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  • Noche de pasión en Lisboa (X): Escarmentando a Ana Maria

    Noche de pasión en Lisboa (X): Escarmentando a Ana Maria

    Lo prometido es deuda, y hay que pagarla. Le he prometido a Marta un risotto de setas para que las pruebe y me encuentro, con su permiso, en la cocina con las manos en los fogones.

    Cuando he llegado a la quinta, el viernes a primera hora de la tarde, Amália no lo había hecho todavía. Yo sabía que hasta media tarde no lo haría, pero estaba mi cuñada, que se había quedado toda la semana, haciéndose cargo del negocio con las setas que habíamos comenzado el sábado anterior.

    Después del preceptivo saludo, acompañado del habitual roce descarado de su pecho contra el mío, sabiendo que me ponía en el disparadero, me informó de cómo había ido la semana y de los progresos que habíamos conseguido. Habían salido dos camiones más, uno el martes y otro esa mañana, con dirección a Italia y ahora la recolección iba más lenta, ya que habíamos clareado bastante la población de setas y debíamos ir seleccionando los tamaños. Aun así teníamos muy buenas perspectivas.

    Terminada la charla con Ana María, me dirigí a la cocina para saludar a Marta. Al llegar me informó de que esa semana habían dado una batida contra los jabalíes, y un cazador, trabajador de la quinta, nos había regalado una cinta de lomo. Le propuse a Marta prepararlo el sábado, junto con el risotto, para la hora de la comida. Así que lo primero que hicimos fue meterlo en una fuente, cubrirlo de vino tinto, añadirle una cebolla cortada bastamente, una rama de romero, seis dientes de ajo machacados sin pelar, y dos hojas de laurel. A continuación lo tapamos con film y lo pusimos en la nevera, a marinar.

    Poco después llegó Amália. Venía directamente desde su trabajo, y traía puesto el traje de hombre que le conocí en nuestro primer encuentro. Verla así, vestida de hombre, y con el tratamiento previo que me había dado mi cuñada, me subió todos los niveles de hormonas sexuales por las nubes. Nos besamos con pasión y la acompañé al dormitorio, donde iba a cambiarse de ropa.

    Mientras se mudaba, yo no paré de dificultarle la labor. La acaricié los pechos. Entre los muslos. La abracé por detrás, acariciándole el vientre. Hasta que me echó fuera del dormitorio, diciéndome que me esperase que no había tiempo para ponernos tiernos. Así que no me quedó más remedio que esperarme.

    Durante la cena, mi mujer me recordó que al día siguiente estábamos invitados a una cena baile en el Jockey Club en Lisboa, organizado por la Cámara de Comercio. Y que el sastre había dejado en su apartamento el esmoquin que me estaba confeccionando desde hacía dos meses, cuándo nos remitieron la invitación. Tarjetón que, al desconocer mi nombre, rezaba “Dona Amália S. y acompañante”. Evento al que también estaba invitada mi cuñada, Ana María.

    Al levantarme, he ido a la cocina a empezar a prepararlo todo y buscando entre el menaje, he conseguido una variopinta colección de cuchillos, el mejor de los cuales no sirve ni como espátula para dar yeso. Alguno todavía puede ser recuperable sacándole filo, pero otros lo mejor que puede hacerse con ellos es tirarlos para que no ocupen sitio. Rebuscando por toda la cocina he sido incapaz de encontrar una piedra de afilar. Por lo tanto, he decidido darle una sorpresa a Marta, y comprar un juego de cuchillos en condiciones. A tal efecto, ya que sé dónde hay un hipermercado, salgo para tomar mi coche, y al acercarme al salón, oigo una conversación entre Amália y su hermana. Al percibir que están hablando sobre mí, me quedo parado sin hacer ruido y oigo como Amália reprende a mi cuñada:

    – Ya deberías saber que no está interesado en ti. Además él también lo pasa muy mal. Sabes que eres una mujer muy apetecible, y Alfredo hace lo imposible por no faltarme al respeto. Como sigas por ese camino, voy a acabar por darle permiso, y luego vamos a tener un problema. No le tortures de esa manera. Él te quiere, pero tú debes entender que no es de piedra, y no se merece lo que le haces.

    – Yo ya sé que no voy a llegar a nada con él. Pero es que me gusta sentirme admirada, y los esfuerzos que hace para contenerse aún me hacen ser más insinuante con él. Cada vez que le veo, recuerdo la noche de tu cumpleaños y se me suben los calores. Y bueno… a mi edad, excitar a un hombre así me hace subir la autoestima. Además, para que mentir, también me hace gracia el ponerlo en el disparadero, sabiendo que no va a ocurrir nada. Aunque no ocurre nada porque él no quiere.

    – Pues procura terminar pronto con ese juego, porque si no me temo que vamos a tener un problema. Y yo no voy a culparle a él. Si ocurre algo, no pretendas que me ponga de tu parte.

    – Qué poco conoces a tu marido. Nunca va a ocurrir nada. Se necesita más que una insinuación para que pase la cosa a mayores.

    – Bueno, pues tú misma. Luego no vengas con llantos.

    Ya he oído lo suficiente. Ahora sé que juego se trae mi cuñada conmigo. Como no tengo intención de llegar a nada con ella, echo en el olvido la conversación. Y volviendo sobre mis pasos, salgo por la puerta de la cocina para dirigirme hacia el coche.

    En el hipermercado escojo un cepo de madera con un juego de cuchillos, curiosamente de una reputada marca española. Con el mango de hueso remachado y virola de bronce entre el recazo y el cabo. En la sección de ferretería me hago con una piedra de afilar de dos granos diferentes, suficiente para restaurar el filo de los cuchillos que aún se pueden aprovechar.

    Al dirigirme a la salida, paso por delante de un local en el que además de pequeños arreglos en zapatos, y duplicar llaves, tienen una máquina para grabar plaquitas para los buzones de correo. Entonces se me ocurre darle un toque personal a los cuchillos y pido que me hagan una plaquita que lleve grabado “Marta”, para ponerla sobre el cepo. Mientras están grabando la plaquita, se me ocurre además, que ya que las virolas son de bronce, si pueden, me gustaría grabar con el mismo tipo de letra, en cada una de ellas, el mismo nombre, personalizando así el juego de cuchillos. Me dicen que no representa ningún problema, pero que tardarán como cuarenta y cinco minutos en tenerlos listo. Abono el precio de las grabaciones y me voy a la cafetería del centro comercial para pasar el rato leyendo el diario y tomando un café. Cuando ha pasado el tiempo y recojo mi encargo, el empleado, viendo que la plaquita era para el cepo de madera, además de pegarla con el adhesivo incorporado, la ha asegurado con dos pequeños tornillos de latón. Repaso todo el conjunto y me gusta cómo ha quedado, así que me dirijo a la finca para empezar el cocinado.

    Cuando llego, está Marta comenzando a picar las hortalizas para preparar el guiso de jabalí. Marta cocina como un ama de casa normal y corriente, esto es, no utiliza tabla de corte, pica la verdura en la mano, directamente sobre la cazuela. Mientras está picando, me pregunta si he visto los cuchillos, porque no encuentra una serie de ellos y ayer cuando recogió la cocina está segura de que estaban en su sitio. Y hoy solamente ha encontrado los que yo creo que pueden ser recuperables. Le informo que los he tirado yo, dado que me parecían demasiado peligrosos para utilizarlos y que los que han quedado, los voy a afilar para que los utilice sin peligro. Entonces ella me dice que con los que quedan, malamente vamos a poder trocear el jabalí. En ese momento, haciendo un ademán de prestidigitador, saco de la bolsa en que lo traigo, el cepo con los cuchillos, y lo coloco en la encimera con la placa a la vista. Ella ve su nombre grabado en la placa, y casi con reverencia, gira el cepo dejando los mangos hacia nosotros, extrayendo una de las puntillas. Al tenerla en la mano, su pulgar roza la virola y nota que hay algo que interrumpe el pulido. Al ver su nombre en el cuchillo extrae uno por uno el resto, comprobando que todos están personalizados. Con gesto de sorpresa, me interpela:

    – ¿A qué se debe esto Dom Alfredo?, todo el juego con mi nombre grabado.

    – Son suyos, Marta. Así puede trabajar más cómoda. Son un regalo por cumplirme los caprichos cuando le pido algún plato especial.

    – Pero no era necesario, yo me apaño bien con los que tengo.

    – ¿No le gustan? Ahora no puedo devolverlos.

    – Claro que me gustan, nunca había tenido un juego así.

    – Entonces disfrútelos. Y no se preocupe, yo me encargo de tenerlos siempre con el filo a punto. Cuando llegue a la quinta, será lo primero que compruebe, antes de hacer cualquier cosa.

    – Pues muchas gracias. Los cuidaré con mimo, para que no se estropeen.

    En ese momento tomo conciencia de que si alguien tiene prisa por morir, no tiene más que coger uno de esos cuchillos sin permiso.

    Una vez hecho esto, comenzamos a cocinar a dúo. Busco una tabla de corte, y lo único que encuentro es una cosa minúscula con mango. Como he dicho Marta no utiliza la tabla prácticamente para nada. Hay que ponerle remedio también a esto.

    Busco a Amália y le pido que llame a Alipio, ya que yo no tengo el teléfono de nadie de la quinta (otra cosa a la que tendré que poner remedio). Esta también es zona de olivos, así que no será difícil hacerme con una tabla de esa madera en condiciones.

    Cuando contesta le pido que busque un carpintero que me haga una tabla de aproximadamente sesenta por cuarenta centímetros y cuatro de espesor, diciéndole para qué la quiero. Y que antes de traerla a la casa, que pase por el hipermercado y que graben una plaquita con el mismo tipo de letra, con el nombre de Marta y la aseguren en uno de los cantos largos de dicha tabla.

    Vuelvo a la cocina, y arreglándome con lo que hay, continúo con las labores. La cocina no es pequeña, pero al estar distribuida de forma que a Marta le resulte cómoda, dos personas cocinando se estorban entre ellas, así que durante un par de horas no paramos de rozarnos el uno contra el otro. Al estar concentrados en el trabajo, ninguno de nosotros se siente excitado de ninguna manera.

    Marta llama a Paulinha y le dice que vaya poniendo la mesa. Entonces yo le digo que ponga cinco cubiertos. A lo que Marta me pregunta si esperamos invitados. Yo le contesto que sí, que hoy tenemos dos personas más a comer.

    Cuando estamos sentados a la mesa, Marta y Paulinha traen la comida. Entonces yo le pido a Marta que se quite el delantal, y levantándome le aparto la silla para que se siente con nosotros. Paulinha, poco acostumbrada a que le retiren la silla, al ver que Marta se sienta, hace lo mismo en el sitio vacante, asumiendo que las dos personas a más, son ellas. Yo me siento a la cabecera de la mesa y dirigiéndome a Amália, digo:

    – Cariño, ahora que soy el patón de la quinta, me gustaría hacer algún cambio en la casa, si vosotras estáis de acuerdo. En el caso de que no haya que servir una comida con invitados, me gustaría que se terminase lo de comer separados, nosotros en el comedor y Marta y Paula en la cocina. Aunque cada uno tenemos nuestras funciones, al final, yo os considero a las cuatro como mi familia, y personalmente me agradaría mucho el comer juntos.

    – Yo no veo ningún inconveniente, al contrario – Dice Amália.

    – Yo tampoco. La verdad es que a nadie se le había ocurrido hasta ahora. Siempre se había hecho así – contesta Ana María – por nosotras está bien.

    – Perfecto entonces. A partir de hoy, las comidas se realizarán aquí, todos juntos. Marta, me he dado cuenta de que es usted los ojos y los oídos del personal de la quinta. Desde ahora, tendrá acceso de primera mano a lo que se decida en esta casa. Espero que me corresponda informándonos de cualquier queja que pueda existir, para solucionarlo lo más rápidamente.

    – Muchas gracias por la confianza. Tenga por seguro que así lo haremos – Me contesta con un punto de emoción en la voz.

    – Y a ti, ahora que tienes un “no muy novio”, quiero tenerte cerca y atarte corto – Digo dirigiéndome a Paulinha con una sonrisa.

    – Tonto Vovô – Me contesta ella, sonrojándose y bajando los ojos.

    Cuando terminamos con el risotto, Marta va a la cocina a por el jabalí, yo la acompaño para traer una botella de tinto que tengo aireando. Cuando estamos solos, Me pone una mano en la mejilla y me besa en los labios, diciendo:

    – No se equivoque, ya sabe.

    – Si, Marta, ya sé. No se preocupe. Pero piense que tres besos en los labios equivalen a medio polvete. Y este es el cuarto. – Le digo en son de broma.

    Entonces ella, poniendo su mano en mi mejilla, me da otros dos besos seguidos en los labios, al tiempo que me dice:

    – No me gusta quedarme a medias. ¿Y a usted?

    – A mí tampoco Marta, pero puedo hacerme ilusiones. Tenga cuidado.

    – Dom Alfredo, no tengo miedo. Si usted quisiese, en esta casa tendría más de una mujer. Aunque no se haya dado cuenta. Son cosas que una mujer nota. Así que, o tiene usted mucho aguante, o es tonto. Y lo segundo me cuesta creerlo.

    – Eso es algo que le agradecería infinitamente que no saliese de esta casa.

    – No se preocupe. Hay cosas que no tienen por qué saberse en la quinta.

    – Gracias, Marta.

    – No tiene por qué darlas.

    Al terminar de comer nos trasladamos a Lisboa directamente, he de dejar a Ana María en su casa y luego dirigirme al apartamento de Amália, en el que tenemos nuestra ropa, para prepararnos para el baile de esta noche.

    Cuando estamos listos para el evento, salimos de casa para recoger a Ana María. Yo visto el esmoquin que me han confeccionado y Amália lleva un vestido de coctel color rojo, con la falda tubo y un corte central por detrás, cuatro dedos por encima de las rodillas. Por arriba rodea su cuello, dejando un discreto escote por delante y la espalda desnuda hasta casi la banda horizontal del sostén. Su melena suelta, según su costumbre. Y como joyas, su reloj con pulsera de oro, su anillo de brillante y los pendientes de perlas que ya luciera en otras ocasiones. Sobre el hombro izquierdo se ha puesto una gardenia. No lleva perfume, pero la fragancia del Jazmín del Cabo la envuelve en un aura invisible.

    Al ir a recoger a Ana María todavía no estaba preparada, así que aparqué y subimos a su casa mientras terminaba de arreglarse. Salió a recibirnos a la puerta, vestida con una bata larga de seda y nos dijo que nos pusiésemos cómodos mientras terminaba de vestirse.

    Poco tiempo después, viene y me pide ayuda para coger una caja en su armario, que necesita para vestirse y dice que no la alcanza. La acompaño a su dormitorio, y cuando veo lo que me está pidiendo se me encienden las alarmas. Solamente con ponerse de puntillas y estirarse un poco, alcanza perfectamente para coger lo que quiere. Sin ningún esfuerzo, tomo la caja y al girarme para dársela, me encuentro con ella frente a mí con la bata abierta, como por descuido. Está vestida solamente con una escueta braga transparente, a través de la cual veo perfectamente el vello púbico pulcramente recortado, además de su pecho desnudo y el resto de su cuerpo. Cuando le doy la caja me besa en la mejilla, agradeciéndome la ayuda, pero al mismo tiempo arrima descaradamente su cuerpo al mío.

    Así que esas tenemos. Bueno, a este juego pueden jugar dos. Y con dos es más divertido.

    Sin darle tiempo a que se retire, la enlazo por la cintura con mi brazo derecho mientras mi mano izquierda le agarra su pecho derecho, apretándolo suavemente y acariciándolo al tiempo que juego con el pezón. Mientras la beso en el hueco entre el cuello y el hombro, la empujo suavemente contra la pared, y una vez allí, tomo su otro pecho y me dedico a sobarle, besarle y chuparle ambos pechos. Ante esto, ella comienza a gemir, y apoyada como está contra la pared, abre las piernas. En ese momento, yo bajo una mano e introduciéndola por la parte superior de la braga, comienzo a masturbarla, apretándole el clítoris con dos dedos y pasando mi mano a lo largo de su sexo. Sus gemidos aumentan en intensidad y su respiración comienza a entrecortarse. Noto mi mano mojada por toda la humedad de su excitación y la llevo al punto en que con dos caricias más tendrá un orgasmo. En ese momento, retirándome, le digo:

    – Es mejor que lo dejemos aquí. Tu hermana tiene que estar preguntándose qué estamos haciendo y puede sospechar.

    – ¿Me vas a dejar así? Estoy a punto de correrme. Termíname lo que has empezado que estoy ardiendo.

    – No me gusta calentar lo que no me voy a comer, pero tengo que ir con Amália, no quiero tener problemas con ella – Digo dirigiéndome hacia dónde está mi mujer.

    – Cabrónnnnn.

    Cuando Amália me ve llegar, observa que llevo una erección imposible de disimular y me interroga con la mirada. Yo le hago un gesto de “no tiene importancia” y mientras me siento en un sofá, enciendo un cigarrillo para calmarme. Mi esposa, como conoce a su hermana, supone que me ha hecho alguna jugarreta de las suyas para divertirse un rato y no le da más importancia al asunto. No obstante, veo en su cara un rictus de contrariedad, y sé que en cuanto tenga un momento, va a volver a llamarla al orden.

    Momentos después Ana María se une a nosotros vestida para la ocasión. Es digna hermana de mi esposa. Viene vestida con un palabra de honor de color gris perla, cuya falda tiene el corte con un poco de vuelo. Trae el cuello ceñido con una gargantilla de cuatro hilos de perlas y perlas en los pendientes, así como en el único anillo que luce como joyas.

    Y aquí tengo que hacer un inciso. Cualquier vestido sin hombros no es un palabra de honor. Un chafa-tetas o un estruja-sobacos no son un palabra de honor. Tampoco existe esa denominación para un escote delantero, aunque los presuntos gurús de la moda se empeñen en decirlo. El palabra de honor es el súmmun de la corsetería. Es una obra de ingeniería que mediante la armadura de un corsé especial, lleva todo el peso del montaje a la cadera. De hecho, un palabra de honor “de verdad” no tiene espalda. Desde prácticamente la primera vértebra lumbar hacia arriba, la espalda queda totalmente desnuda. Y se llama así, porque al igual que la Palabra de Honor, se mantiene por sí solo, sin garantías adicionales, independientemente del tamaño del busto de la señora que lo porte. Obviamente, una mujer no puede entrar en una tienda seria y pedir que le vendan un palabra de honor. Sencillamente le dirán que no tienen. Ha de ser cortado y montado con las medidas precisas de la usuaria final.

    Cuando llegamos al local donde se celebrará la cena-baile, nos indican la mesa en la que nos vamos a sentar, y observo que han tenido en cuenta que Ana María no tiene acompañante masculino, y le han asignado uno de los que no tienen pareja femenina. Durante el trayecto hasta aquí, mi cuñada ha permanecido silenciosa en el coche, contestándole al intento de conversación de Amália prácticamente con monosílabos y poco más.

    Hechas las presentaciones, y mientras charlamos durante la cena, me dedico a observar al resto de los asistentes. Aquí hay dinero de todos los pelajes. Desde el que todavía guarda rastros del aroma a cáñamo y brea de los cordajes de los veleros, hasta el que no huele absolutamente a nada porque nunca ha sido impreso en un billete, circulando por redes electrónicas de información durante toda su vida.

    Del mismo modo, el dinero no da la elegancia. En ellos se nota en como visten el esmoquin. Desde el que parece que ha nacido y ha sido bautizado con él, hasta el que se nota que le queda grande, aunque lo lleve tan estrecho, porque lo marca la moda, que si suspira, mata a alguien de un botonazo. En ellas, igual. Desde la que va correctamente vestida, hasta la que no ha comprendido todavía que la diferencia entre la elegancia y la ordinariez, a veces se mide en dos centímetros de tela de más o de menos.

