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  • Nuestra amiga argentina y el pendejo (04)

    Nuestra amiga argentina y el pendejo (04)

    Esto me paso el martes a la noche, serían las 20 h, más o menos, yo estaba hablando por internet, hasta que Martín (un pendejo de 18 años que vive a dos cuadras de casa), me manda unos whatsapp, con él pasaron cosas ya las conté.

    Lo que hablamos por whatsapp, fue más o menos así: (copio lo más importante, si no se hace muy largo).

    Martín: hermosa, estoy solo en casa porque mis viejos se fueron al campo y mi hermano se queda a dormir en lo de la novia, ¿no querés venir un rato?

    Yo: no pendejo, me parece que te confundís.

    Martín: ¿por qué me decís eso?

    Yo: si estas solo llama a alguna putita ¡para coger!, a mi no me vas a coger ¡cuando vos quieras!

    Martín: ¿no ves que vos sola te entregas?, yo no te dije de coger, solo si querías venir a casa, o no podes venir solo para que charlemos un rato y tomemos algo, estoy embolado, podemos ser buenos amigos, ¿no?

    (No lo podía creer, otra vez yo 24 y el pendejo de 18 me estaba dando vuelta, porque obvio sabía que me iba a coger, pero tampoco quería quedar ¡como una boluda!)

    Yo: obvio que podemos ser amigos.

    Martín: dale venite, no seas boluda, estás a dos cuadras, si queres tomamos algo y te vas, ya sos grande ¡para saber lo que queres hacer!

    (Otra vez me hizo sentir ¡una boluda!)

    Yo: ok, voy para allá en un rato.

    Obviamente, no le creí que solo íbamos a tomar algo, pero no quería quedar como una pendeja, ah, una de las chicas con las que estaba hablando por internet, le digo esto y me dice: “anda sin bombacha”.

    Al principio, me pareció una locura, le dije que ni en pedo, pero me puse a pensar y me pareció buena idea, de solo pensar la cara del pendejo cuando me empiece a poner la mano debajo de la pollera y vea que estoy sin bombacha se iba a poner re loco. Aparte como ya conté, vivo en un barrio re tranquilo, son todas casas y hay mucha seguridad, así que no era peligroso que caminara dos cuadras así.

    Bueno la cosa es que aprovechando que el martes no hacia frio, me pongo una pollerita corta, pero no de esas que estoy en bolas, sin medias ni bombacha, una blusa, y un saquito y salgo. Me pasa lo de siempre, ya me caliento en solo pensar que estaba sin bombacha e iba a que me cojan, cada paso que daba, me daba cuenta que estaba más cerca de regalarme, hasta que llego, y sin pensar lo que hacía, con el corazón que me latía a mil, le toco el timbre.

    Me abre, nos saludamos con un piquito y me dice que recién había llegado un amigo con la novia, que andaban por ahí, lo llamaron y él les dijo de ir, que iba a ir una amiga (yo) que fueran y tomábamos algo los cuatro. Yo sé que soy media boluda pero no tanto, la verdad que no le creí un carajo, pero tampoco tenía pruebas para decirle que lo que me decía era mentira, aparte me quería morir YO ESTABA SIN BOMBACHA, ME SENTÍA EN BOLAS DELANTE DE ELLOS, (PERO ESO ME CALENTABA).

    La pareja de amigos: los dos me dijeron que tenían 18 años, el chico (Lucas) podía ser, pero la novia (Valen) tenía mucha pinta de pendeja, pero de pendeja bien trola, yo a la edad de ella casi jugaba ¡con las muñecas!

    La cosa es que nos pusimos en el living a tomar algo, y obvio, me di cuenta que “la novia” no era, por lo que me daba cuenta era una pendeja putita amiga de ellos (y yo dada la situación era la otra, putita), me di cuenta lo que se estaban proponiendo, pero me hacía la boluda, porque Lucas estaba re lindo y Valen también, a pesar de la pinta de trola que tenía (porque nosotras, a veces nos damos cuenta antes que ustedes de eso).

    En un momento me voy con Martín a la cocina a buscar hielo, y nos pusimos a tranzar, nos matamos con besos, me ponía la mano debajo de la blusa, me tocaba la cola (sobre la pollerita) pero no se dio cuenta que estaba sin bombachita.

    Volvemos al living y Lucas y Valen ya se estaban matando, Valen ya estaba arriba de Lucas y se mataban a besos y las manos por todos lados. Nos sentamos con Martín, y obvio, seguimos besándonos, me empezó a meter mano por todos lados, eso ya me gustaba, ya me estaba mojando, puse una pierna sobre la de él, como dándole libertad a que siguiera, y ahí, si me empieza a acariciar las piernas llegando hasta mi cola y puafff, cuando se da cuenta que estaba sin bombacha me dice: “nooo, no me podes hacer ¡esto!, me volves loco HIJA DE PUTA”, y me metía bien la mano en la cola, hasta que llego a mi conchita, abrí las piernas, y debajo de la pollerita me la empezó a acariciar, mucho me la acariciaba, ya no daba más, le hubiera pedido a gritos que al menos me meta los dedos, estaba ya entregada y re caliente.

    En una de esas los miro a Lucas y a Valen y la HIJA DE PUTA, ya le había desabrochado el pantalón y le estaba manoteando ¡la pija! (que pendeja ¡puta!)

    Ahora viene la parte que me descolocó, porque nunca lo hubiera pensado. Martín me agarra de la mano y me dice a mi y a los chicos: “vengan conmigo, vamos a estar más cómodos” y nos lleva al cuarto de sus viejos (que tiene esas camas que son súper grandes).

    Entramos al cuarto y la situación era media cortante, así de la nada, no sé, a mi mucho ¡no me da! (aunque no lo crean es verdad los que les digo), me calentaba la idea ce coger todos juntos, pero no lo tenía ¡ni pensado! Valen se dio cuenta de mi reacción y la pendeja puta, porque era una pendeja me dice: “¿no te animas?” no lo podía creer yo 24 ella me dijo que tenía 18, ¡y me desafiaba!

    Eso me emboló, y le parto la boca a Martín y ella a Lucas, los chicos nos llevaron a la cama, Martín me empieza a meter la mano en la conchita, los dedos, mientras me desabrochaba la blusa, y me besaba las tetas y yo oía los gemidos de Valen que también la estaban dejando en bolas.

    Martín me deja en bolas, Valen también queda en bolas (no pude evitar mirarla, y me gusto, chiquita, pero con tetas y culo más grande que yo). Me tiro en la pija de Martín, se la acaricio, hasta que se la empiezo a chupar, valen hacía lo mismo, éramos dos putitas chupando pijas, y me calentaba que me vieran y verla ¡haciendo lo mismo!

    Ya lo único que quería era que me cogiera, me subo arriba de él, y me clavo su pija en mi concha, con una mano en su cuerpo, con la otra en la cama y empiezo a saltar sobre su pija como loca. Valen hace lo mismo, y mientras nos cogían, me mete una mano en las tetas, yo no lo podía creer, saben que eso me pone ¡re loca! Obvio yo también le empecé a tocar esas hermosas tetas que tenía, hasta que no pudimos más, si casi mágicamente mientras nos cogían y nos tocábamos acabamos las dos juntas. Los chicos estaban tan calientes que también acabaron al toque.

    Nos quedamos los cuatro en la cama, Valen me empieza a acariciar las piernas, y como sin querer hacerlo, mi cuerpo me manejaba, las abría, me acariciaba mis muslos, les besaba, los chicos miraban, hasta que llego a mi conchita y me la empieza a chupar, yo le agarraba la cabeza para que me la coma, me ponía re calentita que una pendeja así me hiciera eso, mientras los chicos se recuperaban y nos miraban, tanto me la chupo hasta que me hizo ¡acabar! Siii acabé delante de todos, y más caliente me ponía eso.

    Los chicos se pusieron en la cama de rodillas, los dos juntos y con Valen empezamos otra vez a chuparles esas hermosas pijas de bebé que tenían, mientras también con Valen nos besábamos. Después Valen, así de una se la empieza a chupar a Martín (yo que no soy una santa me costa ver ¡lo puta que era!), y no me quedó otra, se la empecé a chupar a Lucas, pero como somos nosotras competitivas por naturaleza, me mate por chupársela ¡mejor que Valen!, estuvimos así un rato hasta que los chicos empezaron a acomodarnos ¡para cogernos! Y si… Me cogió Lucas ¡y a Valen Martín!

    Nos cogieron en la misma posición, nosotras arriba de ellos, pero esta vez Valen y yo estábamos enfrentadas, así que mientras gemíamos, saltábamos sobre esas pijas, las disfrutábamos, era más fácil también tocarnos y besarnos (en la medida que podíamos), y a mi lo que más me calienta es que me cojan así de a cuatro, que me vean como gozo como gimo lo puta que puedo ser, no estuvimos mucho hasta que acabamos ¡los cuatro de nuevo!

    Nos quedamos los cuatro en bolas en la cama, estábamos destruidos (todo duro no se… como dos horas) hasta que siempre hay algo más fuerte que yo, ¿y saben que es? Saber si se les para de nuevo ¡la pija!, al rato se la empiezo a tocar a Martín y ¡SE LE EMPIEZA A PARAR! Valen hace lo mismo con Lucas y también se le empieza a parar. Y empezamos a chuparles las pijas otra vez, pero esta vez ¡cada una con la suya!

    Seguimos así un rato hasta que los chicos se paran al lado de la cama, nosotras dos sentaditas en la cama, y nos terminan dando la poca lechita que les quedaba en la boca, ¡y nos besamos con la lechita en la boca!

    Valen se levantaba temprano, yo también ¡y la noche termino ahí!

    Una noche en la que no pensaba hacer nada, solo quedarme en casa, termino en fiestita, bueno, después tuve que arreglar porque no le conteste los whatsapp que me mando ¡mi novio!, pero eso siempre lo arreglo y me termina pidiendo perdón.

     

  • Ayudando a mi cuñada (Parte 2)

    Ayudando a mi cuñada (Parte 2)

    Mi esposa continuaba en su faceta de pornostar como tenía tiempo que no la veía, sin saber lo que estaba pasando:

    Julia: Así mi vida cógeme rico mi amor ufff, así dame más duro métemela completa que rico sigue así ahhh.

    Mi cuñada se mostraba indecisa de entrar, a la final se decidió por no entrar se quedó solo mirando, se veía como hipnotizada como si no creyera lo que estaba viendo.

    Julia: Cógeme de perrito mi amor.

    Obedeciendo el pedido de mi esposa cambiamos de posición, tomo a Julia de las caderas y la empiezo a penetrar duro y lo más rápido que puedo y ella responde con unos gemidos que me muestra lo súper excitada que esta, cojo a mi esposa con fuerza sin perder la visión de nuestra espectadora.

    Para ponerle más morbo al asunto, empiezo a incitar a Julia a que sacara a la puta que lleva dentro.

    Yo: Te gusta que te coja así como una perrita? te gusta sentirte como una perrita?

    Julia: Si mi amor me encanta ahhh

    Yo: Quien es mi perra?

    Julia: Yo mi amor soy tu perra, tu puta siii mmm pero no pares de cogerme por favor

    Yo: Dime quien es tu macho?

    Julia: Tuuu tu eres mi macho, mi sueño mi amor

    Yo: te gusta esta verga que te estas comiendo puta?

    Julia: SIII me encanta tu verga, la verga de mi macho mi hombre.

    Yo: Como se ha portado mi niña? ha sido buena o mala?

    Julia: He sido una niña muy mala.

    Yo: mmm ya veo a las niñas malas hay que castigarlas, lo sabes no?

    Julia: Si mi amor por favor castígame merezco que me castigues.

    Volteo a la puerta y mi cuñada sigue ahí expectante, con los abiertos como plato no podía creer las palabras que salían de la boca de su hermana mayor, demasiada sorpresa para ella. Si la verdad Julia es muy tranquila de un carácter muy noble, pero en la cama es una fiera salvaje, recuerdo que de novios me sorprendía lo puta que era en la cama, vaya suerte tenía mi propia pornostar en casa.

    Yo: Pídeme que te castigue puta.

    Me encantaba jugar así con ella y ella también lo disfrutaba le excitaba mucho.

    Julia: Castígame mi macho por favor he sido muy mala.

    La tome por el cabello lo acomode como para hacerle una cola de caballo, la sujete en la base de manera firme pero sin llegar hacerle daño solo para que se sintiera dominada, disminuí el ritmo de las penetraciones y ahora lo hacía más lento al momento de sacar mi pene pero no lo sacaba del todo dejaba solo la mitad del glande adentro para que guiara el camino, y luego la penetraba con fuerza de manera que le entrara todo de un solo golpe hasta que chocaran mis bolas con sus nalgas, eso a ella le encantaba, pero tenía que tener cuidado sabía que de esa forma era fácil que llegara al clímax, y quería seguir el show para mi cuñadita. Voltee hacia la puerta y seguía ahí, incrédula de lo que veía.

    Yo: te gusta perra? (una nalgada)

    Julia: Ufff siiii que rico amor

    Yo: te gusta esta verga putona?

    Julia: Sii me encanta me llenas por completo

    Yo; Quien es mi puta?

    Julia: Yo mi amor soy tu puta tu perra tu zorra lo que tú quieras mi macho

    Yo; Te gusta tu castigo?

    Julia: ufff siii me encanta no pares por favor

    Ahora ya sentía a Julia en el clímax era hora de apresurarme para el cierre del show, la guinda del pastel, volteo a ver mi cuñada sigue ahí parada con una mano dentro de su short del pijama, se estaba tocando, a través de la tela se notan que sus pezones están erectos y muy duros, está demasiado excitada. Pienso ok cuñadita prepárate si no te creías ver a tu hermanita en esta faceta lo que veras ahora te dejara loca, halo a Julia por el cabello y le doy una sonora nalgada:

    Yo: pídemela por el culo perrita, pídeme que te coja por el culo

    Julia: Si mi macho cógeme por el culo por favor taládrame fuerte mi culo de puta úsame como más te guste soy tu perra.

    Rápidamente saco mi miembro del coño de mi esposa tomo un poco de sus jugos que hasta ahora son abundantes lubrico un poco mi verga y me dispongo a penetrarla poco a poco, al sentir mi lande su esfínter se dilata, ya está acostumbrado a este visitante, y poco deja camino libre para que mi verga entre poco a poco hasta que solo las bolas quedan afuera. Julia aprieta las sabanas de la coma con fuerza en sus puños entre una mezcla de dolor y placer. Al sentir toda la verga dentro se empieza a masturbar de manera rápida y frenética. Debo apresurarme mi querida esposa ya está a punto de caramelo. Empiezo un mete y saca lento pero constante y voy acelerando hasta llegar a penetrarla como lo hacía rato por el coño.

    Yo: Que rico culo tienes mi perrita

    Julia: solo para ti mi macho, pero no pares amor estoy que casi acabo ya no aguanto más uyy que rico me voy amor estoy llegando muy rico con tu verga en mi culo, que puta me siento.

    Acelero mis embestidas, yo ya tampoco aguanto más estoy que me corro también, ya no puedo aguantar más mis testículos se hinchan de la carga que están soportando.

    Yo: Donde quieres tu leche puta.

    Julia: En la boquita mi amor, deja que tu puta se bebe tu lechita caliente y espesa.

    Se la saco del culo rápidamente, ella se levanta y se voltea y se quita la venda buscando mi verga, volteo mi cuñadita al ver que su hermana se quita la venda se sale de la habitación por miedo a ser descubierta por su hermana, pero continua expectante desde afuera a través de la puerta entre abierta.

    Yo: Toma leche puta bébela toda no dejes ni una gota.

    Julia: mmm que rica lechita caliente como me gusta, llena de todas las vitaminas y minerales que necesito.

    Yo: Ufff mi amor que rico

    Julia: Divino mi amor demasiado rico teníamos tiempo que no lo hacíamos así, tenemos que hacerlo así más seguido sabes que me encanta que me trates como una puta en la cama bueno tu puta, y si nos escucharon la verdad no me importa ya estoy cansada de coger como viejitos.

    Volteo a ver, mi cuñada ya se había ido. Ya no puedo esperar a quedar a solas con ella para saber qué tal le pareció el show que montamos (Julia sin saberlo) para ella

    CONTINUARÁ…

  • El San Valentín que nos merecemos

    El San Valentín que nos merecemos

    El final de una llamada de teléfono estaba en estos momentos en el punto más alto y no precisamente sexual, la impaciencia de Daisuke había llegado a su límite.

    —Ni en un puto día como este se te va la depresión que arrastras tío, me tienes harto —Chilló al receptor del otro lado de la línea pero solo recibía silencio, y una música medio ambiental melancólica de fondo

    —¿No vas a abrir la puta boca? —Siguió en su estado de ánimo más alterado al descubrir que en el otro lado de la línea no había sonido humano, únicamente el sonido de una melodía melancólica

    —Te quiero en media hora en mi casa, como no aparezcas no cuentes conmigo para nada, imbécil —Y colgó echo un manojo de nervios pero del estado de alteración que tenía dejó mal colgado el teléfono y desde la otra línea Ken escuchó la batería de improperios hacia su persona

    Colgó, apagando el teléfono y se sintió satisfecho, el primer plan ya estaba hecho y era alterar el estado de ánimo de Daisuke, buscar el fuego, alterar las emociones a su chico porque no lo podía evitar, le excitaba últimamente ese estado porque buscaba alterarlo, llamar a los demonios, llamar a su impulsividad más salvaje, necesitaba hoy en el Día de San Valentín, la agresividad de Daisuke en su cuerpo, sobre todo, en sus manos, una bofetada en su piel, en su cara, o en su cuerpo, lo quería hoy más que nunca

    Se relajó sentado en la silla de acero de su habitación, mirando al infinito y disfrutando el silencio que le rodeaba y de nuevo sintiéndose muy satisfecho de provocar lo que había hecho, era consciente de que era el día de San Valentín pero no le atraía la idea del plan que Daisuke había propuesto, hacer el amor debajo de las sábanas y terminar follando hasta el cansancio, quería algo más radical, algo que vibre en su piel, como una simple bofetada que desatase las más bajas pasiones en ambos

    Su mano derecha se deslizó hacia abajo hacía el bulto de su pantalón recordando la primera vez que la mano de Daisuke impactó en su cara, la primera vez que Daisuke era un ser desconocido para él y la primera vez que él despertó de su letargo, antes de esa bofetada era un alma errante, triste, solitaria, arrastrando un trauma del pasado difícil de superar, nunca pensó que habría alguien que se preocupase por él y ese alguien fue Daisuke, y fue él el primero en sentirse atraído sexualmente, reaccionó a su impulsividad, a su energía, y esa energía, ese estado de ánimo de su chico quería recuperar, en definitiva, necesitaba entrar en la situación que ambos vivieron por primera vez y el primer intento ya estaba hecho, Daisuke estaba furioso, era muy fácil hacerle explotar, de modo que el siguiente paso era entrar en el estado de ánimo de aquella vez, tristeza, nostalgia, alma errante, lobo solitario lo tenía todo en su poder para poder conseguir lo que él quería en esos momentos, recuperar la esencia del principio.

    Faltaban 20 minutos para poder reunirse con Daisuke de modo que continuó escuchando música de ambiente nostálgico y lo consiguió, su estado de ánimo cambió, su mente estaba casi desequilibrada, era el momento perfecto y continuó de esa manera hasta que terminó de arreglarse y salió de casa en busca de la casa de Daisuke.

    Al llegar no tuvo que llamar al telefonillo ya que su chico le estaba esperando, en los dos no hubo ningún sentimiento, ninguna sonrisa, no hubo nada, algo que Ken agradeció, la tormenta llegaría en cualquier momento, solo debía tensar todavía más el ambiente.

    —Menos mal, al final tu pasividad y tu depresión te han traído hasta aquí. —Dijo con un tono de voz muy serio y a la vez muy impaciente

    Ken le miró a los ojos pero no articuló ninguna palabra, sus manos estaban metidos en los bolsillos, su actitud de aquella primera vez era lo que más le molestaba a cada rato a su novio.

    —¿No vas a hablar tampoco ahora?

    —¿De qué necesito hablar? —Hasta su voz sonaba como aquella primera vez, agotada, cansada de luchar.

    —Es que acaso no lo ves? Has dado pasos hacia atrás odio a esa persona que fuiste —Su tono de voz era de decepción

    —Quiero entrar en tu casa

    Se acercó más hasta tener a Daisuke a pocos milímetros pero este no se apartó de su vista

    —No, hasta que me digas porqué estás así —La tensión era real, los dos se miraron a los ojos y ambos sintieron el estado de ánimo de aquella primera vez tan desastrosa pero a la misma vez fue la que hizo que los corazones de ambos latieran en sincronicidad.

    Pero en Ken no hubo respuesta, sino un empujón con su hombro en el pecho de Daisuke en respuesta para que le dejase pasar, mientras él entraba en la casa de su chico, Daisuke se quedó mirando como aquella persona tan llena de esperanza había retrocedido hacia atrás tras tanto años luchando juntos para que Ken no cayera en otra depresión, lo que él no sabía es que era todo fingido. Un simple teatro y muy pronto se daría cuenta.

    Fastidiado entró en casa y no lo vio en el sofá de la sala de estar como esperaba encontrárselo sino en la cama de su habitación totalmente a oscuras aunque podía ver que le miraba fijamente con las manos en los bolsillos.

    Fastidiado entró en casa y no lo vio en el sofá de la sala de estar como esperaba encontrárselo sino en la cama de su habitación totalmente a oscuras aunque podía ver que le miraba fijamente con las manos en los bolsillos, quiso encender la luz de su cuarto para ver su cara mejor pero Ken le lanzó una orden.

    —No, no enciendas la luz —El corazón de Ken latía a un ritmo frenético, se estaba creando una atmósfera adecuada y su actitud era inmejorable lo mejor de todo era ver la expresión de preocupación de Daisuke.

    —¿Porqué? —Dijo este último

    —Porque estoy muy cómodo en la oscuridad, me siento bien, me hace no ver todos los problemas que tengo a mi alrededor.

