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  • El dulce placer de la esclavitud y la sumisión (Parte 2)

    El dulce placer de la esclavitud y la sumisión (Parte 2)

    Después de comer me mantuvo a cuatro patas, hasta las ocho de la tarde fui usada como si fuese una mesa, sobre mi espalda colocó varios objetos, tales como platos, ceniceros, vasos, todos llenos yo no podía moverme ni un milímetro. Al principio la postura no era incómoda y apenas sentía el peso pero con el paso de las horas y su continuo acariciar mi entrepierna dejándome siempre al borde del orgasmo, mi mente no era capaz de asimilar todo el placer que sentía, mis flujos caían por entre mis piernas manchando el suelo, intentaba pensar en cosas diferentes para no desairar a mi dueña, tirándole lo que tenía sobre mi espalda, aunque deseaba sentir el látigo en mi culo.

    Al fin llegó la tarde. Me dejó ir. Se despidió de mi mientras me ponía la ropa interior, que había traído de mi casa sobre la que me había dejado “mi dueña”, la cual me besó ardorosamente antes de irme de su casa. El saber que era de ella, me había dado una seguridad en mi que antes no tenía, mientras caminaba sentía las bolas en mi interior lo que hizo que mis pezones se pusieran duros y puntiagudos, y mi coño estuviese encharcado. Al entrar en mi casa, mi tía veía noticias. Me saludó sin sospechar la doble vida que estaba llevando.

    – “Bien así podré ocultar mi ropita de ramera”, pensé para mí. “Tía, que me voy a mi cuarto a seguir estudiando”, les dije ocultando mi excitación.

    Entré en mi cuarto y me encerré, seguidamente me desnudé quedándome solamente con las prendas que Sonia, “mi dueña”, “me había regalado”, aunque yo sabía que se las tendría “que pagar” de algún modo. Esa noche no podía dormir de la excitación y el placer que embargaban mi cuerpo y mi alma. Al día siguiente me puse mi propia ropa interior, nada que ver con la que gastaba Sonia, me sentía peor que con la que había escondido, pero en mi casa nadie tenía que saber mi situación de sierva de mi amiga. Me puse con los libros por delante pero al recordar todo lo que me había ocurrido durante aquel fin de semana, era como si hubiese pasado un siglo desde que salí de mi casa para estudiar con mi amiga, y ahora Ama, aquel sábado noche en el garito donde me dejé llevar por mi instinto sexual y culminé el domingo cuando Sonia, por capricho, me azotó con saña y obtuve el orgasmo más salvaje que yo haya podido recordar, me corrí como una zorra, y en eso me quería convertir en la tía más puta que nadie hubiera podido imaginar.

    Aquella noche tuve demasiados sueños, sobre todo relacionados con lo que había vivido con mi Ama Sonia. A la mañana siguiente, me vestí con una camisa normal, y con una falda que me llegaba por encima de la rodilla, cuando salí de mi casa corrí al punto en el que Sonia y yo nos encontrábamos todas las mañanas, aquel día quería estar puntual que no me esperase. Al llegar al punto donde nos reuníamos ya estaba esperándome.

    • “Cuando lleguemos a la Universidad, te quitas las bragas y el sostén, no tienes permiso para llevarlas puestas, recuerda eres mi sierva y solo podrás ir como yo te autorice”, me dijo autoritariamente.

    • “Sí, mi ama”, le dije mirando al suelo.

    Al llegar a la Universidad me dirigí hacia los servicios, en la mochila oculté mis bragas y mi sostén, en el aula de exámenes Sonia me había reservado un lugar, a su derecha. Poco después la vieja de química se pasea entre las mesas entregando los exámenes, la muy puta ha hecho seis exámenes de forma tal que nadie conozca los resultados de dos que tenga el mismo examen. Durante el examen le corregí al menos doce errores a mi Señora, después del examen el Director nos dio las vacaciones y en unos días tendría que recoger las notas, tanto las mías como las de Sonia, ya que se iba con sus padres a la casa de su abuela.

    • “¡Ven sierva!” me dijo con severidad.

    Yo no respondí, solamente seguí el camino, tanto el que seguíamos como el que ella me estaba abriendo en mi vida, que había tomado en dirección hacia su casa, supuse yo y no me equivoqué. A los pocos minutos me encontraba atravesando el umbral de su casa, recordé lo que me dijo el día anterior de lo que debía hacer en cuanto entrase en su casa, y mi ropa cayó al suelo inmediatamente después de cerrarse la puerta de la calle. Seguidamente me coloqué a cuatro patas y seguí a mi propietaria.

    – “Mamá, ¿me ayudas a terminar su adiestramiento?”, preguntó mi Señora.

    – “Puedo ayudarte, pero ten en cuenta que antes del uno de septiembre tenemos que estar lejos de aquí y no podemos llevárnosla… “, le decía su madre.

    Al oír aquello, me aterré Sonia se iba y me iba a dejar sola.

    • “Procura disfrutar de nuestros últimos momentos juntas, ya que quizá mi madre sea asignada a otro lugar en la empresa para la que trabaja…”, me dijo Sonia dulcemente.

    De pronto alguien me tumbó obligándome a ponerme de rodillas. Sonia cogió unas cuerdas con las que ató mis manos por la espalda, y un collar de perra me fue puesto junto con una cadena. Sonia y su madre me cogieron por debajo de los hombros y me arrastraron hasta la habitación que yo creía que era el dormitorio de alguna de ellas; resultó ser un lugar en donde hospedaban a invitados. Me dejaron caer de rodillas ante una cama muy elegante, y enseguida engancharon la cadena a uno de los barrotes de la cama.

    • “Ahora contarás cada azote que te dé, y nos darás las gracias por todo lo que hemos hecho por ti puta” me dijo la madre de Sonia.

    Yo no tuve más remedio que aceptar la imposición de la madre de mi propietaria, recibí cincuenta golpes con la fusta que conté, no sé como pero lo hice, y les agradecí el esfuerzo que realizaban para enseñarme a ser una mujer complaciente con los caprichos de todo el mundo, a quien me entregasen. Mientras me azotaban volvía sentir la misma sensación de placer inenarrable, que en la tarde anterior me hizo disfrutar de dos orgasmos salvajes como nunca lo había tenido, me estaba invadiendo costándome trabajo el mantener la cuenta y el hablar en voz alta como me exigían, haciendo que me volviese a correr de una forma salvaje. Me dejaron sola en la habitación y pude reflexionar, algo que no había hecho en los últimos días solamente dejarme llevar, sin pensar en el qué estaba haciendo ni en sus consecuencias, en ese momento tenía el culo como un tomate y me ardía, pensé que en aquel momento no me podría ni poner la falda. Sorprendentemente no me cuestionaba nada, si a la madre de mi propietaria le apetecía azotarme con saña, yo no era nadie para oponerme a sus caprichos mi papel se resumía en complacer a todo el mundo a quien Sonia me entregase.

    Esos pensamientos tenía cuando entró nuevamente la madre de Sonia y comenzó a ponerme algo frío sobre las partes golpeadas con ella, supongo que sería algún tipo de crema para el cutis o similar.

    – “Esta tarde vendrás por aquí, mi hija estará fuera y yo quiero ver que tal te portas, espero que sea como mi hija me ha dicho, porque de lo contrario lo vas a pasar muy mal putona, porque eso es lo que eres una puta que venderá su cuerpo para mantener a mi niña… “, me dijo severamente la madre de Sonia.

    – “Sí Ama”, fue la respuesta que le di a la madre de mi propietaria.

    La respuesta que le di tuvo que ser de su agrado porque me dedicó una media sonrisa, mientras me aplicaba la crema sobre las partes de mi cuerpo que fueron golpeadas por mi nueva Ama, la madre de Sonia.

    – “Ama, ¿puedo hacer una llamada a mi casa?”, le pregunté sin atreverme a mirarla a la cara.

    •-“¿Mmm como para qué?”, me preguntó inquisitorialmente.

    • “Me gustaría… que me usasen como quisiesen, quiero mostrarles que yo les pertenezco en cuerpo y alma, que mi único afán es ser SU ESCLAVA y SU PUTA…”, le dije con toda la rabia que había en mi.

    Me llevé una buena hostia por mi atrevimiento, y la madre de mi amiga insistió para qué quería llamar a mi casa y le conté que para excusarme ante mi ausencia por aquel día, en mi interior se estaba instalando una idea muy atrayente para mí y era quedarme con mi amiga para siempre, yo como su sierva y ella como mi señora, pero la vida me tenía previstos otros caminos, similares al que deseaba pero con unos personajes que yo no esperaba. Con mi explicación la madre de Sonia quedó convencida y me permitió llamar a mi casa, (por supuesto ella me advirtió que estaría «bien vigilada» y me de hecho me vigiló por atrás); le conté a mi tía una media mentira y media verdad; ella me dejó pasar aquel día con mis propietarios, me había sometido, voluntariamente a los caprichos de mis dos amas y señoras, era un objeto más de aquella casa, y me sentía a gusto siéndolo. No podía creer el camino de perdición al que estaba cayendo. Me sentía contenta de ser una simple esclava y sierva sexual. Toda aquella tarde me utilizaron como quisieron: me obligaron a ponerme un traje totalmente indecente: unos tacones negros de charol de punta delgada y plataforma alta (15 centímetros), además de un traje que consistía en uns especie de delantal también negro y de cuero muy ajustado a mi cuerpo; a mi abdomen. Dicho delantal estaba unido a un sostén de tela rojo; un sostén tan chico y escotado (se cerraba atrás de mi espalda) que de hecho dejaba al descubierto gran parte de mis tetas e incluso mis pezones. El delantal venía unido en la parte de abajo a una minifalda del mismo color; una microfalda igual a las de las bailarinas de ballet (de color negro) muy levantada y minúscula: se podía ver tanto mis vellos públicos como el inicio de mi colita. Parecía una ramera de la alta con dicho uniforme.

    Después de que Sonia y su madre me usasen a su antojo, me dejaron regresar a mi domicilio, aunque yo me sentía como un elemento más de aquella casa y la sentía como mía y no donde vivía con mi tía y dos mujeres que hacían la limpieza; no se como lo hice pero logré ocultar ante ellas tanto las marcas que me hicieron sobre mi cuerpo como las imágenes que tomaron mientras disfrutaban y abusaban de mi cuerpo. Esas imágenes son lo único que me queda de mi relación con Sonia, pero no nos precipitemos y sigamos con el orden de las cosas. Aquella noche después de saludar a mi tía y cambiarme de ropa, cenamos las dos juntas. Posteriormente me fui a dormir. A la mañana siguiente Sonia me estaba esperando en un parque cercano a mi casa, junto a ella había una bolsa pequeña, después me mostraría el contenido de la misma. Me llevó hacia un piso situado en una de las zonas más lujosas de mi ciudad; para ser precisos, a un hotel lujosísimo de la ciudad. Pero un hotel ubicado en una zona de prostitución y vicio. Después de pagar por una habitación, ella me llevó del brazo hacia una habitación del octavo piso. Nada más cerrar tras de mi la puerta del mismo comencé a desnudarme, no había hecho nada más que despojarme del sujetador cuando entraron dos desconocidos. Intenté cubrirme pero Sonia me soltó un fuerte bofetón que hizo que me desnudase delante del mismo, aunque me puse roja como un tomate.

    – “¿Quien te ha dado permiso para que avergüences?, recuerda que eres MI PUTA y que puedo hacer contigo lo que quiera y si quiero entregarte a cualquiera lo haré y tu debes comportarte como si estuvieras conmigo. Y bueno amigos, a disfrutar de la puta; me pagas después abajo.

    Al instante lo comprendí: yo iba a ejercer de prostituta. No podía creerlo: iba a ser una prostituta. Antes de irse, ella se paró atrás de mi (yo estaba de rodillas tan como me lo había ordenado, ante un sofá). Me jaló del cabello hacia atrás, haciendo que yo tuviese que inclinar mi cabeza boca arriba.

    – “Me han dicho que has disfrutado como una puerca, porque será lo último que podrás ya que desde este momento solamente lo podrás hacer con mi autorización, en caso de desobediencia serás castigada. A nadie le importa si sufres o disfrutas por lo que te queda prohibido que gimas y cuidadito con correrte sin mi permiso porque serás castigada con crueldad, recuerda que eres una esclava y todo lo que puedes hacer es porque YO te lo permito…”, me dijo Sonia en un tono que no admitía discusión.

    ¿Queréis que continúe con el relato?

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  • Luna de miel para ella (Parte 2)

    Luna de miel para ella (Parte 2)

    Cuando llegamos a nuestra cabaña después del largo día de tour, buscaba la ocasión para conversar con mi mujer de lo ocurrido. Pero cuando iba a iniciar la conversación me interrumpió con un ‘Debemos darnos prisa el show comienza a las 20.30 h y aun no nos hemos preparado, te parece si primero me ducho yo y luego arreglamos a los niños’. Había olvidado que esa misma noche teníamos entradas para un espectáculo típico de la Isla con danzas locales. Quise reclamar, pero ella ya había partido hacia la ducha despojándose de sus ropas y cerrando la puerta del baño.

