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  • Nosotras cuatro contigo (1): Al mar (parte 1)

    Nosotras cuatro contigo (1): Al mar (parte 1)

    Nina lo vio en la panadería. Parecía un padre de familia. Llevaba una camisa a cuadros y la barba tupida. Fue muy amable con la cajera, y al salir se encontró con una mujer, de la que se despidió alegremente con un beso en la mejilla. Nina no quería que él la viera y le escondió la cara, fingiendo que no se podía decidir entre galletas y polvorones.

    —Parece un hombre bueno —se dijo Nina, mientras el corazón se le hacía un puño.

    Cuando regresó a su departamento, se puso a dar vueltas a la sala. Quería ver si podía acordarse de su nombre. ¿Pablo? ¿Juan? ¿Alguna vez había sabido el nombre, siquiera? Consideró llamarle a Fer, la única de sus amigas de esa época a la que aún le hablaba, pero… ¿qué iba a decirle? “¿Te acuerdas cómo se llamaba ese chico al que…?” ¿Y con qué palabras iba a terminar la frase?

    ¿Cuál sería su nombre? Ella misma no se llamaba Nina. Nina era un apodo que le había puesto, burlándose, Dinora Herrera, el primer día de secundaria. Ya ni se acordaba por qué. Pero a ella le gustó el apodo: la hacía sentirse pequeñita, veloz y gatuna. Desde la secundaria, Nina usaba suelto su pelo negro y lacio, y arrastraba un poquito el delineador hacia sus sienes, haciendo que los ojos se le vieran largos y oscuros. Cuando se maquillaba, Nina terminaba de sentirse Nina… y por eso se acordaba de Dinora.

    Buscó en su cajita de recuerdos (una vieja caja metálica de galletas de navidad) y encontró una foto de las cuatro: ella, Dinora, Fer y Arteaga. Era la impresión descolorida de una foto de celular viejito, y debajo había mensajes con plumones que decían: “sabes que te amo… de 3 a 4”, “suerte con la vida, putita, mi cielo”, “¡pinche Nina, hasta que te acordaste de mí!”. ¿De quién era cada mensaje?

    Dinora Herrera fue su amiga muchos años, incluso cuando la universidad las separó. Era la líder del grupo. Tenía una cara ovalada, un fleco castaño y una perforación en la nariz; Nina se acordaba de ella con la cara oculta en la capucha de una chamarra rosa, que Dinora usaba mucho. Su voz era clara y sus ojos brillaban cuando hablaba. Dinora tenía una bonita figura; a veces parecía que intentaba esconderla un poco, pero todos la notaban. Eso le daba autoridad, y le permitía ser cruel.

    Estudiaban en un mundo violento, lleno de hombres muy agresivos entre sí, hombres que parecía que de un momento a otro podían arrastrarte con ellos, llevarte, como mujer, a un lugar oscuro…; tener una amiga que tuviera fama de ser cruel, en realidad, era tranquilizador.

    Fer era un poquito masculina, lo que a Nina le gustaba mucho. Usaba corto su cabello castaño y era la más grosera de las cuatro. Era a la que más suspendían de la escuela: la que primero fumó, la que primero bebió. Fue la que le prendió fuego al bote de basura del director. También fue la que por fin acusó al profesor de Educación Física de intentar tocarla. Era una… una buena amiga. Fer se volvió periodista a los 22 y a los 23 salió del closet.

    Arteaga seguía a las otras tres. Copiaba sus insultos; secundaba apodos, los desplantes y las hostilidades de Dinora; apoyaba a Fer en sus las provocaciones, medio vandálicas, primero contra la secundaria… y luego contra la preparatoria. Era la más morena de las tres; también era la única de las tres a la que habrían llamado “gordita”. Eso, en la secundaria pública en la que estuvieron, era un motivo de burla enorme, y pertenecer a ese grupo de amigas era para Arteaga una forma de supervivencia. Dinora no se burlaba de ella, ni intentaba que se sintiera excluida… pero era a la única a la que las amigas llamaban por su apellido.

    Las cuatro se mantuvieron juntas en la preparatoria; el evento del que Nina se acordaba ahora ocurrió justo antes de que ellas entraran a la universidad. Y aún en la universidad, no habían dejado de verse por completo, así que el evento no podía ser tan grave, ¿verdad? No había sido eso lo que las separó… ¿o sí?

    Habían juntado dinero para irse dos semanas a la playa. Ninguna había viajado casi a ninguna parte, y ese momento las hacía sentirse adultas. Todas tenían 18, menos Arteaga que tenía 19, porque había repetido un año antes de conocerlas.

    En una mañana fresca, las amigas tomaron el camión que las llevaría en un viaje de siete horas. El camión tenía una fila de asientos dobles, y una fila de asientos únicos. Fer se sentó de inmediato en el asiento solitario. Nina y Dinora se subieron antes y se sentaron juntas. A Arteaga le tocó sentarse en un lugar en la fila doble, que las amigas sabían que iba a compartir con un desconocido. Le habían dejado el lugar que ninguna quería.

    En algún momento subió un jovencito como de su edad. Era alto. Usaba un chaleco gris, que mostraba unos brazos largos y flacos; tenía una sombra de barba en una cara sumida y pálida; la mandíbula se le marcaba y unos lentes pequeños y pesados le descansaban sobre dos orejas grandes.

    —Viene uno de los que te gustan —le dijo Dinora a Arteaga, subiéndose al respaldo de su asiento para pellizcarle el hombro.

    Dinora tenía razón. Cuando el chico se sentó junto a Arteaga, ella se giró sin ninguna delicadeza, para inspeccionar sus rasgos, y sonrió.

    Desde la secundaria, Arteaga se había sentido atraída por sujetos así, un poco raros, nunca completamente guapos, quizá porque era lo que ella sentía que podía conseguirse. Se encaprichaba con ellos y los veía a lo lejos. Al principio, Dinora se burlaba de ella, y le decía, en voz alta y en público, que estaba demasiado urgida y que se quisiera un poco. Pero cuando estaban en preparatoria, Dinora ideó un plan extraño: empezaron a cazar a los chicos que le gustaban a Arteaga. Era casi un ritual. Sorprendían al chico en turno, lo aislaban contra una pared y hacían un medio círculo alrededor de él.

    Dinora estaba en el centro, se le acercaba con su linda cara y su bonita figura (secreta pero evidente); le tocaba el hombro, le susurraba alguna cosa trivial y respiraba en las mejillas; él se ruborizaba, sintiendo mucha vergüenza por su propia excitación. Cuando la mera cercanía de Dinora lo había erotizado lo suficiente, Fer lo empujaba hacia Arteaga, que intentaba besarlo. A veces, cuando la presa no cedía a su propia excitación, Dinora y Fer se tocaban los pechos y hacían además de enseñárselos… jamás los enseñaban, pero eso era suficiente para enloquecer a quien sea. Era un juego infantil en su forma, pero, jugado por chicas casi adultas, tenía mucho de perverso.

    ¿Cuál era el papel de Nina en este juego? El de un obstáculo. Nina ayudaba a cerrar el círculo alrededor de la víctima. Su papel era parecer cómplice, sonreirle al chico, tratar de relajarlo y animar, primero a Dinora a seducirlo, y luego a Arteaga a aprovecharse de él.

    —¡Ya lo pusiste todo rojo! —era el diálogo que más veces decía.

    A Nina nunca le gustó el ritual. Después de que habían repetido aquello un par de veces, Arteaga se aburría del chico y Dinora se aburría de su propia crueldad. Entonces Nina lo buscaba: siempre quería hablar con él y disculparse por lo que había pasado. Nina nunca se sintió como una buena persona… pero sabía que sus amigas hacían aflorar esa malicia que el mundo había puesto en ella.

    El juego, pues, era un poco perverso. “Pero con ese chico, el que se sentó junto a Arteaga en el viaje, hicimos algo distinto… algo peor”, se decía Nina mientras ojeaba sus recuerdos. O al menos quería decirse a sí misma que había sido algo distinto.

    El chico aquel (o al menos su versión madura, que Nina acababa de encontrarse en la panadería) tenía un vago parecido con Elijah Wood, así que la Nina madura decidió llamarlo “Elías”. Tomó el ticket de la panadería y escribió ese nombre con una pluma medio seca: “Elías”. Le pareció un nombre justo. Entonces se puso a recordar el viaje en autobús.

    Cuando recién empezó a tratar con Arteaga, Elías parecía ser un muchacho normal. Se presentó muy amigablemente. Iba con su hermano y un amigo de su hermano, de vacaciones. Ellos estaban al frente; él no quería ser inoportuno, así que les iba a dar su espacio. Solo quería acompañarlos para ver el mar antes de entrar a la universidad… antes de afrontar el resto de su vida. Nina, que escuchaba la conversación, sonrió. Ella también se sentía así.

    —¿Tú por qué viajas? —le preguntó Elías a Arteaga.

    —Nosotras —contestó Dinora, que se subió al respaldo de Arteaga para hablar —vamos a sacar las ganas de desmadre por un par de años. Romper alguna cosa… usar nuestras credenciales… entrarle a lo que se ofrezca… coger a lo pendejo.

    A Elías le pareció gracioso y contestó con un tono pensativo:

    —Cada quien a lo que va, pero creo que buscamos algo parecido. Sacar las ganas por un par de años.

    ¡Ay, Elías! Nina sabía que a Dinora no se le podía dar esa clase de cercanía: ella la convertía en un arma.

    —Esta Arteaga que nos acompaña… —dijo Dinora apuntándola —Está sin estrenar. Casi, casi que viene con el empaque intacto. Le andamos buscando un fajecillo.

    Arteaga no se ruborizó. Se rió. Su virginidad no le parecía una vergüenza, pero sí una carga. Le hacía recordar lo fea que se sentía. Sinceramente pensaba que Dinora quería ayudarla. Elías se rió; claramente estaba un poco incómodo, pero lo consideró una pequeña impertinencia de amigas.

    —A ver si encontramos a alguien —dijo Dinora, susurrándole al oído a Elías.

    El chico sonrió, tenso, y Dinora regresó a sentarse. Nina vio cómo, unos segundos más tarde, Elías se revolvió en su asiento, quizá tratando de disimular una incipiente erección. Durante el viaje, Arteaga empezó a jugar con su cabello, le llevó el brazo por detrás del cuello y finalmente se durmió en su hombro. Se la estaba pasando bien; Elías no parecía interesado en ella, pero tampoco le molestaba su coqueteo o era muy paciente.

    Nada más pasó con él en el viaje. Las amigas se separaron de él y buscaron el pequeño hotelito que las hospedaría, a media hora de la playa. Caminaron por los malecones de noche, buscando que los hombres les invitaran de comer y de beber. En algún momento, Fer desapareció. No contestaba el teléfono y las amigas se preocuparon. Reapareció dos días después: llegó de la nada al cuarto, un poco drogada pero muy feliz.

    —Estuve con la persona más maravillosa que he conocido —les dijo a las amigas cayéndose en la cama con la lengua medio dormida. La palabra “persona” las hizo sonreír, con comprensión y con ternura. Sí, incluso Dinora podía ser tierna.

    Al día siguiente, Fer las invitó a comer a una pequeña fonda junto a una playa. «Aquí me trajo», les contó, recordando a su fugaz amada. Los ojos de Fer veían, como caídos, las mesas y los tragos: lo veía todo con la luz complaciente de quien ha sido feliz en ese mismo lugar.

    Mientras comían, Arteaga reconoció una espalda, en una mesa que miraba directamente al mar. Elías veía romper las olas, mientras le daba vueltas infinitas a la pajita de su piña colada. Dinora y Arteaga intercambiaron unas palabras que Nina no pudo escuchar. Dinora se acercó hacia él:

    —También lo puedes ver de cerca. ¿Ni siquiera te vas a mojar los pies?

    —Me he estado mojando los pies estos días —le contestó, sonriendo mucho, a Dinora. —Pero, si ustedes van, las acompaño un rato.

    “Ay, Elías”, pensó Nina, otra vez. Sólo entonces se fijó en cómo iban vestidas. Dinora usaba una camisa a cuadros, rosa; estaba desabotonada y amarrada por sobre el ombligo, de tal manera que lo bombacho de la tela no dejara ver la forma de sus pechos. Cuando se giraba, se reconocía, debajo de la camisa, un traje de baño de dos piezas, negro. En sus piernas, tenía una faldita azul claro.

    Arteaga también usaba una falda y una camisa a cuadros, pero había invertido los colores: la falda rosa, la camisa azul. Arteaga no llevaba la camisa amarrada, sino abotonada de la parte de abajo y bastante desabotonada de la parte de arriba. Quería esconder su vientre, mientras mostraba su pecho, moreno y abundante.

    Fer usaba un largo vestido blanco, casi un camisón, debajo del cual se distinguían los destellos del traje de baño morado. Ella misma, Nina, llevaba unas bermudas cafés y una blusa color vino. Nina tenía que fijarse en todas estas cosas cuando empezaban una cacería.

    Cuando los cinco caminaban por la arena, Nina notó que Elías hablaba en voz alta, para que lo oyeran todas, y se volteaba a ver a cada una para compartir sus impresiones del lugar, o preguntar alguna cosa. Pero busca más que nada la cercanía de Dinora. Algo no estaba funcionando bien. Elías estaba demasiado calmado. Incluso cuando Dinora intentaba acercársele para tomarlo de la mano, el chico parecía escurrírsele de entre los dedos sin siquiera notar lo que ella quería.

    —Adelántate con él —le dijo Dinora a Arteaga, con un gesto de pequeño desdén. Luego se giró a Nina y le preguntó: —¿Por qué no nos sale bien?

    —Es la playa —concluyó Nina después de pensarlo —Necesitamos una pared si queremos “sitiarlo”… y estamos caminando por un lugar sin paredes.

    —Lo podemos llevar al malecón —sugirió Fer.

    —No, hay mucha gente —dijo Nina, que siempre era la más sensata.

    Elías y Arteaga dieron la vuelta y regresaron a ver a las amigas.

    —Ya las estábamos dejando atrás, perdón —dijo Elías; Arteaga hizo un gesto de molestia.

    —¿No te estamos alejando mucho del lugar en el que te quedas? ¿Dónde te estás quedando, por cierto? —le dijo Nina, en un golpe de imaginación. El diálogo era arriesgado, porque nadie piensa un paseo en la palabra como “alejarse”, pero al menos les saba una salida.

    —De hecho, estamos yendo justo en esa dirección. Me quedo en el hotel azul con blanco que se ve por allá.

    —¡Ah, qué suerte tienes! —siguió Nina. —A nosotras sólo nos alcanzó para un hostal bastante lejos. Casi casi hay que tomar un camión para llegar.

    Elías rio. Lo que pasó después la Nina madura ya no lo recordaba bien. Estaba claro que el hermano de Elías y su amigo habían conocido a dos mujeres en la playa y que probablemente no regresarían a dormir. Estaba claro que Elías tenía una forma de hacerlas pasar al hotel en donde se estaba quedando (formas que su hermano ya había probado). Nina tenía un vago recuerdo de pedir usar el baño y escabullirse entre carretillas de ropa de cama. Lo que no quedaba claro era para qué estaban yendo. ¿Para ver el hotel? ¿Para aprovechar un cuarto desocupado y dormir más cerca de la playa? ¿Cuánta idea tenía Elías de lo que podía pasar?

    Al llegar, Nina encontró un cuarto casi sin vida. Mochilas tiradas en el suelo, pero cerradas. Mesas de noche vacías. Camas destendidas pero tan blancas y tan rígidamente almidonadas, que parecían tener su propio orden. El cuarto tenía un balcón desde el que se podía ver la playa, con dos reposaderas, una mesita de cristal y un cenicero. ¿Cuánto costaría una noche en ese cuarto?

    Alguien puso música. La música sonaba horriblemente en esos primeros celulares, pero así estaban acostumbradas a escucharla.

    —¡Baila conmigo! —le exigió Dinora a Elías, mientras le echaba los brazos al cuello.

    Dinora hacía como que bailaban un vals de quinceaños, mientras se le acercaba, nariz con naríz. Elías la tomaba de la cintura, entrando en el personaje de chambelán, mientras sonreía un poco tontamente, ruborizado. Entonces Nina se dio cuenta de que lo estaba llevando hacia una pared. Las amigas se fueron acercando, Arteaga por atrás de Dinora, Fer por la derecha, Nina por la izquierda. El círculo era bastante ancho, para no llamar la atención de Elías. No querían cerrarle el paso. De momento, sólo querían que se sintiera observado.

    —¡Qué pasó, qué pasó! ¡Esa mano! —gritó Fer.

    Elías reaccionó sobresaltado. Alguien del cuarto de a lado podía escuchar a Fer. En realidad, ninguna mano estaba tocando nada en particular. Las manos de Elías, puestas en la cintura, estaban siento tan respetuosas como pedía el baile, pero él igual las despegó del cuerpo de ella.

    En ese momento, Elías recibió una llamada de su hermano. Después de esperar que los hermanos intercambiaran algunas frases, Dinora se quejó el voz alta:

    —¡Elías, cuelga o me visto!

    Su voz quejumbrosa y acariciadora excitó hasta a Nina. Después de un momento en el que Elías palideció y se hizo el mayor de los silencios, las amigas rieron.

    —Son unas amigas que conocí en la playa… —respondió Elías al teléfono. —Sí, amigas… Estamos acá, en la playa… Va… Mañana te veo… Sí, tú también.

    Y colgó. Las cuatro amigas se rieron. Nina recordaba todavía cómo se sintió esa risa en su cara: no podía parar de reir. ¿Por qué el chico no admitía que estaba en el cuarto con esas “amigas”?

    —Lo bueno es que no estamos “acá en la playa”, ¿verdad? —le dijo Dinora, con la misma voz excitante que había usado en su diálogo anterior.

    Las amigas gritaron un largo “uy”, festejando el atrevimiento de Dinora. Nina no podía creer lo excitante que le estaba pareciendo la situación: tenía las rodillas tensas, la necesidad de morderse el labio, la respiración agitada y empezaba a notar un calor y un flujo distinto en su entrepierna. Habían usado tantas veces ese mismo chiste, habían usado tantas veces esa misma rutina… pero ahora estaban en un cuarto de hotel. Todo se sentía distinto.

    Entonces, Elías intentó acercarle los labios para besarla. Dinora lo dejó intentar por unos segundos, hasta que tomó su mejilla con cuidado, le giró la cara y fue ella quien empezó a acercarse. Pero no se acercó a sus labios, sino a su oreja. Todas estaban esperando para ver qué era lo que le susurraría.

