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  • Mis machos del campo: El viaje (Parte 2)

    Mis machos del campo: El viaje (Parte 2)

    Hola chicos, después de mucho tiempo sin escribir les cuento, al regresar del viaje que les conté anteriormente me caí de una escalera en Buenos Aires y me fracturé la mano derecha, recién ahora, ya recuperada, puedo escribir nuevamente. Así que voy al grano.

    Esos días de playa, ocio y sexo fueron fantásticos, lástima que pude verme a solas con los dos muchachos argentinos solo una vez más y un momento muy breve, la verdad que lo pase hermoso con ellos, pero cuando se marcharon, solo podría tener sexo con Carlos, él realmente me hacía gozar como una perra, pero me había hecho adicta al morbo de tener varios machos juntos para mí y más yendo todos los días a la pileta o la playa del hotel, ver esos cuerpos jóvenes y musculosos de machos semidesnudos me excitaba y mis fantasías y calentura estaban a mil.

    Así que necesitaba coger con Carlos todos los días de todas las formas conocidas. Tres días antes de regresar, una tarde, cuando volvimos desde la pileta entre a ducharme, Carlos me dijo que regresaba pronto, yo estuve largo rato en la ducha y secándome el cabello y pasándome mis cremas en el baño, al salir lo vi a Carlos y dos muchachones sentados en un par de sillones de la habitación, yo estaba desnuda y quede paralizada por la sorpresa, Carlos me presento a los hombres -Erik y -y les dijo textualmente- esta es Isabel, es mi perra, se las presto, úsenla, hagan con ella lo que quieran, háblenle como a una puta pero nada de violencia.

    Yo seguía desnuda, estupefacta y confieso que a pesar de mi experiencia en situaciones como esta, estaba algo avergonzada. Carlos se puso detrás mío y mientras me manoseaba toda con su tono suave de voz me dijo, este es tu regalo, goza y haceme una película porno para mí solo, sé que necesitas mucho sexo y eso me encanta. Los cubanos se acercaron y mientras Carlos seguía manoseándome desde atrás uno de ellos se arrimó y me comió la boca y digo me comió porque eso es lo que hizo. Carlos tomo la filmadora se sentó en el sillón de la habitación, los jóvenes se apretaron contra mi uno delante y otro detrás y empezaron a manosearme toda, mi boca estaba a la altura de su pecho, me encantaba estar así, entre carne de machos, empecé a lamer sus pezones de hombre suavemente, uno de ellos me tiró sobre la cama y empezó a chuparme las tetas mientras el otro me manoseaba la concha, en ese momento yo ya estaba en mi salsa.

    Ni cuenta me di cuando me pusieron en cuatro y mientras uno me lamia el culo chupaba la pija al otro que estaba obsesionado con mis tetas manoseándolas como poseído. Me habían puesto recaliente y quería que me penetren, el que me lamia el culo le dijo al otro, que vieja puta, ya se le abrió el culo como para meterle dos vergas, se refirió a mi como vieja, eso no me gustó mucho, así que le dije entre gemidos pero con tono desafiante, cójanme si son tan machos, a ver si se aguantan a esta vieja puta. Por un instante mire a Carlos que con una mano sostenía la filmadora y con la otra se pajeaba.

    El cubano que estaba detrás me metió la pija en el culo de un solo empellón, mientras el otro arrodillado delante mío tiraba de mi cabello hacia el metiéndome la pija en la boca casi hasta la garganta. Si han leído mis experiencias anteriores saben que estoy acostumbrada a esto y que mi debilidad es que me la den por el culo, pero ninguno de los machos que me habían cogido antes tenía algo tan grande, así que no podía parar de gemir casi a gritos a pesar de tener la pija del otro en la boca. No sé cuánto me tuvieron así ni cuantas veces acabé, pero fueron varias, hasta que el que estaba atrás acabó y se echó a un costado mío, el otro en el acto fue atrás y siguió dándome por culo, el que se había puesto a mi lado me manoseaba las tetas y me besaba en la boca con su tremenda lengua que casi tenía el tamaño de una pija.

    Cuando el otro acabó el que me había dado primero ya estaba recuperado y volvió a la carga conmigo, pero me puso boca arriba con mis piernas en sus hombros y así me cogió largo rato hasta que acabamos juntos, durante todo ese tiempo yo trataba de observar y hablarle a Carlos que seguía filmando y pajeandose. Mientras los cubanos cambiaban su turno para cogerme, yo tratando de complacer a Carlos mirando la cámara y poniendo mi mejor cara de puta dije: cojo con todos, pero mi macho y mi papito sos vos, cojo con cualquiera, pero soy tu puta, tu perra y tu hembra, al escucharme Carlos vino directo a la cama donde el cubano me estaba cogiendo y tomándome de los pelos me metió la pija en la boca y acabó mientras yo lo miraba a los ojos y lamia hasta la última gota de esa leche de mi macho. Luego sin decir palabra volvió al sillón y siguió allí filmando todo el tiempo que los cubanos siguieron cogiéndome.

    Rato más tarde nos calmamos todos y conversamos un rato con los pibes, eran de pocas palabras, aunque muy simpáticos. Antes que se fueran Carlos les pregunto que opinaban de la ”carne argentina” uno de ellos respondió ”seré totalmente franco, aquí cogemos muchas turistas, pero la más puta que hemos cogido eres tu Isabel” además dijo algo que me resultó muy gracioso: ”tienes las mejores tetas y pezones que he visto y chupado”. Carlos y yo al acordarnos nos reímos mucho de su respuesta.

    El caso es que al marcharse ambos me besaron profundamente y por supuesto, me manosearon y chuparon los pezones como acto final. Yo estaba físicamente destruida, mi morbo no había funcionado a pleno, me cogieron muy bien, pero me falto un poco de dialogo sucio, no solo me gustaba que me cojan bien, también necesito escuchar que me dicen todo tipo de guarangadas, que me hablan como a la puta que soy, algún chirlo en las nalgas, así como me trataron los desconocidos de la cuadrilla o mis chicos del campo. Carlos estaba exhausto, estuvo todo el tiempo pajeandose, además de la acabada en mi boca no sé cuántas veces había acabado por su cuenta, así que nos tiramos en la cama, recuerdo que él me dijo que cuando me conoció al llegar al campo, me vio tan recatada, tan vergonzosa, que no podía creer que me hubiera vuelto tan puta o que haya sido puta antes y me hubiera contenido tantos años, haberte transformado en semejante hembra y que seas mía es lo que más me excita el morbo susurró y que me hayas hecho una película para nosotros dos me vuelve loco de placer.

    El ignora aun mi encuentro con los hombres de la cuadrilla de cosecha el día de la tormenta, en ese momento decidí que al llegar a casa le daría el nombre de esta página para que aquí se entere de lo que había hecho su puta, si alguno de ustedes aun no lo sabe puede leerlo en mis relatos. Un rato más tarde, nos bañamos y fuimos a cenar, luego tomamos una copa en el bar y nos fuimos a dormir temprano. El día siguiente fue de calma en la playa, disfrutamos juntos el aire y el agua cálida, conversamos mucho de trivialidades, yo quería compensar a Carlos por su regalo y esa noche el quedó bañándose y yo fui al hall donde había chicas que hacían cosas por dinero. Vi una chica llamada Katy que me pareció la más bonita y sexy y le propuse que nos visite a la tarde siguiente en la habitación, quería sorprender a Carlos casi de la misma forma que él lo hizo conmigo, arregle con ella y luego espere a Carlos en el barcito, esa noche estuvimos en la boite del hotel, yo tenía ganas de coger de nuevo, pero me contuve entendiendo que Carlos necesitaba recuperarse, además quería que esté a pleno cuando ”mi sorpresa” llegara a visitarnos. A la tarde siguiente, unos minutos después del horario acordado, golpearon la puerta, era Katy, realmente era una morocha hermosa y lucia esplendida, con su mini y un top que marcaba bien sus pezoncitos y sus tetas pequeñas, abrí la puerta la hice pasar y no pude evitar reír al ver la cara de sorpresa de Carlos que estaba recostado en la cama sin entender que pasaba ”ella es Katy, te devuelvo la sorpresa” le dije “olvidate que estoy yo y hace lo que quieras con ella”.

    Katy ni lerda ni perezosa se arrimó y le dio un largo beso en la boca y comenzó a acariciarle el pecho y besarle el cuello. Carlos estaba el mismo tiempo sorprendido y encantado, yo tomé la filmadora y empecé a filmarlos, yo había cogido con muchos machos, pero nunca había visto en vivo una pareja cogiendo, más aun viendo que era mi Carlos con una puta, no puedo describir el morbo que sentí al verlos gimiendo y retorciéndose en la cama como locos. Cuando ambos acabaron se tendieron en la cama, yo me desnude y me acosté y quedamos una de cada lado de Carlos. Ellos gemían y yo me estaba metiendo los dedos. Katy me dijo ”te ayudo” y apoyando su cuerpo en el de Carlos empezó a chuparme las tetas y tocarme la concha, no pensé que podría calentarme tanto, ella me miraba y en un momento no pude evitar besarla en la boca, y de ahí en más nos toqueteamos y lamimos sin parar. La chupada de concha que nos dimos fue inolvidable.

    Nunca pensé que podría gustarme tener sexo con una mujer, Carlos estaba encantado y nos alentaba todo el tiempo a seguir, mientras nos manoseaba a las dos, acabé varias veces y Katy también, Carlos tenía la pija como un hierro, ambas se la chupábamos al mismo tiempo y era un beso múltiple, la boca de Katy era tan deliciosa como la pija de Carlos, le chupábamos y nos besábamos, Carlos gritaba de placer y no era para menos, cuando el acabó entre las dos lamimos la leche de su pija y de nuestras bocas. Nunca imaginé una experiencia así, nunca había siquiera pensado en besarme con una mujer y ahora que lo había hecho me produjo un impacto de placer y de morbo solo comparable con aquella primera vez, cuando me agarraron los chicos en el arroyo. Este nuestro último día en Cuba, fue sin duda el mejor y todo se lo debemos a Katy. Carlos estaba encantado con la experiencia y yo con el morbo a mil. Ya no soy solo una puta ahora me empezaron a gustar las mujeres.

  • Nuestra amiga argentina enfiesta a su amiga-novia

    Nuestra amiga argentina enfiesta a su amiga-novia

    Bueno, dentro de las cosas que pasaron en esta semana; un día estábamos en la playa con Pau, mi hermana, mi cuñado y mis viejos, me entra un whatsapp, me fijo y era Gonzalo -varias veces hable de él, es uno de mis amiguitos, que me cogió varias veces y hasta me he quedado a dormir en su casa, y también me ha cogido con algún amigo, Gonzalo tiene, y siempre lo dijo una pija bastante considerable, que me hace doler, pero me pone loca-.

    Bueno la cosa es que la conversación fue así, y se las copio:

    Gonzalo: Hola Rubia, ¿por dónde andas?

    Yo: en Cariló, nene, sabes que estoy acá.

    Gonzalo: ¡yo también! me prestaron una casa y me vine con un amigo.

    Yo: que bueno nene, ¿lo estás pasando bien?

    Gonzalo: y mejor lo pasaría si nos vemos, ¿querés?

    (Nada, sabía que si lo veía me iba a terminar cogiendo, pero mi cabecita como en estas cosas funciona a mil pensé si esta con una amigo, nos pueden coger a las dos, ¿o no? Y Pau, que se yo, ya la voy a convencer, si peor que lo que pasó en lo del tatuado no va ser, así que le dije de vernos).

    Yo: dale nene, ¿dónde estás?

    Gonzalo: en el Balnerio xx

    Yo: forro, estas re cerca jaja, estoy en el xxx, carpa xxx, venite y nos vemos, que estoy con una amiga.

    (Yo ya re contra regalada)

    Gonzalo: ok, en un rato estoy.

    Le digo a Pau, que van a venir un par de amigos míos, que yo no sabían que estaban acá, no me dice nada, porque obvio ella ni sabía que Gonzalo me coge.

    La cosa es que llegan, toda la boludez del caso, los presento y nos vamos a caminar, caminamos un rato, Gonzalo me agarra de la mano, no le digo nada, Pau solo miraba, Gonzalo, me pasa la mano por la cintura y yo a él (como si fuéramos novios) ya la cara de Pau era de ¡intriga!

    Paramos en un barcito, hablamos mil boludeces, pero lo más importante, es que Gonzalo en un momento nos dice: “chicas ¿vamos a tomar algo a la noche?” sin preguntarle a Pau, les digo que si, que esta re buena la idea, quedamos en que nos pasaban a buscar por casa.

    Y empieza Pau con sus preguntas: ¿lo agarraste de la mano? ¿Iban abrazados? ¿Pasó algo con él? Hasta que me hinche las pelotas y le dije: “si, nena, ¿no te diste cuenta?, y no sabes ¡como coge!, tiene una pija hermosa”. Y Pau, me dice: “pero no vamos a hacer lo mismo ¡de la otra noche!” (Refiriéndose al tatuado) y le digo: “nena, vos confía en mi, nunca te voy a dejar sola, aparte Gonzalo no es el tatuado ¿o no te das cuenta?”

    Le dije esto porque Gonzalo es re fachero (nada que ver con el tatuado) y se nota que no iba a ser un descontrol ni “cigarros, ni nada de eso”.

    La cosa, es que llegamos a casa, me suena el whatsapp era Gonzalo, y me dice así:

    Gonzalo: Rubia, te pregunto por tu amiga, porque entre nosotros no van las boludeces y sabemos cómo termina esta noche.

    Yo: (haciéndome la boluda) ¿y cómo va a terminar?

    Gonzalo: rubia, a todos nos gusta lo mismo, no quiero zarparme, pero te pregunto por tu amiga, vale la pena que perdamos tiempo yendo a tomar algo, ¿o las paso a buscar y vamos derecho a mi casa?

    Yo: nene, ¿sos boludo? Eso lo tenés que manejar vos, ¡no me lo tenés que preguntar a mí!

    (Por un lado me embola cuando los chicos solos no toman la decisión y por otro lado, ya le estaba diciendo que sí).

    La cosa es que nos pasan a buscar, y en el camino al centro Gonzalo nos dice: “chicas es un quilombo de autos el centro, vamos a tomar algo en el jardín de casa, que hay de todo para tomar.” Y sin preguntarle a Pau, le digo: “nada, si es un quilombo ni vayamos, me embola el quilombo de gente” (cosa que es cierto).

    Bueno llegamos a su casa, nos quedamos en el living, Pau, estaba entre intrigada, asombrada, asustada, no sé bien como describirlo, la cosa es que me dice: “nena, no sé cómo termina esto, pero sola no me dejes”, y le digo: “nena, jaja, vamos a terminar cogiendo jeje, pero no te voy a dejar sola, cojamos todos juntos, me calienta verte coger” y la trola/lesbiana de Pau, me dice: “a mí también me encanta ver ¡cómo te cogen!”, jamás pensé que me iba a decir eso.

    La cosa, es que traen unos Fernet con cola, nos ponemos a tomar eso, Gonzalo se sienta al lado mío, y Diego (su amigo) al lado de Pau, yo ni lenta ni perezosa (como dicen las viejas), dejo que me parta la boca de un beso, y empezamos a matarnos y a Pau no le quedó otra que dejarse hacer lo mismo por Diego.

    Gonzalo, ya me estaba sacando la blusa y metiéndome las manos bien entre las entrepiernas, hasta que escucho que Pau dice: “NO, NO” (la forra tenia no sé qué, pero le daba que se yo, cosa que Diego se la llevara a coger a un cuarto).

    Me doy vuelta y veo eso, que Diego se la quería llevar a un cuarto, y les digo: “chicos, todo bien, pero con Pau siempre juntitas, ¡nunca nos separamos!” pufff, la cara de los chicos (sé que para ustedes lo mejor es eso coger todos juntos y para mí también)

    Bueno, la cosa es que empezamos de nuevo, Gonzalo a tocarme besarme y la veo a Pau y se estaba dejando hacer de todo con Diego, ya casi la tenía ¡en bolas!

    Gonzalo, me saca la pollerita, el corpiño, yo ya casi en bolas, me tiro en el piso y le empiezo despacito (como lo conté mil veces a chuparle la pija), veo que Pau me sigue y ya estaba haciendo ¡lo mismo! Estábamos las dos como dos putitas (y eso me calienta) chupándoles la pija a cada uno de nuestros chicos.

    Seguimos así un rato, hasta que nos quedamos los cuatro en bolas, cada uno en un sofá ¡distinto!, yo la llevaba a Pau, porque me di cuenta que ella iba haciendo ¡lo que yo hacía!

