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  • Primer encuentro e inolvidable, inolvidable por opción

    Primer encuentro e inolvidable, inolvidable por opción

    Isabel y Nelson se podría decir que si la tecnología no hubiese intervenido nunca podría relatar lo que les diré, ella buscando una fantasía y él centrado en su trabajo, con un interés mínimo en tener sexo, a menos que este sea épico. Pero ya en pleno siglo XXI la tecnología es parte del mundo y allí es donde converge esta historia, o al menos el comienzo.

    Isabel charlando con Nelson parecía que fuesen amigos de la vida, la conversación se daba natural, sin pretensiones, Isabel siempre supo que Nelson no era un perfil para su fantasía lo que la distensión se dejó estar, pero somos humanos, las ideas y gustos pueden cambiar cuando las cosas se dan naturalmente.

    Como puedes imaginarte terminaron juntándose, siempre sin pretensiones, pero son adultos y ambos sabían que todo podía pasar, lo que siempre tuvieron claro es que sea lo sea mal no lo pasarían.

    Conversando ya en un bar, compartiendo, con las miradas y el coqueteo ya era obvio que no se quedaría en conversar, luego de unos besos y caricias el camino era claro, 4 paredes, una cama y las ganas de follar, porque lo que pasaría en esas 4 paredes está lejos del sexo que le haces a tu mujer después de la noche de bodas.

    Ya estando en el motel Nelson deja ver que quiere tomar el control en primera instancia y le dice a Isabel: ‘Dime, quieres que este momento lo recuerdes como uno más, hacer lo de siempre, tirar, posiciones, etc. o quieres recordarlo?’.

    Isabel no esperaba ello, no es usual pero extremadamente excitante y dice, ‘quiero recordarlo toda mi puta vida’.

    Nelson sonríe y dice, ‘entonces hazme caso y solo déjate llevar’. Se acerca, le da un gran y apasionado beso mientras sube sus manos y le venda los ojos, dejándola de pie, vestida y con una sensación encontrada entre miedo y excitación. Nelson comienza a desvestirla lentamente, mientras le dice lo caliente que esta y las ganas de tener ese cuerpo, sigue desvistiéndola sin tocar nada de su cuerpo hasta dejarla desnuda a lo que Nelson le dice ‘una de las cosas que más une y hace más rico un encuentro es cuando te expones 100%’ y comienza a rozar su cuerpo con sus dedos, pasando por su cara, su cuello sus pechos, su cintura para luego centrarse en sus pezones, dando pequeños apretones suaves para luego pasar su lengua. Isabel excitada sin saber que hacer intenta tocar a Nelson pero este le dice ‘ya será tu turno de conocerme…’.

    Y sigue así, Nelson tocando y lamiendo su cuerpo, tocando su sexo, sentir su humedad, tocar, estimular el clítoris hasta sacar un primer gemido, dejando de hacerlo para invitarla a la cama, recostándose de espalda, aun vendada, caliente y ya con ganas de tener algo adentro, mientras lo está pensando siente un aceite por su cuerpo, y las manos de Nelson no tardaron en llegar, masajeando sus pechos para luego centrarse completamente en su sexo, con dos dedos abre su vagina liberando el clítoris para acercarse y empezar a lamer de forma lenta, suave pero con intención, un tiempo así entre su clítoris, penetrarla con la lengua, pasar la lengua desde su ano al clítoris para luego invitar a sus dedos y lamer con sus dedos al interior.

    Luego Nelson para, y le dice a Isabel ‘quizás después de hoy no te vea más, por lo que no tengo tiempo para conocerte tan bien sexualmente, dime, como te gusta que te hagan sexo oral, que presión, un dedo está bien? Quieres más atención en tu ano?… Quiero que esta sea tu noche…’. Isabel le dice y Nelson continúa con estos tips llegando Isabel pronto a gemir más y más hasta llegar a acabar en la boca de Nelson, gimiendo como puta y pensando… la noche recién comienza…

  • Mi adolescencia: En casa con el albañil

    Mi adolescencia: En casa con el albañil

    Hola como están. He vuelto a escribir, y a contarles algunas de mis historias de adolescente, como muchas de ellas, sucedieron en el barrio donde vivían mis abuelos, que era donde yo pasaba más tiempo.

    Vuelve a recordarles como soy, mi nombre es Claudia, soy delgada, cabello ensortijado y negro, piel blanca que como era verano estaba algo dorada por el sol, ojos marrones, mis medidas 1,65 de altura y mis medidas 92-57-90 y muy buenas piernas. Durante mi adolescencia y a medida que fui creciendo, tuve en claro que mi manera de ser dulce, tierna, mimosa y sensual, no pasaba desapercibida para los hombres y que a medida que fui creciendo me atraían más los maduritos que los chicos de mi edad, así que esta historia recorre los mismos carriles.

    Todo esto sucedió en el mes de enero. Un sábado que iría a casa de Sandra porque iríamos con mis amigos y sus padres a la pileta, fui a despedirme de los abuelos que estaban con un albañil arreglando las condiciones de trabajo de unas ampliaciones y pintura que se iba a hacer en la casa. El albañil se llamaba Oscar y estaba con un chico Nico de unos 20 años que era su ayudante.

    Llevaba mi cabello recogido, una solera de fondo blanco con florcitas celestes, sin breteles y sin mangas, muy ajustada hasta mi cintura con la que se veían algo de mis senos y algo más suelta de la cintura para abajo que terminaba en una minifalda unos 10 cm por sobre las rodillas y unas sandalias tipo ojotas también en diversas tonalidades de celeste.

    Sucedieron las presentaciones de rigor, Oscar tenía unos 40/45 años y Nico 20, pero en ese momento solo tuve ojos para él, alto, muy bonito y dulce, estuve solo 2 minutos con ellos pero fue lo suficiente para “enamorarme“ de él. A la noche cuando volví a casa me enteré que ellos empezarían el trabajo en un par de días ya que antes no podían.

    Una semana después comenzaron los trabajos en casa, cuando llegaron se pusieron a trabajar yo salí a hacer las compras del día tenía mi cabello suelto, sin maquillaje, una remera de mangas cortas rosa pálido muy ajustada y con escote cuadrado y pronunciado que dejaba asomar mis senos y el borde de mi corpiño fucsia y jean celeste que marcaba mi cola paradita, indudablemente mi ropa causaba estragos porque recibí una buena dosis matinal de piropos, pero yo solo en mis pensamientos tenía en mente a Nico.

    Cuando volví a casa almorcé con ellos y charle mucho con Nicolás, me gustaba mucho estar con él y charlar y demostrar mi interés por él e intentar tener una cita. Así como al pasar me dijo que podíamos ir un día a que yo le ayudase a comprar una PC parecida a la que yo me había comprado recientemente.

    Al día siguiente y como para incentivarlo a obtener una cita con él, me vestí de manera un tanto insinuante, cuando tocaron timbre, me di los últimos retoques y salí a abrir la puerta, llevaba un short de jean lavado muy corto y ajustado y una remera tubo negra que mostraba algo de mis senos, en la puerta estaba solo don Oscar al que se notó en sus ojos su cara de agrado por mi recibimiento y se clavaron en mis senos expuestos a su mirada, lo hice pasar y caminé delante de él y podía sentir que tenía sus ojos clavados en mi cola. Mientras caminaba, le pregunté si quería tomar unos mates conmigo, y de paso esperaba la llegada de Nico.

    Fui la habitación que estaban arreglando me senté en una banqueta y comenzamos a tomar mates e instantes después casi como al pasar dije:

    C- ¿Nico viene más tarde?

    O- No Nico se fue de vacaciones esta semana con unos amigos, salió anoche

    C- Hablamos de todo… pero no me dijo que se iría de vacaciones

    O- Y… él es así

    C- … ¿Así como?

    O- Mira yo veo que a vos te gusta y se llevan bien, que charlan mucho, pero no te ilusiones con él… a Nico no le gustan mucho las chicas…

    Hubo un silencio sorpresivo de mi parte y pasado el estupor dije:

    C- ¿Es gay?

    O- Si…

    Tocaron el timbre era Andrea y entre los 3 seguimos la mateada sin volver a tratar el tema. Ya a solas le conté a mi amiga lo de Nicolás y ella se sorprendió también.

    Esa tarde como no había pileta todos mis amigos y amigas vinieron a hacerme compañía, nos pusimos a tomar mate y yo empecé a mirar a Oscar, estaba buenísimo, alto, morocho, lindo, de aspecto masculino y varonil, ojos oscuros de mirada penetrante, cabello negro con algunas canas que asomaban dándole un aspecto más señorial, barbita de un par de días, corpulento y musculoso, de sonrisa dulce, con dientes muy blancos, al darle el mate note que sus ojos se clavaron en mis senos ya que mi remera y mi falta de corpiño permitían ver un poco más mi cuerpo en profundidad. En un momento, sus ojos miraron los míos, vi cierto rubor en su rostro y yo sonreí como diciendo “me gusta que me mires”, al volver donde estaban mis amigos me fui moviendo mis caderas intentando que Oscar quedase hipnotizado por ellas, estaba empezando a coquetear con él

    Mis amigos se fueron antes de llegar mis abuelos y cuando pensaba quedarme sola con él se acercó para decirme:

    O- Señorita, yo…

    Lo corte diciendo:

    C- Me llamó Claudia, así que llamame por mi nombre y tutéame porfa, así yo también lo hago con vos

    Me dijo que se iba antes porque debía ir al médico.

    Al día siguiente estaba en casa esperando la llegada de Oscar, cuando el timbre sonó sentí estremecer mi cuerpo, lo hice pasar y lo saludé con un beso en la mejilla lo cual lo sorprendió.

    Fui con el mate y unas porciones de torta que había hecho, antes de salir me miré al espejo, y me cambié de ropa, iba a estar sola con él y decidí usar algo más sexy llevaba mi cabello suelto mis labios con un rouge rosa pálido un top negro con poco escote, apenas insinuaba los comienzos de mis senos, pero muy ajustado de manera que insinuaba la redondez de mis senos y lo parado de mis pezones excitados por Oscar, el top dejaba a la vista mi vientre, y un short deportivo chiquito y ajustado que marcaba mis paradas nalgas.

    Cuando fui a su encuentro, llevando las cosas del mate, intente mirar de reojo su actitud al verme así, creo que se le caía la baba, pero como era serio, formal y respetuoso, intento disimular la situación pero yo sabía que íntimamente empezaba a seducirlo de manera dulce… como a mí me gustaba… me ayudó con la bandeja mientras sus ojos se clavaron en mis senos, entonces a modo de disculpas dije:

    C- Perdón por la tardanza pero se me cayó aceite y me ensucié la ropa que tenía puesta, así que me puse lo primero que encontré

    O- Sos muy linda así que todo te queda bien

    C- ¿En serio te parezco linda?

    Él se sonrojó y dijo:

    O- Por supuesto.

    Como para aplacar un poco mi seducción extendí el plato con la torta y dije:

    C- Servite la hice anoche

    Probó un bocado y dijo que estaba espectacular.

    Mientras charlábamos de cosas intrascendentes decidí que era el momento de conocernos más y empecé a preguntar de su vida

    Oscar tenía 42 años, era viudo desde hacía 7 años, que tenía un hijo adoptado de 9 años, se había dedicado a criar a su hijo solo ya que no estaba en pareja, que su hermana se había ido de vacaciones y se llevó a Matías con ella, pero que lo extrañaba mucho.

    C- Me imagino… no debe ser fácil estar sin él y él ¿sabe que es adoptado?

    O – Si se lo fuimos diciendo a medida que fue preguntando, como nos dijo la psicóloga

    C- Me gustaría conocerlo… ¿no tienes una foto de él?

    Me la alcanzó y dije:

    C- Ayyy que hermosura, es divino me lo comería a besos

    O- Si es muy buen chico, la madre estaría orgullosa de él

    C- Y con quien se queda cuando vos vas a trabajar

    O- A veces con mi hermana a veces solo, lo mira una vecina

    Y creo que para cambiar el tema dijo:

    O-¿Y vos Claudia que haces?

    C- Y yo el verano lo paso en casa de los abuelos estoy mucho aquí porque crecí en este barrio, y la mayoría de mis amigos son de acá, estudio soy buena alumna, me recibo este año quiero ser docente y no tengo novio.

    O- ¿Y cómo es eso?

    C- ¿Qué cosa?

    O- Que siendo tan dulce y tan bonita no tengas novio.

    C- Será porque no me gustan los chicos

    Oscar me miró entre sorprendido y absorto y yo al darme cuenta de lo que dije intente solucionarlo

    C- Ay no, no, no, no me mal intérpretes, quise decir que los prefiero algo más grandes que yo porque me siento mejor… los chicos de mi edad son… que se yo… chiquilines, yo voy muy de vez en cuando a bailar, me gusta pasear, caminar abrazada a la persona que quiero, que me mime y me proteja y los chicos de mi edad todavía no son así.

    O- Si en realidad no sos como la mayoría de los chicos de tu edad, sos más madura que la mayoría de los de tu edad, me gusta tu manera de ser.

    Supuse que era el momento y dije:

    C- Me ayudas a llevar las cosas adentro

    Dejamos las cosas en la cocina, él se estaba por ir, y yo por supuesto no deseaba que sucediese, entonces dije:

    C- ¿Queres una gaseosa? Sentate, quiero preguntarte algo

    Hubo unos instantes de silencio y yo dije:

    C- Me dijo el abuelo que terminas el trabajo este fin de semana

    O- Si… de no medir ningún imprevisto

    C- Oscar quiero proponerte algo, desde que hablaste de él me quedé pensando mucho en Matías y si queres en lugar de dejarlo solo en tu casa yo podría ir a buscarlo, cuidarlo, jugar con él, prepararle la comida, salir a pasear.

    O- No puedo hacer eso, no puedo complicarte la vida

    C- Si me ofrezco es porque Matu no me complica la vida porque es lo que deseo, deseo ser algo así como una madre sustituta para él y la novia del papi.

    Oscar se quedó impávido y cuando reaccionó dijo:

    O- Estás loca puedo ser tu padre

    C- Estoy caliente por vos quiero que me cojas, que me hagas tuya y si vos decís que puedo ser tu hija entonces yo te pido que me cojas papito

    Él se levantó de la silla como para irse y dije:

    C- Mira mis pezones, se pusieron duros, están excitados por vos, te deseo y vos a mí también, me miras los pechos… la cola… tus ojos me miran con deseo, haceme tuya, muero por sentirte dentro mío.

    Su resistencia sucumbió, mis manos rodearon su cuello, sus manos tomaron mi cintura desnuda, nos besamos con pasión, nuestras lenguas se unen, sus manos bajan por mi cuerpo hasta tomar y acariciar mis nalgas, para que luego su boca bese mi cuello. Me lleva al sofá del living, se sienta, yo abro mis piernas y me siento encima de él, me sube el top dejando libres mis senos y mis pezones muy erectos.

    Los acaricia, los masajea, mi boca es un concierto de gemidos y suspiros y dije:

    C- Tómalos mi amor son tuyos

    Su respuesta a mi pedido fue inmediata, su boca los lamió, los besó, los mordió con pasión, mi boca gritaba de deseo, estaba muy excitada, sus besos en mis senos me enloquecían, mucho más aun cuando mi sexo comenzó a sentir la dureza de su pene y la humedad de mi vagina, yo estaba muy excitada, tomó mis pechos entre sus manos y besó mis pezones, yo grite y dije entre gemidos

    C- Siii, así mi amor… ahhh… me estas volviendo loca

    Su boca siguió hurgando mis tetas, las succiona fuerte y con desesperación, lame mis pezones a punto de estallar los sigue mordisqueando y lamiendo, su boca se adueña completamente de mis senos, el placer que siento es extremo, sigo gimiendo, siento que estoy por llegar al orgasmo… y no me pude contener mi cuerpo se convulsionó violentamente, nos besamos apasionadamente, Oscar se reclinó en el sofá llevándome con él mi cuerpo seguía agitándose mientras su mano por sobre el short se deslizaba por mi cola.