    Demoró bastante en esa tarea, luego entré con los niños para poder darles una ducha rápida mientras ella se arreglaba. Luego mientras tomaba una ducha descubrí las razones de la demora, había vello púbico en la ducha y en el papelero, había depilado cuidadosamente sus partes íntimas, eso me animó pensando que después del show tendríamos una noche de pasión y lujuria. Debo decir que me encanta practicarle sexo oral y sé que ella disfruta con mis caricias mientras realizo esa labor.

    Salí muy animado del baño y mucho más cuando la vi tan perfecta, traía puesto un vestido blanco con unos tirantes sobre sus hombros, marcando muy bien sus enormes y bien cuidados pechos, a pesar que era algo largo, cuando contorneaba sus caderas la hacía parecer una modelo de pasarela con vuelos que con un poco de aire de seguro se levantaría para dejar ver mucho de sus atractivos, todo sobre una hermosas chalas con plataforma. Estábamos de vacaciones y en un lugar de mucha naturaleza, pero ella parecía que iba una gala. Yo no tenía ningún atuendo tan lucido para estar a su altura, de hecho, me puse lo mejor que traía un short y unas zapatillas con mi mejor polera. Sin duda desentonábamos en nuestras vestimentas, me sentí que no estaba dando el tono para la ocasión.

    Salimos rumbo al local donde se desarrollaría el espectáculo artístico. Me relajé al ver que todos los demás asistentes vestían de manera muy informal, mi mujer era casi la única tan producida. Así que nos sentamos a esperar que se diera inicia al show. Pero mi rostro cambió al ver aparecer a Philipe, vestía como todo un galán italiano, de manera casual, pero atrajo inmediatamente la mirada de las mujeres del lugar, Viviana al verle levantó su mano para indicarle donde estábamos y él se acercó a paso seguro hasta tomar asiento al lado de mi mujer.

    Dos besos muy cerca de la comisura de los labios, indicó que esto no era casual, ella no se había producido para mí, eso era obvio, él alargó su mano y apretó la mía de manera fuerte y segura, eso me hacía sentir apocado. Estaba sentado al lado de ella, luego nuestros hijos y yo en la otra esquina, de pronto todas las luces del lugar se apagaron y una voz indicaba de que cosas se trataría el show, abracé a mis hijos para que no se asustaran y me pareció rozar otra mano por el lado de mi mujer, en medio de toda la presentación me pareció escuchar como ella se movía inquieta aunque no decía palabra; traté de acercarme por sobre mis hijos en la penumbra y le pregunté si le pasaba algo, algo agitada y sorprendida me dijo nada.

    De pronto se encendieron las luces y mientras en el escenario un grupo de bailarines iniciaba unas impresionantes danzas, yo me percaté que mi mujer trataba de arreglar su vestido. A esta altura no sabía si lo que veía era real o imaginaciones mías. ¿Se habrán estado besando en medio de la penumbra? ¿Porque arreglaba su vestido? Las dos horas que duró la presentación no pude disfrutarlas, mi mente trabajaba a mil, sentía que algo estaba pasando entre Viviana y Philipe o solo era mi imaginación. Decidí que al llegar a nuestra cabaña tendría una firme conversación con ella sobre todo lo ocurrido ese día.

    Luego del show los artistas invitaron al público a tomarse fotos con ellos sobre el escenario, mis hijos estaban fascinados y yo cuidándolos que no se me perdieran entre la multitud de personas, por unos minutos perdí de vista a mi mujer. ¿Dónde se había metido? Tomé a mis hijos y decidí salir del lugar a buscarla. En la puerta del recinto miraba a todos lados de esa calle principal, no estaba por ninguna parte.

    De pronto apareció acompañada de Philipe de un patio trasero; ¿Dónde estabas le recriminé de manera muy dura? Philipe me llevó a un patio detrás del lugar del espectáculo donde hay unas réplicas de moais muy hermosas, estás molesto por algo, me respondió de manera mucho más dura que yo lo había hecho. No le dije, lo que pasa es que los niños ya den dormir y debemos caminar hasta nuestra cabaña.

    En eso Philipe interrumpió nuestro dialogo; Perdón le había dicho a Vivi (de cuando trataba con diminutivo a mi mujer) que me gustaría invitarlos a cenar ya que me han hecho un lugar en su grupo familiar durante el almuerzo, me quise excusar diciendo que los niños ya estaban cansados y sería mejor ir a nuestra cabaña, pero Viviana interrumpió diciendo; Por favor Hernando no seas descortés con la invitación, además los chicos deben tener hambre también. Siii gritaron ambos al unísono, así que el único cansado con la situación era yo.

    Fuimos a un restaurant cerca de la bahía del pueblo y comimos algo, mientras mis hijos peleaban, como siempre lo hacían diciéndose palabrotas, Viviana mantenía una fluida conversación con Philipe, luego de un poco mas de una hora dije que ya debíamos dirigirnos a nuestra cabaña a descansar, Philipe dijo no se preocupen yo los acerco, ya que arrendé un jeep para recorrer mañana la Isla por mi cuenta, además que esta noche me acercaré a unos lugares que brillan con la luna para tomar unas fotos únicas de la Isla de Pascua de noche.

    Lo que sigue después me descolocó de una manera horrible. Vivian dijo que le gustaría ver la Isla de noche, yo pensé esto no puede estar pasando, ahora solo falta que este tipo nos invite a estar con él, todo la noche tomando fotos, pero fue algo peor, mis hijos dijeron que ya tenían sueño y querían dormir, por lo cual dije será para otra oportunidad los niños están cansados y quieren dormir, pero Viviana dijo: ¿En otra oportunidad? Nosotros quizás no volvamos a la isla, cuando será esa otra oportunidad, sus ojos enconados me indicaban que eso le había molestado mucho, Philipe lanzó la bomba, si no te molesta que Vivi (otra vez el diminutivo) me acompañe yo puedo traerle de vuelta en unas horas a tu cabaña.

    Esto no me podía estar pasando, quería llevarse a mi mujer, así elegante como estaba a recorrer la isla, solos, en un plan que me sonaba a enamorados, cuando debería ser nuestra luna de miel, no solo la de ella. No supe como zafarme de la situación y solo dije mirando a Viviana ¿Tú quieres ir? Ella sonrió agradecida con un sí, Era como si le dieras permiso a tu hija adolescente para su primera salida con un chico, está bien contesté, yo acostaré a los niños y te espero un par de horas para que charlemos; bueno dijo ella.

    Cuando Philipe detuvo el jeep frente a nuestra cabaña, ella bajó y le dio un beso a nuestro hijo que ya dormía en mis brazos y mi hija le dijo diviértete mamá mañana hablamos, yo quise darle un beso, pero ella me puso su cara y me dijo; gracias, vuelvo luego. Volvió al jeep y partieron.

    Yo acosté a los niños y me senté frente a un televisor a ver el único canal que recibía señal en la isla, de pronto me dormité, desperté sobresaltado, la programación había terminado y apagué el televisor. Vi la hora, casi las 4 de la mañana, pensé Viviana debe estar durmiendo, pero cuando me acerqué al dormitorio ella no estaba, había pasado casi 5 horas y aun no regresaba, esto se había ido de las manos…

    Continuará.

  • Visito Ciudad de México para ser dominada

    Visito Ciudad de México para ser dominada

    Este es el primer relato de uno de tantos en los que iré relatando las experiencias que he tenido con mi compañero de vida. Henry.

    Lo conocí en la preparatoria yo 16, él 15, vivíamos en una ciudad chica pero muy linda, ese tipo de lugares en los que todos se conocen, en el que no hay tal cosa como el anonimato, lo que en ocasiones es bueno (si quieres ser político) o malo (si eres una puta como yo). Al principio me caía muy mal, era un tipo arrogante, pesado, con un humor negro, popular, con una sonrisa que encantaría a cualquiera (gracias a que es un descendiente de los esclavos de la isla «La Española») una gran labia y una insuperable habilidad para hacer amigos y enemigos. De ese tipo de personas magnéticas, un imán de polo negativo que siempre atrae lo positivo y repele a sus iguales.

    Naturalmente me atrajo, un tiempo fue novio de una amiga cercana, posteriormente nos volvimos mejores amigos y mucho tiempo después, tras una serie de afortunados y desafortunados eventos, formalizamos nuestra relación que continúa aún después de haber finalizado nuestros estudios universitarios.

    Una de las virtudes de Henry, quizá la mejor de ellas, lo llevó a volverse un muy buen abogado y en la búsqueda de la realización profesional migró hacia la Ciudad de México, para probarse a si mismo que podía codearse con los mejores. Cosa que puso a prueba nuestra relación, pero como dice la canción de los Auténticos Decadentes, juntos hemos pasado más de un temporal.

    Tenía más de dos meses sin verlo, lo extrañaba muchísimo. Todos mis juguetes sexuales no satisfacían mis necesidades, necesitaba ser azotada, amarrada, penetrada, asfixiada, amordazada y demás.

    Necesitaba que me trataran como una perrita, o mejor dicho, como la puta que soy, como la putita en que me convirtió. Así que un fin de semana, de esos que en México llamamos puente, tomé mis maletas y fui a visitarlo para que me dominara.

    Estuve cuatro días con él, y ninguno de ellos me había cogido como a mi me gusta. Comencé a enfadarme, evidentemente, había traído todo mi kit sado para nada. Se aproximaba la hora para mi retorno y Henry todavía no me había culeado de la forma en que me había fanatizado, al fin que me di por resignada y me quite la ropa quedándome sólo en ropa interior para irme a bañar, me cubrí con la toalla para salir del cuarto y Henry se me acercó con su mirada de coqueto y travieso que me derrite, tal que me retiró la toalla y me empezó a besar. Y al fin, con su voz de autoridad comenzó mi sumisión.

    -ponte de rodillas

    – si amo

    Saco el collar de una de las maletas y me lo colocó, me amordazó y me ordenó ponerme en cuatro. Yo obedecí sin dudarlo por un segundo y comenzó a tocarme el culo, estaba acostada sobre sus piernas, como una chiquilla a la que están a punto de castigar, de repente sentí algo muy húmedo cerca de mi ano… me había puesto lubricante y ya sabía hacia donde iba a tomar rumbo lo que seguía, justo lo que quería.

    Comenzó a latiguearme y yo expresaba mi placer a través de gemidos. Comencé a sentir como con sus dedos abría mi culo, el pionero en la excursión fue abriendo paso al segundo y este al tercero… no sabía que me podían meter 3 dedos por ahí, pero estaba tan excitada que solo quería que siguiera. Tenía mucho tiempo que no me cogía por el culo, el cual estaba muy estrecho y me encantó como me fue emputeciendo, me decía:

    -mmm mira como se abre tu culo, ¿entrará otro dedo? A ver, mmm que putita, sí te entró. Te entrarán tres dedos? Mmm…

    Con sus tres dedos dentro de mi culo podría asegurar que mis gemidos atravesaban las paredes del cuarto y cuando consideró que ya estaba muy dilatado acercó la punta de su pene a mi culo y empezó a introducirlo lentamente. Mis gemidos comenzaban a aumentar paulatinamente, luego me pidió que yo solita me cogiera y comencé a balancearme hacia delante y hacia atrás, despacio y conforme mi culo se acoplaba a su rica verga aumentaba el ritmo.

    Luego insertó la correa al collar y me llevó en cuatro como toda una puta perra hacia la puerta que da acceso a la terraza. Me pidió pararme frente a la pared e inclinarme de tal forma que me pudiera seguir cogiendo por el culo y a la vez que los vecinos de los departamentos de enfrente pudieran ver lo puta que soy. Lo hizo sin piedad y casi llegando al orgasmo empecé a sentir como una lágrima estaba a punto de escurrir por mi mejilla, no podía más estaba cerca de venirme y la lágrima se desprendió.

    Era demasiado el placer y no cesaba el ritmo, las lágrimas comenzaron a salir una tras otra pero no era de dolor, era el placer que no podía expresarlo mediante gemidos ya que ni siquiera me salía la voz para poder agradecerle a mi amo, la respiración se me cortaba. Después de un buen rato dándome por el culo me llevo en cuatro hacía la cama, me acostó boca abajo y me colocó el antifaz.

    Me dijo que iría por una roomie y yo en ese momento sentí un poco de enojo pero tampoco me desagradó tanto la idea [en los siguientes relatos sabrán por qué]. Me prohibió moverme mientras se iba por la chica pero sin saber que era mentira y que nunca se fue, yo desobedecí a su orden y me quite el antifaz con la finalidad de acomodármelo y como era de esperarse comenzó a latiguearme.

