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  • Luna de miel solo para ella (Final)

    Luna de miel solo para ella (Final)

    Ella comenzó su relato con un tono muy apesadumbrado.

    «Mira ayer cuando Philipe subió a nuestro transporte, no sé una corriente recorrió mi cuerpo y me hizo estremecer, fue como si por primera vez viera a una estrella de cine o de televisión frente a mi (eso mismo percibí yo). Además desde el principio fue muy amable con nosotros y cuando ofreció tomarnos fotos, vi que yo me veía muy bien en cada una de las tomas, casi de inmediato empecé a presentir que yo era el centro de todas esas fotos y atenciones hacia nuestra familia. Por eso cuando almorzamos juntos, tu no te distes cuenta, pero él cada vez que podía cruzaba miradas conmigo y lejos de incomodarme me empezó a gustar muchísimo. Cuando llegamos a la playa, ya sabía que tendría que tomar una decisión, nadar junto a la familia o seguir a ese hombre en lo que tuviera en mente y no sé porqué no dudé en dejarles a Uds., para seguir a Philipe en su aventura, sabía que no estaba bien pero no podía evitarlo. Fuimos a unas cavernas con una vista hermosa del mar, el hizo varias tomas preciosas del lugar y luego me propuso si yo quería posar en medio de la naturaleza.

    Philipe: ¿Traes bajo tu ropa traje de baño?

    Viviana: Si, uno muy lindo que me hace lucir muy bien

    Philipe: (sonriendo) Que bien entonces reuniremos la belleza natural del lugar, con la belleza de una mujer que se ve a simple vista luce un cuerpo admirable.

    Viviana: Ya no tanto, tengo dos hijos y de seguro me ha pasado la cuenta.

    Philipe: Perdóname, pero esa es la belleza más natural, Aquella que no esconde ni dibuja nada artificial. Desde que te vi en el bus me di cuenta, que todo lo tuyo es así, no hay señas de operaciones ni tratamientos rebuscados de belleza. Luces muy lozana, tienes un rostro muy juvenil y estoy casi seguro que eres admirada y deseada por muchos hombres, que quieren los atributos que tienes pero que no han reparado que todo eso fluye naturalmente en ti

    Viviana: Eres un conocedor de las mujeres y con tan poco tiempo me describes como si supieras mucho de mi persona. Realmente estoy admirada.

    Philipe: Lo que pasa Vivi, ¿Puedo llamarte así verdad? Me suena a más juvenil, como realmente te ves. Soy un observador antes que un fotógrafo, me gusta admirar antes de darme cuenta si lo que voy a retratar es cierto o solo una imagen como la de muchas mujeres en portadas de revistas o situaciones creadas para causar sensaciones o emociones, que muchas veces distan de la realidad. Por eso puedo decir con absoluta seguridad que tu representas una belleza natural.

    Esas palabras no solo me hicieron sentir agradada, de verdad me estremecieron de como un hombre percibía mi ser interior. Muchos de nuestros amigos me han insinuado cosas, incluso tu jefe una vez en una fiesta en su casa, se me arrimo por atrás pegándome su paquete y hablándome al oído, que lo que sentía era culpa mía y que debía responder por eso. Y a pesar de ser un hombre autoritario, poderoso y por lo que sentí ese día muy bien dotado, no me dejé engañar por esas palabras y me deshice fácilmente de él y te dije que mejor nos fuéramos que me sentía mal. (Recordé esa fiesta, que todo me reclamaron que era un principiante de cornudo) Yo no me dejaba engañar por palabras o insinuaciones hacia mí, porque sé que siempre hablaban de mi cuerpo, pero Phil me hizo sentir primero persona y luego mujer, eso fue lo que tanto me hipnotizó.

    Phil, lo traté así por la deferencia que tenía conmigo, me hizo quitar la ropa y empezó a darme instrucciones de cómo y dónde ponerme para tomarme unas fotos, luego venía y me las mostraba, me sentí espectacular al ver su trabajo, de verdad es bueno en lo que hace. En una de esas cuando yo estaba sentada sobre unos roqueríos y el disparaba su cámara me dijo “esta toma es tremenda, lo único que la hace perder naturalidad, es tu traje de baño”. Yo lo mire juguetona y le respondí “Acaso quieres que me lo quite” Bueno me dijo él, eso lo decides tú.

    Fue una frase, sin doble sentido ni mirada morbosa, solo tenía que decidirlo yo. No sé qué me pasó que le dije, acepto. Él se acercó a mí y me ayudó a desabrochar mi sostén, miró mis pechos y exclamó “lo que pensé”

    Viviana: ¿Qué pensó?

    Philipe: Que tu torso desnudo se ve perfecto, con un busto firme pero natural, con un tono de piel necesitado de sol, pero de un color uniforme.

    Viviana: vaya pensé que dirías alguna pachotada como los amigos de mi esposo.

    Philipe: Que tienes unas tetas muy ricas, dijo riéndose. Eso es lo que todos los hombres dicen, pero no captan, que para que eso sea así, hay que ver cómo están formadas y torneadas. No aunque quisiera decir algo así, ante tanta belleza me detendría de hacer un comentario tan soez.

    Viviana: Gracias Phil, se ve que eres todo un caballero.

    Philipe: ¿Vas a quitar tu calzón también?

    Viviana: no sé me da plancha, no estoy presentable dije casi con vergüenza.

    Philipe: Esta bien, vamos a acomodar las posturas para que parezca que no lo tienes.

    Empezó a decirme como debía colocarme y donde colocar mis brazos y piernas cruzadas para aparecer como si estuviera desnuda, de pronto me hizo semi recostarme con mis brazos atrás como si estuviera tomando el sol, e hizo cerrar los ojos y empezó a hacer varias tomas hasta que lo sentí cerca mío, una de sus manos acarició mis pechos y mis pezones se erizaron, iba a decir algo cuando me dijo; “tranquila” y siguió disparando su cámara. De pronto me sacó de ese trance que me había producido una gran excitación. Que te parecen estas fotos y que impresionada.

    Mis pechos con sus pezones erguidos medio en penumbras, me hacían parecer una sirena a orillas del mar, solo pude decirle gracias casi con lágrimas, el que ya se había quitado su camisa me acarició con delicadeza mi rostro y mi pelo, nuestros labios se juntaron y fue un beso suave, casi inocente: De pronto unas voces de otras personas cerca interrumpieron el romántico momento y me abracé a su pecho fuertemente mientras pasaban cerca de nosotros, el roce de mis pezones erecto y su pecho con un cuidado vello nos excitaron más de la cuenta a los dos y cuando ya nos sentimos solos, nos comimos la boca en apasionados besos, sentí su tremendo bulto a la altura de mi ombligo y empecé a humedecer, sus manos tomaron mi culo con ganas y deseos y su boca disfrutaba de mi lengua y labios.

    De pronto me entró algo de cordura y lo detuve, si seguíamos así terminaríamos haciéndolo ahí mismo y por miedo a que alguien nos viera le dije, detente o no podré detener mis deseos. El muy caballeroso me dijo, está bien, no haré jamás nada que tú no quieras. Aunque dentro de mi quería que siguiera, tomé mi sostén y lo puse nuevamente, también mi vestido; “Creo que es mejor volver” dije, Déjame juntar mis cosas y vamos me respondió, caminamos tomados de la mano como enamorados, solo mirándonos y disfrutando del camino. Cuando estábamos cerca de la playa me preguntó que haríamos mas tarde, le conté lo del show y él me dijo que saldría hacer unas tomas nocturnas de la isla, pero que lata que le faltara la modelo, bueno le dije aun no la has invitado, está bien, dijo él iré al show a ver si encuentro alguna. De seguro encontraras una mejor preparada que la de ahora le dije y reímos con excitación en mi rostro.

    Cuando íbamos al show, estaba como extasiada, quería ver si iba a ir por estar conmigo o no, cuando lo vi aparecer me puse como una tonta indicándole donde estábamos y le había guardado un puesto al lado mío, después que te saludó se apagaron las luces y me sorprendió con un beso apasionado y metiendo su mano bajo mi falda para tocar mi vulva bien depilada, en ese momento decidí que a como diera lugar esa noche sería de él. No quería hacerte daño pero mis ganas eran mas grandes que mi cordura.»

    Hasta ese momento de su relato no me había dado cuenta que tenía una erección tremenda, mi pene estaba durísimo y ya empezaba a sentir liquido preseminal en el. Escuchar tanto detalle me tenía como burro, pero mi cabeza ardía de celos. Y que pasó después pregunté, mas por morbo que por saber todo, ella avergonzada me dijo, bueno pasó lo que te dije, hicimos el amor, quiero saber los detalles contesté, Hernando no quiero herirte diciendo todas las cosas que ocurrieron, Viviana necesito saber los detalles, no quiero que me ocultes nada, insistí mientras bajaba la cabeza y con mis manos trataba de tapar un poco mi excitación.

    Ella continuó diciéndome lo que pasó después de dejarme con los niños en la cabaña; Bueno cuando salimos de ahí me llevó a dos lugares de la Isla donde las vistas de la luna brillando sobre el mar era una delicia, tomo algunas fotos y me dijo “¿Esta lista para modelar?” Dime donde me pongo respondí; frente a la luz me dijo, pero quiero que quites tu ropa, quiero que todo sea natural. Su invitación me excitó mucho más de lo que estaba e hice lo que me pidió, me hizo unas tomas preciosas, donde mi silueta se refleja sobre la luz que brillaba en el mar.

    Estaba muy excitada sintiendo el viento tibio de la noche desnuda frente a un hombre que me atraía, que no me di cuenta que estaba detrás de mí, cuando sus labios rozaron mi cuello y sus manos recorrieron mi figura posándose en mis pechos y jugando con mis pezones, volteé mi cara y nos besamos con pasión, el bajó su mano hasta mi genital y lo sintió húmedo lo que encendió mas nuestra pasión y me dijo: Vivi quiero hacerte mía, pero insisto jamás haré nada que tu no quieras, yo le respondí yo también quiero ser tuya, entonces me puse solo mi vestido y nos dirigimos a su habitación en su hotel, era una bella pieza decorada con motivos pascuenses y una gran y suave cama, me quitó mis vestido mientras el saco su camisa, yo le ayudé con su pantalón e interior, cuando su pene saltó de él, era grande y depilado, lo toque con ambas manos y él esperó inmóvil a ver que haría yo, no pude resistirlo, me hinqué y lo puse en mi boca y comencé a mamarlo con ganas, a él le gustó sentir mis labios tratando de abarcar toda su gruesa masa de carne, acariciaba mis cabellos y rozaba suavemente mis mejillas mientras yo succionaba su pene lo mas que podía aunque por su tamaño apenas tenía un poco más de un cuarto de él.

    Luego de un rato así me acostó sobre la cama, me admiró y me comenzó a acariciar y besar por todo mi cuerpo, me comió mi coño con delicadeza y sus manos acariciaban mis pechos, eso me hizo llegar a mi primer orgasmo, luego acomodó su pene entre mis labios vaginales bien humedecidos y lo hundió completamente en mí, fue algo que jamás había sentido, comenzó un suave vaivén que hacia su pene rozar todo mi interior y exterior, tomó mis manos sobre mi cabeza y mientras subía y bajaba, besaba mis labios y pechos y aumentaba mi calor, señal que volvería acabar, cuando casi como por arte de magia ambos acabamos en un orgasmo bestial, con mucho semen inundando mi vagina y muchos flujos míos mojando la cama, luego de recuperar nuestros alientos, seguimos besándonos y quizás debido a su tamaño seguía dentro mío, cuando el se salió de sobre mi, me dijo que jamás había sentido tanta atracción por una mujer desde el momento que me vio, yo le die, no te creo, debes haber tenido muchas mujeres.

    Puede ser dijo él, pero nadie luce los atributos que tu tienes de manera natural, eso me hizo sentir la mujer mas bella, se sentía muy honesta su expresión y de verdad eso me excitó mucho. Así que nuevamente empecé a jugar con su herramienta y comenzó a cobrar vida, volví a meterla en mi boca y esta vez, debido a que estaba mas lubricada entró mas entre mis labios, cuando recuperó su dureza, me senté a horcajadas sobre ella, entró toda en mí, llenándome de nuevo todo mi interior, comencé a cabalgarlo al principio rítmicamente hasta que después de un rato me volví una furia sobre ese delicioso pene.

    Mi tercer orgasmo fue una delicia, mientras el chupaba mis pechos con ansias y unos dedos juguetones estaban dentro de mí cola, nos abrazamos y él podía sentir mi corazón a mil sobre su pecho, le pregunte si quería acabar dentro de mí otra vez, Entonces me dijo, deseo penetrarte esa hermosa colita.

    Ella me miró con tristeza y dijo; Tú sabes que jamás he dejado que ni siquiera tu entres en mi cola, pero ese hombre me atraía demasiado y no pude negarle ese deseo. Mi mirada le indicó que quería saber los detalles, ella agachando su cabeza prosiguió; Él se salió dentro de mí y comenzó a besar todo mi cuerpo nuevamente, me recostó boca abajo en la cama y sentí sus labios jugando sobre mi ano, luego puso una almohada bajo mi vientre y sus dedos jugueteaban en mi clítoris e ingresaban en mi vagina mientras su lengua seguía suavizando mi orificio anal, me preparó muy bien para cuando su grueso miembro intentara abordarme, cuando sintió que ya estaba lista, se puso detrás mío y sentí como su pene punzaba la entrada de mi culo.

    Sus labios comenzaron a besarme y sus dedos seguían jugando en mi vagina, mientras el duro y grueso pene esperaba a la entrada de mi ano, comencé a disfrutar sus caricias y besos en mi oído, cuello y labios y cuando empecé a gemir con su dedo en mi clítoris, clavó su tremenda cabezota dentro de mi culo y luego todo el cilindro de carne hasta el fondo de mi cola. El dolor de ese momento se mezcló con un nuevo orgasmo por como trabajó mi clítoris, luego ya más acomodada a esa tremenda invasión dentro de mí, comenzó el vaivén de penetrar y casi salir, una y otra vez, tomó mis manos sobre mi cabeza y empezó a acelerar sus movimientos, fueron unos minutos intensos cuando sentí como mas leche caliente estaba llenando mi cola, y sus gemidos me indicaron que le había gustado.

    Yo no me di cuenta que con esa parte del relato me corrí en mis pantalones dejando toda la leche que había acumulado para nuestra segunda luna de miel, así que como pude tapé la mancha de mi pantalón; ella continuó su relato: Vi la hora eran 4,30 ya le dije que debía irme, fuimos a la ducha, nuevamente jugamos con besos y caricias, pero ya no habían energías para un nuevo orgasmo y nos vestimos y me trajo hasta la cabaña, se despidió con un beso y me dijo que de verdad era la mejor mujer con la que había estado porque todo en mi era natural…

    Cuando terminó, tomé aire como para empezar un discurso, solo dije: déjame pensar que va a pasar después de todo esto, pero la verdad quería ir al baño a limpiar mi semen, cuando saqué mi ropa mi pene aún tenía algo de erección así que me pajeé con ganas o volví acabar recordando el relato de Viviana.

    Ese día recorrimos el pueblo como familia, todo muy relajado y reposado, en la tarde en un descanso le dije a Viviana que entendía porque habían pasado las cosas y asumí que nunca la había admirado como la belleza que era y que no quería perderla, que volveríamos a nuestra ciudad y todo volvería a la normalidad. Que haría mi mejor esfuerzo para hacerla sentir tan bella y natural como era, ella me dijo que trataría de complacerme ahora en mis deseos, ahora que sabía que no dolía tanto lo que me había negado, sabiendo que de solo escucharlo me había hecho acabar (se había dado cuenta de mi mancha en el pantalón) reímos y seguimos disfrutando de la tarde.

    Cuando empezamos a pensar en nuestra última noche en la isla, la noté inquieta y le pregunté que pasaba, nada es que… dime, volví a insistir; Es nuestra última noche y tu dijiste que volviendo a nuestra ciudad todo volvería a ser igual. Philipe me ha pedido si podemos vernos unos minutos para darme algo que me preparó… que opinas.

    Está bien dije yo, seguramente tendrá tu álbum de fotos y quiere dártelo en persona, Gracias amor me dijo y salió a encontrarse un rato con él. Eran casi las 4 de la mañana cuando regresó, me pidió perdón de nuevo no pude evitarlo me dijo, yo que estaba excitado, sin ninguna consideración me subí sobre ella y metí mi pene en su vagina, quería hacerlo con rabia y que sintiera dolor, pero me encontré que nadaba dentro de un inmenso espacio lleno de fluidos y que en menos de dos minutos acabe echando otro poco de semen dentro de ella.

    Más tarde preparamos las maletas y partimos al aeropuerto, no sabía que pasaría de aquí en adelante, solo sabía que para todos nuestros conocidos era un viaje muy especial y había sido un viaje especial y romántico una nueva luna de miel, pero solo para ella.

  • El permiso de Camila

    El permiso de Camila

    Como les conté en mi primer relato, mi esposa (Camila) y yo siempre aguantábamos las ganas a modo de juego para follar con más ganas cuando se diera la ocasión.

    Hubo una época en la que el trabajo nos dejaba exhaustos y la rutina de hizo tan agobiante que me llamó la atención la idea de buscar en la Internet algunas putas de alto nivel, siempre me han encantado las mujeres morenas o de piel completamente negra, así que empecé a buscar ese tipo de mujeres.

    Guardé varios contactos y así pasaron unos días, pero por error no borré el historial del celular y mi esposa una noche encontró que había visitado varias páginas de agencias de escort, eso la destrozó, rompió en llanto, fue una discusión de horas. Pasaron los días y todo volvió a la normalidad, ya que sólo había cometido el desliz de buscar.

    Semanas después, antes de salir a trabajar, Camila me dice:

    – He estado pensando mucho en tus ganas y que eso te llevo a buscar putas, tal vez yo no te doy la plena satisfacción.

    – No amor, no digas eso, fue producto de la rutina y quería despejar la mente pero no pasó de ahí.

    – Si es lo que necesitas, quiero que lo hagas, aunque me duela.

    – No entiendo.

    – Si buscaste chicas es porque deseas coger con otra, hazlo, pero no me digas cuándo, te amo.

    Ella me dio un beso y cada uno se fue para su respectivo trabajo, yo estaba desconcertado, no podía creerlo, además Camila lo dijo con tanta calma que recordarla dándome un «permiso» me produjo una erección mientras iba en el bus y como me sentía muy cargado de leche decidí consentirme la verga al llegar a la empresa.

    No me pude concentrar durante todo el día en el trabajo, me rondaba la idea, eran las 3 pm y como ya había adelantado bastante trabajo, mi jefe me dijo que podía salir a las 4, dos horas antes de los normal, así que eso fue como una oportunidad y lo hice.

    En esos días anteriores que había buscado escort vip, me había interesado en Carla, en sus fotos se veía una mujer de piel negra, senos operados grandes, una cola natural extraordinaria y varios videos haciendo ejercicio en el gimnasio, no mostraba su rostro obviamente, en su biografía decía que tenía 24 años y era de la ciudad de Cali, Colombia.

    Le escribí al Whatsapp y me respondió a los 5 minutos, me dijo que estaba disponible a las 4, concretamos el motel y me dijo que apenas entrara allí le indicara el número para poder reportarse en recepción.

    Sentía un poco de nervios porque jamás había pagado por tener sexo, jamás le había sido infiel a mi esposa después de 6 años de noviazgo y 3 años de matrimonio, pero recordar las palabras de Camila me excitaron y allí estaba, a punto de conocer el pecado.

