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  • La señora Chana mi regalo de cumpleaños

    La señora Chana mi regalo de cumpleaños

    Desde que llegó al barrio la señora Chana con su familia fue la fantasía sexual de muchos hombres por eso casi todas las mujeres le cogieron antipatía y no perdían de vista a sus esposos. Verla caminar con ese cuerpo tan espectacular de anchas caderas y culazo respingón de tetas grandes y bien puestas en su lugar era toda una tentación para cualquier macho.

    Aunque no se decía, pero todos los hombres lo pensaban, como era posible que tal hembra se podía haber casado con don Jorge, un tipo gordo y bonachón, de bigote muy parecido al personaje del sargento García de “El Zorro”. Ella era más alta que él y a sus 44 años de edad era toda una diosa, quizás ese era el motivo por el cual ella lo trataba como quería.

    En mi cama viendo las imágenes grabadas me masturbaba imaginando que era yo quién metía mi verga en medio de sus enormes nalgas y la hacía gemir y luego gritar pidiendo más y más. Luego de pensarlo bien decidí no decir nada a Guido, mi compañero de aventuras, de mirarla por la ventana siempre estábamos pendientes de quién llegaba a su casa y sabíamos que días y horas supuestamente le enseñaban a bailar.

    Normalmente era en las tardes cuando el barrio estaba tranquilo y poca gente en la calle, vimos que llegó el negro Uje y miró para todos lados y tocó la puerta y rápidamente entró a la casa esperamos un tiempo prudente para ver por la ventana, pero ahora que ya estaban cachando eran más cuidadosos y habían cerrado las cortinas. Guido no se explicaba el porque y se fue muy molesto a su casa yo también hice lo mismo.

    Varias veces sucedió lo mismo llegaba Uje y las cortinas cerradas así que dejamos de fisgonear por las ventanas, aún seguía pensando cómo sacar provecho del vídeo y al final se me vino a la mente la respuesta, estaba a un mes de mi cumpleaños número 19 y que mejor regalo que la señora Chana, aunque había tenido una enamorada Ana, pero no quiso pasar de besos y abrazos y lo máximo que llegó hacer es coger mi verga y masturbarme.

    Entonces busqué la manera de acercarme a ella muy inteligentemente. Unas veces la esperaba cuando regresaba de hacer las compras para ayudarla con las bolsas y venir platicando de varias cosas y ganarme su confianza de a pocos, aunque los amigos del barrio se burlaban de mí y preferían irse a buscar chicas o jugar fútbol yo ya tenía trazado mi plan.

    Llegó el día esperado de mi cumpleaños en casa me lo celebró mi familia y amigos entre los cuales estaba Koki su hijo que era dos años menor que yo todo transcurrió bien yo la había invitado a la señora Chana pero nunca llegó, ya habían pasado dos días y era sábado cuando la vi llegar muy cansada llevando sus bolsas de víveres ya se había acostumbrado que siempre la ayudara entonces me llamó.

    -Por favor ayúdame con las bolsas de víveres y acompañe a mi casa… Disculpa que no pude ir a tu cumpleaños Jesús, pero era una fiesta para muchachos y yo estoy muy mayor para asistir además que hubieran dicho tus padres pero no creas que me olvide de tu regalo vamos cambia de cara.

    Era el día y momento esperado por mi así que cogí las bolsas y la acompañe yo ya sabía que regalo iba a reclamar, todo estaba a mi favor era verano mis amigos en la playa sus hijos habían ido de vacaciones unos días donde su tía y su esposo era sabido que regresaba muy tarde a su casa.

    Estaba ahora con un vestido blanco con figuras de flores que aun así marcaba su buen cuerpo y zapatos de tacos bajo su cabello recogido en un moño iba detrás de ella viendo ese culo que tantas veces había soñado en mis manos como era sábado y eran las 2.30 pm no había nadie cerca pero igual veía para todos lados y entramos a su casa el calor era terrible así que fuimos a su cocina y abrió la refrigeradora.

    -Ahora que te puedes tomar conmigo una cerveza para brindar por tu cumpleaños un poco tarde pero aún vale la intención.

    Hicimos el brindis y me dijo que esperase. Luego regresó y me dio un regalo y me abrazó fuerte, sentí su cuerpo caliente sus tetas que hizo que inmediatamente tuviera una buena erección, ella lo vio y sintió, pero se hizo la tonta y me dijo que abriera rápido su regalo, era un bonito reloj dorado y riendo dijo que era para que siempre tenga presente la hora para ayudarla con las bolsas de víveres.

    Le di las gracias que estaba muy bonito el reloj pero que yo esperaba otro tipo de regalo, ella viendo la erección que tenía entendió rápido lo que pedía y me vino con todo un discurso de mujer mayor que yo podía ser su hijo que estaba confundiendo las cosas y que recuerde que era la mamá de Koki mi amigo y era una mujer casada y debía respetar eso y muchas cosas más.

    Cuando habló de respeto ahí le dije sobre Uje como él si podía y entraba a su casa dos veces a la semana inmediatamente me respondió que solo venía a enseñarle a bailar y que era mejor que me vaya de su casa rápido porque yo había tomado a mal la confianza que me había dado.

    Cuando saque mi celular y le enseñó lo que había grabado su cara cambio por completo y le digo que si así le enseñaba el negro Uje a bailar no supo que responder muy asustada preguntó si alguien más sabía de ese video dije que aún no y dependerá de ella que siga así y evitar el escándalo en su familia yo sabía que su marido no le importaba nada y de seguro varias veces le puso los cachos pero sus hijos si eran muy importantes para ella.

    No había que hablar mucho así que baje el cierre del pantalón y saqué de su encierro mi verga que ya exigía su libertad ella dudo unos segundos que hacer tal vez buscando otra salida pero yo no lo iba a permitir… «Vamos señora Chana vengo por mi regalo cuando más rápido se haga realidad me iré».

    Se arrodilló resignada a su suerte y sus manos suaves empiezan a subir y bajar por mi verga se sentía muy bien cómo me masturbaba pero cuando veo que su intención era que terminé en sus manos le dije que ya estaba bien ahora era turno de su boca y acercó sus labios rojos al glande y empezó a pasar la lengua muy lento y parecía que fuera su helado de sabor preferido.

    -Ohhh señora Chana que ricooo siga así… ohhh ahora esta pinga es toda suya haga con ella lo que sabe…

    Su lengua subía y bajaba por toda la verga y luego también por los testículos haciendo que me estremezca por completo, lo que empezó para la señora Chana como un chantaje luego le fue agarrando el gusto, ahora no era necesario decirle nada era toda una experta haciéndole la felación a un hombre.

    Cuando al fin metió mi verga en su boca fue una sensación única su cavidad bucal apretaba y succionaba bien rico, mis dedos estaban entre sus cabellos jugando con ellos lo que muchas veces había visto en las películas porno ahora lo estaba viviendo en carne propia sus ojos me veían tenía una mirada de perra caliente que disfrutaba mientras se tragaba mi verga.

    Sus manos jugaban con mis huevos y luego ella aflojó la correa y bajó el pantalón hasta caer a mis pies haciendo que me lo quité luego sus manos acariciaban mis nalgas pero ella seguía chupando su pedazo de carne dura resultó bien golosa la señora Chana.

    -Disfruta tu regalo de cumpleaños Jesús qué rica verga tienes ahh bien dura y sabrosa…

    La experiencia de sus años y temperamento de mujer caliente le había enseñado como medir el tiempo y evitar que un hombre terminé, cuando sentía que ya estaba por eyacular se detenía y besaba mis piernas estaba jugando conmigo y luego proseguía chupando su verga hasta que ahora ella quiso sentir la esperma en su boca y no se detuvo hasta que explote y llené su cavidad bucal de abundante semen caliente.

    Ella no dejó escapar ni una gota de esperma todo se lo había tragado y seguía chupando hasta dejarlo completamente limpio.

    (Continuará…)

  • Videojuego de prendas

    Videojuego de prendas

    Soy mujer, tengo grandes pechos y un trasero mediano, soy castaña, uso lentes y soy un poco bajita, como 1.58. Una vez aclarado esto vamos a comenzar.

    Bueno, todo se puso muy loco cuando mis amigos decidieron hacer un torneo el mismo día que el juego salió a la venta.

    Nos juntamos todos en casa de un amigo y teníamos cerveza, vino, vodka, de todo en general.

    Yo soy muy buena con los videojuegos mi padre siempre nos ha enseñado y él siempre ha sido un padre gamer.

    Todo iba muy bien pasaron las horas y la gente se empezó a retirar hasta que quedamos sólo 5, justamente el máximo de jugadores por pelea. Obviamente todos ya estábamos un poco tomados y para dejar el aburrimiento un amigo entusiasmado mencionó…

    -hay que jugar por prendas

    A lo que todos nos reímos y aceptamos.

    Este juego consistía en que el primero en morir se quita dos prendas, el segundo en morir se quita una prenda, el último escogía si el tercero o el cuarto en morir se quitaba la prenda.

    Empezó la primera pelea y yo escogí al personaje con espada que es verde y es héroe del tiempo… Paso la primera pelea y quedé en primer lugar. Obviamente quería ver a todos desnudos así que comencé con el que tenía más ropa, Axel.

    Axel se quitó su bufanda a lo que las otras cinco personas ya no tenían una prenda sólo yo y otra persona teníamos nuestra ropa completa

    Segunda ronda quedé en último y me hicieron quitar mi suéter, para mi suerte no estaba usando sostén así que sólo era una blusa transparente que dejaba ver mis pezones sin dejar nada a la imaginación. Al pasar los juegos yo termine en tanga, con la blusa, ya no tenía calcetines, pantalón, bufanda nada en general sólo dos prendas fundamentales.

    Mis amigos ya también sólo quedaban en bóxer. Para la última partida definitiva dos de mis amigos de retiraron ya que ellos venían juntos.

    Ya sólo quedábamos tres: Axel, César y Ramiro.

    Axel es un hombre de pelo chino, altura mediana, muy simpático. César es alto delgado muy amable y atlético y Ramiro es muy fuerte, diría que va al gimnasio todos los días, es el más alto de todos y muy caballeroso pero grosero a la vez.

    Esta pelea era decisiva, quien quedara en primero decidía quien se quitaba la prenda de los otros.

    Este trío de hombres se pusieron de acuerdo y me hicieron perder primero por lo que mi blusa salió y deje mis pechos al aire podía verlos a todos atónitos y yo aproveché y pedí la revancha. Para mi suerte que se en primero e hice que Axel se quitará su bóxer puedo decir que estaba excitado ya que su pene estaba muy grande y gordo yo sólo me reí e hice un comentario

    -Axel veo que no tienes frío.

    A lo que él contestó

    -muy graciosa, si tú tienes tus tetas de fuera como quieres que me controle

    Ramiro se paró y se me acerco…

    -¿puedo?

    Con su mano casi por tocar mis pechos

    -primero quítate el bóxer y hablamos.

    Rápidamente él se quitó su bóxer y me dejó ver que tampoco tenía frío puesto que su pene estaba grande y venoso, podía ver que estaba muy excitado y su polla era más grande que la de Axel

    -bien, ya puedes. Le dije con voz burlona

    Sin duda lo puso sus manos frías en mis pechos sus manos las estrujaban a lo que deje soltar un pequeño gemido cuando pellizco mi pezón izquierdo.

    -¿con qué te gusta eh? Dijo ramiro acercándose a mi oreja…

    -eh, yo me quito el bóxer si tú te quitas tu tanga. Dijo César.

    -vaya, que negociación bien, ven tu primero y cumple lo que pides. Le contesté

    César procedió a quitarse su bóxer y su pene estaba erecto también.

    Yo me levanté y me quite la tanga lentamente podía ver que tenía la lujuria de estos hombres.

    Ramiro seguía jugando con mis pezones y en un momento de excitación tome su pene con mi mano y lo apreté un poco.

    Me sonrió con una forma pícara y se lanzó a mi boca a besarme, mordía mi labio inferior y lo jalaba hacia él, me perdí en sus besos hasta que sentí que otras manos me tocaban los pechos por detrás de mi espalda… Axel no se había perdido de nada. Comencé a jalarle la verga a Ramiro y en eso veo de reojo a césar masturbándose en la esquina de la habitación.

    Era un aura de excitación me coloque de rodillas le hice un guiño a césar y este se acercó abrir mi boca y comencé a hacerle un sexo oral hasta que el agarro mi cabeza y el empezó a follarme la boca. Axel y Ramiro pusieron sus pollas en mis manos y yo empecé a jalárselas a ellos.

    Después de unos minutos estaba exhausta de la posición y muy excitada me hicieron rápido un tendido con nuestras prendas para no quedar en lo helado y me recostaron.

    Axel quien era el más fuerte me jalo de los muslos y comenzó a hacerme un sexo oral maravilloso iba por cada cm de mi vagina.

    Mientras que Axel y César tocaban mis pezones y se intercambiaban entre ellos para besarme.

    Ramiro se detuvo y se puso un condón y puso su pene en mi vagina me daba golpes en el clítoris que se sentían como un golpe energético hasta que por fin me penetró. Era un movimiento con compa rápido había mucha agilidad en el escuchaba sus gemidos y los míos también.

    Axel acercó su boca a mis pechos y empezó a chuparlo hasta que sentí un dolor rico, me estaba mordiendo el pezón y se sentía delicioso.

    Yo quería darle placer a mis chicos así que empecé a jalarle la verga a césar hasta que Ramiro terminó dentro de mi hizo un intercambio con Axel.

    Axel fue más rudo me tomo de las caderas eh hizo que me pusiera de perrito me la metió y jalo hacia él se escuchaba como tronábamos juntos.

    César metió su verga en mi boca hasta que terminó en ella.

    Axel fue más rudo e comenzó a jalarme el cabello hacia él. Después de unos minutos Axel terminó.

    Para mi sorpresa Ramiro regresa y me coloca nuevamente con la espalda en el piso abría mis piernas y metió sus dedos dentro de mí.

    Me retorcía de excitación hasta que mis piernas quedaron completamente cerradas me dieron esas inmensas ganas de hacer del baño y ramiro puso su cara ahí y yo lo dejé salir… Él se tragó todo lo que salió y me dio un golpe en mi panochita.

    Después todos nos pusimos ropa y fuimos por un café puesto que ya había amanecido…

    Quisiera saber sus comentarios, espero se hayan divertido.

  • Adela (Parte II)

    Adela (Parte II)

    Cuando me desperté tras la increíble noche de sexo que tuve con Adela, estaba algo desconcertada. La puerta del baño se abrió y de pronto apareció ella, con una camiseta negra, le llega a medio muslo, creo que no lleva nada más debajo. Me mira, se muerde el labio inferior y pregunta.

    —¿Todavía mi niña, no está satisfecha?

    La miro y, al ver su mirada lasciva, respondo.

    —No, y menos si te muerdes el labio así.

    Se carcajea, e invitándola a que se tumbe a mi lado, me besa y me mira a los ojos es sexy, caliente y provocadora. Muy provocadora.

    Cuando termina con un beso, estoy a punto de hacerla mía sin piedad, pero…

    —Tenemos que hablar muy seriamente.

    Me pasa un dedo por la cara y murmurando

    —Enfadada estás muy guapa.

    —Preferiría hablar después —ahora yo, excitada.

    —Deberías asearte. Creo que… luego… —sonríe mientras entra de nuevo en el baño.

    Entré desnuda, se había quitado la camiseta, contemplé su cuerpo.

    —¿Te gusta lo que ves ? —dijo sin girarse.

