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  • Cuernos consentidos (II)

    Cuernos consentidos (II)

    La situación que conté en la primera parte había llegado a un punto en el que tanto mi marido como yo no podíamos esperar más tiempo sin sincerarnos y hablar abiertamente de lo que estábamos haciendo.

    Así, una de las noches en las que acabábamos de echar un buen polvo, él me preguntó que de todos los hombres con los que había follado cual me había gustado más. Yo me quedé un poco dubitativa porque no sabía si se refería a toda mi vida (en la que yo ya le había dicho que sólo lo había hecho con él), o a la última época en la que él me había ido trayendo varios hombres a casa, y al final no me quedó otra salida que hablar ya directamente del tema:

    —Cada uno fue distinto. El primero me encantó, por la situación morbosa que se creó y por la polla que tenía, a la que no estaba acostumbrada. El marido de nuestra vecina fue el que más me hizo correrme y con tú hermano, ya no podía ni creérmelo que lo pudiera tener en la cama follándome delante de ti. Fue una pasada. Bueno, y tú eres el mejor, porque ya me conoces muy bien y sabes cómo hacer que me corra, y además te agradezco mucho todo esto que has hecho por mi y siento haberte hecho creer en un principio que no me daba cuenta de nada, pero me moría de morbo el verte mirándonos a escondidas.

    —Pues a mi me daban muchas ganas de unirme a vosotros cuando os miraba, y tengo que confesarte algo. Cuando voy al gimnasio, en las duchas, me quedo mirando a los hombres, porque últimamente me atraen mucho sus pollas, y hay uno en especial, con el que me quedo a última hora, cuando ya no queda nadie y nos hemos masturbado alguna vez y se la he chupado. Lo siento, que puedas pensar que te he sido infiel.

    —Después de lo que tú has hecho por mi, no tengo derecho a pensar eso. Hasta me da morbo que me lo cuentes. ¿La tiene rica tu amigo?

    —Si, es fantástica. Cuando se le ponía dura en la ducha, me quedaba como tonto mirándosela y esa sensación de agarrar por primera vez la polla de otro me puso excitadísimo, y no te digo ya cuando me la metí en la boca y pude saber lo que siente una mujer cuando chupa una polla. No me extraña que os encante, porque es lo más rico que hay.

    —Oye, pues a ver si lo traes a casa y se la chupamos entre los dos.

    —Eso es lo que iba a proponerte, estar los tres juntos.

    —Mmmm, que nervios, ¿cuándo lo vamos a hacer?

    —Mañana lo voy a traer. Ya le hablé de ti y está encantado con la idea.

    Al día siguiente vino mi marido con su amigo y después de las presentaciones me agradó mucho, porque me parecía guapísimo con ese cuerpo atlético que tenía y cuando acabamos la botella de vino que trajo nuestro invitado, pasamos a la habitación y empezamos a desnudarnos, sin que yo quitara ojo de nuestro amigo cuando se bajó los pantalones y pude ver que mi marido tenía razón. Enseguida se le puso en erección y era la verga más hermosa que había visto en mi vida y cuando él me la ofreció, se la acaricié con delicadeza disfrutando de ese momento, pero no pude aguantar mucho tiempo sin que empezara a sacudírsela bien pajeándole, notándose que estaba demasiado ansiosa y excitada, por lo que mi marido tuvo que pararme, para que él no se corriera antes de tiempo y nos pusimos los dos a chupársela como habíamos acordado.

    La visión de mi marido con una polla en la boca me acabó de encender totalmente y sólo deseaba que se corriera de una vez para saborear entre los dos su semen, y mi marido viendo el estado en el que me encontraba se puso a follarme mientras yo seguía con la polla de su amigo en la boca, alternándola con la boca de mi marido hasta que le hicimos correrse y yo alcancé el orgasmo cuando mi marido se corrió dentro de mi. Pero enseguida, le pedí a su amigo que me follara y se puso a penetrarme, con la leche de mi marido todavía en mi coño, lo que ayudó a que su poderoso miembro entrara dentro de mi y me hiciera sentir completamente llena por dentro.

    En ese momento me vinieron a la mente las escenas de vídeos porno que mi marido me había enseñado en alguna ocasión, en los que se hacían penetraciones dobles a una mujer. O sea, penetrada a la vez por el culo y el coño, que eran las que más me excitaban, así que les pedí que me lo hicieran. Yo sentada encima de su amigo, le pedí a mi marido que me la metiera por detrás. Como mi ano estaba dilatado por anteriores penetraciones, entró sin dificultad y cuando sentí como se movían las dos pollas dentro de mi, me dieron un placer indescriptible, provocándome el orgasmo más largo que había tenido nunca, que me dejó casi sin conocimiento, sin fuerzas para nada, después de tantos gritos interminables,

    Después de esta experiencia, mi marido buscaba cada vez más morbo en nuestras relaciones y me comentó que a veces solía hablar con un chico jovencito, que le había comentado que nunca había estado con una mujer, tan solo algunos besos con una chica, o sea, que era completamente virgen y que tenía una buena polla totalmente desaprovechada, así que al proponerme que fuera yo quien le desvirgara, la vagina se me humedeció al instante sólo de pensarlo,

    Nuestro vicio ya no tenía límite y cuando me lo trajo a casa, mis nervios eran distintos a otras ocasiones, porque me sentía como la mujer más pervertida del mundo dispuesta a iniciar a ese chaval. Mi marido fue dirigiendo la situación, pidiéndome que le enseñara las tetas, invitándole a que las tocara sin miedo, haciéndole ver como disfrutaba yo cuando me las amasaba y apretaba mis pezones. Luego sentada en el sofá, abrí mis piernas para que pudiera verme el coño impregnado de mis jugos que mojaban todos los pelos de alrededor, que fue igualmente acariciado por su mano, abriéndomelo con los dedos, preguntándole mi marido si le gustaba.

    —Si, me encanta, menudo coñazo que tiene tu mujer.

    —Anda, métesela, pero primero deja que te la chupe mi mujer, ya verás que gusto da eso.

    Yo me lancé ansiosa a por su polla, devorándola entre sus labios, lo que hizo correrse al chico casi al instante, pero a esa edad siguió teniéndola dura sin problemas, y cuando me la metió, lanzó un grito de placer, empezando a follarme con fuerza, pudiendo aguantar lo suficiente sin correrse otra vez para que yo pudiera correrme antes.

    Mi marido me hizo ponerme a cuatro patas para que el chico pudiera verme bien el culo y que me la metiera por ahí. Al principio tardó en decidirse al ser una situación nueva para él, pero ayudado por mi marido la introdujo en mi culo y fue moverse un poco dentro de él y exclamar:

    —Aaaahhh, que bueno es esto. Me gusta más que por delante. Está más apretadito.

    A mi me encantaba como me lo estaba haciendo y ya para culminar mi placer, mi marido me la puso en la boca, acabando por coincidir al final las corridas del chico y la de chico dentro de mi culo.

    Después de un breve descanso, quise satisfacer otra de mis fantasías, que había visto también en algún vídeo porno, cuando dos pollas se introducen a la vez en el coño. Me puse en posición para que mi marido me la metiera primera y luego el chico se puso en el medio de los dos para intentar meterla igualmente. Cuando al final conseguí tener las dos pollas dentro de mi frotándose entre ellas y a la vez sintiendo a los dos moverse llenándome el coño y dilatándolo como si fuera a parir, el orgasmo fue brutal y la doble corrida que recibí de ellos me dejó completamente encharcada con su semen que rebosaba al exterior.

    Después de esto, nuestra escalada en el vicio del sexo continuó y surgió la ocasión de incluir a otra mujer en nuestros juegos, algo que decididamente, llegados a ese punto, tenía que probar también, comprobando al final, que a mi me gustaba todo lo que me pusieran.

  • Orgía a full, yo y 15 más (Parte 2)

    Orgía a full, yo y 15 más (Parte 2)

    Retomo la continuidad del relato luego de la pausa reparadora de nuestra protagonista amiga, luego de un breve relax todo continuó con renovados ímpetus. Esta es la continuación. 

    Por comodidad habíamos acomodado dos colchones sobre el piso, con una protección de hule debajo de las sábanas previendo la cantidad de leche que rebasaría la capacidad de la vagina. Los orgasmos, auténticos, que tuvo nuestra amiga fue algo digno de elogio, nada era fingido, los gemidos y bramidos eran el resultado de las calenturas y la excitación.

    El fragor y la potencia de los machos minaron la resistencia de la mujer, llenado de lechita las cavidades de la mujer, tanto que la toalla no bastaba para limpiar y contener la hemorragia de semen vertido por las mangueras de los jóvenes machos.

    El cansado reloj biológico había contabilizado poco más de cuatro horas de “meta y ponga”, de leche a todo dar. Concluida la primera ronda de descarga de calentura seminal, la teve, fumando y bebiendo crearon un momento de relax y calma, los primeros en pasar ya estaban mirando con creciente interés a la mujer derribada por la horda de furiosos cogedores.

    Aprovechando que no tenía nadie montado encima, con la cara transfigurada de tanto mamar, restos de semen coronando las mejillas y la conchita rezumando hilos de esperma dejó el lecho para pasar al baño.

    Se la veía sentada en el bidé vaciar el contenido lácteo, frente al espejo lavarse los resabios de esperma secos sobre sus mejillas. Fue en ese momento preciso de contemplar el maquillaje de semen y los rastros de las furibundas mamadas, que no advierte que por detrás y a cada lado se acomodan, apoyando sus miembros, Daniel, el primero en someterla, bien vergudo y Joaco que portaba buena herramienta no tan gruesa, pero cabezona y larga, frotándose contra sus caderas.

    Quieta, los dejó hacer, volcados sobre ella, presionada contra el lavabo, todos mirándose en el espejo que devolvía la máscara de las emociones calientes. Tocada a cuatro manos, las tetas eran la rapiña preferida, una para cada uno, lo mismo la entre pierna y la raya del culo eran tierra de nadie, cada uno metía y exploraba lo que tenía a mano.

    Las tocadas y mamadas de tetas habían conseguido que se mojara todita, los dedos habían sobado a destajo la raja, copado la capacidad con todos los dedos, meneándose en atroz calentura clamó por que termine el acoso: – Vamos, putos maricas, cójanme, cójanme ya mismo!

    Daniel, fue el primero en acatar la orden, colocado entre sus nalgas ordenó: -Vamos, puta, abréte!

    Las manos del muchacho la retiraron para atrás, se inclinara y tomarse del borde del lavatorio, Edu, compañero de acción le abrió las cachas. El muchacho se afirmó de la cintura y se la mandó de una, a fondo, bombeaba con fuerza, con mucha fuerza mientras el otro chico no paraba de estrujarle las tetotas y besarla, haciendo un tour exploratorio de lengua dentro de la boca de Pamela.

    El pistoneo de la gruesa verga en su vagina se complementa con el ejercicio de exprimirle y mamarle los melones que Edu pone todo su esmero y ardor hasta en morderlos. Estaba claro que no pensaban acabar tan pronto, el cambio de sitios y turnos se produjo para mantener bien alto el rendimiento y demorarse en la venida. Unos pocos minutos era el límite para producirse el cambio. La vehemencia y contundencia de los envíos de pija pronto consiguieron que la mujer estuviera en el trance de un sabroso y bien gemido orgasmo: – Uff, ufff, síiii, qué bueno, qué bueno, me están matando! No paren…

    En ese sinfín de gemidos y expresiones del orgasmo no fue interrumpido ni por el cambio de monta, Edu vino a continuar la penetración del vergudo. El largo de su miembro se hacías sentir el fondo del útero de Pame, los empellones la revelaron como una tremenda cogedora, los gemidos más intensos y sonoros, los adormecidos despertaron y los despiertos con la erección más tiesa.

    El trío estaba transitando su mejor momento, ella en fabuloso orgasmo, Edu ensartado en su conchita había comenzado a bobearla a máxima potencia, el bramido estalló junto con el potente chorro de esperma, varios movimientos terminaron por vaciarle todo el contenido dentro de la conchita. Silencio y permanencia, latiendo dentro de la mujer hasta la última gota de leche.

    Retiró el miembro del estuche vaginal, la abundante descarga y la postura favorecen el rebase de la capacidad de contener tanta leche, se escurre en gruesos hilos de fluido que gotea sobre el piso.

    Los gritos y los jadeos del trío nos disponen para comenzar una segunda vuelta, pero… aún está en turno de “garche” el vergudo de Daniel, que tiene el derecho de uso. Sin cambiar de postura hizo el relevo de postura, desde atrás con la urgencia precoz que lo había caracterizado en la primera oportunidad, fue contundente y preciso en bombear un breve lapso y regar con su manguera toda la descarga de leche que le venía prometiendo al oído.

    Los dos quedaron sentados viendo como otros dos muchachos la rescataban trayéndola al centro de la escena, chorreando leche.

