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  • El viaje de mi suegro (Parte 2)

    El viaje de mi suegro (Parte 2)

    Como bien sabe la vez anterior, el señor Will acabó dejándomela toda adentro de mi chochito.

    Esta vez fue un día muy interesante.

    Nos levantamos, hacia un frio horrible, y estaba nevando afuera. En una de las conversaciones con mi suegro le comente que mi coche estaba dando problemas. Él quería a como dé lugar ir a comprar las piezas que me faltaban para el montarlas. Así que con mi esposo habiendo llegado del turno en la mañana a dormir y mi niño quedándose en casa de su abuelita, salí con él a hacer dicha diligencia. Yo vivo algo lejitos de la ciudad pues el primer centro de piezas de auto fácil me quedaba a 20 minutos, multiplícalo por dos por la nevada.

    Pues bien, les comento que el carro se descompuso en medio de la nada. Perfecto momento ¿no?

    Will, mi suegro hizo todo lo posible por arrancar, pero no se podía, solo quedo llamar y esperar.

    Will, tengo mucho frio. (Me quejaba)

    “Venga chiquita, pégate a mí, ya mismo nos vienen a buscar.”

    (Oliendo mi cabello y cuello) (Suspira)

    “Sabes que tienes un perfume muy rico.”

    “Gracias.”

    “Me gusta mucho, y tú que tienes esa piel tan suave” (me besa el cuello)

    “Hey, Will vamos, compórtese.”

    “No quiero comportarme, te hare mía hasta que me vaya, todas las veces que pueda.”

    Me comienza abrir el abrigo me desabotona la camisa, y deja mis pechos grandes al descubierto. Mis pezones estaban bien paraditos por el frio, pero su boca mojada me los calentaba.

    “Me encantan tus tetas, así grandotas que me quepan en la mano.”

    “Mmmh”

    “Échate a la parte de atrás”

    “Ok”

    “Vamos a dejarte al descubierto, saca esa chochita gordita de ese pantalón, acuéstate”

    Claro, no recuerdo la última vez que me cogieron en un auto. La sola idea me excitaba tanto.

    Al quitarlos, no se lanzó de lleno a lamerla, si no que la olía, recorría su nariz por mi parte (suspiraba)

    “Tienes un olor tan rico.”

    Comenzó a lamerla, se me erizo la piel.

    Yo con las ganas empecé a mover las caderas al son de sus lamidas, ese macho me come la vagina como nunca. Le agarre su cabeza para que no se saliese, no podía más, me quería venir en su cara de nuevo. Pero el, se salió.

    “¿Por qué te sales que pasa?” (Con mi cara de tristeza deseosa de venirme).

    “Porque no te dejare venir ahora”

    Se sacó el miembro de su pantalón, ya saben esa vergota ancha trigueña que me dejo loca. Abrió mis piernas muy abiertas y comenzó a rozar su glande en mi vagina, así en la superficie, rozando mi clítoris, torturándome.

    “Estás loca que te la meta, ¿no?”

    “Anda si Will, que esperas me tienes toda mojadita.”

    -(gimiendo y suplicando)

    “Es que hoy lo quiero intentar por otra parte”…

    Mi mirada fue de absoluta sorpresa. Tengo que decirles, tenía miedo, su miembro es bien gordo, me romperá el culito.

    “No te asustes, déjame empezar con la cabeza, te va a gustar créeme”

    Lo tomo por una mano y lo dirigió hacia mi ano, el solo rose hacia que me mojara. Comenzó a introducir la cabeza, moviendo sus caderas suavemente. Hasta la cabeza estábamos bien. Ahora me introdujo solo1/4 de él en mi culito, y me hizo gritar de dolor y placer. No sabría cómo explicarles pero ese dolor hizo que me corriera.

    “No puedo creerlo chiquita, me has mojado todo” (me lo entra como embestida)

    (Grito) “¡Ay, duele! ¡Will está muy grande, me duele!”

    “Vamos seré gentil, él se acoplara ahora, iré suave”

    Comenzó a masajear mi clítoris, me introducía los dedos, se los chupaba.

    “Simplemente” -decía

    “No puedo parar, me tienes loco, lo tienes tan cerradito”

    No sé por qué, pero con todo y dolorcito, mi vagina se empapaba, no había experimentado esto. Mi cuerpo comenzó a ponerse bien caliente, el sudaba, y los cristales del auto se empañaban. Movía sus caderas lentamente, rebotando con mis nalgas. Cada vez que me penetraba me temblaba el cuerpo, mi chochito se mojaba muchísimo

    Me acerco por completo hacia él.

    Sabía que no faltaba mucho porque me hiciera venir. Deseosa de su boca lo agarre por el cuello y le gemía en sus labios, apretándolo contra mí, mientras me corría. Una sensación muy extrema, que no paró hasta que el me agarro por el pelo, me beso bien rico, y lo escuche gimiendo, sintiendo un buen chorro caliente de leche dentro de mis entrañas.

    Lo único que se escuchaba en ese auto eran nuestros suspiros, pequeños gemidos, y nuestro cuerpo bañado en sudor.

    Fue tan excitante, más que el día anterior.

    “Diache chiquita, me has dejado completamente seco, pero quien iba a decir, que te iba a desear tanto. No puedo evitarlo, me traes mal.”

    Yo solo trataba de recuperar mi aliento. Y pensaba lo mucho que me fascina mi suegro.

  • Un poco de agua y una moto pueden hacer la diferencia

    Un poco de agua y una moto pueden hacer la diferencia

    El mensaje solo decía: ‘Paso por ti en 20 minutos lleva ropa cómoda’. Ella contesto con un ‘ok’.

    Aliste la mochila subí en mi moto conduje hacia la casa, el día era caluroso con un sol brillante y abrazador, cuando llegue a su casa ella estaba lista esperando en la puerta. Un pantalón de mezclilla, una blusa blanca, tenis y una gran sonrisa me recibieron al llegar, le aventé el casco y se lo puso antes de subir, en cuanto se subió me abrazo y arranque la moto no tardamos mucho en salir de la ciudad y puse rumbo a la barranca, pronto el asfalto se convirtió en terracería y lo plano del camino se convirtió en brincos y baches, yo aceleraba y ella más se aferraba a mi en medio de unas risas de libertad, y felicidad pura, es lo que se siente entre salto y salto. Pronto llegamos al río y entonces las risas subieron más al sentir como la moto viajaba entre el agua y nos mojaba con cada acelerón, después de unos pocos kilómetros salí del río y maneje por otro poco en dirección de los árboles.

    Bajamos de la moto justo donde se empezaban a hacer mas densos y caminamos un poco siguiendo el cauce de un arroyo tome la mochila con una mano mientras con la otra tome a Mónica seguimos hasta subir un poco unas rocas y encontrarnos en un lugar más privado unas albercas naturales que pasan desapercibidas para todos a menos que conozcas la zona. Llegamos a donde quería ir y de la mochila saque una manta y la tendí en el suelo en césped debajo de un árbol saque el tazón con fruta y una botella de agua, cuando terminamos de acomodar el picnic la tome de la cintura y mis labios buscaron los suyos fueron unos minutos de comernos a besos mientras nuestras manos nos iban despojando las ropas.

    Cuando menos nos dimos cuenta estábamos desnudos tocándonos y sintiéndonos mis manos buscaban sus senos al igual que de repente bajaban a su trasero, las de ella buscaban mi creciente erección tanto como mis nalgas también, sus pezones cada vez mas duros al contacto de mis dedos que apretaban y jugaban en círculos en ellos, la otra mano bajaba hacia su sexo explorando sus labios y buscando su clítoris mientras frotaba escuchaba su respiración y sentía su humedad, de cuando en cuando metía dos de mis dedos en ella y sentía su calor los sacaba y nos los daba a comer ella un dedo y yo el otro.

    El agua estaba cerca y de pronto la levante en mis brazos y sin que se lo esperara la aventé al agua ella grito tanto por el agua fría como por la sorpresa de sentirse en el aire, yo me aventé enseguida de ella pero no busque salir junto a ella nade por debajo de ella y subí en medio de sus piernas la levante con mi cabeza en medio de sus muslos justo en su sexo, sus muslos en mis hombros y sus manos en mi cabello. El frescor del agua contrastaba con la calidez de su cuerpo estábamos tan calientes que me bastaron unas cuantas lamidas para sentir como se vino en mi cara apretando sus muslos y jalando mi cabello di otras cuantas lamidas antes de bajarla de nuevo al agua, nos encontramos y sus piernas buscaron mi cintura fui con ella hasta la orilla donde la recargue en una piedra plana y empecé a bombear lento primero abriéndome camino en su interior sintiendo como mi verga la recorría centímetro a centímetro cada vez mas rápido y profundo me gusta como su cuerpo reacciona ante esas embestidas.

    En minutos nos fuimos acercando al clímax mi boca en sus pezones y su boca en mi oído, yo mordiendo ella diciendo que no parara, pidiendo mas velocidad y fuerza. Cada vez más fuerte justo en el lugar donde ella explota entraba y salía una y otra vez, una y otra vez hasta que una fuerte y certera embestida la hizo gritar mi nombre sus piernas temblaron y mi espalda sintió el rigor de sus uñas que se aferraron al placer, solo alcance a entrar en ella dos veces mas antes de venirme dentro de ella aun estábamos abrazados cuando nuestra respiración se normalizó, salimos del agua y comimos un poco de fruta y bebimos un poco de agua antes de volvernos a comer.

    Con un trozo de naranja exprimí jugo en tus senos mismo que corrió hacia tus piernas Lamí, Lamí como un poseso hasta quitar todo el jugo de tu cuerpo pase por tus pechos y baje a tu ombligo justo cuando iba a llegar a tu sexo me detuviste, me miraste y me dijiste que me recostara con una pícara sonrisa, obedecí y tus manos buscaron mis manos y testículos jugabas con ellos y tu boca cada vez se acercaba mas a la cabeza una imagen gloriosa, podía sentir tu lengua como recorría todo lo largo mientras tu mano apretaba la base lo lamiste todo y de pronto tus labios se posaron en el chupaste y lo metiste todo en tu boca cuando sentí que me vendría en tu boca tú también sentiste y te detuviste solo para subirte encima mío y llevar ahora el ritmo mientras mis manos se aferraban a tu cintura aumentaste el ritmo y yo besaba tus pechos cada vez que bajabas mi orgasmo fue asombroso fuerte y caliente tú no paraste hasta alcanzar tu satisfacción y solo entonces te tumbaste junto a mi en mi pecho. Nos cobijamos con la manta y dormimos hasta que el hambre nos despertó ya era hora de volver a casa.

  • Tres negros y Andrea

    Tres negros y Andrea

    Para Andrea era una rutina diaria el ir al gimnasio y regresar caminando a casa, estaba relativamente cerca. Y además le gustaba que la miraran, sabía que los años invertidos en ejercitarse no eran en vano. Hace más o menos un mes, un grupo de chicos negros comenzaron a ir al mismo gimnasio. Y aunque le daban algo de miedo, le excitaba saber que la mirada de estos tipos se clavaba en su culo. Siempre había fantaseado con coger con un negro. Pero no se decidía cuál le gustaba más. Nunca supo sus nombres, ellos se hablaban por apodos (“Big Daddy” alto y con rastas, con músculos hasta debajo de la lengua.

    «DJ” Delgado, alto y con una voz que bien podría usarse como megáfono y “Rome”(Se pronuncia «Rom») este último era pequeño y con cara de perro. Pero con una mirada maliciosa que hacía que todos bajaran la mirada cuando se topaban con él.

    Por supuesto, en cuanto Andrea entró en su espectro, hablaban tan fuerte, que todos en el gimnasio podían escuchar.

    —Pero mira que coñito tan rico.

    —La partiría en dos a la puta ésa!

    —Esa zorra está tremenda!

    Andrea escuchaba, una mezcla de miedo y excitación le recorría el cuerpo. Antes varios instructores quisieron salir con ella, pero jamás aceptó ninguna invitación. La negativa constante los hacía desistir. De manera habitual regresaba a casa con los audífonos a todo volumen.

    Nunca se dio cuenta que los tres negros llevaban una semana siguiéndola. Sabían dónde estudiaba, a qué hora salía y entraba de casa. Y tenían ya estudiados los horarios de sus padres. Sabían que los jueves por la tarde, Andrea estaba sola hasta pasadas las diez de la noche. Así que mientras caminaba, casi bailando al ritmo de la música. Estos tres negros la seguían guardando su distancia. Pero en cuanto doblo la esquina y su llave entró en la puerta de su casa, sintió como la sujetaban. Al principio pensó que era su hermano que le jugaba una broma. Pero cuando miro abajo, noto que los brazos que la sujetaban eran negros como la noche y vio a otro terminando el proceso con las llaves. Cuando por fin se abrió la puerta, sus pies ya no tocaban el suelo. Pataleaba y gritaba, pero era imposible escapar. El forcejeo fue zafando sus audífonos y logró por fin escuchar lo que decían.

    —¡Vamos a ver si sigues de presumida mami!

    —¡Mira, la mamita está llorando, pobre pendeja!

    —¿Ahora si nos miras hija de puta?

    —¡DÉJENME NOOO!

    —¡Cállate puta!

    Para cuando llegaron a la sala, la camiseta de Andrea estaba hecha trizas y sus pechos estaban al aire, al mismo tiempo podía sentir como rompían sus leggings por la parte de atrás mientras entre los tres negros la iban sujetando hasta dejarla boca arriba en el sillón más grande de la sala.

    —¡Quiero que esa boquita suya me la chupe!

    —¡Vas a chuparnos la verga, putita!

    Cómo pudo se soltó del que la tenía agarrada y corrió por las escaleras hasta su habitación, pero no logró cerrar la puerta a tiempo y el negro de rastas metió sus pies para atorar la puerta. Luego, con ayuda de los otros dos empujaron y entraron a su habitación.

    —¡No corras hija de puta!

    —¡Zorra de mierda!

    —¡Bro, lo que quiere es que se metan en su camita, la muy cabrona!

    Nuevamente estaba inmovilizada y uno de los negros revolvió sus cajones para sacar una camiseta y ponérsela de mordaza. Andrea seguía llorando y pataleando como loca. Pero sus fuerzas eran cada vez menos. Mientras sentía como iban reventando sus leggings, sentía sus manos apretando sus nalgas, pellizcándole los pezones.

    —¡Hija de puta que rica estás mamacita!

    —Agárrala que le chupo su coño.

    —¡Así se hace DJ !

    Entre dos de los negros la abrieron de piernas y DJ hundió su cara entre sus piernas, aunque ella seguía revolcándose. La lengua del negro le ensalivaba toda su raja.

    —¡Te vas a callar de una buena vez!

    —Esto sabe delicioso!

    —¡Deja que yo también quiero, cabrón!

    Antes de meter su lengua, Rome metió sus dedos de manera brusca y ella se quejó, seguía llorando. Pero eso solo los ponía más calientes. Así que el negro metió varios dedos a la vez, mientras le chupaba el clítoris.

    —¡Tan rica la estúpida, ésta!

    —¡Y tan sabrosa que se veía en el gimnasio!

    —Te voy a quitar esto, pero si gritas te mato, ¿me oíste?

    Aunque asintió, en cuanto le quitaron la mordaza ella gritó.

