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  • Mi hijo pequeño y la pareja de novios

    Mi hijo pequeño y la pareja de novios

    Como conté en uno de mis anteriores relatos, yo había sido la maestra de Chus el hijo de una de mis compañeras y su novia, y la lección les había resultado muy satisfactoria, el caso es que Chus me llamó un día y me preguntó:

    -¿No conocerás a algún chico de nuestra edad?

    Después me explicó que desde nuestro trío su novia se había vuelto muy viciosa y que ahora quería hacer un trio, pero esta vez ella sola con dos chicos, y prefería que fuera con una chico de una edad muy similar a la de ellos, por supuesto tenía a mi hijo pequeño que era de esa edad, pero no era cuestión de contarles el tipo de relación que tenía con mi hijo, afortunadamente Chus no le conocía, así que simplemente le dije que sí, que conocía alguien apropiado para ellos, y que si se ponían de acuerdo con é yo les dejaría mi apartamento, después de colgar llamé a mi hijo y le conté lo que había hablado con Chus, y este, encantado de la vida, llamó a Chus y quedaron para verse en nuestro apartamento pocos días después.

    Ese día mi hijo se quedó solo en casa, mientras yo en el trastero, me disponía a presenciar la jugada, de una forma muy puntual, a la hora que habían convenido sonó el timbre de nuestra casa y mi hijo fue a abrir, al poco volvió, la chica le acompañaba se sentaron en el sofá, ella le dijo

    -Mi novio y yo, hemos pensado que empecemos nosotros para calentar motores y él vendrá dentro de un poco.

    Ella llevaba puestos unos jeans cortísimos y una blusa que dejaba al descubierto buena parte de sus tetas, ella le dijo:

    -Si no te importa, ponte de pie y deja que me presenta de forma adecuada.

    Mi hijo se puso de pie, y ella, que seguía sentada en el sofá, llevó sus manos hasta la bragueta de su pantalón, la abrió y metiendo sus manos en el interior, sacó la polla de mi hijo, la cogió entre sus manos y dijo:

    -Me parece que hoy me voy a dar un buen festín, con dos pollas divinas.

    Y tras decir esto se la metió en la boca y se puso a chupársela, ver la cara de mi hijo era un poema, se le notaba que estaba disfrutando a tope, estuvieron así hasta que ella parando un momento la mamada dijo:

    -Tengo mucho calor.

    Y se desabrochó la blusa, dejando al descubierto dos deliciosas tetas que en ese momento solo estaba cubiertas por un precioso sujetador blanco que apenas tapaba sus increíbles tetas, y siguió chupándosela, pero al poco mi hijo dijo:

    -Quiero más.

    La hizo sacarle su polla de la boca de ella y levantarse, en ese momento mi hijo le quitó los jeans, la hizo doblarse y apartándole sus diminutas bragas blancas, llevó su boca hasta el cuerpo de la chica y con su lengua comenzó a lamerle el coño y la raja de su culo, ella gemía de una manera muy intensa y dijo:

    -Llevaba razón nuestra amiga Clara, eres el chico adecuado para hacer un trio.

    Mi hijo se quitó los pantalones y los calzoncillos, quedándose desnudo de cintura para abajo, después volviéndose hasta su compañera, le bajo las bragas hasta las rodillas, y le introdujo su polla en el coño, la chica se puso a gemir, mientras decía:

    -Verdaderamente, follas muy bien.

    Mi hijo siguió follandosela, hasta que ella dijo:

    -Creo que los dos estaremos más cómodos en el sofá.

    Él se la sacó, ella se puso en el sofá, doblada y de lado, mi hijo se disponía a volver a metérsela, cuando ella le dijo:

    -Deja que antes te la chupe un poco.

    MI hijo le puso la polla al alcance de su boca y ella, tras besarla, se la metió en la boca, y se puso a hacerle una mamada, nuevamente la cara de mi hijo se convirtió en un poema que demostraba como estaba disfrutando, hasta que ella considero que la polla ya estaba a punto y le dijo:

    -Métemela, ya,

    Mi hijo se colocó detrás de ella, y de un golpe se la metió y los dos comenzaron a gozar nuevamente, los gemidos de los dos eran muy intensos, pero en ese momento sonó el timbre, ella dijo:

    -Supongo que es mi novio, ya podía haber llegado un poco después.

    Mi hijo interrumpió la actividad amatoria y fue a abrir, al poco entró con Chus, este al ver a su novia sin más ropa que se sujetador, que apenas le tapaba las tetas, se puso detrás de ella, besó su cuello, y llevando una de sus manos al coño de su novia dijo:

    -Veo que habéis empezado sin mí, espero que nuestro amigo te esté dando mucho gusto

    -Si mi amor, pero ahora con dos pollas fantásticas, espero gozar el doble, respondió ella.

    Mientras su novio se desnudaba ella se puso a chuparle la polla a mi hijo, cuando este terminó de hacerlo ella paro un momento de chupársela a mi hijo, se quitó el sujetador, y teniendo las dos pollas cerca de su boca dijo:

    -Menuda tarde voy a pasar con estas dos maravillas.

    Luego le pidió a su novio que se sentara en el sofá, ella dijo:

    -Tengo ganas de tener tu polla dentro de mi culo.

    Y sentándose encima de él hizo que la polla de su novio se introdujera dentro de su culo, después dirigiéndose a mi hijo, le pidió:

    -Ponte de pie encima del sofá.

    Y cuando lo hizo, abriendo su boca se tragó la polla de mi hijo, los tres se pusieron a gemir, resultaba muy excitante ver a esos machos gemir ante los agujeros de una hembra, verdaderamente entre su novio y yo habíamos hecho de esa chica un verdadero monstruo de follar, estuvieron un rato en esa postura y de nuevo ella le pidió a mi hijo:

    -Quiero tener dos pollas dentro de mis agujeros, bájate.

    Mi hijo aceptó la idea, ella se giró, poniéndose de espaldas a su novio, y quedándose casi tumbada encima de él, con su coño bien abierto, mi hijo que en ese momento estaba de pie entre el revoltijo de piernas de los dos novios, introdujo su polla en el coño de la chica, que se puso a gemir de una manera muy descontrolada.

    Las pollas de los dos chicos casi se rozaban la una con la otra, la chica parecía estar en éxtasis gemía de una manera bestial, en ese momento su novio dijo:

    -Me corro.

    Y su leche regó el culo de la novia.

    Yo al ver esta escena no pude menos de llevar mi mano hasta mi coño e introducir tres de mis dedos dentro de él.

    Tras un momento de descanso ella dijo:

    -Mi amor, que arrugada la tienes

    Tumbada en el sofá, boca abajo dirigió su cuerpo hasta la polla del chico, y se la metió en la boca para recuperarla, pero mi hijo seguía con la polla dura, así que aprovechando que el culo de la chica estaba a su alcance, llevó su cabeza a él y sacando su lengua se puso a lamérselo, sin importarle que estuviera lleno de la leche de su compañero de aventuras, después se puso de rodillas, sobre el sofá, detrás de ella, y de un golpe introdujo su polla en el interior del culo de ella.

    Los gemidos de ambos machos eran intensos y se notaba que ella lo estaba pasando también divinamente, en un momento ,determinado ella quiso cambiar de postura, y pidió a los chicos que se sentaran en el sofá, y cuando estos lo hicieron se montó sobre la polla de mi hijo, mientras que doblándose de una manera increíble, volvió a llevar su cabeza hasta la polla de su novio y siguió chupándosela, la verdad es que la muy zorra parecía que era adicta a este miembro, y siguió chupándosela, pero el novio parecía inquieto y se sacó la polla de la boca de su novia para ponerse de pie.

    Entonces ella también se movió, se puso sentada encima de la polla de mi hijo y desde esta postura pudo acceder con su boca al amado miembro de su novio, estuvieron así un rato, pero mi hijo quería cambiar nuevamente de postura, y ella se volvió a poner a cuatro patas, mientras seguía chupándosela a su novio, mi hijo nuevamente se puso de rodillas detrás de ella, y esta vez se la metió por el coño. Siguieron así hasta que su novio dijo:

    -Cariño me corro.

    Ella se la sacó un poco y la leche del chico fue a parar a su boca, que no la pudo tragar toda y parte de ella se desparramó por su cara, en ese momento ella le pidió a mi hijo que se la sacara, se puso de rodillas en el suelo y pidió a ambos chicos que acercaran sus pollas, cuando estos poniéndose de pie, acercaron sus pollas a su boca ella mientras agarraba cada una con una mano, las fue lamiendo, de esta forma consiguió dejar la polla de su novio completamente limpia de semen, mientras que un poco mas tarde logró que mi hijo se corriera. En ese momento mi hijo peguntó:

    -¿Y si nos vamos a una de las camas?

    -Y los condujo hasta nuestra cama de matrimonio

    Mientras estos jovencitos iban hacia su nuevo destino yo disfrutaba viéndoles, quiero aclarar que habíamos puesto otra cámara en la habitación matrimonial, por lo que iba a poder seguir disfrutando del espectáculo, mis manos seguían acariciando mi coño casi con ansia.

    Una vez llegados a la habitación los chicos hicieron que la chica s sentará encima de la cama, mi hizo tumbarse sobre esta y acercando su boca al coño de la chica comenzó a comérselo, ella al sentirlo se puso, una vez más, a gemir, después ella se dio la vuelta y se colocó boca abajo, y con su cabeza al lado de la polla de mi hijo, mientras le decía:

    -Amigo, quiero agradecerte como nos estas ayudando.

    Abrió su boca, sacó su lengua y se puso a lamer la polla de mi hijo; mientras su novio, de rodillas sobre la cama se puso a lamerla el coño y la entrada de su culo. Poco después su novio le introdujo la polla dentro de su coño, pero ella dijo:

    -Mi amor, sabes que me encanta que me hagas esto, pero n estos momentos quiero agradecerle a nuestro amigo su amistad.

    Y diciendo esto se volvió a girar poniéndose boca arriba y con las piernas alzadas y su coño al alcance de mi hijo, este se la metió, mientras su novio se puso encima de su cabeza para que ella le chupara la polla, pero al parecer mi hijo quería vivir nuevas emisiones y le dijo a la chica:

    -Quiero metértela por el culo.

    Ella estuvo de acuerdo, y le pidió a su novio que se tumbara sobre la cama, cuando lo hizo ella se puso a cuatro patas sobre la cama y llevando su cabeza hasta la polla de su novio se la introdujo en la boca y se puso, otra vez a mamársela. Su culo quedó expuesto a la polla de mi hijo, que se la metió sin dudarlo, los gemidos de los dos hombres se hicieron cada vez más intensos y mi hijo dijo:

    -Me voy a correr.

    -Mi amor, dijo ella, quiero que te corras en mi boca, y poder tragarme tu leche.

    Mi hijo se la sacó y se puso en pie, encima de la cama, ella se puso de rodillas encima de su novio, y desde esta postura encaminó su coño hacia la polla de él, y mientras acoplaba su coño al miembro de su novio, con su boca fue hasta la polla de mi hijo y se puso a chuparla hasta que mi hijo se corrió, pero no por eso soltó su presa, sino que, tras tragarse toda la leche, siguió chupándola, sin duda con la idea de recuperarla, no podía dudarse de que era muy caliente, y casi una ninfómana, pero de lo que se cansó fue de esta posición y pidió a los chicos un cambio de postura, se sacó la polla de su novio del coño, y se tumbó, de lado, sobre la cama, y pidió a mi hijo que arrimara su polla a su boca y se la volvió a meter en ella, mientras que alzando sus piernas las llevó hasta la polla de su novio y se puso a masturbarla.

    Tras descansar un momento volvió a pedir a su novio que se tumbara, otra vez sobre la cama, y nuevamente poniéndose otra vez sentada encima de él volvió a cabalgar su polla, mientras le pedía a mi hijo que le dejara comerle nuevamente la suya, y lo hizo hasta que mi hijo se volvió a correr nuevamente, y ella se tragó toda su leche. En ese momento ella dijo:

    -Mis amores hay algo que me daría mucho morbo, cuando lo hicimos con Clara, ella y yo nos dimos placer, entre nosotras y tengo la curiosidad de que pasaría su entre vosotros os dais placer.

    El novio parecía un poco horrorizado con la idea, pero ella poniendo una voz muy insinuante dijo:

    -Mi amor me estas demostrando que eres muy macho, y eso no esta en duda, aquí se trata de ver hasta donde eres capaz de llegar por tu princesa.

