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  • Taburete encharcado

    Taburete encharcado

    Ken se sentó en el ordenador de la habitación de Daisuke trabajando distraídamente en lo que su chico le había pedido que era una reparación en su ordenador, no quería gastarse su dinero en ir a una tienda de informática y como Ken era demasiado listo pensó que esto lo podría solucionar, con mucha paciencia finalmente pudo dar con la solución después de casi una hora encontrando el problema pero ahora ocurría algo, estaba muy cansado de haber forzado a su cerebro en encontrar la perfecta solución ya que le prometió a Daisuke que lo solucionaría y, honestamente, estaba más cansado de lo que debería haber estado tratando de trabajar en algo tan complicado. Pero eso no lo detuvo, Era solo una meta personal, nada más que eso, ni una orden, ni un requisito, solo algo que él quería hacer, para que su chico se sintiera bien.

    Pudo terminar, casi exhausto en el taburete y brevemente, dejó que sus manos cayeran lejos de las teclas del ordenador, frotando la carne ligeramente húmeda de sus palmas a través de la mezclilla de sus pantalones vaqueros ajustados, hizo un suave sonido en la parte posterior de su garganta que se parecía mucho a un gemido. Estirándose, hizo otro sonido complacido cuando su espalda saltó varias veces. Un bostezo salió de su cuerpo y cerró los ojos brevemente antes de volver a revisar una vez más la tarea en cuestión.

    Para asegurarse de que todo estaba correctamente visitó todas las carpetas y se adentró en una que le llamó la atención, entre otras cosas porque le llamaba la atención el nombre tan simple «pornografía», con un breve toque de sus labios, la abrió y vió lo que allí había, todo porno gay y heterosexual, sentía curiosidad de mirar de forma rápida, nadie lo sabría y se sentiría muchísimo mejor una vez que lo viera

    Al mirar uno de los videos, bajó el volumen considerablemente, no queriendo que todo el edificio hiciera eco con los gemidos de su tipo preferido de videos. Tres clips más tarde, ya estaba dolorosamente duro, su longitud hinchada presionaba con urgencia la costura de sus pantalones. Sin dudarlo, hizo clic en otro clip y luego bajó las manos para desabrocharse los vaqueros. Abrió los cuatro botones, presionando sus boxers para revelar su polla.

    Se miró a sí mismo; la vista de su excitación siempre lograba despertarlo más, por extraño que fuera. Con impaciencia, volvió a mirar la pantalla, observando cómo las dos estrellas porno masculinas gay se enfrentaban entre sí. Sus dedos se envolvieron alrededor de su longitud y lentamente comenzó a mover su mano, el movimiento proporcionó la fricción suficiente para aumentar su deseo.

    Un áspero gemido salió de sus labios cuando el clip se movió hacia un tipo que estaba parado en una esquina de la calle ocupada, sacudiéndose en un arbusto mientras la cámara observaba. Su latido del corazón se aceleró… cómo deseaba poder hacer algo así, estar tan abierto con su sexualidad y mostrar su polla rígida a la vista de quien pudiera verle

    Sintiéndose un poco aventurero, levantó la vista y encontró la web-cam en la habitación. Con una sonrisa, inclinó la silla hacia atrás sobre dos piernas, juzgando hasta qué punto tenía que ir por la lente para ver su erección. Una vez que estuvo seguro de que era obvio que se estaba mostrando a la cámara, volvió a agarrar su polla, asegurándose de tirar de su prepucio hacia abajo desde la cabeza de su polla con cada movimiento hacia abajo de su mano.

    Su lengua se deslizó hacia afuera para humedecer sus labios y sus ojos regresaron a la pantalla cuando un gemido de placer salió de su garganta. Si hubiera tenido las agallas, se habría movido a la ventana y se habría sacudido de un tirón donde cualquiera que pasara fuera podría haberlo visto. Pero eso habría sido demasiado obvio, demasiado directo, y temía las repercusiones para si mismo si lo hacía ya que aún no se sentía demasiado abierto para mostrar su sexualidad al mundo.

    El nuevo hombre en la pantalla estaba básicamente follando con un banco del parque, con su polla en exhibición mientras empujaba contra el metal pintado del respaldo del asiento. La longitud de Ken palpitaba en su mano y dejó escapar un gemido bastante fuerte mientras pensaba en ensuciar algo en la habitación con su erección de llanto. la silla cayó al suelo y miró el taburete de cuero negro que también tenía Daisuke

    Se puso de pie, dejando la computadora ejecutando el porno mientras se movía hacia el objeto casi cilíndrico y se acomodó a horcajadas sobre él. Enganchó sus piernas detrás de las barras de metal, inclinándose hacia adelante y apoyándose en la pared hasta que estuvo en la posición correcta para frotar su polla contra el cuero fresco. Sus ojos se cerraron cuando comenzó a moverse, sus caderas se movieron lentamente imaginando que delante de él estaba sentado el culo de Daisuke… cómo le gustaría empujar su polla en ese culo apretado, una y otra vez hasta que el otro gritase solo por él.

    El calor se extendió a través de su cuerpo y él pudo sentir sus bolas comenzar a doler. Quería más contacto con el asiento, para contaminarlo de todas las formas posibles. Volvió a levantarse, se puso de pie y se sacudió los pantalones, pateó las sandalias y volvió a su posición anterior. El aire fresco recorrió su cuerpo y no pensó en nada cuando comenzó una vez más lo que había empezado, su cuerpo montando el taburete como si fuera su chico

    Los gemidos de la computadora se hicieron más fuertes y se detuvo, su respiración era áspera cuando lentamente se apartó de la pared y se sentó, giró el taburete y se levantó. Pero se detuvo, allí mismo, con los ojos muy abiertos y la respiración entrecortada en la garganta.

    Daisuke se sentó en el asiento en el que había estado momentos antes, con la mano en el botón de volumen y una sonrisa divertida en sus labios.

    -¿Divirtiéndote con mi taburete?

    Al instante, Ken reaccionó, cubriéndose y luego inclinándose para agarrar su ropa. Su rostro ardía de vergüenza. Si bien quería que lo atraparan haciendo algo sucio, no había querido que lo atrapara el hombre cuyo taburete había estado follando como una especie de perro en celo. No podía hablar, realmente no podía encontrar ninguna manera de disculparse por lo que había estado haciendo, porque realmente no lo sentía. Se había sentido condenadamente bien y, honestamente, deseaba que se hubiera deshecho de todo eso. Ahora estaba duro como una roca y dolorido con el corazón en la garganta.

    El movimiento atrajo su atención y lentamente se inclinó hacia atrás, con los pantalones y la ropa interior en los brazos.

    Daisuke se paró frente a él, bloqueando efectivamente su salida.

    – Creo que… necesitas un pequeño castigo por follar mi asiento de esa manera -. Su voz tenía una nota de humor, una diversión a la que Ken se aferró de inmediato.

    – Yo… no lo sé, me dejé llevar -. sonaba como un imbécil torpe.

    Daisuke metió los dedos en su cabello cuando se inclinó, lo besó brevemente y luego se apartó lo suficiente para decirle

    -Deja caer la ropa, dale la vuelta, inclínate sobre mi taburete y muéstrame tu culo

    Parpadeó ante el otro con sorpresa, pero inmediatamente hizo lo que le ordenaron. Su ropa regresó a donde la había dejado caer la primera vez y rápidamente se apartó de Daisuke, se recostó sobre el taburete y se deslizó hacia adelante hasta que sus manos tocaron la pared de nuevo. Se reposicionó para que su polla presionara contra el cuero ahora cálido y empujó su trasero lo suficiente para mostrarlo.

    Manos cálidas encontraron sus nalgas, extendiéndolas y luego amasando hasta que no pudo evitar soltar un gemido. Si esto se dirigía hacia donde él creía que estaba, tenía una buena puta hasta que terminó la maldita silla. Se empujó hacia atrás en el toque, con la esperanza de ganar más si parecía lo suficientemente ansioso.

    Una mano dejó su culo y unos momentos después, dos dedos presionaron su entrada, resbaladamente con lo que supuso que era saliva. Un suave gemido salió de sus labios y empujó contra ellos, jadeando cuando uno se deslizó en su ano. Los sonidos de la pornografía enmascararon sus tranquilos ruidos de placer mientras el dedo intruso lo follaba lentamente, obligándolo a hacer un ligero movimiento de balanceo contra la silla de Daisuke

    – Siempre supe que eras una pasiva muy puta por más activa que quieras ser-. Una vez más había diversión en esa voz, nada pretendía ser doloroso en aquellas palabras.

    Se quedó sin aliento cuando el segundo dedo se deslizó dentro de su cuerpo y empujó con fuerza los dígitos, queriendo que fueran más profundos.

    – Deja de hablar maldito mirón… y date prisa y follame

    Daisuke gruñó, sacando sus dedos.

    – Exigente, ¿verdad?

    – Si no me follas en el siguiente minuto, mearé en tu silla en lugar de correrme en ella -. No le importaba si lo hacía sonar obsceno o sucio. Quería a Daisuke ahora mismo y si así era como iba a buscarlo, que así sea. El sonido de la cremallera del otro le dijo que cumpliría con sus deseos y lo follaría sin sentido

    El video que había estado viendo en la computadora terminó y estaba lo suficientemente tranquilo como para poder escuchar a Daisuke sacudiéndose detrás de él. Una pequeña sonrisa se abrió camino en sus labios y se empujó deliberadamente contra el asiento unas cuantas veces, provocando un gemido del otro hombre.

    – Sabes que quieres tu polla en mi culo

    Las acciones de Daisuke se detuvieron y Ken presentó su culo una vez más, casi tirando hacia el otro. Quería sentir esa polla en su culo tan mal que estaba dispuesto a hacer casi cualquier cosa para llegar allí. El sonido de algo desgarrado se encontró con sus oídos y luego el sonido distintivo de aquel miembro entrando en sus paredes internas y humedas llenó la habitación.

    Las manos fuertes agarraron sus caderas y se relajó, apoyándose más en las manos contra la pared mientras la punta de la polla de Daisuke ahora rozaba su entrada.

    – ¡Hazlo!-. Las palabras salieron desinhibidas.

    Se aplicó presión y luego Daisuke comenzó a hundirse en el «tunel» de Ken tomándose su tiempo con el proceso. En el momento en que estuvo adentro, Ken estaba jadeando pesadamente, su polla temblaba con cada pequeño movimiento. A este ritmo, le tomaría muy poco empujarlo por el borde y hacer que saliera su ofrenda blanca por todo el suave cuero negro.

    Sin previo aviso, Daisuke comenzó a moverse, retirándose y luego empujando hacia atrás con sorprendente fuerza. Repitió los golpes profundos un par de veces antes de captar un patrón de empuje más rápido y más superficial.

    La polla de Ken palpitó y empujó con más fuerza contra la pared, arqueando la espalda mientras Daisuke lo follaba lo suficientemente fuerte como para mover el pequeño taburete con cada movimiento. Los gemidos de placer se desprendieron de él cuando su c hico se movió para poner un pie en el taburete. Casi al instante, los empujes comenzaron a mover solo su cuerpo, obligando a su polla a ser arrastrada sobre la tela debajo de él.

    De repente, Daisuke dejó de empujar, quedándose inmóvil dentro de los confines del cuerpo de Ken.

    – A la mierda el taburete. Quiero sentir que se descarga por todas partes.

    Al instante, Ken obedeció, apoyándose en la pared y comenzando a deslizarse por el taburete en una dirección y luego se dió la vuelta. Gritos de jadeo salieron de él cuando sus pelotas se levantaron, lo que indicaba que ya estaba cerca. Los sintió apretarse y su próstata comenzó a palpitar mientras se movía más frenéticamente, estaba siendo follado como si Daisuke hubiera perdido la cabeza creyendo que estaba follando a una persona irreal.

    – Oh, dios… ah! -. Quitó a Daisuke de su camino y luego rápidamente inclinó sus caderas hacia atrás en la dirección opuesta, colocando su polla sobre el centro del taburete mientras su cuerpo se sacudía. Los riachuelos blancos de su semen salieron disparados sobre el taburete negro, agrupándose en la hendidura que había creado con su empuje necesitado.

    Daisuke esperó a que el último arrebato del semen dejara el cuerpo de Ken antes de que lo agarrara por la cintura y comenzara a follarlo por todo lo que valía. Lo apretó con fuerza, empujando su polla con avidez dentro y fuera de ese agujero apretado.

    – Voy a correrme… te haré sentir cuando lo haga», jadeó en la oreja de Ken cuando sus movimientos se volvieron erráticos. Un gemido bajo llenó el aire y golpeó con fuerza, empujando ligeramente unas cuantas veces mientras sus bolas se aliviaban poquito a poco.

    Momentos más tarde, retrocedió tambaleándose, apoyándose contra la pared mientras jadeaba por recuperar el aliento. Sus ojos se encontraron con los de Ken y se rió suavemente.

    – Deberíamos dejar tu semen en el asiento y ver si alguien se da cuenta, me lo tomaré como un regalo especial tuyo, me encantará sentarme encima de tu amor Ken agachó la cabeza, sacudiéndola con una sonrisa en su rostro.

    – Me pides que arregle tu ordenador, me follas y ahora estás esperando que deje mi esperma en tu asiento? Eres increíble… -. Se levantó del asiento, limpiando deliberadamente el resto del semen que se aferraba a su polla en el borde antes de recoger su ropa y volver a ponérsela.

    – Pero si quieres sentarte en él, entonces ese es tu problema el semen y el olor desaparecerán con el tiempo, mejor quédate con este recuerdo de mi viendo pornografía y corriendome mientras me mirabas -. Le lanzó una sonrisa a Daisuke antes de poner sus pies en sus sandalias y volver a la computadora. Limpió el caché y el historial del navegador antes de cerrarlo y luego apagar la computadora.

    – La próxima vez… hazme gritar… si es que puedes -. Con eso, se metió las manos en los bolsillos y salió por la puerta, sin siquiera mirar por encima del hombro. Daisuke se quedó allí, con la espalda pegada a la pared, y sus ojos siguieron al otro hasta desaparecer por completo.

    – La próxima vez… si puedes… -. se rió entre dientes, como le gustaba esa pequeña y gran rivalidad que no desaparecía nunca en ellos.

  • Café bar Bío (2)

    Café bar Bío (2)

    Al día siguiente de haber sido follado por Bío, el dueño del café bar que así se llamaba, volví para que me volviera a dar por el culo. Fui como me había pedido, sin slip puesto, de paso a ver si recuperaba el slip de la noche pasada, o se quedaba Bío, con él como si de un trofeo conquistado se tratara.

    Como ya sabía que solía cerrar el bar a eso de las 12 de la noche, esperé a que dieran las 10 de la noche para ir. Por supuesto que iba sin el slip puesto, cosa que me había excitado, por lo que ya iba caliente, me gustaba aquella sensación de no llevar nada debajo del pantalón. Llevaba puesto un pantalón tejano, marca Levi’s, que era y sigue siendo los que suelo utilizar. Sentir el roce del pantalón contra mis genitales, me excitaba y me ponía cachondo, tenía la sensación de ir medio desnudo.