    Cuando comienza el baile, Amália y yo nos dirigimos a la pista, mientras que el acompañante de Ana María hace lo propio con ella. Bailamos varias piezas y sabiendo que mi cuñada es una mujer libre, se ve solicitada por varios caballeros para bailar durante la noche. En un momento determinado, la hermana de mi esposa se nos acerca y dirigiéndose a mí me pregunta:

    – Alfredo ¿no me vas a sacar a bailar ni siquiera una pieza?

    – Pues claro que sí, cuñada. A ti no te importa ¿verdad cariño? – digo dirigiéndome a Amália.

    – Por supuesto que no. No seáis bobos, bailad.

    Entonces, el acompañante de Ana María, a su vez, saca a bailar a mi esposa y nos dirigimos hacia la pista. Cuando estamos abrazados bailando, mi cuñada arrimándose bien a mi pecho y frotándose contra mí, me interpela:

    – ¿No vas a acabar lo que empezaste? Estoy totalmente mojada desde que me tuviste en mi dormitorio. Me subo por las paredes con la calentura que llevo.

    – Yo no puedo hacer nada, Ana María. Estoy con tu hermana. Aprovecha que tienes un montón de hombres pendientes de ti esta noche. Estás arrebatadora y no vas a tener ningún problema para terminar bien la velada.

    – No seas cabrón. Sabes que no puedo irme con el primero que se me presente. Aquí me conoce todo el mundo. Solo tú me ofreces la discreción que necesito. Solamente con bailar contigo estoy notando como me voy mojando más a cada momento.

    – Cuñadita, sin permiso de tu hermana, yo no puedo ir a más. Habla con ella. Y si nos da permiso, no tengo problema.

    – Sabes que Amália no nos va a dar permiso y en este momento, si me lo pides, nos vamos a un rincón apartado y haces de mí lo que quieras. Fíjate como me tienes.

    – Lo siento, pero no me pertenezco. No puedo ir a más. Y tú lo sabes.

    – ¿Sabes? Eres un cabronazo. Te odio.

    – Yo también te quiero, Ana María.

    La pieza terminó y volvimos a juntarnos las parejas. El rostro de mi cuñada era un poema, tenía subidos los colores y se mordía nerviosamente el labio inferior, al tiempo que las manos las llevaba a la nuca nerviosamente. En este momento, con un leve roce, tendría que sujetarla para que no se fuese al suelo con las convulsiones del orgasmo. En cierto modo hasta me daba algo de pena. Pero tenía que escarmentarla para que dejase de calentarme a mí.

    Cuando volvimos a bailar, Amália, que de tonta tiene lo justito, aprovechó para interpelarme:

    – Alfredo, dime que te ha pasado con mi hermana, y no me digas que no pasa nada, porque entonces la vamos a tener gorda.

    – Realmente no ha pasado casi nada. Algo sí, que espero me perdones, pero de alguna forma tengo que escarmentarla para que deje de buscarme las vueltas – Y le conté lo que había pasado en el dormitorio.

    – ¿Y la has dejado así sin terminar? ¿Y lleva caliente desde que salimos de casa?

    – Sí, lo siento. Le he dicho que si quiere que la termine que te pida permiso a ti.

    – Pues puede esperar sentada a que se lo dé. Le está bien empleado. Por falta de avisarla no ha sido. – Yo me cuidé muy mucho de decirle lo que había oído esta mañana en la quinta.

    – Pues ya ves. Ahora ya sabes el por qué está como está. Y como vuelva a insinuarse, le voy a repetir el tratamiento, así que date por enterada.

    – No me voy a enfadar por eso. Aunque luego voy a ser yo la que pague las consecuencias, como las hubiese pagado hoy si no tuviésemos que venir a la cena ¿verdad?.

    – Bueno, entre lo que pasó con ella, y el tiempo que llevo bailando contigo, algo tendrás que hacer para bajarme a mí la calentura, jejejeje.

    – Pues sigamos bailando, que yo también me noto dispuesta – Dijo besándome en los labios.

    Terminado el baile, en compañía de mis dos mujeres, nos dirigimos hacia la casa de Ana María para dejarla y seguir camino hacia el apartamento de Amália. Mi cuñada aún hace un último intento, la pobre va más caliente que el pico de una plancha:

    – La verdad es que después de cómo lo hemos pasado, no me apetece dormir sola en mi casa. Podríais quedaros en mi casa, a dormir, o podría ir yo la vuestra. ¿Qué os parece?

    – Que va a ser mejor para todos que duermas solita en tu casa, hermanita.

    – Pero que más os dará. Así me hacéis compañía

    – Otro día, Ana. Tengamos la fiesta en paz – Dice Amália.

    Miro por el espejo retrovisor y veo que Ana María está seria, haciendo pucheros en el asiento posterior de coche.

    Cuando llegamos, bajo para acompañarla al portal, y al pedirle la llave para abrirlo, me dice que la acompañe hasta la puerta de su piso. Le aviso a Amália que voy a subir con su hermana y que bajo inmediatamente. Amália me pide que la deje y que baje.

    Al llegar a su puerta, abre y hace un último intento:

    – Alfredo, por favor te lo pido, termíname que ya no puedo con la calentura. No te pido que te acuestes conmigo, pero acábame de alguna manera, por favor. Te juro que no vuelvo a excitarte a propósito.

    Me da pena que se quede así, y decido ayudarla. Espero que haya aprendido la lección y no vuelva a insinuárseme.

    Entramos en su piso y arrimándola contra la pared, le bajo la braga hasta medio muslo. La abrazo por la cintura con un brazo, y al tiempo que le doy un beso en la boca, bajo mi mano derecha y la meto entre sus piernas. Está completamente mojada por el deseo. A la tercera caricia sobre su sexo comienza a encadenar una serie de orgasmos seguidos, que me obligan a sujetarla por la cintura porque se está desmadejando en mis brazos. Me ha durado menos de tres minutos. Cuando saco mi mano, la tengo completamente encharcada de su flujo. Con el pañuelo, me seco la mano y dejo el pañuelo encima del mueble donde acostumbramos a dejar las llaves, está completamente pringoso y huele a hembra desde Oporto. Dándole un beso en la mejilla, me despido de ella hasta el día siguiente. Cuando me voy, ella aún está recuperándose de la cadena de orgasmos que le he provocado.

    Al entrar en el coche, Amália, me coge la mano derecha y la lleva a su cara, oliéndola y preguntándome a continuación:

    – ¿Qué has hecho? Hueles a hembra en celo sin necesidad de acercarme a ti.

    – Lo siento, cariño. Al final me ha dado pena y la he terminado con un par de caricias. La pobre iba tan caliente que ha encadenado una serie de orgasmos casi sin tocarla. Por poco tienes que subir tú a ayudarme a levantarla del suelo. Ha quedado como un muñeco de trapo. Ha jurado que no va a volver a excitarme. A ver si es verdad.

    – ¿No hubo nada más que unas caricias?

    – No, Amália, solo unas caricias. Si hubiese necesitado más sabes que se hubiese quedado con el calentón. Pero creí que como escarmiento ya era suficiente.

    – Te creo porque sé lo que te ha hecho pasar. Esperemos que no se repita.

    – Cielo, como me vuelva a jugar una pasada de las suyas, te aviso que le voy a repetir el tratamiento, y entonces se va a quedar con el calentón a cuestas.

    Ya en el piso de Amália, en el salón, comenzamos a besarnos. Amália se apartó de mí y se sacó la braga sin quitarse el vestido. Al tenerla en la mano la engruñó diciéndome:

    – Yo también estoy muy caliente. Esta braga está para retorcerla. Saber que has estado con mi hermana me ha puesto a mí en el disparadero. Ahora te toca satisfacerme y no se te ocurra dejarme a medias. – Esto último me lo dice sonriendo.

    Entonces, tomándola de la cintura la subí en la mesa del comedor, y ahí mismo comencé a hacerle el amor. Supongo que no debió tener queja del tratamiento.

    Por la mañana, desperté con su espalda contra mi pecho, una mano en uno de sus pechos y la otra aprisionada entre sus piernas, cubriendo su sexo. Variación que no habíamos hecho nunca. No sé en qué momento de la noche ni quién de nosotros bajó mi mano a su entrepierna, pero me gusta la variante.

    Durante el acto sexual tuvimos un accidente, más por falta de previsión que por otra cosa, y el vestido que llevaba mi esposa tendrá que pasar por la lavandería.

    CONTINUARA. Espero que les haya gustado y aguardo sus comentarios, a favor o en contra.

  • Mi prima Claudia (Parte 6)

    Mi prima Claudia (Parte 6)

    Esa tarde del 3 de enero mi amigo llegó a eso de las 18 horas, más temprano de lo que esperábamos, ya que estábamos a minutos de tener un nuevo encuentro sexual. Nos saludamos, charlamos un rato y tomamos unos mates antes de irnos.

    Mi amigo era homosexual y estaba en pareja. Mientras hablábamos, Claudia fue a preparar sus cosas y a cambiarse de ropa para irnos a casa, al salir todos quedamos impactados… Claudia estaba por demás hermosa, su cabellito suelto, su carita redonda parecía más aniñada, su piel blanca levemente bronceadita, sus ojitos dulces maquillados, su tierna sonrisa, sus labios carnosos maquillados con un rouge rojo brillante y excitante, una camisita blanca de mangas cortas, fruncida a sus brazos, desprendido de manera insinuante los dos primeros botones, su camisa levemente entallada insinuaban los 95 cm de su busto, llevaba una minifalda de fondo blanco con un estampado de pequeñas y tupidas florcitas en rojo tenue y celeste, entallada en su cintura y caderas mostrando seductora su colita parada y luego acampanada deteniéndose a unos 10 cm por encima de sus rodillas, mostrando sus piernas que eran resaltadas por unos zapatos abiertos con tiritas de cuero, plataforma de corcho y tacos muy altos, demostrándome en toda su plenitud y junto a su manera de ser porque estaba perdidamente enamorado de ella.

    No necesito nada para que Dani comprendiese lo que pasaba entre nosotros, después de felicitarnos dijo:

    D- Chicos eligieron un camino sinuoso ríspido y áspero, cuando sus padres lo sepan van a tener que luchar con uñas y dientes por defender ese amor que los une, pero si se quieren como parece, peleen, no se entreguen, no se den por vencidos, y no duden en pedirme consejo…

    Nos fuimos, tardamos algo más de media hora en llegar, varias veces estuve a punto de desviar mi camino hacia algún hotel alojamiento, pero Claudia no quería, sus palabras fueron:

    C- No quiero ir a un hotel, quiero hacerlo en nuestras casas, quiero que esas paredes sean testigo de nuestro amor.

    Cuando llegamos a casa algunos de quienes se cruzaron nos vieron tomados de la mano y haciéndonos arrumacos, el cambio era evidente en lo que se daba con Claudia, lo que nadie sabía era la relación fraternal que nos unía.

    Fuimos a mi departamento, apenas cerramos la puerta nos abrazamos y nos besamos con pasión durante largos minutos, luego nos detuvimos, nos miramos a los ojos y dije:

    G- Estos días, vivimos un corto y hermoso noviazgo, pero jamás sentí tanto amor por alguien como el que siento por vos, por eso quiero saber si queres ser mi esposa

    C- Ay Gaby… claro que quiero ser tu esposa, sé que lo nuestro no va a ser fácil, cuando nuestros padres se enteren seguramente lo nuestro sea un camino difícil, pero estoy dispuesta a transitarlo con vos, junto a Vale y a los hijos que vendrán… ¡¡¡Te amooo!!!

    Nuestros labios se unieron en una vorágine de ardiente pasión, mis manos se depositaron en su cola y mientras acariciaba sus nalgas su lengua se introdujo en mi boca, y entre besos y caricias fuimos hasta la habitación.

    Ahí nos fuimos quitando la ropa, ella se quitó su camisa; sus senos redondos y firmes asomaban bajo su diminuto corpiño blanco, sus pezones se marcaban en él erectos y duros, sus manos fueron a su minifalda y jugueteó con la cintura de ella que era elastizada en una especie de striptease y poco a poco la fue bajando dejando su cuerpo al descubierto, llevaba una diminuta bombachita con cola-less blanca haciendo juego con su corpiño. Giró para dejar la pollera sobre una silla y disfruté viendo el empalme casi perfecto de sus piernas y sus nalgas.

    Yo me acerque por detrás, la tomé por el vientre y comencé a besarle y chuponearle su cuello, y apoyé mi pene endurecido contra su cola, así de espaldas desprendí su corpiño y acaricié sus senos diciéndole

    G- Sos lo más hermoso y dulce que tuve en mis brazos, te amo

    Caímos en la cama, ella quedó sobre mí, sentí sus senos duros, sus pezones erguidos sobre mi pecho, luego los deslizó por mi pecho hasta quedar arrodillada en el piso a los pies de la cama, bajó mi slip, mi pene estaba completamente erguido, entonces lo sostuvo contra mi vientre con una de sus manos, su lengua ardiente fue recorriendo mis testículos y subió por el tronco de mi pene erecto lentamente lo recorrió con su lengua hasta llegar a mi glande, deslizó su lengua por él, luego lo beso y lamió por varios segundos, para luego introducirlo en su boca y comenzó a succionarlo, yo me sentía en otro mundo, hacia esfuerzos por no acabar, luego con voz entrecortada dijo:

    C- No te contengas más… no me voy parar hasta que acabes en mi boca

    Volvió a introducirlo en su boca y no se detuvo en su succión hasta que mi pene explotó lanzando en su garganta ese semen tan deseado, y fue saboreando cada gota de él luego de ello se levantó y fue a enjuagarse la boca.

    Volvió y antes de acostarse a mi lado bajó su bombachita, que era lo único que me impedía disfrutar por completo de su perfecto cuerpo, luego se acurrucó a mi lado, la abrase y le dije cuanto la amaba, luego me coloque encima de ella, nos besamos, mis manos acariciaban sus senos, sus pezones se pusieron rígidos, mis labios tomaron contacto con ellos, los lamí, los bese, los chuponee, Claudia gemía y se revolcaba en la cama, luego baje deslizando mi lengua por su tórax y besándolo, ella no paraba de gemir y de gritar, así hasta llegar a su pequeña bombacha, la fui bajando muy lentamente y mientras lo hacía besaba su cuerpo en dirección a su conchita.

    Cuando bajé totalmente su bombacha mi boca besó su concha, lamí sus labios vaginales, para luego abrir sus labios vaginales e introducir mi lengua en ella, un grito muy profundo de placer nació de su boca, al tiempo que gemía y se revolcaba en la cama y decía casi de manera suplicante

    C- Me encanta amor… pero ya no soporto más… quiero que me cojas

    Mi pene erecto comenzó a jugar en las puertas de su vagina, ella gemía, gritaba se sacudía en la cama suplicando que la penetrase. Luego de jugar con ella en la puerta de su vagina, mi pene excitado por demás empezó a avanzar, al hacerlo un profundo grito de placer partió de su boca, y continué avanzado dentro de ella y su cuerpo comenzó a agitarse, a convulsionarse cuando ella se estremeció entregando su primer orgasmo. Deje mi pene quieto dentro de su vagina, la besé en la boca con pasión, sentía como sus labios vaginales vibraban por ese hermoso momento de placer.

    Cuando se calmó continué deslizando mi pene en su vagina, recorriéndola, sintiendo su lubricación y vibrando ambos, aceleré el ritmo, por momentos me detenía intentando prolongar ese momento crucial, hasta sentir que no podía más, se lo hice saber, segundos después mi pene explotó con furia lanzando en su interior la calidez de esa eyaculación tan deseada, su cuerpo volvió a agitarse y convulsionarse con un nuevo orgasmo, mientras nuestras bocas se unieron con desesperación acallando y ahogando en parte los gemidos y gritos

    Nos habíamos calmado, nos besábamos, nos acariciábamos, cada beso, cada caricia, disfrutar su cuerpo era sublime y entre los dos había nacido una pasión enloquecedora que iba más allá de la cama.

    Nos besamos durante largos minutos, ella sintió mi pene endurecerse. Luego se colocó de costado, yo pase mi mano por debajo de su cuerpo, tomé con mis manos sus senos y comencé a besar su oreja, luego y fui besando con pequeños chupones su cuello evitando dejarle marcas en él, Claudia comenzó a excitarse cada vez más se, su boca gemía y gritaba a la vez. Claudia se colocó en la cama boca abajo, acaricié su espalda, mientras mis ojos se deleitaban viendo sus nalgas, tenía una cola aterciopelada, paradita…

    Comencé a besar y recorrer con caricias su espalda, hasta llegar a su cintura, su boca daba suaves alaridos de placer, mis manos vibraban al disfrutar de su piel y de su belleza.

    Bajé por su cuerpo y mis manos comenzaron a recorrer sus piernas de una perfección increíble, mis manos se deslizaron por ellas acariciándolas, disfrutándolas, y mi boca y mi lengua las recorrieron trepando por ellas desde las rodillas, ambos volvíamos a estar muy excitados.

    Así llegue a la zona de empalme de sus piernas y sus nalgas, mi lengua se deslizó por cada una de ellas, mi boca besaba sus nalgas redondas, paraditas, las besé y chuponee delicadamente, disfrutaba el contacto con su piel suave y tersa, ella gemía, gritaba, su cuerpo se agitaba y se sacudía sobre la cama.

    Entonces me acosté sobre ella, con mi pene endurecido y súper excitado, me extendí sobre ella y nuestras bocas con desesperación se besaron, con pasión durante varios minutos, y dije:

    G- Estoy loco por vos, te deseo

    C- Yo también… apenas me tocas, apenas me acaricias me pongo como una brasa

    G- Querés seguir cogiendo.

    C- Siii….me volví adicta a vos, tus besos en mi cola me enloquecieron

    G- ¿Querés que te la haga de nuevo?

    C- Si mi amor, es lo que más deseo en este momento, quiero disfrutarlo sin miedo

    Volví a besar su boca, su cuello a acariciar sus senos, sus pezones hinchados, me incorporé un tanto de su cuerpo, ella hizo lo mismo sin dejar que su cola dejase de tener contacto con mi pene erguido mientras nuestras bocas seguían besándose.

    Me arrodille sobre la cama ella se quedó en cuarto patas, una de mis manos acariciaba su cuello, la otra estaba en su cadera y ambos acomodados para esa tan ansiada penetración. Cuando sintió mi pene en las puertas de su ano, ella giró su cabeza y me miró, entrecerró los ojos y gimió profundamente llenando de pasión y ardor la habitación.

    Entonces poco a poco fui entrando en su cuerpo gozando ese sublime instante de poseernos mutuamente, ambos gemíamos, y poco a poco fui penetrándola hasta entregárselo por completo y lentamente. Durante varios minutos fui recorriendo su ano acelerando mis movimientos, retrocediendo y avanzando en ella sintiendo que mi pene estaba a punto de estallar entonces lo introduje lo más que pude en ella, mis manos aferraron sus caderas ya se me dificultaba contenerme y sentí mi pene eyacular, lanzando en el interior del cuerpo de Claudia mi semen, ella gimió profundamente, su cuerpo comenzó a convulsionarse violentamente, mis manos fueron a su vagina la acaricié disfrutando sus vibraciones y sus labios mojados por el orgasmo, nuestros cuerpos permanecieron así unidos, hasta que mi pene perdió su rigidez saliendo de su cola.

