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  • Noche de copas y algo más

    Noche de copas y algo más

    Es sábado por la noche y como lo hago habitualmente salí con Pilar, mi amiga. La noche venia tranquila. Estábamos un boliche. Bailamos con unos chicos, que después nos invitaron a tomar algo. La verdad el que me había tocado a mí no era lindo, y además estaba bastante en pedo y cargoso. Mi amiga se enganchó al otro que estaba pasable y a los 10 minutos ya se estaban matando a besos contra una columna. Estaba claro que me iba a ir sola del boliche.

    Ni bien que Pilar de despaga del pibe, le digo al iodo que me voy porque no soportaba más al que estaba conmigo.

    Hago el comentario que voy al baño, pero encaro para la puerta y me fui. En la esquina del boliche espero un taxi. Pasa como media hora y aparece uno. Le hago seña y se detiene, subo y saludo al chofer.

    -Hola, buenas noches… Vamos a Pacheco de Melo y Azcuénaga

    Escucho una voz gruesa y seductora que me responde…

    -Buenas noches… Muy bien, allá vamos!

    Fue inevitable no mirar al dueño de esa hermosa voz, y me encontré con un morocho, de pelo negro y ojos oscuros. Se notaba que no era grande de físico, pero si se cuidaba o hacia algo de ejercicio. Podía oler un perfume muy rico y llevaba de fondo música suave en inglés.

    Comenzamos el viaje y veo que cada tanto mira el espejo retrovisor. En una oportunidad me dice

    -Venís de bailar?

    Sorprendida le respondo

    -Sí, pero no fue una muy buena noche.

    Él me dice: que pena, estás muy linda para terminar la noche así.

    No sabía que decirle y el me sigue hablando.

    Si querés puedo ayudarte a que termine mejor…

    La idea de tener sexo con un desconocido ya me estaba calentando.

    -A si??? Como me ayudarías???

    Ya estaba segura de algo iba a pasar y fui por todo esperando su respuesta. Siento que va frenando en una esquina, se da vuelta y me dice…

    -Subí, adelante y te explico….

    No lo dude, baje y el desde adentro me abrió la puerta del acompañante, subí y ni bien lo mire me partió la boca de un beso. Besaba muy bien. Fue apasionado y dulce a la vez. Me empezó a acariciar una pierna mientras me besaba. Yo llevaba puesto un pantalón de Jean y una camisa de seda bastante floja. Sube sus manos y me acaricia las tetas. Ya me estaba prendiendo fuego. Yo le empiezo a acariciar la pija, completamente dura, se notaba de un tamaño normal, pero gordita.

    Los dos gemíamos con las caricias y los besos. Me sacó una teta, por arriba de camisa y me la empieza a chupar, cosa que me calienta más aún.

    -Vamos a mi casa… Le digo sin pensar.

    Arranco el auto y fuimos a la dirección que le dije al subir. Nunca le deje de tocar la pija. Y el cuándo podía, por el pantalón me tocaba las tetas y la conchita por encina de la ropa.

    Llegamos a la puerta del edificio y nos metemos en el ascensor. Vivo en el piso 7 y desde que arrancó el ascensor hasta que se detuvo en mi piso no dejo de tocarme y de besarme.

    Como puedo abro la puerta del departamento y entramos.

    En dos minutos estábamos desnudos, súper calientes.

    Me arrodillo y le empiezo a besar suave la pija, la mojo bien, y me la comí entera. Estaba dura como una piedra. El gemía de placer, y lo hacía bastante fuerte. No importaba si me podían escuchar los vecinos, solo quería comerme esa pija. Intensifico los movimientos, metiéndome lo más que puedo en la boca. Le bese los huevos y se la seguí chupando hasta que entre gemidos me dice…

    -Querés lechita???

    Lo miro con mi mejor cara de zorra caliente y le dijo…

    -La quiero toda…

    Me agarra de la cabeza y me empieza a coger la boca, liberando tres chorros de leche, la cual trague y le limpie toda la pija, disfrutando de lo que estaba haciendo.

    Me levanto, y voy a la cocina a buscar dos cervezas y las tomamos sentados en el sillón.

    Ahí nos presentamos formalmente y me cuenta que está casado y todo un bla bla bla que no me importaba mucho. Solo quería pasar un buen rato de sexo. Para cortar con el melodrama, lo agarro de la mano y lo llevo para la pieza. Entre besos y caricias nos volvemos a calentar. A él se le paro al toque y yo estaba muy mojada. Hago que se siente en un pequeño sillón que tengo un rincón y me acuesto en la cama. Él observa cada detalle de lo que hago. Me empiezo a acariciar las tetas, estiro mis pezones, me las amaso… Levanto mis piernas y me las acaricio en forma suave y lenta. Saco de mi mesa de luz una botella de aceite corporal y me la tiro en panza y me la empiezo desparramar por todo el cuerpo, en especial por mis tetas, bajando mi mano hasta la mi conchita (que está completamente depilada) y me empiezo a acariciar el clítoris, suave. Me introduzco un dedo, dos y comienzo a darme autoplacer delante del taxista, lo cual el responde masturbándose y cada tanto escuchaba decir…

    -Uh Siiii mmmm…

    No aguanto más y de un salto salió del sillón donde estaba y hundió la cara en mi aceitada concha. Me chupaba desenfrenadamente y me metía dos dedos con mucha intensidad, a lo cual respondía con gemidos, retorciéndome de placer. Me encantaba como lo hacía y cada vez me abría más y más. Tuve un orgasmo brutal que me dejo rendida. Siento que se tira aceite en las manos y me hace poner en cuatro, empieza a tocar la cola, me paga un chirlo y me empieza a abrir el culo, me mete un dedo y con la otra mano me sigue acariciando el clítoris, haciendo que me relaje más aún. Me mete dos dedos, y mis gemidos eran más fuertes, me sentía más dilatada y muy caliente. Necesitaba que me coja ya!!

    Estiro una mano y le empiezo a acariciar la pija. El sigue jugando con mi culo, dilatándolo lo más que podía.

    Se arrodilla en la cama detrás de mí y pone la pija súper dura en la puerta de mi culo y lentamente empieza a meterla. Sentía una mezcla de dolor y placer. Él se notaba que estaba gozando la penetración por mi pequeño orificio. Centímetro a centímetro la fue metiendo hasta tenerla toda adentro y se quedó unos instantes dentro para que mis músculos se acostumbren, mientras tanto, con un dedo me masajeaba el clítoris. Que placer sentía. Comienza a cogerme suave. Se me erizaba la piel con cada vaivén y nuestros gemidos retomaban acción. Me apretaba las tetas, me volvió a dar chirlos en las nalgas, pero esta vez más intensos. Y yo gemía como una perra en celo pidiéndole más y más…

    -Ayy si seguí cogiéndome así… No pares…

    -Mmmm… Si nena, goza al sentir como te cojo… Me dijo al oído.

    Literalmente me estaba taladrando el culo cuando siento que me empiezo a contraer y junto a un gran grito tengo un gran orgasmo con el cual mojo las sabanas de la cama.

    Sale de adentro mío y se sienta en el borde de la cama y yo arriba de él dándole la espalda, clavándome su pija entera en el culo nuevamente. Empiezo a cabalgar por encima de él.

    -Dale bebe, cógeme mmmm y sácame toda la leche de nuevo…

    Volvió a retorcer y apretar mis tetas. Yo estaba como loca saltando arriba de él gritando de placer. Me mete un par de dedos en la concha y simulamos una doble penetración. Me sentía llena de todos lados. Me quita los dedos y toma el control de la penetración. Cierro mis ojos y me dejo llevar por el placer inmenso que sentía. A los pocos segundos, siento como acaba dentro de mí y yo junto a él nuevamente.

    Nos quedamos acostados un rato en la cama y nos fuimos a bañar. Se vistió y se fue. Y yo me fui a dormir desnuda, pensando en lo bien que la había pasado con el taxista descocido.

    Si te gusto el relato, escribime. [email protected].

  • Nuestra amiga argentina se lleva a su amiga pendeja de vacas

    Nuestra amiga argentina se lleva a su amiga pendeja de vacas

    Bueno yo sigo contando las cosas, como ya dije en mi diario íntimo, cosas que como siempre digo ni quiero ni puedo contar por otro lado, pero tengo la necesidad ¡de contarlas! Hoy es miércoles, al fin convencí a Valen que venga para acá, y ayer se vino a la tarde. Obvio a su novio le dijo que se iba a la casa de una amiga, pero no a la mía (ya que su novio no sabe que somos tan amigas, bah que estuvimos juntas como lesbianitas, aparte es una pendeja de 18 años, chiquita hermosa) ojo, para que no entiendan mal, no soy lesbiana, solo que me gusta todo.

    Bueno les cuento lo de ayer (aprovechando que Valen se quedó dormida y me puedo conectar).

    Llego tipo 15 horas, la voy a buscar, vamos a casa, para empezar de a poco y dejarla intrigada, cuando la voy a buscar, vamos a casa, se cambia y nos fuimos un rato a la playa (ni la toque, cosa que seguro le sorprendió, pero ese es mi juego, como me hacen los chicos dejarla bien calentita).

    Bueno, vamos a la playa, ella chiquita con una bikini que le queda hermosa, estuvimos un rato (ella estaba cansada), le dijo de ir a tomar un jugo a la barra (del tatuado), ella, se quería poner una remera encima (como hacen la mayoría de las chicas) y le digo que nooo, que vayamos ¡así!

    Llegamos a la barra, y ya para ponerla a Valen intrigada, me pongo en puntas de pie y a través de la barra le doy un pico al tatuado (solo para que ella viera lo que le esperaba).

    Le presento al Valen, y obvio con su mirada, ya sola me di cuenta que se la quería coger, y como siempre me pregunta: “Caro ¿un licuado de leche con mucha lechona?” y le digo que si: “que me gusta la lechita” le pregunta a Valen y yo le respondo: “a ella también le gusta la leche” ya la estaba regalando.

    El tatuado nos dice: “chicas alguna noche podemos armar algo en casa ¿les parece?” “obvio” le digo, pero no hoy, Valen recién llegó.

    La cara de Valen, estaba re sorprendida, creo que jamás pensó en que así iban a ser sus vacaciones en Cariló, hasta que me pregunta: (pónganse en lugar de ella, un tatuado, con el pelo lleno de rastras, nada que ver con los chicos que estamos siempre, y más Valen que solo estuvo ¡con su novio!)

    Bueno lo que me preguntó fue: “Caro ¿vos estuviste con él?” y le digo: “si, y es una experiencia inolvidable, veamos, sabes que no te voy a obligar a hacer algo que no quieras, pero la verdad es que lo pase re bien” (obvio que no le conté lo de los “cigarros” y que me cogieron entre varios)

    Bueno la cosa quedo ahí, fue su primer día en Cariló.

    Llegamos a casa cenamos todos juntos, miramos tele un rato hasta que se van todos a dormir (yo ya conté que mi cuarto es el único que está abajo el resto de los cuartos están arriba).

    Una vez que me asegure que ya estaban todos en sus cuartos y medios dormidos, le digo a Valen: “¿vamos a acostarnos?”

    Valen estaba cansada, obvio que me dijo que si, pero con miedo, intriga a lo ¡que podía pasar!

    Entramos en el cuarto, cierro la puerta con llave, Valen es como que intenta ir al baño a cambiarse, le digo: “forra, cambiémonos juntas, ¿o ya no nos vimos en bolas? Y lo disfrutamos varias veces”

    Obvio no le quedó otra que empezar a cambiarse delante de mi, y yo hice lo mismos, hasta que cuando estábamos las dos desnudas, me acerco, le doy un beso, le parto la boca (la verdad es que recién en este verano soy la que avanzo, siempre espero que me avance el/la otro/a)

    Bueno la cosa es que las dos en bolas nos empezamos a besar con esos besos hermosos de lengua que nos damos, nos empezamos a tocar, le meto mis dedos en su concha, ella estaba medio tímida, le agarro su manito y la llevo a mi concha, hasta que también me mete los dedos, así paradas, casi temblando metiéndonos los dedos en la concha terminamos acabando (sin poder gritar mucho ya que en casa estaban todos, mis viejos, mi hermana y su marido).

    De ahí la tire en la cama y me puse arriba de ella hasta hacer un 69 en el cual nos re contra chupamos las conchitas ya a la trolita /lesbianita, le re gusto, se re calentó, sus piernas, ya no tenían control y sus gemidos (que le tuve que decir que no gritara) demostraban todo lo que le gustaba, hasta que ¡acabó de nuevo!

    Nos quedamos así en bolas en la cama hasta que me dice que se quería duchar (en mi cuarto hay un baño con ducha).

    Se va a duchar, se mete en la ducha y yo nada lenta, me meto en la ducha y le digo: “¿hay lugar para una más?” y ahí en la ducha enjabonadas, como siempre digo, sintiéndonos todavía más suave nuestra piel, nos empezamos a besar a tocar, a acariciar, a meternos los dedos en las conchitas, ya estábamos las dos ¡recalientes!

    Le digo que se dé vuelta, me hace caso y así debajo de la ducha le empiezo a besar la cola y a meter los dedos en la cola, “NOOO, NOOOO”, me dice, “esto nunca lo hicimos”, le digo: “te va a gustar”, le meto uno, dos dedos, se los meto, se los saco hasta que quedo temblando y acabando.

    Le digo: “ahora me toca a mi” yo sabía que esas cosas ¡nunca las había hecho!, me doy vuelta, se pone de rodillas en la ducha, me empieza a besar la cola, así un rato, le digo: “ nena estoy caliente haceme acabar, ¡méteme los dedos!” tímidamente, me pone uno, otro, yo agarrada sobre los azulejos de la bañera re caliente, me empieza a meter los dedos, me los saca me los mete (la pendejita aprendió rápido), hasta que me hizo acabar, y como siempre quede casi ¡temblando!

    Nos secamos, nos ponemos las remeras para dormir y nos acostamos para ver tele y la zorra me sorprendió, ya que después de un rato se pasa ¡a mi cama! (la pendeja seguía caliente), nada fue algo suave solo nos besamos, nos acariciamos, cada una le metía los dedos en la conchita de la otra mientras nos sentimos, es decir, nos entrecruzábamos las piernas, sentíamos esa piel suave, mas yo, digo sentir la piel de una pendeja de 18 años ¡y tan puta! hasta que acabamos juntas, y cada una se fue a su cama.

    Nada eso fue el primer día, pero la voy hacer coger y que lo cague a su novio como nunca lo hizo.

    Y hoy miércoles, fuimos a la playa un rato y ya el tatuado nos invitó para ir mañana a su casa, solo la tengo que terminar de convencer, estoy segura que lo voy a conseguir, mi idea es que re fumada se deje coger, por el tatuado, las amigas, como me hacen a mi cuando voy, y seguro que le va a gustar, y a mí me va a calentar verla como la cogen, nunca ¡vi eso!

