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  • Secretos de familia (2)

    Secretos de familia (2)

    Después de ducharse, Jaime tomó el móvil y le envió un mensaje a su novia.

    «Buenos días, preciosa. El sábado un coche pasará por tu casa a buscarte a las 20:00 en punto. Ponte guapa ya que, como tantas veces me has pedido, conocerás a mi familia.

    Voy a estar muy liado con el trabajo, así que hasta el mismo sábado no podré verte.

    Un beso»

    Tras mirar el móvil unos segundos para asegurarse que el mensaje había sido enviado, lanzó el móvil sobre la cama y se dispuso a bajar a desayunar.

    Pasó delante de la habitación de su hermana Sara y pudo observar que estaba pulcramente ordenada y sin una mota de polvo. A pesar de llevar casi un mes vacía, ya que tanto ella como su madre se encontraban realizando un crucero, diariamente era limpiada. Continuó avanzando por el pasillo y al alcanzar la habitación de Rebeca se detuvo un momento para contemplar a su hermana mientras llevaba a cabo sus ejercicios matutinos. Su polla se alzó en su máximo esplendor al verla realizar las sentadillas. La forma de su culo al flexionar las piernas le invitaba a tomarlo con dureza sabiendo que aguantaría cualquier envite por fuerte que fuese.

    – Cuando dejes de babear me podrías ayudar con las abdominales. -le dijo Rebeca sentándose en el suelo juntando las palmas de los pies, dejando ver una gran mancha (sudor?) entre sus piernas.

    – Pensé que no me habías visto, hermanita. Estabas muy concentrada. -contestó Jaime adentrándose en la habitación. Al ponerse frente a ella, la polla de Jaime quedó a la altura de la cara de su hermana y tras acomodársela en los pantalones, se agachó y sujetó los tobillos de Rebeca.

    – Vaya hermanito, no ha pasado Ingrid a despertarte? -preguntó al tiempo que comenzaba a realizar las abdominales.

    – Bien sabes que si…justo después de despertarte a ti.

    Las últimas diez repeticiones transcurrieron en silencio y al finalizar, Rebeca le pidió a su hermano que la ayudase a levantarse. Cuando este la tomo de las manos, se levantó acercando su cuerpo a la cara de Jaime que se mantenía aún arrodillado. Los pechos de Rebeca se restregaron por su cara y cuando fue el turno de su entrepierna, el aroma del coño de Rebeca se adueñó de las fosas nasales de su hermano.

    – Anda, vamos a desayunar, que me muero de hambre. -fueron las palabras que dijo Rebeca dejándole aún arrodillado y con la polla a punto de reventar los pantalones.

    – Bajo ahora. -se disculpó Jaime al oír su móvil sonando en su habitación. En lugar de encaminarse inmediatamente a contestar la llamada, se quedó inmóvil viendo como su hermana descendía la escalera.

    – Buenos días, Preciosa. -contestó a la llamada, viendo que era Miriam.

    – Buenos días Amor. Estoy de los nervios. El sábado? Uff, pensé que sería mas adelante. Algo en especial que tenga que saber? Algún consejo? -las preguntas salían unas detrás de otras.

    – Si, el viernes llegan mi madre y Sara del crucero, así que… para que retrasarlo mas. -le interrumpió Jaime. – Ponte bien guapa. Nada de lo que te diga te preparará para el sábado, así que simplemente eso, arréglate como si fueses a una comida de gala.

    – De gala? No tengo nada parecido! -los nervios se apoderaron de Miriam.

    – Tranquila, yo me encargo y te haré llegar todo. -zanjó Jaime. – Voy a desayunar y luego iré a trabajar, te llamo en cuanto saque un rato. Ok?

    – Ok. Te quiero.

    – Te quiero, preciosa. -finalizó la llamada y, de nuevo, lanzó el móvil sobre la cama.

    Entró en el salón y tras saludar a todos los allí presentes se sentó dispuesto a desayunar. Su padre, Luis, sentado a la cabecera de la mesa, le devolvió el saludo con un leve movimiento de cabeza y continuó hablando por el móvil mientras que Rebeca le lanzó un beso enderezándose en la silla para ofrecerle una buena panorámica de sus pechos.

    – Olga, por favor, -pidió a la sirvienta elevando la voz, ganándose con ello una mirada de reprimenda por parte de su padre al tiempo que señalaba el móvil con la mano libre. -me harías el favor de ponerme un café con leche?

    – Como no, Señorito Jaime. -respondió la aludida desde la cocina. – Ahora mismo se lo sirvo.

    Jaime se obligó a separar la vista de los pechos de su hermana para contemplar como Olga venía con la bandeja del café. Con su metro sesenta de estatura, 25 años y el pelo rubio formando una coleta, colocó la bandeja a la derecha de Jaime, el cual, no perdió la oportunidad de acariciar sus piernas. Deslizó la mano derecha sus muslos y alcanzó el tesoro que escondía entre ellos. Sus dedos toparon con una pequeña joya alojada en su orificio anal y tras presionarla con el pulgar, introdujo el dedo corazón dentro del coño, siempre mojado y listo, de la rubia. Olga no dejó que ningún gesto revelase lo que estaba sucediendo bajo su minifalda negra y sin inmutarse, procedió a servirle el café. Al inclinarse sobre la taza, Jaime obtuvo una perfecta visión de sus redondos pechos, ni grandes ni pequeños, de justa medida, cuyos erectos pezones pugnaban por arañar la blusa blanca que, sin que fuese debido al azar, tenía los tres primeros botones desabrochados.

    Si bien, Olga había sido capaz de mantener la compostura, lo sucedido bajo la negra falda no había pasado desapercibido para Rebeca, que llevando la mano izquierda a su entrepierna, acarició su clítoris por encima de las mallas sin perder de vista la reacción de la criada.

    – Me tienen loco. -resopló Luis al tiempo que finalizaba la llamada. – No son capaces de decidir nada por su cuenta. Lo siento, tengo que ir ya al trabajo o se desatará el caos.

    Luis se levantó de la mesa e inmediatamente, un guardaespaldas, que hasta entonces había permanecido inmóvil en una esquina, le acercó el maletín y se dispuso a acompañarlo.

    – Papá, antes de que te vayas… -dijo Jaime aun acariciando el coño de Olga. – el sábado vendrá a cenar con nosotros Miriam, mi novia.

    – Estás seguro? -contestó su padre mirándolo fijamente a los ojos. – Conoces las normas de la familia… sabes lo que sucederá.

    – Lo sé. Quiere conoceros y pienso darle el gusto.

    – Muy bien, que así sea. Espero que no te arrepientas.

    – Tranquilo Papá, está decidido.

    No pasaron ni dos segundos desde que Luis abandonó la estancia cuando Rebeca se levantó de un salto y corriendo se acercó a su hermano sentándose a horcajadas sobre sus piernas

    – Por fin voy a conocer a mi cuñadita? -preguntó mientras que con un gesto de la cabeza le indicaba a Olga que podía retirarse.

    – Tarde o temprano tenía que pasar. -dijo Jaime cogiendo a Rebeca por las caderas y recolocándola de tal forma que no aplastase su polla que aún seguía pensando en el coño de Olga.

    – Ups, perdón. -fue la respuesta de su hermana mientras comenzaba a mover suavemente las caderas haciendo que la polla de Jaime se endureciese aún más si fuese posible.

    -Tengo que pedirte un favor, hermanita. Miriam no tiene nada adecuado para la ocasión y como tú tienes un gusto exquisito para la moda, te importaría comprar un vestido para ella?

    – Será un placer. Cuenta con ello, pero… tendrás que darme pistas sobre es o no acertaré con las tallas. Veamos, -dijo poniéndose de pie y comenzando el interrogatorio. -Altura? Como yo? Más alta? Más baja? -movía la mano derecha indicando la altura.

    – Es más baja que tú, mide 1,76.

    – Rubia? Morena? Pelirroja? Pelo largo? Corto?… calva? -no pudo resistirse a tomarle el pelo a su hermano.

    – Morena, pelo liso, largo, por debajo de los hombros.

    – … vamos bien… Olga, por favor, ven un momento. -Rebeca esperó a que esta llegase y continuó con la ronda de preguntas. – veamos como tiene los pechos. Son algo… así? -preguntó al tiempo que se subía el top dejando sus pechos al aire. – O… así? -terminó de preguntar tomando la blusa de Olga con ambas manos rasgándola.

    Los ojos de Jaime bailaban entre ambos pares de pechos. La diferencia entre ellos era notable. Si bien los de Olga eran de un tamaño, perfectamente proporcionado con el cuerpo de la rubia, los de su hermana sin embargo eran enormes, una 110, pero no por ello menos perfectos.

    – Umm… no sabría decir. -contestó Jaime poniéndose de pie. -Veamos… -tomó los pechos de Olga con las manos y los alzó sopesándolos. – Quizás mas grandes. -repitió la operación con los pechos se su hermana, con los que se entretuvo mas de lo necesario pues estaba claro que los de Miriam eran mas pequeños. – Definitivamente, no son tan grandes como los tuyos, hermanita. -alzándolos una vez más, se despidió de ellos con pena. -Así a ojo, diría que un poco mas grandes que los de Olga, pero no mucho mas.

    Adelantándose a la siguiente pregunta de su hermana, Jaime la volteó y, de un tirón, bajó las mallas de su hermana al tiempo que se agachaba quedando su cara a escasos centímetros del culo de Rebeca.

    – De lo que si estoy seguro, es de que no tiene este culo. Ojalá… pero no. Veamos el de Olga.

    Rebeca hizo que Olga se voltease y apoyase el pecho sobre la mesa del salón y lentamente subió la falda de la criada, deleitándose ambos con el redondo culo de Olga.

    – Míralo bien, hermanito. -dijo separando ambas nalgas. La joya del plug destelleaba al recibir los rayos de sol que entraban por la ventana. – No quiero equivocarme por tu culpa y que el vestido no le quede bien a mi cuñadita.

    Jaime no pudo resistir la tentación y acercándose a el, recorrió con la lengua el encharcado coño de Olga desde el clítoris hasta el perineo.

    – Justo así. -contestó poniéndose de pie y soltando un sonoro azote en el culo de la rubia.

    El pantalón de Jaime estaba a punto de reventar y sin dudarlo un segundo, se lo desabrochó liberando su polla, que había tomando las riendas de sus actos.

    – Gracias hermanito, ya tengo toda la información que necesito. Ya me darás su dirección para que le envíen la ropa. -dijo Rebeca subiéndose a la mesa y sentándose frente a Olga para que esta le comiese el coño. – Y ahora… Fóllatela de una puta vez, que te va a explotar la polla.

    Jaime no se hizo de rogar y de un golpe le clavo la polla a Olga hasta el fondo y comenzó a follársela con dureza. Olga recibía las embestidas sumisamente mientras se esforzaba en devorar el coño de Rebeca, que sujetaba su cabeza impidiendo que su lengua se tomase un segundo de respiro. Esta no se detuvo cuando Jaime retiró el plug y colocó la polla en la entrada de su dilatado culo. Jaime, miró a los ojos de su hermana y, lentamente, comenzó a empalar a Olga hasta que sus pelotas le indicaron que toda su polla se alojaba en las entrañas de la rubia. Sin interrumpir el contacto visual con Rebeca, Jaime aumentó el ritmo de las embestidas sobre el culo de Olga. Ambos sabían que realmente se estaban follando el uno al otro aunque el cuerpo de la criada los separase.

    Los gemidos de ambos iban en aumento y finalmente estallaron en un orgasmo triple. Jaime y Rebeca se vaciaron dentro de Olga. Jaime le llenó las entrañas con su corrida y Rebeca hizo lo mismo en la boca de esta, que cerrando los ojos se dejó llevar al éxtasis y se abandonó a su propio placer.

    Rebeca tomó el plug que había quedado encima de la mesa y rápidamente, lo devolvió a su sitio impidiendo que la corrida de su hermano se derramase.

