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  • Mi primo atleta, su amigo y yo (Parte 1)

    Mi primo atleta, su amigo y yo (Parte 1)

    Liam, mi primo, era un atleta principiante, un año menor que yo, y no mucho más alto. Debes en cuando salía de su ciudad natal para competir, una de esas competencias sería en la ciudad que resido, por ello, solo por amabilidad (ya que no soy ese tipo ‘buena onda’), le ofrecí hospedaje, el aceptó, y además acompañado por un amigo, ‘ok’ solo mencioné.

    Llegó el día, mi primo (y su amigo) llegaron a mi hogar, y vaya sorpresa que me llevé. Tenía un par de años de no ver a mi primo, por eso el asombro, si me pidieran que lo describa sería algo así: una piel tan pálida y suave como un malvavisco, unos ojos tan verdes y brillantes como húmedas uvas, unos rizos castaños de ángel, y por último y más importante su cuerpo apenas marcado por el atletismo. Mientras que yo un típico nerd con anteojos y cuerpo pálido y delgado como espagueti.

    Vivía en un pequeño apartamento, por lo que el amigo (Marco) de Liam se quedaría en el sofá, y mi primo y yo compartiríamos cama. Aun no tenía pensamientos pervertidos, así que fue una noche tranquila, claro sin tomar en cuenta que sorprendí a mi primo mirando porno japonés en su celular. Esto fue lo que sucedió; nos acostamos uno junto al otro, compartiendo cobija, en el celular hasta caer dormidos, luego desperté en medio de la noche y junto a mí se encontraba Liam con la mano dentro de la pijama mirando Hentai, solo levanté la cabeza, me miró y siguió con lo suyo, yo solo me dormí nuevamente.

    Por la mañana, muy temprano y con mucho frio, mi primo me invitó a mirar la competencia. Pocos minutos después fuimos a donde se realizaría, y vaya de nuevo me sorprendo, tantos jóvenes tan sexys (palabra que nunca uso pero pasó por mi mente) con pantalones cortos, algunos sin camisa y otros descalzos. Después de la competencia lo acompañe a los vestidores, cielos, soy virgen y pensaba que hetero, todos empapados de sudor solo en toalla.

    De vuelta a casa, al anochecer, fuimos a cenar, conocí un poco a Marco y regresamos al departamento, de vuelta a la cama. Esta segunda noche fue un poco diferente a la primera, mi primo (dormido, o eso cría) se me acercaba mucho, solo suponía que por el frio, pero aun así me excitaba la sensación, era un poco desagradable porque estaba aún un poco sudado por la competencia, eso me excitaba más. No lo pude evitar, el me atraía tanto, así que puse una de mis manos sobre su pecho simulando que me estiraba (por si acaso), luego él se movió supuse que por incomodidad pero se acomodó de tal forma que su trasero rosaba mi erecto pene. Con mi mano es su pecho, acomodados de cucharita, la fui bajando lentamente hasta sentir su bulto, me adentre en su bóxer y sentí unos pocos vellos púbicos, su pene no estaba erecto, por lo que pensé que me había confundido y en realidad el no intentaba nada, pero después el movió su trasero y lo acercó más a mi bulto, me escurría el sudor de lo caliente que estaba, pero faltaba poco para amanecer y su amigo despertaría por lo que decidí no continuar.

    Esa mañana parecía que nada sucedió y desayunamos sin problemas. Liam y Marco tenía que entrenar pero poco antes de salir, luego de haber calentado un poco, es avisaron que se cancelaba por hoy, vaya vaya parece que el destino estaba a mi favor.

    Los tres nos sentamos en el sofá, primero Liam, luego Marco, y después yo. Mirando series en la TV, Liam levantó una de sus piernas y las puso en el sofá, pasando por las piernas de marco y dejándome los pies sobre mis piernas, Liam traía pantalones cortos y unos calcetines blancos un poco sucios. Seguimos mirando la serie, Marco se quedó dormido en medio, y yo no podía más, esos pies me excitaban mucho, sus pequeños y un poco sudados pies, los empecé a tocar con mis dedos y luego le ofrecí un masaje como «broma» y el aceptó, entonces le quité los calcetines, olí un poco sus pies y empecé a masajear, eso me empezaba a poner el pene un poco erecto. Liam me aposto que sí primero moría el negro (típico cliché) le lamería los pies, y yo solo acepté (riéndonos). Solo pensaba «por favor que ya muera» luego de 20 minutos sucedió «perdí la apuesta». Me levanté del sofá y me incline a los pies de mi primo, humedecí mi lengua y empecé a tocar los dedos de su pie con ella, dedo por dedo lentamente, hasta lamer toda la planta del pie, podía ver en su lindo rostro que le gustaba, por ello empecé a masajear sus delgadas piernas con mus manos mientras chupaba sus pies, poco a poco empezaba a subir las manos, hasta que noté que Liam tenía el pene erecto, cuando miró que lo noté, dijo nervioso «tengo que ir al baño», tratado de cubrir su bulto con una almohada.

    FIN DE LA PRIMERA PARTE

    Recuerden comentar, valorar y compartir el relato. Nos vemos pronto con la siguiente parte de la historia, me pueden contactar por mi correo desde mi perfil para dudas relacionadas [email protected].

  • Me dio su colita, pero quedo algo pendiente

    Me dio su colita, pero quedo algo pendiente

    Siento la necesidad de contar algo que me pasó hace un tiempo. Andaba por capital, echaba unos avisos y me encendí, me dieron ganas de estar con una chica que no sea mi esposa antes de regresar a mi ciudad.

    Llamo al número, me atienden muy dulcemente, me explican el servicio y la tarifa. En una hora llegué al departamento, me atiende una morocha espectacular, ingreso y sale una rubia fantástica con la cual había hablado.

    Me hace pasar a la habitación, muy linda, muy femenina, me indica que pase al baño para higienizarme mientras ella pone música tranqui para ambientar. Cuando regreso me da un beso interminable, mis manos se van a su cola, firme, durita, me prendo a sus tetas perfectas, ella me desprende el pantalón y comienza a desnudarme, me tira en la cama, comienza a besarme, me besa las orejas, me jadea, entrelazamos nuestras piernas (siempre lo hago con mi esposa, pero no es lo mismo, fue tan lindo).

    Comienza a bajar y me agarra el pene, lo lame y se lo traga, una mamada de aquellas, en un momento se acomoda para un 69 y pone su cola en mi boca, quiero quitarle la tanga que tenía y no puedo porque con sus rodillas tenia apretado mis brazos, entonces ella se quita la tanga y oh sorpresa, tenía bien escondido unos 20 cm extra, mi reacción fue tratar de zafarme pero, siento su lengua en mi cola que me dejo sin reacción.

    Cerré los ojos y me dedique a disfrutar de esa lengua y pensé que tenía que devolver la gentileza, me anime a pasarle la lengua y en un momento me lo introduje, la verdad, me gusto al punto de decirle que quería probarla.

    Se portó genial, como le había dicho que estaba por viajar me aconsejo que no, porque me iba a doler. Continuamos, me dio su colita, pero quedo algo pendiente.

    Me acuerdo de esta experiencia y cada vez tengo más ganas de probar, aunque duela, espero encontrarme con alguien y poder hacer realidad este sueño, dejo mi correo [email protected].

    Si les gusto prometo contar algo más. Besitos a los lectores.

  • La historia de Karen

    La historia de Karen

    El siguiente relato es totalmente verídico, espero que le guste.

    Me llamo Carlos, tengo 32 años y soy de la CDMX Azcapotzalco, soy de complexión media, y no feo y ni tampoco un galán de telenovela simplemente soy normal, y mi amigo también es normal aunque luego dicen que está muy muy cabezona.

    Todo empezó, hace un poco más de un mes, navegando en Facebook, en una página de contactos, coloqué mi anuncio. Pasaron los días, hasta que me contactó Karen, una linda señora de 45 años, que me comenta que su esposo se dedica a los transportes por todo México, y que por problemas de la presión no puede sostener una erección adecuada para la penetración.

    Así no la pasamos platicando un rato, donde me comentaba que nunca había hecho nada de eso, y que siempre le ha sido fiel a su marido, pero que la ya había dejado muy olvidada dado a que antes le practicaba el sexo oral o tocaba muy seguido. Pero después de un tiempo se ha vuelto muy frio.

    Poco a poco empezamos a subir a platicas más cachondas, me contaba que su esposo la única posición que la cogia era la de misionero y que rara vez de a perrito. Y que una vez se compró lencería sexy para tratar de revivir la llama, y su esposo la mando a la chingada de qué clase de cantina la había sacado que ella no debería de usar esas cosas, que ya era una señora y que se debería de dar a respetar.

    Así continuamos entre Facebook, llamas telefónicas, e intercambio de fotos por el whatsapp, pero aun seguía con el temor de que dirán… o que era pecado mortal.

    Así que un día se me ocurrió contarle una fantasía que tenía desde hace mucho el cual consiste que se vistiera como una putita callejera, con las mallas, liguero y tanga de hilo dental que se transparentara sobre su vestido, que cual tendría un escote, muy pronunciado, y unos zapatos de tacón alto y pasaría a recogerla y negociar como si fuera una puta cualquiera.

    Le gustó la idea y fijamos fecha, pasaron los días, entre tanto nos calentábamos mientras hablábamos por teléfono le decía que tenía ganas, de cogérmela la puta que llevaba dentro, y Karen me respondía, que también quería y deseaba ser cogida como nunca.

    Llego el bendito día, jejeje suena como una canción, nos quedamos de ver por la glorieta de camarones, en el vips aquí en el DF para llevar a cabo la fantasía.

    Nos quedamos de ver a las 11:30 de la noche, ya a esa hora no haba casi nada de gente, para ser fin de semana, entonces yo llegue a las 11 y estaba haciendo tiempo, en la calle de enfrente para poder sentir la excitación de ver como llegaba mi putita.

    Recibo una llamada de ella, que ya estaba llegando, al vips, donde habíamos quedado de vernos, entonces yo veo que llega un taxi y de el sale una señora, en toda la extensión de la palabra, aparentaba unos 36-38 años, aproximadamente de estatura uno 1.65 m con un cuerpo oculto por una gabardina ligera negra, lo que si se podía apreciar mas antojables, era si rico trasero, de toda una milf… le comento por teléfono, que no era así como la quería tenía que estar enseñando su atuendo de puta callejera, creo que la excitación del momento y el nerviosismo se notaba a flor de piel por que se cubría y actuaba un poco extraña, le sugiero que caminara a hacia el banco Hsbc, que se encuentra, cercas de ahí dado a que la vía muy impaciente por la poca gente que pasaba.

    Ya llegando al banco, le ordeno, que se quitara la gabardina, y que se parara en las bancas de la parada del camión, porque ya voy a ir por ella, empiezo a caminar para ir con ella, se seguía notando el nerviosismo, y la excitación, a distancia, antes de que llegara veo que paso un coche y se paró enfrente de ella, y empezó a platicar con ella:

    (Esto lo Supe Después porque me lo conto)

    El – Hola mami, porque tan solita por aquí que rica estas…

    Karen – Nada más Aquí pasando el rato.

    El – Acércate que no te voy a morder, y si te muerdo te va gustar.

    Carlos yo – No podía creer lo que estaba pasando, así que me espere a que terminara y me dedique a observar y saciar mi voyeur.

    Karen se acerco

    El – entonces preciosa que dices si vamos a otro lado dime el precio y nos vamos para que no pases frio.

    Karen – no papi, esta putita no es para ti, es para mí macho que viene cruzando la calle, ya que soy su perrita, putita…

    El- Después de escuchar eso arranco el coche y se fue.

    Entonces yo le llegue la observe que le temblaba el cuerpo completo de los nervios y de la excitación, hasta un punto que yo ya estaba con la verga bien parada de tan solo ver que como se la quería llevar como toda una puta de la calle, nos dimos un beso tan apasionado, y que nos importó nada que estuviéramos en la calle, podía sentir, su respiración, sus latidos revolucionando todo si cuerpo, tanto como si estuviéramos en uno solo.

    Quien sabe cuánto tiempo paso, mientas nos dimos el beso, que le dije que ya es hora de irnos a un lugar donde se vuelve realidad la fantasía, mientras caminábamos al hotel pude apreciar perfectamente el cuerpo de Karen algo que en las fotos disimulaba completamente, una rica cintura, premiada con un trasero hecho a mano, y metida su tanga en medio que vista más fenomenal, algo que siempre va a quedar guardado en mi mente, le susurro al oído, que se moviera y que disfrutara el momento, de puta , mientras le decía le agarro la mano y la bajo para que sintiera en ese momento la erección causada por los sucesos anteriores… como por arte de magia, mejor dicho de la excitación, empezó a contonear las caderas y a caminar más sexi… desinhibida. Hasta que llegamos al hotel, como siempre pago y me registro, nos dan la llave para la habitación y empezamos a ir al elevador, una vez que se cerraron las puertas del mismo…

    Empezamos a darnos, un faje como si fuéramos personas que nos conocimos toda la vida, puede sentir, el verdadero volumen de sus senos, eran sumamente grandes como para no caber en mi mano (38 C) un delicado pezón que se mostraba entre la ropa, poco a poco, empecé a bajar mi mano a su pelvis, el cual para mi sorpresa está totalmente limpio de bello, y exquisitamente lubricando pidiendo que la penetrara.

    Los dos ya no aguantábamos mas, salimos del elevador, y como pudimos llegamos al cuarto, entre cada beso y beso que nos dábamos, podía sentir, su respiración entre cortada que deseaba más, y más.

    Empecé por acostarla en la cama y levantarle, la falda a hasta que quede enfrente de su monte de venus envuelto con una fina tanga blanca premiada con un listón de color dorado, la hice a un lado, y empecé a darle unos lengüetazos, y a empezar a penetrar con dos de mis dedos, su rica conchita,

    Con cada leguen tazo y estimulación manual que le daba podría escuchar unos gemidos, tan fuertes que siento que los vecinos también se excitaron al escucharlos. Hasta un punto que grito, de la excitación «¡papi, ha pasado mucho tiempo desde que me han mamado la concha así no pares sigue sigue… me vengo…!»

