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  • Mi admirador secreto

    Mi admirador secreto

    Ya lo sé. Soy una mujer mayor. Pero aun así terminé eligiendo esa blusa ajustada, lentes oscuros y una falda bastante corta para encontrarme con ese chico.

    Trabajo como maestra. Desde hace tiempo, al terminar cada clase, estuve descubriendo unos mensajes anónimos en que se me calificaba como “la mejor maestra” colocados debajo de mis carpetas. Al principio me hacían gracias, pero el tono de los mensajes fue cambiando. Ahora se me llamaba “la más dulce y hermosa”. Tras la sorpresa, admití haberme sentido bastante halagada. No porque no esté consciente de mi buen aspecto, sino porque es algo que solo he escuchado de mi esposo en mucho tiempo.

    Llegó un momento en que decidí averiguar de una buena vez quien era el autor de esos anónimos. Tras varias llegadas sin avisar al aula, logré ver al responsable: era Eddie, un joven guapo de dieciocho años, piel oscura y actitud alegre, el que dejaba las notas bajo mis carpetas.

    ¿Por qué Eddie? Nunca ha sido muy notorio en clase. Siempre se le ve respondiendo bien las preguntas y platicando en voz baja con sus amigos en el recreo. No parece del tipo que se ponga a adular a alguna mujer, en especial a alguien mayor que él.

    Sin embargo, un día al terminar la clase, esperó a que me quedara sola para invitarme a salir.

    —No olvides que soy una mujer casada —tuve que aclarar.

    —Es tan solo una salida para conocerla mejor. Le prometo que se va a divertir —respondió sin perder la calma. Así que acepté.

    Lo que no comprendo es por qué elegí vestirme así, de una forma que destacara mi exuberante figura. Era solo un muchacho, y yo alguien con marido. Lo que debo reconocer es que todo el tiempo estuve pensando en su mirada, y en su voz tranquila.

    Nos encontramos en un centro comercial. Vestía informal, pero con buen gusto. Al verme, no pudo disimular su admiración. Me llevó a un café y ahí me preguntó muchas cosas. Lo que me gustaba, lo que hacía en mí tiempo libre y lo que pensaba del mundo y la vida. Su interés era genuino, pues no dejaba de poner atención, a menos que lo ajustado de mi blusa le distrajera. Él demostró ser muy maduro en la conversación, haciéndome reír con muchas ocurrencias.

    La salida fue tan bonita que terminamos intercambiando números de teléfono. Los siguientes días nos mandamos mensajes esporádicos, como sus saludos de buenos días y buenas noches, y unas selfies mías tras haberme maquillado en las mañanas.

    Pero llegó el temido momento en que yo cedí.

    “Puedes visitarme mañana a las cuatro. Estaré sola”, escribí.

    “Genial. Ahí estaré”, respondió unos minutos después.

    La emoción de sus mensajes había reemplazado al tiempo de calidad con mi esposo como lo mejor del día. Por eso terminé rindiéndome a la posibilidad de que pasara algo con ese chico.

    Tal como le pedí se presentó puntual, con la misma gracia al vestir de la otra vez. Yo por mi parte vestía unos shorts blancos y una blusa holgada.

    Le dejé entrar y cerré bien la puerta.

    La plática fue breve. Tras un torpe intercambio de palabras, terminé acercando mi rostro al suyo innecesariamente, y ello derivó en un suave beso por parte de ambas bocas. Sus manos empezaron a acariciar mis sonrosados muslos, y yo hice lo mismo con su rostro moreno oscuro.

    Tras varios minutos de la faena, tumbados en el sofá de la sala, preguntó:

    —¿Entonces, mami? ¿Vamos a hacerlo?

    —Así es —respondí, al descubrir el lado sucio de su actitud, y el cual empezaba a gustarme.

    Lo tomé del brazo y lo guíe hasta mi habitación. Apenas acabábamos de entrar cuando me puso contra la pared y continuó besándome y acariciándome. La sensación de sus manos recorriendo mis pechos y mi trasero fue terriblemente excitante, y el sonido de su respiración no hacía más que disparar mi pasión hasta el cielo.

    Empezó a desabotonar mi blusa, para dejar al descubierto mi busto en un sostén negro. Eso le hizo detenerse.

    —Siempre soñé con acariciar su cuerpo. Me ha encantado desde que la vi. —confesó con algo de timidez.

    —Hoy podrás hacerlo todas las veces que quieras —respondí, y a continuación dejé caer mis shorts. Quedé luciendo mi conjunto de ropa interior negra, uno muy fino que había conseguido hace poco… Pero que estaba estrenando para Eddie. Me alejé un poco y le modelé como lo haría una profesional. Casi le imaginé babeando ante el espectáculo.

    La sesión de besos continuó, pero ahora el manoseo era más intenso. Empecé a desvestirle: ya era tiempo de admirarle a él sin ropa. Lo dejé en calzoncillos, y aproveché para sacar su miembro. Mucho más grande de lo que esperaba. Me agaché y procedí a darle la mamada de su vida. Le oí respirar ruidosamente, como conteniendo un placer arrebatador. Un agradable aroma de semen juvenil inundó mi habitación.

    —Guarda un poco. Vamos a necesitarlo —le aconsejé.

    —Genial —comentó el lindo Eddie.

    Lo puse en la cama y lo dejé desnudo por completo. A continuación, le di el espectáculo de su vida al quitarme la poca ropa que usaba. Me senté sobre su pene, despacio, para que mi enorme cuerpo no le dañara. Noté como la sensación le dibujaba una enorme sonrisa de placer al chico. Procedí entonces a subir y bajar: primero con lentitud, luego a una velocidad frenética, dejando que él me estrujara los pechos con sus manos. Si nunca había probado a una mujer de verdad, en ese momento le di un banquete de reyes.

    Luego me tocó acostarme boca arriba para que él se encargara de atacar mi clítoris. Toda la energía del chico se enfocó en hacerme gemir y pedir más, y vaya que lo logró.

    Se vino dentro de mí. Fue delicioso.

    Ratos después, ambos yacíamos desnudos y viéndonos a los ojos en silencio. No había nada que decir. Todo lo habíamos transmitido con nuestros cuerpos.

    Al llegar mi esposo, Eddie ya estaba lejos. Y seguramente como yo, ya estaba preparando la segunda cita.

  • Inesperada conversación por Whatsapp con mi ex

    Inesperada conversación por Whatsapp con mi ex

    Después de un año de Erasmus en Boston había conseguido trabajo en un pequeño pueblo en el estado de Indiana. El sueldo es mucho más atractivo que en España y me permitía pagar el máster que había cursado y ahorrar dinero. Este trabajo suponía un buen impulso para mi carrera, aunque trabajaba mucho, asique durante un tiempo mi intención era progresar en el trabajo y ahorrar dinero para más adelante volver a España.

    Ayer llegué a casa después de trabajar cuando oí que vibraba el móvil. Se trataba de un Whatsapp de mi ex. Estuvimos saliendo antes de que viniese a Estados Unidos y al principio continuamos, sin embargo, la distancia no es fácil y terminamos rompiendo.

    Ella: No puedo dormir.

    Yo: Es tarde en España, mañana trabajas.

    Ella: Tengo frío en la cama. Cuando estabas aquí me pegaba a ti y te cogía el brazo para que me abrazases.

    Yo: Sabes que no puedo arroparte.

    Ella: Me hacía una bolita pegando el culo contra ti y apretando tu mano contra mi pecho… Siempre te ponías duro…

    Empecé a sentir una presión en el pantalón. Ella vio que había leído el mensaje y que seguía conectado.

    Ella: Empezabas a morderme el cuello y yo me removía como resistiéndome, pero lo que hacía era frotarme contra ti, me gustaba sentirte.

    Ya no pude más y respondí.

    Yo: Yo notaba como tus pezones se iban poniendo duros.

    Ella: Tengo los pezones duros y estoy empezando a tener calor.

    Y me pasó una foto con la camiseta del pijama tirada al lado de la cama.

    Yo: Me gustaba acariciarte alrededor de los pezones que se marcasen bien y pellizcarte la punta.

    Ella: Ummm, sí, me acabo de pellizcar, me tienes muy dura. Después me apretabas la teta con fuerza y deslizabas la otra debajo del camisón…

    Yo: Siempre tenías las braguitas mojadas… pero te hacía esperar, te pasaba el dedo por las ingles mientras tú apretabas mi mano porque la querías sentir ahí…

    Ella: Sí, me volvía loca sentir el roce de tu mano en mi sexo y sólo estaba deseando que posases tus dedos en mi clítoris.

    Yo: Con la otra mano te sacaba el camisón…

    Ella: Sentía tu calor en mi cuerpo un momento, tú siempre dormías sin pijama. Me giraba hacia ti y disfrutaba de la cara de lujuria que ponías al ver mi pecho desnudo.

    Yo: No duraba mucho pues agarraba tu pecho desde abajo y me lo llevaba a la boca. Como me gustaba jugar con tus tetas, llenarme la boca con ellas, tocar tu pezón con mi lengua…

    Ella: Eso me ponía muy cachonda, cada vez que sentía tu lengua en mi pezón solo podía pensar en sentir tu pene con mi lengua.

    Yo: Me mordías el cuello y empezabas a bajar muy lentamente, apretando tu sexo contra mi pierna y rozando tus pezones contra mi pecho. Me ponía mucho sentir tu humedad a lo largo de mi pierna a la vez que lo duro de tus pezones.

    Ella: Umm, me encantaba el roce tu pierna en mientras bajaba y te iba pegando mordisquitos en el cuello, el pecho, la tripa… deseando llegar a tu miembro que sentía tan duro contra mis tetas. Pero yo bajaba lentamente disfrutando de hacerte sufrir, de sentir todo el deseo que tenías.

    Yo: Sí, en esos momentos me moría de ganas de sentir tus labios. Sólo de recordarlo me estoy volviendo loco, llevo un rato que estoy escribiendo con una mano mientras pienso en ti.

    Ella: Me pone mucho que estés pensando en mí mientras me toco. Tengo dos dedos que los estoy chupando como si fueses tú, mientras la otra mano está en la humedad de mi vagina…

    Yo: Recuerdo cómo me la chupabas, alternando el metértela entera con jugar con la punta… Cuando me chupabas la puntita mientras me mirabas con esos ojos de cachonda, yo no podía más

    Ella: Veía tu cara de placer y saber lo que era capaz de hacerte disfrutar y que en ese momento era lo que más deseabas en el mundo… Cuando ya no podías más ponía tu mano en mi cara y me empujabas suavemente hacia arriba. Pero a mí me gustaba llevarte al límite y no separaba mi lengua de ti.

    Yo: Hasta que ya el deseo me volvía más primario, te giraba sin contemplaciones y bajaba para mi lengua se hundiese en tu humedad.

    Ella: Siempre buscaba llevarte a ese punto, que sintieses un deseo animal, que todo tu cuerpo sólo pudiese pensar en compartir placer conmigo.

    Yo: Eres lo único en lo que puedo pensar ahora mismo, en llevar mi lengua a tu clítoris mientras mis dedos exploran tu cueva. Concentrarme en darte placer mientras tus dedos se clavan en mi pelo…

    Ella: Umm, abandonarme al placer y dejarte hacer.

    Yo: Recorrer tus labios, tu clítoris, tu interior… Y saborearte mientras escucho como gimes y tu cuerpo se arquea para recibir el placer.

    Ella: Hasta que te digo que quiero sentirte dentro de mí, mientras clavo con fuerza mis dedos en tu pelo…

    Yo: Me gusta sentirte entregada y no paro de saborearte y tocarte, hasta que ya no puedes hablar, sólo gemir y empiezo a sentir tus espasmos.

    Ella: Sí, haces que me corra de gusto… Y cuando ha terminado el orgasmo me das un beso en donde más me gusta.

    Yo: Después te pones encima y tengo la mejor vista posible, tu pecho desnudo subiendo y bajando con una cara de excitación que son lo más sexy que se puede encontrar.

    Ella: Tanto como ver tu cara de placer, sentir que soy yo quien te está haciendo disfrutar tanto.

    Yo: Empezabas a marcar el ritmo, primero despacio, recuperándote del primer orgasmo, pero poco a poco ibas aumentando el ritmo.

    Ella: Me agarrabas con deseo el culo y me acompañabas en el movimiento mientras iba aumentando el ritmo y me penetrabas al compás. Cada vez más rápido hasta que me apoyaba encima de ti y tú me embestías con un ritmo frenético.

    Yo: Apoyabas tus tetas en mi pecho y tu boca quedaba junto a mi oreja, oyendo tus gritos mientras te llegaba el orgasmo. Después de eso sólo conseguía aguantar a que terminara tu orgasmo antes de correrme yo.

    Yo: Me pones demasiado, me voy a correr.

    Ella: Me vengo. Que te corras pensando en mí me pone mucho. Cuando vuelvas a España quiero jugar contigo.

    Yo: Y yo hacerte gemir.

  • Nuestra amiga argentina y su amiga-novia disfrutando

    Nuestra amiga argentina y su amiga-novia disfrutando

    Hola, bueno, volví a lo que ahora estoy llamando ‘mi diario íntimo’ porque es en el único lugar que cuento todo lo que hago.

    Hoy es sábado, estoy ya sola -Pau ya se fue- y no arreglé nada para hacer, así que les voy a contar un poco más lo que fue esta primera semana de vacaciones, voy a tratar de resumir, si no se va hacer muy largo, y supongo que voy a tener muchas cosas más para contar ¡ojala!

    Con Pau, la pasamos re bien, es decir tuvimos sexo pero todas las noche, menos la vez que estuvimos con el tatuado. Les conté que mi cuarto es el único que está abajo, el resto están arriba, con lo cual estábamos muy tranquilas las dos.

    Con Pau, a veces era un sexo suave, solo besarnos, desnudas, meternos los dedos las dos juntitas hasta acabar, o hacer lo mismo en la ducha, otras veces fue más caliente, hacíamos la famosa ‘tijera’ hasta acabar o terminábamos en un 69, enloquecidas.

    Pero la mejor vez fue cuando mis viejos se fueron a cenar a la casa de unos amigos, y nos quedamos solas, ni bien se fueron, nos metimos en mi cuarto, como siempre empezamos a besarnos, a tocarnos, a sacarnos la ropa, nos tiramos en la cama desnudas, nos sentíamos esa piel suave hermosa que tenemos, nos entrecruzábamos las piernas, nos acariciábamos, estábamos re calientes, hasta que Pau me dice: “rubia, hoy vas a gozar como una putita”, no le digo nada, solo espero a ver qué hace y me quedo en la cama en la posición que estaba, que era boca abajo.

    Saca de su cartera un consolador, la guacha no me dijo que se había llevado ¡juguetes! me lo empieza a pasar por la conchita, por el culo, yo ya me pongo en cuatro y así un rato largo, veo que le pone un lubricante (la guacha se había llevado de todo) y sigue metiéndomelo en la conchita, en el culo, yo ya estaba recaliente, me agarraba de las sabanas, solita me tocaba las tetas, le dije: “forra cógeme, no doy más” y la puta, me lo empieza a meter por la cola, mientras me la besaba, y eso me pone re loca, hasta que me lo metió ¡todo! yo jugaba, con mi cola, la movía, hasta que me hizo acabar como una yegua y a los gritos (como estamos solas aproveché).

    Sé que Pau de solo verme ya estaba caliente, le digo: “lesbianita ponte en cuatro ahora me toca a mí” se pone en cuatro y le empiezo hacer lo mismo, hasta que también se lo empiezo a meter en la cola, me dice: “rubia puta ¡no!, en la cola ¡no!” y le digo: “lesbianita, el otro día te volviste loca cuando te rompieron bien el culo” mientras se lo seguía metiendo, hasta que se lo metí todo, se lo sacaba, se lo metía, se lo sacaba, se lo metía, hasta que termino acabando más que yo, y gritando como una loca.

    Nos quedamos un rato en bolas en la cama, después nos duchamos y así en la ducha enjabonadas, nos empezamos cada una a meter los dedos a la otra hasta que acabamos de nuevo, casi quedamos temblando ¡no dábamos más!

    Nos vestimos, cenamos algo, fuimos al cuarto de nuevo a ver la tele, y empezamos de nuevo, hasta que por tercera vez acabamos otra vez las dos. Esa fue la mejor noche que tuvimos juntas.

    Quedan más cosas para contar, si puedo les cuento después.

  • Mi primer amor: una masoquista

    Mi primer amor: una masoquista

    ¿FANTASÍA O REALIDAD?

    Las calles del centro Coyoacán siempre tendrán un poder para hacerme sonreír como pocos lugares. Su arquitectura singular, la variedad de lugares que visitar y sobre todo su rica selección de antojitos mexicanos lo hacen un lugar imperdible, así como una visita obligada.

    El simple hecho de sentarse a perder el tiempo al cobijo del kiosco mientras se ven las idas y venidas de tanta gente es uno de los placeres de la vida que más de un habitante de la capital mexicana ha disfrutado. Lugar predilecto de tantas, tantísimas cosas que suceden y se pueden dar en la inmensa Ciudad de México. Coyoacán.

    Y ahí estaba yo, degustando uno de los famosos churros rellenos aunado a un sobrevalorado café que había comprado, más por costumbre que por gusto, en una de las esquinas más visitadas de aquél lugar. Bien abrigado, disfrutaba de esas tardes con olor a tierra mojada con la plena certeza de que, en cualquier momento, caería un diluvio.

    Cuando, sin previo aviso y a media mordida, un par de manos nubló mi vista. En un inicio, el pánico se apoderó de cada centímetro de mi ser, al pensar que se trataba de un asalto o peor, de un secuestro. Y a plena luz del día. ¡Dios bendito! Sin embargo, al escuchar un femenino y amigable “¿Quién soy?” no pude evitar soltar un leve suspiro de alivio.

    —Selene —respondí sonriendo. Una amiga de la infancia. Toda una sorpresa.

