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  • Don José, mi vecino de 65 años

    Don José, mi vecino de 65 años

    Don José en un señor de unos 65 años, es vecino en mi barrio y hace ya un par de años que quedó viudo, tiene dos hijos ya adultos, casados y que lo visitan casi todos los domingos.

    Mis padres son amigos de este señor desde hace años y como es viudo necesitaba alguien que le ordenara y limpiara la casa un par de días a la semana y le dijo a mi mamá si yo quería ganarme unas lucas extra limpiando un poco su casa, ofrecía 20 mil diarios por solo un par de horas, así que acepte y limpiaba su casa dos veces a la semana, y a veces una tercera si el me lo pedía, él es un hombre de cabello cano, más menos 1.60 m de estatura, como de mi tamaño, tiene un abultado abdomen, manos grandes y ojos grises, es un hombre muy caballero y respetuoso y aunque me mira con deseo, nunca me insinuó ni se propaso conmigo, hasta el sábado recién pasado.

    El sábado llamo por teléfono a mi mamá y le pregunto si yo podía ir a ordenar un poco, ya que estaba desordenado y lo visitarían sus nietos al día siguiente, acepte y cerca de las 6 de la tarde fui a casa de don José, me abrió la puerta y entramos, su casa no me pareció muy desordenada, estaba casi igual como la deje el miércoles, recorrí el lugar y ordene lo poco y nada que había tirado, el me seguía con la mirada y no se perdía ni un solo movimiento mío, miraba mi escote y mi trasero, yo vestía sexy como siempre, una polera ajustada y con un generoso escote que dejaba mi ombligo a la vista, no llevaba puesto sostén, y un short muy ajustado y cortito que dejaba ver la mitad de mis nalgas, entre a la cocina para lavar los trastos y ordenar un poco, don José me miraba desde la sala, al terminar subí las escaleras y entre en el dormitorio para tender la cama, luego baje y le dije que estaba todo listo, el me esperaba sentado en su sofá, vestía una camiseta blanca y un short, pantuflas y no se había rasurado, sus ojos me miraban con deseo, por qué me mira de esa forma si de seguro la verga ya ni le funciona, pensé y me sonreí e imagine su pene flácido

    —Eres una joven muy hermosa —me dijo con un tono suave, sin dejar de mirarme, aunque me incomode un poco no deje de mirarlo y solo asentí con la cabeza— ¿quieres ganarte un dinero extra? —Me pregunto, con una vos casi en susurro y enseguida tomo la billetera —Solo debes hacer feliz a este pobre y solo viejo —dijo.

    Yo asentí y con voz ingenua pregunte

    —¿Qué quiere, como puedo ayudarlo don José?

    El saco de su billetera los 20 mil acordados y me los entrego

    —Eso es por el trabajo de hoy —me dijo, y saco 40 mil más y me los ofreció— ¿Por qué no me muestra esos hermosos pechos? solo verlos —me dijo en tono suplicante.

    Yo sonreí.

    —No puedo hacerlo, si se entera mi familia sería un problema —le conteste.

    —Nadie se va a enterar Carolita, será nuestro secreto —dijo ofreciéndome el dinero, lo tome y lo guarde en mi bolsillo trasero del short junto a los otros 20 mil, me asegure de que las cortinas estuvieran bien cerradas y que nadie pudiera ver desde afuera, luego me quite la polera quedando desnuda desde la cintura hacia arriba, deje caer la polera al suelo y me acerque a don José para que pudiera ver mejor mis pechos, el saco 20 mil más de su billetera y me los ofreció.

    —Que hermosas tetas tienes, déjame tocarlas un poco —dijo, yo tome el dinero y lo guarde y me puse de rodillas frente a él dejando mis pechos a su alcance, los acaricio y manoseo, piñizcando mis pezones que ya estaban duros, me excitaba la idea de que un viejo que ya no le funcionaba el pene me pagara por toquetearme un poco, el viejo se acercó y se metió en la boca uno de mis pechos mientras manoseaba el otro, luego hiso lo mismo con el otro, chupaba y lamia mis tetas a su gusto— Que rica estas Carolita —me decía mientras saboreaba mis pezones, yo ya estaba caliente y mis brazos rodearon su cuello, acariciaban su cabeza y lo empujaban más hacia mis tetas para que las siguiera chupando, ni cuenta me di cuando levanto su cabeza y me beso, su lengua entro en mi boca y respondí besándolo también, sus manos pasaron de mis pechos a mis nalgas y las mías buscaron su entrepierna, para mi sorpresa su verga estaba dura como un fierro y era bastante más grande de lo que imagine, baje sus shorts para liberar su miembro mientras seguíamos besándonos, me excitaba estar así con un hombre tan mayor, don José podía ser mi abuelo y eso me calentaba más, comencé a masturbarlo

    —Eres un viejo verde, verde y caliente —le decía entre besos— te gustan las jovencitas viejo de mierda —seguía diciéndole mientras lo masturbaba.

    —sí, si —me decía y me besaba mientras manoseaba mi culo.

    —¿Te gusta así, que te pajee viejo verde? Viejo degenerado, eres un viejo cochino —le decía mientras lo masturbaba, el solo gemía y asentía, sabía que lo calentaba más con las cosas que le decía— Chupa mis tetas viejo caliente, como te gustan mis tetas —le decía mientras acercaba su cara a mis pechos, sin dejar de masturbar su dura verga, era gruesa y cabezona y estaba cada vez más mojada— Que duro estas viejito, que rica verga tienes, ¿Quieres que te la chupe? —le decía cada vez más excitada, el solo asentía, estaba tan excitado que ya no podía hablar, me agache y sin aviso me lo metí a la boca, sin dejar de mirarlo a los ojos chupaba su verga, su pene entraba hasta mi garganta, luego salía hasta la mitad para luego volver a entrar, me lo saque de la boca para lamer y chupar sus testículos, su vello púbico era cano como el de su cabeza.

    —Chupa, chupa Carolita, que rico lo haces —me dijo mientras golpeaba con su verga una de mis majillas, me lo metí a la boca otra vez, chupaba y jugaba con mi lengua en su glande mientas lo masturbaba, el viejito ya no daba más— Me voy a correr —Me dijo, yo gemía como loca con su verga en mi boca hasta que sentí como el primer chorro de su néctar llenaba mi boca, me trague todo su rico semen y seguí chupando su rico falo hasta que estuvo lánguido, el me miraba aun incrédulo, me incorpore y lo bese suavemente en los labios, recogí mi polera del suero y me fui al baño, arregle mi cabello y mi ropa, luego me fui a despedir de don José, el aún estaba sentado en su sofá, con el short abajo y su pene lánguido, me acerque y lo bese en la mejilla.

    —Hasta luego don José —le dije— si me necesita solo avíseme para venir a ayudarlo —y sonriendo me fui de su casa, el solo me miraba en silencio como salía de su casa.

    Sé qué hace mucho que no escribo, no he tenido mucho tiempo este año, espero que les haya gustado este relato y pronto les contare la segunda parte.

    Un besito rico, siempre tuya.

    Carolina

  • Simplemente representó un reto

    Simplemente representó un reto

    El ascenso al puesto de director de mercadotecnia coincidió con la firma de mi divorcio, después de siete años de matrimonio. Dicha dirección se convirtió en un desafío profesional pero al mismo tiempo en uno personal, como lo explicaré más adelante. Desde la dirección general se me otorgó total libertad de efectuar cambios en la estructura organizacional, salvo la recomendación de que, si no era necesario, conservara a la secretaria, quien era una señora madura, cincuentona, con años de experiencia en el área y muy profesional.

    Yo trabajaba en otra área de la empresa, por lo que ya conocía a esta señora pero muy superficialmente: me llamaba la atención cuando coincidía con ella, puesto que es guapa y se mantiene muy bien conservada. Sin embargo, proyectaba una exagerada seriedad y su vestimenta parecía a la de una monja: vestidos largos, flojos y zapatos bajos, y siempre con un chongo. Su marido pasaba por ella después del trabajo, decían que tenía seis hijos, sin saber si era verdad.

    Ya como director, mi trato con ella fue en el orden estrictamente laboral, sin embargo, al verla más seguido y convivir con ella, empecé a conocerla más y sobre todo a poner atención a su figura, a su cuerpo. Se notaba que la señora estaba muy bien, pero muy discreta en su vestir y exageradamente seria en el trato. Se decía que era, y lo digo con respeto a las creencias de cada quien, del opus dei o testigo de jehová.

    Con más de dos años de divorciado, 41 años, y soltero, nuevamente me sentía en total libertad. Yo creo que como mi ex era muy joven, me empecé a fijar en mujeres más maduras, no tanto como mi secretaria, sin embargo, con el pasar de los días, esta señora empezó a provocar mi atención más de lo normal. Como la veía diario y la tenía cerca, la empecé a observar con mayor detenimiento y me di cuenta que la señora, a pesar de lo discreta que era para vestir, estaba buenísima: caderas anchas, muy buenas piernas, un gran trasero, alta, blanca de piel, un poco pelirroja, boca grande, labios carnosos.

    Supongo que al vivir solo, mi ayuno sexual se agudizó, por lo que me la imaginaba seduciéndola, y bueno, hasta teniendo sexo con ella, pero el reto no era fácil y creo esto se empezó a convertirse, primero, en un desafío y luego en una obsesión. Pretendí relajar un poco la relación con ella, más no expresaba más de lo debido, hablaba mucho de su esposo y sí, de sus seis hijos. Intenté insinuarme pero no cedía. En una ocasión la invité a salir, con el pretexto de ver cosas del trabajo, pero no, sólo un par de veces, pero en compañía de otros compañeros.

    Cada día que la veía se me antojaba más, pero tenía que ser cuidadoso para no entrometer esta situación con el trabajo, después del ascenso que me habían dado. Ella, por su parte, nunca dio indicios de nada, empezó a sonreír más y por obvias razones a establecer mayor comunicación conmigo y por tanto a saber un poco más de mi situación personal, como el hecho se saber que estaba divorciado y el tiempo que le dedicaba al trabajo.

    Pasó un año y nada, por más intentos que hice. Ni una aceptación a comer ni a nada, sólo en una ocasión a un desayuno y nada más. Esa vez la sentí ansiosa e incómoda. Deje de insistir, mas no dejaba de imaginármela, pues a pesar de su edad, como decía, la señora se veías riquísima.