    Esos gritos, me excitaron que continúe penetrándola con más fuerza, y comiéndome su rica conchita, hasta que empecé a saborear su rica venida ese sabor agridulce de su cuerpo, me volvió loco, que mi verga a estaba a punto de explotar, que me la saco. Y la volteo en un solo movimiento para que quedara de a perrito, y se la clave sin decir agua va.

    «¡Ay dios, me vas a partir en dos, con esa vergota, que te cargas es mucho mejor que la de mi marido!».

    Eso fue lo que expreso al clavarle mi verga, e hizo que me perdiera en mi excitación, comencé a bombear, mas rápido, dándole de nalgadas, en su nalgotas que se le hicieron al empinarla, dejándolas todas rojas, escuchaba «sigue así más dame más nalguea a tu puta»… Le preguntaba envuelto en la excitación, «¿qué verga era la mejor, quien te cogia más rico, de quien es este culo?”, “es tuyo papi, cógeme, hazme lo que quieras me estás haciendo ser mujer de nuevo, quiero más soy tu puta callejera…”.

    Mientras me lo decía, pude sentir, y ver que estaba teniendo otro orgasmo, ya que su vagina se empezó a estrechar, y lubricarse hasta un punto de que parecía que se estaba orinando, ya no aguantaba más, y estaba a punto de venirme le dije me vengo, inmediatamente se dio la vuelta y empezó a mamar, mi amigo como desesperada, me lo metía todo de un solo bocado, era extremadamente bueno lo que sentía, que le digo Puta me vengo, y empecé a disparar mi leche, en su cara, veía como volaban los chorros cayendo en su cara, boca, y cabello, ella se paró y empezamos a besarnos, como desesperados, nuestra excitación seguía al tope, tanto que mi verga seguía en punto de guerra ella la sintió y la veía.

    Me aventó a la cama, por consiguiente, ella, empezó a cabalgar mi verga, esa visión nunca se me olvidara, ver a la puta de Karen moviendo estrujando sus tetas, y chupándose un pezón, mientras se clavaba mi verga, fue fenomenal.

    Así estuvimos haciendo toda la noche, como si fuéramos un par de adolescentes, en pleno celo.

    Espero que les gustara mi relato, posteriormente les contare otras vivencias que he tenido.

    Les recuerdo que estoy abierto a cualquier invitación jejeje, puedo todos los días en la noche…

  • El primer desliz con la hermana de mi novia

    El primer desliz con la hermana de mi novia

    En ese entonces yo tenía 9 meses de relación con Laura, una preciosa mujer que me volvía loco, con un cuerpo que irradiaba erotismo por todas partes. Laura contaba con un bronceado natural permanente, ojos color almendra, de cabello regio, lustroso y de una intensa negrura. Tenía una cintura delicada y unas caderas pronunciadas a par en voluptuosidad con su prietos, redondos y carnosos senos. Sumándole a eso una coquetería natural. Para mi era la personificación de la sensualidad.

    Nuestra relación era muy buena por decir lo menos, ya que con tan poco tiempo de ser una pareja yo conocía ya a sus familiares y había convivido con ellos en más de una ocasión. De toda su familia con quien mejor relación tenía era con su hermana Sol, pesé a ser 5 años menor que Laura y yo, salíamos mucho juntos. Sol era casi una copia idéntica a Laura, salvo que Sol tenía pechos pequeños, una figura más atlética y usaba el cabello mucho más largo, lo cual le daba un aire leonado cuando se soltaba la gruesa melena. Sol para conmigo siempre tuvo buena actitud y en las reiteradas veces que por accidente nos topábamos en ropa interior en el pasillo del departamento que ambas compartían, no hacia aspavientos en ello y lo tomaba de forma natural como si fuera parte de la cotidianidad de sus días.

    Por mi parte me encantaban esos accidentes fortuitos, porque aparte de mi exhibicionismo nato, ver a Sol en bóxer cacheteros era un espectáculo digno de ovaciones y después de esos encuentros regresaba con Laura excitado a hacerle nuevamente el amor. Ella me encantaba pero también Sol me atraía, para mi eran dos cuerpos hechos de la misma hechicería y en ocasiones no podía evitar el mirar a Sol con más atención de la debida, incluso una vez que veíamos películas en la sala, ella en el loveseat con su novio, Laura y yo en el sillón podría jurar que ella lo masturbaba bajo el edredón. Aún que no lo confirme, la sola idea de que Sol hiciera eso a unos pasos de nosotros me excitaba y alimentaba esa atracción que tenía por ella.

    Así trascurrían los días que pasaba en el departamento de ellas. Para con Laura no tenía ningún reproche como pareja, el único asunto que me ponía a veces de malas era que con su forma coqueta de ser atraía demasiado la atención de los hombres y si bien no soy del tipo celoso, me hacía enojar la insistencia de algunos compañeros de su trabajo. Esto derivo una discusión durante una fiesta que organizaron en el departamento de ellas, a la cual fue invitado parte de su equipo de trabajo y entre ellos un tal Arturo que era uno de sus fans más activos. El clásico que siempre comenta, da likes o me encanta a cuanta publicación apareciera Laura, incluso en las que ella me etiquetaba o yo le hacía a ella. Era el tipo de hombre que cree que con likes se puede ganar el favor de una mujer. Por esa razón el verlo en el departamento de ellas y su insistencia de bailar con Laura termino por agriarme la fiesta, y genero una discusión en la cocina. De la cual sólo Sol fue testigo.

    -Entiendo como te sientes- Me dijo Sol cuando Laura salió a atender a sus invitados. -El idiota de mi novio tiene una zorra en el face que hace lo mismo y él no la elimina.- Mientras me lo decía me acerco una cerveza del refrigerador.

    -¡Con que esa es la razón! Me parecía raro no ver al encantador pedazo de bestia que tienes de novio.- Reímos.

    -¡Hoy soy soltera! Espere mucho para lucir este vestido, para andar triste cuando por fin me lo pongo.-

    Dio una vuelta sobre su lugar para presumir el entallado vestido blanco que llevaba puesto y que le hacía lucir su cintura delgada y sus piernas torneadas.

    -Lástima, porque yo te iba a usar de compañeras de penas, para ahogar la tristeza juntos. Anda ve y enamora a algunos con esas piernas.- Le guiñe un ojo, le tome a mi cerveza y con un movimiento de la mano le dije que se fuera.

    -¡Nada de eso, Tú bailas conmigo!- Me tomo de la mano con la que le hice la seña para que se fuera y me jalo con fuerza. -Además a mi hermana no le gusta que baile contigo, se pone celosa.

    Después de darle otro trago a mi cerveza le respondí

    – ¡En ese caso es una pena que hoy sólo vaya a bailar contigo!- Dicho eso salimos a la sala donde está sonando la música.

    Después de bailar varias piezas y de ver cierto enojo en Laura, nos sentamos en las sillas del balcón viendo hacia el interior del departamento, mientras bebíamos unas cervezas.

    -¿Has visto la cara que puso?- Me pregunto riendo.

    -¡Sí! La verdad es que es la primera vez que la veo hacer esa cara.- Le di un buen trago a mi cerveza.

    -Es más común de lo que crees, siempre me la hace después de que te vas, te cela mucho de mi.- Al oír eso le respondí en tono de broma

    -¡Qué bueno que no sabe de todas las veces que me has visto libidinosamente en boxers en el pasillo!

     Enseguida reí y ella hizo lo mismo, a lo que respondió

    -¿No querrás decir? ¡Sí supiera como me barres de arriba abajo, morbosamente, cuando nos topamos en las noches en el pasillo!

    Espontáneamente solté una carcajada, pero pensaba que me había atrapado. Enseguida trate de cambiar el tema

    -De verdad es la primera vez que la veo hacer ese gesto de enojo, y mira que hemos tenido algunas discusiones.- Busque con la mirada a Laura y la halle bailando con un grupo de sus amigas.

    -Esta embobada contigo. Se nota por la forma en que te mira siempre.- Me dijo, llamando mi atención hacia ella.

    -También a ti se te nota, todo el tiempo que están juntos se la pasan de empalagosos o haciéndolo como conejos, ¡Los oigo todo el tiempo!- Avergonzado me mire a las manos y sentí como mi cara se ponía roja. -¡Perdón! no creí que nos pudieras escuchar, disculpa.- Gire la mirada justo para ver como Laura empezaba a bailar con el tal Arturo. -Si esto sigue así no te molestaremos con ese tema por un rato.

    Me levante para girar mi silla y dejar de ver a través de la venta, Sol hizo lo mismo y quedamos de frente.

    -Dudo que pase mucho tiempo antes de que estén como conejos, a veces no son ni para cerrar la puerta.- Permanecí pensativo respecto a lo que me decía y sin darme cuenta estaba nuevamente escaneando su cuerpo con la mirada, hasta que una reflexión me asalto.

    -¿Estás diciendo, que nos has visto tener sexo?- Con una de las sonrisas más coquetas que hasta ahora le había visto dijo mirándome a los ojos. -¡No me veas así! Me pone nerviosa que me mires de esa forma, es como si estuvieras leyendo lo que pienso-

    No dejaba de sonreír, por eso no tome como una queja sus palabras, además el enterarme que la ponía nerviosa me daba cierta satisfacción junto con la sensación de poder. Sin meditarlo ni medio segundo quise hacer uso de ese poder que tenía en ella de inmediato. Le sostuve la mirada durante unos segundos, alternando entre sus ojos y sus labios, mantuve el silencio.

    -Me gustaría poder leer lo que piensas en este momento. La verdad es que en ocasiones se me complica el no mirarte.- Por fin se rindió y bajo la mirada con cierto rubor en el rostro, era justo lo que deseaba, verla apenada y me gustaba esa hasta ahora desconocida para mi expresión ruborizada de ella.

    Se escuchó un golpe seco dentro del departamento, en el suelo se encontraba una amiga de Laura, entre risas de el demás grupo de amigas. Me levante de la silla y asegurándome de rosar suavemente el cuello con los dedos mientras le ponía la mano en el hombro a Sol le dije:

    -No te vayas, cuida mi cerveza, no tardo.- Le hice un guiño y me dirigí a levantar a la amiga de Laura. Cuando ayudaba a levantar a la chica del suelo, varias veces mire hacía el balcón y ahí estaba la mirada de Sol fija en mi.

    Una vez quedo la chica en el sillón más próximo, Laura se me acerco

    -¿Vas a seguir en tu plan?- Me dijo en voz baja abrazándome por la cintura con una mano.

    -Todo depende. ¿Seguirás bailando con tu amiguito? ¡Sí estuviera borracho, te arrancaba esos pantalones y te cogía en frente de todos! Para que sepan que eres mía nada más.- Mordí su lóbulo, mirando a Sol.

    Ella seguía mirándome, me producía una leve excitación ser blanco de sus ojos.

    -¡No digas tonterías!- Me dijo riendo antes de ir abrir la puerta a sus amigos que iban llegando. Camine entre la gente para llegar de nuevo al balcón, buscando con la mirada a Sol y cuando hacía contacto con sus ojos podía sentir que algo estaba ocurriendo y quería explotarlo tanto como fuera posible.

    -¿Ya se han arreglado?- Me dijo un poco serian cuando llegue al balcón. Antes de responder volví a mi asiento y la mire por unos segundos.

    -Le he dicho que de no ser por ti ya me hubiera ido, que te de las gracias con un millón de euros.- Sonrió ante mi exagerada mentira y se acomodó una hebra de cabello detrás de su oído.

    -Ahora dime, ¿Nos has visto haciéndolo? Responde la verdad.- Le dio un buen trago a su cerveza, tragó aire y respondió. -¡Sí!- En ese momento sentí un ligero hormigueo por la espalda, separe las piernas, me incline hacia ella apoyando los codos en las rodillas, con un tono de voz bajo y serio que no admitía negativas le dije.

    -¿Cuantas veces? y ¿Que tanto ha podido ver?- Abrió los ojos lo más que pudo, se humedeció el labio inferior con la lengua y en una vocecilla apenas audible me dijo al tiempo que sus ojos veían de un lado a otro en el piso buscando un lugar donde poder esconderse.

    -Tres veces.- Hizo una pausa que me pareció eterna. -Te he visto a ti montando a tras a Laura te he visto jalar su cabello mientras lo haces, los he visto hacerlo de pie junto a la ventana, he visto a Laura de rodillas frente a ti dándote sexo oral y te he visto entre sus piernas lamiendo su sexo hasta que termino.- Trate de mantenerme en calma, pero me había sacudido su confesión mi pene palpitaba y sentía como subía por mi cara la sensación de calor. Controlando lo más que pude mi voz, para que no saliera un tartamudeo le pregunte

    -¿Te ha gustado lo que has visto? Tengo que saberlo, para meditar cuanto te tengo que cobrar por el show.- Logre que sonriera nuevamente y pareció darle seguridad, se humedeció nuevamente el labio, bebió de un solo trago la mitad de su cerveza y por fin volviendo a mirarme a los ojos respondió.

    -Sí, la primera y segunda vez me moje tanto que me encerré en mi cuarto y me masturbe toda la noche, la tercera vez estaba mi novio y lo desperté para que me cogiera justo como los había visto a ustedes, él dijo que fui muy efusiva esa vez.

    Estaba completamente en shock, de no haber tenido la barbilla poyada en una de mis manos juro que hubiera quedado con la mandíbula completamente dislocada hasta el suelo. El mundo se había apagado a mi alrededor, no escuchaba nada que no fuera el palpitar de mi corazón y las palabras de Sol repitiéndose una y otra vez en mi mente. Intentaba mantener la calma, había obtenido mucho más de lo que había esperado. Me tomo algo de tiempo recobrarme, mismo tiempo en el cual veía fijamente su rostro, hasta que volvió a ser notable en ella un ligero nerviosismo, fue la señal que necesite para contra atacar.