    Luego nuestros cuerpos cayeron en la cama ahora con Claudia boca arriba y nuestras bocas se unieron en un prolongado y apasionado beso, luego de varios minutos así ella dijo:

    C- No puedo y no quiero vivir sin vos, siempre soñé con mi príncipe azul, y ahora que lo encontré soy la mujer más feliz del mundo

    G- Nunca nadie nos vamos a separar, va a ser difícil pero juntos vamos a lograrlo, espero que Vale acepte lo nuestro…

    C- Espero que lo entienda. Me voy a duchar y tenemos que comprar algo para la cena

    G- Pedimos una pizza, mañana vamos al súper

    Mientras estuvimos solos Claudia y yo, todo siguió igual, nos hicimos algunas escapadas de fin de semana para ver a Vale y en la semana nuestro amor se fue afianzando y consolidando cada día más. Cuando Vale volvió de sus vacaciones, nos cuidamos en que ella nos viese pero a pesar de esos cuidados ella fui la primera en descubrirnos, nos estábamos besando en el living cuando ella nos vio… al principio no sabíamos qué hacer ni que decir, pero para sorpresa nuestra ella aceptó lo nuestro, estaba feliz y enseguida me llamo “Pa”, le pedimos que mantuviese el secreto que nosotros buscaríamos el momento para decirles a nuestros, “padres-tíos-suegros” lo nuestro.

    Pero contarlo se nos hacía problemático, no encontrábamos el momento para plantear la situación hasta que Vale sin querer me llamó “Pa” delante de nuestras madres y ahí contamos todo… por supuesto como lo preveíamos nadie lo acepto, salvo la pareja de mi madre, hubo discusiones, peleas y unas cuantas cosas más.

    Luego de dos meses mi madre con su pareja volvieron a casa, ella convencida por él aceptó lo nuestro, tiempo después fue la mamá de Claudia la que se acercó, el padre de Claudia llegó a nuestra casa después llegó acompañado por el resto de la familia y poco a poco la relación se restableció. Al principio esa relación era un tanto fría, pero con el tiempo fue cuasi normal.

    Hoy pasaron un poco más de 8 años desde que Claudia y yo empezamos esta relación, una relación que ambos sabemos fue la mejor decisión que pudimos haber tomado, el amor entre ambos es infinito, no podemos estar el uno sin el otro, Vale crece feliz al lado nuestro, y ahora sentimos que estamos poniendo a nuestro amor la frutilla del postre… hace una semana nos confirmaron un nuevo embarazo de Claudia, y nuestro segundo hijo… la familia se afianza y crece y creo que es el final de mi relación con todos ustedes… muchas gracias por todo.

  • Noche de pasión en Lisboa (Prólogo atrasado)

    Noche de pasión en Lisboa (Prólogo atrasado)

    Ante todo, quiero mostrar mi agradecimiento a todos los que me han leído, me han comentado, y a los que me han dado una valoración de mis entregas. Ya que si bien a los comentarios he respondido, me es imposible saber quién ha valorado los relatos. Vaya pues, desde aquí mi agradecimiento para todos ellos.

    Aunque no me crean, es la primera vez que escribo algún tipo de relato. Pues siendo lector ávido, nunca había tomado la pluma para poner negro sobre blanco ninguna de mis ideas. Excepción hecha de los trabajos de redacción escolares. Y ya hace muchos años de eso.

    Después de leer durante una temporada relatos de otras personas en otra página, escritos de muy diversa manera, y con estilos diversos (alguno de los cuales, honradamente no fui capaz de entender), se me ocurrió que podría intentarlo, solamente como ejercicio de diversión. Y me dispuse a escribir “Noche de pasión en Lisboa”. Lo que en principio sería un solo relato, y ahí moriría el ejercicio.

    A tal fin, ideé una trama creíble, en la que un hombre y una mujer, a partir de un encuentro totalmente fortuito, y sin dobles intenciones, terminasen en la cama, y decidí situar la acción en la zona de Lisboa, ciudad que conozco y que me permitiría ubicar bastante bien la trama del relato. Al mismo tiempo creé los personajes de Alfredo y Amália.

    Debo dejar bien claro que todos los personajes que aparecen en el relato, así como las situaciones descritas, son puramente fruto de mi invención. Lo aclaro porque algunas personas en sus comentarios asumieron que era un relato de algo que me había ocurrido en realidad, y no es así.

    Alfredo debería ser un hombre maduro, con estilo y educación esmerada, al tiempo que debería tener algún tipo de trabajo que le permitiese una cierta libertad de horarios, así como una capacidad económica cómoda, para asumir sin pensarlo, una cena de cierto nivel para dos personas.

    Amália debería ser una mujer, también madura, capaz de aquilatar las intenciones de un individuo que se presentase ante ella, y comprender que se trataba de una necesidad y no de un flirteo. Así que cree a una mujer de mundo, elegante y sofisticada, muy segura de sí misma, y mi primera opción fue vestirla con un traje de caballero.

    Las descripciones pormenorizadas del vestuario, así como de las actitudes, iban encaminadas a redondear los personajes.

    Así fue como nació la primera, y yo creía que única, entrega de esta serie.

    Cuando comencé a recibir comentarios sobre lo escrito, comprobé que bastantes de ellos, eran de personas argentinas y se me ocurrió que ya que habían tenido la deferencia de tomarse la molestia de comentar, y dado que me gusta el tango, podría hacer una segunda entrega y hacerles un homenaje describiendo una tarde de milonga. Y como no se me ocurrió como titularla, tiré por el camino cómodo y apareció el primer capítulo con ordinal (en la entrega original de la serie, la primera entrega no tenía ordinal).

    Ante la buena acogida que habían tenido los dos relatos anteriores, según los comentarios recibidos, tanto por la página, como a través de mi correo electrónico. Días después se me ocurrió otra situación que podría ser creíble y pergeñé la tercera entrega, que sin pensarlo fue enredándose hasta la sexta. Observará el lector que los finales de algunas entregas tienen saltos hacia adelante, como sí ya no hubiese continuación al relato. En estas entregas aparecieron personajes secundarios, con más o menos protagonismo y de los cuales fui redondeando la descripción, como en el caso de Paulinha.

    Durante la escritura de la serie, me he ido encontrando con problemas que reconozco, no he sabido resolver correctamente.

    Uno de los principales es que en mi cabeza, y dado que hablo portugués a nivel nativo, los diálogos se desarrollan en portugués. Hay situaciones en las que mi falta de pericia me ha impedido transmitir en la traducción la ternura o el sentido real que tienen. Así que lo he resuelto dejando la conversación en portugués, traduciendo al lado, lo más fielmente que he sabido, cada frase. Pero como digo, la traducción no hace justicia a lo que se dice en la parte en el idioma original. Así que, por lo menos en beneficio de aquellos lectores que hablen el idioma, lo he dejado para que puedan tener el sentido de lo que acontece en esa escena. En el resto de las frases, obviamente, en español quedan suficientemente claras.

    Como aclaración, el término “Vovô” que traduzco literalmente por “abuelito”, realmente no es así, es un diminutivo muy cariñoso e íntimo, del cual no he sabido encontrar un genérico español que tenga la misma carga emocional. Posiblemente “yayo” o “nono” podrían dar una idea más aproximada, pero no son de uso general en nuestra lengua. Así mismo la frase “Minha nena” que traducido literalmente sería “mi niña”, sería el tratamiento cariñoso que daría un abuelo a su nieta querida.

    Las escenas que más me han costado describir, son las sexuales. Así como la descripción de lugares y situaciones me fluyen conforme voy escribiendo, sin ningún trabajo, las escenas de contenido sexual se me hacen cuesta arriba. Has de reconocer, querido lector, que el repertorio es muy limitado. Además, dado el estilo de narración de la serie, descripciones del tipo “abriéndole el culo se la metí hasta las anginas”, no tienen sentido. Y ciñendo el acto sexual siempre a las dos mismas personas, se convierte en una repetición necesaria de descripciones. Tan difícil me resulta, que la única vez que aparece un trio… cierro la puerta. Por tal motivo, he decidido que la actividad sexual se limite a lo que yo pueda relatar y no tomármelo como una obligación en el texto.

    Y curiosamente, la escena que más me ha costado escribir, a pesar de estar escrita de una tirada y sin corregir, ha sido la conversación que Alfredo tendrá en el futuro con Paulinha. He tardado casi cuatro horas en poder terminar de escribirla. En mi cabeza, y en portugués, la escena apareció en segundos, pero según la estaba reflejando en el texto, los ojos se me anegaban con la emoción y tuve que dejar de escribir tres o cuatro veces, continuando con el relato y al fin, pude volver y terminar la escena. Por cierto, se pronuncia “Pauliña” y es el diminutivo cariñoso de Paula.

    En portugués no existen ni la “ñ” ni la “ll”, pero sí existe el fonema. La ñ se representa como “nh” (Paulinha) y la ll como “lh” (colhida (cogida, en español)).

    Y no teniendo nada más que comentar, espero sinceramente que sigan disfrutando de las entregas, que seguirán con el título genérico de “Una noche de pasión en Lisboa”, independientemente de donde se desarrolle la acción. A partir de la próxima entrega, todas serán inéditas.

    Nuevamente, muchas gracias por leerme.

  • El pasajero oscuro

    El pasajero oscuro

    Todos tenemos nuestros vicios, nuestros secretos, nuestro ‘Dark passenger’, como diría Dexter. Van evolucionando con el tiempo, perfeccionándose o haciéndose más extraños. El mío, como el de muchas otras personas, tiene que ver con el sexo.

    A mí en particular, y desde hace unos años, me obsesionan los vídeos en los que uno aborda a una chica ofreciéndola dinero por desnudarse, y posteriormente acabar teniendo sexo. Me excita el poder mental del dinero, cómo una persona inicialmente reticente a siquiera enseñar el sujetador, acaba sucumbiendo a un fajo de billetes.

    Obviamente, todos los videos que he visto, están preparados. Pero la idea me cautivó. Hasta el punto de querer probarlo yo mismo.

    No llego a los 30 años. De día soy un chico con un futuro prometedor. Fui buen estudiante, hablo idiomas, participé en un programa para jóvenes talentos de un conocido banco, que me hizo vivir mis primeros 2 años profesionales en Nueva York y Londres. Posteriormente volví a Madrid, y cambié de empresa al cabo de 2 años, a una de estas que pagan un pastón. Tengo carisma, se me dan bien las chicas, tengo buena apariencia. El yerno que cualquier padre y madre querrían para su hija.

    De noche, mi verdadero yo sale a relucir. Me propuse intentar lo que vi en los videos. Inicialmente pensé en probar en un bar o club en Madrid, elegir a una chica, empezar a hablar con ella, y acabar ofreciendo dinero. Pero mi mentalidad paranoica, me disuadió de ello. Madrid al final es muy pequeña. Puedes hablar con una desconocida, que resulte ser la prima del amigo de tu jefe. Además, en las grandes ciudades por lo general no se está tan necesitado, y menos la gente que sale de fiesta a clubs. Ya me imaginaba a la chica poniéndose a gritar, llamándome acosador y pidiendo a los de alrededor que me mataran.

    No, tenía que ser en otro sitio, donde fuese un auténtico desconocido, y donde hubiese otra realidad económica.

    Los sábados por la mañana, empecé a coger el coche y a visitar pueblos de la región. A veces alquilaba una habitación en un hotel y pasaba la noche allí. Paseaba por el pueblo. Estaba simplemente realizando una labor previa de investigación, eligiendo a mi víctima.

    Encontré posibles candidatas, pero siempre había un pero. Buscaba a alguien guapa, que no tuviese pinta de ser demasiado suelta y por tanto una presa fácil, pero que tampoco tuviese pinta de ser imposible y por tanto peligrosa de delatarme, que no fuese demasiado mayor y conservase todavía cierta inocencia, y que fuese fácil de abordar, es decir, que trabajase por ejemplo en algún local atendiendo normalmente sola, o que pasase por una zona poco frecuentada para que no hubiese gente alrededor.

    Quizá en un futuro, si todo salía bien y seguía con mi maldita obsesión, con experiencia ganada, podría arriesgarme algo más. Pero esta iba a ser la primera vez, y tenía que jugar seguro.

    La tarea se me planteó difícil, y cada sábado conducía más lejos buscando a la presa ideal. Tras un par de meses de búsqueda, llegué a un pueblo de tamaño relativamente mediano, en la provincial de Ciudad Real. Llegué a mediodía y me puse a pasear por la calle. Era el mes de julio, por lo que el calor se sentía bien. Paseaba tranquilamente por una calle más o menos central, y pasé por una panadería. El ventanal era grande y amplio, se veía todo el local. Detrás del mostrador, atendiendo a una señora, estaba una chica, de unos 20 años. Era guapa, de la belleza que me gustaba. Pelo castaño recogido en una coleta, nariz de tamaño medio, bonita, cara algo ovalada, labios carnosos sin llegar a ser gruesos. Tenía una cara de chica viva, despierta, pero sin ser la cara que se ve en muchos pueblos, de haber vivido demasiadas “experiencias” para esa corta edad. El mostrador estaba colocado de tal forma, que podía verla de cuerpo entero desde fuera. Llevaba unos vaqueros azul claro, y tenía un buen culo, no era grande, ni pequeño. Uno de esos que te quedas mirando por la calle. Llevaba una camiseta también de color azul claro con el logo de la panadería. Desde mi posición podía apreciar que tenía buenas tetas, que definían la forma de la camiseta.

    La había encontrado, tenía a mi víctima. La localización también era buena. La panadería estaba en la esquina alejada, de una pequeña calle que desembocaba en la calle principal del pueblo, por lo que no era el lugar más transitado. Además era julio, en medio de España y el mejor momento sería ir a mediodía, ya que los clientes irían probablemente por la mañana, para evitar salir a la calle a las horas de más calor.

    Con esta premisa, el viernes siguiente salí del trabajo, y me fui a este pueblo, donde había alquilado una habitación en un hotel. Llevaba conmigo 4.000 € en el bolsillo, que había ido sacando del cajero poco a poco durante estos meses. No pensaba gastarme este dinero ni de lejos, pero no quería quedarme corto.

    La mañana siguiente paseé por el pueblo. Estaba nervioso por lo que iba a hacer. Decidí tomarme en un bar un par de chupitos, que me tranquilizaran. A eso de las 13:30 del mediodía, me dirigí a la panadería. Había ya pasado por la mañana para comprobar que la chica estaba trabajando ese día, y sola.

    La calle estaba vacía, el sol pegaba que daba gusto. Yo iba vestido en vaqueros y camiseta. Entré en la panadería. La chica estaba apoyada en el mostrador mirando su móvil. Me miró, y sonrió:

    —Buenas tardes, qué desea? —preguntó

    —Me das dos baguettes por favor? —respondí sonriéndola de vuelta

    —Claro, ahora mismo —dijo

    Se dio la vuelta para ir a coger el pan. Llevaba unos vaqueros de color azul oscuro. Le quedaban perfectos, tenía un culazo. Cogió el pan, lo envolvió y lo puso en el mostrador. Llevaba una camiseta blanca esta vez, con el logo de la panadería. El cuello de la camiseta era abierto, aunque no llegaba a poderse ver el canalillo por poco. Me fijé en sus ojos, expresivos, de color marrón. Había pensado que la mejor opción sería entablar una pequeña conversación, y durante ella, dejar ver algunos billetes, unos 200€, como sin querer, para que se sorprendiese con el dinero que llevaba.

    —Gracias —dije— una pregunta, tú eres de aquí no? sabrías algún lugar donde poder ir a tomar algo esta tarde? Estoy de viaje, el coche se me ha estropeado y está en el taller, me tengo que quedar unas horas en el pueblo. Aunque me parece que está algo muerto todo, no?

    —Claro, es julio, a esta hora no hay nadie en la calle. Pero por la tarde hay un sitio donde suele ir gente mayor a tomar algo —empezó

    —Mayor?? —la interrumpí con una sonrisa haciéndome el ofendido —pero cuantos años crees que tengo, si tengo 28. No soy mucho mayor que tú, que tienes unos 20?

    —21 recién cumplidos —dijo sonriendo de forma avergonzada y bajando la mirada ligeramente— No quería decir mayor como viejo, sino mayor que yo

    Me indicó la dirección donde estaba el bar.

    —Pero lo recomiendas? Has estado tú alguna vez ahí? —pregunté

    —A ver, esto no es la capital, aquí no vas a encontrar lo que tú acostumbras. Pero es lo mejor del pueblo —dijo

    —Entonces has ido alguna vez y lo recomiendas —seguí

    —Me ha llevado un par de veces “el Migue” —dijo

    —“El Migue”, que debe de ser tu padre, para haberte llevado a ese sitio de viejos

    Se rio, y mirándome me dijo

    —Que no quería llamarte viejo! “El Migue” es mi novio, su hermano trabaja en ese bar

    —Veo que le quieres mucho para haberle seguido a ese sitio —comenté pícaramente

    Se puso algo colorada, y dijo:

    —Sí nos queremos, nos vamos a hacer el mismo tatuaje con nuestros nombres

    Anda, pensé, el tipo de cagadas del que la mayoría se acaba arrepintiendo años después

    —Hablando de nombres, perdona que me he puesto a hablar contigo y no te he dicho el mío —me presenté, y la estreché la mano

    —Yo me llamo Cristina —dijo sonriendo, dándome la mano

    —Bueno, te debo el pan, a todo esto —dije

    En ese momento saqué la cartera, y dejé ver unos cuantos billetes de 50€. Cristina se quedó mirando el dinero con los ojos como platos

    —Vienes a comprar la panadería? —preguntó todavía con la cara de sorpresa

    Solo a la panadera, pensé

    —No! —Dije sonriendo —Perdona, no era mi intención enseñar todo este dinero. La verdad, me dedico a la televisión, soy encargado de la decoración, y vestuario en algunas series. Normalmente viajo por el país, buscando inspiración, y si encuentro algo lo compro en el momento. Por eso suelo llevar mucho dinero en efectivo. Este dinero es de la empresa.

    Había llegado el momento de entrar en acción. No quería pasar todo el día hablando para que al final Cristina me mandase a la mierda. Corté el tema y empecé a atacar.

    —Hablando de mi trabajo, la razón por la que he empezado a hablar contigo es porque he visto algo en esta panadería que me gustaría comprar para la serie en la que estoy trabajando —dije— Pero estoy retrasando la pregunta porque me da algo de vergüenza pedirlo… pero aquí voy.

    Cristina puso cara de confundida, no sabía a qué me refería

    —Cristina, me encanta la camiseta que llevas puesta. Es ideal para la próxima serie, y me gustaría comprártela, ahora. No puedo esperar a otro día a conseguir otra, no tengo tiempo —me la había jugado a que no tenían más camisetas en el local. No me había parecido ver más, ni siquiera en la despensa que podía entrever desde aquí

    —Pero no tengo otra cosa que ponerme, y más ropa de la panadería está en casa de mi tía, que es la dueña del negocio —dijo sorprendida tras unos segundos, después de mirarse la camiseta

    —Por eso me estaba costando preguntar. Y por la molestia, estoy dispuesto a ofrecerte 200€. No sé cuánto ganas, permíteme decirte sin ofenderte que creo que no mucho, pero este dinero debería ser suficiente para hacerte el tatuaje que quieras, y pagar el de tu novio. Puedes poner cualquier excusa a tu tía por la camiseta.

    Cogí el dinero y lo puse en la mesa. A pesar de los chupitos, mi cuerpo temblaba ligeramente. Cristina estaba alucinando. Se quedó mirando el dinero. Tras unos segundos, y para mi alivio, dijo dubitativamente

    —Vale… me meto en la despensa que está aquí detrás, y te tiro la camiseta desde ahí.

    —No —dije— no quiero que caiga al suelo y se ensucie, la necesito tal y como está ahora. Me la tienes que dar en mano

    Cristina se quedó callada. De repente me miró, con la cara algo cambiada y dijo:

    —Estás loco, tú lo que quieres es verme en pelotas.

