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  • Lección sexual

    Lección sexual

    Todo comenzó cuando decidí, junto con unas compañeras de clase, apuntarme a una academia porque me sería imposible aprobar una de mis asignaturas de primer año universitario debido a su complejidad. Miramos varias academias de clases particulares pero resultaban ser demasiado caras para las horas que íbamos a ir, hasta que dimos con una academia que se ajustaba a nuestro dinero y nuestro tiempo. Lo que no me esperaba era que nuestro nuevo profesor sería tan joven y fuera tan guapo. Al final, decidimos apuntarnos.

    A la semana siguiente, comenzamos las clases. Teníamos dos horas seguidas a la semana con él. Empezó a explicar y hacer los ejercicios en la pizarra. Yo no me enteraba de mucho, pero tampoco me importaba. No podía apartar la mirada de él y menos cuando se apartaba el pelo hacia atrás. Me parecía tan sexi ese gesto… De repente pidió una voluntaria para resolver un ejercicio y, sin saber cómo, me encontraba a su lado resolviendo el ejercicio. Mi temperatura subía y me ponía más nerviosa mientras escribía.

    Después de esos nervios y de alguna que otra explicación más, se terminó la clase. Me disponía a marcharme cuando me mandó quedarme un momento que tenía que hablar conmigo. Mis nervios volvían a aumentar mientras me acercaba a él. Por cómo me miraba, preguntarme sobre cómo había resuelto un ejercicio era una simple excusa para estar a solas conmigo. Me giré, coincidí con sus ojos y no pude evitar besarle los labios. Él me devolvió el beso y me agarró con fuerza hacía él. No dudó en bajar sus manos hasta agarrar mis nalgas mientras no soltaba mis labios.

    Me puso contra la pared mientras sus labios bajaban por mi cuello y sus manos se perdían bajo mi camiseta buscando mis pechos. No tardó en desaparecer mi camiseta y caerse mi sujetador a mis pies mientras le quitaba la camiseta y una de mis manos se dejaba caer a su pantalón acariciando su miembro ya erecto. Sin pensarlo dos veces, me dejé caer y fui en busca de su miembro mientras le desabrochaba el pantalón y lo acariciaba lentamente. Lo recorría con las yemas de los dedos mientras me lo acercaba a mis labios y a mi lengua juguetona. Pronto lo metí suavemente en mi boca empezando una rica mamada que le haría disfrutar y gemir mientras me sujetaba la cabeza consiguiendo que hiciera una de mis gargantas profundas que tanto placer dan.

    Pronto decidió subirme a la mesa, quitarme la poca ropa que me quedaba y abrirme de piernas para perderse entre ellas. Empezó a meter su lengua lentamente en mi vagina mientras uno de sus dedos hacía sendos círculos sobre mi clítoris haciendo que mi cuerpo se estremeciera y empezará a gemir. Tras un buen rato perdido entre mis piernas, se levantó y no tardó en meterme su miembro hasta el fondo sacándome un liguero chillido que calló con un beso. Empezamos suave, dejándonos llevar por el momento, mientras nuestros gemidos aumentaban a medida que me embestía. Pronto lo empujé, le obligué a sentarse y me senté encima de él tomando el ritmo del momento. Sus manos pasaban de mis pechos a resbalar por mi espalda llegando a mis nalgas que azotaba con gusto. Más tarde, sin poder aguantarse, me levantó y me puso a cuatro contra su mesa para darme con gran intensidad mientras me azotaba y me hacía gemir teniendo múltiples orgasmos hasta que me arrodillé hasta recibir toda su corrida en mis labios.

  • Cuando hace frío, los amigos siempre están ahí para cuidarse

    Cuando hace frío, los amigos siempre están ahí para cuidarse

    Esto es algo que me pasó hace tan solo unos días. Tengo que agregar que en mi país el colegio son seis años, por lo que yo y todos (la mayoría) ya somos mayores de edad, sin embargo seguimos allí. Y también para proteger la identidad de los mencionados aquí voy a cambiar sus nombres.

    Era viernes por la mañana cuando estaba llegando al colegio. Era una mañana fría de finales de invierno, por lo que iba bastante abrigado, al igual que todos. Iba caminando con mis dos mejores amigos, Jose y Pedro por el pasillo de mi colegio, cuando Camila se acerca a dónde estábamos.

    — Eh, Marcos, hoy no voy a poder salir.

    Camila y yo habíamos planeado para que yo fuera esa tarde a su casa. Aunque no lo habíamos dicho directamente, ambos sabíamos a lo que íbamos.

    — Mi abuela va a venir hoy, por lo que mis padres han cancelado sus planes y se van a quedar en casa.

    Yo no le discutí, por lo que dijimos que lo íbamos a hacer mejor otro día.

    —¿No quieren hacer algo hoy en la tarde?—le dije a Jose y a Pedro—. Cómo vienen de ver tenía planes, pero se han cancelado.

    Ellos aceptaron, por lo que ahora sólo quedaba ver qué hacíamos. Después de un rato quedamos en que iríamos por unas cervezas e iríamos a la casa de Pedro, ya que este tenía un gran sótano el cual usábamos como “sala de chicos”.

    Esa tarde después de ir a comprar las cervezas nos fuimos a su casa. Sólo éramos Jose, Pedro y yo.

    Cuando entramos o primero que sentimos fue una gran ráfaga de calor debido a la calefacción de su casa. Por lo que nos quitamos todos los abrigos y nos quedamos en camisetas de tirantes y unas pantalonetas que Pedro nos prestó, aunque aún sentíamos aquel gran calor.

    Después de varias cervezas ya estábamos lo suficientemente mareados para no poder seguir jugando ping pong, aunque aún no estábamos borrachos. Nos habíamos sentado en los sillones y habíamos encendido la tele. Después de un rato nos habíamos aburrido y comenzamos a hablar de las cosas que siempre hablábamos cuando estábamos borrachos, aunque esta vez no lo estábamos.

    Yo era el único de los tres que no estaba con una mujer. Porque aunque ellos tampoco tenían novia sí que estaban con una. Pedro desde hacía unos meses que estaba con Sofía, una chica de nuestro año pelirroja, y aunque se trataban como si ya lo fueran, aún no eran novios. Y Jose venía de terminar con su novia, y para intentar superarla se había metido con una un curso menor que nosotros, aunque no me sé su nombre.

    Estábamos hablando de las mujeres que más atractivas nos parecían del colegio cuando por un momento nos quedamos callados, viendo como a la nada.

    —¿ Y nunca han estado con algún hombre?—dijo Jose, el cual era el que estaba un poco más borracho que nosotros dos—. Ya saben, como para experimentar y así.

    Aunque no salimos de aquel estado de subconsciencia en el que sólo mirábamos a un punto fijo Pablo y yo respondimos que no al unísono.

    —Yo hace unos días casi lo hago.

    Fue ahí cuando Pablo y yo lo volvimos a ver extrañados. Él por nuestras caras entendió que queríamos saber qué había pasado.

    —Fue dos días después de terminar con… —dejó la frase en el aire—. Había salido, y admito que me había pasado un poco de tragos. Pero en eso un tipo se me acercó y me comento a decir que estaba guapo y otras cosas. Yo al principio le dije que no era gay y que no me interesaba. Pero a él no le importó y siguió. Después de un rato más de que me insistiera accedí. No sé ni en qué estaba pensados. Ustedes dos saben que no soy gay, pero en ese momento estaba muy borracho.

    Pablo y yo veíamos cómo Jose nos relataba su historia un poco avergonzado.

    —No me acuerdo ni cómo pero en eso estábamos en su apartamento. Yo me sentía incómodo, pero en eso él se me acercó y me comenzó a besar. Al principio no sentí nada, estaba demasiado borracho como para pensar. Él me quitó la camisa, seguía sin reaccionar. Él me bajó los pantalones, seguía sin reaccionar. Pero cuando comenzó a tocar mi pene y a bajarme la ropa interior dejando ver mi pene, ahí reaccioné. Diciéndole que no era gay me volví a poner toda la ropa y salí de allí corriendo.

    Cuando terminó de contarnos la historia los tres nos quedamos callados, mirando fijamente a Jose.

    —Y no sé ni qué pasó, pero desde ese momento me he estado preguntando cómo sería estar con un hombre.

    —Yo también me lo he preguntado —me sorprendí diciendo.

    Silencio. Otra vez nos volvimos a quedar callados mirando un punto fijo.

    —¿Y si probamos? —esta vez fue Pedro quien rompió el silencio— podemos probar entre nosotros. Y lo que pase hoy aquí, se queda aquí. Nunca volvemos a hablar de ello.

    Aunque ni Jose ni yo dijimos nada vi que él estaba asintiendo lentamente. Y me sorprendí a mí haciendo lo mismo.

    —¿Entonces…? —dijo Pedro como dejando la pregunta en el aire— ¿Lo hacemos?

    —Está bien —dije yo un poco inseguro

    —Hagámoslo —dijo un segundo después Jose en el mismo tono.

    Como ninguno de los tres es (o al menos era) gay no teníamos ni idea de qué hacer. Pero después de unos momentos decidí hacer lo que habría hecho con cualquier chica. Acerqué mi rostro al de Jose y después de un segundo de duda pegué mis labios con los suyos. Al principio no fue más que el roce de labio contra labio, pero después de unos segundos esto evolucionó a pequeños besos un poco inseguros. Pero después de agarra un poco más de confianza esto se volvieron a transformas en unos más apasionados besos, ahora incluyendo lengua y movimientos del cuerpo y las manos. Aquello me gustaba, su lengua rozando con la mía, sus manos recorriendo mi cuerpo, el tacto de sus labios con los míos. Después de un rato más así sentí como una tercera mano comenzaba a recorrer mi cuerpo, fue allí cuando me separé de Jose y con una de mis manos tomé la cara de Pedro y la acerqué a la mía. Esta vez no hubo ese momento de duda, desde que nuestros labios se tocaron comenzaron esos apasionados besos como los que venía de darle a Jose. Después de un rato de estar conmigo Pedro se separó, ahora en busca de Jose.

    Tengo que admitir que aquella escena me excitaba más de lo que hubiera pensado. Ver a mis dos mejores amigos besarse entre ellos hizo que en mi se despertara un deseo que no tenía ni idea de que existía. Ahora quería más. Por lo que mientras ellos seguían con sus besos comencé a quitarles lentamente las camisas. Primero comencé con Pedro. Mientras iba subiendo su camisa mis manos iban rozando su piel, lo que me dio unos leves y reconfortantes escalofríos. Cuando la levanté hasta sus hombros Pedro y Jose tuvieron que dejar de besarse para poderla quitar bien. Momento que Jose aprovechó para buscar nuevamente mis labios. Ahora le tocaba a Pedro escoger quién sería el siguiente en no tener camisa. Él comenzó a quitarle la camisa a Jose, aunque no lo hizo muy deprisa, dejándome a mí disfrutar un poco más de aquello. Cuando por fin llegó el momento en que nuestros labios se separaron yo busqué rápidamente los de Pedro, esta vez dejando que Jose quitara la única camisa que quedaba, la mía.

    Ahora los tres sin camisa me habían vuelto a tocar ser el que se quedara sin besos. Pero ver sus pieles un poco morenas, casi del mismo tono, salvo que la de Pedro un poco más clara me excitaba bastante. Yo, de los tres, era el que tenía la piel más blanca, se podría decir que ellos eran morenos, pero en mi había que decir que yo era blanco tirando a moreno, ya que entre estos dos tonos hay mucha diferencia. Pedro era el más alto de los tres, aunque no somos muy altos, tampoco somos bajos, a excepción de Jose, a quien yo le sacaba poco más de una frente. Pedro me sacaba unos dos centímetros.

    Ahora, los tres estábamos allí tirados sobre los sillones, con no más iluminación que la de una lámpara de luz amarilla que se encontraba a varios metros, por lo que La Luz llegaba un poco tenue. Aunque esta era ideal para poder apreciar perfectamente aquella situación, el la que el resto de la habitación quedaba un poco más oscura que nuestros cuerpos, los cuales se podían ver perfectamente.

    Yo no me quise quedar fuera de aquella situación por mucho tiempo, por lo que decidí dar el siguiente paso en nuestro experimento. Por un momento no supe si debía hacer primero en mí o en uno de ellos. Pero antes de que me pusiera a pensar por mucho tiempo mi cuerpo actuó antes de que se lo ordenara. Poniendo ambas manos sombre el hombro izquierdo de Pedro comencé a bajarlas lentamente pasando por todo su pecho, hasta llegar a la cintura de su pantaloneta. Moví un poco mi mano izquierda para que quedara del lado opuesto a la derecha. Y comencé a bajar su pantaloneta. Cuando se la quité por completo volví a subir y vi a través de su apretado bóxer cómo su pene estaba bastante excitado. Antes de bajar también su bóxer comencé a jugar un poco con su pene por encima de la ropa interior. Pero sentía mucha curiosidad, por lo que este juego no duró mucho antes de que decidiera bajarle el bóxer también. Esta vez cuando volví a ver, después de sacar su bóxer de sus piernas ya su pene no estaba pegado a su cuero por una capa de ropa más, si no que estaba allí flotando. Tenía sus partes bastante poblada de vello. Me sentía como si estuviera observando un gran árbol desde un helicóptero, que se encontraba en medio de un gran bosque de pequeños árboles. Esta vez mis manos no fueron en seguida por el premio mayor, sino que decidieron de ir poco a poco. Las puse primero sobre sus muslos, por donde comenzaba el vello. Y pegando mis dedos a su piel vi cómo estos avanzaban, abriéndose paso entre aquella gran mata de pelo negro, hasta llegar al tallo de su pene. Mis dedos se quedaron un momento allí acariciando todo su vello. Pero unos segundos después comenzaron a deslizarse hasta comenzar a subir por su tronco mientras se cerraban tomando esta forma cilíndrica. Siguieron subiendo hasta que llegaron a la cabeza, la cual estaba bastante húmeda. Cuando mis dedos hicieron contacto con esta se mojaron las instante. Su pene podía medir fácilmente unos dieciocho centímetros. Un tamaño bastante grande considerando que mi única experiencia anterior gay había sido una vez que había decidido ver cómo era el porno gay, aunque no había durado ni treinta segundos viéndolo antes de quitarlo.

    Como no sabía muy bien qué hacer, comencé a masturbar su pene. Se sentía raro tener le pene de otro hombre en mis manos. Pero no era un raro malo, sino un raro de curioso. Quise saber qué se sentiría tener otro. Por lo que sin dejar de masturbar a Pedro intenté bajarle el pantalón a Jose con una sola mano. Pero me di cuenta de que esto no era tan fácil, por lo que tuve que solar el pene de Pedro. Y una vez más repetí el mismo proceso que había hecho unos minutos tras con Pedro, pero esta vez sin para a acariciar su pene antes de quitarle el bóxer.

    A diferencia de el de Pedro, el pene de Jose estaba perfectamente rasurado, por lo que al mover mi mano sobre su piel no sentí más que el mismo leve raspón que siento al rasurarme la barba. Como esto no se sentía tan rico como pasar la mano sobre los vellos de Pedro decidí volver a dedicare un momento con ambas de mis manos a aquella increíblemente satisfactoria melena.

    Jose y Pedro seguían besándose, más apasionadamente de lo que los había visto jamás besarse con alguna chica. Sus manos recorrían sus rostros y de vez en cuando bajaban hasta sus hombros, antes de volver a subir. Como no pareciera que fuera despegarse pronto decidí que debía entreverme como pudiera.

    Puse una de mis manos sobre ambos penes, cerrándolos entre mis dedos. Ahora ya no se sentía extraño, era como si mis manos ya se hubiesen acostumbrado a el tacto de los miembros de otros hombres. Mi mano derecha estaba con el pene de Pedro, y mi izquierda con el de Jose. E intentando que fuera al mismo tiempo comencé a masturbar ambos penes. Pero después de unos momentos me di cuenta de que no era tan bueno con mi izquierda, que me costaba un poco más. Así que nuevamente, mientras ellos seguían besándose, decidí dar el siguiente paso.

    Decidí hacerlo primero con el pene de Jose, el cual, pese a no ser pequeño del todo, sí que lo era un poco más que el de Pedro. Puede que fueran unos dieciséis, diecisiete centímetros. Quité mi mano de su pene y acercando mis labios hacia él, lo introduje cuidadosamente en mi boca. Primero sólo la cabeza. Al probar aquel líquido que empapaba toda su cabeza sentí un pequeño dulce en mi boca. Al principio no me gustó, pero después de unos segundos de tenerlo en mi boca, esta se acostumbró a su sabor y comencé a notar que en verdad sí que me gustaba. Así que al agarrar un poco más de confianza decidí comenzar a bajar un poco más mi cabeza. Pero no del todo, al menos no aún. Mientras que con mi legua saboreaba cada centímetro del pene de Jose y succionaba todo lo que pudiera de aquel jugo, con mi mano derecha seguía masturbando el pene de Pedro. Mientras que con la izquierda masacraba sus pelos. Tengo que admitir que aquel vello me tenía como loco, me encantaba cómo se sentía al contacto con mis dedos.

    Después de un rato decidí probar qué tan profundo podía ir en aquellas mamadas, por lo que tomando un poco de aire empujé un poco mi cabeza hacia el suelo, introduciendo cada vez más el pene de mi mejor amigo. Logré llegar hasta el fondo sin mucho problema. Seguí chupándosela a Jose un rato más, antes de decidir probar con otra.

    Cuando por fin separé mi boca del pene de Jose dejé de masturbar a Pedro. Me levanté y les di la vuelta para poder masturbar bien a Jose con mi derecha. Cuando estaba por meter la cabeza del pene de Pedro en mi boca se me ocurrió una mejor idea. Y desviando un poco mi cabeza seguí bajando hasta llegar a donde comenzaban sus vellos en su pierna. Dándoles pequeños besos y haciendo como si fueran salto comencé a subir. Pero cuando la cantidad de pelos comenzó a subir dejé de dar aquellos pequeño besos y sacando mi lengua comencé a lamer toda la parte de arriba de su pene. Varias veces.

    Si no fuera por leves gemidos de satisfacción que de vez en cuando salían de sus bocas juraría que se había olvidado de mi presencia. Estaban tan enzarzados en esos besos que apenas notaban lo que yo les estaba haciendo, o al menos es creía en ese momento.

    Dejé de lamer sus pelos y seguí mi recorrido de legua por el tronco de su pene, hasta llegar a su cabeza. Cuando llegó a su destino el delicioso néctar de su pene invadió todo mi paladar. Este no era como el de Jose, su sabor era más dulce, y frutar, como si el de un buen vino se tratara. Comencé a chupar su pene poco a poco. Primero sólo la cabeza, tasajeándola toda con mi lengua. Luego comencé a bajar cada vez más. Después de algunos momentos decidí intentar si me cabía toda, Como la de Jose. Tengo que admitir que pese a ser unos centímetros más pequeña, la de Jose era bastante más gruesa, por lo que pensé que la de Pedro sí que me iba a caber. Pero al intentarlo el resultado no fue el que esperaba. Bajé mas mi cabeza, metiendo cada vez más su polla en mi boca, pero unos centímetros antes de llegar al final me vi obligado a para debido a la opresión que sentía. Por lo que durante un rato más seguí chupándosela a como venía haciendo hasta ahora. Pero algunos momentos después la curiosidad pudo conmigo, y decidí volver a internarlo. Pese a que esta vez sí logró llegar más adentro, aún no pude llegar hasta el fondo. Unos momentos después lo volví a intentar, otra vez el mismo resultado. Y otra vez. Y otra. Hasta que después de varios intentos pude hacer lo que tanto había querido desde hacía rato. Y pude sentir como cuando bajaba mis labios chocaban con sus pelos, dándome un placer extra.

    Aunque este nuevo placer no duró mucho. Ya que Pedro y Jose volvieron a notar mi presencia.

    —Eh, esto no es justo —Le dijo Pedro a Jose en un tono sarcástico.

    —¿Qué cosa no es justa? —le siguió la corriente Jose.

    —Que nosotros estemos recibiendo todo el placer y nuestra pobre amigo aquí está siendo como nuestra puta.

    Aunque en verdad sí que estaba disfrutando aquello decidí seguirles el juego. Además me había gustado que me llamara puta.

    —Ven aquí —dijo Pedro dando unos pequeños golpes sobre el sillón—.  Siéntate y disfruta. Ahora nos toca a Jose y a mí ser tus putas.

    Obedecí cayado. Cuando me hube sentado noté que yo era el único que seguía con ropa, por lo que me apresuré a quitármela. Pero antes de que pudiera comenzar a bajarme el pantalón Jose tomó mis manos.

    —Eso nos toca a nosotros.

    Y antes de terminar la frase Pedro ya estaba bajándome los shorts, y cuando los sacó por completo Jose comenzó a bajar mis bóxers. Cuando mi pene salió de ellos salió como si fuera un resorte.

