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  • Mi “bautizo” y mi vida después

    Mi “bautizo” y mi vida después

    Era la segunda vez que iba a quedar con una ama. La primera vez no fue muy bien había quedado con una chica en su habitación pero se notaba que lo hacía sin ganas solo por el dinero, que no tenía ninguna vocación de ama.

    Esto sí tenía un cuerpo muy bonito. Esta vez había alquilado yo una habitación de las que se alquilan por horas en el centro de la ciudad, la había alquilado por dos horas así que nadie nos iba a meter prisa. Llegamos los dos casi a la vez y me gustó mucho lo que vi. Era una mujer latina de México una cara bonita y un cuerpo más bonito con la piel color chocolate y perfecta.

    Entramos en el edificio yo detrás de ella como tenía que ser y cuando entremos en la habitación nada más cerrar la puerta me preguntó: “¿cómo te atreves estar todavía de pie delante de mí?” Enseguida me arrodillé pero ella me ordenó a ponerme a cuatro patas. Pensé que iba a ser lo típico, que ahora me va a decir que le bese los pies pero no fue así.

    Ella se montó a mi espalda levantó sus pies del suelo para que yo llevara todo su peso y me ordenó que le diera unas vueltas por la habitación, menos mal que no pesaba mucho. Me había cogido de los pelos con una mano y así me indicaba hacia qué dirección tenía que ir, estuvimos así dando vueltas por la habitación unos dos minutos. Durante el trayecto me gané una bofetada por haber cogido la dirección equivocada.

    Cuando paramos, todavía sentada en mi espalda, se inclinó hacia adelante y me dijo al oído: “todavía no eres mi esclavo, no te he aceptado. Tienes que pasar primero por una prueba, un ritual, tengo que ver que de verdad deseas ser mi esclavo.” Qué ritual señora le pregunté sorprendido. “Te voy a bautizar” me dijo y se levantó de mi espalda, me ordenó quitarme toda la ropa y quedarme solo con los boxers.

    Me cabalgó de nuevo y me condujo al cuarto de baño. Se levantó y me ordenó poner mi cara pegada al suelo y ella se quitó las bragas y se colocó casi justo por encima de mi cabeza. Me pisó la cabeza para asegurarse que mi cara estaba totalmente pegada al suelo y unos segundos después empezó a mear encima de mí. Entonces me di cuenta que esto era mi “bautizo”.

    Su orina empapó todo mi pelo muy rápido y empezó a irse por el suelo. Entonces dejó de mear y me ordenó ponerme de nuevo de rodillas. Se colocó justo delante mía con su coño unos centímetros de mí y empezó a echarme su lluvia en la cara, algo que también duró unos pocos segundos. Cuando al final pude abrir los ojos la vi delante de mí mirándome.

    Sus ojos tenían un placer salvaje. Le gustaba verme delante de ella, arrodillado y humillado, empapado de su orina. Entonces me dijo con una voz muy autoritaria: “Ahora voy a mear en tu boca y tu tendrás que tragar toda la orina, solo así te voy a aceptar como esclavo. ¿Entendido?” Si mi ama, respondí. Entonces ella se acercó, puso su coño casi pegado en mi boca para que no saliese ni una gota y empezó a mear. Esta vez no duró unos pocos segundos sino muchos, no sé cuántos, quizás unos veinte. Lo tenía bien planeado, guardó la mayor parte de su orina para mi boca.

    Tragaba todo el rápido que podía, el choro era bastante fuerte, cada vez tragaba con más dificultad y el sabor se hacía cada vez más intenso en mi boca pero de ninguna manera quería no conseguir ser su esclavo. Cuando por fin terminó vaciando toda su orina en mi boca yo me quedé atontado, aturdido. Bien perrito, me dijo, lo has conseguido. Ahora eres mi esclavo, me perteneces. Lo has hecho muy bien, has tenido que tragar bastante más orina que los otros dos. Quizás te hago mi orinal personal. Y esto fue mi “bautizo”.

    Después de darme una buena ducha me dijo lo que tenía que esperar a partir de ahora. Me dijo que no era una ama sádica, sus sumisos los quería para su comodidad, su placer y para humillarles. Y la manera que más le gustaba para humillarles era lloverles encima, ¡mear en la boca de sus esclavos le provocaba una éxtasis que era casi como un orgasmo!

    Y cada encuentro con ella acabaría siempre con una meada en mi boca, lo mismo hacia con sus otros dos esclavos. Para ejercer su autoridad no usaba el dolor sino el cansancio físico hasta el agotamiento. También exigía disponibilidad horaria total, podría llamarme en cualquier hora, exceptuando las horas laborables para pedir lo que sea. Por eso buscó hombres que vivían solos y sin obligaciones familiares. Lo más habitual era llamar a uno de nosotros ir a su casa para comerle el coño.

    Desde aquel día han pasado tres meses. He tenido varios encuentros con ella en su casa la mayoría de los veces estaba solo con ella, 2 o 3 veces estuvimos 2 esclavos y una sola vez estuvimos los tres esclavos. En este encuentro a uno de nosotros le puso a cuatro patas y se sentó encima y los otros dos estuvimos arrodillados al suelo delante de ella adorando sus pies. Tenía unos pies preciosos eran como unos caramelitos que te invitaban lamerlos. Pasando el tiempo el esclavo que hacía de silla empezó a cansarse como es normal pero ella ni se inmuto.

    Cuando su esclavo empezó a llegar a sus límites le cogió de los pelos y empezó a tirarle muy fuerte gritándole que ni se le ocurriese caer al suelo, él llevaba a su ama y tenía prohibido caerse. Pero la gravedad siempre gana. En cuando se percató que su caída era inminente se levantó, le puso de rodillas y le dio unas buenas bofetadas. Enseguida ordenó al “compañero” que estaba a mi lado a hacer de silla. Entonces entendí su plan. Le encantaba vernos arrodillados adorando en sus pies y a la vez quería llevarnos al agotamiento.

    Estaba claro que disfrutaba viéndonos sufrir y llevándole en nuestras espaldas y sobre todo cuando estábamos agonizando de no caernos al suelo del agotamiento. Y la sesión se acabó como más le gustaba a ella, con los tres arrodillados delante de ella esperando a que nos diera de beber un chorro de su orina a cada uno. Otra costumbre que tenía con nosotros era cabalgarnos para moverse por su casa. Una vez me dijo que no tenía por qué andar mientras había un esclavo en casa. Y si, me hizo su orinal personal.

    Eso consistía en llamarme para ir a su casa solo para mear en mi boca y echarme. La primera vez que me llamó para eso nada mas entrar en su casa me puso de rodillas, colocó mi cabeza entre sus piernas, me esperaba sin bragas, se meo en mi boca y me dijo “ahora márchate y ya no te necesito más.” Cuando vio mi sorpresa y mis ojos que se habían abierto como platos me dio una bofetada muy fuerte y me dijo “deberías estar agradecido a tu ama parece que no estás consciente de la suerte que tienes de haberte elegido como su orinal.” Menos mal que no vivo lejos de su casa.

    Estas son algunas de mis experiencias con ella hasta ahora, he salido de la monotonía y estoy viviendo algo que hace muchos años quería vivir. No sé a dónde me va a conducir este camino pero por el momento estoy disfrutando.

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  • Venganza: El renacer de un nerd

    Venganza: El renacer de un nerd

    Cuanto daño te tienen que haber hecho, cuantas humillaciones tienes que haber pasado, cuando sufrimiento debes haber padecido, para que en tu corazón haya tanta oscuridad, para corromper a alguien bueno. Que ante la posibilidad de cambiar tu vida y dar un giro de 180 grados, el solo hecho de recibir poder y riquezas de una forma vasta tu primer pensamiento sea la venganza.

    Permítanme contarles y explicarles la situación, esta es la historia de Mariano, un joven de veinticinco años, de cara normal, un poco gordito y desaliñado, que ha tenido una vida sacrificada. Desde chico tuvo que salir a trabajar para ayudar a su madre, así que desde niño estudiaba y trabajaba, su madre su único familiar vivo era una mujer que había sido una chica que vino del campo a ciudad en busca de mejor vida, quedo embarazada de un mujeriego, que no quiso hacerse cargo del bebé, ella decidió criarlo sola, trabajando de sol a sol, pero una enfermedad la limito mucho por eso Mariano desde chico tuvo que trabajar y ayudar a su madre.

    El hizo de todo, desde limpieza, mozo, lava platos, hasta vendedor callejero, así y todo nunca abandono sus estudios y hasta consiguió una beca para la Universidad. Claro que algunos compañeros no vieron con buenos ojos que un chico de la limpieza estudiara con ellos y ensuciara su ambiente.

    Entre todos estos jóvenes de clase alta y pocos valores estaban dos chicas Vanesa y Carolina, dos primas, una tenia la edad de Mariano y la otra era dos años menor, estas era las principales promotoras del acoso a Mariano, iba desde arrebatarle la tarea hasta darle una golpiza, o tirarlo de la bicicleta empujándolo desde un auto. Con todo esto Mariano seguía adelante y con buenas notas, como extra ayudaba en el comedor de la Universidad con la limpieza y podía comer gratis, la mala alimentación, la falta de ejercicio y un adecuado descanso hicieron que ganara peso rápido.

    Así y todo Mariano agachaba la cabeza y seguía adelante, le faltaba poco para recibirse cuando lo llamaron como mozo para un cumpleaños, este pobre iluso pensó que era una buena oportunidad de hacer un dinero extra, pero era una trampa de sus compañeros, era el cumpleaños de Vanesa, y como bufón iba a estar Mariano, no solo fue humillado tirándole la bandeja con comida, sino que los amigos de las chicas lo obligaron a comer la comida del piso, pisándole la cabeza para que lo hiciera. Una vez terminado lo sacaron afuera al patio entre seis grandes muchachos y procedieron a golpearlo y después orinarlo, Andrés el novio de Carolina defeco y se limpio el culo con billetes que después lo tiraron sobre Mariano en forma de paga.

    Así y todo el logro recibirse, no así los otros que estaban más interesados en las fiestas que estudiar. Después de mucho esfuerzo y gracias a sus notas consiguió trabajo de administrativo, en el sector de ventas de una empresa local. En realidad lo explotaban le pagaban poco, trabajaba mucho, incluso le hacía todo el papeleo a los vendedores. Pero no se quejaba y seguía, cobraba un poco más y el trabajo era mejor visto que en la limpieza. Su madre volvió a recaer en la enfermedad, esto lo obligo a pedir un préstamo en la empresa, para afrontar los gastos médicos, por lo tanto más agarrado de los huevos lo tenían.

    En cuanto al sexo, solamente había tenido relaciones a los 18 años con una chica en una fiesta, la única vez que fue a una fiesta, sus compañeros lo obligaron a tomar y termino teniendo sexo con una desconocida, que no vio más en su vida, tampoco podria reconocerla. Pero tenia relaciones sexuales, era el juguete sexual de su casera, como Mariano se atrasaba con el alquiler su casera le dijo que lo usaría, y a su vez se lo alquilaba a sus amigas, todas mujeres de mas de cuarenta años y hasta sesenta que querían pasar la noche con un jovencito.

    En su trabajo había pedido varias veces un ascenso, ya que era quien prácticamente hacia todo el trabajo pesado, él quería que lo pasaran a vendedor, ahí podría cobrar un poco más y tener las comisiones por ventas, pero siempre su solicitud fue ignorada, hasta que pidió una cita con el Director de Ventas, su jefe.

    Director: Mira, te lo diré de forma frontal, nos sirves en donde estas ahora, eres nuestro burro de carga. Como vendedor no tienes la presencia, los contactos, ni la clase. Mientras yo este aquí tú harás siempre ese trabajo, sino te gusta paga lo que debes y lárgate, que mano de obra barata hay por montones. Ahora déjame en paz, y vuelve a trabajar.- Otra vez el clasismo.

    Eso nos trae a la actualidad, nuestro joven protagonista endeudado, con su madre enferma, en un trabajo de mierda, en un ambiente laboral de mierda, pero como dice la ley de Murphy, “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Un compañero le aviso que habían entrado dos bellezas a la empresa, que eran las hija del dueño y la otra la hija del director de Ventas, dos hermosas jóvenes que eran una bomba, una rubia con ojos celestes y un cuerpo de infarto y la otra morocha con la cara de niña y ojos color miel, un poco más delgada pero igual de hermosa.

    Se llaman Vanesa y Carolina, no podía ser una coincidencia, no podían ser las mismas, si bien el trabajo era malo no tenia los malos tratos de la Universidad, nadie lo golpeaba o humillaba, el tuvo miedo de volver al pasado, para él estaba mejor que hace un par de años, o menos peor, iba avanzando.

    El cruce con las primas fue inevitable, eran ellas, y no se habían olvidado de Mariano, una sonrisa burlona se asomo en su cara, parecía que disfrutaban de las cosas que le hacían al pobre. Por supuesto que ocuparon cargos jerárquicos, eran unas inútiles pero sus papas no iban a dejar que fueran sus retoños fueran simples empleadas, así que una fue al área de Marketing y la otra a Recursos Humanos. El primer crece no iba a tardar en suceder, fue cuando Mariano hacia trabajo extra cargando los datos de los vendedores, ósea haciendo el trabajo de otros, el estaba apurado para ir a ver a su madre al hospital, quería terminar cuanto antes, pero aparecieron las primas.

    Carolina: Mira este ya se ha olvidado de nosotras, se ha olvidado que es nuestro perro.- dijo esto mientras derramaba agua sobre el teclado de la computadora.

    Vanesa: Mira lo que has hecho inútil, has roto algo de la empresa, ahora te tendrás que quedar a terminar el trabajo y te descontaremos la computadora.

    El odio crecía en Mariano, quería asesinarlas, y que sufrieran, quería lastimarlas, era un volcán a punto de hacer erupción, sentía el fuego por dentro, los años de maltrato, pero se contuvo, necesitaba el trabajo, necesitaba salvar a su madre que era lo único que tenia en este mundo.

    Mariano: Por favor, no pueden hacerme esto, necesito el dinero, mi madre esta enferma.

    Las mujeres se rieron de él, y lo miraban con desprecio.

    Vanesa: Somos tus dueñas, así que te tenemos en nuestras manos, tal vez te pidamos unos favores, perrito.

    Las mujeres se fueron, pero Mariano sentía una presión en el pecho y una angustia que lo embargaba. Tardo dos horas más en terminar el trabajo por culta de estas arpías. No pudo ir a ver a su madre por la hora, cuando llego a su casa, la casera Mónica pidió que la viera en su casa. No le quedaba otra. Se baño y se arreglo lo mejor que pudo con lo que tenia.

    Su casera era un ser despreciable, una gorda que tenia serios problemas con su limpieza intima, de grandes tetas que le llegaban hasta el ombligo de lo caídas que las tenia, se aprovechaba de que Mariano no podía pagar el alquiler y se lo cobraba con sexo, para ella como para sus amigas, en verdad Mónica había encontrado un negocio en esto y sacaba mucho más que el alquiler cobrándole a sus conocidas por Mariano.

    Mónica: Como andas bebote, tienes trabajo que hacer, tengo una amiga que tienes que visitar, es Elvira, parece que le caes bien.

    Desde que Mariano era un gigoló, porque es lo que era aunque solo lo hacia por el alquiler, había aprendido mucho de sexo y de escuchar a las mujeres, pero no a conquistar a una, para eso todavía estaba muy verde, y es que no tenía la oportunidad, ni el tiempo para salir con una chica, a parte su autoestima estaba por el piso.

    Dentro de todo Elvira era una mujer agradable y limpia, era la mejor de todas con las que se acostaba, y era la más linda, era viuda, madre de dos hijos que estaban en la facultad, y tenia una pequeña tienda de ropa, su pelo era castaño oscuro y sus ojo color almendra, tenia dos grandes tetas redondas, un poco de panza, casi imperceptible y un culo grande y redondo, tenia cuarenta y cinco años.

    Cuando llego a casa de Elvira esta ya había preparado la cena, como si fuera una cita, muchas mujeres necesitaban compartir un momento, era más que sexo, necesitaban alguien que las escuchará, y no las juzgará. Y después si, en confianza daban rienda suelta a sus bajos instintos, y estás mujeres maduras no le decían no a nada, eso era lo bueno, y una escuela para aprender.

    Elvira trajo dos copas con vino blanco, no le gustaba tomar al chico, pero en estas ocasiones complacía a las señoras, mientras estaban sentados en el sillón ella como quien no quiere la cosa con su dedo delineada su escote, se acomodaba los pechos, y cada vez que se reía apoyaba la mano en el muslo de él, muy cerca de su miembro. Se puede decir que ella era la única que despertaba excitación en Mariano, con alguna otra era tanta la repulsión qué debía tomar una pastilla de Viagra que le había dado Mónica para tal fin, pero Elvira era una mujer deseable, que en cada encuentro buscaba seducirlo, por eso él cuando el vino se acabó se abalanzo sobre la cuarentona, sus bocas se unieron en un beso fogoso, apretaba sus hermosas tetas.

    Elvira: toma, todas tuyas, que se lo que te gustan.

    Se bajo el vestido y una gran teta quedo descubierta, con una aureola marrón y un pezón de dos centímetros durísimo, ella evidentemente estaba caliente. Mariano no se hizo esperar, se abalanzo como recién nacido sobre esa ubre, pasando la lengua por todos las y deteniéndose en el pezón chupándolo, mientras la otra mano del joven ya se había metido bajo el vestido y frotaba el sexo por sobre las bragas, aunque estaba separado por una tela él podía sentir el calor y humedad que despedía ese sexo.

    Ya en la habitación ella lo sentó en la cama y bajo sus pantalones, le encantaba sentir ese pene grueso y venoso, le hacían olvidar los años de frustración sexual, la hacia sentir mujer, intentaba metérselo lo más posible en la boca, mientras que el se iba sacando la camisa, el la levanto y acostó en la cama, abrió sus piernas y retiro sus bragas, y empezó a comer su sexo.