    A eso de las 10 de la noche, entré en el café bar, no había mucha gente, la mayoría eran los mismos clientes que la tarde noche del día anterior. Al verme entrar, Bío, el dueño, se le iluminó la cara, dirigiéndome una leve sonrisa. Después de sentarme en un taburete y acomodarme, me dio las buenas noches, preguntándome que iba a beber.

    Una cerveza le pedí. Me puso la cerveza junto a un platito con unas pocas aceitunas, siguiendo luego con lo que estaba haciendo.

    Yo me puse a beber la cerveza y comer las aceitunas mientras veía la televisión. Cuando terminé de beber la cerveza, pedí otra, mientras los clientes poco a poco se iban marchando. Quedábamos 5 clientes cuando me levanté, poniéndome a jugar una partida en la máquina recreativa. Mientras yo jugaba, uno de los clientes hablaba con Bío, el dueño del bar, ambos estaban en una conversación apartados de los otros 3 clientes que estaban jugando la consumición a los dados. Mientras hablaban, no apartaban la vista de mí, tenían una sonrisa en la cara y los ojos que lo decían todo, ambos me estaban devorando con la mirada. Parecía que se conocían de toda la vida, los 2 eran más o menos de la misma edad, rondarían los 60 años. Ambos eran altos, delgados y fuertes, el cliente que hablaba con Bío, algo más guapo y quizás algo más joven que Bío.

    Ya pasaban de las 11 de la noche, cuando los 3 clientes que jugaban la consumición a los dados, después de pagar el que había perdido, se marcharon. Ahora solo quedábamos el que hablaba con Bío, y yo, además de bío que era el dueño.

    Bueno se le escuchó decir a Bío, voy a ir recogiendo y empezar a limpiar la máquina del café. Mientras Bío empezaba a limpiar la cafetera, el otro cliente que quedaba se acercó a donde yo estaba, quedándose a mirar como yo jugaba a la máquina recreativa. No se movía de allí, de vez en cuando iba a beber del baso que tenía, volviendo a verme jugar.

    Bío, el dueño, ya había terminado de limpiar la cafetera y empezaba a barrer el local. Una vez terminó de barrer, apareció con un cubo con agua y una fregona, llegó hasta la entrada donde estaba la máquina recreativa, y nos dijo: Vosotros tranquilos, voy a bajar la persiana, así estaremos más tranquilos, que ya va siendo hora de cerrar. Bajó la persiana quedando solamente dentro del local los 3.

    Mientras yo termino de pasar la fregona, podéis beber otra consumición, esta va por mi cuenta, dijo Bío, el dueño. Puso una cerveza para mí, sirviendo luego otra para él, y al otro cliente le puso una coca cola con ron. Dejó las consumiciones donde teníamos las otras, disponiéndose a pasar la fregona al suelo del local.

    Cuando terminó de fregar, como todavía yo seguía jugando en la máquina recreativa, después de beber unos tragos a su cerveza, se acercó hasta allí, se quedó un rato mirando como jugaba. Poco a poco se fue acercando más a mí, y mientras yo jugaba, empezó a tocarme el culo con su mano.

    Me gusta como mueves el culito cuando juegas, me decía mientras me sobaba el culo. Yo no sabía que hacer, me quedé paralizado, lleno de vergüenza y enrojeciendo por la situación en que me encontraba. El hijo de perra me estaba metiendo mano, sobándome el culo sin ningún reparo y delante del otro cliente que allí se encontraba.

    Miré al otro cliente, viendo como se sonreía mientras Bío, el dueño me magreaba el culo con su mano. Estaba claro que ambos se conocían y los 2 estaban en compló, los 2 me iban a follar aquella noche. Se habían puesto de acuerdo, y ambos me habían estado esperando en el bar.

    Apenas podía jugar a causa del magreo que me estaba dando al culo, el muy cabrón del dueño del bar. No se paró allí, mientras yo seguía terminando la partida, empezó a aflojarme el cinturón, luego empezó a desabotonarme el pantalón, hasta que me lo bajó, viendo como iba sin el slip puesto, tal y como me lo había pedido la noche anterior.

    ¡Ufff! Mira que culito más rico tenemos. Así me gusta, has venido sin el slip cómo te dije, me decía acariciándome el culo con su mano. Llevó la otra mano a mi polla, y agarrándola empezó a descapullarla y sobarme los huevos. Ya estás empalmado cabroncete. Mira que caliente estás, andas bien salido ¿eh?

    Bío no paraba de meterme mano mientras yo enrojecido y muerto de vergüenza, jugaba en la máquina, y el otro cliente miraba sin perder detalle, lo que Bío, el dueño del bar, me iba haciendo.

    Tienes un culito que me vuelve loco, pequeño cabroncete, me gusta como lo mueves y te cimbreas jugando en la máquina.

    Quieres que te abramos el culito y te follemos, ¿eh?

    Lo estás deseando, ¿verdad? Me decía sin dejar de acariciarme.

    Justo en ese momento en que Bío, me acariciaba el culo llevando sus dedos a mi agujerito, la partida que estaba jugando, terminaba. Deja la máquina y vamos para el fondo del bar, que quiero meterte la polla en este culito tan rico que tienes y me vuelve loco, me susurraba al oído, mordisqueándome el lóbulo de la oreja.

    Anda, vamos a darle un espectáculo en directo a mi amigo. Que vea como te abro este culito con mi verga y te follo. El muy cabrón no me creía cuando le conté la follada de ayer y que hoy te volvería a dar por el culo. Vamos a hacerle que se muera de envidia. Que se excite y caliente hasta que le duelan las pelotas.

    Ven, me decía sujetándome con su mano por la cintura, ya verás como te va a gustar y disfrutas, ya verás que excitante es que te estén observando mientras te abren el culito con una verga y te follan.

    Me agaché para subirme el pantalón, y sujetándolo con una mano, dejé que me llevara agarrado por la cintura, hasta el fondo del bar.

    Trae las bebidas para aquí, Chema, le dijo el dueño del bar. Siéntate ahí y observa que culito tan rico me voy a follar, le decía, Bío a su amigo.

    Me abrazó por la espalda, haciéndome levantar los brazos, cosa que hizo que me cayeran los pantalones a los tobillos, tiró de la camiseta que traía puesta, la pasó por mi cabeza, dejándola allí sin sacar, haciéndome tener los brazos estirados, y la cabeza tapada por la camiseta. Apoyó mis brazos sobre la mesa que allí había, quedándome reclinado y tumbado con el pecho sobre la mesa, enseñándoles el culo y expuesto para hacerme lo que quisieran.

    Bío que era el que me iba follar, mientras su amigo observaba todo lo que hacíamos, sentado en un taburete, llevó su mano a mi culo, pasó su mano por mi rajita, luego escupió en su mano llevándola a mi hoyito, pasó la mano untándome su saliva, para poder ir introduciéndome un dedo en mi culito.

    ¡Huy que cerradito estás! Anda abre bien las piernas y relájate, deja que se abra la flor que tienes en tu culito. Déjala que se abra para mí, me decía mientras empujaba su dedo haciendo que mi esfínter se fuera abriendo poco a poco.

    Yo empinaba el culo todo lo que podía, a la vez que abría las piernas todo lo que me permitía el pantalón que tenía a la altura de los tobillos.

    ¡Ohhh! Gemí al notar como su dedo traspasaba mi esfínter y se introducía en mi culito, ¡ohhh! ¡ooohhh! Volví a gemir cuando este empezó a entrar y salir, haciendo que mi esfínter se fuera relajando y se abriera cada vez más.

    El hijo de puta ya metía 2 de sus dedos, follándome con ellos y haciendo que mi culito se fuera relajando y abriendo cada vez más.

    Así cabroncete, así, quédate así que ya te voy a meter mi pollita y preñarte este rico culito. Empezó a bajarse la cremallera del pantalón, se soltó el cinturón y desabotonó el botón de la cintura, bajó los pantalones junto al calzoncillo, dejando su verga y bolas al aire. El hijo de puta ya estaba empalmado a tope, descapulló el glande a la vez que lo acercaba a mi hoyito, dio un empujón a su pelvis, haciendo que me entrara toda la cabeza de la polla en mi culo.

    ¡Ohhh! Espera espera, le grité. El muy cabrón me había hecho daño, me tenía poco lubricado el ano y me estaba lastimando. Me haces daño le dije.

    Relájate y abre bien las piernas, ya verás cómo te va pasando, me dijo dándome otra envestida y terminando de meterme toda la polla en el culo.

    ¡Ohhh ooohhh! Grité a la vez que me retorcía intentando que me saliera la polla del culo. El muy cabrón me había lastimado, pero no tenía intención de sacarme la polla, me tenía bien empalado, me había ensartado la verga hasta los cojones.

    Se quedó parado unos segundos, dejando que mi culito se fuese adaptando a la polla que acababa de introducirse en él. Me sujetó fuertemente por la cintura, acomodó sus pies pegándose más a mí y empezó a moverse lentamente, sacando y metiendo su polla en mi culito.

    Así cabrón así, relájate y deja que se abra tu culito. Abre más las piernas y no aprietes el culo, anda deja que te de por el culo, maricón que lo estás deseando.

    ¡Hummm! Que calentito y suave se siente, como me gusta tu culito. Anda relájate y disfruta, vamos a darle un buen espectáculo al espectador que tenemos. Mira como le cae la baba y se calienta, seguro que está deseando meterte la polla en este culito tan rico que tienes.

    El muy hijo de puta no paraba de taladrarme el culo, sacaba y metía su polla lentamente hasta que los huevos pegaban en la entrada a mi ano, y aún daba un empujón más a su pelvis, enterrándome más su polla. La verdad es que no estaba gozando nada, aún tenía algo de dolor, y es que el muy cabrón, apenas me había lubricado, ni siquiera me había calentado, por lo que cuando me metió la polla en el culo, apenas estaba excitado, y me había hecho daño.

    Por suerte él tampoco se encontraba muy cómodo follándome en aquella posición, por lo que sacó su polla de mi culito, diciéndome que íbamos a cambiar de posición.

    Se incorporo, haciéndome poner de pie, me dio la vuelta, terminó de sacarme la camiseta, me ayudó a que me sentara sobre la mesa, me quitó los zapatos, tirando luego de mi pantalón para sacarlo por completo.

    Me hizo acostar sobre la mesa, levantó mis piernas colocándolas sobre sus hombros, escupió en su mano, pasando luego esta por mi ano, introdujo 2 dedos en él mientras con la otra mano, agarraba mi polla pajeándome.

    Anda maricón, relájate y deja que se abra bien el culito. Deja que te lo folle y te lo preñe con mi lechita.

    Tiró de mis caderas hacia él, se inclinó un poco sobre mis piernas que mantenía sobre sus hombros, haciendo que mi culito se levantara un poco más, quedando mi esfínter más a la vista. Colocó la punta de su polla sobre él, y dando un movimiento a sus caderas, me volvió a meter toda la polla en el culo.

    ¡Ohhh ooohhh! Suspiré ahora al notar como se abría mi esfínter, dando paso a la polla que me entraba. Ahora sí, ahora no me había lastimado, ahora había gozado cuando me enterró su polla en el culo.

    Se echó más encima mía, llevó sus manos a mis hombros empujándome hacia él, y empezó un frenético mete y saca taladrándome el culo.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba, ¡ooohhh que culito más rico! Te voy a abrir el culito y dejarte bien preñado, cabroncete. Tienes un culito que me vuelve loco.

    Notaba como los cojones de aquel semental que me estaba follando, pegaban en la entrada a mi ano y su pelvis golpeaba mi culo haciendo que se escuchara un chof, chof chof, chof, chof chof chof, cada vez que entraba su polla en mi culo. Ahora sí que estaba gozando, gemía y me agarraba a sus brazos fuertemente, mientras me daba por el culo tumbado sobre la mesa, y siendo observado por el amigo, que miraba sin pestañear como me estaban follando.

    El amigo que no perdía detalle de cómo me daba por el culo, empezó a sacarse el pantalón, hizo lo mismo con el calzoncillo, dejándolos sobre el mostrador, agarró su polla, empezando a meneársela suavemente, mientras seguía mirando como me follaban.

    El muy cabrón tenía una polla considerable, al menos al lado de la mía y de la de Bío, el dueño del bar. Era más larga y gruesa. Y sobre todo lo que me llamó la atención, era las enormes pelotas que le colgaban. Quedé mirando para ellas, y cuando levanté la vista para mirarle la cara, pude ver como se relamía pasando la lengua por sus labios, y unos ojitos de salido que no se podían aguantar.

    Aquel salido, estaba deseando meterme la polla en el culo y poseerme desesperadamente, se le notaba en la cara.

    Se puso de pie y fue acercándose hacia mí. Apartó las sillas que le molestaban, se puso al costado llevando su polla hacia mi boca.

    ¡Dios! Tenía frente a mi cara un pedazo de monstruo que se iba acercando a mi boca, y yo deseaba Abrirla y saborear aquella cosa que me ofrecían. Eché la lengua de fuera intentando llegar a ella, pudiendo saborear con la punta de mi lengua la puntita del capullo, haciéndole soltar un gemido al mirón, ¡ooohhh! Exclamó al notar la punta de mi lengua pasar por la punta de su polla. Se acercó más, dejando que pudiera saborearla más pasando mi lengua por toda la cabeza. Lamí el glande con la punta de mi lengua, y se la metía por entre el pellejo, haciéndole gemir más fuerte, ¡ooohhh! ¡ohhh que lengüita tienes maricón.

    Pruébala y saboréala, que después te va a dar la follada de tu vida. Te voy a hacer chillar hasta dejarte preñado el culo con mi semen. Te la voy a meter hasta los cojones, vas a chillar como una perra.

    Pero el que empezaba a chillar, era Bío el dueño del bar, que me estaba dando por el culo, y gritaba que se corría.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Me corro, me corro, gritaba clavándome más la polla en mis entrañas y empezando a eyacular dentro mía.

    Cuando terminó de soltar todo el esperma dentro de mi culito, su polla fue saliendo por si sola, y una vez recuperado el aliento, sudando como un cerdo, se incorporó bajándome las piernas de sus hombros.

    Todo para ti Chema, le dijo al amigo que tenía su polla en mi boca.

    Que pedazo de hijo de puta, ni siquiera me preguntó, me ofreció a su amigo, como si de un paquete se tratara. Menos mal que yo estaba más caliente y salido que una yegua en celo, y ardía en deseos porque aquella polla que tenía en la boca, me la metiera en el culo y me follara hasta reventarme. Quería más polla y que me llenaran el culo de leche, quería seguir siendo preñado.

