Blog

  • Aquella cola

    Aquella cola

    Ocurrió hace ya tiempo. Con Silvana éramos novios nuevos. Yo tenía 21 o 22 años y ella 19. Al poco tiempo empezamos a tener sexo de novios, de fines de semana, en algún motel donde tuve la grata y dulce tarea de desvirgarla. Unos meses después, surgió la idea de hacer un viaje a la Capital. Ella tenía allá algunos tíos y la excusa era visitarlos. Nos fuimos y casi al anochecer estuvimos en la casa de una tía. Cenamos y al rato llegó la hora de dormir. La tía era dueña de un hotel, donde tenía alguna habitación libre, por lo que decidió instalarnos ahí. Su marido, entre bromas le comentó que diría su hermano (mi entonces suegro) que no le cuidaba a la ‘nena’

    -Bah, ya son grandes, que se arreglen! Y reímos todos!

    La cuestión fue que la habitación tenía cama matrimonial, o sea que todo estaba para nosotros. Salvo por un detalle. Una falta mía de previsión y se trató de que viajé sin llevar preservativos y a esa hora ya era complicado salir a comprar. Así que, para no cometer imprudencias, nos conformamos con sexo oral. Más mío hacia ella que de ella hacia mí. No le agradaba demasiado y no era cuestión de forzarla. Al día siguiente desayunamos, paseamos un poco y la por la tarde nos dirigimos a casa de otro tío. Pasaríamos allí la noche, estaríamos al día siguiente unas horas y ya emprenderíamos el regreso. Lo pasamos muy bien, de charlas. Este tío de Silvana y su esposa tenían una niña pequeña muy graciosa. Ya algo tarde nos aprestamos a descansar. Aquí ya no había hotel, por lo que los tíos se llevaron a la niña a dormir con ellos y nos dejaron su habitación que tenía dos camas individuales. Nos acostamos cada uno en cada cual y quedamos quietecitos…

    Desde la otra habitación llegaban los rumores de las charlas de los padres con la niña y el audio de la tele. No pasaron más que unos minutos hasta que me cambié de cama y nos acomodamos aunque fuera angosta. Comenzamos a besarnos y a pasarnos manos por todas partes hasta que aquello tomó una temperatura increíble. Seguía sin condones, o sea que no podía ni quería penetrarla para no caer en problemas de algún embarazo indeseado. Nos matamos a besos y con las manos nos buscamos y acariciamos en silencio aunque con desesperación. Yo quería penetrarla pero me contenía. Tocaba su sexo y era un mar de flujos. No menos era lo que emanaba de mi verga. Ella permanecía boca arriba y yo me extasiaba con sus tetas, chupando su sexo empapado.

    De pronto Silvana se dio vuelta y quedó boca abajo, levantando la cola y con las piernas algo separadas. Era lo que podía percibir en la oscuridad apenas rota por el resplandor de una ventana. Busqué más y el aroma me guio de nuevo hasta su vagina para seguir chupando labios y clítoris inflamados. De repente se tensó. La adiviné aferrada a la almohada, hundiendo su cara por lo que el gemido fue apenas perceptible. Tiró más el culo hacia arriba y mi nariz rozó con su ano. Estaba tan empapado como la concha, producto de haber estado boca arriba, emanando líquidos que deslizaron por entre sus nalgas. Mi lengua fue incluso a agregar más humedad, lamiendo e insinuando la penetración. Entonces la idea se hizo clara en mi mente, en mi calentura y en mis deseos. Quería, debía penetrar ese ojete o explotarían mis huevos, allí mismo.

    Me incorporé un poco para colocarme encima, con la verga ya deslizada por la raja de sus nalgas, su ano tentador. Como adivinando la intención, Silvana levantó un poco más la cola ofreciéndose. Era virgen anal, pero seguramente la calentura le hizo perder cualquier temor, en tanto yo ya estaba lanzado. Tomé firme mi verga para apoyarla en la entrada prometida. Una delicada fuerza de mi parte y maravillosamente la puerta se abrió para que la cabeza de mi poronga se alojara en el interior. Instintivamente apretó las nalgas exhalando un suspiro. Le di un par de palmaditas para hacer que se aflojara. Volví a empujar para que mi verga ganara espacio. Retrocedí y volví a empujar, cada vez introduciendo más y más centímetros de miembro en su intestino. La danza comenzó a cobrar ritmo. Era la gloria. Una vez que ella se habituó a la invasión, hice que se apoyara de plano en la cama. Así sus nalgas y su culo se cerraron, por lo que la presión sobre mi pene fue mayor. La seguí cogiendo y cogiendo despacio. Quería que durara esa delicia por lo que aguanté lo que pude. Hasta que sentí el torrente subir desde mis huevos para derramarse en su interior. Levantó el culo buscando más penetración. Allí se alivió la presión en mi tronco y acabé de soltar los jugos que me quedaban.

    Fue una noche soñada y memorable. Nos besamos un rato más, para después dormirnos plácidamente. Cada quien en la cama asignada, para levantarnos con cara de aquí no ha pasado nada y desayunar con los tíos…

  • Café bar Bío

    Café bar Bío

    En este relato comentaré como fue la segunda vez que me abrieron el culo y me follaron, dejando el culo preñado de leche.

    Fue en La Coruña, el dueño del café bar Bío, que estaba situado en la calle San Vicente, justo enfrente la calle Angel Senrra. Ahora dicho café bar se llama Buenos aires, y no tiene nada que ver con el propietario del antiguo café bar.

    No recuerdo su nombre, todo el mundo le llamaba Bío, al igual que se llamaba el café bar. Lo único que sabía sobre dicha persona, era que había venido de Brasil y había montado dicho negocio. Al poco de jubilarse traspasó o vendió el negocio, no sé si fue una cosa u otra, y poco tiempo después falleció. Obviamente esto sucedió hace ya unos cuantos años.

    Se que él vivía solo, en un piso en la calle Ramón Cabanillas, a unos 100 metros de distancia de donde tenía el negocio. Había sabido de que era homosexual y que le gustaba sodomizar a jovencitos, lo supe por un joven gay, al que conocí cuando yo tenía 18 años.

    A dicho joven lo conocí una noche al salir de una discoteca, chaston, que hay en La Coruña. Al salir de dicha discoteca, iba por unas galerías que van a dar a la plaza de San Pablo, y en dichas galerías; de aquellas todavía estaban sin terminar; me realizó una felación. Yo deseaba que me diera por el culo y me desvirgaran de una vez, pero él, un gay pasivo, lo que quería era polla, no abrirme el culo y follarme. Pues dicho jovencito fue quien después de saber por donde vivía, me dijo que el dueño de dicho café bar, era homosexual y que le gustaban los jovencitos como yo y que además de romperme el culo podría sacar algo de dinero. Por supuesto que yo no buscaba dinero, así que pasó el tiempo olvidándome del asunto. Cuando tenía 20 años y recientemente me habían desvirgado en Zaragoza, donde estaba realizando el servicio militar, en un permiso que me dieron, estando en La Coruña, recordé lo que dicho joven me había contado, por lo que decidí pasarme por dicho café bar, y ver si conseguía que me follaran, rompiéndome el culo por segunda vez en mi vida.

    Estando en casa de permiso con el culito recién desvirgado en Zaragoza por Urbano, que fue el que me desvirgó en el hotel Europa, situado en la avenida de la independencia de dicha localidad maña, deseaba ser de nuevo penetrado por una buena polla y volver a sentir el gusto que había sentido cuando me dio por el culo desvirgándome el culito. Quería volver a ser follado y sentir como me preñaban el culo dejándolo repleto de semen. Al salir aquel día de casa, pasé por delante de dicho café bar, viniéndome al recuerdo lo que me había contado aquel joven gay, así que volví hacia atrás y después de unos segundos que me quedé pensando, entré en dicho local y pedí una cerveza para beber. Me sirvió el camarero que había, que además resultó ser el dueño y al que los clientes que había en aquel momento le llamaban Bío. Era un hombre ya mayor, estaría rondando los 60 años o algo más, era alto, delgado y no muy agraciado de cara, vamos que no era ningún adonis, más bien era de cara fea. Pero bueno a mí, lo que más me importaba era su polla, era lo que más deseaba, quería volver a ser follado y sentir de nuevo aquella sensación de una polla abriéndome el culo y llenándomelo de leche.

    Así que tomé asiento en uno de los taburetes, pedí una cerveza y me puse a inspeccionar el ambiente del local. Pronto me di cuenta de que el dueño era el único que atendía el negocio, y además lo había cazado mirándome en varias ocasiones. Me había revisado de arriba abajo. En el momento que no estaba atendiendo a nadie, no me sacaba la vista de encima.

    Los clientes que había en aquellos momentos eran todos hombres mayores al igual que él. Solo había un par de mujeres, las cuales parecían ser las esposas de 2 de aquellos clientes. Estaban viendo un partido de fútbol, el cual, al acabar dicho partido, la mayoría de los clientes terminaron por marcharse.

    Después de haber acabado el partido y marcharse la mayoría de los clientes, yo decidí esperar a ver si conseguía mi objetivo, que no era otro que lograr que aquel hombre me diera por el culo. Ya había conseguido que se fijara en mí. Cada vez que lo había descubierto mirándome, había visto que me desnudaba con sus ojos, era como si me estuviera devorando, se notaba la mirada de deseo y lujuria por poseerme.

    Pedí otra cerveza, me levanté del taburete para ir a echar una partida a la máquina recreativa que había en el café bar. Esta quedaba a la entrada al café bar, justo nada más entrar estaba a la izquierda, pegada a la pared y cristalera del local. A la derecha quedaba la barra del café bar, por lo que el dueño estando dentro de la barra tenía una panorámica perfecta del que estuviera jugando en dicha máquina recreativa. Y por supuesto que tan pronto me puse a jugar; era una de aquellas maquinitas de aviones o naves espaciales; el dueño no me quitó la vista de encima. Estoy completamente seguro de que se puso como un burro de empalmado, ya que le había podido ver que el paquete le aumentaba por momentos, y la cara de lujuria, cada vez era más evidente.

    Por supuesto que yo no estaba mucho mejor que él, cada vez me ardía más el culo, y los deseos por ser follado eran cada vez mayores. Cada vez me insinuaba más y más, movía el culito tratando de excitarlo dejándole claro mis deseos.

    Ya se habían marchado todos los clientes del café bar, solo quedábamos el dueño y yo. Le pregunté la hora que era, y a qué hora cerraba. Me dijo la hora, y que iba a empezar a limpiar la máquina del café, barrer y fregar y cerraría, ya que solía cerrar a eso de las 12 de la noche.

    Le dije que iba terminar la partida y ya me marchaba, si no le importaba.

    No, no me molestas, puedes terminar de jugar la partida que aún me falta por lo menos media hora para acabar.

    Ya había limpiado la cafetera y había empezado a barrer, y yo aún seguía jugando en la maquinita, cuando empezó a barrer por donde yo estaba. Tu tranquilo, sigue jugando que no me molestas, me dijo. Si quieres aún tienes tiempo para beber otra cerveza, que después de barrer, aún voy a fregar el suelo, me gusta dejar el bar, limpio para cuando llegue por la mañana huela a fresco y limpio, me dijo.

    Bueno le contesté, es que me da vergüenza que estés esperando a que termine, le dije.

    Tu tranquilo, me encanta tener clientela tan joven como tú, los que sí son molestos son los que están borrachos y no dejan de dar la tabarra. Lo que sí voy a hacer, es cerrar la persiana para que no se me cuele alguno y me joda la noche.

    No te apures por que cierre la persiana, tu tranquilo y termina sin prisas, voy a fregar y luego sí nos marcharemos, me dijo mientras bajaba la persiana y cerraba el café bar, quedando los 2 solos dentro del local.

    Antes de que se pusiera a pasar la fregona por donde estaba jugando en la máquina, terminé la partida, yendo hacia la barra para terminar de beber la cerveza y pagarle lo que había consumido. Cuando quieras me cobras le dije, terminando de beber la cerveza.

    ¿Ya te quieres marchar? Me preguntó dejando de pasar la fregona a la vez que se giraba para mirarme.

    Bueno, prisa no tengo, pero… La verdad es que me da vergüenza ser el último cliente y estar molestándote.

    Ya te dije que estuvieras tranquilo, que clientes como tú, no me molestan en absoluto. Pero para que estés tranquilo, te cobro lo que tienes y te invito a beber otra cerveza mientras esperas a que yo termine, ¿Qué te parece?

    Bueno, le contesté.

    Me cobró lo que tenía, y puso 2 cervezas, una para mí, y otra para él.

    Así no bebes tu solo y no te da tanta vergüenza, me dijo yendo a terminar de pasar la fregona al local.

    Antes de que pasara la fregona a los aseos, le pedí que me dejara mear antes de que los limpiara. Fui a mear dejando la puerta medio abierta, a ver si se atrevía, y al menos entraba y me metía mano o al menos me insinuaba sus intenciones. Pero no, no hizo eso, se limitó a terminar de pasar la fregona al local, aprovechando a pasarla en la zona de la barra donde yo tenía la cerveza.

    Una vez salí de los aseos, volví a la barra donde tenía la cerveza, pidiéndome él que me pusiera al final de la barra que estaba al fondo del local, ya que allí ya estaba seco el suelo. Llevó ambas cervezas para allí, y después de terminar de fregar los aseos, recogió la fregona y cubo, los guardó al fondo del local, y vino a donde yo estaba con ambas cervezas.

    Se colocó a mi lado, poniéndose a beber su cerveza y charlar conmigo.

    Lo primero que me preguntó era si era de allí, ya que le parecía que estaba realizando el servicio militar, y es que tenía el pelo muy corto y que era muy joven.

    ¿Cuántos años tienes? Me preguntó apoyando una mano en mi cintura.

    Tengo 20 años, y sí estoy haciendo el servicio militar. Estoy en Zaragoza, pero ahora estoy pasando unos días de permiso, le contesté, pero sí soy de aquí, vivo con mis padres aquí al lado.

    Ya me parecía, me dijo sin sacar la mano de mi cintura. Es la primera vez que te veo por aquí y me agrada tener clientes como tú.

    ¿Te apetece venir a mi casa y permitir que te invite a otra copa? Me dijo de repente, sin sacar la mano de mi cintura y acariciándome el costado a la vez que me apretaba con su mano la cintura.

    Es aquí al lado donde vivo, me decía acariciándome cada vez con más descaro, al ver que yo no decía nada y dejaba que me fuese tocando con su mano.

    Bueno, le contesté después de un rato que estuve pensando; prefería que me follase allí mismo, eso era lo que estaba pensando, por lo que la propuesta que me hizo me cogió un poco de sorpresa.

    Desde que te vi entrar me gustaste, me dijo llevando su mano a mi entrepierna y aprovechar a sobarme con ella, a la vez que me apretaba el paquete.

    ¡Ohhh! Exclamé al notar como su mano apretaba mi entrepierna. Me acababa de apretar los huevos y la polla que ya hacía tiempo que la tenía tiesa y dura.