  • Cogida por mi compañero en mi salón

    Cogida por mi compañero en mi salón

    Bueno es mi primer relato al igual que la primera vez que le fui infiel a mi esposo.

    Tengo 30 años, soy morena, gordibuena, me casé cuando tenía 19 años y mi esposo 25, él fue el primer hombre en mi concha, el sexo es muy bueno, pero siempre ha existido en mi interior un morbo rico por ser infiel.

    Sucedió hace como 2 meses la primera vez que le fui infiel a mi marido, estaba en mi salón de clases era muy temprano mis alumnos tenían que irse con el profesor de educación física y yo le tenía que entregar algunas cosas que me había prestado para una actividad y fue en ese momento cuando sin esperármelo me planto un beso y me acorralo con sus brazos en el momento trate de apartarlo pero él no lo permitió es más alto que yo ya que mido 1.58 y el 1.70 le dije que él tenía que ir a dar clase y fue la única forma de apartármelo ya que me tenía súper amontonada.

    Se fue y me dijo que regresaría cuando los alumnos salieran de clases, casualmente ese día se retiraron temprano y cuando regrese a mi salón el me siguió, entro y cerró la puerta tenía mucho miedo al principio ya que ese día también había una reunión de padres en el patio de enfrente de mi salón y nos podían escuchar pero fue tanto mi excitación que no dude más en entregarme a él empezó a besarme y a tocarme desesperadamente metiendo su mano dentro de mus pantalones y empezó a desearme muy rico mojándose más de lo que ya estaba, me bajo el pantalón y empezó a mamar mi concha húmeda y depilada haciéndome acabar en su boca chorreándole la boca nos besamos y pude saborear mis fluidos de sus labios mientras el metía sus dedos en mi concha, y yo tocando su enorme verga más grande que la de mi marido, me volteo y frotó su verga en mi culo y la fue asomando en la entrada de mi concha introduciéndola en ella que estaba súper mojada de mis fluidos le dije que nos podían escuchar pero creo que eso nos excitó más y al mismo tiempo si tratábamos de no gemir me cogió parada sentí como su verga entraba y salía y mi cuerpo temblaba, luego me subió a mi escritorio empezó a cogerme él estaba de pie y su verga entraba por completo se sentía tan bien que tenía ganas de gritar y continuaba como mi tercer orgasmo era increíble la forma en que me cogía, luego se sentó en una silla y me culeo muy rico yo subía y bajaba ya acostumbrada a su enorme verga, después nos paramos nuevamente y yo de espaldas era muy rico sentir su verga estuvimos así en esta posición como 10 minutos cuando alcanzo a tirar su leche y yo mi cuarto orgasmo, me beso y me dijo que había estado rico y quería mas pero ese día ya no podíamos la reunión había terminado y mi esposo me estaba llamando que había llegado por mi para irnos a casa.

    Fue realmente excitante saber que iba a mi casa bien cogida y mi esposo no sabía nada, fue la primera vez en que le fui infiel y el segundo hombre que me había penetrado, después de esa vez hubo más veces, pero eso es otra historia.

    Espero les guste mi historia

  • No coger con alguien del trabajo, ni prospectos

    No coger con alguien del trabajo, ni prospectos

    Pues aquí estoy de nuevo y les contaré lo que me pasó con un posible compañero de trabajo, yo sabía que no se quedaría, pero era lindo y aproveché la ocasión.

    Ya saben, soy una niña en un trabajo de adulta, estudio contabilidad y apenas tengo 24 años, mi jefe no sabe que tiene un monstruo come hombres en su empresa, que le gusta pasearse muchas veces sin calzones, normalmente ando sin bra, tengo 4 amantes que según yo, no se conocen porque no viven aquí y me gusta andar completamente depilada, ya saben no sabemos que se puede presentar cada día… 175 cm. descalza, con mis tetas en su lugar y como subí solo un poquito de peso pues tengo el culo jugoso dicen.

    Pues llego un chico nuevo a la empresa, más bien llegaron 4 nuevos pero me dejaron a este chico para entrenarlo, mientras lo escuchaba en su entrevista veía que era alguien listo guapo alto fuerte y olía rico, pensé desde que lo vi que nada pasaría ya que me tengo prohibido salir con mis compañeros y con mis jefes entonces lo recibí un poco de malas.

    Me sacaba más de 10 o 12 años y la verdad aunque tengo a mis amantes y estoy satisfecha sexualmente ese tipejo tenía un no sé que se yo pero me que me hacía vibrar por dentro, bueno ya tendría tiempo casi 15 días para descubrirlo si es que realmente no se quedaría ya que si aceptaba el trabajo pues yo me quedaría con la duda. Siempre a mis compañeros que voy a entrenar soy muy seria y estricta y me hago un poco accesible ya que firman que aceptan el periodo de prueba y nos vamos todo el equipo a un bar así que bueno a ver qué pasa con el…

    Hasta aquí se podría decir que todo es muy inocente, y que yo no habría actuado de una forma diferente a cómo lo hubiera hecho con cualquier prospecto de compañero que sintiera un interés marcado por el puesto. Pero al 4to día lo noté muy nervioso, no se podía concentrar en la conversación, y de pronto demostró incluso cierta timidez. Al poco quiso marcharse explicándome que tenía un compromiso muy importante que había olvidado. De los nervios tiro unos papeles, y yo sólo podía mirarlo con ojos de asombro, sin entender qué carambas estaba pasando. Al poco de que desapareciera fui al baño y al lavarme las manos me miré al espejo. Entonces me di cuenta de que con el calor y al llevar un sujetador muy finito la blusa también pues me marcaba poquito los pezones.

    Entré a mi oficina súper excitada. Darme cuenta del porqué de su nerviosismo que hizo que un pequeño relámpago de placer naciera en mi entrepierna y me recorriera el cuerpo. Tenía la piel de gallina. Cerré la puerta de mi oficina, me recosté en la silla y empecé a fantasear. En fin estaba muy caliente así que mientras me tocaba le daba vuelta al asunto me imaginé cómo podría haber acabado aquella situación, lo cual me dejo muy caliente y bueno si no se quedaría pues ahí estaba ya mi oportunidad.

    Mi cabeza empezó a recrear muchas situaciones similares y el como había quedado desnuda frente a ellos muchas veces sintiendo como recorrían las gotas de sudor por mi cuerpo, como he sido capaz de bailarle a alguien o dejarme untar bronceador por todos lados, o simplemente dejarlos actuar detrás de mí solo haciendo mi tanga de lado y en el mejor de los casos sin tanga de por medio. Cuando tocan mi puerta regreso de golpe a mi realidad. Ahora era yo la que estaba nerviosa. Me recompuse como pude y solo cruce los brazos en mi pecho mientras gritaba: ¡pase!

    Era él. WTF? ¿Por qué había vuelto?

    En mi desconcierto comente:

    -¿No tenías una cita importante o algo así?

    -Eh, no. Perdona, en realidad lo inventé.

    -Aha continúa…

    -No sé muy bien cómo explicarte por qué, ni si debería, pero creo que entra dentro de tu rutina que los nuevos se sientan atraídos por alguien tan inteligente y atractiva.

    En mi cerebro yo trataba de asimilar que estaba confesando su atracción por mí, pero mi cara debía ser un incognito, así que intentó excusarse.

    -Siento muchísimo si he creado una situación incómoda, no tenía que haber vuelto. Yo… yo sólo quería… no sé qué quería, sólo creo que exageré yéndome… Perdón, me voy… otra vez.

    -No, siéntate, le dije.

    -oook -dijo con mil dudas en su cara de adulto de 32 o 35 años jejeje.

    De forma mecánica claro esta estire mis brazos que estaban cruzados; y si, mis pezones seguían marcándose, quizás un poco menos que antes, pero eran perfectamente visibles.

    -¿Te veo nervioso, que pasa?

    -¿Tengo realmente que contestar?

    -Sólo si quieres. Lo tenía bien agarrado…

    Medio sonrió. Aproveché para proseguir normalizando la situación.

    -Es totalmente normal que dos mentes o dos cuerpos tengan una atracción. La atracción es química. Sólo hay que saber encontrar los límites para esa atracción mientras se disfruta.

    De pronto su cara cambió, sonrió abiertamente como entendiendo el juego que le estaba proponiendo, pero quiso asegurarse.

    -¿estás hablando en términos generales o en mi supuesto práctico?

    -En nuestro supuesto práctico.

    Lanzó un suspiro al darse cuenta de que la tensión sexual era mutua, el cazador estaba siendo cazado.

    De pronto desperté como de un sueño, y me di cuenta de que con la excitación del momento, yo sí estaba cruzando límites. Intenté volver al tema laboral.

    -ok nos vemos mañana.

    -disculpa y mil gracias. Nos vemos mañana, siento de verdad la incomodidad de la conversación, no era mi intención.

    -Olvídalo.

    Las horas pasaron volando. Lo vi atento en el entrenamiento. Se acercó a preguntar dudas junto a otros nuevos y me rozó más queriendo que sin querer la mano que tenía apoyada en el filo de la mesa de juntas. Lejos de asustarme me pareció divertido, y sonreí sin mirarle.

    Llego el sábado y no pude evitarlo y me vestí a matar jajaja, eligiendo unos shorts blancos de mezclilla de esos abajitos de donde se acaba la nalga y con una blusa ajustada de licra morada con mi bikini abajo. Cuando entré a la oficina le cambió la cara. Me mordí el labio mientras sonreía triunfante por haber causado aquel impacto (nuevamente). Cuando terminamos el medio día fue a mi oficina. Tras dos golpes en la puerta y un pasa, apareció por la puerta.

    -¡Hola ya una semana, sigues pensando lo mismo???

    Mientras hablaba me levante a buscar un folder a una estantería, lo busque en el espacio más abajo dejando mi trasero al aire o sea mi culo a la altura de su vista. Cuando me levanté lo cache mirándome, y le sonreí con satisfacción.

    Platicamos del que haríamos el fin de semana, al final yo sí que tenía planes, mi mejor amiga había decidido celebrar su cumpleaños bajo la temática años 20 para celebrar los 25 que loco festejo y más aquí en Playa del Carmen así que a festejar, mientras platicábamos y tímidamente nos tocábamos las manos para quitarnos la pena, o le rozaba con el pie la pierna como de casualidad. Cuando terminamos ya no quedaba nadie en el despacho así que pero le dije si podía esperar 5 minutos a que me cambiara y me diera su opinión sobre dos vestidos que tenía que llevar a una fiesta de los años 20, ya en confianza.

    -¡Claro! Me encantan los años veinte, te daré mi más sincera opinión.

    Fui al baño y me acompañó, me puse unos pantalones acampanados entallados a mi cadera de rayas grises con una camiseta blanca ajustada abrochados solo 3 botones y unos tirantes negros que me daban aspecto de mafiosa. Salí, y allí en el baño posé para él de perfil, de frente, por detrás 2 o 3 vueltas.

    -¿Qué te parece?

    -Me encanta. Estás total. ¿Es una fiesta de disfraces?

    -No exactamente, es temática.

    -Pues vas genial.

    -Espera que te enseño el otro.

    Me quede solo con la parte de abajo del bikini y como saben entre más pequeños y metidos en el culo para mí son mejores, me puse un vestido de flecos negros que se abrochaba por detrás. Salí del baño sujetando el vestido por la parte de delante pero con toda la espalda abierta dejando entrever todo lo que mi bikini exponía de mi trasero.

    -¿Puedes abrochármelo?

    Me miró y tardó un instante en reaccionar.

    -Claro, claro. ¿Te subo la sierre entera?

    -Sí, por favor.

    Con poca dificultad subió el cierre hasta la mitad de la espalda. Era un vestido holgado que me daba un aspecto muy acorde con la época.

    -¿Qué te parece?

    -Me gustan los flecos -dijo tomando suavemente algunos a la altura del pecho, rozándome al hacerlo- pero creo que te pega más el look mafia del primero, este te hace demasiado mayor.

    -Bueno, la verdad si apenas tengo 24 añitos.

    -¿Cuántos años tienes?

    -24.

    -¿24? ¿En serio? Pues aparentas ser más chica de verdad pensé que eras más joven, caray y saber que una chica linda como tu sexy inteligente pudiera ser mi jefa wow, de verdad que si yo entrara esta noche a esa fiesta y te viera con esos pantalones si iría detrás de ti

    Me reí. ¿Qué iba a hacer?

    -Anda, desabróchame el vestido, que me has convencido. Me voy a poner los pantalones y la camisa blanca.

    Me desabrochó poco a poco el vestido, como si no quisiera terminar de bajarlo. Sentí su respiración en mi cuello, y un bulto que se pegaba entre mis nalgas. Instintivamente al sentirlo curvé la espalda elevando ligeramente mi culo y descendiendo suavemente. La cremallera estaba totalmente bajada. Me besó el cuello, sus dedos recorrieron cosquilleando mis brazos desde mis hombros hasta mis muñecas para terminar apretándolas al mismo tiempo que echaba para delante su pito para que lo sintiera mejor y más cerca. Esa sensación me hizo querer sentir todo eso dentro de mí. Estaba muy excitada y sabía que estaba yendo demasiado lejos con todo esto. Estaba medio desnuda con un posible compañero en el baño de la oficina. Pensé que podrían despedirme por ello, y me excité todavía más.

    Dejé caer el vestido al suelo y me separé de él. Ahí estaba yo, en tanga y tacones, apoyándome en la ventana del baño. Quería que me viera, que admirara mi cuerpo, quería que se le pusiera tan dura mirándome que me la pudiera meter incluso sin lubricar. Aunque en realidad, ya estaba empapada. Él no dijo nada, pero se metió la mano en el pantalón quería sacarla, yo la quería ver y probarla se sintió muy bien por detrás.

    -Creo que no es justo que yo esté en ropa interior, y tú todo vestido…

    Se mordió el labio sonriendo. Pensé que estaba perdiendo la cabeza por cogerse a una niña de 24 años. Se quitó la camiseta, y pude ver que sin estar fuerte, tenía un cuerpo atractivo, o quizás era sólo mi excitación. Se desabrochó el cinturón y se bajó el pantalón y el bóxer a la vez. Un pito grueso rico y muy erecto se asomó. Mi clítoris palpitaba tan fuerte que tuve que presionar un poco por encima del tanga curvándome de placer, echando la cabeza para atrás mientras se me escapaba un gemido. Él lo tomó como una invitación a acercarse. Me besó. Le devolví toda la pasión que subía desde mi panocha y me tomo en brazos. Me metió dos dedos que entraban y salían deslizándose fácilmente por lo mojada que estaba. Sin darme tiempo a nada me hizo la tanga de lado y me la metió. Día un brinco abrazada a su cuello por lo inesperado y porque sentí como su animal casi me partía en dos. Me tomo por la cintura y me puso en horizontal moviéndome rápidamente. Estaba a punto de venirme, sin darme tiempo a llegar cambió la posición.