    – Creo que es hora de darme una ducha. -dijo Rebeca encaminándose desnuda a su cuarto. – Estará deslumbrante. Confía en mí hermanito. Tu novia no dejará a nadie indiferente.

     

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (21)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (21)

    Nos levantamos y fuimos a ducharnos en su cuarto de baño. Nos lavamos el uno al otro en una constante caricia y volvimos a la cama desnudos, así nos metimos entre la ropa y me abracé a él.

    A pesar de haberle complacido dándole mi verga y de haberlo gozado, no me consideraba un macho, de verdad que lo había disfrutado, mucho, y gozando al verle a él dichoso cuando me sentía profundamente metido en su cuerpo, yo se lo que es eso, pero lo mío son las vergas y que me las metan por la boca o por el culo, me sentía agradecido por la confianza que me tenía para pedirme que fuera su primer macho que se lo cogiera.

    Nos dimos unos tiernos besos y se quedó con los brazos fuera de la ropa colocando las manos bajo su nuca, su peluda axila quedaba pegada a mi nariz y los pelos me hacían cosquillas.

    -¿Te sientes feliz Ángel?

    -A tu lado me siento seguro, protegido, amparado y te amo.

    -He hablado con Eduardo, queremos que sigas preparándote y le he pedido que tus profesores te dirijan, ahora por internet, como hacían antes, tienes que superar la prueba de acceso a la uni, ¿qué te parece? -me le quedé mirando, o sea, que no solamente había pasado el día atendiendo a sus pacientes, también se había preocupado de mi.

    -Haré lo vosotros queráis. -bajó el brazo para pasarlo bajo mi cuello y se giró para mirarme.

    -Ángel ahora eres libre para tomar tus decisiones, ya no perteneces a mi tío ni a la organización, puedes hacer lo que te guste. -posó los labios en mi nariz dándome pequeños besos.

    -Pero está bien, me gusta estudiar y Eduardo tampoco me lo impuso, entiendo que Guido y Oleguer no puedan estar aquí y que tenéis que buscar otra forma para que estudie, además, Álvaro, yo te agradezco que te preocupes por mi. -me acariciaba el hombro con la mano que tenía libre, hacía que me sintiera bien a su lado, ¿cómo iba a cuestionar lo que él decidiera?

    -Puedes usar mi ordenador, todo lo que necesites y si no lo tengo pídeselo a mi madre para que lo traigan. -me sentía como un niño mimado.

    -Gracias Álvaro, te quiero, pero no necesito nada, tengo demasiado. -le acariciaba la pierna jugando con los pelitos que hallaba en mi recorrido.

    -Tengo que cuidar de mi gatito hacer que se sienta feliz. -era el ser más delicado y delicioso que conocía.

    -Ahora cuéntame tu día, como lo has pasado sin mi. -me volví hacia él y comencé a contarle como había ayudado a su mamá, y luego la comida con Eliseo y el viaje a la montaña, todo y muy detallado.

    -Vaya, veo que no me has necesitado en todo el día. -elevé la mirada pero no estaba enfadado, me sonreía como solo él sabe hacerlo.

    -Estoy contento, muy contento de que lo hayas pasado bien, y que mamá y Eliseo te hayan atendido, quiero que sigas las clases de conducir y nadie mejor que el, mañana te apuntaré en una academia para que puedas examinarte.

    -¿Puedo hacerte una pregunta? Es sobre Eliseo.

    -¿Pregunta?, todo lo que desees saber gatito, estoy para responderte, lo que pueda.

    -Habla muy poco pero me recordaba del funeral de su mujer, y al hablar de ella lo hacía como si su muerte hubiera sucedido hace años y no unos meses. -me pareció que Álvaro se ponía tenso y pensé que no tenía que haber hecho la pregunta.

    -Bueno, verás, creo que su relación de marido y mujer había terminado hace mucho tiempo, aunque vivían juntos él tenía sus diversiones y hacía su vida.

    -Es un buen hombre a pesar de todo, y ahora que le conoces mejor, te habrás dado cuenta de lo atractivo que es, igual que Pablo. -dejó de hablar y saqué mis conclusiones, Eliseo tenía que ser un don Juan conquistador al que pocas mujeres se resistirían, pasaba con él lo mismo que con Pablo, los dos poseían una virilidad arrolladora.

    -Si, es muy, muy… -no sabía que palabras emplear.

    -Muy masculino, varonil y macho, ¿es lo que quieres decir? -Álvaro lucía una sonrisa irónica y de mordaz picardía.

    -Sí así es, pero también rudo y un poco áspero. -encajaba en todas las calificaciones que pudimos encontrar.

    -Igual que Pablo, son idénticos. Por cierto, ya le quedan pocos días para terminar los exámenes en la uni y vendrá a pasar las vacaciones como hace otros años. -tuvo que notar la alegría que reflejaba mi cara.

    -¡Ohhh! Pablo, ¡qué bien que venga pronto! -se me quedó mirando y vi que sonreía también.

    -¿Tienes ganas de estar junto a él? No hace muchos días que no le ves.

    -¿Te molesta?

    -No gatito, si a ti te hace feliz a mi también, siempre nos hemos llevado bien, ahora no tiene porque ser distinto. Yo te amo y…, sí, él te ama también.

    -Nunca me lo ha dicho.

    -Es un tosco y un zopenco, no sabe decir lo que siente, se avergüenza de tener sentimientos. -me besaba lentamente acariciándome la cara y apagó la luz, me fui quedando dormido entre sus brazos, dando vueltas en mi cabeza a lo que podría suceder cuando Pablo llegara.

    Pasaron algunos días, comenzaron a caer las primeras nevadas, a cubrir con su blanco manto los campos, y aunque no era mucha la cantidad, bastaba para que el suelo brillara cuando algún tímido rayo de sol conseguía atravesar las nubes.

    Mis profesores se habían puesto en contacto conmigo interesándose por mi estado y comenzaron a llegar sus instrucciones, las clases se reanudarían después de pasar las fiestas.

    Eliseo envió el abeto que Victoria le encargó, no lo trajo él, envió a dos hombres, y fueron necesarios para meterlo en el salón y dejárnoslo instalado. Los adornos navideños cambiaban el ambiente de la casa y se palpaba la Navidad. Una mezcla de triste melancolía y alegre esperanza se podía respirar poniéndole el contrapunto adecuado, y al calor de la chimenea don Mateo, en los prontos anocheceres, se empeñaba en enseñarme a jugar ajedrez.

    Eliseo me recogió en un par de ocasiones para que le acompañara, una vez para llevarme a la academia de conducir como Álvaro le pidió para que fueran preparando la documentación, la otra para llevarme a la hacienda de los abuelos de Oriol, allí pude conocer mejor a los ancianos, eran mayores que los padres de Álvaro.

    Me estuvo enseñando las caballerizas y su casa en un pasar de largo, pequeña pero bonita, un poco apartada de la casa principal y del resto de las instalaciones. En unos grandes almacenes, donde guardaban la maquinaria agrícola, estaban varios trabajadores, hablando y preparando aperos diversos.

    Estuvo un rato hablando con ellos y dándoles instrucciones, me los presentó por sus nombres, de los que solo me quedó el de un chicho joven, Marcos, pero lo recordaba por su actitud insolente y arrogante.

    No era muy mayor y vestía un vaquero ajustado que le marcaban las piernas y muslos como si fuera una segunda piel, la camisa la llevaba con las mangas remangadas mostrando el moreno e hirsuto pelo que le poblaba los brazos, se tocaba insistentemente el bulto exageradamente grande que mostraba con orgullo en la entrepierna, lanzándome procaces y provocadoras miradas.

    Tenía delante de mi un ejemplar de macho bastante guapo y apuesto, viril y creyéndose el dios apolo ante el que todos se rinden. Procuré no mirarle demasiado, pero era inevitable que mis ojos se fijaran a veces en él, por su atrevida pose y porque estaba muy bien, él era conocedor de sus atributos sin duda.

    Mi aguda y experimentada vista me permitía percibir la forma del alargado pene bajando por la pernera, del glande más gordo que el tronco, y de las dos redondas bolas que eran sus cojones, todo ello marcado claramente en la dura y gastada tela.

    En una ocasión sorprendí a Eliseo observándome, justo en el momento que mi mirada estaba prendida del paquetón del tal Marcos, me puse rojo y aparté bruscamente la mirada.

    Eliseo iba cambiando, ahora me hablaba más y se permitía algunas bromas del tipo hombre-hombre, o macho-macho, como si yo fuera como él.

    -Mira esa chica que culo tiene, para cogérselo y meterle el garrote, o…

    -Esa tía buenorra nos está mirando, la tipa está provocativa, o…

    -Te voy a llevar un día de estos a follar unas putas…

    Yo solamente me reía porque sabía que todo eran bromas, él tenía que haber notado, o mejor aún, conocer lo que yo era, o simplemente me estaba provocando para saber lo que yo pensaba.

    También me daba espaldarazos que me temblaba el cuerpo y al ver mi cara se reía con ganas. Toda una camaradería que parecía muy extraña siendo nosotros tan diferentes.

    Otras veces me trataba como si fuera una delicada dama, cuando detenía la ranchera y había un charco de agua, me cogía en sus brazos para que no lo pisara, a pesar de todo lo pasaba bien a su lado. Ese día, ya de vuelta a la casa de Álvaro, y como que no quiere la cosa.

    -Ese Marcos está como quiere, ya lo se, ya te ha puesto el ojo encima lo mismo que tu, ten cuidado con él, no se si a Pablo y a Álvaro les gustaría… -en un principio me quedé mudo, desconcertado de que pensara que yo podría querer algo con el hombre por muy bueno que estuviera.

    -¿Cómo puedes pensar así Eliseo? Yo no quiero tener nada con Marcos… -se puso a reír con esa risa fuerte y bronca que le sale profunda del pecho y me agarró el muslo, su mano era tan grande que rodeaba mi pierna.

    -Pues no, claro que tu no quieres, te lo decía por él y eso que yo entiendo que lo miraras de esa manera, es un hombre muy macho que gusta a las hembras y a ti no te interesa para nada, mi sobrino y Álvaro tampoco están nada mal. -ahora hablaba lo que otras veces no había hecho, demasiado, y no sabía a donde quería ir a parar.

    -Como tu dices no me interesa, no siento fascinación por los hombres que son tan gallos. -me estrujó un poco más en la pierna con la mano.

    -Sin duda eso pensaba, ¿no te habré molestado, verdad? A veces me paso cuando una persona me interesa, ¿sabes? Quiero que sigamos siendo amigos, y que si tienes algún problema o necesitas algo sepas que yo estoy para dártelo. -de repente sacó la ranchera del camino y la detuvo. En ese momento sentí un poco de miedo, bueno de miedo no, tenía la certeza de no me iba a hacer algo malo, me quedé expectante, vigilante por lo raro de la situación.

    -No me gustaría que pensaras mal, tu eres un muchacho muy guapo, exquisito, mi sobrino y Álvaro están interesados por ti, seguramente también a otros hombres les pasará lo que a Marcos, no hay duda, y yo tengo que cuidarte cuando estás a mi cargo. ¿Me entiendes? -me miraba muy fijo cogiéndome de los hombros.

    -Sí, si Eliseo te entiendo perfectamente. -sonreía como un avispado y viejo zorro cazador.

    -Pues venga, un abrazo de amigos que selle nuestra amistad. -me llevó hasta su pecho y pensé que me rompía la columna, al cabo de un minuto que aprovecho para pasar las manos por mi espalda hasta llegar a las nalgas, se separó.

    -Eres tan pequeño y lindo como un niño. -ahora acercó la cara y me besaba en la frente, sentía los duros pelos de su barba que la tenía como siempre de dos o tres días.