    Ahora estaba colgando de mi cuerpo, rodeado por una no muy poblada melena. Aunque no tan rasurada como la de Jose, tampoco era tan grande ni tan majestuosa como la de Pedro. Esto también se podía aplicar a mi pene. Aunque no era tan grande con el de Pedro sí que era la más gruesa de las tres. Además las venas por la enorme excitación que sentía, hacían que pareciera aún más grande.

    Me senté yo en el sillón esperando a lo que fuera que ellos dos iban a hacer. Cada uno se puso a uno de mis lados, y a como yo había hecho con Pedro comenzaron a subir por mis muslos y luego por todo mi vello con la lengua. Aunque se sentía extraño también me dio un pequeño escalofrío de placer. Luego ambos comenzaron a subir también por mi pene con sus lenguas. Y cuando llegar a la punto ambos la metieron en sus bocas al mismo tiempo, dándose un beso. El roce de ambas lenguas con mi pene me hacía cosquillas, aunque no tenía ni una sola necesidad de reírme. Cuando volví a ver mis manos se estaban aferrando firmemente a dos almohadas que estaban allí. Sentía tanto placer que a rato, sin que yo lo pudiera controlar, salían leves gemidos. Ambos seguían besándose con mi pene en medio, a veces bajaban por mi tronco y a veces subían hasta mi cabeza, pero en ningún momento deje de sentir aquellas deliciosas caricias.

    Después de dos o tres minuto allí ambos se separaron y se cruzaron de brazos. Estaban tan coordinados que recordé que cuando se las chupaba los había oido hablar, aunque no había entendido y no le había tomado importancia pues creí que no se trataban de nada más que de gemidos. Ahora entendía que habían planeado lo que estábamos por hacer, hacía tan solo unos momentos. Ahora sólo me quedaba hacer caso y seguirles el juego.

    —Ya te dimos tu placer —dijo Pedro aún cruzado de brazos—. Ahora te toca ser nuestra puta.

    Que me volviera a llamar puta me volvió a excitar, incluso más que la primera vez. Yo ya estaba metido en el juego.

    —Voy a hacer todo lo que me digan —dije con voz sumisa—. Pero sólo les pido una cosa.

    —¿Qué cosa? —preguntó Jose con tono altanero.

    —Que no sean compasivos conmigo.

    Yo sabía que era nuestra primera vez, o al menos era la mía. Y que al principio de seguro iba a doler. Pero aquello era sólo por probar. Y si era algo que sólo iba a hacer una vez quería experimentarlo todo.

    —Veremos qué haremos.

    Sugiriéndoles una idea me puse en cuatro patas, con las manos y las rodillas, levantando el culo y abriendo mi boca. Ambos se miraron un momento extrañados, antes de comprender lo que yo les estaba insinuando.

    Jose se puso delante de mí dejándome todo su pene frente a mi cara, mientras que Pedro se puso detrás, agarrándome la cintura. Yo me impulsé un momento con las manos, hincándome. Y con las mías cogí sus manos y las bajé hasta mi culo, donde lo apreté bastante fuerte.

    —Dije sin compasión.

    Y justo cuando volví a la posición de perrito él introdujo su pene en mi culo con mucha fuerza y rapidez. Esto me dolió tanto que no pude reprimir un pequeño grito ahogado. Pero Pedro no paró. Bien, ya había entendido qué es lo que quería. Cada una de sus embestidas me dolía cada vez más. Por lo que para evitar grítate con mi mano derecha tomé el pene de Jose y lo temí en mi boca y lo seguí chupando.

    Después de varias embestidas el dolor comenzó a cesar, suplantado por un leve placer, que con cada penetración iba creciendo. Después de un minuto el dolo se había ido casi por completo, ahora solo quedaba placer. Mi cabeza paró de pensar en el dolor y comenzó a concentrarse en un placer extra aparte del del pene en mi boca y n mi culo. Cuando metía su pene hasta el fondo e mi culo, mi piel sentía el taco de sus pelos. Sí, yo sé que soy demasiado necio con el tacto de sus pelos, pero en serio me traían como loco.

    Después de un rato más así ambos cambiaron de posiciones. Ahora era Jose quien me la metía por el culo y Pedro a quien yo se la chupaba. La actitud de Pedro cambió radicalmente con su nueva posición. Ahora no me ofrecía su pene con una pasión furiosa, sino que me lo ofrecía de una manera suave y dulce. Como se venía de quitar el condón la piel de su pene había adquirido un leve sabor a látex, cosa que antes no tenía, pero el jugoso líquido que bañaba su cabeza seguía igual.

    Seguimos así un rato más hasta que Jose se vino dentro de mi culo. Y no fue hasta que lo hizo que noté que no traía condón. En ese momento no me preocupé por el montó de problema que eso pudo haber causado. Pero algunos días después al hacerme algunas pruebas esa preocupación se fue. Dentro de mi culo sentí cómo la leche de Jose salía disparada, llenándome todo el culo.

    Ahora sólo faltábamos dos por venirnos. Como ya dije, yo quería tener la experiencia completa por lo que quería que se vinieran en mi cara. Pero sentía cómo a Pedro aún le faltaba un poco para poder correrse, por lo que paré de chupársela y me acosté sobre el sillón boca arriba y abriéndome de piernas la ofrecí mi culo, esta vez sin condón. Él se montó sobre mí en la famosa posición del misionero y comenzó a penetrarme duro. A ratos bajada un poco su cabeza y me daba un fugaz beso.

    Después de unos minutos dijo que estaba a punto de venirse, por lo que rápidamente me levanté y me hinqué sobre mis piernas, dejando su pene justo frente a mi cara.

    —¿Ocupas ayuda con eso? —le dije señalando su pene con mi cara.

    Él asintió.

    Metí su pene en mi boca, para poder saborear aunque fuera por última vez aquel néctar. Y con mis manos comencé a acariciar otra vez su vello. En eso sentí cómo de su pene salía un rayo de esperma. Así que separé rápidamente mi boca de su cara. Y poniendo mi cara justo en frente dejé que sus manos terminaran el trabajo.

    De su pene salieron decenas de chorros de espera, de los cuales muchos cayeron en mi cara. Y muchos otros en mi boca. Pese a también ser dulce, el sabor de este era menos frutal, aunque también me pareció delicioso.

    Cuando me termine de quitar todo su esperma de la cara él me miró con picardía.

    —¡Mira lo que hiciste! —dijo, aunque no pudo reprimir una risita—. Ahora dejaste también mi pene lleno de esperma ¡Límpialo!

    Y sin desobedecer me puse de un solo a trabajar. Ahora la mezcla de aquellos dos sabores hacía que con cada pasada de mi lengua, esta explotara en un majar de sabores dulces y exquisitos.

    Cuando terminé mi tarea mi expresión cambió radicalmente en una milésima de segundo.

    —Ahora te toca a ti ser mi puta —dije muy serio.

    Sólo se lo dije a Pedro porque vi que Jose se había quedado dormido a un lado del sillón.

    —¿Y qué es lo que mi señor quiere que haga? —dijo esta vez él con la voz de inocencia.

    Me senté en el sillón con las manos extendidas a los lados.

    —Sólo ven aquí y siéntate en mis regazos —dije señalando hacia mi pene con el mentón—. Que has sido una niña muy mala y mereces castigo.

    Él obedeció, primero pasó una de sus piernas sobre mí, dejando por un segundo frente a mi cara su pene, ya un flácido, rodeado por aquella melena. Luego cuidadosamente comenzó a bajar, mientras con sus manos buscaba mi pene para acomodarlo. Nos hicimos hacia adelante, casi a la orilla, para que pudiéramos entrar mejor. Cuando mi pene tocó su culo vi que también tenía bastante vello ahí. Cuando bajó un poco más sentí cómo su culo se iba abriendo ante la entrada de mi pene. Cuando ya pudo estar por completo vi la expresión de dolor que tenía en el rastro. Era la misma que hace un rato yo tenía, sólo que esta no era de tanto dolor.

    —Tranquilo —le dije para calmarlo— a diferencia de ti, uno no trato tan mal a mis putas. Se podría decir que les doy amor.

    Y cuando dije esta última frase atraje su rostro hacia el mío y le di un beso apasionado. No pude ver su rostro porque tenía los ojos cerrados, pero cuando sentí cómo correspondió a mi beso supe que ya no tenía la expresión de dolor. Cuando creí que ya se había acostumbrado un poco más a tener mi pene adentro comencé a dar pequeños saltos de cadera sobre el sillón. Momentos después de unos momentos en los que noté que ya no le dolía tanto agarré su peludo culo con mi manos y con ellas le indiqué que comenzara a moverse.

    Seguimos así durante varios minutos más, hasta que me vine dentro de su culo. Y aunque no pude verlo, sentí cómo de mi pene salían chorros y chorros de esperma. Más de lo que jamás me había salido antes.

    Y allí nos quedamos dormidos, él encimas mío, nuestros penes pegados, y nuestro labios separados después de un largo beso. A la mañana siguiente fui el primero en levantarme. Como no los quería despertar. Así que me puse mi ropa, cogí mis cosas y me marché.

    Los siguientes días después de eso pasaron normalmente. Nos seguimos viendo, ninguno cambió la forma de ser con los otros y ninguno habla de lo sucedido. Pero el problema está en que yo lo quiero repetir. Y espero siento que ellos también.

  • Me comí al esposo de amiga por chismosa (2)

    Me comí al esposo de amiga por chismosa (2)

    Esta vez fue más directo, aprovechó que Luisa no estaría en el día en el pueblo y pasó por mi casa.

    Me encontraba sola y tenía un vestido de tiras bien corto puesto apenas algo abajo de la comisura de mi culo sin bra y con una minitanga de encaje negro que dejaba ver mi intimidad. Siento que golpean la puerta miro por la ventana y es él, abro, lo saludo ‘hola príncipe’ y suelto la risa el también y entra.

    Cierra y me da un beso al que correspondo y me pasa las manos por mi cola ‘estás muy rica con ese vestido, provocadora’, me río. La casa está mañana es para los dos nadie vuelve antes del mediodía y nuevamente la sala y sus muebles son nuestros cómplices me besa y toca mi entrepierna le quitó su camiseta acarició su cuerpo el me baja el vestido estupefacto viendo mi tanguita, me besa alrededor, me da una vuelta, palmotea mis nalgas me sienta en el sofá quitando mi tanga y empieza a hacerme un oral delicioso que me pone a mil rodeando mi clítoris, mis labios, chupando, penetrando su lengua.

    Se levanta, quita su jean y bóxer quedando ese venoso a mi vista empalado, lo cojo con mi mano lo masturbo mientras beso sus testículos, los succionó y empiezo a subir con mi lengua lamiéndolo hasta el glande, lo introduzco en mi boca succionándolo entrando casi a mi garganta. Me arrodillo, lo hago sentar mis manos en sus piernas mientras juiciosa mi boca le hago una felación deliciosa, me coloco en 4 al lado de él mamándola completa chupando sus huevos dejando ver mi vulva y culo a través del espejo de la sala se para jadeante y me penetra en 4. Gimo delicioso ‘así papi dame duro rico me haces gozar’. Mi cara hacia la ventana veo pasar la gente a través de la cortina, me voltea y recostada en el sofá me la mete en mi vagina con fuerza apretando mis nalgas besando mis tetas le acarició la cabeza lo besó desesperadamente besa mi cuello.

    Lo hago acostarse en el piso, me monto encima y cabalgó esa verga con fuerza moviendo mis caderas en círculos adelante y atrás sintiendo su pelvis rozar mi clítoris apoyada en su pecho, me aprieta las tetas, pellizca mis pezones, me levanta, me hace acostar, pone mis piernas en sus hombros, me penetra con fuerza cada vez más rápido y esta vez lo dejo terminar en mi vagina la inunda de su semen siento sus chorros calientes como me llenan nos besamos sudorosos.

    Nos levantamos abro mis piernas mientras me ayuda a levantar que la vea mojada y llena de semen me dice ‘eres muy puta Sandra, me dejaste fuera’. Río, beso su boca y desnuda le traigo algo de tomar de la cocina le pido que le dé saludos a Luisa y nuevamente me arrodilló entre sus piernas tomo su miembro solo con mi boca y lo mamo y chupo nuevamente hasta hacerlo venir en mi boca y tetas. Miro la hora y le digo ‘vete que mi hermana no demora’. Se viste le abrí la puerta y le dije ‘mírame como me dejas porque hoy es la última vez’.

     

  • Festejo de Año Nuevo

    Festejo de Año Nuevo

    Les quiero comentar lo que sucedió en año nuevo y es algo que mi novio no sabe y espero que nunca lo sepa.

    Para año nuevo organizamos una cena en nuestro departamento junto con una pareja amiga. Ese día yo tenía puesto un vestido negro apretado y la otra chica también tenía un vestido, pero blanco y dorado.

    La cosa fue así luego de la cena nos tomamos todo el alcohol posible y mi novio luego de mezclar varias bebidas y de tomárselas se quedó dormido. La cuestión fue que en un momento dado de la noche la chica le empezó a practicar sexo oral al novio que se encontraba sentado en un sillón. Yo estaba sentada sobre mi novio que se encontraba dormido en otro sillón.

    Yo miraba la mamada de esta chica y empecé a excitarme. Entonces empecé a tocarle el pene a mi novio por encima de su pantalón pero no encontré reacción alguna.

    Lo que hicieron a continuación me excito bastante. Ella se levantó el vestido y se sentó sobre su pija. Entonces empezó a moverse hacia arriba y hacia abajo haciendo que esa pija entrara y saliera por completo. Ver esa imagen me genero unas ganas enormes de follar también pero tenía a mi novio dormido.

    Luego nuestro amigo se levantó del sillón y empezó a follársela de parado a su novia. Él la tenía tomada del cuello y de los hombros mientras se la metía. Ella me miro en varias ocasiones mientras estaba siendo sacudida por su novio.

    Luego de unos minutos el empezó a embestirla más rápido hasta que se vino dentro de su novia. El orgasmo que tuvieron los dos yo también lo sentí y me moje un poquito. Después de eso los dos se arreglaron la ropa y me dijeron que se iban.

    Eran las tres de la mañana y yo estaba sola y aburrida y para peor me empezaron a llegar fotos y videos de amigas divirtiéndose. Media hora después una amiga me envía una foto de ella con dos porongas y yo ni una me pude comer hasta esa noche.

    Ya eran casi las 4 de la mañana y ya estaba por irme a dormir cuando escucho que golpean la puerta. La abro y me encuentro con mi vecino.

    El: hola linda, no te gustaría venir con tu novio a la fiesta de al lado.

    Yo: mi novio está durmiendo.

    El: entonces vení vos sola, vení a festejar el nuevo año.

    Yo: bueno.

    Al entrar a su casa me encontré con una auténtica fiesta, había música, mucho alcohol y bastante gente. El vecino me alcanzó un vaso de cerveza y luego de saludar a un par de personas que conocía me puse a bailar al ritmo de la música. No tarde mucho en ponerme a bailar con uno de los invitados. La música y el alcohol hicieron que me descontrolada un poco y empecé a moverle mi cola sobre su bulto y a dejar que el me tocara un poco. Luego le dije al oído que iba al baño y el creo que entendió otra cosa porque me siguió y entró conmigo.

    Fue gracioso porque yo entre primero al baño y cuando quise cerrar la puerta casi le pego con ella en la cara. La cosa fue que ya dentro le dije riéndome «no mires», él se dio vuelta y yo luego de subirme el vestido y de bajarme la tanga me senté en el inodoro para orinar. El hombre se dio vuelta para mirarme y me hizo reír de nuevo. Lo que hice a continuación lo hice porque estaba excitada.

    Con mi dedo le hice un gesto para que se acerque y él se acercó hacia mí. Yo le empecé a tocar el bulto y luego le baje el pantalón. Agarre su pija y me la metí en la boca como una desesperada. Estaba riquísima, mucho más que la de mi novio.

    Sucedió que una mujer quiso entrar al baño pero cuando nos vio dijo «uy, perdón» cerró la puerta y se fue. El tipo al cual se la estaba chupando puso el seguro a la puerta y continúe chupándosela. Luego me levanto, me puso con las manos en los azulejos y empezó a follarme. Las personas golpeaban la puerta del baño y el hombre les decía «está ocupado» y se iban.

    En un momento de la follada el hombre me agarró de los pelos y empezó a decirme cosas guarras tales «te gusta putita» «hmmm que deliciosa sos putita». Yo también le decía cosas como «dale cabron, métemela» «dame más fuerte» «así me gusta».

    La historia terminó con el llenándome la cueva con su leche y yo regresando a mi hogar junto a mi novio.

  • Mi prima se tocó con mis relatos

    Mi prima se tocó con mis relatos

    Luego de 8 años sin saber nada de mi prima, finalmente la conseguí por Facebook y logré que aceptara mi solicitud. Estaba ansioso por saber que había sido de ella desde todo el tiempo que no hablamos. Entre cuentos y anécdotas, surgió el tema de mis relatos eróticos. Para ese entonces solo había escrito dos y no se los había mostrado a nadie.

    Tenía otros escritos no eróticos que le había pasado para que ella los leyera y les habían gustado, pero el problema surgió cuando me pidió otro escrito y ya yo no tenía más. Por bromear con ella y sin pensarlo mucho le dije.

    “Lo que me quedan son dos relatos eróticos, pero dudo que los quieras.”

    Le tomó poco responder sin rodeos.

    “No importa, pásalos.”

    Al principio me pareció curioso, no nos veamos de hace mucho, pero ambos éramos adultos y se me ocurrió que era un tema que no sería difícil de comentar. Además, no compartía mis relatos eróticos con nadie y al fin alguien me daría su opinión.

    Le entregué los relatos por el Messenger del Facebook con la condición de que me diera su opinión, para ese entonces esa era mi única intención. No había pasado nada antes de eso que diera pie a pensar que podría suceder algo más.

    Luego de unos minutos, mi prima me escribió.

    “Wow. Me encantan.”

    Yo le contesté “Me alegra que te gusten.”

    “Si, me calentaron mucho.” Añadió ella. Yo no supe qué decir. Pero de inmediato vino a mí la imagen de mi prima frente a su celular en su cuarto, su cabello rubio y sus piernas desarrolladas de aprendiz de modelaje, muy distinto a la chica flaquita que vi por última vez. Estaba notando lo mucho que habíamos crecido. Yo seguía en ese trance cuando me escribió de nuevo.

    “¿Te molestas si me toco con ellos?”

    Escuchar eso destapó un torrente de emociones nuevas (o quizá ocultas) por mi prima, mi prima me estaba pidiendo permiso para tocarse con mis relatos. La noche y la soledad me dieron espacio para responderle entonces.

    “Solo si dejas que me toque contigo.”

    “Hay primo, eres un pervertido.” Me dijo poniendo una carita guiñando el ojo después. Luego comenzó a decirme cómo se tocaba. La forma en la que le calentaba que su primo la pusiera. Yo estaba impresionado pero al a vez disfrutaba como mi prima me pedía que me tocara, que me masturbara por mi primita.

    Me dijo “me he portado mal y quiero que mi primo me discipline.” Yo no podía hacer más que tocarme e imaginarme cómo mi prima, una chica que nunca imaginé que me pidiera tocarse con mis escritos estuviera al otro lado de la pantalla penetrándose e imaginando que era yo. Seguimos haciéndolo mientras nos escribíamos. Cada mensaje estaba adornado por la palabra primo y prima, queríamos afirmarnos a nosotros quiénes éramos, como si aún no pudiéramos creerlo. Yo en un momento no lo creía, pensé que era un sueño del que pronto despertaría. Pero no fue así, nos seguimos tocando mutuamente hasta que acabamos. Nuestro secreto sigue oculto para el resto de mi familia, como de costumbre, mi prima desapareció otra vez, pero al menos yo recuerdo lo que pasó, y estoy seguro de que ella también.

  • La historia de Ángel, solo era un muchacho (26)

    La historia de Ángel, solo era un muchacho (26)

    Le sentí cuando se levantó, puntual como siempre y con cuidado para no despertarme. Sentí serios remordimientos cuando cerró la puerta del baño para ducharse, no le había permitido hacerlo a la noche y ahora me arrepentía. Después de vestirse se acercó a la cama y me dio un leve beso en la frente pasándome el dorso de la mano por la mejilla. Abrí los ojos para que viera que estaba despierto.

    -Lo siento gatito, no quería apartarte de tus sueños, sonreías por el bonito sueño que tenías.

    -¡Oh! Mi Álvaro. -se sentó en la cama y volvió a darme un beso.

    -Prepara el equipaje, hoy volveré antes. -quisiera haberle sujetado, la verdad es que me pasaba lo mismo cada día que estaba despierto cuando marchaba.

    -Pablo vendrá a comer y estaremos esperándote.

    La mañana transcurría lenta pero entretenida, escogiendo la ropa que llevaría. Una chica me ayudaba a colocarla en dos pequeñas maletas trolley, como me había aconsejado Álvaro, cogí varias prendas de abrigo para poder pasear por la calle sin temor al frío, un gorro de lana largo para tapar las orejas, tipo visera, y guantes haciendo juego.