    Se aproximaba la convención anual de ventas, pasaron por mi mente muchas cosas, como tener la oportunidad de seducirla en otro ambiente, pero cuando me solicitó autorización para que fuera su marido, por lo menos dos días antes de terminaba la convención (que ya lo había hecho con el anterior director) mis expectativas decayeron. Le dije que no existía inconveniente, que lo podía invitar. Así que me dejó sin posibilidad de alguna maniobra. Se cumplió la fecha y realizamos la convención, en una playa, como sueles suceder, en esos resorts de todo incluido. Todo estuvo muy bien, ella fue parte del éxito de la organización y operatividad de este evento. Su marido llegó en la tarde del penúltimo día y se presentó con ella a la cena de ese día. Me lo presentó, me cayó bien, pero me llamó la atención que ella venía vestida completamente diferente a como se vestía en el trabajo (dije entre mí, tal vez por el lugar, el calor, etc.).

    Esa noche confirmé mi certeza (pues aunque su vestimenta seguía siendo discreta, el vestido que traía le llegaba a las rodillas, ceñido en la parte de arriba y suelto en la parte de abajo, y luego con zapatos de tacón), la señora estaba buenísima: unas piernas preciosas, blancas, excitantes y unas pantorrillas bien formadas. Me quedé estupefacto al verla y la verdad se me antojó más. Hubo un momento en que fue al baño, acompañándola su marido, y no pude ser discreto al mirar ese trasero espectacular, redondo y carnoso. Pensé en lo suertudo que era de su marido y también en que por eso le había hecho seis hijos.

    Pero en la cena de gala, la última noche, la vestimenta con la que llegó, no dejó ninguna duda, un vestido completo color carmesí, de satén, arriba de las rodillas, ligeramente pegado, mostrando los hombros y unos tacones como de cinco centímetros. Había dos lugares a mi lado y cuando llegaron les pedí que se sentaran junto a mí, ella lo hizo a mi lado y luego su esposo, al lado de ella, por supuesto. Todo transcurrió en completa normalidad. Esta vez, cuando fue al baño, fue sola, no la acompañó su marido, así que tenía que ser muy discreto si la quería mirar. Preferí decir que también iba al baño, ella ya se había adelantado y ya no la vi. Me metí al baño y no tardé mucho. Cuando salí, ella ya se enfilaba hacía la mesa y en ese momento fue como mejor la vi, caminando, en tacones, viendo sus pantorrillas, sus piernas y sobre todo sus nalgas, como se movían, de un lado a otro, pero firmes todavía; no dejaba de mirarlas, espectaculares simplemente. Esta señora era otra con ese vestido, se había transformado.

    Ya sentados nuevamente y yo excitado, en momentos pegaba mi hombro junto al de ella, o mis piernas a las suyas, y para mi sorpresa no mostraba incomodidad o molestia. Deliberadamente provoqué que se me cayera la servilleta de tela debajo de la mesa, me agaché a recogerla para mirar sus piernas de cerca. Esto me empezó a excitar todavía más, los latidos de mi corazón aumentaron y la erección de mi miembro no se detenía. Después la convivencia se empezó a relajar y en una ocasión, dirigiéndose a mí, para preguntar algo, y viéndome a los ojos, tocó con su mano mi pierna, después yo hice lo mismo pero muy rápido. Me llamó la atención el cambio en su lenguaje corporal, había bebido una copita de vino pero nada más.

    Pero lo más interesante vino después. Yo seguía excitado, con mi miembro erecto. Ella de repente se dirigía a su marido y decían palabras que no lograba descifrar por el bullicio del momento. De repente sentí su mano en mi pierna pero no la quitaba de mi muslo izquierdo. No pude más, la tomé y llevé su mano a mi miembro. Lo tocó, y dejó un instante su mano sobre él: luego lo apretó, después quitó su mano y subió su brazo a la mesa. Yo, discretamente, toqué la parte interior del muslo de su pierna izquierda, tampoco dijo nada. Se volvió a dar la misma situación dos o tres veces más. Ella me tocaba mi miembro y yo le acariciaba su pierna.

    Finalmente, su marido dijo que ya se retiraba y que le dijo que si quería continuar allí con nosotros no había problema. Ya no nos tocamos, pues al poco tiempo ella dijo que también se iba; yo me ofrecí a acompañarla. En el trayecto aproveché para hacerle cumplidos, los cuales aceptó de buena gana pero con sus reservas. La invité a caminar un momento por la playa, pero se negó. También la invité a uno de los bares del hotel pero tampoco aceptó. Me dijo que ya la esperaba su marido y que no interpretara mal las cosas si quería que nuestra relación siguiera funcionando. Salió a colación la lista de los nombres para el chek out, y le dije que tenía una en mi habitación, y que allí se la daría; ella aceptó.

    Ya en la habitación la invité a tomar algo, me dijo que no, que tenía que estar con su esposo, pues habían acordado que él se dormiría un rato y después de que llegara, irían a tomar algo juntos en algún bar del hotel. Yo seguía excitado y no me pude contener. Pretendí abrazarla y besarla, pero se resistió y me dijo que no, que era un absurdo lo que estábamos haciendo. Yo le respondí que estaba muy excitado y que ella me había puesto así, con esa forma d vestir. Entonces, en lugar de aceptar un beso, se volteó para que la abrazara por detrás. Lo hice y pegué mi miembro a sus nalgas, lo aceptó un poco. Después empecé a tocar sus caderas sobre el vestido y buscaba el resorte de sus pantaletas pero no lo sentían mis manos. Esto me excitó todavía más, al imaginarme que no traía calzones y que lo había hecho deliberadamente para mí. Así que la llevé a la orilla de la cama y con mis piernas hice que pusiera sus rodillas en la cama para ponerla en cuatro, se dejó llevar. Le levanté el vestido y en efecto, no traía ropa interior. Entonces me dijo “No me puse ropa interior por ti, si no por mi marido, pues tiene meses que no me toca”. En la posición en que estaba contemplé su enorme culo, espectacular. Lo acaricié y quise meter mis dedos en su vagina pero me los hizo a un lado. Empecé a penetrarla, se dejó, no decía nada, pero me dijo que le dolía, que estaba reseca, que lo hiciera despacio.

    Empecé a embestirla, pero ella no se movía. Me decía que le dolía. Me hizo a un lado y dejó de estar en esa posición, se bajó el vestido. Entonces se dirigió a mi miembro y lo empezó a acariciar, con las dos manos. No dejaba de mirarlo y al mismo tiempo, con su dedo pulgar, empezó a masajear en círculo mi glande. Yo estaba a punto, ya no podía contenerme, hasta que me pidió que fuera al baño y me lo lavara. Lo hice, entonces llegué nuevamente con ella. Lo tomó con sus dos manos y se lo llevó a la boca, dándome la mejor mamada que me han dado en la vida, notaba cómo también ella disfrutaba, pues de repente miraba hacia arriba para encontrarse con mis ojos. Eyaculé bastante, pues tenía tiempo sin hacerlo. Terminó y casi de inmediato se marchó sin ninguna palabra de por medio, sólo le dije que me enviara un whatsapp cuando llegara.

    Me lo envió como a las dos horas, en donde me decía “Ya estoy en la habitación”. Yo le dije que si había tenido algún problema pues había tardado más de dos horas. “Es que ya me esperaba mi marido para ir a tomar una copa al bar”. Y qué tal? Le pregunté. “Bien. Ahora estoy en el baño escribiéndote y poniéndome gel lubricador pues mi marido reaccionó muy bien con mi vestimenta y sobre todo cuando se dio cuenta que no traía ropa interior”.

    Sin saber qué decirle, sólo atiné a preguntarle si le había gustado lo que habíamos hecho en mi habitación. “Sí”, fue su respuesta. Algo en particular, le pregunté “Pues la mamada que te di pero lo que más me gustó fue la fuerza con la que salió tu semen”. Por qué? “Pues mi marido ya no eyacula con esa fuerza”. Luego le dije: te fuiste muy rápido, sin despedirte, ni siquiera entraste al baño para tirar el semen de tu boca. Dónde lo tiraste? le pregunté? “Me lo tragué, tenía tiempo sin tragar semen” Te gustó?, le volví a preguntar “Sí”, me respondió. Por qué?, le pregunté: “Pues primero me gustó la fuerza con que salió y luego su temperatura y su consistencia, por lo que no dudé en tragármelo”.

    No imaginaba lo que me estaba escribiendo esta señora, aparentemente seria y reprimida. Después me escribió: “Te digo, pues me espera mi marido y quiero estar con él”. Una última pregunta, le escribí: ¿te gustó cuando te penetré por atrás? Y ella me respondió: “sí, pero me dolía”. La quise sorprender diciéndole “pensé que te dolía por el tamaño de mi miembro”. Entonces ella me contestó: ”Mi marido la tiene más grande, está muy bien dotado, por eso me vestí así pues, ya extrañaba sentir su verga dentro de mi vagina y empezar a cabalgar”.

    En ese momento, se desconectó. No sabía qué pensar. Estaba sorprendido cómo una mujer a esa edad, cincuentona, aparentemente seria, podía disfrutar del sexo… Me sentí un perfecto idiota.

  • Noche de pasión en Lisboa (XI): Se hace camino al andar

    Noche de pasión en Lisboa (XI): Se hace camino al andar

    CAPITULUM hujus Almae Apostolicae et Metropolitanae Ecclesiae Compostellanae sigilli Altaris Beati Jacobi Apostoli custos.

    Así reza el comienzo de la bula que tengo en mis manos, y que ante La Cristiandad, me otorga el perdón de todos los pecados cometidos por mí hasta la fecha. La célebre Compostela, que no “Compostelana” y que es otorgada a todo aquel que peregrine a pie, por motivos religiosos, una distancia mínima de 100 Km. contando el final en Santiago de Compostela.

    Si levanto los ojos, puedo ver ante mí el gigantesco incensario de casi la altura de un hombre, y cercano a los 100 Kg. de peso, cuando está cargado. Oscilando a lo largo de los brazos de la cruz de la planta de la catedral, a una velocidad próxima a los 70 Km/h. Levantándose sobre el suelo, al final del ciclo pendular alrededor de 20 m. y colocándose prácticamente horizontal.