    A los 10 minutos de indicarle el número de la habitación, sonó el teléfono y dije que la dejaran pasar.

    Cuándo Carla tocó a la puerta y abrí fue indescriptible. La presencia de Carla me afirmaba que sí era la de las fotos, tenía una cara hermosa, una sonrisa muy bella y su olor era delicioso, traía un jean azul que apretaban sus nalgas redondas y tonificada, una chaqueta de cuero y unos tacones rojos. Hablamos durante unos 10 minutos, le pedí una botella de agua que ella me solicitó y de paso pedí una caja de condones.

    Seguimos hablando mientras ella entró al baño para cambiarse.

    Al verla salir no sabía si iba poder con tanta carne tentadora, tenía ropa interior deportiva Calvin Klein de color blanco, que contrastaba perfecto con su piel, unos muslos grandes, y olvidé decirlo, los labios de su boca eran dignos de una diosa de ébano. En este momento llegó la orden de la botella de agua y la caja de condones. Me disponía a dejar eso en una de las mesas de noche y ella se acercó, me dijo que no solía tener clientes de mi edad y tan simpáticos, me besó salvajemente y de inmediato se arrodilló, me sacó la polla, me dijo que solía poner condón a sus clientes para todo pero que veía que yo tenía muy buena higiene, entonces comenzó a chupármela como si no existiera el mañana sin ponerme condón. Me la chupaba con muchas ganas y con una mano me cogía los testículos, lo metía todo en su boca, era adicta a la verga y yo ya estaba dispuesta a acceder sin miedo al permiso de Camila.

    Acosté a Camila en la cama y saqué sus senos del top que tenía empecé a besarlos con pasión mientras la tocaba suavemente con mis manos por todo su cuerpo, cuando llegué a su conchita noté que estaba mojada, metí un dedo y al sacarlo su flujo de deslizaba pegajoso entre mis dedos.

    Carla me dijo:

    -Chúpame la cuca Daniel, es toda tuya.

    – Y no sabes lo que te espera, mi puta.

    Le metía una y otra vez mi lengua en la vagina, succionaba su clítoris metía de vez en cuando dos y hasta 3 dedos. Después de unos 15 minutos de hacerla gozar, ella misma cogió la caja de condones, me acosté ella, me puso el condón con su boca y empezó a cabalgar, sentada en mi polla. No se imaginan lo excitado que estaba, mientras recordaba el dicho que tenemos aquí, «el que no come negra, no va al cielo», y sentí que era totalmente cierto, tener a esa bella mujer de piel negra sobre mí y sentir como sus nalgas chocaban con mis testículos era estar en el paraíso.

    Luego la puse en cuatro.

    Ella gemía como toda una zorra:

    – ¡Ah, ah, si papi, dame duro, así, así, soy tu putita, qué rico corazón!

    Yo estaba tan arrecho, sentía tanta fuerza en mí, la alcé, la ubiqué en el mesón del lavamanos, le abrí las piernas y empecé a clavarla, una y otra vez, cada penetrada sonaba como un fuerte aplauso y Carla me decía que no parara, yo ya tenía ganas de venirme, lo que importa muchas veces no es el tiempo sino la calidad del sexo, llevábamos unos 20 minutos culeando después de haberle hecho sexo oral, traté de pensar en otra cosa para no eyacular, a veces fallo en el intento, pero logré sentir sus muslos temblar mientras ella mojaba mis testículos con su orgasmo, habíamos tenido tanta conexión cuando hablamos que por un momento ambos sentimos que no era un rato puta-cliente, sino que éramos amigos que necesitaban calmar sus ganas.

    Ella me abrazó mientras sus muslos fuertes seguían temblando y nos volvimos a besar apasionadamente.

    Luego me susurró al oído:

    – Quiero que te vengas sobre mis tetas.

    – Tus deseos son órdenes

    Se arrodilló, su sonrisa pícara mientras agarraba sus senos para recibir todo mi semen me tenían impresionado.

    Tomé mi trozo y empecé a masturbarme para rematar, el primer chorro cayó en su cara,

    Seguidos de varios en sus senos, ella parecía una niña en parque de diversiones, se masajeaba los senos con mi leche y saboreaba mi semen.

    La había contratado durante hora y media, así que luego nos metimos a la ducha juntos, nos llenamos de jabón y tuvimos sexo mientras el agua caía sobre nosotros, aún tengo facilidad para recuperarme pronto después de una eyaculación.

    Nos cambiamos, hablamos un rato más, sobre el trabajo, la relación con mi esposa, las cosas que nos gusta hacer, entre otras cosas y prometimos volver a vernos.

    Al llegar a casa, sucedió algo inesperado, pero eso se los contaré en el próximo relato.

    Un saludo para todos.

  • Aventuras en el Call Center

    Aventuras en el Call Center

    —¿Segura que no hay otra opción?

    —Necesitamos el dinero y sinceramente no es tan malo.

    —Ok…

    Con ese dialogo tan corto postulé a un trabajo del que creí no llegar a durar más de 3 meses. Para ese entonces recién estaba llegando al país, venia huyendo de un país en quiebre económico y moral, aunque realmente el motivo siempre fue alimentar a mis padres en Venezuela que morían de hambre, en ese entonces tenía 25 años.

    Siempre he sido un chico robusto, sin hacer ejercicios mi cuerpo se ha desarrollado bien y mi rostro es agraciado en ciertas facciones, pero si tuviera que definir mi mayor atributo es mi habilidad para atrapar a las personas con mis palabras. Lo cual generalmente hacia que tuviera alguna persona interesada en mí, pero desde que había empezado con mi novia me había abstenido de cualquier infidelidad más por un reto propio que por algún reparo moral, aunque la amo, con todo mi corazón la fidelidad para mí siempre ha sido un chiste.

    Aun así siempre me cuide de cualquier situación que se fuera a mal interpretar quedara clara desde un principio. Me llaman a la entrevista de trabajo con la típica «Sueldo base de 450.000 clp» (el cual es un engaño) un día martes y por suerte a sucursal a la que me llamaron quedaba a pocas estaciones de metro de mi trabajo. Me apresuro a ducharme y salir al metro, cuando al momento de pasar la tarjeta Bip, veo que una chica con un culo envidiable está esperando a alguien del otro lado, miro disimuladamente su trasero todo lo que puedo, sinceramente era una obra de arte, aunque me desanimo un poco al ver que llega su novio y sigo mi camino. No me mal interpreten, no soy de mirar en la calle, es más, me molesta la gente que lo hace ¡Pero su trasero era simplemente descomunal!

    Intento recuperar el tiempo perdido y sigo mi camino y luego de bajarme en la estación correcta y dar una vuelta innecesaria llego a la dichosa sucursal, un edificio viejo y poco cuidado, una vez adentro me conducen a una sala pequeña junto a otras 30 personas y entre ellos, estaba ella, se fijó en mí y me sonrió en modo de burla volviendo a centrarse en su celular, me sentía como un idiota, se había dado cuenta que la había mirado en el metro y yo me quería morir de vergüenza, quería pasar el menor tiempo ahí dentro pero por casualidad de la vida justo de esos 30 solo quedamos 5 y entre ellos, ella que miraba y se seguía riendo.

    Para este punto sentía que su burla ocultaba algo mas y me senté cerca de ella, inicie un tema tribal y ella continuo la conversación a la vez que bajaba su teléfono, llego un punto en el que le admití que la había visto y ella solo sonrió para luego levantar su teléfono y abrir su whatsapp, en el chat había la foto del pene de su novio y ella abrió su galería y aparecieron fotos de ella en lencería y sin ella, yo no podía creerlo, inmediatamente mi pene se puso erecto y ella lo noto, se dedicó lentamente a elegir que foto enviar, había fotos de su trasero en lencería blanca, roja, negra, de su cintura, de su piel, de sus tetas pequeñas pero deliciosas, de sus nalgas, ella levanto su mano y se estiro para luego bajarla y rápidamente agarro mi pene y lo soltó. Me miro a los ojos y decidió enviarle una foto a su novio en ropa interior y levantándose las pantis para ver el inicio de su vagina.

    Fuimos a la entrevista final y quedamos los 5 de esa entrevista, pero yo ya no pensaba, no podía sacarme de la mente sus fotos y su apretón, no sabía qué hacer, quería llevarme a esa mujer a un rincón y partirla en dos. A la salida le dije que no podía aguantar más, que la necesitaba, ella respondió que esas no eran palabras que se le decían a una chica con novio.

    Yo le tome de la mano y la lleve a un rincón de la calle y ella no se resistió. La bese mientras le apretaba sus nalgas y a medida que la pasión aumentaba oscurecía más y más, en ese tiempo era invierno y ya a las 6 pm era de noche. Ella bajo su mano a mi entrepierna y saco mi pene para empezar a masturbarlo y yo la tome del cabello y la hice bajar para que me lo chupara ya no me importaba si nos veían, ella lo devoró en la primera oportunidad, se lo metió en la boca y lo chupo sin compasión, sentía como su boca succionaba mi piel y como sus dientes mordían suavemente mi pene, era una delicia en especial cuando se lo sacaba me masturbaba y me escupía el pene mientras me miraba para luego volver a comérselo, de vez en cuando a lo lejos sentíamos como pasaba la gente pero la oscuridad nos amparaba, la levante del cabello, la bese en la boca y la volteé, empecé a desabotonar su pantalón cuando me pregunto su traía condón, yo hace mucho que había dejado de usar, no tenía nada y ella aun con saliva en su barbilla me dijo que revisara en su cartera mientras ella se desabotonaba su pantalón de cuero y se bajaba sus bragas un poco, quede hipnotizado con su culo he de admitir.

    Ella noto mi distracción y lo movió mientras me decía «Seguro que solo quieres mirar?» Yo sonreí y la apreté las nalgas para abrirlas ella gimió de dolor y placer y yo apunte mi pene a su ano, ella balbuceo «No» pero yo ya estaba empujando y su ano estaba recibiéndome sin casi resistirse «Se delicado, es sensible» cuando me hablaba así mas quería estar dentro, más quería que fuera mía, mas necesitaba sentir las paredes de su ano apretando mi pene, ella empezó a mover sus caderas al son de mi pene y yo me dedique a tomarla del pene y nalguear ese delicioso culo. Ella se inclinó lo más que pudo y me pidió que le sacara un video, yo no me contuve y mientras que con una mano grababa con la otra me sujetaba de su cintura y me movía como una bestia desesperada.

    Se corrió literalmente aplastando mi pene entre las paredes de su ano y cayó al suelo de rodillas, para luego de recuperar el aire quitar mi mano de mi pene y proceder a chupármelo como una diosa, mientras sus ojos me decían que me corriera dentro de su boca. Fue la mejor corrida en mucho tiempo, casi se ahogó con mi semen pero no desperdicio ni una gota, se levantó a besarme aun con mi seme en su boca y se vistió, se arregló el cabello, me dio una última mirada con su sonrisa de maldita y se fue bajaba dejándome con mi pene aun afuera pero muy limpio.

    Esta es una serie de relatos de mis aventuras en un call center en el cual metro trabajo, son experiencias reales, muy turbias pero deliciosas y no ha más que comenzado.

  • Divirtiéndome con el permiso de mi esposo (3)

    Divirtiéndome con el permiso de mi esposo (3)

    Hola a todos mis lectores después de haber descansado y paseado un poco por las navidades. Les voy a contar sobre una de mis tantas experiencias y que como todos sabrán disfruté sin parar.

    Resulta que nos fuimos de viaje con mi esposo David a un congreso a Cartagena.

    Llegamos el martes en la tarde nos instalamos en el hotel y decidimos salir a caminar por la ciudad heroica el ambiente es precioso la gente alegre entrabamos a bares y pedíamos cerveza fría nos quedábamos un rato, seguíamos para otro bar hasta que en uno, dos caballeros me sacaron a bailar a lo que no tuve reparos en aceptar ya que ambos estaban deliciosos.

    Bailamos varías piezas toda música bailable, cumbias, porros, salsa. Hasta un vallenato que fue el causante de darme cuenta de lo bien dotado que estaba Fernando al apretarlo contra mi por la cintura coloqué mi cabeza sobre su pecho y acaricie su espalda lo que hizo que el me apretara haciéndome sentir su verga en plena erección, saliendo de mí un suspiro

    -Ahí papacito eso que tienes hay se siente delicioso.

    Y disimulando la cosa se la toque a través de sus pantalones por varios segundos acariciándosela, Levante mi cara y con la otra mano agarré su cabeza atrayéndolo para besarlo por casi un minuto.

    La música seguía sonando y hubo cambio de disco pero no de ritmo otro vallenato que íbamos a seguir pero su amigo Diego se nos acercó solicitando la pieza a lo que yo accedí dejando a Fernando algo contrariado, pues él quería seguir calentando motores.

    Con Diego nos pasó exactamente lo mismo con la diferencia qué al bailar apretaditos sentí cómo su verga crecía él era casi igual de alto a mí por lo que me quedo fácil abrazarlo por la cabezas y cuando ya se la sentía en total erección agarre su cabeza y coloque sus labios sobre mis hombros los que beso y mi mano derecha bajo a su pantalón agarrándole le verga.

    -Guau por lo que veo está noche la voy a pasar delicioso que verga tan rica tienes.

    -¿Te gusto?

    -Sí me encanto.

    -Es toda tuya mamita.

    -Yo sé que sí. Así es que anda dile a Fernando que nos vamos los tres para su hotel.

    Me acerque a la mesa y agarrando mí cartera saqué mis cosméticos y dándole un beso en la boca a Fernando me fui para el baño picándole el ojo a mí esposo, quien me envió un beso con sus dedos. Al regresar Diego estaba de pie esperándome y nos abrazamos y besamos.

    -Ya cancelaron la cuenta?

    -Sí señora ya está todo pago.

    Me acerque a despedirme de mi esposo.

    -Papi nos vemos mañana que descanses.

    Nos besamos y al oído me dice.

    -Muñeca hermosa diviértete como toda una gran puta.

    -Esa es la idea mí amor solo imagínate fuera de qué ambos están bien dotados tu mujercita penetrada por dos deliciosas vergas, nos vemos mañana y te cuento como fue.

    Nos volvimos a besar y salimos con el Diego y Fernando para el hotel.

    -Bueno caballeros vamos a pasarla bien rico. Todo mí cuerpo temblaba mi ansiedad evidente por llegar. Entramos a la habitación y no fue sí no cerrar para que entre ambos me desnudarán sacándose sus vergas por entré sus cremalleras y ya verlas, arrodillándome las agarré maravillada de su grosor.

    ¡¡¡QUE DELICIA PAPACITOS RICOS AMBAS VERGAS ESTÁN COMO A MÍ ME GUSTAN!!!

    Puse sus glandes juntos y con la lengua los lambí, chupándolos intermitentemente para luego meterlo uno a uno Mamándoselas por casi veinte minutos.

    Tiempo en el que ambos se desnudaron.

    Me levanté y agarrándolos de sus vergas me los lleve para la cama a Fernando lo hice sentar contra la cabecera y a Diego acostado boca arriba le coloque mi cuquita para que me la chupara mientras le mamaba la verga de Fernando estando en cuatro. Casi 10 minutos duramos cambiando de pose.

    -Ahí hijueputa que rico me encanta papacito rico.

    Y montándomele encima de Fernando me coloco su verga en mi cuquita dejándome rodar por su tronco haciendo vibrar de la emoción.

    -haaa esto es vida mi amor.

    Nos besamos apasionadamente.

    El Diego se nos arrima y también lo beso.

    -ven muñeco párate y déjame mamarte la verga

    Así lo hizo y así disfruté un buen rato hasta hacerme venir escupiendo mis líquidos encima de Fernando bajando para mamarle la verga.

    -no, no que rico estuvo fercho tienes una verga deliciosa.

    Y me la metí a la boca nuevamente

    -Mamacita te encanta la verga eres una diosa del sexo, con ese cuerpazo tuyo no creo que haya hombres que se resista a tus encantos.

    -Si señor me encanta los hombres bien dotados, Diego tu turno muñeco ven encima mío.

    Me acuesto boca arriba y levanto mis piernas asía los lados Diego se monta encima mío y me penetra de una y hasta el fondo sintiéndola toda adentro comienza a follarme el mete y saca que me hace gemir de placer.

    -Vamos papacito hermoso dame más, mas no pares hijueputa dame más eso así con ganas ahí sí, si sigue.

    Mis líquidos volvieron a salir en chorro.

    Quite a Diego y acosté a Fernando boca arriba y me le monté sobre sus piernas para mamarle la verga dejársela húmeda me moví hasta empalmar su verga con mi trasero y metérmela muy suavemente sintiendo su grosor en todo mí trasero y comenzar A follar aumentando su accionar poco a poco. Fueron diez minutos de inmenso placer hasta hacerme venir.

    Bajando me le acerco a Diego a mamarle la verga para luego colocarme adelante suyo dándole la espalda y levantando mi pierna le agarré la verga y me la metí en mi trasero, mientras que Fernando se fue a lavar su verga.

    Al rato acosté a Fernando y me le monte encima diciéndole a Diego que siguiera follando por el trasero mientras Fernando me penetraba por la cuquita dando inició a uno de los placeres más extraordinarios de la vida sentir dos vergas rompiendo mis entrañas, llenándome mí cuerpo con sus instrumentos de placer, que me trasportan al paraíso llenándome de sensaciones inexplicablemente hermosas, placer que solo las mujeres podemos disfrutar y en mi caso yo con la complacencia de mí amado esposo quien en ese momento se debe de estar imaginando lo delicioso que yo la estoy pasando después de haberle contado lo bien dotados que ambos estaban y lo arrecha que me pongo al tener una verga gruesa y larga dentro de mí y más si son dos en doble penetración gimiendo cómo loca sintiendo mi corazón estallar de la dicha por lo general lágrimas salen de mis ojos con tanta emoción sintiendo sus miembros entrar y salir, los abrazo, los beso con pasión, con lujuria desbordada hasta culminar los tres en tremenda venida de líquidos seminales fueron casi 30 minutos de doble penetración anal y vaginal.

    Desgonzados nos acostamos en la cama.

    -Ha mamacita que puta tan ricas sos, esto estuvo del otro mundo nunca había estado con una mujer como tu si se te nota que eres toda una experta.

    -Me encanta el sexo y si soy toda una experta o mejor dicho toda una reputa.

    -Yo también digo lo mismo muñeca eres un ser espectacular y espero volverte a ver en Bogotá.

    -Claro que sí papacitos tenemos que repetirlo yo los llamo apenas llegué y nos vemos en mí casa.

    -Lástima mañana tenemos que ir a Cúcuta. -Sí que lastima pero podemos echarnos otro ahora me encantaría volver a sentirnos dentro de mí.

    -Claro que sí Dianita está noche será inolvidable no solo otro si no más

    Y así fue en total fueron 6 horas y cuatro polvos de placer, cansados, totalmente agotados pero satisfechos y yo complacida con tanta verga que recibí. Me desperté como a las 11 de la mañana aquellos ya se habían marchado me vestí encontrándome con la mucama al salir camine hasta el hotel asomándose al salón del congreso viendo que proyectaban planos. Subí al cuarto a bañarme y componerme estando en la ducha pensaba en lo delicioso que fue la noche y con ansias de contarle a mi cornudito lo rico que su mujercita pasó la noche. Ya me imaginaba la masturbada que él se debió de dar pensando en lo rico que la estaba pasando, cosa que también me calentó y dedeándome en la ducha terminé viniéndome.

    Salí de la ducha sentándome en una silla me cepille el cabello David llegó al cuarto y se me abalanzo quitándose su camisa nos besamos apasionadamente.