    Cuando mi cuerpo volvió a estabilizar sus sentidos, me hizo parar, mis shorts no podían disimular mi orgasmo, me los bajó, llevó su boca a mi vagina y en medio de mis gritos de placer lamió y succionó mi orgasmo, luego sube por mi vientre con besos y lamidas y sus manos sujetan mis nalgas y yo lo interrumpo y dije:

    C- Vamos a mi habitación quiero que me poseas allí, nunca lo hice en mi cama

    O- Lo que vos quieras princesa, pero… si viene alguien

    C- Cerré la puerta con llave y la deje en la cerradura… nadie va a poder entrar sin que yo vaya a abrir…

    Entre en mi habitación me saque el top y ahora si estaba completamente desnuda, el me miró y dijo:

    O- Sos lo más hermoso que vi en mi vida

    Me echo en la cama, él sobre mi cuerpo, su boca besó mi vagina y sus besos fueron subiendo hasta mis senos… los lame… los besa, mientras yo me retuerzo bajo su cuerpo ya desnudo pudiendo sentir su pene de buenas dimensiones erecto y deseoso

    O- Ay… mi chiquita… estoy loco por vos… quiero que me chupes la pija

    C- Si papito lo que vos quieras

    Lo beso y bajo mi lengua por su cuerpo, su cuello, su torso hasta llegar a su pene, empiezo a chupárselo metiendo y sacando su pene de mi boca, gemía placenteramente, sentí su pene endureciéndose más y más dentro de mi boca; luego lo saco, lo lamo hasta llegar a la base, acaricio suavemente su pene con mi mano, lo masturbo un poco y vuelvo a lamerlo hasta llegar a su rosado glande. Oscar está muy excitado. Vuelvo a introducirlo en mi boca y lo chupo desesperadamente excitándome sus gemidos, deslizo mi lengua por su glande, lo vuelvo a meter en mi boca, lo succionó casi con desesperación hasta lograr mi objetivo, su cuerpo se agitó y su pene comenzó a lanzar torrentes de cálido semen. Oscar gemía y acariciaba mis cabellos y yo me sentía feliz por verlo así deseando estar conmigo y que fuese su mujercita placentera y complaciente.

    Pasó un rato entre besos, abrazos y caricias y entonces dijo:

    O- Ahora te voy yo a comer esa conchita hermosa

    C- Si mi amor cómeme toda

    Estaba loca, Oscar superaba todo lo imaginable. Me recosté en la cama, sus labios se depositaron en mi sexo y besó mi vulva, abrió mis labios vaginales con una mano mientras la otra estimulaba mi vientre, su maravillosa lengua se apodera de mi clítoris con suavidad dándome el mayor de los placeres, no paro de gemir, su ardiente lengua entra en mi vagina, mientras mis manos acarician mis senos con mis pezones duros como una piedra y yo gemía y gritaba

    C- Ayyy así seguí… así papito… me volves loca… te deseo

    Su lengua ingresa cada vez más adentro de mi vagina, mis gemidos son cada vez más intensos, mis manos aferran la sábana de mi cama, el placer invadía mi cuerpo. Siguió así un poco más, chupa profundamente mi clítoris y mi cuerpo no soportó más estallando en cientos de convulsiones, mientras su lengua saboreaba mi orgasmo. Nos besamos apasionadamente su lengua en mi boca me hizo sentir el sabor de mi sexo

    O- No solo sos hermosa princesa, sos increíble en la cama, ahora quiero que me montes, quiero ver a pleno tu carita de gozo cuando me coges

    Me tomó de las manos me jaló hacia él me llevó al escritorio que había en la habitación corrió la silla, se sentó en ella y dijo:

    O- Ahora quiero que me cojas

    Se sentó en la silla, antes de montarme besé y lamí su pene, Oscar juguetea con mi cabello y gime con mis lamidas, me paro abro mis piernas y me siento sobre él, antes acomoda su pene para que yo me siente sobre él, tenía mi vagina empapada con lo cual su pene entró fácilmente. Comienzo a moverme haciendo que su pene ingrese más en mi vagina, y que la recorra por completo… no paro de gemir… vuelve a invadirme el placer. Oscar me lame las tetas y muerde suavemente mis hinchados pezones

    O- Seguí así, princesa, me gusta como coges

    Era maravilloso tenerlo así entregado a mi… podía sentir su pene hasta lo más profundo de mi cuerpo, me toma de las caderas sin sacar su pene de mí y me lleva sin sacar su pene de mi cuerpo y me tumba en la cama, y una vez en posición él empieza a moverse penetrando mi vagina, ahora es él el que tomando el comando, nos besamos apasionadamente con nuestras bocas y nuestras lenguas.

    Oscar acelera sus movimientos y comienza a penetrarme con fuerza, yo gimo, sus movimientos se aceleran constantemente, es maravilloso, estoy extasiada me siendo en otro mundo, hacia esfuerzos por contenerme, el final estaba próximo y dijo:

    O- Hagámoslo juntos princesa no aguanto más

    Nos besamos con pasión. Esos besos nos encienden y hace que Oscar aumente la intensidad y fuerza en sus penetraciones, dándome un gran placer. Gimo fuertemente mientras mi espalda se arquea, Oscar aprovecha esto para besar y lamer mi pecho, mis hombros y mi cuello mientras con su mano derecha acariciaba mi cuerpo. Podía escuchar entre nuestros gemidos como su cuerpo golpeaba el mío con cada embestida que me daba. Nuestros cuerpos fundiéndose en uno solo en una penetración que me estaba llevando a la gloria por varios minutos.

    O- Ahora muñeca acabemos juntos

    C- Hagámoslo ya, no aguanto más

    Nuestros cuerpos al unísono estallan en miles de convulsiones, su semen invade mi cuerpo, yo cruzo mis piernas alrededor de su cintura, nuestras bocas gimen en sonidos ahogados por interminables y apasionados besos, sus manos acarician mi cuerpo permanecimos así unidos durante varios y largos minutos con su mano acariciando mis nalgas.

    Nos fuimos a dar una ducha rápida, en forma separada yo fui primero mi cuerpo destilaba semen al salir me acosté en la cama boca abajo cuanto Oscar entró me encontró en la cama mostrando mi cola, al llegar Oscar se quedó mirándome y dijo:

    O- Por dios tienes un cuerpo perfecto

    Se sentó en la cama a mi lado, y su dedo índice, recorrió mi pierna izquierda desde mi talón, por toda mi pierna y por una de mis nalgas, el placer que sentí fue enorme al llegar a mi cintura su boca besó toda mi espalda, mi cuello se acostó sobre mí, su pene en la raya de mi cola empezaba a endurecerse, beso mi cuello, mi oreja, mi cuerpo se volvía a estremecer y su boca en mi oreja dijo:

    O- Tenes un cuerpo hermoso y una cola perfecta bendito el que pueda hacerla suya

    C- ¿Porque?… acaso vos no me la vas a hacer… que yo sepa nunca te dije que sea intocable o impenetrable

    O- Eso quiere decir que te la puedo hacer hoy

    C- Mis abuelos llegan entre 2 o 3 horas, si no pensas tardar más… lo podemos hacer hoy… como el dicho no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy…

    O- Supongo que me alcanza el tiempo

    Nos besamos en la boca y empezó a besar y lamer mi espalda pero ahora en sentido descendente, en forma lenta con besos, lamidas, chupones que me excitaron totalmente, sentí su lengua lamiéndome las nalgas, y luego su voz diciendo:

    O- Princesa abrí las piernas

    Obedecí, sentía mi vagina húmeda de placer, me acarició los muslos, con su lengua y luego comenzó a deslizarla por la hendidura de mi cola, fue una locura, sus manos separaron los cachetes de mis nalgas y su lengua entró en mi intimidad, grité y gemí como loca, me retorcía de placer su lengua luego bajo por mi cola hasta adueñarse de mi concha de nuevo, así varias veces su lengua pasaba por mi cola y por mi concha y mi cuerpo tuvo un nuevo y violento orgasmo.

    Colocó su cuerpo encima mío y deslizó su pene como jugando con mi cola, luego tomo mis caderas y me puso en posición de gateo, volvió a separar mis nalgas, pero ahora su lengua se apoderó mucho más de mi intimidad, su legua se apoderó de mi ano, colocó un almohadón bajo mi vientre, mi cola quedo paradita, y su lengua me invadía, en mi mesa de luz había crema y embadurnó con ella mi ano.

    Luego su lengua recorrió nuevamente desde mi ano a mi concha, yo estaba en otro mundo, el placer que estaba sintiendo era inigualable, colocó otra almohada bajo mi vientre, sujetó con ambas manos mis caderas y colocó la punta de su pene en la entrada de mi ano, y dijo:

    O- Princesa, abrí tus piernas lo más que puedas

    C- Si mi amor…

    Aferró mis caderas y sentí como su pene entraba en mi cola, despacio, poco a poco su pene iba entrando en mi cuerpo, hasta que lo tuve todo adentro, no era mi primera vez pero nunca lo gocé tanto, mi cuerpo volvió a tener otro orgasmo, y entonces empezó a recorrer mi ano, su pene entraba y salía, despacio al principio luego sus movimientos fueron más vigorosos, por dios el placer era extremo. Su penetración era delicada como cuidándome, pero firme, hasta que su boca gimió profundamente y sentí su semen recorriendo mis entrañas y mi cuerpo volviendo a tener un nuevo orgasmo. Luego de estar abrazados, nos levantamos, él volvió a su lugar de trabajo y yo a ordenar mi habitación en una hora llegarían mis abuelos.

    Por razones lógicas y como yo era muy absorbente y él muy complaciente su trabajo se extendió varios días más. Yo estaba loca por Oscar, el placer que me había brindado era extremo. Hasta marzo fuimos pareja, yo era una especie de madre para Matu y la esposa de Oscar. Luego con el comienzo de las clases todo se fue distanciando hasta comprender que lo nuestro había llegado a su fin.

  • Luna de miel para ella (Parte 3)

    Luna de miel para ella (Parte 3)

    Era poco más de las 6 de la mañana cuando cruzó la puerta de la cabaña, cuando me vio tirado sobre la cama aun con mi ropa puesta, trató de hilvanar una excusa empezando con un ‘lo siento este lugar es tan maravilloso que no tomé en cuenta como pasó de rápido el tiempo’. La interrumpí y sacando fuerzas dije secamente: ‘¿Te acostaste con él?’.

    Me miró ofendida y casi lista para largar un tremendo discurso de defensa, pero repliqué; ‘Viviana llevamos juntos casi 18 años desde que nos conocimos, sé que eres el deseo de muchos hombres, sobre todo entre nuestros conocidos y jamás te he visto coquetear ni darle lugar a ningún de aquellos que han tratado de seducirte, pero desde que conociste a Philipe, te desconozco; te has mostrado como una mujer dispuesta a la aventura, como si estuvieras hipnotizada por todo lo que él es y representa, por eso no quiero excusas, quiero toda la verdad aquí y ahora’.

    Un silencio se apoderó de ambos por unos segundos, luego más calmada me dijo: ‘No sé qué me pasó, es verdad Phil (otra vez los diminutivos) me tiene embelesada y te entenderé si no quieres perdonarme, porque siempre has sido un buen hombre para mí, un gran esposo y el mejor padre de nuestros hijos, Para mi había sido fácil evadir a todos los que trataban de cortejarme, porque siempre he entendido que solo buscan una aventura de cama conmigo y sabiendo que jamás podían ofrecerme nada más, no daba lado a ninguno de sus atrevimientos. Pero Phil (y dale con el tema) es diferente, tiene mundo, no necesita de mí, puede tener a la mujer que quiere o simplemente puede evitar a cualquiera que quiera acercársele, pero no sé qué pasó. No sé si es este lugar tan mágico, no sé si es nuestra rutina o nuestra monotonía, lo que me llevó a cautivarme con este hombre’.

    Hasta ahora no me había confesado nada, si me estaba haciendo sentir que yo tenía la culpa de haber dejado que nuestro matrimonio se estancara y no hubiéramos agregado magia a la relación. Me sentí mal y dije; ‘Perdona no quería ofenderte siendo tan directo con mi pregunta pero entiende que si supiera que tu…’ y me interrumpió con la peor respuesta que yo quería escuchar: “Si hicimos el amor”.

    Otra vez el silencio en la habitación por algunos minutos… bajó la cabeza, se me acercó y en voz baja me dijo,’ perdóname, sé que me he equivocado, pero solo he vuelto a la realidad al entrar a esta cabaña, estaba en una nube desde ayer en la tarde y no me quise bajar. Sé que mis actos traerán las peores consecuencias para nuestra relación y volviendo a casa, buscaré un lugar donde vivir para no dañar tu vida, tu hogar y a nuestros queridos hijos’.

    Por unos minutos el mundo se me vino abajo, debo reconocer que a veces había imaginado como habría sido ver a mi mujer con algunos de mis amigos, o mi jefe o algún otro hombre de todos los que la han pretendido, y pensar en eso me había causado grandes erecciones que terminaban conmigo gozándola al máximo. Pero ahora que realmente había ocurrido y yo no había visto nada, me sentía impotente. No sé si tenía rabia por lo que ella había hecho o porque antes, yo no me la hubiera imaginado siendo cogida por Philipe.

    Voy a salir un rato lo dije, ahora no puedo hablar con claridad. A pesar de su confesión, no quería perderla, camine un rato por el borde del muelle que tenía la isla, tratando de pensar e hilvanar una conversación con Viviana, pero más que para buscar una solución, quería que me diera detalles de cómo había sido poseída por aquel hombre que hace casi un día atrás no existía en nuestras vidas.

    Volví a nuestra cabaña, los chicos ya habían despertado y tomaban desayuno en el comedor, les pregunté por su madre y me dijeron, ‘está en la pieza durmiendo, parece que no se siente bien porque la sentí llorar’, me dijo mi hija al oído. ‘No te preocupes -le dije- al parecer está en sus días, voy a verla’. Cuando me sintió entrar quiso pararse y salir e inicié esta conversación con ella.

    Yo: Viviana quizás he sido el culpable de las cosas que has hecho, tal vez no he sido tan buen hombre como me dijiste antes y eso te hizo dejarte llevar por los encantos de un hombre que te prodigó más atención y bueno lo que hicieron se dio de manera natural, no quiero perderte has sido mi fiel compañera todos estos años y un desliz no puede destruir todo lo que somos actualmente, y estoy dispuesto a perdonar y superar lo que ha pasado esta noche, pero para mi tranquilidad, me gustaría que me cuentes que fue lo que hicieron y como se dieron las cosas.

    Viviana: Hernando me haces poner en una situación muy incómoda, sé que te hice el daño más grande que se le puede hacer a un hombre, entregándome a otro hombre, sabiendo que estabas cerca. Me siento avergonzada y no creo que me puedas perdonar si te enteras de los detalles de lo que pasó entre nosotros.

    Yo: Al contrario, creo que al enterarme de las cosas, sabré en que he fallado y así corregir mis errores y entonces esto no se volverá a repetir, además ninguno de nuestros cercanos ha visto nada y ni aun nuestros hijos sospechan que haya sucedido algo raro aquí.

    Trate de sonar convincente en mis explicaciones, pero en realidad la morbosidad de saber cómo al fin un hombre había tomado a mi mujer me ganaba, quería saber cómo había cogido ese hombre a mi mujer, lo necesitaba, no para saber la verdad, sino para tener una excitación que me hiciera tomar a mi mujer y hacerle el amor, ojalá mejor que aquel hombre.

    Viviana: No sé, es raro lo que me pides, pero quizás tienes razón, aunque no quiero que te sientas mal, así que prométeme que no me recriminaras lo que voy a contarte.

    Yo: Tranquila la caminata me ha aclarado un poco la cabeza, insisto no quiero perderte y necesito saber en qué pie estoy y como mejoro mi forma de tratar contigo

    Viviana: Bueno déjame contarte…

    Continuará.

  • Mi novio y yo con el Cholo

    Mi novio y yo con el Cholo

    Les platico algo del contexto de esta historia, y de las próximas que estaré subiendo.

