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  • Los gemidos de las lesbianas

    Los gemidos de las lesbianas

    Prólogo.

    Desde que lo dejé con mi ex, mi vida está muy apática; no ligo ni a tiros y las tías que se me acercan o están locas o son unas aprovechadas y la verdad después de haber tenido dos locas en mi vida y una aprovechada, no tengo ganas de repetir la experiencia; ya he tenido suficiente, de eso.

    Para cambiar mi vida del todo, he buscado trabajo fuera del hogar; así que me he ido a vivir solo a Estepona, a unos viejos edificios que están más «pacá» que «payá», pero que aún se mantienen en pie como yo. No los he elegido por eso en realidad, solo porque no me pillan lejos del trabajo y; porque se ajustan a mi bolsillo, aunque tengo un buen sueldo no me puedo confiar en España el trabajo no es algo fijo, después de todo. En la mudanza me ayudan mis padres, que están contentos en parte porque levanto el vuelo del nido; y en parte no, porque me echaran de menos.

    La verdad es que yo dentro de mi apatía me apetece alejarme de todo y todos un tiempo o conocer más bien gente nueva, y por otro lado al sentirme más solo; solo me volveré más apático y eso, supuestamente es malo o eso al menos es lo que piensan José y David mis viejos amigos.

    Al principio vivir solo se me hace duro, no se hacerme ni un huevo frito; acostumbrado a que papa y mama me lo hagan todo, me cuesta coger las riendas. Cuando llevo más o menos un mes, ya se sobrevivir por mi cuenta; aunque me he dado cuenta que en eso se ha convertido mi vida, trabajar y casa… casa y trabajar, no salgo de ahí; descansar se vuelve algo segundario y para colmo la gente de aquí, no parece estar muy interesada en conocer a un joven jornalero normal y corriente. Lo que más sufro es la sequía sexual y la falta de cariño, por eso estoy contemplando irme de putas; y comprarme un perro, aunque no soy muy de lo primero pero como siga así voy a reventar.

    Una noche que llego de trabajar cansado y molido, pensando en que ahora tengo que cenar y ducharme; y caminando más que porque es automático y no por otra cosa, la muestra de cariño es el gruñido del perro de la puerta de al lado que por fortuna está cerrada. Aquí viven dos chicas que por los liberalismos de hoy en día, imagino serán pareja; los vecinos se la tienen jurada porque su perro ladra a horas intempestiva sobre todo los fines de semana que salen de fiesta; una es la típica lesbiana macho y la lesbiana hembra es la que al verla de pasada siempre pienso: «que lastima», tener algo tan bonito al lado y tan inalcanzable… es duro.

    Entro en mi casa mi desértico y solitario hogar, cuando mis cansados brazos acertaron con las llaves de casa; y me quedo helado, unos gemidos me llegan desde la pared de mi derecha. Me quedo mirando la pared cómo si fuera a ver algo, pero entonces los gemidos se repiten; se me acelera el corazón, mi miembro viril reacciona y me quito los zapatos. Voy lo más silencioso que puedo por el pasillo, escuchando más y más gemidos; cada vez más altos y más fuertes, hasta que «boom» explota en un orgasmo. Justo cuando pego mi oído a la pared cómo un vil pervertido, haciendo de alcahueto en una relación de dos; pero es la primera vez en mi apatía que mi miembro resucita y cruzo los dedos, para que la sesión continúe.

    Como si algo o alguien me hubiera oído, empieza con suaves jadeos; no sé si estoy en lo cierto o no, pero confío en que la que gima sea la lesbiana femenina. Con visible nerviosismo me quito el cinturón mientras tanto contengo la respiración y la dejo salir lentamente, no vaya a ser que me escuchen e interrumpa su sesión nocturna de amor; luego me quito el botón tampoco quiero tragar no vaya a ser que digan ¿que ha sido, eso? Y la fastidiemos.

    Tras eso, mientras los jadeos empiezan con suaves gemidos; me bajo la cremallera del pantalón y al fin me la saco del bóxer, la agarro y la tengo como un mástil. Empiezo a movérmela al ritmo de los gemidos, que van en alza y mi paja sube a la misma velocidad; su cama empieza a golpear mi pared y la escucho arañar las sabanas, eso me pone muchísimo y tengo ganas de animarlas.

    – sigue, dale duro; fóllatela. – pienso para mi, como si cualquier palabra pudiera delatarme al fin y al cabo; si yo las escucho a ellas, ellas también a mi.

    Sus gemidos se convierten en gritos de placer, yo cierro los ojos para sentir más y centrarme en el oído junto a la imaginación; que es lo único de lo que me puedo guiar ahora, sus gritos cada vez son mayores y como si por arte de magia pasara… su último grito deja salir mi eyaculación, se me escapa un hmmm… lo he intentado silenciar para que no me escucharán, empiezan a hablar entre ellas y no logro escuchar lo que dicen; me separó de la pared con tremendo susto y temeroso de que llamen a mi puerta. Pero pasa un rato y no lo hacen, respiro tranquilo al darme cuenta que no pueden saber que las estoy espiando; ese «mmmh» pudo haber sido por miles de cosa eso es, me limpio el miembro me lo guardo y recojo este estropicio del suelo.

    – vaya hombre, ahora me siento malamente; doy vergüenza ajena, masturbándome con el amor de dos chicas que nada quieren con hombres – pienso para mi. – si me vieran seguramente les daría hasta asco. Bueno no es culpa mía, que griten tanto; que las paredes sean de papel y que no ligue nada.

    Mi cabeza era una guerra viva entre el angelito, el diablito y yo; no sé quién de los tres ganaría, pero como iba a mirarlas ahora cuando me las encontrara… seguramente, con otros ojos.

    Aunque suene triste decirlo, este ha sido el mayor placer obtenido por autosatisfacción; en toda mi vida.

  • De puta con un colega

    De puta con un colega

    A mi esposo lo cambiaron de sede, y teníamos que adaptarnos a la nueva ciudad. No nos parecía difícil, ya teníamos práctica. En cuanto el salía a su trabajo, yo me dedicaba a conocer la ciudad e intentar ver dónde encontrar algún trabajo para mí. No fue difícil, pero entre una cosa y otra, encontré a un antiguo colega de estudios. Me alegro verlo porque, aunque no nos habíamos tratamos mucho. En fin, intercambiamos teléfonos y quedamos de comunicarnos.

    Cuando se lo comenté a mi marido le pregunte si le parecería invitarlo a cenar. Acepto sin dudar y unos días después quedo combinado el encuentro

    De inicio fuimos muy amables y formales, hablando lo habitual, de política y otros temas públicos.

    Al final, ya con algunas copas, comencé a provocarlo discretamente por debajo de la mesa, rozándolo con la rodilla, el correspondió acariciándomela y se lo comenté a mi marido en algún momento oportuno. Abrió los ojos y me dio luz verde.

    Esto se explica porque ya habíamos practicado swinging en varias ciudades, y ya había tenido varias aventuras sola y con él. Ya no nos espantaba y nos gustaba.

    Para los licores pasamos a un cuarto que usábamos para oír música, arreglado con almohadones, y con cuidado, pero ya sin esconderme, recomencé las caricias, permitiendo que el amigo correspondiera. Pronto estábamos abrazándonos y besándonos. Mi marido salía con frecuencia con diversos pretextos. Ambos sabíamos que era para dejar más cómodo al visitante. Que ya sabiendo lo que queríamos, avanzo a mis toronjas y buchaca.

    En algún momento ya desnudos, acostado lo monté y tomando su palo me lo metí sabrosamente por la chucha, completando el trio, mi marido se puso junto para darme su linda verga a mamar. Y yo feliz.

    Unos días después, decidimos llamarlo y ver que pasaría. Lo hice, mi amigo se alegró, acepto de inmediato y combinamos que sería en su departamento unos días después.

    Excitados, llegamos a un localito cercano, donde comimos alguna cosa. Después pasamos a su departamento. Todo muy normal.

    Era un pequeño departamento de soltero, cómodo para un divorciado. En la salita, nos sirvió algunos tragos y preparo algunas cositas para acompañar. Después de una breve plática boba, sin más trámite comenzó a abrazarme y besarme, yo correspondiendo y mi marido simulando que no estaba ahí.

    A seguir coloco una simpática peliculita porno, de dibujos animados, donde los siete enanos se comen a Blancanieves por todos lados. Muy agradable.

    Sin dudar, me bajo os tirantes del vestido sacándome los pechos, la otra corría libre por mis piernas y cona, el vestido estaba pronto a la cintura y me lo quite para no estorbar. Abajo, los chones, que de tan pequeños solo eran decorativas

    Mi marido salió a un balconcito buscando dar un ambiente más libre, además de tener una experiencia voyeuristica, nos veía, aparentando espiar… estaba calientísimo de ver el manoseo y cachondeo de su putita, nosotros nos soltamos plenamente, cada vez que entraba, me encontraba más desnuda. El vestido estaba por los suelos, y los calzones por algún otro lugar. Las manos corrían libres, el manoseándome toda y yo correspondiendo. Mis pechos y piernas eran parte del botín, y para mí su verga y bolas.

    De pronto se paró y salió del cuarto sin decir nada. Mi marido se aproximó preguntándome que pasaba. No sé, respondí, no dijo nada.

    Esperando que pasaría, nos acariciábamos y besábamos. Me dijo ponte de pie frente a mí y te bajas para mamarme, así lo que vera regresando serán tus nalgas y mamando. Me agrado la idea así lo hice, después supe que al regresar se la iluminaron los ojos y no dejaba de verme, bueno mis nalgas.

    No solté la verga, se puso atrás y abrí las piernas esperanto la metida de rabo. Y así fue, solo que agarrándome las nalgas con una mano, metió la otra por la chucha, bueno parecía ser por la chucha, me unto algo y me la metió de una vez por el culo, sin titubear, y a conciencia. Muy sabroso, sentía las bolas batiendo en mis nalgas.

    Mi marido sintió algo diferente y metió las manos por adelante encontrando la concha vacía, así supo que estaba siendo enculada. Sin decir nada me movía la bolita para aumentar mi placer.

    Cuando termino mi amigo de llenarme de leche el culo, me senté en el piso, descansando. Mi marido me murmuro: chúpale la pija, lo hice. Y después le murmuré, cógeme en el suelo como perra. Por supuesto me complació.

    Con eso dimos por terminada la experiencia y poco después salimos contentos y satisfechos.

    De paso me delaté: siempre le había dicho mi marido que había sido virgen al casarnos, lo que era cierto, pero no le había dicho que tuve varias experiencias dando el culo… Y esta vez entro sin problemas, mi culito ya sabía bien cómo era… No hubo nunca comentarios, pienso que decidió que la historia pasada, era pasada.

  • La parada del autobús

    La parada del autobús

    Estábamos a finales del mes de noviembre, en pleno otoño, ese día hacía un frío espantoso y por encima amenazaba lluvia. Había quedado a las 7 de la tarde para realizar una entrevista de trabajo, tenía que estar a esa hora en el centro comercial Alcampo; dicho centro comercial quedaba y queda a las afueras del ayuntamiento de La Coruña, una zona poco habitada por aquellas fechas.

    Había ido en autobús, llegando a las 7 menos 10 de la tarde, ya era noche completamente cerrada. Cuando salí de la entrevista, iban dar las 9 de la noche. Cuando salía por la puerta del centro comercial, estaba empezando a llover, no se veía un alma por la zona, solo alguna gente que iba al centro comercial en su vehículo y los que salían del centro y que también lo hacían en su transporte privado. Yo tendría que coger el autobús, por lo que me encaminé hacia la parada del bus. Esta quedaba algo apartada del centro comercial, y por encima estaba en una zona totalmente oscura, ya que la zona no estaba iluminada.

    Eché a correr para no mojarme, nada más llegar a la parada, arrancaba el autobús. Así que no me quedó más remedio que refugiarme en la marquesina y esperar al siguiente autobús, que solía tardar algo más de media hora, si no había problemas.

    Menos mal que allí estaría refugiado de la lluvia y algo del frío que hacía. La verdad es que algo de miedo daba, y es que apenas se veía nada a causa de la oscuridad de la zona.