    -Estoy completamente seguro ahora, de que lo que has visto ha sido de tu entero agrado, por tal motivo me parece justo y necesario que me pagues sin demora en esta momento.- La solemnidad con la que le hable le arranco una carcajada sonora. Momento que aproveche para levantarme y acomodarme el pantalón, con pleno conocimiento de que tenía una erección y que Sol la veía. Empine el resto de mi cerveza y con la mano libre acomode mi miembro de lado, volví a sentarme y sobre mi pierna izquierda se marcaba perfectamente mi verga a través de mi pantalón de vestir.

    -¿Cómo quieres que te pague?- Decía sin apartar de mi verga la vista. Con un movimiento de cabeza señale el otro lado de la ventana.

    -Desde adentro sólo pueden vernos de los hombros para arriba. Así que como anticipo de tu pago, quiero que abras las piernas y me dejes ver tu ropa interior.- Me miro sorprendida, sinceramente no esperaba que aceptara. Medito por unos segundos antes de mirarme a los ojos con cierto nerviosismo y complicidad, al tiempo que muy lentamente comenzó a separar las piernas, lo hacía tan despacio, tan pausadamente que me parecía estar siendo torturado. Mi corazón golpeaba brutalmente mi pecho, el aire me hacía falta, podía sentir la deliciosa presión de la ropa restringiendo mi palpitante erección. No estaba preparado para la vista que Sol estaba a nada de proporcionarme, aún ahora me cuesta trabajo describirla sin un ligero hormigueo en el miembro o el deseo de volver a ese momento. El ejerció le había dado dos carnosos postes de marfil oscurecido, sus piernas brillaban, con la luz del atardecer delineando los músculos con una tonalidad marrón, lo que para mí fue impactante era el pequeño triangulo blanco del hilo dental que estaba coronado con un encaje trasparente, a través del cual se podía ver una ligera línea de vello negro, el triángulo de tela parecía estar incrustado en su carne entre el contorno de sus nalgas. El pequeño capullo que formaban sus labios, era hipnótico. En el momento que sus piernas quedaron distendidas en direcciones opuestas fue notoria una pequeña mancha de humedad que aderezaba el centro del hilo dental. Me incline en la silla para poder ver mejor ese erotizante espectáculo, ella por instinto casi cierra las piernas ante la proximidad de mi mirada. Estar en un lugar con tanta gente, una erección en el pantalón y con la hermana de mi novia abierta en compás, me estaba proporcionando una excitación como muy contadas veces había sentido.

    -Enséñame como te tocaste después de vernos- Le dije casi jadeando.

    ¡Estás loco!- Respondió juntando las piernas.

    -Yo te diré si alguien viene.- Le dije al tiempo que me lleve la mano derecha a la entrepierna, para apretarme los testículos y recibir un poco de sosiego a todas las sensaciones que apremiaban a mi cuerpo.

    Después de ver que me tocaba, me siguió el juego separando las piernas, pero un poco menos que antes, comenzó a pasar el dedo medio por las costuras y encaje del hilo dental. Su boca dibujaba una pequeña «O» y apenas era audible los suaves gemidos que exclamaba. Para mi desgracia en ese momento de reojo pude ver a Laura acercándose. En voz baja le avise del peligro a Sol, en el acto subiendo mi talón izquierdo a mi rodilla derecha para disimular la erección y Sol lentamente con la mano bajo su falda cruzando las piernas. Por puros nervios deje salir una carcajada y Sol mirando hacia la ciudad también rio.

    Cuando por fin llego Laura hasta nosotros, nos vio un poco extrañada.

    -Sol, llegaron tus amigos, ve a recibirlos.- Se levantó y sin decir nada fue a ver al grupo de amigos que estaba esperándola. -¿De que estaban riendo? Me pregunto tomando el lugar donde su hermana había estado sentada con las piernas abiertas para mi deleite visual.

    -Desde que salimos me ha estado tratando de convencer de que no me vaya y que no esté enojado contigo por estar bailando con Arturito.- Cínicamente mentí, no era como que le pudiera decir: «Nos reímos de nervios, si no llegas seguramente me cogía a tu hermana justo donde estas sentada» Así que continué con la mentira.

    -Reíamos porque me contó que te pones celosa cuando hablo con ella, y que seguramente estarías enojada de que estuviéramos hablando acá solos.- El rostro de Laura cambio levemente, entre una sonrisa y su cara seria, como si quisiera reírse. -No creía que pudieras celarme.- Le estire la mano para levantarla de la silla y sentarla en mis piernas. -Debo confesarte que saber que te dan celos, me ha gustado. Eso y el pensar en hacerte el amor frente a todos tus amigos ¡Me ha puesto a mil!- Con mi mano izquierda lleve su pequeña mano a mi aún palpitante miembro.

    Con una mirada de sorpresa y de diversión paso su mano a lo largo de mi erección y apretándola dijo.

    -¡Dios, no puedes andar así en la fiesta!- Solté su mano y le acaricie una nalga.

    -Lo sé, estaré un rato más aquí hasta que se me pase. ¿Me puedes traer una cerveza? ¡Por favor!- Al tiempo que acariciaba su nalga dejaba que mis dedos fueran un poco más al centro de sus carnes.

    -¡Tengo una mejor idea! Procura que nadie te vea, ve al cuarto y en 5 minutos te veo ahí.- Sin decir más se levantó y se giró hacía la puerta del balcón para desaparecer entre la gente.

    Entre al departamento con las manos en los bolsillos sujetando mi miembro con una mano y caminando lo más casual y calmado que pude me dirigí al cuarto. Llegue sin problema alguno, cerré la puerta y me acosté en la cama. Seguramente Laura prefería que pasara aquí un tiempo que en el balcón donde alguien podría ir. No me importaba, yo sólo pensaba en lo que acababa de suceder. No podía sacar de mi mente cada uno de los detalles de la escena y así pasaron los minutos hasta que Laura entro con cervezas en mano.

    -¡Veo que aun sigues así!- Dijo mirando mi entrepierna. Me levante para tomar una de las cervezas, pero ella las puso sobre el buro de la cama. -¡Ni porque hay gente te puedes controlar, ven acá!- Jalando de mi camisa me hizo quedar pegado a ella, con ambas manos me sujeto de las nalgas pegando mi erección a su abdomen y me beso intensamente jugando con su lengua en mi boca. Así estuvimos besándonos unos segundos y cuando quise tomarla por las nalgas como ella me sujetaba se apartó. -¡Alto! ¡Que sólo vengo a ayudarte a bajar eso! No podemos estar mucho tiempo aquí.- Sin darme tiempo a reaccionar desabrocho los botones de hasta abajo de mi camisa, aflojo el cinturón, desabrocho mi pantalón, bajo el cierre y saco mi verga, para frotarla con las dos manos mientras me veía a los ojos. No necesitaba nada más, estaba tan prendido que con unos minutos más de eso y acabaría en sus manos. Simplemente me iba a dejar llevar, pero ella tenía otros planes. Me empujo al sillón que había junto a la ventana del cuarto, cuando caí en él Laura acomodo su cabello atrás de sus orejas, se puso de rodillas entre mis piernas y comenzó a lamer mi miembro, siempre lo hacía lento y esta vez no fue la excepción, su lengua avanzaba pausadamente desde la base hasta la punta, cuando llego a lo más alto dio un par de vueltas con la lengua sobre la cabeza de mi miembro antes de meter sólo la punta en su boca. Sabía perfecto que seguía a continuación. Con la punta dentro de su boca me miro a los ojos. Siempre lo hacía de esa forma. Chupaba y lamia la punta, lento, suave. Para volver a bajar con la lengua hasta la base y pasar a lamer de un lado a otro de mi verga subiendo nuevamente hasta la punta. Tengo que aceptar que en ese momento lo que yo más quería era hundir en lo más profundo de su garganta mi erección, pero eso era algo que a ella no le gustaba y me había tomado mucho tiempo que aceptara darme sexo oral, así que para mi era un gran regalo que me estuviera lamiendo, pese a que siempre era la misma rutina. Con cada lengüetazo sentía un espasmo de placer que me recorría desde el coxis hasta la nuca. Simplemente me abandone a las sensaciones que viajaban por mi espina dorsal y me eche hacia atrás, recosté la cabeza en el respaldo del sillón y cerré los ojos.

    No oí el primer golpe en la puerta.

    -¡Vístete!- Me dijo Laura, poniéndose de pie y limpiándose las comisuras de la boca, fue en ese momento que escuche que llamaban a la puerta. ¡No podía creer mi mala suerte! Dos veces interrumpido en menos de media hora. Sólo atine a tomar el cojín del sillón y ponerlo sobre mis piernas. Laura Abrió la puerta. Quien llamaba era Sol.

    – Una de tus amigas, está encerrada en el baño y no abre. Parece que se quedó dormida.- Le dijo a Laura que de inmediato se giró para verme y guiñando un ojo dijo

    -Al rato hablamos.- Dando a entender que me compensaría por eso y apurando el paso salió al pasillo. Bastante frustrado mire a Sol que veía como se alejaba Laura, un momento después me dirigió la palabra sonriendo. -¿Que estaban haciendo solos pervertidos?- Aún un poco molesto me levante del sillón aventé el cojín a la cama y deje que viera mi pene colgando fuera de mis pantalones. -Me estaba dando una mamada.- Sol se mojó el labio inferior con la lengua mientras veía mi dura carne colgando. Su cara decía lo mucho que le gustaba lo que veía.

    -¿Ya lo habías visto antes no?- Recargándose en el marco de la puerta y sujetando con una de sus manos su hombro pareció apretar con su brazo sus pechos.

    -¡Es la primera vez que lo puedo ver bien!- Me encantaba como su rostro expresaba su excitación. -¿Y qué te parece? ¿Te gusta?- Solamente respondió afirmativamente meneando la cabeza de arriba abajo.

    -Cuida que nadie venga.- Le dije al tiempo que con un pie me quitaba un zapato y después el otro, deje caer el pantalón para acto seguido sacarme el bóxer. Ella seguía viendo mi miembro.

    -¿Sí estas cuidando que nadie venga?- Respondió nuevamente con la cabeza que sí. Con el bóxer limpie la saliva y el líquido pre seminal de mi pene y testículos, para aventarlos al cesto de ropa sucia. Hurgue en mi mochila para sacar unos bóxer de repuesto, me abotone la camisa y permanecí de pie dejando que Sol viera bien mi erección por unos momentos más.

    -¡Parece que te comió la lengua el ratón!- Me puse el bóxer y el pantalón sonriendo a Sol, me calcé y camine hasta quedar a menos de un metro de ella. -Sabes, estaba a nada de venirme, como fuiste tú la que evito que eso pasara ahora me debes una mamada. Además aún quiero verte tener un orgasmo mientras te masturbas.- Se Despegó del marco de la puerta, cambiando su postura a una más retadora, separando ligeramente las piernas y poniendo las manos en sus caderas.

    -¿Y qué te hace creer a ti que te voy a pagar?- Avance el paso que nos separaba, con una mano la tome por la cintura y la lleve contra la puerta y sin darle tiempo de nada la besé. Ansiaba ese beso, muchas veces había pensado el cómo sería besarla, pero jamás creí que llegara a pasar y ahí estaba en el cuarto de mi novia besando a su hermana, pasando mis manos por sus duras nalgas, estrechándola contra mi, rosando su lengua con la mía, sintiendo sus suaves labios moverse al mismo ritmo presuroso de los míos. Con la respiración entrecortada y jadeando apenas pude decir.

    -Porque, sí lo deseas tan sólo la cuarta parte de lo que yo te deseo en este momento, lo harás.- Dio un paso fuera del cuarto mirándome y antes de que se fuera le dije.

    -Esta noche, cuando todos se hayan ido, esta puerta estará abierta. El venir o no será decisión tuya.- Sin decir nada más desapareció por el pasillo.

    El resto de la tarde-noche trate de convivir más con los invitados, sobre todo las amigas de Laura procurando ayudarla, para que ella no se dejara de divertir y principalmente de beber, fijándome que no dejara de tener una cerveza o alcohol en la mano por el resto de la fiesta. Por otro lado Sol siguió con sus amigos toda la velada, no porque me estuviera evitando, si no que los atendía. Pero seguíamos buscándonos con la mirada. Si bien no podía saber lo que pasaba por su mente, ¿Si iría al cuarto tal como le había dicho? Yo no pensaba detener mi plan y hacer que Laura bebiera de más. Sin importar que decidiera Sol yo tenía plena intención de satisfacer mis ansias de sexo. Ya cerca de las 2 am quedaban muy pocas personas en la fiesta y el alcohol ya estaba haciendo efecto en Laura, siempre que estaba bebida se desinhibía y sus muestras afectivas eran más intensas. Yo aprovechaba para calentarla diciéndole al oído las cosas que le quería hacer esa noche.

    -Hoy fuiste mala conmigo y te voy amarrar a tu cama, para castigarte.- Ella sólo respondía besándome y frotando su cuerpo con el mío. Mis pensamientos apuntaban a que Sol no se presentaría en el cuarto, pero igual me iba a divertir. El pensamiento que más me hizo preocupar fue «¿Qué haré, si llega a ir?»

    No tenía idea de cómo manejaría la situación, toda la valentía que había tenido impulsada por la excitación y el coqueteo estaba esfumándose, casi estaba dando gracias que Sol no diera muestras de que fuera a suceder algo. Fui a buscar un encendedor a la cocina para prender mi cigarro, cuando hurgaba los cajones oí una voz detrás mío, no la había escuchado entrar a la cocina y menos había entendido que me estaba diciendo en ese momento, era como si de la sorpresa la sangre se me hubiera agolpado en la cabeza y tapara mis oídos. Con el encendedor en la mano me gire y ahí estaba Sol con su sonrisa coqueta.

    -¿En qué te puedo ayudar guapa?- Le dije haciéndole un guiño y prendiendo mi cigarro, para verme lo más calmado posible.