    Yo soy un chavo de 28 años, moreno, de complexión un poco robusta sin llegar a ser obeso, velludo, tengo una ‘relación’ (lo pongo entre comillas porque realmente ahora es más sexo que otra cosa) de 7 años con un chavo de estatura promedio, delgado, algo lampiño, blanco, con vello solamente en pubis y en axilas (cosa que me encanta, las axilas peludas).

    Desde hace aproximadamente 3 años hacemos tríos, el cómo empezamos a hacerlos se los platicare en otro relato, pero a continuación les cuento uno de los más ricos que hemos tenido.

    Mi novio, al que llamaremos Francisco, vive en una casa que comparte con una amiga, y con el dueño de la casa, un joven de 23 años hetero que después les contare una excitante historia con él. El caso es que un fin de semana se había quedado solo, ya que su amiga y el dueño de la casa habían salido a su rancho y a casa de sus papas respectivamente, y yo me fui a quedar con mi novio. Fuimos a la tienda a comprar que cenar cuando en la esquina vimos a un grupo de chavos cholos (para lo que no saben que son cholos son personas de aspecto digamos mal vestidos pantalones flojos y vándalos) en especial nos llamó la atención uno en particular ya que se le marcaba el paquete a pesar de sus pantalones flojos, era moreno, aproximadamente de 1.60 delgado con una expansión en la oreja derecha con apenas unos pelos en la barbilla que no le salían bien pero él se los dejaba.

    Fuimos a la tienda a comprar lo necesario y nos éxito verle el paquete, regresamos a la casa hicimos de cenar y cenamos, comenzamos a ver en redes sociales y en aplicaciones de ligue pero no se concretaba nada, estábamos calientes, entonces le dije que fuéramos por unos cigarros a la tienda eran aproximadamente las 11 de la noche, cuando veníamos de regreso a la casa nos percatamos que el cholo que habíamos visto venia por la calle caminando solo, con música en su celular y cuando nos topamos de frente nos vio la cajetilla en la mano y nos pidió un cigarro, mi novio se lo dio se quedó sentado en la esquina de la casa fumando y le dije a mi novio que si le decíamos que si se la mamábamos y él no quería por su aspecto por que podía ser peligroso pero lo convencí diciéndole que nosotros éramos dos y que cualquier cosas podríamos defendernos, el caso es que de lo caliente que avadamos nos regresamos hasta la esquina y le dijimos:

    N: qué onda we que haces.

    C: nada aquí rolándola un rato, esperando a un compa.

    N: que no te gustaría que te la mamáramos.

    Él se rio y contesto:

    C: no soy puto weyes, a poco ustedes si?

    N: si we y nos gusta mamar, si te dejas no te vas a hacer joto solo vas a disfrutar y te vas a venir rico we, no vamos a hacer nada que tu no quieras.

    C: Simón pues porque este we (su compa) se va a tardar un rato todavía, pero sin puterias de besos.

    Le dijimos que estaba bien y nos fuimos para la casa, una vez que entramos el cholo nos preguntó que si no teníamos cámaras escondidas que no quería que lo grabáramos, notamos que se veía como asustado, nos dio la impresión que estaba drogado o algo por el estilo, se tranquilizó y nos pidió otro cigarro y se sentó en el sillón, yo le empecé a tocar el bulto por arriba del pantalón y él se desabrocho el cinto de tela que traía puesto, y subió sus caderas para que le bajáramos el pantalón y ahí estaba una verga dormida, era muy morena, no circuncidada, con una mata de pelos negros abundante y largos, comencé a meterme su verga en la boca aun dormida, metiendo mi lengua en su prepucio para lamer su cabeza la verga le olía a orines a sudor, nada desagradable, era un olor a macho súper excitante, en cuanto al sabor era lo más delicioso saladito, comencé a mamar y él tenía la mirada hacia el techo pronto su verga fue tomando tamaño y creció hasta su máximo esplendor, media aproximadamente 16 o 17 cm, mi pareja me quito la verga de la boca y se lo empezó a mamar con maestría, el solo gemía y decía: – no mames nunca me la habían mamado tan rico, ni mi ruca, le preguntamos si tenía novia y dijo que sí que era más grande que él, nos contó que tenía 19 años y ella 27.

    Tenía un caminito de pelos en el ombligo que fui besando hasta subir a sus pezones, tenía el pecho totalmente lampiño y fui besando sus pezones uno por uno, le dije que se quitara la playera para que estuviera más cómodo, se la quitó y al quitársela se asomaron unos pelos negros y abundante en sus axilas, eso me éxito demasiado, y mientras mi novio le mamaba la verga y sus huevos yo le levante el brazo y le olí las axilas, tenía un olor a sudor como cuando haces ejercicio y no usaste desodorante, me prendió aún más y comencé a chupárselas una a una, después mi novio comenzó a besar su pezones y yo me fui a su verga estaba súper dura, en eso le dije que si se cogía a mi novio pero dijo que no que no quería, y seguí mamando le abrí las piernas y le fui besando las ingles tenían un olor muy rico a sudor pero limpio sin estar sucio y le pase un dedo por el ano y me lo lleve a la nariz para comprobar que estaba limpio y así fue olía a sudor de culito rico, nada fétido, continúe lamiendo sus ingles hasta que baje por sus huevos y le di un lengüetazo en su ano peludo, el solo gimió y levanto las piernas, así que conoce a comerme ese culito de cholo le fue lamiendo el culo y estire a mi novio para que hiciera lo mismo, no hay cosa que me existe más que ver a mi novio mamándole el culo a otro y dicho como sucedido me saque la verga y comencé a masturbarme mientras mi novio le metía su lengua en su culo yo me dedique a mamarte la verga y masturbarme, el cholito gemía de placer y no aguanto más y comenzó a eyacular aventó varios chorros hacia su abdomen algunos cayeron en mi boca y mi novio subió de su culo y comenzó a mamarle la verga para dejársela limpia yo me dedique a recoger con la lengua los que habían,  caído sobre su abdomen, cuando la dejamos limpia nos pusimos de pie y comenzamos a besarnos con los restos de su semen mientras nos masturbábamos y comenzamos a venirnos.

    Cuando nos venimos el cholo se paró y comenzó a vestirse nos pidió otro cigarro y se fue.

    Espero que les haya gustado el relato, si les gusto estaré subiendo más relatos comenten y les cuento cuando me cogí al cholito, este relato es 100% verídico.

  • Con el desconocido en el bus

    Con el desconocido en el bus

    Hace mucho no relato nada, y ¡Vaya que tengo cosas para relatar!

    Como ustedes saben, son una mujer voluptuosa, mi cuerpo siempre llama la atención entre los hombres, pero la atención que me gusta recibir es la de hombres maduros (en edad). En mis anteriores relatos, siempre he culeado (tenido sexo) con hombres que conozco: mi profesor, mi vecino, el abuelo de mi amiga, y el señor que arregló algo en mi casa (conocido de la familia). Pero hoy, quiero relatar sobre el DESCONOCIDO en el bus.

    Necesitaba viajar a un lugar cercano a mi ciudad, a unas pocas horas de allí. Decidí tomar el autobús y sentarme en las últimas sillas de atrás, (que bueno que el autobús iba casi vacío, de esa manera el conductor no haría tantas paradas). Era de noche, aun así hacía bastante calor; yo llevaba un short muy corto y una blusa de tiras con gran escote, además de mi bolso con el cual me tapaba un poco el cuerpo. Se subió un señor de unos 56 años más o menos, empezó a buscar donde sentarse y cuando me vio se hizo inmediatamente en el asiento a mi lado izquierdo (yo estaba junto a la ventana). En ese momento supe que era un pervertido, pero yo no estaba segura de si quería jugar con él o no.

    En los buses aquí en Colombia cuando viajas de noche siempre apagan la luz, noté como justo antes de que eso sucediera, el hombre detalló mi cuerpo de arriba hacia abajo, pero nunca me miró a la cara. Después de pasados unos 15 minutos vi a poca luz que se quitó su chaqueta y la puso encima de sus piernas (eso se me hizo normal al principio, ya que como dije antes hacía mucho calor esa noche).

    Pasaron unos minutos más hasta que sentí que el hombre movía su brazo derecho de un lado a otro (como haciendo cierto masaje), y ahí fue cuando me di cuenta que se estaba masturbando; no quise decirle nada porque desde el principio noté que era un pervertido y mi cuerpo lo calentó, por ello no podía culparlo ni cambiarme de asiento. Sentí como movía su brazo: lento – rápido – lento – rápido, hasta que comenzó a jadear.

    Yo trataba de mirar por la ventana y distraerme para no oír como se venía aquel maduro, pero era imposible, él se tapó la boca con su chaqueta (tuvo que morderla para amortiguar los sonidos) y después lo vi jadeando tanto que supe que ya se había venido; terminó su cometido y no dijo ni una sola palabra; continuamos el viaje, cuando el hombre se dispuso a entablar una conversación conmigo.

    – Hola, ¿cómo te llamas?

    – Me llamo Laura, ¿y tú?

    – Soy Adrián, ¿De dónde eres?

    – De Ibagué.

    – Yo igual.

    Después de eso solo hablamos de cosas triviales, hasta que en un momento él me dijo que yo era muy bonita, y que se había acercado a mí cuando se subió al bus, porque le gusta estar cerca a mujeres que muestren mucho su cuerpo. Me comentó que había tenido 3 encuentros sexuales en el transporte público y que casi siempre con jóvenes de mi edad (que estuvieran dispuestas) a tener relaciones sexuales con él.

    Le dije que me alegraba por él y le pregunté que como hacía cuando ellas pedían un orgasmo, ya que para mí esa es la parte más importante del sexo o del encuentro casi sexual; me dijo que siempre las complacía, y que muchas se comunicaban con él para que les siguiera dando orgasmos. Para mi esta conversación fue muy caliente, ya que a mí estos señores me prenden muchísimo.

    Como estábamos en la oscuridad, decidí tocarme a medida que el relataba todo lo que le hacía a las jóvenes “como yo”. Empecé a tocar ligeramente mis senos mientras él me comentaba que a una de ellas la hizo venir con lo que él denomina “succión” que consiste en chupar y succionar sus pezones (sin tocar el clítoris) para llevarlas al orgasmo. A mí nadie me había hecho algo parecido, así que se pueden imaginar mi grado de excitación. Soy muy sensible con mis senos, me encanta que jugueteen con ellos en el acto sexual.

    El hombre continuó relatando, pero yo ya estaba sumida en el placer. De pronto me dijo que si yo me atrevía a hacer alguna cosa con él porque me veía muy “contenta”. Normalmente me sentiría ofendida, pero estaba a punto de abrirle mis piernas con tal de que él me diera una “succión”.

    Acepté estar a su disposición y me dijo que yo tenía un cuerpo bellísimo, pero que debíamos ser muy discretos. Puso su mano en mi pierna y la subió lentamente hasta llegar a mi entre pierna, donde se entretuvo unos minutos tocándome por encima de mi ropa interior; yo llevaba unas tangas no muy delgadas pero si de encaje, que daban un fácil acceso a mi vagina, la cual se encontraba bastante mojada.

    Mientras él me tocaba, yo empecé a pasar mi mano por su pene, que por cierto se encontraba fuera de su pantalón, era de un tamaño considerable y estaba lleno de semen. Al sentir mi vagina mojada, metió dos de sus dedos en ella; eso de inundó de placer. Corrió mi tanga y me dijo que me haría algo que nunca iba a olvidar, yo lo dejé que hiciera lo que él deseara.

    Empezó a meter y sacar sus dedos de mi vagina de una forma muy rara, nadie me lo había hecho así, ponía sus dedos en forma de “gancho” y hacía que uno de sus dedos me rozara el clítoris; repitió esto varias veces mientras me decía cosas al oído: “Eres una perrita deliciosa” “Me encantan tus tetas” “Tienes muchísimo jugo, déjame exprimirte bien”. Cuando dijo esta última frase, sentía que estaba a punto de venirme, se lo dije e inmediatamente paró su acción. Se me hizo raro pero no me enojé, entonces me dijo que antes de mi orgasmo debía cabalgarle mucho a él, para que ambos tuviéramos placer al mismo tiempo. Yo acepté y enseguida me hizo quitarme la tanga para sentarme en su pene.

    Como dije antes, debíamos ser discretos, por lo que estábamos muy atentos de ver al conductor del bus y a los otros pasajeros (que eran pocos) algunos iban dormidos y otros mirando por la ventana; nuestra ventaja era que íbamos en los últimos asientos de atrás y que aún faltaba mucho tiempo para llegar a nuestro destino.

    Guardó mi tanga en su chaqueta, según él “para el recuerdo” yo nunca le doy importancia a esas cosas. Yo abrí las piernas lo más que pude dentro del pequeño espacio de dos asientos, él se acomodó en la mitad de ellos y yo encima de él. Acomodó mi cuerpo sigilosamente para que mi hueco quedara justo encima de su pene, me mojó un poco más y procedió con el acto. Puso sus manos en mis caderas, mientras yo bajaba lentamente sobre su pene, sentí como ese trozo de carne se introdujo lentamente en mi vagina; estaba caliente y muy mojado de semen; llegó hasta el fondo y empezó el mete y saca, su miembro estaba erecto ya que yo le había proporcionado placer mediante una paja y por supuesto mi cuerpo.

    De pronto, cuando nos encontrábamos en el acto, el bus paró porque una mujer tenía que bajarse. Rápidamente adoptamos posiciones para que no nos descubrieran, yo miré hacia la ventana y él se hizo el dormido. La mujer bajó y el conductor siguió el trayecto, pero con un pequeño inconveniente para nosotros, y es que no apagó las luces. El hombre y yo quedamos desconcertados, ya que sabíamos cómo continuar, yo estaba cabalgando esa verga y no podía permitir dejar mi trabajo a medias.

    Después de unos minutos, y cuando ya nos encontrábamos más cerca a otro pueblo, un joven con una chica (creo que era su novia) se bajaron del bus. En este caso, el conductor apagó nuevamente las luces, y para nuestro alivio, el bus quedó solo con 4 pasajeros, nosotros dos y una señora con su hijo pequeño. Debo admitir que no me siento orgullosa de tener sexo con personas alrededor y menos cuando se trata de niños, pero en casos como estos debo hacer excepciones para complacer mis deseos.

    Viendo que teníamos nuevamente el camino libre, aquel hombre no dudó en que continuáramos con nuestro acto, pero esta vez lo haríamos todo más rápido. Él optó por inclinar ambos asientos hacia atrás para que estuviéramos más cómodos. Se acostó en el asiento y me dijo que ahora yo estaría frente a él, viéndolo a los ojos porque quería ver mi estado de placer durante el acto de “succión”; yo estaba fascinada porque era lo que yo más quería. Me moría por llegar a un orgasmo de esta manera.

    Me senté en sus piernas, mirándolo fijamente mientras él me sentaba junto a su pene (ya que la idea de la succión, es que ese sea el único factor que me lleve al orgasmo) para que no lo introdujera, pero si lo tocara de vez en cuando. Me quitó el brasier y bajó las tiras de mi blusa; tocó mis tetas, una con cada mano y me dijo: “Son tan grandes que no las puedo abarcar con una sola mano, son las tetas más grandes que he comido en el transporte público” Eso me excitó muchísimo, porque así como él, yo tampoco había experimentado lo que estábamos viviendo.

    Pasó de tocarlas a besarlas lentamente, hacía círculos con la lengua alrededor de mis pezones, las besaba y succionaba una y otra vez; su lengua era juguetona y sus manos no se quedaban quietas ni por un momento; noté que quería tocarme la vagina pero se contuvo, para darme placer solo en mis tetas. Me succionó varias veces mientras yo solo podía retorcerme de placer; yo tocaba su pene de vez en cuando, y lo sentía muy duro, tenía miedo de que él se corriera primero que yo.