    Mientras esperaba, encendí un cigarrillo y me senté en el banco que tenía la marquesina. No habían pasado ni 2 minutos, cuando llegó a la parada del bus donde yo estaba, un señor mayor; yo le calculé unos 65 años o algo más; traía un paraguas con el que se resguardaba de la lluvia. Vino directamente hacia la marquesina y dándome las buenas noches, cerró el paraguas y se sentó a mi costado.

    Bufff que frío hace, vaya noche de perros, dijo el viejo sentándose a mi lado.

    ¿Hace mucho que esperas el bus? Me preguntó.

    No, le contesté, acabo de llegar, pero el bus marchaba en ese momento.

    Bueno pues ahora te va a tardar algo más de media hora, me dijo mirándome a la cara mientras apoyaba una mano sobre mi pierna. ¿Que vienes del centro comercial? Me preguntaba sin sacar la mano de mi pierna.

    Sí, le contesté.

    Ah, dijo, como no te veo bolsas dudaba.

    ¡Bufff! Vaya frío que hace, repitió el viejo Frotando su mano en mi pierna como si nos conociéramos de toda la vida.

    eres muy joven, me decía el viejo sin dejar de frotarme la pierna con su mano. Bueno y además de joven, guapo y al verte aquí solo, pensé que…

    Me decía el viejo frotando su mano sobre mi pierna mientras me miraba a la cara.

    Yo empezaba a ponerme colorado y nervioso por la situación, y por encima mi polla empezaba a ponerse dura a causa del frotamiento que el viejo me estaba dando en la pierna. Cosa que el viejo se había percatado, ya que mi abultamiento era notorio.

    Te gusta, me dijo acercando más su mano a mi entrepierna.

    Yo sin poder mirarle a la cara, agaché la cabeza mirando al suelo y poniéndome aún más colorado, no le contesté. Dejé que siguiera frotándome con su mano la pierna mientras está iba acercándose más a mi entrepierna.

    El viejo no perdía el tiempo, iba directo a lo que buscaba y aprovechó la ocasión que se le presentaba, llevó su mano a mi entrepierna agarrándome el paquete.

    ¡Ufff! Estás muy caliente y excitado, mira cómo estás de empalmado me dijo, agarrándome la polla y apretándomela.

    Empezó a sobarme el paquete sin dejar de mirarme, como vio que yo no decía nada y le dejaba hacer, el viejo se arrimó más a mí, siguiendo con su manoseo. Te gusta me decía, aprovechándose cada vez más al ver que yo lo dejaba hacer y no decía nada.

    Me agarró la mano llevándola a su bolsillo y dijo, mete la mano ya verás lo que tengo para ti.

    Nada más meter la mano en su bolsillo, noté que esté estaba roto y al meter mi mano, me encontré su polla totalmente erecta y sus huevos gordos y peludos.

    ¡Uy que fría tienes la mano! Dijo sin dejar que sacara mi mano de su bolsillo. ¿Te gusta lo que estás tocando?

    Yo sin sacar la mano y acariciándole la polla y huevos, asentí con la cabeza.

    ¿Quieres chuparla?

    Yo sin contestar nada, me encogí de hombros.

    Sácala por el bolsillo me dijo, y agáchate.

    Y eso hice, me agaché y saqué la polla del viejo por el bolsillo. Se asomaba la cabeza de la polla del viejo, y llevando mi cabeza ayudado por su mano sobre mi nuca, abrí la boca metiéndome la punta de su polla en ella.

    ¡Ohhh que gusto! Exclamaba el viejo al notar mi húmeda boca succionar su glande, ¡ooohhh que gusto! Decía empujándome la cabeza para que tragara más su polla.

    Mientras yo le chupaba la polla en aquella posición al viejo, el no quedó quieto, me había aflojado el cinturón y desabrochado el pantalón, metiendo su mano por dentro de mi slip, apoderándose de mi polla y huevos sobándolos.

    Yo estaba nervioso y estresado por la situación, por lo que me incorporé dejando de chuparle la polla, e intentar parar al viejo que estaba intentando bajarme los pantalones y slip.

    Aquí no, le dije mientras sujetaba mi pantalón. Si viene el autobús o alguien nos van a ver.

    No tengas miedo me dijo, a estas horas nadie se atreve a venir a esta parada, no ves que está muy oscuro y es una zona muy solitaria. Si, pero ¿y el autobús?

    No te preocupes, vamos a abrir el paraguas y lo colocamos así, dijo colocando el paraguas abierto delante de nuestras piernas. Ves así el del autobús, aunque venga, no va a ver lo que estamos haciendo.

    Como vio que quedaba dudando, el viejo se volvió a apoderar de mi pantalón y slip, tirando de ellos hasta que me los bajó un poco, dejando que mi polla y pelotas quedaran al aire libre. Me abrazó a él con una de sus manos, mientras con la otra me acariciaba los huevos y polla.

    Deja que te acaricie me decía subiéndome la cazadora y camisa hacia mis hombros. Luego se agachó sobre mi entrepierna, metió mi polla en su boca, mientras con sus manos jugaba con mis pelotas, y con la otra iba intentando bajarme más los pantalones y slip, hasta que consiguió bajármelos hasta las rodillas.

    Abre las piernas y déjame ver tu agujerito, me decía mientras buscaba con su mano mi esfínter anal. Escupió en su mano llevándola a mi agujerito, mientras me decía, anda ábrete un poquito más y deja que se abra tu flor para mí, deja que te meta mi dedito y te folle con él.

    Yo en aquellos momentos estaba tan caliente y excitado, que abría mis piernas todo lo que podía, exponiendo mi culo y dejándolo a entera disposición del viejo. Esté ya había metido uno de sus dedos em mi culito y estaba intentando meter un segundo dedo, cosa que consiguió con bastante facilidad.

    Ves mi putita como se abre tu flor para mí, mira como traga mis dedos tu culito. Eres toda una zorrita y estás deseando que te folle este culito tierno que tienes, me decía mientras iba metiendo los 2 dedos en mi culo.

    Yo nervioso y excitado, dejé que el viejo me fuese metiendo mano. Cuando el viejo consiguió meterme el dedo en el culo y luego un segundo dedo yo ya estaba que me derretía de gusto. Me sujetaba a sus brazos recostándome sobre el banco de la marquesina y abriendo las piernas todo lo que podía, dejando que el viejo metiera sus dedos en mi culo. Cuando me di cuenta, el pantalón y slip, ya los tenía sobre los tobillos y estaba jadeando y gimiendo de gusto. Ni si quiera me había dado cuenta de donde nos encontrábamos en ese momento, solo me dejaba hacer por el viejo, que en aquellos momentos me estaba haciendo gozar con sus dedos dentro de mi culo, teniéndome a punto de caramelo.

    ¿Te gusta zorrita, te gusta lo que te hago eh?

    ¿Te gusta como te abro el culito y te follo con mis dedos eh?

    Así putita, así, abre bien las piernas y deja que te abra el culito con mis dedos, anda que luego vas a probar mi polla y ya verás cómo vas a disfrutar con ella dentro de tu culito. Verás como te gusta que te de por el culo y te rompa este culito de zorrita que tienes.

    El viejo no paraba de sacar y meter los 2 dedos en mi culo, mientras con la otra mano ya me había bajado el pantalón y slip hasta los tobillos, y ahora me iba acariciando la polla y huevos. Mira como tienes la pollita dura y tiesa, maricón. Siguió subiendo con su mano por mi vientre y pecho, hasta alcanzar mis pezones y pellizcarlos, ufff que duritos tienes los pezoncitos, me decía, estás bien caliente maricón. Dejó los pezones y subió con su mano por dentro de mi ropa, hasta llevarla a mi nuca, haciéndome que acercara mi cabeza a él. Deja que pruebe esta boquita dijo llevando su boca a mis labios. Ni tiempo me dio a reaccionar, cuando me di cuenta, ya me había metido la lengua en ella.

    Después de saborear mi boca con su lengua y morderme los labios, me susurró al oído, quiero follarte, déjame darte por el culo, anda.

    En ese momento me di cuenta de donde estaba realmente, y que no era otro sitio que, en la parada del autobús, sentado en el banco de la marquesina y en plena vía pública. No, le contesté, aquí no, estamos en la parada del autobús.

    Tu tranquilo y hazme caso, dijo el viejo. Levántate y siéntate sobre mi polla, y por si acaso viene el autobús, coges el paraguas con la mano y te tapas las piernas, que así no verán nada con lo oscuro que está.

    Sin esperar a que le respondiera, el viejo ya se había desabrochado el pantalón y se había sacado la polla de fuera. Me agarró con sus manos levantándome del banco, haciéndome mover para que me sentara sobre él, metiéndome la polla en el culo, mientras me iba sentando.

    Dios, que pedazo de polla tenía el viejo, era gorda la hija de puta y de largo no estaba nada mal, andaría por los 16 o 17 centímetros. Aquella verga del viejo me iba dejar el culo bien abierto.

    Tirando por mí el viejo, me hizo que me fuese sentando sobre él. Sujetó su polla con una mano y mientras yo me agachaba para sentarme sobre él, colocó la punta de aquella verga en la entrada a mi ano y mientras yo me sentaba sobre él, su polla iba haciendo que mi esfínter se fuera abriendo permitiéndole la entrada a mi culo.

    ¡Ohhh! Gemí al notar su polla abrirme el culo. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Volví a gemir más fuerte al notar como su polla ya me había entrado más de la mitad, abriéndome por completo el culo.

    ¡Ohhh! Así, así, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el viejo mientras metía su ciruelo en mi culo. Muévete putita, anda muévete y deja que te folle este culito de zorra que tienes.

    En esos precisos momentos, vimos venir el autobús. Dios, ahora que estaba ensartado en la polla del viejo aquel, aparecía el autobús, y además con las luces de los faros, alumbraba la zona por donde venía, en cuanto girara hacia la parada, nos iba ver con toda claridad.

    En unos segundos ya me había agachado cogiendo el slip y pantalón, subiéndomelos, mientras me ponía de pie. Lo mismo había hecho el viejo, se había levantado y guardado la polla y abrochado el pantalón, cosa que yo todavía no había podido hacer, solo pude abotonarme la cintura del pantalón, quedándome el cinturón sin abrochar y la polla y huevos de fuera, ya que el slip no lo había podido subir por completo. Como pude guardé la polla y huevos, dejando que la cazadora tapara la parte de delante.

    Ven, dijo el viejo sujetándome por el brazo y cogiendo el paraguas. Empezamos a caminar por la acera hasta que esta terminó, dando paso a un camino por el que nos metimos.

    No sabía a donde íbamos, pero caliente y excitado como estaba, dejé que el viejo me llevara a donde quisiera y terminara de follarme, dándome por el culo con aquella polla que se gastaba.

    Todavía lloviznaba un poco y no sabía dónde realmente iba a poder seguir dándome por el culo, tal y como estaba el día, así que le pregunté al viejo a donde íbamos.

    ¿A dónde vamos por aquí? Le pregunté.

    Ya estamos llegando, dijo el viejo. Nada más andar unos 20 pasos, apareció otro camino que llevaba directo a una casa. La casa era de 2 pisos y se veía vieja, pero era allí a donde me llevaba. Nada más llegar a la puerta, el viejo cerró el paraguas, sacó un manojo de llaves abriendo la puerta con una de ellas. Entró el viejo dejando el paraguas y encendiendo una luz, me ordenó pasar.

    Aquí es donde vivo, bueno tengo un piso en la calle Barcelona, que es donde suelo vivir, pero esta casa también es mía y suelo venir a ella por temporadas.

    Cogió el paraguas de donde lo había dejado y me dijo que lo siguiera. Fuimos andando por un pequeño pasillo, abrió una puerta por la que entramos a la cocina, allí dejó el paraguas y saliendo de nuevo por la puerta, me llevó a una habitación donde había una cama a medio hacer, vamos que allí habían dormido, pero no habían hecho la cama.

    Este es mi dormitorio, dijo el viejo, hoy no hice la cama porque no tenía ganas, me decía mientras se acercaba a mí, abrazándome. Ahora si que no nos van a interrumpir putita, ahora vamos a seguir con lo que estábamos haciendo, te voy a follar este culito de puta que tienes, me decía sacándome la cazadora y siguiendo por la camisa. Te quiero tener en pelotas putita, quiero darte por el culo en todas las posturas, quiero romperte el culo y hacerte gritar de placer, me decía sacándome la camisa. Una vez me tuvo desnudo de cintura para arriba, mientras me mordía los pezones fue sacándome el pantalón, solo tubo que desabotonar el botón de la cintura, y dejar que fuese cayendo por su peso. Luego tiró del slip para abajo, llevándolo junto al pantalón hasta los tobillos, allí me sacó los zapatos, terminando de sacarme el pantalón y slip.

