los pantalones y la ropa interior, sacó de su bolso el huevo y un pequeño bote de lubricante (un detalle aunque a estas alturas no hacía falta), echó unas gotitas de lubricante y me lo metió mientras me besaba y yo le dejaba hacer.

    Carla: Bien, vamos a ver si funciona.

    Su cara me recordó a la del día de la nata y el chocolate, como una niña pequeña con un juguete nuevo. Apretó el botón y joder la noche que me esperaba.

    Carla: Qué tal?

    Me preguntó mientras probaba los distintos programas que tenía.

    Irene: Puff…- suspiré con los ojos cerrados

    Carla: Perfecto, vamos fuera pues.

    Irene: No me la líes mucho por favor. – Casi supliqué.

    Carla: Tranquila, seré buena.

    Salimos del baño, de camino a la mesa fue tocando el botón a pequeños toques entre risas y empujones.

    Nos sentamos, por unos minutos dejó el mando y me dejó tranquila.

    Juan: Bueno no os ha dado tiempo para mucho.

    Carla: Tú crees Juan? Te apostarías algo?

    Juan: Si me lo dices así ya dudo jajaja.

    Irene: Juan no apuestes con ella que es una…

    No terminé de hablar y Carla apretó el botón, poniendo un programa que daba pequeñas vibraciones como pulsaciones que me paró en seco la conversación.

    Carla: A ver!! a ver!! Qué soy?

    Suspiré

    Irene: Una trilera y un poco cabrona también.

    Juan: Totalmente de acuerdo Irene.

    La conversación siguió como si nada entre ellos y yo intervine lo mínimo que pude, más que nada porque Carla no había parado y me lo estaba poniendo muy difícil para poder seguir. A los aproximadamente 10 minutos de estar jugando conmigo, la vibración y la situación que teníamos delante me tenía a punto de correme, así que me levanté de la mesa y sin decir nada me fui al baño. Al entrar me quedé apoyada en la puerta, Carla debió entender lo que pasaba y cambió el programa del huevo haciendo que me corriera casi al momento. Fue muy intenso y entiendo que como Carla no podía verme, no sabía cuando debía parar lo que me hizo estremecerme aún más durante aproximadamente 1 minuto más hasta que paró. Según terminó la vibración, llegó un mensaje a mi móvil.

    Carla (móvil): Te ha gustado? No te lo quites.

    Irene (móvil): Joder, no se si voy a poder volver a la mesa. Para lo que queda de cena por favor.

    Carla (móvil): Vale, te lo prometo. Vente que Juan ya te va a dar caña.

    Salí del baño con toda la entereza que pude y me senté con ellos en la mesa, Carla se acercó con una sonrisa según me senté y me besó.

    Juan: Todo bien Irene? Quieres un Fortasec o algo jajaja.

    Irene: Ja ja que gracioso él, estaba meando tonto.

    Juan: Pues no veas que meada jajaja.

    Irene: Es lo que tiene la cerveza, a ti no te pasa? Igual deberías mirartelo que a tú edad nunca se sabe…

    Laura: Toma!! Jajajaja uy Juan tienes algo aquí, a ver…

    Laura se puso a mirarle la espalda a Juan e hizo gestos como si estuviera quitando cuchillos de su espalda.

    Carla: Irene, fíjate que yo le iba a decir algo pero ya veo que no te hace falta ayuda. Esa es mi chica!

    Me volvió a besar.

    Seguimos con la cena, con risas entre los cuatro, pasándolo bien como siempre. Intenté en varias ocasiones acariciar y subir mi mano la pierna de Carla, pero cuando llegaba a cierta altura, ella apretaba el botón haciendo vibrar el huevo, avisándome de que si yo seguía, ella también, así que aunque me apetecía y era de lo más excitante paré.

    Terminamos de cenar y nos fuimos a un bar cercano, tenía billar y música para bailar. A mi me encanta jugar al billar y se me da medianamente bien, pero según empezamos a jugar quedó claro que esa noche no iba a meter ni una, cada vez que era mi turno Carla se dedicaba a apretar el botón y no conseguía hacer nada decente.

    Juan: Madre mía que paliza os estamos dando!! El que pierda paga la próxima ronda!

    Carla: No sé que le pasa a Irene que no da una. Estás bien Irene?

    Irene: Me pasa lo mismo de antes.

    Carla se quedó con cara de sorpresa mirándome y preguntó.

    Carla: Y qué es?

    Irene: No sé, debe de ser la cerveza.

    Juan: Ya claro que escusa más mala.

    Laura: Esa ha sido tu escusa de siempre.

    Juan: Oye! Que tú vas conmigo!

    Laura: Es verdad Irene que escusa más mala, de verdad… Jajaja.

    Terminamos la partida que nos ganaron de paliza, Laura y se Juan se tomaron un tiempo cariñoso para celebrar la victoria y yo aproveché con Carla también. Yo apoyada en un taburete, ella se acercó colocándose entre mis piernas de pie, mis manos la agarraron por el culo, una de sus manos me sujetaba la cara mientras me besaba con ganas y la otra seguía jugando con el mando. Fue aumentando poco a poco la intensidad, entre besos hasta que no pude aguantar más y reprimiéndome al máximo me volví a correr, dejé de besarla, apoyando mi frente con la suya por unos segundos con los ojos cerrados.

    Carla: Genial… – Susurró.

    Irene: Bueno… No me parece justo, tú qué?

    Carla: Tú siempre te preocupas más por mi, es tu cumpleaños déjame a mi hoy, además estoy disfrutando mucho de verte.

    Me besó y entonces apareció Juan.

    Juan: Eeh!! A ver esa ronda que nos debéis.

    Carla: Vale, ya la pago yo.

    Me quedé en el taburete apoyada un ratito más, recuperándome un poco de la flojera de piernas que me había quedado.

    Juan y Carla volvieron con las bebidas y nos sentamos a tomárnoslas en unos sofás mientras hablábamos.

    Laura: A mi me parece muy bien esto y estamos muy agustito aquí sentados, pero y si nos pegamos unos bailes? Un ratito por lo menos no?

    Carla: Venga yo sí me animo.

    Juan: Irene no me abandones, quédate conmigo! No me hagas bailar!

    Irene: Pero si lo estás deseando!! Al final siempre eres el que más lo vive jajaja.

    Nos levantamos para bailar los cuatro, yo me acerqué a la barra a pedir una ronda y para cuando volví a donde estaban Juan ya estaba dándolo todo bailando de forma «sexy» con Laura.

    Irene: Madre mía! Menos mal que no querías bailar! Por cierto Carla tú no me bailas así…

    Juan: No podría bailarte así aunque quisiera, esto es talento chavala.

    Laura: Creo que se puede discutir. Jajaja.

    Carla: Tú quieres que yo te baile así?

    Irene: Sí estaría bien, pero creo que Juan tiene razón, eso solo se puede hacer con talento, no digo que no lo tengas pero…

    Empezó a bailarme moviéndose como no la había visto antes, se me acercó al oído y me susurró.

    Carla: Vas por mal camino, con esa provocación llevas las de perder.

    Irene: Lo sé… – sonreí.

    Laura y Juan bailaban a lo suyo y Carla me estaba dando toda una demostración de lo que sabía hacer, poniéndome malísima. Sacó el mando de su bolsillo, me lo enseñó con disimulo y mientras me bailaba apretaba el botón. Se puso de espaldas delante mío, pegando y moviendo su culo contra mí, apretando el botón, yo le hacía saber lo que me gustaba con mi respiración en su oído.

    Irene: Vámonos ya… A tu coche o a donde sea…

    Laura y Juan estaban a los suyo y tenía pinta de que también tenían ganas de irse.

    Irene: Chicos y si nos vamos ya?

    Juan: Sí ya va siendo hora, que cumplas muchos más pequeña y yo que los vea.

    Laura: Que los veamos y los celebremos juntos.

    Carla: Nos vemos pronto chicos, a ver que hacéis por ahí jeje.

    Juan: Nada que tú no harías jajaja.

    Nos depedimos y cada uno tiró en una dirección. Llegamos a su coche y nos movímos para ir a una zona más discreta donde tener más intimidad, pusimos la calefacción ya que hacía bastante frío y nos pasamos al asiento trasero, Carla se sentó encima mío, nos besábamos, le quité el abrigo y metí mis manos por debajo de su ropa haciendo que pegará un salto.

    Carla: Uuff joder que manos más frías!!

    Irene: Jajaja sí!! Igual estarían mejor en otro sitio.

    Desabroché su pantalón, metí un de mis manos por dentro de su ropa interior y recorrí sus labios y su clítoris. Carla se estremeció al notar mi mano fría, estaba empapada y la diferencia de temperatura entre ella y mi mano era brutal. Nos besábamos, besaba su cuello mientras la masturbaba y ella apretaba el botón sin darme un descanso. Nos respirábamos a la cara, entre besos y gemidos, empañando los cristales del coche.

    Le quité el mando de la mano y seguí masturbándola.

    Carla: Dame el mando…

    Irene: No… quiero que te corras tú ahora.