    No se hizo esperar el mirón, me sacó la polla de la boca, se puso frente mía, me levantó las piernas y al igual que hizo su amigo, tiró con sus manos por mí, hacia él. Colocó su polla en la entrada a mi ano, y de una estocada, mi culo volvía a abrirse, dando paso a aquella polla.

    ¡Ohhh! ¡ohhh ooohhh! Gemí fuertemente a la vez que suspiraba, al entrarme aquel pollón en mi culo. Me había enterrado más de la mitad del pollón, haciéndome dar un fuerte gemido. Hasta me había medio incorporado, sujetándome a sus brazos.

    Tranquilo mi amor, tranquilo, ya está, ya la tienes dentro, decía mientras terminaba de ensartarme el resto que faltaba, dándome otra envestida con su pelvis, ¡ooohhh ohhh! Volví a gemir al notar entrar el resto de la polla que faltaba.

    ¡Dios! Ahora sí que me tenía bien empalado, notaba como me abría el culo sintiéndome totalmente ensartado por aquel pollón.

    ¡Ohhh que gusto mi amor! ¡ohhh que gusto! Que culito más rico tienes, suave y calentito, ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Decía mientras me daba por el culo.

    Los 2 estábamos sudando y gemíamos sin parar, mientras el dueño del bar bebía la cerveza sentado en el taburete, mirando como su amigo me daba por el culo.

    Ya llevaba un buen rato follándome, cuando sacó su pollón de mi culo, diciéndome que ahora íbamos a cambiar de posición. Me quería follar estando él sentado y tenerme a horcajadas sobre él.

    Me cogió por la mano llevándome con él, se sentó sobre uno de los taburetes, quedando recostado sobre el mostrador, me sujetó con sus manos por la cintura, haciéndome que me sentara a horcajadas sobre él. Ven súbete y abre las piernas, así, ahora espera y vete sentándote mientras te meto la polla en el culo.

    Eso fui haciendo, poco a poco me fui sentando, mientras aquel pollón se iba introduciendo de nuevo en mi culo, ¡ooohhh ohhh! Gemí cuando me tuvo de nuevo ensartado en su polla.

    Así mi amor, así, ahora vete moviendo y deja que mi polla te vaya follando, me decía sujetándome con sus manos la cintura y ayudándome a subir y bajar clavándome su polla.

    Dios, que gusto me estaba dando, me aferraba a sus hombros abrazándome a él todo lo que podía, mientras el pollón aquel se ensartaba una y otra vez en mi culito, haciéndome delirar de placer y gemir cada vez que me rozaba la próstata.

    No perdía ocasión aquel cabrón de semental, buscó con su boca la mía, y mordió mis labios, los saboreó, metió su lengua saboreando y recorriendo todos los recodos. De vez en cuando apretaba con sus dedos mis pezones, luego mordía mi cuello haciéndome estremecer, detalle que no se le escapó y que aprovechó para hacerme gozar aún más.

    Estando así follándome, noté como mi polla al roce con su cuerpo, empezaba a hincharse, notando como me iba subiendo desde los huevos una corriente, hasta que noté que me corría, ¡ooohhh! Me corro, ¡ooohhh ohhh! Me corro, gritaba empezando a disparar trallazos de semen.

    ¡Dios que gusto! Me abalancé sobre su boca mordiendo sus labios y chupándolos mientras subía y bajaba a toda velocidad, ensartándome la polla lo más profundo que podía.

    Se escuchaban mis gritos y gemidos, y la polla entrando y saliendo de mi culo, chof chof chof chof.

    Así mi amor, así, córrete, córrete y goza mi amor.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba él apretándome más con sus manos mis caderas. ¡Ohhh mi amor! Me vengo, ya me vengo, gritaba aferrándose más a mis caderas, ¡ooohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh! Gemía mientras iba expulsando el semen dentro mío. Se apretó más a mí llevando su cabeza a mi hombro, a la vez que me lo mordía, terminando de eyacular regándome las entrañas con su semen.

    Me había largado 5 o 6 trallazos de semen en lo más profundo de mí, dejándome el culo preñado por segunda vez en la noche.

    Cuando dimos recuperado el aliento y ya no salía nada por nuestras pollas, bajé poniéndome en pie, lo mismo que hizo él.

    Así como estábamos, desnudos, bío nos pasó nuestras bebidas las cuales terminamos, luego nos vestimos, yo pagué lo que debía lo mismo que hizo Chema el amigo de Bío, pero antes de marchar nos invitó a otra ronda.

    Mientras bebíamos aquella ronda, ambos no dejaron de meterme mano. Bío me decía que, si quería recuperar el slip, tendría que ir a dormir a su casa, y que al día siguiente me devolvería el slip, y si no, que me fuera olvidando de él.

    Esta noche no, esta noche estoy cansado y las piernas ya me tiemblan, pero otro día sí que iré, le dije.

    De acuerdo, pero tiene que ser esta semana, si no, no hay trato.

    Una vez terminamos de beber, nos marchamos todos, ellos 2 marchaban juntos, y yo me iba para mi casa. Iba con el culito bien abierto y preñado, cansado pero contento y muy satisfecho.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • Nuestra primera experiencia en el cine

    Nuestra primera experiencia en el cine

    Hace unos días, mi esposa y yo fuimos al cine para cumplir una de nuestras fantasías.

    Decidimos ir a la última función, a la película con menos público y cerca de la madrugada, sabíamos que nuestro propósito no era ver la película sino ponernos cachondos en el cine ya que sería nuestra primera vez allí y andábamos algo nerviosos.

    Llego el momento tal como lo habíamos planeado, mi esposa solo llevaba un vestido casual y su hilo ya que decidió no llevar sostén y pues yo con un jean y polo…

    Entramos a la sala, pero para ello nos habíamos percatado que había como un pequeño camino oscuro antes de ingresar a la sala, por lo que pensamos que podía acabar por allí.

    Mi esposa y yo nos sentamos en los primeros asientos de la entrada mientras que las pocas personas que había, como era de esperarse, se sentaron adelante; se podría decir que la parte del medio estaba completamente vacía y solo había un pequeño grupo de personas adelante… Yo notaba como nos miraban, quizás preguntándose porque nos estábamos sentando tal lejos si no había nada de gente…

    Después de un rato, mi esposa ya empezaba a calentarme, se quitaba lentamente las tiras del vestido y dejaba ver esos enormes pechos que tiene, se las manoseaba y veía como sus rosados pezones se ponía duros… Besaba sus pechos y luego se me acerco a besarme el cuello mientras sobaba mi pene que por cierto ya estaba erecto con tan excitante situación… Por un momento nos olvidamos que estábamos en un cine o sí el personal o alguien del público nos esté mirando de reojo…

    No nos importó y seguimos… Me baje el pantalón y mi esposa empezó a chuparme la polla… para luego empezar a coger. Ella se levantó se quitó el vestido y el hilo y podía ver su gran trasero queriendo dar sentones en mi polla y así fue… Mi esposa trataba de no gemir pero yo se la daba con tanta furia que pude notar como una pareja pudo vernos, así que lleve a mi esposa a tal camino oscuro que habíamos visto anteriormente y decidimos acabar allí… Nos besábamos tan apasionadamente y la cogí de perrito, podía ver como chocaba ese trasero que me vuelve loco conmigo mientras le daba nalgadas y sobaba sus tetas… le daba como más fuerza hasta me corrí en esa vagina que me pedía a gritos que le llene de leche…

    Finalmente, nos besamos un rato para luego vestirnos e irnos a casa…

    Una experiencia inigualable que nos gustaría volver a repetir…

  • Con Alex en el tren

    Con Alex en el tren

    Como bien debes saber, en muchas ciudades del mundo, un medio de transporte muy común es el tren. Yo me encontraba de visita a ver a un buen amigo en una ciudad muy poblada de los Estados Unidos, La Gran Manzana, New York.

    En algún momento del día está la hora pico, el tren está absolutamente poblado. Nos tomaría bastante tiempo llegar a la siguiente parada.

    ¡Ups! se me olvido contarte. Vestía una pequeña faldita mahón claro, una camisa amarilla tejida de botones manga larga, y unas botas con tacón negras. Mi ropa interior, era un “hotpant” de encaje blanco, y un bra muy fino color blanco satinado. Si, solo tenía mi pequeña prenda de encaje bajo mi falda, mas nada.

    Él, es mi amigo Alex, te cuento, un muchacho colombiano radicado en la gran manzana, unos 30 años, de tez blanca, ojazos verdes, rubio, cuerpo atlético, y su gran pene asombroso, trigueñito curveado. Se me antojaba desde la primera vez que lo vi por “error”.

    Antes de dirigirnos hacia el tren debes saber cómo entre él y yo creció el deseo que nos teníamos para hacer la locura que hicimos.

    Les cuento:

    Luego de recogerme en el aeropuerto, Alex se dirigió a su apartamento. Mínimo quería tomar una ducha después de varias horas de viaje. Llegamos y sin desempacar, me fui al baño a tomar una ducha. No me percate que la puerta del baño no se había cerrado completa, pero ya que, estaba toda empapada. Escuche la puerta entre abrir un poco, pero no lo tome en cuenta. (Si pensaste bien, no era el viento, era él espiando). Al dejar todo en las maletas tuve que salir en toalla. Sigilosamente lo más que pude.

    “Boo” Me asusto.

    Grite, y se me callo la toalla dejando todo mi cuerpo al descubierto. Él intento quitar la mirada, pero no podía contenerse.

    “Alex, que te pasa porque me asustas así, mira lo que haces.” Con tono de molestia.

    “Perdóname (cambiando la mirada), no sabía que te verías tan…”

    “¿Tan qué?” Pregunto seria.

    “Tan bonita. Discúlpame, tus maletas están allá” Señaló a su cuarto.

    El único que había por cierto, era un apartamento pequeño para él solito.

    Yo no pude evitar, y mira hacia sus pantalones. Si así mismo, tenía su gran bulto marcado en el, como si no pudiera resistir a salirse. Me pregunto, ¿cómo sería?

    “Hey, ¿te pasa algo?, ¿te encuentras bien?” señale hacia abajo.

    Mirándose

    “El solo reacciono a lo que vio.”

    “Vale (sonreí traviesamente), ¿a qué hora nos vamos?”

    “Ya, estamos en la hora pico, nos tomara un rato en el tren, estar bien lleno”

    “¡Pues vamos!”

    Llegamos a la estación, efectivamente, había un mar de gente, jamás había visto tanta persona junta. Logramos entrar a uno, todo el mundo de pie, pegados, era algo incómodo, Alex se ubicó detrás de mí, para “asegurarse” de que no se me pegara nadie indeseable. Tengo que confesarte, el tenerlo cerca me ponía muy inquieta. Inquieta en el sentido de que me despertaba lo que quería tranquilo, mi curiosidad por él. Entonces el vagón freno bruscamente. Su mano sujeto mi cintura, la otra al cristal del vagón y sentí como su verga aterrizó entre mis piernas, no pude evitar suspirar profundamente.

    “Perdóname linda, no fue mi intención.”

    “No es nada.”

    “No lo pude evitar, (se pegó completamente a mí, mis nalgas rozaban su gran pene y me hablo al oído) sabía que me gustabas, pero no tanto como ahora”

    Pasando su mano por mi muslo, llegando a la entrepierna.

    “Nos puede ver alguien” le dije.

    “Todo el mundo anda en su mundo.” sentí su gran verga ponerse cada vez más dura.

    Movió mi cabello hacia un lado, me comenzó a besar sutilmente el cuello,

    “Hueles dulce.” Suspiro

    Se abrió la cremallera del pantalón me pego al cristal del vagón, y se sacó su gran verga para esconderla justo donde se encontraba mi pantysito de encaje blanco. Comenzó a moverse como si quisiera cogerme.

    “Estas tan calientita.”

    “Ay, es como me pones.” Me mordí los labios, gimiendo.

    Yo mire hacia abajo y veía como la cabeza de su pene se movía hacia delante en mi falda.

    Alcanzó a mover su mano por mi camisa, y me apretaba los pezones, los tenía muy paraditos al sentir sus grandes manos.

    “Te siento mojadita, déjame verificar” con voz de pícaro y deseoso.

    “No Alex eso no.” gimiendo en voz baja.

    Metió su mano debajo de mi falda, y me bajo la pantysita hasta las rodillas.

    Apresuradamente, volvió a ubicar su gran verga entre medio ahora de los labios de mi conchita.

    “Ay, estas tan babosita, me acabas de empapar todo.” Moviendo sus caderas.

    Yo solo cruzaba los ojos, su pene rozaba mi clítoris tan rico, era como si se masturbara con mi conchita, y a la vez me tenía muy mal con sus ricas cosquillas.

    Se detuvo un pequeño instante.

    “Tengo tantas ganas de metértelo.”

    Se mordió los labios, se sujetó la gran verga, y la quiso dirigir a mi huequito. Intentando ensartarme, pero se salió.

    “Aquí no, está muy gordo, y me pueden escuchar.” le comente preocupada.

    “Está bien.”

    Volvió a colocarse como estaba, pero esta vez decidido a terminar. Agarro una de mis tetas, comenzó a acelerar el paso. Tenía el clítoris súper hinchado por tanto roce, mi cuerpo comenzó a ponerse tembloroso. Mi conchita empezó a botar mucha babita, tome con mis manos la cabeza de su pene y se lo continué sobando.

    Era divino, todo el tronco de su pene masturbándose en los labios de mi conchita, mi clítoris muy caliente e hinchado por el roce, y la cabeza de su vergota entre mis manos.

    Se acercó a mi oído y con voz algo temblorosa de la excitación susurro:

    “Me encantas, siento que me vengo.”

    “Yo también me estoy viniendo, tengo miedo de que me escuchen.”

    “Ssh.” Colocando su mano en mi boca.

    Empezamos a respirar más rápido. Me tomo con su otro brazo la cintura pegándome hacia él. Y lo sentí. Sentí como su leche se escurría y caía en mis manos, piernas y el piso. Yo por otro lado, escurrí mucha babita transparente de mí, mientras trataba de gemir lo más bajito posible.

    “Ay Alex.” Dije mirándolo a los labios.

    El mirándome con esos ojazos verdes me distrajo y propino un beso tan rico.

    Me mordía los labios de las ganas que le tenía.

    Me subí mi pantysito muy rápido, y abrieron las puertas del vagón. Alex me agarro por la mano para que lo siguiera.

    “No he terminado, deja que lleguemos a la casa.”…

     

  • Ya soy el puto del equipo (III)

    Ya soy el puto del equipo (III)

    Bajo la lluvia de la ducha. 

    Marcos me esperaba para hablar conmigo. Así me lo dijo:

    — Necesito hablar contigo para decirte dos cosas.

    — Dímelas ahora, aquí mismo.

    Se me acercó más, miró para todas partes en medio del campus, no circulaba nadie por allí y bajó aún más la voz como si quisiera evitar que nos escuchara el aire que respiramos. Casi murmurando, me dijo:

    — Quería decirte dos cosas, una es que tengas mucho cuidado con Jaime, no es malo, pero es un poco aprovechado y me temo que te puede hacer alguna, que todos lo hemos sufrido.