    —¿Cómo es que puedes saber tan rápido? —Me reprochó sonriente y dejándome verla— Incluso fingí mi voz para despistarte. Y más después de años sin vernos.

    —A ti te reconocería siempre —repuse galante y como recompensa obtuve esa sonrisa que me gustaba tanto y que, hasta que la vi, no supe cuánto extrañaba.

    —¿Qué haces aquí? —me preguntó mientras recibía un efusivo abrazo que no reparé en corresponder.

    —Vengo por trabajo —respondí casi en automático, puesto que, su sonrisa me había deslumbrado. No me di cuenta de que mucha de la gente que había alrededor del kiosco se estaba marchando. Estaba por llover

    —¿En serio? —Preguntó divertida— No pareces muy trabajador ahorita…

    —Terminé mis actividades por hoy, pero me quedan 3 días por delante —repuse un tanto desanimado ante la perspectiva del trabajo que tenía pendiente por realizar.

    —¿Cuándo regresas a Tijuana? —quiso saber. Me volvió a sonreír y mi mundo se detuvo un breve instante.

    —El viernes por la noche —alcancé a responder, aun embobado en ella. Era martes.

    —¿Y por qué no me dijiste que estabas aquí? —me reprochó con dulzura— Si no paso por aquí, probablemente ni en cuenta de que andas en la ciudad. Te cotizas corazón —y el que sonrió fui yo.

    Y sin pedir permiso, Selene hizo algo que me hizo verla de una manera distinta y que, generó en mí diferentes sentimientos; uno imperante: lujuria.

    Se acercó a mí casi como si fuera a besarme. Fue un movimiento natural y desenvuelto, como si lo llevara haciendo siempre, pero en el último momento, cambió de dirección y le dio una mordida a mi churro. Sin embargo, no fue una mordida normal. Había algo más en todo ese movimiento. Quizá fue mi cabeza pervertida que siempre estaba pensando en sexo, pero estoy seguro de que hubo una carga sensual en todo ese movimiento que, incluso, se podría percibir en el aire.

    Todo lo anterior pasó en 3 segundos máximo. Y, aun así, mi entrepierna comenzaba a despertar. La manera en que se acercó a mí, fluida, pero terriblemente provocativa. La forma en que mordió mi churro relleno fue… ¿Cómo explicarlo? Sugerente.

    Probablemente nadie que nos estuviese mirando, no notaría nada raro, pero yo que estaba ahí… fue otro cantar. En retrospectiva, agradezco el tener la mente tan cochina y notar ese tipo de cosas que, quizá sin saberlo, me llevaron a encontrar una joya de mujer, que siempre, siempre estuvo ahí, oculta a mi vista. Reitero, probablemente fueron imaginaciones mías… y aun así…

    —Perdón —se disculpó clavando esos ojos cafés en los míos y alcancé a percibir… ¿Picardía?— es que se me antojó —añadió sonriendo con “inocencia” mientras masticaba.

    —No pasa nada —y le tendí el churro el cual rechazó con un ademán.

    —Sólo quería una mordida —se negó cortésmente.

    —¿Segura? —Insistí— ya no queda mucho. Puedes terminarlo si quieres.

    —Bueno —accedió y en dos mordidas lo terminó.

    Seguimos nuestra plática e intentamos ponernos al día. Cómo nos trataba la vida. Lo cansado del trabajo. Esto y aquello. Aunque, siendo honestos, yo estaba perdidamente embelesado con su belleza.

    Selene fue, algo así como un primer amor. Antes de conocer a Gabriela y caer en la deliciosa vorágine del BDSM, Selene fue, digamos, la primera novia “seria” que tuve. Y fue una relación maravillosa teniendo en cuenta lo que uno piensa y hace a esa edad. Ambos no éramos precoces ni nada por el estilo y lo que comenzó como un “noviazgo de manita sudada”, desembocó en un cariño que difícilmente alguien pueda igualar. Fue algo completamente diferente a la intensidad o el amor que he sentido por diferentes mujeres a lo largo de mi vida… Lo de Selene era algo inocente y puro. Si bien grande e intenso, pero a la vez, tranquilo y que generaba paz. Como un puerto seguro en días de tormenta o un refugio que siempre podía visitar en los días tristes. En resumen, un amor de niños. No lo quiero demeritar con eso; los niños pueden amar de manera muy intensa, pero ese amor no está pervertido por nada. Por eso es que lo consideraría muy especial.

    Siempre mantuvimos contacto, pese a no ser tan frecuente como a mí me hubiese gustado. Mensajes esporádicos y, para ser honestos, declaraciones insinuadas y mutuas de cariño. Quiero pensar que, también proporcionaba alivio y consuelo como ella siempre me lo proporcionó.

    Con ella me di mi primer beso en toda regla y comencé a descubrir, a pequeños pasos, lo bello de la sexualidad. Siempre tímidos, pero seguros el uno del otro. No recuerdo las razones por las que terminamos, pero… bueno… nadie sabe lo que hace a esa edad.

    De todas las cosas que sentía por ella, para mí la más importante era la confianza que le tenía. Me sentía seguro con ella y tenía la certeza de que podía contarle cualquier cosa sin que ella se ofendiese, alarmase o me juzgase. Por ende, éramos confidentes, no sólo de nuestras situaciones diarias, sino también, de nuestras aventuras sexuales, aunque no profundizábamos mucho en el tema.

    Ella fue de las primeras y pocas personas en enterarse de mis exabruptos con Elena (y su hermana) y también me consoló como nadie cuando Gabriela me dejó. Yo también supe de sus desencantos amorosos con los distintos novios que tuvo y también ofrecí el mismo trato. En ese sentido nunca comprendí cómo es que ella, siendo tan bonita, se metía con cada espécimen… que madre mía… y, además, los hombres siempre terminaban poniéndole el cuerno… Joder, teniendo a una hembra así y todavía van y… bueno, así sucede en muchos casos…

    Ella es rubia (güera, como dirían en mi país) y de estatura media. Delgada. Pecho normal, nalga normal. Facciones anglosajonas… y para mí, siempre ha guardado un parecido a dos artistas que, creo yo, son bellísimas: Katherine Heigl y Julia Stiles. Selene, a mi muy particular punto de vista, es un híbrido entre esas dos mujeres… Lamento no poder describirla mejor. Es hermosa. Simplemente atractiva. Bella como pocas mujeres. Y resalta más al ser rubia natural, pese a que, por lo general, se tiñe el cabello de negro.

    Y ahí estaba yo, embobado, escuchándola hablar, perdido en esos labios y esa sonrisa que siempre me atrajeron de una manera paranoica. Ella, quien siempre me quiso y yo, al ser un mujeriego empedernido, no pretendía lastimarla y, por consiguiente, nunca volví a intentar nada con ella, aunque ganas no me faltaban.

    De pronto, un sonoro relámpago interrumpió nuestra amena charla, aunado a una leve llovizna que comenzaba a caer, en preludio a un inminente aguacero. Le propuse ir a un bar o algún restaurante cercano y continuar poniéndonos al día. Imaginé que terminaríamos en La Bipo, un bar que ella frecuentaba casi cada semana, pero, contrario a lo que suponía, me propuso ir a Sanborns.

    —¡Qué poca! —exclamó efusivamente negando con la cabeza. Le acababa de contar mi último fracaso amoroso con una mujer que me había engañado durante 6 meses con otro tipo.

    —Creo que tengo mala suerte en esto del amor —dije intentando restarle importancia

    —Muy mala suerte —sentenció— te debiste de haber quedado conmigo y no andarías sufriendo —añadió, con lo que intuí, era una frivolidad calculada, pero en un tono sugerente

    —Probablemente —solté viéndola a los ojos y ella me sostuvo la mirada —pero ya ves cómo es uno…

    —Ay corazón —suspiró y le dio un sorbo a su café— pues al parecer somos compañeros del mismo dolor.

    —¿Cómo? Pensé que te iba de maravilla con “Pedro” —comenté extrañado, pues lo que reflejaban sus redes sociales y sus tweets indicaban lo contrario

    —Justo ayer me contaron que anda de cabrón, no con una, sino con varias —me dijo con visible enojo —pero aun necesito comprobarlo.

    —¿Cómo? —pregunté confuso

    —Pues sí, no confío mucho en la fuente que me dijo eso —me explicó— igual y sólo me está echando mentiras, pero como que sí tenía la sospecha. Siento que sí, pero tengo que asegurarme —me dijo e hizo algo que nuevamente tomó mi atención. Habíamos pedido cada uno un postre y cuando tomó un bocado del suyo, lamió de manera un tanto exagerada la cuchara. Lo hizo de una manera sumamente sexual y haciendo una referencia implícita a una felación.

    —¿Y cómo piensas hacerlo? —quise saber, aunque mis ojos no se despegaban de sus labios. Me miró y sonrió al notar que observaba completamente embobado su “pequeño” espectáculo.

    —Precisamente por eso te propuse venir aquí —me comentó con una sonrisa sugerente y volviendo a hacer ese gesto tan sensual, consciente de que la observaba y sonrió divertida

    —¿En serio? ¿Por qué aquí? —quise saber, pero no podía separar mi vista de sus labios

    —Me dijeron que lo habían visto en el bar de aquí regularmente los martes con una tipa —soltó con venenosos celos

    —Y quieres que los esperemos… —deduje y ella asintió. Feliz de saberme confidente y de ayuda para ella, sonreí también y pregunté con honesta curiosidad— ¿Qué vas a hacer si lo descubres en la movida?

    —No lo sé —dijo nerviosa y pensativa— me encantaría montarle una escena, pero al mismo tiempo me da hueva… ¿Tú qué harías? —quiso saber.

    —Bueno… —me tomó completamente desprevenido— probablemente no haría nada. Simplemente terminaría con él mañana o en cuanto me busque. No soy tan melodramático.

    —Pues si me está engañando se merece una escena —afirmó con seguridad

    Continuamos conversando sobre nuestras vidas. Reímos, bromeamos y nos coqueteamos como siempre lo habíamos hecho; sin embargo, había algo diferente en esta ocasión, puesto que ella seguía teniendo esos gestos de provocativa sensualidad. Al poco rato, sin avisarme, se levantó como un relámpago y corrió hacia el bar.

    Un diluvio de insultos estalló justo cuando me traían la cuenta y decidí permanecer sentado y al margen de la situación. Sonriendo para mis adentros, me adelanté hacia el bar y me divertí escudriñando la escena que Selene tanto quería hacer, dispuesto a intervenir si la cosa se ponía fea. De pronto, un sentimiento de celos me invadió tan profundamente que no cabía en mí. Confuso, intentaba darle sentido a tan súbita intervención de mis adentros.

    Justo cuando le asestaba una sonora y certera cachetada al imbécil aquél, comprendí todo. Me sentía celoso del tipo. Me sentía celoso de que pudiera generarle tanta furia, celos y cariño a una mujer como Selene. Compartía su dolor, pues yo aún lo experimentaba y seguía sin comprender cómo es que, teniendo a una mujer como ella, necesitaba buscar en otros brazos lo que bien tenía con mi amiga.

    Me considero fiel partidario de la monogamia y defensor a ultranza de exclusividad en la pareja; no obstante, si hay consenso, mucha perversidad y una confianza inconmensurable entre ambos, sería feliz de incurrir en la poligamia, la infidelidad consentida y los intercambios. Si no existe nada de eso, mejor ni rozar las posibilidades.

    Selene caminó hacia mí, hecha una furia. Le tendí su bolso, ella lo tomó con todo el melodramatismo posible y se dirigió con paso decidido hacia la salida, dejándome plantado y sin mirar atrás. La mujer que venía que el imbécil estaba paralizada de la impresión y el tipo seguía sobándose la mejilla, también incrédulo de la situación. Después de un par de segundos, seguí a Elena.

    Cuando salí del edificio aun llovía a cantaros. Selene estaba, bajo la lluvia con los brazos extendidos y mirando hacia el cielo, completamente ajena a los pocos transeúntes lo suficientemente valientes para aventurarse en semejante diluvio baja la exigua protección de un paraguas. Tentado por lo elevado de los sentimientos y la situación me uní a ella, aunque no hice nada, salvo permanecer a su lado. Ella me miró y sonrió, histérica y sincera. Le devolví el gesto y, sin esperarlo, me besó.

    Fue uno de los besos más extraños y singulares de toda mi vida. Aunado al cliché que estábamos ejemplificando, mi mente viajó en automático a la primera vez que nos besamos. A aquella noche de viernes que habíamos compartido en una feria local y que culminó en el garaje de su casa, a la luz de la luna, con una serie de besos. Nuestro primer beso.

    —¿Te estas quedando con tu papá? —me preguntó cuándo rompimos el beso

    —No, estoy en un hotel, porque tengo que comprobar gastos y… —pero la sonrisa que me dedicó me dejó mudo de excitación. Fue una sonrisa completamente sugerente y, ahora sí, no me cabía duda de lo que significaba.

    —Vamos a tu hotel —dijo con una tranquilidad pasmosa y, aun así, con una carga sexual implícita.

    —¿Estás segura de que es lo mejor? Entiendo que estás vulnerable ahora mismo y… —comencé a decir, aunque a cada palabra que decía me arrepentía por completo, puesto que todo mi ser ansiaba intimar con ella.

    —Pablo —me interrumpió y me miró a los ojos con furia y autoridad. Callé —vamos a tu hotel— sentenció y al instante, le tomé de la mano y nos subimos al primer taxi que encontramos.

    Un silencio tácito impregnó el ambiente durante los 10 minutos del trayecto y en cuanto la puerta del elevador se cerró, me acerqué a ella en un intento audaz de besarle, pero por alguna razón desconocida, me contuve. Todo terminó en una serie fugaz y tímida de pobres “kikos”.

    Estaba aterrado. No sabía qué hacer. Un sinfín de sentimientos se arremolinaban en mi interior y aunque me estaba dejando llevar por la situación, tengo que reconocer que no era dueño de ella. Distaba de serlo y, reitero, no sabía qué hacer. Me encontraba terriblemente paralizado.

    La experiencia acumulada se me estaba escapando de las manos y toda la reputación de mujeriego estaba siendo sustituida por el niño que le aterraba dar un mal beso. Por otro lado, mi morbo estaba a mil por todo aquello, además de que estaba a punto de coger.

    Cuando entramos a mi habitación, me quedo embobado viéndola caminar sensualmente de espaldas y admiré sus nalgas. Ella dejó sus pertenencias en una mesita. Se volvió hacia mí, con una expresión que me era difícil descifrar.

    —¿Qué estás esperando? —me pregunta desabrochándose la empapada gabardina que traía puesta

    —No lo sé —respondí con toda honestidad, aun sin creer o concebir la situación en la que me encontraba. Estaba clavado en el suelo y no podía moverme de la impresión. Tenía miedo de arruinar todo y al mismo tiempo, quería dar rienda suelta a mis instintos.

    —Eso —me dice avanzando lentamente hacia mí, mientras se quita los zapatos y calcetines y desabrocha su pantalón— siempre me ha emputado de ti

    —¿Perdón? —pregunté, sorprendido del comentario, el cual me descolocaba

    —Que me cagas muchísimo —me dice tranquila mientras me rodea con sus brazos el cuello— MUCHÍSIMO

    Me besa como debí de haberla besado en el elevador. Me introduce la lengua hasta la garganta y juega con ella. De pronto siento una de sus manos bajar por mi espalda para poco después agarrar descaradamente una de mis nalgas y aquello fue como un resorte. Uno físico y emocional.

    Di un pequeño respingo y ella sonrió sin apartar sus labios de los míos. Pero eso me ayudó. Fue como si un chip cambiara en mi cerebro. Al instante la rodeé por la cintura y fui yo quien la besé, pese a que seguíamos jugando con nuestras lenguas. Mis manos recorrieron fugazmente todas sus zonas íntimas, mientras casi le arrancaba la blusa. Comencé por comerle el cuello mientras amasaba con brío su culo. ¡Qué delicia! Tenía unas nalgas hermosas. Redondas y bien formadas. Cuando mis labios y mi lengua estaban por devorar sus tetas me despegué de ella y la observé con lujuria, para con rapidez, despojarme de la camisa que traía.

    Sin apartar mis ojos de los suyos, también me bajé el pantalón y el bóxer en un solo movimiento, dejando mi miembro al aire, ya inhiesto.

    —No estás tan gordo como dices —me soltó con una sonrisa de verdadera lubricidad y se acercó a mí mientras desabrochaba su bra y me dejaba verle el pecho— Gordo esto —comentó elocuentemente tomando mi verga con una mano y volviéndome a besar

    Su mano me comenzó a masturbar con una deliciosa desesperación. La tomé por la cintura nuevamente y al poco tiempo de un buen morreo, la empujé con brusquedad a la cama, en la cual cayó con un gemido y risas. La despojé de su pantalón y su tanga en un solo y fluido movimiento y ante mí se presentó una imagen digna de un retrato: Selene, desnuda.

    La misma Venus no podría estar más magnífica, más hermosa. Incluso las actrices a las que se parecía jamás igualarían la belleza que mis ojos tenían el privilegio de admirar. Era perfecta. Sus pechos eran pequeños, pero divinos. Todo en ella me parecía tan grandioso que me creía morir.

    Levantó ligeramente una de sus piernas, dejándome ver una hermosa mata de pelo que cubría la vagina más bella que hubiese visto jamás. Perfecta, simplemente perfecta. Me enardeció más aun su gesto de promiscuidad y me abandoné a mis instintos. Lo cual representaba un riesgo, debido a mis tendencias…

    Le abrí las piernas con brusquedad y hundí mi cara entre sus muslos, pues moría por probarla. Sus jugos eran deliciosos y cuando di el primer lametón ya estaba empapada. Con mis manos separé más sus labios y me apliqué a disfrutar y que ella disfrutase de mi lengua. ¡Qué delicia! Selene gemía dulcemente ante el oral que le estaba dando. Con una de mis manos, subí para amasarle una teta y jugar con su pezón, mientras que, con la otra, subí un poco su cadera con la intención de lamerle el ojete.