    —Tranquilo —fue lo que le dijo, finalmente.

    Entonces Fer lo empujó. Artega se adelantó un paso, se puso entre Nina y Dinora, atrapó a Elías de las dos solapas de su camisa y le dio un beso largo. Para hacer eso, Arteaga tuvo que quitar a Nina del paso, y por un momento Nina sintió las nalgas de Arteaga en el dorso de sus manos. No le importó. Era lo que la situación pedía. Sencillamente retrocedió para tener mejor vista del beso.

    Un gran “¡uh!” se escuchó en toda la habitación, y posiblemente en todo el pasillo, seguido del cántico “¡len-gua, len-gua, len-gua!”. Elías entonces se empezó a reír. No había rechazado el beso de Arteaga (incluso lo correspondió), pero cuando terminó, le acarició la mejilla y la besó en la frente.

    —Ustedes sí que viven con la fiesta en el corazón —les dijo, sin malicia.

    Arteaga torció la boca. La condescendencia de Elías la molestaba tanto que una pequeña lágrima se había dibujado en el rabillo de su ojo izquierdo.

    —¡Ves cómo la pusiste! —le dijo Fer. —Pinche mamón. ¿Para qué la besas si la vas a tratar así, eh?

    Nina no sabía si la ira de Fer era real o fingida; no sabía si era parte del ritual. Entonces Fer hizo algo que nadie se esperaba: caminó hasta Arteaga y la besó en los labios, brevemente, pero con cariño.

    —¡Eh! Aquí estamos —le dijo, viéndola a los ojos. Arteaga estaba estupefacta.

    Luego Fer regresó a su lugar en el círculo. Se había hecho un silencio absoluto. Nina no sabía si seguía excitada. Nadie se movió por unos segundos, hasta que Fer dijo:

    —Vamos con la de siempre, cuando se atoran las cosas.

    Y se quitó el camisón. Fer se veía hermosa así, pensó Nina. Dos pechos compactos y muy redondos en un traje de baño morado. Una pequeña pancita, apenas una sombra, imperceptible con ropa, y que no hacía más que resaltar su ombligo. Brazos fuertes y muslos grandes, terminados en un par de nalguitas suaves. Era una mujer muy hermosa.

    Dinora se desamarró la camisa. Por unos segundos, en los que la ropa retomaba forma, Elías pudo ver el firme borde de los pechos de Dinora. Todas notaron como los ojos de Elías iban en esa dirección

    —¡Que se la quite! —empezó a animar Fer, y las otras la siguieron.

    Y Dinora volteó el cuello hacia los lados, entornando los ojos con una sonrisa, como si quisiera decir “bueno, bueno, al público lo que pida”. Nina pensó entonces que nunca había visto los pechos de Dinora en toda su gloría. Eran hermosos, enormes y brillantes. Caían como gotas, invitadoramente, pero con tanta firmeza que parecían los pechos de una escultura. La cintura de Dinora estaba hermosamente delineada y su abdomen fuerte hacía un lindo contraste con la pancita de Fer.

    Nina no hizo nada en ese momento. Era cosa de Fer y Dinora. Arteaga desabotonó otro ojal de su camisa, pero se quitó también la falda. Nina pensó que sus piernas y su trasero no eran muy diferentes a los de Fer. ¿Por qué Arteaga tenía que ser tan insegura? ¿Por qué todos tenían que pensar que era fea, si al final hay tan poquita diferencia?

    La atención cariñosa que Nina le ponía a sus amigas, aunada a su excitación, le evitaron por un momento darse cuenta de lo que estaba pasando: sus amigas se estaban desvistiendo. Jamás en ninguna cacería se habían desvestido de verdad para un hombre. Sólo habían dicho que lo iban a hacer, o habían hecho algún gesto. Dinora no fue más allá de enseñar un poco las clavículas y la parte superior del esternón. ¿Qué pasaba?

    Dinora puso a Arteaga enfrente suyo, tomó la mano de Elías y la llevó al pecho de Arteaga. Puso su propia mano, sobre la de él y empezó a hacerlo masajear su pecho sobre la ropa. Luego llevó la mano de Arteaga hacia el miembro de Elías: ella no necesitó ninguna insistencia y empezó a tocarlo sobre la ropa. Arteaga se reía de incredulidad.

    —¡Mucha ropa!, ¡mucha ropa! —empezaron a corear Fer y Dinora.

    Nina empezó a decir “mucha”, pero la palabra “ropa” se le ahogó en la garganta. Dinora se le acercó de lado a Elías y le dijo con un tono susurrante, pero con un volumen que todas podían oír:

    —Puedes verlo mal y pensar que “somos nosotras cuatro contra ti”… O puedes verlo bien, verlo como lo vería cualquier hombre. Somos nosotras cuatro, para ti.

    —Nosotras cuatro “contigo”, y nos quitamos de cosas —dijo Fer, como si los diálogos de Dinora, más que seductores, le parecieran tontos.

    —Contigo, sí —afirmó Dinora, como si Fer le estuviera dando la razón a algo que ella misma ya había dicho antes. —Nosotras cuatro contigo.

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  • Mi novia no es solo mía (3/3)

    Mi novia no es solo mía (3/3)

    Conversación entre los amigos.

    -“Esa cara no es la de hace un rato, algo te sucede”.

    -“Como para estar alegre con lo que me acaba de pasar”.

    -“Contá, que para eso están los amigos”.

    -“Iba hacia la barra cuando veo en la pista bailando a tu cuñado con Elena, nada nuevo pues ya había ocurrido antes, pero me llamó la atención que estando los cuerpos cerca, aunque sin tocarse, hablaban mirándose a los ojos, luego él adelantó la pierna derecha y ella la montó refregándose contra ese muslo”.

    -“No estarás exagerando?”

    -“No, lo vi bien, aunque duró poco. Además, como buen tramposo que soy, identifico perfectamente una mirada que refleja el estado febril de la entrepierna, y eso decían ambos con los ojos”.

    -“Me parece que estás paranoico”.

    -“Ojalá fuera así, ya los estoy sintiendo crecer en la frente, seguro que se la coge del derecho y del revés”.

    -“Me parece que tu patología es grave”.

    -“Vos decís eso porque no te toca. Cuando terminó la pieza fueron a sentarse y ahí las dos mujeres partieron al baño dejándolo solo; entonces aproveché para acercarme y hablar con él, sin vueltas le pregunté si me estaba poniendo los cuernos”.

    -“Definitivamente estás loco”.

    -“No estoy loco, estoy corneado. Y el hijo de puta, con cara de póker, me contestó «Yo a nadie le pongo cuernos», mintiéndome asquerosamente. Cuando le dije que me pareció ver su pierna entrando entre las piernas de ella, lo más tranquilo argumentó «Puede que haya sucedido, pero fruto de la casualidad y no como algo intencional»”.

    -“O sea que te cagó”.

    -“Pero hay más, porque en mal momento se me ocurrió presionarlo «Tené cuidado con lo que hacés», y ahí se despachó con todo «Que puedas pensar eso de mí vaya y pase, pero que insinúes que tu esposa, toda una dama, se pueda portar como una puta entregándose a un adolescente cualquiera como yo, es repugnante. De todos modos cuando bailemos de muevo se lo voy a contar»”

    -“Y te cagó por partida doble”.

    -“Entonces no tuve más remedio que aflojar. Le pedí disculpas, diciendo que había tenido un ataque de celos a pesar de confiar plenamente en ella; al final terminamos como amigos chocando los puños”.

    -“No habrá sido un diálogo agradable, pero por lo menos terminó en paz, ahora a otro tema”.

    -“Nada de eso, seguí más pelotudo todavía, porque ese sentimiento me comía por dentro; al ver que las mujeres regresaban la llevé aparte a Elena y le dije que me parecía haberla visto bailar muy pegada, y la muy taimada también me cagó”.

    -“Puede que en algún momento haya sucedido ¿te molestó?”

    -“No, pero…”.

    -“Estás en la postura del marido celoso, en la actitud de quien nunca mira el culo de otra mujer, en la posición del esposo que, cuando sale de la casa, tiene la conducta de un monje anacoreta”

    -“No, no es eso, simplemente me llamó la atención”.

    -“Bien, por única vez te voy a hacer esta advertencia, la próxima oportunidad que me salgás con una cosa así me voy a dedicar a ponerte los cuernos con cuanto conocido se me ponga a tiro, empezando por Pedro y terminando con el barrendero de la cuadra, por supuesto que a la vista de todos”.

    -“Pero somos un matrimonio bien avenido”.

    -“Es verdad, y en eso debo ser justa reconociendo que me tratás como a una reina, sos amable, cariñoso, educado, generoso y de buen rendimiento en la cama. De todos modos, ocho años llevamos de relación, uno de novios y siete de casados, y en ese lapso todos los meses has tenido actividades fuera del hogar, tres o cuatro días seguidos, congresos, rondas de negocios, presentación de algún producto, etc., sin que yo haya puesto peros”.

    -“Te juro que no quise molestarte amor”.

    -“Eso es lo bueno y por ello te invito a olvidar este momento incómodo y regresar a la hermosa convivencia anterior”.

    -“Por supuesto querida”.

    -“Perdón, me olvidaba. En dos meses se inaugura una torre a dos cuadras de casa, en ese edificio quiero un departamento modesto a mi nombre. Si las vueltas de la vida nos llevaran a una separación, no quisiera quedar en la calle”.

    -“Eso no va a suceder mi cielo, pero igual a corto plazo lo vas a tener”.

    -“Me alegro mucho tesoro, seguí tu recorrida con Pedro, yo nuevamente voy a bailar”.

    Y con esa despedida fue nuevamente a pegarse a su compañero de danza.

    Fin conversación entre los amigos.

    Por supuesto lo primero que hice fue comentar con Elena lo conversado con el marido de cuernos recién adquiridos.

    -“Cuando fuiste al baño se me acercó Tomás preguntándome si le estaba poniendo los cuernos. Naturalmente le contesté que no”.

    -“O sea que le mentiste, a menos que haberme llevado al borde del orgasmo frotando tu miembro en mi entrepierna sea algo inocente”.

    -“No mentí, con vos disfruto lo indecible y quiero seguir haciéndolo, pero con tu marido solo tengo una cierta amistad, ningún deber de fidelidad me liga a él, así que estoy lo más tranquilo. Tanto es así que, si no fuera que tengo que cuidar tu buen nombre, aquí en la pista, te levantaría el vestido y bailaría teniéndote clavada mientras me como tu boca”.

    Nueva charla entre los amigos

    Mientras Tomás lo llevó a Pedro a fijar la vista en lo que sucedía entre los bailarines.

    -“¡Mirá, mirá como le mete el muslo entre las piernas y la hace refregarse montada, fíjate, la está enloqueciendo y por eso cierra los ojos mientras él la maneja desde la cintura haciéndola subir y bajar, ahí la está haciendo que se corra, mirá cómo tiembla, a ese porquería lo mato”.

    -“¡Pará, estás loco! Tu enfoque es totalmente parcial, tu mirada es de un solo lado y eso te va a ocasionar un problema serio”.

    -“Vos lo defendés porque es tu cuñado”.

    -“No lo estoy defendiendo, trato de hacerte ver que ahí hay dos personas, no está Ramiro solo, y además tu trayectoria no te favorece”.

    -“Explicate mejor”.

    -“Vamos a recordar algunas cosas, ambos tenemos años llevándonos jovencitas a la cama y varias veces por mes, pero eso no es todo, vos llevás más de dos meses reventándole el culo varias veces por semana a la novia de Ramiro. Tu mujer no sabe los nombres, pero sí la cantidad de mujeres que han probado tu miembro, ¿y le vas a hacer kilombo por franelear un poco? Vaya un pollo por tantas gallinas”.

    -“Es distinto, porque él la emputeció, ella no se comportaba así hasta que llegó ese hijo de puta”.

    -“Mirá hermano, te estás haciendo tanta mala sangre que vas a tener un infarto, busquemos algo que nos guste y organicemos una ronda de negocios este fin de semana de tres días”.

    Fin nueva charla entre los amigos

    Algo después de cortar el noviazgo, los dos matrimonios y yo almorzábamos en casa de Elena cuando ésta preguntó:

    -“Hace tiempo que no la vemos a Rocío y ya no la traés a comer como hacías antes, ¿todo bien entre ustedes?”

    Ahí con la respuesta di comienzo a la venganza prevista; sabiendo que Tomás era, con frecuencia, objeto de bromas por ser algo hipocondríaco, empecé sobre él la ofensiva.

    -“No, terminamos la relación hace un tiempo, ella es una chica preciosa, con una multitud de pretendientes de todas las condiciones imaginables, y uno de ellos tuvo suerte; no la critico aunque me haya dolido, me cambió por un tipo un poco más grande que yo, muy pintón, con buena labia y forrado en plata; naturalmente como nada es perfecto en esta vida, este muchacho tiene su lado negativo y es su pasión desenfrenada por las mujeres con el único afán de gozarlas al máximo; eso hace que no se cuide, el preservativo es para él como el diablo, y entonces más de una vez le pegan alguna venérea”.

    -“Entonces es un peligro”.

    -“Sin duda, y lo peor es que no avisa; según su visión el Doctor Fleming trabajó para que él pueda gozar a pleno, por eso le dicen «Penicilina», ojalá no haya agarrado algo más serio donde los antibióticos no tienen efecto”.

    -“Pero qué irresponsable”.

    -“Tal cual, porque las repercusiones pueden ser tremendas, y no solo para los dos involucrados, imaginate si ella, sin ninguna intención, contagia a otro que, a su vez, transmite a esposa o pareja, la cadena sería catastrófica. Yo no sabría qué hacer si me infectaran gratuitamente, por una calentura no contenida de mi novia”.

    -“En cambio yo sí sabría qué hacer, emprendería todo aquello que significara el exterminio del responsable. De todos modos, ¿no estarás exagerando por ser simplemente un tipo celoso?”.

    -“Ojalá así fuera porque tiene una solución rápida y fácil, me pongo en tratamiento psicológico con vos y vuelvo a la normalidad, pero las fotos que tengo de ella y Juana, ambas con dos galanes mayores no dejan lugar a dudas, y todas coincidiendo con algún feriado que se iban a casa de sus padres”.

    Escuchar sobre la existencia de fotografías con dos hombres mayores produjo en los infieles una inquietud notable que se manifestó en una cierta lividez facial mientras se movían en la silla como si una legión de hormigas les caminara ingresando al culo. Por supuesto para que Tomás el efecto fue mayor, pues mientras su mujer contaba qué haría en caso de ser la perjudicada, sus manos, disimuladamente, empezaron a palpar las zonas ganglionares de cuello, axilas e ingles; ahí casi, casi, suelto una carcajada, pero tomé conciencia que si hacía las cosas bien lo iba a hacer parir como si fuera una primeriza de caderas estrechas.

    El fin de semana que los tramposos salieron con las dos nuevas presas, Elena nos invitó a Lara y a mí a disfrutar esos tres días en la quinta de fin de semana, aprovechando la pileta ya que el clima se prestaba.

    La dueña de casa quedó en buscarnos en su auto a media mañana del sábado; cuando mi hermana se dio cuenta de que se acercaba el momento, y recién terminaba de acomodar lo que pensaba llevar, me alertó.

    -“Entro a bañarme, si llega Elena decile que en un ratito estaré lista, atendela bien”.

    Escuchaba cerrarse la puerta del baño cuando sonó el timbre, era la preciosa psicóloga; después de los besos de saludo la invité a tomar algo, aceptándome un café; apenas terminé de hacerlo, ella a mi lado, tomó su jarrito y se apoyó en la mesada.

    -“Aprovechemos antes que salga Lara para tener la charla pendiente desde que bailamos”.

    -“Es verdad, aunque hubiera preferido que, en lugar de conversación, reanudáramos el contacto”.

    -“Por favor, hablemos seriamente porque el tema es importante”.

    -“Tenés razón, aunque mi preferencia sea otra”.

    -“Vos sabés cuanto disfruté el baile, no estoy arrepentida, pero sí preocupada, no debí haberme dejado llevar”.

    -“Yo tampoco estoy arrepentido, pero sí encantado por el hecho de que me hayas permitido esa deliciosa cercanía”.

    -“De acuerdo, pero evidentemente no es lo adecuado, y por ello no debiera repetirse ¿te parece bien?”

    -“Tu razonamiento me parece correcto y los motivos son entendibles, pero todo eso me parece una mierda porque va en contra de mis sueños”.

    -“Por favor, no te sientas mal, vení dame un abrazo”.

    -“Lo haré con gusto, como premio consuelo”.

    Y pasé mis brazos rodeando su espalda mientras ella se tomaba de mi cuello; por supuesto que el contacto corporal era inevitable y, como el instinto se complace en ignorar los tratados de lógica y las buenas costumbres, mi miembro, súbitamente endurecido, presionó la entrepierna femenina mientras mis labios besaban suavemente bajo la oreja.

    -“Creo que elegí una manera peligrosa para consolarte”.

    -“Y yo agradecido por tu elección que me trae los buenos recuerdos de cuando bailamos”.

    -“Por favor Ramiro, no tendríamos que estar así”.

    -“Es verdad cielo, te siento sobre la mesada para que estés más cómoda”.

    -“No querido, así estoy peor, con las rodillas separadas y vos entre ellas apretándome”.

    -“Es para que me consueles mejor, por eso te agarro de las nalgas”.

    -“Chiquito estoy sintiendo tu miembro frotarse en un vaivén que me desespera”.

    -“Ya lo soluciono”.

    Y bajé mi bermuda, arrugué hacia arriba la pollera, hice a un costado la biquini y puse el glande en la entrada.

    -“Ahora mi amor, quiero mirarte mientras entro, cuando esté promediando el ingreso voy a comerte la boca mientras sigo hasta el fondo”.

    -“Nene, me la metiste antes que pudiera suspirar”.

    -“Sí querida mía, si perdía unos segundos mi deseo iba a permanecer en el terreno de los sueños ¿estás molesta por mi atrevimiento?”

    -“No amor, estoy feliz por esta sorpresiva irrupción, porque íntimamente la deseaba”.

    -“Vení preciosa, vamos a la mesa, ahí vas a sentir adentro hasta el último milímetro”.

    Y la hice acostar boca arriba con un poquito de las nalgas saliendo del borde, teniendo las plantas de los pies en mis hombros.

    -“Sos un degenerado pero me encanta, el peligro es que nos sorprenda tu hermana”.