    No se detuvo ahí y bajaba besándome los ojos, las mejillas hasta llegar a la comisura de la boca y allí se detuvo unos segundos, posando su carnosa y roja boca en el extremo de mis labios, le olía el aliento a semillas de comino abriéndome el apetito sexual, otra cosa más que me recordaba a Pablo, si hubiera cerrado los ojos pensaría que era él quien me besaba.

    Ahí quedo todo, creo que al no recibir repuesta por mi parte decidió terminar lo que solo él había empezado. Cuando llegamos a la casa me dejó en la entrada sin bajarse, abrió la ventanilla y me guiñó un ojo.

    -Recuerda que soy tu amigo para todo lo que quieras, esto no lo hables con nadie, pensarían mal, ¿de acuerdo?. -y se marchó, esperé hasta que las luces traseras del del coche desaparecieron.

    Esa noche Álvaro no llego para la hora de la cena, me estaba dando cuenta de que trabajaba demasiado, demasiadas horas sin dedicar tiempo al descanso, siempre tenía la misma disculpa, no había médicos suficientes y en este tiempo se disparaba el trabajo ambulatorio.

    Subí a la habitación y me puse a revisar los correos que Guido y Oleguer me habían enviado, cuando escuché el motor de su coche no bajé para buscarle, tardó escasos minutos en subir.

    -Mi gatito, pensaba que estabas en la cama. -me levanté para abrazarle.

    -Has subido muy pronto, ¿sin cenar? -le abracé la cintura pegando mi cuerpo a él.

    -Comí un bocadillo en la cantina del hospital, con mis compañeros del trabajo, no te preocupes que no voy a morirme de hambre. -me dio unos cuantos besos.

    -Voy a tomar una ducha, la necesito de verdad. -le ayudé a quitarse la ropa y le acompañé al baño. -veía su hermoso cuerpo a través de los cristales hasta que se empañaron por el vapor.

    A pesar de no ser tan fuerte como Pablo no estaba nada mal, era alto y con anchas espaldas, cintura estrecha que terminaba en sus nalgas redondas y altivas, fuertes muslos y piernas, la pija un poco más pequeña pero de respetable tamaño y que estaba aprendiendo a manejar muy rápido. En el pecho tenía bien marcados los pectorales, su abdomen estaba plano marcándosele un poco los cuadraditos abdominales. Le coloqué en la edad de su padre y me gustaba la proyección que veía de él aunque no fueran iguales.

    Me decidí y en un segundo me había quitado el pijama y abrí la mampara de la ducha, una nube de vapor me pegó en el cuerpo y entré en aquel recinto tan cálido.

    -¿Qué haces gatito? -estaba cubierto de espuma y le abracé sintiendo como resbalaba una piel con la otra.

    -Acompañarte, te veo tan poco que no quiero perder los minutos que pueda pasar a tu lado sin tocarte. -le pasaba las manos con la suavidad que proporcionaba el gel que le cubría, pasando por sus anchos hombros, y por los costados hasta su cintura, para llegar a su pequeño y duro culo. Introduje la mano entre las nalgas llegando al ano, sentí a mi pene vibrar recordando que hacía unos días había albergado mi polla y el gusto que me había dado.

    Le pasé los dedos por los bordes del ano delicadamente y Álvaro suspiró abriendo un poco las piernas para dejarme que tuviera mejor acceso, con la mano izquierda le acaricié los testículos mientras con la derecha le estimulaba el ano viendo como la verga respondía comenzando a inflarse.

    -Por favor gatito déjalo para luego, vas a lograr que mi culito quiera de nuevo tu polla. -pero yo no quería dejarlo ahora que estaba excitado y con deseo, abrí el grifo para aclararle y me arrodillé empezando a lamerle las gotas de agua que caían por el glande y lo introduje en la boca.

    -¡Waaaaww! Gatito, que delicia. -chupe el gordo glande cerrando los labios en la base y busqué su ano para introducirle un dedo.

    -¡Ohhh! ¡Ohhh! ¡Ohhh! Mi amor que bien lo haces, separó más las piernas y conseguí meterle todo el dedo follándole el culo con él, respondía a los estímulos de mi dedo en su culo engordando su verga y poniéndosele más dura.

    Retiré el dedo de su ano y me chupé el índice y corazón para volver a meterle ahora los dos, el culo apretaba la punta de los dedos negándose a que le perforaran y de repente se abrió dejando que resbalaran en su recto.

    -¡Oh, Dios mío! Qué gusto nene. -volví a meter la punta de la polla en la boca y seguí moviendo los dedos, la otra mano la ocupaba dandole masajes en los huevos, sintiendo como se le contraían subiendo y bajando en la bolsa hasta pegar en la base del pene.

    -¡Oh! Mi vida, mi amor, que placer. -me sujetó la cabeza y sentí que deseaba ir a más pero no se atrevía a follarme la boca con la verga.

    Saqué un instante la polla y entonces llevó los dedos de una mano a mi boca y se los chupé.

    -¡Ayy! Ángel, mi gatito, que rica boca tienes.

    -Fóllamela Álvaro, fóllala hasta que te corras, quiero tu leche mi amor. -al principio iba despacio pero la excitación le podía terminando follándomela con fuerza, hasta que sentí contraérsele el ano cerrándose en mis dedos y empezó a descargarse los huevos.

    Sentí como golpeaba la leche saliendo con fuerza en mi boca, estaba caliente y jugosa, no la tragué y dejaba que su verga se envolviera en el semen que terminaba de dejarme, como le tenía sujeto por las nalgas apretándolo contra mi boca, metió la mano y me empujó la cara para que le dejara sacar la verga.

    -¡Ya vale, ya vale Ángel! -dejé que la fuera sacando y apretaba los labios para que me dejara todo el esperma que tenía bañándole la polla, fui tragando lo que me quedaba dentro, mucha había escurrido de mi boca manchándome el pecho.

    Me sujetó por las axilas y me levantó del suelo, su boca llegó ávida a la mía metiéndome la lengua buscando la saliva.

    -Ángel, mi gatito, eres mi rico cielo.

    -¿Te ha gustado? -le abrazaba meloso mientras le besaba el pecho.

    -Ha sido perfecto, increíblemente bueno.

    Nos metimos en la cama y apoyé la cabeza en su pecho mirándole.

    -Te quiero Álvaro, me gustas, me sabes rico. -se sonrió y apretó mi cabeza, luego me elevó colocándome a su altura.

    -¿Como te ha ido el día? Me ha dicho mamá que has pasado toda la tarde fuera.

    -Eliseo vino a buscarme y me llevó a la haciendo de Oriol, estuve con sus abuelos y viendo las instalaciones, entre los trabajadores conocí a un chico un poco prepotente, Marcos creo que se llamaba.

    -¡Ah! Le conozco, precisamente esta mañana ha llevado a su madre a la consulta, no tienes que preocuparte, es un poco presumido pero no es malo, no creo que se haya metido contigo y menos estando Eliseo.

    Le expliqué algunas de las poses provocativas de Marcos y Álvaro comenzó a reírse.

    -¿Te hace gracia?

    -Bueno, no tiene nada de malo, te intentaba conquistar, será que le has gustado. -a la vez que reía me acariciaba la espalda que la tenía desnuda, no había vuelto a ponerme el pijama y los dos estábamos sin ropa debajo de las sábanas.

    -No ha sido muy agradable, Eliseo ha pensado otras cosas y me ha reprochado que me fijara en él. No se Álvaro, creo que le gusto a Eliseo. -sus risas no cesaban y sus caricias tampoco, había llegado a mis nalgas y jugaba metiendo los dedos hasta llegar a mi ano.

    -¿Y a quién no le gustas?, eres una tentación, un capricho para cualquiera, me ha contado Pablo que los hombres de la organización se peleaban por ser los primeros en estar contigo. -lo que decía me estaba sorprendiendo, sabía que Millán y Andrés habían quedado encantados conmigo, se lo habían dicho a Eduardo, pero que hubiera más que lo deseaban me tenía intrigado.

    Lo que Álvaro me contaba también me agradaba y elevaba mi auto estima, sentirme deseado por tantos hombres, no podía evitarlo, me encantaba y me daba miedo a la vez. Inspirar ese sentimiento me preocupaba por que alguno me pudiera causar daño al dejarse arrastrar por sus deseos, como había sido con Alejo y su compinche.

    Todos los hombres no eran maleantes y la mayoría sabía tener respeto, yo estaba protegido por Álvaro y Pablo, me sentía seguro, como ahora mientras sentía su mano pasar por mi ano acariciándolo.

    -¿Sabes una cosa Álvaro?

    -Dime gatito.

    -Tu y Pablo os parecéis en muchas cosas, no os molesta que otros hombres me deseen, y tampoco que me hayan tenido. -bajó la cabeza para unir sus labios a los míos.

    -Mi vida, ¿y qué conseguiríamos enfadándonos? Tu eres increíble, lo mismo que Oriol o más, no podemos evitar que inspiréis el deseo de teneros. Yo te amo como eres y quiero que seas así, terriblemente guapo y deseable, y que estés conmigo como ahora. -pasé la mano por su pecho y la bajé hasta el abdomen y llegué a su pubis, le encontré la verga crecidita y palpitante, descansando sobre el mullido lecho de los pelos.

    -Vuelve a hacerse grande, me gusta Álvaro, quiero tu polla, deseo que me la metas y dejes de jugar con mi culo.

    -Si vidita, te la voy a dar para que la tengas calentita dentro de ti.

    -¡Ayy! Mi Álvaro, dámela ya. -en lugar de hacer lo que le pedía me sujetó las caderas y me puso arrodillado, entendía lo que deseaba hacer y abrí mis piernas empinando el cuelo.

    Pegue un grito estridente al sentir el golpe de su lengua en mi ano.

    -¡Ayyyyyyyyy! Álvaro mi vida me matas, dame lengua amor, cómete mi culo. -me lo devoraba con mucha intensidad a la vez que me manoseaba la polla y los huevos, yo solo gemía y gemía del gusto que su boca me daba.

    Dejó de comerse mi culo y me dio al vuelta colocándome tumbado mirándole.

    -Tienes algún pelito alededor del ano. -me quedé sorprendido mirándole y pensando que podría haberle molestado.

    -Puedo ir a un salón de belleza para que me depilen si no te gustan. -desde que Ana Marí me llevó por última vez había descuidado el aspecto de mi culo.

    -Por mi no lo hagas, me encanta verlos haciendo guardia alrededor de tu ano. -me sonreía con picardía antes de sellar mi boca mordiéndome los labios.

    -Sujétate las piernas. -me las puso pegadas al pecho y cogiéndose la polla me golpeaba el ano, como si fuera un látigo de carne que se estrellaba haciendo que mi culo se contrajera abriéndose y cerrándose.

    -¡Oh, por favor!, no me vuelvas loco Álvaro métela ya, mi vida, por favor. ¡Dame la verga! -me la metió de una vez toda sin detenerse y haciendo que buscara el aire que me sacaba al empitonarme con su polla.

    -¿Así la quieres?

    -Sí, sí, dámela fuerte, rómpeme el culo mi amor. -me follaba como el mejor macho enviándome la verga hasta el fondo y cerré los ojos disfrutando de la cogida tremenda que me daba, me tocaba la polla sin apretarla para no correrme y aguantar la cogida gozándola como nunca.

    -Me voy a correr Álvaro, me llega la leche mi amor. -al escucharme redobló la velocidad y su verga entraba sin compasión en mi culo llenándome el vientre.

    De repente, en el momento de sentirme la leche en la punta de la polla, Álvaro empezó a correrse en fuertes arremetidas en mi culo que me movían sobre la sábana.

    -¡Toma, toma la leche que querías! -dejé de sujetarme las piernas, y al caer su verga se salió un poco de mi culo, para sentir mejor los trallazos de leche que me enviaba inundándome.

    -¡Ahh! mi amor me estas llenando. -volvió a hincarse en mi culo hasta que se desplomo sobre mi pecho. -descansamos un momento para empezar a besarnos agradeciendo el uno al otro como se había portado.