    -Mi amor divina no he podido ni poner atención en el congreso por estar imaginándome toda la verga que disfrutaste anoche.

    Seguíamos besándonos

    -Ahí papi te cuento que fue espectacular, divino, sublime, que vergas tan exquisitas todavía siento su sabor, su semen en mi boca, me dieron verga hasta las tres de la mañana, hubiera podido ser a un mas pero estábamos agotados y nos quedamos dormidos ya me estaba haciendo falta algo así de delicioso hace rato que no lo hacía con dos hombres.

    David termina de desvestirse y nos metemos a la cama y mientras le contaba hacíamos el amor como desenfrenados con una pasión inmensa, desbordada de lujuria y arrechura. Fueron 30 minutos de locura mí esposo no paraba de follarme y de decirme lo mucho que me ama. Ambos terminamos en un mar de líquidos abrazados y jurándonos amor eterno.

    Nos alistamos y bajamos a almorzar. Ya en el restaurante pedí una cazuela de mariscos David arroz con camarones.

    -¿Mami sabes una cosa?

    -¿Qué será?

    Mirándonos a los ojos.

    -Preciosa hoy estas radiante se te nota, felicidad una alegría desbordada que ilumina tu andar.

    -En verdad se me nota lo feliz que estoy. Papi es que después de semejante noche.

    -¿Y qué piensas hacer hoy?

    -No sé qué hacer, de pronto colocarme el vestido de baño que traje y lucirlo en la piscina así de seguro caerán cómo chulos.

    -¿Y sí te contara que no necesitas esperar tanto y que podrías ya tener diversión?

    -Si como así papi a dónde tengo que ir porque yo quede con ganas de verga.

    -No muñeca hermosa por si no te has dado cuenta a la derecha tuya hay tres caballeros que no te han despegado el ojo.

    Disimuladamente voltee a mirarlos y todos tres en ese momento nos miraban, yo seguí mirando y me devolví y sin querer queriendo les Piqué el ojo y regresé la mirada a mi amado esposo.

    -Guauu papi están divinos.

    -Pues muñeca ahí tienes diversión, espero y la pases bien.

    Y acercándomele al oído le dije.

    -Listo mi cornudo hermoso solo espero que no tengan nada planeado, esperemos a que se paren de la mesa y los seguimos.

    -No mamita te dejó ya debió de comenzar la sección yo veré mi amor divierte en grande.

    -Hay eso espero.

    David se levantó y besándonos nos despedimos.

    En eso voltee a mirar a los caballeros quienes no se perdían detalle les sonreí, me quede mirándolos fijamente lo que me dio la seguridad de que la tarde iba a estar disfrutando de tres hombres para mí solita además de sentir mi cuerpo temblar de los corrientasos que mi estómago producían. Me pare y camine directo a su mesa para saludarlos mientras mi esposo observaba retirándose del salón.

    -muy buenas tardes caballeros.

    Todos tres se pararon a saludarme con un beso en la mejilla.

    -Mucho gusto preciosa mi nombre es Arturo el mío Luis Fernando, y yo. Gabriel

    Ofreciéndome la silla me senté.

    -Mucho gusto mi nombre Diana.

    -Dianita y están de paseo o de trabajo.

    -Ambas cosas, mi esposo en la convención que hay en el hotel y yo de paseo y ustedes?

    -De trabajo estamos instalando unos equipos en el hospital de Cartagena.

    -Ha ¿y ahora se van a seguir trabajando?

    -No, no está mañana terminamos y solo vamos a esperar a que todo funcione bien. Y yo iré hasta por la tarde a revisarlo.

    -Ha que bien porque me encantaría pasar la tarde con ustedes sí no tienen algún otro plan.

    Todos tres se miran y al tiempo y responden.

    -No, no tenemos nada planeado y sería un placer que nos acompañaras.

    -Buenos qué bien, ahora sí tienen un plan para la tarde.

    -Jajajaja si señora ahora sí y que placer al lado de mujer tan hermosa.

    Luis f pregunta.

    -Y que Dianita a dónde quieres ir acá en el hotel hay un bar buenísimo.

    Comenta Gabriel.

    -¿O te gustaría recorrer la ciudad vieja?

    Me quedé mirándolos, mis pechos se expandieron.

    -Buenos vamos al bar.

    Salimos del restaurante abrazada de Luis Fernando, entramos al bar, nos hicimos en la barra, pedimos ron, agua y cigarrillos nos sirvieron el primer trago y brindamos.

    -bueno caballeros hoy quiero brindar por ustedes y la suerte de conocerlos ya que son hombres del tipo que me encanta todos unos papacitos.

    Me tomo mí ron sintiendo su sabor y textura, prendo un cigarrillo y tarareo un vallenato que suena.

    -¿Dianita mi amor y tú a que te dedicas? Además de embellecer el mundo con tu presencia

    -Ahí que lindo pues yo soy abogada penal, vivo en Bogotá

    Ahora era Gabriel quien quiso hacer otro brindis

    -Yo quiero brindar por que tengamos una tarde estupenda y te conviertas en una encantadora amiga, por la amistad y nos tomamos el segundo trago. En ese momento una voz femenina pronunciaba mi nombre y volteo a ver quién era.

    -Claudia cano mujer y voz que estás haciendo por éstos lugares?

    -Buscándote preciosa anoche te vi con David en la ciudad amurallada. ¿Y los señores quiénes son?

    -Ahí sí mira te presento a Arturo, Gabriel y Luis f los acabo de conocer.

    -Mucho gusto preciosa

    -Mucho gusto caballeros.

    -¿Nos acompañas preciosa?

    Le sirvo una copa y se la toma de una.

    -Si claro para eso te estaba buscando pasar un buen rato contigo y más viéndote tan bien acompañada.

    Colocaron música bailable y saque a Gabriel a bailar dejando a Claudia con Luis f. Y Arturo y para qué pero es un buen bailarín que me entretuvo dos piezas.

    -bueno muñeca contarme tu que andas haciendo en Cartagena.

    -Trabajo Dianita estoy defendiendo un ganadero que esta siendo acusado de abigeato ya está mañana tuvimos sección y hasta el viernes volvemos así es que esta tarde estoy disponible y Dianita David me imagino que está en el congreso que hay.

    -Si mi amor a él le encanta esos eventos y a mí estos.

    Y con mis manos las explayo mostrando lo que hacemos. Riéndonos

    -Así es que mi niña viniste al lugar indicado si busca diversión.

    Tomando un trago me siento y seguimos hablando, tomando y bailando una que otra pieza. Entré mi amiga Claudia y Gabriel hubo buen filin. Y le pedí que me acompañara al baño.

    -Y que mamita te gusto Gabriel ese muñeco está divino.

    -ahí sí Dianita para que pero esta guapísimo.

    -Comestible dirás mi niña ¿Oye pero tú no estás con tu esposo acá?

    -No Dianita él está en Cali y también trabajando.

    -A bueno. Muñeca.

    Me pongo en los labios un poco de colorete.

    -Si Dianita me ibas a decir algo.

    -Si, sí es que yo quiero subir al cuarto con ellos y seguirla no sé si tú quieras acompañarnos.

    Claudia se me queda mirando extrañada.

    -¿Y al cuarto?

    -Sí mamita al cuarto.

    -¿Y eso con cuál vas a subir?

    -pues con los tres.

    -ha yo pensé que ibas a tener sexo con alguno de ellos, bueno listo subamos.

    -Haber mi niña yo voy al cuarto con ellos no solo a tener sexo con uno de ellos voy a tener sexo con los tres, ven camina y vamos a llevarlos que ya tengo ganas de verga.

    Claudia quedó muda y como estaba asía la salida la dirigí al bar en dónde los caballeros nos esperaban, nos paramos en frente de ellos y les dije,

    -Bueno papacitos queremos ya que vallamos a la su habitación y continuamos la fiesta

    A otro nivel.

    -A otro nivel eso suena bastante interesante.

    Habla Arturo.

    -pues yo espero sea el sexual.

    Habla Luis f.

    Lo miro y le digo.

    -Luis f. Nada más te complacería.

    Y también Gabriel.

    -Listo Dianita subamos.

    Se levantan de las sillas. Gabriel ofrece su brazo para que Claudia se agarre a el, pero como ella se demora un poco quedando como pensativa. Le pregunto.

    -¿Qué te pasa mi niña?

    -No Dianita yo mejor no los acompaño.

    -¡Noo como así mi niña! ven que la vamos a pasar bien rico.

    -Diana yo estoy casada donde mí esposo se entere se me acaba el matrimonio.

    -Y quién le va a contar tendrías que ser muy de malas. Y por serle fiel a tu maridito vas a desperdiciar a semejante papacito a ti te gusto Gabriel. A y entonces. Anda mujer que eso tú marido no se da por enterado. ¿O cómo estás haciendo con Ernesto tu tinieblo ha?

    Se me queda mirando extrañada.

    -¿Ernesto?

    -Si señora tu Ernesto yo te vi muy acaramelada con él un día.

    Gabriel se le acercó para convencerla y con mi insistencia accedió.

    Aunque no muy animada ya se imaginábamos que podría pasar.

    Llegamos al cuarto sacamos el ron que había en la nevera y servimos, Arturo prendió el equipo de sonido pequeñito pero de un sonido espectacular sonaba un reggaetón el cual baile con Luis f y Arturo, lo que prendió el ambiente por lo erótico que lo realice Gabriel nos veía mientras Claudia entraba al baño. Tomamos y bailamos varías piezas hasta cuándo Luis y yo bailamos un vallenato romántico muy apretaditos o mejor dicho en tremendo amacice besándonos y acariciándonos el disco termino y nos separamos para tomarnos otro trago. Otro vallenato sonó y saqué a Arturo a bailar abrazándolo por su cabeza lo bese, con mí mano derecha acaricié su verga por encina del pantalón sintiéndola como crecía lo que me hizo gemir. Seguimos bailando y acariciándonos hasta terminar el disco le quite su camisa sintiendo sus bien torneado pecho contra mi cara y mis manos su espalda, nos tomamos otro trago y les dije.

    -Haber caballeros yo quisiera aprovechar que mi esposo está metido en ese salón y pasarla bien rico tengo una pequeña fantasía que me gustaría realizar.

    -Preciosa dinos cuál es esa pequeña fantasía y con gusto te complacernos.

    Dice el Arturo.

    -Somos todos oídos.

    Comenta Luis f.

    -No sé si están dispuestos a complacerme.

    -Vamos preciosa eso déjanos decidirlo a nosotros.

    -Bueno está bien. Me gustaría tener relaciones sexuales con los tres.

    Todos abrieron esos ojos y mirándose respondieron.

    Arturo.

    Acepto.

    Luis f.

    De una

    Y Gabriel

    -Guau que locura.

    Y sin más me solté la blusa quitándomela, soltándome el sostén arrodillándome sobre la silla en medio de Arturo y Luis f quiénes se dedicaron a chuparme las tetas, como bebés hambrientos, Arturo y Luis se desabotonan sus pantalones y bajan sus cremalleras, Luis f se para y bajándoselos con sus bóxer me deja ver su verga ya en erección, la que agarro con mi mano derecha y acaricio, me paro a su lado agarro su cabeza nos besamos y mientras mis manos acariciaban sus vergas sobre su pantalón. Claudia y Gabriel estaban bailando muy amacizados deteniéndose al vernos. Se voltea Claudia dándole la espalda y dejando que Gabriel le agarre sus tetas, con sus manos le baja la cremallera y mete la derecha buscando sacarle la verga Acariciándosela se besan apasionadamente.

    Disfruto por varios minutos, me levanto entre los dos quienes me restriegan sus vergas, besándonos apasionadamente, Arturo que estando detrás de mí con sus manos me empuja inclinándome, se arrodilla y metiendo su cabeza en mi trasero comienza a recorrer desde mí cuquita hasta mí trasero. Mientras que a Luis f. Me abrazó con mí brazo izquierdo a su cintura y le mamo la verga agarrándosela con mi mano derecha. Me arrodilló acercando sus vergas en total erección a mis labios las que comienzos dar besos sobre sus glandes el de Arturo su glande cabezón le sobresalía bastante de su tronco cosa que me encanta sobre todo al mamarlo, trato de meterme ambas vergas a la boca pero no es posible.

    Observo a Gabriel metido entre las piernas de Claudia y a ella arqueada asía atrás gimiendo de placer y sus manos agarrándole la cabeza.

    Arturo me coloca su verga en mi trasero restregándomela recorre desde mí cuca y ano, paro de mamársela a Luis y agarro la verga de Arturo escupiéndosela dejándosela húmeda me volteó y me penetra mi cuquita haciendo gemir al sentir su tronco tocándome las paredes vaginales.

    Luis se sube a la cama Y yo detrás sin dejar de chuparle la verga, quedó en cuatro, Arturo vuelve y me penetra brindándome placer exquisito Arremete con fuerza logrando golpear mis nalgas con su cadera, sus manos aprietan mí cintura aumentando su follada. Mis manos y boca trabajan mamando la verga de Luis f. masturbándolo y chupándosela mi cuerpo tiembla de emoción hasta hacerme venir en líquidos y gemidos bulliciosos, incontrolables que delataban lo rico que la estaba pasando.

    Me levanté montándomele a Luis sobre sus piernas le agarre la verga y me la rozaba contra mi cuquita y luego me dejó rodar por su tronco venoso sintiéndola toda Adentró.

    -Ha delicioso como me gusta esto, o me encanta papacito rico, Arturo ven a mí lado y déjame mamártela.

    Arturo se acercó y agarrándosela con la mano derecha me la meto a la boca.

    Miro a Arturo y le pregunto:

    -¿Papacito hermoso te gustaría metérmela por el culo?

    -Claro que si gran puta madre te gusta la verga. Con ese cuerpazo que tienes difícil no complacerte mamacita divina.

    Arturo se colocó detrás mío y levanté un poco el trasero y el su verga en la entrada de mí culo me penetró lentamente.

    -Ahí hijueputa que rico me muero anda lucho muévete. Arturo tú también

    Mis gemidos aumentaron cinco minutos de doblé penetración.

    -Gabriel mí amor ven papacito.

    Gabriel se acerca y colocándose al lado me deja verle la verga que al vérsela me sorprende lo gruesota que es.

    -¡huych Gabrielito mira qué DELICIA! de verga tienes mi amor.

    Me la metí de una acariciándosela, apretándole las huevas, restregándomela por la cara y volviéndose la a mamar. Sin palabras me quede tenía tres vergas dentro de mí y todo gracias a mí esposo quién me incito a hacerlo.

    Fueron quince minutos de sensaciones placenteras. Desgonzada y sin sentido me deje llevar por aquel momento de exquisito placer, placer que mí cuerpo disfrutaba después de una sequía de casi un mes de no tener relaciones sexuales con varios hombres a la vez.

    Arturo no aguanto más y se vino derramando su semen en mi espalda. Seguimos con Luis y Gabriel quien sin decirle me penetró por el culo su gruesota verga terminándomelo de romper.

    -Ha hijueputa… No que es esto papi a que ricooo… No, no me muero ha follarme Gabriel vamos Papi muévete.

    Gabriel se movía aumentando lentamente su accionar. Arturo se bañó y arrimándosele a Claudia se abrazan y besan ella le agarra la verga acariciándosela con las dos manos lo masturba.

    Para luego arrodillarse saca su lengua y comienza a lamerle la verga desde los huevos subiendo por su tronco venoso y llegar al glande y devolverse para repetir la lambida por varias veces para al final metérsela a la boca en medio de gemidos bulliciosos de ambos.

    Gabriel me estaba matando del placer su verga entraba y salía como un pistón en plena aceleración lo que me hizo venir en varias ocasiones, desencajada completamente entregada a aquellas dos vergas. Luis Fernando. Se vino dentro de mí y siguió fallándome.

    Hasta cuándo Gabriel se vino también dentro de mí terminando el polvito sudados y cansados de tanto trabajo y gocé. Quedamos con Luis acostados y Gabriel fue al baño a limpiarse la verga. Mientras tanto Claudia y Arturo seguían follando, ella acostada boca arriba y Arturo encima de ella clavándola con frenesí Que hasta que vi a Arturo venirse cerrando sus ojos y gimiendo en espasmos largos y placenteros.

    Derrumbándose encima de la cama boca abajo

    Agotados y sedientos destapamos cervezas y tomarnos en un sólo sorbo.

    Mi celular sonó, era mi esposo que me llamaba averiguando cómo me estaba yendo.

    -Hola preciosa. ¿Cómo te ha ido?

    -Excelente mi amor estoy con los tres caballeros en su habitación divirtiéndome como a mí me gusta.

    -Bueno me alegra mucho saber eso mamacita rica. También te llamo para que te arregles porque vamos a cenar con uno de los conferencistas es de acá de Cartagena y sé que te gustará conocer.

    -Si listo mi amor yo me voy entonces arreglar y te espero en la habitación.

    Nos vestimos con Claudia y salimos. Llegue a mi habitación desnudándome y metiéndome a la ducha refrescándome de una agradable tarde apenas llevaba un día y ya me había acostado con cinco hombres, eso sí es disfrutar de mí cuerpo.

    Esta historia continuara.

    DIANA LUCÍA SAAVEDRA

    [email protected]

  • Ayudando a mi cuñada (Parte 4)

    Ayudando a mi cuñada (Parte 4)

    A los días al regresar del trabajo me encuentro a mi cuñada sentada en el sofá de la sala leyendo una revista, al pasar me doy cuenta que no estamos solos, mi esposa Julia está en la cocina preparando la cena y a su lado esta Adrián, también preparando algo de comer, ¡qué mala suerte! Con las ganas que tenia de quedar a solas con mi cuñadita y ver qué nuevo rumbo tomaba nuestra nueva relación de complicidad y juegos lujuriosos.

    Saludo a Carla desde lejos como si nada, paso a la cocina saludo a Julia con un besote y le doy un fuerte abrazo, saludo a Adrián y estrecho su mano, al fin de cuentas con el no tengo confianza y según yo no nos caemos muy bien que digamos, pero siempre hemos tratado de llevar la fiesta en paz.

    Voy por una cerveza a la nevera y paso a la sala donde esta Carlita, volteo y Adrián y Julia están muy ocupados en sus cosas y ajenos a lo que pasa a su alrededor, me dirijo al sofá donde está sentada Carla y la saludo nuevamente esta vez me inclino para saludarla con un beso, a último momento giro la cara y le doy un pequeño beso en los labios, a lo que ella sorprendida retira la cara y voltea a ver asegurarse que nadie nos haya visto, al darse cuenta que no nos veían, se pone más tranquila, y me dice diablillo tenemos que tener cuidado, sonríe y me guiñe un ojo.

    Me siento al lado de ella, ella deja la revista en la mesita al lado del sofá, la misma donde en aquella ocasión paso a dejar las esposas que tenían a su marido sometido a nuestro perverso juego. Esta vestida con su uniforme de trabajo todavía, blusa blanca muy formal y un pantalón de vestir negro muy ceñido al cuerpo que al moverse deja mostrar el esplendor de su perfecto y exquisito culo, siempre usa ropa interior tipo hilo con lo que ese par de hermosas nalgas se dejan ver perfectamente. Saca algo de su bolcillo y me dice:

    Carla: Cuñadito ve lo que compre antes de venir al apartamento.

    Me muestra algo pequeño enrollado.

    Yo: Que es?

    Carla: Ay mi amor mira, es una cinta métrica de costura, con esto si poder medir perfectamente esa hermosa verga que tienes y así matar mi curiosidad.

