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  • Bella

    Bella

    Con el permiso de Bella.

    Su correo decía:

    «Tengo diecinueve años, mido un metro setenta y ocho centímetros, soy delgada, morena, y guapa. Hace años que le doy al dedo. La verdad es que no tengo una gran imaginación. Me hago un dedo después de ver un buen paquete marcado en un pantalón ajustado, un buen culo, después de ver una cara bonita. Mirando revistas subidas de tono, viendo videos porno…

    Un día se me dio por leer un relato erótico suyo. Era muy bueno y mientras lo leía me subió un cosquilleo por la espalda. Acaricié las tetas por encima del picardías. Luego metí un dedo en el coño, que ya estaba mojado, y me acabé corriendo. Desde esa noche leo un relato suyo para amarme a mi misma cuando el cuerpo me lo pide.

    He tenido desde entonces una relación lésbica con mi mejor amiga, y gracias a usted, ya que leímos a medias y en voz alta un relato lésbico suyo y nos pusimos tan perras que nos acabamos comiendo los coños en un delicioso 69. Se preguntará a donde quiero llegar con esto, y se lo diré. Quiero sentir su lengua en mi boca, en mi cuello, en mis tetas, en mi ombligo, en mi coño, quiero que me folle el coño con ella. Quiero que con ella vaya haciendo sitio para que su polla entre despacito dentro de mí. Quiero sentir su leche dentro de mi coño. Quiero sentir un orgasmo vaginal que enloquezca mi mente. Quiero que use toda su experiencia para que cuando me la meta en el culo llegue a sentir un orgasmo anal. En resumen, lo he elegido para que me desvirgue el coño y el culo y morirme de gusto mientras lo hace.

    Soy gallega, como usted. Iría en mi auto a donde me indicase.

    P. D.- Por sus relatos sé que tiene más de sesenta años. Me muero por conocerlo en persona».

    Mi respuesta fue:

    «En… X, en el hotel… X, Sábado… X, a las 10 de la noche.

    P. D. -Toma precauciones. Follo a pelo».

    La lluvia se estrellaba contra la ventana cuando Bella llamó a la puerta de la habitación. Le abrí vestido con un traje gris y unos zapatos negros limpios como patenas. Ella vestía un abrigo color crema de piel sintética que cubría una falda y una chaqueta de color marrón, y una blusa blanca, marrones también eran sus zapatos. De su brazo derecho colgaba un bolso del mismo color que el abrigo. Sonriendo, me preguntó:

    -¿Quique?

    -El mismo que viste y calza.

    Entró en la habitación, se quitó el abrigo y puso abrigo y bolso sobre la cama. Fui hasta donde estaba la cubitera, abrí la botella de champán. Llené dos copas, fui hasta la cama, donde se había sentado, y ofreciéndole una, le dije:

    -Encantado de conocerte.

    Cogiendo la copa, me respondió:

    -Lo mismo digo. Lo imaginaba más bajo, con barriguita y algo calvo, pero veo que no es así.

    Me senté a su lado.

    -De tú que me haces más viejo de lo que ya soy.

    -Como quieras.

    Bella, era una muchacha sumamente hermosa. Su cabello era negro y corto. Sus gruesos labios estaban pintados de rojo carmín, y sus ojos negros de un azul clarito. De los lóbulos de sus orejas colgaban dos grandes aros de oro. Su cuerpo, bajo la ropa, lo adivinaba perfecto. Su perfume era embriagador.

    Se levantó, cogió mi copa y la suya y las puso encima del mueble donde estaba la cubitera con el champán. Se quitó la chaqueta, la puso encima de una silla. -su culo era perfecto en su redondez- Cogió el bolso y el abrigo, los puso junto a la chaqueta, se volvió a sentar a mi lado, me acarició la verga por encima del pantalón y acercando su boca a la mía, me dijo:

    -Cuando quieras empezamos.

    La besé. Sus labios eran tan frescos que la pastilla de Viagra que me había tomado hizo efecto al instante. Bella, al sentir que se me ponía dura, la sacó. Con ella en la mano, me dijo:

    -Es magnífica.

    Me besó y me la sacudió. La empujé hacia atrás con la verga tiesa. Bella se puso a lo largo de la cama. Le quité un zapato, le acaricié la planta del pie y se la besé por encima de la medias negras. -se quitó la blusa blanca- Hice lo mismo con el otro zapato y con la planta. Le quité la falda y quedó cubierta por una lencería fina, de color negro. Nunca había visto una mujer más sensual. Me di cuenta de que en mi vida tendría de nuevo algo tan dulce y tan tierno al alcance de mis manos. Me desnudé -Bella, me miraba, era como si estuviese examinando mi cuerpo, y por su manera de sonreír, no le desagradaba en absoluto.

    Me eché a su lado en la cama. La besé en la frente, en los ojos, en la punta de la nariz, en el mentón, le besé y lamí el cuello, le mordí, los lóbulos de las orejas. Bella ya había cerrado los ojos y se dejaba ir. Le quité el sujetador. Sus tetas eran redondas, duras y tirando a grandes. Sus pezones estaban erectos y sus areolas color carne estaban abultadas. Puse mi mano sobre su coño y noté bajo la negra braga de seda su vello púbico, la metí dentro y acaricié el monte de Venus. Bella, abrió los ojos, y me dijo:

    -Lo dejé crecer porque sé que te gustan los coños peludos.

    Se ve que había leído unos cuantos relatos míos.

    Besé y chupé los pezones mientras acariciaba su clítoris. Le mamé las areolas como si fuese a quitar leche de ellas. Bajé besando su vientre y me detuve en el ombligo, se lo besé y jugué con la punta de mi lengua sobre él. Al echarle las manos a las bragas levantó el culo para facilitar que se las sacase. Vi que su coño rodeado de vello negro estaba mojado, como mojadas estaban las bragas, que fueron a parar al piso de la habitación. Le abrí las presillas del liguero, le quite una media y después la otra. Metí mi cabeza entre sus piernas y besé y lamí el interior de sus muslos, y alrededor de su coño. Bella levantaba la pelvis buscando mi lengua, pero mi lengua y mis besos siguieron bajando hasta llegar a sus pies. Le masajeé las plantas, los tobillos, entre los dedos. Besé, lamí la planta y besé y chupé los dedos uno por uno. Los gemidos de Bella eran dulces, excitantes, embriagadores y mi polla, mojada, latía. Le di la vuelta y subí besando y lamiendo sus pantorrillas, sus muslos…

    Al llegar a su culo, redondo y prieto, le besé y lamí las nalgas, después se las abrí con las dos manos y le lamí el periné y el ojete, para al ratito follárselo con la punta de mi lengua. Me encantó sentir como su ojete se abría y se cerraba y Como Bella levantaba el culo para que la lengua le entrase y le saliese de él. Llegó un momento en que si sigo se me corre. Sus gemidos así me lo decían. Le volví a dar la vuelta. Se abrió de piernas. Le separé los labios del coño con dos dedos. Vi como la vagina se le abría y se le cerraba. Despacito, le lamí un labio y después el otro, le lamí el clítoris, le metí y le saqué varias veces la punta de la lengua en la vagina y después le pasé la lengua plana de abajo arriba por el coño empapado. Me cogió la cabeza. Levantó la pelvis y moviéndola alrededor, de abajo arriba y de arriba abajo, se corrió en mi boca. No era de las que al correrse echan cantidad de jugo, al contrario, no lo sentí caer en mi boca, lo que sentí fue sus desgarradores gemidos, y lo que vi fue cómo se retorcía con el placer que estaba sintiendo.

    Al acabar de correrse dejé que descansara. Salí de la cama, empalmado, y fui a echarme una copa de champán, me la había ganado.

    Al volver a la cama mi verga colgaba a media hasta Bella ya se había quitado el liguero, que descansaba en el piso de la habitación junto al sujetador, las medias y las bragas.

    Me miró con cariño y me dijo:

    -Me alegro de haberte escogido.

    -Y yo me alegro de que lo hicieras.

    Bella era de pocas palabras. Me cogió la verga y me la mamó hasta ponerla dura.

    Mi verga es puntiaguda y se va haciendo gorda hasta la corona y aún más gorda después.

    Se abrió de piernas. Le acerqué la punta a la vagina y se la frote entre los labios y contra el clítoris. Me dijo:

    -Me podría correr de este modo.

    -Lo sé, no serías la primera.

    Seguí frotando y cuando estaba muy mojada le metí la puntita en el coño. No se quejó. Seguí empujando, y ahora sí, ahora se quejó. Le metí el glande. Exclamó:

    -¡Duele!

    Me eché sobre ella y junté mi boca con la suya. Con el glande dentro de su coño, sin sacar ni meter, nos besamos sin decir palabra, y sin decir palabra, se la fui metiendo milímetro a milímetro hasta llegar al fondo. Al tenerla toda dentro, le di la vuelta y la puse encima de mí. Le acaricié las tetas y se las mamé. Bella sintió mi polla latir dentro de ella, y me dijo:

    -Puedes correrte dentro si quieres. No hay riesgo.

    La saqué hasta la mitad, y cuando la llevé de nuevo hasta el fondo, me corrí. Bella, sintiendo como la llenaba de leche, me besó en el cuello, en los ojos, en la punta de la nariz, en la boca, en el mentón… Era una joven dulce como la miel.

    Al acabar de correrme, mi verga perdió volumen. Bella comenzó a follarme lentamente. La leche haría de lubricante. Algo así como media hora después, de besos, de mamadas de tetas, de meter y sacar y con la verga dura de nuevo, Bella, comenzó a temblar, sus ojos se pusieron vidriosos. Me quiso besar y no pudo. Su coño apretó mi polla, y abriéndose y cerrándose sobre ella, se volvió a correr.

    Estuvimos abrazados y besándonos con la verga dentro de su coño un par de minutos, luego, mirándome a los ojos, me dijo Bella:

    -Me apetece un poco de champán.

    -Y a mi, Bella.

    -¿Bella? Me gusta el nombre, Bella, Bella, Bella. Suena bien.

    Nos levantamos. Eché dos copas de champán. Después de tomar un sorbo, me dijo:

    -¿Serás capaz de darme un orgasmo anal?

    -Le respondí:

    -Hay mujeres que los tienen y otras que no, pero si tú los puedes tener enseguida lo sabremos.

    Se fue hacia la cama y yo fui detrás de ella. Su culo era perfecto, redondo y ni pequeño ni grande. Tenía un tatuaje en su nalga izquierda, obviamente no puedo decir de que era. Al mover las caderas y con ella las nalgas, en el corto trayecto hasta la cama mi verga no paró de latir. Aquel culo ponía. En el borde de la cama la cogí por la cintura. Bella subió a la cama y se puso a cuatro patas. Subí también yo y me puse detrás de ella. Le agarré las tetas, y magreándolas, le lamí de nuevo el coño, el periné y el ojete. En el ojete le metí y le saqué la punta de la lengua. Luego hice círculos sobre el agujero con mi dedo gordo, para acto seguido metérselo todo dentro. Le follé el culo con el dedo y comenzó a gemir de nuevo. Al quitar ese dedo, le volví a follar el ojete con la lengua. Bella, ya estaba muy excitada. Su ojete se abría y se cerraba. Al dedo gordo le siguieron dos dedos… y luego tres… y más tarde cuatro. Fui haciendo hueco. Cuando dejé de follarle el culo con cuatro dedos y se lo follé con la lengua, el ano se dilató y ya la sin hueso entró hasta casi la mitad. Bella, con la voz entrecortada y entre gemidos, me dijo:

    -Me voy a correr. Voy a sentir un orgasmo anal.

    Le acerqué la punta de la verga al ojete, empujé y entró la cabeza sin producirle dolor. A la cabeza le siguió el resto del cuerpo. Entraba tan apretada como le había entrado en el coño. Bella gemía sin parar. En mi verga se marcaban las venas azules llenas de sangre. Mirando como mi verga entraba y salía de su culo, y sin poder evitarlo, me volví a correr. Bella, sintiendo la leche calentita dentro de ella, sin decir palabra, se derrumbó sobre la cama y sacudiéndose, se corrió.

    Después de corrernos, me eché boca arriba sobre la cama, Bella, se dio la vuelta, y mirando al techo, me dijo:

    -El sexo anal fue más placentero de lo que me imaginé en mis sueños eróticos. ¿Podrás continuar follando después de un pequeño descanso?

    Pude. La noche acababa de comenzar.

    Quique.

  • Regalos para la tía Jessica

    Regalos para la tía Jessica

    Jessica era una mujer modelo 82, con una carrocería menuda curvilínea con unos neumáticos delanteros suculentos como también los traseros, con baúl amplio, proporcional a sus 1,62 cm de largo, también era de color blanca y con cabello negro que algunas veces tenia suelto, pero cuando lo recogía me enloquecía al igual que sus labios gruesos que eran enormemente sugestivos como atractivos para todos los hombres grandes o chicos que la conocían o la seguían en las redes sociales, lo único malo es que era mayor que yo y era mi tía, sin embargo eso no en pedía que yo la morboseara como cualquier hombre por lo que le dedicaba de vez en cuando mirando sus fotos o vídeos más de una masturbada en su nombre, por eso estaba tan contento que llegara la navidad porque llegaría mi tía Jessica de Miami para celebrar estas fiestas y lo mejor es que se hospedaría en mi casa, en mi cuarto y todo eso pintaba una navidad Genial!

    Al llegar fue inevitable escanearla desde sus pies pasando por su muslos deteniéndome en su pelvis para ver que perfectamente podría perderme en ese triángulo de las bermudas, sin embargo seguí mi escaneo a mi ti Jessica y mi segunda parada fue ver su escote de camiseta negra que no solo resaltaba sus pechos sino era como si estuvieran a la venta “Muy provocativos!” hubo que seguir y sus labios carnosos y grandes había que mencionarlos porque despertaban las fantasías más pervertidas y entonces volviendo a la realidad salude dándole la bienvenida; “Hola tía Jessica” a lo que ella amorosamente me abrazo diciéndome “Hola cariño como estas de grande Andrés” y si estaba unos centímetros más alto que Jessica lo que morbosamente me hizo pensar que podría dominarla y montarla con facilidad, pero bueno era una fantasía que procuraba no alimentar, pero el entorno no facilitaba las cosa,s al contrario era solo ver los comentarios tan calientes que le escribían en las redes que la trataban de ‘perra’ me generaban más excitación por lo que cada vez que la veía a mi tía Jessica me la imaginaba con el collar de mi perro Goliat y que la paseaba por el parque para mostrarla a mis amigos “Jajaja otra fantasía”.

    Fuimos entonces a la costa a pasar los días de fin de año lo cual fue toda una prueba lujuriosa y no solo para mi sino hasta mi padre pues le descubrí en su computador portátil fotos de mi tía Jessica en bikini y otras descargadas de la red por lo que detalle los comportamientos de mi padre y observe en más de una oportunidad como la miraba a tía Jessica en especial cuando se daba la vuelta y nos dejaba ver su cola contorneada, grandota y parada fue evidente para mí que a mi padre también le gustaba su cuñada o mi tía Jessica por lo que me hizo sospechar de mi hermano menor y también le encontré fotos en su teléfono móvil lo que me hizo pensar lo mismo que ustedes lectores “Partida de pervertidos” pero en nuestra defensa piensen en su mayor tentación y a pocos centímetros que haría usted?

    Pues bien nosotros en silencio deseamos lujuriosamente a mi tía Jessica más cuando la vimos en la playa en su bikini estampado de flores que nos recreó el ojo y alimento aún más las fantasías más eróticas, se preguntaran por mi madre pues ella no se percataba de nada y como era bonita pues no había tanta envidia hacia mi tía Jessica y en realidad el problema sería para mi padre, pero él tenía derecho al fin de al cabo como dice el dicho “Casado no capado” y con una cuñada así de sexy como mi tía Jessica a cualquier hombre le da ganas y no me pregunten por mi abuelo porque menos mal no fue…

    Al llegar la noche seguía con mis pensamientos pervertidos y estando en la recepción del hotel realmente estaba ganoso de mi tía Jessica tenía una top blanco que dejaba ver su sostén del mismo color que recubrían sus tetas redondas y jugosas, pero así provocativa estaba también sus muslos que se veían al estar sentada en el sofá con las piernas recogidas un par se jamones navideños refiriéndome a sus muslotes que me tenían loco de ganas de comerlos y degustarlos en ese momento, pero todo parecía que me quedaría con las ganas.

    Sin embargo esa noche mi padre hábilmente repartió trago en abundancia dejando ebrias a mi madre y a mi tía Jessica a tal punto que mi padre me ordeno conjuntamente con mi hermano llevar a mi madre a costarla a dormir y que él se encargaría llevara acostar a la tía Jessica a su habitación pero desde que alzo a mi tía Jessica la amacizo con cara de morboso lo que me género unos celos por lo que apuradamente con mi hermanito lleve a mi madre acostarse y contrario a las órdenes de mi padre que nos indicó que también nos acostáramos, pero nos fuimos a la habitación de mi tía Jessica y al entrar encontré a mi padre ya con su miembro expuesto y manoseando a mi tía Jessica preparándose a acceder a ella, pero al vernos quedo paralizado y me dice; “Andrés, Camilo que hacen aquí” y yo como un macho le respondí a otro macho; “Lo mismo que tú, queremos esa hembra“ y después de unos segundos mi padre nos dice; “Entonces démosle a esta perra! Su regalo de navidad” y me pidió mi padre entonces que yo la desvistiera mientras él se desvestía también e inmediatamente nos acercamos para desvestir a mi tía Jessica suavemente mientras la manoseábamos todo su cuerpo sin que se diera cuenta mi tía Jessica, y cámara lenta empecé acariciar sus muslos carnudos y de piel suave, luego desabotone su short de jean y se lo fui quitando para dejarla en un panty blanco, el que me dejo ver su vulva por primera vez y suavemente empecé a tocar pero su vagina me gano y en segundos le quite el panty saque mi verga y con mucha fuerza entre en ella haciendo que gritará por primera vez mi tía Jessica.