    Cuando sacó la verga estaba manchada de semen, y se la limpié con mi pantalón, lo mismo que la leche que estaba sobre mi estómago y la que me salía del culo.

    -Me gusta como me haces el amor, como me follas el culo, es tan hermoso tenerte.

    -Si mi vida no es difícil darte placer, es una delicia hacerte feliz, deseo que seas feliz y que hagas lo que te guste. -le miré dubitativo.

    -¿Crees que debo volver a salir con Eliseo?

    -¿Por qué no? Eliseo no te va a hacer daño y Marcos tampoco.

    -Con lo que te he contado pues no se, pensé que te podría molestar. -estaba pensando en las palabras que Eliseo me dijo sobre él y Pablo, que no les gustaría que hubiera mirado a Marcos.

    -Mi vida, todo lo que hagas depende de ti, nadie va a pedirte cuentas.

    Me dormí pensando que Álvaro era increíble y que mi amor se aumentaba viendo la confianza y libertad que me hacía sentir.

    Seguirá…

  • Incesto duradero

    Incesto duradero

    Para empezar les contaré que de joven, vivía con una prima un año menos que yo. Si, llegamos a ser pareja y si, tuvimos mucho sexo. No me siento culpable porque para cuando estuve con ella, ella ya no era virgen. Algún vecino se me adelantó.

    Fueron como tres años teniendo sexo hasta que cada uno fue dejando al otro de lado por nuevas amistades y parejas. Pero aun así cada tanto teníamos nuestros encuentros.

    Pasaron los años. Ya estoy casado a mis 28 años. Mi esposa tiene mi edad y es el tipo de mujer que uno u otro voltearía a mirar.

    Viajamos a su ciudad natal por una fiesta patronal y salimos con su familia del lugar mientras nos hacen beber alcohol a cada pequeño momento.

    La noté ya muy mareada así que la lleve a la casa, la cual no estaba muy lejos. Ahí estaban una tía suya y dos de sus primos que recién iban a la fiesta.

    Su tía me dice que la deje en el cuarto porque ya seguro no despertaría hasta el otro día.

    El resto nos vamos a la fiesta y ya se va haciendo de medianoche, por lo que los fuegos artificiales están preparados.

    Quise tomar fotos porque ya era la hora y noto que me olvide mi cámara en la casa. Le digo a la tía de mi esposa si tiene llave y me dice que su hijo la tenía pero que fue un rato a la casa.

    Voy corriendo a la casa mientras los fuegos artificiales son disparados.

    Llegó y la puerta no estaba cerrada, pero escucho ruidos que vienen del cuarto dónde dejé a mi esposa.

    Me asomo en silencio y veo a mi mujer y su primo teniendo sexo anal. A ella aún se la nota mareada pero también se le notaba cooperando mientras se movía.

    Se nota que ambos llevaban cogiendo un buen rato y siento algo de cólera en mi.

    Justo en ese momento recuerdo a mi prima y las veces que cogimos, así como lo distinto que es.

    Decidí hacerme de la vista gorda esa noche y dejar que mi mujer tenga su pequeño secreto.

  • Elisa versus Claudia, mi pasión

    Elisa versus Claudia, mi pasión

    En las relaciones de dominación/sumisión, hoy y después de una larga experiencia, todavía no tengo claro quién es el que realmente tiene el poder, si bien parece que el Amo, domina la situación haciendo cumplir todos sus deseos y fantasías, este se halla sometido por la fascinación que la sumisa obedeciendo las ordenes de este, ejerce sobre el Amo, esta es la gran dualidad de la D/S, el Amo domina en cuanto a acciones nos referimos, pero la esclava le domina a él si hablamos de sentimientos.

    Te llamas Elisa, has nacido en Rumania, vives aquí, sola, muy lejos de tu familia, tienes 24 años, pelo lacio, muy rubio, melena larga casi hasta el final de la espalda, boca ancha, labios ni gordos ni finos, pero tan sensuales que dan ganas de morderlos, nariz chata y pizpireta, delgada, 56 Kg. ancha de hombros, (según tú, único inconveniente del gimnasio donde te machacas casi a diario), piernas largas y bien torneadas, unas tetas pequeñas pero de duros pezones rosados, con una fina cadera como antesala de un culo redondo y respingón, unas manos de dedos largos y bien cuidados, uñas largas siempre pintadas de rojo, en el pubis luces un pequeño triangulo de vello, fino y rubio, que da paso a un fino y lampiño coñito de gruesos labios, que algún día decoraré con un anillo.

    Eres azafata de ferias y congresos, llegas de trabajar a las nueve de la noche de un viernes, estas cansada y hambrienta de sexo, que no de comer, pues comes más bien poco y mal, en el trabajo te has calentado, pero no has podido aliviarte, te desnudas, te duchas, juegas con tu precioso gato de Angora, llevas dos semanas, sin poder ver a tu Amo, y eso es demasiado tiempo, pero él tiene muchas más preocupaciones que tu simple y anodina existencia, enciendes el ordenador, para hablar primero, con la familia, pues es la única forma de contacto debido a la distancia, y después de las once de la noche con tu Amo y Señor.

    Él se llama José, 40 años, casado y padre de familia con tres hijos, muy adinerado, alto, moreno, atlético, hombre muy pasional y muy morboso, pero con una mujer que no le secunda, pues con ella hace el amor pero follar, lo que es follar, ni modo y ya no hablemos del más pequeño mordisco o pellizco en un pezón o en cualquier otra parte del cuerpo.

    Se conocieron en una feria, hace ya dos años, y después de mucho hablar entablaron accidentalmente una relación, pues los dos coincidían en sus deseos y obsesiones.

    Por fin podía hablar con su querido Amo, este le había preparado un encuentro para mañana, pues tendrían todo el día libre para ellos, a través del Messenger él le fue indicando como quería que se preparase y lo que iban a hacer.

    Vendrás a mi casa, iras vestida, con medias negras con costura por detrás, con un pequeño liguero negro, zapatos de tacón de aguja, dejo a tu elección la posibilidad de que lleves un corsé pero si lo llevas este debe ser bajo y apretado de forma que levante tus tetas sin cubrirlas, podrás llevar, si así lo deseas, un tanga a juego, llevaras una blusa y una minifalda o traje chaqueta corto también en colores oscuros, el pelo lo llevaras suelto, al entrar en mi casa, el tanga deberá estar en tu bolso, si quieres puedes venir desde tu casa con él en el bolso, o quitártelo en el ascensor si subes sola, seis pisos dan de sí, el ascensor es lento y tienes tiempo, llevaras también tus juguetitos, a saber, bolas chinas y un vibrador.

    Al entrar en mi casa y tras un cálido beso, te vendaré los ojos, te darás la vuelta lentamente, enseñándome la mercancía, yo te iré desnudando, pues en mi casa no te quiero vestida, después, y ya solamente con los zapatos, las medias y el liguero, te arrodillaras a cuatro patas enseñándome tu dulce y poderoso culo.

    Así en esta posición, te ensalivaré tu culito, y lo penetraré con un plug con colita, te pondré tu collar de perrita y las pinzas de cascabel en tus pezones y de esta forma te pasearé por la casa que tú no verás, pues sigues con el antifaz ciego, llevándote por todas las habitaciones, solo por el placer de verte gatear torpemente delante de mi con collar y cadena, moviendo tu precioso culito con cola, y dirigiéndote con una pequeña fusta, un azote en la nalga derecha indica giro a la derecha, en la izquierda giro a la izquierda, en la espalda sigue recto, y un tirón del collar, parar, mi casa es pequeña, solo tiene once habitaciones por lo que al llegar al baño ya tienes el culo rojo.

    Entramos en el baño, allí te sacaré tu colita y te pondré un enema en tu culo para tenerte bien limpia, te introduciré mis dedos en tu boca hasta tocar tu campanilla por si acaso no has cumplido la orden de venir en ayunas y obligarte a limpiar también tu estómago, y por si no has sido obediente y respetuosa con los deseos de tu Amo, (aunque sé que has guardado abstinencia, conviene a mis intereses, el que creas que no eres lo suficientemente limpia para tu Amo) también le hago una irrigación en su coñito, para limpiarlo a fondo, dejándote así completamente limpia por tus tres agujeros, que lo piensas, no eres más que tres agujeros dispuestos para mi placer.

    Volveré a ponerte la colita y tras besar todo tu cuerpo, te destaparé los ojos procederás a desnudarme y lavar todo mi cuerpo con cariño y con esmero, como quiero concentrarme en las sensaciones y no quiero oírte, ni que te oigan los vecinos, te pondré una mordaza abierta y graduable tensando la abertura al máximo, pero habrá que comprobar que no molesta, para ello introducirás mi porra en tu boca, mirando que llegue hasta tu garganta y con ella dentro seas capaz de sacar la lengua y lamerme las pelotas, y por si acaso no eres capaz y haces un renuncio, primero te ataré las manos con las esposas acolchadas (tampoco es cuestión de hacerte daño), detrás de la espalda y ataré a ellas una cuerda que tras dar una vuelta por tu cintura, pasará por entre tus piernas, asegurando que la colita no se mueva, acariciando tu coñito para pasar por dentro de la vuelta de tu cintura y llegando finalmente a mis manos, con lo que controlaré tus movimientos, así espero por tu bien, me hagas una soberana mamada, empezando muy suavemente, pero te lo advierto, acabaré follándome tu boca a tirones de cuerda y de collar, mientras oigo el tintineo del baile de tus tetas.

    Como ya sabes, después de mis clases de Tantra, por más que te esfuerces me correré cuando yo quiera, y ahora todavía no me apetece, no pienso parar hasta no ver tu dulce naricilla chafada en mi pubis y tu lengua lamiéndome las pelotas sin sacártela de la boca.

    Cuando por fin lo hagas bien y yo me haya cansado de este juego, te llevaré a una habitación, que está preparada para este tipo de sesiones, iras andando a cuatro patas, de la misma forma que antes, pero ahora si veras por donde pisas.

    Una vez allí, te sacaré la mordaza, la cuerda que rodea tu cintura y las esposas pero éstas, te las volveré a poner, ahora por delante y atándolas a una cuerda que cuelga del techo, te ataré las piernas bien separadas a sendas argollas del suelo, tensaré las tres cuerdas de forma que acaricies el piso, te sacaré el plug y cambiaré los cascabeles por dos pinzas unidas con una cadenita.

    Introduciré en tu coñito tu vibrador y en tu culito mi nuevo juguete, un huevo vibrador que puede ser activado, a voluntad, con un mando independiente, pondré los dos en marcha y te iré calentando el culo y las tetas con una fusta con lengüeta, y como disfruto más con los juegos previos, no quiero que te corras sin mi permiso, pero no dejaré de azotarte hasta que lo hagas, para ello tengo cerca una cubitera con hielo, justo cuando crea que estas a punto de correrte pararé ambos juguetes, los sacaré y en su lugar pondré dos hielos en cada sitio, volveré a poner en marcha los juguetes y seguiremos, esta vez si, ahora te dejare correrte, y lucharas por conseguirlo pronto pues la intensidad de los azotes irá subiendo más cada vez hasta llegar al éxtasis.

    Descansa, mi niña, té bajo hasta que te apoyas en el suelo, te desato los pies, te saco las pinzas con cadena, te refresco con cava, que bebes directamente de mi boca, y yo bebo del que cae de tus pechos.

    Después y más frescos, pongo en tus tetas un succionador, pues ya que dices tenerlas un poco pequeñas, habrá que ponerle remedio, te lo dejo puesto una hora aproximadamente, lo que hace que los pezones se sensibilicen, tienes pánico a las agujas lo sé, por lo que te vendaré los ojos para que no veas lo que hago, (aunque esto no debiera decírtelo), te pondré una inyección intramuscular de 150 c.c. de suero fisiológico en cada teta, con lo que ahora tendrán el tamaño que tu deseas, pero sabrás lo que es sudar.