    —No digas más estupideces —En un acto de rebeldía encendió la luz de su cuarto pero como respuesta recibió una actitud muy agresiva por parte de Ken

    —APAGA ESA LUZ, NO QUIERO VERME, NO QUIERO QUE ME VEAS EN ESTE ESTADO MENTAL TAN DESAGRADABLE —Chilló elevando el tono de voz más fuerte que nunca y agachando la cabeza con las manos encima mientras temblaba, se sorprendió a sí mismo la capacidad tan fuerte que tenía para interpretar un papel que en verdad era mentira pero valió la pena ya que en esos momentos tenía el olor de Daisuke a milímetros de él, lo podía sentir enfrente de él, de rodillas, podía sentir hasta su preocupación por él y lo más excitante, una de sus manos le estaba tocando, todo estaba saliendo perfectamente.

    —¿Qué te ha pasado? —Dijo acariciando su cabello de forma suave y a la vez intentando calmar el temblor que estaba viendo en el cuerpo de su amado

    —Dime, Ken por favor —Volvió a decir, se sentía demasiado impotente en esos momentos

    —Hay veces donde no puedo seguir fingiendo poner una sonrisa en mi rostro y hacer que todo es color de rosa, mi mundo no es color de rosa, hay muchos nubarrones alrededor, carencias que todavía siguen en mi ser, sucesos del pasado y del presente que no me siento en la capacidad de encajar, simplemente hoy es uno de esos días donde no me siento en la capacidad de demostrar nada.

    —Precisamente hoy

    —Mi depresión no elige el día,

    —No tienes depresión, nunca la has tenido, simplemente no quieres luchar contra la mierda que has estado arrastrando

    —Es difícil si en mi presente tengo que batallar con situaciones y personas con las que no puedo congeniar de manera sexual —Indirectamente le estaba lanzando un dardo envenenado justo en la virilidad de Daisuke

    —¿Has estado fingiendo que todo estaba bien cuando por dentro te estabas muriendo?

    —Muriendo de celos, porque por mucho que quiera ser un buen actor, no puedo compartir besos con otra persona, no puedo lidiar con el sentimiento de competir por el corazón de otra persona —En el fondo había un poco de verdad en esta incontinencia de palabras y es que a día de hoy, Ken no podía competir con Takeru por el amor de Daisuke, no aceptaba ser una relación de tres en vez de dos y aprovechó este arranque para poder soltarlo disimuladamente.

    —Pensaba que te gustaba ser tres, todo ha sido una mentira

    —Nunca me atrajo la idea de ser tres personas en lugar de dos, yo me enamoré de ti, yo comencé una relación sentimental contigo pero es muy difícil competir con tu personalidad, no quería perderte y me hice el favor de aceptar esta relación

    —Parece que me tienes hasta miedo

    Se quedó en silencio, a fin de cuentas lo que se estaba viviendo era cierto

    —¿Sientes miedo de mí?

    —Intenta hacer memoria, nuestras personalidades son muy distintas y acabamos chocando, y cada vez colisionamos a un ritmo demasiado frenético, tu has cambiado mucho en estos últimos años y yo me he ido quedando muy atrás de tí por no enfrentarme contigo he aceptado todo lo que tu cuerpo o tu mente necesitaba pero —Se detuvo, las lágrimas corrieron por su rostro, debía hacer el papel de ofendido, mientras soltaba su discurso pensó en como la relación con Takeru le afectaba y aquello le hizo derramar las primeras lágrimas.

    —Pero tienes tu límite

    —Un límite que he forzado en contra de mi

    —Hasta que has estallado

    A cada silencio que Ken hacía era como espadas que apuñalaban a Daisuke en su corazón, con impotencia y casi al borde del llanto le dijo

    —¿Sabes cómo me siento ahora mismo? Me siento como una mierda, siento que todos estos años que estuve a tu lado ayudándote no han servido para nada

    —A fin de cuentas el único que podía salir de este infierno soy yo —Una vez más, Daisuke al escuchar aquellas palabras se dio cuenta de que el sentimiento del egoísmo se instaló en su personalidad hace muchísimo tiempo, estuvo ciego y no se daba cuenta del daño que causaba alrededor

    —No sé qué decir, solo me sale golpear

    Ante esa petición, Ken vio su premio mucho más cerca, disimulando su palpitar acelerado y sus labios cortados de excitación le sugirieron:

    —Puedes usar tu fuerza en golpearme, me lo merezco

    Pero Daisuke no estaba por la labor de hacer semejante cosa,

    —Deja de decir eso

    —No, he fastidiado el día que tanto esperabas y quiero que me golpees, por favor —Dijo levantando la cabeza y mirando a los ojos a su chico quien tenía las lágrimas también a punto de salirle

    Pero Daisuke hizo caso omiso a la petición de Ken, por supuesto, sentía ganas de golpear porque se sentía culpable de muchas cosas entre ellas de no haber hecho más caso a la estabilidad emocional de su chico y hacer más caso a sus necesidades sexuales.

    Se levantó y empezó a dar vueltas por la habitación con las manos detrás de la cabeza, aquello le estaba sobrepasando, ese silencio incómodo, la tensión que se respiraba, la depresión de Ken y él se sentía devastado no le quedaba otra cosa que hacer lo que ahora le pedía el cuerpo.

    —Soy una mierda —Dijo dando un puñetazo en la pared de su cuarto, y luego vino el segundo y el tercero y casi hubo un cuarto que no llegó a realizarse porque al dar el tercer puñetazo contra la blanca pared soltó un quejido en señal de dolor bien fuerte y al querer realizar el cuarto puñetazo sin importar el dolor, su mano fue inmovilizada por Ken que le agarró por detrás mientras que su otra mano le agarraba la cintura.

    —No te lastimes —Dijo mientras sentía la rabia y el temblor por el cuerpo de su chico

    —He sido un mierda Ken, te he hecho daño, me he dejado llevar por las más altas pasiones sin pensar en cómo te sentirías no me lo voy a perdonar joder.

    Quiso golpear de nuevo la pared sin importarle el hecho de dejar marcas de sangre, ya que con el fuerte impacto de sus manos en el blanco yeso la sangre había acudido a sus manos.

    —Golpéame a mi por favor —Dijo besándole la espalda y a su vez acariciando la poca sangre que salía de las manos pero en unos cuantos segundos tenía los ojos rabiosos de Daisuke mirándole fijamente cubiertos de lágrimas por salir.

    —Ken, cierra la puta boca, estoy muy rabioso y puede que lo que desees se cumpla

    —Es lo que quiero, quiero que me golpees porque por mi culpa nuestra historia va a terminar

    A Daisuke se le congeló el cuerpo, un escalofrío le recorrió toda la espina dorsal.

    —¿quieres terminar con esta relación?

    —Es lo mejor para los dos, hemos forzado a seguir con algo con lo que no podemos hacerle frente

    —Yo no quiero perderte Ken

    —Me perdiste hace mucho tiempo, me perdiste desde el momento en que me dejaste solo en el camino para curarme, ahí entendí que mi camino debía hacerlo solo, sin ti —Las lágrimas acudieron a sus ojos pero de su boca salía una sonrisa demasiado hermosa para la situación que se estaba viviendo, lo único sincero que había en esos momentos ahí eran sus lágrimas, no podía imaginar una vida sin Daisuke a su lado.

    —JODER, deja de decir eso, no quiero perderte —Ahora sí, pocas veces ocurría esto pero de nuevo estaba pasando, Daisuke llorando como un niño pequeño ante la idea de perder a la persona que más amaba en este mundo.

    —Quiero que seas sincero una última vez conmigo antes de decir adiós a una historia que para mi ha sido muy bonita, de ti me llevo una experiencia muy enriquecedora —Le dijo con el hilo de lágrimas corriendo por su rostro

    —Kenno por favor joder —Al igual que Ken, él también tenía las lágrimas corriendo por su rostro y cada vez más angustiado porque veía el adiós a la relación.

    —No llores. Por favor, y sé sincero por última vez

    Hubo un silencio que aprovechó para hacer la pregunta sin dejar de mirarle a los ojos.

    —¿Ibas a aguantar mucho tiempo con una persona de pensamientos suicidas?

    —Claro que sí, yo te salvé del abismo que te estabas creando

    Las siguientes palabras fueron el detonante para que Daisuke explotase.

    —No debiste hacerlo, preferiría mejor estar muerto y que este cuerpo se congelase al provocarme yo mi muerte —Contestó con una sonrisa muy sincera.

    Y de repente todo se paró, la mano de Daisuke cobró vida para impactar contra la cara de Ken yéndose este para un lado producto del impacto en su rostro, misión cumplida, al menos una primera parte.

    No hizo ningún movimiento durante los primeros 10 segundos, disfrutó la sensación de ardor en su mejilla derecha y a su vez su entrepierna se endureció hasta tal punto de querer recibir todavía más, volvió a mirar a Daisuke pero esta vez con una mirada diferente.

    —¿Me puedes golpear otra vez, por favor? Eso me excitó.

    —Qué mierdas estás diciendo ahora —Dijo entre una mezcla de nervios perdidos y de confusión

    —Quiero que tu mano se estrelle en mi piel de nuevo, me excita

    Daisuke no entendía este cambio tan bipolar, el tono de voz de Ken ahora sonaba muy sexual.

    —Abofetéame por favor

    —Ni muerto

    —Quiero tu furia

    —No voy a hacerte daño en el estado mental en el que estás

    —Entonces provocaré el momento

    Se acercó hasta tener la boca de Daisuke a un milímetro y de forma ansiosa comenzó a besarlo, el otro no entendía lo que estaba ocurriendo, hace unos minutos tenía a Ken diciendo que quería morir y ahora estaba siendo besado de forma agresiva por él, quiso romper aquel beso y lo consiguió, le agarró de las manos y se alejó de su boca pero Ken fue más astuto y le besó en el cuello mordiéndole a propósito al igual que un vampiro sediento de sangre humana al mismo tiempo que dibujaba arañazos en las heridas de la muñeca, eso ocasionó un grito de angustia en la garganta de Daisuke que hizo darse cuenta que algo debía hacer con él con aquella persona desequilibrada totalmente.

    Miró por detrás de Ken y descubrió que su cama estaba cerca de modo que de un fuerte empujón lo mandó a la cama.

    —No quiero un mísero empujón quiero tu mano dibujando una señal roja en mi cara

    —Se te ha ido la cabeza, no voy a hacer nada de lo que quieres

    —Pero yo te quiero a ti ahora mismo

    —Querías la muerte, no te entiendo ahora mismo

    —¿No vas a golpearme?

    Ahora fue Daisuke quien eligió el silencio, no hizo ningún movimiento, no sabía de qué manera podía expresarse algo que sumaba puntos en Ken que con una sonrisa angelical actuó.

    —Bien —Con una fuerza fugaz se levantó arañándole en la cara y a la vez le hizo la zancadilla tirándole al suelo, le conocía perfectamente, sabía que si le ridiculizaba llamaría a la fuerza que él estaba intentando invocar y desde luego lo consiguió, Daisuke desde el suelo se acarició el rostro y un hilo pequeño de sangre apareció en sus manos, lo suficiente para encender su rabia.

    —Hijo de puta —Se volvió a levantar Y ahora si empujó a Ken a la cama y su rabia habló por él, al menos un minuto estuvo el rostro de Ken ardiendo al rojo vivo con la agresividad de Daisuke, esta vez provocado totalmente.

    —¿Ya terminaste? —Dijo con un poco de dolor en su cara, sentía un poco de hinchazón en algunas partes y sin verse pudo intuir que él al igual que Daisuke tenía sangre en su rostro.

    —Te destrocé la cara pero tú me has provocado, si me haces daño te aseguro que vas a recibir

    —Es por eso que quiero alejarme de ti definitivamente

    El instinto agresivo de Daisuke le hizo mover sus manos hacia el cuello de Ken, la rabia le dominaba pero desechó tal idea a lo que Ken continuó con la provocación.

    —Adelante, estrangúlame, quítame la vida, haz que mis pulmones dejen de respirar

    —Está todo muy turbio en estos momentos, no debí haberte llamado para nada, veremos a ver si podremos salir de esta, puedes irte cuando te sientas con fuerzas para irte

    —No quiero

    —Ken YA. Esto está ya bastante jodido como para que continúes provocando —Se dio la vuelta intentando calmar sus más bajos instintos pero de nuevo Ken habló en otro tono de voz.

    —¿sabes que en mi has provocado una erección?

    Se dio la vuelta por aquella extraña revelación y le miró a los ojos.

    —desliza tu mirada hacia mi pene

    Miró hacia su miembro viril y se quedó extasiado ante lo que vio, justo en medio había una gran mancha que hacía mucho más llamativo el bulto de la erección, no podía entender ahora otra cosa más, sus ojos no se separaban de aquel pene familiar tan encendido, mucho menos cuando Ken desde la cama y tumbado alzó sus piernas para dejar ver su hermoso ano atrapado en aquellos pantalones azules oscuros ceñidos y su polla empinada hacia arriba como una tienda de campaña también atrapada en aquellos pantalones.

    —Estoy húmedo y demasiado excitado ¿Acaso no te das cuenta todavía?

    El cerebro de Daisuke seguía casi en estado de desconexión con el mundo de Ken en aquellos momentos, tuvo que seguir escuchando la confesión de Ken para entender porqué había llegado a esa situación.

    —He estado metido mucho tiempo en mi papel de activo que ya has olvidado mi verdadera esencia, te necesito, te deseo, quiero que me rompas.

    —¿Quieres decir? —Empezaba a comprender el porqué de todo este comportamiento tan inusual.

    —Hoy es San Valentín y es el momento de hacer balance en toda esta relación de subidas y bajadas, vivirte, sentirte, comprenderte como mi mejor amigo fue muy fácil pero vivir el siguiente paso de comenzar una relación contigo es algo que a día de hoy hay veces da vértigo en una persona tan difícil de tratar como yo, este es mi regalo, vivir el principio en el que nuestras miradas se encontraron, vivir aquel momento tan difícil para mi y tu bofetada fue la que me hizo abrir los ojos —Mientras lo decía, sus piernas fueron bajando hasta que terminó sentado en la cama.

    —No me lo puedo creer entonces ¿todo eso que has organizado es un teatro?

    —Casi todo, lo de ser una relación de tres cuando a ti se te antoja es algo de lo que todavía no me siento cómodo pero lo otro he tenido que trabajar mucho conmigo mismo antes de venir aquí y hacer un papel que ha resultado un éxito, no quiero terminar esta relación contigo, fuimos, somos y seremos siempre diferentes y eso es lo que hace que todo esto valga la pena, y quería ser original, porque también es cierto que últimamente he sido yo quien te ha dominado, eres tú quien estaba debajo de mi pero mi naturaleza es mi sumisión a ti, y hoy es nuestro día el día en el que mi naturalidad está a flor de piel como mi cuerpo y quiere de ti, hoy necesito que masturbes mi cuerpo a tu antojo, quiero gemir, quiero explotar todo lo que llevo dentro —Dicho todo esto se puso en pie para acercarse a Daisuke mientras se iba desabrochando la camisa lentamente de forma muy sensual.

    —¿Has organizado todo este lio solo porque quieres que te folle?

    —Me gusta utilizar otras palabras, quiero tu dulce hombría en mi ano, la parte de mi cuerpo por el que más sientes una fuerte obsesión —Ya se encontraba en frente de él desnudo completamente y desabrochándole el cinturón.

    —Resumiendo, quieres mi leche —Su dedo pulgar derecho tocaron el labio del amado y seguidamente empezó a jugar con la lengua, Ken se dejó hacer orgulloso y satisfecho por el momento.

    —Toda la que me quepa y antes de que corrompas mi cuerpo con tu furia contenida quiero chupar tu dedo —Dijo mientras parte de su saliva estaba impregnada por los dedos de su chico formando hilos finos demasiado sexys.

    —Pídelo de una forma que me gusta.

    No le hizo falta hablar porque su boca habló por él, chupó los dedos de Daisuke mientras hacían contacto visual y para hacer el momento más sucio, Daisuke jugó un poco más con la boca de Ken recogiendo más saliva haciéndole babear y que todo aquel líquido caliente cayera sobre el cuerpo blanquecino ardiente de deseo, ya no importaban los golpes y la sangre, la tensión sexual, el amor estaba sobre ellos.

    —Puto bipolar que eres

    —UN bipolar pasivo, Daisuke quiero morder tus sábanas, gemir en tu cama

    —Tienes que ganarte mi leche, lo siento —Contestó de forma vacilante pero dándole a entender que su nivel de convención era muy bajo, cualquier cosa mínima sería más que suficiente.

    Ken le dedicó una sonrisa angelical y rápidamente le dio la espalda para ponerse en cuatro en su cama abriendo sus nalgas y le dijo.

    —Haz lo que quieras con ellas

    A partir de ese momento la comunicación entre palabras como dos personas ya no existió, las palabras dieron pasos a los gemidos, susurros íntimos, jadeos, besos de amor, caricias, empujes frenéticos, labios cortados por el exceso de besos pero sobre todo el orgasmo que Daisuke dio a Ken y que hizo que las sábanas del dueño de la casa quedasen empapadas.

    Las nalgas de Ken, en un principio rosadas y calientes, quedaron enrojecidas por un rojo pasión en cada una de ellas, el rojo dio paso al morado porque tuvo la libertad de hacer lo que él quisiera, abusó de su cuerpo todo lo que pudo con mordidas, lamidas y manotazos en cada parte, a continuación, su polla erecta y casi en erupción provocada por los gemidos incansables de Ken fueron el principal motivo.

    Un milímetro de carne rojiza entró en las paredes ardientes de aquel ano necesitado y…

    —MMMMM.

    A cada empuje y 4 manotazos seguidos el nivel de gemido ascendió.

    —Puff MMMM. Ah. Mas.

    —Me encanta follarte —Daisuke estaba viviendo su sueño, tener a Ken debajo de él penetrándole por detrás y Ken sujetando su cabeza en las sábanas y a ratos mordiendo la almohadas a cada empuje frenético.

    Minutos de pasión, gemidos múltiples en aquellas cuatro paredes dándole sentido al día de San Valentín, un día que más allá de ser un día normal es el día en que las parejas se vuelven una.

    Pasaron los minutos, la pasión desbocada acabó y el color rojo era el protagonista en el cuerpo destrozado de Ken al igual que rastros blancos de semen sobre su espalda, todo estaba bien, todo acabó bien, la guerra del amor había acabado.

    —Feliz San Valentín, guapo —Dijo Daisuke tumbándose a su lado boca arriba dándole la mano exhausto de tanto forzar el cuerpo.

    —Feliz San Valentín, amor —Le contestó boca abajo, mirándole a los ojos y sintiendo como todavía goteaba su miembro manchando las sábanas.

    —Deberías ducharte, el frío que proyecta el semen tras dejar mi cuerpo me hará enfermar

    —En verdad no quiero lavar todo el semen que tanto como tú y yo hemos expulsado, todavía quiero seguir haciendo cosas sucias

    —¿Cómo qué? Sorpréndeme.

    Ken se dio la vuelta recogiendo todo el semen que había en su pene y se lo esparció por todo el cuerpo, incluido los pezones que se los masajeó moviéndose ante el placer de provocarse excitación.

    —Tío que cachondo me estás poniendo puff. Aún tienes fuerzas para hacer de las tuyas, se ve que no te he follado no lo suficiente

    —¿tienes un palo? Cuanto más largo mejor, quiero metérmelo por el ano, estoy lubricado perfectamente y mis paredes internas están capacitadas para que yo me introduzca de todo.

    —Joder Ken. Madre mía. Ahora mismo, un momento, no te muevas

    —Para nada, la excitación y mis ganas de hacer cosas obscenas se mantienen intactas como yo —Su cara angelical excitaba demasiado a Daisuke quien tras estar unos cuantos minutos buscando por toda su casa y por parte de la habitación no encontró nada, volvió hasta él diciendo

    —No encontré nada, mierda, mi casa es un basurero siempre pero cuando necesitas algo no hay nada

    —No importa, introduce tus dedos lo más fuerte que puedas, fóllame con los dedos por favor

    Para Daisuke oír esas palabras era como entrar en el cielo por la puerta grande.

    —Tío vas a por todas, vamos a ello

    Tan solo rozó uno de los dedos en el agujero lubricado de Ken y este ya soltó el primer gemido de placer, el correrse estaba garantizado y por consiguiente las mentes perversas de cada uno harían el resto, la noche era eterna y las ganas de cada uno por el otro también.

  • Con mi nueva vecina

    Con mi nueva vecina

    Una mañana me disponía a salir hacer las compras como cualquier otro día cualquiera, a través de la puerta de la entrada a mi casa pude escuchar unos golpes por los escalones de mi rellano, me asomé por la mirilla de la puerta y pude ver que era una señora más mayor que yo.

    Abrí la puerta para ver que hacía y vi que estaba de mudanza en mi edificio, me ofrecí a ayudarla y así para que ella no cogiera todo el peso de los muebles que iba subiendo al ático donde se estaba instalando.

    Pasadas las dos horas de mudanza; sube que te sube y baja que te baja la señora me ofreció un refresco para saciar mi sed tras el cansancio de ir subiendo muebles desde el portal hasta el ático, lo que es lo mismo, diez pisos de altura.

    Ya en su casa y con todos los muebles colocados en su sitio donde ella me pidió que se los colocara me di cuenta que la señora que estaba sentada en un sillón delante del mío no llevaba ropa interior debajo de la falda y pude contemplar el vello de su almejita, sin que ella se diera cuenta y con mucho disimulo yo miraba de reojo por debajo de su ropa.

    Más tarde la señora se percató de que yo la estaba mirando con mucho disimulo y se fue desabrochando los botones de la blusa color beige, yo comencé a ponerme un poco nervioso al mismo tiempo que mi pene estaba pidiendo salida a través de la cremallera del pantalón, la señora se ahueco el cabello de los hombros para así quitarse la blusa poco a poco.