    Sentada en el centro de la escena, espera al adelantado, la habíamos rodeado, circulo de pijas enhiestas, sobadas despacio para mantenerlas latiendo deseo. Quien relata tomó la delantera, cruzamos miradas, entendimos todo. – Tranquilos, ahora me toca iniciar esta nueva ronda. Voy a hacerle el culo.

    Había leído el juego como pocos, necesita un golpe de efecto, durante las casi cuatro horas desde que comenzó la orgía, nadie tuvo la idea u osadía de hacérselo, era tiempo de dejárselo bien abierto.

    Cuando puse mi mano en su cintura sentí lo mismo que la primera vez que se lo hice, sé que le encanta el sexo anal, pero cuando lo intenté se echó para atrás, se lo habían hecho un par de veces y le gustó, claro está que esos amigos no la tenían tan gruesa como la mía, lejos estoy de tenerla tan larga como otros, pero me gratifica en la comparación de los asistentes y por el grosor me pone entre los más dotados, ella sintió la primera vez que lo intenté y nos quedamos tan solo a medio hacerlo.

    Ahora las cosas eran distintas, todo el morbo puesto en escena, toda la libido a full, rodeada de machos ansiosos, no queda mucho para pensar, solo relajarse y gozar como reza el dicho popular. Relájate y goza, debió ser la consigna interna, se dejó acomodar, en cuatro para entregarse mejor y ofrecer la visión desde todos los ángulos. – Chicos miren, el espectáculo está por comenzar! Alguien dijo: – Acción!!

    Imponerse está bueno, pero si lo disfruta, cuanto mejor para todos. Unté un dedo en la gelatina lechosa de la vagina y se lo metí lentamente en el culo, entrando, saliendo y girando, untado dos dedos repetí la acción, girando los dedos metidos a tope, había producido el placer de hacerla ronronear y dilatar el conducto. Los chicos contemplan la escena con todo el morbo a flor de piel, los veo tocarse y moverse inquietos sin perder detalle, esperando ansiosamente el turno de copiarme. En un momento cambié por el pulgar, también tengo dedos gruesos, entrando y girando para excitarla.

    Acomodé su cuerpo, el culito bien empinado, la cara apoyada sobre el colchón, las manos libres abriendo las cachas para que todos pudieran ver como la verga untada en el semen de la vagina se posiciona justo en el centro del hoyo. Animado por los gritos de los chicos pidiendo que se lo partiera de una buena vez, tomado de sus caderas no tuve ninguna dificultad para introducir la poronga en toda su extensión, el grosor fue una abertura en continuado sin darle tiempo a reaccionar.

    Sosteniendo con firmeza su cintura, enterré la estaca de carne abriendo bruscamente su recto, el metisaca la hacía vibrar, despertar una catarata de sensaciones dolorosamente placenteras, olvidar la dilatación y disfrutar el sexo anal. Las sensaciones se multiplican, reaviva en oleadas de flama sexual, los gemidos dibujan el placer en sus entrañas, clavada a tope forzando el esfínter a permitir recibirme sin reparos. La primera descarga seminal, la sentí gruesa y caliente, las palpitaciones de las siguientes transmiten el lenguaje ritual del goce, sus intestinos traduce el mensaje encriptado en leche caliente en un delicioso orgasmo.

    Permanecí sobre sus nalgas hasta que silenciaron los latidos, saliendo despacio del maltrecho recto, la cabeza abandonó el aro anal como descorchando el mejor de los espumantes. El pedo por la inyección de aire asomó una parte del semen burbujeando por la faena concluida.

    Los mirones aplaudieron y gritan como asistentes a un gran espectáculo. Todos al palo, esperando el momento para llenarle el culo de leche. Pame fue duramente acosada por los duros penes, hambrientos por vaciarse en su maltratado culo. Me sería harto difícil describir las sensaciones que transitó en la etapa anal, se la veía demacrada pero feliz, agotada pero satisfecha, nunca tantos penes hicieron feliz a esas carnes ansiosas.

    La estrechez anal dejó de serlo, al menos por este finde, su culito no paró de recibir vergas durante un buen tiempo, parecía que era algo de nunca acabar, varios volvieron con más ganas a llenarla por segunda o tercera vez. Una pausa técnica para unos tragos y reponer el resuello y ya tenía a otro tipo dispuesto en la obsesión de hacerle el culo.

    El culo estaba a tope, uno tras otro entraban sin preocuparle por estar rebasando escurrida por sus piernas, nada importaba solo vaciarse dentro.

    El sol tamiza sus rayos entre los visillos de la persiana, iluminando la tranquilidad y el sosiego, cada quien despatarrado donde lo encontró el cansancio y la modorra, el sexo a full había conseguido calmar el músculo, amainar el deseo y sedar las emociones. El sueño repara y consuela, calma y tonifica para volver por más. La culeada había sido algo apoteósico, agotado y vencido por el esfuerzo, sobre todo a nuestra deliciosa hembra.

    Me había despertado con ganas de orinar, ayudé a levantarse, tomarla en brazos y llevarla a una habitación donde dormían varios compañeros, dos sobre la cama y otros tantos en el suelo, le hice un lugar entre los primeros y la dejé sobre el lecho.

    No sé cuánto tiempo habrá descansado, cuando pasé delante del cuarto para prepararme un café la tenían en la cama entre los dos, montada sobre el acostado y dándole el culo al otro.

    Con el traqueteo de la doble penetración habían despertado y listos para ser reemplazo cuando hubieran vaciado su carga matinal de leche.

    Era la hora del desayuno, habíamos preparado café para todos, para ella obviamente con leche, de tal modo que sentada en el centro de la cocina, en un puff, dispuesta a ordeñarnos a todos para complementar su café matinal. Dijo que el mejor desayuno de su vida, variedad de sensaciones y aromas, sabor intenso y penetrante, texturas y espesuras tan diversas, podría que había degustado el sabor del macho en su estado puro.

    Fue un finde a todo dar, poco descanso y mucha acción, Pame sintió y disfrutó la sensación de sentirse clavada por la concha y por el ano, dejada a la buena de Dios, entregada a la lujuria de los hombres, ofrecerse y demandar más verga, más leche.

    También lo bueno tiene un momento de fin de fiesta, fui el que la devolvió al punto de partida, retornarla sana y salva de una experiencia emocionante. Nos tomamos unos tragos mientras recorríamos algunos pasajes de las emociones recientes, tanto así que nos excitamos como para regalarnos un delicioso sesenta y nueve y lo rematé con una culeada que no tuvo nada que envidiarle a esa primera durante la orgía.

    De ese particular momento se cumple justamente un año, acabo de llamarla para proponerle revivir esos momentos, aceptó gustosa en volver a concretarla, repitió su frase de batalla:

    – No pregunto cuántos son sino que vayan saliendo.

    Estaré esperando tus comentarios y preguntas en: [email protected]

    Nazareno Cruz

  • Me titulé de puta: Visitando de nuevo a la madrota

    Me titulé de puta: Visitando de nuevo a la madrota

    Ya había pasado algún tiempo de las ‘Lecciones de como coger’ que habíamos recibido con la madrota y que habían sido muy bien aprovechadas.

    Pasó a ser frecuente recordarme como había cogido:

    -¡Te voy a joder como te cogieron en el congal mamacita…! Como cuando le dabas las nalgas a aquellos güeyes…

    – ¡Siiii…! ¡Asiii! métemelo maaasss… yaaa méteme el palo como ellos… tooodoo… Siii… cómeme asiii… quiero daaarrrr…

    Comenzamos a ir a una avenida semi-hundida, llamada “el Periférico” en que hacíamos algo diferente:

    Entraba a la avenida en un sector con muchos vehículos circulando por el carril central, sin prisa, sin importar los coches a los lados me metía la mano por las piernas y la concha; me descubría los pechos. A seguir me bajaba los calzones y me subía la falda a la cintura. Yo colaboraba abriendo las piernas, moviéndolas, ventilando el chango peludo. Ya así se abría los pantalones sacándose el palo que le agarraba de inmediato.

    En ese tramo ya con poco tránsito, nos sentíamos tranquilos y seguros para hacer exhibicionismo. Manejando lentamente me dedeaba la concha, alternando con caricias a los pezones, totalmente relajaba… con la cabeza en el respaldo, gozaba la dedada y le movía suavemente la verga hasta venirme.

    Al pasar por debajo de un paso peatonal con alguna gente, se detenía un poco para ser vista claramente encuerada y dedada, tranquila, gozando la venida, sin importar que me vieran el traste.

    Avanzábamos un poco más a donde era el final de la avenida con una vuelta en U, se detenía en la curva y completaba mi masturbación, de eso pasábamos a la suya, era sui turno de venirse… en mi boquita sentada de lado lo mamaba, con una pierna levantada para seguir moviéndome la perlita hasta que le sacaba toda la leche.

    En otros momentos comenzamos a variar las cogidas metiéndome un consolador, a veces por el culo y a veces por la chucha:

    – ¿Ves cómo estás? Mamando con un palo metido por el culo y otro por el coño… ¡Eres una zorra cogelona y mamadora!

    – ¡Mentiroso! Jajaja… En la boca tengo tu palo, en la chucha tu lengua y por atrás el consolador… ¡Mentiroso…! Jajaja… Huuummm…

    Consideré que estábamos maduros para otra experiencia.

    – Cariño, ¿qué te parece si vamos a ver cómo está la Juana?

    – A ver pónmela bien… ¿A ver cómo está? ¿Nada más? Tú quieres otra cosa… ¿Qué quieres…?

    – No se… no estoy seguro… ¿No quieres repetir la experiencia…? ¡Fue muuuy especial…!

    – Si, fue especial, pero no. En principio… no… No se…

    Pero insistió y un día que estaba de buenas, acepte regresar. A ver que decía y como estaba la señora… Fuimos otras dos veces. Antes de ir sola…

    Y otra vez

    Después ya fue fácil regresar, solo me lo insinuó y acepte. Esa siguiente vez hubo cambios, la madrota le sugirió:

    – ya está bien ambientada. ¿Qué les parece si la arreglo como una de mis puchachas?

    Me fascinó la idea. ¡Siii! ¡Verme así sería fantástico! Acepté y marcamos día y hora.

    Por separado, sin que yo supiera, le dijo a mi primito:

    – ¿Le parecería que ella se quede sola, o sea, sin usted junto? ¿Por un rato?

    Aunque ya lo había pensado, eso lo sorprendió y tuvo que pensarlo. Al llamarla de nuevo le dijo:

    – Creo que puede ser muy excitante y lo veo posible, pero ¿Qué le parece si sucede como continuación de algo en que ya esté muy caliente? como aquella vez que bajamos. Lo he pensado y creo que lo mejor sería que entremos primero, cogemos y si la veo bien cachonda la dejo sola.

    Estuvo de acuerdo y así quedamos. Pidió que me pusiera una tanga muy chiquita.

    Sin decirme que pensaba dejarme sola, me comento que la Juana nos invitaba a una orgía, lo que acepte sin titubear, ya sabía como era, estaba tranquila con un leve sonrojo o algo así. Más bien como deseosa. (¿Caliente?). Tampoco me dijo que la madrota me iba a arreglar.

    Llegando pregunte ingenuamente:

    – ¿Vamos a estar arriba o abajo?

    – Abajo.

    – Buuueeeno, ¿Ya vamos?

    – Dentro de poco. Primero vamos a vestirte y maquillarte.

    Cuando volví. ¡Que sorpresa! Venía muy maquillada, con una mini-minifaldita muy leve, que mal me cubría las nalgas, con una blusa casi transparente y que dejaba ver los pezones duros, duros. Se alegró de verme así y vi claramente su reacción en los pantalones.

    Con esa reacción cambie de expresión de duda a una de alegría. Después le confesé que ya tenía curiosidad de saber más como era estar así entre varios hombres, como ya había visto en las otras visitas, y que ahora lo haría con pleno conocimiento y consentimiento.

    Arreglada como estaba se veía y parecía, no, no parecía, era otra de las huilas de la casa. Y se portaba como una más, cruzando y descruzando las piernas enseñando los calzoncitos y caminando moviendo las tetas y el cuadril. Varias veces le pedí que caminara para verla moverse.

    A una indicación de la madrota fuimos a la sala que conocíamos para lo que sería otra fiesta de varias parejas.

    Ya estaba otra pareja acariciándose, vimos el ambiente y comenzamos la cachondeada, pronto ya estaba enseñando las nalgas sin importarme, ya que las otras viejas estaban iguales. Me dije:

    – Mámame… sin decir nada me comí el palo chupándolo como sabía.

    Entraron otras dos puchachas, y varios hombres que se fueron acomodando en los varios sillones comentando:

    – ¡Ah que buenas nalgas! ¡Que chichotas mamacita, tengo hambre! Yo quiero esa piernuda…

    De rabo de ojo lo mire, claramente preguntándole que hacer, me murmuro al oído:

    – No te preocupes, ya estuvimos aquí en una orgía, ya sabemos cómo es.