    Hostias, sí que estás bien empalmado, tienes la polla bien dura y tiesa.

    Me puse colorado, ruborizándome de la vergüenza que me dio, sin saber que hacer. Eché mano a la cerveza, dando un trago a la misma, mientras él seguía sobándome la entrepierna.

    ¿Te gusta? Me dijo mientras seguía apretándome la polla y huevos.

    Yo no era capaz de decir nada, solo me dejaba hacer mientras miraba para la cerveza que sujetaba apoyándola en la barra del mostrador.

    Se puso de pie pegándose más a mí, y empezó a aflojarme el cinturón, siguiendo luego desabrochándome el pantalón, mientras yo seguía sentado sobre el taburete y no decía y ni hacía nada. Solo dejaba que me fuera desabrochando el pantalón con sus manos.

    Cuando hubo terminado de desabrocharme el pantalón, tiró por él hacia abajo, haciéndome que me levantara un poco del taburete, facilitándole la maniobra. Hizo lo mismo con el slip y una vez me los hubo bajado, llevó su mano a mi polla y huevos, empezando a manosearlos mientras iba descapullando mi pene.

    ¡ufff! Cabrón que bueno estás, decía sobándome cada vez más, haciéndome empalmar más y más, calentándome y excitándome con cada caricia que me daba con sus manos.

    Acercó su boca a mi oreja, empezando a lamérmela y mordisquear el lóbulo de esta. Bajó al cuello haciéndome lo mismo, cosa que me hizo estremecer, a la vez que soltaba un gemido sujetándome a él, ¡ooohhh ohhh! Gemí mientras me estremecía y temblaba sujetándome a él.

    Andas salido y caliente, ¿eh cabrón?

    Anda deja que te vea este culito que me está volviendo loco, me decía llevando su mano a mi culo haciendo que me levantara del taburete.

    Pasó su mano por el canal de mi culo, llevando sus dedos a la entrada de mi agujerito. Presionó con un dedo, haciendo que entrara la punta de este.

    ¿Ufff! Que cerradito y calentito tienes el agujerito, maricón. Quiero que me dejes follarte, quiero abrirte este culito y preñarte con mi lechita. Decía mientras me iba introduciendo el dedo en él, y seguía mordisqueándome y lamiéndome el cuello.

    Yo estaba que me derretía de gusto. Abría las piernas todo lo que podía, facilitándole la introducción de su dedo en mi ano. Me sujetaba a él y no dejaba de temblar y gemir del gusto que estaba sintiendo.

    Me gusta el culito que tienes, cabrón. Me encanta como lo mueves cuando juegas en la máquina recreativa, me calentaste bien pedazo de cabroncete. Quiero meterte la polla en él y verte menearlo mientras te doy por el culo y gimes para mí.

    Llevé como pude mi mano a su entrepierna acariciándole los huevos, y palpando la polla que aquella noche me iba a dar por el culo por segunda vez en mi vida.

    Espera, me dijo de pronto él, será mejor que vayamos a mi casa. Allí estaremos mucho más cómodos y te podré follar en la cama, me dijo apartándome la mano de su entrepierna.

    Vamos, termina la cerveza y nos vamos, dijo terminando de beber su cerveza.

    Yo hice lo mismo y una vez terminada la cerveza, me agaché y agarrando el slip y pantalón, me los subí. Abroché el pantalón y cinturón, y esperé a que él apagase las luces, subiera la persiana para poder salir, cerrara luego el café bar y una vez volviera a bajar la persiana, nos encaminamos a su casa, a la cual llegamos en menos de 2 minutos.

    Abrió el portal de la casa al llegar, me hizo pasar y subimos andando al segundo piso que era donde vivía.

    Una vez dentro de su piso, me llevó a la sala, me dijo que me sentara en el sofá y si quería beber otra cerveza.

    Le contesté que bueno, mientras me encogía de hombros. La verdad es que lo que yo estaba deseando en esos momentos, era que me quitara la ropa y me follara hasta dejarme bien preñado el culo.

    Desapareció dejándome solo en la sala, apareciendo al poco rato con 2 cervezas, ¿Quieres baso o bebes por la botella? Me preguntó.

    Bebo por la botella, le contesté.

    Se sentó a mi lado, dejando ambas botellas de cerveza en la mesita que había delante del sofá. Puso su mano sobre mi pierna, empezando a acariciarme la misma mientras me iba preguntando como me llamaba, si ya había estado con más hombres, etc. etc. etc.

    Yo le iba contestando a todas sus preguntas, hasta que me preguntó si tenía que estar a alguna hora en mi casa. Le dije que no, que no tenía ninguna prisa, que podía estar hasta la hora que quisiera.

    Mientras yo le contestaba a sus preguntas, él no había dejado de acariciarme con su mano. Me metía mano por todas partes, poniéndome cada vez más caliente y excitado. Tenía la polla que me reventaba de tiesa que la tenía.

    Poco a poco fue acercando su cara a la mía, hasta que se apoderó de mi boca. Empezó a pasarme la lengua por mis labios, luego fue mordiéndomelos hasta que me metió la lengua en mi boca, saboreando toda ella con su lengua. Oh que bueno estás, me susurraba, mientras me iba comiendo la boca y lamiéndome toda la cara y cuello.

    Quiero que nos vayamos para mi dormitorio y follarte metidos los 2 en la cama. Quiero disfrutar de tu cuerpo y darte por el culo hasta dejarte bien preñado este culito que me vuelve loco, me susurraba sin dejar de meterme mano y saborearme con su boca.

    De pronto se levantó del sofá, fue hacia una de las habitaciones, encendió la luz, y al poco rato apareció sin la ropa, solo tenía puesto el calzoncillo. Ven me dijo, vamos a acostarnos.

    Me llevó de la mano hasta su dormitorio, y al llegar abrazándome por la espalda, empezó a sacarme la ropa. Primero me aflojó el cinturón, luego fue desabrochándome el pantalón, dejó que fuese cayendo a mis tobillos, luego tiró de la camiseta que llevaba puesta, sacándomela por la cabeza. Empezó a morderme la nuca y cuello, mientras con sus manos apretaba y sobaba mi culito. Metía las manos por dentro del slip y mientras me apretaba y acariciaba el culo y me iba lamiendo y mordiendo el cuello y la nuca, me dijo. Anda sácate los zapatos y calcetines, y termina de sacarte el pantalón y métete en la cama, pero no te saques el slip. Eso deja que ya te lo sacaré yo.

    Hice lo que me ordenó, y mientras yo terminaba de sacarme el pantalón y calcetines, él fue por el otro costado de la cama, encendió la radio que tenía sobre la mesilla, abrió el cajón que esta tenía, sacando una cajita de crema dejándola sobre la mesilla. Se metió dentro de la cama, abrió la misma del costado en que me iba a acostar yo, y esperó a que yo me tumbara, metiéndome dentro.

    Nada más tumbarme sobre la cama, me tapó con la ropa, me acercó más a él, tirando por mi cintura con su brazo, a la vez que montaba una pierna sobre las mías.

    Empezó a pasarme las manos por el pecho, y luego de acariciarme las tetillas y apretarme con los dedos los pezones que estaban duros e hinchados por la calentura y excitación que tenía, llevó su boca a ellos, lamiéndolos y mordisqueándolos.

    Yo estremeciéndome y gimiendo de placer, me abracé a él, notando como su lengua lamía mis tetillas a la vez que succionaba con sus labios los pezones. Luego los mordisqueaba, para poco a poco ir subiendo por mi cuello hasta mi boca.

    Levantó mis brazos colocándolos sobre la almohada, y mientras me los sujetaba con sus manos, con su boca iba recorriendo toda mi cara, cuello y pecho. Lamió y mordisqueo todo lo que quiso, haciéndome estremecer y gemir cada vez más.

    Cada vez me tenía más caliente y excitado, la polla estaba cada vez más dura y tiesa. Ardía en deseos porque me sacara el slip y me diera ya por el culo. Pero él no tenía prisa alguna, seguía recorriendo mi cuerpo con su lengua, a la vez que me iba mordisqueando, haciéndome gemir y desear cada vez más ser penetrado.

    Los labios ya me los había puesto tan enrojecidos he hinchados, de tanto morderlos y succionarlos con sus dientes y boca, que apenas los sentía. La cavidad bucal la había explorado con su lengua, sin dejar ningún recoveco por donde hubiera pasado saboreando con ella.

    Ya me tenía totalmente entregado a él, pero él seguía y seguía con su placentera tortura. Seguía martirizándome con su lengua y boca, sin dejar de sujetarme los brazos. Ahora me sujetaba ambos brazos con una de sus manos, manteniéndomelos a la altura de mi cabeza, y empezaba con su otra mano a meterla por dentro del slip. Iba acariciando las ingles sin llegar a tocarme la polla, y poquito a poquito iba bajándome el slip.

    Me acariciaba muy suavemente con las yemas de sus dedos, torturándome y deseando que me bajara de una vez el slip y agarrara mi pobre polla que ardía en deseos porque me la acariciara con su mano. Pero él nada, seguía con su placentera tortura, y no llegaba ni a rozarme la polla. El slip tan pronto me lo bajaba un poco, este al sacar su mano, volvía a su lugar. Yo ya estaba desesperado, caliente y excitado a más no poder, cada vez que abría la boca para gemir o hablarle, él me la tapaba con la suya, metía su lengua en mi boca, mordía mis labios y no dejaba que dijera nada.

    Si aquella tortura seguía, no tardaría mucho tiempo en correrme, estaba que explotaba. Vamos que me tenía totalmente entregado a él, y a punto de caramelo.

    ¡Ufff! Que bueno estás cabrón, te voy a hacer disfrutar y gozar antes de darte por el culo. Quiero que estés tan caliente y excitado, que te entregues a mí sin ninguna resistencia. Quiero que te entregues y ardas en deseos por ser follado. Quiero que tu culito se abra para mí, y lo estés deseando con toda el alma, ¡ufff! Maricón que bueno estás, como te voy a follar este culito, te lo voy a preñar con mi lechita, me susurraba sin dejar de torturarme con su mano y boca, mientras me sujetaba mis brazos con su otra mano y su pierna sobre las mías.

    Por fin el slip, iba bajando poco a poco, ya estaba a mitad de camino, y en cualquier momento mi pobre polla quedaría liberada.

    Cuando esto sucedió, por fin acarició con su mano mi pobre polla. Mi cuerpo se volvió a estremecer, al notar su mano sobre mi polla, por fin la acariciaba y terminaba por sacarme el slip.

    Lo bajó con la mano todo lo que pudo, terminando de sacármelo con su pie.

    Ufff maricón, ya tienes la pollita toda resbaladiza, la tienes toda chorreada de líquido preseminal, decía acariciando mi pobre polla a la vez que me la descapullaba.

    Así maricón, así te quiero tener, quiero que te entregues y desees que te de por el culo, quiero que abras este culito para mí, pedazo de cabrón, quiero llenártelo de leche y dejarte bien preñado.

    Se estiró hacia la mesilla donde tenía la radio encendida y donde había dejado la cajita con crema, cogió esta y después de abrirla untó 2 de sus dedos con ella. Volvió a dejarla sobre la mesilla, se colocó entre mis piernas, me hizo levantarlas, llevando luego los dedos que había untado de crema a la entrada de mi ano. Empezó a untarme el ano, y poco a poco iba metiendo un dedo en mi culo, haciendo que este se fuera abriendo, a la vez que me iba untando aquella crema.

    Ufff, maricón, que cerradito estás, anda relaja el culito y deja que te lo vaya abriendo con mis dedos. Anda relaja el esfínter para que no te duela, ya verás cómo luego vas a disfrutar con mi polla dentro. Voy a hacer que chilles de placer y te corras de gusto cuando te dé por el culo, me iba diciendo mientras me untaba de crema y me iba abriendo el culo con sus dedos. Ya me había conseguido meter 2 de sus dedos, haciendo que mi esfínter se relajara y dejara que se abriera sin oponer resistencia.

    Yo mientras tanto me retorcía de gusto y gemía sin parar, ardía en deseos por agarrarme la polla y empezar a pajearme locamente. Pero él, cada vez que acercaba mi mano a mi pobre polla, me la sujetaba, apartándola de allí.

    Tranquilo maricón, tranquilo, no sufras, ya te correrás, pero primero te voy a follar, luego cuando sientas mi polla dentro de ti y como te poseo, ya verás como te corres sin necesidad de tocarte. Ya verás que rico es que te sodomicen y sentirte poseído mientras te llenan el culo de semen.

    Después de un buen rato siendo mi culo abierto por sus dedos y dejarlo bien lubricado y sin que mi esfínter opusiera resistencia alguna, me hizo dar la vuelta, poniéndome boca abajo y con el culo cara arriba.

    Se colocó en medio de mis piernas haciendo que las abriera, se sacó el calzoncillo, se unto crema por toda la polla, y montándose encima mía, me sujetó los brazos metiendo los suyos por debajo de los míos, puso sus manos sobre mi nuca, y teniéndome totalmente inmovilizado, fue buscando con su polla la entrada a mi agujero.

    Fue restregando su pelvis por mi culo, hasta que la punta de su polla quedó encajada justo en la entrada de mi ano. Dio un movimiento a su pelvis, haciendo que mi esfínter se abriera dando paso a la pija que punteaba en él.

    ¡Ohhh! Gemí al notar la punta de su polla abriéndome el culo, ¡ooohhh ohhh! Volví a gemir cuando esta terminó por abrirlo entrándome todo el glande.

    Así cabrón, así te quería tener. Anda relájate y deja que se vaya abriendo tu culito. Levanta un poquito el culo y deja que te entre toda la polla.

    Levanté un poco el culo, notando como terminaba por entrarme todo el rabo en él. ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemí a la vez que suspiraba, notando como aquel pedazo de rabo entraba en mi culo, invadiéndolo.

    Ya, ya está, ya te lo he metido todo pedazo de cabroncete. Ya la tienes toda dentro maricón, ahora mueve el culito como lo hacías en el bar, provocándome. Anda muévete y disfruta de la follada que te voy a dar.

    Empezó a sacar y meter la polla en mi culo poco a poco y lentamente, mientras me hablaba.

    Ya eres mío cabroncete, ya tengo tu culo bien ensartado, ahora vamos a disfrutar de él, cabrón. Así te quería, desnudo en mi cama, bien empalado y a mi entera disposición para sodomizarte.

    Así maricón, así, relájate y entrégate. Entrégame tu culito y deja que te lo sodomice, ya verás como vas a disfrutar y gozar esta noche.

    Sin prisas, pero sin pausa, su polla entraba y salía de mi culo muy lentamente, mientras con su boca mordía y lamía mi nuca y hombro.

    Notaba como sus bellos púbicos rozaban mi culo, las pelotas chocaban con la entrada a mi ano, y su polla se deslizaba por mi interior haciéndome sentir lleno y gozar con su deslizamiento mientras me cabalgaba tumbado sobre su cama. Me tenía totalmente entregado y a su entera disposición.