    —¡AUXILIOOO! ¡AYUDENME!

    Una cachetada le volteó la cara y el silencio fue absoluto.

    —¡TE DIJE QUE TE CALLARAS, PUTA DE MIERDA!

    Al mismo tiempo, Big Daddy sacaba de su espalda una pistola que le apuntaba directo a la cabeza.

    —¿TE QUIERES MORIR HIJA DE PUTA?

    —Nooo!

    —Pues cállese y pórtese bien. ¿Se va a portar bien con mis hermanos?

    —…Ajá

    —No te escuche.

    —Si… si

    Las lágrimas seguían escurriéndole, pero ahora sabía que si no cooperaba, podría estar en mucho peligro.

    —¡agáchate aquí perra! Vas a chuparnos la verga.

    —Nooo… no quiero…

    —¡Abre la maldita boca… puta!

    Cuando fueron sacando uno a uno sus miembros, Andrea tuvo una nueva oleada de terror. Eran casi del tamaño de su brazo. Enormes, lo pudo comprobar cuando al que apodaban “Big Daddy” recargo su verga en su rostro y le atravesaba por completo la cara.

    —¡Por favor, llévense lo que quieran!

    —Resulta que, lo que queremos es tu boquita!

    —Ahora abre tu puta boca.

    Se frotaban sus miembros y les crecían más, aunque ella seguía con la boca sellada, el tal Big Daddy le apuntó con la pistola y ella abrió su boca tímidamente. Aunque sentía que se ahogaba y no cabía nada más dentro de su boca, no tenía ni la mitad de la verga de aquel negro en su boca.

    —haaag! Haaag! Haaaahgh!

    —Abra más la boquita mi niña, si te cabe otro poquito.

    —Haaagh! Haaagh!

    Solo pudo tomar un respiro cuando Big Daddy sacó su verga y Dj tomó su lugar. Esa verga era más gruesa y apenas entraba, le dolía la quijada.

    —Ghhhaggg! Hhhaggg!

    —Me toca!

    —Enserio Rome, apenas empecé.

    Se turnaron la boca de Andrea durante un rato, al tiempo le jalaban la poca ropa que le quedaba para terminar de romperla y dejarla completamente desnuda.

    —Mira a esta hija de puta!

    —Cerda, estás más dura que mi verga.

    Debido al ejercicio constante, Andrea tenía un cuerpo hermoso. Cada músculo bien desarrollado. Y lo disfrutaban, recorrían cada parte con sus manos.

    —La voy a acostar en la cama, yo sé que le cabe más verga.

    La recostaron boca arriba, con la cabeza colgándole al borde de la cama y DJ le metió la verga hasta la garganta, ella pensaba en que moriría de asfixia, pero cada que sentía que el aire le faltaba, le sacaba la verga y en cuanto jalaba aire, la sumía hasta la garganta

    —¡NO POR FAVOR BASTA NO MMM!

    —¡Abre la boca!

    —Abre la puta boca, carajo!

    —… mmmm

    —¡Vamos a ver si así la abres, pendeja!

    Sintió como entre sus piernas resbalaba una enorme verga, hasta entrar en su panochita. Al momento de sentir como la rasgaba por dentro abrió los ojos y la boca para dar un gran grito.

    —¡HAAAAY! HAAAGHH,

    Ese instante lo aprovechó DJ, para meter su verga en la pequeña boca de Andrea. Mientras podía ver al de rastas empujar más y más para meter lo más que podía su enorme verga.

    —¡Ya ves como si se pudo mamita!

    —¡Está bien apretada, la hija de puta!

    —Huele a nuevo la cabrona!

    —Déjame probar.

    Ahora no solo se ahogaba, también sentía como le ardía su interior cada que una nueva embestida le llegaba. Y no tenía ya fuerzas para pelear.

    —Ponla de lado que se la voy a meter por el culo.

    En cuanto sintió que la punta le destrozaba su ano, gritó, pataleo y abrió los ojos lo más que pudo. Pero la verga siguió entrando y cuando llegó a hasta el fondo y ella sentía que no soportaría más. Otra verga comenzó a entrar en su conchita.

    —No nooo nooo! Ya déjenme! Me dueleee haaaay!

    —¡Ándale cabrón y metele la verga en la boca para que se calle de una buena vez!

    —haaaagh! Haaaagh! Nooogh! Meeegh dueleeegh!

    El llanto y los intentos de grito los excitaba, cada vez era más doloroso el sentir dos vergas enormes dentro. Y sentía como le ardía la garganta de tan adentro que le metía la verga el otro negro.

    —¡Haaag haagh haaaagh!

    —¿Te gusta mami?

    —¡Nunca nos vas a olvidar perra!

    —Déjame probar ese culo estrecho no jodas!

    Ahora Big Daddy se sentó y ella se ensarto sobre el, de frente, podía sentir su aliento. Mientras por detrás la penetraba otra verga.

    —¡Ya déjenme por favor! ¡Se los ruego!

    —Ven aquí, y prueba a que sabe tu culo pendeja.

    Sobre sus labios ya chocaba la enorme verga que antes le destrozó el culo y en efecto, en cuanto abrió la boca. Más por la necesidad de acabar esa pesadilla lo antes posible, pudo comprobar que el sabor era el que esperaba. Y el negro, tomándola de la nuca le llevaba ese sabor hasta la garganta.

    —¡haaagp! Haaaag!

    —Eso mami, coopera.

    —¡Que deliciosa estás perra maldita!

    —Con razón se cree tan creída la hija de puta! ¡Tremendo culo!

    —Esperen!

    Dijo el de rastas sacando su verga de la boca de Andrea.

    —¡Haaay! ¡Haaay! ¡Siii!

    —¡está gozando la hija de puta,

    Incluso Big Daddy frenó sus embestidas para escuchar lo que salía de su boca.

    —¡No pares! ¡Métela toda!

    —Wooow!

    —Dame por el culo papi!

    —¡La gozadera con esta cabrona hija de puta!

    —¡pues perfórenme más duro, idiotas!

    —Haaay haaaay haaay que rico me cogen!

    Andrea solo quería que todo acabara. Y si fingir era necesario, lo haría. Además, en el fondo estaba empezando a disfrutar. Nunca pensó que una doble penetración fuera tan dolorosa.

    Los tres sonreían y celebraban, Andrea parecía poseída. Sus ojos totalmente en blanco, los pequeños escalofríos, los gemidos. Todo era parte de un orgasmo genuino. Pero apenas estaban empezando. Con una cinta de las cortinas, ataron sus manos por detrás de la espalda.

    La levantaban con facilidad, y cada uno iba tomando su turno. Aunque estaba destrozada físicamente quería seguir sintiendo esas vergas dentro de ella.

    —¡Eso mi niña, que rica cola tienes! ¡DJ te va a llevar al cielo!

    Andrea llevaba días fantaseando con aquellos negros, pero ninguno de sus dildos alcanzaba el tamaño que ellos tenían en realidad. El dolor que sentía la obligaba a gritar. Pero esta vez ella buscaba alguna verga para, por voluntad propia ponerse a chupar.

    —¡Eso hija de puta, abre bien esa boca!

    —¡Te lo dije! ¿No te lo dije? Esta perra es una puta al derecho y al revés!

    —¿Te gustan los negritos, verdad pendeja?

    Las piernas le temblaban, sabía que otro orgasmo se acercaba. Ella cabalgaba sin parar y recibía tremendas nalgadas de ellos.

    —Eso, muévete perra!

    —¡Vamos a llenar su carita!

    —¿Te gusta la leche hija de puta?

    Con la boca llena de verga, Andrea asentía. Le encantaba la sensación de los chorros calientes en su cara. Aunque nunca había recibido más de uno. Tres, como ese día, sería algo nuevo para ella.

    Y los negros estaban que reventaban después de tanto perforar sus agujeros a placer. Así que la pusieron de rodillas y le gritaron que cerrara los ojos. Pero una cachetada la hizo reaccionar.

    —¡Haz la cabeza hacia atrás me oíste, no quiero que escurra todo!

    —¡Haaay!

    —¿Entendió?

    —Siii

    En cuanto acomodo la cara sintió un gran disparo de semen, sintió como le atravesó desde el mentón hasta la frente y luego otro, y otro. Parecía que no acabarían nunca. Tenía la cara bañada en semen y apenas había sido el primer negro.

    —¡Así se hace hermano, mira como la dejaste!

    —Cabron, está muy rica esta pendeja!

    Otra carga intensa de semen le cayó sobre lo que ya tenía, la sensación pegajosa era inevitable. Aunque tenía los labios sellados, sentía el sabor colándose a su boca. Cuando sintió el tercero, sus párpados pesaban.

    —Pásame su celular de esta cabrona!

    —¿Se lo vas a robar?

    —Noo, unas cuantas fotos, nada más. ¿Cuál es la clave para desbloquear?

    El negro de rastas le vaciaba las últimas gotas de semen en la frente.

    —¿Cuál es el puto código, cabrona?

    —Cerrop! Doossp! Cerrrop! Treeeshaagh!

    En cuanto abrió la boca el semen se introdujo en su boca y ahora estaba tragando una parte.

    —¡Mira que linda se ve con la lechita en la cara!

    —Casi ni se le ven los ojos a la perra!

    Aunque quería limpiarse el rostro, sus manos seguían atadas a su espalda. Pero podía escuchar el sonido de la cámara de su teléfono.

    Cuando los negros acabaron de llenar su cara de leche, la desataron y le dijeron que si iba con la policía a denunciarlos, la iban a matar. Completamente adolorida, ella asintió y dijo entre dientes que no le iba a decir a nadie.

    Andrea estaba… Destrozada.

    Los 3 hombres se vistieron y salieron de su casa. Andrea se acostó en el suelo de su habitación y se quedó profundamente dormida. Al día siguiente, despertó aún tirada en el suelo, con la cara llena de semen ya seco, adolorida de sus agujeros, se fue a duchar. Recorría cada parte de su cuerpo y recordaba la brutal cogida que recibió a manos de esa pandilla de negros.

    Andrea faltó por dos semanas al gimnasio, pasadas estas semanas, y con toda su fuerza de voluntad se convenció de regresar al gimnasio para poder encontrarse con los negros, esos que la tuvieron secuestrada. Se vistió con una mini falda azul, un top del mismo color y tenis para la deportivos, sentía como el aire le recorría las piernas y se colaba pues no llevaba nada debajo de su top ni de su falda. Decepcionada al no verlos preguntó por ellos.

    —Disculpa, ¿sabes dónde están los negros?

    —Recién dejaron los aparatos, seguro están en las regaderas. Ten cuidado, esos tipos me dan mala espina.

    —No te preocupes y gracias.

    Camino fingiendo una sonrisa, con una mezcla de miedo y de adrenalina, pensando si en verdad quería repetir lo que le habían hecho. Segura de sí misma, de su decisión, llegó a las duchas y vaya sorpresa, se fue encontrando con Big Daddy.

    —¡Mira lo que llegó pana!

    —¡Hola!

    Se acercó para saludarlo y a invitarlos a su casa porque no había nadie, con una voz de niña mala se acercó aún más a aquel negro y le susurró en el oído que se sentía bastante sola y que necesitaba un poco de compañía de sus otros amigos.

    —¿Quieres que vayamos los tres pequeña puta malparida?

    —Si

    —Rome no está, pero DJ y yo ta pasamo a ver

    La jalo y le apretó una nalga con su mano, y la metió al vestuario.

    A esa hora, el gimnasio ya estaba totalmente vacío por lo que las duchas estaban igual de vacías. Entró al vestuario con un poco de temor por si regresaba alguien a ducharse, se moriría de vergüenza si la sorprendieran dentro del baño de hombres. Cuando DJ la vio ahí parada con su minifalda, le sonrió un poco extrañado. Andrea lo saludo con un beso en la boca y le susurró al oído.

    —Me han dejado muy sola en casa!

    —¿extrañas a tus negros mami?

    —Quiero tenerlos de nuevo en mi casa, y voy a estar sola en casa.

    —Mami, que me doy una ducha ya verás como te meneamos!

    DJ se quitó la camiseta mostrando su musculoso torso mientras Andy se lo comía con la mirada, sin darle importancia se quitó el pantalón mostrando su ajustado bóxer que para el deleite de ella, se marcaba un paquete enorme. Cuando se quitó el bóxer pudo ver aquella verga enorme, casi del tamaño de su brazo. Y se lubricó un poco al recordar que lo había tenido dentro todo.

    —Hoy tendrás compañía hija de puta!

    —¿gracias?

    Big Daddy a sus espaldas le miraba el culo, DJ salio de la ducha y le dijo.

    —ya Listo, vámonos!

    —Venga pues, ¿tienes hambre nena? ¿Llevamos algo?

    —No no no, Yo les cocino.

    Andrea viajaba en el asiento trasero, levantó su falda y les dejó ver su rajita, le dijo que ella haría la comida en su casa ya que sus padres no estaban, mientras se ensaliva un dedo y se frota el clítoris.

    —Tremenda zorra mi nena!

    —Te dije pana, está es una púa bien hecha.

    —Mira como me pusiste, ven tócalo.

    Big Daddy riéndose morbosamente jalo la mano de Andy, aprisionada con la suya en su enorme paquete. Podía sentir el enorme grosor sobre la tela del pantalón deportivo. Su otra mano la dirigió a sus muslos, deslizándose a través de su falda hacia la rajita de Andrea que empezaba a mojarse y vaya que bien mojada por aquella situación.

    —Mete tu dedo papito!

    —¡Ya estas húmeda mamita!

    El continuó llegando a su afeitada rajita, que estaba más que empapada, sus jugos empezaron a mojar el asiento de piel de la camioneta de DJ, al tocarla volvió a resoplar, y dirigiéndose a su amigo, le dijo sonriendo.

    —¡Que nos sacamos la lotería papi!

    —Te lo dije webon!

    Soltó la mano de Andrea para desabrochar su bragueta, sacando ya semi dura su enorme y gruesa verga, le jalo la cabeza para que ella se la chupársela ahí en la camioneta. Ella como una puta sumisa y con la complicidad de la noche en el interior de la camioneta, bajo la cabeza para comenzar a lamer su enorme glande, brillante y duro, que se asomaba con parte de su suculenta verga por aquella cremallera abierta, él respondió con un suspiro de alivio ante la primer chupada, mientras que su mano y dos de sus dedos se escabullían en su goteante y empapada rajita bien rasurada.

    DJ bajo el espejo retrovisor para no perder detalle de la situación, diciendo, que él también quería participar.

    —Mira que boquita mami!

    —Lo mama de puta madre!

    En un minuto, la separo de su verga, tan deliciosa con la que se estaba atragantando, retiró su mano de su conchita para soltar todo su pantalón y bajarlo hasta los tobillos, mostrando sus afeitados huevos que rápidamente tomó para degustar junto a su enorme verga que ya estaba en buena forma, gesto que él agradecía con suspiros y gemidos.

    —Ya casi llegamos nena!

    Cuando llegaron a la casa de Andrea hicieron una pausa al calentón, para entrar al garaje y subir a la casa, ya casi sin decir nada ninguno de los tres, deseando este tiempo se acortara para comenzar con la faena sexual que se presumía lujuriosa y placentera. Mientras Andy subía los escalones, los mismos por donde la obligaron antes, ellos iban aflojando sus ropas, que fue cayendo al suelo camino a la habitación.