    Yo: Wow ya estas preparada jajaja

    Carla: Pues sí, te la quiero medir hoy mismo. Mira esta noche después de la media noche que todos duerman, nos vemos en el baño, el que llegue primero se encierra en él y si el otro llega tocara la puerta 5 veces esa será la señal, estamos?

    Yo: Mira pero si ya tienes hasta todo planeado, me sorprendes cuñadita, pues claro que si nos vemos esta noche.

    Me levante y fui hasta donde estaba Julia para ayudarla a terminar la cena, y ella hizo lo mismo y se dirigió hasta su habitación diciendo en voz alta que iba a tomar un baño.

    Esa noche al acostarme estaba ansioso porque llegara la media noche, la pobre Julia estaba muy agotada enseguida cayo rendida del sueño. Miraba el reloj a cada minuto que pasaba, hasta que por fin las 12:15 bueno creo que ya es hora, me levanto tratando de hacer menor ruido posible, Julia ni se mueve, me dirijo al baño, está abierto paso y cierro la puerta con seguro, a los 5 minutos escucho en la puerta Tuc! Tuc! Tuc! la señal, mi corazón se acelera un poco de la emoción de la situación, abro la puerta y efectivamente era Carla vestida con un pijama de seda rojo como los que acostumbra siempre, está nerviosa y a la vez ansiosa lo noto en su mirada, me dice rápido déjame pasar, la dejo pasar y cierro la puerta de inmediato y coloco el seguro.

    Carla: Por fin, te aseguraste que mi hermana estuviera dormida?

    Yo: Si la pobre esta rendida del sueño, y tu marido?

    Carla: Si también cayó como piedra. Bueno a lo que vinimos mi amor.

    Yo: Cuñadita, pero eso no es así como estoy ahorita no está ni a la mitad de lo que puede llegar, a pesar de excitante de la situación, necesito un estímulo, anda ayúdame no seas mala Carlita.

    Carla: Eres un diablillo, pero te entiendo, y en realidad yo quiero verga a su máxima expresión para poder medirla bien, cuéntame como te ayudo?

    Yo: Muero por verte desnuda otra vez, compláceme sí.

    Carla: Claro mi cuñadito bello estoy aquí para complacerte.

    La verdad a estas alturas ya estaba algo empalmado por la situación pero quería ponerle algo de picante a la cosa. Carla se quita la bata de seda, quedando vestida solo con un micro hilo rojo que hacia juego con la otra prenda. Se da una vuelta para que la vea bien y me sonríe.

    Carla: Y?? Qué tal?

    Yo: No me lo preguntes a mí, pregúntaselo a él.

    Tomo su mano y la dirijo a mi bulto, ella pone cara de sorprendida y me lanza una sonrisa lasciva, se muerde el labio inferior y dirigiendo su mirada haca mi bóxer me dice:

    Carla: Wooaw tan rápido, que bueno que tu si no necesitas mucha ayuda con esto mi amor. Ni estimulantes ni viagra jaja

    Yo: Que mejor estimulante que este par de hermosas nalgas, mira son perfectas, y esas piernas ufff estas demasiado rica.

    La toma por la mano que estaba agarrando mi verga y la hago girar mientras halago su hermoso cuerpo. La coloco de espaldas a mi coloco, mis manos en sus caderas, ella solo se recarga en la pared y se deja hacer, subo lentamente por su espalda, acaricio sus hombros, bajo por sus brazos, y la rodeo con los míos abrazándola y pegándola lo más que pueda hacia a mí, ella solo se deja hacer esta como en trance, le recuesto mi paquete en sus nalgas y ella me facilita la tarea haciendo movimientos con su culo de arriba a abajo, lo que me excita demasiado, ya mi verga esta que quiere explotar de lo excitado que estoy, subo mis manos por su abdomen hasta encontrarme con sus pequeños pero apetecibles pechos.

    La empiezo a besar el cuello suavemente y a dar mordiditas en el hasta llegar a dar una mordidita en su oreja, lo que hace que lance un suave gemido, susurro en su oído, pero que putica más rica me resultaste cuñadita, toda una zorrita, no dice nada solo deja hacer, Carla baja una de sus manos hacia mi verga, y la aprieta suavemente.

    Yo: Déjame mamarte las tetas, me encantan, quiero chupar y lamer tus pezones.

    Carla: Amor pero si son pequeñas no entiendo que te gusta.

    Yo: Serán todo lo pequeñas que quieras pero a mí me encantan.

    Se volteó y me sonrió me dio un pequeño beso, coloco sus manos alrededor de mi cabeza acariciando mi cabello y me bajo suavemente como señal de autorización, me dispuse a besar sus senos primero suavemente, después mas apasionado, a lamer sus pezones, a chuparlos embriagándome con su exquisito sabor, daba pequeñas mordiditas en sus senos, cuando siento que vuelve agarrar mi verga esta vez debajo del bóxer y la aprieta suavemente, y me dice ya esta dura mi vida, muy dura, ya tendremos tiempo para más, por ahora a lo que vinimos, se dispone a bajar mi bóxer y a tomar la cinta métrica.

    Carla: Mira esto de cerca hasta se ve más grande, es hermosa, una verga perfecta, justo lo que necesito jajaja. A ver cuánto mide esta hermosura, 18, 19… waoo cuñadito 20 cm que buena verga tienes y de ancho, 3, 4…  Casi 5 cm, ni en sueños imagine que tendrías una verga así, si imaginaba que tendrías una buena herramienta pero no así de rica. Es mucho más grande que la de Adrián, la más grande que he visto.

    Yo: Vamos cuñadita no exageres sé que no está mal pero no es para tanto.

    Carla: No es para tanto? claro que es y para mucho jajaja

    Yo: como sabes que la tengo más grande que tu marido ya se la mediste?

    Carla: Si en un momento de ocio de los 2, le mide 16 cm por 3,5 cm de ancho.

    Yo: Ah pero ya vez tampoco esta tan mal.

    Carla: No está mal pero la tuya esta mejor

    Yo: Te gusta más mi verga que la de tu marido?

    Carla: Por supuesto que si de eso no tengo dudas, la tuya no me gusta, me encanta, es más me fascina. Solo verla sacas la puta que llevo dentro

    Yo: En serio? de verdad dime que te parece.

    La verdad todo lo que me decía dejaba mi ego por las nubes y me excitaba más.

    Carla: Se ve riquísima, deliciosas, siempre he querido probar una así.

    Yo: Pues aquí la tienes a tu disposición que esperas?

    Carla: Cuñado, cuñado ya hicimos lo que veníamos hacer.

    Tome su mano y la lleve a mi verga y empecé a masturbarme con su mano muy lentamente.

    Yo: Vamos Putica tú sabes que quieres, porque perder la oportunidad.

    Carla: Por eso mismo porque ya más adelante tendremos más oportunidades te lo prometo mi amor.

    La tome por la otra mano, la gire e hice que se sentara en el W.C. Apreté su hombro y dirigí mi mano hacia su cabeza y comencé a acariciar su cabello lentamente mientras me acercaba a ella con mi verga súper parada y dura como un mástil, que ahora se encontraba a la altura de su boca. Ella solo me veía a los ojos y sonreía.

    Yo: Vamos Puta no me dijiste que te parecía deliciosa, que siempre moriste por probar una así? aquí la tienes es toda tuya, me vas a decir que no te provoca mamarla?

    Ella veía mi verga y se relamía los labios como quien saborea un manjar. Seguía acariciando su cabello, tome su cabeza con mi mano y con la otra tome mii verga y apunte a su boca.

    Yo: No dijiste que querías beber toda mi leche, pues anda vamos aquí tienes esta verga que tanto te gusta a tu disposición.

    Carla lo dudo un momento, me vio a los ojos volvió a ver mi verga, que ahora palpitaba de lo excitado que estaba, mordió su labio inferior haciendo un gesto como de quien quiere y no quiere, volvió a relamer sus labios saboreando mi verga que ahora la tenía a escasos centímetros de su boca, Me miro y ahora era ella la que se acercaba poco a poco muy lentamente mirándome a los ojos con una cara de lujuria y una sonrisa lasciva como nunca había visto antes, finalmente estaba rendida, abrió sus labios y fue introduciendo mi glande en el interior de su boca como saboreando un rico helado.

    CONTINUARÁ.

     

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (23)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (23)

    Sentí como besaba mis labios antes de levantarse y marchar al baño, me hice el dormido para no distraerle, Álvaro había dormido muy poco dando vueltas en la cama desde que pensó que me había quedado dormido y a veces con sus movimientos me despertaba.

    Sabía que estaba preocupado, deseando acertar en la decisión que tomaran, y yo no quería insistir para forzarles a que lo hicieran por complacerme a mi aunque era lo que deseaba, que dispusieran de mi para los dos.

    A veces pensaba que me había vuelto loco y no sabía explicarme que pudiera amar a los dos hombres tan locamente y desearles con la misma fuerza. Debía tener algo mal en mi cabeza o algún cable se me había cruzado para desear de tal manera estar, no solamente con mis dos amores, si no desear otros hombres cuando no me controlaba.

    Bajé a desayunar con el móvil que me había enviado Eduardo en la mano, impaciente por descubrir lo que podía hacer con él, era un buen aparato y Pablo, como me había dicho, me tenía grabados los teléfonos de todas las personas que conocía, también de otras de las que no había oído hablar.

    Lo dejé descansar sobre la mesa al ver como Victoria me miraba curiosa.

    Los libros que Pablo me entregó me los enviaba Guido, no eran libros de estudio, se trataba de dos novelas que deseaba que leyera.

    Una de ellas con demasiadas páginas de lectura como para animarme a abrirla, la dejaría para último lugar, “El juego del ángel” de Carlos Ruiz Zafón.

    La otra más asequible y que no daba tanta pereza empezarla, “Escucha mi voz” de Susanna Tamaro. La abrí para leer la introducción y pensé que iba a ser interesante.

    Al abrir el envoltorio apareció un sobre sin cerrar y que lo dejé pendiente hasta conocer de que trataban los libros. Era una simple nota que me emocionó.

    Apreciado Ángel:

    No deseo ponerte a trabajar desde ahora, quiero más bien que pases unos felices días en estas fiestas, y disfrutes la lectura de las dos novelas que te he escogido.

    No es mi intención despertar tristes recuerdos, pero quiero que sepas que todos hemos estado contigo, a tu lado, desde el primer momento que nos enteramos de la noticia.

    En parte nos sentimos responsables de que sucediera al salir de la academia aunque no tengamos culpa.

    Le dije a Ian mi intención de enviarte los libros para que te entretuvieras, me rogó que te dijera que se siente arrepentido por su abuso, y que le gustaría pedirte perdón por lo que te hizo.

    Creo que dice la verdad cuando afirma que sus sentimientos hacia ti no son los que expresó en aquel momento, que en realidad siente admiración y más que aprecio hacia ti. Si tiene oportunidad, y se lo permites, te lo dirá personalmente, de momento quiere que lo sepas.

    Después de las fiestas nos pondremos en contacto contigo par seguir avanzando.

    Un abrazo

    Guido

    Pensé un momento en sus palabras y también en lo que Ian pudiera sentir realmente, tampoco podía cargarle toda la culpa por no poder contener sus deseos, ahora comenzaba a ser consciente de los sentimientos que despierto en algunos varones.

    Había subido a mi habitación y vuelto a coger el móvil investigando, me encantaba, y más al permitirme constatar que ya no era un prisionero y estaba vigilado, entonces vibró en mis manos.

    -¿Ángel? -era la voz de Pablo y me parecía alegre, dándome a entender que se sentía contento.

    -Esperaba vuestra llamada, que alguno de los dos os acordarais que estoy sobre ascuas, haciendo tiempo esperando las noticias.

    -No me riñas aunque tengas razón, te llamo para que le digas a Victoria que no comerás en su casa, han organizado una comida de fin de año y estamos invitados. Y lo que más nos importa. Síííí, los dos estamos de acuerdo pero eso lo dejo para decírtelo personalmente.

    -Creía que estabas entreteniéndome para decirme lo peor. Pablo…, gracias. Te quiero y bajo para ver a Victoria.

    Creía que iba a ser diferente y me iba a poner a dar saltos de alegría, y vaya, que si estaba contento, pero en el fondo tenía la confianza de que era lo más probable que sucediera.

    Encontré a la madre de Álvaro en la cocina dando instrucciones al personal, y esperé en el salón a que terminara para nos interrumpirla. Miraba por la ventana el manto blanco caído durante la noche.

    -¿Me buscabas querido? -Victoria me pasó el brazo izquierdo por la cintura colocándose a mi lado para mirar el blanco paisaje.

    -Me ha llamado Pablo que pasará a recogerme, quiere que le acompañe a una comida de fin de año. -me soltó la cintura para agarrarme la mano y apretármela.

    -Lo había pasado por alto, hoy es la comida que tiene el personal de don Ernesto, no se si te va a gustar, se trata de una comida exclusiva de hombres. -Victoria apretaba ligeramente mi mano sin llegar a soltármela.

    -No sabía de lo que se trataba, Pablo ha estado con Álvaro en su trabajo y seguramente lo hayan acordado.

    -Esta bien, no es importante, la comida se puede guardar. -dejamos de hablar un instante, pero no de seguir mirando el hermoso paisaje de impoluta blancura que se extendía hasta la cumbre del monte donde me llevó Eliseo.

    Tuve que esperar más de veinte minutos para que Pablo llegara, la nieve obligaba a extremar las precauciones para conducir. Le esperaba preparado y solo tenía que embutirme en el abrigo para salir.

    Nos despedimos de los padres de Álvaro.

    -Cuida de Ángel y ten cuidado al conducir. -Victoria nos acompañó a la puerta para despedirnos. El coche que había traído era la ranchera que conducía su tío y la arrancó para emprender el camino.

    -Vamos tarde, me entretuve demasiado con Álvaro y haciendo unas compras. -para mi que era un inexperto en la conducción me parecía que iba a mucha velocidad.

    -Para un momento el coche. -le sujeté la mano para reforzar mi petición.

    -Vamos con retraso Ángel.

    -Por favor, detente un momento. -fue reduciendo la velocidad y se detuvo en el arcén. Se volvió hacia mi mirándome indulgente.

    -Ten un poco de paciencia, te lo contaré todo a su tiempo.

    -Pablo, quiero que me des un beso, has llegado y ni siquiera me has saludado. -abrió los ojos perplejo.

    -¡Oh! Pequeño, perdóname, es por la prisa que llevo. -me abrazó como yo quería y busqué sus labios para besarlos.

    -No vuelvas a hacerme algo así.

    -Pero Ángel, esto no va a volver a ocurrir, estoy loco de alegría precioso, con prisas y no razono muy bien, perdóname, ¿vale? Ahora te lo compenso. -sus besos eran muy rápidos, queriendo besarme toda la cara a la vez y haciendo que me riera.

    -Pablo mi amor, es verdad que estas loco.

    -Por ti mi vida. -estuvimos un montón de tiempo abrazados y creo que fue el frío que le obligó a emprender el camino.

    -Vamos a la haciendo de Oriol, su abuelo, don Ernesto, hace una comida todos los años por estas fechas para los hombre que trabajan para él, pensé que te gustaría venir en lugar de quedarte encerrado en casa.

    -Ya me lo ha aclarado Victoria, y que solo hay hombres en la comida también. -a pesar de la nieve llegamos sin problemas, entramos por la puerta principal y tuvimos que atravesar la casa hasta llegar al comedor donde tenían dispuesta la mesa.

    Estaban sentados y comenzando a comer el primer plato, el señor Ernesto presidía un extremos de la mesa y observé que aún no había probado la comida, en el otro estaba Eliseo y en los laterales se sentaban ocho hombres, entre ellos estaba Marcos, pasamos a saludar al abuelo de Oriol y allí teníamos nuestro lugar reservado.

    Todos aquellos rudos hombres de campo, si exceptuamos a don Ernesto, me miraban observándome, Eliseo me dirigió una sonrisa pero no hablo y solo hizo un gesto de saludo. Pablo se acercó a su tío para decirle algo al oido y luego volvió a su lugar.

    -Esa cayendo mucha nieve don Ernesto, esperemos que compense la sequía que llevamos todo el año.

    -Tenemos que repasar tu idea para la balsa artificial y buscar mejorar los costes, la amortización se alarga demasiado, pero mejor lo dejamos para otro momento cuando vengas definitivamente.

    -No quedan más que seis meses, si todo me va bien para Junio ya termino, y el proyecto lo podré hacer aquí en directo con trabajos prácticos. -ahora me enteraba del tiempo que le faltaba para que acabase su carrera.

    -Todos esperamos que sea así, don Mateo espera ver lo que hagamos para copiar de nosotros si nos va bien. -a partir de ese momento la conversación se generalizó, aunque el que más hablaba era Pablo preguntando a unos y a otros por sus familias y sus vidas.

    Hubo un momento, y no supe si lo hacía a propósito, que me cogió la mano y la besó sin importarle hacerlo delante de todo el que lo quiso ver, afianzando de esa forma que había una relación que nos unía.

    Después de la comida, y sin esperar los cafés, don Ernesto se ausentó, durante toda la comida vi que comía muy poco y disimuladamente le observaba, intentando desentrañar el misterio de aquel importante hombre que permitía que sus nietos pertenecieran a la organización, y no olvidaba que tanto él, como en menor medida don Mateo, habían pertenecido y aún tenían influencia en ella.

    -Voy a enseñarle nuestra casa a Ángel y luego le llevaré de vuelta a su casa. -Eliseo, como los demás, estaba algo bebido para esa hora y parecía que no tenían prisas en terminar su tertulia y la partida de cartas que jugaban.

    Se habían dispuesto en dos mesas diferentes después de que ayudaran a dos chicas del servicio que limpiaban todo aquello, dejándoles únicamente la bebida, el café y los cigarros, iniciaban dos partidas diferentes entre bromas y algún grito fuerte y ordinario.

    Eliseo abrazó a Pablo dándole palmadas en la espalda que sonaban a puñetazos mientras reía muy fuerte, más que tío y sobrino parecía que fueran amigos ya que Pablo hacía lo mismo.

    -Sí, llévale para que la vea pero no vayas a pasarte. -me miró a mi mientras hablaba guiñándome un ojo, y entendí con claridad su indirecta que me puso rojo.

    La casa de su tío Eliseo estaba un poco apartada de la casa principal, y del resto de las casitas de trabajadores, y de las naves de almacenes y talleres, ya lo sabía por la otra vez que me trajo su tío. En el momento de entrar me colgué de su cuello sin dejarle que avanzara.

    -¿Esta será nuestra casita? -me besó mientras me empinaba cogiéndome de las nalgas para pegarme a él.

    -No, pequeño, por lo menos de momento no será así, ese es uno de los puntos que hemos acordado esta mañana, estarás mejor en la casa de Álvaro, cuidado y mimado por Victoria, ven vamos a la sala.

    Me fue enseñando la casa, verdaderamente era pequeña, de tres habitaciones, dos de ellas al fondo de la casa, la de Pablo estaba en la entrada, era grande y por lo tanto parecía vacía por los pocos muebles que tenía, una sala comedor y una cocina, algún trastero con almacén de leña y poco más, pero por lo menos tenía calefacción y se estaba a gusto dentro de ella, la chimenea de la sala estaba apagada.

    Nos quitamos la ropa de abrigo y Pablo se sentó en una butaca de dos plazas para levantarse de inmediato.

    -Espera voy al coche un momento. -volvió a colocarse su parka azul con capucha y se dirigió al pasillo, en su ausencia miré curioso lo que contenía la librería, alguna foto de Eliseo con Pablo, o de Pablo con una mujer de estatura baja que supuse sería su tía, también suyas con Álvaro, y con Oriol y sus primos, alguna novela ajada por las veces que había sido leída, y sobre todo libros de agricultura, jardinería, además de pequeñas chucherías y recuerdos.