    — ¿Qué os ha hecho?

    — A mí me invitó muy en secreto para ir a su casa y fui pensando que era asunto entre nosotros, pero esperaba también otro chico y quisieron follarme los dos; tuve suerte que pude escapar, pero otros no tuvieron la misma suerte…

    — Ya; entonces, ¿tú eres gay?, —pregunté.

    — Ah, bueno, ¿no sabías?

    — No, no sabía, tampoco sé por qué tenía que saber…

    — Disculpa —se puso nervioso Marcos—, parece que no tienes muchas ganas de conversar conmigo…

    — No es eso, no, no es eso; es que…, hum…, bueno, te agradezco que me hayas avisado, tomaré precauciones; ahora la otra cosa que me quieres decir.

    — Y si mejor lo hablamos en otra ocasión, veo que tienes prisa, —dijo más nervioso que nunca.

    — No tengo prisa, pero es que hoy me asalta un nerviosismo que no sé qué me pasa.

    — Pareces estresado…, ¿por qué no vamos a tomar algo? ¿Quieres?

    En eso que apareció Abelardo y, al vernos, se acercó, diciendo:

    — ¿Qué secretos os estaréis contando que os habéis puesto en el medio del césped?

    — Abelardo, ¿vienes no nosotros a tomar algo?, —preguntó Marcos.

    Miré a uno, miré al otro y antes de que Abelardo hablara, pregunté:

    — ¿Os habíais puesto de acuerdo para llevarme con vosotros?

    Mientras Marcos negaba y volvía a negar e iba diciendo que no sabía que Abelardo estaba por allí, este, frío de toda la conversación, dijo:

    — Claro que sí; si me esperáis un rato, voy a recoger mi abrigo que se me había olvidado y allí tengo mis documentos y, aunque es poco, también mi dinero.

    — Perdón, no quise decir nada, estoy nervioso, necesito ir con vosotros, Abelardo, te esperamos, —dije con firmeza.

    Parece que esta actitud repentina mía al haber escuchado a Abelardo la razón de su presencia allí, animó a Marcos y me preguntó:

    — Oye, se te nota muy estresado, pero te tengo mucha estima, aunque nunca hemos cruzado más que dos o cuatro palabras de cortesía, pero te puedo asegurar que yo soy franco…; antes de que llegue Abelardo quiero decirte la otra cosa para que te la pienses… —me puse muy atento porque había bajado mucho la voz— me gustas, me gustas mucho, me estoy enamorando de ti, si no quieres no hagas caso, pero sabe que me gustas mucho y al menos podemos ser amigos.

    — Marcos, me pillas en un mal momento, tú también me gustas, podemos ser amigos, pero de momento nada más, no te molestes con lo que te estoy diciendo, pero no quiero novios de momento, no sé si yo podría ser monoándrico.

    — No te volveré a molestar con preguntas, pero busco antes que nada tu amistad.

    Llegó Abelardo feliz con su abrigo y con la billetera en las manos y dijo:

    — Por haberme esperado, os invito yo.

    — No, no, no…, —dijimos Marcos y yo a la vez.

    — No se hable más, pues, entonces…, vamos que pago yo, concluyó Abelardo.

    Salimos del campo y emprendimos el camino por la Avenida de la Universidad hasta llegar a una cafetería donde Abelardo nos indicó que se estaba bien. Entramos, pedimos una cerveza cada uno y nos pusimos a hablar. Comenzó Marcos, diciendo:

    — Jaime y Buffon han roto, ¿lo sabías?, —dijo mirando a Abelardo.

    — Es que esa pareja eran de cuidado —decía Abelardo—, se engañaban continuamente, tenían planes perversos…

    — Solo presumían de polla —dijo Marcos— como si la tuvieran tan grande…

    — Dejémoslos, ya se arreglarán, que cada uno tiene lo que se busca, —dijo Abelardo y mirándome— tú no pareces saber nada de nada, —y volviéndose de cara a Marcos— ¿tipos buena gente como Doro no te encontrarás, callado, discreto y buen amigo…

    Se me subieron los colores a la cara. Yo no decía nada y ellos siguieron contando cosas de Jaime, las botellas ya estaban vacías, me mareaba escuchar hablar de Jaime y tomé la palabra:

    — ¿Sabéis que he pensado? Que os invito a cenar, quiero mostraros que puedo ser vuestro amigo y que me caéis muy bien, pero…, antes he de hablar con mi casa, no sea que meta la pata… Esperad un momento…

    Pasé a la barra donde estaba el camarero y le dije que llevara tres botellas más a la mesa. Llamé a mi taita y le dije si estaba la cena preparada. Me respondió

    — Dorito, te he hecho lo que más te gusta y te estoy esperando para que se mantenga caliente.

    — Taita, ¿has hecho justo o mucho?

    — ¿Por qué preguntas, Dorito, tienes que no te lo acabarás todo?

    — Gracias, Taita, voy a ir con dos amigos, trátanos muy bien, como siempre lo haces conmigo.

    Antes de ir a la mesa, pagué en la barra al camarero y me fui a sentarme con ellos. Ya estaban acabándose su cerveza y me di un buen sorbo. Entonces les dije:

    — He llamado a casa y está la cena lista para los tres. Sería conveniente irnos para cenar porque mañana hay entrenamiento y me levanto a las cinco a correr.

    Nos levantamos, Abelardo fue a pagar y le dijeron que ya estaba cancelado. Mientras le esperábamos, llamé un taxi, nos subimos los tres y llegamos a mi casa. Cruzamos el pequeño jardín y, cuando vieron la fachada, escuché a Abelardo que dijo:

    — Ah, tu casa es unifamiliar, es de tu familia o la has alquilado…

    — Fue de mis padres, ahora es mía y vivo aquí con mi taita que es de Badajoz.

    — ¿Tu taita?

    — Bueno, sí, es mi empleada, era la empleada de mis padres, ella me crió desde antes de mis dos años en que murieron mis padres de accidente automovilístico y es para mí como mi madre y desde pequeño la llamo taita; no sé ni lo que significa, pero expresa mi cariño a la mujer que me crió. Mientras ella viva, esta será su casa.

    — Perdona la indiscreción, pero si no tienes padres, de qué vives tú…, perdón, si no quieres no respondas…

    — Podría decirte que del narcotráfico, pero no, algo de eso tenían mis padres, pero vivo de la fortuna que acumularon en su vida, pero eso no es importante, para mí no lo es, y vosotros queréis ser mis amigos y yo quiero ser vuestro amigo.

    Entramos y llegamos al salón, sobre la mesa había una bandeja con unas tapas y tres copas junto a una botella de champaña. Entonces les dije:

    — Eso lo acaba de poner mi taita para recibir a mis amigos…, la voy a llamar y la conoceréis.

    Le hice salir con muchos ruegos. Salió, saludó, al ver que yo la besé, Marcos y Abelardo la besaron también. Me quité el abrigo y Taita me lo recibió, lo mismo hizo con la chaqueta y con la ropa de Marcos y Abelardo que la puso en un armario que hay en el zaguán. Luego le dije:

    — Taita, ¿quieres cenar con nosotros?

    — Ay, no, mi hijito, yo ceno otra cosa más leve, así vosotros habláis de vuestras cosas, —y se retiró.

    Cuando ya nos acabamos la botella pasamos al comedor, todo estaba ya preparado y comenzamos la cena. Entonces Abelardo dijo:

    — Vas a disculparme y a disculparnos, pues todos en el equipo te teníamos por muy pobre…

    — Además, te pediste el encargo de recogedor de materiales…, añadió Marcos.

    — Yo llegué a pensar que alguien te daba una beca para estudiar…, —dijo Abelardo.

    — Bueno, bueno, esas cosas ocurren por mi culpa, porque disimulo mi situación…, pero sí, soy pobre, no tengo padres ni los he conocido, si no fuera por mi taita…, es que no tengo ni abuelos, ni tíos, ni primos, por eso es que lo que quiero son amigos de verdad, que me traten como uno más, no quiero que me traten por mi dinero… Hoy, después de cenar os iréis a vuestras casas, el taxi está avisado y pagado, pero a mí me tratáis como uno más, sin otras deferencias…

    — ¿Quién se atreve ahora a meterse contigo?, —reflexionó Abelardo.

    — Abelardo, tú nada tienes que temer, ya te conozco, sé que eres bueno, y tú, Marcos, hoy hemos hablado en serio por primera vez, también me va a gustar tu amistad.

    — Me gustaría salir a correr contigo —dijo Marcos— ¿por dónde vas?

    — Salgo en mi coche o en taxi hasta el paseo marítimo y allí corro a mis anchas.

    — Con razón te levantas a las 5 de la mañana, tienes casi media hora para llegar…, —dijo Marcos.

    — A esas horas de la mañana, se llega en menos de 15 minutos, pero mañana, después del entrenamiento hablamos…

    — Si lo hacéis los dos, yo me apunto, —aseguró Abelardo.

    Cuando se acabó la cena, el taxi ya estaba esperando a Marcos y a Abelardo. Nos despedimos con un abrazo cada uno. Abelardo pasó disimuladamente su mano por mi culo y le sonreí.

    Estuvimos en el entrenamiento, todo era estupendo porque el entrenador venía muy animoso. Pienso que gracias a la victoria del partido anterior, que se había pronosticada en nuestra contra y que ganamos por 1-4, y a lo que parecía seguro una victoria esta semana, el equipo estaba muy entusiasta y todos me daban ánimos para que siguiera con mis capturas. La verdad es que me pidieron ir al equipo por las pelotas altas, pero me encanta echarme por la pelota y he avanzado mucho en este sentido.

    Al final del entrenamiento se me acercó Marcos para decirme que definitivamente se apuntaba a correr. Quedé con él que pasaría a recogerle por su casa para que no viniera a la mía y no perdiéramos tiempo. Se fue sin esperar a ducharse porque tenía visita de familiares en su casa, según me dijo.

    Como siempre, recogí las cosas que quedaron afuera, mis colegas van teniendo cada vez más cuidado en recoger cada uno lo suyo y se me hace más rápida la tarea, lo cual me hace disfrutar más de los ojos, porque ahora llego antes, aunque me entretengo colocando las cosas, así disimuladamente voy no solo mirando sino calibrando las medidas y distinguiendo. Creo que hoy podría reconocer de quien es cada pene con verlo en foto sin la cara de su propietario. Los hay peludos, con los pelos muy revueltos, los hay que se los peinan, los hay rubios, negros, y marrones oscuros; hay penes cortos, otros muy cortos, alguno no se podría ni medir, pero los tipos juegan bien, hay penes largos y delgados, cortos y gruesos, pero, sin afan de presumir, ninguno se iguala al mío, grueso y largo.

    Al poco de entrar yo a los vestuarios se me acercó Abelardo para preguntarme sobre lo de correr, le comuniqué la decisión de Marcos y se animó, pero no se apartaba de mi lado. Iba en speedos y se notaba su erección, sabía yo que era eso lo que me quería hacer notar mientras me ayudaba a poner orden y solo le hice una señal afirmativa con la cabeza y un «ok», que entendió perfectamente, con lo que nos hicimos los remolones. Se acercó el entrenador y me dio la llave para que cerrara tras ordenarlo todo. Miré a Abelardo y le contagié mi sonrisa.

    Nos metimos a la ducha, aunque era corrida y sin cortinas, como ya indiqué anteriormente, nos pusimos uno al lado del otro, previamente cerré con llave el vestuario para desnudarnos y ducharnos. Me fui a la ducha, Abelardo abrió la de al lado, pero enseguida se vino a la mía y comenzó a tocarme por la cintura y los costados, lógicamente yo hice lo mismo. Me gustaba tanto sentir sus manos por mis costados desde casi las axilas hasta la cadera con suavidad que aflojé el agua, dejando que cayera como una suave lluvia de verano, y nos pusimos a mirarnos sonriendo mientras descubríamos cada uno donde nos gustaba ir sintiéndonos y dónde nos producía placer.

    Con Abelardo y sin mediar palabras, con solo caricias corporales y la continuada sonrisa me sentía bien, muy a gusto y encontraba algo singular que no sabría describir pero que notaba. Me acerqué más al cuerpo de Abelardo y acariciaba su cara con deseos de besarlo. Abelardo se acercó hasta juntar nuestros pechos, nuestro abdomen y nuestras zonas púbicas, con lo que se tocaron nuestras pollas y sentí como un rayo interno que subía desde los pies y se centraba en el corazón. Descubrí que ya estaba amando a Abelardo. Le acariciaba la espalda y él sonreía de gusto más que antes, puse mis manos en sus nalgas y las fui masajeando. Abelardo cerró los ojos y el agua le salpicaba desde mi cabeza a su cara. Se sintió inspirado y me agarró de las nalgas, masajeando primero y amagando un dedo en la puerta de mi ano. Poco a poco metió el dedo y poco a poco empujaba, empujaba, hasta que entró.

    — ¡Aah! Abelardo, me gusta, —dije suspirando.

    — A mí, Doroteo, me gustas tú, más que todo en el mundo.

    — Abelardo, cariño, entra ahora en mí, méteme tu polla en mis entrañas, por favor.

    — ¿No quieres que preparemos un poco más…?

    — No, siento el deseo ya, ahora mismo.

    Cerré el agua del todo, me incliné muy agachado dándole todo mi culo a su disposición y con mis manos abría el agujero separando los glúteos. Había visto cómo Abelardo la tenía levantada y le dije:

    — No demores, por fa, no demores, entra ya…

    Sentí su glande en la entrada de mi culo y escuché y oí los dos escupitajos con abundante saliva y comenzó a empujar.

    — Avísame si te hago daño.

    — Tú entra, lo otro va de mi cuenta.

    Y no sé si fue de modo reflejo, pero voluntariamente retrocedí mi culo para presionar contra la polla de Abelardo y él se animó a perforar y abrir mi culo con su polla. Me hacia daño, pero apreté mis dientes y cerré mis ojos, mientras hacía lo posible para mantener mi culo abierto. Un rato y otro trabajando Abelardo y al fin entró. Como se quedó quieto y me sentía lleno, me moví circularmente y sentía alivio al fuerte dolor que me había producido y comenzó el placer. Abelardo sabía que me había hecho mucho daño. Y le tuve que animar para que comenzara a salir y entrar. Lo hizo y para paliar el posible dolor me daba palmadas en las nalgas, lo que acrecentaba más el placer. Llegó a tocar fondo y sentí como subía mi deseo empujado por un no sé qué interno que eyaculé sobrado de semen por toda la pared de la ducha. Observaba como se iba mi semen hacia el agujero del desagüe que estaba a mis pies y sentí la polla de Abelardo que palpitaba como si fuera el palpitar del corazón y de pronto ¡aaaah! qué gusto, toda la leche de Abelardo en mi interior.