    —¡ESPEREN! Déjenme recojo un poco el desorden que tengo ahí dentro!

    —Bueno…

    —loca hija de puta!

    Andrea entró a su habitación, escondió sus juguetes, y se desnudó por completo, se acostó boca arriba en la cama con sus piernas bien abiertas, mientras una mano iba a su boquita y lamía delicadamente tres de sus dedos, la otra fue directamente a su rajita, empezó a sobarse y después, les grito a sus machos que podían entraran. La imagen era de lujo, ella acostada en la cama desnuda, con su rajita pidiendo ser destrozada, y delante dos negros con sus enormes mástiles, los dos con un tamaño descomunal.

    DJ se acercó a ella ahora con mirada lasciva y tras acariciar sus muslos suavemente, saboreó con su experimentada lengua aquella conchita, la hizo levantar la cadera con tal fuerza que su nariz se clavaba en su abierta y mojada raja, suplicando fuese despacio pues no quería acabar ahí mismo.

    Big Daddy no perdió el tiempo, se arrodilló a lado de Andrea y empezó a chuparle las tetas. Una de las manos de DJ, fue directamente a pellizcar los duros pezones de Andy.

    —¡Que ricos negros, mis negros

    —Que rica panochita hija de puta!

    Viendo que ella no aguantaría mucho, DJ se detuvo, se incorporó y se arrodilló a lado como lo hizo su amigo, le ofrecieron sus negras y gruesas vergas para que chupara a la vez, cosa que ella agradeció aunque ciertamente le dedicó más tiempo a la de Big Daddy, con aquella cabeza gorda, era muy placentero chupar, además sus enormes y colgantes huevos al estar afeitados, pedían ser acariciados con la mano, aunque también se llevaban algún chupetón que el agradecía con fuertes gemidos de placer.

    —Métela en tu boquita putita!

    —Que rica lengua webona!

    DJ bajó a su rajita y se puso a comer donde antes su amigo había estado devorando, y esta vez ella no pudo resistir y le dio su primer orgasmo.

    —aaaah! Aaahhh! Si que rico haaa!

    Sus ojos se pusieron en blanco mientras sus fluidos le caían a DJ en su boca, que fue celebrado por Big Daddy como si él lo hubiera recibido, y ciertamente parte de culpa la tenía, pues estar comiendo aquel monstruo que ahora brillaba y estaba terso, la había hecho explotar en unión a la experta comida de raja.

    —ahora por favor cógeme y tú también, quiero ser su perra!

    Andrea se acomodó sobre la cama, ahora esperando a ver quién de los dos la montaba primero, no dejando de tragarse la verga de Big Daddy al que no perdía ojo, pues la tenía anonadada aquella verga gruesa. Y trataba inútilmente de meterla toda en su boca.

    —Ya sabe lo que tiene hacer mal parido!

    —a la orden Big!

    Andrea miro a DJ algo sorprendida y este tumbándose sobre la cama la llamo para que se sentara de espaldas sobre su verga, el cual sabiamente dirigió a su culito, y con sumo cuidado la fue penetrando, ante el deleite de Big Daddy que miraba como la penetraban como si él fuese el que lo hacía, viendo además que la verga de su amigo entraba con relativa facilidad, intuyendo con su mirada también que ella ya se había preparado y había practicado para ese momento.

    —Te vamo a tratar como la puta que eres mami!

    —Perra de mielda!

    Andrea se tumbó sobre el torso de DJ esperando la acometida de Big Daddy, pero este sabiamente la demoro un poco, pues arrodillándose sobre su abierta concha, comenzó otra vez a comer, esta vez se ayudó con algunos dedos que con experta maestría iba metiendo y dilatando más, aquella conchita empapada.

    —haaaa! Que rico! Chúpala cabron! Siii! Haaaa!

    En esta posición le llego su segundo orgasmo, siendo esta vez la boca de Big Daddy, la agraciada.

    —Que rico sabe mi putita!

    —mmmm que rico!

    Después de chupar todo el orgasmo, él se incorporó rápidamente y tras tomar con su mano su enorme y gruesa verga, la acerco a su hambrienta rajita, que suplicaba ya ser embestida, y tras unos sabios restregones de su cabeza para tomar jugos y lubrificarse, se la clavó toda hasta el fondo de una estocada, dejándose caer sobre el cuerpo de Andrea, ella sintiéndose empalada por aquellos dos sementales que con ritmos brutales estaban perforando sus dos agujeros.

    —Le están entrando las dos a esta hija de puta!

    —Tragona! Come vergas!

    —siii siiii! Más fuerte!

    Se sentía prisionera de ése par de negros que la estaban taladrando con maestría y sabiduría, pues no tardó ni diez minutos en comenzar con sus sesiones multiorgasmicas, producidas por aquel monstruo que perforaba su rajita como si fuese la primera vez que era desflorada, aunque tenía que reconocer también que las embestidas de DJ por detrás le estaban dando un tremendo placer.

    — haaaay haaaa! Ha ha ha!

    Sus ojos se volteaban cada que sentía un órgano llegar, luego de unas largas embestidas en esta postura y antes de que se corriera DJ, su amigo le pidió cambiar de postura, siendo Big Daddy el que se acostó sobre la cama tomando y montando a Andrea sobre su enorme verga, para tenerla sobre él, su mano fue ahora a sus nalgas buscando el ano de Andrea y tras meter tres dedos en él, para evitar este se contrajera, llamó a su amigo diciéndole que destrozara la raja de aquella puta y que él se encargaría de destrozar su culo.

    —Vamo a ver si este culito aguanta más verga!

    Como si fuera una coreografía su amigo comenzó una serie de brutales embestidas que hacían que su cuerpo cayera más sobre el de Big Daddy, clavándose más adentro su verga que sorprendentemente lucia dura como una piedra, ella se puso a pensar que seguramente se ayudaba de algún producto para poder mantener aquella dureza, pero le daba igual, ella lo que quería era poder disfrutar de esas vergas en toda su plenitud, y ciertamente lo estaba haciendo.

    Pasaron unos 20 minutos de gloria, lujuria, y un placer demoledor, en esa postura cuando Big Daddy aceleró su ritmo avisando de su inminente inundación de nata en el trasero de Andrea, que agradeció con suspiros y gemidos que fueron silenciados por los labios de su otro amante, mientras este con sus manos seguía estrujando sus pechos a los que sus dedos pellizcaban con una clase que la tenía derretida de placer.

    —Que rica colita pendeja haaa que rica cola… puta!

    Esa noche, Andrea se sintió como el relleno de un sándwich, del que un par de negros estaban dando cuenta con exquisito gusto. Cuando finalizó y soltó Big Daddy toda su leche, retiro su gruesa verga del culito de Andrea, momento en el que DJ la giró, tumbándola sobre la cama, quedándose el encima de ella, todo este movimiento sin sacar su verga de su agujero, ahora siendo el, el único que la tenía poseída.

    —Haaa haaa siii sigue siii!

    Comenzó a bombearla con una fuerza y ritmo, a la vez que su cadera se movía como si bailara una lambada, dándole tanto placer que Andrea sufrió perdidas de conciencia y de lucidez, pues balbuceaba y gemía sin sentido, ante aquellas penetraciones brutales de verga.

    —Eso putita! Gócelo perra!

    Ella como podía miraba a Big Daddy que a la vez miraba de pie, como su amigo la destrozaba a embestidas con tanta fuerza y goce que lo tenía extasiado, este no dejaba de jalarse su apagado miembro como deseando ponerlo pronto en función para volver a cogerse a aquella puta.

    De pronto, ella notó que su amante aflojó un poco el ritmo, comenzando a tensar y arquear un poco la espalda y antes de darle su leche, la saco de su raja y de una estocada la hundió hasta el fondo de su culo, inundándola con un aluvión de leche dentro de aquel destrozado pero agradecido ano, con tanta fuerza y cantidad que este por las fisuras que dejaba su enorme verga, desaguaba parte de esta. No le cabía más semen dentro del culo.

    Andrea ya no estaba consciente, no era capaz de mantener el aliento ni un musculo de su cuerpo en tensión, era como un bulto de carne muerta que se había quedado inerte sobre la cama. La cantidad de mini orgasmos que ella había tenido seguidos era lo de menos y el número difícil de contar, pues a ella le pareció uno solo y de larga duración, como si todos se hubiesen comprimido en veinte ó treinta minutos y durante ese tiempo estuviera en la cúspide del placer.

    DJ sacó después de recobrar el aliento su ya flácido pero grande miembro, tumbándose a lado de ella para volver a su ritmo de respiración normal, ya que también se le notaba jadeante y agitado.

    —Está nena me pone duro!

    —¿está desmayada?

    Hablaron entre ellos como recordando viejos tiempos, pero Andrea seguía casi sin conciencia y apenas escuchaba sus palabras. Viendo el lamentable estado de su perra, Big Daddy la arropó y le dio una nalgada, dejándola dormir un rato sobre la cama mientras ellos se duchaban, hasta que los tres sintieron que la piel se les erizaba.

    ¡YA LLEGAMOS ANDY! ¡¿DONDE ESTAS?!

    Rápidamente los escondió en su closet y se puso su pijama. Bajo a cenar y como pudo se retiró de la mesa.

    —¿Que te paso? ¿Porque caminas así amor?

    —Me caí y me duele la cadera mami, seguro mañana amanezco bien.

    —Hay hija, descansa.

    —Si mami, buenas noches!

    Entró a su habitación y sus dos negros seguían escondidos. Abrió la puerta del closet y se arrodilló. Les mamo la verga, hasta que su garganta sintiera los estragos, cada que ellos hablaban, Andy les hacía la seña de silencio. Cuando logro tener la leche de ambos en su boca, se las mostró y luego la trago por completo.

    —Salgan por la ventana, los veo mañana.

    —Perra puta te amo!

    —Mamita rica.

    Se despidió con un beso apasionado de Big Daddy, esperando con ansias su siguiente encuentro.

    @MmamaceandoO

  • Sumisos en los chats

    Sumisos en los chats

    Como os conté en el primer relato con mi tía, soy un chico joven, de 26 años, que por motivos laborales viajo mucho. Aunque paso la mayor tiempo entre Galicia (mi casa) y Londres (mi trabajo), me muevo mucho por otros sitios debido a los eventos que organizamos, como Baleares.

    Esta vez me encontraba por Madrid. Estábamos organizando un congreso, así que aproveché la estancia para ver a un amigo de la infancia, Roi. Él es gallego también, pero vive en Madrid, donde trabaja como informático. Tiene 28 años, es gay y vive solo. Tiene unos gustos muy afines a mí, por lo que siempre habíamos tenido una buena amistad.

    Yo siempre me consideré heterosexual, sin embargo, puedo tener relaciones con un hombre. Quizás pueda ser considerado como bisexual, pero nunca lo he hecho, ya que nunca podría sentir algo por un hombre, no me siento atraído. Solamente veo la posibilidad de tener sexo con un hombre en una situación de mucho morbo, o en determinados contextos como en el bdsm, o en un trio, por ejemplo.

    El caso es que yo había tenido relaciones ya antes con este amigo, cuando eramos más pequeños. Desde chuparmela con sus padres al lado, en la sala, hasta follarle el culo en mi coche, al segundo día de carnet. Cosas de adolescentes. Le introduje en el bdsm, y se convirtió en mi sumiso. No era una sumisión real, él podia hacer lo que quisiera, pero cuando estábamos juntos sí era mi sumiso. El tema era que no teniamos problema en hablar de sexo, y siempre terminábamos hablando de ello.

    Fue entonces cuando le pregunté por como le iba a nivel amoroso/sexual, por la capital:

    -Pues no me quejo tío. La verdad que hay muchos chicos dispuestos a quedar

    -Ya imagino claro, en Tinder los tendras a pares, ahora ya no me la chuparas a mi eh…

    -Hahaha ya sabes que a ti te la chupo cuando quieras. El tinder bien, pero le doy mucho a los chats

    – Como a los chats…?

    – Si tío, los míticos chats que había antes. Hay muchos chicos gays para encuentros, buscando de todo. Mas tarde si quieres te lo enseño

    Pagamos y nos fuimos a mi hotel. Me enseñó esto de los chats, y tuvimos un par de conversaciones, nada serio, tios que querian hacerse una paja leyendo guarradas. El caso es que ya me puse cachondo, así que me desnude y me la empezó a chupar. Mi amigo tenía un fetiche enorme que era que le pusieran un ring-gag, una mordaza que te deja la boca abierta pero la mordaza es una aro, así que te pueden follar la boca en el espacio hueco. Me corrí y comenzó a comerme el culo, me relajaba mucho, me corrí y me quedé dormido. Esa noche se quedaba conmigo en el hotel, así que se tumbó al lado y se puso a chatear. Cuando me desperte de esa siesta tardía, como a las 20:30, me miro y me dijo:

    – Hey tio, tengo uno…

    – Tienes un que…?

    – Un tío, hay uno que quiere quedar hoy, está en la ciudad, es muy sumiso y vicioso

    Yo no acababa de estar convencido…

    – No se tío, es un poco lío todo

    – Que va, tiene sitio dice, y sino se puede desplazar así que te lo puedes traer aquí

    – Sí, seguro que lo traigo aquí… estas tonto? No lo voy a meter en mi habitación

    – Pues en el coche tío, este quiere rabo hoy. Tiene 33 años y es sumiso.

    Yo siempre fuí muy desconfiado. No me atrevia a meter a un tio a mi habitación, ni si quiera le daba mi teléfono a la gente que conocia por apps o similar. Tengo un prepago, que un amigo me cogió en Santiago. Él no quería teléfono a su nombre, asi que les pagaba 10€ a vagabundos, por ejemplo, para que fueran a buscar el teléfono y pusieran sus dni, y yo tengo uno de estos.

    Así que le dimos ese otro número y quedamos con él. Mi amigo se hacía pasar por mí, y le pedia cosas para iniciar el juego. El joven respondía «si amo»

    Quedamos con él. Le recogeriamos al lado de un descampado, cerca de Chamartin, e iríamos a un sitio discreto. Roi me pidió venir, y aunque fuese solamente tocarse. Por supuesto le deje.

    Estaba un poco nervioso, cuando llego la hora. Fuimos para allí, entonces se acerco al coche, con la capucha puesta, y se subió.

    – Hola señor, gracias por recogerme

    Él no sabía si era Roi o era yo el Amo, asi que cogí el liderato y le dije:

    – Hablarás solo si te lo pido, mi amigo estará con nosotros y te ira dando indicaciones.

    – Si amo, gracias

    Entonces, sin yo esperarlo, Roi se giró y le dijo:

    Ponte esto!

    Le dio una mordaza, un collar con su correa, y una capucha de las antiguas que llevaban los presos. Él se puso todo sin protestas. Notabamos su respiración agitada, no debía de hacer esto a menudo, normal! Hoy en día quien se mete en un coche con desconocidos y se deja privar de todos sus sentidos. Sin embargo, se apreciaba una erección por debajo del pantalon que llevaba. El chico era alto, pelo castaño corto, y delgadito. Llevaba un pantalon beige, y una camisa de cuadrod negra y blanca, junto con unas zapatillas nike blancas. Ya se habia quitado una cazadora negra y una bufanda. No le vimos la cara bien, aunque se apreciaba un chico guapete.