    —300€ —la corté inmediatamente, no quería que siguiese por ahí— no me interesa verte en pelotas, quiero tu camiseta

    La excusa era algo mala, y no creo que me creyese, pero el dinero estaba haciendo efecto.

    —Está bien. Déjame cerrar primero la panadería —dijo mientras cogió el dinero y se dirigió a la puerta, poniendo el cartel de “Cerrado” y cerrando con llave— no quiero que nadie entre y me encuentre contigo en la despensa sin camiseta. Pasa aquí detrás rápido. Pero te doy la camiseta y te vas, entendido?

    —Sí, sin problemas —contesté

    Miró por el ventanal, comprobó que no había nadie en la calle, dejó las llaves en el mostrador y nos metimos en la despensa. Era una habitación, tenía estanterías y una mesa en el centro. Cristina cerró la puerta de la despensa, me pidió que me quedase a la entrada, y se quedó parada delante de la mesa, de espaldas a mí.

    Bajó las manos a la cintura, cogió con ambas manos los extremos de la camiseta, y tiró hacia arriba. Levantó los brazos, sacándose la camiseta por la cabeza, dejando libre su bonita espalda y un sujetador de color azul claro. Echó el brazo hacia atrás con la camiseta sujeta, y yo la cogí.

    —Ahora vete por favor —dijo

    —Hmmm vale, pero cómo voy a salir? Has cerrado con llave —contesté. Lo había pensado todo en el momento que dijo que cerraría con llave—Podría coger las llaves, pero no me conoces de nada… quién te dice que no me iré con ellas. Podrías también salir tú a abrirme, pero estás en sujetador, esta camiseta la necesito y no la voy a soltar. Quizá justo alguien pase en el momento que me abres. No sería lo mejor para ti, plantearía muchas preguntas.

    Cristina se quedó en silencio, pero giró la cabeza para intentar mirarme. Se estaba llevando el susto de su vida

    —Eres un cabrón. Me has engañado —dijo finalmente— Qué quieres

    —Mira Cristina, tranquila, no te quiero hacer daño. Pero en esta situación, yo veo solo estas opciones. Las que te acabo de plantear, que solo te pueden dar problemas, o la siguiente —dije— Acabas de ganar 300€ por solo quitarte la camiseta. Te ofrezco otros 100€ por darte la vuelta

    En silencio, Cristina calculó todas las posibilidades en su cabeza, y vio que la mejor opción era la que la acababa de ofrecer. Sin decir nada, empezó a girarse lentamente. Quedó de frente a mí, con los brazos pegados al cuerpo, la cabeza algo ladeada mirando a un lado, como con vergüenza. El sujetador azul claro encerraba dos bonitas tetas, turgentes, jóvenes. Me quedé mirándola, estaba embobado. Finalmente extendí dos billetes de 50€, y ella los cogió. Recobré la compostura y el temple.

    —Acabas de ganar 400 € fácilmente. Qué es, la mitad de lo que ganas en un mes?

    —Ojalá —dijo en voz baja mirándome por fin a los ojos— Gano 650€ al mes

    Se veía a Cristina con vergüenza, pero noté que el dinero era un estimulante grande para ella. Me convencí de que podía tensar la cuerda más:

    —Entiendo, no se puede hacer mucho con eso. Me gustaría ofrecerte algo más. Otros 100 € —la miré— Esta vez me tienes que dar tu sujetador

    —Eso sí que no. Ni por todo el dinero del mundo te voy a enseñar las tetas —respondió esta vez con contundencia mirándome agresivamente

    —Seguro que haces top less en la playa, no sé por qué te indignas tanto. Además, no quería decir 100€, quería decir 200€

    Cristina se quedó mirándome, como confundida. Un momento después miró hacia un lado, pensativa. Estaba a punto de dar el paso que yo deseaba. Tras unos segundos, dijo:

    —300€

    —Así que empiezas a negociar eh! —Dije riendo— está bien, toma

    Cogió el dinero y se lo metió en el bolsillo. No tenía pinta de ser una chica fácil, pero la posibilidad de ganar 700€ en un momento, para una chica de pueblo que gana tan poco, debía ser irrechazable. Todos tenemos un precio.

    Con la mirada ligeramente puesta en el suelo, pasó sus manos a la espalda, y empezó a desabrochar el sujetador. Una vez suelto el enganche, se deslizó los tirantes de los hombros, pero no dejó caer el sujetador. Se quedó con un brazo sujetándolo sobre sus tetas, y me preguntó:

    —Por qué haces esto? Eres un chico guapo y atractivo, podrías tener a quien quisieras sin pagar…

    —Lo entenderás dentro de unos cuantos años —dije

    Cristina se quedó mirándome unos segundos, y finalmente bajó su brazo, dejando caer el sujetador al suelo. Qué tetas. No necesitaban sujetador, se quedaban arriba sin necesidad de él. Tenía unos pezones rosados, aureolas pequeñas. Yo ya estaba desatado

    —Quiero besarte

    —No, eso es ya pasar la raya. Tengo novio y le quiero —dijo

    —Cuánto vale un beso tuyo, 200€, 300€? Ponle un precio

    —No es dinero, no te voy a besar —dijo, aunque con poca convicción

    Me acerqué a ella con 300€ en la mano. Cristina se echó ligeramente hacia atrás, pero la paró la mesa. Me puse enfrente de ella, puse el dinero en su mano, cerrándola los dedos, y me acerqué a su boca. Toqué sus labios con los míos, y empecé a besarla. Ella no reaccionaba. Puse mis manos en su cintura, y acerqué mi cuerpo, presionando mi cuerpo contra sus tetas. Cristina intentó empujar con sus manos en mi vientre para separarme, pero con poca fuerza. Susurró un ligero “no”, pero inmediatamente después retiró sus manos para volver a pegarlas a su cuerpo. Seguí besando sus labios, y noté que empezó a moverlos ligeramente. Sus manos se movieron poco a poco acercándose a mi cintura. Presioné entonces con mi pelvis hacia ella, empujándola contra la mesa. Empecé a usar la lengua, aprovechando que su boca estaba más abierta. Mi lengua empezó a mezclarse con la suya. Pasé mis manos a su culo, apretando. Seguía empujando mi pelvis contra ella. Estaba desatado. Quité mis manos de su culo, e intenté desabrochar el botón de su pantalón.

    —No! Eso no! Para, no quiero seguir —dijo como despertando, y poniendo sus manos sobre las mías para pararme

    Sin mediar palabra, saqué un fajo de billetes de mi bolsillo, sin mirarlos ni contarlos, y los estampé contra la mesa, mientras seguía intentando besarla y desabrochar su pantalón

    —500€ más —dije— por si necesitas ayuda, la suma asciende ahora a 1.500€

    Cristina parecía aturdida, era como si la cifra la hubiese mareado. Lentamente, dejó de intentar apartar mis manos, y pasó a apoyar sus manos encima de la mesa, mientras quedaba con la mirada perdida.

    Desabroché rápidamente su pantalón y lo bajé hasta los tobillos, quitándoselo finalmente. Tenía que ser rápido antes de que su aturdimiento cesase. Llevaba unas pequeñas bragas blancas ajustadas. Me quité la camiseta, y el pantalón, mientras ella me seguía con la mirada

    —Qué vas a hacer? —dijo finalmente

    Sin responder, puse mi mano sobre su coño, y mi otra mano sobre sus tetas, ella apoyada con las manos en la mesa inclinada hacia atrás. Retiré con los dedos hacia un lado la tela, para introducirlos en su coño, poco a poco. Cristina dejó salir un suspiro, mirándome fijamente con los ojos abiertos. Con dos dedos llegué lo más lejos que pude, y empecé a “pajearla”, acariciando el famoso “botón” ahí dentro. Mantuve un ritmo rápido mientras acariciaba suavemente con la otra mano sus tetas. Cristina cerró los ojos, y con la boca abierta, mordiéndose de vez en cuando el labio inferior. Empezó a gemir. Aproveché ahora para bajarla las bragas, quedando desnuda totalmente. Tenía el coño depilado, con una tira de pelo en el centro. Mientras la seguía pajeando, con mi otra mano me bajé el bóxer. Cristina seguía gimiendo con los ojos cerrados, su coño ya humedecido. Aproveché, con la polla tiesa como la tenía ya, saqué los dedos de su coño y puse mi polla a la entrada de su coño. Cristina abrió los ojos, y gritó

    —No! sin condón no por favor

    No estaba para tonterías. Me agaché, saqué de mi pantalón otro fajo de billetes, y sin mediar palabra, lo puse en la mesa. Cristina se quedó mirándolo. No sé ni cuánto dinero había puesto ya.

    Volví a ponerme enfrente de ella, abrí sus piernas, la sujeté de las caderas y empecé a meter mi polla en su coño. Esta vez no dijo nada. Metí mi polla hasta el fondo, ayudado por lo mojada que estaba Cristina. Empecé a meterla y sacarla a buen ritmo. Cristina quedó medio tumbada sobre la mesa, sus ojos cerrados, gimiendo con cada arremetida. La agarraba de las caderas para hacer más fuerza. La mesa estaba llena de billetes de 50€, algunos ya caídos en el suelo. La sujeté entonces con ambas manos del culo, y la levanté para tumbarla completamente en la mesa. Me tumbé encima y seguí follándola sin parar. Cristina puso sus manos sobre mis hombros primero, y luego rodeó con ellos mi cuello, mientras cerró con sus piernas alrededor de mí. Me estaba encantando follarme a esta chica, el morbo era enorme. No la conocía de nada, este era el resultado del dinero. Era como en los videos. Mejor, esto era de verdad, sin preparación ni trampas.

    El bamboleo de mis caderas seguía, y empezamos a besarnos lujuriosamente. Cristina me mordía suavemente los labios, mientras hacía fuerza con sus piernas y ponía sus manos en mi cabeza, o me arañaba la espalda. Yo sentía sus tetas moverse contra mi pecho con la acción. Cuando sentí que me iba calentando, me bajé de la mesa, me puse de pie y dije

    —Ven Cristina, acaba con la boca

    Cristina obedeció, se puso de rodillas y empezó a chupar. Tenía una mano en la base de mi polla, que de vez en cuando movía a lo largo de ella siguiendo el movimiento de su boca. La otra estaba fija sujetándome los huevos. Tenía un bonito pelo castaño, recogido en una coleta, por lo que la cara quedaba despejada y podía ver perfectamente la mamada.

    Yo alternaba mis manos entre su cabeza, y sus tetas. Jugaba con sus pezones, o las cogía totalmente con ambas manos. Cristina seguía chupando sin prestar atención a mis manos. Cuando estaba a punto de correrme, saqué mi polla de su boca

    —Ahora, sígueme pajeando, quiero correrme en tu cara

    Siguió con su mano, pajeándome a un par de centímetros de su cara. Me miraba con sus ojos marrones. Estaba a punto de correrme. Solté un gemido enorme de placer, y un chorro de semen salió disparado contra su mejilla. Cristina reaccionó con sorpresa, apartándose ligeramente y abriendo la boca. El siguiente chorro le cayó justo dentro de la boca, y un poco en los labios. Los dos siguientes, ya menos potentes, cayeron sobre sus tetas.

    Cristina se quedó mirándome, con la cara, la boca y las tetas llenas de mi esperma. Qué imagen. Me empecé a vestir rápidamente, con ella todavía ahí de rodillas, mirándome como en éxtasis, y aturdida por lo que acababa de pasar.

    —Puedo volver a verte? —preguntó mientras observaba como me vestía

    —Claro —la contesté— ahora te doy mi número de teléfono. Pero espera un momento, te traigo un trapo para que te limpies

    Salí de la despensa vestido, vi las llaves en el mostrador, las cogí y me fui a la puerta. La abrí y dejé las llaves en la cerradura. Me fui lo más rápido que pude, sin mirar atrás. Llegué a donde estaba mi coche aparcado, me metí, y puse rumbo a Madrid.

    Qué experiencia, ni en mis mejores sueños. Hice cuentas durante el camino, me había gastado unos 2.000€. Tenía ganas de más. Ya lo estaba planeando. Solo tenía que controlar el gasto en la próxima.

  • Encuentro con un ex alumno

    Encuentro con un ex alumno

    Mi nombre es Fabiana. Soy una mujer de 51 años -cosa que no aparento- que vive en una ciudad balnearia de Argentina. Tal como dije, me conservo bien para mi edad y mantengo mis atractivos a fuerza de cuidados. No soy alta, mido 1.65 m., y mi mayor atractivo son mis ojos verdes claros y mis rulos. Eso me da una cara aniñada y cierto aire de inocencia.

    Siempre me dediqué a la docencia. Empecé en ella a los 25 años y hasta el día de hoy la ejerzo, enseñando inglés a adolescentes en escuelas secundarias.

    Trataré en este medio de contar algunas anécdotas de mi vida docente y de mis experiencias en ese plano, las cuales más de una vez han llevado a vivencias de lo más tórridas y apasionadas.

    Cierta tarde de mediados de diciembre me encontraba en el centro de mi ciudad saliendo de un banco. El clima era agradable, notándose ya el comienzo del verano. Aun la ciudad no se había llenado de turistas y se podía disfrutar de caminar sin estar chocando con la gente.

    Como decía, iba yo saliendo del banco y caminando por la peatonal en busca de mi auto cuando siento una voz tras de mí:

    —Hola profe!!

    Cuando me doy vuelta lo veo y lo recordé. Se llamaba Damián. Era un chico alto, morocho y que por aquel entonces debía andar en los 18 años. También recordaba cuál era su comportamiento en clases: pésimo. Era un chico que tenía buenas notas y que como se notaba que ya sabía inglés se dedicaba en clase a molestar a sus compañeros y sobre todo a mí.

    —¿Hola Damián, como estas?

    La sonrisa se le dibujo en el rostro, no pensaba que recordaría su nombre:

    —¿Yo muy bien, y Ud.?

    Le conté que estaba haciendo algunos trámites en el centro y que ya me dirigía a mi casa. Le pregunte que era de su vida y que estaba haciendo por allí:

    —Estoy bien, cuando termine la escuela me anote en la facultad y estoy estudiando el primer año de arquitectura. La verdad que me va bien, ya rendí dos finales y estoy promocionando otras dos materias. Vine acá al centro también a hacer unos trámites porque ya termine de cursar. ¿Anda apurada?

    La pregunta me sorprendió un poco, pero lo note muy distendido y simpático

    —No, la verdad que iba para casa, pero como ya terminó la escuela no tengo mucho que hacer.

    —¿Me acepta un café?

    La verdad que no esperaba esa invitación, pero también me daba un poco de temor que me viese gente conocida con un chico tan joven y él pareció notarlo:

    —Si le parece y tiene tiempo vamos a algún café por la costa, así salimos del centro. Hace una tarde linda y si quiere charlamos un rato. ¿Le parece?

    —Bueno, dale. ¿Dónde te parece?

    Me dio los datos de un café que estaba sobre la playa un tanto alejado y le dije que sí, que estaba con mi auto y que si le parecía bien nos encontrábamos allá.

    -Dele, perfecto. En media hora nos encontramos allá

    Fui caminando hacia mi auto pensando en lo loco de la situación: encontrarme con un ex alumno al que le había dado clases hacía dos años y que tenía la edad de mi hijo, y que este me invitase a tomar un café. A pesar de la locura de la situación me atraía la idea.

    Llegue al lugar y estacioné mi auto. Se veía muy poca gente. En poco estaría atiborrado de turistas. Caminé hacia el lugar y él ya estaba allí. Sobre una terraza y bajo una sombrilla me recibió con una sonrisa. Me senté allí frente a él. Se lo veía contento

    —Profe, que le parece si en vez de un café pedimos una cerveza. ¿Me acompaña?

    La verdad que aún no había almorzado pero como estaba lindo el clima, con calor, acepté. Llamó al mozo y al momento trajo la cerveza. Nos sirvió y brindamos.

    —Y contame ¿qué es de tu vida? Hacía tiempo que no te veía, desde que dejaste de ser alumno mío. Como me hiciste renegar!!

    Se rio con ganas:

    —Bien profe, por suerte marcha todo en orden. La verdad que sí, no me comporte de la mejor manera —dijo entre risas— pero bueno, era chico. Admito que siempre fui un poco así y lamento mucho haberla hecho renegar tanto, pero bueno. Acá estamos!!

    Tomamos la cerveza, contamos muchas anécdotas de ese tiempo, recordamos gente y en un momento me dice:

    —¿Qué le parece si caminamos un rato por la playa?

    Ya la cerveza me había puesto alegre y la charla era tan amena que acepté. El llamo al mozo, pagó la cuenta y fuimos a caminar por la playa. La tarde estaba espectacular, hacía calor, así que en la orilla me saque las sandalias y camine por el agua, estaba muy agradable. Yo llevaba un vestido tipo solero, lo cual me permitía estar en el agua hasta las pantorrillas. Él estaba con jeans y le dije que se los arremangara para no mojarse y me acompañara por el agua. Lo hizo y caminamos charlando en forma distendida y alegre.

    Al cabo de caminar una media hora ya no se veía gente y se había levantado un poco de viento. Al notarlo me dice:

    —Profe ¿qué le parece si vamos para aquellos médanos? Ahí nos podemos sentar a descansar un rato y vamos a estar al resguardo del viento

    La idea me pareció muy buena, después de tanta caminata ya me sentía un poco cansada, así que nos dirigimos tras de un médano y nos recostamos en la arena. En un momento el saca un paquete de cigarrillos y me pregunta si le molesta que fume. Le dije que no. Me ofreció uno y lo acepte. La charla seguía de lo más amena:

    —Contame Damián, ¿por qué me jodías tanto en clase? Eras un hincha pelotas!!!

    Se rio con ganas:

    —Jajaja, me aburría y era así, pero no era con maldad, lo hacía de molesto nomas, además me gustaba el inglés, pero yo ya había estudiado en la cultural inglesa y me parecía muy básico lo que aprendía. No es por menospreciar, pero es así. Ya venía con un aprendizaje.

    —Igual me parecías imbancable —le dije riendo— pero ahora te veo tan simpático. La verdad que es una grata sorpresa haberte encontrado

    La verdad que el calor al reparo se hacía notar. El sol estaba maravilloso

    —Lástima, si sabía que íbamos a venir para estos lados traía la malla

    Se rio y me dijo:

    —Bueno, si quiere sáquese el vestido. Igual es como una malla

    Me causo gracia el planteo:

    —Justo, mira que me voy a quedar en calzones delante de un alumno —le dije riendo

    Le divirtió la respuesta:

    —¿Si le muestro algo no se enoja?

    Me sorprendió, pero soy curiosa.

    —A ver, dale. No me enojo

    Saco de un bolsillo un teléfono y me mostro unas fotos:

    —Esto es lo que hacía cuando estaba aburrido —me dijo entre risas

    Aunque no se veía mi cara pude distinguirme. En una foto se veía mi escote desde arriba, seguramente sacada cuando los alumnos venían a preguntarme cosas todos a la vez. En otra claramente mi bombacha bajo el vestido, sacada desde abajo del escritorio del aula. Indudablemente la había tomado tirando algo para agacharse. Me sorprendió mucho, pero lejos de enojarme me divirtió.

    —Sos un caradura —le dije riéndome— mira las cosas que hacías. Me imagino que no andarías mostrándolas, ¿no?

    —Para nada, son mi tesoro personal —me dijo divertido.— Como verá ya la había visto en bombacha!!!

    Me reí con ganas. No podía creer que ese adolescente fuese tan caradura y simpático. Y el hecho que me tratara aun de usted le ponía morbo al asunto.