    Solo se escuchaba la radio, los jadeos que dábamos al respirar, y el chof, chof, chof, de su polla entrando en mi culo.

    Me estuvo cabalgando el culo, montado sobre mí, un largo tiempo. Mi culito ya se abría sin oponer ninguna resistencia, dejando que la polla que me estaba follando, entrara y saliera deslizándose por mi interior, sin impedimento alguno. Cada vez que me enterraba la polla en lo más hondo, me hacía sentir un placer que me recorría toda la espina dorsal, haciéndome gemir cada vez que me clavaba su polla en lo más hondo de mi culito.

    Casi al mismo tiempo que el empezaba a gruñir y me anunciaba su eyaculación, empezaba yo a notar como por mi polla subía una agradable sensación de placer, que venía de mis huevos y culo. Fue subiendo esa sensación de placer, hasta que note como mi polla se hinchaba y empezaba a escupir todo el semen que tenía acumulado en mis huevos.

    ¡Ohhh! Gemí empezando a correrme, ¡ooohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Suspiraba mientras mi polla iba expulsando el semen sobre las sábanas de la cama, a la vez que mi culito era inundado con el esperma del viejo Bío.

    ¡Ohhh maricón que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto!¡ooohhh que gusto! Gritaba mientras me llenaba el culo con su leche.

    Una vez terminó de eyacular dentro de mí, dejándome su esperma en lo más hondo de mis entrañas, se quedó tumbado sobre mi espalda, mordiéndome la nuca y hombro, hasta que hubo descargado por completo todo su semen y normalizó la respiración.

    Una vez se hubo recuperado y su polla ya había salido de mi culito, se dejó caer en la cama, quedando boca arriba y pegado a mi costado.

    ¡Dios maricón! Que follada, me has hecho correr como nunca. Menudo culito que tienes hijo puta, me decía acariciándome el culo con su mano a la vez que me besaba la espalda.

    ¿Quieres quedarte a dormir conmigo, o prefieres marcharte? Aunque te quedes, hoy ya no te puedo follar más, si quieres que te vuelva a follar, será mañana por la noche si tú quieres. Vienes por el bar como hiciste hoy, y al cierre te vuelvo a follar. Este culito que tienes va a acabar conmigo, me vuelve loco tu culito, cabroncete.

    ¿Qué hora es ya? Le pregunté.

    Van a dar las 3 y cuarto de la madrugada, me contestó.

    Entonces mejor me voy, le dije. Mañana ya nos veremos en el bar.

    Me levanté de la cama, empezando a vestirme. Buscaba el slip por todas partes, pero no lo daba encontrado.

    ¿Qué buscas? Me preguntó el viejo Bío.

    El slip, que no lo doy encontrado, le contesté.

    Tranquilo, vete sin él, mañana cuando me levante y lo encuentre te lo llevo. Así cuando estés en el bar, sabré que vienes sin ellos. Es como si fuera mi trofeo de caza, me dijo.

    Así lo hice, me puse los calcetines, luego me puse el pantalón sin haberme puesto el slip, luego me calcé y terminé por ponerme la camiseta.

    Bío se levanto y así en pelotas como estaba, me abrió la puerta de su casa, y sin dejar de meterme mano sobándome el culo, nos despedimos hasta el día siguiente.

    Bajé las escaleras desde el segundo piso donde vivía el viejo Bío, abrí el portal, y me encaminé a dormir a mi casa. Iba la mar de extraño al ir sin el slip, notaba como rozaba el pantalón mi reciente abierto y follado culito por segunda vez en mi vida, teniendo la sensación de irme escurriendo la leche que me había dejado en él. La verdad es que iba la mar de contento y satisfecho. Nada mas llegar a mi casa, me quité la ropa, me puse el pijama y me fui a lavar un poco.

    Luego de lavarme, me acosté a dormir, deseando que llegara el día siguiente e ir a que me volviera a follar el viejo Bío.

    Pero esa historia la contaré en otro relato.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (05)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (05)

    Para la cena había vuelto Ana María y también estaba Pablo, resultó todo muy formal y Ana me dijo que uno de estos días pensaba sacarme para ir de compras y llevarme a su salón de belleza.

    Ana y Pablo se retiraron después de la cena, y Eduardo y yo nos fuimos al salón para ver la tele, más que nada porque me dio pena y no quise dejarle solo. Hizo que me sentara a su lado y entonces me tumbé colocando la cabeza sobre sus piernas. Había un programa concurso antes de las noticias y me entretenía buscando yo mismo las respuestas que los concursantes debían dar.

    Cuando comenzaron las noticias me despedí con la disculpa de que estaba cansado. Pablo tenía la puerta de su habitación entornada y entré para despedirme hasta el día siguiente.

    -Te he visto muy pensativo y concentrado en la cena, ¿sucede algo Ángel? -me miraba dejando sus cuadernos y apuntes a un lado.

    -No lo se, no creo que lo esté, venía para desearte que pases buena noche solamente. -me apoyé en sus hombros y baje la cabeza para besarle el pelo, olía muy bien a colonia y su aroma corporal.

    -Hasta mañana Pablo. -se puso a recoger lo que tenía sobre la mesa.

    -Luego voy a tu habitación, quiero que hablemos, recojo esto y me cepillo los dientes, espérame sin dormirte. -su respuesta me aceleró el pulso, sentía muchas ganas de estar a su lado, aún excitado por la escena que vi entre Damian y el jardinero.

    Me di prisa para, a mi vez, cepillarme los dientes y meterme a la ducha y lavarme el culito por dentro y por fuera, tenía la esperanza de que pasara algo esta noche y quería estar preparado.

    Había terminado y Pablo no llegaba, me estiré en la cama, estaba muy a gusto entre aquellas cálidas sábanas tan suaves que me acariciaban la piel al moverme. A fin llegó y entró sin llamar, venía con pantalón corto de pijama como única vestimenta, mostrando su formado cuerpo de atleta, y sin decir palabra llego a la cama y se metió a mi lado.

    Inmediatamente me abracé a él y le di besitos en el pecho y el cuello empezando a acariciarle, luego puse la mano sobre el bulto de su polla acariciándola con suavidad pasando la mano por ella.

    -¿Me vas a contar lo que te pasa Ángel?

    -No, no es nada…, no lo se Pablo.

    -Habla y así lo arreglamos entre los dos, yo también tengo que contarte algo. -no quería comprometer a Damian ni sabía lo que podría pensar Pablo de mi, pero era la única persona en la que confiaba, él también en mi y no podía fallarle.

    -Es que…, bueno…, esta tarde he comenzado las clases con Damian y…

    Le relaté lo más exactamente posible lo que había sucedido sin que Pablo me interrumpiera, me había escuchado muy atento y a veces me besaba, animándome a continuar hablando.

    -¿Te ha gustado lo que te ha hecho? -otra vez dudaba, le veía muy calmado cuando había esperado una reacción violenta de su parte.

    -¡No!…, bueno, si que lo pasaba bien, perdóname Pablo pero me sentía tan caliente, y su bulto estaba duro, era grande y luego, cuando vi como le daba por el culo al jardinero…, quería haber estado en su lugar.

    -¿Quieres que Damian te de verga, o prefieres que le ponga en su lugar y te respete? Aunque eres un putito muy caliente, ¿lo sabías? -la cara me ardía rojo de vergüenza por sus palabras, aunque, sin duda tenía razón.

    -Estoy confundido Pablo, no quiero que le pase nada a Damian, igual yo he tenido la culpa por sentarme entre sus piernas, pero me importa más lo que tu puedas pensar de mi, de que sea tan caliente y necesite un macho con su verga en mi culo cada día. -Pablo me abrazó y obligo a girar la cabeza, puso sus labios sobre los míos y luego los mordió.

    -Por lo que yo piense no tienes que preocuparte, no soy tu dueño, en todo caso lo será Eduardo, no yo. No me parece mal que al ir despertado a la sexualidad necesites a menudo una polla. Solo quiero que si lo haces por tu cuenta sea voluntariamente, porque tu quieres y no seas obligado.

    Sentía que la angustia se iba disipando, Pablo era tan comprensivo, tan bueno, me dejaba libre para que si yo quería disfrutara de la verga de Damian.

    -Te quiero Pablo, ya se que no quieres que te lo diga, pero no puedo evitarlo. -salté encima de él y montado en su abdomen le daba encendidos besos en la cara y en el pecho. Me gustaba este muchacho, mis novios antiguos, como Alejandro, se iba desvaneciendo en mi cabeza.

    -Entonces, ¿qué has decidido? quieres que Damian te de verga? -me quedé con la boca sobre su mejilla pensando, ahora que tenía a Pablo ya no me interesaba Damian, había sido un momento de calentura y seguramente a él le pasó lo mismo.

    -Igual él no lo quiera, y que solo se calentara al tenerme sobre sus piernas. -Pablo metió la mano por la cintura de mi pantalón y me metió las manos entre mis nalgas acariciándome el ano con la punta de los dedos.

    -En eso seguro que te equivocas Angel, tu eres precioso, tu carita de niño dulce no deja indiferente a nadie, y tu culito es grandioso, tu bonita y sexual voz enamora, no aprecias lo que vales, eres un chiquillo tan deseable que si te ve desnudo se correrá antes de metértela. -sus elogios me encendía la cara de rojo.

    -¡Ayy! ¿tú crees Pablo?

    -No lo creo, estoy seguro, a Erico lo enamoraste y lo mismo pasará con los que te vayan conociendo.

    ¡Ohh! Pablo. -cogí su verga ya dura con mi mano derecha y se la apreté, temblando al notar lo dura que la tenía y babeante de jugos.

    -Quiero verga Pablo, estoy muy necesitado. -no esperé su autorización y le bajé el pantalón, su polla salía inhiesta apuntando al techo y enseguida se le formó una gota ambarina en la boquita.

    -Tu polla es muy bonita, me gusta Pablo, me gusta chupártela y que me des por el culo, quiero tu verga.

    -Es tuya hermoso, chúpala pero no mucho, quiero llenarte el culo de leche. -recogí aquella gota que le salía con el dedo y me la llevé a la lengua, la paladeé, me sabía dulce, me sabía a él y empecé a acariciarle los huevos, el flujo comenzó a salirle bajando por el tronco y cuando iba a llegar a los pelos le pasé la lengua.

    Mi anito palpitaba de deseos irrefrenables, se me abría y cerraba ansioso de polla. le sujeté la verga con la mano izquierda y metí un buen trozo en la boca rodeándola con la lengua y batiéndola, con la derecha le acariciaba los testículos que resbalaban entre mis dedos.

    -Colócate para que yo también te la chupe. -me tumbé encima de él, dejando sobre su cara mis verga y los huevos, y delante de mi cara su hermosa polla que volvía a rezumar el jugo de sus huevos.

    No me chupó la polla como decía, tiró de mis nalgas y las abrió totalmente para meter la cara entre ellas y besarme el anito en un beso explosivo y ardiente.

    -¡Ahhhh! Pablo, sabe rico, sabe rico. -escuché su risa ahogada entre mis nalgas y luego su lengua apretando para entrar en mi ano.

    -Tienes el culito más rico y bonito que he probado y visto Ángel, me correría chupándotelo, ¡Ahhh! precioso, que culito rico y goloso. -y me chupaba y lamía con la cara aplastada en mi raja, lamiendo el ano y todo el perineo, unos minutos después de disfrutar de mi culo, me introdujo dos dedos y su boca se ocupó de mis huevos comiéndolos juntos y besándolos después de sacarlos, también mi verga era lamida tirando de ella con los labios queriendo arrancármela.

    Su polla a veces cogía más consistencia y notaba lo que disfrutaba con su boca en mi ano, mamando sin parar lo que fuera, los dedos no salían de mi culo y tuve que pedir clemencia.

    -¡Pablo, Pablo! Dame la verga en el ano, métela o me voy en un momento.

    -Yo estoy lo mismo pequeño. -prácticamente saltó en la cama para ponerme como quería follarme, mirándole a él.

    -Ábrete hermoso, ábrete para mi polla. -me recogió las piernas sobre el pecho, dejando mi ano expuesto y abierto, mi polla durísima apuntando a mi cara.

    Se colocó de rodillas con su enorme badajo en la mano masturbándolo lentamente y volvió a tentarme la entrada del culo con los dedos, me introdujo dos y veía como gozaba viendo que mi culo los chupaba y absorbía.

    -¡Qué culito más sabroso Dios mío! ahora te lo voy a romper. -sacó los dos dedos y yo quería cerrar los ojos para notarle la entrada, y a la vez tenerlos abierto para mirar su cara lujuriosa y roja de desmesurado deseo.

    La estocada fue rápida y certera, apuntó la verga a la entrada y de un solo golpe metió la mitad, diez centímetros de carne que entraron repentinamente en mi cuerpo arrasándolo todo. Grité por la impresión de su violencia pero sin dolor alguno.

    -¡Ahhhhhhh! Pablo. -se detuvo un momento asombrado, interrogándome con la mirada creyendo que era una queja.

    -¿Voy muy rápido pequeño?

    -No, no, por favor sigue, dámela toda, la quiero enterrada en mi vientre. -fue sacar una sonrisa en los labios, y sentir el empujón lento y continuo que desplazaba su trozo de carne por mi recto, sin detenerse ya, hasta que sus cojones de victorioso macho, hicieron tope en la entrada de mi culo.

    En ese momento se dejó caer sobre mi pecho, y aparté las piernas para hacerle hueco y que nuestros pechos se unieran. Me miró a los ojos y los suyos sonreían.

    -Ya te tengo ensartado en mi verga bonito, no podrás escaparte.

    -Lo noto, Pablo lo noto, es maravilloso, tu verga, ¡Ahhh! Tu maravillosa verga me llena la tripita.

    -Eres una delicia chiquillo, me enardeces.

    -Quiero sentirlo y gozarlo Pablo, al principio ve despacio.

    En la posición que estaba le sentía muy profundo, empujando donde ya no podía entrar. Después de besarme amorosamente los labios y el cuello, se levantó sobre sus brazos para comenzar el eterno movimiento del amor, veía su cara contraerse por el placer y morderse el labio al entrar con fuerza empujando, dejé mis piernas sueltas y utilicé las manos para acariciarle las nalgas y llegar hasta mi ano, para comprobar la potente virilidad que me abría, para cumplir sus deseos de semental.

    Le acariciaba la verga cuando salía de mi, envuelta en los jugos que mi recto desprendía, lubricando el acto de la cópula entre dos hombres disfrutando.

    -¡Ayy! Pablo, Pablo, ¡Ayyy!, que gusto me das, que bien me lo haces.

    -¿Vas bien?

    -¡Si, sí! es increíble, ummmmm, ¡Pablo! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! Me va a venir Pablo, no puedo…, no puedo aguantar más. -le miré y sudaba a mares, empujando con fuerza y decisión, para vencer la resistencia que mi ojete ofrecía cuando apretaba para contener la venida que se me anunciaba.