    -Sólo quiero que sepas que se irán todos en 30 minutos cuando lleguen los taxis que pidieron. No sé qué tienes en mente, pero ya no puedo esperar por saberlo.- Una cubetada de agua helada me recorrió toda la espalda, pero también la excitación que se había mantenido pasiva se despabilo.

    -¡Ya lo veras!- Le dije pasando de ella, lo más calmado que pude antes de salir a la sala.

    La moneda estaba en el aire. Tras ver desde el balcón partir a sus amigos en los taxis, quedamos solos los 3 en el departamento.

    -¡Estoy muerta! Me voy a dormir chicos, que descansen.- Dijo Sol, para besar la mejilla de Laura y después hacer lo mismo conmigo agregando que mientras me daba el beso de buenas noches, fuera de la vista de Laura me apretó el brazo mandando una señal que entendí perfectamente. Era mi turno de hacer que las cosas pasarán, ¿Que pasara qué? ¡No lo sabía! pero ya no había forma de dar marcha atrás. Tome por la mano a Laura para ir al cuarto. -Deja que me acabe mi cerveza- Me dijo con el tono más alcoholizado que jamás le había odio. Gire para verla y vi que estaba tambaleándose, por el alcohol. Por estar sumido en mis pensamientos no había notado lo borracha que ya estaba y si bien mi propósito era ese, no la había visto tan tomada nunca. Era una escena un poco cómica, verla tambalear, riendo de ella misma por no poder llegar a la mesa donde estaba su cerveza. Me acerque a ella justo cuando iba a tomar la cerveza, ganándole la botella y en tono bajo le dije al oído.

    -¿Recuerdas, que aún tienes que compensarme por de hace rato?- Paso sus manos por mi pecho haciendo un circulo que se expandía hacia mis hombros y recorriendo mi brazo hasta llegar a la cerveza la tomo de mi mano.

    -Te voy a dar una mamada, que te hará temblar toda la noche.- Lo dijo arrastrando las palabras, de una forma casi divertida, era la primera vez que me decía algo así. Me gustaba esta versión de Laura mal hablada. La besé y con las manos le acaricie los senos por debajo de la blusa, estrujándolos con fuerza al ritmo de nuestro beso. Dejo nuevamente la cerveza en la mesa y paso sus brazos sombre mis hombros entregándose a mis caricias, poniéndose de puntillas y pegándose a mi. Le levante la blusa y sin resistencia alzo los brazos para que saliera la blusa. Sus redondos senos estaban atrapados por un sostén rosa aperlado con encajes negros que no le había visto antes así que me detuve a ver sus senos en tan sexy estuche, momento que ella aprovecho para beber el resto de su botella de cerveza. Hice que girara quedando de espaldas a mi, le apreté los senos desde atrás y pegue mi miembro a sus nalgas, ella lo recibió con gusto levantando el trasero y haciendo pequeños movimientos pélvicos frotándose contra mi, Me dedique a morderle el cuello. Toda la tarde había estado excitado y nada más quería eyacular en ella. Quería y necesitaba penetrarla justo ahí, justo en ese momento. Baje mi mano derecha sobre su entrepierna y lleve mis dedos hasta su zona más caliente, para volver a subir por todo su carnoso monte de venus, suavemente subía y bajaba hasta que le desabroche el pantalón para meter mi mano por debajo de su ropa interior. Entre un suave jadeo exclamo.

    -¡Vamos al cuarto!- Tomándome de la mano me llevo a través del departamento hasta la orilla de su cama.

    Lo primero que hizo fue mandar a volar los zapatos con dos patadas al aire y se abrió los pantalones. De inmediato vi un pequeño moño negro que adornaba su tanga del mismo color que el sostén, llevaba un conjunto a juego. Siempre me han vuelto loco las mujeres que coordinan su ropa interior. Al momento de desabrocharme la camisa y arrojarla, de reojo vi movimiento en el pasillo, era Sol apenas fuera de la vista de Laura por la oscuridad del pasillo y el ángulo en que se encontraba. No había esperado nada y apenas nos había oído pasar por el pasillo nos había seguido. Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo y se acentuó como un adormecimiento en mi nuca. Laura estaba batallando en su estupor etílico para sacarse los pantalones, me deslice hasta el ropero y busque entre los cajones un antifaz que habíamos comprado junto con unas esposas, mismas que salieron tan malas que la primera vez que las usamos las rompí, solo quedaba el antifaz de esa ida a la sexshop.

    Una vez lo tuve en mis manos me gire hacia Laura que me daba la espalda, ofreciéndome una deliciosa vista de sus nalgas mientras se agachaba para terminar de sacar la última pierna del pantalón. Volví a pegar mi erección a sus nalgas y con una mano le apreté su carnosa y tersa nalga, ella me sujeto por los costados del pantalón y se froto en mi como si fuera un gatito ronroneando a la pierna de su amo. Antes de que algo pasara le intente poner el antifaz.

    -¿Que haces?- Me pregunto aun arrastrando las palabras. -No te muevas, te dije que te iba a castigar y te voy amarrar a la cama.- Ajuste la pequeña correo del antifaz, la rodeé para quedar entre la cama y ella viendo de frente a la puerta, observando la tenue silueta de Sol escondida en las tinieblas del departamento.

    -¡Sí, castígame!- Balbuceo Laura poniendo sus manos en mi pecho para buscar mi cuello y posteriormente mi nuca, de esa forma empujo mis labios contra los suyos. Aproveche ese beso para buscar el gancho de su sostén y liberar esos pesados senos de su prisión.

    Cuando nuestros labios se separaron le dije. -¡Chúpamela!- Use un tono de voz moderado pero lo suficientemente alto para que Sol pudiera oírme.

    Mientras había estado besando a Laura no había dejado de mirar al pasillo notando algunos movimientos, pero sin poder distinguir nada en concreto. Laura comenzó el descenso, apoyando las palmas de las mano sobre mi, oprimiendo sus uñas en mi piel dibujando surcos carmín desde mis hombros hasta la cintura de mi pantalón. Se disponía a abrir la bragueta pero perdió el balance, se tambaleo y apenas se pudo sujetar de la orilla de la cama evitando rodar por la alfombra del cuarto. Le ayude a incorporarse para que quedara de rodillas frente a mi. Tenía una muy vaga idea de que es lo que haría así que mire a donde suponía se encontraba Sol, con un dedo sobre los labios le indique que guardara silencio, de igual forma con mi otra mano le hacía una indicación señalando el sillón que estaba a nuestra izquierda, para que avanzara a él y tomara asiento. Ella dio un paso al interior del cuarto dejando la oscuridad que la envolvía, lentamente ingreso su torneada pierna. Era como ver emerger de un océano de sombras una escultura morena, su desnuda pierna brillaba con un tono ambarino por efecto de la lámpara de noche que iluminaba la habitación.

    Recuerdo esa escena como unos de los sucesos más eróticos de mi vida, la forma casi teatral con la que entro, luciendo una playera de Mini Mouse de color gris que le cubría hasta media pierna, con el cabello completamente recogido en un chongo hecho a la carrera. Se deslizaba en cámara lenta. Sus pequeños dedos se hundían en la alfombra y a pesar de eso parecía flotar. Se veía en completo control de si misma, no me miro hasta después de sentarse en el blanco sillón con las piernas cruzadas. El color de la piel de sus brazos, cuello, cara y piernas resaltaba con el tapiz del sillón y la luz de la habitación. Podía ver que sus pezones se erguían a través de la blusa. En perfecta calma apoyo un codo en el posabrazos, mordiendo su dedo índice, me estaba mirando a través de la tenue luz, sentía como su mirada me atravesaba y hacía que la piel se me erizará. Laura saco mi verga de los pantalones y Sol se removió en su lugar inclinando su cuerpo en nuestra dirección, sus ojos parecieron intensificarse y en ese momento caí en cuenta del intenso de su respiración.

    Me encontraba casi jadeando por lo rápido que me latía el corazón, con la mano derecha acariciaba por arriba de la correa del antifaz la cabeza de Laura, mis ojos no se podían alejar de Sol y ella me miraba a mi. Podía ver el leve movimiento de sus pupilas a través de la escasa luz, en el subir y bajar de su mirada cuando pasaba de verme a mi a ver lo que Laura hacía. Observaba como clavaba sus dientes en su índice, ansiaba tener la sensación de sus fríos dientes hundiéndose en la piel de mi cuello, que ese delicioso dolor viajara por mi cuerpo hasta llegar a la nuca y me hiciera estremecer. Trato de recordar que hacia Laura en ese momento y no consigo recordar nada, ninguna sensación o memoria de ese instante, toda mi atención y sensaciones pertenecían a Sol, a su mirada, a cada detalle que la rodeaba. Como el ligero golpeteo que producía la vena de su delgado cuello al bombear sangre al ritmo acelerado de su respiración. La deseaba con el ansia de un lobo a su presa, aun podía saborear el beso que nos habíamos dado horas atrás en ese mismo cuarto y sin más dije.

    -Abre las piernas y tócate.- Laura respondió arrastrando las palabras.

    -No me gusta eso.- Sol se tapó la boca para ahogar su risa.

    Y aún con un esbozo de sonrisa separo las piernas lentamente, volví a ver la pequeña tanga blanca y mi corazón brinco. Se hizo un poco hacia atrás en el respaldo y subió los pies a la orilla del sillón. Veía sus nalgas en toda su redondez, con los pies apuntando a los costados, las rodillas dobladas y una vista casi insuperable de su zona púbica. Deseaba tocarla, pasar mis manos por todos esos ángulos, acariciar esa carne y estrujarla. Había dejado de importarme las consecuencias de lo que pudiera pasar. Busque la mano de Laura para ayudarla a levantarse.

    – Sube a la cama nena.- Le dije sin prestarle mucha atención y en cuanto se sentó en la orilla de la cama camine al sillón, tome a Sol por el cuello con la mano izquierda y la bese en los labios.

    Respondió tan efusivamente como yo la besaba, me sujeto por los brazos y arqueo el cuerpo, sus pequeños pechos se frotaron en mi. Inclinado como estaba sobre ella, me embriagaba el perfume que llevaba, era dulce y fresco, para mi fue una delicia que erizo mi piel y en ese arrebato de deseo baje mi mano para tocar su vagina, por entre mis dedos paso el encaje después el suave algodón de la tela hasta llegar al puente de la prenda. Se sentía el calor que emanaba de su sexo, apreté ligeramente su tersa vagina y la frote despacio de arriba abajo, dejando que mis dedos medios hicieran un poco de presión en el contorno de su clítoris.

    No sé si pasarían segundos o minutos, pero fue Sol la que me aparto de ella empujándome por los brazos. Caí en cuenta de que debía de volver con Laura antes de que se quitara el antifaz para ver porque no volvía con ella. Iba a cogerme a Laura y dejaría que su hermana nos viera. Ese sería ahora mi plan y esperaría que las cosas salieran bien sobre la marcha. Gire el cuerpo hacia la cama para ir a donde Laura, pero miraba a Sol pasar sus dedos sobre su tanga mientras me miraba de forma provocadora.

    Me tire al costado de Laura apoyado sobre un codo de forma que podía ver sus grandes senos y de fondo a Sol con el ritmo cadencioso de sus dedos subiendo y bajando sobre su ropa interior.

    -Ponte de en cuatro, que quiero lamerte la vagina.- Le dije a Laura y vi como Sol se estremeció en el sillón. No hubo respuesta. -¡Hey nena!- Le dije sacudiendo su mano. De nuevo no hubo respuesta, bote la correa del antifaz para quitárselo la única reacción de Laura fue un leve quejido. Mire a Sol. -¡Esta Dormida!- Ella puso una cara de sorpresa y dejo de tocarse. Me encontraba tan sorprendido como ella y no sabía que hacer ¿Debía despertarla? Que se durmiera no estaba en mi plan y por un momento me bloqueé, no supe que hacer.

    -¿Y ahora qué hacemos?- Me dijo. Se mantenía con los pies sobre la orilla del sillón y las piernas separadas, era una posición que incitaba lujuria. En ese momento lo tuve todo claro, ¿Cómo era posible que por segundos no hubiera sabido que haría? Regrese de inmediato con Sol de un salto. Su mirada no había perdido la sorpresa, vi como sus labios comenzaban a moverse para formular alguna frase o pregunta, pero no espere a escucharla. Me arrodille frente a sus piernas y hundí la cara en su sexo, sentí como temblaba y aspire profundo el aroma de sus jugos que permeaban la tela. El aroma a humedad recorrió todo mi sistema respiratorio, la piel se me erizo y la verga se me puso más dura. Con la mano izquierda hice a un lado el triángulo de algodón y encaje blanco, pesé a la luz pude percibir el brillo de sus jugos sobre el rojizo clítoris, una fina orquídea roja apunto de florecer empapada en el roció matinal, eso era ese encantador clítoris. Después de mi breve contemplación de su sexo lamí de abajo a arriba dejando que mi lengua recogiera todo el sabor de sus fluidos, lamía pausadamente pero con fuerza, como un perro lamiendo un cono de helado. Sol levantaba la cadera al ritmo de mi lengua.

    -¡Cabrón de mierda!- No esperaba que me dijera esas palabras, no era el tipo de niña que te imaginas que diga obscenidades mientras goza. Como respuesta le hundí la lengua en la vagina y le chupe el clítoris. Levanto más la cadera y con una mano me sujeto del cabello jalando para que le chupara más su sexo. Presionaba entre los labios la levemente rígida carne de su clítoris y sentía como se reblandecía ante la presión, para volver a su rigidez al liberarlo.

    Apoyándome en el sillón me impulse para besar su boca, dejando que mi aún dura verga se frotara contra su vagina. En un segundo su lengua estuvo dentro de mi boca llenándola con su fría saliva, deslice mi mano derecha hasta su pequeño seno y con el pulgar sobe el minúsculo pezón. Ella bajo los pies del sillón para alcanzar a frotarse contra mi verga. Su ardiente humedad rodeaba mi miembro. Movía su cadera de arriba abajo de forma pausada hasta que la cabeza de mi verga se hundió en ella, gimió mientras me sujetaba con ambas manos por las nalgas tratando de empujar más dentro de ella. Pero yo no me moví ni un centímetro. Entro en una especie de frenesí moviendo con violencia la cadera de arriba hacia abajo y en círculos tratando de que entrara más en ella.