    Yo, con mis ganas locas de querer acercarme a ella y ella que parecía que estaba deseando de que yo la entrase a besar, como un torero cuando entra a matar a su toro, me levante del sillón y me acerque a la señora, ella se levantó del sillón y me cogió de la mano y la puso sobre su pecho, como diciendo; mira mis latidos del corazón, me estas poniendo cachonda perdida, yo que ya no me cortaba de nada acerque mis labios a los suyos y comenzamos a besarnos mutuamente.

    Un rato después me agarro de la mano y me llevo a su habitación, se sentó sobre su cama y comenzó a desabrocharme el pantalón y bajármelo hasta el suelo, seguidamente el bóxer dejando al aire libre mi pene, aquello parecía un cañón apuntando a su objetivo, la señora comenzó a masturbarme al mismo tiempo que me la chupaba, yo jadeaba de placer muy despacio mientras ella agarraba mi polla como si se la fueran a quitar, trataba mi pene como si de un chupachups se tratara.

    Saco mi polla de su boca y la desnude tan rápido que parecía que no llevase mucha ropa, y así fue, porque al no llevar ropa interior debajo de su blusa tampoco llevaba sujetador debajo de su blusa, entonces nos vimos los dos desnudos en su habitación, comencé a chuparla los pezones y tenerla agarrada por la cintura, fui bajando lentamente hasta llegar a su tesoro más preciado; su coño.

    La tumbe sobre la cama y comencé a comerla su rica vulva jugosa y empapada de flujo vaginal, yo con mis morros mojados de su conejito y mi polla queriendo entrar en la madriguera de esa señora tan apetecible, me puse de rodillas sobre la cama y penetre su vagina haciéndola jadear de locura y placer, un buen rato con mi polla en su coñito y agarrando sus piernas con mis manos.

    Un buen rato después saque mi pene de su madriguera y me corrí sobre sus pechos y su cara, aquello parecía leche condensada cuando se derrama sobre tu mano; pues igual, ella sedienta de mi leche y yo queriendo follármela otra vez.

    Nos fuimos a la ducha y nos duchamos juntos y así ahorrar agua.

    Quedamos en vernos el siguiente día pero ya con derecho a algo más; una cena romántica y un postre muy apetitoso.

    FIN

  • Una tarde muy sucia con mi cuñada

    Una tarde muy sucia con mi cuñada

    Nunca me había fijado demasiado en mi cuñada, quizá porque la conocía desde más joven y no me despertaba nada sexualmente, tampoco es una piba que se pueda decir linda, en realidad un poco lo es, pero su mayor problema es su sobrepeso, siempre fue medio gordita hasta estar directamente gorda, cosa que algo disimula su contextura física. Es alta, debe medir aproximadamente 1,70, tiene caderas y piernas grandes, y dos grandes tetas que siempre me hacían desviar mis miradas cuando venía con algún escote.

    Imposible sacarle la mirada cuando estaba en el suelo, ella jugando con mi hijo y yo desde arriba espiando a detalle ese escote en donde se podían ver unas lindas marcas de estrías sobre sus pechos. Me calentaba imaginar cómo serían sus pezones, su textura, su sabor. Además de su cuerpo tiene una cara muy linda, una gran boca y un pelo hermoso, el cual anda siempre desparramando por todo el departamento, era muy fácil encontrar uno de sus largos pelos tirados en el suelo, uno de los tantos fetiches que más de una vez me encontró masturbándome con uno de ellos.

    Su pelo tenía un olor muy particular, a sucio, a humedad, vivía en una casa vieja de clase media baja, tendría sabanas de muchos años, toallas percudidas, humedad, era de esas personas que no emanan un olor particularmente rico, nunca sentí que usara perfume tampoco y eso me generaba aún más calentura cada vez que la saludaba y pasaba su pelo sobre mi cara.

    Durante un largo tiempo lleve a la práctica una de las cosas más sucias que hice en mi vida, hurgaba en el cesto del baño cuando sabía que había ido ella, buscaba el papel con el que se había limpiado su concha y hacía de todo con él, a veces lo olía y mientras me masturbaba, algunas veces tenia suerte y ese papel estaba muy sucio, con unos mocos vaginales increíbles, los olía me los ponía en la boca algunos los tragaba, también he llegado a embadurnármelos sobre mi pija y masturbarme hasta mezclar mi leche con ese néctar tan rico de su concha, era como si cogiéramos, en ese momento si pasaría eso sería inevitable el contacto de mi pija y esa mucosa.

    Otra veces cuando la suerte era mucha quedaban pegados a esos mocos algunos pelos de su concha, eso me calentaba mucho más ya que me reveló que tenía una buena concha peluda tal como me gustan, si bien imaginaba que esto sería así la confirmación me excitaba mucho más. Ponía esos pelos junto a las mucosas en mi boca, hasta llegue a poner un pelo en mi pija y lo lleve ahí todo el día, como si fuese consecuencia de una buena cogida que tuvimos y sin querer uno de sus vellos púbicos quedo pegado en mi pija. A veces me sentía sucio por todas estas prácticas, pero me calentaban, me masturbe muchas veces pensando en cogerme a la gordita sucia de mi cuñada.

    Como haría para cogerla? Uno siempre escucha cosas, historias, quizá en el anecdotario colectivo la historia de la cuñada, etc., pero como haría para que se me dé a mí. Se había convertido en uno de mis máximos anhelos sexuales, quería coger con mi cuñada, tener una aventura con ella, que sea mi amante. Pensaba que era muy difícil tal empresa, no era una mina que pareciera coger mucho, nunca apareció con un novio ni nada, yo a veces le preguntaba a mi mujer y le decía que cuando iba a traer un novio su humana pero ni ella tenía mucha información al respecto, llegue a pensar que quizá era virgen, esto era muy probable y a pesar de que en otras mentes esto es algo que excita a mí me sacaba chances de que pueda pasar algo con ella, realmente no sabía por dónde encarar, como insinuarme o algo para al menos obtener alguna pista.

    En una oportunidad deje mi celular escondido grabando en el baño justo antes que ella fuese y tuve la suerte de filmarla meando, pero el ángulo desde donde estaba el celular apenas me dejo ver su culo desde arriba mientras bajaba su bombacha, veía cuadro por cuadro y analizaba hasta algún reflejo a ver si podía ver algo mas pero era inútil. Ya se había vuelto una obsesión y eso me llego a crear un arriesgado plan, al menos para verla desnuda.

    Llegó la tarde que había esperado, había quedado con su humana en que vendría a cuidar a su sobrino al salir del gym, una vez ya lo había hecho y en esa oportunidad se bañó en mi casa, recuerdo que después olí la toalla con la que se secó buscando ese inconfundible olor a concha sudada, lo encontré y me masturbe oliendo la toalla y pasándomela por mi pija, pero esta vez sería distinto ya que habíamos quedado que la recibía yo y que ni bien llegaba me iba por lo que no iba a poder bañarse para no dejar en ese tiempo solo a su sobrino. Pero mis planes eran otros, antes de que llegue logré hacer dormir a mi hijo así que cuando ella llegó le dije

    —ya está dormido, aprovecha y báñate

    —uy buenísimo porque soy un asco me dijo, con este calor y la humedad que hay —haciendo alusión a su deplorable estado, el cual me calentaba muchísimo más, tenía puesto una calza larga, a pesar de los 30 grados promedio de ese día, arriba llevaba una remera de algodón, muy común, ni siquiera era deportiva, color gris, imagine y quise observar en ese momento la aureola de sudor que tendría debajo de sus brazos.

    —vos ya te vas? —me pregunto

    —si querés te banco a que te bañes por si se despierta el bebé —a lo cual asintió y se metió al baño.

    Mi excitación era cada vez mayor, tendría a mi cuñada toda sucia recién salida del gimnasio desnuda atrás de la puerta del baño, era una oportunidad que no podía dejar pasar. Ni bien entró me acerque a la puerta quería al menos espiarla y juntar valor para dar otro paso. Escuché que abrió la ducha y eso me dio pauta a que ya no saldría, podía espiar tranquilo. Llevé uno de mis ojos a la cerradura, veía a ella parada justo a la altura de su cintura ideal para llegar a ver esa concha que ya sabía que era peluda pero faltaba cerciorarlo, empezó a desvestirse se sentó y sacó sus zapatillas y medias, se volvió a parar y se bajó la calza que llevaba puesta, el sudor hizo que la calza baje enrollada y deje un poco baja la bombacha, ella estaba de espaldas a la puerta y al agacharse totalmente dejó su enorme culo frente a mis ojos, llevaba una bombacha negra, que también bajó, levantó uno de sus pies y se soltó calza y bombacha, levantó y tiró del otro sacándose todo de la cintura para abajo, seguía de espaldas y como si leyera mis pensamientos y mis ganas de verle la concha en ese preciso momento se gira dejándola toda frente a mis ojos. Era una hermosa y enorme mata de pelo negro que cubría como una bikini a esa concha que estaba a apenas un metro de mi boca, sabía que estaba peluda pero no me esperaba que fuese tanto, casi que podía olerla, moría por olerla, que rico olor debe tener pensé. Mi excitación ya se salía del pantalón y mientras miraba tal espectáculo me empecé a tocar, se quedó parada mirándose al espejo o haciendo algo, no podía ver bien ya que la visión era limitada a través de la cerradura.

    En eso sin querer toque con mi cabeza el picaporte y pude notar que ella se dio cuenta ya que se exaltó como si fuesen a abrir la puerta, trate de que no se diera cuenta pero algo en mi quería deschavarme ya que quería ver como era su reacción. Noté en ese instante que se quedó parada de frente a la puerta y se acercó aún más, pero no me asusté ya que al acercarse más dejo su concha bien a la altura de la cerradura y lo único que podía hacer era mirarla, casi hipnotizado, anonadado por tal belleza que moría por tener en mi boca y penetrarla, en ese instante de éxtasis sentí como la gravedad me ganaba, mi cabeza que apoyaba sobre la puerta dejo de tener tal sustento, la puerta se abrió de golpe y yo caía sin remedio sobre los pies de mi cuñada desnuda.

    —que haces?! —me dice exaltada

    —perdón, no quise…

    —no quisiste qué? Me estabas espiando! Salí de acá!

    —no no pará —realmente no sabía que decir, si bien quería entrar a ese baño no me esperaba nunca que fuese de esa forma.— perdóname, si te estaba espiando pero no lo pude evitar.

    —qué decís?! —seguía exaltada pero en ese momento noté que ya habíamos intercambiado algunas palabras y en ningún momento se tapó ni si quiera con sus manos, yo seguía en el piso mirando a semejante mujer desnuda de la cintura para abajo, y con tan solo un corpiño deportivo color gris con manchas de sudor puesto, era la oportunidad ya estaba jugado, me incorporé torpemente a propósito, apoyando mis manos en sus piernas, levantando mi cara casi rozando esos vellos púbicos, y luego sus tetas quedando totalmente parado delante y muy cerca mi boca de la suya. La mire a los ojos y le dije.

    —perdóname, no me pude resistir, hace tiempo te vengo mirando de una manera distinta.

    —de que manera? —dijo con su voz mucho más calmada que hacía instantes, pero un tanto temblorosa.

    —te miro como a una mujer, no como una nena ni como a alguien de la familia.

    —pero lo somos, somos familia.

    —Ahora no hay familia acá —le dije, y me quede en silencio mirándola fijo, midiendo su boca, quería besarla. Acerco mi boca a la suya y poso mis labios sobre los suyos, ella se queda inmóvil, la tomo de la cintura y la apretó un poco más al mismo tiempo que intento meter mi lengua en su boca, ella accede pero casi inmediatamente me empuja, quiere sacarme, como queriendo evitar lo ya inevitable, yo no cedo la agarro más fuerte e intento besarla más fuerte y ella responde con más fuerza, es una mujer grande, fuerte, era una dura batalla que sabía que iba a ganar.

    Forcejeamos unos segundos más, la apretó con más fuerzas hacia mi cuerpo, su concha ya se rozaba con mi pantalón, apenas unas telas separaban nuestros genitales, podía sentir ese olor caracterismo de ella en su cara y su pelo, pero esta vez acompañado por su transpiración lo cual me excitaba aún más. Bajé mis manos de su cintura a sus enormes nalgas, las apreté con fuerza y las abrí una y otra vez, ella seguía forcejeando no quería que pasara lo que iba a pasar, hasta que con mi mano derecha y sin soltar una de sus nalgas hago un movimiento y llevo mi mano entre sus piernas, pareciera que quiere poner resistencia y apretar fuerte mi mano para que no se mueva, pero le es inútil, sigo avanzando hasta llevar mis dedos a su concha, uno de ellos la penetra, estaba muy mojada, sería la excitación de verse manoseada desnuda por su cuñado, metí otro dedo aún más fuerte y profundo, el forcejeo acabó, me devolvía unos besos con mucha lengua y bien jugosos, sería el momento, ya era inevitable me iba a coger a mi cuñada.

    Mi mano jugaba fuertemente con su clítoris, ella medio que intentaba cerrar las piernas pero era ya inevitable, sentía como mi mano era invadida por la humedad que salía de su concha cada vez más, y no era solo una sensación táctil, comenzó también a ser sonora, se escuchaba cada vez más fuerte el chapoteo hermoso de mis dedos invadiendo su sexo, también se oía cada vez más agitada nuestra respiración en esas bocanadas de aire entre beso y beso que eran cada vez más intensos y jugosos. Parecía como si quisiera escapar nuevamente, me hizo para atrás y se dio vuelta como si quisiera entrar en la ducha, como si fuese un lugar en el cual no podría tocarla, como si se fuese a escapar. llegó a poner su pierna derecha adentro, el agua hacia un rato caía y ya había vapor en el ambiente, parecía estar bastante caliente esa agua, la agarre fuerte desde atrás, la abracé pasando mis brazos por su cuerpo y apoyándome sobre su espalda y su culo, mi mano izquierda recorría desde su panza y por sobre su sudado corpiño deportivo hasta su cuello, con mi otra mano volvía a tocar esa concha tan rica y peluda, mis dedos la penetraban y jugaban con su clítoris, con mi boca besaba su cuello, sentía ese gusto agrio y salado de la transpiración junto al olor a humedad de su pelo el cual me cubría y se pegaba gracias al sudor y el vapor del baño en mi cara, ella ponía cara de placer y suspiraba, cerró la canilla ya que el agua estaba muy caliente, como nosotros y todo el ambiente.

    Mi mano nadaba en un mar jugoso, no podía creer todos los jugos que salían de su concha, esa mucosa que siempre encontraba en los papeles higiénicos usados tenían que ver con esto, mi cuñada es una rica pendeja calentona de apenas 21 años, se moja increíblemente. Sin dejar de sobar esa concha uso mi otra mano para tocar sus tetas, primero sobre su corpiño deportivo intentando meter mi mano desde su escote, pero la transpiración y la naturaleza de la prenda dificultan un poco la tarea, tiene esa prenda pegada al cuerpo, las aureolas debajo de los brazos y en el escote casi desaparecieron, ahora es todo el corpiño un gran aureola de sudor, hermoso.

    Tironeo su corpiño hacia arriba hasta que se liberan sus tetas y caen como dos bolsas pesadas, las manoseo con muchas ganas, se sienten pegoteadas pero muy blandas, tiene la caída justa y entran a la perfección en mi mano, las apretó con fuerza, asomo la vista por sobre su hombro para verlas, son bien blancas y con unos pezones rosados grandes que terminan en punta, sentía muchas ganas de saborearlos.

    Su corpiño quedo a medio sacar, fruncido como si fuese una banda elástica a la altura de sus axilas, solté muy a mi pesar esos labios calientes y jugosos de su concha y me dispuse a sacarle el corpiño, ella levantó sus brazos y me invadió la necesidad de chupar sus axilas, la gire un poco hacia mí con sus brazos en alto y use su corpiño mojado de sudor para improvisar una especie de amarre, con sus manos detrás de su nuca dejaba a mi voluntad y frente a mi boca sus axilas, una zona tan erógena como los genitales, chupar una axila sucia me calienta tanto como chupar una concha, y estas axilas particularmente estaban muy sucias, quizá no había usado desodorante o el sudor era demasiado, me excitaba cada vez más descubrir cualquier rastro de suciedad en ese cuerpo.

    Lamia sus axilas como si fuese su concha, aproveche la posición para saborear también sus tetas que estaban bien saladas, se notaba que estaban bañadas en sudor, solté sus manos y ahora si estaba totalmente desnuda frente a mí, su pierna derecha metida en la bañadera, la otra sobre la alfombra del baño, nos seguimos besando, ahora a nuestras salivas mezclándose le agregué algo de su propio sudor producto de chupar frenéticamente sus tetas y axilas y alternarlo con jugosos besos.

    No puedo evitar volver a llevar mi mano a su concha, sigue muy mojada, quiero probar esos jugos y lo hago, separo mi boca de la de ella y meto mis dedos en mi boca, un gusto agrio y un olor exquisito me invaden, vuelvo a meterle un dedo en su concha y vuelvo a llevarlo a mi boca, esta vez me acerco a ella y mis dedos sucios de sus jugos se entrelazan con nuestras lenguas en un beso hermosamente sucio.

    —mmm que rica estas!  —le digo mientras la beso

    —ah sí?? Más bien sucia que rica, nene.

    —me encanta, no te das una idea de lo que me calienta  —nos seguimos besando apasionadamente, me envolvía toda la boca con su lengua, que ganas de sentir esa lengua saboreando mi pija pensé.

    En eso se separa nuevamente de mí y se da vuelta, como otra vez queriendo encarar para la ducha, hasta atinó a abrirla nuevamente, sabía que no tenía escapatoria igual, la abrazo desde atrás bien fuerte como haces unos minutos, recorro todo su cuerpo con ambas manos, manoseo su concha pasando por su panza y refregando sus tetas, todo de una manera casi rozando lo violento con fuerza, dejándole bien en claro que no controlaba la situación, solo debía gozar.

    La agarro fuerte del pelo como haciendo una cola de caballo con mis manos y la empujo hacia la pared, como una de sus piernas seguía fuera de la bañera al empujarla hice también que agachase su cabeza arqueando su espalda y dejando todo ese gran culo para mí.

    Inclino mi cuerpo hacia ella, beso su nuca, la lamo, la muerdo, empiezo a recorrer con mi lengua como si fuese un pincel su espalda bajando por su columna vertebral cada vez más y más, el gusto salado de su transpiración era cada vez más familiar, llego a sus nalgas, las muerdo suavemente y las apretó con mi mano, agarro cada cachete de su culo con cada mano, en esta posición es un culo hermoso, separo sus nalgas y quedo frente a su ano y su concha, no quiero estirar mucho más el momento quiero tener ese culo y esa concha en mi boca, saborearla olerla, al igual que su concha tenía su raya del culo bien peluda, separo sus nalgas como quien pasa sus manos sobre un libro nuevo, ejerciendo cierta presión para que se abra un poco más, el aroma es increíble, un olor a concha que invade prácticamente todo el ambiente, acerco mi boca y saco mi lengua, hundo toda mi cara en esa raya peluda, concha y culo entregados a mi merced, lamo intensamente su concha de abajo hacia arriba llegando a su ano, ejerzo presión con mi lengua y la penetro, un gusto agrio invade mi boca, era una concha muy jugosa y sucia, inserto mis dedos adentro de ella y hago un movimiento como hurgando, buscando algo, con el vaivén de mis dedos empiezo a ver cómo surge de su concha un líquido blanco y viscoso, esos ricos mocos vaginales que había encontrado en su papel higiénico usado ahora los saborearía desde su origen.

    Pase la punta de mi lengua por sus jugos, sentí como había algo pegajoso en mi lengua y lo trague con mucho gusto, así seguí jugando unos minutos con su concha saboreándola y penetrándola con mis dedos, si tenía una mano libre sobaba sus tetas blandas que caían por su posición y el efecto de la gravedad. Mientras estaba arrodillado chupando esa rica y peluda concha desabroche mi pantalón, mi pija desde hacía rato estaba muy dura y cada vez más mojada, tenía muchas ganas de penetrarla y no le iba a avisar cuando lo iba a hacer ni pedirle permiso, tampoco le daría chance a preguntar o pedir que me ponga un forro, nunca me gusto ese momento que corta en realidad el momento, las mujeres que más habían marcado mi vida sexual fueron aquellas que en ese momento no decían nada o mejor aún agarraban ellas mismas mi pija desnuda y se la metían adentro, pero en esta ocasión tampoco sabría si ella era de esas ya que la decisión era mía.

    Me paré rápidamente y la abracé desde atrás manoseando sus tetas y besando su cuello, pude ver en ella una expresión de placer, estaba más relajada después de esa tremenda chupada de concha, mi pija estaba encajada entre sus nalgas, ya sentiría lo mojado que estaba esa zona debido a como mis fluidos se desparramaban sobre la raya de su culo, flexione un poco las rodillas para tener mejor ángulo y ya hacia el movimiento como si la estuviese penetrando pero aun no eran solo roces que se sentían cada vez más húmedos, flexione un poco más mis rodillas y las volví a subir sentí en mi pija una humedad aun mayor, mucho calor y un confort que ya era algo familiar, la punta de mi pija estaba en la raja de su concha apenas penetrándola, nuestros fluidos genitales por primera vez se encontraban, el flujo y la mucosidad de su vagina se mezclaba con el líquido seminal que ya hacia un rato largo brotaba de la punta de mi pene, ya me parecía glorioso penetrarla así pero no eran los únicos fluidos que quería que se mezclaran, comencé con un movimiento suave a insertar mi pija totalmente dentro de ella, estaba muy mojada y ya abierta por el jugueteo de mis dedos, la humedad y el calor invadieron mi pija se sentía un éxtasis total, mi pija entraba y salía de esa concha sucia, con una de mis manos seguía masajeando esas tetas hermosas mientras que la otra jugaba por delante con su clítoris.

    Su respiración se agitaba cada vez más, estaba entregada totalmente al momento, era todo muy perfecto, ella estaba transpirada, sucia, olía mal, su pelo se pegaba a su cara y a sus tetas, hacía mucho calor en ese baño, todo era húmedo, su concha no paraba de emanar fluidos, cuando agarraba con mi mano sus nalgas notaba una viscosidad que llegaba hasta sus piernas, que excitante era eso, me volvía loco sentir mi pija embadurnada por los jugos de su concha, era una cogida perfecta, sucia como debe ser, pero faltaba lo mejor.