    Así putita, así te quiero tener, me decía abrazándome a él.

    ¡Dios que bueno estás maricón! Ufff que joyita tenemos, me decía acariciándome con sus manos la espalda y el culo mientras mordía mis pezones.

    Mientras tanto yo desesperado por ser empalado de nuevo por la verga del viejo, caliente y excitado como estaba, fui desabrochando el pantalón del viejo, hasta conseguir tener en mis manos aquella verga que tanto deseaba.

    El cabrón del viejo, no llevaba calzoncillos, iba ya preparado para la acción; seguro que había ido a los aseos del centro comercial, y seguro que me vio cuando salía de la entrevista de trabajo y al verme ir para la parada del bus, me siguió a ver si tenía suerte y me daba caza; y el muy cabrón acertó, me había dado caza y ahora me tenía em pelotas a su entera disposición, caliente y excitado, deseando que me follara dándome por el culo.

    Yo no dejaba de jadear con las caricias que me daba el viejo, me aferraba a su polla, mientras se la iba descapullando y acariciando sus enormes y peludas pelotas. El pantalón del viejo ya le había caído a los tobillos, como veía mi excitación y calentura, empujándome por los hombros, me hizo agachar, ordenándome que le chupara la polla.

    Anda, abre esa boquita y cómeme la polla antes de que te vuelva abrir esa flor que tienes en este culito tan tierno y sabroso. Abrí la boca llevándome aquel falo que tanto estaba deseando y comencé a chuparle la polla al viejo.

    Primero chupé el glande, saboreando con la lengua toda la cabeza, metía la punta de la lengua por entre la piel del prepucio, haciendo que el viejo gimiera mientras se agarraba a mi cabeza y tiraba de mi pelo.

    ¡Ohhh maricón que lengüita tienes! ¡ooohhh que gusto cabrón! Gritaba el viejo tirándome del pelo para hacerme que moviera la cabeza y tragara más su polla.

    Mientras le chupaba la polla, el viejo se sentó sobre la cama, y dejando que yo le fuera chupando la tranca, él fue terminando de sacarse toda la ropa.

    Cuando ya estábamos los 2 desnudos por completo, sacándome la polla de la boca, me ordenó que me tumbara sobre la cama. Ven putita, ven y túmbate que quiero abrirte la flor de tu culito y follarte antes de que me hagas correr en esa boquita de mamona que tienes.

    Colocándome como me ordenó, quedé tumbado boca arriba con las piernas abiertas y dobladas por las rodillas, la polla tiesa mirando al techo, el culito expuesto y dispuesto para ser de nuevo ensartado por la polla del viejo.

    El viejo se puso de rodillas sobre la cama, se colocó en medio de mis piernas haciéndome abrirlas aun más, y levantándome las piernas por las corvas, hizo que mi culo quedara a su total y entera disposición, para ser sodomizado por aquella verga que tanto estaba deseando. Echó mis piernas sobre sus hombros, y arrimándose más a mí, colocó la punta de su polla en la entrada a mi agujero, presionó su polla dando un leve movimiento a su pelvis, haciendo que mi esfínter cediera y fuese abriéndose, permitiendo la entrada a aquella estaca que lo invadía. ¡Ohhh! Grité al entrarme el glande en mi culo, ¡ooohhh! Volví a gritar cuando volvió a clavarme otra buena ración de polla. En ese momento el viejo se echó sobre mí, enterrándome por completo aquella tranca en mi culito.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh ohhh! Grité al notar toda su polla dentro mía y sus pelotas pegadas a mi ano.

    Me agarré con mis manos a sus brazos, clavándole los dedos en ellos, cuando me hubo ensartado su polla por completo. Dios, ya me tenía empalado en su verga y ahora empezaba a mover su pelvis, enterrándome cada vez más su polla en mis entrañas.

    ¡Ohhh siií! ¡siiií! Así, así, gritaba el viejo sacando y metiendo su polla en mi culo. ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Ay maricón que culito más delicioso tienes, que gusto me está dando, ay que gusto da follarte este culito. Te lo voy a reventar y dejar bien preñado de leche, pedazo de maricón, ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto!

    Yo sudaba y deliraba a causa del gusto que me estaba dando con aquella follada, el cabrón del viejo. Notaba su polla como entraba y salía, escuchándose el chof, chof chof chof de su polla deslizándose por mis entrañas, y cada vez que su verga me tocaba la próstata, daba unos fuertes gemidos, clavándole mis dedos en sus brazos, pegando mi culo aún más a su pelvis, ¡ohhh! ¡ooohhh ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gritaba cada vez que aquella tranca tocaba mi próstata.

    Te gusta maricón, te gusta que te follen y den por el culo, ¿eh?

    Mira como disfrutas con mi polla dándote por el culo, mira cómo gimes pedazo de puta, eres toda una zorrita que le gusta que le den por el culo, ¿eh? Toma maricón, toma polla, toma polla y gime, gritaba el viejo sin dejar de follarme.

    Yo ya estaba que no podía más, sudaba y deliraba de gusto y estaba a punto de llegar al clímax, notaba mi polla gotear semen sin parar y un calor cada vez más creciente en mi culito. Hasta que no pude más y estallé soltando unos potentes trallazos de leche, que llegaron a mi cara. ¡Ohhh me corro! Me corro, ¡ooohhh ohhh me corro! Dios me estaba corriendo sin tocarme la polla, había soltado 4 potentes trallazos de semen, y ahora mi polla seguía expulsando el semen a borbotones sobre mi vientre, mientras el viejo seguía taladrándome el culo con su polla.

    Te corres maricón, te corres de gusto pedazo de puta. Mira como te hice correr gritaba el viejo sin dejar de follarme.

    Ahora sí, ahora sí maricón, ahora me voy a correr yo, gritaba el viejo empezando a culearme más rápido y dándome estocadas más profundas con su polla.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Me corro, me corro, gritaba el viejo, follándome sin parar.

    Noté como su glande se hinchaba, empezando a eyacular dentro de mi culo, regándome las entrañas con su leche. Me había largado 5 trallazos de semen, dejándolos en lo más profundo de mi culo.

    ¡Ohhh maricón! ¡ooohhh que gusto! Ya te he dejado bien preñado pedazo de puta, ahora llevas mi semilla en tus entrañas.

    Poco a poco fuimos recuperando el aliento, y una vez calmados y nuestros huevos se vaciaron por completo, soltando todo el semen que contenían, la verga del viejo fue saliendo ella sola de mi culito. Una vez salió la polla, el viejo se tumbó a mi costado, y acariciándome la polla y huevos, fue frotando su mano por mi vientre y pecho, esparciendo todo el semen que yo había derramado sobre él.

    ¿Te ha gustado? Me preguntaba el viejo sin dejar de acariciarme.

    Sí, le contesté mirándole a la cara.

    Me alegro de que te haya gustado, y que hayas disfrutado con la follada que te he dado, me decía besándome el cuello y pellizcándome los pezones.

    Aquel trabajo no tuve suerte y no lo conseguí, pero a cambio lo que conseguí, fue una tremenda follada y una nueva polla con la que disfrutar las veces que me dio por el culo.

    Una vez nos hubimos vestido, el viejo me acompañó hasta la parada del autobús, cuando vino este, nos despedimos hasta otro día y subí al bus rumbo para mi casa, bien follado, satisfecho y con la esperanza de ser follado otro día por aquel viejo que también me había hecho disfrutar.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • Extraño a Alex

    Extraño a Alex

    Hacía mucho que no me encontraba con Alejandro, es más, su llamado, después de tanto tiempo me sorprendió. Todavía me acordaba de nuestros calientes encuentros y del primero especialmente, después de conocernos por internet y pedirme que lo recibiera vestido de puta para él. Es más, hacía tiempo que no me ponía tan cachonda un encuentro con un tipo. Decidí, esmerarme para el encuentro.

    Elegí la lencería adecuada para recibirlo de la mejor manera. Me puse mi corset de color negro, que afina mi cintura y realza mis tetitas, medias negras con liguero, que sujeté al portaligas del corset, una tanguita negra, un babydoll de gasa haciendo juego con las medias y me monté sobre unos zapatos con taco aguja de 10 cm. Me maquillé con un poco de base, sombra en los párpados, delineé mis ojos con negro y estilicé y engrosé mis pestañas, pinté mis labios con rojo furioso y me calcé la peluca rubia. Di una última miradita al espejo grande de la habitación y me gustó como estaba. Seductora y con cara de perra en celo. Pese a los años que hace que hago transformo, todavía me deleita hacerlo y verme transformada en una mujer y obviamente gozar como la mejor.

    Mientras pensaba en ello, el timbre me anunció la llegada de Alejandro. Nos saludamos con un piquito que terminó en un beso profundo, donde nuestras lenguas, se entrelazaban o hacían fuerza por penetrar en la boca del otro. Yo colgada del cuello de mi amigo, sentía sus manos recorrer mi cuerpo, acariciándome las nalgas y mis tetitas. Mis pezones erectos, delataban mi calentura y el bulto de Alejandro, apresado en su pantalón, se sentía duro contra mi vientre y entendía así, que la calentura era mutua.

    Ya en el dormitorio, lo fui desnudando hasta dejarlo con su impresionante verga apuntándome amenazante, fui bajando con mis besos, desde su boca, pasando por su velludo pecho, hasta ese cordón de vellos que une el ombligo con el nacimiento de su pene. Tomé sus huevos hinchados con delicadeza y comencé a lamer ese hermoso torso, mi lengua, recorría el tronco, sintiendo el relieve de sus venas marcadas y envolviendo con lamidas y besos su glande inflamado como una ciruela, rebosante de precum, el cual formaba un delgado hilo entre su verga y ni lengua cuando me separaba, terminé por metérmela toda en mi boca y encajarla en el fondo de mi garganta, la volvía a sacar y a lamer y a devorar, sin dejar de masajear sus huevos hinchados. La mamada, que le estaba dando, lo hacía delirar. Yo sentía como su verga, muy dura, latía, anunciando una pronta eyaculación, la cual demoraba, apretándole sutilmente sus huevos también duros y seguramente rebosantes de leche.

    Mientras seguía con mi labor bucal, chupando y deleitándome con esa vergota, los dedos de Alejandro, hurgaban entre mi tanga, metiéndome su dedo mayor en mi ano. Después de más de 15 minutos de chupársela, mi boca se empezó a llenar de semen cremoso y caliente. Su chostote disparó 5, 6 o más lechazos, los cuales fui saboreando y tragando con placer. Semejante mamada, merecía un premio y esta puta golosa, se deleitaba con él. Dejé su pene limpio, sin dejar rastros de leche. Nos volvimos a besar y entre caricias, Alejandro, no dejaba de repetirme, —Sigues siendo mi puta… —mientras sus 20 cm de carne terminaban de ablandarse entre mis manos.

    Seguimos con las caricias y los besos y me acomode y su tranca fue recobrando dureza dentro de mi boca, que no dejaba de chuparla. Cuando estuvo bien dura nuevamente, Alejandro se acostó boca arriba y su instrumento apuntando al techo, me monté sobre él, con mis piernas alrededor de su cintura y casi de memoria, su glande fue metiéndose en mi culo. Mientras sus manos me sujetaban por la cintura, mi macho empujaba hacia arriba, haciendo que no pudiera evitar la penetración más profunda y deseada. Realmente era lo que quería y firmemente, la verga tiesa de Alejandro, fue penetrando íntegramente en mi ávido culo. Mientras lo acariciaba, movía mis caderas en círculos, provocándonos mutuamente placer.

    Una vez amoldado mi culo a ese pedazo duro de carne, comencé a subir y bajar a voluntad, mientras Alejandro, apretaba mis pezones o me agarraba de las nalgas para controlar mis movimientos. Yo gemía, cada vez que su verga penetraba hasta el fondo y gozaba cada vez más en esa posición. De todos modos, salí de mi monta y me puse en posición de perrito, con mi cara apoyada en la almohada y ofreciéndole mi dilatado hoyo para que me ensarte como él sabe. Parado detrás de mí, me la enterró de un solo y certero golpe. Que placer! su vergota comenzó a martillar dentro de mí a muy buen ritmo, durante largos minutos siguió dándomela por el culo, mi placer se multiplicaba al verme reflejada en el espejo grande, como el pelo se sacudía con los embates que mi culito recibía. Era una máquina aceitada de coger, esa barra dura de carne caliente, entraba y salía a mucha velocidad sin detenerse.