    Ella se dejaba hacer y eso me agradaba mucho, más porque, de vez en cuando, mordía con fuerza su clítoris o pellizcaba de más sus pezones. Selene no sólo soportaba aquello, sino que gemía más. Alternaba su culo con su concha, aunque me detenía más en la última y estuve así cerca de diez minutos. Cuando la sentí próxima al orgasmo, me separé de ella y le ordené que se pusiera a 4. Cuando lo hizo, me demostró que sabía lo que hacía.

    Normalmente, cuando una mujer se coloca en esa posición, no lo hace bien. Reitero, normalmente. Simplemente se ponen de espaldas, cuando lo que, la mayor parte de los hombres quiere es que se expongan completamente y eso se logra, no sólo poniéndose en 4, sino, levantando el culo, exponiendo los agujeros. Inclinando la cabeza más hacia abajo y las nalgas hacia arriba. Selene hizo precisamente eso.

    Me expuso su culo, colocando su cabeza completamente en la cama, levantando la cadera lo máximo posible y sacando las nalgas. Era completamente obsceno y eso me excitó bastante más, si cabe. Abandonado como estaba, no pude evitar soltarle dos buenas nalgadas en ese precioso par de blancas nalgas.

    La penetré en el acto y casi me pasa desapercibido que ni se inmutó por los golpes que le propiné. Cuando le solté un par más, le escuché un leve gemido. Al instante, aumenté de manera progresiva el ritmo de mi penetración mientras le soltaba, de cuando en cuando, una sonora nalgada. Ella gemía como una puta. Nunca me dijo nada, ni me impidió que la siguiese golpeando y eso hizo que me embargara la calentura a niveles que creía olvidados.

    Mis embestidas eran fuertes y rápidas. Sus nalgas ya se habían tornado un poco rojas, de tanto golpe, pero la humedad de su vagina y sus gemidos me indicaba otra cosa. El sonido que hacía mi verga cuando entraba y salía, aunado al choque de mi pelvis con su culo era sumamente morboso. Desgraciadamente, no aguanté más que cinco minutos y cuando estaba por venirme, se la saqué para eyacular sobre sus nalgas.

    —¿Por qué no terminaste adentro? —me preguntó sin moverse de la posición en la que estaba

    —No quiero embarazarte —le respondí jadeante

    —Puedo tomar la pastilla del día siguiente —repuso y sonriéndome me miró— así que quiero que me llenes de leche cabrón

    Caí rendido a su lado y ella se recostó junto a mí, respirando agitadamente. La rodeé con mis brazos por la cintura y la atraje hacia mí. La besé como ella me había besado.

    —¿No te molestó que te nalgueara? —le pregunté cuando nos hubimos tranquilizado

    —No —me dijo acariciando mi pecho de una manera dulce

    —¿En serio? —pregunté, aun incrédulo, aunque sus acciones me habían revelado que era honesta

    —En serio —me dijo y cuando notó que me sentía un poco incómodo agregó— me gusta eso del sadomasoquismo

    Aunque cuando lo dijo sonó completamente honesta y lo que había pasado hacía un rato me indicaban que así era, no me lo creí. Precisamente mi amiga de la infancia, mi primera novia, mi primer, primer amor, era afín a mis tendencias. Era algo que, sinceramente, no parecía real. ¿Acaso ella sabía que a mí me gustaba todo esto? Nunca se lo confesé ni mucho menos se lo insinué. Sin embargo, ella me soltaba esto y, una parte de mí recelaba.

    —No te creo —le dije intentando reprimir una sonrisa de júbilo

    —¿Me quejé de tus pequeños golpes? —repuso con altives— No sabes muchas cosas de mí

    —Aun así, no te creo —le expresé renuente a concebir tanta ventura— No me lo puedo creer

    —¿Por qué? —quiso saber, extrañada

    —Porque —suspiré y me aventuré a desnudarle mi alma, la cual es, demasiado oscura y retorcida— A mí también me gusta todo eso del bdsm

    —¿De verdad? —me miró sonriente y soltó una carcajada larga. Histérica.— ¿Dominar o ser dominado?

    —Dominar —respondí al instante— ¿Tú?

    —Que me dominen —respondió con una sonrisa que adiviné honesta y me miró con una complicidad que no había compartido con nadie en mucho, muchísimo tiempo— aunque no me molestaría probar cambiar el rol

    —¿Qué te gusta que te hagan?

    —Que me amarren —me dijo pegándose a mí y sin dejar de acariciarme— que me peguen con una fusta o con el látigo. Que me derramen cera caliente. —en ese momento se sonrojó y hundió su cara en mi pecho— también que me ahorquen

    —¡Wow! —me dejó completamente sin palabras, pero terriblemente excitado. Mi verga comenzaba a crecer nuevamente

    —¿A ti qué te gusta? —me preguntó aun oculta en mi pecho

    —Me fascina azotar culos e infligir dolor físico —le expuse— Obviamente siempre con cierto cuidado, pero también con descuido calculado, si sabes a lo que me refiero. Me gustan las guarradas y las asquerosidades. Me gusta que me obedezcan y que sean pervertidas. Masoquistas. Me gusta el voyerismo y el exhibicionismo. Humillar. No soy nada bueno en eso del bondage, pero aprendo rápido. No le hago el feo a nada, excepto a unas cuantas cosas, la principal es la zoofilia

    —A mí tampoco me gusta eso —me aseguró

    —De ahí en fuera, creo que todas las filias me excitan, aunque no he probado ni la mitad de ellas —como no respondía nada agregué— eso sí, siempre tiene que haber consenso, si no, un polvo vainilla.

    —En eso estoy muy de acuerdo —comentó despegándose un poco de mí y regalándome un beso— Yo no sé si me guste todo lo que a ti, porque he probado poco

    —¿Tuviste un amo? —pregunté

    —Sólo uno, aunque no era un amo como tal —me contó— Era mi novio, pero me dominaba. Sabía mucho de bondage y me ataba. Fuimos a clases y todo. También me pegaba y demás. Cera, fusta y todo eso. Me encantaba.

    —¡Joder! ¡Qué loco! —respondí y me besó con ternura; comenzó a masturbarme lentamente mientras yo sobaba su trasero cubierto de mi esperma. Pasados un par de deliciosos minutos de aquellas caricias añadí— ¿Por qué coqueteaste conmigo hoy?

    —Es obvio, ¿no? —Me dijo con soltura— me gustas y mucho y siempre me rechazas…

    —Porque siempre estoy con novia o tú tienes novio —le interrumpí a la defensiva

    —¿Y eso qué? Eres tú —me dijo y saber el peso de esas palabras me hizo querer llorar de felicidad— Me vale madres si soy la otra o yo corneo al que esté en turno, a ti jamás te diría que no a nada que me pidieras.

    —¿A nada? —repuse, pero con una carga explícitamente sexual y pervertida

    —No Pablo, a nada, ni en la cama ni fuera de ella —sentenció un tanto perversa y un tanto en serio y aquella declaración casi me hace estallar en un orgasmo, no por lo sexual, sino por la muestra de amor que significaba

    —¿Y si te digo que te quiero machacar las nalgas a golpes? —le dije sobando y amasando fuertemente sus nalgas

    —Pues hazlo —me dijo sacando el culo— creo que está más que claro que compartimos gustos y ambos estamos más que dispuestos.

    —¿Estás segura? —Pregunté soltándole una pequeña nalgada, pero asintió— Porque no sólo quiero molerte las nalgas…

    —Pablo, haz lo que se te de tu pinche gana —me sentenció segura— Tu ordena, yo obedezco

    —¿Tienes palabra de seguridad? ¿Alguna prohibición o algo que no toleres? —pregunté, incorporándome

    —Normalmente te diría que sí, pero hoy no quiero nada de eso —dijo estirándose un poco y observándome con perversidad— quiero ser completamente tuya.

    —¿Y si me paso? —pregunté con cautela

    —Pues pásate —respondió resuelta— Aunque, conociéndote sé que no te vas a pasar

    —Hay mucho que no conoces sobre mí —repuse con ironía, imitando lo que ella me había dicho

    —Pues déjame conocerlo —me retó

    —No me lo puedo creer —comenté. Ella se incorporó también y me abrazó. Ambos de pie, nos besamos como dos enamorados… y lo éramos, desde siempre. Desde hacía más de diez años. Se despegó de mí y me miró con decisión.

    —¿Qué quieres que haga? —me preguntó

    —Que te cases conmigo —respondí honesto y ella sonrió.

    Cuando se acercaba para besarme otra vez le crucé el rostro con un buen golpe, que la tomó completamente desprevenida. Fue uno fuerte. Le volteé completamente la cara.

    Sin darle tiempo a reaccionar, la tomé por el pelo y jalé para levantarle el rostro de manera brusca y le metí la lengua en la boca. Ella correspondió el beso. Con la otra mano, tomé uno de sus pezones y lo retorcí con verdadera saña. Selene gimió de dolor, pero me seguía besando. Por otro lado, yo estaba comenzando a perder los estribos, loco de excitación, como no había estado hacía tanto tiempo. Me sentí libre, pero, sobre todo, genuinamente feliz.

    La obligué a hincarse, aun manteniendo su cabello firmemente agarrado en mi mano y ella comprendió al instante que era lo que tenía que hacer. Sin yo ordenar nada, Selene se insertó mi verga hasta la garganta. ¡Por Dios! En verdad tenía que casarme con ella. Vaya mujer…

    No le costó mucho trabajo, debido a que no la tengo tan grande, pero fue delicioso. Había olvidado lo bien que se siente que una mujer se trague por completo tu miembro. Y ella lo hizo con maestría. Dejé que ella hiciera su trabajo y vaya que lo hacía divinamente. Mamaba como una profesional y recorría cada centímetro de mi verga con su lengua y sus labios. En breves momentos, bajaba más y me lamía los huevos con delicia. Me miraba cuando lo hacía y aquella mirada de pervertida feliz me enardecían inmensamente. Después regresaba y se volvía a introducir mi verga hasta el fondo, permanecía ahí unos segundos y se retiraba, lentamente. La besaba, escupía en ella. Lo volvía a hacer.

    Yo estaba en la gloria. Literalmente en la gloria. Hacía un trabajo fenomenal, pero quería follarle la boca. La dejé hacer durante unos cinco minutos, porque en verdad era una excelente mamada, pero la jalé fuertemente del cabello y le ordené que abriera la boca. Ella lo hizo obscenamente, consciente de lo que estaba por venir. Le introduje mi verga, nuevamente hasta el fondo y la dejé ahí un poco más de tiempo. Ella tosió e intentaba apartarse, pero la tenía firmemente sujeta. Cuando consideré conveniente, la retiré y casi al instante la volví a clavar hasta la garganta. Comencé a moverme, manteniendo firme su cabeza. El notar que ella estaba llorando por todo aquel esfuerzo, pero que seguía ahí, abriendo la boca, ya sin ninguna resistencia, sumisa a cualquier cosa que yo quisiera, casi me hace estallar en un orgasmo.

    La dejé respirar y descansar unos buenos diez segundos y acerqué mi miembro nuevamente a su boca, la cual abrió al instante. Se la clavé lentamente de nuevo hasta que su nariz chocó con mi pubis y la mantuve así por unos segundos, durante los cuales, le volví a soltar tres sonoras cachetadas, que le hicieron soltar más lágrimas y gemir de dolor. Le volví a follar la boca durante otros cinco minutos y 6 cachetadas más, que Selene aguantó estoica. Aunque ya no sonreía, seguía en pie de guerra.

    Le solté la cabeza, pero le acerqué mi miembro nuevamente y ella comenzó a mamar nuevamente, como lo hizo al principio. Estaba por venirme y cuando bajó a lamerme las bolas, volví a tomarle la cabeza y bajé un poco más, con la intención de que fuera, ahora ella, la que me lamiera el ojete, intentando ver hasta qué punto lo que decía era verdad.

    No se detuvo. Al contrario, lo hizo más ávidamente. Mi excitación y felicidad crecían cada vez más. La retuve en mi ojete un rato, disfrutando de las sensaciones del beso negro, para después regresarla a mi verga. La dejé unos instantes más y la hice parar.

    Tomé nuevamente con rudeza su cabello y la hice incorporarse, para besarla. Nuestras lenguas jugaron unos buenos veinte segundos. Me despegué de ella y la observé: tenía la cara roja y llena de lágrimas, el rostro congestionado y el pezón que había retorcido se notaba irritado. Su mirada me retaba a seguir y no la hice esperar. La volví a empujar hacia la cama para cogerla en posición de misionero. Se la clavé de una y al instante comencé un ritmo frenético.

    Ambos gemíamos y la besé. No podía dejar de besarla. Era sumamente adictivo el sabor de sus labios, de su saliva. Me despegué un tanto de ella, para literalmente estrujar con ambas manos sus pechos. Ella sonrió. Estaba por venirme a cada instante, porque coger con ella era delicioso. Hacía tantísimo tiempo que no tenía a una mujer así. Además, notaba como su vagina se contraía, tratando de exprimirme y aquello era delicioso.

    Estaba dubitativo sobre intentar algunas cosas más, pero sólo me decanté por una. Mientras apoyaba mi peso sobre una de mis manos, dirigí, aun inseguro, la otra a su cuello. Le miré intentando preguntarle si podía hacerlo y ella simplemente asintió. Apreté, quizá demasiado fuerte, pero ella aguantó todo. Jamás había hecho algo así, con nadie y la sensación me gustó. Tenía su vida en mis manos y ella me la estaba ofreciendo. Cuando noté que se estaba quedando sin aliento, la solté para permitirle respirar y lo hizo, entre gemidos. Yo la seguía penetrando, aunque no separé mi mano de su cuello. La dejé recuperar el aliento y volví a apretar. Notar su rostro contraerse por la falta de aire mientras la taladraba con fuerza era una combinación ganadora. Era como coger con una muñeca de trapo. Sublime. Dejé que se pusiera roja y volví a soltar. De pronto, sentí un chorro de flujo inundar mi verga y mi vientre. Al instante ella gemía como loca, presa del primer orgasmo de la noche y sonreí como un niño. Le dejé disfrutarlo unos instantes, para después volver a ahorcarla. Justo cuando se comenzaba a poner roja de nuevo, yo estallé en el mío. Aunque ya me había venido una vez, aquél orgasmo fue muy intenso y puedo asegurar que solté más leche que en el anterior.

    La vista se me nubló y nuevamente caí rendido a su lado, jadeando como un perro. Ella gemía aún y tosía de repente. ¡Vaya orgasmo! Sin ánimo de ser repetitivo, hacía mucho tiempo que no me venía de esa manera. Todas las sensaciones, tanto nuevas como las ya conocidas se combinaron para culminar en una muerte chiquita. Simplemente brutal.

    —Te amo —le escuché susurrar aun entre gemidos

    —Yo también —le dije y me volví hacia ella, para observarla. Estaba hermosa, aunque lastimada por mí.— Disculpa si te lastimé

    —Ese es el punto —me soltó volviéndose hacia mí. Me sonrió.— Me hiciste venir muy rico

    —Y tú a mí —le conteste sonriendo, incapaz de expresar la magnitud de mi orgasmo.— Perdona si me pasé…

    —No corazón, no te pasaste en nada —me aseguró tomando mi mejilla y acariciándola con amor— de hecho, creo que te contuviste

    —Un poco —admití, pero sólo en algunos momentos, puesto que en otros si me dejé ir y sentí que me había pasado

    —Pues no te contengas —me instó feliz— de todas formas, no creo que te pases conmigo y si lo haces ya me lo repondrás de otras maneras

    —¿Cómo cuáles? —pregunté con una sonrisa en los labios

    —No lo sé, pero espero averiguarlo —dijo con una pregunta claramente establecida

    —Quiero que seas mi puta

    —No —sentenció con rotundidad

    —Acabas de serlo —objeté

    —Ya lo sé

    —¿Entonces? —pregunté

    —No quiero ser tu puta —reiteró con verdadera decisión y una expresión que me confundía, pues estaba sonriendo

    —No entiendo

    —En primer lugar, Pablo —me dijo un tanto impaciente— no quiero ser SÓLO tu puta y espero que ésta no sea un pinche acostón de sólo una noche

    —Oh, por supuesto que no —le dije tranquilizándola y entendiendo— Después de todo lo que nos hemos dicho a lo largo de los años y después de lo de hoy… ¿Cómo crees que me voy a ir y dejar semejante joya? Te quiero a mi lado.

    —¿Crees que soy una joya? —me preguntó sonriendo nuevamente

    —Mucho más que eso. Si antes estaba enamorado de ti, ahora lo estoy más —le aseguré y la atraje más cerca de mí— Hace mucho que no disfrutaba así del sexo con alguien. Y quiero seguir disfrutándolo

    —Yo tampoco —combino y me besó. Tiernamente, dulce, con amor.

    —Además, tú también puedes hacerme lo que quieras —le aseguré— Absolutamente lo que sea

    —Ajá si, como no —soltó incrédula

    —En reciprocidad, yo me comprometo a ser tu puto

    —Eso suena mal —dijo riendo, aunque aun acariciándome y mirándome a los ojos

    —Ya lo sé, pero quiero que entiendas que esto es completamente recíproco —le expliqué— Lo que yo te haga a ti, tú lo puedes hacer conmigo. Absolutamente todo y más

    —Lo dudo —volvió a decir

    —Es en serio —le aseguré de nuevo— Mujer, tú puedes violarme si quieres o si prefieres que cambiemos de rol, también estaría feliz de hacerlo.

    —¿Neta? —preguntó sonriente, aunque con cierto recelo. Noté un brillo en su mirada.— ¿Me dejarías ser tu ama? ¿Torturarte, azotarte, humillarte?

    —Por supuesto. Nunca lo he hecho, pero la idea me atrae y quien mejor que tú para hacerlo.

    —No te creo

    —Es neta. De verdad. Soy enteramente tuyo —le aseveré con rotundidad —así que, ¿Qué me dices?