    Una vez hecho esto vuelvo a poner las pinzas en tus tetas, que ahora ya son casi ubres, pues como te decía yo, (teta que la mano no cubre no es teta sino ubre), a la cadenita ato un pequeño muelle y este a su vez lo ato a la argolla del techo, de forma que esté el muelle relajado si tu estas de pie con una silla entre tus rodillas, te desato las manos del techo y te las vuelvo a poner detrás, me siento en la silla de cara a ti, y tú ya con tu habitual calentura y después de dos semanas de no tener mi polla en tu coño, y sin haber visto el muelle pues vuelves a llevar el antifaz, bajas rápido para follarte con mi polla, pegas un respingo de dolor al sentir el tirón de tus pezones, y quedas parada, te espoleo el culo, ahora subes y bajas no sabes que es mejor o peor, el dolor en tus pezones o el placer en tu coño, dudas, al fin te decides, placer y dolor, placer, dolor, te clavas profundamente en mi polla con un sube y baja cada vez más rápido y compulsivo, hasta que al fin en el momento justo, ya no puedo aguantar más de un manotazo hago saltar las pinzas te clavas profundamente y al mismo tiempo los dos nos corremos.

    Te desato, nos relajamos, te enseño mi casa con tranquilidad, pues aunque sea la tercera vez que lo pisas no has podido verla todavía, entretanto descansamos.

    Te tumbo en una mesa camilla, con un cojín grande bajo tu culo, y tu cabeza colgando por el otro lado, te levanto dulcemente las piernas poniéndolas sobre mis hombros, crees que vamos a hacer el amor dulcemente, pero de una certera estocada penetro por tu ano, sin previo aviso y chillas de dolor, pero pronto pasa y vas gimiendo, disfrutando de la enculada, que sé que te gusta, pequeña putita mía, cada vez la tengo más dura, te pongo el huevo en el coño, masajeo tus, ahora grandes y sudorosas tetas, gimes, gritas, pides más y más rápido, cuando creo que te falta poco la saco de tu culo, me pongo a tu lado, te la meto en tu colgante cabeza, y tu sin pensarlo te la metes hasta la campanilla, y tu misma te follas mi polla con tu boca, evidentemente con algún amago de arcada, que hábilmente sabes disimular, saco el huevo y empiezo a masajearte el clítoris y el coño con una mano y tus tetas con la otra, voy metiendo mi mano dentro de tu coño, primero un dedo, dos, giro, ya van tres, giro ahora el índice, van cuatro, vuelvo a girar y cuesta el gordo, aprieto, giro, al final entra, con la otra mano pellizco el clítoris, te contraes, lo suelto te relajas y entra toda la mano hasta los nudillos, tú sigues mamando mi duro vástago, y ahora me dedico a follarte con mi puño entero que increíblemente ha entrado hasta el fondo, la saco de tu boca, lames mi polla desde los huevos al glande me corro en tu cara, te corres, respiras hondo y te dedicas a limpiarme con tu lengua, nos besamos, te abrazo, te cojo en volandas y te llevo a la cama, nos tumbamos y dormimos nuestra primera noche juntos.

  • Su mano enjabonada se sentía muy bien jugando con mis bolas

    Su mano enjabonada se sentía muy bien jugando con mis bolas

    La fiesta de cumpleaños de Bruno el mayor de nuestros hijos había durado todo el día, cerca de 30 adolescentes compañeros de la escuela habían estado la mayor parte del día en la alberca de la terraza. Algunos padres nos acompañaron en la reunión y todos disfrutamos de un día muy entretenido aunque casi todos nos bañamos estábamos en traje de baño las miradas de casi todos se dividían entre dos mujeres una de ellas era Mónica, mi mujer, descubrí a varios papás y la mayoría de los adolescentes mirándola disimuladamente.

    No puedo enojarme por eso ella es de verdad hermosa y sería muy tonto de mi parte que me enoje con todos por mirarla, lo que hago es abrazarla darle un beso y agarrar su trasero. El día cada vez se hizo más cansado y no tuvimos mucho tiempo de estar solos aunque me moría de ganas de tenerla, verla todo el día en traje de baño y no poder penetrarla era un verdadero martirio aun así varias veces nos pudimos besar y dar unos agarrones rápidamente antes de que alguien nos descubriera. La fiesta termino y nos dirigimos a casa llegamos y los niños se fueron a dormir al igual que mi esposa, yo me dirigí al baño un poco frustrado al parecer ese día no iba a tener suerte.

    Me quite la ropa y entre bajo el chorro del agua, estaba fresca como me gusta y empecé a cantar como acostumbro cuando me ducho solo. Ese día no esperaba tener compañía mientras duraba el baño Mónica, ya se había dormido no era muy tarde, pero estaba un poco cansada por la fiesta y el estrés de organizarla y se durmió temprano.

    Ya me estaba enjuagando cuando sentí sus manos sobre mi espalda tomo el jabón y empezó a frotar mi cuerpo empezando desde la cabeza hacia abajo enjabono toda la parte superior de mi cuerpo y cuando llego a mi trasero puso especial atención ahí una nalga primero y la otra después. Se pegó a mi cuerpo y pasó una de sus manos hacia mi pene y mis testículos.

    Su mano enjabonada se sentía muy bien jugando con mis bolas la otra mano seguía en mis nalgas su mano subía por toda la extensión de mi erección y bajaba de nuevo a mis testículos lentamente los enjabonaba y de a poco su mano iba haciéndose más hacia atrás y subió por entre mis nalgas y regreso hasta la punta de mi pene y de vuelta hacia abajo cada vez más cerca de mi ano, era una sensación rara pero muy excitante cuando sus dedos por fin rozaron mi ano sentí una excitación que no había conocido puse las manos en la pared y ella se dispuso a seguir con su masaje, bajaba por mi pene y con su dedo gordo me rozaba atrás.

    El jabón, sus manos y esa nueva experiencia me tenían muy caliente. Con su dedo gordo poco a poco paso de ir rozando a presionar sobre mi ano hasta llegar al punto que lo metió y comenzó a dar pequeños movimientos circulares dentro de mi, mientras con la otra mano me seguía masturbando.

    -¿te está gustando?

    -Si

    – ya tenía tiempo con ganas de hacer esto, disfrútalo.

    Y fue lo que hice disfrute su mano subiendo y bajando por mi pene hasta mis bolas una vez tras otra, lento y firme, con un dedo en el culo haciendo círculos en mi interior hasta que rozó una zona que me hizo acabar de una forma bestial y sin previo aviso.

    Eyacule pero la erección no bajaba estaba muy caliente. Me di la vuelta y me puse detrás de Mónica la incline un poco, enrede mi mano en su cabello y la penetre de un solo movimiento hasta el fondo, mientras mi mano jalaba su pelo.

    -ahhh, si… así… así

    Entraba y salía de ella una vez y otra… me inclinaba hacia ella y besaba su espalda y nuca, salía doblaba un poco las rodillas y entraba desde abajo para antes de empollarla rozar sus labios desde abajo (ese movimiento la vuelve loca) a la vez que le susurraba lo que disfruto escuchando sus jadeos y su respiración entrecortada lo mucho que la disfruto y buena que se ve cuando está en esa posición.

    Gocé e hice que gozará ella también. Justo cuando sentía que me vendría, la sentí temblar y la escuche gritar. No me di cuenta quien cerro la llave del agua cuando nuestras respiraciones se controlaron nos enjuagamos de nuevo, nos secamos y nos fuimos a seguir en nuestra cama.

  • Mi madre divirtiéndose en los baños del autobús

    Mi madre divirtiéndose en los baños del autobús

    Una prima lejana cumplía los quince años e invito a toda la familia a la fiesta. Yo detesto a la mayoría de mi familia; mi madre no, tal vez porque le encanta que sus propios primos le revienten el culo, pero eso es historia para otro relato.

    En esta ocasión les narrare lo que sucedió en la central de camiones. Mi madre solo encontró boletos para la noche así que más tardad de las nueve estábamos en la central de camiones en espera que saliera el nuestros. Estaba muy enojado porque fui obligado por ella a ir a esta fiesta.

    En esa noche mi madre llevaba su típico pantalón ajustado, que resalta su culote, y una blusa gris que ya le quedaba chica. No llevaba sostén porque le molesta para dormir y sus pezones traspasan la tela de la blusa. Antes que partiera el camión fui al baño de la central. Mientras orinaba escuche la puerta abrirse, después pasos de dos personas que hablan sobre una puta, sobre mi madre.

    —¿Vistes a la pendeja de blusa gris? Tiene unas tetas tremendas.

    —Y no trae nada debajo de la blusa. Tiene los pezones listos para chupar.

    —¡Quiero darle duro a esa perra! Que pruebe mi verga y se trague mi semen.

    —Tiene cara de ser muy puta. Espero que comparta el mismo destino que nosotros.

    —Pero esta con el chamaco ese, ¿Sera su hijo?

    —¡Me vale madres que sea su hijo! Me la follo delante de él y si se pone de perro también le daré verga.

    —Tal vez sea marica y le guste culear tanto como la madre.

    Ambos se rieron y siguieron platicando un poco más. Yo espere a que ellos se fueran de los baños para salir. No le tome importancia a lo que dijeron, ya estoy acostumbrado a escuchar comentarios como esos, desde la secundaria donde todos mis compañeros chuleaban a mi madre; diciéndome en qué manera se la follarían.

    Regrese con mi madre que me interrogo por mi tardanza, le dije que no era asunto suyo. Se enojó y me dejo de hablar. Poco tiempo después llego el camión y nos trepamos en él. Eran pocas personas en el camión, unas siete si no mal recuerdos. Nuestros asiento estaban en medio y detrás de nosotros no había nadie más. El viaje iba ser largo así que nos preparamos para dormir.

    Se desató una potente lluvia durante el trayecto, el ruido de las gotas contra el cristal fue lo que me despertó. Al girarme vi que mi madre no estaba a mi lado. Me fije en el fondo del camión donde se encontraba el baño y vi que la luz estaba encendida así que pensé que estaba en el baño pero el tiempo paso y ella no regresaba así que fui al fondo del camión al tocar la puerta a preguntar si estaba bien. Mientras más me acercaba oía gemidos en el interior del baño. Gemidos de una puta que conozco tan bien.

    Abrí la puerta con lentitud y me asome en el interior. Los gemidos de placer inundaron mis oídos y la imagen del culo de mi madre siendo taladrado por dos vergas negras se plasmó en mis ojos.

    La escena era la siguiente: había un hombre sentado en el retrete follando a mi madre por el coño a la vez que chupaba sus tetas mientras que otro hombre usaba su ano para su diversión. Los hombres que embestían de forma violenta los agujeros de mi madre eran robustos de piel morena con vergas de buen tamaño y los huevos bien peludos. Los tres están disfrutando de lo lindo que no se percataron de mi presencia.

    —¡Sigan así que ya casi llego! —exclamó entre gemidos la zorra de mi madre.

    —Nosotros no, tenemos energías de sobras.

    —Te daremos verga para toda la noche.

    Reconocí la voz de ellos, eran los hombres que entraron al baño después que yo. Al final si se le cumplió el deseo de chingarse a mi madre.

    —¿Qué? ¿Todavía tienen más? —Habló con mucha felicidad—. ¿Qué tal si mi hijo despierta y no me encuentra?

    —Que se vuelva a dormir el cabrón, que su mami está muy ocupada atendiendo nuestras vergas.

    —Tienen razón, mami está muy ocupada con sus nuevos amigos, ¡Oh sí! ¡Llénenme toda, por favor!

    —¡Amo esta puta!

    —¡Yo amo el culo de esta puta!

    —¡Y yo amo ser la puta de ustedes! ¡Lo amo tanto!

    ¿Cómo puede ser tan puta mi madre? No lo entiendo de verdad. Tampoco me entiendo a mí mismo que me excita ver como se cogen a mi progenitora y como ella se humilla de esa manera.