    —Mucho más que gustarme, mami —contesté ronroneando. Aspiré el perfume de su piel. Me encantaba. La necesitaba. Era la primera vez que de pie la veía totalmente desnuda. De espaldas la desnudez de Adela tan real, sus nalgas maduras, pero a la vez potentes. A través del espejo, sus pechos generosos, aún altivos, conservando su encanto, los pezones apuntando al cielo, el vientre terso, el montículo de su pubis limpio completamente desnudo. La abracé por la espalda, mis manos acariciaron sus pechos, los dedos pellizcaron los pezones, cada vez más oscuros por la presión. Adela se dio la vuelta, y me abrazó con fuerza, las dos bocas se buscaron, las manos palparon los sexos, los pechos se frotaban unos contra otros.

    —Te gusto, soy mayor que tú.

    —Eres una mujer hermosa, eso es lo que veo —No era la primera vez que tenía enfrente una mujer desnuda, me había despertado con ellas, pero nunca me había sentido aquella sensación tan extraña como en aquella mañana, quizás su carácter dominante, lo que me atrajo de Adela, empecé a besarla mientras ella permanecía de pie, descendiendo poco a poco, hasta que puesta de rodillas a punto de llegar a comerle el coño.

    —Basta, no te he dado ningún permiso, para que hagas lo que estás haciendo.

    —Me deje llevar. ¿Me perdonas, mami?

    —No necesito tu perdón, quiero tu sumisión. Aún no te has dado cuenta ¿verdad?

    —Seré tu sumisa. Eres tú quien decide lo que tengo que hacer.

    —Dime por qué estás aquí, Nora.

    —Te necesito… Adela.

    Me miró de arriba abajo y asintió dándome la razón. Me seguía mirando sin disimulo, sus ojos resbalaban por mi cuerpo endureciéndome hasta los pezones ante la intensidad de su mirada. Su labios rozaron los míos, notaba su respiración, su olor invadía mis sentidos y me derretía ante esa mujer que en el fondo no conocía. Suspiré cuando sus dedos siguieron por mi barbilla, bajaron con lentitud por mi cuello…

    —Tengo miedo.

    —No te haré daño Nora, tienes que confiar en mi, te prometo proporcionarte todo el placer que seas capaz de sentir sin causarte más dolor del que seas capaz de soportar. ¿Quieres probar?

    —Si.

    —Te quiero desnuda del todo —Me ordenó colocarme sentada al borde de la bañera, las piernas dentro, bien abiertas, y enjabonándome el pubis empezó mi primera depilación total, terminó todo bien rasurado. Ella misma se aseguró de que mi montículo estuviera siempre bien rasurado. Seguidamente, lleno la bañera, durante un rato se sumergió en ella. Cogió el bote de gel e impregno sus tetas con el líquido. Para sacar la espuma, se las froto con las manos.

    —Ahora quiero que me limpies —me ordenó, después ella de pie y yo de rodillas dentro.

    —Ahora puedes —Señalándome con el dedo. Besé su sexo, dando pequeños mordisquitos por sus labios exteriores, le excitaba. De repente un gran lengüetazo en medio, la punta de mi lengua sobre su clítoris. Ella suspiraba y jadeaba… Me adentré en su vagina después con mi boca, estaba húmeda y me gustó ese sabor. El dedo corazón de mi mano derecha se adentró, palpó un punto y froté con suavidad… al poco tiempo ella explotó. El calor sofocante del interior de su cuerpo me inundó la boca y la nariz, uniéndose en cada golpe de respiración al otro calor que me devoraba también a mí. Sentía como se aproximaba mi orgasmo, presioné mi clítoris inflamado y el orgasmo estalló con fuerza, mientras me mordía los labios, estaba nerviosa para no delatarme ante ella. Estaba tan excitada mirando a hurtadillas, cuando de pronto sentí el calor de su orina, golpeándome en el rostro.

    Yo de rodillas dentro de la bañera, no entendía nada. Mientras ella salía de la bañera y secándose desapareció del baño. Tarde unos minutos en darme una ducha y asimilar lo ocurrido, me vestí con la camiseta que ella había dejado y salí a buscarla. Llevaba puesto una especie de túnica, descalza, sentada en la isla de la cocina, dando buena cuenta de su desayuno, con un aspecto completamente relajado. Pasaron unos minutos en silencio.

    —Estás muy seria. ¿No me das un beso?

    —No, aún no. Quiero estar centrada en lo que quieres que hablemos.

    Estás preciosa con esta camiseta, pareces una chica buena y me hace pensar mil maneras de corromperte

    —¿Por qué piensa que haré lo que me pides? ¿qué reglas hay para ser tu sumisa?

    Durante unos cinco minutos me expuso, digamos sus condiciones. A grandes rasgos, primera, me propuso ser su sirvienta doméstica. Respecto al tema sexual, por más que me deseara en ciertos momentos, no sería de la manera que quizás yo esperase, no quería hacerme el amor, quería poseer mi cuerpo a su manera, al igual que en ciertos momentos la manera y el lugar de llevarlo a cabo.

    —Ahora que ya está todo claro y sabes de que va, creo que lo más inteligente es que desayunes.

    —¿Eso tendría que decidir yo, si tengo hambre?

    Mi corazón latía tan fuerte que pensé que tenía que ser capaz de oírlo. Quedarme frente a ella en su casa tenía un aire de irrealidad. Pero, al mismo tiempo, mis sentidos estaban a toda marcha, consciente de lo que me rodeaba, las sensaciones físicas me recorrían, y por supuesto, la mujer que estaba sentada frente a mí.

    —Si te quedas y estas interesada en expandir tus límites. Vamos a pasarlo muy bien, tú y yo. Si decides marchar, eres libre de hacerlo, no puedo retenerte, pero…. —Me escurrí de aquella mano que iba a tocarme. Entonces Adela alargó el brazo y me asió por el codo. Con un fácil vaivén me hizo volverme hacia ella. La vi erguida, palpitante, incitante, excitada… Sí, yo también, sumamente excitada. No dije palabra alguna. Me acerqué a su cara y le buscé los labios con los míos. Deslicé la lengua por aquella abertura caliente. La besé como una salvaje. Ella pasó una mano alrededor del cuello, y la otra bajo la camiseta y me asió tirando de un pezón, de tal modo que me sujetaba por la cara y el pecho. Estaba atrapada bajo la opresión de sus manos.

    Había decidido que ya era hora de expandir los horizontes de mi sumisión. Entramos en el dormitorio, me entregó de nuevo el collar. Caminó a mi alrededor, un círculo lento que hizo que mi corazón latiera con fuerza. Sus manos me rozaron, dejando la piel de gallina en su estela. Luego volvió a estar frente a mí.

    —Manos —Temblé ligeramente, cuando con un foulard ató mis muñecas.

    —Muy apretado.

    —No mami.

    —Muy bien. Ve y acuéstate de espaldas en la cama —Anduve hacia la cama y me tumbé como había pedido.

    —Buena niña. Con las manos sobre la cabeza, las rodillas hacia arriba y flexionadas.

    Habló en voz baja, sin ninguna fuerza, pero de una manera que dejó en claro que ella estaba a cargo y que se esperaba mi obediencia. Puso su mano plana entre mis senos, haciendo que mis ya duros pezones palpitaran, luego la recorrió por todo el torso, por la curva de mi vientre, hasta la unión de mis muslos donde ya estaba caliente, se quedó allí, frotándome ligeramente, era consciente de la humedad que ya se había acumulado entre mis piernas

    —Te puedo oler, mi pequeña niña. Ya estás mojada para mí y apenas te he tocado.

    Gruñí ante sus palabras, con una humillación ardiente fluyendo a través de mí, trayendo color a mis mejillas. Golpeó ligeramente mi coño, no lo suficiente como para doler, más como un recordatorio de que yo tenía que ver con lo que deseaba.

    —¡Ah! Jadeé suavemente cuando su mano hizo contacto golpeando de nuevo.

    —¿Porque estas ya mojada?

    —Yo… Sí mami, ya estoy mojada.

    —Mmhm. ¿Y por qué es eso?

    —Sera porque estoy necesitada, mami.

    —Me necesitas para qué, Nora?

    —Necesito que seas dueña de mi cuerpo, por favor.

    —¿Quieres decir abofetearlos así? —De nuevo golpeó un par de veces.

    —Dios sí, más. Por favor.

    —De quien son estos pechos, te gustó tanto la última vez que los estuve pellizcando, esto debería ser aún mejor. —Con ambas manos los golpeó rozando los pezones. Solté un ahogado gemido. No estaba dispuesta a ceder todavía pero era consciente de la línea fina en la que estaba caminando. Sus dedos alcanzaron y pellizcaron mi pezón, con fuerza, girándolo hasta querer gritar, incluso cuando el maltrato saltaba de mis pechos al coño. Me golpeaba otra vez, y las lágrimas se formaban en mis ojos, pero… Me encantaba todo lo que me hacía, su dominio, su control, incluso aquel punto de crueldad. Seguramente en respuesta a mis propios estados de ánimo oscuros.

    —Por favor. Por favor, mami.

    —No te preocupes, mi niña. Habrá mas, y no solo abofetear. Tengo la intención de verte tan desesperada por acabar, que harás lo que te pida. Y luego quiero empujarte aún más lejos. Cuando termine contigo, serás una niña muy sumisa.

    —Cualquier cosa que pidas, si es tu deseo.

    —Buena respuesta, Nora.

    Pero luego su mano, torciendo los dedos para encontrar ese lugar secreto y mágico que me hizo apretar con fuerza, los músculos del coño se contraían violentamente contra ellos. No podía concentrarme ahora, no podía pensar más allá del placer de conducir y lo magistralmente que me estaba empujando a un orgasmo. No era nada más que querer y necesitar, me estaba encendiendo. Palabras saliendo de mi boca pero sin control. Suspiros jadeantes y sin aliento, cuando mi columna vertebral se curvó y mis caderas se inclinaron en su mano. Estaba tan cerca, tan jodidamente cerca. Mis ojos bien cerrados mientras mi cuerpo entero se tensaba hasta que prácticamente estaba vibrando de la cama. Y luego todo desapareció, mi codicioso y desesperado coño sufrió un espasmo doloroso. Grité cuando se registró la negación, abriendo los ojos justo cuando su mano golpeaba contra mi clítoris muy sensible e inflamado.

    —Ahhh! Ah! —Tuve que tragar un par de veces antes de poder formar palabras coherentes.

    Su mano tiró de un puñado de mi cabello, asegurándose de que tuviera toda mi atención, de que mi mirada se encontrara con la suya. Me hizo incorporarme de la cama, liberó mis manos.

    —Gatear.

    Mis palmas tocaron el suelo antes de que yo siquiera lo pensara, y luego me movía, haciendo mis movimientos lentos y sinuosos. Ella disfrutando del espectáculo, mis muslos se frotaban entre sí, el movimiento hizo que una creciente humedad entre ellos cada vez que deslizaba una pierna por el suelo. Era la primera vez que me encontraba de aquella manera, respiré hondo por la excitación, y apretando el vientre de una manera que me hacía apretar los muslos juntos, que a la vez ejercía presión sobre el clítoris. Me ordenó un par de rodeos a la cama. Me detuvo entre sus rodillas, con la cabeza apoyada en su muslo, la espalda arqueada, empujando el culo y las caderas. Cerré los ojos mientras ella pasaba una mano por mi cabello y ahuecaba mi mandíbula, inclinándome la cabeza hacia arriba para que pudiera ver sus ojos.

    —Qué linda boca cariño, enséñame la lengua —Y empecé a chupar el pulgar que ella me deslizaba por los labios, gimiendo levemente mientras empujaba la parte posterior la lengua hacia abajo, haciendo que me atragantara un poco.

    —Date la vuelta, muéstrame ese culo.

    Tragué saliva, sus palabras eran una excitación en espiral a través de mí, incluso como parte de mi cerebro, una parte distante y observadora, se sorprendieron por su franqueza. Pero para esto continué allí, en aquella habitación. Así que me di la vuelta y ahora en exhibición ante ella. Salté cuando ella posó sus manos sobre mi piel, cuando me acarició las caderas, apretando la parte más carnosa, sus manos continuaron la suave caricia de mis muslos, ahora pasaba dos dedos deliberadamente sobre mi coño, a través de los hinchados labios y la humedad que se había acumulado allí. Jadeé y me moví, separando más mis piernas, una invitación a explorar, una solicitud de más, pero sus manos se apartaron, dejándome con ganas. Ella los arrastró por mis muslos, y luego su agarre en mi culo cambió, moviéndose más alto, su pulgar deslizándose en círculos sobre mi apretado ano. Jadeé y gemí, tensando mis piernas. Esto no era algo que hubiera hecho mucho y quizás nunca lo había disfrutado realmente. Pero ignoró mis reacciones, continuó frotando su pulgar en círculos, presionando, presionando en la abertura. Y su pulgar empujó y venció cualquier resistencia restante, alojándose en mi culo. Mis terminaciones nerviosas se dispararon rápidamente, enviando señales confusas a mi cerebro. Presión, placer… mi coño se contrajo mientras jugaba con mi culo, mi clítoris palpitaba, mi respiración se aceleraba cada vez más mientras mi cuerpo intentaba absorber toda la sensación.

    —Ohh, mi niña esta hambrienta. Te gusta esto también. Será mejor que no te corras hasta que te diga que puedes. ¿Está claro? —Pero no pude negar mi reacción. No estaba segura de cómo quería moverme, pero estaba segura de que quería correrme

    —Mami, por favor —Prácticamente grité las palabras mientras ella continuaba jugando con mi culo y mi coño.

    —Oh Dios, por favor, mami, estoy cerca… por favor, ¿puedo correrme?

    —No. Aún no te lo has ganado. Pero no te preocupes mi niña, lo harás —De pronto sus dedos se apartaron, y sus manos empezaron a golpear mis nalgas.

    —Que bonitas son mis huellas en tus nalgas. No voy a hacerte daño… aún  —Me había hecho girar y colocarme entre sus piernas.

    —Qué crees que quiero, ahora.

    —Por favor, mami, por favor, puedo chuparle el coño. Por favor.

    Asintió, luego echó la cabeza hacia atrás y mientras me aferraba con ferviente entusiasmo, tomándola tan profundamente como podía.

    —Oh, jódeme, con tu lengua —gimió, su mano se deslizó por mi cabello y descansó en la parte posterior de mi cabeza. En respuesta, empecé mover la cabeza más rápido, lamiendo con la lengua su clítoris, rojo, excitado, en la parte superior de la ranura. Apoyé las manos en sus muslos. Todo lo anterior desapareció. Todo se desvaneció cuando me enfoqué en un objetivo. Agradar a Adela.

    —Pon tu lengua en mi culo.

    —Te quiero y quiero todo tu cuerpo, tu ojete está rico, es suave. Metí la lengua mientras mis manos abrazaban sólo parte de su culo. Mientras tanto pajeaba a conciencia su clítoris y metía dos dedos en su húmeda vagina. Estaba a punto de correrse, así que cambié la lengua por un dedo mojado en su coño, lo inserté en su culo, no protestó, y me deleité con la visión. Haciendo malabarismo me amorré a su coño y ya sin parones continué hasta su delirio. Me estaba agarrando la cabeza con ambas manos. Estaba jadeando, gimiendo y acercándose.

    —Yesss —siseó, su cabeza cayendo hacia atrás.— Succióname. Tómalo, tómalo todo. Oh mi niña. Aquí viene.

    Un sonido profundo hizo que su coño se apretara contra mi boca. Flujos calientes de un largo orgasmo, mojaron mi boca, mi lengua, mis labios. Mantuve la cabeza en su lugar mientras ella empujaba, asegurándose de que tragara todo lo que tenía para darme. Sin que me lo pidieran, lo lamí todo, limpiándolo, deseando mantener el sabor y la sensación de ella en mi boca todo el tiempo que pude.