    —¿Y vos que vas a hacer? —Le dije

    —Si se saca el vestido y no le molesta yo me saco el pantalón

    —Me parece justo —le conteste divertida

    Así pues que me levante y me saque en vestido. Quede frente a él en corpiño y bombacha. Estos eran blancos y con puntillas, por lo cual jamás se podrían confundir con una bikini. El hizo lo propio, se incorporó y quedo con unos bóxer azules, y en donde ya se podía interpretar cierto entusiasmo viril. La situación era extraña y un poco tensa

    —¿Se anima a ir al agua? Total no hay nadie que nos vea

    —Dale —le conteste

    Dejamos nuestra ropa allí y fuimos caminando hasta la orilla. Había viento y algo de oleaje. Él se metió en el mar. Desde allí me llamo y fui con cuidado, evitando que una ola me tirara. Llegue hasta el pero sin meter la cabeza aun en el agua. Él ya se había zambullido y se lo notaba muy contento. Tome coraje y me zambullí en una ola.

    —Esta hermosa el agua —me dijo

    —Siii, la verdad que esta genial

    Notaba como su mirada disimuladamente miraba mis pechos. Cuando mire note que con el golpe del agua uno de mis pezones sobresalía.

    —Uhh, se escapó —le dije divertida y volví a taparlo

    —No pasa nada —dijo riendo

    Luego de un rato salí del agua y lo espere en la orilla. Comprobé que la lencería no era la adecuada para la playa. En blanco dejaba traslucir todo y me dio pudor, pero nada podía hacer. El viento y el frio se sentían y mis pezones lo asimilaban. Erectos bajo el corpiño húmedo no dejaban nada a la imaginación. Y el escaso vello de mi entrepierna se traslucía abultadamente bajo mi bombacha. Cuando salió del agua lo observo en su mirada, pero trato de que yo no lo notara.

    —¿Vamos al reparo? —me pregunto y le dije que sí. Así que allí nos dirigimos

    Una vez allí puse mi vestido como manta para sentarme y no llenarme de arena y el hizo lo propio con su remera. Quedamos cara a cara y notaba que a él se le iban los ojos hacia mis pechos, pero trataba de disimularlo. Yo no podía verme desde allí, pero seguramente mi entrepierna también estaría expuesta.

    —Esta ropa no es la mejor elección para la playa —le dije riendo como para distender

    —La mía tampoco, pero bueno. Es lo que hay. Igual no me arrepiento en absoluto

    —Ni yo —le conteste

    —Profe, si quiere puede hacer topless, yo no me ofendo —me dijo divertido

    —Vos lo que querés es verle las tetas a tu profe —le dije entre risas

    —Ni más ni menos. Sería estupendo. Ya la vi en corpiño. No sería muy diferente —me dijo riendo.

    —Ok —le conteste

    Así sentada lleve mis manos tras mi espalda y libere el cierre del corpiño. Mis tetas quedaron liberadas frente a él, y mis pezones le apuntaban desafiantes.

    —Hermosas —me dijo con cierto brillo en sus ojos

    —Es lo que hay —le dije levantándomelas con las manos, divertida —ahora estamos en igualdad de condiciones. Los dos haciendo topless, aunque las mujeres tienen dos cosas para tapar y los hombres una.

    —La verdad tiene razón, pero para estar en completa igualdad de condiciones tendríamos que hacer otra cosa —contesto

    —¿Cuál?

    —Nudismo —me dijo divertido— aunque también estaríamos en una cierta desigualdad

    —¿Cuál? —Le pregunte, aunque sabía la respuesta

    —En la práctica del nudismo los hombres denotamos cierto entusiasmo cuando tenemos frente a nosotros una mujer sensual

    La afirmación me causo mucha gracia y estalle de risa.

    —¿Es tu caso? —le pregunte

    —Completamente —me dijo riendo— pero si está dispuesta a correr el riesgo de verme entusiasmado no tengo problema alguno —contestó

    La situación era por demás excitante. Yo, una mujer de 48 años ante un chico de 18, en medio de la nada y semidesnuda. Con la carga de morbo que implica de que era un ex alumno y me tratara de usted.

    —Estaría dispuesta a correr el riesgo para quedar el igualdad de condiciones. ¿Quién empieza?

    —Las damas primero —me dijo riendo

    —Ok —conteste

    Me incorpore y tomando por ambos lados de la bombacha la baje naturalmente. Ante el quedaba expuesta esa pequeña mata de pelos que podía adivinar bajo la bombacha mojada. Luego me senté divertida

    —Su turno caballero —le dije

    Él se paró entre risas y yo lo miraba de la misma manera

    —Quiere hacer los honores —me dijo

    —Dale caradura —le dije riendo— vos podes solo

    Entre risas se bajó el bóxer azul, pausadamente. De golpe, como un resorte, salto un hermoso miembro completamente erecto, desafiante, apuntándome.

    —Cuanta emoción —le dije divertida

    —No es para menos, mucho estimulo —me dijo alegre

    La situación no podía ser más caliente. Un hermoso adolescente ante mí exhibiendo su virilidad y yo, una hembra deseosa a la que mil imágenes y estímulos le venían a la cabeza

    —Nos hacemos una selfie para celebrar el momento —me dijo riendo

    —Bueno, pero después la borras, no quiero que quede rastro de esta locura

    —Bueno, hacemos así. Se la mando al whatsapp así la tiene y después la borra, Yo voy a hacer lo mismo. Si le parece me da su número y se la mando, porque no lo tengo

    Le di mi número y él lo agendó. Después con su teléfono me dijo que nos juntáramos y nos sacásemos la foto. Luego puso el timer, alejo el teléfono y nos sacamos una de pie. Me la envió y me pregunto si había llegado.

    Sentí el sonido de mi teléfono y lo tome. Revise y en efecto, allí estábamos. En una foto se nos veía uno junto al otro sonrientes, del torso para arriba. Uno de mis pechos se llegaba a notar. Mis ojos verdes y mis rulos semi mojados me daban un aire aniñado. El reía con su hermoso rostro adolescente.

    En la otra foto estábamos de pie. El me sacaba prácticamente una cabeza de altura. Me rodeaba con su brazo por mi cintura, uno junto al otro. Mi cuerpo adulto contrastaba con su torneado joven cuerpo. Mi pubis dejaba ver esa pequeña mata de pelos y el de él, una espléndida erección

    —Que lindas fotos —le dije— pero acordate, después borralas

    —Le doy mi palabra —me dijo solemne y divertido— ¿Le gustan los masajes? Me pregunto

    —Me encantan, ¿vos sabes hacer?

    —Algo he aprendido, si quiere probamos

    —Dale, ¿cómo hacemos?

    —Si quiere empezamos con la cervicales primero, póngase de rodillas que le masajeo los hombros y el cuello

    Accedí a ello y me puse como lo indico. Tire mi cabello por delante y sus manos recorrían mi cuello y mis hombros. Lo hacía por detrás de mí y cada tanto sentía el roce de su miembro lo que me provocaba escalofríos.

    Luego me pidió que me pusiese boca abajo y así lo hice. El sol templaba mi cuerpo y sus manos se deslizaban por mi espalda y cintura. Yo cerraba los ojos, placida, disfrutando las manos de ese macho joven. Expuesta completamente ante él, librada al placer.

    Siguió luego por mis piernas, empezando desde los pies. Fue subiendo lentamente hasta llegar a los muslos. Instintivamente abrí un poco las piernas dejando ante el expuesta mi vagina, la cual seguramente dejaría ver la humedad existente. Fue subiendo lentamente, como tanteando la situación, temeroso de que le pusiese un límite. Ante la falta de límites siguió tímidamente con mis glúteos. Primero suavemente y ya entrando en confianza más fuerte, estrujándolos con firmeza, abriéndolos, dejando ante el mi ano, el cual rozaba deliberadamente pero sin violencia

    Luego me pregunto si me sentía bien:

    —Sos muy bueno con los masajes, te podrías dedicar a esto —le dije con mi voz, entre divertida y excitada.

    —Si quiere sigo por adelante

    —Perfecto —le contesté

    Me di vuelta y ante el quedo todo mi cuerpo de mujer a su merced. Expuesto, desnudo y vibrando porque esas manos jóvenes y diestras lo recorriesen, lo tocasen

    Comenzó por mis hombros y mi cabeza. Yo cerraba los ojos pero adivinaba su mirada lujuriosa. Siguió con mi abdomen y mi cintura, despacio. Mi vulva palpitaba de emoción, completamente húmeda. Abrió mis piernas para masajearlas de a una. Me elevo una y puso su planta de pie sobre su pecho. Se sentía maravilloso imaginar mi vagina mojada ante sus ojos. Luego repitió la operación con la otra pierna.

    Yo para ese entonces moría de deseos. Abrí los ojos y podía ver su miembro completamente erecto, preparado para entrar en las intimidades de una hembra deseosa. Y esa hembra era yo. Vi sus ojos y me miraban locos de lujuria. No quería que terminara nunca ese momento

    Dejo mis piernas y volvió a mi abdomen. Lo hacía suave, casi rozándome. Sentía la yema de sus dedos como de a poco rozaban la parte baja de mis pechos y de a poco iban subiendo, tímidamente. Al notar que no había resistencia sus dedos fueron subiendo hasta mis pezones. Al sentirlo deje soltar un mínimo gemido, casi imperceptible

    Instintivamente abrí mis piernas y las arquee, con los ojos cerrados, disfrutando. Él se ubicó entre medio de ellas de rodillas masajeándome ya deliberadamente los pechos. Cada vez se iba inclinando más y notaba como su miembro cada tanto rozaba la entraba de mi vagina. Seguimos así unos segundos, cada vez más inclinado, más evidente

    Abrí los ojos y lo vi mirándome fijamente a los míos. Su rostro estaba exaltado de lujuria y deseo. No hicieron falta palabras. Su glande ya buscaba entrar en mí, suavemente, sin prisas. Mirándonos fijamente su glande finalmente encontró la entrada a mis entrañas. Lo introdujo enteramente y se quedó quieto, disfrutando de estar dentro de mí. Sentí como mi vagina palpitaba al sentirse llena de hombre joven. Lo rodee con mis piernas y atraje su cabeza a mí y lo bese profundo.

    En ese momento comenzó a moverse rítmicamente y sentía como la punta de su glande golpeaba la cabeza de mi útero. Era maravilloso sentirme penetrada por ese chico tan formidable

    El llevo su boca a uno de mis pezones y lo lamio para luego succionarlo frenéticamente. Desplego mis piernas abiertas y la penetración fue más profunda. Con eso estallé en mi primer orgasmo, en un gemido que era un sollozo, pleno de lujuria y ternura. Luego vino otro. Cuando note que él estaba por acabar lo traje hacia mí, nos miramos fijamente a los ojos y finalmente acabo, llenando de semen mis entrañas.

    Nos quedamos así unos instantes. Sentía como su abundante semen corría por mis nalgas. Cuando finalmente saco su miembro, un borbotón de semen salió de mí.

    Me miro a los ojos, distendió su rostro y dijo:

    —Esto fue maravilloso

    Me reí y le dije:

    —No te podes quejar. Cuando tenías 16 le viste la bombacha a tu profe. Hoy no solo que se la viste. Se la sacaste, te la cogiste y le llenaste la concha de leche

    La afirmación lo sorprendió y lo divirtió:

    —No sabe cuánto desee este momento. Es un sueño cumplido

    —Ahora es una realidad —le dije riendo— y me parece que después de lo que paso estaría bien que empieces a tutearme. No acostumbro que alguien me coja y me trate de usted.

    Estallo en risas, no se esperaba eso:

    —Tenés razón, pero me daba no sé qué. La verdad Fabi es que desde chico quería cogerte pero me ibas a mandar a la mierda. Y hoy te vi y es como que el tiempo me dio la oportunidad. No te das una idea las pajas que me hice por vos. Y creeme que no fui el único. Nos tenías locos a todos

    No me sorprendió pero me causo gracias:

    —Bueno, no des nombres. Y que te parece si vamos yendo que ya es tarde. Además tengo que pasar por una farmacia

    —Por? Te pasa algo? —me pregunto

    —No —le dije— tengo que comprar una pastilla. Lo último que me falta es quedar embarazada de un ex alumno

    Nos reímos. Nos fuimos cambiando. Para ese entonces ya la ropa interior se había secado. Igual me pidió algo: si le regalaba la bombacha. Le dije que sí y que rogara que no hubiese viento para no quedar con todo al aire a la vista de todos.

    Caminamos hasta los autos, nos despedimos y no quedamos en volver a encontrarnos. Era mejor así.

    Le dije que borrara las fotos para no dejar rastros, que yo iba a hacer lo mismo. La verdad creo que nunca lo hizo. Por mi parte no

  • El cazador cazado

    El cazador cazado

    Daisuke abre el tocador, toma una camiseta blanca lisa y unos viejos pantalones de chándal grises y los coloca en su cama antes de salir a lavarse rápidamente. Se siente demasiado pegajoso para su gusto porque, como supo su intuición, su cuerpo iba a resistir una larga batalla de emociones al invitar hoy tanto a Ken como a Takeru, las dos personas especiales de su vida, los invitó para pasar el tiempo juntos, lo que en un principio era una simple sesión de cine se volvió insostenible tanto emocional como físicamente, se sentó en medio de ellos, pero la temperatura corporal era más elevada cuando las manos de Takeru se movían insaciables por la tela del pantalón hasta provocar una fuerte erección, aun sabiendo que Ken estaba de reojo mirando la situación y por momentos, este abrazaba el cuerpo tenso de Daisuke o le besaba en la mejilla con una actitud muy romántica, con eso y con las continuas provocaciones de los dos, más Takeru que Ken, el cuerpo y las emociones de Daisuke necesitaban un parón, por eso aprovechando una parada de una película con anuncios de por medio, pidió usar el baño para poder refrescarse, lo siguiente que escuchó fue un vacío en el sofá, Ken estaba mirando la televisión y Takeru estaba atendiendo su teléfono móvil, sin mirarse y hablar, había una fuerte tensión entre ellos que no cesaba, pero esa era la oportunidad de Daisuke para escapar un momento de esa atmósfera tan sensual, sexual y sobre todo ardiente que se respiraba, si por él hubiera sido, dejaría que Takeru le hubiera follado allí mismo, pero sentía cierta empatía por Ken y no quería hacerle sentir mal o desestabilizarlo, lo mas valiente que pudo hacer fue pedir un tiempo muerto para que al menos su miembro viril no estuviera tan erecto ni sus emociones tan activas, ahora mismo estaba muy caliente.

    Entra a la ducha y sintió que el agua fría y helada lo empapaba de los pies a la cabeza y se sintió aliviado, cantó una melodía que apareció en su mente, una vieja canción que sigue repitiendo estos días porque simplemente tiene ganas, y no se dio cuenta por un par de manos familiares lo envuelven furtivamente por detrás.

    —¿Te importa si me uno? yo tambien estoy cachondo y deseo aliviar lo que he empezado en esa habitación —Una voz ligeramente crujiente llega a los oídos de Daisuke y sabe que Takeru ha esperado a que esté dentro de la ducha para poder unirse, no le da tiempo a contestar porque las manos sedientas de amor de Takeru cada vez se volvieron un poco furtivas, y viajaron al sur del cuerpo de Daisuke en muy poco tiempo.

    Quería quejarse pero siente una leve excitación cuando el delgado dedo de comienza a acariciarlo ligeramente. Un gemido se resbala cuando el pulgar de acaricia la punta de su polla mientras la lengua lame en la espalda desnuda con algún tipo de manera sensual. Pone sus palmas sobre la baldosa fría cuando Takeru acelera sus dedos sobre su polla, el aliento superficial es bastante evidente. Las gotas de agua fría todavía los llovían desde arriba y Daisuke no sabía cómo se las arregló para detener el flujo del agua y se dio la vuelta para mirar a su amante cuando este le pidió que lo hiciera.

    — Realmente me tienes miedo hoy, huyes de mi y de mis sentimientos —Daisuke intentó hablar pero todo quedó amortiguado por el beso casto en sus labios.

    —¿Para qué haces todo esto? —La pregunta era un poco absurda pero de todas formas la formuló

    —Sólo quiero sorprenderte —Su amante murmura, pero todavía conecta sus labios lánguidamente el uno contra el otro.

    Los gemidos de Daisuke se rompieron el otro le hizo darle la vuelta y la lengua de Takeru bajó para abrir su ano, lamiendo los labios inferiores de Daisuke mientras sus manos separan sus nalgas el ambiente ya se estaba volviendo demasiado sexual con el vapor, el agua, la humedad y la sensibilidad de Daisuke que ayudaba muchisimo en un momento como este.

    Con las grandes maravillas que le estaba haciendo su novio—amante con su cuerpo, aún logró poner los ojos en blanco, y de forma natural se da la vuelta y ahora están los dos mirandose de manera ansiosa, están los dos lamiendose de las ganas

    Las manos de Takeru están ahora muy bien conectadas en los abdominales de Daisuke, le gusta la sensación de cada inmersión y los músculos curvados debajo de su palma y Daisuke teme por su querida vida mientras Takeru es como un gatito lamiendole continuamente los dos pezones antes de darle un pellizco. Realmente no tenía idea de por qué Daisuke se sentía más necesitado porque, por mucho que pudiera recordar, los tres juntos tienen una vida sexual activa, turnándose para complacerse mutuamente por igual. Pero, cuando viene a compartir un beso y algo más, Daisuke se rinde eventualmente, porque debe admitir que los besos de Takeru son ligeramente mejores que él y Ken juntos.

    Culpa a esos labios masculinos que por una parte los partiría y a la vez lo vuelven loco de lujuria y deseo.

    Takeru se inclina más para besarle profundamente, gimiendo suavemente en la boca masculina mientras Daisuke le devuelve el beso con entusiasmo, su espalda golpeó la baldosa fría detrás de él cuando Takeru le quita el aliento de los pulmones y los dos ojos se oscurecen con la excitación en el momento en que se separan, con la boca abierta y jadeando.

    Un gemido roto se escuchó entre sus respiraciones superficiales y entrecortadas mientras se miraban, estaban tan saciados que ahora no podían parar, volvieron a unir sus labios salvajes por unos cuantos minutos más.

    Luego la lujuria se apoderó del cuerpo caliente de Daisuke quien se acercó otro poco mas hasta Takeru, cogió su cintura y junto sus dos pollas para que estuvieran juntas, frotando una contra otra, El cerebro de Takeru cortocircuitó en el contacto.

    — Oh, Dios mío, Mierda —Su mente parece borrosa por el placer causado, silba instantáneamente cuando Daisuke toma una buena lamida de la cabeza contundente de su polla y reduce sus ojos, su respiración se torna ronca y aguda, al ver como Daisuke toma su circunferencia sin dudarlo y se lo traga muy bien para su gusto.

    Gime mientras acurruca sus manos al cabello pelirrojo de Daisuke cuando le agarra la polla con desorden y los tirones del cabello no son nada comparados con el giro de la excitación que se ve tan evidente en los ojos de Takeru cuando lo observa brevemente. Simplemente continuó frotando su lengua en la polla masculina, dejando que Takeru gimiera el nombre de Daisuke en un tono tan sucio, su polla se sentía demasiado deliciosa que lo hacía arder en calor y ansiaba más.

    Incluso un poco de baba se está filtrando hacia la barbilla de Daisuke y le hace todavía muy hermoso para Takeru y sintió que es el tipo más afortunado de la tierra

    No puede evitarlo, quiere más, arrastra a Daisuke a sus pies, le da un beso con la boca abierta, se burla de la lengua antes de torcerlo una vez más, su espalda ahora está frente a él jadeó cuando sintió la polla de Daisuke apretó su culo.