    -“Mejor, así te envidia, seguro que Pedro no le hace esto, ahora voy a entrar pausadamente hasta el final y lo haré mirándote a los ojos, quiero ver en tu cara las sensaciones que produce mi pija en ese avance, después de sentirte bien me voy a poner un preservativo, no conviene correr riesgos de embarazo”.

    -“Olvidate de la goma, cógeme mucho, fuerte y acabame adentro y, si es posible, haceme un hijo”.

    -“¿Estás segura amor?”

    -“Muy segura, después hablamos, ahora dame fuerte”.

    -“Ahí va tesoro, ahora vas a sentir mi empuje”

    -“Sí chiquito amoroso, fuerte, que suenen mis nalgas, apretame las tetas, ¡por favor dame tu boca!”

    Las corridas, prácticamente simultáneas, fueron con mi pija cabeceando y escupiendo semen mientras ella me exprimía contrayendo los músculos vaginales; y apenas tuvimos tiempo de adecentarnos algo antes de que apareciera Lara. Al mediodía ya estábamos en nuestro destino de descanso disfrutando sol, pileta y vagancia.

    Por razones de espacio me veo obligado a poner una conclusión.

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  • Los hermanos Pérez (2)

    Los hermanos Pérez (2)

    Ambos hermanos estábamos hechos del mismo costal; o, al menos, eso creía yo. Cierto es que mi querido hermanito Fernando y su hija Marta hacen las cosas bien, pero una vez vi algo que me hizo pensar qué mantenían una relación mucho más allá de padre e hija. Y, sí, es lo que se te está pasando por la cabeza: incesto. Y, no lo siento, pero ole por él por tirarse a una jovencita tan fabulosa. Y qué si son familia, si son felices, dónde está el problema. Yo también lo hago. Sí, acabas de leer bien. Pero, en mi caso, con un muchacho de lo más adorable; me encanta achucharlo. Soy un tío que siempre le ha importado más eso, la felicidad de las personas, por eso no entiendo el por qué hay que castigar a dos almas que se aman, aunque estás sean familia.

    Mi chico ya tiene veintidós años y fue cuando cumplió los veinte que pasó. Mi mujer nos abandonó cuando Dani solo tenía cinco añitos y, obviamente, como buen padre, me quedé con el niño. Mi hijo. Pero nunca pensé que terminaría viéndolo de otra manera. Cada vez que intentaba encauzar mi vida amorosa, en los últimos años, nada funcionaba. Hasta que pasó lo que pasó y me di cuenta de que, lo que sentía por mi chico, iba más allá de lo fraterno. Fue como si el mundo me dijese: “¡He, enhorabuena!, has encontrado a tu amor, el cual tuviste que crear con una estúpida.” Así que, una vez descubierto todo, y sabiendo que era algo recíproco, compré unos anillos (que llevamos colgados del cuello) y nos casamos.

    No hubo boda realmente dado que solo lo llevé a ver una puesta de sol en la costa, le hice la proposición, aceptó, y volvió a aceptar un minuto después cuando hice de sacerdote con el.

    Aún recuerdo cuándo pasó. Dani ya no aguantaba más y, una tarde de verano, a sus veinte primaveras como ya he comentado, me abordó tímidamente con el rostro rojo y tartamudeando. Me pareció tan cuqui… Pero cuando me sorprendió con un beso en la mejilla, mi corazón hizo un clic, fui tras él a su habitación y lo besé. Su primer beso. Y no lo único. Desde entonces, cada día le bajaba los pantalones y jugaba con su ano para dilatarlo, y así no hacerle daño en su primera vez. Pero, en el sexo, soy un hombre impaciente y posesivo y, al cuarto día, lo desvirgué. Desde entonces no paramos. Y, si creéis que Dani no saca a relucir su lado salvaje, ¡je!, que equivocados estáis.

    Cuando me preguntan los compañeros del curro cómo me va la vida, les digo la verdad a medias. Saben que estoy casado pero, obvio, no saben que mi esposo es mi hijo. Dieron las seis de la mañana y termino el turno. Está semana me toca de noche, algo que desespera un poco a mi marido porque no puede tenerme a su lado durmiendo. Está tan acostumbrado a dormir sobre mi pecho… Dejé la carretilla en su sitio, ayudé a algún rezagado y, en un cuarto de hora, me puse en camino. Aún faltaba para el amanecer pero el cielo ya empezaba a tener un ligero tono plomizo.

    Me parecía increíble que, a esas horas, ya hubiesen tantos coches en la autopista, tanto los que van de vuelta, como yo, como los que van a trabajar. Nadie me quitaba una media hora de camino hasta llegar a casa pero, cuando lo hice, me sorprendió lo que vi nada más llegar. Normalmente, cuando llegaba, Dani seguía acostado y se desperezaba con mis besos. Pero ahora estaba en plena cocina, desnudo, con un bol junto al fuego y seductoramente manchado de harina.

    -Bonita estampa -saludé palmeándole el trasero, el cual esparció varias partículas de harina por todas partes.

    -Hola, Héctor -cuando estábamos a solas me llamaba por mi nombre.

    Lo abracé por la cintura y lo besé en los labios.

    Dani había salido a los hombres de la familia de su madre; los de la mía éramos altos y, con poco ejercicio que hiciésemos, manteníamos un cuerpo escultural. De hecho, mucha gente nos preguntaba cómo lo hacemos y se sorprenden cuando decimos un poco de esto y un poco de aquello. Cosa de genética supongo. Y no me extraña que se queden sin hablar. No parecemos The Rock pero, el Capitán América, sí.

    A mi metro noventa y siete (mi hermano Fernando es solo un centímetro más bajo que yo), Dani parecía un pitufo. Media metro cincuenta y seis y era poquita cosa. Pero que poquita cosa… Una tez blanquita, cabello corto y ondulado que se peina hacía adelante, ojos de mirada azul y dulce, boca pequeña de labios carnosos, y unos pezones marroncitos que me volvían loco. Y su culo… ¡Uuuuf! Era imposible no calentarse con ese culo tan redondito y respingón.

    -¿Qué haces levantado tan temprano?

    -Tarde para ti.

    -Cierto.

    -Me desvelé y empecé a hacerte tortitas -señaló cómo cocinaba en una sartén el mejunje del bol-. Te comerás al menos una, ¿no?

    -Sabes que sí, bombón. Me voy a la ducha y, cuando salga, desayunamos. O cenamos, yo qué sé.

    -Otra pregunta -reclamé cuando me deshice de la parte de arriba del uniforme de trabajo.

    -Dime.

    -¿Qué haces completamente desnudo?

    Y la mirada que me echó me hizo saber lo que pasaría cuando terminase en la ducha.

    Evitando masturbarme, me enjaboné rápidamente y salí de la ducha, me sequé y, desnudo, llevé mi cuerpo serrano de cuarenta y cinco años a la cocina, con la polla dura, donde me esperaba mi pequeño con un banquete de tortitas y sirope. Me sorprendí para bien cuando vi que, además, había nata batida, y no de la comprada. Dani tenía un talento innato para la cocina, todo, absolutamente todo, le quedaba delicioso. Cómo delicioso nos quedó a la furcia de mi ex y a mí cuando hicimos a Dani. Mi polla ya palpitaba juguetona por ello. Qué suerte tengo de tenerlo como hijo y como marido.

    Dani también estaba cachondo pero, al contrario que yo, su polla era del tamaño de un palillo, cosas que me parecía muy cuqui. Por el contrario, la mía era gruesa, algo venosa y de diecinueve centímetros. Lo que le costó metérsela entera, a Dani, en la boca la primera vez que me la chupó.

    Me senté en la mesa y Dani, cuan ama de casa, me puso el plato con las tortitas enfrente. Les puse un poco de sirope, pillé los cubiertos que mi hijo me dispuso y empecé a comer. Deleite para el paladar, como de costumbre.

    -Mmmm, delicioso -le hice saber a Dani.

    Este ronroneó y se metió bajo la mesa. Mientras me metía otro trozo suculento del dulce, Dani hacía otro tanto dándome un buen chupetón en la polla, que me hizo estremecer. Dirigí mi mirada hacía el espectáculo, masticando y sonriendo.

    -No, papi -en los momentos sexuales sí que me llamaba papi-, tú come y disfruta.

    Y volví a centrar mi atención en las tortitas.

    De nuevo, noté la cavidad húmeda de mi hijo. Se la metía hasta la base y, acariciándome los huevos con manos y lengua, se la fue sacando poco a poco, lamiéndome el glande, y volvió a engullirla. Mi desayuno favorito y una mamada rica; literalmente estaba en el paraíso.

    Entre bocado y bocado, le pasé la nata por debajo de la mesa. Noté como embadurnaba mi polla con ella y chupaba con fruición. No podía más que gruñir del gusto. Dani la limpiaba, la volvía a embadurnar de nata y repetía la operación las veces que quiso. En las mamadas, Dani marcaba los tiempos. Intenté demorarme en terminar el plato porque sabía que, en cuanto acabase, sería yo el que controlase la situación, y quería que mi niño disfrutase de su desayuno. Como me encantaba notar la frialdad del mejunje y pasar a la calidez de la garganta de Dani.

    Cuando ya no pude demorar más el momento, de forma brusca, lo saqué de debajo de la mesa y lo estampé bocabajo sobre la misma. Le abofeteé las nalgas hasta dejarlas rojas. Las abrí para deleitarme observando como le palpitaba el ano, lo toqueteaba, le metía los dedos con fuerza después de humedecerlos y, cuando ya no aguantaba más con mirar, llevé mi boca al agujero. Sabía saladito, como a mí me gustaba. Metía la lengua por él, lamía cada centímetro de la cavidad. Lo dicho: estaba en el paraíso.

    Me cansé de lamer, lo cogí poniéndomelo sobre el hombro, fuimos hasta nuestro cuarto y lo tiré con violencia sobre la cama, la cual chirrió. Los vecinos no creo que estén contentos con nosotros, la verdad. Nota mental: recordar cambiar el sommier. Fui a la cómoda, cogí gel lubricante y, untándome bien la polla, me eché sobre Dani. Éste me agarró con sus brazos. Unté también su ano con una buena cantidad de gel y, sin ponerme preservativo (y una mierda me voy a poner condón con mi esposo) lo penetré.

    Empecé poco a poco, logrando escuchar los ronroneos de Dani. Me encantaba que fuera como un gatito. Cuando note su próstata, me quedé un rato así, sin hacer nada. Aun así, el estar dentro suyo era glorioso. Como sabía que también era glorioso para él tener a su padre dentro suyo. Lo amaba. Me amaba. Meneé la cadera adelante y atrás de forma lenta. Dani ronroneó más.

    Aquello lograba que me excitase más. Y que comenzase a moverme con más fruición hasta lograr que la cama comenzase a chirriar sin cesar. Lo dicho, los vecinos no tienen que estar contentos. Me movía cada vez más rápido y fuerte, y Dani comenzó a chillar de dolor y placer. Yo también gemía, aunque siempre lo hacía de forma más ahogada. Ñiqui, ñiqui, ñiqui, hacían los muelles de la cama, mezclados con nuestros gemidos lujuriosos.

    Salí de Dani y lo puse bocabajo, unté más la zona y mi polla y regresé a penetrarlo. No fui nada amable y logré, con ello, que Dani echase un grito que, para mí, fue un deleite. Volví a menear la pelvis de forma espasmódica, cada vez con más fuerza. Dani siempre aguantaba y lo disfrutaba. No sé a quién tengo que darle las gracias por tenerlo en mi vida de esa forma, pero…, ¡gracias! Por Dios, que Dani no me falte nunca.

    Seguí con las penetraciones sin ningún tipo de contemplación. Con un gesto, Dani me pidió que parase, le hice caso, se puso bocarriba y, sin tocarse, su pollita eyaculó un chorrito de semen. Aún con el sudor y el aspecto deshecho del momento, Dani lograba verse dulce y adorable en esa estampa. Sonreí al verlo así de cuqui, me eché encima suyo y no paré de besarlo hasta que necesitaba de su cuerpo. Poniendo sus piernas sobre mis hombros, lo penetré de nuevo y continúe embistiendo ese cuerpecito, cansándolo más si cabe, con buen sexo.

    Volví a cambiar de posición, echándome otra vez sobre él. Dani me abrazó de nuevo y juntamos nuestras bocas en un pasional beso, mientras seguía dando adelante y atrás, adelante y atrás, sin parar.

    -Te quiero -susurré.

    -Te quiero -respondió susurrando también.

    -Oh, Dani.

    Me venía, lo notaba.

    Dani me abrazó más fuerte aún, besaba mi rostro, me susurraba tanto cosas lujuriosas como bonitas y, sin poder más, le llené, como de costumbre, el ano con mi semen. Poco a poco, cuando vi que ya lo expulsé todo, salí de Dani y me eché en la cama, completamente cansado de una larga noche de trabajo y un espectacular polvo con mi marido.

    -Dulces sueños, amor -dijo Dani poniendo su cabecita sobre mi pecho y enroscando sus brazos en mi cuerpo.

    -Dulces sueños, cariño.

    No sabía que hora era, pero me daba igual. Sabía que aún le quedaban unas horas hasta su primera clase en la universidad (hoy no le tocaba ir temprano), así que también lo abracé, ambos cerramos los ojos y dormimos henchidos de felicidad.

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  • Economista y prosti: Escapada y vacaciones

    Economista y prosti: Escapada y vacaciones

    Hola lectores:

    Encantada de regresar de mis vacaciones, para tratar de contarles mucho de lo ocurrido en un mes, y todo lo que, espero, seguirá ocurriendo.

    Como les dije en el fin del relato anterior, al comenzar las vacaciones, ese domingo “nos escapamos” con Sam, (con autorización obvia de Tommy). Fue novedoso y divino, éramos como amantes escapados, sólo que adultos muy conscientes de lo que hacemos.

    En el viaje hacia nuestra ciudad de destino donde se sumaría Tommy el lunes de comienzo de nuestras “vacaciones de trabajo”, parábamos frecuentemente, nos besábamos, descansábamos de la conducción continua y nos íbamos excitando.

    Es increíble como dos personas pueden sentirse cercanas sabiendo que nuestras situaciones familiares son por separado. Fuimos a la ciudad sede del nuevo distribuidor del norte del Río Negro.

    Llegamos, habiendo almorzado y tomado nuestro tiempo, al hotel elegido. Dos habitaciones separadas, la mía doble, para cuando llegara Tommy.

    De tardecita caminamos del brazo y hasta de la mano, reímos, cenamos liviano y temprano estábamos en el hotel. Cada uno a su habitación, y le dije a Sam que en cuanto estuviera lista lo llamaría.

    Me preparé totalmente, ducha etc., etc., estaba lista para todo. Como siempre dudaba acerca de si ponerme algo y en caso afirmativo, que ponerme.

    Finalmente, opté por algo bien clásico, tanga de encaje, negra, babydoll también de encaje negro y zapatos de charol negro de tacón bien alto. El cabello recogido bien tirante. Mi landing strip primorosamente recortada prolija y perfumada apenas.

    Llamé a Sam que en dos minutos estuvo en mi habitación. Nos besamos como novios, largo rato, me dijo que estaba especialmente linda (caballero total) y pidió pasar al baño a desvestirse.

    Y entonces fue cuando comenzó una de mis mejores noches…(lo escribo porque lo sabe Tommy, y lo saben mi papá y mi suegro).

    Sam se me acercó y mientras se acercaba yo miraba embelesada esa verga a medio camino entre caída y parada, esas bolas bien colgantes… algo que me encanta, saber que ya viene casi listo.

    Llegó a mi, me desvistió lentamente sin dejar de decirme cosas lindas y a veces picantes (que linda putita, o que linda novia tengo, o que afortunado soy que Tom me deja tenerte a solas).

    Más besos y nos acostamos, frente a frente, caricias, besos en las tetas, besos de lengua. Yo no paraba de ver aquel cuerpo de hombre ya casi totalmente excitado por mi. La verga casi dura, los huevos cayendo sobre su muslo izquierdo, con él recostado frente a mi.

    Me moví y se la lamí un poco, algo se la chupé también, sin acelerar las cosas, estábamos solos y teníamos toda la noche. Luego fue él quien me dio besos en la concha y volvimos a estar acostados de frente.

    Me acariciaba la cara y trenzábamos las lenguas. Sus dedos a veces jugaban en mi culo o en mi cuca y yo le respondía con suaves caricias a su pija.

    Él estaba sobre su costado derecho. Tomó mi pierna izquierda y la puso sobre su cuerpo. Mi concha quedó a merced de él.

    Mojó de saliva sus dedos y me los refregó en la concha.

    –Hoy va a ser diferente, dijo.

    –¿Si? ¿Y por qué? ¿Qué vamos a hacer?

    –Ya lo verás. Quiero que lo pasemos como nunca, que me cuentes cosas, que disfrutemos toda la noche, y también que sepas cosas de mí.

    Y siguió: –Me gustas mucho, quiero seguir teniéndote siempre, ésta situación de que eres casada y compartida me encanta.

    –Para siempre me tendrás mientras me desees, eres tan gentil y amoroso, me encantan estas salidas. Además me colmas de regalos, debo agradecerte la transferencia del viernes, no lo merezco.

    –Lo hago con gusto, te quiero como diosa, tú y Tommy son geniales.

    Y en ese momento un pequeño movimiento hizo que la cabeza de su verga enfrentará mi concha y entrará apenas.

    –Hoy cogemos sin límites dijo.

    –Nunca tenemos límites.

    –Hoy lo siento especial.

    Y otro movimiento terminó de meterme la cabeza en mi cuevita de amor.

    Más besos, mordiscos a los pezones y:

    –Siempre me han dicho que puedo disponer de ti como si fueras esposa o novia y mi putita.

    –Así es, lo sabes. Puedes disponer totalmente de mi.

    Un leve empujón y otro centímetro de verga entró en mi cuerpo. Un suave vaivén duró unos segundos y se detuvo.

    –Quiero estar seguro de que Tommy aprueba lo nuestro, nuestros jueves de tarde cogiendo, los almuerzos de a tres. O que yo a futuro pueda entregarte.

    –Puedes estar seguro, te lo juro. Y a mí me encanta ser tu novia, y todo lo que me das. Otro empujón, otro centímetro de verga entró y el vaivén me amoldó a eso.

    –Puedes hacer de mí lo que quieras.

    –Tengo ideas que ya sabrás en el futuro, incluso con mi esposa. (Es casado en segundas nupcias, su señora está en los 45 años). Se va a hacer las tetas y a poner un poco de labios. Dice que lo quiere hacer porque me nota más activo… y es tu mérito aunque ella no sabe.