    Sin decir palabra, me levantó en su regazo y me abrazó mientras yo sollozaba en una liberación tan necesaria, dejando ir todas mis preocupaciones. Me frotó la espalda y murmuró palabras de alabanza y amor en mi oído. Me mordí el labio, sintiéndome de repente increíblemente tímida. No podía admitir en voz alta que me gustaba esto, aunque ante la evidencia.

    —Siempre haré todo lo posible para darte lo que necesitas, mama.

  • I cum in my shorts

    I cum in my shorts

    Mi amigo para este verano es John, sí, se llama John Marsden. Se encuentra en mi casa por un intercambio universitario con mi hermano Gilberto. El asunto es que mi hermano, año y medio menor que yo se inscribió en la universidad para intercambio con un inglés. Me insistió que nos fuéramos los dos, pero no quise dejar a mis padres con dos chicos ingleses, aunque ellos estaban de acuerdo.

    Este verano con mis 21 años y todo aprobado con buenas notas no quise ir a ningún sitio, sino estar en casa —que como en casa en ningún sitio— y desplazarme con el coche a mis playas nudistas favoritas.

    El mismo día que mi hermano salía para Londres, lo acompañé al aeropuerto y ya me quedé dos horas esperando a que llegara el tal John. Tenían claras instrucciones y mi hermano me dio un papel en el que ponía en rotulador «Mr. Marsden». Eso me pareció muy formal y a la vez chabacano. Yo me puse frente al ordenador y me bajé un marco floreado que lo ajusté a la página y en el centro, sobre fondo naranja, escribí «John Marsden», sin comillas y con tipos de letra English Towne. Lo imprimí en cartulina. Quedaba chulo, incluso a mis padres les pareció mejor.

    Llegó el avión, tardaron en salir como 40 desesperantes minutos, y yo allí a ver cuando salían los ingleses con el cartel de cartulina levantado por mi brazo en alto, solo sabía que era rubio y miraba a todos los rubios que salían. Por fin se me puso delante un tipo que me dijo:

    — ¿Antony?

    Miré, no lo había visto salir, llevaba una gorra que le cubría la cabeza y una mochila enorme a la espalda, cuando yo esperaba un chico rubio con su maleta a rastras.

    — I’m John.

    — ¡Oh, si, yes, claro, sí! Yo me llano Janpaul.

    — Oh, Juan Pablo, you’re not Anthony!

    Y lo besé como si fuera mi hermano. Debió parecerle normal, pensé yo, porque me besó y me gustó. Pensé que en casa le diría que Antonio es mi hermano y como quiero que me llame. No sé si John es guapo, pero feo no era, siempre sonriendo y escuchando todo lo que de camino a casa le iba explicando. Si yo callaba atendiendo en las rotondas, él hablaba repitiendo lo que yo decía. También conducía coche porque frenaba mucho con su pie apretando el piso. Cuando llegamos a casa dejé el coche estacionado frente a mi casa, tuve suerte de encontrar sitio, hasta creo que me lo comentó en inglés, pero no lo sé cierto porque no prestaba atención.

    Entramos en casa y lo presenté a mi madre que nos había preparado una rica merienda y nos sentamos. John tenía hambre, se le notaba, debía llevar horas comiendo porquerías. Fuimos a la habitación y le mostré la cama de mi hermano Antonio que estaba junto a la mía, le mostré el armario para que sacara sus cosas y las colocara. Yo le iba diciendo, cómo podía, las cosas y se me quedó mirando muy atento a lo que le decía. Comenzó a gustarme. Lo miré bien, me senté en la cama y lo remiré de la cabeza a los pies, una camisa a rayas que le hacía más delgado, jeans skinny y zapatillas blancas a juego con cosas verdes.

    Le pregunté si se quería duchar y cambiar. Me dijo:

    — It’s very hot and I do not have shorts, we would have to go buy them if they are not very expensive.

    Se lo hice repetir despacio y, como lo había remirado muy bien, abrí mi armario y le puse cuatro shorts en sus manos. Tengo la mala costumbre —dice mi madre— de comprar, cuando algo me gusta, de dos en dos o de tres en tres y me sobran para poner una tienda. Se puso feliz y le dije que se podía poner de lo que había allí.

    Luego le mostré el baño y lo invité a que se duchara, le dije cuales eras sus toallas y lo mandé a que usara el baño y se vistiera luego de corto para ir a visitar a mi padre a su oficina. Le dije que luego me ducharía yo y salí de la habitación para estar un rato con mi madre y tranquilizarla diciéndole que era un buen chico, de 20 años y que me parecía más pequeño, aunque era igual que yo. Mi madre se puso feliz. Luego le dije que vendríamos con mi padre porque iríamos a la oficina.

    Cuando entré en la habitación ya estaba duchado y con la toalla envuelta en su cintura. Su torso bien formado, no tantos pectorales como los míos, pero con buenos pezones y pronunciados, seguro que se los masajeaba con frecuencia. Me desvestí, dejé la ropa doblada sobre mi cama y me metí a la ducha. Me miró, no sé si se extrañó, pero no comentó nada. Cuando salí de la ducha estaba sentado en la cama mirando hacia la mía. No bajó la mirada, inspeccionó bien y dijo:

    —All right!

    — Si te gustó me alegro, que tú también me gustas.

    No entendió nada porque se quedó mirando cómo me vestía y se dio cuenta que no me había puesto calzoncillo, dijo algo que no sabría repetir, pero me avisaba de mi ropa interior, le dije que hacía calor y no solía usar. Y lo entendió por su risa complaciente. Entonces le expliqué por qué tenía tantos jeans y tantas bermudas y shorts.

    Nos salimos, saludé a mi madre con un beso y me imitó. La cara de mi madre rebosaba felicidad. Fuimos a pie para que conociera mi ciudad y saludamos a mi padre que, al vernos exclamó:

    — Pero si sois iguales.

    Entonces me di cuenta que se había puesto una de mis camisetas y me puse feliz. Me había entendido. Las cosas iban bien. Mi padre me dijo que le mostrara el centro de la ciudad, que íbamos a cenar al restaurante La Bodeguilla, que iría a casa y sacaría a mi madre. El sitio para encontrarnos sería en El jamoncito y que tomáramos algo allí hasta que llegaran. Mi madre es mujer de verdad, le cuesta arreglarse, así que teníamos tiempo para ver la Catedral antes de que la cerraran. Por suerte le gustaba el gótico y se maravilló. Descubrí su faceta artística, ya solo me faltaba descubrir su faceta sentimental, pero me lo tomé con más paciencia de la que necesitaba.

    La cena perfecta, el paseo con mis padres maravilloso y a casa a ver un rato la televisión, como noté que John estaba cansado le dije de ir a dormir y nos despedimos de mis padres.

    En la habitación, no me entretuve, hacía calor, me desnudé, fui a orinar, lo hice, me limpié la boca, salí y me tumbé sobre la cama para dormir, por supuesto que sin meter la sábana sobre mi cuerpo. Hurgó John en su mochila, sacó una bolsa de aseo y se metió al baño, no tardó y se acostó desnudo. No tardamos en dormirnos, solo le pude decir

    — Buenas noches, hasta mañana.

    — Good night see you tomorrow, me contestó muy débil.

    **********

    A los siete días ya hablaba el español para ir por casa y yo comenzaba a aprender algo de inglés. Pero lo más importante es que nos hicimos amigos. Nos entendíamos muy bien. Pensé que podríamos ir a la playa, pero salió nublado el día que queríamos ir y miré en el iPhone que estaba con bandera amarilla y viento de levante SSE, que levanta algo de arena y nos dedicamos a ver los alrededores y los barrios tradicionales, le di un paseo por varios bares y tascas y le gustó la marcha. El viernes lo llevé a un bar gay con la idea de decirle mis orientaciones sexuales y sentimentales para que me entendiera mejor y no se extrañará de mi soltura y de desnudarme en mi casa. Mis padres saben mis opciones y están de acuerdo, tampoco ellos van con tapujos para besarse y acariciarse delante de mí y de mi hermano. Me parece natural y me gusta que sean así. Le dejé en la barra del bar:

    — John, no te extrañes de lo que te voy a decir…

    Me miraba fijamente, esperando lo que quería decirle. Él ponía cara de problema tan bonita que me lo hubiera comido entero, y proseguí:

    — Escucha, John, quiero decirte que yo soy gay…

    Respiré para mirarlo y ver su reacción. Se sonrió. Se quedó mirándome y de pronto me besó. Respondí educadamente a su beso esperando que fuera breve y me mordió el labio inferior para que separara mis dientes y meter su lengua. Lo hizo, enredamos nuestras lenguas, intercambiamos saliva, seguimos un largo rato morreándonos. Al acabar, ambos sonriendo de placer, el barman nos puso una cerveza a cada uno y nos indicó de quién eran y nos señaló una mesa. Uno levantó el brazo saludando, lo saludé y lo reconocí, habíamos follado hacía poco tiempo entre las dunas de la playa nudista. Le sonreí como para darle las gracias.

    — Yo también gay, Jan.

    Entonces le pasé mi cerveza y me pasó la suya. Tenía claro que mi sufrimiento comenzaría en agosto pero mientras, lo íbamos a disfrutar. Al salir del bar le pasé mi brazo por la cintura, él también, me besó y exclamó repentinamente;

    — Fuck! I cum in my short!

    Me reí, miré que se estaba humedeciendo su short, me quité mi camiseta que era larga, le saqué la suya, y nos cambiamos las camisetas. Yo estaba empalmado, pero no había peligro de correrme:

    — Qué fácil solucionas todo, Jan.

    Nos cogimos de la mano para llegar a casa y ducharnos. Lo hicimos, esta vez juntos. Tras una semana fue la primera vez que nos tocamos. Nos tocamos todo, como haciendo una investigación. Su polla que era larga y delgada, más larga y más delgada que la mía, tenía un toque suave, aterciopelado, invitaba a manosearla sin parar. Toqué sus gruesos pezones y sentí una especie de electricidad en todo mi cuerpo, también noté cuánto le gustó que se las acariciara y tocara con las yemas de mis dedos. Nos miramos y nuestra mirada decía: «ducharos, lavaos que a la noche tendéis más tiempo». Nos fuimos a cenar.

    Después de cenar, invité a mis padres a pasear y a tomar una copa. Siempre paga mi padre, pero entre él y yo hacemos lo imposible por sacar a mi madre de casa. Estando John delante sabía que no se negaría. Se arregló un poco, que no sé por qué lo hace, si mi madre es guapísima, tanto que a veces le digo a mi padre: «si yo no fuera gay procuraría que te divorciaras de mamá para casarme con ella». Estas cosas le divertían a mi padre mucho y me seguía la corriente. Así que nos salimos los cuatro a la calle.

    Ellos iban cogidos del brazo detrás de nosotros y al rato John me cogió de la mano y escucho la voz de mi padre:

    — ¡Eeeeh, os he visto!, esas manooos… quietaaasss.

    Entonces le di un cachetoncete al culo de John y escucho:

    — Igual va, y tenemos yerno pronto…

    La voz era de mi madre que una vez me dijo que eran preferibles los yernos que las nueras. Decía que «con los yernos siempre tienes lo tuyo cerca y el yerno se convierte en uno más, pero con las nueras pierdes los hijos». Yo solía decirle que ella lo iba a tener grave porque con dos hijos gays iba a tener dos yernos ya podía preparar comida. Ella entendía que si tenía que cocinar mucho por sus hijos a causa del gimnasio, las carreras y lo que no se ve, con cuatro ya podía prepararse, pero se le veía feliz. Mi hermano Gilberto no es exactamente gay, sino bisexual o no se qué, le da a todo lo que tiene hueco. Lo que tiene prohibido por mi padre es meterse con mujeres casadas y también con hombres casados. Gilberto cumple al pie de la letra esta orden, solo le falta pedir el DNI a aquellos con los que se mete en la cama.

    Mi padre a mí no me prohíbe nada al respecto porque sabe que soy muy selectivo, solteros, más o menos de mi edad, entre 20 a 28, limpios, bien parecidos y sexys. Mucho se extrañaron cuando vino un amigo de color, africano él de pura cepa. Pensaban que mis gustos cambiaban. Pero les dije que no hago distinción de raza ni de religión ni de condición social, me gusta que sean educados y limpios y, ¡claro, que estén dotados! Porque yo distingo muy bien tres estadios en la relación humana íntima: un polvo, una sesión de sexo, una relación de amor.

    Un polvo no compromete, no necesita previas, te abres la bragueta o se baja el pantalón, se enchufa la clavija en la corriente hasta que se encienda el árbol de Navidad, en unos minutos hecho y adiós.

    Otra cosa es una sesión de sexo, que ha de ir acompañada por una copa, unas previas de caricias y besos, un striptease en privado y cuando la pasión se ha encendido una buena follada, que puede seguirse de otras y otra o ahí acaba eso, hasta otra oportunidad, bro.

    Lo serio es un relación de amor, incluye cama en casa o en hotel pero porque no es posible en casa por razones diversas. Haber cenado juntos, tomar un algo antes de meterse en la cama, desvestirse uno al otro, llenándose el cuerpo entero de besos, ducharse juntos, besarse y abrazarse y tocarse en la cama o en un sofá adecuado, meterse en la cama, desear mezclarse tanto que las piernas se van cruzando, los penes juntando, los culos masajeándolos, los besos con mucha saliva, el precum desperdiciándose, y finalmente vienen las sucesivas penetraciones, descansos, vuelta a comenzar y seguir, hasta que ya los cuerpos no aguantan. Despertar y estar feliz por lo ocurrido y mirar al amante y al amado con alegría y satisfacción, decirle lo bueno que ha estado, que eso se ha de repetir con frecuencia desear hacerlo en ese momento y hacerlo de nuevo antes de entrar juntos a la ducha porque no queda tiempo para otra cosa.

    La primera fue algo vivido de mi primera juventud, cuando tienes el fuego encendido y necesitas un culo para tu pene o un pene en tu culo; ahora voy, si lo necesito, por una sesión de sexo sin prisa, siempre en casa, que sea agradable, sin comercio, sin prisas pero brutal y con abundancia de besos para promover el clima amoroso, aunque momentáneo.

    Pero con John me estaba ocurriendo lo que se llama amor, ¡qué cuatro letras más bonitas: amor; amor (en español), love (en inglés), rudo (en shona), ibis (en tagalo), gaol (gaélico escocés), club (en hmong), lief (en africáans). Muy pocos usan tres letras y bastantes de cinco a siete. Amor es entrega, donación, te das al amante y él se te da y se te entrega para ser feliz y hacerte feliz.

    Y por fin ocurrió. Habían transcurrido solo 9 días desde que llegará al aeropuerto y lo introdujera en mi vida privada para que esta dejara de ser privada y se convirtiera en la vida de los dos. Fue como un noviazgo rápido. Todo comenzó, ya lo he contado, tan poco a poco, que llegó el día.

    Esa noche, tras el paseo con mis padres, tras la bendición tácita de mis padres, ya no hubo cama de mi hermano y mía en nuestra habitación, ya no suma cama de John y mía en ausencia de mi hermano. Se quedó la cama de mi hermano sin feliz durmiente y nos quedamos con nuestra cama.

    Esa noche me miró de modo distinto y yo lo miré de modo diferente. Nos miramos los dos y en nuestra mente estaban nuestras manos unidas todo el paseo y detrás mis padres bendiciendo lo que se estaba incubando entre nosotros.

    Esa noche John se enamoró de mí para ser mi esposo, para amarme, para desearme, para disfrutarme, para lucirse. Así ocurrió en el paseo: mis padres detrás y nosotros ante toda la gente de la calle y la plaza, sin darnos cuenta o dándonos íbamos cogidos de la mano como quien pregona a voz en grito: «Nos gustamos nos queremos».