    Se trata del famoso Botafumeiro (Echador de humo, literalmente, en gallego), accionado mediante un juego de poleas, por los ocho tiraboleiros. Hombres que, halando cada uno una cuerda, juntas en una maroma central, imprimen la energía necesaria para efectuar el movimiento de péndulo.

    A mi lado, flanqueándome sin un orden determinado, se encuentran arrodilladas, en actitud de recogimiento después de tomar Comunión, Amália, Ana María, Marta, y sorprendentemente, también Paulinha. Las tres mayores se han cubierto la cabeza con un velo, en un anacronismo propio de otra época. Además se han revisado unas a otras, asegurándose que su vestuario es el correcto para asistir a misa en la catedral. Nada de brazos desnudos ni minifaldas. Estos detalles me llaman la atención en un principio, pero no puedo dejar de recordar que todas han sido criadas al lado del santuario de Fátima, y que la devoción mariana no ha dejado de imprimir su huella en ellas.

    Aunque por mi edad, yo he sido educado como católico, confieso que no he seguido muy fielmente los dictados de dicha doctrina. Prueba evidente es mi particular matrimonio con Amália. Sin embargo, siento profundo respeto por las creencias de los demás, sin importarme de qué forma o como llaman al dios al que rezan. Siempre y cuando no pretendan obligar a los demás a comportarse como lo hacen ellos.

    Mi esposa y mi cuñada han peregrinado para dar gracias por lo que tienen y han vivido. Marta lo hace además para pedir protección para su esposo (en el mar y en las trincheras no hay ateos). Paulinha creo que lo ha hecho un poco por fe y un bastante por estar unos días en España y por la aventura de caminar y tener una experiencia diferente. Yo lo he hecho, sin demasiada fe, para acompañar a las mujeres. Pensando en principio que tampoco me va a dejar ninguna marca o secuela, así que ¿por qué no? Aparte de todo esto, pesa mucho el que me lo haya pedido Amália. Que ya se sabe que si tu mujer se empeña en que saltes por la ventana, pide a Dios vivir en un sótano.

    Cuando hemos llegado a la Plaza del Obradoiro, coincidimos con cientos de peregrinos venidos de todas partes. Todos tienen la misma expresión. La de haber completado la meta que se han marcado. En el rostro de algunos, además del cansancio, corren las lágrimas sin pudor, más por la emoción de lo conseguido que por la fatiga. Nosotros solo hemos caminado cien kilómetros, pero algunos de los que están aquí, han medido a pasos los casi ochocientos que median entre Roncesvalles y esta plaza.

    Una vez terminada la Eucaristía y cumplidos todos los ritos al uso, tales como visitar la tumba del Apóstol, abrazar su efigie y dar los cabezazos en el “santo dos croques”, salimos por el Pórtico de la Gloria y bajando las escaleras de la Fachada del Obradoiro, nos dirigimos hacia nuestra derecha hasta el Hostal de los Reyes Católicos, donde tenemos las habitaciones, para dejar las compostelas y salir a visitar la ciudad. Mientras vamos hacia nuestro alojamiento, pienso en el poco tiempo que me ha durado el perdón de mis pecados. Amália va de mi brazo y noto perfectamente el peso de uno de sus pechos. Las otras tres mujeres van a la par, delante de nosotros y yo les voy mirando descaradamente el culo. El problema es que me está gustando, así que estoy pecando de lujuria conscientemente. Menos mal que para mí las tres son intocables, de otra manera estaríamos a menos de veinte metros de una orgía. Todos llevamos al menos tres días sin sexo. Y a no ser que se lo hayan montado entre ellas, Ana María, Marta y Paulinha, llevan más.

    Como digo, hace tres días estábamos en la Pousada de São Teotónio, en Valença do Minho, donde pasamos la noche antes de comenzar el peregrinaje a pie, por el Camino Portugués, cumpliendo así el requisito de cumplir al menos cien kilómetros de andadura. Aprovechando al mismo tiempo, para dejar el coche aparcado con seguridad para tomarlo a la vuelta.

    Reservamos dos habitaciones, una de matrimonio para mi esposa y para mí, y una triple, en la que se alojaron las otras tres mujeres. Desde nuestro dormitorio, saliendo al balcón, podemos ver a nuestros pies el adarve de la muralla que rodea la villa fortificada, y un poco más allá, el descenso, de derecha a izquierda, lento y majestuoso del Río Miño. Y en la orilla derecha, al otro lado de la frontera, la ciudad de Tuy.

    Esa noche, después de cenar, al retirarnos al dormitorio, mientras contemplamos el paisaje adornado por las luces nocturnas, Amália y yo hicimos el amor por última vez hasta hoy. Estando apoyada con los codos sobre la balaustrada, le desabroché la blusa liberando su pecho, y poniéndome a su espalda, la acaricié por debajo del jersey que llevaba puesto, hasta que sus jadeos y suspiros me hicieron saber que tenía permiso para ahondar más en mis maniobras. Y allí mismo, levantándole la falda hasta la cintura, y apartando la braga, la hice mía desde atrás, culminando uno de los coitos más románticos que habíamos tenido ambos.

    Por la mañana temprano, vestidos para caminar comenzamos nuestra ruta. La primera etapa, de aproximadamente treinta kilómetros nos llevaría hasta la villa de Redondela, en donde, a partir de ahora, y hasta nuestra llegada a Santiago de Compostela, dormiríamos en los albergues del peregrino.

    Salimos de Portugal cruzando el viejo Puente Internacional, entrando en España por la antigua aduana y cruzando la ciudad salimos a campo abierto. Aproximadamente a quince kilómetros encontramos el pueblo de O Porriño, lugar de nacimiento del arquitecto D. Antonio Palacios, contemporáneo de Gaudí. Diseñador entre otros, del Palacio de Comunicaciones de Madrid, sede del ayuntamiento de dicha villa, y cuya efigie sedente en bronce se encuentra a las puertas del ayuntamiento de este pueblo, el cual es también obra suya. Una vez cruzado el pueblo, volvemos a caminar entre montes hasta llegar a la citada villa de Redondela, donde haremos noche.

    La segunda etapa la cubrimos entre Redondela y Caldas de Reis, cruzando la ciudad de Pontevedra y pasando al lado de la basílica de la Virgen Peregrina, un coqueto templo barroco que tiene la curiosidad de que su planta no es en cruz, sino que tiene forma de concha de vieira.

    La tercera etapa nos trajo directos a Santiago, donde nos alojamos en el Parador Nacional, con la misma configuración de habitaciones que en Portugal. Después de caminar ciento dos kilómetros en tres días, caímos rendidos en nuestras camas, hasta levantarnos esta mañana para ir a la Oficina del Peregrino y oír misa en la catedral.

    Una vez libres de impedimentos, salimos de la Plaza del Obradoiro por la Rua do Franco, y entramos en el Pazo de Fonseca, antigua sede de la universidad y que hoy alberga la biblioteca universitaria. En el claustro coincidimos con un peregrino que conocimos hace un par de días y con el que entablamos una suerte de complicidad, basada en principio en que todos estábamos haciendo el Camino.

    Se trata de un muchacho de unos treinta años, mulato brasileño, bastante apuesto y de trato educado y agradable. Lleva escalando posiciones desde que le conocimos. Comenzó intentando pegar la hebra con Paulinha, pero ella, sin muchos miramientos, pero con tacto, se lo quitó de encima enseguida. La siguiente etapa fue Marta, que le dejó rondarla un poco más, pero tampoco le dejó rematar la faena. Entonces probó suerte con Ana María, y parece ser que a ella sí le hizo tilín. La cosa no llegó a más porque la intimidad de dormir en literas en los albergues no permitía escarceos, pero hoy, no sé por qué, me da la impresión de que éste se lleva el gato al agua.

    Durante la visita, poco a poco vamos formando dos grupos diferenciados. Por un lado, Ana María y el muchacho, y por otro, el resto de las mujeres y yo. Cuando terminamos de recorrer el Pazo, al salir, nos sentamos todos juntos a tomar una copa en una terraza de la Plaza de Fonseca. Momento que aprovecha Ana María para hablar con Amália en privado.

    Amália me lleva aparte y ruborizándose me dice:

    – Alfredo, ¿podrías buscar una farmacia y comprar preservativos?

    – ¿Qué? ¿A estas alturas, preservativos?

    – No me hagas repetirlo, no seas cabrito. No son para nosotros. Mi hermana me ha pedido que se los compres tú, que a ella le da vergüenza. Nunca los ha comprado y no se arriesga a tener relaciones con un desconocido sin protección.

    – Dile a tu hermana que le pregunte al muchacho qué número calza, no vaya a ser que se los compre estrechos – Digo yo, regodeándome con la situación.

    – Dice que si fuese contigo, que tú ya sabes que no los necesitaría – Me devuelve ella la pulla.

    – Alguien tendrá que pagar esto, querida. Y no me refiero al importe de los condones, que a eso invito yo.

    – Tú tráelos y ya hablaremos del pago. No creo que tengas queja hasta la fecha.

    Antes de que la broma pase a cabreo me voy a cumplir con el encargo, mientras mi mujer habla aparte con su hermana. Cuando vuelvo, llamo a mi cuñada y con disimulo le hago entrega de la cajita. Entonces, Ana María me pone las manos en los hombros y al tiempo que me da las gracias, me besa en la mejilla y me da un refregado de tetas, cargando la suerte y tomándose su tiempo – La madre que la parió, ya estamos otra vez. Cuando veo hacia mi esposa, ésta baja los ojos hacia su regazo y se parte de risa. Vaya pareja de arpías. Le ha contado lo de la talla y le ha dado permiso para que me encienda.

    Ana María nos dice que no la esperemos en toda la tarde, que nos veremos en el comedor del parador a la hora de la cena, y se va hacia la habitación enlazada del brazo del muchacho.

    Al ir a sentarme al lado de mi mujer, me pongo a su espalda, y mientras le mordisqueo la nuca, aprovecho para acariciarla la parte inferior de un pecho disimuladamente, por encima de la blusa. Desde donde estoy, veo como inmediatamente los pezones se le erizan, empujando la blusa hacia afuera, haciéndose escandalosamente notorios. Amália, dando un respingo, cruza los brazos a toda velocidad por delante de su pecho, tratando de tapar la evidente erección, mientras sus mejillas adquieren el color de las amapolas. Ahora, el que se parte de risa, soy yo.