    Cuando me la sacó, quedé como vacía, pero no fue por mucho tiempo, por que como a una muñeca, me dio vuelta y quedé con la espalda en la cama y las piernas levantadas y abiertas, sus manos, aferrando mis tobillos y su verga que vuelve a penetrarme sin vehemencia… sus huevos, chocaban con mis nalgas en cada embiste y cuando me soltó los tobillos, me aferré a su cintura con mis piernitas, no permitiendo que me la sacase, mis brazos lo abrazaban o lo empujaba por las nalgas, haciéndole que me la entierre más a fondo, cada vez la sentía más dura y su pistoneo era cada vez más rápido. Después de varios minutos de cogerme de en esa posición dejó su glande solo dentro de mí y sentí como uno, dos, tres y más disparos de semen, llenaban mi culo, provocándome tanto placer que me provocó un orgasmo interminable, sin tocarme siquiera, de mi penecito fue saliendo la leche sobre mi vientre.

    De puta que soy, solamente por eso, me di vuelta, para mostrarle, como su leche, salía de mi culo y con mis dedos, juntaba lo que podía y me la tragaba, degustando esa deliciosa crema. Quedamos los dos tirados en la cama, reponiéndonos de tan intensa acabada, casi conjunta. En mi boca quedaba el sabor de su leche.

    Charlamos un rato y mi mano acariciaba ese pene que tanto placer me daba, así entre mis manos, la verga de Alejandro fue reviviendo y otra vez, el relieve de sus venas resaltaban la dureza de ese miembro increíble. Me agaché y se la volví a chupar, con pasión, con deleite, demostrándole en cada chupada, cuanto admiro su vergota. Me bajé de la cama y me puse en cuatro, apoyando las manos en ella, Alejandro, parado detrás de mí, entendió que le ofrecía mi culo nuevamente y quería ser penetrada. Tomándome de las caderas, me la fue enterrando otra vez, firmemente hasta enterrármela hasta los huevos.

    —Eres una puta hermosa! —me repetía, mientras me la metía y la sacaba rítmicamente. En mi hoyo rebozaban restos de leche, dando una hermosa lubricación, pero tenía el culo tan dilatado, que cada tanto se salía y me la hacía resbalar a lo largo de mi cola y de golpe me la enterraba nuevamente. Me embestía con tanta fuerza, que de a poco fui quedando con las rodillas en la cama, y Alejandro, seguía metiéndola y sacándola con fuerza. Cuando me la sacó totalmente, me dio vuelta y mis piernas quedaron sobre sus hombros, mi culo fue penetrado nuevamente imprimiendo más velocidad, sus manos, aferrando mi cintura, me atraía hacia él, para penetrarme más profundamente, así por varios minutos. La sacó nuevamente y me hizo parar, haciéndome abrir las piernas, y apoyar las manos en el espejo de mi habitación, parado desde atrás me ensartó nuevamente y sin soltarme las caderas, me cogió durante varios minutos sin vehemencia, mientras me decía toda clase de cosas, como, que pedazo de puta, te vacían el semen, que culito tan cremoso!! Esto y la visión que el espejo me devolvía, con la pintura corrida, el pelo revuelto, Alejandro detrás de mí cogiéndome desenfrenadamente, era una puta total y me daba tanto placer, que no tardé mucho en acabar, mientras la vergota de mi macho seguía llenándome el culo. Pese a haber terminado, yo seguía gozando con tanta carne rellenándome el culo, y claro, no es eterno, casi aplastándome contra el espejo, con sus embistes, fue acabando dentro mío nuevamente.

    Su cuerpo prácticamente se colgó a mi espalda y su verga, salió de mi culo, ya fláccida le siguió los hilos de leche que caían de mi hoyito dilatado, chorreando por mis piernas y mojándome las medias. Estábamos exhaustos. Pero, creo que la mirada de ambos nos demostrábamos mutuamente que lo habíamos disfrutado mucho.

  • Forzada por mi tío

    Forzada por mi tío

    Alejandra siempre fue coqueta, a pesar de ser muy bajita, no alcanzaba ni el 1.60 pero su cara de eterna adolescente, a sus dieciocho la hacía una chica súper sexy. En la reunión de navidad, noto que su tío Juan no le quitaba la vista de encima. Y trataba de acercarse a ella de manera constante. Para ella era divertido, así que decidió seguirle el juego y trato a toda costa de calentarlo.

    —Tío, ¿me puedes ayudar a bajar algo de la alacena?

    —Claro mija, vamos.

    Alejandra se subió a un banco y se estiró, sabía que su vestido subiría e inevitablemente su tío podría ver por debajo, luego fingió resbalarse y el la tuvo que detener por las nalgas.

    —Uy me caigo!

    —Ya te agarre… ya te…perdón!

    —Perdón tío, gracias te quiero

    —Yo también mijita

    Toda la noche compartieron miradas pícaras, y cuando se despidieron ella le dio el beso casi en la boca. Podía sentir su mirada mientras se alejaba hasta el carro de su papá.

    —Los esperamos para Año Nuevo

    —Claro, hermano. ¿Que llevamos?

    —Nada, y se llevan ropa para que se queden.

    —Bueno, igual llevo una botella de tequila.

    Cuando lo vio llegar, no dudo y fue a recibirlo.

    —Mi tío favorito

    —Hola mija, como ha crecido.

    Ella llevaba una falda pequeña, una blusa ajustada. Su tío no dejaba de verla. Cuando estaban sacando la cena de la cocina, aprovecho para pegarle la verga en sus nalgas. Ella dio la vuelta y le reclamó.

    —¿Qué te pasa? Soy tu sobrina!

    —Perdón mija… yo pensé…

    —Pues no, que te quede claro!

    —Por favor no digas nada…

    —Claro que no, que asco!

    Durante la cena, a su tío se le caía la cara de vergüenza. Y Alejandra seguía sonriente, como si nada hubiera pasado.

    —Chin! Se me cayó mi tenedor, me lo pasas tío.

    —Si si, claro.

    Cuando se agachó bajo la mesa, pudo ver que Alejandra tenía las piernas abiertas y no llevaba ropa interior. El golpe de su nuca contra la mesa hizo tambalear la cena.

    —¡NI UN TEQUILA MÁS!

    —¡perdón!

    Todos rieron, pero él tenía una cara de desconcierto y no hilaba una frase. Luego brindaron, todos estaban un poco pasados de copas, mamá y papá ya bostezaban. Los niños dormían en los sillones.

    —Pues nos acomodamos para dormir. Te quedas en el cuarto de Alejandra y ella que se duerma acá en la sala.

    —No queremos incomodar.

    —No te preocupes tío, siempre me quedo dormida viendo la tele.

    Cuando ya todo estaba a oscuras, sintió que alguien se acercaba.

    —¿Estas despierta?

    —¿tío?

    —¿Dime de que se trata? ¿Por qué me haces esto?

    —No sé de qué me hablas, soy tu sobrina.

    —Olvídalo, soy un idiota. Voy por un poco de agua.

    Cuando caminaba de regreso, miro instintivamente al sillón. Alentadora tenia destapado el culo, se podía ver la tanga perdiéndose entre sus nalgas. Aun así no se detuvo y siguió de largo. Estaba cansado de aquella niña estúpida.

    —No olvides que el 5 vamos por los regalos de reyes magos, te toca cuidar a los niños. Ale te ayudará.

    La cara de su tío ya era de fastidio

    —Ok, acá los veo.

    A media semana, una foto de Alejandra le llegó por Whatsapp, está en una pose sexy y con unos shorts pequeñitos.

    “Perdón tío, era para mi novio”

    Juan no paraba de ver la foto, se masturbo a escondidas y por la noche se cogió a su esposa pensando en su sobrina. El mejor sexo en años. Para el día previo a reyes magos llegó, repitiéndose una y otra vez que no caería en los juegos de su sobrina. Pero apenas la vio, se vino a la mente aquella imagen.

    —Hola tío, compre pizza para ver películas

    —Ok

    —¿Estás enojado conmigo?

    —No

    —¿Quieres una cerveza?

    —No

    Como si no importara lo que dijera, Alejandra llegó de la cocina con una cerveza y se sentó en sus piernas.

    —¿me odias?

    —cómo cree mija!

    Por encima de su pantalón, sobresalía el encaje de su ropa interior. Y ella podía sentir como la verga de su tío crecía y chocaba en su culo. Aunque ella seguía tan normal, podía sentir como tragaba saliva nervioso y apenas y se movía. Ella brincaba al menor pretexto para mover sus nalgas sobre aquella verga. Cuando los niños se durmieron. Ella se despidió y se fue a su cuarto.

    “Sentí tu vergota tío”

    Ese mensaje prendió la mecha, Juan ya no soportaba más, salió a caminar y volvió un poco más tranquilo. Solo para encontrar la tanga de encaje sobre el sillón. La pego a su nariz y algo se encendió en su mente.

    Camino hasta su habitación, Alejandra ya dormía pero no le importo. Se deshizo de la cobijas de un tirón y ahí estaba aquel culito que lo tenía loco. Con la tanga que aún traía en las manos, le amarró las muñecas mientras ella poco a poco despertaba.

    —¿Que paso tío? ¿Qué me…?

    —¡Cállate hija de tu pinche madre! ¡Estas chingue y chingue pues órale!

    —No no no, tío no soy tu sobrina no por favor!

    —Me vale madre, andas de pinche ofrecida ahora te chingas!

    Sacó su verga del pantalón y la jalo del cabello hasta que su pequeña cara choco contra su huevos.

    —Abre la boca putita, ábrela con una chingada!

    —No tío no, no quierooo aaagh! Haaagh!

    Alejandra no tenía la fuerza para detenerlo, y la verga entraba cada vez más al fondo de su boca. Sentía como le llegaba a la garganta sin poder oponer resistencia.

    —haaag! Haaaa!

    —Para que se le quite pinche escuincla puta!

    Cuando pensaba que ya no podría más y que se ahogaba con aquella verga en su boca, la sacó de golpe y la empujó para que cayera de espaldas. Se subió sobre ella y le fue rompiendo la pijama.

    —¡No no no por favor no!

    —Cállese hija de su pinche madre, cállese!

    Cuando sintió que su verga rozaba su panocha empujó y hundió su verga hasta el fondo.

    —¡HAAAY!

    —Estas bien pinche apretadita cabrona!

    —Me duele! Ya no… por favor…

    Las lágrimas escurrían por su cara y a pesar de intentar gritar, cada embestida la hacía gemir de dolor. Juan la sacudía contra el con todas sus fuerzas.

    —Ya no quiero yaaa!

    —Perra puta, pero qué tal me mandabas fotos!

    —Perdonameee!

    —Perdónarte… ya la metí ya nos chingamos los dos putita

    Después de un rato la jalo como una muñeca de trapo y la coloco boca abajo.

    —Levante esas nalgas cabrona!

    —No por favor nooo!

    Comenzó a darle de nalgadas, sonaba impresionante. Y de inmediato sus nalgas estaban rojas. Para que parara un poco levantó su culo, pero de inmediato se arrepentiría.

    —Ahí le va por el culo pendeja

    —Haaaa! Me duele mucho!

    El llanto, pero sobre todo el pequeño manjar lo calentaban más, le tomó las manos por detrás y la jalo para que entrara toda su verga en aquel pequeño culo.

    —Haaay! Haaaa! Haaay!

    —Eso puta, gózalo perra!

    De inmediato volvió a nalguearte el culo, cada vez más fuerte y empujaba su verga de manera brutal. Ella mordía su almohada para evitar gritar más fuerte, el dolor era insoportable. Y no parecía tener fin. Luego sin sacarle la verga se sentó con ella encima en el borde de la cama.

    —Muévase como en el sillón cabrona!

    —Ya tío… por fa…

    —¡QUE BRINQUE PUTA DE MIERDA!

    Sus caderas empezaron a moverse hasta lograr mantener el ritmo. Su tío le apretaba las chichis con fuerza, como si quisiera exprimirlas y le besaba el cuello.