    Él, aunque no muy convencido termino por aceptar, mi hijo se sentó sobre la cama la chica se puso a uno de los lados, a cuatro patas, para, según dijo:

    -Ver muy de cerca como lo haces, y ayudarte a hacerlo mi amor.

    Mientras su novio se sentó en el suelo, su polla estaba bien dura, y siguiendo las instrucciones de su novia, llevó su boca hasta la polla de mi hijo, y se la introdujo dentro de ella, de esta manera comenzó a chupársela. Ella al verlos dijo:

    -Mi amor, me encanta verte así, chúpasela, no sabes cómo me gusta.

    Él siguió chupándosela, hasta que ella le dijo:

    -Mi amor, esto es fantástico, pero ahora quiero ver como nuestro amigo te folla el culo.

    Nuevamente, el novio pareció estar en desacuerdo, pero ella insistió y dijo:

    -Venga mi amor complace nuevamente a tu princesa y además mientras este amigo te folla el culo, tu podrás comer mi coño.

    Él pareció resignado, la chica, se sentó sobre la cama, con las piernas bien abiertas y su novio se puso a cuatro patas, y llevó su boca hasta el coño de su novia se piso a lamerla el coño, ella se puso a gemir, y mientras su novia dijo a mi hijo:

    -Venga amigo, métesela por el culo a mi novio.

    Mi hijo dudo un momento, pero después acercó su polla al culo del novio y de un golpe se la metió dentro, este al sentirlo dio un grito de dolor, ella le dijo:

    -Aguanta mi amor.

    El novio no dijo nada y siguió lamiendo el coño de su novia, que al recibir sus lamidas se puso a decir:

    -Mi bien mi amor, me encanta lo que estás haciendo, te adoro.

    Mientras mi hijo parecía haberle encontrado gusto al asunto, y seguía moviéndose por el culo del chico, al cabo de un rato ella dijo:

    -Mi amor, te mereces un premio, mientras nuestro amigo te sigue follando el culo yo quiero chuparte la polla.

    Mi hijo se sentó sobre la cama y el novio encima de él, volviendo a recibir su culo la polla de mi hijo, la chica cumplió su palabra y abriendo su lengua comenzó a chupar la polla de su novio, los gemidos de los chicos se hicieron muy intensos, el chico se corrió en la boca de su novia que recibió su leche y no dejó escapar ni una sola gota, mi hijo no tardo en hacer lo mismo y su leche fue a parar al culo del chico, en ese momento ella llevó su boca hasta la de su novio y ambos se dieron un beso muy intenso, ella le dijo:

    -Te amo, mi amor.

    Después se vistieron y se fueron.

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  • Ocurrió en una tienda de ropa

    Ocurrió en una tienda de ropa

    Tengo 50 años, casado dos hijos, siempre he sido muy tímido y poco a poco noté que al sentirme sometido me excito sexualmente. Mi esposa lo ha notado y cada vez que me ordena, me somete, y me humilla me excito muchísimo. Hemos llegado al punto en que me castiga y me golpea y yo me excito más y más.

    En el último años me he dejado golpear y maltratar pero en esas circunstancias mi pene se endurece más y más. Soy bastante bien provisto, mi pene es muy grande y ha sido casi un complejo para mi pues siempre mis parejas se ríen o se sorprenden, sobre todo de mi glande o extremo superior, ahí tengo una cabezota gorda y bien dibujada que a algunas mujeres les fascina, como a mi mujer. Sumo a lo anterior el deseo y fantasía persistente de tener sexo con un hombre que me domine.

    Hace dos años, en un almacén de grandes marcas se produjo una discusión y el tipo que estaba delante de mí, me empujó y me golpeó, creyendo que yo le había robado. En medio de la confusión el hombre me seguía pegando, como poseído, hasta que llego la policía, pasamos todo el día en la estación de policía prestando declaraciones. Pero yo estaba herido y mi pene endurecido por la excitación que me produjo el que me golpearan.

    Cerca de las 5 de la tarde llego la policía con el verdadero ladrón. El tipo que me golpeó me pidió disculpas, al fin todo fue una equivocación. Le dije que lo perdonaba. El hombre era muy atractivo, alto, pelo claro, dominante, musculoso, un macho alfa de unos 45 años.

    Me dijo que se sentía muy mal por haberme golpeado y agradecido estaba de que yo no hubiera puesto un reclamo policial. Para disculparse me dijo que me llevaba a mi casa o mejor aún me invitaba a su departamento a tomar un trago. Acepté, yo casi no hablaba. Me hizo ver que yo era callado. En su departamento tomamos cerveza y me curo la herida en mi cabeza que el me había causado. Lo note amable, pero al sentirlo cerca, parado a mi lado, curándome la cabeza, sentí su erección y me excité.

    A cada instante notaba que su grueso paquete sexual crecía más y más; y él me empujaba la cabeza para que su pene quedara más cerca de mí; luego de un rato me conto que era bombero y que sabía hacer curaciones y dar primeros auxilios. Me subí la camisa y le mostré que me había dejado adolorida la espalda con uno de sus golpes. Se volvió a disculpar y me toco la espalda, y me sugirió que me acostara para masajearme la zona adolorida. Entendí que esto era muy gay pero lo deje seguir.

    Después de ponerme crema, me tocaba con suavidad pero a la vez con pasión, fuerza y calentura, tenía unas manos inmensas, peludas y duras y luego de 20 minutos sus manos ya amasaban mis nalgas y mi cuello y yo gemía de calentura. ¿te gusta eso? Me preguntaba. Metió sus manos debajo de mi calzoncillo y cinco minutos después me roza el agüero anal; para entonces yo gemía como una chica. De pronto sin decir nada, me toma de la mano y me lleva a su dormitorio, apenas pude sostener mis pantalones, mientras el tipo se desnuda. Un gran hombre me iba a comer. Sentí pánico, era la primera vez que estaba con un hombre pero estaba excitado.

    Se sentó en la orilla de la cama y me comenzó a tocar el culo, luego el ano, luego se puso mi pene en la boca, yo erecto me empezó a mamar. Luego cambiamos y me pidió que le besara su verga. Su pene era largo, muy ancho, cabezón, con venas muy prominentes y curvo, dos gigantescas y hermosas bolas le colgaban… tenía un cuerpo muy cuidado, musculoso.

    Me desnudó por completo y me dejé. Me besó la espalda, el cuello y mis nalgas, enseguida me pidió que me arrodillara y puso el pene en mi boca y se empezó a mover como follándome la boca. Su erección era perfecta. Yo gemía como nenita, su pene era exquisito, duro, suave y su olor a sexo era maravilloso. Sus venas hinchadas le daban un aire salvaje. Me puse de rodillas ante él y le hice una mamada exquisita, eterna, le mamé sus huevos y me pase la verga por mi rostro. Me metí entre sus piernas y le bese el hoyo anal, sentir ese sabor agridulce y el olor a sudor y suciedad anal, me dejó loco.

    Luego nos besamos, me abrazo y me sentí amado, excitado y muy querido, fue maravilloso. De un cajón del armario saco un calzón rojo de mujer y me pidió que me lo pusiera. Enseguida me ordeno que me acostara boca abajo en la cama, puso una almohada en mi abdomen y sentí que me besaba el trasero, lubricándome el ano con crema. Me excita besar y lamer a un hombre, me decía, y si es mariconcito mejor.

    Mi pene estaba que explotaba de calentura, era exquisito. Fue entonces que hizo a un lado la tela del calzón y comenzó a penetrarme. Fue rico, excitante, comprendí por qué a las mujeres les gusta el pene. Es maravilloso, me follo más de 20 minutos, me ordeno que me quejara («lloriquea, gime, pídeme más, como una niñita puta maricón, eres mi sissy y trátame de usted, pues soy tu amo»).

    Obedecí, diciéndole. “eso deme, démelo, tiene un rico pene mi señor, dame más, más adentro, soy suya, ordéneme, sométame, por favor soy su esclava, le dije sin gritar, con una voz femenina. Me sujetó el cuello y me pidió que fuera su puta. Si, amorcito le dije, soy su puta cuando quieras, soy suya, soy su esclava. Soy su maraca, su puta. Eyaculó en mi intestino con 8 disparos de semen y sentí su leche correr por mis piernas.

    Dormimos abrazados un rato. Volví a los 3 días, y esto se me convirtió en un vicio. Me abría la puerta desnudo y erecto y yo llegaba con el colaless rojo de encajes. Apenas entraba a su departamento me mamaba el pene, luego me pedía que yo se lo mamara. Como un animalito en cuatro patas me humillaba con su pene en mi boca, hasta llegar al dormitorio.

    Me hice experto en mamarle su cosa y beber su leche. Me fascina meter mi lengua en su ano, oler y besar sus axilas y cada uno de los dedos de sus pies ojalá con transpiración y dejarme penetrar todo el tiempo que él desee. Me cambió nombre y me llamó Nataly. Ahora estamos probando que él se viste de nena y yo lo penetro. También le cambié nombre, en la cama y penetrado la llamo Ingrid. Pero lo que más le gusta es culearme. Sigo casado, mi mujer no sabe nada, pero sospecha; ella tiene un amante joven y vivimos felices.

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  • En el club swinger

    En el club swinger

    Al final nos decidimos a ir. Lo habíamos conversado muchas veces en las noches de sexo y palabras pero todo siempre había quedado en la nada. Esa noche no lo planificamos. Fue casi sin pensarlo. Al entrar al club swinger vi a mi esposa algo temerosa y curiosa a la vez. Mientras que yo, temia que los celos me jugarán una mala pasada.

    Mi marido había hablado tanto del club. Creía que yo no tendría idea. Muchas amigas, de las más calladitas habían ido. Yo sabía como funcionaba. Pero dejé que el creyera que iba con más nervios de los que el disimulaba. Al entrar nos recibió Tania, una de las personas a cargo.

    Ella vestía, tal cual le había pedido, una ajustada y escotada solera roja que apenas le tapaba las nalgas, unas botas cortas y altas que manejaba como si fueran zancos y que resaltaba su figura de mujeron. Estaba muy hermosa y sexy

    Yo tomaba un trago dulce. Lo sorvia lento pues era de borrachera fácil. No quería tener náuseas. Esa noche no me iba sin al menos chupar una pija. Era lo mínimo para desquitar la entrada y para que luego la podrida mente de Andrés me diera un polvo que valiera “tanto sacrificio”. Decíamos siempre como broma: una mamada no se le niega a nadie.

    Pedimos dos tragos, quizás para tomar coraje, las luces eran tenues, se veían en los sillones varias parejas y en la barra varios hombres solos que ya se habían percatado de la belleza de mi mujer. Leticia, la cual se veía nerviosa y a la vez caliente solo de pensar en lo que nos depararia la noche.

    Yo no sabía si Eliana, una mujer que se me había acercado, con ese acento que calentaba todavía más, que su enorme culo de corazón que se sostenía por su pequeña cintura por debajo de sus gigantes senos caídos. Dudaba si le gustaban las chicas o prefería las parejas en intercambio. Pero menos sabía yo, de tocar mujeres, aunque con ella me resultó como si fuera cotidiano. Me sonrió y me preguntó que tenía mi trago. Ahí percibí que la trivial pregunta era su aprobación.

    La convide y le pedí a Andrés le comprará uno. Ella miró mis ojos bajando hasta mi escote. Nos presento a su pareja que era como un bastón para apoyar sus manos. Mi esposo no quitaba los ojos de su trasero. Yo me contenía para no parecer caliente con lo que creía podía acontecer. Propuse ir a eso con huecos que no conocía pero que entendí la función al entrar. En la pista, sólo iba a quedar como un regalo para las masivas tocadas de los cinco hombres que estaban en la barra. Las dos nos miramos con complicidad, ella con más experiencia: “Uruguayita linda” en España no solemos dar canilla libre de pajas más de dos minutos.

    No lo podía creer, Leticia ya había dejado atrás sus temores y ensayaba un sensual baile en el medio de dos hombres. Su cara parecía gozar de las miradas que se clavaban como dagas en su cuerpo contorneandose. Parecía abstraída de todo cuando otra mujer, una morocha hermosa de aspecto extranjero se le acerca y comienza a imitar sus movimientos.

    Bailaban las dos juntas pero no pegadas. De repente se dieron un beso en la boca que me calentó mucho he hizo volar mi imaginación hasta verlas juntas en una cama cada una besando apasionadamente el sexo de la otra.

    La gente se empezó a acercar y más de uno se tocaba y pajeaba mirando la escena lesbica que tanto nos excita a los hombres.