    Mire entonces a mi padre y dije; “Lo siento” había penetrado a mi tía Jessica y ya cuando me disponía a pujar un par de veces mi padre como el macho dominante me quito encima de mi tía Jessica y rápidamente la tomo clavando su verga en ella que ya trataba de forcejear pero su ebriedad solo la dejaba balbucear era tarde mi padre enérgicamente estaba gozando a mi tía Jessica y tal vez por remordimiento me dice en su agite mi padre; “Chino marica la voy hacer gritar para que le ponga su chupo” refiriéndose a mi verga y así fue volteo a mi tía Jessica sobre la cama como una muñeca dejando su rostro en el borde de la cama mientras mi padre arriba de ella seguía penetrándola sacándole gritos y entendí que esa posición era una invitación para hacer que mi tía Jessica le diera usos a esos labios carnosos y chupara mi verga lo cual no pensé mucho y profundamente le metí mi verga en su boca y apoyándome de su cabeza con mis manos obligue a mi tía Jessica que me mamara y chupara mi verga lo cual hacia como todo a una profesional, y me gustó ver sus ojos expresivos que reaccionaban cuando movía mi verga de lado de lado de su boca y pujaba hasta lo profundo de su garganta observando el redondez de la punta de mi verga en su cachete y sus ojos que se abrían completamente cada vez que sentía algún chorro de esperma que mi padre y yo soltábamos ya para ese instante mientras mi hermanito se deleitaba chupando sus tetas.

    Una escena como de zombis hambrientos que se estaban saciando sus deseo brutalmente, fue así como mi tía Jessica recibió sus primeros dos regalos dos eyaculadas una de su cuñado y otra de su sobrino mayor pero seguía su otro sobrino que prefirió hacerle una paja-rusa pero me dio los minutos para recargar espermatozoides para someter a Jessica que con ayuda de mi padre la obligamos a ponerse en cuatro y colocándole el collar de nuestro perro Goliat me realice castigando y humillando a Jessica como una perra que para entonces ya más consiente solo pedía que nos detuviéramos, pero nosotros estábamos poseídos por la lujuria y el deseo.

    Jessica solo gritaba y repetía; “Basta, basta” pero eso solo me volvía más impetuoso en perforarla pues taladraba salvajemente mi verga en ella haciendo que sus senos se movieran en cada envión que le metía, por lo que ya a punto de culminar no sabía de dónde agarrarla mejor pues la tomaba del cabello, luego de la cintura también de sus tetas que espichaba con frenesí, estaba completamente enloquecido penetrándola y gozando a Jessica, hasta que se entregó y sus gemidos fueron el momento máximo para depositarle todo mi semen y poseerla totalmente terminando recostado en su espalda cansado del castigo a mi tía Jessica dejándome sólo energías para decirle; “Toma tu regalo, eres todo una delicia, gracias por dejarte montar” y en segundos me la arrancaron mi hermanito y mi padre para seguir violando por turnos a mi tía Jessica que ya estaba sumisa y sometida a nuestros caprichos que desconsolada solo lloraba.

    Luego solo fue esperar nueve meses a ver qué pasaba…

  • Trío con la zorra de mi madre

    Trío con la zorra de mi madre

    Bueno, ya saben cómo comenzó esta historia entonces les contaré cómo ocurrió el trío.

    Como ya saben tenía a mi madre con una correa de perro por la casa pues estaba solo con ella y después del anal ya tenía pensado otras cosas.

    Tomé su celular y llame al hombre con el que mi madre hablaba sexo y le dije que si quería hacer un trío con esa perra como estrella principal.

    Obviamente dijo que sí y mientras llegaba puse a mi madre a comerme la verga.

    Alguien tocó la puerta entonces tomé la correa y fui a abrir con mi madre junto gateando.

    Abrí la puerta y ese hombre ya tenía el pene de fuera (su nombre es Raúl) mi madre comenzó a comerse su pene y la jale y la golpee pues no sé lo había ordenado.

    Entramos a la casa y le dije.

    —este es tu nuevo amo perra

    —uyyy Raúl cójanme duro

    —Claro que sí perra, verás lo que es el sexo

    Nos desnudamos y le presentamos nuestras pollas a mi madre entonces comenzó a tratar ambas.

    Yamaha una y luego la otra hasta que comenzamos a meter las dos pollas en su pequeña boca ya con una corrida mi madre tenía la cara destruida pues su maquillaje estaba corrido y tenía semen en todo el rostro y las tetas.

    Me puse atrás de ella y se la clave en el culo ella soltó un grito

    —ahhh me duele mucho despacio por favor hijo

    —cállale la boca a esa perra

    —Claro que sí amigo.

    Metió su polla en la boca de mi madre y comenzó a follarle la boca mientras yo le daba por su culo azotándola con la correa.

    Mi madre solo chillaba y gemía hasta que le dije prepárate para que dos vergas te azoten el culo.

    Raúl se puso debajo y se la metió en la vagina entonces me puse delante de ella le di una cachetada y le dije

    —lista perra

    —uno a la vez bebe

    —claro que no zorra

    —Toma mi pene puta

    Me monte en el culo de mi madre y comenzamos a bombearla con todo lo que teníamos

    —ahhhh cójanme más duro, así papis me encanta como me follan sigan más duro que rico aghhh pártanme soy suya.

    Terminamos de penetrarla y nos corrimos en su cara hermosa.

    Recargamos nuestras fuerzas y fuimos por ella de nuevo esto no había terminado.

    Mi madre al vernos de pie corrió y se encerró en su cuarto por lo que me moleste

    Tomé las llaves de su cuarto y lo abrí

    —te va a doler

    —hijo déjenme descansar

    —no perra vas a ver lo que te haremos

    Amarre sus manos la puse debajo y se la clave en el ano.

    Raúl también se la clavó en el ano

    —tienes dos pollones en el ano listos para partirte perra

    —uno a la vez cabrones

    —Cállate perra

    Tape su boca y comenzamos a nombrarla muy fuerte

    Mi madre gritaba riquísimo estaba muerta de placer pero su ano estaba prácticamente roto.

    Terminamos de cogerla y nos follamos su boca para dejarle una corrida y volver a desfigurar su maquillaje.

    Raúl se fue y esto no termino aquí…

  • Mi primer trío y doble penetración

    Mi primer trío y doble penetración

    El día como siempre era un infierno de calor, por lo mismo mi esposo y yo habíamos pasado toda la tarde viendo tv con el aire acondicionado encendido a todo poder. Ya era viernes y habíamos terminado la semana laboral y no había pendiente de amanecer con resaca, así que surtimos la hielera con una buena dotación de cervezas las cuales disfrutábamos al tiempo que veíamos varias movies. No sé como pero del género de horror pasamos a ver porno.

    Estuvimos haciendo surf por los canales hasta llegar a una donde a la chica la tenían empalada por ambos lados en una doble penetración. Los tipos estaban demasiado dotados y la cogían con tanta furia, que estaba segura que los gritos de la chica no eran tan actuados como suele suceder.

    —Te atreverías a hacer eso? —me preguntó de repente Tommy, tomándome por sorpresa.

    —Que? Una doble penetración? No creo que podría aguantarla —le contesté divertida.

    —Por qué no? Se ve bien cachondo —dijo Tommy con una sonrisa.

    —Naah, no creo que yo aguantaría el dolor. Terminaría toda reventada y cargándolos por todas partes haha —le dije para desanimarlo.

    —Pues a ella no parece dolerle mucho —dijo Tommy, refiriéndose a la chica que aparecía en pantalla. Y era cierto, se veía que la gozaba a lo grande y su rostro era una máscara de placer.

    —No lo sé, tendría que ser con alguien de muchísima confianza —terminé diciéndole, dándole a entender que quizás lo estaba considerando.

    Gracias a la cerveza y las películas porno, esa noche tuvimos una rica sesión de sexo. Mientras Tommy me penetraba con su verga, al mismo tiempo insertaba un pequeño dildo por mi agujero trasero, simulando una doble penetración. No puedo negar que el imaginarme estar siendo penetrada por dos machos me hizo terminar de manera brutal. Después de haber visto a las mujeres en el porno parecer estar en éxtasis durante la doble penetración, mi curiosidad se despertó

    No volvimos a tocar el tema hasta una semana después, rumbo a una cita con Raúl, mi tatuador favorito. Debía darle retoques a mi más reciente tattoo.

    —Y si invitamos a Raúl a un threesome? —me soltó de repente Tommy.

    —Hahaha estás loco! Sigues con esa idea en la mente? —contesté divertida. La súbita pregunta de Tommy me había tomado por sorpresa.

    —Por qué no? Acaso piensas que no me he dado cuenta de cómo te mira? —dijo Tommy entre serio y divertido. Y era cierto, varias veces lo había sorprendido mirándome a mi tatuador. Ese tipo de mirada que sabes bien es más allá de una mirada normal. Obviamente yo le gustaba. Eso sí, era completamente profesional a la hora de hacer su trabajo. Nunca se había propasado conmigo. Ni siquiera cuando el tattoo era en alguna de mis partes más íntimas.

    —No seas loco. No hagas cosas de las que después podamos arrepentirnos —contesté un poco seria. Para ser sincera, Raúl no me era tan indiferente y no me desagradaba la idea de tener algo con él. Pero jamás había sido infiel y no estaba en mis planes empezar a serlo.

    —Chicken —me dijo Tommy, riéndose y dándome un codazo. Recorrimos el resto del camino en silencio. Aunque ya en mi mente formaba escenas de sexo entre los tres, tal cual si fueran escenas de la película porno que viéramos días antes. El muy maldito de Tommy había logrado meterme su idea a la cabeza.

    Llegamos a con Raúl, que nos recibió amablemente. Nos ofreció unas cervezas como siempre y se dedicó a trabajar en mi piel. Llevamos la plática de lo más normal, hasta que termino su trabajo. Antes de irnos, Tommy le invitó a la casa a tomar un par de cervezas y ver el juego de football de los domingos, despidiéndose de él y saliendo hacia nuestro carro, dejándome sola con Raúl.

    —Sí, me parece bien. Yo llevo unas cervezas y algunas botanas. Necesitas algo más que lleve, Perla? —dijo dirigiéndose a mí.

    —Pues… solo ve con muchas ganas, yo me encargo de lo demás —le dije mordiéndome el labio inferior y mirándolo coquetamente. Acercándome a él, me pegué a su cuerpo y le di un pequeño beso en la mejilla, rozando un poco sus labios. Raúl se sacó de onda y solo atinó a decir okay y sonreírme mientras yo salía tratando de mover mi pequeñísimo trasero de forma sexy. Ya había empezado el plan y era demasiado tarde para arrepentirme.

    Para no hacerla larga, al día siguiente se presentó Raúl en la casa, por la tarde. Llevaba refrescos, cerveza y algunas botanas. Tommy lo recibió y se fueron a la sala a ver el partido que apenas iniciaba. Yo había preparado algo de comer y me encontraba en la cocina. Ese día había decidido vestirme casual, pero sexy. Llevaba una blusa blanca con los botones superiores desabrochados, de manera que lograba verse un poco de mis pequeños pechos, los cuales lucia con un brassier negro semi transparente de media copa que apenas lograban cubrir mis pezones. Debajo usaba un short de mezclilla color negro que dejaba ver mis largas y delgadas piernas, y una tanga también de color negro que para esas horas la sentía empapada de mis jugos. En parte por la excitación del momento y en parte por los nervios por lo que estaba a punto de hacer. Finalizando con mis zapatos de plataforma que me hacían ver más alta de lo que era, con las cintas desabrochadas para poder quitármelos rápido en caso de ser necesario. Y obviamente mis muchos tattoos, que a diferencia de mi lugar de trabajo donde siempre los ocultaba, aquí en casa los lucia orgullosa.

    Vibró mi celular y vi que era un mensaje de mi molestoso vecino adolescente. Si bien al principio me caía mal, con el tiempo habíamos limado asperezas y ahora era un especie de pequeño cómplice.

    —Que haces? —me preguntaba en un texto.

    —Lo pendejada más grande de mi vida, o lo más cachondo. Aun no sé cómo definirlo —contesté.

    —Por quee?? Que vas a hacer?? —me contestó el chaval.

    —Espera un poco y lo sabrás —le dije sabiendo que seguramente estaría pegado a la ventana espiándome como siempre lo hacía.

    Llegué a la sala y los chicos ya estaban viendo el partido. Me senté en medio de ellos dos, pasándoles a cada uno de ellos una cerveza. Ya para el tercer cuarto del partido estábamos bastante tomados. De estar en medio de ellos, me había pasado más al lado de Raúl, recargándome con el e incluso llegando a subir mis piernas en las suyas. Al principio se sacó de onda, pero al ver que Tommy no decía nada, no hizo ningún movimiento por quitarme.

    Había decidido tomar más de lo que siempre tomo. Quería estar bastante ebria para poder darme valor suficiente. Y no lo niego, sentía que Raúl me gustaba bastante. Mi esposo era bastante desaliñado, con el cabello largo y la barba incipiente. Y siempre con sus camisetas de grupos de heavy metal. Raúl por su parte, era muy diferente. Usaba el cabello corto, estilo militar y una barba de candado. Conforme más borracha me sentía, más pensamientos turbios me acosaban. Pensamientos que nada tenían que ver con el trio. Deseaba desaparecer a mi esposo y quedarme sola con Raúl. Que me diera la cogida de mi vida. Me estaba metiendo en la boca del lobo, pero como dije, ya era muy tarde para arrepentirme.

    Terminó el partido, y Tommy decidió salirse a fumar un cigarrillo al patio. Lo encaminé al patio y luego regrese sola a la sala de la casa, donde se encontraba Raúl. Me detuve un instante, mi corazón se aceleraba en anticipación de lo que estaba a punto de suceder… sin dar marcha atrás, pensé.

    Entré a la sala, donde Raúl estaba sentado en el sofá. Me acerqué a él, y tomando la botella de cerveza que tenía entre sus manos, la levanté y la vacié toda en mi rostro, empapándome toda y logrando atrapar un tanto en mi boca. Raúl se mostró sorprendido, y sin darle tiempo de reaccionar (ni yo de arrepentirme) me abalancé hacia él y lo ataqué con un beso apasionado, compartiendo en su boca la cerveza que guardaba en la mía. Fue un beso salvaje, húmedo, apasionado. Raúl me correspondió, jugando con su lengua dentro de mi boca, derramando la cerveza entre nuestros labios.

    No sé si fue por el estado de semi ebriedad en que nos encontrábamos, o simplemente las ganas de coger, pero nos importó poco el lugar donde estábamos. Nos abrazamos y empezamos a recorrer nuestros cuerpos con las manos. El me sobaba las tetas, para luego bajar por mi pequeña cintura hasta terminar apretujando mis nalgas, con fuerza. Yo trataba de hacer lo mismo, aprisionando su verga por encima de su pantalón. Se sentía grande, erecta. Con desesperación desabroché su cinturón y sus jeans, tratando de liberar su pene. Quería verlo, comérmelo, sentirlo dentro de mí. Finalmente pude sacarlo de sus jeans y verlo a mis anchas. Era una verga hermosa, gruesa, llena de venas y coronada por una cabeza enorme, que ya empezaba a soltar líquidos en la punta. La sobé de arriba a abajo. La apretujaba como si de un animal vivo se tratara. Raúl tenía una boa por pene y yo deseaba sentirla dentro de mí. Posiblemente me reventaría meterme todo eso, pero en ese momento nada me importaba más que tener esa hermosa verga ensartada en mi empapada vagina.

    Me arrodillé y sin pensarlo me metí ese pedazo de carne a la boca. Había visto algunas películas porno, donde el miembro de los hombres es tan grande que las chicas tienen que abrir la boca en toda su capacidad. Pero era la primera vez que me pasaba en la vida. Abría mi boca desmesuradamente para poder tragarme su fierro, pero me era imposible abarcarla toda completa. Sentía mi boca llena por su pedazo de carne de lo gruesa que estaba, y aparte ni siquiera lograba meterme ni la mitad. Era gruesa y larga como ninguna que hubiera probado antes. Como dije en mis anteriores relatos, en mis tiempos de escuela había tenido mis aventuras, y desde que me casé hace 6 años no había vuelto a estar con otro hombre más que mi esposo. Y ahora, al poder probar otra verga diferente, me tenía loca.

    La chupaba y saboreaba tal si fuera una rica paleta de dulce. Y luego me la volvía a meter a la boca, tratando inútilmente de comérmela por completo. No tardé en empezar a soltar gran cantidad de saliva que escurría por mi boca, resbalando por mi cuello hasta empapar mi blusa, todo acompañado de ruidosas arcadas que me tenían al punto del vomito. Sentí una mirada sobre mí y al voltear de reojo pude ver a Tommy que había regresado del patio y estaba ahí, mirándonos. Viendo como su hasta ahora fiel esposa se atragantaba con tremendo pedazo de verga en su boca. No niego que sentí miedo, no sabía cuál sería su reacción.