    Me mantuve quieto viendo como esos dos pedazos de carne salían y entraban del coño y del culo de mi madre a un ritmo demencial. Ella solo soltaba gemidos, gruñidos y pequeños balbuceos por el placer.

    No me quede más tiempo porque el que le estaba penetrando el coño y chupando las tetas dijo que era turno de probar ese prieto culo. Tenían que moverse y me iban a ver, así que con mucho cuidado cerré la puerta del baño y regrese a mi asiento donde me masturbe.

    Paso como una hora hasta que escuche unos pasos dirigiéndose a mí. Me hice el dormido recargándome en la ventana. Escuche las risas de esos cabrones a la vez que me insultaban en voz baja. Después sentí como mi madre se sentaba a mi lado. Ella se acercó a mi frente para brindarme un beso con sus labios babosos.

    —Buenas noches, hijito. —Se oía feliz y cansada con el aliento apestando a semen.

  • El pis del vecino

    El pis del vecino

    Este relato es una experiencia real que no podía dejar de ser relatada. Puedes creerla o no, pero mi satisfacción es saber que si pasó y tuve la oportunidad de vivir el morbo de 3 fetiches distintos al mismo tiempo con una persona: piernas, lugar público y golden shower.

    Soy Carlos, tengo 25 años, mexicano, 1.70 de estatura, delgado, piel clara y cabello castaño largo.

    Una de las partes del cuerpo de los hombres que más me gustan son las piernas, me dan un morbo especial que a algunos resulta extraño. Me encanta que los tipos usen shorts y bermudas ya que para mí son como el equivalente masculino de las mini faldas en las mujeres. Si por mi fuera estaría perfecto que los hombres usaran falda también, pero lamentablemente no es así.

    Como dueño de un perro tengo que hacer una serie de paseos diarios por las zonas aledañas a mi domicilio. En una ocasión pasando en frente de unos departamentos, me percaté que un hombre que vivía o trabajaba ahí, como de 30 años (más o menos), alto, delgado, piel clara, cabello corto negro, rostro atractivo… estaba pintando las rejas de su cochera, que son estructuras con cierta separación que te permite ver tanto la cochera como el edificio y a quién esté fuera del mismo. ¿Qué tiene de interesante eso?

    Pues resulta que el vecino estaba pintando la parte alta de su reja, montado encima de una escalera, y traía puestos unos shorts negros cortitos (como arribita de medio muslo, medio dedo debajo de su bulto), además de una playera blanca ajustada. Y lo al verlo desde abajo no solamente le veía sus piernas espectaculares, largas, moderadamente peludas y hasta los tobillos ya que no traía calcetines… si no que por su posición y lo corto de su short alcanzaba a verle parte de su trusa blanca, justo cubriendo su bulto.

    No pude evitar quedármele viendo, me tuve que pasar rápido no para disimular, sino porque se me paró la verga… así que continué con el paseo a mi perro. Los siguientes dos días el vecino seguía pintando su reja, con distintos shorts menos cortos que el anterior, pero a fin de cuentas shorts. A veces estaba debajo de la escalera, a veces en cuclillas pintando la parte baja y a veces de nuevo arriba. Al cuarto día, salí yo de noche a un Oxxo a comprar alguna cosa irrelevante y me dio curiosidad pasar en frente de esa calle, sin aparente motivo. Él ya estaba terminando de pintar su larga extensión de puerta-reja, de nuevo montado en la escalera. Como era noche y hacía frío, él traía puesta una chamarra, sin embargo para mi fortuna de nueva cuenta traía unos pantalones cortos, ahora de mezclilla.

    Me le quedé mirando, él se dio cuenta desde arriba y me dijo: «Ey, ¿Que se te perdió, qué tanto me ves? ¿Eres joto?». Yo me puse nervioso pero al nada más estar él, intenté calmarlo, le dije: «Discúlpame, la verdad es que si soy gay y creo que tienes bonitas piernas. No te quería faltar al respeto».

    Al escucharme este hombre cambió su tono agresivo y más tranquilo me dijo: «Bueno, al menos lo admites, está bien». Nos quedamos hablando un rato (no recuerdo de qué), pero hablamos un poco de «cosas sexuales de los gays», yo le acabé confesando que me encantaría chuparle el pene. Me dijo que él no era gay, que ya tenía que terminar el trabajo ese día, pero que tenía muchas ganas de orinar, que si nos podíamos hacer un favor mutuo. Me preguntó directamente: ¿Te puedo mear en la boca? ¿Dentro, o sea, que te la bebas?

    Al escuchar esto, se me paró la verga. Le dije que sí, bajó su cierre y se la sacó… una verga muy bonita, rosa, sin venas, y larga estando flácida. Abrí la boca, y me dijo «ahí va». En ese momento no me importaba que pasara nadie, igual ayudaba que era muy noche, de vez en cuando pasaba alguien pero cada vez menos. Vi como salió el primer chorrito de pipi de su verga. Al principio no le atinó, me cayó en mi suéter en todo el pecho, pero ya después sentí las primeras gotas calientes en mi cara, un chorro agresivo en los ojos. Recuerdo como hice mi cabeza hacia atrás sin mover el cuerpo, abrí bien la boca y cayó dentro. La sensación es muy morbosa. Sentí su chorro caliente que me ardía en la garganta y me la pasaba como si fuera agua. Él tenía mucho que orinar, como un 90% me lo tragué. Cuando él terminó, todavía se escurrió jalándose y sacudiéndosela un poco y sentí como sus últimas gotitas saladas cayeron en mi lengua.

    El muy bastardo me dijo «ahí tienes putin, para que no te de frío». Yo tenía mi verga parada debajo de mi pantalón, estaba excitado, le pregunté «la puedo probar?» Con la cara me dijo que no, yo le insistí, me hizo rogarle casi. Me dijo: «ok, sólo la puntita y para regresarte el favor, no me la mames»… y fue bajando los escalones de su escalera. Tenía por fin su verga flácida a la altura de mi cara, separados por las rejas de su puerta, se estiró el prepucio y con la punta de mi lengua le froté esa deliciosa área del frenillo y el glande, soltó un gemido y me dijo «ya». Quitó su verga y se dispuso a subirse de nuevo a la punta de la escalera. Yo por último aproveché y le acaricié una de sus piernas, alcancé a tocar tanto muslo como rodilla y sobre todo su pantorrilla. Me dijo: «Ya regrésate a tu casa amigo, tengo que terminar de pintar… no vayan a sospechar en tu casa que andas de joto, bebiendo los orines de otros hombres»

    Le dije: «ok, gracias, buenas noches» y me fui para mi casa. Me lavé los dientes, me enjuagué la boca y me la jalé esa noche pensando en lo que había vivido. Brincó el semen de mi verga y me salpiqué el pecho. Ya no he vuelto a ver a ese sujeto, cuando paso por ahí.

  • Juego en la playa (Parte 2)

    Juego en la playa (Parte 2)

    Yo seguía escuchando todas las burradas que decían, pensando que no les oía… hasta que decidí parar el masaje y volver a mi toalla. Una vez en mi toalla, preparé de nuevo el bloc de notas, y les pregunté si sabían de algún hotel cercano para alojarme. Cuando vieron la pregunta en la hoja, Marta le dijo a Elena: «¿Le alojamos en nuestro apartamento este fin de semana? ¿Que nos puede hacer el pobre que no habla ni nos oye? «Y Elena contestó con un SI rotundo. Cogieron el bloc de notas, y escribieron: «Te vas alojar gratis en nuestro apartamento, siempre y cuando sigas haciéndonos disfrutar con los masajes».

    El plan marchaba de maravilla, ya tenía el fin de semana deseado, y aquellas mujeres a mi merced. Puse cara de asombro al leer la nota, y asentí con la cabeza. Me quedé un rato en la toalla con los ojos cerrados y pensando cual sería mi siguiente movimiento ya dentro del apartamento. Al rato, se levantaron las dos, con un brillo en los ojos distintos a antes, se notaba la lujuria que llevaban dentro. Me hicieron el gesto de marchar, recogí mis cosas y las seguí hacia la casa.

    Cuando entramos a la casa, Elena cogió el bloc y señalando la primera habitación escribió: «este es tu cuarto, solo tiene una cama y un armario pero te apañarás» Yo entré, dejé mis cosas mientras escuchaba como decían «Nena, esta noche no entres a su habitación que te conozco. No debemos parecer dos desesperadas, solo disfrutar de su compañía pero hacer un pacto de no follarnos al chico pese a su juguete que tiene ahí abajo» Me lo estaban poniendo difícil, pero ¿cumplirían con lo pactado?

    Tenía que ponerlas a prueba y lo primero que hice fue escribir una nota «Perdona Elena, ¿puedo usar el cuarto de baño para ducharme y quitarme la arena?» Elena me guio hasta el aseo, y me puso en la nota «Esta es tu casa, puedes usar lo que quieras cariño» Entré al aseo y ella se quedó en el pasillo mirando como cerraba la puerta… y pasé a la acción. Cogí todas las toallas que había dentro del aseo, y las tiré por la ventana del cuarto de baño al patio de luces. Me desnudé completamente y me metí en la ducha, quitándome toda la arena del cuerpo. Salí de la ducha chorreando y escribí en una hoja del bloc «no hay toallas en el aseo, ¿podéis entrarme una por favor?» Tiré la nota por debajo de la puerta, entré de nuevo desnudo en la ducha y corrí la cortina para taparme, esperando que Marta o Elena entraran.

    No pasaron ni dos minutos, cuando escuché la puerta, y la voz de Marta que decía «Guapo aquí te dejo la toalla» «Anda si no me oye, ¿cómo va a saber que he entrado y le he dejado la toalla?» Entonces Elena cerró la puerta del aseo con pestillo, se acercó a la ducha, y metió el brazo con la toalla por el lado de la cortina. Aproveché ese momento para ponerla a prueba, corrí la cortina entera, y vi a Marta, con su melena negra abriendo los ojos como platos al verme desnuda completamente. Le temblaba la mano con la toalla, y yo estaba inmóvil, no cogía la toalla para que pudiera deleitarse más con ese cuerpo joven que tanto deseaba. Marta no quería romper el pacto, pero sus ojos se iban a mi miembro y no podía dejar de mirarlo. Ahora la que no podía hablar era ella. Estaba sintiendo un calor por dentro, totalmente cachonda por la situación, y los segundos pasaban mientras ninguno de los dos nos movíamos. Ella llevaba un vestido veraniego de flores que acaba de ponerse, y con el brazo alargado ofreciéndome la toalla que yo había pedido.

    Pero lejos de coger la toalla, cogí su mano y le empujé hacía dentro de la ducha. Corrí la cortina, y enchufé el grifo, empapándonos los dos mientras caía el agua caliente. Marta no daba crédito, estaba caliente, y empapada, sus grandes tetas se marcaban mojadas en el vestido, y se lanzó a besarme sin pudor ninguno. Nuestros cuerpos excitados se juntaron, provocándome una gran erección, y quitándole el vestido en menos de un segundo, se quedaba completamente desnuda para mi.

    Para la edad que tiene, ese cuerpo estaba muy bien cuidado. Sus grandes pezones, su melena negra, su culo algo caído pero bonito… agarraba todo de ella mientras me besaba. Empezó a besarme el cuello, los pectorales, hasta que decidió bajar y meterse en la boca toda mi polla. Como estaba disfrutando de esa mamada de una mujer madura. Me venía a la mente Elena y el pacto, mientras la otra mujer estaba en su habitación leyendo, su amiga estaba incumpliendo las normas, caliente como una perra, haciendo una felación al joven sordomudo. Cuando estaba a punto de correrme, saqué mi polla de su boca, y puse a Marta a cuatro patas. No hacía falta lubricar su hermosa vagina, estaba chorreando su coño antes de que le penetrara. Cogí mi polla y la introduce, mientras ella soltaba un gemido que podría haber escuchado Elena perfectamente. Mi polla daba golpes contra su culo, y no podía parar. Le intenté tapar la boca para que Elena no nos escuchara, y finalmente me corrí dentro de ella. Marta estaba muerta después de aquel polvo en la ducha, y no articulaba palabra.