    Roi había cogido la bufanda y me hacia señales para usarla al atarle las manos. Sin embargo abrí la guantera, y se percato que habia un rollo de cinta americana plateada. Una sonrisa se dibujo en su rostro.

    Llegamos fuera de la ciudad. Habíamos conducido un montón y ahi no habia nadie. Roi se bajo del coche con la cinta. El cabron era un sumiso cerdo, creo que nunca escuche un no de su parte, y eso que le realicé cosas de todo tipo que os contaré otros días. Sin embargo, cuando podía domiar él… que hijo de puta era! Abrio la puerta de atras y le mandó bajar

    – De rodillas, con la manos en la espalda- él obedeció.

    Una vez con las muñecas y los pies atados, la situación cogió un morbo especial. Un completo desconocido atado de pies y manos en un descampado, amordazado y con una capucha de preso puesta. El temblaba mezcla de los nervios y el frío. Se había entregado totalmente a merced de dos desconocidos, que podían darle placer o acabar con él alli mismo.

    – Parece un preso de esos de la yihad, eh tio – me dijo Roi. Cogió un palo y se lo acerco a la cabeza presionandolo un poco contra él:

    – Y si ahora te pegamos un tiro que pasa? Nadie lo va a saber eh putita…

    -Mppffffmm – balbuaceaba asustado nuestro preso, del que no sabiamos ni el nombre, solo el nick «dirtyslave007»

    – Tranquilo guarro, que si te portas bien no te pasará nada

    Me sente en el asiento de atras, con las piernas hacia fuera del coche y los pantalones bajados. Roi me lo traía por la correo, caminando a duras penas. Me paso la correa, le mande arrodillar, y Roi saco otro regalito…era un cinturón de castidad, de estos que son una funda plástica cerrada por un candado. Me preguntó si se lo ponía y asentí sonriendo. El tipo se asusto cuando le sacaron la polla para ponerselo. El cabron la tenia dura así que Roi cogio una botella de agua del maletero, que estaba fria, y se la tiro encima de la polla. El gritaba del frío, pero su polla bajo casi al instante. Entonces pasó las anillas y cerró el candado. Nuestra putita estaba desorientado, no sabia que llevaba y se empezaba a revolver. Con la correa tire de él y le dije:

    – No puedes tener placer tu si antes no lo tengo yo- asintió sumisamente

    Le quite la capucha y en un rapido movimiento le puse la bufanda como venda. Le quite la mordaza, y me recoste, y con la correa lo fui trayendo hasta mi polla. Comenzo a lamer desesperado, se la metia toda, la repasaba de arriba a abajo, los huevos, menudo mamadon, era todo un experto. Roi se masturbaba en el asiento de delante, mirándonos. Estaba a punto de correrse asi que se levanto, le levanto la camisa y se corrió en su espalda. El joven noto algo raro pero de un tirón le devolví la concentración a su trabajo. Roi le extendía mientras su semen por la espalda y le ponia la camisa por encima.

    Yo seguía a lo mio, y cuando estaba a punto de correrme, me sali del coche, y con la mano apunté a su boca. Él abrió y trago lo que pudo. Se la pase por la boca y por la nariz y se tragaba todo. Mire a mi derecha y Roi se estaba masturbando otra vez:

    – Que lefada hijo de puta, que cachondo estoy

    – Pues venga, follale el culo que yo voy a recuperar

    Le cogió a rastro y se lo llevo al capó del coche, le puso la mordaza otra vez y la capucha.

    – Yo te voy a follar asi, que me pones más, como un preso

    Le dio dos vueltas a la correa alrededor del cuello y le agarró. Su polla estaba algo lubricada pero no el culo, aunque no le importó

    -MPFFFMMM- gritó de dolor

    – No te ha gustado cariño? Si ha sido con amor!

    La verdad que yo parecia un angel al lado de Roi, hoy. Lo veía disfrutar del culo del sumiso, mientras este lloraba y gemia. Despues de 4 minutos envistiendo se le corrio dentro

    – Le vamos a hacer algo mas?

    – Si. Desatale los pies y tumbalo en los asientos de atras- dije

    Roi se quedo extrañado pero lo hizo.

    – Quitale el cinturón de castidad

    Nuestro sumiso expiró profundamente. Su polla llevaba todo el rato ahi encerrada queriendo salir, topando con los extremos plásticos. Ahora estaba liberada y crecia otra vez

    -Que le vamos a hac… PLAS! – sin dejarle acabar le abofetee.

    – Tu hoy ya has gozado bastante! Ahora tengo que recordarte cual es tu posición conmigo y como debes tratarme

    – Lo siento señor

    Le agarre del pelo y lo tire contra el capó. Le ate las manos y lo lleve hacia la parte de atras del coche. El sumiso escuchaba extrañado

    – Ahora me vas a dar placer a mi. Bueno y a nuestra puta también que ha sido muy buena

    Comencé a penetrarle, mientras lleve su cabeza a la polla del sumiso y comenzó a chuparsela. El sumiso se retorcia de placer, y tardo muy poco en correrse

    – Tragatelo todo, y aunque haya acabado quiero que te quedes con su polla en la boca mientras yo termino. Cuando faltaba poco, le agarré del pelo y pegue las 3 embestidas finales para descargar. Exhausto, le mantuve agarrado del pelo y lo saque al capó otra vez. El cabron volvia a estar cachondo. Le ate los pies y lo deje allí mientras iba a por nuestro sumiso. También lo saque del coche, le quite la capucha y lo puse detras de él

    – Ahora vas a poder follartelo tú. Era la primera vez que le dejaba verme la cara. Agarré su polla y la puse frente al ojete de Roi, que respiraba acelerado. El empujo con sus caderas mientras yo le guíaba. Cogi su correa y me sente en el capo, con la polla frente a la boca de Roi. Comenzo a chuparmela mientras el sumiso le rompia el culo.

    Nos corrimos los dos, y decidimos irnos, asi que al sumiso lo pusimos atras como en la ida

    – Señor, puedo ir atras con el sumiso

    – Sí, pero que no se te olvidé nunca que eres y a quien sirves

    Gracias señor, es usted el mejor

    Fueron atras los dos el camino de vuelta masturbandose. Cuando me dispuse a dejarle donde le recogi, me pidió si le podía dejar en el portal por la hora que era. Accedí, llegamos y antes de bajarse dijo

    – Vivo aquí, en el 1o, solo. Trabajo hasta las 7 mas o menos. Si algún dia queréis visitarme o esperarme, teneis permiso para entrar. Nunca cierro la puerta del patio. Espero que me llameis. Gracias.

    Se bajo del coche y se marchó. Nosotros fuimos para el hotel. Me dispuse a ducharme antes de dormir:

    -Señor, puedo bañarle?

    -Adelante

    Roi me enjabonó entero, y me dio la ultima mamada de la noche, me tire en cama, terminó de lavarse y vino. Le puse un plug anal, y le ate las manos a la espalda

    – Ya sabes como tienes que dormir

    – Si señor, gracias. Buenas noches.

    Le tape la boca y me gire a dormir. Me desperté por la mañana y el dormía, lo gire y lo desperté de una embestida. Un aullido seco salio de entre su mordaza. Me corrí y comencé a prepararme. Me iba ese día asi que empecé a recoger. El se revolvia, sabia que algo no iba bien para él, y que yo siempre le hacia alguna putada. Asi que cuando ya tenia todo listo le dije:

    – Bueno tio gracias por todo, me voy que tengo el vuelo en un par de horas.

    -Mmmmpfff

    -No no, tu te quedas aquí- la habitacion estaba a su nombre, y como el primer dia llegue tarde ni el dni me pidieron- ya te encontrará la de limpieza. Igual es transexual y hasta te hace un favor hahaha

    -mmmpffff mmmpffffd

    – Si si, yo al llegar te llamo tranquilo.

    Cogí la maleta y me marché. Llegue al aeropuerto y volví a Londres. Cuando encendí el teléfono tenia un whatsapp

    -hijo de puta, que liada, siempre me metes en fregados. Casi llaman a la policia

    Le respondí con un risa. Como me gusta viajar a Madrid…

  • Súbete, Fanny y sus chaperones

    Súbete, Fanny y sus chaperones

    Apenas cumplida la mayoría de edad, Luna estaba ansiosa por salir de fiesta, pero sus pares no la dejaban ir por ahí sola. Incluso si sus amigas la invitaban, jamás le daban permiso de llegar más allá de la medianoche. Pero ahora las reglas se volvieron un poco más accesibles.

    —El fin de semana es el cumpleaños de mi amiga, ¿puedo ir?

    —¿En donde es?

    —Es en un antro del centro.

    —No!

    —Pooor favor, puedo cuidarme.

    —No es no…

    —Papá!

    —Si tu mamá dice que no, es no mijita.

    —¡Los odio!

    Se encerró en su habitación y media hora después escuchó que alguien tocaba.

    —Mijita, ya convencí a tu mamá…

    —¡EN SERIO!

    —… solo hay una pequeña condición.

    —¡¿CUÁL?!

    —Que tu primo James te acompañe…

    —¡Papá! Es bien aburridor raro…

    —¿Aceptas o te quedas en casa a ver telenovelas?

    —No pues ya que…

    Su primo es parte del equipo de atletismo en la universidad, razón por la cual se distanciaron. Un día el estaba de decidiendo su vida y ella seguía con dramas de adolescente. Ahora James tiene 25 años, rara vez sale a divertirse y nunca toma alcohol.

    —Hola prima!

    —Hola, ¿Dime que traes auto?

    —Yo no pero Oscar si…

    —¿Y quien es Oscar?

    —Mi amigo, está en el equipo de voleibol…

    —¡Aburrido!

    Ambos son altos y se les nota el cuerpo atlético, además tienen la espalda gruesa, su primo ya no tiene la cara llena de acné. En su lugar una leve baba le rodea la boca y su amigo tiene unas nalgas impresionantes.

    —¿Te vas a ir asi?

    —¿así como?

    —Digo, ese vestido es de cuando tenias 15 años, ya tienes 18 Lunita, ese vestido apenas te tapa las…

    —¿Me estas viendo el trasero?

    —No no no, es solo que… olvidalo…

    El vestido negro se lo compro para ocaciones especiales, le quedaba muy corto, pero eso se debía a que desde hace un par de años se entregó en cuerpo y alma al gimnasio. Adelgazo y su cuerpo se formó de manera espectacular. Tiene unas tetas pequeñas pero lindas, su ojos marrón y la cara coqueta con su pelo lacio y largo la hacen lucir elegante, pero sus piernas bien formadas y su trasero redondo y duro son motivo suficiente par que todos volteen su mirada cuando la miran pasar.

    —¿está es tu primitive? Madre santa…

    —Pues ya creció, pero tu cállate y respétala!

    —Yo nada más digo.

    —Pues no digas!

    Llegaron a la fiesta y enseguida las cervezas llegaron a sus manos, aunque ellos se negaron al principio, la música y el ambiente los hicieron beber un par, Luna ya había bebido el doble, que para eso traía chaperones. Cuando sonó “súbete” de Larry over en la bocinas, Luna corrió y jalo a su primo hasta la pista.

    —Está la bailas conmigo primo.

    —Pero yo no se…

    No pudo terminar la frase cuando estaba a media pista moviéndose como idiota, ella movía sus caderas de un lado para el otro y de repente sintió como sus nalgas chocaban contra el en un tremendo perreo. James odiaba ese tipo de baile… hasta hoy. De inmediato su verba se endureció y sentía como se frotaba entre las nalgas de su prima, estaba excitado y trato de abrazarla, pero sus movimientos torpes hicieron que sus manos quedara en sus tetas, ella ni se inmutó, está en un extasis cantando la letra, James bajo las manos casi de inmediato, solo para terminar agarrándole las nalgas. Su amigo estaba mirando boquiabierto. Luna se dio la vuelta y ahora sentía su aliento chocando con su cara, ella bajaba y subía embarrándole las tetas en su cuerpo.

    —¡Hey es mi canción favorita!

    Detrás de ella estaba Oscar, que de inmediato le embarró la verga en aquel suculento culito, ella respondía perreando sin parar, hasta que James puso distancia. Evidentemente Luna ya estaba borracha, ahora tocaba llevarla sana y salva hasta su casa. No sin antes bailar otro poco ponerse húmedos con aquella hermosa chica sexy.

    Salieron pasadas las dos de la madrugada, abrazados. Debido a la euforia James y Oscar bebieron más de la cuenta, cuando llegaron a casa de Luna los recibió su mamá alarmada, Oscar frenó solo después de chocar contra los botes de basura de la entrada.

    —¡No vas a manejar así! ¡Se quedan, ahorita se acomodan en tu cuarto!

    —Estoy bien señoraaa!

    —Se quedan dije!

    Acomodo un par de colchonetas al lado de la cama y les puso suficientes cobijas. Hasta que los vio dormidos, salió y apago las luces. Unos minutos después James se levantó y subió a la cama, abrazo a Luna por la espalda hasta que su verga quedó Justo entre sus nalgas, aún tenía puesto el vestido. Sintió como otra mano lo tocaba, del otro lado había subido Oscar y sus manos levantaban el vestido hasta la espalda.

    —¡Que bonita eres!

    —En serio…?

    —Siii además estas bien sabrosa!

    James ya estaba sobándole las nalgas, sintiendo cómo esa tanga se perdía entre sus hermosas nalgas, escuchaba como se besaba con su amigo, y por fin llegó hasta su panochita que estaba totalmente húmeda.

    —Primo, ¿Me estas manoseando?

    —Perdón…

    —¡Que rico!

    Sintió como la mano de su prima le tomó la verga, debajo de las sabanas estaba estimulándolos a ambos. Tenían sus verbas duras y dispuestas a lo que fuera. Las manos de ambos seguían encontrándose en diferentes zonas del cuerpo de Luna, Oscar estaba prendido a sus tetas lamiendo sus pezones como si de eso dependiera la vida. YJa, es ya tenía un par de dedos dentro de su vagina.

    —Si que rico si siii

    —que rica primitive tienes!

    —Sigue siii siii

    Oscar se quitó la ropa y se pegó a ella hasta que si tío que la pu ta de su verga rozaba con sus labios vaginales, entonces empujó y le hundió la verga sintiendo el calor de aquella muñequita, James sentía como se meneaban y se acercó, chocó su verga con la de su amigo, aún así siguió buscado hasta que encontró refugio en otro agujero.

    —haaah! Haaaa! Despacito! Haaa!

    —Que rica perrita tienes de prima.

    Oscar quería reclamarle, que no le hablara así a su prima. Pero a él mis o no s le ocurría ningún otro calificativo, se acercó a su oído y le susurró.

    —Que rica te pusiste mocosa!

    —Te gusta tu primita puta!

    —Me encanta, que rica cola tienes!

    Empezaron a moverse, Luna era quien más énfasis ponía en mover las caderas para que ambas vergas entraran por igual, los gemidos estaban subiendo de tono, luego vieron como la luz de la sala se encendió y se quedaron inmóviles esperando a que todo volviera al perpetuo silencio.

    —Ya no hagas tanto ruido.

    —Se los prometo pero sigan cogiendome como una puta!