    —Si es sólo en la cama, sí —convino y me plantó un “Kiko”— A mí me tratas bien fuera de ella

    —Selene, me conoces perfectamente —le dije— ¿Crees de verdad que te trataría así fuera de la cama?

    —Nunca está de más asegurarse —me dijo sonriendo— Además, creo que ya te demostré que soy tu puta

    —¿Quieres ser mi novia? —le pregunté

    —Por supuesto que si

    Nos besamos nuevamente y aunque sentía que ella se retiraba, no se lo permitía, porque sus besos eran deliciosos. Podría estar pegado a sus labios siempre. Toda la vida, hasta que mi boca se quedase seca.

    —Selene, me quedan, como mucho dos erecciones más antes de que mi verga ya no pueda más. —le comenté rompiendo los besos que no habían cesado.— Tienes una vagina deliciosa mujer, pero quiero probar tu culo

    —Pues serás el primero —me dijo y yo no podía creer lo que mis oídos escuchaban.

    —¿No has cogido por el culo? —pregunté atónito ante semejante oportunidad

    —Mi novio, con el que hacía todo esto, lo intentó una vez —comentó con una tranquilidad pasmosa que me hizo enloquecer de placer— pero no lo logró.

    —Entonces, ¿eres virgen de ahí? —volví a preguntar, aun incrédulo de aquello

    —Si —me aseguró— pero si quieres lo dejamos para otra ocasión, porque no me preparé bien para eso

    —¿A qué te refieres? —inquirí, curioso

    —Pues que probablemente lo tengo sucio por dentro

    —¿Y?

    —¿No te molesta que me la metas y te salga llena de mierda? —preguntó con obviedad

    —Por supuesto que no

    —¿Y las enfermedades? ¿Todo lo que te puedes contagiar?

    —Selene, tu puedes cagarte en mi cara y yo sería feliz de comerme tu mierda —le espeté con plena seguridad para hacerle entender que estaba hablando en serio

    —Estás loco —me dijo alejándose de mí— ¡Qué asco!

    —¿Por qué? —Quise saber— Lo entiendo si fuese al revés…

    —Aun así —me soltó con cierta aberración

    —¿Eso quiere decir que no me vas a dejar cogerte por el culo? —pregunté un tanto ofendido por tan tonto pretexto. Si bien la coprofagia no me atraía tanto, en ese momento, estaba demasiado caliente, demasiado fuera de mí. Me encontraba terriblemente excitado

    —Claro que te voy a dejar, pero hoy no.

    —Ya te dije que no me molesta eso —aseveré y al ver que ella no cedía— es más, si no me crees, pues déjame limpiártelo con mi lengua

    —De verdad que estás enfermo —me dijo, pero podía percibir el conflicto dentro de ella. Al final, tras un par de minutos de meditación, me miró con una sonrisa— pero va

    —¿Va qué? —Pregunté— ¿Lo de coger o lo de limpiarte?

    —Lo que quieras Pablo —suspiró— lo que pinches quieras. Si me quieres coger, hazlo. Si me quieres limpiar, hazlo. Esta noche soy tuya. Haz lo que quieras conmigo. Ya te lo dije, tu ordena yo obedezco.

    —¿Sólo esta noche? —pregunté feliz

    —¡Ya cállate y vamos a coger! —me espetó sonriendo y me besó.

    Feliz de su disposición, me retiré de ella y me senté al borde de la cama. Le ordené levantarse y colocarse frente a mí. Besé su vientre y aspiré con embriaguez su delicioso olor. A hembra caliente. Amasaba sus nalgas mientras la cubría de besos. Le solté dos buenas nalgadas que, al parecer, no sintió.

    —Antes de cogerte por el culo, me muero por azotarte como se debe —le dije y la fui inclinando poco a poco hasta colocarla en la posición en que, hacía mucho tiempo, los padres castigaban a sus hijos por alguna travesura, con sus nalgas a mi disposición— Yo sé que te gustaría que tuviera una fusta o un látigo, pero yo prefiero hacerlo con la mano. Y voy a ser duro. ¿Está bien?

    —Deja de preguntar si puedes hacer algo o no —me espetó— ¿Qué parte del soy tuya no has entendido?

    —Nunca está de más asegurarse —le respondí lacónico, imitándola.— Pero si es así la cosa, te advierto que no voy a parar hasta que esté satisfecho y después te voy a romper el ojete

    —Pues pa luego es tarde corazón —me dijo sacando un poco más las nalgas

    Embriagado de felicidad y con la verga más dura que nunca, descargué el primer golpe…

    CONTINUARÁ…

    Te he mandado mensajes y no me respondes, incluso te mande un mail a el de la “chiquis”… no sé si siga siendo el tuyo…

  • Ada, madura enculada

    Ada, madura enculada

    Hace ya algunos años salí a beber con un amigo a un bar, conocimos dos mujeres que estaban igual que nosotros tratando de pasar un rato diferente, de beber algunas cervezas, bailar y pasarla heavy. Entablamos conversación, bailamos, en fin hicimos buena dupla. Mi amigo vivo, agarró a la más joven y me dejó a mí a la más madura que igual estaba muy bien parada. Se llama Ada, de unos 45 años, bella y muy sexy. Esa noche no pasó nada, solo nos conocimos, yo les mandé algunas indirectas y ya tomados, ‘usted se imagina como se coloca uno…’ ella accedía y hasta unos besos ricos nos dimos. Tomé su número y decidimos vernos unos días más adelante.

    El fin de semana vino y la llame, la convencí a que fuésemos a un hotel a pasarla rico ya que las ganas que le tenía de follarla eran inmensas, acepto y la pasé buscando, al llegar al hotel lo primero que hice fue darle un masaje que le prometí le quite su ropa poco a poco hasta dejarle desnudita y boca abajo empecé a masajearla de arriba a abajo con una cremita que llevo ella, luego tocaba sus nalgas bien anchas y divinas y se las abría para ver ese culito bien rico que tenía. No aguante y se lo chupe de una vez, estaba divino y limpiecito afeitadito luego baje a su chuchita y estaba mojadita y le di una madre de mamada, ya ella bien excitada se dio la vuelta procedió a quitarme la ropa hasta dejarme sin nada y cuando bajo mis bóxer yo estaba bien excitado con la polla a mil y bien parada y gruesa. Me la agarro y ella sentada en la cama y yo de pie, me dio una mamada de feria, chupaba y chupaba como una loca, me dijo que se lo metiera ya que no aguantaba, me dijo ‘con cuidado que la polla la tienes muy cabezona y gruesa’, le dije ‘tranquila’.

    La tumbe en la cama y empecé a metérselo suavecito y gimió cuando lo sintió, luego poco a poco al tenerla bien adentro toda y empezar a bombearla cada vez más fuerte, le subí las piernas y quedo como un pollito asado dando vuelta en mi vara, le di tan duro que me pidió que parara un momento por favor, luego se montó ella arriba y empezó a cabalgar hasta venirse varias veces, le dije ‘tranquila que tú leche espesa va para otro lado y te la voy a dar’. La puse de medio lado con la misma crema que le di el masaje le unte un poco en su ano y un poquito en mi pene, empecé a meterle la cabeza y me dijo ‘suave que duele’, yo ya excitado a todo dar y con tantas ganas que tenia de romperle ese culito empecé a hundirlo poco a poco hasta meterlo todo completo y ella pego un grito y se agarró de las sábanas duro y mordía la almohada. Empecé el mete saca y darle como una bestia, se lo sacaba por ratico para ver cómo le dejaba ese joyete y quedaba bien abierto ese hueco, la puse en cuatro posición de perrito y le daba.

    Unas embestidas que ella me decía que nadie la había cogido tan rico y salvaje como yo ‘dale mi amor dale eso ahora es tuyo!!’. Me decía ‘mételo hasta las pláticas todo!!’. Hasta que me vine dentro de su culo y dure un rato hasta sacarlo, luego me tiré en la cama y ella en cuatro aún y reventada empezó a sacar la leche de su ano y se le salían los peos, chorreaba de leche espesa, me dijo ‘Dios nunca me habían reventado mi culito así’. Le dije ‘bueno acostúmbrate que de ahora de vez en cuando ese culito recibirá su merecido’.

    Fuimos al baño, nos bañamos, y al rato ya en la cama empezó a darme una mamada de campeonato y me dijo ‘ahora me lo meteré yo solita!!!, me mataré yo misma!!!’. Luego de que me lo mamara yo acostado y ella arriba se lo metió sola por el culo y empezó a brincar por un buen rato hasta que la volví a llenar de leche se tumbó sobre mí y me dijo ‘amor ese culito ya no puede más!!!’.

    Nos bañamos y me invitó a su casa más adelante… Eso será otro relato que se los contaré pronto… De cómo me lo cogí en su casa en una tarde…

     

  • Jugando con mis amigas (Parte 7)

    Jugando con mis amigas (Parte 7)

    Después de un tiempo de no verla me encontré con Lucy, una de mis amigas con las que solía jugar nuestros juegos strip, pero que últimamente no venía participando, como siempre intento llevar la conversación hacia el plano sexual y trato de convencerla de sumarse nuevamente a nuestros juegos. En dicha conversación me entero que ya estaba planeando casarse (nada raro considerando que hace mucho que esta con el mismo novio), además logro que me hable un poco de su vida sexual (cosa poco común con ella) y ella me cuenta que en general solo tienen sexo vaginal y en los días de mayor riesgo oral, casi siempre haciéndola tragar cosa que a ella no le agradaba, pero lo soportaba por ser de vez en cuando (todo esto a pesar de tomar la píldora). Además me dice que últimamente su novio estaba tratando de convencerla de que entregue la cola (ella aún no lo había hecho de esa forma con nadie)

    Insisto para que participe, diciéndole que puede ser quizás la última vez que pueda hacerlo de soltera y que me gustaría que jugase con las dos chicas que se incorporaron recientemente, con Alicia solo había jugado un par de veces y a Evelyn aun no la conocía…

    Lucy decía que a su novio no le gustaría que ella se ande desnudando aun si era solo entre chicas y menos aún si en caso de perder tenía que hacer alguna prenda fuerte; entonces a mí se me ocurre que lo traiga a su novio y que podían participar del juego como despedida de solteros para ambos a la vez, ninguno de los dos tiene muchas amistades y por lo tanto no era una mala idea tener su despedida juntos…

    Yo la amenazo diciendo que si no aceptaba participar, como despedida la iba a pasear desnuda del todo por medio Mar del Plata (Buenos Aires, Argentina) y que en cambio de aceptar por lo menos lo que hiciera iba a quedar entre amigas y que a su novio seguro lo iban a llevar a algún lugar de striptease o directamente a algún puterío y que por lo tanto también le convenía a ella, dado que si él iba a ver chicas desnudas era bueno que por lo menos fueran amigas de ella y que ni yo ni ninguna de las otras iba a estar dispuesta a hacer algo más fuerte que solo chupársela y que solo haríamos eso con el permiso de ella…

    Después de todo lo dicho ella aunque aún con algo de renuencia acepta y ahora había que convencer al chico y por lo menos a una chica más. Evelyn ya me había dicho que estaría dispuesta a algo de este estilo y por lo tanto la contaba como casi segura, además también tenía bastante confianza de poder convencer a Alicia y quizás a Marilú, Cami estaba descartada pero ella me convenía que no se entusiasmara demasiado con los chicos para quizás algún día poder volver a tener algo con ella.

    Un par de días después casualmente me cruzo con el novio de Lucy, así que trato de averiguar si ella le había dicho algo y al parecer ya estaba algo al tanto, pero desafortunadamente no demasiado interesado en participar, de todos modos lo convenzo con relativa facilidad al decirle que esta era su oportunidad para ver a varias chicas muy lindas desnudas y que además yo me iba a ocupar de hacer todo lo posible para que Lucy le entregara la cola como él quería…

    Días después por fin puedo darse la reunión además de mi estaban Lucy y su novio, Alicia y Evelyn que tal como sospechaba aceptaron gustosas y que no tenían problema de hacer algo sexual con el chico siempre y cuando no fuera más que oral o masturbase frente a él, que era lo que habíamos acordado, por lo tanto según quien o quienes perdieran la prenda podía ser:

    *si perdía yo, Alicia o Evelyn y ganaba Lucy o cualquiera de las otras salvo el chico la perdedora se masturbaría frente al resto (si por alguna razón el chico aun tenia prendas de ropa debía quitárselas para poder ver)

    *si ganaba el chico y perdía cualquiera menos Lucy, la que perdiese le haría sexo oral

    *si ganaba el chico y perdía Lucy ella le entregaría la cola por primera vez frente a nosotras

    *si perdía el chico (sin importar quien ganara) también se masturbaría frente a nosotras

    *en caso de empate de perdedores entre Lucy y su novio ellos tendrían sexo vaginal frente a nosotras

    Obviamente Lucy protesto muchísimo cuando me escucho decir que si ella perdía y ganaba su novio le iba a tener que entregar la cola pero termino convenciéndola de que acepte y así el juego se inicia…

    Desafortunadamente para los tortolitos sus prendas son las primeras en irse y con varias derrotas en cadena de uno u otro rápidamente quedan el con su slip color azul y ella con un conjunto de ropa interior de ambas partes de color blanco…

    Pasan algunas manos mas donde evitan la derrota, hasta que Lucy vuelve a tener un juego pésimo y es la primera en mostrar sus tetas

    Después de otro par de manos Alicia, Evelyn y yo estamos en ropa interior y Lucy ya desnuda y expectante dado que por ahora sería ella la que pagaría prenda, en la siguiente ronda hay un empate perdedor entre Alicia y Evelyn que las hace mostrar a ambas sus tetas y por la cara y el bulto del novio de Lucy estas le habían agradado y mucho (muy probablemente esta sería la primera vez que veía las tetas de alguna chica que no fuera Lucy)

    Desafortunadamente para él poco le duro la alegría dado que fue el siguiente en perder y mostrar por lo tanto su pene que estaba efectivamente bastante duro…

    La siguiente mano fue la definitiva y con derrota doble para la pareja feliz, dado que al haber empate perdedor entre ellos y como habíamos acordado iban a tener sexo frente a nosotras

    El parece buscar algo entre sus ropas y ante mi interrogatorio me revela que lo que buscaba era un profiláctico yo les digo que lo hagan sin dado que si iban a casarse no había tanto problema si ella quedaba embarazada y además ella tomaba la píldora y no estaba en los días peligrosos, ambos aceptan y se disponen a tener sexo frente a nosotras, al principio nos acercamos mucho para verificar que realmente hubiera penetración y que no solo fingieran, pero una vez satisfechas de que efectivamente lo estaban haciendo les dimos algo más de espacio aunque aún así sin dejar de verlos. Parece que la situación los excita dado que ambos dan señales de haber alcanzado el clímax, una vez que terminan y se separan le pido a ella que con sus manos abra lo más que pueda su vagina y efectivamente se podían ver resto del semen dentro de ella…

    A ella la insto a que acceda a tener sexo anal con su novio como regalo de su noche de bodas y ella parece estar de acuerdo con la idea, además me confiesa que unas de las razones por las que decidió casarse era porque quería tener hijos con él y que de hecho ya había dejado de tomar la píldora y que los días peligrosos comenzaban justo en su noche de bodas y que o bien le entregaba por primera vez su cola o por primera vez iba a dejarse embarazar.

    Yo además le hago prometer que juegos o no nos iba a dejar a todas verla desnuda panzona cuando quedara y ella entre risas acepta…

    Yapa:

    Como es habitual ahora les cuento uno de esos relatos que por distintas razones no he incluido en partes previas, en este caso por considerar su tema algo que quizás Uds. lectores puedan considerar desagradable o asqueroso…

    Un día estábamos yo y mi amigas como siempre en mi casa, era de tarde algo temprano fue durante primavera por lo que hacía buen clima y decidimos salir al patio y ahí nos encontrábamos tomando mate las cuatro. Luego de un rato yo propongo jugar nuestro juego en ese lugar, el hacerlo afuera daba un riesgo adicional que es la posibilidad (aunque baja) que alguien nos viera desde la terraza de algún edificio aledaño, como no era la primera vez que lo hacíamos todas aceptaron…

    Además pusimos como adicional para aumentar ese pequeño riesgo que todas nos íbamos a tener que quedar en el patio hasta que bajara el sol (lo cual daba un rato bastante largo para estar desnudas), por si fuera poco esto agregue que a lo sumo una sola podía quedar con algo de ropa (cosa que en general ocurría de todos modos) y que en caso de que al fin del juego quedara más de una vestida iban a tener que continuar el juego hasta que quedara solo una o ninguna vestida…

    En esta ocasión el juego era póker estilo Texas (con cartas en común), como es habitual los juegos fueron parejos y fue volando nuestra ropa, primero el calzado y medias luego remeras, siguiendo con pantalones y finalmente las dos partes de la ropa interior…

    Estábamos ya las cuatro desnudas y por lo tanto todas nos íbamos a tener que quedar así por el tiempo estipulado… Solo faltaba la última mano, quien o quienes fueran perdedoras serian acreedoras a una prenda adicional que aún no se había establecido…

    Era la última mano y ocurre algo poco común, un juego servido en la mesa haciendo inútiles nuestras cartas, habíamos empatado entre las cuatro, como el juego era el mismo todas teníamos a la vez el mejor y el peor juego, unas decían que ganamos todas y que no habría que hacer prenda pero en realidad según nuestras reglas lo correcto era que todas habíamos perdido, discutimos un rato si correspondía o no hacer prenda y de hacerla cual sería dado que deberíamos hacer todas la misma prenda. Mientras discutimos dos de las chicas dicen que tienen ganas de ir al baño, yo misma también tenía ganas algo que no era raro dado que habíamos estado tomando mate por un buen rato desde antes del juego y durante todo este.