    -¡No, carajo! estaba a punto…

    No me dio tiempo a decir nada más porque me tapo la boca, me dio media vuelta y reclinó mi espalda. Su animal estaba otra vez dentro de mí. Apoyé las manos en la pared para evitar caerme por la fuerza de sus embestidas. Así llegué a mi primer orgasmo y me retorcí de placer. Me temblaban las piernas, pero él no paraba. Siguió embistiendo y al ver que apenas podía estar de pie, me dejó en el suelo sin dejar de meter y sacar su pene. Con ayuda de mis manos me incorporé y levanté mi pecho y mi abdomen del suelo, el aprovechó para jugar con mis tetas, me sentía a su disposición, y seguía tan excitada como antes de venirme. Sacó su pito y me dijo que tenía miedo de terminar dentro.

    Tome su pitote con mis manos y me metí la punta en la boca, empecé a chuparle la punta con pequeños besos, y luego poco a poco succionando con mi lengua jugueteando con la cabezota, ya me lo estaba comiendo entero. Él me tomo por la cabeza y empezó a moverse rápidamente. En el silencio del baño sólo se oía el sonido de mi boca succionando su pito intentando seguir el ritmo que marcaba. Oí sus gemidos, y desprevenida, lo siguiente que sentí fue toda la leche en el fondo de mi garganta, tragué todo!!! Y seguí succionando más pausadamente. Me la saqué limpiando hasta la última gota que colgaba de la punta. Él se apoyó en el lavabo para conservar el equilibrio.

    Sin mediar palabra, se agachó y empezó a comérmela. Me volvió a agarrar por sorpresa y eso me excitó todavía más. En pocos minutos me estaba revolcando y gimiendo tras mi segundo orgasmo. Fui un trofeo más de ese tipo que había orgasmeado a una niña 2 veces.

    Volví a la realidad, la excitación desapareció y un sentimiento de culpa me inundó, el me leyó la cara.

    -Yo busqué esto desde el primer momento y no podríamos trabajar juntos…

    No dije nada. Tome mi Bikini y me vestí frente a él, me puse el disfraz que él me escogió mientras observaba como me miraba con deseo y frenesí, le pedí que eso quedara solo entre nosotros y claro le dije que si tenía algo del tema pues lo esperaba en la fiesta…

    Él sonrió y me dijo.

    -Somos sólo dos cuerpos y dos mentes que se atraen, tú marcas los límites…

    Sigue siendo mi pecado temporal…

  • Mi amiga Feli me llevó hasta él (2): En las fiestas con Abel

    Mi amiga Feli me llevó hasta él (2): En las fiestas con Abel

    En visitas rápidas que hice a mi amigo el cura Abel, me insistía en que tenía que ir la semana de fiestas. Me decía son bonitas, hay desfiles, toros en la calle, fiestas y bailes nocturnos y más cosas. Y me dijo algo curioso, que le ayudaría en algunas cosas religiosos, justo yo que de eso nada entiendo. Pero cuando hablé con Feli ella se entusiasmó y me dijo que fuéramos.

    Cuando llegamos fuimos primero al convento de las monjas para que acomodaran a Feli. Las monjas le hacían alabanzas, que sus familiares, que si esto, que lo otro, que me da vergüenza las cosas que decían las mujeres de mí. Pues que yo me ataje una mochila llena de jean para todas las ocasiones, pero para conducir el coche llevaba cortos, rotos a más no poder y qué sabía yo de monjas. Una dijo «y tan jovencito y ya conduce coche…» Todo era porque me miraban las piernas recién afeitadas de la mañana. Abel nos presentó formalmente familiares, Feli era su prima hermana y yo un sobrino suyo, así fue como pasamos ante las monjitas del convento que se portaron muy bien con Feli, ella estaba feliz. Por mi parte yo andaba a todas partes con Abel, excepto al baile de la discoteca. Abel me había conseguido unos pases para que me distrajera. Este es el resumen. Ahora os describiré los días, lo que hicimos y cómo son las fiestas.

    Dejamos a Feli en el convento y quedé con ella que pasaría a recogerla más tarde, me dijo que no, que estaba cansada, que no saldría y estaría con las hermanas. Abel y yo fuimos a su casa. Mientras íbamos caminando hacia el coche que estaba delante de la casa aparcado, vamos hablando:

    — Esta noche hay un pasacalle con bandas de música y todo el que quiere va delante de la música.

    — ¿Vas a ir?

    — Tengo que ir, yo voy con el alcalde y los concejales al final de la gente y detrás ya va la banda del pueblo, la otra banda va al comienzo.

    — Y yo ¿qué hago?, —pregunté.

    — ¿Tú?, lo mismo que yo, vienes conmigo y con todo el ayuntamiento, te presento al alcalde que después vamos a cenar todos juntos y tú conmigo.

    — Entonces he de duchar bien y vestirme algo mejor que ahora.

    — Pues sí.

    Llegamos al coche, sacamos mis dos mochilas y las subimos a casa. Entramos a la habitación que había dispuesto para mí y se me echo encima. Me besó y le correspondí. Ahí mismo nos íbamos desnudando poco a poco uno al otro. Le saqué la camisa muy despacio, casi sin que lo notara. Abel me la sacó a mí. Yo metí mano detrás de su pantalón y me lo arrimé todo lo que pude para que nuestras pollas se encontraran y la tenía muy dura ya. Por mi parte yo estaba que no podía más.

    Abrí su cinturón abrí el botón y la cremallera, dejando caer el pantalón a sus pies. Luego le acaricié la polla. Noté que me estaba esperando con ansia porque se me puso como una pistola, marcando el frente y a punto de disparar. Me bajó también mi short y mi polla saltó sobre su polla y se juntaron las dos vibrando como nerviosas. Estaban duras, con ganas, ambas tenían sus capullos amoratados y rezumado líquido preseminal goteando y suspendido de un hilillo que formaba el transparentemente nítido presemen. Le pedí que me follara…

    — «No quieres mamarla un rato?

    — No creo que sea necesario, la tienes muy dura, si te la chupo igual te corres enseguida, mejor me la metes y te vienes en mí, ya a la noche veremos, ¿no?

    — Ah, claro, tu quieres ahora un polvo de bienvenido y a la noche una follada en serio, ¿sí?

    — Eso es, porque luego me has de explicar en qué te ayuda y todo eso…

    — No tienes que ayudar en nada, quiero que acompañes a la misa a Feli, la ayuda que vas a prestarme está en mi habitación y en mi cama.

    — Ah, vale, no hay problema, después de acompañar a mi tía me voy a follar con mi tío, menudo sobrino estoy hecho… —dije jocosamente.

    — Supongo que a Feli la estás respetando…

    — Oye, tú, —salté de inmediato— no me confundas con un puto cabrón; me ofendes si piensas que yo…, ella es mi amiga, la mejor amiga que tengo…

    — No, no, yo no pienso nada, solo quería asegurarme, lo demás queda entre nosotros.

    — Vamos a ver, aclarémonos, ¿tú que tienes con Feli?

    — Vale, te cuento… La mamá de Feli y mi mamá eran primas lejanas y Feli, siendo poco mayor que yo, fue mi novia, me dejó porque me gustaban los chicos y me fui al Seminario. Ella me dijo de ser monja, pero al ser hija única sus padres no la dejaron. Ella quería ingresar a estas monjas, por eso las conoce a todas…

    — ¿Fue tu novia y la dejaste escapar…? — le dije mientras Abel seguía pensativo.

    — No quiso ya saber de ser novios…, se cerró en banda…, tuve la oportunidad de ir al Seminario y mira en qué me he convertido…

    — ¡Puta!, ¡puta!, ¡puta!, ¡joder, joder! ¿Y qué papel pinto yo aquí?

    Abel guardaba silencio y estábamos ambos desnudos y abrazados uno al otro. Abel estaba con la cabeza en mi hombro, gimiendo y llorando, yo totalmente confundido, a punto de follarme al ex novio de mi amiga. Estaba preocupado pensando que lo mío era un delito. ¿Y si Feli se entera de que me follo a su primo y ex novio…? ¿Qué pensaría de mí…?

    — Abel, Abel, Abel… ¿qué hacemos?

    — Todo es mi culpa, porque me gustas…

    — También tú me gustas, pero lo que no quiero es traicionar a Feli…

    — ¿De qué traición hablas, Javi?

    — Por mi culpa, porque… ¿tú te sabías gay cuando salías con Feli?

    — Sí, pero nunca hemos hecho nada ni nos hemos acostado.

    — Entonces…, déjame reflexionar, Abel, yo nada tengo que ver con aquello, ella no quería tener nada contigo… —Abel iba a emitiendo con sus gestos mis afirmaciones— si yo no soy culpable de nada, ¿a qué viene tantas mierdas con todo esto? Estoy hecho un lío…

    — Atiende bien, Javi, ¿sabe Feli que tú y yo nos acostamos y follamos?

    — No lo sé, nunca le dije nada, —contesté afligido.

    — Pero si tú no tienes nada con Feli, ¿qué tiene que ver Feli si tú y yo follamos?

    — No entiendes nada, ¡mierda!, claro si tú eres ateo, ¿qué vas a entender?

    — Pero, ¿qué pasa, Abel? ¡Me tienes confundido!

    — No pasa nada, a quien le pasa es a mí…

    — ¿El qué?

    — Sabes que yo soy cura…

    — Si, ¿y qué?

    — Que los curas no nos casamos…

    — ¿Por qué?

    — Nos comprometemos a no casarnos para dedicarnos totalmente a las cosas de la Iglesia.

    — Ah, bueno, ¿y tú te has casado? ¿Es eso lo que pasa?

    — Los curas no tenemos relaciones sexuales con nadie…

    Me reí de la estupidez que me estaba diciendo porque él es cura y las habíamos tenido muchas veces, no era de plástico era de verdad, me gustaba mucho y yo estaba coladito por él.

    — Creo que no entiendes nada.

    — ¿Qué hay que entender?

    — ¡¡¡Que yo soy el que me estoy portando mal y no quiero que se entere Feli!!! me dijo gritando.

    Tras un breve silencio, me dijo suavemente:

    — Pues eso, me rindo contigo, no puedo explicarte más, solo quiero que Feli no sepa nada de lo nuestro.

    Guardé silencio, me senté en el suelo, mi erección había desaparecido sin darme cuenta. Miré a Abel y le pasaba lo mismo que a mí. Se agachó, me tomó de la mano, me puso la cabeza en su pecho y me besó sin parar. Me llevó a la ducha, nos lavamos uno al otro y después de un rato pudimos masturbarnos uno al otro y dejamos bajo el agua nosotros espermas para que el agua se las llevara a los desagües.

    Por momentos hubo cierto malestar y mucho silencio, mientras nos vestíamos y me dijo que nos fuéramos que pronto iba a comenzar la fiesta. Me besó y me dijo que iba muy bien con mis jeans normales y la camiseta discreta que me había puesto. Me besaba diciendo:

    — Ahora en el desfile y durante la cena no debemos tener mucho contacto tú y yo, yo estaré con el alcalde y te presentaré a los concejales más jóvenes y vas con ellos, pero solo eres mi sobrino y no hablas a nadie de lo nuestro, que no está bien visto que el cura tenga novio o amante.

    — ¿Yo que soy de ti, novio o amante?

    — Más que novio y mejor que amante, para mí eres parte de mi vida, pero no la podemos mostrar a nadie, es solo cosa nuestra.

    — No necesito a los demás, Abel; es a ti a quien quiero y necesito.

    Salimos a la calle que llena estaba de gente y todo el mundo saludaba. De vez en cuando alguien saludaba a Abel y se veía obligado a presentarme. De repente un grupo de chicos jóvenes vinieron a saludarlo muy amigablemente, eran de mi edad y algunos más jóvenes, hablaron y me miraban, entonces me presentó y me dijeron que me fuera con ellos. Uno de ellos me dijo:

    — Deja a tu tío con los viejos del ayuntamiento, vente con nosotros, desfilaremos hasta la plaza y vienes a cenar con nosotros.

    Miré a Abel y le pareció bien. Tengo que decir que me lo pasé fabulosamente bien. Salimos detrás y muy cerca de la primera banda. Íbamos dando saltos, agarrados de los hombros y todo lleno de gente. Al llegar a la plaza nos quedamos hasta que pasaran las autoridades, unos aplaudían, otros silbaban, pocos decían cosas inconvenientes contra ellos y uno de la gente dijo: «Mira el puto cura junto al maricón del alcalde, ¡sinvergüenzas!». Me puse serio y le iba a contestar y uno de los chicos me agarró de los brazos y me dijo:

    — No hagas caso, está borracho. Tu tío es el mejor cura que hemos tenido en años y lo quiere todo el mundo.

    Me quedé desorientado, pero había tanta fiesta que pronto se desvanecieron todos mis disgustos y sinsabores. Pero fue gracioso que los chicos tenían la cena en el patio del convento. Salieron a abrirnos y al reconocerme y verme tan bien vestido me elogiaban. Pronto vino Feli y al vernos, no sé por qué sentí ganas de abrazarla y besarla. Al parecer ella también sintió ganas y se puso en sintonía. Cuando regresé a donde estaban los chicos, tenía un asiento reservado para mí y me preguntó el que me había convencido para ir con ellos:

    — Esa mujer que va en silla de ruedas ha hablado con nosotros esta tarde cuando estuvimos para preparar esto y nos habló de ti, por eso hemos ido a rescatarte.

    — Gracias, pues.

    — Ella es tu tía, ¿no?

    — Es pariente lejana de Abel, pero es mi vecina y yo le ayudo para que pasee.

    — Qué bueno, es que nos ha dicho que eres músico.

    — Estudio violín.

    — También dice que eres bailarín…

    — Ja, ja, ja, no, estudio danza y violín. Lo que me gusta es el violín, pero la danza me ayuda mucho a adquirir unos conceptos de ritmo que van bien para todo. Para ser un profesional de danza hay que comenzar muy joven, de niño, yo no lo hice, por eso es como una actividad más, lo que quiero es ser violinista.

    — Ahhh…

    Seguimos hablando más de música, de violín, de cómo eran mis clases y todo eso, con lo que me alegré de no meterme en enredos, porque ya se sabe que es difícil salir de ellos. La velada fue muy agradable. De allí nos pasamos a los cohetes. Cuando le fui a dar las buenas noches a Feli, las otras monjas me decían que era peligroso, que fuera con cuidado porque a los forasteros les tiraban muchos cohetes. En eso que llegó Abel y me dijo que se venía con nosotros, se había puesto un pantalón vaquero recto y una camisa. Un chico le dio una camiseta diciendo que los faldones de las camisas atraen a los cohetes. Me hacía mucha gracia la que se traían con todos los miedos y precauciones, pero todos querían ir.