    Me senté y encendí la televisión, regresó en pocos minutos y traía una bolsa en la mano que me entregó con una sonrisa mientras volvía a quitarse la parka.

    -Es para ti, espero que te guste. -creo que prefería en ese momento que nos sentáramos para hablar, y para otras cosas más interesantes, pero me miraba ansioso, deseoso de que abriera los envoltorios que contenía la bolsa.

    El primer paquete contenía varios micro pants, uno de ellos verde transparente, en otro varios tangas de distintas formas y colores y suspensorios de bandas que dejaban al aire el trasero, un tercero con leggings negros y blancos, alguno transparentes. Miraba asombrado todo aquel muestrario de ropa sexy.

    -¿Como se te ha ocurrido Pablo? Tengo esta ropa de Oriol y la que Ana me ha comprado.

    -Para que cambies de modelo, me encontré a un amigo que tiene una tienda de lencería y ropa interior de hombres, tenía que comprarle algo y me lo supo vender, ya ves. -sostuve un tanga en la mano mostrándole la miniatura que era y no pudimos contener la risa, me lancé a su cuello y le tiré sobre la butaca.

    -No lo necesitaba, eres un pervertido Pablo pero te adoro.

    -Espero que a Álvaro le gustes cuando te vea con ellos. -como había sacado a relucir el nombre de Álvaro esperé sabiendo que me hablaría sobre su conversación.

    -Los dos te queremos, lo sabes, vamos a intentar compartirte como tu deseas y que puedas tenernos a los dos. De momento y hasta que tu quieras puedes vivir en su casa y ahora es lo mejor para ti.

    -¡Ahh! Pablo os quiero y no sabría vivir sin uno de vosotros, gracias, gracias mi amor, sois tan comprensivos los dos. -le besaba deseándomelo comer en ese momento, mis adorados chicos habían consentido y eso además de increíble resultaba grandioso para mi.

    -Te quiero Pablo, pensaba que te había perdido, y que ahora al no tenerme a tu lado estarías follando con Ana y don Manuel y yo te quiero para mi solo vidita, solo para mi aunque sea egoísta.

    -Te extrañaba Ángel, algunas noches iba a tu habitación y me tumbaba en tu cama oliendo tu colonia, haciéndome creer que estabas a mi lado y me masturbaba imaginándote. -me sentía abrazado con fuerza contra su pecho y como iba metiendo las manos por debajo de mi jersey y camisa hasta tocarme la piel.

    Su polla bajo mi cuerpo comenzaba a endurecerse y metí la mano pasa pasarla sobre ella en un suave masaje.

    -Tu verga Pablo, la quiero para mi, que dura se esta poniendo.

    -Eres tu quien la pone así, te desea pequeñín, ella también te echaba de menos.

    -Me encanta tu polla gorda y larga mi amor, necesito chuparla mi vida. -levanté el pecho y me quité el jersey mientras él tiraba de la camisa intentando sacármela por la cabeza sin desabotonarla, cuando lo consiguió enterró la cara en mi cuello.

    -Hueles como siempre, no cambias mi Ángel querido. me separé un poco parar mirarle y entonces colocó un dedo en la cicatriz de la bala que recibí y que aun se veía.

    -Pudieron haberte matado por mi culpa, mi vida que tonto fui por no darle importancia a tus avisos.

    -Pablo, querido ahora puedo decirte que te quiero sin que me lo prohibas, tu pensabas que todo estaba controlado, no tienes culpa alguna.

    -Si mi amor quiero escucharlo, siempre lo deseaba, cuando te hacía el amor yo también quería decirte lo que sentía, como ahora mi pequeño, te quiero y te deseo. -metía las manos por la cintura del pantalón tirándomelo para abajo, dejando la mitad de mis nalgas al aire, me las apretaba entre sus grandes manos amasándolas.

    -Mi vida, mi amor. -le besaba la boca cuando le dejaba y levantaba la cabeza para seguirme y que nuestros labios no se separaran, pero le necesitaba desnudo y comencé a desabotonarle la camisa a cuadros negros y rojos que llevaba.

    -Espera Ángel ya me la quito yo. -se sentó y muy nervioso se retiro la camisa, no podía creer que volvía a ver de nuevo su poderoso pecho, de pectorales marcados y coronados con sus preciosas tetillas rodeadas de vello.

    Mi cabeza se aplastó buscando sus penzoncitos para empezar a lamerlos y conseguir que los primeros jadeos escaparan roncos de su garganta.

    -Vamos a mi habitación, estaremos más cómodos en la cama. -pero yo no quería abandonar el bocado de carne metido en la boca, ni de morderle el duro pezón. Me cogió en sus brazos y me tuvo que llevar en vilo a su cuarto.

    -Aquí, aquí mi amor, deja que me quite el pantalón. -no podía con mi impaciencia y le mordía el bulto de la polla mojándole la tela. Dejé que se los quitara a la vez que yo me bajaba los míos llevándome el bóxer a la vez y pisándolos con los pies para retirarlos.

    Estaba sentado en la cama y él sacándose una pernera a mi lado de pié, le cogí la verga en la mano metiéndola entre sus piernas. Se puso a reír y se desplomó sobre la cama sin terminar de quitarse el pantalón.

    -¡Oh! No me dejas terminar. -intentaba impedirme que llegara con la boca a la polla y sin dejar de reír y luchar conmigo. De un salto me puse de pie y tiré del dichoso pantalón llevándome a la vez el slip y los calcetines, dejándole completamente desnudo agarrándose la verga con las dos manos, y mostrando el capullo que sobresalía sobre ellas.

    Era una clara invitación a lo que deseaba que hiciera y me relamí los labios viendo la humedad de la punta del glande, me arrodillé entre sus piernas y le aparté las manos de la polla. Le miré haciendo un mohín caprichoso.

    -Es mía no la maltrates. -ahora utilizó las manos para empujarme de la nuca hasta hacer que mis labios le tocaran la punta, y la besé muy suave para sentir la tersura de la piel prodigiosamente estirada y de un rojo brillante e intenso, con la mano la apreté en mi mejilla y elevé la vista, me miraba apoyado sobre los codos y abría la boca, sin que me hablara entendía que me decía que la verga necesitaba mi boca.

    La di unas cuantas lamidas y le pasaba la palma de la mano acariciándola hasta que el capullo entró ocupando el lugar que mi lengua le reservaba.

    -´¡Oooohh! Ángel que rico, cómela toda mi amor. -poco a poco mi boca se hacía a su tamaño, pero estaba tan sabrosa y rica que deseaba chuparla y degustar su exquisitez antes de tragármela entera.

    Qué rica estaba y como se la mamaba, exprimiéndola para sacarle los jugos, me agarró la cabeza y empujó ordenando que hiciera lo que él quería, y fui haciendo hueco para que la inmensa polla se fuera deslizando hasta pasar la glótis, la mantuve unos segundos hasta que aflojó la presión de las manos.

    Me asfixiaba y así quería que fuera, y que me produjera arcadas, su verga era más grande que la de Álvaro sin llegar a la de Yasin, y hacía meses que no me la daba, deseaba darle placer y volví a introducirla hasta que los pelos del pubis contactaron con mis labios, y así varias veces, estimulado por sus gritos roncos del placer que le producía mi mamada.

    Hasta que me retiró la polla y me colocó en sentido inverso sobre él, con mi verga sobre su cara y dejándome la suya pegada a la barbilla.

    -No quiero correrme aún hazlo más despacio. -era él quien ahora me chupaba a mi, cogiéndome de las caderas y subiendo y bajándome el cuerpo para que mi polla le penetrara la boca, yo solamente le seguía por la presión que ejercía cuando deseaba más o menos penetración, mientras tanto le besaba la polla o le lamía el escroto tirando de él para comerle los huevos.

    Dejó de follarse la boca y la sentía en su cuello por fuera, se estiraba buscando una mejor postura hasta que la punta de la lengua entro en contacto con el ano. Comenzó a lamerlo muy rico abriéndome las nalgas para llegar a aplastar la lengua en mi culo.

    -¡Sí, si Pablo, mi amor, ¡ayyy!, que rico lo haces. -sentía los latidos de mi ano abriéndose para que Pablo pudiera meterme la lengua, resultaba increíblemente delicioso logrando que expulsara los jugos en abundancia por el orificio de la polla.

    Apoyé la cara en su verga, disfrutando de la sabrosa comida de culo que mi hombre me regalaba, haciéndome gemir desesperado por el placer que me llegaba, y deseando ya que la verga que tenía en la cara ocupara el lugar de su lengua.

    Cerré el ano atrapándole la lengua, lo mismo que le pasaba a él, no quería correrme sin antes sentirle la polla en mi barriguita, todita metida en mi culito y sentirle como me llegaba hasta el fondo.

    -Ya Pablo, por el culito mi amor, dame tu verga en el culo, quiero que me folles vidita. -se la besé una y otra vez despidiéndome de ella, deseándole un feliz viaje por el tunel de mi culito que la esperaba desesperado.

    Me bajé de su cuerpo y me tendí a su lado empujándole, él me aprisionó colocándose encima de mi, buscó mi boca y le sentí el sabor a culo, a mi culito que terminaba de comerse bien rico.

    -Mi Pablo, que rico me lo haces amor, me matas de placer.

    -Ahora prepárate que viene lo mejor. -me abrazaba besándome la oreja.

    -Estoy lleno de leche mi amor, la tengo reservada desde hace tiempo para ti, para llenarte el cuerpito. -me colocó las piernas apoyadas en el pecho y me las sujeté como él quería, iba a cogerme el culo en una posición que sabía muy bien como me llegaría con la verga hasta el fondo.

    Mi ano se abría y cerraba deseoso de que su verga le entrara, y le venciera la poca resistencia que iba a oponer. Comenzó a apretar y veía en su cara el esfuerzo que hacía, la verga se le doblaba y la sujetó con una mano para mantenerle dura y tiesa mientras que con la otra se sujetaba para no aplastarme, hasta que su lanza de carne venció la dura resistencia de mi culo y se metió dentro.

    -¡Aaahh! mi vida, mi verguita adorada métela entera hasta que no puedas más. -mi Pablo empezaba a sudar y se bajó para besarme en los labios.

    -Te has estrechado Ángel, antes era más fácil entrar en ti, no te abres para que mi polla te entre mi amor, pero me gusta que estes así de estrecho. -después de descansar dándome besos volvió a subirse, pero ahora podía hacer mas fuerza apoyándose en las dos manos.

    -Mi amor te siento prieto, abre tu culo, relájate, deja entrar a mi verga precioso. -según hablaba sentía como la polla avanzaba sin descanso y sin detenerse adentrándose en mi vientre.

    Ahora estaba más estrecho y era natural, la única verga que me daban era la de Álvaro y esta era más pequeña que la suya.

    -Pablo, ya entra amor mío, la siento avanzar en mi tripita y como me va llenado, cariño, que delirio, que placer sentirla otra vez.

    -Ya, ya eres mío, no puedo meterla más, no va más adentro.

    -Descansa amor, tengo el culo muy tirante, ¡Ohhh! Dios mío que placer más rico.

    Era hermoso, era sublime sentirme lleno de palpitante carne, de la polla de mi Pablo, el sentirme como ahora, ahogado por su peso, aplastando mis piernas sobre mi pecho y con mi culo intentado estirarse para acoger el pedazo de adorable carne que seguía aumentando de grosor abriéndome más el ano.

    -Ángel mi amor, mi adorado y pequeño tesoro. Ummm, que culito, que prieto amor, se nota que ahora no te follan como antes, me aprietas mucho la verga, me la vas romper y te la voy a dejar dentro. -mientras me hablaba se iba moviendo arrancándome gemidos lastimeros, con una mezcla de pequeño dolor y un placer que lo superaba y que cada segundo crecía.

    -Si vidita mía, la siento rica, me aprieta demasiado pero esta muy buena tu polla, ¡ahhh! Pablo, muévete un poco mi amor, quiero correrme, que rica, que rica, Pablo, que rica es tu vergota amor.

    Ya sudábamos los dos y era difícil soportar el placer supremo de su potente polla barrenándome el culito con ganas locas.

    -Pablo, me voy a correr amor, siento un placer inmenso, tu verga es un prodigio, dame fuerte mi vida, quiero que me llegue el semen y vaciarme, dame, dame amor, vacíate tu primero, lléname el culito amor.

    Sentía sus jadeos y como la verga se le hinchaba por momentos llegando al tope de mi culo, golpeando en el fondo insistentemente como un pilón y cada vez lo hacía más fuerte.

    -Ángel te preñaré, te haré mujer en un momento, ya corre la leche queriendo salir de mis huevos, toma, pequeño, coge mi leche precioso, la guardaba para ti mi amor. ¡Ohhhh! mi vida, ya, ya, yaaaa.

    Sus espasmos eran brutales y notaba salirle el semen con fuertes latigazos que me inundaban, llenándome la tripita y dándome el mejor de los placeres.

    No cesaba de correrse, dando fe de lo que aseguraba antes, tenía los testículos llenos a reventar de semen que ahora me dejaba muy gustoso en mi cuerpo.

    -Pablo, abrázame amor, yo también me corro ya. ¡Pablo, amor mío!, no tuve necesidad de tocarme la verga para empezar a eyacular retorciendo el cuerpo y haciendo que Pablo me abrazara para que no le expulsara de mi culo.

    -Woow, que rico ha sido todo Pablo, quiero que me cojas cada día, dime que lo harás. -mi hombre se reía en mi oreja sin terminar de recuperarse aún.

    -También tienes a Álvaro mi vida, vas a tener la polla que quieras.

    -Quiero la tuya todos los días, la de Álvaro y la tuya mi amor, las dos son mías.

    -Te vas a cansar de tanta verga.

    -Nunca, nunca, me escuchaste, nunca me cansaréis.

    Seguimos un rato abrazados sin que su verga saliera de mi culo hasta que empecé a sentir frío y Pablo lo notó.

    -Vamos a lavarnos, ahora anochece temprano y tengo que llevarte a tu casa. -nos íbamos a levantar cuando sentimos que la puerta de la casa se abría.

    -¡Pablo!, hijo échame una mano, ayúdame muchacho. -antes de darnos cuenta se abrió la puerta y Eliseo apareció, llegaba todo borracho y sin casi poderse sostener de pie apoyado en el hombro de Marcos.

    La polla de Pablo salió en un segundo de mi culo y busqué algo con que taparme. Eliseo miraba con la vista perdida pero Marcos no dejaba de mirarme con una enigmática sonrisa.

    -Lo he tenido que traer porque no da un paso por el solo. -Pablo estaba de pie al lado de ellos, desnudo, con la verga chorreando la leche que había salido con ella de mi culo.

    -Ya me hago cargo de él puedes dejarlo. -Pablo abrazó a su tío quitándoselo al otro hombre y salieron al pasillo, supongo que para llevarlo al baño o a su habitación y Marcos estaba aún en la puerta, rápidamente se acercó a la cama y tiró de la sábana con la que me cubría dejándome allí desnudo y encogido.

    -Así te tengo que llegar a ver gozando de mi polla putito. -desvié la mirada para ver lo que cogía en sus manos, un enorme paquete se le marcaba en la entrepierna.

    -Un día te tendré y sabrás lo que es un auténtico macho ya que lo necesitas tanto mariconcito. -y sin más se dio la vuelta sin dejarme que le respondiera, aunque tampoco podría, la sorpresa había sido tremenda y todo pasaba a velocidad increíble.

    Seguirá…

     

  • La lasciva vida de una maestra de escuela (Parte 1)

    La lasciva vida de una maestra de escuela (Parte 1)

    El verano del 1998 marcó un antes y un después en mi vida madura. Fue eso que llama un verdadero punto de inflexión. Pero antes de empezar, déjenme presentarme. Soy una mujer de 66 años a julio de 2018 nativa de Barcelona. Sí me casé nada más terminar la carrera y al año siguiente aprobé las oposiciones, desde entonces soy Maestra de profesión. Estuve casada 36 años y tengo dos hijos de ese matrimonio, bueno en verdad uno es más de mi marido que el otro… por entonces Emiliano tenían 24 años y Alberto 18.

    Soy una mujer muy directa, discreta y educada, dedicando gran parte de mi vida a la familia. Me llamo Ana Pilar Pujol Bruguera. En verano tengo dos meses de vacaciones y el fin de curso acostumbra a coincidir con un punto en el estoy harta de la ciudad. Barcelona me encanta, pero me agota y llega un momento en el que necesito desconectar. Así que paso prácticamente todas las vacaciones en el chalet que tenemos en la playa, cerca de Tarragona. El verano del 1998 no fue una excepción. Mi marido apenas tuvo un par de semanas de vacaciones y solo venía los fines de semana. Mi hijo mayor estaba en Londres buscándose la vida. Por lo que se podría decir que pasé gran parte del verano con mi hijo pequeño en el chalet.

    Cada día seguía la misma rutina. De buena mañana, con los primeros rayos de sol, me levantaba, me ponía ropa de deporte y salía a correr o andar, dependiendo de las ganas. Aunque… no sé a quién pretendo engañar, casi siempre me conformaba con andar una hora. Después iba a la playa, antes de que se llenase de gente, me daba un baño y volvía a casa. Salía a comprar lo necesario para cocinar y preparaba la comida que después compartía con mi hijo. Prácticamente ese era el único momento del día que le veía. Después tocaba una buena siesta. Por la tarde bajaba a la pequeña piscina que teníamos en el jardín. Allí tomaba el sol y me bronceaba. Y al atardecer salía con algunas amigas a tomar algo, al cine o a cenar, dependiendo del día.

    Con mi hijo pequeño apenas compartíamos momentos. Se pasaba las mañanas enteras durmiendo. Comíamos juntos y después siempre iba a la playa con los amigos o se los traía a casa para pasar horas y horas jugando a la videoconsola. Y por las noches salían casi siempre.

    El verano parecía avanzar en la más absoluta normalidad hasta que un día, por la tarde, estando en la piscina tomando el sol, escuché un ruido detrás de los arbustos que rodeaban toda la zona de la piscina. Me giré y me pareció ver una cabeza que se escondía. Mi hijo y sus amigos estaban jugando a la videoconsola y al menos un par de ellos fumaban. Tenían completamente prohibido fumar dentro, así que cada cierto tiempo alguno salía a fumar fuera.

    Me levanté de la tumbona y fui detrás de los arbustos. No había nadie pero encontré una colilla en el suelo, todavía humeando. Estaba claro que algún amigo suyo había dado un paseo hasta la parte de atrás de la casa y me había visto tomando el sol. La verdad es que no le di más importancia y, aunque me cabreó ver el cigarrillo en medio del césped, preferí evitarles la bronca. No me gustaba que me vieran como una gruñona.

    Lo que tenía que quedar en una anécdota, volvió a pasar justo la tarde siguiente. Y la otra, y la otra. De repente, no sé si medio paranoica, me sentía observada mientras tomaba el sol o me daba un bañito. Y lejos de molestarme, me ponía nerviosa. Podría decir que me gustaba esa sensación.

    Estaba claro que algún amigo fumador de mi hijo me estaba espiando a diario, el problema era que no sabía quién era de todos ellos. Mi mente me hizo creer que quien me espiaba era Manu, un chico dos años mayor que mi hijo. Era un jovencito que ni estudiaba ni trabajaba, aunque tampoco lo necesitaba. Era hijo de una familia muy adinerada. Iba de playboy perdonavidas y resultaba un tanto insoportable y pedante, pero por otro lado era físicamente irresistible. Alto, musculado, manos enormes, sonrisa perfecta… No sabía que me pasaba. Echando una mirada atrás, creo que mi deseo sexual se había aletargado hacía años.