    Poco sabían, pero otra silueta apoyada en el marco de la puerta obsevaba silenciosamente su acto pecaminoso mientras Daisuke deslizó su ágil dedo hacia la entrada de Takeru sin problemas, empujó su dedo con habilidad, en el que se lo ganó con un tembloroso gemido del chico de cabello rubio que tenía delante. Takeru revolvió sus caderas por otro empujón profundo de su amante, le ruega cuando él gira la cabeza, los ojos son demasiado oscuros y nublados por la excitación.

    Antes de que Daisuke pudiera satisfacer la petición de su amante, se escuchó una fuerte voz clara que los sobresaltó con el tiempo, mientras el intruso se acercaba, formando un brillo oscuro en sus ojos.

    —Supuse Daisuke que te lo estarías follando y vine a ver si mis sospechas eran realidad.

    —Mierda Ken cuanto tiempo has estado viendo la escena—. Los ojos de Daisuke se iluminaron cuando vio su novio y le dio un dulce beso para darle la bienvenida, pero no tuvo un solo pensamiento de sacar sus dedos del profundo y apretado culo de Takeru.

    El mayor de los tres le dirige una mirada sin emociones a Takeru y únicamente le da un beso a Daisuke de forma sútil pero sin expresar un sentimiento de celos por su parte

    — Solo unos minutos más o menos, ninguno de los dos lo notasteis, me encontraba solo ahí abajo y al ver subir a Takeru detrás de ti no pude quedarme por mas tiempo sabiendo lo que estaba ocurriendo en este baño —No estaba enfadado, estaba con una expresión facil normal mientras se quitaba la camisa y los pantalones para exponer la piel lisa, lo suficiente para hacer que Takeru y Daisuke giman en necesidad cuando la polla resbaladiza de Ken aparece a la vista.

    —Impaciente por probarme, ¿verdad? —Dice mirando a Takeru, pero dejando que el pelirrojo agarre su polla ya endurecida, pone un pequeño movimiento en el proceso.Daisuke solo se burla de Takeru de nuevo, saca sus dedos y muele su polla por encima de las mejillas del ano que le hace ganar un gruñido bajo.

    —¿Cómo nos lo follamos, Daisuke? hoy parece que está demostrando que no le importa quien se aproveche de su cuerpo —Ken de forma agresiva pregunta antes de moldear sus labios en Takeru y manos vagan a ese cuerpo que hoy parecía que iba a ser usado por aquella pareja.

    —Creo que sí… —Dijo Daisuke dándose cuenta de la situación, Ken en esta ocasión no estaba enfadado, ni mucho mejor triste o con un estado de ánimo desequilibrado, compartían ahora un mismo pensamiento, se debían unir para hacer algo en común, al mismo tiempo otro dedo resbaladizo se desliza en la entrada de Takeru . Y otro, y otro, el chico rubio necesitado soltó un gemido entrecortado.

    —Joder mierda sí! —gime en voz baja cuando su punto dulce fue golpeado por los dedos de Daisuke, Ken solo observó con su descuidada contracción de polla en anticipación. Sus amantes se ven muy hermosos cuando se necesitan entre ellos, especialmente cuando Takeru se ve tan tenso mientras se aprieta contra el indefenso dedo de Daisuke, en esta ocasión se veía muy desesperado

    — Deja que Daisuke te folle mientras intentas no ahogarte con mi polla, De acuerdo?—. Ken le sugiere, ganándose otro gemido antes de colocarse frente a Takeru agarrando sus manos para poner su propia polla. Él gime un poco antes de terminar sus palabras.

    —No me importa quien me folle, solo quiero a alguien ya, lo reconozco, estoy cachondo perdido y quiero ser follado por vosotros dos, me encantáis, joder —Gimió con impaciencia.

    Antes de que haga otro gemido de protesta, Daisuke le sorprende al empujar su polla de tamaño generoso dentro de él con un solo giro profundo de sus caderas, gime de autentico placer sintiendo el peso del cuerpo de Daisuke tan enrojecido contra su espalda cuando su polla se entierra profundamente en su interior.

    Los gemidos desenfrenados hacen eco con cada empuje que Daisuke le hace cuando cada bofetada de sus bolas contra su culo hace que Takeru comience a ver estrellas. Su polla descuidada rebota al azar y solo se queja, es maravilloso ser follado por Daisuke.

    —Me gusta esto, realmente me gusta follarte de vez en cuando —Su voz ronca y fatigada de placer llega a sus oídos.

    Si ya era un verdadero placer ser follado por Daisuke de manera anal, Ken por su parte levanta su barbilla, atrayendo la atención rubio, antes activo, ahora pasivo, para Ken, es el primer contacto que tiene con Takeru de esata ma nera y nada podría parecer más hermoso a sus ojos por ahora.

    —Yo también estoy aquí. No me dejes excluído de tí —En su voz no habia ningun atisbo de sentimiento al igual que cuando iba tenía relaciones sexuales con Daisuke pero sí tenía esa actitud de atacar.

    Takeru se toma tiempo para deslizar su boca hacia la ansiosa polla de Ken, agita la cabeza, chupa alrededor de la punta y se desliza hacia atrás solo para hacer un breve y primer contacto visual con Ken y a continuación gime cuando Daisuke rompe apenas por detrás y vuelve a la polla de Ken, Daisuke disfruta esa escena, siente que en esos momentos no hay tensión agresiva entre Ken y Takeru y se viene demasiado arriba, pasa una mano por el cabello de Takeru, acariciándolo con aprecio y el rubio gime porque la polla de Ken se siente más gruesa que Takeru necesita estirar más la boca.

    Un agarre firme en su cabello hace que continúe su propio trabajo para llevar la polla de Ken a la boca con un ritmo constante. Siente que le lloran los ojos cuando de repente toma más de la mitad de la longitud y lucha para no vomitar, está demasiado caliente y este momento para él es demasiado sexual, Pero Ken, finalmente no puede evitar que cuando golpea la parte posterior de la garganta de Takeru emita un sonido ahogado, este está tan indefenso cuando Ken finalmente empuja toda la longitud de su propia polla a la garganta de Takeru.

    —Mierda chicos, que sensación tan caliente… tan sexual… pufff —La voz de Daisuke resuena por encima de ellos mientras inclina sus caderas para empujar a Takeru increíblemente más profundo de lo que debería.

    Takeru por su parte no puede respirar cuando el constante chasquido de las caderas de Daisuke hace que la polla de Ken se adentre en su boca, golpeando su garganta sin piedad. Podía sentir que los muslos de Ken se tensaban bajo sus palmas, pero no podía importarle. Él estaba atrapado entre ellos, pero de alguna manera se siente increíble. Tan increíble, siendo follado por dos personas por las que se sentía sexualmente atraído, maravilloso.

    Él derramó lágrimas de felicidad, la visión comenzaba a ser borrosa y gruñía mientras pasa por alto que sus amantes ahora están compartiendo besos por encima de él. El movimiento en sí hace que su nariz se presione más contra el ombligo de Ken con su boca estirada sobre su polla ya que la garganta se usa demasiado. El sabor del presemen de la polla de Ken dentro de él se está acumulando en la lengua de Takeru y el calor comienza a acumularse en gran medida en su abdomen. Se empuja contra las caderas de Daisuke mientras siente que su aliento es constantemente robado por la polla de Ken en su garganta.

    —Nunca me había sentido tan bien besarte mientras la persona por la que no siento amor está debajo de nosotros, Daisuke me siento altamente caliente gracias a esto, me siento libre y salvaje

    — Nunca te he visto tan sexualmente feliz como ahora cabrón —Daisuke sonrió al verle tan deshinibido.

    Ken avanzó más, hizo que su polla empujara más profundamente en la boca de Takeru ganándose un gemido, las manos de este en los muslos de Ken se ponen tensas cuando mete unos cuantos golpes de sus caderas en la boca de Takeru y levanta una ceja cuando siente que los dedos masculinos se enroscan contra su carne.

    —¿Quieres que te folle más la boca? Pregunta de forma firme, autoritaria y con una expresión en la que sabía controlar cada situación, notando lo sucio que se ve Takeru dominado debajo de él con cada empuje de las caderas de Daisuke acercándolo a su polla.

    Obtuvo un fuerte gemido cuando empuja rítmicamente su polla contra la garganta de Takeru al mismo tiempo que Daisuke empuja su polla más profundamente, no puede evitar sentirse tan usado por sus amante en este punto pero al mismo tan amado. Le encantó, sintiéndose tan increíblemente lleno cuando sus dos amantes lo llenaron por los dos extremos. Nadie puede ocupar su lugar entre Daisuke y Ken. Nadie y nunca.

    La sala está cargada de sonidos de piel y el intercambio de gemidos entre los tres. Takeru de alguna manera aprieta su culo a la polla de Daisuke y pueden escuchar las maldiciones de este último en algún momento como si ese gesto lo hiciera penetrar más fuerte en el culo apretado de Takeru. Sus dos pollas amantes se vuelven más gruesas con el tiempo y nunca se sintió tan agradecido por su vida, por tener a dos hombres increíbles y amorosos rodeándolo.

    Su miembro viril ahora está goteando con preamplificación cuando el delgado dedo de Daisuke se desliza para dar golpes suaves casi al mismo tiempo que escuchaban a Ken gemir cuando sintió que su polla se contraía fuertemente dentro de la boca de Takeru. El empuje de Daisuke se vuelve más urgente y exigente, quemando el interior de Takeru y no puede ayudar cuando Ken gime sin vergüenza mientras está lanzando su semilla hacia la garganta de su amante. Cuando Takeru siente que no puede tomarlo, voluntariamente deja que salga de su boca y de alguna manera se hinche tanto debido al estiramiento constante de la gruesa polla de Ken.

    —Maldición —Takeru escuchó el gemido bajo de Ken cuando el mas mayor metió su propia polla en la boca de Takeru mientras derramaba otra carga. Tose por el estallido repentino, pero sigue tratando de tomarlo de buena gana. El empuje de las caderas de Daisuke ni siquiera ayudó, pero se volvió más duro y más profundo mientras se inclinaba.

    Ken permanece intacto en la cálida boca de Takeru bombea el resto de su carga antes de que finalmente se resbale. Takeru se inclina contra él, mientras que Daisuke se vuelve más abusivo con sus chasquidos en su culo. Se siente cerca, pero Takeru está temblando fuertemente por el cuidado de Ken, así que cuando Daisuke miró a Ken con un acuerdo tan silencioso, el chico mayor inmediatamente le dio una palmadita en el hombro a Takeru

    —Puedes correrte para Daisuke y para mi, te cuidaremos.

    LLora de alivio cuando Ken finalmente alcanza a su polla, sus golpes y la bomba. Se siente tan estimulado cuando Daisuke todavía lo está machacando tan fuerte, rápido y profundo como puede, se está elevando en su excitación cuando sintió que su pecho se apretaba y su polla palpitaba, manchando el presemen en los dedos de Ken. Luego se tensa entre el cuerpo de su amante mientras su polla escupe una vez y otra vez. El silbido sin aliento de Takeru n es tan evidente cuando empuja bruscamente entre los dedos de Ken tanto como cuando se aprieta alrededor de la gruesa polla de Daisuke. No pasó mucho tiempo cuando se aflojó contra Ken y Daisuke, tomó su ritmo para alcanzar su propia liberación.

    Los delgados dedos de Daisuke extendieron descaradamente el culo para ver su propia polla estirarse contra el borde de Takeru, este solo gimió de manera quebrada cuando Daisuke lo atraviesa y se queda en blanco después de algunos empujes mientras sopla su carga hacia el interior de Takeru. Se siente todo cálido y agitado y después de que calmara su rápido latido del corazón más tarde, finalmente se retira y se inclina hacia las frías paredes de azulejos detrás de él, recogiendo el aliento.

    —¿Te sientes bien? —Le pregunta Ken, Takeru intenta articular palabra, pero se siente un poco excluido ya que, Ken busca en todo momento la mirada de Daisuke al igual que Daisuke en él.

    —Me hacéis ser pequeño entre vosotros 2 cabrones

    No pueden evitarlo y tanto Daisuke y Ken sueltan una carcajada mientras es último de forma cordial acaricia suavemente su hombro

    — Me ha encantado ofrecerte lo mejor de mi al igual que tu para mi has dado mucho, gracias.

    —Gracias a ti, ahora comprendo porqué Daisuke está tan enganchado a ti

    —Hay amor real, estoy enamorado de él al igual que él de mi —Se separó de él y fué en busca de la compañía de Daisuke, se sentía seguro a su lado, por su parte Takeru intentó caminar y no pudo

    —No puedo caminar, todo por vuestra culpa —Silbó cuando trató de enderezarse, pero sus rodillas son como una gelatina en un instante y le duele la espalda. Daisuke es rápido para atraparlo mientras Ken lo prepara para un lavado rápido. Las gotas de agua fría y helada comienzan a picarse contra su piel enrojecida por el tiempo que viene en un baño pequeño y estrecho.

    Decidieron acurrucarse el uno contra el otro en el piso de la habitación de Daisuke, colocandose Takeru en medio de ellos dos De alguna manera, se sentía seguro, incluso para sentirse un poco excluido al ver como por momentos los dos se besaban sin importarles si él estaba mirando, de una cosa se dio cuenta, que era Ken quien tomaba la iniciativa, era él quin buscaba a Daisuke en todo momento, para besarle de manera ansiosa, una buena señal de que en el fondo, no estaba a gusto con esta situación, pero aún así, Ken de forma educada, fué gentil con él, porque ante todo, le habían enseñado lo más importante, tener educación con las personas.

    —Buenas noches —La voz de Daisuke le besa en los labios de forma calida y se duerme en su hombro en parte izquierda

    —Buenas noches —Ken murmura desde su derecha y se duerme sin mantener ningun roce.

    Takeru se sintió agradecido por la experiencia vivida

    —Buenas noches —Dice besando a Daisuke en el cabello y terminó quedandose dormido, orgulloso de haber fortalecido aún más esta relación tan especial.

  • Confesiones de una esposa caliente

    Confesiones de una esposa caliente

    Les cuento, este es mi primer relato, mi nombre artístico es Wilson, soy de un metro setenta de altura, con un miembro de unos 17 cm un poco grueso y color oscuro a pesar de que soy blanco. Le he dicho a mi mujer que sea ella quien escriba, siempre dice que sí, pero disque le da vergüenza, pero bueno comenzamos. Mi esposa se llama Pamela -su nombre artístico- tenemos 18 años de estar juntos, es una mujer bella, de piel blanca latina, cabello negro ondulado, de un 1,67 de estatura, tetas grandes naturales y ricas para mamar, de contextura un poco rellenita, pero con unas nalgas que no son muy grandes pura punta trasera poca grasa, pero de esas que provocan agarrar y con una vagina grande.

    Todo comenzó un día mientras teníamos sexo en posición de misionero, una de sus preferidas, le pregunté con cuantos hombres se había acostado a lo que se negó, pero seguí penetrándola y tocándole su clítoris lo cual la pone a 100 por hora. Cuando ya estaba por acabar se lo saqué y le volví a realizar la pregunta, a lo cual se negó y me dijo que con dos. No le creí y seguí con mi juego, la llevaba al punto de acabar y se lo sacaba hasta que pidiéndolo que se lo metiera, que lo necesitaba, le pregunté que cuantos se había comido ese rico culo y habían mamado esas ricas tetas, a lo que me respondió que 25, pero que se lo metiera, que le diera duro por ese culo que quería acabar lo cual me excitó enormemente y a ella también porque comenzó a humedecer y el ritmo de cadera fue más rápido a lo que explotó en una enorme acabada simultánea.

    Desde ese día descubrí que nos excita que me cuente sus historias de sexo, mientras la cabalgo me gusta saber lo puta de mujer que tengo en la cama. Luego les contaré la primera vez de la puta. Espero que les haya gustado.

  • El viaje a Niza

    El viaje a Niza

    No sé cómo fue, pero a finales de febrero comenzó a correrse la voz para que los compañeros de clase de la universidad -estábamos en el segundo año- hiciéramos un viaje de final de curso.

    Cuando estaba en secundaria nunca iba a las excursiones y viajes porque los profesores mandaban demasiado y siempre daban órdenes. Pero pensé que, puesto que en esta ocasión lo que se comentaba era que iban a ir los alumnos que se anotaran, sin profesores ni tutores, quizá podría ser interesante. Así que me inscribí sin preguntar dónde íbamos ni a qué y di la cuota de inscripción, 200 euros, asegurando que asistiría. El encargado de inscribirme, Quique, me preguntó si quería habitación individual o en una doble.

    —Doble, porque prefiero hablar antes de dormirme —dije.

    A los presentes les pareció bien y aplaudieron.

    Quique me dijo:

    —No puedo darte a elegir con quién porque hay todavía pocos apuntados, igual hacemos un sorteo.

    —Me da lo mismo con sorteo o sin sorteo, pero que sepan que no suelo roncar y duermo tan profundo que no escucho los ronquidos de los demás.

    Varios levantaron la mano como deseando ir conmigo, pero no hice caso y me alejé.

    Quique y Arturo se encargaron de organizar el viaje. Habían pedido la opinión a todos los inscritos y decidieron que íbamos a ir en julio a la Costa Azul, al sur de Francia, en la primera semana de julio. Nos habíamos inscrito 32, de los que 7 eran chicas. De vez en cuando iban dándonos alcances del futuro viaje e íbamos pagando las cuotas establecidas según la agencia formalizaba todos los asuntos. El hotel en Niza estaba en l’Avenue des Anglais.

    * * * * *

    Llegó el día y nos encontramos en el aeropuerto. Allí descubrí con quién me habían emparejado. Se trataba de Jaime. Lo primero que supe es que tenía asiento en el avión justo a mi lado. Jaime no había llegado ni yo lo conocía pero, al darme mi carta de embarque y el resto del billete con el regreso, me dijo Quique:

    — Tienes habitación con Jaime.

    Algunos se rieron pero pensé que era porque sería un tío callado o, al revés, dicharachero, o feo o tímido, pero no le di mayor importancia.

    — Vete con cuidado con ese Jaime, dijo alguien por detrás de mí junto a mí oído.

    — Lo siento por ti, te ha tocado el maricón, me dijo otro sin darme tiempo a volverme.

    Me puse a jugar con mi iPhone, poniendo unos WhatsApp a mis amigos. A mi más íntimo amigo le escribí:

    «Para tu envidia, creo que me ha tocado de compañero de hotel un chico gay».

    Me contestó:

    «No te dejes follar, que adivino que no llevas condones».

    Le escribí:

    «¿Para qué quiero fundas?, mejor a puro pelo, ¿no?”

    Escribió:

    «Si follas sin condón, nunca más vengas por mi cama».

    Seguí escribiendo bromas un buen rato, hasta que alguien me sacó del ensimismamiento «huasapero».

    — Hola, soy Jaime —escuché y levanté los ojos para verlo— me han dicho que eres mi compañero de habitación…

    Me quedé mirándolo sin decir nada y abobado…

    — Que soy Jaime, tu compañero de habi…

    — Ah, sí, ya, sí, Jaime ¿sí?, —interrumpí o me pareció interrumpir. El tal Jaime es de buena estatura, me lleva media cabeza por encima de mí, pelo negro, muy negro, bronceado, aunque no tanto como yo, cejas muy pobladas, ojos profundos y brillantes, perfecta sonrisa con dientes muy blancos, la nariz recta. Me pareció muy guapo y me entraron ganas de darle un par de besos. Me contuve, pero mi polla comenzó a enderezarse. Pero nos pusimos a conversar como si nos hubiéramos conocido desde siempre y no subió visiblemente mi calentura.

    Por fin llamaron para embarcar, pero como teníamos sexto asiento y se entraba por la cola nos admitieron a todo el grupo los últimos. Dejé pasar a Jaime a la ventana porque yo prefiero pasillo y me encargué de colocar nuestras bolsas al portaequipajes superior para poder estirar los pies.