    Moví la cabeza aceptando y ya no hice caso, me quité la blusita e inclinada de pie con las nalgas en pompa seguí mamándolo; el tipo de junto comenzó a meterme mano a los pechos que se balanceaban alegres. A seguir, sin titubear se me puso atrás, me bajó los calzoncitos y me cogió, me retorcí un poco, pero mantuve la posición. Viendo que estaba tranquila y siendo cogida por otro sin reclamar, mi primo me murmuro al oído:

    – Voy al baño…

    Y salió. Después me contó que subió al entrepiso para verme sola, ya lo esperaba la madrota.

    No me diferenciaba de las otras pirujas y cuando se vino el que estaba follándome otro cabrón se acercó acariciándome suavemente las nalgas, me deje hacer medio dudando, medio indecisa como viendo si mi primito cabron regresaba:

    – ¡A ver hijita… dame esas nalguitas! y me la dejo ir…

    Pensaba:

    -Este pendejo me está dejando sola, ya me sospechaba que iba a querer verme coger con otros. (Pendejo el, o pendeja yo?) Le voy a demostrar que ya se hacer lo que sea, que voy a dejar que me coja el que quiera, como estas putas… De seguro me está viendo.

    Además, la verga que me están metiendo está muy sabrosa

    A seguir con calma, el güey me fue metiendo la mano y también la verga. Como es de habitual, pronto todas las parejas ya estaban cogiendo o mamando y cambiando de pareja. Una de las pirujas ya clavada agachada, otra cogida de a ranita… Otra mamando.

    – Otro pepino metido… ya perdí la cuenta… ¡creo que estoy siendo muy puta! ¿Creo…?

    Otro tipo me recostó en un sofá, y sin decir nada, ya sabiendo cómo era, abrí las piernas ofreciendo la raja, el tipo, sin dudar, me clavó el puñal hasta la empuñadura, solo cerraba los ojos y pujaba, pensando: ¡Y otro! ¡Chinga y chinga! Creo que ya me estoy acostumbrando

    El vecino de joda aprovechando y sin dejar de follar a otra, me cachondeaba… Al terminar oí que uno de ellos comentaba:

    – ¡Qué buena nalga tiene esta caraja! Dura, dura y la sabe mover…

    Después de esos palos, ya puesta en ese camino me cogieron otras dos veces, en diferentes posiciones, una agachada mamando otra verga y otra de lado.

    Me sentía muy a gusto encuerada y cogiendo, sin preocupación o vergüenzas. Igual que las otras zorras.

    Cuando terminó de venirse el quinto cabrón y me enderece, me abrazaba murmurándome al oído:

    – Estás linda amor, he visto todo ¡y has sido fantástica! ¡Te adoro amoooor!

    Le dije sonriendo:

    -¿Por qué no venías…? ¡Cabrón!

    – Para verte cogiendo amor… (¿Hablando groserías cariño?) Estás cogiendo de a madres hijita, ya van cinco palos, que pinche putota eres cabrona…!

    – ¿Y crees que ahora te voy a dejar metérmela?

    – Siii, por favor amooorrr, te quiero meter la verga hasta el fondo… de castigo por dejarte sola

    – Jajaja, ¡qué chistoso! ¿Crees que soy qué? ¿Una… puta…?

    – Pues sí… creo que sí…

    – Bueno… pues si… es cierto… en ese caso ¿Cómo quieres que me ponga?

    – Dándome el culo cariño… Es lo que te falta dar hoy…

    Sin decir nada puse las nalgas en pompa y con una mano me acomode con cuidado su garrote en mi culantro y me lo fue encajando… ya sabíamos muy bien cómo hacerlo. Y me entraba facilito…

    A la salida la madrota me dijo:

    -Me gustó como estuviste muchachita, cuando quieras venir la casa está abierta para ti…

    – Gracias, respondí sonriendo tranquila.

    Al otro día, tomando un cafecito y comentando la noche me dijo:

    – Cariño, hay algo que no sé cómo decírtelo…

    – ¿Qué? ¿Qué fue?

    – Creo que has sido una linda putita. ¿Te puedo hacer un diplomita con el nombre de E Zorrita, o el de E Perrita o quizás E Putita?

    – Jajaja… ¡cabrón! como quieras, pero si lo enseñas… ¡te mato, pendejo…!

    – Jajaja… Bueno ¿Vamos a echar un palito…?

    – ¡Siiii…! Quiero que me la metas toda… por donde quieras y como quieras… ya sé muy bien cómo… ya tengo experiencia… profesional. Si, ya sé bien chingar… pero… ¿Si te doy las nalgas, me las regresas? Solo tengo esas… Jajajaja

    Cuando algunas semanas después le propuse regresar, ya solo preguntó:

    – ¿Cuándo?

    Esa siguiente vez, hicimos otro cambio, le aviso a la Juana que yo iría sola primero y que me arreglara de nuevo, el llegaría después como “cliente”. Aceptó riéndose.

    Cuando llegó me encontró sentadita, con una bebida y ya arreglada conforme el ambiente. Se paró en la entrada, lo vi y sonriendo ampliamente le hice señal de sentarse junto, como cliente conocido. Estuvimos tomando algunos tragos, me veía tranquila, ya sabía muy bien como era, camine por aquí y por ahí para mostrar figura y arreglo. ¡Estaba bien huila! con una especie de blusa transparente sin brassiere, y una tanguita tipo hilo dental que dejaba las nalgas totalmente descubiertas y zapatos aguja. ¡Linda!

    Combiné con la Juana el uso de un cuarto y entramos contentos. Al salir, le entregó al valor del cuarto a la madrota, se cambió y salimos felices.

    Pagarle a la madrota fue su bautizo formal de puta en putero.

    En la siguiente vez… esa es otra historia…

  • Aprobando con honores

    Aprobando con honores

    Cecilia estaba angustiada, aunque había logrado aprobar casi todas las materias, miraba su calificación de geometría. Un 5 que no le daba opción al certificado de preparatoria. Ya fallado el año anterior, y el recursar no le molestaba. Pero su padre le advirtió, sin certificado. Adiós fiestas, adiós viajes, adiós tarjeta de crédito y adiós escuela. Tendría que buscar trabajo y un lugar donde vivir. Que para eso ya era mayor de edad.

    Desde el inicio del ciclo, su profesor Pablo se ensañó con ella y su poca habilidad con los números.

    —Pase al pizarrón señorita y resuelva este problema.

    Sabía que Cecilia estaba negada a los números, aun así en cada clase era la misma tortura.

    —Mínimo borre el pizarrón, ¿eso si puede hacerlo?

    La espera hasta que el pizarrón quedaba limpio igual de eterna y vergonzosa era diaria.

    —Lo peor señorita es que nos vamos a ver por acá el próximo año.

    —No creo.

    —Seguro necesitará un milagro, o abandonara el estudio.

    Cada clase la misma cantaleta, para colmo de males siempre se topaba con él en las escaleras, que por ser tan angostas tenían que subir de a uno en uno.

    —Después de usted señorita.

    —Gracias.

    La incomodidad de saber que ese profesor insoportable le venía mirando el culo la ponía furiosa, pero debía soportarlo. Ahora que sabía que no podría lograr graduarse, lo odiaba más. Pero debía de hablar con él, no podía reprobar. Así que tomó fuerza y fue hasta su oficina.

    —Hola

    —Hola señorita, ¿se perdió?

    —No, vengo a verlo

    —¿a mí? Vaya, ¿dígame para que soy bueno?

    —Me reprobó y no alcanzó el promedio para terminar el curso.

    —Su curso ya terminó, nos veremos de nuevo el próximo ciclo.

    —No puedo reprobar.

    La voz al borde del llanto conmovió por primera vez a su profesor.

    —Dígame, ¿qué es exactamente lo que quiere? ¿Sobornarme?

    —Pues… ¿cuánto me costaría?

    —¿Dinero? No necesito

    —¿le compró algo?

    —No, no creo

    —ENTONCES DÍGAME, HAGO LO QUE USTED ME PIDA!

    —No creo que lo diga enserio

    Se tiró al suelo llorando y con ambas manos buscó el cierre de su pantalón. Cuando apenas se asomaba su verga él la detuvo.

    —¡espera espera! ¿Qué haces?

    —Necesito pasar…

    —¿Entonces… lo que sea?

    —Si

    Cecilia se secaba las lágrimas mientras su profesor se guardaba la verga.

    —¿Ya tienes dieciocho verdad?

    —Si

    —La puedo invitar a salir y terminamos eso que usted quería empezar

    —Sí, sí, lo que me pida

    —Avise que llegará tarde o que se queda en casa de alguna amiga, quien sabe… puede que hasta saque un 10

    —La veo a las 11:00 p.m. el sábado en el parque de aquí a dos cuadras, vestida bonita, ¿no queremos reprobar también en eso?

    Cuando se acercó hasta donde estaba ella, ya salivaba. Lucia espectacular con esa minifalda extremadamente corta y medias. Definitivamente borraba la imagen de estudiante que tenía en su mente.

    —¿A cuánto la hora mamacita?

    —Pensé que no vendría

    —No me lo perdería por nada, déjeme ver qué hay debajo de su falda.

    Con pena y enojo levantó un poco su falda para dejarle ver las medias cortas a juego con su vestido y ligueros.

    —Vaya, que bonito! Qué bonito señorita!

    —¿Me va a llevar a un hotel?

    —No, Yo tomó en cuenta las decisiones de mis alumnos… y usted dijo que lo que sea…

    Se estacionaron cerca del centro de la ciudad y el valet parking lo saludo de manera fraternal, luego le abrió la puerta y mientras caminaban al antro le pellizco las nalgas, para que los del valet lo vieran y rieran a sus espaldas.

    Cuando entraron, le pareció extraña tanta revisión. Hasta que escucho en las bocinas al anunciador.

    “En la pista la bellísima Ashley”

    —¿qué lugar es este?

    —Es mi segunda casa

    —Es un… table dance?

    —Hola Pablo pásale, ya está tu mesa.

    —Gracias, nos vas trayendo una de whisky

    —Claro que si pásale, ponte cómodo.

    Le parecía fascinante, un mar de chicas semidesnudas se paseaban por el salón, sin importarles que las vieran. Y en la pista se desnudaban por completo.

    —¿Te gusta?

    —No se

    Pasaron las horas y solo veía a su profesor hablar con el gerente del lugar, movía la cabeza y negaba con la mano. Hasta que un fajo de billetes paso de mano a mano.

    —¡Pero te esperas a las 3 que cerramos el acceso!

    —Si, esperamos… ¿verdad?

    —No se

    —¿Solo sabes decir eso?

    En cuanto el gerente le hizo la seña, Pablo fue al baño y regreso sonriendo.

    —Es hora…

    “Denle la bienvenida a Cecilia que nos va a deleitar con un baile”

    El gerente le sonrió y le dio la mano.

    —Es tu turno amiguita

    —Yo…

    La guiaron hasta una pequeña escalera para subir a la pista, el lugar estaba repleto, entre meseros, garroteemos, clientes y chicas eran unas doscientas personas. Chiflando y gritándole.

    “Sabrrrrosa”

    El rostro juvenil, combinado con aquejas piernas esbeltas y su culo redondo la hacían aún más atractiva ante los ojos de todos. A media canción subió una de las bailarinas y le puso una venda en los ojos, ella estaba desconcertada. El volumen de la música y el ruido en el lugar más el alcohol la tenían confundida, hasta que sintió que algo tocaba sus labios. Y la gritería explotaba.

    —Es hora de terminar lo que empezó Cecilia

    —¿que?

    Bastó que abriera un poco los labios para que la verga entrara, la bailarina le sujetaba la nuca y solo le quedaba recibir aquella verga una y otra vez.

    Aquello era una locura, gritaban, chiflaban y se tomaban la cabeza incrédulos. Mientras sentía que otro par de mano le quitaban la blusa y otro par le levantaban la minifalda. Luego la levantaron y la cargaron.

    —Agárrate de mi nuca!

    —Pero… ¿por qué aquí?

    —Para que todos vean cómo te esfuerzas por lograr tus metas

    —Haa! Haaa! Quítame la venda!

    Ya rebotaba sobre su profesor, cuando le quitaron la venda. Alrededor de la pista estaban todos amontonados, babeando y gritando como locos. La chica que le sujetaba la nuca y que ahora la sujetaba, aprovechaba para meter un dedo en su culito.

    —Trae una mesa

    Le grito a su mesero, y de inmediato la mesa llegó para recostarla encima. La abrazo y la miro a los ojos.

    —Por mi quédese diez años más en preparatoria

    —Pensé que me odiaba

    —Sabes qué pasó la mitad de la clase mirándote el culo, y la mitad del día esperando a que subas las escaleras.

    —Haaa!

    Hundió su verga y la gritería le recordó que estaba en una pista a un metro de altura siendo penetrada por su profesor. Se sentía sucia, tenía vergüenza, pero extrañamente estaba disfrutando.

    Ahora eran dos bailarinas las que la manoseaban sin parar, mientras su profesor seguía penetrándola.

    —Ven, date vuelta.