    La muchacha nos metió en el neceser dos cepillos dentales sin estrenar, y por último repasé la lista donde había apuntado todo que pensaba que necesitaría. No olvidé coger alguna crema de cara, los productos de higiene y geles anales dilatantes, tenía que ir preparado para lo que pudiera suceder.

    Me sentía algo nervioso y expectante, también ilusionado por el viaje y nuestra primera convivencia juntos los tres, cuando terminé con mi trabajo bajé para estar con don Mateo al que no encontré, pero si a Victoria.

    -¿Has escuchado el parte metereológico? Encontraréis nieve en las montañas. -lo había escuchado, pero también hablaban de que las máquinas quitanieves estaban dispuestas para intervenir y que la autopista al mar no quedara bloqueada.

    -No creo que haya muchos problemas, tienen los servicios preparados y Álvaro quiere dejar el trabajo después de comer para salir temprano. Espero que Pablo venga pronto para esperarle.

    Terminó de pasar la mañana y a la hora de comer llegó Pablo, le traía su tío, y a pesar del frío salí a la calle para recibirles. En ese momento llegaba también don Mateo y se quedaron saludándose, Pablo y yo nos metimos en la casa.

    Dejó su maleta en la entrada y pasamos al salón para sentarnos delante de la chimenea encendida, colocó las manos cerca del fuego y se las restregó para calentárselas.

    -Hace un frío de mil diablos, esperemos que en la costa no sea así. -aproveché el momento para hablarle de lo que me dijo Alvaro, sobre las clases que querían que impartiese a los jornaleros.

    -Don Ernesto me lo ha comentado y no creo que te suponga mucho trabajo, pero lo importante son tus estudios, Eliseo puede recogerte, llevarte y traerte haciéndote de chófer hasta que te examines y te den la licencia.

    Eliso entró en la casa con don Mateo para despedirse de su sobrino y de mi.

    -Tratar bien a Ángel y divertiros pero traernos sano al muchacho. -hablaba entre risas a Pablo, al abrazarme me acarició la cintura bajando hasta las nalgas con sus rudas manos, deseé que ninguno se hubiera dado cuenta.

    Como había prometido, Álvaro estaba en casa para las cuatro de la tarde y fue una despedida corta y rápida la que tuvimos con sus padres y en pocos minutos cogíamos la autopista. El cielo estaba plomizo pero no nevaba.

    Mis dos chicos se colocaron delante y dejaron todo el espacio de atrás para mi, al principio mantuvimos una conversación los tres, pero dejé de participar al tener que estar abrazado al asiento delantero, desde mi lugar los observaba, también ellos lo hacían, Álvaro como conductor por el espejo retrovisor, y Pablo bajó el parasol de su lado para mirarme a través del espejo de cortesía.

    Pablo y yo no conocíamos la ciudad donde íbamos y Álvaro se esforzaba en hablarnos de ella, la conocía por haberla visitado en muchas ocasiones, cuando estudiaba medicina en otra ciudad cercana.

    Cuando llegamos al puerto de montaña comenzaron a caer algunos copos de nieve que no llegaban a cuajar en al asfalto mojado. No íbamos a tener problemas y Pablo me pidió que les cantara una canción, o que la iniciara para hacerlo entre los tres.

    Tuvimos bastante tráfico que dificultaba la llega hasta el hotel y las calles aparecían llenas de automóviles, y publico recorriendo las tiendas. Al ser una ciudad turística y cercana a la frontera francesa, había muchos desplazamientos para pasar el fin de semana. No dejaba de mirar el bullicio de las calles iluminados para la Navidad, curioso al ver tanta gente caminando.

    Dejamos el automóvil en el parking subterráneo y en quince minutos podíamos abrir la puerta de nuestra suite. Despedimos al hombre que nos subía las maletas, y al entrar Pablo le pasó el brazo por los hombros a su amigo y lo llevó hasta la puerta que comunicaba con la sala dejando salir un silbido de asombro.

    -Los médicos tenéis que ganar un montón de pasta, ¡joder, vaya pasada! -y tenía razón la suite la componía el dormitorio con su baño, la sala de estar y un amplio hall. Lo que más llamó mi atención fue la inmensa cama de que disponíamos, era más ancha que larga, pero mientras Pablo se tiraba encima de ella yo me asomé a una de las ventanas.

    Aunque aún no era muy tarde había anochecido, el paseo marítimo que discurría entre la fachada del hotel y la playa en forma de luna, estaba profusamente iluminado de una extremo al otro, la luz de las farolas dejaban ver las gotas de agua congelada que caían en forma de nieve.

    -¿Te gusta? -sentí las manos de Álvaro abrazando mi talle y me recosté hacía atrás sobre él.

    -Es precioso. -se inclinó y me besó en el cuello.

    -Tenéis que prepararos para el frío, vamos a salir a la parte vieja de la ciudad para que veáis el ambiente y cenar. Es el mejor lugar para estar a estas horas y participar de la fiesta.

    Pablo se había levantado de la cama y permanecía a nuestro lado contemplando el nocturno paisaje, con la sombra de la pequeña isla en el centro de la bahía, pasé el brazo por la cintura de los dos chicos y los apreté a mi cuerpo.

    En la parte vieja de la ciudad y muy cerca del hotel, el publico se aglomeraba en los bares cobijados en los soportales de una plaza cuadrada. Entramos en el primero y Álvaro se acercó con dificultad a la barra para pedir una bebida, yo tomé un vino dulce que picaba la garganta por el excesivo dulzor.

    La numerosa gente hablaba en voz muy alta, casi a gritos, pero el ambiente alegre y de fiesta animaba a meterse en la algarabía explosiva y desenfadada. Lo mismo hicimos en el bar siguiente y mi estómago ya protestaba pidiendo algo sólido aunque no sentía hambre.

    Entramos en uno más amplio pero también repleto de público, desde la barra Pablo vio una mesa que se liberaba en aquel momento.

    -Ángel ocúpala antes de que nos la quiten, Álvaro y yo pediremos las consumiciones. -caminé hacía la mesa, y justo cuando llegaba, lo hacía a su vez otro muchacho, nos quedamos los dos sujetando el respaldo de la silla que teníamos mas cercana y nos miramos.

    El chico era moreno, alto y delgado, nos habíamos quedado paralizados, congelados por la sorpresa, él dejó escapar una risa y soltó la silla que sujetaba.

    -Creo que has llegado primero. -me causo gracia que cediera su derecho tan fácilmente y me reí con él, la verdad era que los dos había llegado al mismo tiempo.

    -No, lo hemos hecho a la vez.

    -Entonces la partiremos por la mitad para no discutir. -volví a soltar la carcajada, más que por sus palabras por la cara que ponía. Me alargó la mano.

    -Markel, ya somos amigos y podemos compartirla. -apreté su mano y él me la sujetó entre las dos suyas.

    -Ángel, y lo siento pero mis amigos están en la barra. -miré hacia donde estaban mis chicos y él siguió mi mirada.

    -También yo tengo compañía pero podemos acercar una silla, uno más en la mesa no será problema. -me miraba rogándome que le aprobara lo que sugería.

    -De acuerdo compartiremos la mesa. -sonrió como si le hubiera tocado la lotería y en parte así era.

    -Voy a buscar a Lorea. -se alejó hacia el otro extremo de la barra y llegó donde una chica monísima y morena como él, hablaban y le señalaba la mesa donde yo estaba.

    Mis amigos llegaron a la mesa cargados de platos, habían pedido para cenar una selección de pintxos y una botella de vino elegida por Pablo, encontraron en el bar uno de los vinos que producían en la bodega de don Ernesto. Dos segundos después llegaba Markel con la chica.

    Pasamos unos minutos haciendo las presentaciones y explicando el motivo de compartir la mesa con ellos. Lorea era su hermana, y sí que se parecían. Estaban allí para pasar el fin de semana igual que nosotros y venían de la ciudad donde Álvaro había estudiado medicina. Enseguida comenzaron a hablar sobre ella. Les escuchábamos mientras íbamos comiendo y a veces Lorea intervenía en la charla puntualizando detalles que Markel y Álvaro celebraban riendo.

    Permanecimos más de dos horas a su lado, resultaban agradables y Álvaro les hacía muchas preguntas referidas al lugar donde vivían. A pesar de que estábamos muy bien en su compañía nos teníamos que retirar a dormir para el día siguiente poder conocer la ciudad. Como ellos se hospedaban en otro hotel nos teníamos que despedir y empezaron a intercambiar los números de teléfono.

    En la calle seguía nevando pero en poca cantidad y no resultaba molesto, me coloqué los guantes y nos despedimos en la puerta del bar, Lorea nos besó a todos como si nos conociera de toda su vida.

    A pesar de lo abrigado que estaba sentía frío y como el hotel estaba cerca nos fuimos andando ya que en ese momento no llovía, en un momento tenía a Pablo pasando su brazo por mis hombros dándome calor.

    Álvaro estuvo hablando en recepción un momento mientras le esperábamos en la puerta del ascensor, la temperatura del hotel era agradable tirando a caliente por el contraste con la de la calle y me quité los guantes, Pablo me cogió una mano y me la besó.

    -La tienes fría a pesar de los guantes. -y ya subimos los tres.

    -¿Qué os han parecido nuestros nuevos amigos? -Pablo nos hablaba mientras se quitaba el jersey cerrado que aún llevaba puesto.

    -Agradables, ¿te fijaste como miraba Markel a Ángel? -miré a Álvaro, se había quedado en camisa y se sentaba en una butaca al lado de Pablo.

    -Nuestro muñeco le ha gustado, y eso que no tenía aspecto de gay.

    -Vosotros tampoco lo parecéis. -me senté entre los dos y Pablo dejó el mando de la televisión con el que jugaba para abrazarme y darme un beso en los labios.

    -Eres tú que tienes algo especial que atrae y no hace falta ser homosexual, con sentir la belleza es bastante. -era una de las pocas veces que podía escuchar a Pablo decir cosas tan bonitas.

    -¡Ohh! Pablo, me gusta cuando me hablas así. -nos habíamos entretenido en nuestros besos sin prestar atención a Álvaro y entonces llamaron a la puerta.

    Álvaro se levantó para ir a abrirla, llegaba un camarero con un carrito conteniendo un cubo con su botella de champán y varias copas altas.

    -Déjelo sobre la mesa. -el hombre lo dispuso como le ordenó y se retiró.

    -¿Qué es esto? -Pablo se levantó y cogió la botella.

    -Vamos a celebrar el inicio de nuestra convivencia, si no os parece mal. -Pablo sirvió la bebida en tres de las copas y de pié Álvaro hizo el brindis.

    -¡Porque nunca nos separemos y nos sepamos soportar¡ -pensé que me iba a poner a llorar, llevé la copa los labios y sentí el burbujeo de la bebida en la nariz.

    -Por mis dos maravillosos hombres. -les ofrecí mis labios y los dos me dieron un tierno beso, el de Pablo se alargó.

    -Estas precioso pequeño. -me abrazaba contra él empinándome cogido por las nalgas, Álvaro es de mi estatura y un poco más, pero Pablo a nuestro lado sobresale por más de quince centímetros y ser más ancho. Respondí a sus besos hasta que sentí las manos de Álvaro empujándonos hacía la habitación dormitorio y Pablo me llevó sin despegar nuestros labios.

    Me depositó sobre la cama y cayó sobre mi, entonces enrosqué las piernas en su cintura sin permitirle separarse. Me seguía besando y a veces veía a Álvaro a nuestro lado sin intervenir, hasta que sentí sus manos desabrocharme el pantalón para írmelo retirando.

    Pablo se levantó y le ayudó a quitarme la ropa, los dos iban despacio mirándome y depositando sus labios sobre mi piel hasta dejarme desnudo ante ellos.

    Al sentirme así observado sentí cierto pudor y me llevo las manos a la polla para intentar ocultarla a su mirada, Pablo me aparto las manos sin mucho esfuerzo.

    -Así no pequeño, eres nuestro y queremos verte. -Álvaro se estaba desnudando sin dejar de obsérvanos, y como ahora Pablo me acariciaba las tetillas pasando las manos desde el cuello hasta las oscuras aureolas poniéndome los pezones erectos. Cerré los ojos y dejé que me acariciara centrándome en sentir los dedos pasándome por la piel.

    El lugar de Pablo lo ocupó Álvaro y abrí los ojos, estaba arrodillado a mi costado, con la cabeza bajada sobre mi pecho y su lengua comenzó a jugar con mis tetillas. Mi otro amante se quitaba la ropa hasta quedar también desnudo y se colocó al lado de Álvaro.

    Uno se ocupaba de mis tetillas y el otro me pasaba los labios por el abdomen hasta llegar a mi ombligo y comenzó a lamerlo. Resultaba increíblemente hermoso sentir las bocas de aquellos dos hombres saboreándome la piel hasta lograr que mi polla empezara a crecer. Giré la cabeza, las vergas de mis dos machos estaban a medio reposo y alargue la mano de ese costado para coger la de Álvaro, se la comencé a acariciar y respondía creciendo y aumentando de tamaño.

    La polla de Pablo se desarrollaba despacio ella sola, no podía compararlas porque en tamaño ganaba la de Pablo por goleada, pero la de Álvaro era el colmo de la belleza hecha verga, tiré de su pierna para que se acercara y poder llegar con la lengua a su rosado y perfecto falo.

    Podía sentir la boca de Pablo besando y mordiéndome la verga mientras Álvaro se retorcía hacia atrás para llenarme la boca con su mojada polla.

    Me habían colocado arrodillado, delante de mi estaba Pablo con su gran verga apuntado a mi boca, y por atrás tenía a Álvaro abriéndome las nalgas para llegar con la boca a mi ano. Pablo me acerco su pene hasta que el glande llegó a mis labios y se lo lamí para recoger los jugos que le salían.

    Gemía a pesar de tener la boca llena con la verga de Pablo, cuando mi amante atacó mi ano intentando meterme la lengua.

    -¡Ahh!, me muerdes la polla. -gritó Pablo cuando contraje el cuerpo al sentir la verga de Álvaro meterse en mi hambriento culo. Me había cogido desprevenido y sentía su polla avanzar por mi recto.

    Tuve que dejar de mamarle la polla y se la empecé a masturbar sintiendo la lenta cogida que mi otro amante me daba por el culo, a veces podía lamerle los testículos, pero sobre todo envolverme la cara en los negros pelos del pubis disfrutando la verga que corría por mi vientre.

    Sorpresivamente me sacó la polla y se dejó caer sobre mi espalda besándomela y volví a comerme la verga de Pablo. Álvaro se colocó a mi lado mirando como mamaba la polla de su amigo, me la saqué y con un gesto se la ofrecí inconscientemente, él miraba la enorme polla de Pablo indeciso y miré a Pablo, este nos observaba desde arriba.

    -Prueba, está rica. -incliné ligeramente la verga hacia él y con timidez cogió el pene y acercó la cara, lo olió primero y luego sacó la lengua pasándola por la corona del glande.

    Para mi resultaba asombroso y tremendamente tierno comprobar la timidez que mostraba, Un chico que me llevaba nueve años, reaccionaba como un niño ante lo desconocido pero deseado, lentamente fue abriendo la boca y abrazando con las labios el capullo hasta tenerlo completo en la boca.

    Chupábamos sin descanso aquella carne caliente que nos encantaba hasta que Pablo, a punto de correrse, se apartó dejándonos sin nuestro juguete. Seguíamos de rodillas y abracé el cuello de Álvaro para besarle y dejar que el me metiera la lengua, nuestras bocas sabían a la verga que terminábamos de comernos.

    -Me gusta el sabor de tu boca, sabe a la verga de Pablo. -Álvaro saco una risita mientras sentía que Palbo tiraba de mis caderas arrastrándome hasta el borde la cama.

    -Ven Álvaro, fóllalo en esta postura. -mi hombre bajo de la cama y se puso al lado de su amigo, me sujetaba de la cintura para sacar más mi culo y volvió a introducirme la polla.

    -¡Ummmm!, me gusta. -gemí cuando sentí sus huevos golpeando los míos.

    Poco después se volvió a salir para tomar su lugar Pablo, así me follaban los dos alternándose, cuando uno se cansaba el otro ocupaba su lugar en una follada larga, y el que no me follaba el culo me tocaba la polla pero evitando que llegara a correrme y teniéndome siempre al límite.

    -¡Me corro, ya me viene! ¡Ohhh! que gusto Dios. -Álvaro descargó la tensión apretándome contra él con todo el rabo metido en mi ano, y comenzó a eyacular dejándome el culo lleno de semen. Sentía como disparaba los latigazos de leche y se le endurecía la verga cada vez que un golpe de leche le salía.

    Terminó de vaciarse y al sacar la polla de mi culo sentí la de Pablo entrando invasiva, ocupando el lugar que acababa de dejar mi otro amante vacío.

    -¡Ahhh! Has dejado su culito chorreando y abierto, es una delicia follarlo. -Álvaro había colocado la cabeza debajo de mi estómago y me lamía el glande de la polla.

    Me sentía embriagado de placer, totalmente satisfecho con la gran verga de Pablo dándome por el culo, y la boca de Álvaro comiéndome la pija. No podía aguantar mucho más y le advertí a Álvaro por si deseaba retirarse o que le dejara el semen en la boca.

    -Me voy Álvaro. -pero siguió mamando hasta que eyaculé dentro de su boca. A la vez sentía a Pablo aumentar la velocidad de la follada y como estrellaba la pelvis en mi culo al entrar totalmente en él con golpes secos.

    Empezó a descargarse cuando yo terminaba de hacerlo, gritábamos los dos como animales en celo que terminan de satisfacer sus instintos.

    Quedamos acoplados un minuto, yo con la polla dentro de la boca de Álvaro y Pablo clavado en mi culo. Aplastaba la cabeza de Álvaro y no podía levantarme soportando el peso en mi espalda de Pablo hasta que éste fue sacando su polla y se tumbó al lado de Álvaro jadeando.

    -Ha resultado grandioso, la primera vez que follamos juntos y ha sido de lo mejor. -Álvaro, tendido boca abajo y con la cara pegada a la mía me besaba tiernamente. No me quería mover para que el semen que tenía dentro no manchara la cama.

    Miré por encima de él para buscar a Pablo. Estaba al lado de Álvaro y se arrimó hasta quedar pegado a él, le teníamos emparedado entre los dos, Pablo alargó la mano para llegar a mi y como no podía la dejo caer sobre el trasero de Álvaro, miré como se lo acariciaba y a Álvaro ponerse en tensión.

    Aproximé la boca a la suya y le di un profundo beso.

    -No pasa nada, solo te acaricia el trasero. -me aparté y le vi sonriéndome.

    -Tengo un capricho Álvaro. -pasó el brazo por mi espalda y me susurró al oido.

    -¿Cuál es gatito? Hoy no te puedo negar nada.

    -Quiero que Pablo te la meta, junto conmigo, a la vez, que nos tengas a los dos dentro de ti. -no esperaba que se pusiera a reír.

    -Gatito travieso, mi culo no aguantaría, solo te he tenido a ti dentro y mira la diferencia de vergas. Con las dos me romperíais. -no dejaba de reír lo mismo que Pablo pero ya no se oponía a que su amigo le tocara y acariciara el culo, y le veía abrir las piernas para dejarle que llegara con los dedos hasta su ano.

    -No, no vamos a romperte nada Álvaro, tu lo deseas también y nunca te atreviste a pedírselo. -le vi que se ponía rojo lo que hacía verle delicioso. Pablo se colocó sobre él, le abrió las piernas y le metió la polla entre ellas, no la tenía totalmente erecta y hacía como que se lo cogía en un sutil juego repleto de caliente erotismo. Le besó el cuello y se lo lamió subiendo hasta su oreja.

    -Nuestro nene quiere que te folle, y como siempre he querido romperte el culito lo voy a hacer, tu culito de chico serio y estirado. -Álvaro jadeaba en mi boca tirándome el aliento pero dejando hacer lo que quisiera a su amigo.

    Me levanté de la cama apretando el culo para que el semen no se me saliera.

    -Voy al baño a vaciarme lo que me habéis dejado. -creo que no me oyeron, Álvaro tenía cerrados los ojos, soportando muy a gusto el peso de su amigo pegado sobre su espalda, recibiendo sus besos en el cuello y mordiscos en las orejas.

    Me senté en el inodoro y dejé que los fluidos, que los dos chicos me había metido, fueran cayendo y dejando vacío mi recto. Cuando me levanté miré por curiosidad y poder constatar la gran cantidad de semen que me había dejado.

    Cuando volví me los encontré haciendo un sesenta y nueve, donde Álvaro blandía con ambas manos la polla de Pablo y éste se contraía para llegar con la lengua al culo de su amigo.

    Álvaro me miró y pensé que se sentía avergonzado, al contrario que Pablo.