    Como ya habíamos acordado que no se iba a entrar en la casa a mí se me ocurre como prenda que todas teníamos que orinar ahí en el patio delante de las otras, lo íbamos a hacer de pie paradas derechas y la condición era que los dedos del pie se tenía que tocar entre sí de manera que al menos parte del pis cayera sobre ellos además todas nos teníamos que quedar en el lugar hasta que la última hubiera terminado y agregué que si a alguna le volvía a dar ganas lo tenía que hacer del mismo modo

    Yo tenía muchísimas más ganas de lo que pensé y además no pretendía aguantarme, de hecho fui la primera en orinarme salpicando mis pies por arriba y por debajo con el charco que se fue formando, que fue bastante grande…

    Así me quede parada hasta que de a poco las otras chicas me fueron siguiendo, todas habiendo ensuciado sus pies con al menos algo de sus propios orines.

    Habiendo finalizado ya todas, nos volvemos a sentar y empezamos a charlar esperando que pase el tiempo para poder volver a entrar.

    Después de un rato una de ellas me dice que tiene ganas de nuevo y que por favor no la haga orinarse otra vez frente a todas y ensuciarse aún más y que si no la dejaba entrar a la casa al menos la dejara hacer pis normalmente.

    Yo por supuesto le digo que de ninguna manera puede entrar y que si tenía ganas tenía que hacerlo delante de todas si o si, si no quería volver a hacerse pis sobre sus pies le iba a cambiar la posición y además de esa manera no hacía falta que el resto se levantara…

    La nueva posición era que ella se iba a sentar en el suelo con las piernas abiertas lo más que pudiera de forma que su vagina quedara de frente a nosotras…

    Ella ya casi no se aguantaba y tal como le había pedido se sienta en el suelo con las piernas abiertas dejándome una muy buena vista de su vagina, que rápidamente empieza a despedir corros de pis.

    Luego de un rato finalmente accedo a que entremos con la condición de que todas dejáramos la ropa en el patio y continuáramos desnudas.

    Todas teníamos ganas de limpiarnos, entonces les digo que como todas estábamos iguales si querían limpiare teníamos que hacerlo las cuatro juntas.

    La verdad es que era bastante incomodo estar las cuatro a la vez en la ducha y de nuevo agregue que ninguna podía salir hasta que hubieran terminado todas, al estar en un espacio tan reducido se producían roces entre nosotras lo cual yo aproveche lo más que pude tomándome mi tiempo para terminar…

    Luego de un tiempo cada una fue a buscar su ropa y la trajo para ponérsela, yo habitualmente me quedo con la bombacha de la perdedora pero todas decían que no era justo que me quedara con las bombachas de todas si yo también había perdido, entonces yo les pido que salgamos de nuevo al patio agarro las bombachas de todas incluyendo la mía, la tiro sobre la parrilla y las prendo fuego…

    Ellas me reclamaron porque yo me podía poner cualquier otra…

    Yo les dije que no solo ese día, sino además durante toda una semana iba a andar sin bombacha y que cualquiera de ellas me podía pedir que lo demuestre, pero que para hacerlo ellas me tenían que mostrar que tampoco llevaban… y así termino el juego y yo me pase toda una semana saliendo sin ponerme bombacha (cosa que ya había hecho en otras ocasiones), durante la misma solo en una oportunidad me cruce con una de ellas y por supuesto la invite a comprobar que efectivamente andaba sin bombacha, ella me comento que no se había animado a hacerlo, dado que ella tiene que andar mucho con pollera (de hecho en ese momento tenía puesta una bastante corta), como solo faltaba un día para que terminara la semana yo le dije que necesitaba alguien que confirmara que yo había cumplido con mi parte y que tenía que animarse aunque sea por lo poco que quedaba de tiempo; le propongo que se quite la bombacha ahí mismo, al tener pollera era más fácil que se la pudiera quitar sin llamar demasiado la atención, ella acepta y se la saca le pido que la guarde en la cartera y ella así lo hace, y quedamos en que iba a permanecer el resto del día así.

    Después de eso llego finalmente en momento, yo me tenía que exhibir delante de ella y obviamente no podía tener bombacha (que así era). Yo llevaba pantalones de jean y que para colmo eran algo ajustados, me desprendo el pantalón bajo el cierre rápidamente y empiezo a bajármelo, una vez que estaba lo suficientemente bajo me subo la remera para que se vea claramente mi desnudez y una vez satisfecha con que ella había dado por cumplido mi parte me vuelvo a subir el pantalón y procedo a despedirla, luego llego a mi casa y aprovechando que estaba sola me desnudo del todo y paso la noche entera completamente desnuda hasta el otro día que se vencía mi semana.

  • Masaje de pies

    Masaje de pies

    Un simple ofrecimiento como un masaje de pies es lo que sale de los labios Daisuke ya que veía a Ken últimamente con unos callos tremendos en ambos talones, Ken le dijo que no estaba tan mal, sólo había un poco de dolor pero podía soportarlo, en realidad estaba bien pero Daisuke podía verlo en sus ojos. Así que le dijo que se sentara para ponerse cómodo, quería ayudar, así que le sacó una zapatilla con cuidado y la dejó caer al suelo, Ken se sentó y Daisuke coloca suavemente su pie en el regazo. Él se mueve para quitarse los calcetines, y sus manos descansan en la espinilla de su chico y rápidamente se miran a los ojos. Se comunican de esta manera. Apenas necesitan palabras.

    Lentamente, Daisuke mueve sus manos hacia adelante y hacia atrás. Sus dedos amasan suavemente los apretados músculos de la pierna de Ken, sus grandes ojos marrones parpadean hacia él. Daisuke está un poco tenso pero hace esto hasta que escucha que su propia respiración se relaja y Ken se apoya en sus codos contra el brazo del sofá, se quita los calcetines y los deja caer al suelo. Su piel blanca como la nieve es un poco púrpura alrededor de su tobillo. Daisuke masajea a su alrededor, tratando de no acercarse demasiado a la fuente del dolor, no sabe lo que está haciendo, pero no puede parar. Cuando él frota la bola de su pie, Ken deja escapar un profundo suspiro y cierra los ojos. Daisuke quiere que se sienta bien, pero esto también lo hace sentir algo. Se mete entre cada pequeño dedo del pie, sus manos Se encrespan cuando él empuja sus pulgares debajo de ellos y de repente se imagina cómo se sentirían enroscados en su polla, ante ese pensamiento furtivo, toma una respiración profunda. Intenta mantener la calma. Intenta apartar la mirada de esos dedos rosados que se doblan alrededor de sus pulgares.

    Tal vez debería parar, debería parar. Comenzó esto con las mejores intenciones, pero esto se estaba convirtiendo rápidamente en algo… más de lo que creía. Sus manos dejan de moverse. Es difícil no mirarle a los ojos pero lo intenta. Toma algunas respiraciones lentas y profundas. Intenta ignorar qué tan cerca está su pie de donde él lo quiere, Ken super relajado mueve el pie de un lado a otro como si tratara de llamar su atención. Finalmente, Daisuke levanta la vista para mirarle a los ojos y Ken le está parpadeando, le está diciendo que quiere más y le sonríe, Daisuke no le ha visto sonreír desde que… A la mierda, Ken está sonriendo y quiere más, sonriendo en respuesta, se inclina para agarrar su otro pie, Ken lo levanta para él y él tira la zapatilla y los calcetines al suelo, Ken por su parte mueve su pie hacia él y Daisuke tiene un impulso, quiere besar esos dedos, chuparlos en su boca, lamer alrededor de cada uno hasta que Ken suelte maravillosos gemidos de amor. Pero no lo hace.

    Es diferente esta vez. Este pie no está lesionado, por lo que no tiene que ser tan suave. Él comienza a trabajar en el arco y Ken se ríe un poco. Continúa su masaje alrededor del talón y el tobillo. Esta vez, Ken deja escapar un grito ahogado y tiene un efecto inmediato en Daisuke. Arriba y abajo, y cavando profundamente con sus pulgares, Ken gime de placer. Sus ojos se encuentran y Daisuke puede ver el color en sus mejillas, sus labios se han separado, se interpone entre esos pequeños dedos rosados y se lame los labios, ahora su respiración se hace más difícil, amasando en el arco Ken patea un poco, riendo de nuevo, Daisuke le sostiene con un agarre firme que le impide alejarse, no puede evitar la sonrisa que se forma en el rostro travieso de Ken mientras suavemente arrastra sus dedos hacia abajo y la mira retorcerse.

    —Daisuke… —se ríe.

    —Mmm —Sujeta con más fuerza, simplemente rozando la piel en la parte inferior de su pie con la punta de un dedo.

    — No  —Más risas y se retuerce aún mas.

    — ¿Qué no? ¿Esto?  —Lo hace de nuevo y Ken patea más fuerte, tratando de alejarse, pero Daisuke no quiere dejarlo.

    — Hace cosquillas  —Contesta sonriente y jadeando a la misma vez

     —Oh —dice mirando a sus labios

    Ese momento de complicidad y juego erótico tiene efecto en Daisuke, el silencio le ha hecho tener una erección muy visible.

    Los dedos de los pies solo le rozan el estómago mientras lentamente abandona la lucha. Una pulgada, a menos de una pulgada de distancia y Ken lo sentiría, pero él quiere que Ken lo sienta, le pone mucho la «inocencia» de Ken, la «pureza» del juego que está haciendo, sin apenas seducirle.

    Frota sobre la parte superior de su pie y le vuelve a coger el tobillo. Ken se relaja en sus manos una vez más, pero ahora le está echando un vistazo. Como si estuviera esperando que Daisuke hiciera algo. Él puede presionar fácilmente su pie contra él. El podria. Pero no lo hace. Una parte de él cree que está esperando que lo haga, Daisuke mientras tanto sigue masajeando hasta que su respiración se vuelve a igualar, alternando entre ambos pies. Él puede oír cada respiración. Cada gemido, incluído Su propio latido.

    Intenta deslizar su mano por su pantorrilla, pero sus jeans ajustados no lo permiten, gruñe y vuelve a mirar a Ken a los ojos. Sus ojos están bien abiertos y toma varias respiraciones profundas. Mirando su boca, ve como Ken se lame los labios, es el momento de avanzar un poco más, el momento lo pide, pero nunca llegó esa petición, nunca con palabras, no era necesario, porque de pronto, Ken se incorpora y ahora está de espaldas, con la cabeza apoyada en su jersey anaranjado, La tensión que se respira es tan poderosa que Daisuke Intenta tragarse el nudo en la garganta mientras sus dedos van al botón de los pantalones vaqueros. Él puede ver algo que le excita salvajemente, y es que para en esta ocasión, Ken está usando unas bragas rosas de mujer, rosa, como sus dedos de los pies, las manos de ambos se tocan brevemente cuando Daisuke se hace cargo y las quita del resto del camino. Es muy lento y gentil

    Sus ojos se mueven hacia arriba y sobre la larga extensión de piel pálida debajo de él. El rosa entre sus piernas. ¿Esto estaba sucediendo realmente?

    Las piernas de Ken son largas y delgadas y él comienza a deslizar sus manos de forma gentil y suave, Ken se siente cómodo con ese tacto y Se da vuelta para que puedan tener ambos un mejor campo de visión, Daisuke levanta suavemente y sostiene su pie malo con una mano y masajea su pantorrilla con la otra. Oye un gemido silencioso escapar de los labios mientras lo pone con cuidado en su muslo. Sus ojos caen sobre la tela rosa mientras levanta su otra pierna.

    Las piernas de Ken se abren mientras él trabaja sus músculos con sus manos fuertes. Intenta no seguir mirando, pero no puede detenerse. Sus ojos están cerrados ahora. Su boca esta abierta Pone ambas piernas sobre sus muslos mientras desliza sus manos más arriba de cada rodilla. Subiendo su propio cuerpo hacia adelante. Ni siquiera es consciente de que lo está haciendo, solo quiere hacerle sentir bien, asi que Ken sigue sonriendo, Daisuke usa ambas manos en un muslo, luego en el otro, esas piernas son tan largas que Daisuke tiene que moverse más cerca demasiado cerca.

    Ken que tenía los ojos cerrados sintiendo el momento, los abre y parpadea hacia él y este para. Tal vez porque piensa que Ken le va a decir que se detenga o que no lo quiere de esta manera, está conteniendo la respiración. Sus manos se han congelado en el exterior de sus muslos. Ken lo mira a los ojos, pero Daisuke no puede entender lo que ve allí.

    — Daisuke  —ella susurra

    Traga otro nudo en su garganta.

    —¿Sí?

    Ken le hace un gesto para que se acerque. Así que lo hace, pero él hace un gesto de nuevo. Curvando su dedo hacia adelante y hacia atrás lentamente hacia su rostro, Daisuke se inclina hacia abajo, por lo que su cara está a pocos centímetros de la de él, con sus ojos observando cada pulgada hermosa.

    — No pares  —le susurra al oído. Sus manos toman sus muñecas y comienzan a mover sus manos sobre sus muslos. Más cerca. Tan cerca ahora.

    Un sonido se escapa de los labios que nunca antes ha escuchado. A medio camino entre un gemido y un jadeo. Cierra los ojos casi avergonzado. Se aclara la garganta. Las puntas de sus dedos rozan el borde de sus bonitas bragas rosas. Desde la parte superior de sus muslos y alrededor para que él solo pueda sentir la redondez de su culo en pleno apogeo.

    Ken se ríe de nuevo. Daisuke abre los ojos aún flotando sobre él y este le sonríe y Daisuke no puede detener la sonrisa que le devuelve.

    —¿Qué?

    —Haces cosquillas.

    —¿Oh si?

    Ken asiente mirando a su sonrisa. Su corazón está latiendo tan fuerte que él está seguro de que su chico lo escucha.

    —¿Te gusta?  —Su voz es apenas un gruñido.

    Ken asiente de nuevo. Sonriente.

    —¿Se siente bien? —Sus manos agarran la parte inferior de sus muslos y no puede evitar acercarse un poco más.

    La sonrisa de Ken se desvanece, respondiendo con un escueto pero sincero «Sí».

    Daisuke mira por su cuerpo. Sus piernas están abiertas y él está entre ellas. Todo lo que tiene que hacer es empujarle un poco detrás de las rodillas y Ken estará presionado contra él. Ese pequeño parche rosa contra su dura polla. Pero no lo hace.

    Ahora los grandes ojos azules de Ken lo miran fijamente.

    Se apoya con una mano en el brazo del sofá y levanta la otra hacia su hermosa cara, traza una línea por su mejilla con un dedo que se arrastra sobre su labio inferior, el pecho de Ken está subiendo y cayendo más fuerte, Daisuke puede sentir su aliento en su cara. Se lame los labios. quiere besarle y se lo hace saber, le pregunta mirándole a los ojos y Ken responde cerrando su boca, al principio sus labios apenas se tocan. Él arrastra su boca suavemente sobre la de Ken antes de presionar sus labios de forma Amable, Luego un poco más áspero, no degustación, solo sentimiento, suavidad y calidez.

    Ken inclina su cabeza y Daisuke intenta ser amable con él, este chico amable, educado, inteligente y popular con las chicas tiene envuelto ahora mismo sus brazos alrededor de Daisuke y este siente la lengua de Ken lamiendo sus labios y gime. Sus lenguas se encuentran y él no puede dejar de lamer contra la de él, sabe dulce como la gelatina

    Se lamen las lenguas y los labios. Besos mojados y Daisuke siente que sus manos se deslizan por los brazos, una en su cuello y otra alrededor de sus bíceps.

    Ken lo está acercando más y gimen ambos al contacto chupando sus labios inferiors entre sus dientes, pero Daisuke echando la cabeza hacia atrás, le suelta y le mira a los ojos.

    —¿Qué estábamos haciendo?  —jadea sin aliento

    Y Ken sin querer se ríe de nuevo.

    — Pensé que me estabas dando un masaje  —Susurró

    Tira su cabeza para otro beso y mueve la mano de Daisuke de regreso a su muslo y luego lo coloca en su culo, ante eso Daisuke aprieta la suave nalga redonda, luego frota su rasposa mano callosa sobre el algodón rosa y luego mete un dedo debajo del elástico rosa y lo mueve hacia adelante y hacia atrás.

    Ken jadea en su boca y Daisuke sonrie.

    —¿Te gusta ese cosquilleo?

    Ken no responde, pero levanta la pierna y la envuelve alrededor de su cadera. Para que pueda llegar más lejos.

    Pero todo avanza un poco más, cada vez más cerca. Más cerca del calor. Se sienta sobre sus rodillas para poder ver su mano moverse sobre su culo. Sobre esas bonitas bragas rosas, Daisuke frota un poco más fuerte y le oye gemir. Él tiene el repentino deseo de abofetearle el culo, pero no lo hace. Él quiere ser amable. Intenta ajustarse porque se siente bastante confinado, cuando le oye jadear su nombre, lo mira a los ojos, pero Ken ahora está mirando el bulto en sus pantalones, Ken puede hasta sentir el pulso palpitando a través del pantalon de Daisuke cuando le ve morder su labio inferior.

    —EH… —Daisuke Está casi avergonzado por la forma en que lo está mirando.

    —Haz eso de nuevo  —La voz de Ken es tan suave y dulce y él no debe haberle escuchado correctamente.

    —¿Hacer qué? —Daisuke puede sentir su propia cara tornándose roja.

    —Lo que acabas de hacer… con tu mano.

    Le mira ligeramente confundido.

    —¿Qué hice?

    Ken parpadea rápidamente y se muerde el labio

    —Dime y lo haré  —sonrie

    Haría cualquier cosa que Ken quisiera.

    Pero a última hora, Ken cambia su petición

    —Quiero ver como te la tocas  —Se lame el labio y baja sus ojos de nuevo a su muy notable duro.

    Solo escuchar las palabras hizo temblar sus bolas. Se palmeó el pantalón.

    —¿Te gusta esto?

    Ken asiente.

    De repente, su mente se vuelve clara y enfocada. Daisuke sabe que esto ahora es lo que toca

    —¿Quieres que me toque? —Su voz es como papel de lija.

    Ken asiente de nuevo. No hay risas. No sonrisas, sólo esos grandes ojos azules.