    Era el único hombre que le había hecho sexo oral, su marido era el típico mete y saca y a dormir, dejándola la mayoría de las veces insatisfecha. Pero este joven tenia una víbora en la lengua, que iba de un lado para otro de su vulva, lamia de arriba a abajo, luego la penetraba con la lengua mientas abría al máximo sus piernas, para terminar atacando su clítoris, succionado hasta que le venia un orgasmo devastador.

    Elvira intentaba reponerse mientras veía como Mariano se colocaba un preservativo, tenia que recuperarse y aprovecharlo, era un lujo que se daba cada quince días, pagar por la compañía de este joven.

    Mariano se acercaba amenazando, con el pene como si fuera una estaca, ella miraba esa salchicha gorda, era perfecta, lástima que él tiene unos kilos demás, sino seria un buen partido para cualquier chica, pensó ella.

    Mariano tomo su pene y empezó a frotarlo sobre los labios mayores de Elvira, mientras apretaba una de sus tetas, cuando noto la suficiente humedad la penetro de una, ella siento lo gorda que era y como la llenaba dejando escapar un largo gemido. El también sintió un enorme placer, de todas las mujeres que atendía esa era la vagina más estrecha que conocía.

    El comenzó con el mete y saca que ya era fuerte, mientras una mano acariciaba el clítoris y la otra le abría a el ano, ella ya estaba camino al orgasmo, esa combinación era fatal para ella, y no tardo mucho y se dejo ir acabo fuertemente, mordiendo una almohadón para no gritar.

    El subió sus pies hasta sus hombros y puso un almohadón bajo su cola, ella sabia lo que venia, era algo desagradable cada vez que su marido se lo practico, sin embargo cuando este chico le pidió la cola no se la negó, y lo bien que hizo, por que a pesar de tener un miembro mucho más grande nunca le hizo daño, incluso lo disfrutaba mucho.

    Mariano puso la cabeza en la entrada de su ano y fue penetrándola de a poco, hasta que entró toda, y empezó a bombear él sabia como le gustaba a ella, duro y así lo hizo, ella tiraba la cabeza para atrás y gemía, mientras él seguía rompiendo su culo, los dos sentían una sensación muy placentera hasta que ambos explotaron casi al mismo tiempo en un gran orgasmo.

    Lo hicieron otra vez más, aunque más tranquilo.

    Ha quinientos kilometro de la ciudad de Mariano se desarrollaba otra escena. Un anciano caminaba por los pasillos de un hospital, el silencio del mismo era cortado por los pasos de este y golpe del bastón en él piso, la gente se apartaba al verlo. Ese hombre despedía una aura que helaba la sangre, alto sobre el metro ochenta y cinco, canoso, con una barba perfectamente delineada, unos ojos celestes que transmitían una frialdad única, vestido de negro con un traje a medida, zapatos relucientes y un bastón con empuñadura de oro, en su muñeca se vislumbraba un reloj Patek Philippe, atrás de él venia su sequito, dos guardaespaldas, su asistente personal, y una mujer que era su empleada de mayor confianza.

    Entro a la Unidad de terapia intensiva y en una sala VIP había una persona sobre una cama, conectada a un respirador, la enfermera y el medico que estaban ahí en el momento que entro se acercaron al hombre, y le dieron la terrible noticia, la persona internada estaba condenada. El anciano pidió que lo dejaran solo con su hijo, todos salieron menos la mujer que lo acompañaba. El único hijo del anciano estaba tendido en la cama, su único heredero, tenia cincuenta y dos años, y había tenido un accidente grave en su moto, el anciano renegaba de su hijo siempre había tenido el síndrome de Peter Pan o sea se negaba a envejecer, tomar responsabilidades y asumir su rol en la empresa de su padre.

    La persona convaleciente en la cama se saco su mascara de oxigeno y su padre se acerco.

    Eugenio: Papá tienes un nieto, se llama Mariano Días, todos los datos están en mi agenda.

    Eugenio falleció esa misma tarde, Roberto Gómez Acuña su padre visto la casa de su hijo muerto, tomo la agenda que le habían mencionado, en ella estaba la dirección y el nombre de Marino, también había una cárpete, en ellas estaban los pagos de la Universidad, Eugenio había pagado la Universidad de su hijo y lo había hecho pasar por una beca. Roberto miro detalladamente todo, extendió la información que tenia a Carmen su mano derecha. No había que decir nada ella sabia todo lo que tenia que hacer.

    El funeral fue multitudinario, cientos de personas se acercaron a darle el pésame a Roberto, no había más familiares que él. Políticos, policías, funcionarios, empresarios importantes, incluso se podía ver a varios miembros del crimen organizado, todos convivían en armonía y respeto, todo por una figura tan importante como Roberto que estaba en un momento difícil, la cola de gente ante el ataúd se movía lentamente, parado al lado velando a su hijo el anciano recibía las condolencias. Cientos de coronas de flores habían llegado, de todos los lugares del país, incluso desde el extranjero. El entierro fue más intimo, solamente diez personas estaban en él.

    Una vez pasado todo esto del funeral, Roberto se encontraba en una gran biblioteca de su mansión, Carmen se acerco al él con una carpeta en la mano, el anciano parecía mirar a la nada, con su vista perdida y un vaso de whisky Macallan.

    Carmen: Señor tenemos toda la información de su nieto, hace dos días dono sangre y sacamos una muestra para una prueba de ADN, la compatibilidad es de un 100%.- ella se quedo callada Roberto hizo seña con la mano para que siguiera hablando.- la verdad que esta mal, en una situación bastante compleja, y ha pasado muchas penurias.

    Roberto: Que irresponsabilidad la de mi hijo, pero también es mi culpa, debí educarlo mejor, lo quiero aquí, conmigo lo antes posible. – su voz rasposa sonó como una orden de cumplimiento inmediato.

    Mariano estaba en la cafetería del hospital, viendo la factura del mismo. Ya no sabía a quien pedirle más plata, su tarjeta estaba en rojo, ya tenía un préstamo de su trabajo. Hasta había contactado a un conocido para hacer tareas de limpieza en la noche, esto le dejaría solo tres horas para dormir, y así y todo no podría cubrir los cinco mil dólares mensuales del tratamiento de su madre. Había fantaseado con hacer algo ilegal para conseguir dinero, lo más recurrente tenían que ver con las primas, tal vez si las secuestraba y pedía rescate, o si las vendía a algún traficante de mujeres, total nada bueno se perdería si pasara algo. El seguía en su mundo con una tonta sonrisa, sin percatarse que era observado, desde hacia dos días un hombre lo seguía.

    Carmen: Puedo sentarme.

    Mariano alzo la vista y vio a Carmen, una mujer hermosa de veintiocho años, cabellos castaños, ojos verdes, y un cuerpo de escándalo que su traje muy elegante no podía disimular. Lo primero que pensó Mariano fue que era la abogada del hospital queriendo cobrarle.

    Mariano: SI, como no señorita.

    Carmen: Mariano Días, no es verdad.- este asintió con la cabeza, ella vio todas las facturas sobre la mesa.- Mariano yo soy Carmen Sesma, estoy aquí por orden de Roberto Gómez Acuña, tengo que llevarte ante él para hablar.

    Mariano: Si es por las facturas impagas del Hospital, no tengo la plata ahora, pero le juro que la conseguiré.- ella levanto la mano para cortar su discurso.

    Carmen: Tranquilo solamente te vengo a buscar para una reunión.

    Mariano: Pero yo no puedo ahora, tengo que ir a trabajar dentro de una hora.

    Carmen: Si pago la factura de tu madre tendrás tiempo para reunirte con mi jefe.

    Mariano: ¿Como? No entiendo.

    Carmen: Vamos, vamos a pagarlas.- tomo las facturas y se fueron al área administrativa del hospital.

    Mariano la siguió hasta el Área Administrativa, esta bella dama pidió la cuenta del tratamiento completo más el adicional para trasladarla al área VIP, la suma ascendía a cuarenta y dos mil dólares, esta paso una tarjeta gris grafito, y él pago se realizo ante la mirada de estupor del joven.

    Carmen: Bueno, solucionado este problema, ahora tengo tu atención, debes acompañarme, llama a tu trabajo y diles que no iras, por que esto te llevara todo el día.

    Mariano: Mire no tengo dinero para devolverle ahora, pero le juro que trabajare y le daré hasta el ultimo centavo.

    Carmen: No te preocupes no tienes que devolver nada. Vamos que nos esperan.

    Mariano llamo a su trabajo, por supuesto que no les gusto ni media que faltara, él solo podía faltar si estaba a punto de morir, cada vez más pensaba que eran unos esclavistas modernos, se dirigieron a la parking donde había un hombre que le resultaba familiar, lo había visto varias veces en el hospital en estos días. Subieron a un Mercedes Benz Clase G negro, este los llevo hasta el aeropuerto, Mariano no hablaba nada.

    Carmen: Tranquilo todo estará bien, se que piensas que es raro, pero no es nada ilegal y yo protegeré tu vida.

    Mariano: Es que venia pensando que no es normal que alguien se gaste el doble de mi sueldo anual solo para verme. Y esta la prueba de sangre del otro día, si mi madre no necesita sangre. No será que quieren uno de mis órganos, un viejo millonario necesita mi hígado.- Ambos rieron, su risa fue muy franca.

    Carmen: No, nadie te hará daño. Solamente vas a ver a un familiar tuyo, él te explicara todo.

    En el aeropuerto un Helicóptero H-160 los estaba esperando, al subirse Mariano vio el lujo del aparato, y se hundió en el asiento, era la primera vez que volaba, y lo iba a hacer con estilo. Iba cagado de las patas, pasada la media hora se relajo, solo un poco. Para que se le pasara más rápido empezó a hacerle charla a Carmen, esta respondía bien, sobre volar, a donde irían, o que es lo que hacia para este sujeto misterioso.

    Carmen: Este hombre esta retirado de los negocios y yo lo represento en todas sus empresas, digamos que soy su apoderada legal.

    Mariano: Vaya responsabilidad, debe confiar mucho en ti.

    Carmen: Cuando tenia doce años mi padre murió, Roberto me acogió como si fuera una hija, fue mi padrino, pago por mi techo, mi comida y mis estudios. Somos familia.

    Las palabras de Carmen reflejaban profunda admiración y respeto. Ella señalo con la cabeza hacia la ventanilla, al mirar Mariano vio una enorme mansión de estilo gótico, se veía bien mantenida, pero su color grisáceo daba un aspecto sombrío a todo aquello, el helicóptero se dirigió al jardín trasero donde había un Helipuerto, Mariano estaba asombrado con todo lo que veía, un hangar para el helicóptero, una cochera subterránea, los jardines perfectamente mantenidos.

    Entraron y adentro era más sorprendente que en el exterior, lo dirigieron a una gran biblioteca, había sillones muy cómodos y una gran mesa de nogal negro, un anciano al verlos se paro y dirigió hacia el joven, empezó tocando su cara, su pelo, hasta que lo abrazo. Unas lágrimas recorrían las mejillas del anciano en ver a su hijo en aquel joven.

    Roberto: Mariano déjame presentarme, soy Roberto, tu abuelo.

    Mariano se quedo sorprendido el anciano lo abrazo, se sentaron, Carmen trajo tres cafés y los sirvió y sentó con ellos. Roberto le explico todo lo pasado con su padre, incluso que se entero el día de su muerte de su existencia, estuvieron por más de dos horas hablando de todo. Mariano ahí delante de su abuelo y Carmen sintió algo que no sentía en mucho tiempo, tranquilidad y paz.

    Mariano: Abuelo, a que te dedicas, porque veo que te va bien.

    Roberto: Cuando era más chico que tú funde un pandilla, que con el paso de los años se convirtió en la organización criminal más grande del país, por treinta años fui el rey indiscutido del bajo mundo, hace veinte años hice un pacto de caballeros entre el gobierno y el resto de las familias, yo me alejaría de todo y mis negocios se volverían legales, esto evitaría una guerra inminente y me libraría de la cárcel, de paso cumpliría una promesa que hice a tu abuela antes de morir. Así que tú eres el heredero de una persona muy importante, con un poder vasto. ¿Que quieres hacer nieto?

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  • Juguete de ella, juguete de él (2): La orden

    Juguete de ella, juguete de él (2): La orden

    Erin creció en una casa donde el eco de las peleas nunca cesaba. Su padre acusaba a su madre de serle infiel, lanzando insultos y reproches que llenaban las paredes de resentimiento. Nunca hubo pruebas, pero la duda quedó grabada como una cicatriz en la memoria de Erin: ¿había sido verdad o solo celos enfermizos?

    Esa incertidumbre marcó su infancia. Veía a su madre guardar silencio, nunca confirmar ni negar, y a su padre marcharse para no volver, dejando a la familia dividida y sin sustento. Sin embargo, a pesar de su ausencia, en casa nunca faltó nada. La nevera siempre estaba llena, las cuentas se pagaban puntuales y su madre, impecable cada mañana, salía a “trabajar”. Erin nunca supo con certeza en qué. Algunos vecinos murmuraban que tenía un “amigo” que la ayudaba. Su madre lo negaba con una sonrisa cansada, pidiéndole que no escuchara chismes, que la gente hablaba por envidia. Pero aquella explicación no borraba las dudas: solo las disfrazaba de normalidad.

    Cuando llegó a la capital, Erin no era la mujer segura y desafiante que ahora se reflejaba en el espejo. Traía consigo la incertidumbre de su infancia y el miedo de repetir la historia de su madre. Buscaba estabilidad, alguien que le ofreciera la tranquilidad que siempre había deseado.

    Entonces apareció Zandro. Tenía una pequeña empresa que él mismo lideraba, y Erin vio en ese empuje la promesa de un gran futuro. Se sentía protegida a su lado, convencida de que ese hombre ambicioso podía darle todo lo que necesitaba. Con él creyó que su destino cambiaría.

    Se casaron en menos de dos años, y Erin dejó de trabajar, confiada en que su marido sostendría lo que habían construido. Pero pronto la ilusión se derrumbó: las deudas de la casa, la caída del negocio de Zandro y su nuevo empleo mal pagado les arrebataron la estabilidad.

    La situación la obligó a volver a trabajar, aunque no lo hizo pensando en rescatar las cuentas del hogar, sino para complacerse a sí misma. Erin quería sus propios lujos, sus caprichos, su espacio de libertad. Y poco a poco, el brillo que había visto en Zandro comenzó a apagarse en sus ojos.

    El regreso de Erin al mundo laboral no fue como lo había imaginado. Al principio lo vivió como una carga, una muestra del fracaso de Zandro. Pero pronto descubrió algo distinto: ese espacio la alejaba de las preocupaciones de la casa y la acercaba a nuevas tentaciones.

    Allí apareció Salvador, el hijo del dueño. Arrogante, seguro de sí mismo, acostumbrado a conseguir lo que quería sin esfuerzo. Cada nueva trabajadora era un juguete, un pasatiempo para alimentar su ego. Pero con Erin fue distinto: ella no solo aceptaba sus insinuaciones, sino que las seguía, provocando, empujando los límites.

    Al enterarse de que estaba casada, la atracción creció aún más. Nada le divertía tanto como corromper lo prohibido, y en Erin encontró no solo belleza, sino disposición.

    Zandro aún la amaba, eso Erin lo sabía, pero su afecto no bastaba. Ella quería más: complacer caprichos, vivir la intensidad que Salvador ofrecía, sentir el riesgo y la pasión que Zandro ya no podía darle.

    Al principio fueron miradas que fingía no notar, luego mensajes directos, imposibles de malinterpretar. Y pronto, de esas conversaciones furtivas, pasó sin retorno a convertirse en su amante.

    Ahora, convertida ella misma en “amante”, Erin podía comprender mejor a su madre. Pero lejos de sentir culpa, lo vivía con orgullo. Estaba consiguiendo lo que quería: placer, atención, la sensación de poder. Aunque, en el fondo, intuía que “amante” no era la palabra justa. Lo suyo con Salvador no era un simple romance secreto: era un juego de poder, de dominio y entrega. Él la tomaba, sí, pero también la moldeaba, la empujaba a descubrir una parte suya que había estado dormida.

    Y esa noche, frente al espejo del baño, Erin comprendió hasta dónde podía llegar esa entrega.

    El reflejo mostraba cada gesto, cada respiración contenida. Erin se miraba a sí misma, con el corazón latiendo rápido, mientras Salvador se acercaba por detrás. Sus manos grandes rozaban con firmeza sus caderas, subiendo lentamente hasta sus senos por encima del vestido. La piel de Erin se estremecía con cada contacto; un calor ardiente la recorría, anticipando lo que estaba por venir.

    Sus labios rozaban el cuello de Erin, dejando un rastro húmedo que la hacía inclinar la cabeza hacia atrás, incapaz de apartarse. El reflejo duplicaba la tensión: sus cuerpos se rozaban, sus miradas internas se encontraban a través del cristal, y el aire se llenaba de su respiración entrecortada.

    Con un movimiento firme, Salvador levantó la tela del vestido y apartó la delgada tanga de Erin. Hundió su polla en su húmeda concha sin previo aviso. Un jadeo ahogado escapó de sus labios; cada embestida la recorría de pies a cabeza, un vértigo de placer intenso que la hacía retorcerse y arqueársele el cuerpo contra él.

    El chapoteo de su polla dentro de su concha llenaba el baño, marcando un ritmo salvaje que combinaba con sus gemidos y el eco de los cuerpos contra el lavabo. La sensación la consumía por completo, mientras su respiración se aceleraba, cada movimiento de Salvador intensificando su placer.

    Un estremecimiento intenso la recorrió: su orgasmo la sacudió, piernas temblando y cuerpo arqueado, cada fibra de su ser vibrando al compás del contacto y del deseo. Salvador no disminuyó la fuerza; cada embestida hacía que su polla la llenara completamente, asegurando que sintiera cada ápice de su calor.