    -Aguanta un poco y nos vamos a la vez, espérame a que yo llegue.

    -No puedo más…, Pablo, no, no, no puedo esperarte… ¡Ahhhh! Me vengo, me vengo. -contraje el vientre, y sin tocarme, comenzaron a salir los enormes goterones de leche de mi verga, en ese momento no sentía nada más que me perdía en el éxtasis, temblando sin control y solamente sujeto por su verga clavada en mi cuerpo y sus manos sujetándome los hombros.

    Después de unos segundos de temblores quedé muerto, apenas sentía los movimientos que Pablo hacía follándome el culo para llegar a su orgasmo. Y le llegó como había anunciado, con segundos de diferencia empezó a venirse en mi vientre apretándose contra mi para dejar su semen muy dentro.

    Pasamos unos minutos sin podernos mover por la violencia brutal de nuestra corrida.

    -Vamos a tomar una ducha pequeño, estamos cubiertos de semen, te ha salido un litro de leche. -Pablo comenzó a reír esparciendo mi semen por el abdomen y el pecho, untando mis tetillas y luego me las besaba y lamía. Le sujeté la cabeza para que me besara en la boca.

    -Lo tuyo no ha sido menos, tengo el culo a tope, gracias Pablo, ningún hombre me ha tratado como tu lo haces. -vi que mi hombre se ponía rojo, no le gustaba que se reconociera lo buena persona que era y volvió a poner su gesto adusto.

    -Vamos ya, quiero hablarte. -le seguí apretando el culo, intentando evitar que el semen que tenía dentro se saliera, era inevitable que lo expulsara, pero era suyo y lo quería dentro de mi.

    Abrió el grifo de la ducha y comenzó a frotarse el pecho, me hubiera gustado que me dejara lavarle, servirle, pero seguía con el gesto enfadado.

    Nos secamos, cada uno se atendía asimismo y volvimos a mi habitación y meternos en la cama, esperé que comenzara a hablar sin hacer preguntas.

    -Ana María va a invitar a su familia a comer, ya sabes, a los cuatro aunque tu solo conoces a Erico, vendrá también Ruben, tienen que hablar sobre la visita que hicieron a la hacienda de sus padres. También quieren conocerte, no debes preocuparte, la hermana de Ana María es diferente, más humana, y el padre de Erico es genial.

    Ahora vamos a dormir, mañana te espera mucha labor, Ana me ha confirmado que te llevará de compras y a su centro de belleza, igual os hacéis amigos. -sentía como los ojos se me humedecían, Pablo resultaba inconcebible, quería hacerse el duro y era todo bondad.

    -¿Pablo? -me besó la frente y me levantó la cara que tenía apoyada en su pecho.

    -¿Tienes alguna duda? -en ese momento quería decirle que le amaba, que le quería y necesitaba, en su lugar solo respondí una tontería.

    -No, nada, esta todo bien. -me dio un beso en los labios y me soltó la barbilla.

    -Pues ya esta todo dicho, ven que te abrace y duérmete.

    ———————————

    A la mañana cuando estaba desayunando, ya era tarde, me había quedado en la cama cuando Pablo se levantó para irse a estudiar, apareció por la cocina Carmen, la doncella de Ana María; la había visto en alguna ocasión y no habíamos hablado, Alicia me dijo quien era y que antes había estado sirviendo en la casa de Oriol, y que Ana María se la había traído al cerrar aquella casa.

    -Tu eres Ángel, ¿verdad?, la señora quiere que te des prisa en prepararte. -no tuve que responder. Berta que estaba allí tenía preparada la contestación.

    -No metas prisa al muchacho Carmen, déjale que coma con tranquilidad, no pasa nada porque salgan media hora más tarde.

    -Berta, yo solo hago lo que me mandan. -se marchaba y Dulce fue detrás de ella.

    -A mi no me sigas, ya sabes que no puedes ir por aquella zona de la casa. -le hablaba a Dulce, pareció entenderla y volvió al comedor donde estábamos nosotros.

    A pesar de lo que Berta había dicho, no quería que Ana se molestara y apresuré mi desayuno y el prepararme, en menos de media hora estaba en la puerta principal esperándola al lado de Tomás que quitaba el polvo a las estatuas de márol sobre repisas que allí había.

    -Buenos días Tomás.

    -Buenos días señor. -y siguió con su tarea sin detenerse a mirarme.

    En el momento de Llegar Ana María a mi lado, se detenía el coche que me recogió en aquel lugar donde me tenían secuestrado y se bajaba Damian para abrirnos la puerta. Temí que me dijera algo, un comentario del día pasado, pero parecía como si no me conociera.

    Se dirigía a Ana María con mucho respeto cuando esta le indicó el lugar donde quería ir, después de darle órdenes me miró, se había sentado en el asiento enfrente del mío y cruzó las piernas.

    Tenía unas piernas bellísimas, en realidad toda ella lo era, y con la mini falda roja que llevaba se las podía ver enteras, debían ser pantis, de color negro, ya que seguían por lo más alto de los muslos. Sus pechos eran pequeños dándole la apariencia de ser joven e inmadura.

    No podía culpar a Pablo de que se sintiera atraído por aquella mujer y era para tener celos de ella.

    -Siéntate a mi lado Ángel. -hice lo que me pedía y me cogió la cara con la mano mirándome minuciosamente.

    -Eres tremendamente bello pequeño, será fácil vestirte y adornarte para que causes sensación donde vayas. -me movió el pelo y me pasó la palma de la mano por el rostro tallándomelo.

    -No tienes que envidiar a Oriol mi hijo, además en ti se añade lo exótico de tu piel tan fina y exquisita. -no se el motivo pero sentí que aquella mujer comenzaba a agradarme al no mostrarse tan fría y altiva.

    Toda la mañana la pasamos visitando tiendas, me asombraba su facilidad para elegir la ropa, aconsejando a los dependientes lo que deseaba y acertando casi siempre a la primera. Salíamos con un gran montón de paquetes de cada tienda y nos los recogía Damian para llevarlos al coche.

    Ropa que, en muchos casos, era la misma que la que tenía en los armarios de Oriol, zapatos, collares, y hasta un precioso reloj de pulsera. La entusiasmaba gastar dinero y disfrutaba entregando su tarjeta de crédito.

    En aquellos momentos la apreciaba de verdad, se preocupaba de mi, de la ropa que me iba bien, ella sentada mientras me probaban cada prenda, o me mandaba acercar para pedir que algún detalle lo tenían que cambiar. No lo se a ciencia cierta como sería con su hijo, pero a veces se entusiasmaba preguntando a los de la tienda si no me veían guapo y presumía de mi.

    Esa forma de tratarme elevaba mi autoestima, era una lástima que luego fuera distinta, hasta me prometía que si se comportara así siempre, no sentiría celos de que Pablo la follara.

    Cuando pensó que ya tenía bastante por ese día, mandó a Damián que llevara las compas a casa y se las entregara a Carmen, para que las colocara en los armarios y que ya le llamaría para volviera a por nosotros.

    -Tú y yo ahora vamos a comer y a la tarde seguiremos. -caminamos tranquilamente por una gran avenida arbolada, ella seguía mirando los elegantes escaparates, y a veces se detenía para pedirme la opinión sobre las ropas de mujer que exhibían, y la verdad que me sentía muy bien a su lado, sintiendo las miradas de hombres y mujeres que nos miraban, sobre todo cuando a veces me cogía la mano para que me detuviera.

    En una calle lateral de esa avenida entramos en un restaurante, enseguida se acercó un camarero que parecía conocerla y le pidió una mesa en la terraza exterior. Mientras nos la preparaban nos acercamos al mostrador y ágilmente se subió a un taburete alto, cruzó as piernas mostrando lo bellas que eran y miró a su alrededor como si fuera una reina.

    Colocó su pequeño bolso de piel sobre el mostrador y tenía a dos bármanes atendiéndola, ella pidió para mi un zumo de frutas sin preguntarme, y una bebida desconocida que le sirvieron en una minúsculo copa de cóctel. Y seguía siendo un punto de atracción para la gente que entraba o salía.

    Nos sirvieron una comida que no eligió, le dijo al camarero que él lo hiciera pero que fuera ligera. Tuve que centrarme en mirarla comer, aún no dominaba el arte de manejar los cubiertos, resultó todo exquisito, no podía ser de otra manera con ella.

    Habíamos terminado de comer y dijo que iba al servicio, esperé un buen rato a que volviera, también yo tenía necesidad de ir pero no quería abandonar la mesa hasta que volviera aunque me estaba meando.

    -Espero que Adrián se haya incorporado al salón para que te atienda, te gustará como trabaja, Oriol estaba encantado con él, y después de las primeras sesiones no quería que fuera otro el que le atendiera, luego se marchó, pero gracias a Dios ha vuelto.

    Pidió la cuenta y como siempre entregó la tarjeta de crédito, el camarero la despidió con deferencia, preguntando si todo había estado bien y que esperaba que volviera pronto.

    -Vamos a ir paseando, el salón está cerca y ahora lo estarán abriendo. -la seguí como si fuera su perrito que movía la cola contento, estaba resultando un día increíble en todo.

    Al llegar preguntó si el tal Adrián se encontraba allí, aún no había llegado y nos metieron en una salita de espera, pocos minutos después un chico de no más de treinta años aparecía en la puerta. Era alto y bastante atractivo, ya se había puesto su uniforme de trabajo, tenía el pelo rapado a los costados y el de arriba formaba una cresta plana, teñido de de un rubio que parecía amarillo, no podría decir que le favoreciera pero si que llamaba la atención.

    -¡Doña Ana! ¡Qué alegría verla! -tenían que mantener alguna amistad, o tenerse mucha confianza por el beso que le estampó en las dos mejillas.

    -Has vuelto, ¿quiere decir que no te ha ido bien?

    -¡Oh!, doña Ana, echaba de menos a mis mejores clientes como usted y a su bellísimo hijo, ¿cómo se encuentra Oriol?

    -Está bien pero ahora vive en otra parte de la ciudad, será difícil que lo recuperes, ahora se trata de este muchacho, Ángel, quiero que le trates como a Oriol y le atiendas tu personalmente.

    -Sin duda alguna doña Ana. -entonces aparentó que se fijaba en mi aunque ya le había visto dirigirme disimuladas miradas.

    -¡Que precioso muchacho!, ¿acaso es sobrino suyo o pariente? -se me acercó y sin saludarme me cogió la cara con las dos manos.

    -No necesitará mucho trabajo, él por si mismo es precioso. -se retiró unos pasos y me miraba todo el cuerpo.

    -Déjelo de mi cuenta doña Ana, se pueden hacer milagros pero Ángel no los necesita. -su charla resultaba algo remilgada y cursi.

    -Entonces yo voy a lo mío y tu te encargas de él.

    -Por descontado doña Ana, puede estar tranquila, usted ya tiene preparado todo lo que encargó para hacerle y la atenderán al momento. Bueno querido Ángel, sígueme. -me llevó por un pasillo hasta la zona de peluquería y habló con uno de los peluqueros.

    -Te dejo aquí para que te laven y corten el pelo, luego te recojo precioso para seguir con lo nuestro. -parecía ser una persona importante en el salón de belleza.

    Al cabo de una hora volvió a por mi, ya habían terminado y luego me peinarían.

    -Sígueme, vamos a otro lugar. -entramos en una habitación pintada de blanco con pequeñas flores de color violeta pintadas, las lámparas halógenas estaban embutidas en el techo, sin ventanas, tenía una silla de las que usan para ginecología, donde se colocan las mujeres para que el doctor las examine los órganos genitales y tenerlas bien abiertas de piernas, una camilla grande, armarios blancos con utensilios que desconocía y tres sillas tapizadas en polipiel blanco.

    -Ahora te vas a desnudar quitándote toda la ropa. -sentí una cierta aprensión y me quedé indeciso.

    -Venga Ángel, estoy acostumbrado a ver hombres desnudos, no me vas a escandalizar. -me dirigía una sonrisa irónica y hacía gestos amanerados, yo no pensaba que él se fuera a asustar por veme desnudo, era que me sentía cortado ante él.

    Pero lo tenía que hacer, al final me tenía que ver sin ropa, después de desnudarme me llevó hasta la camilla y me pidió que me sentara en ella, me iba mirando todo el cuerpo, desde los dedos de los pies a la cabeza, analizando detenidamente lo que iba observando.

    -Estás muy bien, sí, sí, no vamos a tener mucho trabajo, ahora siéntate en aquella silla y coloca las piernas en los brazos. -obedecía sin rechistar, no era fácil colocar las piernas como me pedía, los brazos de la silla estaban muy altos y él me ayudó a colocarlas, me sentí totalmente expuesto a sus ojos.

    Movió una palanca y los brazos se movían haciendo que mis piernas se abrieran totalmente dejándome tirante el perineo, se acomodó en una silla delante de mi y se colocó unos guantes de látex.

    Sentía como sus dedos andaban alrededor de mi ano y cerré los ojos.

    -No tienes muchos pelitos, casi menos que Oriol, voy a abrirte un poco el anito, no te asustes, es para ver si tienes alguna raiz dentro. -no entendía como podía tener pelos por dentro, pero solo pensaba que aquel momento pasara rápido y apreté las manos nervioso.

    -Ummm, no tienes pelitos, solo el fruncidito de los bordes que se comprimen demasiado, deja el culito suelto Angel, relájalo. -intenté hacer lo que me solicitaba.

    -Bien, bien todo el anito esta limpio, es precioso tu anito Ángel, ya te lo han usado ¿verdad? -sentí que me ponía intensamente rojo.

    -No hace falta que respondas, han sido pocas veces, se nota. -sus dedos no dejaban de acariciar la entrada de mi culo mientras hablaba.

    -Bueno para quitarte esos cuatro pelitos con una aplicación química bastará. Ahora a la camilla otra vez. -me ayudó a bajar las piernas del lugar tan incómodo donde las tenía, me tendió en la camilla y comenzó aplicándome una crema en las piernas y en todos los lugares donde tenía algo de vello, salvo en las axilas, sentía la piel muy caliente.

    -Dejaremos que la crema haga su labor, sabes que a Oriol le gustaba lo que le hacía, estaba contento conmigo, llegamos a intimar bastante y me gustaría que me vieras como a un amigo, así no tendrías vergüenza para enseñarme todo lo que he visto. -había tirado los guantes que usó y ahora volvió a ponerse otros nuevos.

    -Voy a ocuparme de tu pubis mientras esto sigue su proceso, y las axilas las dejaremos así, se te ven tremendamente eróticas con el poquito de vello oscuro para ensombrecerlas. -le sentía sin verle andar en mi genitales y en el vello del pubis, a veces tiraba de algún pelo pero el pequeño dolor era soportable.

    -Ya queda poco, arrodíllate en la camilla y abre bien las piernas para poder acceder a tu culito. -otra vez volvía a sentirle acariciándome el ano, en esta postura me sentía mejor y comenzaba a gustarme sus toques.