    Me lo monto a Gonzalo, y empiezo a saltar sobre su pija, Pau veo que hace lo mismo con Diego, las dos saltábamos como locas, pero me moría por ganas de besarla, ¡pero no podía! Estaba en otro sofá, hasta que acabamos casi juntos ¡los cuatro!

    Hasta que les digo: “vengan para acá” y nos quedamos los cuatro en el mismo sofá que era enorme, pero yo le miraba la pija a Diego y no estaba nada mal, y la verdad me empecé a calentar con la idea que me cojan los dos.

    Y yo que seré lo que seré, pero no soy de hacer estas cosas, pero como este verano estoy re zarpada, digo algo así: “¿a ver como esta esa pija?” y se la empiezo a chupar a Diego, al principio media dormida hasta que con mi arte de chupar bien las pijas se le puso re dura.

    Pau, pobre, no le quedó otra que hacer lo mismo con Gonzalo, también se la empezó a chupar, y otra vez terminamos cogiendo los cuatro juntos, pero la gran diferencia es que fue en el mismo sofá, cosa de que mientras cabalgamos arriba de los chicos, paso algo que fue más fuerte que nosotras ¡NOS EMPEZAMOS A BESAR Y A TOCAR! sentí que al ver esto Diego, su pija, se ponía cada vez más grande, y estaba más caliente, y con Pau nos seguíamos, besando hasta que acabamos de a poco otra vez ¡los cuatro juntos!

    Nos quedamos de nuevo en el sofá, nada, no había mucho que hablar.

    Hasta que le digo a Pau (repito estoy re zarpada este verano): “nena, veni y haceme lo que nos gusta” Pau re sorprendida me dice: “¿acá?” “si nena acá”, le agarro de la cabeza, la llevo a mi concha, me la empieza a chupar, los chicos al ver esto se pusieron re calientes, uno me besaba las tetas, otro la boca, hasta que Gonzalo con su hermosa pija ya reparada, me la mete en la boca, POR FAVOR QUE PLACER, PAU CHUPÁNDOME LA CONCHA Y LA PIJA DE GONZA ¡EN MI BOCA!, hasta que Diego también me la empieza a meter y Pau ya me metía los dedos en mi conchita, yo ya estaba re loca de placer, eran demasiadas cosas ¡todas juntas!

    La cosa es que termine acabando como pocas veces y los chicos llenándome la boca de leche, y lo peor fue que me la tragué ¡toda!, y se las seguí chupando hasta dejárselas ¡bien limpitas!

    Nada, ya medio muertos todos, nos quedamos en el sofá, pero Pau no había acabado, así que me tiro en el piso y se la empiezo a chupar, a meter los dedos, a comerle su clítoris, ella, ya estaba recaliente, no sé cómo hacía, pero entre dedo y dedo que le metía, también le acariciaba la pija a los chicos.

    Obvio, Pau re caliente, los chicos (que eran una máquina de hacer leche), se les volvió a parar de nuevo, se la sigo chupando a Pau, le digo que se ponga en cuatro en el sofá, me hace caso, le empiezo a chupar la cola, Diego, se prende, se la empezamos a chupar entre los dos, Diego se la escupe, le empieza a meter los dedos, y Gonzalo veo que le empieza a meter la pija en la boca, cosa que Pau por lo que vi ¡no se resistió!

    La cosa, es que los dedos de Diego en su concha pasaron a ser la pija de Diego en su cola, Pau dice: “NOOO, LA COLA NOOO”, le digo: “forra, te encanta ¡déjate de joder!”

    Mientras Diego le empezó a meter la pija en la cola yo se la chupaba, se la acariciaba, y Gonzalo le ponía la pija en la boca (bah, la re enfiestamos a la supuesta lesbiana).

    La cosa, es que Diego se la mete toda, Pau empieza también a jugar con esa pija adentro moviendo la cola, mientras yo se la seguía besando hasta que Diego se la llena de leche y Gonzalo le llena de leche la boca.

    La boluda no se la trago, va al baño a lavarse, ya ni sé qué hora era, pero es como que ya estaba hecha la noche, llega Pau, le digo: “vamos nena” y obvio me dice que sí.

    En el viaje de vuelta (bah 15 cuadras) casi no hablamos, llegamos a casa y yo estaba embolada de que no me dijera nada, le digo: “forra, te gustó ¡todo!, ¡no me digas que no!” y me dice: “nena, no te diste cuenta, no te voy a mentir me viste, pero me gusta estar ¡con vos!”

    Así, como estábamos, con nuestras polleritas (que lo que uso en todo el verano), nos empezamos a besar, terminamos, cada una con los dedos en la concha de la otra, besándonos, hasta que acabamos ¡otra vez!

    Yo ya no daba más, así vestida me tire en la cama y me quede dormida…

  • Mi amiga Feli me llevó hasta él

    Mi amiga Feli me llevó hasta él

    Todavía me acuerdo de cuando mi vecina era una mujer joven, que siempre me ha parecido muy grapa, que sin duda es muy buena mujer y muy cariñosa. Ella tiene como 31 años, es decir, doce más que yo, pero yo me acuerdo de ella aproximadamente de cuando tenía unos ocho años, ella tenía 20. Vivía con sus padres a quienes cuidaba, siendo yo pequeño de unos doce años murió su padre repentinamente y se quedó a cuidar de su madre que no tardó más de dos años después del hombre para morirse.

    Siempre que nos veíamos o encontrábamos en el ascensor nos saludábamos y le había tomado cariño de verdad. Aunque sabía que en mi casa no somos creyentes, ella me repasaba las lecciones de religión y ampliaba con bonitas historias. Es la vecina que todo el mundo quisiera tener, generosa, servicial e incapaz de hacer una maldad contra nadie. Hasta mi madre estaba encantada con ella.

    Hacía como un par de meses que no la veía, nunca nos encontrábamos en el ascensor y un día que vi salir a una mujer de su casa, le pregunté por Felisa y me dijo que estaba hospitalizada, que vendría pronto, en pocos días, por eso había venido a limpiar la casa. En ese tiempo yo ya tenía 19 años, por tanto ella tendría 31 y yo recordaba que el 11 de mayo era su onomástico y cumpleaños a la vez y estábamos a 9 de mayo, así que decidí comprar un ramo de flores blancas que sabía eran de su gusto y las llevé el día 10 al hospital para que adornaran su víspera y su día de fiesta.

    La encontré sentada en una silla de ruedas. La saludé, le di las flores, le felicité las vísperas, porque ella decía que «todos los santos tienen vísperas», yo no entendía mucho de santos, pero esa mujer me había dado tantos bombones de chocolate en mi infancia y adolescencia que merecía las flores, mi devoción a sus santos y otras cosas más. Me dijo que justo el día de su santo, es decir, al día siguiente la llevarían a casa. Tomé nota, me despedí y al día siguiente la estuve esperando a la puerta de la calle con mi violín. Cuando llegó le dediqué una canción que ella me había enseñado que interpreté a violín e incluso los de la ambulancia se esperaron hasta que concluí. Le di dos besos y la acompañé con la señora que me había avisado a su casa.

    Pasaron varios meses. En verano me despedí de ella, ya que la visitaba con frecuencia y al regresar le traje un detalle de cerámica. Seguía visitándola y ella hacía esfuerzos ante mí por mostrarse alegre. Me daba pena porque no salía de casa. Así que un día de la última semana de octubre le dije que abrigándose bien yo la podía llevar un rato todos los días a tomar un poco de aire para que no estuviera tan encerrada en casa.

    — Estoy de acuerdo, pero quisiera que la primera salida fuera para ir a misa, hace mucho tiempo, desde que me puse mal que no he ido.

    — Eso está hecho, tú me dices qué día comenzamos y yo te llevo a pasear cada vez que lo desees, te llevo a misa y a todo lo que quieras, de alguna manera te pago los chocolates que me he comido en tantos años.

    — Tengo ahí una caja de chocolates que me ha traído una visita, yo no puedo comer chocolate y te la guardo para ti, me dijo señalando donde estaban.

    Fui a ver y era una enorme caja de bombones. Le dije que esperara, me fui a casa, traje mi violín y le interpreté «Violin Concerto in A minor, RV 356», solo la primera parte que es más alegre, porque luego hay un momento que parece más triste y no quería que se entristeciera. Me aplaudió y me dijo:

    — ¡Qué bueno eres! Te voy a aceptar tu oferta, el día 1 de noviembre quisiera oír misa por mis padres, a las 11 en san Lorenzo, Antonia ha ido a encargar la misa. Si puedes…

    — Claro que puedo, y si no pudiera haría por poder, eso es dentro de tres días, pero ponte muy guapa, dile a Antonia que te vista bien…

    — Y tú, que sí que eres guapo de verdad, ¿cómo te vestirás?

    — Voy a ponerme unos jeans nuevos que me compré ayer, sin rotos que sé que no te gustan los rotos, pero muy skinny, ya sabes y una sudadera verde de Armani, estrenaré zapatillas…

    — Me gustaría que llevaras zapatos, ¿y debajo de la sudadera nada?

    — Entonces llevaré zapatos marrones y una camiseta amarilla debajo de la sudadera.

    — Ah, y gafas de sol, aunque no las uses, que te quedan muy bien.

    — Y para mi chica, me pondré gafas de sol aunque no las use, que me quedan muy bien.

    — Pero yo no soy tu chica…

    — ¿No?, ¿Por qué?

    — Porque tú eres gay, yo soy tu amiga…

    — Para mí eres mi chica y quiero presumirte igual que tú quieres presumirme, a que sí.

    — ¡Eres un sol, Javi, eres un sol!

    — Y tú eres mi cielo.

    Así era todos los días, un rato de charla agradable, alabanzas mutuas y como mi madre la visitaba de vez en cuando, Feli —así la llamaba yo— le contaba cosas de mí. Un día mi madre ante mi padre y hermanos dijo:

    — Me parece bien que visites a Felisa, que le ayudes y le hagas gracias para que se ponga feliz, hasta tocas para ella sola el violín, pero a tu madre nada de nada…

    Todos me miraban y yo me quedé tieso de vergüenza. Mis hermanos comenzaron a meterse conmigo medio en serio medio en broma, pero me sentí fatal. Fui a mi habitación y lloré. Entró mi padre, que me adora, y me dijo que se trataba de una broma, que no lo tomara en serio, pero por más que quería calmarme, yo me ponía peor. La verdad es que no me gustó para nada la queja de mi madre porque siempre hacía lo que ella me pedía, mientras que mis hermanos —éramos tres hermanos— estaban con sus chicas y hacían menos caso a mi madre. Se lo razonaba con amargura a mi padre. Me entendía perfectamente, porque sabía que lo de mi madre conmigo no era porque no le hacía caso, sino porque sentía vergüenza de tener un hijo gay.

    Yo le había dicho a mi padre que en cuanto pudiera, me haría concertista y me iría de casa para dejarla tranquila. Mi padre había hablado después con mi madre y ella vino a disculparse, la escuché, pero le dije que me dejara solo. Salió de mi habitación. Todo esto pasó, porque todos estuvieron acongojados y ver eso me hacía sufrir más y tuve que decirles que ya estaba todo pasado.

    Llegó el día 1 de noviembre, a las 10 de la mañana me presenté en casa de Feli. Ella estaba ya en su silla y muy bien vestida. Le dije que la encontraba pálida y me dijo que Antonia se olvidó de ponerle algo de polvo en la cara. Lo busqué en su armario del baño y con mucho cuidado y siguiendo sus instrucciones la arreglé a mi gusto, incluso me puse un poco de polvo en mi cara y Feli se reía de gusto.

    Salimos a la calle, los conocidos nos saludaban y entretenían y tuvimos que darnos prisa para llegar puntuales a la misa. Ella estaba en el pasillo con la silla de ruedas y yo en la esquina del banco a su lado. La misa fue entretenida con cantos de un grupo gospel, aunque no entendí mucho. Después de misa vino el cura a donde estábamos y saludó a Feli, alegrándose mucho por verla, según decía:

    — Y ¿quién es ese chico tan guapo que te acompaña?

    — Es un amigo que es vecino de mi casa.

    — Ah, mira que bien, ¿pero será tu novio?, —dijo el cura con cierta sorna.

    — Ah, no, si usted supiera…

    — ¿Qué tengo que saber, Felisita?

    — No, nada, no es nada…

    — Dime, dime; vale, dime eso que…

    — Señor, no insista, ella no quiere decirle nada, soy yo quien le voy a decir que no soy su novio porque soy gay, ella es mi amiga…, —así le dije al cura.

    Ni se inmutó. Más bien me miró con agrado y una bobalicona sonrisa y acabó diciendo:

    — Bueno, bueno, a ver Felisa si nos vemos más, ahora que tienes un amigo que te acompaña.

    Salimos de la Iglesia, como hacía sol, aunque no calentaba mucho, nos fuimos a una terraza en la plaza a tomar algo y me puse las gafas de sol.

    — No te has dado cuenta, pero todos te miran —dijo Feli muy contenta— y es que eres guapo de verdad y con el buen color de cara que tienes…

    — No me pongas nervioso, Feli, que voy a enloquecer, a veces quisiera ser feo para pasar desapercibido…

    — Pero es que te sabes vestir, con ese jean tan ajustado se te marcan las rodillas, perfectamente los gemelos de las piernas y tus glúteos al moverse, a ver quién no te mira.

    — Eres atrevida, Feli…

    — Eres mi amigo y me hace feliz que les gustes a los demás y que me tengan envidia; ¿sabes lo que significa una chica paralítica con un chico como tú?

    Nos reíamos de estas tonterías que comentábamos, hasta que la fui a llevar a casa. Ese día le preparé la mesa y la acompañé mientras comía, luego retiré todo y puse todo en el lavavajillas. La besé y me despedí, me fui a casa a comer.

    **********

    Durante unos diez días mis relaciones con mi madre no iban bien, yo la rehuía y ella no daba su brazo a torcer, dejé de tocar el violín en casa y me iba a la academia, para que en casa no me oyeran mis ensayos.

    Regresando de la academia, me encontré la iglesia de san Lorenzo abierta, siempre debía estar abierta a esas horas, pero no caía en la cuenta, desde que acompañé a Feli me percaté de la puerta abierta y gente que entraba y salía. Entré, me pareció oscura, pero al rato de estar dentro ya distinguía todo y me pareció bonita, era un gótico mal conservado, pero me senté en un lugar donde había un rayo de luz desde una ventana y me gustó la idea de estar iluminado por un aura sobrenatural.

    Mis amigos de la academia me dicen que yo soy medio poeta y medio artista porque siempre encuentro razones para ponerse en plan místico. Eso dicen ellos, pero no es verdad, lo que pasa es que la música y la danza, dos actividades que practico en la academia, forman el espíritu y el pensamiento con ciertas delicadezas, aunque no a todos. También dicen eso porque en sus cumpleaños les escribo poemas rimados con cierto erotismo y les encanta.

    Pues estando sentado en el banco se me acercó el cura de la misa de la otra vez y me dijo:

    — Tú eres el amigo de Felisa, —y se sentó a mi lado.

    — Sí, señor.

    Ese día iba con uno de mis jeans muy rotos, aparte de las rodillas la pierna derecha estaba muy desgastada y en la izquierda el roto subía muslo arriba. Suelo usarlo más en verano, pero si no hace frío me gusta ponerme los más rotos, es algo que fastidia a mi madre. El cura no era viejo, ni excesivamente mayor, no le haría más de 30 años o por ahí estaría, rubio y bien parecido; lo que me pareció es que era un poco tontín, y me preguntó:

    — ¿Qué edad tienes?

    — Diecinueve años, —respondí.

    — ¿Qué estudias?, porque tú estudias ¿no?, —inquirió insistente.

    — Danza y música, en concreto practico violín, —respondí.

    — Qué interesante, hasta podrías tocar aquí en la iglesia el violín…

    — No, no puedo, —respondí

    — ¿Por qué no puedes?, —ya parecía la inquisición.

    — Porque nosotros somos estudiantes, no intérpretes profesionales y para tocar como estudiantes en un lugar necesitamos comunicar al director y al profesor y nunca iríamos solos y ellos ponen condiciones, nunca es gratis, aunque nosotros no cobramos pero con eso ayudamos a la academia, —fue la respuesta exacta.

    —Ah, qué desprendimiento, —puso su mano sobre mi muslo semidesnudo y preguntó señalando el maletín de mi violín:

    — Es ese tu violín? ¿puedes mostrármelo?

    — Sí, claro, —respondí, tomando el maletín que me puse sobre mis piernas para que quitara su mano que ya me estaba produciendo una erección y la sacó, no sin rozar levemente por mi paquete.