    Ambos siguieron meneándose para entrar en sus orificios mientras le llenaban de besos. Hasta sintió como el semen caliente de James le llenaba el interior, luego fue Oscar, le jalaba el pelo mientras se retorcia y vaciaba su leche en la cola de su primita.

    —¡que rico! Que rico! Siiii!

    — shhhh! Cállate putita!

    Fue el primer orgasmo que experimentaba Luna, y estar rellena y sudando entre aquello dos chicos atletas le gustaba. Se besaron hasta quedar dormidos, no supieron de si hasta el siguiente.

    “TOC TOC”

    —Niños, ya despiértense. Les preparé un caldo de pollo!

    Abrieron los ojos y se descubrieron desnudos y abrasados.

    —¡Ya vamos mamá! ¡GRACIAAS!

    Beso a ambos y se enfiló al baño, ellos pudieron apreciar cada parte de aquel hermoso cuerpo. Y es que Luna estaba echa un verdadero monumento. El culo meneándose a cada paso logró que se les pusiera dura. Lugo salieron a desayunar, su madre se deshacía en regaños y recomendaciones.

    —No tomen, miren como andan.

    —Si, no lo volvemos a hacer.

    Mientras su madre iba de la cocina al comedor, Luna aprovechaba para tocarles la verga bajo el mantel, aunque ellos trataban de detenerla, ella seguía, la ereccion era evidente. Su madre salió al patio y Luna aprovechó para deslizarse bajo la mesa.

    —¿Que haces Luna? ¡sal de ahí!

    —A mi no me molesta.

    Óscar ya se estaba bajando el cierre, y ella lengüeteaba la punta de su verga. James seguía desconcertado y tratando de detenerla. Hasta que entró la mamá de Luna.

    —¿Y no van a desayunar? ¿No tienen hambre?

    —Si

    —Si tía

    —¡Luna donde andas!

    Siguió su camino rumbo a la cocina, mientras ambos permanecía sin mover un solo músculo, Luna se turnaba entre verga y verga, no le importaba escuchar a su madre a unos metros.

    —¿Donde se metió esta niña?

    —Creo que fue a la tienda,

    —Ya va a comer golosinas, ya le dije que primero desayuné.

    James estaba por venirse y hacía gestos de placer. Mientras Oscar mantenía la calma y seguía platicando con la señora.

    —Pero seguro regresa rápido.

    —Y tu mijo, ¿La cruda verdad?

    —siii tía mmm me trae mas café

    —Les digo que no tomen, pero ahí van de necios.

    Debajo de la mes Luna sonreía con el semen de su primo en la boca mientras se ponía el dedo índice sobre los labios para que James guardara silencio.

    —¿Y tienes más primas putas?

    —Cállate pendejo!

    —Café y unas aspirinas mijo, te vas a sentir mejor.

    —Ya está más relajado señora.

    La boca de Luna recibía el semen de Óscar y succionaba hasta la última gota. Luego, aprovecho que su madre fue por las aspirinas para salir y sentarse como si nada hubiera pasado.

    —Termina de desayunar niña, no te levantas hasta que acabes. ¿Quieres leche?

    —No mamita, ya tome mucha.

    —¿que? Estas loca… de veras.

    —Mañana voy a ir al cine con ellos, si me dejas.

    —Si va James si, para que te cuide.

    El jueves, los tres en el auto de Óscar se despidieron de su madre. Luna llevaba una minifalda ajustada y ellos un buen número de condones. Óscar encendió el estero y puso la que ya también era su canción favorita.

     

  • Me confundieron con puta (3) Capítulo 2: El viernes

    Me confundieron con puta (3) Capítulo 2: El viernes

    Llevo todo el día pensándolo muy bien, la verdad es que he estado a punto de no ir; pero al final me armo de valor, voy a volver a hacerme pasar por puta y esta vez intentaré no comerme la cabeza tanto. Para el problema del frío llevaré unas bragas para la garganta, calentadores para las piernas; guantes para las manos, medias trasparentes para las piernas y una chaqueta transparente para el cuerpo. Pienso llevar agua para lavarme e hidratarme, toallitas; varios tangas y creo que con eso estaré lista.

    Llego a la piedra de siempre y me siento a esperar, el público ha cambiado considerablemente; hoy no hay tantos universitarios, pero hay más maduritos y más chicos jovenes. Mientras estoy ahí, mucho más cómoda que el otro dia; calentita que eso también es importante e igual de sexi, además me he estado instruyendo y calentando viendo porno hasta hace poco… voy pensando en lo aprendido en los videos de hoy, cuando un taxista deja a una pareja joven; me pita y para junto a mi, no esperaba que pasase algo así. Así que me levanto un tanto nerviosa por ser la primera vez con un taxista, la primera vez de esta noche; me acerco sugerentemente hasta el taxi, mientras el baja el cristal y me inclino hacia delante para que pueda ver mis tetas perfectamente.

    Sus ojos abiertos de par en par lo dicen todo.

    – ¿cuanto? – consigue preguntar escuetamente.

    – 15 un magreo de alguna zona tuya o mia, 20 por un beso; 30 por una mamada, 40 por una cubana y 50 por un polvo… si quieres un completo 100, una hora 150; y si quieres que sea tu acompañante por la noche con final feliz, 280. – digo como una robot, con el mensaje bien aprendido.

    – mmm… eres carita, ¿cuanto por mamada sin goma? – pregunta, para saber exactamente lo que quiere.

    – es que yo lo valgo – digo dándome una vuelta para que me vea bien, su cara lo dice todo. – 30, todos mis servicios son sin goma. – suelto y el traga fuerte.

    – esta bien, sube; en el asiento de copiloto. – pidió el.

    Lo hice sugerentemente, sabiendo que el me estaba mirando todo el rato. Algunos chicos de los grupos colindantes que estaban bebiendo, también observaron la escena con todo lujo de detalles; sonreí satisfecha, cuando volviera tendría más clientes esperando. Me senté donde el me dijo sin arreglarme la ropa, a sabiendas que la falda cinturón hizo su trabajo y se subió; mostrando mi empapado tanga negro de encaje, en el que se marcaba toda mi anatomía inferior.

    – vaya, estas jodidamente; buena. – suelta el taxista.

    – gracias. – sonrió colorada.

    Me fijo en el taxi, es un taxi atípico; tiene las 4 ventanas laterales oscurecidas, tiene detrás una reja de seguridad y la parte de abajo tapa todo para que no se pueda ver nada.

    – ¿te gusta el taxi? – dice el al verme observarlo.

    – parece muy seguro – suelto por inercia.

    – si lo es, bueno; belleza, empieza cuando quieras. – suelta el, apremiandome a empezar.

    – sacatela y empiezo. – suelto tajantemente, si quiere algo mas; tiene que pagarlo.

    – entiendo, cobrame lo que sea; pero quiero una mamada cómo debe de ser, sin manos y eso incluye sacármela sin manos. – comenta el.

    – vale, esta bien; serán 50 entonces. – explico la nueva tarifa, pensando si seré capaz de hacerlo.

    – echo – suelta y espera mis actos.

    – cobro por adelantado. – aviso y el asiente.

    Busca su billetera y saca un billete de 50, me lo guardo en la cartera; y me pongo de rodillas en la silla, acercando mi boca a su bragueta… uso las manos tan solo para aferrarme al sillón. Tan solo con mi boca, tiro del cinturón, hasta que consigo abrirlo; sorprendiéndome a mi misma; solo con mi boca muerdo el botón y tiro del pantalón para abrirlo, aprieto con los labios la hebilla de la cremallera y la voy bajando.

    – si que eres una experta, si. – juzga el taxista, haciendo de juez; me pone que me alaben por mi trabajo, por lo que parece. Ya que mis pezones ya están elevados, mi clitoris también; y estoy volviendo a mojarme, no sólo incluye que voy a mamarsela sin goma a un desconocido que ha pagado por ello.

    Una vez que el pantalón esta fuera de combate, agarro la goma de los slips; los bajo con la boca, hasta llegar abajo de sus huevos y con la lengua; los acomodo allí, el se rie al notar mi lengua en esa parte tan sensible. Su polla erecta me ha dado en toda la cara, incluso me duele el chocho; de no poder tocarme, y sus huevos también han dado en mi cara… mis fluidos chorrean por mis muslos.

    Subo hasta su polla lamiendosela cómo si fuera un helado, el hace sonidos de que le gusta; pero más le gusta cuando me la meto en la boca y empiezo a mamarsela suavemente, mientras se la lamo alrededor por dentro.

    – gmmm, eres buena tia; muy buena. – dice para sí.

    De repente arranca el coche, yo lo miro un segundo; frunciendo el ceño, quitando la vista de mi objetivo pero sin parar de mamarsela. El me mira un segundo y sonrie al ver mi gesto, pero sigue conduciendo mientras disfruta de mi relación; y no evita hacer sonidos que dictan que realmente le está gustando.

    – ¿que pasa? Tu haces tu trabajo mientras yo hago el mio – dijo entre jadeos de placer, al ver mi cara oscurecerse y mi mamada bajar de ritmo; se imagino que no me estaba convenciendo y entonces continuo. – este taxi esta preparado, los clientes van detrás, ellos no te ven; se asomen desde donde se asomen. Ahhh – gimió al metermela hasta el fondo, porque me había convencido; hasta cierto punto que hubiera gente detrás, ajena a lo que esta pasando delante tiene su morbo.

    En un momento dado pega un frenazo y noto una arcada, al no estar preparada; para metermela hasta el fondo, en ese preciso instante.

    – mmmh, celestial gusto y sonido – murmuró el taxista.

    Luego una curva pronunciada a la derecha y luego a la izquierda, al hacer la mamada sin manos; la polla dentro de mi boca se iba a un lado y al otro, dandonos más placer si cabe a ambos.

    Segundos después el paro el coche, y pude centrarme en tocarme el clitoris; mientras que se la mamaba con más ansia y pasión que nunca, este tipo no era precoz o estaba bien servido… pero no iba a poder conmigo, este se iba a correr en mi boca; tal y como yo no soy puta o tal que lo soy da igual.

    Unos golpecitos en el cristal de delante, hicieron que mi corazón se acelerara; el bajo un poco el cristal de su lado, pero no suficiente para que se me viera.

    – montarse detrás – consiguió decir sin gemir o jadear, aunque su voz si que sonó rara.

    Escucho cómo se abre la puerta y noto como dos personas se sientan, un chico y una chica hablan entre ellos; antes de seleccionar el destino, mientras yo sigo chupa que te chupa y el taxista se muerde los labios para evitar hacer sonido alguno.

    Aprovecha los últimos instantes de tranquilidad que tenemos, agarra mi cabeza con ambas manos; una por el pelo y otra por la colonilla y empieza a follarme la boca con ansia, yo en lugar de retirarme tras las primeras arcadas mal disimuladas pongo la boca en círculo para hacer presión sobre su glande… la lengua la voy moviendo de un lado a otro alternativamente, veo por su cara que esta apunto; cada vez lo hace más fuerte y más rápido, mi saliva impregna su parte sexual y entonces…

    – llevenos a la calle Real – comenta la chica.

    – enseguida – dice el taxista disimulando un jadeo.

    Yo sigo mamandosela, con ganas; cuando arranca, tengo que dejar de tocarme para no caerme y empiezo a hacerlo refregando mis muslos el uno contra el otro. El empieza a conducir y a veces se me mete hasta el fondo o se me va para el lado, no aguanta mucho más y se corre; se corre a borbotones, calentito y espeso. Mientras lo estoy tragando tengo un orgasmo, que me cuesta mucho disimular; le pego un bocado y veo que el aprieta los dientes, una vez mi orgasmo acaba y se la estoy limpiando noto que los de atrás están demasiado callados.

    Me duele la boca de tanto mamar, pero ahora descubro la trampa del taxista; ahora tengo que seguir, porque si paro y me levanto ellos me verán y sabrán que esos sonidos raros he sido yo todo el tiempo. Veo una sonrisa victoriosa en su cara, me agarra del pelo y me empuja contra su polla; que ya está mermando, me niego y me la empieza a refregar por toda la cara hasta que va subiendo otra vez. Con cada probada de su polla me voy excitando de nuevo, hasta que al final cedo; a sus deseos, no sin antes darle otro mordisco de rabia y a el se le escapa un gemido que disimula con un carraspeo.

    Empiezo a lamersela suavemente, pobrecito le he hecho un poco de sangre; ahora su polla tiene un sabor metálico de fondo, que no hace más que ponerme cachonda. Lleva todo el camino, cambiando de marcha; para rozarme las tetas o meter su mano en mi canalillo, eso no estaba en el precio y se esta aprovechando… pero lejos de molestarme, su actitud de sin verguenza; no hace más que ponerme cómo una moto, quiero más clientes de este tipo. Pronto intercalo lamidas curativas, con metermela hasta el fondo; le hago la batidora con la lengua y noto que cada vez le cuesta más concentrarse en la carretera, escucho que los dos de atrás murmuran entre ellos cosas que no logro oír y algún mordisco cariñoso le doy. Pero ninguno cómo el de antes, al poco le da igual el de coro y empieza a jugar con los botóncitos de mis tetas; intercala entre uno y otro y a veces los dos a la vez, entonces para abruptamente y en toda mi garganta vuelve a correrse; dejándome toda sudada, cansada y excitada.

    – hemos… llegado… – jadea el taxista.

    – ¿cuanto es? – suelta el tío incomodo.

    – 10 € – mira el contador el taxista.

    – dale 12, que ahora vamos a gozar tu y yo; cariño. – suelta la muchacha y no puedo evitar soltar un risotada, el taxista me mira mal; recibe el cobro y una vez se bajan, me levanto y los veo alejarse mirando el taxi intentando verme sin éxito.

    – que morbazo – suelto tan tranquila

    – si que ha estado bien, si; ¿ahora para volver cómo me pagas? – sonrie con malicia.

    – ¿perdona? No te pases de listo. – me quejo molesta.

    – ¿una paja? – pregunta intentando convencerme.

    – ya te has llevado dos mamadas por una, no tientes a la suerte. – le amenazó enseñandole mis dientes.

    – pero de eso ya te has vengado con el mordisco, hagamos una cosa; agarra mi polla, yo pondré el contador y lo que falte te lo pago. – suelta convenciendome.

    – esta bien… – digo molesta y finalmente acepto porque me estoy mojando otra vez…

  • Joselyn, sueño hecho realidad (Tercera parte)

    Joselyn, sueño hecho realidad (Tercera parte)

    Después de esa noche con Joselyn donde me vine de su apartamento casi a las 17 horas, estuvimos chateando esa semana, me dijo de lo bien que se sentía, que estaba durmiendo mejor, estaba de mejor ánimo, en fin, le expresé que me alegraba y que también me gustaba estar con ella, esa semana tenía el turno de la mañana y por compromisos de ambos sólo chateamos.

    A la semana siguiente tenía el turno de la noche y Joselyn me preguntó desde el lunes, dándome a entender que lo del viernes por ella sí se daría, acordamos por mensajes para el viernes, ella pediría la mañana libre, acordamos para las 7am después de dejar a mis hijos y ella a su hija en el colegio. Llegado el tan ansiado día nos vimos en el colegio a la hora de dejar a nuestros hijos y nos vinimos caminando y platicando como si nada, la acompañé hasta la casa de su mamá y le dije que iva a mi casa que dentro de 5 minutos saldría a su apto, ella me expresó que iva a buscar algo y saldría para su apto, que estaba deseosa.