    Me lo habían pintado muy salvaje, luego me dijo Abel que solía ser así antiguamente, pero que ahora se acota el lugar y la gente es más respetuosa. Así me pareció, fue divertida, porque hay que darse alguna carrera si entras al recinto y me enseñaron a coger los cohetes del suelo y a contar las carreras o salidas, para que no explote en las manos. También me dijeron que no esperara a tirarlo donde hay gente en la última salida, sino antes. No hubo accidentes y todos salíamos de allí felices, sin quemaduras y muy sudados.

    Nos despedimos de todos y Abel me quiso llevar a tomar algo a un bar que sabía estaba abierto. Se unieron dos chicos más que no recuerdo cómo se llaman, pero habían estado en la cena y querían conversar conmigo. Me preguntaron si había traído el violín, les dije que mi violín era como parte de mi corazón y nunca lo dejaba tranquilo y que por eso lo llevaba siempre conmigo. Entonces me preguntaron si al tercer día podría tocar el violín en una velada artística que tenía para los padres de los niños de la parroquia, para familiares y benefactores. Abel les iba a decir que no, pero yo les pregunté:

    — ¿Actúan otros también o solo tendría que actuar yo?

    — Tenemos varios sketch y canciones, los niños cantarán unas canciones y algunos de nosotros mayores a guitarra, pero el violín sería una buena pegada que sorprendería a nuestros amigos del pueblo vecino.

    Entonces les dije que sí, explicando:

    — Normalmente no podemos hacerlo sin permiso, pero ahora estamos de vacaciones y a veces tenemos este tipo de compromisos, mientras no sea yo el único que actúa, no cobre y avise que soy solo un estudiante, no hay problema.

    Se pusieron felices. Abel quiso pagar las consumiciones pero los chicos no lo permitieron. Yendo a casa, Abel me explicó que en la comarca hay diversos grupos parroquiales que compiten a ver quien presenta mejor espectáculo y los grupos se llevan bien y van de un pueblo a otro, por eso estaban felices porque ya no iban a presentar lo de siempre. Abel estaba nervioso porque me habían comprometido. Le dije:

    — No te preocupes, Abel, tengo repertorio de canciones y conciertos para violín para estar unas dos horas o más, voy a preparar algo corto y agradable y haremos dedicatorias, una para Feli y otras para quien tú me digas, personas a las que haya que agradecer.

    Llegamos a casa, estábamos cansados y habíamos sudado mucho. Nos metimos a la ducha, nos duchamos juntos y nos abrazamos para quitar preocupaciones; nos secamos hablando de cosas insulsas. Luego nos metimos a la cama desnudos como ya había sido habitual en otras veces. E hicimos el amor.

    No pude aguantarme. Nos acostamos de espalda uno al otro como si no quisiéramos molestarnos y dormir para pasar el cansancio, pero la ducha me había relajado y me encontraba despierto. Hacía calor y me di la vuelta y me uní a Abel que estaba acostado de lado y en posición fetal. Me pegué a él de modo que mi polla encajaba en la raja de su culo. Pasé el brazo por su cintura para tocar su polla y saber de su erección, estaba a tope. Se dio media vuelta y puso su cara frente a la mía, enderezamos el cuerpo para abrazarnos de modo que nos quedamos con nuestros pechos juntos y las pollas de ambos abrazadas para sentir su calor, cruzamos nuestras piernas tocando la parte baja del cuerpo, es decir, con el muslo tocando y masajeando el perineo.

    — Necesitas desahogarte, te noto angustiado, Abel.

    — No es eso, es que te he implicado en mi vida y no tengo gran cosa que ofrecerte.

    — No necesito nada más que tu amor, Abel, si buscara otra cosa, lo haría, en ti he hallado el amor que necesito.

    — Pero es que yo…

    — Lo he entendido esta noche cuando tus chicos me pedían que participara con el violín, ellos han aprendido de ti a preocuparse de la gente y tú estás pensando que eres un egoísta porque me amas y buscas mi amor.

    — Es eso y los compromisos que tenemos.

    — Abel, mi querido Abel, si yo estropeo algo de tu vida que te impida hacer el bien que haces, te aseguro que, aunque me duela, te dejo, dejo esto que tengo contigo. Pero que tú y yo nos amemos y nos deseemos no está haciendo daño a estos muchachos, hubiera querido tener en mi vida un instructor como tú y lo estoy encontrando ahora en ti. Lo nuestro es nuestro y ni yo quiero que impida tu vida en este trabajo tuyo ni quiero que impida mi arte con el violín.

    — ¿Me amas, aunque yo no pueda irme contigo ni darte más de lo que debiera?

    — Te amo aunque lo que me des sean las sobras de lo que has de dar a esta gente para los que trabajas y a los que también amas.

    — De modo diferente, Javi, no es lo mismo.

    — Lo sé, Abel, lo sé, pero sé que tu amor es inagotable. Tampoco quisiera que dejarás todo esto, es que amarte incluye todo esto y sin esto ya no me amarías ni yo podría amarte, por eso tu vida es tan fascinante.

    — Como tu danza y tu violín, ¿cuándo danzarás para mí?

    — El día que acaben las fiestas, grabaremos un concierto para violín y te lo interpretaré con mi cuerpo, solo para ti.

    — ¿Sin invitados?

    — Sin invitados.

    — ¿Por qué?

    — Con invitados necesitaría las mallas que no he traído, sin invitados, danzaría desnudo, como en mi casa y solo para ti.

    — ¿Y si consigo unas mallas?

    — Si consigues unas mallas blancas o plateadas y un micro slip blanco, puedo danzar para el espectáculo, nada me gustaría más.

    — Se notará el paquete…

    — Así es en la danza.

    — Lo conseguiré, pero sin suprimir la danza para mí.

    — Pero ahora, Abel, necesito tu polla en mi culo, antes de que me corra o te corras.

    Me puse de espaldas a la cama y con las piernas dobladas y en alto, esperando que se las pusiera en sus hombros, lo que hizo y tanto deseo tenía yo como él que entonces Abel, sin pensarlo dos veces, atravesó mis esfínteres dándome gusto con menos dolor que nunca porque estaba más sensibilizado a sentir a mi amor y no un simple polvo. Esto iba a ser la confirmación de que nos amábamos de verdad, sin dejar cada uno su arte. Se entretuvo besándome mientras yo me acomodaba a tener su polla en mi culo. Siempre parece ser lo mismo, pero cada vez que hacemos el amor es nuevo porque siempre hay un compás de espera para acomodarse y prepararse a sentir el máximo placer y el orgasmo más excelente.

    Inició el mete y saca suave y ascendiendo en velocidad. Le animaba a que me follara fuerte para que se desahogara del todo y su vida fuera más grata. Lo hizo, tanto de intensidad había en el amor que se hizo largo y placentero el mete y saca, mientras nos besamos una y otra y otra vez. Hasta que al final me vine yo sobre mi pecho y abdomen y no tardó dos segundos para verterse Abel en mi interior y se cayó sobre mí cruzado de nuevo nuestros labios y rubricando nuestro amor.

    El cansancio asomó a sus puertas y nos dormimos. Me despertó y sentí que su polla estaba en mi interior. Pregunté:

    — ¿Todavía?

    — No, quería despertarte del mismo modo en que nos dormimos y así estamos, solo sigo si tu quieres.

    — Quiero.

    Y de nuevo hicimos el amor, entrando las primeras luces del día y con un movimiento rabioso por parte Abel que me hizo llenar mi culo, mi cuerpo y sobre todo mi corazón de un placer sin igual. Se vino dentro de mí y nos quedamos en posición fetal, yo eyaculé rabiosamente también. Comí de mi semen y le di a Abel, favor que me devolvió con un beso y un leve mordisco al pezón de mi oreja libre.

    Desde allí le pregunté:

    — ¿Estás mejor preparado para las muchas actividades que tienes hoy?

    — Estoy mejor que nunca, ya lo verás.

    Nos levantamos, nos duchamos y nos fuimos a desayunar al convento de las monjas para encontrarnos con Feli. Estaba radiante, contenta de vernos. Al acabar el desayuno, Abel salió corriendo porque tenía que preparar algunas cosas para la mañana. Yo me llevé a Feli, porque tenía ganas de estar con ella. Las monjas me dijeron que ellas la llevarían a misa, que yo podía irme con los mozos del pueblo y les dije que a la hora de ir a la misa la traería, que la iba a sacar y aprovechar un poco para hablar con ella. Las monjas alababan todo y nos fuimos.

    Nos acercamos a una fuente que había en una plaza y tenía muchos árboles que daban buena sombra. La acerqué a un banco, me senté. De pronto la vi acalorada. Me levanté, me quité la camiseta, fui a la fuente, mojé la camiseta con agua y la llevé donde Feli y se la pasé por la cara. Lo agradeció, escurrí la camiseta y me la puse. Se me pegó al cuerpo y me marcaba todo, sobre todo los pezones.

    — Qué guapo estás así, —dijo Feli.

    — Se secará pronto, —le dije.

    — ¿Sabes que eres único? Nadie hubiera hecho eso de mojarse la camiseta…, —y puso su cara sobre mi pecho para sentir el fresco de la humedad.

    — ¿Te sientes bien? —le pregunté.

    — Sí, me siento bien —respondió.

    — Pero estás preocupada por algo —le dije.

    — Sí, pero no sé si decirte, me temo que podría hacerte daño…

    — Dime lo que te parezca, eres mi amiga…

    — ¿Amas a Abel?

    Me quedé un poco petrificado y me subió el rubor a la cara. La miré y le dije:

    — La verdad, Feli, lo amo desde el primer día que fuimos a la Iglesia de san Lorenzo…

    — Es lo que me imaginaba —dijo en voz muy baja.

    — ¿Tienes algo con él? —insistió.

    — He prometido a Abel no decir nada a nadie, pero le quiero, lo amo con todo mi corazón, esto incluye que no quiero que deje de ser lo que es, no quiero que deje de hacer el bien que hace y no lo sacaré de la vida que tiene…

    — Lo que me dices es un alivio, pero ¿él siente lo mismo?

    — Feli, sé que Abel me ama, pero tampoco quiere cambiar nada, al contrario, creo que nos ayudamos más, si Abel dejara de ser lo que es…

    — Sacerdote…, aclaró Feli.

    —… pues no sé si yo seguiría con él, porque me apasiona esa aura que hay en su entorno de hacer el bien a todos.

    — Puedes estar seguro que yo no diré nada a nadie, ni se lo mencionaré a Abel, es tan bueno y lo veo tan débil y tan fuerte a la vez que sufro por él…

    — ¿Sabes que voy a actuar en la fiesta de los chicos el último día? —le dije para terciar la conversación.

    — ¿Cómo?

    — Sí, dos actuaciones, tocaré el violín y haré una danza.

    — Yo quiero ir a verte…

    — Tú vas a ser la invitada especial de Abel.

    Devolví a Feli al convento y me fui a buscar a Abel por la iglesia para ayudarle. Se me abalanzaron un grupo de los muchachos del día anterior y me saludaban. Les pregunté por don Abel y me dijeron que se estaba preparando para la misa, que me fuera con ellos que iban a ir a la iglesia con la música. Lo hice y después del pasacalle y la misa me llevaron con ellos a comer a un restaurante muy popular con mesas bajo un techo de lona. Hacía calor, mucha calor. Comí poco como es mi costumbre y luego me llevaron a ver una corrida de toros burlesca, era muy cómica. Sufrí por si en algún momento se maltrataba o mataba a algún animal y, aunque me decían que no, yo estaba con los huevos en la garganta. Suerte que todo acabó bien y me retiré a casa.

    No tenía llaves para entrar y me iba a ir al convento, pero vi que Abel venía calle abajo y le esperé. Me dio una llave y un paquete.

    — Mira si esto te va; ya nos vemos a la noche.

    Se notaba que tenía prisa. Entré en casa y abrí el paquete. Eran unas mallas de ballet, un par de slips y un tul estrecho rojo. Esto último no lo entendí y esperé que me lo explicara en la noche. Mientras me di un baño en la tina para relajarme por todo lo que se me venía encima en un par de días, aproveché para depilarme el cuerpo pasando la cuchilla por todas partes. Una vez realizada la limpieza corporal, secarme me extendí un poco de talco por el cuerpo, me probé las mallas y me miré al espejo.

    El resultado era sorprendente. El slip tan pequeño solo se notaba porque acrecentaba el blanco y lo hacía más tupido, las mallas no eran tupidas, pero tan finas que parecía una segunda piel. Lo que más me sorprendió es lo que Abel sabía de mi cuerpo, las medidas eran exactas, ajustaba el pie, nada sobraba, ajustaba la cintura, ni excesivamente alta ni baja, en el lugar adecuado para realizar los pertinentes ejercicios. Ante el espejo hice algún ejercicio de movimiento y comenzó a sonar la música en mi cerebro. Me despojé de las mallas para no sudarlas, lo guardé todo y comencé a vestirme para salir a la calle mientras la música bullía en mi cabeza.

    Salí de casa con el violín en la mano. Me fui a la iglesia. Encontré allí a Feli con unas religiosas. Todo el mundo estaba preparándose para la procesión. No acertaba a hablar con Feli porque la música estiraba en mi cerebro. Me puse delante, no sabía como decirle que necesitaba hablar con Abel. Ella pareció entenderme al ver los movimientos de mi cuerpo y dijo a una de las religiosas que buscara al Padre Abel. Se presentó, me tomó del brazo y me llevó a un despacho pequeño. Rodó la llave por dentro, se me puso delante y me preguntó:

    — ¿Qué te pasa, Javi?

    Me abalancé sobre Abel, le abracé pasando incluso el maletín del violín y lo besé, entonces le dije:

    — Necesito descargar mi música como un orgasmo, ¿podría hacerlo en la iglesia?

    — ¿Puedes esperar diez o quince minutos? Entonces dará comienzo la procesión y puedes tocar tu violín antes de salir a la calle.

    — Es lo que necesito para calentar el violín.

    Salió, me dejó y me dijo que me avisaría. En ese despacho preparé el violín, comprobé el afinamiento y al cabo de un momento entro un niño y dijo:

    — Señor, el Padre Abel ha dicho que puede salir.