    Empezó a besarme el cuello mientras tocaba mis tetas y les daba pequeños pellizcos; en este punto yo ya me encontraba al borde del placer. Me decía muchas cosas al oído, que al final se convirtieron en sonidos muy vagos cuando empecé a retorcerme sobre su cuerpo y a pedirle que me succionara más porque ya me estaba viniendo. Sentí como el fuego se apoderó de mi cuerpo, y él solo se limitaba a succionarme los pezones mientras me tapaba la boca con su mano, que por cierto tenía restos de semen y de mis jugos vaginales. Me retorcía más y más y él no paraba de succionarme, hasta que me dijo: “Vente para mí, mi amor” después dio una última succión a mis pezones y no aguanté más. Estallé en un inmenso orgasmo, que si no fuera por su mano en mi boca habría alertado a todo el mundo de la situación. Mis jugos corrían por su entrepierna, mojaban el asiento y también un poco su pene que como dije estaba junto a mi vagina.

    Entre jadeos, sudor y mucho cansancio, pude recuperar el aliento y sentarme nuevamente en su pene; pero esta vez para asegurarme de que él también tuviera su sesión de placer. Me senté bruscamente en su miembro y sentí como su dureza atravesaba mis paredes vaginales; lo que hizo que se me saliera un pequeño gemido que esperé que nadie escuchara; por suerte nadie se percató y seguimos con lo que queríamos terminar.

    Empecé a cabalgar ese bulto que sabía que solo mío (en ese momento), no paré con mi sube y baja hasta que él no se viniera, lo besé, le dije que era su putita, que me llenara de leche, le dije muchas cosas… él besaba mis ya cansados y muy babeados pezones, los tocaba y besaba una y otra vez. Yo seguía diciendo cosas, que esperaba que lo excitaran más. Subía y bajaba por su miembro duro, le movía mis tetas en su cara y repetía una y otra vez que eran todas suyas y que amaba su forma de llevarme al orgasmo.

    Después de unos instantes sentí como jadeaba y se movía casi perdiendo el control de su cuerpo. Me limité a moverme más y más rápido, sin perder el ritmo que le gustaba; de pronto me tomó de las caderas y me dejó completamente quieta para llenarme con su leche caliente y dispuesta solo para mi vagina. Cuando acabó de llenarme, me bajó de sus piernas y me pidió que lo limpiara de todos nuestros jugos.

    Me agaché sobre el piso del bus, abrí mi boca y utilicé mis manos para tomar su flácido miembro que recién había estado en mi interior. Lo masajeé un poco y empecé a pasarle la lengua, lo chupé y succioné tal como él había hecho con mis pezones; lo limpié muy bien mientras él tocaba mi cabello y movía mi cabeza adelante y atrás. Me retiró de su miembro diciendo que podía levantarse nuevo y ya casi llegábamos a nuestro destino. Yo solo sonreí, me levanté y pasé a vestirme. Él escondió su miembro dentro del pantalón, se puso su chaqueta y acomodó las sillas del bus.

    Pasados unos 5 minutos me besó profundamente y me agradeció por darle tan agradable rato de placer, me dijo que valoraba mucho a las chicas como yo, que no discriminan la edad para estar con alguien. Le comenté que igual que a él, a mí me gustaban los encuentros casuales como éste y que no dudara en la calidad de sus métodos para llevar a las chicas al orgasmo. Era un verdadero experto.

    Espero les haya gustado, me gusta contarles mis experiencias y trato de relatarlas de la mejor y más explícita manera posible. Ya saben que podemos hablar por Facebook, el link está en la descripción de mi perfil. Gracias por su atención.

  • Masaje erótico con mi mujer y una profesional

    Masaje erótico con mi mujer y una profesional

    Hace tiempo veníamos hablando con Azul de sumar algún tipo de experiencia más favorable para mi (ya que habíamos realizado dos tríos con el mismo muchacho), por lo cual el último jueves quedamos con una profesional de la materia en masajes eróticos.

    Fuimos a la casa de ella, nos recibió vestida de forma muy sexy y provocativa. Antes de avanzar en los masajes, tuvimos una charla sexual muy copada y estimulante con ella, donde nos dio mucha información valiosa para poner en práctica a futuro.

    Antes de comenzar con los masajes ella le consultó a mi mujer donde quería que le enseñara a practicar los masajes si en la cama o la camilla, lo cual Azul prefirió en la camilla. Acto siguiente Cinthia armo todo, y me dijo que me quite la ropa y recueste boca arriba, lo cual hice casi inmediatamente. Esta situación de estar frente a dos mujeres desnudó y que ellas jueguen con mi cuerpo me provocaba mucho morbo, adrenalina y excitación.

    Una vez tumbado la profesional en la materia me acariciaba los cachetes de la cola y las piernas de forma intencionada mientras charlaba con Azul sin que ella se dé cuenta. Uno de sus primeros movimientos fue tocar mi cola de forma muy sensual llegando hasta el comienzo de mis testículos, le explicaba cómo debía hacer el movimiento una y otra vez. Yo a esa altura ya deseaba que agarre mi pija, pero para eso faltaba todavía. Después de cada movimiento de ella Azul replicaba el movimiento casi a la perfección, por momentos una tocaba por un lado y la otra por el otro, generando una sensación nueva en mi cuerpo.

    Otra de las enseñanzas fue en un momento ir recorriendo con su mano toda mi cola hasta con la mano agarrarme la poronga, y hacer movimientos lentos, también acariciando mis bolas, todo esto con un aceite que lo hacía más placentero, y nuevamente la hembra replica el movimiento de Cinthia.

    Después de varias minutos así, me doy vuelta, con todo mi cuerpo desnudó y caliente para ellas, y veo la cara de placer y picardía de Azul de verme disfrutar, era la primera vez que me veía disfrutar por otra mujer que no era ella.

    Cinthia se frotó las manos con aceite y fue directo a mi pito, y empezó a acariciar y jugar con el, logrando que poco a poco esté más erecto y duro, yo veía como mi esposa disfrutaba de ello, le gustaba verme gozar.

    Había una regla en estos masajes y era que yo no podía eyacular, tenía que disfrutar pero tenía prohibido acabar, algo casi imposible al estar con estas dos hembras manoseando.

    En un momento mientras ambas me tocaban intercaladamente, mi cabeza volada y fantaseaba, deseaba estar vendado y atado, era tanto el placer que estaba recibiendo que no podía quedarme quieto y en varias ocasiones tuve que pedir que hicieran una pausa para no acabar.

    Cin tenía una mano soñada, suave como pocas veces me tocaron pero a la vez un ritmo que me estremecía todo el cuerpo, deseaba con todo mi ser eyacular en su mano. En un momento ella me agarra una de mis manos y me hace manosear sus pechos y del otro lado manoseando los de Azul, era soñado, estaba tocando cuatro pechos (todos para mi) y no cualquier pechos, eran perfectos, grandes, a la medida de mi mano y mi boca, donde los chuparía con mucho placer.

    Varias veces Azul me preguntaba si estaba disfrutando lo que me hacían ambas, yo a esa altura lo único que quería era cogerme alguna, darle matraca hasta acabar como nunca. Mientras le decía que estaba gozando mucho manoseaba su culo, por debajo de su minifalda, y ella me besaba cosa de tener más placer, mientras no dejaban de pajearme entre ambas.

    En un momento le hago una señal como de un beso a mi amada esposa y ella interpreto que yo le pedía unos besitos en mi pito, y casi tímidamente le pide permiso a su competencia, la cual le dice que sea libre de hacerme gozar. En eso Azul se acerca a mi poronga y se la introduce en casi su totalidad en boca, subiendo y bajando, para pasar toda su lengua por mi cabeza, mientras Cinti me acaricia mis huevos y me permite tocar sus pechos y piernas trabajadas. Estaba en un éxtasis total, difícilmente podría cumplir de no acabar, es más sabia que no iba aguantar mucho antes semejante placer y estímulos.

    Realmente estaba en una de las mejores semanas sexuales de mi vida, primero un trio con otro hombre y mi esposa, dos días antes y ahora gozando con dos hermosas mujeres, que se complementaban a la perfección para darme un placer único, nunca sentido.

    Nuevamente tuve que pedir que se detengan porque estaba cerca de terminar, a lo cual Azul hace una pausa, pero la profesional tenía un as en la manga, saco no sé de donde un jengibre (totalmente pelado y con tajos) y me lo empezó a pasar por la cabeza de la poronga, a su vez paso el jugo de este por su mano, se lo acerco a su boca y lo mordió, agarro mi pija y empezó a masturbarme hasta que me la empezó a chupar, lo que ya de por si de solo verlo era muy excitante, no se imaginan lo que produce el jengibre, una sensación de calor insoportable y excitante, sentía que mi chota estaba por explotar, en eso Azul pone su mano en mis huevos, ante semejante combo no aguante más y acaba como nunca, la leche saltaba por todos lados, hacía mucho que no acaba tanta cantidad, al verme eyacular, Azul se acerca y me da el ultimo regalito y me empieza a limpiar la pija con su boca, chupándola y dejándola totalmente limpia.

    ¡¡¡QUE NOCHEEE!!! si bien no garche con ninguna de las dos en ese momento, fue una experiencia única y excitante, una jornada muy diferente a lo que estaba acostumbrado, mucha adrenalina, por primera vez mi mujer me había compartido a medias con otra mujer y ante el miedo de ella de no poder tolerarlo, se sorprendió al sentir mucho placer por ver que yo tenga gozara y tuviera tanto placer con otra mujer que no sea ella.

    Claramente al llegar a casa, la agarre y la cogí bien cogida, estuvimos unos 40 minutos a toda máquina, dándole y dándole, a tal punto que ella acabo en tres ocasiones, ella tuvo su recompensa por darme placer.

    Al terminar la noche quedamos en que esto es solo el comienzo, que próximamente le gustaría verme coger a otra mujer, un rato con ella y otro con la otra mujer, con la condición que solo puedo acabar con ella.

  • Ya soy el puto del equipo (VIII)

    Ya soy el puto del equipo (VIII)

    Domingo por la mañana.

    Cuando no tengo a nadie en día domingo, me lo paso en mi habitación, entre la cama y la play, escribiendo cosas o entrando a páginas porno gais. Me excito, me voy al baño, me pajeo, la gozo y vuelvo a lo mismo. Es por eso que he tomado costumbre de ir desnudo y me encanta ir a lugares donde se pueden realizar actividades desnudo y sobre todo en verano a la playa nudista.

    Mi taita me dice que, antes de salir de mi habitación desnudo en cualquier día de la semana, debo asomar la cabeza por la puerta para saber si está la chica de la limpieza merodeando por allí, no sea que se moleste. Yo siempre le digo que la ponga en el lavado de ropa y ayudándole en la cocina y que busque un chico que quiera trabajar y si es gay mejor, así no tengo que ir preocupándome. Mi taita se sonríe y se calla. Esta idea no es mía, es suya, me lo dijo una vez, pero le da reparo poner un aviso, «Se necesita chico gay». Me río porque igual alguien se podría molestar. Por eso tengo que mirar, pero ya se encarga mi taita de hacer que la chica limpie en otro lugar cuando es mi hora de desayunar. A ella no le molesta, porque siempre me ha visto desnudo. Es mi taita.

    Pero hoy es domingo y la chica, Elisabet se llama, tiene libre y no viene nadie a la casa si yo no invito, así que estamos mi taita y yo. Por eso es en domingo cuando no necesito tener ninguna precaución porque no ha lugar a ello.

    Estoy acabando el desayuno y me voy a la ducha, una paja, una buena ducha y a secarme y vestirme.

    Suena el timbre de la puerta.

    Me sobresalto pensando: «¿Quién llamará a estas horas?».

    Escucho los pasos de mi taita para saber quién es o de qué se trata.

    — Hola, hola, —dice mi taita.

    No escucho bien pero alguien está hablando.

    — Hala, coge todo y súbelo, —dice mi taita.

    Me visto rápido y salgo descalzo a la puerta.

    — Taita, ¿quién sube?

    — Abelardo.

    — ¿Qué quiere?

    — Ahora lo veremos.

    Cuando aparece por la puerta, nos quedamos paralizados como si viéramos un fantasma.

    — Con razón no te conocía por el visor, —dice mi taita.

    Estaba hecho una lástima. Un ojo casi cerrado del todo con una fuerte contusión, el pómulo hinchado, las narices hinchadas y señales de sangre en la boca porque no se la había podido lavar.

    — Ven, Abelardo, mi hijito, ¿quién te ha hecho eso?, —pregunto mi taita.

    — Mi padre, —respondió escuetamente Abelardo, quejándose de la boca por haber hablado.

    — No digas nada, hijo, ¿has comido?

    Movió la cabeza hacia los lados.

    — Mientras tú le haces compañía, yo preparo algo blando para que coma y luego avisaré al médico para ir a emergencias, mal día hoy para encontrar a nuestro médico.

    — Don Fermín, ¿podría venir a casa y traerse un policía?, —había marcado el número de mi administrador que es abogado y me aparté de Abelardo.

    — ¿Qué ocurre?, —me contesta.

    — Aquí tengo un amigo al que su padre le ha pegado una paliza de padre y muy señor mío, parece que incluso algo tiene en el costado porque se queja y le hace toser, —me expliqué.

    — Yo voy en seguida y aviso a la policía.

    Cuando llegó don Fermín, mi taita estaba dando de comer a Abelardo un caldo con cuchara pequeña para que no abriera tanto la boca. Lo hacía con el cariño de quien se siente madre. Cuando acabó de darle todo, noté que el color de cara de Abelardo iba cambiando, no sé si era por la comida o porque se vio rodeado de cariño, lo que me parecía que había desconocido durante toda su existencia. Se había hecho adulto sin saber lo que significaba ser querido y con unos deseos de amar inmensos.

    Llegó don Fermín, lo observó y le hizo preguntas para que contestara sí o no con la cabeza. Así averiguó que le había pegado con las manos y que le había dado un empujón cayendo encima de un centro de salón, una mesita que tenía piedra de mármol. Abelardo, aunque muy despacio, intentaba contestar no solo con la cabeza. Le había preguntado si le dolía el costado, si le había pegado con los puños o con algo contundente. No podía explicar mucho, pero asintió.

    Mi taita, lloraba y quería darle paracetamol para que se le fueran los dolores pero don Fermín dijo que no, que el médico lo vea como está.

    — Por sufrir un poco más, no hay que preocuparse, el mal está, el médico debe verlo tal cual y la policía también, —fue tajante don Fermín.

    En eso llamaron y se trataba de la policía. Venían dos, uno escuchaba y el otro hablaba. Don Fermín explicaba y Abelardo con la cabeza decía sí o no. El policía, deseando tener todos los datos de primera mano y con la firma de Abelardo por tratarse de un mayor de edad, aconsejó que lo lleváramos de inmediato al médico, que el médico les diera un parte de su estado de salud y remitiera a la policía un parte de los daños, manos, razones e instrumentos utilizados. Luego que se pasaran por la jefatura y allí, como el médico le recetaría calmantes, ya igual podría hablar.

    Nos pareció a todos muy razonable y nos salimos todos a la vez. Saludamos para despedirnos con un hasta luego y se quedó en casa mi taita, esperando noticias nuestras.

    Al ser domingo, entramos por Emergencias, pero el médico amigo de don Fermín ya nos estaba esperando. Cuando el médico lo auscultó, y lo revisó, le mandó hacer unas radiografías del tórax. El resultado que esperamos durante una hora, fueron dos costillas rotas. Lo fajaron bien y le dijeron que cuidado con el sol intenso y los aires. Un montón de medicamentos y que volviera a los dos días. Al salir de la consulta llamé a mi taita para explicarle todo.

    Con todos los papeles en orden y los medicamentos en las manos nos fuimos a la Jefatura de policía. En realidad se trataba de poner denuncia. Eso llevó a que le hicieron muchas preguntas a Abelardo. En todo me aseguró que sentía un dolor interno al decir la verdad, que le parecía estar acusando a su padre. Don Fermín le explicó que presentar una denuncia no es acusar sino prevenir. Que no lo llevarían a juicio ni a la cárcel, sino que le darían una seria advertencia para que no actuara de esa manera en adelante. Y luego ya no pasaría a fiscalía porque no era una actuación contra un menor ni había daños mayores, y si él no lo deseaba no sería acusado.