    Fuimos entrando en las cabinas de diez huecos. Yo no creía poder chupar tantas. Por suerte nuestras parejas habilitaron con un gesto a los cinco terceros. Nosotras, dentro, nos quitamos, yo el vestido y ella la blusa y el gigante brasiere. Entre besos y toqueteos fuimos compartiendo las paradas y las más tristonas, como una ensalada de frutas saborea da en un mismo plato.

    Y ahí estaba mi “tímida” esposa chupando como una profesional una pija grande y gruesa sin nombre. Se alternaban con la otra mujer y se intercambiaban, cómplices las cinco vergas, más la del compañero de la española y la mía, que salían de las mamparas. En un momento Leticia se acercó a mí y me dijo: ¡nunca pensé que me gustara tanto hacer esto, lo estoy disfrutando!

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  • Olfateando y examinando culos

    Olfateando y examinando culos

    Elena se despertó con el corazón latiendo fuerte, y gotas de sudor en su frente. El sueño había sido tan vívido, tan absurdamente erótico en su rareza, que aún sentía un cosquilleo en el bajo vientre.

    A sus treinta años, regresando a la universidad para terminar esa carrera que había dejado a medias, se sentía como una intrusa entre los veinteañeros. Pero en el sueño, esa diferencia de edad se había convertido en algo más: un catalizador para una escena que rozaba lo humillante y lo excitante.

    En el sueño, estaba sentada en el aula, rodeada de unos veinte estudiantes, chicos y chicas con rostros frescos y cuerpos aún en plena juventud. La profesora, una mujer de unos cuarenta, elegante con su falda lápiz y blusa ajustada, explicaba algo sobre literatura moderna.

    De repente, el silencio se rompe.

    Un sonido inconfundible: un pedo largo y poderoso.

    Risas ahogadas estallaron aquí y allá, sonrisas cómplices se intercambiaron. Elena sintió una oleada de vergüenza ajena, pero la profesora no rio. Su rostro se endureció, los labios apretados en una línea seria.

    -Esto no es gracioso – dijo con voz firme.

    Salió un momento de clase y volvió con otro profesor, un hombre corpulento de barba gris, y juntos cerraron la puerta del aula. Colocaron un biombo improvisado en un rincón, dividiendo el espacio.

    -Todos en fila – ordenó la profesora.

    -Vamos a encontrar al culpable. Inspección rectal. Nombre y apellidos, y luego… ya sabéis

    Elena tragó saliva. ¿Era en serio? Los estudiantes se miraron, algunos con risitas nerviosas, otros con el rostro pálido. Pero nadie protestó; el sueño tenía esa lógica ilógica donde lo absurdo se aceptaba. Los chicos primero. El primero, un chico alto y delgado con pelo rubio, dio su nombre: “Alex Rivera”. Se bajó los pantalones y los calzoncillos, revelando un culo pálido y firme, con una ligera vellosidad en la raja. Se inclinó, separando las nalgas con manos temblorosas. Su expresión era de pura mortificación, los ojos cerrados, las mejillas rojas como tomates.

    La profesora se acercó por detrás, su nariz casi tocando el ano expuesto. Inspiró profundamente, el olor a piel limpia y un leve sudor masculino llenando sus fosas nasales. “Limpio”, murmuró, pero anotó algo al lado del nombre: “Aroma fresco, como jabón de limón”. Luego el profesor olfateó, su barba rozando la piel, haciendo que Alex se estremeciera. “Coincido”, dijo, y anotó “Sin rastro de flatulencia”.

    Sí, es un sueño, Elena estaba en la fila, esperando su turno, pero de alguna manera también era la profesora o al menos una espectadora que seguía todo en primera persona.

    La siguiente fue una chica, María, de diecinueve años, con falda corta. Su rostro era un mapa de vergüenza: cejas fruncidas, labios mordidos, ojos mirando al suelo. Se levantó la falda, bajó su tanga rosa, exponiendo un culo redondo y suave, con una raja depilada que brillaba bajo la luz fluorescente. Al inclinarse, sus nalgas temblaron ligeramente. La profesora olfateó: un olor femenino, mezcla de perfume floral y un toque de humedad natural. “Inocente”, dijo, pero Elena notó cómo la docente alargaba la inspección visual un segundo más, como si disfrutara el poder o quizás fuese un deseo de índole lésbica.

    María apretó los ojos, sintiendo el cosquilleo de la nariz cerca, una invasión íntima que la hacía sentir vulnerable y, extrañamente, excitada en su humillación. El profesor olfateó después, su aliento cálido causando un escalofrío. Anotaron: “Aroma dulce, como vainilla”.

    Otro chico, Pedro, con cuerpo atlético. Su culo era musculoso, nalgas firmes como rocas, con una raja profunda y vellosa. Su expresión era de desafío mezclado con vergüenza: mandíbula tensa, ojos entrecerrados como si intentara disociarse. Al olfatear, la profesora frunció el ceño; un olor más fuerte, a sudor de gimnasio y algo almizclado. “Posible”, murmuró, pero el profesor negó: “No es el culpable, pero huele a esfuerzo”. Pedro se enderezó con alivio, pero Elena vio cómo su pene semierecto asomaba, traicionando una excitación involuntaria por la exposición.

    Luego vino una chica con pantalones vaqueros, Laura. Desabrochó el grueso cinturón, bajó los jeans y las bragas, revelando un culo más voluptuoso, con celulitis ligera que lo hacía real y tentador. Su raja era jugosa, con un leve olor a tela húmeda. Su cara: lágrimas en los ojos, respiración agitada, una mezcla de terror y resignación. La profesora olfateó, la nariz tan cerca que rozó la piel, enviando un cosquilleo eléctrico. “Limpio, pero tentador”, anotó. Laura pensó en lo expuesta que se sentía, como si su secreto más íntimo estuviera al aire, y una fantasía fugaz cruzó su mente: ¿y si la tocaban?

    Finalmente, le tocó el turno a Elena, aunque realmente siempre había estado ahí, después de todo era su sueño, pero entonces, ¿por qué no controlaba nada?. Su corazón latía desbocado. Dio su nombre, bajó sus pantalones, exponiendo su culo contundente, temblón, con nalgas grandes y una raja profunda que invitaba a explorar. Pero antes de inclinarse, miró a la profesora: “¿Y quién nos dice que no has sido tú?”. La docente, sorprendida, asintió. Se subió la falda, bajó sus bragas, revelando un culo bonito y firme, con dos lunares gemelos en la nalga izquierda. Se inclinó, separando las nalgas. Elena se acercó, tragando saliva.

    El olor era limpio, a jabón y un toque de perfume, no a pedo. Inspiró profundo, el aroma femenino invadiéndola, excitándola. Luego el profesor se sometió, su culo velloso oliendo a colonia masculina. De nuevo la inconsistencia, ese hombre venía de otra clase, el no había sido y sin embargo, expuso su culo como uno más.

    Elena estaba perdida en pensamientos sobre el culo de la profesora –firme, invitador– y el de su compañero de profesión, cuando otro pedo sonó. Salieron de detrás del biombo con un chico de pelo rizado, desnudo de cintura para abajo, pene colgando flácido, cara roja de vergüenza. “¿Alguien tiene un cepillo?”, preguntó la profesora. Una alumna de cabello largo y ondulado se acercó y sacó uno marrón y ancho de su bolso, echando una mirada curiosa al pene del chico.

    La docente se sentó, colocó al culpable sobre sus rodillas y comenzó a azotarlo. El cepillo impactaba con chasquidos, el culo enrojeciendo rápidamente: rosa, rojo, morado. El chico gemía, su pene endureciéndose contra el muslo de ella, el riesgo de otro pedo en el aire, añadiendo tensión erótica. Todos miraban, algunos excitados por el poder, otros por la vulnerabilidad.

    Elena despertó. Jadeante. El aroma de un pedo fresco en el ambiente, un pedo real, el pedo en el sueño era real: acababa de tirarse uno en la cama. Su estreñimiento era un problema persistente, días sin ir al baño, hinchazón constante. “Basta”, pensó. Esa mañana tenía cita con el proctólogo. Se vistió con pantalones ajustados y una blusa, sintiendo la presión en su vientre.

    En la consulta, el doctor, un hombre de cincuenta con ojos amables, la escuchó. “Hábitos de evacuación: irregulares, dos o tres días sin ir. Molestias: hinchazón, gases”. Elena se sentía vulnerable al hablar de algo tan íntimo, pero también liberada. Fantaseaba con ser examinada, expuesta, como en el sueño.

    “Se tumbe boca arriba”, dijo él. Elena desabrochó los pantalones, bajó un poco las bragas, revelando su vientre plano pero hinchado y parte de su vagina, con pelos negros asomando de la mata sin depilar. El doctor se puso guantes, tocó su vientre, auscultando. “¿Duele aquí?”. Sus dedos eran firmes, profesionales, pero Elena imaginaba toques más íntimos, su mente volviendo al sueño. No dolía, pero el contacto la excitaba sutilmente.

    Luego, “Bájese pantalones y bragas, túmbese de lado, rodilla derecha al pecho, pierna izquierda estirada”. Elena obedeció, exponiendo su trasero contundente: nalgas grandes, temblonas al moverse, raja jugosa con un leve olor a su propio cuerpo. Esperó, el aire fresco acariciando su desnudez, sintiéndose vulnerable y viva. El doctor se acercó, su dedo enguantado previamente sumergido en vaselina, dibujando círculos alrededor de su ojete, enviando ondas de placer. “Relájese”, dijo, y luego “Tome aire”. Introdujo el dedo, explorando.

    Elena apretó involuntariamente, el dedo invadiendo su intimidad, segundos que parecieron minutos de sensaciones intensas: presión, exploración, un roce interno que la hizo jadear. Salió, y ella contrajo nalgas para no soltar aire, mortificada pero excitada.

    “Todo en orden”, dijo, dándole una innecesaria palmada en la nalga y acercando un rollo de papel de cocina. Elena se limpió, notando humedad no solo de gel, sino de su propia excitación. Se vistió, el doctor prescribió laxantes. Al salir, corrió al baño. Se sentó en la taza, soltó un pedo largo, aliviada. Luego, impulsada por el sueño y el examen, llevó la mano a sus labios vaginales, frotando rápido. Otro pedo escapó, como aire de una colchoneta, intensificando el placer. Se corrió fuerte, fluidos empapando su mano. Se secó con papel higiénico, se lavó las manos y la cara y salió con las mejillas sonrojadas.

    El día transcurrió en la cafetería, sirviendo mesas en su uniforme: pantalones negros ajustados que acentuaban su culo temblón. Luchaba por mantener la concentración en su trabajo. Sentía ojos en ella, fantaseando con inspecciones como en el sueño. De vuelta a casa, pasó por la farmacia de guardia, compró el laxante: un tubo pequeño para enema.

    En casa, decidió llamar a su vecino, Carlos, un soltero de cuarenta, atractivo y solo. “Necesito ayuda con algo… personal”. Sabía que era inapropiado, pero su excitación del día la impulsaba; necesitaba sexo, liberación total.

    Carlos llegó, confundido pero intrigado. Elena explicó que tenía que ponerse un enema, viéndolo sonrojarse. La ayudó: ella en el baño, pantalones abajo, exponiendo su culo, en real, una vez más. Él insertó el tubo con cuidado, sus manos temblando cerca de su raja. Minutos después, en el baño de su casa, sin molestarse en echar el cierre, Elena evacuó, sonidos resonando, no importándole que él oyera; al contrario, la excitaba, como el pedo en el sueño. Se relajó profundamente. Uso el bidé para lavarse bien y se echó un poco de perfume en el cuello.

    Luego salió del baño. Salió en bragas, sin sujetador, pechos libres. Carlos esperaba. Elena se quitó las bragas frente a él, quedando desnuda: cuerpo curvilíneo, vientre plano, mata de vello, culo invitador. Él se desvistió, revelando un cuerpo firme, pene endureciéndose. La besó, sus labios calientes. Elena se pegó a la pared, nalgas aplastadas contra el gotelé que a buen seguro dejarían marcas. Una sensación más en un mar de sensaciones. Él se acercó, ella cogió su miembro, guiándolo. El la arrinconó, robándole su espacio y, pegándose a ella, le metió el pene en su vagina húmeda, embistiéndola contra la pared.

    Gimió, placer inundándola: el roce interno, el olor a sexo, sus fantasías del sueño mezclándose con la realidad. Carlos gruñía, manos en sus nalgas, apretando. Elena pensó en los culos olfateados, en la vulnerabilidad compartida, y se corrió de nuevo, apretando alrededor de él. Él la siguió, llenándola.