    La besé y masturbé más rápidamente, ella movía sus caderas acompañando las penetraciones, hasta que se corrió, soltando un grito y mordiéndome en el labio.

    Carla: Uuff lo necesitaba, he disfrutado viéndote toda la noche pero necesitaba esto ya.

    Me besaba con mucha delicadeza, se le notaba que había quedado relajada.

    Irene: Me encantaría hacértelo toda la noche. Poder recorrer todo tu cuerpo sin tanta ropa y saborearte.

    Carla: Hoy no ha podido ser, pero espero que pronto podamos pasar la noche juntas en condiciones, en una cama, sin frío, sin ropa y sin prisas.

    Irene: Crees qué podremos hacerlo antes de que acabe el año?

    Carla: Te prometo que sí, yo me encargo de prepararlo. Ahora devuélveme el mando.

    Irene: Lo del juguetito ha estado muy bien, ha sido divertido y eso, pero si no te importa, ahora prefiero sentirte a ti.

    Carla: Lo que tu quieras mi niña.

    Se quitó de encima mío y se sentó a mi lado, me pidió que me quitara lo pantalones y me pusiera encima de ella. Mi ropa interior estaba totalmente mojada después de toda la noche jugando conmigo.

    Carla: Por lo que veo, has disfrutado esta noche.

    Pasaba su mano por encima de mi ropa interior, recorriendo mis labios.

    Irene: Así me has tenido…

    Aparto a un lado el tanga y tiró de la cuerda de goma para retirar el huevo vibrador, también empapado por los fluidos. Pasó dos dedos varias veces, recorriendo mi coño completamente, mojándoselos bien para llevárselos a la boca y saborearlos mientras me miraba a los ojos. Sacó lo dedos de su boca y me besó apasionadamente, compartiendo conmigo mi sabor y penetrándome con los dedos que antes estaban en su boca. Mis caderas y mi cuerpo se movían acompañando cada penetración suya, me sentía totalmente necesitada de su contacto. Dejó de besarme y se enganchó a mi cuello como ella sabía que me gustaba, haciendo que la piel se me erizara y haciéndome explotar a los pocos segundos.

    Sacó sus dedos de mí y volvió a llevárselos a la boca para después besarme de nuevo.

    Irene: Ahora sí…

    Carla: Felicidades mi niña.

    Me senté a su lado, relajada y feliz de poder estar con ella.

    Irene: Te quiero.

    Nos quedamos sentadas en el asiento trasero, Carla apoyada en una de las puertas me miraba sonriendo, los cristales totalmente empañados y un calor agradable dentro.

    Irene: Qué pasa?

    Carla: Te das cuenta que en realidad da igual dónde estemos? Siempre es especial e intenso, por lo menos para mí.

    Irene: Para mí también, sólo te necesito a ti.

    Subí sus piernas al asiento, le quité los zapatos y el pantalón vaquero bajé una de sus piernas y la otra la dejé arriba, como pude me coloqué entre sus piernas, moviendo mis caderas para rozarnos al tiempo que la besaba.

    Irene: Ahora mismo mataría por tener aquel arnés.

    Carla: Me lo apunto… para la próxima…

    Se le sentía muy excitada, su respiración acelerada le impedía besarme de seguido así que bajé a besar su cuello mientras apretaba con fuerza mi cadera contra ella. Una de mis manos la agarraba por la cara, la otra acariciaba sus piernas acercándose por momentos a su ropa interior pero sin llegar a hacerlo. Me separé de ella para mirarla bien y ver su cara, su pecho subía y bajaba rápidamente por la excitación, mis caderas dejaron de moverse pero las suyas no. Bajé y le mordí en el pecho sobre la ropa con rabia por no poder hacerlo sin ella de por medio, seguí bajando hasta que mi cabeza quedó entre sus piernas, aparté el tanga hacía un lado, pasé mi lengua por todo su coño, absorbiendo sus jugos, penetrándola y jugando delicadamente con su clítoris. Me sujetó la cabeza para que no me apartase incluso después de correrse y gimió como sabía que me gustaba oírla. Cuando me soltó la cabeza subí y la besé suavemente con todos sus jugos aún en mi boca.

    Nos quedamos un rato abrazadas en la parte trasera del coche, charlando y acariciando nuestras piernas.

    Irene: Me jode decir esto, pero va siendo hora de volver a casa.

    Carla: Yo también lo estaba pensando, es tarde. Para la próxima será toda la noche juntas, te lo prometo.

    Irene: Genial, eso espero.

    Nos vestimos y nos dimos otros tantos besos a modo despedida mientras se desempañaban los cristales del coche, me llevó a casa y con un tímido beso nos despedimos.

    Subiendo a casa en el ascensor me llegó un mensaje de Carla al móvil.

    Carla (móvil): Lo he pasado genial, me encanta estar contigo, me encanta lo que me haces sentir, como me miras y el cariño con el que me tratas. Te quiero.

    Irene (móvil): Eres increíble, me encantaría poder estar contigo todos los días y darte mucho más de lo que te doy. Te quiero.

  • Así nunca me folló su hijo

    Así nunca me folló su hijo

    Federico, un viudo sesentón, iba paseando a su perro por el monte cuando vio a Angelita, arrodillada y bebiendo en un regato que bajaba del monte. Tenía el trasero en pompa, y le dijo. 

    —Ese sí que es un culito diez, Angelita.

    La voz de Federico la sorprendió. Se puso de pie.

    —¡Qué susto me metió, suegro!

    Federico era un hombre de complexión fuerte, de estatura mediana, pelo cano y aún potable. Vio al lado de Angelita un saco mediado de piñas, y le dijo:

    — ¿Cómo andas hoy a las piñas? A las piñas se viene después de un día de viento.

    —Ya lo sé, pero me aburría en casa. ¿Qué decía de mi culo?

    —Que lo tienes bonito.

    Angelita se puso muy seria.

    —¡¿Es que no tiene vergüenza?!

    La miró, Angelita era una joven de 19 años, rubia, llevaba su largo cabello recogido en una trenza, lo que hacía resaltar su cara redondita y su largo cuello. Tenía los ojos castaños, las tetas medianas, y el cuerpo delgado. De los lóbulos de sus orejas colgaban dos aros de plata.

    Federico, le respondió:

    —La dejé en casa.

    Angelita apoyó la espalda a un eucalipto.

    —Ya veo, ya. Si se entera su hijo de que me tiró los tejos, se arma gorda.

    —Mi segundo nombre es Peligro.

    —¿Peligro? Viejo verde, diría yo.

    Angelita echó a andar, Federico le preguntó:

    —¿Quieres que te ayude a llenar el saco de piñas?

    —Ayude. —Angelita comenzó a flirtear con su suegro— ¿Y qué más?

    —¿Qué más, qué?

    —¿Qué más le gusta de mí?

    —Por gustar, de ti me gusta todo.

    —Sólo le falta decir que soy como un cerdo, que se pueden aprovechar de mi hasta los andares.

    —Y se podría.

    Lo miró y parecía enfadada.

    —¡¿Me acaba de llamar cerda?!

    —Lo del cerdo lo dijiste tú, pero ya que te pones alta, te lo diré: Me gustas tanto que te echaría un polvo que te dejaría los ojos en blanco.

    —Sueñe. Yo no soy como mi amiga Pilarita.

    —¡¿Te contó lo del pajar?!

    —Sí.

    —¿Te contó también que yo estaba dormido cuando me cogió la polla?

    —No.

    —Lo que me contó fue unas cosas de usted que me cuesta creer.

    —¿Qué cosas?

    —Cosas.

    —¿Son cosas que le hice?

    —Sí. ¿Es verdad que le hizo cosas sucias?

    —¿Te dijo que me mamó la polla y que yo le comí las tetas, el culo y el chocho?

    —¡¿Le comió la almeja?!

    —Claro. Le comí el coño y se corrió en mi boca. En un buen polvo debe haber de todo. ¿Mi hijo no te come el coño?

    Angelita no salía de su asombro.

    —¡No!

    —Entonces es un idiota. Un coñito tan fresco como el tuyo se debe saborear.

    —¡Lo que es su hijo es un señor!

    —Lo que es mi hijo es un tonto del culo. No hay nada más rico que beber el jugo de la corrida de una mujer, y si es jovencita, eso ya es una delicia.

    Angelita se agachó para coger una piña, giró la cabeza y vio para donde estaba mirando su suegro. Se incorporó. Metió la piña en el saco, y le preguntó:

    —¿Me estaba mirando para el culo?

    —Sí, ya te dije que lo tenías muy bonito.

    —¡Váyase!

    —Me voy, pero antes dime. ¿Qué te dijo Pilarita que le hice que te pareció tan sucio?

    —¿Si se lo digo me deja en paz?

    —Dejo.

    —Que se la metió en los dos agujeros.

    —¡Oh, oh!

    —¿Qué?

    —Si te contó que la folle por los dos lados fue con el fin de conseguir algo, esas cosas no se dicen gratuitamente.