    Me giré para sonreír a mi amante y le vi con la cara hacia el techo y ambos ojos místicamente cerrados, las manos muy apretadas a mis caderas y todo el impulso de su polla dentro de mí, como si quisiera expulsarse a sí mismo detrás de su semen. Supe en ese momento que me amaba. Cuando bajó la vista me tomó de los hombros para acercarme a él, yo, con la cabeza vuelta que tenía hacia él, recibí el beso más intenso que hasta ese momento había recibido nunca jamás.

    Abelardo hizo ademán de salir de dentro de mí y apreté mi culo, cerrando los esfínteres con lo que le di la señal de que estaba a gusto ahí.

    — Quiero besarte de frente para decirte que te quiero, porque has resistido mucho dolor para darme mayor placer.

    — Quiero decirte que a besarme tendrás mucho tiempo, que yo quiero sentirte tan unido a mí que no quisiera soltarte ya nunca más.

    — Pero sabes que me debes una…

    — ¿Yo? ¿Por qué?

    — Porque esta vez te tocaba penetrarme tú a mí, yo también te quiero sentir igualmente dentro de mí.

    Entonces le consentí que se saliera y nos abrazamos para darnos un beso largo, muy largo, su lengua entró todo lo más que pudo en mi boca, pero yo pude saborear e inspeccionar cada rincón de su boca.

    — Te amo, Abelardo.

    — Te amo, Doro de mi corazón.

    Comenzamos a decirnos piropos, cosas bonitas, ya escuchadas y leídas muchas veces, pero en ese momento y en ese lugar y circunstancias sonaban a nuevas:

    «— Si tu cuerpo fuera cárcel y tus brazos cadenas… qué fácil sería cumplir mi condena.

    — Cuidado con el sol que te puedes derretir. Bombón!

    — Me gustaría ser tu pijama para acostarme contigo.

    — Quisiera que fueras el sol, para que me dieras todo el día.

    — Quizá no pueda darte lo mejor del mundo…, pero sí lo mejor de mí.

    — Ahora que te he sentido, me asusta perderte.

    — Soy y quiero ser egoísta, no te miento, que solo seas mío y para mí.»

    Esta última frase que dijo Abelardo me asustó y le dije:

    — Creo que eso no podrá ser, porque no me veo de un solo hombre, soy poliándrico.

    — Eso tiene remedio, si te doy todo mi amor, cada día y cada momento, noche y día, mañana y tarde, te aseguro, Doro, que no desearás a nadie más.

    — No quisiera desengañarte, mentirte y fallarte, por eso te digo que lo veo difícil, me voy detrás de cada cara, de cada culo, de cada polla…

    — Yo te cubriré todo esos espacios.

    — ¿Y si te fallo o te soy infiel?

    — Volveremos a comenzar.

    Entre todos los piropos hay muchísimos que no he escrito aquí por ser tan cursis que me da vergüenza registrarlos, nuestras pollas se pusieron erectas y deseosas y todo nuestro ser deseaba llenarse de amor, el amor del amante y el amor del amado a unirse en un solo deseo.

    Abelardo se puso de rodillas para mamar mi polla, no le cabía en la boca, pero vi cómo la disfrutaba y fue un concierto de sonidos, gemidos, inspiraciones y de repente se me puso en cuatro. Me arrodillé y me agaché para comerme ese culo que me ofrecía, lamí y lamí hasta saciarme y metí poco a poco uno, luego dos y ya tres, —¿para qué más?, me dije—, dedos en el culo de Abelardo. Me sobé mi polla, escupí y la dirigí al agujero de Abelardo con mucho cuidado. Apreté poco a poco escupiendo para hacer fácil la entrada. Abelardo gemía, pero cuando le metí la mitad de mi polla se calló. Me quedé quieto, creí que le pasaba algo y escucho:

    — Sigue, sigue, siento un placer divino, un gusto celestial, de paz, quietud y un no sé qué más indescriptible, como la entrada en el cielo…

    Seguí y poco a poco metí toda mi polla y la sentí aprisionada, pero un espíritu vivo en mis carnes me subió desde los pies y llegó hasta mi pecho, pero revertió en mi polla y todos mis flujos invadieron el recto de Abelardo, dispersándose por todo su interior hasta el extremo de hacerle estremecer con tanto placer que gritó más de alegría que de otra cosa y disparó su pene todo su esperma llegando a la ducha de al lado. Los dos nos caímos en el suelo, yo encima de su espalda que me puse a besar y Abelardo con sus manos acariciaba mis nalgas.

    Al rato nos levantamos. Llevábamos mucho tiempo en la ducha, más de una hora y media y nos entró el alegre pánico de que podría venir algún vigilante. Entonces nos levantamos para ducharnos y mientras nos vestíamos ocurrió lo que no deseábamos. Llamaron a la puerta y salí para dar explicaciones, ya iba vestido y le dije al vigilante que estaba arreglando todo el material, que se había caído la pira de colchonetas y le dije si quería entrar. Como me conocía, me dijo que no, que solo le preocupaba si había algún intruso o si habíamos dejado la luz encendida.

    — No se preocupe ya, que me voy gracias a que ha venido un amigo a ayudarme; porque, al ver que no podría llegar hasta arriba, tuve que llamarlo.

    Salimos delante del guardia jurado y, al decirle buenas noches, me dice con un pícara sonrisa:

    — ¿Ha ido todo bien?

    Le contesté:

    — Eso se podría ver en otra ocasión.

    Cuando ya habíamos salido del campus y nos íbamos avenida arriba hacia casa, Abelardo me dice:

    — ¿Cómo te has atrevido a insinuarte ante el guardia?

    — ¿Has visto su cara? ¿No has visto lo guapo que es? Si le entran ganas, nos lo pasamos entre los dos.

    — Qué tonto eres… ¿cómo te atreverías?

    — He estado a punto de decírselo clarito por si quería una sesión con nosotros, por eso le dije que habías venido.

    — !Eres un puto animal de verdad!

    — Pero ¿es que no has visto la cara de ganas que tenía?

    — Claro que lo he visto, pero…

    — Abelardo, ¿cenas conmigo en mi casa?

    — Deseaba que me invitaras, ¿me invitas también a dormir contigo?

    — Avisa a tu casa…

    — No hace falta, ni se van a enterar, ni se van a preocupar.

    — ¿Qué?

    — Tú no tienes padres, eso puede ser una pena; pero yo los tengo, pero como si no los tuviera, eso si que es un dolor…

    — Entonces… nos tenemos nosotros… Abelardo…

    — Te necesito, Doro…, te necesito.

    En medio de la calle arrimados a la pared donde no ilumina la farola de la calle, nos abrazamos con un intenso y profundo beso. Luego entramos en casa. Mi taita me esperaba y se alegró de ver a Abelardo. Le dije que Abelardo se quedaba esa noche a dormir conmigo. Mi taita se puso muy feliz, su Dorito ya tenía amigo.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (09)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (09)

    El domingo nos levantamos casi a la hora de la comida y estaba solamente Eduardo en la casa. Después de que desayunáramos, un simple vaso de leche, estuvimos en el jardín jugando con Dulce. No comentamos lo de la noche pasada, solamente Rubén me dijo en un momento que yo le había gustado mucho a Alberto y que con David y Oriol pasaría lo mismo, que estaba seguro de que su primo estaría encantado conmigo.

    A la tarde llegaron Pablo y Erico para llevarse a Rubén, sus padres se habían quedado en su casa, querían hablar con Ana María y al no estar decidieron no venir, ayudé a Carmen y Rubén a llevar hasta el coche las bolsas de ropa de Oriol que Carmen había retirado del vestidor. Eran un montón de bolsas con todo tipo de ropas y calzado y Rubén estaba emocionado.

    Rubén me prometió que cuando estuviera solo no me preocupara, porque él vendría a hacerme compañía y a sacarme de la cárcel. Eduardo no pudo ocultar la risa al escucharle.

    Cuando pude hablar con Pablo, como no venía a mi habitación me acerqué a la suya, estaba metido en la cama y me acosté a su lado, le pregunté por su tía, por su cara había tenido la impresión que las noticias no iban a ser muy buenas.

    -La han llevado a casa, no pueden hacer nada y no tiene sentido que la tengan en el hospital, mi tío está destrozado, peor aún que ella que es la enferma. -me abracé a él deseando poder compartir su dolor.

    -Lo siento Pablo, de verdad que lo lamento. -entonces sentí que me apretaba contra él haciéndome daño.

    -¿Se arreglará tu tío para cuidarla, podrá hacerlo él solo? Será mucho trabajo para él. -más que nada lo preguntaba pensando que quizá Pablo tuviera que marchar para estar con ellos.

    -No te preocupes, la mamá de Erico se encargó de que una mujer del pueblo se desplace a la haciendo para ayudarle.

    -Gracias Ángel, ahora entiendo más lo injusto de tu situación, tu has perdido a tu familia y amigos y sientes lo de mi tía, que pueda irse te preocupa olvidando tu situación. -me besaba con inmensa ternura la cara, sus dulces besos dejaban que mi amargura brotara en forma de lágrimas.

    -¿Como te ha tratado Rubén? -pasaba con suavidad las manos por mi rostro llevándose las lágrimas y seguía besándome. Ahora sabía que se preocupaba por mi, que pensaba en mi situación aunque poco podía hacer él para solucionarlo.

    -Es un chico estupendo, tu ya lo sabes, le conoces de siempre. Me ha sacado de casa, ciertamente ha hecho que me olvidara de que estoy prisionero y que me sintiera libre, un poco como me sentí cuando tu me llevaste en moto la primera vez.

    Lentamente le fui contando como había pasado los dos días, también lo que pasó con Alberto y Rubén, sin ocultarle nada.

    -¿Te gustó Alberto?

    -Menos que tu, pero sí lo pasé bien, es un poco sádico, sin pasarse. -cuando le conté como me había metido el hielo por el culo tuvo que reírse, y me alegró que olvidara por un momento a sus tíos.

    Dormí con él y no me pidió sexo, creo que estaba en un mundo de sentimientos muy divergentes en ese momento.

    A partir de aquel lunes mi vida se volvió rutinaria hasta cierto punto. Las clases de conducir habían cambiado de escenario, Damián usaba un coche más pequeño y de tamaño adaptado mejor a mi. Practicábamos en los caminos del parque, y creo que tenía cierta habilidad, o era que como me gustaba lo hacía bien según mi opinión. Damián no me decía nada ni hacía mención al pasado y su comportamiento era muy correcto.

    Las clases en casa iban adelante y tanto Oleguer como Guido estaban satisfechos con los resultados que obtenían. Martina, mi profesora de guitarra, se descubría como una virtuosa en lo suyo como decía Guido, y también descubrí que le gustaba la informática, era realmente buena con los diferentes sistemas operativos y le encantaba experimentar, sobre todo los que se basaban en Unix.

    En las clases de baile empezaba a controlar mi cuerpo dejando que Noa me guiara, por su parte a Ian le notaba interesado en mi, o por lo menos me hablaba en los vestuarios haciéndose el simpático, con bromas alegres de muchachos y a veces me cogía para bailar diciendo que él me podría enseñar mejor que Noa, pero no pasaba de ahí y de rozarme siempre que tenía ocasión con su enorme bulto.

    Pablo me sorprendió un día al comunicarme que ya tenía internet en el ordenador de mi habitación, estaba usando el de la sala de estudio desde el principio para hacer mis trabajos, pero siempre con la presencia de alguno de mis profesores. Me pidió que fuera responsable en su uso y que al principio, por lo menos, tuviera en cuenta que los de seguridad vigilarían las páginas que visitaba.

    Estuve varios días indeciso, pensando en acceder a mi cuenta de correo, dejando de lado las redes sociales que denunciarían mi presencia y que aún vivía, y no quería que mis padres volvieran a sufrir la incertidumbre de que su hijo perdido pudiera estar vivo, cuando ya habían perdido la esperanza de volver a verme. Quizá eso fuera lo mejor aunque nunca consiguieran olvidarme.

    Al fin me decidí, tenía muchos mails en la bandeja de entrada, un montón eran de Álvaro, me daba miedo abrirlos y cerré la aplicación sin atreverme a mirar lo que pudiera haber escrito. Tenía que ser valiente y romper definitivamente con el pasado, mi nueva vida se imponía, mala o buena era lo que había, y pensar en lo de atrás era peor que aceptar el presente, el futuro estaba por llegar y no tenía en mis manos la posibilidad de decidirlo.

    Conocí a David con inesperada normalidad, no pensaba que sería así. Acabábamos de salir de las cocheras para empezar la lección del día y vi a Tomás en la puerta principal, al pie de ls escaleras en actitud de espera, no me dio tiempo a meter la marcha del coche y Damián me pidió que esperara, se bajo del coche y emprendió el camino a donde estaba Tomás.

    Por la avenida principal se acercaba un coche plateado y llegó a las escaleras, era un precioso Mercedes deportivo y con la capota corrida. Abrió la portezuela Damián y descendió un hombre joven, hablaron cuatro palabras y el hombre subió las escaleras, vestía elegantemente un traje informal de verano y usaba lentes, saludó a Tomás y se metió en la casa.

    Damián condujo el Mercedes a las cocheras y volvió donde yo estaba, esperaba pacientemente pensando en la actitud servil y deferente que mantuvieron tanto Tomás como Damián con aquel hombre.

    -¿Quién es? -no debía haberlo preguntado pero me sentía curioso, no le había visto nunca aunque me resultaba conocido sin saber de qué. Damián me miró como si me viera en las nubes.

    -El doctor, David Salvatierra, ¿quién va a ser? -entonces tenía sentido que lo recodara, le había visto en las fotos de Oriol pero sin saber quien era, veía en la pantalla de su ordenador a muchas personas desconocidas para mi.

    Ahora comparando lo que había visto en las fotos y en persona, David resultaba tremendamente atractivo, elegante y con buen cuerpo de atleta, le había visto en bañador y vestido pero era diferente a verle en movimiento.

    Terminamos la clase, empleábamos más o menos una hora, pero este día fue menos, Damián tenía que hacer algún trabajo en el coche de David que le había encargado. Guido me había dejado unos ejercicios para hacer y marché a la sala de estudio. La puerta de la biblioteca estaba abierta y al pasar delante de ella Eduardo me vio y me hizo una señal para que entrara.

    David se levantó de la butaca donde estaba sentado y se giró hacía mi quedándose parado observándome, lo mismo que yo hacía.

    -¿No preguntabas por él? Aquí le tienes. -a la vez que hablaba Eduardo se acercó a mi y David hizo lo mismo. Sin decir nada cogió mi barbilla con la mano y me miró intensamente a los ojos, con la otra mano se aparto un mechón de pelo que le caía sobre la frente, tenía unos ojos preciosos, azules claros como el cielo en un día verano, pero a través del cristal de las gafas se veían fríos como témpanos de hielo.

    Tendría la edad de Alberto y era más alto que él, las espaldas anchas le hacían parecer más bajo pero era fácil que superara el metro ochenta.