    Jadeantes, se miraron.

    Elena sonrió: el sueño había sido el catalizador, pero la realidad era mejor. Su estreñimiento resuelto, su deseo saciado… Por ahora.

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  • Mas que hermanos (1): La noche que cambió todo

    Mas que hermanos (1): La noche que cambió todo

    Escribo esta historia como una forma de desahogo, aunque antes de avanzar es necesario poner todo en contexto. Me llamo Jhonny, tengo 57 años y estoy casado con Laura, de 54. Somos padres de dos hijos: Leandro, de 28 años, recientemente casado y ya fuera de casa, y Rocío, de 25, que actualmente estudia en el extranjero. Con nosotros vive también Javier, mi mejor amigo, que tiene mí misma edad. Él es viudo y padre de un hijo de 28 años que, aunque no está casado, vive solo y se ha ganado la fama de ser un mujeriego empedernido.

    Conocí a Javier desde la infancia. Sus padres eran amigos de los míos, vivían cerca de nuestra casa y estudiábamos juntos. Prácticamente crecimos uno al lado del otro, y con el paso de los años nuestra relación se volvió tan estrecha que él terminó ocupando en mi vida el lugar de un hermano mayor.

    Ya habíamos terminado el colegio y nos preparábamos para ingresar a la universidad cuando ocurrió una tragedia que lo cambió todo: en un accidente de tránsito fallecieron los padres de Javier. Sus tíos le ofrecieron irse a vivir con ellos, pero mis padres también le abrieron las puertas de nuestra casa. Javier decidió quedarse con nosotros, y esa decisión fortaleció aún más el vínculo que nos unía. Adaptamos mi habitación para colocar dos camas y así comenzó una convivencia sin barreras ni pudores: compartir el espacio nos hizo naturales el uno con el otro, incluso en nuestra vulnerabilidad cotidiana.

    A esa edad, Javier era muy popular con las mujeres. Tenía facilidad para conversar, era carismático y desde joven fue apasionado por el deporte. Yo, en cambio, era más tranquilo, aunque por su influencia también comencé a ejercitarme. Él estaba en excelente forma física, y mi padre solía entrenar con nosotros, comportándose como si tuviera dos hijos varones. Muchas veces acompañaba a Javier al gimnasio, y entre ellos se fue forjando una relación muy cercana.

    Hasta entonces, nuestra relación era limpia, fraterna, casi inquebrantable. Tan cercana que, en silencio, llegué a sentir celos de la complicidad entre Javier y mi padre. Nunca lo expresé; me decía a mí mismo que tal vez era su forma de llenar el vacío que habían dejado sus padres.

    Mientras Javier vivía rodeado de conquistas, yo llevaba una vida más serena. Ambos teníamos novias y, sin dudarlo demasiado, decidimos estudiar lo mismo: ingeniería civil. Yo había solicitado una beca para una universidad en España, pero los cupos se habían llenado y me pidieron volver a intentarlo al año siguiente. Así fue como, al menos por un tiempo, comencé mis estudios junto a Javier en la universidad de mi ciudad.

    Todo esto era necesario contarlo para entender cómo llegamos al punto en el que estamos hoy. Porque, aunque parezca increíble, todo cambió en una sola noche.

    La noche que lo cambió todo ocurrió mucho antes de lo que hoy podría parecer lógico. Fue en nuestra época universitaria, cuando aún éramos jóvenes, cuando la vida parecía un terreno amplio y sin demasiadas consecuencias.

    Esa noche habíamos salido a festejar con nuestros amigos. Nada extraordinario: risas, música fuerte, alcohol compartido y esa sensación de libertad que solo se tiene a los veinte años. Nuestras novias estaban fuera de la ciudad, visitando a sus familias, y la casa estaba completamente sola. Mis padres habían viajado a ver a mis abuelos maternos y se habían llevado a mi hermana con ellos. Por primera vez en mucho tiempo, Javier y yo teníamos la casa para nosotros.

    Al llegar a la casa, todavía traíamos la noche encima. Javier fue directo al equipo de música y, sin preguntar, puso una lista que conocíamos bien: canciones que habíamos escuchado cientos de veces, primero en fiestas, luego en reuniones más pequeñas, siempre como fondo de algo compartido. El volumen era alto, lo suficiente como para que la casa dejara de sentirse vacía.

    El calor, el alcohol y la confianza hicieron lo suyo. Nos quitamos la ropa casi por inercia, como tantas otras veces, hasta quedarnos en bóxer. No había nada nuevo en eso: habíamos crecido juntos, compartido habitación, visto al otro en situaciones mucho más vulnerables. O eso creíamos.

    Seguimos bebiendo, riendo, moviéndonos al ritmo de la música. En un momento, Javier se acercó y, con una sonrisa despreocupada, hizo lo que ya había hecho antes en otras ocasiones: me tomó de las manos y me sacó a bailar. Lo había hecho delante de amigos, incluso delante de nuestras novias, siempre como una broma, como una muestra más de su carácter extrovertido y provocador. Nunca había significado nada más.

    llevábamos apenas lo suficiente puesto como para que cada movimiento se sintiera más cercano, más real. Al principio reímos, como siempre. Giramos torpemente, exagerando los pasos, burlándonos de nosotros mismos. Pero poco a poco la risa se fue apagando. Sin darnos cuenta, la distancia entre nuestros cuerpos se redujo. Ya no era una broma. Ya no era un gesto para los demás. No había nadie mirando, nadie interpretando la escena como algo inofensivo.

    Sentí su mano firme en mi espalda, cerca de mis nalgas. Sentí el calor de su cuerpo demasiado cerca del mío. El baile se volvió lento, casi suspendido, como si la música hubiera pasado a un segundo plano, sentía su pene muy erecto en mi vientre, me sentía confundido y solo se me ocurrió preguntarle

    —¿Qué estamos haciendo? —alcancé a preguntar, más para escuchar mi propia voz que esperando una respuesta.

    —Nada —respondió con calma—. Solo divertirnos.

    Lo miré a los ojos buscando una señal, una risa que rompiera el momento, cualquier cosa que nos devolviera a la normalidad. Pero no la encontré.

    Cuando finalmente nos detuvimos, seguimos ahí, de pie, frente a frente, respirando el mismo aire. Y fue en ese silencio, mucho más elocuente que cualquier palabra, donde entendí que la noche había cruzado un límite invisible. Javier fue hasta el equipo de música y cambió el ritmo: los acordes conocidos dieron paso a un reguetón lento, envolvente, casi hipnótico. El ambiente se transformó de inmediato. Ya no había risas ni exageraciones; la casa parecía respirar al compás de la música.

    Yo me quedé de pie, inmóvil, sin saber muy bien qué hacer con mis manos ni con lo que sentía. Fue entonces cuando Javier volvió a acercarse. No dijo nada. Simplemente redujo la distancia entre nosotros y, como si fuera lo más natural del mundo, retomamos el baile

    Me tomó y me hizo girar con suavidad hasta quedar de espaldas a él. Sus manos me guiaron, primero con cuidado, luego con una firmeza que no dejaba lugar a dudas. El contacto se volvió continuo, deliberado. Mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensarlo; no me aparté, no protesté. Al contrario, me acomodé a ese ritmo compartido, aceptando lo que estaba ocurriendo.

    El baile se volvió lento y cargado. Cada movimiento era una confesión muda. Sentí cómo el deseo dejaba de ser una idea para volverse presencia, presión, respiración compartida. No había prisa, pero sí una claridad nueva, intensa, imposible de negar, no me di cuenta cuando se había quitado su bóxer, hasta que comenzó a bajarme el mío y sentir su pene sin nada que interrumpiera su contacto con mis nalgas.

    Sentía el pene de mi amigo erecto, duro, entre mis nalgas, mojándome con su pre-cum, cuando me volvió a girar, vi su cara llena de lujuria me llevo al sofá y me pidió que me colocara en 4 encima del sofa, sabia lo quería hacerme y no se aun porque no se lo impedi, aunque yo no estaba erecto si estaba excitado.

    Ya colocado como me quería me dijo:

    —Dios que culo tienes, Vas a ser mío

    No buscó condón. Usó saliva, primero en su mano, luego directamente sobre mí. El contacto me hizo estremecer. Cuando finalmente presionó con más fuerza, el dolor fue seco, paralizante, pero no se detuvo. Lo hizo lento, consciente, hasta penetrarme por completo. El dolor cedió poco a poco a una sensación desconocida, intensa, que me arrancó gemidos que la música no logró cubrir.

    Perdí noción del tiempo. Solo recuerdo su respiración, el ritmo que fue aumentando, el cuerpo respondiendo sin que yo lo reconociera como propio. Cuando me dijo el nombre de mi novia, algo se quebró del todo dentro de mí.

    —Dime Elena que soy tu macho, dímelo o dejo de cogerte

    Las palabras salieron solas, sin pensamiento.

    —Eres mi macho, Javi… cógeme más fuerte.

    El placer llegó de golpe, violento, inesperado. Me corrí sin siquiera estar erecto, manchando el sofá. Él gruñó, dio unas últimas embestidas y se vino dentro de mí. Lo sentí claramente.

    Se quedo quieto encima de mí, con nuestras respiraciones alteradas, hasta que su pene se salió solo, entonces sin decirme nada se fue, escuche cuando entró y salió del baño con rumbo a nuestra habitación, yo no había podido moverme…

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  • Le puse los cuernos a mi esposo con un joven de 21 años

    Le puse los cuernos a mi esposo con un joven de 21 años

    Yo tengo 36 años ya estoy casada pero confieso que le puse los cuernos a mi esposo con un joven de 21 años.

    Yo soy mexicana pero actualmente vivo en California, Estados Unidos, todo empezó cuando yo descargué una aplicación de citas en internet ya que pues mi esposo se la pasa trabajando todo el tiempo y pues la verdad me siento desatendida.

    Bueno la cosa es que un día hice match con un joven de 21 años y pues me cayó bien se me hizo guapo tenía buen cuerpo porque iba al gym y pues la verdad desde que miré sus fotos empecé a tener estos pensamientos ya que tenía tiempo de no tener sexo con mi esposo, los días pasaron yo hablé por mensaje con este joven le conté todo de mi matrimonio.

    Un día nuestras conversaciones subieron de tono me empezó a preguntar preguntas personales y claro de sexo también.

    Yo por fin le confesé lo que sentía por él, y bien por fin decidimos de tener un encuentro en mi casa cuando mi esposo estaba trabajando yo le dije que llegara temprano para pasar un buen rato.

    Llegó ese día mi esposo se fue a trabajar y como a las 2 horas llegó este joven yo me había puesto un vestido corto bastante provocador, lo invité a que pase adelante y platicamos un poco antes de coger, y bien él me empezó a acariciar las piernas suavemente y me encantó.

    Luego de eso nos dimos un beso apasionadamente y yo sentía que me mojaba, me empezó a abrazar por atrás y yo ya sentía que su verga empezaba a ponerse dura se sentía super rico, me acarició los pechos con sus brazos fuertes.

    Bueno luego yo le empecé a quitar la ropa a él y solo lo dejé en bóxer y le acaricié la verga por encima.

    Lo llevé a mi cuarto y me desnudé enfrente de él y le dije que se acostara y me subí encima de él haciendo movimientos suaves para sentir su verga por encima de su bóxer ya la tenía super dura.

    Por fin le bajé el bóxer y le empecé a chupar la verga y los huevos me encantó sentir ese pene joven.

    Luego él me dio un sexo oral súper caliente me comió toda la vagina y yo sólo gemía como zorra.

    Le dije que me la metiera en 4 así lo hizo y yo gemía como puta mientras me daba nalgadas y me acariciaba las tetas, cambiamos de posición y lo cabalgue por un buen rato sentí toda su verga y sus huevos.

    Me la metía fuerte me encantó aunque dolía yo ni siquiera me acordaba de mi esposo en ese momento.

    Cogimos bien rico por un buen rato me comió las tetas y todo hasta que me dijo que se quería venir y yo le dije que me acabara adentro quería sentir su semen en mi coño, y así fue me acabó adentro y yo gemí de placer.

    Luego nos cambiamos se dio un baño y se regresó a su casa así pasó ese día mi esposo regresó del trabajo y yo como si nada hubiera pasado.

    Actualmente estoy teniendo una aventura con ese joven a escondidas de mi esposo hasta ahora él no sospecha nada me siento bien zorra por hacer eso.