    Angelita, se ofendió.

    —¡Siga su camino!

    —Te hizo dos deditos. ¿A qué sí? Coño y culo.

    Cogió una piña verde del saco e hizo amago de tirársela.

    —¡Largo!

    —Te lo hizo.

    —¡Qué se largue, coño!

    —¿Se los hiciste tú también a ella?

    La piña verde salió de la mano de Angelita y voló por encima de la cabeza de Federico.

    —Ya me voy, ya me voy. No le cuentes nada de lo que te dije a mi hijo.

    —¿Ahora le viene el miedo a Peligro?

    —Miedo, no, pero hay cosas que es mejor evitarlas.

    Federico, se fue. El perro, un perro de raza desconocida, lo siguió.

    Unos minutos después, estando Federico sentado sobre la roca del Venancio, una roca plana de unos 16 metros cuadrados, Angelita, arrastrando el saco de piñas llegó junto a la roca, apoyó la espalda a un pino, y le preguntó:

    —¿De verdad que Pilarita se corrió en su boca?

    —Sí, y yo me corrí en la suya. Se la llené de leche.

    —¡Qué fuerte! ¿Sabe rica?

    —¿Cuál?

    —La suya.

    —No sé, nunca la probé. ¿A que sabe la tuya?

    —Sabe a… Si supiera que no lo iba a saber nadie…

    —Puedes apostar mi vida a que si algo pasa entre nosotros quedará entre nosotros.

    —Siendo así…

    Federico se levantó, fue a su lado y la besó. Angelita comenzó a temblar como una niña. Berto, su marido, no la besaba con lengua, Federico lo supo porque no sabía besar. Enseguida aprendió. Le desabotonó la blusa. Ella se desabrochó el sujetador Tenía las tetas duras, con pequeñas areolas rosadas y bonitos pezones. Por su manera de gemir, le encantaba que se las comiera. Se le pusieron los pezones tiesos. Al bajarle las bragas vio que las tenía empapadas. Arrodillado, —Angelita levantaba la falda con una mano— le cogió las duras nalgas, y le pasó la punta de la lengua por ambos lados del capuchón del clítoris y después alrededor. El clítoris salió del capuchón. Lo lamió de abajo arriba, lo chupó y giró su lengua sobre él. Angelita abrió las piernas, y le dijo:

    —Me voy a correr.

    —¡¿Ya?!

    —Ya.

    Le lamió la raja y le salió la lengua llena de babas. Le lamió los labios y fue bebiendo de ella. Le dio la vuelta y jugó con la punta de su lengua en su ojete. Al rato, le dijo:

    —Así también me voy a correr.

    Le volvió a dar la vuelta. Al lamer el coño de abajo arriba, las piernas de Angelita comenzaron a temblar y le llenó la boca a su suegro con una larga corrida, pastosa y blanquecina.

    Cuando acabó de correrse, subió las bragas, y abotonando los botones de la blusa, le dijo:

    —Lo que hicimos no estuvo bien. ¡Qué vergüenza! ¡Cómo pude dejar que me hiciera una cosa así!

    Federico la había cagado. Al correrse, a Angelita se le fueran las ganas y se iba a quedar empalmado y sin coño donde meter. Sacó la polla, y le preguntó:

    —¿Y qué hago yo con esto?

    —Pélela.

    Federico, le cogió una mano.

    —Menéala. Me lo debes.

    La cogió sin rechistar. La apretó y Federico le follé el círculo que hiciera con la mano dándole al culo hacia delante y hacia atrás. Poco después, al mojarle la mano de aguadilla, la besó y ya le dio ella hacia delante y hacia atrás. Federico le magreó las tetas y le metió dos dedos en el coño empapado con las bragas subidas. Masturbándolo, y ya caliente de nuevo, le dijo:

    —Enséñeme.

    —¿A qué?

    —A mamar una polla.

    —Ponte en cuclillas.

    Al estar en cuclillas le dijo todo lo que le gustaba. Que le chuparan el glande, que le pasaran la lengua desde los huevos al frenillo… Le dijo como hacerlo y cuando… Lo que no le dijo fue que se iba a correr. Lo supo cuando la leche de su corrida llenó su boca, pero parecía estar esperándola, ya que se la tragó, y luego le dijo:

    —Sabe raro, suegro.

    —¿No sabe cómo la de mi hijo?

    —A su hijo, en los dos meses que llevamos casados nunca se la mamé.

    —Ahora ya sabes hacerlo, esta noche mámasela.

    —¡Sí, hombre! Para que me pregunte quien me enseñó.

    —También es cierto. Mejor que no se la mames.

    Angelita le miró para la polla y vio que se le pusiera flácida.

    —Se le bajó.

    —Cosas de la edad.

    —Y yo que quería…

    Federico, guardó la polla, cogió el saco de piñas, lo echó al hombro, y le dijo:

    —Lo que tú quieres es mejor hacerlo en tu casa. Berto no llega hasta la noche.

    En la cocina de la casa de Angelita, bebiendo un par de limonadas, le preguntó Angelita a Federico:

    —¿Ya está para otro, suegro?

    Federico se acercó a ella, le cogió las nalgas, y la apretó contra él, Angelita rodeó con sus brazos el cuello de su suegro. Se besaron largamente, después, Federico, le preguntó:

    —¿Cómo te gusta más, arriba, abajo, por detrás…?

    —Sólo follé estando debajo, pero me gustaría correrme otra vez en su boca antes de que me la meta.

    Se volvieron a besar.

    —Tutéame.

    —No, no vaya a ser que después, sin querer, lo tuteé delante de su hijo y empiece a desconfiar.

    —Estás en todo.

    —Hay que estar.

    Federico le quitó la blusa, el sujetador, la falda y las bragas, Angelita se quitó los zapatos y las medias. La cogió en alto en peso y la sentó sobre la mesa, mesa a la que la cubría un mantel azul. La besó. La echó hacia atrás y le comió las tetas. Con dos dedos le abrió el coño. Le lamió un labio varias veces, después el otro, y acto seguido, con la lengua plana, se lo lamió de abajo arriba sin llegar a tocar el clítoris. Los gemidos de placer de Angelita y aquel coño tan fresco fueron empalmando a Federico. Se desnudó. Su polla ya miraba al frente. Le lamió el periné y el ojete. Se lo folló con la punta de la lengua y sintió como se la apretaba al abrirse y al cerrarse. Luego le folló la vagina con la lengua la tira de veces. Cuando ya Angelita no aguantaba más, le preguntó:

    —¿Tienes mantequilla?

    —Hay manteca en la alacena.

    Federico cogió la manteca y untó su polla con ella. Le echó a Angelita en el ojete. La muchacha se asustó.

    —¡Por el culo, no!

    —Te va a gustar.

    Le puso la punta en la entrada.

    —¡No, suegro, no!

    Empujó y entró el glande.

    —¡Le dije que no!

    Federico se la metió hasta la mitad, y suavemente le folló media docena de veces el culo. Angelita había parado de protestar. Se la metió hasta el fondo, despacito. Con dos dedos le acarició el clítoris. Al rato, magreándole las tetas con una mano, acariciándole el clítoris con la otra y follándole el culo, le preguntó:

    —¿Te gusta?

    Angelita, mintió

    —No.

    —Mentirosa. Sé que te gusta porque de tu coño no para de salir jugo.

    —Fólleme y calle.

    Federico la folló y le acarició el clítoris hasta que los gemidos de Angelita lo alertaron que se iba a correr. Se la quitó.

    —¡No! Métala en el culo otra vez.

    Federico, cogiéndola por la cintura, metió todo el coño de Angelita en la boca y le metió la lengua en la vagina. Angelita movió la pelvis de abajo arriba y le llenó la boca de babas, diciendo:

    —¡Me corro, suegro, me corro!

    Al acabar de beber aquella inmensa corrida. Federico, al estilo troglodita, se echó al hombro a Angelita y la llevó a la habitación. La puso en la cama, se echó boca arriba a su lado, y le dijo:

    —Folla al hombre de las cavernas.

    —Prefiero que me siga follando. —Se puso a cuatro patas— Así nunca me folló su hijo, y además estoy indefensa.

    Con eso le había dicho que se la podía meter en el culo cuando quisiese.

    Federico, que había visto una zapatilla debajo de la cama, se estiró, la cogió, se puso detrás de Angelita, levantó la mano y le largó.

    —¡Plas, plas —Angelita se estiró sobre la cama, plas, plas, plas!

    —¡Me está haciendo daño!

    —Esto es por puta. Mira que meterle los cuernos a mi hijo…

    Le volvió a largar en las dos nalgas.

    —¡Se los metí con usted, hijo de…!

    Le dio con más fuerza.

    —¿Hijo de qué, guarra?

    —¡Hijo de puuuuuuta!

    Le volvieron a caer, ya con menos fuerza.

    Después de darle, Federico, le besó las nalgas coloradas, y le pasó la lengua por el periné y el ojete, Angelita levantó el culo y abrió las piernas. Le lamió el coño empapado. La muchacha, gimiendo, se volvió a poner a cuatro patas, y le dijo:

    —Dame un poquito más con la zapatilla.