    — Oh, se ve que es bueno, ¿cómo lo conseguiste?

    Entonces entró un grupo de gente en la iglesia y me invitó a pasar a una sala donde tenía una mesa escritorio y cerró la puerta. Y me invitó a que le mostrara el violín, lo saqué, dejé que lo tocara con sus manos y se lo cogí enseguida mientras le pasaba un paño para eliminar las posibles huellas. Cerré el maletín mientras le contestaba:

    — Me lo compró mi padre cuando ingresé en la academia y me inscribí en danza y música. Es bueno el violín, pero si llego a ser profesional tendré que comprarme otro mejor, aunque este es profesional, es de abeto alemán, —y cerré la caja para irme.

    — Me dijiste la otra vez que eras gay, ¿o era una broma?

    — Es verdad, no es broma, aunque sé que ustedes no lo ven bien eso…

    — ¿Por qué piensas así? Acogemos a todos…, además, el amor es cosa nuestra, ¿no te parece?

    — No lo sé, yo no soy creyente ni cristiano.

    — ¿¡Qué me dices!? —puso cara de extrañeza y sacó una voz gruesa de nariz y medio afectada.

    — En mi casa no somos creyentes, ni yo ni mis hermanos estamos bautizados, pero yo iba a clase de religión en el colegio porque mi padre decía que había que saber de todo.

    — Un padre muy inteligente; sentémonos aquí y me explicas, ¿has tenido o tienes relaciones… —me entiendes—? ¿relaciones sexuales con otros chicos?

    — Por qué me haces esta pregunta?

    — No, verás, como te diría yo…, —noté que movía sus manos muy amaneradamente.

    — ¿Quieres tocarme o follar conmigo?, —le pregunté.

    — No te lo tomes a mal, bueno, no sé, igual tú quieres…

    — Yo sí, te veo bien, eres guapo de cara… ¿tú eres activo o pasivo?, —pregunté.

    — ¿Cómo quieres decir? Verás, es que…

    — Sácate el pantalón, —me puse en plan dominante.

    — Por favor, tú primero.

    — Como había una alfombra, descalcé mis zapatillas para poder sacar el pantalón, me desabroché los botones de mis jeans, me los bajé y los saqué de mis pies y los dejé sobre la alfombra.

    Me miraba con ojos redondos y abiertos, sobre todo al ver que no llevaba interiores y le salió de frente mi polla de 18 cm morcillona y mirando hacia abajo.

    — Ahora tú, bájate el pantalón.

    — ¿Me la dejas tocar?

    — Nos la tocamos a la vez.

    Se bajó el pantalón y apareció su calzoncillo blanco tipo entre slip y bóxer. Le hice señal para que se lo sacara y lo hizo. No estaba mal lo que apareció. No tan grande como la mía, pero casi y la tenía medio empalmada, ya no colgaba, pero los huevos los tenía muy colgados y eso me gustó. Me quité la sudadera y me acerqué para quitarle el jersey y la camisa. No lo hice despacio por si se arrepentía pero ya había caído en mis redes y yo en las suyas y le saqué el jersey negro. Lo besé, me besó, pero sin abrir la boca, le mordí el labio inferior sin hacerle daño para que la abriera y meter lengua, enredamos las lenguas y de su boca emanaba mucha saliva, estaba muy nervioso. Le desabotoné la camisa y se la saqué, entonces se atrevió a sacarme la camiseta. El suelo estaba lleno con nuestras ropas, solo teníamos puestos él los calcetines largos y yo mis invisibles.

    Me abracé a su cuello para profundizar ahora el segundo beso y que nuestras pollas se juntaran. Noté cómo se había electrizado y me agaché un poco para besarlo y lamerle sus pezones. Sus tetillas eran blandas y el entorno lleno de grasa, lo mismo que su incipiente barriga. Tenía todo el cuerpo con sus pelos, nunca se los había recortado. Pero yo estaba en la gloria y me puse de rodillas para chuparle la polla. Mientras se la mamaba miraba para arriba y vi que había doblado el cuello hacia atrás y su cuerpo se arqueaba hacia atrás, su cara miraba al techo y la estaba gozando, descapullé con mis labios su glande y pasaba la lengua por su frenillo que le hacía mover las caderas cada vez que lo rozaba con la lengua dando vueltas. Se le puso muy dura y comencé a masturbársela con mi boca, ya que él no se movía.

    Descansé un momento y entonces se movió y se puso a follarme la boca, quería que me la metiera hasta el interior y ayudaba yo con mis manos detrás de su culo, por más que quise era imposible llegar a la glotis, pero lo suficiente para que llegara al fondo y sintiera que me estaba follando y comenzó a dejarme su manjar, el delicioso néctar que tanto me embriaga.

    Tiré de él para que se arrodillara y lo besé para que gustara su propio sabor. No hizo ascos y nos pusimos a hacer sobre la alfombra y la ropa un 69. Él me comía mi polla dándome un gusto exquisito y yo preparando su culo por si me daba oportunidad. Sus manos querían cogerme todo el cuerpo y me manoseó del todo como un marica cualquiera en celo. Chupaba mi polla con algún dentellazo, pero me daba lo mismo. Yo le metí hasta tres dedos. Se quejaba, pero soportaba porque tardé en eyacular en su boca y se le escapó al suelo. Recogí como pude algo y me sirvió de lubricante para abrir bien su culo.

    Metí la lengua en su ojete y gemía y suspiraba. Cerró su culo con un estremecimiento y quedó mi lengua aprisionada por un momento. Entonces supe que se dejaría follar. Me di la vuelta, me puse de rodillas detrás de su culo, atraje fuerte hacia mí cogiéndole con mis manos por las ingles y le puse mi pene en la puerta de su ojete, lo paseé por allí y por la raja tocando siempre su orto y ya supe que tenía ganas, lo introduje un poco y gimió, pero no se quejó, lo introduje poco a poco con dos escupitajos de mi saliva y entró media polla. Ma aquieté y me gritó

    — ¡¡Métela ya, maricón!!

    El grito me exasperó y ahí estaba yo cruzando el dintel de la iglesia recóndita. Lo atravesé y se escuchó un grito incomprensible. Me detuve, y le agité su cadera para que moviera un poco el culo. Después de esto inicié un mete y saca cada vez más intenso y rápido hasta que eyaculamos los dos a la vez. Nos tumbamos en el suelo yo encima de él. Al rato saqué mi polla de su culo y con su calzoncillo le limpié lo que iba saliendo. Lo vi que estaba exhausto y que no hacía nada por levantarse. Le cogí de los brazos y le dije:

    — Ahora el beso de despedida, pero antes me dices cómo te llamas.

    — Abel.

    — Gracias, yo me llamo Javi.

    — ¿Te vas a ir?, ¿no quieres entrar en mi casa y te duchas conmigo?

    Acepté y por una puerta de ese despacho llegamos a un pasillo que daba a su casa. La ropa la llevaba yo en las manos, la suya y la mía, él iba delante, moviendo el culo muy graciosamente. En su casa hacía un poco de frío, dejé la ropa en una silla, porque me invitaba a entrar en el baño. Nos metimos juntos en la ducha. Yo solté allí mismo mi orina y él hizo lo mismo. Mientras nos echábamos gel uno al otro y manoseábamos para limpiar las supuestas zonas manchadas de semen, le dije:

    — Abel, cuando quieras, vengo y me follas, te gustará.

    — Dame tu número de móvil o vienes un día a estas horas.

    Salimos, me pasó una toalla y me sequé. Me vestí, le di un beso y me iba a salir, cuando dijo:

    — Javi, ¿te tomarías una cerveza conmigo?

    — ¿No tienes un refresco?

    — Sí, de piña.

    — Eso me va; la cerveza no la quiero porque me encharca y creo que me engordaría.

    — Tienes un cuerpo de envidia, —y puso su brazo en mi cintura, yo estiré el cuello para besarle y le dije:

    — Cuando quieras es tuyo, me avisas.

    Tomé mi refresco y lo dejé allí vistiéndose y tomando su cerveza. Me llamó al móvil, acudí. Me llamó varias veces e iba y otras iba yo al salir de la academia. Esa primera vez salí por la puerta de su casa a la otra parte de la iglesia, di la vuelta y había un hombre cerrando la iglesia.

    Muchas veces nos vimos Abel y yo, no sabría cuántas, hicimos el amor, incluso alguna, como dos o tres, me quedé a dormir en su casa. Estaba solo y dormí con él en su cama. Era muy cariñoso. Pero un día fui por allí al salir de la academia, me senté en un banco a esperar, no vino nadie. El señor que había cerrado la puerta la primera vez me dijo que iba a cerrar y le pregunté por el cura don Abel. Me dijo que lo habían destinado a otro pueblo, no pregunté dónde y ya no supe de él hasta la semana pasada que Feli me dijo en qué lugar estaba.

    Decidí tomar el coche de mi padre e ir a verle. Se alegró muchísimo de verme. Pero otra vez contaré lo que hicimos, aunque doy por supuesto que follamos y seguiremos follando. Me ha invitado a pasar las fiestas del pueblo, que me quedaré en su casa y también que me traiga a Feli que la hospedará en el convento de las monjas, que ellas la cuidarán.

  • Soy crossdresser (Parte 2)

    Soy crossdresser (Parte 2)

    Me imagino en casa una noche cualquiera de verano entre semana.

    Sentada frente al ordenador con mi lencería de andar por casa y chateando con chicos de diferentes sitios…

    Uno de ellos es de mi ciudad y ya hemos chateado en otras ocasiones y sabemos lo que nos gusta a cada uno…

    El chateo se va calentando por minutos y decidimos salir a conocernos en persona…

    Entonces decido vestirme y maquillarme para estar bien sexy para la cita aunque informal y cómoda…

    Cuando estoy lista (son las 2:00 de la madrugada) bajo al parking para coger la moto para ir a la cita.

    (Ir en moto vestida es una de esas fantasías que me encantaría hacer algún día)

    Hay poco tráfico pero cada coche o moto que me pasa veo que se me quedan mirando… y eso me encanta…

    Llevar las piernas al aire con esa minifalda es muy excitante…

    En algún semáforo escucho piropos…

    El trayecto dura unos 15 minutos y los disfruto a cada cual que se gira para mirarme de arriba abajo…

    Cuando estoy llegando al lugar de la cita, veo al chico esperándome… es guapo y alto y con un cuerpo normalito pero bien cuidado…

    Paro la moto frente a él y se me queda mirando y sonríe…

    Sin bajar de la moto, con las piernas estiradas me quito el casco y sacudo el pelo para ponérmelo bien…

    Él se me acerca y me da 2 besos…

    Pero yo necesito más y le doy un piquito en la boca… él sonríe y me besa…

    Me gusta y el beso se convierte en un morreo… mmmm

    Besa muy bien y mueve mejor la lengua…

    Me va acariciando, el pelo con una mano y la espalda con la otra…

    Me voy excitando y también le voy acariciando y sin cortarme le agarro el culo… lo tiene bien…

    Una de sus manos decide bajar por mis hombros, pechos, los acaricia y sigue bajando… mi vientre… pasa por la minifalda (algo recogida al estar en la moto) y llega a mis piernas… las acaricia… las tengo súper suaves porque estoy recién depilada y con aceite corporal….

    No dejamos de besarnos y tocarnos…

    Ahora su mano empieza a buscar bajo mi minifalda…

    Y encuentra mi regalito que se va poniendo duro… mmmm

    Mi mano baja a su paquete y puedo notarlo muy excitado… mmmm

    Mis piernas tiemblan de placer y excitación…

    Y le digo que no aguanto mucho más y le deseo… ufff…

    Estamos bajo su casa y decidimos subir…

    Me ayuda a aparcar la moto, cual caballero…

    Me agarra de la mano y me lleva hacia el portal…

    Me voy contoneando con mis taconazos y él, sin soltar mi mano, se pone algo detrás de mí para admirar mi contoneo y yo sonrío de forma pícara y me contoneo más aún para él…

    Nada más entrar en el portal y mientras esperamos el ascensor él me apoya en la pared y me besa acariciando mis pechos con una mano y me levanta una pierna con la otra acariciándomela… mmmm

    Llega el ascensor y subimos a su piso…

    A partir de ahí la fantasía puede ser como otra cualquiera y os la dejo a vuestra imaginación…

    Besitos

  • Cómo salvé el negocio de mi esposo

    Cómo salvé el negocio de mi esposo

    Te contaré mi tremenda historia que sucedió hace año y medio aproximadamente. Me llamo Ana, tengo 41 años y llevo 12 años casada con mi esposo Damián, quien es empresario. Somos un matrimonio feliz con dos hijos, con una vida que ha transcurrido por los carriles normales de cualquier familia de clase media alta.

    La cosa empezó a cambiar cuando un par de negocios desafortunados, hicieron caer estrepitosamente nuestro nivel económico. A partir de entonces lo que para nosotros había sido una vida placentera, se convirtió poco a poco en un callejón sin salida y tuvimos que olvidarnos de vacaciones, hoteles de lujo, restaurantes de primera, etc. Las discusiones y el mal humor dentro del hogar, comenzaron a ser la moneda corriente por aquellos días, nuestra vida sexual que siempre habíamos mantenido encendida, también vio afectada hasta casi llegar al desinterés.

    Creo conveniente aclarar que ambos nos mantenemos en excelentes condiciones físicas, nuestras amistades siempre nos han dicho que Damián ha tenido la fortuna de tener una mujer tan guapa como yo. Sin falsa modestia me siento atractiva y orgullosa de mi cuerpo, todavía consigo atraer la mirada de los hombres que se dan la vuelta para mirarme cuando voy por la calle, tengo las armas necesarias que cualquier mujer atractiva debe tener.

    Después de tres años sin poder levantar cabeza, mi marido tuvo la posibilidad de realizar un negocio de importación que había estado gestionando infructuosamente, de la noche a la mañana renació el interés de la empresa que necesitaba el producto que nosotros estábamos comercializando, si todo salía bien nos darían una importante suma de dinero en forma inmediata, ayudando a las finanzas del negocio por varios años.

    Tras algunas idas y vueltas, Damián consiguió agendar por fin una reunión para cerrar las bases del acuerdo, la cita era en la ciudad de San Francisco a la semana siguiente, y me pidió de forma insistente que lo acompañara para cerrar el trato, por fin íbamos a conseguir el fin de nuestras penurias económicas.

    El inversionista a quien mi esposo había contactado era de origen italiano, y radicaba en Estados Unidos desde hacía 15 años, su edad pasaba de los 45 años. Él solamente había estado en México un par de ocasiones cuando visitó la Riviera Maya junto a su familia, aunque siempre había tenido interés de buscar alguna posibilidad de negocios en nuestro país, situación que finalmente lo conectó con mi esposo. Este hombre sin saberlo tenía nuestro futuro en sus manos. El mismo día que mi esposo acordó la cita, comenzamos a prepararnos para el viaje, y compramos los boletos en vuelo directo desde la Ciudad de México, para llegar un día antes a nuestra cita, y evitar así cualquier contratiempo que pudiera ocurrir ajeno a nosotros.

    El día que arribamos al aeropuerto de San Francisco, estaba atestado de gente procedente de China, parecía que hubiéramos llegado a algún país del lejano oriente. Pasamos el control de migración y la aduana sin problemas, al salir alquilamos un auto austero. Nos dirigirnos hacia el sector de Palo Alto y San José, ubicado al sur de San Francisco. El panorama de este lugar me dejó sorprendida, veía las calles impecables con jardines y edificios de primera. Nos hospedamos en el Hotel The Fairmont, ubicado a tan solo 15 minutos de nuestra cita. Una vez instalados, preferimos descansar el resto de la tarde, pues no habíamos podido hacerlo en varios meses por las responsabilidades que tenemos en casa y el trabajo.

    Al día siguiente la cosa se tornó tensa, mi marido y yo no teníamos humor para ir a conocer la ciudad, parecíamos estudiantes en los momentos previos de un examen final, estábamos nerviosos ensayando las cosas que íbamos a decir, o los temas que utilizaríamos para amenizar la cena. Nos vestimos con lo mejor que teníamos para aquella ocasión, Damián con un traje oscuro y camisa al tono sin corbata; yo con un vestido negro de espalda baja, sobrio y elegante, que llegaba un poco arriba de la rodilla, acompañado de una estola roja, la cual me fue de mucha utilidad, pues en aquella temporada comenzaba a haber un leve frío por las noches.