    -¿Has probado el culito de nuestro médico? Es glorioso y lo tiene cerradito. -me guiñó un ojo a la vez que le introducía dos dedos y observé el gesto de sorpresa de Álvaro al sentirse invadido por el ano.

    No respondí a la invitación que me hacía, sacando la lengua y señalándome el culo para que fuera a participar. Fui a la sala y miré las copas semi vacías, la botella estaba por la mitad y aún se conservaba fría, llené dos nuevas copas y volvía al dormitorio.

    Al verme llegar me miraron con sorpresa y deshicieron su abrazo para sentarse en una lateral de la cama y cogerme cada uno una copa.

    -Gracias gatito, estas pendiente de todo.

    -Es para que podáis descansar y cambiar el sabor de las bocas. -inmediatamente Álvaro desvió la mirada para fijarla en la dura verga de Pablo.

    -Nunca pensé que llegaría a mamarle la polla a Pablo. -se la sujetó con la mano que le quedaba libre.

    -Al final te has decidido y vaya que si te gusta, como a mi tu culito. -bebieron el resto de la copa de un trago y Pablo de tumbó boca arriba sujetándose la verga con un obsceno gesto de oferta para que Álvaro volviera a chupársela.

    Le estábamos dando la mamada de su vida, cada uno a un costado nos esforzábamos en lamer y chupar aquel palo duro que nos gustaba tanto, subíamos lamiendo el largo fuste hasta encontrarnos con nuestros labios en la punta de la polla y darnos un húmedo y caliente beso para volver a bajar disfrutando de la verga de nuestro amigo, y mientras unos gozaba de sus peludos huevos el otro succionaba fuertemente el capullo de la verga.

    Personalmente me excitaba al escuchar sus lamentos, o quejidos de macho, sintiendo nuestras bocas que le servían y deseando que descargara el rico semen para comerlo entre los dos.

    Surgía como un surtidos entre nuestros labios, y nos apresurábamos a recibirlo degustando la leche que salía disparada estrellándose en nuestro beso.

    Mis dos amantes se habían quedado dormidos, tenía a cada uno a un costado, Pablo enredando sus piernas en las mías y Álvaro pasando el brazo por mi pecho.

    Me sentía la persona más afortunada del mundo rodeado por mis dos hombres amados y tardé en quedarme dormido, disfrutando del calor que me transmitían y de algún movimiento nervioso que hacían con sus cuerpos, quizá soñando conmigo

    Seguirá.…

  • Acudiendo a la cita con el quiosquero (Parte 2)

    Acudiendo a la cita con el quiosquero (Parte 2)

    Estaba sentado en el sofá de la casa del quiosquero, desnudo por completo, chupándole la polla, y ahora el cabrón del quiosquero, de pie delante de mí metiéndome el rabo en la boca y en pelotas al igual que estaba yo, me pedía que le comiera los huevos.

    Hice lo que me pedía, saqué la polla de la boca y empecé a comerle aquellas enormes pelotas.

    ¡Ohhh ooohhh! ¡Así así, perrita! Jadeaba el quiosquero sujetándome la cabeza, mientras se abría de piernas todo lo que podía, dejando que le fuera comiendo las pelotas.

    ¡Ay maricón que boquita tienes! Cómele las pelotas a tu macho, anda que te voy a montar y dejar preñado, perrita.

    Estaba pasándole la punta de mi lengua por el perineo, cuando sujetándome por los brazos, me hizo levantar, teniendo que dejar de lamerle los huevos. Se abrazó a mí, empezando a restregarse por todo mi cuerpo, sin dejar de abrazarme.

    Joder que bueno estás perrita, me decía abrazándome con fuerza a él. ¡Dios como me gustas! Decía el quiosquero restregándose por todo mi cuerpo. El muy salido, no paraba de restregarse. Llevó su boca a la mía, empezando a comerme la boca, mordió mis labios, chupó, succionó y pasó su lengua por ellos, hasta que metió su lengua en mi boca, saboreando cada rincón con ella.

    Después de un buen rato comiéndome la boca, fue bajando por mi cuello dándome mordiscos. Haciéndome temblar y chillar mientras me pegaba todo lo que podía a él.

    El cabronazo del quiosquero, ya me tenía a punto de caramelo, me tenía al borde del clímax. Me fue dando la vuelta, y una vez me tuvo de espaldas a él, mordiéndome la nuca, me ordenó que me pusiera de rodillas sobre el sofá.

    Ponte a 4 patas sobre el sofá, perrita, que tu macho te va a montar.

    Me puse como me ordenó, mientras el quiosquero iba bajando con su lengua por toda mi columna vertebral. Con sus manos acariciaba mi vientre y pellizcaba uno de mis pezones.

    Cuando llegó al inicio de mi culito, empezó a morderme los cachetes, mientras con sus manos abría mi culo, mostrándose mi esfínter colorado y calentito, deseando que lo abrieran con aquella polla del quiosquero.

    Así perrita, así, deja que tu macho vea tu tierno culito. Llevó la punta de su lengua a mi esfínter, empezando a darme suaves lamidas, pasaba la punta de su lengua por él, y luego mordía los cachetes, haciéndome dar gemidos de placer, ¡ohhh ooohhh ohhh! Gemía agachando mi cabeza y pecho pegándolos al sofá, mientras levantaba el culo todo lo que podía.

    Dios como me estaba gustando aquello. Mi polla ya estaba rezumando gotas de semen, tenía toda la punta pringada. Notaba como de vez en cuando mi polla dejaba caer alguna gotita de leche sobre el sofá.

    El quiosquero mientras lamía mi ojete y mordisqueaba mis glúteos, llevó su mano a mi polla y huevos, viendo que mi polla estaba toda mojada. Uy mi perrita, ya tienes la pollita toda mojadita, mira como la tienes toda pringadita de semen.

    ¿Te gusta lo que estás sintiendo, eh perrita?

    Pues vamos a montarte para que no sufras más, perrita. Tu macho te va a montar, Sí perrita sí, te voy a montar y hacerte mío.

    El quiosquero dejó de lamerme el ano, se pegó a mí llevando su rabo a la entrada de mi culo, colocó la punta de su polla en mi ojete, presionó empujando su pelvis, haciendo que su polla abriera mi esfínter, entrando toda la cabeza dentro de mí.

    ¡Ohhh! Gemí al notar como mi esfínter se abría dejando pasar la cabeza de la polla.

    Pero el quiosquero, en lugar de seguir metiéndome la polla en el culo, volvió a sacar la cabeza de la polla, y volver a meterla haciendo que mi esfínter se volviera abrir. Repitió varias veces la maniobra, haciendo que mi esfínter se abriera una y otra vez, dejando de poner resistencia.

    Dios, aquello me estaba volviendo loco, el muy cabrón metía y sacaba la punta de su polla, haciendo que mi esfínter se abriera y cerrara una y otra vez, sin terminar de meterme su falo.

    ¡Ohhh! ¡ooohhh! Grité gimiendo cuando por fin el quiosquero metió toda su polla en mi culo.

    Ya perrita, ya, tu macho ya te ha montado. Ya tienes ensartada toda la polla y ahora te voy a hacer mía. Te voy a follar hasta dejarte bien preñado. Te voy a dejar mi semilla bien dentro y preñarte esta barriguita que tienes, con mi lechita.

    Sujetándome por las caderas, empezó el mete y saca, primero fue suave, para poco a poco ir incrementando la velocidad.

    Movía su pelvis clavándome la polla profundamente, a la vez que con sus manos movía mis caderas, haciendo que su polla entrara y saliera en mí, deslizándose por mis entrañas.

    Gritaba el quiosquero, ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh perrita que gusto!

    ¡Ay maricón como me gustas! Que culito más rico tienes, ¡ohhh como me gusta!

    Yo sudaba y gemía sin parar, notando como la polla del quiosquero, entraba una y otra vez en mí. Sus pelotas pegaban en la entrada a mi ano, cada vez que su pelvis chocaba con mi culo. Se oía el plof, plof plof plof, de su pelvis cada vez que golpeaba mi culo.

    Mi polla no paraba de gotear semen sobre el sofá, mientras el quiosquero me hacía suyo. Me estaba dando la follada de mi vida. Aquello me tenía en trance.

    Cuando empezó a incrementar la velocidad el quiosquero en sus arremetidas, clavándome mucho más profundo su polla, y con mucha más violencia, yo empecé a notar como una corriente de placer subía desde mi culo hasta llegar a mi polla, haciéndome explotar en una tremenda corrida.

    ¡Ohhh! Me corro, ¡ohhh! ¡ooohhh! Me corro, me corro, Gritaba derramando mi semen por todo el sofá.

    Me estaba corriendo mientras el quiosquero me daba por el culo cada vez más violentamente, teniéndome a 4 patas sobre el sofá de su casa.

    Así perrita, así, córrete, córrete para tu macho, me decía sin dejar de culearme llevando su mano a mi polla, y mientras me seguía bombeando su polla en mi interior, con su mano me acariciaba los huevos e iba pajeándome para que soltara todo el semen.

    Así maricón así, suelta tu lechita, me decía ahora frotándome con su mano la polla, vientre y estómago, mientras me seguía cabalgando con su mástil ensartado en mi culo.

    Yo estaba con los ojos cerrados, la boca abierta cayéndome la baba mientras gemía y deliraba de tanto gusto que estaba sintiendo. Tuve que apoyar la cabeza en el sofá, ya que las piernas me empezaban a fallar, temblaba como si me hubiera dado un ataque epiléptico.

    Ay maricón que gusto, ay que gusto me estás dando. Joder que culo tienes pedazo de maricón, que gusto me da follarlo, gritaba una y otra vez el quiosquero, sin parar de culearme. Metía y sacaba una y otra vez su polla en mi culo, dándome unas envestidas que me hacían bambolear sobre el sofá, como si fuera una marioneta.

    Ya hacía buen rato que yo me había corrido, cuando el quiosquero, incrementando la velocidad de su cogida, empezaba a gritar que se corría.

    Ya perrita, ya me voy a correr, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Me corro, me corro, ¡ooohhh me corro! Gritaba el quiosquero, llenándome el culo por segunda vez con su esperma.

    Cuando terminó de soltar toda la leche en lo más profundo de mis entrañas, sin sacarme la verga del culo, apoyó su cabeza sobre mi espalda, y mientras me acariciaba con sus manos, iba besándome por toda la espalda.

    Quedamos, así como estábamos, el encima mía, abrazándome y besándome y mordisqueándome la espalda y hombros, recostados sobre el sofá, mientras poco a poco íbamos recuperando el aliento y normalizando la respiración.

    Una vez repuestos, el quiosquero se levantó dejándome que me sentara sobre el sofá, cogió una manta que estaba doblada en el otro sofá, la desplegó haciendo que me tapara con ella, mientras él, llevaba las bolsas que había dejado en el suelo, a la cocina. No tardó ni 5 minutos en estar de vuelta, traía 2 vasos con 2 cervezas, y unos trozos de pan y un poco de fiambre.

    Colocó lo que traía sobre la mesita, encendió la televisión y el vídeo que tenía, insertó una cinta en él, poniéndola a reproducir.

    Después de poner en marcha la cinta de vídeo, se sentó a mi lado, me abrazó a él tapándonos ambos con la manta, y mientras veíamos la cinta de vídeo; por supuesto era porno gay; bebimos las cervezas y comimos el fiambre.

    Entre bocado y bocado, el quiosquero no dejó nunca de meterme mano, me abrazaba a él, me mordisqueaba por todo el cuerpo, me lamía los labios y metía su lengua en mi boca, unas veces llevaba cerveza en su boca, otras me pasaba trocitos de fiambre con la boca.

    Una vez terminamos de comer y beber, mientras terminábamos de ver la cinta de vídeo, fumamos un par de cigarrillos, llevándome luego el a su dormitorio.

    Vamos para la cama que allí estaremos mejor, dijo mientras separaba la manta que nos cubría. Me agarró por el brazo sujetándome por la muñeca, tiró por mí haciéndome que me levantara, me rodeó con sus brazos abrazándome por la espalda, llevándome así abrazado para su dormitorio.

    Ven mi perrita, me susurraba poniendo su cabeza sobre mi hombro, mientras me iba mordisqueando la oreja. Vente para la cama con tu macho, que quiero tenerte acurrucadita a mí lado.

    Una vez en el dormitorio, el quiosquero encendió la luz, abrió la cama ordenándome que me acostara, encendió otra televisión que tenía en el dormitorio, fue a la sala de donde trajo unas cintas de vídeo, insertó una en el reproductor que tenía, apagó la luz, metiéndose luego él en la cama, por el otro costado. Sacó de la mesilla un mando a distancia, puso en funcionamiento la televisión junto al reproductor, dejó luego el mando sobre la mesilla, se acurrucó a mi costado abrazándome a él, echó una de sus piernas sobre las mías, y mientras me acariciaba con sus manos, comenzaba a verse la película que había puesto. Por supuesto que también esta era de porno gay, y mientras mirábamos la película, ambos nos acariciábamos. Yo había llevado mi mano a su polla, la cual estaba media flácida, pero no dejaba de acariciarla y sobarle las pelotas.

    Aunque la película estaba excitante a tope, no se en que momento yo me quedé dormido. Al igual que le debió pasar a el quiosquero, ya que cuando desperté, ya eran cerca de las 8 de la mañana. Y desperté por culpa de las caricias que me estaba dando el quiosquero.

    Dios, ya había notado el rabo del quiosquero empalmado a tope, pegado a mi culo. Tenía las manos del quiosquero sobándome la polla y huevos, lamiendo y mordisqueándome el cuello y hombro, y la verga tiesa y dura, pegada a la raja de mi culito.

    Buenos días mi perrita, me susurraba al oído, has dormido toda la noche acurrucadita al pecho de tu macho, y mira como me tienes, me decía restregándome su polla por la raja de mi culito.

    Anda se buena perrita, y dame tu culito, anda déjame que te posea. Déjame hacerte mía, anda encoje las piernas, perrita y dale el culito a tu macho para que te monte.

    Hice lo que me pedía mi macho, encogí las piernas sacando el culo un poco para facilitarle la penetración, y nada más pegar el culo a su entrepierna, ya noté su polla abriéndome el culo.

    ¡Ohhh! Gemí al notar su polla traspasándome el esfínter. ¡Ohhh ooohhh! Volví a gemir una vez me había metido toda la polla.

    Así perrita, así, deja que tu macho te monte y te haga suya. Déjame follarte y hacerte mía. Así, así me gusta, dame el culito que te voy a preñar con mi lechita.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto perrita!

    La hostia, apenas había despertado, y ya estaba siendo enculado de nuevo por mi macho.

    Me acariciaba la polla con su mano en una suave paja, a la vez que con la boca me mordisqueaba el hombro y oreja, mientras me iba culeando suavemente, haciendo que su polla fuera deslizándose por mi interior, abriéndome el culo cada vez más.

    Que hijo de puta el quiosquero, sabía cómo darme placer y hacerme gozar. Hacía que me entregara a él sin reservas. Me hacía ser suyo, igual que una perrita en celo se entrega a su macho para que la monte y preñe de leche.

    Cada vez el quiosquero iba culeándome más rápido y profundo, dándome envestidas más fuertes, tanto fue así, que en una ocasión salió la polla de mi culito. La volvió a meter, pero me pidió que me recostara boca abajo. De esta manera él terminó por colocarse sobre mi espalda.

    Levanta el culito un poco, perrita, y deja que tu macho te cabalgue, me decía con la boca pegada a mi oreja.

    Yo levantaba el culito facilitándole la enculada, y entregándome a él como una sumisa perrita

    Dios, aquello me gustaba, me gustaba ser follado y notar como su polla entraba en mí, haciéndome ser suyo. Levantaba el culo para que su polla entrara más profunda, y me gustaba notar como sus pelotas pegaban en la entrada de mi ano pudiendo escuchar como se oía cada vez que me clavaba su polla, plof, plof plof plof, y el roce que le daba la cabeza de su polla a mi próstata.

    Me gustaba sentir su cuerpo pegado al mío, notar su piel pegada a la mía, sus bellos púbicos sobre mis glúteos, y como su boca mordisqueaba mi cuerpo, haciéndome temblar de gusto.

    De pronto empecé a notar como la polla del quiosquero se hinchaba en mi interior, sus pelotas se pegaban más a mi culo, y este empezaba a jadear fuertemente. Ya me vengo, ya perrita, ya.

    ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto perrita! Me corro, me corro, me corro, gritaba derramando todo su esperma dentro de mi culo regando con él mis entrañas.

    Cuando terminó de eyacular, dejando que saliera todo su semen preñándome el culo con él, se dejó caer a un costado mía, y después de recuperar el aliento y normalizarse la respiración, nos levantamos, fuimos los 2 juntitos para la ducha; por cierto, que tenía un cuarto de baño espectacular, la ducha era inmensa de grande; nos metimos ambos, duchándonos los 2 juntitos.

    Me enjabonó todo el cuerpo, además de hacerme correr mientras me enjabonaba, y yo antes de enjabonarlo a él, le hice una mamada a su polla, tragándome todos los restos de semen que tenía.

    Sí, claro que sí, como bien suponéis, el cabroncete del quiosquero no perdió la ocasión, y allí en la ducha cuando me agaché para chuparle la polla, me hizo la lluvia dorada. El muy cabrón me meó toda la cara y cuerpo, no tragué nada, de puñetera casualidad, ya que cerré la boca a tiempo. Aunque después de mearme todo el cuerpo, seguí chupándole la polla y alguna gota y sobre todo el sabor salado de su meada, sí probé.

    Una vez duchados y secos, fuimos para la sala donde allí tenía la ropa, me vestí, y después de desayunar un café con leche y galletas, me abrió la puerta de su casa, y luego de despedirnos, me fui para mi casita.

    Iba super follado, con el culito bien preñado de semen, abierto y aplacada la calentura para unos cuantos días.

    Y claro que sí, el quiosquero me volvió a dar por el culo, y lo hizo unas cuantas veces más, la mayoría de ellas fueron en el quiosco, y un par de veces más en su casa, donde repetimos la lluvia dorada.

    Podéis escribirme a:

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  • La lasciva vida de una maestra de escuela (Parte 4)

    La lasciva vida de una maestra de escuela (Parte 4)

    El chalet de la playa.

    Salí vestida con un pantalón muy ajustado y un top negro sin sostén el cual marcaba muy bien mis pezones, me coloqué una blusa de botones encima, no quería que mi marido me viera así, él nos llevó a la estación y partimos a la gloria. Al subir al tren mi hijo se sentó en la ventana y yo en el pasillo, yo no dejaba de mirarle el paquete a mi hijo, no lo tenía erecto, pero yo deseaba vérselo durito, le dije que tenía sueño y me recosté en su hombro, al poco rato mi teta derecha rozaba su brazo, yo constantemente me movía para frotarlo en él, mis pezones estaban ya muy duros y creo sin duda que él sentía mi pezón dilatado y endurecido como se me suelen poner desde niña, excitado en su brazo, mi mano se posó en su vientre y la metí por debajo de su camiseta acariciando su barriguita… él se dejó acariciar.

    ¡Dios mío estaba tan cachonda que tenía ganas que ahí mismo me hiciera el amor, que digo me FOLLARA a pijo sacado! Abrí mis ojos disimuladamente y me fije en su entrepierna y ahí estaba su mástil ya dilatado, había excitado a mi hijo, se veía hermosamente duro, no pudo disimular el contacto de mi cuerpo caliente al suyo, mi plan estaba empezando a ser perfecto. Ahí estábamos los dos en un tren, rozando nuestros cuerpos, calientes deseándonos, pero al mismo tiempo estábamos nerviosos y coartados, temerosos de dar el primer paso…

    Sí, lo tengo que confesar, parecía una recién casada a punto de ser desvirgada por un mostrenco ciclópeo, nerviosa al momento de llegar a su primera noche de bodas, pero también estaba nerviosa porque a pesar que mi hijo se hallaba avivado, preocupada su reacción en cada insinuación mía para que él se atreviera a follar con su madre, con la mujer que lo trajo al mundo. Sólo deseaba tener las fuerzas suficientes de poder hacer que él me follara como nunca, y haría todo lo posible porque él lo gozara y olvidara todos los estúpidos prejuicios y follara conmigo con las mismas ganas y deseos que yo…

    … Volver a conectar a una madre con su hijo, ya no por el cordón umbilical sino por un acoplamiento genital, donde ahora él sería quien alimentara a la madre, dejándole entrar con su majestuoso miembro viril diseñado para inseminar a la hembra, y dado que el principal objetivo de tan prolongado conducto es aparearse con ella y fecundarla nutriendo la misma vagina que le vio nacer, no dudaría en tragarme toda su eyaculación disfrutando de ese momento tan especial y mágico para ambos en tan soberbia cópula. Carne de tu carne, sangre de tu sangre entrando en tus entrañas con el fin de verter la augusta semilla de sus preciosos y arrogantes testículos.