    —Lo siento, comenzamos sin ti —dije con humor.

    —No hay problema —dijo Tommy. Simplemente se acercó e inmediatamente se desabotonó los pantalones y sacó su pene sin demora. Yo todavía estaba un poco nerviosa, pero más intrigada con lo que estaba por suceder.

    Sin decir una palabra, dejé el pene de Raúl y hundí mi boca sobre el también ya erecto pene de Tommy y comencé a darle una mamada. Raúl fue testigo del placer en mi cara y rápidamente deslizó sus manos por mi short, bajándomelo con todo y tanga. Comencé a gemir mientras la verga de Tommy amortiguaba mis sonidos de placer.

    Después de asegurarme de que se lo había chupado lo suficiente, cambié mi boca del pene de Tommy nuevamente al de Raúl. Debo admitirlo que estaba encantada de tener su enorme verga en mi boca, a pesar de sentir como me llegaba hasta lo más profundo de mi garganta, provocándome unas casi dolorosas arcadas. Ahora fue el turno de Tommy de quitarme la parte superior de mi ropa. Ya solo me encontraba con mi brassier de color negro, y mis zapatos de plataforma alta. Agregado a eso, mi largo cabello revuelto y empapado en sudor y cerveza. Mi look era el de una autentica puta, como las que salen en las películas porno. Pensar en la palabra puta me hizo recordar a mi latoso vecino, y como pude volteé hacia mi ventana que daba directo a la ventana de su recamara en la casa contigua. Y si, como lo esperaba, ahí estaba escondido entre sus cortinas, espiándome como era su costumbre.

    Tommy aprovechó que yo se la mamaba a Raúl para desnudarse por completo, y luego tomarme por los cabellos para dirigirme a su verga, la cual tragué ansiosa. Fue el momento que Raúl aprovechó para también desnudarse.

    Así que ahí estábamos, Tommy y Raúl de pie en la sala de mi casa completamente desnudos con sus vergas totalmente erectas, mientras yo de rodillas pasaba de una verga a la otra, tragándomelas como si no hubiera un mañana. Habíamos perdido completamente el pudor y estábamos decididos a hacer lo que habíamos planeado, una doble penetración. Que fuera yo capaz de aguantarla aún estaba por verse. Pero ya era demasiado tarde para arrepentimientos. Lancé una mirada a Tommy, como diciéndole ‘estoy lista’.

    Raúl se sentó en el sofá, tomado su enorme falo entre sus manos. Había yo decidido previamente que fuera él quien me diera primero por mi vagina, y Tommy por mi culo. Conocía a mi esposo y sabía que aunque aceptaba compartirme en esta aventura, mi culo era suyo y solo suyo, y el sería el primero en penetrarme por ahí. Aparte que después de ver las dimensiones de tamaño que tenía Raúl, estaba dudosa en dejarlo cogerme analmente. No pensaba terminar mi aventura sexual internada en el hospital con un desgarre anal.

    Me senté a horcajadas encima de Raúl y tomando su verga, la dirigí hacia mi empapada y velluda panocha, empalándome poco a poco. Sentí como su miembro iba ganando terreno dentro de mí, abriéndome a su paso, causándome un dolor que la verdad no esperaba, y al instante llenándome por completo. Solté un gemido amortiguado mientras la larga verga de nuestro invitado llegaba hasta el fondo, sintiendo como si me hubiera penetrado hasta el útero. Tomé un poco de tiempo para acostumbrarme a este nuevo miembro dentro de mí, para luego empezar a bombear enseguida y en unos instantes ya estaba chorreando de puro éxtasis.

    Pareceré exagerada, pero solo me bastaron un par de sentones en ese enorme miembro para llegar al primer orgasmo. Sentí como mi cuerpo se convulsionaba, poniendo mis ojos en blanco. Perdí el control de mi cuerpo y empecé a soltar chorros de líquidos por mi vagina, dejándole a Raúl su rica verga bañada en mis jugos.

    Tommy no me dio tiempo a recuperarme, y se colocó detrás de mí, abriendo mis nalgas y escupiendo en mi ano. El estaba a cargo ahora y había decidido que ya era hora. Raúl continuaba follandome sin parar, y en medio de mi letargo por mi primer orgasmo, sentí la verga de Tommy empujar en mi agujero trasero. No lo niego, sentí miedo. La verga de mi tatuador ya era lo suficientemente grande para llenarme, como para todavía sentir otra más dentro de mí. Aunque Tommy no era tan bien proporcionado como Raúl, tampoco se podía decir que tuviera un pene pequeño. Estaba a punto de ser reventada y nada podía hacer por impedirlo.

    La verga de Tommy empezó a presionar en mi ano, obligando a mi esfínter a abrirle paso al intruso. Si bien el sexo anal era algo que practicábamos regularmente, el tener esta vez otra verga dentro de mi vagina al mismo tiempo me hacía sentir la extraña sensación de estar cagando hacia dentro. Raúl me bajó el bra y se apoderó de mis pechos, chupando mis erectos pezones y pasando de uno a otro.

    El gran poder de todo esto me obligó a clavar mis uñas en la espalda de Raúl, mientras al mismo tiempo me hacía apretar los dientes. Los dos se detuvieron brevemente para ver si yo estaba bien. Miré por encima del hombro a Tommy y simplemente le gruñí ‘¡No pares!’

    Bueno, las cartas estaban tiradas. Estaba siendo golpeada por dos enormes vergas y mi vida estaba a punto de cambiar absolutamente. No se diga mi vagina y mi culo, que sentía como me los abrían sin misericordia. Para entonces, ya me había vaciado innumerables veces y había empapado a Raúl y a mí desde el estómago hasta los muslos no solo de mis jugos vaginales, si no también de mi caliente orina que ahora expulsaba libremente al perder control de mi vejiga.

    Después de un minuto, miré a mi esposo por encima del hombro y con los dientes apretados simplemente pronuncié ‘Jódeme el culo’

    Tommy no necesitó un segundo aviso, ni sintió un remordimiento ni necesidad de ser amable conmigo. Yo pedía que me trataran como a una prostituta y el estaba feliz de complacerme.

    Simplemente empujó mi ano con su miembro mientras la verga de Raúl estaba bombeando mi vagina y con muy poco esfuerzo, su verga sólida ya estaba a medio camino. Lancé un quejido de dolor. Me agarró por el largo de mi cabello y tiró para que mirara hacia el techo y con otro empuje contundente, toda la longitud de su pene irrumpió en mi interior, llenando por completo mi recto.

    —Aggghhh… Dios! Me partes en dos, cabrón! —grité al sentir la verga de Tommy entrar en mi culo sin misericordia. Tommy ignoró mi lamento y procedió a bombear mi culo, abriéndome por completo y haciéndome gritar de nuevo cada vez con más agonía.

    ‘Ahhh… fuck! Me estas reventando hijo de tu puta madre! Para… paraaa! —le gritaba a Tommy, en parte para animarlo más y en parte para aliviar mi dolor. Pero de ninguna manera para que se detuviera. Me estaban partiendo por la mitad, era doloroso, pero por nada del mundo quería que terminaran.

    Establecimos un ritmo y ahora estaba orgasmeando cada minuto, retorciéndome y chorreando sobre mis dos machos. Incluso creo perdí brevemente el conocimiento un par de veces, pero el estado de ánimo estaba establecido. Mi esposo y nuestro invitado seguían bombeándome y dándome verga por los dos flancos. Y yo sentía como moría en medio de otro orgasmo

    Miré a Raúl, esta vez un poco más tranquila. ‘Tu turno —le dije.

    Tommy salió de mi culo, mientras yo me quité de la verga de nuestro invitado poco a poco, sintiéndolo resbalar fuera de mi vagina. Tommy ahora se acomodó en el sofá y yo salté sobre su duro miembro mientras esperaba que Raúl entrara en mi pozo trasero.

    —No tengas piedad, baby —le dije a Raúl, mirándolo a los ojos por encima de mi hombro.

    Mientras me montaba sobre Tommy, nos miramos cariñosamente a los ojos cuando de repente mis ojos se abrieron de par en par aún mirando a los de mi esposo. Una mirada de partes iguales de horror y placer sacudió mi rostro. Raúl acababa de forzar su gran verga en mi culo sin advertencia ni sondeo en absoluto.

    —Aggghhh… nooo… sacala… sacalaaa!! —grité de nuevo, pero esta vez con más fuerza que la vez anterior. La verga de Tommy no me había abierto ni la mitad de lo que ahora sentía abrirme por el miembro de Raúl. Confieso que por primera vez me arrepentí de lo que estaba haciendo. Y no era que nuestro invitado fuera brusco o apresurado. Simplemente su verga era demasiado grande para mi pequeño agujero anal.

    —Para cabrón… paraaa! Dile que pare, Tommy… dile que pare! Me dueleee!! —grité desaforada mientras Raúl reventaba mi culo con su poderosa y enorme verga.

    -NO! Dale más! Dale más fuerte! -ordenó Tommy, al tiempo que con sus manos abría mis nalgas, invitando a nuestro amigo a penétrame aún más.

    -Nooo… por favor… no, no, no! Aggghhh! Me parteees! —grité de nuevo al sentir la verga de Raúl entrar aún más dentro de mi intestino. Hicieron caso omiso de mis gritos y empezaron a bombearme con furia entre los dos.

    Por ahora, no sabía dónde estaba. Solo sentía los embates de mis machos partiéndome cada uno por la cavidad que le había tocado. Poco a poco, el dolor fue transformándose en placer. Me sentía en el cielo. Una sensación que jamás antes había conocido. La verga de Raúl me llenaba como ninguna otra antes, y aunque seguía siendo doloroso el tenerlo llenando mi recto, me mentiría a mí misma si dijera que no buscaría estar de nuevo con él… pero esta vez a solas.

    Me movieron tanto las tripas con sus embates, que las ganas de defecar no tardaron en hacerse presentes. Tenía que detenerlos o sucedería un bochornoso accidente.

    —Paren! Pareen! —grité desesperada.

    —No, no… Por qué? —preguntó Tommy sin detenerse.

    —Necesito ir al baño. Paren por favor!’

    —Tu hazte, nosotros te limpiamos —me dijo Tommy como si defecar enfrente de la gente fuera lo más normal del mundo.

    —Queee? Noo! Estás loco! Necesito ir al baño… ahora! —grité de nuevo sin poder evitar una pequeña carcajada ante la ocurrencia de mi esposo.

    —No! No lo harás —dijo Tommy y como si se hubieran puesto de acuerdo, empezaron a darme todavía más duro. Tommy amaba humillarme sexualmente y estaba segura que le excitaba ver mi desesperación y miedo de vaciar el contenido de mis intestinos enfrente de ellos dos.

    —Por favooor, necesito ir al baño! Raúl… detente!! Me la estás metiendo más! Detenteee! —le grité a nuestro invitado con desesperación al sentir como me empujaba mis desechos con su verga.

    Cerré mis ojos, rogando por que no sucediera lo que tanto temía. Pero un nuevo orgasmo me llegó, haciéndome olvidar de todo y de todos. La sensación de tener dos miembros dentro de mí, más el saber que de alguna forma y a pesar de contar obviamente con el permiso de mi esposo, estaba haciendo algo prohibido, no se comparaba con nada que hubiera experimentado hasta ahora. No sé qué pasaría después de esto y no sé si sería la única y última vez que lo hiciera, pero para nada me arrepentía de esta experiencia.

    Mis hombres volvieron a arremeter contra mis maltrechos agujeros, usándome cual si fuera una muñeca de trapo. Jamás había sentido tanto placer y la cantidad de orgasmos nublaron de nuevo mi mente.

    —Así baby… así! Métela más, Raúl! Mételo todo!! Empújame la mierda! —le gritaba a mi amigo fuera de mis cabales, desprovista de todo pudor y animándolo a hacerme lo que apenas hace unos minutos me llenaba de miedo.

    Sentí como mis machos empezaron a tensar sus cuerpos, primero Raúl y luego Tommy, en señal de que estaban por venirse. Ignorando mis ganas de ir al baño, yo misma empecé a moverme más para acelerar su corrida y la mía.

    —Así, así… denme su leche. Llénenme toda por dentro. Quiero sentir sus mecos llenándome toda —les decía en medio de mi éxtasis para animarlos a correrse dentro de mí.

    —Ahhhh… me vengo… me vengooo bebé, me vengoo!! —gritó Tommy al tiempo que sentí sus disparos de semen dentro de mi remojada vagina. Dos segundos después Raúl hacia lo mismo, dándome un último empujón con su verga que me arrancó un grito de dolor y alojándose en el fondo de mi recto donde descargó lo que sentí eran litros de caliente semen. Definitivamente su falo no iba a salir del todo limpio de mi ano. Empecé a retorcerme en medio de los dos, envuelta también en mi propio orgasmo.

    Duramos un par de minutos en esa posición. Tommy acostado en el sofá, yo encima de él y Raúl encima de mí, con ambos penes aún dentro de mis agujeros. Poco a poco, sentí como sus miembros fueron perdiendo dureza y salieron de mis adentros. Como pude me levanté y caminando como Bambi, me dirigí al baño. Sentía mi culo completamente abierto y como un par de hilos de semen empezaban a correr por mis piernas, saliendo de mi vagina y mi antes mencionado agujero trasero.

    Levantando la taza del sanitario, me senté e inmediatamente empecé a soltar el contenido de mis 2 maltrechos agujeros. Sentía como si fueran litros de esperma los que escapaban de mi cuerpo, para caer ruidosamente en el agua del escusado. Un instante después entraba Raúl dirigiéndose al shower, encendiendo las llaves del agua para luego entrar y lavarse vigorosamente su miembro. Aún así en descanso, se le veía enorme su verga.

    —Te lo ensucié mucho? —le pregunté a Raúl entre apenada y curiosa.

    —Bastante —contestó, volteando a mirarme y sonriendo.

    —Perdón, creo que perdí un poco el control de las cosas haha —le dije devolviéndole la sonrisa.

    —Nunca te había visto sonreír, Perla. Deberías hacerlo más seguido, tienes linda sonrisa —dijo.

    —Diablos, no! Mi sonrisa es horrible y lo sabes —dije tratando de ser coqueta. Suponiendo que se puede ser coqueta mientras estas sentada en la taza de baño cagando enfrente de un hombre que no es tu esposo.

    —A mí me gusta tu sonrisa. Sonríe para mí —dijo mientras salía del shower y se secaba con una de nuestras toallas.

    —Prométeme que me volverás a dar ese animal que tienes entre las piernas y prometo sonreírte todas las veces que quieras —respondí.

    —Trato hecho —dijo Raúl, al tiempo que se agachaba para besarme en los labios. Beso que yo le respondí apasionadamente.

    Raúl salió del baño, dejándome a solas con mis pensamientos. Era la emoción del momento solamente, o esta aventura había encendido algo más en mí? Algo que obviamente no había considerado: ser infiel a mi esposo Tommy.

    Permanecí sentada en la taza unos 10 minutos más, sin querer levantarme. El escozor en mi vagina y sobre todo en mi ano me impedía hacerlo. Escuché la puerta principal de la casa abrirse para luego después escuchar como un auto se encendía y el sonido de cómo se alejaba. Supuse que era Raúl que se iba a su casa. Un segundo después Tommy entraba también al sanitario, para pasar al shower. Con algo de dolor todavía, me levanté para hacerle compañía. Nos bañamos en silencio, enjabonándonos mutuamente, cada uno encerrado en sus propios pensamientos.

    Una hora más tarde ya estábamos en cama, abrazados. La experiencia nos había dejado fatigados. Aún nos encontrábamos un poco silenciosos, algo que era inusual entre nosotros dos. Quizás necesitábamos tiempo para asimilar lo que acabábamos de hacer.

    —Te amo Perla —dijo Tommy, rompiendo el silencio.

    —Te amo Tommy. Buenas noches —respondí, sintiendo como me abrazaba por la espalda.

    Había tenido una doble penetración por primera vez en mi vida y a pesar del dolor inicial, me había encantado. Había gozado como nunca. Esa mezcla de dolor y placer que tanto me gustaba sentir. Y aunque algo me decía que era una experiencia que Tommy no me dejaría volver a repetir, no perdía la esperanza de algún día, ojala no muy lejano, pudiera volver a tener dos vergas dentro de mí.

    Todo sería perfecto, si no fuera porque la espinita de la infidelidad ya se había sembrado en mi mente.

    FIN DEL RELATO.

  • La señora Chana una mujer muy caliente

    La señora Chana una mujer muy caliente

    Luego de un tiempo la nueva familia se integró al barrio, don Jorge era gordito y trabajaba para la municipalidad, era un tipo bonachón que salía a trabajar y regresaba ya en la noche, pero se notaba quién llevaba la voz de mando en su casa era su esposa Roxana a quien le gustaba que le digan Chana, para su edad era una mujer de muy buena figura aún para haber tenido dos hijos ya grandes.

    A todos los hombres del barrio incluyendo a mi padre se les iban los ojos y volteaban la cara cuando pasaba por su lado moviendo ese culo apetitoso cuando sus esposas no los veían y así evitar problemas en casa.

    Todos los muchachos ya nos habíamos hecho amigos de su hijo, se llamaba igual que su papá y le decían Koki y su hermana María también ya era amiga de todas las muchachas del barrio. Bueno, vayamos de frente a la historia con la señora Chana cuando también llego al barrio un hombre de raza negra con sus hermanas ella se hizo rápidamente amiga de ellos y luego pidió si podían él enseñar a bailar música afroperuana.