    Por fin llegó el momento de dirigimos a nuestra cita guiados con el Waze que siempre carga en el celular Damián, sin dificultades llegamos a un elegante edificio llamado Monticello Apartments, en uno de los sitios más lujosos de la zona. Subimos al apartamento donde nuestros anfitriones nos esperaban muy puntuales, y ambos me produjeron una agradable impresión. Diana se veía más joven que su esposo, llevaba un vestido blanco de una sola pieza sin mangas, coronado por un elegante collar, supuse que tendría unos treinta y cinco años de edad, rubia natural de ojos azules, con un cutis que haría envidiar a cualquier actriz de cine. Carlo era un hombre blanco de cabello castaño, un poco más alto que mi esposo, elegante y atractivo, bien cuidado en su aspecto y modales. Ambos hablaban muy bien español con acento latino, ya que habían vivido 10 años en Miami. En su plática se notaba lo distinguidos, amables y cultos que eran, además de ser muy sociables. No tardamos mucho en entablar una amena conversación durante la cena que nos ofrecieron.

    Al término de la sobremesa pasamos a la estancia de su apartamento, esta vez la plática giró en torno a los viajes exóticos que habían realizado por el Sureste asiático, nos contaban la impresión que les había causado la cultura de aquellos países tan diferentes a Occidente. Carlo se sentó al lado de mi esposo, tomó un documento que estaba sobre la mesa de centro, y comenzaron a charlar sobre el negocio que pretendían cerrar esa misma noche, nuestro anfitrión parecía tener el manejo de la situación en cada momento, y aunque mi marido era también un hombre acostumbrado a las relaciones comerciales, quedaba relegado en un segundo plano frente a Carlo. Mientras ellos seguían conversando, Diana me llevó a la cocina para mostrarme un bote que tenía varios sobres de yerbas que había adquirido en su último viaje por Asia, seleccionó uno de ellos y preparamos una infusión muy aromática.

    A nuestro regreso la estancia se perfumó con el aroma que despedían las tazas, mi esposo y yo quedamos impresionados por aquella novedad, bebimos los extractos agridulces mezclados con un poco de alcohol. El ambiente se tornó más tranquilo, aquella bebida nos había relajado.

    —No se asusten, puede que al principio les ocasione algún tipo de sopor, pero les aseguramos que no hay nada que los haga sentir mejor —Nos comentó Diana mientras volvía a llenar las tazas. Ciertamente, me sentía muy bien, quizás un poco extraña, como si estuviera en un ligero sueño.

    —Nos alegra contar con su visita, no solemos invitar a personas que acabamos de conocer, con ustedes Diana y yo nos sentimos en total confianza, pues la gente anglosajona es un poco fría en su trato, muy distinta a ustedes —dijo Carlo con su clásica sonrisa. Aquellas palabras sonaron tan cordiales que nos sentimos más a gusto con ellos.

    —Ven, quiero que me acompañes al salón —Me dijo Diana tomándome de la mano para conducirme a un salón lleno de cuadros, imaginé que Carlo y mi esposo estaban por conversar algún asunto privado, así que consideré muy prudente irme junto con Diana, no sin antes disculparnos por dejarlos solos. Diana fue mostrándome cada cuadro de su colección de pinturas que ella misma había ido adquiriendo en diferentes galerías, sin duda tenía un estilo de vida muy lujoso que le permitía tener esa afición tan cara. Me explicaba el significado y las cualidades de cada pintura, aunque confieso que me resultaba difícil encontrarle sentido a lo que Diana amablemente me explicaba. Mientras me esforzaba en ello, sentía su mirada fija sobre mí, me incomodaba mucho pues acababa de conocerla, incluso creí que tenía una mala impresión de mi persona. Finalmente volteé a verla tratando de intimidarla, pero ella sin apartar la mirada me dijo:

    —Eres muy bonita Ana —al decir esto me acomodó un mechón de cabello detrás de mi oído, acercó su rostro y me plantó un beso por sorpresa, sin darme tiempo a reaccionar. Apenas pude creerlo, al evadirla me respondió tranquilamente:

    —Está bien, no te preocupes. Solo aprecio lo linda que eres.

    Sin aceptar su disculpa, me regresé hacia la estancia dándole groseramente la espalda, ella quiso tomar mi mano para detenerme, pero se la quité bruscamente. Al llegar nos encontramos a los dos señores bebiendo en animada charla. Diana llamó a su marido y se fueron a otra zona, dejándonos solos. Sin demora Damián preguntó qué me sucedía, pues de inmediato se dio cuenta de lo exaltada que estaba:

    —¡Esta tipa me besó! —exclamé sorprendida e indignada.

    —¿Qué?

    —¡Te he dicho que Diana me besó en la boca!

    Damián comenzó a reír un poco incrédulo, como si le hubiera contado algo gracioso, aunque también lo noté preocupado.

    —¡Nos vamos ya! —le dije mientras me levantaba rápidamente.

    —¿Qué haces Ana? no podemos hacerles una grosería a nuestros anfitriones, menos ahora que estamos por cerrar la negociación. Creo que no has entendido bien —Me dijo.

    —El que no ha entendido bien eres tú, esto ya no me gusta y quiero irme. Hemos cumplido con la formalidad de visitarlos y ahora nos vamos –

    —¡Espérate mi amor! ¿No te das cuenta que está en juego nuestro futuro?, si nos vamos ahora todo estará perdido y nos iremos con las manos vacías, además nos esperan muchas deudas a nuestro regreso. Ana, compréndelo, debemos quedar bien con nuestros anfitriones esta noche, sea como sea –

    Aquellas palabras retumbaron en mi cabeza, comencé a comprender su significado.

    —Pero… ¿Qué pretendes Damián… hasta dónde debemos quedar bien con ellos?

    —No lo sé, tú nada más llévales la corriente y no digas nada, solo recuerda que tienes mi consentimiento para cualquier cosa, sea lo que sea. Si todo sale bien esta noche, ten la absoluta certeza de que pronto solucionaremos todos nuestros problemas financieros.

    Al terminar de decir eso me dio un prolongado beso sin dejarme responder, quedé todavía más confundida y pensé decirle que mejor él se iba a quedar para cerrar el trato, porque yo me iba. En ese momento regresaron nuestros anfitriones.

    —Perdón que los interrumpamos, nos complace saber que son un feliz matrimonio que no ha perdido la chispa con el paso de los años, ¿Verdad querida? —Dijo Carlo, quien tenía abrazada a su esposa por la cintura.

    Diana nos invitó una copa y nos sentamos nuevamente, traté de olvidar lo que me había ocurrido con ella como si nada hubiera pasado. Minutos más tarde Carlo y mi esposo volvieron al tema del negocio, no tardaron mucho en disculparse con nosotras para irse al despacho, ya que finalmente iban a firmar ese contrato. En aquel momento sentí mariposas en el estómago, la exótica infusión que había bebido, combinada con la tensión del negocio y quedarme nuevamente a solas con Diana me pusieron muy nerviosa. No atinaba a imaginar cómo reaccionaría ella esta vez, aunque también esperaba que se olvidara de lo sucedido entre nosotras.

    Ella se sentó a mi lado para disculparse, lamentaba haberme incomodado. Me contó que había tenido encuentros con otras mujeres en algunos de sus viajes, y le apenaba mucho su comportamiento conmigo. Volvió a decirme lo bella que me veía, esperaba que esta vez no lo tomara a mal, que podía sentirme como en casa. Ambas permanecimos en silencio, me tranquilizaron sus palabras y me apenaba no saber qué responder a su honestidad, ella rompió el silencio susurrando a mi oído:

    —Eres muy guapa y me gustas mucho, no te molestes conmigo”. Yo me quedé fría casi en pánico, aunque esta vez me contuve en rechazarla de nuevo, al recordar las palabras de mi esposo, sabía que en ese preciso momento estaba firmando ese maldito contrato.

    Dejé que continuara, me intrigaba saber hasta dónde sería capaz de llegar. Ella comenzó a jugar con mi cabello haciendo rizos con su dedo, acercó su rostro y exhaló su aliento en mi oído, chupando un poco el lóbulo de mi oreja. Permanecí inmóvil tratando de disimular indiferencia, ella aun así prosiguió en su empeño, sus manos acariciaban delicadamente la piel de mis brazos, y esta no tardó en erizarse. Diana incesante recorría con sus caricias mi rostro, pasaba por el cuello bajando por mis brazos hasta mi vientre, a veces tocaba un poco mis muslos por encima del vestido, el aroma de su perfume era exquisito, sus seductores dotes femeninos después de varios esfuerzos, habían conseguido que poco a poco comenzara a sentir cómo se humedecía mi sexo.

    Era la primera vez que una mujer me estimulaba de esa manera, no tengo duda alguna sobre mi preferencia heterosexual, pero en ese momento estaba a mil y sin contenerme más, tomé de su cabello hacia atrás y le dediqué un prolongado beso donde nuestras lenguas se encontraron en un intenso remolino. Por la excitación del momento, me atreví a meter una mano por debajo de su brassier, y sentí la endurecida piel de sus pezones. El rostro de Diana se había sonrojado, creo que no esperaba que yo reaccionara de esa manera, sin embargo, aprovechando la oportunidad, comenzó a tocar suavemente mi entrepierna. Paulatinamente mis piernas se relajaron para dejar que su mano continuara y se deslizara cada vez más adentro en cada caricia, hasta toparse con mi ropa interior.

    Sus dedos me sobaban muy rico por encima del delgado encaje que todavía los contenía, y ella sin esperar más se bajó del sofá poniéndose de rodillas, sin decirme nada comenzó a bajarme las bragas, yo sin más le ayudé en la maniobra levantando un poco la cadera.

    Una vez que logró retirarlas, abrió de par en par mis piernas dejando al descubierto mi sexo, con la yema de sus dedos empezó a tocar sutilmente mis lubricados labios, incrementando gradualmente su ritmo haciendo círculos. El que una mujer me estimulara de esa forma fue una experiencia completamente nueva para mí, me asaltaban algunas dudas sobre si debía seguir con ello, pero el deleite que me daba dejó que continuara. Diana inesperadamente deslizó uno de sus dedos hacia el interior de mi vagina, me electrizó sentir la forma en que lo sacaba y lo metía; mi esposo muchas veces me había estimulado de esa forma, pero en esa ocasión fue más intenso, quizás por la sensación de tabú que me producía esa experiencia. Justo cuando mi cuerpo comenzaba a contorsionarse de placer, Diana se detuvo súbitamente.

    Abrí los ojos para ver qué sucedía, y ella con su mirada juguetona me dijo dominante:

    —Aún tienes que esperar querida.

    Se levantó para dirigirse al sitio donde se encontraban nuestros esposos, quienes en silencio nos miraban fascinados desde la puerta, al otro lado de la estancia. No supe qué hacer en ese instante de lo avergonzada que me sentí, solo atiné en bajarme rápidamente el vestido; Diana sin el menor sentido de pudor caminó felina hacia Carlo, lo jaló de su camisa y se regresó al sofá conmigo, mientras Damián fue a sentarse al sofá individual de enfrente, y con la cabeza me hizo un gesto de aprobación. Diana sentó a mi lado izquierdo a Carlo, mientras ella y se colocó en el otro lado del sofá. Su esposo le preguntó:

    —¿No es realmente bella cariño?

    Y ella respondió —Claro que es muy bella. Hazla tuya esta noche, quiero que la hagas gozar como lo haces conmigo mi amor.

    Sus palabras me dejaron sorprendida, tuve la sensación de haber sido utilizada sin que siquiera hubieran pedido mi consentimiento. Entendí perfectamente que yo había sido parte de la negociación entre mi esposo y Carlo, pero también debo admitir que me gustó la idea de sentirme deseada por un matrimonio de desconocidos que eran muy atractivos, me invadía el morbo de involucrarme en esa aventura en la que me habían metido, y decidí seguir en el juego. Diana había preparado muy bien el terreno para su esposo, pues no me había abandonado del todo la excitación que me habían producido sus dotes femeninos.

    El socio de mi esposo comenzó a desabotonar su camisa de forma sensual para mí, bajó también su pantalón quedándose solamente en ropa interior. Aunque no era atlético me pareció un hombre muy atractivo. Se acercó a mí y me acomodó de espaldas a él, de forma delicada empezó a deshacer el peinado que yo llevaba puesto para aquella ocasión. Me encantó la forma en que introducía sus dedos entre mis cabellos para desanudarlos, me masajeaba tan rico que me estremecí todavía más al sentir la piel de su abdomen que tocaba mi espalda, cuando comenzó a besarme por el cuello. Al mismo tiempo sentía encima de mí la mirada de mi esposo, quien sólo se limitó a ser un simple espectador.

    Carlo continuó su labor acariciando la piel de mis hombros y mis brazos, continuando así lentamente hasta mis pechos, para apretujarlos suavemente, mientras su boca sutilmente estimulaba mi cuello el lóbulo de mi oreja. Con una involuntaria respuesta, la piel de mis brazos estaba completamente erizada cuando Carlo la acariciaba suavemente. Continuó su recorrido para tocar apasionadamente mis caderas, en ese momento me incliné hacia adelante para ponerme en posición de cuatro. Él siguiendo con sus sensuales movimientos levantó mi vestido, dejándome así desnuda de la cintura para abajo. Mi respiración se había tornado más agitada cuando sus manos masajeaban mis nalgas, dejando entrever la entrada de mi sexo.

    Él sin perder más tiempo, bajó la única prenda que aún tenía puesta, y de inmediato su verga brincó como un resorte por la tremenda erección que tenía, me sorprendió su tamaño pues la tenía un poco más larga que mi esposo. Me enloqueció sentir la temperatura de su miembro cuando empezó a restregarlo entre los pliegues mojados de mi coño, me incliné un poco más y le ordené:

    —¡Carlo, métemela ya que no aguanto más!…

    La cabeza de su miembro comenzó abrirse paso dentro de mí, fue delicioso. Un intenso gemido se escapó de mi boca, creí morir de placer, no sé como pero en un momento la tenía metida hasta el fondo.

    —¡Asiiií… toooda… qué rico!

    Su pausado movimiento se fue incrementando hasta llegar a un ritmo frenético, mientras sujetaba fuertemente en mis nalgas, para penetrarme de forma más intensa. No había estado con otro hombre desde que conocí a Damián, pero la escena fue más todavía más morbosa para mí, pues ni siquiera me había imaginado hacerlo frente a otras personas. Sentía las agudas miradas de Diana y mi esposo, aunque no pude atreverme a ver sus caras, solo me importaba en aquel momento seguir gozando de ese enorme palo que me clavaban.

    Cuando probamos otra posición, esta vez decidí hacerme dueña de la situación; me levanté del sofá y me puse frente a Carlo, quien se quedó sentado a la orilla, lentamente comencé a quitarme el vestido y a desabrochar el brassier, solamente me dejé puesto el collar, Carlo quedó asombrado al contemplarme completamente desnuda, lo empujé hacia atrás para que se recostara, y me acomodé encima de él para montarme, viendo hacia su rostro, tomé su miembro y lo coloqué dentro de mi coño, fue delicioso sentir como su calor me llenaba nuevamente. Esta vez yo puse el ritmo de nuestro encuentro, moviéndome sensualmente de arriba a abajo, a veces meneando mi cadera haciendo círculos; por fin volteé para ver a mi esposo y le dije:

    —¿Te gusta verme así mi amor? ¿No estás celoso de verme asiií, asiiií, gozando?… mmmm, no sabes que rico me están cogiendo

    Él no quitó sus desorbitados ojos de la escena que tenía enfrente, su erección trató de ocultarla cruzando una pierna, creo que la imagen de Diana lo había excitado también, quien en ese momento tenía levantado el vestido con las bragas echadas a un lado, masturbándose compulsivamente y gozando al vernos coger frente a ella. No pude más, creí que iba a desmayarme de tanto deleite, el orgasmo que tuve fue impresionante pues no me cohibí en dejar salir unos fuertes gemidos de placer. Carlo no demoró mucho, su palpitante miembro por fin explotó derramando un ardiente semen dentro de mí.

    Quedé exhausta flotando en aquel ambiente ahora confuso. El beso de mi esposo en mis labios me devolvió a la realidad, levantó mi vestido del piso y me acompañó al baño que nos prestaron para que pudiera ducharme. Sin alargar la despedida, nuestros anfitriones me dijeron que era una mujer fantástica, y agradecieron mucho el que hubiéramos aceptado vivir aquel encuentro tan intenso.