    Observo a mis otras dos mujeres, y mientras que Paulinha vive feliz en su propia burbuja espacio temporal, encantada de todo lo que está viviendo estos días, probablemente pensando en todas las cosas que va a contar que ha visto y vivido, Marta observa melancólicamente como se aleja la pareja formada por mi cuñada y el brasileño, jugando con las puntas de su pelo y mordiéndose inconscientemente el labio inferior. Qué lástima no poder ayudarla. Es una buena mujer. Y además, muy guapa.

    Durante toda la tarde, paseamos la zona vieja de Santiago, terminando en la Plaza de Platerías y allí, en los comercios de orfebrería situados bajo el claustro de la catedral, compro una pulsera en forma de torque de plata con las cabezas rematadas por una bola de azabache y en cada una rosa de ámbar tallado, para que Amália tenga un recuerdo de este viaje. Para Paulinha y Marta, un par de pendientes de filigrana dorada y para mi cuñada, un collar con cuentas alternadas en azabache y ámbar. Las mujeres se juntan y me regalan un par de gemelos de plata con una lasca de azabache, en la cual mandan grabar un monograma con mis iniciales entrelazadas, y que recogeremos al día siguiente, antes de nuestra partida.

    En un incompresible impulso, compro para Paulinha una figa (higa), amuleto en forma de puño cerrado con el pulgar atrapado entre los dedos índice y corazón. Realizada en azabache y con un engarce de plata con forma de lazo de filigrana, apropiado para portarlo en el pecho a modo de broche. Al entregárselo le digo que es una pieza tradicional que las abuelas ponían sobre el pecho de los bebés, para espantar el mal de ojo. No me podía imaginar que vería aquella joya colgada del jubón de una niña de pecho, antes de lo que yo pensaba.

    De vuelta en nuestras habitaciones, antes de la hora de la cena, me apetece tomarme un baño caliente y llenando la bañera, me pongo a remojo, recostándome y cerrando los ojos para relajarme de la tensión de estos días.

    Oigo llamar a la puerta y escucho a mi esposa hablando con otra mujer mientras entran ambas en el dormitorio. Cuando se sientan en un sofá que linda con la pared del baño, probablemente a causa de alguna fisura en el muro oculta a la vista, oigo perfectamente que se trata de Ana María, que conversa con su hermana. Desde la bañera escucho con toda claridad lo que están hablando, tal y como si estuviese sentado a su lado.

    – Siéntate y dime qué tal te ha ido con el mulato. ¿Se ha marchado ya?

    – Sí, ya nos hemos despedido. Y la tarde ha sido maravillosa. Ya tenía ganas de algo así.

    – Me alegro por ti, hermanita. A ver si así dejas por una temporada de calentar a Alfredo, que me lo tienes loco. Por cierto, lo de esta tarde, el permiso era solo para una refriega. Que te quede claro. Y siéntate bien, que me tienes nerviosa con esa postura.

    – Tranquila, que por una temporada al menos, dejaré tranquilo a Alfredo. Lo de sentarme bien va a ser otro cantar.

    – ¿Y eso?

    – Te lo cuento, pero no puede salir de aquí nada de lo que te cuente. Y sobre todo, ni palabra a Alfredo. Prométemelo.

    – Vale, prometido. Ahora cuéntame qué has hecho con el mulato.

    – Cuando entramos en la habitación, ya traíamos una calentura importante. Nos desnudamos uno al otro como si no hubiese tiempo para más. Cuando estuvo desnudo, me encontré con un miembro de este tamaño, no te exagero nada – Supongo que aquí le estaría mostrando con las manos separadas el tamaño del badajo del mulato.

    – ¿Tan grande? ¿Y pudiste con todo eso dentro?

    – Pude más de lo que tú te crees, hermana. Al verlo, me arrodillé delante de él y me lo metí en la boca hasta donde pude, que no fue mucho. Debía venir muy necesitado, porque al poco tiempo se vino en mi garganta sin darme tiempo a retirarme, con tal abundancia, que esta noche no creo que me apetezca sopa de primer plato. A pesar de la eyaculación, no perdió casi nada de la erección y me llevó a la cama, poniéndome encima, a cuatro patas. A mí, la humedad ya me chorreaba por los muslos, pero él se dedicó a trabajarme el clítoris y los labios con su lengua. Cuando le pareció que ya estaba bien lubricada para su gusto, me penetró de un viaje y comenzó a darme desde atrás alternando el ritmo lento y cariñoso, con otro más vigoroso y salvaje, al tiempo que me apretaba las tetas y me tiraba de los pezones. En esa posición tuve al menos tres orgasmos seguidos. Yo creí que ya no podría ocurrir mucho más, pero entonces, mientras me penetraba con esa monstruosidad, empezó a meterme de uno en uno, hasta tres dedos juntos en el culo. Cada vez que sumaba un dedo, yo tenía un orgasmo explosivo. De improviso, sacó los tres dedos y cambiando de agujero, me empujó todo su miembro dentro de una tacada. Estuvo sodomizándome un buen rato, y mientras duró, yo fuí encadenando orgasmo tras orgasmo, hasta que él terminó en mi interior. Cuando se despidió de mí, quedé desmadejada sobre la cama recuperándome de la sesión tan brutal de sexo que acababa de tener. Yo nunca lo había hecho analmente. Estoy satisfecha, pero me ha roto el culo y me cuesta sentarme. – Dulce es la venganza aunque sea por mano interpuesta, pienso yo.

    Durante la cena cada una de las mujeres tiene un comportamiento distinto. Marta y Paulinha no dejan de observar con extrañeza que les sirvan el plato ya preparado, pues en los restaurantes en Portugal lo que viene a la mesa son fuentes con la comida, sirviéndose cada comensal de lo que le apetece, aunque no sea de lo que ha pedido. Amália tiene una actitud ensoñadora, me gustaría saber qué está pensando. Ana María tiene puesta “la sonrisa”. Le han arrugado las sábanas a gusto debajo de la espalda. Pero no es capaz de mantenerse en la misma postura por más de un par de minutos. Ya no me aguanto más, y sabiendo lo que le ocurre, le pregunto:

    – Ana María ¿te encuentras bien? No paras quieta en la silla.

    – ¿Eh? Nooo, no. Es que probablemente de tanto andar creo que me he rozado entre los muslos y los tengo irritados. Nada grave en todo caso.

    – ¿Seguro que es de andar? El homenaje que te has dado esta tarde no tendrá nada que ver ¿verdad? – Y le sonrío haciendo ver que estoy de broma.

    – No, no. A veces tienes unas cosas, cuñado. – Y se le suben los colores mientras dice eso.

    Terminamos de cenar, y después de salir a dar una última vuelta y tomar unas copas en una cafetería, volvemos y nos acostamos hasta el día siguiente, en que tomaremos un taxi que nos llevará de vuelta a Valença do Minho.

    Esa noche, alguien tuvo que pagar por el favor de los preservativos y el refregado de tetas que me había dado Ana María. Quien pagó lo hizo de lindo gusto, abonando el pago hasta cinco veces, dándole yo el cambio, en dos.

    Por la mañana, y fieles a nuestra costumbre, despertamos abrazados, mi pecho contra su espalda y una de mis manos en su pecho, mientras la otra permanecía aprisionada entre sus muslos, cubriendo su sexo, en la variante que habíamos instaurado últimamente.

    CONTINUARA.

    Espero sus comentarios, tanto a favor como en contra. Son todos bien recibidos.

  • Robado y violado

    Robado y violado

    Había bajado al centro de la ciudad -La Coruña- para ir al cine, quería ver una película que me interesaba, luego iría a beber algo a algún pub de moda, y luego lo que surgiera.

    Después de salir del cine, como era algo temprano para ir por los pub de moda, se me ocurrió entrar al casino e ir a jugar unos cartones de bingo. Al final me lie en el bingo, y salí de allí a eso de las 3 de la madrugada. No había tenido suerte, y salí ya que solo me quedaban unas calderillas. Ahora ya no podría ir a ningún Pub, así que me iría para casa, pero… con la calentura que tenía, se me ocurrió pasar antes por los aseos públicos de la plaza de Pontevedra, a ver si había suerte y encontraba quien me diera por el culo esa noche.

    Fui caminando por los cantones y así ver si había algo de marcha en los jardines de Méndez Núñez, Pero ese día de semana y algo lluvioso, no se veía un alma. Así que continué hacia la plaza de Pontevedra, e ir a los aseos públicos, por si tenía suerte.

    Al llegar a la plaza de Pontevedra, bajé las escaleras que llevan a los aseos públicos, y después de mirar en el aseo de hombres, el cual siempre estaba abierto, y no haber nadie, fui a los aseos de niños que también solía estar siempre abierto. Tampoco había nadie. Decidí encender un cigarrillo y esperar un poco por si bajaba alguien, ya que era posible que cuando cerraran los Pub, se le ocurriera pasar por allí a alguno cómo había hecho yo.

    Me quedé en el aseo de niños, ya que, desde aquí, podía controlar por una ventana de ventilación que había rota, y que daba justo a las escaleras, quien bajaba.

    Pasaron al menos 20 minutos, cuando bajaban por las escaleras varias personas; eran 3; aquello no me gustaba nada, así que decidí marcharme de allí, tan pronto entraran en el aseo de hombres.

    Pero mi gozo en un pozo, uno fue al aseo de hombres, y los otros 2 al aseo de niños, donde me encontraba yo.

    Cuando entraron ambos en el aseo de niños, allí tropezaron conmigo, yo preparado para salir, cosa que no pude porque ambos me lo impidieron.

    No tengas prisa, dijo el que llevaba la voz cantante, ¿Qué haces aquí?

    Lo mismo que vosotros, le contesté, intentando salir por la puerta.

    Justo en ese momento me largó un derechazo a la cara, dejándome grogui, ¿a dónde vas maricón? Espera un momento, me dijo el más fuerte y alto, y que me había dado el ostión en el pómulo izquierdo de la cara, que era el que llevaba la voz cantante, agarrándome por la espalda, pegándome a la pared, mientras me inmovilizaba con sus brazos, metiéndolos por debajo de mis sobacos, y llevando sus manos sobre mi nuca.