    Con voz grave y dominante, le susurró al oído:

    —Dímelo ahora. ¿A quién le perteneces?

    —T… tuya… —balbuceó Erin, la voz rota por los espasmos.

    —¡Fuerte, Erin!

    Respiró hondo, reuniendo fuerzas, y con un grito desgarrado respondió:

    —¡Soy tuya!

    El eco rebotó en las paredes, amplificando su confesión. Salvador gruñó, intenso, marcando su clímax mientras se vaciaba dentro de su concha, asegurando que ella sintiera hasta la última gota.

    Erin temblaba, con las piernas flojas, pero la sonrisa apenas contenida en su rostro mostraba satisfacción absoluta.

    Salvador se apartó despacio, respirando hondo, y soltó la orden seca que cerraba el encuentro:

    —Arréglate. Y no quiero que derrames ni una gota.

    Erin obedeció sin vacilar. La certeza de lo vivido, la intensidad compartida, la dejaba embriagada y segura de lo que acababa de suceder.

    Minutos después, Erin estaba sentada en el asiento del copiloto, todavía con la respiración alterada. Se acomodaba la falda con disimulo, como si el orden de su ropa pudiera borrar lo que acababa de suceder en el baño. Pero no podía ocultar la sensación que la acompañaba: su interior aún palpitaba con el calor espeso de Salvador, recordándole que lo llevaba dentro.

    Él conducía con una mano, relajado, como si no hubieran dejado atrás un encuentro frenético. Con la otra le acariciaba la pierna, subiendo lentamente hasta rozar la base de su muslo. Erin lo miró de reojo, sabiendo lo que venía.

    —Inclínate. —La orden sonó tranquila, pero irrefutable.

    Ella obedeció sin protestar, deslizándose hacia él, bajando el cierre de su pantalón con manos rápidas. Su boca lo envolvió de inmediato, saboreando la dureza que aún mantenía. Salvador soltó un suspiro satisfecho, manteniendo la vista al frente mientras ella se movía sobre él con un ritmo constante, profundo.

    —Trágatelo, y que no quede nada —dijo cuando estuvo cerca del final.

    Erin lo sintió estremecerse, y en segundos la llenó otra vez. Tragó con cuidado, mostrando la lengua húmeda para que él lo comprobara.

    —Buena chica. —Le acarició la mejilla sin apartar la mano del volante.

    Ella sonrió, orgullosa. No había culpa, no había duda: solo la sensación de estar exactamente donde quería estar.

    —Ahora ve a casa —añadió Salvador con calma, volviendo a subir el cierre de su pantalón—. Quiero que tu marido lo pruebe. Si cumples la tarea… tendrás tu recompensa.

    Erin se acomodó en el asiento, relamiéndose los labios. Su pecho subía y bajaba con una mezcla de excitación y triunfo. La orden no le pesaba: al contrario, le hacía sentir especial.

    Salvador detuvo el auto frente a la casa de Erin y esperó a que ella bajara. Erin lo hizo con pasos firmes, consciente de que él la observaba.

    Salvador no se marchó de inmediato. Se quedó estacionado en la esquina, observando cómo Erin caminaba con calma hasta la puerta de su casa. La vio entrar, cerrar detrás de sí, y solo entonces arrancó el auto, seguro de que Erin se encargaría de cumplir su “tarea”.

    Horas más tarde, ya en su departamento, el silencio fue interrumpido por la vibración del teléfono sobre la mesa. Salvador tomó el celular con calma, como quien espera un regalo.

    Era un video. Lo reprodujo brevemente, lo suficiente para confirmar lo que quería ver: Zandro, arrodillado entre las piernas de Erin, lamiéndola con entrega. El rostro confundido del marido, su boca brillando húmeda, el sexo de ella palpitando… todo estaba ahí, registrado para él.

    Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro. Tecleó despacio, disfrutando cada letra antes de enviar el mensaje:

    Salvador: “Bien hecho, Erin. Te has ganado un premio.”

    Se recostó en el sillón, whisky en mano, dejando que el calor del alcohol recorriera su garganta. La certeza lo invadía: ella había seguido sus órdenes, y con ello abría la puerta a algo más grande.

    Porque aquello no era el final. Apenas era el principio.

    El whisky se agitaba despacio en el vaso bajo, reflejando las luces tenues del departamento. Salvador bebió un sorbo largo, disfrutando el ardor en su garganta mientras en su mente repasaba la escena que acababa de ver.

    Zandro, el marido engañado, arrodillado entre las piernas de su esposa, saboreando lo que él había dejado dentro de ella. No había mejor símbolo de dominio que ese: otro hombre cumpliendo, sin saberlo, la orden de su rival.

    Salvador sonrió satisfecho. Erin había demostrado obediencia absoluta y, más aún, había abierto la puerta a un juego más interesante. No se conformaría con usarla como su juguete personal en baños o autos; aquello era apenas el inicio de lo que planeaba. Su mente ya imaginaba juegos más intensos, llevándolos a ambos mucho más allá de lo conocido.

    La idea lo excitaba: tomar lo que era de otro, convertirlo en parte de su diversión, moldearlo hasta hacerlo cómplice de su humillación. Y sabía que Erin estaba lista para dar ese paso; de hecho, ya lo había dado con ese video.

    Apoyó el vaso en la mesa y dejó que el silencio llenara la habitación.

    —Esto apenas comienza… —murmuró para sí, saboreando cada palabra.

    En su mente ya no se trataba solo de tener a Erin como amante. Ahora el premio sería mayor: hacer de esa pareja suya, bajo sus reglas, a su antojo.

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  • El sueño de un cambio en mi relación

    El sueño de un cambio en mi relación

    Hola a mis lectores.

    Quien ha leído mi relato anterior sabe mi relación con mi esposa y las ansias de un cambio en nuestras vidas amorosas, el tan anhelado trío, a pesar de la pasión candente de nuestras relaciones.

    En el día de ayer luego de estar ya acostado en cama como a las 11:39 de la noche, me puse a buscar y de la nada, me salió un sitio nopor, a lo que accedí a xxx y ahí me salieron algunos que otros videos y de una me puse a ver un video de una chica que le hacían masajes y todo terminaba en sexo y sexo y más sexo. Y sin darme cuenta ya mi esposa estaba a mi lado en cama y al darme cuenta ya ella no atendía el televisor de nuestra habitación.

    Con palabras claras y contundentes, le dije:

    Yo: Ya estás necesitada de un masaje así. A lo que me responde.

    Yar: Con un masaje así regreso a casa nueva y sin discutir un mes seguido.

    Yo: Pues vete y dale a ese cuerpo un masaje bien merecido.

    Yar: Malo que me acostumbre y dejé el sueldo cada mes en el masaje, jajaja.

    Y sin mediar palabras seguí viendo mis videos.

    Y de ahí uno otro y otro, todos muy sexys y locos, unos masajes deseos es de cualquiera con o sin estrés…

    Y al estar ya viendo varios videos hasta el final, ella me dice:

    Y no te pones bravo o molesto que yo vaya y me haga un masaje, porque yo realmente no quiero, quien desea tríos y esas cosas eres tú.

    Yo: La verdad que te amo y para nada me molestaría.

    Y terminando mis palabras casi sin poder terminar ella agarra mi mano la mete en su zona íntima y la desgraciada me dice mira como estoy, y la verdad estaba que era un río de fluidos con esos vídeos.

    Me agarró y me dio una mamada de digno de una diosa, seguidamente me puso su panocha en mi boca y me hizo mamarle un buen rato hasta que desenfrenadamente se vino en mi cara en mi boca con lujuria me decía así es como me van a dejar luego del masaje, pero nunca te voy a dejar porque eres mi primer hombre en mi vida y nadie me amara como tú.

    Seguimos cogiendo y dándole una penetración profunda como locos y ahí le decía, quieres otra en tu vida, me decía nooo, quiero la tuya y quiero probar otro rabo en mi vida que no sea el tuyo aunque tú seas el hombre que me gusta.

    Y aquello se tornó una locura de sexo corridas y fluidos en nuestra cama que terminó en una explosión de semen y sus jugos terminando con un grito de deseo de su parte.

    Nos besamos apasionadamente con ricos besos de lengua y deseos lujuriosos.

    Ya recobrando el aliento, me dice, la verdad me calenté mucho, pero que todo sea así una fiel y loca fantasía, pero acá en nuestras cuatro paredes y solo nosotros.

    Y ahí mismo luego de haber tenido un sexo de locos con gritos fluidos y dos squirt, que creo no mencioné… Se desvanecía mis más locas fantasías de hacer realidad un trío que después de esto pensé que había avanzado un gran paso en mi deseo, que también es de ella, pero no lo hace realidad.

    Saludos.

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  • Destinado a los cuernos (8)

    Destinado a los cuernos (8)

    La reacción de Cami era entendible, durante el sexo que le propusiera volverse a ver con él, le provocaba una gran excitación, pero tras pasar el calor del sexo, le cambiaba la cara, se ponía muy nerviosa, era evidente que le afectaba, por lo que procuraba no insistirle. Aun así, considero que fui excesivo en mis intentos, pues una de tantas noches me dijo que ya no quería tocar el tema, que por favor lo dejara.

    Debido a la experiencia y a los anteriores fracasos, decidí que quizás era lo mejor, continuar insistiendo solo me traería más problemas y al menos, me parecía que ya era momento de sentar cabeza juntos. Así pasamos a otras cosas, nos tomamos en serio la relación y comenzamos a hablar de boda, a nuestros conocidos no les daba buena espina la idea, pues nuestra relación a veces era muy turbulenta, pero aun así nos apoyaron, algunos planes se cerraban y como en toda ciudad pequeña, la noticia llegó a ciertas personas.

    Lau lo supo, me lo recrimino, insistió en que yo no estaba pensando las cosas, me decía que merecía algo mejor, que esa niña hoy podía estar bien y mañana podría desaparecer de repente, aún debido a la estima me tomaba la consideración de escucharla, pero la verdad no me importaba lo que pensara ella o cualquier otra persona, yo consideraba que el amor de mi vida era Cami y tan cerca de concretar nuestra relación en un matrimonio, no me iba a echar para atrás. Del lado de Cami, Javier también se enteró, por un amigo en común conmigo, pero mostró la madurez que le caracterizaba, no le guardaba rencor, pero tampoco le importaba si ella ya tenía una decisión tomada, lo mejor era hacerse a un lado y dejarla hacer su vida.

    Así la decisión parecía ya tomada, continuamos nuestra vida normal, bajamos la intensidad de las actividades, ella dejó de ir al gimnasio aunque me insistió al principio en ir juntos me era muy complicado por el tiempo, el trabajo nos ocupaba y a veces no nos veíamos por ratos, ella cambió de empleo y con ello, era el fin de verse con Javier, sin embargo, a ella no le parecía que yo siguiera trabajando ahí con Lau, pero ya estaba bien establecido y cambiarme me parecía impensable, le asegure que no pasaría nada más, ya estaba todo enterrado y nuestra relación era solo laboral. Esto último era la razón más común de nuestras discusiones, aunque tampoco es que fueran muy intensas, solo le incomodaba y me lo hacía saber, por lo demás nuestra relación parecía perfecta de nuevo.

    Lo único que no era perfecto8 era el sexo, ya no fantaseábamos ni jugábamos a nada, era solo sexo normal, aburrido y simple sexo normal, esto estaba complicando las cosas, había tensiones y los reclamos por lo de Lau poco a poco comenzaron a ser mas constantes, sabia que hacia falta algo más, al menos para sacar las tensiones de la relación. Así, un día hice trampa otra vez, puse la típica play list, pero me había encargado de meter aquella canción que le recordaba a Javier, fui lento, poco a poco la bese, la desnude y recorrí, la tocaba con cuidado, procurando disfrutar de cada parte de su cuerpo, aunque había dejado el gimnasio su cuerpo seguía tan perfecto, más aún de lo que ya era, ella estaba desesperada, quería sentir, pero yo sabía que debía retrasarlo, aún no llegaba el momento.

    Cuando lo sentí adecuado, la penetre, sobre el sillón de siempre, ella me cabalgaba, aceleraba su ritmo, yo sentía que terminaba, así que tome el control y lo lleve de nuevo a la lentitud, la besaba por el cuello, besaba sus pechos, chupaba sus pezones, la tenía a mil, hasta que por fin llegó. Esa canción comenzó a sonar, sentí su reacción a través del cuerpo, así que lo aposté todo, la continúe estimulando, el orgasmo estaba a punto, pero hice que lo contuviera, quería que explotara, y en ese verso que habla de esa relación entre un hombre mayor y una mujer menor, ella exploto, todo lo que tenía contenido, lo que le provocaba esa canción, sus espasmos se hicieron presentes y su orgasmo fue intenso, quizás aún más que antes, ella se vino con un grito increíble, a la vez que de su boca salía un “Siii, Javier”.

    Era mi oportunidad, no le di tregua, apenas terminó la recosté en la cama, la continué besando, recorrí su cuerpo con mis dedos e invadí su interior, ahí comenzó el juego:

    K: ¿en quién piensas?

    C: en ti

    K: no digas mentiras, ¿Cómo me llamaste antes?

    C: … (silencio)

    K: dímelo, quiero escuchar su nombre

    Ella seguía en silencio, pero comenzaba a respirar con mayor intensidad, proseguí con la estimulación y al verla casi llegar, me detuve. Me volví a colocar sobre ella, la penetré así sin condón, ella me intentó detener.

    C: ¿qué haces? sabes que aún no debemos hacerlo sin protección

    K: ¿que, acaso no puedo hacérselo así a mi futura esposa?

    C: no, hasta que estemos casados

    K: ósea que yo no puedo, pero él sí

    Sentí el espasmo de su interior.

    C: no eres como él, tú eres diferente Karin

    K: entonces, hoy no quiero ser Karin, hoy quiero ser él

    C: estás loco

    K: dímelo, llámame por su nombre

    De nuevo no dijo palabra alguna, pero continue estimulándola, le hable al oído, sobre lo que había hecho con él, lo mucho que había disfrutado del sexo, y que era algo que probablemente solo viviría con él, de nuevo sentí su orgasmo cerca.

    C: ¡que ricooo Karin!

    K: no soy Karin, ¿Cómo me llamo)

    C: …

    Aceleré el ritmo y ella en el punto de su orgasmo, insistí.

    K: ¿cómo me llamo?

    C: ¡Javieeer!

    De nuevo tuvo un orgasmo intenso, su cara era un poema, su cuerpo estaba hirviendo, la calentura había sido tal que estaba temblando, la deje que se calmara un poco, ella me miró con una cara de preocupación, casi de enojo.

    C: te dije que no quería volver a hablar de él

    K: no lo sé, parecías disfrutarlo

    C: no es que no lo disfrute, pero debe ser molesto para ti

    K: Claro que no, no me molesta

    C: eso dices, pero creo que en el fondo si te molesta, debe ser difícil decirme esas cosas solo para excitarme

    K: si lo disfrutas, yo no tengo problema en decírtelo

    C: pero es mejor que ya no me metas esas ideas en la cabeza

    K: ¿por qué?, tienes miedo de lo que siente tu cuerpo

    C: tengo miedo de no controlarlo

    K: ¿de no controlar tu deseo por Javier?

    C: cállate, no sabes lo que puedes provocar

    K: ¿y qué crees que quiero provocar?

    C: no sabes lo que quieres

    K: claro que se lo que quiero, quiere verte, deseo que tengas sexo con Javier

    C: no creo que quieras verlo, deja de jugar

    En ese momento, la volví a recostar y besar, le confesé todo tal cual, quería verla con él, deseaba que ella se volviera a acostar con Javier, le dije que todo era en serio, que no me importaban las consecuencias, que ella podía hacerlo cuándo y cómo quisiera, que podríamos casarnos y le permitiría que él fuera su amante si así lo deseaba. Ella al principio estuvo incrédula, pero conforme le confesaba todo, vio en mi mirada que estaba siendo sincero, se dio cuenta que podía tener las dos cosas, un esposo amoroso, que siempre estuviera con ella, saliera e hiciera las cosas que le gustaban, y, por otro lado, un hombre con el que disfrutaría del sexo sin compromiso, cuando tuviera esa necesidad.

    Se incorporó en la cama y me comenzó a masturbar para volver a ponerme duro,

    C: está bien, aceptó acostarme con Javier, pero solo por que me has insistido mucho, pero no debes arrepentirte

    K: no mi amor, es lo que más deseo

    C: pero no creo que Javier acepte que vengas conmigo, no creo que te quiera ahí mirándonos, no es tan abierto

    K: ¿entonces, cómo lo haríamos?

    C: le diré que nos veamos para platicar, no sabrá que estás enterado

    K: está bien, puedes ir sola con él

    Cami aceleró su ritmo y consiguió ponerme erguido nuevamente, entre cada cosa que nos decíamos nos dábamos besos, pero de esos besos dulces, de recién enamorados, era como si ponernos de acuerdo en cómo se acostaría con Javier fuera el plan más romántico que podíamos hacer.

    C: lo vere el viernes en la noche y te veré el sábado, en al mañana

    1. no te preocupes, quiero que lo disfrutes, tómalo con calma, es mejor que vayas el viernes y te quedes todo el sábado con él

    C: entonces, volvería el sábado en la noche a mi casa y te vería temprano el domingo, así me puedo balar antes

    K: no, ven el sábado en la noche a mi departamento, sin bañarte, quiero que vengas con su sudor, oliendo al sexo con él

    C: no puedo faltar a mi casa tanto, mis padres no me dejarían

    K: yo hablo con ellos, les diré que vamos a casa de mis padres el fin de semana

    C: ¿les vas a mentir? es verdad, ellos confían en ti, jaja

    K: ¿de qué te ríes?