    —¿Quieres verme bajar?  —Casi nunca ha estado así encendido antes.

    Sus ojos azules se fijan entre sí. Ken asiente.

    —Sí

    Daisuke se aleja de Ken en el sofá, donde estaba antes y ahora de rodillas y con la mano sobre el bulto en sus pantalones. Él lo mira y lo ve frotándose los muslos.

    —Pon tus pies aquí arriba.

    Ken tiene que doblar las rodillas porque sus piernas son muy largas, pero pone sus pies juntos en el cojín frente a él, se sienta un poco para que su vista no sea obstruida.

    —Bonitos dedos rosados  —dice trazando un dedo sobre ellos, Ken los mueve un poco bajo su toque y como respuesta se quitó su camisa de botones, Todo lo que él tenía esas diminutas bragas rosas.

    Las mejillas de Daisuke estaban enrojecidas y respiraba con dificultad, todo lo que podía ver eran esos bonitos dedos rosados presionados contra sus pantalones.

    —Daisuke  —Hablo sensualmente

    El dueño del nombre mira aquel rostro esperando ser regañado o reído, pero todo lo contrario, Ken estaba sonriendo, Jugando con su cabello negro azabache

    —hmm?

    —Te excitan mis dedos de los pies?

    —Los tuyos Sí —De alguna manera, su voz era más profunda de lo que había escuchado antes.

    De repente, Ken levanta el pie de su pantalón y lo pega cerca de su cara, Daisuke se estaba volviendo loco, dios… esas piernas son tan largas, Ken agita los dedos de los pies y se ríe, por primera vez de forma exagerada.

    —¿Te gusta mi toque alrededor de tu cara?

    Mirando a esos pequeños dedos moviéndose en su cara, él asiente con entusiasmo.

    Levanta su otro pie, así que ahora él tiene diez dedos pequeños bailando frente a él.

    —Abre tu camisa —Susurra ahora

    Prácticamente arranca los botones para deshacerlo, y antes de que pueda obtener el último, Ken está presionando sus pies contra su pecho. El mira fijamente su boca traviesa abierta, observa la lengua a lo largo de su labio inferior, y ahora él acaricia esas piernas, sigue desde la punta de sus dedos hasta la extensión de sus piernas blancas y lechosas, mirando profundamente en sus ojos.

    —Eres tan hermoso —Lo dice en serio. Nunca ha visto a nadie más hermoso que Ken.

    Bajó sus manos lentamente hacia su estómago. Sus dedos de los pies se curvaron contra su pecho y él aspiró un suspiro. Él siguió acariciando sus piernas mientras Ken comenzaba a deslizar su pie bueno hacia arriba y hacia abajo, arrastró su dedo gordo hacia abajo por su estómago y empujó su ombligo.

    —Me gusta el poco pelo de tu pecho… Me hace cosquillas  —Mas risas

    Luego bajó, recorriendo las puntas de sus dedos de los pies a lo largo del bulto en sus pantalones. Instintivamente, se inclinó hacia delante en su toque. Cuando lo hizo, hizo que sus rodillas se doblaran un poco abriendo sus piernas un poco. Avanzando una o dos pulgadas más, se abrieron más y pudo ver claramente la gran mancha húmeda en esas pequeñas bragas rosas.

    —¿Me vas a dejar tocarlo? ya sabes lo excitado que estoy  —susurró.

    Daisuke sostuvo el pie de Ken contra su polla y cuando se movió bajo su pie, Ken jadeó. Miró hacia abajo y pudo ver que tenía un lugar húmedo de su propio espectáculo.

    —¿Quieres tocar mi polla… eh? ¿Con estos lindos y pequeños dedos? —gruñó

    —Sí  —tocó su pecho izquierdo y apretó.

    Soltó su pie, se agachó y se desabrochó el cinturón mientras Ken presionó su pie contra su pecho y se frotó mientras observaba las manos de Daisuke bajar a sus pantalones. Sus bolas ya estaban apretadas y listas para soplar, estaba tan encendido. Necesitaba calmarse y tomarse su tiempo con esto. Se agachó y tiró de su pantalón respirando profundamente.

    —No quiero correrme aún  —gruñó mirando sus pies.

    Ken a su vez se estaba pellizcando su pezón mientras lo observaba. Luego deslizó ambos pies por su pecho y acurrucó sus dedos alrededor de sus pezones, apretando.

    Daisuke al verlo no pudo contener el gemido que escapó de sus labios.

    — Me gusta verte tocarte a ti mismo

    Y de pronto, ahora Ken estaba amasando sus dos pechos ahora, las Piernas abiertas un poco más anchas.

    —Yo también, tocate por favor  —Apenas podía pronunciar algunas palabras debido a la excitación.

    Se mordió el labio mientras él envolvía una mano alrededor de su tobillo y la otra alrededor de su polla. Lentamente, su mano derecha se deslizó por su estómago y él vio cómo sus dedos desaparecían bajo sus bragas empapadas.

    —Me gusta que seamos sexualmente muy activos, sin caer en la rutina.

    —Oh mierda

    Gimió y volvió a agarrar sus bolas. La cabeza de su polla goteaba por su eje y estaba tratando de no correrse, entre todo eso, podía ver el contorno de los dedos de los pies de Ken mientras jugaba consigo mismo para entretenerse. Los dedos de sus pies seguían sujetándole los pezones, aún más fuerte ahora. Tomó su pie bueno y lo llevó de vuelta a su polla. y luego vió como Ken lentamente movía su dedo gordo del pie hacia arriba y abajo de su polla, lo frotó sobre la cabeza, dejando un rastro en la cabeza. Levantó el pie lentamente mientras un rastro de él goteaba de su dedo del pie.

    —Mierda cabrón, si, joder  —gimió mientras le observaba hacerlo una y otra vez.

    Le oyó gemir y miró su rostro.

    —Daisuke —gimió su nombre y Daisuke Vio que sus dedos se movían más rápido ahora y deslizó ligeramente su dedo sobre los dedos de los pies.

    —Si maricón, toca mi polla  —y Ken lo hace.

    Los desliza arriba y abajo de su eje, empujando un poco hacia abajo. Él le ayuda. Le muestra cómo quiere que lo haga

    —Envuelve esos bonitos dedos alrededor de mi polla.

    Sus ojos se mueven de un lado a otro entre sus dedos. Él quiere que se junten pero está a punto de correrse

    Pero gracias a eso, Ken está gimiendo mucho más ahora.

    —Daaai… está jadeando.

    —Matame cabrón puff…

    Le baja el pie y se pone de rodillas, chupa varios dedos de los pies en su boca.

    —Daisuke… —Gime y a la vez se ríe.

    —mmmm  —También gime mientras lame y chupa sus bonitos dedos de los pies.

    Ken gime al unisono y tira de sus propios pezones mientras lo observa tratar de devorar su pie, Daisuke se acerca más entre sus piernas, mirando fijamente su mano moviéndose furiosamente sobre su propia polla,el ambiente es tan pornografico que comienza a masturbarse tambien y cuando Ken lo ve hacerlo, tiembla y grita.

    Para Daisuke, ver y escuchar su orgasmo es una experiencia religiosa, para cuando Ken abre los ojos y le sonríe, Daisuke tiene su polla en en mano, listo para soplar, este envuelve sus piernas sobre la espalda de él, viéndolo masturbarse con anticipación.

    —Puedo correrme en tu cuerpo blanquecino?  —el ruega

    Ken recuesta estirando los brazos sobre la cabeza. Sonriendo más grande de lo que nunca ha visto.

    —Sí  —Se rie

    Gruñó cuando miró sus perfectos y afeminados pezones masculinos y luego disparó arroyos de esperma caliente por todas partes. Casi se desmaya, las orejas saltan. Tiene que estirarse y agarrar el brazo del sofá para sostenerse. Él parpadea hacia su cara sonriente. Ken se está riendo de nuevo. Su polla sigue latiendo y exprime hasta el último goteo de semen. Cuando le ve recoger algo con su dedo y lamerlo, se estremece y deja escapar un gemido.

    —Joder.

    Después de un momento él se acerca a Ken quien casi se ha limpiado a sí mismo lamiéndose los dedos.

    —Cabrón… ¿que estás haciendo conmigo?

    Ken de forma natural Se seca el pecho y se seca los dedos, y luego Daisuke se arrastra hacia su chico, así que está medio tumbado sobre él.

    —Sabes siempre igual de dulce  —susurró, y le besó el pecho

    —Apuesto a que eres más dulce  —Daisuke sonrió arrastrando un dedo por su frente.

    Ken parpadeó con sus grandes ojos azules hacia él.

    —¿Quieres descubrirlo una vez más?  —preguntó sonriéndole.

    Esta vez la risa llegó a la expresión de Daisuke

    —SÍ.

  • A mí, gay, me hicieron probar con una chica

    A mí, gay, me hicieron probar con una chica

    Tanto que me decían los amigos que si probara con una chica mis ideas homosexuales cambiarían, tomé la decisión de hacerlo.

    Soy Carlo, alegre y simpático, estatura normal 1.81, deportista, me encanta el futbol y la natación, son los dos lugares donde puedo ver culos y penes. Esto me viene desde siempre, pero en otro tiempo solo era ver. Ahora a mis 22 años, que cumpliré en dos meses, no me satisface ver culos ni penes, quiero poseer un pene o un culo, esta es la verdad. Me atraen los chicos y mis amigos que me necesitan para muchas cosas, deporte, estudios y el salón de mi casa para los trabajos en equipo, saben de mi orientación sexual, aunque ellos me dicen que si probara con una chica, es algo tan jodidamente bueno que se me irían mis pensamientos homosexuales.

    Como son buenos amigos y a mí me caen bien y no me fastidian ni me arrinconan, pues quise hacerles caso y les consentí que me presentaran una chica dispuesta a todo. Empezaron todos a darme consejos para que me resultara bien, las cosas que tenía que hacer, si invitarla en una cafetería, luego ir al cine, alquilar una habitación en un hotel, etc.; luego vinieron los consejos de carácter sexual, que no tuviera prisa, que procurara que me la mamara, aunque no insistiera si no quería, que la mimara, cómo había que tocar las tetas, avivar el deseo de la chica con unas buenas chupadas en su clítoris, que la penetrara despacio y un largo etcétera, porque todos daban su opinión como pareciendo que entendían y habían tenido varias relaciones sexuales con tantas chicas como consejos me habían dado.

    Yo me veía gay y no exigiría a mi pareja tantas cosas en el sexo como me aconsejaban mis amigos. Quedaron con presentarme a Yoly, una chica rubia muy dada al sexo y muy buena. Calculé y toda la fiesta iba a costarme unos 250 euros, lo que no fue verdad, como se verá, pero me da lo mismo. Me dije que por un polvo, cena, cine, regalo a la chica, hotel y tal no valía la pena, pero por los amigos se hace lo que fuera necesario. Por dinero que no sea y accedí.

    Llegó el viernes y fui a buscarla al sitio indicado, un poco antes de las 3 de la tarde. La cafetería era elegante y yo había determinado vestirme informal, como siempre con mis vaqueros gris super skinny que me hacen visiblemente más largo de lo que soy y una camiseta gris a tono con el jean, pulseras y mi AppleWatch, me puse mocasines verdes por no llevar zapatillas a un primer encuentro. En realidad yo tenía conciencia de estar iniciando una terapia en manos de mis amigos con una chica que sabía mi supuesto «problema» y me iba a ayudar a superar mi «gayismo». Yo pensaba que mis amigos eran unos ilusos, que la chica era una víctima y yo un gilipollas de mierda por consentir. Pero un gilipollas hace gilipolleces y yo para contentar a unos esperanzados ilusos iba a aprovecharme de una chica muy echada “p’alante”, pero que por ser mujer me merecía el mayor de los respetos. Jugar con ella a ser hetero o hacerle perder el tiempo o no sabía qué iba a ocurrir, me parecía una cabronada en serie.

    A las 3:15 pm apareció la chica con su vestido rojo que era como la contraseña para encontrarnos pronto. La verdad es que el rojo no le iba y hacía desaparecer su cara, le iba un poco grande y desde que la vi se iba levantando la delantera porque se le bajaba y se le escapaba una u otra teta. La chica fue imprudente y vino sin sujetador. Me dio pena y me seguía dando pena mientras yo tomaba mi café y ella conmigo un refresco. Entonces le dije:

    — Vamos a pasar tú y yo una tarde estupenda porque no sé si la noche será buena, pero tú con ese vestido no estás bien, seguro que no es tuyo.

    — No, no es mío, me lo han traído los chicos, tus amigos, y me lo han regalado, pero me va ancho y abiertamente escotado.

    — No me gusta el rojo para ti, estos imbéciles se han creído que yo necesito una puta, pero tu eres bonita, linda, muy guapa y por lo que veo incluso discreta.

    Se puso colorada y ya toda ella parecía un tomate. Así que le digo:

    — Vamos ver, ¿conoces cerca de aquí una tienda de ropa para mujer?

    — Si, pero es muy cara.

    — Yo no te voy a vestir como lo han hecho los payasos de mis amigos; si vas a ser mi compañera hasta mañana temprano, además de bonita, quiero verte elegante, así que te voy a regalar tu vestido.

    Fuimos a la tienda que me indicó y solo entrar me gustó, había expuestos vestidos muy bonitos. Entramos y se nos acercó un chico de buen ver.

    — ¿Puedo ayudarles?

    — Vamos a ver, ¿puedes ayudarnos?

    — Sí, señor, que para eso estoy.

    — Quiero que me la vistas de modo que cuando salga de aquí, todo el mundo me tenga envidia. Muéstrale y que ella elija.

    Nos llevó a una parte interior y comenzó a sacar vestidos para ir a una boda, largos y la chica me miró sorprendida, entonces le dije:

    — Dile como quieres vestirte y él sabrá qué ha de mostrarte.

    Hablaron, se entendieron y cambió todo el vestuario, yo le decía que se probara todo y se quedara lo mejor. La chica se llevó uno al probador, se lo puso y salió donde los espejos. Estaba muy guapa y ella se movía, miraba y pellizcaba la ropa para ver si sujetaba bien. El chico me había puesto en mis manos dos más y le dije a Yoly si se los probaba y me pidió que le acompañara porque le había costado cerrar la cremallera. La acompañé, descorrí la cremallera y le ayudé a quitarse el vestido. Vi su ropa interior, me pareció algo desgastada. Le ayudé a ponerse otro vestido y al salir, hablé con el chico para que trajera ropa interior para Sophie, le advertí:

    —Sexy, muy sexy, very very sexy.

    Se sonrió como quien había entendido. Mientras el chico se fue, le dije a Yoly que se probara el otro que yo llevaba en mi brazo y le ayudé a desvestirse allí mismo. Se puso el tercero y le quedaba mejor que ninguno, era mas bonito, combinaba con el gris verdoso de mi camiseta porque era de un verde oscuro y algo calado. Le gustaba, pero me dijo:

    —Se transparenta mucho el blanco de mis bragas.

    Sonreí, la besé para quitarle la penita, me besó y en eso entró el dependiente que nos atendía con tres cajas, iba a abrirlas y le dije que se las diera y que eligiera. Cuando se fue al vestidor el chico me dijo:

    —Es muy guapa su chica.

    — Tutéame, por favor, y se llama Yoly, yo me llamo Carlo.

    — Pues es bonita tu chica y tú muy guapo, yo me llamo Dexter.

    — Pues, no te quejes, Dexter, que también eres guapo y se te está poniendo tu palo en alto, —dije, mirando hacia abajo a su entrepierna.

    — Es que te veo hacer cosas y con ese pantalón que te marca todo tanto…, ¿pero Yoly es tu novia o tu hermana?

    — Está buena, ¿verdad? Pues ni es novia ni hermana, mis amigos me la ponen para curar mi “gayerismo”; ellos dicen que eso de ser gay se sana con una chica.

    — No te lo creas somos lo que somos y ya.

    — Eso mismo pienso yo, pero la chica es guapa y pienso hacerla feliz, igual sin tocarla, ¡ah!, ¿es que tú eres gay?

    — Bueno, mas bien soy bisex, pero hay mas chicos que chicas disponibles.

    — ¿No te vendrías con nosotros? ¿A qué hora acabas? Te esperamos en La Alondra; sabes donde está, ¿no?, quedas invitado para cenar, así tendremos más conversación.

    — ¿Se lo has dicho a ella?

    — Ella no dirá nada, porque lo que quiero es que esté feliz que también los gays sabemos hacer feliz a una chica.

    — Entonces, después de cenar yo os invito al cine, que mañana no trabajo y tengo ganas de ver Aquaman y no quiero que me la cuenten.

    — Mira, nos llevamos dos vestidos, que ella elija y lo que te pida de interiores, no quiero que haga el ridículo si se desnuda ante nosotros, porque viene dispuesta a todo.

    — ¡Joder! Eso sí es un chollo…

    — Ya veremos que pasa, menos maltratarla puede ocurrir de todo. Te esperaremos, no faltes.

    — Por supuesto que voy.

    Se vistió con lo que le gustaba mientras yo pagaba con la tarjeta en caja, y la demás ropa que compramos la dejamos en el coche, para que se cambiara al día siguiente.

    Me daba gusto ir acompañado de una chica guapa, que iba con su vestido nuevo elegido por ella. Se transformó se puso más simpática y amable, incluso me acariciaba y de vez en cuando se volvía cara a mí y me daba besos en mi mejilla. Yo me sentía a gusto con ella, para mí era una amiga, conversábamos como amigos, ni siquiera nos cogíamos de la mano, ni yo ni ella hicimos nada de qué avergonzarnos. El paseo fue largo hasta que cerraron las tiendas, lo que nos pilló en una tienda de bolsos que vimos al paso y había pañuelos, lápiz de labios y cajas de colores. No debían ser muy buenos, pero para una tarde-noche suficiente. Le dije que se comprara lo que quisiera y si no eran muy buenos que luego lo tirara. Pero me gusta que una mujer a los postres se vaya al baño, se atuse un poco y regrese como nueva.