    No tengas prisa, maricón, vas a ser bueno y estarte quieto, o si no, mira que pincho tiene mi amigo preparado para clavártelo. Me giró hacia su compañero, el cual me mostraba una especie de varilla afilada; era como una varilla de un paraguas, pero afilada para usar como pincho; Nos vas a dar todo el dinero que tengas dijo el del pincho, poniéndomelo sobre la barriga, o si no te lo voy a clavar en las tripas.

    No tengo nada, les dije.

    En ese momento entraba el otro compañero en el aseo de niños donde nos encontrábamos. Quieto con el pincho, vamos a registrarlo a ver si es cierto lo que dice, y no tiene nada.

    El que acababa de entrar y había dicho lo de registrarme, empezó a meter sus manos en los bolsillos de la cazadora, viendo que solo tenía un paquete de tabaco y un mechero. Tiró de la cazadora sacándomela por la cabeza mientras seguía inmovilizado por el que llevaba la voz cantante, y viendo que no había más bolsillos que registrar, tiró la cazadora al suelo, enviándola hacia el fondo de aquellos aseos.

    Bien, ahora vamos a mirar los bolsillos del pantalón. Metió la mano en el bolsillo izquierdo, sacando un trozo de papel higiénico que solía llevar. Vaya, el maricón viene preparado con papel para limpiarse, dijo tirando el papel al suelo al igual que hizo con la cazadora.

    Luego miró en el bolsillo derecho, sacando las calderillas que llevaba, joder maricón, ¿esto es todo lo que tienes? Dijo guardándose en su bolsillo las monedas.

    Sácale el pantalón, y mira en los zapatos por si lo esconde ahí, le dijo el que me sujetaba.

    El que me estaba registrando, empezó a desabrocharme el cinturón, luego siguió por el pantalón, hasta bajármelo, quitarme los zapatos, y terminar por revisar si tenía algo más. Como no encontraron nada, hicieron lo mismo que con la cazadora, tirarlo al suelo hacia el fondo del aseo de niños.

    Joder que maricón de mierda, no tiene ni un puto clavel.

    Pues yo me llevo la camiseta del maricón, me mola, dijo el del pincho, sacándomela por la cabeza al igual que hicieron con la cazadora.

    Sácale los gayumbos, dijo de nuevo el que me sujetaba.

    El que me había sacado toda la ropa menos la camiseta, me bajó los slips, quitándomelos y tirándolos junto al resto de la ropa.

    Joder, mira, el maricón está empalmado, decía el del pincho, tocando y golpeándome la polla con aquella varilla. Seguro que está deseando que nos lo follemos.

    ¿Qué hacemos? Preguntaba el que me había quitado la ropa, lo dejamos marchar o que.

    Yo digo que nos lo follemos, decía el de la varilla, mira que culito tiene el pedazo de maricón. Y debe estar caliente el muy hijo de puta, mira que empalme tiene.

    Como queráis, dijo el que me había quitado la ropa, si os apetece darle por el culo, pues le damos por el culo y nos lo follamos.

    De acuerdo, dijo el que me tenía sujetado contra la pared, pero yo seré el primero en follarlo, ya me tiene empalmado el maricón, con este culito que tiene pegado a mi verga.

    No te muevas o te clavamos el pincho, dijo el que me sujetaba contra la pared.

    Se soltó uno de los brazos, manteniéndome sujetado contra la pared con el otro, mientras con la mano del brazo que había dejado libre, se sacó la polla bajándose los pantalones y gayumbos.

    Cabrón, mira cómo te has empalmado, Joder cómo te ha puesto el culito del maricón.

    Pues ahora va a probar lo que es un rabo, dijo colocando la punta de la polla en el agujero de mi ano. Te voy a romper el culo maricón. Te voy a dar por el culo y dejarte preñado, como seguro que estabas deseando.

    Mientras colocaba la punta de su polla en la entrada a mi ano, pasó sus dedos por él, viendo que yo ya lo tenía lubricado. Ah maricón, ya venías con el culo preparado, te gusta que te rompan el culo ¿eh? Te gusta recibir verga por el culo ¿eh?

    Pues toma verga, dijo enterrándome de una estocada todo el rabo en el culo.

    ¡Ohhh ooohhh! Grité al recibir aquella polla en mi culo. Dios, el pedazo de animal me había clavado toda su polla de una sola vez, dándome una estocada que hizo que me entrara la polla hasta los huevos.

    Te gusta maricón, ¿te gusta la verga? Pues disfruta de mi rabo que te voy a follar hasta dejarte preñado, hijo de puta.

    El cabrón aquel me estaba dando por el culo con tal virulencia, que me hacía estar pegado a la pared poniéndome de puntillas cada vez que me enterraba la polla hasta los huevos.

    Gemía y bramaba enterrándome aquel rabo hasta los huevos, llegándome a lo más hondo de mi culo. No dejaba de insultarme llamándome maricón de mierda, hijo de puta, y toda clase de lindezas.

    Toma maricón, toma rabo, toma hijo de puta, toma, toma rabo maricón de mierda, decía mientras me daba por el culo a toda velocidad.

    Yo, aunque estaba caliente y excitado no estaba disfrutando de aquella follada, ya que además de la brusquedad que estaba imprimiendo mientras me daba por el culo, temía que me hicieran algo más que violarme aquellos 3 dándome por el culo.

    Ya me habían largado una buena hostia en la cara, dejándome medio grogui y el pómulo izquierdo hinchado y dolorido. Así que lo mejor sería no provocarlos, y dejar que me dieran por el culo, tratando de relajarme y disfrutar en lo posible de aquella situación.

    Mientras estaba siendo follado bruscamente por el que parecía ser el jefe, los otros 2 observaban como su compañero me estaba violando allí de pie, teniéndome totalmente desnudo y pegado contra la pared.

    Joder tío, me estoy poniendo bien cachondo, decía el que me había quitado la ropa. El maricón este no está nada mal, mira que culito redondito y respingón tiene, y joder como traga el rabo el hijo de puta.

    Yo a este me lo voy a follar hasta reventarlo, le voy a dar por el culo hasta que le salga el rabo por las orejas.

    Empezó bajarse el pantalón y gayumbos, y sobándose la polla quedó viendo como su compañero seguía dándome por el culo, sin perder detalle de lo que me estaba haciendo el que en esos momentos me violaba.

    Joder tío, cada vez que le metes el rabo en el culo, lo levantas del suelo, mira como se pone de puntillas, le debe estar llegando el rabo a la boca del estómago.

    Te gusta maricón, te gusta que te la metan por el culo ¿eh? Pues disfruta, que mira que rabo te voy a meter por el culo, decía agarrándose la polla con la mano enseñándomela.

    Mira maricón, mira que rabo tengo para ti. Te voy a abrir el culo en canal y dejar bien preñado, hijo de puta.

    Miré para la polla que me enseñaba, viendo que estaba totalmente con la polla de fuera y erecto, agarrándose una polla que en aquel momento vi enorme. Joder menudo rabo que tenía, y vaya empalme que estaba teniendo, seguro que estaba disfrutando viendo como me daba por el culo su compañero.

    El que me estaba violando, empezó a gruñir, gritando que se corría, ¡ahhh me corro! Me corro, ¡aaahhh me corro!

    ¡Ufff maricón que gusto! Decía terminando de soltar toda la leche dentro de mi culo.

    Cuando ya me había regado las entrañas con su esperma, sacó la polla de mi culo, diciéndole a sus compañeros que ahí me tenían.

    Ya os lo he dejado con el culito bien abierto, y bien regadito para que os entre más fácil la polla.

    ¿Quién se lo folla ahora? Preguntó el que terminaba de violarme.

    Déjame a mí primero, dijo el que tenía la varilla de pincho, que estoy a punto de correrme. Mientras yo le doy por el culo, que te la vaya chupando, le dijo al compañero.

    Joder, siempre me toca a mí palmar. Venga dale por el culo antes de que me arrepienta, le dijo al compañero.

    El que llevaba la varilla como pincho, se colocó detrás de mí ordenándome que me agachara.

    Agáchate maricón, y dame el culo que te lo voy a follar, me decía agarrándome por las caderas. Sujétale la cabeza y que te la chupe mientras me lo follo.

    Me agaché sujetándome a la cintura del compañero, quedando la polla de este pegada a mi cara.

    Abre la boca maricón, y chúpamela, pero cuidadito con morderla ¿eh?

    Como me la muerdas hijo de puta, te reviento, me decía metiéndome la polla en la boca.

    Abrí la boca mientras me sujetaba a su cintura, tragándome aquel rabo y siendo violado por segunda vez en la noche.

    ¡Ohhh maricón que gusto! ¡ooohhh que boquita! ¡ooohhh que boquita hijo de puta! Gemía mientras movía sus caderas enterrándome su polla en la boca.

    En ese momento el que me iba meter la polla en el culo, agarrándome por las caderas, me dejó ir todo su rabo por el culo de una vez, mmm, murmuré tragándome la polla del que me la estaba metiendo en la boca. Dios, me había llegado la polla hasta la tráquea al darme aquella envestida el que me estaba metiendo la polla en el culo, violándome por tercera vez en la noche aquellos hijos de puta.

    ¡Ohhh que gusto! Decía el que me la metía por el culo. Dios como traga la polla el culito, maricón. ¡Dios que gusto! ¡Joder que culito tienes maricón!

    ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Repetía mientras me estaba dando por el culo. Metía y sacaba la polla de mi culo, metiéndola hasta los huevos golpeándome la entrada a mi ano, cada vez que la metía. Se escuchaba el golpeteo de su pelvis pegando contra mi culo, plas plas plas, y al hijo de puta repetir ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Mientras me daba por el culo violándome.

    Yo sudaba por todas partes, y mi polla ya empezaba a gotear semen, y es que aquellos hijos de puta me estaban haciendo gozar a pesar de todo.

    Joder, ya me estoy empalmando otra vez, decía el que hacía de supuesto jefe. Viendo como estáis follando al maricón, me calentáis y hacéis que me empalme de nuevo. Mira mira, la polla del maricón no para de gotear leche, joder lo que disfruta el maricón recibiendo rabo por el culo.