    Federico, le dio.

    Después de darle, tiró con la zapatilla, la cogió por las tetas y le clavó la polla en el coño.

    Angelita, exclamó:

    —¡¡Ooooh, qué gustazo!

    Al rato largo, sintiendo las pelotas de Federico chocar contra ella y sus manos magreando sus tetas, le dijo:

    —Métamela un poquito en el culo, suegro.

    —Y tú mete dos dedos el en coño y fóllalo.

    Angelita hizo lo que le dijo. Federico se la metió y le folló el culo.

    No tardo ni cinco minutos en decirle:

    —¡Córrase conmigo, suegro!

    Angelita, al correrse, sintió tanto gusto que Federico, llenándole el culo de leche, tuvo que taparle la boca con una mano. Si no lo llega a hacer se iban a enterar en los vecinos del pueblo y los de los pueblos de al lado de lo que estaba haciendo por sus escandalosos gemidos.

    Angelita, tuvo que esperar a otra ocasión para montar a su suegro. El pájaro era de picha floja, pero eso sí, lo que hacía lo hacía  bien.

    Quique.

  • El debate

    El debate

    ‘Ay… ah… más… dame… más…’, exhalaba entre suspiros y gemidos la candidata a presidenta tumbada sobre el sofá de cuero negro del camerino abierta de piernas, sus muslos blancos tremolando, desnuda, sus grandes tetas provistas de morenas areolas cuyos picudos pezones señalaban al techo, trazando círculos, elipses, con cada empuje del candidato a presidente cuyo pantalón llevaba bajado hasta las rodillas dejando ver unas nalgas bien contorneadas y musculosas: ‘Toma… oh… oh… más… toma…’

    Pero, ¿cómo llegaron hasta este tan ardoroso episodio? Ahora lo veremos…

    El debate de la campaña electoral en el estudio de televisión estaba siendo muy disputado:

    «María del Carmen», decía el candidato, «debemos reducir impuestos para poder crear empleo, el empresario debe ver su negocio como un camino de rosas, si él gana dinero todos ganarán…»; «Un momento, José Luis», así se llamaba el candidato, «el empresario, como todos, debe ajustarse el cinturón, el empleado arriesga su vida, su familia mientras que el empresario sólo su dinero, el empleado no busca una limosna sino un sueldo digno y derechos…»; «No, María del Carmen…»; «Un instante», interrumpió la moderadora, «vamos a publicidad y volvemos en diez minutos.»

    Corte de emisión.

    «¿Os apetece tomar algo?», preguntó la moderadora, «yo tengo una sed…, estos focos dan un calor…»; «Bueno», dijo la candidata desabrochándose los dos primeros botones de la blusa, dejando su canalillo expuesto; «Me hace», dijo el candidato despojándose de la chaqueta, mostrando sus fornidos bíceps apretados bajo la tela de la camisa, pujantes. El candidato echó una mirada a la candidata con detenimiento, ella le devolvió la suya con interés. Fueron al camerino de la moderadora.

    Todo comodidades, la moderadora se acercó a un pequeño frigorífico y sacó hielo; después abrió un cajón de un coqueto mueble y sacó whisky. «¿Queréis?», preguntó; «S-sí, s-sí», dijeron los otros dos a la par. La moderadora echó mano a una torre de vasitos de plástico y alargó un par de ellos a sus invitados. «Servíos», indicó. «yo, entretanto, me daré una ducha rápida, apesto». Sí, el camerino constaba también con un plato de ducha oculto tras una mampara. La moderadora se quitó toda la ropa ante la mirada de asombro de los dos y se encerró bajo el chorro de agua; los candidatos se observaron.

    La visión de aquella mujer desnuda, de pechos redondos, grávidos, cadera estrecha, cintura ancha y culo prieto, la visión de su coño obscenamente peludo, turbó los pensamientos de María del Carmen y José Luis.

    Empezó él, que, tras dar un gran trago de whisky, besuqueó el cuello de ella; ella no le fue a la zaga, y, mientras con una mano tomaba el cuello de la botella de whisky y se la llevaba a la boca para sorber el líquido, con la otra acariciaba la polla de él pasando la palma de su mano sobre la bragueta del pantalón. «¡Seis minutos!», fue el grito de la moderadora salpicado de espuma.

    Seis minutos.

    «Fóllame, José Luis, lo necesito»; «Seré tuyo, María del Carmen»; y vieron en el sofá su alivio, y previeron su catarsis.

    Más tarde, el debate continuó:

    «Ah, sí, sí, María del Carmen, nuestro partido propone ayudas sociales, claro…»; «¿Ah, sí, José Luis?, debo leer vuestro programa…»

  • Sigue mi cuñada de putita

    Sigue mi cuñada de putita

    Hace casi un mes que la puta de mi cuñada Sonia me pide a diario que me la coja.

    Todo comenzó porque llegó a mi edificio una vecina aún joven, pero bastante cachonda y liberal, con la que en este poco tiempo ya he tenido dos encuentros sexuales muy placenteros por cierto.

    Bueno el caso es que mi cuñadita se ha dado cuenta y no quiere perder su puesto de mi putita preferida, por lo que llega de improviso por lo menos una vez al día, y vaya que lo estoy disfrutando, porque aunque ya tenemos en muchos años de estar cogiendo, ella sigue siendo un verdadero manjar.

    La mañana en que se dio cuenta de la llegada de mi vecina Marian, fue porque la vio en mi departamento, como recién había llegado me pidió de favor que le prestara el microondas para calentar una taza de té ya que el camión con sus muebles aun no llegaba, les digo que Marian mi vecina nueva es una chica como de unos 23 o 24 años máximo, con un hermoso culo y unas tetas no muy grandes pero muy suculentas, en ese día vestía unos leggins y una blusa muy ajustada por lo que lógicamente no me iba a negar a auxiliar a tan hermosa chica, Sonia mi cuñada pasaba esa mañana como muchas otras para tener una buena sesión de sexo y desestres, pero cuando vio a la vecina nueva supo inmediatamente que yo no me negaría a apoyarla en todo lo que fuera necesario, y cuando digo todo es todo, por lo que en cuanto Marian salió de mi departamento.

    Sonia inmediatamente se acercó a mí y me dio un beso de esos que te dejan sin aliento y me paso la mano por la entrepierna por lo que se dio cuenta de lo excitado que me había dejado Marian, ya que tenía yo una tremenda erección que ella no tardo en aprovechar, y bajándome el pants que traía puesto empezó a mamar mi verga como si fuera la última mamada que fuera a dar en su vida, yo ni tardo ni perezoso empecé a desnudarla, le quite su blusa y apreté fuertemente sus tetas mientras ella me masajeaba con sus manos mi verga tan dura como un tronco por la excitación que me provocaba la forma tan peculiar de reaccionan de mi cuñada al verse amenazada por otra hembra más joven.

    La tire en el sofá y empecé a lamer su coño que ya escurría de sus jugos, le ensarte mi verga y la folle como hacía mucho tiempo no lo hacía, no lo sé, pero creo que la vecina vino a cambiar o a renovar esa pasión que ya estaba entrando en la monotonía entre mi cuñada y yo, ella jadeaba intensamente y yo arremetía fuertemente contra su coño, la voltee y la puse en cuatro para ensartarle mi verga que aún estaba muy dura en su culo, ella no puso la menor de las resistencias, me recibió como si deseara que esa cogida no acabara nunca, cuando ya estaba yo por llegar al clímax, quise sacar mi verga de su culo pero ella me pidió que no lo hiciera que me viniera dentro de ella, y así lo hice nos fundimos los dos en un orgasmo prolongado por la contracción de su ano sobre mi verga, y cuando al fin pudo hablar después de unos minutos de jadeo me pidió que no la dejara, que nunca la cambiara por otra, obviamente yo le conteste que nunca lo haría.

    Pero lo que ella no sabe es que no la he cambiado, solo la he complementado con mi vecina Marian, y aquí seguimos a ver cuántos años más podremos seguir cogiendo mi putita y yo.

  • Mujer seria y respetable (VII)

    Mujer seria y respetable (VII)

    Empezamos con una nueva historia, en este caso una chica llamada Diana, 32 años y de cerca de Barcelona.

    Como siempre empezamos a cruzarnos mails tanteando la situación y a la vez para estudiarnos mutuamente, os dejo parte de esos mails cruzados entre ambos.

    ‘El tema de no respetar al sumiso es lo que más me preocupa… y sinceramente, sé que leyendo libros (siempre románticos al final) poca cosa… pero al menos sí tengo claros los límites (o eso creo) sobre BDSM, así que en cuanto a que es lo que más me llama la atención, excepto la humillación verbal, lluvias doradas, y ‘fisting’ o algo así creo que se llama… pfff me excita y llama todo… ya te digo que con mi nula práctica, poco puedo opinar… sentirme absoluta e incondicionalmente sometida y expuesta a alguien en plena confianza me llama más la atención de lo que jamás podría haber imaginado antes…’.