    Nos habíamos alejado en el coche casi a las afueras de la población, frente al mar, mirando las olas como dos amigos y conversando de nuestros trabajos, yo le contaba de mis estudios, había iniciado administración de empresas y ella trabajaba por las mañanas en el mercado con sus padres. Me contaba que es un puesto de charcutería, tienen quesos, jamones e ibéricos y salazones, que como es hija única tiene que ayudar a sus padres. Su padre se pone un poco antes de las 6 de la mañana y ella va a las 8 hasta la una. Su padre cierra casi a las tres. Ella ya no vuelve al trabajo, pero su padre se preocupa de los trabajos adyacentes a todo el negocio, compras, encargos y de algunos productos de los que es distribuidor para otros comercios y supermercados. Me pareció muy interesante de lo que me hablaba del trato con los clientes. No hablamos nada de sexo pero quedé inquieto por cómo una chica tan natural se había prestado a lo que estábamos haciendo. Pero me callé, no quería inquietarla a ella también.

    Cerca de las nueve nos dirigimos al restaurante La Alondra y encontramos a Dexter esperando en la puerta. Se nos habían pasado unos minutos aparcando. Entramos, pedí mi reserva y nos sentamos. Dexter separó de la mesa la silla para que tomara asiento Yoly, yo la acompañé cogida de la mano hasta que se sentara.

    No había mucha gente, la cena fue entretenida y solo un par de veces Dexter miraba el reloj, pero no decía nada. Cuando estábamos acabando le pregunté:

    — ¿A qué hora es la sesión?

    — Tenemos tiempo, todavía están en la primera y hay tres.

    — Pues iremos a la segunda si os parece y después podemos tomar una copa por alguna parte.

    Fuimos al cine. Es el tipo de película que me aburre, pero como ellos estaban contentos, les dije que me parecía muy buena. Cuando el lector la vea que opine.

    Luego un paseo para hacernos en un chino con una botella de whisky y al hotel. Así que nos fuimos al hotel y una propina al conserje de noche arregló sin palabras para que subiéramos los tres a la habitación. Como es costumbre, encendimos la tv para ver si había un porno; lo había, ahí lo dejamos. El ambiente estaba hecho. Subimos un poco la calefacción y comenzó pronto a sobrar la ropa. Dos vasos y éramos tres. La dama en uno y los caballeros en otro. Si da lo mismo, aquí no habrá ni babas que perder. Abro mi bolso y saco los preservativos para meterlos encima de la mesa. Nos ponemos nerviosos los tres, bebemos más whisky. Vemos un rato más la televisión. Me quito los jeans y me quedo en calcetines. Yoly se quita su precioso vestido y lo cuelga en el armario. Dexter me mira y dice:

    — Carlo, ¿no usas calzoncillos?

    — No, habitualmente no.

    Dexter se quita sus pantalones y con ellos se va el slip fuera. Ya estamos los dos en pelotas. Yoly intenta hacer como nosotros. Le tomo de la mano, me pongo detrás de ella, Nos ponemos mirando a Dexter mientras le voy soltando el sujetador que, siendo transparente ya estaba de sobra. El coño de Yoly se ve por detrás de unas motas de encaje, y nos ponemos los dos en plan tentador para Dexter. Me gustó Yoly que entendió mi movimiento. Ahora íbamos los dos por Dexter.

    Nos pusimos los dos, Yoly y yo, juntos con los brazos por nuestra cintura. Ella con su tanguita transparente y yo ya desnudo frente a Dexter totalmente desnudo y perfectamente empalmado. Nos miraba a los dos con los ojos enrojecidos y la lengua, como de perro, fuera de la boca y babeando harta saliva. Yoly quitó su brazo de mi cintura y comenzó a masturbarme. Eso me gustaba de Yoly, lo hacía con delicadeza, no apretaba mi pene. Sabía que le iba a costar, lo sabía ella y lo sabía yo, y no se me levantaba. A la vista de eso Dexter se abalanzó sobre Yoly, pero ella se me abrazó como rechazándolo y solo le quedaba lamer, y chupar la tanga de Yoly. Se la quiso sacar y le di un manotazo. Yoly restregaba su coño cubierto con la tanga por la boca y nariz de Dexter.

    Con mi brazo que tenía en la cintura, lo bajé por dentro de la tanga, detrás de la raja del culo de Yoly y le metí el dedo índice en su orto trasero. Como no entraba por ese culito, lo puse en la boca de Dexter y me lo chupó, entonces comencé a meterlo en el orto de Yoly. Pensé que no le gustaría pero me besaba apasionadamente mientras le metía un dedo y con el sabor de su culo, le di a Dexter a chuparlos, índice y medio, lo hizo sin ascoa y seguí con mi trabajo, a partir de este momento dejamos que Dexter le sacara la tanga de un dentellada y Yoly misma lo bajo a sus rodillas, entonces Dexter lo soltó de sus piernas por los pies. Bonito coño, afeitado, ni un pelo y todo a la vista para que yo me solazara mientras Dexter se comía el chocho de Yoly. Ella y yo nos besábamos y yo seguía trabajando el culo de Yoly y que además le gustaba.

    Me puse detrás de Yoly, me ensarté un condón y a perforar un culo. Para mí era un culo, que es lo que me gusta penetrar igual que pongo el mío a disposición. Abracé a Yoly por la espalda, agarrando de sus firmes pechos de agradable y suave tacto. Lentamente inicié la penetración por el orto de Yoly, se inclinó un poco, pero le amarré de sus pechos para que se enderezara y nos acoplamos perfectamente. Me quedé quieto hasta que se acostumbrara a tener una cosa extraña en su trasero y esperé a que Dexter se decidiera a follar el coño de Yoly. Se puso de pie Dexter, se ensartó un condón y Yoly lo abrazó pegando su pecho a mis manos que cubrían las tetas de Yoly, besándose los dos y comenzó a atravesar el sexo de Yoly. Nos miramos Dexter y yo y comenzamos nuestra vaivén. Teníamos a Yoly ensartada entre los dos. Comenzó a gritar como una loca de psiquiátrico y envenenó a Dexter que gritaba aún más. Yoly se había venido primero y luego yo descargué mi leche en mi condón. No tardó Dexter en descargar y caimos al suelo los tres.

    Ni me imaginaba que estaba follando a una chica, sino a un culo. En el suelo se lo dije:

    — Igual te he hecho daño, disculpa me olvidé de que eras tú y solo pensaba en un culo.

    — Pero ha sido fabuloso, ni me había imaginado nunca en mi vida algo como esto, —respondió.

    Dexter estaba exhausto y le dije que nos faltaban cinco horas más. Abrió los ojos de pervertido y se levantó, se sacó el condón y estaba repleto de semen. Me lo mostró y le indiqué la papelera del baño, lo ató y le di el mío atado y los tiró los dos. Yoly pretendía tener algo conmigo y lo intentó comenzando con los besos que yo tolero, pero en un momento dado, le dije:

    — Mira, Yoly, no voy a poder follarte por delante, me pondría enfermo, no puedo ver el coño chorreando y ese olor no me gusta. No es por ti, tú eres divina y fenomenal, pero no me insistas, por favor.

    — Entonces te la voy a mamar hasta que te vengas sobre mí.

    — Eso me va a gustar, Yoly.

    No perdió la oportunidad, comenzó a mamarme la polla. No lo hacía mal, pero no controlaba bien los dientes y decidí quejarme cada vez que me mordiera. Estábamos allí en el suelo. Cuando llegó Dexter, me dio media vuelta, rodé la espalda en el suelo como un objeto y me tomó de mis piernas para echarse mis pies a sus hombros. Yoly se echó sobre mí para seguir chupando mi polla y grité:

    — ¡No, ponte de lado, que apesta!

    Se puso de lado, me disculpé y continuó chupándola mientras Dexter me estaba chupando, lamió mi ojete, hasta dilatarlo con sus dedos. Cuando Dexter decidió meter su polla en mi culo, empujé mis caderas para que me penetrara directamente y de una vez. Entonces sentí los espasmos y llegué a mi orgasmo rápidamente. No pudo Yoly abarcar mi esperma y eso que tragó algo, pero me cayó mucho sobre mi pubis y yo mismo lo recogía con mi dedo para alimentar mi gula.

    No tardó Dexter en llegar al orgasmo. También por el charco me di cuenta que Yoly había llegado a su orgasmo y estaba con su cabeza sobre mi abdomen como totalmente rendida. Dexter me vino a besar y le dije que besara a Yoly dándome su polla para que la dejara limpia. Así lo hizo; mientras se besaban yo me comía la polla de Dexter con la mala intención de resucitarla y hacerle descargar su semen en mi boca. Lo conseguí y me consideré como un vencedor.

    Nos pasamos a la cama para reposar mejor que en el suelo. Las dos camas estaban juntas formando una grande. Tiré las colchas a un sillón y nos tumbamos encima. No queríamos dormir, al menos de momento, por eso era necesario seguir con la marcha, porque descansar hasta el sueño nos llevaría de inmediato a olvidarnos del disfrute. Yoly estaba en medio de los dos, pero se había tumbado al contrario de nosotros y en diagonal. Se metió con su cabeza sobre mi pubis y comenzó a besar mi abdomen, mi pubis, mi polla, mis huevos… ¡waw!, pero como besa esta chica, parece que se te come y te llena de gusto y placer. Me dio un fuerte mordisco junto a la ingle que me hizo gritar. Fue justo en el momento en que dejó caer su concha sobre el pene de Dexter. Nosotros dos tumbados en paralelo y Yoly comiéndose mi polla a besos y mamadas al tiempo que ella misma se follaba con el pene de Dexter.

    Un movimiento mío me hizo aproximar a Dexter e iniciamos un beso entre nosotros mientras Yoly trabajaba nuestras pollas a la vez con su boca la mía y con su coño la de Dexter. Así el tiempo transcurrió largo pero gozoso y delicioso. Y llegamos simultáneamente los tres al éxtasis del idilio y de ahí al orgasmo más procaz. Pero, cuando transcurrió el plazo y Yoly vino a tentarme, Dexter se sacó su condón y cuando iba a cerrarlo con un nudo se lo arrebaté para comerme como golosina su esperma. Ambos vinieron a la vez a mi boca para degustar de manjar tan insuperable.

    Yoly se encontraba sobre mí y Dexter a mi lado. Entonces con voz lánguida, melosa y tentadora, dijo Yoly a mi oído tan próximo a Dexter que hasta lo escuchó:

    — Carlo, por favor, esto es un ruego, fóllame, que yo he apostado con tus amigos que lo conseguiría; fóllame y discúlpame.

    Me puse a llorar como un niño pensando que era imposible, que no iba a poder. Fue entonces cuando Dexter puso de espaldas a Yoly sacándola de sobre mí y me puso un profiláctico en mi polla. Me masturbó previamente y me colocó sobre Yoly. Dexter guió mi polla sobre el coño de Yoly, esta me abrazaba ardientemente y Dexter se puso a besarme y a decirme palabras groseras:

    — Eres un cobarde, puto maricón de mierda; tienes a Yoly llorando por tu puta mierda, hijo de puta, maricón de tu padre, cobarde, miedoso de la patada, eres pura mierda, maricón, hijo de tu puta madre, poco hombre, eres un maraco, so marica, peor que un joto, marica de mierda, afrancesado, culero, culo de tu madre, concho, que eres un puticoncho…, con más palabras que ni me sé.

    Me besaba Dexter mientras Yoly me abrazaba sollozando y me ardía el corazón y se contagió a mi polla que crecía y en mi cabeza tenía a a Dexter como si lo estuviera follando hasta que de nuevo entré en acción y, tras un rato de esfuerzos acalorados follando en el clítoris de Yoly, llegó un simultáneo orgasmo de ambos y nos quedamos abrazados; fue en ese momento cuando la besé amando, no como amiga, sino como amante. De la alegría Dexter se vino sobre nosotros y nos juntamos los tres en un abrazo y un beso a tres.

    Entonces decidimos descansar en silencio. Yo lloraba en silencio, mis ojos trataban de lágrimas, Yoly se contagió de mis lágrimas y lloró fino. Dexter nos daba palabras consoladoras y simultáneamente lamía nuestras lágrimas. Solo sé que nos dormimos y poco tiempo después, Estaba yo pidiendo un desayuno completo para tres. Cuando llamaron a la puerta salí a recibir el carrito con todo lo que había pedido. Yo estaba desnudo, el camarero se disculpó. Entonces fui feliz, siempre me he consolado con el exhibicionismo.

    Desayunando decidimos qué hacer y pensé que lo mejor era irnos a mi casa, que cada uno se pusiera una ropa abrigada de las que yo tenía en casa e irnos al campo y comer en un restaurante. Para repetir lo mismo la noche siguiente, pero en mi domicilio.

    A partir de este momento, Dexter dejó su vivienda en alquiler y se vino a vivir a mi casa. Somos pareja y de vez en cuando Yoly viene a casa para desahogar sus penas conmigo y sus flujos con Dexter.

    Para mí Yoly es una buena amiga, para Yoly yo soy su buen amigo y Dexter es el amante de Yoly y mi amante. Mientras ellos follan, yo los contemplo desnudo sentado en un sillón dispuesto al frente y me masturbo; luego nos contempla Yoly cuando Dexter y yo follamos, lo que hace Yoly conmigo es darme gusto mamando mi polla, ha aprendido a hacerlo muy bien, y otras veces ya me atrevo a masturbarla como a ella le gusta. Esto ocurre cada semana un par de veces que Yoly puede venir a estar conmigo, Dexter y yo tenemos sexo ordinariamente, pues vivimos juntos, como he dicho. Ahora ya no necesitamos ir al hotel, sino todo en casa o si vamos de viaje en hotel para tres. Siempre que nos coincide un sábado en el que Dexter descansa del trabajo o viajamos o pasamos viernes sábado y domingo los tres haciendo de las nuestras. De modo más breve cuando solo nos podemos juntar los tres en algunas noches para dormir juntos; las noches de los sábados ya se ha convertido en costumbre, por eso he mandado hacer una cama nueva.

  • Quiero a mi papi follándome duro

    Quiero a mi papi follándome duro

    Soy morena, con buenas curvas unas tetas proporcionadas a mi cuerpo y buenas nalgas, mi padre es un hombre en forma apenas con 42 años tiene buen físico. Después de un largo día llego a casa, mi madre está de viaje por trabajo durante dos semanas, y mi padre aun no llega del trabajo.

    Llego y comienzo a desvestirme, comienzo abriendo la llave de la regadera mientras dejo mis cosas en mi cuarto. Me meto a la ducha y escucho el carro de papá llegando, después de un rato salgo de la ducha, me pongo una camisa grande y un pequeño short, salgo de mi cuarto y paso a saludar a mi padre, cuando entro lo encuentro en bóxer luciendo ese cuerpo que tiene, todas mis amigas se lo quieren follar por lo bueno y bien conservado que esta, lo analizo y me acerco a saludarlo:

    —papi voy a bajar a hacer algo de comida, o pedimos pizza.

    —Mi princesa pedimos pizza,

    —Listo papi, te espero abajo.

    Siempre le dijo papi a pesar de que ya tengo 20 años, después de unos 10 minutos mi papá baja y la pizza no demora en llegar comemos tranquilos, están pasando una película en veo que los protagonistas empiezan a besarse y a tocarse, mi papá está viendo la película igual que yo mientras come, pero esta más concentrado en la escena que en su comida, bajo mi vista y veo que su amigo se le comienza a parar, y dirijo mi mirada de nuevo al televisor y veo que ahora hay otra chica más, y ya están desnudos el protagonista tiene un pene grande y eso me excita, y las chicas se besan mientras una le cabalga, y la otra chica esta de cuclillas encima de su cara mientras le hace un oral esa escena me deja muy excitada y la verga de mi padre está súper abultada dentro de la pantalón, me despido de mi padre y me voy a mi cuarto a masturbar, cuando entro cierro la puerta y saco un vibrador en forma de pene de unos 15cm, lo enciendo y comienzo a tocarme, y me imagino que es mi papá quien me está penetrando, mientras gimo fuerte.

    ‘Así papi dame más duro’

    ‘Me gusta cómo me lo metes’

    ‘Estoy por correrme dame más papi más duro’.

    Siento que estoy por llegar al clímax y gimo más fuerte, soltando un último suspiro de placer.

    Cuando abro los ojos, veo que estoy sola y voy al baño a limpiarme por el orgasmo que tuve, ya es más de media noche y ya tiene que estar durmiendo mi papá, salgo de mi cuarto y voy hacia la cocina y para bajar las escaleras tengo que pasar por el cuarto de mis padres, veo que la puerta esta media abierta, y lo veo masturbándose, tiene un pene grande y gordo, me quedo viendo desde el filo de la puerta para que no me vea, y me gusta esa verga que tiene, mientras escucho de dice:

    —Si Maria chápamela, eres mi puta, mi zorra.

    Me asombro de saber que soy yo con quien piensa que está comiéndole esa rica polla que tiene, mejor salgo y voy a la cocina tomo agua y salgo de la cocina, entro a mi cuarto y recuerdo como vi a mi padre con esa rica polla, y esa verga va a estar dentro de mí, lo quiero a el follandome duro y tengo solo estos días que no estará mi madre.

  • Cerezas (Primera parte)

    Cerezas (Primera parte)

    Para ver las flores he venido, bajo ellas dormiré, sin sentir el tiempo. Matsuo Basho. 

    Ellas habían estado increíbles, verdaderamente increíbles. No estaba seguro de qué pasaría ahora; habíamos tomado una decisión, habíamos decidido compartir nuestra intimidad con alguien más, y a pesar de lo placentero y sensual que había resultado, no tenía ni la más mínima idea de cómo resultarían ahora las cosas, no solo para nosotros como pareja, sino para ellas dos como amigas. De cualquier forma ahí estábamos, los tres desnudos, saciados hasta decir basta; ambas dormían plácida y tiernamente a mi lado, mientras yo las observaba silenciosamente, recargado sobre la almohada, y alcanzaba a atisbar un suave rayo de luz solar penetrando por la cortina.