    Esa noche mi esposo pudo firmar el contrato que consolidó a nuestro negocio, que en menos de una semana nos devolvió la estabilidad económica que tanto deseábamos. Damián ocasionalmente tiene comunicación con Carlo, en tanto yo no volví a saber nada de ellos. Mi esposo nunca me platicó nada de cómo fue el acuerdo en el que me involucraron, pero he llegado a la conclusión de que las cosas ya estaban decididas, incluso antes de abordar el avión de ida. Aunque han pasado varios meses, entre mi esposo y yo no hemos vuelto a tocar ese tema, si bien he intentado hablar de ello en un par de ocasiones, él siempre sale con evasivas.

    La semana pasada que fue mi cumpleaños recibí una carta, cuál no fue mi sorpresa al saber que era de Diana y Carlo, me encantó saber que no lo habían olvidado. La tarjeta decía: “Desde aquí te recordamos con afecto y cariño, deseamos que en este cumpleaños tu vida este colmada de abundancia. Gracias por habernos regalado una noche tan espléndida e inolvidable”. Dentro del sobre encontré también una tarjeta de memoria, con mucha curiosidad encendí la computadora para ver su contenido y no creí lo que veían mis ojos. Era un video que habían captado dos cámaras de vigilancia en su apartamento, durante la noche que tuvimos nuestro encuentro. Detuve la reproducción del video hasta el cuadro donde Diana me conducía a su galería. Decidí continuar con mis actividades y terminar de una vez con todos los pendientes que aún tenía en casa.

    Al anochecer me di una ducha y me encerré en la recámara para ver el resto del video, el cual duraba más de una hora en total. Fue impresionante revivir aquella aventura, apenas podía creer que yo era la protagonista de aquellas escenas. Sentí como se aceleraba mi pulso al contemplar aquellas imágenes, tenía la boca seca y el aliento entrecortado. Al ver en el video como me cogía Carlo por detrás mientras yo gemía, volví a sentirme húmeda, y sin poder contenerme más comencé a masturbarme como hace mucho tiempo no lo hacía. Espero que Damián llegue pronto a casa, esta noche tengo una sorpresa muy especial para él.

  • Mujer seria y respetable (VIII)

    Mujer seria y respetable (VIII)

    Y poco a poco se acercaba el momento, teníamos día, hora y sitio.

    Llegó el momento, ahí estaba ella subiendo al apartamento, como sería, que sorpresas nos depara la noche, podríamos sesionar o nos quedaríamos en una charla amena y amigable.

    Ahí va lo que pasó, después de conocernos.

    “Holaaa!

    Hoy me desperté muy feliz y muy excitada… es cómo una excitación crónica jajaja…

    Las sensaciones ando valorándolas y te las contaré mañana ok?”

    “Oye! he estado hablando contigo en sueños… porque me dices que eres viudo hace un año? pues me tiene algo intrigada este aspecto de tu vida, es que siempre que te encuentro en algún sueño me cuentas cosas privadas tuyas… y no me coinciden con lo que tú me explicas de tu realidad…”

    “Hola Alejandro!

    Pues sí que es cierto que tengo la sensación de estar hablando con dos personas distintas a la vez… ya me pasa a veces, es muy extraño sí….

    Igualmente, no hay riesgo ni peligro, “creo» en fin estaré atenta a todas las señales.

    Voy a intentar plasmarte a través de un mail todo lo que sentí el viernes noche…

    Pase toda la semana excitada, además de un poco asustada por el hecho de encontrarme con él en persona…

    Entre miedo y excitación, toda una movida la verdad, pues era la primera vez que quedaba con un desconocido por internet, y menos para practicar una sesión de BDSM… pfff esto ya empezaba a ser real…

    No se sí se ser sumisa, así que piense lo difícil que sería para mi… en fin que allí estaba, con un completo desconocido poniendo mi alma y mi cuerpo en sus manos…

    Él sabía de mi primera experiencia horrible con un amo semanas atrás, lo que ni sabía era él nombre de mi «ex» él susodicho maltratador, pues se llamaba Alejandro, sí… todo un reto para mí, y cuándo me sentí privada de visión mientras él me tocaba, creo que me faltaron dos segundos para desplomarme en el suelo, pfff no me lo podía creer… todo fue súper intenso, a ratos confusa por tantas cosas sobre mi cuerpo, mis pezones, ese ligero dolor mezclado con placer, mi clítoris, mis orgasmos, cosa que nunca pensé que llegaría realmente jajaja eso fue lo mejor y sobre todo imaginar que era mi ex él que me los proporcionaba… pues créeme que me los debía… en fin, fue todo un reto para mi, y más fuerte de lo que yo creía que podía ser…

    Me desperté al día siguiente feliz, hice mi vida normal con amigos y de más… salí noche de sábado y todo estuvo bien hasta que desperté… con ese horrible dolor en mi cuerpo que ya había experimentado años atrás con «él» tal dolor que me tuvieron ingresada, entubada, y sin poder comer durante un largo y pesado mes… es una reacción de mi cuerpo al recordar y aflorar todo aquello, estoy segura… pero en este momento, aún no me puedo mover del dolor… demasiada tensión y demasiados recuerdos han despertado en mi cuerpo, hasta llevarme de nuevo a aquel momento… no se sí podré repetirlo, o tendré que hacer unas semanas de descanso…

    Quizás, en unos días pase y pueda volver a hacer mi vida normal… ojalá! por dios!

    Imagina a dónde llega lo que pueda o no marcarte en tu subconsciente, para sólo imaginando cosas, te lleve a experimentar físicamente lo que ya viví hace años… pfff es todo muy fuerte! aunque no voy a negar que me ha encantado y creo que sí mi cuerpito me lo permite me encantará seguir jugando, después de al menos, una semana de descanso.

    Ahora voy a seguir leyendo y a rezar por no tener que ir mañana al hospital a que vuelvan a entubarme y de más como la última vez.

    Me cuentas qué te parecen mis reacciones/sensaciones? pues tú eres él experimentado y creo me podrás dar respuestas a todo esto…”

    Me acabas de dejar preocupado, dónde focalizas esos dolores?

    Bueno lo cierto es que debo felicitarte por tu valentía a seguir adelante con el juego, ahora ya nos conocemos, y me encanto haberlo hecho, eres una mujer con las ideas muy claras, con mucho ímpetu, y decidida a comerte el mundo, me gusta esa parte de ti.

    Siento mucho haberte hecho revivir momentos duros en tu vida, esa no era mi intención, y en ningún momento el haberte hecho daño físicamente o emocionalmente, simplemente busque el poderte analizar, introducirte en este mundillo, y probar cosas para otorgar placer.

    Me preocupe mucho cuando estabas a punto de desplomarte, menos mal que te cogí a tiempo, y creo que debimos parar en ese momento como te comente, no debí dejarme convencer de seguir adelante, y más con lo que me cuentas ahora, debiste decírmelo antes, no ahora.

    Fuiste muy buena alumna durante la semana con los juegos, los viviste con intensidad, luego ya en persona estabas muy nerviosa, alterada, pero estabas preciosa en ese estado, el vino y los bombones fueron buena idea para tranquilizarte un poco, luego conseguimos relajarte un poco, algo a lo que creo no estás acostumbrada, pues para mi esa relajación te debió producir una bajada de tensión, eso sumado a la privación de vista, y el estar de pie puede ser que fuera el motivo de ese mareo, debes aprender a relajarte de esa manera, a desconectar completamente, a dejarte guiar sin pensar, a educar a tu cuerpo a percibir sensaciones, unas conocidas y otras de ellas nuevas, pero debes aprender solo a percibirlas, a degustarlas, y saborearlas, si lo consigues esto te proporcionará unos de los mayores placeres en esta vida, no debes intentar averiguar qué, con que, como, ni donde, solo disfrutarlo libremente sin miedo…

    Me encantaron tus pezones, dan para mucho juego, lástima que los tuvieras tan sensibles, pero el derecho tenía una dureza tremenda, y eso me encanta me comentaste lo del piercing, yo si fuera tu no me los pondría en los pezones, me lo colocaría en otro sitio, donde te podría proporcionar mucho más placer en tu día a día…

    Debes aprender a exteriorizar más tus emociones, intentas ahogarlos, mantener la compostura, eso te impide usar esa energía que gastas para ello en liberarte más, si trabajaras eso conseguirás llegar a perder el control de ti misma y obtendrás mucho más placer, entiendo que para eso necesitas confiar más en tu dominante, por ese motivo eso es vital en el BDSM.

    Y tus orgasmos… Bufff me encanto!!! Tienes la virtud de tener unos orgasmos con eyaculación, que muy pocas mujeres consiguen tenerlos, eso podría llevarte a cotas de placer inimaginables, me encanto tenerte en esa cresta de placer, y me encanto el regalo con el me deleitarse, tus orgasmos.

    No tienes ningún problema, el problema es que hay que saber llevarte a la cresta de excitación suficiente para así poderte correr irremediablemente.

    Me encanto conocerte, me encanto jugar contigo, y me encantaste como persona y mujer.

    Pero debes intentar olvidar el pasado, pasar página, y centrarse en el futuro, deberías haberme contado lo de tu ex, quizá si lo hubiera sabido todo habría sido diferente, o debimos parar al momento que eso apareció en tu mente, debiste parar, y debiste decírmelo.

    Besos y recupérate

    Esta vez la cosa fluyó, ella dio el paso adelante y yo también, en los primeros juegos vi como perdía el equilibrio, la cogí y la lleve al sofá a tomar agua y para hablar, le propuse parar en ese momento, cosa que no quiso hacer, decidió seguir adelante, pero esta vez seguimos ya en el sofá y en la cama, e intente extremar el control hacia ella, para que no volviera a ocurrir.

    Pero lo de ex, no tenía ni idea, y creo que era algo fundamental que debía haberme contado, pues es algo extremadamente delicado como para llevar a cabo una sesión con un desconocido.

    Afortunadamente todo quedo ahí, no le pasó nada, y luego quería mas…

    Pero había destapado la caja de Pandora y sus recuerdos anteriores habían vuelto aparecer, solo fue eso, nada más.

    VentRoig

  • La fiesta del gitano

    La fiesta del gitano

    Ese viernes después de trabajar cargando 2 camiones de pescado fresco con el gitano, a las 4 de la tarde ya estaba comiendo en casa. Ya me había duchado por lo que después de comer, me tumbé en el sofá a dormir. Estuve durmiendo hasta las 20:30 que fue cuando me levanté, fui al servicio a asearme, y luego de volverme a duchar, me vestí para ir a la cervecería donde había quedado con el gitano.

    Cuando entré en la cervecería, iban dar las 10 de la noche, que era a la hora que había quedado con el gitano para ir a la fiesta a la que me había invitado. Allí estaba sentado en una de las mesas largas, junto a los colegas, muchos de los cuales irían también a la dichosa fiesta. Pedí una cerveza, y el gitano me hizo sitio para que me sentara junto a él. Ven payo, siéntate aquí conmigo, dijo el gitano haciéndome sitio en el banco que estaba sentado.

    Tomamos por lo menos 6 cañas de cerveza, ya que cada vez que uno pedía una caña de cerveza, se servía una ronda para todos. Al final se hizo un escote, pagando todos a medias lo que se había consumido.

    Antes de marcharnos a eso de las 12 de la noche, fui a los aseos para soltar parte del líquido que había bebido. Al igual que fui yo, también vino el gitano. Allí estando meando, me dijo el gitano que yo iba con él, y Luis el banana en la furgoneta.

    La fiesta era en el ayuntamiento de Culleredo, era prácticamente en medio del monte; aún hoy no sé si sabría ir yo solo. Solo recuerdo que la casa era una especie de chabola; fin de semana le llamaban; había una especie de bar, donde además de toda clase de bebidas, había también para comer (tortilla y empanada). Había mesas fuera de la casa, y una zona cubierta con lonas o algo similar; algo así como si se tratara de una carpa; allí no había mesa alguna, pero había una especie de estante, donde se podía apoyar los vasos.

    Cuando llegamos ya cerca de la una de la madrugada, ya había bastante gente, seríamos alrededor de una treintena de personas, la mayoría éramos hombres, aunque había un grupo de chavalas; luego supe que era un grupo de lesbianas, y el resto o eran gay o simples curiosos con ganas de follarse algún culito. Había música como si de un pub se tratara, y los porros de hachís, marihuana, y otras sustancias, corrían libremente.

    El grupo en el que me encontraba yo y el gitano, sería un grupo de unas 12 personas, las había de todas las edades, aunque yo era de los más jóvenes, había uno en nuestro grupo que no llegaba a los 20 años, luego había otro de más o menos mi edad, luego otros que como el gitano ya estaban cerca de la treintena, y al menos uno que ya no creo que cumpliera los 40, estaba más cerca de los 50 que de los 40, si es que no pasaba ya de los 50.

    Poco a poco la fiesta se fue animando, y ya empezaba a haber trasiego de gente que iba para afuera, otros iban a la carpa, que, aunque estaba fuera, esta, se encontraba algo más separada de la casa, y no había luz, solo la poca luz que entraba del reflejo de la luna.

    El primero en salir de nuestro grupo fue el chaval más joven, que marchó junto al más viejo. Ahí fue cuando ya me percaté de que iba aquella fiesta. Aunque ya sospechaba por lo que iba viendo, pero aquello ya me lo confirmó. Justo después de salir el joven y el más viejo, se fueron otros 2 de nuestro grupo.

    El gitano ya llevaba tiempo metiéndome mano; cada vez de forma más descarada, y yo le dejaba hacer. Cuando terminó de fumar el porro que estaba fumando, se levantó y me agarró del brazo llevándome con él. Ven conmigo me dijo cogiendo el vaso del cubalibre que estaba bebiendo. Yo hice lo mismo, y agarrando mi vaso, fui con él.

    Salimos para fuera de la casa, llevándome él del brazo hacia aquella especie de carpa. Cuando llegamos ya vimos que había más gente, aunque apenas se veía. Solo cuando llevábamos un rato allí dentro, se podía distinguir un poco a la otra gente. Allí fue donde pude ver como el joven y el más viejo de nuestro grupo estaban los 2 juntos. El viejo tenía la polla de fuera, y el joven le mamaba la polla. Hacia allí me llevó el gitano, y apoyando los vasos en aquella especie de estantería, empezó el gitano a sacarme la ropa. Primero me sacó la camiseta que llevaba puesta, y mientras me lamía y mordisqueaba los pezones, me iba desabrochando el cinturón, luego fue desabrochándome el pantalón, hasta que este se cayó por su propio peso a la altura de mis tobillos. Mientras tanto yo dejaba que el gitano me fuera desnudando, veía como ya a otros les estaban dando por el culo. El viejo de nuestro grupo ya estaba desnudando al joven, y prácticamente ya lo tenía en pelota picada. Se le podía ver que el joven tenía un buen rabo, y estaba totalmente empalmado, el viejo lo estaba comiendo por todas partes, y el joven gemía sin parar. Al igual que hice yo, cuando el gitano empezó a morderme el cuello y bajarme el slip, dejándolo que cayese por mis piernas, hasta llegar junto a mi pantalón, el cual lo tenía a la altura de los tobillos.

    Me tuve que abrazar al gitano, ya que las piernas me empezaban a temblar cuando el gitano empezó a morderme el cuello mientras me terminaba de sacar el slip y empezaba a meterme mano por todas partes. El muy cabrón sabía cómo hacerme gemir y que temblara de gusto, mordía y chupaba mi cuello, y sus manos iban recorriendo todo mi cuerpo; me sobaba la polla y huevos, siguiendo después de haberme descapullado la polla hacia mis pezones, retorciéndolos y pellizcándolos hasta hacerme gritar de placer.

    Payo, ve quitándome el pantalón y sácame la polla que te quiero follar, me susurró al oído el gitano. Y eso hice, empecé a aflojarle el cinturón, luego bajé la cremallera del pantalón, y soltándole el botón por el que se sujetaba, se lo bajé, viendo que no traía los gallumbos puestos. Nada más bajarle el pantalón, la hermosa y larga polla del gitano, saltó quedando liberada mostrándose totalmente erguida e hinchada. La agarré con mis manos, empezando a acariciarla mientras la iba descapullando. El gitano dio un gemido cuando le agarre la polla con mis manos acariciándola, y empezó a morderme los labios y meterme la lengua en mi boca, mientras jadeaba y me susurraba al oído, ¡ohhh payo! ¡ooohhh que gusto! Te voy a dar por el culo y preñarte hasta dejarte embarazado, payo. Hoy te voy a hacer un churumbel payo, hoy te voy a meter la polla hasta las orejas.

    El gitano poniéndome las manos sobre los hombros, me fue empujando hasta dejarme a la altura de su polla, metiéndola en mi boca.

    ¡Ohhh que gusto payo! ¡ooohhh que gusto! Chúpala payo, así, así, ¡ooohhh que gusto!