    —Eres mi puta

    —… ha!

    —Eres mi pinche putita, me vale verga que seas mi sobrina.

    —ha! Ha! Ha!

    No tenía más lágrimas que derramar, el dolor había cesado un poco y era la primera vez que la penetraban por el culo. Pronto ya estaba brincando, sin ser obligada.

    —Así perra, así!

    —Tío…

    —Estas bien chiquita, siento que te parto en dos cabrona

    —Se siente rico… haaa!

    La aventó con fuerza y enseguida la arrastró hasta el.

    —Abre la boca

    —¿queee?

    Una bofetada sonó en su rostro.

    —Abre la puta boca pendeja!

    Obedeció y la verga de su tío entró de nuevo en su boca, ahora con un sabor diferente. Extrañamente excitante. Sentía como su tío aceleraba el ritmo más y más.

    —Haaaaa! Haaaa! Abre la puta boca!

    —Haaaaa!

    Su tío se vino en su cara, el semen le escurría hasta su boca, y su tío lo juntaba y se lo metía.

    —Trágatelos pendeja

    —Haaagh!

    —Trágueselos puta!

    —Siii tiiio!

    El sabor a semen, sudor, verga ya su propio culo se mezclaba en su boca.

    —Y cuidado y vayas de chismosa con tus papás

    —Nooo, soy tu putita ¿o no?

    —Eso es, eres mi pinche puta.

    El sonido inconfundible del bocho de su papá sonó en la entrada.

    —Hazte la dormida!

    —Si

    «Ya llegamos”

    Al día siguiente todos abrieron los regalos, a,vos se despidieron con normalidad. Y ya por la noche, por whatsapp le llegó un mensaje de su tío.

    “Ahora si mándeme fotos cabrona”

    “¿Fotos?”

    “De su culo putita y mañana pásese por la casa que su mamá y mi vieja van de compras”

    “¿Me vas a coger?”

    —Ya deja ese teléfono mija, ¿ahora con quien platicas?

    —Con mis amigas mamita.

    @MmamaceandoO

  • Nuestra amiga argentina con su nuevo amigo, amigo de su ex

    Nuestra amiga argentina con su nuevo amigo, amigo de su ex

    Hoy es domingo, anoche me acosté re tarde, no pude dejar de levantarme y contar lo que viví anoche, esto más que ser ‘el diario de mi vida’ ya es un vicio, me gusta contar cosas por acá, que, como digo siempre por otro lado no las puedo contar, si no me da fiaca, más tarde voy un rato a la playa, total tengo todo febrero para quedarme acá.

    Bueno les cuento: anoche no quería que fuera una noche tranquila y como siempre salgo con lo que quiero porque soy una trola y caprichosa de mierda y para manejar algunas cosas, no es por nada, pero soy una capa y se como conseguir lo que quiero.

    Anoche fue el cumple de Ángeles (es una de mis compa del cole, las re santitas, que hace años también viene a veranear a Cariló), y yo este año, mucha bola no les di, pero con la salida del otro día (que nos encontramos todos en el centro y Alejo me termino cogiendo en los médanos) fue suficiente para que me avisara que hacia una reunión en la casa.

    Bueno cuando llegué, entre las chicas, novios, maridos, familiares, ni se cuanta gente había, pero seguro más de 60 personas, es más, la camioneta de mi vieja la deje en la calle porque adentro no había lugar.

    Pero bueno, les cuento, lo que más les interesa (ah, aunque a los chicos les parezca una boludez para mi la ropa es ¡fundamental!, me quería poner algo, que no llamara la atención, pero que lo volviera loco a Alejo, entonces me puse una mini de tela, floreada, zapatillas, y una remerita que dejaba ver mi pancita)

    Como les dije, había un montón de gente y mis amigas saben que mucha gente me embola, y le digo a una de las chicas, que me iba a caminar un rato sola por el jardín porque había mucha gente, me dice: “te acompaño” le digo: “no, déjame ¡sola!” Yo veía que Alejo no me sacaba los ojos ¡de encima!, la casa era grande pero el jardín enorme, es más tenía un especie de cuartucho donde guardaban todas las cosas ¡del jardín!

    La cosa es que estaba ya casi en el fondo del jardín y quien se aparece, obvio, ¡Alejo!

    A pesar de que coger es mi pasatiempo favorito, aunque no lo crean en ciertos momentos me siento como si fuera la primera vez, si, como una pendeja que se la van a coger por primera vez, y eso me gusta, porque me hace calentar mucho (no es que lo hago como cosa de todos los días, aunque si lo hago, ¿me explico?)

    Estábamos muy alejados de la gente, que se yo, no se cuánto, pero ni nos veían. Alejo, solo me dice: “hermosa, no me pude olvidar de vos” y yo, no me quede atrás, y le digo: “yo tampoco”, me parte la boca de un beso, nos besamos a morir y ahí la pollerita que lleve cumplió su fin. Como les dije que era amplia, me empieza a meter la mano debajo de la pollera, hasta llegar y acariciarme mi cola, yo ya caliente, y el sigue, y llega a mi conchita, y no pude disimular ¡lo mojada que estaba!

    Así besándonos me lleva a ese cuartucho, le digo: “¿qué haces?” me dice: “seguro que está abierto y nadie nos va a ver”, nada, yo tenía la duda si me iba a querer coger ahí o solamente íbamos a tener una apretada y tocada de aquellas en la que iba a acabar con solo sus dedos.

    Pero no, entramos en el cuarto (estaba abierto), nos seguimos besando, debajo de la pollera me empieza a tocar la concha, yo (como siempre soy re competitiva y no quiero que nadie se olvide nunca de mi), le desabrocho las bermudas, le saco la pija, se la acaricio, se la empiezo a chupar, me la pongo en la boca y se la re chupo (obvio fue todo rápido).

    Me hace poner de pie, me pone de espaldas, me pone bien los dedos en la concha, me corre la bombachita, me intenta poner la pija le digo: “ponete un forro” me dice que ¡no tenía!, con la calentura que tenía, le dije: “cógeme igual bebé”, me incliné, agarrándome sobre esas paredes de mierda, mientras sentía como me metía su pija adentro, me bombeaba, me metía las manos debajo de la remerita tocándome las tetas, hasta que me hizo acabar ¡y como! (me pone loca que me cojan en un lugar donde sé que hay ¡mucha gente!)

    Le digo que vaya yendo (para no aparecer los dos juntos), mientras yo me lavaba en un especie de lavatorio que había (lo más incómodo, pero no me importaba, la cogida que recibí valía la pena).

    Bueno la noche siguió, la gente ya se empezaba a ir, pero ni yo ni Alejo nos íbamos, serían las 5 de la mañana, y digo que me voy, Alejo, nada lento (se había quedado con más ganas, pero quería ver que es lo que yo hacía) dice que también se iba.

    Ya estábamos en la calle, y sí, me porté como una trola mal, pero mal, súper regalada, porque le digo (él estaba en el cuatriciclo) bueno la cosa es que le digo: “¿me seguís?” obvio que me dice que si y me voy para el lado de los médanos (pero de noche me daba cagazo meterme ahí con la camioneta), por lo que en un momento paro la camioneta, él se para atrás mío, me subo al cuatriciclo y le pregunto: “¿dónde me va a llevar?” (re regalada la mina, pero tenía ganas que me re cogiera y otro lugar ¡no había!)

    La cosa es que vamos al mismo lugar del otro día, no había nadie, bah, como siempre nos empezamos a besar, nos quedamos en bolas (en esto no me detengo porque es lo mismo de siempre, se la chupo, con tiempo, como me gusta a mi).

    Nos tiramos en la lona, el boca arriba y sin que me diga nada, me pongo de espaldas a él, me clavo su pija (en ese momento moría por sentir una pija, aunque sabía que no tenía forro), empieza a saltar sobre su pija y nada, acabe enseguida, el no.

    Me doy vuelta, me pongo en cuatro, me empieza a chupar la conchita, el culo, la conchita el culo, y a eso sumada la brisa de la noche y estar en bolas al aire libre más caliente me ponía (son de las cosas que más me gustan).

    Siguió, me mete uno, dos dedos en la concha, uno en el culo (ahí estuvo mal, porque me pregunta: “¿querés?” y siempre digo que para que me hagan la cola no hay que pedir permiso, como mucho decir, perdón, pensé que te gustaba ¿o no?), bueno para no irme al carajo le digo: “si bebé, me gusta, me gusta ¡mucho!” me dice: “ Caro sos re trola ¿te gusta todo?” “si, y hoy voy a ser tu putita, haceme lo que quieras (me pone loca entregarme así)” y me dice: “si nena, no te vas a olvidar de esta noche”.

    La cosa y repito al aire libre con la caricia de la brisa de la noche, me empieza a meter con mis jugos, para dilatarme bien la cola, uno, dos dedos, hasta que me mete la pija, y yo movía mi cola como loca, estábamos los dos re calientes y terminamos acabando juntos y llenándome la cola ¡de leche!

    Me alejo un poco me limpio como puedo (siempre llevo pañuelos descartables) y ¡vuelvo con el!

    Nos quedamos así en bolas en la lona, un rato, pero ya estaba amaneciendo, y podía aparecer alguien y Alejo me dice: “Caro, ya no podemos estar así, ¿nos vestimos y nos quedamos en la lona?”

    Y así hicimos, no quedamos medio dormidos y abrazados.

    Habré llegado a casa como a las 8 de la mañana, pero ¡qué noche!, son de esas que no me voy a olvidar nunca y eso que Alejo se queda hasta fin de mes así que nos queda bastante para coger.

  • Sobrina, derecho de pernada y sexo anal

    Sobrina, derecho de pernada y sexo anal

    Esta historia es un relatado sin filtro, en carne viva, el pecado a flor de piel, ser padrino en su casamiento habilita al derecho de pernada. Estar indispuesta la excita, el tampón no fue obstáculo para consumar el sexo con mi sobrina.

    En el sexo vale todo, es una verdad que ni admite la mínima duda, en las tentaciones eróticas nunca somos inocentes, cuando el sexo y la pasión comienzan a repartir las cartas todo es posible, son las alternativas a que nos vemos expuestos cuando dejamos que nuestras debilidades sean protagonistas.

    Esas debilidades, errores o falencias pueden llegar a comprometernos y hacernos pisar la trampa que nos condene al pecado mortal de las relaciones intrafamiliares, pero la carne es débil y la tentación por el disfrute de las pasiones prohibidas muy fuerte.

    Ana transita unos gloriosos veintipocos años, obviamente los datos sensibles fueron alterados el resto totalmente auténtico.

    Con ella tenemos la mejor onda, tan así que me había pedido fuera uno de los padrinos de su casamiento, se presentó una tarde en mi oficina para buscar una solución al problema de haberse excedido en el gasto de con la tarjeta de crédito, sobre todo para que su marido no la descubra.

    En verdad este favor había sido también un intercambio de favores, yo cubría la tarjeta, ella olvidaba haberme descubierto saliendo de un hotel con mi cuñada. Cruzado el límite de la complicidad, de tal modo que podíamos hablar de todo sin pudores, supo que estaba “atendiendo” las necesidades insatisfechas de mi cuñada.

    Ella justifica la infidelidad, diciendo que cuando una mujer está necesitada cuanto mejor hacerlo con alguien de confianza que le asegure una buena “atención” y sobre todo la discreción. – Sé que si te cuento algo bien privado, no saldrá de este cuarto.

    – Te lo aseguro que lo que digas se queda acá.

    Con mucho de pudor desgrana una letanía de pesares domésticos hasta debocarse en el llanto producido por la insatisfacción sexual. Que mi sobrino está más en sus problemas que en brindar la atención que ella necesita, ni en cantidad y mucho menos en calidad, transita duros momentos de abstinencia forzada y cuando consigue atenciones no llegan a conseguir ese orgasmo tan necesario. Por las noches no puede sino pensar en la imagen la resplandeciente de mi cuñada.

    El abrazo contenedor fue lo menos que podía hacer por ella, sus pechos frotándose contra el mío, su cuello busca el contacto con mis labios, la pasión enturbia la razón, el pecado cubre todas las salidas.

    – Ahora le estoy hablando al padrino (de casamiento), no te compadeces de esta pendeja, como para darle un poco de atención? Si no me ayudas en esta situación, tendría que buscarme a un tipo para que lo haga, quieres eso?