    -¡Cógeme, cógeme ya!- jadeo casi en silencio. Le saque la punta sólo por hacerla rogar. -¡Métemela cabrón!- Su voz no daba espacio a negativas, era una orden y una súplica.

    Tome sus piernas por la parte de atrás del muslo y las levente apoyándolas juntas contra su pecho, de inmediato las abrazo a la altura de las rodillas con un brazo. Con mi mano izquierda sujete ambos talones y con la mano derecha tome mi verga y la azote unas cuantas veces contra su clítoris antes de dirigirla a su empapada raja. La mire a los ojos, vi en ellos el deseo y la súplica por tener el placer y consuelo que su sexo quería. Le empuje el pene con toda la fuerza que pude, metiendo hasta el último centímetro de mi verga en ella y su cuerpo se clavó en el sillón. Grito, jadeo y su cuerpo tembló, sus piernas se sacudían y con sus manos trato de empujarme fuera. No me salí de ella, ya no podía frenarme más, todo mi cuerpo necesitaba más, de inmediato volví a arremeter contra su vagina, ella se aferraba con las uñas al sillón y yo la presionaba contra él empujando sus muslos contra su pecho entrando y saliendo de su vagina más y más rápido. Los obscenos sonidos de su vagina se iban apagando ante sus gemidos que iban subiendo el volumen hasta casi ser gritos.

    Laura se giró en la cama quedando acostada de lado con el rostro hacia donde estábamos. Me detuve en seco y una corriente helada me recorrió la espalda. Sol se tapó la boca con una mano pero su cadera no dejo de moverse en círculos pequeños, yo estaba congelado esperando tontamente que al no me moverme un ápice Laura no se despertaría. No se despertó y me volví a hundir completamente dentro de Sol, me mantuve tan adentro por unos segundos sin moverme. Solté sus tobillos y dejo caer por completo sus piernas a mis costados. La tome por las caderas con ambas manos, levantándola un poco del sillón y me deje ir con fuerza una y otra vez tan rápido como podía entrando y saliendo por completo de ella. Ella gemía con desesperación, llevando sus manos a sus pequeños pechos estrujándolos con fuerza. Sus gemidos eran casi un chillido.

    -¡Cállate, la vas a despertar!- Le dije resollando en un tono grave. Con una mano agarro su la orilla de abajo de su blusa, subiéndola por su abdomen hasta tener un pequeño rollo de tela lo mordió.

    Sus pequeños pechos subían y bajan al ritmo en el que la envestía. Podía ver su cuerpo brillar por el sudor y yo también estaba bañándome en mi propio sudor, comenzaba a ser difícil sujetarla. Sin salir por completo de ella, sujetando uno de sus muslos la hice girar boca abajo, con el pecho apoyado en el sillón levanto sus nalgas para mi. Ese culo era perfecto, redondo y carnoso, no he vuelto a ver en persona uno tan bien hecho. Me empuje con fuerza dentro de ella, se estremeció de nuevo y arqueo la espalda, aproveche para sujetarla por la barbilla con una mano y con la otra la tomaba por la cadera. Sabía que no necesitaba mucho para venirme, estaba a sólo unos segundos de acabar, así que acelere el ritmo al máximo, entre gruñidos por el esfuerzo y por la necesidad de mi miembro de explotar y soltar toda su carga. Sol también se empujaba contra mi y ya no pude contenerme más, saque mi verga de ella, la apreté con la mano que había estado tomando su barbilla, en el momento se desplomo sobre el sillón y yo por mi parte le di las últimas sacudidas que necesitaba para estallar a mi hinchado pene.

    El primer chorro salió disparado directo hasta su sien, el segundo, tercero, cuarto y quinto fueron haciendo un camino desde los hombros de su blusa, su columna vertebral, su cintura hasta llegar a sus nalgas. Ya no tenía fuerzas para mantenerme erguido y me deje caer sobre el suelo de la alfombra. Sol se deslizo como si fuera un cuerpo líquido del sillón a un costado de mi, sobre la alfombra boca abajo. Su cuerpo se agitaba con su respiración tan acelerada como la mía. Cuando por fin recupere un poco el aliento, estire la mano para limpiar el semen que tenía en la sien Sol.

    -Vas a necesitar bañarte bien- Le dije lo mejor que pude.

    Me miro con los ojos llenos de alegría, con una media sonrisa y resoplando me dijo:

    -¡No me puedo ni mover! Sólo límpiame con mi blusa antes de que se seque.

    No podía creer lo bueno que había sido el sexo, no sabía que iba a suceder a partir de ese momento. Me arrastre hacia ella para poder limpiarle la espalda y las nalgas. Ya con la voz más tranquila y con un tono divertido le dije:

    -¡No olvides que aún me debes una mamada!

    Se soltó a reír y enseguida me reía yo también.

  • Y fui profesional: Mi graduación de puta

    Y fui profesional: Mi graduación de puta

    Mi esposo había sido cambiado de sede, para nuestra alegría lo mandaron a Rio de Janeiro. Y comenzamos a explorar la ciudad. En algún momento unos amigos lo invitaron a un local pecaminoso muy céntrico, en Copacabana, en el Beco das Garrafas, una parte bohemia muy conocida. Lo que me conto después me dejo con ardor en la concha. No dije nada y esperé.

    Algún tiempito después, salimos a festejar algo a un buen restaurant muy cerca de aquella boite, comimos y bebimos de primera. Al final, medio borrachita, me sugirió ir a la boite, acepté sin reparos. Estaba a unas dos cuadras, por lo que fuimos a pie, contentos. Al llegar, me encontré en un local típico, en penumbra clara, lleno de gente diversa. Nos sentamos y ordenamos unas cervezas, cuando se me comenzó a pasar la borrachera me sorprendió lo que vi: muchachas con muy poca ropa, claramente putas, circulando y aquí y allí, parejas cogiendo o mamando, sin ningún recato o pudor. Sentadas estaban bastante mujeres, algunas claramente huilas y otras no, casi todas desnudas o semidesnudas.

    Mi marido después de algunos momentos comenzó a meterme la mano, subiéndome el vestido y acariciando las piernas y el coño. Por arriba me bajó los tirantes descubriendo los pechos.

    Notamos que dos jóvenes sentados junto a mí ya estaban muy atentos, fijos a mis piernas y chiches.

    Para que me acariciara mejor, me puse de frente e mi marido, que calmamente me chupaba los pezones y me bajó la falda y los calzoncitos, dejándome encuerada a la vista de todos. Yo ya estaba ardiendo y queriendo verga, no me importaba como estaba.

    Me dijo: Mámame… de inmediato me senté junto e inclinada de lado me bajé a chupar su palo. Mas tardé en quedar así que uno de los vecinos, me clavo su pija, la sentí y empecé a mover el cabús siguiendo el ritmo y sin soltar el palo; el pendejo terminó rápido y de inmediato se puso junto el otro para también chingarme sabroso, y se fueron. Mi marido me llenó de leche y nos sentamos a descansar.

    —Muy interesante. Te jodieron dos cabrones escuincles ¿Te gusto?

    —Si, fue diferente y estuvo muy bueno, es chistoso que no me siento incómoda encuerada y cogiendo en público. Creo que te casaste con una puta.

    —Siii… Una putita linda y cachonda…

    Regresamos muchas veces, cada vez más a gusto, ya no había problema en ser como las huilitas del lugar, y no era la única aficionada, éramos varias, y todas bien busconas.

    Ya habituados con los lugares, llegando una noche vimos en la calle un joven invitando mujeres a trabajar en otra de las boites. Me subió la falda a casi los calzones y me sugirió que me le acercara.

    -¡Hola! ¿Estás buscando mujeres?

    -sí, examinándome sin recato. Vio una buscona, y me llevó a otra de las boites de la calle. Adentro, el gerente me indicó un cliente y me senté. Vino la platiquita pendeja de costumbre ya acariciándome las piernas. Pero solo quería beber, y no pasamos a más. Fue parecido con otros dos

    Algo después entro mi marido, que viendo ese ambiente, me llamó a su mesa como cliente, a esa nos salimos. Como ensayo, había sido suficiente.

    Después de un tiempo, circulaba en la primer boite que conocimos vistiendo solo una blusita abierta y unas pantis chiquitas, cuando mi marido me dijo:

    —Que te parecería venir como profesional

    —¿Yo…?

    —Sí, ya sabes muy bien como es, y sabemos que es muy seguro.

    —Bueno… está bien… lo hago (difícil la niña)

    Y me acerqué al gerente, que después de oírme, me examinó y me aceptó para cualquier otro día, tendría que llegar a las 8 y esperar la clientela que acostumbraba llegar a partir de las 10.

    Esos días estuvimos expectantes y un poco inquietos, mas como excitados. Me preparé vistiendo un vestidito leve, fácil de quitar, una panti chiquita sencilla y zapatos.

    Conforme había indicado el gerente, llegamos a tiempo, mi marido se quedó en un bar cercano y entré a la boite. Poco a poco llegaron las otras putingas, sentándonos por ahí, la mayoría se conocían y platicaban. A mí me ignoraron seguramente por ser nueva.

    A la hora comenzaron a llegar los clientes, como de costumbre se sentaban y pedían alguna bebida. Algo más tarde algunos llamaron a alguna de las golfas. Cuando entró mi marido, esperé unos minutos y me le acerqué con la fórmula habitual.

    —¡Hola! ¿Solo? ¿Quieres compañía?

    —No gracias, al rato. Y en voz baja: ¿cómo te sientes? Si quieres salir nos vamos en seguida. ¿Quieres quedarte aquí conmigo?

    —No, respondió, vamos a esperar un poco, hay poca clientela…

    Con eso volví a mi lugar y vi que nadie se le acercó, era claro que no quería compañía. Algo más tarde lo vi dirigirse al baño, y poco después salió platicando animadamente con un hombre robusto. Y se fueron a sentar a la mesa del desconocido.

    El hombre ya tenía junta una rubia oxigenada, pero le dijo a mi marido que quería otra, que a esa ya se la había cachado. Mi marido, le respondió, vamos a llamar otra, yo me culeo a ésta, y dirigiéndose a un mesero le pidió que me llamara (tráeme aquella bajita del vestido blanco), yo estaba distraída cuando el mesero me dijo; te llaman de aquella mesa. Fui de inmediato, mi marido ya estaba con la güera junto acariciándola, lo que significaba que debería de ir con el otro.

    No dudé y me senté junto con el saludo de costumbre, sin dudar, el cabrón comenzó a manosearme, poco después ya no tenía el vestido y me chupaba los pezones.

    Vi que mi marido se estaba cogiendo a la rubia. Y poco después mi cliente me sentó, poniéndome el garrote en la boca, lo mamé obedientemente. Era una muy buena reata, grande y gruesa, que supe meterme casi hasta el fondo.

    Después me quité los pantis e inclinada sobre el banco me metió la chaira por el coño, hasta el fondo, como era gruesa me hizo venirme. Antes de completar, se sentó y me echo otro polvo sentada sobre él. Estaba siendo una muy buena piruja chupa pijas. Descansamos un poco.

    Éramos el centro de atención de todo el putero, tanto las busconas como otros clientes estaban viendo un buen show, y lo estaban apreciando.

    Después de otros minutos, nuevamente inclinada me puso a chuparle el palote, estando así, mi marido vino por atrás y me enculó. Cuando terminamos, el cliente me sentó en las piernas y me dijo en voz alta:

    —¡Pero que hija de puta! ¡Que puta eres!

    —Sí, soy muy puta, y de las buenas

    Divertida, le sonreí a mi maridito. Poco después nos sentamos un poco retirados del grupo, me vestí y salimos como si me estuviera llevando a un motel… riendo y muy contentos

    —¡Que putota cabrona fuiste amor!

    —¿Si, ¿verdad? ¿Fui muy puta? ¿Así me querías ver?

    —Siii

  • Reencuentro con mi ex compañera Alicia

    Reencuentro con mi ex compañera Alicia

    Después de mi encuentro con Alicia en el Corte Inglés, seguimos teniendo nuestros escarceos durante un tiempo, ya fuera en su apartamento e incluso en nuestro bufete. Si el sofá cama hablara.

    Como todo lo bueno acaba, en el mes de febrero del año pasado, destinaron a su marido a Logroño y aunque él se fue antes a tomar posesión de su puesto, en el verano, aprovechando las vacaciones, ella se trasladó también allí y montó su propio bufete. Pasó un tiempo sin vernos pero no dejábamos de hablar por teléfono e incluso tener video llamadas y aumentar nuestras ganas de volver a vernos y estar juntos aunque fueran unas horas.

    La diosa Fortuna quiso que ella tuviera un juicio en Barcelona el día 17 de diciembre y ya habíamos quedado para vernos allí. Por ello el domingo 16 ya me desplacé a Barcelona para quedar esa misma tarde y aprovechar el poco tiempo que estuviéramos juntos. Ya teníamos reservada habitación y me dispuse a esperarla. Me llamó por teléfono y me dijo que en media hora estaría en el hotel.

    Hacía ya cuatro meses que no nos veíamos y tenía unas ganas voraces de tenerla en mis brazos y contagiarme de su olor y de su sabor. Por mi cabeza fueron pasando, como si de una película se tratara algunos de nuestros encuentros e incluso una propuesta que ella me hizo al comienzo de nuestra relación: si yo quería, se divorciaba de su marido y podríamos irnos a vivir juntos si yo hacía lo mismo de mi mujer. Fue un momento tenso y reconozco que para mí muy duro, pero mi respuesta fue negativa. Siempre le dejé claro, desde nuestro primer encuentro que nuestra relación sería meramente sexual, porque ella tenía a su marido e hijo y yo a mi mujer e hijos (aunque ya casados) y sobre todo y ella ya lo sabía, que yo nunca iba a dejar a mi mujer enferma. Yo la quería y la quiero. Mis escarceos amorosos o infidelidades, se llamadlo como queráis, eran por la imposibilidad de tener relaciones sexuales con ella debido a su enfermedad. Es una barrera que nunca levantaré ni traspasaré. Alicia lo aceptó y mantuvimos así durante algo más de dos años nuestra relación.