    C: me da gracia, cualquier hombre les mentiría a los padres de su novia para pasar el fin de semana a solas con ella y tú lo vas a pedir que yo pase todo un fin de semana con Javier

    K: si lo pones así se oye mal

    C: la verdad si, pero me dice que en verdad quieres que me acueste con él, eso me gusta

    K: solo quiero que en verdad lo disfrutes

    C: tenlo por seguro, voy a disfrutar meterte los cuernos con Javier

    K: Te amooo

    C: yo también cornudooo

    Con esas palabas me vine, solo con su mano tuve una de las mejores corridas de mi vida, todo estaba planeado, en la semana le dijo que quería verlo para conversar algunas cosas, el acepto, aunque con algo de dificultad, durante la semana nos vimos y no tuvimos sexo, solo se dedicaba a masturbarme mientras me platicaba que habían hablado y como avanzaba su plan.

    Llegó el viernes, yo fui a su casa por ella, le dije a sus padres que iríamos a casa de los míos a visitarlos, les costó decirme que sí, pues si bien había confianza, pero se les hacía mucho tiempo, prácticamente hasta el domingo, me dijeron que porque no vernos el sábado temprano, les comenté que el viernes iríamos por unas cosas a una localidad cercana y se nos hacía más directo irnos desde ahí.

    Como curiosidad debo decirles que su familia ya conocía a Javier y no les gustaba nada que hubiera salido con su hija, les había visitado en alguna ocasión en su casa, pero solo la hermana mayor de Cami lo había visto afuera durante un evento donde acompañó a Cami, justamente este evento fue en esa localidad y ahí era donde vivía Javier. Su madre me preguntó, yo le dije que era una feria de pan artesanal.

    Madre de Cami: y que puede haber ahí que no consigan en otro lugar.

    1. es una feria de pan artesanal

    Hermana de Cami: es verdad, Cami y yo ya hemos ido.

    Madre: ¿¡así!? ¿Y en verdad son muy buenos?

    K: no lo sé, es la primera vez que iré

    Hermana: pues te los recomiendo, ¿verdad Cami?

    C: si, hay muchos panaderos, pero vamos en especial por uno

    Hermana: ah si y es muy bueno

    C: si, hace muy buenos cuernos ¿verdad Karin?

    K: no lo sé, justo voy a probarlos

    Nos reímos juntos, con total picardía habíamos pedido permiso para ir por unos cuernos, aunque admito que a su hermana no pareció darle gracia, como que algo no le gusto de nuestro comentario. Finalmente nos dejaron ir, tal cual acordamos la acompañé hasta cerca de la casa de Javier, nos dimos un beso muy apasionado y le pedí que lo disfrutara.

    Las horas pasaron y se reportó unas cuantas veces, el sábado por la mañana no llegó ningún mensaje, fue hasta casi la noche, me decía que estaba bien, que no me preocupara, continúe esperando a que llegara el mensaje de que venía a mi departamento, pero nunca llego, paso todo el fin de semana y no vino, me aviso hasta el domingo en casa de sus padres que ya estaba con ellos y todo estaba bien. Me moleste y le recrimine que no había hecho lo pactado, pero no me contestó, así fue toda la semana, hasta que el sábado temprano me envió un mensaje para vernos, dude mucho en aceptar ir, pero la incertidumbre me comía, estaba enojado, pero quería saber qué había ocurrido.

    Fui a verla, la encontré y me dijo que fuéramos a un lugar más privado, ya en mi departamento, se desnudó rápidamente y me hizo lo mismo, me comió a besos, tenía unas ganas incontenibles, mientras teníamos sexo comenzó su relato, me platico lo ocurrido, había hablado con Javier, todo iba desacuerdo a su plan, pero al momento de dar el paso con él, Javier no correspondió, le dijo que él no era una persona con la que podía tener sexo casual, si quería algo con él debía ser formal, ella termino confesando que no podía ser porque aún salía conmigo, ¿él le dijo que era peor aun, debía elegir a uno u otro, no podía lastimar a alguno de los dos.

    Debido a la presión soltó todo, le dijo que teníamos un acuerdo y que yo sabía que ella pasaría la noche con él, él se decepcionó, dijo que éramos libres de vivir nuestra sexualidad, pero que él no era un juguete, le dijo:

    J: tu novio es un “pendejo” por compartirte, yo nunca podría verte con otro

    Cuando me dijo esto se vino intensamente, había saciado sus ganas, ahora venía el momento de la verdad, me dijo que necesitaba tiempo, una vez más me ponía este tema en la mesa, yo no acepté, de nuevo sabía porque lo hacía, tenía todo de mi parte, sabía que podía tener ambas cosas, solo debía mentirle a él. Pero ella no quería, me dijo que ni siquiera tuvieron sexo, solo paso el fin de semana con él platicando de muchas cosas, separarnos no era por sexo, sino que necesitaba replantearse lo que estaba haciendo.

    No discutí más, de nuevo fui firme, le di un ultimátum:

    K: Puedes hacer lo que quieras, tómate el tiempo que necesites, pero si dejas esta relación otra vez, lo más seguro es que cuando quieras volver, yo ya no voy a estar aquí

    Ella no contestó, agacha la cabeza apenada, pensativa, yo por otro lado, le pedí que saliera de mi departamento, así lo hizo, sin decirme nada más. Pasó la semana y no hubo mensajes, así pasaron otras semanas y al mes, envió un mensaje, yo ya no conteste, no la busque, dije que era el fin y así lo cumplí. Así terminó mi relación con Cami, de manera abrupta, sin preguntas y sin respuestas.

    Esa etapa de mi vida me dejó grandes experiencias, aunque tuve otras relaciones, las que tuve con Cami y Lau me marcaron de muchas maneras, el tiempo compartido, las experiencias, los lugares; Cami despertaba en mí una pasión desmedida; por otro lado, Lau me evocaba una gran calma.

    Tuve mucho tiempo para meditar lo sucedido, sin que hubiera una confesión de parte de ellas, le di muchas vueltas al asunto, repase cada uno de los momentos, las veces que estuvieron y aquellas donde desaparecieron, los pretextos que pusieron, las cosas que yo descubrí por mí mismo, me imaginaba los escenarios y llegaba a conclusiones, tras no tener ninguna duda lo asumí; Cami me había sido infiel con Fernando cuando estábamos saliendo; Lau se había escapado aquella noche con don Pedro y tuvieron sexo mientras sus padres creían que estaba conmigo; Cami no había podido superar su relación con Javier, nunca supe hasta donde llegaron y si aun en el tiempo en que salimos se siguieron viendo.

    Tras recrear esto en mi mente una y otra vez, me estimulaba, se me hizo un vicio y acepte que me gustaban los cuernos, me gustaba que mis parejas me fueran infieles, yo mismo se los había pedido y les di la oportunidad de hacerlo, supe que los hombres mayores tenían algo (yo lo llamo testosterona) que era muy atrayente en las mujeres, las dos parejas que mayor tiempo pase con ellas, habían estado con hombres así y no lo pudieron superar, no les agradaban, pero el sexo era algo que simplemente ellos hacían mejor.

    Pese a que era mi fantasía, hasta este punto no había sido espectador, todas las veces que ellas pudieron tener sexo con otro, fueron a mis espaldas, no estaba molesto con ellas por tener sexo con ellos, de hecho, me había gustado, estaba molesto por que no pude verlas haciéndolo. Así fue como esa obsesión se clavó en mi mente, el deseo de ver a mi pareja teniendo sexo con alguien mayor, la frustración por no haber podido llevar a cabo ese deseo, fue determinante para lo que pasaría años después.

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  • Las amistades ¿peligrosas? (2)

    Las amistades ¿peligrosas? (2)

    Afortunadamente, o no, para nosotros, si alguien de la otra lancha había visto algo, lo disfrutaron en silencio, porque no vimos a nadie en ella, ni mirando. Estaba lo suficientemente alejada como para no haber visto, pero tampoco tanto como para poder estar seguros de que no lo habían hecho. Pablo comentó que iba acercarse a mirar. Cuando nos aproximamos, a mercede de las olas y la corriente, que nos acerco silenciosamente, vimos en la popa de la lancha, una pareja tumbada, comiéndose a besos. Nos reímos de la situación, arrancamos y pusimos rumbo a la costa.

    Pasaron un par de semanas, y quedamos con Pablo y Belén varias veces, planeando nuestras primeras vacaciones juntos. En esos días no hubo sexo con ellos, y nunca se hablo nada de lo que había pasado el fin de semana, pero yo no podía quitármelo de la cabeza, había sido sin duda, mi mejor fantasía hecha realidad. Acordamos al fin destino y fecha. Nos iríamos a mediados de Julio al sur de Portugal a disfrutar del sol, la playa, la pesca, y quien sabe, si de algo más, yo al menos lo ansiaba, y en la última quedada, saque el tema, dado que nadie lo hacía

    -¿Vamos a hablar en algún momento de lo que hicimos en tu lancha, o qué? Dije

    -Menos mal, ya pensábamos que no lo dirías nunca, dijo Pablo riendo

    -Lo hemos hablado, y como no sacabas el tema, pensamos que no te había gustado después de todo, dijo Belén

    -Exacto, comento Lara, que venía de la cocina, lo hable con ellos y como ni a mí me comentaste nada, creí que no querías hablar ni saber nada del tema

    -Joder, yo pensé que, como en las pelis, ¡lo que pasa en el barco se queda en el barco! Dije

    Nos miramos los cuatro y rompimos a reír a carcajadas.

    Llegó la fecha de marchar, cargamos todo en la furgoneta Mercedes Vito que habíamos alquilado para marchar todos juntos, y partimos hacia el destino. El viaje fue muy ameno, entre conversaciones triviales, risas, y varias paradas para comer, beber y estirar las piernas, y casi 9 horas después, llegamos a Tavira, a una preciosa casa de vacaciones que teníamos reservada. Las vistas, a pie de costa, y la piscina en medio del jardín, intimo y cerrado, lejos de miradas indiscretas, presagiaban unas vacaciones difíciles de olvidar.

    Nos instalamos rápidamente para disfrutar a tope desde el primer momento. La casa la había reservado Belén, sin darnos ningún tipo de dato sobre ella. La primera sorpresa no tardó en llegar. Era tipo loft, sin ninguna división interior, salvo el baño, que era lo único aislado del resto del edificio. Salón, cocina y habitación, si, digo habitación, compartían un espacio único. La cama, de generosas dimensiones, por no decir enorme, debía tener unos 2,50 x 2,50, y la íbamos a compartir los 4 durante más de una semana.

    -¿Os gusta la sorpresa? Dijo Belén mientras comenzaba a desnudarse

    -Es una gran sorpresa, dijo Lara

    -No puedo estar mas de acuerdo, respondí

    -¡Esto promete! Afirmó Pablo, ya completamente desnudo y con su miembro bastante “despierto” ya

    Fuimos directos a la piscina. El sol apretaba bastante, y Pablo tomó la iniciativa, cogiendo el protector solar y echando un chorro sobre las tetas de mi mujer, completamente desnuda. Comenzó a extendérsela, sobándole descaradamente las mismas, sin ningún tipo de pudor ya, mientras decía:

    Vamos a proteger estas dulzuras, no vayan a quemarse el primer día, y a la vez dándome una indicación con la cabeza, para que yo hiciera lo propio con Belén.

    Tome el otro bote, y me dirigí a la hamaca en la que ya me esperaba, boca arriba, invitándome a ponerle la crema. Se la eché ávidamente por todo el cuerpo. Comencé por su vientre, subiendo a sus turgentes pechos, donde me entretuve un buen rato, jugueteando con sus pezones, después baje por sus piernas, hasta los pies, era bronceador en aceite, por lo que su piel brillaba al sol, muy sensual. Volví a subir, con las dos manos por la cara interna de sus muslos, y Belén, instintivamente, separo las piernas, dejando su húmedo sexo expuesto delante de mí. Iba a acercar mi cara a él, para comenzar a comérmelo, llevaba semanas deseándolo.

    Pude ver, antes de enterrarme entre sus piernas, como mi mujer, de rodillas, le hacía una mamada profunda a Pablo, que le sostenía la cabeza por el pelo, con fuerza. Acerque mi boca mas y con la lengua separé los labios de Belén. Jugueteé un poco con su clítoris, lamiendo y succionando, y dos dedos se perdieron dentro de ella mientras mi otra mano atrapaba una de aquellas esplendidas tetas, retorciendo y pellizcando el pezón. Belén me rodeó la cabeza con las piernas, y comenzó a jadear fuerte

    -Joder, joder, joder, si, si sigue, sigue ahh aaah me corro, me corro

    Y entre convulsiones, estalló en mi boca y cara, empapándome. Le había provocado un squirt, se ve que estaba a 100, porque no duró ni 5 minutos. Cuando me liberó, Pablo tenía a Lara a 4 patas sobre la hamaca, y se la estaba follando por el culo. La visión de mi mujer, con el culo en pompa, empalada por el mástil de mi amigo, ella, con la cara aplastada contra la tela de la hamaca, el cuerpo brillante por la crema y el sudor, Buuf, que visión.

    Pablo se aferraba a sus caderas, y la penetraba hasta el fondo, la sacaba lentamente hasta casi asomar su glande fuera, y otra vez hasta el fondo, la estaba volviendo loca de placer. Belén mientras, se arrodillo a chuparme la polla. Se la tragaba entera, sentía en mi punta, el roce con su garganta. Me aferré a su cabeza, con fuerza, y le follé la boca, muy profundo, dejándola dentro impidiéndole respirar con normalidad, lo que le provocaba ganas de toser y movimientos involuntarios de la garganta, que acentuaban mas mi excitación.

    La sacaba para que tomara aire, y otra vez hasta dentro, viendo como le follaban a la vez el culo a Lara. Quise metérsela a Belén también. Quería correrme dentro de ella. La coloqué y mi polla se deslizó en su coño, sola, sin apenas resistencia, estaba empapada. No me gustaba, yo también quería su culo. Le di la vuelta y con un poco de aceite solar, dilaté su esfínter, con un par de dedos, que se perdieron dentro sin mayor problema. Acerque mi polla a su entrada, y poco a poco se la fui metiendo sin resistencia. Mientras, Lara gritaba, fuera de si, embriagada de placer, mientras estrenaba su primer orgasmo en Portugal

    -¡Joder! Pablo, aaah, aaaah, Joder, si, si, cabron, me vas a romper el culo, siii, me corro, ¡me corro aaaaah!

    -¡¡Yo también, yo también!! ¡Aaahh!! ¡Toma mi leche en tu culo! ¡Aahhh!

    Comencé a bombear dentro del culo de Belén, con aquella escena delante de mí y no tarde ni dos minutos en correrme también, clavando mis dedos en aquellas deliciosas nalgas

    -¡Siii! ¡Siii! Humm ¡Siii! ¡Toma, toma, Aaaaag!

    Pablo y yo, descabalgamos casi al mismo tiempo, con las pollas aun soltando hilos de leche. Ayudé a Belén a incorporarse y fuimos donde ellos. Pablo ayudaba también a Lara, y las dos chicas se fundieron en un beso profundo, antes de arrodillarse frente a nosotros a chuparnos las pollas, medio flácidas ya, para acabar de limpiarlas. Mi mujer con la mía, y Belén con la de Pablo. Cuando consideraron que habían terminado, dejándonos a los 2 ya medio listos de nuevo, nos tomaron de la mano y nos fuimos a la piscina. El chapuzón fue agradecido por los 4.

    Después del reconfortante baño, y un poco de sol, entre tonteos y toqueteos entre todos, decidimos vestirnos e ir a dar una vuelta por los alrededores y cenar algo. El pueblo era precioso y encontramos una terraza que nos ofreció una preciosa puesta de sol, entre copas de Vinho Verde bien frio, y tapas varias de manjares de la zona.

    Durante la cena, hablamos de la relación que se había forjado, de cómo jamás hubiéramos pensado, al menos Lara y yo, terminar en una a cuatro bandas, y que sería bonito, plasmarlo de alguna manera permanente, como un Tattoo o algo similar, para que nunca nos olvidáramos, pasara lo que pasara en nuestras vidas. Brindamos por la ocurrencia de Lara, que me sorprendió que saliera de ella, y decidimos hablarlo al día siguiente con calma y decidir qué hacer. Pagamos y nos dirigimos a la casa. El día había sido largo, y estábamos cansados, y ahora, un poco “alegres” también, todo sea dicho

    Llegamos y comenzamos a desnudarnos para acostarnos, después de pasar por el baño, en este punto, habíamos perdido ya todo resquicio de pudor entre nosotros y estábamos muy cómodos desnudos. El aire acondicionado, hizo su efecto en los pezones de las mujeres, que se erguían desafiantes e insinuantes. Nos acostamos, ellas en el medio, juntas, y nosotros a los lados. Mientras yo jugueteaba con un pezón de Lara, viendo los e Belén, comenté cuanto me ponían los pezones atravesados por piercing, pero Lara jamás quiso hacerlo, por miedo al dolor.

    -Yo lo pensé alguna vez, dijo Belén, pero nunca me decidí. Si Lara me acompaña, nos los ponemos las dos

    -Buuf, me dan miedo las agujas, no llevo ni tattoos, ya ves, dijo Lara

    -Tampoco nunca pensaste en abrir la relación, y aquí estamos, dije yo

    -Eso es cierto, es tiempo de cambios, dijo Pablo, y pasando un poco por encima de Belén, le dio un morreo a mi mujer, mientras yo seguía aferrado a sus tetas, pellizcándole los pezones.

    Pablo se retiró y Belén ocupo su lugar, fundiéndose en un profundo beso con Lara, que no dejaba de contonearse de la excitación, rozando su culo contra mi polla, que ya estaba dura como una piedra. Una mano, creo que de Belén, me la atrapó y después de jugar con ella un poco me la dirigió hacia la húmeda rajita de mi mujer que me recibió cálidamente en su interior. Pablo ya había penetrado a Belén y pude ver como Lara, que seguía enganchada por la boca a ella, también le acariciaba el clítoris con una mano. Yo solté una de las tetas de Lara para coger la de Belén y Pablo hizo exactamente lo mismo.