    De todas formas el policía le dijo que si podía estar en otro sitio —le hablaba mirándome como si me lo dijera a mí— al menos unos cuatro o cinco días, eso ayudaría a que su padre se calmara y se pudieran reconciliar.

    — Señor, el sitio lo tiene, es mi amigo y le puedo acompañar al médico, en mi casa se encontrará bien, mi taita lo quiere mucho…

    — Tu ¿qué?, —preguntó el policía.

    — Quiere decir su sirvienta, la persona que lo ha cuidado desde pequeño, —añadió don Fermín.

    El policía tomó nota de todo estos datos y la dirección que ya tenía por don Fermín. Agradecimos todos los servicios y nos fuimos a casa. Don Fermín se fue a la suya con cierta prisa porque tenía invitados, como todos los domingos. Entramos a casa y mi taita había preparado la comida, todo blandito para que no le costara de tragar, los tres comimos lo mismo. Después de comer metí a Abelardo en la cama y lo dejé durmiéndose porque no había podido descansar nada tras la paliza de su padre.

    En la tarde lo fui a despertar para que comiera algo y se encontraba mejor de la boca. Le dolía mucho el costado y le di una de las pastillas contra el dolor. Hablamos alguna cosa y me dijo:

    — Doro…, —yo guardé silencio por la cara de solemnidad que puso— estoy pensando hacerte una propuesta, pero me da no sé qué hacerla, aunque es preciso…

    — Abelardo —le dije—, no te vengas con problemas de hablar, dime de una vez.

    — Estoy pensando… que si nosotros nos queremos… sé que me quieres… podríamos casarnos y… se acabarían mis problemas…; —me quedé atónito ante la propuesta, pero siguió hablando— yo… buscaría un trabajo para no serte gravoso y dejaría mis estudios… Pero no quiero volver nunca más a mi casa.

    A él se le escaparon las lágrimas de sus ojos y a mí se puso el mundo al revés y me pareció que daba vueltas en sentido contrario. Hubo un largo silencio, durante el cual él se iba poniendo más nervioso y todo dependía de mi respuesta. Me quedé pensando… Me fui al costurero donde estaba mi taita, la miré a los ojos, le pregunté:

    — Si Abelardo no pudiera volver a su casa y quisiera quedarse con nosotros, ¿lo aceptarías?

    — Dorito, tú sabes que sí.

    — Supondría más trabajo para ti…

    — Pero mi familia sería más grande.

    — ¿OK?

    — OK.

    Regresé y lo encontré llorando en silencio. Entonces le dije:

    — Te aceptamos de buen grado en casa, esta es tu casa mientras la necesites. No has de buscar un trabajo, esta es tu familia, seguirás estudiando en la universidad hasta que acabemos. Tendrás habitación con un estudio para ti, ya lo arreglamos cuando tengas algo más de fuerza. Pero casarnos, no. No es que no te quiera, pero sabes bien que soy poliándrico, y los casamientos comprometen a uno con uno y yo no te sería fiel. Podemos ser buenos, muy buenos amigos, pero yo necesito la libertad de meter en mi cama a otros hombres, al menos por ahora, aunque tu culo es el mejor que he descubierto.

    — Entonces… ¿viviremos como hermanos?

    — No, mucho más, seremos novios sin compromisos, si te parece y si no amigos muy especiales.

    — No, mejor novios sin compromisos fijos…

    — Ni para ti ni para mí…

    — De acuerdo…, pero nos podremos contar todo lo que queramos, ¿si?

    — Abelardo, para mí eres más que un novio, eres parte mía, soy yo el que tengo temor que me dejes por ser poliándrico, quiero ser tuyo, pero no sé si aguantaría…

    — Eso que me dices es suficiente, yo te entiendo, pero quiero dormir en tu cama, contigo, cada noche, y cuando traigas a algún otro chico, me esperaré en la sala, durmiendo en un sofá, hasta que se vaya, luego voy contigo.

    — Quizá con el tiempo cambiamos los dos, no tenemos compromisos y podemos hacer los que nos plazcan.

    Se levantó para besarme, pero le dolió el costado y le dije que hoy nos acostaríamos pronto, que yo iría al día siguiente, lunes, a mis clases por la mañana, pero vendría a comer y por la tarde volvería al entrenamiento y también me vendría en cuanto antes, que hablaría con el míster y le contaría.

    — Querrá follar contigo…

    — Si me da mejores explicaciones…

    — Ahora yo voy a estar mucho tiempo sin jugar y mucho tiempo sin follar…

    — Yo te resolveré ambos problemas desde esta noche, no tienes de qué preocuparte.

    Después de cenar lo llevé a mi cama, le ayudé a quitarse la ropa. Le ofrecí un pantalón de pijama corto, pero supuso y sabía que yo no usaba y me dijo:

    — Antes yo usaba, desde que supe que tú no usas yo tampoco me pongo pijama.

    Le ayudé a meterse en la cama. Me desvestí y me colé dentro de la sabana. Estiré la colcha que ya estaba bajada a los pies de la cama por si a Abelardo le entraba un poco de frío.

    — Se me ha olvidado mear.

    — ¿Necesitas que te acompañe al baño?

    — Mejor sí.

    Después de mear él, lo hice yo también. Y me dijo:

    — Hoy no te podré hacer el amor porque me dolería mucho el costado.

    — Pero yo si puedo, siéntate sobre la tapa del sanitario y te doy una mamada, si te duele lo dejamos.

    Me relamí los labios y me la puse en la boca, iba despacio para que no tuviera dolor, poco a poco fue subiendo la erección de los dos, pero Abelardo parecía tener prisa y pasándole la lengua por el frenillo, se quejó poniéndose las manos al costado e interrumpí la mamada, sin sacar la polla de mi boca, lo miré a los ojos, me hizo una mueca forzada de sonrisa indicando que siguiera. Lo hice y no tardo en eyacular con gritos más de dolor de su costado que de placer, pero al concluir lo miré y estaba sonriendo. Me puse de pié y me agaché para darle un beso. Yo ya estaba rezumando precum por mi polla y me pidió que la exprimiera en su boca, me masturbé con cuidado y como él sacó la lengua desde el primer golpe los trallazos fueron a su boca, cerró los labios y todo fue dentro. Me saqué de su boca mi polla limpia y lo besé para que me hiciera partícipe de su postre.

    ***** ****** *****

    Al levantarme, besé a Abelardo que estaba dormido, me duché, desayuné y le dije a mi taita que cuidara de Abelardo.

    Dejé a Abelardo en casa en muy buenas manos y me fui a la universidad, pensando en las razones que iba a dar. Entré en el Decanato de la Facultad de Ciencias y le dije al vicedecano de Biología todo el tema de Abelardo para obtener un tiempo de gracia con el fin de que sanara. Luego busqué a Marcos para que hiciera el favor de pasarme los apuntes de clases para Abelardo. Me preguntó qué le pasaba, le expliqué detenidamente y me dijo que iría el cada día a mi casa empezando por ese mismo día en que lo visitaría después del entrenamiento y le traía apuntes de clases.

    Regresé a casa para comer con mi taita y con Abelardo, otras veces entro a comer en algún lugar cercano a la universidad, pero ese día tuve que usar taxi.

    Por la tarde me fui al entrenamiento y primero busqué a Marcos. Intenté convencer a Marcos para que se pusiera las pilas para ocupar la posición de Abelardo.

    — Creo que el entrenador me tiene abandonado, por eso es que me desanimo, me indicó Marcos.

    — Si te dice que ocupes su puesto como delantero centro, ¿aceptarías?

    — No lo hará…

    — ¿Aceptarías?

    — Sí.

    — Pues deja el asunto conmigo. ¡Ah! Te quedas a cenar con nosotros y puedes dormir en mi casa, si quieres…, —le propuse.

    — Me va bien porque mis padres y hermanos están de viaje.

    Me fui a mis clases para avisar a los profesores que no estaría esa tarde y les expliqué que un alumno había tenido un accidente y lo estoy cuidando, que por dos o tres días no podría regularmente acudir a clase, pero que recuperaría. Entre el profesorado yo tenía buena fama de cumplir con mis obligaciones.

    Luego me fui a ver a Gunnar. Estaba en su oficina del gimnasio. Le conté que Abelardo estaba mal y no aparecería en unos 25 días, debido a que tenía dos costillas rotas y le propuse a Marcos para que ocupara el puesto de Abelardo.

    — ¿Tu estás seguro de eso?

    — Mira, Gunnar, yo no sé quienes son los mejores, pero Marcos se está deshinchando de estar en el equipo y quiero que lo recuperemos…

    — ¿Qué gano yo con eso?

    — Hoy mismo, mi culo es tuyo, si me dices que sí aceptas a Marcos de delantero centro; te aseguro que entre ambos podemos llevar el equipo a la victoria final, es algo que te interesa, porque se te acaba tu contrato y aún no han pensado qué van a hacer contigo. Si ganamos, puedes irte con gloria o quedarte un contrato más…

    Me lo había estudiado bien y no quería que se me desmoronara Marcos, lo necesitaba por los apuntes y porque su culo me gustaba. Me dijo Gunnar que no me fuera que iba a estudiarlo sobre el papel, me pidió que llenara el jacuzzi. Fui a mi taquilla, me quité mi ropa y me puse un pantalón deportivo y una camiseta, aún descalzo me metí a organizar el jacuzzi. El sonido del agua era un reloj para Gunnar, el chorro fuerte cambió de sonido conforme subía el nivel del agua. Puse el circulatorio en marcha y al poco rato se había calentado el agua adecuada para el cuerpo. Me quité la camiseta y el short y me metí en el jacuzzi. No tardó en llegar Gunnar, entró y se hundió a mi lado sentándose en el escalón junto a mí. Nuestros cuerpos se tocaban necesariamente.

    — La alineación está hecha, dentro de un momento en el entrenamiento ya podrás conversar con él y quiero ver que hacéis buenas migas en el campo de juego. Como el contrario, Avalon U.D. es el colista de campeonato no voy a estar contento si no hay mínimo 5 goles de diferencia.

    Empecé a cogerle la polla dentro del agua, estaba fláccida pero había que amarrarla para darle gusto. Comencé a manosearla, acariciarla y sobarla masturbando aquella tranca ya conocida. Se la puse dura, muy dura dentro del agua de tanto sobarla y me preguntó:

    — ¿Dónde quieres que te la meta, aquí dentro o fuera?

    — Aquí mismo.

    Me levanté, me cogí con las manos de las anillas de la escalerilla de salida, me puse de pie y quedé inclinado por la cintura, puse el culo en alto como hacen los gatos, hundiendo la espalda arqueada y respirando fuerte. Mi polla estaba a tope. Se me acercó, me metió, un dedo y de inmediato dos, me hizo daño, pero ni me quejé. Luego metió tres y lo insulté:

    — ¡Puto maricón, gallina, métemela ya, joder y no seas hijo puta.

    Se encabronó y me dio dos fuertes cachetadas en las nalgas que debieron dejármela roja porque escocía como una buena bofetada en la cara. Ya no pensé en mi hoyito, sino en su tranca que ya tocaba mi culo, se paseaba por mis nalgas y apuntó. Puse muelle mi cuerpo como si quisiera que me atravesara el agua y la metió de un golpe toda entera.

    — ¡Auuuw!, ¡cabrón, hijo de puta, maricón, qué buena entrada!, ¡joder!

    — Te ha gustado, ¿eh, maricón?

    — Eres un destripador, ¡joder!

    — Pues ahora verás qué te hago por obligarme a alinear a Marcos, para que aprendas a odiarlo, ¡maricón de mierda!

    Comenzó a sacar y meter con fuerza y sin piedad, yo bramaba y acompañaba los bramidos con chillidos ululares. Era de locos, pero en lugar de odiar a Marcos, resulta que lo amaba más. Me perforó, me dolió y sabía ya que eso me iba a doler al menos dos días, sin lubricante, con odio o rencor, fue una auténtica violación consentida por amor a los amigos. Se vació en mi interior. Sin esperar a bajar su calentura, me obligó a mamarle la polla para dejarla limpia. Lo hice por mis amigos. Se fue al campo de entrenamiento, pero antes me tiró las llaves al suelo a mis pies:

    — Limpia todo, vacía el jacuzzi y, después del entrenamiento, cierras; mañana me las das a primera hora de la mañana.

    Se fue. el muy cabrón. Descansé. Limpié todo, me vacié el recto metiendo dos dedos en mi culo y empujando para evacuar dentro del jacuzzi, lavarme y luego echarlo todo por el hueco del desagüe. Me puse mi camiseta, mis short y mis botas y salí al campo. Mientras yo limpiaba había escuchado las voces de los compañeros, ahora estaba en silencio. Cuando llegué al campo Gunnar me humilló con estas palabras:

    — Ahí viene la niña bonita, para estar guapa ha tenido que ir a la peluquería, veis que peinada está la madame hoy.

    Yo estaba muy dolorido y me puse en la portería. Mucho esfuerzo tuve que hacer, pero gracias a que el míster ese día tenía prisa, antes del cuarto de hora nos dijo que entrenáramos nosotros. Nadie tenía ganas y todos se fueron al vestuario.

    Marcos, se vino donde mí y vio mi mala cara. Le dije que me ayudara a recoger las cosas que dejaban los demás. Fuimos al vestuario. Marcos se duchó rápido y dio prisa a otros para que se fueran pronto.

    Me vestí, cerré y me fui poco a poco a casa con Marcos. Quería preguntarme algo, pero le dije que en casa le contaría y fuimos todo el camino en silencio. Me dolía mucho mi culo y no lo había disfrutado tanto. Al llegar a casa nada le dije a Abelardo de lo ocurrido para que no sufriera. Hice lo posible para sonreír, pero me notaba cansado. Abelardo estaba en cama y le dije que le ayudaría a levantarse y vestirlo. Antes fui al baño para ponerme en el culo crema con el fin de calmarme un poco el escozor. Marcos esperaba en la sala.

    Yo sabía que no había acabado este martirio nuestro, faltaban cuatro semanas para el final, es decir, ocho entrenamientos y cuatro partidos y se me ponía cuesta arriba, pero por Abelardo y Marcos estaba dispuesto a soportar los abusos que me sobrevinieran. No pensaba en vengarme, sino en que acabara la liguilla, hacer luego mis exámenes e irme a mi casa de la playa. Este año ya tenía asegurada la compañía de Abelardo y me iba a conquistar a Marcos.

    Llegamos Abelardo y yo a la sala, se saludaron ambos con sendos besos. Hice que Marcos saludara a mi taita y se besaron. Luego lo llevé de nuevo a la sala, donde había quedado sentado Abelardo. Ahora Marcos manifestó su estupor al ver su cara hinchada y deformada. Pero a Abelardo le dolía el costado cuando respiraba o tosía. Se quiso quitar la camisa para mostrar el vendaje extraordinario que llevaba, pero como no podía le ayudé. De vernos a los dos allí yo le notaba no solo la erección de su pene sino que también las tetillas de sus pezones estaban rígidas. Lo calmé un poco con caricias. Luego fui a por un rotulador indeleble y grueso y escribí sobre el vendaje: ˝Get out early so you can fuck hard», luego Marcos me tomó el rotulador y escribió: «I also want to fuck you has that your ass asshole». Nos reímos los tres y exclamó Abelardo:

    — ¡Cabrones de mierda! ¡Sois unos puercos! A ver qué dirá el médico cuando me lo quite… o la enfermera… que sería lo peor.

    — Dirá que tienes unos amigos muy putos y muy jodidos, —dijo Marcos.

    — Pero eso es lo divertido, —dije yo que no estaba para muchas diversiones con el dolor que sentía en el culo.

    A veces mi dolor me hacía rabiar y no podía aguantar sentado y me entretenía de pie, incluso con la crema que me había puesto. Entonces le dije a Marcos que viniera conmigo mientras Abelardo miraba las hojas que le había dado.

    Nos fuimos a mi habitación, la cama estaba por tender y le dije:

    — Marcos, hazme un favor.

    —Lo que necesites.