    – Pero cómo crees que…

    – Pues como le “diste” a tu cuñada, pensé que… Qué tiene ella que yo no… y además 25 años menos…

    – Hmmm, no sé…

    – Déjate de palabras huecas, sé bien que me tienes ganas, lo pude sentir en el abrazo que me das, siento tus manos húmedas y la calentura a flor de piel, yo tengo ganas y… entonces… serías tan desalmado como para dejarme buscar en un extraño la satisfacción que me niegan?

    En pocas palabras puso todo en su lugar, no dejó espacio para dudas, su energía perturbadora moviliza mis instintos más primarios, su personalidad es un continuo desafío a la transgresión. Harto difícil sustraerse al encanto y seducción puestos para conseguir sus objetivos.

    El deseo nos había lanzado al ruedo, descubierto el lado más oscuro de la tentación, los besos más obscenos fueron consumieron el resto de la prudencia.

    Los abrazos pletóricos de deseo por consumar ahí mismo, a como diera lugar. Mis manos y mi boca buscaron las tetas con la ansiedad del caminante del desierto busca el oasis, desmedida oferta me brinda uno en cada mano, el fruto prohibido durante tantísimo tiempo, ahora víctimas estrujadas y mamadas urgentes.

    La mamada impiadosa hace estragos en sus ganas reprimidas, lamidas y mamadas consiguen atravesar los últimos vestigios de prudencia. La succión excede el control, nada más existe que dejarnos consumir por la pasión que devora los sentidos.

    El sofá fue testigo de una prodigiosa revolcada, sus pechos habían incentivado el deseo, la calentura nos consume en la hoguera de todos los pecados. Extraerlo del encierro, liberarlo, bajarme el pantalón e hincarse entre mis piernas fueron los movimientos, sabios y precisos de una mujer caliente y conocedora de las necesidades de un macho ardiente.

    Ella busca alivio a la dolorosa erección, amorosa caricia, encerrarlo en su boca y succionarlo hasta el último aliento. No deja de mirarme a los ojos, sabe cómo gratifica estar pendiente de las sensaciones, comienza una sesión de caricias bucales, envolviendo con su lengua y robándose esas primeras gotas de la incipiente calentura. Disfruta de la mamada, su mano libre frota su entrepierna agitándose al ritmo del sexo oral.

    La vorágine de la calentura aturde los sentidos, la lujuria nos catapulta al estado alienante de no poder dominar la excitación. Vanos intentos por sacarle el miembro, su mano sostiene el testimonio de su propia calentura, como puede me indica que no me detenga, que siga moviéndome, que necesita sentirme en su boca.

    – Ufff, por favor, no te detengas, sigamos, quiero, quiero…

    Tomada de la nuca comienzo a moverme en su boca, ella sigue frotándose, la curva de la excitación alcanza la cima de la parábola, el momento supremo de calentura sube al topo de, los primeros latidos de la descarga se transmiten. La eyaculación se produce imperiosa, urgente y expeditiva, el ahogado gemido brota genuino y aliviador de la descarga, abundante dentro de la boca de Ana.

    La descarga directa en la garganta, sin escalas, los chorros siguientes derramados sobre la lengua.

    La expresión de la muchacha agradece el derroche de energía vital, la lengua rescata el último resabio de la descarga seminal, saborea ese último vestigio de semen.

    Arrodillada, entre mis piernas, enderezó su espalda, necesita ver el efecto de su mamada, disfrutar el goce de su hombre. Recuesta su cara sobre el miembro, comparte la vigilia del disfrute arrollador de una profusa y satisfactoria eyaculación.

    Mientras la muchacha pasa al baño para higienizarse, me quedo en calzoncillos, voy por un par de cervezas que mitiguen el acalorado primer round.

    El momento de relax permite el mayor acercamiento físico e intimista, ella comprende lo complejo de la situación pero también recurre a que soy su única alternativa, de otro modo tendría que salir a buscar consuelo fuera de la casa, por eso dentro de la familia y con discreción nadie se entera y todos en paz.

    El estado de excitación, lejos de amainar con esta descarga, había incrementado, la desnudez de torso y el contacto con sus terribles pechos habían subido la carga de testosterona, sus inquietas manos me habían desnudado, los cuerpos dispuestos y las ganas de sexo colmando los sentidos.

    Me había estado acariciando y el miembro retomado la erección como nunca, estaba esperando que se deshaga de esas calzas de lycra tan ajustadas como una segunda piel, que realzan el contorno firme de su culito con forma de tentadora manzana. Entendía el lenguaje soez de las miradas y con algo de tristeza dijo:

    – Es una pena estar indispuesta, sobre todo con esta pija tan gordota que me pone loquita. Esta situación es cuando estoy más excitada, la mamada aumentó el deseo, aún me faltan dos días pero… si te animas… podemos superar esta contingencia… Que la mamada no sea la única opción, tenemos esto! (palmeó la nalga) que no pierdes ocasión para desearlo, verdad?

    – El que calla otorga, dicen. No callo, sí me gusta pero… cómo hacemos…

    – Bueno, eso es algo más delicado, por la poca experiencia y por esto (rodea con su mano) es bien gorda y debe doler, pero si eres cuidadoso y con un poco de crema…

    – Hmmm, me tientas mucho como para negarme. Sí a todo lo que digas! Quiero comerme esta manzanita, llenártela de leche. Pero cómo hacemos?

    – Mamita vino preparada para todo, recién pase al baño para cambiar el tampón, en la cartera tengo un gel íntimo que me ayudará a soportar esta deliciosa poronga (caricia y beso).

    Sin más preámbulos se desnudó, un culo de campeonato, firme y durito como pocos, acariciárselo y besarlo me ponía loco, contener las ganas de morderlo para no dejarle marcas era lo difícil. Nos revolcamos en sofá, quedando con las ganas de un 69, mamar sus tetas y dejarme mamar la verga era lo máximo, con el deseo a flor de piel acomodó su cuerpo sobre el apoyabrazos, un almohadón suplementario eleva el ángulo de su culito para tener una situación óptima de monta y depredar el apetitoso culito.

    Un poco de gel sirve para ir haciéndole el hoyo, un dedo llevó el lubricante dentro, jugarle hasta que dos fueron el límite, ternura de caricias y juegos de metisaca seducen y excitan, sus caricias y mamada previa la confianza para aguantar a este macho. Puerteando en el hoyo anal, hasta embocar la cabezota justo en el centro, una bocanada de aire de Ana da el respiro justo para entrarle todo el glande, la pausa para que se acostumbre al intruso me retiene a medio camino.

    Sin esperar comencé a moverme despacio, avanzando al compás de sus gemidos, cuando en el último envío llegué a meterla del todo. La queja indica cuánto siente el miembro, el grosor dilata el esfínter, las caricias y el juego de metisaca van relajando los músculos, la fricción vaginal enturbia la sensación de dolor, cambiar el switch a placer. Sus manos trabajan frotándose la conchita, mis manos adheridas con firmeza a su cintura, me permiten tener actividad y movimiento de penetración constante.

    Los movimientos de vaivén crean el espacio lúdico del goce, esconde las molestias de la desarmonía de tamaños, sacudiendo sus caderas acompaña el ritmo de la sodomización. La calentura me puede, la prudencia y delicadeza quedan relegas tras el avance de la lujuriosa cojida. Su ano es una increíble fuente de placer, sabe manejar el esfínter como pocas mujeres, dilatarlo en la salida, apretarlo tanto en el ingreso arrollador.

    Sentir las delicias de penetrar en su recto es una experiencia para recordar, las quejas y gemidos la maravillosa música que pone marco al placer sin límites. – Cómo vamos princesa?

    – Cerca, cerca, bien cerca. Apura, no pares, rompe el culo de tu puta!

    Sus palabras incitan, nos pusimos en sintonía, empujando con la violencia del descontrol, apretándola fuerte y mandársela hasta el fondo. No falta mucho para llegar, un último empujón fue suficiente para eyacular en el mejor culo del planeta.

    Los sucesivos embates fueron los que colmaron de semen el estrecho conducto. Despacio fui desocupando el oscuro recinto, un peculiar sonido y burbujas de semen despidieron el forzado alojamiento.

    Las piernas temblando por el esfuerzo emotivo de hacerle el culito, quedé apreciando los latidos que dejaron escurrir el espumante semen arrastrado por la cabezota.

    Después de higienizarnos, una última cerveza antes de retirarnos, los arrumacos y mimos volvieron a recrean el ambiente erótico, el roce con sus nalgas incentiva el deseo, sentirme nuevamente al palo la excita, tanto para exigirme:

    – No te puedes ir de este modo, esta calentura me pertenece. Vamos no te hagas rogar… estás tan caliente, dámela, dámela.

    De un manotazo le hice lugar para volcarse sobre el escritorio, bajé la calza hasta las rodillas, el culo volvió a ofrecérseme, expedito, listo para recibirme. La dilatación previa y los restos de semen facilitaron una entrada de un solo golpe, a fondo, sin prevención, no para de exigir acción, disfruta la procacidad y las palabras obscenas, todo suma para ofrecerse y deleitar a su hombre.

    – Vamos, vamos, rompe el culo de tu puta, dale pija a tu yegua, monta y hazme el orto!

    – Así, así, te gusta (empujando todo), te lo voy a dejar todo roto, por puta!

    – Vamos, cabrón monta, lléname, dame mi leche!

    Entendía como ninguna el placer del hombre, sabía que cuando no se puede por el acceso principal, bienvenido es recibir por “colectora”. Sus deseos fueron complacidos, una profusa acabada fue el final a toda orquesta de nuestro primer encuentro, la corrida triunfal se lo dejó bien abierto y llenito de semen.

    Subió la calza y la bombacha llevándose la leche de su macho, nos despedimos con la formal promesa de volver por más, por delante y sin condón.

    Este encuentro coronó un deseo latente desde el mismo momento que nos abrazamos, ambos sentimos que ser su padrino de casamiento era en cierto modo condición que habilitaba para lo que en la antigüedad se llamó el derecho de pernada, en esa ocasión ambos jugamos con esa fantasía, ahora la realidad hizo que el juego fuera real.

    El Lobo Feroz tuvo su caperucita, también me gustaría conocer de alguien que hubo transitado situación parecida, si quieres contarme estoy en: [email protected] para compartir mi experiencia.

    Lobo Feroz

  • Cielo negro

    Cielo negro

    Era de noche y estábamos en medio de ninguna parte. Javier y yo habíamos acabado allí dando vueltas con el coche, por puro aburrimiento. No teníamos nada que hacer, y eso era maravilloso. Llevaba unos días sufriendo un estrés tan terrible que apenas si podía comer.

    Él era mi rayo de sol, mi amigo de la infancia. No tenía nada que ver conmigo, pero me cuidaba como si fuera suya. Sus tonterías tenían la virtud de ponerme de buen humor. A veces salíamos de escapada por ahí para olvidar un rato nuestros problemas.

    Y allí estábamos, en el asiento de atrás, quejándonos de lo mierda que era la vida pasada la medianoche, bajo un cielo negro.

    Sabes esas veces que miras a alguien a quien quieres muchísimo y de repente te das cuenta de lo mucho que ha cambiado desde la última vez que lo miraste de verdad? Que más que parecerse al niño con el que jugabas en la primaria, ahora parece uno de esos dioses griegos esculpidos que aparecen en los libros de texto…

    Me preguntaba cómo lo trataban tan mal. Era dulce y cariñoso, tenía un cuerpo maravilloso y unos ojos increíbles. Mi “mejor amiga” era un tío, uno por el que muchas hubieran vendido su alma para tenerlo una sola noche. Y a veces, también me preguntaba por qué coño seguía con alguien tan imbécil como Damián, y como nunca me fijé en él, que siempre había bebido los vientos por mí.

    La conclusión, que éramos dos idiotas. Mi futuro marido me gritaba por deporte y su novia lo ignoraba. Y así estaba todo, día tras día. Y nos íbamos como dos buenos idiotas a dar vueltas con el coche y una bolsa de patatas fritas.

    Yo me desahogué a gusto, maldije como una posesa porque Damián había insultado a Tony, mi locaza favorita, hasta el punto de que ya no quería ni hablarme, y Javier puso los ojos en blanco ante mi santa cólera.