    Como todo el grupo había concertado, llevábamos short jeans y camiseta blanca. Yo llegué al aeropuerto con camiseta de tirantes y me la hicieron cambiar por la que me dio Quique, blanca, manga corta y una frase en inglés sobre el pecho: «I take enough condoms». Cuando me senté, Jaime me miraba mis muslos sobresalientes del short y me dijo:

    — ¿Tú también te depilas en verano?

    — Siempre, todo el año, —le contesté.

    — Yo solo en verano, —me dijo.

    Entonces quise excusarme y añadí:

    — Es que a mí me molesta el pelo, casi como una autoalergia.

    Me di cuenta de la estupidez que había dicho y me sonreí. Jaime sonrió igualmente y me puso la mano sobre mi muslo izquierdo, diciendo:

    — Joder, te ha quedado de puta madre, ¡qué suavidad!

    — Claro que sí, estoy repasado de esta misma mañana, —dije lujurioso.

    — ¿Cada cuánto te depilas?, —preguntó.

    — Cada semana todo el cuerpo, —respondí con naturalidad.

    — ¿Cada semana?…, y los… —haciendo un movimiento con su mano derecha como quien quiere tocar sus pelotas— ¿también?, —preguntó sorprendido.

    Respondí:

    — Sí, también; todo, todo, ¿tú no?

    Se puso las manos por encima del short sobre su paquete y movió la cabeza hacia los lados indicando su negativa. Yo, para animarle y porque lo deseaba, puse mi mano izquierda sobre su muslo encima de la tela porque su short era más largo. Se lo arremangó y mostró la pierna, depilada, pero no rasurada a tope como las mías.

    Ganas hubiera tenido de meter mis manos por la pierna adentro para descubrir cuán suaves serían sus pelos y cuán larga su polla, pero no lo facilitó y puse mis manos sobre mis rodillas, pensando si tendría alguna oportunidad con Jaime, a la vez pensaba que quizá Jaime estaría pensando lo mismo que yo.

    Jaime sacó la revista de avión de La Bolsa del respaldo anterior y salía el carrito con refrescos. Entonces me di cuenta que habíamos despegado y llegado a la altura prevista. Entonces pensé que lo iba a pasar en grande. La azafata preguntó que deseaba y le dije que zumo de naranja, Jaime pidió lo mismo. Le pregunté a la azafata si podría darnos dos minis de whisky, mostrándole un billete de 10€. Contestó positivamente:

    — Un momento, y las traigo.

    No tardó mucho, trajo dos botellitas y dos vasos de plástico duro anchos; ya no teníamos zumo de naranja, nos preguntó si queríamos más zumo y le contesté que fueran dos. Sonrió, sirvió. Lo agradecí de palabra y con sonrisa. Jaime miraba. Abrí una botellita, la vacié en un vaso y se la pasé a Jaime, hizo otro tanto. Al poco tiempo estábamos en Niza.

    * * * * *

    En el hotel todo fueron prisas, porque teníamos que ir a no sé dónde y luego a comer a un típico restaurante, a fin de ir a la playa para relajarse hasta la hora de pasear, cenar y regresar a dormir.

    Aunque ya tengo costumbre de ir a playa nudista, en Niza, frente al hotel, ya sabía que no iba a ser igual, así que me cambié rápido, con un mini slip de baño y encima short deportivo, chanclas, tank top y un pareo para no llevar toalla. Salimos juntos todo el grupo y con ellos dejé mis chanclas, short, tank top sobre el pareo y me metí al mar casi dos horas sin salir. De vez en cuando se me acercaba alguien del grupo, conversábamos y se iba. Vino una de las chicas y me dijo:

    — Creo que mucho te gusta el mar, porque te veo nadar, entrar profundo y regresar, quedarte quieto y jugar tú solo…

    — No me gusta la arena, —le dije.

    — Me llamo Sonia, ¿puedo nadar contigo hacia adentro?, —preguntó y luego añadió— sola no me atrevo y los demás no quieren.

    Le hice ademán con la mano y nadamos casi al compás hasta la boya amarilla. Allí nos sujetamos un poco y se arrimó a mí. Se le notaba cansada, pero feliz. Se agarró de mi cuello y me preguntó:

    — ¿Me dejas que te bese?

    Ante mi sorpresa me dijo:

    — Me has hecho muy feliz…

    — Bésame, Sonia, bésame, —le interrumpí.

    Me besó en la cara, quise devolvérselo, pero el vaivén suave de las pequeñas olas encaminaron mis labios hacia su boca y la besé como yo sé besar, es decir, metí lengua y me correspondió, mezclando dos sabores de saliva con el sabor a mar.

    — Besas bien, muy bien, —dijo cogida a mi cuello y de cara a mí.

    — Tú también, —le dije.

    — ¿Tienes novia?, —preguntó.

    — No.

    — ¿Por qué, si eres guapo y tienes un cuerpo de envidia?, —dijo sorprendida.

    — Porque yo soy gay, —me sinceré.

    Para mi sorpresa me dio otro beso, esta vez directamente a la boca, con más lengua y más detenidamente.

    — Oye, ¿tú eres gay o bi?, —preguntó.

    — No, soy gay, solo gay, todo gay, —respondí.

    — Entonces…, ¿por qué me besas y sigues mi beso espectacularmente?, —insistió.

    — Porque eres bonita, porque eres valiente y porque me gusta besar…, pero vámonos, Sonia, que ya llevamos mucho tiempo y pueden desesperar, —le dije sonriendo.

    — No diré nada, ni a mis amigas, —dijo muy seriamente.

    — Gracias, Sonia, y cada vez que vengamos te acompaño hasta la boya, —le dije mientras soltaba sus manos de mi cuello para iniciar el regreso.

    Una vez fuera del agua me di cuenta que los demás se sonreían y comentaban entre ellos mientras nos miraban salir del agua cogidos de la mano. Alguno incluso tarareó la marcha nupcial. Se me empezó a poner dura la polla y, antes de que se dieran cuenta, solté la mano de la chica y corrí hacia dónde estaba mi pareo y me tumbé boca abajo. Luego me percaté que Jaime estaba a mi lado muy serio. Cuando se había pasado mi calentura me arrodillé a su lado y comencé a masajear su espalda por la parte del pescuezo. Noté que le gustaba y volvió la cara sonriendo. Entonces le masajeé toda la espalda con crema anti solar hidratante y le bajé un poco su short, que estaba seco. Paseaba mis manos por toda la espalda y procedí hacia la mitad superior de las nalgas. Luego le subí el short, lo tomé de la mano y lo llevé al mar, hasta que sobrepasó la cintura. Jaime temía ir mar adentro.

    * * * * *

    Después de cenar, pasear y tomar unas copas, nos regresamos todos al hotel para dormir. Al entrar en la habitación, Jaime encendió de inmediato el televisor y comenzó a buscar canales. Yo me desnudé, y cogí mi tanga usada para lavarla. Busqué en mi bolsa el cepillo y la crema dental y me metí al baño. No cerré la puerta por si Jaime necesitaba entrar. Miccioné abundante con poderoso sonido ya que dirigí el chorro hacia el agua del fondo del wc. Lavé mi tanga y la tendí sobre la cisterna del wc. Me lavé los dientes, me eché agua sobre la cara, me sequé muy ligeramente y salí hacia la cama.

    La cama era enormemente grande. Tenía cuatro almohadones. Anchamente cabían tres personas. Jaime estaba sentado sobre el borde de la cama sin zapatillas en la parte cercana a la entrada de la habitación y yo me dirigí a la otra parte y me tendí sobre la cama, abriendo las piernas de cara al televisor y tocándome de vez en cuando mi polla como haciéndole un masaje masturbatorio. Jaime miraba por momentos con ojos lujuriosos. Alguna vez le vi mirando mi polla y mis huevos con deseos o con curiosidad al verme tan rasurado.

    — ¿Ya vas a dormir?, —preguntó.

    — No, dormiré cuando duermas tú, —contesté.

    — ¿No vas a ponerte pijama?, —insistió.

    — Imposible, —dije burlón.

    —¿Por qué imposible?

    — Porque no tengo.

    — ¿No has traído?

    — No, no tengo; yo no uso pijama, siempre duermo desnudo.

    — y yo, ¿qué hago?

    — Lo que quieras.

    Entonces comenzó a desnudarse. Se desvestía muy lentamente y continuamente me iba mirando como buscando mi aprobación. Yo lo miraba descaradamente sin muecas ni disimulos ni otras señales, solo como quien espera que acabe de desnudarse. Sin volverse hacia mí, iba echando su ropa en la banqueta. Cuando acabó de desvestirse, y siempre de espaldas, recogió de su bolsa un neceser de aseo, se metió en el baño, entornó la puerta dejando una diminuta ranura y se puso a orinar sin ruidos. Tardó en salir. Yo, mientras, miré sin interés la televisión. Salió tapándose los genitales y le indiqué que se tumbara en la cama. Lo hizo. Me levanté, lo miré fijamente. Vi una buena polla, gruesa y medianamente larga y mucho pelo, como que nunca se lo había cortado. Le dije:

    — Eres muy guapo, estás muy bueno. ¿Sabes? Prepárate que esta noche me vas a follar duro.

    — ¿Yo?

    — Sí, tú, yo no veo a nadie más. Creo que te gusta y también que lo deseas, —le dije.

    — Te he visto en el mar con Kathy y pensaba que eras hetero. En todo caso, pensé que me ibas a tomar por una chica y que me ibas a follar tú; la verdad es que estaba preocupado porque tú polla es muy larga, —alegó.

    — Tú eres activo o pasivo?, —pregunté.

    —Mayormente activo, —respondió.

    — Pues yo soy ma-yor-men-te pasivo, —afirmé.

    — ¿Con esa polla pasivo?, —preguntó, abriendo de par en par sus ojos negros.

    — Nada tiene que ver, — le dije y me eché de inmediato sobre él para chuparle la polla y hacerle deleitar.

    Comenzamos como tradicionalmente se hace, primero un 69, donde yo me mamaba su polla y le dije que preparara mi culo. ¡Joder!, qué modo de mamar, besar y chupar mi ano, como si tuviera hambre, pero me lo dejó muy bien dispuesto.

    Le dije que comenzara a metérmela que las mariconadas las dejaríamos para después. Yo estaba que tenía unas locas ganas de tener una polla en mi trasero y le iba diciendo que comenzara ya de una puta vez. Por fin lo hizo. Yo temía que se viniera antes de penetrarme y que me amargara la noche, pero el maricón de Jaime tiene aguante. Comenzó a metérmela y le dije:

    — ¡Un momento! Por favor, Jaime, vamos a gozarla los dos, fóllame de cara, no te pongas en cucharita detrás mío.

    Sonrió. Así que levanté las piernas y tomándome por debajo de las rodillas, se lo ajustó a su polla. No era la primera vez que Jaime follaba, era muy experto aunque más tímido que osado. Puso su polla en mi ojete y la fue metiendo. Ligeramente me dolía pero yo seguía sonriendo mientras él me miraba fijo esperando una mueca de dolor. En esto no quise complacerle y entró, vaya que si entró, coméis se resbalara. Ya noté sus huevos sobre mi coxis y empello de su pubis rozando mi escroto y mi polla.Eso me encendió y comencé a moverme para que se moviera, así inició un mete y saca. Hacía rato que estaba en su faena y el tipo seguía aguantando y echando adentro y afuera.

    Como consecuencia del esfuerzo estábamos muy sudados y yo con la respiración entrecortada. Pero tal esfuerzo hice para respirar que di un grito fuerte y mi polla soltó su río de esperma que me llenó la cada, el pecho y mi abdomen de semen. Ya respiraba tranquilo y con la mano izquierda iba recogiendo de mi semen para comerlo, pues la lefa me encanta y me parece un suculento banquete, pero mi semen me gusta sobremanera.

    Jaime se inclino pidiéndome sin palabras que le diera de mi mano mi esperma. Estaba sediento porque había sudado mucho y se le notaba la lengua seca y saliva como espesa en la comisura de sus labios. Todo lo hacía sin parar de follar y comenzó a tener espasmos, y gritó también, lo hizo más fuerte ininteligible que yo y soltó su lefa dentro de mí. ¡Joder! Me pareció y así era que había soltado toda su lefa y seguía remando como si todo él quisiera meterse en mi interior, hasta que se cayó rendido encima de mí y nos entretuvimos con un largo beso.

    Esto fue el entrenamiento hasta cansarnos, me pidió que lo follara y le dije que para la siguiente noche. No deseaba yo que le doliera el culo y la emprendieran los demás con él. Desperté pronto, muy pronto y me asomé por la ventana y vi que había gente en el mar y me puse el mini slip de baño color naranja, suave y semi transparente, el mismo que en la tarde de ayer. Me bajé con mi pareo enrollado a la cintura y atravesando la avenida me metí al mar. El agua estaba agradable y me entusiasme. Eso hizo que me diera cuenta que tenía que desayunar con todos para salir no sé a qué.

    Me volví a enrollar con el pareo y me subí. No llevaba la llave y llamé. Suerte que Jaime estaba esperando con cara de morros. Me duché rápido, me vestí y bajamos al desayuno. Uno me preguntaba que cómo estaba el mar en la mañana; otro que es que si no había podido dormir. Cuando me senté, a la mesa con los siete que había, las mesas redondas eran hasta para diez personas y Jaime se sentó al frente entre dos chicas. A mi lado estaba Aurelio, preguntón, preguntaba de todo a todos.

    — ¿Qué has hecho esta noche que te levantaste temprano para ir al mar? Todo el hotel pendiente de ti…

    — ¿Me preguntas a mí?, —pregunté.

    — Nadie ha ido al mar mas que tú…, ¿qué habrás hecho? —insistió.

    — Muy simple, en la noche… ¿yo?… follar, follar toda la noche, para eso es la noche para follar.

    Las risotadas de todas las chicas de la mesa y los demás eran ten estentóreas que medio comedor se nos puso a mirar. Pero a quien se le subieron los colores fue a Aurelio y todos le preguntaban después que había pasado. Pero todos se enteraron de mi respuesta.

    Jaime no respondía a nada, como si nada supiera y le iban a preguntar a Sonia que qué tal, que cómo follaba yo, que si valía la pena. Ella negaba diciendo que no sabía nada y la tomaron por mentirosa.

    La historia se fue repitiendo diariamente y puedo decir que dormí poco, me lo pasé bien y follé cuanto quise. Tampoco fue Jaime el único que folló conmigo, Luciano y Luismi también vinieron a nuestra habitación y nos lo pasamos los cuatro de puta madre cada noche.

    Cuando regresamos, los cuatro nos apuntamos a la siguiente excursión que organizara Quique. Durante todo el tiempo de la universidad, Quique organizó dos excursiones al año. Pero al tercer año, Quique quiso dejar esta actividad porque habían tenido problemas económicos en su casa. Me lo contó él mismo y le dije que no abandonara la actividad, era mejor que la siguiera, que con poner un poco más cada uno, él podía venir de organizador gratis, porque era un servicio que estaba haciendo. Sin necesidad de contar la situación económica de Quique en una reunión propuse que, dado que Quique era el que menos disfrutaba porque esta al tanto de todo, sería bueno que entre todos pagáramos su parte, ni lo notaríamos y él estaría más a gusto. Todos aprobaron la moción como cosa lógica.

    Así pude seguir haciendo las excursiones que jamás quise hacer de colegial y Jaime, Luismi y Luciano disfrutaron conmigo, unas implacables noches de sexo. En total fueron como diez excursiones u once, pero Jaime, Luciano, Luismi y yo hemos seguido haciendo excursiones por la Europa nudista.

  • El diario de Mica

    El diario de Mica

    Todas las muertes causan conmoción en su entorno. Incluso aquellos occisos que en vida supieron ser solitarios y antisociales, a la hora de su partida causan, aunque sea, un revuelo efímero a su alrededor. Pero cuando la muerte le llega a una persona joven, y para colmo esa persona es especialmente querida por sus iguales, el fallecimiento marca un antes y un después en la vida de quienes la conocieron de cerca.

    Esta vez la muerta fue una estudiante de contabilidad que se llamaba Micaela, y para darle más dramatismo al trágico suceso, resultó que fue ella misma quien se quitó la vida.

    Yo la conocía, pues era su profesor.

    Tengo treinta años, y por eso, supongo, mantengo una buena relación con el alumnado de la universidad. Es que no fue hace tanto que yo era un adolescente dando mis primeros pasos académicos, como ellos, y eso me permite conectarme fácilmente con los chicos.

    Micaela pertenecía a un grupo de chicos que recién empezaba la carrera en la facultad de economía. Debían cursar contabilidad básica, y ahí era donde yo aparecía en sus vidas.

    Recuerdo que Micaela se sentaba en el fondo, junto a otros cuatro o cinco pibes que eran sus amigos. Uno de ellos salía con ella y se notaba que estaban enamorados.

    De Micaela me llamó la atención su aspecto infantil. Solía usar trenzas, sus dientes estaban adornados por unos brackets y tenía la mirada insegura de una nena pequeña. Usaba una llamativa cartuchera de Barbie, donde guardaba un montón de fibras y lápices de colores que resultaban inútiles en la universidad. Aun así se podía entrever en su cuerpo delgado pero sinuoso que se estaba convirtiendo en una mujer, y la sensualidad de ese cuerpo esbelto, que contrastaba violentamente con esa primera imagen infantil seguramente causaba una fuerte impresión en los hombres.

    Al principio había pasado casi desapercibida, pero de a poco fue venciendo su timidez y comenzó a participar en las clases, cosa que, como profesor, me alegró.

    A todos les tomó por sorpresa su intempestivo final. Julián, su noviecito, estaba destrozado. Tanto es así que temí que él mismo siguiera el camino de su amada.

    Lo vi en el velorio, pegado al ataúd abierto de Micaela, llorando desconsoladamente.

    El cuatrimestre había llegado a su fin y en ese tiempo me hice muy cercano a la mayoría de los alumnos. Con varios me escribía de manera regular y Julián era uno de ellos. No había mucho que pudiese hacer por él, sólo atiné a abrazarlo.

    Después de saludar a los padres destruidos y de consolar a algunas de las amigas de Micaela, fui a buscar a Julián, quien había salido, ya que sabía que aparte de los progenitores de Mica, era el que más sufría. Supuse que estaría confundido, sin siquiera saber por qué la chica que hasta hace unos días lo abrazaba y lo besaba, había decidido dejarlo solo. Pero estaba equivocado.

    Julián estaba sentado en la vereda de la casa mortuoria. Lo habían dejado sólo, respetando su sufrimiento. Aun así me acerqué a él. Me había dado la impresión de que el abrazo que le había dado anteriormente lo consoló, aunque sea un poco, así que me puse en cuclillas a su lado.

    —No sé cuál es el sentimiento más fuerte. —Dijo, susurrando, como para dejar en claro que sólo hablaba conmigo.— siento tanta tristeza como bronca.

    Supuse que cuando hablaba de bronca se refería a que su novia lo dejó de la peor manera posible, de un día para otro, o quizá se debía a que estaba enojado consigo mismo por no haber advertido nada. Aun así, me guardé mis suposiciones y le pregunté.

    —Bronca ¿Por qué?

    Julián hizo un silencio calculado, como queriendo dar dramatismo a la situación, como si ya no fuese lo suficientemente dramática.

    —Mica tenía otra cara. —Dijo al fin.

    —¿qué?

    —Eso… tenía otra cara. —se limpió los mocos que se le salían de la nariz con el puño de su camisa, y siguió diciendo.— conmigo era la novia perfecta: dulce, cariñosa, detallista, compañera… —De repente paró de hablar y estalló en una carcajada. Los que estaban afuera de la casa velatoria lo miraron con asombro, pero enseguida se enfrascaron en su propio dolor, habrán pensado que después de todo, cada quien expresaba su sufrimiento como podía.— Pero tenía otra cara. —repitió Julián, controlando su risa.— Yo no le alcanzaba. Yo no le alcanzaba.