    ¡Ohhh maricón! ¡ooohhh maricón! Gritaba el que me metía la polla en la boca, empezando a correrse en mi boca. Dios me corro, me corro, gritaba metiéndome la polla hasta la campanilla.

    Notaba como se hinchaba la polla en mi boca, expulsando el semen por ella. Me había llenado la boca de esperma, teniendo que tragarme todo aquel semen, para poder respirar.

    Después de tragarme toda la leche que me había soltado en la boca, seguí chupándole la polla hasta dejársela limpia y sin ningún resto de semen.

    Así maricón, así me gusta. Te estás portando bien, me decía acariciándome la cara, eres toda una puta, se ve que te gusta el rabo, maricón. Tu sigue chupando y acaríciame los huevos, que todavía te falta probar mi rabo por el culo.

    Sí maricón sí, no pensarías que iba dejar tu culito sin follármelo, ¿verdad? Pues tranquilo que no voy a quedar sin darte por el culo.

    En esos momentos el que empezaba a correrse, era el que me estaba dando por el culo. Clavándome los dedos en las caderas y moviéndose más rápido, gritaba, ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Me corro, me corro, me corro maricón.

    Era la segunda corrida que aquellos hijos de puta me insertaban dentro de mi culo aquella noche. Y al parecer todavía no iba terminar aquella violación que estaba recibiendo en aquellos aseos públicos.

    Cuando terminó de correrse el que acababa de darme por el culo, después de sacar la polla, el que me había soltado su corrida en la boca, sujetándome por el brazo me llevó fuera de los aseos, y sentándose sobre las escaleras de acceso a aquellos aseos públicos, me ordenó que me sentara sobre su polla.

    Dios, aquello me había puesto nervioso y a la vez me excitaba. Me iba a violar en plena calle, exhibiéndome a posibles espectadores. A aquellas horas era difícil que pasara gente por allí, pero cualquiera que tuviera la ocurrencia de ir a aquellos aseos como había hecho yo, me iban a ver como estaba siendo violado, aunque ellos no supieran que se trataba de una violación, ellos verían cómo me estaban dando por el culo, en las escaleras de acceso a los aseos, en plena vía pública.

    Joder tío, ¿le vas a dar por el culo ahí en plena calle?

    Sí, me lo voy a follar aquí. Me excita y da mucho morbo darle por el culo al maricón en plena calle. Me pone a tope que alguien nos pueda ver y vean cómo le rompo el culo al maricón.

    Nervioso y temblando por el miedo a que alguien pudiera verme completamente desnudo, con la polla tiesa, la punta llena de precumen, y a punto de volver a ser violado, me abrí de piernas y sujetándome en sus hombros, fui agachándome hasta que su polla entró por completo en mi culo.

    ¡Ohhh ohhh ooohhh! Gemí al entrar aquella polla en mi culo. Me había entrado por completo, notaba como sus huevos los tenía pegados a la entrada de mi ano, quedando ensartado por aquella polla que volvía a violarme aquella noche, pero ahora teniéndola metida en mi culo.

    Así, así, ¡ooohhh maricón! Mueve el culito, anda mueve el culito hijo de puta, que te voy a llenar el culo de leche. Anda muévete rápido si no quieres que nos pillen aquí y vean cómo te estoy dando por el culo.

    Dios, que gusto y excitación estaba sintiendo, tenía la polla tiesa y apunto de explotar. Con los nervios y el temblor que estaba padeciendo, subía y bajaba agarrado a sus hombros, a toda velocidad, clavándome la polla en lo más hondo de mi culito.

    ¡Ohhh que gusto maricón! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Muévete, anda muévete más rápido y aprieta el culito. Así, así maricón, así, así me gusta.

    El hijo de puta aquel, me estaba haciendo sudar, pero me estaba dando un gusto y un placer, que jamás iba a olvidar. Sí, me estaban violando, pero también me estaban haciendo disfrutar como nunca.

    Después de un buen rato dándome por el culo, allí sentado sobre aquellas escaleras de acceso a los aseos públicos, y en plena calle, el hijo de puta que me estaba violando, empezó a correrse dentro de mí, ¡ooohhh me corro! Me corro, me corro maricón, gritaba aferrándose a mi cintura con sus manos, clavándome sus dedos, a la vez que impulsaba su pelvis, enterrándome más su polla en mis entrañas, dejándomelas regadas con su esperma.

    Quedé cansado y extasiado, sudando como un cerdo, jadeando y temblando de placer, clavado sobre aquella polla que terminaba de llenarme el culo de leche, siendo violado por cuarta vez en la noche.

    Anda maricón, ahora vas a limpiarme el rabo con esa boquita de puta que tienes.

    Me hizo levantar, y quedándose allí sentado, hizo que le chupara la polla. Tan pronto me agaché para chuparle la polla, el que me había parecido el jefe, que no se había perdido detalle de la enculada que me había dado su compañero exhibiéndome en plena calle, se aferró a mis caderas, y sin contemplación alguna, me metió su rabo en el culo, llegándome la polla a las orejas.

    Joder, aquellos tíos iban a reventarme, y por encima, se escuchaban unas voces que se acercaban allí. Pero ninguno de los hijos de puta que me estaban violando, dejaron de hacerlo, uno seguía dándome rabo por el culo, y el otro por la boca.

    Fue en ese momento que se escuchaban las voces allí paradas, decir, ¡Jodeeeeer! Menuda orgía, cuando empecé a correrme, mientras seguían dándome por el culo siendo violado, y haciéndome chupar otra polla.

    Los de las voces, quedaron mirando como me había corrido y me daban por el culo y follaban la boca.

    Ahora solo se escuchaba los jadeos y gemidos que producíamos, y el sonido de la polla que me daba por el culo al entrar y golpear con sus huevos y pelvis mi culo, chof, chof chof. Hasta que el que me daba por el culo, empezó a gritar que se corría, volviendo a correrse y llenarme el culo de leche por segunda vez en la noche. ¡Ohhh me corro! Me corro, me corro, ¡ooohhh me corro maricón!

    Estaba sudando y temblándome las piernas, allí agachado con una polla en la boca, otra en el culo terminando de soltar todo el esperma dentro de mí, y siendo observado por 2 jóvenes y el otro compañero de mis violadores.

    Cuando se repusieron, sacaron las pollas de mi culo y boca, se vistieron rápidamente, y subiendo las escaleras, desaparecieron dejándome allí, desnudo, violado y tirado.

    Los 2 jóvenes que habían estado observando el final de mi violación, bajaron al ver que me había quedado allí tirado, por ver si me pasaba algo. Joder tío sí que te han dejado el culo bien abierto, mira cómo te sale la leche por el culo, será mejor que te limpies un poco.

    ¿Dónde tienes la ropa? Me preguntaron.

    Está tirada ahí en el aseo les señalé.

    Me ayudaron a poner de pie, y ayudado por ellos, entré en el aseo de niños, donde tenía la ropa, toda menos la camiseta que me habían robado, me ayudaron a vestir, y después de contarles lo ocurrido, me fui para casa.

    Ese día iba reventado. Me habían violado en 5 ocasiones, llevaba el culo abierto y repleto de semen, sin un duro en el bolsillo, pero en el fondo me habían hecho disfrutar y gozar, hasta me habían hecho correrme sin siquiera tocarme.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • Una joven cachonda

    Una joven cachonda

    Mi nombre es Matías, tengo 33 años y trabajo de empleado en un supermercado. La historia que les voy a contar sucedió hace unos meses.

    En el lugar tenemos muchos clientes habituales, una de ella solía venir en reiteradas ocasiones con su hija María de 18 años. Ella es una joven delgada de cabello rizado que usa lentes.

    Hubo una ocasión que María fue a comprar sola sin su madre. Ella termino de comprar demasiados productos y me pidió que la ayude para llevar esas 4 bolsas cargadas a su casa. Como ella es hija de una clienta habitual mi jefe me dejó que la ayude, así que tome las bolsas y la acompañe a su casa. Ese día ella estaba vestida con un jean, una musculosa verde y era visible que tenía puesto un corpiño negro.

    Al llegar a su casa y de haber dejado las bolsas en su cocina yo me dispuse para volver al trabajo pero ella antes de irme me sirvió jugo en un vaso y me empezó a hacer algunas preguntas personales.

    —Tenés pareja Gus (mi nombre es Gustavo)?

    —Soy una persona casada con dos hijos.

    —La amas?

    —Pues claro.

    —Le fuiste infiel alguna vez?

    —Que pregunta son estas?

    —No te enojes, solo quería saber.

    —Bueno me tengo ir.

    —Espera, te quiero mostrar algo.

    En ese momento ella empieza a jugar con la hebilla de mi cinturón.

    —Pero que haces??

    —Te quiero mostrar lo que se hacer.

    Ella me empezó a acariciar el bulto y yo la detuve con mi mano.

    —Que es lo que querés??

    Al escuchar mi pregunta me hizo una sonrisa muy picarona. Luego ella se arrodillo en el suelo y con sus dos manos me empezó a acariciar el bulto.

    —Sabes lo que quiero – ella respondió.

    Yo me estaba excitando con el toqueteo de sus manos, así que deje que lo siga haciendo.

    —Te gusta cómo te la toco??

    —Tengo que volver al trabajo, mi jefe se va enojar conmigo.

    —Solo van hacer unos minutos.

    Ella me desajusto el cinturón y me bajo el pantalón. Quede en bóxer y se notaba que tenía una erección. Ella saco la lengua y me la paso por encima de la pija, luego me saco el bóxer y mi pija quedo apuntando a su cara.

    —Que linda que es – ella dijo.

    María acerco su boca a mi pija y luego de darme un beso en la punta de mi pene volvió a mirarme con una enorme sonrisa en la cara. Luego agarró mi pene y empezó a hacerme una paja y mientras lo hacía se arregló el cabello con la otra mano.

    —Dios mío, estas loca.

    Ella volvió a mirarme con una enorme sonrisa y luego comenzó a chuparme la pija. Mientras ella se tragaba mi pija yo le arreglaba el cabello porque había algunos pelos que le molestaban. En ningún momento se quitó los lentes, me la chupaba con ellos puesto. Por momentos se sacaba la pija de la boca y empezaba a lamerme por los costados. Yo también hacia lo mío, cuando tenía mi pija dentro de su boca la tomaba de la cabeza y le hacía tragar toda, luego la soltaba.