    Me abrazó, me despeinó y resopló fuerte. No quedaban muchos más paseos así. La fecha se acercaba. Me caso. Y realmente no sé si quiero, porque las cosas con Damián no van bien del todo. Fijamos la fecha el año pasado y ahora que casi me la veo encima, no me acaba de entusiasmar. Es celoso a rabiar y a Javier lo tiene cruzado de siempre.

    No sé qué me pasó por la cabeza. Le besé sin avisar, y bajé una mano, rozando apenas sobre su bragueta con la yema de los dedos. Tela suave, calor y un bulto.

    Él cogió aire con fuerza y sus brazos se cerraron como un grillete en torno a mi cintura.

    No dijo “Qué haces?”

    No dijo “Te casas el mes que viene”

    Me zampó una mano en el trasero y se acercó a morderme la oreja.

    -Lucía, ponerle la mano ahí a un tío que lleva dos meses sin follar es ser mala persona… -me dijo, estrujándome contra él- Y aquí solos, donde no nos ve nadie…

    Se le notaba que tenía ganas de comerme.

    Y yo me moría de ganas de jugar con él, y olvidarme de la cara de Damián un rato.

    Presioné la mano con fuerza, arrancándole un suspiro. El bulto creció, abarcando un área más que satisfactoria.

    Javier es un buen chico por más desatendido que lo tenga su novia, pero yo soy su amiga especial. Y cuando bajé hasta rozar su miembro a través de la tela con la punta de mi nariz, simplemente enredó la mano en mi pelo y se dejó hacer.

    Me dejó bajarle los pantalones sin ofrecer ninguna resistencia, y se irguió ante mí en toda su gloria. Con el tamaño que gasta, alucino solo con pensar que una mujer pueda ignorarlo. De verdad que María es estúpida.

    Me humedecí los labios y lo deslicé suavemente contra mi lengua. Se sintió bien volver a hacer eso, para variar. Él me miraba con adoración absoluta, acompañando mi cadencia con las caderas.

    Mi short estaba completamente húmedo, y me lo quité de un tirón junto con las braguitas de mariposas, sin dejar de lamer su magnífica hombría. Le siguió el top, y una exclamación de regocijo de Javier al comprobar que no llevaba sostén.

    Dos dedos entraron en mí sin avisar, y en un segundo, la ventanilla trasera había dado paso al techo del coche. Me tumbó boca arriba sin esfuerzo, y se me echó en lo alto.

    Cubriéndome de besos, bajó por mi garganta hasta mi ombligo, y de mi ombligo hasta el charco que tenía entre las piernas. Empezó a lamerme toda mientras sus dedos entraban y salían, y yo me tapé la boca con ambas manos, intentando no gritar. Era realmente bueno.

    Me corrí enseguida, pero no se detuvo. No pude sofocar un pequeño chillido al llegar al segundo, casi de inmediato.

    El asiento quedó completamente empapado, y Javier, duro como una piedra, entró sin problema. Nos besamos entre jadeos, llegando hasta el fondo. Sus dos manos apretaban con fuerza mi trasero, y yo me aferraba a su cuello, mordiendo a gusto.

    Algo en mi interior no paraba de subir. Cada vez que me corría, me costaba menos llegar al siguiente. Javier embestía con fuerza y cada vez más rápido, cada uno de mis orgasmos le arrancaba un gemido. A mí, el gritar había dejado de importarme hacía tres o cuatro, y la madre de todas las corridas amenazaba con desatarse.

    Y vaya si se desató. La sacudida fue monstruosa y él se vino conmigo, maldiciendo y riéndose, a la par que se derramaba dentro de mí.

    -En serio, Lucía, que le den por culo a tu marido. –dijo, intentando recobrar el aliento-

    Yo le sonreí.

    -Y qué pasa con María? –pregunté-

    -A María también. Que le den a todo el mundo. No te cases, vámonos tú y yo, donde sea.

    Me abrazó. Me perdí en sus devastadores ojos azules. Pensé que tal vez, la vida es demasiado corta para atarte a gente que no te quiere y no te cuida, que quizá dejarlo todo atrás y perseguir la felicidad sin miedo vale la pena mucho más que esperar a que todo cambie sin hacer nada.

    Me acurruqué contra él, pensando en que Damián ya habría notado que no había llegado a casa y se estaría poniendo furioso, sorprendida por lo poco que me importaba.

    Estiré la mano, y dibujé un corte de mangas en el vaho que empañaba la ventanilla sobre mi cabeza.

    -Que le den a Damián. Estoy harta de él y de sus gritos. Vámonos.

    Por VenoMaliziA

  • Alejandra en casa de Paula (II)

    Alejandra en casa de Paula (II)

    Esta es la continuación de mi relato anterior ‘Alejandra en casa de Paula’.

    A: Ay! Sos una guacha Pau, ¿por qué no me lo contaste antes? ¡A lo mejor no esperábamos tanto para llegar a esto! ¡Dale, contame que estoy a mil!

    Y me estiré más, las dos nos habíamos vuelto a acostar enfrentadas, teníamos las piernas tijereteadas, pero no llegaban a tocarse nuestras conchas, si se rozaban nuestras manos en el movimiento de entrar y salir de los dedos. Desde esa posición, con la cabeza apoyada en el brazo del sillón, podía ver como una sola continuidad: primero mis pezones, duros a más no poder, uno de ellos pellizcado por mi mano izquierda, después mi vientre que subía y bajaba al compás de los dedos de mi mano, más abajo mi mano derecha semi hundida en la concha, y después como en espejo, el dorso de la mano de Pau, brillante de sus flujos y de los míos con por lo menos tres dedos metidos, y su vientre también subiendo y bajando casi al unísono con el mío, y entre las dos hermosas, grandes y deseables tetas de Paula la boca de ella entreabierta y jadeante a punto de empezar el relato:

    P: En realidad todo comenzó con un juego de Miguel mientras cogíamos, le conté que unos días antes los había espiado mientras Uds. garchaban en el parque contra un árbol, y que me había mojado mucho. Él comenzó a fantasear con hacer una cama redonda con Uds., y me preguntaba si me gustaría tocársela a Pablo en algún momento, rozársela como quien no quiere la cosa, yo en la calentura le decía que sí, que iba a tratar de hacerlo, el me preguntaba cómo, y le dije que tal vez cuando nos poníamos a joder en el jardín se la iba a tratar de tocar, quizás cayéndome sobre él, seguro que iba a poder agarrársela bien, de manera que él se diera cuenta, quizás el tiempo suficiente coma para poder sentir que se le parara debajo de la malla, te juro que esa sensación de imaginar cómo se sentiría hacerla crecer bajo mis dedos me calentaba muchísimo…

    A: Y vos no le pedías nada a Miguel?

    P: Sí, le decía que tratara de apoyarte con cualquier excusa, por ejemplo cuando estábamos cocinando, que tratara de calentarse antes mirándote la concha cuando usas esas calzas blancas que te marcan la raja tanto, para estar al palo y que vos lo notaras cuando te apoyara, que yo iba a estar mirando para ver tu reacción.

    A: Y a vos eso ya te calentaba?: le pregunté mientras estiraba uno de mis dedos tratando de meterlo entre su mano y los labios de su concha.

    P: A partir de ahí fue que empecé a calentarme, trataba en todo momento de mirarle el bulto a Pablo, sobre todo cuando se ponía las zungas, pero también empecé a mirarte la raja a vos cuando te ponías algo ajustado, desnuda no se te nota tanto, pero con algo ajustado, con esos labios gruesos que tenés se te hace una canaleta tentadora, no podía dejar de mirarte constantemente.

    A: Tanto te calienta mi conchita? -Le pregunté con una sonrisa llena de lujuria, mientras me abría más tratando de acercarme a la suya: Seguí por favor que me calienta mucho lo que contás? No sabés cómo te la voy a chupar después de esto!

    P: Al final Miguel me insistía en cada encamada con que se la tocara a Pablo, hasta que un día se dio que Uds. dos empezaron con el juego de la manguera contra mí que estaba en malla, vos con un top y las calzas blancas, esas que se te meten en la concha y Pablo en zunga, rodamos por el piso entre risas y puteadas, no sé cómo no se dieron cuenta o se hicieron los boludos, pero yo aproveché para meter mano cuantas veces pude, amasar el bulto de Pablo me encantó, pero algo que no pude sacarme de la cabeza durante días fue la sensación de apoyar la palma de mi mano en tu concha, sentir como uno de mis dedos se hundía en medio de tu raja. Qué te voy a contar las pajas que me hice solo de recordarlo y las que le hice a Miguel mientras se lo contaba a él.

    A: Me encanta que te hayas pajeado pensando en mí, y lo hiciste muchas veces? -le dije mientras agregaba un dedo más dentro mío acelerando el ritmo y de paso empujaba su mano para que le entraran más los suyos.

    P: La verdad Ale?, es que muchísimas veces, y no sabés lo tentada que estuve varias de proponerte esto, pero no lo hice de estúpida nomás, si hubiera sabido que ibas a reaccionar así, no sabés cómo te hubiera cogido!

    Eso bastó para que yo bajara mi otra mano al clítoris y empezara a apretarlo intermitentemente y acabar entrelazada una de sus piernas, mojándole todo el muslo: Me imagino: dije entre exclamaciones de placer.

    A: Como yo te voy a coger ahora, pero antes me vas a acabar en la boca, no es verdad preciosa? O ya no querés que te la chupe? -me incorporé gateando entre sus piernas y me fui acercando a medida que le dejaba un hilo de saliva que iba desde la rodilla subiendo lentamente hacia su entrepierna.

    P: Sí que quiero tontita!

    A: Y si ahora no llego nunca, y te dejo con las ganas… serías capaz de pedir por favor?

    P: Sí, te pido por favor… te ruego guacha, chúpame la concha y meteme algo por favor, no doy más, vos ya acabaste!

    Al verla desesperada empecé a rozar con mis labios los de su concha, ella me agarraba los pelos y me empujaba para que me acerque, yo solo sonreía mientras apenas se los rozaba, gozando al ver cómo movía la pelvis desesperadamente para acercarse a mi boca sin lograrlo.

    P: Por favor hago lo que vos quieras… chupámela!

    A: Te tomo la palabra, acordate…

    Y le hundí la lengua entre los labios, era la primera vez que chupaba una concha, no sé si fue el aroma, pero estar allí entre las piernas de Pau, mi boca frente a esa otra boca sin lengua, la única lengua era la mía, que trataba de abrirse paso sin ningún obstáculo, al contrario una boca bien lubricada y no por saliva sino por un jugo delicioso, cuyo aroma lo único que hacía era aumentar mi excitación, levantar la vista y ver más arriba la otra boca de Paula ansiosa incitándome a que me apriete más contra ella, a fondo… La excitación de ella era la que provocaba mi verdadera excitación.

    A: Le vas a contar a Miguel?

    P: Siii!!! Y con detalles para que se caliente bien!!

    A: Y le vas a pedir que me apoye adelante tuyo?

    P: Siii!!! Lo que vos quieras Ale, pero no dejes de chuparme?

    Le di un lengüetazo bien profundo y seguí preguntando:

    A: Y algún día vas a agarrarle disimuladamente al pija a Pablo por debajo de la mesa cuando estemos comiendo con amigos, y se la vas a amasar hasta crezca debajo del pantalón hasta reventar? -Otro lengüetazo…

    P: Si!! Me encantaría sacársela y pajearsela debajo de la mesa hasta que acabe, y que la única que se dé cuenta seas vos, guacha, que te vas a estar muriendo de ganas de chupármela como lo estás haciendo, de maravilla ahora, que ya estoy… estoy por acabar…

    A: Y después me vas a llamar por teléfono para contarme lo que sentiste así yo me pajeo mientras hablamos??

    P: Siii!!! Por dios… basta que estoy a-ca-ban-dooo!!!

    Ahora si le pegué un chupón al clítoris, interminable…

    Continuará…

    Pero esto es algo que contaré en otro capítulo, por ser mi segundo relato me encantaría que me dieran su opinión tanto mujeres heterosexuales como homosexuales, qué sintieron. Gracias. [email protected]

  • ¡Qué noche la de anoche!

    ¡Qué noche la de anoche!

    Que noche tan, tan, tan… En serio, no encuentro los adjetivos correctos para calificar correctamente lo que pasó, espero que pueda narrarlo lo mejor posible, quiero contarles que pasó, pero, sigo muy impresionado. Quizás si lo escribo pueda ayudarme a clarecer un poco.