    Mi pija no podía mas de dura y desde que la penetre ya venía aguantando las ganas de acabar, quería llenarla de placer, quería aumentar al 100% la viscosidad del interior de esa concha, quería hacerla toda mía y no le iba a pedir permiso para eso, empecé a cogerla de manera que mi pija entre y salga toda de su concha, después solo con la punta, y la metía toda hasta adentro, todas distintas sensaciones que me hacían más y más querer llenar esa concha con mi leche, no podía mas, me invadía el morbo de acabar adentro de la concha de mi cuñada, ella seguía sin advertirme nada, yo quise ver si se daba cuenta que estaba a punto de acabar, no me importaba su permiso, pero si me intrigaba saber si era cómplice en esto, si sabía lo que estaba a punto de hacer, si su entrega seria total y le permitiría a su cuñado meter su semen dentro de su vagina, empecé a gemir más fuerte y a aclarar mi agitación, era inminente que acabaría

    —Voy a acabar —dije entre cortado y agitado, no obtuve reacción alguna de parte de ella, solo seguía gozando— te voy a llenar de leche —le dije alzando la voz.

    Me miró de reojo con cara de puta, aunque quizá un poco de miedo tenía esa expresión en su rostro, ya que sabía que era inevitable, seguramente si pensara en ese momento no me dejaría hacerlo, no lo permitirá, me frenaría o quizá se apartaría a un lado y me haría acabar de otra manera, pero en ese momento de éxtasis tal se dejó llevar y siguió entregándome esa concha sucia para que yo haga lo que quisiese con ella, la tenía toda para mí, chorreando fluidos que ya recorrían toda su pierna, fluidos que ya no eran solo de ella, inevitablemente el líquido seminal mío ya se mezclaba con sus jugos, era el momento perfecto, no podía aguantar más, no quería demorar tan lindo momento, sentía que ya estaba en la punta de mi pija, pidiendo brotar, pidiendo en este caso ingresar dentro de mi cuñada y así iba a ser, solté toda mi leche llevando mi pija bien hasta el fondo de su concha, se sintió una aumento exponencial de la viscosidad del momento, mi pija resbalaba dentro de ella en un mar de leche y jugo, ella gemía de placer, nos apretábamos con fuerza el uno al otro, era un éxtasis total, mi pija seguía entrando y saliendo de su concha y mis huevos bombeando leche dentro de ella, le saque casi totalmente la pija de adentro para ver lo sucia que estaba, de su concha peluda caían grandes gotas de mi espeso semen mezclados con sus jugos, tome mi pija con mi mano y la frote por toda la raya de su concha como si estuviese pintando, era digno de un cuadro tal escena, mi pija volvía a entrar toda sucia dentro de ella una y otra vez, usaba mi mano para recoger fluidos y con mi mano toda sucia la pasaba por sus tetas su cuello y cara, ella abría la boca y dejaba ingresar mis dedos en su boca chupándose todo ese cocktail de placer.

    Quería que estuviese más y más sucia, tenía mezcla de sudor, sexo y fluidos por todos lados, olía realmente mal, tenía su pelo pegado a la cara con costras de mi leche, de por si nunca olía lo que digamos bien, y ahora menos, una gordita peluda, sucia y maloliente un total desastre, un desastre hermoso el desastre de mujer más sucia y comible que podía existir, quería estirar el momento para siempre, mi pija seguía dura como si nunca hubiese acabado y el espectáculo era muy excitante.

    Seguíamos de pie en el baño, ella se dio vuelta y nos seguimos besando apasionadamente, nos abrazamos y apretábamos mutuamente, mi pija seguía dura y podía sentirla toda sucia y mojada rozando en su vello púbico, llevé mi mano a su entrepierna y era alucinante al tacto, una viscosidad en sus mulos prácticamente desde las rodillas aumentando cada vez más hasta sus vellos púbicos totalmente pegoteados, no quería parar de tocarla y darle placer así que mientras nos besábamos metía mis dedos en su concha que chorreaba esa elixir de placer de sus jugos y mi leche, usaba esa misma mano bien sucia para tocar sus tetas, y después las lamia, hacia lo mismo poniéndole la mano en su cuello y su cara, incluso le introducía algún dedo bien sucio en su boca al mismo tiempo que metía mi lengua, compartíamos nuestros fluidos y nos saboreábamos con gusto.

    Era la primera vez que estábamos en igual de condiciones, siempre ella tenía la desventaja le hacia lo que yo quería, estaba a mi merced, claro que por su carácter sabía que yo dominaba la situación pero frente a frente y no ella de espaldas le daba pie a avanzar y así fue como empezó a pajearme, mi pija estaba bien sucia y un poco boba pero ella con toda su mano me pajeaba con ganas. Yo moría de ganas de que se lleve mi pija a su boca ella parecía no tomar la iniciativa así que deje de besarla y se lo dije

    —quiero que me la chupes

    Ella me miro con cara de puta y no dudó in un segundo me hizo para atrás y se arrodilló delante mío abrió la boca y se metió toda mi pija adentro, no lamio la cabeza y la fue chupando de a poco sino que se la introdujo en su boca toda entera la succionó desde el tronco hasta la punta, la saboreaba, mi pija estaba muy sucia con costras de semen y de sus fluidos, debería ser una mezcla exquisita que ella estaba disfrutando, lo hacía mejor de lo que me imaginé, jugaba con su lengua y me la pasaba por toda la cabeza de mi pija y me miraba con cara de puta, esto me puso a mil otra vez ya sentía mi pija bien dura nuevamente.

    Me senté en el inodoro ella no dejo en ningún momento de chupármela me siguió de rodillas y con mi pija en su boca el movimiento que hice para sentarme. Comencé a manosearla nuevamente, sus tetas caían producto de la gravedad me calentaba muchísimo tocarlas así colgando, seguía transpirada, toda transpirada, sus tetas y por debajo, sus axilas eran un mar de sudor, le caían gotas que con mi mano recogía y me llevaba a mi boca y a mi nariz, que olor a hembra tan exquisito sin ningún vestigio de desodorante, sudor puro de mujer al natural, embriagante.

    Quería penetrarla nuevamente así que la levanté pero ella no se sentó encima mío como pensé que haría sino que se quedó parada, dejando su concha bien enfrente de mi vista, un espectáculo único a la vista al olfato y al tacto, no me resistí y quería comerla de nuevo, levante una de sus piernas y la acerqué hacia mí, apoye su pierna en el vanitory quedándome su concha bien sucia enfrente de mi cara, su olor era el más embriagador de todos, irresistible con costras de leche y jugo sobre sus pelos pegoteados y chorreando líquidos por la entrepierna mi lengua choca bruscamente con todo eso lamiendo y chupando cada fluido, cada pelo y cada centímetro de labios, vulva y clítoris, un sabor muy agrio se apoderaba de toda mi boca, apretó con fuerza esas nalgas tan grandes y con mi otra mano recorro su panza y sus tetas todas sudadas, en eso siento como que toma mi cabeza y me retira, me mira y me dice apenada

    —me hago pis, no aguanto más! Déjame sentar

    A lo que respondo

    —meame todo por favor! —se rio y me dijo que estaba loco, yo mientras ella respondía ya estaba nuevamente saboreando su concha anhelando saborear ahora su pis.

    Me quede chupándosela con más y más ganas haciéndole saber que si quería mear lo iba a tener que hacer así  

    —me meo no puedo más, por favor! —me dijo agitada, yo no respondí y seguí haciéndole sexo oral, ella se daba cuenta que realmente quería saborear ese néctar, se resistió unos segundos más hasta que finalmente cedió… sentí un fuerte chorro de líquido en mi boca que seguía pegado a su concha, abrí mas la boca haciendo una especie de sopapa y sentía como ingresaba más y más líquido a mi boca hasta llenarla, comencé a tragar y ahí pude probar finalmente ese rico meo saliendo de la concha sucia y caliente de mi cuñada, ella seguía meando en mi boca que ya rebalsaba cayendo por todo mi cuerpo como una ducha, sentía como me iba mojando todo hasta mis pies, me frotaba su meo mientras iba cayendo en mi pecho, mis piernas, mi pija, aparté mi boca de su concha para presenciar tal hermoso espectáculo, seguía saliendo un fuerte chorro de pis de entre sus labios, con mi mano lo frenaba un poco y hacia que salpicara aun peor mojándome no solo a mi sino también a ella, sus bellos púbicos estaban empapados chorreando gotas como una esponja llena de agua, refregaba su panza hasta sus tetas como si ese meo fuese una crema corporal la frotaba hasta su cuello y metía mis manos mojadas de su orina adentro de su boca, hice una especie de cuenco con mis manos y se lo tire sobre su cara mojando su pelo, no podía estar más hermosa, empapada en sudor y su propio meo, olorosa por su transpiración, sucia, por fuera y por dentro con mi leche, era el estado más perfecto y sexy de una mujer, un manjar para todos los sentidos, era la mejor cogida de mi vida y era con la gordita sucia de mi cuñada.

    Quería penetrarla nuevamente así que la invité a subirse encima mío, mi pija al palo entró sin problemas ambos estábamos empapados en meo y sudor y nuestros sexos bien lubricados por la excitación, nos besábamos apasionadamente unos besos bien jugosos con mucha lengua y gusto a pis, cuando despegábamos nuestras bocas chupaba su cuello, sus tetas y hasta sus axilas, ella se movía más y más con mi pija adentro, sentía que navegaba en un mar viscoso no solo porque la había llenado de mi leche minutos antes sino porque además ella ya se mojaba toda nuevamente, sentía como sus fluidos bajaban hasta mis huevos, era hermoso estar adentro de ella intercambiar nuestros fluidos genitales era la máxima expresión de una relación con otra persona a nivel biológico, un éxtasis de placer se apoderaba de nuestros cuerpos ella gemía cada vez más, movía sus caderas adelante y atrás siempre con mi pija enteramente metida adentro de ella, sentía toda su fuerza y su cuerpo embistiéndome con más y más fuerza, su largo pelo con ese olor a humedad tan característico de ella ya era parte de mi cuerpo, lo tenía mojado y pegado por todos lados, agarre con fuerza su cara y la mire firmemente a los ojos, nuestras miradas ya se entendían y ya sabían que estábamos cerca de un nuevo éxtasis, un nuevo orgasmo, una nueva acabada, una nueva llenada de mi leche en el interior de su concha, una nueva mezcla de mi semen con sus fluidos vaginales.

    Nos seguíamos mirando fijamente y sonreíamos éramos cómplices de esa cogida fenomenal que estábamos teniendo de una manera muy sucia y prohibida, si había algo prohibida era esa cogida, mi cuñada, en mi casa, sucia, transpirada, acabándole adentro, recibiendo una lluvia dorada, nada podía ser más prohibido y excitante, tirando tabús a la basura en solo unos minutos, era la perfección llevada al sexo, y mi pija desnuda seguía dentro de ella, en su cavidad vaginal lista para recibir mi semen que comenzó a brotar de la punta de mi pija para pasar directamente a ella, su concha se volvió un mar, aun cuando no podía ser más viscoso todo, si lo fue, chorreábamos por todos lados, una alucinación de sexo vivíamos con mi cuñadita hermosa, mi pija empujaba y empujaba semen dentro de ella, esos espasmos involuntarios que llevaban mi más íntimo fluido hacia el interior de su vagina, con cada uno de esos espasmos sentía una sensación de total éxtasis.

    Seguimos así unos segundos o minutos ya habíamos perdido la noción del tiempo, nos seguíamos besando ahora con más dulzura, besos suaves y jugosos, lentos saboreándonos un poco más, aunque ya nos habíamos saboreado enteros el uno al otro, a pesar de sus ricos besos prefería el sabor agrio de su concha o lo salado de sus axilas.

    Lamentablemente no era eterno el momento, teníamos que salir de ese paréntesis que hicimos, debíamos volver a nuestras vidas, ella seguía sin bañarse y aún más sucia, increíblemente sucia que para mí era proporcional a lo comible que estaba en ese momento, yo ahora estaba también sucio.

    Nos dimos una ducha rápida donde aproveche a manosearla un poco más, ella ya no se resistía, nos vestimos frente a frente con miradas cómplices, antes de salir del baño le doy un lindo beso en la boca y sin decir nada me voy, sabia y anhelaba que ese no sería nuestro único encuentro y esperaba también que sea igual de sucio o aún más, aunque no sabía si eso sería posible… o sí?

  • Con mis primas Jessica y Karina

    Con mis primas Jessica y Karina

    Me llamo David, soy de Monterrey, México. Hace unos años mientras cursaba la secundaria, me comenzó a gustar mi prima quien estaba cursando la preparatoria. Mi prima se llama y aunque ella y yo éramos muy unidos, sabía que era imposible el ser su novio.

    La razón del porque me gusta era porque ella tenía un cuerpo esbelto, un trasero firme y con buena forma, unos senos pequeños pero hacían resaltar su figura y una cara muy hermosa. Para cuando yo cumplí 18 y ella 19, fui a un table dance a ver mujeres desnudas, pero aun así seguía pensando en mi prima, necesitaba quitarme esos pensamientos de mi mente, me estaba volviendo loco.

    Pero un día fuimos a una fiesta y baile con ella (siempre lo hacía), recuerdo que ella bebió un poco y me contó que había salido con un chico que solo la tocó y eso no le gustó a ella y dejó de verlo, me contaba muchos secretos siempre. Era raro que ella no tuviese novio, dado que estaba muy bella. Entonces ese día mientras íbamos a su casa después de la fiesta, estuve platicando con ella de cosas de noviazgos y besos, y sobre sexo.

    Yo la quería besar, ya no lo soportaba, pero sabía que tenía que hacerlo despacio, fue entonces que le dije que como ambos no teníamos una relación, entonces porque no ser ella y yo novios, ella pensó que estaba bromeando y yo le dije que no, que en realidad quería ser su novio, fue ahí que se sonrojo y se puso nerviosa.

    Entonces a una calle de llegar a su casa, nos fuimos a platicar a un lugar oscuro y fue ahí donde ella me dijo que yo también le gustaba, pero sabía que era un amor prohibido, pero yo le dije que ambos sentíamos lo mismo y que no había problema, no era de que íbamos a casar o y tener hijos, solo seamos novios en secreto, ella sonrió y me beso, fue la mejor sensación que haya tenido. Entonces nos besamos por un buen rato y le dije de manera seria «quieres ser mi novia”, y ella respondió “claro que si tontito”.

    Nos dormimos juntos en su cama (no hubo sexo ese día), pero ya éramos novios. Al cumplir un mes de novios, ella me citó en su casa por la noche en su cuarto en la tercer planta, no estarían en dos días tantos sus padres como su hermana, y ella me dijo desde el baño que la esperara en su cuarto, y espere por 10 minutos, fue ahí que la vi con una lencería blanca muy erótica, se había puesto bonita para la ocasión.

    Ella puso un poco de música lenta y se acercó a mi caminando muy sexy, se sentó sobre mí y me beso el cuello, rápidamente tuve una erección, y ella me dice al oído que sintió eso, me quite la ropa y ella se quitó su ropa interior.

    Pero le dije que no traía condones, en eso ella sacó un condón debajo de la almohada, pero antes de ponerlo, ella me hizo sexo oral durante varios minuto, yo solo pensaba en no venirme, entonces yo le devolví el favor y me comí toda su vagina por unos 5 minutos, está muy excitado por los gemidos que hacía, y su vagina sabía bien, mi prima tenía bien sabor, ya ella estaba mojada y yo con una erección muy fuerte que rápidamente me puse el condón y la cogí como loco, la puse en cuatro, el misionero, de pie, contra la pared, hasta que al fin nos vinimos y terminamos rendidos en la cama.

    Ya por la mañana los dos estábamos desnudas y cuando vi su cuerpo desnudo, comencé a lamer sus senos y ella se despertó, tan solo me dijo que ella también quería más, entonces volvimos a tener sexo durante buen rato y nos volvimos a dormir unas dos horas mientras estábamos abrazados. Después no fuimos a dar una ducha y mientras estaba yo tocando su cuerpo y enjabonándolo tuve una erección más, y ella me beso y me dijo que saliendo de la ducha lo haríamos de nuevo rápido salimos y volvimos a tener sexo como locos, ella gemía bastante.

    Ya después de tres veces, yo estaba muy cansado, entonces comimos algo y me fui de ahí, después de eso me hablaba cada vez que sus padres no estaban. En ocasiones juntábamos dinero y nos íbamos a un motel. Ella siempre me decía «amor, te quiero, te amo, quiero estar siempre contigo» entre otras.

    Después se complicó un poco por que deje de ver a mi otra prima quien se había ido unos meses al sur de México con unos familiares, mi prima Karina tenía una cuerpo similar al de su hermana, pero con unos senos copa C, eran grandes y mientras yo hablaba con ella normalmente pasados unos 2 meses más, ella se puso ligeramente con más carne, tal vez era parte de su anatomía, pero seguía viéndose muy bien, un cuerpazo y sus senos ya eran copa D, su cuerpo aún seguía pareciéndose al de su hermana, tanto Jessica y Karina eran las más deseadas de la colonia.

    Un día mi prima (novia) Jessica salió a quedarse en casa de una amiga por que cumplió años su amiga, y los padres de ella se fueron a casa de la abuela, entonces ese día fui a casa de ellas y me abrió la puerta Karina, ya dentro platicamos y le dije que si jugamos al monopoli, y ella me dijo que si, jugamos un rato, pero al final ella perdió entonces jugamos al «UNO» y al final al jenga, fue ahí mientras ella movía una pieza yo hice como que la tocaba para que perdiera, pero le toque los senos, y ella me dijo que eso era trampa, al final nos sentamos a platicar y yo hice comentarios acerca de sus senos, y al final ya le dije que si podía tocarlos, y ella me dijo que ya yo los había tocado mientras jugábamos a lo que yo le dije que eso no valía, y al final la convencí, primero fue por encima de la ropa, ella se excitó (lo note en sus pezones) y después le dije que si podía ver sus senos, ella lo dudo, pero accedió y se quitó la camisa y le dije que también el bra, ella me dijo que no, y le dije que conmigo no había problema, y después ella se lo quito y me dejó verlas y tocarlas, gimió un poco y después la bese, ella aceptó mi beso y nos besamos mientras yo la abrazaba fuertemente, y yo le dije a modo de confesión que ella me gustaba desde hace tiempo (mentira obvio) y ella me dijo, que yo también le gustaba, que por eso me dejó tocarle los senos.

    Y nos besamos, la succión es sus senos enormes y después probé su vagina que sabía deliciosa, fue ahí que fue a sacar unos condones y me lo puse para después coger como loco con ella en varias posiciones, al final ya recostados le dije que si quería ser mi novia y ella también dijo que si (ya mis dos primas y hermanas entre ellas eran mis novias), pero se complicó, porque mi prima Jessica vio que habían movido los condones que ella guardaba para ella y yo, cosa que solo yo sabía exactamente donde estaban, me interrogó por varios minutos y me amenazó con no tener más sexo, fue ahí que le confesé que había tenido sexo con su hermana Karina, y que ella era también mi novia.

    Ella lloró pero la abracé aunque me decía que no, y me pegaba, pero yo resistí hasta que ella me abrazo y me beso, y me dijo que estaba bien, que ella no podía exigir nada porque somos primos, entonces me perdono y me dejó seguir tener sexo con su hermana. Y todo se complicó porque años más tarde mi prima Jessica salió con un tipo pero éste la engaño, entonces fue ahí cuando tuve sexo sin protección con ella, yo porque hacía tiempo que quería hacerlo pero ella por venganza y porque en realidad quería tener un hijo mío.

    Pero nada tonta mi prima, dijo que era del tipo, cosa que no fue cierta porque tenía un leve parentesco conmigo y ella, la bebe y con mi prima la de los melones pues con ella también tuve a una niña pero con ella fue distinto, ella primero tuvo un hijo con su novio y después yo la embaracé, ella dijo que era de su pareja pero no dijo cual.

    Hasta el día de hoy sigo teniendo sexo con ella, pero obvio yo tengo novia y algún día dejare de tener sexo con ellas para formar mii propia familia.

  • Milagros, la gordita

    Milagros, la gordita

    Milagros está de pie, desnuda frente al espejo. Son las 11 de la mañana de un martes cualquiera.

    En su habitación contempla su cuerpo desnudo. No es muy alta, 1,72 o así y está gorda, pesa 85 kilos. A sus 30 años, solo se ha acostado con dos tíos. Fue en la universidad y está segura de que se acostaron con ella solo por el morbo de hacerlo con una gorda. Desde entonces no ha vuelto a tener sexo con nadie.

    El espejo de su habitación tampoco es muy alto. Solo llega hasta su pubis, y además tiene una mesilla grande, una coqueta, la llamaba su madre, que oculta sus piernas si el espejo llegara hasta más abajo.

    Milagros empieza a tocarse las tetas, las tiene grandes como corresponde a una mujer de su peso. Las coge fuerte como si fuera un hombre el que se las tocase, apretando y soltando, sobándoselas bien. Después de un rato tiene los pezones duros como piedras. Pasa a acariciárselos. Son grandes como las ruedas de una radio antigua, como las que tenían sus abuelos. No sabe porqué le ha venido la imagen de la radio a la cabeza mientras se los toca.

    Enseguida nota la humedad en su coño. Baja su mano derecha hasta él y comienza a masturbarse, tocándose sus labios. Pasa su mano por ellos, aun no quiere llegar a su clítoris. Quiere retrasarlo lo más posible.

    Después de un rato sus gemidos van en aumento. Está gozando como una loca. Ahora si, roza su clítoris y en unos pocos toques, llega al orgasmo.

    Se queda parada, recuperando la respiración, con las manos agarradas a la mesilla, inclinada hacia delante, con sus pechos grandes caídos sobre ella.

    Se levanta y no se da cuenta de que ha dejado una mancha de sus fluidos en la mesilla con su mano derecha.