    Fue donde el niño me llevó ante la imagen de la Virgen de Agosto y las notas salieron del violín como si no fuera yo quien tocara sino alguien que estaba en mi interior, aunque yo estaba consciente. Cuando estaba concluyendo comencé a emocionarme y al final, junto con los aplausos de todos los presentes descargué mi llanto. No era un llanto de dolor, sino de agradecimiento por el cariño que me tenía Abel, por su amor, por el amor que yo le tenía y por todas las cosas buenas que hacía Abel, razón por la que todo el mundo lo amaba. Entonces le pedí a la Virgen de Agosto poder amarlo más que todos ellos juntos.

    La procesión salió y se alejaba. Me quedé con mi violín en las manos y Feli miraba cómo estaba llorando. Rodó su silla y se me acercó. Me puse de rodillas delante de ella y le dije:

    — Amo a Abel; le he pedido a la Virgen poder amarlo más que todos vosotros juntos y ha llenado mi corazón de amor y mi mente de música; quiero verte allí.

    La besé, me besó y lloró. No supe qué pensar, si lloraba de alegría o de tristeza, pero no le quise preguntar. Que cada uno lloré por lo que el corazón sienta. A todos nos debe estar vedado escudriñar el interior de las personas. Fui a guardar el violín en su estuche y con él en la mano nos fuimos Feli y yo a dejarlo en casa e ir al encuentro de la procesión. lo que sí sé es que Feli estaba contenta cuando vio pasar a Abel vestido detrás de Virgen con las vestiduras santas. Sentí la misma alegría cuando Feli me extendió su mano y la abracé con la mía. Me agaché, me puse de rodillas mientras se alejaba la procesión y sus su mano sobre mi pecho y me dijo:

    — Tu corazón late muy deprisa, ¿te pasa algo?

    — Acabo de comprender por qué amo tanto a Abel y por qué tú tenías que ser mi amiga para certificar este amor. Ayúdame a dar la paz al corazón de Abel.

    — Se la das, se le nota cuánto ha cambiado desde que os conocéis.

    — Feli, ¿yo he cambiado también?

    — Mas de lo que te imaginas. Además parecía que no tocabas tú, has tenido todo el tiempo los ojos cerrados y al final has llorado, como si en tu interior estuviera otra persona.

    — Feli, mi alma interpretaba la música para la Virgen y yo danzaba para Abel. Por eso todavía tengo el corazón acelerado, me he cansado mucho por el esmero que he puesto en mi danza.

    Parece que Feli entendía todo, porque apretaba más mi mano junto a mi corazón. Luego la he acompañado por una traviesa a la Iglesia para ver la entrada de la procesión.

    Tras la procesión nos hemos ido con Abel a cenar al convento. Las religiosas me elogiaban por la música. Me preguntaban quién era el compositor, ellas decían el autor, y yo no sabía qué responderles, porque la música fluyó espontáneamente y esta noche la voy a escribir para interpretarla en el espectáculo.

    Acabando de cenar, vinieron unos jóvenes a buscar a Abel y a su sobrino y nos fuimos con ellos para tomar algo en la terraza de un bar; querían saber algunos datos míos para la presentación y allí quedamos que interpretaba tres piezas a violín y tras una actuación de uno de los grupos danzaría la misma música que había tocado en la iglesia. Acordaron que tocaría las tres piezas al final de la primera parte y la danza para cerrar la segunda parte.

    Nos fuimos a casa Abel y yo muy en silencio, pero se notaba que no había preocupación en ninguno de los dos, sino algo que no sabía yo qué era. Lo experimentamos y supe que se trataba del amor entre los dos, lo que teníamos que compaginar, como decía Abel, «para que fuese compatible con la misión y vocación de cada uno».

    Esa noche hicimos el amor, me pidió Abel que yo llevara la iniciativa para descargar toda la tensión que tenía acumulada en mi interior. Comencé a desnudar a Abel lentamente y él me iba siguiendo lo mismo conmigo. Quedamos desnudos y como a mí me gusta, toda la ropa quedó en el suelo como alfombra para la primera manifestación de amor.

    Nos tumbamos sobre la ropa y nos besamos hasta lo más profundo, luego yo inicié un beso por cada pulgada de ese cuerpo del hombre que tanto amo hasta que nos dimos la vueltas y Abel me comió mi polla, mamando con la maestría que había aprendido de mí, dándome tanto placer cuando se podía tener. Mientras yo le lamía el culo pasando mucha saliva y empujando mi lengua para penetrar, cuando sentí que cerró su culo y aprisionó mi lengua entendía que debía dilatarlo mas con más saliva y con mis dedos hasta meter tres. Me ponían a cien los gemidos de daba Abel y quise penetrarle:

    — Abel, por favor, estoy a punto de correrme, paremos un momento.

    — Javi, no pares, méteme la, quiero sentirte mío y para mí.

    Se puso de espaldas al suelo, levanté sus piernas, las apoyé en mis hombros por los tendones y ajusté su hermoso culo a mi polla. Apoyé sus hombres sobre el suelo y su cabeza inclinada para que me mirase y tomando sus piernas por los tobillos lo abrí en uve tanto cuanto mis manos se extendían y metí la cabeza de mi pene en el ojete de Abel, estaba tan distendido que metí poco a poco mi polla y ayudado por su movimiento entró toda de una vez. Abel solo gemía pero su cara era angelical, ningunas muestra de dolor y toda ella de placer, inicié una ascensión y descenso con el mete saca y no tardé en eyacular, el orgasmo fue total y sin sacar mi polla de su culo le fui descansando la espalda sobre la ropa y me tumbé sobre él para besarle. Fue entonces cuando le vino el orgasmo a Abel descargando toda su leche en nuestro cuerpo a la altura de su ombligo porque la polla estaba aprisionada y de allí recogí su semen para meterlo en mi boca y besar a Abel traspasándole de boca a boca su propio néctar.

    Pasado un rato largo de manifestaciones amorosas, pasamos a la cama donde estuvimos haciendo el amor hasta el alba. Esa mañana no había nada en la iglesia y pudimos dormir abrazados y amándonos en el subconsciente del sueño.

    Al levantarnos casi a mediodía comencé a preparar mi concierto hasta que Abel me avisó para comer, ya en la tarde, estando Abel en sus actividades, me dediqué escribir y grabar la música soñada en la iglesia y con ella preparar los movimientos para la danza.

    Al concluir, vestido adecuadamente fui a la iglesia para recoger a Feli y darnos un paseo por el pueblo. No le conté mis intimidades con Abel, porque la discreción es importante, pero le conté todo lo que había hecho para prepararle espectáculo y le pedí permiso para dedicarle mi composición y titularla «Felisa». Se puso muy contenta. Fue entonces cuando me preguntó sobre la danza y le conté lo que iba a hacer, danzar con las mallas y entonces me acordé de la banda de tul rojo que no le había preguntado. Me dijo que cuando Abel le contó, ella le había enviado a un lugar donde encontraría las mallas y que le dijo que comprara también el tul para que sirviera como de cinturón cayendo por el lateral hasta media pierna, a fin de que disimulara el bulto de la entrepierna.

    — ¿Cómo sabes que mi bulto es grande?

    — Porque una vez Abel tuvo conmigo una confidencia y me lo comentó muy discretamente.

    — Gracias. Pero yo quiero tener una confidencia contigo y es que le he prometido a Abel danzar para él desnudo, porque danzo mejor desnudo que con molestias.

    — Si me invitas a ver esa danza, me gustaría estar acompañando a Abel.

    — Pídeselo a Abel; si le parece bien, vienes, hasta te lo agradeceré.

    Era tal la confianza que Feli y Abel se tenían que en cuanto lo vio se lo insinuó y Abel aceptó con mucho gusto, aunque le dijo, no se trata de nada sexual, sino de danzar más a gusto y mejor. Fueron palabras que yo le había indicado.

    Todo se realizó como estaba prescrito, interpreté de J.S, Bach: «Violin Concerto in E major, BWV 1042: Allegro» y «Violin Concerto in A minor, BWV 1041: Andante» y de W. A. Mozart: «Concierto para violín n.º 1: Allegro Moderato». La danza fue acompañada por las variaciones que yo había escrito, tituladas «Felisa».

    Había grabado en mis ensayos las cuatro composiciones que dancé en el salón de la casa despejado de muebles exclusivamente para mi amigo Abel y para mi amiga Feli. Las interpreté totalmente desnudo las dos primeras y con el cinturón de tul las dos siguientes. Me vestí luego de una ducha para acompañar a Feli al convento. Lo hicimos Abel y yo y tras regresar a casa, Abel me premió con una muy placentera sesión de amor. Los tres días siguientes hicimos el amor, pero como Abel tenía que trabajar, fue más moderado, pero igualmente apasionada.

    Abel sigue con su trabajo, yo soy concertista. Feli vive conmigo y me acompaña cada vez que hago un concierto y también cuando vamos a ver a Abel que suele ser con mucha frecuencia, aunque no tanta como desearíamos. Cada noche que estamos juntos, dormimos juntos y hacemos siempre el amor.

  • Fin de semana en Caracas

    Fin de semana en Caracas

    Enrique llegó al aeropuerto de Maiquetía Simón Bolívar cuando ya decaía la tarde del viernes. Un taxi lo llevó al hotel Tamanaco a unos 4 kilómetros de Caracas.

    Abriendo la bolsa de mano, recordó lo que le había preguntado a Ariadna, después de haberse cruzado un montón de correos y de confesarse cosas íntimas:

    —¿Te masturbas? Si te tocas. ¿Cómo lo haces?

    Esperaba que le respondiese a la primera pregunta, pero no a la segunda. Estaba equivocado, Ariadna le mandara un correo, diciendo:

    —Pues te cuento como me masturbé anoche. Estaba en mi cama. Abrí el correo que me escribiste. Y antes de empezar a leerlo me quité el short y las bragas. Abrí mis piernas y mientras lo hacía me tocaba las tetas. Lamía los pezones y los mordía fuerte, me gusta así. Empecé a rozar los labios de mi coñito, (ahorita tiene más vellito del que usualmente llevo, suelo llevarlo muy bien depilado) mis labios son gruesos y mi clítoris grande, gordito. Noté como me mojaba, me mojo mucho y bastante rápido, sólo con leer algo que me guste o que me besen me mojo y puedo empapar las bragas.

    Empecé a rozar mi clítoris y al momento quería tocarlo brusco, como si me follaran rápido. Cuando me excito mucho meto dos deditos dentro, al rato seguí estimulando mi clítoris, probé mis flujos. De lo rápido que lo hacía acabé en minutos.

    La polla de Enrique se había puesto dura. Recordó la cara de Ariadna y en la suya se dibujó una sonrisa tan amplia como la que la chica tenía en una de las fotos que le había mandado.

    Sus fotos, el deseo de conocerla en persona y aquel correó erótico lo habían llevado a Venezuela.

    Ariadna, en foto, era guapa, pero por algún extraño motivo, veía en si misma más imperfecciones que belleza, Veía la imperfección en la cicatriz de un golpe que llevara, y no veía la belleza en sus senos casi perfectos (le había mandado una foto) Veía imperfección en su cabello corto y no veía lo bien formado que tenía el talle o sus preciosas piernas, veía imperfección en su piel, que según ella no tenía el tacto de la porcelana, o en su vientre que no era plano y no valoraba en lo que valían sus sensuales labios o sus lindos ojos.

    Pasaron las horas y Ariadna, fuera por el motivo que fuera, porque Enrique la intimidaba, porque pensara que no le iba a gustar o porque Enrique tenía 63 años y ella era una veinteañera, y en el fondo, sólo quería coquetear, el caso fue que Ariadna no acudió a la cita.

    Lejos quedaba aquel:

    «Hola que tal?

    Hace poco leí uno de tus relatos eróticos y la verdad es que me excitó mucho.

    ¿Se puede saber más de ti?»

    Aquel «… me gustaría tomar un café contigo». Aquel «… me gusta mucho el sexo, empecé a experimentarlo muy joven. De adolescente veía mucho porno y me masturbaba, aunque perdí la virginidad hace sólo un par de años». Aquel «… te mordería los labios, me gusta mucho hacerlo». Aquel «… me gustaría que me dejaras hacerte lo que yo quiera y que hicieses con mi culo, mis tetas y mi coño lo que quisieras». Aquel «… nunca han acabado dentro de mí, nunca he sentido la leche de nadie dentro, me da mucha curiosidad saber que se siente». Aquel «… mi jugo vaginal sabe dulce». Aquel «… me gusta besar al chico después de haberme comido el coño». Aquel «… me gusta mamar polla y tragar la leche de la corrida». Aquel «… me han enculado, pero aún no me he corrido así». Aquel «… en un polvo me he corrido tres veces». Aquel… «comería un coño y dejaría que me lo comieran, me gusta experimentar». Aquel «… me masturbo a menudo, soy muy caliente, especialmente después de tener el periodo». Aquel «… anoche volví a leer lo que me escribiste, me puse muy cachonda, me toqué y tuve un orgasmo delicioso». Aquel ¿si estuvieras en mi cama que me harías?», y la respuesta de Enrique.

    —Si te tuviera en mi cama, al ser la primera vez, te haría el amor con dulzura. Te comería la boca, te besaría el mentón, el cuello… después mi lengua haría círculos sobre los pezones, te chuparía las areolas y te magrearía las tetas. Cuando tus pezones rayasen diamantes te los mordería con la fuerza justa… Largo rato estaría turnando tu boca y mi boca con las tetas… Bajaría lamiendo y besando tu vientre, te besaría y lamería el ombligo, y como te tengo tantas ganas, metería mi cabeza entre tus piernas, lamería con la lengua plana desde tu ano hasta tu clítoris y saborearía tu humedad. No, la primera vez no te follaría el culo y el coñito con la punta de mi lengua. Levantaría tus nalgas con mis manos y lamería el clítoris de abajo arriba, de arriba abajo, hacia los lados, alrededor y te lo chuparía, todo muy despacito. Volvería a recorrer tu cuerpo con mis labios. Volvería a comer tu boca para que saboreases tus jugos mientras mi polla rozaba a la entrada de tu coño. Te metería la puntita y después la sacaría para volver a recorrerte con mis labios en sentido descendente hasta llegar al coñito de nuevo. Mi lengua volvería a jugar con tu clítoris. Tú, gimiendo, sentirías como tus jugos descendían y mojaban tu ano. Cuando tu respiración y tus gemidos me anunciasen que te ibas a correr, te metería la punta de la lengua en la vagina y con el resto de la lengua apretaría el clítoris, tú moverías la pelvis buscando el orgasmo, y tirándome de los pelos, te correrías en mi boca.

    Enrique bajó a la cafetería del hotel. Un par de horas más tarde, sin haber cenado, y después de varios whiskys comenzó a sentir la soledad del corredor de fondo. El barman, un joven venezolano muy atento, le preguntó si quería compañía femenina para esa noche, pero para Enrique, o era Ariadna o no era ninguna.