    Eran como las 7 de la noche, yo me encontraba en mi cuarto, estaba muy cansado pues tuve una semana muy pesada, solo quería estar en mi cuarto sin que me molesten. Aun cansado decidí jugar videojuegos, eso me hizo perder un poco la noción del tiempo. Estaba muy concentrado batallando para pasar el nivel del juego cuando en ese momento, entra mi hermana al cuarto y me pregunta: –“¿Irvin quieres acompañarnos? Vamos a estar en la sala” –, me sorprendió un poco, pero me dijo que vendrían unas amigas de ella e inmediatamente me gustó la idea, ya que había una de ellas que me gustaba mucho, le dije que si la acompañaba. Seguí jugando un rato, pero decidí apagar el juego, no sin antes darle un golpe a la consola por no pasar el nivel y decidí bajar.

    Bajé a la sala, las amigas de mi hermana estaban allí sentadas, les sonreí amablemente, pero, mi sonrisa interior fue más amplia al ver que si había venido su amiga que me encanta. Eran dos chicas: una era una mujer como de unos treinta y tantos, estaba simpática, era alta, morenita, de cabello lacio y largo, ojos pequeños pero bonitos un poco rasgados, su cara es larga, y tiene un lunar muy sexy a media mejilla, bastante atractiva; se llama Dany y la otra chica (la que me encanta) se llama Yesi, es una chica muy hermosa, es más bajita que Dany, pero tiene un rostro muy bello, está güerita, con ojos grandes y expresivos, una sonrisa coqueta, su boca es pequeña pero se ve muy antojable. Su cabello lo lleva a los hombros y se ve muy cute así, toda ella me encanta, estaba salivando por ella, pero, solo me limité a saludarla amablemente.

    Las tres me integraron a su reunión, estaban bastante alegres, empezamos a tomar los cuatro, yo ya estaba sintiendo la necesidad de coquetear con Yesi, no pude evitarlo flirtear con ella un poco, pero, me frené un poco por no ser irrespetuoso delante de mi hermana, así que me calmé un poco y disfruté de la nochecita. Sin embargo, el cansancio previo me pasó factura y en un rato me sentía súper agotado, decidí acostarme en el sofá de enfrente a ellas y me quedé dormido, no sé cuánto tiempo me dormí y quizás no me hubiera despertado, pero, sentí el roce de una cobija sobre mí y me desperté, el ruido que hacían no me afectó, pero soy muy fácil de despertar si se me toca. Abrí un poco los ojos y vi que mi hermana se iba a sentar al sillón, que linda me trajo una cobija, yo me giré y me abrigué más con la cobijita, cerré los ojos esperando conciliar el sueño, pero no pude, estaban haciendo demasiado ruido, reía, gritaban y berreaban, por favor, que alguien calle a estas guacamayas…

    Mantuve los ojos cerrados esperando el momento para callarlas o para subirme a mi cuarto, pero me contuve porque empezaron a platicar de hombres y experiencias sexuales, me dio curiosidad saber que habían hecho, era extraño escuchar a chicas hablando así y pues, era interesante.

    Las tres comenzaron a contar sus experiencias, son bastante tiernas al explicar sus aventuras, no como uno que es más descriptivo y guarro, estaba atento a ellas cuando Dany dijo:

    Dany: – “Si queda entre nosotras, puedo contarles una fantasía que tengo.”

    Yo (pensé): – “Uyy esto se pone interesante”.

    Mi hermana (Lauri) y Yesi preguntaron al mismo tiempo:

    – “¿Cuál?”. – Yo pregunté lo mismo en silencio (si ¿Cuál?).

    Dany: – “La verdad, siempre me han parecido muy sexys las bubis, se me hacen muy bellas y siempre he querido ver los senos de otra mujer.”

    Lauris: – “¿En serio? ¿Por qué?”

    Dany: – “No lo sé, quizás porque me encanta como me las comen los hombres”

    – Uyy, cuando dijo eso, sentí cosquilleo en mi pantalón.

    Yesi: – “Pues si son bellas”. – Dijo eso y acarició sus senos. Ver eso me hizo excitarme mucho, ver esa hermosa mujer frotarse sus pechos, quien fuera mano.

    Dany: – “Yesi, ¿Me dejarías ver tus bubis?” – Yo pensando (¡Qué diga que sí!).

    Yesi no dijo nada, pero se levantó la blusa y una copa, dejó ver su hermoso seno, yo quedé maravillado con tan hermosa vista, lo que más me gustó fueron sus pezones, se ven riquísimos y al parecer Dany pensó lo mismo…

    Dany – “¡Que hermoso pezón tienes!”. – Yesi se guardó su seno.

    Yesi: – “Ahora tu deja ver tus tetas” – Ay, mi pantalón comenzaba a incomodar.

    Dany se levantó la blusa y dejó al descubierto sus pechos, ella no llevaba sostén. Sus senos eran más grandes que los de Yesi, se veían apetecibles, sus pezones también eran más grandes y más oscuros; igual no le decía que no.

    Yesi: – “Me dieron ganas de chupar tus tetas, ¿puedo?” – Me quiero casar con esta mujer.

    Dany – “Claro, tómalas”

    Yesi se acercó a Dany, con mirada seductora, acarició los senos de Dany y empezó a chuparlas, Dany comenzó a gemir, en eso mi hermana las calló sonoramente diciendo que me iban a despertar.

    Yo dije internamente “hermana, cállate”. – Yesi se incorporó y ambas se le quedaron viendo a Lauris.

    Dany – “A mí se me antojan las bubis de Lauris”

    Yesi – “A mí también”

    Las dos se levantaron y se sentaron una en cada lado. Mi hermana se puso hiper nerviosa.

    Ella trató de persuadirlas diciendo que estaba yo y me iban a despertar, pero, no les importó en absoluto.

    Dany fue la primera que comenzó a acariciar los senos de Lauris, Yesi siguió los pasos de Dany. Ambas tocaban los senos de mi hermana, que son grandes, mi hermana no decía nada, pero se dejaba hacer de las dos.

    Dany le bajó la blusa y la copa a Lauris, comenzó a chupar su teta, Yesi imitó a Dany, haciendo lo mismo que ella, las dos le estaban chupando las tetas a mi hermana. Lauris comenzó a gemir, parece que las muchachas chupan rico, ni si quiera me di cuenta cuando comencé a tocarme, pero para este momento yo llevaba buen rato acariciándome.

    Me invadió el morbo y la situación, aunque quería ser cómplice de mi hermana y disfrutar de sus amigas, no quería que ella se cohibiera si yo me manifestaba abruptamente.

    Ambas se incorporaron y externaron: – “Que ricos pechos tienes, muy sensuales”

    Yesi dijo: – “Yo hasta me excité”

    Dany –“Yo también”

    Lauris: –“Pues si las chupan rico, jaja” – Eso resonó en mi mente, uy chupan rico, chupan rico…

    Dany: –“Pues se me ocurre algo, por qué no hacemos una ronda donde dos de nosotras chupen los senos de la tercera ¿les late?”

    Yesi: –“¡Uy sii!” –Las dos asintieron la propuesta.

    Primero comenzaron por Yesi, ella se levantó la blusa y se quitó el sostén, wow, verlos en par era más rico que ver uno solo, estaba riquísimas, me quería levantar a chuparlas, mi hermana y Dany, comenzaron a chuparle los senos, esta vez bastante desinhibidas; acariciaban, chupaban, mordían, lamían, manoseaban, jalaban. Yesi tomó la cabeza de Lauris y la pegó más contra ella.

    Terminaron con Yesi, ahora seguía Dany. Sin problemas se quitó la blusa y las otras dos, comenzaron a chupar sus senos, Dany tomó la cabeza de ambas y las pegó a ellas, como que era la más atrevida de las tres. Dany aprovechó para acariciar las tetas de las dos. Terminaron. Solo faltaban Lauris, les chuparon los senos, mientras que Dany y Yesi se manoseaban mutuamente,

    Lauris tomó la cabeza de Yesi y la pegó lo más que pudo a ella, Yesi aumentó la intensidad, Lauris, jaló a Yesi y la besó en la boca. Al parecer, se le olvidó su hermano.

    Dany se retiró de mi hermana, y expresó: – “Necesitamos un hombre, ya”. – Yo pensé (Pues yo te puedo coger con mucho gusto).

    Tomó su teléfono e hizo una llamada, a los no sé cuantos minutos se vistió y salió de la casa, Yesi y Lauris seguían besándose y tocándose las bubis.

    Entra Dany besando a un hombre, un chico de unos no sé cuántos años, pero se veía alto, fornido, de cerrada, vestía de playera azul, chamarra negra, y jeans su cabello era abultado y traía una diadema azul, me dio curiosidad porque combinaba con su playera. El tipo estaba besando a Dany e iba quitándose la chamarra que traía, en ese momento, Lauris se giró y quedó encima de Yesi. Lauris la besó apasionadamente mientras acariciaba los pechos de Yesi.

    El tipo las observó impactado, se veía impresionado, pero en sus ojos se veía que estaba encantado.

    Dany tomó la mano del chico, lo llevó al sofá donde estaban las chicas y lo aventó a un lado de ellas, se subió encima de él y comenzó a besarlo, el chico se prendió y correspondió los besos apasionados, comenzó a acariciar el cuerpo de Dany; Lauris seguía besándose con Yesi, mientras que Yesi, comenzó apretar los pechos de Dany.

    Yo me saqué la verga y comencé a masturbarme. Cerré unos segundos los ojos. Al abrirlos, vi que el tipo ya estaba besando a Yesi. Dany y Lauris se besaban ahora, el tipo tocaba las tetas de cada una, Dany se levantó, el tipo se acomodó y le quitó el pantalón a Yesi, la colocó boca abajo, sacó su miembro y penetró a Yesi, ella comenzó a gemir, gemía muy rico, me prendí demasiado al escucharla gemir una y otra vez, que mujer tan deliciosa.

    Mi hermana pensando que hacía mal tercio, se quiso mover de allí e irse para el sillón que está junto a este, ya se había puesto de pie, pero el tipo la abrazó por la espalda, y jaló su trasero hacia él, Dany acercó el sillón, Lauris se acomodó en el otro sillón, poniéndose en cuatro, el tipo, le bajó sus pantalones y se deleitó con el enorme trasero de mi hermana, Lauris comenzó a gemir, Dany se acomodó en el otro sillón junto con mi hermana y comenzó a chuparle las tetas, las manoseaba con mucha lascivia mientras ellas se tocaba su conchita, me quería levantar a penetrarla así, tal como estaba, podía ver toda su cosita rica, me estaba jalando muy rico, mi verga estaba por reventar.

    El tipo se salió de Yesi, mi hermana y Dany se incorporaron; este seguía erecto. Lauris besó al chico con mucha pasión, después, ella lo jaló del brazo y él jaló a Yesi, los tres observándose mutuamente, sin decirse nada, pero entendieron todo. Los tres subieron al cuarto de mi hermana.

    Mientras yo seguía muy muy caliente, Dany seguía en la sala:

    Dany–“Estoy muy caliente.” – Se incorporó y dijo: “Sé que estás despierto, pero está bien, quédate así, me excita la idea de que “estés dormido”.

    Yo obedecí. Ella se acercó y levantó la cobija de la parte inferior, descubriendo mi miembro. Solo dijo:

    – “Me imaginé” – Acto seguido, se llevó mi miembro a su boca, comenzó a chuparlo. Yo comencé a gemir, lo hacía muy rico, lo chupaba completamente, mientras acariciaba con mucho fervor mis bolas, pfff, yo estaba a tope, no pude evitar expulsar mi semen en su boca junto con un gemido prolongado. Se tragó toda mi descarga, limpió con la lengua todos los residuos, se levantó y cerró con esta: – “En la siguiente ocasión te monto, por hoy fue suficiente.”. Después de decir eso, se vistió y se fue da la casa.

    Todavía tenía la respiración agitada, pero abrí los ojos y me fui serenando tratando de recuperar el aliento, en lo que sucedía, me quedé perplejo tratando de asimilar todo lo ocurrido y también, cayendo en cuenta que lo último que dijo Dany, me excitó mucho, y sí, me encantaría que me montara. ¡Claro que me gustaría! Lo dije en voz alta.

    Mi cara esbozó una sonrisa de placer y calma y con esa sensación en mí, me quedé profundamente dormido.