    Me colocó las muñequeras y me acerco a la cabecera de la cama donde me amarró y comenzó a cogerme por la vagina, en mi posición favorita, en perrita. Bombeo muy duro y para entonces ya había perdido la cuenta de cuántos orgasmos había tenido, incrementó su ritmo hasta que se corrió dentro de mi.

    … El tiempo apremiaba… tenía que tomar un avión… hubiera querido quedarme y seguir siendo dominada por él… ¿dios por qué todo lo bueno tiene que acabar?

    Con el culo destrozado me dirigí al aeropuerto, con sentimientos encontrados. Feliz por sentirme dominada, triste por alejarme temporalmente de mi amo.

  • Enfermo amor

    Enfermo amor

    ¿Cómo debería empezar? Tal vez contando un poco de mí.

    Me llamo Emily. Voy en la universidad. Soy considerada una de las chicas más bajitas y adorables del salón, lo cual no me desagrada, eran etiquetas que me gustan.

    Mi altura de 1.56 se complementaba con un cuerpo delgado, caderas anchas, pechos medianos. Cabello castaño teñido con algunos mechones rosas.

    No soy la más sociable de todos, pero tampoco me quedo sola en un rincón mientras dibujo o escucho música. Supongo que estoy en la media de “normalidad”. Claro, solo ante los demás. Pues guardo demonios dentro de mí que podrían hacerles cambiar todo el panorama.

    Hacía mucho tiempo había salido con alguien. Un chico menor que yo. Solía ser niñera de sus hermanitos cuando estudiaba la preparatoria. A veces, lo llegaba a cuidar a él también cuando lo veía retraído en su mundo y con problemas de autoestima.

    No lo sé. Por alguna razón, entre los cuidados, las atenciones y agradables momentos: me sentí muy unida a él. Estaba enamorada. Y el también.

    Fuimos pareja casi dos años. Hasta que sus papás tomaron la decisión de que él podía hacerse cargo de sus hermanos. Yo me fui de ahí, pero seguimos saliendo. Hasta que el comenzó a ponerse raro, en más de un sentido. A veces llegaba a mi casa y me pedía que lo cuidara si se sentía mal. Se comportaba como un mocoso que no se me despegaba y exigía mi atención; como un niño que hace berrinche para que se le compre un helado. Todo llego a un extremo, cuando se empezó a mostrar celoso y posesivo. Literalmente, intento mantenerme solo para él.

    Aun lo amaba, pero sabía que eso no podía ser bueno para ambos. A mi pesar, rompí con él. Sus insistencias se habían vuelto muchas, hasta cierto punto le había aterrado las formas y maneras en que me pedía que regresáramos; no lo eh vuelto a ver hace más de un año. La idea de que haya entendido que era el fin me daba calma, pero pensar que ahora todo lo que hacíamos juntos ahora lo hacía con alguien más, me dolía un poco.

    En cierta forma rara, lo extrañaba.

    Era verano cuando paso. Salimos muy tarde de la escuela. Luego de salir de una cafetería a la que algunos compañeros habíamos ido, me encamine hasta la parada del bus. Pero, al pasar junto a un callejón oscuro, sentí como alguien me tomaba de la cintura y me cubría la boca y la nariz con un paño. Todo se volvió oscuro y caí desmayada.

    Abrí los ojos y me encontré en una casa. Estaba en una habitación, estaba llena de fotos mías pegadas en la pared y cajas vacías de galletas y otras golosinas. Me senté abrasándome a mis piernas, e intentando mantener la calma.

    Oí pasos afuera de la habitación antes de que la puerta se abriera. Un hombre más alto que yo, con una playera mojada de lo que seguramente era sudor (la cual se ajustaba a sus músculos) y unos pantalones con diseño militar. Su cabello castaño se pegaba a su frente, y sus ojos verdes me veían con atención. Sonrió de forma rara al verme y cerró la puerta tras el antes de caminar hacia mí.

    —Hola, mi amor. Qué bueno que por fin estés aquí.

    —… ¿Aarón? — No podía creerlo. Era él, mi exnovio. La última vez que lo había visto, él media cuatro centímetros menos que yo, y era delgado y debilucho. ¿Cómo había cambiado tanto? Era irreconocible.

    —Te eh extrañado mucho, ¿tú me extrañaste? — Se sentó al borde de la cama y se acostó, dejando su cabeza a mis pies —. Llegar a como estoy ahora fue duro, pero por ti mi amor, soy capaz de todo.

    — ¿Qué es todo esto, Aarón? — pregunte asustada al ver mis fotos. Algunas eran de cuando estaba en la escuela, otras fuera de su casa. Se topó con algunas tomadas desde la ventana de su cuarto. Se sonrojo como un tomate cuando se topó con una caja llena de fotos en donde ella se estaba cambiando, duchándose, o simplemente desnuda.

    —Nuestra casa, cariño. Mis padres me apoyan a independizarme. Muy pronto, te mudaras y viviremos juntos— me vio con una sonrisa y rodo para quedar con el estómago contra el cubre cama. Tomo mi mano y la puso en su mejilla; cerro sus ojos y se apoyó en mi tacto —. Oh cielo, me haces tanta falta.

    —Aarón, esto no es sano. No podemos lastimarnos así.

    Apretó mi mano y me miro con seriedad. En un rápido movimiento, se puso sobre mí y sostuvo mis muñecas al lado de mi cabeza. Mis ojos se clavaron en los suyos; estaba muy enojado.

    — ¡Ya deja de alejarme! ¡Tú me amas y yo te amo! — junto su frente con la mía. Sin dejar de verme. Nuestras respiraciones chocaban. A pesar de no quererlo, mi cuerpo reaccionaba a él — ¿Lo recuerdas? Cuando era un patético marginado. Fui a verte a la habitación de mis hermanos; arreglabas su ropa. Te entregue una flor de nuestro jardín y te dije lo que sentía. Me aceptaste. Nos abrazamos y nos besamos. Juramos que no nos separaríamos nunca.

    Dicho eso, me beso. Me beso como solíamos hacerlo en cualquier parte antes de que sus padres llegaran, y en donde sus hermanos no nos vieran. Sus labios se movían desesperadamente, intentado devorarme tanto como fuera posible; su lengua atacaba la mía sin darle oportunidad a defenderse.

    Soltó mis muñecas y enrolle mis brazos en su cuello. Respondí sintiendo una gran oleada de nostalgia y recuerdos. Había extrañado eso tanto, aun sabiendo que, en cierta forma, estaba muy mal lo que hacían.

    Nos separamos del beso, jadeantes y con ganas de más. Sentía mi cara arder, mis ojos apenas se podían mantener abiertos y mi lengua estaba ligeramente afuera. El me miro unos segundos; luego, sentí algo duro restregarse en mi pierna. Lo miro sorprendida. Él sonrió divertido y se bajó encima de mí, llegando hasta los pies de la cama y bajándose de esta para pararse frente a mí.

    —No te sorprendas, cariño. Se me pone dura siempre veo tus fotos, imaginando todo lo que podríamos hacer— se sobo por encima del pantalón y gruño por lo bajo —. Antes eras cruel conmigo. Cada noche, mandabas tus fotos desnuda; posando sexy y diciéndome que todo eso era mío. Pero nunca me dejaste llegar más allá de tocarte por encima de la ropa. Hoy, mi amor. Te dejare claro que eres mía.

    Se desabrocho el pantalón y saco tu pene. Lo mire asombrada y apenada. Sentí mi vagina palpitar y empezar a producir sus jugos. Me mordí el labio y me lleve ambas manos a la entrepierna.

    Luego de quitarse la ropa. Camino hasta mí y me quito la mía. Me quito la blusa y vio mis tetas; las acaricio y presiono mis pezones. Me quito el pantalón; paso sus manos por cada parte de mis piernas y beso las plantas de mis pies. Me quito las bragas, y las olio antes de hundir levemente el dedo a mi vagina. Gemí encantada.

    Él se puso abajo, yo arriba. El me chupaba el coño, yo le mamaba la verga. Me volvía loca sentir como su lengua se metía en mi entrada y la movía dentro. A el parecía encarte como lo succionaba y le lamia las bolas.

    Luego de unos minutos, él se levantó y se sentó en la esquina de la cama. Me jalo hasta el, me hinque con las rodillas en la cama frente a él, me saque el bra y viéndonos a los ojos me fue bajando hasta por fin estar con todo su miembro dentro de mí. Empecé a brincar, gritando que lo amaba y que amaba todo eso. El chupaba y lamia mis tetas como un bebé intentando tomar leche. Me golpeaba el culo repetidas veces, murmurándome “Niña mala”, “Te portaste mal”, “Desobediente”, entre otras.

    Por fin, él me puso en cuatro y se colocó sobre mí, penetrándome por el culo sin piedad. Yo gemía como perra en celo. El mientras respiraba con fuerza mi cabello y besaba mi espalda.

    Sus manos acariciando mis caderas me volvían loca. El entendía mi estímulo y lo hacía, acercando sus manos a mi vagina de nuevo y, a veces, apretando mis tetas con fuerza.

    Luego de casi diez minutos en total. Salió de mi interior, me pidió que me hincara frente a él. Le hice caso y me pidió que pusiera mi mejor cara de niña inocente. Lo hice, y él se masturbo a gran velocidad hasta eyacular sobre mis tetas, abdomen y cara. Recogí con mi lengua una gran porción que se deslizaba de manera provocativa entre mis pechos. La probé, sacando mi lengua y haciendo alusión de mi habilidad para chupar.

    —Mmm, tu leche es excelente, Aarón.

    El rio y cayo rendido sobre la cama, me limpie el resto del semen recogiéndolo con varios dedos y chupándolos. El me daba nalgadas desde lugar, diciendo entre risas que no lo tentara porque lo estaba excitando. Cuando termine, me acosté junto a él. Me abrazó por la cintura y nos volvimos a besar.

    —Soñaba con hacerte gritar mi nombre desde que hacías la cena para todos y te inclinabas en busca de las especias, mostrándome tu culo sin darte cuenta— me conto. Yo reí algo apenada —. O, cuando me ayudabas con la tarea. Te inclinabas y tu escote me dejaba verte los senos. Y esas veces, cuando te burlabas llevándome a la cama y acostándote a mi lado.

    —Vaya, debiste haberte tocado mucho en esos tiempos.

    —Je, sí. Y una vez, te dormiste en la sala y mis hermanos veían la tele en su cuarto. Yo me acerque a ti y te toque mientras dormías. Te chupe las tetas sobre la blusa y sobe mi verga en tus casones gracias a que llevabas falda.

    —Eres una asco— lo golpee avergonzada. El solo se rio.

    —Pero cumplí mis metas. Somos novios, nos revolcamos, y ahora viviremos juntos y llamaremos a la cigüeña todo el tiempo.

    Sinceramente, todo me daba más gracia que nada. No escuche nada después de eso, ya que caí dormida.

    Finalmente, me convenció de vivir juntos. Éramos como cualquier otra pareja. Tal vez mas folladores que otros, pero nos gusta así. Sigue siendo celoso y posesivo; nunca me deja sola. ¿Pero saben qué? Ya no importa. Nos amamos, y eso es lo que importa.

    Cada vez expandimos nuestro repertorio de fetiches. El más popular, es cuando yo vuelvo a hacer de niñera suya y terminamos haciendo todo lo que el soñaba hacerme en esos años. Tal vez algún día lo cuente. Quizá.

  • El quiosco de revistas

    El quiosco de revistas

    Después de licenciarme en el servicio militar a los 21 años, haber sido desvirgado mientras cumplía el servicio militar, hacía más o menos un año de esto, y haberme encantado, me aficioné a comprar revistas pornográficas, no es que hubiera muchas, la mayoría más que pornográficas, eran eróticas que contenían fotos sensuales, direcciones de contactos y algún que otro relato.

    Cuando iba a comprar alguna de estas revistas, por vergüenza, lo hacía lejos de donde vivía y procuraba que no fuese siempre el mismo quiosco. Pero claro, esto no era siempre así, por lo que me acostumbré a ir casi siempre al mismo quiosco, era el que mayor confianza me daba. Lo llevaba un hombre de unos 40 o 45 años, por lo que la mayoría de las veces recurría a comprar en dicho quiosco. Compraba la revista que me gustara, siempre buscaba temas homosexuales, y para disimular siempre compraba algo más, solía ser tabaco, otras veces algún diario o revista de fútbol, etc.

    Por supuesto que aquel hombre me caló a la primera, eso lo supe tiempo después, el caso es que un día, siempre solía ir a última hora de la tarde, después de estar ojeando varias revistas a ver por cual me decidía, le pedí un paquete de tabaco y al verme el quiosquero que no me decidía por ninguna revista, sabiendo él de sobras lo que yo buscaba, me dijo, tengo aquí unas que he traído hoy y te pueden gustar, pero todavía no me a dado tiempo a colocarlas. Ven por aquí me dijo abriendo la puerta del quiosco y échales una ojeada.