    -No muevas el anito, parece que te gusta lo que te hago, sentirás algo de calor sin importancia. -así fue, el calor era más intenso que el de las piernas y el pubis y sentía que se me quemaba el ano y la raja de las nalgas.

    Un rato después me untaba alguna crema como había hecho en las piernas.

    -Esto te calmará para que se te pase la pequeña irritación, te ha quedo un anito precioso, tiene que saber muy rico. -sin más sentí que tiraba de mis nalgas abriéndolas y metía la cabeza entre ellas, sus labios aprisionaron el ano dándole sonoros besos, hasta tres. Empezó a reírse.

    -¿Es mi obra de arte, merece darle unos besos, ha quedado perfecta, ¿no crees?. Ahora pasarás para que te arreglen las uñas de pies y manos y peinarte, por hoy ya es bastante. -me dijo que podía vestirme y que antes me mirara en el espejo.

    Me había depilado el pubis dejándome una masa de vello formando un triángulo invertido, me encantó el conjunto y con las piernas sin un solo pelo, no me gustaba tener vello, y por otra parte me gustaban los hombres velludos y varoniles, pero me encontraba algo raro.

    -¿Te gusta como has quedado? Ángel no te lo tomes a mal pero en otras visitas podríamos tener algo más de contacto, y sabes, me encantaría usar tu bonito ano, para comértelo y si tu quieres darle verga, a Oriol le encantaban mis servicios, todos ellos. -se aplastó el pantalón para que viera el bulto que ocultaba tras la tela, y no era pequeño

    -Lo pensaré para la próxima vez Adrián.

    El resto del tiempo se me hizo muy largo, solo pensaba en como me vería Pablo a la noche y si le gustaría.

    Seguirá…

  • En el parking del curro

    En el parking del curro

    Es viernes y estoy deseando que sea la hora de salir del curro, y llamar a Elisa para pasar el finde juntas, falta casi una hora para salir y el pesado de mi compañero no hace más que dar la lata para que quede con él, es uno de esos tíos cincuentones separado con el pelo engominado y barrigón, con pinta de putero barato.

    Por fin la hora de salir, bajo al parking a por mi coche y no arranca, esta sin batería.  Me bajo del coche para llamar a asistencia cuando oigo pasos acercándose levantó la mirada del móvil para ver quién era, es Andrés de mantenimiento.

    Andrés: Hola pilar te puedo ayudar, qué te pasa

    Yo: La mierda del coche este, que no arranca esta sin batería

    Andrés: no te preocupes yo te lo arreglo.

    Andrés es un tío joven casi los 30 cachas, moreno y 1.80 de altura siempre lleva puesto un mono de trabajo.

    Yo: gracias no sé cómo agradecértelo

    Andrés: no te preocupes ya se te ocurrirá algo

    Mientras miraba mi generoso escote

    Yo: seguro que sí, algo se me está ocurriendo.

    Andrés se fue a por su coche una enorme pick up lo aparco frente al mío y puso unos cables de arranque, en un momento el coche estaba arrancado

    Andrés: Ya está, solo hay que esperar un rato que se recupere la batería

    Yo: Y cuanto hay que esperar.

    Estaba frente a él mirándole a la cara mientras mordía mi labio y jugueteaba con su cremallera del mono, sin decir nada acarició uno de mis pechos por encima de la blusa mientras yo bajaba la cremallera despacito, Andrés desabrocho los botones de mi blusa y acariciaba mis pechos desnudos mi coño estaba empapado y lo sentía palpitar de la excitación, metí la mano dentro de su calzoncillo, cogí su polla dura como un palo, gorda y de un tamaño considerable, la saque del calzoncillo saltó como un muelle, le acariciaba la polla desde el capullo hasta los huevos, me puse de rodillas y comencé a chupar ese pollon, me la trague entera provocando me una arcada, una mano cogía sus huevos la otra el tronco de su polla y el reto me lo comía con ansia, el agarraba mi cabeza con las 2 manos y me la empujaba para que tragara toda su polla

    Andrés: Pufff que bien la chupas sigue zorra no pares.

    Esas palabras me pusieron más cachonda si es posible, mi coño chorreaba mojando mis bragas, note como su polla estaba a punto de explotar en una buena corrida, aumente la velocidad de la mamada.

    Andrés: No pares zorra voy a correrme ahhh ahhh si sigue así.

    Note como su polla palpitaba en mi boca, la corrida era inminente y reventó en una corrida brutal, no daba a vasto a tragar su caliente esperma saliendo parte por la comisura de mis labios y cayendo en mis tetas, le limpie la polla chupando los restos de su corrida y me levanté para pasarle parte de su corrida en un beso, me agarro por la cintura y me tumbo en la caja de la pick up arranco mis braga y separó mis piernas, pudo ver mi coño depilado y chorreando.

    Andrés: Que coño más rico, te toca disfrutar a ti zorra.

    Yo: Siii cómetelo es todo tuyo.

    Metió la cabeza entre mis piernas, chupaba mi clítoris y lo mordisqueaba, sus manos agarraban mis pechos, su lengua entraba y salía de mi coño recreándose en los labios de mi coño, la corrida fue salvaje.

    Yo: ahhh ahhhh sigue cabron comételo todo.

    Los orgasmos se sucedían uno detrás de otro, notaba mis flujos mojar mi culo y Andrés lo aprovechó para meterme un dedo en el lo cual me hizo entrar en otra serie de orgasmos.

    Yo: Que placer cabrón no pares sigueee ahhh ahhh.

    Metió otro dedo en mi culo y termine con un orgasmo muy largo que me hizo temblar entera.

    Nos vestimos

    Yo: ¿Qué haces este finde?

    Andrés: No tengo planes como siempre, voy a lo que salga

    Cambiamos los números de teléfono y quedamos para vernos el finde.

    Nos metimos cada uno en su coche Andrés salió el primero y al salir yo vi a mi compañero de trabajo en su coche que está cerca del mío haciéndose una paja nos miramos y le guiñe un ojo y me reí.  El pobre es patético.

  • Señor y muchacha (Parte 2)

    Señor y muchacha (Parte 2)

    Laura bajó en el ascensor. Se sentía totalmente desconcertada, sorprendida y también avergonzada. Jamás se había imaginado que podría engañar a su novio y mucho menos que lo haría con un señor que podría ser perfectamente por edad su abuelo. En el portal se fijó que había un gran charco de agua y restos de jabón en el suelo. Recordó lo mal que lo había pasado en ese portal.

    Vio su teléfono y estaba apagado. Seguramente su novio estaría preocupado por ella. Sintió rabia. Él se había apartado de ella y por esa misma razón lo había perdido. Pensó que le diría cuando hablaran, pondría de excusa que lo había perdido y que alguna amiga de las que él no conocía la había llevado a su casa a dormir. Se ruborizó al recordar que esa noche había quedado con su novio para dormir juntos y al final había dormido con otro hombre. Un hombre de 64 años… No sólo había dormido, sino que se había acostado con él. Ni siquiera tenía la excusa de que ese señor se había aprovechado de ella, no… Había sido ella quien se había excitado al abrazarlo, había sido ella quien comenzó a masturbarse contra el bulto de la toalla… Su rostro se puso colorado al pensar que incluso había sido ella quien había apartado la toalla… Sintió una pequeña corriente eléctrica en su vagina al recordarlo… Pensó que estaba loca, ella quería muchísimo a Pedro. Nada de lo ocurrido saldría de ella y mucho menos de aquel señor. Viviría con aquello en secreto pero todo tenía que seguir como antes. Recordó las palabras que había dicho a Antonio al terminar de hacer el amor. Pensó que las dijera sin pensar, que ella solo quería estar con su novio y nunca le volvería a ser infiel.

    Subió al taxi para ir para casa. Deseaba llegar y poder descansar.

    Aquella semana fue insoportable para Laura, tenía que estudiar para los exámenes. Su novio estaba enfadado con ella por lo del fin de semana. Por las noches al meterse en cama, habitualmente se masturbaba pensando en su novio. Se estaba acariciando bajo la sábana cuando aquel recuerdo le impactó totalmente. Recordó cuando estaba con Antonio. Sentía la misma sensación de excitación intensa que cuando bajó la mano y sujetando la toalla levantó las caderas para retirarla. Se volvió a estremecer al sentir de nuevo como dejó bajar sus caderas lentamente y sintió su vagina apoyarse en aquel sexo totalmente hinchado y caliente. Se masturbó fuerte recordándolo. Tuvo que apretar su boca contra la almohada para que sus padres no la escucharan gemir. Había sentido un orgasmo intenso. Se quedó pensativa, asustada. Se preguntaba que le estaba pasando. Aquel viejo no podía hacerla sentir esas cosas.

    El jueves Laura y Pedro hicieron las paces y se acostaron juntos. Pedro sentía muchísima ansia de ella y la verdad se había comportado como un crio con ella. El ansia que sentía por ella lo hacía ir muy aprisa. Ella se lo hizo saber. Desde sus primeras relaciones, Laura comprendió que su cuerpo necesitaba de muchas caricias y mimos para sentirse estimulado, sólo así su vagina lubricaba adecuadamente. Se asustó al recordar cuando estuvo con aquel señor del fin de semana. Aquella noche aquel señor no la había dado ni una sola caricia y su vagina comenzó a mojarse abundantemente contra la toalla solo con sentir sus pechos apoyados en los de ese hombre. Pedro enseguida se corrió. Laura lo abrazó con mucho amor. Estaba feliz por haber hecho las paces. Abrazada a su novio sintió que ella no había alcanzado el orgasmo. Deseó pedirle a su novio que la besara la vagina, pero como siempre no se atrevió. Nunca le había besado entre sus piernas y ella sentía muchísima curiosidad por cómo se sentiría eso, pero nunca se atrevía a decírselo por vergüenza y miedo de que pensara mal de ella. No pasaba nada, se masturbaría al llegar a casa.

    Al llegar a casa sus padres estaban cenando, Laura les dijo que ya había cenado algo con Pedro y que se daría una ducha y se iba a dormir. Cerró la puerta con el pestillo y se desnudó frente al espejo, se sentía excitada. Le llamó la atención sus pezones, los tenía más endurecidos y grandes que nunca. A su mente acudió la imagen de Antonio acariciándole los pechos y acercando su boca a sus pezones. Un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar la boca de ese señor chupando sus pezones. Aunque era casi una niña, aquel hombre se los chupó con mucho deseo. Se apoyó en la pileta, le temblaban las piernas. Sintió su flujo derramarse y lo notó deslizarse por el interior de su muslo. Llevó su mano a su vagina con asombro y al tocarse se ruborizó al sentir que estaba empapada de flujo. Se acarició breves segundos y su orgasmo la alcanzó con fuerza. Su mano libre tapaba su boca, Sus piernas temblaban mientras se recuperaba del fuerte orgasmo. Se duchó pensando en todo lo que le estaba pasando. Haciendo memoria, recordó que esa semana se había masturbado todos los días. Su cuerpo tenía una sensación permanente de excitación que nunca tuviera tantos días seguidos. Y no lograba quitarse esa sensación aun masturbándose a diario. Se secó delante del espejo. Mañana es viernes, pensó. Deseaba que fuera sábado y salir con su pandilla. Nunca había salido dos fin de semana seguidos. Así todo volverá a la normalidad, pensaba Laura.

    Antonio aparcó el coche en el garaje. Era jueves por la noche y ya se comenzaban a oír los ruidos de los jóvenes en la calle. Pensó que ya estaba de nuevo el fin de semana encima. Subió en el ascensor. Aquella semana se había sentido especialmente nervioso, intranquilo. Se dispuso a darse una ducha. La imagen de aquella muchacha sacudió su mente. La veía desnuda bajo el agua. Pensó que era una jovencita preciosa. Recordó sus pequeños pechos. Se miró las manos recordando cómo los había acariciado, al ver su mano derecha pudo sentir de nuevo la sensación que tuvo al meter la mano entre los muslos de aquella joven. Nunca había acariciado un coño tan suave y carnoso… Antonio bajo el agua sintió su sexo excitarse. Maldita sea, pensó, no soy ningún crío para estar así. Recordó el tacto de aquel coño contra su sexo. Gimió excitado. Su mano inconscientemente había rodeado su hinchado sexo y se estaba masturbando. Pensaba en esa cría, gimió imaginando que la penetraba de nuevo. Es una niña, se decía culpándose por estar así. Se imaginó encima de ella… Gimió. Se corrió bajo el agua de la ducha…

    Laura estaba contenta. Por fin era sábado y tenía muchas ganas de poder salir y que todo volviera a ser como antes. Llamó a su amiga Mara preguntándole si iban a salir.

    – Claro, quedé con Clara y Patricia – le dijo contenta- por qué? Te animas a venir?

    – Me apetece salir – se sorprendía de estar diciendo esas cosas.

    – Crees que tus padres te dejarán? – Marta estaba muy contenta de que Laura quisiera salir. Era su mejor amiga pero todos decían que era demasiado seria y responsable para su edad y que nunca quería salir.

    – Si, ellos sabes que me dejan. Además he estado estudiando mucho toda la semana. Quedamos donde siempre?

    – Siiii… – Marta respondió con felicidad – a las once estaremos allí

    – Vale, un beso Marta.

    – Un beso Laura

    Al colgar llamó a Pedro. Quería darle la sorpresa de que esa noche saldrían juntos. Pedro siempre echaba de menos que Laura saliera un poco más por las noches. Le sorprendió la voz de Pedro, pues estaba muy ronca y le contestó como raro.

    – Cariño estoy en cama, he tenido fiebre y me duele la garganta – le dijo Pedro al preguntarle qué le pasaba.

    – Ah entonces nada, llamaré a Marta y le diré que no salgo

    – Cariño pero sal tú con ellas. Por mi culpa no te quedes en casa – Pedro la animaba a salir.

    – Pero me fastidia que estés mal y yo por ahí – Laura se había quedado triste, todo el día había pensado en esa noche.

    – Mañana estaré mejor y ya me cuentas que tal lo pasaste, vale?

    – Vale, saldré con ellas. Te quiero mucho cariño.

    – Yo también te quiero mucho Laura.

    Colgó el teléfono y bajó a decirles a sus padres que saldría esa noche. Estos se sorprendieron de que su niña saliera otra vez. Se pusieron incluso contentos porque a veces pensaban que debería divertirse un poco más. Laura era una muchacha muy responsable, demasiado para su edad. Laura miró el reloj y subió corriendo a su cuarto. Ya tenía la ropa sobre la cama. Al ver la minifalda pensó que mejor pondría otra cosa, al no estar Pedro con ella le daba corte ponerla. Sonrió y decidió ponérsela igual. Un día es un día, se dijo a sí misma. Se fue a la ducha cantando y bailando. Al sentir el agua caer por su cuerpo desnudo le volvió aquella sensación. Toda esa semana, cada vez que se daba una ducha, se apoderaba de su cuerpo esa sensación de nervios. No podía evitar recordar lo del fin de semana anterior. Aquel señor aparecía constantemente en su cabeza. Comenzó a enjabonarse. Su mano enjabonó su estómago, bajó entre sus piernas. Se estremeció al recordar la mano de aquel señor lavando su vagina. Aquella mano tan grande y fuerte la había hecho gemir mientras le enjabonaba. Se ruborizó al notar su vagina totalmente húmeda por dentro. Se rozó el clítoris y estaba inflamado. Se miró entre las piernas y allí estaba asomado, fuera del capuchón. Lo masajeó entre sus dedos y se tuvo que apoyar en la pared al sentirse sacudida por un orgasmo. Se asustó por lo que le estaba pasando. Se preguntó a si misma si su cuerpo había cambiado en esa semana. Se vistió con rapidez, ya iban a ser las once y aún tardaría un poco.