    Esperé en la cafetería del hotel, en compañía de un Gin Tonic, enfrascado en mis recuerdos, cuando noto que alguien desde atrás se me acerca y me muerde suavemente una oreja, haciendo despertar mis demonios y estremecerme. Giré mi cara e hice intención de levantarme, pero ella, empujando de mis hombros, no me dejó e inclinada como estaba, me dio un beso impresionante con una pasión desbordada, jugando con su lengua en el interior de mi boca, buscando mi lengua y enredándose ambas en una lucha feroz que nos hizo sentir nuestra calentura mientras gozábamos del regalo de nuestras bocas, labios y lenguas lujuriosas. No aguanto, más me susurró con voz cargada de lujuria, vámonos de aquí o me tendrás que follar delante de todos.

    Aunque éramos conocedores que teníamos parte de esa tarde y toda la noche para nosotros, además del día siguiente, la calentura y deseo de poseer nuestros cuerpos hizo que liberándonos de cualquier observador, nos dirigiéramos a la habitación.

    Le dije que fuera delante, quería llenar de sus movimientos impetuosos hacia el destino deseado y que hacer que parezca un huracán arrasándolo todo a su paso. De hecho el movimiento de sus caderas atrajo la mirada del recepcionista y por ende la de los clientes a los que atendía mientras nos dirigíamos a los ascensores.

    Nada más entramos en el ascensor y estando solos, nos volvimos a comer la boca con desesperación como si la vida se nos escapara. Cogió mi mano la llevó hasta el interior de sus piernas donde noté que sus bragas estaban empapadas y su coño estaba chorreando fluidos. Aparté un poco el borde de sus bragas y empecé a masturbarla rozando mi mano contra su intimidad y cogiendo el clítoris con los dedos. Ese botón de vida parecía palpitar cada vez que lo tocaba. No paraba de suspirar cuando sentimos el sonido de la campanilla indicándonos que estábamos en la planta 8, salimos del ascensor y apoyándose en la pared, me dijo que siguiera, llevando mi mano de nuevo a su vagina que volví a acariciar.

    Nos pueden ver Alicia, le dije. Da igual, termina joder, no aguanto más mientras con sus brazos alrededor de mi cuello me apretaba más contra ella. Siempre soñé con una situación como esta. Mi excitación, lujuria y perversión iban en aumento así que volví a acariciar su clítoris hasta que, en pocos segundos, noté sus espasmos y como sus fluidos empapaban mi mano, caían por sus piernas e incluso al suelo dejando huella de su entrega y placer, mientras con una de mis manos intentaba infructuosamente tapar su boca para que no oyeran sus jadeos, pero fue en vano, ya que cuando miré hacia un lado del rellano observé que una camarera del hotel nos estaba mirando apretando sus manos contra la barra del carrito de ropa y con su cara toda encendida. Que una tercera persona fuera testigo de su orgasmo, me sobreexcitó. Alicia empezó a reírse y yo le guiñé un ojo a la camarera lanzándole un beso al aire, que aún sin reaccionar no dejaba de mirarnos mientras se mordía su labio inferior. Con una mano cogí su maleta y con la otra tiré de ella hacia la habitación. Nada más entrar dejé su maleta y empujándola contra la pared y comenzamos una “lucha” de caricias y besos que nos estaba dejando nuestras bocas cada vez más abiertas, jadeando de deseo y nuestras caras empapadas nadando en un mar de saliva.

    Sin darnos cuenta la ropa fue quedando por el suelo y tirando de su mano la llevé hacia la cama, donde retirando el edredón hice que cayera sobre las sábanas. Hizo intento de levantarse y con mi mano en su pecho se lo impedí. Le dije que se quedara allí quieta, observando brillar sus ojos y su sonrisa de placer, que encendían mis sentidos mucho más que ver su desnudez. No en vano, la cara, los ojos y la boca, es lo que más me cautiva de una mujer. Me eché sobre ella besando su cuello, pasando mi lengua desde su boca hasta los hombros y bajando a besar, lamer y morder sus preciosos pechos que mantenía firmes a pesar de sus 46 años, dejando un rio de saliva al que de vez en cuando acudía soplando suavemente haciendo que se le erizara la piel y gimiera de placer. Quería arrancarle nuevos gemidos con mis caricias y golpes en las nalgas. El brillo de sus ojos color miel me extasiaba y me hacía sentir su prisionero. Te deseo Alicia, Diooosss como te deseo. Necesito naufragar en ti y que me rescates con tu placer y me hagas descansar con tu mirada y tu sonrisa.

    Cuando besaba sus pechos y pezones me dijo: “muérdelos. Sabes lo mucho que me excita y me gusta”.

    Sumergiéndome en su deseo, mordí sus pezones pasando de uno a otro y cogiendo con los dientes cada pezón, estirando al máximo hasta el punto de dolor que ya teníamos acordado. Cuando ya el dolor era excesivo ella arqueaba su cuerpo hacia arriba y yo paraba. Me dedicaba al otro pecho y así largo tiempo. El cimbreo de su cuerpo y su calor me quemaba al contacto con el mío. Sentía su entrega en cada poro de mi piel. Verla así rendida y gozando era un placer para mis ojos y mis sentidos.

    Estoy muy caliente, José, fóllame, métemela, la quiero dentro ya, no me hagas sufrir más, me dijo. No Alicia, contesté, quiero que aún lo desees más, mucho más y que tu anhelo te haga caer en una cascada de placer que te parezca infinito.

    Satisfaciendo mis perversos deseos, llevé mi mano a sus piernas para acariciarlas sintiendo como la humedad de sus fluidos volvían a dejar su rastro. Esto me encendía y me pervertía aún más, pero quería hacer que sintiera su deseo explotar como el agua de un aspersor a presión. Acaricié un par de veces su vagina y le di la vuelta poniéndola boca abajo. Besé y lamí su cuello, recorrí toda su espalda dándole pequeños besos y mordiscos, lamiendo cada centímetro de su piel. No paraba de gemir y agarrar las sábanas de la cama con todas sus fuerzas.

    Como he añorado esto, José. Ha sido mucho tiempo si gozar de ti. Te necesito, por favor, fóllame ya, me dijo mientras me atrapaba cada vez más con el aroma que emanaba de su cuerpo y su sexo. Estaba atrapado en el calor de sus llamas.

    Subí desde el final de su espalda que estaba acariciando y besando hasta su oído y le susurré: te follaré cuando quiera, mientras, quiero sacar la guarra que hay en ti, que sientas tu deseo golpear tu coño y tu cerebro, que sigas mojándote más y más, quiero que te corras de nuevo sin penetrarte, solo con lo que te estoy haciendo, que sientas como si una cascada de agua cayera sobre tu cuerpo. Quiero que sientas en cada lametazo, toda mi pasión y en cada línea de saliva que trazo, toda mi ansiedad por poseerte. Soy prisionero de tu placer, que es también el mío.

    Has despertado mi lado más morboso y lujurioso con lo que hemos hecho en el pasillo. Me ha encendido tu lado exhibicionista. Me ha excitado tanto descubrir que nos miraba la camarera que he estado a punto de correrme yo también solo empapándome de tu cara de placer mientras te corrías, pero también me ver su cara y como se mordía el labio en un deseo contenido.

    Podríamos haberla invitado a acompañarnos, le dije. Que hijoooo de putaaaa ereees, me decía jadeando, lujurioso cabroooon. Ah!, ahhhhh!, ahhhhhh!. Siii, lo soy, pero por eso te gusta y así sacas lo guarra que te gusta ser. Te gusta que use y abuse de tu cuerpo.

    Ahora hazlo, quiero que te corras y me demuestres lo guarra que eres en la cama y quiero que te mees de gusto. Deja el charco de tus fluidos en las sábanas para empapar mi cara y saciar mi sed con ellos.

    Con una de mis manos le acariciaba su clítoris y con la otra le daba tirones de su pelo, comenzando una serie de jadeos más fuertes, mientras me decía: “joder, José, eres un cabronazo, pero me pone que me trates así, dime que soy tu puta, la que te hace gozar como nadie y que me vas a follar por todos los lados”.

    Eres una guarra encantadora y cautivadora, la mejor que me ha follado nunca, soy un adicto a ti, a tus ojos, a tu cuerpo, a tu piel, a tus olores y sabores.

    Quiero que vacíes tus ansias sobre mí y sentirlo bien, para recordarlo cuando no estemos juntos, le susurraba, cuando, en una cadena continua de jadeos, levantando las compuertas a su placer, se corrió gritando: Ufff, ufff, que ricoooooo!, sigue, sigue… Diooosss!, me corro, me corro, que buenooo!, al tiempo que su cuerpo serpenteaba de placer. Mi mano se llenó de fluidos desbordando la misma y cayendo sobre la sábana que dejó toda empapada. Su cuerpo se sacudía y agitaba en un intenso y largo orgasmo mordiéndose los labios, yo la abracé sujetándola fuerte con mis brazos para sentirla aún más, quería que su cuerpo se metiera en mis entrañas para no dejarlo salir.

    Estuvimos abrazados así durante unos minutos cuando finalmente se deshace de mi abrazo y girándose se pone de lado, me abraza y me dice: ahora me toca a mí. Déjame comerte la polla. Dámela, por favor.

    No, Alicia, ahora quiero que nos duchemos y vayamos a recorrer las calles de Barcelona y luego a cenar. Nos retiraremos pronto y tendremos toda la noche para nosotros. ¿Y te vas a quedar así?, me preguntó. No importa, no te preocupes, yo ha he disfrutado sintiendo explotar tu deseo y sabes que ese es mi mayor goce, tanto o más que cuando me corro. Tus caricias y tus orgasmos, son también mis orgasmos. Luego llegará mi turno, pero no antes de que hayas gozado alguna vez más y dejaré, entonces, solo entonces, escapar mi deseo dentro de ti.

    La noche es joven y me sigues teniendo toda cachonda, dijo con una sonrisa pícara y abrazándome me besaba y me daba su lengua para que la chupara. Joder, José, me has hecho correr dos veces sin follarme ni comerme el coño, pero no paro de desearte. Se me va a hacer largo hasta que volvamos. Paciencia, cielo, el placer será luego mayor. Te recompensaré y lo sabes, haciéndose sentir que eres única y que estas travesuras que hacemos alimenten aún más nuestros deseos.

    ¿Vamos a la ducha?, le dije. Sonriendo me agarró de mi polla y me llevó a la ducha.

    Cuando salimos de la habitación nos encontramos de nuevo con la camarera que volvió a ponerse roja como un tomate. Su cara parecía como si le hubieran dado cachetadas. Me fijé detenidamente en ella y era una mujer de mediana edad, aproximadamente unos 44-48 años, con una cara bonita y un buen cuerpo que se dejaba adivinar a través de su uniforme. Dirigiéndome a ella le pedí, por favor, que cambiara nuestras sábanas. Tartamudeando me dijo: “sí señor, descuide, en unos minutos las tendrá cambiadas, será un placer”.

    Me dirigí a Alicia, diciéndole me gustaría volver a hacer más travesuras como la de la salida del ascensor, reconozco que me ha excitado mucho y creo que a ti también. Su mirada y sonrisa me dio la respuesta y en un alarde de audacia Alicia se acerca al oído de la camarera y le susurra: “un placer sería tenerte con nosotros en nuestra cama y ver como él te folla, desata todas sus pasiones y que dejes las sábanas tan mojadas como las que te vas a cambiar. Huélelas y sabrás lo que es sentir el deseo de ser poseída, tus dudas y miedos se disiparan. Mi polla volvió a dar señales de vida y más cuando veo de nuevo el rubor en su rostro y decir: “por Dios, señora, que cosas dice”, con una voz tomada por un jadeo y estremecimiento.

    Continuará. Queda la noche y el siguiente día.

    Si queréis dejarme algún comentario, que siempre son bienvenidos, podéis hacerlo por email a: [email protected].

  • El hombre: Introducción

    El hombre: Introducción

    Hacia medio año que su perfil colgaba de esa web. Era un Daddy. Devorador de todo lo que transpirara juventud. Y con exquisita predilección por los cuerpos definidos; y de sexo bien dotados. Era el mismo y predilecto deseo; gestado desde su más tierna y precoz edad. Que con el tiempo. No solo se había mantenido e implementado con otro tipo de predilecciones; si no que se había consolidado. Siendo hoy por hoy; el hilo conductor de la mayoría de sus más húmedas fantasías. Y es que su infinita imaginación; del más mínimo y cotidiano detalle. Podía construir guiones ensamblando imágenes; que dejaban dibujados a trazos. Calientes escenas en su mente.

    La media sonrisa que edificaron sus rosados labios; era un contundente y fiel testimonio. De que en ese momento. Su mente estaba imaginando una nueva escena; o rememorando alguna otra hecha realidad. Eran cortos espacios de tiempo; en los que la falacia o el recuerdo eran tan confusamente reales. Que su polla entraba en modo somnoliento; o incluso arriesgaba un poco más.

    Y si por casualidad el sujeto. Se había auto impuesto la castración mediante un dispositivo cb. Esa excitación física imposible de exteriorizar por completo; lo iba encendiendo poco a poco. Proporcionándole un placer mucho más agudo. El de excitarse; con la satisfacción de su propia insatisfacción. Y su mutación hacia un estado de voluntaria y deseada sumisión. Donde la obtención de su mayor placer; es a través del placer ajeno.