    Aún con el alcohol, o gracias a él, nos movíamos con una coordinación excelente, como si lleváramos media vida haciendo estos juegos. Las mujeres empezaron a jadear al unísono fundidas boca con boca, y yo sentí mi orgasmo crecer dentro de mí. Mi polla latía dentro de mi mujer, y sin tiempo de avisar, me corrí en un orgasmo largo, intenso y placentero, como hacía mucho que no sentía.

    Desperté sobre las 7 de la mañana con las primeras luces del día. La cama olía a sudor, sexo, pasión. Lara estaba girada hacía mí. Su cara presentaba los signos de la batalla, con el maquillaje corrido y el pelo alborotado. Detrás Belén, abrazada a ella, con sus tetas pegadas a su espalda, y una mano en la cadera. Y detrás, Pablo, pegado a su mujer, y abrazando a las dos.

    La escena era perturbadora y excitante.

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  • Nosotras cuatro contigo (2): La estación terrible

    Nosotras cuatro contigo (2): La estación terrible

    Dos años antes del viaje, Dinora y Nina habían tomado clase con una maestra anciana y pelirroja, de pechos puntiagudos, que les había dejado la tarea de investigar el significado de sus nombres. Dinora llegó con una inocencia casi infantil al día siguiente y se los señaló a Nina, escritos en su cuaderno con una caligrafía garigoleada:

    —Dein-óora —leyó con lentitud y satisfacción. —”La estación terrible”.

    Pasando los años, Nina no podía dejar de pensar en esas palabras. Pensaba en los chicos a los que cazaban las cuatro amigas… en los chicos que atrapaban en un medio círculo, con la idea de que Dinora los excitara con su belleza y su cercanía para luego arrojárselos a Arteaga. Para esos chicos, la vergüenza quedaría para siempre unida al deseo, y viceversa; Dinora estaría por años en sus fantasías y en sus pesadillas. Además, se sabían feos precisamente por haber sido elegidos por Arteaga como sus presas. Su deseo siempre les recordaría lo vulnerables que eran.

    La misma Nina había sido siempre utilizada por los hombres. Ella sabía algo de todo esto… ¡Qué frágil es la juventud! Para esos chicos la primavera sería una estación terrible.

    En el hotel de la playa, Nina se había sentado en una de las dos camas y veía la escena que seguía desarrollándose. Elías tenía la cabeza apoyada contra la pared y miraba al techo. Dinora, a su lado, le respiraba en la mejilla, apoyando sus pechos contra el hombro de él. Arteaga le había bajado el pantalón hasta las rodillas, y lo masturbaba de pie, mientras le besaba el cuello. Nina intentaba no mirar el pene de Elías, que estaba completamente erecto en la mano derecha de Arteaga… pero no podía no mirar. Cada tanto el glande salía por arriba del pulgar de su amiga, con un electrizante color púrpura, coronado por una bandita de color rojo.

    Fer había ido a asaltar el minibar del cuarto y le trajo a Nina una cerveza. Nina tomó a Fer del brazo y le susurró:

    —¿Esto te parece bien?

    —¿Que Arteaga vaya a coger?

    —Que vaya a coger… así.

    —Es un hombre, Nina —dijo Fer, como si estuviera diciendo la cosa más natural del mundo.

    —¿Eso qué se supone que significa?

    —¿Cómo que qué significa? ¿Ya te olvidaste de cómo te trató el Rodrigo? Todos los hombres son así. Míralo: ni dice nada. Se está así, quieto, dejando que le hagan. Ve que hasta mira al techo. No le voltea la cara a Dinora. ¿Sabes por qué? Porque Dinora lo excita. Porque Dinora me excita, te excita… Dinora es excitante, pues.

    Nina torció la boca; por un momento sintió que empezaría a llorar. Fer le sonrió con un poco de condescendencia. Luego le frotó las mejillas con el dorso de los dedos y puso su frente en la de Nina.

    —Te he visto verme. Sabes que soy feliz. Aquí, lejos de todo, puedo ser feliz. ¡Soy libre, Nina! Y me sentí especial con una persona especial. ¿No quieres eso para Fani?

    A Nina toda la argumentación de Fer le parecía muy insuficiente… hasta que llamó a Arteaga por su nombre. La ternura entre amigas le podía mucho al corazón de Nina.

    —A lo mejor Dinora necesita un relevo en algún momento. Bebe —concluyó Fer y Nina bebió la cerveza hasta el fondo.

    Dinora se le acercó más a Elías y le mordió delicadamente una oreja, pasándole después los labios. Arteaga tomó eso como una indicación, se puso de rodillas y empezó a chuparle el pene a Elías… Nina se dio cuenta de que cuando Arteaga escuchaba “chupar”, pensaba que era justo así. No tenía mucha idea de lo que estaba haciendo. Daba lengüetazos erráticos a miembro de Elías, y se metía un costado del tronco a la boca, para succionarlo, como si así se comiera también las paletas heladas.

    Mientras Nina veía esto, Dinora se fue al minibar y tomó una cerveza para ella misma.

    —Parece que esto va bien —dijo. —Hay que dejarlos un rato.

    Pasado ese rato, Elías no terminaba. Aún veía al techo y su erección, aún considerable, había empezado a disminuir. Arteaga no quería molestarse, porque la estaba pasando bien, pero en lo profundo de su corazón se sentía ofendida. Se irguió, se quitó la ropa interior y comenzó a besar a Elías.

    —¡Len-gua, len-gua! —volvieron a corear las amigas, incluso Nina.

    Esta vez Arteaga consiguió que Elías abriera la boca. Le succionaba los labios y buscaba su lengua para que la correspondiera. Elías, quizá porque aún quería no ser grosero, le correspondió un poco, lo que animó a las amigas y las hizo acercarse.

    Mientras pasaba todo esto, Arteaga se había empezado a restregar, sin ropa interior, contra Elías. Le había metido el muslo entre las piernas, y frotaba desde abajo su miembro, que se había erguido nuevamente, hasta rozarle a ella la panza, sobre la camisa.

    Fer entonces tomó una de las nalgas de Arteaga y le dijo:

    —¡Esa Arteaga! Nos has estado escondiendo este culito, que no está nada mal.

    Mientras manoseaba a Arteaga, Fer llevaba el mismo ritmo con el que Arteaga frotaba a Elías. La empujaba un poco y hacía que su pierna lo estimulara más a él. Pero no era sólo eso. Fer se sentía feliz de manosearla y Arteaga lo consideraba parte normal de la seducción.

    Dinora también comenzó a tocarla. Tomaba una nalga entera y la hacía batirse en el aire. Nina se sintió feliz de que Arteaga recibiera algo de cariño de sus amigas, y empezó a tocarle el pecho, sobre la ropa.

    Al sentirse rodeada de sus amigas, Arteaga quitó la pierna del miembro de Elías. Este, discretamente, fue a sentarse en una de las camas, viendo a las amigas. Fer besó a Dinora, con una intensidad inusitada. Dinora desató el traje de baño de su amiga y cayeron en su manos dos pechos grandes y redondos, con un pezón muy compacto, muy oscuro y muy erecto. Dinora se agachó a besarle una vez cada pecho. Luego se puso detrás de Fer, la hizo voltearse hacia Elías y le tomó los pechos desde la espalda, haciéndoselos botar, lanzando un pecho contra el otro, pellizcando el pezón entre las falanges de dos dedos.

    —¿Te gustan los pechos de nuestra amiga Fer? Tienes que admitir que está muy buena.

    Fer se empezó a reír de la situación, de la vergüenza que se pintó en la cara de Elías cuando les desvió la mirada. Cuando Elías volteó a verla, ella misma se tocó los pechos y le lanzó un beso al aire. Mientras Fer excitaba a Elías con ese espectáculo, Dinora le bajó la parte inferior del traje de baño, dejándola completamente desnuda.

    Fer, realmente enojada, pero también entre risas y muy excitada, comenzó a insultarla y a forcejear con ella, para dejarla también desnuda (para ese momento Dinora aún usaba su falda azul claro y tenía su traje de baño completo). Llegaron a la cama; Fer tiró en la cama a Dinora y le quitó la falda. Elías las veía con más estupefacción que excitación.

    Mientras todo esto pasaba, Nina se había quedado con Arteaga,

    Nina no podía decir si le atraían las mujeres (más adelante concluiría que, en general, no), pero sí sabía que la situación la excitaba mucho. Le gustaba tocar los pechos de su amiga y encontrarlos lindos. Le desabotonó la blusa y le besó las clavículas. Arteaga se dejaba hacer y daba suspiros cada tanto. Sólo le quedaba puesto un brasier, que Nina no quería hacer grande metiendo la mano, así que, cuando acariciaba sus pechos, sólo acariciaba los márgenes.

    Arteaga notó esto, y se sacó los pezones del brasier aún puesto, para que Nina pudiera lengüetearlos de arriba a abajo, besarlos y mordérselos con cariño. Nina se sentía muy orgullosa de darle placer a Arteaga, aun cuando no tenía experiencia con mujeres. Se limitaba a hacerle las cosas que a ella misma le gustaban en el sexo, y parecía que eso le estaba funcionando bastante bien.

    Pero ocurre que Nina también había tomado los pechos de Arteaga con la intención secreta de separarla de Elías. Sentía pena por él. El chico estaba rentando ese cuarto con su hermano, no podía sencillamente dejárselo a unas casi desconocidas. No podía irse y ya. La esperanza de Nina era que Arteaga se aburriera de él, y prefiriera el contacto de sus amigas. El problema es que Arteaga veía la situación exactamente igual que Nina: su orientación sexual podía hacer una concesión para fajar con sus amigas, pero su principal objeto de interés seguía siendo Elías.

    En el momento en el que Fer tiró a la cama a Dinora, Arteaga quitó la vista de Nina y la llevó a las camas: en una estaba sentado Elías, en la otra, sus dos amigas se debatían entre el forcejeo y el faje. Caminó a la cama de Elías, con Nina detrás de ella. Se sentó junto a Elías; Nina había intentado quedar en medio de ambos, pero tuvo que resignarse a sentarse del otro lado de Elías, dejándolo a él en medio. Los tres veían a Fer intentando desvestir a Dinora, mientras ésta le hacía cosquillas para tratar de imponerse.

    —¿Te gusta todo esto? —le preguntó Arteaga.

    Nina se preocupó al ver que Elías no respondía, y le preguntó:

    —¿No es esto lo que querrían ver todos los hombres?

    Su pregunta no era retórica, iba en serio, pero se escuchó como si ella misma lo creyera. Leías solamente se encogió de hombros.

    —Esto es lo que muchos hombres querrían ver —Nina intentaba disculparse por lo que había dicho, pero cada vez sonaba peor.

    Arteaga tomó el miembro de Elías y empezó a masturbarlo muy lentamente. Ella misma, de pronto, se estaba masturbando con la mano que le quedaba libre. Al notar esto, Nina desvió la mirada. Prefirió mirar a Dinora. Fer no había conseguido quitarle la parte de arriba del traje de baño, que Dinora había protegido celosamente, pero sí consiguió quitarle la parte de abajo. Mientras seguían forcejeando, una pierna de Dinora quedó entre las piernas de Fer que, finalmente, dejó de forcejear con ella para besarla. Dinora la besó también. Fer llevó su mano al sexo de Dinora y empezó a masturbarla. En ese momento, Nina no pudo más: abrió el botón metálico de sus bermudas, metió la mano, hizo a un lado su ropa interior y comenzó a masturbarse también

    Dinora gimió muy profundamente, cuando vio por el rabillo del ojo a sus dos amigas y a Elías. Detuvo un momento a Fer y puso una almohadas contra la pared. Después, le indicó a Fer que siguiera. Con este cambio, una Dinora más erguida podía verlos a todos. Ahora, mientras Fer le besaba los pechos y terminaba por dejarla completamente desnuda, Dinora dijo:

    —Tú hazme lo que quieras, Fernanda. Ahorita que Arteaga suelte la verga del Elías, vas a ver.

    —Yo no voy a dejar que me la meta —gruñó Fer, de forma tajante. —No me gusta la verga… de pendejitos como este.

    Nina no pudo dejar de notar que Fer aún no podía nombrar su deseo. ¿Estaba pensando en ese momento que era bisexual? ¿No había pensado nada aún? Nina estaba pensando todo esto cuando sintió que algo se hundía en la cama y escuchó que Elías dio un quejido. No quiso voltear en ese momento. Cerró los ojos. Luego dio un suspiro y los abrió. Arteaga se había subido en Elías, se había metido el pene de un solo golpe y se lo estaba cogiendo. Lo último que Nina pudo ver fue que Elías, con los brazos tensos y extendidos, se aferraba al borde de la cama.

    Nina se levantó. Se preguntó si sería bueno que saliera. Si a Elías le serviría más que en el cuarto hubiera tres invasoras y no cuatro. Igual ella no había podido hacer nada por él.

    —No te vayas a correr, puto, que te las estás cogiendo a pelo. Te sales antes —escuchó que le gritó Fer a Elías, con los oídos zumbándole y como si su voz viniera de muy lejos.

    Cuando Nina tomó su segundo aire y pudo ver lo que estaba pasando, vio que Fer y Dinora, completamente desnudas, estaban a cada lado de Arteaga. Cada una le sostenía un pecho y ambas le empujaban las caderas, para hacer que la penetración fuera más profunda. Fer incluso había empezado a masturbarla mientras tanto.

    Nina se acercó. Era natural. Estaban en medio círculo. Ella tenía un lugar allí. Dinora noto lo afectada que estaba Nina y le dio un beso en la frente, seguido de un abrazo. Elías ahora se tapaba la cara con ambas manos y gemía sordamente.

    —¡Va a acabar, salte! —le dijo Dinora a Arteaga y entre ella y Fer la hicieron quitarse.

    La misma Dinora se arrodilló y empezó a masturbarlo, intensísimamente.

    —Ahora, te vamos a dar un premio especial. ¿En qué tetas quieres acabar? Pueden ser las mías o las de Fer… o hasta las de Nina.

    Fer entonces tomó por encima de la ropa de Nina sus pechos, breves y cálidos, como si quisiera decir “puedo desvestirla en dos segundos”. Pero Elías seguía gimiendo, con la cara tapada por las manos, sin decir nada.

    —¡Pues no acabes si no quieres! —le espetó Dinora, y lo dejó, allí, erecto, al borde del orgasmo y gimiendo.

    Fer quitó las manos de los pechos de Nina. Las chicas se pusieron sus calzones y camisas, se terminaron sus cervezas y sacaron más del minibar.

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  • Enamorándome de Dianita (16)

    Enamorándome de Dianita (16)

    Quiero que cada vez que te sientes a comer en esta mesa, te acuerdes de mí y de la cogida que te di en ella, que cada alimento que te lleves a la boca te haga mojar tu ropa interior y tengas que cambiarla. -le dije

    -Uf, uf, si lo haces bien podrás partirme el culo como a ti te gusta. -me contesto.

    Empecé hacerle sexo oral como un poseído, chupaba cada centímetro de sus labios vaginales, metí dos dedos en forma de gancho hacia arriba metiendo y sacando rápidamente, mientras con mi lengua le daba masajes al clítoris, la profesora Violeta se agarraba los pechos, los estrujaba y pellizcaba sus pezones ella misma.

    -Ah, ah, no aguanto más me voy a venir, que me estás haciendo. -Me decía

    En eso arquea su espalda y empiezan a salir chorros del tremendo orgasmo que estaba teniendo, Violeta gritaba del placer, si los vecinos escucharan pensarían que le está pasando algo y llamarían a la policía, por lo que me toco meter mis dedos en su boca mojados de sus propios líquidos, los cuales ella empezó a chupar.

    Ambos estábamos ansiosos el uno del otro, la baje de la mesa y la puse de espaldas, mientras la tomada de sus grandes nalgas se la metí entera hasta chocar pubis contra su coño, luego la levanté un poco hasta casi sacarla y la deslicé suave y lentamente, repetí el movimiento de levantarla para volverla a deslizarla ya no tan suave, la profe Violeta comenzó a gemir y pedirme que siguiera así, que la follara.

    -Sí Thiago, así, ¡métemela hasta el fondo!, ay que grande la tienes, dale. -me decía

    -¿Te gusta cómo te lo estoy haciendo?

    -Mm, sí eres maravilloso sigue, dame más. -decía mientras gemía.

    Cada vez que se la metía, un gemido de placer se escapaba de su boca, sentía como su vagina se abría aceptando toda mi verga, ajustándose como un guante, mi lujuria solo sentía cada roce del húmedo coño de mi profe Violeta, todo como si fuera la acción más extraordinaria del mundo, mis piernas chocaban contra el culo de Violeta, haciendo un ruido similar a aplausos que encontraba de lo más erótico, seguí clavándola fuertemente mientras me afirmaba de sus caderas, ella en un momento se agarró de las orillas de la mesa para no caerse y gemía bajito tratando de no gritar.

    Yo notaba que mi ritmo en el mete saca la tenía al borde del orgasmo, por lo que traté de prolongar al máximo el goce de los dos, de pronto la profe Violeta comenzó a moverse de tal forma que podía profundizar mis estocadas, y ya no podía parar de gemir fuerte.

    -¡Oh, ah, mm, ah!, que bueno eres, dame más.

    -¿Cómo te gusta?

    -De todas las formas si eres tú, dame ah, ah.

    La profe Violeta y yo estábamos muy cerca de llegar al orgasmo, por lo que aceleré el mete y saca, le daba con todo a su mojado coño, el cual me apretaba la verga como queriendo exprimirme, por sus gemidos y profundos suspiros, tenía la certeza de que me estaba cogiendo a la profesora Violeta como a ella le gustaba.

    -¡Oh, Ah! Sí Thiago, sí párteme el coño, ¡ah, ah!

    Esos eróticos gemidos hicieron que yo también convulsionara en un tremendo orgasmo, por lo que saqué mi verga dejándola apoyada en su perfecto ano, en esa posición continué descargando mi leche en su hermoso y apetitoso agujero.