    Ya duchada, se viste. Después de desayunar, baja a la farmacia que hay cerca de su casa. Necesita comprar tiritas y bastoncillos y esparadrapo. El esparadrapo casi nunca lo necesita, pero es algo que le gusta tener siempre en casa, no sabe porqué.

    Cuando llega a la farmacia ve que el chico es nuevo. En su identificación pone técnico. No es el señor Ruiz, el farmacéutico de siempre, lo que hace que le dé conversación cuando le trae lo que ha pedido.

    No sabe porqué, pero cree que es la primera vez en mucho tiempo, que un hombre la ve como una mujer sin importarle su peso.

    Cuando vuelve a casa, está tan cachonda que tiene que volver a masturbarse pensando en el chico nuevo de la farmacia. Ha visto cómo su culo se mueve al hacerlo porqué no ha podido estarse quieta frente al espejo. Lo ha hecho en todas las posturas posibles y ha acabado corriéndose como una cerda con la pierna subida a la mesilla.

    Ha dejado una mancha en el suelo de su habitación.

    Mira el reloj y se da cuenta de lo tarde que es. Casi no tiene tiempo para comer. Sale en pelotas por el pasillo hasta la cocina y allí se pone el sujetador y las bragas. Solo espera que ningún vecino la haya visto desnuda a través de la ventana.

    Ha sido un día duro de trabajo y Milagros llega a casa muy cansada. Cena algo ligero y se va a dormir pronto.

    Al día siguiente se despierta toda mojada. Ha tenido un sueño húmedo con el chico de la farmacia. No sabe que le ha dado con él, pero quiere volver a verlo.

    Va varias veces en la semana a verle. Compra cualquier cosa, sin necesitarla. Hablan de cualquier cosa, hasta que a la semana siguiente se le ocurre algo, a ver si coge la indirecta.

    Entra directamente y tras dar los buenos días, coge una caja de condones del estante y se dirige a la caja. El chico, que se llama Roberto, le aconseja mejor comprar unos con estrías.

    —Si tienes que hacerlo con condones porque no tomes la píldora, llévate de estos, así también disfrutarás tú.

    Milagros se pone colorada como un tomate.

    —Gracias por la ayuda.

    —Encantado de dártela. Y ya sabes, que los disfrutes.

    Su sonrisa es encantadora y nota que está mojando las bragas otra vez.

    Va a salir de la farmacia, pero entonces se queda parada. Al haber comprado los condones, pensará que tiene novio y no habrá cogido la indirecta, por lo que se da la vuelta y se dirige de nuevo al mostrador.

    —Me gustaría saber si te apetecería tomar un café cuando terminaras.

    —Claro. Salgo a las 8 y media. Doy de comer al gato y quedamos.

    ¿Dar de comer al gato? ¿Eso significa que no tiene pareja? ¿O la está vacilando?

    —Quedamos a las 8:45 en la cafetería que hay enfrente de la panadería de Julián, ¿la conoces?

    —Si, compro el pan ahí.

    Se despiden y sale de la farmacia.

    Vuelve contenta a casa, aunque un poco azorada. No tiene ningún vestido que pueda ponerse para la cita. De todas formas piensa que con unos vaqueros y una blusa estará perfecta.

    Se contempla en el espejo de su habitación donde se masturba. Tiene los muslos gordos con esos vaqueros y el culo le abulta, pero piensa que a Roberto no le ha importado para nada que esté gorda.

    En 5 minutos llega a la cafetería donde Roberto ya está esperándola.

    Le cuenta que lleva poco en la farmacia y que le gusta mucho su trabajo. Ha tenido suerte en encontrar ese trabajo cerca de su casa y que le gusta conocer a gente tan encantadora como ella.

    Milagros está encantada con el chico. Hasta cree que podría enamorarse de él.

    Cuando terminan Roberto le propone seguir tomando algo en su casa. Milagros no puede rechazar la invitación.

    Llegan a su casa. Es pequeña pero acogedora.

    Toman un poco de vino y unos aperitivos. Milagros está contenta, aunque no borracha, cuando oye algo que cree que acaba de imaginarse.

    —¿Te gustaría probar los preservativos que te recomendé?

    —¿Qué has dicho?

    —Eso, que si te gustaría probar los preservativos.

    —Los tengo en casa, dice sonriendo, pensando que la está vacilando como antes con lo del gato.

    Justo en ese momento, un gato blanco de angora, salta sobre el sofá. Maúlla y se queda mirándola.

    Milagros piensa que iba en serio con lo del gato y por lo tanto también con lo de los preservativos.

    Roberto se abierto un par de botones de la camisa y puede adivinar en su torso depilado lo musculoso que está.

    No puede aguantar el calentón que lleva con el vino y la visión de su torso y Milagros se lanza sobre él.

    Se besan con pasión, sobre todo por parte de ella. Se nota que hace siglos que no ha tenido sexo.

    Tumbados en el sofá se magrean mutuamente.

    —Desnúdate ya. Le dice Roberto.

    Milagros se intenta quitar el pantalón, pero sus muslos gordos no la dejan. Roberto la coge en brazos y la lleva a su habitación. Allí se lo quita como si nada. Ella lo mira desde abajo y le pregunta si no le importa que esté gorda.

    Le dice que a él no le gustan las mujeres tan delgadas como se ven hoy en día y que le encanta su cuerpo.

    Se levantan los dos ya desnudos. Milagros se fija en que Roberto tiene en su habitación un espejo idéntico al suyo, solo que llega hasta el suelo porque no tiene ninguna mesilla.

    En el reflejo ve que no se ha depilado el coño. A Roberto parece no importarle, porque se ha agachado detrás de ella y a empezado a jugar con sus labios con un dedo. Los acaricia, los abre y los soba. Milagros está húmeda enseguida.

    Cuando cree que ya no puede más, Roberto pasa a acariciar los labios con su lengua y luego su clítoris.

    Milagros se corre como una loca. Cuando Roberto se levanta, puede ver su tranca reflejada en el espejo. Es bastante grande.

    Roberto se va y vuelve con un condón estriado que le enseña en el espejo.

    —Me dan muestras de sobra. Vamos a ver qué tal.

    La penetra despacio, muy lento para Milagros, que está mojada como una camiseta en un concurso de camisetas mojadas. Ella quiere que se la folle con fuerza, pero parece que Roberto no tiene prisa, porque saborea su coño con su polla y su condón de estrías yendo de dentro a fuera despacio, sin prisas, como si no hubiera un mañana.

    Disfruta como una loca con el condón de marras. Ese estriado que lleva la está volviendo loca. Cree que volverá a correrse de nuevo enseguida.

    Ahora Roberto acelera el ritmo, bombea fuerte, muy fuerte, oye como su pelvis choca con su culo. Roberto le mira el culo, no le importa que sea grande y que tenga celulitis.

    Siguen un rato más, follando fuerte, hasta que Milagros tiene un segundo orgasmo. Se agarra a los lados del espejo, no puede más, nunca ha disfrutado así en su vida y cree que va a caerse al suelo.

    —Ah, ah, ah, ah, que gusto, que gusto, que gustooo…

    No sabe que le ha dado a Roberto, pero está aguantado mucho.

    Al final, después de una media hora, llega su turno.

    —Voy a correrme, le dice, voy a correrme, voy a correrme…

    Nota cómo saca su polla de dentro y oye cómo se quita el condón y nota su leche caliente derramándose sobre la raja de su culo, escurriendo hasta que cae al suelo.

    Cuando recuperan la respiración, Milagros se da la vuelta y se sienta de culo en el suelo.

    —Por cierto, la próxima vez me gustaría hacerlo contigo con unas botas puestas. ¿Sabes? Me encantan las mujeres con botas. Debo ser un fetichista de las botas, jajaja.

    —¿Y quién te ha dicho que quiera volver a hacerlo contigo, eh? Sonríe picara.

    —Lo he supuesto por cómo te has corrido.

    —Evidentemente que quiero volver a hacerlo contigo. Follas como los dioses y hace mucho que no me daban caña como tú hoy. Así que, sí, quiero volver a hacerlo contigo.

    —De acuerdo, le dijo y la ayudó a levantarse del suelo.

    —Ahora si no te importa, me daré una ducha. Me has puesto el culo perdido de semen, ¡guarro! Y diciendo esto se reía.

    Roberto se quedó mirando su culo mientras se bamboleaba al andar de camino a la ducha.

    Se dieron los teléfonos y quedaron para un par de días después.

    Roberto estaba ese día en la farmacia despachando, cuando Milagros entró por la puerta. Se dirigió directamente al mostrador e iba a decirle algo a Roberto, cuando el señor Ruiz salió de la trastienda con unas cajas.

    Intenta disimular hablando con Roberto.

    —¿Y entonces el esparadrapo es mejor de tela o de plástico?

    —Yo lo llevaría mejor de tela.

    Cuando el señor Ruiz vuelve a la trastienda, Milagros le dice en voz a baja a Roberto que no tiene botas en casa. Cree que tenía unas, pero que debió de perderlas cuando se mudó.

    —No te preocupes, le responde en voz baja, te compraré unas.

    El día de la cita, Roberto la llevó a una zapatería donde le compró dos pares de botas. Milagros estaba encantada. Fue llegar a casa de Roberto y enseguida estaban desnudándose y ella poniéndose las botas.

    Empezaron follando en el sofá. Roberto encima de ella. Milagros con las piernas abiertas y él empujando fuerte. Con el condón estriado. Gemía como un loco mientras su polla entraba y salía del coño de ella, que estaba más lubricado que nunca.

    —Roberto, Roberto, joder, que bien me follas, es tu polla y ese condón estriado, joder, sigue así, sigue, sigue, más, más, más.

    Milagros tuvo un orgasmo y le clavó las uñas en la espalda. Roberto se corrió después de ella y sacándola, la llevó a su habitación. La puso encima de él y sin quitarse el preservativo, se la volvió a follar. Podía verla en el espejo, de espaldas a él y ver como botaba y botaba. No tenía la polla aún al máximo de su erección, acababa de irse, pero era muy excitante notar cómo el condón un poco arrugado le proporcionaba un placer enorme.

    Como cinco minutos después, Milagros tuvo un segundo orgasmo.

    —¡Ah, ah, ah! ¡Me corro, Roberto! ¡Eres una bestia! ¡Un animal! ¡No puedo más! ¡Aaaah! ¡Aaaah!

    ¡Me corro! ¡Me voyyy!

    Milagros seguía botando sobre él, incluso después de haberse corrido. Roberto aguantaba porque hacía poco que se había corrido.

    Le metió un dedo en el culo y a Milagros le dolió.

    —¡Ay! ¿Qué haces? protestó, pero no estaba enfadada.

    —Nada, solo darte un poco más de placer, dijo gimiendo, casi sin respiración.

    —Si ya me has dado todo el que tenías, y le besó en la boca, mientras seguía follándosela.

    Con el dedo hizo que volviera a correrse y siguió bombeando, más fuerte, más duro, mirándose en el espejo y viendo cómo ella seguía botando sobre él.

    Milagros estaba extasiada, ya eran 3 orgasmos los que había tenido y Roberto todavía aguantaba sin correrse.

    El condón se rompió y ella se salió de él, no quería quedarse embarazada. Roberto al fin se corrió sobre su tripa.

    Se ducharon juntos y ella se quedó a dormir con él. No quería que aquello terminase.

    Cuando se despertó, le había dejado una nota en la mesilla:

    “Ha sido el mejor polvo de mi vida” Espero que hayas descansado. Te he dejado el desayuno preparado.

    Milagros sonrió, era el hombre perfecto, un caballero y una bestia en la cama.

    Aunque todo no podía ser perfecto en realidad.

    Tres días después, Milagros volvió a la farmacia. Le parecía que eran muchos días sin verse, y no podía esperar más.

    No parecía que hubiera nadie, ni siquiera clientes. Se dirigió al mostrador y estaba vacío. Se iba a dar la vuelta, cuando le pareció oír algo en la trastienda.

    La puerta estaba entreabierta. Alguien sentado frente a un televisor. No veía bien en la oscuridad.

    Se asomó un poco más y pudo ver cómo el señor Ruiz veía un video porno. Cuando se acostumbró a la oscuridad, pudo ver que el hombre estaba meneándosela. Si, estaba haciéndose una paja como si fuera un adolescente.

    Milagros salió de allí sin hacer ruido. Si se hubiera quedado un minuto más, podría haber visto que quién aparecía en el video eran ella y Roberto.

    Al llegar al trabajo, llamó a Roberto, pero este no le contestó. Se puso nerviosa aunque intentó olvidarlo todo con el trabajo.

    Por la noche volvió a llamarle, pero saltó el buzón. No sabía que pensar.

    Al volver a casa le dio por pasarse por la farmacia. Eran las 10 y 15 y evidentemente no habría nadie, pero vio una luz que salía de la trastienda.

    Tocó el cierre varias veces y cuando se iba a ir, le abrieron desde dentro. Era el señor Ruiz junto a Roberto. La acompañaron hasta la trastienda y allí le pusieron un video. Milagros no tenía ni idea de que iba la cosa.

    Después de una imagen en negro, vio a dos personas besándose, cuando se dejaron de besar, comprobó que eran ella y Roberto. Entonces la giraba, su tripa se apoyaba contra el espejo y empezaban a follar.

    Por la posición estaba claro que Roberto tendría que tener una cámara detrás del espejo, como en las películas.

    Milagros se volvió hacia ellos ofendida y preguntó:

    —¿Y esto de qué va? ¿Qué pretendéis los dos?

    —El señor Ruiz tiene ya una edad, dijo Roberto. Siempre se ha sentido atraído por ti, pero sabía que siendo viejo, tú no te fijarías en él. Así que, continuó explicando, al poco de haberme contratado, me propuso seducirte para que pudiera grabar nuestros encuentros y con eso el estaría satisfecho. Se excitaría con tus videos y si no podía tenerte, se pajearía contigo al menos.

    —Ahora que has descubierto nuestro secreto, dijo ahora el señor Ruiz, me gustaría poder… follar contigo.

    —¿Y se cree que estoy tan loca para hacerlo con usted?

    Ahora habló Roberto:

    —El señor Ruiz me ha propuesto que te pagará la hipoteca de tu piso el tiempo que le quede de vida. Además, no tiene familia por lo que te haría su heredera universal.

    —¿Y todo eso por un polvo conmigo?

    —Uno solo no. Siempre que quiera, tú estarás dispuesta a darle tu cuerpo. A entregarte a él.

    —¿Seré su esclava sexual?

    —No exactamente. También te follaré yo, por lo que serás libre. Y cuando el muera… digo guiñándola un ojo.

    Milagros no sabía que pensar. Estábamos en el siglo XXI, la esclavitud ya no existía, al menos en el mundo civilizado. Pero por otro lado, la propuesta de llevarse todo su dinero cuando muriera…

    Si le follaba bien, bien duro y bien fuerte, no creía que aguantase mucho.

    —¿Y si me niego? Le dijo, pero no muy convencida.

    —El señor Ruiz mandará estos videos a tu madre. Es muy beata y no soportará ver cómo follas sin estar casada.

    —Dadme cinco minutos para pensarlo.

    —Está bien.

    Milagros estaba sola, no tenía nadie aparte de su madre, pero no se hablaba con ella desde hacía mucho tiempo. No es que le faltara dinero para pagar el piso, pero tampoco le sobraba. El hecho de follar con el señor Ruiz le asqueaba, pero aunque Roberto fuera un cerdo, no le importaba porque luego se lo follaría a él.

    —Está bien, acepto. ¿Cuándo empezamos? Milagros ya estaba dispuesta a todo.

    Roberto llevó a Milagros a la trastienda y cerró la puerta para que la luz no se viera desde fuera.

    El señor Ruiz se bajó los pantalones y dejó su miembro al aire.

    —Empezaremos por una mamada si no te importa.

    —Claro que no.

    —Quiero que te quites la blusa y el sujetador, por favor.

    Milagros obedeció, dejando sus pechos al aire. La polla del señor Ruiz reaccionó enseguida y casi se empalmó a la primera.

    Comenzó con la mamada, despacio. No tiene mucha práctica en esto, pero enseguida oye los gemidos del señor Ruiz por lo que sabe que lo está haciendo bien.

    —Para, para, le dice al cabo de un rato. Quiero correrme dentro de ti.

    Milagros se levanta y se desnuda del todo.

    —Tenga jefe, le dice Roberto. Pruebe un estriado.

    El señor Ruiz se pone el condón. Tumba a Milagros sobre la mesa que tiene en la trastienda y la abre de piernas. Se pone a comerle el coño, lo hace bastante bien, casi tan bien como Roberto. Mientras se lo está comiendo, le dice que su mujer nunca le pidió que lo hiciera. Que se buscaba putas con las que follar y podérselo comer.

    ¿Y a mi que me importa que hiciera de joven? Fóllame ya, y cállate, pensaba Milagros.

    En ese preciso momento se levantó y la penetró sin más.

    Entraba y salía de ella como si nada. Milagros solo sentía algo por el condón estriado, pero el tío ni se molestaba en darla placer, solo disfrutaba él. Cuanto más aceleraba, más jadeaba y más se cansaba. Milagros empezaba a pensar que iba a darle un infarto.

    Ya cerca del orgasmo, Roberto tuvo que sujetarlo porque se iba a caer. La imagen era curiosa. El viejo empujando mientras Roberto le sujetaba y Milagros abierta de piernas, viendo cómo al viejo estaba a punto de darle algo.

    —Déjame, le dijo a Roberto. Ahora de pie.

    Roberto cogió a Milagros y la levantó. La puso de pie y le abrió las nalgas y como si fuera un mamporrero, guio la polla del viejo hasta su coño y se la metió.

    El viejo dio unas embestidas más y se corrió con un gemido fuerte. Milagros apenas había disfrutado.

    Ahora pensó que menudo panorama tener que follar con el viejo. Al menos volvió a pensar que no duraría mucho y podría llevarse su dinero. Aunque no se fiaba mucho de que fuera verdad.

    Para Lara, mi más fiel lectora.

    Si os gustado y quieres escribirme y comentar, escribid a [email protected].

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (17)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (17)

    Aquel día el inspector Gutiérrez no estaba del mejor humor, era viernes y le esperaba un largo y movidito fin de semana para intentar resolver sus problemas familiares, y ahora se le complicaba con un trabajo más, añadido a sus quebraderos de cabeza.

    Aun resonaba en sus oídos la exigente y aguda voz de su jefa.

    -Quiero que te ocupes personalmente del caso y lo lleves con la mayor discreción que puedas, estamos tratando de personas influyentes y muy importantes, utiliza los medios que necesites y como sea resuélvelo.

    -Conforme jefe, lo que tu mandes. -Gutierrez arrugó los labios, enviando un fingido beso al teléfono, ¿qué se había creído esa señora?, sabía perfectamente con quien estaba tratando, ¿o veinte años en el cuerpo no servían para nada?

    Colgó el teléfono y marcó el de su ayudante pidiéndole que pasara a su despacho. Entró sin llamar con un fajo de papeles en la mano, elevó la vista para fijarla en la mujer alta y delgada que terminaba de entrar. Lara se conservaba joven, y aún seguía siendo aquella bonita compañera con la que compartió el trabajo de patrullar la calle.

    -Se breve y ve a lo importante. -la mujer puso sobre las mesa los papeles que llevaba.

    -Aquí tienes el informe, he dejado un par de agentes y tenemos los teléfonos intervenidos, seguramente llamarán pidiendo un rescate.

    -Creo que vamos a ir allí y me cuentas de palabra tus impresiones, el informe lo leeré más tarde o a la noche si es que puedo.

    Salieron al patio de la comisaría donde les esperaba un coche sin distintivos que lo distinguiera, solamente una pequeña lamparita azul adherida en el techo indicaba que se trataba de un coche de policía.

    La sub inspectora Alvarado se colocó al volante y esperó a salir del patio para comenzar a hablar.

    -El típico caso de secuestro, seguro que pronto tendrán una llamada reclamando un rescate, que en este caso no será pequeño.

    -Encontraron al chófer maniatado en su vehículo, en las canteras de arena del río. El sujeto dice no recordar a los atacantes, que le golpearon la cabeza cuando recogía al chico en la academia de baile donde acude los jueves.

    -Resulta sospechoso que un hombre tan grande como él, que sabe de artes marciales, fue boxeador, pudiera ser dominado como él asegura, portaba su arma en la guantera del coche, y otro detalle que no encaja es que no se la robaran.

    -¿Piensas que miente?

    -No aseguro nada, pero creo que no está diciendo toda la verdad, no voy más allá por ahora.

    -¿Qué has podido averiguar sobre él?

    -Hace tiempo que estuvo en prisión, cuando dejó el boxeo y por asuntos de drogas, pequeñas cosas, hasta que lo rescató su actual jefe y avaló que se le pudiera entregar un arma de fuego, ¿argumento que lo pueda justificar?, muy endeble, la simple seguridad para él.

    Habían llegado ante el muro de más de dos metros de altura y a la puerta de hierro que daba acceso al recinto, Gutiérrez observó las cámaras de seguridad instaladas estratégicamente en lo alto de la verja y al guarda de seguridad que les abría la puerta.

    -Esto parece más seguro que las cámaras del banco central.

    -Han vuelto a contratar el servicio de guardias, lo habían sustituido por la vigilancia remota, pero ahora han vuelto a lo que tenían antes.

    -No vive mal esta gente. -comentó la policía antes de que un hombre uniformado de mayordomo los guiara a una habitación biblioteca, dos hombres mayores los esperaban de pie y uno de ellos, el de más altura, se adelantó a saludarles.

    -¿Inspector?… -se detuvo expectante, el señor aquel quería escuchar su voz, seguro que sabía el nombre de quien le visitaba

    -Gutiérrez, y mi ayudante la sub inspectora Alvarado.

    -¿Tienen alguna noticias? -el hombre no aparentaba estar nervioso ni intranquilo y el policía le miro guardando silencio un instante.

    -Mire señor Martínez, las noticias le llegarán antes a usted y al parecer aún no se han puesto en contacto diciendo lo que quieren, tienen a dos policías vigilando sus teléfonos y habrá que esperar unas horas más a que se pongan en contacto.