    “Esta primera me ha hecho estremecer, pues a mis 32 años nadie «aún» ha provocado algo similar en mí! supongo que de ahí andar soñando con lecturas románticas… pues de momento, nadie que llene lo más mínimo mi corazoncito, algo un tanto difícil, y menos aún mis fantasías sexuales… así que puedes estar bien tranquilo, porque tampoco creo que se vaya a dar…”

    “Sí sí! eso lo tengo clarísimo desde el primer mail que escribiste… además, que gracia tendría si tú (alumna) sumisa supiera en todo momento lo que va a pasar?

    Otra cosa… ya que eres con él único hombre con quien estoy compartiendo absoluta y totalmente mis mayores fantasías (y me está encantando, además de aprender un montón de cosas) me vuelve loca la idea de no poder ver mientras me hacen… sorprenden… y comparten…”

    “Sabes que me pasa… que soy una gran creadora mental… y es imposible no imaginar mientras te leo… es más, es que puedo hasta sentirlo mientras lo imagino…

    Por eso, porque es entre tú y yo siento más calor aún…

    No sé cómo me sentiría en acción, son cosas que no he hecho nunca… sí imaginado, cuánto más ahora… sabiendo que pueden ser reales…

    Cuando alguien, en cierto modo, pone una milésima de realidad en tus fantasías más privadas… al menos a mí se me acelera el corazón y me eriza la piel… es algo con lo que no había coincidido antes…”

    “Descubriendo sensaciones, sofocada y sedienta de más aprendiza a sumisa de la escuela privada online…

    Fui a mi habitación… abrí la caja de corazón color rojo de al lado de mi cama…

    Puse el pequeño aparatito en mi clítoris para empezar a jugar como había dicho él minutos antes, y el calor empezó a subir… subir… cuando mi temperatura y escalofríos crecieron pare mi juguetito cómo dijo él (casi no consigo pararlo de la misma excitación) acaricie mi cuerpo, pellizqué mis pezones fuertemente cómo él lo hubiese hecho y continúe con mi aparatito en busca de mi propio placer… así durante tres veces más, casi muero de la excitación, no creí poder hacerlo así 3 veces seguidas… todo era más lento… más intenso… imaginé sus manos en mi cuerpo, su lengua, mis pezones, escalofríos, y calor mucho calor… él me mira… y me lo pide ardientemente… córrete para mí, pequeña, entonces llego al clímax de una manera indescifrable… pocas veces antes tan intensamente…”

    A los juegos que le mandaba Diana ponía además su imaginación en ellos, de manera que los podía vivir y sentir de una manera esplendorosa, y eso me gustaba.

    “Si… me encantó, leer lo que me pediste porque tú me lo pediste, correrme para ti porque tú me lo pediste… ya te digo que me siento y me sentí maravillosamente bien, excitada… eso sí… más de la cuenta… mucho más…”

    Diana empezó a contarme se abrió totalmente a mí, y empezó a contarme sus fantasías más íntimas.

    “Sólo una cosa más…

    Imagina por favor que soy tu sumisa por un momento… a ver qué te parece… estamos tú y yo, en una habitación, tú me atas, me tapas los ojos, me tocas, me excitas como tu bien sabes hacerlo… solo con tu aliento en mi cuello erizas mi bello y me pones a mil por hora, no veo nada ni me puedo mover… solo sentirte, acaricias mi sexo… mis pezones… mi cuerpo y entonces me tumbas en la cama, mientras alguien entra en la habitación, yo lo oigo pero no veo nada, entonces tú me hablas al oído y me dices suave te voy a ofrecer pequeña, mientras esa otra persona después de tu orden mete su cabeza entre mis piernas y comienza a lamer mi clítoris fuerte, muy fuerte… estoy al límite de mi propia locura cuando de repente alguien aprieta fuerte mis pezones… no eres tú, lo sé por qué me estás sujetando por detrás, yo estoy a punto de llegar al clímax cuándo tú me hablas bajito al oído y me dices… córrete para mí, pequeña porqué después de esto te voy a follar… y entonces mientras seis manos recorren mi cuerpo una lengua lame mi sexo y otra el resto de mi cuerpo mientras tú sujetándome… abriendo mis labios vaginales para esa lengua… y ahí está… llega el clímax, intenso… ardiente… me estremezco cuándo tú me destapas los ojos frente a mi veo una mujer saboreando mis fluidos y un hombre lamiéndome el cuerpo aún, tu detrás me enderezas un poco y de repente siento tu fuerte erección penetrándome por detrás… embestida tras embestida mientras ordenas a ese otro hombre que mientras tú me penetras abra mis piernas de nuevo por delante para lamer mi sexo…

    Y yo solo muero de excitación… y quiero más… ya no puedo parar porque de repente siento hacerse tuyo mi cuerpo… la mujer solo observa ahora y tu mientras me dices al oído… así pequeña así… córrete para mí, pero aún no… cuándo yo te ordene… solo disfruta de tu placer…”

    “No pude explicárselo antes con detalle… después de un reset, voy a explicarlo tal y cómo lo «pensé» y/o sentí… voy allá;

    En primer lugar me excitó tanto leerlo que casi tengo un orgasmo solo leyendo… (Para mi sorpresa, pues no suele ocurrir), pensé «cómo este individuo ha entrado así en mi mente de esta manera tan brutal dominando así mis deseos más profundos» increíble…

    Pensarme escuchándote decir las palabras mágicas «córrete para mí»… no podría descifrarse con cuatro ni con mil letras cómo lo sentí… porque ni yo misma lo sé, la verdad… eso sí, solo imaginarlo provoca en mí una excitación sobrenatural…

    Por otra parte y creo que es a eso a lo que te refieres en cuanto a que fuese para ti, mi ego no ha entrado en ningún momento al ataque «extraño pero cierto», pues rara vez permito a alguien entrar así, sin más en mi mente y mis deseos…

    Uuuhhh y mientras te lo explicaba? jajaja, no te lo vas a creer… durante mucho rato dudé de explicártelo en ese momento, pero tenía que salir y pues, que hago… le escribo ahora o no lo hago? así durante un buen rato hasta que decidí hacerlo desde la cama al despertar, pues me pondría taaan caliente, que eso significaba un orgasmo maravilloso, pensando en ti por supuesto…

    Increíble pero cierto! mi cabecita anda como loca deseando más orgasmos de esos que un hombre «tocándome» jamás supo proporcionarme… y ahora de repente, todo parece tener sentido jajaja aixxx me estás haciendo feliz, maestro virtual!!”

    *Sabes lo mejor de todo esto? no te lo vas a creer! no me lo creo ni yo!

    Lo mejor de todo es que me gusta… me gusta mucho que manipules mi mente sin sentirme contrariada o invadida… SORPRENDENTE!

    Nunca antes había pasado siquiera por mis pensamientos permitir que alguien a quien ni conozco, entrar de ese modo en mis deseos, inquietudes y perversiones más íntimas…

    Absoluta y totalmente ALUCINADA alumna de la escuela especial para sumisas online!!!”

    “No quiero que aflojes nada… mis límites desaparecieron en el momento en que me hiciste tuya en mis pensamientos… no quiero dejar de jugar contigo, siento que esto es así y eres él único en conseguirlo, digno de admirar… haces que me deshaga en mi interior y sucumba a tus deseos… no he deseado nada tanto nunca en mi vida y no lo voy a desaprovechar ahora, créeme…

    Mis gemidos salían de mi sin yo poder controlarlos y mis amigas me miraban cómo extrañadas preguntándome estás bien?”

    Llegó un momento dado que empezamos a establecer los límites para ir avanzando hacia una posible sesión.

    “Nunca pasará nada que yo no quiera, pero haré todo lo que me pidas?

    Significa eso que me pedirás todo lo que yo estoy dispuesta a dar, pero nunca pedirás nada que yo haya delimitado como «límite infranqueable»?

    Repito… mis límites pueden variar a una velocidad que a veces hasta yo misma me sorprendo… pero sí pido eso irrevocablemente por ahora… nada de atravesar esos límites de los cuales hablaremos más adelante!”

    “Estas llevándome a abrir un baúl dentro de mí, el cual había cerrado bajo llave, créeme, bajo llave con cierre de seguridad y una contraseña muy complicada…

    Sobre todo haciéndome remarcar mis límites, pues en este momento estoy súper sensible… casi podría ponerme a llorar en cualquier momento…

    Nunca encontraba el momento de abrir ese baúl… y me encanta que ese momento sea ahora… soy consciente de que todo es cuándo ha de ser… y te engañaría si te dijese que no lo deseaba hace mucho mucho tiempo…

    Se perfectamente lo que me explicas sobre rol dom/sumisa, es precisamente lo que me llevó a indagar sobre el tema, pero como hablábamos días atrás, hay demasiado gilipollas en el mundo BDSM y no es fácil escoger…

    Divertido sonreír mientras me toco porque tú me lo pides… aparte de todo lo que te explico arriba…

    Creo que tienes suficientes datos como para entender un montón de cosas más en lo que se refiere a mi problema en correrme con un chico, a todo esto aclarar también que os amo! me encantáis los hombres, de verdad, de ahí mi preocupación al no poder recibir el placer de un hombre en mi cuerpo… ya te digo que va mucho más allá que cualquier bloqueo, pues todos los que haya podido tener, créeme que están más que trabajados, sin embargo… esto sigue ahí sin descifrar…y sin desbloquear, si es que finalmente soy yo la que tiene el problema…”

    “Ok… a ver, una cosa «de momento» no quiero ser tu sumisa, ni quiero que tú adoptes tu papel de dom, al menos por ahora, bastante trabajo me cuesta acceder a verte quebrantando mis principios, pfff todo un mundo para mí, y si lo hago es a modo terapia sí?