    Obedeció al instante, si falda subió hasta su espalda y su tanga se movió a un lado para darle paso a aquella verga. Ahora veía de frente como la mayoría de los hombres alrededor de la pista se sobaban por encima del pantalón. Y la mirada lujuriosa de cada persona ahí la calentaba, además sentía como su profesor chocaba contra sus nalgas.

    —Que rico te están cogiendo nena!

    —siii rico! Deme duro profe! Castígueme por no hacer la tarea,

    —Eso putita disfrútalo!

    —Por cada vez que no resolví el problema en el pizarrón cogeme Pablo

    —Se te movía bien rico el culo mientras borrabas cabrona!

    —Cógeme cógeme siii así siii!

    Ya era insoportable el ruido, estaban todos a punto de venirse, pero su profesor aún no terminaba. Se acostó en la pista y ella se montó sobre él.

    “Quítale la falda”

    “Queremos ver sus nalgas”

    Prácticamente le arrancó la minifalda y sus nalgas con el juego de lencería se veían espectaculares, rebotaba sobre su profesor y gemía mientras se apretaba los pezones.

    —Levántate, te voy a dar por tu culito

    —Si, que rico!

    Sola fue a recargarse en la mesa y con ambas manos abrió sus nalgas para que su profesor metiera su verga en ella.

    —Haaa! Haaa! Que rica vergota tiene profe!

    —Te gusta que te vean.

    —Siii me gusta sentirme puta! Haaa!

    —Que rica cola puta madre! Debimos coger desde principio de curso!

    —Haaaahaaaahaaaa!

    Su profesor no podía más, por más que trataba no se podía contener.

    —Haaa que rico que rico!

    —Siii en mi culito! Llénelo de leche haaa!

    El semen de su profesor lleno la colita de su joven alumna, y todos aplaudieron y chiflaron festejando.

    «500 por aventárselos en las nalgas”

    De pronto una fila enorme esperaba turno, Cecilia seguía empinada y su profesor está ahora metiendo su verga en la boca, podía saborear los restos de semen mientras los primeros chorros calientes caían en sus nalgas, y otro llegaba apresurado. Todos con su billete de 500 en la mano. Apenas iban unos diez y ya no se veían sus nalgas, el semen le escurría por las piernas, muchos usaban su tanga para limpiar los restos de semen.

    —¿Resultó que es una puta señorita?

    —Se siente bien rica toda esa leche!

    —Siga mamándomela que faltan muchos

    —Que rico chomp! Chomp!

    Después de casi media hora, el semen escurría por sus nalgas hacía las piernas y a su espalda, muchísimo semen. Todos aplaudían y su profesor volvió a terminar, ahora en su boca. Después de limpiarse un poco, salieron del lugar y el gerente los alcanzó.

    —Disculpe señorita, estos 76,500 son suyos

    —¿cuanto?

    —solo tome un poco para propinas, pero esto es suyo.

    Cuando llegaron a su casa, aún tenía las piernas pegajosas, entró directo a su cuarto y se tocó el culo, todavía estaba húmedo por el semen de Pablo. Sabía que se graduaría, pero también sabía que volvería cada vez que pudiera.

    Un mensaje entró en su teléfono.

    “No te pregunte”

    “¿Qué cosa?”

    «¿Eres mi puta?”

    No respondió, pero la respuesta paseaba en su mente mientras se mordía el labio.

    @MmamaceandoO

  • Sólo una noche

    Sólo una noche

    Takeru tenía una gran cantidad de malos hábitos que iban desde tener a Daisuke en cualquier momento para él solo sin importar los sentimientos de Ken hasta tener una cita con este último sin importarle la reacción y sentimientos de Daisuke. Podría decirse que lo peor de él fue su tendencia a perseguir a hombres guapos y atractivos. Esto no habría sido tan problemático si no tuviera la habilidad de siempre salirse con la suya. Esta noche no sería diferente, al parecer, le había pedido una cita a Ken para acostarse juntos y lo que surgiera, solo por esta noche, la obsesión hacia ellos dos y sobre todo la atracción y atención ahora en Ken no se disipaban de su mente, aún con varios litros de alcohol en su cuerpo, esa obsesión,  atracción se había multiplicado por mil

    Habían quedado en un bar, una cita de la que Ken no solía nunca quedar, pero accedió, porque era solo unicamente una noche, un rollo de una noche, se acercó al bar y ahí estaba Takeru quien lo vió entrar, a sus ojos y conforme se iba acercando, Ken era muy atractivo después de todo, y con algunas bebidas en su sistema parecía que no tenía absolutamente ninguna inhibición de la que hablar, sonrió, mirando a Ken acercarse más, con los ojos moviéndose sobre el cuerpo más alto de pies a cabeza.

    – ¿Vamos a tu casa?-. Preguntó Ken sin mucha emoción en sus palabras y Takeru alzó la frente.

    – ¿Por qué no empezamos en un lugar un poco más cerca primero?

    Ken pareció captar la indirecta, se acercó mas arrebatandole la bebida al otro para dejarle en la barra y le agarró la mano de una manera casi opresora y con agresividad, sin conocer la reacción de Takeru, no lo conocía, no sabía si habría una respuesta aún mas agresiva, pero no le importaron las consecuencias, solo era una noche de la que afortunadamente terminaría olvidando.

    Lo llevó al baño, lo empujó al final del puesto para discapacitados y, con una mirada cautelosa alrededor de la habitación, los encerró a ambos en el interior, golpeó a Takeru contra la pared pintada de grafiti, y su boca no perdió tiempo en encontrarle, Sus bocas se movían casi mecánicamente unas contra otras, las lenguas se torcían y se asentaban a un ritmo. No había necesidad de luchar por el dominio por el momento, Takeru quisó dejar que Ken tomara el control por el momento si eso significaba que las cosas iban más adelante.

    Un zumbido bajo resonó en su pecho cuando aquellos labios sedientos esa únicamente de sexo se deslizaron sobre su cuello, las manos ocupadas a tientas ciegas en sus hombros, sus brazos, su pecho … como si no pudieran decidir dónde descansar o qué hacer.Takeru entrelazó sus dedos en el grueso y oscuro cabello de Ken , notando la diferencia en la textura del cabello de Daisuke. El cabello de Ken era más fino, más recto y se deslizaba fácilmente de su mano, para gran frustración de Takeru . Le gustaba tener algo a lo que aferrarse.

    Un rápido empujón había hecho caer a Ken de rodillas en el sucio suelo del baño, mirando a Takeru con una mirada perdida en el tiempo.

    – No parezcas tan inconsciente, quiero que me demuestres lo que vales mamándomela ya que tan bueno dice tu novio que eres, te lo dije, solo es esta noche, tu y yo -. Se burló, enredando sus dedos en la nuca de Ken y presionando su cara más cerca de su ingle. El otro le acarició el muslo con suavidad, provocando un escalofrío de la parte receptora.

    Ken pareció un poco sorprendido, como si su valor nunca hubiera sido cuestionado antes. Sin embargo, Takeru sabía que este chico no se echaría atrás ante un desafío, por lo que continuó atacándolo.

    – Siempre podría ir a buscar a tu novio. Ya sé que él sabe lo que estás haciendo, y para ser justos, no creo que alguna vez alguien me haya chupado tan bien como él. Podrías también rendirte-. Algo brilló en los ojos de Ken , una incredulidad y una necesidad, no hay necesidad de demostrar que era mejor que Daisuke. Siempre lo había sido antes, a los ojos de todos, y quería mantener ese título.

    Los dedos descuidados trabajaron sobre el botón de los jeans ceñidos que se aferraban sin piedad a cada curva y inclinación de las caderas y piernas de Takeru, el botón luchaba por mantenerse cerrado incluso cuando lo intentaba. Finalmente, el cierre se abrió de golpe y Takeru lo apartó, tirando de su cremallera hacia abajo y deslizando la tela lo suficiente para un fácil acceso. Ya estaba duro, la cabeza de su polla asomaba burlonamente desde la parte superior de sus calzoncillos, oscureciendo a un rosa polvoriento.

    Ken se inclinó, sin perder tiempo en pasar la punta de la lengua por encima de la cabeza, sus pulgares se engancharon en el elástico de los calzoncillos verde oscuro para pelarlos lo suficiente como para que coincidieran con los pantalones vaqueros de Takeru. Una mano se estiró para liberarle de su ropa un poco más, persistiendo el tiempo suficiente para administrar unos cuantos golpes burlones.el dueño gimió, el sonido se mezclaba con ruidos similares que venían del siguiente puesto. Él sonrió, admirando la cuidadosa manera en que Ken lo examinó, con la boca abierta y los ojos lujuriosos. Las yemas de los dedos se arrastraban sobre cada vena expuesta, aplicando la menor presión posible con movimientos ligeros de plumas que le hicieron temblar con impaciencia anticipada. Sus dedos se apretaron de nuevo en el pequeño mechón de pelo en la base del cuello de su compañero, presionándolo hasta que su polla se presionó firmemente contra sus labios y tiró a un lado y le apretó contra la mejilla, Ken gimió ante la acción repentina, el sonido amortiguado por los labios apretados en una línea apretada.

    Takeru gimió humildemente su nombre, agarrando la base de su polla y arrastrándola a lo largo del contorno de la boca del chico mayor, viendo las esquinas torcerse en una sonrisa burlona.

    – Chúpalo -. ordenó, pero el otro chico no prestó atención a las palabras. En su lugar, sacudió la mano de Takeru de la parte posterior de su cabeza y lamió su palma, acariciándolo ligeramente. Había un brillo de arrogancia en sus ojos, fácilmente legible en su rostro cuando Takeru se retorcía en su agarre, con las caderas inclinadas hacia adelante mientras intentaba aumentar la fricción contra la piel, estaba tratando de matarlo emocionalmente, Los toques burlones continuaron por unos pocos momentos antes de que Takeru se derrumbara, una mano firme se envolvió con fuerza alrededor de la garganta de Ken restringiendo su aire. Una risa estrangulada resonó en su pecho, interrumpida por la falta de aliento para soportarlo, mientras tanto vió sus ojos se entrecerraron.

    – Dije que me la chupes -. su mano se había deslizado hasta la mandíbula de Ken aplicando presión en ambas mejillas hasta que su boca se abrió lo suficiente como para ser incluso un poco útil para el otro que se había vuelto muy impaciente. Una mano de Takeru se colocó firmemente en la parte posterior de la cabeza de Ken y, después de alinearse apresuradamente, juntó las caderas y la boca del otro , enterrándose completamente en el calor cálido y húmedo de la misma. Sintió el talón de la mano de Ken clavándose en su cadera, tratando de empujarlo hacia atrás mientras luchaba por suprimir su reflejo nauseoso, pero se mantuvo firme.

    – Traga -. Ordenó, sintiendo la garganta del chico tensándose y convulsionando a su alrededor. Las lágrimas pincharon en los ojos de Ken por un momento antes de que finalmente escuchara y pareciera recuperar su capacidad para respirar. Takeru se echó hacia atrás, los dedos acariciando su cabello casi con ternura.

    – Buen chico -. canturreó mientras acariciaba al otro chico que jadeaba impotente buscando aire cuando su boca era liberada, casi se sorprendió al encontrar a Ken sonriéndole, con sus ojos llorosos y lujuriosos.

    – Ahora termina el trabajo.

    Ken no perdió el tiempo en volver al principio envolviendo sus labios alrededor de la punta que goteaba de la polla de Takeru , detallando con su lengua antes de hundirse más abajo. Su mano aún descansaba en la cadera del otro , pero en lugar de empujarlo hacia atrás, lo empujaba cada vez más con cada movimiento de su cabeza, con los dedos apretados en la piel hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Sus uñas dejaron marcas de media luna en piel bronceada.

    Empujando hacia adelante poco a poco, la cabeza de Takeru rodó hacia atrás contra la fría pared de azulejos. Los dedos de una mano quedaron anudados en el suave y sedoso cabello negro del otro, guiando cada movimiento a una velocidad cómoda, mientras que la otra se extendía inútilmente sobre su estómago, raspando y arrastrando contra su propia carne en un desesperado intento de mantenerse ocupado. De repente, la boca de Ken lo dejó y dejó escapar un gemido agudo, perdiendo el contacto tan necesario que lo estaba construyendo rápidamente. Dejar que se hundiera de nuevo era casi desgarrador, sus ojos azules estudiaron los labios rojos del otro, brillando e hinchándose antes de que los perdiera de vista por completo mientras se agachaba, tomando una de las bolas de Takeru en su boca. Chupó la piel sensible, arrancando con un sonido obsceno y arrastrando su lengua por la parte inferior de la longitud.

    Takeru gimió el nombre del otro, la palabra se fue convirtiendo en un desesperado mantra de «oh joder, mierda, mierda, mierda» cuando su cabeza se estrelló contra la pared de nuevo. Sintió la vibración de una carcajada dispararse hacia arriba por su columna vertebral cuando Ken se movió para llevarlo de vuelta entre sus labios, tragándolo por completo.