    Después de los dos hijos, con el trabajo, la hipoteca, la familia y la maldita rutina diaria, la vida sexual entre mi marido y yo casi había desaparecido. Apenas lo hacíamos, de una forma mecánica, una vez cada dos o tres semanas. Puedo decir que no me sentía para nada deseada. Aunque eso no quita que me sintiera muy querida por toda mi familia. Creo que simplemente el sexo y el deseo habían desaparecido por completo de mi vida. Y de repente, ahí estaba, imaginándome que un chico, amigo de mi hijo, me estaba observando mientras tomaba el sol. Lo curioso es que durante esos momentos en la piscina me sentía incluso excitada, pero después, en casa, me sentía fatal por haberme incitado, por haberme imaginado cosas así. Yo, una mujer de mi edad con 46 años, y lo peor de todo, escondiendo esos pensamientos a mi marido.

    Por mucho que tratase de evitarlo, cada tarde sucedía lo mismo. Algún movimiento en un arbusto, alguna colilla en el suelo y yo excitada tomando el sol. Hasta que llegó el último día de julio. Al día siguiente, por la mañana, mi hijo y yo teníamos que regresar a Barcelona, porque mi marido empezaba vacaciones y nos íbamos una semana a París, los dos solos. Y claro está, bajo ningún concepto iba a dejar a mi hijo tanto tiempo a solas en una casa como esa. Llegó la hora de la piscina y como cada día ahí estaba yo, tostándome bajo el sol, cuando escuché un ruido entre los arbustos. “Ya está ahí mi admirador”, pensé.

    Pero ese día, ese día fue distinto. Fue como si el morbo se apoderara de mí y me dejara sin control. Sin reflexionar, en la tumbona donde estaba, un impulso hizo que me quitara la parte de arriba de mi bikini. Nunca en mi vida había hecho topless, ni estando sola, y de repente me encontraba dando un masaje a mis pechos con crema solar. El bronceado de mi cuerpo en contraste con mis pechos blancos parecía dibujar un bikini perfecto en mi piel. A medida que he madurado me he ido sintiendo más orgullosa de mis pechos. No son grandes, ni tampoco pequeños. Mi marido siempre ha dicho que son del tamaño perfecto.

    Creo que eso me ha permitido conservarlos con relativa firmeza a pesar de mi edad y de haber dado el pecho a dos niños. Pues allí estaban, con un blanco nuclear, con mis aureolas color café de seis o siete centímetros de diámetro con unos pezones enormes, son como la falange de mi dedo meñique… un buen pezón del que mamaron mis dos hijos. Recuerdo que de jovencita mis pezones me habían acomplejado mucho porque siempre se marcaban. Pero ahora, ahora me imaginaba a Manu detrás de los arbustos, observándome y deseándome. Y mis pezones parecían estallar. Estuve unos minutos en la tumbona, después me di un baño y volví a tumbarme. No sé cómo pero me dormí, fue algo rarísimo. No tengo claro cuánto tiempo pasé dormida, pero como mínimo fue una media hora. De repente me desperté al oír la puerta de casa cerrándose. Mi hijo y sus amigos se iban.

    Quedándome dormida a esa hora de la tarde podía haberme dado una buena insolación. Volví a ponerme la parte de arriba del bikini, recogí la tumbona y la llevé al pequeño cobertizo que tenemos en el jardín. Además de ser el sitio donde mi marido guarda todas las herramientas del jardín, disponemos de un baño y una ducha. Resulta muy útil para evitar tener que subir al chalet cuando estás en la piscina. Después de tomar el sol siempre me daba una ducha y subía a casa ya vestida. Así iba a hacerlo cuando, de repente, por la ventana del cobertizo vi un cabeza asomándose y espiándome.

    Me dio un susto de muerte y grité. Quien fuese que me estuviese espiando se asustó todavía más al ver mi reacción y lo siguiente que escuché fue un gran estruendo. Se había pegado una buena hostia, seguro. Salí corriendo y di la vuelta al cobertizo y allí en el suelo encontré a Jorge, el amigo gordito y tímido de mi hijo que hasta hace 8 años era alumno mío en primaria. Se había subido a un cubo y al asustarse se había caído. Estaba tirado en el suelo con un corte enorme en la pierna.

    – “Pero por Dios, ¿te has hecho daño?”

    –“No, no, yo… yo es que… no, no, estoy bien”, dijo intentando levantarse. Le dolía tanto que no pudo.

    – “Déjame ayudarte”, y le di una mano y con la otra le agarré el brazo y le ayudé a levantarse. Casi no podía ni andar. “Ven, entra un segundo en el cobertizo que hay un botiquín y te curaré la herida”.

    –“No, no hace falta, estoy bien”, dijo cuándo al apoyar la pierna herida casi vuelve a caer.

    –“Vamos, entra, ven”.

    Le acompañé dentro y se sentó como pudo en la tumbona. Fui a buscar el botiquín, me arrodillé a su lado y empecé a limpiarle la herida.

    –“A ver Jorge, ¿me dirás que estabas haciendo o tengo que enfadarme?”

    –“Yo nada señora, de verdad”.

    –“¡Como me llames señora te voy a cortar la otra pierna!”

    –“Ay sí, lo siento, señora… digo, ufff, mmmm, perdona”. Respondió tembloroso, nervioso y sudando.

    –“¿Pero no os habíais ido?”

    –“Bueno, sí, pero yo…”

    -“¿Tú qué?”

    –“Yo… es que… buf… es que bueno… estaba espiándola, lo siento mucho, de verdad, no quería, yo, lo siento mucho, no se lo diga a su hijo, ni a mi madre”.

    –“Mira, tengo claro que se lo diré como me sigas tratando de usted”.

    –“Ay si, perdona, yo es que… Bueno, no me mates, de verdad, pero íbamos a la playa y entonces he hecho como si mi madre me mandara un mensaje y les he dicho que tenía que irme, que mi madre me había dicho de volver a casa rápido. Y lo que he hecho, cuando han girado la esquina, es volver a entrar y bueno… ¡AY!”

    –“Uy perdona, ¿te duele?

    –“No, no”.

    –“¿Y estabas espiándome?”

    –“Sí”, asintió completamente ruborizado.

    – “¿Me habías espiado otras veces?”

    – “Sí, llevo todo el verano espiando detrás de los arbustos”.

    – “¿Así que eras tú?” Una parte de mí se sintió excitadísima al saber que era cierto, que un jovencito me estaba espiando. Pero por otra, mi fantasía de que fuera Manu se esfumó, menudo chasco, mi yogurín se esfumó.

    –“Sí”.

    –“Voy a vendarte un poco la pierna y si mañana te duele vas al médico, ¿vale?” Y cada vez que terminaba una frase y subía mi cabeza para mirarle, le pillaba echando un vistazo a mi bikini, a mis pechos.

    –“Sí, sí, lo haré”.

    –“¿Y por qué me espías?”

    –“Yo bueno, yo es que… bufff… es que eres una mujer muy atractiva. Yo es qué… bueno no solo yo…todos lo creemos”.

    –“¿Yo? ¿Atractiva?” La verdad es que hacía años que no me veía a mí misma como una mujer capaz de excitar a un hombre y menos a jovencitos. Quizás sea cierto que todavía conservaba un buen cuerpo. Mi culo era más grande que cuando tenía 20 años. Tenía un poco de barriguita y un poco de celulitis, pero supongo que sí, qué demonios, estaba de buen ver.

    –“Pues sí, joder si incluso Manu que se las folla a todas dice que estás buena que te cagas…”.

    –“Oye, ¡ese vocabulario!” Aunque dentro de mí me encantó que dijera eso. Manu también creía que estaba buena. ¡Qué calor!

    –“Perdona, lo siento. Llevo todo el verano espiándote cuando te bañas”.

    –“Pues que sepas que eres un poco ruidoso”.

    –“Vaya, lo siento. Soy muy torpe”.

    –“¿Solo tú me has espiado?”

    –“Sí. No se lo diga a nadie, por favor. Decía que salía a fumar y me ponía espiar. Los otros no lo saben”.

    –“Pero hijo, ¿Es que no tienes novia?”

    –“¿Yo? Que va”, dijo mirando al suelo. “¡Nunca he tenido! Todas me consideran un escombro”.

    –“Ah, ¿eres virgen?” A veces soltaba las frases sin pensar. Ser tan directa me había traído más de un problema.

    –“Yo bueno, yo… sí”, ruborizándose al máximo.

    –“Perdona, no tenía por qué preguntártelo, eso es algo íntimo y personal, discúlpame”. Y de repente vi cómo se revolvía en la tumbona y se ponía nervioso. “¿Qué te pasa?”

    –“No nada, nada, tengo que irme”. Y en ese preciso momento se hizo evidente que algo le había crecido debajo del bañador.

    –“Uy, ja, ja… ¿tienes una erección? Hijo te has empalmado ¡Bendita juventud!”

    –“Bueno yo”, tartamudeaba. “Yo… sí, bueno, tengo que irme. No sé lo diga a nadie”.

    –“A ver”… le dije cuando terminaba el vendaje. Ya veo que no quitas ojo de mi bikini. Supongo que antes me has visto los pechos mientras tomaba el sol”.

    –“Yo…”mirando al suelo otra vez.

    –“Mira, no le diré nada a nadie de tu afición a espiarme…, ni tu tampoco dirás nada a nadie. Esto será nuestro secreto para siempre ¿vale? ”Y asintió con cara de alivio.“. Pero no quiero que te vayas así con mal cuerpo… estoy segura que te vas todos los días con ese dolorcito de huevos tan rico y tan molesto por no poder aliviarte ¡¿Verdad?!”Él me miraba asombrado y expectante. “¡Mira, hagamos algo! Relájate aquí en la tumbona, tómate tu tiempo. Yo voy a darme una ducha ahora mismo y tú observas. No voy a mirarte, haz lo que quieras mientras me ducho”. Me estaba escuchando a mí misma… ¿estaba loca? ¿Qué demonios estaba haciendo? No me reconocía.

    –“Pero…”

    –“No hables más más y actúa a tu libre albedrío… haz lo que te apetezca sin miedo”, me levanté, recogí el botiquín y lo guardé.

    Me puse delante de la ducha y despacio me quité la parte de arriba del bikini. Estaba dándole la espalda. Después me quité las braguitas. Suponía que estaba teniendo una buena vista de mi culo. No sé qué me estaba pasando. Una mujer como yo… Pero ahí estaba siendo empujada por un morbo incontrolable delante de un jovencito de 18 años, que por otro lado no me resultaba nada interesante. Qué raro era todo. Me puse debajo de la ducha y empecé a dejar caer el agua. Estuve un par de minutos mojándome y después me puse a enjabonar todo mi cuerpo, muy despacio, de frente, para que él pudiera verme entera y desnuda. Empecé por mi cuello y me detuve en mis tetas, unas buenas ubres por cierto. Me di un masaje con mucha espuma durante un minuto largo. Tenía que controlar la risa, porque verme así, como si fuera una stripper, me resultaba divertido. Mis pezones, eso sí, parecían dos clavos enormes. Mi marido siempre dice que cuando estoy excitada mis pezones podrían cortar diamantes. Enjaboné mi vientre y después mi coñito rasurado con una pelitos muy cortos de máquina eléctrica. Me di la vuelta y acaricié mi culo un buen rato, hasta que me volví a poner de frente para acariciarme lentamente las piernas. Volví a dejar caer el agua y dejé mi cuerpo limpio. Salí despacio de la ducha y agarré la toalla que había colgado a un lado. En ese momento le eché un vistazo. Estaba en la tumbona, sudando a mares, con los ojos fuera de sus órbitas y con una mano dentro del bañador masturbándose frenéticamente.

    –“Pero por favor, te he dicho que te relajaras y lo disfrutarás. No seas estúpido, si te apetece hacerte una paja hazla bien sin miedo… no creo que me asuste ver una más…”, le grité acercándome a él.

    Me agaché poniéndome en cuclillas, sus ojos se salían de las órbitas, le agarré el bañador por el elástico y se lo bajé tirando de él hasta quitárselo. Un cipote enorme apareció delante de mí. Era un chico gordito y lampiño… no sé porque, pero me había imaginado que tendría una picha de 12 o 13 cm lo máximo…, estaba equivocada, jamás había visto nada tan grande.

    –“Ahora así, sin bañador, relájate y tócate bien. Te dejo que me observes un poquito más mientras me seco y me visto… Y córrete en la toalla que no quiero que te vayas con el bañador hecho un asco lleno de leche. Lo mismo eyaculas un mogollón con las ganas que tienes y lo gordos que son esos huevazos que gastas…”, le dije acercándole una pequeña toalla.

    Era un chico que no me resultaba para nada atractivo pero estaba extrañamente excitada en un juego donde una es como pocas veces con los hombres, la dominadora. Me puse a un lado y sequé despacio todo mi cuerpo con la toalla. Sus ojos me recorrían entera. Cogí un poco de leche hidratante y me la puse en mis pechos quemados por el sol. Empecé a masajearlos sin dejar de observarle. Creía que se habría corrido muy rápido, pero ahí estaba, con ese enorme pene masturbándose a un ritmo frenético.

    –“Vaya chico, que ritmo y que aguante tienes”, dije haciéndome la sorprendida.

    –“Yo es que… bueno…”, tartamudeaba sin dejar de masturbarse. “Es que bueno, yo… hoy ya me he masturbado dos veces pensando en ti…”

    Me quedé sin poder decir nada, se agarraba el cipote por la mitad, por debajo del glande y aún le quedaba polla sin cubrir por abajo…, le calculé unos 16 cm de verga unos cojones enormes y proporcionales a su rabo. Qué excitante era sentirme tan deseada. Mis manos estaban temblorosas, creo que toda esa situación empezaba a superarme, si no fuera por lo poco atractivo del chaval, por esa verga me hubiese tirado a tragármela sin compasión. Pero por suerte, en ese mismo momento, el chico soltó un suspiro, cerró los ojos y llenó la toalla de semen. Se hizo el silencio. Estuvo casi un minuto con los ojos cerrados y yo embobada tratando de asimilarlo todo.

    – “Gracias”. A lo que respondí con una risa incontrolable.

    – “Por favor, no digas nada de esto. Recuerda, esto no ha pasado. ¿Vale?”

    –“Sí, sí… no ha pasado nada”.

    –“Espera un segundo, me visto y te acompaño a casa”. No respondió, parecía extasiado, como si estuviese drogado.

    Recogí la toalla y antes de dejarla en el cubo de la ropa sucia observé la cantidad de lefa que Jorgito había eyaculado, era unos grumos cuantiosos, los olí impregnando mis papilas del aroma a macho, a testosterona que desprendían esas manchas de esperma. Miré desde la ventana como se colocaba el bañador con cuidado acomodando su extensa y rígida verga. “¡Si mi esposo solo tuviese la mitad de energía y de polla que ese chico!” Pensé para mis adentros. Me vestí rápidamente. Me puse un sujetador blanco y unas braguitas a juego. Encima solo un vestido de lino blanco hasta las rodillas, muy veraniego y fresquito… tipo ibicenco. Me peiné y lista. Se sentó en el asiento del copiloto del coche como pudo. Fui a dejarle a casa y durante el trayecto, de unos 10 minutos, apenas abrió la boca. Seguía sudado y sonrojado. Llegamos delante de su casa y paré el coche. Me dio un “gracias” tímido, sin mirarme, y salió como pudo del coche. Di media vuelta y me dirigí a casa.

    Seguía tremendamente estimulada. Era como si no pudiera controlarme, como si mi cuerpo me pidiera sexo. Era como descubrir una nueva sensación. Sentía que no podía demorarlo más. A medio camino, vi la entrada de un centro comercial. Sin pensarlo ni meditarlo un segundo, entré con el coche en el parking y aparqué en la esquina más alejada y solitaria. Apagué el coche, me quité las braguitas y las guardé en el bolso. Recliné el asiento y me tumbé relajada. Me subí el vestido hasta la cintura y puse una mano encima de mi coño ardiente. ¡Por Dios! Estaba empapada, debí haberme metido ese badajo tan duro y calmar esta necesidad imperante ¡¿pero que hubiera pensado el chico de mí?! De Puta para arriba.

    Miré alrededor dentro del coche y no veía nada que pudiera servirme. Abrí la guantera y encontré un trapo sucio que mi marido usaba para limpiar el coche. Eso me serviría. Lo puse encima del asiento y me senté encima. Al menos así no lo dejaría todo perdido. Me tumbé y puse las piernas encima del salpicadero, cada una a un lado del volante. Me desabroché dos botones de la parte de arriba del vestido y saqué mis mamas por encima del sujetador como pude. Con una mano empecé a acariciármelos, centrándome poco a poco en mis pezones saltones, tirando de ellos, pellizcándomelos. Con la otra mano, otra vez en mi raja…empecé a acariciarme suavemente los labios vaginales. Ufff, estaba empapada. Mi coño goteaba literalmente. Estuve un buen rato acariciándome muy despacio, saboreando cada milímetro de mis labios, frotándome sobre el capuchón el enervado clítoris. Cerré los ojos y mi imaginación me llevó de vuelta al cobertizo. Me imaginaba a Jorge otra vez desnudo, en la tumbona, con ese pollón rígido y tan grande como el de un semental…la imagen solo era de ese pollón inhiesto.

    Yo, desnuda también, me dirigía a él y me sentaba encima del cipote… despacio me metía esa tranca dentro de mi anhelante coñito. Intentaba rememorar la sensación de tener algo tan grande dentro como el rabo de Ramón, que tan feliz me hizo hace años… concretamente 19. Él me miraba con ojos de deseo y me decía lo mucho que le excitaba, que era una mujer muy atractiva. Yo cabalgaba encima de él, cada vez más rápido. Él se ponía mis pezones en su boca, me los lamía enteros, los chupaba y succionaba queriéndolos arrancar. Me chupaba los pezones tirando de ellos con pequeños mordiscos. Dios mío, no podía más. Volví a la realidad. Poco a poco empecé a meter un dedo dentro de mi raja inundada y después otro. Tenía dos dedos penetrándome mientras pegaba la palma de la mano a mi clítoris refregándolo con fruición. Estaba completamente salida. De repente un orgasmo inundó mi cuerpo. Grité de placer sin poder evitarlo. Increíble. Sentí como mis piernas se desvanecían y mi mente se apagaba. ¿Cuantos años hacía que no me masturbaba? Probablemente desde antes de conocer a mí marido. ¿Cuánto hacía que no sentía un orgasmo? Demasiado.