    -Eres fantástico Thiago, ¿Te gustó?

    -Sí, me encantó. -le conteste

    -Mm, desde hoy seré tu eterna amante.

    -Sí así lo deseas yo encantado, pero quiero más. -le dije

    -Uf, uf, divina juventud. -me contesto.

    Le abrí las nalgas, le rose el ano varias veces y ella gemía por lo que empuje mi pene en su ano y eso la hizo gemir aún más, la penetre sin mucha dificultad, le bese la espalda y recorriendo con mis manos su culo mi verga, entraba y salía para volverla a clavar una y otra vez, al tiempo que la embestía con tanta fuerza, sentía que mis huevos golpeaban contra sus nalgas, produciendo un sonido como si estuviera alguien aplaudiendo, mientras ella gemía del placer.

    ¿Te gusta? La embestía analmente con mucha energía y la profe Violeta paraba más las nalgas, pero no podía contestarme de tanto placer, le agarre del cabello y con mi verga todavía clavada en sus nalgas empecé a sacarla y a meterla tanto analmente como vaginalmente, le empezaron a temblar las piernas y no pudo contenerse y llego al orgasmo, me baño de sus jugos vaginales y anales de tantas veces que la penetre, ya no pudo aguantar más.

    -Ya no tengo fuerzas en las piernas vamos al sofá, quiero cabalgarte y hacerte acabar. -me dijo

    Me senté el sofá y Violeta se fue sentando de a poco en mi verga, -Nunca me había comido una verga tan grande, así que estoy adolorida, -me dijo, poco a poco se metía mi verga cabalgando suave y fuertemente en ella, mientras que sus enormes tetas me rebotaban en la cara, pude apreciar el lunar en su seno izquierdo arriba de la areola, lo bese y mordí sus pezones, después de un rato, se cambió de lado, colocándose de espaldas y me ofreció sus nalgas pidiéndome más verga por el culo, no lo pensé dos veces, me mojé los dedos y metí primero el dedo en el oscuro ano jugué un poco con mi dedo dentro y después la cabeza de mi rígida verga de una sola embestida se la clavó hasta el fondo.

    Subía y bajaba haciendo sentadillas clavándose mi verga y dándome tremendos sentones en ella. A ratos notaba que se cansaba y era yo quien se la sacaba y se la metía con mucha fuerza, tanto que mis huevos golpeaban contra los labios de su vagina, la profe Violeta me acariciaba los huevos con una de sus manos.

    Se volteo nuevamente y con la cara hacia mí, seguía encima de mi vientre y se clavó nuevamente por el culo mi duro pene, penetrándose a profundidad y con mucha fuerza, le decía me encantan los sentones que me das, -me dijo te voy a hacer acabar dentro de mi adolorido culo, le daba duras nalgadas en su duro culo, cada vez se bajaba y se clavaba mi verga una, otra y otra más hasta que se provocó un squirt vaginal mojándome todo el abdomen, y por primera vez terminamos al mismo tiempo, llenándole el ano de mi leche caliente.

    Quedamos agotados en el sofá, nos dimos un apasionado beso, donde nuestras lenguas se entrelazaban, sentía su respiración agitada y su corazón acelerado, -Uf, uf, tienes razón cada vez que me siente a comer me voy acordar de ti, gracias por hacer que este día fuera especial, ya no lo recordare con tristeza sino con alegría y me dio un tierno beso, después de varios minutos abrasados en el sofá, decidimos ponernos de pie y meternos a la ducha, antes de eso Violeta puso nuevamente mi ropa en la secadora, nos bañamos juntos pero Violeta estaba destrozada, solo me di el placer de enjabonar ese escultural cuerpo que sabia era el deseo de todo los hombres de la universidad, especialmente de Cristian.

    Salimos de la ducha y ambos nos pusimos la bata de baño, salimos a la sala nuevamente y a la profe Violeta se le dio la gran idea de hacer comida, realmente teníamos mucha hambre, el maratón sexual nos había dejado muertos de hambre, como seguía lloviendo no podíamos pedir domicilio, mientras Violeta preparaba la comida, recibí una llamada de Sofia.

    -Hola Thiago, tú y yo tenemos un trato y no me has cumplido, voy a tener que hablar con Tony y decirle que puede hacer con Dianita lo que quiera. -me dice

    -Gracias por ese saludo tan cariñoso. -le conteste

    -Quiero ser tierna contigo, pero tú no dejas.

    -Escúchame bien, hicimos un trato y siempre cumplo con mi palabra, es mas hoy no he hablado ni con Dianita ni con Paula.

    -Eso está muy bien, pero a mí no me has cumplido, y esa es la parte más importante de nuestro trato.

    -Entonces quieres decir que, si me acuesto contigo, puedo seguir con mi vida igual con Paula y con Dianita

    -Eso quiere decir que, puedo pensarlo más adelante por ahora solo serás para mí, te envió por mensaje de texto la dirección de donde nos vamos a encontrar esta noche, no quiero sorpresas, y no hagas planes porque pasaremos toda la noche juntos, bye.

    La profesora violeta trae la comida a la mesa, me mira a los ojos y me dice; -te dije que ese triángulo amoroso te traería problemas, -no hay problema, pero solo tengo que ponerle fin a una situación que no me deja tranquilo, no se preocupe buscare la forma de resolverlo, -le dije.

    Terminamos de comer, mi ropa ya estaba seca así que me vestí, la profe Violeta se quedó con la bata de seda, que le marcaba todo su escultural cuerpo y mostraba sus torneadas piernas, afortunadamente dejo de llover, mire mi teléfono y vi varios mensajes, uno de Amanda, otro de Dianita, otro de Paula y otro de Cristian, todos preocupados por mí ya que en el chat grupal no había participado de la conversación que tenían, recibí una videollamada grupal, por lo que me toco meterme en el baño de la profe, no quería exponerla de esa manera, y tener que dar explicaciones de quien era la casa donde estaba.

    Ya en el baño abrí la videollamada, todos hablaban a la vez que no le entendía a ninguno, por lo que tuve que decirles que se callaran, -escuchen todos, estoy bien es solo que mi teléfono no está funcionando bien debido a que la lluvia me cogió en el camino, me toco meterme en un restaurante y esperar a que dejara de llover, ya voy rumbo a mi casa.

    -Pero bro, porque no me llamaste te hubiese ido a buscar en mi auto. -me dijo Cristian

    -Y donde metía la motocicleta. -le dije

    -Pero amor con un mensaje se arreglaba todo, estábamos muy preocupados por ti. -me dijo Paula

    -Lo sé y les pido disculpas, pero como les dije mi teléfono está fallando debido a que le cayó agua.

    -Lo importante es que estas bien, estamos planeando una pijamada en el apartamento de Cristian, ¿nos encontramos en la noche? -me dijo Dianita

    -El plan es muy tentador, pero hoy no podría acompañarlos, ya tengo un compromiso con mi madre, le prometí que la acompañaría a uno de sus reuniones de beneficencia. -les dije.

    Cristian, inmediatamente se dio cuenta que estaba mintiendo, pero no dijo nada, las chicas se pusieron tristes y dijeron que entonces tendrían que posponer la pijamada, por lo que me toco decirles. -pero si tantas ganas tienen de hacer la pijamada podemos hacerla mañana, que es esperar un día más. -les dije

    Todas estuvieron de acuerdo, pero mi preocupación era Sofia no sabía si ella y su capricho conmigo le diera por pasar dos días seguidos conmigo encerrados, en eso recibe un mensaje de Cristian.

    -Pasa algo bro, sé que mientes tú madre no te pide que la acompañes a esas reuniones. -me decía.

    -Después te cuento, se trata de Sofia tengo que solucionar algo.

    -Está bien ten mucho cuidado.

    Llego la noche y me dirigí a la dirección del hotel que Sofia me había enviado, llegue primero que Sofia, a los diez minutos llego ella y me saludo con un efusivo beso, entramos al hotel, cuando estábamos en la habitación, Sofia empieza a besarme de manera desenfrenada, la separe y le dije; -tranquila tenemos toda la noche, por lo que se calmó, se quitó la chaqueta que traía y pude apreciar el vestido negro ceñido al cuerpo le quedaba perfecto, todas sus formas resaltaban con ese espectacular vestido.

    En la habitación había una botella de champan y dos copas, Sofia las lleno y tomamos, mi intención era convencer a Sofia que olvidara nuestro trato, pero Sofia jugo sus cartas y dejo caer su vestido quedando en lencera sexy, se veía hermosa era imposible no sentir deseo por esa mujer, su belleza era impresionante.

    -Te gusta lo que ves. -me dijo

    -Eres una mujer muy hermosa Sofia, si te digo que no estaría mintiendo. -le dije

    -Esa era la idea, que no le puedas decir que no a mi belleza, pero con el placer que te voy a dar voy hacer que olvides a la zorra de Diana y a la simple de tu noviecita.

    Yo no me muevo solo por la belleza de una mujer, no soy tan simple como tú dices, nuestra conversación y las copas de champan estaba haciendo su efecto, Sofia estaba logrando excitarme, me abrazaba y me besaba apasionadamente.

    A Dianita le llego un mensaje con una fotografía, donde estábamos Sofia y yo, en la entrada del hotel y Sofia dándome un beso, el cual decía, al final no se pudo resistir, se nota que la van a pasar genial, -¡pero que mierda es esto!, no puede ser posible que Thiago se vaya a coger a esa perra, será que le cuento a Paula, al final le mando la foto a Paula, debemos evitar eso, nos encontramos en la entrada del hotel ya te envió la dirección. -le escribió

    Continuará.

    Espero les haya gustado este capítulo, dejen sus comentarios, para que me ayuden a mejorar y para motivarme para seguir con la historia. Saludos.

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  • Una historia nueva (5)

    Una historia nueva (5)

    Nuevamente nos encontramos en la Ciudad de Guadalajara en el Estado de Jalisco.

    Está la familia tomando el acostumbrado baño dominical en la gran bañera muy al estilo de la Roma Antigua. Enrique está hablando con Cristina, ya todos están desnudos, ninguno lleva ropa puesta., incluyendo a Cristina y a su hermano Marcelo.

    –No te pongas nerviosa, Cristina –le dijo Enrique tomándola de la mano y poniéndola sobre su miembro para hacer que lo sostuviera entre sus dedos, para luego decirle suavemente al oído- bésame al igual que como besas a tu hermano Marcelo. Mi hermana Consuelo me dijo que besas igual que nuestra hija Beatriz, así que me complacería mucho probar la miel de tus labios.

    Cristina se voltea para poner al alcance de la boca de él labios. Enrique se acerca y besa la boca a carnosa boca de Cristina que se deja llevar movida por la excitación que le produce sentir la verga de él en su mano, que la mantiene impresionada, en tanto la atrae hacía él tomándola de las nalgas y acariciándolas, ella instintivamente se voltea para restregar sus pezones sobre su pecho velludo al igual que el de su hermano Marcelo lo cual es su perdición el sentir como se mueven sus pezones sobre sus vellos, a un lado de ellos Soledad.

    La hermana de él toma entre sus dedos los pezones de Cristina ante la complaciente mirada de su hermano Enrique que también besa a ambas mujeres intercambiando entre ellos tres su saliva con sus lenguas, a un lado de ellos se encuentran las novias de Cristina, Consuelo y Beatriz junto con Andrea y Araceli que también demuestran todo el amor que se sienten besando indistintamente sus labios vaginales lubricados con la saliva de sus bocas provocada por las dulces paletas de caramelo que las hacen salivar abundantemente y cuya saliva también se desparrama sobre la verga de Marcelo disfrutando las bocas y lenguas de sus mujeres que cubren el glande y del tronco de su verga.

    Por su parte Sandra junto con sus hijas Graciela y Mónica también participan acariciando los cuerpos de las cuatro mujeres que están dándose el placer supremo y reservado del incesto al que solo los dioses de la antigüedad podían acceder. Enrique invita a Marcelo a besar los pechos de su hermana, mientras que por otro lado está Soledad mamando uno de sus pezones juntándolo con el glande de la verga de su hermano Enrique.

    Marcelo chupa el otro pezón conjuntamente con el glande de Enrique y la boca de Soledad, subiendo con su lengua por el pecho de él para encontrarse con su boca, ambas bocas se trenzan en un beso compartido con la boca de Cristina que se encuentra sorprendida y sin habla ante el hecho de ver como su hermano también está presto devorando los labios de Enrique en tanto él está llamando a su hija Andrea. Enrique les pide a Cristina y a Marcelo que hagan lo que él les dice.

    Andrea quien también les tiene reservada otra sorpresa que más adelante les dará, sale del agua y se acerca para escuchar lo que le está diciendo su padre al oído, es entonces cuando Enrique toma a Marcelo y lo voltea para abrir sus nalgas encontrándose con el pequeño esfínter al cual va acercando su lustroso glande, aplicando una buena cantidad de mantequilla que le alcanza Andrea de una de las mesas para untárselo y con lentitud, irle introduciendo poco a poco su verga haciendo que Marcelo sienta con un poco de dolor.

    Que por cierto no es esa la primera vez que ha probado la verga de Enrique en su culo así como la de Andrea que por mucho es la más hermosa de las hijas de su suegro y cuya verga también ha podido tener dentro de su culo, al igual que Andrea la de él, pero esta vez va a ser un poco diferente ya que Marcelo también tiene su propia verga excitada por el dolor y el placer que le está haciendo sentir él. Las mujeres dentro de la gran bañera no dejan de observar lo que está haciendo Enrique con el prometido de Beatriz y su adorable hija Andrea.

    Es entonces que Andrea siguiendo las instrucciones de su padre se pone delante de Marcelo para abrirse de nalgas y mostrarle su adorable culo presto para recibir del mismo modo la hermosa verga de él que sin pensarlo dos veces empieza a introducir dentro del pequeño culo de ella que se va abriendo con elasticidad absorbiendo toda su verga en pocos segundos, Marcelo la trata con mucho amor y cuidado ya que también se trata de su adorable cuñada.

    En tanto Enrique le pide a Cristina que se ponga delante de su hija Andrea para que a su vez pueda introducir dentro de su hermoso culo la traviesa verga de buen tamaño de la linda travesti. Luego de haberla besado y disfrutar de sus bocas, Cristina se puso delante de ella para ir sintiendo como la iba penetrando su linda cuñada. Era un cuadro tan hermoso y perturbador que Sandra lo estaba grabando con su celular a petición de Consuelo, pues se trataba de algo digno de ser recordado.

    Ni en sus mejores sueños pudo Cristina imaginarse algo mejor que eso, es cuando recapacitó en todo el significado real del incesto en familia, ya que se trataba del disfrute de todos con todos, sin distinción de sexo ni parentesco y eso es lo que precisamente ella estaba buscando para hacer su novela, algo que enalteciera el amor en familia, basado en un incesto lleno de la más morbosa lascivia sin ningún tipo de barreras.

    Cristina que está siendo cogida por el culo por su cuñada Andrea se queda sorprendida al ver a otra mujer que tomada del brazo de la señora Sandra, la encargada de la cocina llega en compañía de dos atractivos hombres, mismos que le presenta su novia Beatriz a Cristina sin siquiera dejar de estar cogiendo con Andrea, como María una de las secretarías de su padre, que llega junto con su hermano Antonio y Mario el novio de ambos hermanos, otro atractivo espécimen de hombre para ella.

    Los tres ya han llegado sin vestimenta alguna por lo que puede observar sus miembros ya con buena dureza y excitación ante todo lo que están observando, los pechos de Cristina se están balanceando ante la vista de ellos con sus pezones escurriendo algo de la saliva de Soledad. Beatriz participa con la pequeña orgía incestuosa besándola y poniéndose sobre una de las mesas a solicitud de su novia y cuñada, para sentir la lengua de ella lamiendo su vagina.

    “Resulta que cuando Marcelo conoce a María y la lleva a la cama, la prueba como hace con algunas las chicas con las que se acostaba, a través de sus pláticas se entera sí estarían de acuerdo con ciertas prácticas relacionadas con el incesto. Para lo cual les hace saber que uno de sus mejores amigos está sufriendo porque está perdidamente enamorado de su propia hermana y no sabe cómo llegarle, por lo que él trata de consolarlo sin resultado.

    María, que según él cayó en la trampa le contesta –Pero eso es algo que sucede en muchas familias, inclusive a mi hermano y a mí nos pasa lo mismo, eso es algo muy normal. –¿Y tú lo consuelas? –Pues no lo iba a dejar así sin consolarlo, sino que clase de hermana sería, ¿no crees? –¿Aunque se trate de incesto? –Pues de todas maneras es hacer el amor, y nuestra madre siempre nos educó a mi hermana y a mí que era nuestra obligación satisfacer a los hombres de la casa, para eso es que teníamos vagina, eso no tiene nada de extraordinario.

    Luego de esa plática entre ellos, le hace saber que él tiene una relación de incesto con su hermana Cristina a lo que ella le contesta que eso se trataba algo muy bonito que sucede continuamente con mujeres que tienen hermanos y padres varones.

    Posteriormente María como secretaría del señor Enrique con quien también ha tenido relaciones y que conoce a la señora Consuelo con quien también se ha acostado, en una ocasión le hace el comentario a ella respecto de Marcelo y de su hermana Cristina que escribe novelas de incesto y él le ha dado una memoria usb con una copia de algunas novelas que ella también ha leído y que Marcelo le proporcionó. De ahí nació el plan para ir con él a un bar y que las hijas de Consuelo les invitaran unas bebidas y pudiera “iniciarse” una bonita amistad.”

    Marcelo que se da cuenta de que es María la que está viendo como su suegro Enrique es el que se lo está cogiendo, se sorprende y mientras Enrique está con el mete y saca de su verga en el culo de él, haciéndolo gozar como pocas veces, él la mira y atina a preguntarle:

    –María ¿Qué haces aquí?

    –Vine a verlos a ti y a tu hermana Cristina de la que me platicaste, pero veo que estás muy entretenido con mi jefe.