    Muerto de vergüenza y colorado como un tomate maduro, me acerqué a donde me decía el quiosquero. Ven pasa, me dijo haciéndome espacio en aquel pequeño quiosco. Mira estas revistas ya verás como te van a gustar, me decía cerrando la puerta del quiosco. Nada más ver las 2 primeras revistas, los ojos se me fueron a una de ellas, era una pequeña revista y en la portada ya se veía a 3 asiáticos desnudos manteniendo sexo, uno estaba dándole por el culo a un jovencito asiático, y el otro le estaba comiendo la polla mientras el otro le daba por el culo. Dios, aquella visión ya me puso bien palote, sujeté la revista con mis manos, y empecé a ojearla.

    Estas como puedes ver no las puedo tener a la vista, ¿que te parecen? Me decía llevando su mano a mi culo.

    Te gustan, ¿verdad?

    Yo muerto de vergüenza, colorado como un tomate y excitado con aquellas fotografías, notando como el quiosquero me sobaba el culo, le contesté que sí, moviendo la cabeza en señal afirmativo.

    Ya sabía que te iban a gustar, me decía sin dejar de manosearme el culo. Mira más ya verás que buenas son, échales un vistazo por dentro ya verás, me decía siguiendo con su manoseo de mi culo.

    Yo paralizado por la vergüenza y excitado como estaba, no decía nada, le dejaba que me fuera manoseando, mientras con nerviosismo iba ojeando aquellas revistas.

    Por supuesto que el quiosquero no dejó pasar la ocasión, llevó su mano a mi paquete, viendo como estaba de excitado, ¡ufff como estás! Me soltó mientras apretaba mi polla y la manoseaba por encima del pantalón.

    Yo cada vez más nervioso, intenté darme la vuelta y salir del quiosco.

    Pero el quiosquero, perro viejo, al verme nervioso, me tranquilizó diciendo, tranquilo, espera que voy a cerrar y bajo las persianas así no nos ven.

    Cerró la ventana por donde despachaba, bajando luego la especie de persiana que tenía el quiosco.

    Así ya no nos ven. Ahora mira las revistas tranquilo que nadie nos va a molestar, me decía siguiendo con su manoseo.

    Yo seguía sin reaccionar, seguía dejándole que me manoseara, mientras sujetaba la revista con mis manos e iba mirando nerviosamente su interior.

    Tranquilo me decía el quiosquero mientras me iba metiendo mano. Mira como estás, me decía. Tu tranquilo que yo sé que te gusta lo que te hago.

    Como seguía sin decir nada y le dejaba hacer, el quiosquero empezó a aflojarme el cinturón para luego seguir desabotonándome el pantalón. Una vez pudo bajarme el pantalón, tiró de él para abajo y metiendo su mano por mi slip, se apoderó de mi polla.

    ¡Ufff! Mira como estás, la tienes bien durita ¡Eh cabrón!

    Empezó a menearme la polla suavemente, mientras me bajaba un poco el slip, liberando mi polla y pelotas. Mientras con su mano me iba descapullando la polla, con la otra bajaba el slip, hasta dejarlo a la altura de las rodillas. Llevó luego esa mano a mi culito, y mientras lo acariciaba, me decía ¡ufff que bueno estás, cabrón!

    Yo nervioso y excitadísimo, no sabía que hacer, miraba la revista, y de reojo miraba lo que me iba haciendo el quiosquero.

    Cuando me di cuenta, ya me tenía el pantalón y slip por debajo de las rodillas, y el muy cabrón no paraba de sobarme y meterme mano por todas partes. Aquello que me estaba haciendo me gustaba, así que dejé que siguiera.

    Cuando volví a mirar de reojo lo que hacía, ya le vi la polla de fuera al quiosquero. Se había liberado su polla que era larga y estaba tiesa a mas no poder. No era una polla de esas enormes ni gruesas, pero si algo mas larga de la media, y se podía ver que se curvaba un poco, eso seguramente era por la excitación y lo duro que la tenía.

    Mira, me dijo. Cógela con la mano ya verás que caliente y dura está. Llevó mi mano a su verga, y una vez la sujeté con mi mano, me dijo, descapúllala, y métela en la boca ya verás que rica sabe.

    Yo empecé a descapullarle a la vez que se la acariciaba dando suaves meneos, mientras él jadeaba y me decía, anda, agáchate y chúpala un poco ya verás que rica sabe, ya verás como te va a gustar. Anda que lo estás deseando, me decía al verme dudar.

    Me fui agachando, y acercando mi cara a su polla, abrí la boca y empecé a chuparle la polla al quiosquero.

    ¡Ohhh! Suspiró el quiosquero cuando le empecé a chupar la polla, ¡ooohhh que gusto! Jadeaba entre gemidos. Ves como te gusta, ya sabía yo que te gustaba la polla y sabía que te iba a gustar chuparla.

    Así, así, abre bien la boquita y cómetela toda, me decía agarrándome por la cabeza mientras me follaba la boca con su pene.

    En varias ocasiones me hizo atragantar, haciéndome abrirme la boca dando arcadas. Los ojos me lloraban y la bilis me salía por la comisura de los labios e incluso la nariz.

    Abre bien la boca maricón, que sé que te gusta, me gritaba, anda abre bien que luego te la voy a meter en el culo, como los de la revista, ya verás como te va a gustar perrita, anda que se que lo estás deseando.

    Te voy a romper ese culito que tienes, ya verás como vas a gozar perrita, que eres toda una perrita, me decía sin dejarme de follar la boca.

    Yo ya no podía más, estaba cansado de estar agachado en cuclillas, sudaba por todas partes y apenas me podía revolver en aquel estrecho lugar.

    Cuando el quiosquero se cansó de follarme la boca, sacándome la polla de ella, dejó que me levantara, diciéndome, ahora vamos a romperte este culito, ya verás como te va a gustar, ya verás cómo gozas con mi polla dentro de tu culito perrita.

    Me hizo girar dándole la espalda, me colocó las manos sobre el pequeño estante que hacía de mostrador, tiró de mi cintura haciendo que me curvara un poco, quedándole mi culo, a su entera disposición.

    Así perrita, quédate así, que ahora viene lo mejor, ya verás como te va a gustar y vas a disfrutar con mi polla dentro de tu culito.

    Acercó su polla a la entrada a mi ano, pasó su mano impregnada en saliva, presionó con su dedo mi esfínter un poco, viendo que estaba bien cerrado. Anda relájate y deja que se abra el culo, me decía volviendo a presionar con el dedo. Ahora si había entrado haciéndome dar un pequeño respingo cuando su dedo entro en mi culo.

    Así maricón, así, relájate y déjame darte por el culo, ya verás como te va a gustar. Anda relájate y deja que te folle, que se que lo estás deseando. Te mueres de ganas por que te de por el culo, perrita, te encanta la polla maricón.

    Sacó su dedo de mi culito, colocó la punta de su polla en la entrada a mi ano, me sujetó con sus manos por las caderas, y a la vez que tiraba de ellas hacia él, impulsaba su pelvis, metiéndome la polla en el culo.

    ¡Ohhh! Grité al notar como su polla traspasaba mi esfínter, ¡ooohhh! ¡ohhh! Volví a gritar al entrarme toda la polla. El cabrón del quiosquero me había enterrado toda la pija en 2 estocadas. Notaba sus pelotas pegadas en la entrada a mi ano, y su pelo púbico, rozando mi culito.

    Se quedó parado unos instantes, mientras me sujetaba fuertemente por las caderas, tirando hacia él. Ya maricón, ya te la he metido toda, menudo culito tragón que tienes, estás echa toda una perrita, te he ensartado por completo la polla y te la has tragado toda sin protestar.

    El muy cabrón del quiosquero me tenía ensartado en su polla y me sujetaba fuertemente por las caderas, debía tener miedo de que me escapara, pero aquello era imposible, me tenía bien empalado en su caliente estaca. Me fue subiendo la camiseta junto a la cazadora que llevaba puesta, hasta los hombros, luego fue a mis pezones empezando a pellizcarlos y retorcerlos, mientras empezaba a culearme suavemente.

    Te gusta perrita, te gusta como tu macho te da por el culo, ¡eh! Me decía mientras metía y sacaba su polla en mi culito.

    Mientras el quiosquero me daba por el culo, yo caliente y excitado, echaba mi culo hacia atrás, notando como su pelvis pegaba en mi culo al entrar su polla en mí. Aquello me estaba encantando, tenía la polla dura y tiesa a más no poder, y notar como la polla del quiosquero me taladraba el culo, me hacía jadear y gemir como una perrita en celo, ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ohhh! Gemía mientras me daba por el culo.

    De vez en cuando se escuchaba pasar algún coche, los ladridos de algún perro, y el plof plof plof, de la pelvis del quiosquero, golpear mi culo cada vez que me ensartaba su polla.

    Te gusta perrita, te gusta como te folla tu macho, ¡eh!

    Claro que te gusta perrita, ya sabía yo que te iba a gustar, me decía sin dejar de follarme. Metía y sacaba su polla de mi culo, cada vez a mayor velocidad. Ya sudábamos los 2 como si aquello fuera una sauna. Mi polla ya empezaba a gotear semen y a bambolearse en todas las direcciones. El roce que su polla le daba a mi próstata me estaba haciendo delirar de gusto, y no tardaría mucho en correrme.

    Pero el que se empezó a correr, fue el quiosquero, que, clavándome los dedos en las caderas, y dando unas fuertes envestidas, empezó a chillar que se corría, ¡ohhh perrita! Me corro, me corro, me corro, gritaba. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto!

    Dios, me había levantado los pies del suelo y clavado la polla bien profunda. Había notado como se hinchaba el glande de su polla en mi interior, y empezaba a soltar trallazos de esperma, regando mis entrañas. El muy cabrón del quiosquero me había dejado bien preñado el culo con su semen.

    El quiosquero apoyado su cabeza sobre mi espalda, se iba reponiendo mientras me besaba y lamía la espalda y me decía, ¡ohhh que bueno! ¡ohhh que bueno! Que culito tan rico tienes y que bueno ha estado perrita. Ya te he dejado bien preñado, ya sabía yo que te iba a gustar, maricón, ves cómo has disfrutado, me decía llevando su mano a mi polla y viendo cómo estaba goteando semen sin parar. Mira como derrama la lechita tu polla, te ha gustado, ¿eh?

    Te ha gustado cómo te ha follado tu macho, ¿eh perrita?

    No hizo más que tocarme la polla y darle 2 meneos, haciéndome que explotara derramando mi semen en su mano.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gritaba empezando a eyacular sobre su mano.

    Así perrita, así, córrete, decía el quiosquero meneándome la polla mientras eyaculaba sobre su mano. Aún me tenía ensartada la polla en el culo cuando yo terminé de correrme sobre su mano.

    Nada más terminar de eyacular, pasó su mano con mi esperma por mi vientre y barriga, luego sacó su polla de mi culo, la cual aún estaba tiesa, agarró unos trapos, y nos limpiamos con ellos.

    ¿Te ha gustado? Me preguntó.

    Sí le contesté.

    Claro que me había gustado, de hecho, aún me temblaban las piernas, y cada vez que el quiosquero me tocaba la picha, me hacía dar al culo para atrás y soltar un gemido. Tenía la polla super sensible, y ganas de que siguieran dándome por el culo.

    Me subí el slip y pantalón, y una vez ambos estuvimos listos, le pagué el paquete de tabaco y aquella revista que me había gustado, me dijo que esperara por él que ya se iba, y nos fuimos los 2 juntos.

    Mientras íbamos caminando, me dijo si quería repetir, yo me encogí de hombros diciéndole que bueno; estaba caliente a más no poder y tenía ganas de que me siguieran dando por el culo; entonces vamos a mi casa, ¿Qué te parece?

    Me volví a encoger de hombros, y le contesté que bueno.

    Pero esto lo contaré en otro relato.

    Podéis escribirme a:

    [email protected]

  • La vida siempre te da revancha (2)

    La vida siempre te da revancha (2)

    Llené su cavidad vaginal con abundante leche caliente ya que tenía tiempo que no tenía relaciones sexuales buen tiempo aún respiraba agitado sobre ella, por sus piernas empezaba a caer el semen de su vagina.

    -Bueno ya conseguiste lo que querías de mi ahora dame ese video y ni una palabra de lo que sucedió acá.

    Le entregó lo acordado a ella se cumplir mi palabra e inmediatamente acomodó sus ropas y se fue, luego de eso esperé unas semanas cuando la volví a llamar.

    -Aló ¿ya no deberías volver a llamarme?

    Lo que ella no sabía era que antes que llegará mi oficina tenía cámaras que habían grabado minuto a minuto todo lo que sucedió entre los dos y se lo hice saber no sería nada fácil para ella librarse de mi.

    -Noo eres un miserable mentiroso me dijiste que ya no me ibas a molestar con el video.