    Cuando su esposo estaba trabajando y sus hijos en el colegio llegaba a su casa Uje así se llamaba ese negro alto que le daba clases de baile, un amigo y yo nos escondíamos y desde la ventana veíamos como le enseñaba a mover la cintura y trasero al ritmo de la música sus manos se posaban sobre su cintura a ella le encantaba que la tocará así pasaron varios días que recibía sus clases de baile.

    Justo el día que no pudo venir mi amigo como siempre a espiar como recibía sus clases la señora Chana sucedió algo diferente ahora el negro se había puesto detrás de ella y moviendo su pelvis le sobaba su verga sobre sus enormes nalgas y sus manos magreaba sus tetas sobre su ropa, la mamá de mi amigo estaba muy caliente y disfrutaba las caricias de un hombre que no era su esposo.

    Rápidamente saqué mi celular y empecé a grabar todo lo que sucedía en ese momento, ella tenía puesto un pantalón licra que Uje rápidamente se lo bajó hasta las rodillas y empezó a besar esas nalgotas con mucha desesperación su boca se perdía en medio de su culo. Desde que ella lo vio por primera vez ya tenía en mente esto y que hombre se podría resistir a sus encantos.

    Su boca había logrado que ella llegará a explotar y sus gemidos eran rápidos y fuertes la señora Chana le pedía a gritos que de una vez la penetre y él obedeció saco su verga enorme y se lo metió todo, ella se apoyaba sobre un sillón y comenzó a tirársela con fuerza y rapidez sus nalgotas saltaban a cada embestida que recibía.

    Ya tenía la prueba que no sólo era una coqueta la señora Chana sino que era toda una puta y le encantaba ser cogida con fuerza por otro hombre, como ya faltaba poco tiempo para que regresen del colegio sus hijos debían apurarse y eso le dijo ella.

    -Apúrateee… así así qué ricoo

    El negro estaba muy agitado y empujando más rápido sobre su culo hasta que soltó un gemido seco y profundo y terminó dentro de ella y se fue rápidamente de su casa dejándola a ella apoyada sobre el sillón con las nalgotas al aire toda sudada y agitada también. Con las prueba en mi poder también me fui a mi casa ahora había que pensar que hacer con esto.

  • Con el novio de mi amiga

    Con el novio de mi amiga

    Les contaré que hace algunos meses salimos a cenar con mis compañeros de trabajo. Todo iba muy bien hasta que llegó el novio de una amiga, él siempre era muy atento conmigo y de vez en cuando me echaba miradas muy cachondas, pues él sugirió seguir la fiesta en un antro y todos estuvimos de acuerdo.

    Todo iba muy bien, empezamos a bailar entre todos y la fiesta estaba a todo lo que daba. Ya al calor de unas copas él aprovechaba que su novia estaba un poco distraída y me empezaba a agarrar la mano. Me decía que le gustaba mucho y quería pasar un buen rato conmigo, yo le seguía la corriente pues de momento pensaba que solo eran palabras de borracho.

    Pero la noche se empezó a poner más intensa, él ya no quería estar ni bailar con su novia lo único que quería era estar a mi lado. Según sus palabras, me decía que quería coger conmigo, quería probar mi picha y sentirse dentro de mí, hacerme gemir de placer, que los dejáramos ahí y fuéramos a un lugar más privado.

    De momento no le tomé la palabra y todos salimos del antro. Para eso mi amiga y yo íbamos juntas pero ella se tuvo que llevar el carro de su novio porque ya estaba algo tomado y yo me llevé el de ella.

    Al llegar cerca de su casa hicimos cambio de coches y él aprovecha para volverme a insinuar que quería estar conmigo, me dijo ‘espérame la voy a dejar a su casa y ahorita nos vemos para seguir la fiesta’.

    Dudé un poco pero al final decidí esperarlo, no quise quedarme con esa espinita y ya estando ahí podíamos pasar un buen rato.

    Después de un rato él llegó a donde lo estaba esperando y se subió a mi carro. Empezó a besarme y a meter mano por donde podía. Yo me empecé a excitar y solo pensaba en sentirlo dentro.

    Mientras hacíamos esto yo le mandaba mensajes a mi novio de que ya iba para mi casa, cuando en verdad estaba entrando a un hotel con el novio de mi amiga.

    Llegamos y la ropa parecía estorbarnos, fajamos muy rico, aún recuerdo como sus manos acariciaban mi cuerpo con tantas ganas y sus besos llenos de pasión.

    Me quitó mi ropa interior y empezó a chupar lentamente mis pechos, jugaba con mis pezones, mientras que con su mano me daba suaves masajes en mi clítoris mojándome poco a poco.

    Me tumbó en la cama y solo me dejé llevar entregándome al placer que me proporcionaba. Bajó lentamente por mi abdomen y se instaló cómodamente en mi clítoris dándole suaves chupadas mientras yo disfrutaba pensaba en tenerlo ya dentro y sentir lo duro que estaba dentro de mi vagina.

    Pero antes de eso quise sentirlo en mi boca así que baje poco a poco y empecé a chupar su verga dura, a pasarle una y otra vez la lengua por la puntita para sacarle ese juguito tan rico que les sale al estar excitado.

    Le chupaba suavemente los huevos hasta que ninguno de los dos pudo más y me penetró, fue tan rico sentirlo dentro. El entrar y salir una y otra vez y darme bien duro el solo recordarlo me vuelve a calentar.

    Me puso de a perrito y me daba unas ricas nalgadas mientras me metía su verga a lo más profundo. Yo gemía de placer queriendo más y más. Fue una experiencia muy buena cogimos en varias posiciones, me hizo sentir mujer en muchas formas y ya cuando se iba a terminar puso su verga en mi boca para que me llenara de su rico semen.

    Salimos de ahí como si nada y cada quien tomó camino a casa. Al otro día como si nada hubiera pasado, pero entre nosotros teníamos esas miradas de cómplices, con gusto lo volvería a repetir.

  • Noche de pasión en Lisboa (XII): Duelo en OK Corral

    Noche de pasión en Lisboa (XII): Duelo en OK Corral

    Lentamente, pero con energía, voy agitando la cazuela de barro. La salsa ha de quedar emulsionada pero sin burbujas, demostrando que no se ha utilizado el artificio ‘del colador’ y con la consistencia de una mayonesa suave. El bacalao ha de quedar separado en lascas, pero sin deshacerse la tajada. A mi lado, repitiendo mis gestos, un cocinero me ayuda a preparar las sesenta raciones de degustación que he de presentar. Frente a mí, ayudada por otro cocinero, Marta prepara otras tantas raciones de degustación. Las mías son de Bacalao al pilpil, las suyas de Bacalhau com natas. Es un duelo a muerte entre ambos y las apuestas han sido muy altas. Cincuenta personas van a juzgar cuál de las dos es la mejor receta para la preparación de bacalao.

    Todo comenzó hace un par de semanas, durante la cena. Marta había preparado Bacalhau à Narcisa, una de las mejores recetas portuguesas de bacalao. Ante los elogios por la cena, Marta se fue creciendo con la ayuda de las otras tres mujeres, y empezaron a presumir de que en Portugal podrían poner a la mesa una receta diferente cada día, sin repetirse, durante más de un año, y que no había ningún país que pudiese competir en bondad contra ellos. Ahí se me calentó a mí la boca y aseguré que la mejor receta del mundo, sin asomo de dudas, es la del bacalao al pilpil. Salieron a relucir las pistolas y me vi yo solo frente a las cuatro fieras que compartían mesa conmigo. Entonces Amália dijo que era hablar por hablar ya que no había forma de dilucidar cuál era la mejor preparación, a lo que Ana María contestó que se podría hacer un concurso y dar por bueno, al menos a nivel de la quinta, el resultado del mismo.

    Para que el fallo fuese lo más justo posible invitaríamos a todo el personal de la quinta a una cena de confraternidad, aprovechando que se acercaba el final del año. Antes de la cena se procedería a la degustación de ambas recetas y un jurado votaría cual era la mejor a su criterio. Marta y yo estuvimos de acuerdo en batirnos en duelo y ante la bravuconada de que yo no tenía ninguna oportunidad, saltándome mis reglas (nunca apuesto) le di a Marta la ventaja de escoger su receta y propuse que nos apostásemos algo.

    Las cuatro arpías que tengo en casa se confabularon y me propusieron que si yo perdía, tenía que invitarlas a cenar en el restaurante de Lisboa que ellas escogiesen, sin atenerse a presupuesto. No hablaron en ningún momento de que yo ganase. Por lo que pregunté:

    —¿Y si gano yo?

    —Escoge el premio –me dijo Amália con suficiencia, al tiempo que las otras tres asentían.

    En ese momento, ya con la caldera a punto de explotar, subí la apuesta a lo más duro que se me ocurrió, en la creencia de que se echarían atrás.

    —Si yo gano, tenéis que cenar las cuatro conmigo, aquí en casa, completamente desnudas, y yo puedo ver y tocar todo lo que me apetezca.

    Al oír mi propuesta plegaron velas un tanto. Yo aproveché y cargué las tintas para que acabaran de achantarse:

    —Y además, para que el jurado no se vea influido por la apuesta, los términos de la misma no pueden salir de aquí –dije, dirigiéndome en particular a Marta.

    Para mi sorpresa, no bien acabé de decir lo anterior, Marta poniéndose en pie, me ofreció la mano extendida y me contestó:

    —Por mi parte, acepto la apuesta.

    Aceptación que fue seguida por el inmediato asentimiento de las otras tres mujeres. En ese momento debería haberme dado cuenta de que en algo me había equivocado, pero ni se me ocurrió que me fuesen a correr la mano. Contra mujeres no se puede apostar. El caso es que después de dos semanas de preparativos, ahora estamos batiéndonos a cara de perro, y ninguno de los dos estamos dispuestos a dar el brazo a torcer.

    Al escoger el jurado, han incluido mujeres y hombres a partes iguales, y como presidente del jurado, con voto de calidad, ha sido nombrada la mujer que por mayoría han considerado la mejor cocinera de las que aquí se encuentran. En el caso de producirse un empate, ella lo deshará con su voto. Por la paridad del jurado ha quedado conformado por cincuenta personas, veinticinco de cada sexo.

    Servimos las sesenta raciones para que todo el mundo las pruebe, y los componentes del jurado, después de la degustación, proceden a depositar en una caja que hemos preparado,  a fin de mantener el secreto de voto, el papel con el nombre de la receta que consideran mejor.

    Por el apretado tanteo de cuarenta y ocho a dos, el bacalao al pilpil es nombrado la segunda mejor receta del mundo.

    No lo entiendo. Mientras estaban probando, se me ha acercado mucha gente diciéndome que “el bacalao con nata español” estaba espectacular. Tengo la certeza de que uno de los votos a mi favor es el de Amália. Ya que yo he votado la receta de Marta, el otro voto no tengo ni idea de quién puede ser, espero que sea de Ana María. Al menos me quedaría el consuelo de tener de mi parte a la familia.

    Mi mujer, viendo la cara de tonto que se me ha quedado, se me acerca y me da un beso en la mejilla, al tiempo que sin decir palabra, con una mano me palmea por dos veces el pecho y me deja solo, rumiando la derrota.

    Enciendo un cigarrillo y me aparto pensado en lo que ha ocurrido y en ese momento se me acerca Marta, que me pide fuego, sentándose aparte conmigo para charlar.

    —No se amargue, Dom Alfredo. No tenía ninguna oportunidad de ganar. Yo podría haber cocinado pollo y usted perdería igual. Estaba en juego nuestra honra.

    —Marta, los términos de la apuesta especificaban claramente que el jurado no podía saber nada.

    —Dom Alfredo, no ha entendido usted nada. Al silenciar los términos usted mismo ha cavado su propia tumba. Ha convertido el duelo entre usted y yo en un duelo España – Portugal. Ningún portugués va a votar una receta de bacalao como mejor que la nuestra. Si se hubiesen sabido los términos de la apuesta, solamente por reírse a nuestra costa, el tanteo hubiese sido más parejo. E incluso puede que ganase usted. La honra que estaba en juego no era la de las cuatro mujeres, si no la de Portugal. Por cierto, muchas gracias por su voto. Sabía que usted no se auto-votaría. Yo también voté su receta. Como portuguesa no puedo decírselo, pero como cocinera he de admitir que la receta española es un espectáculo. Espero que me enseñe a prepararla.

    —Pues claro que sí, Marta. Será un placer. Ahora ya sé de quién son los dos votos, ya que el otro, indudablemente, es el de tía Amália.

    —Ay patrón, patrón… que fácil es entramparlo. ¿Sabe por qué sé que usted no se votó a sí mismo? Porque yo sé de quién es el otro voto.

    —¿No es el de mi esposa?

    —El otro voto es el de su nietecita –Rayos, tengo al enemigo en casa. He de tramar alguna venganza, pero hasta en eso Amália es mucho mejor que yo.

    Me da envidia el sentimiento de país que tienen los portugueses. Aunque la verdad es que históricamente nosotros, cuando ha venido una amenaza exterior, también hemos dejado de acuchillarnos mutuamente y nos hemos unido para darle en el morro al extranjero.

    En fin, no me queda más que asumir la derrota, aunque la justa no haya sido muy limpia, y prepararme para llevar a cenar a las cuatro mujeres que conforman mi familia. Veremos que restaurante escogen y qué me depara el destino.

    Ha pasado una semana desde el duelo y nos dirigimos en mi coche hacia el restaurante. Amália va a mi lado, en el asiento del acompañante, indicándome el trayecto, ya que ella conoce mucho mejor que yo Lisboa. Detrás van las otras tres mujeres. Todas van como gallinas, alborotadas e inquietas por la excitación de haberme ganado la cena.

    Esta tarde las he acompañado de compras y a la peluquería. Han querido ponerse guapas (cómo si no lo fuesen suficientemente), para adornarme a la mesa (son palabras de Amália, no mías, que conste). Al dejarlas en la peluquería, he preguntado qué servicios habían contratado, y para demostrar señorío en la derrota, me he hecho cargo de la cuenta de las cuatro mujeres. La tarjeta de crédito, al introducirla en la maquinita de cobro era de color azul. Salió del color rojo que incorporan las banderas de España y Portugal. Menudo clavo fino.

    Después de la sesión de peluquería, las dejé en unos grandes almacenes españoles y me disculparon de esperarlas, ya que necesitaban tiempo para comprar vestidos, sobre todo para Marta y Paulinha. Por lo tanto, las dejé solas y tras pasear por Lisboa un rato, me fui a casa a esperarlas.

    Cuando estuvieron preparadas para salir di por bueno lo que me había costado la sesión de estética.

    Mi mujer llevaba la misma ropa que se puso en nuestra primera cena. Incluso iba peinada con el mismo moño italiano. Ana María llevaba un traje negro con pantalón de pernera ancha y la cintura alta, casi debajo del pecho. La levita hasta la altura de la rodilla, y sin solapas, cerraba a hueso por delante, asegurando el cierre un único alamar a la altura de la cintura del pantalón. Completaba el conjunto una blusa transparente de color gris con pequeños lunares blancos. Su corte de pelo asimétrico era una escultura en sí mismo, por lo que no necesitó de peinados especiales. Marta estaba irreconocible: Llevaba un vestido negro, liso y entallado, de manga tres cuartos con abertura en las bocamangas, con escote barco desde hombro a hombro y largo hasta la rodilla. Le habían recogido la melena por los lados de la cara, cayendo por detrás en una cascada de rizos. Todas llevaban zapatos de tacón de aguja y en la mano bolsos planos tipo cartera.

    Paulinha merece una descripción aparte. Cuando la vi, mi primer impulso fue ir corriendo al salón de estética y que me devolviesen a mi nieta, o que me dijesen en donde la tenían secuestrada contra su voluntad. No había rastro de la muchacha fresca e inquieta que yo conocía. Ante mí se encontraba una mujer elegante, sofisticada y segura de sí misma, que no tenía nada que ver con la Paulinha a la que yo estaba acostumbrado. El hábito no hace al monje, pero en este caso parece que el vestuario ha ejercido un influjo importante sobre la manera de moverse y comportarse la muchacha.

    En la peluquería le han trenzado su corta melena en una trenza de raíz, partiendo desde la nuca hasta la frente, escondiéndole el pelo conforme fueron trenzando. El resultado es una cabeza totalmente despejada rematada al medio con una espiga de cabello. El maquillaje que le han aplicado prácticamente no se nota. La sombra de ojos y el lápiz de labios solamente son un poco más oscuros que su tono natural. Su apariencia es la de una mujer unos años mayor que los que en realidad tiene, pero no queda en absoluto desmerecida. Al contrario.

    Sin la menor duda, el vestido se lo han escogido las otras mujeres, o al menos han tenido mucho que ver en la elección. Es un vestido vaporoso, de organza satinada, color verde pastel, con la falda un par de dedos por encima de las rodillas. El busto, sin mangas, cubre el frente completamente, sin escote, cerrándose en torno a su garganta con un cuello de caja y dejando completamente desnuda la espalda. Su joven pecho indudablemente queda sujeto y protegido por algún artificio adhesivo e invisible, ya que el corte de la prenda no le permite el uso de sostén. Amália le ha prestado como complemento el chal de lana de alpaca color marfil que le regalé por su cumpleaños. Calza unos zapatos de tacón de aguja, de charol color blanco, y que su juventud le permite que sean un par de centímetros más altos que los de sus compañeras. El resultado es que es la más alta de las cuatro mujeres. Completa el conjunto con un bolsito “clucht”, forrado en raso blanco, tan diminuto que, aparte del móvil, posiblemente solamente tenga capacidad para un lápiz de labios. En la muñeca derecha lleva una esclava de oro con su nombre grabado, de la que intuyo que parte de su valor, si no la totalidad, tiene algo que ver con setas y con un “no muy novio” que se ha echado.