    Por nada del mundo quiero que te tomes esto a mal, y sé que en un momento dado, que me pidieras que me vistiera de tal forma u otra me pondría a mil, para nada me afectaría, pero no es a lo que quiero jugar contigo… lo que quiero es experimentar un primer encuentro para descubrirme un poquito ante un desconocido que intenta abrir los portones de mis baúles más recónditos si?

    A todo esto sí estoy dispuesta a hacer todo lo que tú me digas éstos días en la distancia… hasta nuestro posible encuentro…

    Lo entiendes verdad?

    Sí nos encontramos él viernes, será de Diana a Alex, y si se tercia, pues encantada de una primera sesión…

    Esta noche haré lo que me pides, con sobreesfuerzo por él frío… jajaja pero lo haré… un par de horas antes subiré la calefacción a tope de la habitación”

    “Muuuyyy mojada no! lo siguiente!

    Estas moviendo muchas cosas dentro de mí, a parte de mi sexualidad, y es algo que a mi, me está encantando, te dije que lo daba por perdido y piensa que ando brillante! ya leyendo libros lo estaba, pero un poco más real la situación, pues eso…”

    “Yo también lo pienso, si ellos supieran… jajajaja es que en serio! los chicos que van con sus novias me miran también! aixxx me parto en serio…”

    Y se acerca el día y el momento, entran las dudas y los miedos, cosa lógica que ocurra, al fin y al cabo somos humanos y todos tenemos nuestros miedos.

    “Bueno está claro que das por hecho que mañana vamos a llevar a cabo mi primera sesión, y a mi me ha entrado un ataque de pánico sólo imaginarlo… me pasa a veces… Mientras ando en movimiento todo en orden, pero de repente tomo conciencia, y ahí es cuando empiezo a temblar!”

    “Ahora asustada, nerviosa e indecisa aprendiza en la escuela para sumisas online…“

    “Se me han enfriado las manos de golpe y secado la boca sólo pensarlo! supongo que es porque no te conozco personalmente y tampoco dónde me lleva todo esto… espero se me pase para mañana no cambiar de opinión y salir corriendo jajaja aixxx dios, me da la sensación de estarme volviendo loca o algo así con tanta contradicción…”

    Continuará…

  • Mi prima Claudia (Parte 2)

    Mi prima Claudia (Parte 2)

    Viernes 1 de enero de 2010, por la mañana. 

    Me desperté esa mañana, Claudia no estaba al lado mío, estaba pletórico, había pasado el mejor fin de año, había tenido la mejor relación sexual que recordase y la había tenido con la mujer de mis sueños, y poco importaba el que fuese mi prima, los dos sentíamos lo mismo y estábamos dispuestos a luchar por ese amor.

    Me levanté de la cama llevaba solo puesto un short, salí de la habitación Claudia estaba en la cocina lavando la vajilla llevaba una remera estampada con Daisy en bicicleta sin mangas ajustadita y corta y una minifalda de jean azul lavado bastante corta, la tome por la cintura y besé su cuello al tiempo que decía:

    G- Buen día mi amor

    Ella luego de recibir mi beso giró, pasó sus manos tomando mi cuello, y dijo:

    C -Buen día cielo

    Luego nos dimos un dulce y apasionado beso.

    Después de los besos, los mimos, las palabras dulces, tomamos unos mates y luego ella continuó limpiando la cocina y yo limpie la piscina ya que en la misma había restos de la actividad pirotécnica de la noche…en eso estaba cuando vi a Claudia en el jardín.

    Estaba hermosa… sexy y provocativa… al verla, emití un silbido de aprobación, ella llevaba unos anteojos de sol los que subió a su cabellera llevaba un shortcito blanco ajustado y corto con dibujos de formas indefinidas donde predominaba el azul, el rosa y el salmón y un breve corpiño blanco de playa de tazas separadas, amplio escote, por el que asomaban generosos su buen par de senos; el corpiño tenia breteles por detrás de su cuello y se sujetaba con un lazo a su espalda, a medida que arreciaban mis silbidos y el “te comería a besos”, “potra”, “yegua”, “diosa”, ella empezó a mostrarse más sexy, más sensual, mas provocativa, me tiraba besos, se movía sensualmente.

    Y siguió con ese clima que empezaba a tornarse cada vez más excitante y caliente, Claudia acariciaba su cuerpo, recorría con sus manos sus senos, su vientre, sus piernas, luego deslizo su mano muy provocadora por sobre el short a la altura de su conchita, se exhibía constantemente, exhibía sin desnudar su cuerpo dotado y exquisito, me excitaba verla así, yo no paraba de alabar esas dotes, entonces empezó a desnudarse haciendo un striptease.

    Empezó muy sensualmente un par de veces a amagar bajarse el pantaloncito, hasta que dulce y lentamente se lo fue bajando comenzaron a asomas sus nalgas redondas y firmes… lo hizo muy despacio como para que lo desease aun más hasta que lo retiró de su cuerpo, giró poniéndose de espaldas a mi bailó sensualmente moviendo sus caderas y sus nalgas como para que si aun fuese posible las desease mas, sus nalgas redondas bien torneadas ese empalme cuasi perfecto con sus piernas… mientras yo la contemplaba exhorto ella llevo sus manos al lazo del corpiño desatándolo, pero primero saco los breteles que lo sujetaban al cuello, luego giró sus brazos como si sujetasen la caída del corpiño y cubrió parte de esos deliciosos y redondos senos luego tomó su corpiño con una de sus manos… sonrió dulcemente, y lo dejó caer, llevó sus manos por detrás de su cabeza, jugueteo sensualmente con su cabello sonreía provocativamente exhibiendo sus senos erguidos y redondos y su conchita depilada.

    Entonces giró, fue caminando hacia el interior de la casa y yo salí corriendo tras ella, Claudia gritó cuando vio que yo venía lanzado en busca de sus brazos y corrió aun mas cuando se percató de mi, corrió por la casa en busca de la habitación y la manotee casi cuando entraba, igualmente Claudia logro zafar de mis manos, pero logre asirla cuando llegaba a la cama, entrelazados caímos en ella enredados con nuestros brazos, su respiración era agitada, me miró a los ojos, y dije:

    G- Estoy perdidamente enamorado de vos, nunca pensé que se podía amar y desear tanto a alguien

    C- Sos el amor de mi vida… lo único que deseo es ser feliz a tu lado… te amo.

    Nos besamos dulcemente durante largos minutos, luego quede tendido en la cama, ella besaba mi cuello, mi tórax y fue bajando por mi cuerpo que ya a esta altura del partido se hallaba completamente desnudo, sus besos eran dulces, tiernos produciendo en mi una vibrante excitación, mi pene estaba totalmente endurecido, ella que ya había llegado hasta el, lo tomó entre sus suaves manos, me miró y beso tiernamente mi glande, arrancándole a mi boca un profundo gemido de placer, ella lamió el tronco luego subió me miró a los ojos y dijo:

    C- Te amo

    Y nos unimos en un beso profundo y nuestras lenguas se enredaron envueltos en la pasión. Luego de esos intensos momentos su cuerpo quedó tendido en la cama boca abajo, me acomodé sobre ella quedado su cuerpo entre mis piernas, y recorrí su cuello con mis besos, su espalda, ella no paraba de emitir suaves gemidos de placer, así hasta llegar a su cintura, mire sus nalgas tiernas, suaves, redondas jugué con ellas deslizando suavemente mi dedo índice por ellas, luego sumergí mi cara en ellas, para deslizar mi lengua por sus nalgas, y las besé y chuponee muy suavemente no quería dejar marcas en esas divinas redondeces, ella gemía, gritaba se revolcaba en la cama demostrando su excitación, entonces me tendí sobre ella busque su boca nos dimos un beso muy profundo y mi pene erguido se acunó en la raya que separaba ambas nalgas, nos besamos largos minutos, luego ella se puso boca arriba tomó mi cuello entre sus manos me dio un pequeño beso y dijo:

    C- Me estremecen tus besos, tus caricias, te amo tanto…

    Nos volvimos a besar apasionadamente durante largos minutos

    Nos pusimos de costado frente a frente, yo deposite mi mano en una de sus nalgas y la acaricie y dije:

    G- Me encantó recorrer tu cola

    C- A mi me volvió loca… me hiciste estremecer

    G- Querés tener sexo anal?