    Yo chupaba y lamía aquella larga verga, mientras acariciaba y sobaba los huevos del gitano. Agarré con la mano la larga polla, y metiendo mi lengua por la piel del prepucio, lamía y chupaba el glande, haciéndole dar gemidos al gitano. Esté tiraba de mis pelos y dejaba que yo jugara con mi lengua metiéndola por la piel del prepucio, mientras el gitano me decía, hijo de puta que bien la chupas payo, ¡ooohhh que lengua tienes cabrón!

    Después de un buen rato chupando y lamiéndole la polla al gitano, me hizo poner de pie, nos sacamos la ropa que nos faltaba, quedando en pelota picada. Cuando me dio la vuelta para darme por el culo, vimos como el viejo de nuestro grupo, estaba dándole por el culo al joven. Lo tenía totalmente empalado en su polla, gritaba y gemía como una perrita en celo el joven. Estaba apoyado con las manos en el estante donde teníamos los vasos, y lo tenía totalmente en pelotas, al igual que estábamos el gitano y yo. Se veía como entraba y salía la polla del viejo en aquel culito joven y tierno, el chaval tenía los ojos cerrados y no paraba de gemir, veíamos como estaba empalmado a más no poder, y como la polla se bamboleaba al ritmo de las envestidas que le daba el viejo.

    El gitano me puso igual que estaba el joven, y prácticamente pegado a él. Me hizo abrir las piernas mientras tiraba de mis caderas hacia él, y colocando su polla en la entrada a mi ano, fue empujando su polla hasta que el glande traspasó mi esfínter. Entonces de un movimiento de pelvis, me enterró todo su instrumento en lo más hondo de mi culo. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Lancé un fuerte grito y gemido cuando me enterró la polla el gitano, haciendo que el joven que le daban por el culo girara la cabeza hacia mí, viendo como me empezaban a dar por el culo al igual que le estaban dando a él. Echó una mano acariciándome el brazo, y al girar yo la cabeza hacia él, llevó mi brazo hacia él, y girándose hacia mí, hizo que yo me girara, quedando los 2 de frente, apoyándonos el uno en el otro, mientras nuestras parejas nos daban por el culo.

    El joven llevó su boca hacia la mía, y mientras nos seguían dando por el culo a ambos, empezó a morderme el labio inferior, hasta que consiguió meterme la lengua en la boca y saborearla mientras éramos follados.

    Dios que caliente estaba el cabrón del chaval, me comía la boca con unas ganas y lujuria mientras nos daban por el culo, que casi me hace correr de gusto. Después de comerme la boca y morderme los labios dejándolos hinchados y enrojecidos a más no poder, pasó a morderme el cuello, haciéndome temblar como si fuera una marioneta, ¡dios! El hijo de puta me iba hacer correr sin tocarme la polla, entre la polla del gitano que me taladraba el culo sin parar y la boca de aquel chaval, mordiéndome el cuello, me estaban haciendo delirar de gusto. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gritaba y gemía mientras mis piernas temblaban como si estuviera bailando, mientras me agarraba a aquel joven al que el viejo tenía empalado en su polla. En un momento pude agarrarle la polla con mi mano, y mientras seguían dándonos por el culo, yo le meneaba la polla y acariciaba los huevos. Fue en ese momento que el gitano clavándome la polla más a fondo, empezó a gritar que se corría. Ya payo, ya, ya, ¡ooohhhh! Me corro, me corro, me corro payo, ¡ooohhh! Gritaba el gitano llenándome el culo con su leche.

    Cuando terminó de eyacular dejándome todo su semen en lo más hondo de mis entrañas el gitano, dejando que su polla fuera saliendo poco a poco de mi culo, me iba mordiendo la nuca y hombro, mientras me susurraba lo bueno que estaba y lo que me iba a follar toda la noche.

    Antes de que saliera la polla del gitano de mi culo, me agache metiéndome el pedazo de rabo de aquel chaval en la boca, empezando a darle una mamada de polla, mientras el viejo terminaba de darle por el culo.

    El joven me agarraba por los pelos mientras yo le comía la polla, y el viejo le empezaba a llenar el culo de leche. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gritaba el chaval mientras estaba siendo sodomizado y preñado con el semen del viejo.

    Cuando terminó el viejo de correrse dentro de aquel tierno y joven culito, el chaval sacándome la polla de la boca, me levantó, y dándome la vuelta, me hizo que me apoyara al gitano, me sujetó por las caderas, y de un empellón, clavó toda su polla en mi culo.

    ¡Ohhh! Suspiré al notar la polla del joven dentro de mi culo y como empezaba a culearme sin compasión alguna. Dios que salido y caliente estaba el muy cabrón, me tuve que agarrar fuertemente al gitano, y mientras me culeaba a toda velocidad, yo le mordía el hombro al gitano y gemía del gusto que estaba sintiendo.

    Mientras tanto el viejo ya totalmente vestido, cogió los vasos yendo a buscar otras bebidas mientras el joven descargaba en mi culo todo su semen.

    Aun me estuvo dando por el culo unos cuantos minutos, hasta que explotó dentro mía.

    ¡Ohhh! Me corro, me corro, ¡ooohhh! Gritaba el chaval eyaculando dentro mía.

    Era la segunda corrida de la noche con la que me preñaban el culo, y no iba ser la última ya que, ayudando al viejo a traer las bebidas, venía el banana y otro más del grupo, al que no conocía. Traían una cara de deseo y lujuria que se veía que estaban deseando follarnos al joven y a mí. El empalme que traían era más que evidente, pero menos mal que nos dieron una tregua y al menos pudimos beber aquellas copas antes de que nos volvieran a encular.

    Así en pelotas como estábamos, tanto el joven, el gitano y yo, estuvimos bebiendo allí de pie las copas a la vez que fumábamos y charlábamos un poco, bueno más que charlar, el gitano nos metía mano todo lo que podía, al igual que los otros, hasta que no aguantaron más, y haciéndonos poner a cuatro patas en el suelo aquel que era de hierba, y mirándonos el joven y yo de frente uno a otro, nos montaron a los 2 a la vez. El banana me montó a mí, y el otro colega del gitano montó al chaval.

    Dios que morbo ver como montaban al joven, a la vez que notaba como me enculaba la enorme polla del banana. Era una polla larga y más gruesa que la del gitano y algo curvada, pero no tuvo ningún problema para empalarme en aquella verga, todavía tenía el culo abierto y lleno de semen de las 2 pollas que aquella noche ya me habían dado por el culo, el gitano y el chaval al que también se lo estaban follando. Nos tenían a 4 patas sobre el césped de aquella especie de carpa, y uno enfrente al otro. Tan cerca estábamos que podíamos saborear nuestras bocas mientras nos montaban con aquellas vergas.

    Y eso hacíamos mientras nos daban por el culo, nos saboreábamos con nuestras lenguas. Teníamos los labios hinchados y enrojecidos de tanto chuparnos y morrearnos nuestras respectivas bocas. Pero eso tuvimos que dejarlo ya que habíamos creado una expectación que hizo que tuviéramos espectadores viendo como estábamos siendo montados y enculados. Así que no tardaron en aparecer 2 pollas delante de nuestras caras, esperando por ser chupadas por nosotros.

    Abrimos la boca tragando cada uno una de aquellas vergas empezando a mamar mientras nos seguían dando por el culo.

    Yo como pude me sujeté a las piernas del que me clavaba su polla en la boca, y acariciándole los huevos, iba chupándole la polla mientras el banana seguía dándome por el culo.

    No tardó mucho en empezar a correrse en mi boca el que me había metido su verga en ella, dando un grito de placer, empezó a correrse dentro de mi boca, ¡ooohhh! Me corro maricón, ¡ooohhh! Traga mi leche, traga maricón, trágatela toda, ¡ooohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba el hijo de puta mientras me llenaba la boca con su semen.

    Tragué todo lo que pude, pero aun salieron restos de su corrida por la comisura de mis labios, cayendo al césped donde nos tenían a 4 patas dando por el culo y follándome la boca, tanto a mí, como al chaval.

    Cuando ya le tenía la polla limpia y reluciente al que me había metido la polla en la boca, empezó a clavarme más a fondo su verga el Banana. Su corrida era eminente, y eso sucedió, clavándome sus dedos en mis caderas y metiéndome su banana en lo más profundo de mi culo, empezó a gritar que se corría. ¡Ohhh me corro! Me corro, me corro, gritaba empezando a eyacular dentro mía, regando mis entrañas con su leche.

    Mientras terminaba de eyacular dentro de mi culo el banana, el pedazo de hijo de puta que se había corrido en mi boca, empezó a mearme mientras le chupaba y limpiaba la polla. El muy hijo de puta me soltó la meada en la boca, sin apenas tener oportunidad de sacarme la polla. Tuve que tragarme parte de la meada, y el resto me bañó la cara con sus meos.

    Cuando el banana terminó de darme por el culo, levantándose del césped, me ayudó a incorporarme, poniéndome yo también de pie. Me apoyé a la especie de estantería donde dejábamos las bebidas, empezando a buscar mi ropa. Me agaché a recogerla y usar el slip para limpiarme la cara de los meos que aquel hijo de puta me había soltado en la boca y parte de la cara. Me sequé lo que pude con el slip y luego empecé a vestirme siendo ayudado por el gitano.

    Espera payo que te ayudo, me decía el gitano. Vio la cara que tenía y me dijo, no te ha molado que te mearan ¿verdad?

    No, le contesté, eso no me ha gustado le dije terminando de vestirme y guardarme el slip en el bolsillo del pantalón.

    Tranquilo que ya no volverá a pasar. Espera aquí que voy a buscar algo para beber, payo me dijo el gitano. Toma le dije sacando dinero para que pagara las bebidas. Bueno, estas las pagas tú, las próximas las pagó yo.

    Quedé allí viendo como todavía estaban dándole por el culo al chaval, y le eyaculaban en la cara mientras él abría la boca tratando de que le cayera algo del semen en la boca.

    Cuando el gitano llegó con la bebida, ya habían terminado de darle por el culo al chaval, y este se limpiaba para vestirse al igual que lo había hecho yo. El gitano había traído 5 copas, una para el banana, otra para el que había dado por el culo al chaval, otra para él, y las otras 2, una para el chaval y la otra para mí. Los otros que allí estaban, si querían beber, tendrían que ir a por ellas. No llegaba el dinero para más, dijo el gitano, además no se qué bebéis les dijo.

    Los 5 agarrando nuestras copas, salimos de aquella especie de carpa, yendo a sentarnos en las mesas que había fuera. Se nos juntó cuando ya estábamos sentados el más viejo del grupo, y el que primero había dado por el culo al joven. Había traído además de su bebida, un plato con tortilla y otro con empanada, esto es para comer todos, dijo poniendo los platos sobre la mesa.

    Comimos lo que el viejo había traído y bebimos aquellas copas y aún bebimos 3 copas más allí sentados. Por supuesto también corría la marihuana y porros de hachís. Ya iban ser las 6 de la madrugada, y pocos quedábamos allí, por supuesto la mayoría colocados, al menos yo, tenía un colocón de los que hacen época. Vamos que en aquellos momentos podían hacer de mí lo que quisieran, que no tenía fuerzas para oponerme a nada.

    Ya hacía rato que el gitano me metía mano por todas partes, morreaba la boca, me mordía los labios y cuello, haciéndome gemir y calentándome a más no poder. Por otra parte, al joven ya lo habían despelotado hacía tiempo, y se lo habían follado allí sentado. Primero volvió a darle por el culo el viejo haciéndolo sentarse a horcajadas sobre él, y ahora el que le estaba dando por el culo, era el banana.

    Viendo aquel espectáculo, el gitano fue quitándome la ropa a mí. Fue poco a poco desvistiéndome mientras me iba metiendo mano, y una vez me tuvo en pelotas de nuevo, se levantó llevándome de nuevo hacia la carpa. Al llegar allí me tumbó sobre el césped, y después de despelotarse él, me levantó las piernas llevando mis rodillas hacia mi pecho, de esta manera mi culito quedó totalmente expuesto para ser perforado por su polla. Pegó la punta de su polla en la entrada a mi ano, y a la vez que se recostaba sobre mí, me iba enterrando su verga en el culo.

    ¡Ohhh! Gemí al notar entrar la polla del gitano, ¡ooohhh! Volví a gemir cuando noté toda su polla dentro mía. Ya me tenía ensartado de nuevo en su polla el gitano. Notaba sus huevos pegados a mi ano, y como el gitano impulsaba su pelvis clavándome su verga en lo más profundo de mis entrañas.

    ¡Ohhh payo! ¡ooohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba el gitano mientras me culeaba clavándome su estaca en mi culito. Se escuchaban nuestros jadeos y gemidos, y el sonido de la polla del gitano entrando en mi culo, chof, chof chof chof, y otra vez ese chof, chof chof chof, de la polla del gitano entrando y saliendo de mi culo.

    Yo abría mis ojos como platos cada vez que la polla del gitano entraba en mi culo, rozándome la próstata y llegando hasta el tope de mi culito. Notaba los huevos como me golpeaban la entrada a mi ano, y aquel roce que la polla le daba a mi próstata. Me estaba haciendo delirar de gusto el muy cabrón del gitano.

    ¡Ohhh payo! Gritaba el gitano, te voy a dejar preñado, te voy a hacer un churumbel, ¡ooohhh payo que gusto! ¡ooohhh que gusto!

    Estando así siendo follado por el gitano, hizo aparición el chaval completamente en pelotas. Se acercó a nosotros, y arrodillándose junto a mi cabeza, llevó su hermosa polla que estaba empalmada a tope, a mi boca, colocó la punta de su verga en mis labios, y llevando sus manos a mis pezones que estaban duros y excitados a tope, empezó a retorcérmelos y tirar de ellos mientras su verga intentaba entrar en mi boca.

    Saqué la lengua saboreando la punta de aquella hermosa polla que se apoyaba en mis labios, y al sentir como pellizcaba el joven mis pezones, abrí la boca para gritar y gemir, dejándole paso en mi boca a su rica y sabrosa polla.

    Aquella visión hizo que el gitano se excitara más, y bombeándome más rápido su polla en mis entrañas, empezó a eyacular dentro de mí.

    ¡Ohhh payo! Me corro, me corro, gritaba ensartándome más a fondo su polla en mi culo. ¡Ohhh payo Que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba derramando todo su semen en mis entrañas.

    Cuando terminó de soltar todo su cargamento de leche dentro de mi culito el gitano, dejando su polla dentro de mi culo y mirando como el chaval me pellizcaba y retorcía los pezones, mientras yo le chupaba la sabrosa verga, agarró mi polla empezando a menearla, cosa que vio el joven, y antes de que empezara a correrme, el chaval llevó su boca a mi polla mientras era meneada por el gitano. Nada más notar aquellos jóvenes labios sobre mi polla, esta explotó en una gran eyaculación. Solté 6 trallazos de esperma, los cuales fueron a parar a la joven boca del chaval. Este saboreo y degusto mi semen, terminando por tragarse toda mi leche.

    Yo no podía más, el cuerpo me temblaba de tanto gusto que estaba sintiendo, no tenía ni fuerzas para chupar la joven polla que tenía en mi boca, cuando el joven, después de tragarse mi semen y dejar de chuparme la polla, agarró su polla con la mano, empezando a meneársela, hasta que empezó a correrse sobre mis labios. Abrí la boca todo lo que pude, y lamiendo y chupándole el glande fui tragándome todo aquel néctar que se derramaba sobre mi boca.

    El chaval agarraba mi cabeza metiéndome la polla en la boca, y gimiendo de placer terminó de eyacular sobre mi boca. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemía mientras yo succionaba su sabrosa verga, dejándosela limpia y reluciente.

    Una vez recuperamos el aliento y nos dimos repuesto, nos levantamos, y vistiéndose el gitano, nos fuimos a donde estaban sentados los demás. Recogimos la ropa el chaval y yo, nos vestimos, y después de beber lo que nos quedaba de las copas y haber fumado un cigarrillo, decidimos dar por finalizada aquella fiesta.

    Ya iban ser las 7 de la mañana, por lo que nos marchamos a dormir. El gitano, el chaval y yo, nos fuimos con el banana, los demás se repartieron por los otros vehículos. Al joven y a mí, nos dejaron en la plaza de la estación de ferrocarril, y después de despedirnos ambos nos fuimos cada uno para su casa. Ambos íbamos bien pero que bien chingados. Llevábamos el culo abierto y repleto de semen. Aquella noche, nos habían dejado bien preñados de leche.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • Noche de pasión en Lisboa (XIII): Io Saturnalia

    Noche de pasión en Lisboa (XIII): Io Saturnalia

    Primer día después de las Saturnales de un año próximo al MMDCCLXVIII a.U.c. (ab Urbe conditas) – 24 de diciembre de un año próximo al 2.015 a.D. – Primera Navidad de casados en la quinta.