    Después de dar una vuelta sobre sí misma, sonriendo, que provoca que la falda se acampane y me permita ver un poco más de sus piernas, entregándome su móvil me pide que le saque una fotografía para tener un recuerdo de esta noche. Al terminar de explicarme cómo funciona la cámara en su móvil, le hago tres fotos: Una de cuerpo entero, otra en plano americano y por último un retrato en escorzo. Nada más devolverle el teléfono, comienza a teclear sobre la aplicación de conversaciones. No necesito saber con quién está hablando, pero sé que en unos segundos, una de esas tres fotografías pasará a ser el fondo de pantalla del teléfono de alguien a quien he ofendido de palabra no hace mucho tiempo.

    Ya en el restaurante, nos recibe un maître, empaquetado en un traje negro de una estrechez imposible. Al ver las perneras del pantalón y como se le marcan los gemelos, soy incapaz de comprender como ha conseguido pasar los pies a través de ellas. Camisa negra y corbata del mismo color, en ese estilo moderno denominado “all black”, que a falta de otras ventajas, tiene la de que no te rompes la cabeza escogiendo como combinar el color de la ropa. Sobre la cara, una barba, tan recortada que más parece una carrera de hormigas. Hay un momento en el que empiezo a dudar que no se la haya pintado con un bolígrafo, de tan estrecha que es. Para rematar el conjunto, lleva un pequeño rodete de pelo en lo alto de la cabeza, recogiendo la melena en un moño. Sin ver más del local, ya sé qué tipo de cena nos espera. En mi pecho, oigo como la tarjeta con la que he pagado el centro de estética se cachondea a carcajadas de su compañera, la que va a hacerse cargo de la cuenta del restaurante.

    Nos conducen a la mesa, y Amália se coloca tras la silla que queda a la derecha de la cabecera, y a continuación se coloca Paulinha. A mi izquierda, se sentarán las otras dos mujeres. Mientras le aparto la silla a mi esposa, y el maître hace lo propio con Ana María, Paulinha espera en pie a que le retire la silla para sentarse. Indudablemente, no solo en el vestuario ha sido hoy aleccionada por las otras mujeres. Durante el tiempo en que le aparto la silla, no puedo dejar de observar las miradas que nos dirigen el resto de los comensales que están en la sala. Los hombres no pueden dejar de admirar la colección de señoras que se sientan a mi mesa. Ni escogidas en un catálogo se encontrarían mejores ejemplares. Las mujeres me miran a mí, y me parece que están calculando el volumen de mi billetera, pues aunque no soy una piltrafa, cuatro mujeres de este calibre no se juntan para acompañar a un hombre de mi edad, así por las buenas.

    Ya todos sentados a la mesa, me traen la carta de vinos. Por los precios, todas las botellas deben ser de la misma cosecha con la que Noé se tomó la primera borrachera de la que hay constancia escrita.

    Al parecer, al reservar el restaurante, mis mujeres ya han ordenado un menú de degustación. Cuando nos sirven el primer plato, el camarero me lo coloca delante haciéndolo por mi derecha. Empezamos mal. El maître comienza a describirnos los ingredientes y la preparación del plato. Al terminar, entre tanta esferificación, espumas, aires y gelatinas, no recuerdo cual es el presunto ingrediente principal del plato. Durante la cena, las mujeres no dejan de elogiar lo bonitos que están los platos y el sabor delicado de los mismos. Sin embargo hay algo en la cara de Marta que me dice que ella no está totalmente de acuerdo.

    Cuando terminamos los postres, solicito que me traigan la cuenta. Al leerla, tengo el convencimiento de que en algún sitio tienen un lector del límite de pago diario de las tarjetas. Una vez hecho efectivo el importe de la cena, no me queda dinero ni para un cortado. Al devolverme la tarjeta, ésta viene saltando y retorciéndose en la bandejita que la traen, como un boquerón recién pescado. Entonces Marta me pregunta si puedo acompañarla a fumar un cigarrillo, a lo que respondo afirmativamente.

    En el exterior del restaurante, y mientras fumamos, entablo conversación con ella:

    —¿Le ha gustado la cena? Le pregunto.

    —Dom Alfredo, invíteme a una “francesinha” (un plato combinado típico portugués), esto no es comida para un cristiano.

    —Marta, con lo que tengo en el bolsillo, no me alcanza ni para pagar una “bica” (café solo).

    —Entonces, le invito yo, pero con el hambre que llevo, no voy a ser capaz de dormir.

    —Me temo que no va a ser posible. A ver a donde nos llevan a terminar la noche.

    Volvemos a la mesa, y para mi sorpresa, charlando con las mujeres se encuentran cuatro chicas, una de ellas es Magnolia, la hija de Ana María y sobrina de Amália. Al verme llegar, y al tiempo de darme un beso en la mejilla, me dice:

    —Buenas noches, tío Alfredo. – Es la primera vez que le oigo darme el tratamiento.

    —Buenas noches, Magnolia. Es un inmenso placer el verte.

    —Estoy enfadada con usted, tío. – Al oírla, me preocupo. No sé qué es lo que sabe de la relación que hemos mantenido su madre y yo.

    —¿Por qué? ¿Qué he hecho para que te enfades conmigo?

    —Usted estuvo en mi boda, y yo no estuve en la suya – íntimamente, respiro aliviado, solo se trata de una broma.

    —Sabes que no ha habido ceremonia de ningún tipo. Cuando se celebre, cuenta con la invitación. Por cierto, no veo a tu marido ¿Dónde está?

    —Ni idea. Hoy es viernes de chicas y he salido con estas amigas a cenar, permítame presentarle.

    Así lo hace, y me va nombrando a cada una de sus acompañantes, al tiempo que a mí me presenta como “mi tío Alfredo, el esposo de mi tía Amália”, tratamiento que me llena de satisfacción.

    Terminamos la noche en el “bairro alto” tomando unas copas. Afortunadamente, la previsión de Amália la hizo llevarse consigo su tarjeta de crédito. Lamentablemente, en los locales que estuvimos, y para desgracia de Marta, no hubo manera de tomar algo sólido.

    Todas mis mujeres han causado sensación, pero la que realmente ha triunfado ha sido Paulinha. No ha dado abasto a apartar a los hombres, que han acudido a su lado como las polillas acuden a la luz. Tengo miedo de romper la camisa, ya que el orgullo hace que no quepa dentro.

    De vuelta en la quinta, hoy sábado, las mujeres han estado todo el día comentando el día de ayer y lo bien que lo han pasado. Un poco harto de la conversación he salido a pasear con Bolacha y he vuelto justo para la hora de la cena.

    He entrado por la puerta principal y al oírme en el interior de la casa, Amália, desde la cocina me dice en voz alta que me asee y me siente a la mesa, que ya está puesta, y vamos a cenar inmediatamente. Así lo hago, y al sentarme observo que hay puestos cinco cubiertos. Eso solo puede significar que Paulinha cena hoy con nosotros, algo que no suele hacer los sábados, casi desde que sale con Filipe. Es un poco raro, pero no le doy más importancia.

    Entonces entran las cuatro, trayendo la cena. Extrañamente todas vienen vestidas con una bata de casa cerrada hasta el cuello. Depositan la comida sobre la mesa, y como obedeciendo una orden, se despojan de la bata al mismo tiempo, quedando ante mí completamente desnudas. No doy crédito a lo que estoy viendo y aprovechando mi estupefacción, Amália me informa:

    —Amor mío, hemos estado hablando entre nosotras, y hemos acordado que el duelo no fue demasiado limpio. Realmente no tenías ninguna oportunidad. Aun así no te quejaste en ningún momento, e incluso pagaste la peluquería de las cuatro, lo que excedía ampliamente tu obligación con la apuesta. Por lo tanto y por unanimidad, hemos decidido darte por ganador de la misma y la estamos pagando. De acuerdo con los términos pactados, y si no nos falla la memoria, puedes ver y tocar todo lo que te apetezca.

    Podría parecer el sueño de cualquier hombre. Cuatro bellezas completamente desnudas y a su disposición, pero la verdad es que me encuentro bastante incómodo. A las otras tres ya las he descrito en otras ocasiones, pero la presencia de Paulinha me produce desasosiego. Y no, no voy a describirla. Solo diré que no desmerece en el cuarteto. No quiero que nadie corra peligro de tener síndrome de túnel carpiano o lesión de codo de tenista a la salud de mi nieta. Les pido a Marta y a Paulinha que se cubran y me responden que los términos de la apuesta no se lo permiten, que el pago es así y no hay vuelta atrás. Entonces Ana María, para no perder comba me propone que si me encuentro violento, puedo desnudarme yo también, y ahora soy yo el que se atiene a los términos acordados, negándome a despojarme de la ropa.

    Mientras vamos cenando el ambiente se va relajando y nos encontramos todos mucho más a gusto. Y entonces, de repente, se me ocurre como vengarme por no haberme votado la familia.

    Levantándome de la mesa, me sitúo detrás de Ana María y alzándole los pechos, se los acaricio al tiempo que le pellizco suavemente los pezones, disfrutando al máximo de lo que estoy haciendo (recuerden que ellas están pagando una apuesta, pero yo me estoy vengando). Mi cuñada disfruta con las caricias, pero al mismo tiempo, todavía está un poco mosqueada, aún recuerda como la traté en Lisboa, en su dormitorio. Amália está pendiente de lo que hago, pero no puede decirme nada, la apuesta es así. Con Marta tengo que tener cuidado, lo que le estoy haciendo a Ana María está causándole efecto también a ella y no quiero dejarla caliente e insatisfecha. Después de todo, ella sí que votó a mi favor y no entra en la venganza. A Paulinha creo que la puede más la curiosidad de lo que yo pueda hacer que el deseo. Cuando vuelvo a mi sitio en la mesa, cualquier caballo envidiaría mi erección. Y yo procuro que Amália se dé perfectamente cuenta de cómo me encuentro. Nada más sentarme, mi mano busca el interior de los muslos de Ana María, y ella al sentirla, abre las piernas como impulsada por un resorte, al tiempo que emite un respingo. Amália ya está empezando a subirse por las paredes. Todas mis atenciones son para su hermana y creo que ella está más caliente de lo que quiere dar a demostrar, pero la dejo que se vaya cociendo lentamente en su propia salsa. Durante un rato, acaricio el sexo de mi cuñada, y cuando empiezo a notar que sus jadeos suben de intensidad interrumpo mis manipulaciones y continúo cenando como si no ocurriera nada. En este momento mi deseo sería tumbar a las cuatro sobre la mesa y terminar en una bacanal, pero no es ese mi objetivo. Al rato vuelvo a meter la mano entre las piernas de mi cuñada sin previo aviso. Ella al sentirme vuelve a abrirlas todo lo que puede, al tiempo que se escurre hacia adelante en la silla para facilitarme la manipulación ya sin disimulos ni pudor de ninguna clase, mientras emite un gemido profundo. Le introduzco dos dedos y después de un tiempo los saco completamente mojados. Los limpio con mi servilleta y me la llevo a la nariz, oliéndola. Amália ya no sabe cómo sentarse. Si las miradas matasen, yo estaría muerto a estas alturas. Mi cuñada ya no es dueña de sus actos, intenta por todos los medios agarrar mi mano y que le continúe el tratamiento, cosa que le impido. La tónica general durante la cena es la misma: Mantengo a Ana María caliente a reventar sin dejarla que termine, procuro que Amália se percate del calentón que llevo a cuestas y no la toco en ningún momento. Trato de que Marta y Paulinha no se calienten demasiado y aguanto así hasta que mi excitación ya es insoportable para mí. O termino, o a partir de aquí ya el juego va a resultarme doloroso físicamente. Por lo tanto, doy por concluida la cena y la apuesta por pagada. Amália está a punto de matarme. Mi cuñada me llama de todo, menos guapo. Paulinha al parecer no se ha excitado con el espectáculo, pero Marta se muerde con disimulo el labio inferior. Me fastidiaría haberla dejado mal. Dejándolas sentadas a la mesa, me voy a la cocina a por la cafetera. Espero que a la vuelta estén con las batas puestas.

    En la cocina, a solas, me apoyo sobre la encimera y hago varias profundas inspiraciones para tratar de calmarme. Voy como una moto. Me compongo lo mejor que puedo el bulto que llevo en la entrepierna y cuando voy a tomar la cafetera entra Marta en la cocina. Viene tal y como la dejé en la mesa. No se ha puesto nada encima.

    —Dom Alfredo ha dejado mucho por tocar esta noche.

    —Lo sé Marta, lo sé. Pero tenía que hacerle pagar a mi familia el no haberme votado. Ustedes sí que me votaron, así que no me pareció justo incluirlas en mi venganza.

    —¿Y va a desaprovechar la única ocasión que tendrá de tocar algo más, con permiso?

    —Marta, no quiero ponerla en el disparadero. Sé que no tiene con quien cobrarse lo que yo le haga.

    —Por eso no se preocupe. Desgraciadamente, estoy acostumbrada a calentar la comida y comérmela yo sola. Ya sabe que mi marido solamente está cuatro veces al año conmigo. Además acuérdese que seis besos en los labios equivalen a un polvete y usted y yo ya lo hemos echado y no me ha tocado nada todavía. Aproveche que tiene permiso y hágalo. Este tren no va a volver a pasar.

    —Déjelo correr Marta. Y créame que me siento muy halagado, pero me temo que si la toco, esto puede derivar en algo que ninguno de nosotros desea.

    Entonces ella, poniéndome una mano en la mejilla, se puso de puntillas y tras besarme en los labios, me dijo:

    —Ya sabe, no se equivoque.

    —Ya sé Marta, ya sé. Y perdóneme que no la toque.

    —A veces es usted de hielo, patrón.

    Para desmentirla, cuando se estaba retirando, puse una mano sobre uno de sus pechos regalándome a mí mismo una caricia. Marta, sonriéndome, me acarició la mano con la que le había tocado el pecho, mientras me decía:

    —Si lo hace antes, se hubiese quedado sin el beso. – Y con un guiño, se fue al comedor.

    Cuando nos fuimos a dormir, Amália se me tiró encima como una pantera. Estaba desbocada. Prácticamente me arrancó la ropa. Yo iba también a punto de explotar. Desnudos sobre la cama, empezó una felación y para culminar mi venganza, no me contuve. Poco después de comenzar sus maniobras, me vacié en su boca.

    Cogí a Amália, y poniendo su espalda contra mi pecho, pasándole un brazo bajo su cuello, le agarré los dos pechos, y dándole las buenas noches, me dispuse a dormir.

    —¿Ya está? ¿Me vas a dejar así?

    —Cariño, estoy muy cansado. Mañana será otro día.

    —Eres un cabrón insensible. ¿Qué te he hecho yo para que me dejes con esta calentura?.

    —Ni tú ni tu hermana me votasteis, y eso que según vosotras tenía perdida la apuesta. No sabía que tenía el enemigo en casa.

    —¡Si te dimos por ganador y hemos pagado la apuesta!.

    —Pero eso lo hicisteis en privado, en público jugasteis en el otro equipo.

    —¿No vas a terminarme hoy?

    —No, hoy no. Es mi venganza.

    —Cabrón, cabrón, cabronazo.

    —Yo también te adoro, amor mío.

    Fue la peor noche de mi vida. Fui incapaz de dormir más de media hora seguida. Mi esposa no paraba de dar vueltas en la cama, hasta que a primera hora de la mañana sentí que se arrimaba y empezaba de nuevo el juego. Y entonces sí, por la mañana le cumplí los caprichos.

    Extrañamente, durante la noche, nadie llamó a nuestra puerta.

    CONTINUARA. Espero sus comentarios, a favor o en contra. Son todos agradecidos.

  • Perdí la virginidad en casa de mi amiga

    Perdí la virginidad en casa de mi amiga

    Mi nombre es Natalia, tengo 18 años y soy una joven delgada, de cabello oscuro con pechos grandes como mi madre. Mi amiga se llama Nicole, también tiene 18 años y ella es una chica delgada de cabello rubio.

    Todo comenzó cuando un día Nicole me comentó que había tenido sexo por primera vez y que le había encantado, yo le pregunté con quién, pero no me dijo nada. Así fueron pasando los días y ella me comentaba como esta persona se la follaba de muy buena manera casi todos los días. Todas las cosas que me decía me generaban muchas ganas de algún día poder sentirlas.

    Yo me masturbaba mucho cuando me bañaba, con una mano me tocaba la concha y con la otra me apretaba algún pecho.

    Un día sucedió que Nicole me invitó a pasar un fin de semana en su casa. Ella vivía con sus padres y con su hermano mayor de 21 años.

    Yo fui a su casa un viernes por la mañana y me quedé hasta la tarde del domingo.

    Ese viernes hicimos muchas cosas de chicas y luego por la tarde fuimos con nuestras amigas. Luego regresamos para cenar y después nos pusimos los pijamas para luego acostarnos las dos juntitas y ver la tele desde su cama. La noche transcurría normalmente hasta que a esos de la 12 pm entra su hermano a su habitación.

    —Ya se fueron a dormir nuestros padres —él le dijo eso a ella.