    Al llegar a nuestro destino y antes bajar del tren entré al baño y ahí me despojé de la blusa, me veía muy sexy, esos pantalones hacían lucir mi culo y el top resaltaba mis mamas muy bien, tomé las puntas de mis pezones y me los estiré muy fuerte, me los apretaba para que se endurecieran a lo máximo. Salí del baño y ahí estaba mi hijo esperándome me acerqué a él y su vista se fue directo a mis pezones marcados escandalosamente en el top, son imposible no verlos si sobre salen dos centímetros de mi aureola, lo tomé de la mano y le dije…

    -“Me he quitado la blusa por el calor que hará al salir de la estación y cogimos un taxi”, salimos y nos dirigimos al chalet a varios kilómetros de Tarragona, y ahí estábamos los dos dentro de nuestro chalet, olía a cerrado y lo ventilamos… Le dije a mi hijo que disfrutáramos todo el tiempo posible…- “Anda cariño vamos a dar una vuelta a la playa, ponte tu traje de baño”.

    Saqué mi traje de baño y dejé sobre la ropa mi otro traje de tanga, quería que él lo viera y que se sorprendiera que usara uno así. Entré al baño a cambiarme, ¡Dios Santo lo mojada que estaba ya!, mis jugos sabían riquísimo, no aguanté mucho y decidí masturbarme para aliviar mis ansias de sexo momentáneo, cuando salí los ojos de mi hijo al mirarme ya no eran los mismos de antes, pese a haberme visto en traje de baño, este siempre era de una pieza… era la primera vez que delante de él usaba un traje de baño de dos piezas, prácticamente me estaba viendo con ropa interior, sin pantalones, sin blusas o vestidos, él se había puesto unas bermudas, creo que para disimular su erección, sus ojos brillaban, me fijé en mi maleta y había movido mi ropa, creo que le encantó ver el minúsculo traje de baño que le tenía preparado…

    -“¿Cariño y tu bañador…?”.

    -“Lo tengo puesto pero prefiero ir con bermudas”.

    -“Muy bien amor a disfrutar”, le di un beso en la mejilla tan cerca de su boca como la discreción me permitía y lo tomé de la mano

    -“Lo vamos a pasar de maravilla, olvídate que soy tu madre imagina que vienes con una amiga tuya, ¡No me trates como tu madre por favor!”.

    -“Sí mamá no te preocupes”.

    -“Además somos amigos no crees… nos será fácil ponernos en el rol de “acompañantes” con derecho…”.Se me aflojó una risa perversa que le contagio quitando hierro a mi sugerencia.

    -“Sí mama, pero cómo te llamaré cuando tenga que hacerlo”.

    -“Por mi segundo nombre, dime Pili cada vez que me llames, así no dirán que esa mujer no tiene un hombre que lo acompañe, y eso me haría sentir mal”.

    -“Bueno Pili vamos a la playa”.

    -“Así se dice amor, vamos. Perfecto no actuaríamos como madre e hijo sino como un hombre y una mujer que están de vacaciones”.

    Al llegar a la playa mi hijo se quitó sus bermudas y… ¡Oh, qué vista tan deliciosa!, el cabrón de mi hijo sí que tiene buen paquete, no estaba erecto pero se le notaba lo gorda que es su tranca. Al poco rato le dije que nos debíamos broncear sin quemarnos la piel con el sol, tomé la crema, le di la vuelta y le unté la crema por su espalda, sus piernas, lo hacía despacio y procurando excitarlo. Cuando tocó el otro lado se negó, creo que su mástil duro lo impedían…

    -“Entonces ponme crema a mí”, me recosté boca abajo y él empezó a untarme también, era la primera vez que me lo hacía en mucho tiempo, sentía sus manos sobándome la espalda, bajó a mis piernas, sentía muy rico, le dije que me desatara el sostén, que no quería tener marcas y así lo hizo.

    -“Me molesta que me deje marcas el traje ojalá y no hubieran tantos prejuicios y pudiéramos broncearnos desnudos”.

    -“Para eso están las playas nudistas”.

    -“Pues no sé si aquí haya una, pero me encantaría que no me queden marcas”.

    -“Sí hay alguna por aquí… hace años investigué lo que había y seguro que aún se mantienen”.

    -“En serio amor, pues sería una buena idea darnos una vuelta por ahí ¡¿No crees?!”.

    -“Estas loca mamá cómo vamos a ir tú y yo… me da mucho corte ponerme en bolas”.

    -“Alberto, ¿en qué quedamos…? Dijimos que no me dirías mamá y además soy tu madre… ya te he visto desnudo varias veces, no tendría nada de malo verte de nuevo, ¡¿no me digas que te da vergüenza?!”.

    -“No es eso Pili, es que yo a ti nunca te he visto desnuda al completo y me puede impresionar…”.

    -“Ya te entiendo mi vida, pero no tengo nada que no hayas visto en otras mujeres… soy muy normal, y en esos sitios todo el mundo está en pelotas como sin nada, sin morbo y van hasta familias enteras y no pasa nada, pero en fin es sólo una idea, tal vez lo hagamos, tal vez no, a mí me encantaría sentirme libre por un momento, ¡¿a ti no?!”.

    -“Sí, siempre he pensado conocer un lugar así, pero nunca pensé que lo haría contigo”.

    -“Pero si eres un cabrón… te hubiera gustado hacerlo con alguna de tus amiguitas ¿Verdad?”.

    -“No es eso Pili, solo que al ser una de esas fantasías de cualquier hombre…, lo de estar en pelotas con una chica todo el día en una playa paradisiaca, pues no te lo planteas en primera instancia con tu propia madre…”.

    -“Bueno pues como te dije ahora no soy tu madre soy Pili tu amiga con derecho… y todo lo que hagamos será como si fuéramos “novios”, sin prejuicios, ni tabúes. Quiero que disfrutemos sin compostura ni pudor”.

    -“¿Tú te despelotarías conmigo delante así sin más?”.

    -“Lo dices de una manera como si fuera el fin del mundo… ¡Yo creo que ya es hora que veas a tu madre en pelotas!, no puede haber nada malo en ello, al fin y al cabo solo te queda por ver mi coño y mis tetas, bueno más bien mis pezones…Lo demás lo tienes bien visto y sobado”.

    -“Bueno Pili si tú quieres y me lo pones tan fácil… por mí de acuerdo”.

    -“¡¿Es que tú no quieres pasártelo bien viviendo la vida a tope?! Todo se hace muy corto si es bueno, debemos aprovecharlo ahora que se nos ofrece y podemos.”

    -“Sí Pili, tienes razón vamos a vivir gozando del momento y el lugar”.

    -“Anda que bien nene, así me gusta… broncéame por delante para empezar a disfrutar…”.

    Me di la vuelta y por un momento quise que me viera mis tetas, pero no mejor me las tapé para no preocuparlo e ir demasiado rápido, no fuera se me escapara el ejemplar. Mi plan estaba saliendo de maravilla, ahora mi hijo actuaría como mi amante, novio o folla-amigo, y hasta estaba dispuesto a ir a una playa nudista, era perfecto el momento. Al darme la vuelta dirigí mi vista a su paquete y qué paquete a pesar que lo tenía medio oculto, lo tenía hermosamente grande, me recosté y empezó a untar mi abdomen, y todo mi cuerpo, mis muslos, piernas y brazos y mi pecho rozando las tetas a su alrededor…, la verdad lo estábamos gozando los dos, le dije que me pusiera crema en mis manos y delante de él me unté mis mamas de crema sin mostrarlas completamente, dejando solo los pezones sin cubrir de bronceador… lo hice varias veces, le insistí que si quería que yo le pondría la crema bronceadora por delante a él, se negó.

    -“En un rato, quiero sentir el sol en mi espalda”, se dio la vuelta y se recostó.

    Me imagino su hermoso cipote clavado en la arena de lo caliente que estaba, pasó un rato más y me hice la dormida, me moví un poco para así dejar al descubierto mi teta derecha y ahí estaba yo dormida al lado de mi hijo con la pechuga fuera, de pronto siento que mi hijo se mueve, seguí haciéndome la dormida, siento su mano intentando cubrirme la teta, y al hacerlo roza mi pezón erecto, noto sus dedos acariciarlo, jugó con él sólo unos segundos y me cubrió, fue fantástico, este fue el primer contacto directo. Al fin tomó la iniciativa de tocarme y me puso más caliente que una perra…, se marchó hacia el mar, abrí mis ojos para observar cómo caminaba rápidamente hacia el agua… ¿Tendría la necesidad de aliviar su excitación masturbándose dentro del agua?, me sentí mujer, me sentí hembra, pero sobre todo me sentí muy puta por haber excitado a su hijo que gozaba con su feliz madre. Después regresó yo ya estaba para despierta él, su traje de baño no mostraba el mástil erecto que tanto deseaba, me sonrió y en sus ojos se veía el brillo de satisfacción, me pidió que lo bronceara de frente, me senté y le pedí que me amarrara por detrás el traje de baño…

    -“Amor mío no me has invitado a nadar contigo”, le dije.

    -“Lo que pasa es que estabas tan bien dormida Pili, que me daba pena acabar con tus dulces sueños”.

    -“Bueno es que el viaje ha sido agotador y merecía un descanso, ni siquiera sentí cuando te fuiste, recuéstate amor y deja que te broncee, así descansas un rato para ir a cenar y prepararnos para la noche”.

    -“¿Dónde tienes pensado ir?”.

    -“No sé tengo ganas de bailar, ¿tú no?”

    -“Sí bailar es una buena idea, Sé de un antro de lujo cerca de aquí”.

    -“Bueno pues iremos a pasarlo bien”

    Hablábamos mientras pasaba mi mano por su cuerpo, su piel era lisa, sus vellos se erizaban en cada paso de mi mano, al llegar a sus piernas empecé a ver como su pequeño mástil empezaba a crecer, no pudo evitarlo, y yo no podía ya resistir la tentación de tocarlo, así que paré de broncearlo…

    -“Me apetece nadar un rato para refrescarme el cuerpo”.

    Mi hijo me vio partir, entré en el agua feliz de haber excitado a mi hijo así, nadé un poco y le grité a mi hijo que nos fuéramos, al llegar había recogido todas nuestras cosas, se puso sus bermudas y partimos al chalet, llegamos y entré a la ducha. ¡Cómo esperaba la situación que entrara a follarme pero no sucedió!, cuando salí estaba llamando por teléfono a casa, sus ojos brillaron al verme cubierta sólo con la toalla, me dijo que su padre no contestaba….

    -“El muy cabrito estará seguro que estaba aprovechando para salir a divertirse”.

    -“¿Mamá dime, tienes problemas con papá?

    -“¿Por qué lo dices amor?

    -“Bueno en primer lugar porque él no nos acompañó en este viaje, y en segundo lugar hace mucho que os veo distanciados”.

    -“Sí amor tu padre me ha abandonado mucho, yo creo que tiene una amante o algo por el estilo”.

    -“¿Por qué lo dices Pili, tienes sospechas fundadas?

    -“Amor cuando un hombre tiene un amante la esposa es la primera que se da cuenta, simplemente ya no te hace caso, ya sabes a qué me refiero… ¡No sabes el tiempo que no le veo la polla empalmada!”.

    -“Tal vez son presiones de su trabajo, el estrés influye en la potencia sexual”.

    -“No lo creo cuando un hombre ya no te hace el amor pasa algo y no son presiones de trabajo, yo a tu padre le he intentado de muchas maneras excitarlo y siempre está cansado… y yo soy una mujer a la que le encanta el sexo y él ya no me lo da… bueno sí pero de una manera artificial”.

    -“Hubiera sido mejor que vinieras con él en lugar de conmigo y así resolverías sus problemas… la playa nudista, esos trajes que te has traído y tu fogosidad harían el completo para volver a empezar con papá”.

    -“Lo intenté cariño pero él no quiso, y aquí estoy con mi hijo. Pero me la estoy pasando muy bien contigo amor, quizás mejor que con él, pero francamente llevo esperando que tu padre me haga el amor mucho tiempo y no pudo ser…”.

    -“Entonces como puedes sopórtalo mamá”.

    -“Nos hemos inventado un sistema artificioso de follar…”

    -” ¿A qué te refieres…?”

    -“Como a tu padre no se le pone dura, compramos un consolador y… bueno tu padre me folla con el artilugio de goma atado a la cintura, hasta que consigo correrme… después se la mamo y se corre él, pero en ningún momento se le empalma, parece más bien el cuello de una gallina muerta”.

    -“Pili qué te puedo decir… lo siento”, se acercó a mí y me abrazó, me dio un beso en la mejilla. “No te preocupes que la pasaremos muy bien sin papá.”

    -“Tienes razón, basta de tonterías y a disfrutar, entra a la ducha que me preparare para salir a cenar y a bailar”.

    Entró y me puse mi tanga negro, me perfumé el cuerpo y me coloqué mi vestido negro, me vi en el espejo y estaba orgullosa de mí, me veía muy sexy, me pinté los labios rojo “Red Rusia”, me peiné y mi hijo no salía, sospeché de otra de sus sesiones de masturbación, cuando vi que saldría de la ducha me paré enfrente de la puerta del baño, al salí se me quedó mirando.

    -“Pili te ves muy hermosa, estás guapísima… ese rojo de tus labios me impresiona mucho”.

    -“Gracias amor, pero no es para tanto”.

    -“De verdad que lo es, te ves muy bien. Yo creo que nos van a confundir con unos recién casados”.

    -“¡¿Lo dices en serio?!

    -“Sí, debes tener como veinte años menos… Pili que envidia van a tener todos al verme con una mujer tan hermosa como tú”.

    -“Gracias amor. Anda apúrate para salir a divertirnos”

    Sus ojos apuntaban a mis tetas apenas ocultos por el vestido, me di la vuelta para que viera mi culo y no perdiera detalle de mi tanga encajado, me agaché a recoger mis zapatillas y le permití verlas, quería que viera el culo que se follaría más tarde, me las puse, él recogió su ropa del armario y allí delante de mí se puso a cambiarse… salimos del chalet.

    Caminábamos por el malecón tomados de la mano sonriendo, perecíamos novios acaramelados, bueno parecía una mujer madura con su hombre, con su amante, nadie sospechaba que era madre e hijo a punto de fornicar. ¡Cómo necesitaba estar llena de su carne trémula! Entramos a cenar y la charla era amena, sonreíamos, hacíamos bromas, estábamos felices los dos, mis pezones estaban excitados y él no disimulaba ya nada al mirarlos. Yo solo pedí una ensalada, no quería tener demasiado alimento sólido en mi cuerpo, quería ir ligera porque esa noche me follaría mi hijo… y no descarto llenar el estómago de leche también.

    Salimos y entramos en el antro que mi hijo quería ir, muchas luces de colores, muchas parejas, se sentía el sexo flotar con los cuerpos de los chicos con las chicas frotándose descaradamente al bailar alegremente. Nos instalamos en una mesa de pie en un rincón, pedimos unas bebidas y a bailar, me movía sexy para él, me acercaba para susurrarle al oído y así juntar nuestros cuerpos, la excitación era plena…, los dos al acercarnos sentíamos nuestros cuerpos erectos, mis tetas duras con sus dos pezones marcados en la tela del vestido, el mástil de mi hijo rígido de placer, tomados de la mano, sonriendo, deseándonos, contorneándonos al son de la música. Notaba su dureza en mi barriga y él lo sabía. Pasó el tiempo, seguíamos tomando gin tónic, seguíamos rozándonos, bailaba sexy para él y eso a él le gustaba se sentía un gigoló con su amante, se notaba la diferencia de edad pese a que él dijese que no, pero lo que sí dejaba bien claro a la gente en ese lugar, era que él era mi hombre, los jóvenes lo veían con envidia y las mujeres me criticaban por lucirme con un macho menor que yo, nos tenían envidia, se sentía en sus miradas.

    De pronto sonó música romántica, más calmada y mi hijo me tomó la mano tal vez para regresar a la mesa, pero lo atraje hacia mí, juntamos aún más nuestros cuerpos, recargué mi cabeza en su hombro, nuestros pechos se juntaron y nuestros sexos de unieron sintiendo lo caliente que estábamos, su polla dura me rozaba en cada movimiento, llevaba mucho tiempo empalmado y eso no podía ser nada bueno, ya no podía disimular lo tenía enorme frotándome, nuestras respiraciones eran agitadas, sudaban nuestros cuerpos, nos juntábamos más, gozándonos sintiéndonos, acariciaba mi espalda, sentía sus manos tocándome suavemente en la cintura deslizándose a mi culo, noté toda su mano en mi nalga…eso me empezaba a gustar. Su atrevimiento me ponía súper cachonda, yo le acariciaba su nuca, parecíamos dos novios excitados disfrutando de nuestros cuerpos, él en cada paso empujaba más su pelvis contra mi cuerpo haciendo que mi coñito se humedezca de gozo, dirigí mi voz a su oído y le dije tiernamente…

    -“Amor qué te pasa, te siento muy excitado”.

    -“Perdón Pili pero no puedo evitarlo. Es algo superior a mis fuerzas…, esta cara dura va por su cuenta sin atender a mis súplicas ni a razones”.

    -“¿Por qué crees que esta así amor? Le dije mirándole a los ojos, se veía preocupado y al mismo tiempo exasperado, se veía hermoso.

    -“Está claro que es por ti. Estás tan guapa, tan atractiva…, te siento tan bien que no lo puedo evitar. No sé cómo impedirlo, pero quiero que sepas que me siento mal, tú eres mi madre…”.

    -“No mi vida, esta noche y menos ahora no soy tu madre, soy Pili y es normal que un chico de tu edad se excite así al bailar tan pegados. No te preocupes amor mío recuerda que venimos a disfrutar sin prejuicios ni tabúes… tú y yo, un hombre y una mujer”. Le miré a los ojo con una mano en su mejilla de igual manera que cuando le daba un consejo de pequeño. “Si te hace sentir mejor te confieso que yo también estoy muy estimulada, hace mucho que estoy cachonda, o acaso ¡¿No te das cuenta de cómo me tienes, de cómo me has tenido excitada todo el día?! ¡Cielo, el coño de tu madre lleva mucha hambre atrasada!”

    Me sonrió, nos miramos a los ojos y lentamente sin pensarlo nuestras bocas se unieron en su primer beso, un beso de pasión, de amor incestuoso, ese amor que cruza la línea roja y ya no tiene machar atrás. Duró sólo unos segundos antes que mi hijo se retirara.

    -“Perdón Pili no quise hacerlo”.

    -“Amor, pero si ha sido maravilloso. Me ha sabido a poco, necesito más de ti”

    -“No Pili no puede ser, tú eres mi madre y deben de haber unos límites para esto que hacemos…”.

    -“No, no soy tu madre, sólo soy una mujer abandonada, caliente, deseosa y falta de sexo. Quién mejor que tú, para hacerme nuevamente mujer. No veo los límites que la sociedad anquilosada nos quiere imponer. ¡Te deseo y tú me deseas, qué más necesitamos mi amor! Debemos dejarnos llevar.”.

    -“Pero mi padre, qué va a decir y en qué lugar lo dejamos…, qué dirá la gente”.

    -“Nada que somos dos amantes gozando del momento. Y tu padre, él estará follando con alguna puta si logra ponérsela dura. ¡¿No te apetece ponerle los cuernos a tu padre, a ese hombre que te obligó a aprender cosas que no te gustaban, que tocaras el piano en público pese a no saber hacerlo bien poniéndote en ridículo… No te gustaría follarte a su esposa?!”.

    -“Pero soy tu hijo…”.

    -“Lo sé mi amor, crees que no me he dado cuenta de la envergadura de nuestra relación… pero te deseo tanto y sé que tú también me deseas. He visto cómo me miras desde que llegaste a casa hace unos meses, pude sentir como tocabas mis tetas en la playa, pude ver tu polla erecta por mí y el beso que me acabas de dar lo reafirma”.

    -“Pili me tienes loco, pero… no puede ser eres mi madre y está mal que piense en ti de esta manera…”.

    -“No solo piensas en mí, sino que te pajeas pensando en mí…, y eso quiero que se acabe. De ahora en adelante tienes en tu madre a una hembra para desahogarte, para aliviarte y para tu ganas de follar se desfoguen liberándote de todas esa testosterona que te atenaza”.

    -“Mamá yo te deseo tanto que no me puedo reprimir mucho más…”.

    -“Pues no lo hagas”, le pasé la mano por sus genitales mientras le susurraba. “Mi vida la tienes a reventar, y los huevos tan duros de tanta leche que llevan dentro que no es humano aguantarlo tanto sin soltarlo.”

    -“¡¿Me está pidiendo que le pongamos los cuernos a papá, que te folle y te llene de leche?!”