    Al cabo de 15 minutos ya estaba llegando a su apto, le envío un whathsap, diciéndole que estaba abajo esperando, desde la ventana me lanza la llave, abro y me está esperando en el ascensor, como era día de semana, colegio y era temprano tomamos más previsiones, pero no conseguimos a nadie o por lo menos no vimos a nadie. Apenas entramos a su apto comenzó el festín de besos caricias, Joselyn me tumbó en el sofá de su sala me desabrochó el pantalón y sacó mi pene para darle una mamada de campeonato, mientras me lo mamaba me dice: «disculpa amor pero necesito de esto»!

    Yo estaba en las nubes le tomo por el cabello y le empiezo a acariciar y a guiar los movimientos, al cabo de unos minutos le pido para bañarnos juntos, nos metemos en la regadera empezamos a acariciarnos a besarnos la pongo contra la pared le separo las nalgas y le meto la lengua, Joselyn empezó a gemir y como a arañar la pared, era rico porque nos caía el agua por nuestros cuerpos, el ver a Joselyn con ese culazo blanco esa cucota, con sus ojos cerrados como en éxtasis hacía que me esforzara más en mis lamidas desde el culo hasta la cuca, en eso tuve que agarrarla porque cuando le vino el primer orgasmo se le fueron las piernas, nos secamos y nos fuimos a la cama, sigo mamándole esa cuca con frenesí, Joselyn me tomaba del pelo como queriendo meter mi cabeza en su vagina mientras decía: ¡asi papito, asi me gusta, que rico, mamamela coño e tu madre, me has vuelto una puta, me gusta, ay ay ay ay siiii!» arqueando su espalda y saliendo de su cuca un río de líquidos el cual trataba de tomar pero era demasiado.

    Ya Joselyn jadeaba, estaba sudada, la volteo y la pongo con el culito en pompa, para hacerle lo mismo que hace unos minutos atrás en el baño, le meto mis brazos entre sus piernas se las abro con mis brazos la levanto un poco y empiezo a mamarle el culo y vagina le paso mi lengua, emitiendo Joselyn: «ayyy que rico no puede ser, coño e tu madre que rico, si dame mas, asi»! Si si si que rico, me gusta!» estaba poseída, agarraba las sabanas buscaba como zafarse pero la tenía bien sujetada, su cuca era un río caudaloso entre fluídos y orgasmos, la pongo de perrito y le introduzco mi pene, este entró sin problemas le doy una meneada y Joselyn cae con otro orgasmo, sudada ella y yo caímos rendidos en la cama, le susurro al oído que esto apenas comienza que voy por su culo la vuelvo a subir y con mi pene lubricado por su coño le apunto a la entrada de su ano al principio si encuentro un poco de resistencia por el tiempo que tenía sin ser penetrada por ese orificio pero una vez acoplado empezó el mete y saca y ella a menar esa cintura la tomé por el cabello con una mano y con la otra la empujaba por su hombro hacia mí.

    Mientras le besaba el cuello y en momentos nos besábamos los labios, yo por mi parte disfrutaba el simple hecho de disfrutar ese culazo y se lo hacía saber diciéndole: «vamos mami que rico tiras, vamos muevete, vamos puta, que rico tiras, esto es lo que te hace falta, si mami»! Joselyn en momentos se metía una mato en la vagina y se masturbaba, diciendo: «si papi dame mas pipe, uuuffff que rico amor, si asi ayyy ayyy ahhiii papi! Hasta que a los minutos después de otro soberbio orgasmo llegamos al climax llenándole su culo con mi leche, cayendo extasiados, yo encima de ella en su espalda.

    Joselyn jadeando por el cansancio me dice: «verga papito me tienes enviciada, quiero mas verga tuya»! Yo con una sonrisa de oreja a oreja le contesto cuando gustes mami, nos fuimos a bañar, ya en la ducha nos dimos otra tanda de besos caricias a sus pechos a su vagina para al rato volver a depositarle mi miembro en su vagina acabándole con gusto puesto que no estaba en los días fértiles y ya supuestamente había comenzado a cuidarse. Me vine de su apto alrededor de las 13 horas a dormir como un bebé para terminar mi semana del turno de la noche, al día siguiente me buscó en la empresa a las 6am cuando salí del trabajo para otra rica sesión de sexo donde le dí por todos lados. Actualmente ya tenemos un año y lo seguimos haciendo cada 2 o 3 veces como mínimo por semana.

  • Ya soy el puto del equipo (I)

    Ya soy el puto del equipo (I)

    I. Lo bueno del fútbol viene al final.

    Nunca he sido jugador de fútbol, ni siquiera en el colegio, tuve la fortuna de escaquearme cada vez que había fútbol obligatorio. Me parecía una tortura estar ahí en medio de tantos jugadores sudados y tropezándose, cayendo a tierra y recibiendo patadas. Para mí el fútbol se definía de esta manera: «La brutalidad del ser humano corriendo tras una pelota que se volvía loca de ir adelante y atrás continuamente, con una sucesión de patadas contra la pelota de las que un gran porcentaje se lo llevaban las piernas de los que intervenían, empellones, empujones y unos “¡¡pásamela, hijoputa!!´´ sin que nadie sancionara semejantes insultos». ¡Mierda!, siempre odié el fútbol, me parecía una actividad de salvajes. Cuando no podía escaquearme del campo, acababa como portero arrimado al poste y protegiéndome cuando llegaba la pelota. ¡Qué asco, siempre me echaban la culpa a mí!

    Pasó el tiempo, yo recién había comenzado a estudiar en la universidad filosofía. Me parecía que eso sería para mí coser y cantar, aunque nunca he cosido ni un botón y cantar tampoco se me iba muy bien.

    A estas alturas os he hecho un somero retrato de mi pensamiento; ahora pretendo haceros un retrato de mi físico. Soy alto, 1.82 m., para mi desgracia, parezco una escoba porque tengo mucho pelo en mi cabeza y soy flaco. Lo peor es que he de usar L en ropa interior que no tengo abundante porque no me gusta usarla, pero mi pene y mis nalgas no soportan el M, los rompen o algo peor, los deja escapar. Mis manos son grandes, mis pies calzan un 44 y no sé nunca cómo acomodarme en una silla o sillón. Hasta mi cama me la han hecho adrede para mí. Mi padre me dice que deje de crecer de una puta vez ya, siempre le contestó que creceré hasta los 22 años según me dijo un médico amigo suyo, el Dr. Fabián López.

    Este médico está casado, tiene a su mujer raquítica, él es gordo y tiene dos hijos por casualidad, error de la naturaleza o pillería de su mujer, ambos mellizos, más feos que una col después de salir del congelador. Cuando me recibe, porque soy propenso a los resfriados, me dice que creceré más cada vez que me resfríe, me exige que me desnude del todo y me suele decir: «todo lo tienes grande y buena salud», pero antes toca todo hasta que se me levanta, entonces dice: «todo funciona, toma esto y en ocho días resfriado fuera».

    El tercer retrato de mí va unido a mi polla y a mis huevos. Es que estoy en los 18 años y todo en mí está caliente hasta el hervor. Si en la tv hay una noticia de una mujer que ha tenido un accidente automovilístico y está embarazada, se me levanta la polla como si yo hubiese engendrado lo que lleva dentro. Si en la conversación de mis padres dicen que tal programa salían unos chicos con no sé qué cualquier cosa y poca ropa, se me levanta y ahí estoy yo haciendo lo mismo. Si veo en clase un compañero que se levanta al baño, ahí estoy yo ayudándole a mear o mamándosela, todo de pura imaginación. Todo es sexo. Fuimos los amigos a una iglesia a misa porque uno de ellos cumplía años, también 18, nos había invitado a todos su mamá, que es muy parroquiana ella, y nos pidió que fuéramos a la acción de gracias. Entré junto con los demás compañeros, salió el cura a saludarnos con un vestido ancho, largo y negro, lleno de botones desde el cuello hasta los pies y pregunté: «¿tan grande tiene su polla? Se rieron y el cura se fue; un poco en serio, en ese momento entendí eso de tener los huevos atragantados en la garganta.

    No sé si soy culpable, pero yo solo tengo 18 años, un calor enorme en todo mi cuerpo, una polla que sé para qué sirve pero que es enorme y que solo la uso para mear y para meneármela hasta cascármela del todo, echar la leche y volver a comenzar; pero me cuesta tanto eyacular que a veces me canso hasta de masturbarme. Mi abuelo me sorprendió masturbándome frente a su caballo y me dijo que me iba a enfermar y que estaba enseñándole malas cosas a su caballo. Como sufro muchos constipados tengo que sacar continuamente mis mocos por la nariz y la boca y lo hago con toallitas perfumadas, esas mismas que me sirven para limpiar mi polla cuando me masturbo. No entiendo que sacar los mocos sea bueno y masturbarse para sacar los mecos sea malo. Me puse a mirar fijamente al caballo que a su vez me miraba con indulgencia, moví cariñosamente mi cabeza y le dije al caballo: «No hagas esto que hago yo que te constiparás». El caballo dio un brinco y relinchó como si se burlara de mí. Entonces entendí todo lo que tenía que entender. Acababa de descubrir frente al caballo que a mis 18 años tenía todas mis hormonas en ebullición; en consecuencia, tenía que dominar mis nervios si deseaba eyacular antes de cansarme.

    Volvamos al fútbol, por favor. Entendedme; si el fútbol era una tortura para mí y mis amigos me habían inscrito en un equipo para el campeonato de la U, comprended la tortura que me suponían los vestuarios, culos, penes, piernas, pechos de todos los pelambres y sin pelambres, paseándose desde las banquetas hasta las duchas, desde las duchas a los lavabos, entreteniéndose conversando, poniéndose calzoncillos de todos los tipos y colores, pero con verdaderos paquetes, y yo allí deseando agarrármelos a todos y llevármelos a mi cama. No sé si alguien me entiende, pero para mí todo era un verdadero tormento.

    Lo peor no era todo eso, sino que como tipo alto que soy me ponen en la portería para parar los balones altos, que los bajos los frenaban ellos, decían. Pero yo sabía que tenía una polla tan descomunal, es decir, fuera de lo común que ya se burlaban de mí en mi época de colegio. Y así pasó también en la U. Todos hacían comentarios por lo bajo o atrevidos por lo alto, que me hacían subir los colores de la cara. Hasta que conseguí ser remolón, me busqué el encargo de revisar el campo para recoger el material que se dejaban y quedaba en el banquillo, aunque siempre era poco, pero hacía que me retrasara y eso era para mí como una tabla de salvación en medio de la marea. Me duchaba cuando ya se habían ido todos.

    El entrenamiento fuerte en el que se definía la formación era en miércoles, un día que todos teníamos que acudir, entrenar y en el que nadie tenía prisa para nada. Cuando había partido de la liguilla, competíamos y a continuación todos se iban con sus amigos o con sus chicas que habían asistido a presenciar y animar el partido. Si habíamos ganado, querían presumir camiseta; si perdíamos se iban en sus coches a casa a llorar hasta el miércoles. Por el contrario los miércoles no se sabía cuando nos iríamos de allí, todo se demoraba y todo el mundo remoloneaba. Si habíamos ganado se felicitaba al final del entrenamiento a los goleadores y a los que habían pasado el servicio; si habíamos perdido tocaba escuchar la bronca y arenga del entrenador.

    Ese día del que voy a contar lo ocurrido y mi cambio de pensamiento parecía en principio que iba a ser un miércoles cualquiera en el que por la mañana nos recordábamos el entrenamiento de la tarde y comenzaban los rumores sobre las posibles alineaciones a las que concluiríamos por la tarde como ocurría en cualquier otro miércoles.

    Habíamos ganado el partido del viernes. Se fueron todos y yo puse orden al material, me duché y me fui. Mis tribulaciones del miércoles ya empezaban por la mañana. Al primer aviso que me daba alguien ya pensaba en sus genitales, cuando otro me avisaba por segunda vez recordaba sus nalgas, si otro me lo decía de nuevo, sus pectorales o pezones, y así hacía un repaso de las características sexuales de cada uno. Todo eso me ocurría por querer mantenerme en el armario, porque mi situación me importaba a mí y no a los demás. Pero así estaban las cosas. Pude mantener esa situación en otro tiempo, pero ahora se hacía insostenible. Yo no deseaba follar a nadie, estaba seguro que temerían mi polla negruzca, gorda y fea; pero me gustaba verlos y que les gustara mi cara, que esa sí era bonita.

    No sé quién o qué lo hizo, si ellos mismos sin darse cuenta o si fueron mis propias hormonas las que se pronunciaron, pero descubrí a todos los chicos atractivos que me gustaban. Como he dicho, el miércoles por la mañana era el momento para prever por dónde irían los tiros y con quién me encontraría para indisponerme, era toda la mañana de precaución para tratar de evitar emocionarme frente a mis colegas. No hace falta decir que siempre fracasé en mi propósito y tuve que hacer malabarismos para que nadie notara mi pene duro en medio de un vestuario de hombres.

    Yo no era fuerte ni muy definido, pero ya estaba en esa fase de ganar músculo a base de ejercicio, pues acudía al gym justo al lado de mi casa. No me duchaba en el gym, porque en dos minutos cambiaba de portal y estaba en mi casa bajo la ducha de mi propia habitación. Nunca he pensado que si era feo o guapo, pero nunca me he gustado a mí mismo, excepto mi cara; me gustaban los otros chicos, unos, los guapos, más que otros; también sabía que no era gordo sino todo lo contrario y eso también me acomplejaba. Cuando me di cuenta por primera vez que mis brazos formaban bola, fue el día que mi padre me miró cambiando yo el televisor de sitio —52’’ con soporte, id est, 25,5 kg— sin esfuerzo por mi parte; puso su mano en mi brazo por encima de la camisa y me dijo: «¿De dónde has sacado este mulo? Y vi su rostro muy satisfecho. Sabía que había subido un poco de peso y mis piernas eran más firmes, pues esos pocos kilos extra en los músculos recién desarrollándose y descubrir mis muslos no tan escuálidos, me hicieron sentirme muy atractivo; más de lo que podría haber imaginado antes.

    No había sufrido bullying ni menosprecio, pero sí me dolían esas expresiones de «flaco, qué buen culo tienes» y «flacucho de mierda, ¿tu polla tampoco engorda?» y otras por el estilo. Todo eso me producía horror en el vestuario y hubiera querido tener el valor de irme sin duchar como hacían otros y como hacía en el gym, pero tenía que tomar dos buses para ir a casa y me daba no sé qué corte de subir al bus oliendo mal; pues, una vez que lo hice, me encontré en el segundo bus con mi hermana que, apenas me senté a su lado, me mandó la muy puta al final del bus porque yo apestaba. Nunca más lo hice, antes me iría a pie.

    El vestuario era una profusión de muslos, culos, penes y pechos como para mostrar los propios defectos, todos desfilando en su gloria en ese cálido vestuario. ¡El olor! Ah, el olor de ese vestuario: el olor a orina de macho en la parte de atrás de cada baño de hombres porque están algo descuidados y la otra mezcla de sudor y jabón común, porque casi todos usan el jabón barato que pone el club universitario. No lo puedo definir bien…, pero me parecía afrodisíaco, ¡era como oler a un hombre directamente! Ahora mismo, sólo recordar ese olor hace que mi polla se levante hasta mi ombligo y se salga de mi short por la presilla.