    –Me está cogiendo bien rico, María.

    –Sí, ya los vi y vaya que tiene buen verga mi jefe, pero no te preocupes también me ha cogido a mí y a mi hermano, le faltaría cogerse a nuestro novio.

    –¡María!, qué bueno que llegaste veo que vienes acompañada, de tu hermano, me imagino que es el novio de los dos al que te refieres.

    –¡Mucho gusto!, no tenía el placer señor Enrique, le estrechó la mano Mario sin dejar de observar el espectáculo.

    –Eres bienvenido, acomódate y tomate una cerveza mientras miras y te animas a participar.

    –Gracias, pero estoy viendo a ese chico que está con esas muchachas.

    –Ah, él es Alberto y las chicas que lo acompañan son sus hermanas.

    –Me gustaría estar con él y con ellas, ya que yo soy bisexual.

    –Magnífico, luego te presentó a mi hija Andrea que ella es transexual, de seguro te va a encantar coger con ella, además mi hermana Consuelo tiene buenas referencias tuyas cómo para que puedas integrarte a nuestra familia, ¿no tienes otras parejas?

    –No, nada más estoy con María y con su hermano Antonio de quienes soy el novio.

    –¿Y de Martha la hermana de María y la madre de ellas, no lo eres?

    –No, aún no pero por el momento estoy bien así con mis novios.

    –Bien, pues acomódate y siéntete como en tu casa.

    –Gracias, señor, y permítame decirle que tiene una verga muy bonita.

    –Luego que me desocupe te la doy a probar para que la mames un buen rato.

    –¡Me encantaría muchísimo!, Gracias –dijo con su varonil voz.

    Luego de que Enrique se viniera dentro del culo de Marcelo y él a su vez dentro del culo de su cuñada Andrea y Andrea a su vez en el culo de su cuñada Cristina y ella y Beatriz hicieran su parte, se sintieron un poco desguanzados por la gran excitación que habían sentido.

    Enrique luego de esa hermosa forma de copular le guiñó un ojo a su hermana Consuelo ha quien ha hecho saber que quiere que Marcelo entre a la compañía que el maneja para hacerlo su socio en cuanto se realice el matrimonio de él con su hija Beatriz. Esa misma noche él le dará la noticia. En ese momento, Andrea toma una cuchara para golpear sobre un vaso y llamar su atención, luego de la excitante manera de haberse compenetrado los nuevos miembros con la familia.

    –Querida familia, es un gusto como siempre lo ha sido el que nos encontremos reunidos todos disfrutando de esta bonita reunión familiar, tenemos con nosotros un invitado nuevo, él es Mario y es el novio de nuestros amigos María y Antonio que siempre nos han acompañado. En esta ocasión tengo una noticia importante que darles.

    Como ustedes saben mi hermana y yo somos novias desde hace un par de años, nos hemos enamorado y deseamos ahora participarles que vamos a casarnos, nuestros padres ya lo saben solo faltaba hacerlos partícipes tanto de nuestra próxima boda, como también participarles que mi hermana Araceli está embarazada, así que pronto seremos madres las dos. Al parecer quienes vienen serán dos peques, quienes exaltaran nuestra unión.

    Se escucharon aplausos por todas partes, e inclusive algunas lágrimas se derramaron entre las mujeres que prestaban atención a las palabras de Andrea. Araceli al lado de ella aún con vestigios de los jugos que Cristina desparramó y que cayeron sobre las piernas de ambas mientras se estaban viniendo, Andrea dentro del culo de su cuñada Cristina y Beatriz y Cristina habían hecho squirting sobre sus cuerpos y el de Andrea.

    Aparentemente se había dado una gran confusión con las actas de nacimiento de las cuatro hijas y un varón que son cuatro hijas y un hijo de Enrique mismos que tuvo con sus hermanas Consuelo y Soledad.

    Él es el padre biológico de sus cuatro hijas de las cuales la travesti es tal vez la más linda de todas y un varón que se encuentra en Canadá viviendo al lado de su hermana gemela, pero Alberto el amigo de Enrique se hizo aparecer a petición de él como el padre biológico, sin serlo por razones de conveniencia ante la sociedad fueron registrados con el apellido de Alberto, sin embargo para que Andrea se pudiera casar con su hermana Araceli, lo cual harían en Ciudad de México, era necesario cambiar los apellidos, para lo cual Enrique pudo conseguir el cambio de los mismos mediante un arreglo importante que logró hacer.

    Esa noche luego de cenar tranquilamente ya sin presiones de ninguna índole Cristina y Marcelo se comunicaron con sus padres, dormirían solos en la recámara de Consuelo y de Beatriz debido a que tuvieron que salir a cumplir un compromiso con uno de los socios de Enrique. Se disponían a meterse en la cama donde dormían con Consuelo y Beatriz, la hija de ella, cuando entró en ese momento Soledad con un babydoll blanco cuya transparencia les permitía ver a ambos hermanos sus deliciosas formas.

    –¡Perdón!, no quisiera interrumpir, pero no me gusta dormir sola, mis sobrinas también salieron y me han dejado. ¿creen que pueda acomodarme en medio de ustedes?

    –Por supuesto, cuñada –dijo Cristina sin dejar de verla imaginándose todo lo que harían ella y Marcelo con Soledad metida en medio del agasajo entre ellos dos- y me gustaría pedirte tu aprobación porque también he pensado en pedirle a Consuelo sí quiere ser mi esposa, aunque me gustaría también que Beatriz también lo fuera, pero ella se va a casar con mi hermano.

    –¡No me digas!, claro que me encantaría ser tu cuñada si te casas con mi hermana, es una magnífica noticia, pero no sé si haya matrimonios de tres, porque Beatriz estaría encantada de que ella y su mamá también fueran tus esposas y tú de ellas y las tres de tu hermano, pero podemos pedírselo a un sacerdote amigo mío, con quien también hemos cogido mi hermana y yo.

    –Además mi hermano ha estado pensando ahora que estuvimos todos cogiendo en la tina romana que en realidad ya formamos parte de una maravillosa familia que es la de ustedes. Nuestros padres están muy contentos que los hayamos encontrado.

    –Ni lo menciones –dijo Soledad en tanto se quitaba la bata mostrando su desnudez al igual que Cristina y Marcelo estaban de la misma forma para acomodarse en medio de ellos. Cristina se levantó y Marcelo alzó las sábanas que los cubrían para que Soledad se acomodara y Cristina se arrimara a su cuerpo al igual que lo hacía Marcelo

    –También quiero hablar con mis padres con quienes nos referimos como nuestros suegros y ellos están encantados con eso, para notificarles que espero un bebe de mi hermano.

    –¡Eso es fabuloso!, ¡Felicidades!, seguramente también se van a poner muy contentas tus novias Consuelo y Beatriz.

    –Sí porque ya tengo dos meses y por el tiempo, debo haberme embarazado desde la casa de nuestros padres donde tenemos nuestra propia recámara.

    –¿Con sus padres también participan ustedes?

    –No porque ellos tienen una relación bonita con sus hermanos, Laura mi mamá con su hermano Pedro Alberto y nuestro padre José Manuel con su hermana Maricarmen y casi siempre se juntan los cuatro. Existe mucho respeto entre ellos y nosotros, aunque saben que yo y mi hermano también guardamos una relación de incesto de hace varios años.

    Decía Cristina en tanto su boca lamía y chupaba uno de los pezones de Soledad y acariciaba los labios de su vagina en tanto del otro lado Marcelo la besaba en la boca y hacía que ella tomara la verga de él entre los dedos de su mano. Estaban tratando de iniciar un trío perfecto donde ninguno de ellos se quedara carente de caricias.

    Cristina cambió de posición metiéndose entre las sábanas para lamer los labios mayores de la vagina de Soledad, permitiendo que su lengua se introdujera para alcanzar el abultado clítoris que se mostraba deseoso de ser acariciado y mordisqueado con la suavidad que caracterizaba tener la boca de Cristina para esos menesteres propios de una mujer que sabe hacer disfrutar a otra, ambas totalmente experimentadas en los placeres del incesto con sus hermanos.

    Más aún Soledad y Consuelo que gustaban los placeres prohibidos que les daba hacer el incesto con sus propias hijas así como el placer de sus hijas hacerlo con su madre y su tía, ya que hija e hijo de Soledad se habían casado entre ellos, viviendo en Canadá y se encontraban muy lejos para darle el tan merecido placer del incesto a su propia madre, la cual iba periódicamente a visitarlos.

    –¡Waw! Con razón mi hermana y mi sobrina están felices de coger contigo y con tu hermano, tu boca me hace llegar al paraíso, ¿sientes como mis flujos van a parar a tu boca? –comentó Soledad.

    –Siento que están riquísimos me gusta que te vengas dentro de mi boca, me saben iguales a los fluidos de tu hermana y a los de tu sobrina, realmente sabrosos, no cabe duda que son fluidos de familia. Espero que así me sepan los de Araceli, porque el semen que me dio Andrea por el culo aunque me hizo ver estrellitas, todavía no lo saboreo

    –¿Qué te pareció lo que se le ocurrió a mi hermano Enrique? El se cogió a tu hermano Marcelo por el culo, luego tu hermano Marcelo se cogió a mi sobrina Andrea por el culo, y mi sobrina Andrea te cogió a ti Cristina por el culo. Fue una gran enculada, me hubiera gustado participar también.

    –A propósito ahora que me lo recuerdas, no sabía que te gustaba también a ti hermano que te metieran la verga por el culo ¿Desde cuándo?

    –Desde que estuve con Andrea mientras mi amiga María se cogía con Beatriz. Fue algo muy hermoso el poder besar a Andrea en la boca y al tratar de meter mi mano en su vagina, me calentó mucho el sentir que tenía una verga grande y muy hermosa. Ni siquiera lo pensé para hacer el 69 con ella. Primero abrazó mi glande con el prepucio de su verga y sentí increíble cuando mi semen se disparo dentro de su prepucio, luego hicimos al revés y ella aventó su esperma dentro de mi prepucio. Luego de eso me la metió por el culo y después yo a ella. Terminamos exhaustos. Ahora me da gusto que ella se case con su hermana Araceli y que ya estén esperando un bebe.

    En ese momento sonó el celular de Cristina eran sus padres quienes al no saber noticia de ellos Laura fue quien marcó para saber cómo se encontraban sus hijos.

    –Hola hijita, ¿quería saber cómo estaban? Espero no ser inoportuna, todavía es temprano.

    –Bien mamá, mi hermano y yo estamos muy contentos de estar aquí con Consuelo y con sus hijas y su hermana Soledad y que nos han brindado acomodo aquí en su casa. Son formidables todas ellas y el señor Enrique el hermano de ellas.

    –Pues es bueno saberlo. ¿Pero no estás ocupada?

    –Bueno ya estaba metida en la cama con mi hermano, pero Soledad se sentía solita y se vino a acomodar entre nosotros.

    –Ya me imagino, hijita

    –Madre, te quería dar una gran noticia.

    –¿Qué hijita?

    –Vas a ser abuela, mi hermano y yo estamos embarazados.

    –¡No me digas! ¡Qué maravilla!, espera a que se lo diga a tu padre, está conmigo en la cama, también está mi hermano Pedro y tu tía Maricarmen que te mandan saludos, estamos viendo una película muy buena, pero con el calor que está haciendo, ya sabes que las ropas sobran, te paso a tu papá.

    –¡Hola bomboncito!, ¿Qué estás embarazada? ¡Guau!, que buena noticia, así que vamos a ser abuelos tu madre y yo… ¿y qué dice tu hermano?

    –Está muy contento porque va a ser el papá de nuestro hijo.

    –Y cuánto tiempo tienes de embarazo.

    –Ya llevo dos meses, papá.

    –Recuerdo cuando pensé que había embarazado a mi hermana, yo me puse muy contento, pero preocupado a la vez porque se fuera a molestar tu madre, pero no todo fue una falsa alarma.

    –Creo que también algo así le paso a mamá con su hermano Pedro.

    –Sí también, pero tampoco. Fue solo un retraso con su regla.

    –Las hijas de consuelo se van a casar, Andrea que es travesti y Araceli su hermana que ya está embarazada de Andrea y yo me quiero casar con Consuelo que es mi novia al igual que Beatriz, pero ella es la prometida de mi hermano.

    –Pues por lo visto te la pasas muy bien con tu hermano y con la familia con la que conviven.

    –Te paso a tu mamá que quiere decirte algo.

    –Sí mamá, dime

    –¿Te acuerdas de Graciela la que fue mi compañera en la Secundaria?

    –Sí, ¿por qué?

    –Porque ya somos novias.

    –Oye, que bien, madre, ¿ya lo sabe papá?

    –¡Mmmh! Perdón se me escurrió un poco en la boca –espérate Pedro…

    –Has de tener semen de tu hermano en la boca, no te preocupes.

    –¡Ay, hijita!, que delicioso es el semen de mi hermano.

    –Y me imagino que papá ha de estar cogiendo con mi tía Maricarmen, su hermana.

    –Ella y yo estamos intercambiando saliva con semen y néctar de nuestras vaginas mientras nos venimos y nos besándonos, hijita, ya sabes cómo es de placentero esto del incesto.

    –Me gusta que les guste, mamá y te felicito por ser la novia de Graciela

    –Ella se fue de vacaciones con sus hermanos, Estela y Francisco.

    –¿También ellos gustan de los placeres del incesto?

    –¡Mmmh!, perdón, sí hijita, claro, hasta me escribió una carta que puedo enseñarte cuando vengas con tu hermano a vernos.

    –Mamá, te paso a Soledad, ella es la hermana de mi novia Consuelo.

    –Buenas noches, señora. Me da mucho gusto saludarla, permítame decirle que tiene unos hijos excelentes, ya me dijo Cristina que ella y su hermano están embarazados y me dio mucho gusto saberlo.

    –También a mi esposo y a mí nos da gusto pensar que nuestros hijos nos van a hacer abuelos.

    –Pues están invitados para celebrar la boda de Andrea y Araceli que se van a casar, no sé si ya le platicó su hija.

    –Sí que Andrea es travesti y que adora a su hermana Araceli, por eso es que está embarazada y me da mucho gusto por ellas.

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  • Las amistades ¿peligrosas? (3)

    Las amistades ¿peligrosas? (3)

    Después de asearnos, desayunar y recoger un poco la casa, salimos al jardín a planear el día. Había amanecido un poco nublado, aunque la temperatura ya rondaba los 25 grados a pesar de no ser ni las 11 de la mañana. Decidimos buscar un estudio de tattoos para llevar a cabo la idea de la noche anterior. Mientras Pablo y Lara buscaban en internet estudios por la zona, con buenas referencias, yo, con la ayuda de Belén diseñé lo que nos haríamos. Media hora después, teníamos un boceto que gusto a todos y cita en un estudio para hacerlo.

    Llegamos sobre las dos de la tarde al estudio. Fátima, la dueña, una chavala de poco mas de 25 años, tatuada y perforada por todos los rincones que su escueto uniforme, shorts vaqueros y mini top de tirantes, dejaban ver. Bajo el top se apreciaban muy bien los pezones inhiestos sujetados por piercings, que la fina tela no podía disimular. Tras presentarnos le enseñe mi boceto, y en unos minutos lo tenía mejorado y listo para hacer. Se trataba de una combinación, en letras estilo gótica, de nuestras iníciales entrelazadas, incluía 2 L para dar forma y homogeneidad al conjunto.

    Algo discreto y elegante, pero con simbolismo para nosotros. Fui el primero, aproveche una zona de mi brazo derecho sonde había hecho un cover estilo blackout, y me lo hizo en blanco, quedo muy top. Pablo se lo hizo en un gemelo. Llegó el turno de las chicas, y pidieron quedarse solas, que ya nos llamarían cuando hubieran terminado. Pablo y yo lo agradecimos, y nos fuimos al pueblo a tomar unas cervezas y charlar un poco a solas de cómo iba la cosa.

    -Tu mujer me tiene loco, y está cambiando a la mía, en el buen sentido, dije

    -Si, la verdad que Belén es un portento en la cama, y rara vez no consigue lo que quiere, afirmó Pablo. La verdad que está transformando a Lara en otra mujer, más receptiva a todo, o casi todo, ¿no?

    -Si,si, a eso me refiero. Esta totalmente desinhibida, esto me lo cuentas hace un año, y me rio de ti, jejeje

    -La verdad, tenemos dos bombones en casa, brindemos por ellas

    Habían pasado un par de horas cuando recibimos el mensaje de Lara, decía que estaban listas. Pagamos la cuenta y fuimos a buscarlas, expectantes.

    Pasamos a la parte trasera de la tienda, Belén se giró, desnuda de cintra para arriba, se lo había tatuado en su teta derecha, sobre el pezón, que además ahora, estaba atravesado, al igual que el izquierdo, por piercing de barra terminado en dos tuercas con forma de diamante. Era un espectáculo verla, pablo y yo quedamos embobados mirándola, cuando oí la cisterna del baño, mientras recordaba la conversación de Belén que decía que se lo pondría si Lara lo hacía. Lara salió del baño solo tapada por un minúsculo tanga verde. Sus dos pezones, erguidos e insinuantes, desafiantes, estaban también atravesados por la misma joya.

    -Se os va a caer la baba, dijo Fátima riendo mientras nos miraba, podéis cerrar la boca, jaja

    -¿Y tu tattoo? Pregunte curioso

    -Eso, eso, dijo Pablo, no lo veo

    Lara sonrió pícaramente, mientras deslizaba el tanga un poco hacia el centro, dejando ver su marca, al lado izquierdo de su pubis, muy cerca de su deliciosa rajita

    -¿Os gusta? Preguntó

    -Por supuesto, dijimos casi al unísono los tres, Belén incluida

    -Que ganas tengo de ponerte la cremita en el para curarlo, dije

    -Cura mejor con besos y saliva, jejeje dijo Pablo, y todos reímos

    Mientras las chicas terminaban de vestirse acompañamos a Fátima a la parte delantera para pagarle, y nos invitó a unas cervezas. Nos comentó que habían estado hablando las 3 de nuestra relación, y dijo que era una pasada como nos habíamos relacionado y la relación que teníamos. Nos contó que ella era lesbiana, y que su última pareja no llevaba bien lo de compartir, y lo habían dejado. Ahora era una picaflor, porque se consideraba muy promiscua.