    -Si y lo cumplí te entregue el vídeo del hotel pero este nuevo video es otro trato a conversar Luz y como te habrás dado cuenta no estás en condiciones para decirme que hacer…

    Ahora la esperaba en mi departamento donde estaríamos más cómodos y le había ordenado que se pusiera un vestido rojo que desde que se lo vi me puesto en una reunión en su casa me excito mucho. Cuando tocó el timbre y luego iba subiendo por el ascensor mis latidos del corazón iban en aumento sabía que esta yegua era salvaje pero iba a terminar siendo domada por mi.

    Cuando abrí la puerta ahí estaba bellísima Luz con su vestido rojo que resaltaba sus curvas esas anchas caderas y esos senos de buen tamaño su maquillaje era perfecto sus ojos celestes me veían desafiantes y con una ira contenida. Le ofrezco una copa de vino y no acepto insistí y tuvo que aceptar le dio un sorbo.

    -Luz no te pongas arisca relájate y deja que todo transcurra tranquilamente. Siempre me encantó verte con ese vestido puesto.

    – Eres un pervertido y lo sabía desde que te conocí si yo me di cuenta como me comías con las mirada no respetabas ni a la madre de tu novia.

    -Eres la menos indicada para hablarme del respeto Luz, soy un hombre que sabe admirar la belleza en una mujer y tú estás muy bien y no soy ciego pero yo amaba mucho a Karla y jamás hubiera intentado algo contigo ese momento pero ahora ya es totalmente diferente por culpa tuya…

    Tomamos dos copas más de vino para mejorar el ambiente que estaba tenso, puse una música lenta y le dije que baile muy sensual y se vaya quitando la ropa de a pocos lo pensó un rato pero luego obedeció sus movimientos de caderas eran lentos y excitantes sus manos se acariciaban todo su cuerpo y bajo un tirante y luego el otro del vestido que cayó a sus pies ella dio un pequeño salto y con su pie lo puso a un lado. Todo lo que le pedía sabía muy bien que para ella no era novedad porque a su hija Karla se le escapó y me contó en una oportunidad cuando estaba algo mareada muchas cosas como su madre engreía a su papá, sus dedos jugaban con el broche del brasier y luego se lo quitó muy despacio y jugando lo tuvo en sus mano dándole vueltas y después lo arroja sobre mí Vaya espectáculo que me estaba dando la mamá de mi ex, ella se magreaba las tetas de pezones hinchados que ella se los acariciaba mientras tanto yo estaba sentado dando sorbos a la copa de vino me tenía Luz completamente hipnotizado con su baile erótico, el vino que había tomado en algo ayudó para que ella se sienta un poco más en confianza

    Le dije que se acerqué hacia a mi y me dé un masaje con su cuerpo sus manos recorrían mi cuello y hombros y se sentía muy bien luego me quitó la camisa y pantalón luego puso sus tetas en mi espalda y las sobaba de arriba y abajo que bien se sentía su lengua recorría mi cuello.

    -Ahhh Luz que buena eres quién lo hubiera imaginado… ahhh.

    Su mano buscó mi verga y empezó a sobarlo mientras besaba mi pecho ya no era necesario decirle que hacer ahora ella esa mujer de 52 años actuaba por instinto, su boca se apodero de mi verga y de frente se lo metió todo hasta llenar toda su garganta.

    Su boca apretaba y succionaba el falo con una maestría que sus años de experiencia le daban en el sexo oral no había punto de comparación con su hija cuando también lo tuvo en su boca. Aguante como pude esa maravillosa boca para no terminar eyaculando en su garganta y en eso yo también era bueno, ahora fue Luz quién me pedía a penetración.

    -Ohhh qué rica verga tienes quiero tenerlo ya dentro de mi ohhh…

    Pero aún no era el momento así que la cargué y la llevé a mi cama ahora era yo quien devoraba su cuerpo con mi boca esas enormes tetas que tantas veces imagine chuparlas como un bebé ahora si era realidad, sus pezones rosados los tenía en mi boca y estaban duros e hinchados.

    Luego fui bajando y como si fuera mi lengua un cuchillo recorría todo su abdomen hasta llegar a su sexo ella instintivamente abrió las piernas su trusa de seda roja estaba toda mojada de sus jugos así que se la quité y vi chucha como si fuera de una niña totalmente depilada sus labios semiabiertos dejaban ver un botón que chupe y acariciaba con la lengua.

    -Ohhh ohhh queee ricooo papito siii cómeme así…

    Sus caderas se volvieron locas y se movían a cada lenguazo que recibía su chucha caliente y mojada jugaba con su clítoris y eso la volvió a llegar a un éxtasis donde su cuerpo temblaba por completo sus dedos jugaban con mis cabellos hasta que ya no pudo más y grito y me mojó la cara con sus jugos del placer.

    -Ayyy… siii ohhh Dioos ohhh…

    Yo seguía besando y chupando su sexo y ahí fue donde Luz me dijo que subiera sobre ella y me besó con una pasión que jamás imagine ni siquiera cuando vi por el vídeo que tuvo sexo con su chófer hizo eso, le correspondí el beso nuestras lenguas se unieron como si fueran una sola estaba totalmente entregada a mi.

    -Mi amor quiero sentirte dentro de mí ya no soportó más. Por favor sii…

    En la posición del misionero la penetre su sexo estaba bien caliente y con ansias de recibir una verga joven y dura, mis movimientos de cadera eran lentas y luego fui aumentando la fuerza de la penetración sus piernas se cruzaron en mi y ella me seguía besando.

    -Siii siii ohhh así no te detengas mi amor que ricoooo ohhh metelo toditooo ohhh.

    Levantó sus piernas y las colocó sobre mis hombros y seguía dándole duro sus tetas se movían a cada embestida mía, su mirada de mujer caliente me excito más, jamás ella ni yo hubiéramos pensado terminar así cachando tan rico.

    Ahora ella me pidió subirse sobre mi, acomodó mi verga en su vagina y se sentó y empezó sus movimientos de caderas mientras ella tocaba sus tetas era toda una amazona cabalgando sobre una pinga dura que entraba y salía con fuerza de ella.

    Mis 30 años se complementaba muy bien con sus 52 años en la cama luego ella cambió de posición sin sacarse la verga de su chucha me dio la espalda y siguió montándome la vista era excelente ver como mi verga entraba y salía de su chucha ahora ella usaba toda su experiencia para mi.

    -Soy toda tuya papito, ohhh sabes ya no es necesario que tengas videos de mi igual vendré a verte sii soy tu perra lo que tu quieras.

    En esa posición su ano se veía tan provocativo y también sería mío y por lo visto en los videos ella no se lo daba a su chófer, así que con mi mano acomodé mi verga cuando ella bajó para seguir con la penetración choco con su culo ella se sorprendió mi dedo ya jugaba con su ano.

    -Quiero saber si es cierto lo que dices que eres toda mía, qué eres mi perrita ahora quiero ese culo tuyo.

    Ella me vio y con una sonrisa pícara abrió con ambas manos sus enormes nalgas y puso su ano a mi disposición aproveche la lubricación de nuestros sexos para ponerlo en su esfínter y coloqué la cabeza del pene en la entrada del culo y ella se fue sentando de a pocos y al comienzo se hizo algo difícil pero el peso de su cuerpo ayudó y entró él glande.

    -Ufff duele un poco quedate quieto dejame a mi sola uffff ayyyy…

    Se notaba que era su primera vez que recibía una verga por el culo pero igual estaba bien apretado ese hueco y ella de a pocos se lo fue tragando muy despacio ya estaba la mitad del falo que se abría camino en las paredes que iban cediendo al invasor, sus gestos de dolor en la cara me calentó más.

    -Uffff. Me duele un poco, tú eres el segundo hombre a quién le entregó el culo, el primero fue mi esposo hace tiempo y ahora tú uffff…

    Cuando al fin logró tenerlo todo dentro de la cavidad anal se quedó quieta unos minutos que rico se sentía bien apretado y caliente su culo ahora si era completamente mío su cuerpo, su esfínter se estaba acostumbrando al invasor que reclamaba su espacio.

    -Ahhh siii que ricoo está tu culo Luz ahora yo voy a ser tu marido así que vete olvidando de tu chófer ya…

    -Siii tú eres ahora mi hombre, soy tu mujer lo que tú quieras ahh ya no duele mucho ohhh. Te siento todito Uhhh.

    Su culazo se movía lentamente de adelante para atrás y luego de un lado para el otro ya le había cogido el gusto de estar teniendo sexo anal después de mucho tiempo, luego me diría que a su esposo le habían operado hace dos años de la próstata y ya no era el mismo de antes en la cama.

    Si era maravilloso ver como mi verga entraba y salía de su chucha imaginen como era ahora lo mismo por su ano que estaba bien abierto por mi, sus movimientos de esas caderas anchas eran maravilloso fueron segundos de mucho placer para ambos hasta que ya no pude más y llené su culo de leche caliente ella también estaba súper excitada y explotó de placer

    -Aggg Luz ohhh ohhh siii.

    Ella luego vino hacia mi y se aferró como una niña desprotegida y me abrazo fuerte su cabeza en mi pecho sintiendo los latidos de mi agitado corazón estábamos totalmente exhaustos luego de tan largo encuentro sexual y nos quedamos dormidos, nos despertó una llamada a su celular.

    -Aló ¿si dime hija…?

    -¿Dónde estás mamá? Le pregunté a mi papá y a Juan y nadie me da razón de ti…?

    -Me encontré con una antigua amistad después de mucho tiempo y tú sabes cómo es eso, pero ya estoy de regreso espérame en la casa Karla.

    Nos bañamos juntos y se vistió rápido y se fue con la promesa que volvería a partir de ahora muy seguido, por los años de servicio a Juan no lo despidió pero ahora sería el chófer de su esposo y que él guardará silencio pero no quiso y la amenazó pero yo le envié una copia de vídeo con una nota que eso llegaría a manos de su esposa y su patrón y perdería su matrimonio y trabajo y su liquidación de tantos años de trabajo se asustó mucho y él solo renunció.

    Ahora esa señora pedante que echó a perder mi noviazgo y tanto daño me hizo ahora era mi mujer que me complace totalmente ella se ha enamorado de mi como lo estuvo su hija, la vida te da la oportunidad de revancha es un dicho muy cierto

     

  • Una simple travesía se convirtió en placentera experiencia

    Una simple travesía se convirtió en placentera experiencia

    Son las 7:42 am, voy en el transporte de camino a encontrarme con Erick, un compañero de trabajo. Voy escuchando música y leyendo para que el viaje se haga más rápido y menos tormentoso por la cantidad de gente que se ha montado y habla sin parar.

    Considero que Erick es un chico agradable en todos los sentidos, inspira bastante confianza y es muy bien parecido, moreno, cabello lacio negro, de ojos casi rasgados y con un cuerpo acorde para pensar muchas cosas, para las personas que somos creativas mentalmente. Puedes hablar con él de cualquier cosa y si sabes debatir, pues será satisfactorio hacerlo con él, tan intelectual y con sus lentes nuevos le resalta mejor esa cualidad.

    Pero en fin, puedo alagar sin problema a una persona que haga tanto énfasis como lo hizo él. Yo a su vez soy una chica morena y delgada, mi mayor atractivo es mi rostro que hace que los chicos se imaginen cosas perversas de tan sólo mirarme, digamos que no tengo un cuerpo proporcionado y voluptuoso del cuál pueda presumir pero si que tengo unas nalgas redondas y paraditas, lo que hace que me vea deseable y vaya que las sé usar.

    Nosotros teníamos tiempo hablando, no como compañeros de trabajo, sino más que como amigos con intereses y gustos eróticos parecidos, realmente me sentía a gusto contándole sobre los momentos en los que me sentía deseosa y disfrutaba saber cuándo él lo estaba también.

    El día anterior Erick me había pedido que lo acompañara a retirar un paquete en Zoom, luego de eso iríamos a una Galería de Arte, me pidió que lo acompañara porque teníamos un día libre. Acepte porque no tenía nada más que hacer y pues, sentí que sería agradable la salida.

    Llegamos al punto en donde habíamos quedado. Yo llevé un vestido casual, sencillo con falda de corte alto de pliegos. Él lucía una camisa negra que le quedaba muy bien y pues, ni hablar de lo mucho que mostraba su pantalón en el área de la entrepierna.

    —¡Hola, Erick! —Dije al acercarme a él

    —¡Hola, Mari! ¿Cómo estás? —Respondió.

    —Chevere ¿nos vamos? —Pregunté

    —Sí, adelante, señorita. —Dijo sonriendo.

    Fuimos por el paquete, no nos llevó mucho tiempo o quizás fue la amena conversación la que me hizo pensar que fueron sólo unos pocos minutos y luego de eso llegamos a la galería. En ella se encontraban obras extraordinarias, sin duda un escenario agradable. Algunos de los salones estaban cerrados debido a que no estaban disponibles en esos momentos, pero no tenían ningún tipo de seguridad, solo un pequeño aviso que decía “Prohibido el Paso”.