    Y si queda más linda con esos cambios quiero emputecerla y que me ayudes.

    –¡Que pícaro! Claro que te ayudaríamos, cuenta con nosotros. Habrá tiempo pues estamos considerando postergar mi fecundación, estamos muy bien así.

    Otro centímetro de verga entro en mi y más vaivén siguió calentándome, aunque paraba de moverse después de pocos segundos.

    –¿Son felices en su nueva vida? ¿Se han adaptado?

    –Muy felices, los dos. Además de lo económico, estoy asegurando todo nuestro futuro, descubrí que nunca tengo demasiado sexo, que me encanta. Conocemos gente muy de bien, y te hemos conocido a ti. No sé, me siento especial contigo… y en ese momento un envión metió el resto de pija en mi.

    –Me gustas, quiero que sigamos así, es hermoso.

    –Me vuelves loca, aunque amo a Tommy, estar contigo me encanta.

    Ahí comenzó a bombearme y su boca selló la mía con besos, me llenó de saliva, y un dedo se insinuó en mi culo.

    De nuevo se detuvo y se dedicó a mis tetas, yo volaba de calentura.

    –Siempre te haré todo lo que te guste y te daré lo que desees.

    –Quiero acabar, le dije.

    Sus movimientos se aceleraron, yo me sentí morir, mi cuerpo temblaba y el orgasmo fue como una liberación, y yo también comencé a acompañar sus movimientos.

    –¡Me acabo! Gritó, y sentí que su esperma se desparramada dentro de mi cueva de amor. Fue una acabada caliente, larga y disfrutable, que me dejó bien adentro, con la pija a fondo en mi.

    Quedamos quietos y jadeando unos momentos.

    –Quiero algo especial dije.

    –Lo que sea amor (lo dejamos que me diga amor o cariño, como prueba de mutuo afecto, y Tommy lo disfruta, pues ve que su esposa es deseada).

    Me salí de él, apretando las piernas subí hasta su cara y puse mi concha sobre sus labios.

    –Quiero que chupes y luego me pasas todo en un beso.

    Vaya si lo hizo, mientras me acariciaba las tetas, chupaba mi concha en la cual yo sentía escurrir el semen y los jugos de mi orgasmo.

    Una leve toque de una mano en mi espalda, indicó que estaba listo. Saqué mi concha de su cara, me acosté frente a él, que acercó su cara y cuando yo abrí mi boca, me dejó caer desde la suya todo lo que había chupado de mi intimidad.

    No puedo concebir momento de más gozo e intimidad. No le limpié la pija ni me volvió a chupar la concha.

    Tragué todo y seguimos besándonos a más no poder. Las caricias no tenían límite ni fin.

    Y nuevamente surgió el diálogo.

    –¿Sabes? Siempre he querido saber cómo sedujiste a tu padre, como se dio eso tan íntimo.

    –Fue una idea de Tommy. Ya había seducido a su padre, que siempre me había mirado con cierto interés. Y Tommy pensó en hacerlo con mi padre, me costó aceptarlo, y mucho más seducirlo.

    –Cuéntame todo, quiero saberlo.

    Entre besos y caricias, sucios de semen de la reciente cogida, le dije:

    –¿Y si te leo el relato que hice de la seducción?

    –Sííí, ¡me encantaría!

    Tomé la tableta que siempre me acompaña, busqué el relato y comencé a leerlo, casi que teatralizando la situación. Sam me besaba, me acariciaba e intercalaba comentarios.

    Pero hubo un momento tremendo, cuando relaté como al ir a acostarnos, todos por separado y sin que papá cediera, decidimos tomar una foto y enviársela.

    Noté que la verga de Sam comenzaba a endurecerse.

    –Quiero ver esa foto, dijo.

    –No la tengo conmigo, ¿se la pido a Tommy?

    –Sí,sí, por favor, y me dio un beso de lengua de unos dos minutos .

    Lo llamé, era cerca de medianoche. Puse la cámara, nos vio acostados, sucios de semen, besándonos.

    Le expliqué el motivo del pedido, y también como me había cogido y que quería que él me hiciera lo mismo.

    Buscó la foto, me mostró su verga erecta y se despidió con un beso, hasta vernos al día siguiente. Recibida la foto, aproveché el cañón despidió imágenes del cual ya no me separo al viajar, y proyecté la imagen en la pared.

    Seguramente lo recuerdan (y si no lean el relato de cómo seduje a mi papá), yo desnuda sobre sábanas de raso, de espaldas a la cámara, de costado y con un codo apoyado en la cama levantando un poco el torso.

    El culo, modestamente espectacular, las piernas se lucían, bien largas y torneadas.

    Al ver esa imagen, Sam dejó escapar un ¡Ahhh! Y me besó.

    Miré hacia abajo, su pija ya a full. Pero decidí seguir con la historia, hasta terminar de leerle el relato de ese debut con mi padre.

    –¿Y a partir de entonces lo hacen siempre que pueden?

    –Sí, prácticamente cada semana. Es increíble la sensación de penetrar a la hija y la de ser penetrada por mi padre, recibir su leche, pensar que esa pija y esa leche me engendraron. Darle satisfacción a quien me dio todo.

    –Eres única amor, divina, sensible y puta, por eso te prefiero.

    Cada vez los juegos y las caricias se intensificaban más, le lamí toda la espalda, me lo retribuyó y me lamió y chupó el esfínter y la cuca.

    Estuvo largo rato frotando su miembro en los pelitos de mi landing strip, diciéndome lo linda que me queda.

    Al hacerlo rozaba a veces su pija en mi clítoris y me fue poniendo “on fire”. Le hice un largo beso negro, con golpecitos de lengua y metidas de dedo incluídos.

    Y finalmente, lo puse boca arriba y me lo monté. Sostuvo su palo enhiesto frente a mi concha mientras yo lentamente me lo ensartaba hasta los huevos.

    Y entonces fue mi turno, lo volví loco con cambios de ritmo al subir y bajas mientras él me apretaba las tetas y me pellizcaba los pezones. A veces me doblaba para besarlo y seguía a más ritmo.

    Al momento de mi orgasmo, grité como desesperada, casi convulsionando, y él me respondió con unos hermosos chorros de licor de amor. Al instante repetí lo de correrme hasta estar sobre su cara, chupó todo e hicimos un hermoso beso blanco.

    –Estoy agotado, dijo, pero después de que descansemos te voy a hacer un pedido muy muy muy especial.

    –Quiero saberlo ya, dije.

    Arrimó su boca a mi oído como si alguien pudiera oírnos ja ja, y susurró su pedido.

    Al instante recordé la fantasía ya cumplida de Mary, y le,propuse:

    –¡Es algo muy especial! ¿Quieres que lo hagamos participar a Tommy?

    –En realidad me gustaría ser el primero, y luego sí, hacerlo con él si quieres.

    –Pues lo haremos solitos tú y yo entonces. Mmm espero que me guste. Una amiga lo hace y le encanta.

    Nos dormimos abrazados como enamorados.

    Nos despertamos más o menos al mismo tiempo, habremos dormido una tres horas. Yo imaginaba lo que vendría y acerté. Me hizo una monumental chupada de culo, me lo dilató con un dedo, yo gozando e imaginando que ocurriría lo que me había propuesto.

    Me puse en cuatro, el ojito bien hacia arriba. Y no hubo nada de metérmela de a poco ni de bombear lento.

    No me dejó caer saliva, me escupió el ano desde arriba, se ensalivó la poronga y la enfrentó a mi orificio. La apoyó levemente buscando centrarla, y empujó, vaya si empujó. Sentí que entraba toda y sus huevos golpeaban mi concha.

    El bombeo fue frenético. Se prendía de mis tetas, me tiraba el pelo y dale y dale.

    Me di cuenta rápidamente que quería acabar cuanto antes.

    –Quédate quieta cariño, me dijo.

    Sacó la verga, dejó unos segundos, para que mi culito se cerrará bien, y masturbándose acabó en el fin de mi espalda y en la raya del culo.

    –Vamos, dijo y tomados de la mano corrimos a la ducha.

    Ya en la ducha, me arrodillé en el piso y momentos después sentí como una chorro tibio y fuerte limpiaba el semen de mi espalda. Y la sensación fue aún mejor cuando limpio mi orificio. Estaba hecho… y me había encantado.

    Nos duchamos juntos, lo hablamos con total confianza, hablamos de hacerlo con Tommy. Y yo no pude dejar de pensar en hacerlo con papá y el padre de Tommy.

    –Me gustó, se siente tibio, y me encantó sentirlo entre las nalgas y en el agujero.

    –Te quiero agradecer especialmente que me dejaras ser el primero. Ya verás como te lo agradeceré, pero deberá ser en Punta del Este o Montevideo.

    –Mmm nada que agradecer, ¡me gustó de verdad!

    Un beso, largo húmedo y cálido sello ese nuevo momento de complicidad.

    Desayunamos en el salón del hotel, vestidos, obvio, ja ja. Y dos horas después llegó Tommy. Había salido de Montevideo, muy temprano, desesperado por llegar.

    En el próximo relato les seguiré contando acerca de mis (nuestras) vacaciones mezcladas con trabajo.

    Besitos.

    Sofía.

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  • Nuestro primer trío

    Nuestro primer trío

    Está historia sucedió hace un tiempo. Mi esposa (Lu) y yo (Nicolás) llevamos 25 años juntos, nos conocimos terminando el colegio, y hoy tenemos 43 los dos. Ella siempre fue muy linda, con un cuerpo muy bueno, pechos algo pequeños pero sus piernas y su cola aún hoy son muy llamativos.

    Todo comenzó como un juego mientras teníamos relaciones, a mi siempre me gustó explorar en el sexo, proponerle juegos y cosas nuevas. Un día jugando, le propuse imaginar que hacíamos un trío y para mi sorpresa ella me siguió el juego, no sin antes asegurarse que en realidad solo era un juego.

    La verdad que ese día me excité muchísimo. Recuerdo que luego de terminar ella me preguntó medio desconfiada si solo había sido un juego porque no creía que me gustara ver como otro hombre la penetraba (en realidad sus palabras fueron “ver como otro hombre me la mete”). Con el pasar del tiempo, a veces repetíamos esa fantasía y le íbamos agregando detalles, incluso ella comenzó a agregar ribetes a la historia, imaginando que el tercero le acababa en la boca o que se la metía por atrás.

    Una tarde, hacíamos el amor mientras nuestros hijos estaban el en colegio (los dos trabajamos desde casa) y se me ocurrió proponerle que cumplamos esa fantasía. Al principio no quiso saber nada, le gustaba como fantasía y le excitaba mucho imaginarlo, pero no estaba dispuesta a hacerlo. Yo opte por no presionarla ya que los dos debíamos estar de acuerdo y no quería que ella se sintiera incómoda. Cuestión que poco tiempo después, salió el tema y me dijo que si yo la cuidaba y respetaba que si ella quisiese cancelar en cualquier momento automáticamente se terminaría todo, estaba dispuesta a hacerlo.

    Le dije que buscásemos a alguien que no conozcamos, no sé bien por qué, pero me pareció que íbamos a estar los dos más desinhibidos, y que iba a dejar que ella eligiera a quien ella le gustase. Bajo una aplicación de citas, y al poco tiempo teníamos al candidato.

    Finalmente llegó el día. Ella se había producido y estaba realmente hermosa. Se había puesto un conjunto de ropa interior colaless negro y lila, una camisa bien ajustada que mostraba el contorno de su cintura y un pantalón negro que marcaba muy bien la cola que tenía.

    Llegamos al hotel, muy nerviosos los dos, pero Esteban (quien evidentemente no era la primera vez que estaba en una situación así) comenzó a sacar temas de conversación que nos fueron distendiendo, sumado a unas copas de vino que nos ayudaron a entrar en clima. Estábamos sentados los tres en un sillón, con Lu sentada en el medio de los dos, cuando en medio de una charla distendida, ella casi instintivamente apoyó su cabeza en el hombro de Esteban. Él entrelazó los dedos de la mano con ella, acarició su cara y comenzó a besarla.

    Ella correspondió el beso y con su otra mano buscó la mía. Esteban bajó a su cuello, y luego la sentó sobre él, arrodillada sobre el sillón, y sin dejar de besar su cuello y boca comenzó a desabotonarle la camisa. Ella en seguida le levantó la remera y se la sacó. Esteban tenía un físico trabajado, sin dudas había dedicado varias horas de gimnasio. Ella se levantó, le sacó el pantalón a Esteban, nos agarró de la mano a los dos y nos pusimos los tres de pie, se dio vuelta y empezó a besarme, al tiempo que Esteban la tomaba de la cintura y la apoyaba desde atrás. Ella comenzó a mover su cadera frotando la pija de Esteban con su cola.

    Yo aproveché a sacarle el pantalón y el corpiño, así ahora lo frotaba con su colaless, mientras yo chupaba sus tetas. Me di cuenta que a los dos les gustó, porque él enseguida la apretó contra su cuerpo y comenzó a acariciarle sus pechos y ella dejó escapar un pequeño gemido, así que di unos pasos para atrás y los deje seguir con su goce. Ella se dio vuelta, se arrodilló frente a él, le bajo el bóxer y quedó con su pija frente a su cara, tenía un tamaño promedio, muy similar al mío, y lentamente comenzó a meterlo en su boca.

    Yo parado atrás, veía a mi mujer arrodillada en colaless y moviendo su cabeza para atrás y para adelante frente a otro hombre que, con una mano en su nuca, seguía los movimientos de su cabeza. Luego se levantó, y mientras se besaban, se acercaban lentamente a la cama. La recostó sobre la cama y ella le dijo que fuera cuidadoso, ya que únicamente había tenido relaciones conmigo, el asintió con la cabeza, le sacó la ropa interior y comenzó a gatear lentamente entre sus piernas como un león a punto de cazar a su presa, bajo su pelvis y comenzó a penetrarla suavemente al tiempo que Lu arqueaba su espalda y cerraba los ojos mientras ahogaba un grito de placer.

    Esteban le susurró al oído “listo, ahora ya tuviste otra pija más adentro tuyo”. Eso la encendió todavía más, puso sus manos en el culo de Esteban y empujó con fuerza hacia ella. Esteban retrocedía lento y embestía con fuerza. Lu gemía una y otra vez, incluso comenzó a decirle “dale, cogeme, cogeme toda”, una frase que a mí me decía cuando ya estaba muy caliente; yo los veía y mi excitación iba en aumento, ya me había sacado la ropa y miraba esa escena tantas veces imaginada. Lu comenzó a llamarme con su dedo índice, me acerqué y me dijo “arrodíllate acá, quiero chuparte la pija” y eso hice.

    Luego se giró, mientras me seguía chupando, y quedó en cuatro. Esteban trató de metérsela por el culo, pero ella no quiso, entonces siguió cogiéndola por adelante. Se escuchaba el ruido de la pelvis de Esteban chocando con el culo de Lu. La hizo acabar al menos tres o cuatro veces hasta que él le acabó en las tetas y la cara. Lu me miró y me dijo: “esto todavía no se terminó, ahora te toca a vos”, se puso en cuatro otra vez y cuando se la estaba por meter, me dijo “no, vos por la cola”, así que sin dudarlo, empecé a hacerle la cola, pero yo ya estaba demasiado excitado y ella lo noto, porque enseguida me dijo “acábame cuando quieras, pero no la saques, quiero que me llenes el culo de leche”.

    Al oír esto ya no pude aguantar más y acabé adentro de su culo. Quedamos los tres acostados en la cama, ella en el medio de los dos, mirándonos en el espejo del techo prácticamente en silencio.

    No sé si volveremos a repetir la experiencia, pero sin dudas no la vamos a olvidar.

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  • La barca de las fantasías

    La barca de las fantasías

    El velero cortaba el agua como una cuchilla a través de la seda, el casco rebanando las olas con un siseo silencioso y rítmico. Estaba de pie en el muelle, las tablas de madera cálidas bajo mis pies descalzos, el viento besado por la sal tirando del dobladillo de mi vestido de verano. El sol se ponía bajo, sangrando oro por el horizonte, pintando todo con luz fundida. Mis dedos se enroscaron alrededor del borde del muelle, mi pulso se aceleró al ver que el barco se acercaba. Sabía quién estaba al timón. Siempre lo supe.

    La silueta de Alan era inconfundible: hombros anchos, ese corte de pelo que atrapaba la luz como cobre bruñido, sus manos firmes en el timón. El barco redujo la velocidad al acercarse a la orilla, las velas ondeando suavemente. Me quedé sin aliento. Solo lo había visto a través de una pantalla hasta ahora. Y ahora aquí estaba, navegando de regreso a mí como si el propio océano lo hubiera traído a casa.

    El motor se apagó, dejando solo el chapoteo del agua contra el casco, el crujido de las cuerdas, el grito distante de una gaviota. Alan no me miró de inmediato. No, me hizo esperar, bastardo. Sus ojos marrones permanecieron fijos en el horizonte, su mandíbula apretada, como si se estuviera armando de valor. Entonces, finalmente, se giró. Y en el momento en que su mirada se fijó en la mía, algo profundo en mi estómago se tensó, el calor acumulándose entre mis muslos.

    No me moví. No saludé. No sonreí. Solo lo dejé mirar.

    Su pecho se elevó con una inhalación aguda, y luego, oh, luego se movió. Un paso fluido sobre la barandilla, sus botas plantadas de par en par, sus muslos flexionándose bajo la tela desgastada de sus pantalones. El barco se balanceó suavemente, el movimiento haciendo que sus bíceps se movieran, las venas de sus antebrazos más pronunciadas. Mi lengua salió disparada, humedeciéndome el labio inferior antes de que pudiera evitarlo.

    “Luz”, llamó, su voz áspera, como si hubiera estado gritando al viento durante horas. “He estado navegando hacia ti durante días”.

    Las palabras me golpearon como un toque físico. Mi piel hormigueó, mis pezones se tensaron contra el fino algodón de mi vestido. Debería haber jugado a la indiferente. Debería haber arqueado una ceja, haber soltado algún comentario ingenioso. Pero la forma en que me estaba mirando, como si yo fuera la orilla en la que se había estado ahogando, me despojó de toda defensa.

    “Estás aquí”, dije, mi voz más suave de lo que pretendía. La admisión quedó suspendida entre nosotros, cargada de todo lo que no estábamos diciendo. Te extrañé. Te anhelé. Soñé con tus manos sobre mí todas y cada una de las noches.