    — Mírame el culo, que me está doliendo mucho.

    Lo miré, asentía en silencio y con su cabeza y me quité los pantalones, me agaché sobre la cama mostrándole el culo y le dije:

    — Mira si hay heridas.

    Abrió mi culo separando las nalgas y dio un silbido con su boca, cuyo aire vino a mi agujero provocándome mucho alivio.

    — Lo tienes muy rojo e hinchado, hecho una carnicería, no hay sangre pero poco falta, está todo inflamado. Hay que poner abundante pomada.

    Como ya la llevaba en las manos se la di. Con un dedo y de modo suave me fue poniendo pomada más extensamente que yo lo había hecho llegando hasta donde la nalga comienza a penetrar en la raja, luego metió el dedo suavemente extendiendo pomada en mi interior.

    — Creo que desaparecerá pronto, pero se ha de cerrar el culo, —dijo Marcos.

    — Se cerrará en un par de horas o tres, —dije yo.

    — ¿Quién te ha hecho eso?, —preguntó Marcos.

    — No quería contarte, pero me ha obligado el míster para ponerte en el lugar de Abelardo, de delantero centro y he tenido que pagar el favor, pero lo ha hecho a lo bruto y me ha dejado tendido.

    — ¡Maldito maricón ese imbécil de entrenador!, —dijo con rabia Marcos.

    — He pensado que ganamos el campeonato y luego lo echamos a él por abusón, pero esto es mi secreto, —le dije.

    — Yo estoy contigo, Doro, descuida, pero hoy voy a quedarme aquí con vosotros, solo que no podré follarte —dijo riendo Marcos—, habrá que hacerlo al revés.

    — El tiempo pasa y verás como podremos hacer todo —le dije esto para su consuelo—, haremos todo lo que nos plazca.

    Fuimos a cenar. Mi taita es brillante. Sabía que sufríamos por el amigo y sin que yo le pidiera, puso una botella de champaña para acompañar el salmón que nos había servido. Preparó una deliciosa ensalada de queso de cabra y nos puso un rico pastel de postre. Todo muy delicioso. Yo me había aliviado bastante aunque notaba algo de escozor. Después de decirle el buenas noches a mi taita, nos pasamos a la sala para ver una película. A ellos les gustó, yo casi me dormí y respetaban mis cabezadas. La verdad es que estaba destrozado, hecho una verdadera mierda.

    Acabó la película y nos fuimos a mi habitación, desnudé a Abelardo, lo acompañó Marcos a orinar y regresaron para acostarse. Como mi cama es grande y Abelardo no se movía mucho, decidimos que íbamos a hacer el amor los tres. Nos reímos porque parecía imposible. Uno con las costillas rotas, el otro con el culo hecho una mierda y solo el tercero estaba en forma. Así que, como estábamos en mi casa, yo mandaba y, si no les gusta, que les den. Nos gustó y nos dimos, ¿que si nos dimos?.

    Decidí que yo iba a darle una mamada a Abelardo y si podía —y pudo— él le daba al mismo tiempo una mamada a Marcos y se la preparaba para que me la metiera. Marcos me miró con ojos de buho y le guiñé el ojo sonriendo. Pensó bien, la dormida ante el televisor me había relajado.

    Me divertí mamando la polla de Abelardo, porque no se quejó nada y eso que él estaba mamando la de Marcos. Como si el sexo nos pusiera sanos y disponibles. Era cierto porque estaba entrando Abelardo en éxtasis previo al orgasmo y Marcos aún la tenía lánguida. Así que mientras Abelardo se corría en mi boca que asume como por ósmosis el semen que le echen a la muy puta, comencé a acariciar el culo de Marcos y a meterle dedos para que se le pusiera dura. Cuando lo conseguí, le dije que me la metiera ya y le di mi polla a Abelardo porque así lo íbamos a disfrutar de nuevo los tres. Lo disfrutamos, y nos metimos dentro de la sábana y la colcha que no hacía falta porque dormimos Marcos y yo muy abrazados por no poder abrazar a Abelardo, al que le prometimos que apenas despertar disfrutaría de dos pollas a la vez.

    Nos dormimos y despertamos al amanecer. Marcos y yo salimos a correr una hora y media, para llegar a casa y desayunar con Abelardo y mi taita.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (19)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (19)

    No habían transcurrido más de quince minutos cuando un coche policial se detuvo ante su casa, un policía uniformado lo conducía y otro de uniforme diferente le acompañaba en el asiento del copiloto, abrió la puerta trasera donde iba la sub inspectora Alvarado.

    -¡Al fin dio un paso en falso el hijo puta! -el vehículo arrancó con brusquedad arrojándole contra el respaldo del asiento.

    -Le han fallado sus cómplices, escucha la grabación. -Lara puso en funcionamiento un reproductor de mano y se escuchó la voz agitada de una persona que parecía joven.

    -“Tienes que venir enseguida Damián.” -la voz del chico sonaba angustiada-

    -“No tenías que haberme llamado, pueden tener intervenido mi teléfono.” -la respuesta resultó brusca y desabrida-

    -“Pero es urgente, Alejo le estuvo golpeando ayer y hoy se ha traído a un amigo, no atiende tus indicaciones, ven por favor, están descontrolados y pueden matar al chico.”

    La conversación terminaba ahí, sin respuesta, solo se escucho el zumbido de la línea vacía.

    -¿A qué hora se ha producido la llamada?

    -Hace más de media hora pero él no ha salido de la residencia hasta que contacté contigo, se lo ha estado pensando, o quizá esperando una reacción por nuestra parte si cree que estamos escuchándole.

    -¡Ojalá que lleguemos a tiempo! -al inspector le preocupaba el cariz que estaba tomando el asunto, el giro que se había producido, donde la vida del chico peligraba por las diferencias entre los secuestradores.

    Miró impaciente por la ventanilla a los pocos vehículos que transitaban a esa hora por la autovía siete, paralela al río, el coche avanzaba sin utilizar la sirena para abrirse paso, no resultaba necesario y eran suficientes las luces azules destellando en el techo del vehículo para que los demás usuarios se apartaran abriéndoles camino.

    -Llama a los que le han seguido, que informen de la situación. -Gutiérrez se dirigía al copiloto.

    -¡Cabrio Azul!, ¡Cabrio Azul! Guti necesita respuesta. -se escucharon algunos chasquidos y la voz clara y sonora del patrullero.

    -Estamos parados delante de la casa donde se ha detenido hace unos minutos, no se observan movimientos raros, tenéis que coger la salida del kilómetro 35, pasando el puente del río veréis nuestro coche. -estaban a punto de llegar a la salida que les indicaban y el conductor apagó las luces azules que los delataban.

    ————————————

    Ángel se encogió temeroso ante la imponente mole de carne de aquel hombre que tropezaba haciendo que la bebida de su vaso cayera en el suelo, se le notaba borracho y su hiriente risa no cesaba de salir como graznidos de buitre. Le soltó la mano del cuello y un último traspié hizo que se tambaleara y que el resto de la bebida se le cayera, tiro el vaso hacia una esquina y escucho el ruido del cristal al romperse.

    Estaba aterrorizado y sin darse cuenta reculó unos pasos para alejarse del hombre. Entonces le sujetó de la mano y se la pasó por la espalda tirando hasta que llegó al omoplato, gritó por el dolor y pensó que le había roto el brazo.

    -¡Puta de mierda! ¿Pensabas en escapar? -tiró aún más fuerte y sentía que el brazo se me descoyuntaba, desencajándose de su sitio.

    -¡Ayyyyyyyyy! -un grito desgarrador me salió de la garganta y me revolví buscando un cambio de postura que me aliviara, le golpeé con los pies desnudos en las piernas y sentí el tremendo dolor en los dedos.

    -¡Mierda! Este maricón aún resiste, ayúdame a sujetarlo. -entonces escuché la voz sollozante de Goio.

    -¡Dejarle ya! Esto no es lo que te encargó Damián, lo vais a matar. -Alejo se levantó de la silla y se dirigió hacia donde estaba Goio, llegó cerca de él y le acertó una fuerte patada en la pierna impedida tirándole al suelo.

    -¡Damián me importa una mierda!, ya tenía que haber traído el dinero, en las noticias dicen que no se ha pedido rescate, ese cerdo quiere quedárselo todo para él, pero le voy a privar de su placer, no va a tener lo que quiere sin entregar a cambio al chico.

    -Estas loco Alejo, Damián nos va a matar por lo que has hecho al muchacho. -la ira y el alcohol dominaban la mente del hombre y comenzó a patalear el cuerpo tendido en el suelo de Goio.

    -Sal de aquí puto de mierda, o acabarás peor que el muchacho. -Goio se arrastraba hacia la puerta seguido por las patadas que el otro no dejaba de propinarle, cuando consiguió traspasar el umbral Alejo cerró la puerta de un fuerte golpe que retumbó como un trueno.

    -¡Putos asquerosos! Los tratas bien y mira como te pagan, ahora viene lo bueno para ti mariconcito. -se dirigió hacia nosotros, el otro hombre había aflojado mi brazo observando la reacción de Alejo.

    -Así son estos putos, no entran en razón si no es a base de golpes. -soltó mi brazo y solo sentía un dolor que me atenazaba el estómago, me colgaba inerte dislocado de mi hombro, pensaba desmayarme por el dolor que sentía y hubiera sido lo mejor.

    -¡Venga!, ayúdame a colocarlo quiero follarme a este puto antes de que se desmaye, estos maricones de ahora son unos flojos. -sentía como me levantaban entre los dos hombres, sujetándome uno por las axilas y otro por las piernas hasta tirarme sobre una especie de asiento alargado.

    En algunos instantes mi vista se oscurecía y perdía el conocimiento, el dolor me obligaba a volver en mi y darme una ligera idea de lo que pasaba, me arrancaron la camisa y el slip dejándome totalmente desnudo.

    Escuchaba sus risas agudas y chillonas, y de repente me abrieron las piernas y uno de ellos me introdujo la verga de un golpe, la verdad era que el dolor del brazo impedía que sintiera en plenitud otros dolores menores, me movían entre los dos sin piedad hasta que noté la polla del otro queriendo penetrarme a la vez.

    Gemí, porque no podía gritar, al sentir como mi ano se desgarraba sintiendo correr la sangre entre mis piernas, y las dos pollas perforándome el dolorido ano.

    Prácticamente me sentía más muerto que vivo y solo quería que aquello terminara. -¡Por favor que acabe esto de una vez! Me follaban sin compasión introduciéndome las dos vergas con morbosa saña para causarme daño, y a veces alguno de ellos me metía los dedos estirando mi roto culo.

    De repente hubo un fuerte ruido al abrirse la puerta.

    -¿Qué estáis haciendo hijos de puta? -la voz de Damián retumbaba en mis oídos y las dos pollas salieron de mi culo, pero ya no sentía dolor, solo un profundo sueño que me llevaba a la nada.

    -Deja que te explique. El muchacho iba a escapar ayudado por el puto tullido de mierda y pude pararles los pies a tiempo.

    -No le creas Damián, está mintiendo. -la voz de Goio, entre lloros, me sonaba lejana y difusa.

    -No te creo escoria, eres puta basura. -otra vez Damián.

    -¡Alto, alto policía, baje el arma! -mis oídos se llenaron de estampidos y lo último que pude sentir fue un fuerte golpe en el hombro sano, y como un saco que se me caía encima.

    ————————————

    Escuchaba murmullos ininteligibles pero no podía abrir los ojos, tampoco quería hacerlo, me encontraba en un limbo donde no estaba la sensación de dolor presente, solo una impresión de profunda e insondable paz envolviéndome.

    La siguiente vez que me percibí como un ser vivo, conseguí abrirlos lo suficiente para que la mirada quedara prendida en la dulce sonrisa de Álvaro, a la vez escuché un gemido y unos labios que me besaban la mano del otro lado.

    -Álvaro…

    -¡Shissss! No hace falta que hables. -cerré los ojos y los volví a abrir al sentir de nuevo los labios que me besaban, giré la mirada y Pablo me sostenía la mano envuelta en la suya.

    -Pablo…

    -Ángel, perdóname, no supe cuidar de ti. -le vi los ojos enrojecidos y húmedos y creo que conseguí esbozar un gesto pretendiendo ser sonrisa.

    ————————————

    Un mes mas tarde seguía en el hospital, podía sentarme en la cama, recibir visitas, leer y escuchar música. Resultaba raro que me dejaran solo, aunque ahora, a las noches, conseguía que se fueran a dormir y descansaran.

    No pensaba que fuera tan importante para ellos, ni que me quisieran como ahora demostraban, Eduardo, Erico, Rubén, David, Alberto y Oriol, hasta Ana María y don Manuel me visitaban, pero sobre todo Álvaro y Pablo que se disputaban estar a mi lado para hacerme compañía, uno u otro, o los dos, eran constantes llegando todos los días hasta que les pedí que se ocuparan de sus cosas que habían dejado desatendidas por mi culpa.

    Un día llegaron un hombre y una mujer a visitarme, la mujer llevaba un brazo sujeto por un arnés en cabestrillo, Pablo me los presentó como el inspector Juan Gutiérrez y su ayudando la sub inspectora Lara Alvarado, lo agentes encargados de mi caso y los que me habían rescatado. Querían hablar conmigo y pidieron a Pablo y Álvaro que nos dejaran solos.

    -¿Goio?, el chico que estaba en la casa conmigo, ¿dónde se encuentra? -la señora Alvarado me cogió de la muñeca.

    -Murió durante el rescate, se colocó delante de ti para que los proyectiles no te alcanzaran. -sentía correrme las lágrimas, al final quien tenía tanto miedo había sido el más valiente.

    Damián había conseguido escapar, y creían que pronto lo encontrarían para arrestarle y llevarle ante la justicia. Alejo, su compañero y Goio habían muerto por los disparos de Damián, y la señora Alvarado había resultado herida igual que yo, una de las balas que atravesó el cuerpo de Goio me había herido a mí también.

    Estuvieron haciéndome preguntas sobre lo que podía haber escuchado, lugares donde Damián podría estar oculto, pero yo no podía ayudarles mucho, en realidad me habían mantenido aislado excepto las visitas que recibía de Goio para llevarme la comida.

    -Nada más, ya ha sido suficiente. -se pusieron de pie para marchar y entonces el policía Gutiérrez me formulo la última pregunta.

    -¿Quieres decirnos algo más, algo que te haya sucedido aparte de lo que hemos hablado? -miré la amplia frente de aquel hombre, sus agudos y escrutadores ojos observándome, lo mismo que los de la mujer policía.

    Aquellos polis eran muy listos, me estaban brindando la oportunidad de que les contara mi verdadera situación, de alguna manera sospechaban que algo más estaba pasando. No tuve que pensarlo mucho y la elección que debía tomar estaba muy diáfana en mi mente.

    -No inspector, no tengo más que que contarles. -se miraron el uno al otro un breve instante.

    -Esta bien, tus amigos y protectores no parecen mala gente, si en algún momento cambias de parecer puedes buscarnos. -estaban para abrir la puerta y salir y los detuve.

    -Sí que hay algo que quiero decirles, gracias a los dos por salvarme. -la mujer me envió una sonrisa y el hombre hizo un gesto con la mano quitándole importancia.

    Pasé otro mes en el hospital recuperándome, no era necesario y las curas podían habérmelas hecho en casa, pero Eduardo quiso que estuviera continuamente vigilado por los médicos y que no saliera del hospital hasta que pudiera levantarme, caminar y manejarme por mi cuenta. Álvaro volvió a su trabajo y me visitaba un día de la semana, Pablo lo hacía todos los días cuando salía de la universidad hasta que me dieron el alta.

    Aquel día, a media mañana, llegaron Álvaro y Pablo y se pusieron a recoger las cosas que me habían traído para que me entretuviera el tiempo que estuve hospitalizado, y que junto con la ropa llenaban dos maletas, bajaron para firmar la documentación de salida y por último le dieron las instrucciones precisas a Álvaro para que me hiciera las curas que faltaban y vigilara el proceso, me dejaban a su cargo.