    C- No se nunca me anime a hacerlo… tengo miedo…

    G- Querés que probemos?

    C- No se… me encantaría darte algo virgen… pero no se… tengo miedo cielo…

    G Probemos… si no te gusta lo dejamos

    C- Bueno está bien probemos

    Ella vuelve a colocarse boca abajo, acaricio suavemente sus nalgas, se va estremeciendo y al mismo tiempo tu cuerpo se va relajando, deja de verse tensionado.

    Luego beso delicadamente sus nalgas redondas, excitantes, aterciopeladas… tu cuerpo vibra… tu boca gime de placer, y entonces vuelvo a chuponearlas, te gusta eso… das pequeños gritos de placer, puedo ver tu ano, pongo mi mano en el y lo acaricio, tu boca gime profundamente, y yo constantemente alabo la belleza de tu cuerpo entonces lo beso, mientras mi lengua toma contacto con el, tu cuerpo se estremece más aún emitiendo profundos gemidos de placer… luego con la punta de mi dedo masajeo tu ano para empezar a dilatarlo para luego volver a besarlo y continuar saboreándolo con mi lengua, mientras tanto tu cuerpo se entrega a esa pasión indescriptible… tu excitación va en aumento al igual que la mía.

    Mi pene erguido… excitado… se apoya sobre la raya que separa tus nalgas, y se desliza suavemente por toda su extensión… la siento vibrar… gemir, entonces como sabiendo la respuesta digo:

    G- Sigo?

    C- Siii, seguí, es hermoso

    Sigo frotando mi pene en tu raya anal y eso me excita sobre manera más aún sabiendo que pronto estaré dentro de ti, haciendo mía la hermosa virginidad de tu ano.

    Su ano está ya preparado para empezar a recorrerlo por primera vez, lubrico mi pene y su ano para poder deslizar mi pene más suavemente en ese tu conducto virginal.

    A pedido mío se acomoda sobre la cama de forma que se sientas más cómoda… mi pene esta vigorosamente erguido ansioso de poseerla… nos besamos, acaricio tu vagina excitándote, mis labios besan tu oído y casi como un murmullo lejano te hago saber lo feliz que me siento al saber que pronto serás mía por completo, vuelvo a acariciar tu vagina húmeda por la excitación.

    Ya estás en posición, lista para recibirme, apoyo mi pene entre tus nalgas, tus piernas se abren mis manos ayudan a separar tus nalgas siento como mi pene toma contacto con tu ano, vuelvo a acariciar y excitar tu vagina para que tu mente se olvide un tanto de que pronto estaré dentro tuyo, tu respiración es agitada, estas a punto de tener un orgasmo… segundos después tu cuerpo se estremece violentamente… mi cuerpo y el tuyo están muy pegados, unidos como si fuesen uno solo.

    Todavía tu cuerpo no se había calmado cuando tome tus caderas e introduje la punta de mi pene en tu orificio rectal, gritaste en una mezcla de dolor y placer. Detuve mi avanzada final y te pregunte “sigo?” y tu respuesta fue “si mi amor seguí”, tu ano se relajó por completo… tu boca continua gimiendo… mi pene poco a poco comienza a avanzar en tu ano, se acabaron tus miedos estas gozando mi pene avanza dentro tuyo, hasta que tu culo lo absorbe por completo, entonces ahora unido a vos te beso… te acaricio.

    Comienzo el movimiento lento metiendo mi pene en tu preciosa cola, perdido tu miedo original siento como acompañas ese ir y venir entregándome un placer excitante y placentero, es maravilloso sentirte así, es maravilloso sentir deslizar en tus entrañas mi pene ya nada nos frena te siento mía siento mi pene completamente excitado.

    Tus gemidos son tan profundos como mi penetración… estas excitada…  completamente excitada… estamos gozando ese placer momento. Mi pene como si fuese un pistón indomable recorre tu culo, mi pene por momentos sale de tu ano para luego goloso volver a entrar en el.

    Mis movimientos se aceleran, pero no deseo acabar, me detengo deseo sobremanera seguir dentro de tus entrañas… gozarte… no deseo abandonar el placer que me estas entregando.

    Detengo mis movimientos, acaricio tu húmeda vagina, la acaricio con placer, con dulzura, siento tus gemidos, acaricio tus senos, tus pezones están erguidos por demás, muerdo y beso tu cuello y tu cuerpo vuelve a convulsionarse en un nuevo orgasmo. Quiero prolongar ese sublime momento, quiero seguir gozando, sentir tu respiración agitada y ver tu cabello revuelto en tu frente.

    Hago muchos esfuerzos por demorar el final, siento que vos tampoco querés el final pero ya no aguanto más, recorrí con mi pene tu conducto anal y sentí que el final es inexorable…me pediste que te acabe y yo obedecí tu orden… mi pene estalló dándole a tu intestino el calor de mi semen, siento como tus esfínteres se comprimen sobre mi pene manando de él torrentes de cálido semen en las profundidades de tu excitado cuerpo… cuando mi pene se aplaca un poco te apretó contra mi y beso apasionadamente tu cuello, tus orejas, tu boca y sintiendo ese placer que da el poseer a la mujer que uno ama y el placer de tomar su virginidad anal.

    Pero mi orgasmo no se detiene mi pene sigue entregándole los fluidos a tu virginal ano hasta llegar al final… luego de varios segundos mi pene se estabilizo saliendo de tu ano.

    Caemos rendidos extasiados sobre la cama, te abrazo, nos besamos dulcemente nos miramos a los ojos… continua nuestra agitación. Me besas en la boca y te vas a duchar

    Volves envuelta en un tallón que apenas te cubre te acostás a mi lado, me incorporé un tanto, te miro a los ojos y dije:

    G- Te gustó?

    C- Fue hermoso… entregarte parte de mi virginidad… fue algo sublime, ahora me siento completamente tuya, estar así con vos es lo mejor que me pasó en la vida, te amo tanto…

    G- Claro que es hermoso… y mucho más el que seas mi esposa… porque nadie nos va a poder separar

    Nos besamos y acariciamos sumidos en ese profundo sentimiento que ambos dejamos aflorar contra los tabúes estamos dispuestos a luchar por nuestro amor…

  • Fui su esclava y me terminó gustando

    Fui su esclava y me terminó gustando

    Esta historia me pasó este fin de semana con la persona menos pensada.

    Resulta que a mi mamá se le antojó arreglar y pintar una pared del fondo de la casa para las fiestas. Ella se encargó de hablar con el pintor y contratarlo. Yo no sabía quién era y tampoco me importaba mucho saberlo.

    Supuestamente, ese viernes yo no lo iba a ver porque el trabajo llevaría muy poco tiempo y lo haría en las horas que yo estaría trabajando. Pero en la oficina tendrían que hacer una reparación general con la luz y nos dieron la tarde libre. Como todas mis amigas estaban en sus respectivos trabajos o facultad, me fui a mi casa.

    Al entrar a mi casa y sentir ruido me acorde que estaría el pintor trabajando. No le di mayor importancia y fui a mi pieza a cambiarme, y entre las cortinas lo veo.

    Es un señor de cincuenta y tantos, muy buen físico por su edad, alto, de espalda amplia, con rasgos europeos, piel blanca ojos claros. La verdad muy llamativo.

    Sentía la curiosidad de verlo de cerca, entonces con la excusa más tonta fui a donde estaba trabajando y le pregunto:

    —disculpe ¿Necesita alguna herramienta para trabajar?

    Al escucharme, se da vuelta para mirarme y me responde de mala gana…

    —No gracias. Cualquier cosa le digo a su madre.

    Sin más remedio, me tuve que ir del lugar, pero no entre a la casa. La verdad no era muy atractivo de cerca. Y más con la respuesta fría que me dio, se perdió todo el encanto que de lejos me generó. Pero aún seguía alguna intriga perdida hacia él. Lo miraba de reojo y muchas veces lo noto. Él me sonreía y seguía con su trabajo.

    Pasaron unas dos horas más o menos, y escucho como le avisa a mi mama que ya termino, juntaba las herramientas y que se iba. Mi mama le paga el dinero acordado por ellos y se va.

    Creí que eso terminaría ahí, pero me equivoque.

    El sábado por la mañana arreglo con Pilar, mi amiga de toda la vida, en salir a la noche. La costumbre es cambiarnos en su casa, así que arme mi mochila con un par de polleritas, una remeritas bastantes al cuerpo y zapatos. En la casa de Pilar elegiría que ponerme. Me baño y me pongo un vestido suelto, pero algo cortito y unas zapatillas.

    Al ver mi mama que iba a salir, me dice:

    —Ya que te vas, podes de paso pasar por la casa de Orlando a dejarle este pincel que se lo olvido ayer?

    —La casa de quién??? Le pregunto con un tono de sorpresa porque no sabía quién era.

    —El pintor que estuvo ayer. Vive a unas cuadras de acá.