    Salí de la ducha, cogí el bloc y escribí «Este no será el último polvo este fin de semana, gracias morena». Ella salió también de la ducha, chorreando, sin usar la toalla, cogió el bloc y escribió «Uno de los mejores polvos de mi vida, pero Elena no debe saber nada» «Por supuesto que no será el último, guapo» Me dio un morreo y se fue a su habitación. El plan había salido justo como yo quería, pero ahora faltaba follarme a su amiga, ¿lo conseguiría?

    Continuará…

  • Mi salvadora

    Mi salvadora

    Me llamo Elísabeth y soy una madre soltera de 24 años, con una niña maravillosa de 5. No me gusta hablar del padre de mi hija porque es una parte de mi vida que no quiero recordar, me resulta muy doloroso hacerlo. Lo importante de esa relación es que ya forma parte del pasado y que el resultado de ella (mi hija Susana) a pesar de las dificultades que me ha hecho pasar tener que criarla yo sola, es lo mejor que me ha pasado en la vida y no me arrepiento de nada.

    Cuando decidí mandar a la mierda a mi exnovio yo tenía trabajo de dependienta en una tienda de ropa, no el mejor trabajo del mundo pero ya llevaba unos años allí y no me podía quejar del sueldo. Nos fuimos a un apartamento pequeño en un bloque de pisos a las afueras de la ciudad. Solo tenía una habitación pero tenía cama doble así que Susana y yo podíamos dormir juntas en esa cama perfectamente. Todo muy pequeño pero era bonito, con buena luz y el edificio era bastante nuevo.

    Las cosas se torcieron cuando en la empresa querían reducir plantilla y me despidieron. Al principio estaba esperanzada porque me llamaban de muchas entrevistas para nuevos puestos de trabajo, pero cuando iba allí había tal cantidad de gente aspirando al mismo puesto, que la probabilidad de conseguirlo era mínima. Y efectivamente los meses iban pasando y no conseguía ningún empleo por malo o mal pagado que fuera. Más o menos un año después de ser despedida tuve que dejar de pagar el alquiler del piso. Tendría que haberme ido a una habitación en un piso compartido y no tener un piso entero, pero sin nómina nadie quería alquilarme nada.

    Pronto me empezaron a llegar cosas de abogados y del juzgado y estaba claro que la fecha en la que nos iban a echar del piso se iba acercando. De mi familia no podía esperar ninguna ayuda, y cuando contacté con amigos para contarles mi situación algunos querían ayudarme pero no podían, y otros directamente eran de los que solo están ahí cuando todo va bien pero cuando llegan las cosas importantes, se lavan las manos. Estaba empezando a estar bastante acojonada.

    Había una persona en el bloque que me transmitía confianza y serenidad dentro de toda esta situación tan fea. Era una mujer de unos treinta y tantos años o quizá cuarenta que parece que vivía sola, y me caía bien sin apenas conocerla porque parecía la típica joven profesional e independiente, se la veía siempre con el traje de oficina, arreglada y guapa, siempre con su bolsa de laptop y con su móvil, saliendo temprano a trabajar y volviendo tarde. O vestida con ropa de deporte para ir al gimnasio que había cerca del edificio. Parecía trabajar demasiado, pero me encantan esas personas trabajadoras e independientes. Me daba que sería jefa o directiva. Cuando nos cruzábamos en el portal siempre me saludaba con una sonrisa, yo creo que yo le caía bien también. Solo habíamos tenido conversaciones cortas sobre cosas del portal o del barrio, casi por cumplir o por no tener esos silencios en el ascensor, pero se la veía que era maja, y parecía gustarle también mi hija o los niños en general. En una de esas veces que nos cruzamos sacó el tema de mi desahucio, y es que alguien habría visto alguna de las notificaciones que me llegaban, y los vecinos como parece ser que se aburren, pues les había dado por hablar y cotillear de lo mío, y ya muchos lo sabían.

    Unas semanas más tarde, ya con la fecha de mi desahucio fijada y ya muy próxima, Isabel, que así se llamaba la mujer, llamó a la puerta de mi apartamento. En principio solo me preguntaba casi inocentemente qué tal me iba todo, aunque ya se imaginaría lo mal que me iba. Se la veía muy inteligente y observadora, y yo tenía claro que ella sabía con exactitud como era mi situación personal, sin haberle yo contado nada. De hecho, el motivo de su visita era (no me lo podía creer, pensaba que se trataba de una broma) para decirme que si no tenía un lugar a donde ir que podíamos quedarnos unos días en su casa hasta que encontrara algo. Sin pensármelo la abracé, fue un poco raro ya que no teníamos confianza, de hecho hasta ese día no sabía ni cual era su nombre, pero quería abrazarla y demostrarle mi agradecimiento y mi cariño.

    Eso solo nos serviría a mi hija y a mí para unos pocos días, pero al menos no era estar en la calle. El día antes del desahucio ya fui llevando mis cosas a casa de Isabel, sabiendo que no iba a ocurrir ningún milagro con mi situación laboral. El piso de Isabel era igual de pequeño que el mío, de hecho estaba en la misma letra, dos pisos encima del mío por lo que eran iguales. Así que llevé solo lo justo y el resto vendí muchas cosas por internet y el resto las tuve que dejar ahí.

    El primer día en nuestra “nueva casa” se sentía muy raro, por un lado era un lugar ajeno, pero por otro se sentía como en casa. La cercanía y generosidad de Isabel nos hacían sentir en casa, y además el piso estaba super bien decorado. Estaba claro que ella tenía un muy buen puesto de trabajo, el piso lo tenía en propiedad y la calidad de los muebles y electrodomésticos era alta. Ella tenía muy buen gusto al decorar y vestir. La verdad es que su vida era la que a cualquier chica le gustaría tener al llegar a esa edad. Salvo el no tener pareja, pero eso no parecía importarle. Trabajaba mucho y no parecía querer depender ni económicamente ni emocionalmente de nadie.

    Esa noche preparé la cena para las tres, hice mi plato estrella para intentar agradar a Isabel, un pescado en salsa que le encantó, cenamos genial, charlamos para seguir el proceso de conocernos, y a la hora de dormir llegó un dilema en el que no había pensado: al igual que en mi piso, solo había una habitación. Yo dije que mi niña iba a dormir en el sofá del salón y yo en el suelo del salón al lado de ella. Isabel dijo que de ninguna manera, que mi hija y yo deberíamos dormir juntas en la cama grande y ella en el sofá. Cosa que yo de ninguna manera iba a permitir. Al final lo más lógico fue que Isabel y yo, las dos adultas durmiéramos en la cama, y mi hija en el sofá.

    Así quedamos y ya en la habitación era un poco incómodo. A pesar del buen rollo durante todo el día, estar en pijama delante de ella y en la misma cama era un poco raro. Pero no podía quejarme. Le di de nuevo las gracias y las buenas noches y me giré de lado para intentar dormir. Entonces fue cuando rompí a llorar. No por sentirme mal, porque teníamos un lugar donde dormir, pero supongo que fue por la tensión acumulada durante todo este tiempo, que cuando al final se arregla todo es cuando estallas. El caso es que Isabel se giró hacia mí y me abrazó por detrás, yo también agarré su mano que quedaba delante de mi pecho, y nos quedamos en plan “cucharita”. Tras ese abrazo y esa acción reconfortante pronto dormí como un bebé.

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    Tras unas semanas en esta nueva situación, habíamos establecido ya una rutina. Con Isabel trabajando tanto y yo en paro, yo era como la esposa que cuida de la casa y de la niña en ausencia del “esposo”, o en este caso esposa. Yo mantenía la casa super limpia y ordenada, compraba y cocinaba, incluso al tener más tiempo y para agradar a Isabel estaba mejorando mis habilidades como cocinera probando nuevas recetas que encontraba en internet. Cenábamos casi siempre las tres en casa, pero ella comía en la oficina así que yo le preparaba también el tupper para que se lo llevara al día siguiente. Por supuesto yo también llevaba a Susana al colegio, al médico o hacía mis gestiones.

    Nos estábamos haciendo muy amigas las tres, éramos un equipo y nos ayudábamos mutuamente. Luego por la noche en la habitación ya solas nosotras dos, con mi hija ya dormida en el salón, Isabel y yo teníamos otro rollo, hablábamos ya de nuestras cosas importantes. Nos habíamos convertido en confidentes una de la otra y nos contábamos nuestros problemas. Ella era en realidad una persona bastante reservada, pero conmigo se soltaba, con lo cual las cosas que me contaba a mí no se las confiaba a mucha gente. Eran por decirlo así las típicas conversaciones de alcoba. Otras noches simplemente pasábamos el rato viendo series en su tablet. Lo de dormir abrazadas no se limitó a la primera noche para consolarme, sino que era lo habitual, y normalmente no sé porqué, era ella la que quedaba detrás de mi cuerpo abrazándome.

    Las tres vivíamos bien así por lo que no se limitó a unos días o semanas sino que prácticamente nos habíamos establecido allí definitivamente. Todo era perfecto, además con el alto nivel adquisitivo de Isabel teníamos todo lo que necesitábamos. Pero no me sentía bien estando ahí viviendo gratis, yo seguía buscando y buscando empleo.

    Aunque la situación cambió tras lo que pasó cierta noche. Estábamos como siempre en la cama viendo pelis en la tablet, pero como era viernes nos quedamos hasta más tarde y también habíamos tomado vino en la cena. El rollo era diferente en fin de semana. Vimos una peli muy divertida, reimos mucho juntas, bromeamos… lo pasamos genial, le dije que era muy feliz allí y que la quería (era la primera vez que yo le decía eso), ella también me dijo que me quería y que se alegraba de haber empezado esta vida juntas, y entonces no sé muy bien por qué, la besé. Supongo que por el vino, o por lo guapa que es, o por el cariño que le tengo, o porque me sentía bien. A ella le sorprendió el beso pero tardó en apartarse, yo creo que le gustó lo que sintió. Sonrió incómodamente y me dio las buenas noches y se dispuso a dormir.

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    Los días siguientes yo no podía estar más arrepentida de ese beso. La situación se había vuelto incómoda entre nosotras, ella en cierto modo me evitaba, y estaba como algo enfadada. Para mi gran sorpresa, empezó a decir que estaba medio saliendo con un chico del trabajo. Y puede que fuera cierto a juzgar por los mensajes que llegaban a su móvil o por lo que le oía hablar por teléfono. Cenaba menos en casa, y era cierto que cenaba con él, porque yo a veces les veía llegar por la ventana y llegaba con él. En una de esas veces pasó lo que tenía que pasar, y es que les vi besándose para despedirse, y la verdad es que me sentó fatal ver eso, me daba una especie de celos, o envidia, o las dos cosas a la vez.

    Por supuesto esa nueva situación no impedía que siguiéramos en su casa o que durmiéramos juntas, desde luego no nos iba a dejar en la calle. Además él tenía su propio piso por lo que no había temor a que él en el futuro quisiera vivir con ella y Susana y yo acabáramos en la calle. Por las noches era bastante incómodo porque hablábamos menos, además ella ahora no se cambiaba de ropa delante de mí sino que se llevaba la ropa al cuarto de baño y lo hacía allí. Algunas noches no dormía en casa y cada vez que pasaba eso me moría de celos. La cama se sentía enorme y fría para mí sola, y me imaginaba a Isabel disfrutando y siendo feliz con otra persona.