    Me sentí un poco violentado cuando me colocaron desnudo enseñando el trasero, Álvaro era médico y Pablo me lo había visto cientos de veces, pero no era lo mismo, me hacía sentir vulnerable que cuatro hombres y una enfermera estuvieran hurgándome el trasero y hablando tan tranquilos de como me tenía que hacer las curas.

    Cuando los médicos nos dejaron solos subió a recoger mi equipaje el nuevo chofer que Eduardo había contratado, le acompañaba un hombre uniformado. Esta vez se trataba de un hombre de mediana edad, si que era corpulento, pero no como Damián y su cara me inspiró confianza desde el primer momento.

    Tenía dudas que deseaba que me aclararan y comencé a preguntarles, sobre todo a Álvaro, me había sorprendido que los doctores le indicaran como debía hacerme las curas, además de que ya me sentía bien.

    -¿Por qué tienes que cuidarme tu? Tienes que hacer tu trabajo y no vas a venir todos los días y hacer un viaje de más de una hora. -en lugar de hablar él fue Pablo quien comenzó a explicarse.

    -Teníamos que habértelo dicho, pero fue anoche cuando se decidió todo. Don Manuel ya no tiene nada que ver contigo, ahora dependes de Álvaro y pensamos que durante un tiempo estarás mejor apartado de la ciudad, por seguridad y para que termines de reponerte. -miré cabizbajo a Álvaro al que le veía azorado.

    -¿O sea que ahora soy tuyo? ¿Te pertenezco y eres mi dueño? -me cogió la mano y la apretó sobre su pecho.

    -Ahora eres libre para hacer lo que desees, no me perteneces, ni a mi, ni a nadie. Solamente quiero cuidarte un tiempo, hasta que estés bien y no corras peligro, luego tu decidirás lo que quieras hacer. -me dejó tan asombrado que no pude reaccionar.

    Se había sentido molesto por mis palabras y no se las había dicho como crítica, sólamente para confirmar lo que pensaba y en realidad eso era lo que quería, ser suyo y que me cuidara siempre, pero miré a Pablo y me surgieron las dudas, deseaba lo mismo de este otro hombre, Pablo me había enamorado mientras me entrenaba para mi vida de chico de compañía, vulgarmente llamados putos.

    -Álvaro te va a llevar a la hacienda de sus padres, allí permanecerás descansando y podrá atenderte, él vive con ellos y se desplaza para su trabajo que está cercano, pero solo será si tu quieres. -estaba claro que tendría que separarme de Pablo aunque fuera temporalmente.

    -Todos tenemos miedo de que ese malvado vuelva a intentar hacerte daño, seguramente la policía le localizará en poco tiempo. -parecían expectantes los dos esperando mi respuesta, y si ya habían decidido entre todos lo que sería mejor para mi tampoco podía oponerme, no tenía donde ir.

    -De acuerdo, haré lo que vosotros digáis. -y en ese momento sentía los brazos de los dos hombres apretándome, y sus labios sobre mis mejillas, uno a cada lado.

    Llegamos a la mansión de Eduardo y comimos allí, yo tenía que llevar un régimen de comida ligera por los problemas de mi culo, me lo habían tenido que coser, y aunque ya no sentía nada, debía continuar cuidándolo.

    Mi equipaje lo llevaría el nuevo chofer, Ana María había encargado a Carmen que lo preparara, yo partiría más tarde con Álvaro, cerré la puerta de mi habitación pensando si alguna vez volvería a hacer uso de ella o sería otro muchacho el que la ocupara.

    Pablo me pidió que me cuidara y que me visitaría algún fin de semana, me prometió que las vacaciones de Navidad las pasaría con su tío, en la hacienda de los abuelos de Oriol, o sea, a diez minutos de donde yo estaría.

    Los padres de Álvaro me recibieron encantados, más su mamá que su padre. El viaje lo hicimos en dos horas, Álvaro parecía no tener prisa en llegar y no pasaba de los ciento diez kilómetros hora, no le dije nada, pero pensé que deseaba que mirara el cambiante paisaje que atravesábamos, los verdes bosques escalando imposibles laderas en ochenta kilómetros de sinuosa autopista entre montañas, y la autovía que surcaba la infinita llanura de tierras de cultivos, de viñedos ahora sarmientos leñosos, para podar en espera de la próxima cosecha, la tremenda inmensidad salpicada de pequeñas islas de arbolado y matorral para proteger la fauna.

    -Es todo muy bonito Álvaro, impresionante. -colocó la mano derecha en mi muslo y lo apretó.

    -Sabía que te gustaría, el campo es precioso en cualquier época del año y ahora no es precisamente la más bonita, aunque el otoño me inspira paz prefiero la primavera entre todas ellas. El tío de Pablo podrá llevarte a dar largos paseos a caballo, él se encarga de nuestras tierras lo mismo que hace con las de la familia de Oriol, te enseñará toda la comarca para que no te aburras metido en casa. -le cogí la mano y me la llevé a los labios, cuando la utilizó para un cambio de velocidades no volvió a colocarla en el lugar que yo deseaba.

    Eran personas mayores, su padre tendría más de setenta años, alto y delgado, muy estirado con abundante pelo, blanco como la nieve y bigote recortado, su madre era más baja y muy delgada, nerviosa y movida, algo más joven que su marido, pero también con el pelo blanco-azulado y un poco ensortijado, vestía un pantalón ajustado con camisa que le cubría el trasero y zapatillas con suela de goma, informal y de sonrisa alegre, que lo primero que hizo fue abrazarme antes que a su hijo.

    -Bienvenido a tu casa Ángel. -después del abrazo se separó para quedarse mirándome. Dejo que de su boca saliera una risa tierna.

    -Eres muy guapo, precioso. -me puse rojo, pero luego abrazó a Álvaro un instante mientras el padre me daba la mano.

    Álvaro me llevó a mi habitación en la primera planta de la casa.

    -Esta es mi habitación, por si alguna noche tienes pesadillas y te asustas, para que sepas donde encontrarme, y esta es la tuya. -lo primero que hice fue llegar hasta el gran ventanal y mirar el impresionante paisaje que tenía ante mi, la llanura interminable y la montaña al fondo escalada de verdes pinares, a la izquierda, pero lejos, se veían las edificaciones de un pueblo grande.

    -Allí tengo mi trabajo, el ambulatorio y hospital de la comarca, esto es un poco solitario, espero que no te canse, en el pueblo tienes tiendas y lugares de diversión. -se había quedado detrás de mi, a mi lado y me di la vuelta para abrazarlo.

    -Gracias Álvaro, no quiero ser una carga para tus padres, parecen tan…, tan buenos. -soltó una carcajada alegre, nunca le había visto reír de esta manera espontánea y tan sincera.

    -¿Pero qué dices? Están locos por tenerte, salen poco, a las haciendas vecinas o al pueblo para ir a la iglesia y de compras, casi nunca a la ciudad. No te dejaran tranquilo y te llegarás a cansar de ellos. -deseaba en ese momento que me besara, y como no lo hacía él, enlacé su cuello y le bajé la cabeza para besarle los labios.

    -No me provoques Ángel, igual luego no puedo pararme.

    -Tenemos que hablar Álvaro, tengo que explicarme.

    -Creo que Pablo ya me ha contado bastante, se por todo lo que has pasado, y a pesar de todo me siento agradecido, porque todo ello ha sido para bien y te he podido conocer y ver que eres mil veces mejor de lo que imaginaba.

    -Álvaro ahora estoy marcado por todo el cuerpo. -no quise añadir que también tenia marcada el alma.

    -No es nada, esas pequeñas marcas desparecerán, solamente tendrás de recuerdo la del proyectil que no es para tanto, las heridas de tu culo son mayormente internas, volverás a ser como eras, con los ejercicios que te han prescrito volverás a ser tu mismo, lo demás lo olvidarás con el tiempo.

    -¡Oh! Álvaro, abrázame fuerte quiero ser tuyo voluntariamente y pertenecerte, no quiero volver a ser de tu tío, ni de nadie más. -me apretó contra su pecho y me besó la oreja, milagrosamente mis pendientes continuaban adornándome los lóbulos como si fueran una extensión de mi cuerpo.

    -¿Y de Pablo que me dices? Tu le quieres, se te nota cuando le miras. -me quedé con la boca abierta, por un instante lo había apartado de mi cabeza. Sabía que le debía sinceridad aunque mi confesión le apartara de mi.

    -Es cierto Álvaro, quiero a Pablo pero él a mi no.

    -¿Qué dices, te adora, o estás ciego para no verlo? Yo también te quiero, te amo Ángel, los dos te amamos y serás tú el que tendrá que decidir con quien te quedas. -Álvaro ponía con crudeza, ante mi, el gran dilema.

    -No quiero elegir, pedirme eso, que elija, es cruel, además ¿qué hay entre Pablo y tú. -Álvaro me besó los ojos, la frente y los labios entre risas contenidas.

    -Somos amantes, desde siempre, de pequeño le violé y desde entonces es mío. no dejaba de reír y de besarme.

    -Somos amigos, nada más que eso, tengo cinco años más que él, nueve más que tu. Desde que comenzó a acompañar a su tío estrechamos nuestra amistad aunque ya nos conocíamos de visitas a la casa de Oriol y sus primos, ¿sientes celos Ángel?

    -No lo se, no me entiendo Álvaro, solo siento que os amo a los dos y no os quiero perder, pero ahora olvidémonos de Pablo de momento.

    -Mi ángel, eres una tentación, increíblemente hermoso y tan complicado, tenía tantas ganas de conocerte, de verte en persona que pensé que eras una aparición cuando te encontré en el templo.

    -Álvaro, también yo he pensado mucho en ti pero no me atrevía a escribirte, no podía hacerte daño, amor mío, tengo en el recuerdo todas tus cartas, cada palabra de amor que me decías, te necesitaba tanto. -sentía como la tensión sexual se abría camino en nuestros cuerpos, y el deseo de que sus labios siguieran besando los míos, y de sentir en mis manos el bulto que se le empezaba a formar en la entrepierna, pero unos suaves golpes en la madera de la puerta me avisaban de que no era el momento adecuado.

    Una chica de servicio uniformada venía a avisarnos para que bajáramos a la planta inferior, no me había dado cuenta pero habían transcurrido las horas, nos lavamos rápidamente, cada uno en su baño y pasó a recogerme para bajar las escaleras, él sujetándome la mano y yo nervioso esperando la reacción de sus padres cuando nos vieran, intenté soltarme pero él no me dejaba, y hasta me llevé una desilusión, para sus padres parecía que fuera la cosa más natural mundo que su hijo hiciera la entrada en el comedor cogiendo de la mano a otro muchacho.

    La cena resultó una delicia, y también un suplicio, agradecí interiormente que la charla terminara, sentía dejar allí a las maravillosas personas que me ofrecían su amistad y el cobijo de su casa, pero necesitaba con urgencia a mi Álvaro y busqué un pretexto de cansancio para retirarme.

    -Lo siento pero estoy muy cansado de tanto trajín. -la señora se disculpó por no haberlo tenido en cuenta y enseguida nos despedimos para subir a nuestras habitaciones.

    Nos abrazamos al entrar en su habitación y los besos comenzaron para apartarme seguidamente de su lado y mirarme. Adelantó la mano y me acarició la cara para ir descendiendo por el cuello y la llevo a la espalda, se detuvo indeciso y la iba a apartar, rápidamente se la sujeté y se la llevé a mis nalgas.

    Reaccionó apretándolas y dándolas un suave masaje y me fue llevando a la cama, deseaba quitarle la ropa y comencé bajándole los pantalones y el bóxer, era la primera vez que veía su miembro viril, ligeramente más grande que el mío pero más pequeño que el de Pablo, un poco grueso con una hermosa cabeza grande y roja, la boca se me hizo agua. Los testículos los tenía apretados en la base de la verga y eran bastante peludos, lo mismo que la base del pene.

    Me había quedado mudo admirándole y su voz me sacó del ensueño.

    -Desnúdate Ángel. -comenzó a pasar las manos delicadamente por mi pecho plano acariciándolo con la punta de los dedos y a darme delicados pellizcos en los pezones.

    Se sentó en la cama y tiró de mi hasta quedar tumbados, sin pensarlo llegué a su pene y me lo metí en la boca, no podía resistirme a probar su dulce verga. Después de unos minutos chupándola me la quitó de la boca y se montó en mi pecho.

    -Lo he soñado tantas veces, lo deseo con tal fuerza que me gustaría meterte la verga y romperte el culo. -alucinaba mirando sus ojos llenos de lujuria.

    -Hazlo Álvaro, no te contengas, no me importa.

    -¡Oh! ángel eres tan maravilloso, tu culito me volvió loco cuando me enviaste las fotos. -aún lo recordaba como si hubiera sido ayer, después de hacerlo me sentía sucio por lo altamente erótico que resultaban.

    -Te amo Álvaro.

    -Me gusta que me lo digas.

    -Sabes que Pablo no me deja que le diga que le quiero.

    -Él se lo pierde, me tienes a mi que me encanta escucharlo.

    -Mi amor, mi vida. -a la vez que me besaba sentía sus dedos acariciándome el ano muy suavemente y queriendo penetrarme a veces.

    -¿Sientes mis dedos?

    -¡Oh! Álvaro, parecen mariposas aleteando en mi culo.

    -Protesta si te hago daño.

    -Lo haré mi amor, pero ya lo tengo curado, me gustan tus dedos pero prefiero tu verga.

    -Vicioso.

    -Quiero probarla, sentirla. -encogí las piernas ofreciéndome.

    -Tómame Álvaro, hazme que sienta tu hombría.

    -Mi amor, me vuelves loco, te deseo. Por favor avísame si te duele. -era tan delicado, tan sensible pensando en mi.

    Deslizó la polla un par de veces por el perineo y la dejó en la diana de mi ano sin atreverse a meterla, tuve que colocar los talones de mis pies en su culo y empujarle para que se decidiera.

    -Dámela de una vez, no aguanto más. -y entonces sentí su fuerza y como el glande venció la barrera de mi ano, pensé que iba a sentir algún dolor por el desgarro que me tuvieron que coser, pero la verga avanzó hasta llenarme por completo el recto.

    Sentía la cabeza gorda del glande rozando las paredes y resultaba deliciosa, creo que había ganado en sensibilidad o era porque había pasado más de dos meses sin follar, o lo más seguro, por las ganas que tenía de sentir a Álvaro en mi interior.

    -Mi amor estoy todo dentro de ti.

    -Si, siento tu gorda verga, me encanta, la siento rica. -mi culo funcionaba como nunca y pronto empezó a jugar el solo apretándole la polla.

    -Mo voy a mover, ¿estás bien?

    -¡Por favor! Álvaro, fóllame, mueve tu verga caliente. -su follada al principio fue muy suave hasta hasta que cogió confianza y se convirtió en algo salvaje y delicioso.

    -¡Ummmmmm! Qué rico mi amor, que locura. -le miraba a los ojos y le veía gozar sabiendo que me tenía.

    -Eres mío, no volverás a escapar. ¡Hoo! ¡Hoo! ¡Hoooooo! Tu culito…, tu culito, me gusta. -gemía profundamente como un auténtico macho.

    Me sacudía muy fuerte deseando llegar al final hasta que se dejó caer para unir nuestras bocas y se comenzó a correr.

    -Me corro, me corro mi amor.

    -Yo también Álvaro. ¡ayyy! ¡ayyy! Mi vida no aguanto más.

    Era la primera follada que Alvaro me daba, la primera vez que me hacía el amor, y yacía sobre mi sin poder respirar ni moverse, completamente agotado, pero abrazado por mis piernas y brazos para sentirle muy mío, como había deseado tantas veces cuando aún no nos conocíamos personalmente. Era el momento que ambos habíamos soñado y deseado con tantas ganas.