    Esa noche, al llegar a casa le dije a John que él era mi hombre, que él era mi amor, que lo quería con toda mi vida, que por él arriesgaba todo lo mío. Que había encontrado el pleno sentido de mi existencia con él en mi vida.

    Esa noche, tras despedirnos de mis padres o de nuestros padres con un beso a cada uno por parte de los dos, entramos en mi habitación, nos besamos, nos besamos, nos besamos, nos cruzamos nuestros jugos bucales, nos amamos cruzando nuestras lenguas y mezclando nuestra saliva.

    Esa noche, tras decirnos sin palabras cuánto nos queríamos con nuestro beso, lo fui desvistiendo al mismo tiempo que John me iba desvistiendo. Poca ropa había que desvestir de nuestros cuerpos pero el ritual fue largo como un auténtico desfile militar. No parecíamos estar de pie, sacando botones y desplazando hombros y rodilla, muslos, brazos y piernas, más bien parecía un baile en suspenso, sí, suspendidos en el aire, sobre algodón o aura celeste, hasta quedarnos desnudos.

    Esa noche nos contemplamos, nos vimos de verdad, nos llenamos los pululas de nuestros del uno y del otro. Comencé a verme en la niña de los ojos de John como John hacía lo mismo. Pareciera que nunca habíamos tenido oh+jos y allí estábamos los dos desnudos, abrazados a medio beso y mirándonos a los ojos. Cuando estuvimos llenos el uno del otro, cerramos los ojos para sentir, sentir el contacto de nuestra piel, sentir nuestra respiración, sentir el latido del corazón, sentir como nuestras manos se paseaban por todo el cuerpo siempre satisfactorias y siempre necesitándonos de más.

    Esa noche no deshicimos la cama de Gilberto, ni pensamos en ella, ni nos dimos cuenta de su existencia. Nos acostamos encima de nuestra cama, sin sábana de cubierta, ¿para qué la sábana encimera si no teníamos nada que ocultar?

    Esa noche pedí a John que me amara como nunca nadie me había amado, que quería tenerlo dentro de mí, que quería ser yo el guardián de su vida. Nuestra erección se había pronunciado al máximo de nuestras posibilidades físicas, pero las posibilidades mentales y síquicas eran más poderosas y todavía nos dimos el turno para que pudiera amar a John con su polla en mi boca mientras John me amaba besando, lamiendo y aspirando mi culo con su boca. Metió su lengua, mi cuerpo se electrizó y supe que ya estaba a punto.

    — John, mi querido, es el momento.

    — Sí, Jan, como tú me digas, solo solo tuyo.

    Me tumbé de espaldas con mis piernas dobladas, los pies sobre la cama y John me ajusto levantando mis piernas hasta acomodarlas en sus hombros. Con delicadeza, con más amor que pasión sin que esta faltara, noté su falo enhiesto comenzando a entrar suavemente en la caverna de mi cuerpo, allí donde se sabe que se nota al amante. Y lo noté, entró, se aquetó, abrí mis ojos cuando lo noté todo dentro, lo miré, me sonrió, le sonreí y chanque quería decirle que continuara no me salieron las palabras, fue un suspiro silencioso que hizo comprender mejor que con palabras mi deseo de tenerlo y entendió. Inició su va y ven, un vaivén amoroso que me producía tanto placer que no tardé en eyacular sobre mí, todo yo me desparramé en forma de semen, amándome a mi mismo al sentirme tan amado por John, siguió mi amante y no tardó en venirse. Tampoco tuvo necesidad de palabras, porque sus ojos, su cuerpo y su polla enterrada en mi interior me lo decían: «te estoy amando totalmente y me voy todo dentro de ti».

    Regó las plantas del amor sembradas en mi interior con los besos que nos habíamos dado en estos últimos días, esas plantas acariciadas a distancia a través de nuestras manos, cuidadas con nuestra mirada cual un rayo X a través de nuestros cuerpos desnudos, esas plantas amorosas fueron regadas con el semen del amor.

    De pasión y amor conjuntamente, se derrumbó sobre mi y nos envolvimos en un abrazo, todavía con su polla en mi interior y nos besamos, nos dijimos un sencillo u pleno «te amo» que sonó a la vez boca con boca, ojos con ojos y el aliento de cada uno, aliento fuerte del esfuerzo hecho humedeciendo el rostro del otro. Nos sentimos amantes y malos y fuimos, quizá como nunca en la vida, felices los dos.

    Esa noche no fue noche de descanso, sino de amor intenso. Se repitió, me volvió a hacer sentir su amor dentro de mí y quiso sentir el mío dentro de él. John y yo nos amamos, nos hicimos amar y nos comprometimos en nuestro amor.

    Nos levantamos de la cama, que no del sueño porque no lo hubo, para ir a la ducha, ponernos ropa deportiva muy ligera y corrimos por las calles de la ciudad hasta salir al campo, nos fuimos lejos, tan lejos que no había nadie en aquel pequeño bosque junto a la carretera. Sudados, nuestra poca ropa ahorrando necesitando un descanso para secarse. Nos desprendimos de ella para tenderla en una rama de árbol y nos abrazamos comenzando de nuevo nuestra manifestación de amor. Parece que nuestros cuerpos sentían la necesidad de demostrarnos que había más posibilidades y volvimos a eyacular fuerte, John en mi pecho y yo en su interior. Probé una vez más el semen de John y me pareció un manjar inigualable. Yohn limpió mi polla con su boca y luego me besó para inyermcambiaramps nuestros sabores.

    La ropa no estaba seca del todo, aunque hacía mucho calor, pero se soportaba sobre el cuerpo para cubrir ante los demás lo que John y yo nos habíamos regalado. Regresamos a casa. El esfuerzo nos había producido hambre. Entramos en casa directamente a la cocina para beber agua. Allí estaba mamá esperando que fuéramos a desayunar. Se sentó con nosotros, como si esperara noticias nuestras, John y yo nos miramos y decidimos decirle lo nuestro:

    — Mamá, John y yo nos amamos…

    — Puede que sea pronto, mamá, nos queremos. Quiero a Jan…, dijo John temblando.

    — Mamá, quiero a John, totalmente…

    — Lavaos y vestíos con algo seco, id a ver a papá…, se pondrá tan feliz como yo en cuanto os oiga…

    Mamá se abalanzó sobre John y lo besó. Me levanté, me uní a ellos nos abrazamos los tres y nos fuimos a nuestra habitación. Nos duchamos rápido y nos vestimos con ropa ligera para el fuerte calor que hacía. Cuando le dijimos a mi padre, nos abrazó diciendo:

    — Desde el primer día lo preveía y esperaba que me lo dijerais pronto; ahora tened cuidado, el amor viene y si no se cuida se va. Cuidaos uno al otro.

    Después de ayudar en la oficina a organizar ciertas cosas como hacíamos un rato cada día, salimos a saludar al sol para que expandiera con sus rayos nuestro amor a todo el Universo. Vi pasar el aviso por las norteñas montañas de Portugal, sus planicies y el Algarve, pasó por las Azores, al cruzar el Atlántico; se enteraron los valles del Amazonas y del río Hudson con sus ciudades, del Misisipi y de la selva bañada por caudaloso Amazonas; ascendió el aviso del sol por las elevadas cumbres de los Andes y sus profundas quebradas; el pacífico se mostró curioso porque no entendía la alegría del sol, pero sonrieron japoneses, indios y chinos casi a la vez y traspasando los desiertos regresó, atravesando Europa, a la meseta ibérica para decir que había cumplido el encargo. Entonces comuniqué al sol que seguíamos igual o quizá más “in crescendo”, y cada día lo espero para hablarle de nuestro amor mientras el sol se regocija de mojar con sus rayos ardientes la alegría de mi rostro.

     

  • Dragon Ball (Episodio X)

    Dragon Ball (Episodio X)

    La nave surcaba el espacio a una velocidad que no permitía divisar el paisaje como a ella le hubiese gustado. Bulma estaba aburrida. Su padre, un científico genio, había diseñado la nave de tal manera que apenas era necesario pilotearla, estaba completamente programada para esquivar los meteoritos y llegar a su destino sin ningún inconveniente.

    Pero todo esto le resultaba muy frustrante, porque no había mucho que hacer para matar el tiempo, y si los siete días que había pasado a bordo le parecieron eternos, los quince días que aún faltaban para llegar al nuevo planeta de sus amigos los Namcuseìn, le iban a parecer fatales.

    —Hola Bulma ¿Qué hay para comer? —dijo una voz a sus espaldas.

    —¡Goku que imbécil eres, ya te dije que no me hables así de repente cuando estoy distraída! —Lo reprendió.

    —Lo siento Bulma. Es que muero de hambre.

    —¡Yo no soy tu sirvienta!

    A pesar de su exasperación, no pudo más que admirar la figura de Goku. Estaba sin remera, solo llevaba unos calzones azules que usaba para dormir. Su cuerpo, ejercitado ininterrumpidamente, estaba completamente trabado: sus abdominales marcadas como sólo él podría tenerlas, sus pectorales duros, sus brazos y piernas gruesas y musculosas, con las venas marcadas.

    —Vamos Bulma. No seas mala. —Le dijo Goku, acercándose a ella, y le propinó una nalgada.— Cocíname algo rico, que debo entrenar con Vegeta.

    —Que grosero eres. —Lo reprendió, tratando de mostrarse severa, aunque en el fondo, aquella mano poderosa que se posó sobre su nalga le hizo arder en su interior.— No veo la hora de llegar a Namecusein para que dejen de tratarme como a una sirvienta. —Dijo, y se fue a la cocina a preparar varios platos, ya que sabía que a su compañero de viaje era un glotón.

    Mientras descongelaba la carne y comenzaba a preparar el guisado, pensaba en Goku. Lo conocía desde que él era un niño. Nunca se hubiese imaginado que se convertiría en el hombre más fuerte del universo. Pero ya era tarde para intentar conquistarlo, Milk le había ganado de mano, y Goku era tan inocente que no era capaz de advertir sus insinuaciones. Bulma solía pasearse en ropa interior por la nave, o en su defecto, con vestidos cortitos. Y cuando salía de bañarse se envolvía con una toalla diminuta que apenas cubría su cuerpo mojado. Pero no había caso, él parecía verla como a una hermana.

    Terminó de cocinar y le llevó una bandeja llena de comida a Goku.

    —¡Vaya! Todo esto se ve delicioso. —Exclamó él.

    —Si fueses más amable te daría cosas más deliciosas que unos platos de comida.

    —¿Ehm? ¿A qué te refieres Bulma?

    —A Nada, tonto. —Dijo ella, frustrada.

    La puerta automática del comedor se abrió.

    — ¡Oye mujer, prepárame la comida!

    Era Vegeta, el príncipe de los Saiyajin. A pesar de que su raza se encontraba casi extinta, no se le habían ido sus aires de superioridad.

    Bulma sentía miedo de Vegeta, pero no por eso se quedaría callada.

    —Allá está la cocina, preparare tu propia comida, ¡salvaje!

    —Vaya, la gatita tiene garras… por cierto mujer, te queda bien ese vestido, el color rojo te sienta… aunque es una prenda muy provocadora como para usar frente a dos hombres en abstinencia.

    Bulma se sorprendió por el comentario. No imaginaba esa especie de cumplido del salvaje de Vegeta.

    —Ahora ve a cocinarme algo delicioso, o tendré que arrancarte el vestido y obligarte a que seas mi esclava personal.

    —Oye Vegeta, no la trates mal.

    —¡Tú cállate Cacaroto! No sabes nada de mujeres.

    Bulma, un tanto asustada, pero sobre todo desconcertada debido a la excitación que le generaron las palabras del salvaje de Vegeta, fue a la cocina sin chistar.

    Cuando terminaron de comer, los guerreros se fueron a entrenar a la habitación con la gravedad aumentada. Bulma se quedó pensando en los dos hombres con quien compartía aquel largo viaje. Eran completamente diferentes, de hecho, hace no mucho eran enemigos mortales. Si Goku era inocente y amable, Vegeta era malvado y prepotente. Sin embargo, el príncipe de los Saiyajin era el único hombre que podía competir con el físico escultural de Goku. El hecho de que era mucho más bajo no lo hacía menos atractivo.

    Se preguntaba cómo sería hacer el amor con alguno de ellos. Si eran capaces de entrenar por tantas horas, y si podían volar por los cielos, y destruir un edificio entero de un solo golpe ¿serían capaces de mantener su erección por mucho tiempo? Y si así fuera, ¿Cuánto sería? ¿Tres horas? ¿Cuatro? ¿Cinco? ¿O incluso más? Se imaginaba cuantas veces serían capaces de hacerla llegar al clímax. No pudo tolerar el calor entre sus piernas, así que fue al baño y se alivió bajo la ducha.

    Se miró al espejo, desnuda. Su cuerpo era la envidia de muchas. A pesar de estar cerca de los cuarenta, sus pechos se mantenían firmes, y su piel tersa. Los ojos azules eran muy grandes, y su cabello, de un azul más claro, le daba un aire exótico. ¿Quién la había mandado a pasar tres semanas con el tonto de Goku, y el salvaje de Vegeta? En la tierra hubiese encontrado un hombre que la valore.

    Se volvió a poner el vestido rojo, recordando las palabras de Vegeta. Era muy corto, y tenía un gran escote.

    Habían pasado más de ocho horas cuando los hombres salieron de la habitación donde entrenaban.

    —Vaya Vegeta, realmente te has vuelto muy fuerte. —Lo felicitaba Goku.

    —Claro que me he puesto fuerte granuja, ¿Creías que iba a dejar que un insecto como tú me supere?

    Bulma estaba frente a los mandos de controles, sentada en la silla, con las piernas cruzadas. Giró el asiento y vio a los hombres. Vegeta solo vestía una calza azul que le marcaban las piernas musculosas y develaban el importante tamaño de su miembro. Goku llevaba una remera azul, maltrecha por el entrenamiento, y el pantalón naranja. Ambos estaban bañados en transpiración.

    —Vaya, acá está nuestra sirvienta. —Dijo Vegeta, reparando en ella.

    —¡Vete al infierno, imbécil!

    —Oye Vegeta, creo que te equivocaste, no creo que Bulma esté interesada en ti. Sólo mira como te habla —Le comentó Goku en voz alta.

    —¿Qué demonios? ¿Estuvieron hablando de mí?

    —No te creas tan importante mujer. —Dijo Vegeta, acercándose a ella.— Sólo le comenté que podía tenerte cuando quisiera.

    Bulma quedó boquiabierta, sin saber qué decir.

    —Es más, ahora mismo estoy con ganas de poseerte, mujer.

    La agarró de la muñeca, y haciendo apenas un movimiento, la hizo levantarse de un alto. Luego le dio un empujón y la tumbó en el piso.

    —¡Oye Vegeta, no te pases! —Le dijo Goku, acercándose a ayudar a su amiga.

    —No seas idiota Cacaroto ¿No ves que esto es lo que ella quiere?

    Vegeta le arrancó el vestido de un solo movimiento, y lo convirtió en hilachas, dejándola sólo con la ropa interior. Como Bulma no parecía molesta, Goku estaba confundido.

    —Mira Cacaroto. Con esta enorme verga poseeré a esta zorra que tienes por amiga.

    Vegeta se arrodilló encima de Bulma, que había quedado boca abajo. Le arrancó la bombacha de un tirón, y la penetró con una embestida brusca.

    Bulma gritó.

    —Canalla, la estás lastimando.

    —¿Acaso la ves quejarse? —Retrucó Vegeta, al tiempo que la embestía nuevamente.

    —¡Go…Goku! —Dijo Bulma, que apenas podía hablar.— Goku Por favor…

    —Tranquila Bulma, yo derrotaré a Vegeta y te salvaré.