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  • Baños clausurados (3)

    Baños clausurados (3)

    Tadeo salió lo más rápido que pudo del baño, todavía con la cabeza dándole vueltas. ¿Cómo había sucedido todo tan rápido?. ¿Cómo había terminado teniendo sexo oral en el baño para discapacitados de la oficina, con la secretaria de la gerenta?

    Sin decir nada y con todo esto en la cabeza fue a su escritorio. Se sentó intentando disimular, sus compañeros de oficina (Ricardo y Carlos) ni levantaron la mirada de sus pantallas. Había un ambiente tenso entre ellos, se notaba. Abrió su laptop y se puso a mirar las planillas que ya tenía prontas.

    Yo por mi parte volví a mi salita de espera. Marta en su despacho encerrada desde la mañana, de hecho no la vi llegar. La gerenta era una mujer mayor, distante, siempre bien arreglada. Escotes largos y polleras o vestidos holgados, también largos. Pasaba y dejaba un aire de estilo y tensión sexual en el ambiente. Su vestimenta siempre daba la impresión que estaba por bajar a una playa privada de algún balneario lujoso de Europa. Tenía el pecho muy grande, no caídos pero tranquilamente podrías sostener algún objeto bajo su teta y las costillas. Algunos podrían pensar que eran operadas pero yo creo que no.

    Dado que yo no tengo mucha teta siempre se me va la mirada a sus pechos. ¿Qué se sentirá tener ese par de gomas? ¿Le costará mucho hacer ejercicio, correr?

    Por suerte no interactuamos mucho, ella pasa mucho tiempo en su despacho. Es entendible porque es una habitación muy grande, tiene una mesa con su computador portátil, un sofá de tres cuerpos y una tele enorme enfrente a él. Bajo la tele tiene una mesada con cajones y estantes. Decora además la estancia un mini bar con algunos vasos para agua con su jarra siempre llena y shots de tequila, le gusta mucho esa bebida. A veces recibe clientes o algún proveedor de la empresa, la botella de tequila hay que renovarla cada 15 o 20 días.

    Mientras pensaba cómo iba a seguir esto con Tadeo, se abre la puerta del despacho y me dice:

    -¿Emma cómo estás? (Sin esperar respuesta siguió) necesito hablar contigo a solas, ¿puedes entrar en mi despacho?

    Ella se quedó en la puerta, la espalda pegada al marco y tendió un brazo hacia adentro indicándome que entrara. Yo dubitativa me incorporo y al enfrentarme a esa situación no pude dejar de mirar su escote y noté dos cosas: iba a tener contacto físico con ella (decidí que fuera pecho con pecho) y lo otro sus pezones como los míos eran grandes y lo noté porque ella tampoco llevaba corpiño.

    Ese momento despertó en mí una electricidad que recorrió mi cuerpo rápidamente. No pude sostener su mirada y sus pechos se llevaron mis ojos. El vestido que llevaba era escotado con dos breteles finos sobre los hombros y holgado en las caderas, suelto. Ella era más alta que yo así que el roce fue pecho con pecho.

    Una vez dentro me quedé parada en el medio de la oficina no sabía si la reunión era breve o no, así que decidí no sentarme. Ella cerró la puerta y pasó al sofá, tomó el control remoto de la televisión enorme del despacho y lo accionó.

    En la pantalla se veía la imagen del baño para discapacitados de la oficina, era amplio podrían caber 4 personas cómodas. Lo peor era que la cámara enfocaba de frente el inodoro en el que yo estaba sentada con una pierna por encima de la abrazadera típica de esos lugares, con mis dos manos abría mi vagina para que la lengua de Tadeo llegara hasta lo más profundo de mi ser.

    Quedé totalmente sorprendida, no podía creer en la situación que estaba. Con los ojos tan grandes como los lentes, una mano en la boca abierta y las otra en el pecho, me di vuelta para intentar balbucear algo que nunca llegó a salir.

    Marta paró el video, se llevó un dedo a sus labios indicando silencio, se paró de forma sensual y se acercó a mí.

    -Emma… ¿a ti te interesa este trabajo? ¿Aquí se te trata bien y se te cuida?

    Quiero que mis empleados se sientan como en casa. No me parece que esa (señaló con el mando a la tele)… sea la mejor devolución.

    -¡Marta quiero pedirte disculpas por esto!

    ¡No sé con qué cara mirarte! ¡Qué vergüenza! Por favor te juro que es la primera vez que pasa, nunca antes pasó algo similar, ni remotamente…

    -¡Lo sé! Y los vengo siguiendo a ustedes dos desde hace unos meses, pensé que el primero en hacer una jugada iba a ser Tadeo… ¡pero tú! pequeña zorra, calentona no te pudiste aguantar y lo fuiste a buscar al baño.

    -No sé qué me pasa (esto lo dije con la cabeza gacha y mirando al piso) pero últimamente no paro de estar caliente y excitada todo el tiempo y sé que estuve muy mal, pero me dejé llevar, no era mi intención, tú sabes bien… (las palabras brotaban de mi boca sin sentido y sin poder frenarlas, hasta que me interrumpió).

    -¡Basta! No estoy enojada, pero esto no va a quedar así. Deberás pagar por tus actos y empezarás hoy. Tendrás algunas penitencias y tareas extras. Todo esto para mantener tu puesto aquí.

    -¡Gracias Marta no quiero perder el trabajo!

    -Lo primero es lograr que yo tenga lo mismo que tú.

    -¿Quieres que convenza a Tadeo para que esté contigo? No podía creer que me estuviera pidiendo esto.

    -No, hoy quiero tener un orgasmo como el tuyo y lo quiero ahora. Tú me lo vas a dar.

    Sus palabras no fueron con violencia, ni buscaban seducirme, simplemente estaban relatando lo que iba a suceder. Diciendo esto, soltó uno de sus breteles y lo dejó caer, luego soltó el otro y todo el vestido cayó al piso como si fuera un telón que descubría una obra de arte. Si figura como de escultura griega, mostraba una cintura fina, caderas apenas anchas y un pubis prominente y depilado, dejando solo un hilo de bello casi al ras que continuaba la línea muy marcada por unos labios gordos.

    Con las piernas cerradas no se juntaban las caras internas de los muslos a la altura de la vagina, eran tan gordos los labios y tan carnosa esa concha que era imposible que se juntaran. Otra obra de arte eran sus areolas marrones enormes incluso para aquellos pechos pero que acompañaban unos pezones carnosos, grandes y oscuros.

    Acomodándose en el sofá, aún con los zapatos de tacón puestos, levantó una pierna como lo había hecho yo en el baño con Tadeo y la apoyó en el posa brazos del sofá. Su vulva se abrió y pude ver cómo estaba totalmente empapada y dilatada. Sus labios eran gordos y carnosos pero no largos como los míos, no se separaban apenas de sus pliegues.

    -¿ya sabes lo que hacer o te tengo que explicar?

    En ese momento hice un click mental y me dejé llevar. Mi cabeza repetía, si lo tengo que hacer lo voy a disfrutar. Llevé mis manos a la espalda y corrí la pollera para poder bajar la cremallera y sacarla rápidamente. La dejé caer con la misma actitud que ella se liberó del vestido, no logré ni cerca el mismo resultado. Levanté la blusa y la saqué sin desabrochar por encima de los hombros. Así desnuda solo me quedaba la tanga y los mil lunares de mi cuerpo, la miré y le dije: haré lo que tú quieras pero también voy a disfrutar de esto.

    Me acerqué a ella y la besé con pasión y mucha lengua. Bajé lentamente a sus tetas que tanto me calentaban y las chupé con pasión, seguí bajando con muchos besos, hasta llegar a su concha.

    -estaba segura que sabías hacer esto. ¡Ahhh si seguí así! ¡Si me encanta!

    Sus labios gruesos estaban abiertos y estaba muy dilatada se podía ver el hueco sin dificultad y eso me excitaba mucho. Empecé a frotar su clítoris y este se endureció mucho, todo en su vulva era grande, labios, clítoris y vagina. Era una concha que invitaba a ser devorada.

    Decidí meter dos dedos en su concha para acariciar sus parte más húmeda e interna, quería sentir ese calor, provocar en ella que se mojara aún más y se dilatara.

    -No tengas piedad Emma, ¡mi concha quiere más! No te haces una idea lo que ha entrado por ahí.

    En ese momento corrió su cadera más al borde y levantó un poco su cola.

    -Es increíble lo grande y hermosa que es tu concha, te podría meter toda la mano. ¡No puedo más estoy toda mojada!

    Corrí mi tanga abrí mis labios grandes y largos y un hilo de baba goteo de ellos, pasé mi mano y mi puño derecho para lubricarlo con mi flujo. Estire mis dedos y poco a poco fui cerrando mis dedos y metiendo mi mano en su vulva. La excitación que me producía ver como se abría esa concha para que entrara mi mano era indescriptible sentía que estaba mojando todo el piso bajo mi concha.

    -¡eso preciosa! ¡Métela toda! Ahhh me encanta. ¡Siii!! Ahhh me encanta.

    Empecé a chuparle el clítoris y sentí como temblaba con mi puño dentro de ella. Ella me agarró fuerte el brazo empezó a empujar mi mano, metía y sacaba mi puño. Soltó mi mano después de marcarme el ritmo y tomó mi nuca y pegó mi boca a su pubis. Todo era fuerte y violento.

    -¡Cómeme! ¡Penetrame! Haceme mierda la concha, voy a acabar. ¡Sí que rico orgasmo Emma! ¡Seguí! Ahhh ¡Seguí! Quiero que no termine. ¡Ahhh!

    Sentí que me inundaba la boca. Me escupió la cara con su concha. No fue mucho como en el porno que había visto siempre pero sin dudas era el primer squirt que presenciaba y había terminado todo en mi boca. El sabor era igual que su flujo, algo dulce y ácido. Ese sabor que tanto deseaba tener en mi boca pero no era igual que el mío. No podía creer. Ardía de deseo y en el piso bajo mis labios había un charco de baba que lo demostraba.

    Saqué el puño lentamente, lo olí y me encantó, le pasé la lengua mientras la miraba a los ojos.

    Se incorporó y me tumbó en el sillón en su lugar, tomó mi puño y lo puso frente a nuestras bocas, lo lamimos y nos besamos con mucha lengua, me empujó contra el respaldo y escupió mis pequeñas tetas. Me pasó la lengua por un pezón, el mismo que había escupido, todos sus movimientos eran dominantes. Se acercó de nuevo a mí y me puso una teta suya en mi boca.

    -¡Chupa! Y déjala mojada que te la voy a refregar por esa concha colorada que tienes.

    Le chupe la teta enorme y su pezón quedó durísimo, bajó y lo empezó a frotar en mi pubis. Mi vagina empapada recibía esas caricias de su teta como un bálsamo. Lo estaba deseando hacía mucho rato, estaba tan excitada que una oleada de orgasmo recorrió mi cuerpo cuando ella tomó su teta y apoyó el pezón sobre mi clítoris, sabía lo que hacía.

    -¡Aahh me encanta! Frótame con tu pecho, haceme el amor con tu teta. ¡Me voy a ir! ¡Voy a acabar con eso!

    Y así fue como sus pechos me dieron mi primer orgasmo con ella. Más adelante le pediría muchas veces que lo hiciera de nuevo.

    Me pido que me arrodillara y me pusiera en cuatro patas apoyando mis manos en el respaldo del sofá. Lo hice y además separé mis piernas dejando mi conchita abierta y todo mi culo a su merced, la tanga que ya estaba toda estirada la corrió casi afuera de una de mis nalgas. Paso su lengua desde mis labios hasta mi ano. Una electricidad recorrió mi espalda y subió por mi estómago. Ya no podía más, cada contacto con mi clítoris provocaba un escalofrío en mi. Escupió mi cola y metió un dedo en mi culo sentí como me lo abría, ¡grité!

    Le pedí por favor que no siguiera que me dolía. Sacó su dedo despacio. No había entrado ni la mitad del dedo.

    Me di vuelta todavía con ganas de más, ella se separó de mí y fue hasta el armario debajo de la televisión. Abrió un cajón y sacó un dilatador anal, fino y corto. No era más largo que unos 10 o 12 cm pasando la mitad de ensanchaba apenas y volvía a afinarse.

    Me lo mostró y me dijo este será tu primer penitencia a partir de mañana en cuanto llegues entrarás aquí y me pedirás tu dilatador anal.

    Bajé la mirada y asentí.