    Volvió a la habitación, una habitación que tenía una cama de madera roja a la que cubría una colcha con los colores blanco y vino tinto, dos mesitas de noche, un par de sillas, un aparador, un pequeño armario, tres cuadros en la pared, uno encima de la cabecera de la cama, otros dos a los lados y un gran ventanal con tres cortinas

    Enrique se metió en la cama, cerró los ojos y volvió a ver a Ariadna en aquella foto que le mandara con la camisa abierta mostrando un sujetador negro que cubría sus bellas tetas y el pantalón vaquero también abierto y mostrando sus bragas de color marrón claro, foto con la que se había masturbado en el salón de su casa imaginando que le quitaba el sujetador, le comía las tetas, se arrodillaba ante ella, le quitaba las bragas y le comía el coño hasta que Ariadna se corría en su boca. Había ido a Venezuela a hacer ese sueño realidad y se volvía a encontrar con la polla en la mano y más sólo que la una. Recordó lo que le había dicho en uno de sus mensajes: «¿Te gustaría que me masturbara por ti? ¿Te excitaría?»

    La imaginó desnuda, sentada en una de las sillas de la habitación. Mirándose a los ojos, se tocaban, él en la cama, ella en la silla. Le dio a la polla con ganas, y cuando vio que se iba a correr, Imaginó que Ariadna, a punto de llegar al orgasmo, se levantaba de la silla, se metía en la cama, subía encima de él, se metía la polla en el coño, se estiraba sobre él lo besaba y lo follaba… Imaginó que Ariadna se corría bañando su polla y le llenaba el coño de leche. De la polla de Enrique comenzó a salir leche en cantidad. Abrió los ojos y quiso besar a Ariadna, pero Ariadna… Ariadna no estaba.

    A las 10 de la mañana del día siguiente, a Enrique le llamaron un taxi y fue al centro de Caracas. Aprovecharía para hacer turismo, pasó por la plaza Bolívar, por delante de la Basílica de Santa Teresa, de la catedral metropolitana de Santa Ana. Caminó por el Paseo de los Ilustres, vio la casa amarilla…

    Cerca del hotel se decantó por el Restaurante Buddha Bar. Pidió un vino, y al rato, oyó una voz a su espalda, que le decía:

    —Pensé que lo de venir lo decías en broma.

    Allí estaba Ariadna, ahora a su lado. En persona aún le pareció más bonita, pero no se lo iba a decir, sabía que se podía molestar. Enrique, sonriendo, se levantó, y le dio dos besos en las mejillas.

    —Ya ves que no es así.

    Se fueron a una mesa, Enrique, retiró la silla, cuando Ariadna se sentó la acercó a la mesa, luego fue y se sentó él en su lado. Mientras tomaban un tente en pie, y ella hablaba, Enrique se perdió en la profundidad de las miradas de sus bellos ojos, entre sus sonrisas. Era encantadora, dulce y sensual. No parecía ni de lejos la chica atrevida de los correos, hasta al mover sus manos para describir algo, se veía que era una mujer única. Enrique estuvo tentado a decirle que le había mentido cuando ella le dijera que al verla cambiaría de opinión y la vería normalita, pero no pudo, ese tema no se podía tocar. En algo podía tenía razón Ariadna. Podía tener razón cuando le dijo que puede que no acabasen follando. Y es que Enrique no debía acostarse con ella. No le debía hacer daño a algo tan dulce. Él era un hombre casado buscando salir de la rutina y ella era una princesa, que no sabía bien donde se metía.

    Conversaron casi una hora y… hay veces en que la tentación es tan grande, que aun sabiendo que se puede hacer daño, se tira hacia delante pensando que puede que al final acabe siendo un bello recuerdo para los dos.

    Acabaron en la habitación del hotel Tamanaco.

    Ariadna llevaba puesto un vestido negro que le daba por encima de las rodillas y calzaba unas sandalias de tacón alto. No llevaba medias. Al acercarse Enrique a ella, bajó la cabeza, comenzó a temblar como una chiquilla, y le dijo:

    —Sabía que me ibas a intimidar.

    Enrique, con un dedo le levantó el mentón, le dio un piquito, y le preguntó:

    —¿Quieres que tomemos algo y sigamos hablando?

    Ariadna volvió a bajar la cabeza, y le respondió:

    —No.

    Le dio otro piquito, y otro, y otro y otro… Los brazos de Ariadna acabaron rodeando el cuello de Enrique, y al hacerlo, Enrique, la besó con ganas atrasadas. Ariadna le devolvió beso por beso. Besaba de maravilla. Con aquellos labios tan frescos a Enrique no le hacía falta Viagra. Ariadna era el afrodisíaco perfecto.

    Ariadna sentía la polla empalmada de Enrique latir en su vientre y sus bragas se iban mojando cada vez más.

    Enrique tenía una necesidad imperiosa de quitarle el vestido, desnudarla y comerla viva, pero no quería que se sintiese intimidada. Se quitó primero la chaqueta del traje marrón con franjas negras, la corbata y su camisa blanca. Las prendas acabarían sobre una silla.

    Su torso quedó al descubierto. No era un torso atlético, pero no estaba mal. Ahora fue Ariadna quien le dio un piquito, Enrique, besando su cuello, le bajó la cremallera del vestido, que acabaría encima de sus prendas, le quitó el sujetador blanco y vio sus tetas. Eran mucho más hermosas que en la foto que le había mandado. Le cogió la cara con las dos manos y la miró a los ojos. Ariadna, sonrió, y cohibida, le preguntó:

    —¿Qué?

    Enrique estaba viendo algo muy especial, pero no podía decirle que era preciosa, ni que tenía razón cuando le dijo que su piel no era como la porcelana, pues su piel tenía el tacto del terciopelo, se molestaría y rompería la magia del momento, ni podía decirle que la belleza está en los ojos que miran. Le dio un beso con tanta dulzura, que sin decírselo, se lo quiso decir todo, luego acarició, besó y chupó aquellas maravillosas tetas, con areolas de color marrón claro… besó, lamió, chupó y mordió sus grandes pezones. Saboreó las tetas casi sin creerse la suerte que estaba teniendo, por eso lo hizo largo rato. Luego se quitó los zapatos, los pantalones, los calcetines y los bóxers. Su verga, erecta quedó apuntando al coñito perfectamente rasurado de Ariadna y sus huevos llenos de leche impacientes por vaciarse. La volvió a besar, Ariadna, tímidamente, le cogió la verga. Mojó su mano con la aguadilla que salía del meato y la movió de arriba abajo y de abajo arriba media docena de veces.

    Enrique, como en sus fantasías, se arrodilló ante ella. Le besó y le lamió el ombligo. Le quitó las bragas blancas, que estaban empapadas, después las sandalias, y acto seguido le pasó la lengua de abajo arriba por el coñito. Se le fue llenando la boca de jugo. Cogiéndole las nalgas, le lamió los labios y le folló la vagina con la lengua. Ariadna iba a durar muy poquito… Enrique sintió que se iba a correr y paró de jugar con la lengua en su sexo. Quería follarla y sentir como el coñito de Ariadna bañaba su verga, pero Ariadna cogió su cabeza con las dos manos y volvió a llevar la boca de Enrique a su coñito. Enrique lo metió entero en la boca. Su lengua cubrió labios y clítoris. Con el dedo medio de su mano derecha acarició la entrada del ano. Ariadna, echando la pelvis hacia delante, y moviendo el culo hacia los lados y alrededor, empezó a correrse. Sus piernas comenzaron a temblar. Su ano se abría y se cerraba, Enrique le metió la punta del dedo dentro. A medida que su coñito se contraía y soltaba jugo sobre la lengua de Enrique, el dedo fue entrando hasta perderse entero dentro del agujero de la gloria. Los gemidos de placer de Ariadna eran tan sensuales que la verga de Enrique latía sin control y no paraba de soltar aguadilla mientras él saboreaba la deliciosa ambrosía que eran los jugos de la corrida.

    Al acabar de tener aquel delicioso orgasmo, Enrique, la cogió de la mano y la llevó a la cama. Ariadna, echó hacía atrás la colcha y una sábana y se puso boca arriba sobre la otra colcha. Enrique se echó a su lado. La besó, le acarició las tetas y se las volvió a comer. Se acababa de correr y debía darle tiempo.

    Ariadna, le preguntó:

    —¿Sólo te trajo a Caracas la gana de tener sexo conmigo?

    —También quería saber si en persona perdías tanto como decías. Y…

    Lo interrumpió.

    —Mejor no me lo digas.

    —Cómo quiera.

    Cambió de opinión.

    —¿Me ves más fea que en las fotos?

    La miró a los ojos, y le dijo:

    —¿Podrían ver feo el cielo las aves mientras vuelan por él?

    La besó sin dejar de acariciar sus hermosas tetas, mojó dos dedos en el jugo de su coñito y acarició su clítoris con ellos. Ariadna le estaba dando sus mejores besos cuando le cogió la verga a y se la masturbó. Enrique le metió dos dedos en el coñito. Se masturbaron mutuamente. Poco después, Enrique, acercó la verga a la entrada del coñito y empujó. La verga entró apretada y produciendo gran placer a ambos. Enrique, sin dejar de besar a Ariadna y de ser besado por ella, la folló lentamente, al principio, luego la clavaba con fuerza, una docena de veces y volvía a follarla lentamente, más que nada porque si fuese más allá de doce o trece fuertes clavadas, como Ariadna estaba tan buena, se correría antes de tiempo. Ariadna, cada vez que la follaba lentamente se movía debajo de él, levantando la pelvis para sentir la verga muy dentro de ella y luego moviendo el culo hacia los lados y alrededor… Unos quince minutos más tarde, entre gemido y gemido, le dijo Ariadna:

    —¡Me corro!

    Ariadna apretó con su coñito la verga de Enrique, y el coñito abriéndose y cerrándose se lo bañó de babitas.

    Enrique, viendo como Ariadna se retorcía de placer, y como los dedos de sus manos agarraban la sábana con fuerza, sintió que le venía, recordó las palabras de la muchacha. «Nunca acabaron dentro de mí. Nunca sentí la leche de nadie dentro. Me da curiosidad saber que se siente». No iba a ser él quien lo hiciera. Ariadna no tomaba anticonceptivos y sería arruinarle la vida. La sacó y se corrió en su vientre.

    Ariadna, al quitarse Enrique de encima, se limpió el semen del vientre con unas toallitas, y sorprendió a Enrique dándose la vuelta y quedando boca abajo en la cama. Sin decirlo, le estaba diciendo que quería que la enculase.

    Enrique tenía que poner dura de nuevo su verga. Le besó el cuello. Le mordió los lóbulos de las orejas y la besó en los labios. Con un dedo acarició su columna vertebral de arriba abajo, luego se la fue besando y lamiendo hasta llegar al culo. Le abrió las nalgas, se las besó, lamió y mordió. Le lamió el periné y el ojete. Metió una mano debajo de ella para magrearle la teta derecha. Ariadna se puso a cuatro patas y Enrique, lamiendo su ojete le magreó las dos tetas. Después le folló el culo con la punta de la lengua. La nalgueó. Ariadna ya estaba otra vez cachonda y Enrique empalmado. Le metió un dedo en el ano, después dos y al ratito tres. Los movió alrededor para hacer hueco para la verga. Al quitarlos, lamió varias veces desde el coñito hasta el culo. Los gemidos de Ariadna eran de pre orgasmo. Paró de lamer y le metió la punta de la verga en el culo. Apretadísima, fue entrando hasta llegar al fondo. Le volvió a coger las tetas. Le apretó los pezones y le folló el culo.

    En minutos, el ano de Ariadna apretó la verga de Enrique y luego, al tener Ariadna su primero orgasmo anal, se abrió y se cerró.

    Enrique, viendo caer gotitas de jugo del coñito de Ariadna, le llenó el culo de leche.

    Al acabar, Ariadna, ya no se sentía intimidada, se sentía bien y le iba a demostrar a Enrique lo que era, una mujer ardiente e insaciable.

    Quique.

  • Un encuentro inesperado en el metro de la CDMX

    Un encuentro inesperado en el metro de la CDMX

    Era la hora pico en la CDMX, el horario laboral había terminado y lo único que deseaba era llegar a casa y poder recostarme en mi cama, eran las 6 de la tarde y me encontraba en la estación del metro universidad de la línea 3 del metro, la gente se abalanzaba a las puertas para lograr poder encontrar un lugar vacío y poder ir cómodamente sentado, los empujones de la puerta y la multitud detrás de mí, provocaron que me llevaran a la orilla del vagón, donde se encuentra un haciendo individual, logre sentarme como pude, traía las manos ocupadas con bolsas, y mi machina donde llevaba las pertenecías del día a día, en la mano llevaba las compras que había realizado en el horario de comida; unos vinilos decorativos los Beatles que eran algo grandes y estorbosos, en fin, logre sentarme como pude y tras acomodarme el metro comenzó su marcha con rumbo a indios verdes.

    Balderas: Pasaron algunas estaciones y la gente comenzó a atumultuarse entre los pasillos, y el metro quedo abarrotad de gente, llegamos a la estación Balderas y los cuerpos iban y venían, y entre ellos, entro una mujer, que atrajo mi mirada, ya que era aplastada por la docena de cuerpos en el metro. Como es particular en mí, alce la mano rápidamente para indicarle que tomara él haciendo donde yo me encontraba, tome mis cosas como pude y me levante para dejar que ella se sentara, la mujer rápidamente tomo lugar y con una sonrisa y eufórica me agradecí, aún recuerdo su vestimenta un saco café sin más y un vestido largo de color oscuro, que no dejaba ver nada de su cuerpo al descubierto, se acomodó el cabello y se aliso el vestido para ir más cómoda, intercambiamos un par de miradas y sonreímos sin más compromiso.

    El metro comenzó a andar y coloque mi mochila enfrente de mí y las bolsas de los vinilos a un costado, la gente quedo dándonos las espaldas y el viaje comenzó.

    Al principio todo trascurrió con normalidad, pero en la siguiente estación, el cruce de miras se hacía un poco más con juego de coqueteo, y con risitas alegres, yo termine de acomodarme y ella igual, quede frente a ella y muy justo, mis rodillas chocaban contra las suyas y en ocasiones una de mis rodillas entraba por en medio de sus piernas, al principio sin ninguna maldad.