    —Por fav…favor. Tú También…

    —¿Yo también? ¿Yo también qué? —Preguntó, desconcertado.

    —Tú también dame la verga.

    —¿Ehm?

    —No hagas esperar a esta golfa Cacaroto. —Dijo Vegeta, saboreando cada palabra que decía.— Metele tu verga en la boca mientras yo la penetro por aquí.

    Bulma estaba boca abajo, recibiendo la verga de Vegeta, mientras la dominaba con un brazo, por si quisiese escapar. Sin embargo, Bulma, a pesar de sentir cierto dolor por la brusquedad con que ese miembro entraba en ella, no quería por nada del mundo que ese salvaje deje de poseerla.

    —Vamos Cacaroto ¡Métesela en la boca! —Lo instó.— Veremos quien dura más cogiendo a esta golfa.

    —¿En la boca? ¿Eso quieres Bulma? —Preguntó confuso Goku, acercándose a ellos.— Vaya, nunca lo había hecho así.

    —¿Qué nunca lo hiciste? ¿Acaso tu mujer no te la chupa? —inquirió Vegeta, sin dar crédito a lo que oía.

    —Claro que no. —Dijo Goku, ya parado al lado de la pareja que copulaba en el piso.— Milk nunca me haría algo así. —se arrodilló y puso su cara frente a la de Bulma. Ella se movía espasmódicamente, soportando el falo poderoso del príncipe de los Saiyajin. Goku le corrió el pelo para atrás con ternura.— ¿Te gustaría llevarte mi verga a la boca? ¿De veras haces esas cosas Bulma? —Le preguntó, todavía sin terminar de creerlo

    Bulma extendió su mano, y manoteó el bulto duro de su amigo de la infancia.

    —Por favor, dámela. —Suplicó.

    —Muy bien, si la quieres ¡Aquí está! —Dijo, sacándose el pantalón.— Pero luego no te quejes eh. —Agregó, agarrando a Bulma de la cabeza, y arrimando su miembro.

    Bulma se lo metió en la boca.

    —¡Wooow! Vegeta, tenías razón, esto se siente estupendo. —comentó cuando Bulma comenzó a recorrer su lengua por la cabeza de su miembro.

    —¡Te lo dije imbécil! Ahora procura no acabar, recuerda que estamos compitiendo. —Dijo Vegeta, mientras se disponía a estrujar las nalgas de Bulma.— Oye mujer, después de todo, creo que te convertiré en mi esclava, creo que me divertiré mucho con una golfa como tú. —Dijo, dándole una nalgada.

    Bulma no dijo nada, tenía la boca llena con la pija de Goku.

    — Vaya, le diré a Milk que me haga esto cuando vayamos a dormir. —Dijo Goku, mientras descubría lo agradable que era masajearle las tetas mientras recibìa la mamada.— Oye Vegeta, ¿Qué gana de premio el que aguanta más?

    Vegeta lo meditó un rato.

    —Pues… quien aguanta más tendrá derecho a hacer con ella lo que se le plazca, hasta que lleguemos a Namecusein.

    La sola idea de poder gozar de esa mujer durante todo el viaje le hizo ponerse aún más duro.

    —¿Pero, qué dices? ¿Y si ella no está de acuerdo? —Preguntó, mirando a Bulma. Ella, sin sacarse la verga de la boca, hizo un leve asentimiento con la cabeza.— Ya veo Bulma. Sí que te gusta la idea de ser una esclava después de todo.

    —Ajm. —Logró balbucear ella.

    De repente Goku sintió cierto ardor en el tronco.

    —Oye Bulma ¿Por qué me muerdes tan fuerte?

    Bulma había abierto mucho los ojos, y había mordido involuntariamente a Goku.

    —¿Acaso te molesta una simple mordedura Cacaroto? Se encuentra así porque ya logré que acabara. Si supieras cuantos jugos hice largar a esta golfa.

    Bulma, por una vez, dejó de mamar.

    —Lo siento Goku, fue sin querer, es que el orgasmo fue muy intenso.

    —No te preocupes Bulma, no fue nada.

    —Oigan, ¿les molesta si cambiamos de posición? Es que ya tengo las mandíbulas muy cansadas y me duelen las rodillas.

    —Muy bien lo haremos así. —Dijo Vegeta, haciéndose cargo de la situación.— Tú, mujer, súbete encima del granuja de Cacaroto.

    Bulma se puse de pie, y dando un salto se abrazó a Goku y rodeó su cintura con las piernas.

    —¿Así? —Le preguntó.

    —¿Qué pretendes hacer Vegeta? —Inquirió a su vez Goku.

    —Ahora simplemente penétrala.

    Goku manipuló su verga y se metió a Bulma hasta el fondo.

    —¡Ay Goku eres un animal! ¡Me vas a destruir mi vagina!

    —Lo siento Bulma, te prometo que ahora seré menos brusco. —Se excusó retirando parte de su monstruosa verga y comenzando a hacer suaves movimientos pélvicos.— ¿Así está mejor?

    —Sí, por favor no pares. —Rogó ella, acariciando la espalda musculosa.

    —Oye Vegeta, creo que estás haciendo trampa, si tu no la penetras te resultará más fácil no acabar pronto.

    —Y quien dijo que no la pienso penetrar, insecto. —Dijo Vegeta, acercándose a la pareja.

    —Pues si ella ya no quiere por la boca, porque le duele la mandíbula, tendrás que esperar a que yo termine para poseerla nuevamente.

    —Realmente no sabes nada Cacaroto. —le contestó, poniéndose detrás de Bulma, quien gemía mientras sentía la pija en su sexo.— ¿Ves este lindo trasero? —Comentó, agarrando una nalga, y separándola de la otra.

    —Sí, realmente es un lindo culo. —Concedió Goku.

    —Pues mira como le entierro mi verga.

    —¡¿Qué?! —Se escandalizó Goku.— No seas malvado Vegeta, por ahí no se hace.

    —¿Ah no? —dijo el príncipe de los Saiyajin, asomando la verga a la entrada del trasero.— Pues mira y aprende. —Dijo, y con un leve movimiento enterró el glande.

    Bulma se retorció en el aire, aferrada a los cuerpos de esos dos, y el intenso placer que sentía en sus hendiduras hizo rasguñar involuntariamente a Goku.

    —¿Estás bien Bulma?

    —Sí —Dejo ella, jadeando.— Por favor no paren.

    —Claro que no lo haremos, maldita golfa, y cuando gane esta batalla te obligaré a meterte mi verga por todas partes.

    Esa amenaza, lejos de asustarla, la hizo hervir por dentro, y enseguida tuvo su segundo orgasmo.

    —Vaya Bulma, cuánto fluido largaste, ahora tengo todo mi vello púbico empapado.

    —Lo siento. —susurró ella, todavía con los efectos del orgasmo, mientras sentía la verga morcillona de Vegeta enterrarse cada vez más en su trasero.

    —No te preocupes, me gusta sentirte toda mojada, gracias a eso puedo enterrarte mi falo con más facilidad, mira. —dijo él, introduciendo su verga descomunal hasta que sus bolas peludas hicieron contacto con los labios vaginales.— Además me agrada el olor de tus fluidos, se siente delicioso. —agregó, y luego dirigiéndose a su compañero inquirió.— Oye Vegeta ¿estás bien ahí? ¿Acaso no es muy apretado?

    —Es apretado, aunque no tanto como debería serlo. —indicó Vegeta, estrujándole el culo a Bulma mientras avanzaba milímetro a milímetro, haciendo que, de a poco, el pedazo de carne desaparezca en las profundidades.— Ya veo que el inútil de Yamcha no estuvo perdiendo el tiempo mientras eras su hembra, tienes el ano bastante abierto maldita golfa. Pero aun así se siente delicioso. —dijo, empujando más la verga.

    El tiempo pasaba y los dos hombres no daban señales de agotarse. Por su parte Bulma había acabado ya seis veces. Nunca había imaginado que podía haber obtenido tanto placer de ese salvaje y del tonto de Goku. Se sentía un fuerte olor a transpiración y a sexo en toda la nave. Vegeta ya había enterrado toda su verga en su trasero. Era increíble que semejante monstruosidad cupiera en ella. Por su parte Goku le había acercado nuevamente la verga a la boca, y ella, sin miramientos, la empezó a mamar saboreando sus propios jugos vaginales, los cuales se habían impregnado en la piel de esa verga después de tantas acabadas.

    —Maldición, eso se siente muy rico, creo que estoy a punto de acabar. —Se quejó Goku.

    —Como lo imaginé, fuera del campo de batalla no sirves de mucho, maldito insecto. —Se burló Vegeta.

    —¿Quieres que deje de chupártela un rato? —inquirió Bulma, dejando de mamar por un instante.

    —¡No, por favor no pares! —Exclamó Goku, agarrándola del pelo azul e introduciéndole su verga nuevamente.— No pares de mamar, estoy a punto de explotar.

    —Creo que ya tenemos un ganador. —Dijo Vegeta, riendo odiosamente mientras estrujaba el trasero de Bulma.— Por cierto mujer, no creas que los orgasmos de los saiyajin son iguales a los de los humanos.

    Bulma abrió los ojos, desconcertada, pero no atinó a preguntar nada, porque Goku seguía agarrándola de la cabeza para que no parara de chupar.

    —Muy bien, aquí viene ¡Prepárate Bulma! Recuerda que es una eyaculación contenida durante horas. Maldición, ya no puedo más ¡Toma esto!

    La verga de Goku expulsó un potente chorro blanco, tan abundante como la orina luego de haber tomado mucha agua, solo que esto era puro semen. Enseguida la boca de Bulma se vio repleta de la leche de su amigo, se atragantó con ella, y cuando Goku por fin atinó a retirar la verga de adentro suyo, comenzó a toser, escupiendo el líquido viscozo.

    —¡Espera! todavía hay más. —Avisó Goku, esta vez haciendo que la eyaculación bañe el rostro de su amiga, y manche su pelo azul.— Maldición, esto es increíble. —Gritó, cuando la pija escupió los últimos chorros.

    —Muy bien, ahora que he ganado, ya puedo acabar. —Dijo vegeta, victorioso.

    —¿Qué dices? ¿Acaso puedes controlar tu eyaculación a tu antojo? —Se escandalizó Goku.— ¡Maldito tramposo, desde un principio sabias que no podía ganarte!

    —¡Silencio, insecto! No tengo la culpa de que no sepas controlar tu cuerpo. Además, ni loco dejaría que esta golfa sea tu esclava exclusiva, incluso se me hubieses ganado la habría poseído por la fuerza.

    —¡Maldito canalla!

    —No entiendes nada granuja. ¿No ves que ella desea ser poseída de esa manera? Además, estate tranquilo, resulta que también disfruto observando, así que te prestaré mi juguete cuando lo necesites… ahora déjame en paz, y mira lo que es una verdadera eyaculación.

    Vegeta agarró a Bulma de las caderas con violencia, y profirió un grito de guerra.

    —¡Toma esto, maldita golfa! —dijo luego, largando todo su semen adentro de ella.— Ahora observa esto maldito principiante. —Dijo, dirigiéndose a su rival. Entonces se dispuso a retirar la verga de adentro de Bulma, y cuando terminó de hacerlo, el semen que había depositado en sus entrañas salió de su ano, en abundancia, manchando el piso de la nave.

    —¿No te parece deliciosa la imagen de esta golfa?

    —Ciertamente sí, aunque se ve muy agotada. ¿Estás bien Bulma?

    Bulma cayó al piso, desmayada, sobre el charco de semen que había salido de su trasero.

    —¡Bulma! —Goku se acercó a socorrerla.

    —No te preocupes por ella, solo está inconsciente. Pocas mujeres soportan hacerlo con dos saiyajin, debo admitir que es muy fuerte.

    Bulma despertó luego de varias horas en su cama. Goku la había bañado y vestido.

    Durante lo que quedó del viaje Bulma aceptó su parte en la apuesta, y se convirtió en la esclava de Vegeta. En realidad, no tenía que hacer muchas cosas más que las que ya venía haciendo hasta el momento. Salvo entregarle su cuerpo unas horas cada día, cosa que, a pesar de que la dejaba exhausta, no le desagradaba en absoluto. Y así fue como el trío logró llegar en paz al planeta de los Namecuseín, para comenzar una nueva aventura.

    Fin.

    Parodia de la famosa serie Dragon Ball Z. Espero que les guste, y dejen sus opiniones para decidir si publico más relatos de este tipo.

  • Invasión a la intimidad

    Invasión a la intimidad

    Me sentía mal por invadir su privacidad de esa forma, pero no podía evitar verla desnuda. La cámara que instale en el cuarto de visitas era muy discreta y de alta definición.

    Me encantaba ver como se enjabonaba y se tocaba los pechos, bien definidos. El jabón escurría por su cuerpo hasta llegar a su hermoso monte de venus para finalmente descender por sus piernas.

    Tampoco podía evitar ver como se tocaba en la intimidad y yo era parte de eso, aunque ella no lo supiera.

    Si pudiera describirla como persona solo puedo decir que amaba venirse. No encontraba otra explicación para que Sandy se tocara tan seguido.

    Casi todos los días, al llegar a casa Sandy se desnudaba dejándose solo las calcetas y ya estando en la cama, se abría de piernas y me mostraba su «flor» sin saberlo, dejando al aire sus dos pétalos rosados, listos para ser acariciados.

    Usando solo sus dedos humedecidos con saliva, comenzó a acariciarse la vulva y el clítoris de forma circular, despacio en un inicio, un poco más rápido después. Su respiración se agitaba al ritmo de sus caricias. Me pregunto en que estará pensando, seguramente en que está teniendo sexo con algún chico o chica, no lo sé.

    Su respiración agitada comenzó a convertirse en otra cosa, en gemidos, gemidos femeninos llenos de placer. Ahh, ahhh, ahhh, siii, ahhh… No dejaba de gemir al ritmo de sus dos dedos que se movían en forma circular ya sea por delante o a veces, por detrás de ella. Su placer era tal que en ocasiones levantaba la cintura, dejando al descubierto sus hermosas nalgas blancas.

    Sus gemidos eran cada vez más fuertes, Ahhh, ahhh, ahhhh. Sandy se estremecía. Estaba a punto de llegar al orgasmo.

    Finalmente, el momento tan ansiado llegó mientras varios microorgasmos la invadían, a tal grado que su vulva dejo escapar un líquido a cierta distancia de ella. Su tez se había sonrojado ante tal situación a pesar de que se encontraba sola. Sí, se había venido y muy rico. Su respiración comenzó a volver a la normalidad poco a poco mientras descansaba completamente desnuda.

    Al poco tiempo, se quedó dormida. Pude hacer acercamientos con la cámara a sus partes más íntimas. Era tan hermosa, pensaba dentro de mí, como quisiera acariciarle todo el cuerpo y comérmela a besos, especialmente esa parte que tanto le gusta acariciarse.

    Las semanas y los meses pasaban. Había aprendido a conocerla, a saber cuándo tenía apetito sexual, cuando estaba cansada o triste. Sandy iba evolucionando, pasó de experimentar torpemente con su cuerpo hasta ser toda una experta en excitarse, a tal grado que podía venirse en cuestión de minutos o de horas. Ella controlaba su cuerpo y no su cuerpo a ella. Me encantaba cuando se arreglaba para salir, tomaba sus cosas y salía de su cuarto para unos minutos después regresar, quitarse la falda, bajarse las bragas y comenzar a acariciarse la vulva. No le tomaba más que unos momentos venirse, volver a vestirse y salir.