    Alan no dudó. Extendió la mano, sus dedos callosos rozando los míos antes de cerrarse alrededor de mi muñeca. El contacto envió una descarga a través de mí, eléctrica, y cuando tiró, fui voluntariamente, subiendo al barco con una gracia que no sentía. La madera bajo mis pies estaba caliente por el sol, el olor a sal y algo ligeramente dulce, jazmín, tal vez, aferrándose al aire.

    En el momento en que estuve a bordo, el mundo se inclinó. El barco se balanceó con el oleaje, y tropecé, solo un poco, pero fue suficiente. El brazo de Alan se extendió, su mano extendida sobre mi espalda baja, sus dedos presionando en la hendidura sobre mi trasero. El calor de su palma quemó a través de la tela de mi vestido, y jadeé, mis caderas arqueándose instintivamente hacia su tacto.

    “Cuidado”, murmuró, pero su voz era cualquier cosa menos cautelosa. Era un gruñido, bajo y oscuro, del tipo que hacía que mi coño se contrajera.

    Giré la cabeza, nuestros rostros a centímetros de distancia. Su aliento se abanicó sobre mis labios, cálido y teñido con el más mínimo indicio de ron. “No quiero tener cuidado”, susurré.

    Los ojos de Alan se oscurecieron. Su mano se deslizó hacia abajo, sus dedos hundiéndose en la carne de mi muslo, justo por encima de mi rodilla. El vestido subió, el dobladillo revoloteando contra mi piel, y supe que si miraba hacia abajo, vería el punto húmedo que ya se estaba formando en mis bragas. El pensamiento me envalentonó. Extendí la mano, mis uñas raspando ligeramente sobre la barba en su mandíbula.

    “He imaginado este momento”, admitió, su voz áspera. Sus labios rozaron la concha de mi oreja, su aliento caliente. “Todas y cada una de las noches. Tú, extendida en mi cama. Mi boca entre tus piernas. Tus uñas en mi espalda mientras yo…”

    “Pruébalo”, lo interrumpí, mi voz firme a pesar de la forma en que mi corazón martillaba contra mis costillas.

    Eso fue todo lo que se necesitó.

    La boca de Alan se estrelló contra la mía, sus labios separando los míos con un hambre que me robó el aliento. Su lengua entró, reclamándome, saboreándome como si fuera un hombre hambriento. Gemí en su beso, mis dedos enredándose en el pelo corto en la nuca de su cuello, atrayéndolo más cerca. El barco se balanceó debajo de nosotros, el movimiento presionando mi cuerpo contra el suyo, y pude sentirlo, duro, grueso, la cresta de su polla tensándose contra su cremallera, suplicando ser liberado.

    Sus manos estaban en todas partes. Una agarró mi trasero, levantándome sobre los dedos de los pies, frotándome contra él para que pudiera sentir cuánto me deseaba. La otra se deslizó por mis costillas, su pulgar rozando el costado de mi pecho antes de palparme por completo, sus callos ásperos contra mi pezón. Jadeé, rompiendo el beso, mi cabeza cayendo hacia atrás mientras el placer se extendía por mí.

    “Alan…” Su nombre era una oración, una exigencia.

    “Dentro”, gruñó, sus labios recorriendo mi garganta. “Ahora”.

    No esperó una respuesta. Su brazo se enroscó alrededor de mi cintura, arrastrándome contra él mientras abría de una patada la puerta de la cabina. El espacio era pequeño, el aire denso con el olor a madera y sal y él. La mesa estaba vacía, la cama sin hacer, a ninguno de los dos le había importado nada más que esto. En el momento en que la puerta se cerró detrás de nosotros, Alan me hizo girar, presionando mi espalda contra la pared. La madera estaba fría contra mi piel acalorada, un marcado contraste con el fuego que ardía dentro de mí.

    Su boca encontró la mía de nuevo, sus besos magulladores, desesperados. Le besé de vuelta con la misma ferocidad, mis dientes mordisqueando su labio inferior, mis caderas rodando contra las suyas. Su polla era una marca contra mi estómago, y gimí, mis manos tanteando su cinturón.

    “Te necesito”, jadeé contra sus labios. “Te necesito ahora”.

    Alan gimió, su frente presionada contra la mía. “Joder, Luz. Me vas a matar”. Pero sus manos ya estaban trabajando, tirando de mi vestido hacia arriba, sus dedos enganchándose en la cintura de mis bragas. La tela se rasgó, en realidad se rasgó, mientras las arrastraba por mis muslos, el sonido obsceno en la cabina silenciosa.

    No tuve tiempo de reaccionar antes de que sus dedos estuvieran allí, deslizándose por mis pliegues, encontrándome empapada. “Jesús”, siseó. “Estás goteando”.

    Lo estaba. Lo había estado desde que lo vi por primera vez en esa barandilla. Mis caderas se balancearon contra su tacto, mi clítoris palpitando. “Alan, por favor…”

    No me hizo rogar. Sus dedos se curvaron dentro de mí, dos dígitos gruesos estirándome, su pulgar circulando mi clítoris con trazos apretados e implacables. Mis uñas se clavaron en sus hombros, mis piernas temblaron. El barco crujió a nuestro alrededor, el sonido de las olas contra el casco un ritmo constante, como si el propio océano nos instara a seguir.

    “Eso es”, murmuró, sus labios contra mi oreja. “Déjame oírte. Quiero que todo el maldito mar sepa a quién perteneces”.

    Las palabras me enviaron en espiral. Mi orgasmo se estrelló sobre mí, mi coño se apretó alrededor de sus dedos, mi grito amortiguado contra su hombro. Alan no se detuvo. Me montó a través de él, sus dedos trabajándome hasta que estuve sin huesos, mi respiración entrecortada.

    Y luego, entonces estaba desabrochando sus pantalones, su polla saltando libre, gruesa y enrojecida, la punta ya brillante. Lo alcancé, mi mano envolviéndose alrededor de su longitud, acariciándolo una vez, dos veces…

    Alan siseó, su mano cerrándose sobre la mía. “Todavía no”. Su voz era tensa, su control pendía de un hilo. Me levantó sin esfuerzo, mis piernas envolviéndose alrededor de su cintura, mi espalda aún presionada contra la pared. La cabeza de su polla se clavó en mi entrada, y por un instante, ambos nos congelamos.

    La luz dorada del exterior se derramó a través del ojo de buey, pintando su piel en fuego. Sus ojos ardieron en los míos, oscuros e infinitos, como el océano a medianoche.

    “Mía”, gruñó.

    Y luego me folló.

    Un empuje brutal, y estaba dentro, estirándome, llenándome tan completamente que vi estrellas. Mis uñas recorrieron su espalda, mis dientes hundiéndose en su hombro mientras marcaba un ritmo implacable. El barco se balanceó con nosotros, las olas llevándonos, la madera gimiendo bajo la fuerza de sus movimientos.

    “Más fuerte”, jadeé, mis talones hundiéndose en su trasero. “Fóllame más fuerte, Alan”.

    Gimió, sus caderas encajándose contra las mías, su polla golpeando ese punto profundo dentro de mí que me nublaba la visión. “Me tomas tan jodidamente bien”, gruñó, su aliento caliente contra mi cuello. “Como si fueras hecha para mí”.

    Lo era. En ese momento, con la sal en mi piel y su nombre en mis labios, lo era.

    La presión se acumuló de nuevo, enrollándose con fuerza, y cuando su pulgar encontró mi clítoris, frotando en círculos apretados e implacables, me rompí. Mi espalda se arqueó, mi coño se cerró a su alrededor cuando llegué, mi grito crudo y sin filtrar. Alan lo siguió con un gemido gutural, su polla pulsando dentro de mí mientras se derramaba profundamente, su liberación caliente e interminable.

    Durante un largo momento, no hubo nada más que el sonido de nuestras respiraciones entrecortadas, el grito distante de una gaviota, el suave chapoteo del agua contra el casco. La frente de Alan descansaba contra la mía, sus manos acunando mi rostro como si fuera algo precioso.

    “Tres días fueron demasiado largos”, murmuró.

    Sonreí, mis dedos trazando la piel empapada de sudor de su pecho. “Entonces no te vayas de nuevo”.

    Sus labios encontraron los míos, suaves esta vez, lentos. Una promesa.

    Afuera, el sol se hundió bajo el horizonte, la luz dorada desvaneciéndose en el crepúsculo. Pero dentro de la cabina, apenas estábamos comenzando.

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  • Sexo con una desconocida de Facebook

    Sexo con una desconocida de Facebook

    Déjenme que les cuente una anécdota que pasó hace dos años más o menos.

    Estaba buscando un reloj en el Marketplace de Facebook y lo encontré en el perfil de una chica que se llama Mariana, la contacté y todo. Acordamos la entrega en su local porque me dijo que también vendía joyería y una vez la asaltaron, y para ella era más seguro así, aparte su local no quedaba lejos de mi casa (como 20 minutos en carro) así que fui.

    Llegué al local, que más bien era el garaje de su casa, me recibió muy amable y me invitó a pasar.

    —¿Se te dificultó llegar? —. Preguntó con gusto.

    —No, de hecho me queda cerca.

    —¿En serio? ¡Qué padre! —. Se me quedó viendo con una mirada muy coqueta.

    —Tengo más relojes aparte del que viste y si compras dos te puedo hacer un descuento, espérame aquí voy por ellos.

    Me gustó de entrada; de piel pálida, cabello ondulado y negro, de aproximadamente 1.64 m.

    Esperé, regresó con los relojes. Me hice wey viéndolos, me los probé varias veces mientras le hacía plática. Me dijo que tenía 23 años, que había estudiado Ciencias Políticas, que le gustaba mucho Green Day y que vivía sola. Rápidamente agarramos confianza igual porque ella es muy extrovertida y respondía a preguntas random que yo le hacía.

    —También tengo bazar de ropa, zapatos, cosillas en general, ven.

    Entramos propiamente a su casa, específicamente a un cuarto en donde había un ropero, varias cajas grandes de cartón y un sofá.

    Me llamó la atención una caja que estaba llena de zapatos de dama: flats, tacones de varios tipos, sandalias…

    —¿Todos esos zapatos son tuyos?

    —Unos son míos y otros eran de mi hermana, por la carrera que estudiamos, mi hermana es abogada, siempre teníamos que ir con tacones pero ahora muchos ya no nos quedan y por eso los vendemos, si tienes hermanas o novia puedes decirles que los vendo.

    —No tengo novia tal vez a mi hermana le interesen algunos.

    —Ahí está, puedes decirle que los vendo.

    —¿Me vas a dar comisión si los ofrezco? jeje.

    —Si vendes por los menos 5 pares sí.

    Ambos nos reímos.

    No podía dejar de mirarla; tenía unos jeans ajustados que resaltaban sus nalgas grandes y paradas, y sus anchas piernas, una playerita negra de tirantes y unas hawaianas negras que dejaban ver sus hermosos pies y sus uñas pintadas de negro, pero lo que más me gustó fue su sonrisa coqueta e inocente.

    —Creo que te debes ver muy guapa con tacones.

    —¿En serio lo crees?—. Respondió y bajó la miraba hacía sus pies.

    Caminó hacia la caja de zapatos y sacó unas zapatillas negras cerradas, se quitó las chancletas y se puso las zapatillas, dio una vueltecita como si estuviera modelando un vestido.

    —¿Cómo me veo?

    —Muy linda, formal.

    —Estas me las ponía para los exámenes.

    Fui hacia la caja y saqué unas zapatillas doradas con tiras que vi desde que entré al cuarto.

    —Me gustan más estas —. Con la mirada le di a entender que se las pusiera.

    Se sentó en el sofá para ponérselas con calma. Volvió a dar una vueltecita más sensual que la primera.

    —¿Te gustan? —. Dijo con una voz muy sexy.

    —Me encantan.

    Me acerqué a ella, la tomé por la cintura, la acerqué a mí y la besé.

    La acosté en el sofá, quedé encima de ella pero no dejando caer mi peso para poder acariciar sus piernas.

    Le quité delicadamente las zapatillas, empecé lamiendo el dorso y por entre los dedos de su pie derecho, tomé una zapatilla y la lamí por dentro al tiempo que ponía sus tobillos sobre mis hombros.

    —¿Qué haces? —. Dijo un poco excitada.

    No respondí, tomé su otro pie y lamí cada uno de sus dedos dando pequeñas mordidas, luego pasé a su planta calientita y un poco áspera, tenía un sabor saladito y a tierra, tal vez porque andaba en hawaianas. Me miraba con extrañeza y a la vez excitada. Continúe con su otro pie.

    La verga se me empezó a marcar debajo del pantalón, no me importó y seguí adorando sus pies; recorriendo con mi lengua desde su talón, que es en donde tiene cosquillas, hasta sus dedos, mientras ella gemía y con su otro pie me acariciaba la entrepierna.

    Tomé ambos pies y me los restregué en la cara, Mariana gemía más fuerte.

    De repente se levantó.

    —¿Sólo me vas a lamer los pies?

    —No madame.

    —Ven—. Me tomó del brazo con fuerza y me llevó a su habitación.

    Se quitó la playera junto con el sostén, y los lanzó al piso, pude admirar mucho mejor sus tetas redonditas.

    Le quité los jeans, tenía un bonito cachetero, me arrodillé y comencé a besar y lamer sus muslos, a dar pequeñas mordidas en sus pantorrillas y besar los dedos de sus pies.

    Tuve una hermosa vista de su cuerpo desnudo antes de que me hiciera una señal para que me levantara.

    Mariana me desabrochó rápidamente el pantalón y lo bajó junto con mi bóxer. Fue directamente hacia mi verga y empezó a chupármela, después de se levantó y terminó de desvestirme.

    Me tiró en la cama y se subió en mí. Me inmovilizó y comenzó a cabalgarme, se movía deliciosamente y gemía con los ojos cerrados.

    Después de que ella tuvo un orgasmo cambiamos de posición; se tumbó en la cama y me hice una paja con sus pies, después la puse de a misionero y continuamos teniendo sexo hasta la madrugada, terminó dejando marcas de arañazos en toda mi espalda.

    Al final no compré el reloj pero sí sus zapatillas doradas y unos flats color plata, las chancletas negras me las dio como un recuerdo de aquel día.

    Le mandé un mensaje dos o tres días después de aquel encuentro y me dijo que era la primera vez que tenía sexo con un vato que le gustan las pies pero que había sido una linda experiencia.

    Aunque sé en donde vive no me animo a buscarla, creo que estas experiencias se recuerdan mejor o valen más cuando sólo ocurren una vez, es como una magia que no es posible repetir.

    Mejor sí la buscaré.

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  • Terminé de criado de mi jefa (9): Domando a mi jefa

    Terminé de criado de mi jefa (9): Domando a mi jefa

    Y aquí estábamos los dos, yo dando de comer en la boca a mi jefa, era como darle una salchicha a un lobo, ella me miraba de reojo, como estudiando todo, en total silencio. Yo mientras seguía dando de comer en la boca, arriesgando qué me arrancara los dedos, mientras le hablaba de la comida, y sin querer acariciaba parte de su cuerpo, como de pasada haciéndome el tonto, podía sentir su cálida vulva en mi muslo.

    Su respiración era profunda, pero no había cambios físicos en ella intentaba parecer inexpugnable, como que no la afectaba en nada. Esta tensión y juego hizo que mi amigo se pusiera firme de nuevo, ella se movió y lo noto, me miro de reojo y no dijo nada. De repente parece que un rayo de luz cruzo por su cabeza y volvió su personalidad.

    Susana: voy a salir a tomar unos tragos.- me dijo parándose y hablando firme.- tu puedes hacer lo que quieras, no me esperes, tal vez venga con compañía o me vaya por ahí.

    No dije nada, ella salió decidida a su habitación, mientras se estaba maquillando en el cambiador de la habitación, si tenia cambiador, cada habitación era un poco más chica que mi departamento entero. Yo entre y tome mi bolso. Me fui al cuarto de Vale y me cambie.

    Yo espere abajo, escribiendo con Valentina, pero no estaba sola y a la charla se integraron todos los miembros de nuestro círculo. Excepto Susana por supuesto, estaba Hernán, Clara, Juli y mi novia Valentina, y creí escuchar de fondo al esposo de Hernán. Por supuesto que me pidieron detalles y que les contara todo tal cual, después de reírse un rato y decirme que estaba vivo de milagro, se calmaron. Ellos más o menos me decían como podía actuar Susana ahora, lo importante era seguirla para que no se mandara ninguna cagada. Yo corrí y estacione la camioneta en la calle, y después volví a entrar como si nada.

    Ella bajo por las escaleras y me dejo sin aliento, por más que hace un par de horas la había visto desnuda, era como un sabroso regalo y ese vestido era el moño, estaba perfectamente maquillada, un vestido con un gran escote que resaltaba más sus tetas, la tela del vestido era muy fina, y realmente corto, se veía perfectas sus piernas, el dichoso vestidito apenas le tapaba el culo, era evidente que se había vestido como para causar un impacto, y ella saldría a cazar.

    Susana: cierra la boca, esto no es para ti.- yo la miraba descaradamente.

    Alberto: vaya jefa que buena que está, está como para comerla.

    Ella esbozo una leve sonrisa, y salió de la casa un Uber la estaba esperando, yo subí a la camioneta y comencé a seguirla. Terminamos en un bar de playa, de eso que se juntan muchos turistas. Yo entre un poco después, creo que no me vio que la seguí, me senté en una barra que había en un rincón, ella lo hizo en la barra principal. Se pidió un Gin tonic, yo me pedí un Coca Cero, quería estar bien lucido. Ella estaba concentrada en su trago, me pareció que estaba hablando consigo misma, varios hombres se le acercaron en plan seductor, pero ella no le dio bola o les dirigió una mirada asesina que los espanto.

    Yo ya estaba aburrido, ya había pasado un buen rato y ella ni se movía. Cada tanto se tomaba el trago y volvía a pedir otro, ya iba por el tercero, no aguante más y fui al baño. Cuando volví estaba charlando con dos chicas bastante jóvenes, de menos de veintidós años, una rubia y otra morocha, estas se mostraban desinhibidas ante Susana, ya tenían unos tragos de más, eran unas crías en comparación de la jefa, que era una loba. Siguió la interacción por un rato, era evidente que había un coqueteo entre ambas partes. En un momento dado se paro la morocha y las dejo solas, no se si fue al baño o intencionalmente les dejo más espacio e intimidad para ellas.