    —Si yo paso ¿me sigues? —Dijo Erick.

    Impresionada por la proposición empiezo a dudar de la situación pero la intriga pudo conmigo.

    —Claro, no me quedaré aquí.

    Esperamos a que nadie nos viera y entramos. El salón era pequeño en comparación a las otras instalaciones pero era bastante llamativo, no se podían apreciar los detalles por la poca luz y entre risas de travesía Erick me toma de la muñeca y llevándome a un rincón apartado y oscuro me recuesta contra la pared, quedando de frente uno con el otro.

    —¿Qué haces? —Le digo, estando algo confundida.

    Ese vestido tiene su toque especial. Susurro con una voz seductora muy cerca de mi oído sumergiéndose en mi cabello.

    Levante un poco mi abdomen al escuchar sus palabras, me excité al momento. Él se rio pícaramente al notar mi reacción y comenzó a besar mi cuello lentamente sin soltar mi muñeca por encima de mi cabeza. Con su otra mano juega con la falda de mi vestido y empieza a explorar debajo de él, sus dedos recorren mi cuerpo llegando desde mi espalda hasta rodear mi cintura, me aprieta fuertemente y me acerca hacia él. Lo delgada de la tela de mi vestido me permitió sentir lo abultado que tenía su miembro. Dejé salir un pequeño gemido.

    —¿Lo deseas tan pronto? —Dijo.

    —Ujum. —No pude ser clara en mi respuesta, estaba realmente deseosa de placer.

    Suelta mi mano y aprieta mi rostro haciendo presión en el área de los cachetes y me mira de manera sádica y me dice:

    —Pide que tengamos sexo aquí y ahora.

    —Por favor, quiero que tengamos sexo aquí y ahora. —Dije obedeciendo a sus órdenes.

    —Claro que sí, bonita.

    La mano que estaba en mi cintura la cambió de lugar y empezó a tocar mis nalgas mientras su otra mano buscaba mi sexo, poco a poco rozaba mi clítoris por encima de mis pantys, yo estaba muy mojada ya, empecé a gemir más y más mientras sentía sus dedos entrar uno a uno en mi sexo sin parar, en ese momento no pude evitar gemir y decir «sigue papi, no te detengas». Luego tomó mi cabello en la parte superior de mi cabeza y me arrodilló. Fue muy rústico pero cada vez que hacía algo así me excitaba demasiado.

    Desabroché su correa y pantalón y me encontré con su miembro grueso y deseoso muy listo para cualquier acción. Me lo llevé completo a la boca intentando tragar ese falo enorme que me encantaba e intenté hacer el mejor sexo oral para aquel amo que tenía en frente, quería llenarlo de placer y que gimiera también. Me gustaba ver como su rostro expresaba el placer de cada lamida y chupada que le daba, me excitaba lamer su cabeza y darle pequeños mordiscos a lo largo de su pene.

    Él me agarraba del cabello y me movía de adelante hacia atrás para que entrara con más fuerza en mi boca. Sin avisar, me tumbó al suelo levantó mis piernas y dijo.

    —Ya es hora, perra. Vas a sentir el verdadero placer…

    Yo sólo asentí a decir «sí señor…». Y me insertó lentamente todo su miembro.

    Me corte en habla y respiración sintiendo como penetraba en mi ser aquel miembro que tanto deseaba que me hiciera suya, sentía como rozaba en mis paredes internas como si las rasgara. Reaccioné y empecé a gemir cuando empezó un movimiento repetitivo y se empezó a escuchar el choque de su cuerpo con el mío. Succionó mis senos y lamió mis pezones cómo si su vida dependiera de ello, lo cual me llenaba de inmenso placer y me hacía pedir más «dame duro papi, así… así…» Llevó su mano a mi cuello y comenzó a presionar.

    Cuando hizo eso, llevé mis manos a su rostro como pidiendo con la mirada ser besada en ese acto. El captó la petición y se inclinó ante mí para besarme. Sonreí y sentí como como aceleraba los movimientos girando circularmente su cadera haciendo que su pene hurgara en todo mi ser como apoderándose de cada centímetro de mi ser, solté un pequeño grito de placer.

    Luego de disfrutar esa posición, me giró de perfil estando acostada y está vez penetró fuertemente, no sabía por qué pero había descubierto que me excitaba que me tratara como una perra, cómo SU perra… y quizás eso era, pero lejos de asustarme me encantaba. Seguía tomándome del cuello como si me ahorcara diciéndome «sabía que te gustaría perra, con esa carita de que no haces nada se nota que eres una puta en la cama y que te encanta, ahora respóndele a tu amo como se debe», me tenía a su merced y yo sólo decía «sí señor».

    Colocó su frente sobre mi cabeza y aumentó la velocidad en la que entraba y salía su pene de mí ser, estaba extasiada.

    .Ahora lúcete en la posición correcta perra. .Dijo él mientras me soltaba.

    Obviamente era colocarme de perrito, levantando mi culo y poniéndolo sólo a su disposición para que hiciera conmigo lo que quisiera. Obedecí y acosté mi cara contra el suelo y rozaba la cabeza de su pene en mi vagina, cómo pidiendo que le rogara que me cogiera como le diera la gana y me decía «pídelo» y yo sólo respondía «sí señor, cójame así, cójame duro y hágame suya» y de una sola y cumpliendo las órdenes de una perrita en celo metió su miembro mientras me tomaba de la cintura.

    En ese momento sentí algo de dolor pero no me importaba, mientras más dolor sentía más felicidad y placer me causaba. Parecía una loca, masoquista sedienta de dolor porque eso me causaba placer. Haló mi cabello, quedé mirando hacia arriba con mis labios algo rotos por mis propias mordidas, mientras él seguía ejecutándome, haciéndome gritar está vez, ya no podía contenerme.

    Me seguía penetrando rápidamente mientras me daba nalgadas que retumbaban por toda la sala, hasta que comencé a venirme en un orgasmo que no podía frenar, sentí como si acabara pero él seguía dándome duro y salvaje muy rápido haciéndome tener varios orgasmos seguidos allí mismo dejándome extasiada y llena de placer, lloré y me reí cuando lo hizo, fue tan fantástico que ambos tuvimos el mejor de los orgasmos, sentí como él acabo dentro de mí dejándome toda la vagina llena de su lechita caliente y desbordándose por mis piernas. Estábamos tan cansados que no podíamos hablar, solo recorrió mis labios con su lengua y me besó sonriendo.

    Descansamos un poco y nos arreglamos, salimos sin que nadie nos viera. Mientras seguíamos viendo obras de arte, nos íbamos riendo por lo que había pasado.

    —¿Quieres repetirlo alguna vez? .Susurro en mi oído.

    Sonreí de medio lado y lo único que dije fue… —Quizás.

    A lo cual me dio una pequeña bofetada sin que nadie viera y dijo «se dice, sí señor…».

  • Con mi prima en la playa

    Con mi prima en la playa

    Todo empezó cuando nos pusimos de acuerdo en unos de esos viajes organizados a la playa plan todo incluido.

    Invité a mi hermana y otras dos primas así como ellas invitaron a más chicas.

    Saliendo de la ciudad ya en el camión me tocó sentarme con ella, la llamaré Paola (nombre ficticio) como íbamos entre pura gente desconocida y mi hermana y mi otra prima ellas iban juntas.

    Llegando al hotel, a nosotros 4 nos correspondían dos habitaciones dobles, por lo que mi hermana se fue a uno con mi prima Lola (nombre ficticio) y yo me tocó compartir habitación con Paola.

    A lo que mi hermana me dice no vayas hacer cosas.

    Esto pasó hace 6 años en ese momento yo y Paola teníamos 24 años los dos. Describiré a Paola ella es chaparrita, piernas delgadas, un trasero normal, es de complexión delgada y tiene unas señoras diosas tetas.

    Yo aún estaba normal sin ningún pensamiento fuera de lo común.

    Cuando llegamos al cuarto yo me puse acomodar mis cosas cuando veo que mi prima tira su maleta en medio del cuarto se quita la ropa que traía quedando solo con un top y un mini shorts de licra le dije ‘que pasó’ a lo que me dice ‘tengo calor me daré un baño’ y se metió a bañar, yo me quedé admirado pues a pesar de la confianza nunca la había visto así.

    Después yo terminé de acomodar mis cosas y también me puse en shorts y me acosté a descansar, ya después de un rato sale mi prima en ropa muy ligera de encaje se veía genial y más su tremendo busto.

    Ella es muy friolenta así que no le gusta mucho el frío pero yo tenía el aire acondicionado fue por eso que se me recostó en mi pecho y nos pusimos a charlar estuvimos buen rato platicando que poco a poco nos acercamos hasta que nos dimos un beso pasional después nadie dijo nada y nos quedamos dormidos.

    Así pasó todo ese día. Todo tranquilo.

    Al siguiente día nos levantamos temprano para ir a la alberca y como el hotel era todo incluido empezamos a tomar desde temprano. Para eso las personas del viaje se había puesto de acuerdo para ir a Puerto Vallarta a los antros y mi prima y yo seguimos bebiendo y en la alberca. Después de comer le dije ‘vamos al cuarto para bañarnos y estar listos para la noche’. Cuando llegamos al cuarto yo me quede solo en bóxer y me recosté un rato pues ya andaba borracho y ella se quedó en el conjunto de encaje y se quedó dormida también. Pasó el tiempo y en una me despierta y me dice

    -Primo tengo mucho frío hay que apagar el aire

    A lo que le dije que no, que me abrazara y nos volvimos a quedar dormidos.

    Pasando otro rato me despierta y me dice que tiene frío.

    En ese momento yo me olvidé de todo de que era mi prima de todo, mi estado de borracho solo me dijo es momento de actuar y le dije:

    -Tienes frio eh tienes frío. Ahorita te lo voy a quitar

    Me levanté y me quite el bóxer me lanzo sobre ella a besarla y tocarla ella solo se dejó llevar y poco a poco la fui desnudando hasta que la tuve de frente a mi totalmente desnuda y pude observar esos pechos tan increíbles me lancé sobre ellos parecía becerro me los quería acabar y luego baje a su monte de Venus y mi sorpresa que estaba bien depilado y tenía una cosa tan linda unos labios que solo de verlos daban ganas de correrse le hice buen rato sexo oral hasta que ya no pude más y la empecé a penetrar.

    Le decía ‘con que tenías frío eh’ así estuvimos buen rato el alcohol me ayudaba a no terminar tan pronto luego cambiamos posición la acosté boca abajo y seguía penetrando, ella solo gemía y me decía ‘que más primo dame más. Me moría de ganas que me metieras tu trozo’ a lo que le dije ‘quieres chupar’ pero después de pensarlo me dijo que no, a lo que seguí penetrando hasta que no pude más, le saque la verga y me corrí en sus nalgas. Yo quedé cansado y me recosté y ella se fue a lavar las nalgas, se acostó y nos quedamos dormidos totalmente desnudos.

    Después de un rato yo desperté y me acordé del viaje con los demás a lo que le dije ‘chaparrita vamos ya se nos hizo tarde’ sin pensar nos levantamos a bañar juntos, yo la bañaba a ella y ella a mí a lo que la excitación regreso y lo volvimos hacer bajo el agua yo la recorría con mis labios todo su cuerpo, le acariciaba sus enormes tetas. Le levanto una pierna y la penetró una y otra vez ella solo me agarraba fuerte hasta que solté chorros de leche afuera de su vagina.

    Terminamos de bañarnos y salimos para ir al viaje pero ya era tarde, ya se habían ido a lo que nos fuimos al bar del hotel hasta las 4 AM que fue cuando regresaron los demás nos fuimos al cuarto y llegando se desnuda y me dice ‘primo estoy muy cansada me puedes dar un masaje’. Busque en el cuarto y había aceites esenciales para masajes a lo que le di un masaje de cuerpo completo ella solo disfrutaba hasta que se quedó dormida. Me desnude y me acosté con ella.

    Al otro día en la mañana tocan a la puerta, era mi hermana que nos decía que en media hora bajaríamos a desayunar para ya regresar a la ciudad a lo que nos volvimos a bañar juntos y saliendo le dije ‘prima nos echamos un rapidin’ a lo que accedió y lo hicimos nuevamente. Nos cambiamos y fuimos a desayunar.

    Después de ese viaje solo pasó algunos fajes pero ya nada igual como ese día que pude disfrutar de su cuerpo por tres veces.

    Gracias por leerme fue totalmente cierto.