    Hacían ya dos meses y medio que nos habíamos mudado ahí. Mi novia Verónica y yo habíamos decidido estudiar en Inglaterra juntos, y para nuestra gran fortuna, ambos habíamos logrado ser aceptados para estudiar un Doctorado en la Universidad de Oxford. Rentábamos un modesto departamento, a unos veinte minutos del campus universitario. Ese día yo había pasado la mayor parte del tiempo en una conferencia sobre física gravitacional y, aunque el tema era apasionante, me encontraba sumamente cansado. Al llegar a casa, dejé a un lado mi mochila, dispuesto a tomar una merecida ducha caliente, cuando repentinamente escuché unas voces que provenían de la cocina.

    Había supuesto que Vero se encontraba aún en el campus, tratando de lidiar con su, algo molesto, asesor de doctorado, sin embargo cuando alcancé a asomarme a la cocina, descubrí que me había equivocado. Ahí estaba ella, sentada a la mesa junto con otra chica, esta última con una piel blanca como la nieve, con unos toques de rosa aquí y allá, de cabello corto, negro, hasta la barbilla, y sumamente delgada.

    —No sabía que habías llegado ya —le dije a Vero— muy buen día —agregué dirigiéndome a la chica que estaba con ella.

    —¡Holap, que lindo que hayas regresado ya! —dijo Vero mientras se levantaba de la mesa a recibirme con un amoroso beso en la boca—. Te presento a Mellisa, es una compañera de trabajo, estamos desarrollando un proyecto juntas, Mell te presento a mi novio Carlos.

    Momento en el cual Vero me abrazó amorosamente. Esa era una de las cualidades que adoraba de ella, que estaba orgullosa de que yo fuera su novio, tanto como yo lo estaba de que ella fuera mi novia.

    Tras tomar asiento al lado de Vero, la conversación entre nosotros comenzó a fluir espontáneamente, como si de viejos amigos nos tratáramos, con bromas inocentes de vez en vez, y tomando una taza de té tras otra. El ambiente era reconfortante, divertido y sumamente tranquilo. Pude darme cuenta entonces de que Mell poseía un agradable sentido del humor, y que su actitud tan linda solo era equiparable a sus hermosos y grandes ojos azules. Las horas pasaron sin que nos diéramos cuenta cuando, por alguna razón que aún ahora no entiendo muy bien, la conversación comenzó a tomar un inesperado giro; todo por culpa de unas cerezas en almíbar.

    —¡Me encantan las cerezas! —Dijo Mell señalando un pequeño frasco de cerezas que se encontraba en la mesilla de la alacena—, ¿puedo tomar una?.

    —Claro que sí —respondí yo—, podríamos comer una también nosotros.

    Tras tomar una cada uno, Mell no pudo ocultar lo mucho que disfrutaba degustar una cereza en almíbar.

    —Mmmm, hace mucho que no comía una.

    Aunque aquella expresión parecía más lasciva que de disfrute, Vero solo expresó una disimulada risita.

    —Disculpen, pero, ¿me perdí de algo?

    Tuve que decir necesariamente, puesto que el ambiente entre nosotros parecía haber tomado un tinte un poco distinto.

    —Lo que pasa es que, justo antes de que llegaras, estábamos comentando algo un tanto… íntimo —agregó Vero— ya sabes, cosas entre mujeres.

    Lo único que hice fue asentir ligeramente con la cabeza, al tiempo que le daba el último sorbo a mi taza de té. Vero volvió la mirada hacia Mell, a lo cual esta última solo respondió con una sonrisa, y Vero solo asintió. No entendía muy bien lo que pasaba con las cerezas, pero estaba a punto de descubrirlo.

    —Mira Carlitos, lo que pasa es que Mell y yo estábamos comentando sobre cómo sería tener sexo utilizando frutas, ya sabes, para ponerle un toque de originalidad al encuentro.

    —Suena algo original, novedoso —dije— quizá si se lo comentas a tu novio, dudo mucho que se niegue a probar algo como eso.

    —No tengo novio —agregó Mell— desde hace un año que no salgo con nadie. Es difícil encontrar a alguien que valga la pena, y que comparta mis gustos y aficiones.

    Mirando fijamente a ambas chicas, pude notar que algo estaban tramando, puesto que no dejaban de dirigirse miradas y sonrisas la una a la otra. Yo estaba algo nervioso, y fingía que sorbía un poco de té, aunque la taza ya no tenía ni la más diminuta gota de líquido.

    —No me terminaste de decir si me lo prestabas o no —continúo Mell— seguro que la pasaríamos bien los tres.

    —Tendríamos que preguntarle a él —respondía Vero— a veces tiende a ser un poco tímido.

    —Oigan chicas —agregué— les recuerdo que sigo aquí.

    Habían comenzado a hablar como si yo no estuviera presente, lo que me hizo sentir algo molesto, sin embargo esa molestia se mezclaba con una sensación de nerviosismo que resulta muy difícil de describir.

    Tras unos segundos de silencio sepulcral, Vero se animó a decir:

    —¿¡Que si quieres que hagamos un trio!? —Dijo Vero bruscamente— de eso estábamos hablando justo antes de que llegaras. ¡Ya, está bien, ya lo dije!

    Toda nuestra conversación había sido en inglés, pero tuve que dirigirme a Vero es español por unos momentos. Su actitud un tanto brusca, arrebatada, y a veces poco sensible era algo que me encantaba, aunque no por ello resultaba a veces ser lo mejor para la situación.

    —¿Qué onda contigo Vero? —le dije— tú y tus brusquedades, jajajaja.

    —¿¡Qué!? ¡Ya lo dije! No sabía cómo planteártelo o decírtelo sin que te encogieras de hombros como siempre haces. Ella propuso hacer un trio, y a mí me pareció excitante, siempre y cuando seas mi novio y solo mío.

    —¡Ay pues claro! —Agregué poniendo los ojos en blanco— ¡a nadie más amo como a ti!.

    —Pues bien, ¿qué dices?

    Mell se limitaba a observarnos con esos hermosos y expresivos ojos azules, esbozando una diminuta sonrisa en sus labios como si, en su interior, supiera exactamente lo que estábamos diciendo.

    —¡Ash![1], siempre me pones en situaciones raras, ¿recuerdas aquella vez que quisiste hacerlo en un parque? ¡Casi nos arrestan por eso!

    —¡Ahí va éste a sacar lo del parque!, ¡ya dije que lo siento! Además, aquí nadie te va a arrestar ni nada. ¡Ya di, sí o no!

    Voltee una mirada a Mell. No mentiré al decir que era mucho más hermosa que Vero, y tampoco lo hago al decir que esos hermosos ojos azules, sencillamente me ponían de rodillas cuando se posaban sobre mí. Su hermosa piel blanca, su delicado cuerpo esbelto, sus pequeños pechos que sobresalían a través de la tierna playera azul que llevaba puesta…

    —¡Esta bien! Acepto.

    Coloqué mi mano derecha sobre mi rostro, tapando parcialmente uno de mi ojos y apoyando mi codo sobre la mesa, pensé: “¿Y ahora qué rayos va a pasar?, espero que esta idea no resulte mal, igual que las anteriores mil ideas que ha tenido Vero”.

    —He has accepted “Él ha aceptado” —le dijo Vero a Mell— con la condición que te había propuesto, pero ha aceptado.

    Mell esbozó una tierna sonrisa, y tras quitarse con la boca los restos de almíbar que aún tenía en sus dedos, se sentó a mi lado

    —Se nota que es tímido, eso me agrada.

    Comenzó a pasar su mano izquierda por mi cabello, acariciando suavemente mi mejilla derecha. No paraba de verme fijamente, como si yo fuese su novio. Le devolví entonces la mirada. Esos ojos, parecían ser dos pequeñas y delicadas gotas de océano azul, y al verlos, sentía que me ahogaba en esa tierna mirada suya. No pude resistirme más, y me acerqué a besarla. Sus hermosos labios rosas aún tenían el suave y dulce sabor de almíbar de cereza en ellos; ella era, justo como eso, una hermosa y delicada flor de cerezo, con dos gotas de océano azul como ojos.

    Al separar nuestros labios, voltee la mirada hacia Vero, ella se acercó a mí y comenzó a besarme también, de forma más linda y apasionante de lo que lo había hecho Mell, utilizando sus labios para recorrer cada centímetro de mi boca; definitivamente Vero me conocía muy bien. Podía sentir las traviesas manos de Mell explorando mis piernas, apretando suavemente mis muslos mientras recorría todo el lado interno, hasta llegar a mis glúteos.

    —Tiene unas piernas muy sexys, me encantan.

    —Eso siempre ha sido algo que me ha encantado de él, y eso que aún no lo has visto desnudo.

    Los tres nos levantamos de la mesa, y mientras tomaba delicada y suavemente las manos de ambas, como si ambas fueran mis novias, nos dirigimos a la recámara. Teníamos una humilde cama matrimonial, en la que cada noche dormíamos y hacíamos el amor Vero y yo, sin embargo esta noche sería diferente, esta noche compartiríamos esa cama con alguien más, esta noche dejaríamos entrar a alguien más a una parte muy íntima de nuestras vidas, y eso lo hacía verdaderamente especial.

    Las caricias se convirtieron en besos, los besos despertaron pasión, la pasión encendió la llama de la vida, y en un abrir y cerrar de ojos nos habíamos despojado de toda prenda que cubriera nuestros delicados y tibios cuerpos, y no éramos más que piel, carne y hueso, ardiendo en el fuego de la pasión y el deseo.

    Vero nunca ha sido el tipo de chica más envidiada por los hombres, sin embargo para mí tenía el cuerpo más perfecto que pudiera existir; con un hermosa piel blanca, pequeños pechos, suaves curvas no muy pronunciadas, y un pequeño trasero respingón que sobresalía lindamente tras sus piernas. Su estilo algo rebelde siempre me había cautivado, con su lacio cabello justo hasta los hombros, cambiando de color de vez en vez, a veces rubio, a veces rojo, otras veces verde… o el que había sido mi favorito; azul brillante.

    —Me encantan sus músculos —dijo Mell— ¡qué fuerte luce! Pero estos muslos, estos muslos son de lo mejor.

    Yo estaba sentado al borde de la cama, mientras Mell, arrodillada frente a mí, pasaba su lengua por todo el interior de mis muslos, acercándose lentamente a mi pene. Vero estaba detrás de ella, besándole la espalda y acariciándole los pequeños pechos blancos que sobresalían de su cuerpo. Poco a poco fue acercando su cuerpo más y más a la espalda de Mell, hasta que pudo restregar sus senos en ella, mientras utilizaba sus manos para masturbarle la entrepierna. Vero se movía de un lado al otro, soltando gemidos de placer, haciendo que sus pechos acariciaran la espalda de aquella linda chica, y utilizando el trasero de Mell para masturbarse el pubis. La excitación estaba al máximo, con mi pene expulsando líquido preseminal sin fin; tenía yo entre mis manos la sexy tanga de la que, segundos antes, había despojado al hermoso cuerpo de Mell. El morbo invadía mi mente, y no hacía más que restregarla en mi rostro una y otra vez, percibiendo el delicioso aroma que los jugos vaginales de ella habían dejado en aquella sexy prenda.

    Me recorrí hacía adentro de la cama, para quedar recostado boca arriba apoyado sobre las almohadas. Mell subió junto conmigo, y comenzó a pasar la punta de su lengua sobre mi glande. Vero, por su parte, tomó su lugar junto a mí, utilizando su boca para lamer mis pezones y todo alrededor de mis pectorales. Mi piel blanca comenzaba a tensarse por la lujuria que recorría mi cuerpo. Con mi mano izquierda acariciaba suavemente la cabeza de Mell, haciendo a un lado su cabello para poder ver cómo lamia mi pene, con la otra mano hacia lo propio con Vero.

    Mell utilizaba su lengua ahora para recorrer todo lo largo de mi pene, poniendo énfasis en dar suaves lengüetazos a mi glande, yo me limitaba a jadear una y otra vez, pues sentir la lengua de mi amada Vero recorrer mis pezones erectos, como solo ella sabía hacerlo, me hacía creer que llegaría al orgasmo.

    —¿Acaso crees que solo tú mereces placer? —Apuntó Vero— Tú estás aquí para complacernos a nosotras.

    —Tienes razón Vero, es momento de que nosotras recibamos lo propio.

    Sentirme así, usado, sometido, a expensas de dos hermosas y celestiales chicas, rudas y sexys como ellas, no hacía más que excitarme aún más, lo que provocaba que mi pene se endureciera al máximo, llegando al límite de su capacidad; y pude ver como Mell había notado eso.

    Ambas chicas dejaron sus faenas respectivas y esta vez tomaron posiciones distintas. Mell se montó encima de mí; por un momento pensé que me haría penetrarla, es más, ¡yo quería penetrarla!, ¡quería estar dentro de ella!, ¡quería sentir esa linda y rosada vagina alrededor de mi pulsante pene!, sin embargo ella solo sonrió y dijo:

    —Aún no amor, aún debes darme más placer a mí.

    Entonces se montó encima de uno de mis muslos, y comenzó a restregar su vagina en él. Pude sentir sus húmedos y rosados labios vaginales ir y venir adelante y atrás sobre mi muslo izquierdo.

    —Ahhh, Mell, ¡qué exquisito es eso!

    —¿Acaso te has olvidado de mí? —agregó Vero— ¡eso no te lo voy a permitir!

    Acto seguido ella se subió encima de mi rostro, poniendo sus hermosos labios vaginales sobre mi boca, y dejando que la punta de mi nariz rosara su pulsante y sexy ano, pude entonces alcanzar a ver ese diminuto y sexy lunar que tenía justo en la línea divisoria de las nalgas, aquel pequeño lunar que solo era visible cuando separabas ligeramente las nalgas de Vero, como yo lo había hecho innumerables veces, ese pequeño detalle que solo yo conocía de su cuerpo, y que tanto adoraba. Siempre me había encantado besar ese diminuto puntito café, y restregar mi pene en él justo antes de penetrarla profundamente por su ano, sin embargo este día era diferente, este día no estábamos solos, y yo solo podía lamer su vagina, mientras era flagrantemente usado para darle placer a otro hermoso cuerpo femenino. En vista de eso, me dispuse entonces a utilizar mi lengua para complacerla como solo yo sabía que a ella le gustaba: besando su vagina suavemente, dándole ligeros mordisqueos de vez en vez a su clítoris. Utilicé entonces mis manos para recorrer las hermosas curvas de Vero, mientras ella no dejaba de jadear y de moverse sobre mi boca. Mis manos recorrieron sus senos, estrujándolos y tocando, como podía, sus erectos pezones, pasando por la parte baja de su pecho, su cintura, su depilado pubis, hasta llegar a sus muslos. No podía ver nada que no fueran las hermosas nalgas de Vero, con su pulsante ano abriéndose y cerrándose de placer, (o tal vez esto último lo hacía ella a propósito porque era, exactamente, lo que siempre me encantaba ver) pero por los sonidos que llegaban a mis oídos pude deducir que Mell y Vero estaban tocándose una a la otra. Mell no dejaba de masturbarse en mi muslo, dejándolo húmedo y resbaloso con sus fluidos vaginales, entonces sentí que dejó de moverse, se acercó a mi pene, y utilizando su mano para dirigir mi miembro hacia su sexy agujero, comenzó a penetrarse con él, hasta que logré sentir sus labios vaginales tocar mi hinchados testículos. Su vagina era estrecha, apretada, simplemente de ensueño. Podía sentir sus pliegues rozar mi glande, mientras ella se movía adelante y atrás para darse placer con mi miembro.

    Por lo que mis oídos me ayudaron a deducir, Vero y Mell comenzaron a besarse con pasión, mientras yo utilizaba mi lengua como falo para penetrar la chorreante vagina de Vero. Los movimientos de Mell, de Vero y de mi lengua se hicieron cada vez más rápidos, más intensos; los pliegues de la vagina de Mell en mi pene, en mi glande, la vagina y el clítoris de Vero en mi boca, mi novia besando a otra chica con una pasión lésbica que yo había desconocido, todo eso nos llevó a una exaltación y sensualidad sin igual, hasta que ninguno de los tres pudo más, y estallamos al unísono en un orgasmo grupal que llenó la habitación de jadeos y gritos ensordecedores. Mi semen llenó completamente el interior de Mell, dejando una parte de mí, de mi intimidad, en lo más profundo de su delicado cuerpo, mientras ella chorreó líquidos orgásmicos sobre mis testículos, y mi rostro quedó completamente empapado con los dulces, y ya conocidos, fluidos de Vero.

    Después de eso, los tres quedamos tirados sobre la cama, observando el “interesante” techo sobre nosotros.

    —Eso estuvo genial —dijo Vero— nunca me imaginé que fuera tan sexy. Y tu amor —agregó volteando hacia mí con una tierna mirada y dándome un beso en la boca, haciendo que los fluidos vaginales de ella se mezclaran con nuestra saliva— siempre sabes lo que me encanta.

    Así estuvimos un rato, sin decir mucho entre nosotros, pero utilizando nuestras manos para continuar tocando el cuerpo de quien estuviera junto a nosotros. Repentinamente Mell dio un brinco fuera de la cama y se dirigió hacia la cocina.

    — ¿Qué tramará ahora esa chica?

    —No lo sé Carlitos, pero seguramente es algo genial.

    Al regresar, la hermosa chica tenía en sus manos el frasquito de cerezas en almíbar que habíamos dejado en la cocina.

    —No hemos terminado —agregó Mell con una lujuriosa sonrisa en su rostro, mientras sacaba un poco de almíbar del frasco, y lamia lascivamente sus dedos— la noche es joven y aún queda mucho por hacer.

    Continuará…

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    [1] Expresión utilizada en México, y quizá otros países Latinos, para expresar que algo resulta incómodo o chocante.