    Seguirá…

     

  • Gracias Daddy Yankee

    Gracias Daddy Yankee

    Como no todo es sexo, Isabel y Nelson salieron a ver una película, para conversar, distender un poco. Caminando por paseo Alameda camino al cine comienza a sonar la música de Daddy Yanke. Al escucharla ambos se miraron, como no lo iban a hacer si quedaron en que dónde escucharan ese artista (no por un gusto especial con ese género, más bien por que suena seguido) debían tener sexo donde sea, parte de un juego que se generó en la cita anterior. Ambos se excitaron casi inmediatamente, mirando a su alrededor tanteando el terreno y ver donde podría ser.

    Isabel no podía aportar mucho ya que su conocimiento en Santiago no es mucho la verdad, pero Nelson sí y recuerda un lugar perfecto para poder reaiizarlo, los baños del GAM (centro de arte), a lo que dirige la caminata hasta llegar, Nelson va primero al baño para verificar que se pueda, vuelve y le dice ‘te espero en el baño de hombres, no hay nadie…’.

    A los 2 minutos ya estaban juntos dentro del baño, besando apasionadamente, tocándose, completamente excitados, el calor de ese día conspiró para que ambos tengan ropa especial para la ocasión, Isabel con una faldita y escote que hacía fácil maniobrar. Nelson deja los senos de Isabel afuera para tocarlas y lamerlas a lo que Isabel agarra el paquete de Nelson por encima de su pantalón corto ya duro y dispuesto para lo que venía.

    Nelson de la cintura toma a Isabel y la deja contra la pared con el culo empinado, levanta su falda y queda admirando ese culo bello y con un colaless sexy invitando a follarla a lo que luego de correr esa pequeña prenda comienza a penetrarla, la toma de la cintura y comienza a follarla, como animales, jadeando, disfrutando de esa experiencia, escuchar el sonido del golpe de nuestros cuerpos los gemidos hacían mucho más excitante ese momento. Así follando, Nelson tocando desde sus senos hasta estimular el clítoris de Isabel, en ese momento animal y muy sexual se escucha el golpear de la puerta, más que asustarnos nos excitamos aún más follando más fuerte hasta casi acabar simultáneamente, ambos gimiendo sin importar quien esté afuera, acabando muy rico.

    Luego de acomodar las ropas y remojar un poco para refrescar salen ambos, de la mano, a lo que Nelson le dice a un joven de no más de 18 años ‘disculpa, pero tenía que follar a esta mujer’.

  • Nuestra amiga argentina y el pendejo (06)

    Nuestra amiga argentina y el pendejo (06)

    Hay algunos que me han dicho que dudan de lo que cuento, los entiendo porque a veces, como lo que voy a contar hoy, todavía no sé cómo me animé a hacerlo, fue la adrenalina de hacer este tipo de cosas, que me provoca una calentura ¡que no me deja pensar! y prefiero arrepentirme de hacer las cosas antes de no hacerlas, aparte en realidad yo en general no las busco, me las proponen, como les pasa a muchas pendejas, solo que yo digo ‘si’.

    Para no hacerla muy larga, la última vez que estuve con Martín, me propuso un juego, y era que yo me desnudara delante de él, y después me sentara en la cama y me masturbaba, mientras lo miraba, al principio me daba cosa, pero me termine calentando.

    La cosa es que desde ese día me empezó a mandar whatsapp diciéndome de hacer lo mismo, pero con los amigos de él que me cogieron, al principio lo saque cagando, pero las conversaciones por whatsapp, fueron cada vez más fuertes, les copio solo algunas.

    Martín: caro, pero no me mientas, te gusto lo que hiciste, desnudarte y tocarte delante de mí! terminaste acabando forra, no me mientas

    Yo: no seas forro, eso ni me lo digas

    Martín: imagínate hacer eso, con dos o tres amigos míos!!! Te calentarías mucho mas

    Yo: basta nene, ya te dije que no, buscate a una puta!!!

    Bueno así estuvimos hablando unos días, hasta que el jueves el pendejo me apuro (yo parecía la nena y él quien me manejaba).

    Martín: OK. Hagamos de cuenta que me decís que no, pero si te pregunto algo me decís la verdad?

    Yo: que verdad, decime

    Martín: sé que te calentó estar delante de mí desnuda, tocarte, masturbarte, te costó al principio, pero una vez que te calentaste terminaste acabando

    Yo: está bien, eso es cierto, y?

    Martín: Supongamos que te respuesta es que no te vas a animar, ok?, me seguis?

    Yo: ok te sigo

    Martín: imaginate desnudándote delante de mis amigos, vos denuda, nosotros vestidos, y que solo te acariciemos, sé que eso te gusta y después yo te ayudaría a que te toques hasta que te empieces a calentar solita

    Yo: y???

    Martin: no te calienta la idea?? A lo mejor nunca más se te da para hacer algo así

    Yo: la verdad, si me calienta mucho en pensar estar desnuda y tocarme delante de ustedes, pero no me animo

    Martín: caro, no seas pendeja, ya no te insisto más, parece que tuvieras 15 años (el forro encima me toma de boluda), nos conoces sabes que no vamos hacerte nada que no quieras.

    Martin: mañana te llamo y decidite, si no queres, todo bien, no te jodo mas, beso

    Ahí termino la conversación, la verdad que pasé la noche sin saber que hacer, me gustaba la idea pero no me animaba, ¿saben qué hice?, sola en mi cuarto me desnude, me senté en la cama y me empecé a tocar, pensando en que me estaban todos mirando y acabe como una yegua (y eso que yo no soy de masturbarme seguido), no sé, la idea me gustaba y me tenía que decidir, en el fondo ¡sabia cual iba a ser mi respuesta!

    Ayer llegó el día, me entra en whatsapp de Martín a las 12 h.

    Martín: hola caro, te decidiste

    (No quería quedar como una boluda así que me mostré segura, aunque estaba re nerviosa y asustada).

    Yo: si, a que hora voy, cuantos van hacer?

    Martin: grande nena, vas a ver que nunca te vas a olvidar de esto, soy yo con dos amigos, nada mas!!!

    Yo: Ok pero pongo condiciones

    Martín: dale nena, cuales

    Yo: los celulares, los ponen en mi cartera, ni en pedo una foto, y si algo no me gusta, se termina todo

    Yo: y no hay previa, estoy re nerviosa, subo a tu cuarto y empezamos, así de una!!! No aguantaría esperar, me entendes??

    Martín: quedate tranquila nena, nadie va hacer nada que no quieras

    Ya está, me había jugado, ni hace falta que les cuente como estaba, la adrenalina de no saber cómo se iban a dar las cosas me mataba de calentura. Me pongo una pollerita, una blusa, un saco de lana, un tapado largo y unas botas largas (sin medias) no quería tardar tanto en desnudarme

    Salgo de casa, cada paso me mataba era como decir, falta cada vez menos, el corazón me latía a mil, pensaba en: ¿cómo me había animado?, pero la calentura de hacer algo así me mataba (siempre había pensado en algo así, como una fantasía ¡incumplida!).

    Llego a su casa y de una toco el timbre, si lo pensaba a lo mejor ¡me iba!, me abre Martín, ya les dije re nerviosa, él se dio cuenta, me abraza, muy tiernamente, ni siquiera me beso, solo quería darme seguridad, me pregunta: “Estas segura, quiero que lo pases bien” le digo que si, que nunca había hecho algo así, pero estaba segura en experimentarlo.

    Subo al cuarto, saludo a sus dos amigos, que ya me habían cogido, ¡qué momento!, nos quedamos los tres en silencio.

    Yo era la más grande y ¡no quería quedar como una boluda!, no sé cómo hice, pero tome la iniciativa y les dije: ”ok, voy hacer lo que les dijo Martín”

    Estábamos todos parados, yo enfrente de ellos, me saco las botas, después el saquito de lana, y ahí empezó la parte más difícil, me saco la blusa, despacio, me desabrochaba los botones despacito, hasta que me la termine sacando, después la pollera y los miraba, bah, miraba sus pijas y como se las iban tocando, me quede así en ropa interior, que me miren y esperen ansiosos a que me sacara el resto, eso me calentó mucho, como me miraban, como esperaban verme desnuda, me sentí deseada, no se. Es ¡difícil de explicar!

    Me doy vuelta, me saco el corpiño, y me vuelvo a dar vuelta, mostrándoles mis tetas, solo me faltaba la bombacha, no lo pienso, me la saco, y quede ¡desnuda delante de ellos!, me gusto, me sentía indefensa, desnuda, pero no por no tener ropa, sino, por estar así, desnuda, entregada, ¿me explico?, se acercaron, Martín me dice: “bien nena, muy bien” y los chicos me acariciaban la cola, las tetas, estuvieron un rato con sus manos acariciándome ¡todo mi cuerpo! Eso me calentó mucho, yo desnuda ellos vestidos ¡tocándome! Ya estaba mojada y caliente, solo querían terminar de hacer lo que tenía que hacer y después ¡sería de ellos!

    Martín me lleva a la cama, me siento en la cama, apoyando la espalda en la pared y mis pies sobre la cama, dejando mi conchita a la vista de todos, ¿me explico? Y me empiezo a tocar, siempre mirándolos ¡ni yo podía creer lo que hacía!

    Me empiezo a acariciar la conchita, las miradas de los chicos, era inexplicable, me la acaricio, junto con mis piernas, ya estaba muy mojada (siempre tuve la fantasía de hacer algo así), sola, casi sin darme cuenta de la calentura que tenía me empiezo a meter un dedo, me lo metía, me lo sacaba, ya estaba muy caliente, los chicos se empiezan a poner en bolas, ¡eso me calentó! Ver esas tres pijas hermosas paradas y que iban a ser todas ¡para mí!

    Sigo así, ya estaba muy caliente, y había perdido el control de lo que podía pasar, se acercan y me empiezan a tocar, uno las tetas, otro las piernas otro la panza y yo masturbándome mientras tenía todas esas manitos que me tocaban, me acariciaban y me hacían erizar todo mi cuerpo, sentir tantas caricias juntas, porque eran solo caricias lo que me hacían, era hacerme sentir que me tocaban dulcemente, suavemente, me gustaba, me dejaba, cada vez gemía más, y más, como aprobando lo que hacían y dejando que me tocaran, ya mi cuerpo era de ellos, ¡yo no respondía por él!, hasta que terminé acabando como una loca, y me quede más caliente, más caliente y con ganas de pija.

    Ni bien acabé, ya estaba, como les dije, como loca, como en otro mundo sin que nada me importe, ¿me explico? En la misma posición que estaba, le agarro la pija a uno de los amigos de Martín, el que estaba más cerca y se la empiezo a chupar (yo siempre la empiezo a chupar de a poco, primero unos besos, unos mimos y después me la meto en la boca) ¡pero esta vez no!, me la metí de una en la boca y se la chupaba desesperadamente, y él me empujaba la cabeza para metérmela más adentro.

    Hasta que veo que Martín, se tira de cabeza en mi conchita, abro las piernas lo más que puedo y me la empieza a besar, el guacho lo hacía despacio y más caliente me ponía, lo único que quería era sentir algo ¡dentro!, hasta que me empezó a meter la lengua, con todas sus fuerzas, y yo ya no podía abrir más las piernas, él ya me las había levantado para podérmela chupar mejor, ¡por favor! ¡Qué placer!, encima el otro amigo se entretenía con mis tetas, hasta que Martin me la empieza a poner, y yo decía (cuando me sacaban la pija de la boca): “siiii, ¡así! ¡Cójanme así!, y Martín, me acuerdo que me decía: “¿te gusta putita así?, ¿qué te cojamos entre todos?” (que turro sabía que me gustaba y estaba entregada), “siii, pendejo siiii, ¡cógeme así!”, me la ponía, me la sacaba jugaba con mi calentura, hasta que el amigo me empieza a acabar en la cara y en la boca y yo también acabe de nuevo, gritando, agarrando la pija que tenía en la boca hasta dejarla ¡bien limpita!

    Como les dije, yo ya había perdido el control, no me importaba ¡nada!

    El otro amigo de Martín, se acuesta y me dice así (de esto me acuerdo bien): “veni Caro, cabálgame que lo haces muy bien”, me subí arriba suyo, me puse de cuclillas (es una de las posiciones que más me gusta, lo conté mil veces), me enterré esa hermosa pija y empecé a saltar, si, saltaba, casi hasta le araño ese hermoso lomo que tenía, yo ya transpirada, despeinada, entregada, y así seguí saltando hasta que Martín me hace apoyar sobre este pendejo, dejando mi colita a su disposición, ¿me explico?, y me empieza a besar la cola, mientras el pendejo me seguía cogiendo, yo ya toda mojada, Martín (que es pendejo pero no boludo), me mete un dedo, dos y sin perder un minuto la pija, ¡ME ESTABA COGIENDO LOS DOS! Yo ya no me podía mover, ya al poco tiempo el dolor de que me metiera la pija en el culo fue placer, me empezaron a bombear los dos, como animales, sin piedad y yo solo gemía de placer, y los dejaba, hasta que siento cada vez más grande la pija de Martín hasta que su leche calentita me llena ¡la cola! Y ahí sí, me la metió con toda su fuerza por la cola para sacarse ¡toda la lechita!

    Al toque acabo otra vez, como una yegua y antes de que termine de acabar (ese orgasmo mío fue muy largo) el pendejo que me estaba cogiendo también acaba.

    Yo no daba más, la verdad estaba destruida, ni siquiera me lave, la lechita que me salió de la cola quedó en la sábana, pero me importo ¡un carajo!

    El primer pendejo que acabó (porque ya había pasado un rato y estos pendejos de mierda se ponen de nuevo al palo ¡enseguida!), se me acerca, me besa, se pone al costado mío en la cama, me agarra la mano y la lleva a su pija, hermosa ¡como las de todos! Y a eso no me iba a negar, se la empiezo a acariciar y al toque ¡se le paró!, me agarra la cara y me lleva a que se la chupe, yo obediente y sumisa se la empiezo a chupar, quedando de nuevo ¡en cuatro!

    Siento y veo las manos de Martin que me empiezan a acariciar mis tetas y los dedos de su amigo que empiezan a jugar con mi cola, no me importaba, lo deje, me gustaba sentir esos dedos, y más sabiendo lo que venía después, cosa que no tardó mucho en empezar a meterme la pija ¡en la cola! Y con mis gemidos le demostraba, que a pesar que hacía muy poco que me la habían hecho ¡me gustaba!

    El pendejo se ¡desespero!, él nunca me la había hecho, me bombea como un salvaje y me acabo otra vez ¡en la cola!, me doy vuelta y Martín junto con el pendejo al que se la estaba chupando, de a uno me la empiezan a poner en boca, yo les agarraba una pija con cada mano, y me turnaba para meterme una y otra, y así hasta que los dos juntos me llenaron la boca y la cara ¡de leche! Y mientras me hacían eso de la calentura que tenía, porque el otro pendejo me tocaba la concha ¡acabe de nuevo!

    La verdad es que no daba más, y creo que los pendejos tampoco, bah, si esperábamos un rato ¡seguro se les paraba de nuevo!, pero me pasó lo que muchas veces me pasa.

    Nos quedamos un toque en la cama los cuatro, yo ya me empecé a enfriar, ¡ya me habían cogido mucho!, hicieron conmigo, ¡lo que quisieron! Y yo me dejé, ¡y me gustó!, pero una vez que se me pasa la calentura re loca que tenía…

    Voy al baño, me lavo la cara (estaba toda encastrada), me lavo la cola, me miro al espejo y la verdad yo sola me hablaba, diciéndome: “¿qué hice?” ni yo lo podía creer, me quedo un rato en el baño, tenía una mezcla de felicidad, tranquilidad (como nos pasa todas después de semejante cogida) y aunque no lo crean también vergüenza en tenerlos que ver de nuevo. Una vez que se me pasa la calentura, no me da aparecer en bolas.

    Martín me golpea la puerta del baño, me pregunta: ”¿todo bien Caro?” le digo que si, que me traiga la ropa, me vestí (no quería ya salir desnuda), la locura ya había pasado, salgo del baño, saludo a los chicos, me dicen que me quede un rato más, que tomábamos algo, nada más, pero no, la verdad es que me quería ir.

    Martín me acompaña a la puerta, me pregunta: “¿todo bien Caro?” le doy un beso en la boca y me fui.