    —Cera la puerta y acércate —dijo ella.

    Él se acercó hacia nosotras que estábamos acostadas y tapadas con las frazadas. Nicole saco el brazo de debajo y empezó a tocarle el bulto a su hermano.

    —Amiga tenés que ver esta poronga —dijo ella.

    Yo estaba callada viendo lo que sucedía, no sabía que decir en ese momento. Luego Nicole saco el otro brazo de debajo de la frazada y con las dos manos le bajó el short junto con el bóxer. La pija de su hermano se veía grande estando media erecta. Nicole la agarró y empezó a pajearlo.

    —Te gusta la pija de mi hermano?

    —Es grande —dije.

    —Tocala si querés —dijo ella.

    Saque mi mano y empecé a tocarle los testículos y a mirarle la cara para ver cómo reaccionaba.

    —Que linda que sos —dijo el mientras yo le tocaba los huevos.

    —Gracias.

    Su hermana se la puso erecta de tanto pajearlo y luego empezó a chupársela. Yo estaba acostada a su lado viendo como ella se la chupaba.

    —Que rica que esta hermanito.

    —Y tu amiga no quiere un poco?

    —Nati se te antoja un poco?

    Yo empecé a dudar de mi respuesta y me quede callada. Nicole tomo mi mano y me hizo agarrar la pija con ella. Como la tenía agarrada la empecé a pajear como lo había echo mi amiga pero más fuerte.

    —Para un poco que me vas hacer acabar —dijo él.

    —Perdón.

    —Dale chupala —dijo Nicole.

    No era la primera vez que chupaba una pija así que sabía cómo hacerlo. Me la metí en la boca y comencé a chupársela. Luego nos turnábamos para chuparla o por momentos teníamos al mismo tiempo nuestras bocas sobre su pija.

    Luego de chupársela él se alejó de nosotras y empezó a desvestirse, mientras el hacía eso yo me besaba con Nicole que estaba encima mío. Ella después me quito el short y la tanguita dejándome desnuda en la parte de abajo. Luego me abrió las piernas y empezó a chuparme la concha. Su hermano se subió a la cama completamente desnudo y puso su pija cerca de mi cara. Yo la tome con una mano y empecé a chupársela. Era la primera vez que me practicaban sexo oral y me estaba gustando.

    —Ya está mojadita —dijo ella.

    Ella se levantó de la cama y empezó a desnudarse. Su hermano ocupo su lugar y luego de chuparme la concha me dijo que me iba a penetrar.

    —Va a doler?

    —Quizá un poco al principio, pero no te preocupes.

    El me abrió las piernas y lentamente me la fue metiendo hasta el fondo. En todo ese momento hice varios gestos de dolor pero me la aguante. Luego la sacaba no del todo para luego llevarla de nuevo hasta el fondo. Así estuvimos unos minutos hasta que la saco para poder limpiarla con un pañuelo de papel.

    —Dolió amiga? —ella me pregunto.

    —Un poco.

    Su hermano volvió de nuevo y está vez coloco mis piernas sobre sus hombros y empezó a follarme con movimientos rápidos. Al principio me dolía un poco pero luego ese dolor se transformó en placer. Ella se subió encima de mí y puso su concha en mi boca. Yo comencé a chupársela mientras ellos se besaban. Luego el bajo mis piernas de sus hombros e hizo que su hermana se la chupe mientras yo se la chupaba a ella. Después nos dejó hacer un 69 y no moviendo a su hermana de esa posición me siguió follando. Por momentos el sacaba su pija para que ella se la chupe.

    En un momento mientras nos dábamos placer entre nosotros escuche que golpeaban la puerta. Ahí fue cuando paramos.

    —Debe ser el, anda a abrir —dijo él.

    —Quién es?

    —No te preocupes.

    El me empezó a besar y a follarme al mismo tiempo dejándome imposibilitada de ver lo que ocurría. Luego dejo de besarme y vi que mi amiga ya no estaba.

    —Y Nicole?

    —Ahora vuelve.

    El dejo de follarme para ponerse encima de mí y masturbarse hasta que me pidió que abriera la boca para acabar dentro de ella.

    —Tú hermana a dónde fue?

    —Esta con mi padre en el living.

    —Puedo ir a buscarla?

    —Anda.

    Continuará…

  • Aventura en la escuela nocturna

    Aventura en la escuela nocturna

    Para los que no me conocen me llamo Fabiana y enseño inglés en escuelas secundarias de Argentina. Trato, por este medio de plasmar en letras mis vivencias y evocar tiempos por momentos calientes y apasionados.

    Hace ya bastantes años, cuando tenía yo 25 años y recién había comenzado con mi carrera docente, que debía empezar por encontrar escuelas donde enseñar y me anoté en el consejo escolar para que me asignaran algunos cursos.

    La elección de los cursos es aleatoria y no está en nuestra potestad elegir cuales queremos, la única opción que tenemos las docentes es renunciar a ellos si no nos agradan, pero en verdad ese año que no estaba en mayores condiciones de optar sino que no pasaba por una buena situación económica y no podía darme tal lujo.

    Llegado marzo, que es cuando empiezan las clases en mi país, me dirijo a una de las escuelas técnicas que me tocó en suerte, en turno nocturno, y observo que tengo un curso que era ya un mito en dicha escuela: 4to.5ta.

    Las clases nocturnas en mi país son ocupadas por alumnos mayores de edad que no han podido estudiar o completar sus estudios en la edad habitual, por lo cual el hecho de hacerlo en turno noche les permite también trabajar.

    Aunque tal horario de clases puede ser ocupado por gente de todas las edades es habitual que los mayores desistan de hacerlo, dado que generalmente ya a esa edad deben ocupar ese tiempo en sus familias e hijos.

    Generalmente en las escuelas técnicas la mayoría de los alumnos son varones, sobre todo en algunas especialidades, en este caso electromecánica, por lo cual daba por descontado que no habría ninguna alumna.

    Este curso había construido su mística en base al mal comportamiento, y a pesar de que las generaciones iban pasando es como que había un patrón de conducta que era inalterable: ningún profesor o profesora disfrutaba del ciclo lectivo dado que el alumnado era un tanto forajido, para decirlo de una manera elegante.

    Antes de entrar a impartir mí primer pasé por la secretaría inspeccione la nómina de alumnos: las edades iban desde los 18 años a los 23. Siendo la mayoría entre los 18 a los 20 años.

    El primer día de clases fue un tanto engañoso, dado que se comportaron de una manera bastante educada –por lo menos para conmigo– salvo el caso de la trifulca final donde dos alumnos se tomaron a golpes en el fondo del aula y tuvo que venir el portero a separarlos.

    Es normal que del comportamiento de los alumnos de este tipo de escuelas nocturnas sea un tanto adolescente. A pesar de que fue diseñado para que gente con vocación técnica pudiese evolucionar y educarse, lo normal es que fuesen alumnos repetidores que por no ser admitidos en otras escuelas por ser mayores de edad decantaran allí, más por designio familiar que por propia voluntad.

    Generalmente para impartir clases en esos establecimientos se requiere de un carácter férreo y dominante, cosa que por mi edad e inexperiencia aún no contaba. Con mis 25 años no difería en tanto de la edad de estos alumnos. Para colmo de males mi rostro aniñado, mis ojos verdes y mi melena de rulos castaños no ayudaban mucho.

    Con el correr de los días y a medida que entre ellos se iban conociendo la cosa se iba relajando y de a poco mostraban esas conductas que tanto los enorgullecía y que a nosotros los docentes tanto nos angustiaba.

    Pasó la primera mitad del año sin mayores sobresaltos dentro de esa lógica alocada. Cuando llegaba encontraba dibujos obscenos en el pizarrón, desplantes y malas contestaciones, mi silla en el escritorio con un pene dibujado con tiza, cosas de ese estilo. Cosas que dejaba pasar por miedo a represalias o desplantes a los que no tenía la experiencia como para sobrellevar.

    Cierto día de septiembre, y ya completamente habituada a esos comportamientos, al terminar la clase y antes de levantarme del escritorio veo que la mayoría se levanta y vienen hacia mí a preguntarme algo sobre el último ejercicio.

    Estaba yo explicándole a uno de ellos cuando claramente noto que una mano me manosea el culo. Me doy vuelta y como eran tantos no pude identificar quien había sido. Dada la sorpresa y sin reconocer al culpable me quede callada e hice como que nada hubiese ocurrido, dado que lo que menos quería era que se enardecieran. Yo desde allí me tenía que dirigir a mi casa y era bien entrada la noche. Tal vez ese fue mi error.

    La siguiente clase, en la otra semana, la operatoria fue igual. Cuando me estaba retirando del aula vienen unos cuantos con la excusa de preguntarme y me rodean todos y el manoseo fue más descarado. Me sentí apretujada por una decena de muchachos que apoyaban deliberadamente sus miembros sobre mí, con la excusa de que los empujaban. Como pude y sin violentar aún más la situación pude zafarme de ellos y marcharme.

    Para ser completamente sincera debo admitir que más allá del miedo, y luego evocando la situación me produjo cierto morbo, aunque tampoco quería que la situación se me fuera de las manos, a veces el temor juega esas cartas.

    Quiera o no a partir de ese momento las clases eran más amenas y relajadas. Ya no había violencia ni malas contestaciones pero el ritual de fin de clases se repetía siempre y cada vez con más intensidad. Era como un pacto implícito: ellos me manoseaban y yo los dejaba, pero sin pactarlo en palabras.

    Una noche al llegar a clases veo que sobre el escritorio hay un papel doblado. Lo abro y leo:

    “queremos proponerle un juego. ¿Está a dispuesta a jugar? Escriba la respuesta en este papel y déjelo en el escritorio. 4to 5ta”.

    Cuando levanto la vista veo que todo me miraban fijamente e hice como si nada y empecé la clase. Les di unos ejercicios y mientras los hacían volví a leer el papel, Tomé un bolígrafo y escribí:

    “Ok. ¿Pero a cambio de qué?”.

    Tenía idea que si accedía a ese juego corría un peligro evidente. Aquellos no eran chicos, a pesar de su comportamiento infantil. Eran muchachos hechos y derechos que a pesar de su inmadurez representaban un riesgo. Pero la curiosidad pudo más.

    Terminé la clase, vinieron a apretujarme y manosearme como de costumbre, y al retirarme veía como todos se abalanzaban sobre el escritorio a leer el papel. El juego había comenzado.

    Siempre me gustaron las sorpresas y tengo un espíritu lúdico, y el hecho de jugar de esa manera misteriosa con aquellos alumnos le daba un matiz especial. Indudablemente intuía por donde vendrían los pedidos y reconozco que me excitaba bastante aquello.

    Como era de esperar, no bien llegué a clases el papel estaba en el escritorio:

    “gracias por aceptar jugar con nosotros. Le proponemos a cambio que nos comportaremos de manera ejemplar y no tendrá de nosotros ninguna queja. A su vez nos comprometernos a protegerla. Como primera consigna le pedimos que escriba en la parte izquierda superior del pizarrón que color es su bombacha. Y otro pedido: a partir de ahora ya que empieza el calor queremos que venga de vestido o pollera. 4to 5ta.”

    Intuía que todos los ojos estaban depositados en mí. Tomé coraje, me incorporé y con una tiza escribí en el pizarrón: White. Cuando los mire noté cierta alegría en el rostro de los alumnos y empecé con la clase. Antes de retirarme escribí en el mismo papel:

    “Acepto el juego, pero lo que les pido es discreción absoluta y no encontrarme a nadie cuando salgo”.

    Luego me retiré, no sin antes someterme al ritual del manoseo.

    Para la siguiente clase me apresté a ir tal como me lo habían pedido. Con un vestido azul y blanco tipo solero. La noche estaba calurosa, ya avanzaba la primavera y bien lo ameritaba, por lo cual no levantaría sospecha.

    El papel estaba sobre el escritorio:

    “muchas gracias por jugar con nosotros. Cuente que nuestra absoluta discreción. Nadie la importunará cuando salgamos y de ser necesario la acompañamos discretamente a su casa para que llegue tranquila. El pedido para hoy es el siguiente: queremos que nos muestre su bombacha. 4to 5ta.”

    La verdad me sorprendió el pedido, no tanto por el hecho en sí, sino porque lo tendría que hacer de una manera que fuese como casual, no deliberada. El juego era así, misterioso.

    Empecé con la clase y mientras la impartía trataba de dilucidar como resolvería el pedido, hasta que se me ocurrió algo. Estaba hablándoles sobre tiempos verbales caminando por la clase cuando en un momento les pregunto:

    —Les molesta si me siento en el escritorio, fue un día largo y me duelen un poco las piernas de estar parada.

    Al unísono contestaron que no, por lo cual me senté en el escritorio de frente a ellos y seguí hablando como si nada, con las piernas cruzadas. La atención era completa y solo se escuchaba mi voz. Sus miradas estaban expectantes.

    Como la falda era a las rodillas fui moviéndome para que la falda fuese levantando de a poco. Tampoco tenía intenciones que nadie que pasara por el pasillo me viese dando ese espectáculo, podría ser el fin de mi carrera, que recién empezaba.

    Cuando vi que era el momento y no se veía nadie en el pasillo, descruce las piernas y me quede unos segundos ante ellos así, dejándole ante sus ojos la visión de mi entrepierna cubierta por una tela de lycra celeste. Sus miradas estaban clavadas allí.

    Luego de dar por terminado el espectáculo y mientras ellos copiaban un ejercicio les escribí en el papel:

    “reto cumplido, como siempre espero discreción absoluta. Tampoco es necesario que me acompañen hasta mi casa. Con que no me molesten a la salida me alcanza”.

    Luego el ritual de siempre, aunque esta vez por lo ligero del vestido pude sentir más sus manos y sus cuerpos.

    De más está decir que por aquel entonces ya estaba completamente excitada, pero lo extraño de la situación que quien me excitaba no era una persona. Era 4to 5ta.

    Ansiaba que el tiempo pasara pronto para la siguiente clase nocturna. El juego y el hecho que cumplían lo pactado me daba confianza.

    En la siguiente clase el papel estaba allí:

    “muchas gracias por continuar el juego. Cumplimos nuestra palabra: nos comportamos y somos completamente discretos. No la molestamos a la salida pero si nos aseguramos de que llegue tranquila a su auto. La consigna de hoy es la siguiente: queremos que se saque la bombacha y la deje en el cesto de papeles. A su vez le pedimos que designe quien será acreedor del trofeo. 4to 5ta.”

    La consigna me causo gracias. Esos muchachos sabían cómo jugar, eran originales y la cosa se iba poniendo interesante. Podría haber ido al baño y sacármela pero lo hice más atractivo. Cuando estaban haciendo unos ejercicios me senté en la silla tras el escritorio y poco a poco me la fui sacando. Ellos solo pudieron ver cuando la bombacha estaba a la altura de mis pantorrillas. Me levante y tomándola de un extremo la lleve al cesto, sin tratar de ocultarla. Volví a sentarme y escribí en el papel:

    “Tal como lo pidieron deje la bombacha en el cesto y creo que se la merece Sarti por sus buenas notas. Espero que no sea un compromiso para él llevársela”.

    Luego los apretujones y manoseos que cada vez eran más osados y ya con mi práctica hablaba como si nada con quien tuviese enfrente. Ya abiertamente me levantaban la falda pero al estar rodeada se aseguraban que nadie viera de afuera, y siempre por atrás, para que no pudiese identificar quien era en particular.

    Yo ya por ese entonces me prestaba al juego, el mecanismo era siempre el mismo. Ellos lo disfrutaban y yo también aunque sin ningún tipo de demostración de ninguna de las partes.

    Quiérase o no, había logrado disciplina y unión en ese grupo. Se iban turnando noche a noche para ponerse por detrás de mí y satisfacer su deseo. Y el hecho de que yo no supiese de quien eran las manos que me manoseaban le daba una sensación especial.

    Ya por ese entonces llegaba a casa, cenaba, me acostaba y me masturbaba evocando aquellas manos que me recorrían. Si antes era tras la tela del pantalón, ahora era sobre la liviana tela de mi bombacha, o como en la última noche, sobre mi piel desnuda.

    Para la siguiente clase mi entusiasmo era evidente, deseaba jugar con aquellos muchachos. Ese juego me ponía vital y caliente.

    Y ahí estaba el papel:

    “Ante todo muchas gracias. Nos encantan las clases de inglés, pero mucho más los juegos que tenemos con usted. La consigna de hoy es sencilla: queremos que elija a uno de nosotros y durante la clase lo caliente y excite de alguna manera. Y otro pedido para la siguiente clase: no traiga ropa interior. 4to 5ta”

    La cuestión se estaba poniendo caliente y no sabía cómo hacer, pero seguramente algo se me ocurriría. Comencé la clase y después de unos minutos se me ocurrió. Les iba dictando un ejercicio y me dirigí al fondo del aula. Ahí estaba el objetivo: Venturini.

    Con absoluta naturalidad me fui hasta donde él estaba y dictándoles a todos, apoye mi culo sobre su brazo y me quede ahí. Podía sentir el calor de mi piel sobre su brazo. Me movía imperceptiblemente pero con firmeza dejando que mis nalgas se clavasen en su brazo. El ante el contacto puso su brazo duro y sentía la tibieza de su piel en mi culo.

    Después de un par de minutos y notando que todos habían contemplado el espectáculo me retiré, constatando que Venturini tenía una erección prominente. Tarea cumplida.