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  • Las ideas de mi prima: El intercambio (1)

    Las ideas de mi prima: El intercambio (1)

    Ya en otro relato escribí sobre mi prima Audrey para los que desean tener más contexto les recomiendo entrar a mi perfil y buscar el relato “Mi prima cambió de lugar con una muñeca sexual”.

    Era una noche de domingo estaba con mi prima Audrey en un hotel luego de casi 2 horas de sexo duro y desenfrenado, rellenándole todos los agujeros hasta dejarla sexualmente satisfecha, estábamos cansados y agotados.

    Luego de un refrescante baño nos acostamos en la cama King a descansar, para matar el aburrimiento Audrey enciende la Tv Smart y busca una película para ver.

    Encuentra una con un nombre gracioso “sex and breakfast” en español Sexo y Desayuno.

    Audrey: Que te parece esta, no es gracioso el nombre.

    Yo: Audrey acabamos de tener sexo y quieres ver una película de sexo mezclado con desayuno sí que estas enferma.

    Audrey se echó a reír, puso play para ver la película.

    La película se trataba de 2 jóvenes parejas que enfrentan problemas en sus relaciones buscan los servicios de la terapeuta sexual quien promueve el valor terapéutico del intercambio de parejas y las orgías.

    Indica que un intercambio de parejas ayuda a fortalecer una relación, yo solo me eche a reír esa terapeuta seguro debe tener un gran historial de berenjenas en su pasado.

    Pero mi prima que tiene cabeza de pollo y cree todo lo que ve en películas se le ocurrió una genial idea.

    Audrey: ¿Oye y si ayudamos a parejas a mejorar en sus relaciones?

    La miro con cara de asombro

    Audrey: Si mira tengo amigas que tienen problemas para alcanzar el orgasmo, ya que sus parejas no saben cómo satisfacer a una mujer. Tú que eres un experto podrías ayudarlas a experimentar un orgasmo. Y yo podría enseñarles a los hombres técnicas que nos gustan a las mujeres para que las lleven al clímax y disfruten de sus encuentros sexuales. ¿Qué opinas?

    Yo: Que estás loca

    Audrey: Oye la vida nos dio un don y creo que debemos de ayudar a las personas para una vida mejor.

    Yo: Tú sí que ya quemaste, de tanto follarte ya te está afectando el cerebro. Sabes que vístete mañana tengo que levantarme temprano a trabajar, tengo que llevarte a tu casa y el camino es lejos.

    Todo el recorrido a su casa no paraba de hablarme para tratar de convérseme, no me dejaba manejar tranquilo que casi me hace provocar un accidente. A veces no entiendo a las mujeres por que crean tanto drama si lo que quiere es probar otras vergas adelante que lo haga yo no tengo que participar de eso. Además, no tenemos una relación solo es mi follaprima.

    Para que dejara de insistir y me dejara tranquilo acepte, al día siguiente me escribe por WhatsApp diciéndome que había encontrado un sitio web para parejas swinger y que había creado una cuenta con un perfil que decía lo siguiente:

    “Tienes problemas en tu relación de pareja, nosotros te podemos ayudar somos una pareja de novios de mente abierta, expertos en el arte del sexo que busca parejas con ganas de experimentar nuevas experiencias, salir de la rutina, todo con respeto, discreción, limpieza y protección para intercambio. Edades a partir de 18 años a más, que tengan iniciativa, interesados no duden en mandarnos un mensaje por el chat de la página los leeremos, solo se trata de disfrutar el momento, sin ningún compromiso, preferible de la capital del país o alrededores.”

    En el perfil aparecían fotos mías y de ella semidesnudos cuando fuimos a la playa, obvio con nuestros rostros tapados y una foto de mi miembro. ¿Cuándo Audrey le tomo foto a mi verga? Cuando le pedí una explicación ella ya no me volvió a escribir opto por el silencio, era una locura lo que estaba haciendo y yo un idiota por seguirle el juego, pero confiaba que nadie le escribiría o eso creía.

    Los siguientes días me conto que tenía la bandeja llena de mensajes de personas interesadas: parejas de la tercera edad, adultos mayores, parejas homosexuales que le ofrecían un cuarteto, mujeres viudas y divorciadas que llevaban tiempo sin ser folladas que les había gustado mi verga y le estaban proponiendo hacer un trio, incluso hubo una que le ofreció dinero para que yo me la follara cuando le dije que le pidiera que le mande una foto de ella no me gusto lo que vi, solo diré que era una mujer poco agraciada.

    Yo: Audrey tú estás loca si piensas que yo me voy follar eso, ni por todo el dinero del mundo lo haría.

    Las semanas pasaron hasta que un día recuerdo que fue un jueves Audrey me escribe diciéndome que creía haber encontrado la pareja ideal para el intercambio. Era una pareja de jóvenes enamorados su nombres eran Solange de 20 años y Jesús de 21 años. Habían visto nuestro perfil en el sitio web y eran lo que estaban buscando darle un giro a su relación.

    Le dije a Audrey que les dijera que sería bueno tener una cita en un café o restaurante para conocernos y llegar a acodar todo en buenos términos para así no tener problemas en el futuro, ellos aceptaron ya que también tenían la misma idea de una reunión primero. La cita se acordó un día sábado a las 16 pm en un local de Starbucks de una avenida principal que este cerca de hoteles y centros comerciales.

    Yo lo hacía más por seguridad ya que eran personas que no conocemos puede que sea estafa y no sean una pareja de jóvenes, al estar en un lugar público se tendría un poco más de tranquilidad, también les exigí si pudieran traer un examen médico de último mes para estar seguros si no poseen una enfermedad sexual ellos también nos exigieron lo mismo.

    Llego el día sábado fui a recoger a mi prima Audrey, en el camino me conto que se encontraba un poco nerviosa por esta nueva aventura que íbamos a tener. Yo solo le dije que ella fue la de la idea. Llegamos a lugar y busque un lugar donde estacionarme, bajamos del auto y entramos al Starbucks, buscamos una mesa donde sentarnos en una esquina al costado de una bella planta que daba vida al lugar. Le llego un mensaje indicándole que todavía se encontraban en camino que ya no tardaban en llegar, ordenamos unos capuchinos mientras esperábamos.

    Aproveche que Audrey estaba con un mini vestido y le ordene que se quitara las bragas y me las diera a guardar. Lo cual acepto quitándose las bragas y dándomela rodeados de personas que ni se percataban lo que ocurría a su alrededor, creo que eso era lo mas excitante.

    Luego de varios minutos y Audrey dándoles indicaciones en donde nos encontramos dentro del local, aparecieron y si eran jóvenes Jesús era un chico de piel mestiza clara de cabello castaño oscuro, ojos achinados delgado de unos 1.70 cm calculando y Solange era una chica de piel blanca de cabello rojizo con rizos, ojos azules verdoso, de contextura un poco gruesa sin llegar a ser gorda y de 1.65 cm de estatura si era un poco bajita, no era fea pero tampoco llegaba al nivel de mi prima Audrey que es un 10, le pongo un 7 si se le miraban cosas buenas como su juventud y sus medianos senos, si estaba follable así que decidí continuar me levante para saludarlos e invitarlos tomar asiento, se les veían nerviosos a ambos.

    Jesús no dejaba de mirar a mi prima Audrey estaba hechizado no podía creer lo que se estaba a punto de comer. Como nadie hablaba decidí tomar la iniciativa haciéndoles preguntas:

    Yo: ¿Cómo se conocieron?

    Solange: En la universidad, Jesús estudia economía y yo estoy en derecho.

    Audrey: ¿Todavía son estudiantes?

    Solange: Si ambos estamos en 5 ciclos en nuestras carreras ¿y ustedes?

    Audrey: Bueno aquí mi novio es Ingeniero de sistemas ya titulado y yo soy modelo, nos conocimos en una fiesta con amigos en común no cielo.

    Yo: Si corazón ¿es la primera que van a hacer esto?

    Solange: Si, no fue una decisión fácil la misma rutina llego a un punto de aburrimiento y nuestra relación ya no es la misma, así que dijimos porque no probar algo nuevo y vimos en esto del intercambio de pareja un modo de intentar revitalizar nuestras problemáticas relaciones sexuales.

    Luego de una breve charla para conocernos mejor, acordamos los términos para que no tengamos problemas en el futuro y hasta donde estaría permitido. Unos de los términos serian el uso de preservativo obligatorio para cada acto sexual que incluya penetración, estarían permitidos los juguetes sexuales al momento del coito para usarlo con la pareja, cada pareja tendría su propia habitación para mayor privacidad y lo que ocurriera adentro se quedaría ahí, por ningún motivo se podría interrumpir a la otra pareja hasta el final del acto sexual y saliera de la habitación. El tiempo establecido seria de 2 horas desde el momento que se entra a la habitación, no habría límites de polvos así que podíamos coger todo lo que queramos dentro de ese tiempo.

    Una vez llegado al acuerdo en los puntos nos dirigimos al hotel en el camino le pedí a Solange que me acompañara a una farmacia para la compra de preservativos, mientras que Audrey y Jesús fueron a un Oxxo para comprar cerveza y hielo. Hice eso para conocer mejor a Solange y saber que tan dispuesta estaba para realizar el acto y que Jesús con Audrey se conozcan mejor.

    Yo: Solange estas segura de hacerlo?

    Solange: Si claro

    Yo: Mira, una vez que entremos en la habitación serás mi mujer y voy a usarte hasta complacerme, serás mi sumisa y tendrás que obedecerme sino te castigare.

    Solange se comienza a sonrojar

    Solange: ¿Y cómo me castigaras?

    Yo: Te tenderé desnuda sobre la cama y con mi correa te azotare sobre tus nalgas.

    Solange: Ese castigo creo que me gustara – Sonríe

    A parte de condones compre gel lubricante la cara de asombro de Solange al ver el producto y saber que iba a ser usado en ella era indescriptible que me hizo dar una sonrisa.

    Luego nos encontramos con Audrey y Jesús dirigiéndonos ahora si al hotel, deje que Audrey y Jesús entraran primero, Jesús solicito una habitación clásica yo opte por una habitación estándar con vista a la ciudad y un pole dance.

    Agarre a Solange de la mano y nos dirigimos a la habitación, Audrey y Jesús hicieron lo mismo, una vez llegado a la puerta abrir con la llave y entramos, coloco seguro a la puerta y cierro con llave no quiero que nadie nos interrumpa, Solange me ve con una mirada nerviosa me aproximo a ella.

    Yo: Muy bien muñeca ahora eres solo mía y vas a complacerme. Como primera orden te quiero desnuda, quítate toda esa ropa.

    Solange comienza a quitarse cada prenda hasta quedar completamente desnuda ante mí, la volteo y me coloco detrás de ella con mis manos aprieto sus nalgas, Solange comienza a gemir me acerco a su oído y le dijo.

    Yo: Que rica estas perrita, tienes un cuerpo delicioso que me comeré serás mía.

    Comienzo a besarle el cuello Solange ya se encuentra excitada, bajo mi mano e introduzco mis dedos dentro de su vagina la cual ya se encuentra mojada. Como segunda orden lo ordene que fuera al pole dance que se encontraba frente a la cama y me bailara.

    Solange me dijo que no sabía bailar le indique que se moviera de manera sensual alrededor del tubo, coloque un playlist de música sensual del celular, Solange agarro el tubo con su manos y comenzó a bajar y a subir al ritmo de la melodía, moviendo sus caderas y nalgas de manera muy sexy que era un espectáculo, me comencé a desvestir y mi pene ya se encontraba erecto.

    Solange lo vio con sorpresa y me siguió bailando, me recosté en la cama viéndola bailar luego de unos minutos la llame con mis manos, como cuando llamas a una perrita. Se subió a la cama y le ordene que me diera sexo oral, ella agarra mi miembro con ambas manos y con su lengua comienza a lamer mi glande de manera muy suave. Me levanto un poco y con mis manos la agarro de la cabeza y le introduzco mi miembro por su boca llegando hasta su garganta, metiendo y sacando hasta que se comienza a atorar con mi miembro.

    Le ordeno que se voltee y coloque sus manos hacia atrás, saco unas esposas que tenía guardadas y se las coloco en las manos.

    Solange: Nunca había estado esposada.

    Le doy un par de nalgadas

    Solange: ¡Ay que rico!

    Me lanzo sobre ella y comienzo a devorarle los senos, esos senos redonditos y suaves. Se los chupos metiéndomelos a mi boca y succionándolos, Solange gemía de placer.