    —Estuvo muy bueno todo esto pero tengo que volver al trabajo.

    —Espera que todavía no acabé.

    Ella se levantó del piso, se bajó el jean junto con la tanguita, se puso en cuatro con su medio cuerpo recostado sobre una mesa y empezó a pedirme pija. Antes de metérsela metí mis dedos en su vagina para saber si estaba bien mojadita. Al ver que no necesitaba lubricación metí mi pija y empecé a cogérmela.

    —Ahh ahh ahh.

    —Te gusta putita de mierda?

    —Me encanta – se escuchó decir.

    Luego la solté de la cintura para poder apoyar mis manos sobre su cabeza y empezar a embestirla de forma más rápida y fuerte.

    —Seguí así papi.

    Fue entonces que termine teniendo un buen orgasmo dentro de ella, luego me limpio la pija con una mamada y luego regrese al trabajo. Tuve que pedirle disculpas a mi jefe por haberme demorado casi 40 minutos.

    Mis encuentros sexuales con ella volvieron a suceder en muchas ocasiones, algunas veces ella iba al súper y yo me la llevaba al depósito y me la cogia allí.

  • Mi tío llegó con donas y me dio su leche en toda mi boca

    Mi tío llegó con donas y me dio su leche en toda mi boca

    Me levanté, hice mi rutina de abdominales y sentadillas, me di una ducha. Me vestí con mi ropita interior roja y el uniforme de verano, minifalda, camisa blanca toda entallada y tacones rojos; estaba pronta para ir al trabajo, cuando mi tío tocó el portero.

    El: Manu, mi sobri favorita, puedo subir? traigo donas para desayunar juntos.

    Yo: Tío que linda sorpresa! ya me iba, pero sube.

    Cuando llega así sé que me viene a dar su cariño y me gusta estar sin límites para él, por eso me subía llamé a mi trabajó para avisar que me retrasaría un poco.

    Llega y le abro la puerta le beso bien fuerte, y ya de ahí no me despegue, lo puse a un lado de la puerta contra la pared, y lo comencé a besar y desabrochar su camisa.

    Yo: Te estaba extrañando, hace días no venías, te parece si te la chupo un poco antes de desayunar, a ver si está tan rica como siempre -dije y llegué hasta el último botón de su camisa, comencé abrir su bragueta.

    El: Manuelita, yo también te extrañe, chúpala bien que estoy muy cargado, y si quieres desayunar chúpala bien que te dejó la lechita toda en esa boquita hermosa que tienes- me dice quitándome el pelo de mi cara para ver cómo, yo ya tengo su pene creciendo y endureciéndose en mi boca.

    Sentimos ruidos y vimos que habíamos dejado la puerta sin cerrar, estiró el brazo y la cerró, su pene ya estaba hermoso como siempre y yo disfrutándolo como me gusta, el sosteniendo mi cabeza me lagirs para que mi boca le coma sus testículos, siempre pendulares y grandes.

    Uno por uno me los puse en boca y me lo disfruté mirándole la cara de placer y los ojos entrecerrados que ponía con cada lengüetazo que le daba desde la base de su pene hasta la puntita de su glande.

    Los primeros flujos seminales, los comencé a sentir en boca, así como su cuerpo se comenzaba a estremecer, y fue tiempo para llevar su pene, ya en su clímax, a lo más profundo de mi garganta hasta casi atorarme con él y empezó sus embestidas golpeando con sus testículos mi pera.

    El- Pendeja, cada vez la chupas mejor o es que te extrañaba mucho? sigue así que te vas a llevar un buen desayuno- exclamaba de placer y yo comenzaba a mojarme y ponerme loca de excitada.

    Intensifique mi succión ayudada con las manos estimulaba todo su pene y genitales, los músculos se volvieron tensos, quitó unos centímetros mi cara de su pene y anunció que venía. Tome con mis manos sus glúteos abrí mi boca extendí mi lengua y recibí toda su descarga dentro.

    El- Tómala toda y haz el favor a tu tío; que no quede ni una gota -metiendo su miembro nuevamente en mi boca.

    Terminé con todo lo suyo en mi boca, no todos los semen son iguales, el de mi tío tiene un sabor especial y una densidad óptima a pesar de ser muy viscoso, lo mire le mostré todo lo que con mi boca había juntado y lo tragué, porque sé que a él le gusta.

    El- Que bienvenida me diste Manuelita, siempre educadita, y comiéndose todo- dice y me mira con una pícara sonrisa mientras sube su bragueta, también lo miro sonriendo y frotó mi lengua por mis labios en señal de sabroso.

    Yo: Gracias por el desayuno, me encanta recibirlo así, me voy a enjuagar, tu prepara el café y te quedas para charlamos un rato.

    El: Si preparo el café, pero lo de charlar lo discutimos cuando vuelvas de baño, porque no tenemos mucho tiempo y yo estoy aquí para a comer y hacerte esa colita que tanto se me antoja.

    Yo: si tío lo que quieras y por lo que quieras, voy a enjuagarme y seguimos.

  • Entrando en el culito de mi madre

    Entrando en el culito de mi madre

    Bueno como ya sabrán, mi madre y yo comenzamos a coger y en el último polvo que hicimos estuve a punto de coger su ano, pero llegó mi familia. Entonces les contaré cómo seguimos está historia.

    Mi madre y yo seguíamos cogiendo por las noches y cualquier pretexto era bueno para hacerlo hasta que un día mi familia saldría a una feria muy lejana y se harían durante dos días por lo que mi madre me dijo.

    —si te quedas conmigo te voy a dejar hacer lo que quieras conmigo este fin de semana, seré tu perra, tú esclava, quiero que me violes, ¿te quedas?

    Obviamente dije que sí, estaba realmente emocionado pues tenía muchos planes en la cabeza.

    Se fueron todos y me quedé solo con mi madre entonces la obligue a ponerse rica en lo que hacía unas compras.

    Fui por un collar y una correa de perro mi mamá sería mi esclava durante todo el fin de semana.

    Cuando llegue a casa no podía creerlo mi madre tenía un conjunto de lencería riquísimo con unos tacones llegó de rodillas ante mí y me dijo que era hora

    Le puse el collar y me la llevé como perro al piso de arriba la puse en la cama en cuatro y comenzar a azotar sus nalgas con la correa.

    —¿Te gusta zorra?

    —me encanta hijo, ¿Me vas a romper toda?

    —obviamente si zorra, tengo muchos planes para ti.

    Me desnude y me monte en la cama, me acosté y le mostré mí verga a mi mama

    —deliciosa me la voy a comer toda jódeme hijo

    Cuando ella iba a tragarla le pegue una cachetada fuerte.

    —no te di la orden perra

    Haciendo estuve sin dejar que se la comiera hasta que le dije adelante traba.

    Se abalanzó y me la mamo increíble entonces la puse debajo de mí y comenzar a darle por la boca muy duro.

    —trágatela toda

    Fue una conversación muy rica hasta que decidí que era hora de partirla.

    La puse en 4 y metí mi punta en su culo, comenzó a aullar porque la lubricada pero no me importo.

    —me duele hijo despacio

    Metí todo el pene de una y comenzó a gemir durísimo y a gritar que despacio que le dolía, esto no me importaba seguía destrozando el orto de mi mamá con embestidas brutales y con azotes con una correa. Cada que chillaba le apretaba el cuello y se lo mordía dejándole marcas muy salvajes.

    Le dije que se pusiera a lado de mi me acosté me incline y metí mi polla en su culo con fuerza sin piedad como como cogida, mi madre gritaba y levantó su pierna entonces la tomé la levante más y comenzar a masturbar a mi madre.

    Logré que se viniera y me pidió que la dejara descansar que su culo y concha estaban llenos entonces la tomé del culo la cargué y la dejé caer en mi polla le pedí su opinión y le dije que en dónde quería que se la metiera y ella dijo que en la vagina entonces lo hice así y comencé a follarme durísimo su vagina.

    Estaba a punto de terminar entonces la puse boca abajo de nuevo y comencé a cogérmela por la boda hasta que me corrí.

    Su cara estaba riquísima maquillaje corrido y llena de semen entonces le di una nalgada y le dije que se preparará para un fin de semana exquisito.

  • Relajante masaje en el agua

    Relajante masaje en el agua

    Había sido un día horrible, la presión del trabajo había podido conmigo y para colmo el coche me había dejado tirada y me tocaba volver andando desde el trabajo. Mirando unos escaparates para hacer la vuelta más amena mis ojos toparon con un anuncio ‘Deja atrás tu cansancio y prueba los masajes en agua’. La verdad que sonaba tentador y mi curiosidad y cansancio hicieron que me decidiera a entrar intentando acabar con este dichoso día.

    En la entrada me recibió una mujer muy simpática vestida con una elegante bata negra ribeteada en dorado. Me preguntó qué era lo que deseaba y le comenté que estaba interesada en el anuncio del escaparate. Me dijo que tendría que esperar un poco, pero dado el día que llevaba no me importó.

    Me senté a esperar y tras diez minutos salió un chico de unos 30, vestía un pijama negro de manga corta igual que la bata de la recepcionista que dejaba ver sus musculosos brazos. Preguntó por Sophie y le dije que era yo, me indico que le siguiera hasta una especie de vestuarios y me dio un pequeño biquini blanco, de esos que tanto la braguita como el top van atados con cordones y un albornoz para que me lo pusiera y me indico que cuando estuviera lista me dirigiera al cuarto contiguo. Me cambié rápidamente y pase a una sala donde había una gran bañera rectangular con una escalerilla para meterse.

    El chico se presentó, me dijo que se llamaba Víctor y que él iba a ser mi masajista personal. Luego entró y me indico que me sacara el albornoz y entrará y así hice. La cálida agua acarició mi piel mientras me metía en la bañera. Me indico que me tumbara dejando únicamente mi cabeza fuera del agua, mientras él ponía una suave música relajante de fondo. La verdad que el ambiente era súper relajante entre la música, la luz tenue que había y el delicioso aroma que se respiraba mi mal humor estaba empezando a desaparecer y esto no había nadie más que empezado.