    Hígado. El tumulto de gente que entro hizo que quedáramos más juntos y tuve que colocar una mano contra la pared del metro para evitar irme encima de ella, sonreímos y todo cambio de tono, al cerrarse las puertas del metro y quedar casi encima de ella, comencé a sentir un ligero roce, entre mi ingle que provoco que me quedara quito, para analizar la situación y descartar cualquier error, pero el roce inesperadamente se hizo más notable y más intenso, al mismo tiempo este comenzó a subir un poco más arriba de mi pantalón hasta llegar a la bragueta, el delicado roce que sentía provoco inmediatamente en mí una pequeña erección, que hizo inflar la parte frontal de la cremallera y comenzó a palpitar y bombear una erección más contundente, lleve mi mirada hacia bajo buscando los ojos de aquella mujer y mis dudas se disiparon, claramente vi en aquellos ojos la perversión de una mujer que buscaba calentar mi cuerpo

    El roce se hizo más abrupta y comencé a sentir la mano de la mujer por encima de pantalón, sus manos estaban muy calidad y comencé a excitarme mi miembro inmediatamente reacciono a la provocación e hizo que mi erección llegar al tome, mi bóxer no puso más y mi verga comenzó a desplazarse y teniendo una erección espectacular, los ojos de aquella mujer eran evidentes que me invitaban a la lujuria, llego una estación más.

    Guerreo: era la siguiente parada y la mujer parecía ya poseída ya que frotaba con locura mi verga y esta estaba comenzando a lagrimar liquido preseminal, yo estaba paralizado por tal acontecimiento que deje que la mujer realizara toda la labor, no quería moverme y mucho menos soltar cualquier ruido, para evitar ser sorprendí por la gente que se encontraba a nuestro alrededor, pasaron algunos segundos que para mi fueron minutos de largo placer al sentir como las manos de aquella mujer apretaban mi abultado pantalón buscando la figura de mi verga,.

    Tlatelolco: El sonido característico del metro, que anunciaba el cierre de puertas de la estación Tlatelolco, fue rápidamente apagado por la siguiente acción de la mujer enfrente de mí, ya que sin más, y con una mano muy hábil bajo la bragueta de mi píntalos y como un mago, introdujo su mono por aquel guaco, y con una habilidad que realmente me sorprendió logro alcanzar la cabeza de mi verga y comenzar a rozarla, la erección en mí, ya era sumamente incontenible, el metro comenzó a detenerse en el túnel y la mujer aprovecho para mover sus manos y con sorpresa, poder sacar mi verga del pantalón, este movimiento si fue algo brusco y un poco doloroso, ya que con mi verga se encontraba bien erecta sacarla de mi pantalón por aquella mujer fue algo que no me esperaba, y mi pene roso con el metal de mi bragueta, pero dejando ese incidente de lado lo que a continuación después, fue increíble, la mujer tomo con una mano mi miembro que ya se encontraba fuera del pantalón y con una agilidad muy excitante comenzó a realizarme una rica masturbación, que nuevamente hizo que comenzara a lagrimar liquido pre seminal de mi pene, estaba excitado a tan perverso acontecimiento por parte de aquella mujer que no quitaba la mirada de mi rostro que seguramente ya era un mar de gestos, por los movimiento que realizaba.

    La raza: llegamos a la siguiente estación y la gente comenzó a desplazarse mas cómodamente, pero mi cuerpo seguía aferrado y muy junto al suyo y obviamente con mi verga de fuera sostenida por las manos de la mujer, que eran un torbellino en aquel momento, nuevamente las puertas del vagón se cerraron y comenzó nuevamente el viaje, la mujer cambio de postura y para mi asombro, comenzó a tocarse los pechos con una mano y con la otra seguía sosteniendo mi verga y masajeándola con locura, mi éxtasis ya era casi insoportable y mi cuerpo gritaba que estaba a punto de tener una eyaculación feroz, mis testículos comenzaron a llenarse de semen y me dolían, ya que querían ser expulsados, por el movimiento feroz de las manos de aquella mujer. Su rostro se había trasformado en la representación de la lujuria y sus manos, una agarrando y frotando mi verga y la otra masajeando sus pechos abruptamente como queriéndose despojar de la ropa que llevaba puesta.

    Proturo: Llegamos a la estación potrero y la gente a nuestro alrededor ya se había difuminado, solo quedaba en el asiento de enfrente una mujer, que vestía un uniforme de enfermera, y en los asientos de un costado, solo hombres perdidos en sus propios pensamientos y otros tantos dormidos, por el vaivén del bajón.

    Yo seguía enfrente de aquella mujer paralizado y con unas ganas enormes de venirme, la mujer que está a espalda mías estoy seguro que se dio cuenta de lo que pasaba enfrente de ella ya que los apretones y movimientos de aquella mujer dejaron de ser discretos y comenzaron a ser muy evidentes, el placer en mi eran tal que me deje llevar por las manos de aquella mujer misteriosa, sin nombre, sin conocerla, sin más que una mujer desconocida pero que en ese momento tenía mi verga sostenida con fuerza y con movimientos alocados, como desesperados y con ganas de tenerla dentro de ella.

    18 de marzo: la siguiente estación llego y mi estasis comenzó a ser insoportable y las ganas que tenia de venirme eran ya insostenibles, los ojos de aquella mujer sobre los míos lo leían y aun así me torturaba con apretones suaves y bruscos intercalando, esa sensación que no permitía que eyaculara.

    El tren comenzó su marcha y con una sonrisa que nunca olvidare de aquella mujer. Se agacho enfrente de mí y sin preguntar, comenzó a darme una rica mamada velos y súper discreta, donde su lengua parecía haber sido poseía, ya que se movía de una forma espectacular. Y no pude más, lo que tanto estuve reprimiendo salió de mí y el semen salió disparado con una fuerza que hizo que mis piernas tambalearan un poco, dejando el rostro y la parte superior del vestido de aquella mujer impregnados de mi semen que no paraba de salir. Llene sus labios de mi semen y sentí su lengua que los atraía a su boca y los saboreaba dentro de ella, pero principalmente mi semen quedo regado por su vestido, yo me perdí en mi trance donde mi verga engrueso y dejo salir todo aquel semen, fue increíble la sensación. La mujer seguía frotando sus ceños y yo quede enfrente de ella exhausto por aquella corrida.

    Indhizo verdes:

    El metro había llegado a la última estación del recorrido y las puertas se abrieron para que los usuarios descendieran, yo estaba paralizado aferrado al pasamanos y tratando de regresar a la realidad, la mujer que estaba detrás de mi me miro y sonrió al ver mi rostro lleno de lujuria. La mujer enfrente de mí se alisto para salir; se levantó y me dio un beso en la mejilla, y se acercó a mi diciéndome que fue muy rico. Yo aún seguía con la verga de fuera y sin poderme mover, el metro anunciaba el cierre de puertas, rápidamente volví a la realidad coloque mis cosas en frente de mí, para evitar que las personas me vieran con la verga de fuera, me coloque a un costado de las escaleras y deje que la multitud se disipara, como pude introduje mi pene dentro del pantalón, manchándome un poco con el semen que aun goteaba de mi miembro aun erecta.

    La despedida: una vez que termine de acomodar y dejar todo bien en mi, mis ojos rápidamente buscaron señales de la mujer misteriosa que había sido la protagonista de esta historia. busque rápidamente y la encontré parada a nos pasos de mí, observándome, con esos ojos que me habían enloquecido y estudiando todo lo que hacía, me dirigió un giño y rápidamente corrí hacia ella, estando enfrente me quede mudo y no supe que decir, ella me dirigió una sonrisa y con esa mano que había enloquecido mi cuerpo, tomo mi rostro y me acerco a ella dándome las gracias, pude oler mi semen que estaba impregnado en sus manos, me pidió que no la siguiera, que ya la esperaba su hijo, bajando las escaleras, que había sido muy rico, y que lo había disfrutado muchísimo, se despidió con un salid beso en mis labios y se macho bajando las escaleras. Yo quede al filo de las mismas queriendo correr hacia ella; observe que un chico se acercó a ella, la tomo del brazo y se perdió en la multitud de personas que iban y venían, yo quede agarrado del pasamanos, acomode mis cosas y partí a casa con una sonrisa de par a par que dejó aquella mujer en mí…

  • Mi tío millonario y mi esposa

    Mi tío millonario y mi esposa

    Un tío que tiene campos en Buenos Aires nos envía una invitación a mi esposa y a mí para festejar sus 50 años.

    Iba a hacerlo en una quinta de zona norte, una fiesta con todos los lujos.

    Nosotros somos dos trabajadores rasos, mi esposa es secretaria administrativa de una casa que vende sanitarios. Yo un vendedor común, que anda con un Volkswagen Golf todo roto tratando de ganar clientes para una empresa de consumo masivo.

    Ambos somos felices, alquilamos un dos ambientes en una zona media de Capital Federal, cada tanto salimos a comer una pizza afuera. Y estamos ahorrando para irnos a Brasil en un par de años de vacaciones.

    Al llegar la invitación, mi esposa refunfuña porque dice que no tiene ropa para ir a un evento así, que en ese lugar todos nos mirarían mal, que no podemos ir con la misma ropa de todos los eventos.

    Así que después de llorisquear un poco, me convence de reventar la tarjeta para ir de compras de ropa para la ocasión.

    Ella me vestiría así que me elige la camisa nueva, unos zapatos y pantalones. Un saco moderno. Y hasta un pañuelo de ojal.

    Ya con eso la tarjeta estaba al rojo vivo, pero aún faltaba la ropa de ella.

    Ella con sus tiernos 22 años estaba como una niña en una juguetería, me mostro indecisa entre varios vestidos, algunos al cuerpo, otros muy cortos, otros escotados. Todos realzaban su joven figura.

    Ella era delgadita, una cola parada de quinceañera, unas tetas pequeñas, una cintura que causa envidia en chicas más chicas y en las mayores.

    Luego de elegir el vestido, sigue con los zapatos, tacos por supuesto.

    Cuando creo que terminamos me indica que faltaba lo más importante.

    La ropa interior.

    Elige un conjunto de tanga y corpiño, aunque me aclara que solo usara la tanga, pero que aprovechaba el momento para tenerlo todo.

    Me guiñaba el ojo mientras me mostraba lo diminuto de varios modelos.

    Luego de estar todo un día prácticamente comprando llega el momento de pagar. Literalmente se nos fue un sueldo completo en la ropa, todo en cuotas a pagar hasta no sé cuánto.

    Mientras volvíamos a casa con las bolsas, hablábamos de nuestros proyectos, de que tal vez con estos gastos, el viaje a Brasil seria en 3 años y no en 2. Y que debíamos ajustarnos mucho en los próximos meses.

    Llega el gran día, ella vuelve a reventar la tarjeta con maquillaje, perfume, aritos y peluquería. Como lo sé? Porque el banco me llama para confirmar las compras.

    Cuando llega me mira con culpa, yo trato de estar calmado, pero se me escapa un «hace lo que quieras, no vamos más a Brasil», Esto detona en llanto y gritos.

    Todos los trapitos sucios salen al sol, las cosas que no hice, las que no compre, los sacrificios y hasta esa vez que me descubrió mirándole el culo a su hermana.

    Luego de estar varias horas sin hablarnos, comienza la parte de la reconciliación.

    Decimos muchas frases hechas, de que ya vamos a salir adelante, de que vamos a cambiar nuestra forma de reaccionar y también en consultar los gastos etc. Cosas que no se cumplen pero sirven para poner paños fríos luego de una pelea.

    Ella cada tanto le sale una lágrima porque su cara quedo hecha un desastre con el llanto. Se interna en el baño tratando de arreglarse.

    Llegaremos un poco tarde parece.

    Sale del baño y entra al cuarto, se va a poner el vestido rojo que se compró. Un vestido que muestra su delgada cintura, un escote en la espalda que llega escandalosamente a centímetros del comienzo de la cola.

    El escote delantero es recatado, delicado, solo se ve un poco si uno se esfuerza desde el costado. Por debajo de la cintura el vestido tiene algo de vuelo, y la caída permite divisar la forma de sus nalgas, una por una, y hasta la unión de ellas.

    Es algo corto para mi gusto, pero es delicado. Unos diez centímetros por debajo de la cola. Deberá tener cuidado cuando se agache o se siente para que los pendejos adolescentes no la registren en su memoria para pajearse después.

    Supongo que se puso la tanga roja, esa que costo tanto. Parece que sí, porque se nota el relieve de la tanga sobre el vestido, ella no parece convencerle, no le gusta que se note. Pero parece convencerse y se la deja.

    Yo estuve todo el día lavando el Volkswagen Golf, lo aspire y lo perfume. Cuando vamos en camino ella comienza a decir que deberíamos cambiar el auto por uno más nuevo. Yo ya no digo nada, si estamos endeudados hasta la cabeza por una fiesta y ella ya habla de cambiar el auto.

    Cuando llegamos a la quinta, vemos a todos en la misma situación, todos con ropa nueva, con sus autos impecables, zapatos lustrados. Al menos no fuimos los únicos que se gastaron la vida para aparentar en una noche.

    Le entregamos el humilde regalo al tío, un libro. Que más le podíamos dar a este ser multimillonario?

    Ella no lo conocía, el no pudo venir a nuestro casamiento. Así que se la presento.

    Se pusieron a hablar de lo más bien, el tío nunca perdió la humildad, nos hablaba a todos por igual.

    Estaba siempre impecable, bien vestido, perfume de primera, el pelo perfecto, siempre tostado, el cuerpo mejor que el mío, se ve que iba a gym.

    Mientras saludo al resto de la familia, ellos se quedan hablando. Ella le cuenta de sus proyectos, de que quiere terminar su carrera de contadora. De que le gustan los negocios, de que se siente presa en su trabajo sin futuro.

    Mientras somos atendidos por mozos que bandejean canapés, caviar, champagne y vino blanco.

    La fiesta sigue su curso, hay música fuerte, se arma el baile, y en un momento ella está bailando con mi tío.

    El lleva su madura mano peligrosamente a su espalda, veo como con cuidado la va guiando mientras baila, su mano sube y baja por su desnuda espalda.

    Ella cada tanto apoya su mano en su musculoso brazo y en su pecho mientras sonríe de cosas que solo ellos saben que están diciendo.

    Ella al bailar con ese vestido con vuelo, logra que se vean sus muslos, en ciertos movimientos se levanta peligrosamente mostrando la redondez inferior de sus nalgas.

    Ella sigue sonriendo mostrando una boca roja intensa cuidadosamente maquillada.

    Luego de un tiempo descansan, van a unos sillones, él le trae champagne, y ella acalorada trata de airearse levantándose el cabello. Parece que le da vergüenza por las pequeñitas gotas de sudor que se forman en su escote y que se deslizan por la gravedad en la redondez de sus pechos.

    Ella parece no haberse percatado de cómo se sentó, más preocupada por el calor y el sudor, se sentó sin cuidado. El vestido está muy subido, cuando mi tío regresa con más champagne puede ver perfectamente la desnudez de sus piernas, hasta ese punto donde comienzan las nalgas, e interiormente donde se puede ver el color rojo de la tanga carísima que combinaba con su vestido.

    Veo a mi tío con sus ojos mirando ahí abajo disimuladamente. Luego se sienta y comparte el champagne, siguen riéndose.