    Solange: Ya no soporto más, por favor penétrame

    La recuesto sobre la cama y coloco un pie sobre su nuca, abro el sobre de preservativo y me lo coloco, agarro una almohada y se lo pongo debajo de su vientre con el fin de alzar su culo. Me monto encima de ella, Solange visualiza el espejo que tenemos al frente de la cama comienzo a pasar mi pene por su vagina.

    Solange: Ya métemelo

    Comienzo a introducirme en ella penetrándola, mi miembro se abre camino sobre sus paredes vaginales hasta llegar al fondo e introducirse por completo, ahora estamos conectados.

    Le acaricio la cabeza jugando con su pelo, saco la mitad de mi miembro y se lo vuelvo a introducir comenzando así a follarla, sacaba hasta la mitad mi miembro y se volvía a meter aumentando poco a poco la intensidad.

    Solange se retorcía de placer, intentaba moverse pero las esposas en sus manos le impedían por lo que solo podía arrastrarse conmigo estando encima de ella follándola. Solange ahora gime más fuerte igual que los choques pélvicos. No aguanta más y comienza a correrse derramando su semen sobre mi, logro ver su rostro atravéz del espejo al momento del orgasmo lo que me hace venirme a mi también eyaculando en ese preciso momento.

    Caímos agotados y rendidos sobre la cama recuperando fuerzas, para el siguiente round.

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  • El tour Alison Beauregarde

    El tour Alison Beauregarde

    Cabello rubio y en corte bob, cara ovalada, piel clara, ojos marrones, cuerpo delgado y algo envidiable, ya saben: pechos, caderas y culo algo notables, pero sin sobrepasar lo natural. Estaba vestida con una casaca y pantalones deportivos, por debajo solo llevaba un top deportivo y zapatillas blanca. Estaba parada frente a una enorme puerta de metal oxidado y cómo no, aquella famosa fábrica de dulces se había ido a la quiebra hace mucho tiempo, desde el 2025 para ser exactos.

    -¿Qué demonios quieren que haga aquí?

    Hace semanas le llegó un email con una invitación para este lugar donde habría un “Gran Evento” como ponía en el mensaje, pero no había nadie, solo ella y esa enorme puerta. Había ido por simple curiosidad, además, en una posdata ponía: podrás comer todo el chocolate que quieras. A pesar de su dieta estricta, siempre se comía una barra a la semana y siempre de diferente sabor. Era su dulce favorito, así que esa posdata la convenció totalmente, igual vive sola desde hace meses con sus 20 años cumplidos y no tenía nada que hacer ese fin de semana. Jerry le había llamado para invitarla a una fiesta y ligar con ella, pero Alison se negó.

    Ahora estaba aquí, frente a esta puerta oxidada que, para su sorpresa, estaba abierta. Hizo esfuerzo en empujarla, hasta que pudo entrar, le sorprendía que nadie estuviera allí esperándola, usualmente en los eventos te recibían o algo parecido. Lo único que encontró fue una laptop que ponía “emitir mensaje”. Alison oprime el botón y un mensaje de voz femenino le dio la bienvenida a la Fábrica de las Maravillas.

    -Vaya, pensé que estaba sola.

    El mensaje solo fue esa bienvenida junto con un indicativo de ir hacia la puerta e ingresar al enorme edificio. Adentro todo era enorme, comenzó con un pasillo largo hasta una mediana puerta que se abre de par en par. Del otro lado encuentra un enorme valle artificial, pero Alison debía admitir que se veía muy natural. Caminó por veinte minutos hasta encontrarse con un rancho lleno de vacas que mugían sin parar. Ingresó con cuidado y allí encontró otra laptop con un mensaje que decía lo siguiente: para pasar al otro lado, ordeña una vaca, ten cuidado, su leche es radiactiva.

    -¿Cómo?

    Había una gran puerta, pero estaba cerrada, solo estaba el mensaje de “ordeña una vaca” en mayúscula. Alison mira hacia los animales que mugían, parecía estar sufriendo, pero a ella no le importaba. Con fastidio recoge un enorme balde, se alcanza una silla y poniéndose por debajo de las ubres de la vaca, comienza a ordeñarla. “Cómo sabrá la leche sin procesar” se pregunta mirando el balde lleno de leche extraído recientemente. Desde pequeña nunca tuvo la oportunidad de ver como se ordeñan a las vacas, pero ahora lo estaba haciendo y tenía la oportunidad de satisfacer su curiosidad, así que, tontamente, levanta la cubeta llena de leche, ignorando el mensaje anterior y bebe un poco, pero el peso de la misma le gana y la leche termina mojándola de cuello hacia abajo.

    -Mierda.

    Se oye un ruido de alarma y las vacas comienzan a mugir con furia. De algún lado, una voz robótica decía: “Aviso, aviso…

    -¿Qué demonios?

    Sale del corral, la puerta ya estaba abierta, pero sentía algo en su cuerpo y en especial, en sus pechos. Le dolían, sentía los pezones erectos y maternales.

    -¿Qué…?

    El top deportivo le estaba apretando, sentía que la iba a partir en dos. Se abrió la casaca y efectivamente…

    -Qué mierda…

    Sus pechos habían crecido y soltaban un líquido transparente. Se oía feo y se sentía doloroso, pero no podía pararlo. Sus pechos no dejaron de crecer hasta se los apretó y de ellos salieron leche. Se sintió muy bien, fue como masturbarse. Al otro lado de la puerta, se recostó, se levantó el top deportivo algo rasgado y comenzó a chuparse las tetas, absorbiendo la leche que producía. Tardó mucho en volver a componerse, con los senos un poco más relajados, pero sin volver a su tamaño normal.

    -Maldita leche.

    Tardó un poco en darse cuenta de que estaba: era un enorme laboratorio. En la salida había otra laptop.

    -¿Ahora qué querrán? me han hinchados los pechos…

    Aunque debía admitir que en parte le gustó, beber su propia leche. Avanzó hasta la laptop y escuchó el siguiente mensaje: debía conseguir tres llaves para abrir la puerta.

    -Vaya ¿qué es esto? ¿saw?

    Pero sabiendo que no se iría sin actuar, comenzó a buscar las llaves. Las dos primeras las encontró cerca a unos muebles, la último sí que fue la más difícil, ya que estaba ubicada dentro de una máquina de chicles.

    -Genial.

    Comenzó a rebuscar en sus bolsillos, pero no llevaba nada de monedas, pero luego de ver de nuevo la máquina se dio cuenta de que no había falta, solo giró la manija y una bolita salió, de color rojo. Lo probó y le supo a sopa de tomate. Giró de nuevo y sacó uno de color marrón que sabía a carne y por último sacó una de color azul que sabía a moras. Los sabores se mezclaban en su boca, estaba delicioso, pero antes de poder coger otro, notó algo extraño, algo en su barriga rugía y, sin darse cuenta, su nariz se estaba volviendo azul. Avanzó unos pasos y se recostó sobre una máquina que hacía burbujas.

    -¿Qué me pasa?

    Su barriga no dejaba de rugir, pero llegó un punto en que aquellos ruidos ya no le importaron, porque al mirar hacia abajo, vio su enorme barriga azul que estaba hinchándose, retrocedió torpemente tropezando con unos cables, cayendo de espaldas y viendo como era aplastada por su actual enorme estómago. Todo su cuerpo se inundaba de manchas azules que no dejaban de esparcirse, como un virus letal.

    -Qué mierda… ayuudaaa…

    Pero nadie podía socorrerla, estaba sola en esa fábrica abandonada. Su estómago no dejó de hincharse, se sentía caliente, a su casaca se le rompió el cierre y su top se rasgó rebelando sus enormes y abominables pechos, que volvieron a escupir leche junto con jugo de moras. Su culo también estaba inflándose, Alison sentía el jugo salir por su vagina irritada. Su pantalón también se rasgó y su trusa le apretaba, presionándole su clítoris con fuerza hasta que se rompió con un fuerte y doloroso sonido, Alison dejó escapar un gemido.

    Sus brazos y piernas se perdieron y sus mejillas se hincharon, hasta que ya no pudo gritar más. Su ropa se rasgó, su enorme barriga formaba todo su cuerpo, que ahora parecía un enorme globo. Sus pensamientos se difuminaban entre el pánico y el placer. Detrás de ella, alguien reía, era de nuevo aquella voz robótica que, desde un altavoz, expresó: Vaya Alison, eres otra víctima de las malas decisiones. Dos errores y estás fuera.

    “¿Qué? ¿de qué mierda me está hablando?” quería hablar, pero sus mejillas apretaban su rostro, sus labios estaban inflados. En todo su cuerpo el calor aumentaba, su vagina estaba irritada, así como sus pezones erectos, que no dejaban de chorrear un espeso líquido morado. Aunque, se sentía bien. En medio de esa habitación, sonó otra alarma y del techo aparecieron dos enormes manos robóticas muy similares a las de Mickey mouse. “No ¿qué van a hacerme?” quería gritar, pero su boca no respondía, sus pensamientos poco a poco se difuminaban y sin darse cuenta, su cabello rubio ahora se volvía de un verde pálido y al parecer, un tallo crecía de él. Su barriga rugió de nuevo, por un momento pensó que se iba a reventar.

    Su enorme cuerpo, jugoso y blando, fue llevado por un pasillo hasta un cuarto muy extraño muy similar a un quirófano. “¿Qué es esto?” ya no podía pensar, sus mejillas le aplastaban, sentía cosquilleos en su intimidad, sus pezones también le ardían y no dejaban de escupir jugo de moras. “Mi mente, mi cuerpo… no siento nada, solo este calor” sentía placer, todo su cuerpo pedía ser exprimido como el arándano que es ahora.

    Su redondo y jugoso cuerpo fue depositado sobre una especie de bandeja donde unas correas la sujetaron además de dos plataformas que le presionaban por los costados, como una aplanadora en esos videos de YouTube. Las plataformas la mantenían en su lugar, para que no se mueva. “Dios, mi cuerpo arde” estaba sudando gotas de jugo de arándano, nunca antes se había sentido así de bien. Entonces, luego de oír otro ruido, como el de una puerta automática abriéndose, sintió algo frío cerca de su trasero: algo grande, redondo y que la calentó más. “¿Qué es esta sensación? Se siente genial” pensó al momento de volver a sentir aquel tentáculo metálico y frío, pero que la calentaba. De pronto, sin previo aviso, aquel tentáculo acaricio su vagina.

    “Por dios, se siente tan bien, que no pare” y, como si la máquina leyera sus pensamientos, más tentáculos descendieron para acariciar con más fuerza sus labios vaginales, aunque en esta ocasión, expulsaron un pegajoso líquido que Alison no pudo identificar, pero le encantaba. “Me estás provocando. Vamos estúpida máquina, hazlo de una vez”. Entonces lo que deseó se hizo realidad, aquel enorme y frío tentáculo de metal se introdujo de lleno en su vagina apretada y mojada.

    Alison emitió un grito de placer casi mental, pero no se quedó ahí, sino que continuó entre gemidos que eran acompañados del jugo que salía expulsado de su boca. Del techo salieron más tentáculos que fueron hacia sus erectos pezones, chupándolos y su succionando todo el jugo como si fuera un bebé chupando la leche de su madre. Las máquinas hicieron lo suyo por un rato hasta que su estómago, que antes estaba hinchado, se encogía, así como sus pechos, caliente y jugosos. Sus pezones danzaban, expulsando todo el jugo al igual que su clítoris.

    Alison alcanzó a morderse los labios y sentir el dulce sabor de las moras. El tallo en su cabeza comenzó a deshojarse y su cabello volvía poco a poco a la normalidad.

    “Mmm, se siente bien… quiero más, más” y como si la máquina pudiese leer los pensamientos, los tentáculos se introdujeron con más brusquedad en su interior, provocándole más placer y que más de ese jugo saliese a la superficie.

    Las planchas a los costados comenzaron a apretarle, como un cálido abrazo, mientras los chupones seguían ordeñando hasta que no quedó nada. El cuerpo de Alison volvió a la normalidad, aunque el color de su piel no cambio para nada. Las correas se soltaron y Alison fue depositada en el piso con cuidado, aunque todavía no podía moverse debido al placer. La voz robótica de antes le informa: Gracias por usar nuestro último invento de placer, vuelva cuando quiera. Alison alcanzó a oírlo todo y si bien, ahora mismo estaba satisfecha, en los próximos días, mandaría mensajes desesperados al primer email para solicitar otro tour por la fábrica para obtener lo que quería.