    Les escribí en el papel:

    “Espero que Venturini sueñe esta noche conmigo, creo haber hecho el mérito suficiente. Y si tiene novia, espero que la motivación le permita satisfacerla adecuadamente”

    El rito final se intensificó. Ya sus manos hurgaban todo mi cuerpo. Desde atrás apretujaban mis pechos pero por arriba del escote. Mi falda ya estaba por la cintura, pero nadie podía ver desde afuera, eran muy prudentes en eso. Mi rostro no denotaba nada, sabía que era fundamental para que el juego siguiera dentro de esos parámetros.

    Sentí como dos manos intentaban bajarme la bombacha y lo dejé hacer. Abrí un poco mis piernas para facilitarle la tarea y luego levante uno a uno mis pies para que pudiese quedarse con el trofeo. Sus manos hurgaban entre mis nalgas pero sin violencia. El canto de una mano rozo mi vagina. Seguramente la retiro mojada. Hubiese gemido en otro momento, pero no me podía dar ese lujo.

    Para la clase siguiente debía cumplir con la consigna: sin ropa interior.

    Ir sin bombacha no sería problema porque no se notaría, pero sin corpiño era otro tema y no quería que lo notaran en la escuela, por lo cual opté por llevar un saco de lana y un solero blanco liviano y medianamente escotado.

    Ya una vez en la clase, el papel:

    “Estamos muy contentos y agradecidos por la disposición a jugar. Venturini no se olvidara nunca la experiencia, aunque declara no tener novia. La consigna de hoy es sencilla: queremos que recorra los pasillos y se deje tocar por detrás. Prometemos ser cautelosos y discretos. Y otra cosa. Cuando termine la hora demórese un poco, queremos dejarle un regalo. 4to 5ta”

    Ya por ese entonces el juego me calentaba tremendamente. Me saque el saco y tire una tiza al piso. Al agacharme a levantarla comprobaron que había cumplido la consigna. Mis tetas quedaban expuestas ante ellos. Comencé la clase como si nada y no encontré mejor excusa que leerles un texto.

    Caminando con el libro por los pasillos me detenía ante cada pupitre y desde atrás dejaba que me tocaran el culo a sus antojos.

    A decir verdad cumplían con su palabra y lo hacían de una manera discreta, sin sobresaltos y ordenadamente.

    Terminada la clase no anoté nada esta vez en el papel, pero me apresté a cumplir con sus pedidos.

    Me rodearon nuevamente y haciendo un círculo no dejaban que se viese al exterior.

    Me levantaron la falda pero esta vez no sentí sus manos lo que me llamo la atención. A los pocos segundos escuche un leve gemido y supe cuál era el regalo.

    Un líquido tibio se deslizaba por mis nalgas. Luego vino otro y después otro. Luego de unos minutos bajaron mi falda y nos retiramos en paz.

    Presentía que todo aquel líquido podía haber empapado mi vestido, por lo cual me dirigí a mi coche en forma apresurada, notando como por mis piernas se escurría abundantemente.

    Cuando me senté en la butaca noté que estaba completamente empapada de aquello. Llegué a casa y ante un espejo en mi habitación comprobé que aquellos muchachos habían llenado mi culo con su leche joven.

    El vestido estaba todo pegoteado, me lo quite y me duche masturbándome frenéticamente, evocando aquella lechada colectiva.

    Ya las cosas se iban poniendo muy calientes y un tanto peligrosas, dado que de descubrirse ese juego, estaban en juego mi trabajo y mi reputación, por lo cual no sabía cómo continuarlo

    Era un sentimiento ambivalente, por un lado el miedo a perder todo y por el otro el morbo y la adrenalina de ser el objeto sexual de esos alumnos.

    Ya quedaba poco tiempo para terminar las clases y con todas esas dudas me dirigí a la escuela, y como siempre el papel:

    “Profe, nos encantó lo que paso la última clase pero sabemos del riesgo que ello conlleva. Queremos más de usted pero no queremos ponerla en peligro. No sabemos cómo continuar esto y quisiéramos pedirle si nos puede aconsejar. Nuestro deseo ya sabe cuál es, pero usted es quien decide”

    Sinceramente me tranquilizaron aquellas palabras, veía en sus ojos una expectativa manifiesta. Comencé a dar las clases y algo se me ocurrió:

    —Quiero que traduzcan la siguiente frase, la cual es una pregunta y saliéndonos por una vez del inglés técnico tienen que traducir en una hoja y contestarla. Cuando lo hayan hecho dejen la hoja en mi escritorio. No es una prueba

    El cuestionamiento los dejó perplejos y pude notarlo en sus miradas. Me dirigí al pizarrón y escribí:

    “Do you want to continue with the game?”

    No necesitaron usar el diccionario. Las hojas se fueron acumulando en el escritorio y la respuesta era unánime: “yes”

    Antes de irme deje un papel escrito sobre el escritorio:

    “Estoy dispuesta a jugar pero necesito algo de ustedes. Consigan un lugar adecuado y completamente discreto para el encuentro. Cuando lo tengan me lo dicen por este mismo medio.”

    Esta vez no hubo ritual, me fui libremente de la clase. La causa es que se agolparon ante es escritorio para leer el papel. Las cartas estaban echadas.

    En la siguiente clase el papel estaba en el escritorio: “nos encanta que siga el juego. Conseguimos un lugar para el sábado. Díganos la hora y allí estaremos. Eternamente agradecidos 4to 5ta”

    Por razones de discreción no diré la dirección que me habían dado, pero era una localidad balnearia cercana a la ciudad.

    Indudablemente sería la casa de fin de semana de alguno de los alumnos. Antes de irme anoté:

    “22 horas del sábado. Les pido como siempre completa discreción. Y otra cosa: yo pongo los límites”

    Esta vez tampoco hubo ritual de despedida: ya sabían que lo qué les esperaba era mucho mejor

    Pasaron unos días y llego el sábado. Les mentí a mis padres, con quienes aún vivía, y le dije que iba a cenar con unas amigas.

    Me había maquillado y preparado para lo ocasión: una camisa blanca, un pantalón turquesa y un conjunto de ropa interior rosa y gris de encaje.

    Y lo más importante: tomar la pastilla anticonceptiva. Sabía que aquellos muchachos no eran muy responsables y no se iban a cuidar y yo evidentemente conocía como iba a terminar el juego.

    La noche era ideal, estaba templada y estrellada. Conduje por la ruta completamente excitada. Sabía que una veintena de muchachos estaban esperando fervorosamente mi llegada.

    Cuando llegué me sorprendió ver pocos auto, cuatro para ser exacta y pensé que algunos de ellos no habían querido o podido ir.

    Un par de muchachos estaban en la puerta y les hice seña para que no hablaran. Entramos en la casa, la cual era espaciosa, con una gran sala. Estaban todos. Seguramente habían ido varios en cada auto.

    Allí delante de ellos les hablé:

    —Hola caballeros de 4to 5ta. Acá estoy, tal como les dije. No quiero que hablen porque para mí sería algo extraño. El juego fue con 4to 5ta y sería extraño escucharlos individualmente… Son un grupo con el que jugamos un lindo juego y este, desde ya les digo, va a ser el fin del juego. Les voy a dar indicaciones precisas y ustedes la van a cumplir, que era como habíamos acordado, yo tendría el control y pondría los límites. Como primera medida quiero que pongan música tranquila, se desvistan y se relajen.

    Tal como les pedí uno de los muchachos fue hasta un equipo musical que había, y cambió la música que escuchaban por una más suave.

    Rápidamente todos se fueron desvistiendo. Quedaron ante mi, desnudos y en todos los casos con una erección prominente. Pronto me vi rodeada por unos veinte muchachos de ojos deseosos y pijas paradas:

    —Es mi turno

    Los ojos estaban expectantes y lujuriosos. Sensualmente me fui sacando la ropa hasta quedar en ropa interior

    —¿Les gusta lo que ven?

    Todos afirmaron con la cabeza entre divertidos y excitados. Luego me saque el corpiño y la bombacha.

    —Quiero que se queden así, en un círculo, rodeándome. Yo los voy a tocar pero ustedes aun no a mí.

    Lo hicieron y me rodearon en un círculo más abierto. Pasé uno por uno acariciándole por un momento los huevos y la pija, mirándolos a los ojos. Uno no aguanto el estímulo y eyaculó con un chorro fuerte bañándome mi pierna.

    Seguí como si nada hubiese pasado hasta completar el círculo. En la siguiente vuelta fui pasando y brevemente les chupe sus pijas paradas brevemente. No los dejaba que me tocaran, yo únicamente a ellos.

    Me introducía cada glande en mi boca. Fui probando el sabor y el tamaño de cada uno sin estimularlos demasiado para evitar que acabaran.

    Pero dos no aguantaron. Uno no bien me metí su pija en la boca me la lleno de leche. El otro cuando me estaba retirando acabo en mi cara.

    Una vez finalizada la vuelta di otra vuelta besándolos profundamente a cada uno, Sus lengua recorrían mi boca pero no dejaba que me tocaran. Los tenía a mi merced, muertos de deseo. Ninguno puso ningún reparo de la leche en mi cara ni del sabor a semen de mi boca.

    —Ahora yo me voy a acostar en aquel sofá. Quiero que uno por vez venga a mí y me coja brevemente. Esto recién empieza, y la condición es que no acaben. Cuando yo les digo basta, se retiran y sigue el otro.

    Uno a uno fueron ordenadamente al sofá. Yo los recibía con las piernas abiertas y evitando que ellos tomaran la iniciativa les tomaba la pija y la llevaba hasta la entrada de mi concha. Cuando estaba ubicada dejaba que me bombearan. Luego de unos instantes les indicaba con un suave empujoncito que se retiraran y enseguida venía el otro. No eran necesarias las palabras.

    Algunas pijas, de un tamaño considerable llegaron hasta mi fondo. Algunas eran gruesas y dilataban mi canal vaginal. En esa noche y en un breve momento, habían pasado más pijas por mi concha que en toda mi vida.

    A pesar de ello tres me acabaron sin poder contenerse, por lo cual ya estaba completamente empapada, mezcla de mi flujo y de la cantidad de semen que me inundaba.

    Ya para ese entonces estaba completamente excitada y aunque trate de retardar el orgasmo la pija de un rubio alto me lo saco, aunque ahogué el gemido.

    Ya completamente extasiada por la situación, y luego de que todos habían probado mi concha les dije:

    —Quiero que pongan luz muy tenue

    Uno de los chicos fue y apago la luz y dejo una lámpara de pie encendida, por lo cual los rostros apenas se distinguían.

    —Bueno, ahora quiero que hagan lo que quieran conmigo pero con cuidado

    En un primer momento no sabían cómo tomar la iniciativa hasta que un morocho bajito se acercó y me empezó a succionar un pezón.

    De a poco el círculo se entró a cerrar y las manos empezaron a recorrerme. Uno comenzó a besarme profundamente. La luz tenue y el círculo de chicos no me permitía identificarlos. De pronto alguien que me estaba besando mordió mi labio y quise zafar.

    —Paren, despacio –le dije tratando de zafar de ellos

    Lejos de obedecerme se enardecieron más y supe que el pacto de entendimiento había terminado, por lo cual mostraba una fingida resistencia.

    —Paren chicos, despacio –Les reclamé aunque sin convencimiento.

    Ya la situación estaba descontrolada y la cosa se ponía candente. Me estrujaban las tetas y succionaban mis pezones mis pezones con avidez. Las manos se agolpaban en mi concha tratando de entrar.

    —Paren por favor, me lastiman –fingía reclamarle

    Ellos lejos de hacerme caso seguían más y más.

    —Ahora vas a ver como 4to 5ta va a disfrutar de vos –escuché decir.

    En ese momento sentí como me levantaban del suelo y me dejaban en el aire con las piernas abiertas, completamente doblegada ante ellos. Yo trataba de hacer esfuerzos fingidos para zafar de aquello muchachos pero me tenían inmovilizada.

    No podía ver sus caras por la falta de luz y el tumulto. Ya se escuchaban risas y jadeos. Uno de ubico entre mis piernas y me penetró profundamente. Notaba en mi concha que el tamaño de su verga era muy grande y punteaba el cuello de mi útero. Luego de un momento de bombeo explote violentamente en un orgasmo

    —Acabó la profe, le gusta como la cogemos –escuché entre sus risas

    El que me estaba penetrando acabó y pude sentir el chorro de semen dentro mío. Cuando la sacó su leche se escurría entre mis nalgas. Luego vino otro he hizo lo mismo. Un dedo trataba de meterse en mi culo.

    —No, por ahí no –le dije aunque sin éxito y sin convencimiento.

    Mientras uno me bombeaba por adelante el otro metía y sacaba frenéticamente su dedo de mi culo. Un ardor fuerte me hacía doler dado que no estaba lubricada

    —Nooo, que me duele

    En el aire me dieron vuelta, sin tocar el suelo. Decenas de mano me sostenían sin esfuerzo dejándome completamente expuesta a todo. Abrieron totalmente mis pierna y entre la penumbra veía el suelo y sus pies descalzos. Por entre mis tetas pude ver como alguien se ubicaba tras de mi sentí como un glande trataba de entrar en mi culo torpemente.

    —Suave chicos, que estoy muy seca ahí.

    Dejó en ese instante de tratar de penetrarme y sentí que se masturbaba entre mis glúteos hasta que un chorro dio de lleno en mi ano. Luego me introdujo su dedo, primero uno y luego dos, dejándome bien lubricada.

    —Dejame a mí –dijo uno y tomo posición como para penetrarme.

    Ubicó su glande en la entrada de mi culo y buscaba de a poco que se fuese introduciendo. Luego de un instante y de algunos intentos lo logro y de un empujón fuerte me la metió toda. Pensé que me desgarraba y por unos instantes creí desmayarme del dolor de dolor. Sentía como taladraba mi ano y de a poco el ardor fue transformándose en placer y sentí como una serie de chorros fuertes me llenaban el recto.

    En el aire me ponían en varias posiciones y varios de ellos me acabaron en mi ano, entre el semen y la repetición ya estaba completamente dilatada y lubricada.

    —Tráiganla que le hacemos la doble –escuché

    Jamás en mi vida había estado en una situación así, con más de un hombre. Y mucho menos con unos veinte.

    En andas me llevaron hasta el sofá en donde uno estaba acostado y me penetró por adelante y se quedó quieto con su miembro dentro de mí, esperando que llegase el otro.

    Se puso uno por atrás mío y me penetro firmemente sujetándome de mis rulos. Sentía a su vez como me iban acabando en la cara, por lo cual cerraba los ojos para evitar la irritación que me producía el semen en mis ojos.

    Ya mis piernas estaban completamente cubiertas de semen que chorreaba copiosamente de mi concha y de mi culo

    —Vamos a cogerla afuera que está lindo y no hay vecinos –escuché

    Traté de abrir los ojos pero tenía la cara cubierta de leche lo cual me impedía ver.

    Así y todo notaba como me llevaban y sentí el aire de la noche en mi cuerpo. Ya no tenía más fuerza y no sentía las piernas. Estaba completamente entregada a esos chicos que ya me habían acabado tantas veces por dentro y por fuera, pero que aún persistían en el juego.

    Me acostaron boca abajo en el pasto y me seguían penetrando de a turnos. Cada tanto me daban vuelta y lo hacían desde allí. Ingresando en mi vagina ya completamente adormecida.

    Mi concha ya era un depósito de semen y cada tanto lo despedía a borbotones cuando un miembro salía de allí.

    Luego de unos minutos, que me parecieron eternos escuché preguntarme:

    —¿Está bien profe?

    —Si chicos, pero basta. Ya no doy más

    Los últimos lechazos daban sobre mis tetas y mi pelo. Me ofrecieron el baño para ducharme pero les dije amablemente que no, que prefería irme ya. En verdad estaba exhausta y no quería darles tiempo a recuperarse y que quisiesen volver a comenzar. Alcanzaron mi ropa y con una toalla saque el semen de mis ojos para ver con claridad. Me alcanzaron mi ropa y me vestí dolorida de tanto sexo desenfrenado.

    Me acompañaron hasta mi auto y me despidieron amables y agradecidos. Yo también lo estaba con ellos.

    Manejé hasta mi casa y sin hacer ruido me acosté, estaban mis padres y no quería que me viese en ese estado.

    Al despertar estaba toda pegoteada, bañada en semen reseco. Me bañe, desayune algo y me volví a acostar. Estaba completamente rendida.

    Volví a la clase siguiente y no sabía con qué me iba a encontrar. Después de una vivencia tan intensa con ellos no sabía cómo reaccionarían. Y la nota y un sobre estaban allí.

    Abrí el sobre y encontré unas fotos del último encuentro. Prácticamente no se distinguía mi rostro por la cantidad de semen que lo cubría

    “No se asuste por las fotos, no vamos a hacer nada con ellas, tan solo atesorarlas. Pasamos una noche inolvidable y esperamos que lo haya sido para usted también. El juego terminó acá y nadie la va a molestar. Desde ya seremos completamente discretos. Con afecto 4to 5ta”.

  • Seres irracionales

    Seres irracionales

    —¿Un parque? pensé que íbamos a hacer algo divertido —Daisuke se paró en el borde de un campo de arena con un columpio medio viejo y un asiento de madera en medio de un parque metiendo la punta de su zapato en ella como si pensara que podría no ser sólido debajo, Ken sonrió sintiéndose cómodo en el lugar donde estaba, hoy era una buena tarde en la calle y los dos estaban libres de toda tarea, hoy el plan tranquilo lo había elegido Ken.