    Con el tiempo las caricias dejaron de tener tanto atractivo para ella. Meterse uno o dos dedos ya no era suficiente. Sandy necesitaba algo digamos un poco más «erecto». Un día llegó, se quitó la ropa quedando en lencería y saco un vibrador de esos de plástico.

    Comenzó por acariciarse como siempre para entrar en calor y cuando sintió que estaba suficientemente lubricada y dispuesta a recibir aquel objeto, lo puso en su boca imaginándose que era un pene y después de humedecerlo con su lengua lo colocó a la entrada de su vagina abriendo con sus dedos sus labios mayores para poder recibirlo.

    Lo que vi aquella tarde es difícil de expresar con palabras. Fue un día diferente para ella y para mí. Su semblante había cambiado, se tornabas más sonriente y sus gemidos se habían vuelto mucho más sensuales. La sensación que tuve en ese momento fue de que la estaba viendo cogiendo con alguien. Definitivamente no fue lo mismo para ella introducirse sus dedos delgados que aquel objeto grueso. Sandy estaba gratamente sorprendida.

    Disfrutó mucho con ese objeto resbaladizo en varias posiciones. Sin duda, la que más me excito fue aquella en donde se sentó sobre el estando en la cama. Mientras se movía de arriba a abajo se podía apreciar como sus labios mayores envolvían a aquel objeto hasta desaparecer en su interior, para posteriormente volver a aparecer resbalando muy rico dentro de ella.

    Ahh, ahhh, rico, ahh, si, así, así… rico rico, no dejaba de gemir mientras se movía de arriba a abajo.

    Hice un acercamiento con la cámara. Su ano color de rosa me observaba. Su culo blanco se veía hermoso reposando sobre el vibrador y las sábanas blancas. Supe por sus gemidos que estaba empezando a tener un orgasmo muy rico. Ella se estremecía hasta ya no poder aguantar más y después de gemir muy intensamente un líquido semitransparente comenzó a escurrir por el vibrador de arriba a abajo.

    Al terminar, visiblemente agitada, se sacó el vibrador y llevo aquel objeto empapado en sus propios fluidos a su boca y poco después sonrió. Nunca la había visto tan contenta, vaya que lo disfrutó.

    Sin duda alguna, había presenciado el despertar sexual de aquella hermosa chica, de principio a fin, hasta convertirse en toda una mujer activa sexualmente. Si…, activa, supe por sus conversaciones telefónicas que había empezado a tener relaciones con un chico y que le encantaba que le hiciera un perrito.

    De pronto, recordé que en algunas ocasiones le gustaba amarrar el vibrador a la cama, abrir las piernas y recibirlo de espaldas, para simular aquella posición que tanto le gustaba.

    De ahora en adelante solo quedaba disfrutar, y así lo hizo muchas veces mientras yo la observaba.

    Vaya que fue un hermoso despertar sexual.

  • En el probador

    En el probador

    Era una calurosa mañana de mediados de mayo, por lo menos más calurosa de lo normal para esa época del año. Las chicas aprovechaban para lucir las primeras faldas y camisetas de tirantes de la temporada.

    Yo estaba en unos grandes almacenes acompañando a una ex novia mía. Era una cosa que hacíamos de novios y que a veces repetíamos de nuevo, en vez de ir a tomar un café, íbamos de tiendas. Entre ella y yo ya no había nada, solo una buena relación, había pasado ya el tiempo de que cayéramos en antiguos vicios. Aun así teníamos mucha confianza y a ella no le importaba que la viera medio desnuda, y a mí por supuesto tampoco, por lo que la acompañaba incluso a los probadores para darle mi opinión sobre tal o cualquier prenda, incluso ropa interior.

    En esta ocasión estábamos de nuevo en los probadores de mujeres, ella había seleccionado unos cuantos bikinis y yo estaba justo delante del probador sentado en un taburete, era una estancia alargada con unos 10 probadores al lado derecho y unos cuantos taburetes individuales en el lado opuesto, junto a la pared. Mi ex estaba más o menos por el medio. Además de nosotros no había mucha más gente, alguna pareja más y un grupo de adolescentes que armaban mucho jaleo, pero aun así había muchos probadores libres.

    Mientras esperaba para ver cómo le sentaba uno de los bikinis a mi ex, entró una pareja como cualquier otra, él con cara de no soportar ir de tiendas y cargado con pequeñas bolsas de papel, de esas que te dan en las tiendas de ropa, y ella, con el brazo cubierto de prendas, que imagino iba a probarse. Aun habiendo aún muchos probadores libres lejos unos de otros, la chica fue directa al probador que estaba justo a la izquierda del de mi ex. Su novio se sentó de inmediato en uno de los taburetes de enfrente y empezó a ojear su móvil. Ella cerró la cortina tras de sí, pero no sé si por lo cargada que iba, o por despiste, dejó el lateral derecho más abierto de lo normal.

    Desde mi posición podía ver sin dificultad prácticamente toda la estancia del probador de la chica entre lo que se veía desde mi taburete y lo que se reflejaba en los espejos. La chica sin prestar atención empezó a despojarse de su ropa, primero de los pantalones, mostrando unas braguitas de esas que dejan medio culito al aire y luego de la camiseta sin mangas que llevaba, quedando en braguitas y sostén a juego, el conjunto no era especialmente sexy pero se veía elegante y le sentaba muy bien. Yo mientras tanto me deleitaba de la hermosa e inesperada escena que me ofrecía una chica desconocida en una mañana de primavera.

    La chica tenía un culo especialmente bonito, acentuado por las braguitas que incluso parecían una talla más pequeña de la cuenta, el resto de cuerpo estaba moldeado, quizá hiciera algún deporte, me recordaba un poco al cuerpo de las bailarinas de ballet, al girarse pude verle también el sujetador por la parte delantera, los pechos también parecían bonitos, tirando a pequeños, el sujetador de estos sin relleno dejaban adivinar unos pezones también pequeñitos.

    Al girarse y mostrarme la parte delantera también se dio cuenta de que yo la estaba observando con todo el descaro del mundo, sin disimular ni un poco a pesar de que su novio, todavía ocupado con el móvil, se encontraba justo a mi lado. Durante un instante ella me miró entre avergonzada y enfadada. Quizá lo normal habría sido apartar la mirada, como pidiendo disculpas, pero no sé porque aguanté la mirada de la chica como diciendo; venga sigue con el espectáculo. Llegado a ese punto yo esperaba que ella corriera la cortina y se acabara la exhibición. Para mi sorpresa, ella apartó la mirada y empezó a probarse distintas prendas, una falda, un top, pantalones cortos, camisetas. Lo hacía despacio, lanzándome miradas fugaces para verificar que yo no le quitaba la vista de encima. Mientras tanto mi ex, reclamaba de vez en cuando mi atención para mostrarme los bikinis que se iba probando, a cual más minúsculo. Ante semejante situación yo ya tenía media erección y la cosa iba en aumento, era una situación que me estaba poniendo realmente caliente.

    En uno de los momentos, en que la chica me lanzó una de sus miradas fugaces mientras se quitaba unos de los pantalones cortos, yo aproveché para recolocarme la verga dentro del pantalón y acariciármela durante un segundo, ella lo contempló con los ojos como platos, pude ver como se ponía roja como un tomate y me dio la impresión de que sus pezones empezaban a marcarse más de la cuenta a través de su sujetador. Justo después, se puso de nuevo su ropa y salió disparada agarrando a su novio como un rayo en dirección a la tienda. Parecía que con mi último gesto me había pasado, fue bueno mientras duro, pensé para mis adentros.

    Para mi sorpresa la joven pareja volvió a los probadores al minuto. Ella eligió el probador de antes y de nuevo dejó la cortinilla más abierta de lo normal, más abierta incluso que la vez anterior. La única diferencia es que ahora las prendas que había elegido para probarse eran todo bikinis.

    Esta vez, se despojó de la ropa lentamente, mirándome directamente a los ojos. Yo verifiqué que el novio no levantaba la mirada de su móvil y con cierto disimulo introduje la mano en el bolsillo del pantalón para acariciarme la polla, aun así, a sus ojos era evidente que me estaba tocando la verga.

    Una vez en braguitas y sujetador empezó a desnudarse del todo, primero las bragas, introduciendo los dedos pulgares por los costados del elástico e inclinando el cuerpo hacia delante, dejando su culo en pompa a la vista, en una posición de total vulnerabilidad. En esta posición se veían una caderas anchas y un culo perfectamente redondo, uno de los mejores que he visto en mi vida. Luego girándose de nuevo hacia mi y poniendo sus manos detrás de la espalda, desabrochó su sujetador, todo muy despacio, consciente de que se estaba desnudando para un extraño, primero un tirante y luego el otro para dejar caer al suelo el sostén y mostrarme unos pequeños pezones rosados totalmente en punta, que no podían esconder su excitación.

    Permaneció unos totalmente desnuda delante mis, sin importar que el novio estuviera a un metro o que alguien más pasara por casualidad por delante de su probador. Yo me deleité recorriendo con mi mirada cada centímetro de su cuerpo de arriba a abajo, su cuello, sus hombros, sus pequeños y excitados pechos, su ombligo, su cadera, su monte de venus con un vello corto y cuidado y sus labios vaginales que se veían inflados y brillantes por la humedad de su excitación. Luego sus muslos, que se veían fuertes, sus rodilla y sus pequeños pies. Tenía un cuerpo realmente bonito, bien proporcionado. Yo estaba como loco, me dolía la polla de lo dura que la tenía. Su cara también reflejaba que estaba perdiendo el control, con la boca entreabierta, como respirando pesadamente.

    En aquel momento no sabría decir quién estaba más excitado, ella o yo.

    De pronto, su novio preguntó que si le faltaba mucho y empezó a quejarse de que llevaban toda la mañana por ahí, eso hizo que ella recobrara la cordura y comenzara a probarse los bikinis, poniéndose y quitándose las distintas prendas a un ritmo más normal, eso sí, mostrándome todo lo que podía mostrarme desde su probador.

    Por mi parte mi ex ya estaba acabando de probarse las prendas y se aproximaba el momento en el que, muy a mi pesar, tendría que dejar aquel probador con una erección de caballo. ¡Piensa!, me dije a mi mismo, esta ocasión no se puede dejar escapar. Abrí mi mochila, cogí un lápiz que llevaba dentro, una etiqueta que había por el suelo y escribí mi número de teléfono.

    Aprovechando una de las últimas miradas que me lanzó, le hice ver que tenía un papel en la mano y que lo introducía en una de las bolsas que su novio había dejado en el suelo, ella puso cara de estupefacción, como diciendo que esto era ir demasiado lejos.

    Acto seguido mi ex salió del probador y abandonamos el centro comercial.

    Pasaron los días y no obtuve respuesta en mi teléfono, así que pensé que simplemente ella había tirado el papel o peor aún, que el novio lo había descubierto.

    Pero a los diez días me llegó el siguiente mensaje?

    ‘Hola, eres tú? Soy la chica del probador’.

    Continuará…

  • Mi madre trajo al vecino para que me desvirgue

    Mi madre trajo al vecino para que me desvirgue

    Mi nombre es Laura, tengo 19 años, soy una joven rubia, de cuerpo delgado y de pequeños pechos. Mi vecino se llama Jorge, tiene 44 años y es una persona casada con 3 hijos.

    Esta historia comienza cuando un día se me ocurrió contarle a mi madre de que quería tener sexo y dejar de ser virgen. La causa de esto era que mis amigas ya habían tenido sexo y yo era la única que seguía siendo virgen.

    Un día yo estaba recostada en el sofá viendo la televisión cuando escucho que mi mama regreso de comprar en compañía de alguien. Me acerco y al ver que era nuestro vecino lo saludo con un beso.

    —Hola hermosa como estas?

    —Muy bien señor.

    —Hija, anda para el sofá que tenemos algo que decirte.

    —Bueno, má.

    Yo volví al sofá y ellos al rato regresaron y se sentaron conmigo. Él estaba sentado en el medio de las dos, yo a su izquierda y mi madre a su derecha.

    —Tu madre me contó algo de vos.

    —Qué cosa?

    —Me dijo que querés dejar de ser virgen?

    Yo me puse media tímida y le respondí que sí.

    —No te pongas así, todas las mujeres en algún momento se quieren iniciar en el sexo.

    —Tiene razón hija, yo también pase por un momento así.

    —Quizás yo te pueda ayudar.

    —De que manera?

    El miro a mi madre y ella le hizo un tipo de seña a lo cual él respondió bajándose el short y el bóxer quedándose desnudo. A mí me dio un poco de vergüenza y quedé viéndolo medio de costado. Mi madre agarró su pene y empezó hacerle movimientos de masturbación. Su pija se fue agrandando cada vez más y fue algo que vi desde el principio.

    —Te gusta hija?

    —No sé qué decir.

    —Mira que grande que es, ni tu padre la tiene así.

    —Enséñale como se hace?

    Ella se agachó un poco y empezó a hacerle una mamada en frente mío.

    Antes que continuar debo decir que mi madre sigue siendo una diosa a sus 40 años, sigue teniendo un hermoso cuerpo y un hermoso pelazo rubio.

    —Que bien me la chupa tu madre —decía mi vecino.

    Mi mama se la chupaba como una profesional y yo debía mirarla para aprender un poco. En un momento ella saco su lengua y empezó a lamerle la pija mientras me miraba a los ojos.

    —Es tu turno hija.

    Ella soltó la pija de mi vecino y ahora me tocaba a mí. Se la agarre y empecé a tocársela a la vista de mi madre. Ellos luego empezaron a besarse mientras yo seguía tocándosela.

    —Dale hija, anímate.

    Yo fui bajando mi cabeza y a medida que me acercaba a su poronga iba abriendo mi boca para metérmela. Cuando ya la tenía en la boca empecé a chuparla como si fuese un helado de palito.

    —Seguí así hija.

    Mientras se la chupaba veía como los dos se besaban con pasión y mucho amor. Luego con sus manos agarró todo mi cabello y empezó a hacer fuerza para que me la trague toda.

    —Lo está haciendo muy bien hija —decía mi madre mientras me aplaudía.

    Yo me tomé un respiro y ahora era mi madre la que se la estaba chupando. El me agarró de la nuca y empezó a besarme como lo hacía con mi madre. Cosa que me gustó mucho hacer.

    Luego mientras mi madre seguía chupándosela me saco la remera y después el corpiño. Me agarró fuerte de la cintura y empezó a chupar mis pezones. Eso me excito bastante.

    —Que rica está tu hija.

    —Salió a su madre.

    Luego mi madre y yo empezamos a lamerle la pija a la vez mientras él nos tocaba la cola.

    —Son mis vecinas favoritas.

    —Gracias —dijo mi madre mientras sonreía.

    Él se levantó del sofá y me pidió que me saqué la ropa. Yo me la saqué con ayuda de mi mamá y me quede completamente desnuda. El me abrió las piernas y empezó a practicarme sexo oral. Mi madre estaba sentada a mi lado y me sostenía la mano dándome confianza.

    —Estas muy sabrosa mami —dijo mi vecino.

    —Metesela —dijo mi madre.

    —De acuerdo.

    El primero empezó a rozar su pija por la entrada de mi concha y luego la introdujo hasta el fondo. Mi cuerpo se puso bastante tenso al sentir que su pija se iba abriendo pasó dentro mío. Ya con su pija dentro de mí empezó a moverse primero lentamente de atrás hacia delante y luego de forma rápida. Esa transición de lento a rápido hizo que el dolor disminuya hasta no sentir nada y empezar a sentir mucho placer por parte de él.

    —Ahh ahh —yo decía.

    Cuando él había empezado a moverse lentamente dentro mío mi madre me empezó a besar y así estuvimos hasta que el empezó a moverse más rápido.