    Cuando llegó a la cervecería donde había quedado con Marta ya había mucha gente. Las miradas de los chicos la estudiaban de arriba abajo, algún chico más atrevido se había atrevido a decirle lo buena que estaba y había escuchado comentarios sobre sus piernas. Las vio al fondo y se alegró. Enseguida todas la abrazaron y saludaron. Le comentaban lo guapa que estaba. Laura las miró y vio que sus amigas también iban muy guapas y se alegró de ver que de las cuatro, dos iban en minifalda y otras dos con vestido corto.

    – Vamos a pedir de beber… – dijo Marta eufórica- hoy lo vamos a pasar muy bien. Quedaste con Pedro?

    – No, hoy no sale – le dijo con algo de tristeza Laura

    – Bien!!! Hoy noche de chicas solteras – le dijo guiñándole un ojo

    Estuvieron toda la noche bailando y riendo. A lo largo de la noche, muchísimos chicos habían intentado ligar con ellas y ellas los rechazaban entre bromas y risas. Marta insistía a Laura que bebiera más. Ella recordaba la borrachera del fin de semana pasado y sólo bebió un cubata. Poco a poco sus amigas estaban cada vez más contentas por el alcohol. Eran las cuatro de la mañana y decidieron ir a la discoteca donde siempre terminaban la noche…

    Antonio como cada noche había ido a pasear. Ya estaba llegando a casa. Pasó por la discoteca que estaba cerca de su casa. Odiaba aquella calle los fines de semana. Tuvo que apartarse varias veces para no tropezar con muchachos que estaban borrachos. Por primera vez en muchos años se dio cuenta que se estaba fijando en las muchachas con las que se cruzaba. No era que le interesaran aquellas jóvenes. Se dio cuenta que inconscientemente buscaba el rostro de Laura entre la multitud. Llegó a casa y decidió darse una ducha. Necesitaba distraerse y se sirvió una copa de vino. Le apetecía leer tranquilamente en el salón. Miró el reloj, eran las cinco de la mañana…

    Laura bailaba en la discoteca. Miró a Marta y la vio bailando con aquel chico de la cervecería. Clara y Patricia tonteaban con unos jóvenes. Laura bailaba y muchos se acercaban pero ella los rechazaba diciéndoles que estaba con su novio. En la barra al fondo había un señor de espaldas y a Laura le dio un escalofrío. Aquel señor se giró para bailar y ella vio que no era Antonio. Se sintió muy extraña al darse cuenta que se había decepcionado al ver que no era Antonio. Laura miró el reloj, eran las cinco de la mañana…

    No les dijo nada a sus amigas cuando salió de la discoteca. Necesitaba tomar el aire. Comenzó a caminar como la otra noche. Estaba muy nerviosa a medida que se acercaba a aquel portal. Se sentó en el portal. Pensaba que era una locura lo que le estaba pasando. Que no podía tener esos pensamientos. Su cuerpo estaba agitado recordando lo de aquella noche. Se levantó y miró el telefonillo. Aquel botón era lo único que la separaba de volver a sentir como la otra noche. Su mano se acercó al botón. Sentía vergüenza pero no podía evitar desear pulsar ese botón. Sonó su móvil, era un mensaje. Cogió el móvil de su bolso, era de Pedro el mensaje.

    “Hola cariño, que tal estáis pasando la noche? Espero que bien. Me desperté y quería decirte que te quiero. Hasta mañana.”

    Laura se sintió muy mal, ella también lo quería mucho. Pensó que tenía que ir para casa, cogería un taxi. Anduvo diez metros y se acordó de Antonio. Recordó sus manos. Recordó el sexo de aquel señor…

    Antonio estaba leyendo, inconscientemente escuchaba el ruido de la gente en la calle. De pronto escuchó el sonido del telefonillo. Se sobresaltó. Malditos muchachos, ya alguna vez habían llamado a su telefonillo alguna pandilla de graciosos que bajo los efectos del alcohol se dedicaban a molestar a la gente. Contestó malhumorado…

    – Quien es? llamaré a la policía!!!- contestó con enfado.

    – Antonio, soy Laura…

    – Laura? – Antonio sintió un nerviosismo que hacía muchos años que no sentía- perdona,

    – Ábrame la puerta por favor.

    Antonio no dijo nada, simplemente pulsó el botón de abrir el portal. Después de unos instantes escuchó el timbre del ascensor que había llegado a su piso. Abrió la puerta de casa y la vio allí. Caminaba hacia él despacio. Su rostro reflejaba su inmensa vergüenza de haber dado ese paso de ir de nuevo a junto de ese señor. Antonio la miró detenidamente. Estaba preciosa. Era casi una niña pero aquella minifalda la mostraba muy sexy. Se avergonzó por sentir esas cosas. Ella lo miró nerviosa. Estaban casi juntos. Antonio hizo ademán de decir algo pero ella lo miró y se abrazó a él…

    – chssss… no diga nada, por favor… – Laura muy nerviosa pegó su cara al pecho de Antonio.

    Antonio la obedeció, no dijo nada. Cerró la puerta y acarició el pelo de la muchacha. Sintió como la muchacha le estaba desabrochando los botones de la chaqueta del pijama. Abrió la chaqueta y apoyó su cara en el pecho desnudo de aquel señor. Sintió en su cara el corazón desbocado de Antonio. Pensó que si Antonio pusiera su cara en su pecho, también sentiría su joven corazón latir muy fuerte. Aquel abrazo y sentir de nuevo a aquella joven en sus brazos le hizo excitarse. Ella lo notaría enseguida pues el pijama no podía disimular su erección. Esta vez no le importaba que la jovencita sintiera que la deseaba. Laura enseguida noto la erección de Antonio presionar su estómago. Se apretó a él para sentirla mejor. Laura sintió que se excitó enseguida. Aquel hombre tenía el don de con solo rozarla o simplemente pensando en él, de hacer que su vagina se mojara muchísimo. Antonio excitado no pudo evitar acariciar la espalda de aquella criatura y descender con ellas hacia sus nalgas. Se las acarició. Aquella minifalda enseguida se fue subiendo y sentía en sus manos la braguita de ella. Deseaba sentir las nalgas desnudas de esa joven. Sus manos se introdujeron por la goma de la braguita y acarició directamente su piel. Laura sintió que Antonio acariciaba sus nalgas desnudas. Sentía como aquellas manos las agarraban. Eran manos grandes que casi agarraban por completo cada nalga. Laura se estremecía y se apretaba a él. Antonio se separó de ella y se arrodilló. La minifalda estaba recogida en su cintura. Laura se avergonzó al sentir a aquel hombre de rodillas frente a ella mirando su braguita. Antonio vio su braguita, una enorme mancha de humedad hacía ver que esa joven estaba muy excitada. Recordó aquel coñito cuando lo lavó, era precioso. Deseó volver a mirarlo, tocarlo, sentirlo. Antonio llevó sus manos a la braguita de Laura para bajársela. Ella estaba muy avergonzada…

    – Por favor cariño, no temas…

    Ella cedió y con un gesto afirmativo de su cabeza le hizo entender que aceptaba. Se la bajó despacio. Antonio se maravilló al ver ante si aquel coño. Laura temblaba mientras sentía que Antonio estaba mirando su vagina desnuda. Nunca nadie, ni siquiera su novio, le había mirado así su vagina. Observaba la cara de ese señor y sintió morbo de sentir aquella mirada directamente en su vagina. Se estremeció al sentir la mano de Antonio acariciándola. Aquellos dedos la acariciaban… Cerró los ojos y gimió…

    – Dios, estas empapada niña

    Antonio hablaba excitado. Laura abrió los ojos y vio a aquel hombre mirando su mano y sus dedos mojados de tocarla. Con mucha vergüenza vio como Antonio olía sus dedos mojados por su vagina y los comenzaba a lamer. Se estremeció. Iba a decirle que nunca nadie le besara la vagina pero no tuvo tiempo. Sintió el aliento de aquel señor y un gemido se escapó de su garganta cuando aquella lengua lamió su vagina. Sus piernas temblaron. Deseaba gritar, gemir, chillar… Aquella boca lamía cada pliegue de su vagina. Succionaba sus labios vaginales, su clítoris. Sentía descargas eléctricas en su coño, su clítoris iba a estallar de placer… Lo tenía increíblemente hinchado, sensible… Antonio deseó mamar aquel clítoris y lo rodeó con sus labios. Comenzó a mamar de él y Laura gritó… Nunca había sentido algo parecido. Se corrió durante largos segundos en los que su cuerpo sentía espasmos de placer. Sus piernas temblaban y apenas podía mantenerse en pie, se dejó caer arrodillada junto a Antonio y lo abrazó agradecida, sorprendida. Antonio estaba maravillado. Se ruborizaba al pensar que el coño de esa muchacha era el más delicioso que jamás había tocado o saboreado. Laura se abrazaba a él fuerte. Se besaron con una pasión similar a la de una pareja de enamorados que llevan meses sin verse. Laura estaba descontrolada. Aún sentía su vagina palpitar del orgasmo que había tenido. Acarició el pecho desnudo de Antonio. Nunca había visto un hombre con tanto vello en el pecho. Su vello era muy suave, totalmente canoso. Eso la hizo ser consciente estaba siendo infiel a su novio con un señor 46 años mayor que ella. Se estremeció al sentir que nunca se había excitado tanto y tenía que ser con un hombre así de mayor. Al bajar la mirada vio el bulto bajo el pijama. Estaba totalmente excitado. Sintió curiosidad por cómo sería. La semana anterior había sentido aquel sexo pegado a su vagina, aquel sexo la había penetrado. Bajó la mano nerviosa y acarició el estómago de Antonio. Su mano agarró la goma de la cintura del pijama y se lo bajó avergonzada. Ante ella apareció aquel sexo. Estaba totalmente hinchado. Lo miró con curiosidad. Se fijó que el glande estaba muy oscuro y era más grueso que el tronco del pene. Las venas se marcaban mucho. Le atraía mirarlo. Era un sexo feo pero le atraía mucho. No pudo evitar rodearlo con su mano y acariciarlo. Le excitaba masturbar a Antonio. Este gemía. Aquella muchacha le excitaba mucho. Deseaba volver a sentir su polla entrando en el coño de esa joven. Deseaba tenerla de nuevo desnuda en su cama. Aquella joven lo estaba masturbando y le daba placer. Miraba el rostro de aquella muchacha, lo masturbaba y no dejaba de mirar su polla. Pensó que sentiría como él, Él tampoco podía dejar de mirarle el coño a aquella joven. Laura se dejó desnudar pues deseaba volver a abrazarse a ese hombre totalmente desnuda. Antonio le acariciaba los pechos. Cada roce en sus pezones le hacía gemir. Miró como los tenía y se sorprendió pues estaban muy oscuros y grandes. Antonio la cogió en brazos y la llevó a su cama. Estaban desnudos por completo. Él se maravillaba mirando el cuerpo desnudo de Laura. Ella miraba excitada el cuerpo desnudo de Antonio. Se besaron y abrazaron. Se acariciaban los rostros observándose. Al abrazarse el sexo de Antonio rozaba el coño de la muchacha. Se estremecían al sentirse tanto. Laura sentía la boca de Antonio chupando sus pezones y ella movía sus caderas frotando su vagina contra aquel sexo de señor.

    Antonio se puso sobre ella y la contemplaba. Su polla acariciaba el coño de aquella muchacha. Lo excitaba muchísimo…

    – Eres casi una niña pero me gustas Laura…

    – Tu eres un señor mayor pero me gusta estar contigo

    – Sientes como me excitas? – le decía frotando su sexo hinchado contra su clítoris

    – Si lo siento Antonio – Laura lo abrazó y levantó sus caderas para frotar su vagina en el sexo de Antonio – Tú sientes como me excitas a mi?

    – SIII mi niña – Antonio sintió aquella vagina totalmente empapada – mi polla y tu coño se desean…

    – Siii…

    La polla de Antonio abrió con delicadeza la vagina de Laura y enseguida fue resbalando hasta penetrar hasta lo más hondo de esta. Laura temblaba de placer. Aquel sexo feo de señor mayor le volvía loca de placer, la hacía sentirse totalmente llena. Ella le pedía que la penetrara fuerte, rápido. Cuando aquel hombre se movía despacio ella le rogaba que lo hiciera fuerte. Sabía cómo volverla loca. Al moverse despacio conseguía que ella levantara las caderas y se moviera descontrolada buscando la penetración intensa. Era como si lo follara desde abajo. El al ver esa desesperación de la muchacha se moría de morbo y de deseo.

    – Que deseas mi niña?

    – Muévase rápido por favor, penétrame fuerte

    – Que te folle fuerte quieres decir? – Antonio estaba fuera de sí por el morbo y el deseo

    – Siii… – Laura lo reconoció con verguenza

    – Dímelo cariño, pídemelo…

    – Fólleme fuerte por favor!!! – Laura se ruborizó al decirlo

    Laura al decir esto comenzó a correrse en los brazos de ese hombre. Antonio al escuchar esas palabras y sentir que la joven se estaba corriendo, comenzó a penetrarla fuerte y profundo. Él no tardaría en correrse también. Laura sentía aquel sexo totalmente hinchado, tenso. Se movía dentro de ella muy rápido y fuerte. Sentía que la iba a hacer correrse de nuevo. Laura lo abrazó y comenzó a besarlo en la boca. Antonio comenzó a gemir y su polla estalló en un orgasmo intenso. Laura al sentir que Antonio eyaculaba dentro de ella comenzó a correrse de nuevo. Se corrieron juntos, sus cuerpos temblaban. Se abrazaron excitados…Se besaron…

    – Puedo quedarme a dormir aquí? – ella deseaba dormirse en los brazos de ese señor.

    – Claro que puedes cariño…- besándola le guiñó un ojo – pero quiero que sepas que me encanta despertar y hacer el amor…

    – A mi también… – le dijo ella sonrojándose…

    Laura apoyó su cara en el pecho desnudo de Antonio y se durmió. Antonio la abrazó y la miraba. Es preciosa, pensó. Se durmió deseando que pasara rápido el tiempo y llegara la hora de despertar…

  • Atado en la escalera

    Atado en la escalera

    Se trataba de una escalera de hierro que comunicaba el piso bajo con el alto. Ellas habían pasado varias veces por allí. En un principio creí que se burlaban de mi delgadez pero, en realidad no sabía lo que tenían planeado.