    – ¿Qué tan lejos vives?-. Takeru escuchó la voz de Ken preguntando, sin aliento y absolutamente destrozada, no estaba seguro de cuándo había desaparecido físicamente por completo y se había perdido por el placer de dejarse chupar, estaba borracho y solo se demoró en la idea por un momento antes de mirar expectante al moreno delante de él.

    – Media hora como máximo.

    -Haz que sean veinte minutos, no puedo esperar más-. Ken Respiró cuando Takeru sin poder hacer nada se subió los pantalones gimiendo e igualmente necesitado

    Vamonos.

    LLamaron a un taxi y los primeros diez minutos en el automóvil se lo pasaron besandose, tocandose y urgiendo desesperadamente al otro a detenerse para que pudieran llegar a casa; pasaron quince minutos antes de que salieran del estacionamiento, se aferraron uno al otro , besándose y tocándose mientras se abrían paso por el césped de la casa de Takeru , más de una vez cayendo en la hierba y enredándose en las extremidades de la otra, sin importarle y sin darse cuenta del hecho de que todos los vecinos verían (y podrían) ver y escúchelos mientras gemían y comenzaban a desvestirse uno al otro allí mismo, afuera.

    – Mm… ¡La casa! -. Takeru gimió cuando Ken abrió los botones de su camisa, presionando besos húmedos, con la boca abierta por todo el pecho y el estómago, cayendo más abajo, y este último dejó escapar un gemido, pero se retiró con una última presión de sus labios contra la cadera del otro, levantándose temblorosamente y dejando que Takeru lo llevara a la casa.

    -No hay nadie en casa-. agitó una mano con desdén, ganándose un gemido de aprobación y anticipación de su compañero mientras abría la puerta, apoyándose contra la madera y casi cayendo en la casa. Ken le siguió, inmediatamente lo sujetó contra la puerta principal, sus cuerpos sin camisa apretados uno contra el otro y las manos lucharon por acceder a los vaqueros del otro terminando en el suelo.

    -Tienes un cuerpo sexualmente atrayente al mío, me vuelves loco.. solo por esta noche -. gimió Ken en la oreja de Takeru cuando el chico presionó firmemente sus manos contra sus músculos pectorales, empujándolo hacia atrás y tropezando hacia las escaleras, haciendo señas al otro chico para que lo siguiera mientras salía corriendo. .

    Cayeron a la cama de Takeru a los pocos segundos de entrar en la habitación, con la boca atrapada en besos acalorados una vez más, desesperados por tocar y sentir, besar y probar.

    – Desvísteme -. ordenó Takeru quitándose la ropa interior y observando con evidente admiración cuando Ken quitaba sus boxers de las caderas y los desechaba en algún lugar al lado de la cama. gimió al verlo, separando sus piernas y apresuradamente llevándolo a la boca. Era más grueso de lo que Daisuke había sido, pero no tanto, y era hermoso. Ken se quedó sin aliento, temblando ante la sensación de los hábiles labios del otro envueltos alrededor de él, luchando por tomar cada centímetro debido a su circunferencia. Takeru soltó un gemido de gárgaras y trató desesperadamente de llevarse más de Ken a la boca, optando en cambio por lamer todo su latido y acariciar todo lo que no podía alcanzar con una mano.

    – ¿Cómo quieres hacer esto? -. Preguntó finalmente, apartándose de Ken con un sorbo.

    – No lo sé.

    – Te montaré,pero tienes que prepararme primero. No estoy seguro de poder manejarte de otra manera-. ronroneó,el sabe que suena como una mala pelicula pornografíca, pero Ken está tan necesitado que no parece importarle y este se arrastra por la cama y como si la conociera de toda la vida, la abre y saca una botella de lubricante y una tira de condones, arrancó uno y dejó caer el pequeño paquete de oro en la cama, girándose para enfrentar al otro de nuevo.

    -Sabes como..

    – Sí. He visto suficiente pornografía

    -Pensaba que los usabas con Daisuke

    -Con Daisuke no necesito condón -. lo interrumpe, agitando una mano mientras se sienta, acariciándole perezosamente.

    Las cejas de Takeru se elevan en interés, pero no puede hacer ninguna pregunta porque Ken lo tiene sobre sus manos y rodillas, y rápidamente está abriendo el lubricante y cubriéndose los dedos con él, no puede negar que ama ser maltratado de esta manera, las manos de Ken firmes contra su piel cuando se inclina, sus manos se estiran hacia atrás, extendiéndose sin gracia bajo la mirada lujuriosa de Ken quien ahora está detrás de él, descansa una mano firmemente en la espalda de Takeru, los dedos lubricados bajando por su espina dorsal, deslizando el pulgar lento y firme contra su agujero, trazando pequeños círculos antes de que el dígito empuje dentro de él, se doble en el nudillo y bombee lentamente. Takeru gimió, haciendo que Ken sacara su dedo con una risita baja. Un gruñido de advertencia hace eco en el estudiante, girando la cabeza para mirar por encima del hombro.

    – Deja de burlarte de mí, no te vengas tan arriba.

    – Lo siento pero esta sensación me hace querer ir muy adentro de tí.

    La forma en que Ken lo está mirando, con los ojos entornados y los labios aún hinchados, hace que Takeru se deshaga y se presiona más en el olvido cuando el otro presiona su dedo índice dentro de él, arrastrando lento y áspero contra el apretado calor que lo rodea. No dudó en agregar un segundo dedo, y un tercero, cada vez el deslizamiento de sus dedos era un poco más fácil. En el momento en que tenía tres dedos presionados dentro de Takeru, este estaba retorciéndose en las sábanas, encorvando su dolorosa y dura polla y presionando contra intrusión tan bienvenida dentro de él, quejándose y rogando por más.

    – Joder, no puedo que bueno… -.ansiaba más, sí, mucho más.

    El chico detrás de él parecía casi mareado por los efectos de su lujuria y la mezcla de alcohol que sin haberlo ingerido, corría por sus venas mientras sacaba sus dedos, limpiándolos en la parte posterior de la pierna de Takeru y alcanzó el condón, rasgando el envoltorio metálico abierto y rodando la goma sobre sí mismo con un pequeño gemido. Takeru levantó sus caderas para facilitar el acceso cuando el chico detrás de él se movió, alineando cuidadosamente con su entrada, deslizándose lentamente hacia adentro. Su mano se colocó en la base de la columna vertebral del otro mientras el otro se aferraba a su cadera para mantener el equilibrio y un poco de influencia. Ken tuvo que detenerse cada pocos segundos, abrumado por el calor abrumador y la tensión alrededor de él hasta que finalmente se enfundó por completo. Se tumbó sobre Takeru , jadeando, mientras salía casi por completo antes de saltar hacia delante y tocar fondo, deleitándose con el grito que provenía de Takeru ante el repentino empuje.

    – ¿Qué tal?-. Gruñó obviamente orgulloso de sí mismo mientras se acercaba a Takeru para acariciarlo rápidamente a tiempo con cada empuje.

    -Gira tus caderas solo un poco … ¡ Ah ! -. El nuevo ángulo fue enviado por el cielo, Disfrutó cuando Ken comenzó un ritmo brutal que estaba seguro que dejaría moretones en las caderas, los muslos y el culo. El sonido de la piel golpeando la otra piel llenó el aire cuando ambos chicos se dejaron llevar por el placer. Los gruñidos de Ken solo hicieron que Takeru se pusiera mas cachondo.

    Todos sus planes anteriores de que él se montara sobre el otro chico parecía cada vez más perdido con cada golpe, a medida que el calor hervía en la boca de su estómago la idea era cada vez mas lejana pero nada para él era imposible.

    – Ah, creo que me corro joder -. Se corrió con un estremecimiento y un empujón final en el puño de Ken, un esperma caliente goteando sobre los dedos del otro chico y sobre la cama. Ken soltó un gemido de desaprobación, deteniendo sus estocadas, lo que hizo que Takeru se divirtiera y entristeciera a la vez.

    – Oh no te preocupes, chico guapo, no he terminado contigo todavía. Ponte de espaldas.

    Y todo sucedió demasiado rápido. Ken se estaba retirando y trepando sobre la cama, dejando a Takeru apretando el vacío, sintiéndose incómodo porque le faltaba la plenitud que había tenido solo unos segundos antes. Se arrastró sobre el colchón, sobre Ken y apretaron sus bocas mientras caminaba a horcajadas sobre el otro apretando sus caderas y balanceándose sobre sus rodillas, agarró la polla de Ken en su mano, y gimieron juntos, Las manos de Ken cayeron perfectamente sobre sus caderas, encajando perfectamente en la lucha entre sus caderas y muslos, guiando cada subida y caída de su cuerpo. Finalmente, sus bocas se desconectaron y Takeru echó la cabeza hacia atrás, gimiendo y quejándose de la sensación más encantadora de sensibilidad excesiva con cada bomba de la polla de su compañero dentro de él.

    – Mmm -. Ken gimió , luchando por mantener los ojos abiertos mientras una mano trazaba un mapa del pecho del otro mas joven, rastreando cada ondulación de los músculos, cada caída de hueso. Se rastrilló las uñas con la piel enrojecida y enseñada, mientras se abrochaba contra el culo del otro chico mientras se apretaba a su alrededor, amando la forma en que este chico le permitía usar su cuerpo.

    – Estoy … estoy cerca …

    Takeru arrancó entonces, le lanzó una mirada de complicidad y se quitó el condón, deslizándose por su cuerpo y llevándolo rápidamente a la boca. Ken lo miró con los ojos muy abiertos cuando el lo chupó de buena gana, bombeó lo que no pudo alcanzar y le dio cada gramo de esfuerzo que tenía, Ken gimió a su alrededor, meneando la cabeza y mirando a través de las pestañas húmedas y rocosas, mientras metía sus dedos en su sedoso cabello, tirando y tirando de todo mientras sentía el calor húmedo, finalmente se corrió con un gemido ahogado, mordiéndose el labio con fuerza. suficiente para sacar sangre. Takeru se apartó, tragó cada gota y se inclinó para lamer lo que había derramado, suspirando con satisfacción por el sabor amargo y dulce que cubría su lengua.

    Ken yacía allí, jadeando y retorciéndose sobre las sábanas sudorosas, con los ojos cerrados mientras trataba de recuperar la compostura. El mundo parecía girar alrededor de él.

    – Probablemente deberías irte antes de recuperar la conciencia -. Ken abrió los ojos, levantó la cabeza y trató de averiguar qué tan rápido Takeru podría haberse vestido completamente.

    – Has estado acostado allí durante diez minutos y tengo la sensación de que si no te levantas ahora te quedarás dormido -.

    – Gracias, no te preocupes por mi

    – Si te quedas mas tiempo al final vas a preferir mi polla antes que la de tu novio

    -Me gusta la polla de mi novio, me gusta su cuerpo, y soy un afortunado de que podré disfrutar de cada pequeño detalle mientras viva

    Pasan quince minutos antes de que pueda encontrar toda su ropa, incluida la camisa que estaba en el jardín delantero, todo en silencio sin mediar palabra.

    – Solo ha sido una noche que quedará en mi piel pero será Daisuke quien terminará por borrar cada recuerdo, nos vemos -. Fueron sus ultimas palabras antes de salir de aquella casa

    Takeru entró cojeando en la casa, cerró la puerta y se apoyó contra la madera.

    – Creo … que voy a tener que hacer eso posiblemente otra vez, ese cabrón me vuelve loco.

  • Mi tío me dio la leche del desayuno por el culo

    Mi tío me dio la leche del desayuno por el culo

    Mi tío es mi debilidad llegó una mañana a desayunar justo antes de yo salir al trabajo, y la pasamos muy bien se la comí toda y luego le di lo que vino a buscar un culito duro donde poner su verga y descargar su leche.

    La mañana me llegó de sorpresa, mi tío en sus manos trajo unas donas para el desayuno y ni bien atravesar la puerta me arrodille frente a él para ordeñarlo todo con mi boca y recibir la primera lechita del día. (La primera parte se la conté en «Mi tío llegó con donas y me dio su leche en toda mi boca»).

    Ya más cómodos continuamos con el desayuno.

    —Manuela ya está pronto el café —me grita desde la cocina.

    —Tío me terminó de secar y voy —contesté desde el baño terminado de tomar una duchita para refrescarme y limpiar el semen de mi mejilla y cuello que me dejó su acabado en mi boca minutos antes.

    Envuelta en mi bata blanca cortita y sin nada debajo, descalza fui a la cocina por mis donas y café, porque estaba dispuesta a complacer a mi tío con lo que vino a buscar y tanto me gusta de él.

    En la cocina me esperaba, me beso ya fue ahí, puse mi mano en su paquete y estaba duro:

    —Tienes un bulto en la entrepierna, no soy doctora, pero si una enfermera obediente, me deja revísalo señor —le dije con vocecita de tonta y le comencé a desabrochar.