    Hace días, mientras estudiábamos los preparativos para la celebración de la Navidad, comenté en la mesa el hecho de que las actuales celebraciones derivaban de una serie de celebraciones ancestrales, que poco o nada tenían que ver realmente con el nacimiento de Nuestro Señor. Esto, dicho así y cerca del santuario de Fátima, casi me costó la fulgurante excomunión por parte de Marta y Paulinha, Amália comprendió lo que yo estaba diciendo (aquí sí que jugaba en mi equipo) y me vi obligado a relatar cómo es que diversos mitos habían llegado hasta nuestros días y cómo se habían ido incorporando a nuestras tradiciones.

    Al referirme a las saturnales, y los festejos que se celebraban en la antigua Roma, la que más atención prestaba al relato era Paulinha. Sobre todo a la parte en la que los papeles se invertían, y los esclavos se vestían con la ropa de sus amos y viceversa, siendo además aquellos, servidos a la mesa por sus señores, en un intercambio de roles.

    No bien terminé de relatarlo, cuando Paulinha nos hizo saber que ese año celebraríamos las saturnales en la quinta, al más puro estilo romano. La salvedad era que lo haríamos en la comida del día veinticuatro, ya que a la cena de Nochebuena ella no asistiría, al celebrarla con su familia.

    Miré hacia Amália, y ésta, cerrando los ojos y encogiéndose de hombros me transmitió el mensaje: “es Paulinha, ¿qué esperabas después de contarle todo eso?”. Así que esto fue el motivo de por qué, esta mañana, estemos como estamos.

    Amália está en la cocina preparando la comida, vestida con ropa de trabajo. Yo estoy montando el Belén (Presépio como se conoce en Portugal) vestido con mis peores galas, y Marta y Paulinha están adornando el árbol de Navidad, ambas vestidas con ropa de Amália. En un remedo bastante realista de lo que harían los esclavos originales, se han colgado todas las joyas de mi esposa que han encontrado. Incluso Paulinha lleva en la muñeca mi cronógrafo. Marta casi es capaz de rellenar el pecho del vestido que lleva, pero mi nieta ha tenido que meterse calcetines en el sostén (que intuyo que también es de mi mujer), para poder dar un mínimo de forma al vestido que ha escogido.

    Como reina de las saturnales, aunque no ha sacado el haba, ni falta que le hace, que para eso es Paulinha, su primera medida de gobierno ha sido ordenar que vayamos todos tocados con un gorro de Papa Noel.

    Amália me entregó a primera hora de la mañana unas cajas de cartón, en las que, protegidas por plástico de burbujas, están las figuras del presépio, así como el portal que completa la escena. Conforme las he ido desembalando, me he sentido maravillado por el grupo escultórico que he ido descubriendo. Las figuras, de una talla exquisita, no son de arcilla, son de madera estucada y pintada. No sabría aquilatar su valor, ni su origen cierto, pero calculo que deben ser de principio o mediados del siglo XIX, y su factura es comparable a la de las imágenes que he visto en pasos de Semana Santa, aunque lógicamente mucho más pequeñas. El Portal es un edificio en el que el Hijo de Dios jamás habría nacido, ya que quiso nacer como pobre. Representa un trozo de un castillo o palacio con los sillares de piedra escuadrados y sostienen el tejado del pesebre dos columnas gemelas de orden corintio, realizadas en malaquita, cuyo lujo es incompatible ya no con el concepto de pobreza de El Salvador, si no que es imposible que fuesen erigidas para sujetar el techo de una cuadra. Semejante conjunto debería estar permanentemente montado y expuesto, protegido por una urna de cristal. Lo comentaré con Amália, es un pecado o por lo menos delito grave, el tener semejante obra de arte embalada.

    Mientras estoy manipulando las piezas, oigo a mis espaldas el teclear suave de unas uñas sobre el piso. Al girarme me encuentro a Bolacha, sentado mirando hacia mí con cara de humillación, mientras emite un gañido. Sobre la cabeza lleva atados unos cuernos de trapo, en lo que supongo que representa uno de los renos de Santa Claus. Debe ser producto de la magia de la Navidad, porque inmediatamente en mi cabeza escucho con toda claridad la voz del perro, recitando en perfecto español los primeros versos del primer soliloquio de Segismundo en “La vida es sueño”:

    – Apurar, cielos, pretendo,

    – ya que me tratáis así,

    – que delito cometí

    – contra vosotros, naciendo.

    Llevado por la situación, y aún no se bien el por qué, entablo una conversación con el perro:

    – No te quejes, mírame a mí. Soy el patrón y me ha obligado a ponerme este ridículo gorro. Y tú te has salvado de tener que llevar un collar con brillantes. Además, da gracias a Dios de que Paulinha te recogiese del contenedor de basura donde te tiraron cuando eras un cachorro. Créeme, mejor dueña no ibas a encontrar y para ser un perro, tienes una vida envidiable.

    Sin contestarme, el can se levanta, y con el rabo entre las piernas y la cabeza gacha en actitud humillada, se va hacia la cocina. Supongo que va a quejarse a Amália, pero no creo que se libre de los cuernos de trapo, de momento.

    Por supuesto en la quinta no hay un triclinio, así que Marta y Paulinha, en un alarde de imaginación han convertido el Chesterfield de cuatro plazas y la mesa cafetera en un improvisado refectorio de la antigua Roma y pretenden comer tumbadas en él al más puro estilo patricio.

    En un latín macarrónico, llevan todo el día refiriéndose a mí como “Alfredus”, ignorando que mi nombre es de origen germánico, pero con los nombres femeninos el cochino les ha salido mal capado y no han sido capaces de latinizarlos.

    Mientras les sirvo la comida, Paulinha, como reina de las Saturnales, me exige que me dirija a ella con el apelativo de “Domina”, tratándome con una displicencia tal, que hay momentos en que tengo que meterme las manos en los bolsillos para no soltarle una colleja. Estoy seguro que desde que empezó a maquinar todo esto se ha visto completas las películas: Ben Hur, Espartaco, Quo Vadis, y que se yo cuantas más ambientadas en el Imperio Romano. Cada vez más me recuerda a Peter Ustinov en el papel de Nerón. Io Saturnalia.

    A media tarde, ya recuperados nuestros roles modernos y una vestimenta más adecuada, Paulinha se despide de nosotros deseándonos que pasemos una feliz Noche Buena. En el coche, le hago entrega de una caja de vino tinto español para que su familia la disfrute a nuestra salud y después de confirmarme que verá a su novio antes de la cena, le envío a éste un estuche de tres botellas con el mismo motivo. Ella en ese momento, mirándome con el cariño con que miraría a su abuelo, por primera vez desde que nos conocemos, me posa un beso en una mejilla, repitiéndome el deseo de que pase felices fiestas.

    Hoy cenaremos juntos Amália, Marta y yo. Mi cuñada pasará la Navidad con su hija Magnolia, lo que me da un respiro y me tranquiliza, ya que supongo que beberemos más de lo aconsejable, y por lo menos, me veré libre de sus maniobras. Como terminaremos tarde y Marta está sola, han preparado una habitación para que duerma en la quinta, con nosotros.

    Mientras ellas dos permanecen en la cocina, haciendo los preparativos para la cena, yo entro en el dormitorio de Marta para preparar la sorpresa con la que quiero hacerle nuestro regalo de Navidad.

    Desde que supe que Marta compartiría la cena con nosotros, ya que su marido no vendría hasta el segundo turno de permisos, que incluye las fiestas de Año Nuevo, he maniobrado en secreto con mis contactos en la quinta para averiguar la compañía en la que trabaja y el nombre del barco. Al ser un barco factoría dispone de todas las comodidades que se pueden tener a bordo. Una de ellas es una conexión a internet. Con el permiso de la compañía, me he puesto en contacto telefónico con el capitán del buque, y le han preparado un camarote individual al esposo de Marta con un ordenador portátil y lo han dejado listo para tener una video conferencia. Yo estoy en la habitación preparando el portátil de Amália para establecer la conexión y permitir que tengan un vis a vis en el día de hoy, en la intimidad. A las seis de la tarde, hora portuguesa, establecemos la conexión y mientras en el barco buscan al marido, yo bajo a buscar a Marta. Cuando la llevo al dormitorio, en compañía de mi esposa, y ve en la pantalla el rostro de su esposo, se le anegan los ojos en lágrimas y solo puede cogernos una mano a cada uno y darnos un apretón agradecido. Le comunico que disponen hasta de dos horas para estar juntos, ya que su marido tiene que atender luego a sus obligaciones en el barco, y la dejamos sola, con el recado de que si tiene algún problema en la conexión, me avise y trataremos de solucionarlo lo más rápidamente posible. Después de exprimir hasta el último segundo de la conexión, Marta se reúne con nosotros en la cocina. Viene con el rostro encendido y los ojos enrojecidos. Intuyo que no se han limitado a hablar, pero eso no es de mi incumbencia. Marta besa a Amália en las dos mejillas y asombrosamente, delante de mi esposa, poniéndome una mano en la mejilla, me besa en los labios, mientras me dice:

    – No se confunda. Ya sabe… y muchísimas gracias a los dos.

    – Ya sé, Marta. Ya sé. Y no tiene por qué darlas.

    Para beber durante la cena, he preparado algo que hacía muchísimos años que no realizaba. En una olla grande, he metido dos litros de vino, endulzándolo con miel, y con unas varas de canela, lo he puesto a calentar. Les he explicado que era algo que hacían mi abuelo y mi padre en las cenas de estas fiestas, desde la Nochebuena hasta la de Reyes.

    Ya en la mesa, con la cena dispuesta, les sirvo una copa a cada una de este brebaje caliente, y antes de que pueda advertirlas, ambas se meten entre pecho y espalda el contenido, sin respirar, diciendo al unísono: “que bueno está esto”. Les aviso que esa bebida es peligrosa y tengo para mí que no me hacen demasiado caso. Que sea lo que Dios quiera.

    Mientras cenamos, me han ido comentando las costumbres portuguesas y las particulares de la quinta en esta celebración, y yo les he ido comentando cómo recuerdo yo las celebraciones en España. El nivel del vino caliente baja peligrosamente, y yo no he sido. Yo sé las consecuencias que trae y me he ido reservando. Al terminar, voy a por la cafetera y al volver, me encuentro que las dos mujeres se han cambiado de lugar y se han sentado en el Chesterfield, dejándome un sitio entre las dos.

    Sirvo el café y me siento entre ellas. Al terminar de tomarlo, Amália me empuja hacia el respaldo y pasando mi brazo por detrás de su espalda, apoya su cabeza en mi hombro al tiempo que lleva mi mano a su cintura. Marta, me pide permiso y repite la acción del otro lado. Ambas, con lengua de trapo a causa de la estocada que llevan, me piden que les cuente más cosas de España. No han pasado ni diez minutos, y me doy cuenta que estoy hablando solo. Las dos se han quedado dormidas sobre mi pecho. Al sentirme sólo, empiezo a pensar cómo llevar a Marta a su dormitorio. Esta noche va a tener que dormir vestida. La descalzaré y la meteré en la cama, pero no me atrevo a desnudarla. Luego me llevaré a Amália a nuestra habitación y a ella sí que la desnudaré.

    Lo siguiente es despertarme anquilosado por la postura, las dos mujeres continúan durmiendo en la misma posición en la que se habían quedado. Por la ventana comienza a clarear el día.

    Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. Feliz Navidad a todos.

    CONTINUARA… Agradezco sus comentarios, tanto a favor, como en contra. Son todos bien recibidos.

  • En un centro comercial

    En un centro comercial

    Llevaba ya tres meses en casa de Adela, había asumido las normas, su decálogo. La primera y primordial, éramos para los demás, tía y sobrina. Me convertí en su asistenta doméstica, ordenaba, limpiaba, hacia la compra, empecé a aprender cocina, cosa que se le daba muy bien a ella, pues yo hasta entonces pastas y platos precocinados, o comida fuera de casa.

    Terminé en la Universidad, exigencia de continuar estudiando, sacarme el carnet de conducir, este capítulo merece relato aparte. Respecto al tema sexual, sumisión, me lo dejo bien claro, al igual que la manera y el lugar de llevarlo a cabo, la practica era casi a diario, días tranquilos y otros más fuertes y agitados. Nada era comparable a la satisfacción que me proporcionaba. Lo que se hace y el cómo se hace, es el resultado que se obtiene, vivir con ella, placer y satisfacción.

    Habíamos salido de compras, y nos detuvimos a comer en un centro comercial. Hacía calor, apetecía el local climatizado, no había casi gente, estarían todos torrándose en la playa. Mientras comíamos, ella me hizo dar cuenta de un par de chicas jóvenes, sentadas frente nuestro, cuchicheaban con sonrisas y disimuladamente nos miraban. Ella sentada a mi lado había posado descaradamente su mano en mi pierna, desde la posición de ellas era perfectamente visible la maniobra.

    —Mi niña, ves al servicio y quítate las bragas.

    —Ahora.

    —Sí, hazlo y rápido, las pondremos nerviosas —A la vuelta tan rápido como pude, me dio un beso en los labios, colocó de nuevo la mano en mi pierna, ahora subiendo y bajando acariciándola, seguí las instrucciones. Extendí las piernas abiertas, arqueé la espalda. Y aunque nunca dejaría de sonrojarme, recorría mi cuerpo una mezcla de humillación pero a la vez excitación.

    —Solo las chicas realmente traviesas se excitan con esto, ¿tu, eres una chica traviesa?

    —Sí, mami.

    —Veremos cuan traviesas son las mironas —Una de ellas, parecía la mayor, intentando disimular no apartaba la vista, de pronto hizo la intención de levantarse.

    —Esta se ha puesto nerviosa y seguro pretende desfogarse, nos vas a permitir que lo haga sola, si se levanta ves por ella —soltó Adela.

    La seguí, era más bien regordeta, llevaba el pelo recogido en una cola, vestía un top negro, unos pantaloncitos tejanos, prietos ajustados a los muslos por donde se intuían unas buenas nalgas. Entró en el lavabo, tras ella hice lo mismo, prendí el agua y con una mano mojé la cara. Hice la misma operación que ella.

    —Pareces sofocada.

    —Ufff, si hace calor —contestó, mirándome a través del espejo

    —¿No será por algo más que el calor?

    —No sé… yo ¿tú crees?

    —Tengo mejores remedios para ciertos sofocos.

    —¡De verdad….! —lo dijo sonriendo.

    —Mmm, ¿Quieres comprobarlo? ven.

    Agarré su brazo y prácticamente la arrastre al interior del servicio, sin darme cuenta entramos en de minusválidos, era más amplio. No puso resistencia, me coloque detrás de ella, mis labios rozaron su oreja, había cerrado los ojos… señal de que estaba dispuesta.

    —Quiero tocarte —mientras le desbrochaba el pantaloncito.

    —Quiero tu culo —el pantaloncito estaba ya en sus rodillas, llevaba un mínimo tanga y le acaricié sus generosas nalgas.

    —Quiero tu humedad —mi mano estaba acariciando por encima de la escasa tela del tanga

    —Quiero tu coño —mis dedos tiraron de la elástica, y el tanga bajó hasta el pantaloncito, jugué con el recortado pelo de su pubis.

    —Qué pequeña zorra ansiosa eres. Creo que te gusta esto —.En silencio movió la cabeza en señal de asentimiento. No podía negarlo pues la humedad era evidente, separó las piernas cuando lubrificados dos dedos entraron suavemente hasta el fondo, echó la cabeza hacia atrás, recostándola en mi hombro, se mordía el labio, gemidos apagados salían de su boca.

    Hice que se inclinara sobre el lavabo, me levante la falda y no pude evitar el movimiento de mis caderas mientras presionaba contra ella. Miré la imagen a través del espejo, por su cara adiviné una mezcla de nerviosismo, excitación y expectativa… mientras pasaba un dedo por sus hinchados labios vaginales.

    —Ohhh joder… joder, por favor.

    —Por favor que, zorra.

    —Por favor, necesito un poco más. Por favor.

    Mientras ya había pasado por debajo del top la otra mano sobre sus pechos, eran de pequeño tamaño, no llevaba sujetador, ahuecándolos y apretando, con toques suaves. Las presiones de los músculos de su vagina en mis dedos, intuía que su orgasmo estaba cerca, por lo que tiré de un pezón y lo retorcí, duro, más duro.