    Creo que es suficiente.

    Me acerco hasta donde están ellos, me siento al lado de mi esposa y les pregunto que se están riendo que es tan gracioso.

    Mi tío no se percata de la ironía, y cuenta anécdotas de sus viajes, de malos entendidos culturales, mi esposa de 22 años ríe como una adolescente alborotada.

    En un momento me dice el tío:

    «me conto ella lo mal que la están pasando, me gustaría ayudarlos, quisiera darle el trabajo que se merece tu esposa, que trabaje para mí, necesito una contadora para uno de mis negocios nuevos.»

    Yo siempre espere que me diera un trabajo a mí, que soy su sobrino, toda la vida ilusionado con que el tío rico me dé un trabajo que me salve, y no. Tuve que ir haciéndome de abajo como todos, y termino ahora con un trabajo de vendedor de papas fritas en almacenes del conurbano.

    Pero ahora de una sola noche, de un vestido corto, un culo y una tanga carísima resulta que mi esposa tenía una propuesta laboral del tío millonario.

    «Ella dijo que si» concluye mi tío.

    A lo cual mi cara se transforma por un instante, lo disimulo con un chiste, pero por dentro tengo mucha bronca.

    “Amor este lunes empiezo, y tu tío dijo que voy a tener un auto a disposición, así que no me tenés que traer hasta acá»

    Termina la fiesta, ella habla con mi tío coordinando detalles, ella ya está decidida, va a dejar el trabajo de mierda que tiene. Se pasan los teléfonos.

    El la despide con un beso muy cerca de sus labios, sus brazos están en su cintura. Y cuando ella se da vuelta el fija la mirada en su culo, en ese culo parado, observa bien cada una de sus nalgas en cada paso que da, pareciera que puede ver a través del vestido, puede distinguir como esa tanga que vio más temprano se pierde en la raya de su joven culo.

    Ella llega hasta mí, me despido de lejos de mi tío, la abrazo como mostrando que es de mi propiedad.

    Llegamos hasta el Volkswagen Golf, apenas hacemos un par de kilómetros y el auto se apaga.

    Ella refunfuña, yo me enojo, volvemos a discutir. Ella me pide que no ensucie la ropa con el auto, en cuero trato de arreglar lo que no sé, no arranca.

    Llamo a la grúa, ella me dice que no va a volver en una grúa con esa ropa.

    De repente la veo llamar a mi tío, y le cuenta la situación.

    El viene al rescate, yo tenía que quedarme con el auto hasta que venga la grúa, él dice que nos quedemos ambos en su quinta. Yo no puedo, tengo que esperar la grúa, tengo que arreglar el auto.

    Él dijo que no me preocupe por el costo de la grúa, él lo paga, yo me rehúso. Quiero mantener mi posición de macho alfa.

    Terminamos accediendo que ella vuelve a la quinta y yo la buscaría cuando arranque el auto.

    La veo subirse en el Audi 0 km de mi tío, el vestido nuevamente se le sube, se ven sus piernas perfectas casi hasta el límite de la tanga. Mi tío sube a conducir, le pone el cinturón de seguridad, y en ese movimiento roza sus piernas. Los veo irse de vuelta a la quinta.

    A mí me toca esperar la grúa

    (Continuará)

  • Primer trío de mi esposa

    Primer trío de mi esposa

    El último sábado, con mi mujer decidimos salir a tomar algo a un bar de Palermo, como siempre ella se vistió muy linda y sexy, con una buena calza azul y un gran body negro con cordones a la altura de los pechos, pelo súper recogido y labios muy bien pintados. Ella es una mujer muy hermosa de 37 años, cada día con mejor figura, unos ricos y sensuales pechos, pero sobre todo con una boca imposible de resistirse.

    Durante esa tarde habíamos estado chateando con algunos Solos en la página como tantas veces, ya desde hace unos meses pero siempre sin suerte, nunca podíamos concretar un encuentro concreto. Luego yo me fui a jugar al futbol y la deje a ella, diciéndole que se depile toda, que esta noche tendríamos acción diferente, ella se rio pícaramente sin saber lo que le esperaba esa noche…

    Entrada la noche ambos nos arreglamos para salir a tomar algo sin un destino bien definido, pero sí muy bien arreglados ambos, yo con una buena camisa y un pantalón pintado. Ella una calza azul y un body negro acordonado, que marcaba muy bien todos sus atributos corporales, su boca súper pintada (resaltando esos hermosos y sensuales labios), después de caminar un poco nos metimos en unos de los bares sobre Honduras y Godoy Cruz en el barrio de Palermo. Nos pedimos una picada y nos tomamos 5 gloriosos tragos que surtirían efecto para ir aflojando todo para lo que vendría esta noche.

    Mientras comíamos y bebíamos, tonteábamos con el celular, mejor dicho con gente de esta página, hasta que pico uno (con el que veníamos hablando hace bastante tiempo y por diferentes motivos nunca podíamos concretar), con el ya habíamos tenido varias charlas por Skype, inclusive Azul tuvo un chat un poco erótico con el anteriormente mientras yo jugaba futbol y los agarre en pleno juego, cuando entre al cuarto ella estaba con lencería muy sexy… un deshabillé rojo… Calentándolo y mucho… Esa noche cogimos como locos. La cuestión que quedamos en ir a su casa.

    Llegamos a su casa y él nos estaba esperando abajo, ella muy seductora lo saludo a él con una sonrisa de placer, en el ascensor ya comenzó a piropear Azul diciendo que linda que estaba, una vez en su casa, Azul paso por el baño a prepararse para lo que se tenía entre manos, luego yo me fui al baño para dejarla sola con él, al volver ella se había acercado a besarlo contra la pared, se estaban besando muy pasionalmente. Ella se lo comía a él, mi cuerpo reacciono inmediatamente a lo que estaba viendo teniendo una erección casi instantánea, acto siguiente yo hice lo mismo con ella pero en su espalda y tocando su cola, ella al sentir eso sufrió mucho excitación, una excitación nunca conocida por ella… Nunca le habían hecho un sándwich así (de hecho me confeso que es una de las cosas que más le calentó de la noche y se imagina casi constantemente) se dio vuelta y empezó a besarme a mi y tocarlo a él (casi desesperadamente buscando su pito, su nuevo juguete) mientras él también la manoseaba.

    Acto siguiente ella se dio vuelta y comenzó a desvestirlo a él, dejándolo totalmente desnudo. Su miembro era muy similar al mío en tamaño. Ella o el no recuerdo con exactitud sacaron la calza de ella, quedando solo en body, mientras yo disponía a sacarme mi pantalón. El y ella se fueron al sillón, el completamente desnudo y ella solo con el body encima de él besándose muy apasionadamente. Esa imagen era única, ver como semejante hembra mi hembra despegaba toda su pasión en él. Por su parte él le bajo parte del body para poder tocar y besar su hermosos pechos (pechos perfectos). Yo me puse detrás de ella y la tocaba un poco pero, más que nada yo disfrutaba de verla gozar como nunca. Ella se puso en cuatro patas y comenzó a practicarle sexo oral a Diego (nunca en 15 años, había tenido otro pene en su boca), yo desde la sorpresa y excitación de lo que veía me quede paralizado y duro.

    Mi mujer chupándosela y de qué forma a otro, ni en mis mayores fantasías pensaba que así en menos de cinco minutos ya estaría desnuda y mamando otra verga, es mas siempre cuando fantaseábamos del trio ella me decía que no lo iba hacer, pero parece que su excitación y ganas de probar lo nuevo la pudo más (luego me confesara que le encanto chupársela, que sabía rico como la mía).

    Acto siguiente me acerco a ellos apoyándola e intentando penetrarla, pero ella me besa muy apasionadamente, en esos momentos en ese living corría mucha adrenalina, muchas ganas de sexo, eran tres cuerpos totalmente desnudos en busca del máximo placer. Ahí es donde yo tomo la iniciativa y les digo que mejor vayamos al cuarto.

    Una vez en el cuarto yo comienzo a besarme con ella y el a practicarle un espectacular sexo oral, todo era perfecto todos recibiendo placer luego ella mientras se la chupaban empieza hacerme lo mismo a mí, era una gran película porno y nosotros éramos los protagonistas esa que siempre fantaseábamos realizar ella puta como nunca en su vida, nada que envidiarle a ninguna de las actrices que uno ve en las películas era una gran chupadora de pijas.

    Al cabo de un tiempo él se levanta y yo empiezo a penetrarla a Azul mientras Diego buscaba protección y se la ponía ahí es donde le pregunto a ella si quiere que el la coja y me dice ¨si por favor¨, ella se pone en cuatro patas en la cama y el comienza a penetrarla de forma muy tranquila, pero ella disfrutando a pleno (era una nueva verga dentro de ella, algo nuevo y diferente a lo que venía sintiendo hace 15 años) mientras él la penetra de forma muy placentera para ella, haciendo movimientos novedosos que nunca había sentido (esto luego me confesaría) ella me la empieza a chupar como nunca estaba cumpliendo mi máxima fantasía verla en cuatro, siendo penetrada por otro y a la vez haciéndome sexo oral en un momento.

    Me alejo para tomarle fotos y filmarla mientras la cogían bien cogida, me dedique a ver como disfrutaba ella gemía, estaba muy caliente se notaba que quería pija y más pija, poco a poco se convertía en más puta, esa puta que tanto soñaba yo ver en ella y que sabía que existía. En un momento ella se acuesta boca arriba y él la penetra muy salvajemente con mucho deseo y lujuria en juego, ella le pide locamente bésame ella le gusta que la besen mucho antes, después y en el medio del sexo es una gran besadora, con eso labios sensuales que tiene.

    Después de un rato volvemos a realizar el cambio, él se cambió el preservativo por tanto desgaste por penetrarla y ella me monta a mi mientras el miraba toda la situación, pero ella no se olvidaba de Diego y lo besaba y masturbaba a la vez, nos decía a ambos lo lindos que somos. Esto ya era un gran trio, nuestro primer trio. Después de un rato de coger ella y yo, noto en su cara que pedía otra cosa que en verdad lo que quería no era yo y le vuelvo a preguntar ¨querer cogerlo a Diego¨ a lo que rápidamente ella dijo ¨siiii¨ de forma muy terminante y segura, a lo cual le digo que patita sos, haciendo que ella gima más fuerte dándole mas calentura por ende ella se levantó para que yo me corra y lo monto al fetiche (como ella lo llama, desde que comenzamos hablar).

    Yo me aleje para ver el espectáculo y flor de show tenia ella se lo estaba cogiendo a él y de qué forma, era un gran jinete en la pija de otro casi al punto de ella acabar el también hacia sus movimientos mágicos dentro de ella, dándole muy duro, Azul gritaba de placer hasta que el acabo dentro de ella por lo cual él se levantó y tuve que reemplazarlo con mucho sacrificio jaja, con más ganas que nunca de cogerla. Ella nuevamente se montó sobre mí y me cabalgo hasta ella terminar a los ojos de Dieguito quien muy caliente y tocándose la miraba todo el tiempo y manoseando ella vuelve acostarse boca arriba y yo la empiezo a bombear intensamente mientras nos besamos y ella lo toca a él. En ningún momento dejo de estar atenta a él, mostrando verdadero interés en él, el cual le gusta y calienta mucho mientras yo sigo dándole intensamente ella lo besa a él mientras le doy más y más duro hasta que le digo te gusta ser puta no? Lo cual con mucha calentura me dice ¨si¨ y esto hace que explote dentro de ella resultando de esta forma que los 3 acabamos en nuestro primer y no último encuentro, algo que duro casi una hora porque algo que me dejo claro Azul a Diego y a mí, es que quiere que la cojamos nuevamente los dos y practicar varios juegos entre los tres.

    Ella se quedó esa noche con ganas que la penetre Diego nuevamente, y de jugar a solas con él en el ascensor, lo cual será su próximo objetivo le gusto su cara su cuerpo y su pito y desea con locura que la coja nuevamente pero que estaba vez mínimo sean dos veces que la coja y le acabe en sus tetas, lo cual a mi me da una calentura única.

    Después de finalizado el acto nos quedamos los tres charlando como grandes amigos de toda la vida ella envuelta en una toalla, el desnudo dejando su cuerpo a la luz para que ella lo vuelva a desear y lo mire bien.  Y yo en bóxer, después de un rato yo me voy al baño y ella lo vuelve a besar, pero esto queda ahí. Esa noche no habría más sexo entre los tres. De ahí con la diosa partimos a nuestro hogar, a seguir teniendo sexo y tuvimos la cogida del año entre los dos solos, unos cuarenta minutos más, ella llegando dos veces y yo acabando a destajo, lo cual está pasando todos los días desde ese encuentro, ambos estamos muy calientes pensando en nuestro próximo trio que no sabemos si será solos con Diego u otro candidato que deleite a Azul o una buena hembra que compita con ella por mi placer. Lo que queda claro es que vamos por más, que esto solo es el principio de una nueva y buena vida sexual de la pareja, pero sobre todo de la gran puta que se convierto Azul, la gran catadora de vergas…

    Opinión de Diego sobre Azul ¨es una Bomba¨, ¨es una hembra avasallante¨, ¨totalmente desinhibida¨, ¨mujer con mucha actitud y que tenía claro lo que quería sin perder dos segundos¨.

    Opinión de Azul sobre Diego: ¨El pendejo está muy fuerte!!¨, ¨sabe muy bien lo que es chupar a una hembra…¨, ¨endulzó mi oído de tal manera que no pude menos que entregarme¨, ¨coge de un modo innovador y muy intenso…¨, ¨la próxima lo dejaré gritando mi nombre sin descanso!¨

    Opinión de Azul sobre Matías: ¨nunca vi ni sentí a mi marido tan excitado!¨, ¨sus besos fueron, son y serán los mejores que me dieron!¨, ¨siempre fue un gran amante, ahora es simplemente el mejor¨, ¨su generosidad por compartirme solo me hacen desearlo más…¨

  • Confesiones indecentes. Fuera prejuicios

    Confesiones indecentes. Fuera prejuicios

    1. Me encantan los hombres maduros.

    2. Me trago mi propio semen.

    3. Me he masturbado con tacones, fruta y lápices.

    4. Me gusta que me insulten al follar.

    5. Me encanta vestir tangas.

    6. He hecho un gloryhole.

    7. Se la he chupado a un negro.

    8. Me gusta hacer cosplay.

    9. Tengo el pene muy pequeño.

    10. He follado en parques, baños públicos y coches.

    11. He tenido sexo con un familiar.

    12. Mientras escribía esto tenía una polla de goma metida.

    13. Me encanta practicar mamando consoladores.

    14. Utilizo bolas anales.

    15. Varios hombres se han corrido a la vez en mi cara.