    -¡Hola Ángel! Cuando te vi en fotos resultabas interesante, y después de que Alberto me hablara de ti aumentaron mis ganas por conocerte. -me pasó la mano con suavidad por la cara corriéndola por la mejilla hasta llegar a mi pelo.

    -Bellísimo ejemplar de muchacho Eduardo, estarás enseñándole como tu sabes. -me soltó la cara y entonces Eduardo me sujetó del hombro para que me girara y pudiera verme todo el cuerpo, por delante y por detrás, me apretó el pantalón para que resaltaran mis nalgas.

    -Se está encargando Pablo de él, ya me he hecho viejo para algunas cosas. -David dejó que una risa sardónica saliera de su boca.

    -Es precioso todo él, te lo habrán pedido alguno de los miembros del consejo, los rumores comienzan a correr. -me sentía algo mal y molesto, me trataban y hablaban de mi como si fuera un objeto para usar como regalo de cumpleaños.

    -Alguno ya lo quiere probar pero tiene que seguir con su preparación, iremos poco a poco dejando que todo siga su camino, de momento estará conmigo salvo que tu dispongas otra cosa.

    -¿Con quien va a estar mejor que a tu lado?, tu sabrás buscarle un buen dueño cuando llegue el momento, sería un lástima que un chico tan precioso cayera en las manos de violentos y depravados. Sabes que no estoy de acuerdo con esos abusos y métodos.

    -Lo se David, no permitiré que esté con cualquiera de ellos, tiene cierto carácter y es valioso, no voy a dejar que lo usen de mala manera. -aunque no entendía su conversación algo bullía en mi cerebro que me confirmaba mi vulnerabilidad, que en realidad no era nada.

    -Oriol quiere conocerle, me lo ha pedido después de escuchar lo que dicen de él su primo y Alberto, seguramente se pasará por aquí para hacerte una visita cuando esté mas libre y le acompañaré si es que puedo. – David volvió a acariciarme la cara y se inclinó para darme un beso, fue muy breve y solo me rozó los labios con los suyos, luego volvió a sentarse y tuve la sensación de que esa era su forma de decirme adiós.

    -Ya puedes marchar Ángel, no te necesitamos más y por favor cierra la puerta al salir. -Eduardo me palmeó afectuoso el culito y salí de aquella habitación cerrando la puerta como me habían pedido.

    No podía centrarme en mis deberes, dándole vueltas a las conversación que habían mantenido David y Eduardo como si yo no estuviera presente. Las conclusiones a las que llegué no eran nada halagüeñas y me marcaban un poco prometedor futuro.

    Me tenían en un proceso de formación, ¿para qué?, ¿para ser acompañante de hombres que harían conmigo lo que quisieran, ser su amante, probablemente esclavo de algún dueño?

    Eduardo se encargaría de buscarme alguien a quien entregarme cuando fuera el momento, hasta entonces debería estar con los miembros de la organización que se lo pidieran a Eduardo. Era un galimatías o yo lo embarullaba enredándolo para no reconocer la realidad plena de mi situación.

    Habían pasado dos semanas sin que pasara algo especial, a Pablo solo le conté mi encuentro con David, resultó que ya lo sabía, como si el encuentro hubiera estado organizado de antemano. No le dije nada de mis negros presagios, y además era mejor no pensar y aceptar lo que la vida me daba.

    De momento me trataban bien, me llenaban de lujos y vivía en un palacio de oro que, en realidad, era mi cárcel. Pablo me dejaba creer a veces que me quería y no deseaba pensar en que llegaría un momento que me separarían de su lado.

    Esa tarde cuando llegó de la universidad, y sin ir a su habitación, pasó por la sala de estudio, Guido aún no se había marchado y me pidió que saliera al pasillo.

    -Solamente quería darte un recado, mañana jueves no podrás ir a la clase de guitarra, tienes que decírselo a tu profesor para que este avisado. -me pareció inquieto y esquivaba que nuestros ojos se miraran.

    -¿Pasa algo Pablo? -cogió la mochila del suelo donde la había dejado.

    -No es nada importante, tienes que estar en un festejo, luego te contaré. -y sin más me dejó allí, indeciso de si seguirle para pedirle que se explicara o volver a entrar donde Guido. Opté por lo segundo y le dije a Guido que faltaría a su clase el siguiente día.

    A la noche Pablo no llegaba y me tenía inquieto, deseaba que habláramos y me dijera lo que pasaría mañana jueves. Estaba para levantarme cuando apareció por la puerta, rápidamente se metió en la cama a mi lado y esperé inquieto a que comenzara a hablar.

    Me abrazó contra él y me extrañó, era una forma de comportarse que raramente ocurría, solamente cuando algo le preocupaba. Le besé la mejilla y respondía a su abrazó relajándome.

    -¿Me lo vas a contar, o no? -me aparté para poder mirarle de frente.

    -Han preparado un pequeño encuentro de amigos, una fiesta en la casa de don Manuel, quieren ver tus reacciones y probarte, habrá pocos invitados y llevaran a otros muchachos para que no estés solo, estará Yasín, el chico de don Manuel, ese delgado y moreno que tiene Oriol en el salvapantallas.

    Había visto algunos chicos de color en la colección de Oriol, uno de ellos me había llamado poderosamente la atención por la herramienta que lucía entre las piernas.

    -¿No se tratará de chico de la enorme verga? -Pablo soltó una risita en mi oreja.

    -Creo que te he hablado de él, es el preferido de don Manuel, por eso cuando Yasín no pude estar con él me llama a mi. -le cogí la polla que tenía apoyada contra mi y que se le iba poniendo pura a cada momento que pasaba.

    -Pero la tuya no es tan grande. -me cerró la boca besándome y me habló como se sintiera ofendido.

    -Precisamente la mía no es de las más pequeñas, ¿te gustaría que Yasín te la meta? A Oriol terminó por gustarle. -creí que Pablo me estaba advirtiendo de lo que sucedería en la fiesta de don Manuel.

    -Me da un poco de miedo, si la tuya casi no me cabe la de Yasin será imposible que me entre. -estaba seguro de que la conversación que teníamos estaba poniendo caliente a Pablo, y a mi también se me endurecía la polla.

    -Esto me calienta precioso, me pone la verga dura. -metió la mano debajo de mi pantalón hasta llegar a mi ano para acariciarlo y yo le bajé el suyo para cogerle la polla dura y caliente, con la humedad del pre semen que le salía escurriendo de la uretra.

    Me besaba mientras me abría las piernas y terminé de quitarme el pantalón para permitir que su polla se aplastara con la mía abrazándose, hacia movimientos coitales rozando las dos vergas contra los abdominales.

    -Quiero que me la metas Pablo, que me folles mi culito. -introdujo la lengua en mi boca con fuerza sin dejarme seguir halando.

    -Lo voy a hacer precioso, te montaré por detrás; cuando te lo haga Yasin será como yo te lo voy a hacer, podrás controlarle mejor para que no te la meta entera la primera vez. -temblé emocionado pensando en la enorme verga de aquel chico, también en la posibilidad de que me hiciera daño si entraba entero.

    Ciertamente prefiero que me cojan de frente para ver la cara de mi amante, sus expresiones de placer y como me goza, pero tampoco estaba nada mal cuando me cogían montándome como a una perra por detrás y sentirme sometido al macho.

    Me colocó en el centro de la cama con las manos y rodillas sobre el colchón y me abrió las piernas colocándose detrás de mi, pensaba que ya me la iba a meter.

    -Baja el pecho sobre la cama y empina el culo. -coloqué la mejilla sobre la tela pegando el pecho en la cama y elevé todo lo que pude el culo abriendo las piernas.

    Gemí sorprendido por su lengua pasando por el perineo y toda la raja del cuelo, volvió y se detuvo en el ano, lo cerré y me gopeo con la mano una nalga.

    -Abre el culito, quiero comértelo. -me relaje y dejé que me lo trabajara lamiendo y chupándolo, yo gemía con cada lamida, suspiraba cuando metía la punta de la lengua hurgándome el anito, y gritaba cada vez que se metía mis testículos en la boca y los chupaba con fuerza haciéndome daño.

    -¡Ahh! duele, duele Pablo. -pero él no dejaba de meterlos en la boca, cada vez aspirando más fuerte queriendo comerse mis huevos. Pasó a chuparme el glande de la verga desde atrás, tirando de ella y doblándola, eso era delicioso porque, a la vez que me chupaba la verga, me metía dos dedos en el culo empujando hasta terminar con ellos dentro.

    -¡Ayy!, qué rico Pablo, eso me gusta, me encanta. -intentó meterme tres dedos y eso me empezó a molestar, pero lo compensaba descansando y dedicándose a chuparme con fuerza el glande, hasta pensar que me lo arrancaría de la verga.

    Tenía mis genitales mojados de su baba, tiró de mi cintura para que volviera a ponerme a cuatro patas, y se levantó para, de rodillas, comenzar a pasar la polla por la raja entre mis nalgas, a golpearme con ella las nalgas y el ano, logrando que me contrajera al recibir los duros golpes, se la masturbó para terminar de ponerla dura y me la metió entre las piernas, salía por delante al lado de la mía acariciándome el escroto al pasarla atrás y adelante.

    Me tuvo así unos segundos, excitándome más y más, deseando con todas mis fuerzas la verga dentro de mi culo.

    -Métela Pablo, dámela por el culo. -la sacó de entre mis nalgas para tumbarse en mi espalda, pegando el pecho sudado a mi piel y respiraba en mi cuello.

    -¿Te gusta que te coja por detrás, que sea tu perro, tu macho?

    -¿Sientes mi verga en tus huevos?

    -Sí Pablo, si, me encanta, eres mi semental, mi macho, pero entra en mi por favor, dame la verga, la quiero. -comenzó a besarme la espalda hasta ponerse estirado en mi retaguardia, y me aplastó el culo para que lo bajara hasta donde su verga esperaba para taladrarme.

    La apuntó en la diana de mi ano, la sentía muy caliente y palpitante, con una mano en mi cadera y la otra aguantando su polla comenzó a empujarse contra mi, a pesar de haberme tenido tres de sus dedos en mi culo le costaba penetrarme y colaboré tirándome para atrás.

    La verga se resbalaba a pesar de tenerla sujeta en su mano, pero venció nuestro deseo y la cabecita entro en mi culo, paré de empujarme hacia él, y dejó de sujetarse la polla y me cogió por las caderas afincándose con fuerza de mi cuerpo, y con la verga ya embocada en mi culo empujó con fuerza para meterme un trozo, gemí de placer y de dolor le notaba la polla muy hinchada, más que otras veces.

    Se detuvo para abrazarse a mi cintura y llevó las manos a mi polla, sentía su pecho pegado a mis nalgas y la boca besando el principio de la espalda.

    -Mi perrita linda tiene su pollita dura y jugosa. -no dejaba de besarme y lamerme la espalda mientras jugaba con mi pollita, como él decía, cogiéndome el glande con la punta de los dedos frotándolos envueltos en el líquido que salía de él.

    -Pablo, que rico me lo haces, mete más, dámela toda, la necesito sentir. -apretó los riñones y sin cambiar de postura, con un golpe suave de cadera me metió un poco más de verga.

    -¡Qué rico! Sigue metiendo, ¡Ohh! que placer, tu polla está sabrosa, me llena Pablo, ¡Qué bien se siente! Ummmmm. Me voy a morir de gusto. Dame fuerte, soy tu perrita, dame verga, dame…

    Dejó de abrazarme y con las manos cogió mi cintura, tirando de mi cuerpo hacia él enterrando el resto de la verga en mi cuerpo.

    -¿Así te gusta más perrita, así bien follada por tu macho? ¿Quieres verga a lo bruto, que te folle duro? -sus manos abrazaban totalmente mi cintura y se había aferrado a ella hundiendo los dedos en mi carne.

    -Sí, dale verga a tu perra, dame duro Pablo, rómpeme el culito, hazme tuyo. -a pesar de sus palabras y de las mías, sus entradas eran suaves, penetrándome hasta que sus huevos hacían tope en mi ano y salía hasta dejar solamente el glande enganchado en mi ano.

    -¡Que rico Pablo! ¡Qué gustito más rico! -así me estuvo cogiendo durante minutos, descansando a veces abrazándome la cintura, pasando los brazos por mi tripa y jugando con mi polla, hasta que temía correrme dejándole la leche en su mano, entonces volvía a su postura y retomaba la follada cada vez más fuerte y duro.

    -Me voy a correr Pablo, no aguanto más. -dejó de entrar tan violento y abrazado a mi, metiendo la verga con lentitud, me masturbó hasta que me encabrité corcoveando, encogiendo el culo y los hombros, empinando la espalda como una hembra montada por su macho que recibe la simiente de la vida en su útero.

    Pablo, en ese momento, se clavó todo lo profundo que pudo en mi culo, y comenzó a temblar dejando salir el semen que tiraba muy fuerte dentro de mi cuerpo; sentir como su polla escupía en mi interior la leche caliente, me hizo estremecer haciendo que temblara entre gemidos ahogados.

    Permanecimos unos minutos en esa posición, abrazado por Pablo, tendido sobre mi espalda, acariciándome la polla con la mano llena del semen que yo había tirado, hasta que su verga se fue calmando y reduciendo el volumen, salía lentamente de mi culo escurriéndose de él a pesar de que yo deseaba que continuara tapándomelo para no dejar que saliera su leche.

    Terminó de salir y la polla se le metió entre mis piernas húmeda de semen, el pubis pegado a la entrada de mi ano acariciándolo con los pelos. Me besó por última vez la espalda antes de dejarse caer rendido a mi costado, y yo me desplomé boca abajo.

    Me miraba de costado, aún fatigado del esfuerzo, habían pasado mucho tiempo follándome el culo y aún tenía gotas de sudor sobre el labio superior.

    -Eres genial Angel y estás delicioso, un rico manjar para comerlo. -su mirada era muy linda, dulce como la de un enamorado.

    -Y también soy una perra. -enarcó las cejas y se puso a reír.

    -Bueno no es para tanto, yo también soy un perro, tu perro, ¿no te habrás molestado? -le pasé la mano por los labios y le quité los restos de sudor.

    -No me ha molestado, lo que me haga mi perrito macho y follador no puede ofenderme. -me acerqué hasta que unimos nuestros labios.

    Miré fijamente sus ojos y la sangre me subió a la cara poniéndome rojo.

    -¿Así me la va a meter Yasin?

    -Es la mejor postura para las primeras veces, esas vergas descomunales llegan muy lejos y es mejor que las controles y seas tu el que las manda.

    -¿Estarás tu allí? -acaricié su mejilla con ternura.

    -No es necesario pero si tu quieres puedo estar.

    -Quiero que estés a mi lado Pablo, que me guíes en ese nuevo paso, contigo a mi lado no tendré miedo. -me cogió la mano que tenía en su cara, aún la tenía manchada de semen.