    -Mi amigo, don Manuel Artázcoz Villalba, pensaba en ofrecer una recompensa a quien pueda aportar alguna pista que nos lleve a Ángel.

    -Piensen más en un importante rescate, intentaremos que no se pagué y atrapar a esa gente, los indicios apuntan a que eso es lo que va a suceder.

    -Ese no va a ser un problema inspector. -Gutiérrez no era para nada tonto, y sabía que aquel mecenas de la ciudad, Eduardo Martínez de Arceniega, tenía dinero más que de sobra para pagar lo que pudieran pedirle y comprar favores de las autoridades.

    -Nos gustaría hablar con el conductor del vehículo, necesitamos hacerle algunas preguntas.

    Cuando el hombre estuvo delante de ellos, Gutiérrez lo primero que observó fue como apretaba en sus enormes manos la gorra del uniforme, un apósito le cubría parte de la frente y una ceja, el lugar donde había recibido el golpe que le dejó sin conocimiento según sus declaraciones.

    -¿Usted dice en su declaración que fueron dos hombres los que le atacaron por detrás, los vio pero no puede recordar como eran, nada sobre ellos que pueda identificarlos?

    -Así es inspector.

    -¿Dice que esperaba fuera del coche a que el muchacho saliera de su clase cuando fue atacado?

    -Sí, eso fue lo que pasó.

    -¿Recibió el golpe, un solo golpe y perdió el conocimiento?

    -Lo tiene todo escrito, he firmado una declaración con lo que yo se. -el hombre se mostraba ofendido y hasta molesto. Sus manos no dejaban de manosear la gorra de plato.

    -Esta bien, solo quería corroborarlo, por ahora es suficiente.

    En el trayecto de vuela a la comisaría Gutiérrez se mostraba pensativo.

    -Quiero una vigilancia completa sobre ese hombre y el informe de sus antecedentes policiales. Tienes un buen ojo Lara, no parece trigo limpio.

    -Bueno jefe no vamos a creer que será tan fácil, podemos equivocarnos.

    -Bien señora sub inspectora, -le habló en plan de guasa- luego lo compruebas en su declaración, ¿cómo sabe que fueron dos los atacantes si le golpearon por detrás y en la frente? Quiero también el informe de los médicos que le atendieron. -permanecieron en silencio el resto del trayecto hasta que entraron en el despacho donde el hombre empezó a hablar de otros casos que tenían pendientes..

    -Te he dejado una nota sobre tu mesa cuando he llegado a la mañana, averigua lo que puedas sobre ese cabrón, tengo que pararlo o terminará matando al muchacho. -Alvarado sabía que ese era el problema que mantenía a su jefe preocupado.

    -¿No terminan de resolverse los problemas del amigo de Fulvio?, no entiendo que no presente una denuncia para poder apartarlo, sin su denuncia no hay caso, tiene dieciocho años. -el inspector recordó la dulce cara de aquel chico, parecía más joven que su hijo a pesar de ser dos años mayor.

    -El muchacho tiene miedo por su madre y sus hermanos, que terminen pagando ellos los excesos de ese mal nacido, seguro que tiene algo para poderle agarrar por los huevos y retorcérselos.

    -Lo he mirado por encima, del restaurante no sacaremos nada ilegal, pero vive muy bien para tener solamente esos ingresos, frecuenta el trato con la mafia que blanquea el dinero chino, ¿qué te parece?

    -Eres la mejor Lara, voy a estar siempre en deuda contigo. -cuando pidió que la pusieran como su colaboradora no tenía dudas de que su trabajo sería brillante.

    ——————————————-

    Cuando abrí los ojos estaba en una pequeña habitación, cuadrada y con poca luz que entraba por una pequeña ventana a ras del suelo, detrás del cristal tenía unos gruesos barrotes de hierro. Me toqué la cabeza y noté una hinchazón en mi cráneo que me dolió al tocarla. Intente levantarme de donde estaba tumbado, una especie de camastro de no más de un metro de ancho, pero volví a caer sobre el jergón por los mareos, sentía que todo me daba vueltas.

    Esa hinchazón en la cabeza… Al entrar al coche alguien que estaba dentro me había golpeado con fuerza haciéndome desvanecer… Pero si Damián me la había abierto… ¿Cómo era posible que alguien se hubiera podido meter dentro? Sentí un estremecimiento… Aquel sujeto que había sorprendido un par de veces hablándole… ¿Tenía algo que ver Damián? Pablo me aseguró que todo estaba bajo control.

    Dejé de pensar y miré a mi alrededor, la habitación era muy pequeña y se olía la humedad aunque el lugar no era un sótano, al lado de la cama donde yacía, sobre el suelo, había un colchón con alguna ropa sobre él, un par de sillas de mimbre y de unos clavos en la pared colgaban algunos trapos que parecían ropa.

    Pasó un largo tiempo y pude sentarme en la cama con los pies en el suelo, aún llevaba los zapatos e iba vestido como estaba cuando me golpearon, me puse de pie y llegue hasta la puerta, intenté abrirla tirando de la manilla pero debía estar atrancada por el otro lado. Entonces comencé a golpearla con los puños.

    -¿Hay alguien? Ayúdenme por favor, estoy encerrado y no puedo abrir. -me pareció escuchar un ruido del otro lado y coloqué la oreja sobre la madera. Sí, algo se movía sin hacer mucho ruido.

    -Por favor, respóndame. -golpeaba la puerta hasta que sentí las manos doloridas, el ruido que creí escuchar había cesado y caí de rodillas comenzando a llorar, apoyé la frente en el suelo y sentí el frío del pavimento embaldosado.

    No sabía el tiempo que había pasado y ya no entraba luz por el ventanuco a ras del suelo, se encendió la bombilla que había en el techo y me levanté esperanzado, pero la puerta no se abrió, estaba muerto de frío, de hambre y de sed, me envolví en una de las mantas que había sobre la cama.

    De repente sentí ruido en la puerta y se abrió, al principio no pude verle bien hasta que avanzó al centro de la habitación. Una voz de chico joven salió de aquella figura.

    -No intentes escapar, será inútil. -Traía una especie de bandeja y la depositó a mi lado encima de la cama.

    -¡Come! -a pesar del hambre y la sed que sentía olvidé un momento la comida.

    -¿Quien eres tu? ¿Por qué me tenéis aquí?

    -¡Come! -su voz había subido varios decibelios y decidí hacerle caso, en la bandeja había también un vaso de plástico con agua, lo apuré de un solo trago, sobre un papel plateado tenía dos emparedados y cogí uno de ellos llevándomelo a la boca mientras el me miraba vigilante.

    Me fijé un poco más en él, era más alto que yo y estaba muy delgado, casi resultaba esquelético, su pelo era moreno, ensortijado, un poco largo hasta taparle las orejas y le llegaba hasta los ojos, llevaba un pantalón increíblemente corto enseñando las piernas huesudas y largas, al moverse renqueaba ladeándose hacia un lado como si estuviera cojo.

    -Me llamo Ángel, ¿por favor puedes decirme por qué estoy aquí? -no me respondió y terminé de comer lo que me había traído, no había sido mucho pero sirvió para calmarme el estómago y recogió la bandeja para ir hacia la puerta.

    -Espera, espera, necesito ir al aseo y un poco más de agua. -se volvió hacia mí y me miro mientras dudaba.

    -Sígueme pero no intentes huir, la casa está cerrada y no podrás escapar. -me llevó hasta una puerta, el olor del lugar era terrible y procuré vaciar la vejiga a toda prisa. El cuartucho no tenía ventanas, ni tampoco el pasillo por donde habíamos pasado, los techos estaban inclinados en algunas partes y supuse que se trataba de un local bajo techo, un desván o algo similar.

    Cuando regresé me ofreció el mismo vaso ahora lleno. Lo bebí con ansía, llevaba mucho tiempo sin beber.

    -Tienes que volver a la habitación, si él ve que te he dejado salir se enojará. -regresé a la celda donde desperté y cerró la puerta dejándome solo, paseé un tiempo pensando, dándole vueltas a mi situación, si me habían secuestrado para pedir un rescate se habían equivocado, nadie iba a gastar su dinero en mi hasta que, sin darme cuenta, me quedé dormido.

    ——————————————-

    Cuando el inspector Gutiérrez llegó a su casa realmente la satisfacción se le notaba en la cara, desde que salió del restaurante chino de los padres de Enlai sabía que aquel mal nacido había tenido que ceder a su chantaje, al fin y al cabo de eso se trataba, amenazarle con la información que Lara le había facilitado había sido imprescindible para que prometiera dejar tranquilo a su hijo.

    Subió las escasas escaleras pensando en aquellos dos chicos que ahora dependerían de él, en su hijo Fulvio que sin haber cumplido los diecisiete años eran tan alto como él, de cuerpo trabajado por el deporte que le encantaba, varonil y guapo, se parecían en tantas cosas y compartían tantas similitudes, aunque alguna característica perteneciera a su madre a la que ya le costaba recordar.

    Pensó también en su amigo, o más que amigo Enlai, de carita de bebe y dos años mayor que él, delicado y que se le podría confundir con una chica, servicial y amable, humilde y siempre pendiente a cualquier señal que hiciera Fulvio para atenderle y servirle.

    Entendía que su hijo quiera a aquel muchacho, eran amigos desde que él podía recordar, desde que su madre viviera con ellos atendiéndoles y permitiendo que Fulvio hiciera lo que le diera la gana.

    Tiró las llaves en la bandeja de la entrada donde estaban los sobres que habrían recogido del buzón, a pesar de los papeles las llaves tintinearon y se dirigió a la cocina escuchando la música que los chicos escuchaban a volumen demasiado alto. Enlai en pantalones cortos y con una camiseta preparaba la cena, y Fulvio, con el pecho descubierto y en calzoncillos a su lado observaba lo que hacía ayudándole.

    -Buenas noches, huele rico. -los muchachos se giraron y le abalanzaron hacía él abrazándole. -el chico sabía hacer unas comidas deliciosas para el disfrute de los tres.

    -Papá un día nos matarás de un susto, podías hacer algo de ruido al entrar en casa. -Fulvio le dio un beso en la mejilla y Enlai levantó la vista esperando que el hombre mayor se fijara en él.

    -Buenas noches Juan. -al final elevó la vista para mirarle

    -No seas tímido Enlai, da un beso a papá. -el chico le ofreció la cara para que Juan le besara. -aunque el inspector Juan Gutiérrez aparentaba ser un hombre rudo, y lo era en su trabajo, en casa resultaba totalmente diferente. Con aquellos dos muchachos se volvía mantequilla, adoraba a su hijo y quería al otro muchacho más de lo que debiera, tenía por los dos sentimientos encontrados y deseos que intentaba reprimir sin conseguirlo.

    -Me voy a cambiar y darme una ducha mientras acabáis de preparar la cena. -aunque sabía que esperaban sus noticias prefería comentárselas en la cena, mantenerles en tensión unos minutos más para ver sus caras alteradas por la curiosidad.

    Dejó su arma reglamentaria en el armario y se desnudó para meterse en el baño, se miró en el espejo, aún se conservaba bien y no era tan viejo aunque algunos pelos blancos comenzaban a aparecer entre su moreno pelo. De cuerpo estaba bien y se sentía orgulloso, por su trabajo tenía que cuidarse para estar ágil y también porque le gustaba saberse observado, deseado, por mujeres y algunos varones. Sin duda estaba aún apetecible y bien dotado para el sexo al igual que Fulvio, otra característica más que había heredado de él.

    Siempre había pensado que su hijo era bisexual como él, y aunque nunca había llevado a una chica a su habitación seguía pensándolo. Enlai y Fulvio habían sido únicamente amigos hasta hacía un año, desde muy joven su hijo se había revelado muy sensual y caliente, había llevado amigos de su edad y mayores que él a casa, y sabía lo que hacían en su habitación, él consentía y prefería que follaran en su casa antes de que buscaran encuentros en la calle siempre más peligrosos, de eso conocía bastante por su trabajo.

    Tenía el plato servido en la mesa cuando volvió a la cocina, un bonito mantel con estampado de frutas la adornaba, y no faltaba un pequeño florero con cuatro claveles rojos y blancos. Enlai resultaba una perfecta mujercita para todo y los tenía encantados. Se sentó sin atender las miradas impacientes de los chicos.

    -¿No vas a hablar nunca? -no pudo evitar reír y con su risa tranquilizarlos.

    -He estado en el restaurante y he hablado con tus padres, no volverá a ponerte la mano encima, puedes estar tranquilo, desde ahora será distinto. -Juan sujetó la mano del chico que temblaba sobre la mesa dejando que le salieran las lágrimas.

    -Bien papá, sabía que tu lo arreglarías. -Fulvio se colocó al lado de su amigo y le pasó la mano por la cara para limpiarle las lágrimas.

    -¿Qué hiciste para convencerle? -Juan Gutiérrez soltó una carcajada a la vez que apretaba la mano del débil muchacho.

    -Tendrás que dar las gracias a Lara, ella ha hecho posible que pueda retorcerle los cojones. Tu madre quieres verte Enlai, saber como te encuentras.

    -¿Puede quedarse a vivir con nosotros papá? Nos portaremos bien y seremos buenos chicos. -no había pensado en esa posibilidad que no le desagradaba en absoluto. Estaría bien tenerlos a los dos en casa para que se ayudaran el uno al otro, y por qué no decirlo, le encantaba aquel lindo y encantador muchacho, lo mismo que a Fulvio.

    -Puede hacerlo si él lo quiere. -el muchacho se puso de pie y se llegó a la silla del inspector, se abrazó a él inclinándose y colocó su mejilla contra la de Juan.

    -Si, sí quiero Juan, quiero vivir con vosotros, lo deseo. -el chico se había vuelto loco y le besaba agradecido la cara hasta que sin darse cuenta le besó los labios. Juan sintió que se estremecía pero no apartó al muchacho cuando siguió con los labios sobre los suyos. Sintió como respondía su verga y se hinchaba en los holgados pantalones cortos que se había puesto para estar en casa.

    Se sentaron después de la cena en la sala, los tres en la misma butaca de tres asientos enfrente del televisor, las noticias anunciaban el secuestro que había sufrido un muchacho de la alta sociedad sin dar muchos datos, pero Gutiérrez maldijo en voz alta, alterado y enfadado por que se hubiera filtrado la noticia a los medios de comunicación.

    Enlai estaba entre padre e hijo y Juan podía ver por el rabillo del ojo como su hijo acariciaba la pierna blanca y desnuda del chico, y como éste llevaba la mano al bulto que se le marcaba en la entrepierna. Cerró los ojos y evitó seguir mirando para no acabar con el pene duro.

    Minutos después Fulvio se levantó.

    -Papá nos vamos a la cama, mañana tenemos que levantarnos temprano para correr, ¿Vendrás con nosotros? -el sábado a la mañana la tenía libre.

    -Sí, si que iré. -los muchachos le dieron un beso y su hijo tiraba de la mano del otro impaciente para irse a la cama. Un rato después Juan apagaba la televisión y se encaminó a su habitación, al avanzar por el pasillo escuchaba las voces ahogadas de los muchachos. Se detuvo un instante ante la puerta, podía escucharle a su hijo hablando bastante alto.

    -Chupa, mámala hasta el fondo. ¡Ayy! qué bien lo haces. -se alejó sintiendo como su verga se endurecía haciendo tienda de campaña en sus pantalones.

    Aquella noche el inspector Juan Gutiérrez se sobaba la dura verga, pensando que era él a quien el dulce muchacho, de rasgos asiáticos, le chupaba la polla, y como se la metía en su culito estrecho hasta correrse y llenarle de leche, pero fue la sábana de su cama la que recibió su semen, sus gemidos de placer quedaron ahogados por su brazo sobre la boca.

    ——————————————-

    Más o menos a la misma hora, en un lugar alejado y menos acogedor que la casa del comisario, otro muchacho despertaba al escuchar el sonido del cerrojo que guardaba la puerta de su celda.

    Ángel se levantó esperanzado para volver a caer sentado en el camastro, aturdido y temblando de miedo al ver quien era la primera persona que entraba, el malcarado y repulsivo individuo que había visto hablando con Damián en más de una ocasión, y del que desconfió desde un principio, se plantaba delante de él y se le notaba que llegaba algo ebrio por sus torpes movimientos.

    -¡Vaya!, ya tenemos a la pequeña princesa despierta. Ponte de pie cuando te hablo. -anduvo unos pasos hasta colocarse a mi lado y a pesar de estar temblando me levanté.

    -¿Por qué estoy aquí? Yo le conozco, le vi hablando con el chofer, con Damián. -el hombre me cogió del brazo apretando hasta hacerme daño.

    -La putita quiere saber. ¿La has escuchado? Además se nos pone de valiente. -me tiró con brusquedad sobre el camastro quedando tendido sobre él.

    -Será mejor que paguen por ti lo que pidamos o lo pasarás muy mal, pero hasta entonces estarás unos días a nuestro cuidado, y no te preocupes que te atenderemos como mereces. Damián te tiene reservados los huevos llenos ya que no se los quisiste vaciar por las buenas. -dejó salir una brutal y soez carcajada y se tiró sobre mi aplastándome con su gran peso.

    -Por favor, por favor no me haga nada, les van a pagar por mi, pero no me haga daño. -me cogió la cara con la mano izquierda y con la otra me soltó una fuerte bofetada.

    -No voy a hacerte nada que no te guste putito. -sentía su asqueroso aliento con olor a vino rancio antes de que sus labios se apretaran en mi boca. Tiró de mi camisa y saltaron los botones dejándome el pecho al descubierto.

    -Mira que tetitas ricas escondes, pero no van a ser solo para tus amantes millonarios putito. -su boca se apropió de una de mis tetitas y me la mordió con fuerza haciéndome que gritara.

    -¡No, no por favor, me hace daño!

    -¿No te gustan mis dientes? ¿Otros te lo hacen mejor y a tu gusto perra? -se montó a horcajadas sobre mi tripa y solo podía mover las piernas detrás de su gordo trasero. Intenté apartarle la cabeza y entonces me sujetó las manos por encima de la mía comenzando a golpearme la cara con la mano libre.

    -Yo te domaré putita, Damián no supo hacerlo porque le faltan cojones, pero aquí tienes un macho que te doblegará. -tiró de mis pantalones y los deslizó hasta las rodillas llevándose a la vez el slip y dejando al aire mis partes viriles.

    -No, no, por favor, no haga eso. -volvió a golpearme con fuerza y sentí que la sangres brotaba, no sabía si era de los labios o de la nariz pero sentía su sabor metálico en la boca. Yo movía alocado la cabeza y las piernas, asustado y sudando de terror, era lo único que podía hacer, el dolor en las muñecas era tremendo y me las apretaba hasta parecer que las iba a romper, el peso de su cuerpo sobre el mío no me dejaba respirar muy bien.

    -Colabora o será peor para ti, no tienes nada que hacer y voy a follarte el culo quieras o no. -me di cuenta de que tenía las de perder y que no me libraría por mucho que me resistiera, dejé de patalear, me quedé quieto aunque respirando angustiado, buscando aire que llevarme a los pulmones, y las lágrimas comenzaron a rodarme por las mejillas que me escocían por los golpes recibidos.

    -Así me gusta puto, vas a saber quien es tu amo y te dejaré disfrutar una buena polla de hombre en tu culito. -terminó de sacarme a estirones la ropa y se bajó los pantalones para sacarse la verga.

    Me dio la vuelta colocándome boca abajo y se me montó en la espalda, sentía los pelos de su barriga en las nalgas y el respirar dificultoso que tenía, su verga se abrió camino entre mis piernas buscando mi ano, y sin separarme la piernas encontró el agujero que deseaba, sentía como apretaba y me agarroté tensando el cuerpo y recogiendo la ropa en mis manos estrujándola.

    Aquello dolía más que la primera vez que me desvirgaron, pero el verdugo no tenía piedad y empujaba con fuerza a golpes bruscos que iban enterrando su verga en mi culo.

    Parecía que no iba a terminar nunca de entrar, y me di cuenta de la tremenda longitud de su pene cuando lo sentí muy profundo, y que seguía empujando para meterse a pesar de que por la posición no podría enterrar toda su verga.

    -Tienes el culito apretado puta, así me gusta romperlos, y que se resistan a la fuerza de mi polla. -moví un poco el culo para dejarle que acabara de metérmela hasta que los pelos del pubis hicieron tope con mis nalgas.

    -Ya te tengo maricón, ya eres mío puto, eres mi hembra. -mi culo parecía lleno y me dolía, el infame patán tenía una tremenda verga, y debajo de ella se aplastaba en mi trasero una enorme bolsa que contenía sus huevos.

    Comenzó a darme embestidas cortas y profundas al principio, el cerdo, a su pesar, sabía que si quería disfrutar de mi culo tenía que ablandarlo un poco para dejarle que su verga se deslizara por mi recto jugoso. Le elevé las nalgas en un ofrecimiento mudo pero que el entendió muy bien.

    -¿Te va gustando putona? No hay quien se resista a mi polla y todas termináis gozándola. -cerré los ojos con fuerza humillado por sus palabras que eran ciertas, mi culo empezaba a disfrutar de la carne que se le ofrecía, él no pensaba, solo sentía aquella polla que lo llenaba de hermosas y placenteras sensaciones.

    Me cogía con brusquedad a veces y luego descansaba tendido sobre mi espalda para volver a cabalgarme de nuevo, y comencé a gemir como una vulgar mujerzuela entregada y sumisa, dominada por el placer supremo de sentir al macho controlando sus sentidos de hembra entregada y servil.

    El bastardo pegó un fuerte alarido al clavárseme en el culo y empezar a vaciarse los huevos en mi cuerpo, y yo eyacule entregando a la ropa maloliente la descarga de mi semen. Temblaba aún invadido por las sensaciones de la verga que no terminaba de salir, y lloré de vergüenza por no saber negarme el placer que aquel vicioso me hacía sentir.