    La escalera estaba bien oculta por una pared, lo cual no permitía verla desde la calle. Ellas tuvieron eso muy en cuenta. Una tarde pasaron por mi casa que estaba en la planta baja. Una de ellas, la más madurita, me pidió ayuda porque se le había zafado la correa de la sandalia. Cuando me interné en el cuarto de desahogo para buscar las herramientas imprescindibles, escuché la puerta cerrarse. Eso, en vez de atemorizarme, provocó una erección fabulosa. Encerrado con tres mujeres en mi propia casa, pensé. Con todo, ignoraba lo que venía a continuación…

    Rápidamente, me desvistieron. Reían y reían. No supe si compararlas con tres brujas, engendros nacidos del odio y la venganza contra mi género o simplemente con matronas libidinosas cuyo fin era divertirse. Empezaron a jugar con el miembro. Sentí tres, cuatro, cinco, diez manos calientes en mi sexo. Auscultándolo, amasándolo, apretando. No puedo negar que era delicioso. Traté de no venirme porque era consciente de que tramaban algo más.

    No me había equivocado. Me llevaron hacia la escalera. En el tejado, un viejo perro miraba sin comprender nada, ya sin fuerzas para ladrar, a causa de la vejez. Apareció una cuerda, surgida de uno de sus bolsos. Uno nunca sabe que puede salir del bolso de una mujer, incluso un arma de fuego. Esperé impasible a que me ataran las muñecas tras la espalda y luego, con mucha fuerza a uno de los estrechos peldaños de hierro. Bocarriba, con los genitales a la vista, horriblemente mostrados, al desgaire. De pronto apareció otra cuerda, esta vez de fibras plásticas muy resistentes. Lo supe de antemano porque había trabajado alguna vez con ese material. Ahora sí era consciente de lo que harían. Vas a ser castigado, macho, exclamó una de ellas. En realidad, las tres eran maduras. Acaso me llevaban como diez años. Mi sexo se endureció rápidamente. Era una sensación de calidez absoluta como si lo que tuviera entre las piernas fuera una hoguera. Una mano sobaba mis testículos. Era el preámbulo de los azotes.

    Metieron un pañuelo en mi boca para ahogar los posibles gritos pero en realidad lo que soltó mi garganta fueron gemidos de placer demente. Locura total cuando vino el primer azote que golpeó justo en el glande que a medida que recibía los azotes se iba inflamando. Ya se tronaba púrpura y pasaron a castigarme los testículos.

    Como se avecinaba lluvia, allí me dejaron para mayor sufrimiento. Mientras se alejaban, podía oír sus risotadas de matronas sádicas y me vino a la mente un cuento del Maestro: el Marqués de Sade.

    RAFA50

  • Volviendo del enojo

    Volviendo del enojo

    Lejos de tomarme revancha, simplemente hice lo imposible por soportar la abstinencia y no serle infiel. Más valía esperar a agregar más leña al fuego. No fue fácil porque estaba acostumbrado a una vida sexual activa. Después ella comenzó a salir libre y despreocupadamente con amigas, mientras yo mascullaba rabia. No creía que me engañara. Simplemente salía a hacer su vida y distraerse. Volvía temprano, tranquila y se iba adormir. Yo intentaba pero ella seguía firme en su decisión de no entregarme su cuerpo.

    Así pasaron unos meses y ya mis ganas me podían pero soportaba. Hasta que cometió un error “fatal”. Un día, o mejor dicho una noche, salió con sus amigotas y volvió… ebria! La trajeron hasta la puerta y cuando oyeron ruido a cerradura, la dejaron y casi salieron huyendo para no encontrarse conmigo. Por lo tanto la tomé del brazo para hacerla ingresar a la casa, tras lo cual me sorprendió con un… -Gracias cariño! un tanto confuso en la pronunciación. Despacio la fui llevando al dormitorio, la ayudé a sentarse en la cama y sonreía. No soportó mucho así sentada y se dejó caer de espaldas. Seguía con la sonrisa en el rostro y los ojos entrecerrados. –Uf… hacía mucho que no me ponía borrachita… muy borrachita, murmuró.

    -No importa… te ayudaré a acostarte, le dije y fui a desabrocharle la blusa. Entonces tuvo como un momento de lucidez y trató de tomarme la mano…

    -Nnno… déjame…!

    -Solo intento ayudarte… no te puedes dormir así vestida…

    -Nnnno… yo lo haré!

    Solo me sonreí y pacientemente, durante unos quince minutos, esperé que trabajara para desabrochar un solo botón sin lograrlo.

    -Ufff… maldito… botón…

    -Me dejas que te ayude?

    -Mmm… seee…

    En un ratito le quité la blusa, los zapatos, el pantalón para dejarla en bragas y tetas al aire ya que, evidentemente, había salidos sin brasier. Instantáneamente fui tomando temperatura al verla así. Seguía estando buena!

    -Me has dejado en pelotas… cuidado con abus… abusarte…

    -Descuida cariño, le dije y como sin querer le rocé entre el vientre y el pubis…

    -Oooye, que haces…?

    -Que nada mujer… que fue accidental…

    -Mmmse… claro…

    Fue lo último que dijo y cerró los ojos. Me incliné para sentir su aroma a hembra a través de la tela y acariciarla con la nariz. Involuntariamente, su pubis se estremeció. La acaricié con el reverso de la mano para luego darla vuelta y palpar la curvatura, atreviéndose mi dedo mayor a seguir la hendidura entre los carnoso labios vaginales. Un leve gemido se le escapó y su mano pretendió detener la mía pero le faltó firmeza. Le corrí la tanga a un costado para poder ir con mi boca directo a sus pliegues íntimos. Tuvo un último intento de resistencia más por borrachera o por gusto no pudo. Extrañaba esos sabores, esos aromas, por lo que la lamí con ansias. Mi lengua se ensañó con su rosado botoncito, en tanto sus flujos brotaron en señal de calentura. Abandonada ya a su suerte, se empezó a retorcer y gemir. También para ella había sido la abstinencia, por lo que el primer orgasmo no se hizo esperar. Medio entre sueños, medio lengua trabada de borrachera dijo…

    -Mmmm… que lindo acabé…!

    Ya no había ni tenía vuelta atrás. Le quité la poca, la única ropa que le quedaba y me la quedé mirando. Y claro que seguía estando buena! A su vez me apresuré también yo a sacarme la ropa de dormir que llevaba puesta. Amontoné almohadas más almohadones, formando una pequeña montaña donde la coloqué boca abajo. Quedó ofrecida, con las piernas entreabiertas y vagina a la vista. Mojé mis dedos en saliva para trabajarle la entrada de la vulva. Casi no lo necesitaba porque se mantenía empapada. La masturbé un poco hasta lograr que se excitara nuevamente, gimiendo, revoleando el culo. Después me ubiqué encima, orienté mi verga y directamente la ensarté por el “camino correcto”. Ya mi calentura estaba en lo máximo. Me la cogí muy fuerte, haciéndola gemir y haciendo que goce. No quería ser rencoroso, pero inconscientemente supongo me vengaba por la abstinencia a que me había obligado. Me retiré de su interior para quedarme mirando los labios vaginales entreabiertos y chorreantes, además del bonito orificio que se dejaba entrever entre sus nalgas. Directo y sin preámbulos se las separé para literalmente enterrarle la lengua en el culo. Estaba medio dormida pero la reacción fue de arquearse como pidiendo más. Traje flujos de su concha para saborizarle el ojete y seguir lamiendo sin pausas, hambriento, caliente… Ni yo sé cómo aguantaba sin eyacular, a pesar de lo cargado que estaba. Le lamí el culo hasta dejarlo hecho un mar de babas. Ella aún borrachita sentía y asentía. La calentura mandaba y ya la señora enojada era todo flujo y humedad. Cuando decidí que ya estaba bien, la atraje hacia mí. Coloqué más altos los almohadones la deposité para que quede a pedir de mi. Agarré mi verga dura e inflamada para rozar y acariciar con el glande el lubricado orificio anal. Estaba cerradito por el escaso uso de los últimos meses y también, por qué no decirlo, de tiempos anteriores. Así que sin más demora apoyé la verga en su entrada para presionar hacia adentro. Tuvo un tibio intento, un reflejo de resistencia pero una sola nalgada bastó para que se afloje y me reciba. Me separé un poco para ver como la cabeza de mi verga era tragada, sintiendo la presión del aro de carne justo en el cuello del pene. Gimió, apenas gimió. En el momento y a medida que fui entrando en su cuerpo. No paré hasta que mis huevos pegaron en los labios de su concha. Entonces comencé a cogerla. Primero lento y ya después a ritmo sostenido y fuerte. Ya para entonces estaba abierta. Entregada y abierta. Mis dedos le hurgaron la concha, masajeando el clítoris hasta hacerla llegar al orgasmo. La leche me hervía en los huevos pidiendo ser soltada. Entonces, cuando no pude retener más, le solté todo lo que tenía tras un agónico quejido.

    A la mañana siguiente, desperté en la misma posición en que caí. De costado y con la verga aún entre sus nalgas chorreantes de lefa.

    -Qué pasó aquí?

    -Y… soy tu marido, eres mi mujer… ¿qué puede haber pasado?

    -Mmmm… sé que estaba un poco borracha pero no creas que no me acuerdo…

    -Ah si? Y que recuerdas?

    -Pues que abusaste de una pobre ebria. Y por lo que estoy sintiendo, fu abusado mi culo…

    -Tu culo se portó de maravillas!!! Calla y vamos a ducharnos y a desayunar. Después vemos. Tal vez podríamos tomarnos la mañana libre…

    -Ni lo sueñes…

    -Bueno: anoche no soñaba con coger y ya tú ves…

    -Asqueroso abusador. Eso eres pero creo que igual te quiero!

  • Muy rica la cuñada de mi amiga

    Muy rica la cuñada de mi amiga

    Una de mis historias tiene que ver con la cuñada de una amiga con la que trabajé. Mi amiga y yo trabajamos por un tiempo en una empresa de la cual nos retiraron y decidimos trabajar luego a medias con venta de ropa. Alquilamos un local en el cual comenzamos atendiendo los dos, pero teníamos que buscar quien se encargará allí de lleno ya que nosotros teníamos otros compromisos.

    Ella me comentó sobre cuñada que no tenía trabajo y que quería hacer algo. Le dije que me parecía bien. Al día siguiente llego aquella bella catira que medía 1,60 cm aproximadamente un cuerpo atlético pechos súper redondos al igual que sus nalgas. No sé porque de inmediato entre nosotros hubo una conexión que decidí quedarme ese día en la tienda para ayudarla y los próximos dos días. Mi amiga sabiendo como soy de una vez le dijo.

    -No le pares mira que tu estas casada con mi hermano y de paso este es un perro.

    -Ella sonrió y no dijo nada.

    -Yo le dije, tranquila vale que ella tan bella no me va a parar.

    Allí me pase todo el día mirándola mas que todo y buceándome a esa belleza que por cierto cargaba ese día unos hilos negro de los mas finos y que me dejaba ver cada vez que se agachaba. Fuimos conversando y una cosa llevo a la otra hasta que llegamos al tema que no podía faltar. SEXO.

    Me comenta que a ella le gustaría hacer cosas fuera de lo común ya que su esposo era muy simple y pues ahí aproveche de comenzar hablar de lo que me gustaba hacer y de lo que ya había hecho. Incluso me comento que a ella le gustaba hacerlo por detrás pero que a su marido eso no le gustaba. Ese día hablamos de todo tanto así que cuando llegue a casa yo me sentía la punta mojada…

    Pasados 4 días ya tenía su número y pues ahí las conversaciones fueron subiendo. Al quinto día llegue primero a la tienda pero ese día era sábado y pues eso estaba solo por ahí como a los 20 minutos llego ella. Ese día cargaba unos leggings negros, una blusa blanca y sus respectivos hilos. Pero no había subido por completo la santa maría ella entro y yo estaba bajando unas cosas. Cuando bajo la saludo y nos dimos un beso de media luna, nos reímos y se dio la vuelta. De una vez me puse muy caliente y ella se dio cuenta, se dio lo vuelta y bajo más la Santa María y me acerque haciendo que sintiera mi pene muy duro en sus nalgas. Se giró y me dijo con una voz de excitada.

    -Que duro se siente ese guevo, quiero que me lo metas acá mismo.

    Los besos y caricias no se hicieron esperar, sus gemidos eran bajos, mis manos apretaban sus nalgas mientras mi pene se pegaba más a su caliente vagina. Metí mi mano y sentí lo mojada que estaba y a la vez chupaba sus pechos y mordía suave su pezón. Ella sola bajo y me dio una de las mas ricas mamadas.

    -Qué rico guevo tal cual me lo imaginaba. Grueso y grande lo quiero dentro de mi. Me miraba y lo lamia como una barquilla de lo mas rico.

    La levante pues me dieron muchas ganas de acabar.

    Le baje el leggings y deje su hilo, me agache y lo puse de lado mientras le lamia su vagina de lo más rico, sus gemidos eran suave incluso trataba de no hacer muy ruidosa. Le di la vuelta y puse su hilo de nuevo de lado quedando un poco inclinada a la pared y ahí la hice acabar con ese oral y hasta su culito muy depilado le pase mi lengua. Me levanto y asimismo de espalda le pasaba mi pene que estaba a explotar por su mojada vagina hasta que ella misma lo puso en su entrada estaba apretadita hasta que le llegue a la mitad y se lo termine de meter completo de una. Me gustaba como paraba su trasero y se abría un poco gemía en cada embestida. En la silla de la tienda como era alta quedaba justo a la medida de mu guevo. Se lo metía y cada vez le daba mas fuerte hasta que acabamos juntos. Nos quedamos un rato ahí sin aliento y sudando me decía.

    Eres muy bueno en esto y quiero mas pero será luego vamos a vestirnos hay que cuadrar para salir.

    Claro que hubo mas en mi casa y hasta en la misma suya pero ya será en otra parte que se las cuente. Espero les haya gustado y espero sus comentarios.

  • La última noche de Ana

    La última noche de Ana

    Tiró a un costado las sábanas y caminó desnuda hasta el baño, dejando sobre la cama al hombre que roncaba con la boca abierta.

    Se dio una ducha, se enjabonó una y otra vez ahí donde el tipo había depositado su virilidad. Frotó el espejo empañado y se miró a los ojos. La piel extremadamente tersa y su cara de nena no revelaban sus treinta años. Dio unos pasos atrás, y logró verse el torso desnudo. A pesar de reconocerse hermosa la inseguridad la acechaba, como siempre.

    No le alcanzaba con hacer voltear a todos los hombres que se cruzaban en su camino, ni con sentir la admiración recargada de envidia de sus amigas. No concebía otra manera de reafirmar su autoestima, que cayendo ante impulsos ajenos.