    Al fin, a la tercera semana, le contestaron, le habían dado otro permiso. Alison, toda feliz y excitada, se puso una ropa sencilla antes de salir hacia la vieja fábrica. La puerta ya estaba abierta así que, sin miedo alguno, ingresó para probar más de ese chicle de moras.

    Semanas después, en las noticias salió el mensaje de que una tal Alison Beauregarde llevaba tres semanas desaparecida.

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  • Relatos en la casa rural (1 de 2)

    Relatos en la casa rural (1 de 2)

    La casa rural parecía jugar al escondite oculta tras árboles de hoja perenne.

    -Ha sido una buena idea venir aquí. -dijo Alba saliendo del coche, estirándose y tomando aire.

    La mañana era fresca y soleada. El campo se hallaba invadido por flores de muchos colores y un arroyo, no muy lejano, ponía banda sonora a un fin de semana lleno de promesas.

    -Sí, mola bastante. -replicó Marta apartando un mechón de cabello pelirrojo. Llevaba gafas, mascaba chile y tenía un buen culo.

    -¿Tú que opinas? -preguntó Rocío, de tez morena, mirada inteligente y cuerpo menudo, dirigiéndose al único hombre de aquella aventura.

    Marcos miró alrededor con sus ojos verdes y sonrió.

    -Bonito.

    Aprovecharon la mañana para pasear y a eso de la una volvieron a la casa y comieron dentro, ya que la temperatura había bajado bastantes grados.

    -Se nubla. -comentó Alba.

    Una hora después comenzó a llover.

    Suspendidos los planes al aire libres se sentaron en el salón. Marcos encendió la chimenea y Rocío sacó unas cervezas de la nevera.

    -¿Y ahora qué?

    -Pues ahora contamos historias de miedo. -dijo Rocío

    -¿Tú todavía no has salido del colegio o qué? -repuso Marta.

    -¿A ti que te apetece? -dijo Marcos preguntando a Alba.

    -A mi me apetece algo caliente.

    Los otros la miraron.

    -Me refiero a una taza de chocolate pandilla de…

    -¿Tú que dices Marcos? -intervino Marta.

    -Yo soy un hombre soltero rodeado de tres bellezas… siempre dispuesto.

    -Hace mucho frío para quitarse la ropa. -opinó Alba

    Siguieron hablando sin aterrizar durante unos minutos. Se propusieron juegos subidos de tono, canciones y otras cosas.

    -Y si contamos una historia corta.

    -Ya hemos dicho que fantasmas no.

    -Una historia sexual. -dijo Marcos.

    -Vale… y que tema elegimos… -salto Marta animada con la propuesta.

    -Si, porque si no decimos nada acabamos con algo romántico estilo Rocío.

    -Oye, que yo sé de donde vienen los niños… -repuso la aludida.

    -Veo que vamos a acabar con el rollo romántico de príncipes cabalgando…

    -Coño, quien pudiese cabalgar con un príncipe… -comentó Rocío dispuesta a demostrar que ella también podía ser transgresora.

    -Yo se montar

    Finalmente, entre risas, debates e insinuaciones que pondrían la cara roja a más de uno y una, optaron por contar, por turnos, una pequeña historia erótica con un componente fetichista. Se sorteó el orden, se dejó una hora, papel y lápiz para escribir y la primera en leer su obra fue Rocío.

    Mi relato va a ser corto. -comenzó. Su voz algo insegura.

    El relato de Rocío:

    “Laura miró el reloj de plástico que llevaba en la muñeca y apretó el paso.

    Llegaba tarde al trabajo.

    Su responsable, Pilar, la echó una mirada rápida cuando entró a la sala.

    -Pasa algo. -dijo la becaria.

    -La has cagado corazón. -contestó Manuel con su franqueza habitual.

    Manuel era atractivo y Laura notó como los nervios se agarraban a su estómago.

    Pilar explicó la situación, la próxima reunión con el cliente definiría si se salvaba o no el proyecto.

    -Yo, lo siento. -empezó a disculparse la chica.

    -Y si no ya sabes, al despacho del jefe, unos latigazos y todo arreglado. -comentó Manuel muy serio.

    Laura se puso colorada.

    Luego todo empezó a dar vueltas a su alrededor. Mareada, cayó al suelo.

    Despertó en un cuarto húmedo. Acurrucada en el suelo, con frío.

    Vestía un traje que originalmente debió ser blanco. Su cabello una maraña.

    -Ya es hora. -oyó decir mientras alguien agitaba unas llaves detrás de la puerta de madera.

    La puerta protestó al abrirse dejando pasar la luz de la mañana.

    Había mucha gente ahí fuera. Campesinos, hombres, mujeres…

    Una neblina flotaba en el ambiente.

    Un tipo rudo con el rostro lleno de arrugas la cogió del brazo y conduciéndola al lado de un árbol, ató sus muñecas haciendo un nudo con un cordel grueso ,lo pasó sobre una rama gruesa y tiró dejando a la chica con los brazos en alto, medio colgando, casi de puntillas.

    Luego arrancó el vestido descubriendo la parte superior de su cuerpo, las tetas al aire y la piel de la espalda expuesta.

    Su primera reacción fue de vergüenza absoluta, pero inmediatamente después, vio al hombre que llevaba el grueso látigo de cuero y el miedo lo invadió todo.

    Luego llegó el dolor del primer azote mordiendo su espalda.

    Gritó y comenzó a sollozar.

    El segundo latigazo dejó una marca roja en su piel. El escozor recorriendo todo su cuerpo como una corriente eléctrica desagradable.

    Se levantó viento.

    Y de repente, como en un sueño, apareció un caballero montando su caballo negro. Un hombre alto, apuesto y guapo. Ojos verdes, ropa limpia y la mirada de los que tienen el mundo a sus pies.

    -Deteneos y desatadla -dijo al tiempo que bajaba del rocín.

    Laura sintió alivio y, en cuando sus brazos quedaron libres, trató de cubrirse los pechos mientras permanecía con la cabeza agachada por respeto y vergüenza.

    -Venid conmigo. -dijo el recién llegado dirigiéndose a la casa.

    -Vivis en esta choza. -comentó echando un vistazo rápido al lugar.

    Laura negó con la cabeza.

    -¿No habitáis en esta morada? Hablad sin miedo.

    Laura miró al hermoso príncipe, tragó saliva y tratando de imitar su modo de hablar se disculpó y dijo que sí, que aquella era su habitación.

    El hombre estiró la mano.

    “Ahora me forzará.” Pensó

    De alguna manera la idea de que aquel apuesto galán se aprovechara de ella no la desagradaba lo más mínimo. Más bien al contrario, el calor subió a sus mejillas y el cosquilleo se instaló en su bajo vientre.

    El príncipe se contentó con observar su castigada espalda.

    Luego ordenó.

    -Tumbaos en el catre boca abajo.

    Obedeció.

    Con un paño caliente y algo que escocía limpio con ternura las heridas.

    Luego se sentó y él se sentó a su lado.

    -Sois muy hermosa -dijo mirándola a los ojos.

    -Y tenéis unos pezones aún más hermosos.

    Laura enrojeció y sin pensar lo que hacía, movida por el deseo, besó en los labios a aquel hombre de otro mundo.

    -¿Puedo? -preguntó el varón mirando los pechos de la chica.

    La muchacha asintió y las manos de aquel hombre se apropiaron de las mamas de manera deliciosa. Luego chupó los pezones con la boca, haciendo ruiditos juguetones.

    Luego… luego Laura se quitó la ropa. Toda la ropa.

    El príncipe se deleitó con el cuadro erótico que tenía ante sí, recorriendo con la vista cada parte de ese cuerpo creado para el placer.

    -¿La espalda? -preguntó

    -Que se joda. -respondió Laura olvidando la época.

    El príncipe la miró sin comprender durante un instante.

    Luego se desnudó.

    Sus cuerpos se unieron y comenzaron a cabalgar, jadeando, disfrutando del sexo. Fin”

    Alba aplaudió.

    -¿Y dónde está el fetichismo? -dijo Marta

    -En los azotes -respondió Marcos.

    -Magnífico relato Rocío. -comentó Alba

    -Esto se está calentando. ¿A quién le toca ahora? -intervino de nuevo Marta.

    -Creo que a ti por hablar.

    -Está bien, voy. Aunque… bueno, venga.

    “Mi relato es en primera persona, simplemente porque me es más sencillo escribir así. Pero esta tía no soy yo, aunque la llame Marta. Bueno, empiezo. Aquella tarde de sábado hacía calor, no ese calor insoportable que imposibilita hacer ejercicio al aire libre, pero si suficiente calor como para sudar haciendo ejercicio. No era mi mejor día, pero tenía que salir a correr. Correr era como una droga para mí, algo que me perseguía y me hacía sentir culpable. Así que, como tantos otros días, salí a correr.

    Cinco kilómetros pueden parecer pocos pero a buen ritmo son suficientes para hacer sudar. Aquella tarde no corrí bien, completé la distancia más por cabezonería que por otra cosa, pero eso sí, sude la camiseta y los calcetines y hasta las bragas. No sé que braguitas elegí, quizás unas dadas de sí, el caso es que al terminar la carrera había mucha tela en la ranura que separaba mis dos medias lunas. Aparte, la goma, con el tiempo, había perdido consistencia. Vamos, que las bragas tapaban medio culo. Eso sí, llevaba pantalones cortos de correr, que eso de trotar en pelotas no era lo mio.

    Miré la hora, era un poco tarde, pero llegaría antes que él a casa. Antes que el chico con el que había quedado. No era la primera vez, ya nos habíamos besado y hoy, si todo iba bien, quien sabe. Bueno, quien sabe no, estaba dispuesta a hacerlo aquel día.

    Caminé hasta casa con paso vivo y, a medio camino, viendo que no había nadie en la calle, me pare, ladee mi trasero y dejé escapar un sonoro pedo que me alivió bastante. Luego decidí correr hasta casa.

    -¿Qué haces aquí? -dije encontrando al chico en mi puerta.

    -Perdona, he llegado un poco pronto. Puedo esperar fuera.

    La idea de que esperase fuera era tentadora, pero lo suyo era que pasase.

    Ya en casa hablé de nuevo.

    -Salimos o nos quedamos. Voy a ducharme.

    -Espera, no me das un beso.

    -Estoy toda sudada. No… -comencé a decir.

    -Silencio… -dijo poniendo su dedo índice sobre mis labios.

    Su aroma, perfume de varón mezclado con olor a piel, se metió por mi nariz como un chute. Y antes de que me diera cuenta de que pasaba me beso en la boca.

    Al separar nuestros labios, pensé en mi olor y queriendo explicarme repetí de nuevo.

    -Estoy sudada, mi camiseta.

    -Te ayudo. -dijo sin más.

    Y ante mi sorpresa me quitó la camiseta, levantó mi brazo con suavidad y metiendo su nariz en mi sobaco aspiró ruidosamente.

    La sangre subió a mis mejillas y mi cara se llenó de rubor y calor.

    -Hueles muy bien… es tan adictivo. -dijo con voz sensual.

    Le miré a los ojos, le miré. De reojo noté como la delantera de sus pantalones se abultaba creando una tienda de campaña.

    Le quité la camisa, le bese el cuello.

    Él se entretuvo desenganchando mi sostén.

    Apreté mi cuerpo, mis pechos contra su pecho y aspiré su aroma.

    Después le quité los pantalones y el hizo lo propio con los míos.

    -Date la vuelta -dijo.

    Mis bragas estaban a medio camino. Note su mirada y una frase, que leí en algún sitio vino a mi memoria.

    “Hay algo hipnótico en esa línea de sombra que parte los glúteos, como si la espalda hubiera decidido volverse indecente de repente.”

    -Quiero olerte el culo y lo demás.

    Intenté protestar recordando el pedete que me había tirado. Seguro que olía seguro que… gemí violentamente. Gemí y arqueé la espalda al notar su nariz cerca de mi orificio anal. Y luego su lengua lamió mis nalgas y recorrió toda la hendidura que las separa.

    Mi sexo estaba mojado y yo solo quería que me poseyese, que me amase de manera salvaje.

    Y mis pensamientos se hicieron realidad.

    The end”

    El público tardó unos instantes en salir del mundo de lujuria en el que el relato de su compañera de aventuras les había sumido.

    Marcos respiró hondo notando que su miembro, tímidamente, despertaba de su letargo.

    Rocío suprimió las ganas de tocarse.

    Y Alba aplaudió genuinamente impresionada.

    -El nivel es demasiado alto. -reconoció esta última.

    Y cogiendo su escrito comenzó una nueva narración.

    Continuará.

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