    Víctor me indico que cerrara los ojos y me dejara llevar por sus indicaciones. A continuación comenzó a decirme: «Respira profundamente y suelta el aire poco a poco, ahora estira tus brazos siente como se relajan y comienzan a flotar. Repite lo mismo con tus piernas, estíralas y relájalas y déjalas que floten. Ahora estira tu espalda, nota como se estira y todas las tensiones van desapareciendo. Nota como todo tu cuerpo flota y se relaja, se vuelve ligero. Ahora déjate llevar por las sensaciones.»

    La verdad es que lo estaba haciendo. Estaba como en otra dimensión, me había evadido completamente. Entonces comenzó a realizar pequeñas caricias por mis brazos que mezcladas con la sensación del agua hicieron que un pequeño escalofrío recorriera mi cuerpo, y que mis pechos que sobresalían del agua se endurecieron notablemente a consecuencia de este. Víctor continúo con sus caricias realizando círculos por mi vientre y haciendo que mi cuerpo a pesar de estar relajado se pusiera en alerta. Después paso a mis piernas, centrándose primero en realizar suaves caricias sobre una y luego en otra. Poco a poco fue subiendo y empezando a centrarse en la parte superior de mis muslos rozando de vez en cuando mis labios que a estas alturas comenzaban a humedecerse.

    Se detuvo y entonces comenzó a acariciar mis pechos, trazando suaves círculos sobre la fina tela del biquini que poco dejaba a la imaginación. Sentía mis pezones como piedras. Entonces desató el top del biquini liberando mis pechos y empezó a pellizcar mis duros pezones. Lo cual dejo que se me escapara algún ligero gemido. Tras jugar un rato se dirigió a mi concha y sobre la braguita comenzó a masajearme. Mi humedad crecía y parecía notarlo porque corrió la tela y empezó a jugar con sus expertos dedos en mi rajita, presionando de vez en cuando sobre mi clítoris produciéndome pequeños suspiros.

    Después desató los cordones de la braguita del biquini quedándome totalmente desnuda. Empezó a introducir un dedo un mi mojadita conchita mientras amasaba mis pechos con su otra mano. Después introdujo otro dedo y comenzó a moverse en círculos dentro de mi a la par que dejaba mis pechos y su otra mano se centraba en mi clítoris, acompasando los movimientos de sus dos manos. Mi cuerpo flotaba ligeramente arriba y abajo, sus dedos se movían cada vez más rápidos, ya no podía más, explote con un gran gemido y las contracciones de mi sexo que hacían que mi cuerpo flotará arriba y abajo al compás de estas. Había tenido un orgasmo increíble. Poco a poco me fui recuperando y abrí los ojos, encontrándome con la intensa mirada de los ojos verdes de Víctor que me miraban. Este me tendió la mano, me ayudó a incorporarme y poco a poco salí de la bañera y me puse el albornoz que me tendía, todavía sin creerme lo que había experimentado.

    Víctor me indico que todavía no había terminado que ahora faltaba el masaje y me dirigió hacia una camilla que había en un rincón en la cual no había reparado antes. Y entonces…

    Continuará…

  • Confesión de una aventura

    Confesión de una aventura

    Este es mi primer aporte. Quiero contar un relato que me pasó ya hace unos años. Todo comenzó cuando conocí a Iveth, una mujer excepcional, un amor, muy simpática. En ese año ella tenía 38 años yo 27.

    Ella físicamente en ese momento era atractiva rostro agradable no hermoso, pero muy agradable, los pechos eran pequeños pero aceptables, altura 1.78 m aproximadamente, pero su mayor virtud un cuerpo muy delgado, pero con un lindo trasero, se podría decir casi perfecto que no es muy común en las delgadas. En fin, para tener una idea era como una mezcla de latina con una asiática.

    Bueno yo, Alex, físicamente en forma no vivía solo en el gym, pero si hago ejercicio en forma y tengo mis atributos.

    Todo comenzó cuando conocí a Iveth ella trabajaba como recepcionista en una clínica de una dentista. Un día llegue para una evaluación, ella me recibió y brindo información: la doctora no se encontraba por lo cual me convenció esperar. En esa espera no pasó nada fuera de lo común. Al tiempo de estar ahí su impresora falló, yo en ese tiempo trabaje de soporte técnico, me ofrecí a ayudar. En fin resolví su problema ella muy agradecida.

    Comenzamos a platicar y me dijo que su pc andaba mal que si le podía ayudar. Quedamos que ella la llevaría a su casa y yo pasaría por su pc. Intercambiamos números. Pasaron los días, nuestras conversaciones de whatsapp fueron más intensas. Le explique mi situación actual, yo tenía novia en ese tiempo, la relación estaba fría, pero no terminada fui sincero con ella. Por el lado de Iveth, ella recién había terminado una relación. Seguimos así por semanas, un día me invito a desayunar en la clínica ya que la doctora llega hasta la tarde.

    Lo único que me desayune ese día fue a ella, desde que llegue en lugar de besar su mejilla busque sus labios, fue un rico beso, la fui llevando hasta la pared donde no pudo escapar, mientras mis manos quitaban el botón de su jean, pero ella se resistía, me decía que eso no podía ser. Al final por tiempo no pudo ser ahí.

    Pasaron los días, nuestros encuentros fueron más frecuentes, pero aun sin pasar nada serio. Hasta un día que me decidí y sin decir nada la lleve en mi auto a un hotel. Llegamos, ella se sorprendió, pero no se negó, nos besamos, pero igual me bloqueaba con sus manos para que no tocara su cuerpo. Pero los besos fueron cada vez más intensos, sutilmente baje hasta su cuello, mis manos comenzaron a acariciar tan delicioso cuerpo.

    Yo estaba listo, no había marcha atrás, ella lo sabía, al calor de cada beso Iveth cedió. Ella comenzó con sus manos a acariciar mi pene que ya está duro, lo saco de mi pantalón muy lentamente con beso llego desde mi boca hasta mi pene, lo acaricio y beso con tanta pasión, en ese punto no había marcha atrás. Comenzamos a quitar la poca ropa que nos quedaba, abrí sus piernas y las sostuve con mis brazos, lentamente introduje mi pene, ella tenía su vagina muy mojada, comencé a meter y sacar con mayor intensidad, pasamos así unos 15 minutos ella ayudada con sus dedos exclamo.

    —Yaaaa me vengo!

    Fue ahí cuando comencé a penetrar con más fuerza. Luego la gire y la puse en posición de cuatro o de perrito y de ser tierno paso a ser sexo duro, tenía una vista fantástica de su trasero hermoso. Ella me decía que quería más duro, ella muy experta comenzó a seguir el ritmo, a moverse, yo le daba duro puede más me vine, se vino fue de lo mejor pasamos así por unas cuantas horas ya con más confianza probamos más cosas.

    En fin fue de lo más delicioso. Gracias por leer, espero sus comentarios, si alguien quiere más detalles puede escribir. O compartir conmigo, soy fiel amante de los relatos.

  • ¿Qué harías conmigo?

    ¿Qué harías conmigo?

    Antes de acostarnos aquel día, me preguntaste: ¿Qué harías conmigo? Lo decías como quien no estaba convencido y te respondí:

    «Lo que me gustaría hacer contigo es lo siguiente:

    Primero, darte un beso al recibirme en tu habitación y echarte con un empujón sobre tu cama para que a una relativa distancia me contemplarás cómo yo iba desvistiéndome al compás de la música de mi iPhone. Me quito las zapatillas, me quito muy despacio la camiseta, doy media vuelta y comienzo a desabrochar mi short, otra media vuelta y te muestro mi pubis rasurado y veo cómo tu polla se pone dura debajo de tus vaqueros. Saco mi polla y dejó caer mi short y tus ojos dan vueltas de locura y entusiasmo.

    Luego me acerco a tu cama y con mi mano derecha tomó la tuya y te saco de la cama para desvestirte, tu camisa la dejo caer a tus pies para pisarla, tus zapatos que tiro lejos como si fueran piedras, y desabrocho tu cinturón para que no te ajuste, te doy un beso y meto mi lengua debajo de tu paladar, me aprietas mis nalgas, desabrocho tu pantalón y lo dejo caer piernas abajo. Te obligo a sacarlos de tus pies para que aumente tu alfombra y te tumbo en la cama con tu bóxer puesto.

    Tú polla se marca por dentro del bóxer y con mi boca me voy comiendo tu polla por encina de la tela. Rompo con mis dientes y manos tu bóxer, te como tu polla en directo hasta ponerla a punto. Se ha empinado a mi gusto y me siento sobre ella hasta meterla dentro de mi culo plácidamente y comienzo a cabalgar sobre ti haciendo un mete y saca para que tu polla joda bien mi culo. Me inclino y te beso todo el cuello y tu cara dando lametazos a toda tu piel hasta dejarte pringado de mi saliva. Mezclamos nuestras lenguas mientras cabalgo inclinado y noto tus espasmos que avisan que te vienes y estás a punto de derramar tu esperma.

    Entonces salgo de ti y me pongo a la inversa para poder comer tu polla ya amoratada y húmeda y dejas escapar, uno y dos y tres y cinco y seis grandes chorros de semen que es imposible que yo mantenga en mi boca para ir tragando tu esperma y algo se escapa por la comisura de mis labios sobre tu pubis. Trago el que puedo y recojo el que se ha caído limpiando bien tu pene y me dirijo a tu boca para besarte y darte a probar tu propio semen.

    Entonces estoy para venirme y derramo mi esperma sobre tu pecho y abdomen, recojo algo con mi boca y restregando mi abdomen con el tuyo y mi pecho sobre tu pecho se acarician nuestras pollas y de mi boca te invito a probar mi delicioso néctar.

    Dejé de decirte y te hice todo lo que te dije. Descansamos un rato al acabar, que casi nos dormimos y seguimos así hasta no poder más. Esa noche follaríamos cuatro veces, tres me jodes tú a mí y una te penetraría yo a ti hasta hacerte rabiar y gritar apasionadamente de locura.

    Tan entusiasmado te vi, que lo venimos repitiendo cada vez que tenemos un tiempo para nosotros dos, tú preguntas, yo respondo y hacemos primero lo que te cuento y luego lo que nuestra pasión nos inspira, solo que hacerlo es siempre mejor que decirlo. Sé que estás de acuerdo, por eso repites».