    —El problema es usted señorita, que me la deja bien dura cuando se pone esa bata y llega con su pelito mojado, mírela de cerca por favor —me dice sosteniendo mi cabeza para llevármela a su verga.

    —Déjeme ver qué tiene, voy a tomarle la temperatura con mi boca —y puse mi boca nuevamente en su verga que ya estaba dura y con fluido seminal en la punta.

    Me atore con su verga que entraba y salía de mi boca al tiempo que con mi mano la jalaba fuerte, mirándole a los ojos como disfrutaba de mí y su pene cada vez más duro, así estuve disfrutándole todo, besando sus testículos gordos.

    Me detuvo, me alzó del piso y lentamente besando mi cuello y deslizando sus manos sobre misa hombros quitó mi bata cayendo al suelo. Me apoyo en la mesa de la cocina, comenzó a comer y sobar mis pechos, en forma tierna y perversa como solo él sabe hacerlo. Mis pezones se erizaron y el calor ya me invadía el cuerpo, mientras besaba de mis pechos una de sus manos frotaba mi pepa.

    Siguió bajando con sus besos por mi panza, mi cintura divinamente y me alzó sentándome en la mesada, le abrí mis piernas y sus labios supieron que hacer con mi pepita, su lengua larga me puso ardiente disfrute de su experiencia comiéndola la toda.

    No podía dejarlo no quería que abandonaran sus besos mi sexo, me mantenía al borde de llegar en su boca.

    Se paró y sin más la acomodo y me penetró, enrolle mis piernas en el para recibir sus profundas embestidas, que sentí como extendían las paredes de mi vagina, y yo no paraba de gemir y gritarle que no se detuviera, lo hacía divino y me sacó un delicioso orgasmo me moje toda y continuó, no pensaba detenerse.

    Al oído le dije —tengo la colita lista para que me la hagas si quieres, me acompañas a mi cama.

    Fue terminar de susurrarle y bajo la intensidad de sus envestidas quitó su pene. Me baje de la mesada, le quité su remera, lo tome de su pene y me lo llevé a mi cama.

    Tome el lubricante y se lo di para así ponerme en cuatro patas, cacheteándole mis nalgas poniendo en posición en la cama levantando la colita como una gata en celo, le dije:

    —toda esta cola es tuya la cuido para que puedas disfrútala, ahora llénala con tu verga».

    Muy tierno el comenzó a besar mi culo y lubricar un poquito, puso un dedo y me lo comí entero, yo estaba pronta y deseosa meneándole la cola, y con mi mano masturbándome y masajeándome el clítoris con mis dedos.

    —Ya estoy pronta ya tus dedos no más dame eso duro que tienes ahí para mi —le dije.

    El abrió mis nalgas me acomodo a su altura, abrió sus piernas, con una mano en mis nalgas y la otra manejando su verga puso su carne en la puerta de entrada y lentamente fue poniéndome todo dentro, centímetro por centímetro me lo fui comiendo, tomo mis caderas con ambas mano y me hizo suya.

    El sonido de su pelvis con mis nalgas marcaba un ritmo hermoso, sus testículos los podía casi sentir golpeando mis labios, él sabe cómo hacerme sentir su putilla obediente. Yo lo disfrutó mucho así su verga fue la que me hizo descubrir lo hermoso del sexo anal, y sigue siendo mi debilidad para con él.

    El continuaba y continuaba, pero yo no podía y necesitaba masajear estimular mi clítoris en esa posición y además quería dominarle, que el sintiera y viera como mi culo se tragaba toda su verga, entonces lo puse tirado en la cama y en mi posición escandinava, le di una vista perfecta él me tomaba de mis nalgas y me subía y bajaba en su verga mientras me le meneaba y me auto estimulaba, gritando y gimiendo de placer, tanto así que debo haber parecido poseída, logro hacerme llegar empape mi mano y sus testículos, eso hizo que el soltara a continuación todo en mi, al grito de «cómo te quiero sobrina, lo puta que eres y tiene una cola deliciosa» agita le agradecí y continué meneándomele y apretándole su verga la que poco a poco se fue liberando de mi culo.

    Me le tire al lado, en silencio unos minutos recibiendo sus caricias tiernas en mis pechos mientras la tensión bajaba y nos relajábamos un poco, para terminar besándonos y yo camino al baño apretando las nalgas, con el su leche corriendo por mi pierna directo a tomar la ducha y prepararme para salir a la oficina que ya era tarde, pero que importa disfrutar de mi tío siempre vale la pena.

  • Usada por un desconocido

    Llegaste a la hora exacta y vestida tal y como te había ordenado en el último e-mail. No tardaste en encontrar la puerta gris de mi oficina, a pie de calle, en una calle peatonal muy discreta de Barcelona. La puerta estaba entreabierta y tenías las instrucciones claras. Cogiendo aire entraste en el local y cerraste tras de ti.

    Todo estaba como te había dicho. Viste el antifaz sobre el banco de la entrada y te lo pusiste. Yo te observaba desde el despacho contiguo en la oscuridad.

    El silencio era incomodo, y te veía muy nerviosa. Seguro que por tu cabeza estabas pensando como eras capaz de hacer algo así. Sabías que ibas a ser usada por un desconocido al que ni siquiera habías visto. Tan solo sabías que yo estaba casado y que era educado, discreto y con buen cuerpo.

    Oíste mis pasos acercándose a la entrada. Estabas de pie, con los ojos vendados, vestida como te había ordenado, blusa con botones, no muy ajustada pero si suave, fina, para que se notara el sujetador, para que los pezones destaquen a la mínima. Faldita ceñida, con medias al muslo. Me quedé observándote en silencio. Me fije en tu anillo de casada. Qué pensaría tu marido si te viera así?

    Sabías que debías mantenerte en silencio, sin moverte. Notaste mi mano bajar la cremallera de tu falda, y no pudiste evitar que la falda bajara hasta el suelo. Estabas preciosa, con un tanga negro de encaje y las medias.

    Notaste como mis manos desabrochaban tu blusa. Bajé las copas de tu sujetador dejándote las tetas al descubierto sin quitártelo.

    Te cogí de la mano y te moví unos pasos para esposarte con las manos en ato a una barra de mi oficina. Te deje así durante unos minutos que se te hicieron eternos. Estabas muy nerviosa, tus pezones erectos por el frio.

    Como habías sido capaz de hacer algo así, expuesta ante un hombre que no conocías de nada. Te sentías observada y no podías hacer nada para evitarlo. No nos habíamos cruzado ni una sola palabra.

    De repente notaste una brusca palmada en tu culo. Le siguieron tres azotes más. Me quede observándote, estabas preciosa, indefensa, con los pezones duros. Quiero que te sientas como una zorra, enseñándole las tetas a un desconocido. Magreo tus pechos con suavidad.

    Toco tu sexo por encima de tus braguitas. Noto tu humedad. Te masturbo. Las aparto tirando del lateral hasta que aparece tu coñito, depilado como te había indicado. Vuelvo a colocarlas en su sitio. Te masturbo metiendo la mano por dentro. No puedes evitar un gemido.

    Bajo las bragas hasta tus rodillas, sin quitártelas. La sensación de estar medio desnuda te excita más.

    Notas mi dedo entrar en tu vagina. Estás muy mojada. Lo muevo y se puede escuchar el chapoteo de tu coño…

     

  • Un rapidín en un centro comercial (Corte Inglés)

    Un rapidín en un centro comercial (Corte Inglés)

    Salí esa tarde de sábado con mi mujer y mi hija a comprar al Corte Inglés. Subimos a la planta de mujer y allí me encontré con una compañera de trabajo. Era Alicia, mujer de media estatura y con un buen cuerpo. Tenía 45 años pero aparentaba 10 años menos. Hacía ejercicio regularmente. Le gustaba andar por la montaña y alguna vez habíamos hecho alguna salida juntos.

    He de decir que Alicia y yo de vez en cuando follábamos, tanto en el despacho como en un apartamento del que ella disponía en la playa.

    Esa tarde iba acompañada de su marido, nos saludamos al encontrarnos y aunque cada uno siguió a la suyo, también es verdad que nos íbamos buscando con la vista hasta encontrarnos. Cuando nuestras miradas se encontraban ella me sonreía y yo hacía lo mismo. Yo estaba poniéndome caliente y en uno de nuestros encuentros visuales, me mordí el labio inferior y ella me correspondió con una lamida de su labio superior. Esto ya terminó de encenderme y decidí enviarle un mensaje de Whatsapp, pero como veía que no miraba su teléfono, me acerqué disimuladamente donde estaba ella y le dije mira tu whatsapp.

    En el Whatsapp le decía que pusiera la excusa que quisiera con su marido y que en diez minutos la esperaba en la entrada de los aseos del último sótano. No esperé respuesta y me dirigí hacía donde la había citado.

    Llegué al sótano y no habían pasado más de cinco minutos cuando la veo aparecer saliendo del ascensor. Se acercó a mí y me dijo que era una locura pero que estaba muy caliente y quería por lo menos chupármela. La cogí de la mano y tirando de ella nos metimos en los aseos de señoras que al ser el último sótano estaba vació en esos momentos. Nos metimos en uno de los compartimentos del mismo y nada más cerrar se agachó e intentó desabrocharme el pantalón. Le dije que no, que no quería que me la chupara, quería follármela rápido y fuerte y que nos corriéramos los dos.

    Empezamos a besarnos frenéticamente y con desesperación. Nuestras bocas y lenguas parecía que no se habían encontrado nunca y no paraban de reconocerse mientras desabroché deprisa su blusa y le subí el sujetador para tener acceso a sus pechos que empecé a comerme con ansias y con muchas ganas, mientras con la otra mano accedí a su coño, que noté todo mojado a través de sus bragas que ya estaban empapadas.

    Sin esperar más, se las quité rápido y cogiéndola la acerqué al inodoro obligándola a apoyarse en la cisterna y poner el culo en pompa. Me desabrocho el pantalón mientras ella me decía que era un cabrón, un hijo de puta y que se la metiera ya. Sin darle tregua, se la metí sin ninguna dificultad porque su coño ya chorreaba. Le tiro del pelo con una mano y con la otra sus tetas apoyándome en su espalda y empiezo a follármela de prisa, sin parar, como si me fuera la vida en ello y con ganas de vaciarme cuando antes. Para que ella no se quedara a medias, llevé, la mano que cogía sus tetas, a su clítoris y empecé a acariciarlo, mientras le golpeaba el culo con mi vientre al meter y sacar mi polla de su coño. Le tiraba del pelo bien fuerte para que echara su cabeza hacia atrás y le obligaba a girar la cabeza para besarla y meterle mi lengua hasta la campanilla. Me gustaba sentir su lengua y el sabor de su boca, no dejando de absorber su lengua y su saliva.

    A pesar de haber sido madre, tenía el coño tan estrecho que me apretaba y absorbía mi polla cada vez que entraba profundamente. No paraba de insultarme diciéndome: “siii, así cabrón dame fuerte, fóllame, dame más duro, azótame las nalgas. Disminuí un poco el ritmo y… joder, cabronazo, ¿quién te ha dicho que pares? Sigue, dame más fuerte, cómeme la boca y no dejes de tocarme el clítoris. Ufff… como me gusta, como me haces gozar, hijo de puta, como te aprovechas de mí, pero me gusta y mucho. Ufff…

    Volví a coger ritmo y enseguida me dijo que se iba a correr, que no parara. Me voy a correr joder, que gusto. Y cuando volví a intentar comerle la boca, solo pudo abrirla de par en par, para correrse, sin dejar de gritar, intenté hacerla callar, porque había oído que entraba alguien en el aseo, pero me fue imposible, no pude evitar que gritara y mordiera mi mano. Ahhh… me corro, cabrón que gusto aggg… aggg… aggg… Diosss como me gusta que me folles hijo de puuutaaaa.

    Yo aún tardé un poco más, y haciendo caso omiso a su petición de correrme en su boca, seguí follándola hasta que descargué dentro de su coño, juntando mi corrida con sus jugos, que empezaron a caer abundantemente por sus piernas.

    Cogí papel higiénico y la fui limpiando para recomponernos y poder salir.

    Salimos del compartimento y vimos a una chica joven que no se si sería la misma que tuvo que oír sus gritos, pero si que se nos quedó mirando con los ojos abiertos como platos. Nosotros no pudimos de evitar una sonrisa al mirarla que al final acabó por ser una carajada por parte de Alicia.

    Al salir, Alicia subió al ascensor y yo me esperé al siguiente. Una hora más tarde coincidimos de nuevo en la cafetería y su marido nos invitó a sentarnos junto a ellos y allí estuvimos tomado un café cargado de mucho morbo.

    Podéis hacerme los comentarios que queráis a [email protected].