    Pasaron unos minutos hasta que no volví al mundo real. Miré alrededor, seguía sola y sin nadie cerca. Subí el asiento y bajé del coche. Recogí el trapo. Estaba completamente mojado. Fui andando hasta un cubo de basura que había a unos metros y lo tiré. Volví al coche y… Dios mío, olía a sexo, más bien a chumino. Arranqué y regresé a casa con todas las ventanillas bajadas. Teníamos que volver a Barcelona con ese coche y olía a noche de pasión. Fue llegar al garaje del chalet y todo cambió… todas esas sensaciones de excitación, morbo y lujuria, se convirtieron en vergüenza y culpabilidad. ¿Cómo podía haber hecho algo así? Si Jorge era un amigo de mi hijo. Si su madre era una buena amiga. Solo deseo que mi marido nunca sepa nada de todo esto. Al cabo de unos minutos estaba llorando a solas en la cocina. Pasé una noche muy mala en la que no pude dormir ni un segundo. Me sentía sucia por mis malos deseos. Había hecho una locura, sin embargo lo que yo tenía era un deseo irrefrenable de que me dieran una buena follada con una verga de tamaño supremo. Nunca creí que podría llegar a ser una persona así, infiel al menos de pensamiento. Lo que yo no sabía en ese momento, es que ese suceso sería el detonante, la chispa que haría cambiarlo todo dentro de mí definitivamente. Durante días rememoré mi aventura con Ramón, el albañil que me preñó de mi segundo hijo, aquello fue por el ’80…

    Esto sucedió por dos razones… mi marido ya no se mantenía en casa el tiempo suficiente, y nuestra vida sexual después de tener a mi hijo mayor fue decayendo… era muy aburrida. Lo siguiente me ocurrió hacia el año 1980, y es que a veces la indiferencia entre la relación de las parejas trae duras experiencias. En mi caso, las relaciones con mi marido se fueron espaciando al grado de tener sexo con mi marido una vez cada a la semana, después dos o tres al mes. Yo tenía 28 años y me consideraba bastante atractiva, todavía hoy a mis 66 tengo que ofrecerles a los hombres, mis tetas se mantienen casi firmes, mis piernas son largas, delgadas y atractivas, mi culo firme y bonito con su carne y firmeza. Pero la rutina y la falta de imaginación arroja a las parejas a buscar donde satisfacer sus necesidades y por entonces yo estaba en toda mi salsa.

    A mi marido lo acababan de promover en su trabajo, pero ese ascenso lo obligaba a estar fuera por temporadas largas. Esto terminó de matar muchas cosas que agonizaban. En esos días estaban remodelando la casa en el primer nivel, de hecho tuvimos que subir la mesa del comedor a la planta alta para evitar el polvo que eso conlleva. El trabajo lo estaba haciendo una compañía la cual puso a tres albañiles a realizarla, uno de ellos era Ramón, un hombre fortachón de unos 35 años, manos grandes y ásperas por el tipo de trabajo que acostumbra, con bastante vello en el pecho, brazos y piernas, se miraba con esa mirada penetrante que te muestra el tipo de macho con quien tratas. Otro era su hijo al que llamaban Zapo y otro obrero más.

    No puedo definir lo que me sucedía cada vez que lo veía o entablaba alguna conversación con él… era el jefe dela cuadrilla y todos los días hablábamos para tratar la obra. Me temblaba la voz, las piernas se me aguadaban y me cortaba. Ramón tenía una personalidad imponente, fuerte, posesiva y yo era susceptible a su energía. Debo decir que además de eso yo lo veía viril y sexi, me llamaba poderosamente la atención…, debía de ser la falta de orgasmos tal vez. Esto aunado con que mi marido no me había tocado en casi un mes, me ponía alocadas mis hormonas, las miradas entre Ramón y yo se ponían más lascivas y un día mientras se acercaba la hora de almorzar, tome valor y tomé una pedazo de papel y escribí “te invito a comer conmigo en la planta alta”, se lo pasé dejándolo en la mano sin decir una palabra, solo nuestra mirada dijo todo.

    Al medio día lo oí subir las escaleras solo, yo estaba aún poniendo algunos platos en la mesa, y presentado ante mí le iba a decir… –“Gracias por aceptar mi invitación”, cuando sentí sus masculinas manos abrazarme la cintura y apretarme contra su paquete, yo me había puesto un vestido de una pieza no tan corto… –“¡¿Qué haces?!”Pero sus manos se metieron por debajo de mi vestido y manosearon mis piernas y mis nalgas, su boca me besaba el cuello por detrás lo cual me daba ciertas cosquillas eróticas increíbles, el conejo se me empezaba a mojar por dentro, él ya tenía el control sobre mí, lo tuvo desde el primer vistazo. Ramón subió decidido a almorzar… ¡Pero mi cuerpo! Sus ásperas manos se metieron dentro de mis bragas, ese tipo de prenda grande en algodón poco sexis, sus dedos jugaron con los pliegues de mi coñito ¡Uff eso me acaloraba!, las puntas de sus dedos separaban mis labios vaginales y seguían toda la rayita hasta pasar sobre el botoncito de mi clítoris. Eso me hizo exclamar sonidos de placer y me dejé caer hacia atrás sobre su hombro varonil. Uno de sus dedos penetró mi vagina anhelante, era grueso y bronco, el cual se movía hacia adentro y hacia fuera.

    -“¡¡Estas mojadita!! Dijo Ramón y era cierto, yo eyaculaba grandes cantidades de jugos lubricantes en mi vagina.

    La otra mano de él, me apretaba las tetas sobre el vestido, como tenía un generoso escote, fue fácil que metiera su mano dentro y masajear mis tetas a su gusto. Cuando ya me tenía muy caliente, me giró y me abrazó para buscar mis labios, fue un beso lleno de saliva, sus dos manos ahora sujetaban mis nalgas. Por un momento pensé en detenerlo, como era posible que me estuviera dejando meter mano con un albañil, pero mi calentura ya era indetenible mi cuerpo necesitaba una buena polla varonil que me hiciera sentirme mujer y hembra. Intenté decirle que me soltara.

    -“¡¡No está bien esto!!” Le dije.

    Pero lejos de soltarme metió sus manos por atrás dentro de mis bragas, y sus dedos nuevamente jugaron con mi chumino encharcado, mientras sus labios descendían hacia mis tetas, las chupó abundantemente, sus labios apretaron mis pezones y los jalaron como si fuera su alimento…, yo gemí, este hombre parecía un pulpo sus manos estaban por todos lados. Cuando de pronto, Ramón me levantó por los muslos, yo me prendí de su cuello y me cargó hacia la mesa del comedor…, allí me acostó y me quitón las bragas gruesas que impedían su objetivo, casi las rompe a pedazos para quitármelas. ¡Eso fue muy excitante! Después de eso, me abrió las piernas y yo todavía intenté en vano tapar con mis manos mi coño húmedo a ojos ver, en un gesto instintivo. Hasta ese momento el único que había visto mi intimidad era mi esposo, él con lujo de fuerza me las quitó de allí y su boca empezó a lamer mi coño vorazmente. Su lengua era caliente y viscosa, sus dedos abrieron mis pliegues vaginales para permitirle llegar a lo más íntimo de mi vulva. Mi reacción fue decir… –“¡¡Oh ahí no!!Y con mis manos agarré del pelo a Ramón, pero era más por inercia que por querer retirarlo de mi coño, ya que me daba deliciosas sensaciones.

    Así también Ramón abría mis piernas cuando, por la estimulación yo las cerraba. Qué clase de mamada me dio esa vez ese hombre, no recordaba cuando fue la última vez que mi marido me había comido la almeja de esa manera. No tardé en obsequiarle con una jugosa corrida que mojó toda mi vagina entre gemidos y quejidos que yo daba de gusto. A los pocos minutos sentí su dedo grueso penetrarme la vagina, y luego lo empezó a pajear dentro de mí, al mismo tiempo que lamía el clítoris… Así también sus labios y lengua estaban sobre mi clítoris, por inercia nuevamente le pedí que se detuviera, pero lógicamente no lo hizo. Ese hombre me hacía estremecer toda sobre la mesa del comedor, un orgasmo nuevamente me hizo revolverme allí acostada. La boca y los labios de Ramón eran una máquina de chuparme el coño. ¡Quién podía resistirse con tan abigarrada abstinencia de polvos!

    La cosa no terminaba allí, uno de los otros dedos de Ramón me acarició mi ojito del culo y lubricado con mi eyaculación vaginal, lo fue introduciendo en mi culito lentamente, le volví a pedir casi gimiendo que no lo hiciera, pero su dedo abrió mi esfínter y se introdujo en mi recto. Ahora tenía un dedo en mi coño y otro en mi culo, de la misma mano, mientras me follaba por ambos lados, sus labios apretaban mi clítoris, no tardé mucho en venirme de nuevo, era increíble haber tenido tres orgasmos en poco tiempo a manos de la lengua de Ramón. De pronto sentí que Ramón sacaba sus dedos de mi interior y se preparaba para follarme. Bajó su mono, apareciendo el trabuco que estaba dispuesto a enterrarme en mi cuerpo… no llevaba ropa interior. Sentí su gordo glande jugar con mis labios vaginales, él lo estaba frotando por el largo de mi raja y en ocasiones en mi ano, de pronto sentí como encontró la bocana de mi coño y sin dilación me penetró. Notaba como se me abrían las carnes, separaba mis paredes vaginales dilatándolas cuando comenzó a moverse en un rico de vaivén buscando profundidad a cada estocada, cada vez sentía su verga más dentro de mí. Luego sus manos se posaron en mis tetas y me apretó los pezones que tengo como timbres de castillo, en tanto percibía como ahondaba con su enorme cuerno de toro en mi intimidad. Sus bombeos eran cada vez más intensos y fuertes, por fin oí gemir y pujar con sus embestidas de la fuerza que me follaba. Yo me quejaba como loca y gemía gozando todo lo que me daba. No había visto bien que verga se gastaba, pero por las sensaciones era dos veces la de Eduardo, mi esposo y gorda como una botella de 33 cl.

    Ramón allí parado me puso las piernas en sus hombros y su ritmo aumentó de velocidad, volví a subir la cumbre del orgasmo, pero esta vez no me fui sola, oí que Ramón estaba por explotar taladrándome como una locomotora. Acto seguido, me da la vuelta y me hace poner a cuatro patas. Se sitúa detrás de mí apuntando directamente a mi coñito ajado por tan vasto trabuco. En menos de un segundo presiona y lo enfunda en mi chocho casi la mitad, unos diez o doce centímetros. Tiene que tapar con una de sus manos mi boca para que mis gemidos no se oigan entre los de abajo. El muy capullo comienza un vaivén cadencioso dentro de mí, mientras con su mano me tapa la boca y con la otra manosea mis tetas, como queriendo estrujárselas. El muy cabrón no aparta su mirada de la mía reflejada en el espejo de la coqueta. Con cada uno de sus rítmicos movimientos se introduce más y más en el coñito de la esposa de Eduardo…, veo como la sonrisa de su cara aumenta por momentos. De pronto le oigo…

    -“Si Eduardo no puede, me tienes que dejar a mí. Os puedo ayudar a ti y a Emiliano….Yolo haría por vosotros”

    -“¿El qué?” Le pregunto entre gemidos, aprovechando que Ramón libera mi boca un instante.

    -“Preñarte de nuevo cariño. Lo haría por vosotros. ¿No te gustaría tener otro «bebé», ahora que el primero ya está grandecito…? A él le vendría bien para jugar con él”

    Me dice el muy capullo bombeando ahora con todas sus ganas y metiendo por completo sus 20 cm en mi angosto y necesitado coño

    -“Yo hago unos niños preciosos y a Eduardo le dices que es suyo y ya está. Te haría la barriga aquí, durante la obra, antes de que nos fuéramos… A Emiliano seguro que le encantaría tener un hermanito”, dice volviéndose hacía mí, buscando mi mirada y sonriendo nuevamente. “Uffff, y no dejo de imaginar estas ubres repletitas de leche mi amor”. No para de magrearme las tetas cada vez más sensibles… -“Yo mismo vendía a diario para ordeñártelas bien. Te iba a sacar la leche a mordiscos hasta dejártelas sin gota cariño. ¡Aaahhh! Me va a reventar la polla de cómo se me pone imaginándolo todo. ¿Me dejarás, cariño? ¿No quieres tener otro niño?”

    -“Yo siempre quise, pero Eduardo no quiere más…”

    -“Pues dile que han fallado esas pastillas que tomas y ya está… Una vez que te vea preñada verás que ilusión le hace…”

    -“No puedo hacer eso… Ahhhh, me encanta como lo haces… me haces disfrutar como nadie…”

    -“Lo sé cariño. Yo sé lo que tú necesitas. Te gusta así, ¿eh? Bien profundo…”

    -“Me encanta… Me debo estar volviendo loca pero jamás he sentido algo así…”

    -“¡Ufff, lo que daría por que subiesen Eduardo o Emiliano y nos vieran así. Tú encantada de recibir polla y a mí dándote mi tranca con gusto, intentando preñar a su mujer ya su mamaíta…”.

    Me estaba poniendo cardiaca, yo ya solo quería sentir su leche caliente en mi útero, debo de estar loca pero sí, me encanta y voy a correrme de nuevo con todo ese pollón alojado en lo más hondo de mi conejo –“Aaahhhh”

    -“Te has corrido cariño, yo tampoco puedo más”, añadió el albañil. “Me corro, joder es el coño más cojonudo que he probado en mi vida… ¡Vaya cantidad de leche te voy a echarrrr! Aún aguanto un poco… Te aseguro que este coño ya no es el del principio, pero a mí me gustan más así, bien abiertos y tragones y siempre con ganas de más y más leche dentro. Chochos que disfrutan sólo con grandes pollas y no con las de casa, a las que apenas sienten cuando las tienen dentro”.

    -“Dame tu lecha cabrón… no pares hasta llenarme”

    -“Para haber estado con tan pocos tíos follas de puta madre, Ana. Lo que estás aprendiendo hoy y lo que le voy a enseñar a la maestra aún hasta que me vaya… ¡Qué corrida viene nena! ¡Qué corrida! ¡Ummmm!”El toro bravo me clavaba hasta el fondo, sentí como se endurecía el cipote dentro de mí.

    -“Aahhh, cabrooon. Sácalaaa, sácalaaa… Siento tu lecheee…”, le digo mientras percibo como eyacula el semental, aquello parecía una monta del toro a su indefensa vaquita.

    -“¡Qué corrida…! ¡Qué corrida… como en la vida! Te estoy echando dentro la leche de una semana”, dice dándome un cachete en las nalgas y eyaculando como un animal en lo más profundo de mi coño…

    -“Eres un cabrón hijo de puta… ¡Joder noto como me hierve tu lefa dentro!”, le digo entre gemidos fuera de mí… “¡Llénamelo, llénamelo entero hasta la matriz…!” me oigo atónita como una vulgar puta adolescente.

    -“¡Aaaahhh…Toma, tomaaa! ¡¿Sientes su calor tibio y los bichitos correr…?! Te he metido millones de ramoncines para que no te falten… Hoy has ganado el premio gordo y te he hecho millonaria”.

    -“¡Me matas, me matas, cabrón!”

    Pero él además tenía otra idea, me sacó su verga y se puso a un lado con el falo en su mano y buscando mi boca.

    -“¡Ábrela!” Me indicó, casi ordenándome.

    Yo acerqué mi boca y la abrí casi automáticamente, estaba poniendo su glande en mis labios cuando sentí un último chorrito de esperma salir de su verga, él me tomó de la cabeza para que no la retirara, así final de corrida la hizo en mi boca… una parte de su engrudo quedó sometido a mi cerrado coño y la otra parte la tragué directa a mi estómago. Como si no hubiera sido nada, Ramón se subió su mono de trabajo, tomó los cubiertos y un trozo de carne de la mesa… nos pusimos a comer, él con los cojones vacíos y yo llena de leche por el coño y la boca. El sabor del estofado ese día pareció distinto. Tras el postre se fue hacia la planta baja, sin decirme nada. Yo me quedé allí acostada sobre la cama a pasar la siesta medio desnuda, con las piernas y la vagina abiertas, con el regusto aún del semen en mi boca, pero sobre todo, satisfecha.

    Un sentimiento de culpabilidad y cargo de conciencia me abrumaron los días siguientes, a pesar de haber gozado como una ramera, no quería ni ver a Ramón. Y así fue, no entable ninguna conversación con él, ni le daba la vista. Mi marido llegó ese fin de semana y lo provoqué para que me follara, lo hizo, pero no era comparable a lo que me hizo sentir Ramón. Eso me hizo caer de nuevo en los brazos del robusto albañil que supe era ya padre de cuatro hijos legítimos de su esposa Rosa y alguno más de alguna despreocupada mujer casada como yo. Una semana y media más tarde, el ingeniero encargado de la remodelación, quien llegaba solo a supervisar los trabajos, me confirmó que el trabajo se finalizaba al siguiente día. Fue cuando tomé la decisión de despedir a Ramón, le escribí nuevamente en otro papelito, el cual decía… “Te invito a cenar mañana por la noche”, esta vez quería tenerlo solo conmigo sin nadie más en la casa.

    Ahora si me puse lo más sexi que encontré en mi vestidor, un vestido súper corto, con amplio escote, sin sujetadores, zapatos de tacón y una tanguita que tenía un par de años de no usar. Ramón llegó puntual también, ya no tenía puesto su mono de trabajo, sino un pantalón oscuro y una camisa sport. Como la vez anterior, previo a la cena, me empezó a comer a besos la boca, el cuello y mis tetas. Al poco tiempo ya estaba de nuevo en sus manos. Me pidió que me pusiera en cuatro patas sobre el sofá levantando mi culo respingonamente, él se colocó detrás y comenzó a decirme que tenía una culito precioso, luego me subió el vestido y besó las nalgas una a una mientras sus dedos hurgaban mi conejo, que ya estaba mojado y hambriento. Luego su lengua inspeccionó mi ano, haciendo a un lado mi tanga… de nuevo su lengua me ponía loca de placer. Le pedí entre quejidos que me la metiera. No me hizo esperar y poniéndose de pie atrás de mí, sacó su gorda verga y me la embutió en mi vagina casi de un tirón… luego empezó a bombeármela con ricos golpes secos. Llegué a un orgasmo a los pocos minutos después de penetrarme.

    –“¡Quiero chupártela!” Le dije.

    Me desprendí de su falo y me senté mientras él parado frente a mi esperaba mis labios en su verga. La tomé con ambas manos y la lamí arriba y abajo, pude sentir mis propios jugos vaginales que tenía su verga impregnada. No me importó, se lo mamé como si fuera un rico manjar. Ramón me tuvo que detener, porque si no él se hubiera corrido en mi boca, pero él tenía otras ideas… ¡Deseaba PREÑARME! Ahora él se sentó primero en el sofá y me dijo que de espaldas me sentara sobre su verga, así lo hice, su verga entró hasta lo más profundo de mi conejo sin obstáculos topando con mi pared vaginal su orondo glande. Ramón me abrazó con sus fuertes brazos y yo me giré para besarlo a la vez que movía mi cadera con buenos sentones de mi trasero sobre su rica verga aplastándole los fastuosas pelotas, que debían estar repletas de leche por lo duras que las notaba. Por un momento sentí que su falo me llegaba a lugares nunca explorados dentro de mi vagina, al mismo estómago. Al rato me desprendí y yo tomé la decisión de sentarme sobre su verga de nuevo, pero ahora sentada de frente a él. Volvimos a darnos besos de lengua devorándonos… le metía la sin hueso por los dientes, paladar y luego se le mamaba la lengua lujuriosamente sin dejar de empalarme con tan vasto mástil mientras yo lo cabalgaba oyendo el chapoteo de mi culo contra sus muslos y pelvis, a la par que mi clítoris despojado de su capuchón por la posición tan abierta de mi coño se frotaba con sus vello dándome un placer extra. Él mamaba mis tetas y succionaba mis pezones, manoseaba mis nalgas y mi ano.

    En lo mejor estábamos en esa posición, yo gritaba de excitación y me había vuelto a correr como no podía ser menos, cuando me dijo al oído… -“¡¡Quiero darte placer viendo tu culito!!”