    Originario e infinito deseo que lo acompañaba siempre con diferente guion; pero no en su sentido y objetivo. Sin embargo. Hasta el momento pocos, muy pocos de estos deseos. Formaban parte hoy de su particular museo de recuerdos tangibles. Que en un afán por ampliar la colección, él. Siempre estaba dispuesto a dar un paso más.

    Como en esa calurosa tarde de mediados de agosto, solo en casa y añorándole. Anestesiado por ese gran vacío de la ausencia del amigo, amante. Del amado; compañero inseparable y cómplice de todo lo de ellos. El hombre cierra lentamente los parpados; y la imagen de los dos se diluyo precipitándose por una súbita sensación de caída. Después. Un fundido en negro; y su mente empezó el juego.

  • Nuestra amiga argentina sola con su amiga Valen en la playa

    Nuestra amiga argentina sola con su amiga Valen en la playa

    Bueno hoy ya estoy en Cariló, sola en la casa, pero sola, porque mis viejos este fin de semana no pudieron venir, así que estoy media embolada, y después de la semana que tuve me dan ganas de ponerme a contar todo lo que pasó, a lo mejor es medio largo, pero voy a tratar de resumirlo en un solo relato, si no me da paja.

    Bueno, voy a ser concisa, al final la convencí a Valen para que venga, llegó el lunes, nada estábamos solas en casa.

    Obvio la primer noche que llego iba derecho a mi cuarto a dejar el bolso, y le digo: “no nena”, estamos solas, vamos al cuarto de mis viejos, se quedó medio sorprendida pero obvio no lo rechazó. Bueno les voy a ir contando en un solo relato las salidas o lo que hicimos.

    La primer noche con Valen.

    Cenamos algo, fuimos al cuarto, nos empezamos a sacar la ropa (como para ponernos algo para dormir, pero obvio que no llegamos a eso), ya las dos en ropa interior, nos partimos la boca (como lo hacemos siempre), terminamos en la cama hasta terminar desnudas, abrazándonos, sintiéndonos, ella empezó besándome las tetas, la panza, hasta que llego a mi concha, yo retorcida del placer termine acabando con su lengua y sus dedos ¡en mi concha!

    Casi de inmediato, nos seguimos besando dándonos vuelta hasta hacer el 69, en donde (con nuestras lenguas y nuestros dedos acabamos las dos).

    Paso un rato, nos empezamos a besar de nuevo, nos sentamos en la cama y terminamos con la famosa “tijera”, nos frotamos las conchitas hasta que acabamos las dos de nuevo.

    Yo lo cuento rápido, pero no habrán sido menos de una hora y media cogiendo.

    Le digo: “¿nos duchamos?”, y la putita me dice: “si”, nos metimos en el hidromasajes, las dos juntitas, solo con acariciarnos enjabonadas, nos calentamos, nos empezamos a meter los dedos, (yo ya había dejado escondido mi juguete) lo agarro, se lo meto en la concha, de a poco en la cola, en la concha, en la cola, no decía, nada, sola se puso en cuatro y ella gritando de placer y dolor se dejó que se lo metiera entero hasta que acabó como una perra.

    Le digo: “ahora me toca a mi forra”, y hace lo mismo (no me voy a detener porque fue muy parecido), hasta que me lo termina de meter en la cola y me hizo acabar desesperadamente.

    Nos secamos con unos toallones, y así nos acostamos, durante la noche nos fuimos sacando los toallones, y nos despertamos las dos desnudas y abrazada, y no había falta decir nada, besos abrazos, y terminamos haciendo el 69, y acabando como para empezar el día y nos fuimos a la playa.

    Segunda noche con Valen:

    Mi propósito era que se cogiera todo y lo recagara a su novio, lo llamo a Alejo, un amigo de mi ex, nada (no voy a contar toda la conversación del whatsapp porque se va hacer largo), pero él también estaba solo en la casa (los viejos también se habían ido y la casa es de ellos, es decir, la tienen siempre no como yo que mi viejo solo la alquila en el verano). Bueno para no irme al carajo, le digo que estoy con una amiga, y me dice que no hay drama que él llama a un amigo.

    Le digo a Valen que para la noche arreglé para ir a la casa de un amigo, al principio, medio que no quería, hasta que le digo: “boluda es ir un rato a tomar algo, nada más no seas forra” (obvio mentira, yo quería que termináramos cogiendo los cuatro juntos)

    Llegamos a la casa de Alejo, la verdad para mi gusto la cosa se hizo muy tarde. Les cuento, llegamos, tomamos unos cuantos Fernet con cola, pero ya habían pasado como dos horas ¡y nada! Y yo no iba a avanzar, esperaba que Alejo ¡lo hiciera!

    Hasta que en un momento en el mismo salón (que era enorme) quedamos con Valen medio separadas, y Alejo, empieza con un beso en la boca y yo se lo respondo ¡comiéndosela!, me empieza a abrazar (bah a tocar), las tetas, no le digo nada, lo dejo, sigue con mis piernas (yo estaba con una mini), y como siempre las empiezo a abrir como para darle permiso, él ya tenía una de sus manos debajo de mi remera tocándome las tetas, y la otra casi en la concha que ya estaba toda ¡mojada!

    Yo miraba a Valen y su amigo ya se la estaba besando, pero la notaba muy tímida, todavía no estaba caliente del todo, pero yo estaba segura que se iba a terminar calentando.

    Bueno, vuelvo a lo mío, Alejo, me mete por debajo de la bombachita su mano, ve que ya estaba re mojada y excitada, me la saca, lo ayudo, me dejo, y me saco la remera (yo sola ya me estaba quedando en bolas), me desabrocha la pollerita, me la saca, ya estaba en bolas, entierra su cabeza en mi concha, me la empieza a chupar desesperadamente, yo ya no podía dejar de moverme y gemir y más mirándola a Valen que todavía estaba vestida, me calentaba más (soy un poco exhibicionista)

    Lo único que le dije a Valen: “no seas boluda, disfruta nena”, y no sé cómo fue, porque yo estaba disfrutando esa hermosa chupada de concha que Alejo me daba, pero al rato por los gemidos de Valen la veo que el amigo de Alejo ya se la estaba cogiendo (la pendeja es más puta que yo).

    La cosa y siguiendo conmigo es que Alejo en el sofá, se pone mis piernas arriba de sus hombros y me la empieza a meter, me la metía me la sacaba, me bombeaba, hasta que me hizo acabar como una guacha otra vez, para pedirle que se ponga un forro ya era tarde, así que me lleno la concha ¡de leche!, a Valen, no, se la cogieron con un forro.

    Nos quedamos en el sillón, yo dejando caer y manchando el sillón con toda la lechita que tenía adentro, pero seguíamos separados, como les conté el living es grande y estábamos bastante alejadas.

    Nada, nos quedamos así, cada uno con su chico en bolas en su sofá, hasta que Alejo me agarra de la mano, me lleva al sofá de Valen, los chicos nos empiezan a besar a las dos, pero no cada uno a su chica si no que Alejo la empezó a besar a Valen ¡y su amigo a mí!

    Como siempre, yo me dejo llevar y Valen también, y nos dejamos poner en cuatro, y a mi me termino cogiendo el amigo de Alejo y a Valen ¡Alejo!

    Nos quedamos los cuatro en el sillón y como hago siempre, les empiezo a tocar las pijitas, hasta que se les pararon, ellos solos se paran y con Valen empezamos a chupárselas, nos recomemos esas dos pijas hasta que nos llenaron la boca ¡de leche!

    Ya era tarde, no sé cómo las seis de la mañana, nos vestimos y nos fuimos, solo en el camino de vuelta me acuerdo que le dije a Valen: “pendeja sos re trola yo a tu edad era virgen” y me dice: “si, nena, me gusta como a vos coger, y coger con todo lo que me dé ¡placer!”

    Llegamos a casa, nos sacamos la ropa, ella se iba a poner una remera, le digo: “forra, estuvimos cogiendo ¿y te vas a vestir para dormir?”, y nos acostamos en bolas, juntitas, tipo cucharita yo atrás de ella, y si no pude evitarlo, la empecé a tocar hasta meterle el dedo en la concha ella a mi y acabamos de nuevo las dos juntas, pero eso fue rápido.

    Me fijé en el celular y ya eran como las 7 de la mañana y nos quedamos dormidas.

    Tercera noche con Valen:

    Fue un día tranquilo, nos habíamos acostado muy tarde, nos despertamos tipo 15 h., y no pasó nada, ya bastante habíamos cogido, desayunamos y ya casi a última hora nos vamos a la playa.

    Obvio la llevo a lo del tatuado, así en bikini sin nada arriba (siempre conté que en general las chicas al menos se ponen una remera), llegamos, como siempre le doy un pico al tatuado, nos pregunta que tomamos y le digo un licuado de banana con mucha leche que ¡a las dos nos gusta!

    Hablamos boludeces y me propone al día siguiente ir a la casa que iba hacer una joda (esa noche seguro que ya tenía pensado hacer algo), le digo que si, que mañana volvíamos y arreglábamos, Valen, como la otra vez que lo hicimos solo me miraba.

    Nos quedamos un rato en la playa y volvimos a casa, y fue una noche re lésbica.

    Pedimos algo para cenar, después nos fuimos al sofá a ver algo de tele (ah estábamos las dos solo con unas remeras y bombachitas nada más).

    Ya en el medio de la peli, Valen se tira al piso, y me empieza a acariciar las piernas cerca de la conchita, me caliento, me la saca, ¡me la chupa!, me hace acabar, yo hago lo mismo con ella, hasta que acaba, me dice: “espérame” (ya sabía dónde guardaba mi juguete y lo va a buscar)

    Baja con el juguete y le digo: “no guacha ¿qué me vas a hacer?” y me dice: “lo que te gusta ¡trolita!”

    Me lo empezó a pasar por la concha, me lo metía, yo ya, como siempre estaba caliente, en el sofá, me doy vuelta, me pongo en cuatro, y me hizo lo que yo le hacía a ella, me lo mete en la conchita, culito, conchita, culito, me escupe el culo, y me lo termina metiendo y la guacha, pendeja, puta, me termino ¡haciendo la cola!

    La película obvio ya había terminado, nos vamos al cuarto, así las dos desnudas, esta vez ella me propone ducharme y nada, no lo voy a contar porque paso lo mismo ¡de la otra vez!

    Nos dormimos en bolas, pero esta vez el mañanero fue infaltable, pero distinto, terminamos haciendo la famosa “tijera” rozándonos nuestras conchas hasta que acabamos ¡las dos juntas!

    Nos vestimos y fuimos a la playa, como siempre a la tarde.

    Cuarta noche con Valen:

    Llegamos a la playa, nos quedamos en la carpa, a la tardecita como siempre vamos a lo del tatuado y nos dice: “chicas vienen hoy ¿no?”, y le digo: “obvio nene, ya lo habíamos arreglado ayer”.

    La cosa es que Valen (ya la lleve a lo del tatuado la otra vez que vino y sabe que fumamos y es un descontrol, pero tampoco me iba a decir que no iba a ir)

    Le digo a Valen: “nena ya acá no hay nadie, hagámoslo volver bien locos y vamos bien putas vestidas” que se yo la idea no sé si le gusto pero fuimos así, con unas re mini y muy ajustadas y unas remeritas, que solo quedaban debajo de las tetas y sin corpiño.

    En lo del tatuado, siempre hay bastante gente pero esta vez estaba re tranquilo estaba el solo con un amigo (Ferchu), bueno llegamos y como siempre Fernet con cola y cigarros. Esta vez Vale de entrada, como yo, se fumó uno solo, más lo que le convidaban los otros.

    Como siempre ya en ese momento ni sabíamos lo que hacíamos, el Tatuado (que sé que se moría de ganas). Se va con Valen, nada, empiezan con besos (y por lo que me conto Valen al rato ya la tenía en bolas)

    A mi se me viene Ferchu, nada, me come la boca, me saca la remera, al ver que estaba en bolas me come las tetas, mis pezones ya parados mostrando la calentura que tenía, me sigue besando, baja, llega a mi concha, me corre la bombachita, después me la saca me la chupa y me pega sobre en el sillón con mis piernas que volaban para cualquier lado una cogida de aquellas, y por lo que oía a Valen el Tatuado también se la estaba cogiendo.

    Paso un rato, poco, no hacía falta para que se recuperan los chicos, el Tatuado, vuelve con Valen que estaba regalada en bolas en el sofá, le empieza a chupar las tetas, y Ferchu le empieza a chupar la concha (la verdad es que me sentí como dejada de lado, y es porque a mi ya me habían cogido y Valen era un juguete nuevo).

    Pero para no quedarme afuera y que se calentaran más, me prendo con Ferchu y entre los dos le empezamos a chupar la concha y meterle entre los dos los dedos. Es difícil explicar la calentura que tenía Valen, pero ya estaba re loca, no sé cómo explicarlo, sus gemidos, sus movimientos, eran ¡incontrolables!

    Hasta que Ferchu se la empieza coger, el Tatuado, le metía la pija en la boca y le amasaba las tetas y yo le chupaba la concha, jamás la vi ¡tan caliente!, Ferchu mientras se la ponía y se la sacaba yo le metía los dedos hasta que Valen logró lo que a muchas mujeres no les pasa (y más siendo tan pendejas) empezó a tener como espasmos, sin poder controlar su cuerpo y termino EYACULANDO, y así lo hicimos hasta que lo hizo creo ¡tres veces!

    Obvio quedo muerta en el sofá media ¡dormida! Ya no daba más y yo seguí caliente con esas noches que no quiero que terminen ¡jamás!

    Le empiezo a chupar la pija al tatuado, se le para, me doy vuelta, me empieza a meter los dedos, me chupa el culo, intenta metérmela, me dolía muy mucho no le decía nada, y lo dejé, y Feerchu se acomoda para metermela en la cola NOOO, NOS DOS NOOOO, obvio no me dieron bola y me terminaron cogiendo entre los dos, otra vez acabe como una perra, ya no daba más, ¡ni fuerzas para volver tenia!