    Mi madre se mordía los labios mientras veía como el me penetraba de forma salvaje. Luego el la agarró del cabello y después de retirar su pija de dentro de mi hizo que se la chupe. Puso a mi madre en cuatro patas y ella se puso a chuparme la concha. Él se colocó detrás de ella, le bajo el jean y empezó a follarsela por el culo. Mi madre me practicaba sexo oral mientras era penetrada por detrás.

    —Ahh ahh así bebe, seguí así bebé.

    —Te gusta putita?

    —Me encanta.

    Mi madre lo estaba disfrutando, yo lo estaba disfrutando y el también. El luego se detuvo y se recostó en el piso, mi madre dejo mi concha y empezó a chupársela.

    —Vení hija, no te quedes allí.

    Me levanté del sofá y me puso a un costado y ambas nos pusimos a chuparle la pija al vecino.

    —Subite encima hija antes que se venga.

    Yo me coloque encima de él, mi madre acomo su pija y yo empecé a cabalgar encima de él. Yo me movía hacia arriba y cuando caía golpeaba mi cola con sus bolas. Mientras me movía el me agarraba los pechos y mi madre cuando la pija se salía de lugar se ponía a chuparla y luego la volvía a acomodar dentro mío.

    —Quieren lechita putitas?

    —Siiii —ambas respondimos.

    El me saco de encima de él, se levantó del piso y empezó a masturbarse. Nosotras nos pusimos juntitas, abrimos la boca y sacamos la lengua.

    —Ahí viene.

    Él se vino un poco en la lengua de mi madre y otro poco en la mía. Mi mama y yo nos pusimos a besar y a compartir su leche.

    —Como se dice hija?

    —Gracias señor.

    —Cuando podés venir con tus hijos de nuevo?

    —Te quedaste con ganas de más?

    —Pues claro. Diles que esta vez yo no voy a ser la única mujer, mi hija me va acompañar.

  • Mi hija la artista

    Mi hija la artista

    Mi nombre es Franco, soy el feliz esposo de Marisa y el padre de nuestra bella y única hija, Lucrecia. Vivimos los tres juntos en una casa alejada de la ciudad. Lucrecia con 19 años había terminado la escuela y empezado a estudiar en el instituto de bellas artes de una ciudad cercana. Siempre le gusto dibujar, era su pasión, ya de pequeña dibujaba todo el día. Como nuestra única hija le damos todos los gustos, algo que no pudieron hacer mis padres cuando era chico, tuve una vida muy dura.

    Los quiero poner en situación y describir de dónde vengo y como soy. Ya tengo 45 años y me siento un viejo, pero estoy feliz con mi esposa, ella es hermosa. Nací en el campo y fue una vida de duro trabajo, mis padres fallecieron cuando tenía doce años, quede al cuidado de mi abuela y después yo al cuidado de ella, no necesitábamos mucho, pero tampoco había forma de ganar mucho, todos se iban a la ciudad. Mi abuela falleció cuando yo tenía veinte años, quedé solo y una sequía espantosa e interminable me hizo migrar a la ciudad, vendí lo poco que tenía y fui a tratar de buscar trabajo.

    No tenía dinero ni para alquilar por suerte pude ir a la casa de mi amigo Miguel que llevaba viviendo muchos años en la ciudad. Fuimos amigos de chicos, hasta la adolescencia cuando se fue a buscar un futuro a la ciudad. Miguel siempre quiso ser director de cine, esa era su obsesión, pero la vida lo llevo a trabajar de productor de películas para adultos, cosa que le dio un buen pasar económico.

    Yo estaba desesperado por buscar un trabajo, a Miguel no le molestaba que me quedase en su casa, tenía lugar y vivía solo, pero yo trataba de independizarme lo más rápido posible. Después de dos meses que no podía conseguir trabajo, Miguel me propone un trabajo, sólo quería ayudarme, pero también decía que me necesitaba.

    Él decía que me necesitaba porque me conocía de adolescente, me conocía de cuando competíamos entre nuestros amigos. Por ahí es algo gracioso los que les cuento, pero es real. Éramos unos diez amigos que competíamos en todo, peleábamos, jugábamos al fútbol y cualquier juego que se les ocurra, pero teníamos uno especial en lo que yo siempre ganaba. Cada vez que conseguíamos una revista pornográfica, llegaban pocas al campo, la veíamos entre todos, elegíamos la mejor foto y la usábamos de blanco, sí, como una silueta de blanco de tiro. El juego consistía en ir pasando de a uno y masturbarse delante de la foto, él que lograba la mejor distancia ganaba. Yo tenía un record imbatible, no sé porque pero siempre produje mucho semen y lo expulso en largos chorros, cosa que era hasta gracioso y una causa de cargadas entre mis amigos.

    Después de conocer ese defecto, mis amigos, cuando yo empezaba a masturbarme, se ponían alrededor y contaban en voz alta la cantidad de chorros que tiraba, llegué a un record de doce. También les llamaba la atención mi tamaño, sucede con todos, hay hombres muy altos y otros muy bajos, mujeres con tetas muy pequeñas y otras con tetas grande, culos chiquitos y culos grande, bueno en mi caso era es el pene que tengo grande, no es ni mejor ni peor a otros, sólo es más grande. Tampoco es exageradamente grande pero tengo unos no despreciables 25 cm, cuando esta erecto es muy venoso y la cabeza llega a unos 5 cm de diámetro, eso es lo que más incomodaba a las mujeres, el diámetro, un verdadero problema con las relaciones anales.

    Toda esta historia aburrida del tamaño de mi pene y mis eyaculaciones no es más que otra cosa que justificar la razón por la que Miguel se haya interesado en mí para un trabajo, suena raro que tenga interés en mí por el tamaño de mi pene, pero él lo veía como un negocio. Tampoco el tamaño lo sorprendía, estaba acostumbrado a ver pijas especialmente grandes en su trabajo, para las películas porno tienen que elegir las más grandes, la más grande es la mejor. En este caso estaba buscando otra cosa, las abundantes eyaculaciones, estaba por hacer una película de bukkake, aunque las eyaculaciones se pueden simular como en muchas películas, él vio en mi la oportunidad de hacerla lo más real posible.

    Me propuso hacer una película que consistía en diez escenas donde tendría que acabar en la cara de diez chicas. Aunque la propuesta puede ser la fantasía de todo hombre, me negaba, no quería quedar grabado en una película y no poder conseguir trabajo o tener un futuro en otra cosa que no sea el porno. Pero él insistió, me explicó que no se me vería la cara y que estaba de acuerdo con el director en darme una paga muy superior a los actores habituales, el director estaba muy ilusionado por lo que Miguel le había contado.

    Yo me prometí a que sería mi única película, después podría hacer mi vida y emprender algún negocio con el dinero de la película. Miguel me llevo a ver otra película que estaban grabando para ver cómo era un set de grabación y aclimatarme. No era lo que se ve en cámara, varios hombres pajeándose antes de entrar en escena, tomando pastillas o droga y mujeres limpiándose los agujeros delante de todos o con ayuda de otra chica. Las mujeres cogiendo son todas hermosas, en todas las posiciones, pero esas mismas mujeres pasan a ser comunes fuera de escena, es increíble cómo se ven sus cuerpos de mujeres comunes cuando están sentadas esperando otra escena, las cicatrices de los implantes mamarios, la celulitis en las más delgadas o la panza en las rellenitas. Era la visión de una fábrica de sexo.

    Llego el día de unos cuatro días en total de grabación, Miguel prometió mucho semen y para eso me deja hacer solo dos escenas por día. Mi único y noble trabajo era el de acabar en la cara de unas diez hermosas jovencitas, ellas me la chuparían por un rato y después acabaría.

    La idea de Miguel con el director fue conseguir a chicas sin experiencia en el porno, que se sorprendan por mi tamaño y que se muestren reales en cámara. El objetivo lo cumplieron.

    Todo fue muy excitante para mí, ellas empezaban primero sorprendidas al tener mi pija tan grande cerca de sus caras, muchas no podías dejar de reír cuando se las acercaba, tal vez nervios, a todas les costó meterla en sus bocas, pero todas después de unos minutos no paraban de chuparla, sonrojadas y transpiraban sólo se la sacaban de la boca para poder respira. Cuando llegaba el momento en que no aguantaba más, la sacaba y empezaba a eyacular sobre sus caras, el semen golpeaba en sus mejillas, su pelo, su boca, muchas lo tragaban con ganas, otras jugaban con el líquido espeso y blancuzco en su boca y después lo escupían, todas lo disfrutaron.

    Aunque Miguel insistió, yo cumplí con lo prometido, fue mi única película. Gracias a ella Miguel me dio una buena paga y más de lo que me había prometido, la película fue un éxito en forma inmediata, pero Miguel respetó mi decisión.

    Con ese dinero compre una camioneta vieja, me sirvió para dedicarme al mantenimiento en casas, fue en mi primer trabajo donde conocí a Marisa, resulta que Miguel me recomendó para hacer unos trabajos en casa de los padres de Marisa, él conocía a su padre, un industrial de gran fortuna al que Miguel recurría cuando necesitaba financiar una película. Ella era la más pequeña de su familia, tiene un hermano y una hermana más grandes, le llevan casi cinco años de diferencia, en ese entonces ella con 19 años recién cumplidos era la más rebelde y que más peleaba con su padre.

    Recuerdo como si fuera hoy cuando la vi por primera vez, me encontraba hablando con el padre en su oficina mientras me estaba explicando unos trabajos que me estaba encargando cuando Marisa entra por la puerta y sin importar mi presencia increpa al padre enojada no sé por qué cosa. Estaba impactado por su belleza, unos impresionantes ojos verdes clavaron su mirada en su padre y fueron girando lentamente hacia mí. Cuando nos miramos fue una conexión instantánea, una electricidad fluyó a mi pene para ordenarle que se pare. Trataba de pensar en otra cosa para no pasar vergüenza, pero no podía. Tuve que apartar la vista de sus ojos y agachar la cabeza, pero fue peor, llevaba puesta una minifalda a cuadros, tipo escocesa, parte del uniforme de un colegio privado, veo sus piernas blancas terminar en unas medias azules enrolladas junto a sus pies y esa imagen me la ponía más dura, no me queda otra cosa que mirar a su padre.

    Ella ya se había dado cuenta de su influencia mágica en mí y comenzó a dibujar una sonrisa. Entonces le imploró ayuda a su padre, enojada, le pedía que la ayude con unas cajas que tenía que sacar de unos estantes, el padre me mira y me pregunta si la puedo ayudar yo, claro, le digo que sí, y después que vuelva con él para que me siga explicando sobre el trabajo.

    La acompaño caminando unos pasos detrás, vamos en silencio por un pasillo con una biblioteca a lo largo de este hasta llegar a un cuarto oscuro con una estantería, allí prende la luz y me señala dos cajas sobre el último estante de esta. Me dice que son pesadas y que si se las puedo bajar. No lo dudo un segundo, me subo a un banco y se las alcanzo. Me doy cuenta que por la posición me miraba el bulto de la entrepierna, llevaba puesto un pantalón jean, ni siquiera ajustado, pero ella miraba supongo que por un reflejo normal. Ya con las cajas en el suelo me dice que quiere revisar algo, se pone de rodillas y empieza a revolver adentro de las cajas. Gracias a la minifalda que llevaba le queda el culo al aire y apuntándome, supongo que lo hace a propósito, no puedo quitar la vista del culo, casi dejaba ver todo el ano, sólo lo cubría una tirita muy fina de tela. Fue algo instantáneo, no lo pude contener y esa imagen me hizo acabar en forma instantánea, no lo podía evitar eyaculaba como una fuente, tres o cuatro chorros. Trate de mirar a otro lado pero no pude, sentía el líquido espeso y caliente mojando mi pantalón, me dio mucha vergüenza.

    Ella se para, gira y me mira a los ojos, yo estaba colorado de la vergüenza, ella se sonríe y baja su mirada y ve el jean mojado, mi reacción, fue pedir perdón. Ella sonríe y me apoya un dedo en los labios para callarme, me dice que no es mi culpa, que fue por su culpa y que su papá no podría verme así. Se arrodilla y me dice que no me preocupe que ella me limpia.

    Yo no podía creer lo que estaba pasando, así arrodilla pasa su mano sobre la parte húmeda del jean y lo saborea, luego me lo empieza a desabotonar. Cuando desprende el último botón, mi pene escapa con fuerza y queda apuntando su cara. Sólo le escucho decir algo en voz baja, “que grande”. Lo mira y lo toma con una mano y empieza a chupar todo el semen derramado. Chupa y chupa, la lengua recorría todo, el pene, las piernas, hasta la tela del pantalón. Se lleva el pene a la boca y lo empieza a succionar, yo estaba por acabar de nuevo. De repente se escucha a su padre gritar su nombre por el pasillo dos veces. Ella para de golpe, se levanta y me da un beso en la boca. Sale corriendo a ver a su padre. Yo me acomodo la ropa y algunos segundos después llevo las cajas a donde está el padre, ella ya no estaba, le dejo las cajas en el piso y el padre me mira con una sonrisa, ve la entrepierna de mi pantalón, todavía húmeda y sonríe, no dice nada, pero él sabía que su hija era una puta.

    Así conocí a Marisa, yo empecé a trabajar con su padre y después de un tiempo nos casamos, fruto de esa unión nació Lucrecia, le pusimos el nombre de la madre de mi suegro. Un día si quieren les cuento mi vida con Marisa, ella vive fascinada con mi pene, pero no los quiero distraer de lo que pasó con mi hija Lucrecia.

    Les empecé contando de la pasión de Lucrecia, el dibujo, la pintura, las artes en general, un sutil amor por el arte. Ella es perfeccionista, busca la perfección en lo que hace, el instituto al que asiste es muy exigente, la teoría del arte ocupa casi todas las clases y al igual que los distintas técnicas. A ella no le molestaba la teoría, pero se quejaba de las escasas clases prácticas. Nosotros éramos sus modelos vivos, nos dibujaba todo el tiempo, especialmente a su madre. Un día llego a casa del trabajo y estaba mi mujer acostada desnuda en el sofá del living, me acerco y le meto un dedo en el culo, no me había dado cuenta que estaba Lucrecia a unos metros dibujándola, las dos empezaron a reír, no podían parar, a mi primero me dio mucha vergüenza pero también me excito como hacía tiempo que no me pasaba.

    Marisa es medio exhibicionista, siempre le gustó mostrar el cuerpo, no tiene ningún problema, bueno, yo la conocí así, no me sorprende que quiera modelar para mi hija. Lucrecia aprovechaba de su prestancia, la acomodaba en diferentes posiciones y la dibujaba, yo las miraba a unos metros. Me sorprendió ver a mi hija ponerla en una posición casi pornográfica, le hizo abrir las piernas y le acomodó un dedo sosteniendo los labios de su vulva, me di cuenta lo excitada que estaba Marisa, la vulva está roja y brillosa, muy lubricada.

    A la noche la penetre con fuerza y Marisa pedía más, los dos estábamos prendidos fuego, hacía tiempo que no estábamos así, quedamos agotados. Yo no me podía sacar de la cabeza la imagen del dedo de Lucrecia abriendo los labios vaginales de su madre.

    Estábamos los dos agotados en la cama mirando el techo y Marisa me dice en voz baja, que Lucrecia quería dibujar el cuerpo de un varón y que ella le iba a preguntar a su hermano si quería, por unos segundos quedo en silencio y reacciono. Le digo que ni loco lo iba a dejar, que era imposible que mi hija viese a su tío desnudo. Yo sabía cómo era su tío y de que forma la miraba cuando venía a casa, un parásito que se la quería coger si le daba la oportunidad y eso Marisa lo sabía, así que sabía cómo iba a reaccionar con ese supuesto.