    —Esto es divertido. Vamos, no he estado en columpios desde hace muchisimos años —Empujó gentilmente a Daisuke ignorando el suave resoplido de la exasperación.

    —Seguramente habrá una razón para ti, pero ambos somos demasiado grandes para esto.

    -Será divertido, me gusta la tranquilidad que este parque me transmite —No volvió a decir más y sonrió para sus adentros cuando escuchó el suave crujido de pisadas sobre las astillas de madera que venían por parte de su chico.

    Estaba oscuro y en algún momento de la tarde las farolas se encendieron lanzando círculos de luz amarillo-blanco impares, rodeados por capas de sombras que se hicieron más profundas cuanto más se extendían. Aquí y allá un grillo cantaba suavemente, y la luna y las estrellas estaban borrosas y oscuras sobre ellas, ocultas por nubes aleatorias que avanzaban en un silencio apacible.

    Ken se sentó en un columpio y escuchó la extraña melodía de cadenas que crujían bajo su peso, y las empujó hacia atrás lo suficiente para hacerlas crujir un poco más. Era una melodía rara, pero a él le gustaba. Cerró los ojos y vibró junto al sonido, deteniéndose cuando un objeto sólido bloqueó su movimiento hacia adelante.

    —Eres raro —le dijo Daisuke sonriendo, sus dedos envolviéndose alrededor de Ken, alrededor de las cadenas de los columpios.

    —Me amas, a mi y a mi rareza —respondió él, sonriéndole al chico que estaba en frente suyo

    —Demasiado, cabrón —Daisuke se acercó y Ken se movió, dejando espacio entre sus piernas para que Daisuke se acercara todavía más a él y rodearle con sus piernas.

    —Me encanta este lugar y este momento —dijo en voz baja, con los ojos azules ahora oscuros en la penumbra, Daisuke miró su labio inferior entre los dientes y tuvo el agradable impulso de acercarlo más y morderle aquel labio con mucho amor

    —Imagina poder hacerlo aquí, Daisuke —Volvió a decir pero en un tono de voz muy sensual, Su propio estómago se tensó cuando dijo esas palabras; La emoción, la anticipación, la aprensión, todos se enroscaron juntos.

    —Yo… —Daisuke se mordió el labio más fuerte, ¿Qué pasa si… qué pasa si no… no podemos… y si a nuestros deseos sexuales hacen que… nos descubran? estás demasiado bueno ahora mismo, mirandome con esos ojos libidinosos —Dijo mirandole a los ojos

    —Está bien. Estamos bien —Ken sacó una mano de debajo de Daisuke y extendió la mano para ahuecar su rostro, el pulgar sobre su mandíbula, luego sus labios, burlándose de la costura entre ellos, Daisuke suspiró y la punta de su pulgar se deslizó entre los cálidos labios de su chico aún sentado en el columpio.

    —Te amo

    Por parte de Ken no hubo respuesta, solo una sonrisa cómplice y un chirrido proveniente de las cadenas del columpio por un movimiento sensual que hizo, seguidamente Daisuke Empujo la cabeza de Ken hacia la suya, sus bocas se encontraron suavemente, un suave y casto beso hasta que Ken gimió y abrió la boca, sacando la lengua para lamer los labios de Daisuke, su mano se deslizó de la cara de su chico hacia abajo para acurrucarse alrededor de su cintura, tirando de él de forma increíblemente cerca, el calor fluyó entre ellos mientras el beso se profundizaba, los sonidos suaves y húmedos fluían ahora ya en la noche.

    Cuando Ken gimió débilmente de nuevo, Daisuke se echó hacia atrás, pasándo la mano por el pelo, apartándolo de la cara de Ken.

    —No deberíamos

    Ken le hizo una mueca lamiendo su labio inferior

    —No puedes decir eso porque quieres esto al igual que yo

    —¿Donde quedó el Ken tímido, recatado y puro?

    —Se fué al igual que mi virginidad —Le dedicó una mirada inocente pero mezclada con un fuego sexual muy marcado, Daisuke sonrió tambien mirando a cada lado y luego le volvió a decir

    —Estamos en un parque. ¿Hola? y el público?

    —Oscuro —Se lamió sus propios labios de nuevo y Daisuke se estremeció, las manos se deslizaron hacia abajo, aferrándose casi desesperadamente de la cintura de Ken.

    —No toques más abajo. Manten esa mano por encima de mi cintura

    —Mmmm ¿Por?

    —Tengo fiebre Daisuke, fiebre de tí

    ¿Órdenes a Daisuke? pero en que estaba pensando Ken, pero de todas formas tuvo efecto porque las manos traviesas del chico pelirrojo le siguieron acariciando cada parte de su cuerpo, especialmente los muslos

    —Oscuro, pero aún público. Y… —No pudo decir nada más, Ken tomó su rostro y lo besó otra vez, lamiendo su boca, burlándose de la lengua, lanzándose rápidamente contra la costura de sus labios, incitándolo a abrir. Entonces gimió, un sonido bajo y hambriento que escuchó resonó en la garganta de Ken, y sus buenas intenciones se desvanecieron como el humo, con las manos bajó hacia un culo apretado y redondo que era demasiado, demasiado sexy para un chico tan femenino como él.

    Unas manos cálidas y fuertes le acariciaron la cara, se metieron en el pelo y echaron hacia atrás la cabeza, Ken gimió cuando Daisuke abandonó su boca: ¿cuándo perdió el control de este beso?, y luego gimió cuando el calor húmedo atravesó su mandíbula y bajó por su garganta. Se estremeció cuando Daisuke raspó sus dientes sobre el bulto de su manzana de Adán antes de chuparlo suavemente, y sintió el agarre en su culo sexy de nuevo a pesar de que estaba sentado en el columpio

    —Me estás matando —pudo decir, aunque su voz no sonaba como debiera, era ronca, áspera y muy sexy.

    —Bueno, esa es la idea —Ken Escuchó la nota burlona en la voz de Daisuke y no pudo detener su sonrisa, su chico se estaba viniendo arriba totalmente, estaba de lleno en este juego entre los dos

    —¿Crees que el columpio nos sostendrá a los dos? —Volvió a decir, todavía tenía esa sonrisa arrogante,

    —Probablemente no. Pero podemos intentar… o podríamos ir a estirarnos en el tiovivo.

    Daisuke estuvo de acuerdo con la idea tan mórbida.

    —Vamos a intentarlo.

    Ken entrecerró los ojos hacia él.

    —Bien, pero tengo que mover tu mano —Se movió hacia atrás contra la mano de Daisuke sonriendo vacilante cuando este apretó ligeramente y acarició su cadera, frotando suavemente la parte delantera de sus pantalones cortos. Eran holgados, pero no podían ocultar completamente la erección allí. Ken hizo un ruido suave en su garganta cuando Daisuke apretó, sacudiéndose suavemente, lentamente, solo sintiendo la creciente dureza.

    —Súbete, amor —Ahora Ken se frotó asi mismo provocando un gemido de excitación en Daisuke, calentandose todas las partes, enviando chispas flotando por sus venas.

    No deberían hacer esto… y no deberían hacer esto aquí, donde casi cualquiera podría verlos. El parque estaba a solo unas cuadras de una casa.

    Pero todo eso se desvaneció cuando Daisuke se subió encima de la polla de Ken con los pantalones medio quitados y sin esperar a hacerlo en el lugar que habian dicho.

    Era incómodo, porque realmente no encajaban; las cadenas a los lados del columpio se clavaron dolorosamente en las caderas de Ken y sabía que Daisuke tenía que sentirse moderadamente incómodo; debido a cómo estaba a horcajadas en su regazo, las cadenas se clavaban en los costados de sus piernas.

    Pero tampoco parecía importar, por la misma razón: Daisuke estaba en su regazo.

    —Me gusta esto —murmuró este ultimo, inclinándose para frotarle el cuello con besos, Ken rió suavemente e inclinó la cabeza hacia atrás; su peso los balanceó suavemente, chocándo ambos cuerpos, Ken movió sus caderas hacia arriba, suspirando cuando Daisuke empujó contra él. La fricción, la fricción deliciosa, envió calor a través de él con cada latido de su corazón.

    —Yo también —Soltó el columpio con una mano y tomó la parte posterior de la cabeza de Daisuke acercándolo a un beso.

    —Te ves tan bien… muy bien… chico sexy —Y sexy no era necesariamente algo bueno, ya que podía meterse en muchos problemas como por ejemplo correrse en un sitio público

    Cada palabra fue rozada sobre sus labios, cálidas bocanadas de aire que casi lo distraen de las palabras mismas

    Daisuke sonrió al ver como Ken no dejaba de besarle, que era él quien buscaba el beso y no quería separarse

    —Eres «Culpable» —Los besos no cesaban

    —¿De que? —Volvió a decir tras otro beso apasionado

    —De tantas cosas, mi cuerpo es sensible a ti, amor

    Lamió el labio inferior de Daisuke, luego chupó el de abajo con la boca y la lengua y lamió la nuez interior con toque Cálido y húmedo, y algo dentro de él quería morder y tomar un pedazo para guardarlo siempre. Un pensamiento extraño y aleatorio que no tenía nada que ver con nada, por lo que Daisuke lo sacó de su mente, en lugar de concentrarse en la deliciosa forma en que Ken se retorcía contra él, levantando y presionando rítmicamente, con el culo firme y apretado y «tan» caliente a través de la delgada tela de sus pantalones cortos.

    —Ken…

    —Mmm —Y le sonrió con esa boca llena de ansias y ganas, una sonrisa que era medio entrometida, mitad ángel mitad demonio con labios fruncidos, como la materia de los sueños húmedos, un hijo de puta nacido, y Daisuke sintió su tenue dominio sobre cosas como La responsabilidad y la madurez

    Las cadenas crujieron cuando él se apartó, y Ken le miró

    —Sujétate a las cadenas, no te sueltes, no quiero que nos caigamos —dijo en voz baja, inclinándose hacia adelante, envolviendo sus brazos con fuerza alrededor de la espalda de Ken

    No hubo respuesta en Ken, solo una sonrisa de felicidad y satisfacción ya que Daisuke al estar inclinadole mordió suavemente el cuello, los dientes agarrando la piel tierna.

    Mordió de nuevo, apenas pellizcando la garganta, luego movió su boca hacia abajo, chupando ligeramente. Podía probar la sal, y debajo de ella, el sabor picante que quedaba del gel de baño de cítricos que usaba siempre Ken.

    A menudo pensaba que podía ahogarse la piel de su chico: en el tacto suave de su piel, cremoso, suave y pálido, sobre los músculos tensos y duros; en los sabores exóticos de sal y dulce, las especias de la goma de canela que Ken masticaba tan a menudo; en el calor que fluía de él como un río, rojizo rojo anaranjado, dorado, azul y blanco en la punta, como llama de fuego, y asi se sentía él, como el fuego, presionado contra él, la piel ligeramente húmeda por el sudor y la humedad, pero muy, muy caliente.

    Luego estaban los sonidos, como ahora, suaves susurros de ruido, un golpe auditivo contra sus terminaciones nerviosas, como dedos sobre la piel. Y cuando acarició *sus dedos sobre Ken, esos susurros aumentaron, en volumen y tono, una canción sin palabras que hablaba directamente a todas las partes de Daisuke

    Volvió a acariciarlo, lamiendo golpes largos y húmedos, subiendo y bajando por la garganta desnuda; Ken inclinó la cabeza hacia atrás y el columpio se movió alocadamente, inclinándolos y meciéndolos, golpeando la erección de Ken contra el vientre de Daisuke, ayudándolo a empujar hacia arriba contra el cojín tentador del culo de su chico. Deslizó sus manos hacia arriba debajo de la camiseta holgada y rodeó los pezones erectos con las puntas de sus dedos, cubriéndolos con movimientos fluidos y líquidos, frotando solo lo suficiente para hacer que Ken se moviera contra él, y gemir suavemente.

    —Dios… Daisuke…

    —Me encanta tocarte —lamió las palabras en la piel de Ken, luego las mordió de nuevo, mordiéndolos rápidamente y con agudeza justo en la base de su cuello.

    —Amo la forma en que saboreas, hueles, sientes… Dios… si… —pellizcó suavemente los pezones de Ken, luego más fuerte, gimiendo mientras lo tocaba y se estremeció e inclinó el columpio de nuevo, meciéndose contra él.

    —Estoy muy caliente, por favor —Ken gimió aquellas palabras, su voz sin aliento y áspera. Su corazón era ruidoso en el silencio alrededor de ellos, pareciendo hacer eco. Daisuke cerró los ojos contra el grito de necesidad en esa suave palabra, y se frotó los pulgares sobre los pezones apretados antes de empujar la camiseta de Ken hacia arriba e inclinarse para lamer uno, arrastrar la punta de la lengua alrededor del suave pezón, Ken por su parte gimió, sonrió y luego abrió la boca para chupar, con una mano extendida sobre la espalda de Daisuke, y este sujetándolo mientras frotaba sus pezones, tirando suavemente con sus dientes. Alternó de un lado a otro, lamiendo un sendero caliente entre los dos pezones, lamiendo y chupando ambos. Su otra mano se dejó caer en el regazo de Ken, sus dedos se curvaron fuertemente alrededor de la dura y palpitante polla escondida detrás de una capa de ropa.

    —¿Estás cómodo? —Su voz sonaba tan temblorosa como el cuerpo de Ken contra él se sentía.

    —Sí

    Daisuke sonrió y lo soltó, ignorando el gemido de protesta de su novio

    Deslizó su mano por la ancha pierna de los pantalones cortos y tiró suavemente del fino y grueso cabello que encontró, luego envolvió sus dedos de nuevo alrededor de la polla de Ken. Escuchó tanto como sintió el gemido que se abrió camino a través de ambos, sintió la sacudida abrupta hacia atrás cuando Ken se arqueó en su agarre.

    —Necesito… dios… —Se mecieron uno contra el otro y Daisuke abandonó el banquete del pecho y los pezones ofrecidos por su boca, lamiéndolo y rodeándolo. Lamió la lengua de Ken y se estremeció cuando Ken le lamió la espalda, previamente quitada la ropa por Ken, y luego mordió suavemente antes de chupar, inclinando su cabeza para profundizar el beso, pensó que tal vez Ken estaba tratando de meterse dentro de él y estaba totalmente de acuerdo con eso.

    —Voy a sacudir tu mundo, ya sabes que no puedo mas —susurró en su boca y Ken asintió feliz, arqueándose de nuevo cuando Daisuke frotó su pulgar sobre la punta húmeda y pegajosa polla que palpitaba acaloradamente, atrapada dentro de sus pantalones cortos, pero todavía se sentía bien, la presión y la fricción de Ken se frotaban y se movían contra él. Saltó hacia arriba, con un jodido movimiento, y sí, la idea de follar a Ken sacudió totalmente su mundo.

    Trabajó la polla de su salvaje chico en el mismo ritmo, deslizando los dedos y acariciando sobre la piel aterciopelada envuelta en acero, resbaladiza con sudor y antes de correrse Contra él, Ken se estremeció y tembló, sus muslos se aferraron a Daisuke incluso más fuerte que hace un momento, este Sacudió a Ken más rápido, deslizando su pulgar sobre la cabeza resbaladiza en movimientos alternativos. Y luego se inclinó de nuevo para chupar con fuerza un pezón, mordiendo mientras chupaba.

    Su sangre estaba hirviendo, estaba seguro de ello.

    —Sí… —Ken se movió violentamente contra él, avanzando, y el columpio se inclinó alarmantemente, las cadenas crujieron y chirriaron con fuerza.

    Daisuke saltó en el asiento, empujando hacia arriba con fuerza, estremeciéndose cuando la última fricción lo empujó totalmente sobre el borde. Se sacudió cuando llegó, el calor húmedo se extendió hacia afuera, empapando su ropa interior y pantalones cortos, Ken se arqueó una vez más en su mano y la repentina ráfaga de semen en su mano hizo que Daisuke se estremeciera a través de otro espasmo más pequeño, la réplica de tanta estimulación que todavía estaba sonando en su sistema.

    Ken se desplomó contra él, respirando áspero y entrecortado, con el sudor hecho con gotas en la frente, Daisuke lo probó con sus labios, probando la sal, y luego se lamió los labios para obtener el último sabor, Los dos iban a estar unidos para siempre en sus mentes.

    —Tenemos que regresar —dijo en voz baja, después de que se sentaron durante un par de minutos, el columpio meciéndose lentamente, una suave brisa aliviando un poco el calor. Ambos estaban empapados y pegajosos de sudor y de semen

    —Sí —Ken le dio una sonrisa cansada, luego le dio un beso en la boca y Daisuke lo apretó con fuerza, espero que nadie me vea tal como estoy, lleno de sudor y apesto a ti

    —No me importa —Sonrió Ken satisfecho y luego lo abrazó y lo besó suavemente, seguido de un sincero «Te amo.»

    —Te amo perra salida —Daisuke se retorció contra él, desenredando sus piernas y bajándose.

    Aunque no se fueron. Solo se quedaron allí por un minuto, abrazándose el uno al otro. Este momento, uno de los pocos, sería un refugio tranquilo durante algún tiempo en la mente de ambos

    Se besaron una vez más, luego Daisuke se dirigió hacia la entrada del parque y le dio a Ken un suave empujón.

    —Vamonos

    Ken asintió y deslizó sus dedos a través del hombro de Daisuke como mejores y grandes amigos apretandose contra él una vez antes de soltar.

    —Si, vamos