    -“Me vas a matar de calentura…, Tú ya no eres mi hijo Alberto, eres mi hombre y yo soy Pili tu amante, tu puta, para hacerte gozar, para follar como locos, ¡Porque nos deseamos tanto! Y al cuerno la moral”. Me colgué de su cuello dándole un beso de tornillo. “Quiero que me pidas, que me grites, que me exijas follar conmigo, quiero que lo desees tanto como yo, quiero ser tu zorra, quiero que esta locura pare aquí o que me saques de este lugar y que me lleves a nuestra cama a hacerme el amor”.

    –“Pili, ves cómo estoy por ti, sientes mi verga dura por ti. Y sí, te deseo, quiero hacerte el amor, quiero follarte toda la noche, eres mía y siempre lo serás”.

    -”Deseo que me pidas terminar con todo esto o que me pidas a gritos que follemos como locos, sé que nuestra vida cambiara con esto, pero será un cambio lleno de placer, seremos amantes cada vez que tú quieras”.

    Nos volvimos a besar, pasaba mis manos por su espalda y él por la mía. Me miro a los ojos, me tomó con sus dos manos mis nalgas y me pegó a él. No importaba la gente, mi hijo me acariciaba el culo, frotaba su maza en mi coño, levantó su mano y tocó mi teta izquierda, pellizcó mi pezón erecto y sensible a más no poder, no dejábamos de besarnos metiendo la lengua por el paladar, los dientes, entrecruzándolas vertiginosamente en la más pura lujuria… y me dijo al oído.

    -“Pili, necesito que ahora tú seas quien me pida que te folle”.

    -“¡Sí Alberto… FÓLLAME!, hazme tuya, te necesito, necesito de un hombre y quiero que seas tú, quiero ser tu mujer sin condiciones, quiero que cuando te dé la gana me folles y dispongas de mi cuerpo a tu antojo… ¡Quiero fornicar contigo todo el tiempo como animales salvajes!, por favor sácame de aquí y fóllame toda la noche amor mío ¡No hay que desee más que me uses como a una perra!”.

    -“No he traído condones Pili”.

    -“¿Acaso crees que los vas a necesitar con tu madre…? me puedes follar a pelo, necesito sentir tu polla al natural y que me llenes de leche hasta inundar mi vagina. La gran ventaja de la menopausia es que ya no me podrás preñar nunca por mucho esperma que eyacules en mi útero”.

    Me besó y salimos de la pista de baile, llegamos a la mesa y me volvió a besar, dirigí mis manos a su mástil y por primera vez lo sentí en ellas, duro, gordo, no lo podía creer, ahí estaba yo con mi hijo, acariciándole su virilidad herencia de un hombre potente de magnífica compostura genital…, me sentía dichosa, realizada, estaba dispuesta a que me hiciera el amor ahí mismo. Como una zorra salida pedía a gritos, deseaba que me clavara su mástil sin compasión, que me llenara la boca de semen delante de todos.

    Mi hijo se giró para ver a la gente de alrededor, todos estaban en lo suyo, unos bailando, otros besándose, no éramos los únicos excitados, habían más parejas acariciándose con descaro igual que nosotros llenos de lujuria. Me volvió a besar pero ahora deslizó su mano a una de mis tetas, la tomó, la acarició, lo apretó riquísimamente, nuestras lenguas no dejaban de jugar en lucha comiéndonos la boca, yo no dejaba de masturbarlo por encima de la tela de su pantalón. De pronto tomó mi pezón me lo pellizcó, me lo jaló fuerte y me dijo…

    -“Pili ya no aguanto más salgamos de aquí”, se paró y ahí tenía el falo de mi hijo duro como un tubo de acero frente a mi cara, tenía ganas de sacarlo y chuparlo, morderlo, pero ya habíamos llegado muy lejos y decidimos salir del lugar.

    Caminábamos abrazados, enamorados, está sería nuestra noche, lo sabíamos y estábamos felices, subimos a un taxi le pedimos nos llevara a la urbanización de nuestro chalet, de inmediato me apoderé de su rabo inhiesto, lo seguía masturbando, no dejábamos de besarnos en todo el trayecto, él metió nuevamente su mano por debajo dela tela amasándome las tetas con fruición…, ahora él sabía que no me hacía la dormida, lo acariciaba despacio, suavemente, con amor. Entonces deslizó su mano hacia mi entrepierna, y por primera vez me acarició mi coño, lo hizo sobre las bragas que estaban bastante mojadas, no recuerdo en toda mi vida haberla tenido tan caladas, chorreaba jugos, y no lo pude evitar. Solté un gemido del placer que me provocó cuando sus dedos frotaban mi raja hasta subir al clítoris que despejó bajo su capuchón y lo masturbo rítmicamente. Después metió dos dedos en mi conducto sobándome el botón del placer con la palma de la mano, de esa manera me dio el tiempo de llegar a la puerta del chalet, y fue suficiente porque tuve mi primer orgasmo de la noche, ahí en el taxi y sólo porque mi hijo, el muy cabrón acarició a mamá donde más lo necesitaba. No dudo que el taxista se dio cuenta de lo que hicimos y seguramente quedó excitado al igual que nosotros. Al llegar nos encontramos con una pareja que había alquilado el adosado de al lado, me puse a charlar con la chica, una chica joven acompañado de un señor mayor que ella, me llamó mucho la atención, porque estaban en la misma situación que nosotros, yo una mujer madura con un joven y ella joven con un maduro, alto fornido, guapo, con canas en el cabello, ella muy fina, bonita, delgada, con un cuerpo muy apetecible, llevaba puesto un pantalón vaquero ajustado a su cuerpo haciéndole lucir su culo respingón, tenía una blusa blanca sin sostén, en la cual se le marcaban unas tetas redondas no muy grandes pero se le notaban firmes, tal vez operadas… más bien ella parecía la pareja de mi hijo y yo la del señor…

    -“Hola me llamo Jaque qué tal se lo están pasando”.

    -“Muy bien, yo soy Pili, y ustedes qué tal”.

    -“Regresamos de cenar”.

    -“Nosotros venimos de bailar tras una cena tranquila…”.

    -“Qué bien, lástima que a Jorge no le gusta bailar… y mañana noche regresamos a casa, pero a mí me encanta bailar”.

    -“Nos lo pasamos muy bien, ese lugar es muy agradable, pero no todo se puede hacer allí…”.

    -“Ya lo creo, se nota que regresaron a seguir la fiesta”. Me dijo sonriendo.

    -“Claro la noche es joven y tenemos varios días más para no parar de divertirse”.

    -“Veo que vienes muy bien acompañada”. Girándose a ver a mi hijo.

    -“Tú no te puedes quejar, tu novio es muy guapo y apuesto…”.

    -“Gracias, él es muy serio pero en la cama es todo pasión”.

    -“Eso es lo que cuenta, que te hagan sentir bien… que te hagan sentir mujer”.

    -“Creo que las dos lo pasaremos muy bien esta noche”.

    -“Eso espero, es la primera noche que pasaré con Alberto”.

    -“Pues suerte amiga, espero verte mañana en la piscina para seguir charlando”.

    -“Claro ahí estaremos”.

    Llegó su hombre que había aparcado el coche en el garaje, me sonrió, y se fueron hacia su puerta principal. Llegó mi hijo y los seguimos hacia la nuestras, pude ver el culo de Jaque, redondo y respingón, esa chica hacía girar la mirada a cualquiera para verla, no fui la única en seguir el rico movimiento de su culo, mi hijo también fijó su vista en sus nalgas. Nos dijimos el último adiós antes de entrar… mi hijo me envolvió en sus brazos, quedando pegado mi culo en su todavía erecta verga, yo no perdía detalle de los tetas de Jaque, ahora adornados con dos pezones saltaditos, nos despedimos de ellos y nos dirigimos a nuestra habitación, esa chica me había dejado más caliente y seguramente a mi hijo también….

    …Cuando llegué a la altura de donde estaba mi madre y la vecina, las dos chicas hablaban amistosamente…, la tal Jaque era para morirse del gusto de lo buena que estaba, pero yo tenía a mi madre con mucho más fondo. Una vez que nos despedimos en el puerta, mamá y yo seguimos besándonos apasionadamente, sus manos me acariciaban completamente, desabrochó mi camisa nada más entrar en el chalet, beso mi cuello, mi pecho, yo siempre había querido estar con una mujer mayor y nunca lo conseguí por timidez, pero con mi madre algo me detenía, algo hacía que ella llevara las riendas del encuentro.

    Deja de besarme, se para al lado de la cama y lentamente desabrocha su blusa. Mi erección en ese momento era notable. Se quita la blusa quedando solo con un sujetador negro que ocultaban unas tremendas tetas. Luego la falda sin dejar de mirarme. Una braguita negra con encajes, me vuelve a besar y mientras lo hace, me saca la camisa, los zapatos y luego los pantalones. Mi bóxer apenas ocultaba la tremenda erección. Yo tendido de espaldas, ella montándose lentamente sobre mí, besando mis piernas, mi ombligo, acariciando mi verga con sus delgadas manos, acariciando su cara contra mi dureza, suavemente mordiendo mi falo sobre la tela me hacía estremecer. Lentamente me los fue sacando, encontrándose con mi verga a 100% erecta, rígida y muy dura.

    -“Mmmm que rico, estás exquisito cariño”

    -“Tú también”

    -“Que grande la tienes, ¡Déjame besártela y saborearte!”

    Y diciendo esto, lentamente se fue tragando toda mi verga. La chupaba muy suave para mi gusto, sin embargo la situación de estar con mi madre como si fuera una completa desconocida, era increíble. Mientras me la chupaba, le desabroche el sujetador, la levanté y la besé, empecé a besar su cuello, sus tetas henchidas de carne voluptuosa suave y tierna, con unos pezones muy grandes empitonados… los mamaba fuertemente.

    -“Me encanta que me besen las tetas y me mamen de los pezones…”

    -“¿Te gusta cómo te lo hace tu hijo…?”

    -“¡Mmmm me encanta!, es lo que más me gusta…sigue así… ¡más fuerte!”

    -“¡Mmmm que ricos están tus tetas”.

    -“¡Son solo tuyas… chúpamelas!”

    Me excitaba mucho besar sus tetas y a ella la volvía loca. La acomodé entre mis piernas. Ella tomo mi verga y corriendo un poco su tanga la dejo en la dirección correcta. Lentamente se la fui introduciendo, al principio me costó, estaba muy estrecha aunque estaba muy mojada. La verdad incluso me dolía un poco pero estaba muy rica. Notaba en su cara algo de dolor, así que no fui muy brusco. Poco a poco sus movimientos se fueron acelerando y su coño se empezó a expandir. Mis manos la agarraban de la cintura ayudándola a moverse a mi ritmo. A diferencia de mi novia, mamá era mucho más experimentada y se movía a mi antojo, no debía de pesar más de 55 kilos. Me daba el lujo de levantarla con cada embestida que le daba. Su cara me demostraba que estaba ahondando mucho. Mientras se la metía, acerqué mi boca a sus tetas y empecé a chuparlos fuertemente.

    Era obvio que eso era lo que más le ponía. Le agarré fuertemente sus nalgas y aceleré mi ritmo sin dejar de besar sus pezones succionándolos y mamando de ellos como un bebé grande. Su respiración estaba al máximo… gemía de placer… su orgasmo se acercaba. Me apretó fuertemente y gritando de placer terminó por correrse, al notar su fluido expeler la extraje y saltó un buen chorro de líquido tibio que me empapó toda la polla y huevos…

    Mi polla a duras penas cabía en su mano y comenzó a acariciarlo con las dos manos. Subía y bajaba a ritmo de desesperación, yo empezaba a sentir cosquillas y calambres que me recorrían el cuerpo y me llegaban hasta la cabeza de mi soldado valiente y volvían a bajar. Veía a mi madre agachada con el movimiento de la masturbación haciendo bambolear sus grandes ubres blancas de magnos pezones en forma de cachito de luna todos inhiestos por la excitación que tenía moverse. Al fondo pude divisar su rajita pelona abultada con grandes labios rosados. A los pocos minutos le avisé a mamá que ya me venía y la reacción de ella fue introducir mi glande en su boca, pero dado su enorme tamaño apenas pudo meter una parte. La explosión fue como destapar una manguera. Trató de tragar todo el semen que pudo, pero el río era tanto que le corría mi leche por su cara, pelo, tetas. Le cubrí con mi lefa su cuerpo desnudo.

    Era tal el grado de fiebre de mi madre que tomó mi mano y me arrastró hacia el centro de la cama. Me pedía a gritos que la hiciera suya, que le metiera el monstruo que tenía entre mis piernas en su vagina y que la despedazara porque ya no soportaba ni un segundo más de no tener mi verga… una polla caliente de verdad a su alcance. Ella se acostó y abrió las piernas al máximo para que la penetrara a placer. Yo, ante la visión de su hermosa vagina pretendí hincarme y chupársela, pero ella no me lo permitió, me dijo que no perdiera tiempo, que me requería dentro de su coño… Yo cogí mi recio cipote y apunté con cuidado a su vulva y le introduje de un solo golpe una parte de mi glande. Mi madre soltó un grito ensordecedor de gozo…

    -“Vamos cariño rájame entera”

    Yo, emocionado por sus gritos, hice mi cadera hacia atrás y de un certero golpe le metí unos más de la mitad dentro de su vulva. Nuevamente gritos desgarradores salieron de su boca. Yo me paré un poco dado que su túnel era tan estrecho para mi rabo me estaba empezando a doler. Dejé que se acostumbrara a su grosor y longitud, tras unos segundos la saqué hacia atrás. Esta vez, ya repuesto, cogí más impulso y la hundí otros centímetros más, aun así, no la tenía toda embutida en su estuche. Ella, enloquecida, gritaba y se revolcaba.

    Cruzó sus piernas sobre mi cintura y ella misma hacía movimientos coitales hundiéndose cada vez más y más mi tranca, hasta que ya no pude entrar dado que topé con una especie de pared. Pero yo en mi euforia viendo la gran cantidad de polla que ese coño era capaz de tragar, retomé el impulso con furia, notando como mi verga se deslizaba por un túnel estrecho e ingresaba en otra cavidad. Mi madre lloró, grito y bufó diciendo…

    -“Hijo me has partido en dos… ahora está en lo más íntimo de mi ser donde solo has estado tú, al nacer y ahora…”.

    Se retorcía como una serpiente y lloraba a lágrima viva, de dolor placentero… no dejaba de decirme que le metiera más verga… -¡Fóllame Hijo de puta, me vas a matar de gusto!”, pedía que la partiera toda, que ella era mía y que la matara a pollazos. Yo viendo el daño que le causaba cesé mis acometidas y esperé que ella se rehiciera. Cuando ya la vi más tranquila le pregunté si estaba bien y entre jadeos. -“Sigue sin miedo cariño, puedes metérmela hasta los huevos, mi coño puede con toda, aunque la sienta en el mismo estómago”.

    Empecé a moverme a un ritmo moderado en el mete y saca pero siempre metiendo a profundidad. Ella solo levantaba su culo, y mordía mi hombro mientras sus manos se agarraban a mi espalda como a una tabla de salvamente… Mi miembro es tan grueso que se veía cómo sus labios vaginales se abrían ante el intruso y cómo mi miembro se enterraba en sus profundidades. Jugaba pretendiendo meter más y más con metidas largas lentamente, combinadas con otras más cortas y rápidas, y entonces al cabo de cinco minutos logré meter hasta la raíz, los gritos de mamá eran ensordecedores.

    -“No me la metas tanto, ¡Sácala un poco cabrón…! ¡¿Es que me quieres matar a pollazos?!”.

    Entretanto, mamá se corría una y otra vez, sus piernas ya no la sostenían, tenía que sostenerlas con mis manos. Me hallaba encima de ella al estilo misionero, con sus brazos abrazándome la espalda y sus piernas sujetándome sobre mis muslos…, yo le rodeaba su cabeza con mis brazos hincados de codos sobre el colchón, nuestras bocas a pocos centímetros inhalando el aliento del otro, jadeando de gozo y besándose. De repente, veo que los ojos de mamá se entornan y se ponen blancos, echa su cabeza hacia atrás y luego la deja caer de lado. Solo oí un resoplido y cayó inconsciente del orgasmo tan tremendo que tuvo, lo que se llama la “dulce muerte”.

    Sus piernas se aflojaron, pero yo aún sentía su coño caliente que abrazaba mi maza, noté la presión y le extraje la polla a modo de tapón expeliendo un chorro tibio de flujo regándome… acabé mojando hasta mi estómago. Me estuve quieto e intranquilo besándola dulcemente hasta que volvió en sí. Tenía una cara de felicidad increíble y me pidió que siguiéramos para lograr correrme dentro en su raja. Esta vez hice las cosas más pausadamente. Ella asió mi cipote y se lo enfiló a su coño, entró fácil pero lo hacía en salidas largas y en entradas profundas hasta que sentí que nuevamente mamá se desvanecía de gozo. Solo habían pasado cinco minutos de la última corrida y volvió a correrse… no paré, sentía la testosterona circular por mi cuerpo a torrentes.

    Noté electrizar mi cuerpo, un subidón que me conmocionaba todo el cuerpo y de pronto un gran chorro de leche salió a presión sobre el fondo uterino de mi madre…, mi madre al notarlo me atrajo a sus labios besándome con lujuria desproporcionada, y así comiéndonos la boca se concatenaron otros dos y hasta tres lechazos más que me aflojaban las piernas de deleite punzándome la cabeza con los fuertes latidos de mi corazón bombeando a todo tren a más de 150 ppm, me sentí en la gloria besando la humedad de su boca y lengua al tiempo que eyaculaba en la misma matriz de mi progenitora, recibiéndome abierta y consentidora… totalmente complaciente de ser llenada de la semilla de su hijo más querido. Los siguientes aldabonazos fueron remitiendo cada vez más débiles atorándole toda la cérvix a la señora. Me quedé rendido y exhausto instalado en su vagina profunda tras la batalla. Al rato, recobramos la conciencia paulatinamente, mi polla seguía metida en su vagina y totalmente endurecida.

    Tras dos eyaculaciones y más de media hora, yo mantenía la rigidez plena… era tal la dureza que mi madre asombrada me dijo que la sacara, nunca había sentido así de dura la polla de un hombre y deseaba medirla para saber cuánto podría darle su hijo de nabo. Ella midió con una cinta de Ikea del cajón y divisó unos 24 cm, algunos más de lo que había especulado y un diámetro de 155 cm de perímetro en la base del tronco. -“¡Es un verdadero badajo de caballo!” Espetó mamá que quedó enloquecida, la besaba y la mamaba… -“Este cipote es solo mío, yo lo he parido para que vuelva una y otra vez a donde nació. No te quiero compartir con nadie”.

    Me hizo jurarle que yo sería su amante por siempre y que solo con el consentimiento de ella me traería a alguna amiga para follármela. A cambio le pedí que ella sería solamente mía y de nadie más y que no toleraría jamás compartirla con ningún hombre, que si lo hacía tuviera por seguro que ese tipo lo pasaría realmente mal y ella no se olvidaría de ello. Mi madre comprendió que no era una broma, sino que hablaba en serio y juró que eso nunca se daría.

    -“Mi amor, a partir de ahora somos amantes en todo el sentido de la palabra”.

    Continuamos jugando a todo tipo de juegos sexuales, estuvimos de acuerdo en jugar casi sin reglas de ninguna especie. Ella me adora, me idolatra y por mí está dispuesta a lo que sea que yo desee. Mi polla la tiene enloquecida, cada mañana se me pega como un cachorro a beber su leche directo de mi glande. Una vez se trajo la taza del café y en vez de ponerle leche corriente usó mi lefa… la cantidad fue sustancial y no tuvo el menor recato de beberse su cafecito enloquecida de placer de saber que la leche de su hijo le estaba llegando el estómago.

    Los siguientes días continuamos follando solo con sexo oral y vaginal, la etapa anal está en proceso, dado que en los adosados la mayoría son vecinos conocidos y mi madre es muy ruidosa en sus expresiones, decidimos aparcar tal práctica para cuando estuviéramos en la casa en el campo retirada de toda comunicación donde ella pueda desahogar sin miedo su lujuria y gritar lo que se le antoje. La situación se había puesto tan tensa que los vecinos… nos miraban como si fuéramos delincuentes. Eso nos impulsó a ser más comedidos y ahogar los gritos en la almohada.

    Nada más entrar al chalet después de una larga sesión de masajes con barro en el spa, despojé a mi madre de su ropa y la puse a cuatro patas sobre la cama y yo en el suelo. No tardé un segundo en enfilar mi polla y atravesarla abriéndole el coño en dos partes, veía mi troco incrustarse a través de la gran raja que forman sus nalgas y en cuatro clavas, mis pelotas están golpeando su vulva…

    -“Me gustas amor ¡Que rica la tienes…!”

    -“La sientes como entra Pili…”

    -“¡Mmmm me encanta…! ¡Me tienes muy caliente!

    -“Mira en el espejo, ¿Ves cómo te la meto?”