    —Sabía que te gustaría zorra, estás jodidamente mojada.

    —Ohhhh joder, joder. Sí. Sí —ahhhh… Mierda…

    —Quiero que te corras ya —Tuve que taparle con mi mano la boca, sus gemidos iban en aumento y en volumen.

    —Te ha gustado ¿eh? ¿Estás bien? —Retorcía las piernas y apretaba los muslos, intentado impedir que no apartase los dedos de su interior.

    —Oh mierda, me ha gustado mucho —Cuando se recuperó un poco, se giró hacia mí como pudo, pues tenía los pantaloncitos y el tanga en los tobillos, se agachó para recuperarlos.

    —Espera, quiero tu tanga, yo no llevo —dije sonriéndome.

    —Sí, te lo doy… Por favor, oh mierda, ¿podría tocarte?

    —¿Tocarme, el que, dónde?

    —Ahhh, por favor, tocarte el coño, por favor, por favor…

    —Tócamelo un poco, pero tendríamos que salir, llevamos mucho rato, me gustaría atender a tus deseos, pero… —deje que pasara su mano.

    —Sí, tienes razón, mi hermana estará nerviosa.

    En aquel momento supe que era su hermana quien estaba con ella. Salimos juntas, una mujer nos miró sorprendida, las dos reímos. Estaban hablando, Adela y su hermana, está en absoluto se sorprendió por nuestra tardanza. Nos enteramos que habían venido con sus padres para la boda de un primo, ellos estaban de visitas turísticas con familiares, y se alojaban en hotel cercano.

    —Podrías venir al hotel un rato, me gustaría que me dieras la opinión de la ropa que tengo para ponerme mañana para la boda, seguro que tienes muy buen gusto —Dijo, Lucia, así se llamaba. Naturalmente nos sorprendió su comentario, tanto Adela como a mí.

    —No sé, creo…

    —Seguro que tu tía te dejará, oh tenéis prisa.

    —Por mí, ningún problema, si tu hermana quiere podemos ir mientras al cine y tenéis dos horas largas para mirar la ropa —Se adelantó Adela, sonriéndome, moviendo la cabeza y con una mirada cómplice hacía mí.

    —Lo siento, quizás no ha sido buena idea… —dijo Lucia

    —Sí por mi tía no hay inconveniente, acepto encantada.

    Nos intercambiamos sonrisas, de aceptación por parte de todos, Lucia agarró su bolsa de mano y la seguí. En el corto paseo hasta el hotel, la observe. Llevaba zapatillas planas, de altura era ligeramente más baja que yo. Un cuerpo explosivo pero quizás por el aspecto sencillo de la chica, pasaba algo desapercibido al primer vistazo.

    —Sabes lo que haces, Lucia, pues creo adivinar tus intenciones.

    —Sí, soy consciente de lo que hago, soy mayor de edad, ya tengo 19 años, mis padres no saben nada de mis gustos, mi hermana si lo sabe y me encubre, lo de antes la manera de hacerlo y donde, te confieso que es la primera vez, al verte… sentí cosquilleos… deseos

    —¿Te gusto?

    —Mucho, me habías puesto a cien… ¿Y, tú tía?

    Llegamos al hotel, y cortamos los comentarios, sin problemas entramos en el ascensor, se lanzó contra mí para besarme furiosamente, pero nada más entrar en la habitación quise tomar las riendas de la situación.

    —Tranquila, ¿de acuerdo?, tengo gustos muy “especiales” —al ver el intento de ella de desnudarse, me clavó su mirada y con cara de sorpresa.

    —¿A qué te refieres? Claro, de acuerdo tú dirás, es que estoy muy nerviosa.

    —Tranquila y sin prisas, me da morbo desnudarte —le solté el pelo que llevaba recogido, le saqué el top, tal como pude apreciar en el lavabo, sus pechos eran más bien pequeños con relación al resto de su cuerpo, se los acaricie suavemente, besé y succione levemente los pezones, se apreciaba su excitación por la erección, continué con el pantaloncito, su vientre plano, después de la cintura unas marcadas caderas que seguían con unos generosos muslos, entre estos un abultado pubis con el bello bien definido y recortado, se escondía su coño. Pasé por detrás de ella acariciándole sus generosas nalgas, prietas, jóvenes, y levantadas. Me desprendí de la falda, y me apreté contra ellas. Mis muslos contra sus nalgas. Con mi mano por delante acaricié entre sus muslos, hasta el final, las yemas de mis dedos tocaron la entrada que ya estaba húmeda.

    —¿Qué haces? —Le permití que se girase.

    Mirándome a los ojos. Y sin dejar de sostenerle la mirada, recorrí su raja con un dedo, notando como se humedecía al pasarlo por entre los labios abiertos. Después lo saque lentamente y metiéndomelo en mi boca le dije.

    —Me gusta… y sabes que vamos hacer.

    —No, no lo sé… —mientras observaba como saboreaba el dedo

    —¿Te gustaría meter la mano en mi chocho?

    —La mano y la lengua.

    —Mira cómo paso mi dedo por la rajita —por encima de la tela del tanga, por cierto era el suyo.

    —Ya lo veo, ya.

    —¿Eres virgen?

    —Bueno, depende… con una amiga jugando con consoladores.

    —¿Te lo han metido alguna vez en el culo?

    —No… solo yo a veces los dedos.

    —¿Te gustaría?, si yo…

    —Sí.

    —Métete un dedo en el culo y otro en el coño. ¿Lo harás, se te lo pido?

    —Sí, lo haré.

    —A qué esperas, ya tardas demasiado.

    Abrió las piernas y se encorvó un poco para facilitarse la penetración. Pude ver en su mirada señales de su rendición incondicional. El chasquido de la palma de mi mano sobre su culo, sacudió su cuerpo, haciéndole gritar.

    «¡Ay!»

    —¿Te preocupa algo? Pregunte, mientras sus dedos seguían jugando entre sus muslos.

    —No que va, nada.

    Observe su figura desnuda, de pie, reclinada mientras se manipulaba, su postura me ofrecía una vista privilegiada de su culo y su vulva ligeramente abierta entre sus muslos. El morbo crecía por momentos. Lucia presionándose, su mirada perdida tras los mechones de su pelo negro cubriéndole la cara. Mientras yo me había desnudado. La lascivia de la imagen hizo que mi coño se apretara.

    —Te gustan estos juegos, también. Será mejor que no te corras hasta que te diga que puedes. ¿Está claro?

    —Oh, mierda… me gusta. Está bien, haré lo que quieras, enséñame a disfrutar y a darte gusto, me gustas, aunque luego no te vuelva a ver. Golpeé de nuevo sus nalgas, esta vez con más fuerza.

    —Hija de puta… —sus ojos estaban más abiertos que nunca. Se abalanzó hacia mí y me dio un beso de película. Después se apartó, recolocándose su pelo suelto.

    —Te ha dolido.

    —Vale, un poco… pero soy tuya.

    —Muy bien, sé que esto te gusta. Muéstrame lo mojada que estás. Abre las piernas —Lucia lentamente las abrió.

    —Tienes un coño muy bonito, debo admitirlo. Parece que necesita caricias —mientras pasaba la palma de la mano, por encima, y cuando menos se lo esperaba, se lo golpeé rítmicamente

    —No, por favor.

    —Ahora te frotaras un poco el coño para mí. Luego podrás lamer el mío.

    —Sí… Nora —Hizo lo que le indique, frotaba su clítoris con fruición. Y entonces, hice que parase.

    —Buena niña. Ven aquí. Es hora de darle un buen uso a tu boca —Me había sentado en la cama y la hice subir también. Encogí las piernas, arqueé la espalda, jugué con mis pechos y me froté el coño. Todo para ella. No pudo resistir, se inclinó hacia delante y se colocó entre mis muslos. Mire sus ojos, quien ahora estaba desesperada por complacerme era Lucia.

    —Sabía que te gustaría, mi putita, estás jodidamente mojada —Sus palabras ásperas y sucias me hicieron jadear y gemir, tensando mis piernas. Continuó frotando su pulgar en círculos, presionando en la abertura de mi culo, mientras deslizaba su lengua dentro y fuera en un ritmo frenético. Su pulgar empujó alojándose. Presión, placer… mi coño se contrajo a su alrededor mientras jugaba con mi culo, mi clítoris palpitaba, mi respiración se aceleraba cada vez más mientras mi cuerpo intentaba absorber toda la sensación. Hice que se incorporase, la volteé y colocándome sobre ella, cruzamos las piernas. Aceleré el ritmo. La tenía debajo. Un empuje, otro, gemidos de placer escapaban de sus labios mientras me mecía hacia adelante y hacia atrás, luego sus caderas se cerraron rodeándome, finalmente aflojó su agarre y se retiró a un lado.

    —Oh… Nora —me abrazó y me besó, mientras acariciaba mi pelo.

    —¿Qué quieres saber?

    —En realidad pensé, que tú…

    —¿Qué te creías? No soy una puta. Quizás pueda ser una golfa o una guarra. Pero creo que han sido un intercambio de placeres mutuos, me apetecía, hemos disfrutado ¿no?

    —Si, yo… también soy una guarra.

    —Vale…, pero eres una guarra esplendida —Levanté con los dedos de una mano su barbilla, dándole un cariñoso beso en los labios. Entonces me preguntó si iba a verme de nuevo.

    —¡No! —Pero tuve la creencia, no sabía por qué, que volvería a verla, pasó casi un año para que gozase otra vez sus encantos.

  • Javiera, por fin había encontrado la llave

    Javiera, por fin había encontrado la llave

    Como de costumbre nos juntamos en el Starbucks, Javiera pedía un elaborado caramelo frappuccino, yo el más simple y ordinario de los café en esta tienda. Ahí me conversaba de su vida, de su trabajo en el ministerio de justicia, sus hijos, los colegios de sus hijos, las tareas de sus hijos y bla bla bla. Muchas veces hacia como que la escuchaba pero me distraía mirando por la ventana, pensando en mi trabajo o simplemente mirando la gente pasar por el paseo peatonal de Santiago. Solo me armaba de paciencia porque en lo más profundo soñaba algún día pasarla por las armas y que fuera completamente mía, pero era una mujer muy formal y seria, vestía siempre traje de dos piezas con pantalón, un tomate en el pelo que nunca se despeinaba y un maquillaje muy recatado, era por su profesión o su forma de ser o por el rol de su trabajo en tribunales, no lo sé, pero a simple vista no era muy llamativa.

    Creo que un par de veces la pude ver sin su chaqueta y no pude dejar de contemplar sus anchas caderas, su culo generoso y un par de teta carnosas que levemente se traslucían por su blusa, se mantenía bien a sus 40 años, me saboreaba en secreto al verla pasar, al oler su perfume, al sentir su esencia de mujer, pero siempre fue en secreto, por su forma se ser ni siquiera pensé en insinuarme o hacer un chiste en doble sentido, preferí mantener solo una bonita amistad.

    Fue una de esas tantas veces que estábamos en el Starbucks que de la nada me conto que este fin de semana su ex iría a buscar a sus hijos por el fin de semana, que haría sushi y que me invitaba a cenar a su departamento… En mi interior se encendió fuego de maldad pero no se lo demostré, le dije que tenía unas cosas que hacer pero que le confirmaba por mensaje. Le dije eso para que no crea que estoy ansioso o muy entusiasmado, paso la tarde y no le respondí, al día siguiente le envié un mensaje, en el que le dije que ya arregle mis asuntos, que iría a su departamento y que yo llevaría un espumante.

    Esta tarde por primera vez la vi con un vestido, era un vestido simple de verano, nada coqueto, hasta las rodillas, pero dejaba ver todas sus curvas de mujer y para la imaginación el néctar de hembra entre sus piernas.

    Trajo una tabla inmensa de sushi y dos copas, por mi parte destape el espumante y llene las dos copas. Comenzó a hablar como siempre me contaba de sus cosas y yo la hacía sentir en confianza para que siguiera contándome sus problemas, sueños y miedos, me di cuenta que se vacío su copa y rápidamente se la llene, siguió hablando y yo escuchando, vaciando su copa nuevamente y yo se la llene nuevamente. Fue cuando se servía la tercera copa, cuando ya llevaba la mitad de esta comencé a notar rara, le estaba haciendo efecto el alcohol, sus palabras cambiaron, el tono de su voz, comenzó a reír a carcajadas, yo también. Comencé unos jugueteos de manos, la rozaba, la abrazaba, la apretaba y ella se reía, termino su copa y nuevamente se la llene. Cuando le iba a dar un sorbo a la copa, la detuve con mi mano, y comencé a acariciar su cara y la mire fijamente a sus ojos y ella se comenzó a derretir, seguí acariciando su cara y se dejaba, mi pulgar rozo sus labios y su boca se abrió, exhalaba un aire caliente de su boca, estaba nerviosa y caliente a la vez. Introduje mi dedo pulgar en su boca y se dejó pero no hizo nada hasta que le di la orden, le dije… ‘chúpalo…’ y comenzó a chupar mi dedo pulgar, ‘chúpalo como una putita…’ y eso la volvió loca… había por fin encontrado la llave que me abriría todas las puertas del placer, la llave que le sacaba esa coraza de abogada del tribunal de justicia y la dejaba volar como hembra, era la llave morbosa que la liberaba de ser una correcta profesional, una correcta mamá a ser una puta, era el morbo de hacer lo prohibido, el morbo de ser puta en el sexo.

    Saque mi dedo de su boca y nos comenzamos a besar apasionadamente, ardientemente, con deseo, con lengua, la apretaba, rápidamente una mano en el culo y otra en una teta, apretándola, masajeándola y lo más importante en su oído palabras soeces, eso fue lo que la entrego, soltó todas sus barreras, estaba excitada al máximo, podía sentir los latidos de su corazón, jadeaba, restiraba por la boca y yo seguía trabajando su imaginación, le decía que me iba a chupar el pico hasta los cocos, que le iba a partir la concha, que se lo metería todo el tronco hasta las bolas, que le abriría el culo, que llenaría su boca de leche, sus tetas, su concha… Mientras estaba dedeando su flor, un dedo, dos dedos, tres dedos, la estaba masturbando y ella se retorcía de placer, seguía tratándola de puta, zorra… Javiera ya estaba a punto.

    Me puse de pies, ella se repuso en el sofá, abrí mi pantalón y saque mi falo… Le dije, ‘míralo ¿te gusta?’, asintió con la cabeza. Ahora le di la orden “chúpalo” y obedientemente me chupo el pico, como una verdadera puta, con ganas, con deseo, lo chupaba, lo mordía, le pasaba la lengua. La detuve y lo saque de su boca y comencé a refregárselo por toda su cara, le pase la cabeza de mi verga por sus ojos, por sus mejillas, por sus nariz y frente, mientras le decía, ‘puta, puta, puta…’.

    La tome de la mano y la lleve al dormitorio, en cosas de segundo la desnude y la puse sobre la cama en cuatro patas. Era hermosa, su cuerpo se iluminaba con la luz que entraba por la ventana del departamento, su piel suave y blanca, parecía de porcelana, su pelo ahora suelto caía por sus hombros delicadamente. Yo me desnude lentamente, disfrutando de la imagen, disfrutando del momento en que Javiera sería mía. Me subí a la cama, me coloque detrás de ella y con mi mano le frote mi verga desde los labios vaginales hasta la entrada de su ano, subía y bajaba. Ella jadeaba, con sus ojos cerrados suplicaba con voz entrecortada, ‘métemelo…’.

    Puse la cabeza de mi pico firme a la entrada de su concha y le dije “repítemelo” ella nuevamente con voz entrecortada dijo, ‘meeetemelo…’. Moje el dedo pulgar con saliva y busque su ano. Con la mano izquierda la sujeté y luego le metí la verga hasta los coco por la concha, mientras abrí su culo con mi dedo pulgar hasta lo que más pude con mi mano. Comencé un bombeo frenético, comencé a culearla como a una puta, le abría simultáneamente la almeja y el culo y ella lo disfrutaba, pedía más, más duro, así, así, así…

    Fueron momentos mágicos que terminaron con espasmos y orgasmos de ella y yo una gran eyaculación que lleno por completo su cuerpo, sintió cada uno de mis chorros, hasta que me abalance sobre su cuerpo. Quedamos inmóviles por largo rato, exhausto, perdidos en el placer del momento, perdidos en la obscuridad de la noche.

    Luego de un rato, la abrace y le hice mucho cariño, hablamos hasta muy tarde de la noche, nos besamos apasionadamente y ella me dijo que cada fin de semana cuando vinieran a buscar a los niños y quedara solita me invitaría a comer sushi… J