    Acabé conociendo a su chico, Marcos, algunas veces que venía a recogerla a casa. La verdad es que yo no sé por qué simplemente no la esperaba abajo, Isabel le hacía subir, yo creo que para que yo le viera y conociera, aunque ella seguramente había notado mis celos. Ese gesto y muchos otros me hacían pensar que Isabel buscaba de alguna manera reafirmar delante de mí su heterosexualidad. Cosa que yo ya sabía y me daba igual, y yo también soy hetero y nunca había estado con una chica. No necesitaba enseñar a su chico delante de mí todo el rato, pero le encantaba hacerlo. Puede que fuera porque ella es de una familia bastante conservadora, y aunque sé que tenía sentimientos hacia mí prefería reprimirlos y llevar una vida más normal y más tradicional.

    Yo aparte de triste y con mal de amores, me preocupaba bastante por mi futuro. En unas semanas todo había pasado de tener una buena vida en esa casa, y de estar cerca de tener una “relación” (o como se llamara a lo que estaba surgiendo entre nosotras) con una chica que era un partidazo, como decimos en España, a verme de nuevo sola y sin un duro ni casa donde vivir. Redoblé mis esfuerzos de búsqueda de empleo, pero ese tema cada vez me parecía que estaba peor, y además todos esos rechazos laborales estaban reduciendo mucho mi autoconfianza, lo cual me hacía hacer peor las entrevistas de trabajo, en fin, un desastre. Susana no se enteraba mucho de lo que pasaba así que por lo menos ella estaba tranquila

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    Sin embargo tal y como de golpe unas semanas antes todo se había vuelto peor, en un solo día mi suerte cambió de nuevo para bien, en un maravilloso día que siempre voy a recordar. Era un domingo de invierno pero de esos tan bonitos que hay en Madrid, que a pesar de hacer frío hay un sol esplendoroso y la gente disfruta del domingo en las terrazas tomando algo y descansando. Isabel estaba pasando el finde entero fuera con Marcos, tenían una escapada en coche y habían salido ya el viernes por la tarde para volver el domingo tarde.

    Pero Isabel me llamó por teléfono después de comer diciéndome que llegaría algo más pronto, y que si me apetecía tomar un café con ella en una terraza cerca de casa. Cuando bajé ella ya estaba allí, con la maletita que había llevado al viaje. Charlamos de nuestro finde, ella habló del suyo pero nada de Marcos, sino solo del lugar y de las cosas que habían visto. La notaba algo nerviosa y como triste. Yo le hablé de lo poco que hicimos Susana y yo el finde, estar en casa viendo pelis y pasando el rato.

    Tras dos cafés y un buen rato allí yo tenía la sensación de que me quería decir algo y no se lanzaba, ya que por algo me había dicho de vernos. Me empezó a contar que la escapada no había ido bien, que su relación no tenía futuro, y que les faltaba feeling. Yo le decía que no se preocupara que todo mejoraría. Pero entonces tomó aire, como si le costara mucho decirlo, y me dijo que en realidad lo que hacía que no funcionara su relación, es que creía que estaba enamorada de mí. Que Marcos era buen tío y muy majete pero que no le atraía, y que había empezado a salir con él por una especie de autoengaño sobre sus sentimientos hacia mí, y que también eso era un engaño hacia Marcos y no quería hacerle eso porque no se lo merecía. Yo tomé su mano para reconfortarla, como amiga, pero nuestras manos unidas se sentían de otra manera, más intima, como de pareja.

    Se me quedó mirando y es que efectivamente era mi turno para hablar. Le dije que sentía lo de su relación, porque quiero lo mejor para ella, pero que por otro lado me sentía ilusionada tras saber esto, porque yo quería intentarlo con ella, y le confesé lo que ya era obvio, y es que yo también estaba enamorada de ella. Solo sonreímos y nos relajamos, porque eso dejaba atrás toda la tensión de las últimas semanas, y se veía venir un futuro muy bonito juntas. Después de eso charlamos ya de cosas más banales. Pero al levantarnos para ir a dar un paseo por el parque que había allí cerca, se me fue un poco la olla y la besé allí delante de todo el mundo. Como siempre estábamos tan tímidas e indecisas con lo nuestro, pensé que lo mejor era el tratamiento de choque y ser más directa. A diferencia de nuestro pequeño beso en la cama, ese sí fue un beso de verdad, más largo y profundo. Me encantaron sus labios y su dulzura. Me dio algo de vergüenza delante de toda esa gente, no porque fueramos dos chicas, sino porque cualquiera que lo viera notaría que ese había sido nuestro primer beso.

    El paseo por el parque de la mano con ella en esa tarde de domingo fue de lo más bonito y romántico que me ha pasado. Cayó algún otro beso tímido más, y por supuesto charlar y charlar y contarnos nuestras vidas como hacíamos antes de esa fase en la que estuvimos distanciadas.

    En casa yo preparé la cena para las tres mientras Isabel en su PC de trabajo preparaba algo ya para la semana de trabajo que ya casi llegaba. Cenamos las tres y pronto ya Susana estaba dormida y fuimos a la habitación. Era la primera vez que nos quedábamos solas tras reconocernos nuestros sentimientos. De nuevo tuve que ser yo la más lanzada y me acerqué a ella, rodeé su cuello con mis brazos y la besé, pero esta vez deteniéndonos en el beso, transmitiéndonos nuestro amor, disfrutando de la suavidad de los labios de la otra. Estuvimos así un largo rato, tanto por lo rico que era, como por la timidez de saber lo que llegaba después. Los besos se fueron haciendo más intensos y nuestras lenguas ya invadían la boca de la otra, y se rozaban entre ellas con suavidad. Yo ya empezaba a notar algo ahí abajo, hasta entonces no sabía si mi atracción hacia Isabel era solo emocional o iba a trascender a lo sexual, pero la humedad de mi sexo me lo dejaba bastante claro. Sus brazos, que rodeaban mi cintura, a veces bajaban y sus manos empezaron a acariciar y magrearme el culo por encima del pijama de algodón.

    Mis manos en cambio se fueron a sus pechos, llevaba mucho tiempo queriendo hacer eso, los tenía grandes a pesar de estar bastante delgada, y eran redondos y suaves. Yo ya estaba en pijama pero ella seguía con la ropa, una blusa blanca con escote y pantalones vaqueros. Me encantaba sobárselos por encima de la tela suave de la blusa, pero pronto empecé a desabotonársela, y al rato ya estaba en el suelo, pero no la quité el sujetador, simplemente seguí abrazándola y sintiendo la suavidad y calor de su piel. La notaba nerviosa así que apagué la luz principal y dejé solo una luz muy tenue, lo justo para no estar a oscuras.

    Mientras seguíamos besándonos tomé su mano y la llevé a mi entrepierna, invitándola a tocarme por encima de la ropa. Seguro que notaba mi calor ahí abajo, y a mí me ponía aún más cachonda. Pronto me quité la parte de arriba del pijama y vio mis pechos por primera vez. Tardó un rato pero pronto estaba tocándolos con cuidado. Yo no tardé mucho en quitarle a ella el sujetador y dejarlo junto al montoncito de nuestras ropas que se iban acumulando en el suelo.

    Nos tumbamos en la cama a seguir besándonos, pero ya se me cansaba la lengua de tanto besarla. Bajé a sus pechos y empecé a besarlos, y con cuidado llegué a su pezón y me lo metí en la boca, humedeciéndolo con la lengua y tratando de darle el máximo placer a Isabel. Ella ya no me tocaba el sexo por encima de la ropa sino que su mano ya estaba dentro, así que ya debía haber notado lo mojada que estaba. Sus dedos finos y delicados se sentían increíbles deslizándose entre mis labios vaginales y rozando mi clítoris. Estuvimos así un buen rato en el que notaba como el placer se iba acumulando en mi sexo y en mis sentidos. Yo alternaba entre un pecho y otro y mientras tenía la boca en uno tenía la mano en el otro, que era ya fácil de estimular gracias a la saliva que ya había ahí. Yo me terminé de quitar los pantalones del pijama y las braguitas, para facilitar su estimulación manual, y le dije que lo hiciera más rápido y más intenso, estaba llegando al orgasmo. En pocos minutos me corrí como una loca, ahogando mis gemidos en el pecho de Isabel.

    Al rato la miré sonriendo, me daba la sensación que ella ya lo daba por acabado y quizá otro día yo le haría correrse a ella. Pero yo quería hacerla disfrutar. Le quité los vaqueros no sin esfuerzo ya que eran bastante ajustados. Tenía unas braguitas de encaje color violeta, que pronto también acabaron en el suelo. Me dediqué a disfrutar de la suavidad de sus muslos con mis manos y mi boca, besé toda su piel, y mi nariz percibía ya el olor de su excitación. Mis besos fueron trazando un camino hacia el interior de sus muslos y finalmente llegaron a su sexo, ahí los besos pasaron a ser pequeños lametones. Nunca había hecho eso pero solo me limité a hacer lo que me gustaba que me hicieran a mí. El olor y el sabor pensaba que me iban a resultar desagradables, pero siendo el olor de Isabel, me encantaba. Pronto vi que lo estaba haciendo bien, cuando tocaba donde debía Isabel se estremecía. Tenía los ojos cerrados y se dejaba hacer. Alterné entre mi lengua y mis dedos en su clítoris, o con la lengua en el clítoris mientras metía un dedo o dos en su sexo, haciendo el movimiento hacia fuera y dentro. No fui muy imaginativa, hacía todo el rato lo mismo, pero viendo que le gustaba me limité a seguir hasta que iba notando como su cuerpo se arqueaba, y pronto vi cómo acababa de provocarle a Isabel su primer orgasmo de manos de una mujer. Seguí chupando y lamiendo con cuidado hasta que ví que sus sensaciones se iban bajando y su respiración se iba recuperando. Fue discreta y silenciosa al correrse pero sé que fue un orgasmo muy intenso.

    Me apetecía tumbarme a su lado y abrazarla pero preferí ir primero al baño a lavarme, luego fue ella y pronto estábamos ya tumbadas, con el pijama y preparadas para dormir. Solo nos mirábamos sin decir nada, pero sobraban las palabras. De lo poco que me dijo fue que le hacía feliz, y que quería hacerme también a mi lo más feliz posible. Nos abrazamos y creo que yo me quedé pronto ya dormida en sus brazos.

     

  • Mi primera vez practicando la LP con una interna

    Mi primera vez practicando la LP con una interna

    Hola, amigos de CuentoRelatos, yo soy doctor en un hospital de Yucatán, México.

    Esto ocurrió un día en el cual yo había tenido bastante trabajo, había bastante gente ese día en el hospital en fin ya saben cómo es esto un día con muchos pacientes, todos de un lado al otro que si me necesitaban de aquí y allá me traían.

    Ese día me quede casi todo el día trabajando en una operación que tardo como 5 horas y en el cual estaba con otros colegas médicos y como saben con una futura médica que estaba hay ya en su último año de la carrera de medicina en donde me admiro su cuerpazo que casi se me estaba olvidando el paciente por enfocarme en ella…

    Ya saben es de esas estudiantes que tienen un cuerpazo, una cara que parecía de un ángel, unas buenas señoras tetas como para hacer unas buenas rusas y un trasero normal.

    Bueno, bueno, así como les conté era una buena opción para aplicar mis dotes de a LP, los que saben de medicina sabrán que es eso, bueno la operación como les digo finalizo bien.

    Lo mejor para mí fue que ese día estaba de guardia y no llegaría a casa y aprovecharla al máximo para buscar algo con ella paso le día seguí con mi rutina pero claro pensando en ella.

    Solo espere que fuera de noche, ella ya se tenía que ir a casa, pero le dije que tenía que mostrarle algo… claro quizás ya sabrán qué. Bueno ella me dijo que si, y por cierto no les dije que se llamaba Montserrat.

    Bueno en eso aplique mis dotes y la dedico diciéndole que era muy bonita y que si algún día podía tomar un café con ella y ella me dio las gracias hasta que de tantas palabras me dijo que la había puesto caliente y eso es lo que yo quería Monserrat, se fue quitando la ropa hasta quedar completamente denuda y eso me puso también caliente y bueno lectores si quieres leer el resto te lo contare en otro relato.

    Hasta luego de tu amigo:

    Frank Novel