  • Mi nueva vecina Milf (Parte 5): La perfecta medicina II

    Mi nueva vecina Milf (Parte 5): La perfecta medicina II

    Seguíamos en la cama con Ana, su cuerpo pegado con el mío, mirábamos una película, mientras ella acariciaba mi cabello, mi mano recorría la curva de su cintura y de su preciosa cola. Metí la mano por debajo de su calza, tocando ahora la piel suave y caliente de sus nalgas. Ella empezó a besarme el cuello mientras su respiración se agitaba. Nuevamente mi pene se puso tieso, marcándose en todo su esplendor por debajo del jean. Esta vez, sin retrasos, Ana poso su mano sobre mi bulto.

    —¿Estás listo de nuevo mi amor? —Me dijo. Mientras acariciaba mi bulto.

    —Me pones tan caliente. Ni esta gripe de mierda me llega a dar tanta fiebre como vos —Le respondí.

    De verdad en un segundo mi calentura subió a tope, las ganas de tener mi pene de nuevo, una y otra vez dentro de su vagina, no se sacian nunca. Quería cogérmela toda la noche, aunque sabía que en algún momento mi cuerpo se rendiría por los medicamentos y el doble cansancio que me provocaba estar enfermo. Pero esta mujer hacía que me olvide de todo. Manoseé sus senos con toda intensidad. Ella no dejaba de masajear mi miembro atrapado por ese maldito jean.

    —¡Espera un ratito! —Me dijo. Frenando mis movimientos.

    —Traje algunas cositas para hoy. Regalitos para mi hombre. ¡Esperame acá y ni te muevas! —Continuó.

    Me dio un beso y se levantó de la cama. Yo obedeciendo me quedé quieto esperando por la sorpresa. Tomó su bolso que había dejado sobre mi escritorio y salió de mi habitación. La espera se hacía eterna, pero valió la pena. La vi entrar nuevamente a mi habitación y quedé atónito. Se había disfrazado de porrista de futbol. Pollerita corta negra, que apenas tapaba sus nalgas, medias de red negras y zapatos taco aguja negros. Arriba, una camiseta de Argentina, apretada al cuerpo y cortita, solo un poco debajo del ombligo. Sumado a que se había pintado los labios de rojo, un rojo intenso y delineado sus ojos. Todo a la perfección para que me dé un infarto.

    —¿Te gusta mi amor? —Me preguntó mientras posaba para mí.

    —Lo vi en una foto y me pareció sexy, pero no sabía si algo así me iba a quedar bien a mí. Estaba en duda si ponerme así para vos o no— Continuó diciéndome, mientras se apoyaba contra mi ropero.

    Yo estaba perplejo admirando dicho espectáculo. No me salían palabras para decirle. No creo que hubiera palabra alguna para hacerle saber que mi calentura estaba a tope. Mi pene en cualquier momento atravesaría mi ropa de lo tieso que me había puesto. Tomé mi celular y me dispuse a sacarle fotos. Ella posaba para mí como toda una modelo erótica. Ana comenzó a tocarse lentamente, sus senos, su abdomen bajando hacia su vagina para luego subir y repetir la operación, yo la filmaba mientras disfrutaba al máximo del show.

    —¡No me dijiste si te gustaba o no! —Me volvió a insistir Ana.

    Me desprendí el botón del jean y me baje la bragueta, saqué mi pene afuera, en su mayor esplendor, duro como piedra.

    —¡Me gusta! ¿A vos que te parece? —Le pregunte. Haciendo referencia a mi miembro tieso.

    —A mi me parece que hay algo ahí que requiere atención —Me respondió.

    Me levante. Me acerque a ella que estaba contra el ropero. La tome con fuerza y la coloque de espaldas hacia mí. Acaricié sus nalgas con apremio, mientras que con una mano, sujetaba su cara contra la puerta del ropero. Ana se entregaba a mi sumisión sin protestas, gimiendo con cara caricia que mi mano arremetía en su cola. Con fuerza moderada empecé a darle nalgadas, mi mano abierta asestaba golpes certeros que resonaban en la casa.

    Me agaché y bese sus nalgas, me las comía como un desesperado. Corrí su tanguita e hice lo mismo con su vagina. Ella ya estaba completamente mojada. El gusto era perfecto. No quería dejar de probar su vagina. Ana gemía cada vez más fuerte mientras me agarraba del cabello.

    —¡No aguanto más! ¡Metéme esa pija! —Me dijo entre gemidos.

    Sin tardar me paré, le separé las nalgas, tomé mi pene y fui entrando en su vagina súper mojada. Apreté su cara de nuevo contra el ropero y con la otra mano me aferré a su cintura. Sus nalgas golpeaban contra mi pelvis mientas arremetía dentro de ella. No tardó mucho en avisarme que quería venirse. Me suplicó que la dejara correrse. Tomé su mano y la coloque en su vagina. Mientras yo seguía con mis movimientos, Ana se masturbaba.

    Sentí como un flujo empapaba aún más todo. La cara tensa de Ana pronto empezó a relajarse. Saqué mi pene de su vagina. Besé su cuello mientras ella reía del cosquilleo que le provocó el orgasmo. La puerta del ropero estaba mojada de su transpiración. Caminó hacia mi escritorio, se subió en el llamándome. Me acerqué a ella, le abrí las piernas y volví a meter mi pene dentro de su preciosa vagina. Parecía que mi miembro apenas cabía allí. Estaba mucho más apretada que al comienzo.

    —¡Sé que te dije que no ibas a hacer nada hoy, pero dale otro orgasmo a tu puta, por favor! —Me suplicó Ana.

    —¡Después, de premio, me meto tu pija en la boca para que me des tu leche! —Continuó.

    Sus palabras me desencajaron. Comencé con miedo mis movimientos dentro de ella. Estaba muy caliente ya. El miedo era a no poder aguantar eyacular antes de que se corriera una vez más. Puse toda mi concentración en ello. Mi miembro entraba casi por completo dentro de ella, para luego salir hasta el glande, para luego volver a entrar. Me aferraba a su cintura con fuerza. Mientras Ana gemía tan fuerte, que se escuchaba en toda la casa.

    Puse sus pies sobre mi hombro derecho, su vagina quedó aún más apretada. Sus medias de red se veían tan excitantes forrando sus piernas. Y sus tacos sobre mis hombros, ni hablar. Mis movimientos eran cada vez más profundos. Los senos de Ana, sin brasier, por debajo de la camisetita de Argentina, saltaban al ritmo de mis embestidas. Ya casi no podía aguantar más la eyaculación. Por fin, Ana pronuncio las palabras mágicas “voy a correrme”.

    Su cara se tensó, me apretó dentro de ella, pudiendo sentir nuevamente como todo se ponía mojado de sobre manera. Un largo suspiro fue relajando su preciosa cara. Ella estaba completamente transpirada. Era tan rico verla así. Quite mi pene de su vagina. Ella abrió sus piernas. Ana comenzó a masturbarme. Sus manos calientes recorrían todo el tronco de mi miembro. No aguantaba más. Me entregué a eyacular sobre su vagina.

    —¡Ya quiero darte mi leche putita! —Le dije. Con lo poco que me quedaba de aliento.

    —¡Dámelo acá amor! —Me dijo. Colocando el glande de mí pene en la entrada de su vagina.

    Sentí como los espasmos controlaban mi cuerpo. Chorros y chorros de semen cayeron sobre los labios de su vagina, empapando su tanga que estaba corrida hacia un lado. Cayendo también sobre el escritorio. Mi cara tensa comenzó a relajarse a medida que Ana me sacaba hasta la última gota con sus manos. Su maquillaje estaba corrido completamente por la transpiración. En fin, los dos estábamos hechos un desastre. Tomé una toalla y se la pase. Ella se limpió lo que pudo, yo hice lo mismo luego.

    Parados frente a frente, Ana me beso intensamente. No podíamos creer lo que estábamos viviendo juntos.

    —¡Sacáte eso, vamos a bañarnos!  Le dije.

    Ana se desvistió, quedando solo en tanga y corpiño. Ambos subimos al baño para disponernos a darnos un buen baño juntos…

    —Alexander0022—

     

  • Los socios de mi esposo (2): Don Ricardo

    Los socios de mi esposo (2): Don Ricardo

    Hola a todos, esta es la continuación de lo que sucedió con los socios de mi esposo.

    Luego que don Marcos termina llenándome de su semen, mientras mi marido se encontraba borracho en la misma habitación el mismo y con ayuda de uno de sus escoltas me acompañaron a llevar mi esposo hasta el auto, nos despidió como si nada hubiera pasado, pero luego nos dijo.

    -Yo le explicare a los demás el porqué de su marcha repentina, tranquila Danielita ya tendrás tiempo de hablar con las señoras, cuídame mucho a Carlitos que el lunes lo esperamos muy temprano en el consocio.

    Se me acerco me dio un beso en la mejilla al mismo tiempo que palmoteaba mis nalgas sin que su escolta se diera cuenta.

    Los días pasaron, yo trate de borrar de mi mente aquel episodio, y empecé a disfrutar de los nuevos beneficios económicos y sociales de ser la esposa de un socio de una compañía tan prestigiosa, también aproveche el medio en que ya me movía para impulsar mi empresa de diseño.

    Todo marchaba bien, hice una gran relación con las esposas de los socios, eso sí evitando al máximo toparme con ellos. Todo iba de maravilla mi marido y yo nos amábamos cada día más, el continuaba ascendiendo y yo empezaba a adquirir más fama y prestigio con mis diseños.

    Ya habían pasado dos meses desde el incidente, cuando saliendo del gym luego de hacer mi dura rutina recibí una llamada de un número desconocido, la cual conteste pensando que podría ser una nueva clienta, pero mi sorpresa fue tal al escuchar la voz de don Ricardo.

    -Hola Daniela, hablas con Ricardo Andrade, el socio de Carlos, me tomo el atrevimiento de llamarte primero porque quiero pedirte una disculpa por el incidente tan bochornoso que te hice pasar la otra noche en el club, yo normalmente no actuó de esa forma y espero que me permitas resarcirme por lo sucedido. La segunda es porque te quiero invitar a un proyecto que estamos haciendo en el consorcio para el cambio de imagen de la compañía ¿Dime que piensas al respecto?

    -Doon doon Ricardo ¿qué más como ha estado? Es algo complicado olvidar ese momento tan bochornoso, pero yo decidí hacer borrón y dejar eso atrás, en cuanto a lo de su propuesta, no veo en que les pueda colaborar, lo mío es el diseño de modas.

    -Tranquila mujer entiendo que estés a la defensiva, y yo estoy muy apenado por lo que paso. Pero, permíteme mostrarte quien soy yo realmente, en cuanto a lo del proyecto. Tu esposo te explicara hoy en la noche de que se trata, él es quien me dio tu número.

    -Está bien don Ricardo, siendo así, en cuanto mi esposo me explicare le daré una respuesta, que tenga buen día.

    No se cómo hice para llenarme de valor y contestarle de esa forma pero estaba que moría de vergüenza y nervios de solo escuchar la voz de ese tipo. Llegue a mi casa, me duche y me puse a pensar en la llamada del señor ese ¿tal vez si estaba arrepentido, tal vez los tragos le jugaron una mala pasada como a mí? En fin tome la decisión de esperar a que mi espocito me explicara de qué se trataba la propuesta.

    La noche llego junto con Carlos, lo recibí como siempre con todo mi amor, cenamos y el empezó a explicarme de que se trataba la propuesta. La cual era darle una nueva imagen a la empresa en cuanto a su tipo de ropa en las diferentes áreas, pues querían ser vanguardia en imagen.

    La propuesta me pareció genial en cuanto a lo económico y lo profesional, y aconsejada por mi esposo la acepte.

    -Bueno amor está bien me parece perfecto, acepto.

    -Excelente amor, así estaré un poco más cerca de ti, por lo menos por unos día, mañana mismo vamos a la empresa y hacemos los tramites del contrato. Yo solo te puedo llevar hasta la oficina de Ricardo y acompañarles un rato, pues ya lo de la firma es con el que es el encargado de ese proyecto. Te amoo Daniela Duarte.

    -Yo te amo mucho más.

    Al día siguiente nos organizamos para irnos para el consorcio, yo me puse una camisa de botones de color blanco y un pantalón de lino, el cual me quedaba algo suelto pero, realzaba mi cintura y mi cola, me puse un sostén color blanco con una pequeña tanga también del mismo color. Aunque llevaba un poco de nervios, trate de no demostrarlos y solo pensé en la propuesta de trabajo y en las disculpas de don Ricardo.

    Llegamos al consorcio, mi esposo en su coche y yo en el mío, el me condujo a las oficinas me enseño la suya, eran espectaculares, me dio un pequeño tour por la compañía, para luego llevarme a la oficina de su socio, no quise entrar a las de los otros dos por miedo por lo cual me disculpe diciéndole a mi marido que quería cerrar ya el negocio.

    Al fin entramos en la oficina de don Ricardo, y ahí estaba el sentado en su escritorio, el cual era enorme como su oficina por cierto muy bien decorada.