    Ese miércoles, el efecto de ese cóctel de olores era el de una bomba letal para mí. Mi polla estuvo todo el tiempo tan dura que me fue difícil subirme la cremallera de los pantalones. Si me quedaba unos minutos retrasado, mi polla se pondría a babear. No quise imaginar lo que me iba a pasar por quedarme más tiempo. pero retrocedamos y cuento lo ocurrido a mi torpe valentía.

    Las hormonas me hicieron descubrir a todos los chicos guapos. No es que yo fuera virgen, ya había pasado algo no tan importante, pero nunca fue fácil descubrir chicos guapos de verdad, ni allí mismo siquiera. Pero el viernes anterior, tras esa captura de balón que iba directamente adentro y que yo había hecho magistral aunque inconscientemente, gracias a lo cual ganamos al equipo contrario, se me ponía difícil no mirar y ver a cada uno y a todos desnudos abrazándome y dándome palmadas a mi culo por encima de mi short de deporte, ya que yo aún estaba vestido… ¡Joder, la puta madre que los parió a todos ellos! Si supieran que yo estaba en el armario como lo que yo era y al mismo tiempo quería quedarme ahí encerrado en ese momento del campeonato, pues ya me había hecho la ilusión del fútbol.

    De entre todos los chicos guapos que me abrazaron, tres me besaron y creo que también los tres me tocaron el culo. Eran los más guapos, solo de verlos se me ponía y deseaba que me hubiera follado. Uno fue Marcos, un tipo más pequeño que yo, de pelo rubio, corte de ala delta de los 80 y ojos color miel; delgado, tenía una polla muy normal, lo que destacaba en él era un culo pequeño pero absolutamente delicioso, lo que me hacía desearlo para hacer con él todo lo imaginable, sobre todo chupar su culo.

    Otro era Jaime, que era no sé si más alto pero sí más grande y corpulento que yo y tenía un cuerpo muy bien definido. La primera vez que lo vi, me asusté. Una enorme polla, no tan grande como la mía, se balanceaba entre sus piernas, el pelo largo con mechas pixeladas a colores. Parecía estar orgulloso de pasearse con un pie colgando de su entrepierna por todo el vestuario. Estaba desnudo todo el tiempo mientras yo intentaba meterme la polla sin dañarme. No recuerdo a nadie que fuera más insoportable en ese momento para mí que él.

    Y por último, está Abelardo, que estudiaba biología con Marcos y Jaime. Abelardo era entonces muy indefinible para mí. Era un poco más alto que yo, alrededor de 1.85 m., su cuerpo estaba perfectamente definido, pero de cara, siendo muy guapo, no lo era tanto como los otros dos. Sin embargo, su cara era del estilo de las caras traviesas y un sabelotodo que me ponía muy contento. También mencionaré que tenía una polla que rivalizaba con la de Jaime, aunque no sabía yo si tanto o no estaba convencido de ello, pero caía bien a todo el mundo. Verlos desfilando desnudos en la ducha fue lo que más me hizo salir corriendo de allí. Ninguno de ellos, tras la felicitación, parecía darse cuenta de mi existencia. Ya me duché más tarde que regresé cuando ya se habían ido.

    Un miércoles de los habituales, la Universidad parecía un desierto, porque había una amenaza de huelga del profesorado que aún no se materializaba, solo que, la misma incertidumbre estaba causando que muchos estudiantes faltaran a clases. Los entrenamientos del equipo, al menos el nuestro no quedaba afectado por la amenaza ni por la realidad de la huelga, por lo que se llevó a cabo el entrenamiento y estuvimos en el campo como era habitual, dispuestos a sudarla. De nuestro equipo estaba presente como la mitad de los componentes, entre ellos Abelardo; de Biología vinieron solo tres más, que no me llamaban la atención y eran de los que se iban sin ducharse.

    Como éramos pocos, estábamos más relajados. Algunos de los que se iban sin ducharse se bañaron. Yo estaba almacenando el material y cuando entré en el vestuario, vi que la mayoría de ellos ya se habían ido y el resto estaba a punto de irse. Me despedí de mis colegas que se iban y pensé en meterme en la ducha, ya que no había nadie más. Me quité la ropa sudorosa, fui a la barra de duchas y el agua, sintiendo el alivio del agua fría que caía sobre mi cuerpo. Como había pensado que no entrenaríamos, no llevaba mi gel. Así que pensé en quedarme 10 minutos bajo la ducha fría y limpiarme calmadamente con solo agua, porque no tendría nada más que hacer ese día.

    De pronto, mientras mis ojos estaban cerrados bajo el chorro de agua, oí que alguien se acercaba y se paraba muy carca de mí. Abrí los ojos rápidamente y me encontré con Abelardo, desnudo, con una toalla en el hombro y un jabón en la mano, mirándome. A pesar del susto, lo revisé de la cabeza a los pies en fracciones de segundo, él se dio cuenta y me miró con una especie de mirada burlona, diciendo:

    — Eh, ¿qué pasa?

    Mi corazón parecía que fuera a estallar dentro de mi pecho en un instante. Me entró de inmediato una sensación de tener la polla muy dura y paralizada, con un subidón de adrenalina tan fuerte que ni siquiera se movía. Mi mirada estaba fija en la cara de Abelardo, que esperaba, con esa sonrisa medio burlona, una respuesta.

    Dios mío, para una respuesta estaba yo, los segundos pasaron, estaba paralizado y tenía que responder porque allí estaba esperando. Mi rostro debe haber estado transfigurado de pavor, pero fui capaz de reunir fuerzas y dar una respuesta completa en el dialecto de los acobardados:

    — ¿Qué pasa?, ¿qué pasa? Hmm…

    Sonrió, supe que le gustó su efecto en mí, y se fue a duchar a dos chorros más allá de donde yo estaba. Me quedé mirándole con disimulo cuando cerró los ojos mientras el agua fría caía sobre su cabeza y escuché algunos sonidos guturales de satisfacción que expresaba por el alivio del calor. Me separé de mi ducha y me puse a mirarlo descaradamente. Él sentía que el agua estaba muy buena y así era. Yo miraba cómo se estaba enjabonando gloriosamente: pecho, vientre, muslos, culo y esa gran polla; como que yo lo disfrutaba mirándolo. El agua fluía por su cuerpo: cabeza, cuello, pecho, vientre, polla, polla, y más polla… mi mirada se había detenido y no podía dejar de mirar, ni siquiera contra todo sentido común. De repente, abre los ojos y me atrapa mirándolo fijamente, y lo que es peor: mi polla había empezado a levantarse.

    Me quedé completamente paralizado por el terror, imaginando que me llevaría la paliza del siglo, además de convertirme en el hazmerreír de todo el equipo cuando él lo contara.

    De repente salí de las duchas tratando inútilmente de esconder mi polla, que me dolía tanto. Ya en la zona de las banquetas empecé a vestirme muy mojado, porque no tenía toalla. Me vestí en ropa interior y me incliné para buscar el peine en la mochila cuando sentí que alguien pasaba por detrás de mí, burlándose de mi trasero. Me enderecé rápidamente y miré hacia atrás.

    — Lo siento, lo siento, lo siento, —dijo Abelardo con una toalla atada a la cintura, esto… estamos en una situación muy comprometida, disculpa…

    — ¡No hay problema! —le dije mientras me reía nerviosamente y estiraba los pantalones del uniforme.

    Podía sentir su movimiento detrás de mí, el olor del jabón de tocador en su piel, pero no me atrevía a mirar atrás, no quería darle más ocasiones.

    Me puse los pantalones, pero de nuevo la cremallera no se cerró por el volumen de mi pene. Cuando estaba pensando en rendirme, siento un movimiento y lo siguiente que sé es que Abelardo me abraza por detrás mientras sus manos pasan a través de mi cremallera.

    — Déjame ayudarte, o podrías herirte gravemente, —dijo en mi oído.

    El tiempo parecía haberse detenido. Sentí su cuerpo pegado al mío, sus manos en mi polla y su boca en mi oído. Estaba casi quieto, esperando mi reacción, muy precavido. Él estaba seguro que ganaría la partida, pero algo le retenía mientras esperaba que yo respondiese a sus embates.

    Primero, el pánico me invadió y el miedo de que alguien nos atrapara allí me paralizó, me mareé. Pronto, sin embargo, la sensación de su boca en mi cuello, sus manos en mi polla y el enorme volumen de la suya que me presionaba por detrás dilucidaron el problema, haciendo hervir mi sangre. Empujé mi cuerpo hacia él, empujando mi culo y girando mi cabeza hacia atrás, rindiéndome a su cuerpo, que también parecía estar ardiendo.

    Me besó en el cuello, sus manos atravesaron mi pecho y mi polla, mientras sentía un calor furioso como si mi cuerpo hirviera y se llenaran de sangre todas mis venas. Me bajó los pantalones y se quitó la toalla. Cuando me incliné hacia atrás, pude sentir la enormidad de lo que estaba por venir, su pene parecía estar en llamas cuando pasaba de un lado a otro de mi trasero.

    Me volví hacia él y lo besé. De hecho, casi me trago su boca, pues que mi hambre era tan grande que terminé de deshacerme de mis pantalones y ahora nuestros palos se frotaban libremente. El beso fue salvaje, con el sentido propio de la urgencia de cumplir el deseo. Además, estaba el peligro de ser atrapado allí en el acto, lo que sin duda conduciría a un escándalo, pensaba yo como un tonto. Parecíamos dos caníbales tratando de devorarnos el uno al otro. Su tacto, aunque intenso, era suave y sus manos pasaban por todo mi cuerpo. Bajó a mis espaldas y me tocó el culo con ambas manos, levantándome un poco. Sin encontrar oposición, su dedo medio se deslizó a través de mi columna vertebral y me frotó el culo, donde empezó a jugar.

    Suspiré profundamente con ese sentimiento y abrí los ojos. Sin separar nuestras bocas, me miró fijamente, estudiando mis reacciones. Cerré los ojos y me entregué a esa sensación, pero también bajé la mano detrás de su espalda y presioné ligeramente su trasero con mi dedo medio, imitando sus acciones. El movimiento pareció sorprenderlo, ya que sentí que su cuerpo se contraía ligeramente. Para mi deleite, sentí su pene presionar mi muslo, liberando una gran secreción babosa. No sólo no se detuvo, sino que me mostró que estaba muy emocionado. Cuando volví a abrir los ojos, no paraba de mirarme, pero ahora sus ojos tenían el brillo de esa sonrisa burlona. Había un montón de juegos de azar ahí dentro de las luminarias de sus ojos.

    Comenzó a morderme el lóbulo de la oreja y a bajarme la lengua alrededor del cuello, haciendo que me inclinara y me arqueara de nuevo. Cuando vino a mi pecho y me mordió en el pezón, grité, ya fuera de mi mente. Me cubrió la boca con la mano, un poco asustado, pero con un aire de diversión que estaba feliz de estar causando esas sensaciones.

    — Shhhhh, no hagas mucho ruido, de lo contrario nos oirán, — dijo.

    Asentí con la cabeza y me quitó la mano de la boca.

    — Pero… ¿y si entra alguien? —le pregunté con una dosis de sentido común que no sé de dónde me vino en ese momento.

    — Cerré la cancha con llave, — dijo y señaló la llave en la parte superior de su mochila; el conserje tuvo que irse temprano y me pidió ese favor.

    Antes de que se me ocurriera algo, ya me estaba chupando los pechos de nuevo, sacando mis suspiros. Lo siguiente que supe fue que me empujó al banco del vestuario y me lamió la cabeza de la polla desde la base. Ni mil años podría soñar con ver a un macho pegajoso, desnudo, arrodillado entre mis piernas, con la polla en las manos y la baba brillante de su polla en mi lengua. Me sonrió con esa sonrisa burlona y de medio pelo que le caracterizaba, de nuevo se le notaba contento de estar provocando todo esto.

    Fui muy transparente, demostrando completamente que me agradaban sus acciones. Sin pensarlo mucho crucé mis manos detrás de su cabeza y lo empujé hacia adelante.

    — Chúpamela, —susurré.

    Abrió la boca y se metió más de la mitad de mi pene en la boca a la vez. Yo tengo un pene grande y muy grueso y le llenó bien la boca. Parecía gustarle, porque empezó a gemir mucho a medida que avanzaba y venía con esa boca, trabajando toda mi polla y haciéndome gemir aún más fuerte sintiendo que esos labios pulían la cabeza de mi polla.

    La posición ya no era satisfactoria y, sin dejar de chuparme, se puso a mi lado en el banco y nos acostamos juntos, tanto así que en un movimiento muy rápido que hizo mi polla al levantarse me dejó casi turulato y se puso en posición de 69.

    Ese monumento que se me había vuelto suave y húmedo en la ducha, ahora estaba en el punto alto de nuestra acción y brillaba de tanto precum. Mi polla se había convertido en un coloso de 24 cm., y eso que era de las que no crecían mucho cuando se ponían duras, pero aún así era impresionante. Lo provocaba el contacto y su olor que me producía escalofríos en cada pelo de mi cuerpo. El glande, proporcional al cuerpo, formaba un casco rojo casi de vino, coronado por un gran agujero que babeaba sin parar.

    Después de admirar mi polla, durante unos segundos miré el tronco de Abelardo, a sólo unos centímetros de mi cara, inhalando ese embriagador olor a macho, le di un toque a la cabeza que también estaba roja. Temía de mi ímpetu y emitió casi un grito, que fue amortiguado por mi polla en su boca. Su susto pronto fue reemplazado por gemidos mientras yo estaba trabajando en su glande y tragándome más y más de esa polla. Era mucho algo más que la mía, debía tener unos 25 cm. desplegada, bien proporcionada, me golpeó ligeramente en la garganta cuando intenté tragarla entera.

    Después de unos minutos no sólo pude tragarme toda su polla, mientras él hundía mi cara en su escroto, sino que también pude mantenerme en esa situación durante varios segundos, sintiendo su glande palpitar en mi garganta, hasta que se me acabó el aire. Se volvió loco con las sensaciones, dejó de chuparme y empezó a abrirse camino entre mis piernas, haciéndome levantarla para darle acceso a mi trasero. Pasó sus dedos por el hoyito y pensé que se iba a quedar allí, porque estábamos sudados, pero entonces empecé a sentir su lengua vibrando por los bordes y la presión de la punta tratando de entrar. Eso fue demasiado para mí.

    — ¡Pon esa enorme polla dentro de mí, vamos! —le supliqué en un susurro.

    — ¿Cómo lo quieres, mi niño guapito? —me preguntó, en una muestra de consideración que no esperaba en ese momento.

    Sin más preámbulos le mostré cómo quería hacerlo, me tumbé de espaldas en el banco y abriendo mis piernas hacia él. Más claro, imposible. Sonrió un poco burlonamente, soltando hijos de puta sin parar a todos los colegas del equipo, tomó su toalla, la dobló y, levantando mi cintura, la puso debajo de mí, dejándome en la línea de fuego de su polla, ¡Joderrrr!, ¡y qué disparo!

    — Quería calentarte el culo desde principios de año, pero no me lo hiciste fácil, —dijo, en un tono medio quejándose, medio bromeando.