    Y como ya había hecho el tatuado otras veces (porque será lo que será, pero en algún punto respeta y cuida a las chicas que están con el), digo como otras veces, Valen ya dormida y yo casi también (no estaba del todo dormida, pero repito ni fuerzas para volver), así como estábamos en bolas nos tapa con una frazada, y nos quedamos dormidas.

    Nos habremos despertado tipo 12 h., Valen, no entendía nada, ya a esa hora estábamos sola en la casa, le digo: “está todo bien, nos vestimos y volvemos”

    Obvio llegamos y seguimos durmiendo como hasta las seis de la tarde, no dábamos más, nos habían ¡re cogido!

    Quinta noche con Pau:

    Como venía contando ese día estábamos muertas y Valen al día siguiente ya se volvía.

    Como les dije nos levantamos a las seis de la tarde, nada hablamos de la noche anterior, Valen me contaba que nunca le había pasado eso (eyacular) y que jamás había hecho eso, que su sexo era solamente normal con Migui, pero después de todo esto que vivió, creía que estar solo con el la iba a embolar (cumplí mi primer paso hacerla puta y compañera de lo que hago)

    Obvio que no le dije nada de eso, sino que son cosas distintas y ¡mil boludeces más!

    Bueno, para no hacerla muy larga, Valen algo sabe cocinar, yo no sé hacer ¡una mierda!, y como queríamos cocinar algo ella dijo de cocinar. Obvio al quedarnos solas en casa todo el día ni nos vestimos, estábamos solo con esas remeritas que usamos (pero estas eran cortitas) y bombachita, nada más.

    La cosa es que yo no quería que la última noche no pasaba nada, entonces cuando Valen estaba en la cocina, me pongo detrás de ella, le empiezo a besar el cuello, le toco las tetas, sobre la remera, después, le meto la mano debajo de la remera y se las re toco, se las amaso, y ella, me empieza a tocar ¡la concha!

    Nos sacamos las remeras, la llevo a ella a esas mesas de mármol que hay en el medio de la cocina, ¿me explico?, se acuesta sobre la mesa, la dejo en bolas, le empiezo a chupar la concha, le meto de nuevo los dedos, pero con furia infernal, ella, sola puso sus piernas sobre mis hombros, hasta que le hago ¡acabar!

    Yo también ya estaba en bolas, y ah, me había olvidado de contarlo y de usarlo, con lo caliente que estaba Valen, había llevado mi juguetito a la cocina, y lo dejé en la mesada, Valen lo vio, me dice: “ahora te voy hacer acabar a vos rubia puta, ponete en cuatro en la mesa”

    Obvio le hago caso, empieza, chupándome la concha, el culo, yo ya toda mojada, me mete los dedos, me empieza a lubricar la cola como siempre le digo: “NO GUACHA NOOO” aunque es lo que esperaba que hiciera.

    Me pone, como siempre el juguete en la concha en la cola, en la cola en la concha, hasta que logra calentarme a mil, y, se ve que aprendió la pendeja, de a poco me pone en la cola, hasta que me lo metió entero, nada, también me hizo acabar y a los gritos (es difícil explicar lo que hicimos y lo que sentimos, la verdad que no sé cómo expresarlo, pero acabamos las dos como dos putas de la mierda).

    Valen tenía ganas de cocinar, así que ¡la deje!, nada cenamos, hablamos, mil cosas, sobre todo de ¡sexo! Y esta re confundida, no sabe cómo lo va a enfrentar a Migui (su novio, al que también me cojo), le dije: “nada boluda aprende a disimular”.

    Bueno, pasamos otra noche lésbica, que no voy a contar porque son como las pasadas.

    La cosa es que hoy estoy sola en la casa, la semana que viene, vuelve Pau, y fiesta de nuevo, ya me mando el Tatuado que estaba solo en la casa un par de whatsapp para vernos (coger), pero no sé, aunque la verdad, con el solo nunca cogí y la idea no esta mala.

  • Los gemidos de las lesbianas (Parte 2: Capítulo 1)

    Los gemidos de las lesbianas (Parte 2: Capítulo 1)

    Capítulo 1: Pelea, gemido y llanto.

    Mi vida sigue igual que antes, solo que me las encuentro un poco más en la escalera; prácticamente solo nos saludamos pero, soy el único vecino que les dirige la palabra para algo más que insultarlas o quejarme. De hecho, llego tan cansado a casa; que no me molesta el perro, por lo que no me quejo. Es el único que interactúa conmigo todos los días, aunque sea a través de la puerta; cuando salgo llora, cuando entro me gruñe y cuando me ve al salir a pasear con ellas me saluda.

    Desde lo de mi paja contra la pared, miro a la pared y sonrió cada vez que entro; pero no ha vuelto a pasar nada entre ellas o yo no las he escuchado al menos, descartando la opción de que fuera apropósito. Mi vida sigue igual en todos los aspectos, incluso he salido algún que otro fin de semana; pero no ha sido fructífero, mi intención era conocer a alguien o un ligue de una noche… pero ni una, ni otra.

    Una noche llego cansado de trabajar, pero el perro de al lado está histérico; porque la pareja de chicas está gritando y peleándose de forma agresiva, mi primer impulso es llamar a la policía o llamar a su puerta y pedirles amablemente que hablen más calmadas o que al menos hablen las cosas. Pero luego lo pienso mejor ¿quién soy yo para meterme en su relación? A fin de cuentas todo lo que paso en mi imaginación, en las pajas posteriores a la «gran paja» quedo en mi imaginación y ni soy su pareja; ni soy su amigo con derecho, ni tampoco hemos hecho un trío. De hecho ya considero que me metí demasiado en su relación. Llega un momento en que la discusión cesa, me acuesto a dormir aprovechando el silencio; cuando estoy a punto de coger el sueño, escucho un pedazo de gemido que me hace abrir los ojos de par en par.

    Salgo corriendo sin zapatos, me acerco nervioso; jadeante a la pared y tembloroso, mi miembro ya ha reaccionado a la situación que ya conoce y solo tengo que agarrarlo.

    Los gemidos y golpes de la cama son mucho más fuertes que la otra vez, se nota que es un polvo de reconciliación; parece que ella está volviéndose loca y yo también siento que me voy a correr en cualquier momento, con tan sólo escucharla y tocarme… empiezo con la paja, justo cuando el polvo llega a su punto máximo; cierro los ojos rezando para aguantar lo justo y necesario para que ellas se corran, como si estuviera yo en medio con mi polla entre sus dos vaginas y la paja me la estuvieran haciendo las dos al refregarse.

    Justo cuando me corro, ellas dos gimen viniéndose; cómo si me hubiera corrido y eso las hubiera puesto a mil, aguanto mi placer mordiendo mi lengua y me apoyo en la pared con cuidado de no rozar mi estropicio. Jadeando acarició la pared cómo si fuera una de ellas, entonces escucho los jadeos de una; la otra se levanta con fuerza, da unos cuantos golpes y yo miro mi puerta temoroso de que me hayan escuchado y me pidan explicaciones. Pero tras un portazo, los tacones llegan hasta el ascensor; y tras llamarlo, se monta y se marcha.

    Los jadeos se vuelven llanto y, entonces lo entiendo; que idiota eh sido, he participado en su polvo de despedida. Acarició la pared, como si con eso pudiera consolarla; pero es inútil, su llanto es desconsolado. Un impulso me pide, que salga; llame a su puerta y le dé un abrazo, que la consuele… pero niego con mi cabeza, no soy nadie para ella; solo un vecino y no haría más que molestar, aunque ella para mi sea algo especial que no sé cómo nombrar.

    Tras unos instantes voy a mi cama y lloro, lloro de pena por una relación que se rompe; de frustración por no poder hacer nada, y de vergüenza por no poder controlar mis sucios instintos.

  • Crystal: Engañando a mi novio

    Crystal: Engañando a mi novio

    Cuando Crystal supone su novio saldría con sus padres el fin de semana, decidió que haría lo que venía pensando hace meses. Y es ir su amigo Ryan, amigo de ambos llevaba meses pidiéndole una oportunidad. Le decía que la amaba. Que lo tenía loco de amor.

    Así que este fin de semana probaría un poco de ese deseo prohibido.

    —En serio te voy a extrañar

    —Tranquila, solo será el fin de semana, demás tienes la fiesta de tu amiga.

    —No voy a ir

    —Anda, no quiero que estés encerrada por mi culpa.

    El fin de semana se preparó para la fiesta, se puso es falda cierta con la que perdió la virginidad, ahora le quedaba más corta. En cuanto Ryan la vio llegar se quedó babeando, siguiéndola con la mirada por toda la casa.

    —Hola, que guapa luces hoy

    —¿Solo hoy?

    —Siempre, pero hoy te ves especialmente hermosa.

    —Gracias

    Poco a poco fue pendo su brazo subiré sus hombros hasta tenerla muy cerca de él, luego bajó el brazo y le tomó la cintura.

    —Hueles muy rico

    —Si ya se, me lo puse para ti

    Crystal a sus 23 años era una mujer espectacular, de casi 1.70 y un pelo castaño que lucía su piel blanca, los ojos de color y las facciones finas la convertían en objeto del deseo.

    —¿Y si vamos a otro lado?

    —¿Me quieres seducir?

    —Creo que ya lo hice, o no habrías venido.

    —Menso.

    Después de varias cervezas, por fin caminaron hasta la biblioteca del padre de su amiga. Era el lugar más vacío de la casa. Y él la arrinconó contra el escritorio.

    —No sabes cuánto tiempo llevo esperando esto.

    —¿Te gusto?

    —Me encantas cabrona, mira cómo me tienes!

    Le puso la mano sobre su pantalón y pudo sentir el gran bulto que ahí reposaba.

    Cuando las manos de Ryan se posaron en sus nalgas, ella sintió que había perdido la batalla, estaba sucumbiendo al deseo y necesitaba continuar. Se besaron mientras se desnudaban con la prisa de dos desesperados amantes.

    —Eres una muñeca

    —Que rico, sigue sigue!

    —Te miro el culo desde ir éramos niños.

    —¿Enserio?

    —Y cada que te abrazaba hacia lo posible por sentir tus tetas, tus rica tetas!

    Mientras los amantes se consumían en caricias, Mac que se había librado de sus padres se dirigía a la fiesta. Sería una sorpresa para Crystal.

    —¿me mamarias mi verga con tu boquita hermosa?

    —Claro, déjame ver tu verga…

    Para mayor sorpresa, Mac llego por el jardín trasero, nadie lo vio venir y nadie lo esperaba. Cuando pasó por el ventanal de miro que d metro estaban teniendo sexo. Y era su amigo Ryan, lo aludí pero después ambos se quedaron helados.

    Crystal de rodillas metía en su totalidad la verga en su boca, la chupaba como un caramelo. Al principio Mac quiso gritarles para ir pararan, pero luego respiro, se meció los cabellos y miró fijamente a su amigo. Movió la cabeza en señal de aprobación, Ryan tomó de la nuca a Crystal y le metió más la verga, ya no mamaba, solo recibía la verga una y otra vez.

    —Ven aquí, inclínate.

    —¿así papi?

    —Si así, levanta tus nalgas.

    —Ya métemela!

    Mac miraba como su novia separaba las piernas para recibir a su amigo, que sin dudar se hundió en ella.

    —Huuuy que rica verga!

    —¿Te gusta ser mi puta?

    —Si cógeme cógeme si que rico!

    A pesar del vidrio, Mac podía escuchar el golpeteo que producían al chocar, las nalgadas de Crystal rebotaban sin parar. Le hervía la sangre, se sentía defraudado, pero inexplicablemente tenía una erección.

    —Eso papito cógeme si!

    —Dama tus manos

    Paso sus manos por su espalda y Ryan tiro de ellas para que el choque fuera más brusco, incrementaron los gemidos de Crystal.

    —Siii que rico si que rico haaa!

    —Eso puta!

    —¿Soy tu puta?

    —Desde hoy eres mi perra!

    Decidido a que viera a Mac la volteó y la recargó sobre la ventana, pero el ya no estaba ahí.

    Ryan acomodo en un sillón y dejó que ella se diera de centones sobre él, podía ver su reflejo en el ventanal, ni en sus sueños más húmedos había tenido esta imagen. Pero estaba por terminar.

    —Ven aquí, déjame ensuciar esa cara de ángel

    —¿Me los vas a aventar en mi carita?

    —Si por puta y porque me gustas

    Los ojos azules de Crystal estaban clavados en la verga de su amigo, la cantidad de semen que salió fue impresionante. El líquido viscoso y caliente le escurría por la cara. Le mojaba los labios, le manchó el cabello e incluso los oídos. En cuanto pudo quitarse un poco de semen de los ojos miro a Ryan, pero otro chorro de semen le salpicó la cara. Era su novio Mac.

    —¿Así que te gusta ser una puta?

    —siii

    —Pues abre esa boca y sigue mamando.

    Entre el desconcierto y la humillación, ella siguió mamando. Hasta que Mac se retiró.

    —¿Me odias?

    —Te amo hija de puta!

    —Ahora solo prométeme que seguirás siendo una puta para nosotros.

    —¿Para los dos?

    Los amigos se miraron orgullosos.

    —Por el momento si. Ahora vístete que tienes que caminar de regreso a casa.

    —Así, con la cara llena de semen.

    —¡¿Qué?!

    Le ataron las manos a la motocicleta de Ryan, luego avanzaron muy despacio mientras el semen le seguía escurriendo por la cara. Ella sumisa caminaba con una leve sonrisa en los labios. Le gustaba sentirse una pûta y ser usada como un objeto. Así que su paseo de madrugada con su novio y su mejor amigo lo está disfrutando.

    —Llegamos putita

    —La próxima podríamos ser más.

    —¿en serio?

    —Putita, ese culo merece más y más vergas.

    —Gracias.

    Entró a su casa a sabiendas que sería la perra de Mac, de Ryan y de cuantos quisieran usarla. Antes de lavarse la cara se masturbo, pero durmió con el sabor a sexo en su boca.

    @MmamaceandoO