    Seguirá…

     

  • Nuestra amiga argentina y el pendejo (05)

    Nuestra amiga argentina y el pendejo (05)

    Lo que hago, lo hago porque me gusta, no para que se enteren mis amigas, aparte, mi aspecto me ayuda a eso, en el sentido que no tengo nada pinta de trola, no soy de esas pendejas que van por la calle y se venden solas, que les gusta dar la imagen de putas. Solo alguna que otra vez, por alguna razón especial, sí, me vestí bien perra, y obvio me miraban como a una puta.

    Ahora les cuento lo que me pasó:

    Mi novio se fue a jugar al golf con unos amigos, por eso anoche no salimos (pero ayer tuvimos una muy buena tarde a puro sexo, pero del bueno). Hoy al mediodía me llama Mateo, lo que pasó con él lo conté. Pero, ya era muy arriesgado (soy tramposa pero no boluda, sé hasta dónde puedo cagar a mi novio), pero me dejo caliente con las cosas que me decía y con ganas de hacer algún tipo de trampa, pero rápida, no me podía borrar toda la tarde, ya bastante lo cagué a mi novio el otro día.

    Ahí es donde empieza mi perdición, cuando empiezo a pensar en hacer algo, y que siempre lo termino haciendo, y se me ocurrió, ir directamente a la casa de Martín (el pendejo de 18 años que vive a dos cuadras de casa y con el que cogí un par de veces), pero lo que me calentaba era ir directamente sin avisarle, con esa adrenalina que me da lo desconocido, es decir si iba a estar, si estaría solo, si iba a pasar algo o no ¿me explico? La adrenalina que me provoca lo inesperado, todo eso me calienta mucho, me gusta, me hace latir el corazón a mil.

    Que si, que no, obvio, hasta que al final me decidí, y así como estaba vestida, con zapatillas, jean, un buzo y un saquito, sin arreglarme nada, me animo y voy a su casa, me abre la madre (que yo no la conocía), le digo que soy una amiga de Martín, me hace pasar y lo llama.

    Martín baja, me mira, se queda sorprendido y me dice:

    Martín: hola Caro, que sorpresa, ¿qué haces por acá?

    Yo: nada, volvía a casa, no tenía nada que hacer y se me ocurrió venir a verte, no se, si estas ocupado, nos vemos otro día.

    Martín: no Caro, estaba al pedo, quédate.

    Y nos fuimos a su cuarto. Para que entiendan les explico algo: la casa de Martín es enorme, mucho más grande que la mía, en el 1º piso tiene el dormitorio de él, que es donde se junta con los amigos, porque es tan grande que tiene hasta un par de sillones y una heladerita, o sea que para la vieja que vayamos a su cuarto, obvio con la puerta semi abierta es re normal (desde la puerta no se ve nada en el cuarto porque hay un pasillito chico) y arriba está el dormitorio de los viejos (donde una vez cogimos con una pareja, pero eso ya lo conté.)

    Les cuento lo más importante, cuando entramos al cuarto, me dice: “sos una guacha, ¡no podés venir así!” “¿por qué?”, le digo yo: “solo te vine a visitar, mira como estoy vestida, así no más”, y él me dice :“sabés que me tenes loco (guau pensé) y la ropa te va a durar poco ¡hermosa!”

    Le digo: “jaja, estas en pedo nene, están tus viejos, así que vamos hacer nada más que dos amigos” (no sé porque, pero me calienta, me gusta hacerme la nena inocente, y sé que a él también le gusta) y el guacho, me dice: “si ahora están pero en un toque se van a lo de unos amigos y nos quedamos solos”.

    Hay veces que ni yo me entiendo, porque hay situaciones como esta, en la que sé que en un rato me van a terminar cogiendo (porque seguro iba a pasar eso) y me pongo nerviosa, me transpiran las manos, y a su vez me da mucha ¡calentura!, son en esas situaciones en que las cosas se van dando sin que las tenga programadas, solo que van surgiendo sin yo saber cómo es que iban a surgir, ¿me explico?

    Pero me gustó esa situación, no veía la hora que los viejos se fueran, aparte yo no tenía más de una hora, porque seguro me llamaba ¡mi novio!

    La cosa es que se van los viejos, esperamos que sacaran el auto del garaje, 5 minutos más, y se me tira encima (estábamos en los sillones), me parte la boca yo a él, lo agarro de la cabeza, no sé porque me acuerdo que le dije así: “pendejo sos hermoso, me volves re loca”, sobre mi jean, me pone la mano en la conchita, yo ya entregada y mojada abro bien las piernas, y me re apoya la mano y yo hago los mismo sobre su pija, estábamos los dos muy calientes, hasta que el pendejo me dice algo, que, la verdad me descoloco, y empezamos a dejar de tocarnos, porque lo que me dijo , me dejó helada, porque es un pendejo, pero en algún punto, mucho más zarpado que con algunos chicos con los que salí, y me dice: (fue más o menos así, porque no me acuerdo exactamente como fue)

    Martín: ¿Te animás hacer algo?

    Yo: ¿qué?

    Martín: algo que siempre tuve ganas y con las pendejas que salgo no se animan, pero vos sos más grande, y sé que te va a gustar y calentar mucho.

    Yo: que nene, a ver decime, pero ¡no te zarpes!

    Martín: ¿Te animas hacer lo que te pida?

    Yo: ¡depende que nene!, no sé qué me vas a pedir, estas re loco ¡pendejo! (Eso me acuerdo que se lo dije).

    Martín; nada que sea una locura, cosas normales, es para darle un juego a la previa (como me conoce el pendejo, sabe que la previa me calienta mucho).

    Yo: no se nene, no sé ¿qué me vas a pedir?

    Martín: si te lo digo no tiene gracia, ¡confía en mí!

    Yo: pero en una hora me tengo que ir (la verdad es que estaba haciendo tiempo, me intrigaba lo que me decía, nunca me había pasado algo así, y me viene a pasar con un pendejo de 18 y yo con 24, me sentía media boluda.)

    Martín: una hora sobra, pero empezamos, si sé que te morís de intriga y sabes que no te voy hacer nada malo, ni loco.

    Yo: atarme ni en pedo.

    Martín: no nena, nada que ver.

    (Una vez sola me ataron, y me taparon los ojos, pero lo hice con un amigo mío en el que confiaba mucho y me gustó mucho, pero con otro ni en pedo lo hago)

    La verdad, es que estaba intrigada, y me daba esa adrenalina que siempre cuento y me deja llevar.

    Yo: bueno dale, decime.

    Martin: pero estas segura, después no me digas que no, si me decís que sí, es porque te vas a animar (que pendejo forro, encima me apuraba).

    Yo: si, nene, dale.

    Martin: bueno, yo me quedo en el sillón y quiero que te desnudes vos sola delante de mí

    Yo: nene, no te voy hacer un strep.

    Martín: nooo, hacelo como quieras.

    A mí me gusta quedarme desnuda, me siento indefensa entregada y eso solo ya me calienta.

    Me paro frente a él, me saco las zapatillas, las medias, me empiezo a desabrochar la blusa, despacio, siempre mirándolo y entregándome a él, me saco la blusa, luego el jean, ya estaba solo con la ropa interior, me daba cosa, estaba caliente y nerviosa (nunca había hecho eso, me sentía dominada y eso me gusta), y me dice que siga, yo veía como su pija cada vez estaba más parada.

    Me saco el corpiño, me quedo así solo con la bombacha mirándolo, y él me miraba, y me dice que siga, me saco la bombacha, ya estaba desnuda frente a él, que me estaba vestido, nos clavamos la mirada, es como si nos estuviéramos cogiendo sin tocarnos, me doy vuelta, me acaricia la cola, solo me la acaricia un par de veces y me dice:

    Martín: sentate en la cama y tócate.

    Yo: ¿qué?

    Martín: si nena, eso me pone loco, hacelo, yo te voy a ayudar.

    No sé, sin que me dejara pensarlo, me lleva a la cama me siento, me pone mis pies sobre la cama, ¿me explico?, y lleva mi mano a mi conchita, y me empiezo a tocar ¡frente a él!, primero apenas me tocaba, pero me excitaba que me viera como me masturbaba y cada vez me tocaba más y más, y ya nada me importaba, estaba muy caliente viendo como el pendejo veía como yo sola me masturbaba.

    Hasta que no pude más y me metí un dedo, me calentaba mucho que me viera hacer eso, y me metí dos, me calenté mucho, siempre mirándolo y el me decía: “goza pendeja, goza tócate y acaba” esas palabras me hacían explotar hasta que masturbándome terminé acabando ¡delante de él!

    Martín ya estaba en bolas, se tira arriba mío, me pone sus piernas sobre sus hombros, cosa que yo casi ni me pudiera mover, y me empieza a bombear, yo gemía, le dacia: “cógeme pendejo cógeme” él me decía: “¿así te gusta putita?” “siiii, le día yo soy tu putita hermoso, cógeme ¡con fuerza!”, acabamos los dos juntos, pero casi enseguida.

    Ya había pasado bastante tiempo, y mucho yo no tenía, me manda un whatsapp mi novio y me dice que ya había terminado de jugar, yo le digo que había ido a comprar puchos, que tenía poca batería que después hablábamos. Todo esto lo hablé con mi novio mientras estaba en bolas en la cama de Martín, pero ya ¡me tenía que ir!, pero no me quería ir sin antes hacer la prueba que hago siempre y es saber cuánta lechita le queda, me tiro en su pija, que estaba dormida y así me la pongo en la boca (me gusta hacer eso, es como un desafía para saber si va a acabar de nuevo o no) y obvio como todo pendejo dormida en mi boca, se le empezó a parar, mientras con mi lengua jugaba con su pija, al toque se le paró, use todas mis técnicas y no habrán pasado más de 10 o 15 minutos y me llenó la boquita de la lechita calentita que salió de esa hermosa pija de bebé.

    Me tuve que vestir e irme, llegue a casa y lo llamé a mi novio, obvio ni se dio cuenta, a la noche salgo con él, y seguro cogemos, dos pijas en un día no está mal ¿no?

    Esto, lo de hoy fue una de las cosas que me gustan contar, porque, ni en pedo se lo cuento a nadie, pero la verdad, me sentí muy puta desnudándome delante de él, me calentó mucho eso, y masturbarme, aunque al principio me costó, ¡también me calentó mucho!, ¡nunca había hecho algo así!

    Un pendejo de 18 años, me hizo hacer cosas ¡que nunca había hecho!

     

  • Sexo en el hotel

    Sexo en el hotel

    Facundino esperaba sentado en un cómodo sillón de la habitación del hotel donde se había hospedado. Había llegado a la capital la noche anterior, enviado por su Empresa. Había tenido un día de trabajo agotador, aunque bastante productivo, y estaba animado por el entusiasmo que tenía gracias al programado encuentro que tendría por la noche.

    Conocía a Valerio por casualidad, a través de un «chat» de Internet. Después de conversar unos pocos minutos, sintieron buena afinidad entre ellos, por lo que pasaron a un intensivo intercambio de e-mails. Esto fue el primer paso para, en muy poco tiempo, considerarse viejos amigos, pues ya cada uno sabía sobre la vida y la sexualidad del otro mucho más de lo que sería posible confesar a los parientes y amigos más íntimos.

    Facundino ya tenía formada la imagen de Valerio, porque había recibido, en uno de los e-mails, una foto en la que Valerio se mostraba al borde de una piscina natural, vistiendo apenas una tanga blanca, bastante diminuta. Facundino se acordaba muy bien de cómo su sexo reaccionaba instantáneamente cada vez que se ponía aquella foto de Valerio delante de sus ojos.

    Valerio es un tipo moreno bronceado, alto y fuerte, de unos 25 años, un tanto voluminoso para su edad. Tiene el cuerpo liso y los muslos gruesos. Su pecho también es liso y fuerte y en él se destacan un par de turgentes pezones muy remarcados, la espalda ancha, todo bien al gusto de Facundino. El rostro, sin ser el de un galán, es hermoso, austero de formas y varonil; en él brillan con luz propia sus ojos castaños, un poco tristes; sus cabellos son negros y abundantes y tiene una pequeña peca negra al lado izquierdo superior de la boca. En conjunto, el hombre es bastante atractivo, tanto así que Facundino, aquella noche, se masturbó ante la simple idea de tenerlo en sus brazos. También lo excitaba mucho la apariencia masculina de Valerio, pues detestaba relacionarse con hombres afeminados. Y la idea de poseer un varón auténtico exacerbaba su sexualidad.

    Con el paso del tiempo, también pasó a conocerlo más íntimamente. Valerio es extremadamente sencillo y le contaba todo sin pretensiones. Trabaja como guardia de seguridad en una gran empresa y, en sus horas libres también labora como salvavidas, vigilante en un club local, ya que nada muy bien.

    Aunque siempre estuvo muy bien relacionado con hombres y mujeres, no podía considerarlos amigos de hecho, hasta el punto de revelar sus problemas y angustias, jamás un asunto personal con ellos. Solo eran para él buenos conocidos. Además, Valerio es una persona muy tímida, con fuerte orientación machista, lo que le impedía exteriorizar —y quizá ni él mismo fuera capaz de reconocerlo— la gran carencia que poseía de cariño y afecto y la gran capacidad de entrega irrestricta a quien fuese que un día le inspirara confianza.

    En cuanto a las mujeres, con las que solía conversar y algo más, se trataba a lo máximo de un mero polvo para el placer de ellas, él quedaba bastante vacío de aquellas relaciones superficiales. No tenía experiencia homosexual, aunque, inconscientemente, luchaba por ignorar la atracción que sentía por personas del mismo sexo, especialmente los hombres maduros y experimentados.

    Respecto a Facundino, Valerio no lo conocía, lo cual lo perturbaba bastante, por no saber cómo sería la reacción del caballero al verlo por primera vez. Es verdad que Facundino le había proporcionado una descripción bastante detallada de su persona, pero Valerio sabía que tales descripciones, por mejores que fuesen, jamás correspondían a la realidad, incluso por la tendencia natural que las personas tienen de evidenciar sus puntos positivos. Valerio sólo sabía que Facundino era un ingeniero, de 48 años, casado, con dos hijos ya adolescentes, radicado en una ciudad del sur del país, y que amaba profundamente a su familia. En cuanto al deporte un cero, no se atrevió nunca a ser un deportista, solo hacía algunos ejercicios por la simple necesidad de mantener su forma física. No se atrevió a mandar su fotografía por Internet o por cualquier otro medio. No es que dudara del sigilo o de la integridad de Valerio, pero no lo hizo.

    Ocurre que, por estar casado y por la posición social que ocupa, pensó que debía ser extremadamente cauteloso. Además, el hecho de ser bisexual era desconocido de todos, tanto por su familia como por todos los círculos de su relación social y personal. Desde joven, guardó este secreto consigo mismo, siendo sólo del conocimiento de muy pocos amigotes con quienes no había más remedio. Esas relaciones, cuando ocurrían, siempre fueron durante sus viajes y, aún así, con la más extremada seguridad, para protegerse de la maledicencia de la sociedad.

    Consultó su reloj. Eran las 9 de la noche. Valerio debía estar llegando en cualquier momento, pues esta es la hora determinada. Para no levantar sospechas, ya había advertido, apenas entrar en el hotel, que un amigo lo buscaría y que, una vez identificado, podían mandarlo subir. También se había cuidado de elegir una habitación confortable, con una enorme cama doble. Sin duda, sería mucho mejor. Se levantó, fue hasta el frigobar y, mientras se servía una copa de whisky, se puso a imaginar la atracción que Valerio le podría causar. Había una gran diferencia de edad e, incluso sabiendo del gusto del chico por hombres más maduros y experimentados, concluyó que la causa de esa atracción no era otra que su experiencia de vida, lo que le había proporcionado durante el intercambio de correspondencia, que se traducía en una buena capacidad para comprender los problemas del chico, de su sexualidad y de su manera de ser.

    Además, Facundino es una persona bastante culta, de esto era tan consciente como de su capacidad para expresar fácilmente, mediante palabras, sus sentimientos y su gran capacidad de dar y recibir afecto. Afecto del que Valerio carecía notoriamente, y que se lo había expresado, sin lugar a dudas, por la alegría que demostró al saber que él, Facundino, estaría en la Capital la siguiente semana de conversar por chat —que ya estaban en eso—, para aprovechar la oportunidad de encontrarse por fin. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un suave golpe en la puerta.

    ¡Era el momento tan esperado! Se levantó, abrió la puerta y… allí estaba él. No había duda. Aunque vestía un traje muy común, era el mismo joven grande y fuerte de la foto. La única diferencia estaba en la sonrisa que ahora estampaba en su rostro moreno y masculino. Durante mucho tiempo, se miraron fijamente a los ojos, hasta darse cuenta de la absurda situación. Entonces, como harían unos viejos amigos que no se veían desde ya muchos años, se estrecharon las manos vigorosamente.

    Cerrada la puerta, y lejos de miradas curiosas, nuevamente se miraron, esta vez con mayor profundidad, como si quisieran comprobar las descripciones que tenían el uno del otro. Y vino el inevitable abrazo, en el que sus cuerpos se fusionaron, unidos por el vigor de dos hombres en la plenitud de su fuerza física. No era un simple abrazo de bienvenida, sino algo más fuerte, algo que ansiaban desde mucho tiempo: la necesidad de acariciarse, de sentir la fuerza del cuerpo, tanto del uno como del otro. Y lo sintieron…

    Fue totalmente inevitable que instantáneamente la dureza de sus sexos, ya deseosos y presionando bajo la tela por la fuerza del abrazo, se pusiera de manifiesto. No se preocuparon por eso, sino más al contrario, dejaron que la naturaleza ejerciera su propio instinto natural, y sus labios se buscaron en un profundo y cálido beso, mientras sus manos se tanteaban, buscando conocer los detalles de aquellos cuerpos ansiosos. Fueron varios minutos de encuentro, labios con labios, lengua con lengua, hasta que, sin poder esperar más, se fueron deshaciendo de su ropa casi sin darse cuenta, quedando ambos en solo su ropa interior de abajo. La ansiedad que los dominaba era extrema. Ya llegaría el tiempo de la conversación, ahora tocaba hablar a los cuerpos. Se sentaron al borde de la cama y nuevamente sus labios se unieron, pero esta vez las manos de Facundino comenzaron lentamente a acariciar el tórax moreno de Valerio, deteniéndose en aquellos pezones del pecho que tanto le habían impresionado por foto.

    En ese momento, Facundino, obligando al cuerpo de Valerio a inclinarse hacia atrás, le echó de espaldas sobre la cama, mientras sus labios bajaban lentamente de la boca hacia aquellos pezones ya rígidos, que parecían hechos para ser aspirados. Facundino sintió el cuerpo del muchacho estremecerse, como si le traspasara una corriente eléctrica, que demostraba justo lo que él también esperaba para este momento y, a la vez, el placer que Valerio sentía por tener a aquel hombre de mediana edad, de cabello grisáceo, aspirando y acariciando su cuerpo.

    Dejando los pezones muy rígidos, los labios de Facundino continuaron recorriendo la piel lisa del cuerpo del muchacho, deteniéndose por un momento en el ombligo, que también acarició durante mucho tiempo, con la punta de la lengua, de modo que parecía querer esconderse en el interior de ese hueco ciego.

    Mientras hacía todo esto, Facundino alisaba, ora los pezones, ora aquellos muslos rollizos y morenos. Por dentro del slip el pene de Valerio se elevaba hacia lo alto y se debatía, como queriendo romper el fino tejido. Con la boca, para no interrumpir las caricias que hacía con las manos, Facundino bajó lentamente el slip de Valerio, haciendo saltar hacia fuera aquel miembro moreno, recto y rígido, que tantas veces había imaginado, al admirar la foto del muchacho.

    Lentamente se arrodilló en el suelo entre las piernas de Valerio, bajó la cabeza y sumergió aquel miembro enteramente en su boca. Fue increíble cómo podía sentir la pulsación de aquel músculo caliente, que parecía descargar dentro de sí toda la electricidad que emanaba del cuerpo ya sudado del joven. A cada aspirada, Valerio se estremecía, y con las manos acariciaba los cabellos de Facundino presionando su cabeza hacia su pene.

    — ¡Joder, joder, joder, pero qué bueno que es ser mamado de esa manera! —exclamaba Valerio—, ¡jamás podría haberlo imaginado!

    Veía la cabeza de aquel hombre subiendo y bajando, mientras su miembro desaparecía y volvía a aparecer en el interior de aquella boca caliente y húmeda. Le parecía que la boca de Facundino era una especie de terciopelo envolviendo su verga. En ese momento Valerio se sentía como si fuera el dueño del mundo, como si nada más importara, con todos los sentidos dirigidos a la satisfacción de su carne joven y carente.

    Por la otra parte, Facundino sacaba de la boca el pene del muchacho y recorría, con la lengua, aquel músculo duro y caliente, para después volver a mamarlo con avidez. En algunos momentos paraba, miraba aquel instrumento de placer que tanto quería, lo admiraba, lo apretaba con cariño y volvía a lamer, bajando hasta el escroto —bolsa que guardaba un tesoro en su secreto interior—; le parecía igualmente delicioso lamer el escroto y distinguir los dos cojones moviéndose libres en el interior de su escondite y agradeciendo el calor de la boca al succionarlos.

    En una de esas paradas Facundino no pudo dejar de notar aquella pequeña mancha oscura que aparecía en la cabeza entumecida del pene del muchacho, y que le confería un encanto aún mayor y un mayor deseo de esconderla totalmente en su boca. Y durante varios minutos permanecieron así, olvidados del mundo, hasta que Facundino sintió que el muchacho alcanzaba su límite de resistencia y que pronto iba fatalmente eyacular.

    — ¡No, aún no es el momento!, —exclamó como si en ello se le fuera la vida.

    Facundino quería preservar todo ese vigor, toda esa savia para el momento oportuno. A pesar de saber que Valerio tenía una acentuada formación machista, Facundino resolvió atreverse un poco más, pues sabía que el joven también lo deseaba como hombre.