    -Tu eres muy valiente Ángel, has aguantado hasta aquí y seguirás haciéndolo, además lo de Yasin terminará por gustarte, a don Manuel le vuelve loco y a todos los que se coge, debe ser algo tremendamente morboso y deleitar tener una polla así en el culo.

    No fuimos al baño para darnos una ducha rápida, realmente Pablo estaba muy sucio y sudado. Cuando me iba quedando dormido, abrazado por Pablo, me asombré al estar pensando en las clases de la mañana con Oleguer en lugar de en lo inédito que me esperaba a la tarde.

    Seguirá…

     

  • Diario del despertar sexual de Ana

    Diario del despertar sexual de Ana

    Querido diario: 

    16 de agosto. 

    Hola diario. Hace mucho no nos veíamos ni te contaba nada porque no había pasado mucho. Ayer empezamos prácticas en el Hospital. La verdad iba con mucha ilusión de empezar a practicar pero la tutora sólo fue y nos dejó a cada una en los servicios y no volvió en toda la tarde a ver como andaban las cosas. Las enfermeras del turno nos ponen a hacer cualquier cosa y ni revisan si lo hicimos bien. Yo creo que si un día me fuera después de firmar asistencia ni cuenta se darían. Igual no tengo a donde ir así que pues me aguanto y veo lo que se pueda.

    18 de agosto

    Hola diario. Se me acercó un muchacho. Es practicante de ingeniería. Se llama Raúl pero le gusta que le digan Raco. Para ser ingeniero se arregla bastante bien. Ya se me había quedado viendo la vez pasada. A ver que pasa.

    26 de agosto

    Ya van 3 prácticas que Raco casi ni me saca plática. Fuera de eso, aburrida.

    28 de agosto

    Diario me llevaron pastel por mi cumpleaños pero eso no fue lo mejor. Raco apareció y entre broma y broma me dijo que como ya soy mayor de edad ya puedo irme de fiesta. No sé a qué cosas se refería pero a la salida me dijo que a ver cuando íbamos a tomar un helado. Le voy a tomar la palabra. Ya quiero saber a qué «cosas» se refería.

    2 de septiembre

    Me la eché de pinta para ir por ese helado. Sólo hicimos eso y ya. Una compañera hizo lo mismo y la agarraron porque regresó. Platicamos entre todas y nos vamos a turnar para escaparnos pero sin volver porque así ya no nos detectan. Con Raco sólo estuvimos platicando. Yo ya le dije que ni soñar que nos vayan a ver juntos mis papás. Se hizo el mustio pero me dijo que sólo le diera chance de hacer cosas así como lo del helado. La verdad lo de «hacer cosas» me sigue intrigado. Jajaja.

    12 de septiembre

    Hola diario. Sin novedades. Me volvió a tocar mi chance de hacer pinta de la práctica. Quise ver en el cine Soy Leyenda con Raco pero los horarios no me sirvieron para regresar a tiempo a la casa. Dijo que iba a ver si conseguía el DVD con un amigo suyo que las tiene antes que el cine. Ojalá se pueda.

    21 de septiembre

    Hola diario. Raco me besó! No fue planeado o bueno no sé. Fuimos a su casa a ver la película pero resultó que vive sólo. La verdad no pensé nada. Iba de verdad por ver la película pero ni la acabé de ver. Su departamento es pequeño. Más bien es un estudio con baño y cocina. Tiene cama y aparte de eso sólo un sofá donde nos sentamos frente a su televisión. No hubo mucho preámbulo. Teníamos rato viendo cuando él se me acercó y comenzó a besarme. Fue muy natural. Yo creo que él ya tenía rato queriendo hacerlo. Yo había besado a otros chicos pero nunca en un lugar así cerrado donde nadie nos iba a interrumpir. La verdad es muy diferente. Me sentía así como que muchas ganas de seguirnos besando. Empecé a sentir abajo en mis partes como que muy caliente e hinchado. Como que me dolía, como que una ansiedad de hacerme algo ahí. Pero se sintió rico. Los dos empezamos a respirar fuerte. De hecho creo que estaba erecto pero no quise ni mirar porque yo sentía muy rico y no quise perderme la sensación. Al final ya no vimos la película pero igual yo quise irme porque me sentía muy agitada. Pensaré las cosas.

    27 de septiembre

    Soy una loca diario. Desde antes de llegar al hospital le escribí a Raco y apenas marqué asistencia me fui a su departamento. Ahora si fue lo que diríamos un verdadero faje. Estuvimos besándonos muchísimo. Me empezó a abrazar muy fuerte y está vez no me aguanté y yo lo jalé encima de mí. Entonces él empezó a pasar su mano no nada más por la espalda. Acarició mis brazos y se fue bajando. No lo apretó ni nada pero puso su mano en mi trasero. Todo estuvo rico pero lo más mejor fue sentir abajo así como caliente y húmedo. Estuvimos hablando un buen rato. Yo le dije que no quiero ahorita tener sexo. Aparte de que no sé, me da miedo embarazarme tan chica, sin siquiera haber entrado a los 20. Me propuso que sigamos así y me explicó que hay muchas cosas que nos podemos hacer sin que me ponga en riesgo de embarazo. Yo no le contesté. Mejor me puse a besarlo y esta vez lo dejé que me tocara aún más. Yo sentía muy mojado e inflamados mis labios pero ya no sabía qué hacer con eso. No me quitó nada pero me besó el pecho por encima de la camiseta. Eso hizo que me diera desesperación por quitarme la pero no le dije nada. Metió su muslo entre mis piernas. No hizo presión pero yo no pude evitar sentirlo y empecé a frotarme contra su muslo. Estuvimos así un rato. Empezó a besarme por el escote y yo lo dejé porque vi que según lo iba dejando yo sentía más y más rico y como iba metiendo más y más su cara hasta que finalmente casi sacó uno de mis lechos. Fue en ese momento que tomó mi pezón entre sus labios y yo sentí un estremecimiento que me recorrió todita. Ahí no supe que más hacer sino quitarme la camiseta. Como era camiseta interior de doble forro yo no traía sostén. Lo tomé de la cabeza y lo acerqué a mi pecho. Raco siguió ahí basando un pecho y acariciando el otro por un buen rato hasta que vi que estaba oscureciendo. Me tuve que ir en taxi para llegar a tiempo. Sigo sintiendo muy sensible mis partes. Es rico pero desesperante. Supongo que eso es tener ganas. Me imagino que eso es tener ganas porque no dejo de pensar en su boca mordiendo y besando mis pechos.

    4 de octubre

    Diario! tuve mi primer orgasmo!!! No no tuve sexo. Sólo un orgasmo. Bueno… Varios. Unos allá con Raco y otros tantos ahorita. Estábamos fajando. Yo ya no tenía ni blusa ni sostén. Empecé a quitarle la camisa y de repente Raco se puso de pie y se quitó la camisa pero también el pantalón! Yo me asusté obvio pero más risa me dio. Fue la primera vez que vi su bulto que estaba bien parado. Quería tocárselo pero me aguanté y lo dejé que me siguiera acariciando. Esta vez de pronto empezó a bajar sus besos a mi vientre y yo sentía más y más caliente. Empecé a sentir que me estorbaba el pantalón. Entonces se regresó y empezó a a besarme en la boca. Empezamos a platicar y me preguntó al oído si quería sentir o que me hiciera algo más. Yo no contesté pero lo dejé seguir en lo suyo. Entonces empezó a meter su mano por encima de mi pantalón mientras me preguntaba despacito en el oído: ¿puedo? Ni siquiera le contesté, moví mis caderas a modo de facilitarle el movimiento así que su mano no tardó en llegar. Estaba empapada. Sus dedos se hundieron fácilmente entre mis labios. Sin darme cuenta me estaba moviendo y el empezó a hacer círculos entre mis labios húmedos. Empezó a besarme en la boca y como que eso me hizo sentir más fuerte sus dedos. Yo movía a modos de que sus dedos hicieran más presión. Cada vez sentí más fuerte y de pronto fue algo fuertísimo, que estalló entre los labios y me hizo estremecer me por todo el cuerpo. No recuerdo más. Dejé que aquello me recorrerá. No supe cuánto duró. Cuando volví en mí él me miraba con cara de sinvergüenza. Se quedó ahí a un lado. Yo seguía muy sorprendida por haber experimentado mi primer orgasmo. Le pregunté que qué me había hecho. ¿Nunca te habías masturbado? Me preguntó asombrado. Yo le dije que no. Él como que pensó un momento. Empezó a besar mi piel sobre el ombligo pero casi de inmediato bajó hacia el cierre de mi pantalón con obvias intenciones. Yo lo dejé hacer. Quería volver a sentir aquello tan infinitamente delicioso. Me quedé en pelotas. Admito que sentí vergüenza pero estaba muy desesperada por volver a venirme. En medio de mi calentura sólo acerté a decir: no quiero embarazarme. No te preocupes contestó. Se puso junto a mí y empezó a besarme en la boca mientras me tomó la mano derecha para llevarla hacia mi entrepierna. Fue natural. Comencé a frotarme del mismo modo que lo había hecho Raco. En unos segundos me vine de nuevo pero esta vez más fuerte. Tuve que apurarme porque ya era muy tarde. Llegué aquí y tuve que masturbarme varias veces antes de quitarme la ansiedad. ¿Y ahora Diario? ¿Cómo le hago para que no me falte? Creo que volveré a masturbarme.

     

  • El conserje

    El conserje

    Los que leyeron mi anterior escrito ‘Mi lista de amantes’ recordarán que el conserje del colegio donde solía estudiar me folló varias veces en su cuarto dentro del colegio que era donde vivía. La mención de él en mi lista me lo regresó a la mente y después de mucho pensarlo me decidí a hacerle una visita.

    Fue así como sucedieron las cosas que ahora voy a relatar.

    No sé debido a qué circunstancia ese tipo me atrae, no porque sea atractivo, para nada, es un cincuentón, barrigón y sucio, sólo que tenía una forma de mirarme que me metía la pija con la mirada. Todo sucedió una tarde en que tuve que regresar porque había olvidado mi celular en mi locker. Toque la campana un par de veces y cinco minutos después apareció don Ignacio vestido con un sucio jean y una camiseta de tirantes.

    – Qué se le ofrece señorita Amanda -me preguntó con su mirada fija en mis tetas. Esa tarde llevaba también yo una playera de tirantes y un short rosa bastante ajustado, la verdad es que sólo tenía planeado tomar mi celular y regresar a casa a descansar y quizás masturbarme, andaba en mis días y a mi me sucede que eso me pone más cachonda de lo habitual.

    – Olvidé mi celular en mi locker y vine por él -le dije algo inquieta teniendo sobre mis tetas los ojos clavados de ese pervertido. Ese tipo es capaz de mamarle las tetas a una chica con los puros ojos.

    – Pasele señorita Amanda, yo la acompaño, no vaya usted a perderse – me dijo el cínico mientras caminaba a propósito detrás mío para irme viendo el culo mientras caminaba.

    Podía sentir el peso de su mirada en mis nalgas. Cruzamos el patio y nos dirigimos hacia los lockers que están ubicados en un rincón del patio central. Al llegar a ellos caí en la cuenta que había olvidado la llave del candado en mi casa. Le dije apenada que tendría que regresar a mi casa pero me dijo que no era necesario, que en su cuarto tenía una ganzúa y que con ella podría abrirla.

    – Acompáñeme señorita Amanda – me dijo el tipo sin quitar los ojos de mis tetas.

    Era un rumor entre compañeras que don Ignacio había sido descubierto por algunas chicas masturbándose en algún aula del colegio y que calzaba grande. Se sabía también que ya se había follado a dos o tres chicas y que era una gloria en la cama. Cruzamos el pasillo que conducía a su habitación, no sé porqué caminé con él en lugar de esperarlo y, cuando abrió la puerta, pude ver un catre distendido, su escaso mobiliario y bastante polvo. Supe que la higiene no era lo suyo y aun así entré a su habitación. Al ver el catre me pregunté si allí ya se habría follado a alguna de mis compañeras.

    – Sientese señorita Amanda -me dijo no en un tono gentil sino de manera un poco tosca- no vaya usted a cansarse mientras yo busco esa pinche ganzúa. Dónde la habré dejado -decía mientras se paseaba por el cuarto pasando cerca de mi sin ocultar su mirada pegada a mis senos.

    En ese momento me percaté que este tipo tenía un cierto tipo de magnetismo animal, no era gratis que entre compañeras se hablara sobre don Ignacio y su mirada pervertida. Mientras yacía allí sentada, completamente sola frente a un tipo que casi podría triplicar mi edad y duplicar mi peso, me percaté de que el tipo no es que no encontrara la ganzúa sino que ahora se paseaba cínicamente por toda la habitación sin quitar la mirada de mis tetas, el tipo lo que quería era follarme y a mí me estaba gustando ser el sujeto de ese deseo.

    La carpa en su pantalón ya era fácilmente visible y seguía creciendo descomunalmente, se paseaba junto a mi y cada vez pasaba más cerca su cosota de mi rostro, la cual, estando yo sentada la veía prácticamente frente a mis ojos. Estaba yo como hipnotizada, por alguna razón no podía quitar la vista de ese animal, ¿cómo sería liberada?, ¿hasta dónde sería capaz de crecer?, ¿sería capaz de follarme allí mismo? Para entonces mi concha estaba hecha una charca de sangre y de mis jugos y posándose frente a mí se detuvo, se bajó el cierre, metió su mano por el hueco y finalmente liberó al animal exponiéndolo a escasos diez centímetros de mi cara mientras comenzaba a jalársela con gran morbo.

    Lo que salió de ese pantalón era un manjar, un fierro de 25 centímetros de largo (días después regresé para medirlo, jejeje) y tan grueso casi como mi puño cerrado, era de color bastante oscuro y su glande era perfecto, simulaba a la perfección un casco de bombero y de su tronco sobresalían venas gruesas que lo hacían lucir amenazador. Yo me quedé estupefacta, por mucho tiempo la verga más grande que vi fue la de mi hermano, pero esta cosa que tenía frente a mi era un monstruo, una serpiente marina, no podía quitarle la vista de encima y lo único que me distrajo fue cuando me dijo:

    – Sáquese las tetas señorita Amanda, déjeme verlas -dijo mientras escurría saliva de su boca. No sé porqué le obedecí y no me fue, el magnetismo animal de ese hombre maduro, sucio y vulgar imponía en mi obediencia y docilidad. Me saqué las tetas por sobre la playera de tirantes que llevaba puesta y se las expuse cuando él aceleró el ritmo de su jalada a un ritmo casi epiléptico, como si le estuviera dando un ataque, parecía que quería arrancarse la verga.- ¿Los quieres en la cara putita, o en la boca? -me preguntó.