    -Mientras Lara y Belén me contaban con pelos y señales vuestros encuentros, me puse muy cachonda, dijo. La verdad que están cañón las dos, no me importaría hacérmelo con ellas, jajaja

    -No te prometo nada, dijo Belén, saliendo de atrás con Lara de la mano, pero si quieres pasa a cenar esta noche, nos curas, y si surge algo, pues bien, si no, toamos unas copas en casa, ¿te parece Lara?

    -Si, claro, me parece apasionante tu vida, Fátima, quiero saber mas, dijo Lara

    -Pues no se hable más, respondí, cuando cierres, tienes la dirección, te esperamos. Reconozco que la respuesta de Lara, me había terminado de descolocar, ¿quien era esa que estaba en el cuerpo de mi mujer? No lo se, jejeje pero me encantaba

    Dicho esto, nos despedimos entre besos y abrazos, y nos fuimos dirección a la casa, y cerca de ella paramos a tomar algo en una pequeña cafetería que habíamos visto el día anterior, pero estaba cerrada. Queríamos probar los famosos “pasteles de Belém”, y no, no eran las tetas de nuestra amiga, jeje

    Pedimos y charlamos sobre el día que estábamos teniendo y la grata sorpresa que las chicas nos habían dado. Con aquellas camisetas ajustadas, los pezones erguidos por los piercing, se les marcaban de forma insinuante. El camarero, un chaval de unos 20 años, después de pedir, volvió como unas 10 veces por la mesa a ver si necesitábamos algo mas, embobado mirándoles las tetas. Tropezaba y se distraía, pero la verdad, no era para menos. Lara se incomodó un poco al principio, pues no estaba acostumbrada a ser el centro de atención, y Pablo, que se dio cuenta, le dijo:

    -Cielo, no te cortes. Estas buena a romper, más que muchas crías de 20. Disfruta de tu cuerpo, y lúcete, que babeen todos, todas, los que no te puedan tener. Déjalos que te deseen, alguna paja caerá esta noche a vuestra salud, jajaja

    -La verdad, nunca me gustó ser el foco de atención, pero reconozco que la situación me pone perra, jaja, dijo Lara

    -Verdad? Yo no se, si son los pezones tan tiesos todo el tiempo, o el qué, pero yo también estoy muy cachonda, dijo Belén

    Pablo y yo nos miramos y dijimos casi al unísono:

    ¡Eso tiene arreglo! ¡Camarero, La cuenta!

    El chaval se acerco con la nota, y Belén aprovecho para colocarse la camiseta descaradamente, dejando ver todo el tattoo y parte de la aureola del pezón. El pobre chaval, tiró la bandeja con las tazas, rojo como un tomate. Belén se levantó, y le rozó con la mano el paquete, que denotaba una buena erección, y le susurro:

    -Dedícanos una paja hoy cielo, y le dio un beso en la mejilla. El pobre no sabía dónde meterse, y para rematar, Lara se a cercó a Belén y le plantó un morreo a escasos centímetros de la cara del chaval, que dejó todo en la mesa y se fue corriendo a la trastienda. Nos miramos los 4 y echamos a reír.

    -Menudo par de zorras estáis echas, dije entre risas.

    -Vuestras zorras, respondieron las 2

    Preparamos las viandas para la cena, esperando a Fátima, entre cervezas y vino. Eran mas o menos las 10, cuando picó a la puerta. Tras saludarnos de nuevo fuimos al jardín, a sentarnos en la mesa. Hablamos de muchas cosas triviales, trabajo, aficiones, y el alcohol iba cayendo y los temas subiendo de interés.

    En un momento determinado, hablando Fátima de cuanto trabajo tenía, la moda creciente de tatuajes y piercings, etc. y de los tatuajes mas raros, mas sexys, y demás, Lara comentó:

    -Oye, te puedes creer, que desde que nos pusiste los piercing, ¿estamos más calientes?

    -Por supuesto, el pezón tiene muchas terminaciones nerviosas, casi como el clítoris, la barra que os puse, a medida de cada una y ajustada, os los mantiene todo el tiempo erectos, y el solo roce, es una delicia. Veras cuando os los besen, chupen y laman, jeje respondió Fátima

    -¿Y siempre va a ser así? Preguntó Belén

    -No cielo, por desgracia no, en cuanto cicatricen y el cuerpo los acepte, se acostumbra a ellos y el día a día ya no afecta tanto. Eso sí, el llevarlos todo el tiempo desafiando, y ver que los demás se fijan en ellos, es muy placentero. Y por supuesto, jugar con ellos. Pero si estos os ponen así, no tenéis ni idea de lo que os perdéis no llevando este. Y diciendo esto se bajo un poco el pequeño short junto al tanga, dejando a la vista un depilado pubis, con tatuaje sobre el principio de su rajita que ponía “bitch” en letra gótica muy elaborada.

    Separó un poco los labios con sus dedos, para dejar a la vista un piercing que atravesaba su clítoris de arriba abajo, con dos especies de rubies rojos en los extremos. De sus labios pendían dos aros, uno en cada uno. Todos quedamos perplejos con la imagen.

    -Este, bien ajustado, buf, cuesta no estar en orgasmo continuo, añadió, tocándose con dedo la piel del clítoris, y moviendo la joya arriba y abajo. Cerró un poco los ojos y mordió sensualmente el labio. Es indescriptible, paro o no respondo, dijo riendo

    -Por nosotros no pares, dijo Pablo

    -¿Me ayudáis chicas?

    Lara y Belén se miraron, y se levantaron, acercándose a Fátima. Belén le bajo de todo el short junto al tanga, sacándoselo por los tobillos, mientras Lara se recogía el pelo. Se arrodillaron una a cada lado de Fátima y comenzaron a acariciarles las piernas, el vientre, y le subieron el top hasta quitárselo. La chavala tenia un cuerpazo. Sus pechos un poco mayores que los de Lara, firmes, coronados por dos majestuosos pezones, oscuros, erguidos y presos por dos piercing, con forma de sol que los rodeaban por completo, atravesados por una barra. La piel, morena y totalmente tatuados los brazos, el cuello, otro que partía de debajo de sus tetas, hasta unirse en el centro para terminar sobre su ombligo, que también lucia un piercing.

    Depilada totalmente con el tattoo que nos había mostrado, y que ahora mi mujer besaba, suavemente, mientras Belén jugueteaba con sus pezones, atrapándolos con los dientes y estirándolos. Lara se hundió entre las piernas de Fátima, y esta retorció de gusto. Le atrapó la cabeza con las manos, y se restregaba lujuriosamente contra su cara, jadeando con los ojos cerrados. Lara movió un brazo y le introdujo varios dedos, mientras seguía su cunnilingus.

    -¡Aaah! ¡jodeeer, siii! ¡Zorra, que bien lo comes sii!

    -¡Sigue! ¡Sigue! ¡No te pares ahora!

    Terminó de correrse entre espasmos y jadeos, hasta que soltó a mi mujer, la atrajo hacia su cara, y se fundió con ella en un beso, profundo, húmedo, lascivo. Después hizo lo mismo con Belén, y luego les juntó las bocas a nuestras mujeres, para que se besaran entre ellas.

    Pablo y yo contemplamos toda la escena con nuestras pollas, duras como piedras, en la mano ya. Fátima se sentó en el suelo, y Belén y Lara se pusieron de rodillas una frente a la otra, con la cara de Fátima en el medio. Nos indicaron que nos acercáramos. Me coloque detrás de mi mujer, le baje el pantalón y la penetré sin ninguna dificultad, estaba empapada. Pablo hizo lo mismo con su mujer. Mientras las follabamos ellas se alternaban para besarse las tres.

    Yo juguetee un poco con los pezones de Lara, cuantas ganas tenía de verlos perforados, y por los tenía en mi mano tal y como yo los deseaba e imaginaba. No tardamos ni tres minutos en corrernos casi a la vez, estábamos muy calientes con la escena anterior. Las chicas al sentir que lo hacíamos se quitaron para que toda nuestra descarga terminara sobre Fátima. Después las tres se afanaron en chupárnosla para dejarlas casi listas de nuevo, Y Lara y Belén, retiraron toda la leche derramada sobre Fátima. Cuando terminaron, se fueron a la ducha juntas.

    Pablo y yo quedamos fuera, recomponiéndonos y asimilando lo que había pasado, mientras nos fumábamos un porro y apuramos unos tragos de Whiskey. Estaban siendo las vacaciones de mi vida.

    Habían pasado un par de días desde la sesión de “marcaje y perforado”. Los tattoos empezaban a curar, así como los piercing de las chicas. Hablamos durante una comida, de lo increíble que debía ser que se pusieran el del clítoris, pero nos cortaron rápido, diciendo que de no llevar nada a perforar los dos pezones ya había sido avance suficiente para la primera vez; Lara añadió que además ella también era su primer tatuaje, que esperásemos a que curaran del todo y ya se vería. Lo cierto es que Lara, estaba irreconocible, tanto en actitud, como en todo lo demás.

    El moreno que estaba cogiendo, resaltaba sobre la marca minúscula de la minibraguita del bikini, que lo usaba más que nada por proteger el tatuaje. Sus tetas, sus gloriosas tetas, morenas, perforadas, con los pezones siempre erguidos me dejaban mirándola embobado sin darme cuenta del tiempo. Y cuando la desnudaba del todo, ver nuestras iníciales tan cerca de su delicioso coñito, buf, era algo brutal. Luego estaba Belén, que siempre que tomaba el sol en casa, lo hacía completamente desnuda, salvo el apósito que protegía su tatuaje.

    Le estaba dejando una graciosa marca en la piel, un círculo sin broncear muy cerca de su pezón, que contrastaba con su tono de piel y la oscuridad de su areola. Y luego estuvo la escena lésbica a trió que se montaron con Fátima, que calentón cada vez que lo recordaba, madre mía. Belén y Pablo nos habían contado que de vez en cuando frecuentaban, antes de conocernos, bares de ambiente liberal, pero nosotros, éramos uno del otro, y Lara jamás se habría propuesto hacer nada de lo que estaba haciendo desde que los tenemos en nuestra vida. Y me gustaba, y me preguntaba hasta donde sería capaz de llegar.

    En este día, habíamos reservado una lancha con la intención de ver calas cercanas, pescar, tomar el sol, bañarnos, vamos, pasar un día de vacaciones “normal”. Preparamos todo, cargamos el coche y fuimos al puerto a recoger la embarcación. Yo aún no me había sacado el título, por lo que estaba todo a nombre de Pablo. Era una Bayliner de 7,50, con motor intraborda y camarote. Un modelo que Pablo tenía en mente adquirir si conseguía vender la suya a buen precio. La verdad, que era una maravilla de embarcación.

    Pasamos la mañana de cala en cala, fondeando de vez en cuando para darnos un baño. Sobre las 3 de la tarde, nos dirigimos a una muy pequeña, con un frondoso monte bajo detrás, que daba la apariencia de no tener acceso más que desde el mar. Fondeamos muy cerca de la orilla. Comimos en el barco, y un poco más tarde nos tiramos al agua para nadar hasta la arena, con el fin de tomar el sol. Decidimos hacerlo todos desnudos, al no ver a nadie por los alrededores, ni opción de que nadie llegara. Nos aplicamos generosa cantidad de protector, sobre todo en las zonas mas blancas y los tatuajes.

    Lara comenzó a ponérmelo en la polla y esta no se hizo de rogar. Despertó con una flamante erección. Belén hacía lo mismo con Pablo, obteniendo la misma respuesta. Estando de esa guisa, se tumbaron a tomar el sol.

    -¿Nos vais a dejar así? Preguntamos casi a la vez

    -Si, si queréis haceros unas pajas, o liaros vosotros, nosotras vamos a broncearnos, Dijo Lara riendo

    -Eso, eso, que bien que nos jaleáis cuando os damos el espectáculo nosotras, podíais deleitarnos con algo, añadió Belén

    -Vamos a bañarnos, añadió Pablo, no verán eso vuestro ojos, ¿verdad Miguel?

    -¡Nooo! Respondí, al menos no en pleno uso de mis facultades, jajaja

    Tras refrescarnos y bajar el calentón, Pablo nadó hacia el barco, pues quería mirar varias cosas en previsión de la compra de uno igual, o eso dijo, y yo me fui a la playa con las chicas. Me tire en la arena en medio de ellas, mojándolas enteras, y sorprendiéndolas, pues se habían dormido. Belén reaccionó y se tumbó de lado, mordiéndome un pezón, bastante fuerte, mientras me agarraba el miembro con la mano. Lara hizo lo mismo desde el otro lado.

    El juego fue subiendo de tono. Lara tomó mi polla en la boca y comenzó a hacerme una mamada de lujo, mientras Belén se sentaba a horcajadas sobre mi cara de frente a Lara. Mi lengua buscó ávidamente su rajita, que ya estaba lubricando a tope. Lara se sentó sobre mi polla, metiéndola entera de un golpe y comenzó a cabalgarme, mientras se morreaba y sobaba con Belén. Me estaban dando un polvazo tremendo entre las dos.

    -Cabrón, como mueves esa lengua. ¡Que rico! Dijo Belén, Sigue, sigue no pares ahora o te mato, ¡aaaah siii me corro! ¡aaaah!

    Casi me ahoga al hacerlo. Entre los flujos que emanaban de su interior, y la presión de su culo sobre mi cara, por un momento me costó respirar. Sin tiempo a tomar una bocanada de aire, Lara, comenzó también a gemir y cabalgarme más fuerte aún

    -¡Bufff siii siiiii yo también me corro! ¡Siii vamos siii Aaaah!

    Unos instantes después, las dos se arrodillaron a ambos lados y comenzaron a chupármela. Lara me la sostenía con la mano, me masturbaba lentamente, mientras pasaba su lengua por todo el tronco hasta llegar al glande, y entonces se la metía entera en la boca, mientras succionaba con fuerza. La sacaba y entonces la boca de Belén tomaba el relevo. Así estuvieron un par de minutos, yo no aguantaba más y sin tiempo de avisar, un potente chorro salió de mi cuando la tenía dentro de la boca Belén.

    Cerró los ojos y tragó todo. Lara apretó fuertemente mientras cambiaba su boca por la de su amiga, y al hacerlo, aflojó y otro potente chorro de semen fue a parar esta vez a su boca. Cuando des pues de un rato se dieron por satisfechas, dejándome seco, se fundieron en otro beso, recogiendo una a la otra con la lengua los pocos restos de semen que no habían entrado dentro de ellas. La voz de Pablo me sobresaltó

    -Menuda fiesta tenéis aquí montada, cabrones jajaja, dijo mientras sostenía el móvil en la mano, en posición de grabar

    -¿Que haces? Pregunte

    -Grabar un recuerdo hombre, para cuando tengamos añoranza, jajaja. Chicas habéis dejado secos a tres tíos a la vez, dijo señalando a la arboleda.

    Dirigimos la mirada hacía allí, y dos tíos, con aspecto de pescadores, aún sostenían las pollas en sus manos, goteando, a escasos metros de donde estábamos. Al verse descubiertos, saludaron con la mano, se subieron los pantalones y se fueron

    -Por dios, que vergüenza, dijo mi mujer, vámonos de aquí

    -No, primero me tenéis que vaciar esto, dijo Pablo, con su miembro en la mano, me lo debéis

    Lara se arrodillo la primera y comenzó a chupar, como había hecho conmigo, en seguida Belén la acompañó. Pablo me pasó el móvil para que los grabara. Después de unos minutos, Belén dejo a Lara chupándole la polla a Pablo, mientras este le sostenía la cabeza con fuerza. Belén se puso detrás de el y comenzó a lamerle el culo, mientras le separaba las nalgas con las manos.

    Poco a poco su lengua fue entrando dentro de Pablo, hasta que la sustituyó por un dedo. Pablo empezó a jadear con fuerza y embestir con más fuerza aun dentro de la boca de Lara, que hacía milagros para poder respirar y no atragantarse con el mástil de mi amigo.

    Aferrado a la cabeza de Lara, con su polla hundida hasta los huevos en su boca, y dos o tres dedos ya metidos en su culo, empezó a gruñir y jadear, entre espasmos.

    -¡Toma zorra! ¡Tragatelo todo!

    Cuando Lara se pudo retirar, tenía la cara desencajada, tomaba bocanadas de aire, entre las arcadas y la tos. Sus ojos llorando, y hasta moco le salía de la nariz, pero aun así, sonreía. Belén se apresuró a besarla y acariciarla para reconfortarla.

    -¿Estas bien cielo? Preguntó Pablo, ¿te he hecho daño?, lo siento, me he dejado llevar

    -No te preocupes, estoy bien, atinó a decir. Nunca me habían follado la boca tan fuerte, me ha gustado, dijo mirándome, la próxima vez te toca a ti

    -Sin duda, si quieres, lo que tu quieras

    Unas voces atrajeron nuestra mirada de nuevo a la arboleda. Hablaban en portugués pero era fácilmente entendible que no traían intenciones amigables:

    -Olha, tá vendo? Elas ainda estão aí, vamos foder essas duas putas até elas explodirem.

    -Sera mejor que nos vayamos rápido al barco, esto no me gusta, Dije

    -Si, dijo Pablo, vamos chicas, rápido

    Nadamos tan rápido como pudimos. Ya abordo, con el motor arrancado, y el miedo en el cuerpo, miramos a la playa, eran como media docena de rudos pescadores, sucios, que vociferaban agarrándose el paquete, mirándonos marchar. Alguno incluso intento nadar, pero era tarde para ellos. El viaje de vuelta al puerto lo hicimos en silencio.

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