    —Julián. —le dije, apoyando mi mano en su hombro.— Si querés contarme algo, acá estoy.

    Él pareció no escucharme, sin embargo, no necesitó que yo lo instara a hablar para que se decida a contarme.

    —Y pensar que era tan linda, tan pura… o eso me parecía. ¿Sabe que era lo que más me gustaba de ella, profe? Su ternura. Parecía incapaz de lastimar a nadie. Además era tan linda. ¿Sabe que tardé en darme cuenta de que tenía ojos verdes? Un día estábamos hablando, uno muy cerca del otro, y ahí recién me di cuenta de sus ojos. Creo que ahí empecé a enamorarme, después no pude dejar de pensar en ella. —Se tapó la cara y rompió a llorar.

    —Mirá Juli, lo que sea que haya hecho Mica que te decepcionó, ahora sólo tenés que recordar las cosas buenas. Mica era una chica buena, con sueños y deseos, no la juzgues por nada, y menos ahora…

    —Es que todo lo que vivimos fue una mentira.

    No estaba seguro de si era buena idea indagar más, pero como el chico se estaba sincerando conmigo supuse que quería que le pregunte más detalladamente sobre aquello que le estaba destruyendo el cerebro.

    —¿Y por qué decís que tenía otra cara?

    Como única respuesta Julián abrió el morral que colgaba de su hombro, y sacó un cuaderno. Tenía la tapa blanca, pero estaba lleno de dibujos de corazones rosados.

    —Su diario. —dijo Julián.

    —¿Qué?

    —El diario íntimo de Micaela. —Susurró.

    _¿Pero qué hacés con eso? —pregunté exaltado. Presentía que nada bueno podía salir de esa situación.

    —¿Qué importa? Es su diario.

    —¿Lo leíste? —pregunté. Él deslizó una media sonrisa carente de gracia.

    Abrió el diario, y me mostró una página, la cual leyó en voz baja:

    30 de Julio del 2017

    Julián es un amor, ayer me regaló un ramo de flores. No fueron tanto las flores lo que me gustaron, sino el hecho de que me las diera en la facultad, delante de todos, sin importarle que lo traten de cursi, o cosas así. A veces me da miedo sentir tanta felicidad. Tengo miedo de que se aburra de mí, o de cagarla.

    —Pero Juli, es muy lindo lo que dice de vos.

    Julián me miró como si fuese un estúpido.

    —Sí, muy lindo. —hojeó un par de hojas hacia adelante y me leyó otro párrafo.

    12 de agosto del 2017

    Me encanta la universidad, pero también me estresa mucho. Por suerte los profesores son bastante buenos. Principalmente el profe de contabilidad. Es como un profesor, un amigo y un padre al mismo tiempo. Hay varias chicas que están enamoradas de él.

    A Julián cada día lo amo más. Pensé que iba a ser complicado compartir las clases con él, pero se lleva súper bien con mis amigos

    —Pero Julián, no entiendo…

    —Pensé que iba a ser buena idea llevarme este diario, pero no estoy seguro profe.

    —Si leíste algo que te lastimó es mejor que te deshagas de él. Vos sabés lo que viviste con Mica, no tenés que aferrarte a un par de palabras que escribió quien sabe en qué estado.

    —¿Y si las palabras dicen esto? Julián adelantó esta vez unas cuantas hojas, hasta que encontró lo que quería mostrarme.

    14 de noviembre de 2017

    Julián es ternura, el otro es pasión. Julián me acompaña, el otro me somete. Julián me hace sentir una princesa, el otro me hace sentir una puta regalada. Julián me desviste con dulzura, el otro me arranca la ropa y me revuelca en la cama. Julián me quiere solo para él, el otro me propuso hacer un trío. Julián nunca haría algo para lastimarme, el otro hiere mi cuerpo y mi alma todo el tiempo. Julián es tan inocente que nunca sospecharía las cosas que hago a sus espaldas, el otro me obliga a hacer cosas que nunca imaginé, y me gusta.

    Nunca me sentí tan culpable y contrariada. ¿Se puede amar a dos personas al mismo tiempo?

    El diario de Micaela temblaba en las manos de Julián.

    —Dejá eso Julián. Haceme caso, yo sé lo que te digo. Te estás torturando al pedo. Si Micaela se sintió confundida durante un tiempo ¿qué? Vos sabés que te amaba. No seas tonto. Dame ese diario. Yo me voy a deshacer de él.

    A regañadientes Julián me lo entregó.

    —De todas formas ya leí todo. Lo que más detesto es que nunca voy a saber quién era ese hijo de puta. Por culpa de él se mató Mica.

    —¿Por qué lo decís?

    —Siga leyendo profe.

    Una vez que terminó el velorio me fui a casa. Debo admitir que se despertó cierto morbo en mí. Pero dejé el diario de Micaela de lado, para leerlo a la noche, después de cenar.

    Recordé que el último pasaje del libro que me mostró Julián fue de mediados de noviembre, por lo que decidí leer lo que escribió entre agosto, septiembre, y octubre para encontrar los indicios en donde Micaela comenzaba a tentarse con la infidelidad. La mayoría de las cosas que ponía eran puras banalidades. Pero por fin encontré algo de mi interés.

    21 de septiembre del 2017

    Dicen que con la primavera nos volvemos más enamoradizas. ¡Y es cierto! Yo ya tengo mi amor, pero ahora estoy sintiendo cosas por otro. Es que es tan maduro, tan inteligente, tan lindo. Cuando me habla delante de todos me hace sentir que estamos los dos solos.

    Sé que no está mal sentir esto. Todo el mundo mira a otras personas mientras están en pareja. Pero me da un poco de miedo, aunque no sé por qué.

    Así que fue al inicio de la primavera cuando Mica comenzó a pervertirse. Recordé su pelo castaño peinado con trenzas, su cartuchera de Barbie, con la que se esforzaba por aferrarse a una niñez que había desaparecido hace mucho. Me dio mucha tristeza, y al recordar el sufrimiento de Julián ya no pude más y me largué a llorar.

    Cuando me sequé las lágrimas seguí hurgando en la vida íntima de la pobre difunta.

    27 de septiembre del 2017

    ¡Me habló! no lo puedo creer pero me mandó un mensaje a la noche y estuvimos conversando dos horas. Y pensar que hace unos días empecé a fantasear con él. Y mientras hablaba con él, también hablaba con Juli, no vaya a ser cosa que me viera conectada y sospechara algo raro.

    Me siento mal por hacer esto, pero sólo hablamos. ¡Es tan lindo!

    02 de octubre del 2017

    Me dijo que soy hermosa. Yo ya sospechaba que tenía onda conmigo. ¡Es todo tan raro! Ahora lo miro y es todo diferente. Porque cuando cruzamos nuestras miradas sabemos que somos cómplices en nuestras fantasías. Yo no le devolví el halago, pero él sabe que me gusta, no tiene treinta años al pedo.

    07 de octubre del 2017

    Me puso una trampa y caí. Me dijo que vaya al estacionamiento. Él sabe que llego temprano a la facultad para guardar el lugar a mis amigos. Me dijo que me tenía que dar algo. Me metí en el auto. Me puse nerviosa, como cuando era nena y estaban a punto de darme mi primer beso. Él me abrazó. Yo traté de frenarlo, pero por un lado, tenía mucha fuerza, y por otro, en realidad quería que lo haga. Le corrí la cara una vez, dos veces, y a la tercera me comió la boca. Besa bien, y sabe dónde tocar.

    Ahora soy oficialmente infiel. Pobre Juli.

    “Estos adolescentes” pensé yo, leyendo las confesiones de Mica. Me compadecí nuevamente de Julián. Habría de ser muy duro leer algo como eso.

    Seguí con la lectura, esperando encontrar el inevitable pasaje que describa su arrepentimiento, y no tardé en encontrarlo.

    08 de octubre

    Está mal lo que hice. Juli no se merece esto. Al otro le mandé un mensaje diciéndole que no se podía repetir lo que pasó. Lloré toda la noche. Nunca lloré tanto.

    Sin embargo, su sentimiento de culpa no le sirvió para apartarse del sendero equivocado. La carne es débil.

    11 de octubre del 2017

    Fui caminando hasta tu casa, sintiéndome desnuda. En la plaza los chicos jugaban a darse besos y yo iba con mi corazón acelerado para saborear tus labios prohibidos, para beber tu esencia maldita. Me maldije mil veces por mi decisión traicionera, pero mis piernas no retrocedían, mi cuerpo quería ir a tu encuentro. Borré el recuerdo de mi amor por unas horas. Ahora solo estabas vos, mi amo.

    Me trataste con brusquedad. La caballerosidad de príncipe azul que había inventado en mi cabeza nunca existió. Recorriste mi cuerpo con impaciencia, me susurraste bajezas al oído, me poseíste como un animal, me embriagaste con tu virilidad egoísta. Y todo eso me gustó. Me hice adicta a vos.

    Leer esos párrafos en primera persona me causó la sensación de que esas líneas iban dirigidas a mí, cosa que me revolvió el estómago.

    ¡Qué terrible somos los hombres! A veces, sólo preocupados por satisfacer nuestros deseos, no reparamos en el mal que podemos estar haciendo.

    Seguí leyendo un rato más, sintiéndome cada vez peor, hasta que encontré lo que buscaba.

    29 de noviembre del 2017

    No logro que salgan las lágrimas mientras escribo estas líneas. Será que ya derramé muchas. Siempre fue sincero con sus fantasías perversas, pero nunca pensé que las llevaría a cabo sin mi consentimiento. Ya le dije que no quería hacerlo con nadie más. Sólo el hecho de estar con él y con Juli era demasiado para mí. Pero a él no le importó. A él no le importo.

    Me tapó los ojos con una venda. Me ató las manos. No era la primera vez que lo hacía. Le gustaba verme así, indefensa. Pero esta vez sentí otras manos frías acariciando mi cuerpo. Y luego otras, y otras.

    Y pensar que en mi vida sólo estuve con dos hombres. Y ahora no estoy segura de con cuántos estuve, ni quiénes eran. No soporto lo que me hizo ¿Por qué no pude hacer que me ame?

    No pude evitar que la culpa inundara mi alma. Pobre Mica, tan volátil, tan insegura, tan manipulable.

    Recordé la primera vez que le escribí, sólo para ir tanteándola. Terminamos hablando largo y tendido durante horas. Desde ese momento supe que iba a ser una buena sumisa.

    La usé para saciar mis más bajos instintos. Ella siempre se mostraba culpable o arrepentida, pero pronto acudía a mis nuevas exigencias.

    Pero pensé que era más fuerte ¡Qué decepción! Quitarse la vida por haber hecho algo de lo que luego se arrepintió. Porque yo no la obligué a nada. Ella participó del juego sabiendo lo que venía. Sus negativas sólo eran parte de ese juego. Qué bella estaba esa noche, desnuda, bañada con el semen de mis amigos. Pobrecita, y pobre Julián que se tuvo que enterar de todo. Por suerte mi nombre no aparece en el diario. Ahora solo tengo que deshacerme de él.

    Fin.

  • Nuestra amiga argentina, el tatuado, Pau y algunos más

    Nuestra amiga argentina, el tatuado, Pau y algunos más

    Como ya saben esto es el diario de mi vida, ahora, tengo que buscar los momentos para escribir, ya que no estoy sola -estoy con mi amiga/novia- pero no puedo dejar de contar lo que hago es ¡más fuerte que yo!

    Después de lo que conté, volvimos a la playa, hasta que el tatuado nos dice: ‘chicas, hoy hago una reunión en casa, ¿por qué no se vienen?’, y yo le digo: ‘dale, que bueno, si, no hay drama, a la noche vamos para ahí’, obvio ni le pregunte a Pau si quería ir o no.

    Nos vamos de la barra y Pau me dice: “nena, estás loca, ni en pedo voy a ir” pensé ¡la puta que la parió! Pero como soy caprichosa y malcriada termine convenciéndola diciéndole que seguro había alguna chica (eso le gustó), y podíamos, si se daba, estar todos juntos.

    Bah, creo que en realidad, me dijo que si, porque que yo le dije que iba a ir si o si, y obvio, no se iba a quedar en casa sola.

    La cosa, a mi la previa es ¡lo que más me gusta!, cenamos, nos vamos al cuarto a cambiar, nos ponemos como siempre cundo estoy afuera (unas polleritas de jean, ojotas, y unas remeras).

    Ella estaba tensa, para romper el frio, le doy un beso, me lo responde, nos matamos con esos besos que nos damos, le meto la mano debajo de la pollerita, ya estaba mojada, llego a su conchita, ya re húmeda, le meto un dedo y le digo: “¿no te gusta que si se da la onda alguna chica te haga esto?”, le saco el dedo (solo quería calentarla)

    Me dice: “forra, me conoces y sabes que me pone loca ¡todo eso!”

    Bueno, ya estábamos listas para salir, y ¡ME QUERÍA MORIR!, casi se me pudre todo (no había con mi auto porque a mi vieja le da miedo manejar su camioneta en la ruta, entonces nos fuimos solo en su camioneta).

    La cosa es que salimos del cuarto, a mi vieja no la veo, le pregunto a mi viejo donde estaba y me dice: “que se había ido a la casa de una amiga donde se juntaban todas las amigas a tomar un café y en un rato ¡volvía!”

    Pero yo me quería ir ¡ya! Eran como las 12 de la noche, y le digo a mi viejo, que tenía que salir, que se me hacia tarde, que no me traje mi auto por mama, que le daba miedo manejar en la ruta, que entonces me prestara su auto.

    Se empezó a cagar de risa, y me dice que ni en pedo me presta su auto (el auto de mi viejo no lo uso nunca), que es un peligro, que como esta todo, no íbamos a salir solas con un auto así y que esto y lo otro (no es por nada, pero yo cuento todo para que me entiendan, mi viejo tiene un Mercedes nuevo, por eso no me lo quería prestar).

    Hasta que obviamente, lo termino convenciendo y me lo da (una locura lo que hice, porque el tatuado vive cerca de Carilo, pero en una casucha que está en un lugar de mierda, y es una locura ir con un auto así, pero nada, estaba tan caliente, que nada me importaba).

    Lo importante, llegamos a la casa del tatuado, Pau, súper nerviosa, intrigada, sin saber lo que iba a pasar (yo no, porque si sabía lo que iba a pasar).

    Llegamos, entramos, estaba el tatuado con tres amigos y dos chicas (dos pendejas que se vendían solas ¡de la cara de puta que tenían!).

    Estaban tomando Fernet y ya fumando, nos sentamos en ese especie de living (que es casi toda la casa), tomamos Fernet, el tatuado me da un cigarro (¿entienden de que hablo?), empiezo a fumarlo. Pau me miraba desconcertada, le doy para que lo pruebe, al principio me dice que no, después que si, hasta que se lo FUMÓ SOLA, a mi me dan otro, ya estábamos todos ¡re locos!

    Y de acá en más cuento solo lo que me acuerdo, porque la verdad solo sé que fue una noche de aquellas, pero ¡mucho no me acuerdo!

    Como les decía ya todos re locos, los amigos del tatuado ya estaban con las chicas, bah, ya las estaban poniendo ¡en bolas!

    El tatuado me empieza a besar a mi, y a Pau, saca la pija, entre Pau y yo empezamos a chupársela, mientras, como siempre ¡nos besábamos! El Tatuado, como casi todos ya estaban en bolas, con Pau, nos empezamos a quedar en bolas también, ya era ¡una orgía! (de las que me gustan)

    Entre Pau y yo desesperadas chupándole la pija (a la guacha le re gusta eso, a pesar que me lo niegue) se la chupamos como a mi me gusta, ya la pija del tatuado estaba ¡re parada!, la llevo a Pau a que se lo monte me dice: “ no guacha ¡no!”, pero con la calentura que tenia y encima fumada, no se resistió mucho, se lo monto, empezó a saltar sobre es pija, mientras los otros dos chicos se cogían a las chicas, todos juntos en esa casucha de mierda llena de humedad (pero eso me calienta).

    La cosa, es que mientras el tatuado se la cogía, yo la besaba, le besaba las tetas, ella estaba como loca, saltaba sobre esa pija como nunca la vi, y más me calentaba y más la chupaba toda hasta que acabo ¡como una perra!

    Las otras dos parejas ya habían terminado de coger, solo nos veían a nosotras dos, como nos besábamos y nos tocábamos para que Pau acabe.

    A mi se me acerca uno de los chicos (que ni sabia quien era), me empieza a tocar, (yo me caliento enseguida), me besa, me mete la mano en la concha, me dejo, los dedos, me la chupa, me la muerde, me pongo en el sofá boca arriba, me pone mis piernas sobre sus hombros, mientras me empieza a coger y en todo eso veía a Pau, como las otras dos chicas y el tatuado estaban con ella (no preste atención en lo que le hacían, pero la vi muy caliente).

    Bueno la cosa es que en un momento mientras me cogían me doy vuelta, la veo a Pau, chupándole la pija al tatuado y las chicas chupándole la concha, eso me puso re loca, y me hizo acabar como una perra. Pau también acabó, y el tatuado, por sus gemidos, me di cuenta que también.

    Ahí nos quedamos todos re jugados en bolas, bah, Pau y otra de las chicas con una remera se taparon las conchitas y empezamos a fumar ¡de nuevo!

    Ahora ya no me acuerdo bien todo, estábamos re locas, solo me quedaron imágenes que se las cuento.

    Me acuerdo que los chicos ya se estaban cogiendo de nuevo a las chicas, yo me voy con Pau, ¡nos matamos!, llegamos hasta el 69 y se prende el tatuado (Pau estaba arriba mía), le empieza a tocar, besar la cola, a meter ¡los dedos! Ella dice: “¡nooo!” Le digo: “si nena, si no sabes ¡lo que es!”, me salgo de mi posición, y le beso la cola se la acaricio, le toco las tetas, se las amaso, mientras el tatuado, agarra un gel, le mete los dedos con el gel y ya bien lubricado, le empieza a meterle la pija en el culo (no sé si es la primera vez que se lo hicieron).

    La cosa, es que entre el tatuado y yo (porque lo hicimos entre los dos) a Pau LE ROMPIERON BIEN EL CULO ¡Y LE GUSTÓ!, gritaba, gemía ¡como una hija de puta!

    Después de eso, ya todos habiendo cogido, nos sentamos en el sofá, fumamos otra vez ¡y MORIMOS!

    Tipo 8 de la mañana, sola me despierto, miro la hora y en el celular tenia mil mensajes de mi viejo (porque me había ido con su auto), le respondo que nos quedamos dormidas viendo un peli y en un rato volvíamos.

    Despierto a Pau, le digo que nos tenemos que volver, volvimos a casa, mi viejo no me dijo nada, Pau y yo estábamos muertas, nos tiramos a dormir hasta el mediodía, nos despertamos, ya no había nadie en la casa.

    Hablamos un poco de lo que hicimos, me reconoció que nunca había hecho algo así, me dijo que soy de terror una trola y varias cosas más (que me importan un carajo), pero para calmarla, le dijo: “seré lo que decis, pero bien que nos calentamos mucho juntitas ¿o no?”, obvio me dice que si.

    Las dos estábamos solo con una remera y para un buen mañanero, me paso a su cama y empezamos de nuevo (no voy a contar lo que hicimos, porque lo conté mil veces), la cosa es que terminamos acabando las dos, nos duchamos juntas, ¡acabamos de nuevo!

    Nos cambiamos, ya serían las 15 h., y nos fuimos a la playa.

    Quedan más cosas para contar que las iré contando de a poco.