    -¡Uy madre mía que cipote me estás metiendo! ¡Sí me encanta verte como me follas! Parecemos dos actores haciendo una peli porno… ¡¡Mmmm quiero ver tu cara mientras te corres dentro de mamá!! ¡Quiero ver esa cara de placer eyaculando leche en mi útero!”.

    -¡Mmm! ¡No me digas eso, me vas a correr demasiado rápido!

    -“Vamos nene no te preocupes, tu puedes follarme varias veces en un solo día ¡Venga Dámelo! ¡Dáselo todo a mami! Te quiero dejar secos esos cojones tan hermosos que tienes fabricando leche para mí”

    -“Mmmm ¡Voy a correrme! mmmmm ¡Mira cómo me estás corriendo de nuevo! ¡¿La sientes?!”.

    -“Oh sí, que rápido esta vez… esa masajista es muy buena haciendo su trabajo por lo que veo…”.

    Le hundí la polla a fondo y con los ojos como platos mi madre me miraba percibiendo cada uno de mis aldabonazos de tiros blancos sobre su útero…, me iba deslechando desovando toda mi lefa espesa en lo más profundo de su intimidad. Cuando la extraje, ella se dio vuelta y montado sobre ella, empecé a lamer los pezones… eso realmente la volvía loca. Baje entre sus piernas, ella me decía que no, pero no le hice caso y corriendo su tanga a un lado comencé a chuparle el coño.

    -“No por favor no lo hagas”

    -“¡¿Mmm dime que no te gusta?!”

    -“¡Aaahhh! Nunca me lo habían hecho así… nunca me lo habían chupado como tú lo haces con todo el coño recién follado repleto de leche”.

    -“¡Mira en el espejo como te lo chupo!

    -“Te veo y me estimula mucho verte… ¡Déjame ver como entra tu lengua en mi coño!”

    -“¡Mira como lo hago mamá! ¡¿Dime si te gusta cómo te come el coño tu hijo pequeño?!”

    -“Sí sigue… sigue. ¡Mmmm como me tienes Alberto… estoy toda mojada y aun me calientas como a una perra”.

    -“¡Mmmmm! Siente como te como el clítoris, como te chupo tu conejo… Sabe delicioso ¡No me canso de comérmelo de lo bueno que está!”

    -“Me pone cachonda solo escucharte hablar… tu padre nunca lo hace, nunca lo hizo como tú… él no me hace sentir como tú… ¡Uumm! ¡Cómo me haces gozar…!

    -“Quiero que te corras otra vez… comiéndote el coño”. Me arrecié en sus labios, en su conducto metiendo mi lengua y lengüeteando su clítoris.

    -“No me digas más que me vuelves loca”

    -“Vamos mamá ¡Dámelo en la boca…! Quiero saborearte entera… quiero que acabes corriéndote para mí”

    -“Si continuas un poco más ¡Mmmm, lo vas a lograr!”

    -“¡¡¡ Eso quiero!!!! Smmmllll… ¡Dámelo en la boca…!” Le hacía sentir mi lengua dentro de su conejo.

    -¡MMMM! ¡¡Más rápido!! ¡¡Mas!! ¡¿Más?! ¡¡Asíii!! ¡Me corro otra vez!”

    Nunca una mujer había acabado en mi boca tantas veces, era una sensación extraña aguantando las ganas de correrme tras quince minutos comiéndole el sabroso coño a mamá. Me puse a su altura y le di mi polla empalmada que no dudó en mamarme el glande y pajar el resto del tronco con la pelotas agarradas con la otra mano, y en nada terminé corriéndome bañándola entera de lo que restaba de mi lefa licuada. Ella con la boca cerrada gemía de placer.

    Luego recogiendo un poco con sus dedos, lo llevo a su boca y probó mi semen. Ciertamente aquellas vacaciones improvisadas se acabarían, pero mientras tanto, nuestras relaciones sexuales se mantuvieron con ciertos límites pero llegando a extremos increíbles. Lo hacíamos por lo menos unas cuatro veces al día. Sin nadie en casa, solíamos ir ligeros de ropa o directamente andamos desnudos, apenas la encuentro, la alzo y le meto mi cipote entre sus piernas. Es tan grande que aun así sale un pedazo más allá de donde terminan sus hermosas nalgas, ella echa la mano para atrás entre sus nalgas y me acaricia el glande con dos dedos, mis pezones los estira con boca o con los dedos los pellizca… en plena cópula me agarra de los huevos y nos los suelta hasta que acabo llenándola de lefa….

    Eso me llena de pasión e inmediatamente la tiro sobre el sofá, le abro las piernas a lo salvaje y la hundo sin misericordia en los cojines. Ella ya se ha acostumbrado a este jueguito y ya no le molesta tanto como al principio que la folle a lo salvaje.

    Siempre que hago eso siento que mi rabo se me parte en dos. Ella llora y grita de placer, el solo hecho de tenérsela metida es suficiente para correrse regándome una y otra vez, pues tiene la capacidad de ser multiorgásmica. Tras un buen baño con agua tibia nos recuperamos un poco y aún en esa condición ella me pide que le dé mi leche en su boca cuando está con la más exultante fiebre sexual, mi madre es peor que una ninfomaníaca. Como pudo se metió una parte de mi tronco en su boca y lo mamaba como loca. Yo veía su boca toda distendida blanqueando sus comisuras de lo estiradas que estaban, pensaba que no debía de ser muy agradable sentir la boca tan ensanchada como ella la tenía, pero en su calentura por obtener mi leche eso no le importaba. Mamó y mamó como desesperada por espacio de más de 20 minutos para lograr darle mi leche.

    Cuando se la di, le tiré un chorro de lefa gigantesco por su boca, su cara, sus pechos y ella bebía y bebía como loca. Quería que la volviera a rajar su vagina, pero cuando intenté metérsela estaba tan resentida que tuvo que llegar a la conclusión que no era posible y que debía descansar. Nos fuimos directamente a cenar y a acostamos abrazados como dos amantes apasionados. Dormimos como benditos…, nada más despuntar el sol que entraba por la ventana me despertó, apenas nos quedaban dos días de vacaciones, e iba a ser todo inolvidable.

    -“Es muy agradable pasar el día con alguien dulce, tierna e inteligente, y es perfecto si además es bonita”.

    -“¡¡¡Guau!!! ¿Y cuándo vas a ir al oculista? Gracias de todos modos, siempre es agradable oír esa clase de piropos aunque no sean ciertos”

    -“Me conoces lo suficiente para saber que no te mentiría, en todo caso cualquier calificativo que use no alcanzaría para describirte….bonita, preciosa, divina, bella, hermosa, espectacular, en realidad ninguna ni siquiera todas juntas alcanzar para describirte”

    -“¿Qué me dices…?”

    -“Lo que siempre desee y soñé pero que jamás me atreví a decirte mamá”. Aproveché su quedo, tomé muy suavemente su cintura entre mis manos y dije… -“Estoy loco por ti. Te adoro como persona, amo cada milímetro de tu cuerpo. No puedo pasar un segundo de mi vida sin pensar en ti, no puedo estar con otra chica porque siempre surge la comparación y todas pierden contigo. Eres lo mejor que me ha pasa en la vida y te amo como jamás amé a otra mujer”.

    Ella quedó inmóvil en mis brazos como asimilando lo que acababa de decirle a esas horas de la mañana recién despertar de un largo y reparador sueño, entonces la acerqué a mí y fui en busca de su boca besando sus labios por unos 15 segundos, separé mi boca de la suya, la miré y dijo…

    -“Es una locura… soy tu madre y me haces sentir como una novia en con su primer hombre… creo que he superado el nivel de mejor amiga… jamás imaginé algo así, pero ahora que ha sucedido quiero envolverme en esa locura porque yo también siento por ti que eres algo demasiado especial… ¡Bésame mi vida!”

    La tomé fuertemente por la cintura, ella llevó sus manos a mi cuello y nos besamos envueltos en un deseo irrefrenable. A medida que el beso se fue prolongando todo fue convirtiéndose en vorágine, la sujetaba por sus nalgas, ella movía su cuerpo contra el mío, haciendo que mi polla se endureciese cada vez más, cada segundo que pasaba la pasión y el deseo se hacía más ardiente e incontrolable. El beso se prolongó… no sé tal vez durante una eternidad, luego dijo con voz entrecortada en la respiración…

    -“Mi amor… me siento tan distinta en tus brazos… quisiera que este instante fuese eterno… no puedo creer que esté así contigo… te deseo… quiero sentirme nuevamente mujer en tus brazos…quiero ser tuya aunque solo sea una sola vez más”.

    Volvimos a besarnos con violenta pasión, y en medio de ese acalorado encuentro matinal sin dejar de besarnos, de acariciarnos nos revolcamos sobre la cama, hasta quedar con ella sobre mí. Sus manos hacía rato habían moldeaban mi anatomía como un ciego queriendo ver sin mirar, mientras continuaba su boca besaba mi cuello, su lengua comenzó a recorrer mi pecho, a lamer mis tetillas, a besarla provocando en mí una excitación inigualable.

    Ella incorporó su tórax quedando sentada con parte de mi cuerpo en medio y con su culo apoyada sobre mi miembro viril erecto por demás…, mis manos acariciaban su tórax amasando sus flamantes tetazas cuyos pezones se manifestaban erguidos y hermosos… ella jugueteaba con su caballera en medio de gemidos…, sus tetas son maravillosas, más duras de lo que pude imaginar, redondas, con sus pezones erguidos rodeado de dos enormes aureolas rosadas que casi cubre todo su globo.

    La llevé hacia mí, ahora ella quedó sobre la cama y mi boca deseosa fue en busca de sus tetas, las lamí, las besé, las succione con mi boca ansiosa, mis manos gozaron acariciándolos mientras ella gemía y daba gritos de placer. Varios minutos pasamos así, hasta incorporarnos y ver sus nalgas apenas descubiertas…, habíamos dormidos juntos y desnudos por primera vez, eso me hizo comprender que tenía delante mí a una mujer esplendorosa y que era más perfecta de lo que mi mente jamás imaginó a una mujer. La tomé en mis brazos por la cintura y dije…

    -“Sabes que… eres más bonita de lo que siempre te imaginé”.

    Mientras volvíamos a besarnos pegando nuestros cuerpos anhelante del otro. Cuando sintió mi erecto trabuco contra su cuerpo, un profundo gemido ahogado por mi beso se apoderó de ella, se colocó a horcajadas hasta ubicar mi estoque en las puertas de su vagina. Ella se movía para poder sentirlo más en posición, entonces dijo…

    -“Mi amor quiero tenerlo dentro mí por siempre, no aguanto más, quiero que me tengas como nadie jamás lo hizo y quiero volver a sentirme penetrada por un macho como tú… ¡Te deseo como una loba en celo… no me hagas sufrir más!”

    Caímos en la cama pero no cumplí inmediatamente su deseo, quise seguir disfrutándola, sentirla vibrar bajo mi cuerpo, que mis manos y mi boca continuasen disfrutando su cuerpo, su piel aterciopelada y juguetear con mi verga en las puertas de su depilada vagina entonces su voz dijo…

    -“Mi amor no puedo más vas a hacer que me corra sin tenerte dentro…”

    Llevé mi mano sobre su coño… -“¡Hazlo mi amor!”, mi mano jugueteo friccionándola, ella me tomó en sus brazos, buscó mi boca con desesperación y su cuerpo comenzó a sacudirse en un interminable orgasmo y mi mano sobre su vagina sentía las contracciones de ese sublime instante. Siguieron los besos las caricias y tras unos instantes comencé a penetrarla lentamente pero de manera continua fui ingresando en ella hasta entregárselo por completo, y comencé a deslizarlo muy lentamente dentro de su vagina sin dejar de moverme me recosté sobre ella y busque su boca volviendo a saborear el placer del sabor de sus labios. Nos besamos con desesperación y ella luego dijo…

    -“No te lo podrás creer mi vida… nadie Jamás me hizo sentir algo igual, eres maravilloso mi vida”.

    Ambos comenzamos a movernos haciendo sentir que ese instante fuera el más inolvidable de nuestras vidas, mi polla endurecida la percibía deslizándose vigorosamente dentro de su vagina abriendo sus carnes, sus paredes me envolvía en su húmeda calidez… No sé cuánto tiempo permanecimos así percibiendo cada terminación nerviosa excitarse a su paso, varias veces nos contuvimos para prolongar ese encuentro sincronizado de corrernos a la vez, hasta que no pudimos más. Notaba sus caricias, sus manos cálidas tocar cada centímetro de mi piel a su alcance me excitaba poniéndome la carne de gallina, todo ello combinado con el aroma dulce a hembra en celo que desprendía cada poro de su piel.

    De vez en cuando la atravesaba con un fuerte envión de todo mi cipote hasta sus entrañas, ella se arqueaba apretando su dedos sobre mi piel, hincándome sus uñas a la par que me atenazaba con sus piernas sobre mis muslos como una tarántula devorando a su víctima. Elevaba su cintura en busca de mayor profundidad y del golpeteo de mis pelotas en su vulva y perineo. Me enervaba sentir mis huevos estrellarse en su entrepierna una y otra vez, eso agitaba más el contenido haciéndolo hervir para producir una explosión de semen semejante a un geiser. Me besaba, me comía la boca y luego con nuestras caras pegadas su boca se fijaba a mi oreja lamiéndola y mordisqueándome el lóbulo oyendo sus jadeos soltando el aire a cada incursión del invasor que la perforaba sin pausa. Le extraía el falo y se lo volvía a enterrar notando cada pliegue de sus paredes vaginales, notando como se dividían sus carnes al introducir el estoque endurecido con el glande tan inflamado que me daban escalofríos de placer al roce de su vagina con mi sensible ariete.

    Las sensaciones era increíbles, nada que ver con la follada salvaje de otros días, en esos momentos hacíamos el amor, lástima que no fuera fértil aún porque en esos instantes solo me faltaba saber que la preñaría, para ser el hombre más feliz del planeta. Aguanté hasta que mi madre estuvo a punto y yo arrecié las embestidas hasta lograr la sincronización de nuestros orgasmos…, nuestros cuerpos explotaron al mismo tiempo, su cuerpo volvió a sacudirse de manera interminable, nos abrazamos y nos besamos con desesperación, su cuerpo se agitaba bajo el mío, mientras mi falo hinchado y duro como pocas veces le entregaba a sus entrañas la calidez de ese semen tan deseado. La leche se desencadenaba en largos y espesos chorros de esperma que llenaban una vez más el útero de mi madre… sumisa, entregada y caliente sin pudor alguno gemía al notar como depositaba cada chorretón de lefa filial, mientras ella se contorneaba débilmente masajeando mi maza con sus músculos vaginales apretando y soltando. Pasó un largo tiempo hasta que llegó la quietud…, en breve ambos volvimos a buscarnos con caricias, con besos, no podíamos contenernos…

    Mi madre es espectacular en la cama, más la tenía y más la deseaba, y así llegamos a otro coito antes de desayunar, donde me apoderé de todo su cuerpo desde el instante en que ella me entregó su culo para follarla desde atrás. Pasamos la mañana en la playa y después de almorzar, ella volvió a provocarme y a gozarme saboreando el semen que entregue a su boca.

    -“Cariño, ahora quiero que seas el único semental que ocupe la cama conyugal, y duermas conmigo cuando tu padre no esté, para mi será algo muy especial. Eres quien merece estar, nadie mejor que el hombre que ha venido a suplir muchas de las falencias en mi vida”.

    Volvimos a casa y continuamos con nuestra rutina intercalando nuestros escarceos incestuosos, tres o cuatro veces a la semana, más cuando estábamos solos sin mi “padre”. Este era otro tema a tratar, mi verdadero progenitor no era su marido, sino un tal Ramón, solo había que comparar los genitales que había heredado, la forma física tan distinta a la de mi hermano Emiliano y a mi “padre”. Esta confesión de mamá provino de la forma tan dispar a como trataba yo a su esposo después de volver del chalet… no se pudo resistir ante mi manifiesta poca mano izquierda, de esta forma ella creyó conveniente, que no siendo mi padre biológico me sería más fácil ponerlo los cuernos.

    En cierto modo sí, pero mamá no era la única mujer que yo necesitaba para el resto de vida. A los dos meses de volver del chalet me contrataron en un puesto que encajaba con mi perfil a la perfección…, fui ahorrando dinero me emancipé definidamente en un piso de mi absoluta propiedad. Durante tres años no descuidé las necesidades sexuales de mamá, combinadas con la de mi novia y después esposa… me casé. Todo cambió entre mi madre y yo en el aspecto íntimo a la muerte de mi “padre”, quedándose viuda a los 60. Su vida volvió a dar un nuevo giro teniéndome a mí lejos, o al menos no tan accesible a un polvo semanal y sin su marido, que si bien no la penetraba con su polla por impotencia, si lo hacía con el badajo de goma llamado Alex… no era sexo completo pero algo era. No tardaría mucho tiempo en buscar una alternativa al mazo de goma negra.

    CONTINÚA…

  • Aventuras en el Call Center (Parte 2)

    Aventuras en el Call Center (Parte 2)

    Me sentía realmente culpable por haberle sido infiel a mi novia, no sabía cómo mirarla a la cara y más que eso, me sentía decepcionado conmigo mismo, aun así, fue algo decepcionante no ver ese hermoso culo de nuevo en las clases de capacitación, pensé que era el destino y tenía una segunda oportunidad, igual no podía mas que guardar el secreto.

    Mi grupo de capacitación estaba conformado por 11 personas, 7 chicas y 4 hombres, la primera era Ángela, una mujer ya entrando en edad, pero aun con un cuerpo despampanante aunque su rostro ya mostraba signo de madurez, le seguía Alejandra una chubby muy sexy y con una fijación por tener algo con lo que jugar con su lengua todo el tiempo, Viana era una chica plana, delgada, pero con un rostro hermoso aunque una actitud un tanto desagradable, posteriormente estaba Barbie, una morenaza con poco pecho Y el rostro con marcas de acné pero unas caderas y unas piernas divinas.

    Esta última llamo mi atención desde que entre, tenía tendencia a vestirse muy holgada y cómodamente, a su vez era vegetariana y vivía la siguiendo la corriente, o mejor dicho, ella era la corriente. La definiría como una corriente de aire, fresca, agradable y deseada en el día más caluroso.

    Pronto nos hicimos amigos, hablábamos de todo desde sus penas de amor hasta de Amarla su planta de marihuana. Un día me invito a su casa, quedaba a unas 10 estaciones de donde vivo, cerca de estación la Florida, no tenía una excusa para ir y la relación con mi pareja ya era tensa para ese entonces. Pero quería un rato fuera de mi casa, quería estar lejos de mi pareja, de la pelea, de los retos.

    — El sábado tendré clases y una prueba de la capa

    — No me despiertes cuando salgas

    Me quede triste por el poco interés que tenía y me di cuenta también de que hace mucho que no teníamos una conversación, intente besarla y ella solo me alejo diciéndome que estaba ocupada.

    Me levante temprano ese día, me gusta tomarme mi tiempo en el baño, bañarme lentamente, afeitarme, cepillarme y colocarme mi ropa mientras veo algún video de YouTube. Al salir mire hacia dentro del departamento como despidiéndome, mas no había nada dentro que se estuviera despidiendo de mí.

    Al bajar del metrotren en la estación la Maestranza ella me llamo y me guio sobre cómo llegar a su casa mientras se disculpaba por haberse quedado dormida. Al tocar su puerta ella me recibió en pijama, su cabello aun desaliñado y una polera que dejaba a la imaginación de sus pechos morenos y un pantalón abondado. La salude con un beso en la mejilla y ella me invito a pasar.

    Su departamento tenía una combinación de olores entre hierba y café recién colado. Era muy iluminado a pesar de tener muchas cortinas, nos sentamos en un sofá y ella vino con una frazada y se acurruco contra mi cuerpo. Coloco una película en la televisión y empezamos a hablar mientras picoteábamos las palomitas de maíz de un bol cerca de su cuerpo, poco a poco empezó a hacer más calor y empecé a sentir el sudor de su piel en mi cuerpo, cruce un brazo por su espalda y la abrace y ella se acomodó aún más sobre mí.

    El olor de su cuerpo me embriago era dulce con un tono de café y podía ver pequeñas gotas de su sudor en el cuello, ella

    Tomo mis manos y las llevo a su abdomen, la bese en esas gotas de sudor e introduje mis manos en su camisa y subí mis manos a sus pequeños pechos, no traía nada debajo de su polera como imaginaba, los apreté delicadamente a lo que ella respondió con un gemido, seguí jugando con ella a la vez que besaba su cuello y la voltee delicadamente haciendo que se sentara sobre mí, la bese, la bese como si besara a alguien a quien amara, la bese como me gustaría haber besado a mi novia esa noche. Y ella me beso, como si quiera recibir todo el amor que enviaba en ese beso, como si comprendiera mi alma y estuviera dispuesta a darme lo que sea para hacerla feliz.