    La jefa y la chica se tomaron sus tragos completos, Susana la agarro del brazo y se fueron al patio del bar, era un patio para los fumadores, solamente había una pareja que estaba en lo suyo, ellas fueron a una esquina que estaba a oscuras, junto a una salida de emergencia, solamente iluminados por el cartelito de esta, yo me quede a distancia, viendo prácticamente sombras. Aunque todo se entendía bien, las figuras eran más que identificables, la jefa una gran amazonas dominante, y la cría rubia un tierno corderito, chiquita, pero muy bonita.

    Susana prácticamente la estrello contra la pared, y empezó a comerle la boca, mientras se metían mano, la chica era mucho más pasiva. La jefa le dijo algo al oído y acto seguido le dio una cachetada, jalo de sus cabellos y la beso mientras estrujaba las pequeñas tetitas de la rubia. En verdad la Susana estaba en modo domina completa, siguió tirando de sus cabellos hasta meterla bajo de su falda, me di cuenta que la chica era inexperta y esto frustraba a Susana que quería descargarse, en un momento dado la paro y metí su mano bajo su falda y en pocos movimientos hizo acabar a la chica.

    Susana: Estas muy verde y yo no tengo paciencia hoy para enseñar, vete con tus amigos y aléjate de mi.- uso su voz tenebrosa, esa que era ronca que daba miedo.

    Volvió adentro y pidió otro trago, yo ya perdí la cuenta de cuantos llevaba, se la veía furiosa y frustrada, la chica la dejo a medias o no servía, le costo tranquilizarse, yo me pedí un agua, tenia que estar atento, ella observaba básicamente a las mujeres, era algo que me dijeron las chicas por teléfono, buscaría una mujer y la dominaría para sacarse las ganas, para alinear sus pensamientos, quiero decir para volver a sentirse una mujer empoderada, poderosa, que dominaba siempre la situación.

    Yo la había desestabilizado en ese sentido y era algo que en su cabeza no podía ser. También me di cuenta que no era el único que la observaba, había varios grupos de hombres que la seguían con la mirada, muchos habían intentado acercarse pero fueron rechazados.

    Paso como media hora más hasta que se le acerco la morocha amiga de la rubia que estuvo recién con ella, venia bastante borracha, de todas formas Susana no estaba mejor, aunque esta aguantaba más y lo disimulaba mejor.

    Se volvió a tomar el gin-tonic y la tomo del brazo y la saco al patio, yo me fui a parar para seguirla y tres tipos que estaban en una mesa delante de mi se codearon y se levantaron para seguirlas, esto me dio muy mala espina, estos era algunos de los tipos que me di cuenta que no perdían detalles de la jefa, parecían turistas, personas normales y corrientes, pero su actitud no me gusto ni media. Tome de arriba de una mesa un encendedor, y del respaldo de una silla el pañuelo de una chica, apreté fuerte el encendedor y envolví mi puño con el pañuelo.

    Yo salí un par de segundos después que ellos, la jefa y la chica morocha estaban besándose y acariciándose en el mismo lugar que recién, me di cuenta que los tipos no habían actuado, la zona donde ellas estaban no eran enfocadas por la cámara de seguridad del patio, grave error ya que ahí estaba la salida de emergencia. Los tres tipos cuando pensaron que ellas estaban más indefensas atacaron, uno abrió la salida de emergencia, que daba a un oscuro callejón, después cada uno se encargo de una chica, tapándole la boca y arrastrándola afuera, el que se encargo de mi jefa le costo horrores.

    Hombre: Esta puta me mordió y rasguño, perra te voy a partir el culo por eso.

    Hombre 2: Si, pero apúrate que yo también quiero divertirme en ese precioso culo, sácala rápido.

    El sujeto que llevaba a la rastra a la jefa se canso de ella y le dio dos grandes bofetadas que la tiraron al piso, ahí mismo le rasgo el vestido dejando sus tetas al aire. La jefa cuando la estaba parando para apoyarla contra un contenedor de basura le dio un rodillazo en las bolas, el segundo sujeto que estaba con ella le dio un golpe de puño que la derribo, ahí actué yo, sobre este ultimo, no me vio venir, un golpe seco en su cien lo derribo y dejo fuera de combate, el que se seguía agarrando las bolas quiso atacarme pero dos golpes en su cara también lo dejaron el piso, el que más pelea presento era el que estaba con la chica, que al verse liberada salió corriendo, este sujeto largo un par de golpes, yo respondí con una combinación de patadas, golpes de puño y codazos, este se la llevo peor que todos. Recogí una billetera del piso.

    Tome a Susana entre mis brazos y me dirigí hasta la camioneta que estaba a una cuadra del lugar, por suerte no nos cruzamos a nadie.

    Susana: ¿Que haces tu aquí?

    Alberto: Protegiéndola jefa.- ella solamente acurruco su cabeza contra mi y cerro los ojos.

    Mientras íbamos camino a la camioneta Susana me respiraba en el cuello, no hay nada más seductor que una mujer que esta tan buena te respire en el cuello, es algo increíble. Una de mis manos pasaba por debajo de su cola, yo notaba su vulva caliente, la deje en el piso y abrí la camioneta, la puse en el asiento de atrás, vi un leve moretón en su mejilla y el labio partido. Ella estaba sentada con su cuerpo mirando hacia afuera, y yo parado en la puerta de la camioneta.

    Alberto: están noche necesitaba mi protección, pero también necesita algo más.

    Nuestras caras estaban muy cerca, tome su nuca pero ella me gano, puso sus dos manos en mi cuello y me beso, sentí varios sabores raros primero la sangre de su labio, después el gin-tonic, y como rezago el sabor de la chica con la que estaba. Ella parecía querer comerme, estaba sacada, una de sus manos fue hasta mi culo, lo apretaba y me empujaba hacia ella, yo mientras jugaba con sus tetas, es más apretaba y giraba sus pezones como si fuera la perillas de un radio viejo. Nos separamos jadeando y buscando aire. Me dio una sonora cachetada, ya se estaba volviendo costumbre esto.

    Alberto. Yo no la voy a dejar a media jefa.

    Susana: A ver semental de pacotilla si sabes hacer algo bien, o me tendré que buscar a otro que me preñe.

    La calle era transitada, por más que fuera de noche, y estaba bien iluminada. Yo no me iba a poner a pensar en eso, empuje suavemente a Susana que se dejo caer en el asiento, abrí bien sus piernas y empecé a comerle la vagina, como dije ya estaba caliente y no se si toda la situación con los hombre o mi rescate la había calentado más todavía, metí bien un dedo en su ano y otro en su vagina mientras lamia todo lo que podía de su sexo, era un volcán a punto de la erupción.

    Susana: Así marica, chúpala bien, te voy a tener ahí hasta que me canse.- estaba sacada, me tiraba del pelo y me apretaba contra su sexo.- te creíste que me podías controlar, te faltan huevos para dominar a una hembra como yo.- entre gemidos no paraba de hablarme.

    Abundante liquido salía de su vagina, yo lo recogía con mis dedos y metía otro más en su ano, ya eran tres, su clítoris estaba duro parecía una bolita de acero de los rulemanes. Yo también estaba caliente, me enderece y deje de chupar su vagina, baje mi pantalón y libere mi herramienta.

    Susana: Que haces no ves que iba a acabar, quien te dio permiso.

    No hice caso puse mi pene en la entrada de su vagina y la penetre hasta que los huevos golpearan su culo. Estaba muy lubricada y caliente, así que entro perfectamente hasta el fondo.

    Susana: hijo de puta, que gruesa que la tienes.- ella resoplaba, y buscaba aire.- más te vale que no me dejes a media.

    Yo tome sus piernas y las puse en mis hombros, y comencé a embestirla salvajemente, la sacaba casi toda, solamente quedaba la cabeza adentro y volvía a meterla hasta que mis huevos golpearan su culo, lleve una de mis manos y la apoye en su pubis con mi dedo pulgar comencé a acariciar cerca de su clítoris sin tocarlo directamente, y mi otra mano introdujo dos dedos en su ano.

    Susana: Eres un salvaje, me vas a desarmar, me tienes a punto.- ella tiraba la cabeza para atrás y no dejaba de gemir.- voy a acabar.

    Y tuvo un orgasmo muy fuerte que prácticamente la dejo inconsciente, ella seguía teniendo contracciones pero estaba ida, retire mis dedos de su ano y apure la velocidad al máximo quería acabar, y lo hice sentía mi leche caliente dentro de ella, seguí bombeando hasta que mi pene dejo de escupir semen. Ni bien termine, me subí los pantalones, mi jefa seguía en un estado de semi inconsciencia, la acomode bien en el asiento. Me subí a la camioneta y conduje, cada tanto la miraba por el retrovisor, parecía dormida.

    Susana: Es la primera vez que acabas en mi vagina.- dijo acomodándose, entre dormida, borracha y bien atendida.

    Alberto: Es que quería gozar con el cuerpazo de mi jefa antes de preñarla.- ella esbozo una sonrisa, pero nunca abrió los ojos.

    Susana: Pervertido.

    Llegamos a la casa cerca de las cuatro de la mañana, la lleve en brazos a la señora Susana hasta su cama, seguía dormida profundamente. Baje a la cocina no me podía dormir, tome la billetera que recogí en el callejón, y me dije porque no, darle una lección a los violadores, en la billetera estaba la tarjeta llave de la habitación del hotel, en realidad mi primera apreciación fue acertada eran oficinistas, claro que cretinos y mala gente hay en todos lados. Vi tenia una foto con sus hijos, y la parte donde salía la mujer estaba cortada, era evidente que no estaban juntos. Me decidí hacerles una visita, sino la señora Susana cuando se levante con una resaca de los mil demonios, no le gustaría que solo les hubiera hecho unos moretones.

    Llegue al hotel, quedaba bastante lejos y era muy chico y económico, me senté y miré todo, la zona tampoco era muy buena. En la parte vieja de ciudad, rodeado de fábricas y algunos astilleros abandonados. Tal vez había visto muchas películas, ya había pensado un plan para darles miedo, tome una llave circular cromada de la caja de herramientas de la camioneta. Y no tuve que esperar mucho, un Renault Sandero se paro en la calle pocos minutos después, venían renegando y enojados, habían estado un rato buscando la billetera de uno, yo puse una campera sobre la llave y solo se veía un poco, con la poca luz que había y la borrachera que tenían esperaba que funcionara. Me acerque a ellos y empuje a uno, mientras que apuntaba con la llave cubierta por la campera.

    Alberto: Ustedes sigan hacia allá.- y señale un playón del astillero abandonado.

    Hombre: Señor no tenemos mucho dinero, le podemos dar nuestros celulares.- le pegue fuerte una patada en el culo y obedeció.

    Entramos al predio, había barcos viejos, botes, todo en total estado de abandono y deteriorándose a la intemperie. Los puse en un lugar que no se viera desde la calle, nos daba la luz de las iluminarias de alrededor.

    Hombre 2: Tú eres el tipo que nos golpeo.

    Alberto: uno que por lo menos sabe lo que dice.- ellos estaban sorprendidos.- yo soy el guardaespaldas de la chica que atacaron.- no dije cual de las dos.- el problema es que atacaron a la única hija mujer de uno de los capos de la mafia en el país, y si llamo dentro de un rato a la casa para contar todo y les digo que solamente les di unas caricias yo me convertiré en hombre muerto.

    Hombre 3: Señor nosotros nos equivocamos, estábamos drogados y el alcohol no ayudo mucho, perdónenos, tenemos familia.

    Hombre 2: Estábamos celebrando mi divorcio.- casi lloraba.- por favor tenemos hijos.

    Alberto: la persona para la que trabajo también tiene hijos, pero su única hija mujer es la luz de sus ojos, mínimo me va a pedir que los mate y les corte las manos que tocaron a su hija. – el divorciado estaba llorando y pedía piedad.- bueno vamos a hacer algo les rompo los brazos y se van de la ciudad hoy mismo.- tampoco les gusto.

    Puse la llave en mi espalda, uno vio la oportunidad y quiso agarrarme, fue su peor idea, hice una palanca a su brazo y gire, el hueso sonó en un crack cuando se quebró.

    Alberto: Uno menos, quien sigue.

    Uno quiso correr pero una patada mía lo derribo y cayó pesadamente. El que estaba arrodillado apenas me vio estiro la mano para protegerse y crack, ya solo faltaba uno que salió corriendo, puta madre que corría rápido y yo estaba viejo y lento para esto, se trepo a un muro y salto de él, no se dio cuenta que del otro lado era muchísimo más bajo y cayo como de cuatro metros, bueno se saco el tobillo, creo que un brazo o una pierna para el caso es lo mismo, me subí y tome una foto del el mientras se retorcía de dolor. Volví y los otros dos al verme se pegaron contra un bote, les hice un par de fotos a ambos donde se veía bien sus miembros rotos.

    Alberto: Los quiero fuera de la ciudad o son hombres muertos, llévense a su amigo.

    Vi que uno de los dos se estaba orinando en los pantalones, vaya no sabia que tenia ese poder, tal vez era el personaje que me había comido mientras esperaba, o que realmente había cambiado. Me fui en silencio, me fije que no vieran de donde había venido y me subí a la camioneta que la había dejado a un par de cuadras. Llegue a la casa en un rato más amanecería. Me fije y mi jefa seguía durmiendo, cuando la vi parecía que tenia una sonrisa en el rostro o tal vez era una forma de dormir que tenían las lobas, yo no sabia. Me acosté en la cama de Valentina y me quede planchado, dormido como un tronco.

    Me despertó ruido a metales en la cocina, pegue un salto, es como si estuviera de guardia y me viera quedado dormido, algo imperdonable en cualquier instituto castrense, me levante rápido, me había acostado vestido. Cuando llegue a la cocina, Susana estaba intentando cocinar, salía humo por todos lados, una olla estaba hirviendo con agua y esta se estaba volcando. Mi jefa no se que buscaba pero revoleaba ollas para todos lados y del horno salía mucho humo, yo procedí a apagar todas las hornallas, ella me miraba molesta, le quite de la mano un paquete de fideos antes que me lo lanzara por la cabeza.

    Susana: Yo puedo hacerlo sola, no te necesito.

    Alberto: Tranquila Susana, yo se que es una mujer muy capaz e inteligente, pero ahora la cocina esta hecha un desastre y esta la carne quemada en el horno.- ella miro en dirección a la cocina.- si me permite, si se cambia y vamos a la peatonal que esta a unas cuadras y comemos ahí.- me miro como midiendo mis palabras.- puede hacer como que no me conoce e ignorarme o puede actuar como si fuera una persona que recién conoce y charlamos animadamente.

    No dijo nada y subió a cambiarse, por que seguía con mi remera que me había sacado el día anterior, yo justo me acorde de las fotos que le seque a los que intentaron violarla, no sabia si para ella era algo traumático o no, pero al final me decidí y se la mande. Susana bajo y se había puesto algo parecido a lo que viajo un jeans corto y una remera blanca ajustada, gafas de sol y un poco de maquillaje , la jefa era una mujer arrolladora, prácticamente podía parar el transito.

    Íbamos caminando por la vereda y una cuadra estaba empedrada la vereda, por lo tanto era irregular, las sandalias de Susana tenían un pequeño taco, que la hacían trastrabillar cada tanto. Le ofrecí mi brazo para que se agarrar de él, pero lo rechazo, al segunda vez que casi se cae lo tomo en el acto, y así caminamos hacia la peatonal.

    Susana: Así que saliste en la noche para buscar a esos mal nacidos.

    Alberto: Era mi deber como su protector.

    Susana: Mi protector una mierda, me golpearon y casi me violan, sino le hubieras dado la paliza tú, hubiera contratado a alguien que se las de.

    Alberto: Perdón es que llegue tarde, casi me duermo viendo como se levantaba chicas que la dejaban insatisfechas.- ella se detuvo bajo sus gafas y me miro por encima del marco de las misma, por unos segundos, luego siguió caminando tomada de mi brazo con una sonrisa.

    Almorzamos muy animadamente, volvimos a la misma onda del viaje hablando de todo un poco, cultura general, política, economía.

    Mientras comíamos, después para seguir la charla pedimos unos cafés, cuando terminamos nos fuimos a pasear mirando vidrieras en la peatonal, ella se compro una pulseras y aros en una joyería, y vio que yo miraba un reloj, para un trabajador era algo caro, para un rico era una baratija, era un Seiko Neo Sports de 400 dólares, ella me lo compro, fui a decir algo y me cerro la boca con el dedo.

    Susana: Es para que no llegues tarde a rescatarme la próxima.

    Seguimos paseando un rato más y fuimos a tomar un helado, ahí fue el único momento que vi que se comporto como niña, esa mujer adora el helado. Volvimos ya a la tarde a la casa en misma temática que estábamos, charlando y ella me tomaba del brazo. Susana en un acto de generosidad me incluyo en el grupo de WhatsApp del Circulo, que se llamaba El Circulo un nombre original, también mando las fotos de sus tres atacantes con la explicación al respecto, me quede pensando y creo que yo había pasado la prueba, Susana me había aceptado.

    Antes de volvernos a la noche, lo hicimos de nuevo, igual que la día anterior, ella intentando imponerse y yo que no la dejaba, eso si quedo satisfecha de sexo. Y volvimos a nuestra ciudad, después de un fin de semana bastante agitado.

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  • Halloween 2023, noche de demasiado sexo en grupo

    Halloween 2023, noche de demasiado sexo en grupo

    El siguiente retrato se lo contaremos Priscilla, mi esposa, y yo, Fernando. Fue en octubre del 2023, Pri tenía 22 años y yo 23. Para poner en contexto, mi mujer de poco más 1.50 m, tez aperlada, con cuerpo delgado, senos y nalgas redonditas y paraditas pero pequeños; yo soy moreno, alto, de 1.74 metros y cuerpo atlético, pero no marcado de gym si no de hacer atletismo y ser joven escuálido, pero con verga larga, aunque no tan gruesa.

    Un amigo mío, Esteban, nos invitó a una fiesta, nos explicó que él es “single” y que ha experimentado cosas con matrimonios, el es un chico blanco, de barba, tiene muy buen cuerpo pues practica crossfit desde hace algunos años; aunque nunca ha tenido nada con nosotros, siempre le hecha miradas a Priscilla y ella le corresponde mostrando un poco.

    La fiesta de esteban era de parejas y singles, al parecer, mayormente eran matrimonios mayores a los 30 y cuarenta años, pero nos avisó que hay jóvenes y parejas ya algo grandes. Nosotros aceptamos por que se podía curiosear y pensamos que el mostrarnos cogiendo quizá sería excitante, pues nos gusta el exhibicionismo.