    La palabra «putita» que salió de sus labios me hizo reaccionar y sin pensarlo dos veces le respondí:

    – En la cara don Ignacio, échemelos en la cara -le contesté sorprendida de mi respuesta, como si esa pregunta hubiera sido expuesta a una persona que vivía en mi, pero que no era yo. No pude más y me llevé la mano al coño sin siquiera desabotonarme el short, el contacto de mis dedos con la humedad de mi sangre y mis jugos combinados me ocasionó un fuerte orgasmo casi al momento. Justo cuando terminaba de venirme de la verga de don Ignacio salió un fuerte disparo de leche que me batió la frente y nariz, el segundo disparo, más potente que el anterior, se dirigió a mi cuello y mejillas, el tercero lo dirigió a mis senos y los siguientes los embarro en mi paladar que por vez primera se metía una verga de ese calibre a la boca.

    Me tomé su leche, le limpié la verga con la lengua y me percaté de lo bien que sabían los mecos de don Ignacio, un sabor dulce y agradable, sólo me molestó la viscosidad de su venida, fue espesa. Al salir mi mano de mi short mi mano salió mojada de sangre y jugos vaginales y al tipo casi se le salen los ojos de pura perversión:

    – Pero mira que la señorita está en sus días -dijo hilvanando una sonrisa burlona. Por primera vez posó sus pesadas manos sobre mis tetas encendidas, mis pezones estaban completamente tiesos, parecían flechas, y don Ignacio llevó su boca con aliento a cigarro a mis senos y se acurruco frente a mi, de cuclillas, amamantándose de mi. La sensación de ver a ese hombre arrodillado ante mi y chupando y lamiendo mis tetas me encantó, me hizo sentir poderosa, era como amamantar a un bebé que multiplicaban mi edad y peso.

    Pasó la playera por sobre mi cuello y me desabotono el brasier dejándome expuesta frente a él. Así estuvimos por varios minutos hasta que, poniéndose de pie, me di cuenta que su verga ya estaba igual de tiesa que hace rato. Dirigió su animalote a mi cara y yo me deglutí su fierro tan hondo como pude. Podía sentir claramente el contorno de sus venas saltadas por entre mis labios y lengua, esta verga era gloriosa recuerdo que pensé en ese momento. De pronto, se puso de pie y me levantó junto a él, la diferencia de cuerpos no podía ser más patética, su barriga era asquerosa pero ese pedazo de verga que sobresalía por sobre su barriga era un manjar de diosas, parecía la verga de un burro.

    Me tomó con sus ásperas manos, me dio la vuelta como si fuera una muñeca, se deshizo de mi short rojo y tanga de encaje y dirigió su glorioso mástil a mi boca quedando yo de cabeza con mi cabello cayendo en dirección al suelo, mi boca intentando deglutir ese pedazo de carne estando de cabeza y de repente sentí que empezó a lamerme la concha como si fuera un helado. ¡Este cerdo me estaba comiendo la concha estando yo en mis días! Con sus manos fuertes me sostenía de la unión entre mis piernas y mi cintura y me balanceada moderadamente, como columpio, para que se la mamara con el puro balanceo. Estando en eso me percaté que don Ignacio se estaba quitando los zapatos con los mismos pies y deshaciéndose de sus pantalones y calzones mientras él seguía de pie sosteniéndome de cabeza con la pija en mi boca y él comiéndome el coño como un animal salvaje, nunca nadie me había lamido así la concha, este hombre era un enfermo sexual. De repente, empezó a caminar cruzando el cuarto, abrió la puerta y siguió caminando conmigo de cabeza y su boca en mi coño.

    – A dónde vamos -le pregunté sacada de onda- don Ignacio, nos pueden ver -le volví a decir.

    – No se preocupe señorita, puse el candado en la reja y nadie tiene llave de ese candado más que yo, ni la directora. O sea que no te preocupes y sigue mamando. ¿En qué salón va? -me preguntó.

    – B202 -le conteste. Sin saber lo que tramaba a mi ya me estaba resultando dolorosa esa posición.

    – No se preocupe señorita, ya estamos por llegar.

    Cruzamos todo el patio y las escaleras en esa posición, dos tipos desnudos comiéndose los sexos de esa manera debía ser una escena de ciencia ficción. Entramos a lo que reconocí era mi aula. Con un movimiento de manos me volteó hacia mi vertical y me colocó en el suelo. La sensación de verme totalmente desnuda frente al conserje en mi aula me puso más cachonda de lo que ya estaba.

    – En dónde se sienta señorita -me preguntó don Ignacio con pequeños restos de mi sangre alrededor de sus labios y barbilla.

    – Allí -le dije señalándole mi lugar en el aula.

    – Pues no se diga nada más -dijo yéndose a sentar con su culo desnudo en mi propio pupitre con su gigantesco falo apuntando al techo.- Vengase señorita, móntese en mi verga de macho y cabálgueme como la putita que es en el mismo pupitre donde aprende sus cositas.

    ¡Por fin descubrí lo que este tipo quería, quería follarme en mi propio salón de clases, en mi propio pupitre! La idea me encantó y me monté en el dejando deslizar todo su falo dentro de mi. La comida de concha que me había hecho me había dejado empapada y lista para ser empalada. Me lo cogia frenéticamente mientras él bufaba como toro.

    – Me lo cojo don Ignacio, me lo cojo, me lo cojo, me lo cojo, me lo cojo -empecé a decirle como posesa mientras su falo entraba y salía de mi y sus labios chupaban mis tetas y su lengua lamia mis pezones.- Soy su zorra don Ignacio, soy su zorra, su puta, su alcahueta, soy su hija (me encontré diciéndole de repente y no supe ni porqué), cójame porque soy su hija, hágame un bebé aquí mismo en la escuela, en mi pupitre, préñeme don Ignacio le empecé a decir mientras tenía orgasmos simultáneos cada uno llegando más fuerte que el anterior.

    Don Ignacio empezó a bufar como animal y, no aguantando más, se puso de pie llevándome cargada al escritorio del profesor, allí me recostó de espaldas y me empezó a poseer como un salvaje hasta que de su ronco pecho empezó a proferir maldiciones y a decirme mecánicamente «Te preño cabrona, te preño puta, aquí te preño para que casa día que vengas a la escuela me recuerdes a mi preñándote donde estudias putita» hasta que sentí que su verga de animal se tensó incluso más dentro de mi y entonces sentí sus palpitaciones y sus lechasos dentro de mi, qué delicia, nunca nadie se había venido dentro de mi de esa manera.

    Quedamos los dos tendidos sobre el escritorio totalmente exhaustos y llenos de sudor.

    – Creo que esta ha sido la cogida de mi vida don Ignacio – le dije después de un rato. Sólo espero no me haya preñado.

    Empezaba a anochecer cuando salimos del aula desnudos de regreso a su cuarto donde habían quedado nuestras ropas tiradas en el suelo. Antes de salir el pervertido me dijo algo que me dejó pensativa:

    – Señorita Amanda, si un día anda cachonda mientras clases, avíseme, me la puedo follar aquí en mi catre y mandarla de regreso a clases con el estómago y la concha llenita de leche. Una semana más tarde mientras don Ignacio limpiaba unos pisos me acerqué a él y le dije:

    – Don Ignacio, deme la llave de su cuarto, lo espero allí en un rato.

    Ese fue el comienzo de una relación de aproximadamente seis meses que mantuve con ese pervertido. El hijo de puta me hizo ver las estrellas. Saludos.

  • El jardín del manoseo

    El jardín del manoseo

    Hola amores ustedes ya me conocen pues les relato unas deliciosas manoseadas.

    Hace poco tenía un jardín detrás de mi casa era muy lindo, pero siempre mis vecinos me visitan cuando bailó reggaetón en mi jardín y me miran y se masturban cuando estoy arreglando mi jardín, sé que me muevo delicioso y mi tanga siempre al descubierto.

    Varios se acercan para ayudar, pero su intención es manosearme y frotar su polla en mis vestidos y mallones transparentes siempre marcando mi tanga las emociones me encantan.

    En fin uno tras otro me folla más y más duro no puedo detenerme al escuchar reggaetón, mi culo se estremece sentir una polla en mi culo y vagina es delicioso siempre me encanta ser acosada con enormes pollas negras y blancas.

    Mis hijas son mayores y siempre que llegan a mi casa me comporto, pero lo más que amo es que soy una mujer casada y golfa hambrienta de pollas.

    Me follan diario litros de leche en mi boca nunca la desperdicio siempre les regaló mis tangas como recuerdos amo ser manoseada.

    Les contaré en otros relatos lo golfa que soy, los amo.

    Mientras más escucho reggaetón de plan b más golfa soy sólo imagínense como me muevo con esa música y una deliciosa tanga los espera, mi culo hambrienta de pollas negras y blancas.

  • Un familiar muy complaciente (1)

    Un familiar muy complaciente (1)

    Lo que voy a relatar sucedió hace tan solo 2 años. Me llamo R… actualmente tengo 20 años y cuando tenía alrededor de 12 años empezaron a gustarme los zapatos con tacón, y si el tacón es muy alto mucho mejor, (sin plataforma, encuentro que son más bonitos y elegantes) y los pechos grandes (muy grandes no, hay un límite).

    Recuerdo cuando viendo la tele, leyendo una revista mis ojos siempre iban directamente a los tacones y a los pechos, cuando iba por la calle disimuladamente miraba a las chicas y a las mujeres los zapatos para ver los tacones si eran altos o muy altos y a los pechos naturalmente, para mis adentros pensaba si podría ponerme unos tacones sería maravilloso y porque no tener unos generosos pechos, pero de momento mi sueño solo era eso, un sueño, viendo las tiendas de zapatos de mujer se me caía la baba, había cada modelo maravilloso con unos tacones altísimos pero, como he dicho anteriormente tener unos tacones puestos era un sueño difícil de realizarse también miraba los escaparates de la lencería viendo cada conjunto de braguitas y sujetadores maravillosos, pensaba si pudiera ponerme estos conjuntos y por supuesto con unos generoso pechos.

    No soy travestí ni mariquita (todos los respetos para este colectivo cada persona hombre o mujer tiene que ser lo que se siente) me encantan las mujeres por cierto tengo una vecina que un día vino a pedirme una cosa y… es una historia un poquito larga de contar lo dejare para otro relato pero el mundo de la mujer siempre ha sido mi gran pasión, que se siente llevando tacones debe de verse las cosas desde otra perspectiva como he dicho al principio sin plataforma encuentro los tacones más sexis y bonitos, ponerse unas braguitas con la tela tan suave y sedosa y por supuesto tener unos pechos grandes y bonitos con un canalillo dulce y sedoso ponerse unos sujetadores sentirse los aros, los tirantes. Este era mi gran secreto nadie absolutamente nadie lo sabía.

    Primer día con Blanca

    Mis padres por cuestión de negocios -trabajan en un importante banco- tenían que estar unos cuantos meses fuera de casa, en el extranjero y para que yo no estuviese solo mi madre me dijo que estaría en casa de una prima suya bien dije, pero para mis adentros pensé que sería una de esas primas que tienen mil años. Al cabo de unos días ya teníamos las maletas hechas, me acompañarían hasta la casa de su prima porque mis padres tenían que coger el avión y el tiempo apremiaba. No fuimos muy lejos de la ciudad, un guardia de seguridad nos impidió el paso levantando ligeramente el brazo, mi padre le dio su nombre, el guardia miro en una lista y le dijo a mi padre que podía seguir adelante con una simpatía poco habitual, era una urbanización de casas muy bonitas y de bastante lujo, las casas eran de dos alturas.

    Llamamos a la puerta y nos abrió una joven mujer que no pasaba de los 25 o 27 años, no más, esta momia no tiene mil años pensé, es una «momia» de lo más hermosa, nos hizo pasar y mientras dejaba las maletas en el suelo, disimuladamente la mire, por si llevaba tacones, llevaba unas zapatillas de estar por casa color de rosa con un poquito de tacón para hacer bonito eran muy bonitas, tenía el pie pequeño yo calcule el 36 o 37 no más. Después de darnos los reglamentarios besos y decirnos como estábamos y decirnos cuatro cosas clásicas, mis padres dijeron que tenían un poquito de prisa porque tenían que coger el avión. Y después de decirme que me comportara bien con Blanca -así es su nombre- y hacer todo lo que me dijera, (lo haría seguro) mis padres se fueron pero antes me llenaron la cara de besos.

    Mientras cerraba la puerta disimuladamente mira como iba vestida, llevaba un chándal color rosa que le hacía conjunto con las zapatillas que antes he descrito, muy ajustado que le marcaba sus generosos pechos bastante grandes, y un trasero de lo más bonito y hermoso y por supuesto se le insinuaba bastante su tesoro, tenía el pelo negro corto cortado a lo Cleopatra que le hacia una cara muy bonita destacando sus hermosos ojos verdosos, debía medir 1,65 0 o 1,68 no más -para mi en una mujer es una altura ideal-. En general era una joven mujer muy guapa y tenía una figura muy hermosa. Vaya la última vez que te vi eras un crio has cambiado mucho, si le dije, en cambio yo no te recuerdo si te vi alguna vez debía ser muy crio, eres una mujer muy hermosa le dije poniéndome algo colorado, gracias me dijo poniendo una dulce sonrisa. Te voy a enseñar la casa me dijo, en la planta baja había un confortable recibidor, un comedor muy amplio, una sala de estar, una cocina bastante grande, y en el piso de arriba en un angosto pasillo había cuatro dormitorios dos a la derecha y dos a la izquierda con sus respectivos baños cada uno y enfrente otra puerta que daba a una buhardilla que no la usaba la casa estaba muy bien amueblada. Blanca debía ser una persona con un poder económico bastante alto, digo esto porque la casa debiera valer un pastón y el chándal que llevaba no lo debió comprar en un «chino» era de buena calidad, bajo mi punto de vista.

    Volvimos al recibidor para coger las maletas, subimos a los dormitorios, este será tu dormitorio me dijo, abriendo la primera puerta a la derecha, el mío es la segunda puerta a la izquierda, es una habitación muy bonita y agradable le dije, instálate y después comeremos algo me dijo, de acuerdo Blanca, cerró la puerta con una dulce sonrisa.

    Al cabo de un rato baje para reunirme con Blanca, estaba preparando una ligera cena, me di cuenta que se había bajado ligeramente la cremallera del chándal insinuando el principio de un dulce canalillo de sus generosos pechos llevaba una camiseta del mismo color y viéndose el principio de los sujetadores también del mismo color, iba en general toda rosa, -supongo que debiera llevar también las braguitas rosas- mientras cenábamos le pregunte si tardaría mucho en venir su marido, no estoy casada cariño me dijo, vaya no saben lo que se pierden insinué, gracias cariño ha sido un piropo muy bonito, e inclinándose ligeramente hacia mi me dio un dulce beso en la mejilla insinuando todavía mas su canalillo y sus grandes pechos, charlamos un rato de cosas banales sin importancia, después subimos a las habitaciones nos dimos un beso de buenas noches y nos fuimos a nuestros respectivos dormitorios.

    Continuara