    © morboso1957

  • Marcelino me da la mamada y me invita a su casa

    Marcelino me da la mamada y me invita a su casa

    Me gusta viajar en tren cuando no tengo excesiva urgencia. Si no tengo que hacer grandes negociados en oficinas oficiales del Estado, me visto, como dice mi padre «de cualquier manera», es decir con los más catastróficos jeans, desgastados, rotos y atrevidos, lo más ceñidos del mercado y que marque paquete ¡joder, que para eso lo tengo!, zapatillas con invisibles y camisetas, cuando hace algo de frío con sudadera y si el calor aprieta camiseta de tirantes. La verdad, la verdad: me gusta mostrar mi cuerpo, que para eso voy al gym y me esfuerzo.

    Joyas llevo pocas, mi AppleWatch, un par de pulseras en la derecha y tobilleras. También llevo mi piercing de titanio con dos bolitas; como es un regalo de mi padre cuando cumplí los 18 años, lo llevo siempre, pues fue el modo de decirme: «No me molesta que seas gay, más aún, incluso me gusta», me lo demuestra y eso que él lo supo antes que yo mismo.

    Llevo también el iPhone donde tengo relatos eróticos para pasar el rato mientras viajo en el tren, de lo contrario me aburro. La lectura de relatos eróticos calienta, pero algunos más que eróticos son abiertamente sexuales y me la ponen dura, muy dura, de modo que tengo que acomodar mi polla, para que no se salga por un agujero que tengo cerca, ya que no suelo llevar interiores. El día al que me refiero fue ayer y llevaba jockstraps. Estaba más seguro, pero de todas formas siempre empuja y hay que acomodar.

    Por muy discreto que sea el gesto de acomodación de la polla, no se hace bajo el asiento y, por tanto, se nota o alguien lo ve. Yo observo cómo algunos miran y bajan la vista después. ¿Acaso pensarán que un hombre no tiene pene? Y eso que no me gusta insinuarme en lugares de servicio público, como es el tren, porque no hay escapatoria.

    Lo ocurrido ayer no es insólito, pero fue extraordinario. Todo sucedía como acabo de describir, pero conforme nos acercábamos a la capital, el tren se iba vaciando y se quedó un tío, no tan joven porque estaría entre los 40 a 45 años, y me puso la mano encima de mi bragueta como acomodando mi polla. Le dejé que me manoseara, porque me gusta, pensando que cuando llegáramos a destino cada uno iba a irse por su cuenta.

    Craso error mío. El tío siguió y siguió manipulando hasta desabotonar mi bragueta, meter la mano dentro. ¡Joder! El hijoputa de marras, metió la mano por entre el jocks y me sacó la polla. No sabía dónde meter mis ojos, por si se acercaba alguien. Me masturbó y, cuando yo ya jadeaba porque estaba a punto de eyacular, se puso delante de mí en cuclillas, se metió la polla en su boca y me la exprimió tragándose toda mi leche. Me dejó mi polla más limpia que una cubertería de plata. Soltó la polla, me la puse dentro cerrando los botones mientras me besaba, dejándome oler mi esperma y saborear mi néctar. La madre que lo parió, me dejó tieso y se fue a la puerta para bajarse. Cuando el tren paró, bajó el primero; cuando me apeé del tren ya no lo vi en el andén.

    Medio turbado por lo ocurrido —que además me había gustado y me sentía feliz, aunque desconcertado—, salí despacio paso a paso por el andén, metí el billete sobre el controlador, se abrieron las pequeñas compuertas y salí al hall de la estación. Me pongo a mirar absorto, no veía al sujeto aquel, pero y escucho en mi espalda:

    — ¿Dónde vas ahora?

    Como un autómata, sin girarme, contesté:

    — A buscar hotel y luego a realizar unas gestiones.

    — Toma —me alcanza una tarjeta y me giré— no busques hotel, te invito a mi casa, no te arrepentirás. Estaré allí a partir de las 6 de la tarde.

    Desaparece con prisas. Leo la tarjeta: Marcelino Fernandez Alonso. Administrador de fincas. Calle La Sagra, 9, 3º, 1ª. La dejo en el bolsillo trasero y salgo de la estación pensando si hago caso o me voy al hotel. Reacciono y me voy a una cafetería para desayunar. Me había entrado el apetito y desayuné a gusto. De ahí me fui a Hacienda a realizar mis gestiones hasta mediodía. En Hacienda tengo un amigo que me orienta y acelera los asuntos y le espero a que acabe para irnos los dos a comer, pues tras los servicios prestados tenía que invitarle a comer y charlar sin problemas.

    Luis Fernando es inspector de Hacienda y siempre hace que algunos subordinados me preparen todo y luego me ayuden a resolverlo. Me gusta hacerlo así porque mi amigo me lo explica todo y procura que todo esté conforme. Aunque es algunos años mayor que yo, nos conocíamos desde la Universidad y cada vez que yo iba a la ciudad le avisaba, comíamos juntos y luego íbamos a su casa a tomar café y a echarnos entre nosotros un polvo amistoso. Esto ya era ordinario.

    Pues eso hicimos. Después de un café viene otro acompañado de un lingotazo de whisky para calentarnos un poco. ¿Un poco? Si después de comer ya íbamos rápidos a casa porque estábamos ya calientes, tras el primer sorbo de whisky nos miramos y todo comienza como siempre, un beso que se prolonga mientras nos quitamos uno al otro la ropa. Mi amigo Luis Fernando es metódico, no le gustan las variaciones. Así que, desnudos y con el vaso de whisky en la mano, agarrados de la cintura nos vamos a la cama de mi amigo. Son dos escuetas sesiones, primero se la meto yo, descansamos y luego me la mete él. Descansamos un momento y Nos duchamos, nos tocamos bajo el agua, nos besamos, salimos, nos secamos y tú a lo tuyo y yo a lo mío. Es el pago de nuestra amistad. ¿Amor? Vamos, que para tener un polvo y no perder la amistad solo hace falta tener culo y polla, y de eso teníamos los dos incluso en reserva.

    Mi amigo la tiene no tan larga, pero muy, muy gorda y me deja preparado el culo para lo que pueda ocurrir en la noche, porque siempre me llevo a alguien al hotel, pero esta vez me llevarán a mí a su casa y debo estar a punto de caramelo. Luis Fernando tiene su pareja desde hace dos meses, antes tenía otra y antes otra y cambia frecuentemente. Estoy seguro que Luis Fernando y yo hemos follado más veces que él con sus parejas. Así y todo no interesa a sus sucesivas parejas lo que tenemos nosotros en una relación de amistad. Aparte de que eso de ser infiel no tiene desperdicio, dice mi amigo.

    Eran las 5 de la tarde cuando salí de casa de Luis Fernando, le quedaba el tiempo para poner orden a su casa porque su actual pareja llegaría hacia las 6:30 pm. Decidí darme un paseo para estirar las piernas y acomodar un poco el culo, porque no es que me doliera mucho pero lo notaba. Ciertamente que pasó llegando a la casa de Marcelino. Llamé al timbre, me reconoció por el visor y abrió la puerta de la calle. Subí en el ascensor al 3º y vi la puerta entornada. Antes de llegar ya me franqueó la puerta Marcelino. Al entrar y tras cerrar la puerta me dio dos besos y unos toques abajo por delante y por detrás muy eróticos. Se veía al tío con ganas.

    Me hizo pasar a su cocina y me dijo que tenía ganas de pillarse a un tío encima de la mesa de la cocina. Le salí un poco por peteneras porque le dije:

    — En todo el día no he ido al aseo, no es que lo necesite pero, si no voy, vas a oler por mi culo un volcán de mierda.

    — Me gusta más así, —respondió.

    A mí me daba lo mismo, yo estaba limpio, el culo también, pero seguro que los intestinos ya se iban llenando, pero si le gusta, no me quejo. Así que no insistí y se abalanzó encima de mí. El llevaba ropa amplia de estar por casa, una especie de traje chino, muy sedoso. No me costó nada de sacárselo y dejarlo desnudo porque no llevaba nada debajo; tampoco le costó nada sacarme mi ropa, aunque no me quitó el jocks porque vio que podía trabajar conmigo y le pareció mucho más atrevido. Me asió, me echó en la mesa y me revolcó sobre ella que casi nos caemos al piso. Me pareció que le gustaba hacer juegos y piruetas antes de comenzara follar y así fue, muchos revuelcos, sentarse encima de mi abdomen, luego encima de mi cara, husmearme el culo y gemir mientras olía largo inspirando mis perfumes anales.

    Empezó pareciéndome todo una cochinada y acabó gustándome. Hechos estos preliminares, nos fuimos desnudos a una habitación que supuse era la suya.

    Lo peor fue cuando me tiró sobre la cama boca arriba y me ató a la cama y el puto que llevo dentro se dejó amarrar. Cuando yo no gobierno la situación me pone muy nervioso, pero en esa ocasión me parecía que estaba como poseído de tal manera que me dejé dominar. Se dedicó a pasarme la lengua por todo mi cuerpo, creo que no dejó ni un milímetro de mi parte delantera por lamer y de vez en cuando se relamía su lengua como si mi cuerpo exudara miel. Yo estaba atónito pero muy placentero. Luego de besarme y pasarme su lengua, me puso en la boca una cuchara con algo para masticar, no adiviné el sabor de aquello, pero era agradable. Si hubiera sido veneno ahora no estaría escribiendo. Comió desde mi boca, masticó, me lo volvió a pasar, lo tragamos entre los dos. No sabía si esforzarme por vomitar —¡qué asco!—, pero mi polla dentro del jocks estaba ya empalmada a tope.

    Se dió cuenta de mi estado calenturiento y con su boca mamaba y lamía mi polla por encima de la escasa tela que la cubría. La dejó mojada por fuera y por dentro se mezcló con mi precum. Ya tenía yo el cuerpo totalmente electrizado. Se fue a una mesita y vino con unas tijeras. Me puse nervioso, muy nervioso, tanto que bajó un poco el nivel de mi erección. Cogió la tela con la punta de mi pene erecto y grité:

    — ¡¡¡NO!!!

    Comenzó a cortar la tela alrededor con cuidado quedándose al soltar mi polla con la tela en sus manos, se la puso en la boca y se inclinó sobre mí para meterla en mi boca. Tiró al suelo las tijeras. Me tranquilicé.

    Se puso sobre mí invertido y me comió mi polla y mis huevos con mucha dulzura, a la vez que metió su polla encima de la tela metiéndomela en la boca. Comencé a asfixiarme de verdad. Se dio cuenta y levantó su pubis de mi cara sacando su polla de mi boca y dijo:

    — Prepárame el culo, quiero tener tu polla dentro y no te vengas hasta que te lo ordene.

    Nunca me ha gustado el sado, ni ser esclavo, si eso duraba y me desagradaba, estaba pensando en que cuando me soltara me iba de inmediato. Entonces, tras expulsar el trozo del jocks de mi boca, le comí el culo como pude y noté que necesitaba dedos para dilatarlo. Alguna arcada me dio porque su culo apestaba y quería acabar. Le dije:

    — Necesito mis dedos para dilatarte.

    — Mete lengua, hijoputa, métela hasta dentro del todo, —contestó el muy cabrón.

    No tuve más remedio, con asco pero en firme, decidí que me comía su culo, ya no solo le lamía su ano y su fruncido y rugoso entorno, comencé a lamer y trabajar con mis labios toda la periferia que tenía delante para encelarlo. Metí mi boca lo más que pude aprovechando que él retrocedía el culo contra mí y le di un mordisco fuerte sin dañar la piel para hacerle sentir dolor en la salida de su ano. ¡Joder, cómo suspiró! Parecía un borracho y me di cuenta que le gustó el mordisco, y lo intenté dos veces más arrancando de él sendos suspiros. ¡La puta de su madre, jodido maricón de mierda! Este no se saciaba. Entonces volví al cometido y le mordisqueé de modo continuado, tanto que perdí la cuenta y por fin quise hacerle daño, pero no me dio tiempo, entre suspiro y suspiro me dijo:

    — A-uff-ho-uff-ra -uff- voy -uff- a -uff- sen-uff-tar-uff-me-uff- so-uff-bre-uff- tu-uff- po-uff-lla-ufffff.

    Jadeaba de cansancio y así quería follarme mi polla con su culo. Pensaba que se iba a caer muerto encima de mí sin poderlo remediar. Pero la experiencia enseña mucho y el tío sabía lo que se llevaba entre manos. Le dolía su culo de mis mordiscos, y tras sentarse, se dejó caer, creí que me rompía mi precioso pene, pero se quedó ahí sentado mirando al techo. Se inclinó y desató mi muñeca derecha, con la mano libre, me desaté la otra. Me agarró para que me incorporara del todo y me besó tirando de mí. Estaba un poco incómodo y arqueado pero más seguro, poco a poco entramos en trance y me soltó cayendo de espaldas en la cama y notando alivio. Todo fue porque le vino su orgasmo y me soltó toda su lefa exorbitantemente sobre mi cara, mi pecho y mi abdomen. ¿Desde cuando no había follado este tío? Aquello parecía un mar de semen, más blanco que la leche.