    La temática era Halloween y era disfraz sexy o completamente desnudo, según las reglas, además debíamos ir acompañados por Esteban pues solo era una fiesta para “socios” y amigos invitados. El lugar era una casa, pero dentro, había cuartos grandes, incluso dentro de los cuartos había divisiones como de cabinas con sillones y camas, había poca luz, pero si había luces ambientales de colores, el aroma de aromatizantes, alcohol y cigarros era lo primero en notar, además había pequeñas barras con bancos altos para beber.

    Esteban iba vestido de gladiador, solo una tela blanca con tiras cafés y mostrando su torso bien trabajado con intento de cuadritos, se le notaba su bóxer de licra color negro. Yo me puse un bóxer azul marino, unos lentes oscuros y una gorra de policía que conseguí de un disfraz; Priscilla iba de diablita, una tanga roja pero con una bata roja transparente que usaba como baby doll, su bra era rojo brillante y claro, sus cuernos de plástico en una diadema.

    Esteban desde que entramos miraba a ver si se le escapaba algo a Priscilla, sin embargo, él nos dejó un rato para ir a buscar con quien entretenerse esa noche, mi mujer que le fascinan los hombres mayores me dijo que en todos los cuartos había matrimonios de muy buen ver, yo observaba como había mujeres muy guapas y de cuerpos muy ricos.

    Priscilla me llevaba de la mano, sin soltarme, la dejé que me guiara por el lugar, notamos que algunas parejas nos miraban y en ocasiones nos sonreían, por cierto, había mujeres ya desnudas o en topless, pero con antifaces y cosas así de la temporada.

    Priscilla.

    Cuando encontré un sillón en un área que nos permitía observar lo que pasaba, gente bailando y personas coqueteando, le dije a Fernando que se sentara, yo me senté en sus piernas y para romper el hielo comenzamos a besarnos; en ocasiones mirábamos alrededor y vimos que había quienes nos miraban esperando ver algo de acción, Fer pasaba su mano por debajo de la bata y acariciaba mis nalgas, yo sentía su pene algo duro en mi muslo.

    Mientras nos tocábamos, observamos que un matrimonio se sentó a un lado de nosotros en el sillón, tras platicar un poco y hacer ese coqueteo nervioso, nos dijeron que se llamaban Andrés y Gloria, él un señor alto, blanco y de pelo canoso con mechones negros, ojos cafés claro y con cuerpo que se veía delgado pero que claramente hacía ejercicio. Gloria era una mujer muy atractiva, piel muy blanca, con unos senos gordos, pero aún firmes, tenía un cuerpo curvilíneo con unas piernas gruesas que encajaban con sus nalgas grandes, su cabello chino lucía brilloso por las luces de colores, ambos iban en ropa interior negra.

    Cando nos dijeron que Andrés tenía 50 años y Gloria 44 no lo creímos pues se veían como matrimonio de serie. Mientras platicábamos, ella comenzó a acariciar mis piernas con una mano y con la otra me estiró mi mano derecha. Fer nos miraba y Andrés rompió la tensión sexual diciendo que nos diéramos un beso su esposa y yo, Fer me bajó de sus piernas y me dejó en medio con gloria, ella se estiró y me besó, me tomó con su delicada mano mi nuca y nos besamos muy rico.

    Gloria desabrochó mi bata y dejó al descubierto mi cuerpo, Andrés mencionó que le gustaba mi cuerpo delgado y pequeño, que era muy “manejable”, los cuatro reímos. Gloria intentó quitarme el bra, pero la detuve, ella miró a su esposo y el le desabrochó su bra, el cual dejó caer sus senos, tan blancos que con la luz roja y morada del lugar parecían pálidos, sus pezones eran algo grandes pero bonitos, no oscuros.

    Andrés no tardó en quitarse su ropa interior y le bajó el calzón que llevaba su mujer. Nos recomendó quitarnos todo ya que llevaría a resguardo la ropa, pues la mayoría de la gente ya estaba desnuda caminando por el lugar. Fer y yo nos miramos, pero para no vernos mal, nos quitamos su bóxer, su gorra y lentes, yo me quite todo y quedamos desnudos, de inmediato me senté nuevamente en las piernas de Fer tapando mi conchita, que, sinceramente estaba mojada.

    Andrés estiró la mano y cuando Fer le pasó nuestra ropa, él tomó mi tanga y la olió, haciendo cara de deleite, los cuatro nos reímos.

    Fernando.

    Cuando Andrés regresó, Priscilla me susurró al oído que no nos separáramos, además, tenemos la regla de hacer todo pero juntos. Mientras seguíamos platicando, llegó otro matrimonio, era un señor también de 50 y tantos años, era moreno, no tan alto, cuerpo normal, pero con una pansa ligeramente grande, no gordo. Su mujer era morena, un poco más baja que él, tenía unas caderas y piernas deliciosas, sobresalía su vello rebajado y en forma de una línea pequeña, muy diferente a Gloria y mi mujer que iban completamente depiladas.

    Los 6 empezamos a platicar, no creían que tan jóvenes, Priscilla y yo estuviéramos casados.

    De pronto comenzamos a tomar confianza y bromeábamos, la mujer que acababa de llevar me dijo que le gustaban jóvenes, de pronto comenzó a masturbarme con una naturalidad que volvía sexy el momento, Gloria se colocó a mi lado y me acariciaba con sus manos, mientras Priscilla platicaba con los dos hombres, Andrés ya tenía algo duro su pene y el hombre aún estaba relajado. Andrés llevó a Priscilla a la barra para tomar algo, yo quise seguirlos, pero las mujeres me tumbaron en el sillón y una comenzó a besarme mientras la otra me seguía masturbándome.

    Gloría bajó un cojín y se arrodilló, de pronto la tenía mamando mi verga, su amiga solo me masturbaba y me tocaba. Estaba ya caliente y dejaba que todo fluyera, pero miraba de reojo a Priscilla que estaba sentada en un banco alto con las piernas cruzadas, Andrés estaba de pie junto a ella y mientras platicaban el acariciaba su brazo algo inocente, pero miraba sus pechos pequeños. Note que el otro hombre había desaparecido.

    Cuando volví a mirar a la barra, Andrés tenía su pene en la mano y le daba golpecitos a la pierna cruzada de Priscilla, los dos reían y yo sentía que me perdía entre las buenas mamadas de Gloria y las caricias de la otra señora.

    Priscilla.

    Andrés me platicaba de sus fiestas con su mujer y de su juventud desenfrenada, cuando comenzó a acercarme su pene con su mano y empezó a rosar mi pierna miré a Fernando, él estaba perdido en el placer con las dos señoras. Andrés notó que estaba algo nerviosa y me dijo que disfrutara el momento, sin pensarlo, el estiró sus brazos y abrió mis piernas dejando al descubierto mi rajita pequeña.

    Yo no supe que hacer así que solo lo miré, él sonrió y me preguntó si estaba bien, yo le dije que sí, pero le mencioné que no haríamos nada, él dijo que estaba bien, todo se respetaba.

    Andrés se me acercó y con su mano derecha comenzó a acariciar mis pechos, mis pequemos pezones se pusieron duros, después bajó su mano y despacio acarició mi rajita, yo suspiré, el subió sus dedos y los lamió, después regresó a mi rajita y despacio de forma delicada me comenzó a frotar mi clítoris, me decía que era pequeño y que notaba que Fer y yo aún éramos jóvenes inexpertos, pero que con gusto nos enseñaría.

    Miré a Fernando y noté que tenía los ojos cerrados de placer; Andrés tomó mis piernas y las elevó, me puso de tal forma que mis plantas de los pies estaban apoyadas en el asiento del banco alto, mi conchita se abrió un poco y me dijo que notaba lo mojada que estaba, Andrés comenzó a masturbarse mientras que con su otra mano me tocaba del cuello a los pechos, apretaba mis pezones, bajaba a mi conchita y su dedo jugaba con mi clítoris y la entrada mojada de mi rajita.

    De pronto sentí como alguien sujetó mis hombros, miré rápidamente, era el otro señor, sentía el calor de su cuerpo detrás de mí, acto seguido comenzó a besar mi cuello, con sus manos sobaba mi espalda y mis nalguitas que estaban tensas en el banco.

    Andrés me preguntó si me gustaba y yo le dije que sí, se acercó y con su mano tomó su pene, lo frotó en mi rajita, yo le pedí que parara porque no haría nada sin Fernando y además no teníamos condones, él, que era alto dijo que estaba bien, pero me preguntó si habría oportunidad de coger, le dije que todo dependía de Fer si nos poníamos de acuerdo.

    Andrés se me acercó y me besó, su amigo me sujetaba las piernas, así que no pude bajarlas y sentí como Andrés al acercarse me rozaba con su pene mi conchita y su pene rosa y largo, algo cabezón, se subió hasta mi vientre. Los que estaban alrededor comenzaron a vernos, Andrés me agarró de la cintura y sin pensarlo me subió a su hombro derecho, dejando mis nalgas hacía arriba y dejando ver mi pequeña rajita al aire, unos hombres aplaudieron como celebrando la acción y con su mano izquierda me frotó la rajita y comenzó a caminar llevándome cargada hacia el otro cuarto, yo grité “FER”.

    Fernando.

    Mientras disfrutaba del placer de las buenas mamadas y tocaba los senos de las mujeres que, a pesar de su madurez, se sentían deliciosas, logré escuchar el grito de Priscilla, rápidamente giré mi cabeza hacia el lugar donde estaba mi mujer, pero solo alcancé a ver que la llevaba cargada Andrés y el otro hombre iba detrás, unas parejas los seguían con la mirada.

    Me levanté del sillón, Gloria intentó sujetarme para seguir mamando, pero la hice a un lado con cuidado y me fui a buscar a Priscilla.

    En el cuarto noté que Andrés se dirigió a una especie de cabina que tenía solo un velo como puerta, me acerqué de prisa y noté que la había colocado en la cama, Priscilla lucía algo confundida. Cuando llegué con ellos, Gloria y la otra dama estaban detrás de mí, los seis, nos miramos, Andrés se apresuró a decir que todo estaba bien.

    De pronto, el otro señor se acercó con unas bebidas y comenzamos a beber, un rato acariciándonos y platicando, relajó la tensión, pero noté que ya estábamos algo mareados, Andrés me preguntó si me animaría a coger a su mujer, yo miré a Priscilla y ella dijo que estaba bien, yo sonreí y le dije que sí.

    Note que en la orilla del cuarto había una especie de pecera esférica y dentro había condones y tiras largas de preservativos, así como lubricantes, fue cuando me di cuenta que en ese cuarto, a pesar de haber esas cabinas, se escuchaban ya los orgasmos y el aroma era a sexo muy fuerte.

    Gloria me estiró a un lado de la cama y comenzamos a fajar; la otra mujer me acariciaba y de vez en cuando besaba el cuerpo de la otra mujer. Yo estaba muy duro y sentía como la boca de una o de la otra mujer me mamaban muy rico, subiendo y bajando en mi pene.

    Cuando miré a mi izquierda vi a Priscilla sentada sobre la pierna derecha de Andrés y lo besaba, como ella es bajita y Andrés muy alto, ella sujetaba la cara del hombre mientras el subía sus manos por la espalda y sobaba sus nalgas, el otro hombre moreno, se masturbaba y de vez en cuando acariciaba los pechos pequeños de Priscilla.

    Priscilla.

    Mientras besaba a Andrés, me movía frotando mi conchita en su pierna, sentía como el otro hombre con su mano me frotaba mi clítoris y mis pezones, yo estaba muy caliente, veía a mi marido fajando y tocando a las otras mujeres y me prendía, sentía ese coraje que a la vez es excitación por la situación.

    Andrés me tumbó en la cama y miró a su amigo, él se posicionó en mi cabeza en la cama y me dio a mamar su pene, mientras sujetaba mis brazos apretándolos al colchón, Andrés comenzó a lamer mi conchita, sentía su lengua mover mi clítoris, me hacía mover mi cadera por impulso, yo quería moverme, pero por el peso del otro hombre y las manos de Andrés en mi cintura era imposible.

    Era tanto el placer que grité de lo excitada, Andrés se enderezó y me quizá meter su pene, pero se detuvo, yo puse mi mano en mi conchita y le pedí usara condón. Se estiró y tomó un condón y otro se lo lanzó a su mujer para que se lo pusiera a Fernando, ella así lo hizo y se montó en mi marido.

    Yo sentí como Andrés escupió en mi conchita y después entró con cuidado en mí, por su tamaño tenía completo control en mí y yo lo disfrutaba; su amigo se masturbaba viendo hasta que su mujer se le acercó y comenzaron a coger también.

    Sentía como el hombre alto y maduro besaba mi cuello y me llenaba de su saliva, después con fuerza me besó y metió su lengua en mi boca, yo estaba muy mojada y cuando entró con fuerza me hizo correrme, tuve un squirt, el chorro mojo el pene del hombre y por el grito salió, noté que su condón se quedó a mitad de su pene. Todos reímos y yo estaba temblando en la cama, de pronto el otro hombre dejó de coger a su esposa y se puso un condón, sin pensarlo, se posicionó empujando a Andrés y me la metió, yo estaba muy excitada, Andrés sobaba con insistencia mi conchita.

    Noté cuando miré a mi esposo, que estaba de lado penetrando a Gloria, pero la otra mujer colocaba su mano en el pene de Fernando, y con eso el condón se iba subiendo.

    Fernando.

    Noté que la amiga de Gloria quería que se me saliera el condón, así que paré. Les pedí un poco de descanso y miré a mi mujer. El hombre moreno entraba y salía a placer, Andrés se colocaba otro condón y retiró con un leve empujón a su amigo, tomó los pies de Priscilla y como eran pequeños los comenzó a besar, juntó sus piernas y la penetró de golpe.

    Después de unos minutos Andrés se inclinó sobre Priscilla, subió una pierna a su hombro y comenzó a darle fuerte, notaba que sus caras eran de un hombre muy excitado, temblaba un poco; después volvió a abrir las piernas de mi mujer y veía que estaba escurriendo de lo excitada, yo estaba demasiado excitado así que retomé mi actividad con las dos mujeres.

    Miraba a mi mujer estar en éxtasis con dos hombres mayores, yo lo estaba disfrutando, de repente sentí que me quería venir, saqué mi verga y retiré el condón, la mujer morena se acercó y aventé la leche sobre la vagina de Gloria, afuera, estaba escurriendo de mi leche, que era bastante, la otra mujer comenzó a jugar con su lengua en la vagina de su amiga y con la leche, yo estaba muy excitado, pero temblando después de venirme, me recargué en la pared de la cama.

    Miraba como mi mujer era sometida por dos hombres, pero no me daba cuenta de algo.

    Priscilla.

    Sentía como Andrés entraba y salía pero frotaba mi clítoris para hacerme correr una y otra vez, de pronto noté que el otro hombre volvió a sujetarme mis brazos, Andrés se inclinaba sospechosamente así que miré y descubrí que se estaba quitando el condón en cada embestida, cuando iba a decirle que no, el otro hombre colocó su pene en mi boca y Andrés me clavó muy duro, yo me retorcí pero ellos me sujetaron, empezaron a darme duro, uno en la boca y otro en mi conchita.

    Trataba de mirar a Fer pero él estaba cansado recargado a mis pies en la pared de la cabina al final de la cama. El hombre que tenía su pene en mi boca le dijo a Andrés que se correría, así que Andrés sujetó mi cabeza y me pidió abrir mi boca, yo lo miraba, hasta que sentí la leche del hombre caer en mi boca, su sabor fuerte y el aroma se hicieron presentes en mi boca y nariz.

    Andrés, se prendió y me comenzó a dar como loco, sacó su pene levantó mis piernas con una mano, con la otra se masturbó y aventó la leche sobre mi rajita que estaba algo levantada, luego froto su pene sin metérmelo.

    Tras exprimir su pene y limpiar la punta de su cabeza en mis muslos, se levantó, nos dio las gracias y se fue con su mujer, lo mismo la otra pareja, yo fui al extremo de la cama y abracé a Fernando, los dos estábamos muy satisfechos y apestando a sexo.

    Esteban se asomó a la cabina y nos vio, se acercó a mí y nos dijo “que show dieron”, él ya había cogido con dos chicas muy guapas, pero le pidió permiso a Fer para darme un poco, los dos aceptamos, Esteban estaba muy guapo, era peludo así que sentó como me jaló en la cama y primero frotó su pene en mi rajita, se colocó un condón y me comenzó a dar, estaba algo cansado pero excitado, Fer se masturbaba viéndonos, por lo caliente, Fer me aventó su chorro en la boca pero yo ya tenía mi aliento y sabor a semen.

    Esteban se salió de mí, se quitó el condón y con sus dedos abrió mi conchita, yo estaba muy mojada, además escurrían los restos de semen de Andrés, Esteban dejó abiertos mis labios pequeños y brillosos por toda la humedad y aventó su chorro sobre mí, yo sentía mis entrepiernas resbalosas.

    Andrés se tumbó en la cama y los tres nos quedamos descansando, y pensar que solo íbamos de mirones y terminamos cogiendo a mas no poder.

    Aún ahora recordamos esa fiesta y nos seguimos excitando, incluso cuando cogemos mi marido y yo, recordamos la fiesta de Halloween y nos hace acelerarnos como si siguiéramos en ese cuarto.

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  • Como sexoservidora, uno detrás del otro

    Como sexoservidora, uno detrás del otro

    ¡Hola! En esta ocasión les voy a hablar del día que me estaba mandando mensajes con el esposo de mi mejor amiga.

    Antes de lo ocurrido con Fidel ustedes recordarán del relato anterior que apenas nos estábamos mandando mensajes, y el día que él comenzó a cortejarme y antes de cogérmelo yo estuve con alguien más, ya que era muchos días de incapacidad de mi marido y yo ya tenía ganas de ser penetrada, pues yo ya no había estado con otro más que con mi esposo, inclusive había rechazado las invitaciones de Richi (amigo de mi esposo) y de Dante (mi maduro del gym) pero empezaron de insistentes ambos y no sabía que hacer, la verdad. Eran tantas mis ganas de coger que le dije a Dante que sí, que fuéramos a coger, sin saber que haría lo que cualquier puta, atenderlos a los dos.

    Ese día tuve entrega de boletas en la prepa de mi hijo, mi esposo es el que se encarga de ir, pero ahora decidí yo ir, y al terminar su incapacidad un día antes, el viernes él se fue a trabajar.

    La reunión fue a las 7 am, mi esposo se fue con mi hija a la escuela, en ese tiempo nuestra pequeña estudiaba en 6to de primaria en la misma escuela donde ambos trabajamos, yo me fui a la reunión, no sin antes haberme puesto de acuerdo con Dante mi amigo del gym, obviamente para que me cogiera mientras mi esposo se iba al trabajo.