    -Buenos días, Ricardo ¿cómo estás? Aquí te traigo a la futura diseñadora de imagen.

    -Hombre Carlitos, pero, sigan, sigan. Danielita como haz estado.

    -Muy bien don Ricardo ¿y usted?

    -De maravilla mujer, de maravilla. Pero siéntense ¿desean tomar algo?

    De inmediato llamo a su secretario por la línea y le pidió que trajera un café y a mí me pregunto que si quería tomar algo, yo por cortesía le pedí un té, Carlos dijo por su parte.

    -Ricardo, yo vine a traerte a Dany pero, ya me voy. Tú sabes que debo solucionar lo del hotel en Cartagena, amor quedas en las mejores manos.

    Se despidió del señor luego de mí con un beso y se marchó. Al momento que salía entraba la secretaria con las bebidas, yo tome asiento en una de las sillas, mientras don Ricardo organizaba unos documentos con la chica.

    Estuvieron un momento así, y luego empezaron a explicarme de que se trataba el proyecto, yo entre más escuchaba, más encantada quedaba con mi futuro contrato. La secretaria me pasó unos documentos y un contrato, los cuales me pidió que leyera antes de firmar, yo por mi parte me dispuse a leerlo todo.

    -Bueno Gabriela, ve y sigue con tus labores, mientras Daniela termina de leer el contrato, por favor que nadie nos interrumpa.

    -Por supuesto doctor. -Dijo la chica mientras se retiraba.

    Yo termine de leer todo y me pareció muy adecuado y justo. Por lo cual procedí a firmar.

    -Muy bien Danielita ¿todo perfecto?

    -Todo perfecto don Ricardo.

    -Excelente, me alega mucho que hayas decidido unirte a nuestro proyecto, por otro lado y aprovechando que estamos a solas quiero de nuevo pedirte disculpas por lo sucedido la ves pasada eso nunca me había pasado antes, por eso quiero que me aceptes este pequeño obsequio y me permitas solucionar todo.

    Yo, solo lo miraba, mientras el de uno de los cajones de su escritorio sacaba una pequeña caja y me la entregaba, vaya sorpresa la mía cundo al abrirla aparecía un hermoso collar de diamantes, el cual era precioso.

    -Don Ricardo no debió ponerse en esa, temo que no lo podre aceptar, no sería bien visto ante los ojos de Carlos.

    -No, Danielita no aceptare un no por respuesta, mira que se nota que te encanto, me lo dice el brillo de tus ojos, además solo di que lo compraste y ya. ¿Qué dices?

    -Jaja, está bien, don Ricardo, muchas gracias esta precioso.

    -Pero se te debe ver más precioso puesto mujer, permíteme te lo pongo.

    De inmediato se paró de su silla y se dirigió a mí, tomo el collar, se paró tras de mí, corrió mi pelo a un lado y paso ambas manos con el collar por mi parte de adelante, lo abrocho poniendo sus manos con suavidad sobre mi cuello se acercó a mi oído y me susurro.

    -Se te ve precioso, aunque no se compara con tu belleza, hoy al fin voy a resarcirme por lo que paso la otra noche en el club, como te decía nunca antes me había pasado algo igual con una mujer, es una verdadera lástima que esa ves no hubiera podido penetrarte como te lo merecías, pero para eso estamos aquí hoy, es triste que te hubiera dejado en bandeja de plata para Marcos, el sí se pudo deleitar contigo.

    Yo quede muda y fría y empecé a temblar mientras el pasaba ya sus manos a mi busto y empezaba a zafar el primer botón de mi camisa para apoderarse de mis senos, sobre mi sostén. Instintivamente me pare y me aleje y mirándolo enojada y confundida le dije.

    -¿no entiendo de que me habla, para eso me hizo venir?

    -No te hagas la tonta Daniela, sé muy bien como el viejo Marcos te lo hizo delante de tu borracho esposo y tú lo disfrutaste. Por si no lo sabias en el club hay cámaras en todos lados, ¿quieres ver el video?

    -Ustedes dos son unos cerdos.

    -Tranquila Danielita solo yo se dé la existencia del video.

    -Maldito viejo.

    De inmediato tome mi bolso y me dirigí a la puerta.

    .Tienes dos opciones mujer, una es salir por esa puerta pero de inmediato yo enviare el video a tu esposo y vera la case de zorra con la que vive. Y la otra es que ya que estas ahí en la puerta le pongas seguro, té devuelvas a mí, te quites tu camisa y tu pantalón frente a mí, luego te arrodilles y me des la mejor mamada que has dado. ¿tú decides?

    Yo medio abrí la puerta, pero mis lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas, pare un momento, y lentamente cerré de nuevo la maldita puerta y puse el seguro. Me devolví, tire mi bolso a un costado y sin mediar palabra empecé a quitarme la camisa botón por botón.

    -Eso esa mejor Danielita.

    Me dijo mientras de desabrochaba su pantalón y lo dejaba caer para luego quitarse su saco y su camisa, sus bóxer y quedar totalmente desnudo, yo termine de quitarme la camisa, zafe mi correa, desaboce el botón, baje mi cremallera y cuando me disponía a bajar mi pantalón, me ordeno que lo hiciera de espaldas para deleitarse con mi culo. Me gire e hice lo que me pidió quedando solo con mi pequeña tanga blanca y mi sostén.

    Sentí como se acercó a mi puso sus manos en mis nalgas y besándome el cuello me giro de nuevo, me miro de arriba a abajo, para luego poner sus manos en mis hombros y hacerme inclinar.

    -Vamos mujer haz lo tuyo, chúpamela

    Yo trague un poco de saliva y mire su verga, era enorme y estaba a punto de estallar. El me tomo del pelo y me guio a su pene.

    -Vamos Danielita abre la boquita y trágatela toda, lo vas a disfrutar, dale y quiero que me mires mientras me lo mamas.

    Puso su enorme verga en mis labios, yo la tome con una de mis manos y mientras lo miraba con lágrimas en mis ojos, abrí mi boca y la metí lentamente hasta la mitad, luego empecé a mover mi lengua sobre su glande y con la mano acariciar sus huevos y parte del tronco de su pene. El solo cerró sus ojos, y empezó a emitir pequeños quejidos de placer. Yo por mi parte solo quería que acabara rápido.

    Luego lo saque de mi boca y baje hasta sus testículos y los chupe para subir por todo su tronco y meterlo de nuevo a mi boca, lo lamia jugaba con él, mientras lo miraba.

    -Uffff, si si que rico la mamas mujer mmmm

    Presiono su mano y me hiso tragar casi todo su pene mientras empezaba a mover su pelvis metiendo y sacando cada vez más rápido, de repente sentí como pego un quejido y dejo derramar todo su semen dentro de mi boca, yo intente retirarme, pero no lo permitió con sus manos.

    -Ahhh siiii, que rico, trágatela todaaa.

    Yo llena de asco, no tuve otra opción que trágame todo su esperma. Luego que descargo todo en mi boca me soltó yo solo puse mis manos en el piso y empecé a toser casi que a vomitar.

    -¿Por qué hizo eso maldito?

    -Jajaja, acaso no te gusto Daniela, jajaja.

    -Obvio no, ¡qué le pasa?

    -No te preocupes mujer, aún no hemos terminado. ¡Párate!

    Yo lo mire con enojo y asombro, me puse de pie, esta vez con la cabeza agachada y limpiando mi boca. Él se me acerco, tomo mi mentón, alzo mi cara y me llevo hasta su escritorio, se retiró un poco y me miro de arriba abajo y dijo.

    -Mira nada más que mujerona, que bien lo chupas, eres perfecta, que clase tienes verte así en tanguitas y sostén es suficiente para que se me pare de nuevo, ahora vas a saber lo que es un hombre.

    Se acercó de nuevo, su pene ya estaba creciendo, me recostó contra el escritorio, puso sus manos en mis mejillas e intento besarme, yo no le correspondí, algo que no le importó, beso mi cuello lamio mi oreja mientras con una mano zafaba el broche de mi sostén con éxito. Lo quito dejándome solo con el collar y mis tangas y empezó a chupar y masajear mis senos, los lamia y mordía tan sube que hizo que se me pusieran duros.

    Yo cerré mis ojos y mordí mis labios para no emitir sonidos de placer, él se deleitaba de placer con mis tetas, continuo besándome y chupeteándome y luego empezó a descender por mi vientre hasta llegar a mi ombligo, yo apoye mis manos sobre la mesa he incline mi cabeza hacia atrás, llego al borde de mi tanga, tomo las tiritas de los lados con sus manos y las fue bajando lentamente hasta mis tobillos yo solo alcé mis pies para que las sacara.

    -¡Qué cosa más hermosa y bien cuidada mujer! Y mira estas empapadita ya.

    Beso mis pantorrillas y ascendió por mis muslos, con sus manos fue abriendo mis pierna, mientras lamia mi entrepierna, para luego clavar su lengua en mi vagina se parando mis labios de un lengüetazo que llego hasta mi clítoris, empezó a chupármela, hasta hacerme acostar sobre el escritorio, algo que causo que yo instintivamente abriera mis piernas, con lo cual pudo meter cada vez más profunda su lengua, yo solo suspiraba.

    Yo ya estaba a punto de estallar con un orgasmo y movía mi cadera al compás de sus lengüetazos, saco su lengua de mi vagina, la llevo a mi ombligo, subió a mi estómago, beso mis tetas las estrujo con sus manos, me chupeteo el cuello y me beso la boca, esa ves correspondido. Luego metió uno de sus dedos en mi boca, y llevo la otra mano hasta mi clítoris. Yo me incline un poco para ver que iba a hacer y vi su pene totalmente erecto cerca de mi cosita ya muy lubricada, lo mire a los ojos esperando su siguiente paso.

    El me miro, sonrió, y me halo de las caderas hacia él, yo solo abrí más mis piernas. Tomo su pene con una de sus manos y lo guio hasta la entrada de mi vagina, allí empezó a rozar mis labio con su glande, puso su otra mano en uno de mis seno y me pregunto en forma burlona.

    -¿Quieres que te lo meta hasta el fondo Danielita?

    Yo lo mire llena de morbo, tome la mano que tenía en mis tetas, para ayudarme a sentar, con mis piernas rodee su cintura, acerque mi boca a su oído y le dije.

    -Obvio siii.

    Luego con una de mis manos tome su pene y lo guie lentamente hasta la entrada de mi vagina he hice que fuera entrando poco a poco, sentí como su enorme pene se abría paso por mis paredes vaginales, y con cada centímetro que avanzaba sentía la gloria.

    -Ufff, siiii obvio siiii, eres un maldito Ricardo.

    El me acostó de nuevo en el escritorio, se inclinó sobre me beso al mismo tiempo saco su pene y luego me lo metió de un solo tajo, yo con mis uñas arañe su espalda y gemía de placer.

    -Ahhh, ahhh siiii siiii

    -Ves de lo que te estabas perdiendo mi zorrita perfecta

    Sus embestidas eran cada vez más fuetes tanto que la mesa empezó a correrse con nosotros. Así estuvo por unos minutos para luego ordenarme que me pusiera en cuatro, yo me acomode con mis pies en el piso i mis codos sobre el escritorio, él se paró tras de mi puso sus manos en mis nalgas las masajeo, yo pare mi colita para que me lo metiera con facilidad.

    -Mamacita ese culo se merece una estatua

    Sentí como empezó a besarlo y lo abrió lentamente con ambas mano y me dio un lengüetazo que me hizo escaramuzar jugo con su lengua des de mi vagina hasta mi culito, luego sentí como se paró acomodo su tronco en mi vagina y me lo indio de nuevo esta vez despacio y luego rápido con sus manos manoseaba mis tetas y las apretaba con cada embestida.

    -Mmmm mmmm mamacita, zorra deliciosa

    Todo iba en la gloria la verdad, yo estaba hecha nuevamente una perra con otro de los socios de mi esposo. Pero, la dicha acabo cuando sentí como el sujeto con uno de sus dedos empezó a intentar penetrar mi ano, yo lo apreté instintiva mente, ya que nunca me lo habían metido por ahí a pesar de las ganas que le tenía mi marido.

    Empecé a mover mi cadera para que se viniera en mi vagina a paso que yo tenía un orgasmo, él puso su mano en mi cabeza me apoyo contra la mesa y metió su dedo a la mala en mi culo.

    -¡Ayyyy nooo por favor Ricardo por el culo no!

    -Te lo voy a partir Danielita.

    Y con un de sus manos me dio un azote en mis nalgas que me dolió y dejo marcados sus dedos saco su pene de mi vagina y seria tanta sus ganas de metérmelo por el culo, que cuando lo puso en la entada de mi huequito, se vino a chorros de semen,

    -Mierda puta madre ves lo que causas con tu culazo.

    Dejo mis nalgas llenas de semen y s retiro algo ofuscado. Yo aproveche para recoger mi ropa, vestirme y salir de ese lugar.

    Continuará…