    Le quite la camisa lentamente y ella solo levanto los brazos, sin oponer resistencia, me beso de vuelta a la vez que desabotonaba mi polera e introducía sus manos en mi pecho, estaban frías, pero al apretarse contra mi piel se sentían calientes, mordí su labio y la mire, ella saco su lengua y la paso por mi nariz y posteriormente por mi mejilla derecha, baje mi mano por su espalda delicadamente y la introduje en su pantalón de pijama y empecé a apretar sus nalgas , no quería que fuera rápido quería disfrutarlo, lo necesitaba, ella se levantó, se bajó los pantalones y quedo completamente desnuda delante de mí y se colocó de rodillas mientras abría mi pantalón y sacaba mi pene qua ya está erecto. Ella procedió a observarlo y a darle besos al mismo, delicados que dejaban una línea de saliva en mi pene para luego abrir su boca y sacar su lengua para llevar mi pene dentro, sentir su saliva, sus dientes, su succión. Fue fantástico, lento pero decidido, su mirada de depravación seguida de un garganta profunda y vuelta a chupar, se movía como si no pudiera controlar su lujuria, de vez en cuando sacaba mi pene de su boca y mientras lo masturbaba dejaba correr un hilo de saliva en el que ayudaba mucho a la lubricación, cuando sentí que me iba a correr la detuve con fuerza y la hice subirse al sillón, ella se dejó llevar y levanto el culo esperando ser penetrada pero yo tenía otros planes.

    Tomando sus dos nalgas con mis manos las abrí y procedí a, introducir mi cara entre ellas y lamerle la vagina y el ano con lentitud pero abarcando cada centrípeto de su intimidad, ella movió sus caderas hacia atrás mientras enrolaba un cigarrillo, o al menos lo intentaba entre gemidos y apretones mientras le comía la vagina y el ano. Lo encendió y le dio una calada mientras yo me sentaba en el sofá, otra calada mientras se sentaba sobre mí, tomo otra calada pero esta la sostuvo mucho tiempo a la vez que de introducía mi pene y procedió a darme un beso mientras que me pasaba el humo que estaba dentro de sus pulmones. Se movía delicadamente mientras nos besábamos y se introducía mi pene.

    La tome fuerte de sus caderas y empecé a acelerar la marcha y ella se sujetó a mi cuello clavando sus uñas en el mío, la tire sobre el sofá y abrí sus piernas. Disfrute de su desnudez durante un instante y procedí a introducir mi polla en ella de nuevo mientras le agarraba sus pequeñas tetas, estaba enviciado. La voltee sobre el sofá y sin pedirle permiso mi pene se introdujo en su ano, ella dio un grito ahogado y me miro con odio a la vez que movía sus caderas y estrujaba mi pene con su ano.

    —Deberías pedir permiso para hacer esas cosas

    —Tu ano no parece ni un poco enojado

    —Cállate idiota

    Y diciendo esto se colocó sobre mí y empezó a follar mi pene con su ano, su piel se colocó un poco roja y se corrió disfrutando cada segundo, la vi abrirse y liberar tanta energía que yo también me sentí arrastrado con ella y me corrí en su ano. Ella me abrazo mientras me besaba y nos quedamos desnudos acostados en su sofá.

     

  • Mi jefe me hizo una propuesta indecente

    Mi jefe me hizo una propuesta indecente

    Hace bastante tiempo que vengo trabajando en una empresa educativa, donde realizo el trabajo de secretario, y me encargo de todos los papeleos de la empresa, desde los registros educativos, archivos, seguimiento y un sinfín de quehaceres más, la verdad trabajo todo el día tanto por las mañanas como por las tardes y solamente las noches las tengo para mí, y son los espacios que aprovecho para vivir mi vida de ‘soltero’, que por cierto vivo sólo, solamente me acompaña mi soledad y mi vida íntima sexual, ya que tengo ciertas preferencias sexuales que ahora les voy a contar.

    Desde muy joven siempre me ha llamado la atención las prendas femeninas, durante la época de estudios, he reprimido mi opción sexual ya que vivía con unos parientes en la Ciudad de La Paz-Bolivia, aunque soy de la ciudad de Potosí, no sé por qué motivos opte estudiar la profesión de secretariado, tal vez por mi inclinación a sentirme mujer o por la falta de dinero para poder estudiar otra carrera un poco más larga y de jerarquía, fuese lo que fuese realmente me gusta mi profesión, y desde que me profesionalice, me he sentido a gusto y lo más importante he logrado ser totalmente independiente, tengo un bonito departamento en un edificio y tengo mi intimidad.

    Ya son varios años que trabajo en esta empresa educativa, antes era dirigida por Don Manuel, lamentablemente él se fue a otra ciudad con su esposa por lo avanzado de sus edades y contrató al Lic. Raúl, quien es una persona bastante seria y responsable además de estricto en el trabajo, con él ya estamos casi unos tres años trabajando juntos, yo no tengo mayor problema ya que mi trabajo lo realizó con bastante eficiencia y responsabilidad.

    Les decía que soy una persona muy feliz ya que desde que vivo sólo o mejor dicho sola, puedo tener lo que siempre he anhelado tener, como ser mi ajuar de ropa íntima de mujer, para mí solita, usar, probármela, verme en mi espejo, por otro lado tener mis vestidito, mis falditas, mis tacos, mis pelucas, mi equipo de maquillaje y todo lo que necesito para sentirme y verme como una verdadera mujer, de un tiempo a esta he optado por utilizar mis prendas femeninas intimas las vengo usando permanentemente dentro de mis prendas masculinas y gracias a Dios que nadie me ha descubierto pero siento la necesidad de completar y realmente satisfacer mis instintos femeninos y poder realizarme como una hembra frente a un hombre, pero lamentablemente no he tenido suerte para lograr dicho objetivo tan deseado por mi persona.

    La verdad es que como me comporto como un hombre en mi vida cotidiana nunca he tenido ni siquiera una insinuación por parte de los hombre y en mi trabajo tengo mucho miedo poder meter la pata y tener que perder dicho trabajo por lo que soy profundamente reservado/a y me ido acostumbrando a vivir mi sexualidad en mi intimidad y mis fantasías en mi departamento

    Pero en esta oportunidad les voy a contar una experiencia que va a marcar mi futuro y mi realización personal definitivamente.

    Desde que llegó a la empresa el Lic. Raúl, el trabajo ha sido bastante llevadero, ya que nos hemos llegado a entendernos bastante bien y fundamentalmente hemos llegado a complementarnos de la mejor manera posible en el trabajo, el cómo Director de la Empresa y yo como su secretario, durante este tiempo hemos llegado a congeniar bastante bien, y él es una persona muy trabajadora pero nuca deja de ser amable y respetuoso, y la vida ha ido transcurriendo de esta manera.

    En una oportunidad, llegó el dueño de la empresa Don Manuel y se me ordenó organizar una recepción social para darle la bienvenida, y hacerle una condecoración, yo me puse manos a la obra y organice el evento con mucho cariño y que no faltara absolutamente nada, el mismo se realizó tal como estaba planificado y el propietario estaba bastante contento por el evento que se realizó en su nombre. Como él había llegado solamente para dicho evento lo hizo solo sin su esposa que por lo que manifestó se encontraba un poco delicada, cuando había terminado el festejo Don Manuel, me solicitó muy respetuosamente que no me vaya y que por favor le acompañara a su casa donde estaba solo.

    Yo sin mayor inconveniente acepte con mucho gusto hacerle el mandado y me quedaría para poder acompañarlo, pero antes de irnos con algunos docentes más fuimos a compartir algunos tragos a un local público y entre copa y copas estuvimos hasta altas horas avanzada la noche. Una vez que los demás empezaban a irse, nos fuimos quedando los dos solos, y Don Manuel deseaba continuar tomando ya que argumentaba que lo hacía de mucho tiempo, yo no podía irme por no faltar el compromiso que le hice y era acompañarle hasta el último.

    Al final los dos nos quedamos solos y le propuse que nos podamos recoger y al salir del bar él compró una botella de wisky mas sus aguas y me dijo que la farra no debería quedarse ahí sino por el contrario debería continuar, y para ir a su casa tomamos un taxi y ambos nos subimos en el asiento trasero de la movilidad, en el trayecto estábamos conversando y siento que su mano se posa sobre mi pierna, lo que es bastante común entre amigos que están entre copas, pero él lo hacía con cierta malicia ya que me acariciaba la pierna y en ese momento sentí un poco de miedo que podría sentir mis media nylon y los broches del portaligas que llevaba encima, así fue todo el trayecto, me acariciaba mi pierna hasta llegar hasta mis entrepiernas, esta situación me provocó cierta excitación ya que era la primera vez que sentía una caricia de un hombre entre mis piernas, llegamos a su casa y como estábamos algo mareaditos él se apoyó en mis hombros para que le ayudara a caminar, al llegar a su puerta de su casa me da las llaves para que sea yo quien pueda abrir la puerta y él se coloca detrás mío y siento su cuerpo cerca al mío y rozar su cuerpo con el mío, lo que me hizo sentir un cosquilleo, una vez abierta la puerta disimulo queriendo hacerle pasar a él al interior de la vivienda e intentando despedirme, pero Don Manuel me dice que si podríamos continuar tomando ya que según él lo hacía de bastante tiempo, ya que por la situación delicada de su esposa no lo hacía ya bastante tiempo y además que se sentía bastante feliz por lo que había vivido ese día, sin mayor problema ingrese en la vivienda y pasamos al living de la casa y trayendo dos copas nos servimos en continuamos tomando y conversando de cómo iba la empresa, yo le conté todo y el me escuchaba con bastante atención.

    No sé cómo, pero empecemos a hablar de sexo y me contó que él desde que se fue de la ciudad no tenía contacto sexual con su esposa ni con otra mujer y que él siempre se había fijado en mi persona y especialmente en mi cuerpo que lo tenía bien formado y con muchas características femeninas, lo que me ruborizo bastante ya que este viejo mañudo tenía habilidades que nunca las había percibido antes, mientras transcurría esa charla nuevamente su mano empezó a trabajar en mis piernas, lo que me excitó bastante y de prepo me propuso si esa noche ambos podíamos ser pareja, yo inicialmente le dije que esa situación que proponía era una ofensa para mí y que yo era un hombre hecho y derecho, pero en eso me sale y me dice que por qué llevaba ropa íntima de mujer en ese momento, cosa que no pude explicar el viejo arrecho había sentido mi ropa interior y sabía lo que decía, hacía y quería, no tuve otra alternativa que aceptar tal proposición con la condición de lo que pasara entre nosotros se quedaría entre nosotros, él aceptó gustoso y me propuso ir a la segunda planta donde se encontraba el dormitorio donde compartía con su esposa

    Y así lo hicimos empezamos a subir al segundo piso y él hombre en las gradas empezó a meterme mano tomándome de la cintura para luego baja por mi cadera hasta llegas a mis nalgas y empezar a manosearlas, realmente me gustaba mucho lo que estaba pasando entre nosotros y yo también le seguí el juego, ya que si habíamos decidido ser pareja por esa noche, no me quedaba otra que aprovechar la misma a lo máximo pase lo que pase, yo no podía hacer nada ya que estaba cargando entre mis manos las botellas de wisky y las copas, cosa que él aprovechaba tal situación a la mitad de las gradas me sostiene para que no continuemos subiendo y me pone espaldas contra la pared y me abraza, y empieza a besar mi cuello y abre mi camisa y se sorprende con el sostén que llevaba puesto, lo que le excita mucho más, empieza a lengüetear mis senos que por cierto son bastante creciditos, mientras manosea mi culo, yo simplemente respondo a sus besos y no puedo hacer nada ya que como les dije tengo las manos ocupadas con las copas y los tragos, tampoco apresuro el paso para llegar a nuestra meta que es el dormitorio, sino sigo la corriente y cuando acerca su cuerpo al mío y me hace dar la vuelta siento sorprendida que tiene su verga totalmente parada y bien dura, que la empieza a sobar en mi culo, con sus manos toma mis tetas y termina abriéndome la camisa y siente mi ropa interior que era un sostén rojo de seda, lo que le hace estremecer mucho más y siento su agitación en mis orejas.

    Y empieza a murmurar que “siempre había soñado estar conmigo en esta situación pero por su timidez y cierto miedo no me lo había propuesto antes”, sabiendo que yo siempre llevaba ropa femenina íntima, a lo que yo un poco sinvergüenza le respondí que “nunca era tarde y más vale tarde que nunca”, lo que provocó una fuerte risa de ambos y me dijo, “cariño creo que debo hacer el seguimiento a la empresa más seguido”, y yo le respondí “después de esta experiencia, siempre te estaré esperando mi amor” y me di la vuelta para encontrar su boca y propinarle un exquisito beso, que duró bastante, y recién nos decidimos a continuar el camino hasta llegar al dormitorio que antes compartía con su esposa y ahora lo compartirá conmigo.

    Llegamos al dormitorio, puse las cosas sobre una pequeña mesa que había en el mismo y deseaba abrazarle y continuar besándole pero él me dijo que abriera el ropero y que escogiera un vestido, el que más me gustara, yo le respondí que sea él quien escogiera el vestido que le gustaría que usara para este acontecimiento tan importante entre nosotros, él me indico un vestido largo, maxi, bien tallado de color rojo, yo le dije que lindo porque hace juego con la lencería que traigo encima, luego sacó de una caja una peluca y unos calzados de mujer con tacón bastante altos, y me dijo que por favor me los pusiera y que en el peinados hay un equipo de maquillaje y que me “preparara” para ser su mujer.

    Asistí y me fui al baño donde me desvestí de mis prendas varoniles y me pude el vestido que me dio, luego las zapatillas y por último la peluca, para luego proceder a maquillarme, primero me pude el maquillaje, me pinte los ojos, los labios y al verme en el espejo del baño, vi algo realmente bonito, era toda una hembra para recibir a su macho, en eso oigo tocar la puerta y me dice que “estaba tardando mucho y que me apresure”, lo que me llevó a la conclusión que afuera tenía un hombre súper arrecho, salí y las copas estabas servidas e inmediatamente empezamos a tomar y él pone música y nos ponemos a bailar bien apechugados, ahora sí puedo abrazarle tomarle del cuello, mientras él retoma el trabajo de meterme mano por todo mi hermoso cuerpo, cuando siente mis caderas y mis nalgas me susurra al oído lo “esbelta que era, y que estaba bien rica para comerse de un solo bocado”, a lo que yo respondo con un beso apasionado, erótico y morboso.

    Mientras transcurre el baile, nos manoseamos nuestros cuerpos, yo no me quedo atrás y empiezo a tocarle sus partes íntimas y el viejo arrecho seguía teniendo su verga durísima, que rico se sentía tocarla, en cambio él me besaba con una pasión exagerada, sus manos recorrían mi culo, mis caderas, mis piernas, mis tetas, besaba mi cuello, bajo un poco el escote del vestido y empezó a mamar mis tetas, la escena era realmente erótica y provocativa, cualquiera que viera esa escena seguro empezaba hacerse la paja, o deseaba hacer un trio con nosotros en acción, un momento a manera de descanso y poder tomar unos tragos, nos separamos a lo que él se sienta en la cama y me pide que modele, por la habitación yo siguiendo instrucciones del jefe, empiezo a caminar y pongo en práctica mi forma de caminar que tanto había entrenado en mi departamento fantaseando que un hombre me viera, pero ahora era real y debía poner todo de mí para no decepcionarlo y creo que logre tal objetivo, ya que mi jefe se levantó de la cama y me abrazo por atrás cuando caminaba y empezó a caminar apegado a mi cuerpo, lo que nuevamente sentí su verga entre mis nalgas, y me agarro de mis caderas y empezó a apretar mi cuerpo contra el suyo, que hermosa situación la que me tocó vivir ese momento, nos arrinconamos a la pared y mi espalda fue contra la misma y el me empezó a apretar ahora de frente y continuamos besándonos, y mis manos se fueron a acariciar su pene y estaba bien duro, baje el cierre del pantalón introduje mi mano y saque esa verga que buscaba un agujero donde penetrar.

    Poco a poco me fui agachando besándole el cuello, abriendo su camisa besándole sus pectorales, el ombligo hasta llegar a su verga que lo primero que hice es acariciarla con mi rostro, la pase por todas las partes de mi cara, luego saque mi lengua y empecé a lamberle como si fuera un helado, pero me sentía que no la tenía en su totalidad por lo que me apresure a desabrocharle el cinturón de su pantalón y se la baje de golpe tanto el pantalón como el calzoncillo que llevaba puestos, y pude observar como saltó una hermosa verga larga, gruesa y unos testículos bien colgados por lo cargados que se encontraban, empiezo nuevamente a lamerle la verga y los testículos, que ricura realmente, me sentí plenamente realizada, al tener frente a mi cara tan rico manjar compuesto por una bolas grandes y una rica verga, y empecé a chuparla cada vez con mayor descaro, intentaba que su verga penetrara hasta lo más profundo de mi garganta, la chupaba y la chupaba y mi hombre se retorcía por el nivel de excitación a la que estaba llegando.

    Así estuvimos un buen rato y para que no terminará me paro y el empieza a besarme en la boca le gustaba sentir el olor de su verga en mi boca, luego me baja el cierre del vestido que llevaba puesto y como una cortina de teatro todo entero se baja hasta mis pies, quedándome con mi ropa íntima, con mi lencería, todo provocativa, él jefe me da la vuelta y siento en mis carnes de mi trasero su hermosa verga, hace que castigarme con su “lazo”, como si realmente fuera su esclava y el mi jefe, baja mi tanga hasta mis piernas, yo quería sacármela , pero él controla la situación y me dice “todo a su tiempo”, y me sigue acariciando mi culo con su verga por los lados laterales me castiga y cuando llega a la raya intenta penetrarme y con su líquido pre seminal empieza a mojarme toda mi raya y mi hoyo, lo que hace que esa parte de mi cuerpo se encuentre como algo pegajoso, como un imán para su verga, me toma de las tetas con sus manos y poco a poco las va bajando hasta llegar a mis caderas y aprieta mi cuerpo al suyo y es en ese preciso momento que me doy cuenta que ha llegado la hora de ser desvirgada, el me pregunta “es aquí tu culito” y yo respondo cuando su verga estaba pasando por mi hoyito que “si, ahí es”, y se para la verga justo donde le indique y empieza muy suavemente a querer introducirla, en ese momento siento que su verga estaba terriblemente dura, parecía un tubo de fierro, y empezó a abrirse paso por mi culo, aún virgen.

    Le costó bastante ingresar la punta de su verga en mi culo y a mí me pareció el infierno, por el dolor que me producía, una vez que había ingresado el capullo de su verga en mi esfínter, paramos un momento, hasta que mi culo se acostumbre a su primer visitante, pasaron unos momentos de fuerte tensión, y yo por lo arrecha que estaba empecé a mover mis caderas y mi culo hacía atrás, lo que era una señal para él para que continuara con la penetración, y seguimos hasta que él me dice “reina, la tiene toda mi verga en tu rico culo”, no lo podía creer, llevo mi mano por entre mis piernas y me encuentro con sus testículos, y su verga enclavada en mi culo, toditita adentro, los que me excito bastante y empezó a ceder el dolor y convertirse el mismo en placer, que rico sentir una verga dentro de mi culo, y mi jefe empezó a moverse, sacaba y metía su verga de mi culo, en un momento llego a sacarla totalmente lo que me hizo sentir un tremendo vacío en mis entrañas, situación que no lo podía aceptar deseaba seguir siendo culeada por mi jefe, quería que esa hermosa verga nunca me dejara, y le pedí que me la vuelva a meter, él jugo un poquito con su verga en mi raya y todo mi culo y luego llego al hoyito que lo esperaba y de un solo golpe lo introdujo, situación que me hizo nuevamente sentir un dolor profundo pero esta vez era un dolor sado masoquista, que me hizo sentir lujuria, y empezó a bombear.

    Yo deseaba que repitiera la acción pero él se concentró en el mete y saca y durante un buen tiempo me la estuvo empujando hasta que llegue al éxtasis y siento que me estaba chorreando, estaba eyaculando sin ni siquiera tocármela, siento como un torrente de semen sale por mi pene, y llego a la satisfacción plena y mi hombre por atrás y de parados también empieza a agitarse cada vez con mayor velocidad hasta eyacular en el interior de mi culo, y me aprieta contra su cuerpo, y me besa mi espalda, mi cuello, me aprieta mis tetas y todo cuanto puede apretar, realmente ha llegado a sentir lo que nunca o hace mucho tiempo no sentía. Cuando llega a sacar su verga de mi culo, siento por mis piernas como chorrea su semen rescato algo con una de mis manos y la pruebo, y resulta que en exquisita.

    Nos echamos en la cama, y nos habíamos quedado profundamente dormidos, tal como habíamos terminado de hacer sexo, al día siguiente despierto y él también, él me regala un beso en la boca y me dice, “creo que debo venir semanalmente a hacer seguimiento a la empresa y a cuidar algo que desde ahora me pertenece, para que no se me escape…”

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