    Un día antes me habiamos platicado para poder vernos así que me puse linda, me puse unos leggins de vinipiel, unos tacones negros y una blusa escotada todo debajo de un abrigo, en mi bolsa coloque mis babydoll y a mis amigos de látex, decidimos vernos en un hotel del centro llamado San Miguel, le dije que llegaba después de las 7 am que si quería llegar pronto lo hiciera. Yo salí de la reunión como 7:20 am la escuela de mi hijo está a escasos 5 minutos de dicho hotel. Cuando salí de la reunión le hablé por teléfono y estaba instalado ya en la habitación, me dio el número de esta y fui rumbo al hotel.

    Entré al estacionamiento, estacione mi camioneta y subí, cuando llegue ya había comprado café, tomamos un poco y comenzamos a coger.

    No me dejó ponerme ni un babydoll cuándo se me fue encima, me dijo que me extrañaba qué me veía en el gimnasio y se le antoja todo lo que habíamos hecho antes, que veía las tangas que me ponía debajo de la licra o los leggins, y que veía como varios me veían y eso le daba celos. Le dije que para eso me ponía la tanga para llamar su atención.

    Comenzó a besarme apasionadamente, quite su camiseta, quito mi blusa, me quitó los leggins de vinipiel y yo su pantalón, ambos quedamos en ropa interior me alzó me llevó a la cama y poco a poco entre caricias y besos tiernos fue quitándome el brassier y mi tanga.

    Me tocaba con mucha ternura estaba siendo muy romántico, me acariciaba toda pasaba sus manos por mis pechos mi cintura mis piernas hasta que abrió mis piernas y se agachó a tomar mis jugos. Comenzó a lamer y a chupar, lo estaba haciendo muy cuidadosamente era muy tierno comencé a moverme mientras chupaba, le puse mis piernas sobre la espalda, lo estaba haciendo tan rico y tan bien que le pedí que no parara, era riquísimo sentir cómo me estaba haciendo ese oral, le pedía más y más. Era delicioso metió sus dedos en mi vagina y comenzó a darme masaje de útero, me encantaba sentir los dedos y la lengua al mismo tiempo.

    No aguanté más y le pedí que se subiera, se levantó, se colocó un condón y subió. Abrí mis piernas para recibir su largo pene, comenzó a moverse mientras yo con mis piernas y mis brazos lo abrazaba. Le pedía más y más, era tan rico sentirlo, se levantó de mi, se arrodillo y colocó mis piernas en sus hombros, comenzó a moverse y mientras lo hacía sus manos apretaba mis tetas y mis pezones erectos, junte ambos pies atrás de su nunca mientras me cogía, le pedí que no parara qué era riquísimo sentirlo hasta que me pidió cambiar de posición.

    Me puse de perrita pegué mi pecho al colchón levante mi culito, solamente y le pedí que lo metiera, se puso en cuclillas atrás de mi y comenzó a follarme, yo apretaba las sábanas y mordia la almohada para no gritar, era riquísimo estaba muy excitada quería más y más, fue entonces cuando me dijo que ya venía, le dije que el mío aún no que esperara un poco más, pero me dijo que no podía que ya estaba ahí, así que cuando se dispuso a venirse, salió de mi zorra caliente, se quitó el condón y aventó su leche en mis nalgas y espalda, cuándo terminó de vaciarse acerco su pene a mi boca y comencé a chupar y a limpiar el semen que había quedado.

    Nos acostamos un momento con papel de baño limpio mi espalda y mis nalgas muy caballeroso él, y me dijo que se tenía que retirar que tenía que ir a trabajar, y apenas eran las 8 de la mañana. Me dijo que se iba a retirar primero él y después yo, le dije que no había problema que mientras me daba un baño me dijo que la habitación era por todo el día, le dije que pues para qué, si solamente íbamos a estar ese momento me dijo que porque era el que estaba más céntrico y más bonito y que quería algo especial para mí qué no me merecía cualquier otro hotel de paso. Así que se cambió me dio un beso, se despidió y me dijo que nos veíamos en el gimnasio en la tarde.

    Me recosté prendí la tele y me quedé tomándome ese café que me había dejado preparado, pensé que había sido un desperdicio de tiempo y de dinero estar en ese hotel por una hora, y además de todo, caliente todavía. Fidel para ese momento ya había mandado mensajes acerca de si ya me había sobado la cadera (los que no saben lean el relato anterior a este en mi perfil), se los respondí, entre algo sería y provocativa le contestaba lo que el me decía, en uno de esos mensajes me dijo que quería cogerme en la cama de mi esposo, le dije que no, que eso jamás pasaría ya que yo respetaba a mi amiga.

    Sin embargo cada mensajes suyo me mojaba más y más, me dijo que si no me imaginaba mamandole la verga mientras le hacía el café ¿cuando nos embriagabamos todos? ¿Qué si a poco no aguantaba unas metidas? ¿O unas pellizcadas en mis tetas?

    Todo se lo respondí entre un provocamiento y mi seriedad con la que yo lo trataba, estaba caliente por lo que en ese momento se me ocurrió una excitante idea, entré a enjuagarme, seque mi cuerpo y le hablé a Richi, no tenía el valor de cogerme al esposo de mi amiga, así que le hable a otro amigo de mi esposo quién dormido me contestó y le dije que tenía ganas de coger, que si él no quería, me dijo que dónde estaba le dije el nombre del hotel y la habitación y le colgué.

    Me puse mi baby doll, me acosté en la cama, me puse mis zapatillas y mientras llegaba comencé a masturbarme, estaba muy muy muy caliente, Dante no había completado su misión, y Fidel hizo que ardiera más con sus mensajes, comencé a darme palmaditas en el clítoris, comencé a jugar con mis manos por mis tetas, me levanté de la cama saqué a mis amigos en la bolsa los mamé a ambos para lubricarlos y los lleve a la cama, comencé a meterme al más grande, el dildo de 25 cm, era delicioso estarme tocando y pensar todo lo que me iba a hacer Richi, pero no era suficiente así que tomé mi plug me puse yo solita en cuatro y me lo metí en el culo, lo deje ahí dentro y estaba metiéndome el otro.

    Pasaron escasos 15 o 20 minutos, cuando Richi me habló por teléfono y me dijo que ya había dejado su moto al lado de mi camioneta que ya iba subiendo las escaleras, saque mi dildo de la vagina, medio tendí la cama tiré los vasos del café, me fui a pintar los labios, cuando tocaron la puerta pregunte quién era, y me contestó él. Le abrí la puerta, entró a la habitación dejó su casco en la mesita, y cuando vio lo que tenía puesto se abalanzo sobre mí y comenzó a besarme así como me gusta con la lengua, con mordida, con pasión…

    Comenzó a tocarme toda y vio el dildo en la cama y me dijo que si ya había comenzado sin él, le dije que sí y me dijo que ahorita nos emparejabamos.

    Comenzamos a besarnos y se desnudo completamente, me puso en 4 a la orilla de la cama yo que tenía el plug en el ano, me dijo que si lo sacaba le dije que no que era el que estaba apartando su lugar, así en 4 en la orilla de la cama se arrodillo y comenzó a lamer y chupar mi zorrita, entre mis gemidos le pedía que no parara que estaba muy muy caliente y que lo había estado esperando con ansias, tome mi dildo de la cama y se lo entregué, dejó de hacerme el oral, se arrodillo frente a mí ya sabía yo lo que tenía que hacer, mamar.

    Comencé a hacerle la felación, empecé a mamar poco a poco hasta que lo metí todo a la boca, hacía surcos en la parte interior de mis mejillas, le gustaba que lo metiera en esa parte de mi boca, decía que te gustaba ver como su pene, estaba en mis mejillas. Se levantó me jaló de la tanga y me volvió a colocar en la orilla de la cama y me penetró y comenzó a cogerme, estaba tan caliente que ni si quiera le pedí que se pusiera un condón, se movía tan rico y era aún más delicioso sentirlo al natural, empezó a darme de nalgadas a jalarme el pelo, él sabía que me gustaba mucho el sexo salvaje, comenzó con sus palabras sucias, esas que me mojaban solamente de escucharlas.

    Siguió cogiéndome, hasta que le dije que quería montarlo, se salió se acostó en la cama y sin sacarme el plug, subi en él, tomé con mis manos su verga, y la metí.

    Comencé a darme unos ricos sentones así como le gustan y mientras él solamente me tomaba de la cintura y se dedicaba también a gemir, de la cintura pasó apretar las tetas y a chupar mis pezones, los mordía y chupaba el mismo tiempo, me encantaba como estábamos cogiendo, y más aún si tenías ambos orificios ocupados, me recargue con ambas manos el respaldo de la cama, para que chupara y me mordiera aún más mis tetas, comenzó a moverse mientras estábamos así, le pedí que no parara estaba a punto de venirme, y como todo buen amante no paro al contrario me dio más y más hasta que ambos nos fundimos en un orgasmo simultáneo, sentí como su leche salió disparada hacia mí mientras mi vagina expulsada mis jugos por tan rico orgasmo provocado.

    Ambos extasiados sudorosos y cansados nos abrazamos, cuándo sentí qué su pene se puso flácido, me baje de él. Nos acostamos, empezamos a platicar, me dijo que si tenía un hambre le dije que sí que aún tenía muchísima hambre, entendió el mensaje y me dijo que le diera unos minutos.

    Le dije que también tenía apetito así que pidió de almorzar, pasado como media hora bajo al estacionamiento a recibir nuestro almuerzo. Cuándo subió yo ya me había cambiado, me había puesto el otro babydoll negro con encaje fucsia que llevaba, sin decir alguna otra cosa comenzamos otra vez a besarnos, le dije que si de verdad tenía mucha hambre y me dijo que ya se le había quitado que tenía hambre pero de mi.

    Empezó nuevamente a recorrer mi cuerpo con sus manos comenzó a besar mi cuello, mis oídos, mis hombros y fue bajando hasta mis tetas.

    Comenzó a chupar nuevamente y a morder mis pezones a jalarlos con sus labios y a decirme esas palabras sucias qué hacían que yo me mojara más y más.

    -¡me encantas putita!

    -mmmmm… ¿Si papi? (Entre gemidos y voz sexosa)

    -si, si no estuvieras casada con él te haría mi esposa, para cogerte todos los días.

    -no es necesario ser tu esposa para que me cojas, le respondí.

    -si, pero yo te quiero coger diario contigo.

    -diario? Te aburririas, le dije.

    -claro que no, quién se va aburrir de todo esto que sabes hacer?

    -no se, tal vez encuentres una pute mejor, le susurré al oido.

    -putas como tú pocas, perra maldita…

    Bajo su mano hasta mi ano, y saco el plug, me lo dio a chupar y lo volvió a meter mientras ambos estábamos parados besándonos, después bajo nuevamente su mano pero a mi vagina comenzó a tocarme sintiendo cómo estaba ya mojada. Me acostó sobre la cama, me recosté en la cabecera, y mientras se quitaba la ropa nuevamente hice un lado mi tanga y comencé a tocarme yo misma. Solamente empecé a pasar mi mano por mis labios vaginales con la otra mano me chupaba los dedos estos dedos los baje y comencé a tocar mi clítoris no lo pensé dos veces, tome mi dildo de látex lo metí a mí zorrita.

    Estaba masturbándome tan más rico y él solamente estaba observando arrodillado en la cama, se acercó hacia mí y me dio nuevamente mamar, mientras mamaba comenzó ayudarme con el dildo, yo con una mano en la vagina y mamando su pene, él dándome palmaditas metiendo el dildo y empujando mi cabeza para no sacar su verga.

    Entre gemidos le decía sí le gustaba y me dijo que si le dije que quería sentirlo adentro y me dijo que si no era suficiente con el dildo, le dije que nunca era suficiente, así que me tomó nuevamente.

    Saco el dildo aún con leche de la que me había echado y así abierta de piernas recostada en la cabecera bajo a “tomar agua”. Chupaba y lamía con desesperación, no le dio asco su semen, al momento de sentir cómo estaba mamando mi zorrita comence yo a moverme, le dije que se acostara y así acostado me di la vuelta me fui echando de reversa hasta ponerle mi vagina en su boca, mientras el chupaba yo me movía, me recosté en su estómago y con mi boca comencé a mamar haciendo un 69 perfecto. Yo le pedía más y más y él me estaba dando como yo quería, pareciera que llevábamos años cogiendo cuando apenas teníamos en escasos 6 meses cómo 7 cogidas.

    Saco el plug de mi ano y comenzó a meter sus dedos, mientras chupaba mi vagina la pregunté sí quería meterlo por atrás, me dijo que ya sabía que sí, entonces me hice hacia adelante y le dije que lo metiera, quite mi tanga y me senté en su verga hasta que ocupó mi ano, lo estaba montando tan más rico y oyendo sus gemidos le pregunte si le estaba gustando, me dijo que ya sabía que le fascinaba que no tenía que preguntar, le dije que siempre me gustaba saberlo.

    Me pidió que cambiaramos de posición que quería darme él a mi y ambos nos levantamos de la cama, me levanté de la cama y comencé a pasearme en mi baby doll, él me seguía y le daba besos, le pasaba mi lengua por sus labios para provocarlo, y si estaba haciendo efecto, ya que dónde me alcanzaba me empinada y me daba unas cuantas metidas hasta que yo lo sacaba y seguía caminando, lo provoque cuantas veces quise.

    Hasta que llegue a un sillón común y corriente de 2 lugares. Me empine y sin decir más metió rápidamente su verga en mi ano ya de por sí dilatado y comenzó a moverse.

    Le pedia más y más, le dije que no parará, que quería sentir su leche en mi ano, me dijo que aún faltaba para que se viniera, me dijo que si ya venía el mío y le dije que si, diciéndole eso comenzó a darme más y más recio, con una mano me jalo del cabello, con la otra me estaba tomando del cuello mientras mis nalgas rebotaban en cada metida de pene que me estaba dando, sentí como mi ano se estaba contrayendo y mi vagina igual, así que le pedí que me diera más, que ya no parará que el mío ya estaba ahí, no paro, al contrario me dio más duro y rápido.

    Me estaba reventando el ano, sentí como si me estuvieran partiendo en 2 hasta que me vine, moje el sillón y mientras mis piernas me temblaban él salió de mi, observo como gritaba y gemía entre todo ese placer que estaba sintiendo, le dije que no iba a aguantar mucho, ya que mi vagina estaba muy muy sensible.

    Me dijo que si tanto como para no aguantar 2 al mismo tiempo, le dije que si los aguantaba pero que debía ser algo rápido, fue a la cama y del buró tomo mis juguetes, metió el dildo en el ano, y si así con su pene sentía que se partía con ese aún más, es grueso y mide 25 cm, lo metió casi todo y así empinada metió el suyo en mi zorrita, comenzó a moverse, entre dolor y placer que pedía que no parara al contrario le pedía más y más.

    En ese momento no pensaba yo en otra cosa qué en disfrutar. Me tomo por completo y me dijo que si algún día me había metido tres, le dije que si, algún día había tenido tres adentro sobre todo con mi esposo. Me dijo qué quería ver si si aguantaba y le dije que lo intentará, saco ambos de mis orificios. Tomo el plug y lo metió en el ano, me dijo que lo apretara y que no lo dejara salir.

    Acto seguido metió el dildo adelante y comenzó a moverlo yo gemía y gritaba de placer en cada metida y sacada que le daba al dildo, así empinada con uno adelante y el otro atrás comenzó a meter también el suyo, la verdad me dolía bastante pero también era muy placentero, comenzó a moverse y en esas movidas el dildo tocaba partes por dentro muy sensibles, me dijo que se sentía muy apretado, le respondí que sí y mucho, mientras yo aguantaba el dolor y gemía por el placer, me dijo que se sentía lo suficientemente apretado cómo para venirse muy pronto, le dije que no tardará que quería volver a sentirlo empezó a moverse más y más rápido entre dolor y placer le pedía más y más, que no parara.

    Estaba extasiada, caliente, sobre todo muy complaciente, le dije que no íbamos a estar mucho tiempo así ya que venía otro orgasmo mío, me dijo que lo dejara venir que quería sentir, contesté que por favor me llenará de leche, se lo supliqué, apurada me dijo que aún faltaba un poco, entre mis gemidos de placer y de dolor, entre sus nalgadas, jalones de cabello y metidas no aguante más, con mi mano izquierda comencé a tocar mi clítoris, en ese momento sentí como se comenzó a contraer mi vagina le dije que no parara, tuve un squirt qué cuando sintió como salía, saco su verga de mí, me jaló el cabello, me arrodillo frente al sillón y me dio a mamar su verga nuevamente, comenzó masturbarse y me dijo que quería que me los tragara.

    No tardamos mucho, cuándo sentí como mi boca se llenó de leche, se vacío completamente, me dijo que le enseñara, abrí mi boca y le enseñé su semen me dijo que tragara frente a él con mis ojos observándolo, así que tragué. Me los pasé todos, me acerque nuevamente y limpié con mi lengua todo el resto que había dejado ahí en su cabecita, volví a mamar y observé como su sensibilidad estaba a flor de piel, no aguantaba ni un lengüetazo en su glande. Me dio la mano y me levanto del suelo, me llevó a la cama y me recosté. Me dio un beso y saco el almuerzo que había pedido, ambos almorzamos, platicamos y me dijo el que iba a ser, le dije que me iba a regresar a mi casa a bañarme y a dormir un poco.

    Duramos como una media hora platicando, obviamente yo recuperandome de tremenda cogida, después de eso comencé a levantar mis atuendos y mis juguetes, nos dispusimos a partir. Adolorida y muy muy cansada, me cambié y primeramente salí yo del cuarto, tome mi camioneta y salí rumbo a mi casa.

    Cada quien por su lado, llegué a casa, me bañe y me dormí plácidamente hasta que llegó mi hijo de la prepa, mi esposo llegó como a los 30 minutos con mi niña y pues como ama de casa abnegada les serví de comer haciendo como que no paso absolutamente nada, esas oportunidades he aprendido a no desperdiciarlas, el tiempo pasa y este no vuelve y muchos menos las cogidas que dejamos en el camino.

    Todos mis relatos llevan una cronología, si te pierdes en alguna parte de los relatos puedes consultar los demás en mi perfil, llevan dicho orden porque así los viví, son reales.

    Espero y leo sus comentarios, los contesto con mucho gusto, gracias por leerme. Saludos.

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