    No sabía él que para mí hubiera sido suficiente que me chasqueara sus dedos y yo me hubiera puesto en cuatro para él cada día que a le hubiera apetecido. Cepilló la cabeza del pene a la entrada de mi culo, extendiendo la baba que seguía saliendo, escupió un poco y lentamente comenzó a introducir esa cabeza en mi agujero. Poco a poco, me abrió y me penetró. Tan lento y suave penetraba que sólo podía sentir la presión constante y la salida de su pene. Nunca he estado con un tipo tan atento a las sensaciones del pasivo. Sin dolor y con esa ligera fricción, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y mi polla saltó, babeando de nuevo profusamente. Pronto sentí su pelvis presionando mi escroto y me di cuenta de que todo estaba dentro de mí. Respiró hondo y se acostó sobre mí, besándome.

    — ¿Cómo va todo, guapo?, ¿sientes mi pene latiendo en tu trasero? —me preguntó en un susurro al oído.

    Mi respuesta fue un gemido y crucé mis piernas sobre su espalda, presionándolo contra mí. Cuando se dio cuenta de que todo estaba bien, empezó un mete y saca lento, pero aumentando el ritmo cada vez, profundizando al máximo.

    Los preliminares, la juventud, el calor, el peligro, todo conspiró para que no tardara mucho en eyacular. Sentí su calor sobre mí, su sudor fluyendo y goteando sobre mí cada vez que se inclinaba para besarme. Tiré mi cuerpo contra el suyo, tratando de que fuera más profundo. Un calor empezó a subirme por las piernas, empecé a blandir mi polla ferozmente. Él, al darse cuenta de lo que estaba pasando, comenzó a calentarse más como si se enfadara, sin enfurecerse, pero verdaderamente loco por la emoción. Ese calor se canalizó a través de mi pene y me hizo explotar en un goce épico que hizo que mi corazón pareciera que fuera a explotar dentro de mi pecho. Mi esperma golpeó mi pecho, mi cara e incluso el asiento sobre mi cabeza.

    Pronto comenzó Abelardo a tener espasmos, se cayó sobre mí y me clavó su bastón tan profundo que me hizo abandonar el lugar. Él gimió en voz alta en mi oído y casi pude seguir los chorros de su eyaculación a través de los espasmos de su cuerpo.

    Poco a poco, nuestras respiraciones volvían a la normalidad. Incluso se durmió unos segundos encima de mí. Se despertó asustado y me miró un poco desorientado, pero pronto llegó esa sonrisa, esta vez afectuosa. Me besó a la ligera indecentemente. Me lamió la barbilla y me mostró su lengua llena de espesura de semen blanco. Enseguida entendí que era mi esperma, que estaba en mi barbilla. Riendo, se tragó mi mierda y me besó de nuevo.

    Tomaremos otra ducha rápida. Me prestó su jabón para ayudarme a sacar todo ese esperma de mi cuerpo. El me limpiaba a mí y yo a él; él limpiaba el esperma propio que estaba corriendo a borbotones desde dentro de mi trasero. Nos arreglamos y salimos del vestuario con toda naturalidad como si no hubiera pasado nada. El patio y el campo estaban desiertos, sólo había gente cerca de la cafetería, pero no nos vieron. Nos miramos y nos guiñamos los ojos como diciendo: «Hasta la próxima» y nos despedimos sin palabras sonriendo satisfechos. Luego nos dirigimos hacia la puerta lateral sin palabras, para tratar de salir sin ser vistos. En ese momento, veo a Jaime, sentado en un banco medio escondido para fumar.

    En un tono casi serio, pero con una mueca de sonrisa en el ojo, me pregunta:

    —¿Ha estado bueno el partido de hoy?

    Lo que no sabe Jaime es que a él me lo comería entero, espero que un día se acerque.

     

  • Mi grupo de folla-amigas y sus parejas. Presentación

    Mi grupo de folla-amigas y sus parejas. Presentación

    Después de presentaros a mi familia política y publicar una historia de las muchas que han pasado. Voy a presentaros a mi grupo de amigas y sus maridos más una amiga que está soltera. Como es lógico me centraré en las amigas, aunque alguna descripción haré de los amigos.

    Empezare con Jessy (Je), rubia natural, mide 1,75 más o menos y pesará unos 69 kilos. Es la amiga que más cachondo me pone, ya que, es guapísima y sobre todo tiene unas tetas increíbles, y su culito es muy apetecible. Le encanta follar, cuanto más mejor y es fan del placer doloroso hasta niveles insospechables. Hacer mención que lleva piercings tanto en sus pezones y en sus labios vaginales, uno en cada labio.

    Sara (Sa). Morena, 1.70, 62 kilos. Destaco su culito respingón e hipnotizador, sus tetas son normales tirando a pequeñas, pero unos pezones muy golosos, sobre todo morderlos. Como es lógico, lleva piercings en las mismas zonas que Jessy. Dato a destacar, tras conocernos y ver que le gusta mucho el sexo duro, le sugerí registrarse en alguna web de BDMS y le encantó la idea. Siendo una de las mujeres más conocidas en tema de BDMS.

    Montse (Mo). Morena, 1.60 y 53 kilos a lo más. Complexión delgada y por sus medidas pequeñas, pero un cuerpo muy cuidado, y al desnudo da ganas de devorarlo. Y aunque tiene un cuerpo pequeño, no tiene problemas en satisfacer un ejército de pollas y una característica suya es que llega a ser muy sádica cuando se lo propone. Bueno dato sin mucha importancia, Sara y ella son cuñadas. Añadir que sus pezones y labios también están anillados

    María (Ma). castaña-morena, mezcla rara, pero con su puntito. 1.65 y 56 kilos. Complexión delgada pero con un morbo muy hipnotizante, su actitud suele ser pasiva, pero una vez en faena, se transforma y no tiene límite. Sus pezones y labios vaginales con sus piercings

    Carol (Ca). Digamos que es el cuerpo más descompensado, medirá 1.70 y pesa 70 kilos, tiene sus carnes, que da gusto agarrarse a ellas mientras le follas. Culo tirando a gordo y sus tetas tienen un tamaño adecuado para darles el trato que merecen. No disfruto mucho de su cuerpo porque vive en otra ciudad, pero cuando viene es objetivo de todos. Piercings en pezones y labios vaginales.

    Por ultimo menciono a Diana (Di), que vive en el extranjero, asique nos vemos una vez al año y gracias. Es muy pequeña, medirá 1.55 y pesara 60 kilos y es la típica que no ha crecido tanto porque sus tetas se lo han impedido, bueno melones y un culo de buen tamaño. Al ser la última elementa en el grupo y al vernos tan poco, no tiene mucha experiencia sexual en el grupo.

    Bueno, ahora os hare una descripción de los chicos, comenzare con Eduardo, medirá 1,85 y 90 kilos, tío grande, es el novio de Jessy. El siguiente Nacho (Na), medirá igual que Eduardo (Ed), 1,85, pero pesa 70 kilos, está muy delgado, marido de María. Ahora vienen los gemelos, miguel y Javi. Miguel (Mi), que es el marido de Sara, mide 1,78 y 70 kilos y su hermano Javi (Ja), es un poco más pequeño, con lo cual, estará por 1.73 y 67 kilos, es el marido de Montse. Por último, falta Roberto (R), que es el que vive en el extranjero, marido de Diana, mide 1.80 y pesara 70 kilos. Ahh bueno falto yo, mido 1.90 y peso 88 kilos y estoy bien físicamente.

    Si os hacéis la pregunta de cómo es que todas llevan piercings en los pezones y labios vaginales, decir que fue una costumbre que surgió entre ellas, que cuando nos íbamos de luna de miel o vacaciones con viaje algún país lejano, volver con un piercing y estos años atrás entre boda y dar el salto a ser papas, pues hemos viajado mucho. En el caso de Carol, no ha tenido luna de miel, pero es la que ha estado en más países.

    Dato a tener en cuenta, todos los chicos también llevamos un piercing en un pezón y Javi, es el único, que lleva un piercing en la polla, que Montse su mujer, a traición, en uno de los viajes, contrato a un tatuador, que también ponía piercings y quedaron para hacer un trio, en un momento dado, mientras Montse estaba dando su coño a Javi, el tatuador aprovecho para hacerle el agujero en la unión la polla con los huevos.

    Una vez hechas las presentaciones, las publicare y posteriormente publicare la primera fantasía bestial con mis amigas, se titula “el cumple de Jessy”.

  • Con la sorpresa dentro (Primera parte)

    Con la sorpresa dentro (Primera parte)

    Martha se había estado comiendo las uñas mientras esperaba a su amiga. Hacía tan sólo unos minutos se lo había contado por teléfono y no podía creerlo. Paty se había decidido y al fin lo había hecho. Martha no era capaz de asimilarlo. No le dio muchos detalles de cómo, pero una cosa era clara, ella lo había hecho; se había atrevido a…

    Se oyó el timbre y supo que era Paty, así que corrió a abrirle.

    —¿Ay, pero por qué? Tú bien sabías que lo iba a hacer, te lo dije —le respondió a su espantada amiga.

    —Pues sí, pero esperaba que recapacitaras weona. Que vieras que ponías en riesgo tu matrimonio. Que te dieras cuenta de que estabas mal —dijo Martha, alterada.

    —Mira Martha, estuve planeando esto desde hace tiempo, ya, así que no fue una decisión precipitada, ni a la ligera. Y no, no estoy mal. Tú bien sabes porque lo hice; le estuve pidiendo a Enrique que nos embarazásemos desde hace más de dos años y nada.

    —Ay, pero tú debiste tenerle paciencia. Además, ¿qué tal si…?

    —Nada de eso. Él no tiene problema alguno, ya te dije. De entrada, Enrique nunca aceptó a acompañarme a un especialista. Si hubiésemos descubierto que él tenía un problema de esos, hubiéramos tomado una alternativa, pero nunca se vio interesado. Lo que pasa es que no quería asumir el compromiso, la responsabilidad, pero ahora se amuela —dijo con énfasis Paty.

    Martha no podía verse más impactada.

    —Oye, pero todavía no sabes sí…

    —¿Si ya quedé? No, claro. No esperaba quedar a la primera. Sería muy poco probable. Pero Pierre me dijo que él se comprometía a dejarme embarazada. Que por intentos no pararíamos —dijo Paty, y sonrió socarrona.

    —Ay Paty —expresó, pesarosa, Martha.

    —Ay amiga, tú ni te apures. Vas a ver que nada más se entere de que va a ser papá —y diciendo esto, Paty hizo una seña de comillas, con dos dedos de cada mano—, Quique se va a poner súper feliz. Es la cosa más natural del mundo —dijo Paty.

    —¿Lo más natural? ¡¿Engañar a tu marido y embarazarte de otro es lo más natural?! ¡Estás faltando a tu matrimonio! ¿Cómo pudiste? —dijo Martha, realmente cimbrada por la actitud de su amiga—. ¡¿Cómo pudiste engañarlo?! ¿Cómo puedes ponerle el cuerno y encima querer embarazarte de alguien más?

    —Ay amiga, tú siempre de espantada —y Paty tomó una uva del frutero y se la llevó a la boca.

    A Martha le pesaba aquello quizás porque se hallaba en similar situación. Bueno, ella no tenía exactamente el mismo problema que Paty, puesto que Jorge, su marido, sí estaba dispuesto a tener hijos. A ambos les ilusionaba, de hecho, pero lo habían estado intentando desde que se casaron sin éxito. Incluso, ellos sí habían acudido a un especialista y ya se habían hecho exámenes.

    Los días pasaron y mientras Paty gemía y gemía, siendo ayuntada por aquel hombre de 1.90 y de aspecto atlético que era Pierre (su amante, o mejor dicho su semental) sonó el timbre de su celular.

    Demostrando que aquel ruido no le interesaba, Pierre siguió arremetiendo con contundencia contra ella, a quien tenía bien flexionada de piernas, totalmente dobladas sobre sí misma. Él le brincaba y brincaba encima, emitiendo una respiración agitada, como si estuviese haciendo un ejercicio exigente, aunque habitual; dado su resistente estado físico; mientras que la otra lo recibía extenuada, expulsando gemidos que bien a bien no se sabían si eran lamentos por la terrible carga recibida, o si eran expresiones de satisfacción total.

    Pero tan insistentes fueron las llamadas a su celular; puesto que terminaba una serie de timbrazos e inmediatamente iniciaba otra; que la mano de Paty buscó a ciegas el aparato por sobre la fruncida sabana.

    Cuando dio con él lo tomó y de reojo vio de quién se trataba. Al ver que era su amiga contestó inmediatamente.

    —Bueno, Martha…, ¡ay, espérate! —le gritó a su atacador para que la dejara en paz por un segundo y ya no le rebotara más encima—. Sí Martha, ¿qué pasa? Espérate, espérate, ya voy para allá —y Paty se levantó de la cama.

    Por el tono de voz en su amiga, Paty decidió dejar la cópula a medias y fue inmediatamente a verla.

    Nada más le abrió la puerta de su hogar, ambas amigas se abrazaron. Martha lloraba inconsolablemente.

    —Bueno, ¿me vas a contar lo que sucede? —dijo Paty, poco después.

    —Ay amiga —dijo sollozando Martha—. Me llegaron los resultados de los análisis… ¡Jorge es estéril!

    Como Martha se soltó en llanto su amiga la abrazó.

    —Cálmate, cálmate, no es el fin del mundo. ¿Qué dijo él? ¿Cómo lo tomó? —le preguntó Paty.

    —No, él aún no lo sabe. Yo, pues, abrí el sobre antes de que él llegue.

    —¿Cómo?

    —Pues sí, estaba tan nerviosa que…

    —Así que tu marido aún no lo sabe —Paty aclaró.

    —No —aceptó Martha, secándose la nariz con un pañuelo desechable.

    Paty sonrió maliciosamente y Martha lo notó.

    —¿Qué estás pensando Paty?

    —Nada, sólo la mejor solución para tu pesar —le dijo sonriendo.

    —No pensarás que yo… —comentó Martha.

    —Pues sí. Haz lo mismo que yo.

    —¡No, ¿cómo crees?! —gritó inmediatamente Martha—. Yo jamás engañaría a Jorge.

    —Pero piénsalo, es la mejor solución. Si él no se entera, no habría…

    —No, ¡jamás! ¿Cómo crees que me voy a dejar embarazar por un desconocido? —expresó Martha indignada.

    —Pero si es como una inseminación artificial. Qué digo… es incluso mejor —y Paty sonrió—. Te gustará, te lo prometo. Bueno, lo digo por experiencia. Pierre es buenísimo para…

    —¿Qué…? ¿Tú ya estás?

    —Bueno, aún no, pero por intentos no hemos parado, si vieras…

    —Cállate, cállate. Ni lo digas, que no quiero saber nada de eso. Yo amo a mi marido.

    Martha se negó rotundamente a la propuesta de su amiga, sin embargo, no le dijo nada a su esposo sobre los resultados de los análisis, cuando éste llegó a casa. No se atrevió. Algo de lo que le había dicho Paty había hecho mella en ella. A pesar de lo sucio que aquello le parecía, la posibilidad que le había planteado su amiga ya germinaba en su interior (como pronto lo haría el producto del encuentro sexual que estaba por experimentar, aunque claro, ella aún no lo sabía).

    Continuará…