    Luego me vino mi orgasmo, no tardé mucho y se inclinó a besarme lamiendo previamente los cuajos de su esperma para que los compartiera. Estuvimos un rato así, besándonos y el tío supo camelarme con susurros y palabras cariñosas, entre otras me dijo:

    — Además de guapo, atractivo y agradable, follando eres lo mejor de lo mejor, me has hecho sacar mis mejores jugos.

    — Pero ahora quiero que me sueltes mis pies y que me folles tú, sin sado, sin ataduras, con amor, si es que te queda algo de amor en tu alma, —le susurré cariñosamente.

    Sacó mi polla de su culo y bajó de la cama para desatarme, prometiéndome:

    — No hay más ataduras, quería ver tu resistencia solamente, no me gusta tampoco el sado y he sufrido cuando me gritaste ¡¡¡No!!! Quiero que me perdones, por eso vamos a cenar y quítate esa mierda de calzoncillo. Me quité el resto de mi jocks y le seguí a una habitación. Me dio un sarong o pareo para que me envolviera y él se puso otro. Dijo sonriendo:

    — No es que me dé vergüenza que nos miremos desnudos, pero vamos a pasar al comedor y las sillas son tapizadas.

    En efecto, pasamos al comedor, alguien había preparado la cena fría, él mismo o algún sirviente, pero todo estaba exquisito, lo había preparado con champaña. Cenamos conversando muy agradablemente, oliendo a semen pero con hambre. No sé para qué servía la servilleta de hilo fino, si no era solo por la presentación, porque como íbamos valía la pena limpiarnos las manos con nuestro propio cuerpo. Pero la verdad es que la cena fue por todo lo alto. Al acabar de cenar quise levantar las cosas para guardarlas y me dijo que lo dejara todo. Pasamos, tal como íbamos al salón a tomar un whisky y me gustó que me acertara mi preferencia en whiskys, el Crown Royal.

    Ahí, sentados en dos sillones, uno al frente del otro y con buena temperatura, comenzó a hablarme de negocios. Supe de su viaje en el tren porque venía de mi ciudad de hacer negocios y su representante había muerto repentinamente. Cuando me descubrió había pensado que yo sería el adecuado. Le hablé de los negocios familiares y me dijo que no le preocupaba, que aceptara si tenía algo de tiempo y habláramos de mis honorarios. Eso hicimos porque acepté al mostrarme una carpeta con todo el negociado descrito. Me pareció interesante y convinimos todo lo restante. Apuramos la copa y salimos hacia la habitación. Me llevó donde habíamos estado antes donde nos pusimos el sarong, pensé que era para devolverlos, pero allí me lo quitó y se quitó el suyo echándolos a un tacho de ropa sucia del baño. Entonces me dijo, señalando el tacho:

    — Allá queda la etapa anterior calamitosa, aquí pasamos la primera noche de la nueva etapa.

    No entendí bien, luego comprendí que se refería a sus negocios. Nos metimos en la cama e hicimos el amor. Le pedí que me follara y fue generoso, me hizo caso. Luego me lo pidió él. Serían las tres cuando nos dormíamos abrazados. Desperté como a las 9 de la mañana. Al parecer él estaba despierto de mucho antes y se entretuvo toqueteándome, gozaba de mi cuerpo que distaba en belleza al suyo. Él no estaba mal, pero se notaban sus años y su barriguita cervecera. Lo encontré prendado de mí, aunque me consta que le privaban sus negocios.

    Cada vez que por asunto de sus negocios teníamos que entrevistarnos, tenía que ir con mi culo y mi polla bien dispuestos, eso era tan importante como sus negocios, los cuales progresaron considerablemente estando en mis manos, y me enviaba sus otros delegados en las diversas provincias para que conocieran mis estrategias. Todos era jóvenes, guapos y probados a fuego. Todos con ganas de follar y me los tenía que llevar a mi cama, aunque sin sustos.

    Para irme me dijo que, tras la ducha, pasáramos a la otra habitación porque allí estaba mi ropa. En efecto, la encontré doblada sobre una silla, como planchada y un jockstraps puesto encima de la camiseta, similar al que llevaba, pero de mejor calidad.

    Nos despedimos con un apretón de mano y me dio un sobre, que le pasó un muchacho joven, guapo y atractivo que hizo que temblara mi polla. Dentro del sobre había un cheque voluminoso para comenzar la campaña, incluyendo con mis honorarios, según indicaba la nota adjunta.

    Le hice una seña con las manos y un guiñó en el ojo, referente al chaval, como quien dice: «me gustaría probarlo», pero con el dedo índice decía que no, aunque el chico sonreía y me decía que sí con su cabeza.

    Salí mirando al chaval y Marcelino me dijo:

    — Todavía no es el tiempo, dentro de poco, ten paciencia; pórtate bien y tendrás todo lo que quieras.

  • La filosofía del látigo (Parte 3)

    La filosofía del látigo (Parte 3)

    1.

    Era de costumbre entre Óscar y Fabián un descanso en el trabajo junto a la máquina de café. Tras una ardua mañana en la gestoría no venía mal una charla entre amigos y de paso un relax de cinco minutos antes de continuar con el papeleo angosto.

    -Hey, ¿pudiste ir al club de golf ayer por la tarde? –preguntó Óscar entre sorbo y sorbo al café.

    -¿A qué viene esa pregunta? Yo voy a donde me sale de la polla.

    -No sé, es lo que me dijo mi esposa. Que no fuiste.

    -Claro que fui, joder. A mi nadie me dice lo que tengo que hacer. Si quieres te enseño fotos, vamos, que fui.

    -Ah, vale. Es que mi esposa me dijo lo contrario. Que tu mujer no te dejó ir.

    -Pues perdona que te diga pero te está mintiendo. Como todas. Son una panda de mentirosas. Sólo mueven el culo por un billete de 50.

    -Sí, es verdad, siempre gastándose nuestro sueldo en bolsos y perfumes apestosos. Vaya plan. En cuanto hay dinero en la cuenta van ellas y lo sacan todo para sus caprichos.

    -Exactamente. De hecho, a mi mujer le he quitado las tarjetas de crédito. Qué coño. Ese dinero lo gano yo con mi esfuerzo.

    -¿Tu mujer sigue sin encontrar trabajo?

    -Que va. Está todo el puto día en el sofá tocándose el coño. Manda narices. Solo le falta la cerveza y me recuerda a mi padre frente al televisor.

    Ambos rieron.

    -Joder, Óscar, hay que imponerse.

    -Así debe ser.

    -Un poco de sangre en las venas, ostias. Me niego a ser un huevón y mantener a una mujer. Me considero un hombre hecho y derecho, y podría tener a la pava que desee.

    -Que no te escuche tu mujer.

    -¿Y qué si me escucha? En mi casa mando yo, que para eso llevo el dinero y una polla como una olla.

    Ambos volvieron a reír con jocosidad.

    -Bueno, vuelta al curro –consultó Óscar su reloj de pulsera.

    -¡Choca, tío!

    -Yeahh…

    Y se separaron tras la palmada de manos.

    2.

    Dudó un instante antes de entrar en su casa, pero Óscar finalmente se decidió y accedió al salón.

    -Hola, llegué.

    En ese momento apareció su esposa firme y segura.

    -¿Sabes qué hora es, Óscar?

    -No, ¿por?

    -Tenías que haber llevado a tu hija a sus clases de ballet. ¿Se te olvidó otra vez?

    -Ostias, es verdad, lo siento…

    -¿Qué fue hoy? ¿Una cervecita en el bar de la esquina?

    -Sí, es que me relaja tras toda la mañana en…

    -A mí me importa una polla tus excusas. He tenido que llevarla yo al ballet. Eso quiere decir que me debes dar el gasto de gasolina y que en 45 minutos vayas a recogerla. ¿Estamos?

    -Sí, claro, no hay problema.

    -Han sido 25 euros en gasolina.

    -¿Tanto?

    -10 euros más 15 por joderme mi hora de manualidades. En posición.

    -Eli, por favor, de verdad, no volverá a suceder…

    -¡En posición, coño! ¡Ya!

    Temeroso, Óscar se bajó los pantalones, luego los boxers y sacó el culo apoyado en el filo de una mesa.

    Mientras tanto, Eli se quitó el cinturón de sus vaqueros y se lo enrolló en la mano derecha.

    -No chilles. Sólo serán 12 correazos. Como se te ocurra quejarte o pegar un grito repito el arreo. ¿Queda claro?

    -Sí.

    -Si no, joder.

    -Sí, mi Ama.

    -Eso está mejor. Ahí va el primero. La próxima serán 40. Hoy estoy animada.

    -Gracias, mi Ama.

    -Serán 12. Poquitos. Pero juro por mi santo coño que van a ser 12 via crucis.

    Óscar empezó a sollozar. Algo que excitó a su esposa.

    -Necesitas disciplina y aquí está tu querida esposa para meterte en vereda. No harías nada sin mí. Eres un don nadie sin tu dulce Eli… -Y soltó el brazo para dar el primero de 12 correazos escalofriantes que sonaron desde el patio.

    Él sufrió lo indecible.

    Ella se deleitó en cada zurriagazo.

    3.

    Pensó que no estaría en casa. A estas horas su mujer Noe estaría en casa de su vecina del quinto como cada mediodía. Por eso Fabián entró en casa seguro y sin titubear.

    Pero su gesto cambió al encontrarse en el salón a Noe e incluso a la vecina del quinto sentadas en el sofá. A Fabián le pareció que estaban esperándole. Y nada más hablar Noe lo verificó.

    -Hola, amorcito, pasa –sonrió Noe con satisfacción.

    -Hola, Noe. Hola, Beli.

    -Hola, Fabián –Beli parecía contener la risa.

    -Ven, amorcito. De rodillas frente a mí y la cabeza agachada.

    -¿Cómo? Beli…

    -Beli ya lo sabe. La he traído a que aprenda, para que haga lo mismo con el cerdo de su marido. Vamos, no me gusta repetir las cosas.

    De modo sumiso y sin rechistar, Fabián se posicionó frente a su mujer sentada en el sofá.

    -¿Ves, Beli? Muy machitos entre ellos pero luego se les queda la polla como un cacahuete.

    -No he hecho nada indebido, Noe.

    -¿Tu crees? Vas diciendo por ahí que fuiste ayer al club de golf. No, no pierdas el tiempo. Tu amigo Óscar ha confesado tras un castigo ejemplar de 10 minutos. Me acaba de llamar Eli. ¿Es eso cierto?

    -Si…

    -No te escucho. Alto y claro.

    -Sí, lo dije, y lo siento mucho.

    -Te daría ahora mismo una ostia en la cara, pero hoy me sustituye Beli.

    -¿Cómo que Beli?

    Noe movió la cabeza dando el permiso y Beli pegó un violento bofetón a Fabián en la cara.

    -¿Alguna objeción? –sonreía Noe.

    -N… no… -habló Fabián con la mejilla roja.

    -Mmmmm, esto satisface –gozaba Beli-. Podría acostumbrarme a esto.

    -Fabián, en posición 3, ya sabes.

    Fabián, al borde del llanto, se desnudó de cintura para abajo, se colocó de pie en mitad de salón y pegó las manos al suelo alfombrado.

    -Beli, disfruta –le pasó Noe su correa de los vaqueros.

    -Gracias, Noe, eres una gran amiga.

    -Yo estaré en la cocina preparando el almuerzo. Tu tómate tu tiempo y dale fuerte.

    -Ya lo creo que le voy a dar fuerte. Tiene un culo peludo asqueroso.

    -Ve cogiendo experiencia para practicar luego con tu maridito seboso.

    -Joder, esto me encanta. Acabo de mojar las bragas.

    -Pues quítatelas y méteselas en la boca. Este cabrón aúlla como una nenaza.

    -Gracias, Noe, eres lo más.

    -Hay que ayudarse entre mujeres. Tu dale con saña. Mi maridito es un poco rebelde y muy bocazas. Quizás contigo aprenda. Yo ya no sé qué hacer. Es un hombre descarriado desde que lo parió su madre.

    -Déjamelo a mí. Sólo necesito una hora y tendrás un marido nuevo. ¿Puedes darme otra correa para mi otra mano y tu consolador eléctrico?

    -Hecho. Mejor no le metas tus bragas. Deseo escuchar sus gritos desde la cocina. Es mejor que poner música en la radio.

    Ambas rieron con jocosidad.

    -Choca –puso Noe el culo y Beli lo palmeó con gracia-. Mujeres al poder, Beli.

    -Eso siempre.

    -Que mi maridito recuerde que la vagina manda.

    -No te preocupes, Noe. Este gilipollas lo recordará sí o sí.

    -La que te espera, Fabián. Beli va al gimnasio y tiene aguante –abofeteó Noe el culo de su esposo con fuerza.

    -¡Au! –le dolió a él.

    -Eso es lo que deseo escuchar la próxima hora –rió Noe.

    -Joder, qué ganas le tengo –se relamía Beli-. ¿Puedo empezar ya?

    -Una hora o dos horas. Lo que tu quieras, cielo –permitió Noe.

    Y empezó el calvario angustioso para Fabián y su inexistente hombría.