    Me quería morir…. Ir hasta la casa del tipo no estaba en mis planes, pero acepte.

    Me anota la dirección en un papel y me lo da.

    Salgo de mi casa y veo que la dirección es a unas pocas calles de mi casa. Voy escuchando música sin pensar en nada.

    Llego y toco timbre.

    Veo que una figura se mueve detrás de la ventana y me dice..

    —Pasa, está abierto!!!

    Tenía dudas en pasar. Vive solo? Tiene familia? Es un psicótico? Me quede paralizada en la vereda.

    La misma voz, me vuelve a insistir que pase. Accedí y entré. La casa era muy bonita, bastante ordenada, con un rico olor fresco. Pero en mi cabeza seguía pensando que no conocía a este tipo y me sentía vulnerable en su casa. Él estaba en el fondo, se veía que estaba arreglando una maquina o algo así. Entra por una puerta que daba al patio trasero, y ni bien me ve me saluda gentilmente. Su tono era completamente distinto al primer cruce de palabras que tuvimos.

    —Hola, como estas? Me trajiste el pincel que me olvide? Que amable!!!

    Con voz entrecortada, le respondo:

    —Sí, mi mama me lo dio.

    Extiendo la mano para dárselo y el extiende la suya, rozando mis dedos me lo agarra. Siento un frio correr mi cuerpo y se me irisa la piel. Creo que me puse colorada y como pude le digo…

    —Bueno, me voy.

    —No!! Dijo con voz fuerte. Quédate a tomar algo. Me estaba por preparar un jugo fresco.

    Acepte, porque me dio miedo la expresión en sus ojos.

    —Pasa, vamos a la cocina. Dame la mochila, así estás más cómoda.

    Me agarra la mochila y la deja en un sillón y nosotros nos vamos a la cocina. Sentía su mirada que me desnuda por completo mientras me sentaba en una silla alta que estaba en una especie de barra.

    Tuvimos una linda charla. Cada tanto sus ojos se perdían en el escote del vestido y sus palabras también. Entonces tome la decisión de irme.

    —Bueno Orlando, ya me tengo que ir. Mi amiga me está esperando. Dije con firmeza.

    Me levante de la silla y me dirigí hacia la puerta de salida, hasta que sentí como sus manos me toman de la cintura y de un tirón me vuelta y me arrima a su cuerpo, quedando pegados y nuestras bocas muy cerca una de la otra.

    —Soltame!!! Que haces?? Le ordene.

    Mis palabras fueron en vano y me besa en forma desesperada. Intentaba meterme la lengua y cada vez me apretaba más hacia él. Sentía la dureza de su pija cerca de mi conchita.

    Baja una mano y me empieza a tocar la cola. Primero por encima del vestido, después me la pellizcaba por debajo, me apretaba la nalga.

    Llorando, le pido que se detenga. Que me deje ir.

    — Irte?? No bebe esto recién empieza.

    A los tirones me lleva hasta la habitación y de un empujón me tira a la cama. Él se pone encima de mí, me continúa besando. Ahora me aprieta las tetas y me hace sentir su verga entre mis piernas. Tengo que reconocer que no me gustaba, pero mi cuerpo no respondía igual que mi cabeza, dado que me sentía húmeda.

    Me quita el vestido y el corpiño a los tirones. Me agarra las dos tetas y me las besa, me las aprieta, las amasa. Muerde mis pezones, que se encontraban duros.

    Ya no lloraba, y tampoco ponía mucha resistencia a lo que me hacía.

    Fue bajando, besaba mi panza, mi ombligo, mis piernas, mientras con una mano seguía tocándome las tetas. Se detuvo para mirarme. Su mirada era perversa. Llena de lujuria. Me corrió la tanguita para un costado, sin dejar de mirarme a los ojos, comenzó tocándome los labios, sentía mi humedad de mi conchita y en su cara se dibujaba una sonrisa. Cuando menos lo espere, me metió dos dedos. Pegue un grito acompañado de un salto.

    —Shhhh reina. Goza, goza para mí.

    El vaivén de sus dedos al principio fue lento, pero después aumento la velocidad. Sentía placer de verdad, pero no quería demostrar que estaba gozando.

    Se me acerca al iodo y me dice…

    —Estas gozando, putita???

    Eso, no sé por qué me encendió más y lo tome de la nuca y le di un beso apasionado. Las lenguas se encontraron y jugaron por si solas. Sus dedos entraban y salían de mí con desesperación.

    Me empiezo a contraer, siento que estaba por tener un brutal orgasmo. Él también lo siente y me quita los dedos, y me los lleva a la boca. Se los comienzo a chupar, casi de forma desesperada. Sentía la acidez de mi conchita y me calentaba más aún.

    Sin decir ni una palabra, se ubica entre mis piernas. Siento que rasga mi tanga y me la quita. Se pierde en mi concha mojada y me empieza a besarla. Me pasa la lengua por el clítoris, lo chupa. Me muerde. La verdad tenía experiencia en el tema y me estaba dando la mejor chupada de mi vida. Gemía de placer. Me retorcía. Sentía que iba a explotar. Logre mi primer orgasmo, del cual tomo todos mis jugos. Quede exhausta, temblando. Nunca sentí tanto placer.

    Se aleja de la cama y se dirige a un placard y saca una cajita y un pote de gel íntimo. Los deja a un costado. Me toma de la mano y me levanta de la cama. Nos volvimos a besar, mientras le quito la ropa. Moría por verle la pija, sentía que era de buen tamaño. Así que con los pantalones, le quite los calzoncillos, dejando esa hermosura a la vista. Era bastante grande. Se la empiezo a acariciar delicadamente. Le toco los huevos. Siento como goza de mis caricias y lo empiezo a pajear más intenso. Esta perdido del placer.

    En un momento me toma de la nuca y me hace arrodillar para que se la chupe. Comencé a darle besos suaves en la glande, en el tronco, pasaba mi lengua para humedecerla. Hasta que me la metí en la boca. Escucho un gemido de placer por eso y me vuelve tomar de la cabeza, y me empieza a coger en forma salvaje la boca. No podía respirar, me ahogaba, tenía arcadas. Pero el gozaba de eso y yo en cierta parte también. Cuando me suelta, veo que abre la cajita que había dejado, y saca un consolador. No era mucho más grade que su pija.

    —Chupa las dos, putita.

    Nunca había chupado un consolador, me daba asquito, porque no sabía si lo había usado antes, pero al instante de pensar eso, me lo mete en la boca.

    —Chupa, si te gusta. Además te las vas a comer enteras a las dos!!!

    Sentía que me lo metía con violencia en la boca y le gustaba. Después me dio su pija de nuevo para que la chupe. Así estuve un rato.

    Saca de la cajita un preservativo y se lo pone al consolador. Me levanta del piso y hace que me acueste de costado en la cama. Y me empieza a untar el gel en la cola y en la concha. Me mete un dedo en la cola para dilatarla, mientras con los otros dos sigue en mi conchita. Me gustaba la sensación y más me calentaba las cosas sucias que me decía al oído.

    Saco su mano, abrió mis nalgas, y puso su pija en la puerta de mi culito, y la fue metiendo lento. Sentía que estaba en el paraíso, me gusta el sexo anal y se dio cuenta. Levanta una de mis piernas y toma el consolador. Y de un golpe lo mete casi por completo. Grite del placer que sentí. Ser penetrada en los dos agujeros por un mismo hombre, nunca lo imagine.

    Encontró el ritmo entre las dos penetraciones. Tuve un gran orgasmo. Gemía de placer…

    —No pares… Seguí Ahhh ahhh!!!

    Él me decía…

    —Qué lindo culito tenés putita!!! Como coges de rico…

    Me quita el consolador de la concha y su pija. Me hace poner en cuatro, y me vuelve a clavar su pija en la conchita como un animal. Me coge en forma brutal. Gemimos los dos. Me pega nalgadas y me toma de la cintura para meterla más adentro aun. Me agarra de los pelos, me tira para atrás y me besa. Me vuelve nalguear. Estábamos los dos muy calientes. Hasta que sentí como me lleno de leche caliente, echándose en mi escalda, hasta que salió la última gota.

    Nos quedamos acostados un rato, pero las caricias seguían estando, los besos se hicieron más apasionados y el placer volvió a tomar el primer lugar.

    El me masturbo con sus manos. Que placer!!! Tuve dos orgasmos seguidos dado que se adueñó de mi clítoris. Estaba en las nubes. Llego el momento de darle placer a él. Lo hice acostar en la cama, boca arriba. Tome su pija, que a esa altura estaba bastante dura y se chupe en forma suave. Me encantaban los gemidos de placer. Me la metía los mas que podía en la boca. Lo pajeaba con la mano y le chupaba los huevos. Estaba nuevamente muy caliente, y me coloco en un riquísimo 69. Nos chupamos por un buen rato, yo acabe un su cara y me tome toda su leche dejándole a pija bien limpita.

    Nos fuimos a bañar y esa noche me quede con él. Pero sabía muy bien que no sería la única.

    Si te gusto mi relato, escribime: [email protected].