    Con la fuerza de su cuerpo me volvió a dejar a cuatro patas sobre el sofá, me lamió el ano y pasó su lengua por toda la raja inundada y altamente lubricarla. Luego se puso de pie atrás de mí, yo traté de relajarme para ayudar un poco, luego sentí su verga empujando desde mi culo embutiendo todo el badajo hasta los mismos huevos de un solo envión en mi útero… Luego se fue deslizando lentamente dentro de mis paredes haciéndonos sentir cada terminación nerviosa. Ramón paraba ocasionalmente para que yo y él pudiéramos tomar aire y un descanso de deleite, al cabo de dos o tres minutos, yo tenía su dura verga en mi coñito clavada dándome el mayor de los placeres. Normalmente no había sentido tanto placer de ser clavada por el coño, pero con Ramón era diferente, me la bombeo durante varios minutos y por primera vez sentí tener un orgasmo causado por la penetración vaginal. Ramón emitió un quejido fuerte y luego sentí algo caliente en mis entrañas… era su esperma hirviendo que me regalaba en mi cérvix atorándolo de lefa espesa y fértil.

    A medida que se deslecha gemíamos a la vez, él largando chorretones espesos de esperma a toda presión y yo recibiéndolos candentes en lo más íntimo de mi útero, por entonces ovulando… tal vez por eso notaba sus eyaculaciones más intensas, más febriles. No duró dentro de mí mucho tiempo tras la inseminación, cual semental se despojó e mí y descansamos un rato… al poco lo invité a la mesa a cenar, nos vestimos y cenamos.

    Tras la cena nos despedimos como viejos amigos y me dejó el número de su teléfono móvil. Pasadas unas semanas nos volvimos a encontrar, y así durante un par de semanas que Eduardo estuvo en largo viaje de negocios… invitaba a Ramón a cenar o a comer indistintamente para terminar follando. Y tanto fue el cántaro a la fuente que finalmente el bravucón de Ramón me preñó de mi segundo hijo, no me importó porque mi vida sexual con mi marido seguía siendo aburrida, pero con la aventura del albañil veía todo de otro color… era mi pizza, lo llamaba y en 20 minutos lo tenía dispuesto y caliente para comérmelo. No obstante con la enorme panza que me hizo, nuestra aventura se enfrió y no supe de él hasta unos años después que tuvimos que realizar varias reparaciones y ampliaciones en los siguientes años. Sin embargo en los últimos doce años no nos volvimos a ver, hasta que me lo encontré 30 años después de mi primera infidelidad con él, haciendo unos arreglos en la Consejería de Educación y Cultura…

    CONTINÚA…

  • Ángela la doméstica, disfrutó sobre la verga de mi sobrino

    Ángela la doméstica, disfrutó sobre la verga de mi sobrino

    Imaginándome en la piel de Ángela aquel viernes, seguro era un día especial para la familia, César su esposo cumplía años. En su casa estaban muy contentos. Los chicos se levantaron y cayeron alborotados a la cama grande, ahí ella recordó el cumple de César y que no había comprado nada para regalarle.

    Completamente desnuda, ya que así se había quedado dormida, luego de haber llegado a las 2 am con unas copas arribas y despertado a César, para que le llenara su vagina, es que venía con la pava caliente del cumple de Irina ya que su esposo está tan fuerte, que hace que te mojes de solo mirarle, tanto que un día hasta casi yo me le tiré arriba cuando vino a buscar a Irina por casa al finalizar su jornada.

    Así desnuda ella, tomó la camisa de César que estaba en la silla y se la puso, sus pezones puntiagudos resaltaban; pidió a los niños que se quedarán con su papá que iba por la sorpresa. Preparó un yogurt y abrió un paquete de galletas, como la gran cosa y anunció – «a ver aquí traigo la primer sorpresa del día, para papi que lo queremos tanto, desayuno a la cama».

    Los niños gritaban y se acomodaron junto a padre a desayunar en la cama, ella se excusó y dejó a sus hijos con su padre.

    Tomó una ducha y repasó la depilación de sus partes, vistió con su tanga roja y pantalones blancos ajustados y blusa roja, se maquillo y con rojo intenso combinó delineo sus carnosos labios, pasó a besar a su esposo y despedirse para ir al trabajo. Al oído con voz sensual le dijo: «Hoy pórtate bien cumpleañero que el regalito llega en la noche, es sorpresa pero seguro te va a gustar» luego miró a sus hijos y se despidió -«beso, chicos cuiden su papi».

    Llegó a casa la recibí y le di las indicaciones, necesitaba tener el horno limpio y todo ordenado, la casa estaba hecha un caos, pese a que limpie lo del desayuno, la despedí y me fui con mi hija para llevarla al secundario y seguir a mí trabajo en la inmobiliaria.

    Ángela quedó sola cambiándose, en el cuarto de servicio ella guarda el uniforme, que en realidad es de Irina, a ella le queda más justo porque tiene unos pechos más prominentes y los botones de la camisa le quedan de estallar, la falda le va muy bien porque al igual que Irina, Ángela es pequeñita poquito más que 1,50.

    Ya vestida, comenzó por los baños de la planta baja y luego subió al segundo piso para ordenar todo. A las 2 horas llegó inesperadamente mi sobrino Lucas que debía repasar algo para su estudio, se dirigió a la sala y pidió a Ángela si bajaba el volumen del reggaetón que sonaba en el audio de la sala a todo volumen.

    Ella terminó de limpiar mi dormitorio y bajó a la sala, ahí vio a mi sobrino concentrado trabajando con su Tablet sobre el sillón, la muy perra soltó su pelo, desprendió un par de botones descubriendo su escote y subió unos centímetros de más su falda, luego entró a la sala diciendo: -ay! Perdón señor, disculpe si está trabajando, es tengo que limpiar la sala, si no le molesta -con la aspiradora y el plumero en sus manos.

    -tranquila, limpia lo que quieras, pero si no te molesta me voy a quedar aquí terminado mi lectura y viéndote como lo haces -contestó Lucas.

    Con una sonrisa pícara, contestó «como usted diga, si quiere, no solo puede ver como lo hago, me puede ayudar e ir diciendo donde limpiar y cómo hacerlo».

    Con una carcajada entre dientes Lucas contesto «Muy bien me gusta la idea, juguemos, hagamos eso, porque primero no limpias debajo del ventanal».

    «Así está bien» -contestó con vocecita tonta, agachada apuntando su culo a mi sobrino limpió con el plumero el rincón indicado. Ella meneándose sabiendo que los ojos de Lucas estaban haciendo fuerza para alzar un poquito más su falda y descubrir si era tanga o culote lo que llevaba de bajo.

    -Si por ahí está muy bien, y tus piernas también -dejando su Tablet a un lado, mi sobrino cayó en su tela araña -y agregó- aquí bajo mis pies tienes también para limpiar -abriendo sus piernas y reclinándose.

    Ángela hizo suya la indirecta, se dispuso frente a él y pasó el plumero entre sus pies, inclinándose para dejarse ver la profundidad de su escote «así le parece bien señor».

    -Muy bien, pero viendo esos labios hoy, que te parece si me voy abriendo el pantalón, y con ellos me lo dejas bien limpio -desprendiendo su bragueta y sacando su miembro a media asta.

    -Por fin voy a tener el gusto de atenderlo personalmente déjeme, póngase cómodo que me lo voy a chupar todo y dejarle bien limpio sin que caiga gota alguna -agachándose de rodillas frente él y terminando de sacarle el miembro del pantalón ella comenzó.

    Como toda una profesional, tomó su miembro lo alzó y desde la punta de los testículos fue recorriendo con su lengua toda su verga hasta llegar a la punta cabezona, y otra vez y otra vez como una paleta de helado, hasta que ya estaba totalmente dura, y se llenó toda la boca con el miembro erecto de mi sobrino.

    Con las manos apoyadas en las piernas de mi sobrino y succionando todo con su boca, ella se concentró en devorar la verga de Lucas, mientras él recostado en el sillón con las manos detrás de la cabeza disfrutaba viendo y sintiendo como Ángela le hacia una mema espectacular en la mitad de mi sala.

    Él ya estaba a punto de estallar, le pidió que se pusiera en cuatro patas sobre el sillón, Ángela deseosa de carne, obedientemente se quitó la tanga dejándola en el suelo, levantó su uniforme, exponiéndose en cuatro patas, con la colita bien parada meneando su concha ya húmeda a Lucas que comenzó a disfrutar con sus labios, mientras Ángela gemía y se frotaba y disfrutaba de la lengua profunda y juguetona de Lucas.

    Ya fue tiempo entonces, en cuatro patas en el sillón, sujetando a Ángela por las nalgas Lucas le llenó de carne su vagina y comenzó a embestirla una y otra vez, bien profundo y constante a un ritmo de máximo disfruté.

    Con él suspirando y Ángela gimiendo es cuando llegó y desde la puerta los contemplo, recuerdo esa escena de sexo sin límite, Ángela gimiendo en 4 patas sobre el sofá con su uniforme recogido a su cintura y Lucas penetrándola con intensidad, con los pantalones y calzoncillos en el suelo y con sus manos sujetándose de sus grandes nalgas.

    No entiendo porque dude si interrumpir o no, y pero me alegró por haber optado por dejarlos continuar, dos jóvenes disfrutando de sus cuerpos el uno al otro, es lo máximo y la que no debía estar a esa hora en casa era yo, me imagino el morbo de mi sobrino tirándose a la doméstica y de ella disfrutando de su sobrino cuándo su jefa no está.

    Ellos estaban muy compenetrados, el golpeteo rítmico de cada embestida «paf… paf… paf» me empezó a excitar, además de ver como mi sobrino le estaba poniéndole todo dentro como una verdadera máquina, me dio ganas de probarlo algún día.

    De repente se detuvieron, pareció que me habían visto, pero ella dijo -ya necesito cabalgar en esa pija que tienes.

    Cambiaron de posición, Lucas se sentó en el sofá, ella se lubricó los dedos y mojó su culo, de frente a él, le escupió su verga para ponerla en la entrada y como succionándoselo sus nalgas se abrieron y el miembro de Lucas fue entrándole todo hasta las bolas, y empezó a cabalgarlo, desde mi lugar veía la espalda de Ángela y su cola con el tatuaje del conejito en su nalga derecha comiéndose todo el miembro de Lucas, no parecía detenerse ella se ve que le gusta y mucho el sexo anal, sus gemidos y exclamaciones de placer, se mezclaban con «por favor no acabes que me tienes, soy tu puta hoy, sigue».

    Fue entonces que encontré tocándole, de la vergüenza me subí a la habitación, las exclamaciones seguían.

    Lucas se detuvo parecía que iba a estallar y le pidió que se pusiera de frente a él, muy obediente ella se tendió en el sillón, puso los pies en los hombros de mi sobrino, ahora de rodillas en el suelo, le encertó toda su verga nuevamente en el culo dilatado de Ángela, que no paraba de mojarse, paf paf entraba y salía con toda firmeza, anunció que se venía, él fue a retirar su pene de su culo, y ella gritó «tu leche la dejas dentro mío, dale sigue» y Lucas estalló en su culo y dejó que toda gota quedará dentro, cuando lo creyó suficiente retiró su pene tomó su pantalón y solo dijo «eres buena puta, lo has hecho muy bien, ahora tu limpia que me voy a bañar, que en un rato recojo a mi novia por su trabajo».

    Satisfecha ella y con vocecita de tonta «Cuando quieras repetimos, me quedo con lo tuyo dentro, la próxima lo quiero saborear y tragarlo, ahora ya sabes es soltar el botón y te limpió lo que quieras, tienes una verga aguantadora que me encanta».

    La tarde pasó y regrese a casa, no toda la limpieza estaba hecha si la sala, y cambiada las fundas de los sillones, coordinamos para la semana próxima, y ella simuló muy bien nadie sospecharía que estuvo con mi sobrino, es más me dijo que se retiraba rápido porque debía el regalo a César.

    Ángela ya en la casa luego de la cena, César fue por su regalo, pero ella solo dijo «Gordi, perdón pero me duele la cabeza y creó que algo me cayó mal».

    «No te preocupes, te preparó un té quieres?» le contestó César.

     

  • El calentón

    El calentón

    Llegué a tu casa así de sopetón;
    ni avise ni sabías de mi cercanía, 
    pero es que fue de pronto el calentón;
    me acordé de tu polla y me relamía. 

    Me poseíste con furia en tu colchón. 
    ¡Ay, amigo, que bien me montaste 
    aquel día!;
    ¡tu enérgico ritmo era tan molón, 
    que me follaras me dio tanta alegría! 

    Ahora que no te puedo ver, te has ido, 
    me lo hago con tu vecino del cuarto, 
    que una vez vio mis tetas el salido, 

    y me las tocó hasta que se quedó harto. 
    Vamos, que casi me quita el vestido
    en el ascensor que te dio el infarto. 

     

  • La prima es una zorra (Parte 3): La cena está caliente

    La prima es una zorra (Parte 3): La cena está caliente

    La primera noche del viaje había caído en la ciudad de Posadas. Habíamos pasado todo el día paseando por la ciudad, con lloviznas intermitentes que dificultaron nuestras visitas a algunos lugares que queríamos. Volvimos a la cabaña, con la idea acordada de bañarnos y salir nuevamente a cenar a algún bar o restaurante. Mientras las mujeres se bañaban me senté en el sofá del living, esperando mi turno para hacerlo. Mientras tomaba mates con mi suegro, charlando un poco, mi novia ya se había bañado, acercándose a nosotros.

    Yo estaba caliente todo el tiempo, la situación de estar en la misma cabaña con mi novia, su hermana y mi prima, me provocaba un morbo tremendo. Además de saber que la tenía a mi prima en acceso fácil, pero debía disimular lo más que podía, nadie debía sospechar de nada, aún no había tenido la posibilidad de tener sexo con mi novia, y ambos estábamos con las ganas de hacerlo, cuando podía, ella me calentaba hasta más no poder.

    Pero no era la única, Julieta también lo hacía, cuando nadie lo notaba me miraba con la mejor cara de putita que podía, me rozaba con su cola por los pasillos, y me manoseaba el bulto. En algún momento todo se me iría todo de las manos. Por fin llegó el turno de poder bañarme, fui hasta la habitación a buscar mis ropas, cuando llegué la puerta estaba cerrada, golpeé, me abre la puerta la hermana de mi novia. Estaban en la habitación arreglándose para salir.

    Entré y fui hasta mi bolso, disimuladamente, mientras buscaba mis ropas, admiré ese espectáculo. La hermana de mi novia tenía puesto y jean apretadísimo, tacos altos y una remerita blanca, su preciosa cola se veía tremenda. Mi prima, una calza negra, de cuerina, que le marcaba la cintura y las nalgas perfectamente, tacos negros y también se había puesto remera blanca, cortita y apretada. Mientras se pintaba esos preciosos labios me miraba por el espejo, y arqueaba más su espalda para mostrarme la cola, sin que mi cuñada se diera cuenta.

    La calentura me había subido hasta las nubes, mientras me bañaba, mi pene se ponía como una roca, quería tenerlo de nuevo dentro de la vagina de mi primita. Cuando me estaba secando, escucho sonar mi celular, que lo había llevado al baño conmigo, Julieta me había mandado una cantidad de fotos de ella sola, posando en varias posiciones en el espejo; como así también junto a mi cuñada y mi novia. Las tres estaban increíbles. Ella sabía muy bien que eso me pondría más caliente.

    Salí del baño y me dirigí nuevamente a la habitación, ya no estaban allí las chicas. Me vestí y llegó mi novia, se acercó y me beso ardientemente. Mi pene se puso duro en un instante. Paseé mi mano por su cintura y sus nalgas. Me detuvo en un momento, para decirme que ya nos debíamos ir. Todo conspiraba para que me diera un infarto de la calentura que acumulaba a cada instante que pasaba en esa cabaña. Salimos de la habitación y salimos hacía el auto.

    Durante el camino, mi novia se sentó arriba mío, para que vayamos más cómodos en el asiento de atrás, disimuladamente ella movía la cola sobre mi bulto. Julieta estaba al lado mío, mientras miraba la pantalla de su teléfono, de reojo también posaba sus ojos en esa situación. Mientras mi novia miraba hacia el frente, ella acariciaba, mi pierna en la oscuridad del asiento trasero no se notaba nada. Por más que quisiera, no podía evitar que mi miembro se ponga tieso. Mi novia lo sentía en sus nalgas y mi prima, veía mi pene marcarse en mi jean.

    Por fin llegamos a un bar, nos gustó por fuera, por lo que decidimos entrar. No había mucha gente dentro. Nos sentamos en una mesa larga que estaba acomodada contra una pared. Entraban seis sillas, dos a lo largo de la mesa en ambos lados, y dos en las puntas. Me senté rápidamente al lado de mi prima, del lado que daba contra la pared. Julieta acarició mis piernas por debajo de la mesa y del mantel que tapaba todo. Mientras esperábamos que nos trajeran la comida, bebíamos y yo recibía caricias ocasionales pero intensas de Julieta, que subían buscando mi pene.

    Sus piernas forradas con la calza de cuerina se veían muy eróticas. Ella se arqueaba en la silla para que pudiera ver su espalda, su cintura y su cola.

    -¡Dejé mi celular en el auto, que tonta! -Dijo Julieta, mientras charlábamos.

    -¿Vas a buscarlo? -Le preguntó mi suegro, dándole la llave del auto.

    -Sí, pero no quiero ir sola -Contestó.

    -¿Me acompañas primo? -Me preguntó.

    Sin dudar respondí que sí, mi mente volaba en ese momento. Habíamos dejado el auto un poco lejos del bar, puesto que no encontrábamos estacionamiento. Mientras caminábamos, nos besábamos intensamente con Julieta. Ambos estábamos ardiendo de las ganas. Cuando llegamos al auto rápidamente nos metimos en el asiento de atrás y cerramos las puertas.

    -¡Tenemos solo un ratito, así que acaba rápido! -Me dijo Julieta. Mientras me desprendía el cinto.

    Saqué mi pene duro rápidamente. Ella se arrodilló sobre el asiento y se metió mi miembro en la boca. Sus chupadas eran rápidas e intensas, podía sentir como el glande me ardía con cada movimiento de la boca de mi primita. Sus labios bajaban y subían hasta la mitad de mi pene, una y otra vez, mientras ella gemía y saboreaba todo. Mientras me besaba el glande, me miraba con la mejor cara de putita, para luego meterse nuevamente por completo toda la extensión de mi miembro a punto de estallar.

    No quería que terminara nunca, pero debía hacerlo, sino preguntarían el por qué tardamos tanto.

    -¡Voy a acabar prima! -Le dije.

    -¡Dame toda tu lechita rica primo! -Me respondió. Gimiendo como zorrita.

    -¿Te la vas a tomar toda? -Le pregunté. Con lo último que me quedaba de aguante.

    -¡Si primo, dámela! ¡Estoy sedienta! -Me dijo gimiendo.

    Sentí como los espasmos recorrían mi cuerpo. Empecé a largar mi semen caliente en su boca. Julieta no dejaba de chupármela mientras gemía. No iba a dejar que ninguna gota se le escape y manche el auto. Cuando ya no salía más semen de mi miembro se apartó, me puso su carita frente a la mía y me mostró como se tragaba todo mi semen. Fue increíble. Nos arreglamos y ella se volvió a pintar los labios. Había dejado la mayoría de su pintura en mi pene. ¡já! ¡já!

    Cuando volvimos al bar, todo era normal, la comida aún no había llegado. Y nadie preguntó nada. Sonriendo, Julieta le dio las llaves del auto a mi suegro, mostrándole su teléfono. Nos sentamos enseguida en nuestras sillas para seguir la noche. Con esa descarga un poco de tranquilidad volvió a mi cuerpo. Solo un poco, puesto que no sabía lo que me depararía al volver a la cabaña para dormir…

    -Alexander0022-