    Lentamente, aún arrodillado, alzó las piernas del muchacho por encima de sus hombros para contemplar por primera vez aquel agujero rosado, perfecto, totalmente virgen. Entonces acercó sus labios poco a poco, lamiendo los laterales con la punta de la lengua. Alzando los ojos, ve la expresión de placer que se estampa en el rostro de Valerio. Era la señal positiva que esperaba. Dejando de lado cualquier melindre o consideración, pasó a aspirar aquel orificio, con todas sus fuerzas, mientras el muchacho se contorsionaba en éxtasis, demostrando todo el placer que eso le causaba. Pide a Valerio que se quede de lado y totalmente extendido sobre la cama, Facundino invierte la posición de su propio cuerpo. Entonces Valerio entiende de qué va: Facundino también quería ser aspirado y él, Valerio, no le iba a negar ese placer.

    Mientras Facundino volvía a succionarle alternativamente, ya el pene, ya el culito, Valerio sostuvo la tranca de Facundino, que tanto deseaba, y metió en su boca todos sus 17 cm. Nunca en su vida había hecho eso y nunca imaginó hacerlo algún día, pero curiosamente ahora sentía la necesidad imperiosa de tener en su boca aquel miembro moreno, duro y grueso. Sabía que podría hacerlo con confianza y sigilo, y que se trataba de sexo puro, entre dos hombres verdaderos. Eso es lo que le excitaba sobremanera y lo alentaba a tomar iniciativas que jamás había imaginado ser capaz de hacer.

    Al comienzo sus suculentas mamadas fueron suaves, inexpertas e indecisas, pero poco a poco, comenzó a gustarle y a desear poseer esa verga, intentando imitar aquello que Facundino había hecho con él. Al poco tiempo, ya mamaba el sexo de Facundino como si fuera un hambriento ante un único pastel. Facundino se sorprendió y se fue excitando cada vez más, ante la completa liberación de su amigo y del placer que su boca le proporcionaba. Ya eran dos machos en pleno celo, completándose y buscando extraer, en un 69 magnífico, todo el placer que cada uno podría regalar al otro. Era una maravillosa escena altamente erótica: dos hombres totalmente sueltos, liberados, en busca de la felicidad que la sociedad despiadada exigía que fuera reprimida. Facundino, durante meses, había soñado con entregarse completamente a ese hombre.

    Quería tenerlo totalmente dentro de su cuerpo, obteniendo de él la mayor eyaculación de su vida. Pero, experimentado como era, quería dejar para más tarde la concreción de ese sueño, pues sabía que era necesario mantener encendido el apetito sexual del amigo, si quisiera también poseerlo. Fue por eso que resolvió, primero, penetrarlo, para después entregarse a él. Pero necesitaba ser cuidadoso. Sabía que Valerio era virgen y no estaba seguro si aceptaría la penetración. Temía lastimarlo y, con ello, estropear el clima que se había establecido entre ambos. Una vez más, sacando de la boca el pene de Valerio, volvió su atención totalmente hacia el culo moreno y rubio de su amante, pasando a aspirarlo con mayor avidez que antes. Esta vez buscaba introducir su lengua en su interior. Y sentía que en cada intento, más y más aquel esfínter se dilataba, se aflojaba, permitiendo la consecución de su objetivo. También era compensador sentir cuánto placer causaba a aquel joven atlético que yacía acostado a su lado.

    Valerio concentraba su atención en la verga de Facundino para sentir mejor la sensación que aquella chupada anal le proporcionaba, y que hacía vibrar todo su cuerpo. Alzando su rostro, Facundino empezó a introducir, de modo lento, pero seguro, su dedo índice en el interior del muchacho. Inmediatamente sintió que el cuerpo de su amigo reaccionaba ante la invasión, y sintió su dedo apresado por la fuerte contracción de aquel ano todavía virgen. Eso duró poco, porque pronto sintió el cuerpo del muchacho —antes teso y ahora suelto haciendo movimientos circulares—, entonces él cayó totalmente en el corazón de Valerio.

    Con mucho cuidado y cariño, Facundino repitió la operación con dos dedos, haciendo él mismo los movimientos circulares, hasta pensar que Valerio ya estaba suficientemente dilatado y listo para recibirlo. Puso su cuerpo en la posición normal sobre la cama, colocándose detrás de Valerio, al que transmitió inmediatamente el calor de su propio cuerpo. Valerio sintió un fuerte deseo de tener el miembro de Facundino, pero a la vez también sentía algo de miedo. Pero quería. Estaba notando la verga de Facundino acariciar sus nalgas y la puerta de su hoyito como si fuera un hierro candente. Y ya le ardía su interior inexplorado solo de sentir la tranca en el exterior. Pero quería, esta es la verdad.

    ¡Claro que quería! ¿Si no qué coño hacía allí? Deseaba aquel momento, aunque le fuera costoso admitirlo. Hasta ahora, siempre que pensaba en el sexo con un hombre, se veía asumiendo solamente el papel de activo, buscando barrer de la cabeza cualquier pensamiento sobre una actuación pasiva, que consideraba indigna de un macho como él. Pero ahora, en el contacto con aquel hombre maduro, que le inspiraba confianza y seguridad, nada más importaba, pues el bisexual que había dentro de sí, y que hasta entonces había ignorado, se liberaba totalmente. No se molestó por ello. Deseaba tener con Facundino su primera experiencia homosexual. Y quería que fuera así, con una persona con quien tuviera verdadera afinidad, que lo dejara excitado y seguro de sí, tal cual estaba ahora.

    Había comenzado la penetración. Valerio sintió una fuerte presión en su ano, pero las palabras de cariño que Facundino, con su voz grave y tranquila pronunciaba en sus oídos, le hacía dejar de lado todos sus temores. Además, colocándose en una posición que le permitía hacerlo, Facundino, con una mano, acariciaba el pezón derecho del muchacho, cuya sensibilidad ya conocía, mientras con la otra iniciaba una lenta y cariñosa masturbación en el pene rígido del joven, que pulsaba deliciosamente con su mano, mientras expelía una pequeña cantidad del lubricante natural, que aún más lo excitaba. Con eso, lejos de querer alejarse de aquel cuerpo, Valerio, en realidad se acercaba cada vez más a él, facilitando la consecución de la posesión.

    Luego ya pudo sentir que buena parte del pene de Facundino estaba dentro de su recto. En ese momento se produjo un dolor, sí, pero la excitación fue aún mayor. El pequeño dolor que sentía fue poco a poco diluyéndose, con los movimientos de mete y saca que su pareja empezó a hacer, haciendo que su verga, entrando y saliendo, profundizara más en su cuerpo con cada empuje.

    De pronto, con una presión un poco mas fuerte, Valerio sintió que su amante había completado la penetración. Notaba claramente todo aquel volumen palpitando dentro de su cuerpo, e incluso los vellos del pubis de su amante acariciando con pequeñas cosquillas en su perineo y el voluminoso escroto de Facundino golpeando en su culo. Valerio se sintió posesionado con amor, ahora su cuerpo pertenecía a Facundino. Se sentía feliz, era una sensación única e indescriptible, era la sublimación del deseo, aliado al orgullo de haber logrado albergar, dentro de sus entrañas, todo aquel músculo que había lamido con su lengua y mamado con toda su boca.

    A petición de Facundino, se volcaron de modo sincronizado a mantener la penetración, de modo que el cuerpo de Facundino quedara totalmente sobre el de Valerio, el cual pasó a sentir sobre sí todo el peso del hombre que lo estaba poseyendo. Y los movimientos se reiniciaron, esta vez con más intensidad. La incomodidad que el muchacho sentía desapareció totalmente, dando lugar sólo al placer. Las quejas de dolor que hasta ese momento había hecho, dieron lugar a gemidos de puro goce y placer:

    — ¡Qué bueno es sentir en mi cuerpo todo el calor y toda la dureza de tu grande y gruesa verga, Facundino!

    — ¿Te está gustando?, —preguntó Facundino.

    — ¡Qué delicioso es sentir la presión de tu cuerpo sobre el mío.

    — Me has salido un hijo de puta de los cojones, —soltó Facundino.

    — Y tú eras el cabrón más putero que he visto, ¡mierda!

    — Ni a la puta de mi mujer la puedo follar así, —decía Facundino.

    — Pena por ella, porque eres una auténtica víbora sexual, un verdadero cabrón muy jodido y un productor de placer.

    Estas y otras palabras calientes y obscenas que se decía en sus oídos, mientras Facundino lo penetraba con su espada deliciosa hacía que se calentaran mucho más.

    El placer se intensificaba por momentos. Valerio percibió que la respiración de Facundino cambió y sus movimientos se intensificaron aún más. Luego sintió el chorro de un líquido caliente y espeso proyectándose hacia el fondo de su recto, hasta inundarle las entrañas. Era el esperma de Facundino, que brotaba abundantemente en su interior, coronando aquella posesión, tan deseada por ambos. Y el placer que Valerio sintió fue tanto, que él mismo, sin siquiera tocar su pene, gozó abundantemente, inundando la sábana de la cama con una enorme cantidad de esperma. ¡Era el éxtasis completo!

    Durante un momento ambos se quedaron quietos, como si temieran que ese encantamiento terminara bruscamente. Querían aprovechar todo el tiempo posible aquella maravillosa sensación que ambos habían sentido y que todavía perduraba en ellos. Y así permanecieron, hasta que el pene de Facundino, ya semi-flácido, salió del caliente y húmedo culo que había abierto. En ese momento, rodaron hacia el lado y quedaron ambos acostados, con la respiración agitada, mirándose el uno al otro, alegres y felices, y se dieron un profundo beso.

    Aprovecharon el momento para entablar la conversación. Como era natural, hablaron desinhibidos sobre el momento que acababan de vivir y sobre el placer que cada uno había proporcionado al otro. Luego, conversaron sobre varios asuntos que habían abordado apenas superficialmente en sus e-mails y llamadas telefónicas durante los últimos meses. Y, más amigos que nunca, se levantaron y fueron a tomar un delicioso baño, pues estaban sudados y cansados. En el baño, el clima era alegre y relajado. Quienquiera que los observara no imaginaría que esos dos hombres se habían conocido apenas aquella noche. Aunque la alegría era mayúscula, mucho deseo quedaba todavía en sus cuerpos, además de la visión de sus cuerpos mojados y enjabonados no tardó en hacer su efecto de más deseo.

    De inmediato volvían a ser dos machos que se deseaban, apretándose, abrazándose y besándose, como si todo el alivio sexual que habían tenido hace poco jamás hubiera ocurrido. Estaban más sueltos que al principio, totalmente liberados, como dos niños. Las manos de cada uno recorrían el cuerpo del otro, apretaban, acariciaban, frotaban, alisaban y volvían a recorrer nuevamente los mismos caminos. Los sexos se juntan cruzándose como espadas en pugna, mientras sus labios se succionaban por debajo de la lluvia de agua que se deslizaba abundante sobre sus cuerpos.

    Separando sus miembros, Facundino fue bajando lentamente para recorrer con la lengua toda ls superficie corporal de Valerio, como si quisiera enjugarlo de esa forma. Su boca recorría el tórax del muchacho, mamaba sus pezones y chupaba su ombligo, mientras podía oír ya los primeros suspiros de Valerio generados por el placer que estaba causando. A continuación, arrodillándose, lamió el pene de Valerio y lo metió entero en su boca, aspirándolo con fruición y cariño. De vez en cuando, lo sacaba de la boca, lo admiraba, jugaba con el prepucio, haciendo que la cabeza de aquel miembro apareciera y volviese a desaparecer por debajo de la piel morena. Después, volvía a succionar con avidez, provocando en el joven fuertes y gozosos gemidos. A veces Facundino con su lengua lamía el escroto del muchacho, sintiendo en su boca el volumen de los dos cojones, ya completamente entumecidos.

    El cuerpo entero de Valerio temblaba, mientras sus manos acariciaban los cabellos grisáceos de Facundino, ya totalmente rendido en devoción hacia su amante. Valerio ya no podía controlar el enorme impulso que sentía y, en el auge del placer, le vino a la mente un deseo incontrolable de realizar un sueño, una fantasía que venía calentando su cabeza desde hacía mucho tiempo: poseer a Facundino con vigor, con furia, haciéndole sentir toda su energía de madurez. Quería penetrarlo con fuerza, sentir los gemidos de dolor del compañero, y hasta sus lágrimas, si fuese posible.

    Pasando a las acciones, Facundino se levantó y se inclinó hacia adelante hasta quedar todo su trasero expuesto y a la consideración de Valerio, el cual, apenas visto aquel agujero bien apretado, sintió la evidente electricidad que lo impulsó, con su ávida boca, a lamer el culo suave de Facundino, buscando ansiosamente con su lengua el ano de Facundino, no sin antes recorrer con su lengua el cuerpo entero de su amante. A cada lamida en aquel anillo, su compañero vibraba totalmente entregado al placer que el muchacho le proporcionaba.

    Sabiendo que el culo de Facundino ya estaba bien preparado y suficientemente humedecido por su lengua, introdujo toda la cabeza de su instrumento en el culo del amigo. Escuchó el fuerte gemido de Facundino al ser invadido. Sintió deseos de dar marcha atrás ente el fuerte dolor que sentía, pero con las manos firmes, Valerio agarró a su hombre, y afirmando sus muslos con las dos manos, evitó que la unión de los dos cuerpos se deshiciera. Atendiendo a los gritos y gemidos de Facundino, hizo una breve parada en su penetración, para que su amigo se acostumbrara un poco al volumen de la verga que le invadía.

    Sin pensarlo dos veces y sin previo aviso, de un solo empuje, metió la segunda mitad de la verga en el interior de Facundino. Por el espejo que cubría gran parte de la pared del baño, podía ver las lágrimas correr por los ojos de Facundino al tiempo que escuchaba sus fuertes gemidos. Pero eso es lo que le daba una satisfacción intensa. Satisfacción de ver a aquel joven sometido totalmente a sus deseos. Poco a poco, aquellos suspiros y gemidos de dolor fueron reemplazados por suspiros de placer y, en poco tiempo, por frases amorosas, que estimulaban al compañero para penetrar con su miembro y con más fuerza en aquel hoyito apretado y caliente.

    — ¡No te quedes parado como una puta, mete y muévete!, —le decía.

    — Es que te duele, —le contestaba Valerio.

    — A ti que te importa, cabrón, si me duele, muévete y folla, ¡joder!

    Estimulando con estas palabras el clima que se estableció entre ambos, Valerio ya no se contuvo: en un brusco estremecimiento, sintió que su cuerpo se puso a follar a pesar de sus reticencias, parecía un loco que hacía desaparecer su polla, enterrándola totalmente hasta los huevos en el interior del amigo. Y de pronto, sintió que su esperma saltaba desde el agujero de su entumecido glande, yendo a alojarse en el fondo del recto de Facundino. Este, por su parte, era sacudido por fuertes temblores, al sentir el semen de su macho en su cuerpo. Y el placer que sentía fue tanto, que también gozó abundantemente, con su esperma inundando el suelo del baño … Era el clímax que tanto buscaban, su orgasmo pleno. Jamás podían imaginar que dos casi desconocidos podían proporcionarse tamaño placer. Las piernas de ambos temblaban y sus rodillas flaqueaban. Había que llenarse de vigor nuevamente, para no caer inertes sobre a la losa fría. Así que conectaron nuevamente la ducha y sintieron el agua tibia lavarles sus cuerpos, librándolos del sudor y del cansancio que sentían. Se secaron mutuamente sus cuerpos y saciados de placer se dirigieron a la habitación para hacer su descanso.

    En la cama, relajados, volvieron a conversar, hablando sobre sus vidas, sus anhelos y sobre los placeres que se habían proporcionado recíprocamente. Pero el deseo de los amantes parecía no tener final. El efecto de la conversación sobre sexo, como no podía dejar de ser, fue nuevamente despertando sus instintos, estimulados por el contacto y la visión de sus cuerpos desnudos sobre la sábana.

    Facundino, dándose cuenta de la erección que tenía Valerio, lo deseó de nuevo. Quería ardientemente entregarse sin reservas al muchacho y, abrazando el cuerpo de su joven amante, acercó sus labios a su oído, diciéndole:

    — Quiero ser nuevamente tuyo, querido, hazme todo lo que quieras.

    Eso es lo que esperaba Valerio. Estas palabras estimularon al muchacho que sintió cómo una energía renovada y su deseo duplicaba. Su verga se puso aún más dura, alimentada por el flujo de sangre que aumentó de intensidad. Facundino le dejó tomar toda la iniciativa, para no frenar ni inhibir los deseos de Valerio. Atendiendo con docilidad la orden de Valerio, Facundino se extendió boca abajo en la cama y esperó. Inmediatamente sintió que sus nalgas eran separadas y que los labios de aquel hombre atlético comenzaban a buscarle el ano por segunda vez, lamiéndolo y aspirándolo con toda la energía que le era posible. El cuerpo de Facundino se tensó y un escalofrío le recorrió la espina dorsal al sentir el calor y la energía de aquella lengua y la frotación que la barba del muchacho le provocaba al rozarle las nalgas y los muslos.

    — ¡Esto es lo mejor! ¡Es una sensación indescriptible! ¡Esto es lo que esperaba! ¡Uffff! ¡Waaa!, —exclamaba Facundino de placer.

    Aflojó el cuerpo y se entregó nuevamente al placer de ser poseído. Poco después, sintió la lengua del muchacho subiéndole por la espalda, provocándole escalofríos con su aspereza, mientras, entre sus piernas, la tranca de Valerio, muy caliente y húmeda intentaba penetrar el esfínter. La presión era fuerte, pero sabía que la penetración ahora iba a ser más fácil, aunque su ano estaba todavía dolorido por la penetración a la que había sido sometido en el baño. También sabía que a la edad del joven, el vigor y la pasión no daban mucho margen a previas ni a grandes preparativos; así que ya se esperaba que su ano volvería a ser prácticamente invadido de nuevo.

    — No importa que me revientes, hazme disfrutar, —gritó Facundino.

    — Puede doler, amor…, —dijo delicadamente Valerio.

    — Sin dolor no hay amor, sin padecer no hay placer, ¡¡adelante, muchacho! !Eso es lo que quiero, —fue la respuesta áspera y en sordina que dijo Facundino con su cara contra la almohada.

    Quería que se repitiera el imperioso dolor de ser penetrado por aquel hombre tan macho, que jodía con muchas mujeres, pero que en aquel momento era sólo suyo, y no se había equivocado con la elección. El dolor era lacerante. Evitó gritar, limitándose a gemir con su boca mordiendo la cubierta de la almohada. Pero sabía que sus gemidos servían para animar aún más al muchacho, con toda aquella sed de sexo de que estaba poseído. Y apretando los labios para no gritar, sintió que Valerio estaba nuevamente todo dentro de él, alcanzando lo más profundo de su ser, y que aquella verga morena y gruesa estaba clavada en sus entrañas.

    Relajó el cuerpo, al mismo tiempo que sentía los inicios de los movimientos fuertes del cuerpo de Valerio, jodiéndolo sin piedad. También sentía la fuerte respiración del compañero, que se aceleraba cada vez más. Inesperadamente, sintió una especie de vacío frío en su interior. Es que Valerio, bruscamente, salía de dentro de él, forzando su cuerpo para que se volteara de frente. Le hizo caso y Valerio, levantándole rápidamente las piernas por sobre sus hombros fuertes, de una sola carga lo penetró fuerte. Le gustó la iniciativa del chico. A él le encantó ser poseído de esa forma, pues al mismo tiempo, acariciaba el cuerpo del amigo y miraba el fondo de sus ojos castaños, observándole la energía y el placer estampados en su rostro. Pocos segundos después, Facundino se sintió inundado por un río de esperma en su interior. La sensación era increíble. Su interior parecía que iba a arder, al recibir, por segunda vez, tal cantidad de leche espesa y caliente, propia de un muchacho a esa edad. Y aún así Valerio continuaba bombeándole, como si deseara vaciar todos los líquidos de su cuerpo en el interior de su amigo. Y continuó hasta que, cansado, dio una última estocada y se desmoronó por encima del cuerpo de Facundino. De nuevo quedaron estáticos, con aquel letargo que sienten dos seres satisfechos. En el fondo de su recto, Facundino podía aún sentir el látigo de aquel miembro que lo había penetrado, y que lentamente iba volviendo a la normalidad. Se sintió verdaderamente gratificado. Si pudiera, permanecería así durante muchas horas, saciado y sintiendo el placer de tener dentro de sí el hombre deseado, estaría plenamente satisfecho.

    Muy pocas veces había follado como ahora, solo había conseguido algunos encuentros con personas por las que sentía afinidad y le inspiraban confianza, todos muy cortos, meros polvos. Valerio lo había cautivado, por su honestidad, simplicidad y belleza interior, atributos que para él, que se enorgullecía de su capacidad de conocer bien a las personas por el simple intercambio de correspondencia, eran por demás importantes.

    Valerio, por su parte, también estaba satisfecho. Sabía que sexualmente había ido más allá de lo que jamás imaginó que sería posible. Sabía que esa noche había sido feliz como nunca hasta ese momento, al lado de aquel hombre que se había convertido en su amigo y amante, y que, aunque algo mayor que él, había demostrado entenderlo e inspirarle toda la confianza que necesitaba para entregarse sin reservas. En su interior deseaba que la relación entre ambos no se limitase sólo a aquel encuentro. Ambos estaban cansados, pero satisfechos. Se levantaron y nuevamente se fueron al baño, que esta vez fue más rápido y tranquilo. Y mientras se vestían, intercambiaban impresiones y planeaban un nuevo encuentro para la noche siguiente, ya que la permanencia de Facundino en la Capital sería corta, y ambos creían que debería ser aprovechada al máximo.

    Por cierto, las noches siguientes serían aún mejores. Este era su propósito. A la medianoche, Valerio dejaba el hotel, pasando por la portería. El mismo conserje que lo recibió a su llegada, aunque sin perder la compostura propia de los profesionales de la hostelería de alto nivel, no pudo dejar de notar que el chico, por la humedad de los cabellos, acababa de salir del baño. Y pensó que ese joven conservaba en el rostro una mirada seria e impasible: «¿Quién no se metería en la cama con un hombre tan hermoso como ese?».