    Y ahora, cuando la noche tocaba a su fin, llegaba la culpa, el sentirse una cosa, el saberse innecesariamente fácil, el prometerse que no volvería a caer de nuevo, sabiendo que se mentía. La melancolía persistente se convirtió en una depresión, que sólo podría evadir con pastillas.

    Se secó, y se envolvió con una toalla. El tipo seguía durmiendo. Sólo se veía su cabello gris que sobresalía del cubrecama. Pensó que al otro día se pavonearía con sus amigos, contando su conquista. Les diría que conoció a una chica en un bar. Una chica joven, solitaria, en una noche aglomerada. Una chica linda como el atardecer, y veloz como la luz.

    Le dio cierta repulsión mirar al cincuentón dormir plácidamente, pero en unas horas se iría. Cambiaría las sábanas, y esa cara de galán vencido se tornaría difusa. Él la atosigaría con mensajes, con la fantasía de repetir la noche, pero se encontraría con que llevársela a la cama por segunda vez era imposible.

    El hombre giró, y abrió los ojos soñolientos.

    —Te queda bien la toalla. —Dijo.— Acercate que te la voy a quitar.

    —Ya no tengo ganas de nada. —Dijo ella.— Voy a dormir en el sofá. Cuando te vayas no me despiertes Marcos.

    —Me llamo Franco. —Dijo él.

    —Franco. —Repitió ella.

    Se fue al living, caminando en la oscuridad. Extendió su cuerpo sobre el sofá. Pensó en su padre. Se enojaría mucho cuando se enterara de que tuvo que vender el auto para pagarle al banco. Pero qué le importaba. Ella no tenía la culpa de que sólo le demostrara su afecto a través del dinero.

    Cerró los ojos. Pero la presencia silenciosa de Franco la inquietaba. Hubiese preferido que respondiera a su desdén con un insulto, pero sólo parecía preocupado por hacerle recordar su nombre.

    Pensó en todos los nombres que ya había olvidado, y luego otra vez en su padre, y en el silencio inquietante de Franco. Pensó que podría ser su padre. Que su pelo gris la atrajo. Algo debería saber que ella no sabía, algo podría enseñarle de la vida, más allá de tantas poses sexuales. Se fue durmiendo, despacio, su cuerpo húmedo pesaba como pluma.

    Se prendió la luz del living. Cuando ella abrió los ojos Franco estaba en cuclillas, y sus rostros a la misma altura, muy cerca.

    —Así que sos de esas loquitas. —Susurró. Tenía los dientes apretados, su mano se cerró en un puño, y las venas de los brazos se marcaron.— Así que sos de esas loquitas. —repitió. Y entonces ella entendió: Ahí terminaba su camino de autodestrucción, la eterna necesidad de aceptación, la búsqueda incansable de una imagen paterna. Ahí culminaba todo. Es sería su última noche.

    Dedos gruesos y ásperos se cerraron en su cuello. Los ojos de la muerte brillaban, eran verdes. Le costaba respirar. Sus ojos lagrimeaban. Deseó que su padre venga a rescatarla. Que por una vez alguien la proteja de sí misma. Pero no se defendió, dejó ir cada aliento de vida con resignación, dispuesta a convertirse en un número más en las estadísticas de fatalidades. Luego escuchó un fuerte portazo y se despertó. El perfume de Franco todavía estaba en el aire, mezclado con el olor del sexo.

     

  • Fantasías (Capítulo 1)

    Fantasías (Capítulo 1)

    Psicólogo: Laura, ¿Que sientes al verla con él?

    Laura: no lo sé, no logro sintetizar adecuadamente todo lo que siento

    Psicólogo: intenta no ser tan rígida, quizás puedas decir cómo te sientes de forma más espontánea, di las primeras palabras que lleguen a tu cabeza.

    Laura: Hablar desde la espontaneidad puede que me lleve a decir cosas de las cuales pueda arrepentirme

    Psicólogo: si sigues reprimiendo esas palabras, podrías de igual manera arrepentirte ¿no crees?

    Laura: entonces cual arrepentimiento ¿sería peor?

    Psicólogo: no lo se, ¿cual crees tú?

    Laura: supongo que mis instintos mas profundos me diría que lo segundo, porque se que necesito decirlo y no reprimirlo como siempre lo hago

    Psicólogo: si es así, ¿por que no empezar ahora? ¿Que sientes al verla con el?

    Laura: mmm, siento deseo, siento ganas de poseerla, de la misma manera en la que el lo hace pero mejor que sienta que puedo ser mucho mas que el, quiero escucharlo de su boca, quiero poder ver sus ojos brillar de placer, por un placer que yo solo le puedo dar, quiero ver como su cuerpo se eleva en el mayor de los éxtasis. Y todo eso quiero que el también lo vea

    Psicólogo: este deseo hacia tu mejor amiga esta guiado realmente por ella o por su novio? En todo momento veo que tu fantasía esta direccionada de alguna manera hacia a el, es así o ¿me equivoco?

    Laura: no lo se, no lo había pensado de esa manera

    Psicólogo: ¿crees que esto tenga algo que ver con tu gusto de ver a los demás teniendo relaciones?

    Laura: quizás

    Psicólogo: ¿Quieres que el te vea poseer a su novia?

    Laura: si, el es un imbécil

    Psicólogo: tienes que descubrir si eso que sientes hacia lucia es deseo, es amor, o simplemente es una fantasía orientada al hecho de que Danilo no es de tu agrado

    Laura: no se si es amor, se que es deseo, ella lo sabe, sabe que la deseo, constantemente me esta provocando, lo que no se es si esta jugando

    Psicólogo: ¿de verdad te provoca o eres tu quien quiere hacer tu fantasía realidad?

    Laura: mi fantasía crece cada día mas debido a lo que ella hace, lo que siempre pienso que puede pasar si doy ese pasó, tengo miedo que este deseo se esfume

    Psicólogo: si es así, deberías pensar bien en las opciones que tienes con respecto a este sentimiento contradictorio que posees. Y en todo esto verónica tu pareja ¿que pinta en esta fantasía?

    Laura: verónica, es una mujer increíble, estoy enamorada de ella

    Psicólogo: ¿segura de que es amor?

    Laura: si segura, ella me da todo, lo único que ella no puede hacer es darle vida a este deseo profundo que siento en mí ser

    Psicólogo: Y lucia ¿si puede?

    Laura: no lo se, es lo que intento descubrir

    Psicólogo: es una tarea que tienes esta semana, intenta hacerla. Se nos ha acabado el tiempo

    Laura: muchas gracias, intentare hacerlo Que tenga buen día Marcos!

    Psicólogo: igualmente Laura, nos vemos la semana que viene.

    *Saliendo del consultorio, suena mi teléfono*

    Yo: Alo

    Lucia: Holaa guapa, ¿como estas?

    Yo:* suspirando* lucia bien y ¿tu?

    Lucia: ¿por qué tan seca? ¿Paso algo?

    Yo: no ha pasado nada, solo que no me siento muy bien

    Lucia: ¿por qué no te sientes bien bebe? ¿Paso algo con tu noviecita?

    Yo: no ha pasado nada lucia, acabo de salir del psicólogo y simplemente estoy un poco abrumada, es solo eso. Voy camino a mi casa

    Lucia: si no me quieres decir Laura esta bien, tu siempre evadiéndome, estoy cansada de lo mismo

    Yo: no te molestes bebe, no te estoy evadiendo es solo que no me siento bien ¿por qué no hablamos ahora?

    Lucia: si me molesto ok? y no me digas bebe, cuando se te pase quizás yo no quiera hablar, así que chao.

    Yo: ¿lucia?

    Yo: Dios mío, esta mujer me va a volver loca

    Voy camino a mi casa, pensando en todo lo que hable con el psicólogo, estoy abrumada, estoy muy confundida quisiera escapar de todo esto por un momento. Al llegar a mi casa me encuentro con Verónica.

    Verónica: hola amor -dándome un beso- quise darte una sorpresa, te prepare el almuerzo para que te lo lleves a la clínica,..

    Yo: hola, gracias

    Verónica: ¿pasa algo estas bien?

    Yo: vengo del psicólogo, me duele la cabeza quiero recostarme un poco, ¿te importa?

    Verónica: con cara de confusión- tranquila amor, ve yo voy a terminar aquí y luego me voy a mi casa

    Yo: gracias -dándole un beso.

    Me fui a mi habitación, sentí que no podía respirar, quería salir corriendo, solo quiero estar sola por un momento. Me recuesto en la cama y cierro los ojos y viene a mi cabeza la imagen de lucia, viéndome con esa mirada tan penetrante para a la vez tan seductora. Así comienza mi cuerpo a experimentar cierto cosquilleo de solo pensar en su mirada, quiero tocarme, comienzo a desabrochar mi pantalón, sin quitar esa imagen de mi mente, quiero saciar este deseo aunque sea por mis propios medios, empiezo a frotar mi clítoris por encima de la ropa, empezaba a entrar en calor cuando escucho los pasos de verónica acercarse al cuarto, paro con cierto pesar.

    Verónica: amor -abriendo la puerta- ¿estas dormida?

    Yo: no, solo estoy reposando un poco -comienzo a detallar a Verónica, es muy linda, tiene un cabello hermoso castaño, unos ojos color miel muy dulces, una boca un tanto delgada pero hermosa que te invita a besar con esos labios siempre pintados de un rosa pálido que hace que su piel se vea de porcelana; un cuerpo delgado pero definido y unos senos maravillosos. Esta vestida con un pantalón negro ceñido al cuerpo, una camisa beige que deja al descubierto sus hombros, y su piel brilla como el sol, ella es tan dulce y perfecta que sonrío al verla.

    Verónica: amor ¿estás bien? ¿Por qué sonríes? ¿Qué tienes?

    Yo: saliendo del trance -estaba detallando lo hermosa que eres

    Verónica: acercándose- ah ¿sí? ¿Y qué es lo que más te gusta de lo que ves?

    Yo: me gustas toda tú

    Verónica: y tú me gustas toda tu, ¿qué haces con el pantalón desabrochado?

    Yo: shh -atrayéndola hacia mi- cállate -comienzo a besarla, quizás con un poco de brusquedad, pero creo que a ella le gusta.

    Verónica: amor te amo

    Yo: cállate, no hables, voltéate -comienzo a oler su cabello, como me gustaría que fuera lucia, quiero saciar el deseo que me provoco pensar en lucia hace unos instantes, pero también quiero hacerle el amor a verónica por que la amo.

    Verónica: se voltea y se coloca encima de mí- no voy hablar, pero tu te vas a dejar hacer sin tocarme ¿ok?

    Yo: uff que sexi se ve -has lo que desees, solo no hables

    Y así fue, comenzó a besarme el cuello con lentitud, iba bajando lentamente hasta mi pecho, desabotono mi camisa y me quito el sostén, empezó a mordisquear mis pezones, a pasar la lengua una y otra vez de arriba hacia abajo lentamente, era una tortura y lo único que deseaba es que llegara a mi vagina. Y así fue abriéndose paso por mi abdomen hasta llegar a mi pantalón el cual bajo con desespero al igual con mis bragas, se abrió paso entre mis piernas y dio un lametón que me hizo estremecer, toda mi piel se erizo estaba que explotaba de placer, ella al ver esto sonrió y se aferró a mi cintura hundiendo su cara en mi vagina y dando así lametones suaves otros rápidos, jugaba con mi clítoris lo hacía a un ritmo delicioso pero a la vez desesperante, quería venirme ya en su cara, lo único que pensaba era en lucia y verónica seguía aumentando el ritmo hasta que sentí como paro.

    Y voltee verla con mirada asesina, la vi con una sonrisa, estaba un poco despeinada y tenía una mirada lasciva que me pareció alucinante , lucia desapareció de mi menté, solo quería que verónica me tomara y yo a ella por lo que la hale del cuello y le di un beso, podía sentir mi sabor es su boca y estaba extasiada, la voltee para que hiciéramos un 69 quería darle el mismo placer o tortura que ella me estaba dando y así fue como nos fundimos en un delicioso 69 que nos hizo llegar al cielo al mismo tiempo y quedar rendidas ante semejante descarga de placer. Acto seguido me ve con una sonrisa y me dice.

    Verónica: ¿ahora si puedo hablar? No sé si me contenga ya que lo que acaba de pasar fue divino

    Yo: ya puedes hablar y concuerdo perfectamente contigo –besándola.

    Verónica: te amo

    Yo: yo también -tocándola de nuevo.

    Verónica: separándose- me encantaría amor pero tengo que ir casas de mis papas, porque hoy llega mi hermana. Mañana podemos seguir con esto y te bajo esas ganas que tienes.

    Yo: suspirando- será

    Verónica: dándome un beso- te amo y sé que eres insaciable pero la próxima vendrá con sorpresa incluida

    Yo: eso espero -dándole un beso.

    Verónica: me voy a vestir, ahí está la comida, te llamo cuando llegue a casa de mis papas, chao -dándome un beso.

    Yo: chao -me quedo ahí en la cama, tengo un poco de sueño, descansare y luego me iré a la clínica, hoy ha sido un día muy cargado, luego de unos 10 minutos escucho la puerta.

    Yo: Amor se te quedo ¿algo? –gritando.

    Lucia: no amor, no se me quedo nada –viéndome.

    Yo: tapándome- lucia, no sabía que venias ¿qué haces aquí?

    Lucia: ya se me paso la rabia bebe –acercándose- tu ya estas ¿bien? Yo te veo bien.

    Yo: si un poco, ya descanse -sentándome en la cama.

    Lucia: yo no creo que hallas descansado -sentándose a mi lado- ¿acabas de tirar con tu noviecita?

    Yo: si

    Lucia: y ¿qué tal estuvo? ¿Satisfecha? –sarcasmo.

    Yo: si, siempre

    Lucia: no creo pero bueno -quitándose los zapatos- estoy un poco cansada ¿dormimos un rato?

    Yo: mmm, si después tengo guardia, espérate me visto

    Lucia: noo -tomándome de la mano- quédate así no hay problema, por dios cuantas veces no te he visto desnuda* sonriendo*

    Yo: Dios mío esta mujer me va a volver loca- OK está bien -ella se acuesta a mi lado y toma mi brazo para que la rodee.

    Lucia: pegándose a mi- descansa Laura que te hace falta. Y discúlpame por lo de esta mañana es que me moleste un poco, ¿me perdonas mejor amiga? -voltea a verme y queda muy cerca de mi.

    Yo: sintiendo su calor y su respiración- tu sabes que yo te perdono todo tonta.

    Lucia: lo sé por eso te amo –volteándose- por cierto Laura te ves muy sexy después de tirar

    Yo me quede inmóvil con lo que dijo.

    Lucia: jajajaja

    Así me quede un rato, luego olía su cabello, y su piel huele tan bien tiene un olor único, me perdí en esos olores y me quede dormida. Luego escucho como cierran la puerta y escucho unos pasos acercándose a la habitación me quedo inmóvil, lucia se despierta y me mira con una mirada juguetona.

    Se abre la puerta.

    Continuará…