    Tras mi negativa Marisa me confiesa que Lucrecia le dijo que quería dibujarme a mí y que ella le dijo de su hermano porque sabía que yo me iba a negar. Me puso en una disyuntiva, así que sería mejor que yo hablase con mi hija y le explique porque no era buena idea verme desnudo.

    Como todos los días fui a trabajar y no me podía sacar de la cabeza que cosa le diría a mi hija, como la convencería, pero no se me ocurría nada razonable más que alguna razón puritana.

    Cuando regreso del trabajo, ahí estaban las dos, mi mujer desnuda sobre el sofá, con el culo bien abierto apuntando el techo y sentada a su lado mi hija con un block de hojas dibujando cada detalle de su arrugado ano. Apenas me acerco, Lucrecia me encara y empieza a indagarme.

    Lucrecia: ¿Hola Pa, ya te dijo mamá?

    Yo: ¿Qué cosa Lu?

    Lucrecia: ¿No te dijo que necesito un hombre para que modele?

    Yo: Sí Lu, me contó, pero y soy tu papá y no es bueno que me veas desnudo.

    Lucrecia: me dijo que no querías y tampoco que le diga al tío.

    Marisa: Dale Franco, no seas tan vergonzoso, te quiere dibujar, no te la quiere chupar, jajajaja

    Lucrecia: jajajaja

    Yo: Bueno, si quieren me ducho y vengo. Pero todo desnudo, no.

    Me voy a duchar, no podía creer lo que querían, especialmente mi mujer, sabía cómo se ponía. Pero decido seguirles la corriente y me ducho rápido y salgo en calzoncillos.

    Yo: ¡Acá estoy! ¿Dónde me pongo?

    Marisa: Que vivo, te tiene que dibujar desnudo. Sacate todo.

    Yo: ni loco

    Lucrecia: Dale pa.

    Mientras Lucrecia me hablaba por detrás se acercaba mi mujer y toma el calzoncillos de los costados y me lo baja hasta el suelo, queda mi verga colgando delante de mi hija y como son las vueltas de la vida la historia se repite. En voz muy baja Lucrecia dice:

    Lucrecia: Que grande

    Las mismas palabras que dijo Marisa cuando vio mi verga aquella vez en el cuarto.

    Marisa me empuja al sofá y quedo acostado, toma la verga con la mano y la sacude mostrándosela a mi hija.

    Marisa: Mira Lu, como es, vení acércate.

    Lucrecia se arrodilla a un costado del sofá para mirarla de cerca. Pero Marisa ya no podía parar. Mi pene se empieza a poner duro por el manoseo, aunque trato de pensar en otra cosa, pero se me hace imposible. Tira del prepucio para atrás y deja la cabeza al aire, se estaba hinchando ante la mirada de mi hija y el manoseo de mi mujer. Los 25 centímetros estaban a pleno, mi hija se pasaba la lengua por los labios de forma inconsciente. Marisa rompe el silencio.

    Marisa: Dale, toma agarrala

    Mi hija toma la verga con timidez y la mueve de un lado a otro inspeccionándola mientras mi mujer la miraba y se le dibujaba una sonrisa de deseo, lo estaba disfrutando. La pequeña mano de mi hija la hacía ver más grande, yo no podía emitir ninguna palabra, estaba muy excitado.

    Marisa-Dale, chupala

    Mi obediente hija le hace caso a su excitada madre, abre la boca y se lleva la vega a la boca, casi no le entraba, mi mujer la ayuda empujando su cabeza desde la nuca. Puedo sentir la lengua haciendo círculos sobre mí glande, succionaba mientras se quedaba sin aire. Aprieto los puños pero no aguanto más, le acabo en la boca. Cuando mi mujer se da cuenta que empiezo a eyacular, no deja que mi hija saque la pija de la boca, la empuja con más fuerza. Uno tras otro chorro de esperma inunda su boca, le empieza a brotar por las comisuras, acabo con mucha fuerza y por la presión la ahoga de tal forma que sale leche por su nariz, mi mujer empieza a reír mientras Lucrecia, tosiendo, trata de sacarla de la boca. Cuando por fin logra sacarla toma una gran bocanada de aire mientras sigue tosiendo, escupe la leche que no traga. Marisa como un animal se monta sobre mi vega y se la mete con fuerza en su vagina, empezamos a coger delante de Lucrecia, mientras se masturbaba.

    Lucrecia no tardó mucho en pedir que se la meta, yo no me podía negar y Marisa tampoco. Se la meto muy despacio, abriendo su vulva muy despacio con la verga, mientras su madre le chupaba los pechos hasta dejarlos puntiagudos. Cuando ya pude meterla toda la empiezo a sacudir con fuerza mientras grita. Pero necesitaba más, quiere que le haga el culo, que se lo estrene aunque le duela, aunque se lo rompa y lo hago. Mi mujer le empieza a chupar el ano y lo dilata con los dedos, lo prepara hasta que apoya la verga sobre el agujero, empujo con fuerza hasta que cede y muy lentamente puedo entrar en sus entrañas. No paraba de gritar, lo que me la ponía más dura. Cuando ya la tengo adentro literalmente le rompo el culo, aunque el dolor era mucho y corría algo de sangre, ella no paraba de pedir que se la meta bien al fondo. Perdimos la noción del tiempo en esa primera vez, pero quedamos dormidos sobre la cama.

    Los tres disfrutamos del sexo, yo de sus cuerpos y ellas de mi verga.

  • Alumna inocente

    Alumna inocente

    Hola, soy Lili. Tengo 19 años y estudio el cuarto semestre de la carrera de diseño de imagen y sonido. Mi pasión por la edición de videos y las transiciones de audio me trajeron hasta mi querida alma mater, en donde he vivido cosas tanto increíbles como excitantes.

    Hoy les contare una de ellas.

    Para empezar, debo decirles que intento dar mi mayor esfuerzo en todas mis clases, todas son igual de importantes y así lo he visto siempre. O lo hice, hasta que una maestra halago mi trabajo después de presentar mi proyecto final del tercer semestre; dijo que tenía mucho talento y que tanto ella como varios profesores más de la carrera estaban orgullosos de mí.

    Tristemente, aquella maestra a la que quería no volvió a darme clases este nuevo semestre, pero si uno de los que habían visto mi presentación y me habían felicitado por mi resultado. Entonces, empecé a poner un empeño extra en su clase. No lo sé, supongo que quería demostrarle que podía hacer cualquier cosa que me propusieran.

    Hace unos meses, debíamos hacer un proyecto individual que contaría como nuestro examen en aquel parcial. Debíamos hacer los avances necesarios, tantos como fueran posibles, y mandárselos por email para que los revisara, luego él nos citaría en diferentes días para darnos retroalimentación. Mi turno llego un martes o miércoles, durando el almuerzo. Fui al salón en donde él estaba y empezamos a discutir sobre lo que quería dar a entender en la tarea y como sería más efectivo llevarlo a cabo.

    Por alguna razón que no recuerdo muy bien, salió en la conversación que él tenía problemas con los alumnos de segundo semestre; al parecer estos no ponían empeño en nada y no alcanzaban los estándares para pasar su materia. Yo intente hacerlo sentir mejor diciéndole que había gente que no aprovechaba la oportunidad cuando la tenían, pero tarde o temprano reaccionaban y componían sus vidas. De ahí en adelante, el proyecto quedo en segundo plano y comentamos algunas cosas fuera de la materia. Él iba a dar clases a otro grupo por lo que me despedí extrañamente feliz y avisándole que le enviaría las correcciones tan pronto como pudiera.

    En ese momento, la admiración que sentía por él paso a sentirse como algo más, como si hubiera podido hablar con alguien que me entendía y veía potencial en mí.

    De vez en cuando, hablábamos de cosas que no tenían que ver con la escuela, y otras nos centrábamos enteramente en mi tarea. Era una amistad bastante equilibrada imagino yo. Todo parecía ir bastante bien en realidad.

    Hasta el día en que camino de la escuela a una cafetería durante un descanso, varios amigos y yo fuimos asaltados apenas dos cuadras lejos de la escuela. Fue algo horrible y prefiero no entrar en tantos detalles. Solo diré que se llevaron nuestros teléfonos, billeteras y algunas mochilas, la mía incluida.

    Volvimos corriendo a la universidad. Mis amigos estaban asustados pero más que nada molestos, yo en cambio estaba horrorizada. Corrimos con las autoridades del campus y ellos nos ayudaron a calmarnos.

    Un rato después, caí en cuenta de que sin mi mochila y mis libretas estaba en cero. No tenía nada para seguir al corriente en la escuela; esto me desanimo mucho y me decaí más de lo que me gusta aceptar.

    Por días me negaba a irme de la universidad a casa si no venían mis padres por mí o algún amigo me llevaba, tenía miedo de que al salir volviera a pasarme lo mismo. Y prefería estar ahí excusándome de que recuperaba tareas perdidas.

    Un viernes por la tarde, mis clases se habían acabado, pero estaba en la biblioteca a la espera de que mi papá avisara que ya había llegado por mí. Entonces alguien me toco el hombro. Mire a mi derecha y vi a mi profesor -quien olvide decir que se llama Armando-. Me pidió que por favor lo acompañara a su oficina y acepte sin problemas, solo con algo de confusión.

    Llegamos, cerró con seguro y se sentó frente a mí viéndome preocupado. Me dijo que estaba preocupado por mí, que no me veía igual que antes y que en cierto modo le dolía ver a alguien tan brillante desmoronarse poco a poco. Me animo a decirle como me sentía, y termine abrazada a él llorando en su pecho. Al quedar seca, lo abrace un poco más hasta que recibí la llamada de mi padre. Nos despedimos y salí diciéndole que lo vería mañana.

    Gracias al cielo, con los días siguientes fui mejorando. Lo único raro a destacar era que Armando estaba distraído durante mis revisiones del proyecto y a veces cuando quería hablar con él en los pasillos se iba, esquivándome. Aquello me dolió mucho, creí que tal vez lo había molestado mucho y ahora quería volver todo a como antes de que me entrometiera en su vida.

    Un día a la hora de salida, llame a mis papás para avisarles que iría con mis amigos al cine y que llegaría tarde. Estaba por salir con ellos cuando él nos alcanzó y me pidió con tono algo molesto que fuera a su oficina; les dije que los alcanzaría luego y fuimos allá. Como la otra vez, cerro con seguro, pero esta vez me invito a sentarme en un pequeño sillón.

    —Eh, ¿sucede algo?

    —… —se le veía contrariado y algo nervioso. No paraba de pasarse la mano por el cabello; esto me parecía atractivo, siempre lo hacía cuando no encontraba las palabras correctas para lograr decir algo.

    —He notado que lo fastidié mucho por algo en estos días —comente algo apenada. Era extraño hablarle de usted, hace mucho no lo hacía—, así que… perdón por lo que hice. Aunque siento admitir que no sé de qué me estoy disculpando.

    Recuerdo como me vio con algo de sorpresa y suspiro con fuerza antes de girarse hacia mí y verme a los ojos.

    —Lili. Yo estoy pasando por algo… inconveniente, pero aunque te incluye no tiene que ver con algo que hiciste. No tienes que disculparte de nada.

    —Pero, acabas de decir que tiene que ver conmigo. Tengo derecho a saber qué es lo que te pasa.

    Subí las piernas al sofá y me acerque más a él. Logre ver como se sonrojaba y sus ojos se desviaron por un momento a mis piernas. Miro al techo unos segundos antes de recargar un brazo en el respaldo del mueble y acercarse rápidamente a mí.

    Me beso.

    Aquello duro por lo menos diez segundos antes de que se separara y me viera otra vez. Ahora, su mirada era diferente. Veía deseo y ansias, como las de un guepardo a su presa.

    —Tú tienes algo, algo que no me deja pensar en nada mas que no sea en ti. En tus ojos. Tu timidez. Tu inocencia. Así fue al principio, pero ahora no dejo de pensarte de otra manera, como en tus caderas, tus labios, tus… —permaneció callado, pero siguiendo su mirada note que veía mí no tan remarcado escote—. No sé qué hacer para sobrellevar todo esto.

    Lo admito. Estaba entre halagada, y sorprendida. Sin embargo, algo, no sé qué, me animo a pegarme junto a él y volvió a besarlo mientras colocaba mis manos encima de las suyas.

    —Tal vez… aceptándolo y viviéndolo —respondí al terminar de besarlo.

    Volvimos a besarnos por tercera vez. Esta vez mucho más apasionadamente. Me guinde de su cuello y el me tomo de las caderas. Entre leves caricias termino acomodándome sobre sus piernas, donde comenzó a acariciar mi espalda y en donde sentí un bulto bajo sus pantalones.

    Sus manos se colaron bajo mi blusa y acariciaron ampliamente mi espalda hasta mi sujetador. Al sentir que lo quitaban gemí suavemente por la pena; eso pareció encantarle pues sin separar nuestros labios bajo las manos y apretó levemente mis nalgas, consiguiendo que otro quejido se me escapara contra sus labios.

    Intente torpemente de quitarle su camisa, al mismo tiempo el bajaba mi pantalón y admiraba mi braga blanca. Dio una nalgada en mi nalga derecha y un gran gemido se me escapo al mismo tiempo que sentía mi vagina mojarse.

    Me indico que debía empezar a mamarle aquel fierro entre sus piernas. Yo lo veía sorprendida sin poder creer lo grande y parado que estaba; lo lamí tímidamente al principio, dejando hilos de saliva desde la punta hasta mi lengua. Me animo a ir más rápido consiguiendo metérmelo hasta la garganta; luego me pidió que lo pusiera entre mis tetas, lo cual hice y con algo de vergüenza lo masturbe entre estas hasta que se vino y lleno tanto mi cara y pechos de semen.

    Me levanto y me llevo hasta su escritorio donde me cargo hasta dejarme sentada. Tomo mis tetas y las chupo con una desesperación no solo logro excitarme más.

    —Ahh, A-Armando ahhh. Pa-Para, ahhh.

    Mi voz suave y baja parecía excitarlo, pues con cada gemido el aumentaba en velocidad y ferocidad. Luego, me bajo, volteo y me empino dejando mi colita parada. Dio un salto de sorpresa al sentir su respiración en mi sexo, sentía mis mejillas calientes y algo de baba caer de mi boca por lo grandioso que se sentía.

    Gemí con fuerza cuando sentí su lengua recorrer mi vagina a todo lo ancho y en mi interior cuando le metía.

    —Mmm, eres tan hermosa Lili. Tus pechos son tan suaves y tu vagina se moja con tanta facilidad. Mmm, me encantas cariño.

    Me tomo las caderas con firmeza y con cuidado -o tal vez lento para torturarme y hacerme gemir más- empezó a penetrarme el coño, abriéndose paso poco a poco hasta finalmente entrar enteramente y romper mi himen.

    No paso mucho tiempo para que empezara a embestirme con fuerza golpeando sus testículos contra mi trasero. Mis gemidos eran constantes y no paraba de pedirle más con una mezcla de tonos tímidos y seductores.

    Continuamos cambiando varias veces de posición hasta que por fin ambos nos vinimos al mismo tiempo. Terminando ambos en su silla de escritorio, el sentado y yo cayendo en su pene, pues lo estaba cabalgando.

    —Te amo —nos dijimos al mismo tiempo. Antes de lamer nuestras lenguas y empezar otro fogoso beso.

    El tiempo desde eso ha pasado, escribo esto para no olvidar aquello mientras aun lo recuerde tan bien. Admito que empezamos una relación formal, una de las cosas buenas que esto traje es el continuo sexo. Justo como el grandioso trabajo que hicimos anoche y la razón principal por la que escribo esto desde la cama de mi aún profesor totalmente desnuda y con el durmiendo a mi lado.

    Lo mejor que me ha pasado, en la vida.